<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss'><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378</id><updated>2009-11-16T23:03:55.016+01:00</updated><title type='text'>Cerrado por Melalcoholía</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default?start-index=26&amp;max-results=25'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>melalcoholik@gmail.com</email></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>202</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-7660866976906174224</id><published>2009-10-26T19:51:00.001+01:00</published><updated>2009-10-26T19:53:18.095+01:00</updated><title type='text'>Él y sus circunstancias</title><content type='html'>El señor Bernat es un filósofo reputado, uno de esos que pueden pasarse horas hablando de rugby con Edgar Morin durante una cena de intelectuales en el restaurante de Caixa Forum sin que nadie se atreva a interrumpirles. Ahí estaban directores de museos, invitados selectos y otros eruditos sirviéndose otra copa de vino, alguien mira disimuladamente qué hora es, va a perder su vuelo a París, y ellos hablaban de temas casi desconocidos, "¿te has fijado en sus cuerpos?", "no pueden estar bien de la cabeza", y "no confundamos rugby con fútbol americano", "qué estilo!".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El señor Bernat vive en un piso antiguo, tiene cuarentamil euros escondidos en un cajón y guarda las llaves de casa bajo el felpudo de la entrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El señor Bernat me abre en bata, me dice, pasa, pasa y desaparece en su pasillo del Eixample, regresa con un teléfono nuevo, un viejo móvil mastodóntico, me pide que le enseñe cómo funciona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También me pide que le busque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El señor Bernat no sabe cómo funciona Internet y quiere que cada día recopile la información que aparece sobre él en la red. Hasta el último artículo, hasta el comentario más banal. Me ha contratado para que pase una hora diaria en su despacho de baldosas recargadas y paredes con cuadros enmarcados, cortinas pesadas en las ventanas. Una hora diaria rebuscando en las páginas web, estercolero de información inútil e infamias. En Internet todo empieza muy in, promete ser individual; individualista hasta la vanidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leo su nombre en todos los idiomas. Los textos le convierten en un sabio venido a menos, en un pobre hombre maltratado por la saciedad. Es un ponente de lujo, una promesa arrugada, un viejo que ha perdido pelo y criterio, un enamorado que ha perdido el culo y la cabeza, un pensador que sólo piensa en el dinero, el más grande de los silogistas, el menos reconocido entre los grandes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imprimo su yo y todas sus circunstancias, un ciclo filosófico en Londres, una conferencia en Roma, un premio importante en la Haya, un paseo romántico con una mexicana veinticinco años menor que él en Florencia, un hijo de la edad de sus nietos, un divorcio sonado, los insultos en las columnas que publica su exmujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y todos esos agradecimientos, tantos hombres relevantes, mujeres reconocidas que se acuerdan de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imprimo los artículos, desde el más prolijo hasta el más nimio. Perdí el miedo a enseñarle cómo le veían los demás un día que se enfadó conmigo al descubrir que ocultaba aquellos textos que interpretaba que podían herirle. "Te contrato para que seas mi espejo", me dijo. Y le reflejo así como le describen, consciente de que Internet es la payasada de los espejos deformados: lo que permanece es la caricatura, sólo lo grotesco destaca en este vertedero de información que inmediatamente deja de serlo. Como en la televisión o aún peor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevo dos años viniendo cada tarde a la casa del señor Bernat. No diría que le conozco, pero sé qué libros están a punto de hundir las estanterías bajo su peso, sé qué merienda y qué hace mientras tanto. Sé a qué huele su after shave y quién pintó los cuadros que adornan sus paredes. Sé quién le llama por teléfono y qué visitas recibe los viernes por la tarde. Sé con qué llena la nevera y de qué color son las fundas de su sofá, sé cómo sonríe, cómo brillan sus ojos y con qué. Sé lo torpe que puede llegar a ser y reconozco la belleza en su torpeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los dos años que llevo recopilando información sobre él, no he leído nada acerca de sus libros, las llamadas que recibe, sus meriendas o el perfume de su after shave.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él lee todo lo que se escribe cada día sobre él, atónito. No hace comentarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y eso que internet permite hacerlos, y hay quien suelta unas chorradas que lo flipas. (evidentemente, no me refiero a quienes participáis en este blog, gracias por cierto).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entiendo su estupefacción. De algún modo, buscando lo que se dice de él, el señor Bernat se busca a sí mismo. En nada de lo que encuentra se reconoce lo más mínimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace un rato, he encontrado su nombre en una nota de sucesos. Paseaba junto a un bloque de pisos cuando éste se ha derrumbado y se le ha caído encima, bum. Iba de la mano de su hijo, que también ha muerto. Los funerales se celebrarán mañana, se instalará una capilla ardiente en un salón del Palau de la Generalitat, etcétera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía estoy en su casa, encerrada en el mismo despacho de los últimos dos años, frente a sus libros y este ordenador. He recordado que guarda cuarentamil euros en un cajón. Nadie sabe que sus llaves están bajo el felpudo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También he recordado que todo lo que se publica sobre él es mentira.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-7660866976906174224?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/7660866976906174224/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=7660866976906174224&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/7660866976906174224'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/7660866976906174224'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/10/egosurfing.html' title='Él y sus circunstancias'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>melalcoholik@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06894875728222970966'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-4345162756937240368</id><published>2009-10-09T21:19:00.005+02:00</published><updated>2009-10-09T22:07:13.440+02:00</updated><title type='text'>El horno eléctrico</title><content type='html'>&lt;span style="color: #999999; font-family: Verdana; font-size: xx-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://vids.myspace.com/index.cfm?fuseaction=vids.individual&amp;amp;videoid=3696115" style="font: Verdana;"&gt;Nick Cave &amp;amp; Pj Harvey - Henry Lee&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;object height="360px" width="425px"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"/&gt;&lt;param name="wmode" value="transparent"/&gt;&lt;param name="movie" value="http://mediaservices.myspace.com/services/media/embed.aspx/m=3696115,t=1,mt=video"/&gt;&lt;embed src="http://mediaservices.myspace.com/services/media/embed.aspx/m=3696115,t=1,mt=video" width="425" height="360" allowFullScreen="true" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.myspace.com/stinkerrrr" style="font: Verdana;"&gt;naama&lt;/a&gt;|&lt;a href="http://vids.myspace.com/index.cfm?fuseaction=vids.splash" style="font: Verdana;"&gt;MySpace Videos&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escucho a PJ Harvey y leo &lt;i&gt;La mujer en silencio&lt;/i&gt;, de Janet Malcolm. Doy un trago largo a mi cerveza, y cuando levanto la mirada, ahí está Sylvia Plath. Sale de la cocina y está cabreada. Tiene mi edad. Qué coño, es un año más joven que yo, pero con ese flequillo horrible parece mayor. Lleva una camisa de leñador que le llega por las rodillas y se deja caer a mi lado, en el sofá. Me ofrece un cigarrillo. Lo rechazo, últimamente toso mucho. Creo que tengo tuberculosis, la enfermedad de los poetas. Pero seamos sinceros, en realidad la mayoría de artistas morían de gripe común, no de tuberculosis. En fin, encima no vamos a darle aún más prestigio a la gripe A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Oye", dice, "tu horno es eléctrico".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me encojo de hombros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos quedamos un rato en silencio, hasta que señala el libro con un gesto de cabeza, alza las cejas: "¿Qué te parece? ¿Te crees una sola palabra de esa sarta de sandeces?", resopla. "Te pasas la vida escribiendo poesía, destripas tus propios sentimientos, intentas reventar con ellos y luego lo tergiversan todo, se quedan con las rabietas de mamá, los celos de tu cuñada, la cobardía de tu ex".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le pregunto cómo era Ted Hughes, no sé, para ver si se le pasa el enfado. "Lo pone ahí, ¿no?", contesta secamente. Expulsa el humo con parsimonia. Y me recuerda, no sé por qué, a esas mujeres americanas que salen en las películas ambientadas en los cincuenta que llevan diadema y viven en casitas blancas con porche, plantas y una mecedora. Suena la voz rota de &lt;i&gt;To Bring You My Love&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me sorprendo preguntándome cómo llamarla. ¿Sylvia? ¿Así, a secas? Es un poco fuerte. A ella le parece normal estar sentada a mi lado, en el sofá sin decir nada, mientras miramos nuestro reflejo en la ventana, bajo la lámpara de pie también recortada en el cristal. Oscurece y el cielo se tiñe de añil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le pregunto por Herta Müller; yo qué sé, para iniciar una conversación o algo, esta visita me ha pillado desprevenida. Hasta ayer, no tenía ni puta idea de quién es la Müller esta, tal vez ella tenga una opinión formada. Se vuelve hacia mí con cara de "qué coño me estás contando". Luego suspira profundamente. Espero que no haya venido a darme lecciones de nada, no estoy para rollos morales; ya sé que la gente no lee, que nadie escribe lo que debería, que el mundo está lleno de mierda, que los intereses, la economía y la política. Pero ella no se mató por lo que había afuera, sino por lo que llevaba dentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su hijo también se suicidó. Se colgó en Alaska hace unos meses. Pobre desgraciado. Un día te levantas y tu madre te ha dejado el desayuno preparado junto a la cama, ha precintado la puerta de la habitación para que no se cuele el gas y te despierte... o no te despiertes nunca más. Cuarenta y seis años después, te anudas una soga al cuello. Me temo que éste tampoco es un buen tema de conversación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sylvia Plath, Anne Sexton, Virginia Woolf. Quizá para ser una escritora reconocida tienes que dejar un bonito cadáver, tienes que ser un poco Kurt Cobain.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me siento insistente y fea como Courtney Love.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También me siento un poco estúpida: Sylvia Plath está en mi casa y no sé qué puedo ofrecerle. ¿Tal vez una cerveza? Responde: no, gracias. Y me dedica una sonrisa espléndida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De repente, es como si estuviera con mi mejor amiga. Me vienen ganas de preguntarle qué tal con el chico éste, que si folla bien y tal, que si cree que van a durar juntos. Ojalá me respondiera que el tío le ha regalado un cepillo de dientes para que pueda quedarse a dormir en su casa siempre que quiera. Entonces chillaríamos las dos, hostia, qué &lt;i&gt;heavy&lt;/i&gt;, ¿y qué cara has puesto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pienso inconscientemente, rápidamente, que la fuerte ha sido ella, Sylvia. De algún modo, hizo que Ted Hughes destruyera el diario en el que contaba su historia juntos. Él la dejó por Assia Wevill, que nunca tuvo claro si prefería ser musa o vate. Cualquiera de las opciones se lo ponía difícil: como poeta, su rival era imbatible; como musa tampoco tenía nada que hacer. Imitó a Plath hasta el final: metió la cabeza en el horno. A diferencia de ella, después de muerta desapareció casi del todo. Y sin ella, probablemente no existiría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sylvia es una cabrona. Hay quien sostiene que Anne Sexton se quitó la vida porque Plath se le había adelantado. "Esa muerte era mía", dicen que dijo. Ambas fueron alumnas de Robert Lowell, pero no sé si eso tendrá algo que ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Plath se cargó indirectamente los diarios que la relacionaban con Hughes, acabó con sus rivales. Años después, se llevó consigo a su ex, y su hijo siguió sus pasos. La relación entre los factores de esta enumeración es tan débil como arrebatadora e inevitable resulta la muerte: acabamos todos en el mismo agujero. De todos modos, pensar que ella provocó esta masacre queda romántico. Muy gótico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Sírveme un Martini, ¿quieres?", suelta, y su retintín imperativo me recuerda a mi abuela. "Sólo tengo whisky", respondo por joder. "Pues un whisky con hielo", resuelve. Tengo la impresión de que su cigarro no se consume nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PJ Harvey y Nick Cave cantan&amp;nbsp;&lt;i&gt;Henry Lee. &lt;/i&gt;Estoy en la cocina, y mientras doblo la cubitera para que los cubitos salten dentro de un vaso ancho, me pregunto a qué habrá venido. Uno de los cubitos cae al suelo. Lo recojo con el pulgar y el índice, y dejo que se deshaga en el fregadero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin sé que todo irá bien. Nos pasaremos la noche contándonos cosas que podrían ser poéticas,&amp;nbsp;&lt;i&gt;plathéticas&lt;/i&gt;, si así lo queremos; cotidianas, si así nos lo piden el alcohol y el cuerpo. Hablaremos, reiremos y escucharemos música hasta quedarnos dormidas. Nos sentiremos vivas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Suena&amp;nbsp;&lt;i&gt;Good Fortune&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me alegro de tener un horno eléctrico.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-4345162756937240368?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/4345162756937240368/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=4345162756937240368&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/4345162756937240368'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/4345162756937240368'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/10/el-horno-electrico.html' title='El horno eléctrico'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>melalcoholik@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06894875728222970966'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-8003930791986141619</id><published>2009-10-05T20:38:00.007+02:00</published><updated>2009-10-05T20:55:39.832+02:00</updated><title type='text'>Noches en Blanca</title><content type='html'>Estoy en la habitación de un hotel que no tiene mesas. Escribo con el ordenador sobre mis rodillas, que se calienta. Unos niños juegan en el jardín, oigo sus comentarios, los pájaros, el susurro sordo del aire acondicionado y el movimiento de alguien en otra habitación que se parecerá sospechosamente a ésta. Los mismos cuadros en tonos pastel colgados en las paredes, el mismo mueble junto al armario y el mismo toldo que resulta acogedor no sé por qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo ganas de llorar. Hace un rato, tumbada en la cama, he pensado que podría imaginarme que follaba con un desconocido de este pueblo minúsculo de Murcia. Que salía a la calle, le decía: “Tú, eh, ven!”. La idea no me ha excitado. Son unos neandertales. Lo digo en serio. Además tienen grandes discapacidades. En dos días he visto tres chicos en silla de ruedas, cuatro personas con síndrome de Down y la camarera del bar de moda está completamente sorda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio no sabíamo qué le pasaba. Creíamos que el problema lo teníamos nosotros, porque era imposible entenderse con ella. Como en los bares de moda la música suele estar muy alta y no te queda otra que comunicarte con gestos... pues eso, que el de barman es el trabajo ideal para un sordo. O lo que sería más políticamente correcto: un disminuido auditivo. La cuestión, que aquí están todos tarados. Algunas personas tienen fantasías sexuales con tarados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También podía imaginar que follaba con alguno de los invitados, pero con cuál.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy resfriada desde el domingo. Cada vez que estornudo o toso, la gente se vuelve y me mira como si estuviera apestada. Nadie quiere estrecharme la mano.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En lugar de montarme una peli porno intelectual, me he levantado y he metido la ropa en la mochila. Las camisetas que he traído para tres días, los pantalones, la ropa interior. Sé dónde guarda el dinero la editora con la que comparto habitación. Hace años que somos amigas. Antes era mi amiga La Loca, pero ahora ya no lo está tanto, no puedo seguir llamándola así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta mañana ha comentado que no quería llevar tanto dinero encima y me he fijado en dónde lo dejaba. He cogido su dinero y me he dicho: no le importará. Ahora ella estará nadando en la piscina de una casa rural entre los limoneros, y luego tiene que presentar un libro. Yo tengo que participar en una mesa redonda. Pero qué más da.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He contado el dinero: 150 euros. Más 75 que tengo yo, 225. He doblado los billetes y me los he metido en el bolsillo del pantalón. Ya está. Ella se divierte con otros editores en la piscina, lleva puestos los calzoncillos de un chico que se los ha prestado. El chico es amigo de otro editor que no ha podido venir y que ha cortado con su novia. Mi amiga La Loca acaba de enterarse y salta al agua dando un grito de felicidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se lió con otro hombre hace dos días. Está enamorada y eso. Pero aquel editor que no ha podido venir y que ha cortado con su novia le gusta mucho. Llevan años tonteando. Por eso salta a la piscina. El agua está helada entre las montañas y los limoneros. Ella chilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí todo parece barato, con esto tengo suficiente para desaparecer. Doscientos veinticinco euros. No sé, salgo a la carretera, camino hasta algún sitio, pregunto dónde queda la estación o hago autoestop. Me largo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer, en este mismo pueblo en el que no lee ni dios porque a ver si te crees tú que dios pasará por este pueblo, durante otra presentación, hablé del morbo. O mejor: de la falta de él, en el caso barcelonés. Esa ciudad quiere mantenerse tan perfecta que oculta sus muertos bajo la alfombra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me he colgado la mochila a la espalda y sólo esperaba no toparme con nadie a la salida. De este hotel se sale por el comedor.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando acabamos la presentación, una mujer vino a hablar conmigo. Dijo que tenía razón. Que ella había vivido seis años en Lleida y que lo que yo decía era cierto. Que Cataluña no es morbosa. Que en Valencia, en cambio, se diría que están orgullosos de las mujeres que aparecen muertas y mutiladas en las cunetas.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer me cabreé con mi amor sobre ruedas. Hace dos días, creí haber encontrado el piso de nuestra vida. Él también lo creyó así. Pero es un caprichoso, siempre piensa que merece un poco más, que puede negociar hasta conseguir la perfección. Puso condiciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El administrador le dio el piso a otro más conformista y sin tantas puñetas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé que son las casas las que te eligen y me consta que ésa se enamoró de mí. Mi amor sobre ruedas no le gustó tanto. Nadie quiere que le saquen a relucir los defectos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adiós piso perfecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiero sentirme en la puta calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El propietario de este hotel es un encanto. Por las mañanas, prepara zumo para desayunar, nos tuesta pan. A veces se distrae con algún rumano que le pide diez euros, y cuando se los da, el rumano le pide diez euros más, y entonces al propietario del hotel (que es vasco) se le quema el pan que estaba tostando. El comedor huele a quemado y dice “otra vez!”, porque siempre olvida que está tostando pan. Acaba de verme en el comedor con la mochila a la espalda, y sé que no hubiera preguntado nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podría haberme dirigido a la carretera, en busca de la estación. Podría haber buscado la piscina entre los limoneros. Podría haberme ido tranquilamente a la cuneta o a la mierda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me hubieran buscado esperando no encontrar mi cuerpo. Cuerpo es el eufemismo de eso en lo que nos convertimos cuando estamos muertos en un lugar inapropiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me asusta ponerme triste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya casi en la puerta del hotel, como digo, me he topado con el propietario, la ropa en la mochila, el dinero en el bolsillo, el futuro en cualquier parte. ¿Cuánto tiempo compras con 225 euros? Sé que no hubiera dicho nada. Buenas tardes, buenas tardes, hasta luego, adiós. Sólo dentro de un par de horas, cuando alguien me hubiera reclamado en la mesa redonda, él habría dicho: sí, vi que se iba sobre las cinco, pero pensé que querría darse un chapuzón en el río.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Río suena a Marta del Castillo. Y vertedero. Y descampado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He sentido la necesidad de poner una excusa al propietario del hotel. Del mismo modo, no sé por qué, me siento culpable por haber perdido el que yo creí que sería un piso perfecto.