tag:blogger.com,1999:blog-8919876892420546113.post-57479299539022112472008-03-31T12:50:00.001+01:002008-05-27T11:06:41.017+01:00El anciano que miraba la Luna<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.flickr.com/people/pensiero"><img title="There is a time to remember.... Fotografía de Stefano Corso." style="cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_rs27jIeco_E/R-zX2s6yJ_I/AAAAAAAAAJg/u56JC9Juc_0/s1600/350932423_3e63c10bc5.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5182754605967222770" /></a><br /><br /><span style="font-weight:bold;">Hace años, a cambio de algo de dinero y con el compromiso de realizar algún trabajito a bordo, un mercante te aceptaba de pasaje y te podía trasladar a algún puerto que fuera su escala o destino. Durante mucho tiempo, el grupo de amigos del barrio planeamos nuestro viaje a Estambul. Como muchas de las cosas que planeas de jovencito, ese viaje no llegó a realizarse, pero siempre quedó el veneno.</span><br /><br />Años después, y de una manera muy diferente, el sueño se hizo realidad. Todavía coleaban los efectos del último golpe de estado y las patrullas militares –apenas unos muchachos traídos de cualquier parte de Anatolia que suspiraban por una foto- formaban parte del paisaje habitual, pero la vida, más allá del estado de excepción y el toque de queda se desarrollaba en su aparente normalidad.<br /><br />Todas las noches, un anciano bajaba de su casa y situaba su pequeño negocio frente a la terraza del café. Consistía en un viejo telescopio enfocado permanentemente a la Luna. El anciano, a cambio de unas monedas, te permitía echarle una buena ojeada, más o menos larga en función de la demanda existente. El telescopio, a pesar de su antigüedad, estaba excelentemente cuidado y la óptica perfectamente limpia. Cuando no había clientes a la espera, el propio anciano mataba el tiempo contemplado el firmamento. Mientras tanto, a su lado, otro anciano cuidaba de su propio negocio, una bascula de baño dispuesta para que el paseante saciará su curiosidad respecto a su peso. <br /><br />En esos días eché más de una mirada por ese telescopio y, supongo, empecé a enamorarme de la Luna.mintnoreply@blogger.com