<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss'><id>tag:blogger.com,1999:blog-9462333</id><updated>2009-10-28T06:17:27.190+01:00</updated><title type='text'>Salidas</title><subtitle type='html'>Stultorum plena sunt omnia</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://eduardoallende.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eduardoallende.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default?start-index=26&amp;max-results=25'/><author><name>Eduardo Allende</name><email>noreply@blogger.com</email></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>338</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9462333.post-175438816691157856</id><published>2008-04-08T09:23:00.001+02:00</published><updated>2008-04-08T09:27:40.126+02:00</updated><title type='text'>Desintegración vertical</title><content type='html'>La pasada semana no me fue posibe comparecer aquí como tengo por costumbre. Un problemilla, no sé si grave pero sí gravitatorio, me lo impidió. Por razones que ni viene al caso mencionar ni resultan difíciles de imaginar, mi maltrecha columna vertebral se declaró en huelga al considerar que la fuerza con la que el planeta la atraía hacia el suelo (no sé si saben que es directamente proporcional al producto de sus masas, que es mucho) había superado lo soportable. Y un servidor, que hasta entonces ejercía de soportado, se vio privado de la necesaria verticalidad, resultando así imposibles tanto el correcto desarrollo de las actividades más cotidianas como el ejercicio combinatorio de mal gusto que publico aquí con cierta periodicidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resultado fue el esperable. Entre cuatro y cinco días perdidos. Al menos perdidos para determinadas causas y ganados para otras. Así, entre los dolores y la sobremedicación, he tenido tiempo para pensar, una de las pocas actividades que pueden prescindir del fundamento vertebral. Y entre los muy diversos objetos de mi pensamientos se ha contado, cosas de tener que matar el tiempo por obligación, este blog y, sobe todo, lo poco que últimamente me satisface (supongo que a ustedes les ocurrirá cinco cuartos de lo mismo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sinceramente, cada vez le veo menos sentido a esto. Sé que hace tiempo que no publico aquí nada mínimamente presentable. He intentado mantener viva la criatura no sé muy bien por qué, pero he visto claro que no le estoy haciendo ningún bien. Es hora de desconectarle el respirador a ver qué pasa. Es buen momento para hacerlo ahora que he padecido los rigores de la censura (de algo que, cuando menos, cabía calificar de candoroso; qué tiempos estos). Que quede claro: esto no es un cierre. Pasará tiempo hasta que regrese por aquí, pero estoy casi convencido de que lo haré (reparen en el "casi", por favor). Los cuatro gatos que aún sobreviven, siempre que tengan algún interés por mis garambainas, manténganme en sus lectores de feeds por si acaso. Y los que quieran saber de mí, ya saben donde estoy. En la oficina de reclamaciones (o aclamaciones, o exclamaciones, o declamaciones, o proclamaciones) cuya dirección figura abajo a la derecha. Tendré mucho gusto en atenderles allí, como siempre. Yo ahora inicio viaje. Ya veremos adonde me lleva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;P.S. Unos llegan y otros se van. J.J., hoy mismo, se ha decidido a &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.anecdotario.net/no-te-cases-ni-te-embarques/"&gt;tomar el testigo&lt;/a&gt; y publicar los martes.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9462333-175438816691157856?l=eduardoallende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eduardoallende.blogspot.com/feeds/175438816691157856/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=9462333&amp;postID=175438816691157856' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/175438816691157856'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/175438816691157856'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eduardoallende.blogspot.com/2008/04/desintegracin-vertical.html' title='Desintegración vertical'/><author><name>Eduardo Allende</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06469600862892928691'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9462333.post-7448436810705045101</id><published>2008-03-25T10:30:00.001+01:00</published><updated>2008-03-25T10:40:26.141+01:00</updated><title type='text'>Mis dos carretas me las robaron</title><content type='html'>Dicen que tiran más dos tetas que dos carretas y es verdad como un templo, porque dos carretas no tiran nada. Nada de nada. Por eso hay que recurrir a un par de mulos, o mejor de bueyes, para moverlas. Bien es verdad que dos tetas, así, sin más, tiran más o menos lo mismo que dos carretas, es decir, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;rien de rien&lt;/span&gt;. Pero una vez que aparecen junto a aquellos instintos que unos llaman bajos y otros naturales, la cosa cambia bastante. En tal concurrencia dos tetas tiran pero bien. Vaya que si tiran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En razón de tan rotunda verdad, desde la noche de los tiempos el género sicalíptico y perdulario ha gozado de gran predicamento por más que no suela reconocerse en público con frecuencia. Un producto, cualquier producto, con un buen par de tetas, no nos engañemos, se vende mucho mejor. Hasta &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://peluche.blogcindario.com/2008/01/01149-teta-de-novicia.html"&gt;los reposteros&lt;/a&gt; recurren a esta clase de artimañas. Y si se prescinde del producto y lo que se vende es directamente el par de tetas, qué puedo decirles que ya no sepan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, como digo, por estas cosas de la hipocresía, la sicalipsis suele contarse entre los géneros menores y ha venido sufriendo periódicos vaivenes que abarcan desde la prohibición absoluta hasta la tolerancia más o menos vergonzante. Yo nací en tiempos de la primera de ellas y tuve ocasión, vaya si la tuve, de conocer la eclosión de la segunda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues sí, no hace mucho, aunque a algunos les parecerá una eternidad, hubo un tiempo en que floreció, de forma harto notoria por estos pagos, el cine digamos picante, porque no pasaba de ahí . La cosa o más bien su ímpetu ha de agradecerse a los cuarenta años de sequía anteriores debidos a un ferrolano bajito sospechoso de llevar una vida sexual botánica. Desaparecido el causante, la masa se arrojó con total impudor al disfrute de lo que durante tanto tiempo se le había negado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imagínense, treinta y tantos millones de personas,en su mayor parte ignorantes de estas cuestiones, lanzándose sin miramientos al procaz libertinaje. La cosa no prometía mucho y poco bueno trajo salvo hacernos pasar buenos ratos aunque cueste creerlo. Yo me contaba entre los ignorantes. No tanto por razones históricas como naturales: era por entonces un tierno (es licencia poética) adolescente. Tuve la fortuna o desdicha de ver coincidir los despertares que la naturaleza me tenía reservados con el despertar de todo un país lanzado al desenfreno, o más bien, a lo que el país, no muy bien informado, creía que era el desenfreno. No quedó rincón sin su par de tetas, por supuesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había actriz, por aquellos días, que no se quitara la ropa a las primeras de cambio aunque, y en eso insistían hasta la saciedad, sólo si “lo exigía el guión”. Hoy en día, por lo visto, los guiones ya no son tan exigentes aunque siempre garantizan alguna que otra exposición carnal por asegurar la taquilla y darle un toque “europeo” a la cosa. A fin y al cabo se entiende que sin subrepticio pezón o nalga entrevista, no hay obra capaz de despertar el interés del público más exigente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias a una legislación poco clara, los intrépidos cineastas y distribuidores que se lanzaron al negocio del destape no tuvieron más remedio que recurrir al método del ensayo y el error. No estaba nada claro hasta donde podía llegarse. Nunca muy lejos, en todo caso. De ello proviene el esplendoroso ridículo del cine &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://cine-filia.iespana.es/miscelanea%2011.htm"&gt;clasificado “S”&lt;/a&gt;, que es la base de su encanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, en fin, a lo que iba. Yo todavía recuerdo la primera película clasificada “S” que vi en mi vida. Me colé, siendo menor de edad, en un céntrico cine en compañía de un ocasional lector de estas páginas. Se titulaba algo así como &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Las aberraciones sexuales de una rubia caliente&lt;/span&gt;. Después supe que los títulos se los colocaban a las películas por sorteo y no había necesidad de rubia, caliente o no, para que algo se llamara así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por aquellos días, mucho mas tranquilos que estos que nos han tocado, no era un suceso trágico que un par de menores accedieran a una sala donde se proyectaban películas para mayores de edad. Pasaba a diario y nadie se rasgaba las vestiduras. Todos ganaban con la práctica. Los del cine se sacaban sus sesenta o setenta pesetillas, y nosotros, los tiernos (insisto, es licencia poética) infantes la más que necesaria ración de desahogo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ya les digo, era menor. No pasaba de los dieciséis años de entonces, que no tienen comparación con los dieciséis de hoy en día. Era, por tanto, de lo más ingenuo. Tan ingenuo era, no hablaré en nombre de mi acompañante, que aquello me pareció el colmo del erotismo. Durante mucho tiempo tuve aquella cinta idealizada, como una cumbre de la sensualidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando algunos, muchos años después, me empeñé en volver a verla, no pude salir de mi asombro. Me costó encontrarla. Los títulos adjudicados por sorteo suele tener vida corta y aquella película había sido reestrenada cientos de veces con diversos títulos (vaya aquí la lista que he localizado: &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Die Teuflischen Schwestern, Sexy Sisters, The Devilish Sisters, Deux soeurs vicieuses, Frenesie erotiche di una ninfomane&lt;/span&gt;, y el ya mencionado). Pero al fin di con ella. Una pena. Habría preferido seguir recordándola como la recordaba. Y eso que todavía le encuentro cierto encanto. De otra índole, pero encanto al fin y al cabo (los valientes pueden ver el trailer &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.jess-franco.com/html/sisters/sisters-trail.html"&gt;aquí&lt;/a&gt;).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto del desnudo, las fascinación por el mismo quiero decir, me resulta, no obstante, algo sorprendente. Vivimos en un país en el que las playas están repletas de gentes como Dios las trajo al mundo (haciendo abstracción de las chanclas, la riñonera y, en el peor de los casos, el iPod, ese moderno e infernal sustituto del transistor de toda la vida). Sin embargo, cada vez que cualquier célebre casquivana luce sus carnes (‘artísticamente’ aunque con poco arte) y permite su pública contemplación, se hacen colas en los quioscos a la manera en que hace treinta años se perseguía el avistamiento de un par de tetas. Los corrillos, públicos y privados, y cada vez son mas los primeros, no hablan de otra cosa, como si fuera la primera vez que ven algo así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nacemos desnudos y, al menos según la tradición cristiana, hasta fuimos creados desnudos, cosa que resulta de lo más fastidiosa. Piénsenlo, de haber sido creados con traje muchas dudas que atenazan a la humanidad habrían quedado resueltas desde el principio. Sabríamos si son los pantalones de campana o lo pantalones pitillo los más convenientes, y nos habríamos ahorrado a los pelmas de los modistos cambiando de criterio cada temporada (con la ventaja adicional de que los telediarios contendrían noticias de principio a fin y no dedicarían sus minutos finales a esa incesante sucesión de ‘propuestas’ desfilantes siempre orientadas, según se nos dice, hacia ‘la mujer de hoy que sabe lo que quiere’; que los modistos hagan trajes para las mujeres de hoy y no para las de hace doscientos años me parece de lo más lógico, no entiendo, por el contrario, que se obsesionen tanto con las que saben lo que quieren, lo normal sería que se dirigieran a las que no lo saben).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ya ven. A finales de los años setenta a mí me parecía de lo más normal que dos tetas tiraran muchísimo más que dos carretas. Que lo hagan ahora, por el contrario, no acabo de explicármelo. Tal vez sea la edad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Está bien, sigan para abajo, que al fondo les he dejado un par de carretas de la época con fines meramente ilustrativos. Así comprobaran que aunque no se vivía entonces con la opulencia de estos días, las mujeres estaban igual o mejor alimentadas. Y de paso, dejaré de ser el único blog que jamás ha publicado desnudos)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;img src="http://img.photobucket.com/albums/v707/eduardoallende/tetas.jpg" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9462333-7448436810705045101?l=eduardoallende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eduardoallende.blogspot.com/feeds/7448436810705045101/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=9462333&amp;postID=7448436810705045101' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/7448436810705045101'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/7448436810705045101'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eduardoallende.blogspot.com/2008/03/mis-dos-carretas-me-las-robaron.html' title='Mis dos carretas me las robaron'/><author><name>Eduardo Allende</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06469600862892928691'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9462333.post-4967379298432292233</id><published>2008-03-18T10:25:00.001+01:00</published><updated>2008-03-18T10:30:56.531+01:00</updated><title type='text'>Cabal y de orden</title><content type='html'>Don Federico de Orillegas y Vihuela, hombre doctísimo y concienzudo ensayista, dedicó buena parte de su vida y esfuerzos al estudio y degustación de la langosta. Sus excelentes y reveladores trabajos académicos, no obstante, han caído en el más injusto olvido. Su caso, entre tantos otros, es buena muestra del páramo en el que han tenido que crecer y desarrollarse las mentes más preclaras de la nación. Ha sido el nuestro, de siempre, país proclive a la celebración de la ocurrencia frívola y poco dado a impulsar la excelencia intelectual. No son pocos los historiadores que coinciden en negar la existencia de una ilustración española e incluso, lo que tiene su punto hiriente, en que hablar de “ilustración española” viene a ser como hablar de Balnibarbi o del reino del preste Juan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es de justicia, sin embargo, convenir en que algo de razón llevan tan descreídos juicios y la relación de algunas de las vicisitudes que hubo de enfrentar don Federico bien puede ilustrar al lector contemporáneo sobre algunos de nuestros más atávicos vicios. Vicios en los que puede hallarse la raíz de los males de estos días, en los que cualquier saltimbanqui majadero se arroga el título de intelectual y vocifera a diestro y siniestro haciendo gala de una sordera de espíritu que bien puede compararse a la de tantos otros sordos ilustres con excepción de Francisco de Goya y Ludwig Van Beethoven. A ello, a dejar constancia de algunos hechos de la vida de don Federico, dedicaré estas líneas con la esperanza de que no caigan en saco roto y contribuyan, con toda modestia, a enderezar el sendero por el que discurren todavía hoy los desvaríos de las lumbreras patrias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuentan los que le conocieron que fue hombre socarrón cuya aparente severidad escondía no poca retranca. El padre Huidobro, autor de una amable y documentada noticia biográfica que fue publicada en el Boletín de la Real Sociedad de Amigos del Universo, llegó a afirmar que siempre andaba “riendo para sus adentros”, afirmación perfectamente compatible con el hecho de que nadie le viera jamás esbozar la más mínima sonrisa. Es de suponer que fue precisamente su adusta aunque sólo aparente seriedad la que contribuyó a cerrarle tantas puertas, pues de todos es sabido que por estos pagos son los saraos y jaranas de toda índole, en los que el mal llamado ‘don de gentes’ juega un papel primordial, los que abren las puertas del reconocimiento público.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Solía pasar los veranos en tierras cántabras, donde disfrutaba de su clima benévolo. Todas las tardes tomaba baños de bastón antes de dirigirse al que llamaban Café de París, aunque en realidad se llamaba Bar Paquito, donde debatía con propios y extraños sobre los más variados temas siempre que fueran estos de una elevación acorde con su altura de espíritu, que no física, pues no levantaba más de metro sesenta y eso sólo a primera hora de la mañana, cuando la implacable gravedad aún no se ha hecho sentir en toda su grandeza sobre los hombros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Federico jamás gozó del ‘don de gentes’, aunque que nunca lo echó en falta. Se opuso, con toda la vehemencia de la que fue capaz, a lo que llamaba el “mal del ubicuo jardinero”. Tan extraño nombre derivaba del ejemplo que solía utilizar para ilustrar lo que consideraba un proceder inadmisible y que no era otra cosa que el argumento de autoridad en su más grosera variante. Más o menos solía exponerlo así:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– ¡Qué flores mas bonitas!&lt;br /&gt;– ¡Ojo, que soy jadinero!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguro que todos ustedes, sobre todo si viven en España, se han visto en una situación similar. Si uno habla del buen día que hace, el de al lado le manda callar y le coloca un curso acelerado de meteorología sin venir a cuento. Si, por el contrario, se le ocurre decir que le agrada alguna tonadilla, no faltará quien le silencie apoyándose en no sé qué estudios de armonía y composición. Ya saben de qué les hablo y, sobre todo, saben que en ninguna de estas situaciones asoma, siquiera levemente, un sólo argumento, la única cosa que don Federico echaba de menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por los tiempos de su juventud y madurez, los miembros de los departamentos universitarios solían reunirse en los tablaos flamencos, donde, si la bebida y la música lo permitían, se trataban los asuntos académicos urgentes. Por fortuna, algo hemos mejorado desde entonces gracias al invento de las Universidades de Verano, que ha permitido un desarrollo inusitado del cante y el baile (gracias, por supuesto, a verse cantaores y bailaores libres de la perniciosa influencia de catedráticos y profesores). En ellos, en los tablaos, y sólo en las contadas ocasiones en que se le permitía la entrada, don Federico insistía en su demanda de argumentos con escasísimo éxito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Contrariamente a lo usual entre los cartesianos convencidos, don Federico existía luego pensaba. A todo buscaba un por qué y a veces, las menos, se lo encontraba. Era esta actitud la que enervaba a la clase intelectual, acostumbrada a no tener que dar explicaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de ello, alguna que otra institución, más por caridad que por convencimiento, consintió en contarlo entre sus filas, ente ellas cierta academia que acabaría jugando un importante papel en la vida de don Federico. En efecto, su discurso de investidura como académico de número de la Real Academia de las Artes y las Ciencias Hortofrutícolas fue recibido con frialdad, pero despertó tan encendidas pasiones en el extranjero que hubo de pasar todo un verano de gira por los principales casinos europeos releyendo, no siempre con la misma encendida pasión, aquellas líneas sobre las alternativas al cultivo de la remolacha azucarera que había compuesto apresuradamente durante los periodos de veda de la langosta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A su regreso pudo comprobar que sabios y dilectos se habían dividido en dos bandos a cuenta de su periplo europeo. De una parte estaban los envidiosos, que no le perdonaban un éxito que ellos mismos creían merecer en mayor medida. De otra, los descreídos, convencidos ellos de que todos los males se originaban allende nuestras fronteras, afirmación que los laureles alcanzados por don Federico no hacían, a su juicio, sino confirmar. Tan sólo coincidían en una cosa, en que era prudente y hasta necesario ningunear al nuevo académico. Ni que decir tiene que eso fue lo que hicieron. Desde entonces no hubo reunión, desde las formales juntas académicas hasta las informales tertulias de café, en que se hiciera el más mínimo caso a las demandas y afirmaciones de don Federico, que acabó convertido en un energúmeno que sólo gritaba. ¿Por qué? ¿Por qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero nadie le contestaba. Los más hacían como que no le oían, como si no estuviera allí, cosa que no resultaba nada fácil pues don Federico emitía, como dicen los cantantes, con poderosa facilidad. Los &lt;span style="font-style: italic;"&gt;crecendo&lt;/span&gt;, sin embargo, no son sostenibles eternamente y cuando el que atañe a este caso se volvió insostenible no hubo más remedio que darle respuesta a don Federico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ésta llegó por escrito, de la mano de don Laureano de Orihuela y Villegas y de forma pública y notoria ya que se apareció en un diario nacional de gran tirada y mayor prestigio. Don Laureano escribió un encendido ataque contra don Federico en forma de carta que tituló &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Yo le explico&lt;/span&gt; (Santana Marín afirma, con su habitual meticulosidad, que el verdadero título es el mucho más desafortunado &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Yo me explico&lt;/span&gt;, pero he preferido conservar el que la tradición ha consagrado como auténtico). El decoro más elemental me impide transcribirlo aquí. Baste saber que el vitriolo es mucho menos ácido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora bien, aquel escrito, hiriente y descarnado, tenía una curiosa característica que lo distancia mucho de lo que era y es común: ofrecía una argumentación racional desprovista de toda floritura. Tanto es así que hasta los académicos españoles, poco acostumbrados a estos ejercicios, convinieron en que se trataba de la demostración irrefutable de que don Federico era un majadero incapaz cuyo descrédito era bien merecido, un cretino superlativo, un sandio redomado, en definitiva, un imbécil modélico. Incluso el propio don Federico, que llevaba toda su vida demandando razones, dio éstas por buenas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así, en un último gesto de grandeza intelectual resolvió retirarse de la vida pública. Sus últimos años los pasó en el Bar Paquito en completo silencio, privándonos, tal vez, de algunas felices ideas que bien podrían aliviar, siquiera en parte, los sinsabores de la vida contemporánea. Otro gallo habría cantado de haber contado al menos con una docena de personajes de similar altura dentro de nuestras fronteras. Es una pena que su ejemplo no haya cundido. No se me ocurre de quien más podría decirse que fue hombre cabal y de orden.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9462333-4967379298432292233?l=eduardoallende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eduardoallende.blogspot.com/feeds/4967379298432292233/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=9462333&amp;postID=4967379298432292233' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/4967379298432292233'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/4967379298432292233'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eduardoallende.blogspot.com/2008/03/cabal-y-de-orden.html' title='Cabal y de orden'/><author><name>Eduardo Allende</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06469600862892928691'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9462333.post-9102922560055770238</id><published>2008-03-11T10:00:00.000+01:00</published><updated>2008-03-11T09:59:37.446+01:00</updated><title type='text'>Tapihi en la memoria (Memoria de Tapihi)</title><content type='html'>Confieso que he dedicado cierto tiempo a lo largo de los últimos meses a repasar los asuntos tapihianos con idea de poner algo de orden en ellos. El lector desprevenido estará convencido de que son apresurado producto de mi imaginación y no requieren de esfuerzo por mi parte. Aquellos, más sensatos, que los consideran veraces, suponen que la documentación resulta sencilla y que componer lo que por aquí les traigo es coser y cantar. Los verdaderamente iniciados, tal vez por causa de que su iniciación es bastante inicial, ignoran como los anteriores la complejidad laberíntica de esos cuarenta y cinco kilómetros cuadrados. Sean sinceros estos últimos y respondan sin recurso a fuente alguna al siguiente test. Unos lo harán mejor que otros, pero todos, sin excepción, comprobarán que Tapihi, y mira que es pequeña, no cabe en la cabeza de nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Test Tapihiano&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. ¿Quién escribió &lt;span style="font-style: italic;"&gt;La zanahoria y el palo&lt;/span&gt;?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) Gustav Gandolfini&lt;br /&gt;b) Leonidas Antúnez&lt;br /&gt;c) Harald Gómez&lt;br /&gt;d) Atanasio Farniente&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2. ¿Qué profesión tenía Woody Pastrana antes de su llegada a Tapihi?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) Ciclista&lt;br /&gt;b) Torero&lt;br /&gt;c) Boxeador&lt;br /&gt;d) Las tres anteriores&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3. ¿Cómo se llama el Comisionado para Asuntos Turísticos de Tapihi?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) Heriberto Aparicio&lt;br /&gt;b) Carlos Manuel Oberhofer&lt;br /&gt;c) Gaspar Felipe de Kalamazoo&lt;br /&gt;d) No existe ese cargo en Tapihi&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4. ¿Quién regenta a día de hoy el Tapihi Yatch Club?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) Jean Pierre Meunier&lt;br /&gt;b) Marcel Meunier&lt;br /&gt;c) Bernard Meunier&lt;br /&gt;d) Gaston Meunier&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5. ¿Llegaron a conocerse Thomas Wassermeier y Archibald Fenster-Parrish?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) Sí.&lt;br /&gt;b) No se sabe&lt;br /&gt;c) Depende de lo que uno entienda por conocerse&lt;br /&gt;d) Jamás de los jamases&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6. ¿Quién presenta el conocido programa de la televisión tapihiana “Entrevista en profundidad”?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) Felicia Smith&lt;br /&gt;b) Hildegard Bolzano&lt;br /&gt;c) Brunilda Fontaneda&lt;br /&gt;d) Las tres anteriores&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7. ¿Cuántos fueron los miembros fundadores del Club de Amigos de lo Referente?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) Cuatro, como los mosqueteros de Alejandro Dumas.&lt;br /&gt;b) Cinco, como los cinco de Enid Blyton.&lt;br /&gt;c) Tres, como los cerditos de autor desconocido&lt;br /&gt;d) Siete, como los sabios de Grecia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8. ¿Cuál es la única bebida inexistente en Tapihi?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) Pernaud&lt;br /&gt;b) Ricard&lt;br /&gt;c) Cynar&lt;br /&gt;d) Resoli&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;9. El servicio meteorológico de Tapihi es el más reputado y eficiente del mundo pero, ¿podría decir el nombre de su responsable?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) Waldo Lanas&lt;br /&gt;b) Harry Caine&lt;br /&gt;c) Heriberto Aparicio&lt;br /&gt;d) Walter Menéndez&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10. ¿Cómo se llama el extinto volcán que domina el paisaje isleño?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) Vaipiti&lt;br /&gt;b) Farumai&lt;br /&gt;c) Farupiti&lt;br /&gt;d) Volcán&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegados a este punto y a poco que hayan sido honrados, seguro que nadie se habrá ganado la matricula de honor. No hay forma humana de retener en la memoria los casos y cosas de la isla. Yo mismo ando de lo más perdido y son incontables las horas que he pasado revisando legajos y desempolvando viejos cartapacios para confirmar algún detalle a primera vista sin importancia. Poco podía saber yo aquel lejano día de 2006 el laberinto en que iban a convertirse los asuntos tapihianos. El día 8 de febrero de ese año publiqué en estas páginas cierto &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://eduardoallende.blogspot.com/2006/02/tapihi-proyecto-enciclopdico.html"&gt;proyecto enciclopédico&lt;/a&gt; que daba cuenta de algunos detalles de la isla. La cosa, no obstante, había nacido en páginas hermanas, ya olvidadas, en las que algo antes publiqué algunas reseñas biográficas de relevantes personalidades tapihianas tales como &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://ficcientos.blogspot.com/2005/09/bestiario-thomas-wassermeier.html"&gt;Thomas Wassermeier&lt;/a&gt; y &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://ficcientos.blogspot.com/2005/10/bestiario-archibald-fenster-parrish.html"&gt;Archibald Fenster-Parrish&lt;/a&gt; junto a la de un &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://ficcientos.blogspot.com/2005/07/bestiario-jesper-henning-olsen.html"&gt;oscuro filólogo nórdico&lt;/a&gt; del que nadie sabe decir si guarda o no relación con Tapihi (yo me guardo mi propia teoría, al menos de momento). De entonces a esta parte mis estudios han proseguido sin grandes contratiempos, pero tengo la sensación de no haber avanzado gran cosa. El horizonte sigue igual de lejos, tal vez incluso más lejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tapihi fue citada por primera vez en estas páginas el día 28 de julio de 2005 en &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://eduardoallende.blogspot.com/2005/07/lo-sublime-destruye-el-tipo-para.html"&gt;un texto&lt;/a&gt; sobre la reducción del arte contemporánea a mera palabrería. Allí, entonces, se mencionaba de pasada el retiro del gran Archibald Fenster Parrish en la isla:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;No me parece preocupante que la crítica de arte se reduzca a la composición de textos vacíos basados en el uso impropio del lenguaje filosófico. Lo preocupante es que el arte parece haberse reducido a esos mismos textos. La obra de arte ha dejado de estar en el centro de la cuestión y corre serio peligro de dejar de estar en lugar alguno. Esta fue la desgracia de Archibald Fenster-Parrish y de la que, antes o después, tendrán noticia en mi Bestiario. Archibald no era más que un pobre rufián que se buscaba la vida como podía. Pero sufrió el infortunio de dar con ciertos críticos de arte ‘ávidos de nuevos mensajes’ que convirtieron su obra en ‘paradigma de un posibilismo crítico que pone en cuestión la idea misma de verdad para trascender así la realidad de la obra de arte como relación intercomunicativa y redirigirla hacia un pesimismo antropológico en el que el individuo se constituye como falsa entelequia en un marco de significaciones múltiples’. El horror ante esto y no la búsqueda de nuevos horizontes fue lo que le llevó a refugiarse en la recóndita isla de Tapihi, descubierta años antes por Thomas Wassermeier. Como esto siga así, me temo que seremos muchos los que acabaremos allí escondidos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Insisto en que, por entonces, lejos estaba de imaginar lo profética que resultaría la última frase. De hecho, la historia tapihiana seguía desarrollándose fuera de esta bitácora. El 7 de septiembre de 2005, por ejemplo, di aquí cuenta de lo siguiente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;El que sí parece haber llegado a puerto es Thomas Wassermeier. Tras un larguísimo parto interrumpido por todos los saraos veraniegos, por fin he conseguido dar salida al ilustre descubridor de la isla de Tapihi, destino que, si todo va como debiera, esconde todavía alguna que otra sorpresa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y tantas que escondía. Pero además yo me dedicaba a esconderles a ustedes otras cuantas. De muchas de ellas he ido dando noticia aquí para que el estudioso empeñado en romper la magia de todo esto conozca de primera mano mis fuentes. Sin ir más lejos, el 12 de septiembre de 2005 arranqué una entrada diciendo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Cualquiera que frecuente estas páginas, es decir cuatro [pongan aquí el animal que consideren adecuado], sabe de mi fascinación por Stevenson y por los mares del sur (que es una forma poética de hablar del Pacífico Sur). Tanta es ésta que mandé allí a Wassermeier a realizar grandes descubrimientos y le coloqué un epitafio casi idéntico al del propio Stevenson (cosa que nadie ha señalado, están ustedes dormidos). El amigo Jordi sugirió un más que probable encuentro entre Wassermeier y Joshua Slocum, legendario marino del que los cuatro [pongan aquí el animal que consideren adecuado] antes mencionados ya tienen cumplida noticia. No sé ustedes, yo estoy convencido de que Wassermeier y Slocum navegaron juntos y se transmitieron más hallazgos y descubrimientos de los que cabe imaginar por la misma razón que creo que Jesper Henning-Olsen sigue vivo (¿o murió en Ciudad del Cabo?) o que Archibald Fenster-Parrish le contó a su hija Marianne más de lo que ésta ha hecho público después.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para seguir con una declaración con la que hoy no sé si estar de acuerdo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Pero todo eso, los mares del sur, Tapihi y Bora Bora, los hermanos Gutiérrez o Archibald Fenster-Parrish, sólo son una mezcla de sueños y recuerdos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo cierto es que Tapihi tenía entonces mucho de refugio personal. Cuando el 29 de septiembre de 2005, al cumplir trescientos días como blogger, escribí: “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Un servidor, como hereje que es, anda dispuesto a fundar un estado en Tapihi, que es territorio que ningún ejército podrá jamás conquistar. Allí, seguro, podré desviarme del dogma todo lo que me venga en gana&lt;/span&gt;”, estaba dejando aquí una de mis escasísimas muestras de sinceridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entonces me mudé a la capital. Dejé de tener el mar cerca y mi vida se transformó en muchos aspectos, quiero creer que para bien aunque uno nunca sabe con estas cosas. Pero la llamada de Tapihi creció hasta volverse atronadora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 1 de febrero de 2006 di cuenta de un incipiente proyecto de relato con estas palabras: &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Ando enredado, por ejemplo, con una historia sin moscas ni basiliscos (al menos, de momento) aunque sí con enciclopedias y en la que la mítica Tapihi está pidiendo a gritos entrar (ya veremos si lo consigue). De alguna forma es homenaje a uno de los mejores relatos de los que tengo noticia, o de los que más me han gustado desde siempre, Bartleby el escribiente, de Herman Melville. Ya les iré dando noticias sobre su evolución si es que sigue evolucionando&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No cumplí mi palabra, porque la cosa siguió evolucionando hasta transformarse en &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Appleby el enciclopedista&lt;/span&gt;, pero yo no informé de nada hasta que no me tocó publicar las investigaciones de los profesores Stierscheiße y Eselbohrung.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Descubrí entonces que los autores tápianos se estaban apropiando de todo lo que escribía. &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://ficcientos.blogspot.com/2005/05/rosario.html"&gt;Rosario&lt;/a&gt;, un proyecto que había nacido como modesto homenaje a Augusto Monterroso, acabó siendo obra de Atanasio Farniente, al que no conocía de nada. Los mismo le ocurrió a &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Appleby&lt;/span&gt;, que como he dicho, era un homenaje a Melville, y hoy día se ha vuelto uno de los relatos más conocidos del mismo autor. Todavía hay uno más, del que no he dado noticia aquí. Se titula &lt;span style="font-style: italic;"&gt;El extraño caso de la rue Servandoni&lt;/span&gt; y se le atribuye a otro de los miembros de la llamada ‘Generación del 14,’ por ser ese el día del mes en que liquidan sus cuentas en &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Le Néu Perroquet Bléu&lt;/span&gt;, aunque en mi cabeza nació al coincidir en tiempo y espacio algunos textos de Roberto Bolaños con cierta conferencia de Umberto Eco. Estaba claro que Tapihi demandaba una mayor atención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, el 8 de febrero de 2006 presenté el proyecto enciclopédico monumental sobre Tapihi y, no contento con eso, continué con una guía turística. Con el primero conocimos su extensión (45 Km2) y la existencia del volcán que no nombraré para no arruinar el test anterior, cuya silueta presentaba una asombrosa similitud con la nariz de Thomas Wassermeier hasta que el conflicto entre Walter Menéndez y Wilfred Carrasco dio al traste con el parecido. También supimos que se trataba de una suerte de estado libertario que tenía como lema “Piensen lo que quieran” y que andaba infestado de basiliscos aunque estos no eran tan fieros como los había pintado Plinio el Viejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La guía turística dio a conocer al poeta Kavafino Konstanis, que tan importate habría de ser en la vida de Atanasio Farniente. También hizo pública la existencia del hotel Tapihi Excelsior, en el que, como luego sabríamos, Teddy Mars pasó unos cuantos días encerrado por razones que ahora no vienen a caso. Tuvimos noticia de la magnanimidad de la Fundación Archibald Fenster-Parrish, que aprovecha los dineros de los incautos coleccionistas de arte para garantizar un nivel de vida digno a los tapihianos. Se presentó también a los señores Meunier, padre e hijo, fundador del Yatch Club el uno y actual regente del mismo el otro, el restaurante más enigmático del mundo pues ningún otro puede decir que cuenta en su carta con la Sopa Antientrópica. También salió a la luz la existencia de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Le Neu Perroquet Bléu&lt;/span&gt;, fiel reproducción del original local Marsellés en el que Thomas Wassermeier y su amada Thérese se habían conocido y donde actúa regularmente el guitarrista tapihiano Teddy Mars. Por último, supimos del Museo de Malas Artes, que alberga, entre otros muchos fracasos, las obras del artista Heriberto Aparicio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por mucho que por estas páginas las cosas parecieran en calma, la vorágine tapihiana me consumía. El 21 de febrero de 2006 escribí: “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Podría contarles algo sobre Bloy, o sobre Juan de la Cosa, o sobre la tortilla en salsa de callos o sobre un curioso mapa de Tapihi que tengo por ahí guardado&lt;/span&gt;”. Ese mapa no era otro que el de Sir Conrad Melville Stevenson, que tanto tardaría en asomar. Todos los personajes que he mencionado y muchos otros me reclaman cada día su atención. Teddy Mars fue uno de los primeros, pero no el único. Será mejor que reproduzca lo que publiqué aquí el día 18 de abril de 2006:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;No sé por qué me recuerda en cierta forma aquella composición de Teddy Mars que fue adoptada como himno ocifial de Tapihi, el Concierto para doscientos solistas y un acompañante, que nunca ha sido interpretado porque los músicos no se ponen de acuerdo en quién ha de hacer de acompañante, sin duda ninguna el papel más destacado entre todos los intérpretes...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Y el caso es que los ecos de Tapihi siguen resonando en mi cabeza. Ya sé que hace tiempo que he suspendido la publicación de Ficcientos. Sus escasos lectores no deben, no obstante, alarmarse. A su debido tiempo dispondrán de la obra completa porque he continuado su historia. No he dejado de escribir aunque sí de publicar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Teddy Mars, no obstante, sufrió un grave accidente del que di cuenta el 3 de julio de 2006 en estos términos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;A estas contrariedades que no menciono se ha unido al suicidio de mi querido disco duro (que no sería tan duro). Es la primera vez que me ocurre una cosa así en los más de 20 años que llevo usando computadoras. Cuando ocurren estas cosas uno se lamenta de no tener copia de seguridad de nada. No es mi caso. Tengo copia de muchas cosas (aunque no de mi Bartleby enciclopédico que abría la novela tapihiana), pero las tengo con tal desorden que no es fácil saber si está todo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final resultó que sí guardaba copia de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Appleby&lt;/span&gt;. Pero tras la aparición de Teddy Mars quien cobró protagonismo fue Atanasio Farniente, cuyas &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Estampas Tapihianas&lt;/span&gt; comencé a anotar con ánimo de publicar una edición crítica. El 18 de septiembre de 2006 di salida aquí a la introducción de las &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Estampas Tapihianas&lt;/span&gt;, un texto que recordaba demasiado a cierto autor costumbrista cuyo estilo en nada se parece al de Farniente y cuyo nombre anda semioculto entre mis notas. La primera de las estampas llegaría mucho después, el 1 de mayo de 2007, y ya tengo un buen número de ellas en el horno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si les cuento todo esto es más por aclararme yo mismo que por informarles. Pero por esto segundo, por informarles, sí les repito lo siguiente: antes o después conocerán el resultado completo. Será entonces cuando comprueben que no es tan desordenado como parece y tal vez, aunque esto lo dudo, le encuentren algo de valor. Yo me he impuesto un plazo de entre seis y doce meses. Pero antes de decir que les parece mucho tengan a bien responder a este...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Segundo, y más difícil, Test Tapihiano&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. ¿Qué es la serie Leica Motif?&lt;br /&gt;2. ¿Cuál es el verdadero nombre de Thadeus Winkelkraut?&lt;br /&gt;3. ¿Podría citar el nombre de algún catedrático de la Universidad e Oxbridge?&lt;br /&gt;4. ¿Qué es exactamente la sopa atientrópica?&lt;br /&gt;5. ¿Quién es Lester West?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9462333-9102922560055770238?l=eduardoallende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eduardoallende.blogspot.com/feeds/9102922560055770238/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=9462333&amp;postID=9102922560055770238' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/9102922560055770238'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/9102922560055770238'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eduardoallende.blogspot.com/2008/03/tapihi-en-la-memoria-memoria-de-tapihi.html' title='Tapihi en la memoria (Memoria de Tapihi)'/><author><name>Eduardo Allende</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06469600862892928691'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9462333.post-9070022669556127863</id><published>2008-03-04T09:10:00.000+01:00</published><updated>2008-03-04T09:13:34.425+01:00</updated><title type='text'>Debates</title><content type='html'>La pasada semana, asqueado por la estulticia exhibida por todos los implicados en el primero de los “““debates””” (con muchas comillas) celebrados entre los dos principales candidatos a la presidencia del gobierno, reproduje aquí un par de páginas de una fascinante novela que creía venían muy al caso. Nótese que digo ‘todos los implicados’. No fueron sólo los dos protagonistas del combate los causantes de mi desazón. De hecho ellos fueron los que menos me decepcionaron, aunque sólo sea porque bien poco o más bien nada esperaba de ellos. Los demás, por desgracia, consiguieron ponerse por debajo de su ya de por sí minúscula estatura, ya fueran supuestos periodistas, “expertos” en cosas peregrinas o, por supuesto, los ubicuos ciudadanos camuflados bajo esa cosa etérea que llaman “la ciudadanía”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el anuncio del evento, convertido en magno acontecimiento a base de perversa insistencia, se hizo harto evidente lo absurdo de semejante ejercicio. Singulares analistas florecieron por doquier y pasaron horas teorizando en público sobre corbatas de colores, alturas de mesas, temperaturas, distancias, contraplanos y demás elementos a su juicio fundamentales. Tan enjundiosos asuntos calaron bien hondo en las conciencias de todos. Tanto fue así que se hizo necesario contratar cronometradores baloncestísticos para asegurar la exacta igualdad de tiempos usados por los contendientes. Daba igual lo que fueran a decir, lo importante era que tardaran lo mismo en decirlo. Por fortuna, ninguno de los dos es tartamudo y en razón de este hecho nadie se vio, al parecer, en desventaja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se molestaron muy mucho en delimitar de qué se podía hablar y, por supuesto, de qué no se podía hablar (¿debate? ¿es esto debate? Ya me gustaría a mí debatir así). Se nos vendió la cosa como un éxito de la democracia y hasta, en el colmo de los colmos; como una exigencia democrática de primer orden. Yo, siento decirlo, no creo que la democracia exija la celebración de estos espectáculos televisivos. Tendrían su valor si fueran verdaderos debates, que no lo son, pero la democracia es otra cosa que exige otras cosas, entre ellas ciudadanos responsables y comprometidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se engañen. No lo somos y por eso todo lo fían a corbatas de colores, alturas de mesas, temperaturas, distancias, contraplanos y sobre todo a repetir machaconamente la “idea fuerza” haciendo oídos sordos a todo lo demás. Si se molestan a poner una detrás de otra las declaraciones de varios líderes políticos del mismo partido durante la campaña, comprobarán sin esfuerzo que se limitan a colocar el llamado “argumentario” con independencia de lo que se les haya preguntado. Y les funciona. La culpa es nuestra. No niego que ambos apuesten por el diálogo, me limito a añadir que se trata del diálogo de sordos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan descorazonador asunto me tenía, a pesar de las risas inevitables , con el ánimo algo bajo y por eso hice lo que hice. Pero, ay de mí, la decisión de publicar aquellas páginas se volvió en mi contra. Para cuatro lectores que uno tiene, resulta que se conjuran para llamarme vago y críptico. No me parece cosa terrible ninguna de ellas (cosas peores me han llamado en otros sitios). Y aunque lo fueran, no puedo menos que admitir que sí, que soy vago y que procuro ser críptico y a veces, las menos, hasta lo consigo. Hoy, sin embargo, me veo obligado a confesar que ni la vagancia ni la intención oscurantista andaban esta vez tras mis intenciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que no fui vago se puede demostrar fácilmente: confesando que al final del “debate” pergeñé un largo y farragoso texto que venía a decir, creo que de aún peor manera, algunas de las cosas que anteceden y muchas otras que me alegra no haber publicado. Resistiré, precisamente por ello, la tentación de transcribir aquellas líneas. Considero peor el remedio que la enfermedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero volvamos al asunto. Aquellas páginas que publiqué, ya lo saben, procedían de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;La vida y las opiniones del caballero Tristram Shandy&lt;/span&gt;, singular obra que debemos agradecer, háganlo por favor, a Laurence Sterne. Que sus páginas venían a cuento es cosa evidente desde su primera página, en la que se cita el Enquiridión de Epícteto: &lt;span style="font-style: italic;"&gt;No son las cosas mismas, sino las opiniones sobre las cosas, las que perturban a los hombres&lt;/span&gt;. Es esta verdad muy arraigada en los políticos de hoy en día, despreocupados en extremo de las cosas y preocupados de forma obsesiva por crear o controlar las opiniones sobre las cosas. Por desgracia, incluso aquellos que pretenden hacer de la alegría su bandera, carecen de uno de los elementos principales del Tristram Shandy, el humor. Así nos va.