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No puedo volver al piso que alquilo sabiendo que ese ático existe, joder. Y esa puta terraza.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé que parece estúpido. Probablemente lo sea. Lo que para ti son tonterías se convierten en abismos ante una premonstruosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mochila, el odio, el morbo, el dinero. Y esa puta tristeza. Se supone que tendría que quedarme por amor. O si no, por responsabilidad. Tengo que participar en una mesa redonda.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También tengo que largarme de aquí. Y de todas partes. Empiezo a pensar en un nombre nuevo. ¿Cómo puedo llamarme? ¿Laura? No me gustan las Lauras. Marta es seco, casi todas mis amigas se llaman Ana y sucedáneos. Los nombres de mujer son feos. Por eso no quiero tener hijas. A mis hijas las llamaría Pablo, Juan o Roberto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si me largo, necesito un nombre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me he cruzado con el propietario amable del hotel cuando estaba a punto de salir, y aunque sabía que no tenía por qué decirle nada, le he preguntado: “¿Sabe dónde puedo encontrar un cibercafé? Tendría que conectarme un momento”. Era una buena excusa para irme sin levantar sospechas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mujer más o menos rubia y más o menos delgada y de estatura media. Se busca. Tres días desaparecida. Seis días desaparecida. Un año desaparecida.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre amable ha contestado que hay internet en el hotel, pero que el WiFi no siempre funciona, que un momento, por favor, que ahora me daba un cable y así podría conectarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora estoy sentada en la cama de la habitación sospechosamente idéntica a la de al lado, un cable une mi portátil con la pared -desgastado cordón umbilical con el mundo-, he devuelto al escondite de mi amiga el dinero que he cogido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta noche iremos al concierto de un cantautor con el que descubrí que soy la peor groupie del mundo. Y hablaré de tantas cosas con mis nuevos amigos y nos reiremos tanto. Y el cantautor acabará dando un concierto junto al río rodeado de los cuatro roqueros de este pueblo, todos borrachos perdidos, rascando las guitarras, hasta que la policía les diga “disculpen, señores” a las seis de la madrugada. Mientras mi amiga La Loca que ya no lo está y yo dormimos a pierna suelta sin acordarnos de la resaca de mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acaba de llegar ahora mismo, el pelo empapado y una sonrisa triunfal. Le brillan los ojos y me comenta que hacía tiempo que no se lo pasaba tan bien como en la piscina. Que qué hago aquí metida. Que tendría que haber ido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-8003930791986141619?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/8003930791986141619/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=8003930791986141619&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/8003930791986141619'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/8003930791986141619'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/10/noches-en-blanca.html' title='Noches en Blanca'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>melalcoholik@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06894875728222970966'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-1452258173962481729</id><published>2009-09-28T20:00:00.003+02:00</published><updated>2009-09-28T20:21:22.193+02:00</updated><title type='text'>During that time (Colombo II)</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SqZMzXZ45FI/AAAAAAAAAWI/X3XidYYUJxE/s1600-h/IMG_0518.JPG" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5379071250280277074" src="http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SqZMzXZ45FI/AAAAAAAAAWI/X3XidYYUJxE/s400/IMG_0518.JPG" style="cursor: hand; cursor: pointer; display: block; height: 300px; margin: 0px auto 10px; text-align: center; width: 400px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Traducción del catalán.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Colombo, 31 de julio de 2009&lt;br /&gt;&lt;div&gt;(mientras espero una Lion Beer y mi amor sobre ruedas está en el centro Pettah comprando una tarjeta SIM)&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La selva se divisa a través de los cristales del aeropuerto, empañados por la humedad y el calor. Cambiamos dólares por rupias o petrodólares, palabra aceptada por la Real Academia de la Lengua aunque parezca mentira, y un señor con traje y zapatos lustrosos nos convence para que vayamos en uno de sus taxis. Las guías lo desaconsejan, pero nos da igual. Se llama Maxi porque cree ser lo más. Damos unas monedas al tío que carga las maletas y, por la cara que pone, le hemos dado poco.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El taxi arranca y nos adentramos en una mezcla casi absurda de Tailandia y el Caribe. No he estado ni en Tailandia ni en el Caribe, pero mi amor sobre ruedas sí, y me lo comenta. Lo de "mezcla absurda" es de mi cosecha, tal vez la mezcla no sea tan absurda. Son las cinco de la mañana y los niños ya juegan en los parques con el uniforme impoluto del colegio, las niñas van vestidas de blanco inmaculado y la gente camina por el arcén de la carretera como si fuera una calle principal. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Veo palmeras, perros, casas que se doblan bajo el peso de grandes anuncios de colores, veo figuras de santos enormes en vitrinas, figuras de Buda, veo basura, cuervos, motos, bicicletas, autobuses y tuk-tuks. Las señales de tráfico son decorativas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lugar de frenar, se pitan los unos a los otros, perpetúan una competición que consiste en ver quién es capaz de llegar más lejos sin detenerse, colarse es una afición. Nuestro conductor debe considerar muy divertido escurrirse entre los autobuses que no le hacen caso y pretenden cortarle el paso sin conseguirlo. Es falso que en Sri Lanka conduzcan por la izquierda; también lo hacen por la derecha y contra dirección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resulta curioso, pero no tengo miedo. Tampoco me asustan las cabinas con militares que cargan gastadas kalashnikovs. Uno de ellos nos para con un gesto desde lejos y nos pide el pasaporte, pero sólo porque no ha visto antes un pasaporte español. Lee correctamente: "Es-pa-ña".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La eñe suena a eñe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intento matar un mosquito que se ha metido en el coche. El taxista me da un trozo de papel higiénico. El mosquito no opone resistencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo que esta gente es budista, y cree en la reencarnación. A lo mejor acabo de cargarme a la abuela del taxista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El aire acondicionado estaba muy alto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hotel Galle Face se yergue con la elegancia y la moderación de los edificios coloniales, tiene ese algo de country club inglés. Hace ilusión ver una construcción ordenada (como mínimo descriptible) en medio de todo este caos. Un descanso para la vista y para los sentidos después de la saturación de emociones, acrecentada por un viaje de nosécuántashoras sin dormir, y un &lt;i&gt;jet lag&lt;/i&gt; o sucedáneos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras el hotel se levantan unos edificios terribles convenientemente borrados con Photoshop en su página web.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora mi amor sobre ruedas dibuja a mi lado. Tenemos el Índico delante, gente que come a nuestras espaldas. Estamos sentados en el porche, sostenido por columnas y una balaustrada que aquí (y sólo aquí) queda bien. Hay palmeras y banderas y anoche se celebró una boda en esta misma terraza. Vimos la sesión fotográfica desde la tabla de ajedrez que se extiende en el centro del jardín. Mientras tanto, el sol se ponía en el mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SsD56xCgwII/AAAAAAAAAXA/scZdHrDW9gc/s1600-h/IMGP1672-1.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SsD56xCgwII/AAAAAAAAAXA/scZdHrDW9gc/s400/IMGP1672-1.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto está lleno de cuervos. Me pregunto si Hitchcock pasó unos días en Sri Lanka.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El barrio de Pettah está &lt;i&gt;petao&lt;/i&gt;. Por eso se llama Pettah. A mi amor sobre ruedas le encanta, a mí me estresa. Me pongo histérica cada vez que tenemos que cruzar una calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuimos a comprar billetes de tren para ir Kandy. Fuimos en tuk-tuk, y el humo de los camiones se nos metía en las narices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imposible comprar billetes en plena Perahera. La Perahera es una procesión para celebrar la luna llena. Milagrosamente, si le pedías al tipo del centro de turismo que te consiguiera una plaza en primera, conseguía que viajaras en ese tren. Siempre y cuando te alojaras en el hotel que él te recomendaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya habíamos reservado la &lt;i&gt;guest house&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El barrio de Pettah no puede ser surrealista porque no tiene nada que ver con la realidad. En las calles se acumulan coches, motos, cajas, tuk-tuks, más cajas, gente que lleva cajas, gente que no lleva nada, gente que lleva dos sacos enormes sobre la cabeza, algunas mujeres, muchos hombres, ni un niño, fruta, comida caliente, comida maloliente, ropa, un negro hinchado sin camiseta, una vieja que pide limosna sentada en una silla de ruedas, perros famélicos o no tanto, gente en el suelo, carritos repletos de cajas, más cajas y dos turistas: mi amor sobre ruedas y yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No podemos ir por la acera porque no hay acera. Las furgonetas aparcadas se las comen. Entramos en una tienda oscura en la que venden cuadernos. Son preciosos, pero tienen rayas y no nos gusta dibujar ni escribir sobre líneas, como si te dictaran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenemos la impresión de que no cabemos. Curiosamente, éste es el barrio donde menos nos molestan. No nos preguntan todo el rato si necesitamos un taxi, si necesitamos un hotel o si necesitamos algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo les contestaría: "¿Y tú?".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SsD7oFUoAjI/AAAAAAAAAXQ/n3L4_jM2kTA/s1600-h/IMG_0504.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://3.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SsD7oFUoAjI/AAAAAAAAAXQ/n3L4_jM2kTA/s400/IMG_0504.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasamos por delante de un edificio extraño de arquitectura extraña en el que la gente se tumba a la sombra, evidentemente descalza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace calor, quiero una cerveza, no venden cerveza en ningún sitio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi amor sobre ruedas compra un coco de color naranja. Cuesta 15 rupias, ignoramos si es mucho o es poco para un coco. Parece poco. Mi amor sobre ruedas intenta comprar unas sandalias por 200 rupias. El vendedor del tenderete le dice que está como una cabra, que valen 2.900.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creemos que nos seguirá cuando nos vayamos. El vendedor pasa de nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para cruzar las calles que llevan al barrio de Fort tienes que estar tarado o ir muy tranquilo. De momento, no nos han atropellado. Creerán que, si matan a un turista, se reencarnarán en mosca. No, en mosquito con malaria, para picar a los turistas. No, en cuervo. Yo qué sé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El barrio de Fort está lleno de accesos cerrados. Un militar o una militar te impiden pasar. Hay un montón de mujeres militares, pero ellas no llevan kalashnikov.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomamos una cerveza en el Hilton (mirar 30 de julio). Observamos cómo una garza se zampa un pez negro y enorme que buceaba en el estanque. La forma del pez se recorta en el cuello largo de la garza mientras se lo traga. Unos cuantos árabes con turbante toman té.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego vamos hacia el malecón. Tenemos que pasar por el World Trade Center. Tras una cortina, una srilankesa me toca las tetas por seguridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intento sacar fotos de un edificio. Oigo que alguien me silba. Son unos militares que, desde la distancia, sacuden la cabeza para decirme que no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemos ido a la estación por segunda vez esta mañana y no, definitivamente no queda un puto billete a Kandy. Dentro de unas horas descubriré que, como mínimo, hay que reservar plaza en primera con dos días de antelación. En plena Perahera, misión imposible. Por eso el vendedor de la taquilla se reía tanto, el muy cabrón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He aprendido a decir &lt;i&gt;bohoma istuti&lt;/i&gt;, que significa "muchas gracias".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regresamos por el paseo marítimo, olas de tres metros, parejas agarradas de la mano, militares haciendo instrucción, un grupo de postadolescentes bromeando y enviando mensajes de móvil. Y ya, delante del hotel, cuando acordamos que Colombo es un lugar realmente feo, unos niños en uniforme hacen volar cometas de alquiler.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SsD8ohcbFKI/AAAAAAAAAXY/xMftfgB-jRs/s1600-h/sri.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://4.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SsD8ohcbFKI/AAAAAAAAAXY/xMftfgB-jRs/s400/sri.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-1452258173962481729?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/1452258173962481729/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=1452258173962481729&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/1452258173962481729'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/1452258173962481729'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/09/during-that-time-colombo-ii.html' title='During that time (Colombo II)'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>melalcoholik@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06894875728222970966'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SqZMzXZ45FI/AAAAAAAAAWI/X3XidYYUJxE/s72-c/IMG_0518.JPG' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-8222791638626083144</id><published>2009-09-24T14:11:00.004+02:00</published><updated>2009-09-24T18:51:05.059+02:00</updated><title type='text'>Fotos encontradas en la calle</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SrtfHZWPVcI/AAAAAAAAAWQ/ONXKe5WUIaM/s1600-h/carrer4.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SrtfHZWPVcI/AAAAAAAAAWQ/ONXKe5WUIaM/s320/carrer4.jpg" width="250" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;Todo empezó en una calle de Barcelona, un día cualquiera de 2001.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/Srtf2PndRfI/AAAAAAAAAWY/Sn7ES5a040g/s1600-h/carrer2.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://3.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/Srtf2PndRfI/AAAAAAAAAWY/Sn7ES5a040g/s400/carrer2.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;Descubrí que en París abundan las fotos sin dueño.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SrtgHe-Ze3I/AAAAAAAAAWg/iFh7E0Q8-Kw/s1600-h/carrer3.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://4.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SrtgHe-Ze3I/AAAAAAAAAWg/iFh7E0Q8-Kw/s400/carrer3.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;i&gt;Amélie&lt;/i&gt; no tiene mérito. Empecé a coleccionar fotos antes de ver la película.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SrtghZ1qLEI/AAAAAAAAAWo/ZAPThximYag/s1600-h/carrer6.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://1.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SrtghZ1qLEI/AAAAAAAAAWo/ZAPThximYag/s400/carrer6.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;Regresé a Barcelona, y continué encontrando rostros a punto de ser pisados.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/Srtg4RYvpKI/AAAAAAAAAWw/thwBo3-LxDw/s1600-h/carrer1.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/Srtg4RYvpKI/AAAAAAAAAWw/thwBo3-LxDw/s400/carrer1.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;Personas anónimas llenan mis cuadernos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SrthGrKb1UI/AAAAAAAAAW4/pBKins2xfBg/s1600-h/carrer5.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://3.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SrthGrKb1UI/AAAAAAAAAW4/pBKins2xfBg/s320/carrer5.jpg" width="262" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;La última, el miércoles pasado, en un banco de la estación de metro de Fabra i Puig.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;A veces me pregunto cómo serán sus vidas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-8222791638626083144?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/8222791638626083144/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=8222791638626083144&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/8222791638626083144'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/8222791638626083144'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/09/fotos-encontradas-en-la-calle_9420.html' title='Fotos encontradas en la calle'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>melalcoholik@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06894875728222970966'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SrtfHZWPVcI/AAAAAAAAAWQ/ONXKe5WUIaM/s72-c/carrer4.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-5353372723652176706</id><published>2009-09-18T21:21:00.000+02:00</published><updated>2009-09-18T21:21:40.838+02:00</updated><title type='text'>Es Pelut</title><content type='html'>Le llamábamos "Es Pelut" porque llevaba el pelo largo y rizado, tenía una nariz poderosa. Pero antes incluso de que lo bautizáramos, lo veía pasar por delante de la casa de mis padres; caminaba pausadamente y como caminaría alguien sin preocupaciones, pantalones &lt;i&gt;hippiosos&lt;/i&gt; de colores y aquella mochila de tela semivacía colgada a la espalda. Caminaba como a quien le importa un pito adónde va, cuándo llegará, si llegará, y qué más da.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi amiga la doctora se enamoró de él. Le gustaba su estilo. Le gustaba la aparente felicidad con la que se dirigía hasta la Riera, donde hay ratas y eucaliptos, y luego, no sé, podías verlo junto a los Institutos, una expresión neutra en la cara que tal vez fuera fruto de, pues eso, una alegría nihilista o quizá de un pasotismo hedonista. Mi amiga la doctora solía fijarse en tipos como él, tipos libres. Ahora mi amiga la doctora es lesbiana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quien le puso el nombre, sin embargo, fue otra amiga mía, la abogada. Mi amiga la abogada se lió con un amigo suyo que no tenía nada de libre, ni de hippy ni de tranquilo. Y un día, así sin más, aquel chico que veía pasar por delante de la casa de mis padres pasó a llamarse "Es Pelut". Él no lo sabía, no nos dirigíamos ni la palabra ni la mirada. Yo lo veía caminando hacia ninguna parte y pensaba: "Mira, Es Pelut". Luego le comentaba a mi amiga la doctora: "Avui he vist en Es Pelut".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que nos conocimos en un callejón. Estaba sentada en el suelo frente a la puerta de un bar, en aquella época podías tomarte las pomadas en la calle sin que viniera la policía ni los camiones de la BCNeta que te sacan a manguerazos, entre otras razones porque en Mallorca no hay camiones de la BCNeta. La cuestión es que conocía al amigo des Pelut porque se había liado con mi amiga la abogada. Y bueno, el amigo des Pelut se sentó a mi lado, y Es Pelut se sentó con nosotros, y enseguida nos pusimos a hablar de no recuerdo qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí recuerdo que Es Pelut llevaba una petaca con coñac, o un licor de esos bastante abominables.&lt;br /&gt;También recuerdo que nos llevamos bien.