tag:blogger.com,1999:blog-9981279.post-1111959563107442412005-03-27T13:37:00.000-08:002005-03-27T13:40:20.830-08:00Papá Noel y la ingenuidadNo sé ustedes, pero yo tuve una infancia relativamente feliz. O por lo menos así lo recuerdo, aunque también sé que muchos malos recuerdos juntan polvo en el cajón del olvido, bendito sea.<br /><br />Pero a lo que voy es a rescatar el recuerdo de una noche muy especial, la noche que me probaron la existencia de Papá Noel. Sucedió un 24 de Diciembre a la noche (¿cuándo sino?), cuando aún vivía en San Isidro, a la edad de 7 u 8 años. A esa edad aún creía en Papá Noel, aunque tal vez mi fe en el barrigón había decaído un poco porque nunca lo había visto hasta entonces.<br /><br />Claro, había oído muchos relatos de compañeritos de colegio contando cómo lo habían visto, espiando por el ojo de una cerradura, en el crucial momento de dejar los regalos. Las historias de todos los testigos coincidían en lo fundamental, así que tenía que ser verdad, ¿no?<br /><br />También había algunos especímenes (a los que clasificaba como infelices, amargados, ignorantes - o sea, escépticos en potencia!) :-) que se atrevían a poner en tela de juicio el dictamen casi unánime de nuestros padres acerca de la existencia se un sujeto obeso, entrado en años, residente del polo norte, conductor de un trineo volador, que distribuía obsequios a los menores de edad de todo el planeta en el transcurso de 24 horas todos los 24 de Diciembre.<br /><br />Estos escépticos amargados decían que sus propios padres les compraban los regalos, lo cual no dejaba de ser lógico porque era de todos sabido que Papá Noel no traía regalos a quienes no creyeran en él, así que los padres debían sustituirle.<br /><br />Y siempre aparecían mágicamente los regalos bajo el árbol, generalmente mientras salíamos a caminar algunas cuadras observando el cielo nocturno en un vano intento de descubrir un trineo en vuelo. Por alguna razón (febriles expectativas probablemente) nunca relacioné la aparición de los regalos con la tardanza de alguno de mis padres en salir a la calle, o su sorpresiva necesidad de volver para ir al baño.<br /><br />Pero una noche, al entrar como siempre después de la salida y encontrar los regalos bajo el árbol sucedió algo nuevo: desde el pasillo a oscuras que daba hacia los dormitorios de la casa se escuchó un fantasmal "Ho Ho Ho!!!".<br /><br />Hacia allí corrí a toda velocidad, y tardé unos 30 segundos en registrar los cuatro dormitorios y cerciorarme de que estaban vacíos. Pero la ventana de mi dormitorio estaba abierta de par en par, y al pie de mi cama, las sábanas arrugadas como si alguien se hubiera sentado allí.<br /><br />En ese instante yo habría jurado que Papá Noel existía, amén de las experiencias de mis amigos había visto y oído lo suficiente por mi propia cuenta. Perdían importancia preguntas como por qué los regalos eran de marcas comerciales si se suponía que se fabricaban en el polo norte (es que a Papá Noel le resultaba mas económico comprar los regalos que producirlos), o por qué las jugueterías hacían tantas ofertas especiales al acercarse la Navidad (para hacer la competencia claro, si Papá Noel regalaba tanto las jugueterías perdían clientes), o cómo volaban los renos (magia!), cómo entraban tantos millones de regalos en una bolsa (magia!), o cómo cubría todo el mundo en 24 horas (magia otra vez!), por qué los regalos de los niños siempre se ajustaban a la capacidad adquisitiva de los padres (¿qué sabe Papá Noel de justicia social?).<br /><br />En fin, nada mejor que la sólida evidencia del "HoHoHo!" escuchado por mis propios oídos, la ventana abierta y las arrugas en la sábana de mi cama...<br /><br />¿Que había sucedido en realidad? Mi padre había grabado un "Ho Ho Ho" en una cinta y la había colocado en su equipo de audio en su dormitorio, y había abierto la ventana. Cuando entramos y yo tenía la atención fija en los regalos, utilizó el mando a distancia para activar el equipo en su habitación, provocando un golpe de efecto fenomenal. Cuando corrí hacia el dormitorio apagó nuevamente el equipo a distancia para que no lo viera en "on" ni se me ocurriese ver qué había en la cinta, pero ni por asomo se me ocurrió pensar eso. Las arrugas en mi cama eran casualidad.<br /><br />O sea que bastó poner algunos de los elementos que esperaba mas o menos donde los esperaba, y yo solito me armé toda la historia de acuerdo a mis expectativas. Tomé lo que me gustaba y deseché lo que no me gustaba, y encajé las piezas a la fuerza para armar un rompecabezas a mi medida.<br /><br />Y no pasó por mi ingenua cabecita la posibilidad de que me estuvieran engañando, menos aún sospechar de mamá y papá. Esto sobre todo es fundamental para convencernos de un fraude, el creer ingenuamente en lo que nos dicen.<br /><br />Y así funcionan también los engaños pseudocientíficos. Falacias varias, pensamiento selectivo, validación subjetiva, refuerzo comunal, engaño, en todos ellos caí para llegar en ese momento a la conclusión de que Papá Noel efectivamente existía y había estado presente en mi casa momentos antes.<br /><br />Sobre todo quiero destacar el rol que juega nuestra ingenuidad, la confianza en la persona que tenemos delante, que es la que nos hace caer. Como si por el hecho de estar esa persona en nuestra presencia fuera creíble lo que nos dice. No nos gusta pensar que nos pueden estar engañando descaradamente. Yo mismo me siento incómodo cuando alguien intenta seriamente convencerme de que las flores de Bach o la homeopatía curan enfermedades, o que los horóscopos realmente predicen el futuro, o que la ouija funciona. Pero sigue la cosa:<br /><br />Uno o dos años despues comencé ponerme un poco escéptico, principalmente creo que porque todos mis juguetes estaban hechos en China, Taiwan, Argentina, Brasil y España. Recuerdo que una vez pense en revisar a escondidas la contabilidad de mi padre para ver si encontraba las erogaciones de la compra de los regalos, pero al final encaré a mi madre un día y esta me confesó la verdad. Y me hizo cómplice para que no se enteraran mis hermanitos.<br /><br />Igualmente no se puede decir que con descubrir la falsedad de Papá Noel me haya hecho escéptico, mi pensamiento mágico simplemente viró hacia el Triángulo de las Bermudas (de la mano de Charles Berlitz), la criptozoología (guiado por la revista Conozca Mas), la maldición de Tutankamón (¿Conozca Mas?), la Atlántida, la Isla de Pascua, las Líneas de Nazca, los OVNIs (Conozca Mas otra vez), fantasmas, etc... Al menos no me metí con las artes adivinatorias (astrología, horóscopos, péndulos, etc...) ni las medicinas alternativas (por suerte).<br /><br />Ahora tomen la historia real que acabo de relatarles pero reemplacen a Papá Noel por cualquiera de los fraudulentos tópicos mencionados en el párrafo anterior. Verán que aparecen algunas similitudes asombrosas...El Escéptico Cristianohttp://www.blogger.com/profile/06412598476109897488noreply@blogger.com