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero yo publiqué aquí dos páginas muy concretas de la novela. La primera de ellas es conocida como la página de mármol. En el volumen III, al final del capítulo treinta y seis (ojo los que manejen la edición de Cátedra porque en ella la página está mal ubicada, al final del capitulo treinta y siete), Sterne decidió incluir una página de ‘papel mármol’, ya saben, ese que solía usarse para las contratapas. Tal ocurrencia fue una pesadilla para los impresores, pues en aquella época no había otra forma de hacerlas que a mano. Por esta razón cada ejemplar de las primeras impresiones del Tristram Shandy es, en cierta medida, un ejemplar único. Por desgracia, no creo que nuestros candidatos sean ejemplares únicos. Les sobran congéneres y puede decirse con cierta autoridad que son fungibles, cosa en nada tranquilizadora. Pero entremos en harina. El capítulo treinta y seis finaliza así:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: times new roman;"&gt;Read, read, read, read, my unlearned reader! Read, –or by the knowledgeof the great saint Paraleipomenon– I tell you before-hand, you had better throw down the book at once; for without much reading, by which your reverence knows, I mean much knowledge, you will no more able to penetrate the moral of the next marbled page (motly emblem of my work!) than the world with all its sagacity has been able to unraval the many opinions, transactions ans truths which still lie mystically hid under te dark veilof the black one.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O lo que es lo mismo (en traducción de Javier Marías):&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: times new roman;"&gt;¡Lea, lea, lea, lea usted, mi ignorante lector! Lea, –o, por el saber del gran San Paraleipomenon,– ya se lo digo de antemano, mejor hará usted en tirar el libro inmediatamente; porque sin mucha lectura, por lo que, como su reverencia sabe, entiendo mucho saber, no será usted más capaz de comprender la moral de la jaspeada página que viene a continuación (¡el abigarrado emblema de mi obra!) de lo que lo ha sido el mundo, con toda su sagacidad de desvelar las muchas opiniones, transacciones y verdades que aún yacen místicamente ocultas bajo el oscuro velo de la que estaba en negro.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa página que estaba en negro, segunda de las que reproduje, cierra el capítulo doce del primer volumen de la obra. Sucede al fallecimiento del párroco Mr. Yorick, para muchos, trasunto del propio Sterne.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para los que desconozcan al gran San Paraleipomenon, aclaro aquí que la palabra Paraleipomena o Paralipomena hace referencia a los escritos omitidos o desatendidos que suelen añadirse como apéndice de una obra desde que Schopenhauer inaugurara esa costumbre al publicar sus &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Parerga und Paralipomena&lt;/span&gt;. Yo recuerdo muy bien cuándo la conocí, la palabra, quiero decir. Se la debo a una temprana lectura de la &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Teoría Estética&lt;/span&gt; de Theodor W. Adorno, obra póstuma e inacabada que fue necesario componer a partir de los papeles que el filósofo dejó a su muerte. Era inevitable que quedaran piezas sueltas. Piezas que, al menos en la edición que manejo, la ya clásica de Taurus de 1980, fueron convenientemente reunidas bajo ese preciso título, Paralipomena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una de ellas, Adorno, no podía ser de otra forma, establece una relación dialéctica (he aquí, al fin, la famosa tensión que nos rodea) entre lo práctico y lo ornamental en un párrafo que no me resisto a transcribir aquí por si a alguno se le ocurre alguna relación con el “debate” (descontextualizando, por supuesto).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;También el concepto de lo ornamental, opuesto al de lo práctico, tiene su dialéctica. Afirmar que el barroco es decorativo no lo dice todo. El barroco es decorazione assoluta, como si ésta se hubiera emancipado de cualquier otro objetivo, aún del teatral y hubiera desarrollado su propia ley formal. No sirve para decorar algo sino que es sólo decoración, por lo que puede reírse de la crítica.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;T.W. Adorno, Teoría Estética, Paralipómena, Taurus, 1980, p.383&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No seré yo quien les destripe aquí la oculta moral de la página de mármol ni mucho menos las opiniones, transacciones y verdades que aún yacen místicamente bajo el oscuro velo de la página en negro. Ni falta que hace porque, ya les avisé, su aplicación al caso que nos ocupa pasa por dejarlas “convenientemente sacadas de contexto”. Hecho esto, son infinitas las posibilidades interpretativas. Unos dirán que uno es de mármol y el otro negro. O que sus palabras lo eran. Otros, más realistas, que ambos tienen la cara de mármol y es nuestro futuro el que es negro. Habrá quienes digan, con equivocado recurso al texto que no reproduje, que falta mucha lectura para desentrañar sus gestos o palabras. Aquellos propensos a los viajes exóticos tal vez se hayan planteado la tensión (dialéctica, eh, dialéctica) entre lo ornamental y lo práctico y concluyan las razones por las que nuestros políticos se toman tan a broma las críticas que se les hacen. Yo he recibido algunas más por correo a lo largo de estos días. Que si los candidatos se limitan a acuñar frases “para el mármol”; que si no hay quien los entienda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ninguna de ellas, por supuesto, es mi interpretación, aquella que me movió a reproducir aquellas páginas. Pero no se alarmen, o alármense, lo que prefieran, no se la voy a revelar. Si entonces no quería ser críptico, aunque por lo visto lo fui, hoy sí lo pretendo y espero haberlo sido. Háganse ustedes con la suya, su interpretación. Así es mucho más divertido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;P.S. Ni que decir tiene que he escrito todo esto con anterioridad a la celebración del segundo asalto perpetrado hace algunas horas. Esperemos que Mariano y José Luis, o José Luis y Mariano, tanto monta, monta tanto, no me hayan obligado a retomar este desagradable asunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;[Hasta el martes que viene]&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9462333-9070022669556127863?l=eduardoallende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eduardoallende.blogspot.com/feeds/9070022669556127863/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=9462333&amp;postID=9070022669556127863' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/9070022669556127863'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/9070022669556127863'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eduardoallende.blogspot.com/2008/03/debates.html' title='Debates'/><author><name>Eduardo Allende</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06469600862892928691'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9462333.post-3483172307841140049</id><published>2008-02-26T08:20:00.000+01:00</published><updated>2008-02-26T08:21:39.082+01:00</updated><title type='text'>Debate</title><content type='html'>Más por aburrirles que otra cosa, tenía previsto dejarles hoy aquí un comentario sobre el mal llamado debate que copa hoy la conversación en todos los corrillos. Ya contaba con que la cosa iba a quedar triste y desencantada. No veo forma de sacarle nada positivo a las cosas de nuestros prohombres. A veces creo que se empeñan en que no sea posible hacerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero visto lo visto, lo confieso, me faltan las fuerzas. No soy el de hace años. Por eso he creido oportuno transcribir dos célebres páginas de una aún más célebre novela que ya saben muy de mi gusto. Creo que, convenientemente sacadas de contexto, ofrecen un magnífico resumen del bochornoso espectáculo que me tragué anoche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;[Excusen que no maneje la mejor de las ediciones, pero es la que tengo a mano a la hora de publicar esto]&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;img src="http://img.photobucket.com/albums/v707/eduardoallende/TSmarble.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;img src="http://img.photobucket.com/albums/v707/eduardoallende/TSblack.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9462333-3483172307841140049?l=eduardoallende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eduardoallende.blogspot.com/feeds/3483172307841140049/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=9462333&amp;postID=3483172307841140049' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/3483172307841140049'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/3483172307841140049'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eduardoallende.blogspot.com/2008/02/debate.html' title='Debate'/><author><name>Eduardo Allende</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06469600862892928691'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9462333.post-238714986489491916</id><published>2008-02-19T06:00:00.001+01:00</published><updated>2008-02-19T06:04:01.703+01:00</updated><title type='text'>Gestas memorables</title><content type='html'>Titulo hoy con un pleonasmo, según mi gusto, porque don Salvatore Fugazetta, catedrático interino en excedencia de una prestigiosa universidad calabresa, ha recurrido al mismo para rescatar unas cuantas gestas del olvido, aquellas que tenía y tiene en mayor estima. Toda gesta es, por el mero hecho de serlo, memorable. El diccionario las define, de hecho, como un conjunto de hechos memorables, es decir, dignos de ser recordados. Pero la dignidad, como todo el mundo sabe, no garantiza nada. Yo mismo soy persona digna de crédito y no por ello encuentro facilidades en los bancos, que me tienen cerradas todas las puertas y hasta las ventanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podría discutirse mucho acerca de cuales son los factores y circunstancias que aseguran la memorabilidad. Los criterios del señor Fugazetta son, cuando menos, originales y debo decir que próximos a los del que esto suscribe. Así, por ejemplo, don Salvatore concede los máximos honores al maestro espiritual &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Meher_Baba"&gt;Meher Baba&lt;/a&gt;, cuyas últimas palabras fueron, según la tradición, «&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Don’t worry, be happy&lt;/span&gt;», y cuyo mérito es haberlas pronunciado más de cuarenta años antes de morir. En 1925 decidió callarse y mantuvo silencio hasta su fallecimiento en 1969. Toda una gesta.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;img src="http://img.photobucket.com/albums/v707/eduardoallende/meherbaba.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;A mi juicio, una de las más interesantes de entre todas las que refiere don Salvatore es la atribuida a un tal Murray J. Sarmiento. En vista de que no se me ocurría nada que escribirles hoy, me he decidido a transcribir el brevísimo capítulo que a él se le dedica en las recientemente traducidas al castellano &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Gestas memorables&lt;/span&gt;, capítulo que a su vez procede en su mayor parte de la biografía publicada, tras grandes padecimientos, por el singular Rudolph Staunton.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es hoy el día para referir la sorprendente peripecia vital de Staunton, baste saber que le costó Dios y ayuda encontrar editor para su obra. Los más, aquejados del conservadurismo que siempre ha caracterizado la profesión, no se atrevieron a asumir el riesgo de publicar una obra que traicionaba y mucho tanto el espíritu como la letra de las enseñanzas, si así se las puede llamar, de Murray J. Sarmiento. Todos creyeron que el respeto a su memoria exigía una biografía que pudiera imprimirse en el reverso de un sello de correos. La de Staunton, para espanto de muchos, tal vez de todos, contaba más de setenta y cinco mil palabras, en su mayoría distintas entre sí. Fugazetta, ya fuera por respeto o por pereza, consiguió reducirlas, dejándose lo esencial por el camino, a lo que sigue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;El discreto lenguaraz&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;por Salvatore Fugazetta&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Murray J. Sarmiento fue hombre de pocas palabras. No es de extrañar que nunca pronunciara algunas, como por ejemplo ‘hopalanda’ o ‘tegumento’, que yo mismo he usado aquí por vez primera. Pero resulta sorprendente que otras más familiares, tales como ‘brasero’ o ‘legumbre’, jamás asomaran por sus labios. Se cuenta que fue capaz de arreglárselas con tan solo ciento treinta y ocho palabras. Con ellas fue capaz de decir todo lo que dijo, que no es poco aunque todavía hoy su sentido siga sujeto a discusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su nacimiento tuvo lugar dentro del río Tormes en el año de 1813. Su madre, doña Antona Sarmiento, natural de Tejares, aldea de Salamanca sin que este hecho tenga relación alguna con su preñez, andaba a deshoras tratando de cruzar el río cuando le tomó el parto y allí mismo, entre ambas orillas, lo parió. La mujer, soltera por naturaleza, tradición y convicción, protagonizaba, con demostrada profesionalidad, el número de la mujer barbuda en una feria ambulante de cierto renombre en las comarcas colindantes. Ni que decir tiene que todo el número era una farsa a base de postizos, apliques y componendas, pues doña Antona tenía por costumbre afeitarse a diario. El caso es que entre tantas idas y venidas por los pueblos de España, en la soledad del carromato que hacía las veces de vivienda y camerino, parece ser que un día sucumbió a la llamada de la carne y quedó en estado, de no muy buena esperanza pero estado al fin y al cabo. Nunca quiso revelar el nombre del padre, tal vez por preservar en algo la honra. Del padre, se entiende. Muchos han supuesto que su insistencia en bautizar a la criatura con el nombre de Murray dejaba claro que debía tratarse de Murray Fitzherbert, oficial inglés que había desertado de las tropas del duque de Wellington poco antes de la batalla de Arapiles porque, según confesión propia, no hay honores que justifiquen tanta incomodidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuera o no fuera Fitzherbert el padre de la criatura, algo que estamos condenados a ignorar, el caso es que Murray J. Sarmiento jamás conoció a su padre, circunstancia que, según los esclarecidos psicólogos que se han ocupado de su caso, marcó profundamente el desarrollo de su personalidad. De marcado carácter taciturno, a Murray le llevó más de cuatro años pronunciar sus primeras palabras. Palabras que, en contra de lo que suele ser habitual, no fueron ‘papá’, por razones obvias, ni ‘mamá’, tal vez por verse confundido por la profesión de su madre, sino ‘pan’ y ‘agua’. No fue hasta dos años después, durante el crudo invierno del 19, cuando la tercera salió de su boca, ‘frío’.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alarmada por la parquedad del vocabulario del muchacho, que por otra parte no parecía mostrar tara alguna, doña Antona solicitó el consejo de don Venancio Santaolalla, por aquel entonces célebre ilustrado y hoy tan sólo recordado por ser antepasado directísimo del estudioso don Heriberto Santaolalla, mente preclara que tanto ha aportado para desentrañar el último sentido de algunas de las inscripciones más antiguas que se conocen, en concreto aquellas que se refieren a cabras y ovejas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Venancio se tomó el caso con particular interés. Una de sus primeras resoluciones fue abrir un libro registro de todas las palabras que salieran de la boca de Murray. Lejos estaba de saber el ilustrado señor que aquel pequeño volumen encuadernado en octavo y que le acompañaría toda su vida jamás vería cubiertas la mayor parte de sus páginas. En 1828, el libro contaba tan solo con treinta y nueve palabras. Para entonces ya había tomado al muchacho a su cargo y no se separaba de él bajo ninguna circunstancia por no perderse algún posible añadido al registro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que más maravillaba a don Venancio era el hecho de que Murray J. Sarmiento conseguía expresarse con toda claridad a pesar de lo limitado de su léxico. Daba lo mismo el asunto al que Murray se refiriera, prosaico o elevado, mundano o filosófico. Las más de las veces don Venancio corría a consultar el registro para saber si había habido novedad y confirmaba, con gran decepción, que no la había, que Murray seguía sin ampliar su lista de palabras. Cada adición, por el contrario, era celebrada con alborozo. La noticia solía correr como la pólvora y muchas tabernas solían invitar a una ronda cuando el hecho se producía. Por eso en muchas de ellas todavía hoy se dice ‘hay nueva de Sarmiento’, aunque ya son pocos los que conocen el origen de la expresión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sabe cierto que don Venancio presentó el caso en el Ateneo Científico y Literario de Madrid el 27 de noviembre de1835 aunque, por razones no del todo aclaradas, la dirección actual del Ateneo afirma que no consta en su poder acta con esa fecha y manifiesta sus dudas sobre la realización de tal reunión. Es seguro, no obstante, que Santaolalla hizo gala de sus habituales erudición y elocuencia. Pero lo que más sorprendió a los asistentes fue la comunicación leída por el propio Murray J. Sarmiento y que versaba, al parecer, sobre la vanidad de las palabras, asunto que ya había tratado don Miguel de Montaña en sus célebres &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Essais&lt;/span&gt;, aunque con menores perspicacia y agudeza. Según cuenta don Mariano de Quismondo en sus memorias, la intervención de Murray J. Sarmiento asombró a todos por su profundidad, alcance e ingenio. Tanto fue así que ninguno de los presentes cayó en la cuenta de que el discurso, haciendo honor a su asunto, contaba tan sólo setenta y tres palabras distintas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al fallecimiento de don Venancio Santaolalla, que tuvo lugar en el año de 1848, el registro alcanzaba las ciento treinta y siete palabras. Don Agustín Cerezales, fiel secretario de don Venancio durante más de cuarenta años y a la sazón albacea testamentario del mismo, tomó la decisión de continuar el proyecto iniciado por su maestro y mentor haciéndose cargo de la llevanza del libro registro de Murray J. Sarmiento. No hay en el mismo, sin embargo, apunte alguno debido a su mano. Por más que procuró no separarse jamás de su lado. Asistió expectante a cada momento en que el hombre, alzando su mano, hacía ademán de decir algo, pero nunca tuvo la fortuna de asistir a un estreno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1850 Murray J. Sarmiento contrajo matrimonio con la señorita doña Bárbara de Zurzulludo, agraciada joven de buena familia e intachables costumbres. Don Agustín le permitió cortejarla en privado a cambio de su palabra de confesar cualquier posible adición al registro que tan especial circunstancia pudiera propiciar. No se produjo confesión alguna y habrá que creer, pues Murray siempre fue hombre de palabra, que las ciento treinta y siete le bastaron para ganarse el amor de la muchacha. Durante la ceremonia nupcial tan sólo pronuncio las consabidas ‘sí, quiero’, términos ambos que ya habían sido incluidos en el registro en 1821. Desde entonces hasta su muerte, la vida de Murray J. Sarmiento transcurrió sin grandes complicaciones aunque quiso la fortuna que no fuera bendecida con la alegría de la descendencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1874 Murray J. Sarmiento contrajo unas fiebres palúdicas de las que nunca se recuperó. Pasó sus cuatro últimos meses en cama sufriendo grandes dolores y molestias, pero no por ello dejó de recibir a sus habituales compañeros de tertulia, los cuales coinciden en afirmar que el mal en nada afectó a su gracia e ingenio. El 3 de enero de 1875, estando ya muy debilitado por la enfermedad y sabedor de la llegada inexorable de la muerte, Murray llamó a sus más allegados para despedirse. Su voz se había convertido en un débil eco, casi inaudible entre sordos estertores. Por ello, sólo su mujer, que lo abrazaba desconsolada, pudo escuchar con claridad su emotivo adiós. Supo de inmediato que para tan trascendental momento Murray J. Sarmiento había reservado el último asiento de su libro registro de palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue doña Bárbara quien, a petición de don Agustín Cerezales, escribió en él, de su puño y letra, la última palabra de Murray J. Sarmiento, aquella que hacía la número ciento treinta y ocho, el número de las que bastan para toda una vida. Con ella se cierra un documento excepcional que hoy puede contemplarse, previo pago de una modesta cantidad, en el Museo de Desperdicios de Edimburgo. La palabra, como es bien sabido puesto que no son pocos los que han tomado la actitud de Murray J. Sarmiento por guía y norte de sus actos, es: ‘mecachis’.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;img src="http://img.photobucket.com/albums/v707/eduardoallende/murraysarmiento.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;[Hasta el martes que viene]&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9462333-238714986489491916?l=eduardoallende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eduardoallende.blogspot.com/feeds/238714986489491916/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=9462333&amp;postID=238714986489491916' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/238714986489491916'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/238714986489491916'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eduardoallende.blogspot.com/2008/02/gestas-memorables.html' title='Gestas memorables'/><author><name>Eduardo Allende</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06469600862892928691'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9462333.post-3438664564177622366</id><published>2008-02-12T05:45:00.000+01:00</published><updated>2008-02-12T05:44:49.947+01:00</updated><title type='text'>Autor con trato</title><content type='html'>Tal vez alguno recuerde la irrupción en estas páginas, y por ende en mi vida, de don Juan Gómez-Jurado. Andábamos por aquí aquellos lejanos días haciendo chanzas sobre los recursos y triquiñuelas de los autores de best-sellers, entendiendo por tal barbarismo antes un género que un conjunto definido por las cifras de ventas. Fue el señor Aquende quien nos hizo saber del lanzamiento de cierto libro que, a la vista de la publicidad, creímos que encajaba como un guante en nuestra nada seria discusión. Y don Juan llegó, sin complejo alguno, dispuesto a defender su obra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su obra, aquel libro descubierto por Monsieur Aquende, era por entonces &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Espía de Dios&lt;/span&gt;, ópera prima de incuestionable éxito comercial toda vez que ha sido publicada, según insiste machaconamente la publicidad, en cuarenta países. Pasamos buenos ratos en amable y algo frívola discusión pero, todo ha de tener un pero, con poca enjundia ya que ninguno habíamos leído la novela y no teníamos fácil abandonar el terreno de los lugares comunes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lejos estaba yo de saber entonces que precisamente el hecho de no tener complejos es el rasgo más característico de don Juan Gómez-Jurado. Por eso escribió &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Espía de Dios&lt;/span&gt; y por eso lo defendía con total desparpajo, cosas ambas siempre de celebrar. La primera, el haberlo escrito, porque es de justicia agradecer los esfuerzos de todo aquel que se propone y logra llevar a cabo una tarea tan sospechosa, ingrata y poco reconocida. La segunda, salir en su defensa, porque es una de las dos cosas que cabe exigirle a un autor (la otra es denostar la propia obra; lo execrable son las medias tintas, entre las que se cuenta, por supuesto la falsa modestia).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquella discusión un servidor, inocente hasta las cachas aunque no lo parezca, se comprometió, por sugerencia del autor, a redactar una crítica despiadada de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Espía de Dios&lt;/span&gt;. Tal compromiso fue, ahora lo sé, un error garrafal. No tanto porque se me den mejor las críticas ‘piadadas’ o piadosas, que se me dan igual o peor que las despiadadas, cuanto porque me obligué a leer el libro de la única forma en que no puede disfrutarse ningún libro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tuve ocasión de hacerme con un ejemplar en su presentación en Madrid donde, además, pude conocer personalmente al autor, que me dedicó amablemente el libro calificando mi prosa de ‘tenebrosa’, calificativo que debe tomarse como todo un acierto si lo que quiere decir es que es ‘poco radiante’, ‘falta de brillo’. Me disgustan, en general, las presentaciones de libros. Suelen parecer la representación teatral de un anuncio por parte de una compañía de tercera. La liturgia es muy semejante en todas ellas. Primero algún escritor más o menos conocido y reclutado para la ocasión se deshace en elogios provocando el rubor del autor y a veces hasta el del público. Luego, el autor, la persona menos indicada para hacerlo, toma la palabra para…, bueno no se sabe muy bien para qué, cosa que suele acarrear severas miradas del representante de la casa editora. Y todo queda casi siempre en eso. Son escasísimos los autores que verdaderamente han ascendido al olimpo editorial y se pueden permitir un tercer capítulo, la dispensa a los asistentes de pinchos de tortilla y unas copillas de vino o cerveza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La presentación de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Espía de Dios&lt;/span&gt; no fue muy disímil del cuadro que les he pintado pero, como les digo, me sirvió para hacerme con un ejemplar dedicado, aunque he de confesar que tardé en empezarlo. Por aquellos días tenía una pila de libros en cola a la que, además, se vinieron a añadir los diarios de León Bloy y la &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Vida de Samuel Johnson&lt;/span&gt; de James Bosswell, dos obras que no me pude resistir a col(oc)ar entre los primeros de la lista y con los que deberían hacer ustedes lo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando por fin me embarqué en su lectura, me di cuenta de que la obligación de escribir una crítica era toda una losa sobre mis espaldas (tengo varias, espaldas y losas). En lugar de leer como Dios manda, me dedicaba a rebuscar técnicas y recursos en el texto. Cabe establecer un paralelismo con el cine para aclarar esta idea. Yo recuerdo los viejos tiempos del &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Alphaville&lt;/span&gt;, cuya cafetería me resultaba más fascinante que las propias salas y que no pocas de las películas que en ellas se proyectaban. Allí entre ‘cinéfilos’ y cinéfilos (hay que ver cómo unas simples comillas cambian el sentido de una palabra) nunca faltaba una voz alabando un traveling o tecniquería similar en la película de turno. Mi respuesta era entonces la misma que hoy: si el espectador, por especializado que sea, ve recursos técnicos en lugar de una película, esta es un fracaso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así me vi yo. Forzado a desentrañar los vericuetos y detalles de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Espía de Dios&lt;/span&gt;. Pude apreciar la utilización de algunos de los recursos que había parodiado en mi &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://eduardoallende.blogspot.com/2006/01/curso-de-literatura-democrtica.html"&gt;Curso de literatura democrática&lt;/a&gt; en cuatro partes, cosa que me hizo cierta gracia, pero, en general, la cosa se me iba poniendo muy cuesta arriba. En cada página, en cada frase me asaltaba la pregunta: ¿qué le digo? ¿qué le escribo? Estarán conmigo en que no es forma de leer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando uno ya ha acumulado muchos fracasos, es mi caso, resulta sencillo añadir uno más a la lista. Y así, al fin, decidí renunciar a la crítica. Las cosas tomaron inmediatamente otro cariz. Ahora, con el libro leído sin espíritu critico, tal vez esté en mejores condiciones de redactar esa prometida crítica. Pero no quiero hacerla. Lo más parecido serán estas líneas y con ellas habrán de conformarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es cierto que &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Espía de Dios&lt;/span&gt; abunda en cosas que no son muy de mi gusto. Puedo mencionar algunas, como la sobredocumentación. Todo va, como digo, en gustos y manías, pero considero que una novela, por más que sea libro con texto, puede ser cualquier cosa salvo libro de texto. Recuerdo que cuando José Manuel Lara, el original, parió, él que podía, uno de tantos resurgimientos de la ‘novela histórica’, declaró ufano que su éxito se basaba en que el lector, a la vez que disfrutaba, aprendía. Semejante aserto podría haber sido aún más ridículo, pero solo si el todopoderoso editor se hubiera puesto a sí mismo como ejemplo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejando aparte el hecho de que no se ofrece razón alguna para explicar por qué los lectores anteriores al ‘resurgimiento’ no aprendieran a la par que disfrutaban, la afirmación me parece toda una idiotez. Lo cierto es que, por regla general, poco se aprende de las ficciones. Muchas de ellas de hecho desinforman. Y no está mal que así sea. Esta apelación al ‘instruir deleitando’, cuyas raíces se encuentran en la &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Epístola a los Pisones&lt;/span&gt; de Horacio, siempre se ha entendido muy mal. No está de más, por eso mismo, traerles aquí a Horacio (tampoco está de más recordar que con esas mismas palabras, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Instruir deleitando&lt;/span&gt;, se tituló una edición española de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;La filosofía del tocador&lt;/span&gt; del Marqués de Sade).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Los poetas quieren ser útiles o deleitar, o al mismo tiempo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;decir lo que es ameno e idóneo para la vida&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;(Arte Poética, 333-334)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Horacio dijo, o así lo entiendo yo, ‘o una cosa o la otra, o las dos al mismo tiempo’, pero lo dijo en tiempos en que las fronteras eran muy otras y no era descabellado componer un poema didáctico (por citar a alguno de los que nos visitan con cierta frecuencia, ahí tienen a Lucrecio o la misma &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Epístola a los Pisones&lt;/span&gt; o &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Arte Poética&lt;/span&gt; de Horacio, que es todo un curso acelerado de literatura). Hoy, cuando esas fronteras aunque difusas son otras, la documentación es un recurso al servicio de la obra no de la instrucción del lector.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un plano más personal, debo decir que algunas escenas del libro se me atragantaron algo. Es cierto que don Juan Gómez-Jurado centró su novela en un escabroso asunto, los actos pederastas de ciertos sacerdotes católicos. No creo, de todas formas, que hubiera necesidad de narrar con todo detalle uno de esos actos repugnantes. Si la autoridad de Horacio se invoca en defensa del ‘instruir deleitando’ no habrá razón para que yo haga lo mismo en defensa de lo que ha de callarse (aunque habrá quien interprete lo que sigue en el exacto opuesto del sentido que yo le doy).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;O la acción ocurre en escena o se relata lo ocurrido.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Las mentes tardan más en impresionarse con lo oído&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;que con lo que está sujeto a los fieles ojos y lo que&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el propio espectador se cuenta a sí mismo. Ahora bien,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;no saques a escena lo que debería pasar fuera, y aparta&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;de la vista bastante que luego sea narrado vívidamente;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;que Medea no degüelle a sus hijos ante el pueblo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;ni el impío Atreo cocine a la vista entrañas humanas&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;ni Procne se convierta en ave, Cadmo en culebra.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;No me creo exhibiciones de esa clase y me repugnan&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;(Arte Poética, 179-188)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la vista de lo escrito hasta ahora podría pensarse que no aprecio virtudes en los trabajos de don Juan Gómez-Jurado. No es cierto. Las tienen, y algunas nada desdeñables que los distancian del best seller canónico. Es, o parece ser, cierto que don Juan vende muchos libros, aunque no los suficientes como para justificar la mariscada que nos apostamos en su día. Se habla de medio millón de ejemplares vendidos de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Espía de Dios&lt;/span&gt;, y por eso colocan a don Juan junto a otros dos autores con éxito mercantil en los mercados internacionales: Carlos Ruiz Zafón y, agárrense, Javier Sierra. El primero supo hinchar el globo con cierto oficio hasta que le fallaron las fuerzas. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;La sombra del viento&lt;/span&gt; es un libro que se deshincha de forma estrepitosa a mitad del relato y eso, es lógico, consituye un rotundo fracaso cuando lo único que se pretende, para espanto del repartidor de decálogos don Juan Cueto, es atrapar al lector en una historia. Del segundo prefiero no hablar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es este un mal muy extendido en el género bestseleril. Para seguir hinchando un globo se necesita cada vez más presión y a la mayoría de los que se adentran en el género les faltan pulmones antes o después. La primera novela de don Juan Gómez, por el contrario, no se deshincha, mantiene la tensión hasta el final y eso, como digo, es cosa de mérito y poco frecuente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Achacaba yo en aquellos viejos escritos míos al best seller tipo de limitarse a utilizar el cartón piedra en la composición de personajes. Sé que es una simplificación, pero creo, ahora como entonces, que una simplificación no muy alejada de la realidad. Me resultan estomagantes todos esos personajes, y son legión, que se mueven, piensan y actúan como autómatas lelos sin que uno llegue a explicarse nunca por qué hacen lo que hacen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora bien, lo anterior no quiere decir que uno deba declararlo todo y psicoanalizar a todo aquel que le asoma por una página. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Espía de Dios&lt;/span&gt; tiene un personaje, el padre Fowler, que funciona precisamente por todo lo contrario, porque su autor no lo trata. Es el hombre enigma y de ahí su interés (y precisamente por ello considero que cierta revelación sobre el mismo que llega hacia el final de la novela es del todo innecesaria).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A título personal cuento con una demostración fehaciente del éxito de don Juan Gómez-Jurado en el tratamiento de personajes gracias a uno de ellos, la periodista española Andrea Otero. Seré yo muy raro, pero desde su primera aparición se me atragantó. Despierta en mi odios atávicos y me hace echar espumarajos por la boca. En definitiva, no la aguanto y eso, sin duda, debe considerarse un éxito del autor porque es una de las formas canónicas de dar vida a un personaje. Por eso he recibido con sentimientos encontrados la noticia de que don Juan haya recuperado el personaje en su segunda novela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por que sí, señores. Don Juan ha reincidido y ya tiene en las librerías la segunda de sus novelas, &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.contratocondios.com/"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Contrato con Dios&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;, al parecer un homenaje a la película &lt;span style="font-style: italic;"&gt;En busca del arca perdida&lt;/span&gt; (ya les dije que se trata de un autor sin complejos). El pasado día cinco de febrero se presentó en Madrid y su autor, amablemente, me invitó a asistir al evento. Un servidor, como no podía ser de otra forma, aceptó agradecido y se personó a la hora convenida en un conocido supermercado de libros de capital francés. No hubo tortilla ni copas para mi desgracia, pero pasamos un buen rato descubriendo intimidades tales como que don Juan escribía obras de teatro en sus exámenes de economía. Tambien hubo ocasión de confirmar el buen criterio de su santa esposa, que le tiene prohibido, sin éxito, que cuente chistes en los actos públicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto, me hice con un ejemplar dedicado de la novela y, durante el regreso a mi casa, tuve ocasión de leer sus primeras cuarenta y cuatro páginas (a mi llegada, la señora Rus secuestró el ejemplar y habré de esperar a que ella lo termine para leerlo). A pesar de tan escasa información, creo poder decir con fundamento que Contrato con Dios está escrito con soltura, que entretiene y que cuenta con las mismas virtudes que su antecesor y alguna nueva (aunque tengo pésimas referencias sobre el trabajo del corrector de pruebas, defecto que, de ser cierto, comparte con la edición de la Vida de Johnson hecha por Espasa Calpe). En definitiva, que don Juan Gómez-Jurado demuestra en su nuvo libro que va cogiendo oficio. Yo, desde luego, pienso leerlo sin espíritu crítico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recordarán los fieles las risas que nos echamos a cuenta de Mr. Juan Cueto, fanático obsesivo de los decálogos y el YouTube sin el que, por lo que se ve, no le resulta concebible la literatura. Si hemos de atender a su juicio, los lectores de don Juan Gómez-Jurado han (hemos) de ser, por fuerza, decimonónicos seres carentes de vida y necesitados de historias. Unos parias, en suma y por usar la palabra que no se atrevió a escribir. Lo curioso es que, por lo que deduje de lo que se dijo en la última presentación, el libro de Juan Gómez-Jurado está repleto de gadgets y cacharrería de última generación. Lo mismo hasta sale el imprescindible YouTube, donde don Juan tiene &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.youtube.com/user/espiadedios"&gt;su propia página&lt;/a&gt;, vayan ustedes a saber (les informaré a su debido tiempo). Yo sólo sé que estoy seguro de que quienes lo lean se divertirán. Sólo hace falta no tener complejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dijo también don Juan en la presentación que no pretendía pasar a la historia de la literatura sino procurar un buen rato a sus lectores con sus historias. Nada hay más absurdo que proponerse pasar a la historia de la literatura aunque a alguno le haya salido bien la jugada. Thomas Mann, sin ir más lejos. Pero la mayoría de los que se lo han propuesto han hecho el más espantoso de los ridículos (ah, esa manía de reinventarlo todo). Hace muy bien, pues, don Juan, en no proponerse metas absurdas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El diario barcelonés &lt;span style="font-style: italic;"&gt;La Vanguardia&lt;/span&gt; ha publicado, al parecer, que Juan Gómez-Jurado es el sucesor de Ken Follet. No sé en qué ha podido basarse el autor de tal afirmación. Sobre el señor Follett debo decir que sólo conozco su contribución al desarrollo de la escultura en el País Vasco. De todo corazón espero que, por su bien, a Don Juan Gómez-Jurado no le pongan una estatua en Vitoria junto a la de su antecesor. Aunque venda muchos libros, que eso sí se lo deseo. A ver si esta vez me gano la mariscada. Por si acaso, y en vista de que hoy andaré de viaje allá por donde vive, procuraré tomarme una cervecita con él, si se deja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Vosotros, escritores, escoged materia a la altura de&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;vuestras fuerzas y sopesad qué rehúsan, con qué pueden&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;vuestros hombros. Al que elija un asunto a su medida,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;ni la facundia le abandonará ni un orden brillante.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;(Arte Poética, 38-41)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9462333-3438664564177622366?l=eduardoallende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eduardoallende.blogspot.com/feeds/3438664564177622366/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=9462333&amp;postID=3438664564177622366' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/3438664564177622366'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/3438664564177622366'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eduardoallende.blogspot.com/2008/02/autor-con-trato.html' title='Autor con trato'/><author><name>Eduardo Allende</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06469600862892928691'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9462333.post-9104990872566814991</id><published>2008-02-05T07:20:00.000+01:00</published><updated>2008-02-05T07:20:29.715+01:00</updated><title type='text'>El valor de las palabras</title><content type='html'>Hasta hace bien poco no he conocido el verdadero valor de las palabras. Nótese que digo palabras, no palabrería, cuyo valor, es bien sabido, es nulo salvo en campaña electoral. Pues bien, por lo visto una palabra vale poco más de treinta y séis centavos de dólar (estadounidense, por supuesto). Como sé que se más de uno se andará preguntando cómo sé yo esto, se lo contaré, pero no sin rodeos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera y más básica instancia del valor es el valer. Valor de uso que le dicen. Las palabras han de valer para algo. Para expresarse, por ejemplo. Sólo cuando una palabra ha demostrado que vale para expresarse puede ponérsele precio. Valor de cambio que le dicen. En consecuencia, las palabras que no valen para expresarse no valen nada. Son gratuitas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora bien, convendrán conmigo en que, en aras de la eficiencia, lo suyo es recurrir al mínimo necesario, limitarse a usar sólo aquellas palabras que valen algo. ¿Para qué llenarse la cabeza de palabras inútiles? La pregunta es, por tanto, la siguiente: ¿Cuál es el conjunto mínimo de palabras que uno precisa para expresarse sin cortapisas? Habrá a quien le parezca una pregunta frívola o sin sentido. No se engañen, no lo es. Y ese secreto número, al menos para nuestro viejo y conocido idioma español, nos ha sido revelado. Son nada más y nada menos que ciento treinta y ocho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es raro encontrar en la prensa, con cierta periodicidad, lamentos diversos por lo limitado del vocabulario de los jóvenes, de los estudiantes y hasta de los ciudadanos en general o de algunos en particular. Los que de esto entienden o dicen enteder gustan de distinguir entre los conceptos de léxico disponible y el léxico básico. El primero es, según tengo entendido, el conjunto de palabras que los hablantes tienen en la cabeza, y suele referirse a un ámbito concreto. El segundo, aquel subconjunto de palabras utilizadas con mayor frecuencia, con independencia del tema o asunto a que se refieren.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por lo que he podido apreciar en los diversos estudios que he consultado, todos ellos constatan una drástica reducción de los léxicos básico y disponible de los hablantes. No parece, no obstante, cosa muy alarmante porque todavía andan lejos de quedarse reducidos a las ciento treinta y ocho palabras que antes les he mencionado. Es necesario empobrecer aún más el idioma para alcanzar esta cota de eficiencia aunque, al paso que vamos, no parece que falte mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué son ciento treinta y ocho y no, por ejemplo, ciento cuarenta y una? Yo me he enterado gracias a Mr. Marcus Santamaría, una caballero que, a pesar de su nombre, no es tapihiano (ni proviene, aunque lo parezca, del futuro, como &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://eduardoallende.blogspot.com/2006/05/in-diebus-illis.html"&gt;Angus Floridablanca&lt;/a&gt;). También debo dar las gracias al todopoderoso Google y más particularmente a los anuncios contextuales (o como quiera que se llamen) que aparecen en mi cuenta de correo y con los que la Agencia Española de Protección de Datos, con muy escaso criterio, &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://ciberderechos.barrapunto.com/article.pl?sid=08/01/25/1931224"&gt;quiere acabar&lt;/a&gt; por no se sabe muy bien qué exceso de celo protector.