&lt;br /&gt;Recuerdo que tanto él como su amigo elogiaron mi constitución ósea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasamos la noche de fiesta juntos los tres. Fuimos a un bar de lesbianas y acabamos en un clandestino, borrachos como cubas, seguramente yo fumé algún porro pero no lo sé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora iba a escribir que, sin apenas darme cuenta, me descubrí liándome con Es Pelut. Pero me ha venido a la cabeza un instante: estamos en el oscuro bar de las lesbianas, una luz azul eléctrica cae sobre la barra, el amigo des Pelut ha ido un momento al baño y no queremos que vuelva. Ignoro si nos habíamos cogido de la mano disimuladamente o ya nos estábamos besando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Huimos? ¿Cómo saberlo? Nos recuerdo escondidos en los portales, entre los coches aparcados, también junto al muro de aquella residencia de ancianos. Él tenía una de esas novias de toda la vida. Según él, nunca antes le había sido infiel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y luego yo regresé a Barcelona, le envié un cuento, él me contestó con otro cuento, y así estuvimos una temporada contándonos historias de cafés aburridos, pelotas amarillo locura, manifestaciones universitarias contra Aznar, en realidad sin contarnos nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis letras, en aquellos folios reciclados, parecían arañas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche, en el bar de siempre, durante una visita sorpresa a Palma, noté que algo me golpeaba en la espalda. Una bola de papel. Al cabo de un rato, otra pelota cayó sobre la mesa en la que apoyaba la cerveza. En aquellas hojas estaba escrita la respuesta a un cuento que había enviado a Es Pelut. Era un cuento sobre conejos suicidas que manchan de sangre y sesos el piso de la vecina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me volví, y allí estaban Es Pelut y su amigo inseparable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De nuevo salimos de juerga los tres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El amigo des Pelut estaba celoso. Empezó a enviarme cuentos él también. Sus cuentos no eran tan buenos, eran cursis, grandilocuentes, y estaban escritos para seducirme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una tarde, llamaron a la puerta de casa, en Barcelona. Típico piso de estudiantes. Era el amigo des Pelut. Dijo que no tenía dónde pasar la noche. Mentía, pero dije pasa, porque en los pisos de estudiantes siempre sueles decir pasa. Quiso enrollarse conmigo, y aunque entonces yo casi nunca solía negarme porque daba más palo decir que no a decir "bueno, vale, pero luego lárgate", me negué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dio lo mismo, porque el muy cabrón volvió a Palma diciendo que nos habíamos acostado juntos. Y aunque mi amiga ya no estaba liada con él y me aseguró que le daba igual, sé que en el fondo le jodió un poco. Ese poco es mucho más de lo que jodí yo aquella noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han pasado doce años desde entonces. Los cuentos desaparecieron del buzón. Acabé la carrera, trabajé todos los veranos, me fui a París, regresé, salí cuatro años con un cantante, la relación duró tanto porque era a distancia y distante; cambié de piso una, dos, tres, cuatro veces. Salí con un barman, un actor de culebrones, un escritor, dos o tres periodistas, un columnista, otro cantante, me lié con uno que iba de artista, otro que iba de profundo, un mago, un jefe, un fotógrafo, un crítico literario, otro escritor, un profesor de filosofía, un pianista, otro barman, un dependiente buenorro, un sociólogo que trabajaba en Correos, otro escritor y otro y otro, y otro periodista y otro, con un gay y su ex (en momentos diferentes), un actor de teatro, un estudiante de medicina, uno que no sé a qué se dedicaba, otro que no sabía a qué dedicarse, supongo que algún editor, un empleado de la cadena de montaje de Rubí y un capullo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me he encontrado al amigo des Pelut unas cuantas veces. La noche antes de que fuera padre, por ejemplo, y él llevaba un pedo de escándalo. Y luego, también, cuando se divorció. Y una tarde en la Fnac del Triangle. Y bueno, aquí y allá. La última vez, este mismo verano en Ses Voltes, en un concierto de Manel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Es Pelut, en cambio, no he vuelto a verle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin haberle olvidado, no había vuelto a acordarme de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anteayer tenía un mensaje suyo en la bandeja de entrada del Facebook. Decía que había leído mi libro, que las cartas, que el talento, que los veranos con las rodillas peladas y el pan con nocilla, el pino y la luz blanca. Luego añadía: "De repente he caído en la cuenta de que tal vez no tengas ni idea de quién soy".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le contesté que sí, que la noche en el bar, las bolas de papel, el cuento de los conejos suicidas, y aquella tarde que fuimos paseando hasta una casa antigua que él dijo que había sido de su familia. Las raíces de los árboles levantaban las baldosas del patio, y en las grietas se acumulaba la pinaza. Alrededor crecía la ciudad como un cáncer implacable. Pero aquella casa continuaba allí, tras la gasolinera, testigo acojonado de un pasado que fue tranquilo como tranquilo era el paso des Pelut por delante de la puerta de mis padres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le contesté que también recordaba que me había contado algo de un primo esquizofrénico que no quiso medicarse y desapareció.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le contesté que esperaba encontrármelo cualquier día frente a la casa de mis padres, como antes, de camino a la Riera; o en un bar de esos que ya no existen, en uno de los que no existían hace doce años. Le contesté que esperaba toparme con él en cualquier esquina, cualquier calle, o junto al mar en el Molinar, antes que reencontrarlo en Facebook. Le pregunté si aún lleva la petaca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respondió que no. Respondió que aún guarda mis cuentos y una foto carné en la que salgo rapada al cero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respondió que el azar nunca ha estado de nuestra parte. Y me contó que aquella segunda noche, los tres en el clandestino, él y su amigo dejaron que me fuera sola. Luego él se arrepintió y salió corriendo para ver si me encontraba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó a la casa de mis padres justo en el preciso momento en el que yo cerraba la puerta a mis espaldas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-5353372723652176706?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/5353372723652176706/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=5353372723652176706&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/5353372723652176706'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/5353372723652176706'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/09/es-pelut.html' title='Es Pelut'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>melalcoholik@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06894875728222970966'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-1936487243558951219</id><published>2009-09-14T18:15:00.007+02:00</published><updated>2009-09-15T10:15:17.347+02:00</updated><title type='text'>La clase</title><content type='html'>Vengo de buscar a mi sobrina al colegio. Hoy era su primer día. En realidad no es mi sobrina de verdad, es la hija de una prima mía que no podía ir a buscarla porque tiene depresión, o agorafobia, o alguna enfermedad que no la deja salir de casa. Mi prima se divorció cuando aún estaba embarazada, y a veces me paso por su apartamento para llevarle la compra, bajar las basuras, regarle las plantas o llevar la niña al colegio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo de las plantas no entiendo por qué tengo que hacerlo yo, mi prima no necesita salir a la calle para regar las plantas, pero prefiero no protestar. Lleno la regadera con agua del grifo y empapo la tierra de dos geranios, algo así como un cactus, y dos ficus. Uno de los ficus está un poco pocho, pero a mi prima no le importa y a mí tampoco, la verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi sobrina que no lo es del todo lloraba. Me ha parecido normal. Era su primer día de colegio. Iba despeinada, con el babi mal abrochado y la maleta de Hello Kitty vacía; se había comido el bocadillo que le he preparado esta mañana para el recreo. Le he preguntado qué le pasaba, si sus compañeros de clase son unos hijosdelagranputa que merecen una tunda, una zurra, un parte o unos azotes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo bueno de no ser madre es que no hace falta ser políticamente correcta. Si esos cabrones le hacen &lt;span style="font-style: italic;"&gt;bulling&lt;/span&gt; a mi sobrina se van a enterar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi sobrina que no lo es del todo ha dicho que no se trata de eso. "No, no es eso", hipaba mientras se limpiaba los mocos con la manga del babi. Y eso es lo malo de mi sobrina, que nunca cuenta nada. O sea, dice: te equivocas, no se trata de eso. Pero no te dice de qué se trata en realidad. Con lo cual, tienes que preguntar y preguntar un montón de cosas antes de sacarle cuál es el problema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le he preguntado si es que el bocadillo estaba malo, si es que todo el mundo comía tigretones y pan con nocilla y su bocadillo de queso le ha parecido soso. Bueno, ha dicho, la verdad es que podías habértelo currado más. Pero en fin, el bocadillo no es la fuente de sus desgracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Entonces? Le he preguntado si es que se ha caído de los columpios, si es que el chico más feo de la clase le ha pedido para salir, si la pija tonta se ha reído de sus Victoria. Y ella ha reconocido que ya podíamos comprarle unos zapatos buenos de marca, que esos de tela son una mierda, y encima hoy ha llovido y se le han mojado los pies. Le he contestado que no puede decir mierda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Íbamos caminando por Gràcia, ella no quería darme la mano porque ya es mayor "y pareceríamos lesbianas". Hacía un buen rato que ya no lloraba, pero continuaba con la barbilla pegada al pecho, mirándose los zapatos empapados, y arrastrando su mochila de Hello Kitty, sin contarme qué le había pasado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La profesora es una pedorra. No. Eres alérgica a la tiza. No. La decoración del aula te ha puesto enferma. No. Se ha muerto el hámster. Vuestro delegado de clase se llama Gripe A. Tampoco. Os han puesto un montón de deberes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De repente, mi sobrina que no lo es del todo se ha vuelto hacia mí muy lentamente, como en una película de terror, y me ha mirado con los ojos entrecerrados, frunciendo el ceño. "Oye", me ha dicho, "¿sabes que eres un poco plasta?". Me ha dado un miedo que te cagas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace poco fui a ver al cine la historia de una tía que adopta a una niña a la que sus padres han estado a punto de achicharrar en el horno, y bueno, la niña es un encanto y tal, pero resulta que todo el mundo muere a su alrededor, y claro, la protagonista se acojona, porque desde que adopta a la niña, se queda sin novio, se queda sin amigos, se queda sin casa. Un desastre. Resulta que la niña viene a ser como la del Exorcista pero sin &lt;span style="font-style: italic;"&gt;glamour&lt;/span&gt; (no vomita de color verde ni nada, tampoco le da vueltas la cabeza, es un poco fraude). La cuestión, que cuando mi sobrina me ha contestado así, que soy un poco plasta y eso, he pensado que tal vez podría ser un diablo y por eso mi prima siempre está encerrada en casa, porque está poseída, o tiene miedo, o yo qué sé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me he metido en un bar y he comprado un helado. A mi sobrina se le han iluminado los ojos, porque creía que se lo iba a dar, pero no, lo que he hecho ha sido lamer el helado con toda la lengua. Ella se ha quedado un poco descolocada. Y cuando por fin se ha atrevido a pedirme que le comprara otro le he contestado que ni de coña, que está como una foca, y que si come guarradas va a acabar con el culo como un pandero. Insisto, lo que más mola de no ser madre es que puedes ser todo lo cabrona que merecen esos niñatos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces mi sobrina que no lo es del todo se ha puesto a llorar otra vez y ha dicho que hoy era el peor día de su vida, y que era una desgraciada, que nadie la quería, etcétera. Nos hemos sentado en un banco de la plaza Virreina y le he dado mi helado. Eso también mola de no ser madre: puedes ser todo lo contradictoria que quieras. Además, a mí el dulce no me gusta, he comprado ese helado para joder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y bueno, mi sobrina me ha contado que cuando ha llegado a clase, todos tenían un ordenador en el pupitre, un portátil. Y que se ha puesto muy contenta porque era bastante chanante. El problema es que, de repente, se ha encendido la luz verde de la webcam (cómo sabe una niña de seis años y medio lo que es la luz verde de una webcam es otra cuestión).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se lo ha comentado a nadie porque creía que quien los estaría observando sería el director, para que no robaran los ordenadores. Pero luego ha empezado a rayarse. No podía apartar la vista de esa cámara que la enfocaba. Aprender a sumar y restar con ese ojo siempre clavado en la frente tiene que ser bastante jodido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de un rato, la secretaria del centro ha golpeado suavemente la puerta y le ha pedido a la maestra que saliera un momento. Los niños, claro, se han puesto a chillar y a lanzarse pelotas de papel y lápices y bolígrafos y alguno se ha enganchado a la Nintendo y otros daban patadas y otros pintaban en la pizarra, lo normal. Mi sobrina, mientras tanto, se fijaba en los otros ordenadores de la clase. Nadie, salvo ella, tenía la luz de la webcam encendida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando ha vuelto la maestra, han corrido todos a sus sitios. La maestra estaba algo alterada, tenía los ojos brillantes y las mejillas enrojecidas. Ha mirado a mi sobrina furiosa, con auténtica rabia, y luego ha seguido dando la clase aparentando indiferencia, pero mi sobrina notaba que aquella mujer la odiaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Normalmente no cambian de profesor, pero hoy daban una asignatura nueva, algo sobre la ciudadanía, y ha venido una chica muy joven y amable a explicarles cómo tienen que saludar a las personas en los ascensores, y a contarles que el diálogo siempre es mejor que dar una hostia. O sea, tan útil y tan obvio como enseñarles a combatir la gripe A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi sobrina no lograba concentrarse porque la luz verde de su webcam continuaba encendida. No sabía a quién imaginar al otro lado, pero alguien estaba allí, y estaría viendo su pelo recogido con dos clips, su babi mal abrochado a rayas, estaría viendo sus ojos grises y su expresión inquieta, su angustia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al rato, han vuelto a golpear la puerta, pero esta vez secamente, tres golpes muy rápidos. Y antes de que la profesora de ciudadanía pudiera contestar un "¿sí?", un "adelante", un simple "pase", ahí estaba el director del centro, rojo como un pimiento. Ha corrido hasta el pupitre de mi prima, sacando humo por las orejas, y la ha arrancado literalmente de la silla. La ha apartado de su ordenador y se ha puesto a buscar un cable, un WiFi, algo que explicara que ese ordenador, y sólo ése, estuviera conectado a Internet. Algo que explicara cómo podía estar alguien observando a mi sobrina desde la distancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"¿Y qué ha pasado después?", le he preguntado a mi sobrina que no lo es del todo.&lt;br /&gt;"Que me han sentado en una mesa sin ordenador".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos hemos quedado un rato en el banco sin decir nada, mi sobrina balanceaba los pies mientras se comía el cucurucho, y enseguida han llegado tres palomas asquerosas y tullidas a comerse las migas. Luego ha empezado a llover otra vez y nos hemos levantado para ir a casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Era mamá", me ha dicho mi sobrina que no lo es del todo. "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;/span&gt;Se ha pasado el día mirando qué me enseñaban en clase, y cuando algo no le gustaba, llamaba al colegio y se quejaba".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi sobrina ha deslizado su mano pringosa de chocolate hasta la mía, la ha apretado con fuerza. Pero yo estaba mucho más asustada que ella.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-1936487243558951219?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/1936487243558951219/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=1936487243558951219&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/1936487243558951219'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/1936487243558951219'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/09/voyeur.html' title='La clase'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>melalcoholik@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06894875728222970966'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-5519110100056867271</id><published>2009-09-05T10:56:00.004+02:00</published><updated>2009-09-05T11:15:05.960+02:00</updated><title type='text'>During that time (Colombo)</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SqIpYy9OwRI/AAAAAAAAAWA/1CLKcVZp99c/s1600-h/IMGP1619.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SqIpYy9OwRI/AAAAAAAAAWA/1CLKcVZp99c/s400/IMGP1619.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5377906411005985042" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;Diario de nuestro viaje por Sri Lanka en agosto de 2009 (traducción del catalán).&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Colombo, 30 de julio de 2009&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Hotel Hilton. En caso de atentado, somos susceptibles de contarnos entre las víctimas. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;(nota posterior: irónicamente, el atentado tuvo lugar en Mallorca).&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Los aviones de Srilankan Airlines son como los demás: tienen dos alas, y ventanas a ambos lados y tres filas de asientos. Nos tocó una de esas filas que están en medio del pasillo, al lado de una pareja de alemanes que no tenían ni puta idea de inglés y que seguramente trabajaban en una cadena de montaje y habían ganado un viaje a Negombo en un concurso de la televisión. Les ayudamos a rellenar los papeles del visado.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Las azafatas iban vestidas de srilankesas. Llevaban un vestido muy bonito que dejaba al descubierto sus michelines, y los ojos pintados de azul. Mi enchufe para los auriculares estaba estropeado y tuve que pasarme el viaje jugando al reversi contra el ordenador central HAL.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Salimos de Frankfurt a las 15h, hora europea. Mi amor sobre ruedas dijo que no podría dormir, pero se quedó dormido enseguida.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Unas filas por delante se sentó una niña que lloraba. No. Gritaba. Chillaba. Berreaba. La niña se pasó las 10 horas de viaje chillando, gritando, berreando y llorando sin parar. Le habría metido la cabeza en la taza del water y hubiera tirado de la cadena. Si el infierno existe, es un vuelo transoceánico lleno de niños histéricos que no te dejan dormir y encima hay turbulencias y no puedes mear porque los baños siempre están ocupados y apestan y te ha tocado sentarte al lado de uno de esos baños.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La niña chillaba y yo la habría tirado por la ventana. Mientras tanto, mi amor sobre ruedas dormía como un angelito.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cuando estábamos a punto de llegar, el comandante nos anunció que intentaría aterrizar con delicadeza, pero que tuviéramos controladas las salidas de emergencia por si acaso. Fue muy alentador.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;(escrito en el hotel Hilton, rodeada de señores con turbante, después de un agotador día por los barrios Fort y Petha de Colombo. No nos alojábamos aquí, pero necesitábamos imperiosamente una cerveza y aire acondicionado y las vistas a un jardín pijo con una tortuga extraña y una grulla que se comía un pez del estanque y se marcaba la forma del pez en su cuello largo mientras lo engullía, igual que en ese dibujo de &lt;i&gt;El Principito&lt;/i&gt; que parece un sombrero pero que en realidad representa una serpiente que se ha zampado a un elefante).&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-5519110100056867271?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/5519110100056867271/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=5519110100056867271&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/5519110100056867271'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/5519110100056867271'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/09/during-that-time-colombo.html' title='During that time (Colombo)'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>melalcoholik@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06894875728222970966'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SqIpYy9OwRI/AAAAAAAAAWA/1CLKcVZp99c/s72-c/IMGP1619.JPG' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-6510707954024595453</id><published>2009-09-03T17:21:00.005+02:00</published><updated>2009-09-03T18:45:48.178+02:00</updated><title type='text'>En el armario</title><content type='html'>Me enteré de que estaba en la cárcel por un amigo en común. Lo conocí en primero de carrera y me cuesta creer que sea culpable de los cargos que le imputan. &lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Estaba con ese amigo cenando en un restaurante junto al mar, el verano se agotaba con el mismo bochorno cansado de estos días, y respondí presa de esa rara excitación que provoca conocer a alguien presuntamente malo, muy malo. Hacía años que no veía a aquel chico. Miento, lo había visto una noche en un bar. Me dijo: "Te escucho por las mañanas en la radio". Y claro, de repente se me ocurrió que ése podía ser el gesto propio de un loco, de un psicópata, alguien que me siguiera por las ondas y hasta donde fuera.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Una teoría absurda, sin duda, pensé mientras me llevaba un trozo de pescado a la boca. Pero es lo jodido de que te etiqueten: la gente tergiversará sus recuerdos para que se adecuen a tu supuesta naturaleza retorcida. A él le gustaban las chicas, se enamoraba con una facilidad infantil. Pero era tan recatado que, cuando una le gustaba, sonreía a lo Pasqual Maragall, hasta que los ojos se reducían a una línea muy fina, ocultos bajo sus pestañas espesas. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;También le gustaban el fútbol y el cine, creo, pero de cine no hablábamos mucho. Del Barça tampoco. Era un poco pijo, llevaba fulares y cosas así, y solía tener una amiga favorita, que era de la que sospechabas que estaba enamorado. Pero nunca se atrevía a hacer más que llamarla a menudo por teléfono o pasarle un brazo por los hombros. Lo que hacen muchos gays con sus mejores amigas: confidencias, cotilleos y unas risas. Pero él no era gay.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Algunos dicen que era un poco raro. A mí nunca me lo pareció. Un poco excesivo, tal vez, un poco payaso; aunque respetando el coñazo ése de lo políticamente correcto. Siempre tenía que dar la nota o ser más ingenioso que el resto. Bueno, pensé que retrataba a la perfección lo que, con el tiempo, acabaría describiendo como el "típico barcelonés".