tag:blogger.com,1999:blog-94921562007-04-17T23:48:42.389-07:00Familia y SociedadEdgard Munivehttp://www.blogger.com/profile/07210832084428493180noreply@blogger.comBlogger7125tag:blogger.com,1999:blog-9492156.post-1134161483300839802005-12-09T12:44:00.005-08:002005-12-09T12:51:23.313-08:00SEXO Y GÉNERO<strong>SEXO Y GÉNERO</strong>:<br />La naturaleza de la personalidad humana,en el centro de la batalla idiológica.<br /><br />por Jutta Burggraf <br /><br />Normalmente, cuando se habla de «género» (gender), se hace referencia bien al género masculino, bien al género femenino. Algunas organizaciones internacionales hablan además de una noción de «género», de la que evitan dar una definición clara. Según esta acepción, el término «sexo» se refiere a determinaciones naturales. Por eso existen dos sexos diferenciados por caracteres anatómicos distintos. Pero, junto al sexo, existiría también el «género». Este término evoca los papeles desempeñados por los individuos en la sociedad. Estos papeles nacen en el curso de la historia; son resultado de la interacción entre la cultura y la naturaleza. Sin embargo, recientemente ha aparecido un concepto equívoco del «género», como producto exclusivo de la cultura, por lo que podría aparecer y desaparecer según las corrientes de la sociedad e incluso de los individuos. El nexo individuo-familia-sociedad se pierde y la persona se reduce a individuo. Hay quienes afirman, por ejemplo, que el amor materno no es algo inscrito en la naturaleza de la mujer, sino que se trata de un sentimiento surgido en un determinado contexto cultural y que puede desaparecer o ser destruido si cambia la cultura. Nos encontramos ante una nueva revolución cultural. Sea cual sea su sexo, el hombre podría elegir su género: podría decidirse por la heterosexualidad, la homosexualidad, el lesbianismo. Podría decidir ser transexual o cambiar de sexo. Existen proyectos de declaración de los derechos del «género». Esta extraña disociación entre sexo y género, entre naturaleza y cultura, destruye la dimensión personal del ser humano y lo reduce a una simple individualidad. La ideología de «género» lleva consigo el debate radical sobre la familia y todo lo que esta significa en y para la sociedad. Jutta Burggraf, profesora de Teología, lo ha analizado en un artículo aparecido recientemente en el Lexicón de la familia, publicado por la editorial Palabra (Madrid, 2004) en colaboración con el Consejo Pontificio para la Familia, y que reproducimos a continación sin el documentadísimo aparato crítico que acompaña a esa edición original. <br /> <br /> <br />LA IDEOLOGÍA DE GENDER <br /> <br />La ideología feminista de gender se extiende a partir de la década de los sesenta. Según ella, la masculinidad y la feminidad no estarían determinadas fundamentalmente por el sexo, sino por la cultura. Mientras que el término «sexo» hace referencia a la naturaleza e implica dos posibilidades (varón y mujer), el término «género» proviene del campo de la lingüística donde se aprecian tres variaciones: masculino, femenino y neutro. Las diferencias entre el varón y la mujer no corresponderían, pues, fuera de las obvias diferencias morfológicas, a una naturaleza «dada», sino que serían meras construcciones culturales «hechas» según los roles y estereotipos que en cada sociedad se asignan a los sexos («roles socialmente construidos»). En este contexto se destaca (no sin razón) que, en el pasado, las diferencias fueron acentuadas desmesuradamente, lo que condujo a situaciones de discriminación e injusticia para muchas mujeres: durante largos siglos, correspondió al «destino femenino» ser modelada como un ser inferior, excluida de las decisiones públicas y de los estudios superiores. Pero hoy en día —se sigue afirmando— las mujeres se dan cuenta del fraude del que han sido víctimas, y rompen los esquemas que les fueron impuestos. Pretenden liberarse, sobre todo, del matrimonio y de la maternidad. <br /> <br />Algunos apoyan la existencia de cuatro, cinco o seis géneros, según diversas consideraciones: heterosexual masculino, heterosexual femenino, homosexual, lesbiana, bisexual e indiferenciado. De este modo, la masculinidad y la feminidad no aparecen en modo alguno como los únicos derivados naturales de la dicotomía sexual biológica. Cualquier actividad sexual resultaría justificable. La «heterosexualidad», lejos de ser «obligatoria», no significaría más que uno de los casos posibles de práctica sexual. Ni siquiera sería preferible para la procreación. En sociedades «más imaginativas», la reproducción biológica puede asegurarse con otras técnicas, se ha afirmdo. Y como la identidad genérica (el gender) podría adaptarse indefinidamente a nuevos y diferentes propósitos, correspondería a cada individuo elegir libremente el tipo de género al que le gustaría pertenecer, en las diversas situaciones y etapas de su vida. <br /> <br />Para llegar a una aceptación universal de estas ideas, los promotores del feminismo radical de género intentan conseguir un gradual cambio cultural, la llamada «deconstrucción» de la sociedad, empezando por la familia y la educación de los hijos. Utilizan un lenguaje ambiguo que hace parecer razonables los nuevos presupuestos éticos. La meta consiste en «reconstruir» un mundo nuevo y arbitrario, que incluye, junto al masculino y al femenino, también otros géneros en el modo de configurar la vida humana y las relaciones interpersonales. <br /> <br />Estas pretensiones han encontrado un ambiente favorable en la antropología individualista del neoliberalismo radical. Se apoyan, por un lado, en diversas teorías marxistas y estructuralistas, y por el otro, en los postulados de algunos representantes de la «revolución sexual», como Wilhelm Reich (1897-1957) y Herbert Marcuse (1898-1979), que invitaban a experimentar todo tipo de situaciones sexuales. Más directamente aún se puede ver el influjo del existencialismo ateo de Simone de Beauvoir (1908-1986), lo mismo que los estudios socioculturales de Margaret Mead (1901-1978). <br /> <br />Al proclamar que los géneros masculino y femenino serían el producto de factores exclusivamente sociales, sin relación alguna con la dimensión sexual de la persona, los defensores de la teoría de género se oponen a un modelo, igualmente unilateral que el suyo, que sostiene justamente lo contrario: niega cualquier interacción entre el individuo y la comunidad a la hora de configurar la identidad personal como varón o mujer; y afirma que a cada sexo le corresponden por necesidades biológicas unas funciones sociales fijas, invariables en la historia. Este modelo, sin embargo, se considera hoy en día falso a nivel teórico y jurídico, al menos en el mundo occidental. Está en parte superado por la legislación, pero no totalmente; no se puede negar que persiste su influjo en la práctica social. <br /> <br /> <br />EL PROCESO DE IDENTIFICACIÓN CON EL PROPIO SEXO <br /> <br />En la persona humana, el sexo y el género —el fundamento biológico y la expresión cultural— no son idénticos, pero tampoco son completamente independientes. Para llegar a establecer una relación correcta entre ambos, conviene considerar previamente el proceso en el que se forma la identidad como varón o mujer. Los especialistas señalan tres aspectos de este proceso que, en el caso normal, se entrelazan armónicamente: el sexo biológico, el sexo psicológico y el sexo social. <br /> <br />El sexo biológico describe la corporeidad de una persona. Se suelen distinguir diversos factores. El «sexo genético» (o «cromosómico») —determinado por los cromosomas XX en la mujer, o XY en el varón— se establece en el momento de la fecundación y se traduce en el «sexo gonadal» que es responsable de la actividad hormonal. El «sexo gonadal», a su vez, influye sobre el «sexo somático» (o «fenotípico») que determina la estructura de los órganos reproductores internos y externos. Conviene considerar el hecho de que estas bases biológicas intervienen profundamente en todo el organismo, de modo que, por ejemplo, cada célula de un cuerpo femenino es distinta a cada célula de un cuerpo masculino. La ciencia médica indica incluso diferencias estructurales y funcionales entre un cerebro masculino y otro femenino. El sexo psicológico se refiere a las vivencias psíquicas de una persona como varón o mujer. Consiste, en concreto, en la conciencia de pertenecer a un determinado sexo. Esta conciencia se forma, en un primer momento, alrededor de los dos o tres años y suele coincidir con el sexo biológico. Puede estar afectada hondamente por la educación y el ambiente en el que se mueve el niño. <br /> <br />El sexo sociológico (o civil) es el sexo asignado a una persona en el momento del nacimiento. Expresa cómo es percibida por las personas a su alrededor. Señala la manera específica de obrar de un varón o de una mujer. En general, se le entiende como el resultado de procesos histórico-culturales. Se refiere a las funciones y roles (y los estereotipos) que en cada sociedad se asignan a los diversos grupos de personas. Estos tres aspectos no deben entenderse como aislados unos de otros. Por el contrario, se integran en un proceso más amplio consistente en la formación de la propia identidad. Una persona adquiere progresivamente durante la infancia y la adolescencia la conciencia de ser «ella misma». Descubre su identidad y, dentro de ella, cada vez más hondamente, la dimensión sexual del propio ser. Adquiere gradualmente una identidad sexual (dándose cuenta de los factores biopsíquicos del propio sexo, y de la diferencia respecto al otro sexo) y una identidad genérica (descubriendo los factores psicosociales y culturales del papel que las mujeres o varones desempeñan en la sociedad). <br /> <br />En un correcto y armónico proceso de integración, ambas dimensiones se corresponden y complementan. Una consideración especial merecen los estados intersexuales (los llamados intersexos), ya que algunos argumentan que la existencia de personas transexuales y hermafroditas demostraría que no hay solamente dos sexos. Pero los estados intersexuales significan anomalías con características clínicas variadas; suelen ocurrir en una etapa muy precoz del desarrollo embrionario. Se definen por la contradicción de uno o más de los criterios de definición sexual. Es decir, las personas transexuales disponen de una patología en alguno de los puntos de la cadena biológica que conduce a la diferenciación sexual. Sufren alteraciones en el desarrollo normal del sexo biológico y, en consecuencia, también del sexo psicosocial. En vez de utilizarlas como propaganda para conseguir la «deconstrucción» de las bases de la familia y de la sociedad, conviene mostrarles respeto y darles un tratamiento médico adecuado. <br /> <br />Hay que distinguir la identidad sexual (varón o mujer) de la orientación sexual (heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad). Se entiende como orientación sexual comúnmente la preferencia sexual que se establece en la adolescencia coincidiendo con la época en que se completa el desarrollo cerebral. Tiene una base biológica y es configurada, además, por otros factores como la educación, la cultura y las experiencias propias. Aunque los números varían según las diversas investigaciones, se puede decir que la inmensa mayoría de las personas humanas son heterosexuales. <br /> <br />Otra cosa también distinta es la conducta sexual. En el caso normal, designa el propio comportamiento elegido, puesto que hay un margen muy amplio de libertad en el modo en que tanto la mujer como el varón pueden vivir su sexualidad. <br /> <br /> <br />HACIA UNA COMPRENSIÓN DE LA DIFERENCIA SEXUAL <br /> <br />Como la persona entera es varón o mujer, en la unidad de cuerpo y alma, la masculinidad o feminidad se extiende a todos los ámbitos de su ser: desde el profundo significado de las diferencias físicas entre el varón y la mujer y su influencia en el amor corporal, hasta las diferencias psíquicas entre ambos y la forma diferente de manifestar su relación con Dios. Aunque no existe ningún rasgo psicológico o espiritual atribuible sólo a uno de los sexos, existen, sin embargo, características que se presentan con una frecuencia especial y de manera más pronunciada en los varones, y otras en las mujeres. Es una tarea sumamente difícil de distinguir en este campo. Probablemente, nunca será posible determinar con exactitud científica lo que es «típicamente masculino» o «típicamente femenino», pues la naturaleza y la cultura están entrelazadas, desde el principio, muy estrechamente. Pero el hecho de que el varón y la mujer experimenten el mundo de forma diferente, desempeñen tareas de manera distinta, sientan, planeen y reaccionen de manera desigual, tiene un fundamento sólido en la constitución biológica propia de cada uno de ellos. La sexualidad habla unas veces de identidad y otras veces de alteridad. Varón y mujer tienen la misma naturaleza humana, pero la tienen de modos distintos. En cierto sentido se complementan. Por esto, el varón tiende «constitutivamente» a la mujer, y la mujer al varón. No buscan una unidad andrógena, como sugiere la mítica visión de Aristófanes en el Banquete, pero sí se necesitan mutuamente para desarrollar plenamente su humanidad. La mujer es dada como «ayuda» al varón por el Creador, y viceversa, lo que no equivale a «siervo» ni expresa ningún desprecio, según ha sostenido Juan Pablo II en su carta apostólica Mulieres dignitatem. También en la relación marido-mujer, la «sumisión» no es unilateral, sino recíproca. Es deseable una subordinación mutua en el amor. <br /> <br />Es un hecho biológico que sólo la mujer puede ser madre, y sólo el varón puede ser padre. La procreación se encuentra ennoblecida en ellos por el amor en que se desarrolla y, precisamente por la vinculación al amor, ha sido puesta por Dios en el centro de la persona humana como labor conjunta de los dos sexos. La paternidad común muestra un especial protagonismo y la confianza inmensa de Dios. <br /> <br />Tanto el varón como la mujer son capaces de satisfacer una necesidad fundamental del otro. En su mutua relación, uno permite al otro descubrirse y realizarse en su propia condición sexuada. Uno hace al otro consciente de ser llamado a la comunión y capaz para entregarse al otro, en mutua subordinación amorosa. Ambos, desde perspectivas distintas, llegan a la propia felicidad sirviendo a la felicidad del otro. Mientras que el cambio arbitrario del gender atestigua un cierto afán de autosuficiencia, la sexualidad humana significa una clara disposición hacia el otro. Manifiesta que la plenitud humana reside precisamente en la relación, en el ser-para-el-otro. Impulsa a salir de sí mismo, buscar al otro y alegrarse en su presencia. Es como el sello del Dios del amor en la estructura misma de la naturaleza humana. Aunque