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que hace un par de días me encontré con un anuncio con muy atractivo slogan: &lt;span style="font-style: italic;"&gt;138 words is all you need&lt;/span&gt;. Como es comprensible, me tiré de cabeza y me vi dirigido a la página web de algo llamado, con excesiva pompa para mi gusto, &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.synergyspanish.com/new_index.html"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Synergy Spanish&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se trata, según pude comprobar, de la obra magna de Mr. Marcus Santamaría, genial ilustrado que ha sabido separar el grano de la paja y quedarse con lo fundamental, las únicas 138 palabras con las que es dado expresar todo lo expresable o, al menos, todo lo que merece la pena expresar. El resto, las demás palabras, si hemos de creer lo que dice y no veo razones para dudar de ello, simplemente sobran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si a alguno le quedan dudas no tiene más que pasearse por la amplia lista de beneficiarios de su descubrimiento que, previa fotografía sonriente, se deshacen en alabanzas hacia &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Synergy Spanish&lt;/span&gt;. Jan Woodhouse, por ejemplo, padeció tres años de clases nocturnas de español sin lograr articular una sóla frase. Es cierto que su confesión siembra serias dudas sobre la calidad de la academia a la que asistía, pero lo verdaderamente edificante es que gracias al mágico decubrimiento de Mr. Marcus Santamaría podrá al fin ver cumplido su lógico y comprensible sueño de retirarse en Orihuela. Neil Ellson tiene a sus amigos mexicanos impresionados y mira que es difícil impresionar a un mexicano, lo sé de buena tinta por razones familiares. Rosemary Bull al fin, tras cuatro años de fracasos, ha podido comunicarse con sus vecinos mallorquines, no sé si para decirles que pongan la música más baja o para que dejen de sacar la basura a horas inconvenientes. Confiemos en que ello haya servido para mejorar su calidad de vida, algo que no puede asegurarse con la escasa información disponible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y si después de tanto ejemplar ejemplar aún queda algún escéptico incrédulo que duda del poder de las ciento treinta y ocho palabras mágicas, no tiene más que reflexionar friamente para darse cuenta de que no es una idea tan descabellada. Pongamos, por ejemplo, que uno siente un irrefrenable deseo de decir algo como esto:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¡Oh, qué bonito es este estroboscopio!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es obvio que si hemos de reservar una palabra para cada cacharro que la calenturienta imaginación humana es capaz de idear pronto agotaríamos el cupo de palabras, por grande que sea este. «Estroboscopio» es, a todas luces, palabra innecesaria. Mejor sería decir algo así:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¡Oh, qué bonito es este instrumento que permite ver como lentos o inmóviles objetos que se mueven de forma rápida y periódica, mediante su observación intermitente!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero claro, en este segundo ejemplo aparecen unas cuantas palabras sospechosas de inutilidad o gratuidad. Es necesario limpiar el aserto y dejarlo, como habría dicho Cervantes, al que le sobraban las palabras inútiles y gratuitas, simple, llano y significante. Mi propio intento lo ha dejado así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¡Qué bonito es este instrumento que hace ver como quietas cosas que se mueven deprisa y de forma repetida al mirarlas varias veces en espacios de tiempo separados por igual en el tiempo!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy seguro de que puede mejorase muy mucho, pero es que yo no he estudiado con Mr. Marcus Santamaría. He visto en su página que es posible descargarse la primera lección de forma gratuita, pero no me he atrevido a hacerlo. Si alguno es más valiente que yo y lo hace, le ruego me envíe copia para evaluar la conveniencia de pagar los $49.95 que cuesta el libre acceso a esta imprescindible fuente del saber. De ella he deducido el verdadero valor de las palabras: ciento treinta y ocho a $49,95 sale a unos 36 centavos la palabra. No parece mal precio, ¿verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy consciente, y por eso esta apresurada reflexión mía, de la necesidad de simplificar mis letras. Mis palabras, quiero decir. Pero reducirlas a ciento treinta y ocho me parece que podría resultar, de ahí mis miedos, traumático. Al fin y al cabo en esta sola entrada ya hay un buen número de palabras distintas (incluso si descontamos Marcus, Santamaría y estroboscopio) y no alcanzo a imaginar cuántas habré utilizado en total al considerar las 329 entradas que la han antecedido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9462333-9104990872566814991?l=eduardoallende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eduardoallende.blogspot.com/feeds/9104990872566814991/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=9462333&amp;postID=9104990872566814991' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/9104990872566814991'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/9104990872566814991'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eduardoallende.blogspot.com/2008/02/el-valor-de-las-palabras.html' title='El valor de las palabras'/><author><name>Eduardo Allende</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06469600862892928691'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9462333.post-4915922174594603774</id><published>2008-01-29T07:50:00.000+01:00</published><updated>2008-01-29T07:47:55.971+01:00</updated><title type='text'>Sueños</title><content type='html'>Don Pedro Calderón de la Barca dejó escrito que los sueños, sueños son. Aunque por mor del rigor sería mejor decir que lo puso en boca de Segismundo de Polonia, protagonista de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;La vida es sueño&lt;/span&gt;, que es quien afirma en un archiconocido monólogo lo siguiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Yo sueño que estoy aquí&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;destas prisiones cargado,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;y soñé que en otro estado&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;más lisonjero me vi.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¿Qué es la vida? Un frenesí.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¿Qué es la vida? Una ilusión,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;una sombra, una ficción,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;y el mayor bien es pequeño:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;que toda la vida es sueño,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;y los sueños, sueños son.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lejos estaba de saber que semejante afirmación iba a ser contestada en los albores del siglo XX por otro Segismundo que, decidido a colocar sus propios problemas entre los fundamentales de la humanidad, se empeñó en convencernos de que los sueños son vida. Sea una cosa o la otra, entre Segismundos parece andar el juego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No mucho antes del estreno de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;La vida es sueño&lt;/span&gt;, Quevedo, que no se llamaba Segismundo, sino Francisco, anduvo soñando sus sueños, cinco para ser preciso. Todos ellos alimentaron la sospecha de que los sueños, al menos los de Quevedo, son cualquier cosa menos sueños. Supongo que por eso don Arcadi Espada ha decidido bautizar su cotidiana autopsia del diario El Mundo con el título de uno de ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más o menos sobre la misma época en que Quevedo soñaba sus cosas se tuvo noticia de cierto príncipe escocés cuya vida parecía, efectivamente un sueño. Ya se lo he traído por aquí antes, aquel lejano día en que nos díó por hablar de traducciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Life’s but a walking shadow, a poor player&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;that struts and frets his hour upon the stage&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;and then is heard no more. It is a tale&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;told by an idiot, full of sound and fury,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;signifying nothing.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada uno a su manera y según su entender todos parecen afirmar que todo, el todo quiero decir, no es más que ficción, un teatrillo, idea que, como es lógico, abre muchos más interrogantes de los que cierra. ¿Quién es el autor de la obra representada? ¿Quién el director de reparto? Y ya puestos, ¿Quién es el público?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Macbeth pensaba que el autor era un idiota, idea no muy alejada de las reflexiones teológicas de Nathaniel Jesús Fernández-Waddington. Un idiota, de todas formas, capaz de hacernos soñar los cálculos financieros de la hipoteca. Un bárbaro ilustrado, en suma. Don Pedro Calderón de la Barca, y con él muchos otros, se inclinaba más por considerar autor al Autor, esto es, al Supremo Hacedor. Así lo muestra en &lt;span style="font-style: italic;"&gt;El gran teatro del mundo&lt;/span&gt;, auto sacramental en el que, por si su Segismundo no lo había dejado claro, insiste:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;que toda la vida humana&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;representaciones es.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No deja de tener su interés el hecho de que los dos versos anteriores los pronuncie precisamente el Autor, con mayúscula porque es personaje y no autor del auto aunque sí del autor, tratando de justificar ante el pobre el que le haya tocado ese ingrato papel. En Hollywood, a pesar de su evidente decadencia, se siguen agradeciendo los papeles cargados de penurias y sinsabores porque lucen mucho más. Aquí, por lo visto, ocurre lo contrario al ser pocos los convencidos de que la vida es sueño con lo que duele. Por eso llamamos ‘soñador’ al que tiene poco contacto con la realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;René Descartes, Renato para los amigos, sospechaba de los sentidos y no se le ocurrió mejor manera de ilustrarlo que afirmar que el sueño es indistinguible de la vigilia. De su sospecha se deduce que los consideraba distinta cosa pues poco sentido se le ve a afirmar con tanta solemnidad que algo es indistinguible de sí mismo. Así pues tenemos en un lado del ring a aquellos convencidos de que vida y sueño son la misma cosa. Al otro, los que los creen distintos aunque no sepan muy bien por qué. Entre estos últimos, cierto paseante solitario cuyas ensoñaciones podrían ser vida, pero otra vida en todo caso. En medio, ese lugar en el que algunos ingénuos quisieron colocar la virtud pero suelen encontrarse las víctimas, están los que reciben guantazos de todos lados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Epicuro, uno de los pensadores con más enemigos en todos los bandos, creía que sólo algunos sueños eran vida (aquellos simulacros que tanto incomodaron a Horacio en su viaje a Brindisi) y que no toda la vida es sueño. No fue esta, no obstante, la única razón del continuo vilipendio que han padecido sus cosas desde que le dio por hacerlas públicas. Sus simulacros andan ya cerca de lo que más bien son deseos, que no sueños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es que todo se complica por causa de la natural tendencia humana a confundir sueños y deseos. Martin Luther King, por ejemplo, nunca tuvo el sueño que dijo haber tenido. Todos los especialistas en la materia coinciden en ello. Pero de haber dicho aquel lejano día de 1963 que tenía un deseo, tal vez no estaría yo ahora recordándole aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, que no soy Martin Luther King, tengo un deseo. Es poca cosa. Las ambiciones con el tiempo se marchitan, cuando menos menguan. No estoy ya para grandes deseos. Pero no sé si todo esto es un sueño, ni si tiene sentido tener un deseo dentro de un sueño. Tampoco sé, como aquel pobre de Calderón de la Barca, por qué me ha tocado el papel que me ha tocado. Tengo para mí que se trata de un grave error de casting, como poner a Roger Moore haciendo de James Bond.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mayor gravedad, no obstante, presenta la ópera, donde año tras año se empeñan en convencernos de que Montserrat Caballé es una quinceañera enamorada de un tal Romeo. Tal vez la vida sea, en efecto, un teatro. Pero parece un teatro de ópera. O más bien de opereta, pues su trama es del todo inverosímil y disparatada. Tanto, que muchos acaban convencidos de que la vida es sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi particular opereta parece andar cerca de su catástrofe, lo que no debe sembrar alarma alguna porque sólo quiere decir que prótasis y epítasis han tocado a su fin. Dejo pues el teclado por hoy para comparecer en el otro teatrillo en busca de una victoria pírrica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicen por ahí que Segismundo es nombre que significa ‘aquel que protege para la victoria’. A mí lo que me parece es que si ‘aquel que protege para la victoria’ está convencido de que la vida es sueño, de poco puede servir su protección. Tal vez todo esto no sea más que un mal sueño. Esta misma tarde lo sabré.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9462333-4915922174594603774?l=eduardoallende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eduardoallende.blogspot.com/feeds/4915922174594603774/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=9462333&amp;postID=4915922174594603774' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/4915922174594603774'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/4915922174594603774'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eduardoallende.blogspot.com/2008/01/sueos.html' title='Sueños'/><author><name>Eduardo Allende</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06469600862892928691'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9462333.post-2088890032304081262</id><published>2008-01-22T09:20:00.000+01:00</published><updated>2008-01-22T09:29:57.817+01:00</updated><title type='text'>Tocada por las Musas</title><content type='html'>Quien más quien menos, todo el mundo ha experimentado alguna vez el llamado ‘síndrome del folio en blanco’. No es necesario ser novelista de postín o renombrado columnista. Nadie está a salvo. Hay demasiadas situaciones de riesgo, tal vez al redactar una carta de amor adolescente o un simple trabajo escolar. Yo mismo he experimentado el síndrome del folio en blanco, más bien de la cuartilla en blanco, al hacer la lista de la compra. Ya saben de qué hablo. De ese extraño momento en que se queda uno embobado, con esa expresión que, para mi total asombro, se ha dado en llamar “mirar al infinito” y que más bien parece mirar hacia la nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por lo visto, la cosa consiste en que falta la inspiración, que según el más oficial de nuestros diccionarios es el &lt;span style="font-style: italic;"&gt;efecto de sentir el escritor, el orador o el artista el singular y eficaz estímulo que le hace producir espontáneamente y como sin esfuerzo&lt;/span&gt;. Tanto al novelista de postín como al renombrado columnista le cabe el recurso de tirar de oficio y producir con esfuerzo y sin espontaneidad porque les van los garbanzos en ello. Al común de los mortales, sin embargo, la cosa le supone un terrible problema porque él sí depende enteramente del capricho de las musas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no nos engañemos, las musas son caprichosas en grado patológico. Van y vienen cuando y donde les viene en gana y no suelen atender las tradicionales invocaciones de los poetas, como la propia historia de la literatura demuestra. Pocas han sido las ocasiones en que alguna de ellas se ha apiadado del escritor, el orador o el artista y le ha procurado el singular y eficaz estímulo que las ha hecho célebres, pero así de injusta es la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los tiempos antiguos, cuando las musas vivían en el monte Helicón (nada que ver con el supuesto instrumento de Hana Krásová), la cosa no planteaba mayores problemas. Se invocaba a la musa y si a esta le venía en gana, asunto resuelto: versos, notas o palabras florecían con total naturalidad. Pero claro, dice el lugar común que tres son multitud. Nueve, de acuerdo con la misma lógica, ha de calificarse de muchedumbre. Y cuando las musas alcanzaron este número, alcanzando con ello la categoría de ‘masa’, no les quedó más remedio que tomar dos graves decisiones. La primera fue trasladarse al Parnaso, mucho más espacioso que el Helicón. La segunda, especializarse. Así, el reparto de funciones quedó como sigue:&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Calíope: poesía épica.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Clío: historia.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Erato: lírica y poesía amorosa.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Euterpe: música y poesía lírica.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Melpómene: tragedia.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Polimnia: poesía sacra y geometría.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Talía: comedia.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Terpsícore: danza.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Urania: astronomía y astrología.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;/ul&gt;Cualquier español medianamente formado ya verá venir los problemas porque don José Ortega y Gasset ya nos alertó sobre los males del especialismo, la nueva barbarie. Porque el especialista nada sabe fuera del campo de su especialización. Y claro, el autor desprevenido, ignorante de estas sutilezas, puede verse inspirado por la musa equivocada, tal vez la más alejada de su intención inicial. ¿Acaso no hay tragedias que mueven mayormente a la risa? Pues ya saben por qué ocurre así. Tal vez si a Ortega le hubiera dado por escribir un breve opúsculo titulado ‘La rebelión de las Musas’, todo esto les habría quedado más claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo mismo tiemblo cada vez que invoco a las musas, y lo hago aquí cada martes. No hay forma de predecir cuál de ellas se presentará, las más de las veces para dar al traste con lo que podría calificarse de buena idea. Ni siquiera puede saberse si vendrá alguna. A mí casi nunca me visitan. Hoy mismo llevo ya aquí un buen rato y parece que andan ocupadas con otra cosa. No veo forma, pues, de escribirles algo sobre mujeres guitarristas, que ese era mi propósito inicial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez cayeran en la cuenta al leer aquella vieja entrevista al legendario Teddy Mars que publiqué aquí en dosis homeopáticas. En ella, tan particular guitarrista pasaba revista a las que tanto él como yo nos resistimos a llamar “influencias” por no faltarles al respeto. Y en aquella larga lista de músicos no aparecía una sola mujer. ¿Acaso no hay mujeres guitarristas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las hay. Y las hay de lo más inspiradas. Por eso quería traérselas por aquí, pero las Musas parecen empeñadas en negarme y negarles la visita. Había pensado hablarles en primer lugar, por razones estictamente cronológicas, de Bonnie Raitt, una mujer que ha hecho del slide su seña distintiva. Aunque mi idea era trareles &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://youtube.com/watch?v=14eIxVbd5AU"&gt;un vídeo de 1977&lt;/a&gt; en el que no recurre a esta técnica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensaba hablarles de Susan Tedeschi, que no peude decirse que sea una instrumentista muy técnica, pero a la que siempre he visto algo, eso que llaman con toda propiedad un ‘no sé qué’ queriendo decir un ‘qué sé yo’. Y también pensaba traerles &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://youtube.com/watch?v=DvvlLs8ScIQ"&gt;otro vídeo&lt;/a&gt; para su disfrute y entretenimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, ya les digo, las Musas no han asomado por aquí y no me veo en condiciones de tirar de un oficio que ni tengo ni espero sin su ayuda. Sospecho, de todas formas, que su ausencia se debe a que andan todas alrededor de una tal &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Ana_Popovic"&gt;Ana Popovic&lt;/a&gt;. Con ese nombre cualquiera diría que es la última tenista resultona llamada a revestir las carpetas escolares de los quinceañeros. No se equivoquen. Esta joven serbia emigrada a Amsterdam es otra cosa. Otra cosa tocada por las Musas, como su propia guitarra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si todo funciona como es debido, a continuación debería aparecer todo un recital de la muchacha. Espero que sirva como excusa por no haberles escrito nada como cada martes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object height="406" width="470"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/p/8C7FB4BAF7CC8C72"&gt;&lt;param name="wmode" value="transparent"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/p/8C7FB4BAF7CC8C72" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" height="406" width="470"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9462333-2088890032304081262?l=eduardoallende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eduardoallende.blogspot.com/feeds/2088890032304081262/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=9462333&amp;postID=2088890032304081262' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/2088890032304081262'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/2088890032304081262'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eduardoallende.blogspot.com/2008/01/tocada-por-las-musas.html' title='Tocada por las Musas'/><author><name>Eduardo Allende</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06469600862892928691'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9462333.post-2066565846709802911</id><published>2008-01-15T06:20:00.000+01:00</published><updated>2008-01-15T06:22:03.292+01:00</updated><title type='text'>Himnos motivantes</title><content type='html'>Teniendo en cuenta lo que cobran, uno estaría tentado de pensar que los futbolistas de élite tienen de todo, que no les falta de nada. Para regocijo de envidiosos varios hemos podido saber en fechas recientes que no es así, que cuando menos carecen de una cosa: una letra que cantar cuando suena el himno nacional en las competiciones deportivas internacionales. En vista de que semejante carencia resulta intolerable, ya que priva a nuestros sufridos y esforzados deportistas de la necesaria y fundamental motivación, lo que tiene como triste consecuencia que nuestros chicos partan con desventaja allá donde salten al campo, que es como se llamaba antes al actual ‘terreno de juego’, parece urgente tomar cartas en el asunto. Seamos sinceros, ¿cómo demonios puede uno estarse hora y media correteando por ahí con convicción sin haber vociferado antes de forma sentida los valores nacionales?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya estarán todos enterados, tan objetivas e interesantes razones han llevado nada menos que al Comité Olímpico Español a desarrollar un altruista proyecto de esos que ahora llaman ‘iniciativas’. La idea es muy simple: componer una letra para el himno nacional a ver si así dejamos de hacer el ridículo en los campeonatos mundiales de fútbol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero claro, no hay musa del deporte o, al menos, Hesíodo, que se molestó en contarlas y nombrarlas, no fue capaz de localizar una. En consecuencia, en tan alto Comité no hay nadie mínimamente dotado para tan alta tarea. Resolvieron allí, por tanto, recurrir a los servicios de cierta sociedad que ya conocen y que en su día califiqué, creo que atinadamente, de ‘Sociedad de la Cornucopia’. Esta no mentada sociedad (me desagrada escribir las infaustas cuatro letras, qué le vamos a hacer), que asegura con contundencia allá donde puede, que es en casi todas partes, que representa la cultura, reúne, al parecer, autores en número suficiente como para pretender hablar en nombre de todos los existidos, existentes y hasta por existir. O eso deduzco yo de cada declaración pública que se hace en nombre de esas cuatro letrillas. A pesar de ello, de tan ingente nómina de artistas y creadores (que son, al parecer, cosas distintas), para resolver tan intrincada cuestión se han visto obligados a recurrir a la inspiración de un desempleado de nombre Paulino y de apellido Cubero, que ha sido el sorprendente vencedor del certamen, concurso o lo que sea que han convocado (ojo, sin necesidad de enviar mensajes SMS a 1,2€ el mensaje con un mínimo de dos mensajes, lo que ya tiene su mérito habida cuenta de la condición de los insaciables convocantes).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno, yo mismo sin ir más lejos, se pregunta por la razón de semejante decisión. ¿Acaso entre la legión de iluminados representantes de la cultura no había nadie capaz glosar las excelencias patrias con las obligadas dosis de épica y sentimentalismo? Mucho me temo que el problema no va por ahí, que la cosa es muy otra y que basta ponerse a componer una letrilla para darse cuenta de donde está el quid, el meollo, el busilis: no hay forma humana en los tiempos que corren de componer un himno sin resultar ridículo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el siglo XIX todavía era posible escribir cosas como el arranque del himno nacional mexicano debido a Francisco González Bocanegra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Ciña ¡Oh Patria! tus sienes de oliva&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;de la paz el arcángel divino,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;que en el cielo tu eterno destino&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;por el dedo de Dios se escribió.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy día no es tan sencillo. A los himnos les pasa, como al resto de los textos, que fueron escritos cuando fueron escritos. Eso los explica y, en ocasiones, los salva. Todos sabemos que el Quijote de Pierre Menard es muy superior en estilo e intención al de Miguel de Cervantes. También sabemos que algo como el himno mexicano, así en bruto, sin la pátina de la historia, es hoy a todas luces inadmisible. Si tienen interés por todas las variantes del género, pueden darse un paseo &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Himnos_nacionales"&gt;por aquí&lt;/a&gt;. Seguro que descubren muchas perlas (el himno de Bután, por ejemplo, parece sacado de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;El Señor de los Anillos&lt;/span&gt;; yo, particularmente, le encuentro su encanto a los himnos de los estados pequeñitos como Vanuatu y me hace cierta gracia la coña del Himno de Madrid).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seamos claros. Hoy día no hay quien haga un himno sin mover a la risa. Sobre todo si le da por respetar los cánones clásicos y se saca de la manga batallas, héroes, sangre, caídos o enemigos, por no hablar de cadenas, esclavitudes y demás fanfarria altisonante. Son todos ellos elementos impropios de estos tiempos de corrección política e ideas bajas en calorías. Por eso don Paulino se ha visto obligado a proponer un himno en alpargatas. Arranca su victoriosa propuesta de aquesta manera:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Viva España!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Cantemos todos juntos&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;con distinta voz&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;y un solo corazón&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Viva España&lt;/span&gt;, expresión popularizada por la belga Christiane Bervoets (y luego &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://youtube.com/watch?v=GVEn9tGPWw4"&gt;por otros&lt;/a&gt;), no acaba de convencer por estos pagos. A unos recuerda tiempos oscuros y a otros poco o nada les dice. Tal vez habría sido más castizo escribir &lt;span style="font-style: italic;"&gt;¡Olé España!&lt;/span&gt;, pero supongo que es opción que también habría contado con sus detractores. Además, de alguna forma había que empezar y, como dijo un empleado de la limpieza municipal preguntado sobre la cuestión, no es cosa de decir ¡Viva Portugal!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;cantar con distinta voz&lt;/span&gt; es cosa que no acaba de quedarme del todo clara. Una interpretación benévola y, en consecuencia, equivocada, podría ser que el autor aconseja que su letra se cante a cuatro voces, con sus sopranos, sus contraltos, sus tenores y sus bajos, pero me da en la nariz que don Paulino no iba muy en plan polifónico. Más bien me supongo que tiene que ver con esa insistencia, tan del gusto actual, en que somos todos diferentes, la pluralidad que le dicen. Si nos ponemos literales es una verdad como un templo. Basta comparar las voces de &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://youtube.com/watch?v=sbwCjR7HB3o"&gt;Gracita Morales&lt;/a&gt; y &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://youtube.com/watch?v=omTFdiSNXaA"&gt;Constantino Romero&lt;/a&gt; para convencerse, aunque hacerles compartir el corazón me parece una aberración médica por más que parezca estar en consonancia con la cada vez más necesaria eficiencia energética. Lo adecuado para cantar con distintas voces es hacerlo con un sólo director, pero reconozco que haberlo hecho constar así en el himno habría sido muy mal interpretado por muchos (yo entre ellos, por supuesto).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero sigamos con la propuesta olímpico-autoril. La cosa sigue como sigue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¡Viva España!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;desde los verdes valles&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;al inmenso mar,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;un himno de hermandad&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé ustedes, pero cuando a mí me hablan de valles verdes siempre pienso en la cornisa cantábrica. Y como ésta tiene el mar al ladito, a tiro de piedra que se dice, escuchar algo como ‘desde los verdes valles al inmenso mar’ me sugiere algo minúsculo, diminuto, insignificante. Si esto es lo que pretendía, el autor ha dado en el clavo: ¡qué poca cosa somos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora bien, si la intención era la contraria, evocar más o menos la totalidad del territorio no puedo menos que afirmar que el tiro le ha salido por la culata. Recuerdo una cancioncilla irlandesa que intentaba, de mucha mejor manera, algo parecido. Decía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;From Bantry Bay up to Derry Quay&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;And from Galway to Dublin town&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Basta con mirar un mapa de Irlanda para percatarse de que su autor se ha molestado en localizar cuatro puntos extremos entre los que, con buena voluntad, puede imaginarse o suponerse que está la isla. En nuestro país, por ejemplo, la cosa podría haber sido más o menos esta (que ahorra el pegote ese del ‘himno de hermandad’ sin sentido ninguno en la frase).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¡Viva España!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Desde el golfo de Cádiz&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;hasta cabo Creus,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;de Gata a Ortegal.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vaya por delante que considero esta última propuesta una solución poco satisfactoria. Los jóvenes de hoy día, supongo que algunos futbolistas entre ellos, desconocen de forma enciclopédica la geografia de España. Poco podrían motivarse con la mención de accidentes geográficos que les resultan tan desconocidos como el &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cabo_Leeuwin"&gt;cabo Leeuwin&lt;/a&gt; o las &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Islas_Aleutianas"&gt;islas Aleutianas&lt;/a&gt;, lo que daría al traste con la intención inicial y poco sudarían la camiseta o como se mente ahora el esfuerzo deportivo (eso sin contar a baleares, canarios, ceutíes y melillenses, que seguro ponían el grito en el cielo, que es deporte nacional, al saberse excluídos).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acabada la primera parte del himno, conocida como la del chunda chunda, es momento de enfrentarse a la segunda, la del liro lariro. Proponen don Paulino y sus mentores lo siguiente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Ama a la patria&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;pues sabe abrazar,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;bajo su cielo azul,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;pueblos en libertad&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los pocos fieles de este rincón saben que estoy poco dotado para la poesía. A eso achaco mi incapacidad para entender qué demonios significa eso de que la patria ‘abraza pueblos en libertad’ y mucho menos por qué diantres semejante abrazo constituye una razón para amarla. Ya sé que el amor es ciego y las más de las veces impulsivo e irracional, características a las que en general apelan todos los himnos, pero las cosas sin sentido no veo forma de que motiven para meter goles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo del cielo azul tampoco acaba de gustarme y son varias las razones que puedo aducir más allá de la crítica al manidísimo lugar común (el himno de Chile, por ejemplo, empieza diciendo &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Puro Chile, es tu cielo azulado&lt;/span&gt;; no es el único y diríase que, en general, en las patrias nunca llueve). Por ejemplo, hay partes de la patria, como el satélite Meteosat, gloria indiscutible de la tecnología nacional, que no se encuentran bajo su cielo azul sino sobre él. ¿A santo de qué dejarlo fuera del himno cuando tan orgullosos nos tiene?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También creo merecedor de mención el uso del posesivo. En pleno siglo XXI hablar de ‘su’ cielo azul es forma cursi de referirse al espacio aéreo, pues sólo a ese puede la patria llamarlo suyo. Es cosa que, a mi modesto entender, exige aclarar si se incluye aquel situado sobre las aguas territoriales sujeto a control de tráfico aéreo, en cuyo caso, además, sería aconsejable precisar si éstas, las aguas, se limitan a la Zona Contigüa (12 millas) o por el contrario abarcan la llamada Zona Económica Exclusiva (200 millas).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por otra parte, la supuesta intención de hermanar, ya sea a los pueblos ya a los españoles, choca con esta extraña formulación (no sé yo cómo se tomarán algunos que yo me sé este abrazo de oso). No en todos los rincones patrios el cielo es azul. En algunos es tradicional otro color. Baste recordar a cierto grupo vigués que versionó el &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://youtube.com/watch?v=IwWUOmk7wO0"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Sweet Home Alabama&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; de Lynyrd Skynyrd y supo traducir con muy buen criterio los versos &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Sweet home Alabama / where the sky is always blue&lt;/span&gt; por &lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;a style="font-weight: bold;" href="http://youtube.com/watch?v=t02dFZI7nw4"&gt;Miña terra galega&lt;/a&gt; / donde el cielo es siempre gris&lt;/span&gt;, todo un himno (lo cierto es que los gallegos parecen mostrar cierto talento en la composición de himnos, pues no otra cosa es este &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://youtube.com/watch?v=0Y8TZv5a4wU"&gt;himno de Ferrol&lt;/a&gt;). No sería de extrañar que muchos gallegos se sientan excluídos de los cánticos de don Paulino y ya se sabe lo que piensan los gallegos de aquellos que no les entienden. Se sabe porque el poeta Eduardo Pondal lo dejó escrito en unos versos que hoy forman parte del himno gallego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Mas, sós os ignorantes,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;E férridos e duros,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Imbéciles e escuros&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;No-nos entenden, non.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero sigamos con la letra de don Paulino Cubero porque si no, no acabaré nunca y tengo otras muchas cosas de qué ocuparme. El &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Grand Finale&lt;/span&gt;, que recuerda vagamente la propuesta de &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://youtube.com/watch?v=6Fskjs_XWWI"&gt;otro grande la de corchea y los bemoles&lt;/a&gt;, es como sigue:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Gloria a los hijos&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;que a la Historia dan&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;justicia y grandeza&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;democracia y paz.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así pues, para acabar, don Paulino, con buen criterio a mi juicio, parece prescindir de la patria inmarcesible y se fija en las personas, en concreto en aquellas que dan justicia, grandeza, democracia y paz. Podrían haber sido otras, no sé, por ejemplo las que dan igualdad o las que dan que hablar, que cada vez son más estas últimas, pero no soy quién para proponer, imponer o disponer criterios para repartir glorias. Lo preocupante es que todas esas cosas, respetables y valiosas sin duda, no se las dan a la patria gloriosa, sea lo que sea eso o, lo que sería más recomendable, a las personas que la disfrutan o padecen. No, se las dan nada menos que a la Historia, así, con mayúsculas, como para dejar claro que se refieren a esa cosa importante y reverencial que tanto agradaba a Hegel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se habrán fijado, no obstante, en que a tan ilustres prohombres se les llama ‘hijos’. De la patria, se supone. No es por ponerme quisquilloso en exceso pero tampoco es cosa muy de mi gusto. Nunca he entendido esa extraña obsesión maternal con la patria. Diríase que son muchos los que se sienten amamantados por ella. A poco que uno lo piense lo lógico es usar la figura contraria, es la patria la que en todo caso es hija nuestra. Es obra humana, la hemos hecho nosotros, con o sin cánticos, y no precisa de batallas, héroes, sangre, caídos o enemigos para existir. Será por eso que yo no la llamo patria sino estado, estado del que no somos hijos sino responsables. Así nos va.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya saben, y aquí lo he comentado en alguna ocasión, que soy poco amigo de los himnos. Que el himno español careciera de letra siempre me pareció una ventaja sobre los demás, pues el ridículo en los actos públicos queda reducido a la mitad. Basta ponerse la mano en el pecho y poner cara de circunstancias y se ahorra uno andar canturreando sandeces. Pero ya que la preocupación es tanta y que, por lo visto y oído, son muchos los insatisfechos con la propuesta de don Paulino, he tomado la decisión de colocar mi granito de arena en esta montaña de mediocridad. Y así, he dedicado un par de horillas a componer una letrilla que espero le sirva a alguien para motivarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escribir la letra de un himno es cosa que, en mi modesta opinión, ha de hacerse con sentido práctico. Es un error garrafal andarse con poesía elevada, principios, valores y demás morralla. Lo suyo es tomar ejemplo de los publicitarios. Al fin y al cabo se trata de colocar un mensaje lo más de tapadillo que se pueda. Mi primera tarea fue, en consecuencia, decidir qué somos; en segundo lugar qué, de todo eso que somos, es como para estar orgulloso y puede cantarse; en tercer lugar cuál es el público objetivo que, por ponerme interesante, llamaré &lt;span style="font-style: italic;"&gt;target&lt;/span&gt;, y, por último, cuál es la manera más directa de llevar el mensaje al &lt;span style="font-style: italic;"&gt;target&lt;/span&gt; sin ofender las sensibles conciencias ciudadanas. Sólo cuando se ha investigado todo eso puede uno sentarse e invocar a las musas. No les aburriré con mis disquisiciones. Creo que el resultado final las hace muy evidentes. Aquí lo tienen (reconozco que no hace sombra a la versión de &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://youtube.com/watch?v=3mSCOYyoq_g"&gt;Gomaespuma&lt;/a&gt;).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Propuesta desinteresada de Himno Español Motivante&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Caña España!&lt;br /&gt;La cuna de la siesta&lt;br /&gt;y del buen jamón,&lt;br /&gt;la fiesta, el botellón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Caña España!&lt;br /&gt;¿Cómo va lo mío?&lt;br /&gt;Haga usted el favor.&lt;br /&gt;¡No sabe quién soy yo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Somos la leche,&lt;br /&gt;la bomba, el cañón,&lt;br /&gt;reyes del mogollón&lt;br /&gt;con mala educación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caiga quen caiga&lt;br /&gt;alzaremos la voz&lt;br /&gt;para vociferar&lt;br /&gt;¡ya lo decía yo!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9462333-2066565846709802911?l=eduardoallende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eduardoallende.blogspot.com/feeds/2066565846709802911/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=9462333&amp;postID=2066565846709802911' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/2066565846709802911'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/2066565846709802911'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eduardoallende.blogspot.com/2008/01/himnos-motivantes.html' title='Himnos motivantes'/><author><name>Eduardo Allende</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06469600862892928691'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9462333.post-7054571701453466621</id><published>2008-01-08T06:00:00.000+01:00</published><updated>2008-01-08T05:33:36.893+01:00</updated><title type='text'>Breves apuntes sobre ciertos ungulados artiodáctilos de la antigüedad</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;…este maligno que me persigue, envidioso de la gloria que vio que yo había de alcanzar desta batalla, ha vuelto los escuadrones de enemigos en manadas de ovejas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;(DQ, 1ªP, Cap.XVIII)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la última y lamentable entrada de estas Salidas, doña Ana nos trajo algunas palabras de Alberto Manguel sobre uno de los primeros escritos conocidos. Transcribo, literalmente, parte de su comentario que, a su vez, transcribía, no tan literalmente, la evocación mangueliana, manguelista, o como quiera que se diga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Debe haber en un museo de Bagdad, si la guerra las ha respetado, unas tablillas de arcilla que constituyen una de las muestras más antiguas de escritura de las que disponemos. Contienen pocos símbolos, un par de esquemas que podrían hacer alusión a una cabra y una oveja y otro más que parece que significa el número diez. El mensaje, escueto y carente de significación literaria, puede resultar sin embargo profundamente conmovedor porque nos permite evocar la voz de un pastor que vivió hace seis mil años, de cuyo mundo ya no queda nada, tan sólo tres símbolos que dan testimonio de su existencia: “Aquí hay diez ovejas y diez cabras”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No pocos han sido los estudiosos, tanto académicos profesionales como adelantados &lt;span style="font-style: italic;"&gt;amateurs&lt;/span&gt;, que han dedicado sus esfuerzos a desentrañar tan “escueto y carente de significado” mensaje, convencidos todos ellos de lo contrario, a saber, de que el mensaje ni es escueto ni mucho menos carente de significado. Los más, por abundar en ello, se han mostrado seguros de que dichas tablillas esconden profundas verdades, secretos místicos, el sentido de la vida, el por qué de las cosas y hasta el por qué de la vida. A tenor del número de páginas que han llenado habrá que convenir en que llevaban razón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez el menos interesante de entre todos los estudiosos del asunto sea el primero del que tenemos noticia, Markus Reiter, severo tratadista germano de bien ganadas famas de riguroso y cruel. Todavía hoy se le recuerda en la Universidad de Turingia por sus excesos en la aplicación de castigos corporales y por la fina y sutil elegancia de sus conferencias y comunicaciones. De acuerdo con su ensayo titulado ‘Apuntes para una historia de la literatura caprina’ (&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Gesammelte Schriften, Vol. VII&lt;/span&gt;), la dichosa tablilla de marras es un simple documento contable, un albarán. Y como tal fue tomado por muchos años ya que la autoridad del profesor, apoyada o no en la razón, era entonces indiscutible y, en consecuencia, indiscutida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jean Batiste Sanseverino fue el primero en poner en duda la doctrina oficial. Como estudiante de intercambio que era, se veía obligado a completar sus exiguos ingresos con los más diversos trabajos, entre ellos el reparto de paquetes a domicilio. Gracias a tan primaria ocupación supo darse cuenta de que los albaranes se firman a la entrega de las mercancías y como quiera que la tablilla no mostraba rúbrica alguna era improbable que se tratara de un albarán. Dedicó todo un semestre a avanzar interpretaciones alternativas que publicó en la revista estudiantil y le costaron el definitivo suspenso que acabó con su prometedora carrera intelectual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de aquellas interpretaciones gozó de cierto éxito gracias a las investigaciones posteriores de Claudio Paccioli, decadente esteta que aborrecía en gran manera la documentación burocrática en general y la documentación contable en particular. Algunos psicólogos, influídos en demasía por las peregrinas ideas freudianas, han querido explicar esta fobia por el hecho de que en su juventud hubo de ocuparse de la llevanza de los libros del negocio familiar, un establecimiento de ultramarinos hoy reconvertido en exitoso comercio de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;delicatessen&lt;/span&gt; variadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que Paccioli, inspirado por los exhaustivos pero incomprendidos trabajos de Seanseverino, decidió insistir en la idea de que la tablilla, que, según aceptaba, decía “Aquí hay diez cabras y diez ovejas”, no se refería al patrimonio del autor. No constituía escritura de propiedad alguna, ni mucho menos documentaba una transacción. De acuerdo con su interpretación, quienquiera que escribiera aquello se refería al corral de su vecino. Se trataba, por tanto, del primer registro escrito conocido de las envidias humanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo normal habría sido que sus trabajos pasaran desapercibidos por haberse empeñado en hacerlos en verso, forma poco respetada y hasta repudiada por los más preclaros ensayistas de su época. Pero, para bien o para mal, sus elucubraciones, lujosamente editadas en folio de forma privada gracias a los beneficios del negocio familiar, cayeron en manos de un grupo de intelectuales autodenominado “Círculo Pre-Trostskista-Leninista”, fundado en 1879 y que ya prefiguraba el pensamiento revolucionario que habría de venir. Uno de sus integrantes, Max Slegne, publicó un incendiario panfleto titulado “La cabra y la oveja: Nuevo discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres”, que fue muy bien recibido en París y que, como se supo tiempo después, inspiró el fallido intento revolucionario de 1881 en Liechtenstein del que ya poca noticia queda porque, como bien se sabe, los acontecimientos sin derramamiento de sangre nunca han despertado el interés de los historiadores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Max Slegne sostenía con inusitado fervor que la tablilla era la primera y más valiosa formulación de la lucha de clases, y que entroncaba con una larga tradición popular europea en la que cabe contar numerosas manifestaciones culturales. Al lector español no le ha de resultar ajena aquella coplilla que decía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Tengo, tengo, tengo.