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Blogger togodumno dijo...

La voz de Rafa se fue haciendo, progresivamente, más cálida, hasta alcanzar un tono mitinesco:
-Ahora es un problema de opciones, ¿me entiende? Hay partidos para todos y usted debe votar la opción que más le convenza. Nosotros, por ejemplo. Nosotros aspiramos a redimir al proletariado, al campesino. Mis amigos son los candidatos de una opción, la opción del pueblo, la opción de los pobres, así de fácil.
El señor Cayo le observaba con concentrada atención, como si asistiera a un espectáculo, con una chispita de perplejidad en la mirada. Dijo tímidamente:
-Pero yo no soy pobre.
Rafa se desconcertó:
-¡Ah! -dijo- entonces usted, ¿no necesita nada?
-¡Hombre!, como necesitar, mire, que pare de llover y apriete el calor.

[...]

Dani arrugó la nariz:
-¿De quién está hablando? -preguntó a Laly.
-Del señor Cayo, un viejo campesino de Cureña.
Víctor bajó la cabeza:
-Increíble, Dani. Él es como Dios, sabe hacerlo todo, así de fácil. Y ¿qué le hemos ido a ofrecer nosotros?, pregunto. Palabras, palabras y palabras... Es... es lo único que sabemos producir.
Dani volvió a sentarse. Su mano derecha tabaleaba impaciente sobre el tablero de la mesa:
-Siempre tendrá que haber dirigentes, supongo -apuntó.
Víctor alzó la cabeza:
-¿Dirigentes? y ¿para qué quiere el señor Cayo que le dirijan? Desengáñate, Dani, él no nos necesita.

[...]

Víctor propinó un rotundo puñetazo en la mesa y los teléfonos, los ceniceros, los libros y las botellas retemblaron. Dani calló. Víctor asía ahora el borde del tablero y las yemas y las uñas de sus dedos se le pusieron blancas:
- Escucha, Dani -dijo desgarradamente- tú no quieres entenderme. Ese tío sabe darse de comer, es su amo, no hay dependencia, ¿comprendes? Esa es la vida, Dani, la vida de verdad y no la nuestra -le señaló admonitoriamente con el dedo índice y prosiguió-: Tú estás sofisticado, yo estoy sofisticado, éste está sofisticado, todos estamos sofisticados. No hemos sabido entenderlos a tiempo y ahora ya no es posible. Hablamos dos lenguas distintas.
Calló y miró al vacío, detrás de Dani, a las apagadas cristaleras de las casas de enfrente. Sus ojos no tenían el brillo del alcohol sino la patética perplejidad del vidente. Al cabo de unos segundos, Carmelo carraspeó, intimidado. El ojo derecho de Dani parpadeó repetidamente:
-Digo, Laly... balbució.
-Un momento -añadió Víctor-, aún no he terminado -levantó las dos manos, pausadamente, sobre la mesa-: Una hipótesis, Dani, todo lo absurda que tú quieras, pero es una hipótesis. Imagina, por un momento, que un día los dichosos americanos aciertan con una bomba como esa de neutrones que mata pero no destruye, ¿no? Bueno, es una hipótesis, una bomba que matara a todo dios menos al señor Cayo y a mí, ¿te das cuenta? Es una hipótesis absurda, ya lo sé, pero funciona, Dani. Pues bien, si eso ocurriera, yo tendría que ir corriendo a Cureña, arrodillarme ante el señor Cayo y suplicarle que me diera de comer, ¿comprendes? -casi sollozaba-: El señor Cayo podría vivir sin Víctor, pero Víctor no podría vivir sin el señor Cayo. Entonces, ¿en virtud de qué razones le pido yo el voto a un tipo así, Dani, me lo quieres decir?

Miguel Delibes, "El disputado voto del señor Cayo". 1978.

02:37

Blogger togodumno dijo...

¿Cayo es más libre que nosotros? Indudablemente sí.
¿Podríamos llegar a ser más libres que Cayo, usando y desarrollando tecnología de la manera adecuada? Probablemente sí.
¿Cual es la manera más fácil, o más corta, o más cómoda, para conseguir un mayor grado de libertad? ¿La de Cayo, o la del Doctor Chandra? No lo sé.

04:00

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