cada persona es querida por Dios «por sí misma» y llamada a una plenitud individual, no puede alcanzarla sino en comunión con otros. Está hecha para dar y recibir amor. <br /> <br />De esto nos habla la condición sexual, que tiene un inmenso valor en sí misma. Ambos sexos están llamados por el mismo Dios a actuar y vivir conjuntamente. Esa es su vocación. Se puede incluso afirmar que Dios no ha creado al hombre varón y mujer para que engendren nuevos seres humanos, sino que, justo al revés, tienen ellos la capacidad de engendrar para perpetuar la imagen divina que reflejan en su condición sexuada. Ser mujer y ser varón no se agotan en ser, respectivamente, madre o padre. Considerando las cualidades específicas de la mujer, se ha reflexionado, a veces, sobre la «maternidad espiritual»; el papa Juan Pablo II precisa este concepto y habla más oportunamente del «genio de la mujer». Constituye una determinada actitud básica que corresponde a la estructura física de la mujer y se ve fomentada por ella. En efecto, no parece descabellado suponer que la intensa relación que la mujer guarda con la vida pueda generar en ella unas disposiciones particulares. Así como durante el embarazo la mujer experimenta una cercanía única hacia un nuevo ser humano, así también su naturaleza favorece el encuentro interpersonal con quienes le rodean. El «genio de la mujer» se puede traducir en una delicada sensibilidad frente a las necesidades y requerimientos de los demás, en la capacidad de darse cuenta de sus posibles conflictos interiores y de comprenderlos. Se la puede identificar, cuidadosamente, con una especial capacidad de mostrar el amor de un modo concreto, y desarrollar la «ética» del cuidado. <br /> <br />Donde hay un «genio femenino» debe haber también un «genio masculino», un talento específico del varón. Éste tiene por naturaleza una mayor distancia respecto de la vida concreta. Se encuentra siempre «fuera» del proceso de la gestación y del nacimiento, y sólo puede tener parte en ellos a través de su mujer. Precisamente esa mayor distancia le puede facilitar una acción más serena para proteger la vida y asegurar su futuro. Puede llevarle a ser un verdadero padre, no sólo en la dimensión física, sino también en sentido espiritual. Puede llevarle a ser un amigo imperturbable, seguro y de confianza. Pero puede llevarle también, por otro lado, a un cierto desinterés por las cosas concretas y cotidianas, lo que, desgraciadamente, se ha favorecido en las épocas pasadas por una educación unilateral. <br /> <br />En todos los ámbitos y sectores de la sociedad, en la cultura y el arte, la política y la economía, la vida pública y la privada, varones y mujeres están llamados a aceptarse mutuamente y a construir juntos un mundo habitable. Este mundo llegará a su plenitud en el momento en que ambos sexos le entreguen armónicamente su contribución específica. <br /> <br /> <br />RELACIÓN ADECUADA ENTRE SEX Y GENDER <br /> <br />Hay una profunda unidad entre las dimensiones corporales, psíquicas y espirituales en la persona humana, una interdependencia entre lo biológico y lo cultural. El obrar tiene su base en la naturaleza y no puede desvincularse completamente de ella. <br /> <br />La unidad y la igualdad entre varón y mujer no anulan las diferencias. Aunque tanto las cualidades femeninas como las masculinas sean variables en gran medida, no pueden ser ignoradas completamente. Sigue habiendo un trasfondo de configuración natural, que no puede ser anulado sin esfuerzos desesperados, que conducen, en definitiva, a la autonegación. <br /> <br />La cultura, a su vez, tiene que dar una respuesta adecuada a la naturaleza. No debe ser un obstáculo al progreso de los grupos humanos. Es evidente que han existido en la historia, y aún existen en el mundo, muchas injusticias hacia las mujeres. Este largo elenco de discriminaciones no tiene ningún fundamento biológico, sino unas raíces culturales, y es preciso erradicarlas. Las funciones sociales no deben considerarse como irremediablemente unidas a la genética o a la biología. Es deseable que la mujer asuma nuevos roles que estén en armonía con su dignidad. En este sentido, el papa Juan Pablo II rechaza explícitamente la noción biológica determinista de que todos los roles y relaciones de los dos sexos están fijados en un único modelo estático, y exhorta a los varones a participar «en el gran proceso de liberación de la mujer». Es indudable que la incorporación de la mujer al mercado laboral es un avance que, ciertamente, crea nuevos retos para ambos sexos. <br /> <br />El término gender puede aceptarse como expresión humana y, por tanto, libre, que se basa en una identidad sexual biológica, masculina o femenina. Es adecuado para describir los aspectos culturales que rodean a la construcción de las funciones del varón y de la mujer en el contexto social. Sin embargo, no todas las funciones significan algo construido a voluntad; algunas tienen una mayor raigambre biológica. Por tanto, «puede también apreciarse que la presencia de una cierta diversidad de roles en modo alguno es mala para las mujeres, con tal de que esta diversidad no sea resultado de una imposición arbitraria, sino más bien expresión de lo que es específicamente masculino o femenino». <br /> <br />Hoy en día, muchas personas vuelven a ver de nuevo con claridad que no pueden llegar a ser libres más allá de los límites de la propia naturaleza; que el sexo, más que un privilegio o una discriminación, también es siempre una oportunidad para el propio desarrollo. En consecuencia, se empeñan por conseguir que la promoción de la mujer no sólo se lleve a cabo fuera del hogar. Si es cierto que las mujeres no se muestran únicamente como esposas y madres, muchas sí son esposas y madres, o quieren serlo, y hay que crear las posibilidades para que puedan serlo con dignidad. <br /> <br />La familia, ciertamente, no es una tarea exclusiva de la mujer. Pero, aun cuando el varón muestre su responsabilidad y compagine adecuadamente sus tareas profesionales y familiares, no se puede negar que la mujer juega un papel sumamente importante en el hogar. La específica contribución que aporta allí debe tenerse plenamente en cuenta en la legislación y debe ser también justamente remunerada, bajo el punto de vista económico y sociopolítico. La colaboración para elaborar esta legislación deberá considerarse mundialmente no sólo como derecho, sino también como deber de la mujer. <br /> <br /> <br />NOTA FINAL <br /> <br />El desarrollo de una sociedad depende del empleo de todos los recursos humanos. Por tanto, mujeres y varones deben participar en todas las esferas de la vida pública y privada. Los intentos que procuran conseguir esta meta justa a niveles de gobierno político, empresarial, cultural, social y familiar pueden abordarse bajo el concepto de «perspectiva de igualdad de género (gender)», si esta igualdad incluye el derecho a ser diferentes. <br /> <br />De hecho, algunos países y organismos internacionales tienen en cuenta la diferente situación de varones y mujeres, y desarrollan planes para la igualdad de oportunidades, que ayudan a conseguir la promoción de la mujer. Y a la hora de adoptar políticas, la «perspectiva de género» plantea el problema de cuáles serán los posibles efectos de esas decisiones en las realidades respectivas de varones y mujeres. Esta «perspectiva de género», que defiende el derecho a la diferencia entre varones y mujeres y promueve la corresponsabilidad en el trabajo y la familia, no debe confundirse con el planteamiento radical señalado al principio, que ignora y aplasta la diversidad natural de ambos sexos.<br />http://www.nuevarevista.net<br />email: nuevarevista@tst.esEdgard Munivehttp://www.blogger.com/profile/07210832084428493180noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9492156.post-1134161450407245942005-12-09T12:44:00.004-08:002005-12-09T12:50:50.416-08:00Reto de mujer: sé tú misma<strong>Reto de mujer: sé tú misma</strong><br /><br />REFLEXIONES. Sobre feminismo, familia, matrimonio y sentido de la vida giró la conversación con la psicopedagoga y teóloga alemana Jutta Burggraf, quien participó en el Segundo Simposio Internacional Pro Vida realizado la semana pasada en Lima<br />CLARIDAD. 'Una sana y razonable diferencia entre hombre y mujer es la base del feminismo cristiano, el cual va contra los estereotipos de la sociedad: igual dignidad humana, diferente naturaleza'.<br /><br />"El camino del enfrentamiento con el varón o la imitación de conductas desvirtúan la esencia femenina y ocasionan profundos daños a la mujer y a la sociedad", sostiene la estudiosa alemana Jutta Burggraf, quien apunta, más bien, hacia una perspectiva de género que defiende el derecho a la diferencia entre varón y mujer --igual dignidad y derechos pero distinta naturaleza--, que promueve la corresponsabilidad en el trabajo y la familia. Aquí un resumen del diálogo sostenido con ella a su paso por la capital.<br /><br />¿La familia pasó de moda? Está en evidente crisis y muchos ya no creen en ella.<br />La familia en sí no está fuera de moda. Se han creado otros tipos de familia. Hay un rechazo de la llamada familia tradicional, que yo diría que no es solamente tradicional sino también la natural: un hombre y una mujer que se quieren y el fruto de su amor que son los hijos. No puede ponerse en duda seriamente, porque satisface unas necesidades y unos deseos elementales y muy profundos del ser humano. Cada uno necesita una persona, confiar en ella y sentirse comprendido de verdad, compartir su vida con alguien. <br /><br />¿Por qué este rechazo?<br />La razón puede estar en parte en el modo de haber vivido la familia, en haber exagerado demasiado en el pasado en el aspecto jurídico. Por haber exigido una moral diferente al marido y a la esposa. Muchas veces el marido podía hacer lo que le daba la gana y la esposa no. Y ahora estamos en la era de la emancipación y las mujeres reclaman los mismos 'derechos'. Lo mejor es que ambos vivan bien la fidelidad matrimonial y no que los dos vivan relaciones abiertas. Muchas veces, también, se ha vivido con mucha estrechez mental y egoísmo: pensar solamente en ese pequeño ámbito en el que vivimos, en mi casita, no ser solidarios con los que necesitan, no abrir mi casa a los otros. La juventud hoy busca mucha autenticidad y mucha interioridad. Por eso hay una rebelión contra unas formas que se han vuelto demasiado limitadas.<br /><br />¿Es posible revertir esta situación? ¿Cómo hacerlo?<br />Contrariamente a lo que se cree, poco a poco se está revalorizando de nuevo la familia. Lo observo en Alemania donde el matrimonio está cada vez más en los planes de los jóvenes. Estamos volviendo a la familia, porque se están dando cuenta de que es un modo de ser feliz. Pero vivida de otra forma. La familia no es anacrónica. No podemos vivirla como en el siglo XIX porque estamos en el siglo XXI. <br /><br />¿Cómo es una familia moderna?<br />Un hogar formado, por supuesto, por hombre y mujer, donde esposo y esposa están a la misma altura: ambos tienen el mismo valor, se respetan mutuamente y tienen las mismas exigencias. Ambos viven para sacar adelante su familia. Esta cuestión de compaginar trabajo y familia vale para él y para ella. Compartir todo y estar abierto también para otros. Tener amigos e ilusiones en común es importante. <br />El hecho de que ambos trabajen y pasen mucho tiempo fuera de casa dificulta la comunicación...<br />Las mujeres ahora tienen mucha formación profesional y quieren influir también en la vida social, además muchas veces necesitan el dinero. Los esposos están separados durante mucho tiempo y no se ven. Cuando vuelven a casa por la noche están cansados y solo quieren poner la televisión y descansar... y ya no pueden hablar. Y todas sus preocupaciones, sus ilusiones y pensamientos los comparten con sus colegas. Esto, por supuesto, es un peligro para la unidad entre los dos. Por eso tienen que buscar nuevos modos de comunicación. No solo por la computadora o el teléfono, sino de mirarse la cara, de hacer planes juntos, de ser conscientes que la carrera profesional es importante pero más aún lo es la familia. <br /><br />¿Qué hacer para vivir mejor?<br />Cada persona es original, individual, y así, cada matrimonio es más original. Son dos personas originales. Por eso no se puede dar recetas de cómo tiene que funcionar un matrimonio. Cada uno es libre para organizarse la vida como le parezca mejor. Conozco familias en las que el marido se queda en casa y ella trabaja afuera. Han cambiado los roles tradicionales, pero son felices.<br />¿Ha cambiado el papel de la mujer en la familia?<br />Hay que distinguir claramente entre lo que es un rol social --un estereotipo-- y aquello que es propio de su naturaleza femenina. Ni el varón ni la mujer pueden liberarse de su propia naturaleza por más que cambien los tiempos. La mujer puede ser madre y el hombre padre. Están llamados a ser padre y madre. Lo propio de la mujer es dar la vida física y también despertar la vida en los otros.<br /><br />¿Qué ha logrado la mujer al luchar por su liberación? <br />En el siglo XX la mujer ha luchado, a veces con mucha agresividad, y, se puede decir también, con mucha razón, para que se la considere en su dignidad humana. Ahora tiene que vivir realmente según esa dignidad. Quiere decir que no puede ser objeto. Objeto de deseo masculino, por ejemplo. En la ografía, lamentablemente, colaboran las mujeres mismas. La mujer no puede degradarse ahora después de haber conseguido, por lo menos en amplios sectores, que se considere y valore su dignidad. Ahora tiene que vivir según esta dignidad y desarrollar libre y realmente sus talentos. Ver la profundidad y la belleza que consiste en ser mujer. Dar la vida, animar a los otros, ver al hombre concreto, ayudarlo en sus necesidades.<br /><br />¿Qué busca el neofeminismo?<br />Ahora se subraya mucho la diferencia; a veces demasiado. Se habla, por ejemplo, de la 'nueva' maternidad, de la 'nueva' feminidad, del derecho a tener un hijo, no porque un hijo es un don de Dios, sino porque es un 'derecho', una experiencia meramente biológica de la mujer para su autorrealización. Parecería, en una mirada superficial, q ue el feminismo igualitario de antes y el neofeminismo (o feminismo cultural, como se lo llama) fuesen opuestos. Pero en el fondo tienen el mismo agnosticismo o ateísmo o, incluso, el mismo hedonismo, una moral completamente desvinculada de toda responsabilidad personal. No son tan diferentes como parecen.<br /><br />¿Hay alguna otra alternativa?