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Anda la UE de cumpleaños (60) pero no está para guateques la cosa ya que
ahora mismo se encuentra más cerca de murmurar "requiescat in pace"
que entonar alegremente "y que cumplas muchos más". ¿Por qué? Tirando de
objetividad: la Unión Europea ha sido incapaz de solventar las cuatro
crisis sobrevenidas y casi simultáneas que ha vivido estos últimos años:
la económica, la social, la política y la que, como consecuencia del
fracaso en esas tres, ha puesto contra las cuerdas a la sesentona Unión:
la crisis de credibilidad. Por tanto, no es de esperar que se cante
un jovial cumpleaños feliz en plena UCI.
En ese sentido, hay que puntualizar que el reciente auge de los populismos, los
extremismos y los euroescépticos en las naciones europeas no son la
causa del problema sino un síntoma del mismo. ¿Qué problema? El de no
haber sido capaz de afrontar las expectativas puestas en la UE y
quedarse así en una tierra de nadie donde se distinguen más y mejor los
defectos y virtudes de este tinglao supranacional. Es cierto que fallan la pedagogía y el marketing pero sobre todo fallan las ideas, las decisiones porque, más allá de sus mejorables formas, la UE tiene un problema de fondo.
Es verdad y de
justicia es decirlo y reconocerlo que gracias a la Unión Europea el
Viejo Continente ha disfrutado de más paz que en ningún momento previo
de la Historia (lo cual ha ahorrado unos cuantos millones de muertes) o
que el tránsito humano y comercial se ha visto enormemente favorecido
gracias a la barra libre fronteriza para los socios o que hay mimbres
suficientes para hacer algo infinitamente mejor que lo que hay. ¿Qué
hay? Pues un engendro tan grande como Cthulhu y tan grácil como la Torre
Eiffel que se ha demostrado incapaz de afrontar con finura
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quirúrgica
los contratiempos y las necesidades sobrevenidas; un club excesivamente
burocratizado que cada vez se ha ido desconectando más de la sociedad
europea hasta ser percibida por ésta como una suerte de pub swinger
donde los únicos que se lo pasan bien son los que están dentro; un
fumadero de euros cuyos trajeados y peripuestos clientes entienden mejor
"lo mío" que "lo nuestro"; una Torre de Babel donde fulanos y menganos
trapichean con sus respectivos intereses creados mientras los problemas
reales se les acumulan en la bandeja de entrada; una orquesta desafinada
que no da con la partitura adecuada; un monumento al despotismo ilustrado forrado de
declaraciones rimbombantes; una ensoñación a la que la realidad está
engullendo por los pies sin prisa pero sin pausa. En resumen: la UE es el McLaren-Honda de la Comunidad internacional y ni
siquiera tiene un Fernando Alonso que maquille el jaleo.
Así las cosas ¿qué se puede hacer? Tomar una decisión que sea
incompatible con esta situación de "ni sí ni sino todo lo contrario" que
reina desde hace demasiado tiempo sin que nadie se atreva a agendar una
cita con la guillotina. La que sea pero una decisión: ya sea profundizar de una vez por todas hacia un modelo federal y con un
ejército propio (lo de Eurocorps es un chiste) o bien remontarse a la época en la que el tinglao
europeo se reducía a un ámbito económico-comercial pero en el que cada
Estado se buscaba la vida como un freelance. Dicho eso, vistos los
antecedentes y las trazas que tiene la Rusia de Putin, mejor la primera
opción que cualquier otra. Pero insisto, si la UE quiere seguir siendo
algo, debe tomar una decisión que la extraiga de este marasmo
especulativo y ensimismado en el que se ha enredado.
Lo cierto es que todo el mundo es más o menos consciente de que la UE
está embrollada en una encrucijada que plantea un dilema nivel Hamlet y
cuyo desenlace es francamente incierto no tanto por las opciones a
elegir sino por la autocomplacencia, la abulia y la miopía europeísta de
los actuales gestores del cotarro, más pendientes de no perder su
propio tenderete que de lo que pase con el mercado entero.
Por todo ello, con los 27 caminando entre la implosión y la catalepsia,
Londres gritando fuck off a los cuatro vientos, Rusia relamiéndose
cual Hannibal Lecter y Trumpland enredando, es obvio que el ambiente está para pocas
bromas y ninguna fiesta porque o mucho cambian las cosas o la UE seguirá
los decadentes pasos de cierto imperio que también nació en Roma.
creado por Javi Crespo a las 19:23 del 30 mar 2017
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