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Tú no tienes nada.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Tengo tres ovejas en una cabaña.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según Slegne, la relación entre la tablilla ancestral y este tipo de folklorismos está fuera de toda duda. Así lo ha interpretado, por ejemplo, &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.lachacona.com/Ismael/ismael.htm"&gt;Ismael&lt;/a&gt;, el carismático líder de la Banda del Mirlitón, en su imprescindible recopilación de cantos populares y tradicionales que, lamentablemente, no ha encontrado el reconocimiento que merece. Pero mientras Slegne avanzaba el desarrollo de los movimientos revolucionarios del siglo XX, otra línea de interpretación, más conservadora, se abría paso por curiosos caminos. Se formuló por primera vez en 1924 en una oscura revista cultural checoslovaca bajo la firma, falsa, de Edvard Kundera, un escritor pelmazo que pronto negó la paternidad del artículo y propició una investigación policial sobre la identidad de su verdadero responsable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se supo así que aquellas líneas se debían a Hana Krásová, trombonista de una orquesta de cabaret que habían conocido, tanto ella como la orquesta, mejores tiempos en Berlín. Fue allí, en Berlín, donde Hana Krásová había vivido un tórrido romance con Nicolás Palmintieri un diletante toscano que había coincidido en la escuela con Claudio Paccioli y, con el tiempo, se había convertido en su albacea testamentario. No es de extrañar que la Krásová, mujer de sugerentes curvas y líbido tormentosa, despertara los instintos de aquel anciano italiano de ademanes artistocráticos que había llegado a la ciudad alemana por haber tomado un tren equivocado en lugar del que había de llevarle a tomar las renombradas aguas de Aix-les-Bains.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El encuentro entre Palmintieri y Krásová tuvo lugar en una destartalada pensión regentada por un obnubilado inmigrante que atendía, cuando atendía, por Josef K. Cabe suponer que Palmintieri, en razón de su avanzada edad, anduviera ya cerca de los días en que el espíritu se ve invadido por cierto hastío vital y poco sentido se le encuentra a la existencia. Fuera o no ésta la razón, lo cierto es que el anciano tenía por costumbre recogerse bien temprano, mientras que la Krásová, por razones profesionales, había de moverse en ambientes noctámbulos, faranduleros y perdularios, muy poco recomenables para el mantenimiento de la reputación de una señorita de bien. Por todo ello, bien pudiera haber ocurrido que no se cruzaran jamás, el uno animal diurno y la otra dejando transcurrir sus días con total nocturnidad no exenta de cierta alevosía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero quiso la fortuna que un resfriado mal curado, complicación grave para un instrumentista de viento, pues impide la correcta, sentida y necesaria interpretación del foxtrot, retuviera a Hana Krásová en la pensión durante todo un fin de semana, circunstancia que los hizo coincidir en el comedor. Cuando sus miradas se cruzaron el mundo pareció detenerse. Nada, salvo el tufillo de la sopa de pollo con que el señor Josef K. agasajaba a sus huéspedes los fines de semana, se antojaba real. Ambos supieron que estaban condenados a entenderse desde mucho antes de intercambiar una sola frase (frase que, según se cuenta, fue ‘¿podría pasarme el salero, por favor?’). Fue por causa de aquel encuentro y de los alegres y despreocupados días que le siguieron que Hana Krásová tuvo conocimiento de los trabajos de Paccioli, con los que se llegó a obsesionar porque le recordaban la perdida inocencia de los días de su niñez en la granja de su familia en Moravia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hana Krásová fue encarcelada por suplantación de personalidad y difusión de ideas peligrosas y nunca volvió a saberse de ella, aunque se ha sugerido que Palmitieri hizo valer algunas influencias diplomáticas para sacarla de su cautiverio. No pocos han querido creer que ambos finalizaron sus días en felices y alegres amor y compañía en una apacible villa toscana. No parece haber acuerdo, sin embargo, sobre si estos se dieron con los adecuados recato y decoro, con alguna que otra pincelada de admisible concupiscencia o con escandalosas muestras de desenfrenada y lujuriosa lascivia. Hay que reconocer, no obstante, que, aunque deseables, son todas ellas posibilidades harto improbables habida cuenta de cómo se las gastaban los carceleros checos por entonces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La idea central de su seminal artículo era que los antiguos, muy rudimentarios en la conjugación de los tiempos verbales, no eran capaces de expresar con claridad las diferencias entre presente y pasado y que, en consecuencia, en aquella olvidada tablilla debía leerse “Aquí había diez cabras y diez ovejas”. Según la trombonista cautiva, la tablilla era el primer lamento escrito conocido, un pastor llorando la pérdida de su rebaño. Nada sabemos, decía, de las causas de la pérdida. Tal vez una catastrofe natural, quizá alguna injusticia. El pastor sólo sabe que había diez cabras, que habia diez ovejas, y que ya no le queda nada salvo una cochambrosa tablilla que le resulta completamente inútil por más que a la posteridad sí le haya servido para llenar páginas y páginas, no todas ellas memorables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre esta base, un grupo de investigadores suecos con mucho tiempo libre, entre los que es preciso nombrar al por otras razones inquietante Gunnar Andersson, retomó la que cabe denominar como “línea burocrática”. Presentaron un artículo centrado en demostrar que la tablilla era, con seguridad, una denuncia. En su favor argumentaban la elevada presencia de faltas de ortogafía, soprendentes en un texto de sólo tres palabras pero inevitables en todo atestado levantado por un agente de la ley. La repercusión de sus propuestas fue mínima por no contarse el sueco entre los idiomas más extendidos por la academia, pero quiso el destino que un marinero de fortuna envolviera algunas de sus más preciadas pertenencias con las páginas de aquel artículo. En su compañía cruzaron el Atlántico y viajaron a América, donde acabaron en manos de Augusto Ribeiro, un avaro prestamista que no tuvo mejor idea que enmarcarlas y hacerlas pasar por documentos históricos, razón por la cual acabaron entre los elementos decorativos del Museo Metropolitano de Buenos Aires.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí fueron descubiertas por Adolfo Becquer, mediocre tenista que acababa de leer la &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Historia de la literatura escandinava&lt;/span&gt; de Jorge Luis Borges y María Esther Vázquez más de veinte años antes de su publicación. Se tomó el hallazgo con juvenil ilusión. Tras ímprobos esfuerzos por descifrar aquellas ininteligibles palabras nórdicas llegó a la conclusión de que en la antigüedad el sentido de la propiedad ganadera no anduvo tan desarrollado como había llegado a estarlo en su propio país. Resolvió entonces componer una serie de poemas, que tituló pomposamente ‘Cantos pecuarios’, en los que sugería que la vieja tablilla, que él situó por error en Malmo, formaba parte del cuerpo de pruebas de un proceso judicial abierto en la antigüedad y sobre cuyo fallo nada sabemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunando los equívocos del aficionado Becquer con las más sentidas páginas de Hana Krásová, Heriberto Santaolalla se ayudó tiempo después a superar los rigores de la posguerra española redactando un voluminoso estudio dedicado a la cuestión. Se publicó en 1949 en la imprenta de don Marcial Ferrer en Barcelona, aunque, al parecer, existió una versión anterior que vio la luz en Valladolid sin permiso de su autor y que contenía numerosos errores de bulto el más grave de los cuales era, sin duda, que confundía la cabra y la oveja con el asno y el buey del portal de Belén, cosa que a punto estuvo de costarle la excomunión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santaolalla, hombre de salud frágil y renuente a salir a la calle, había pasado quince años sin abandonar su humilde morada en Roa de Duero, sita sobre los actuales yacimientos arqueológicos de la Edad del Cobre que tanto están ayudando a comprender los pormenores de la vida primitiva. Allí escudriñó, hasta donde la vista le permitió, las imperfectas reproducciones de la tablilla que había logrado reunir. Aficionado como era a los vinos de la región, sus interpretaciones pronto se alejaron de las de sus predecesores. Por esta razón, se le ha querido relacionar, sin éxito, con el naturalista escocés &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://eduardoallende.blogspot.com/2007/03/pc-macintosh-y-los-basiliscos.html"&gt;Macintosh&lt;/a&gt;. El día de Navidad de 1944, según se desprende de sus minuciosos diarios, se le hizo la luz. Ni albarán, ni denuncia, ni leches –escribió con enérgica prosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es fácil dar con la explicación de don Heriberto sobre el significado de la misteriosa tablilla, oculta en un sinfín de páginas de deslavazado discurso. Su obra, compuesta a la antigua usanza, comprende una introducción de seiscientas páginas y una exposición de otras quince, a las que se añade una prolija bibliografía que muchos han tildado de innecesaria y excesiva, pues abarca desde las consideraciones de Aristóteles sobre la estupidez de las ovejas hasta la monumental &lt;span style="font-style: italic;"&gt;History of Ancient Ungulates&lt;/span&gt; de Sir Geoffrey Burton, de la cual a día de hoy sólo se han publicado sus primeros trescientos siete volumenes y de la que don Heriberto no pudo conocer más allá de una cuarentena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La introducción del libro de Santaolalla presenta con todo rigor y precisión la historia de las exégesis de la tablilla. No hay detalle que don Heriberto haya pasado por alto. Así, pueden leerse, por ejemplo, iluminadas lecturas de las más engimáticas páginas que el visionario silesio &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://de.wikipedia.org/wiki/Quirinus_Kuhlmann"&gt;Quirinius Kuhlmann&lt;/a&gt; dedicó a la cuestión. Ni siquiera falta la refutación de las doctrinas de Paracelso debidas al nunca bien ponderado monje franciscano Giovanni Colpocorto. Buceando en tan ingente acumulación de sabiduría y erudición uno puede toparse con las historias más asombrosas, como aquella que refiere la agria disputa entre cierto pastor anglicano y uno de sus feligreses acerca de si la tablilla no era más que un recurso inductor del sueño, una forma sofisticada de contar ovejas. Pocos recuerdan ya que aquel debate y, sobre todo, su trágico desenlace, le servirían algo después a &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Ford_Madox_Ford"&gt;Ford Madox Ford&lt;/a&gt; de materia prima para uno de sus más inquietantes relatos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tampoco falta el pormenorizado relato de las avatares y peripecias del repostero letón Mikhail Bartaševičs, más conocido por haber rescatado del olvido algunas de las más exquisitas recetas tradicionales curonias. Este mago de los dulces y pasteles se empeñó en demostrar que aquella tablilla era la primera versión conocida, aunque incompleta, del famoso cuento de la lechera. Casi lo consiguió, pero fue arrollado por un carruaje cuando se disponía a cruzar la calle para presentar ante la Academia Vienesa de Ciencias Estrictas los resultados de sus averiguaciones. Nada pudo rescatarse de entre los documentos que portaba salvo un pequeño trozo de papel en el que podía leerse: ‘Ir por lana y salir trasquilado’, una frase ilegible, y, al final, ‘estás como una cabra’.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi todo lo que hoy les he contado aquí, y es ínfima muestra de lo que atesora, procede de este exuberante compendio aunque, lo confieso, me he permitido algunas licencias acerca de la fascinante Hana Krásová, ya que en realidad no se sabe si su instrumento era el trombón de varas o el helicón. El cuerpo central de la obra, esto es, sus últimas quince páginas, propone, en forma oscura y barroca, que en aquellos pueblos primigenios, siempre dados a las diversiones salvajes carentes de todo refinamiento, era costumbre arraigada la celebración de peleas de animales y que la tablilla simplemente dejaba registro del resultado de un combate y tenía por función facilitar el pago de las apuestas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un reciente estudio hecho público por el Instituto Vulcano ha puesto en duda esta idea por considerar que, de ser cierta, las ovejas habrían ganado a las cabras por goleada o, en la más suave interpretación posible, al menos habrían empatado, posibilidades ambas que no caben en cabeza alguna. El estudio concluye, tal vez con exceso de sentimentalismo, con palabras que quisiera dejar aquí registradas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Con todo pesar hemos de concluir que la tablilla es, probablemente, un albarán rudimentario que carece de firma porque, como todo el mundo sabe, el boligrafo fue inventado en 1938 por el inventor y periodista húngaro nacionalizado argentino &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Laszlo_Biro"&gt;Laszlo Biro&lt;/a&gt;, con ayuda de su hermano Gero.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9462333-7054571701453466621?l=eduardoallende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eduardoallende.blogspot.com/feeds/7054571701453466621/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=9462333&amp;postID=7054571701453466621' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/7054571701453466621'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/7054571701453466621'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eduardoallende.blogspot.com/2008/01/breves-apuntes-sobre-ciertos-ungulados.html' title='Breves apuntes sobre ciertos ungulados artiodáctilos de la antigüedad'/><author><name>Eduardo Allende</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06469600862892928691'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9462333.post-7648574419369510923</id><published>2008-01-01T13:20:00.000+01:00</published><updated>2008-01-01T13:25:48.720+01:00</updated><title type='text'>Dos piezas menores</title><content type='html'>Bueno, ya pasó. Los más, quiero pensar, hemos sobrevivido a fastos, galas y celebraciones para despedir el año. Toca ahora recuperarse y, los más ingenuos, llenarse la cabeza de loables propósitos que nunca dejarán de ser otra cosa que eso, propósitos. Comprenderán que no me encuentre hoy para alegrías. No me veo hoy capaz de darle a la tecla. Por eso he rebuscado por los más olvidados rincones de mi disco duro con intención de encontrar algo para salir del paso. Quede claro, por tanto, que lo que sigue son letras que en su día consideré impropias de ser publicadas. Ni que decir tiene que es consideración que todavía mantengo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Gerundios&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A poco que se fijen estoy seguro de que coincidirán conmigo al enumerar las características maestras del funcionario contemporáneo. Mi lista es la que sigue.&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Es invariable. Llueva o nieve siempre está igual tras su ventanilla. Con la misma cara, la misma postura y la misma desgana.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Es completamente impersonal. Es decir, que no parece una persona sino mas bien parte del mobiliario.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Las más de las veces se llama Fernando, Armando, Servando o cosas similares.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Sus tareas parecen eternas, sin fin. Da la impresión de que los expedientes sobrevivirán a a la historia.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Se expresa con malos modos, impone condiciones, dispone con alegría contenida del tiempo ajeno, todo ello sin motivo, aunque a veces haga concesiones, según lo dicten las circunstancias.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Tiene un no sé qué de constructo absoluto, ajeno a las contigencias cotidianas.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;/ul&gt;&lt;br /&gt;Por todo ello, a mí siempre me han recordado a los gerundios, cuyas características, según los manuales al uso, son las que siguen:&lt;br /&gt;&lt;ol&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Es una forma invariable.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Es forma no personal.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Termina en –ando, -iendo, o –yendo.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Denota acción o estado durativo.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Puede expresar modo, condición, tiempo, motivo, concesión y otras circunstancias.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Se emplea a veces en construcciones absolutas.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;/ol&gt;Hace ya unos meses nos vimos sorprendidos por &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.clarin.com/diario/2007/10/04/elmundo/i-02703.htm"&gt;la prohibición del gerundio&lt;/a&gt; en la admnistración pública de cierto distrito brasileño. La cosa, que fue tomada con simpatía por las agencias de noticas de todo el mundo, es más alarmante de lo que parece a primera vista. De alguna forma, lo que se pretende es introducir algo de humanidad en la administración y no se me ocurre idea más descabellada que esa. La administración es una máquina perfectamente engrasada gracias a que sus partes y piezas son tan sólo eso, partes y piezas. Por eso funciona. ¿O es que a nadie sorprende que a final de ejercicio se haya ejecutado la totalidad del presupuesto de cada organismo público?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejemos a los funcionarios en paz con sus modos y maneras tradicionales, que no son tan caprichosas como a primera vista parece. No está de más, no obstante, recordar que el Padre Isla creó un personaje, fray Gerundio de Campazas, que dio lugar a una segunda acepción, hoy en desuso, de la palabra ‘gerundio’: &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Persona que habla o escribe en estilo hinchado, afectando inoportunamente erudición e ingenio&lt;/span&gt;. Fíjense, doña Ana tildandome siempre de adverbio cuando lo que siempre he sido es todo un gerundio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Literatura multipropósito&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En estos tiempos de desvarío continuo en todos los ámbitos de la vida no son pocos los que se preguntan por el sentido del arte. Una vez al año, cuando cierto mercadillo, que evitaré nombrar llamándolo “porción contínua de una curva”, abre sus puertas, esta cuestión se vuelve recurrente en los medios. Por supuesto, es cosa extensible a otras actividades distintas de mancillar lienzos o amontonar desperdicios con pegamento Imedio. Atrevámonos pues con la pregunta: ¿Para qué sirve la literatura?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lector perspicaz ya habrá dado con la terrible respuesta. La literatura no sirve para nada y de ahí su mala prensa, de ahí el escaso reconocimiento que recibe por parte del público, incapaz, y con razón, de respetar a la caterva de señores con bufanda (esto es licencia literaria) que campan por ahí opinando con inmerecida autoridad sobre lo divino y sobre lo humano, sobre todo sobre lo humano. ¿Quién diablos se iba a preocupar por algo completamente inútil en estos días en que todo se juzga por criterios prácticos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora bien, la pregunta anterior esconde una formulación falaz que impide apreciar en todas sus dimensiones la acuciante cuestión que he querido traer hoy aquí: La “utilidad” (con comillas, porque no es tal) percibida por escritor y lector no es necesariamente la misma. De hecho es necesariamente distinta y hasta podría decirse que opuesta. Al fin y al cabo unos cobran y otros pagan (sin que esté claro quiénes son cuáles o cuáles son quiénes) y las cosas, más que del cristal con que se miran, dependen de si uno se encuentra en el debe o en el haber.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Digámoslo de una vez para poder avanzar en la cuestión: la literatura es completamente inútil. No reporta beneficio alguno ni a autores ni a lectores, más allá de tres o cuatro ilusiones que el tiempo se encarga de echar por tierra. A los ingénuos les parecerá que las (exiguas) legiones existentes de escritores y lectores muestran o demuestran lo contrario. Algo habrá –dirán– cuando unos y otros insisten en tales vicios. Yerran y mucho al suponer indicios de racionalidad en los actos humanos. No los hay. Nunca los ha habido. Nada más irracional que tal suposición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De todas formas soy de la opinión de que no hay motivos para el pesimismo. Que algo sea del todo inútil no es obstáculo para que, pequeñas reformas mediante, se torne valioso y eficaz. Lo importante es tener claro el objetivo, el propósito y después lanzarse con convicción en pos de su consecución. En definitiva, lo que afirmo es que ya es hora de producir libros que sirvan para algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Choca aquí uno con una primera dificultad, la indefinición de ese “ámbito utilitario”. Un libro, dicho así, tan en general, puede servir para muchas cosas. Yo mismo, hace años, utilicé uno para sujetar un radiador que había perdido uno de sus anclajes. Muchos años antes, en una las muchas horas muertas que pasaba en la abandonada biblioteca de la casa que tenían mis abuelos en Málaga, descubrí que donde solía sentarme no era una banqueta, sino un voluminoso tratado arquitectónico del siglo XIX. Estas y otras experiencias similares me mostraron muy temprano que los libros sí pueden servir para algo. Sólo hay que saber descubrirlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De todas formas, malo sería, estarán conmigo, que estas “utilidades”, legítimas sin duda, agotaran las posibilidades del provecho bibliográfico. Por fortuna las hay infinitas y creo llegado el momento de reflexionar seriamente sobre ello. No seré yo quien lo haga por falta de capacidad, que no de voluntad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He aquí mi innovadora propuesta: la literatura del futuro, del presente a poco que se me haga caso, deberá plantear y definir con precisión quirúrgica su función, en definitiva, su propósito concreto. En otras palabras, todo libro debiera declarar, alto y claro, para qué sirve. Y ya que la ambición nunca ha sido mala cosa o eso dicen quienes gozan de mayor discernimiento que quien esto firma, no estaría de más exigir que fueran varios los objetivos a lograr, cuantos más mejor. Demos de una vez la bienvenida a la literatura multipropósito frente a la actual, a la que, a falta de término mejor, he dado en llamar literatura despropósito.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9462333-7648574419369510923?l=eduardoallende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eduardoallende.blogspot.com/feeds/7648574419369510923/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=9462333&amp;postID=7648574419369510923' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/7648574419369510923'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/7648574419369510923'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eduardoallende.blogspot.com/2008/01/dos-piezas-menores.html' title='Dos piezas menores'/><author><name>Eduardo Allende</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06469600862892928691'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9462333.post-4497620200537501231</id><published>2007-12-25T11:00:00.000+01:00</published><updated>2007-12-25T12:24:27.640+01:00</updated><title type='text'>¿Tienen ombligo los piojos iletrados?</title><content type='html'>&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Aquí, en la anatomía de un piojo, les traigo una prueba de la Providencia divina.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;a style="font-weight: bold;" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Jan_Swammerdam"&gt;Jan Swammerdam&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allá por las noches originarias de estas Salidas asomó por aquí la desasosegante y recurrente cuestión de si tenían ombligo Adán y Eva, que el divulgador matemático Martin Gardner había rescatado de un libro firmado por unos tales Bruce Felton y Mark Fowler (&lt;span style="font-style: italic;"&gt;The Best, Worst and Most Unusual&lt;/span&gt;). A cuento de aquello pudimos recorrer y disfrutar algunos pasajes de la &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Pseudodoxia Epidemica&lt;/span&gt; de Sir Thomas Browne, aunque pronto nos desviamos del tema hacia el más escabroso asunto de la hipotética ascensión a los cielos del santo prepucio. Creo oportuno regresar hoy a la cuestión umbilical para tomar otro desvío. Al toro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.encyclopedia.com/doc/1G1-20562394.html"&gt;artículo de Gardner&lt;/a&gt; decía, ente otras cosas, lo siguiente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En 1752, según Felton y Fowler, se publicó en Alemania el tratado definitivo sobre el tema. Se titulaba «Untersuchung der Frage: Ob unsere ersten Uraltern, Adam un Eve, einen Nabel gehabt». Tras discutir todos los aspectos de esta difícil cuestión, el autor, el doctor Christian Tobías Ephraim Reinhard, llegaba por fin a la conclusión de que la famosa pareja carecía de ombligo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su día, cuando yo me topé con este artículo, allá por 2003, no necesité confiar en la autoridad de los señores Felton y Fowler, quienesquiera que sean, para saber de las variadas habilidades intelectuales del doctor Reinhard. Había conocido su “onfálica” obra unos veinte años antes. Permítanme reproducirles en extenso el pasaje en que la descubrí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Como premio intelectual, esta gente de oficio teológico se comporta en la historia del cristianismo occidental (latino) de una manera quizá harto curiosa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En primer lugar, se tiene la impresión de que unos y otros teólogos –hay muchas y promiscuas clases de ellos– rara vez, si alguna, ciñen su actividad doctrinal y literaria al theo(s) –de su teología. Los «cerros de Úbeda» parece el habitual escenario de sus correrías especulativas, hasta el punto de merecer bien cumplidamente la punzante ironía del más o menos volteriano apóstrofe, de omni re scibili, et de quibusdam aliis.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En consecuencia, es fácil ver en el teólogo –exégeta, traductor, moralista, hermeneuta, o qué sé yo– un fastidioso metomentodo, y las quejas sobre la pertinaz intromisión temeraria (el teological trespassing) de esta divina tropa de doctores en ultratumba, no han sido insusitadas, ni en el pasado ni en el presente occidental.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Sin duda, muchas de estas quejas descansaban en puros infundios, propalados con hipócrita indignación; pero otras sonaban plausibles, y quizá hasta razonables, a los torpes oídos del falaz sentido común, escandalizado tal vez por las reiteradas ediciones –como si de un best seller moderno se tratase– de un admirable volumen, que no parece haber llegado al conocimiento de Jorge Luis Borges, y cuyo copioso título en germánica jerga discurre así: «Untersuchung der Frage: Ob unsere Uraeltern, Adam und Eva, einen Nabel gehabt» [Investigación de la cuestión, si nuestros primeros padres, Adán y Eva, tuvieron o no ombligo], publicado –según puntual noticia de &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Arturo_Graf"&gt;Arturo Graf&lt;/a&gt;, erudito italiano de peregrinos saberes– por vez primera en Hamburgo, en 1752, y siendo su autor el polinómico señor Cristiano Tobías Efrem Reinhard, quien nunca estuvo solo en éste y otros campos, ni dejó de tener rivales de cuantía, como el preopinante Lesser, con su «Versuch einer Heliothoelogie oder elner natuerlichen und geistigen Betrachtung der Sonne» [Ensayo de una Helioteología, o Estudio Natural y espiritual del Sol], hacia 1744. Obra a la que siguieron una «Lithotheologie»; interesante, sin duda, esta «Teología de la Piedra», pero muy superada por la insuperable y sartriana «Teología del Insecto» (Insektotheologie).&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a style="font-weight: bold;" href="http://de.wikipedia.org/wiki/Friedrich_Christian_Lesser"&gt;Friedrich Christian Lesser&lt;/a&gt;, como el doctor Reinhard, es un personaje rigurosamente real. Nació en 1692 en &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Nordhausen"&gt;una ciudad&lt;/a&gt; con la que tal vez me encuentre emparentado, pues su nombre se cuenta entre mis apellidos, y de la que se tuvo primera noticia gracias a un regente de sugerente nombre, &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Enrique_I_el_Pajarero"&gt;Enrique el Pajarero&lt;/a&gt;. Yo no puedo pensar en su «Teología de la Piedra», uno es como es, sin recordar el &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Lapiario Portátil&lt;/span&gt; de Juan Perucho, imprescindibe opúsculo a sus aún más imprescindibles &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Historias Secretas de Balnearios&lt;/span&gt;, incluídas en su todavía más imprescindible &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Trilogía mágica&lt;/span&gt;. Lapidario que se abre con estas palabras fascinantes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Las piedras, al igual que las plantas desarrollan una virtud mágica que, aparte de los iniciados, casi nadie conoce, La doctrina secreta de estas entidades se halla contenida en los lapidarios, que traen origen muy remoto pero que la ciencia moderna desdeña con singular altivez, rpocurando desprestigiarlos en todo momento. Por ello es muy difícl consultar hoy un lapidario o tratado de las piedras. Los que existen son producto de la imaginación popular, basados en experiencias miserablemente degradas por el tiempo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por su parte, la «Teología del Insecto» no puede evitar recordarme al ilustre biólogo y microscopista Jan Swammerdam, autor de la cita que abre esta entrada y del que tuve noticia al leer aquella conferencia de Max Weber titulada &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Wissenschaft als Beruf&lt;/span&gt;, aquí traducida como “La ciencia como vocación”:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Si recuerdan la frase de Swammerdam («aquí, en la anatomía del piojo, les traigo una prueba de la Providencia divina»), verán ustedes que el trabajo científico, indirectamente influenciado por el protestantismo y el puritanismo, se consideraba a sí mismo en aquel tiempo como el camino hacia Dios.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A esta misma frase se refirió el innominado autor que me hizo conocer las disquisiciones teológicas del “polinómico señor Cristiano Tobías Efrem Reinhard”, el cual, en otro ensayo, escribió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Sería curioso contrastar este postulado marxiano con el devoto fervor teológico con que el famoso zoólogo holandés Jan Swammerdam (1637-1680) creyó deber presentar sus trabajos microscópicos a sus contemporáneos y afirmar que «…les traía la demostración de la Providencia divina en la anatomía del piojo», según nos cuenta Max Weber.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supongo que ya se estarán preguntando por el nombre de este autor. Por comenzar a saciar dudas avanzaré que era granadino consciente y ejerciente. Tanto, que en el primer ejercicio de sus oposiciones llegó a escribir: “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Tantas y tan singulares calidades portentosas del escondido espectáculo natural no dejan de sellar con indeleble huella a quienes tienen la ventura desventurada, la feliz culpa, de ser granadinos&lt;/span&gt;”. En Granada, seguía diciendo, reina “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;la cruel Musa de la autocrítica. Es la Musa que siempre hiere, que nunca levanta y que muchas veces frustra. Pero es la Musa de la autenticidad despiadada… Es la Musa del intelecto, del honor intelectual y de la probidad sin granjería. Pero es también la Musa de la cavilación; la fiera Musa que aniquila. Es la caviladora que, si queréis ser oradores, os hará balbucear, y si escritores, la obsesión de perfección que tanto caviláis os secará el cerebro&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Catedrático de Derecho Político, bosquejó unos «Breves apuntes críticos para un programa moderadamente heterodoxo del derecho político y de su muy azorante enseñanza» que llamaba “el delantal”, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;en el sentido coloquial de algo que hay que llevar por delante para protegerse de previsibles salpicaduras&lt;/span&gt;. Me refiero a Nicolas Ramiro Rico, autor que nunca será suficientemente leído porque todas sus letras, bien escasas, le dejan a uno siempre hambriento, con ganas de más. Se trata, probablemente, del más ilustre ágrafo de la intelectualidad española. Murió en abril de 1977. El 28 de mayo de ese mismo año Francisco Murillo Ferrol, Carlos Ollero y Luis Díez del Corral publicaron en el diario El País un articulo necrológico titulado “&lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.elpais.com/articulo/sociedad/muerte/silenciosa/Nicolas/Ramiro/Rico/elpepisoc/19770528elpepisoc_4/Tes/"&gt;Una muerte silenciosa&lt;/a&gt;” en el que podía leerse:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Nicolás Ramiro era ágrafo por la gracia de Dios. Para la letra impresa, se entiende, porque se pasó la vida oscuramente escribiendo miles y miles de papeles luminosos, que hoy forman un ingente archivo. Operaba con unos altísimos niveles de autoexigencia, plenamente consciente de su responsabilidad para con la cultura y de su función como intelectual universitario. Se insertó en una tradición de ágrafos geniales, que en la vida científica corre paralela -aunque con menos ruido, como es natural- a la de los copígrafos o grafómanos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(…)&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Deja sobre su mesa un libro de antropología política, inacabado para sus normas de exigencia, porque a cada una de sus múltiples redacciones le anteponía cuidadosamente la advertencia de que no era definitiva. Pero que alcanza un grado de cuidadosa meditación que ya quisieran para sí la mayoría de los trabajos que se publican y republican a diario.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En este original inédito se hace un análisis del pensamiento de Marx que sorprendería por su respeto y originalidad a muchos de los marxólogos de catón al uso. Junto a este original nos deja montañas de apuntes y notas, un riquísimo archivo inverosímil, y una inteligente biblioteca, formada durante años de privaciones y sacrificios.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco después, parte de ese material vio la luz, gracias a la editorial Alianza y al trabajo de los profesores Murillo Ferrol y Díez del Corral, en un volumen que lleva por título &lt;span style="font-style: italic;"&gt;El animal ladino y otros estudios políticos&lt;/span&gt;, un texto que no debiera perderse nadie. Dos frases de su prólogo tal vez ayuden a entender por qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;…era la suya, como advertirá el lector, una prosa trabajada, de artesanía, pulida, muy a remolque del pensamiento y no al contrario.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;…era un catador de curiosidades de toda suerte, especialmente literarias e históricas, sin incurrir en ninguno de los dos peligros opuestos, el diletantismo y la pedantería.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo lo he recordado no tanto porque doña Ana nos trajera por aquí interesantes apreciaciones sobre el idioma ladino, cuanto porque Nicolás Ramiro fue siempre especialmente sensible a los problemas de la traducción. En efecto, en aquel artículo de El País podía y puede leerse que Nicolas Ramiro &lt;span style="font-style: italic;"&gt;en ocasiones –se consideraba un Filólogo frustrado– era un traductor de increíble responsabilidad y poder creador. Cuando traducir suele ser con frecuencia un menester subalterno que dificulta en castellano el entendimiento de los textos originales. Su versión de Barraclough, por ejemplo, hoy agotada y olvidada, puede pasar como modelo de precisión, galanura y estilo&lt;/span&gt;. Y una traducción es lo que originó cierta discusión en los comentarios de mi última entrega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De hecho, la cita sobre el tratado umbilical del doctor Reinhard procede de un ensayo, inédito hasta la aparición de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;El animal ladino&lt;/span&gt; y titulado &lt;span style="font-style: italic;"&gt;La tarea de traducir&lt;/span&gt;, que se me ocurrió releer al hilo de aquella discusión por más que no viniera muy a cuento con lo que nos traíamos en ella. Les ahorraré el viaje a los vagos: El único vecino taoista de Jack London que este rincón ha conocido tuvo a bien reaparecer por estos pagos trayendo bajo el brazo una cuestión harto dificultosa para regocijo de los parroquianos. Se trataba de encontrar una traducción aceptable de la siguiente frase inocente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;I am the proud parent of a bilingual, biliterate student.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El problema, como el lector perspicaz hará notado ya, radica en que la palabra bilingüe tan sólo se refiere a los que hablan dos lenguas. Tendemos a pensar que las personas bilingües son capaces de escribir en dos idiomas pero, tal y como nos aclara don Daniel, en California no todo el que habla dos idiomas puede leer y escribir en ellos y se hace necesario precisarlo, sobre todo en el marco de los llamados “programas de inmersión dual”. Por eso, al parecer, se ha extendido por aquellas longitudes el uso de la palabra “biletrado” en traducción directísma de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;biliterate&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No está de más señalar una obviedad, y es que las palabras son hijas del tiempo y lugar, ahora llamado espacio-tiempo, en el que viven. En Tapihi, por ejemplo, al que habla y escribe en dos idiomas se le llama analfabeto. Son por allí de la opinión de que la ignorancia de una sola lengua de las que en el mundo son o han sido (con excepción del volapuk y del esperanto) constituye una carencia grave. Pero si en un exacto tiempo y lugar, pongamos por caso, la California de nuestros días, alguien se ve en la necesidad de distinguir de manera concisa y eficiente entre el individuo bilingüe que sólo domina de forma oral uno de sus idiomas de aquel otro que sabe defenderse por escrito en ambos, alguna solución habrá que buscar a su problema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque, convendremos todos en esto, si se hubiera traducido la frase de nuestros desvelos con un simple: “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Soy orgulloso padre de un estudiante bilingüe&lt;/span&gt;”, el lector californiano hispanoparlante, natural destinatario de la traducción, quedaría sumido en una terrible duda al no ser capaz de discernir si el muchacho (o muchacha) en cuestión es iletrado, monoletrado o biletrado (aquí, en España, la probabilidad de la primera opción es tan abrumadora que cabe descartar las otras dos). Yo, que no soy californiano pero sí desconfiado, incluso pensaría en la posibilidad, no despreciable, de que el joven pudiera ser incluso triletrado, pues no son pocos los capaces de escribir en latín sin saber hablarlo. De colarse el griego antiguo entre las sospechas hasta cabe pensar en un tetraletrado que, ya sólo por ese nombre, merecería figurar en los bestiarios medievales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora bien, lo anterior no significa que admita con agrado el término “biletrado”, por más que sea de correctísima construcción. Todo va en gustos y a mí no me suena bien. Además, tampoco lo creo necesario. Ni es cierto que para cada cosa exista una palabra, ni mucho menos lo es que la haya de haber. No es problema, lo confieso, al que haya dedicado mucho tiempo porque siempre me ha preocupado más la afirmación contraria, a saber, la extendidísima y errada costumbre de considerar que para cada palabra existe una cosa, terrible idea que lleva a muchos a suspender el juicio sobre la existencia de lo que acaban de nombrar (algo de ello hay en la tradicional derrota del idealismo en la tapihiana batalla filosófica de almohadas). Pero esta no deja de ser la opinión de un semiletrado monotemático, bípedo y trilero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En definitiva, si los hispanoparlantes californianos consideran necesario un neologismo para referirse a los individuos capaces de escribir en dos idiomas hacen pero que muy bien en inventarlo. Mi modesta y tal vez inapropiada sugerencia es que también deberían inventar un neologismo para “Programa de Inmersión Dual”, o dos si resulta necesario aclarar si la inmersión es con escafandra o a pulmón (los programas de aquí, y ya lo siento, son todos a pulmón por gracia y ventura de los nacionalismos periféricos).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es necesario que se pongan a ello de inmediato. No parece el día de Navidad el más apropiado para tales menesteres. Mejor será repartir regalos y buenos sentimientos, como la tradición aconseja. Mi regalo, no es poca cosa, es haberles presentado a Nicolás Ramiro Rico. Y ya puestos, también al polinómico doctor Reinhard, y a Friedrich Christian Lesser y hasta a Jan Swammerdam, cuya “Anatomía del piojo”, sospecho, habría sido muy del gusto de don Tito Monterroso. A aquellos que ya los conocieran, les debo una. Feliz Navidad.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9462333-4497620200537501231?l=eduardoallende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eduardoallende.blogspot.com/feeds/4497620200537501231/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=9462333&amp;postID=4497620200537501231' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/4497620200537501231'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/4497620200537501231'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eduardoallende.blogspot.com/2007/12/tienen-ombligo-los-piojos-iletrados.html' title='¿Tienen ombligo los piojos iletrados?'/><author><name>Eduardo Allende</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06469600862892928691'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9462333.post-2745386636383859528</id><published>2007-12-18T10:00:00.000+01:00</published><updated>2007-12-18T10:03:59.515+01:00</updated><title type='text'>Filosofía deportiva</title><content type='html'>Con asombrosa recurrencia aparece en los programas televisivos algún majadero afirmando con solemnidad que el patinete, el surf, el hula-hoop o hacer cabriolas por la calle es una “forma de vida”. A veces la osadía va más lejos y tales aficiones alcanzan la categoría de “filosofía”. Vayan ustedes a saber qué demonios entienden semejantes semejantes por vida y por qué la reducen a algo tan nimio, pero de lo que estoy seguro es de que nada saben sobre esa cosa abstrusa que llaman filosofía por no haber encontrado mejor palabra con que referirla y que da para llenar páginas y páginas que a veces hasta dicen algo de interés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace tiempo, bendecido por la ingenuidad de la juventud, me ofendían sobremanera tales declaraciones. Mis razones era harto evidentes: se pasaba uno horas, días, semanas, meses e incluso años entre libros para comprobar que Husserl era un gañán mientras cualquier mozalbete con casco y rodilleras se arrogaba con total desparpajo la más elevada práctica filosófica. Con el tiempo, no obstante, me he ido calmando y hasta he llegado a respetar tales asertos. He hecho mía la convicción de que nada hay de malo en que estos pretendidos “deportes” sean calificados de “filosofía” siempre y cuando la verdadera filosofía pase a engrosar la categoría de deporte. Así, todos contentos. Unos más y otros menos, claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo curioso es que mientras andaba enfrascado en estos absurdos pensamientos, he descubierto con sorpresa que en Tapihi, no podía ser de otra forma, tan peregrina idea está de lo más asentada. Tanto que anualmente se celebra el Campeonato Mundial de Filosofía, que ya va por su vigésimo octava edición. La cosa, al parecer, nació una tarde de total vagabundaje en que dos tapihianos andaban sintiendo la tierra rodar, que es lo que se hace por allí las tardes de total vagabundaje. Se llamaban, y hasta donde yo sé todavía se llaman, Crisanto Jennings y Godofredo Guillermo Flórez. Ambos tenían un turbio pasado como recolectores de azafrán que poco viene al caso ahora y, por lo visto, andaban conversando mientras el sol caía con la habitual languidez de la primavera isleña provocando una multiplicidad de colores a la que sólo la paleta de Archibald Fenster-Parrish ha sabido hacer justicia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– Andaba yo pensando, Crisanto, si existe fundamento gnoseológico objetivo para afirmar la capacidad crítca trascendente de la razón formal.&lt;br /&gt;– Eso no me lo dices en la calle– contestó el otro.&lt;br /&gt;– Pero… ¡si ya estamos en la calle!