<br />La alternativa sería el feminismo de la diferencia, que en su profundidad es el feminismo cristiano: promover a las mujeres de acuerdo con el mensaje cristiano. Cristo ha promovido realmente a las mujeres, les ha dado una nueva libertad, las ha visto como personas humanas, iguales que los hombres y ha ido contra las estrecheces y estereotipos de su sociedad. Pero ha hecho diferencia. Una diferencia sana y razonable entre hombre y mujer. Ambos son complementarios. En esto hay que profundizar.<br />Se percibe hoy una suerte de confusión entre y género. Se habla de opciones uales y de construcciones sociales.<br />El es lo natural: femenino y masculino. Género es una palabra tomada de la lingüística, y allí hay tres opciones: masculino, femenino y neutro. Ahora se toma el pensamiento de Simone de Beauvoir para decir: no nazco mujer, me hago mujer. No nace varón, lo hacen varón. Se ve allí una cierta arbitrariedad. Creo que se puede usar la palabra género de un modo adecuado cuando se distingue entre la naturaleza y la cultura, cuando se deja claro que hay una identidad ual, que todos tenemos. Luego, esta identidad ual se expresa en la cultura. Y allí debe haber una correspondencia. No todo lo cultural es arbitrario. Hay muchas cosas arbitrarias que hay que cambiar y se pueden cambiar. Si se quiere decir que no hay identidad ual, que cada quien puede elegir su ualidad, se habla de género y entonces se justifica cualquier actuación ual, la homosexualidad en concreto. <br /><br />¿Los jóvenes hoy son descreídos?<br />Creen muchísimo más de lo que pensamos. Lo que pasa es que en la edad en que se encuentran, cuenta mucho lo que dice el grupo de compañeros. Y como todos nuestros medios hacen tanta presión y ridiculizan tanto la religión, muchas veces no se atreven a expresar lo que realmente llevan dentro cuando están con sus amigos. Hay que hablar mucho personalmente con ellos, darles ánimo para que tengan valentía y sean fieles a sí mismos. A veces les digo: "Mucha gente manifiesta que a la juventud no le interesa el sentido de la vida... ¿ piensas que eso es verdad?". "No, no es verdad, hablamos mucho de esto entre nosotros", me comentan. <br /><br />¿Cómo vislumbra el futuro de la sociedad? <br />Soy optimista. Estamos en una situación mundial difícil, hay muchos problemas. Y con respecto a la fe, lo que de momento no conseguimos es la transmisión sólida de la fe cristiana. Si se piensa que hay tantos miles de millones de cristianos, se tendría que notar. Si los cristianos viviéramos como tuviéramos que vivir, sería la revolución más grande que el mundo jamás ha visto, pero muchos vivimos con timidez e indiferencia. En un estado de bienestar, cuando se tiene todo, muchas veces no nos hacemos las preguntas existenciales. Hay que hacer un alto. A veces una situación personal crítica nos ayuda a hacer un descanso y a pensar:¿Qué sentido tiene esto?¿Por qué me levanto por la mañana? Una vez una alumna me dijo: ¿Y todos estos esfuerzos, solamente para el cementerio? Eso no puede ser. Creo que la gente reflexiona mucho más que lo que expresa. Nos preguntamos a dónde llegamos o nos volvemos todos autómatas.<br /><br />¿Buscar un sentido a la vida es básico?<br />Sí. A veces se puede pensar que la vida es una carrera que hay que ganar, pero llega un momento en que uno se da cuenta de que eso no tiene mucho sentido.<br />¿Qué les dice a las mujeres?<br />Que sean ellas mismas, que cada una tenga el valor de ser ella misma. Hay que tener claro que no existe 'la' mujer sino cada mujer concreta. Existo yo. Y cada persona es original e individual. Nunca antes ni nunca después hubo una persona como ella. Esto es un reto. Sé tú misma. Cada uno puede aportar algo grande, original a la vida. Y no, en primer lugar, por lo que haces, sino por lo que eres. Que cada uno vea su misión en el mundo, que contribuya con lo que sea para que el mundo sea más bello y más humano.<br />Con sello propio: El 'genio' femenino<br />Esta teóloga alemana considera a Juan Pablo II un líder en la defensa de los derechos de la mujer. El Santo Padre, sostiene, buscó incansablemente durante su pontificado una nueva valoración femenina, en contraposición a cualquier clase de discriminación, prejuicio, cliché y, sobre todo, a formas de vida que resultan estrangulantes y atentan contra su dignidad. <br />Recuerda que Juan Pablo II distinguió el 'genio femenino' como una dimensión espiritual referida a una actitud básica que corresponde a la estructura física de la mujer y es alentada por ella. Burggraf explica que este 'genio' se traduce en una delicada sensibilidad frente a las necesidades de los otros, la capacidad de darse cuenta de sus posibles conflictos y de comprenderlos. Consiste en el talento de descubrir a cada uno --particular-- dentro de la masa, de no olvidar que las personas son más importantes que las cosas (...), describe su singular capacidad de mostrar el amor de un modo concreto. Por ello Dios ha confiado a la mujer, de modo especial, el ser humano. "La mujer da vida a la humanidad y da humanidad a la vida", decía Juan Pablo II. En este sentido, afirma Burggraf, todas las mujeres son llamadas, de alguna forma, a ser 'madres'. Aclara que no se trata de una maternidad física sino espiritual: "La circunstancia de que pueda llegar a ser madre no significa que todas las mujeres deban serlo, ni que encuentren en la maternidad su felicidad. Así como durante el embarazo la mujer experimenta una cercanía única hacia el nuevo ser, así también su naturaleza favorece los contactos espontáneos con otras personas de su alrededor y la solidaridad". En relación con ello recuerda que el Papa dijo a una política italiana: "Creo en el genio de las mujeres. Incluso en los períodos más oscuros se encuentra este genio, que es la levadura del progreso humano y de la historia". No obstante, precisa que él advertía a su vez contra una liberación de la mujer que intente desprenderse de los valores éticos y de los vínculos personales. "Su autoliberación no debe ser una barata equiparación con el varón; debe buscar algo más valioso: su autoaceptación en su diferencia, en su singularidad como mujer. Lo masculino y lo femenino se complementan y se potencian mutuamente en todos los ámbitos: se da la fecundidad, no solo en el aspecto biológico, sino también en lo cultural, en lo artístico, en lo político y en lo social", manifiesta.<br />Para Burggraf el reto no es liberar a la mujer de su propia manera de ser, sino ayudarla a ser ella misma. "Eso involucra la revalorización de la maternidad, del matrimonio y de la familia".<br /><br />La ficha<br />· Nombre: Jutta Burggraf. <br />· Lugar de nacimiento: Hildesheim (Alemania). <br />· Trayectoria: Doctora en Psicopedagogía por la U. de Colonia (Alemania) y doctora en Teología por la Universidad de Navarra (España). En 1987 participó como perito en el Sínodo Mundial de Obispos en Roma. Es miembro del Consejo Científico del Internationaler Mariolisscher Arbestskreis Kevalaer. Es autora de numerosos libros sobre matrimonio, familia, hombre y mujer, y conferencista internacional. Actualmente es catedrática en la Universidad de Navarra. <br /><br /><br />MARÍA EUGENIA CELI LUNA VICTORIA – El comercio 23/11/05 - a9.Edgard Munivehttp://www.blogger.com/profile/07210832084428493180noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9492156.post-1134161360022314792005-12-09T12:44:00.003-08:002005-12-09T12:49:20.043-08:00Perspectiva de género: sus peligros y alcances<strong>Perspectiva de género: sus peligros y alcances</strong> <br /><br />(Por: Prof. Jutta Burggraf, Prof. Jutta Burggraf, 2003-03-21)<br /><br />Profesora en la Universidad de Navarra, España.<br /><br /><br />"El género es una construcción cultural; por consiguiente no es ni resultado causal del sexo ni tan aparentemente fijo como el sexo… Al teorizar que el género es una construcción radicalmente independiente del sexo, el género mismo viene a ser un artificio libre de ataduras; en consecuencia, hombre y masculino podrían significar tanto un cuerpo femenino como uno masculino; mujer y femenino, tanto un cuerpo masculino como uno femenino". <br /><br />Estas palabras, que podrían parecer tomadas de un libro de ciencia ficción que vaticina una seria pérdida de sentido común en el ser humano, no son otra cosa que un extracto del libro "Gender Trouble: Feminism and the Subversion of Identity" (“El Problema del Género: el Feminismo y la Subversión de la Identidad”) de la feminista radical Judith Butler, que viene siendo utilizado desde hace varios años como libro de texto en diversos programas de estudios femeninos de prestigiosas universidades norteamericanas, en donde la perspectiva de género viene siendo ampliamente promovida.<br /><br />Mientras muchos podrían seguir considerando el término 'género' como simplemente una forma cortés de decir 'sexo' para evitar el sentido secundario que 'sexo' tiene en inglés, y que por tanto 'género' se refiere a seres humanos masculinos y femeninos, existen otros que desde hace ya varios años han decidido difundir toda una "nueva perspectiva" del término. Esta perspectiva, para sorpresa de muchos, se refiere al término género como "roles socialmente construidos".<br /><br />La IV Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer, realizada en septiembre de 1995 en Pekín, fue el escenario elegido por los promotores de la nueva perspectiva para lanzar una fuerte campaña de persuasión y difusión. Es por ello que desde dicha cumbre la "perspectiva de género" ha venido filtrándose en diferentes ámbitos no sólo de los países industrializados, sino además de los países en vías de desarrollo.<br /><br />Definición del término género<br /><br />Precisamente en la cumbre de Pekín, muchos de los delegados participantes que ignoraban esta "nueva perspectiva" del término en cuestión, solicitaron a sus principales propulsores una definición clara que pudiera iluminar el debate. Así, la directiva de la conferencia de la ONU emitió la siguiente definición:<br /><br />"El género se refiere a las relaciones entre mujeres y hombres basadas en roles definidos socialmente que se asignan a uno u otro sexo".<br /><br />Esta definición creó confusión entre los delegados a la cumbre, muchos de los cuales solicitaron una descripción más explícita del término, presintiendo que pudiera encubrir la promoción de ciertas ideas acerca de las orientaciones e identidades homosexuales, entre otras cosas. Fue entonces cuando Bella Abzug, ex-congresista de Estados Unidos, intervino para completar la novedosa interpretación del término "género":<br /><br />"El sentido del término 'género' ha evolucionado, diferenciándose de la palabra 'sexo' para expresar la realidad de que la situación y los roles de la mujer y del hombre son construcciones sociales sujetas a cambio".<br /><br />Quedaba claro, pues, que los partidarios de la perspectiva de género proponían algo tan temerario como, por ejemplo, que "no existe un hombre natural o una mujer natural, que no hay conjunción de características o de una conducta exclusiva de un sólo sexo, ni siquiera en la vida psíquica". Así, "la inexistencia de una esencia femenina o masculina nos permite rechazar la supuesta 'superioridad' de uno u otro sexo, y cuestionar en lo posible si existe una forma 'natural' de sexualidad humana". <br /><br />Ante tal situación, muchos delegados cuestionaron el término así como su inclusión en el documento. Sin embargo, la ex-diputada Abzug abogó férreamente en su favor:<br /><br />“El concepto de 'género' está enclavado en el discurso social, político y legal contemporáneo. Ha sido integrado a la planificación conceptual, al lenguaje, los documentos y programas de los sistemas de las Naciones Unidas… los intentos actuales de varios Estados Miembros de borrar el término 'género' en la Plataforma de Acción y reemplazarlo por 'sexo' es una tentativa insultante y degradante de revocar los logros de las mujeres, de intimidarnos y de bloquear el progreso futuro".<br /><br />El apasionamiento de Bella Abzug por incluir el término en Pekín llamó la atención de muchos delegados. Sin embargo, el asombro y desconcierto fue mayor luego que uno de los participantes difundiera algunos textos empleados por las feministas de género, profesoras de reconocidos Colleges y Universidades de los Estados Unidos. De acuerdo a la lista de lecturas obtenida por el delegado, las "feministas de género" defienden y difunden las siguientes definiciones:<br />· “Hegemonía o hegemónico”: Ideas o conceptos aceptados universalmente como naturales, pero que en realidad son construcciones sociales.<br />· “Deconstrucción”: La tarea de denunciar las ideas y el lenguaje hegemónico (es decir, aceptados universalmente como naturales), con el fin de persuadir a la gente de que sus percepciones de la realidad son construcciones sociales. <br />· “Patriarcado”, “Patriarcal”: Institucionalización del control masculino sobre la mujer, los hijos y la sociedad, que perpetúa la posición subordinada de la mujer. <br />· “Perversidad polimorfa”, “sexualmente polimorfo”: Los hombres y las mujeres no sienten atracción por personas del sexo opuesto por naturaleza, sino más bien por un condicionamiento de la sociedad. Así, el deseo sexual puede dirigirse a cualquiera. <br />· “Heterosexualidad obligatoria”: Se fuerza a las personas a pensar que el mundo está dividido en dos sexos que se atraen sexualmente uno al otro. <br />· “Preferencia u orientación sexual”: Existen diversas formas de sexualidad, que incluyen homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales y travestidos- como equivalentes a la heterosexualidad. <br />· “Homofobia”: Temor a relaciones con personas del mismo sexo; personas con prejuicios en contra de los homosexuales. El término se basa en la noción de que el prejuicio contra los homosexuales tiene sus raíces en el ensalzamiento de las tendencias homosexuales. <br /><br /><br />Estas definiciones fueron tomadas del material obligatorio del curso "Re-imagen del Género" impartido en un prestigioso College norteamericano. Asimismo, las siguientes afirmaciones corresponden a la bibliografía obligatoria del mismo:<br /><br />"La teoría feminista ya no puede permitirse el lujo simplemente de proclamar una tolerancia del 'lesbianismo' como 'estilo alternativo de vida' o hacer alusión y mostrar a las lesbianas. Se ha retrasado demasiado una crítica feminista de la orientación heterosexual obligatoria de la mujer".<br /><br />"Una estrategia apropiada y viable del derecho al aborto es la de informar a toda mujer que la penetración heterosexual es una violación, sea cual fuere su experiencia subjetiva contraria".<br /><br />Las afirmaciones citadas podrían parecer suficientemente reveladoras sobre la peligrosa agenda de los promotores de esta "perspectiva". Sin embargo, existen aún otros postulados que las "feministas de género" propagan cada vez con mayor fuerza:<br /><br />"Cada niño se asigna a una u otra categoría sobre la base de la forma y tamaño de sus órganos genitales. Una vez hecha esta asignación, nos convertimos en lo que la cultura piensa que cada uno es -femenina o masculino-. Aunque muchos crean que el hombre y la mujer son expresión natural de un plano genético, el género es producto de la cultura y el pensamiento humano, una construcción social que crea la 'verdadera naturaleza' de todo individuo".