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Antes de salir por Barcelona, empecé a hacerlo por Esplugues. De allí era mi mejor amiga, a la que él llamaba "la bruixeta" porque un día ella le contó que de pequeña hacía ouijas a la hora del recreo y que la habían exorcizado a la tierna edad de once años. Primero se enamoró un poco de ella, pero luego debió pensar que llevaba un rollo demasiado duro.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y la verdad es que La Bruixeta era una chula de cuidado, por eso nos hicimos amigas. Salía con un chulo que quería dar aún más miedo que ella, y que un día abandonó Esplugues con el vaticinio: "Hala, aquí os quedáis, me voy a triunfar a Madrid". Años más tarde ganó un Goya. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La Bruixeta, por su parte, se casó con un futbolista, tuvo un accidente de coche, le pusieron unos clavos en el cuello, tuvo una hija que se quedaba sin aire. Y ahora la niña tiene dos años y medio, pero mide lo mismo que una niña de uno, y no le crece el pelo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En fin, que mientras La Bruixeta formaba una familia, al chico que le puso el apodo lo metieron en la cárcel. Y entonces los periodistas le pusieron un apodo a él. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mientras nuestro amigo en común me contaba lo que presuntamente había hecho, sentados en el restaurante junto al mar, sentí miedo. Mucho miedo. Acababa de darme cuenta de que no sabía qué me asustaba más: que aquel chico con el que había descubierto Barcelona fuera culpable. O al contrario, que fuera inocente. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Fue precisamente La Bruixeta quien me lo presentó un día en los ferrocarriles, a la salida de clase. Y él y otros compañeros empezaron a invitarme a salir con ellos los viernes por la noche. Pero la verdad es que no recuerdo ninguno de los bares a los que íbamos los dos primeros años de carrera. Sí recuerdo que en una ocasión pasamos a recoger a otra compañera a su casa, y que la tía loca había copiado los apuntes de Teorías de la Comunicación en inmensas cartulinas que después colgó en las paredes, de manera que, mirara donde mirara, siempre podía repasar la lección.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;También amortizábamos horas infinitas en el bar de la facultad, cafés, cervezas y conversaciones intranscendentes, y estuvimos en el mismo grupo de Fotografía. Lo sé porque todavía guardo fotos suyas en blanco y negro sobreexpuestas y borrosas y desenfocadas. Luego simplemente fuimos distanciándonos. Él empezó una nueva carrera en otro sitio, y ya.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Al enterarme de que estaba en la cárcel, revisé con cuidado aquellos momentos que nunca me había esforzado en recordar, supongo que buscando alguna pista, algún indicio, cualquier detalle que evidenciara lo que, de todos modos, nunca es evidente. Cuando los vecinos del asesino salen por la tele siempre dicen que "parecía tan normal". &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;De todos modos, no quise obsesionarme. Las veces que por casualidad me encontraba con otro compañero o compañera de la clase en un bar o en la calle, esperaba que me dijera: "¿te has enterado?", antes de hablar sobre el tema. Pero casi ninguno no lo hacía, seguramente porque no tenían ni idea. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Uno de ellos me contó que le había escrito a la cárcel y que pensaba ir a visitarlo. Estábamos en un bareto ruidoso lleno de humo con la música a toda hostia al que va la gente que quiere echar un polvo con un actor o una actriz de culebrones. Y, al preguntarme lo de "te has enterado?", tuve un escalofrío. Volví a sentir el miedo de la primera vez, cuando no supe determinar si me asusta más saber que aquel tío es un criminal, o comprender que cualquiera de nosotros puede acabar injustamente entre rejas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;También me contó que su madre no había podido soportar el disgusto y murió de un cáncer fulminante.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Hace un rato he encontrado una página en la que sus amigos cuentan cómo le conocieron. Unos lo hicieron jugando a fútbol en el cole, otros en aquel ferrocarril infinito que nos llevaba y devolvía de la universidad. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Uno pone que lo odiaba. Que odiaba sus fulares y ese gesto paternal y colega con el que pasaba un brazo sobre los hombros de sus mejores amigas, y odiaba su histrionismo puntual. Lo odiaba porque sí, porque era el típico que tenía que caer simpático. Hasta que pasó algo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ese chico al que no recuerdo relata una noche que también había olvidado. Acabamos unos cuantos, no sé por qué, en casa de un francés que decía ser pianista o de un pianista que decía ser francés. Ignoro qué hacíamos allí con nuestras latas de cerveza, y el tipo ése francés sólo tenía ginebra. El chico que acabó en la cárcel se rió de él con esa elegancia exasperante para quienes pillan la burla; le dijo que él también era artista, que trabajaba con materiales. El pianista no era de los que pillan burlas y creyó haber conocido a un alma gemela.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Como siempre que voy borracha y me pregunto cómo he llegado hasta aquí, decidí largarme. Desaparecí sin más.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Al rato, él me buscó en los armarios de la casa de aquel pianista. En los armarios de la habitación y también en los de la cocina, para ver si me había escondido junto a la fregona. En su relato, el chico al que no recuerdo cuenta que, simplemente por aquel momento, dejó de odiar al que ipso facto se convirtió en su amigo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Yo sigo preguntándome si los monstruos se ocultan en los armarios.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-6510707954024595453?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/6510707954024595453/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=6510707954024595453&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/6510707954024595453'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/6510707954024595453'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/09/en-el-armario.html' title='En el armario'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>melalcoholik@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06894875728222970966'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-7476059490139201147</id><published>2009-07-26T13:27:00.007+02:00</published><updated>2009-07-28T08:55:35.763+02:00</updated><title type='text'>Revolver</title><content type='html'>Ayer un desconocido me preguntó a la salida del súper: "¿Ya has vuelto?".&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Era un hombre de mediana edad, un poco calvo, tenía un ojo morado y llevaba desabrochados los primeros botones de una camisa a rayas manchada a la altura del pecho. Podría haberle preguntado: "¿Quién es usted?". Podría haberle contestado: "Es que estoy de vuelta de todo". &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero en cambio me salió un casi obvio: "Volver de dónde?".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El hombre me miró como si temiera haberse confundido de persona, algo que a mí me pareció que era exactamente lo que estaba pasando. Contestó: "De Sri Lanka". Y entonces fui yo quien lo miró con más atención. Tal vez nos conociéramos, después de todo: el miércoles que viene me voy a Sri Lanka, en efecto.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Le dije: "Pero si todavía no me he ido".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El hombre abrió los ojos como platos y respondió: "¿Qué quieres decir con que todavía no te has ido?".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;"Pues eso, que salimos el próximo miércoles", insistí. Y me sorprendí un poco por haber utilizado el plural de repente. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Las bolsas de la compra pesaban bastante, hacía calor y era demasiada casualidad que ese señor conociera a alguien que acabara de estar en Sri Lanka; no conozco a casi nadie que haya estado en Sri Lanka. Que se parezca a mí y que viva en mi barrio, menos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El hombre miró a lado y lado de la calle, como si esperara, qué se yo, que apareciera una cámara de la tele y yo me pusiera a gritar inocente, inocente. O no, ahora creo que malinterpreté su desesperación. Luego hizo un gesto como de "pero a ver, qué coño está pasando aquí", y se rascó la barbilla.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Pero entonces... ¿no estabas en Sri Lanka cuando entraste en el Skype de mi hijo? -preguntó. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y yo dejé las bolsas de la compra en el suelo porque empezaban a dolerme las manos, y me froté las palmas para borrar las marcas que las asas habían dejado en mis dedos. No entendía nada de nada. ¿Qué hijo? ¿Qué Skype? ¿Era aquel hombre el padre de mi amor sobre ruedas? En tal caso, ¿para qué iba yo a meterme en su Skype si nos vemos a diario y nos peleamos siempre que queremos pillar una bicicleta del Bicing? Además, mi amor sobre ruedas no vive con sus padres. Me impacienté.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Señor -le dije-, no entiendo nada. ¿Qué Skype? ¿Quién es su hijo?&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El hombre agachó la cabeza realmente confundido. Luego volvió a levantarla y su mirada parecía muy triste. El moretón de su ojo derecho se había oscurecido.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-La semana pasada, no sé cómo, entraste en el Skype de mi hijo. Mi mujer y yo estábamos cenando, y él nos llamó. Estaba como siempre enganchado al Internet y todo eso, y nos dijo que fuéramos corriendo. En la pantalla aparecías tú, y nos dijiste que habías viajado a Sri Lanka de vacaciones y que tenías la sospecha de que habían entrado a robar a tu casa. Nos pediste por favor que fuéramos a ver si era así. Yo te pregunté cómo sabías que habían entrado en tu casa desde Sri Lanka. Si es que alguien te había llamado para advertírtelo o algo. Te pregunté cómo conocías la dirección del Skype de mi hijo. Tú respondiste que ya me lo explicarías a tu vuelta, pero que entonces no podías hacerlo, que hay pocos sitios en Sri Lanka que tengan Internet y la conexión es muy mala. Que por favor fuera a tu casa y mirara si habían entrado a robar, que éramos vecinos, que sería cosa de un momento.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Me puse a sudar y a temblar al mismo tiempo. Me picaba la cabeza. Por fin, me atreví a preguntar:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-¿Y fue usted a mi casa?&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Claro. Fui a tu casa y me encontré a tres hombres que estaban forzando la cerradura de tu puerta en ese preciso momento. Pensé: hostias, qué casualidad, cómo coño podía saberlo esa pobre chica.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tragué saliva. Ignoro si me asustó más la pregunta que estaba a punto de hacer o cuál sería su respuesta. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Al final tomé aire y solté:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-¿Le hicieron ellos eso que tiene en el ojo?&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El hombre suspiró hondamente, como si en ese suspiro cupieran todas las preguntas del mundo, todas sus respuestas. Y con lo que a mí me pareció un nudo en la garganta, resolvió: &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Mira, voy a darte el Skype de mi hijo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Me lo dio. Parecía resignado. Le di las gracias. Lo besé en las mejillas. Cogí las bolsas de la compra y fui hacia casa. Cuando estaba justo en la esquina, caí en la cuenta de algo. Volver dos veces es revolver, revolverlo todo. Y con un acento, pistola.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La mancha en la camisa.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Me volví. No había nadie en la calle.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-7476059490139201147?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/7476059490139201147/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=7476059490139201147&amp;isPopup=true' title='21 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/7476059490139201147'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/7476059490139201147'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/07/revolver.html' title='Revolver'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>melalcoholik@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06894875728222970966'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>21</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-1749378527089240544</id><published>2009-07-19T21:16:00.014+02:00</published><updated>2009-07-20T10:04:03.691+02:00</updated><title type='text'>En mi lugar</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Tiene nombre de verano, es maño y se ha propuesto escribir un cuento como si lo hubiera escrito yo. Su cuento empieza así:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:arial, sans-serif;font-size:small;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia, sans-serif;"&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:verdana;"&gt; "&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:verdana;"&gt;Si las historias no vienen a mí, soy yo la que sale a buscarlas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:arial, sans-serif;font-size:small;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia, sans-serif;"&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:verdana;"&gt;Diana Cazadora.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:arial, sans-serif;font-size:small;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia, sans-serif;"&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:verdana;"&gt;No sabía qué clase de historia me esperaba en Zaragoza. Podía ser una gran historia o podía ser una historia de mierda. Tampoco me lo planteé. Plantear debe de venir de plantar, y a mí las plantas, como los semáforos en ámbar y como las camisas sin arrugas, me ponen triste. Y sólo hay una cosa que odie más que la tristeza: la cerveza caliente".&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  border-collapse: collapse; font-family:arial, sans-serif;font-size:small;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman', sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Y bueno, si no fuera por eso de "Diana cazadora" habría pensado que, efectivamente, dejé estas líneas apuntadas en algún cuaderno que luego olvidé, en uno de esos posts que están en el archivo "Borradores" y ahí se quedarán porque por algo son borradores, porque su función es borrar lo que tenían que decir y ya no lo dirán jamás. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman', sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Leo el texto que mi amigo estival ha intentado escribir en mi lugar mientras pruebo una de esas cervezas un poco tristes y calientes que acabo de comprar en el colmadito de la colombiana con voz de pito, y recuerdo que fui a Zaragoza precisamente por eso, porque ser musa es un coñazo, y si tengo que pasarme la vida esperando a que un bardo capullo me cante las cuarenta o mil canciones de amor, voy lista. Soy más aventurera que eso, y aquí canto yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;El texto podría ser mío y pienso decírselo a mi amigo: joder, qué cabrón, me has pillado, casi me confundes. Pero hay algo que me inquieta un poco: ¿por qué me ponen triste los semáforos en ámbar? Por su construcción, la frase podría ser mía, insisto; por su sentido, no. Los semáforos en ámbar no me ponen triste porque no me dan tiempo. Los semáforos en ámbar son como esas llamadas del administrador de fincas cuando te pregunta: "¿te quedas por cuarenta euros más al mes o te largas? Dímelo antes del viernes". Y a ti te salen sarpullidos porque el viernes es ya, y esa decisión condicionará los próximos cinco años de tu vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Pues los semáforos en ámbar son parecidos, porque de repente tienes que tomar una decisión en décimas de segundo: ¿das el paso aunque tengas que cruzar corriendo al otro lado y con el riesgo de que te atropelle un trailer? ¿o te quedas viendo cómo el semáforo se pone en rojo, pasan los coches por delante de tus narices, esperas en la acera uno o dos minutos que podrían alterar tu vida para siempre?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;En las calzadas de Barcelona han pintado unos mensajes con letras blancas para que recuerdes la cantidad de gente que muere atropellada cada año por culpa de sus decisiones precipitadas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman', sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Los semáforos en ámbar me dificultan la vida a diario porque nada se me da peor que tomar decisiones, y los semáforos son impacientes, impertinentes y tienen algo de profesor de &lt;i&gt;spinning&lt;/i&gt; o de aerobic, un-dos, un-dos, vamos, vamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Mi amigo estival sabe algo de aerobic, pero no porque se haya apuntado a un gimnasio y se ponga una cinta en la cabeza y unas mayas de licra todos los lunes por la tarde, que no lo hace. De repente, le dio por hacer pesas. Se compró unas, y ahora, además de leer como nadie y de intentar escribir como yo por puro &lt;i&gt;divertimento&lt;/i&gt;, hace ejercicios con las pesas cada día. Las pesas ésas pesan un huevo, que yo las he cogido alguna vez.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman', sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Pero cuando lo conocí, mi amigo todavía no se había comprado las pesas; ni siquiera tenía aquella obsesión por estar echando barriga que tuvo luego. O, en cualquier caso, no me hizo ningún comentario al respecto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman', sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Siguiendo con su texto, las horas previas a conocernos fueron más o menos así:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:arial, sans-serif;font-size:small;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia, sans-serif;"&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:verdana;"&gt; "&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:verdana;"&gt;Si tengo que elegir un número, elijo siempre el número trece. No es por tentar a la suerte. En el que debería haber sido mi asiento viajaba una mujer a la que no le veía más que el brazo y el abanico. Estuve muy atenta al abanico y no lo abrió ni una sola vez. Cuando no lo movía de un lado a otro lo hacía girar, sin abrirlo. Ella sí que estaba nerviosa.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:verdana;"&gt;   &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:verdana;"&gt;El autobús hizo una parada poco después de que cruzáramos el Meridiano de Greenwich. Pensé que cruzar por aquel arco era como atravesar el arco iris. Qué idiotez".&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Creo que aquí ya no me pilla tanto el tono. Es decir: no entiendo por qué tendrían que ponerme triste los semáforos en ámbar, pero a veces no entiendo muchas cosas que digo o escribo. En cambio, aquí hay tres cosas que nunca sería capaz de mencionar, ni oralmente ni por escrito. Una es el verbo "elijo". Otra: "ella sí que estaba nerviosa". A mí qué me importa esa señora. Y la que seguro que no saldría de las teclas de este ordenador adquirido en la tienda Apple de la Quinta Avenida de Nueva York hace cuatro meses es: "arco iris".&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Mierda, pero si el mismo nombre del arco ése de los cojones es de un cursi redomado. Me recuerda a la canción de la abeja Maya y a la serie de los Osos Amorosos y a los abrazos de los Teletubbies y lo siento por los gays, pero joder, ya podían haberse buscado un símbolo un poco menos &lt;i&gt;new age&lt;/i&gt;. El arco iris es cursi en sí, como cualquier cosa que: a) contenga colores pastel. b) contenga el color malva-rosa. c) combine varios colores. Y a mí lo cursi no me va. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;A ver, puedo ponerme sentimental cuando me enamoro o me acuerdo de mi abuelo, o pienso en lo bien que follaban aquellos hombres supuestamente interesantes con los que nunca volveré a acostarme. Puedo ver una puesta de sol o la película &lt;i&gt;Mishima&lt;/i&gt; y ponerme a llorar por culpa de la belleza. Pero eso tiene sentido. Además, en la película &lt;i&gt;Mishima&lt;/i&gt; no he llorado por la puesta de sol ni porque el tío se destripe con un cuchillo jamonero, sino porque al principio el tío cree que las palabras no sirven para nada y al final descubre que lo que no sirve para nada es actuar. Total, que es un poeta incomprendido.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Pero en fin, estábamos hablando de por qué mi amigo estival la ha cagado suplantando mi identidad. La verdad es que no recuerdo en qué asiento me senté en el autobús, la vez que fui a Zaragoza para conocerle. Pero sé que me puse los cascos para no tener que hablar con la pija que se sentó a mi lado, que apestaba a perfume caro, y me puse a mirar por la ventana y hacía calor; tanto, que el conductor tuvo que levantar la trampilla que había en el techo del autocar para que pasara un poco de aire. Y lo cierto es que no fui consciente de cruzar el Meridiano de Greenwich ése, pero sí recuerdo que, delante de los Monegros, me dije: coño, pero si esto no es un desierto ni es nada, que está todo verde. Y envié un mensaje de texto a mi amigo estival comentándole, pues eso, que vaya mierda de desierto. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Luego llegué a Zaragoza:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style=" ;font-size:16px;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:verdana;"&gt;"Me había dicho que la puntualidad no era la mayor de sus virtudes, pero yo sabía que estaría esperándome en el andén, puntual como un adolescente en su primera cita. En lugar de un ramo de flores llevaba un periódico arrugado. Los ojos le sonreían".