&lt;br /&gt;– Precisamente por eso te lo decía…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así se fue calentando la cosa con palabras cada vez más gruesas y afiladas. No diré que la tensión se mascaba en el ambiente por no pasar por comentarista deportivo y porque en Tapihi es costumbre mascar otra clase de cosas. Pero sí diré que los rostros de ambos fueron mudando de color, enrojeciéndose primero y adentrándose después en el invisible espectro infrarrojo. Esas venas que habitualmente surcan apacibles las sienes parecían a punto de explotar en ambos contertulios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tardaron los lugareños en formar un corrillo y comenzar a cruzar apuestas porque una de las sorprendentes virtudes de los tapihianos es que sus discusiones suelen alcanzar alguna conclusión y ninguno tiene empacho en conceder una victoria dialéctica al contrario si estima que la merece. Eso mismo fue lo que ocurrió entre los dos tapihianos, aunque la extensión y complejidad de su final acuerdo es tal que me resulta imposible registrar aquí sus detalles. Queden pues para mejor ocasión. El caso es que hubo gran regocijo y divertimento y no fueron pocos los que concibieron la idea de institucionalizar de alguna manera aquello que habían presenciado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para el año siguiente se decidió ponerle a la cosa algo de organización y se construyó un cuadrilátero equipado con marcador electrónico yunas campanillas que hacían las delicias del público. Una comisión informal se encargó de ingeniar las pruebas y disciplinas que darían materia y forma a lo que ya estaba claro que había de ser un gran campeonato en toda regla, esto es, con sus reglamentos, sus árbitros y sus vendedores de perritos calientes. Ni que decir tiene que fue un éxito rotundo, incuestionable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imagino que más de uno se andará preguntando cómo diantres puede organizarse un campeonato de filosofía. Lo más osados tal vez piensen en una serie de encendidos debates o en cosas similares a la discusión entre Jennings y Flórez. No van por ahí los tiros. El Campeonato Mundial de Filosofía en nada se parece a un aburrido congreso de esos que se organizan exlusivamente para el intercambio de tarjetas de visita y donde los bostezos contagiosos imponen su ley implacable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera jornada está dedicada a las competiciones de Lógica, donde la prueba reina es conocida como “La mía es más larga”. Se trata, como ya habrán deducido aquellos que no tengan ideas preconceibdas en la cabeza, de ver quien consigue la demostración más larga de cierto enunciado seleccionado al azar con el mínimo número de premisas. Por supuesto, hay otras pruebas que también despiertan pasiones, como la famosa “A tomar por Q”, en la que los participantes deben descartar una premisa (la premisa Q, claro) sin invalidar el resultado de un desarrollo lógico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente tienen lugar las competiciones de Estética. La variedad de pruebas es en este campo amplísima. En una de ellas, los participantes deben preparar una conferencia sobre el la objetividad congnoscitiva del hecho estético sin mencionar ni una sola vez a Walter Benjamin, cosa bastante más difícil de lo que a primera vista parece. Cada cita de sus textos suma un punto y la mención de su nombre cinco. Por supuesto, si el discurso es una estupidez, cosa habitual, la descalificación es automática. Aquel con menor puntuación es considerado vencedor. En caso de empate se concede la victoria al que tenga el bigote más largo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La jornada se cierra con una prueba que siempre despierta gran expectación. Los participantes deben presentar una disertación crítica sobre algún aspecto de la estética contemporánea mientras una agraciada joven (o un musculoso bombero, si así lo aconseja la orientación sexual del competidor) realiza un sensual striptease ante sus narices. Pocos son los que sobrepasan las tres frases y menos aún los que llegan a decir algo con sentido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día siguiente está dedicado a la Metafísica y, como puede suponerse, es en el que más corre la bebida. La comisión sobre dopaje se encarga con todo rigor de asegurar en los participantes una tasa de alcohol en sangre superior a los dos gramos por litro de forma que se garantice la mejor metafísica posible. Poco puedo contarles, de todas formas, sobre las pruebas que se desarrollan porque al dia siguiente nadie las recuerda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin, el último dia, justo antes de la ceremonia de clausura, tiene lugar la Gran Batalla de Almohadas entre Materialisrtas e Idealistas. Es más un acto simbólico que una verdadera competición, porque los materialistas ganan de calle todos los años al ser los únicos a los que está permitido rellenar sus almohadas con ladrillos. No se pueden imaginar lo que se aprende sobre la vida y sus injusticias.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9462333-2745386636383859528?l=eduardoallende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eduardoallende.blogspot.com/feeds/2745386636383859528/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=9462333&amp;postID=2745386636383859528' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/2745386636383859528'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/2745386636383859528'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eduardoallende.blogspot.com/2007/12/filosofa-deportiva.html' title='Filosofía deportiva'/><author><name>Eduardo Allende</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06469600862892928691'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9462333.post-7194858927016569363</id><published>2007-12-11T07:30:00.000+01:00</published><updated>2007-12-11T11:42:17.562+01:00</updated><title type='text'>Cómo está el tiempo</title><content type='html'>Es cosa bien conocida, al menos entre los aficionados a los deportes norteamericanos, que el hockey sobre hielo es una disciplina en la que lo fundamental es liarse a estacazos con el contrario y donde las reglas y demás convenciones sólo existen para asegurar la coincidencia de los contendientes en los mismos tiempo y lugar, requisito sin el que la trifulca resultaría imposible. Algo tienen los palos de hockey que liberan al cro-magnon que todos llevamos dentro y le impulsa irrefrenablemente a repartir estopa por doquier y sin miramientos. De eso quería hablarles hoy, más concretamente de un palo de hockey en particular y de los garrotazos que se dan con él. Para lamento de muchos, me veré obligado a un breve excurso de esos que tanto odian.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Breve excursus (sin ánimo de encuadrar el debate)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No pasa día sin que uno se vea asaltado por las terribles amenazas del “cambio climático” y las aún más terribes catástrofes que se nos vienen encima. Cosas como esa de que si no espabilamos, en diez años (y no en cien, como se creía,) todos calvos: (algo así dice &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.20minutos.es/noticia/313669/0/cambio/climatico/onu/"&gt;este infantil titular&lt;/a&gt;). No faltan propuestas bienintencionadas para luchar contra el terrible peligro de destrucción del planeta. Sheryl Crow, sin ir mas lejos, ha lanzado la &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://news.bbc.co.uk/2/hi/entertainment/6583067.stm"&gt;valiente propuesta&lt;/a&gt; de limitar a un simple cuadradito el papel higiénico a utilizar por cada evacuación (salvo, claro está, que circunstancias específicas que no es elegante detallar aconsejen elevar el límite ocasionalmente). Es verdad que en 1975 se nos amenazaba con lo contrario, con el terrible &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.denisdutton.com/cooling_world.htm"&gt;enfriamiento global&lt;/a&gt; que acabaría con las cosechas y nos traería las más espantosas hambrunas imaginables, pero era porque los de antes eran mucho más tontos que nosotros. Qué mejor prueba de ello que el climatólogo James Hansen, uno de los primeros en alertar sobre calentamiento global.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacia finales de los años 80 Hansen compareció ante varias comisiones del congreso norteamericano (en el documental algoriano “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Una verdad incómoda&lt;/span&gt;” pueden ver parte de una de ellas, la que tuvo lugar el 8 de mayo de 1989) para afirmar que a finales del siglo XX la temperatura de la tierra habría aumentado 0,3º y el nivel del mar se elevaría varios metros. Hansen, que no es un cualquiera, dirige el &lt;span style="font-style: italic;"&gt;NASA Goddard Institute for Space Studies&lt;/span&gt;, llevaba desde principios de aquella década dirigiendo estudios que concluían que la concentración de CO&lt;span style="font-size:78%;"&gt;2&lt;/span&gt; en la atmósfera llevaría a un calentamiento global mucho antes de lo que las previsones indicaban. De hecho, Hansen afirmaba tres cosas&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Que el cambio ya se estaba produciendo&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Que para el año 1990 sería perfectamente apreciable&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Que sería difícil convencer a los políticos y los ciudadanos para actuar en consecuencia&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;/ul&gt;Todo un profeta, como ven. A día de hoy, Hansen se ha visto obligado a rebajar muy mucho sus cálculos y predicciones hasta el punto de que su último balance energético tan sólo descuadra por 0,85W/m&lt;span style="font-size:85%;"&gt;2&lt;/span&gt; (ay, qué tiempos aquellos en que se decía que era de 60W/m&lt;span style="font-size:85%;"&gt;2&lt;/span&gt;, pero no es del efecto invernadero de lo que quería tratar hoy).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hagamos un poco de historia burocrática. El profesor Charles Northcote Parkinson aconsejaba, si uno quería que su nombre pasara a la historia, presidir una comisión dedicada a temas muy dispares de forma que resultara mucho más práctico referirse a ella con el nombre de su presidente, la &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Comisión Pérez&lt;/span&gt; pongamos por caso. Líbreme el cielo de afirmar que Medio Ambiente (que es término redundante, el medio y el ambiente son la misma cosa) y Desarrollo, sean asuntos en nada relacionados, pero algo así le sucedió a la &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo&lt;/span&gt; creada en 1983 por la ONU que no les sonará de nada porque todo el mundo la llama, a pesar de no ser fácil de pronunciar, Comisión Brundtland.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gro Harlem Brundtland era (y es) una doctora (en medicina) y política noruega (efímera presidenta de su país durante 1981) que dirigió los trabajos que culminaron con la publicación en 1987, ya se sabe que las cosas de palacio van despacio, de un informe titulado, con cursilería tal vez excusable, “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Nuestro futuro común&lt;/span&gt;”. El informe situaba en la pobreza de los países subdesarrollados y en el consumismo extremo de los países desarrollados las causas fundamentales de la insostenibilidad del desarrollo y la crisis ambiental. Su indiscutible éxito se basó precisamente en la acuñación de un término que hoy día aparece hasta en la sopa (siempre que ésta sea de letras, como &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://eduardoallende.blogspot.com/2006/09/sopa-boba.html"&gt;aquella sopa tapihiana&lt;/a&gt;): &lt;span style="font-style: italic;"&gt;desarrollo sostenible&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sospecho que el éxito inusitado del desarrollo sostenible también se basó en un pequeño detalle: el informe Brundtland no se preocupó mucho de aclarar qué demonios era eso de la “sostenibilidad”. El “desarrollo sostenible” se definió de forma tan ambigua como esta: &lt;span style="font-style: italic;"&gt;aquel que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades&lt;/span&gt;. Como cabía suponer, luego vinieron las tortas a la hora de ponerse de acuerdo en cuáles eran esas “necesidades”. Tal vez si la Comisión Brundtland hubiera recurrido nuestro viejo español como idioma de trabajo las cosas habrían estado más claras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;necesidad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Del lat. necessĭtas, -ātis).&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;1. f. Impulso irresistible que hace que las causas obren infaliblemente en cierto sentido.&lt;br /&gt;2. f. Aquello a lo cual es imposible sustraerse, faltar o resistir.&lt;br /&gt;3. f. Carencia de las cosas que son menester para la conservación de la vida.&lt;br /&gt;4. f. Falta continuada de alimento que hace desfallecer.&lt;br /&gt;5. f. Especial riesgo o peligro que se padece, y en que se necesita pronto auxilio.&lt;br /&gt;6. f. Evacuación corporal de orina o excrementos. U. m. en pl.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me quedo con la cuatro y la seis, que son las únicas que identifican sin ambages las necesidades humanas y dejan perfectamente claro de qué estamos hablando (me da a mí que Sheryl Crow sólo piensa en la última).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero sigamos con las consecuencias del informe Brundtland, que recomendaba la convocatoria de una Conferencia Internacional sobre estos asuntos (que no quede problema sin su Conferencia Internacional, por favor). En 1989, la ONU aprobó una &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Conferencia sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo&lt;/span&gt; que tras laboriosas revisiones, consultas, negociaciones y supongo que chalaneos culminó con la celebración de la llamada &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Cumbre de Río&lt;/span&gt; (de Janeiro, claro) en 1992 y el nacimiento de la llamada Agenda 21. Poco antes, en 1988, la ONU, a través de la WMO y su Programa Ambiental creó un organismo de horrísono nombre que no ha procurado la fama parkinsoniana a ninguno de sus presidentes. Me refiero al &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.ipcc.ch/"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; (Intergovernmental Panel on Climate Change, IPCC), marco en el que “centenares de científicos y otros participantes” se organizan para “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;analizar, de forma exhaustiva, objetiva, abierta y transparente, la información científica, técnica y socioeconómica relevante para entender los elementos científicos del riesgo que supone el cambio climático provocado por las actividades humanas, sus posibles repercusiones y las posibilidades de adaptación y atenuación del mismo&lt;/span&gt;” (ya pueden respirar). Seguro que lo han oído nombrar cientos (¿cienes?) de veces durante el último mes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El IPCC se organiza en tres grupos de trabajo y un “equipo especial”:&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;El primero de ellos “evalúa lo aspectos científicos del sistema climático y del cambio climático”.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;El segundo “evalúa la vulnerabilidad de los sistemas socioeconómicos y naturales al cambio climático, las consecuencias negativas y positivas de dicho cambio y las posibilidades de adaptación al mismo”.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;El tercero “evalúa las posibilidades de limitar las emisiones de gases de efecto invernadero y de atenuar los efectos del cambio climático”.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;El equipo especial sobre los inventarios nacionales de gases de efecto invernadero “se encarga del Programa del IPCC sobre inventarios nacionales de gases de efecto invernadero”.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;/ul&gt;El IPCC nos ha bendecido hasta hoy con cuatro informes de evaluación (1990, 1995, 2001 y 2007). El último todavía está calentito (llevamos todo el año conociendo su contenido con cuentagotas, pero al fin el pasado 17 de noviembre se ha aprobado en Valencia su versión definitiva; pueden bajarse el informe de síntesis &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.ipcc.ch/ipccreports/ar4-syr.htm"&gt;aquí&lt;/a&gt;, y si investigan por su web, encontrarán los informes completos de todos los grupos de trabajo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un alarde de realismo impropio de los tiempos que corren, el IPCC, sabedor de que su mamotretos resultan ilegibles para todo aquel que no quiera tomarse muchas molestias en informarse, publica unos &lt;span style="font-style: italic;"&gt;resúmenes para políticos&lt;/span&gt;, esos individuos tan reacios a las molestias. Por triste que parezca, la mayor parte de los que se las dan de informados sobre estas cosas en los medios no han pasado de echar un vistazo a esos resúmenes. Hay quién dice que son un tanto tendenciosos, pero no es cosa de ponerse tiquismiquis por un quítame allá esas pajas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y hasta aquí el excurso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Estacazos&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, vamos a lo que vamos. En 2001,como he dicho o escrito, se publicó el tercer informe de evaluación del IPCC (al que llaman TAR, no sé si por ser el &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Third Assessment Report&lt;/span&gt; o porque “tar”, en inglés, significa “alquitrán”), el que acabó de desatar todas las alarmas. En su resumen para políticos jugaba un papel preponderante un gráfico apocalíptico que pronto fue conocido como “el palo de hockey” (o más bien &lt;span style="font-style: italic;"&gt;hockey stick&lt;/span&gt;, no me acusen de impreciso). Aquí lo tienen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;img src="http://img.photobucket.com/albums/v707/eduardoallende/hockeystickTAR.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;Esta es la terrible amenaza. Vean cómo se calienta el planeta. No es de extrañar el terrible griterío que oímos por doquier. Sin embargo, no todo el mundo se lo tomó con tanta alarma. Un señor canadiense con vocación de tocapelotas, lo que ya me lo hace simpático, prefirió revisar un poco los datos antes de rasgarse las vestiduras. Se llama Steve McIntyre y tal vez su reacción se debió a que recordó lo que los señores del IPCC habían publicado en su informe de 1990, en el que el mismo gráfico era así:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;img src="http://img.photobucket.com/albums/v707/eduardoallende/ipcc1995.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Observen lo evidente. Con un gráfico como este, todas esas cosas que decía el alquitranado informe, como que “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;la decada de los noventa ha sido la decada más cálida del milenio y 1998 el año más cálido&lt;/span&gt;” no quedan tan bonitas y sugerentes. Ni siquiera resulta fácil echarle las culpas al terrible CO&lt;span style="font-size:78%;"&gt;2&lt;/span&gt;, el mortal enemigo de la humanidad en los últimos tiempos. Y todo por culpa del llamado &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Medieval Warm Period&lt;/span&gt; (MWP), el periodo comprendido aproximadamente entre los años 1100 y 1300 en el que muchos lugares del mundo mostraron condiciones anormalmente cálidas y muy superiores a las actuales, algo sobre lo que existe una evidencia abrumadora (a pesar de la insistencia de Al Gore en referirse al termómetro del Dr. Thompson para refutar este hecho, ya hablaré sobre esto otro día, que no puedo estar en todo). Para alegría de agoreros, el palo de hockey había hecho desaparecer de la historia el MWP.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este palo de hockey se atribuye al Dr. Michael Mann, miembro del departamento de Geociencias de la Universidad de Massachusetts, aunque en honor a la verdad tiene otros dos padres porque tres fueron los firmantes de los artículos publicados en &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Nature&lt;/span&gt; y &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Geophysical Research Letters&lt;/span&gt; que dieron lugar a todo. Mann y sus colegas se plantearon hacer algo interesante y novedoso: una reconstrucción del clima en el hemisferio norte durante mil años (seiscientos en su primera versión). Una feliz idea con no tan feliz desarrollo. Medir la temperatura en el pasado, estarán conmigo, no parece tarea sencilla. No disponemos (ni dispondremos), como &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://eduardoallende.blogspot.com/2006/05/in-diebus-illis.html"&gt;Angus Floridablanca&lt;/a&gt;, de la capacidad de viajar en el tiempo armados con un termómetro y una libreta (o &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Blackberry&lt;/span&gt; los que sepan para qué sirve). No queda más remedio que recurrir a vías indirectas, cosa que, como manda la lógica, es lo que hicieron estos caballeros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En general, los científicos recurren a multitud de técnicas para esto. Por ejemplo agujerear el suelo para extraer información sobre las temperaturas del pasado, técnica al parecer bien documentada. Otro recurso muy socorrido es la medición de la anchura de los anillos de los troncos de los árboles, que, por lo visto, puede dar una buena aproximación de las temperaturas padecidas o disfrutadas por estos. Mann, Bradley y Hughes recurrieron a un amplio conjunto heterogéneo de datos en el que estas mediciones jugaban un papel dominante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la primavera de 2003 Steve McIntyre, que no es un científico o al menos no pone eso en su tarjeta de visita, simplemente llamado por la curiosidad o escamado por el palo de hockey, le pidió al Dr. Michael Mann las series de datos que había utilizado para su estudio. El Dr. Mann accedió a enviarle un fichero y pronto McIntyre pudo jugar con los datos descubriendo, junto a una serie de errores menores, que era incapaz de reproducir los resultados del estudio con ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la colaboración de Ross McKitrick, economista de la Universidad de Guelph en Canadá, escribió un artículo, que fue publicado en la revista &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Environment and Energy&lt;/span&gt;, dando cuenta de todos los errores y problemas que había detectado. Les transcribo el resumen con el que es tradición abrir los artículos científificos porque no deja títere con cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;The data set of proxies of past climate used in Mann, Bradley and Hughes (1998,“MBH98” hereafter) for the estimation of temperatures from 1400 to 1980 contains collation errors, unjustifiable truncation or extrapolation of source data, obsolete data, geographical location errors, incorrect calculation of principal components and other quality control defects. We detail these errors and defects. We then apply MBH98 methodology to the construction of a Northern Hemisphere average temperature index for the 1400-1980 period, using corrected and updated source data. The major finding is that the values in the early 15th century exceed any values in the 20th century. The particular “hockey stick” shape derived in the MBH98 proxy construction – a temperature index that decreases slightly between the early 15th century and early 20th century and then increases dramatically up to 1980 — is primarily an artefact of poor data handling, obsolete data and incorrect calculation of principal components.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De entrada Mann se defendió a la manera de ARQ, diciendo que el fichero de datos que habían manejado era incorrecto. En defensa de su argumento envió a los dos canadienses un segundo fichero que, en palabras de McKitrick, “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;era prácticamente idéntico al que habían manejado aunque difería de forma importante de la descripción del conjunto de datos que Mann había publicado en la revista Nature&lt;/span&gt;”. McIntyre y McKitrick enviaron a la revista una lista de las discrepancias que habían observado entre el fichero y lo declarado en &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Nature&lt;/span&gt; y sus editores solicitaron a Mann una corrección (que ellos, tan sabios, llaman &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Corrigendum&lt;/span&gt;).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Dr. Mann prosiguió su defensa objetando que McIntyre y McKitrick no habían reproducido exactamente su código informático.En efecto, no lo habían hecho. Nadie ha sido capaz de reproducirlo nunca para llegar a sus resultados (y ha habido quien lo ha intentado, se lo aseguro). Por eso la pareja canadiense le pidió a Mann su código y aquí ya el caballero decidió que era más prudente negarse (a partir de aquí ya puede decirse con propiedad que Mann tenía algo que ocultar). Por algún lado leí que llegó a decir que no tenía por qué estar atendiendo las demandas del primer aficionado que se presentara. Yo me he leído las escasas explicaciones que Mann (et al.) ha(n) dado sobre la validez de sus resultados y debo decir que me resultan profundamente insatisfactorias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;McIntyre, que ya les he dicho que es un tocapelotas vocacional, no se arredró por la negativa y decidió desarrollar un programa que emulara los resultados del Dr. Mann. A día de hoy es quien más ha conseguido aproximarse a los resultados del palo de hockey y, en consecuencia, quien tiene una idea más clara de qué clase de manejos hicieron Mann, Hughes y Bradley para llegar a sus resultados. Le ha echado muchas horas a la cosa y ha encontrado de todo. Por ejemplo, probó la técnica “no standard” de Mann con series aleatorias de datos técnicamente conocidas como “ruido rojo” y comprobó que en la gran mayoría de los casos, más del 99% de sus 10.000 pruebas, los resultados producen un palo de hockey. Ni que decir tiene que las técnicas standard no los producían casi nunca con los mismos datos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, Mc Intyre y McKitrick decidieron enviar una carta a la revista &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Natur&lt;/span&gt;e (a veces conocida como “la prestigiosa revista &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Nature&lt;/span&gt;”) dando noticia de estos problemas y errores. La respuesta fue un tanto sorprendente: sus editores decidieron no publicarla por exceder del límite previsto de 500 palabras y por ser “demasiado técnica”. El Dr. Mann, sin embargo, publicó su &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Corrigendum&lt;/span&gt;, en la que explicaba que su método no era, efectivamente, standard pero insistía en que ello no afectaba a los resultados sin aportar prueba alguna de ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin salir de su asombro, McIntyre y McKitrick decidieron continuar su investigación. Entre otras cosas identificaron una serie de datos con un comportamiento anómalo. Se trataba de una cronología de mediciones de anillos de pinos Bristlecone, publicada en 1998 por D.A Graybill y S.B. Idso, que mostraban un fuerte e inexplicado crecimiento a lo largo del siglo XX que no casa con los registros de temperaturas del lugar. Por esta razón tanto Graybill e Idso como otros muchos autores han afirmado que no son datos adecuados para la representación de temperaturas (hay propuestas varias explicaciones para su extraño comportamiento, entre ellas, que se trata de datos erróneos).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;McIntyre y McKitrick probaron a reproducir su algoritmo emulatorio del de Mann con todos los datos referidos a Norteamérica salvo la serie de Graybill e Idso y, como por arte de magia, el palo de hockey desapareció. En otras palabras, incluso recurriendo a una técnica que tiende a encontrar palos de hockey donde no los hay, los datos se resisten a reproducirlo. Sólo la incorporación de información que los expertos consideran inadecuada permite obtener un palo de hockey.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;McIntyre y McKitrick han seguido estudiando y desgranando el asunto y no es cosa de que les siga aburriendo con sus hallazgos. Ambos mantienen &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.climateaudit.org/"&gt;un interesante blog&lt;/a&gt; en el que pueden encontrar detalladas todas sus disputas con el Dr. Mann, quien a su vez, se defiende o ataca, según convenga en &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.realclimate.org/"&gt;este otro lugar&lt;/a&gt;. El &lt;a style="font-weight: bold; font-style: italic;" href="http://online.wsj.com/public/article/SB110834031507653590-DUadAZBzxH0SiuYH3tOdgUmKXPo_20060207.html?mod=blogs"&gt;Wall Street Journal&lt;/a&gt; se hizo eco de esta disputa en 2005, pero, hay que a treverse, merece la pena conocerla en todos sus detalles técnicos (un poco de análisis multivariante al año no hace daño). Paséense por ambos frentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con independencia de si Steve McIntyre lleva razón en sus críticas, creo que hay una cosa clara en toda esta historia: que una de las partes se ha preocupado de explicar, explicitar y documentar sus afirmaciones, como mandan los cánones, mientras la otra se ha limitado a esconder el ala cuando no a cosas peores. Si esta es la calaña en la que se basan todas las alarmas, aviados estamos. Que Mann enviara inicialmente sus datos prueba que creía en sus resultados, pero con sus respuestas posteriores no cabe ser tan indulgente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No digo con ello que haya que tomarse a chirigota los papeles del IPCC, simplemente que, como es aconsejable en otros ordenes de la vida, deben ser leídos con espíritu crítico y la mejor información posible. Hay entre sus autores gentes que obran de buena fe (no todos, por supuesto, como en todas partes) e incluso quienes no comparten algunas de (o todas) las alarmas del cambio climático (otro día hablaremos de John Christy).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en esto llegó en cuarto informe de evaluación del IPCC. En su &lt;span style="font-style: italic;"&gt;resumen para políticos&lt;/span&gt; ya no hay palo de hockey (ni MWP), ¿para qué meterse en líos y tentar a los tocapelotas del mundo? Yo no he sido capaz de localizar algún gráfico similar en el informe completo del WG1 (ya ven qué cosas leo), pero ya habrá tiempo de hablar en detalle de lo que dice. Aunque me temo que cuando vuelva sobre estos asuntos (tranquilos, tardaré algún tiempo) lo haré con la misma torpeza que hoy, así que será mejor que no me hagan mucho caso y recurran al esperadísimo (mega)post de Alejandro Polanco que, de cumplirse el &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.alpoma.net/tecob/?p=798"&gt;calendario previsto&lt;/a&gt;, se publicará mañana mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Referencias&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;(todas se pueden descargar desde &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.climateaudit.org/"&gt;Climate Audit&lt;/a&gt;)&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Mann, M.E., Bradley, R.S. y Hughes, M.K., (1998); “Global-Scale Temperature Patterns and Climate Forcing Over the Past Six Centuries”, Nature, 392, 779-787&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Mann, M.E., Bradley, R.S. y Hughes, M.K., (1999); “Northern Hemisphere Temperatures During the Past Millennium: Inferences, Uncertainties, and Limitations”, Geophysical Research Letters, 26, 759-762&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;McIntyre, Steven y Ross McKitrick, (2003); “Corrections to the Mann et. al. (1998) Proxy Data Base and Northern Hemisphere Average Temperature Series.” Environment and Energy 14(6) pp. 751-771&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;Mann, Bradley and Hughes (2004) Corrigendum, Nature July 1, 2004, page 105&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;McIntyre, Stephen and Ross McKitrick (2005) “The M&amp;amp;M Critique of the MBH98 Northern Hemisphere Climate Index: Update and Implications.”. Energy and Environment 16(1) pp. 69-100&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;McIntyre, Stephen and Ross McKitrick (2005); “Hockey Sticks, Principal Components and Spurious Significance”. Geophysical Research Letters Vol. 32, No. 3, L03710 10.1029/2004GL021750 12 February 2005&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;/ul&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9462333-7194858927016569363?l=eduardoallende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eduardoallende.blogspot.com/feeds/7194858927016569363/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=9462333&amp;postID=7194858927016569363' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/7194858927016569363'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/7194858927016569363'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eduardoallende.blogspot.com/2007/12/cmo-est-el-tiempo.html' title='Cómo está el tiempo'/><author><name>Eduardo Allende</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06469600862892928691'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9462333.post-4362908742829681047</id><published>2007-12-04T09:30:00.000+01:00</published><updated>2007-12-04T09:34:51.880+01:00</updated><title type='text'>Que no, que no me he ido</title><content type='html'>Lamento desilusionar a todos los que creían haberse librado de mí. Dicen que la mala hierba está a salvo de los rigores del cambio climático, como los viejos rockeros y hasta Miguel Ríos, al que el tiempo ha ido convirtiendo en lo primero y no está muy claro si en lo segundo. Yo, no hace falta decirlo, no me creo ni mala hierba ni viejo rockero. Y mucho menos me atrevo a tildarme de Ave Fénix. Entre otras cosas porque ésta siempre ha mostrado un plumaje rojo, anaranjado y amarillo incandescente que casa mal con mis inclinaciones cromáticas. Pero el caso es que aquí estoy, al pie del teclado si se me permite tan absurda expresión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vaya en primer lugar la &lt;span style="font-style: italic;"&gt;excusatio non petita&lt;/span&gt;. Una ausencia tan prolongada creo que la justifica. Hace ya tres años abrí este blog como simple válvula de escape. No tenía otra intención que procurarme un tiempo alejado de mis problemas cotidianos, algo de lo que tenía verdadera necesidad a tenor de mi ritmo inicial de publicación. Pero, como le ocurría al evangelista Kirk Cameron, mis problemas fueron creciendo. No sólo eso, además se volvieron aún más cotidianos. Casi estoy convencido, como los perspicaces Ortega y Gasset, de que ya forman parte de mí y hasta de que nada soy sin ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella saludable intención de alejarme de mis problemas explica que nunca haya querido traerlos aquí. Pero como imagino que a alguno le picará el gusanillo, me traicionaré hoy con un resumen algo críptico: Hace tiempo puse algo parecido a un circo y los enanos no sólo se desarrollaron de forma notoria (hasta el punto de llegar a figurar en las primeras posiciones en los &lt;span style="font-style: italic;"&gt;drafts&lt;/span&gt; de la NBA), sino que les dio por subirse, a la manera newtoniana que tanto disgusta a algunos, sobre los hombros de gigantes para darme con más facilidad papirotazos que luego se volvieron estacazos y que luego se volvieron puyazos y cosas peores. En semejante situación uno puede llegar a perder los papeles, el juicio y hasta la autoestima. De haber tenido yo alguna de estas tres cosas, estoy seguro de que la habría extraviado de inmediato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No busco excusarme con esto. Cualquier otro, seguramente, habría sabido enfrentar la situación y salir airoso de ella. Yo no fui capaz. Tomé el camino contrario, la espiral hacia abajo que me gustaría poder nombrar de forma elegante pero para la que sólo se me ocurre una expresión: concatenación de cagadas. No es de extrañar que acabara prácticamente ahogado y sin capacidad para cocinar nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y claro, así no le queda a uno más remedio que enfrentarse a la cruda realidad, algo que, no se engañen, no hace casi nadie. La expresión “cruda realidad” es muy gráfica. Deja muy clara la idea de fondo: quién más quien menos, con mayor o menor arte, cocina la realidad para hacerla tragable, porque tal cual es no hay quien la digiera. Los anglosajones perfieren decir “la verdad desnuda”. Ellos se dedican a vestirla con lo que encuentran a mano y supongo que por eso el profesor Diógenes Teufelsdröckh gozó en las islas británicas de mucho más predicamento que en nuestro país, donde sigue siendo un desconocido. Pero los ropajes o harapos con que el inglés viste la realidad no son muy diferentes de lo que nosotros hacemos en los fogones, procurarnos una realidad estofada, o cocida, o simplemente escalfada. En definitiva, que viene a ser lo mismo que lo de los británicos aunque con aceite de oliva y otros destacables manjares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A poco que uno lo piense convendrá en que es lógico que a los anglosajones les diera antes por hilvanes, zurcidos y remiendos que por las artes culinarias. Al fin y al cabo cuando se suelta a un inglés en una cocina la probalidad de que salga con algo parecido al Porridge tiene a uno. Y, estarán conmigo, poco consuelo puede encontrarse en un porridge de realidad. La dieta del sur, mediterránea o no, resulta mucho más apropiada para estos fines  aunque no alcance las excelencias de las recetas del célebre bandolero &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://eduardoallende.blogspot.com/2007/07/gastrosofa.html"&gt;Frasquito&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero será mejor que retome el hilo, si es que lo había. Perdida mi capacidad culinaria me vi abocado, entre otras cosas que no diré, a crear otra realidad, estas Salidas. Enfermiza respuesta a mi anómala situación. Debo decir que, mal que bien, han cumplido su papel, que no era otro que distraerme (y ya puestos distraerles a ustedes). Creo, sin embargo, que ya es hora de cambiar. Me explicaré, no sin dar antes un breve rodeo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Multitud de voces alarmistas claman por doquier alertando de los peligros de la disminución de la biodiversidad. A pesar de ello y de ellas, no son pocas las especies que están conociendo un desarrollo inusitado. Por ejemplo los gurús, que, una vez liberados de sus vinculaciones con el hinduismo, se han puesto a pontificar sobre casi cualquier cosa. Por eso la RAE se ha visto obligada a introducir en su imprescindible diccionario una segunda acepción para este término: &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Persona a quien se considera maestro o guía espiritual, o a quien se le reconoce autoridad intelectual&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo cierto es que este planeta blogueril al que ya le va quedando poco de planeta es uno de los lugares en los que más evidente resulta la sobrepoblación de gurús o gurúes (que vaya usted a saber cómo han decidido que sea el plural del término los señores académicos que tanto velan sin éxito por procurarnos un medio eficaz de entendernos). Prácticamente no hay piedra bloguera bajo la que no se esconda un santón en taparrabos repartiendo reglas a diestro y siniestro. Sobre todo a siniestro, que es flanco que les es más propio. Bien los saben los habituales y ya nos hemos reído aquí lo suyo de tanto profeta iluminado. Es verdad que no son los únicos. Aquí, por no ir más lejos, hemos tenido noticia de gurús o gurúes literarios (Monsieur Verdú, por ejemplo, que ha seguido inistiendo en su cantinela o cantilena, lo que suene más moderno). Y cualquier hijo de vecino, sea este vecino español o venezolano, bien sabe de la particular afición de la clase política a esparcir reglas, las más de las veces amenazantes, para procurarse un sueño tranquilo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El gurú contemporáneo, y de forma especial el gurú bloguero, muestra una curiosa tendencia a encontrar revoluciones y transformaciones radicales en todas partes, sobre todo allí donde el común de los mortales sólo ve la cosa más normal del mundo. A su decir y entender, todo esto de que hasta el más tonto entre los tontos pueda exponer (emitir en el caso de AFM) públicamente sus sandeces (intimidades en el caso de don AFM) nos ha traído infinidad de bendiciones aunque no se ponen muy de acuerdo sobre cuáles puedan ser estas (que si acabar con la tiranía de los medios, que si democratizar no sé qué,…). Tal vez la razón les asista, aunque he de decir que lo dudo muy mucho, pero tengo claro que a título personal este blog no ha revolucionado ni transformado nada. Sigo siendo el mismo gañán que llegó aquí hace tres años. Con más canas pero igual de imbécil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no sé muy bien lo que empuja o motiva al blogger medio (aunque ya se sabe que todos los bloggers están por encima de la media) a ponerse a publicar. Sospecho que por regla general no es nada edificante o digno de elogio. Yo, nunca se lo he ocultado y menos en esta entrada, estoy aquí huyendo aunque debo confesar que en estos tres años no he llegado muy lejos. Todas las maldiciones han proseguido su implacable persecución y durante los últimos meses prácticamente me han dado alcance. No otra es la razón de mis recientes ausencias. Por eso, he llegado a la conclusión de que la huída, mi huída, debe mudar de estrategia, aunque con ello traicione las luminosas enseñanzas de los santos gurús o gurúes de la cosa esta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya se lo he dicho o escrito varias veces. Hoy se cumplen tres años de mi aterrizaje (alunizaje sería más apropiado) en este mundillo (inmundillo sería más apropiado, o teatrillo, para ser más clásico). No me siento con fuerzas para hacer balance (todavía recuerdo haber escrito que &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://peluche.blogspot.com/"&gt;don Pelu&lt;/a&gt; era todo un anciano en esto por llevar tres años deleitándonos con sus entregas, cómo pasa el tiempo). Las pocas que me quedan prefiero dedicarlas a asumir un compromiso con ustedes: comparacer semanalmente en este rincón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Insisten los gurús o gurúes en que un blog no es, o no debe ser, una simple columna de opinión (o de creación, que para el caso). Mucho me temo que, de llevar razón estos maestrillos, mis Salidas dejarán de ser un blog. Seguirán sin revolucionar nada y no serán mucho más (ni menos) que una columna semanal. Cada semana me sentaré y escribiré el par de folios que me salga (no diré de dónde), sobre lo que me apetezca. El tema será el de siempre: ninguno (o todos, según se mire). Opinaré, me inventaré opiniones y supongo que hasta me inventaré personajes que también opinarán. Les seguiré aburriendo, espantando, ofendiendo y deleitando en la medida de mis posibilidades. Y por supuesto, estaré al tanto de sus amables comentarios como siempre. Nada muy diferente de lo que por aquí ha sido costumbre durante este trienio (que funcionarial suena esto, ¿verdad?). Así que me despido de ustedes hasta el día 11 de este mismo mes, en el que regresaré con asuntos bien distintos, que ya está bien de hablar de blogs y de mí mismo, los únicos temas que verdaderamente me aburren.