<br /><br />Así pues, para las "feministas de género", éste "implica la pertenencia a una clase, y la clase presupone una desigualdad. La lucha por de-construir el género llevará mucho más rápidamente a la meta".<br /><br />El feminismo de género<br /><br />Pero, ¿en qué consiste el "feminismo de género" y cuál es la diferencia con el comúnmente conocido feminismo?. Para comprender más a profundidad el debate en torno al "término género", vale la pena responder a esta pregunta.<br /><br />El término "feministas del género" fue acuñado en primer lugar por Christina Hoff Sommers en su libro "Who Stole Feminism?" ("¿Quién robó el Feminismo?"), con el fin de distinguir el feminismo de ideología radical surgido hacia fines de los '60, del anterior movimiento feminista de equidad. He aquí las palabras de Hoff Sommers:<br /><br />"El feminismo de ‘equidad’ es sencillamente la creencia en la igualdad legal y moral de los sexos. Una feminista de equidad quiere para la mujer lo que quiere para todos: tratamiento justo, ausencia de discriminación. Por el contrario, el feminismo del 'género' es una ideología que pretende abarcarlo todo, según la cual la mujer está presa en un sistema patriarcal opresivo. La feminista de equidad opina que las cosas han mejorado mucho para la mujer; la feminista del 'género' a menudo piensa que han empeorado. Ven señales de patriarcado por doquier y piensan que la situación se pondrá peor. Pero esto carece de base en la realidad. Las cosas nunca han estado mejores para la mujer, que hoy conforma el 55% del estudiantado universitario, mientras que la brecha salarial continúa cerrándose".<br /><br />Al parecer, este "feminismo de género" tuvo una fuerte presencia en la Cumbre de Pekín. Así lo afirma Dale O'Leary, autora de numerosos ensayos sobre la mujer y participante en la Conferencia de Pekín, quien asegura que durante todas las jornadas de trabajo, las mujeres que se identificaron como feministas abogaron persistentemente por incluir la "perspectiva del género" en el texto, definiendo "género" como 'roles socialmente construidos' y usándolo en sustitución de 'mujer' o de masculino y femenino. De hecho, todas las personas familiarizadas con los objetivos del "feminismo de género", reconocieron inmediatamente la conexión entre la mencionada ideología y el borrador del "Programa de Acción" del 27 de febrero que incluía propuestas aparentemente inocentes y términos particularmente ambiguos. <br /><br />Neo Marxismo<br /><br />En palabras de Dale O'Leary, la teoría del "feminismo de género" se basa en una interpretación neo-marxista de la historia. Comienza con la afirmación de Marx de que toda la historia es una lucha de clases, de opresor contra oprimido, en una batalla que se resolverá sólo cuando los oprimidos se percaten de su situación, se alcen en revolución e impongan una dictadura de los oprimidos. La sociedad será totalmente reconstruida y emergerá la sociedad sin clases, libre de conflictos, que asegurará la paz y prosperidad utópicas para todos.<br /><br />O'Leary agrega que fue Frederick Engels quien sentó las bases de la unión entre el marxismo y el feminismo. Para ello cita el libro "El Origen de la Familia, Propiedad y el Estado", escrito por el pensador alemán en 1884 en el que señala: <br /><br />"El primer antagonismo de clases de la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio monógamo, y la primera opresión de una clase por otra, con la del sexo femenino por el masculino".<br /><br />Según O'Leary, los marxistas clásicos creían que el sistema de clases desaparecería una vez que se eliminara la propiedad privada, se facilitara el divorcio, se aceptara la ilegitimidad, se forzara la entrada de la mujer al mercado laboral, se colocara a los niños en institutos de cuidado diario y se eliminara la religión. Sin embargo, para las "feministas de género", los marxistas fracasaron por concentrarse en soluciones económicas sin atacar directamente a la familia, que era la verdadera causa de las clases.<br /><br />En ese sentido, la feminista Shulamith Firestone afirma la necesidad de destruir la diferencia de clases, más aún la diferencia de sexos:<br /><br />"… Asegurar la eliminación de las clases sexuales requiere que la clase subyugada (las mujeres) se alce en revolución y se apodere del control de la reproducción; se restaure a la mujer la propiedad sobre sus propios cuerpos, como también el control femenino de la fertilidad humana, incluyendo tanto las nuevas tecnologías como todas las instituciones sociales de nacimiento y cuidado de niños. Y así como la meta final de la revolución socialista era no sólo acabar con el privilegio de la clase económica, sino con la distinción misma entre clases económicas, la meta definitiva de la revolución feminista debe ser igualmente -a diferencia del primer movimiento feminista- no simplemente acabar con el privilegio masculino sino con la distinción de sexos misma: las diferencias genitales entre los seres humanos ya no importarían culturalmente".<br /><br />Cuando la Naturaleza estorba<br /><br />Está claro, pues, que para esta nueva "perspectiva de género", la realidad de la naturaleza incomoda, estorba, y por tanto, debe desaparecer. Al respecto, la propia Shulamith Firestone decía:<br /><br />"Lo 'natural' no es necesariamente un valor 'humano'. La humanidad ha comenzado a sobrepasar a la naturaleza; ya no podemos justificar la continuación de un sistema discriminatorio de clases por sexos sobre la base de sus orígenes en la Naturaleza. De hecho, por la sola razón de pragmatismo empieza a parecer que debemos deshacernos de ella".<br /><br />Para los apasionados defensores de la "nueva perspectiva", no se deben hacer distinciones porque cualquier diferencia es sospechosa, mala, ofensiva. Dicen, además, que toda diferencia entre el hombre y la mujer es construcción social y por consiguiente tiene que ser cambiada. Buscan establecer una igualdad total entre hombre y mujer, sin considerar las naturales diferencias entre ambos, especialmente las diferencias sexuales; más aún, relativizan la noción de sexo de tal manera que, según ellos, no existirían dos sexos, sino más bien muchas "orientaciones sexuales".<br /><br />Así, los mencionados promotores del "género" no han visto mejor opción que declarar la guerra a la naturaleza y a las opciones de la mujer. Según O'Leary, las "feministas de género" a menudo denigran el respeto por la mujer con la misma vehemencia con que atacan la falta de respeto, porque para ellas el "enemigo" es la diferencia.<br /><br />Sin embargo, es evidente que no toda diferencia es mala ni mucho menos irreal. Tanto el hombre como la mujer tienen sus propias particularidades naturales que deben ser puestas al servicio del otro, para alcanzar un enriquecimiento mutuo. Esto, claro está, no significa que los recursos personales de la femineidad sean menores que los recursos de la masculinidad; simplemente significa que son diferentes. En tal sentido, si aceptamos el hecho de que hombre y mujer son diferentes, una diferencia estadística entre hombres y mujeres que participen en una actividad en particular, podría ser más que una muestra de discriminación, el simple reflejo de esas diferencias naturales entre hombre y mujer. <br /><br />No obstante, ante la evidencia de que estas diferencias son naturales, los propulsores de la "nueva perspectiva" no cuestionan sus planteamientos sino más bien atacan el concepto de naturaleza. <br /><br />Además, consideran que las diferencias de "género", que según ellos existen por construcción social, fuerzan a la mujer a ser dependiente del hombre y por ello, la libertad para la mujer consistirá, no en actuar sin restricciones injustas, sino en liberarse de "roles de género socialmente construidos". En ese sentido, Ann Ferguson y Nancy Folbre afirman: <br /><br />"… Las feministas deben hallar modos de apoyo para que la mujer identifique sus intereses con la mujer, antes que con sus deberes personales hacia el hombre en el contexto de la familia. Esto requiere establecer una cultura feminista revolucionaria auto-definida de la mujer, que pueda sostenerla, ideológica y materialmente 'fuera del patriarcado'. Las redes de soporte contra-hegemónico material y cultural pueden proveer sustitutos mujer-identificados de la producción sexo-afectiva patriarcal, que proporcionen a las mujeres mayor control sobre sus cuerpos, su tiempo de trabajo y su sentido de sí mismas".<br /><br />Con dicho fin, Ferguson y Folbre diseñan 4 áreas claves de "ataque":<br />1. Reclamar apoyo económico oficial para el cuidado de niños y los derechos reproductivos.<br />2. Reclamar libertad sexual, que incluye el derecho a la preferencia sexual (derechos homosexuales). <br />3. El control feminista de la producción ideológica y cultural. Es importante porque la producción cultural afecta las finalidades personales, el sentido de sí mismo, las redes sociales y la producción de redes de crianza y afecto, amistad y parentesco social. <br />4. Establecer ayuda mutua: sistemas de apoyo económico a la mujer, desde redes de identificación única con la mujer, hasta juntas de mujeres en los sindicatos que luchen por los intereses femeninos en el trabajo asalariado. <br /><br /><br />Una buena excusa: La mujer<br /><br />Después de revisar la peculiar "agenda feminista", Dale O'Leary evidencia que el propósito de cada punto de la misma no es mejorar la situación de la mujer, sino separar a la mujer del hombre y destruir la identificación de sus intereses con los de sus familias. Asimismo, agrega la experta, el interés primordial del feminismo radical nunca ha sido el de mejorar directamente la situación de la mujer ni aumentar su libertad. Por el contrario, para las feministas radicales activas, las mejoras menores pueden obstaculizar la revolución de clase sexo/género.<br /><br />Esta afirmación es confirmada por la feminista Heidi Hartmann que radicalmente afirma: <br /><br />"La cuestión de la mujer nunca ha sido la 'cuestión feminista'. Esta se dirige a las causas de la desigualdad sexual entre hombres y mujeres, del dominio masculino sobre la mujer".<br /><br />No en vano, durante la Conferencia de Pekín, la delegada canadiense Valerie Raymond manifestó su empeño en que la cumbre de la mujer se abordara paradójicamente "no como una 'conferencia de la mujer', sino una conferencia en la que todos los temas se enfocaran a través de una ‘óptica de género’".<br /><br />Así, dice O'Leary, la "nueva perspectiva" tiene como objeto propulsar la agenda homosexual/lesbiana/bisexual/transexual, y no los intereses de las mujeres comunes y corrientes.<br /><br />Roles socialmente construidos<br /><br />Para tratar este punto, tomemos la definición de "género" señalada en un volante que distribuyeron en la Reunión del PrepCom (Comité Preparatorio de Pekín) las partidarias de esta perspectiva.<br /><br />"Género se refiere a los roles y responsabilidades de la mujer y del hombre que son determinados socialmente. El género se relaciona con la forma en que se nos percibe y se espera que pensemos y actuemos como mujeres y hombres, por el modo en que la sociedad está organizada, no por nuestras diferencias biológicas".<br /><br />Vale señalar que el término 'rol' distorsiona la discusión. Siguiendo el estudio de O'Leary, el 'rol' se define primariamente como: parte de una producción teatral en la cual una persona, vestida especialmente y maquillada, representa un papel de acuerdo a un libreto escrito. El uso del término 'rol' o de la frase 'roles desempeñados' transmite necesariamente la sensación de algo artificial que se le impone a la persona.<br /><br />Cuando se sustituye 'rol' por otro vocablo -tal como vocación-, se pone de manifiesto cómo el término 'rol' afecta nuestra percepción de identidad. Vocación envuelve algo auténtico, no artificial, una llamada a ser lo que somos. Respondemos a nuestra vocación a realizar nuestra naturaleza o a desarrollar nuestros talentos y capacidades innatos. En ese sentido, por ejemplo, O'Leary destaca la vocación femenina a la maternidad, pues la maternidad no es un 'rol'. Cuando una madre concibe a un hijo, emprende una relación de por vida con otro ser humano. Esta relación define a la mujer, le plantea ciertas responsabilidades y afecta casi todos los aspectos de su vida. No está representando el papel de madre; es una madre. La cultura y la tradición ciertamente influyen sobre el modo en que la mujer cumple con las responsabilidades de la maternidad, pero no crean madres, aclara O'Leary.<br /><br />Sin embargo, los promotores de la "perspectiva de género" insisten en decir que toda relación o actividad de los seres humanos es resultado de una "construcción social" que otorga al hombre una posición superior en la sociedad y a la mujer una inferior. Según esta perspectiva, el progreso de la mujer requiere que se libere a toda la sociedad de esta "construcción social", de modo que el hombre y la mujer sean iguales.<br /><br />Para ello, las "feministas de género" señalan la urgencia de "de-construir estos roles socialmente construidos", que según ellas, pueden ser divididos en tres categorías principalmente:<br />1. Masculinidad y Feminidad. Consideran que el hombre y la mujer adultos son construcciones sociales; que en realidad el ser humano nace sexualmente neutral y que luego es socializado en hombre o mujer. Esta socialización, dicen, afecta a la mujer negativa e injustamente. Por ello, las feministas proponen depurar la educación y los medios de comunicación de todo estereotipo o imagen específica de género, para que los niños puedan crecer sin que se les exponga a trabajos "sexo-específicos".<br />2. Relaciones familiares: padre, madre, marido y mujer. Las feministas no sólo pretenden que se sustituyan estos términos "género-específicos" por palabras "género-neutrales", sino que aspiran a que no haya diferencias de conducta ni responsabilidad entre el hombre y la mujer en la familia. Según Dale O'Leary, ésta es la categoría de "roles socialmente construidos" a la que las feministas atribuyen mayor importancia porque consideran que la experiencia de relaciones "sexo-específicas" en la familia son la principal causa del sistema de clases "sexo/géneros".