&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Diría que aquí mi amigo estival ha dejado de ponerse en mi piel para cubrirse con el abrigo de aquella chica que a él le hubiera gustado que yo fuera. No es que sea una loba con pellejo de cordero ni nada de eso, pero tiendo a ser bastante más... Bueno, fría no es la palabra y menos un verano en Zaragoza. Pero en fin, que sí, que sabía que él estaría allí, pero sólo porque mi autocar llegaba con media hora de retraso. Sabía que estaría nervioso, forma parte de las citas a ciegas. A mí no me afectan mucho por culpa del trabajo, me paso la vida quedando con desconocidos a quienes hago preguntas impertinentes. Mi madre solía decirme: no hables con desconocidos. Y al final, no sólo hablo con ellos, sino que los entrevisto y les pregunto por sus trabajos, sus aspiraciones, sus intenciones. Y somos una pandilla de narcisistas, nos encanta hablar de nosotros mismos. Ni siquiera por éstas diría que les conozco.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;A mi amigo estival lo reconocí enseguida. Todavía no sé por qué. Seguía en aquel asiento junto a la ventana, me quité los cascos en cuanto el autocar se metió en el parking aquel tan &lt;i&gt;fashion&lt;/i&gt; que construyeron con la excusa de la Expo. Y lo vi. Estaba junto a la pared blanca, sin apoyarse, es verdad que llevaba un periódico en las manos, un periódico arrugado, era El País o La Vanguardia, creo, llevaba unos pantalones modernos, un poco estrechos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Bajé del autocar y me acerqué a él.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;No sé si ha continuado ese relato que escribe como si lo estuviera escribiendo yo. A mí sólo me ha enviado este fragmento que aquí publico sin su permiso. Al fin y al cabo, si realmente lo hubiera escrito yo, probablemente lo habría publicado aquí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Nos dijimos hola, nos besamos en las mejillas y discutimos de camino al bar de la estación donde los nervios pasarían con un par de cervezas. Me enseñó mucho más que Zaragoza y nos conocimos como sólo pueden hacerlo dos desconocidos. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Pero todo eso aún no está escrito.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Me gusta que se ponga en mi lugar para mirarse. Me gusta cómo me ve. Me gusta cómo ve que le veo. Es casi verdad cuando escribe: "Los ojos le sonreían". Sólo casi. Porque nos sonreían a los dos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 0pt; margin-left: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-1749378527089240544?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/1749378527089240544/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=1749378527089240544&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/1749378527089240544'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/1749378527089240544'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/07/en-mi-lugar.html' title='En mi lugar'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>melalcoholik@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06894875728222970966'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-6535838643144372032</id><published>2009-07-18T19:55:00.007+02:00</published><updated>2009-07-18T21:16:46.079+02:00</updated><title type='text'>El balcón</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SmIM6Bb27NI/AAAAAAAAAV4/t5d5TelyUsY/s1600-h/570500ArxiuTioJoan04+(20).JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 259px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SmIM6Bb27NI/AAAAAAAAAV4/t5d5TelyUsY/s400/570500ArxiuTioJoan04+(20).JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5359860697481538770" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Mi tío abuelo era aviador. Le gustaba volar bajo, pasar entre los mástiles de las barcas atracadas en Porto Colom, acercarse al balcón de la casa que mi abuelo le había construido a mi abuela; "Maria", le había dicho, "te faré una casa que des de la cuina veuràs la mar". Cada tarde de verano, sobre las ocho o un poco antes, mi abuelo le decía a mi abuela: "anem". Y se sentaban en aquel balcón a ver la puesta de sol. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mi abuelo se sentaba de cara al faro, allá a lo lejos; el sol se ocultaba tras las montañas a sus espaldas. Los &lt;i&gt;llaüts&lt;/i&gt; se mecían a sus pies. Alguna vez cacé cangrejos al lado de aquellos &lt;i&gt;llaüts&lt;/i&gt;; alguna vez también aplasté a un cangrejo sin querer, porque se me cayó el neumático que habíamos sacado del agua con mis primos y se oyó &lt;i&gt;prtz, &lt;/i&gt;y al cangrejo le saltaron las tripas por la boca y daba mucho asco y lo tiramos al agua de una patada. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Nunca conocí a mi tío abuelo que volaba entre los mástiles de las barcas, a unos metros de aquel balcón. Saludaba a la familia con la mano y su mujer le reñía, por animal, pero a sus sobrinos les encantaba que hiciera eso y también le saludaban. Se pegó unas cuantas hostias, pero fue una en moto la que lo dejó baldado. Y se fue apagando hasta que se murió.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mi padre es el mayor de seis hermanos y tenían una nevera de ésas en las que el agua que iba descongelándose se almacenaba en un cajón que debían vaciar no sé si a diario. Una vez, a él o a alguno de sus hermanos se le cayó el cajón, el comedor se llenó de agua, y se pusieron a patinar alrededor de la mesa como si hicieran patinaje sobre hielo. Luego mi abuela los persiguió blandiendo una zapatilla también alrededor de la mesa del comedor. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Otra vez entró un rayo por la ventana, una inmensa bola de fuego que desapareció por el hueco de la escalera, y mi padre y sus hermanos se escondieron bajo la cama y alguno debió mearse en los pantalones pero eso ya no lo sé.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Creo que la propietaria de Vins d'Or era mi tía abuela, pero la mujer del aviador no, sino otra, una que era muy rica y muy rata y que por mi bautizo me regaló unas bragas de papel. Hace años que está muerta. De pequeños, mi padre y una de sus hermanas bajaban a ver cómo se hacía el vino, cómo se preparaban los licores, y una vez algo salpicó a mi tía, le abrasó la cara y ahora tiene un cutis espectacular.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Alguien llevó higos a la casa, una cesta llena de higos. Y mi padre los vio, y tendría cinco o seis años, y sabía que no eran sólo para él, pero pensó "me comeré uno, uno y nada más". Y el higo estaba buenísimo. Y mi padre pensó: "Bueno, si me como otro, nadie se va a enterar". Y se lo llevó a la boca y también se comió un tercero y otro más. Vio la cesta medio vacía y se dijo: "Se nota mucho que alguien ha metido mano a los higos; mejor si me los como todos". Y se los zampó y no quedó un mísero higo para los demás.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mi abuela suele contar estas historias mientras prepara el &lt;i&gt;pa amb oli&lt;/i&gt; para la cena en aquel mismo balcón, ella de espaldas al faro, yo en la silla del abuelo, los &lt;i&gt;llaüts&lt;/i&gt; a nuestros pies. Cuenta que en verano se aburría, porque su marido y sus hijos se iban de colonias, y por eso, porque se aburría, empezó a fumar. A lo lejos se oye la música apagada de algún hotel en la parte nueva del puerto. Las luces del otro lado se reflejan en el agua negra de esta noche. Huele a mar, a pino y a la tortilla que se le quema a un vecino. El faro parpadea. Comemos sobrasada. Bebemos cerveza.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El abuelo ya no está.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-6535838643144372032?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/6535838643144372032/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=6535838643144372032&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/6535838643144372032'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/6535838643144372032'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/07/mi-tio-abuelo-era-aviador.html' title='El balcón'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>melalcoholik@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06894875728222970966'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SmIM6Bb27NI/AAAAAAAAAV4/t5d5TelyUsY/s72-c/570500ArxiuTioJoan04+(20).JPG' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-2853902170573732146</id><published>2009-07-13T13:30:00.012+02:00</published><updated>2009-07-13T21:12:02.530+02:00</updated><title type='text'>Hombres supuestamente interesantes con los que nunca volveré a acostarme (III)</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold;"&gt;El hombre perfecto&lt;/span&gt;. Irrumpió en mi casa cuando aún era pequeña. Lo hizo dejando esa huella que deja un nombre impreso en la última página de un periódico. Lo hizo con la misma fuerza con la que ese nombre se pronuncia, sobre todo si acompaña al tuyo. Nunca las comparaciones son tan odiosas como cuando se espera algo de ti, se espera que te parezcas a alguien, cuando alguien quiere que llegues a aquel sitio donde aquel otro ya llegó.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Nos conocimos años más tarde, me sabía sus artículos de memoria. También fingía creerme aquel personaje que él había creado por escrito: un misógino solitario que no llegaba a ser del todo cínico porque, en el fondo, le faltaba maldad. No en la forma: parecía maleducado a propósito. Nadie sabía muy bien si era tímido o arrogante; si, como dice Juan Bonilla, se quitaba importancia porque ésa era una manera de dársela.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Nos conocimos en la redacción de aquel periódico que desde pequeña había estado por casa, sobre el escritorio de mi padre o en la mesa de la cocina a la hora del desayuno, o despedazado en el sofá junto a los suplementos cada domingo. Era aún más guapo que en aquella foto de mierda que acompañaba sus artículos, pero más bajo de lo que yo había imaginado. Y eso que era alto.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Era un chulo, pero yo más. No tardé en convertirme en su becaria favorita.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ejemplo: "becaria, ésta es mi mesa". Yo: "un momento, que ya acabo". Pero exagero; él nunca me hubiera llamado becaria.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tenía casi veinte años más que yo y salía con una mujer guerrera que me ofreció trabajo en la tele. No sé si lo hizo porque sabía demasiado, porque quería controlarme, porque quería alejarme de él, porque era una morbosa, o porque no sospechaba nada. No acepté el trabajo de aquella novia celosa o ingenua. Y, de todos modos, en aquella época había poco que recelar. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Un día él vino a mi pupitre, entonces ya me habían asignado uno. Dijo vamos esta tarde al cine, dije vale, luego recordé que tenía una cena con mi novio oficial, le dije mejor mañana, me dijo mañana te llamo, y no llamó. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mi padre nos vio bajar por la escalera; había venido a buscarme para que fuéramos a comer por ahí. Todavía no había pasado nada. O tal vez sí, porque mi padre me advirtió: te queda grande. No, mi padre nunca diría eso. Tal vez fuera: es viejo para ti.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Diez meses más tarde, dejé aquella redacción. Solté un: aquí os quedáis. Él preguntó: ¿vas a comerte el mundo? Respondí: qué va, qué indigesto. Y al final más o menos he tenido que tragármelo con patatas, pero ésta es otra cuestión. Me dijo: llámame un día. Le dije: dame tu e-mail. Y así empezó un intercambio epistolar que duró un montón de años. Tantos, que ni me acuerdo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tres hombres me han enseñado a leer. Él me enseñó a escribir. No me pasaba una. Cada error que yo cometía equivalía a párrafos y párrafos de mofas, de burlas, de reprimendas por su parte; él siempre esperaba más de mí. Yo no podía cagarla tanto.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Me esforzaba en acertar, ya no sólo en los datos, las fechas, los nombres, sino también en las palabras, los conceptos. Una expresión incorrecta daba lugar a malas interpretaciones cuyas consecuencias me hacían sudar, me daban dolor de barriga. Tenía que transmitirle exactamente aquello que quería que supiera, sin decir más, tampoco menos. El tono, el tono. El tono nos obsesionaba a ambos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mientras le escribía, agotaba paquetes de tabaco. Repasaba y repasaba cada carta antes de pulsar sobre "enviar". Una vez enviado el e-mail, lo leía de nuevo. Y otra vez.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Quería estar a su altura. Su nombre había llenado mi casa, las conversaciones de mi familia, las discusiones de mis amigos, su nombre había nombrado mi futuro y yo merecía aquel futuro que llevaba su nombre. Tal vez sea la única persona a la que he admirado, y nunca se lo dije. O bueno, sí, pero únicamente cuando logré perderle el miedo; nunca le perdí el respeto. Antes sólo le dije que le envidiaba. Y puede que al decírselo fuera más sincera de lo que reconoceré jamás.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Me volvió loca. Con él lo entendí todo. Entendí qué es perder la cabeza, qué es un corazón hecho añicos, con él entendí qué es desvivirse por alguien, porque sin él mi vida no tenía sentido. Y con él nunca fui del todo yo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Me carcomía.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Lo llamé desde Ibiza. Había vuelto de un viaje a Formentera y mi barco no salía hasta cuatro horas más tarde. Lo llamé no sé por qué, no le había llamado antes. No contestó. Tampoco sé por qué me devolvió la llamada unos minutos más tarde, si él nunca devolvía las llamadas a aquellos números que desconocía. Hacía dos o tres años que no nos veíamos, sólo nos escribíamos e-mails. Obsesivamente, enfermizamente, locamente. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Le dije: estoy en Ibiza. Me dijo: vengo de correr, nunca respondo a los números desconocidos. Le dije: qué puedo hacer por aquí. Me dijo: nos vemos mañana.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Me llamó justo cuando estaba en un funeral; era el funeral del padre de un amigo. Quedamos para tomar algo. Él no bebe alcohol. Dejó de fumar a los cinco años y decidió puerilmente que también era un buen momento para dejar de beber. Pedí una cerveza, dos. Él Coca-Cola, como siempre. Durante mi viaje a Formentera había pensado en él. Mucho. Todo el rato. Le deseaba como creo que no he deseado nunca a nadie.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Fuimos a su casa. Su casa está justo encima del mar, es como un barco. Me prestó un bikini que no sé qué hacía ahí (dijo que era de su hermana, pero claro-claro-y-qué-más) y bajamos por la escalerilla hasta el agua. Nadamos en la oscuridad. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Nos abrazamos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Le dije: no. Pero él entendería que empiezo así, con evasivas. Follamos. Le dije: llévame a casa. Respondió: gracias por ponérmelo fácil. Y me convertí en aquella mujer sin nombre que eran todas las mujeres a las que se refería en sus artículos misóginos, que poco a poco dejaron de serlo. O, por lo menos, no lo eran tanto.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Fuimos felices, y él no se dio cuenta. Me mantuvo en la clandestinidad y yo respeté aquel silencio durante meses. Era un silencio en público, tal vez tímido, tal vez avergonzado, que no se correspondía a los e-mails y las llamadas que continuábamos dedicándonos. Quizá tuviera un miedo infantil seguramente a sentir demasiado, a hacerse daño. Quizá le horrorizaba el qué dirán. Yo no era más que una niñata. No era nadie.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;No lo sé porque no lo entendí. Y entendí todavía menos que desapareciera. Dejó de llamar, de escribir, no contestaba a mis mensajes. Entonces, por primera y última vez en mi vida, sentí que me moría. Sentí que me ahogaba, que perdía la cabeza, que no tenía ni puta idea de qué tenía que hacer.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Iba de casa al trabajo, del trabajo a casa, no pegaba ojo, no comía, sólo consultaba el correo electrónico, el teléfono, no podía creer que él ya no estuviera al otro lado. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Nada es más contraproducente que intentar olvidar a alguien. Se había impreso en mi cerebro como su nombre estaba impreso en aquella última página del diario; retumbaba en mi pecho como había oído hablar de él desde que era pequeña en casa.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y encima no podía contárselo a nadie porque soy una chula y no hay hombre que me toree. Lloré. Mi abuela siempre dice que su padre siempre decía: no hay hombre que merezca una sola lágrima de mujer.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Salí con otro sin olvidarle, del mismo modo que también había salido con otros mientras (y entonces me di cuenta), en el fondo, siempre había pensado en él. Incluso en Formentera, donde fui con otro de tantos. Incluso antes, cuando nos conocimos y casi me invitó al cine y yo tenía novio oficial y él tenía novia clandestina, y no llegamos a ir al cine juntos porque no llegó a llamar, pero me lo encontré allí con ella de todos modos, y ella me saludó porque acababa de hacerme una entrevista de trabajo para la tele, y él no me saludó.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pasaron los meses. Yo estaba más o menos contenta con ese nuevo novio apañado, un chico francés bastante guapo que había conocido por Internet. Poníamos películas de Rohmer en DVD,  le pedí que me llevara a la Bretaña después de ver &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;Conte d'été&lt;/span&gt;. Dijo que vale.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Entonces reapareció. No estaba preparada para eso. Todo se derrumbó a mi alrededor. El suelo se abrió bajo mis pies. Volví a llorar, esta vez en sus brazos. Volvimos a ser felices. Volvió a no darse cuenta. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Me recuerdo delante de su casa, sentada en una terraza irlandesa con una pinta de cerveza esperando que volviera del gimnasio sin que él lo supiera, escribiendo en uno de esos cuadernos en los que me atrevía a insultarle. Recuerdo mirarme y pensar: estás loca. Recuerdo preguntarme: y qué harás cuando llegue. Recuerdo haberme dicho: tú no eres así.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y ver su coche, el corazón da un vuelco, sentir la más humillante de las vergüenzas. Pagar la pinta y largarme sin que me viera.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Luego pareció que todo iba bien. Sobre todo recuerdo su olor, a jabón o a suavizante, a ropa nueva. Hoy he entrado en una tienda Massimo Dutti y olía igual que él. Su nariz brillaba al volver del gimnasio en el que pasaba una o dos horas todos los días. Salía un momento de la redacción, iba a ese hotel de lujo con Spa, se machacaba en la cinta para correr. No sé si fue verdad o en una de sus fantasías donde se tiró a una guiri en las duchas, quizá después de intercambiar unas miradas en la sauna. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Regresaba al diario, trabajaba hasta la madrugada. &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;Mens sana in corpore sano&lt;/span&gt;. Y la cena en el microondas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;A veces (pocas) me dejaba en su casa mientras él iba a trabajar. Tiene una de las mejores bibliotecas del mundo y yo me acurrucaba en el sofá, leía y el sol se metía de puntillas en el mar al otro lado de la ventana. Entonces yo sentía que todo iba bien, que todo iría bien. Sentía que éramos felices.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero luego era capaz de decirme: pasamos demasiado tiempo juntos. Era capaz de cabrearse conmigo por haber discutido en una pizzería. Aparcaba fuera del garaje para que yo entendiera que aquella noche no dormiría con él. Íbamos al cine, a cenar, nos reíamos y, de pronto, soltaba un: parecemos un matrimonio. Me dejaba en la puerta de la casa de mis padres.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Un día me dijo: no vengas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tres minutos después recibí otro mensaje de otro hombre perfecto que decía todo lo contrario: fúgate conmigo este fin de semana.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Me fugué y así conseguí huir. También lo conseguí porque mi amiga La Loca Que Ya No Lo Está me contó en qué consiste el síndrome de Asperger. Me llamó desde una estación de Pamplona y me explicó que había ido hasta allí por un hombre. Después de pasar la noche con ella, aquel hombre le dijo que volviera a casa.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ahora el trastorno ése de Asperger se ha puesto de moda; es algo así como una variante suave del autismo que afecta a personas supuestamente más inteligentes que la media o a personas supuestamente interesantes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Aquel hombre perfecto apenas recuerda nada. Pretendió que yo también lo olvidara todo y volviéramos a empezar. Se murió su padre, no sé si eso tendrá algo que ver. La cuestión es que, casi de repente, dijo que nos correspondía estar juntos, que la única manera en la que podíamos concebir nuestras vidas era así, la una con el otro y al revés. Me pidió que me casara con él.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Continuaba obsesionado con los términos. Primero necesitaba el concepto "juntos". Preguntaba constantemente si estábamos juntos. Luego insistió en que no éramos amigos. "No somos amigos", decía. Nunca seremos amigos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y ser su amiga, o que él sea mi amigo, es lo único a lo que aspiro. Él no.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Le quiero porque quiero a todo aquel a quien he querido alguna vez. Ya no estoy enamorada de él. Y a veces me pregunto si realmente lo estuve o simplemente lo adoré. Como se adora una vaca sagrada. Intocable. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;También me pregunto si él lo supo desde el principio.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En casa apenas se menciona su nombre. Sus artículos ya no son tan buenos. Creo que sigue viviendo sobre el mar. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El otro día me enteré de que sale con alguien de su edad. Alguien que a lo mejor sabrá enseñarle a amar. Alguien que le ama de verdad. Alguien que, por fin, le habrá quitado el miedo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y aunque en otra época ese alguien me hubiera gustado ser yo, ahora me alegro. Le escribí para decírselo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Evidentemente, no contestó.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-2853902170573732146?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/2853902170573732146/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=2853902170573732146&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/2853902170573732146'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/2853902170573732146'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/07/hombres-supuestamente-interesantes-con.html' title='Hombres supuestamente interesantes con los que nunca volveré a acostarme (III)'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>melalcoholik@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06894875728222970966'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-8147751784297944699</id><published>2009-07-07T19:10:00.004+02:00</published><updated>2009-07-07T20:21:03.780+02:00</updated><title type='text'>Tres historias de terror</title><content type='html'>Ayer entregué la nueva novela que he escrito. La novela incluye un cuento sobre un hombre que no existe. Es un hombre que vive en un país que tampoco está claro que exista, porque la verdad es que aquel país apenas aparece en la televisión. El hombre del cuento quiere huir de su país porque hay países que existen demasiado. Existen tanto, tanto, que resultan imposibles, pero él no lo sabe y quiere ir a uno de esos países. &lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ese hombre, como otros muchos que sí salen en los telediarios aunque lo hacen lejos de su país inexistente, quiere viajar a ese país que sí existe para ver si, de este modo, él también es capaz de existir. Ignora que la mayoría de sus compatriotas existen en la tele precisamente cuando dejan de existir fuera de ella porque si aparecen en la tele es porque están muertos.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El hombre que no existe cruza un desierto, y luego se mete en una barca llena de gente que no cabe, y paga mucho dinero a un tipo, y peligra que la barca zozobre, y algunos mueren de sed, y luego llega otra barca con luces, y unos piden auxilio, y otros dicen que ése será el final de su viaje, y hay quien cae al mar y se ahoga. Y al final, el hombre que no existe consigue llegar a una playa, y sabe que tiene que ocultarse, y sabe que tiene que dirigirse a una ciudad llamada Barcelona. Barcelona es una de esas ciudades que parece que existan más de lo que existen en realidad. Y el hombre que no existe lleva algo más de dinero en el bolsillo y una dirección en la cabeza que se sabe de memoria. Y en cuanto llegue a esa dirección, le abrirá la puerta el primo de un primo suyo que, a cambio de algún dinero, le dará trabajo, y sólo por eso el hombre que no existe viaja de noche en los camiones de ganado.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Nadie sabe cuánto tiempo dura el viaje de ese hombre, porque ese hombre no existe. Y cuando finalmente llega a la dirección que se sabe de memoria, llama a la puerta y oye la voz de una chica. No esperaba oír una voz. Mucho menos de una chica. Esperaba ver al primo de su primo. Esperaba que ese hombre se hiciera cargo de él. Pero no. Lo intenta varias veces, en vano. Llama y llama y llama a la puerta de aquella casa. Sólo oye la voz de aquella chica y no sabe qué hacer. No sabe qué decir. Por eso no dice nada.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La chica le pregunta quién es, pero él no entiende la pregunta. Aunque la entendiera, no podría contestar porque no es nadie. No existe.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;También ayer recibí un e-mail extraño. Era de uno de esos amigos del Facebook que no existe más allá del Facebook. Uno de ésos a los que agregas porque sí. Yo agrego a todo el mundo porque tengo curiosidad por saber qué hace la gente, qué le gusta más, exhibirse o espiar. Los agrego y me exhibo y los espío.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Hace un par de meses, ese amigo invisible me escribió otro e-mail para decirme que me había visto en la inauguración de una exposición, ahora no recuerdo si de Catalina Estrada o de Tim Biskup. Le contesté que la próxima vez que me viera al otro lado del ordenador me lo dijera a la cara. A mí me gusta hablar las cosas cara a cara. Contestó que es tímido.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ayer me envió un nuevo e-mail en el que ponía: "¿Has recibido un paquete de la editorial Periférica?". No entendí a qué se refería. Conozco al editor de Periférica y sé que está en Cáceres, y pensé que, si aquel amigo anónimo del Facebook trabajara en aquella editorial, yo lo sabría. Era raro que me hiciera esa pregunta. ¿Cómo sabía que me habían enviado un paquete de Periférica? Él insistió: "Esta mañana he tenido ese paquete en las manos, la dirección era la de tu casa".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Bajé corriendo al buzón y, efectivamente, ahí estaba el paquete. Lo abrí. Era 'El agrio', de Valérie Mrejen. Lo más curioso es que hace dos mese arranqué mi nombre del buzón.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Por la noche quise celebrar que había entregado mi nueva novela. Fui a cenar con mi amor sobre ruedas, me invitó al Tantarantana, estábamos en la terraza trasera, y comí nero de sepia con chipirones y tomates secos, brindamos con vino blanco, bebimos y sonó el teléfono. Mi móvil se jodió hace unos días y ahora tengo un Nokia muy antiguo de color gris con puntitos blancos, diseño retrofuturista total, que suena como los zapatomóviles o los troncomóviles y mola mazo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En fin, que sonó el teléfono y contesté, y al otro lado alguien preguntó: "Quién tú eres?". Y yo respondí: "¿Y tú?". Y fuera quien fuese el que estuviera al otro lado se rió y dijo: "Yo pienso &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;ecovogado&lt;/span&gt;, perdona tú me, yo &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;ecovogado &lt;/span&gt;creo". Le dije: "No te preocupes". Y él: "Perdona tú me, gracias, &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;adéu&lt;/span&gt;". Colgó.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Su acento era el de alguien que no existe.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ahora suena el timbre de casa. Una vez, y otra. Y otra más. Y me pregunto si quien lo toca es uno de esos dos hombres que no existen: el amigo anónimo de Facebook que intuyo que además es el cartero de mi barrio, o el personaje de ficción que huyó para no llegar a ninguna parte. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El timbre suena y yo miro el auricular del portero automático sin decidirme a levantarlo, llevármelo a la oreja y preguntar quién es. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;No sé lo que me da más miedo. Sobre todo cuando descubro que lo que más me asusta es cualquier otra posibilidad.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-8147751784297944699?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/8147751784297944699/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=8147751784297944699&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/8147751784297944699'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/8147751784297944699'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/07/tres-historias-de-terror.html' title='Tres historias de terror'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>melalcoholik@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06894875728222970966'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-341651668238809789</id><published>2009-07-02T12:57:00.005+02:00</published><updated>2009-07-02T13:52:12.991+02:00</updated><title type='text'>El cementerio de hormigas</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SkydoBA0JdI/AAAAAAAAAVw/fMKqcwfle4w/s1600-h/IMGP1354.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 300px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SkydoBA0JdI/AAAAAAAAAVw/fMKqcwfle4w/s400/IMGP1354.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5353827367828858322" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Echo de menos a mis hormigas.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Llegaron a casa hace unos meses, atraídas por el dulce olor de la miel que tenía en el armario de la cocina. No eran muy organizadas. Es decir: no iban en fila india dibujando ese poema de Salvat-Papasseit que aparece en una fachada del Born y que dice "Camí del sol · per les rutes amigues · unes formigues". &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;A mí me gusta ese poema, porque siempre he pensado que mis cuadernos manuscritos están llenos de arañas que corretean por sus páginas. Y en el poema de Salvat-Papasseit las letras no son arañas, sino hormigas que pasan en fila india junto a una flor que parece un trébol de cuatro hojas y junto a otra en forma de estrella, y creo que a eso se le llama un caligrama.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero, como digo, las hormigas de mi cocina no iban en fila. Aparecían aquí y allá, desperdigadas, bastante perdidas. A veces también aparecen aquí y allá en el lavabo del cuarto de baño, aunque esté limpio. Y me pregunto qué buscarán. ¿Un rastro de jabón? ¿Los restos de pasta de dientes para lavarse las pinzas o eso que tengan las hormigas en la boca?&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Las hormigas de mi cocina parecían perdidas, pero sabían perfectamente adónde iban: al bote de la miel. Me di cuenta un día que estaba muy resfriada, me dolía la garganta y quise hacerme, pues eso, un tazón de leche con miel. Decir esto en pleno verano suena surrealista; pero surrealista de película de terror. Incluso suena un poco gore. Imaginarse ahora un tazón de leche caliente con miel es peor que imaginarse un zombie destripado que llevara sus intestinos en brazos como en &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;Cien años de soledad&lt;/span&gt;, creo que era. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En fin, que entonces yo tenía frío, me sentía enferma y quería entrar en calor y tomarme la leche bajo las mantas en el sofá viendo cualquier porquería que echaran por la tele. Cuando, de repente, vi dónde estaban todas aquellas hormigas que yo había dado por despistadas y extraviadas. Estaban en el bote de la miel.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;"A un panal de rica miel cien mil moscas acudieron que por golosas murieron presas de patas en él", aprendí en el colegio. Y recuerdo que, en aquella casa que mis abuelos tenían en el campo, unas tiras pegajosas pendían de las lámparas. Las moscas se acercaban a aquellas tiras asquerosas y ahí se quedaban, primero moviendo frenéticamente las alas, hasta que éstas también se quedaban adheridas a la tira pegajosa. Y así morían las moscas, agonizantes en una tira colgada de la lámpara que estaba justo encima de la mesa del comedor, mientras nosotros nos zampábamos un tabulé y un pollo al curry.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cuando vi el bote de miel lleno de hormigas, mi primer impulso fue tirarlo a la basura. Pero luego pensé: si las hormigas van al bote de miel, no irán a otros lugares de la casa y no molestarán. Además, se quedarán para siempre dentro del bote porque tiene un mecanismo muy hijoputa, en plan embudo, por el cual es fácil entrar, pero difícil encontrar la salida. Por si fuera poco, es prácticamente imposible para una hormiga librarse de una piscina de miel.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La cuestión: que dejé el bote en el armario, y cada día iban nuevas hormigas en busca del Dorado. Me imagino que la hormiga reina debió decirles: cuenta la leyenda que existe un lugar donde se encuentra todo el alimento que necesitamos, más todo el alimento que necesitarán nuestros hijos, más todo el alimento que necesitarán los hijos de nuestros hijos. La putada es que nadie ha sido capaz de regresar.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Un hormigo listillo le contestaría: ¿y cómo sabemos que la leyenda es cierta, si nadie ha vivido para contarla? Y bueno, el resto está en Ramón J. Sender y en las películas &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;Antz&lt;/span&gt; y &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;Aguirre, la cólera de Dios&lt;/span&gt;. También estaba en el armario de mi cocina.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Todo iba bien, hasta que llegó un amigo de Madrid a pasar el fin de semana. Abrió el armario, vio el bote de miel, las hormigas en el bote y dijo: pero qué coño es esto. Le conté mi teoría, que mientras las hormigas fueran a ese bote no estarían molestando por la casa y no habría peligro en el caso de dejar olvidadas unas migajas de pan sobre la mesa, por ejemplo, o los platos por fregar.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mi amigo interpretó que, en realidad, ésta era la manera que tenía yo para no sentirme tan sola en casa. Primero tuve duendes, luego una gata que no era mía, hay zombies en la trampilla, saludo al señor Fregono todas las mañanas (hoy ha regado las plantas mientras tendía las sábanas)...&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;... hormigas era lo que me faltaba. Que ni siquiera son hormigas: son fantasmas de hormiga, porque como se mueren en el bote, ahí se quedan encerradas sus almas. Cuando mi amigo de Madrid se fue, me dejó escrita una carta muy larga y muy bonita en la que, resumiendo, ponía que soy un auténtico desastre.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;A mí me parecía lógico tener el bote de la miel lleno de hormigas, y se lo comenté a mi madre y también le pareció lógico: buena idea, me dijo, así las hormigas irán todas allí y estarán localizadas. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero un día vino mi amor sobre ruedas y vio las hormigas pululando por el armario y dijo, qué guarrada es ésta, y tiró el bote de miel a la basura. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Lo más extraño es que, desde entonces, no hay hormigas en casa. Yo creí que, si dejaban de ir al bote de miel, empezarían a ir a todas partes. Pero no. Ni siquiera hay hormigas en la cocina.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Reconozco que los días que me siento sola, como hoy mismo, las echo un poco de menos. Nunca fueron muy trabajadoras, pero aventureras lo eran un rato. En paz descansen.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-341651668238809789?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/341651668238809789/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=341651668238809789&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/341651668238809789'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/341651668238809789'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/07/el-cementerio-de-hormigas.html' title='El cementerio de hormigas'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>melalcoholik@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06894875728222970966'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SkydoBA0JdI/AAAAAAAAAVw/fMKqcwfle4w/s72-c/IMGP1354.JPG' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-2275792614906701919</id><published>2009-06-29T22:55:00.006+02:00</published><updated>2009-06-30T13:42:41.697+02:00</updated><title type='text'>La boda de mi mejor amigo</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SklAWkfZ9-I/AAAAAAAAAVo/fHJ-JuH2U2o/s1600-h/IMGP1434.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 240px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SklAWkfZ9-I/AAAAAAAAAVo/fHJ-JuH2U2o/s320/IMGP1434.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5352880388603246562" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;En la redacción del diario no nos dejaban titular los artículos con nombres de películas o de canciones. Él era muy bueno titulando. Se le ocurrían unas chorradas impresionantes. Como el delitornillador, por ejemplo. Un chorizo se había armado con un destornillador para atracar un banco. Y así tituló él el reportaje: "El delitornillador". Nosotros sí que nos desternillábamos de risa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se pasaba horas pensando el titular porque, hasta que no lo tuviera, no empezaba a escribir la noticia. Y yo, que en aquella época vivía con él, esperaba a que acabase porque así me llevaba en coche a casa. Me pagó el carnet de conducir y todavía no me lo he sacado. &lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Salíamos del diario pasada la medianoche y comprábamos la cena en un frankfurt cercano, salchichas con nombres alemanes, pollo rebozado, patatas y salsa picante, un montón de cervezas. Hablábamos de trabajo, de los compañeros de trabajo y de la mierda que nos pagaban por el curro que le dedicábamos al trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él recuerda que discutíamos a menudo; yo no recuerdo ninguna de nuestras discusiones. Subíamos agotados estas mismas escaleras que subo todavía a diario, y nos tirábamos en el sofá a ver cualquier parida por la tele.  Entonces echaban la serie ésa del novio de Patricia Conde. Se llamaba &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Cuenta atrás&lt;/span&gt;, o algo así. Teníamos la teoría de que habían fichado a los peores actores del mundo para que el chico no hiciera tanto el ridículo. De hecho, creíamos que les pagaban para que lo hicieran mal a propósito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Bueno, podría decirse que éramos algo así como felices de una manera bastante proletaria. Pero nos faltaban emociones y teníamos una manera totalmente distinta de emocionarnos: a él, que cubría sucesos, le pone tener hijos y tener una familia. A mí, que hablaba de literatura y temas aparentemente suaves... la verdad es que no sé qué me pone a mí. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La cuestión es que cortamos sin dramas, porque a mí los dramas me aburren (de hecho, pongo los que salen en Antena-3 para dormir la siesta los domingos). Y, en fin, continuamos viéndonos en el trabajo. Él ya no se curraba los titulares tanto como antes, yo no me quedaba a esperarle...&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;...y hace un par de semanas, se casó. Con otra.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En Semana Santa anuncié la boda a mi familia. Estábamos en el reservado de un restaurante, somos 35 y a mi abuela ya no le apetece cocinar para tantos. Mi abuela tiene 89 años y se fuma un paquete de tabaco negro a diario; Record de la caja verde. Está como una rosa, su foto debería salir junto a esos pulmones podridos que quieren imprimir en las cajetillas, rollo: "Fumar puede matar. O no".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pues eso, que comíamos lo que se come en Semana Santa, que es &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;frit mallorquí&lt;/span&gt;, croquetas, cordero o &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;porcella&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style=""&gt; a elegir, a veces sepia&lt;/span&gt;. Y bueno, decidí dar la noticia: mi ex se casa con otra. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;A ver, por entonces hacía un año y medio que habíamos cortado. Y precisamente un año y medio es el tiempo que pasamos juntos. Todo muy raro.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mi primo, que lo adoraba, se quedó lívido. Dijo que quería ir a la boda. Y la mujer de otro primo mío (somos 16), que además es la cuñada del que se quedó lívido, respondió que su obligación era acompañarme y ligarse a la novia. El problema es que el pobre tenía exámenes (primer año de carrera en Barcelona), y claro, el plan le iba un poco mal. Por cierto, hoy ha aprobado Álgebra, que no sé ni lo que es, pero mola.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mi abuela, que también adoraba a mi ex, dijo: qué lástima, ese chico siempre sonreía, además era un poco franquista, verdad? Y la mujer de mi tío, que es capitán general de ejército, estuvo de acuerdo: ese chico nos gustaba.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Una prima mía preguntó que si yo iría a la boda. Respondí que sí, que me habían invitado. Puso los ojos en blanco y confesó: "Si yo fuera la novia, no me haría ni puta gracia que vinieras. No porque seas la ex, sino por ser tú. Nadie en su sano juicio te querría como la ex de su marido". Flipé un poco, la verdad. Juro que no soy tan mala.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y bueno, pasaron los meses. Y reconozco que estaba un poco inquieta porque no sabía con quién podría ir a aquella boda, ni qué sentiría al verlos vestidos con traje él, a ella de blanco, y todas esas cosas típicas que a mí me revientan tanto. Además: ¿cómo vestirse para una ocasión así? No podía ir de largo porque me parecía exagerado; de corto tampoco, porque daría la impresión de que no me lo estaba tomando en serio.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Llegó el gran día y fui muy bien acompañada al autocar que nos llevaría al lugar en cuestión. Ahora que lo pienso, mi acompañante y yo ya estábamos enganchados al Drop7, un juego terrible que tiene el iPhone capaz de abducirte durante horas. Una mierda. Mi acompañante jugaba al Drop7 en el autocar, yo no podía porque me mareaba, y confesó estar muy nervioso. Pensé en ello de camino a La Roca; yo no estaba nerviosa en absoluto. Muy raro todo, en serio.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pasamos por aquella misma autopista en la que casi me bajé del coche de mi ex, el primer fin de semana que pasamos juntos, cuando descubrí un disco de Andy y Lucas en la guantera. Me acordé de otras escapadas que hicimos durante el año y medio que estuvimos juntos. Y llegamos a la casa.