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9462333-4362908742829681047?l=eduardoallende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eduardoallende.blogspot.com/feeds/4362908742829681047/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=9462333&amp;postID=4362908742829681047' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/4362908742829681047'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/4362908742829681047'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eduardoallende.blogspot.com/2007/12/que-no-que-no-me-he-ido.html' title='Que no, que no me he ido'/><author><name>Eduardo Allende</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06469600862892928691'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9462333.post-4534035093473748958</id><published>2007-10-27T11:35:00.000+02:00</published><updated>2007-10-27T11:53:48.164+02:00</updated><title type='text'>Tintas a medias</title><content type='html'>Dice el diccionario que las medias tintas son los hechos, dichos o juicios vagos y nada resueltos, que revelan precaución o recelo. No estoy muy seguro de si se puede aplicar el calificativo a lo que aquí hago. Lo estoy mucho más de este otro: “tintas a medias”. Y lo estoy porque, como bien saben los fieles parroquianos, la cantidad de asuntos no terminados que pueblan estas páginas se aproxima peligrosamente al infinito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Confieso que no es este el único lugar donde se me quedan las cosas a medias (no olviden que el confundido Confucio situaba la virtud, como muchos fetichistas, en las medias). Tanto es así que hasta hay quien se ha atrevido a enviarme un PPT (cosa que le tengo prohibida a todo el mundo) celebrando las virtudes de terminar las cosas. O, al menos, de terminar las botellas de whisky y las cajas de condones (mercancías que, por cierto, nunca me ha costado terminar). Pero vamos a lo que vamos, que para encontrar consejos de “autoayuda” ya están las estanterías de los VIPS llenas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más de uno me acusará de inconstante y, aún llevando razón, pecará de injusto. Primero porque ninguno de mis proyectos está abandonado. Algunos hibernan, lo reconozco, pero es porque así les conviene. Y segundo porque, por alegre y resuelta que tengan la imaginación, estoy seguro de que jamás alcanzarían a sospechar las caóticas circunstancias en que se desenvuelven mís días últimamente. No teman. No se las desvelaré. No soy, como Montaigne, la materia de mi blog. No soy materia de ninguna clase pues desde Einstein sabemos que la materia es energía. Precisamente lo que a mí me falta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero sí me gustaría dejar aquí registro de (casi) todos mis incumplimientos blogueriles. Entiéndaseme, no quiero que esto suene a compromiso. Tan sólo es pública declaración de lo que sé o creo que les debo. O más bien, de lo que me debo a mí mismo. Haré lo que esté en mi mano para terminar todos menos uno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queda a medias, por empezar, la &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://eduardoallende.blogspot.com/2007/10/aclaraciones-innecesarias.html"&gt;transcripción&lt;/a&gt; de mi cuaderno de notas que, al fin y al cabo, sólo tenía por objetivo ilustrar mi postura acerca de la novísima literatura que padecemos (bueno, en realidad yo no la padezco, para qué engañarnos). Antes o después la tendrán completa aquí, pero bien me podría haber ahorrado la cosa colocando este escueto resumen: la literatura ha de sostenerse por sí misma y todo texto que precise de explicaciones, estudios o cualquier otra clase de añadidos no vale una mierda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pobre &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://ficcientos.blogspot.com/2005/05/rosario.html"&gt;Rosario&lt;/a&gt; sigue allí, delante de Ulises. Y allí seguirá hasta que resuelva la extraña excursión organizada por el Tranviario tras descuidar un autobús de línea y en la que, por razones aún no aclaradas, cargaron los habituales de La Esquina con el singular cuadro que algunos imaginativos lectores han querido atribuir al mismísimo &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://ficcientos.blogspot.com/2005/10/bestiario-archibald-fenster-parrish.html"&gt;Archibald Fenster-Parrish&lt;/a&gt;. A los impacientes puedo decirles que cuando Ulises despertó, Rosario seguía allí, arropada con el lienzo. No es mucho, pero ya es más de lo que sabían hasta ahora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://eduardoallende.blogspot.com/2006/09/arranca-el-proyecto.html"&gt;Estampas Tapihianas&lt;/a&gt; de &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://eduardoallende.blogspot.com/2006/09/notas-anotadas.html"&gt;Atansio Farniente&lt;/a&gt;, convenientemente anotadas, andan también manga por hombro, cosa que lamento porque les niega la oportunidad de conocer personajes memorables, como Ausencia Pérez o Rosa María Baumgarten. A la primera nadie la ha visto jamás. La segunda, por el contrario, llevó hasta extremos inimaginalbles la idea de llevar una doble vida. Sabrán de ellas, aunque no sé cuándo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De hecho hay otras obras de Atanasio Farniente también en el tintero. Una de ellas, no prometida, es &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Appleby el enciclopedista&lt;/span&gt;, pieza considerada menor que cada vez creo más importante para una cabal comprensión de las intenciones de Farniente (fueran estas buenas o malas). Y esta comprensión proporciona indudables beneficios el más destacable de los cuales es, así lo creo, esconder aún más las mías, mis intenciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sigue a medias, además, el final de mi extensa reseña del importantísimo artículo de los profesores Stierscheiße y Eselbohrung, &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://eduardoallende.blogspot.com/2007/03/el-secreto-tapihiano-i.html"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;El secreto tapihiano&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;, que venía a demostrar que todo lo que hasta ahora sabíamos o sospechábamos sobre Tapihi era totalmente falso, pero que más vale seguir creyéndolo por el bien de tanto tapihiano de bien y por el mal de tantas otras personas de mal que mucho disfrutarían saqueando y mancillando el único escondrijo para desesperados del que queda noticia. En cuanto me aclare con los mapas y el diario de navegación del capitán Cook habrá que retomarlo, por más que ninguno haya mostrado el menor interés por él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por quedar pendiente, queda el final de la cronología biográfica que dediqué al excelso a veces &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://eduardoallende.blogspot.com/2006/05/teddy-mars-cronologa-i.html"&gt;Teddy Mars&lt;/a&gt;, el guitarrista que hizo de la vulgaridad un arte. Como saben algunos, ligeros problemas técnicos me han impedido culminar esta obra imprescindible. Con todo pesar les confieso que las dos últimas entregas nunca verán la luz. Sin embargo, por si alguno conserva algún interés, debo señalarles que por los pagos patrios anda últimamente su único discípulo, &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://gordini.wordpress.com/eddie-gordini/"&gt;Eddie Gordini&lt;/a&gt;. No es lo mismo pero menos es nada. Ahora bien, si tienen ocasión de ver actuar a &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://gordini.wordpress.com/"&gt;Los Gordini&lt;/a&gt; no digan que no les avisé: no esperen encontrarse una recreación de las memorables noches de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Le Perroquet Bléu&lt;/span&gt;. De momento, poco se sabe sobre Los Gordini, pero entre eso poco se cuenta su incapacidad para reunirse al completo y organizar ensayos en condiciones. Por eso sus apariciones públicas siempre son impredecibles y suelen deparar sorpresas. Es más, hasta el simple hecho de que aparezcan es impredecible por más que carteles y anuncios proclamen lo contrario como si el mundo tuviera algun orden o, de tenerlo, nos fuera permitido conocerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí, en los enlaces del último párrafo tienen toda la información de la próxima aparición prevista de &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://gordini.wordpress.com/"&gt;Los Gordini&lt;/a&gt;. Si finalmente aparecen o comparecern, tal vez me encuentren por allá demostrando que conservo intactas las capacidades para terminar cajas de cerveza. Otra cosa es la capacidad para terminar cajas de condones (profiplásticos, que decían por ahí), que se demuestra mejor en privado y sobre la que no me pronunciaré por no romper el elevado estilo que esta página siempre ha tenido, sobre todo ahora que va camino de cumplir sus tres añitos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora, para empezar a enmendarme, lo mejor será que termine estas letras con el término término, que no es “termino” sino este:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;FIN&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9462333-4534035093473748958?l=eduardoallende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eduardoallende.blogspot.com/feeds/4534035093473748958/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=9462333&amp;postID=4534035093473748958' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/4534035093473748958'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/4534035093473748958'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eduardoallende.blogspot.com/2007/10/tintas-medias.html' title='Tintas a medias'/><author><name>Eduardo Allende</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06469600862892928691'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9462333.post-6355755339159173029</id><published>2007-10-05T17:30:00.000+02:00</published><updated>2007-10-05T18:42:37.473+02:00</updated><title type='text'>Aclaraciones innecesarias</title><content type='html'>Mucho me temo que el tostón que solté aquí en mi última comparecencia haya hecho sospechar a más de uno que un servidor es un anciano retrógrado, cascarrabias, malhumorado por la gota, prepoético hasta las cachas, unidimensional recalcitrante, euclidiano a su pesar, ptolemaico por la mañana y newtonianio por la tarde (o al revés), antimultidisciplinar, averso al riesgo, cobarde, gris, feo, católico, sentimental y muchas cosas más a cual peor. Este temor me ha convencido de la conveniencia de redactar, con mayor sosiego, algunas aclaraciones cuyo objeto sea, no puede ser de otra forma, confirmar las sospechas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo malo es lo que los habituales ya saben de sobra. Que me faltan el sosiego y la capacidad de redactar con corrección, claridad e inteligencia. Enfrentado a este problema, recorrí a la inversa el camino seguido por Lenin. Me pregunté primero ¿qué hacer?, y sólo tras haber hallado una respuesta me enfrenté al ¿por dónde empezar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Confieso que no tardé mucho en hallar respuesta a mi primer interrogante. Desde mucho antes de que don Eduardo Torres lo expusiera con sus habituales brillantez y elocuencia se ha sabido que las ideas son pocas, que no todo el mundo es bendecido con alguna propia y que es fatalidad necesaria el recurso a las ajenas. Por eso, desde hace años, llevo una libreta en la que voy anotando cuanto de interés encuentro por ahí. Me pareció que podría salir de este incómodo brete transcribiendo aquí esas anotaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora bien, ¿por dónde empezar? Todo cuaderno de notas se caracteriza por una elevada entropía y convertirlo en discurso exige ingentes cantidades de energía. Podría ordenarlo, pero no me veo yo en tal pía actitud. Sé que dejarlo como está, fragmentado, les transfiere a ustedes la responsabilidad de reconstruirlo (con ‘r’) y, lo que es peor, también sé que al hacerlo corro el riesgo de que más de un despistado me tome por posmoderno y quién sabe si por &lt;span style="font-style: italic;"&gt;indie&lt;/span&gt;. Allá ellos. Yo sé desde hace tiempo que la pérdida de la inocencia es una inocentada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vaya aquí pues la transcripción de mi libreta sin más enmienda que las correcciones ortográficas. Les aseguro que, leídos sus fragmentos en (y con) el desorden adecuado, proporcionan una imagen fiel, de esas que tanto gustan a los contables, de las ideas que he hecho mías (siempre que no las tomen al pie de la letra, déjense llevar por la sugestión). Pero sean cuidadosos, otros muchos desórdenes conducen a resultados catastróficos. Me consta que uno de ellos compone una &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Historia universal de la alfarería&lt;/span&gt; a la que muy pocos son capaces de enfrentarse sin grave riesgo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;♣ ♣ ♣&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;…los artistas no ayudan, son cada vez menos explícitos y más crípticos cuando toca hablar de su trabajo, hablan para enriquecerlo semánticamente.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;[Stanislaw Lem; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;El castillo alto&lt;/span&gt;; Ed. Funambulista; Madrid, 2006, pág. 172]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;♣ ♣ ♣&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Señores, la novela ha muerto. Es hora de (no)velar su cadáver.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;[Alirio Gutiérrez, pronunciado en el café &lt;span style="font-style: italic;"&gt;La Esquina&lt;/span&gt;]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;♣ ♣ ♣&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Que el tiempo es un bucle es cosa que se demuestra de forma palmaria al constatar que a todo lunes sigue un martes, que a todo martes sigue un miércoles, que a todo miércoles sigue un jueves, que a todo jueves sigue un viernes, que a todo viernes sigue un sábado, que a todo sábado sigue un domingo y que a todo domingo sigue un lunes que reinicia el proceso, como cuando &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Pantalla_azul_de_la_muerte"&gt;Windows&lt;/a&gt; se cuelga. Esto lo supieron muy bien los pueblos antiguos, que en su extravío existencial hubieron de echar mano del eterno retorno.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Pero llegó un día Dios con ánimo de confundir a los hombres. Alzó su brazo y, señalando con el dedo, afirmó con severidad: es por allí. Desde entonces hemos vivido engañados en la ilusión de que hay camino y lleva a alguna parte que ha conocido muchos nombres: Roma, Salvación, Progreso, Quintanilla de Onésimo,…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;La memoria es frágil y los hombres consideraron oportuno señalizar el camino no fuera a ser que a Dios, que también ha conocido muchos nombres, le diera por morirse. Fue un bigotudo incomprendido y sin conocimientos médicos quien firmó su certificado de defunción, pero nadie se atrevió a practicarle una autopsia en condiciones. Para entonces ya estaba todo lleno de carteles señalando la dirección al futuro y la muchedumbre prosiguió su camino excepto tres o cuatro &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.artchive.com/artchive/h/hirst/hirst_flock.jpg"&gt;ovejas&lt;/a&gt; de esas que se le extraviaban a Aristóteles en los peñascos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;No fue un viaje fácil y no fueron pocos los que creyeron reconocer en las farsas que se les representaban los trágicos parajes que habían dejado atrás. Pero todos, sin excepción, obcecadamente, siguieron mirando en la misma dirección que había señalado Dios con el dedo. Poco a poco todos abandonaron la prepoesía. Algunos hablaron de &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mano_Invisible"&gt;manos invisibles&lt;/a&gt; que les marcaban el camino, otros de razones trascendentales que les empujaban con denuedo,… De todo se pudo oir con tal de no desviar el rumbo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Sólo recientemente una caterva de salvadores desinteresados se ha atrevido a cuestionar toda esa vacua retórica. Alzados sobre los hombros de gigantes, insistieron en mirar a derecha e izquierda y, con el cíclico paso de los días, llegaron a reunir arrestos para mirar hacia atrás. Lo que vieron los dejó asombrados: el horizonte. Sospecharon entonces que caminaban en círculos y lo consideraron demostrado al comprobar que todas las &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://buscon.rae.es/draeI/SrvltGUIBusUsual?TIPO_HTML=2&amp;amp;TIPO_BUS=3&amp;amp;LEMA=perdiz"&gt;perdices&lt;/a&gt;, sin excepción, estaban mareadas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En esas estamos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;[Warren Sánchez, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Warren tiene todas las respuestas&lt;/span&gt;; 2ª Ed. corregida y aumentada, Miami, 1999, XIV,3 y ss.]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;♣ ♣ ♣&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;De la utilidad del arte&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;img src="http://img.photobucket.com/albums/v707/eduardoallende/forgendro01.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;[Antonio Fraguas de Pablo, Forges; Tinta sobre papel; de la serie &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Forgendros&lt;/span&gt;; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;circa&lt;/span&gt; 1972]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;♣ ♣ ♣&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En primer lugar, es el placer lo que capta la atención del lector y la mantiene cuando ya está en su poder. En otros aspectos no hay dos lectores que busquen la misma cosa, pero el placer engatusa a todos por igual, a no ser que alguien sea demasiado estúpido como para no ser sensible a los goces de la literatura.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;[Erasmo de Rotterdam, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Carta a Martin Dorp&lt;/span&gt;, 1515]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;♣ ♣ ♣&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Como bien saben &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Erasmo_de_R%C3%B3terdam"&gt;Erasmo de Rotterdam&lt;/a&gt;, mucho antes de dedicarse a patrocinar becas de estudios, se divirtió un buen rato elogiando la estulticia. No se le ocurrió mejor manera de hacerlo que ponerse en su lugar, en el de la propia estupidez, y demostrar por escrito que nada puede ser más provechoso y ventajoso que ser imbécil.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Algún tiempo después sesudos analistas, en su mayor parte magníficamente retratados en ese mismo libro, cayeron en la cuenta de que si la propia estupidez dice que ser idiota es una bendición, tal vez haya razones para pensar lo contrario. No resulta fácil encontrar alguna pero, cuando menos, cabe sospechar que ella, la estupidez, debe ser poco proclive a dar en el clavo con sus juicios.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Pasaron los años y nos trajeron más analistas, aunque menos sesudos y más tristones, que insistieron en señalar el tramposo juego del divertimento de don Erasmo. Fueron injustos, aunque no está muy claro por qué. Unos decían que donde no hay juego no puede haber trampas. Otros, más resabiados, que donde no hay reglas no puede haber juego.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Sobre las ruinas de sus palabras todavía se erigieron nuevos analistas. Trajeron espejos y humo y emularon a &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/D%C3%A9dalo"&gt;Dédalo&lt;/a&gt; construyendo un laberinto que llegó a confundir a la propia estulticia. Todavía discuten si para escapar es mejor construir unas alas o armarse de paciencia y un cordel.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;[Geert Geertsz Jr.; Conferencia pronunciada con motivo de la celebración del &lt;span style="font-style: italic;"&gt;IV Campeonato Mundial de Filosofía sobre patines&lt;/span&gt;; Ulan Bator, 2005]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;♣ ♣ ♣&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;—¿Como por ejemplo? —dije yo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;—Lo siguiente. Tú sabes que la idea de «creación» (poíesis) es algo múltiple, pues en realidad toda causa que haga pasar cualquier cosa del no ser al ser es creación, de suerte que también los trabajos realizados en todas las artes son creaciones y los artífices de éstas son todos creadores (poiétai).&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;—Tienes razón.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;—Pero también sabes —continuó ella— que no se llaman creadores, sino que tienen otros nombres y que del conjunto entero de creación se ha separado una parte, la concerniente a la música y al verso, y se la denomina con el nombre del todo. Únicamente a esto se llama, en efecto, «poesía», y «poetas» a los que poseen esta porción de creación.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;[Platón, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;El Banquete&lt;/span&gt;]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;♣ ♣ ♣&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;No es descabellado fechar el nacimiento de la razón en el día en que el hombre tomó conciencia de que la manzana es un fruto de forma globosa algo hundida por los extremos del eje, de epicarpio delgado, liso y de color verde claro, amarillo pálido o encarnado, mesocarpio con sabor acídulo o ligeramente azucarado, y semillas pequeñas, de color de caoba, encerradas en un endocarpio coriáceo. Antes de ello, nadie habría osado hablar de manzanas ideales, de la manzana en sí o de que la posibildad cognoscitiva no sea “el en si”, como una morphe platonizada o una hyle cartesiana, sino la experiencia (praxis) racionalmente (críticamente) estructurada (construida) de comerse una manzana.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Además de esencia y existencia, la manzana tiene zumo. De éste se obtiene la sidra. De la sidra se obtiene el &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Calvados_%28licor%29"&gt;calvados&lt;/a&gt;. Y del calvados, según el comisario &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Maigret"&gt;Maigret&lt;/a&gt;, se obtienen las soluciones de los casos criminales. Cabría pensar, por tanto, que ante tales beneficios habrán de ser legión quienes las tienen en estima. Nada más falso, pues si bien las manzanas, desde la noche de los tiempos y tal vez desde antes, han estado íntimamente asociadas a la evolución espiritual, no es menos cierto que siempre traen problemas. Sólo Steve Jobs, John Lennon y Paul McCartney han mostrado durante el último siglo algún aprecio por estos frutos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(…)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Dios, que es muy suyo, algo en lo que todos los teólogos coinciden, ya recurrió a las manzanas para poder apostar a que un par de desgraciados, aunque por entonces no lo eran, podrían pasarse sin ellas. Los pobres no resistieron ni dos telediarios y eso que tuvieron la fortuna de residir en el Jardín del Edén y no en el Jardín de las Hespérides, donde las manzanas son mucho más valiosas y apetecibles. Tampoco debe olvidarse la célebre manzana de la discordia con la que Eris hizo honor a su cargo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(…)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Con semejante historial no es de extrañar que a lo largo de los siglos el género humano haya desarrollado una visceral aversión manzanil que explica con creces las bajísimas ventas de Trina Manzana. Tal vez el más conspicuo representante de esta actitud sea cierto &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Guillermo_Tell"&gt;ballestero helvético&lt;/a&gt;, de Burglen para más señas, que no dudaba en poner en riesgo la vida de su propio hijo con tal de poder mostrar públicamente su aversión por las manzanas asaeteándolas sin piedad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(…)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Los personajes de los cuentos de los &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Hermanos_Grimm"&gt;hermanos Grimm&lt;/a&gt; son completamente irreales y nada creíbles. Descerebrados al servicio de la historia. Sólo así se puede explicar que &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Blancanieves"&gt;Blancanieves&lt;/a&gt; comiera de la manzana que le ofreció su madrastra.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(…)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En la jerga de los músicos norteamericanos de los años 30 a las ciudades se las llamaba apple (manzana). Por eso Nueva York es conocida como &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Big_Apple"&gt;The Big Apple&lt;/a&gt;. No es casualidad que el término apareciera cuando las ciudades comenzaron a mostrar su carácter demoníaco.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(…)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Debemos a &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Voltaire"&gt;Voltaire&lt;/a&gt; el conocimiento preciso de las circunstancias concretas que interrumpieron la siesta de &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Isaac_Newton"&gt;Sir Isaac Newton&lt;/a&gt; obligándole primero a reflexionar sobre el movimiento de los cuerpos y después a sospechar que todos ellos experimentan una fuerza de atracción entre sí que es directamente proporcional a su masa e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que los separa. Newton sabía que la manzana tiene “forma globosa algo hundida por los extremos del eje”, pero no cayó en la cuenta de que precísamente por eso jamás puede caer de canto. Por culpa de ese descuido hubo que inventar la mecánica cuántica, otra desgracia que cabe incluir entre las que debemos a las manzanas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;[Carmelo Cotón; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Transgredir las fronteras: hacia una hermenéutica transformadora de la división entre angiospermas y gimnospermas&lt;/span&gt;, recogido en Hernández y Fernández (Eds.); &lt;span style="font-style: italic;"&gt;El fruto de la razón: Historia crítica de la manzana&lt;/span&gt;; Ed. Miramientos, Teruel, 2005]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;♣ ♣ ♣&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Mal que nos pese, la vida, como la termodinámica o el estado de Oklahoma, tiene sus leyes. Nada sabemos del legislador. O sólo una cosa: que debió o debe ser malvado y protervo, pues su crueldad no conoce límites. Sólo se ha preocupado por disponer condenas haciendo gala de una imaginación desbordante que ya quisiera para sí &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fu_Manch%C3%BA"&gt;Fu Manchú&lt;/a&gt;. Somos seres condenados porque ser es estar condenado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;C&lt;span style="font-style: italic;"&gt;onfiado en sus capacidades, el hombre ha querido identificar sus condenas desde que le colocaron la primera, el uso de razón. No siempre lo ha logrado. Durante muchos años, por ilustrar este extremo, permaneció convencido de que había de ganarse el pan con el sudor de su frente por más que algunos no dieran señales de transpiración y los más sudaran hasta por las ingles. Se inventó mil excusas para mantener su creencia, como que además del pan había que ganarse la mantequilla y la mermelada, y después un tostador, y luego una cubertería de plata, y más tarde una vajilla de porcelana de Limoges y, para acabar, una Playstation, un BMW y un iPod. Agotado el mundo material no quedó más remedio que sudar para ganar signos. A poco que uno se fije, apreciará que sólo los fabricantes de signos se han librado de los sudores.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;[Laurent Saint Simon, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;La vida es una tómbola&lt;/span&gt;; Tulsa Time Publishing, Tulsa, 2002, pág. 198, trad. propia]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;♣ ♣ ♣&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Refinada soberbia es abtenerse de &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://buscon.rae.es/draeI/SrvltGUIBusUsual?TIPO_HTML=2&amp;amp;TIPO_BUS=3&amp;amp;LEMA=obrar"&gt;obrar&lt;/a&gt; por no exponernos a la crítica.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;[Miguel de Unamuno]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;♣ ♣ ♣&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¡Que reinventen ellos!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;[Miguel de Inhumano; según otras fuentes lo que dijo es &lt;span style="font-style: italic;"&gt;¡Que revienten ellos!&lt;/span&gt;]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;♣ ♣ ♣&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;De lo que no cabe duda es de que cada generación está obligada a reinventarlo todo, desde el paraguas hasta la literatura. Y reinventar no es cosa fácil, como inventar, ni en general está bien visto. Muy pocos de los más grandes reinventores de la historia han prestado su nombre a suntuosas calles y avenidas y gozan de prestigio: &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Louis_Daguerre"&gt;Louis Daguerre&lt;/a&gt;, que reinventó lo que ya había inventado &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Joseph_Nic%C3%A9phore_Ni%C3%A9pce"&gt;Joseph Nicéphore Niépce&lt;/a&gt; (quien a su vez casi reinventó la bicicleta antes de que la inventara &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Kirkpatrick_Macmillan"&gt;Kirkpatrick Macmillan&lt;/a&gt;), o &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Alexander_Graham_Bell"&gt;Alexander Graham Bell&lt;/a&gt;, que reinventó lo que ya había inventado &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Meucci"&gt;Antonio Meucci&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Sin duda el campo donde la reinvención goza de un mayor desprestigio es el de la literatura. Prácticamente ningún reinventor literario puede salir de su casa tranquilo, sin temor a que le arrojen verduras y hortalizas e incluso escupitajos por donde quiera que vaya. Pagan un precio muy alto por mantener sus elevadas convicciones y realizan inhumanos esfuerzos que la posteridad, siempre tan caprichosa, no suele reconocer.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(…)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;El proceso de reinvención es harto complejo y sólo en los últimos años se ha logrado arrojar algo de luz sobre su estructura. Al principio se creyó necesario destruir, derribar lo inventado para poder reinventarlo. Por fortuna, un aventajado gabacho se dio cuenta de que la palabra alemana destruktion no quería decir lo que parece querer decir. Las apariencias, a pesar de ser portadoras de esencias, siempre son engañosas. La destruktion es más bien “&lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Deconstrucci%C3%B3n"&gt;deconstrucción&lt;/a&gt;”, acción y efecto de un proceso que, a falta de una palabra mejor, se ha querido bautizar como “derridar”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Hoy sabemos que cuando uno derrida en condiciones acaba en presencia de una extraña caja vacía y lo invade el desasosiego. El arte, esa cosa tan huidiza y que nunca se ha sabido muy bien para qué demonios sirve, se ha mostrado como la única acción capaz de rellenar ese vacío. Esta y no otra es la razón de que al fin dos dispares disciplinas hayan convergido de forma asombrosamente sinérgica: la teoría estética y la teoría del embalaje.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;[Vicente Mundano; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Introducción a los juegos florales&lt;/span&gt;; Ed. Vergel, Almería, 2004, págs. 17-18]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;♣ ♣ ♣&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;El todo siempre es mayor que la suma de las partes (salvo en el caso de las partes pudendas). La escolástica medieval ya apuntó algunas demostraciones de este sorprendente hecho, pero sólo recientemente nos ha sido concedida una prueba irrefutable: el descubrimiento de que la &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.nocilla.es/"&gt;conjunción&lt;/a&gt; de leche, cacao, avellanas y azúcar excede muy mucho la simple adición de sus individualidades. Es algo que se venía sospechando desde que se tuvo noticia de las migas con chorizo o del café con leche, pero sólo ahora lo sabemos confirmado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;[Fernando Mercado; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Márketing para principiantes&lt;/span&gt;; McGraw Gil, Úbeda, 1983]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;♣ ♣ ♣&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En el siglo XVIII se descubrió la posibilidad de poner en duda que aquel siglo fuera efectivamente el XVIII. No deja de ser una convención –clamaban unos. También la palabra convención es una convención –respondían otros, airados. Y así siguieron hasta el punto de fundar &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.hotel-convencion.com/"&gt;un hotel&lt;/a&gt; para sus convenciones. Se quedó pronto pequeño porque nadie hizo caso de los temores de un tal &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Hotel_infinito"&gt;Hilbert&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;[Aquiles Tortuga; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Sobre la posibilidad de embotellar el infinito&lt;/span&gt;, tomado del folleto publicitario de una marca de whisky]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;♣ ♣ ♣&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Al parecer fue &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jon%C3%A1s"&gt;Jonás&lt;/a&gt; el primero en percatarse de la escasa capacidad digestiva de los cetáceos, pero sus observaciones jamás pasaron a engrosar el corpus de nuestra disciplina por ese extraño orgullo que siempre nos ha condenado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;[Jean Jacques Apneau; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Ictiología elemental&lt;/span&gt;; Ed. Palos de Moler, Col. Escafandrismo y Cultura, Huelva, 1971]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;♣ ♣ ♣&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Sabido es que las pescadillas tienden a morderse la cola con idea de tomar la forma de un &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Toroide"&gt;toroide&lt;/a&gt;, como queriendo representar el nudo que constituye el sujeto y que supera a la esfera como imagen de la totalidad. Consciente de tan asombroso hecho, &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jacques_Lacan"&gt;Jacques Lacan&lt;/a&gt; pasó toda su vida intentando morderse la cola. Que se sepa, no lo logró jamás. Quien sí lo consiguió fue el pornógrafo &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ron_Jeremy"&gt;Ron Jeremy&lt;/a&gt;, cuya hazaña dio lugar a la expresión “¡Estás hecho un &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Toro_%28matem%C3%A1ticas%29"&gt;toro&lt;/a&gt;!” que la tradición ha tergiversado para no alterar las puritanas conciencias que todavía hoy nos limitan.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;[Atribuído a Lemuel Wickpick; tomado del &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Almanaque Espurio del Club de Amigos de lo Referente&lt;/span&gt; correspondiente al año 2002, Tapihi]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;♣ ♣ ♣&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;El sueño de la razón produce el regocijo de las musas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;[Francisco de Cervantes, de madrugada]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;♣ ♣ ♣&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Ya seguiré transcribiendo otro día, que es muy cansado&lt;/span&gt;]&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9462333-6355755339159173029?l=eduardoallende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eduardoallende.blogspot.com/feeds/6355755339159173029/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=9462333&amp;postID=6355755339159173029' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/6355755339159173029'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/6355755339159173029'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eduardoallende.blogspot.com/2007/10/aclaraciones-innecesarias.html' title='Aclaraciones innecesarias'/><author><name>Eduardo Allende</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06469600862892928691'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9462333.post-8173158660900195638</id><published>2007-10-03T12:35:00.000+02:00</published><updated>2007-10-03T13:33:56.670+02:00</updated><title type='text'>¡Qué merendilla!</title><content type='html'>El ya clásico anuncio no dejaba lugar a dudas. Decía: &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Nocilla ¡Qué merendilla!&lt;/span&gt; y, sin saberlo, había fijado con gran antelación la conclusión del asunto que me dispongo a traer hoy aquí. Bien es verdad que podría añadirse algún matiz, pues meriendas las hay de muchas clases. Yo quisiera destacar una, la popular merienda de negros, singular refrigerio que a lo largo de todo un siglo, el que lleva el número XIX, ha visto modificados sus ingredientes de forma sutil aunque radical. A finales del siglo XVIII la merienda de negros consistía principalmente en &lt;span style="font-style: italic;"&gt;confundir y enmarañar algún negocio o dependencia, a fin de alzarse con el útil, perjudicando a los que debían tener parte en él&lt;/span&gt;. Casi medio siglo después se había transformado sutilmente en &lt;span style="font-style: italic;"&gt;meter a barato una cosa, quedándose con ella aquellos que la manejan y traen entre manos&lt;/span&gt;. A finales del XIX acabó siendo una &lt;span style="font-style: italic;"&gt;confusión y desorden en que nadie se entiende&lt;/span&gt;. Convendrán conmigo en que cualquiera de las tres goza de gran popularidad en el exacto punto del espacio-tiempo en que nos encontramos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En las fiestas infantiles de mis hijos siempre hay unos cuantos niños que aparecen disfrazados de superhéroes. Nunca falta un Batman, un Spiderman o una Tortuga Ninja, qué sé yo. Con toda su buena voluntad, que a esas edades es mucha, se empeñan en desfazer entuertos y enfrentarse a las fuerzas del mal y es cosa que a todos hace mucha gracia. No sé muy bien a qué edad deja de tenerla, ni siquiera Cervantes lo sabía y por eso se concedió un amplio margen a la hora de endilgarle años a don Alonso Quijano. Tengo para mí, en todo caso, que la cosa se vuelve ridícula mucho antes y que no cabe tomarse en serio a nadie mayor de edad que se presente en mallas y con los calzoncillos por fuera en defensa de cualquier causa, por noble que sea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, y muy singularmente desde principios del siglo XX, los superhéroes abundan en el mundo del arte. Entiéndanme, me refiero a individuos inasequibles al desaliento que se enfrentan en solitario a las fuerzas de la tradición, confabuladas para acabar con su imprescindible renovación formal sin la que el mundo perdería todo su sentido. A veces nos hablan de mitos románticos sin caer en la cuenta de que nada hay ya más romántico que su absurda cruzada. Rebeldes sin causa, en suma, en una sociedad que precísamente ha convertido la (supuesta) rebeldía en producto de consumo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que un joven (que tiene nombre: Agustín Fernández Mallo), representante de una “generación literaria” (que, miren por donde, también tiene nombre: Generación Nocilla), ha publicado un &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.lavanguardia.es/lv24h/20070926/53397294068.html"&gt;artículo o nota&lt;/a&gt; en el diario La Vanguardia para salir al paso de &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.lavanguardia.es/lv24h/20070912/53397180493.html"&gt;otro&lt;/a&gt; en el que al parecer se le criticaba (o se criticaba su obra, o lo que es peor, sus postulados). Vaya por delante que desconozco tal obra por completo. Mi única referencia es lo publicado en el diario La Vanguardia. Soy consciente de que, en consecuencia, mis juicios tendrán un fundamento más bien endeble. Pero es lo que hay.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de ellos, de mis juicios (insisto, tal vez injusto), es que al señor Fernández Mallo parecen sentarle muy mal las críticas que se le hacen. Me baso simplemente en que todas le parecen “reaccionarias” lo que, qué quieren, me suena algo mesiánico. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Yo soy el progreso, la verdad y la vida&lt;/span&gt;, me parece leer en sus quejas. Aunque quién sabe, tal vez sea yo reaccionario, cristiano y newtoniano sin saberlo, como aquel que hablaba en prosa. O tal vez lo sea, en la misma ignorancia, don Agustín, que recurre a modos y maneras muy manidas en auxilio de su argumentación. Con la esperanza de llegar a algún puerto, aunque no sea Ítaca, he creído oportuno repasar exhaustivamente sus palabras. No esperen que les hable de literatura, eso quedará para otro día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arranca don Agustín refiriéndose a cierto artículo de Vicente Verdú, el cual “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;se convirtió en un texto de referencia para mí y, por lo que pude comprobar, también para otros escritores que creíamos que al igual que en la música hay un movimiento indie, un movimiento independiente que cultiva la estética de lo extraño pero popular (pop), también eso debería existir en la narrativa y la poesía españolas&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mal empezamos (o mal empiezo). La educación tradicional, cristiana y newtoniana, que es la que yo he padecido, me imposibilita la comprensión de esta frase. No sé si ese “debería existir” se refiere a una obligación o a una posibilidad (no sé qué sería peor). Su siguiente frase tampoco es que ayude mucho a comprender su sentido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Y más si tenemos en cuenta que las grandes compañías discográficas apostaron a mediados de los años 90 por ese indie sin pretender desvirtuarlo, cosa que jamás ha ocurrido en la literatura de este país de una manera seria hasta hoy.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mi ingenuidad newtoniana y cristiana siempre he creído que no se puede ser independiente a secas, se es independiente, en todo caso, de algo (y difícilmente de todo). Por eso nunca he entendido tanta celebración de lo &lt;span style="font-style: italic;"&gt;indie&lt;/span&gt;, al menos mientras no me aclaren de qué pérfidas influencias y manejos nos estamos librando. Imagino, por ese “sin pretender desvirtuarlo”, que hablamos de “independencia creativa”, lo que es como no decir nada porque todo creador está sujeto a numerosísimas restricciones (por ir más lejos, sostengo que la creación precisa de restricciones para ser tal, lo otro es lo del Altísimo y así le fue; no insisto en ello por no contradecir el credo cristiano y newtoniano). Así que o me dicen de qué diablos son independientes o dejémonos de chorradas y vayamos al grano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quisiera dejar claro, antes de proseguir, que no se me alcanza qué cosa pueda ser la “estética de lo extraño pero popular” (expresión para la que &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.google.es/search?hl=es&amp;amp;q=%22est%C3%A9tica+de+lo+extra%C3%B1o+pero+popular%22&amp;amp;btnG=Buscar+con+Google&amp;amp;meta="&gt;Google&lt;/a&gt; sólo devuelve una referencia al artículo de don Agustín), pero son tantas las cosas que no se me alcanzan que no ando muy preocupado por ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Aquel artículo de Verdú llevaba por título ¿Vivir o leer novelas? En él se venía a afirmar la inutilidad de la novela hoy frente a la potencia y ficción de realidad con la que nos dotan los nuevos medios de comunicación. Escribir y leer novelas sería algo así como un acto meramente folklórico, del pasado, en tanto que el folklore, por definición, nunca se presenta, sino que se re-presenta, y ése es el primer signo de una cultura en vías de extinción.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin hay materia: la novela se ha vuelto inútil (pongan “ha devenido inútil” si quieren respetar los cánones imperantes de la estupidez). Habrá que volver sobre ello, pero prefiero seguir leyendo. Me resulta curiosa la asociación de foklore y pasado. Según don Agustín el folklore, por ser cosa del pasado, “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;nunca se presenta, sino que se re-presenta&lt;/span&gt;”. Me imagino que debe andar pensando en aquellos certámenes de coros y danzas regionales tan frecuentes en los tiempos de aquel gallego bajito que padecimos por aquí, y no en lo que significa la palabra folklore (folclore para los newtonianos miembros de la Real Academia Española de la Lengua). A mí me parece que el messenger, los piercing, las pastillas y el trance ya forman parte del folklore, sobre todo porque la idea de “pueblo” (&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Volk&lt;/span&gt;) siempre ha encerrado un componente borreguil que casa muy bien con todas estas cosas. Es decir, que, tal y como yo lo entiendo, lo que se “re-presenta pero no se presenta” será cualquier cosa menos folklore. Reconozco que esta idea de folklore rompe su asociación con la tradición, pero es que hoy día las costumbres cambian casi con cada estación y difícilmente pueden transmitirse entre generaciones. Espero que se acepte, al menos, que lo que seguro que ya no es folklore son los trajes regionales y esas cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por mor del rigor, de todas formas, será conveniente echarle un vistazo al seminal artículo de Vicente Verdú no fuera a ser que no dijera lo que dicen que dice. Empecemos por transcribir un párrafo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Hoy, en países con sentido crítico actualizado y con algún debate no necesariamente vasco, resulta más notorio que la novela es un quehacer desfallecido. Nuestros mejores novelistas –dos o tres– lo saben y lo proclaman cuando se les atiende. Casi todo lo interesante que puede ofrecer hoy una novela pertenece a otro género: al ensayo, a la autobiografía, al diario, al cine, a la antropología, a la filosofía. Cuando se argumenta aún que en la novela “cabe todo” es que, efectivamente la novela se encuentra vacía. ¿Contar una historia? Todavía hay diversos novelistas que alardean de que su máxima pasión, su vocación sagrada, lo que de verdad les mueve es contar historias. Que se hagan guionistas. Si conserva algún sentido ejercer la episodiología es, sin duda, el estilo; si tiene algún sentido escribir es producir algo que sólo se pueda decir por la escritura. Las historias las cuenta mucho mejor el cine, el vídeo, la televisión, los comics, incluso.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los habituales de este rincón ya sabrán que carezco de sentido crítico actualizado y sólo esa es la razón de que el párrafo anterior me parezca, por decirlo suavemente, una soberana simpleza no exenta de truco. Vaya usted a saber por qué don Vicente apoya su argumento en dos o tres personas que destacan en el yermo e inútil campo de la novela (&lt;span style="font-style: italic;"&gt;nuestros mejores novelistas&lt;/span&gt;, dice). Entiendo, sin embargo, que sólo se dediquen a proclamar sus tesis &lt;span style="font-style: italic;"&gt;cuando se les atiende&lt;/span&gt;. No le veo mucho sentido a ponerse a proclamar cosas cuando a uno no se le atiende. Ya me gustaría a mí saber quiénes son esas dos o tres lumbreras cuyo nombre se nos hurta, pero tampoco es cosa que me quite el sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La verdad es que no acabo de aclararme. De un lado se nos dice que la novela no vale, que sus únicos valores hoy día residen en lo que no es novela (cosa que es “notoria” a poco que tenga uno su “sentido crítico” al día; en otras palabras, sólo los carcas pueden disentir de don Vicente, de hecho es su disensión la prueba de su antigüedad). No ayuda mucho que no se nos diga qué demonios es una novela y menos todavía que se la reduzca y amplíe a la vez equiparándola al acto de “contar historias” (acto que, quiérase o no, no ha visto crisis desde que existe la memoria). Muchos géneros (la novela entre ellos) “cuentan historias” y la novela, sea lo que sea, no se queda en eso. De toda la vida, que se decía antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además, yo no creo que ejercer la “episodiología”, sea lo que sea esta curiosa creación de Monsieur Verdú (no confundir con Monsieur Verdoux), conserve ningún sentido. Por más estilo que uno le ponga, la episodiología es disciplina condenada a pervivir o desaparecer sólo entre las líneas de don Vicente (una vez más, &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.google.es/search?hl=es&amp;amp;safe=off&amp;amp;q=episodiolog%C3%ADa&amp;amp;btnG=Buscar&amp;amp;meta="&gt;Google&lt;/a&gt; sólo devuelve un enlace al poner “episodiología”, ¿adivinan adonde apunta?; claro que en unos días, cuando el Googlebot quiera, me incorporaré yo a esa exclusiva lista).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El que quiera contar historias tiene a su alcance muchas posibilidades. Puede, desde luego, hacerse guionista, como puede hacerse muchas otras cosas. Por poder, hasta puede limitarse a contárselas a sus amigos en el aperitivo de los domingos. ¿De qué demonios estamos hablando? Y ya puestos ¿qué es eso de que las historias las cuenta mejor el cine, el vídeo, la televisión e incluso los cómics? ¿Todas las historias? ¿Son todas las historias cinematográficas? ¿Son todas las formas de contar una historia cinematográficas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie con sentido crítico, actualizado o no, puede asumir esa petición de principio sin reparos. Desharé ahora mi particular trampa para tratar de poner en contexto la tesis de don Vicente. Este es el párrafo que antecede al que he transcrito más arriba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;No exagerando, podría decirse que la más común justificación de la novela tipo –con aspiración de best seller– es un argumento policiaco, se trate de una acción ambientada en la contemporaneidad, en la postguerra española, en una dictadura latinoamericana o en los romanos. Los autores de novelas, a primera vista individuos de comportamiento normal, con hábitos y gustos de nuestro tiempo, se transfiguran en sujetos al menos del siglo XIX cuando abordan el empeño de “hacer literatura”. Son, en el discurrir cotidiano, personas que van al cine; que visten en Massimo Dutti, conducen un coche y manejan Internet, pero cuando se trata de la literatura tienden a investirse del “artista obsoleto”. Y no es eso lo peor: lo peor es que escriben novelas, novelitas o novelones, que se siguen considerando artículos alienables con la novedad, se expenden en mesas donde se anuncian como “novedades” y los consumidores las compran en el engaño de que pertenecen a una oleada flamante. El malentendido que sigue rigiendo en Espana –relativamente aislada del mundo intelectual por su padecer político/terrorista– se irá deshaciendo, pero por el momento vivimos, a traves del éxito de la novela (mala, regular o buena), un particular anacronismo que recuerda los retrasos del franquismo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si yo lo he entendido bien (ya saben que soy pésimo lector), parece que en realidad estamos hablando de la “novela tipo” y no de la novela. Si lo que afirma su tesis es que muchos de los grandes éxitos editoriales en nuestro país responden a fórmulas decimonónicas y poco aportan a la historia de la literatura no puedo sino estar de acuerdo. Es verdad. Tienen bien poco o mas bien nada de novedosas, aunque no creo que la cosa se deba al secular aislamiento y atraso celtibérico (que, de existir, poco tiene que ver con el padecer político/terrorista; esto del atraso y el aislamiento se ha vuelto un lugar común insufrible).