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"30 años no es nada - la muerte de Ángel Almazán"

1 comentario -

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Anónimo Diego dijo...

Fui vecino y compañero de instituto de Ángel Almazán. Vivíamos en Vallecas, cerca de la Plaza del Dr. Lozano. Ángel era muy buen estudiante y un chico formal, siempre sonriente y siempre amable con todos. Su conciencia democrática le llevaba a acudir a todas las manifestaciones que se convocaban en favor de la democracia y por la amnistía, como hacíamos en aquellos años tantos jóvenes. Después de todos estos años transcurridos, el recuerdo de Ángel se me presenta difuso, pero sigo recordándolo alto, con el pelo moreno rizado, un poco regordete y con gafas. Aún puedo recordar también a su padre: una buena persona, discreto y humilde. Aquel fatídico 15 de diciembre no se me olvidará, porque yo cumplía 19 años. fuimos a aquella manifestación por separado, con distintos compañeros. La carga policial se extendió contra los manifestantes por la Gran Vía y la plaza de Callao. Según relatan quienes lo acompañaban, Ángel se refugió de las cargas policiales en un portal de esta plaza. Varios policías lo vieron y entraron detrás de él. En el interior del portal lo apalearon con las porras en la cabeza y el resto del cuerpo, con tal saña, que perdió el conocimiento sangrando abundantemente. Fueron los propios policías quienes lo trasladaron al hospital al ver la gravedad del resultado de su paliza y, por ende, para intentar ocultar las consecuencias de su brutal actuación. Mintieron al médico de guardia diciendo que se había golpeado con una farola, cuando su cuerpo presentaba contusiones y señales de porrazos por todo el cuerpo. Aguantó con vida cinco días durante los cuales su habitación estuvo vigilada día y noche por dos policías. El 21 de diciembre murió. Podéis imaginaros las navidades que se presentaban en su casa, una humilde familia trabajadora. Al día siguiente nos reunimos en el barrio y acordamos convocar una manifestación de repuls. El barrio entero, y el entorno de la Plaza del Dr. Lozano en particular, quedamos todos consternados. Como un pequeño homenaje, el equipo de baloncesto del instituto pasó a llamarse desde entonces Ángel Almazán. Me parece muy bien que Javier, su hermano pequeño reclame una compensación por aquel asesinato policial, que quedo imoune, al amparo de la Ley de Memoria Histórica. Ángel tenía sólo 18 años y se manifestaba por los derechos democráticos. Creo que la democracia está en deuda con él y con su familia.
Un fuerte abrazo, Javier.

5 de marzo de 2012, 17:28

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