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Se puede y debe restringir el acceso a las armas, por mucho que EEUU
tenga una cultura de ellas profundamente enraizada o que el tráfico
de las mismas mueva hipócritamente colosales masas de dinero e intereses
en todo el mundo.
Se puede y debe mejorar la vigilancia ejercida por los servicios de
inteligencia, para evitar el macabro bochorno de que un "vigilado" salte
a los titulares de todo el mundo.
Se puede y debe actuar con más responsabilidad a la hora de intervenir
en zonas conflictivas, para no abonarlas con un caos en el que germinen
movimientos terroristas o siniestros fundamentalismos.
Pero, sobre todo, se puede y debe considerar la educación como el arma
definitiva contra las monstruosidades. Una educación, tanto académica
como familiar, que permita crear hombres libres y no armas de revancha.
Una educación que huya del adoctrinamiento y de dictados maniqueos. Una
educación que enseñe a pensar, decir, hacer y sentir con total libertad dentro de la
inmensidad del respeto. Una educación que reniegue de los dogmas y busque puentes. Una educación que permita ser y estar en el
mundo. Una educación que nos recuerde que porque somos libres somos
iguales y porque somos diferentes somos fuertes. Una educación que
destierre lo irracional, entierre lo visceral y allane prejuicios,
tópicos y medias verdades. Una educación que aclare que todo lo que no
es amor no es religión. Una educación que nos dé las herramientas
necesarias para dejar un mundo mejor que el que nos encontramos. Una
educación que desahucie el miedo, expulse la incomprensión y siembre
convivencia. Una educación digna, diversa, seria y desacomplejada, que
permita que los asesinatos, cualquiera que sea su disparatada excusa,
formen parte del pasado de una vez y para siempre.
Porque, después de salvajadas como la de Orlando, hay que tener muy claro que al diablo no hay que ponerle las cosas fáciles.
creado por Javi Crespo a las 10:01 del 13 jun 2016
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