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Era una de aquellas &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;masies&lt;/span&gt; de piedra, grande y preciosa, que por dentro olía a madera barnizada y a libros que acumulan polvo, y que por fuera cubrían unos árboles muy altos de esos que seguro que pierden todas las hojas en invierno. Me imaginé a la novia de pequeña: tiene que ponerse el pijama en su habitación, hace frío y seguro que se acerca mucho a la pared por donde pasa la chimenea, tal vez tuvieran uno de esos calefactores de aire absurdos en las casas grandes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;También me la imaginé aquella tarde, después de dar el sí quiero; se habría emborrachado a la hora de comer y habría caído rendida sobre la cama de toda la vida, las sábanas huelen a suavizante. Habría dormido un par de horas para recuperar fuerzas. La vi contenta y un poco despistada, tras una siesta de ésas que, junto a un par de Gelocatiles, te quitan la resaca.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Podría hablar del jamón y de los canapés de sushi y de solomillo, o de aquellos amigos que alguna vez fueron más o menos amigos míos. Podría hablar de José del bar, o de Héctor el padrino, o de una conversación sobre libros y editoriales que tuve con un chico de nombre bíblico cuya mujer tiene un nombre de la mitología griega. Podría hablar de una chica que está como una cabra y que también dio con un buen título para un reportaje que salió en La Vanguardia.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Saludé a la madre del novio y se me hizo raro. Saludé a su hermana y no fue para tanto. Podría hablar de la madre de la novia, demasiado perfecta para ser una madre, o de su padre, demasiado padre como para no preocuparse. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Podría hablar de la música con la misma propiedad con la que hablaría de Andy y Lucas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero no puedo hacerlo porque, en un momento de la noche, sentadas en un banco junto a la piscina, el alcohol ya formaba parte de nuestro organismo y nos hinchaba la lengua, la novia me dijo algo parecido a: te leo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En otras palabras: que lee este blog. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Casi me dio algo. Tuve mucho miedo. Además, a ella le gustan Andy y Lucas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mi acompañante, que estuvo toda la noche sacándome fotos, dijo que mi ex es un poco condescendiente. Lo dijo de buen rollo, porque mi ex sólo tenía bonitas palabras para mí y bonitas palabras para él, aunque sea un skater y me haya apuntado al Bicing. De hecho, mi ex dijo: "Qué cabrona eres, has venido a mi boda con un tío más guapo que yo". &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mi ex quiere que me case con él (con mi acompañante), y también quiere que vayamos un día los cuatro a cenar por ahí, y que seamos amigos. Y a lo mejor también quiere que montemos una orgía, pero eso no lo dice directamente.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El año y medio que estuvimos juntos, mi ex siempre creyó que estaba enamorada del ex que tenía entonces. Ayer me enteré de que ese señor está saliendo con una jueza. Y en lugar de ponerme celosa o de cabrearme, o de pensar que todos mis ex se casan con la siguiente, o de intentar recuperarle, o de despertar un oculto sentimiento de posesión, me he alegrado. Joder, creo que me está pasando algo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Esta noche, mi amor sobre ruedas, el de los skates y el bicing, el que me acompañó a la boda, ha soñado que le chupaba los pies a mi ex. Al de ahora. Al que se casó.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Por eso creo que no me expreso bien o que lo hago a destiempo. Mi madre siempre dice que, cuando hay un problema de comunicación, la culpa siempre es del emisor; él es quien debe ponerse a la altura del receptor y del canal.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Supongo que el consejo de mi madre me habrá servido para la cosa ésta del periodismo, pero para poco más. Ni siquiera sé cómo titular este post si no es recurriendo al título de una película.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Sin duda, a él se le ocurriría algo más ingenioso.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero estoy segura de que no sería un título mejor.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-2275792614906701919?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/2275792614906701919/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=2275792614906701919&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/2275792614906701919'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/2275792614906701919'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/06/la-boda-de-mi-mejor-amigo.html' title='La boda de mi mejor amigo'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>melalcoholik@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06894875728222970966'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SklAWkfZ9-I/AAAAAAAAAVo/fHJ-JuH2U2o/s72-c/IMGP1434.JPG' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-5994646800925450774</id><published>2009-06-09T20:46:00.007+02:00</published><updated>2009-06-09T21:58:19.877+02:00</updated><title type='text'>Mi primera experiencia (en Bicing)</title><content type='html'>El otro día me apunté al Bicing. Lo hice por amor. Por amor se hacen muchas chorradas y se dicen muchas chorradas, como por ejemplo "sí quiero", cuando en realidad no quieres ni de coña. O sea, sí quieres a la persona a la que le dices sí quiero, y por eso se lo dices, pero no quieres hacer lo que ella te pide, ni mucho menos quieres decirle que quieres hacerlo. Pero bueno, como lo haces por amor, pues eso: tienes una excusa o algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, que yo no quiero casarme ni tener hijos y tenía un pacto con mis amigas por el que nunca, nunca, jamás, saldríamos con un tío que fuera en Bicing. Que un tío se presentara a una cita con la mierda ésa de bicicleta roja y blanca y hortera era motivo más que suficiente para enviarlo a la mierda. Nunca en la vida se me habría ocurrido enamorarme de un tío que fuera en Bicing. Tampoco se me hubiera ocurrido enamorarme de un tío que hiciera surf. Lo último es que, encima, vaya en monopatín. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso ya es la hostia, un puto skater. Que yo soy una intelectual, joder. Que tengo un blog secreto, y una reputación, y una larga lista de hombres supuestamente interesantes con los nunca volveré a follar, y una novela publicada y mucho trabajo. No puedo perder mi valioso tiempo con tipos que tienen hobbies que se pronuncian en inglés. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El problema es que, en el año que hace que nos conocemos, él no me dijo que hacía surf e iba en skate hasta que ya era demasiado tarde. Lo de que era usuario del Bicing lo descubrí sin que me lo dijera. Y era demasiado tarde de todos modos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día -evidentemente estábamos en la cama- intentó convencerme para que yo también me apuntara a eso del Bicing. Le dije que ni de coña, que prefería quedarme embarazada y que nos casara el Papa a hacer semejante vulgaridad. Pero aquella misma tarde me sorprendí preguntando a mis amigas si me retirarían la palabra en el hipotético caso de que me apuntara a eso del Bicing. Contestaron que la respuesta era tan obvia que resultaba estúpido formular la pregunta. Inmediatamente después se encendieron un cigarro en plan histérico, rollo: ésta nos falla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fallé a mis amigas, y el domingo por la mañana me metí en la puta página del ayuntamiento de Barcelona para darme de alta en el Bicing, entre lágrimas y quejas. La teoría es que pagas 30 euros anuales y puedes utilizar una bici del Bicing tantas veces como quieras, pero:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si superas la media hora con la misma bici, te cargan 50 céntimos. Y te irán cargando 50 céntimos cada media hora que pase, hasta que se cumplan las dos horas. Entonces no sé qué ocurre, pero seguro que es terrible: Colón te mete el dedo en el ojo, la torre Agbar te parte el ojete, o algo todavía más chungo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como se supone que el Bicing es un medio de transporte, pero no de turismo, transcurrida media hora hay que dejar la bicicleta en uno de los múltiples aparcamientos del Bicing que se esparcen por Barcelona. Al cabo de 10 minutos, puedes coger otra bicicleta si todavía no has llegado a tu destino. La putada es que, con media hora miserable, los que vivimos en el extrarradio no tenemos tiempo ni de llegar a la panadería. Y si tengo que parar diez minutos a esperar, se me va a enfriar la baguette.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo peor: que como aparques mal la bici y se pase 24 horas por ahí suelta, te clavan una multa de 150 euros. Ya ves tú. Y qué garantías tienes de que el ayuntamiento no se inventa que la has aparcado mal para ir recaudando pasta por el morro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta aquí, la teoría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El domingo fui a comer a Gràcia con el único hombre con quien la palabra "maravilloso" no me parece cursi. Y, cuando acabamos, me propuso que volviéramos a casa en Bicing para demostrarme hasta qué punto había aumentado mi calidad de vida desde que me había dado de alta en el servicio aquella misma mañana en un arrebato de pasión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía no me había llegado la tarjeta de usuaria a casa, pero él se ofreció a ir en skate mientras yo utilizaba su tarjeta para pillar una bici, aunque esas tarjetas en realidad son personales e intransferibles y se supone que no puede utilizarlas nadie más que uno mismo. Claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cuestión: que vamos al aparcamiento de la plaça del Sol, y las cinco bicicletas que estaban aparcadas por lo visto se encontraban en malas condiciones y no se podían utilizar. Bueno, una pantalla indica dónde se hallan los parkings más cercanos y cuántas bicicletas hay libres. En las tres posibilidades que nos ofreció esa puta pantalla ponía: 0 bicicletas disponibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pregunta que yo me hago es: para qué coño sirve saber dónde está el aparcamiento más cercano si no hay bicicletas disponibles? Pero como estoy enamorada y eso, intento mantener la calma, y voy caminando junto a mi surfer (que arrastra el skate como si fuera un perrito) hasta otra parada de Bicing. Y hasta otra. Y otra. Y otra. Y así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con siete parkings nos cruzamos de camino a casa, y los siete resultaron inútiles. Ya en Hospital Sant Pau (llevábamos media hora caminando), le dije a mi amor sobre ruedas: "pillamos metro". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre he tenido la teoría de que los barceloneses son capullos, y el domingo corroboré que la teoría es cierta. Porque, a ver: si tú pagas por un servicio, ese servicio tiene que funcionar, no? Y si no funciona, puedes reclamar para que te devuelvan el dinero, o poner una denuncia. Pero ahí está el puto Bicing, el invento más absurdo y descarado del ayuntamiento de Barcelona para chupar pasta. Y nadie se queja. Todos dicen: qué bonito, qué verde, qué ecológico y qué moderno. Cuando, en realidad, al final no te queda más remedio que soltar la pasta del billete de metro e ir bajo tierra como las lombrices. Una puta basura. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tú le dices a un barcelonés: pero ¿no ves que es un timo? Y él te contesta: es que, claro, la ciudad está en pendiente, y en las zonas altas no hay bicis porque la gente las pilla para bajar hacia el mar, pero luego nadie se atreve a subir, que pedalear cansa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A diferencia de los parkings de Gràcia, los de plaça Catalunya, el Raval y el Gòtic siempre están llenos, con lo cual, no puedes aparcar la mierda de bicicleta. Con lo cual, transcurre la media hora inicial y el ayuntamiento te cobra 50 céntimos, y como no encuentres un sitio libre al cabo de media hora, el ayuntamiento te cobrará otros 50 céntimos. Hasta que Colón te saque un ojo o algo peor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El domingo recordé por qué no quería apuntarme al Bicing: porque soy inteligente y a mí no me toma el pelo ni la peluquera. El problema es que no he perdido pelo, sino la razón. El corazón me lo han robado con la misma impunidad con la que me ha robado 30 euros el ayuntamiento de Barcelona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando por fin consiga ir en bicicleta por esta ciudad, me daré cuenta de lo bonito que es todo. Me daré cuenta de lo feliz que soy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces me dará igual.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-5994646800925450774?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/5994646800925450774/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=5994646800925450774&amp;isPopup=true' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/5994646800925450774'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/5994646800925450774'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/06/mi-primera-experiencia-con-bicing.html' title='Mi primera experiencia (en Bicing)'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>melalcoholik@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06894875728222970966'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-7855029094459727635</id><published>2009-05-21T10:17:00.003+02:00</published><updated>2009-05-21T10:22:07.583+02:00</updated><title type='text'>Síndrome de Estocolmo</title><content type='html'>Estoy secuestrada. Desde aquí oigo el mar y los pájaros. Me han encerrado con la única compañía de este ordenador y una nevera llena de cervezas. De vez en cuando, mi ordenador capta una señal de WiFi. Aprovecho que la señal de WiFi tiene tres barras de conexión para enviar este mensaje. No es un mensaje de socorro. Que nadie me rescate.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-7855029094459727635?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/7855029094459727635/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=7855029094459727635&amp;isPopup=true' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/7855029094459727635'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/7855029094459727635'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/05/sindrome-de-estocolmo.html' title='Síndrome de Estocolmo'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>melalcoholik@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06894875728222970966'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-1124570312966885897</id><published>2009-04-16T22:35:00.009+02:00</published><updated>2009-04-25T00:56:15.710+02:00</updated><title type='text'>Niños perdidos</title><content type='html'>A veces me siento en la plaza que hay debajo de casa. Es una plaza peculiar. Alguien le arrancó una esquina. La plaza está rodeada de arcos, menos en una de sus esquinas. Ahí sólo hay un bloque de pisos color salmón. &lt;div&gt;&lt;br /&gt;Los demás edificios de la plaza son bajos, de dos plantas. Una de las casas está partida por la mitad. La ventana está dividida en dos. Ambas mitades se venden. En los carteles aparecen distintas empresas, y distintos números de teléfono.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Me siento en el banco y observo la fuente. Miro cómo juegan los niños alrededor de la fuente. Intento que me gusten. Miro a esos niños y me interesan tanto como las personas que se llaman adultas. No veo muñecos, como ven muchas madres en sus propios hijos, no veo en ellos a unos seres encantadores, ni me apetece achucharlos ni nada parecido. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Uno le lanza un globo de agua a otra, el globo se rompe y salpica, una patina sobre unos patines de línea, cinco le dan patadas a una pelota, aquella llora y aquella otra está a punto de caerse de la bicicleta. Y qué.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Qué se supone que tendría que sentir. Por qué la gente dice que son tan monos, y les hace carantoñas en el vagón del metro, y por qué las mujeres aseguran que ya me llegará el instinto, y por qué santo coño tendrían que gustarme los putos niños.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tengo un montón de primos. He hecho de canguro a unos cuantos. En tercero de BUP, me lo tomé en serio: fui monitora en un centro de acogida infantil. Iba los lunes, tres horas. Tenía ocho chavales a mi cargo; estudiaba con los mayores, bañaba a los más pequeños. Algunos pasaban la noche con sus padres; otros pasaban el fin de semana con ellos. La mayoría, ni eso.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;No lloraban nunca. Recuerdo aquella niña perdida que nunca crecería. Estaba en el patio cuando llegué, y creí que se había disfrazado de mapache. Hice alguna broma al respecto, le dije: venga, que tenemos que subir, se hace tarde. Acababa de cumplir dos años. Era muy pequeñita, casi cabía en la palma de mi mano. En cuanto me acerqué, vi que no se había pintado, no se había disfrazado de mapache: le habían puesto los dos ojos morados.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;También recuerdo aquella vez que bañé a Toni. No era la primera vez que lo bañaba, pero sí fue la primera vez que vi golpes en su espalda, tenía hematomas en las piernas, arañazos en los brazos, siete años. Le pregunté que cómo se había hecho eso. Respondió: "Me caí en la calle del Socorro".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pasé dos años en aquel centro, todos los lunes, tres horas. Intentaba sentir cariño, intentaba sentir amor; como mínimo, compasión. Sólo conseguía tenerles afecto. He olvidado los nombres de casi todos. Había cuatro hermanos, dos chicos y dos chicas, sus padres no querían ocuparse de ellos. Una pareja adoptó a la más pequeña. Antes he mentido: aquel día lloraron.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Estoy en la plaza, debajo de casa, y sería muy sencillo interpretar que estos niños son felices. Lo parecen, porque juegan. Todos solemos decir que éramos felices, de pequeños; pero olvidamos que entonces, aunque fuera porque nos habían castigado sin tele, aquella nos parecía la más cruel de las desgracias.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mi primera amiga fue invisible. No tenía nombre porque yo era plenamente consciente de que no existía. Mis hermanos sí eran reales, aquella amiga no era ni rubia ni morena, ni alta ni guapa ni fea. Era invisible. No era. Yo caminaba por el campo arado, los pies llenos de tierra, se me torcían los tobillos y le anunciaba en voz alta lo que íbamos a hacer: ahora iremos a ese algarrobo, y subiremos y tú fíjate bien y ya verás como los gallos gritan socorro. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Socorro otra vez.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;A mi segundo amigo lo conocí telepáticamente. Creo que se llamaba Marc, o Marcos, o Mark, y puede que viviera en Madrid. Me sentaba en un rincón del patio, a la hora del recreo, debajo de una de esas moreras que pringaban tanto. En el colegio, dábamos de comer sus hojas a los gusanos de seda que apestaban en una caja de zapatos; las flores de ese árbol nos las comíamos nosotros antes de que se abrieran. Ignoro si eran comestibles.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;A la hora del recreo, me sentaba debajo de una de esas moreras alejadas del campo de fútbol, y me concentraba mucho, mucho. Y entonces hablaba con Mark. Yo tendría unos diez años, él unos doce. Era rubio, me lo dijo. Y eso es lo poco que recuerdo: su edad, el color de su pelo, su nombre. Ni siquiera estoy segura de que fuera de Madrid. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;De pequeña, me daba mucho miedo ir a Madrid. Creía que el avión se estrellaría, que ETA habría puesto un coche bomba que estallaría a mi paso. Años más tarde, le conté esto a un desconocido y me miró con horror. Dijo: un niño no piensa en la muerte, tú no has tenido infancia.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;A veces, por las noches, soñaba con mi amigo telepático. Supongo que estaba muerto. Mi amigo Lou dice que los sueños son el lenguaje de los muertos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Los niños de la plaza están vivos como la fuente. Y saltan y chillan y corren y vienen a hablar conmigo. Soy incapaz de ver a los niños. En ellos sólo veo personas. Personas con sus problemas, sus alegrías, sus cosas. Siento por ellos lo que sentiría por cualquiera. Algunos me caen bien, a otros les daría de hostias. Odio a los críos, odio a los niñatos, me encantan los risueños y también los cascarrabias. Trato a los niños como trataría a cualquiera, sólo que no les invito a una cerveza.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La profesora llamó a mis padres. Mis padres preguntaron. No podía decirles que tenía un amigo telepático. Un compañero de clase era epiléptico y eso ya me parecía lo suficientemente complicado. Dije simplemente que los niños me parecían idiotas, por eso no jugaba con ellos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero no se trataba de eso. Ojalá hubiera sido así, porque eso, por lo menos, habría resultado infantil.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Dos de ellos se han sentado conmigo y me hacen preguntas: ¿por qué estoy sola? ¿Por qué fumo, si es malo? ¿Por qué llevo el pelo tan largo? ¿Cuántas horas más o menos tardo en peinármelo? Se me ha roto el vaquero. ¿Tengo algún Pokemon? Se llaman Jordi y Marc. Tienen cinco años y medio.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Les pregunto qué quieren ser de mayores. Marc se encoge de hombros y suspira: "Tenemos tiempo para pensarlo". Es rubio.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Toni está en la cárcel. Mató a su padre.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;A veces me pregunto si sé lo que es de verdad un niño. Creo que ni siquiera me consideré uno de ellos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tal vez todos los niños son amigos invisibles.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-1124570312966885897?