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los simples (y cristianos y newtonianos) tendemos a ver las cosas de forma simple. En nuestro país se lee muy mal (qué mejor ejemplo que yo mismo). En los países de eso que llaman “nuestro entorno” la cosa tampoco está como para tirar cohetes a pesar de la actualidad de su “sentido crítico”. A los simples nos parece muy notorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora bien, ¿por qué ocurre esto? ¿Por qué gozan de tanto éxito las fórmulas literarias de hace cien o doscientos años? Pues, por lo visto, porque la gente “no tiene historia” y necesita de otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Los novelistas que siguen siendo novelistas –ante todo– “para contar historias” persisten gracias a la gente que no tiene historia. Todos los demás, progresivos habitantes urbanos de biografía cambiante, de empleos nómadas, de residencias portátiles, de amores mutables, no irán necesitando el auxilio de esas páginas. O les proporcionan argumentos que ya conocen en vivo o reconocen que les están mintiendo con un género muerto. La literatura, antes y ahora, sólo se legitima en la escritura-escritura, pero antes la novela podía reemplazar informaciones inexistentes, aventuras irrealizables, amores ilícitos y visiones que la moral vedaba. Poco a poco, en los países más abiertos y dinámicos, la demanda de no ficción gana terreno, sin embargo, a la ficción, porque es la existencia de realidad de lo que cada vez carece más la cultura capitalista. Demanda pues de realidad, de criterios para dilucidar y no de falsas intrigas. Y tambien, cláro está, demanda de literatura auténtica, sin trucos o enredos, para degustar la vida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vamos, que al hombre de hoy &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Madame Bovary&lt;/span&gt; no le dice nada porque ya conoce unas cuantas mujeres de similar clase y condición, porque puede ver la(s) película(s) (la última, de Claude Chabrol, de 1991) y porque todo el mundo sabe que la tal madame nunca existió (Cioran lo expresaba con mayor lucidez, pero eso es harina de otro costal y en otro costal lo dejo). Uno (yo mismo) se pregunta ¿qué clase de idea de la literatura tiene este caballero? Yo nunca he leído una novela “para conocer la historia”. Cualquiera con dos dedos de frente, y hasta sin ellos, hace lo mismo. El que sólo busca la historia hace pero que muy bien en buscarla en el cine, la televisión, el vídeo e incluso los cómics (aunque me parece injusto condenar todos esos medios a meros contadores de historias). La literatura es otra cosa y siempre se ha sabido (tal vez porque forma parte del folklore).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero volvamos a Mr. Fernández en el punto exacto donde lo dejamos, abominando de la folklórica y vetusta novela (¿o será de la novela folklórica y vetusta?).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Naturalmente, no pocos sectores críticos estéticamente reaccionarios pusieron el grito en el cielo; ante esa reacción, los indies, ni caso, seguimos trabajando. Pero ya no pudimos seguir trabajando de la misma manera, ya que Verdú estaba en lo cierto: la novela tal como la habíamos venido entendiendo hasta entonces era un producto inútil, o en terminología de Vicente Luis Mora: era tardomoderna. Había que plantearse comenzar a hacer novelas de otra manera si no queríamos caer en una ridícula esterilidad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya me parecía raro a mí que aquellos convencidos de la inutilidad de la novela dedicaran tanto tiempo y tal vez esfuerzo a escribir novelas. A ver si nos aclaramos, ahora resulta que no, que no es la novela lo que está en crisis. Es la forma de hacer novelas la que lo está, por eso hay que “comenzar a hacer novelas de otra manera”, para evitar la vasectomía intelectual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no sé muy bien cómo “había venido entendiendo” don Agustín la novela y, en consecuencia, no me siento capaz de juzgar su inutilidad (la de la novela entendida por don Agustín, que quede claro). Es más, estoy predispuesto a creerle: es casi seguro que la novela, tal como la ha venido entendiendo Agustín Fernández Mallo (sólo o en compañía de otros) es un artefacto completamente inútil. No hay que darle más vueltas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En aquel momento pergeñé lo que después llamé Poesía Postpoética, algo que se ajustara a mi manera de entender el hecho poético. El caso es que esa sensación de inutilidad respecto a la novela (y respecto a la poesía ya ni digamos) persiste en la población lectora; no tanto en el escritor. En mi opinión, su cura pasa por entender los géneros literarios de una manera diferente: un vínculo sinergético, es decir, como un todo en el cual muchas causas se conciten para dar lugar a un efecto inédito que las supere. Reunión de causas, sí, pero no dialécticas a la manera hegeliana, sino a la manera de Baudrillard, es decir, que se seduzcan las unas a las otras.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo ignoro todo de esa poesía de rimbombante y contradictorio nombre así que pasaré de largo por este punto. Hay que hacer notar que por fin se nos caracteriza algo esta “crisis” de la novela: al fin sabemos que se trata de una “sensación de inutilidad” (reconozco que no es fácil buscarle utilidades, aunque yo una vez utilicé una bien gorda para sujetar un radiador que había perdido un anclaje) y que esta persiste más bien en los malvados lectores, los cuales tal vez, como yo, carezcan de sentido crítico actualizado y lo mismo son cristianos newtonianos de la peor ralea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Considero toda una desfachatez considerar que todo este humo constituye un diagnóstico. Decir que la novela es “un quehacer desfallecido”, que “está vacía”, que es inútil, es no decir nada. Dígase por qué (pero de verdad, no me valen los trucos de Verdú). Hay novelas, muchas, del todo impresentables y que gozan de gran éxito y consideración. Pero siempre las ha habido. La mala literatura siempre ha superado en número a la buena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, en este curioso mundillo la ausencia de diagnóstico no impide el desarrollo de la terapia (menos mal que buena parte de los médicos son cristianos y newtonianos y se empeñan en saber qué le pasa a uno antes de recetarle las pastillas o los supositorios). Basta crear un vínculo sinergético entre los géneros literarios que, al parecer, no existía antes y se acabó el problema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Renuncio aquí a explicarles a Hegel. De todos es sabido que es un autor difícil (tampoco es de los peores) y la academia ha hecho cuanto estaba en su mano para dificultar aún más el acceso a sus ideas (cada vez que recuerdo los manuales de filosofía del colegio me echo a temblar). Me permitiré, en descargo de mi renuncia, una recomendación de buena fe. Sé que hoy día es un autor denostado y que sólo nombrarlo me granjeará más de un enemigo, pero ya estoy curado de espanto y no me asustan los censores. Me refiero a Herbert Marcuse, que en1941 publicó un libro llamado &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Razón y revolución&lt;/span&gt; cuya primera parte (243 páginas en mi edición de bolsillo) lleva por título &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Fundamentos de la filosofía hegeliana&lt;/span&gt;. Creo que se trata de una de las exposiciones más interesantes de la obra de Hegel y bien puede servirles, a don Agustín y a ustedes, para aclararse un poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Renuncio también a explicarles por qué estoy convencido de que Jean Baudrillard tampoco se enteró de nada al leer a Hegel, si es que lo hizo. El día que el señor Chin me rogó, con motivo de su fallecimiento (el de Baudrillard, Dios guarde al señor Chin muchos años), que escribiera sobre el finado confieso haber sacado de las estanterías todos sus libros (los de Baudrillard, los del señor Chin no los tengo en casa). Sólo sirvió para que volviera a preguntarme cómo es posible que perdiera tanto tiempo con semejantes memeces. No tuve fuerzas para más. Tal vez, se lo he visto hacer en otras ocasiones a otro nocillero, se me acuse de no haber entendido a Baudrillard (o a Derrida, para el caso). Pues muy bien, estoy hasta dispuesto a admitirlo con tal de no perder un segundo más con ello (los intrigados investiguen el concepto Baudrillardiano de seducción y llénense de espanto). Yo a lo mío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Y es que hay que decirlo ya: así como las artes plásticas hace muchos años que han dado el salto de la modernidad a la posmodernidad (posmodernidad que ya incluso es antigua), la narrativa y poesía españolas no lo han hecho salvo en casos muy aislados (de entre los autores ya muy cuajados se me ocurre Rodrigo Fresán, entre otros). Eso, para empezar, es grave. Los géneros se han vuelto muy previsibles, muy acotados, han entrado en ese camino sin aparente retorno que los clásicos llamaban amaneramiento y que hoy llamaríamos esclerotización: demasiado colesterol en las venas que las vuelve rígidas, que las rompe.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues habrá que decirlo ya: los escritores (menos los de la nocilla) se nos han quedado obsoletos (estoy tentado de decir que folklórikos), ya no sorprenden a nadie y se dedican a repetir fórmulas archisabidas que a nada conducen. ¿Será esto cierto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Confieso entre mis pecados, no digan que no lo advertí, que abomino la posmodernidad. Entiéndase, no abomino el mundo en que vivo. Abomino la sarta de majaderías de unos cuantos a cuento de esto. La wikipedia proporciona un buen ejemplo de este tipo de bobadas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En la literatura el posmodernismo -no confundir con posmodernidad- provocó la fusión del espacio y del tiempo en la narración y la percepción difusa de la realidad, así como los distintos puntos de vista del o de los narradores, junto a la simultaneidad de los géneros, especialmente en la novela, llevó a la ruptura de las técnicas clásicas, abolidas por una absoluta libertad tanto en estilo, forma y fondo. La literatura de imágenes donde la realidad y la ficción comparten el mismo espacio-tiempo se asemeja a la cinematografía, donde los dibujos animados comparten los mismos lugares y la misma vida que los actores de carne y hueso.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuidandome mucho de no confundir posmodernismo y posmodernidad, debo decir que no sé qué diantres es eso de la fusión del espacio y del tiempo en la narración (no creo que nadie pueda llegar a saberlo, pero la vacuidad nunca ha sido un problema en el posmodernismo o en la posmodernidad, vaya usted a saber). Un señor antiguo que atendía por Henry James fue bastante más lejos de la “percepción difusa de la realidad” y, de paso, rompió más “técnicas clásicas” que muchos posmodernos (o posmodernistas). Lo que pasa es que hay que saber leer para darse cuenta. La “absoluta libertad” (concepto de una ingenuidad sin precedentes), por su parte, no es más que otra de las caras de ese pretendido “relativismo” que nos asola o asuela (y que no parece tal, porque la “novedad” se ha convertido en valor absoluto).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más de una vez he declarado que el relativismo, cultural o de cualquier otra índole, se cura a bofetadas. Un buen mamporro demuestra con asombrosa facilidad que hay cosas que no son relativas. Lo que pasa es que ya no se estila la educación a la antigua (supongo que cristiana y newtoniana) y por eso nos están saliendo unas generaciones aquejadas de ética posmodernista, preocupante enfermedad por más que se la quiera vestir con ropas que ni el profesor Teufelsdrockh pudo haber siquiera imaginado. Volvamos a la Wikipedia:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;La postmodernidad, por más polifácetica que parezca, no significa una ética de carencia de valores en el sentido moral, pues precisamente su mayor influencia se manifiesta en el actual relativismo cultural y en la creencia de que nada es totalmente malo ni absolutamente bueno. La moral postmoderna es una moral que cuestiona el cinismo religioso predominante en la cultura occidental y hace énfasis en una ética basada en la intencionalidad de los actos y la comprensión inter y transcultural de corte secular de los mismos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no sé muy bien donde vivo (y este blog es buena prueba de mi desubicación), pero tengo claro que debe ser bien lejos de la “cultura occidental” porque no acabo de ver predominar “cinismo religioso” alguno por ninguna parte. De entrada me parece que cinismo y religión son cosas que casan bastante mal. Lo único que les encuentro en común es el estar en las antípodas de lo que creía “cultura occidental contemporánea”. La ética posmoderna (pasemos de largo por eso de la “intencionalidad de los actos”) no es más que el acomodo supuestamente teórico de quienes efectivamente carecen de sentido crítico (me atrevería a decir que de sentido a secas). Presupone la inacción, emite juicos morales falsos porque no conducen a nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero volvamos a don Agustín, alarmado porque la literatura española no acaba de dar el salto a la posodernidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Y es grave porque la condición necesaria, aunque no suficiente, para que un género artístico o una disciplina científica sean fecundos es, precisamente, que los límites, los lindes, de esa disciplina o género estén desdibujados, estén en continua vía de definición. Sólo en esas fronteras híbridas se da el ADN necesario para que surja vida artística o intelectual. Lo saben muy bien los científicos que se dedican a la rama de la ciencia más innovadora hoy por hoy, la física de los sistemas complejos,donde por primera vez varios ámbitos y escalas del conocimiento de solapan en una nueva frontera (física, química, biología, teoría de la información, computación, etcétera). Algo que está por definir, y de ahí su fertilidad. ¿Cómo se podría aplicar eso a la novela y la poesía?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parece que no nos libramos de esa absurda manía de recurrir a la terminología científica para adornar las cosas. Recuerden, por ejemplo, la colección que Alain Sokal rescató de entre las obras de Baudrillard: “el espacio euclidiano de la historia” (nada que ver con “el espacio no euclidiano de finales de siglo”, en el que “una curvatura maléfica desvía invenciblemente todas las direcciones” y en el que, por lo visto, tuvo lugar la Guerra del Golfo), o aquella otra joya del “hiperespacio de refracción variable” que, al parecer, nos separa del final (de cualquier cosa). Admitamos lo del ADN como licencia poética, pero la referencia a los sistemas complejos no tiene un pase. Ni es una disciplina (o muchas) de fronteras desdibujadas, ni su “fertilidad” depende de que nadie sepa muy bien a qué está jugando (bien que lo saben sus practicantes). Hace mucho tiempo, a cuento de cierta discusión en el Congreso de los Diputados, se trató en este lugar sobre el fenómeno de la turbulencia (que bien puede enmarcarse entre los sistemas complejos). Fue un buen ejemplo de cómo ayuda la ignorancia a construir un buen dialógo de besugos a poca voluntad que ponga uno de leer en las cosas lo que le venga en gana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En sentido estricto, no estaría de más distinguir la “fertilidad”, esto es, la capacidad de reproducirse, de la “fecundidad”, que es la consecuencia efectiva de la reproducción: el fértil puede tener hijos, el fecundo los tiene (tengan cuidado si se manejan en inglés: fertilidad se traduce como &lt;span style="font-style: italic;"&gt;fecundity&lt;/span&gt; y fecundidad como &lt;span style="font-style: italic;"&gt;fertility&lt;/span&gt;). Pero en fin, ¿cabe afirmar que la “fecundidad” de un género artístico y de una disciplina científica estén sujetas a los mismos condicionantes? Yo no lo creo. Como tampoco creo que la “indefinición de fronteras” explique nada. Entre otras cosas porque todavía está por verse una frontera definida en las cosas del espíritu. Las fronteras entre géneros nunca han estado, por fortuna, definidas. Yo lo expresaría de otra forma pero ¿acaso no creó Thomas Carlyle un “vínculo sinergético” entre los géneros con su &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Sartor Resartus&lt;/span&gt;? Hay ejemplos a patadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En ese marco de nuevos paradigmas, una serie de narradores han surgido, se han hecho visibles (mal que les pese a algunos) y se están haciendo notar. Algunos de esos críticos reaccionarios antes aludidos ponen pegas francamente débiles y a mi modo de ver, como mínimo, sorprendentes y hoy por hoy desacreditadas. Una pega típica es afirmar que ya antes existían narradores que mezclaban géneros y fragmentaban sus composiciones. Cierto pero simplista.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El uso del palabro “paradigma”, horrible peste que no hay manera de erradicar, me daría para otro ladrillo de la misma extensión que este, así que lo dejaré estar por el momento. En todo caso las cosas se complican. Ahora resulta que no es que haya un nuevo “paradigma narrativo”. Al parecer hay un montón. Supongo que por eso el mundo se ha vuelto insufrible. Pero a pesar de la confabulación judeo-masónica, un puñado de valientes y aguerridos héroes resiste valerosamente. Por más que los críticos reaccionarios hagan uso de toda su artillería contra ellos, se mantienen en pie. Entre otras razones porque tal artillería resulta, a su entender, bastante ligera. Quede claro, de todas formas, que a mí no me pesa en absoluto que los narradores se hagan visibles. Faltaría mas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se nos cuenta que es cierto que mezclar géneros y fragmentar no es nada nuevo. Ya ha habido antes escritores (¿a qué tanta insistencia en la palabra “narradores” cuando lo que no vale es “contar historias”?) que lo han hecho (yo añadiría que hasta filósofos, toda la obra de Heráclito conocida está en fragmentos). Pero aducir eso como crítica es “simplista” (no como el artículo de don Agustín, que ni la Física de Sistemas Complejos podría desentrañarlo al completo)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Evidentemente antes que nosotros hubo otra generación hoy ya asentada y excelente como Loriga, Casavella o Magrinyá, entre otros muchos, que experimentó con esos conceptos, y antes que ellos, otra en los años 70, y antes que ellos otra en los 60, y mucho antes que ellos las vanguardias, y en origen de todo ello, Homero. Pensar que todo experimentalismo es el mismo es no haber entendido un hecho fundamental: cada generación reinventa la literatura en el sentido de cómo dar forma a unos contenidos, aunque la palabra experimentación sea, en efecto, la misma.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es tranquilizador comprobar que don Agustín es consciente de no ser el primer escritor de la historia y ya puestos, de que esta es muy larga y llega hasta Homero y más lejos si nos ponemos quisquillosos. Yo no pienso que todo experimentalismo es el mismo. No creo que nadie piense eso. Sólo digo que mezclar géneros y mezclar géneros, así en abstracto, sí es lo mismo. Será simplista, pero además es una verdad como un templo. Más verdad que eso de que cada generación “reinventa la literatura” y que recuerda más bien a un anuncio de automóvil (ya saben , cosas como “el Seat 850, reinventa el confort”).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre he descreído de esa extraña concepción grupal del arte. Puedo aceptar que la literatura ha tenido “reinventores” (yo no los llamaría así, pero bueno, más de uno ya sabrá por qué), pero se han hecho sus “reinvenciones” ellos solitos, no en pandilla. Las revoluciones formales no son batallas generacionales. Pero sigamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En términos de lógica podría decirse que lo que se mantienen son unos receptáculos vacíos, unas cajas vacías (denominados conceptores) en los que cada generación va introduciendo su propia construcción del mundo, sus propios conceptos,y después los baraja para emitir su artefacto.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si la expresión “en terminos de lógica” quiere decir “en términos de lógica” (no vaya a ser que pase lo mismo que con los experimentalismos, que aunque se llamen igual son la noche y el día), lo que me faltan son los términos de lógica. En su lugar me encuentro unas cajas vacías de extraño nombre (en sentido estricto, conceptor es el que concibe y no un envase, pero debe ser que yo me quedé en una lógica muy antigua, tal vez newtoniana y cristiana) en las que don Agustín y sus amigos van echando cosas (supongo que tras haber vaciado lo que otros pusieron antes en ellas) hasta que salga algo que al final se pueda “emitir”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto es lo que hay y no hay otra. Generación tras generación se produce el mismo fenómeno (no es tan novedoso, por tanto). Llegan unos cuantos, vacían unas cajas, perdón, conceptores, las vuelven a rellenar y emiten. Quien no esté de acuerdo es que es muy muy chungo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Pensar lo contrario responde a esa cosmovisión básicamente cristiana y newtoniana que afirma que el tiempo, y por lo tanto la propia Historia de la literatura, es una línea recta acumulativa que un día no da más de sí (dogma Creación-Apocalipsis).&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supongo que el dogma de marras debe encontrarse ente los escritos esotéricos de Newton (que son muchos) porque en la mecánica newtoniana el tiempo no tiene fin ni principio. Claro que la mecánica clásica tampoco guarda relación alguna con el cristianismo. Pero, por lo que se ve, o traga uno con los conceptores o es preso de la pérfida cosmovisión cristiana y newtoniana que sólo conduce al Juicio Final (aunque no se pueda llegar a él porque deambulamos por un &lt;span style="font-style: italic;"&gt;hiperespacio de refracción variable&lt;/span&gt;, que se lo pregunten a Baudrillard o, en su defecto, al capitán Kirk).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy día está de moda descreer de la linealidad del tiempo. Es frase que queda muy bien gracias a que no se aclara qué se entiende por “linealidad”. En su sentido más simple el tiempo es perfectamente lineal: después del lunes viene el martes incluso en la sociedad posmoderna. Pero don Agustín se empeña en traernos otra posibilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Más bien el tiempo es un bucle que se reinventa cada cierto tiempo de manera distinta y sinergética.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues bueno, pues vale, pues será eso (algo tiene de la idea platónica del tiempo, ¿o no será más bien el bergsoniano (y poco &lt;span style="font-style: italic;"&gt;indie&lt;/span&gt; en mi opinión) “tiempo psicológico”?). Y la vida son los ríos que van a parar al mar…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Para empezar, es imposible que los narradores que hoy están innovando escriban como los que innovaron hace diez años porque en aquel tiempo no existían un internet generalizado ni una serie de tecnologías que configurase no ya las obras literarias sino algo mucho más medular, la propia manera de pensar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo iría más lejos. Es imposible que los narradores que hoy están innovando escriban como los que innovaron hace diez años porque entonces no estarían innovando, digo yo. Y lo digo con independencia de la existencia de tecnologías que, mucho me temo, más bien configuran la manera de no pensar (propia o ajena).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Hay una cosa que creo que hay que tener clara, y que podría resumirse en la frase: "Antes se creaba desde el conocimiento, ahora desde la información".&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conviene tener claras muchas cosas, cuantas más mejor. Yo cada vez tengo menos y la lectura de este artículo ha contribuído en algo a ello. Conocimiento e información (que, según cómo, hasta podrían entenderse como sinónimos) nos proporcionan una nueva dicotomía que parece imprescindible entender. Pongan todo su esfuerzo en desentrañar el sentido de esta cosa del conocimiento y la información porque si no lo hacen es seguro que harán el más espantoso de los ridículos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;El crítico que aborde el hecho literario sin tenerla más o menos en cuenta fracasará seguro, y no por culpa de unos autores y unos editores empeñados en fastidiarles, no, sino porque el mundo hoy es así, y patalear ante eso equivale a caer en el ridículo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afortunadamente don Agustín nos ofrece algunas pistas para huir del ridículo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Antes el autor escribía desde la intimidad y la hacía visible al mundo (mito romántico). Hoy toma los materiales directamente del mundo (información en bruto) y los maneja en una intimidad que luego emite. Ya no se edita, sino que se emite. Hace poco tiempo relataba en una entrevista George Steiner los temas científicos en los se está trabajando ahora en Cambridge, y terminaba: "Ante todo eso, no se ofenda, hasta las novelas más finas y elegantes me parecen prehistóricas".&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya ven. Antes el autor escribía desde la intimidad, sin tomar materiales ni nada, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;ex nihilo&lt;/span&gt;. Ahora “sinencambio” toma materiales para recluirse en la misma intimidad que el autor antiguo. Por eso el autor de antes escribía y el de ahora sólo maneja materiales. Y lo que es más, antes el autor hacía visible al mundo (es forma cursi de decir “publicaba”, que es “hacer publico”), no su obra sino su intimidad (¿?). Ahora, el autor emite (¿publica?) su intimidad tras “manejar materiales” (eso es lo que dice, no sé si intencionadamente, don Agustín). Sólo hay algo invariable: antes y ahora se publican (o emiten) intimidades, no obras (o “manejos”).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Editar no es más que publicar de forma impresa. Emitir es echar fuera. Emitir, por tanto, comprende editar y decir que “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;ya no se edita sino que se emite&lt;/span&gt;” o no tiene sentido o sólo significa que don Agustín está dispuesto a dar a conocer su obra por otros medios distintos del impreso (cuento que, por otra parte, no se aplica a sí mismo, al menos Goytisolo regalaba videojuegos con sus libros). Será que don Agustín “emite desde la información” pero no “desde el conocimiento”. Asumida esta tesis se aclaran muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;George Steiner está en todo su derecho a sentirse fascinado por los modernos avances científicos. Debe tener, de todas formas, gran afición por la prehistoria ya que ha consagrado su vida a la critica literaria y lo ha hecho, por cierto, con bastante más lucidez, que don Agustín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Tenemos que aprender los poetas y novelistas de ese espíritu einsteniano. Einstein fue un gran indie. Y es que el riesgo y la audacia se parecen mucho al concepto mismo del arte: un recipiente finito que contiene algo infinito. Asomarse a ese abismo infinito da miedo, sí, pero es la única manera de avanzar. Lo supo Cristóbal Colón, lo supo Heisenberg, lo supieron Marco y su mono Amedio y hasta lo supo el Equipo-A.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El espíritu einsteniano del Equipo-A es indiscutible, como el de Marco y su mono Amedio. Tiemblo de pensar lo que hubiera podido ocurrir si al Equipo-A le hubiera dado por ayudar a Marco, con o sin mono, a encontrar a su madre. Menudo festival &lt;span style="font-style: italic;"&gt;indie&lt;/span&gt; habríamos tenido. Pero no tengo tan claro que Einstein fuera un gran &lt;span style="font-style: italic;"&gt;indie&lt;/span&gt; (claro que tampoco sabemos qué demonios es eso de ser &lt;span style="font-style: italic;"&gt;indie&lt;/span&gt;). A no ser que Einstein sea el de los posters sacando la lengua y no el de las teorías de la relatividad. Es posible que Heisenberg, que se pasó unos cuantos años intentando desarrollar una bomba atómica para el régimen nazi, fuera indie, pero me falta información para afirmarlo con rotundidad. Cristóbal Colón, por su parte, anduvo empeñado en encontrar una ruta hacia las indias, pero no sé si esas “indias” guardan relación con estos “indies”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Otra pega puesta por la crítica reaccionaria -que no siempre coincide con la de más edad biológica, es más, diría que, sorprendentemente, mi experiencia me dice que casi es al contrario- es que esta nueva generación posee un pretendido pathos anticomercial cuando en realidad sus integrantes están locos por vender y publicar en grandes editoriales. Francamente, jamás he visto a un escritor de mi generación decir tal absurdo. Todo el mundo quiere vender y publicar en editoriales que les den visibilidad, sean grandes o pequeñas, y afortunadamente en los últimos años pequeñas editoriales como Candaya, DVD, Berenice, La Periférica o Plurabelle están adquiriendo una presencia en el mercado gracias a un trabajo editorial excelente.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sinceramente yo tampoco he visto muchos escritores empeñados en no vender (tampoco es nada malo, ahí está Kafka). Además, la hipocresía del autor en nada afecta a la calidad de sus obras. Si esas son todas las críticas que le hacen debería andar de lo más contento. A mí, que soy de natural mal pensado, de todas formas, me parece este un párrafo metido con calzador y cuya única función es justificar su reciente contrato con Alfaguara no vaya a ser que haya quien piense que traciciona su “espíritu indie” (recuerden que las grandes compañías discográficas tuvieron el detalle de “no intentar desvirtuarlo”).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;La ecuación Visibilidad= Mala Literatura es insostenible hoy por hoy. Para empezar porque, como ya apuntara Baudrillard, el crimen perfecto se ha cometido, lo que está fuera del mercado no existe por la sencilla razón de que fuera del mercado ya no hay nada. El -si se me permite la cursilería- espíritu indie nada tiene que ver con publicar por narices en editoriales minoritarias, sino al contrario, igual que ocurrió en la música, hacer también venir a las editoriales mayoritarias a nuestro terreno, hacer que se mojen y cambien sus filosofías de ventas maximalistas. Creo que eso ya está ocurriendo. Es éste un debate que en otras artes más evolucionadas socioeconómicamente, como las visuales o la música, serían irrisorias y anacrónicas. Así nos luce el pelo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sigo sin saber qué diablos es el cursi “espítiu indie” y de nada me sirve que se me asegure que tiene que ver con que las editoriales mayoritarias se muden a la finca de don Agustín y sus compinches y, de paso, cambien sus filosofías de ventas maximalistas (¿qué es lo maximalista, la filosofía o las ventas?). Así de corto soy. Tan corto que hasta se me había escapado que las artes sufren (o disfrutan de) una “evolución socioeconómica” cuyo alcance, que apenas vislumbro, se me antoja maravilloso. Así me luce el pelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Lo cierto es que la hornada de nuevos narradores y poetas en este país está saliendo de bombonas de gas periféricas por una espita que cada vez es más difícil cerrar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alarmado por el descubrimiento de un horno, aunque sea de narradores, con una espita de gas abierta que además cada vez es más difícil de cerrar sólo se me ocurre señalar que la explosión parece inevitable. Pónganse todos a cubierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;No hay más que asomarse a la actualidad literaria para ver la cantidad de convenciones, congresos, jornadas y reuniones a los que los nuevos poetas y narradores llegan bien armados. Somos empollones, sí, dejamos para otros anacrónicos procesos de voluntaria malditización. Más que una generación -término que nos importa bien poco- yo estaría hablando de una red de personas con intereses comunes y cosmovisiones parecidas, que son radicales en el sentido etimológico, es decir, que están agarrando el problema por la raíz.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No entiendo esa insistencia en afirmar su renuncia al “malditismo”. El simple hecho de estar proclamando sus cosillas en un periódico de amplia tirada ya lo deja claro. Agradezco muy mucho que recupere la palabra radical en su sentido original y me atrevo a pedir a esa red de personas con intereses y cosmovisiones comunes que, ya que tienen el problema “agarrrado por la raíz”, nos digan de una santa vez cuál es. Lamento, por otra parte, que sean empollones. No porque considere que eso tenga algo de malo sino porque, ya que empollan, lo suyo es que les hubiera servido de algo. Pero vayamos al delirio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;De la misma manera que el Universo se expande al mismo tiempo que los humanos no paramos inútilmente de encerrar gases, clausurar espacios, acotar ríos, etcétera, la literatura también se expande aunque algunos traten de cerrar sus válvulas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es de sobra sabido, por más que uno se empeñe en encerrar gases estos acaban encontrando el orificio de salida y suelen escapar en el momento más inoportuno acompañados de cierta sonoridad. Lo que no acabo de ver es el sentido de la comparación: la literatura se expande aunque haya quien trata de impedirlo ¿de la misma forma que el Universo se expande a pesar de que intentemos, por educación, aguantarnos los pedos? ¿Quién demonios se opone a la “expansión” del Universo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Es más, no sólo el Universo se expande sino que ahora se ha descubierto que existe una Energía Oscura que a distancias cósmicas lo acelera. Esa Energía Oscura es muy indie, y la constituirían estos nuevos escritores que están tratando de acelerar la investigación narrativa y poética, los afterpop, como los ha llamado el crítico Eloy Fernández Porta, o los I+D, como los denominó Jorge Carrión en este mismo diario. Diría que no pocos críticos ya se están dando cuenta de que necesitan otras armas de análisis para abordar ese fenómeno; por desgracia, como recientemente hemos comprobado, otros ni se enteran.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fíjense, la energía oscura, hipotético campo que abarca todo el espacio, es muy &lt;span style="font-style: italic;"&gt;indie&lt;/span&gt;. Es decir, que toda la literatura está llena de indies acelerando su inevitable expansión. No se entiende entonces su preocupación por acabar con las fuerzas de la reacción. Están condenadas a fracasar. ¿O es que no acaban de creerse “energía oscura”? Por lo demás, no puedo pronunciarme sobre si los críticos necesitan otras armas de análisis mientras desconozca cuales son las unas, las que ahora manejan. Reconozco que la crítica literaria me la refanfinfla. Es mi derecho como lector pasármela por el escroto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, ¿no se les hace raro tanta mención de Baudrillard, Derrida y la posmodernidad y que la mecánica cuántica no aparezca por ningún lado? Pues es que son unos impacientes, el fetiche de estos pseudopensadores no puede faltar nunca. Don Agustín nos lo trae de forma contradictoria pero original.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Desde Homero, el mundo de la literatura siempre fue el reino de la improbabilidad o de la probabilidad cuántica, nunca cristiana o newtoniana.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En opinión de don Agustín, el mundo de la literatura, de toda toda la vida, ha sido… una de dos o el reino de la improbabilidad o el reino de la probabilidad cuántica. Hasta él estará de acuerdo en que no se puede ser esas dos cosas a la vez (a no ser que considere la literatura un fenómeno cuántico, en cuyo caso, apaga y vámonos). Yo no sé muy bien qué entender con eso de que la literatura es el reino de la improbabilidad: ¿acaso que la literatura se dedica a narrar hechos improbables? ¿o más bien que la propia literatura es improbable? A este paso va a ser lo segundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que me parece evidente es que la literatura jamás ha sido el reino de la probabilidad cuántica (que no es más que una probabilidad monda y lironda, todo hay que decirlo). De serlo, el pobre Homero, que no tenía mucha vista, habría andado más despistado que el sufrido gato de Schrödinger y tal vez nos habríamos perdido la &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Ilíada&lt;/span&gt; o la &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Odisea&lt;/span&gt;. Por fortuna, tanto Aquiles como Ulises se manifestaron en el nivel macroscópico y se pudo cantar sus andanzas. Seamos serios, ¿qué coño tiene que ver la probabilidad cuántica con el mundo de la literatura? Se lo digo yo: nada. Nada de nada. Cero patatero. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Rien de rien&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora bien, la idea de este señor sobre la “probabilidad cuántica” es novedosísima (como casi todo lo que hace). Según su pintoresca interpretación el gran error de Newton fue no tener en cuenta que las monedas lanzadas al aire pueden caer de canto (¿¿??). Como lo oyen o lo leen (un consejo bienintencionado: vuelva usted a estudiar a Newton, que seguro que se lleva una sorpresa).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Se tira una moneda al aire, ¿qué probabilidad hay de que caiga de canto? Ante esa pregunta enmudecemos, no hay respuesta, las newtonianas cara y cruz se llevaron toda la probabilidad de la que disponíamos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo cierto es que en la mecánica clásica (newtoniana si quieren) la probabilidad de que una moneda real, con su masa y su volumen, caiga de canto, existe, es no nula. Siempre ha sido así. Ante esa pregunta sólo enmudecen don Agustín y sus amigos. Cualquier estudiante de bachillerato (del bachillerato de mi época al menos) puede respondérsela sin problemas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Pareciera que hemos fracasado, pero la audacia, la pirueta indie, una vez más debiera venir a salvarnos haciendo oídos sordos a posturas críticas hoy por hoy desprestigiadas, porque en ese canto de la moneda, ese canto en apariencia sin probabilidad, es en donde se lo juegan todo la poesía y la novela.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde luego a mí me parece que ha fracasado. Al menos en aprender algo de física elemental y matemáticas. Desoir las críticas hoy por hoy desprestigiadas por don Agustín y compañía (ignoramos si por alguien más) puede no parecer una actitud muy correcta, pero siempre he sido de la opinión de que lo mejor que puede hacer todo escritor es desoir todas las críticas. Desoiga usted, don Agustín y, ya puestos, dedíquese a escribir y no a hacer sus propias críticas o contracríticas. El futuro de la novela y de la poesía depende sólo de eso y no del canto de una moneda que sólo a usted le parece completamentre improbable según nuestros cristianos y newtonianos cánones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Abusando de la mecánica cuántica podríamos decir que existe una probabilidad real de que la moneda caiga vertical, en su filo. Y abusando aún más, diríamos que esa probabilidad finita contiene algo potencialmente infinito y proteico que no podríamos definir sin destruirlo pero que sí debiéramos autores y editores investigar. ¿Vivir o leer novelas?: la cuántica nos dice que ambas actividades son la misma cosa. El sentido común indie también.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que don Agustín abusa de la mecánica cuántica es cosa evidente y notoria. Que la probabilidad de que una moneda caiga de canto es no nula (todas, pero todas todas las probabilidades son finitas; aunque no se lo crean, en cosa que se deduce de su propia definición) es un resultado elemental de la mecánica clásica (newtoniana) y nada, pero nada de nada, tiene que ver con la mecánica cuántica (que sólo maneja monedas a la hora de repartir el presupuesto para investigación).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, debo coincidir con don Agustín en que afirmar que esa “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;probabilidad finita contiene algo potencialmente infinito y proteico&lt;/span&gt;” es aún mayor abuso. No sé yo cómo una probabilidad puede contener nada, ni sé cómo el infinito puede ser proteico (en cualquiera de sus acepciones). Otra cosa es eso de “potencialmente infinito”, que al menos puedo entenderlo como el aristotélico infinito potencial, tan del gusto de Gauss y que está en la base del cálculo infinitesimal tradicional (vamos, que la literatura, o su literatura, puede hacerse tan grande como se quiera).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que primero andaban los nocilleros o nocillistas atrincherados en sus paradigmas, defendiéndolos a capa y espada contra las hordas retrógradas que no tiene nada mejor que hacer, y resulta que ahora los encontramos a todos haciendo equilibrios en el canto de una moneda que no creo que pase de dos céntimos, en busca del infinito con un cazamariposas (de peor calidad que el de Nabokov, un autor que vaya si se ha quedado antiguo). Un infinito frágil e indefinible que requiere toda la atención de autores y editores por más que nadie se entienda, como en las modernas meriendas de negros. Y luego nos quejamos. Es para darse con un improbable canto en los dientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ya ven, a don Agustín la mecánica cuántica le dice más cosas que al resto de los mortales. Le dice hasta que vivir y leer novelas son la misma cosa, un resultado asombrosamente similar al que proporciona el “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;sentido común indie&lt;/span&gt;”. Quién nos lo iba a decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que no se engañen. Nadie les persigue y menos una horda de viejos retrógrados con el bastón alzado. Si andan extraviados y no saben muy bien qué hacer, bienvenidos al club. Nos pasa a todos y no es un fenómeno cuántico. La condición humana es así. Dedíquense a escribir y déjense de chorradas. Yo, lector, pondré la parte que me toca. Aunque, por el momento, don Agustín me ha puesto muy difícil que me entren ganas de abrir sus libros. Yo no digo que no haya que ser moderno, o rebelde, o incluso reinventor sinérgico. Lo que digo es que conviene no ser imbécil. Por antiguo que suene.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9462333-8173158660900195638?l=eduardoallende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eduardoallende.blogspot.com/feeds/8173158660900195638/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=9462333&amp;postID=8173158660900195638' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/8173158660900195638'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/8173158660900195638'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eduardoallende.blogspot.com/2007/10/qu-merendilla.html' title='¡Qué merendilla!'/><author><name>Eduardo Allende</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06469600862892928691'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9462333.post-1941423639140316437</id><published>2007-10-01T11:50:00.000+02:00</published><updated>2007-10-01T11:51:01.327+02:00</updated><title type='text'>Vivian y Jimmy</title><content type='html'>Más que una idea es un sentimiento, pero muchas, tal vez demasiadas, son las historias que merecen ser ciertas. Y algo de ello hay, sospecho, en las íntimas razones de todo aquel que se pone a juntar letras por más que nocilleros y antinocilleros se tiren los trastos a la cabeza en sus vacuas disputas. Queden allá sus trifulcas y pensemos aquí, por matar el tiempo, en historias que merecen ser ciertas aunque estén llenas de tópicos o de elementos fantásticos. A mí, en concreto, me suelen gustar las historias que reúnen lugares comunes y hechos increíbles. Ya sé que son fáciles de inventar, pero soy así de simplón y ya es tarde para que me arrepienta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cabe imaginar, por ejemplo, un bluesman en Chicago, o en Indiana hacia finales de los años cincuenta cuyos problemas con el alcohol son tan graves que es incapaz de recordar la letras de sus canciones. Por darle calidez humana a la historia, cabe también colocar una sufrida esposa a su lado que le va soplando lo que tiene que cantar y a la que se puede oir haciéndolo en muchos de sus discos. Y por darle a la cosa un toque surrrealista, cabe poner al gran Albert King, influyente figura de la guitarra de blues, tocando la batería en su banda. Y ya puestos, también cabe fantasear con que la dueña de la pequeña compañía discográfica para la que graba mantiene un acuerdo secreto con la policía local para que detengan al músico el día antes de cada sesión y le hagan pasar la noche en el calabozo para garantizar que llegue sobrio al estudio. Al final, tanto por razones de efectividad narrativa como de justicia poética, lo suyo es que alguna prominente figura del mundo del Rock and Roll, pongamos por ejemplo, los &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Rolling Stones&lt;/span&gt;, le rindan homenaje y graben sus canciones. Con todo esto puede arreglarse una buena historia de esas que merecen ser ciertas. Sobre todo si le añadimos pintorescos elementos fantásticos como, por decir algo, que esa pequeña compañía discográfica consiguió la distribución en exclusiva de los discos de los &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Beatles&lt;/span&gt; en los Estados Unidos porque inguna otra vió negocio en ello. Intentémolso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jimmy nació en Mississippi, unos dicen que en Dunleith y otros que en Leland, en 1925, cinco años antes que Vivian, que había venido al mundo en Tinica, también en Mississippi. Sus caminos, sin embargo habrían de cruzarse muy lejos de allí. Vivian pronto se trasladó a Gary, Indiana, Allí, años después, se aficionó a escuchar el programa radiofónico de Al Benson, que se emitía desde Chicago. Cuando a este se le ocurrió organizar un concurso para encontrar una pareja de disc jockeys jóvenes, Vivian no se lo pensó dos veces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El concurso consistía en redactar un breve anuncio y presentarlo en una audición que tendría lugar en una serie de hoteles repartidos por el país. Cuando Vivian se enteró de la convocatoria eran las séis menos diez del día en que vencía el plazo. La audición tendría lugar a las siete, así que tomó unas apresuradas notas sobre un anuncio de una tienda de ropa que el propio Al Benson estaba leyendo en ese momento y se presentó al concurso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No habría historia si Vivian no hubiese ganado el concurso. Pero lo ganó, al igual que lo hizo otro joven llamado Sid McCoy. Como premio, cada uno de ellos hubo de hacerse cargo de un pequeño show radiofónico de quince minutos que obligó a Vivian a trasladarse temporalmente a Chicago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jimmy había aprendido a tocar la guitarra y la armónica allá en su tierrra natal, pero en 1943 se trasladó a Chicago en busca de mejores oportunidades. Tampoco sería Chicago el lugar donde habría de cruzarse con Vivian. Poco después de llegar, las autoridades lo alistaron en el ejército y lo mandaron a ver mundo con motivo de la Segunda Guerra Mundial. Se licenció o lo licenciaron, que uno nunca sabe quién es el sujeto de tales actos, en 1945 y regresó a Mississippi para casarse con Mary, su novia de toda la vida, de la pasada y de la que había de venir. Decidido a sentar la cabeza, logró un empleo en una de las principales industrias cárnicas del país, la Armour &amp;amp; Co, más concretamente en su planta de envasado en Gary, Indiana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por aquel entonces Vivian, que se había casado con James Bracken, había vuelto a Gary y regentaba junto con su marido una tienda de discos. Su programa de radio había sido un éxito entre otras cosas porque programaba música que era prácticamente imposible de encontrar en disco. Por eso a Sid Mc Coy, que también se había trasladado a Gary, se le ocurrió sugerir la idea de que organizaran una compañía discográfica. Vivian y James se tomaron la idea con entusiasmo y pronto nació la &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Vee Jay Records&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jimmy se había hecho un cierto hueco en la escena musical local y se había unido a una banda llamada &lt;span style="font-style: italic;"&gt;The Gary Kings&lt;/span&gt; en la que tocaba la batería el que después sería el gran, en todos los sentidos, Albert King. En aquellos días, si uno quería ser alguien en el mundo del blues, lo suyo era firmar un contrato con &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Chess Records&lt;/span&gt;. Jimmy lo intentó sin éxito, como tantas otras cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras tanto, el matrimonio Bracken había estrenado su compañía grabando con una banda llamada &lt;span style="font-style: italic;"&gt;The Spaniels&lt;/span&gt;, y andaban a la caza de un segundo artista. Fue entonces cuando dieron con Jimmy. En junio de 1953 entraba por vez primera en un estudio de grabación. De aquella sesión salió su primer single &lt;span style="font-style: italic;"&gt;High and Lonesome&lt;/span&gt;, que se editó a la vez que el &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Baby It’s You&lt;/span&gt; de The Spaniels. Ambos se vendieron más o menos bien en el mercado local, lo suficiente para que Vivian y James firmaran un acuerdo de distribución con una compañía de Chicago que consiguió colocar a &lt;span style="font-style: italic;"&gt;The Spaniels&lt;/span&gt; en el top ten de las listas de rythm and blues.