<br />3. Ocupaciones o profesiones. El tercer tipo de "roles socialmente construidos" abarca las ocupaciones que una sociedad asigna a uno u otro sexo. <br /><br /><br />Si bien las tres categorías de "construcción social" ya podrían ser suficientes, el repertorio de las "feministas de género" incluye una más: la reproducción humana que, según dicen, también es determinada socialmente. Al respecto, Heidi Hartmann afirma:<br /><br />"La forma en que se propaga la especie es determinada socialmente. Si biológicamente la gente es sexualmente polimorfa y la sociedad estuviera organizada de modo que se permitiera por igual toda forma de expresión sexual, la reproducción sería resultado sólo de algunos encuentros sexuales: los heterosexuales. La división estricta del trabajo por sexos, un invento social común a toda sociedad conocida, crea dos géneros muy separados y la necesidad de que el hombre y la mujer se junten por razones económicas. Contribuye así a orientar sus exigencias sexuales hacia la realización heterosexual, y a asegurar la reproducción biológica. En sociedades más imaginativas, la reproducción biológica podría asegurarse con otras técnicas".<br /><br />El objetivo: de-construir la sociedad<br /><br />Queda claro pues, que la meta de los promotores de la "perspectiva de género", fuertemente presente en Pekín, es llegar a una sociedad sin clases de sexo. Para ello, proponen de-construir el lenguaje, las relaciones familiares, la reproducción, la sexualidad, la educación, la religión, la cultura, entre otras cosas. Al respecto, el material de trabajo del curso Re-Imagen del Género, dice lo siguiente:<br /><br />"El género implica clase, y la clase presupone desigualdad. Luchar por deconstruir el género llevará mucho más rápidamente a la meta. Bien, es una cultura patriarcal y el género parece ser básico al patriarcado. Después de todo, los hombres no gozarían del privilegio masculino si no hubiera hombres. Y las mujeres no serían oprimidas sino existiera tal cosa como 'la mujer'. Acabar con el género es acabar con el patriarcado, como también con las muchas injusticias perpetradas en nombre de la desigualdad entre los géneros".<br /><br />En tal sentido, Susan Moller Okin escribe un artículo en el que se lanza a pronosticar lo que para ella sería el "soñado futuro sin géneros":<br /><br />"No habría presunciones sobre roles masculino o femenino; dar a luz estaría conceptualmente tan distante de la crianza infantil, que sería motivo de asombro que hombres y mujeres no fueran igualmente responsables de las áreas domésticas, o que los hijos pasaran mucho más tiempo con uno de los padres que con el otro. Sería un futuro en el que hombres y mujeres participaran en número aproximadamente igual en todas las esferas de la vida, desde el cuidado de los niños hasta el cargo político de más alto nivel, incluyendo los más diversos tipos de trabajo asalariado. Si hemos de guardar la más mínima lealtad a nuestros ideales democráticos, es esencial distanciarnos del género… Parece innegable que la disolución de roles de género contribuirá a promover la justicia en toda nuestra sociedad, haciendo así de la familia un sitio mucho más apto para que los hijos desarrollen un sentido de justicia".<br /><br />Para ello, también proponen la "de-construcción de la educación" tal como se lee en el discurso de la Presidenta de Islandia, Vigdis Finnbogadottir, en una conferencia preparatoria de la Conferencia de Pekín, organizada por el Consejo Europeo en febrero de 1995. Para ella, así como para todos los demás defensores de la "perspectiva de género", urge de-construir no sólo la familia sino también la educación. Las niñas deben ser orientadas hacia áreas no tradicionales sin exponerlas a la imagen de la mujer como esposa o madre, ni involucrarlas en actividades femeninas tradicionales.<br /><br />"La educación es una estrategia importante para cambiar los prejuicios sobre los roles del hombre y la mujer en la sociedad. La perspectiva del 'género' debe integrarse en los programas. Deben eliminarse los estereotipos en los textos escolares y sensibilizar en este sentido a los maestros, para asegurar así que niñas y niños hagan una selección profesional informada, y no sobre la base de tradiciones llenas de prejuicios sobre el ‘género’".<br /><br />Primer blanco, la familia<br /><br />"El final de la familia biológica eliminará también la necesidad de la represión sexual. La homosexualidad masculina, el lesbianismo y las relaciones sexuales extramaritales ya no se verán en la forma liberal como opciones alternativas, fuera del alcance de la regulación estatal… en vez de esto, hasta las categorías de homosexualidad y heterosexualidad serán abandonadas: la misma 'institución de las relaciones sexuales', en que hombre y mujer desempeñan un rol bien definido, desaparecerá. La humanidad podría revertir finalmente a su sexualidad polimorfamente perversa natural".<br /><br />Estas palabras de Alison Jagger, autora de diversos libros de texto utilizados en programas de estudios femeninos en universidades norteamericanas, revelan claramente la hostilidad de las "feministas del género" frente a la familia. <br /><br />"La igualdad feminista radical significa, no simplemente igualdad bajo la ley y ni siquiera igual satisfacción de necesidades básicas, sino más bien que las mujeres -al igual que los hombres- no tengan que dar a luz… La destrucción de la familia biológica que Freud jamás visualizó, permitirá la emergencia de mujeres y hombres nuevos, diferentes de cuantos han existido anteriormente".<br /><br />Al parecer, la principal razón del rechazo feminista a la familia es que, para ellas, esta institución básica de la sociedad "crea y apoya el sistema de clases sexo/género". Así lo explica Christine Riddiough, colaboradora de la revista publicada por la institución internacional anti-vida “Catholics for a Free Choice” ("Católicas por el derecho a decidir"):<br /><br />"La familia nos da las primeras lecciones de ideología de clase dominante y también provee de legitimidad a otras instituciones de la sociedad civil. Nuestras familias son las que nos enseñan primero la religión, a ser buenos ciudadanos… tan completa es la hegemonía de la clase dominante en la familia, que se nos enseña que ésta encarna el orden natural de las cosas. Se basa en particular en una relación entre el hombre y la mujer que reprime la sexualidad, especialmente la sexualidad de la mujer".<br /><br />Para quienes tienen una visión marxista de las diferencias de clases como causa de los problemas, apunta O'Leary, 'diferente' es siempre 'desigual' y 'desigual' siempre es 'opresor'. En este sentido, las "feministas de género" consideran que cuando la mujer cuida a sus hijos en el hogar y el esposo trabaja fuera de casa, las responsabilidades son diferentes y por tanto no igualitarias. Entonces ven esta 'desigualdad' en el hogar como causa de 'desigualdad' en la vida pública, ya que la mujer, cuyo interés primario sería el hogar, no siempre tendría el tiempo y la energía para dedicarse a la vida pública. Por ello afirman:<br /><br />"Pensamos que ninguna mujer debería tener esta opción. No debería autorizarse a ninguna mujer a quedarse en casa para cuidar a sus hijos. La sociedad debe ser totalmente diferente. Las mujeres no deben tener esa opción, porque si esa opción existe, demasiadas mujeres decidirán por ella".<br /><br />Además, las "feministas de género" insisten en la de-construcción de la familia no sólo porque según ellas esclaviza a la mujer, sino porque condiciona socialmente a los hijos para que acepten la familia, el matrimonio y la maternidad como algo natural. Al respecto, Nancy Chodorow afirma:<br /><br />"Si nuestra meta es acabar con la división sexual del trabajo en la que la mujer se hace maternal, tenemos que entender en primer lugar los mecanismos que la reproducen. Éste es el punto en el que debe intervenirse. Cualquier estrategia para el cambio cuya meta abarque la liberación de las restricciones impuestas por una desigual organización social por géneros, debe tomar en cuenta la necesidad de una reorganización fundamental del cuidado de los hijos, para que sea compartido igualmente por hombres y mujeres".<br /><br />Queda claro que para los propulsores del "género" las responsabilidades de la mujer en la familia son supuestamente enemigas de la realización de la mujer. El entorno privado se considera secundario y menos importante; la familia y el trabajo del hogar se ven como "carga" que afecta negativamente los "proyectos profesionales" de la mujer. <br /><br />Este ataque declarado contra la familia, sin embargo, contrasta notablemente con la Declaración Universal de los Derechos Humanos promulgada por la ONU en 1948. En el artículo 16 de la misma, las Naciones Unidas defienden con énfasis la familia y el matrimonio:<br />1. Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia; y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio. <br />2. Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse el matrimonio. <br />3. La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado. <br /><br /><br />Sin embargo, los artífices de la nueva "perspectiva de género" presentes en la cumbre de la mujer pusieron al margen todas estas premisas y por el contrario apuntaron desde entonces la necesidad de "de-construir" la familia, el matrimonio, la maternidad, y la feminidad misma para que el mundo pueda ser libre.<br /><br />En cambio, los representantes de las principales naciones comprometidas con la defensa de la vida y los valores familiares que participaron en Pekín, alzaron su voz en contra de este tipo de propuestas, sobre todo al descubrir que el documento de la cumbre eliminaba arbitrariamente del vocabulario del programa las palabras "esposa", "marido", "madre", "padre". Ante tal hecho, Barbara Ledeen, Directora del Independent Women Forum, una organización de defensa de la mujer ampliamente reconocida en Estados Unidos, señaló:<br /><br />"El documento está inspirado en teorías feministas ultrarradicales, de viejo sello conflictivo, y representa un ataque directo a los valores de la familia, el matrimonio y la feminidad".<br /><br />El Papa Juan Pablo II, por su parte, tiempo antes de la Conferencia de Pekín, ya había insistido en señalar la estrecha relación entre la mujer y la familia. Durante el encuentro que sostuvo con Gertrude Mongella, Secretaria General de la Conferencia de la Mujer, previo a la cumbre mundial, dijo:<br /><br />"No hay respuesta a los temas sobre la mujer, que pueda pasar por alto la función de la mujer en la familia…. Para respetar este orden natural, es necesario hacer frente a la concepción errada de que la función de la maternidad es opresiva para la mujer".<br /><br />Lamentablemente, la propuesta del Consejo Europeo para la Plataforma de Acción de Pekín fue completamente ajena a estas orientaciones. <br /><br />"Ya es hora de dejar claro que los estereotipos de géneros son anticuados: los hombres ya no son únicamente los machos que sostienen la familia ni las mujeres sólo esposas y madres. No debe subestimarse la influencia psicológica negativa de mostrar estereotipos femeninos".<br /><br />Ante esta postura, O'Leary escribe en su informe que si bien es cierto que las mujeres no deben mostrarse únicamente como esposas y madres, muchas sí son esposas y madres, y por ello una imagen positiva de la mujer que se dedica sólo al trabajo del hogar no tiene nada de malo. Sin embargo, la meta de la perspectiva del 'género' no es representar auténticamente la vida de la mujer, sino crear un estereotipo inverso, según el cual las mujeres que "sólo" sean esposas y madres nunca aparecerían bajo un prisma favorable.<br /><br />Salud y derechos sexuales reproductivos<br /><br />En la misma línea, las "feministas de género" incluyen como parte esencial de su agenda la promoción de la "libre elección" o “derecho a decidir” en asuntos de reproducción y de estilo de vida. Según O'Leary, "libre elección de reproducción" es la expresión clave para referirse al aborto a petición; mientras que "estilo de vida" apunta a promover la homosexualidad, el lesbianismo, otras formas de sexualidad, dentro o fuera del matrimonio. Así, por ejemplo, los representantes del Consejo Europeo en Pekín lanzaron la siguiente propuesta:<br /><br />"Deben escucharse las voces de mujeres jóvenes, ya que la vida sexual no gira sólo alrededor del matrimonio. Esto lleva al aspecto del derecho a ser diferente, ya sea en términos de estilo de vida -la elección de vivir en familia o sola, con o sin hijos- o de preferencias sexuales. Deben reconocerse los derechos reproductivos de la mujer lesbiana".<br /><br />Estos "derechos" de las lesbianas, incluirían también el "derecho" de las parejas lesbianas a concebir hijos a través de la inseminación artificial, y de adoptar legalmente a los hijos de sus compañeras.<br /><br />Pero los defensores del "género" no tienen sólo estas propuestas sino que, además, defienden el "derecho a la salud" que, en honor a la verdad, se aleja por completo de la verdadera salud del ser humano. En efecto, ignorando el derecho de todo ser humano a la vida, proponen un derecho a la salud que incluye el derecho a la salud sexual y reproductiva. Paradójicamente, esta "salud reproductiva" incluye el aborto y por tanto, la "muerte" de seres humanos no nacidos.<br />No en vano, las "feministas de género" son fuertes aliadas de los Ambientalistas y “Poblacionistas” (o partidarios del control de natalidad). Según O'Leary, aunque las tres ideologías no concuerdan en todos sus aspectos, tienen en común el proyecto del aborto. Por un lado, los ambientalistas y “poblacionistas”, consideran esencial para el éxito de sus agendas, el estricto control de la fertilidad y para ello están dispuestos a usar la "perspectiva de género". La siguiente cita de la Division for the Advance of Women (División para el Avance de las Mujeres) propuesta en una reunión organizada en consulta con el Fondo de Población de la ONU, revela la manera de pensar de aquellos interesados primariamente en que haya cada vez menos gente que vea el "género":<br /><br />"Para ser efectivos a largo plazo, los programas de planificación familiar deben buscar no sólo reducir la fertilidad dentro de los roles de género existentes, sino más bien cambiar los roles de género con el fin de reducir la fertilidad".