tag:blogger.com,1999:blog-927193446486968673.post-13470628125512907832008-04-24T23:22:00.001+01:002008-04-24T23:25:04.454+01:00Por el camino de Sants (Clásico revisitado número 13)<div style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><a style="font-family: arial;" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp2.blogger.com/_Y6J2U1WsTzI/SBEIke-6f8I/AAAAAAAAAUw/IRxAtkistjY/s1600-h/metro.gif"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://bp2.blogger.com/_Y6J2U1WsTzI/SBEIke-6f8I/AAAAAAAAAUw/IRxAtkistjY/s400/metro.gif" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5192941268220149698" border="0" /></a></span><br /> </div><p class="MsoNormal" style="font-family: arial; text-align: justify;"><span style="line-height: 115%;font-size:100%;" lang="ES" >En el mismo instante en que aquella tinta negra, con ese sonido a impresora anticuada, tocó mi cuerpo, me estremecí, fija la atención en algo extraordinario que estaba sucediendo en mi interior. Un placer delicioso me invadió y me aisló del bullicio de la estación de Plaça de Sants. Dejé de sentirme mediocre, contingente y acartonada. ¿De dónde podría venirme aquella alegría tan fuerte? Intento volver a hacerla aparecer de nuevo. Regreso con el pensamiento al momento en que esa línea de texto se fijó en mi reverso. Y me encuentro con el mismo estado, sin claridad, sólo la leve negritud de los caracteres de un código indescifrable. Pido a mi alma que haga un esfuerzo y rememore esa sensación fugaz. Y, para que nadie ni nada la interrumpa en esta tarea, la encierro y protejo mis sentidos de los estímulos de la estación. <o:p></o:p></span></p><div style="text-align: justify;"> </div><p class="MsoNormal" style="font-family: arial; text-align: justify;"><span style="line-height: 115%;font-size:100%;" lang="ES" >Tapono mis poros, hago el vacío, pero me invade el cansancio. Pongo cara a cara a mi alma con el sabor añejo de la tinta, con sus taninos metálicos y ese colorante –¿toluol o xilol, quizás?– que vuelve a paladar con un retrogusto potente. Me viene un rumor del pasado, demasiado profundo; tengo que aguzar el oído. Palpita el recuerdo, dentro de mí se crea una imagen difuminada de otra estación de metro, de otras gentes y otros sonidos. De una voz anunciando estaciones y de un tacto fuerte aferrando mi cuerpo. La lucha, sin embargo, está lejos: sólo son siluetas y reflejos sin definición debatiéndose en mi conciencia, colores y formas que parecen perfilarse como un álbum de fotos amarillentas. <o:p></o:p></span></p><div style="text-align: justify;"> </div><p class="MsoNormal" style="font-family: arial; text-align: justify;"><span style="line-height: 115%;font-size:100%;" lang="ES" >¿Llegará a formarse una imagen transparente de ese instante antiguo que la conciencia ha ido a buscar tan lejos? No sé qué decir, porque ahora mismo ha desaparecido. Se ha desvanecido. Fuerzo a mi alma de nuevo y parece que algo se reconstruye en el interior de mis ojos. Incluso, cuando ya vencido me pongo a pensar en las obligaciones de hoy, me vuelve un olor familiar que recupera por un momento la evocación.<o:p></o:p></span></p><div style="text-align: justify;"> </div><p class="MsoNormal" style="font-family: arial; text-align: justify;"><span style="line-height: 115%;font-size:100%;" lang="ES" >Pero es inútil. El recuerdo no surge, al menos con la nitidez esperada. Y es que lo que nos diferencia a un bono de diez viajes y a un narrador proustiano es el hecho de que mi voluntad no es suficiente para forzar al hipocampo. Y, como trozo de cartulina que soy, no tengo magdalenas a mano. <o:p></o:p></span></p>FERhttp://www.blogger.com/profile/14820632992709260516noreply@blogger.com