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Jimmy bebía mucho y siempre se presentaba borracho en el estudio de grabación. Mary, su mujer, se veía obligada a irle apuntando las letras para que las pudiera cantar. Muchas veces, en las grabaciones finales, se la podía oir perfectamente avanzando el siguiente verso. La situación llegó a tal extremo que en &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Vee Jay&lt;/span&gt; se decidió acordar con la policía que le detuvieran el día antes de cada grabación. Muchos años después Calvin, el hermano de Vivian, declararía: &lt;span style="font-style: italic;"&gt;nunca se lo conté porque no creo que apreciara mucho que le hicieramos pasar la noche entre rejas, pero era la única manera que encontramos de hacerle llegar al estudio sobrio&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1957, tras una serie de ciertos éxitos, Jimmy desarrolló una epilepsia que fue tomada por el &lt;span style="font-style: italic;"&gt;delirium temens&lt;/span&gt; debido a sus cogorzas. Pasaron muchos años hasta que alguien dio con el diagnóstico correcto y pudo tratar la enfermedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A principios de los años sesenta unos mozalbetes británicos andaban buscando compañía discografica con la recomendación de los Beatles. Habían grabado una serie de maquetas que incluían muchos de los temas de Jimmy: “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Ain’t That Loving You Baby&lt;/span&gt;”, “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Bright Lights, Big City&lt;/span&gt;”, y “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Shame, Shame, Shame&lt;/span&gt;” entre ellos. Finalmente &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Decca&lt;/span&gt; les editó un EP que incluía otro tema de Jimmy, “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Honest I Do&lt;/span&gt;”. Se llamaron &lt;span style="font-style: italic;"&gt;The Rolling Stones&lt;/span&gt;. Aún se les conoce por ese nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero mientras en el Reino Unido el blues y el rythm and blues contaba cada vez con más seguidores, en los Estados Unidos la música que se hacía a este lado del Atlántico despertaba muchos recelos. EMI, la compañía que editaba a los &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Beatles&lt;/span&gt; no había conseguido que su socio en América, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Capitol Records&lt;/span&gt;, se aviniera a publicar unas cuantas grabaciones de sus artistas y en un acto desesperado se las ofrecieron a Vee Jay. Firmaron un acuerdo para editar a Frank Ifield y tuvieron la osadía de preguntar: ¿tenéis a alguien más?. Bueno, –les respondieron– tenemos a otro grupo que ha rechazado Capitol. Y así, Vivian y James editaron en los Estados Unidos &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Love Me Do&lt;/span&gt;, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Please Please Me&lt;/span&gt;, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;From Me To You&lt;/span&gt;,… Los de Capitol no tardaron mucho en darse cuenta del error y, con ayuda de EMI, demandaron a la Vee Jay cuando esta pretendía editar todo un LP con los éxitos de los &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Beatles&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A día de hoy Vee Jay Records sigue existiendo, pero no publica nada y se limita a licenciar su catálogo a otras compañías. Jimmy, gozó de un cierto reconocimiento gracias a los &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Stones&lt;/span&gt; hasta su muerte en 1976. Merece la pena bucear por todas sus grabaciones, las de Jimmy y las del resto del catálogo de Vee Jay.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me digan que no es una historia que merece ser cierta.&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;&lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.vee-jay.net/"&gt;Vee Jay Records&lt;/a&gt;&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;&lt;a style="font-weight: bold;" href="http://hubcap.clemson.edu/%7Ecampber/veejay.html"&gt;Vee Jay: The Early Years&lt;/a&gt;&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;&lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.bsnpubs.com/veejay/index.html"&gt;The Vee Jay Story&lt;/a&gt;&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;&lt;a style="font-weight: bold;" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Vee-Jay_Records"&gt;Vee Jay en la Wikipedia&lt;/a&gt;&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;&lt;a style="font-weight: bold;" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Jimmy_Reed"&gt;Jimmy Reed en la Wikipedia&lt;/a&gt;&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;&lt;a style="font-weight: bold;" href="http://negrocomounblues.blogspot.com/2007/04/jimmy-reed-1925-1976.html"&gt;Jimmy Reed&lt;/a&gt; (Oh, Dios mío!, con descargas ilegales de su música)&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;&lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.dermon.com/Beatles/Veejay.htm"&gt;Los Beatles en Vee Jay&lt;/a&gt;&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;/ul&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9462333-1941423639140316437?l=eduardoallende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eduardoallende.blogspot.com/feeds/1941423639140316437/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=9462333&amp;postID=1941423639140316437' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/1941423639140316437'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/1941423639140316437'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eduardoallende.blogspot.com/2007/10/vivian-y-jimmy.html' title='Vivian y Jimmy'/><author><name>Eduardo Allende</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06469600862892928691'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9462333.post-5982992814358022439</id><published>2007-09-25T11:10:00.000+02:00</published><updated>2007-09-25T11:12:04.370+02:00</updated><title type='text'>Introducción a la música</title><content type='html'>Recientes conversaciones y la sempiterna vocación de servicio que siempre me ha condenado me impulsan a redactar este breve cursillo con el que confío aportarles la seguridad necesaria para adentrarse sin complejos en el proceloso mundo de la música, ese arte huidizo que pasa por ser el más puro. No en vano fue directamente inspirado por las musas y de ahí su nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lamentablemente, como pasa con casi todo, cuando uno empieza a desgranar este complejo asunto van desapareciendo la poesía, los sentimientos y las demás lindezas. No esperen, por tanto, prosa elevada y aún más elevados conceptos. Mi intención, pedestre como es habitual, es simplemente procurarles unas nociones básicas para manejarse en el laberinto de corcheas y bemoles sin riesgo de extravío. Veremos si lo consigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Propósito&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Introducir, lo que se dice introducir, es cosa que puede hacerse de muchas maneras. Hasta no hace mucho gozaba de gran predicamento la introducción violenta, administrada por severos maestros armados con reglas de madera. Hoy en día, por esos vaivenes pendulares a los que tan propenso es el espíritu humano, se estila más bien lo contrario. Se habla, siempre con una sonrisa, de “motivación”, de “aprender a aprender” y muchas otras cosas igual de biensonantes pero que, por lo que se ve, producen escasos resultados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, del hecho de que descrea de la moderna pedagogía no deben deducir que vaya a optar por la vieja escuela para mi propósito. Del indudable hecho de que la letra con sangre entra no cabe deducir que la nota también lo haga, y así, he creído oportuno tirar por la calle de en medio a pesar de dudar, con cierto fundamento, de la existencia de tal calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;El ruido y la música&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decía el manual escolar con el que me intentaron enseñar estas cosas que la música es el arte de combinar los sonidos con el tiempo. No sé a ustedes, pero a mí la cosa me recuerda a un barman de los que ya no se estilan. Se cogen unos pocos sonidos y algo de tiempo, se meten en la coctelera, se agita convenientemente y … ¡hala!. Ya tiene uno el combinado. Lo malo es que si no se tiene arte acaba uno preparando eso que llamaban música máquina y que tiene más que ver con un martillo hidráulico que con don Antonio Machine e incluso con la Miami Sound Machine.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Convengamos, por simplificar, en que la música es un arte aunque no se sepa muy bien qué esconde ese concepto y que el ruido (y a veces la furia) viene a ser la ausencia de arte. Es declaración vacía, pero tampoco vamos a ponernos tiquismiquis por un quítame allá esas pajas. Será mejor entrar en harina estudiando brevemente los sonidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Los Sonidos. Conceptos básicos&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los más selectos libros dedicados a tan trascendental asunto coinciden en afirmar que las características del sonido son: intensidad, tono y timbre. Y ya que cierta tradición aconseja definir las cosas a través de sus características, no está de más que los repasemos con cierto detalle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;La &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;intensidad&lt;/span&gt;, que no es otra cosa que el volumen, eso que todos llamamos alto y bajo, no es más que la amplitud de la onda sonora. Cuanto más amplia es ésta, más alto se oye, pero si lo dijéramos así no sonaría muy científico.&lt;/li&gt;&lt;li&gt;El &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;tono&lt;/span&gt;,como el sexo, es cuestión de frecuencia. Cuanto más alta es ésta, más agudo es aquel, el tono, por supuesto.&lt;/li&gt;&lt;li&gt;El &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;timbre&lt;/span&gt; viene a ser el hecho diferencial de los instrumentos. Un violín y un piano pueden producir sonidos de igual tono e intensidad y, sin embargo, son perfectamente distinguibles (quiero decir distinguibles al oído; ya sé que también lo son a simple vista o al cargar con ellos). Una explicación sencilla es afirmar que ambas ondas tienen formas diferentes. Una explicación menos sencilla se basa en el número de armónicos y el análisis de Fourier, según el cual toda onda periódica puede descomponerse como suma infinita de senos y cosenos. Aclara menos pero queda uno como más interesante.&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;br /&gt;Los cientificos que se han dedicado a estas cosas han comprobado que el instrumento musical con una onda más similar a una sinusoide es la flauta dulce. Ignoro cómo demonios han llegado a tener noticia sobre el sabor de tan indigesto instrumento, pero habrá que creerles que para eso llevan bata blanca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la intensidad, el tono y el timbre debe añadirse una cuarta característica, la duración, pero ya llegará el momento de tratar tan enjundioso asunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Las notas musicales&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La semana tiene siete días y el año doce meses. A nadie se le ocurre decir que el año tiene siete meses o la semana doce días. Por eso no es fácil explicar por qué se ha vuelto lugar común decir que las notas, que son doce, son siete. La razón más probable para tan sorprendente circunstancia descansa sobre la arraigada tendencia humana a hacer distingos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, lo mismo que suele hacerse con las personas se hace con las notas musicales. Se nos dice: de acuerdo, las notas son doce, pero sólo siete son las notas fetén, las de primera categoría, las que tienen derecho a un nombre propio. Y dicho y hecho. Sólo siete notas tienen nombre propio. El que todos ustedes conocen y que proviene del Himno a San Juan Bautista escrito por el historiador lombardo Paulus Diaconus y que decía y dice así:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Ut queant laxis&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Re sonare fibris&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Mira gestorum&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Famuli torum&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Solve polluti&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Labii reatum&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Sancte Ioannes&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el tiempo, el “Ut” fue sustituido por el “Do” (derivado de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Dominus&lt;/span&gt;) y la cosa quedó más o menos así:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Do – Re – Mi – Fa – Sol – La - Si&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero aquí no acaba la cosa. No es que las otras pobres cinco notas marginadas no disfruten de un nombre propio, es que, como se las nombra por referencia a las adyacentes, ni siquiera hay forma de aclararse con ellas. Fa#, por poner un ejemplo, es exactamente la misma nota que Sol&lt;span style="font-style: italic;"&gt;b&lt;/span&gt;. Para entender este despropósito deben olvidar la definición de tono que les di antes y quedarse con esta otra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Un tono es la sexta parte de una octava.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se preguntarán ahora, ¿y qué demonios es una octava? Pues, miren por donde, eso si es sencillo de explicar: una octava es un intervalo de seis tonos. Vean a continuación una octava completamente desnuda:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Do – Do# ó Re&lt;span style="font-style: italic;"&gt;b&lt;/span&gt; – Re – Re# ó Mi&lt;span style="font-style: italic;"&gt;b&lt;/span&gt; – Mi – Fa – Fa# ó Sol&lt;span style="font-style: italic;"&gt;b&lt;/span&gt; – Sol# ó La&lt;span style="font-style: italic;"&gt;b&lt;/span&gt; -Si&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me digan que no tiene bemoles la cosa. Pero no hay injusticia sostenible eternamente. Todas, antes o después, encuentran su libertador. En Rusia, por ejemplo, Vladimir Ilich Ulianov puso todo su empeño en la liberación del proletariado. Con poco éxito, todo hay que decirlo, porque igualdades no es que lograra muchas. Más bien cambió unas diferencias por otras. En hispanoamérica (o iberoamérica, o latinoamérica, o como quiera que los manuales de corrección política llamen a tan vasto territorio), Simón Bolívar vino a hacer tres cuartos de lo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el caso de la música, el revolucionario fue, era de esperar, Arnold Schonberg, que se empeñó en poner las notas en pie de igualdad. No era mala idea, pero tropezó con una penosa política de marketing a la hora de colocar su invento ¿Cómo puede uno esperar el éxito de algo con un nombre tan horrísono como “dodecafonismo”? Es más que evidente que el palabro combina los sonidos y el tiempo con muy poco arte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Tiempo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero las notas, en tanto que sonidos, presentan, como ya les dije, una cuarta característica que viene a añadirse a las tres que antes les he presentado. Me refiero a la duración. Hay notas cortas y largas, las hay que se hacen largas e incluso, aunque son las menos, algunas resultan demasiado cortas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta no hace mucho a nadie le pareció necesaria mayor distinción. Los monjes dedicados al canto gregoriano distinguían tan sólo dos notas, la &lt;span style="font-style: italic;"&gt;longa&lt;/span&gt; y la &lt;span style="font-style: italic;"&gt;brevis&lt;/span&gt;. Pero según se fueron complicando las cosas, triste consecuencia de la condición humana, no quedó más remedio que crear una amplia variedad de duraciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al decir de los entendidos, las notas blancas duran más que las negras, afirmación que en más de una ocasión les ha valido la acusación de racistas. Todavía hay parientes más pobres, las corcheas son aún más cortas y todavía más lo son las semicorcheas. El colmo de la cortedad son las fusas y semifusas. Sólo una cosa es más corta que una semifusa, y es el autor de estas líneas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero por más que se empeñen los compositores por establecer la duración de sus notas calificándolas de corcheas o semifusas, escapa a su control lo deprisa que el intérprete o ejecutante (en general es preferible el segundo término) las reproduzca. Por eso se inventó el “aire”. Cuesta entender por qué a la velocidad de ejecución se le llamó &lt;span style="font-style: italic;"&gt;aire&lt;/span&gt;. Yo siempre he creído que la cosa tiene que ver con los aspavientos del músico y/o del director: cuanto más rápido tocan o dirigen, más aire levantan a su alrededor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que la ortodoxia ha fijado una serie de “aires” desde el más lento, llamado Grave, hasta el más rápido, llamado Prestissimo. Les dejo aquí para su deleite la lista completa:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;Grave - Es el aire más lento de todos&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Largo - Muy lento, pero no tanto como el Grave&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Larghetto - Un poco menos lento que el Largo&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Adagio - Moderadamente lento&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Andante - Moderado, ni rápido ni lento&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Andantino - Semejante al andante, pero un poco más acelerado&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Allegretto - Moderadamente rápido&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Allegro - Andamento veloz y ligero&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Vivace - Un poco más acelerado que el Allegro&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Presto - Aire muy rápido&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Prestissimo - Es el aire más rápido de todos&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;br /&gt;No contentos con esto, los compositores musicales, siempre melindrosos, han dedicado enormes esfuerzos por calificar sus aires más por liar la cosa que por dejarla clara. Así, uno encuentra con frecuencia en las partituras indicaciones tales como, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Andante con moto&lt;/span&gt;, sin especificar la cilindrada de esta. Tal vez el más preclaro ejemplo de esto sea el &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Quinteto de Vientos&lt;/span&gt; de Johann Sebastian Mastropiero, cuyos tiempos son:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;Allegro molto&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Andantino grazioso&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Allegro piacevole ma con un attimo de nostalgia meridionale senza perdere di vista il chiaro rallentando delle pasione humane e il fiatto semplici della luminose mattine dove gli uccelli felice cantavano lasciato ni esperanza voi che entrate assai&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;br /&gt;Si a esto unimos el paralelo empeño por controlar también la intensidad de las notas a ejecutar con indicaciones absurdas como, “piano”, queriendo decir que hay que tocar bajito tenemos un batiburrillo surrealista en el que no hay forma de aclararse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Armonía&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una cosa muy principal y que, por alguna razón que se me escapa, tienden a olvidar los divulgadores de los secretos musicales cuando les da por repartir su saberes, es, no ya la combinación de los sonidos con el tiempo, sino la combinación de los sonidos entre sí. A eso lo han llamado armonía como consecuencia del ansia humana por ponerle nombre a todo lo que se deje y es lo que diferencia los politonos del despertador Casio de hace unos años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sabiduría popular, que por muy lo segundo que sea no deja de tener algo de lo primero, siempre ha afirmado que tres son multitud. Por eso me permito decir ahora que la armonía trata precisamente con y de las multitudes. Su punto de partida, el llamado “acorde”, consta de, al menos, tres notas distintas. Tres personas no pueden jugar al mus y dos notas no pueden formar un acorde. Es así de simple. Ahora bien, alguno se preguntará ¿y por qué? A pesar de las pesadumbres que suele acarrear el excesivo conocimiento responderé a la pregunta en el siguiente párrafo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres personas no pueden jugar al mus porque se juega por parejas (la costumbre ha establecido el número de parejas en dos, pero no es impensable una partida de tres parejas). Dos notas no pueden formar un acorde porque no tienen forma de definir la “modalidad”, abstrusa idea que me permite abrir el siguiente apartado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Modos&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los modos, que no deben confundirse con los modales, son, por lo visto, dos. Ya me he referido antes al afán discriminatorio que anida en las profundidades del alma, por lo que no abundaré en el asunto y me limitaré a informarles de que se les ha llamado “Mayor” y “Menor” por personas que, sin género de dudas, no atendieron las sabias explicaciones de Coco en Barrio Sésamo, porque no se ve por ninguna parte que el uno sea más grande que el otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Que en qué se diferencian ambos modos? Pues en una cosa muy sutil. Tan sutil que es digna de Duns Escoto: la tercera. Y no me refiero a las sesudas disquisiciones con que  nos regala el diario ABC en su tercera página, sino a al intervalo de tercera en la escala musical. Si la tercera es mayor (para entendernos, entre la primera y la tercera nota hay una distancia de dos tonos), el modo es mayor. Si la tercera es menor (es decir, una diferencia de un tono y medio), el modo es menor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora bien, les he dicho que el modo, o la modalidad si se ponen pedantes, es una cosa de lo más misteriosa y me los imagino ahora sorprendidos al no ver misterio por parte alguna. Vean la escala de Do mayor:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Do – Re – Mi – Fa – Sol – La - Si&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y vean ahora la escala de La menor:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La - Si – Do – Re – Mi – Fa – Sol&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es decir, la misma pero empezando por otra nota a la que llaman tónica. Son iguales, la misma, lo que no impide a los profesionales del asunto afirmar con contundencia que las composiciones en modo menor son tristes y melancólicas y las composiciones en modo mayor alegres y optimistas. ¿No es de lo más misterioso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tónica no se llama así en honor al infame brebaje con que suele arurinarse la buena ginebra sino porque “da el tono”, cosa distinta de dar la nota. Y es que los grados de la escala musical, de cualquier escala, tienen nombre y ninguno tiene desperdicio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I. Tónica&lt;br /&gt;II. Supertónica&lt;br /&gt;III. Mediante&lt;br /&gt;IV. Subdominante&lt;br /&gt;V. Dominante&lt;br /&gt;VI. Superdominante&lt;br /&gt;VII. Sensible&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Urge una interpretación de esta extraña terminología en términos políticos que me siento incapaz de hacer aquí. Tampoco sería mala idea una novela. No me negarán que el relato de las tormentosas relaciones entre un superdominante y un sensible puede dar mucho juego (ahí tienen, sin ir más lejos, al matrimonio Macbeth).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;El intervalo tritono&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Introduzco aquí un asunto menor pero de cierta enjundia. Ya que, llegados a este punto, en el que ya sabrán de acordes e intervalos, no le resultará difícil comprender lo que sigue. ¿Se imaginan un intervalo tritono, es decir, de dos notas separadas por tres tonos? Los doctores medievales sí se lo imaginaron y se llenaron de espanto. Vieron en él nada menos que al mismísimo diablo mucho antes de que Marilyn Manson asaltara las tiendas de discos. Es lugar común que el sonido del intervalo tritono es “siniestro”, lo que no deja de ser una arbitrariedad consagrada por la costumbre. A mí me parecen mucho más siniestros David Bisbal, King Africa o la pelandusca esa de los micrófonos aunque sus intervalos sean angelicales (cosa que está por ver).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Conclusión precipitada&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y alcanzado este punto, tengo para mí que ya he acumulado información suficiente como para considerar demostrada mi no declarada intención: introducirse en la música es cosa que no sirve para nada, llena de sinsentidos enfrentados a todo uso de razón y que no conduce a nada bueno. Para tocar el clarinete lo que hay que hacer es soplar y darle a las llaves (preferiblemente a la vez y con cierto orden), eso es todo. Para tocar el clarinete en una orquesta lo que hay que hacer es justo lo contrario, no soplar y procurar que el director no se de cuenta. Si todos los músicos de la orquesta hicieran lo mismo, la de paz que nos traerían.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9462333-5982992814358022439?l=eduardoallende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eduardoallende.blogspot.com/feeds/5982992814358022439/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=9462333&amp;postID=5982992814358022439' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/5982992814358022439'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/5982992814358022439'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eduardoallende.blogspot.com/2007/09/introduccin-la-msica.html' title='Introducción a la música'/><author><name>Eduardo Allende</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06469600862892928691'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9462333.post-364465661119531561</id><published>2007-09-24T10:25:00.000+02:00</published><updated>2007-09-24T10:24:39.034+02:00</updated><title type='text'>Pleitos tengas...</title><content type='html'>De todos es sabido que las cabeceras de prensa tienden a sobrevalorar informaciones de escasa trascendencia frente a otras que, por poco análisis que uno se moleste en hacer, resultan de mayor gravedad, interés y significación. Estos días estamos viviendo un caso palmario. Si se toman la molestia de revisar las portadas de los periódicos de los últimos días hoy comprobarán que están dominadas por planes de vivienda, corruptelas varias o amenazas terroristas. En definitiva, asuntos menores de los que nadie tendrá recuerdo dentro de pocas semanas. Por el contrario, hay otras noticias, ocultas entre las páginas interiores y con mínima extensión, de importancia incontestable. Una de ellas, en concreto, es la que me ha animado a iniciar estas líneas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya sé que les tengo un tanto dejados de la mano de Dios. No es cosa de mi gusto, pero no veo forma de afrontar la sequía. El bosque de neuronas que me acompañaba se ha transformado en páramo estéril, supongo que por falta de riego (interesante juego de palabras, ¿no creen?). Y así estamos. Confieso mi culpa. Soy yo el responsable de mi inactividad aunque habrá quien crea que lo es esa mano de las que les he dejado. ¡Qué socorridas son las circunstancias para justificarse!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya conocen el tema. Tanto un servidor como muchas cabezas mejor dotadas y amuebladas que la mía llevamos tiempo insistiendo en un acuciante problema que no parece ser percibido en toda su gravedad por los más. El azar ya no se entiende como lo que es. Cuando un caballero se cae por un socavón y se rompe varios huesos, jamás piensa en achacar el incidente a la mala suerte o a su propia torpeza. No. Será el Ayuntamiento o algún responsable de obra el que cargue con las culpas. Nunca es difícil encontrar alguna perdida ordenanza o regulación sobre la que apoyarse: que si la señalización era deficiente, que si la valla sólo tenía 105 centímetros en lugar de los reglamentarios 120, que si el cartel de peligro no estaba escrito en la “lengua vehicular”, etc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta pasíón por encontrar responsables ajenos en lo puramente azaroso o en lo exclusivamente personal choca con la afición paralela por exculpar a los que sí son verdaderamentre responsables de algo. Un atracador yonqui es una “víctima de la sociedad” y no cabe exigirle resposabilidades por los seis navajazos que le propinó a una pobre anciana. Tal vez incluso la anciana incumpliera alguna ordenanza al pasear de noche por calles solitarias (el corpus reglamentario tiende al infinito y supera con creces lo que puede ser leído en toda una vida; no sé por qué me viene a la memoria aquella &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Historia de la literatura extremeña&lt;/span&gt; que, según contaba el &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.uam.es/personal_pdi/economicas/rmontoro/franciscomurillo/"&gt;profesor Murillo&lt;/a&gt;, superaba en extensión a la propia literatura extremeña).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé que hay quienes no comparten esta crítica. Entre ellos, aquellos que niegan la existencia del azar. Todo, según su parecer, ocurre por causa de algo y, en consecuencia, siempre existe un responsable por más que muchas veces no resulte fácil identificarlo. Dentro de este grupo, destacan los que sí lo identifican, siempre y con toda claridad: todo ocurre por voluntad divina. Dios es, en definitiva, el último responsable de todo cuanto ocurre aunque luego haya que meter con calzador el espinoso asunto del libre albedrío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues bien, repasen sus periódicos. Fíjense en la letra pequeña. Antes o después darán con la noticia. El senador &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Ernie_Chambers"&gt;Ernie Chambers&lt;/a&gt; ha &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.journalstar.com/articles/2007/09/18/news/politics/doc46ef102aa68ed928664526.txt"&gt;demandado a Dios&lt;/a&gt; por causar muerte destrucción y terror entre los millones de habitantes de la tierra. Se ignora, yo lo ignoro, si Dios ha designado ya abogado y qué puede alegar en su defensa (yo sugeriría algo como “merecéis eso y mucho más”). No me negarán que es cosa que tiene mucha más miga que los alquileres juveniles (inmobiliarios, por supuesto, no sean mal pensados).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desconozco las particularidades del sistema judicial norteamericano. Sólo sé lo que vemos en el cine y que siempre me ha aterrado: discursos que sólo apelan al &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://buscon.rae.es/draeI/SrvltGUIBusUsual?TIPO_HTML=2&amp;amp;TIPO_BUS=3&amp;amp;LEMA=pat%E9tico"&gt;patetismo&lt;/a&gt; (recurran a la definición y no se igualen a &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tamara_Seisdedos"&gt;aquella cantante&lt;/a&gt; de nombre cambiante) e ingoran los hechos por completo. Tienen un buen ejemplo en la serie estrella que ha estrenado un canal televisivo y que protagoniza un supuesto fiscal de élite que primero “demuestra” que el acusado apuñaló a la víctima, cuando le echan por tierra la argumentación “demuestra” que fue envenenado y, al final, tras otro chasco similar, “demuestra” que la estranguló con la cuerda de un piano, que siempre ha sido arma de lo más efectista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ya que el caso divino, al parecer, ha sido admitido a trámite, es de suponer que se concederá un plazo a Dios para personarse en el procedimiento. Transcurrido éste sin manifestación del altísimo, es lógico deducir que se le juzgará en rebeldía, lo que le da a la cosa todavía más enjundia. También cabe contar con que Dios acabará representado por un abogado de oficio que podrá poner en su currículo haber defendido a tan ilustre cliente, aunque habrá de sufrir la absoluta escasez de precedentes. Pocos dioses han pasado por el banquillo de los acusados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El jurado, esa desafortunada institución, se verá en un difícil brete. De un lado se apelará a que valoren los verdes prados llenos de florecillas e infestados de felices mariposas que revolotean al son de las más alegres páginas de Haydn. De otro, se les pedirá que recuerden el extensísimo catálogo de masacres y catástrofes que compone la historia del género humano. Ocurra lo que ocurra, es seguro que no se hará justicia. De haber justicia en el mundo, las actas de este juicio deberían convertirse en un best seller inmediato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El teólogo tapihiano &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://eduardoallende.blogspot.com/2006/12/gloria-in-excelsis-deo.html"&gt;Nathaniel Jesús Fernández-Waddington&lt;/a&gt;, al que con toda probabilidad no se llamará a declarar y eso que se perderán los norteamericanos, decía no entender la insistencia de los creyentes en afirmar que los hombres se crearon a imagen y semejanza de Dios. No concebia nada más blasfemo que proclamar el más mínimo parecido entre el Supremo y el pozo de miserias que somos. De haber Dios –decía–, no puede ser un abyecto imbécil. De haberlo –añado yo–, ¿qué culpa tiene el pobre del empeño humano en descender de forma acelerada hacia el mono como bien supo ver aunque no expresar mister Darwin?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero en fin, si quieren una opinión algo más optimista, les dejo con un extracto de la carta de Jean Jacques Rousseau a Christophe de Beaumont que declara inocentes tanto a Dios como a los hombres:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;[No es] necesario suponer que el hombre es malo por naturaleza, cuando se puede mostrar el origen y el progreso de su maldad. Estas reflexiones me condujeron a nuevas reflexiones sobre el espíritu humano en el estado civil, y encontré entonces que el desarrollo de las luces y de los vicios se hacía siempre de la mismna forma, no en los individuos sino en los pueblos, distinción que siempre he hecho cuidadosamente, y que ninguno de mis detractores ha podido concebir jamás.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es como para cantar de alegría, pero ayuda a entender esos otros titulares que sí aparecen en portada y a cinco columnas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9462333-364465661119531561?l=eduardoallende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eduardoallende.blogspot.com/feeds/364465661119531561/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=9462333&amp;postID=364465661119531561' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/364465661119531561'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/364465661119531561'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eduardoallende.blogspot.com/2007/09/pleitos-tengas.html' title='Pleitos tengas...'/><author><name>Eduardo Allende</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06469600862892928691'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9462333.post-6785883767672198079</id><published>2007-09-05T15:15:00.000+02:00</published><updated>2007-09-05T16:27:01.220+02:00</updated><title type='text'>Teoría del desnudamiento de monas</title><content type='html'>Andan las luminarias patrias en una muy encendida (que no iluminada) discusión a cuenta de la asignatira denominada, con poca fortuna, ‘Educación para la ciudadanía’. A mí, qué quieren que les diga, ya el nombrecito me hace preguntarme para qué o quienes era la educación que teníamos hasta ahora. Claro que yo siempre he pensado que lo que necesitan aprender los jóvenes es matemáticas, latín y a beber, tres disciplinas fundamentales cada vez más olvidadas. Supongo que por tales opiniones se me hace poco caso y tal vez sea lo correcto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero si traigo este asuntillo no es por terciar en tan absurdo debate sino por la alarma, menor pero alarma, que me suscita la escasa categoría con que se nombra hoy día a las disciplinas académicas. No hace mucho se introdujo algo llamado ‘Conocimiento del medio’ que, en puridad, abarca la totalidad del conocimiento pues nada hay fuera de él. ‘Educación para la ciudadanía’ a mí me suena igual que ‘gorro para la cabeza’, ‘ensalada para comer’ o ‘zapatos de claqué para bailar claqué’. La educación, si no es ‘para la ciudadanía’ es simple adiestramiento, es decir, lo que se hace con los perros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Augusto Comte, uno de los mayores lerdos que ha dado la historia, se inventó una disciplina a la que puso por encima de cualquier otro saber. La llamó ‘sociología’ y no faltó quien le recriminó la fea unión de una palabra latina y otra griega. Hoy día, de haberse visto afectado por las modas pedagógicas, la habría llamado ‘ciencia de las cosas humanas’ o, lo que es peor, ‘conocimiento de nosotros’.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De alguna manera todas estas majaderías me recuerdan a &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Sartor_Resartus"&gt;Diógenes Teufelsdröckh&lt;/a&gt;, catedrático de la Universidad de Weissnichtwo que no habríamos conocido de no ser por &lt;a style="font-weight: bold;" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Thomas_Carlyle"&gt;Thomas Carlyle&lt;/a&gt;. La cátedra de Teufelsdröckh era la de ‘Ciencia de las Cosas en General’ que, no se engañen, es algo muy distinto de ‘Ciencia del Todo’. Las cosas en general difieren de forma fundamental de las cosas en particular. Gracias a ello, el español medio puede permitirse seguir creyendo que las rubias son tontas o que la selección de fútbol jamás logrará un éxito deportivo a pesar de haberse casado con una rubia y no perderse un campeonato mundial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta realidad, cruda como ninguna, se manifiesta prácticamente en todos los ámbitos de la existencia. Todo el mundo cree que la publicidad ejerce una influencia decisiva en las pautas de consumo, pero nadie se reconoce influido por ella. Quienes se ofenden por las supuestas perfidias de la nueva asignatura lo hacen porque creen que ocasionará un perjuicio a los demás, nunca a ellos mismos, que siempre están a salvo de los oscuros manejos de la ideología. Da gusto ver la confianza del ciudadano en sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no confío tanto. Ni en mi mismo ni, por supuesto, en el ciudadano, individuo virtual que ya ha dado sobradas muestras de incapacidad para casi todo. Ya va siendo hora de clasificar al ‘ciudadano’ junto al resto de creativas entelequias con que se distraen en determinados círculos como, por ejemplo, el ‘consumidor’, rey de la creación según algunas mentes estrechas (¿se lo imaginan? ‘Y dijo Dios, no es bueno que el consumidor este sólo’). Ya va siendo hora de establecer una distinción clara entre las cosas en general y las cosas en particular (Teufelsdröckh la tenía muy clara) para poder dar un paso más (el que Teufelsdröckh dio en su día) y estudiar lo que de verdad importa: el traje, las apariencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De dos lugares comunes, que ‘las apariencias engañan’ y que ‘todo es apariencia’, cabe deducir que todo es engaño. Yo me resisto a creerlo, pero cada vez con menos fuerza por la abrumadora evidencia en sentido contrario. El traje, modernamente conocido en las pasarelas como ‘propuesta’, lo ha acabado siendo todo. Por eso, atemorizados ante tan terrible hecho, en los desfiles de moda ahora se llama ‘modelos’ a quienes visten lo que en verdad son los ‘modelos’, esto es, los trajes. No es más que una forma de engañarse que a nada conduce.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, tristemente, a eso se reduce todo hoy día, a vestir monas con encajes de seda. Cojan un periódico, cualquier periódico, el de hoy mismo, y podrán comprobarlo a poco que sepan leer. El nacimiento de un nuevo partido político es celebrado por tirios y troyanos por el daño que, se supone, le hace al contrario (a pesar de que las caras no acompañene tal celebración). No es que veamos en las cosas lo que queremos ver, es que hemos desarrollado una espectacular capacidad para vestirlas con toda clase de ropajes que acaban por esconder lo que hay bajo ellas, la simple mona que nunca hemos dejado de ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este último mes, por ilustrar la cosa, se ha producido un importante incremento del desempleo. Según el señor ministro de Economía, la cosa “corresponde a una lógica de un modelo por el que venimos luchando desde el principio de la legislatura” ya que “nos gustaría tener menos construcción y más otras cosas”. Según la oposición, lo que ocurre es que “la herencia del PP se ha acabado”. Cualquiera diría que hasta están de acuerdo, el uno luchando por acabar con la “herencia” del gobierno anterior y el otro lamentándolo. A mí me recuerdan al hechicero satisfecho que ha visto llover justo después de ejecutar la danza de la lluvia, pero en realidad no son más que malos sastres para una realidad que se les escapa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando yo era niño había un chiste popular de lo más adecuado para esto que digo. Contaba la historia de un pobre hombre que iba a recoger un traje que había encargado a un sastre. Este último era tan desastroso como el modelo que había confeccionado, cosa que se hizo evidente nada más probárselo el cliente. Al ver las mangas desiguales el hombre pidió una explicación. La respuesta del sastre fue simple: “alce usted un poco el hombro derecho y ya verá como se igualan”. Ante cada problema el sastre salía con una solución de circunstancias: “gire un poco el torso hacia la izquierda para que la sisa le quede bien”, “flexione un poco las rodillas y gire el pie izquierdo hacia adentro”, … Tras hacer caso a todas las recomendaciones del sastre el hombre, todo contrahecho y haciendo esfuerzos por mantener la absurda postura en que le habían dejado, salió a la calle para oir decir a unos viandantes: “el sastre de ese hombre ha de ser un genio, ¡hay que ver lo mal hecho que está y lo bien que le sienta el traje!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así, por ejemplo, el contenido de una ley resulta irrelevante. Sólo importa su traje. Lo mismo vale para un detergente. Si este lleva ‘mega pearls’ o ‘ultral’, aquella responde a ‘lo que interesa a los ciudadanos’, recurrente coletilla multiusos de nuestros prohombres. Yo no sé si la ‘Educación para la ciudadanía’ adoctrina’ o ‘forma en valores’. Sólo sé que tiene un nombre horrísono y que todo el mundo anda empeñado en vestirla como más le interesa. Unos la quieren de lagarterana y otros de fallera. Y mientras tanto, los jóvenes y los no tan jóvenes siguen sin saber matemáticas, latín y beber, las tres cosas imprescindibles para desvestir a una mona en condiciones. Con la falta que nos hace.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9462333-6785883767672198079?l=eduardoallende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eduardoallende.blogspot.com/feeds/6785883767672198079/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=9462333&amp;postID=6785883767672198079' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/6785883767672198079'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9462333/posts/default/6785883767672198079'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eduardoallende.blogspot.com/2007/09/teora-del-desnudamiento-de-monas.html' title='Teoría del desnudamiento de monas'/><author><name>Eduardo Allende</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06469600862892928691'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry></feed>