<br /><br />Así, los "nuevos derechos" propuestos por las "feministas de género" no se reducen simplemente a los derechos de "salud reproductiva" que como hemos mencionado ya, promueven el aborto de un ser humano no nacido, sino que además exigen el "derecho" a determinar la propia identidad sexual. En un volante que circuló durante la Conferencia de Pekín, la ONG “International Gay and Lesbian Human Rights Comisión” (Comisión Internacional de los Derechos Humanos de Homosexuales y Lesbianas) exigió este derecho en los siguientes términos:<br /><br />"Nosotros, los abajo firmantes, hacemos una llamada a los Estados Miembros a reconocer el derecho a determinar la propia identidad sexual; el derecho a controlar el propio cuerpo, particularmente al establecer relaciones de intimidad; y el derecho a escoger, dado el caso, cuándo y con quién engendrar y criar hijos, como elementos fundamentales de todos los derechos humanos de toda mujer, sin distinción de orientación sexual". <br /><br />Esto es más preocupante aún si se toma en cuenta que para las "feministas de género" existen cinco sexos. Rebecca J. Cook, profesora de Derecho en la Universidad de Toronto y redactora del informe oficial de la ONU en Pekín, señala en la misma línea de sus compañeros de batalla, que los géneros masculino y femenino, serían una "construcción de la realidad social" y deberían ser abolidos. Aunque resulte increíble, el documento elaborado por la feminista canadiense afirma que "los sexos ya no son dos sino cinco", y por tanto no se debería hablar de hombre y mujer, sino de "mujeres heterosexuales, mujeres homosexuales, hombres heterosexuales, hombres homosexuales y bisexuales".<br /><br />La "libertad" de los propulsores del "género" para afirmar la existencia de 5 sexos, contrasta con todas las pruebas científicas existentes según las cuales, sólo hay dos opciones desde el punto de vista genético: o se es hombre o se es mujer, no hay absolutamente nada, científicamente hablando, que esté en el medio.<br /><br />Ataque a la religión<br /><br />Si bien las "feministas de género" promueven la "de-construcción" de la familia, la educación y la cultura como solución para todos los problemas, ponen especial énfasis en la "de-construcción" de la religión que, según dicen, es la causa principal de la opresión de la mujer. Numerosas ONGs acreditadas ante la ONU, se han empeñado en criticar a quienes ellos denominan "fundamentalistas" (Cristianos Católicos, Evangélicos y Ortodoxos, Judíos y Musulmanes, o cualquier persona que rehúse ajustar las doctrinas de su religión a la agenda del "feminismo de género"). Un video promotor del Foro de las ONGs en la Conferencia de Pekín, producido por Judith Lasch, señala:<br /><br />"Nada ha hecho más por constreñir a la mujer que los credos y las enseñanzas religiosas". <br /><br />De la misma manera, el informe de la Reunión de Estrategias Globales para la Mujer contiene numerosas referencias al fundamentalismo y a la necesidad de contrarrestar sus supuestos ataques a los derechos de la mujer.<br /><br />"Toda forma de fundamentalismo, sea político, religioso o cultural, excluye a la mujer de las normas de derechos humanos aceptadas internacionalmente, y la convierten en blanco de violencia extrema. La eliminación de estas prácticas es preocupación de la comunidad internacional".<br /><br />De otro lado, el informe de la reunión preparatoria a la Conferencia de Pekín organizada por el Consejo Europeo en febrero de 1995, incluye numerosos ataques a la religión:<br /><br />"El surgimiento de toda forma de fundamentalismo religioso se considera como una especial amenaza al disfrute por parte de la mujer de sus derechos humanos y a su plena participación en la toma de decisiones a todo nivel en la sociedad".<br /><br />"…Debe capacitarse a las mujeres mismas, y dárseles la oportunidad de determinar lo que sus culturas, religiones y costumbres significan para ellas".<br /><br />Vale señalar que para el "feminismo de género", la religión es un invento humano y las religiones principales fueron inventadas por hombres para oprimir a las mujeres. Por ello, las feministas radicales postulan la re-imagen de Dios como Sophia: Sabiduría femenina. En ese sentido, las "teólogas del feminismo de género" proponen descubrir y adorar no a Dios, sino a la Diosa. Por ejemplo, Carol Christ, autodenominada "teóloga feminista de género" afirma lo siguiente:<br /><br />"Una mujer que se haga eco de la afirmación dramática de Ntosake Shange: 'Encontré a Dios en mí misma y la amé ferozmente' está diciendo: 'El poder femenino es fuerte y creativo'. Está diciendo que el principio divino, el poder salvador y sustentador, está en ella misma y que ya no verá al hombre o a la figura masculina como salvador".<br /><br />Igual de extrañas son las palabras de Elisabeth Schussler Fiorenza, otra "teóloga feminista de género" que niega de raíz la posibilidad de la Revelación, tal como se lee en la siguiente cita:<br /><br />"Los textos bíblicos no son revelación de inspiración verbal ni principios doctrinales, sino formulaciones históricas… Análogamente, la teoría feminista insiste en que todos los textos son producto de una cultura e historia patriarcal androcéntrica".<br /><br />Además, Joanne Carlson Brown y Carole R. Bohn, también autodenominadas teólogas de la "escuela feminista de género", atacan directamente al cristianismo como propulsor del abuso infantil:<br /><br />"El cristianismo es una teología abusiva que glorifica el sufrimiento. ¿Cabe asombrarse de que haya mucho abuso en la sociedad moderna, cuando la imagen teológica dominante de la cultura es el 'abuso divino del hijo' - Dios Padre que exige y efectúa el sufrimiento y la muerte de su propio hijo? Si el cristianismo ha de ser liberador del oprimido, debe primero liberarse de esta teología".<br /><br />Por todo ello, los dueños de la "nueva perspectiva" promueven el ataque frontal al cristianismo y a toda figura que lo represente. En 1994, Rhonde Copelon y Berta Esperanza Hernández elaboraron un folleto para una serie de sesiones de trabajo de la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo del Cairo. El folleto atacaba directamente al Vaticano por oponerse a su agenda que entre otras cosas incluye los "derechos a la salud reproductiva" y por consecuencia al aborto.<br /><br />"… este reclamo de derechos humanos elementales se enfrenta con la oposición de todo tipo de fundamentalistas religiosos, con el Vaticano como líder en la organización de oposición religiosa a la salud y a los derechos reproductivos, incluyendo hasta los servicios de planificación familiar". <br /><br />En contraste con todas estas posturas de ataque y agresión a la religión, a la Iglesia, concretamente al Vaticano, son las posturas de la mayoría de mujeres del mundo que según el informe de O'Leary defienden sus tradiciones religiosas como la mejor protección de los derechos y la dignidad de la mujer. Mujeres católicas, evangélicas, ortodoxas y judías agradecen, en particular, las enseñanzas de sus credos sobre el matrimonio, la familia, la sexualidad y el respeto por la vida humana.<br /><br />La Santa Sede, por su parte, señaló en los meses previos a Pekín el peligro de la tendencia del texto planteado por la ONU, a dejar de lado el derecho de las mujeres a la libertad de conciencia y de religión en las instituciones educativas.<br /><br />Conclusión<br /><br />En palabras de Dale O'Leary, el "feminismo de género" es un sistema cerrado contra el cual no hay forma de argumentar. No puede apelarse a la naturaleza, ni a la razón, la experiencia o las opiniones y deseos de mujeres verdaderas, porque según las "feministas de género" todo esto es "socialmente construido". No importa cuánta evidencia se acumule contra sus ideas; ellas continuarán insistiendo en que es simplemente prueba adicional de la conspiración patriarcal masiva en contra de la mujer.<br /><br />Sin embargo, existen muchas personas que quizás por falta de información, aún no están al tanto de la nueva propuesta y de los peligrosos alcances de la misma. Vale la pena pues, conocer esta "perspectiva de género" que, según informaciones fidedignas, en la actualidad no sólo está tomando fuerza en los países desarrollados sino que al parecer, también ha empezado a filtrarse en otros medios. Basta revisar algunos materiales educativos difundidos no sólo en los colegios sino también en prestigiosas universidades.<br /><br />Ahora bien, en Estados Unidos el "feminismo de género" ha logrado ubicarse en el centro de la corriente cultural norteamericana. Prestigiosas universidades y Colleges de los Estados Unidos difunden abiertamente esta perspectiva. Además, numerosas series televisivas norteamericanas hacen su parte difundiendo el siguiente mensaje: la identidad sexual puede "de-construirse" y la masculinidad y feminidad no son más que "roles de géneros construidos socialmente". <br /><br />Si tomamos en cuenta que el avance de las tecnologías ha logrado que dichos programas con toda la nueva "perspectiva de género" lleguen diariamente a los países en vías de desarrollo principalmente a través de la televisión por cable, sin descartar las muchos otros medios que existen en nuestro tiempo, esto nos pone ante un nuevo reto al que debemos enfrentarnos lo antes posible para evitar las graves consecuencias que ya está ocasionando en el Primer Mundo. Más aún cuando en palabras de O'Leary, la "de-construcción" de la familia y el ataque a la religión, la tradición y los valores culturales que las "feministas de género" promueven en los países en desarrollo, afecta al mundo entero. <br /><br />..................................................<br /><br />Fuente: Revista ArbilEdgard Munivehttp://www.blogger.com/profile/07210832084428493180noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9492156.post-1134161301784216072005-12-09T12:44:00.002-08:002005-12-09T12:48:21.790-08:00LA FAMILIA: UNA TAREA PARA LOS HOMBRES Y LAS MUJERES DE HOYTítulo: <strong>LA FAMILIA: UNA TAREA PARA LOS HOMBRES Y LAS MUJERES DE HOY </strong><br />Autor: Francisca R. Quiroga <br />Publicado en Arvo: marzo 2001 <br /><br />ENTREVISTA A JUTTA BURGGRAF <br /><br />Uno de los cambios más revolucionarios que se han operado en el siglo que acabamos de cerrar, es el creciente protagonismo de las mujeres en la vida pública y social. ¿Qué variaciones introduce esta nueva situación en la dinámica del matrimonio y la familia? <br /><br />Jutta Burggraf es alemana, Doctora en Teología y Pedagogía, autora de numerosas publicaciones, la última titulada VIVIR Y CONVIVIR EN UNA SOCIEDAD MULTICULTURAL. Experta en la temática de la familia, contesta a nuestras preguntas sobre los desafíos que presenta la vida en común en la sociedad actual. <br /><br />NUEVAS PROBLEMÁTICAS <br /><br />Con frecuencia leemos resultados de encuestas, entrevistas y sondeos, que parecen indicar que la familia está en crisis, ¿piensas que se trata de una figura social en extinción? <br /><br />«A pesar de todos los pronósticos desfavorables, hoy en día la familia sigue siendo apreciada, porque satisface necesidades tan elementales en el hombre como el anhelo de sentirse protegido y de tener confianza. Pienso que su existencia no puede ser puesta en duda porque está íntimamente ligada a la felicidad del hombre». <br /><br />¿Por qué hoy nos parece más difícil sacar adelante una familia que en otras épocas? <br /><br />«Es verdad que actualmente se dan circunstancias que generan problemas que no se presentaban antes. Pero esto no quiere decir que antes no hubo dificultades: había otra situación con otros problemas, quizá menos manifiestos. En siglos pasados, muchas veces eran los padres quienes elegían a quienes habían de casarse con sus hijos, y lo hacían según aspectos objetivos: la clase social, la situación económica, la religión, etc. La comunidad matrimonial era considerada como una gran empresa. Todos, varones y mujeres, solían trabajar juntos en la granja, en el taller, en la tienda. Y educaban juntos a los niños, que crecían bajo los cuidados de muchos parientes». <br /><br />«A partir de la industrialización, se produjo un profundo cambio en la vida familiar. El hombre se fue retirando de las obligaciones familiares a favor de actividades lucrativas fuera de casa, donde la mujer quedó sola con los hijos. Poco a poco también ella se fue integrando a la vida profesional, ganando dinero y haciéndose cada vez más autónoma. De ahí resultan nuevas cargas para el matrimonio». <br /><br />¿Piensas que la autonomía de que gozamos hoy las mujeres es una causa de los actuales problemas de la familia? <br /><br />«No creo que la independencia de la mujer sea el problema de hoy. Al contrario, es una suerte que exista, porque sólo quien es interiormente libre e independiente puede amar y entregarse verdaderamente a los demás». <br /><br />¿Por qué entonces la situación actual es realmente difícil? <br /><br />«Dos personas se casan hoy, en general, por simpatía y amor; es decir, más por motivos subjetivos que por motivos objetivos. Esto me parece muy bien. Pero hay que llegar a un acuerdo acerca de las grandes cuestiones de la existencia Creo que el amor es la única razón aceptable para contraer matrimonio, pero si faltan casi todos los motivos objetivos, la fidelidad matrimonial se hace sumamente difícil». <br /><br />PARA LA BUENA MARCHA DE LA VIDA EN COMÚN <br /><br />Se habla a veces de una crisis de comunicación entre los esposos de hoy, ¿a qué se puede atribuir? <br /><br />«Hoy es frecuente que los esposos tengan distintos campos de acción, ya sea en la familia, ya sea en una profesión fuera del hogar. No se ven durante muchas horas al día. Pero sí tienen contacto con muchas otras personas, hombres y mujeres; y con ellos comparten sus intereses e ilusiones profesionales. Cuando vuelven cansados a casa, ya no tienen fuerzas para dialogar o hacer planes. Así puede pasar que crezca una distancia cada vez más grande entre los esposos». <br /><br />«Además, actualmente el matrimonio es mucho más largo que en otros tiempos. Muchas personas llegan a los ochenta, noventa, incluso a los cien años. Antiguamente las mujeres morían con frecuencia después de haber dado a luz muchos hijos. Hoy los ven crecer, y cuando ellos se van de casa, suelen vivir todavía treinta, cuarenta o cincuenta años». <br /><br />«El hecho de que alguien me ha prometido quedarse a mi lado hasta el fin de la vida, significa para mí el grave deber de abrirme a las nuevas situaciones, y no negarme a mejorar y madurar. El matrimonio, en cierto sentido, es un proceso que se origina en la promesa de andar juntos por el camino de la vida. En cuanto tal no sólo exige el “permanecer juntos”, sino también el “caminar”. Los cónyuges se invitan mutuamente a buscar, encontrar, aprender y desarrollarse juntos. Y, en el mejor de los casos, llegan juntos a la madurez espiritual». <br /><br />¿Cómo evitar la alienación conyugal? <br /><br />«Es bastante normal que haya momentos duros en la vida común y, en principio, no es aconsejable que se intente a toda costa eludir cualquier conflicto. Si los cónyuges se acostumbran a callarlo todo, previa conformidad tácita, tal vez puedan presumir durante un tiempo de una aparente paz; pero pagarán finalmente un precio muy alto por ella, pues pronto se aburrirán mutuamente con sus conversaciones superficiales. Tal vez huyan de sí mismos y de su pareja hacia los hijos, el trabajo o alguna aventura». <br /><br />¿CÓMO SUPERAR LAS CRISIS? <br /><br />¿Son estas dificultades las que llevan a algunas parejas a rechazar de lleno el matrimonio? <br /><br />«Creo que en bastantes ocasiones no condenan el matrimonio , sino un tipo de matrimonio lleno de mentira y traición, escondido detrás de una imagen respetable. Lo que se desaprueba es una exageración de la importancia de la dimensión jurídica, unas exigencias morales diferentes para el hombre y para la mujer, la comodidad y la falta de apertura a los demás». <br /><br />¿Qué respondes a los que sostienen que el matrimonio es un o de convivencia ya superado? <br /><br />«El matrimonio no es anacrónico, pero esto no quiere decir que haya de vivirse de un modo que podemos llamar “burgués”, con estrechez de miras, con mentira y falsedad, mirando más bien al aspecto externo que al amor verdadero entre las personas que lo componen. Hoy en día existen muchas parejas que viven su matrimonio de una manera atractiva; que ponen de manifiesto que la fidelidad es posible, y que es garantía de felicidad para ellos mismos y para toda la familia, en la juventud, en la madurez y en la ancianidad». <br /><br />¿Basta el amor entre marido y mujer para el éxito del matrimonio? <br /><br />«Hay que ver lo que se entiende por amor. Un matrimonio en el que el marido y la mujer vivan pendientes sólo el uno del otro, y en sus vidas no haya lugar para nadie más, acabará por amargarse. Un matrimonio verdaderamente feliz descubre continuamente nuevos horizontes; está abierto a otras personas, también a una futura descendencia. Tiene el valor de transmitir la vida, de conservarla, de amarla y de velar por su desarrollo». <br /><br />¿Ves el matrimonio exclusivamente en función de los hijos? <br /><br />«El matrimonio se vive como una comunión corporal, psíquica y espiritual del ser humano y, en todos lo planos significa, para los cónyuges, una unión entrañable. El otro es aceptado en la totalidad de su persona, esto es, también en su fertilidad y en su posible paternidad o maternidad. Sin embargo, si la unión ual se entendiera únicamente como la procreación de descendientes, se utilizaría y denigraría al cónyuge como un simple medio; se abusaría de él. Como también se degrada al otro cuando se lo considera simplemente como objeto de placer. En el amor matrimonial auténtico se encuentran integrados tanto el deseo de tener hijos como la búsqueda de la unión ual». <br /><br />LOGRAR UNA VIDA FAMILIAR SATISFACTORIA <br /><br />¿Cómo podrías describir una buena relación entre los esposos? <br /><br />«En un matrimonio sano existe una relación activa, interés del uno por el otro, participación en la vida del otro. Una relación entre dos personas no consiste en tiranizar, exigir y mandar, sino, ante todo, en pedir, en dar, en ayudar y en responder el uno al otro. Consiste en alegrarse de todo corazón con el otro y también en poder sobrellevar juntos los momentos difíciles; aceptar al otro tal como es, así como uno se acepta a sí mismo con sus defectos y debilidades. De tal manera, los esposos tampoco llegan a exigirse demasiado mutuamente, con pretensiones egoístas o con unas expectativas infantiles de ser mimados como en los tiempos de la niñez». <br /><br />«Una buena relación implica comprender que cada uno necesita más amor que “merece”; es más vulnerable de lo que parece; y todos somos débiles y podemos cansarnos». <br /><br />¿Ves posible que se enfrenten con realismo y serenidad las crisis que se presentan en todos los matrimonios? <br /><br />«Nadie puede hacernos tanto daño como los que debieran amarnos. “El único dolor que destruye más que el hierro es la injusticia que procede de nuestros familiares”- suelen decir los árabes. Hay, realmente, situaciones, en las que el matrimonio y la familia pueden llegar a ser un tormento. Donde se ama, se da y la persona se abre al otro, es fácil ser herido. Pero, a pesar de eso, una crisis no es una catástrofe». <br /><br />«Todo matrimonio pasa por situaciones difíciles, igual que toda persona humana, cuando crece, experimenta sus crisis de desarrollo. Es muy normal que haya momentos duros en la vida. Conflictos y divergencias de opiniones existirán siempre allí donde varias personas vivan en estrecho contacto. Uno nota monotonía, desazón, quizá la falta de una plena realización profesional; ve que los planes se derrumban y que los hijos son muy distintos de lo que se deseaba. A veces, con los años, crece el remordimiento de no haber dado al otro todo lo que se le podía haber dado... Lo decisivo es la actitud que se adopta ante estas situaciones: aprovechar la oportunidad para estrechar los lazos de unión y, superando juntos las dificultades, buscar el camino de reconciliación. A menudo, esta disposición de perdonar es la única esperanza de marchar hacia un nuevo comienzo. Toda crisis trae consigo un cambio, y puede ser un cambio hacia una madurez mayor, hacia una confianza más plena». <br /><br />HACIA UNA MEJOR CALIDAD DE VIDA <br /><br />¿Qué función ocupa el hogar en la sociedad actual? <br /><br />«Hoy en día, en que la mayoría de las personas realizan su trabajo en fábricas, empresas, administraciones, oficinas y tiendas, necesitan un hogar que les espere a la vuelta. La labor más importante, y a la vez la más difícil, de un ama de casa consiste en crear ese ambiente de hogar. Para la serenidad de una familia es importante que alguien tenga tiempo, que no esté siempre agobiado y con cosas más importantes en la cabeza que el simple saber escuchar, tranquilizar, consolar o animar; hay que deshacer tensiones, amortiguar las desilusiones, compartir uno con otro los éxitos y discutir los problemas ¡Qué bien, cuando existe para todo esto un punto de apoyo!». <br /><br />Pero el trabajo de la casa, ¿no es muy monótono? <br /><br />«La profesión de ama de casa –porque así puede ser considerada cuando se desarrolla con competencia- no es necesariamente una ocupación monótona y aburrida. Tiene sus ventajas. Una muy agradable es que ella se puede organizar el horario y el trabajo a su manera. Toda mujer puede decidir en su casa lo que va a hacer en cada momento –aunque no siempre, sí al menos en proporción mucho mayor que en las demás profesiones. Esto confiere libertad y autonomía». <br /><br />«Si el trabajo del hogar se identifica con limpiezas pesadas, con fregotear suelos o ir de cabeza por cada motita de polvo que se descubre, es lógico que se le atribuya una connotación negativa. Ciertamente el aburrimiento, la rutina y las manías acechan el trabajo del ama de casa, pero en cualquier profesión existen trabajos repetitivos. El presidente de una compañía, por ejemplo, tiene que estampar su firma cientos de veces al día; seguramente no lo envidiamos por esa tarea, pero no dejamos de pensar que su ocupación es valiosa y apetecible». <br /><br />¿Piensas que las mujeres deberían volver al “dulce hogar”? <br /><br />«Pienso que la tarea de compaginar el trabajo fuera de casa con las exigencias de la familia compete tanto a los hombres como a las mujeres. A todas las personas se les debe dar la posibilidad de hacer libremente lo que creen que es bueno, sin tener que estar siempre suscitando nuevas polémicas». <br /><br />«Cada familia es original y única. En la situación concreta, el amor de los esposos puede originar situaciones muy distintas, y hasta contrarias. Ni hay soluciones hechas para la organización individual de la vida familiar cotidiana, ni es apropiado juzgar desde fuera sobre una situación concreta». <br /><br />¿Familia o profesión? ¿Qué aconsejas a las mujeres? <br /><br />«En primer lugar, no es importante lo que la persona hace sino cómo lo hace. Ni el trabajo ni la familia son soluciones en sí mismas para los problemas individuales o interpersonales, y ambos conllevan ventajas y riesgos». <br /><br />«El trabajo de una mujer fuera de casa podrá, efectivamente, redundar de muy diversas maneras en beneficio de la familia, en primer lugar porque esto facilita el diálogo abierto y la comprensión con el marido y los hijos. Hoy en día, no sólo se requieren madres que sepan llevar perfectamente la casa, sino ante todo madres que sean capaces de ser amigas». <br /><br />El nuevo libro de Jutta Burggraf toca una variedad de temáticas, actuales y eternas, pero siempre desde una perspectiva original, que conduce a encontrar nuevas respuestas. <br /><br />Francisca R. Quiroga <br />www.arvo.netEdgard Munivehttp://www.blogger.com/profile/07210832084428493180noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9492156.post-1134161253478339502005-12-09T12:44:00.001-08:002005-12-09T12:47:33.486-08:00LA DIFERENCIA DE LOS S<strong>LA DIFERENCIA DE LOS S, "SER-PARA-EL-OTRO"</strong><br /><br />JUTTA BURGGRAF <br /><br />PAMPLONA, miércoles, 22 septiembre 2004 (ZENIT.org).- La diferencia de s, hombre y mujer, manifiesta que la plenitud humana reside en la relación, en el «ser-para-el otro». «Impulsa a salir de sí mismo, a buscar al otro y a alegrarse en su presencia», considera la teóloga alemana Jutta Burggraf.<br /><br />Laica, profesora de teología dogmática y de teología ecuménica en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, Burggraf expone en esta entrevista concedida a Zenit algunas claves para interpretar la «Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y en el mundo» publicada el 31 de julio por la Congregación para la Doctrina de la Fe.<br /><br />--¿Por qué cree que la Carta sobre la colaboración entre hombres y mujeres ha sido mal recibida por muchos medios de comunicación?<br /><br />--Burggraf: Porque estamos peligrosamente acostumbrados a los hechos más dramáticos y escandalosos que los medios de comunicación nos presentan diariamente, puestos convenientemente en escena para satisfacer el morbo de un gran público: un marido coge un arma y mata a su mujer en un ataque de rabia; otro tira a su pareja por la ventana; y un tercero hiere a su compañera gravemente con un cuchillo.<br /><br />Tales escenas pueden ocurrir en cualquier ciudad tranquila y pacífica, donde los vecinos se reúnen rápidamente para expresar su gran asombro y desconcierto. Y después de escuchar lamentos más o menos elocuentes, pasamos a otra noticia, con la firme decisión de que la sociedad debe proteger más a las mujeres...<br /><br />En este ambiente no sorprende que la Congregación para la Doctrina de la Fe se haya referido en una Carta especial tanto a hombres como a mujeres. No es su propósito defender únicamente la dignidad femenina, como lo hizo el Papa Juan Pablo II, con gran sensibilidad, hace 16 años en la carta apostólica «Mulieris dignitatem», documento que causó admiración incluso entre algunos círculos feministas más radicales.<br /><br />Hoy, en cambio, además de señalar claramente los derechos legítimos de la mujer --y empeñarse por que sean respetados en los cinco continentes--, es necesario hablar también de los deberes de ambos s.<br /><br />Dicho de un modo más fascinante, ha llegado la hora de recordar a las personas su gran misión en este mundo. Todas ellas han sido creadas para ser «águilas», capaces de volar muy alto, hacia el sol, y no deberían empequeñecerse a sí mismas, comportándose como «gallinas» que no hacen más que pelearse sin cesar por picotear los granos que encuentran en el suelo.<br /><br />--¿Ve continuidad entre esta Carta y la «Mulieres Dignitatem»?<br /><br />Burggraf: Tanto la «Mulieres Dignitatem» como la reciente Carta sobre la colaboración se remontan a los textos del Génesis para señalar el gran valor del ser humano.<br /><br />«Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza» (Génesis 1,26), dijo Dios en el momento culminante de su obra creadora. El relato creacional da testimonio de una diferencia originaria entre el varón y la mujer:<br />«Entonces, Yahvé hizo caer un profundo sueño sobre el hombre, el cual se durmió. Y le quitó una de las costillas, rellenando el vacío con carne. De la costilla que Yahvé había tomado del hombre, formó una mujer, y la llevó ante el hombre. Entonces, éste exclamó: "Esta vez sí que es hueso de mi hueso y carne de mi carne"».<br /><br />Esta será llamado varona (mujer), porque del varón ha sido tomada (Génesis<br />2, 21-23).<br /><br />--Algunos lo han interpretado como una presunta subordinación de la mujer.<br /><br />--Burggraf: De este texto no se puede deducir, de ninguna manera, que la mujer esté subordinada al hombre o que sea inferior a él (una simple «costilla») ya que Adán, antes del sueño, no hacer referencia al varón, sino a la persona humana en cuanto tal.<br /><br />El autor del Génesis no habla de la diferencia ual (Adán tiene todavía su «costilla»), sino que señala que el hombre (varón y mujer) es señor de la creación que le rodea. Allí está también presente la mujer que da nombres a los animales, y se encuentra sola, sin una compañía adecuada.<br /><br />El sueño del Adán solitario expresa el misterio: es Dios mismo quien actúa en la creación del ser humano; y sus planes están muy por encima de los nuestros. En la Sagrada Escritura, el sueño, no raras veces, es espacio de revelación. (Baste recordar los sueños de Jacob o de José.) Y, finalmente, «después del sueño» aparece la diferencia ual: Adán y Eva se reconocen como iguales y complementarios. Por esto se puede decir que Dios ha creado al varón y a la mujer en un único acto misterioso. No hay derecha sin izquierda, no hay arriba sin abajo, y tampoco existe el varón sin la mujer.<br /><br />Aquí se ve con claridad que la diferencia ual no es ni irrelevante ni adicional, y tampoco es un producto social, sino que dimana de la misma intención del creador.<br /><br />--La Carta insiste en el papel de la mujer de acoger al otro. Usted señala que también el hombre es un ser para el otro. ¿Puede desarrollarlo más?<br /><br />--Burggraf: Al crear al hombre como varón y mujer, Dios quiso que el ser humano se expresase de dos modos distintos y complementarios, igualmente bellos y valiosos.<br /><br />Ciertamente, Dios ama tanto a la mujer como al varón. Ha dado a ambos la dignidad de reflejar su imagen, y llama a ambos hacia la plenitud.<br /><br />Pero, ¿por qué les ha hecho diferentes? La procreación no puede ser la única razón, ya que ésta sería también posible de forma partenogenética o bien asexual, o por otras posibilidades como las que se pueden encontrar, en gran diversidad, en el reino animal. Estas formas alternativas son al menos imaginables y darían testimonio de una cierta autosuficiencia.<br /><br />La ualidad humana, en cambio, significa una clara disposición hacia el otro. Manifiesta que la plenitud humana reside precisamente en la relación, en el ser-para-el-otro. Impulsa a salir de sí mismo, buscar al otro y alegrarse en su presencia. Es como el sello del Dios del amor en la estructura misma de la naturaleza humana .