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En
la antigua Esparta, las mujeres despedían a los hombres antes de que
partieran a la batalla con una frase que resume la esencia de ese
apasionante pueblo: "Vuelve con el escudo o sobre él". Es decir: hagas
lo que hagas, honra a Esparta: vuelve victorioso o cae en el intento.
Anoche, los jugadores del Atlético de Madrid volvieron sobre el escudo.
Y así, derrochando coraje, corazón...y juego, honraron el orgullo de la hinchada rojiblanca, que es la única contraprestación que ésta exige a cambio de demostrar urbi et orbe cuál es la mejor afición del mundo.
Podría
hablar de las evidentes pifias arbitrales, de la flor del Barça, de la
patente desigualdad entre plantillas, de la sonrojante ineficacia
ofensiva, de la crueldad de la lógica resultadista...pero eso sería
conceder demasiado tiempo a las excusas y quitárselo a lo que de verdad
importa: anoche, el Atleti, una vez más, volvió a dignificar su rol de
antihéroe trágico y a llenar de orgullo el corazón y la memoria de los
aficionados rojiblancos. Los espartanos que se inmolaron en las
Termópilas cayeron con más grandeza que la que demostraron sus
vencedores persas. Lo mismo sucedió ayer con el equipo entrenado por "Cholo"
Simeone. Una exhibición de valentía, orgullo, dignidad y fe que no tendrá
más premio que la de ser recordada por mucho tiempo.
Ya
habrá momento y motivos (o no) para las críticas y las "listas negras". Ahora
toca sentirse, con todo derecho, enormemente orgullosos de quienes lo
dieron todo por honrar un escudo y volvieron sobre él. Además, como
dicen en la genial Batman begins: "¿Por qué caemos? Para aprender
a levantarnos". El Atlético de Madrid anoche cayó...y no
me cabe duda de que se levantará. Siempre lo ha hecho. Siempre lo hará. ¡Aúpa Atleti!
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