<br /><br />Aunque cada persona es querida por Dios «por sí misma» y llamada a una plenitud individual, no puede alcanzarla sino en comunión con otros. Está hecha para dar y recibir amor. De esto nos habla la condición ual que tiene un inmenso valor en sí misma.<br /><br />Ambos s están llamados por el mismo Dios a actuar y a vivir conjuntamente. Esa es su vocación. Se puede incluso afirmar que Dios no ha creado al hombre varón y mujer para que engendren nuevos seres humanos, sino que, justo al revés, el hombre tiene la capacidad de engendrar para perpetuar la imagen divina que él mismo refleja en su condición uada.<br /><br />La ualidad habla a la vez de identidad y alteridad. Varón y mujer tienen la misma naturaleza humana, pero la tienen de modos distintos, recíprocos.<br /><br />--La carta toma el Génesis como matriz. ¿En qué punto está la exégesis en estas cuestiones?<br /><br />--Burggraf: Según algunas interpretaciones antiguas, Adán sale al encuentro de Eva, tal como Dios sale al encuentro de la humanidad. Por tanto, el hombre sería activo, representando a Dios; la mujer, en cambio, sería pasiva, representando a la humanidad. Para superar esta argumentación, no hace falta repetir las groseras protestas feministas al respecto.<br />Basta apelar a nuestra experiencia diaria para destacar que la mujer no es pasiva en absoluto En todo caso, es receptiva en su feminidad, siendo imagen de Dios igual que el varón. El amor perfecto consiste en dar y recibir,<br />incluso en la intimidad divina. El poder recibir también es una exigencia del amor y, para nosotros, puede ser incluso más costoso que dar, porque exige humildad. Volviendo a la relación entre los s, es evidente que no sólo el varón da y la mujer recibe.<br /><br />El amor al que ambos están llamados se expresa en una entrega libre y recíproca. Pero ésta sólo es posible, si es mutua también la disposición a recibir. Así la receptividad, junto a la entrega, aparece como otro elemento constitutivo de la comunión, que, por cierto, tiene efectos positivos en ambas direcciones. Pues al recibir, se enriquece, fortalece y hace feliz<br />también al otro, dado que la receptividad en sí es ya uno de los mayores<br />dones que se le puede hacer a otra persona.<br /><br />Así se ve que la receptividad también apunta a una actividad, pero a una actividad que acepta, interioriza y está al servicio de la profundización de la acción del otro.<br /><br />Aparte de todo eso, sólo se puede comprender íntegramente la receptividad, reconociendo en ella una manera especial de actividad, de expresión, de creatividad.<br /><br />El varón tiende constitutivamente a la mujer, y la mujer al varón. No buscan una unidad andrógena, como sugiere la mítica visión de Aristófanes en el «Banquete», pero sí se necesitan mutuamente para desarrollar plenamente su humanidad. La mujer es dada como «ayuda» al varón, y viceversa, lo que no equivale a «siervo» ni expresa ningún desprecio. También el salmista dice a Dios: «Tú eres mi ayuda». A partir de la experiencia primaria sabemos que no se trata necesariamente de la relación entre un único varón y una única mujer.<br /><br />La reciprocidad se expresa en múltiples situaciones diversas de la vida, en una pluralidad policroma de relaciones interpersonales, como las de la maternidad, la paternidad, la filiación y fraternidad, la colegialidad y amistad y tantas otras, que afectan contemporáneamente a cada persona. Algunos destacan, por tanto, que se trata de una reciprocidad asimétrica.<br /><br />--¿Puede explicar por qué ser mujer y ser varón no se agota en ser madre o padre?<br /><br />--Burggraf: El varón y la mujer se distinguen, evidentemente, en la posibilidad de ser padre o madre. La procreación se encuentra ennoblecida en ellos por el amor en que se desarrolla y, precisamente por la vinculación al amor, ha sido puesta por Dios en el centro de la persona humana como labor conjunta de los dos s.<br /><br />Ahora bien, si afirmamos que la posibilidad de engendrar no puede ser la única razón de la diferencia entre los s, no debemos centrarnos exclusivamente en la paternidad común, aunque ésta, sin duda, muestra un especial protagonismo y una confianza inmensa de Dios.<br /><br />Pero ser mujer, ser varón, no se agota en ser respectivamente madre o padre . Considerando las cualidades específicas de la mujer, la reciente Carta habla oportunamente del «genio de la mujer». Constituye una determinada actitud básica que corresponde a la estructura física de la mujer y se ve fomentada por ésta.<br /><br />En efecto, no parece descabellado suponer que la intensa relación que la mujer guarda con la vida pueda generar en ella unas disposiciones particulares. Así como durante el embarazo la mujer experimenta una cercanía única hacia un nuevo ser humano, así también su naturaleza favorece el encuentro interpersonal con quienes le rodean. El "genio de la mujer" se puede traducir en una delicada sensibilidad frente a las necesidades y requerimientos de los demás, en la capacidad de darse cuenta de sus posibles conflictos interiores y de comprenderlos. Se la puede identificar, cuidadosamente, con una especial capacidad de mostrar el amor de un modo concreto, de acoger al otro.<br /><br />Pero, evidentemente, no todas las mujeres son suaves y abnegadas. No todas ellas muestran su talento hacia la solidaridad.<br /><br />No es raro que, en determinados casos, un varón tenga más sensibilidad para acoger, para atender que la mayoría de las mujeres. Y puede ser más pacífico que su esposa.<br /><br />En este sentido es un verdadero avance que la reciente Carta no sólo recuerda que los valores femeninos son valores humanos, sino que distingue finamente entre «mujer» y los valores que son más propias a ella, y «varón» y los valores más propios a él. Es decir, cada persona puede y debe desarrollar también los talentos del opuesto aunque, de ordinario, le puede costar un poco más.<br /><br />--¿Así también hay el genio masculino?<br /><br />--Burggraf: Es que donde hay un «genio femenino» debe haber también un «genio masculino». ¿Cuál es el talento específico del varón? Éste tiene por naturaleza una mayor distancia respecto a la vida concreta. Se encuentra siempre «fuera» del proceso de la gestación y del nacimiento, y sólo puede tener parte en ellos a través de su mujer.<br /><br />Precisamente esa mayor distancia le puede facilitar una acción más serena para proteger la vida, y asegurar su futuro. Puede llevarle a ser un verdadero padre, no sólo en la dimensión física, sino también en sentido espiritual. Puede llevarle a ser un amigo imperturbable, seguro y de confianza. Pero puede llevarle también, por otro lado, a un cierto desinterés por las cosas concretas y cotidianas, lo que, desgraciadamente, se ha favorecido en las épocas pasadas por una educación unilateral.<br /><br />--¿Por qué hay esta oposición entre y género?<br /><br />--Burggraf: La Carta hace hincapié en las ideologías extremistas de género («gender») que niegan la identidad ual, porque la influencia de estas teorías ha aumentado notablemente en la pasada década.<br /><br />Mientras que el término «sexo» se refiere a la naturaleza e implica dos posibilidades (varón y mujer), el término «género» proviene del campo de la lingüística donde se aprecian tres variaciones: masculino, femenino y neutro.<br /><br />Las diferencias entre el varón y la mujer no corresponderían, pues --fuera de las obvias diferencias morfológicas--, a una naturaleza «dada» por el Creador, sino que serían meras construcciones culturales, «hechas» según los papeles y estereotipos que en cada sociedad se asignan a los s.<br /><br />Según estas premisas se pone de relieve --con toda razón-- que en el pasado las diferencias fueron acentuadas desmesuradamente, lo que condujo a situaciones de discriminación hacia las mujeres.<br /><br />En efecto, durante largos siglos, correspondía al destino femenino, ser «modelada» como un ser inferior, excluida de las decisiones públicas y de los estudios superiores. Sin embargo, a las alturas en las que nos movemos,<br />no debemos obstinadamente cerrar los ojos ante el hecho de que el Santo Padre varias veces ha pedido perdón --de un modo público y oficial-- por las injusticias que han sufrido las mujeres a lo largo de los siglos, también por parte de los cristianos, y que se ha efectuado un cambio de rumbo en el trato hacia las mujeres, tanto a nivel político, como jurídico, social y privado.<br /><br />En la persona humana, el y el género --el fundamento biológico y la expresión cultural-- ciertamente no son idénticos, pero tampoco son completamente independientes.<br /><br />La Carta se propone establecer una relación correcta entre ambos. Es evidente que han existido en la historia, y aún existen en el mundo, muchas injusticias hacia las mujeres.<br /><br />Este largo elenco de discriminaciones no tiene ningún fundamento biológico, sino unas raíces culturales; son, sencillamente, consecuencias del pecado, y es preciso erradicarlas.<br /><br />El Papa Juan Pablo II ha exhortado hace unos años a los varones a participar "en el gran proceso de liberación de la mujer".<br /><br />--¿Qué consecuencias tiene la promoción de la mujer?<br /><br />--Burggraf: Una promoción auténtica no consiste en la liberación de la mujer de su propia manera de ser, sino que consiste en ayudarla a ser ella misma. Por eso, también incluye una revalorización de la maternidad, del matrimonio y de la familia. Si hoy en día se está combatiendo la presión social de antaño que excluía a las mujeres de muchas profesiones, ¿porqué entonces se teme tanto proceder en contra de la presión actual, mucho más sutil, que engaña a las mujeres, pretendiendo convencerles de que sólo fuera de la familia será posible encontrar su realización?<br /><br />--¿Qué repercusión tiene esta visión en la Iglesia?<br /><br />--Burggraf: No conviene fijarse en lo único que la mujer no puede ser por una inefable voluntad divina, sino mirar con alegría las muchas posibilidades que se le están abriendo, tanto en la teología, como en los ámbitos educativos, jurídicos y de organización a todos los niveles.<br /><br />La Iglesia es la institución más grande en todo el mundo «en pro» de la mujer.<br /><br />Ninguna institución de la ONU tiene tantos colaboradores en todos los continentes --desde los pueblos más pequeños de África hasta las islas más lejanas del pacífico-- que se esfuerzan por dar formación a las mujeres y les ayudan a vivir en dignidad.<br /><br />Como cristianos, el varón y la mujer pueden ejercer su libertad con madurez. Pueden convivir con igualdad de derechos, en responsabilidad compartida para el futuro de nuestro mundo.Edgard Munivehttp://www.blogger.com/profile/07210832084428493180noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9492156.post-1134161168988795122005-12-09T12:44:00.000-08:002005-12-09T12:46:09.013-08:00Homosexualidad una reflexión personal<strong>Homosexualidad una reflexión personal</strong><br /><br />La homosexualidad es una vieja realidad existente desde la Antigüedad. Lo que es más propio de nuestra época, es una enorme confusión en el enfoque de este tema, confusión que no solamente alcanza a personas cultas, sino también a no pocos hombres y mujeres con cierta formación religiosa. La razón no es difícil de encontrar: consiste en el continuo bombardeo de los medios de comunicación interesadamente movidos por el colectivo gay. Cantidad de programas de radio y televisión, de libros, revistas y páginas web han logrado, en las últimas décadas, que las manifestaciones homosexuales sean cada vez más intensas y aceptadas en nuestras sociedades multiculturales. Se consideran como algo no sólo frecuente, sino normal, como una opción sexual más entre muchas otras.<br />Hace falta un estudio sereno del fenómeno, que pueda ayudar a reflexionar de nuevo y más profundamente sobre la compleja, difícil y dolorosa situación en la que se encuentra una persona homosexual. Lo digo con énfasis, porque no conviene hablar de "homosexuales", ya que no se puede reducir a nadie a su sexo: cada persona es mucho más que su sexualidad.<br /><br />El proceso de identificación con el propio sexo<br />Para comprender las bases antropológicas del problema, es preciso considerar el proceso en el que se forma la identidad como varón o mujer. Los especialistas señalan tres aspectos de este proceso que, en el caso normal, se entrelazan armónicamente: el sexo biológico, el sexo psicológico y el sexo social.<br />El sexo biológico describe la corporeidad de una persona. Se suelen distinguir diversos factores. El "sexo genético" (o "cromosómico") -determinado por los cromosomas XX en la mujer, o XY en el varón- se establece en el momento de la fecundación y se traduce en el "sexo gonadal" que es responsable de la actividad hormonal. El "sexo gonadal", a su vez, influye sobre el "sexo somático" (o "fenotípico") que determina la estructura de los órganos reproductores internos y externos. Estos fundamentos biológicos intervienen profundamente en todo el organismo, de modo que, por ejemplo, cada célula de un cuerpo femenino es distinta a cada célula de un cuerpo masculino.<br />El sexo psícológico se refiere a las vivencias psíquicas de una persona como varón o mujer. Consiste, en concreto, en la conciencia de pertenecer a un determinado sexo. Esta conciencia se forma, en un primer momento, alrededor de los 2-3 años y suele coincidir con el sexo biológico. Puede estar afectada hondamente por la educación y el ambiente en el que se mueve el niño.<br />El sexo sociológico (o civil) es el sexo asignado a una persona en el momento del nacimiento. Expresa cómo es percibida por las personas a su alrededor. Señala la actuación específica de un varón o de una mujer. En general, se le entiende como el resultado de procesos histórico-culturales. Se refiere a las funciones y roles (y los estereotipos) que en cada sociedad se asignan a los diversos grupos de personas.<br />Estos tres aspectos no deben entenderse como aislados unos de otros. Por el contrario, se integran en un proceso más amplio consistente en la formación de la propia identidad. Una persona adquiere progresivamente durante la infancia y la adolescencia la conciencia de ser "ella misma". Descubre su identidad y, dentro de ella, cada vez más hondamente, la dimensión sexual del propio ser. Adquiere gradualmente una identidad sexual (dándose cuenta de los factores biopsíquicos del propio sexo, y de la diferencia respecto al otro sexo) y una identidad genérica (descubriendo los factores psicosociales y culturales del papel que las mujeres o varones desempeñan en la sociedad). En un correcto y armónico proceso de integración, ambas dimensiones se corresponden y complementan.<br />Una consideración especial merecen los estados intersexuales (los