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/1124570312966885897/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=1124570312966885897&amp;isPopup=true' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/1124570312966885897'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/1124570312966885897'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/04/no-se-que-es-un-nino.html' title='Niños perdidos'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>melalcoholik@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06894875728222970966'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-2728261313240842605</id><published>2009-04-12T19:05:00.007+02:00</published><updated>2009-04-13T11:28:38.675+02:00</updated><title type='text'>Beaufays</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SeIf7qWrsZI/AAAAAAAAAVg/zoC8CKiKubQ/s1600-h/2253vp5.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SeIf7qWrsZI/AAAAAAAAAVg/zoC8CKiKubQ/s400/2253vp5.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5323852819347517842" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Provengo de una familia de burgueses belgas. Ignoro si los belgas existen, pero me consta que existen los burgueses. Mi madre estudió en París, vivía en los Champs-Élysées, ahí donde ahora está el hotel Maxim's, en la avenida Gabriel. Las hermanas de mi abuelo viven en una abadía, en un pueblo cerca de Lieja que se llama Beaufays. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tante Nenette es hipocondriaca, y sólo sale de la cama para reponer las flores de la capilla unos minutos antes de misa. Tante Nenette vive en el ala oeste de la casa, siempre lloriquea, y a mí me hace reír aunque pretende dar pena.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tante Nicole vive en la parte central. Su marido era historiador, y de él heredó una cultura envidiable y una biblioteca infinita. Por las noches no puede dormir, le duelen las piernas. Camina. De día recoge tomates del huerto.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tante Pierrette no ha leído un libro en su vida. Dejó de fumar, tendrá casi noventa años y, siempre que la visito, me enseña orgullosa cómo se toca con las manos la punta de los pies sin doblar las rodillas. Hace un par de meses, se casó una de sus hijas. Ella tuvo dolor de barriga durante la ceremonia. Un dolor muy fuerte. La llevaron a urgencias. Descubrieron que la noche anterior se había comido un pedazo de la ensaladera de cristal sin darse cuenta. Ella dijo: "Creí que era un trozo de pepino".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;A veces voy a verlas. Duermo en casa de Tante Nicole. La casa huele a madera, a jamón ahumado y a café. Duermo en una cama alta, bajo un montón de mantas, hay casi cien habitaciones y las bañeras tienen patas. Mi cuarto está justo encima de la escalera que da al estanque.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cada hora, suenan las campanas de la capilla. También suena el tictac pausado de los relojes de pared. Los cisnes murieron. Eran cisnes cabrones y negros.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Celebramos el centenario de la casa y del linaje cuando yo tenía trece años. Los burgueses son así: se reúnen de vez en cuando para comprobar que no hay errores en el árbol genealógico. Éramos más de setecientos. El árbol ocupaba toda la pared de un pasillo interminable.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En el árbol aparecía mi tía. También aparecía la hija de mi tía. Mi tío no. Mis tíos no están casados. A mi prima, en el árbol, le pusieron el apellido de su madre. Su padre, al ver eso, flipó. Todos los españoles flipamos. Y nos reímos un rato. &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;Ils sont fous ces belges! Non, ils sont cons.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mis hermanos y yo también aparecíamos, en una rama de color verde. Sólo teníamos el apellido mallorquín porque los belgas sólo utilizan el primer apellido.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Para conmemorar el centenario, se celebró una misa multitudinaria. Recuerdo que me escondí con mi prima Marie en las escaleras de Tante Pierrette. Tante Pierrette es la abuela de mi prima Marie. Nos escondimos en las escaleras, y oímos un ruido que venía de arriba. Nos asomamos temerosas por la barandilla, y vimos a mi primo Olivier, que también se asomaba temeroso, porque, como nosotras, se había escondido en la misma escalera para huir de aquella misa multitudinaria.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Estuvimos viendo la tele mientras los demás rezaban por nuestras almas. A otra prima mía la obligaron a tocar el arpa. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cuando voy a visitar a las hermanas de mi abuelo, me gusta el sonido de la gravilla bajo mis pies. Me gusta la cabaña que mi tío Vincent construyó sobre un árbol. No me gusta que para frenar con la bicicleta tengas que pedalear hacia atrás. Me gustan las conversaciones en la cocina con Tante Nicole. Me gusta ponerme las katiuskas. Me gusta que el retrato de mi tatarabuelo muerto sea la viva imagen de mi abuelo. No me gusta el vino caliente. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Evidentemente, me gusta la cerveza.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Uno de mis primeros recuerdos es del jardín de aquella casa: unos desconocidos me saludan, me da vergüenza hablar con ellos, me escondo bajo la falda de mi madre.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Los belgas se casan enseguida. Los burgueses belgas averiguan tu apellido, lo buscan en un libro, y si está, también se casan.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;De vez en cuando, nos llega un e-mail con los datos de todos los miembros de la familia. Esos datos incluyen dirección electrónica y postal, y estado civil de cada uno. También incluyen los datos de nuestros cónyuges y nuestros vástagos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Los burgueses catalanes son distintos. Los burgueses catalanes se jactan de haberse educado por encima de la Diagonal. Las noches de fiesta se divierten contigo, tú también te diviertes. Prometen que te llamarán. Y estoy segura de que, en el momento en el que te lo dicen, tienen la intención de cumplir su promesa.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero luego sale el sol, ven la luz, y saben que tu apellido faltará en un libro no escrito. Aprendí muy pronto que no hay que esperar. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;También aprendí que no es lo mismo un burgués que un pijo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Un día recibí carta de un primo lejano, un primo belga al que no recuerdo haber visto. Decía que había comprobado que estaba soltera, que si quería casarme con él.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Me educaron para que comiera con la espalda recta, mantuviera ambas manos sobre la mesa y supiera utilizar cada uno de los cubiertos, masticara con la boca cerrada. Me educaron para que dijera por favor, perdón y gracias.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;A veces, tras una noche divertida, lo olvido, pero me alegro de haber perdido todo lo demás.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-2728261313240842605?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/2728261313240842605/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=2728261313240842605&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/2728261313240842605'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/2728261313240842605'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/04/beaufays.html' title='Beaufays'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>melalcoholik@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06894875728222970966'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SeIf7qWrsZI/AAAAAAAAAVg/zoC8CKiKubQ/s72-c/2253vp5.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-6521116536461768533</id><published>2009-04-05T22:19:00.011+02:00</published><updated>2009-04-25T01:00:59.703+02:00</updated><title type='text'>Estaba escrito</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/Sdptqt4CR_I/AAAAAAAAAVY/BmzflOPJK9E/s1600-h/flaute.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/Sdptqt4CR_I/AAAAAAAAAVY/BmzflOPJK9E/s400/flaute.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5321686490328221682" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;espero que nunca se entere de esto (c)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold;"&gt;Uno&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;Estamos en Madrid. Hemos hecho el viaje con resaca. Es viernes y volvemos a estar borrachas. Junto a la barra, Sophie les cuenta el pedo que pillamos la noche anterior. Un tío con gafas dice que tengo un inmenso dolor existencial y que él puede ayudarme a extirparlo. Primero me río de él, luego me carga. Su amigo me encanta. &lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;También nos acompañan: la típica chica guapa, lista, inteligente, ingeniosa, fracasada con los hombres, nadie sabe bien por qué; un compañero de esta chica; dos mexicanos; una mexicana cuya existencia resulta dudosa; y un tipo que publicó que quería follarme.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Saber que alguien follaría contigo, aunque lo dijera en broma, te da la seguridad de quienes triunfan cumpliendo deseos. Si quiero, puedo ser un hada esta noche, o un genio de la lámpara. Apagada, mejor.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Me pregunto si los hombres son capaces de bromear con estas cosas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Voy a mear. Lo digo en voz alta. De camino al baño, veo a un fantasma. Entonces no sé que lo es. Es un chico guapo, alto. Miento: es uno de los hombres más guapos que he visto nunca. Pero eso es normal, porque voy ciega.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Lo miro con esa mezcla de sorpresa, interés, lascivia, picardía y complicidad de quienes tienen apenas un segundo para expresarse. Un segundo para cambiar quién sabe si la próxima media hora, la noche entera o el fin de semana; sólo las inseguras añadirían que toda una vida.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Un minuto después, se reúne conmigo en la puerta del baño. El baño está ocupado. "¿Estará haciendo cosas malas?", pregunta. "Eso espero", contesto. La alternativa apesta. "¿Qué te parece ese cuadro?", dice el chico guapo, y también: "lo he pintado yo". Justo en ese momento, sale la chica del baño, la reemplazo, y cuando acabo de hacer pis sin tocar la taza, el chico guapo ha desaparecido. Por eso creo que es un fantasma.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Vuelvo a la barra. El psicoanalista diagnostica que soy un tío, una lesbiana reprimida o un hemafrodita neuronal: si actúo así es porque el sexo masculino me asusta. Su amigo y Sophie hablan de editores, creo, de maestros y de libros. Uno de los mexicanos cumple años, el otro es escritor y, como todos los escritores, se considera aún mejor de lo que sospechamos los demás. La chica y su compañero de trabajo charlan con el tipo que publicó gratuitamente que quería follarme en un blog. El tipo no recuerda haber publicado eso. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Publicidad: Divulgación de noticias o anuncios de carácter comercial para atraer a posibles compradores, espectadores, usuarios, etc. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Soy objeto de deseo. Puedo comprar su oferta a buen precio: follemos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El fantasma reaparece. "¿Has visto el cuadro?", pregunta. No. Me lo enseña. En el cuadro hay un perro marrón y encima del perro pone: "Dog". En el cuadro hay una flauta y el pintor fantasma dice: "Me inventé una palabra. &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;Flaute&lt;/span&gt; no significa nada". Al lado de la flauta pone: &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;Flaute&lt;/span&gt;. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Le digo que el cuadro está bien y eso. Qué voy a decirle. El tío está muy bueno, yo estoy de verdad borracha. El pintor fantasma se queda unos segundos en silencio, y me mira con ternura o algo peor, y hace esas cosas que salen en las películas: cerrar los ojos y acercar su boca lentamente a la mía. Es alto y guapo, y respondo: "Pero qué haces", y me voy corriendo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold;"&gt;Dos&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ahora es sábado. Sophie y yo hemos dormido apenas cuatro horas por segunda noche consecutiva. Son las cinco y media de la tarde, volvemos a ir borrachas. Estamos en un bar llamado Picnic con el amigo encantador del psicoanalista pesado y con el chico que publicó que quería follarme. No he follado con él, pero soy consciente de que puedo hacerlo cuando me dé la gana. Él está aquí porque cree que también puede. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Sophie se ha enamorado del camarero. El camarero es casi tan guapo como el pintor fantasma. Sophie decide escribirle una nota en la hoja de una Moleskine. Se pasa horas redactándola. Pone: "Hola, me llamo Sophie. ¿Te gusta Pete Dello?". Luego añade: "Creo que me he enamorado un poco de ti".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Le damos la nota al camarero. El camarero sonríe y pone una canción de Pete Dello. Sophie la oye y se cae de la silla. En ese momento entra un amigo del amigo del psicoanalista, y presencia cómo Sophie se cae al suelo, y piensa: "Nunca había provocado esta reacción en una mujer". Deduzco que es ingenuamente feliz.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Sophie y el camarero se escriben notitas toda la tarde. Me gusta la parte en la que el camarero apunta: "Salgo a las nueve (seguramente antes que vosotros)".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold;"&gt;Tres&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Le pido que demos una vuelta a la manzana. Miramos esos zapatos que penden de un cable que cruza la calle, y miramos a una señora que habla con su nieta en el balcón, y miramos el cielo o la luz, y le digo que me gusta Madrid. Pero no me gusta ni por los zapatos colgados del cable, ni por la vieja y su nieta, y en parte sí por la luz. Intento descubrir si es un robot. Le hago un test de Turing. No responde a ninguna de mis preguntas. Sabe que son preguntas trampa. Dice cosas como que el amor no existe. Sólo utiliza frases que empiezan por "no" o que contienen las palabras "atroz", "abominable" y "vomitivo". Cree que quienes hablan de sexo no follan. Creo que se equivoca. Hay de todo, como en todo. No nos gustamos, pero sabemos que si acabamos en la cama dotaremos a la palabra de ese poder que nos gustaría que tuviera. Ésta es otra forma de deseo. No es tímido, no es frío, no es seco; pero mucho menos es todo lo contrario. Me gusta cómo huele su barba. El pintor fantasma también olía muy bien. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;No entiendo a este chico. Tampoco tengo interés en entenderlo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold;"&gt;Cuatro&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Flashback. Viernes otra vez. Nos vamos del bar. Cuando nos ve salir por la puerta, el pintor fantasma se acerca corriendo y hace un segundo intento. Tus órdenes son deseos. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y al revés.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Rápido, bésame despacio, me están esperando. Es casi sábado, y alguien nos ve.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold;"&gt;Cinco&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Sophie enciende el facebook esta mañana. El camarero de las notitas la ha localizado.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold;"&gt;Seis&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Lo primero que he dicho esta mañana ha sido: "Qué coño hago aquí". &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El sol a través de los párpados. He dormido tres horas. Luego he ido al Museo del Prado.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold;"&gt;Siete&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El AVE estaba llegando a Barcelona, cuando he recibido un mensaje del pintor fantasma. Habla de besos furtivos, de besos robados y de besos que saben a poco porque reclaman más. Odio los mensajes cursis, por eso hago como que no los leo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold;"&gt;Ocho&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Una chica le pregunta a otra chica: ¿Cómo pudiste follar con él, si no te gusta? La chica responde: ¿Y por qué tendría que perderme un polvo?&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Un chico nunca le pregunta a otro chico: ¿Cómo pudiste follar con ella, si no te gusta?&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold;"&gt;Nueve&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En el metro de Barcelona se proyectan historias breves que escriben los usuarios. Estás en el vagón, y en lugar de anunciarte cuál será la próxima parada, las pantallas te muestran los textos de los participantes. Creo que la única condición es que las historias versen sobre este medio de transporte.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Venía de Sants Estació, estaba apoyada en una de las puertas del vagón, y en la pantalla aparecía un relato con frases como éstas:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;"Mis ojos zozobraban enfebrecidos, diletantes". &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;"Se quejaba con una retahíla vehemente de la falta de taxis".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;"Saqué fuerzas de flaqueza y me sentí un moisés abriendo las aguas de la marabunta".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En el otro extremo del vagón, alguien se descojonaba con la misma frecuencia que yo. Un tío fingía mirarnos a través de sus gafas de sol.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold;"&gt;Diez&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Leer es una forma de obedecer. Hice lo que me dictaron las palabras.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Estaba escrito.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-6521116536461768533?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/6521116536461768533/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=6521116536461768533&amp;isPopup=true' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/6521116536461768533'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/6521116536461768533'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/04/el-poder-de-la-palabra.html' title='Estaba escrito'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>melalcoholik@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06894875728222970966'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/Sdptqt4CR_I/AAAAAAAAAVY/BmzflOPJK9E/s72-c/flaute.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-3695539086461997406</id><published>2009-03-30T19:56:00.018+02:00</published><updated>2009-04-07T22:23:11.738+02:00</updated><title type='text'>Narciso sin reflejo</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SdEkL_2k_EI/AAAAAAAAAUw/C2v15JtTa2I/s1600-h/velazquezvenusdelespejo.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 274px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SdEkL_2k_EI/AAAAAAAAAUw/C2v15JtTa2I/s400/velazquezvenusdelespejo.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5319072423438777410" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;La primera vez que vi un cuadro de Bacon, me quedé sin aliento.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Francis Bacon dijo que quien no entendiera &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;La Venus del Espejo&lt;/span&gt; sería incapaz de entender su obra.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Estamos en su despacho, él me enseña la nuca de Venus de Velázquez, la nuca que también aparece en los cuadros de Bacon, aquí, ves? y aquí. Me explica las variaciones del andrógino. La figura del andrógino representa a Bacon; también el flequillo le representa, es el flequillo de Narciso. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El reflejo del Narciso de Caravaggio desaparece en el estanque inexistente de Bacon, color malva, mira. Y luego reaparace, aquí, ves?, años más tarde, pero sólo cuando Georges Dyer ha muerto. Sólo cuando han pasado unos años desde que pintara el cuadro del narciso sin reflejo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y tal vez cree haber matado a su amante.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En cambio, el flequillo permanece.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cabeza borradora.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;¿Y el paraguas?, pregunto, ¿qué significa?&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Me enseña el trípode que sostiene a uno de los andróginos de Bacon y luego la fotografía de aquella cámara de video, también sobre un trípode, cubierta efectivamente con un paraguas negro, en la que supuestamente él se inspiró; de todos modos, advierte, no es una explicación válida. En realidad, duda que alguien haya descubierto el significado de aquel paraguas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mira, dice. Y miro, y su narcisismo ha desaparecido, y veo la belleza de quien es capaz de desaparecer para mostrar la belleza ajena. La belleza a secas, porque ésa no pertenece a nadie. O la belleza sola porque pertenece a todos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Él me está enseñando esa belleza, en su despacho, la nuca de Venus, el flequillo de Narciso, la cabeza de Bacon, el suicidio de su amante. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El suicidio de ese amante justo un día antes de que Bacon inaugurara aquella exposición en París.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Podría pasarse horas y horas hablándome de las horas que pasó en el museo del Prado, reinterpretando las Meninas según la teoría de Manuela Mena, dejándose devorar por el Saturno de Goya.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mi padre siempre decía: "Voy a comerme a un hijo", y los tres chillábamos: "a mí no, a mí no!".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mi padre nos perseguía por el pasillo, y alcanzaba a uno de los tres, y nos mordía la barriga y rugía ruargruargruarg, y nos hacía cosquillas en la panza y nos meábamos de la risa.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Él me enseña esos cuadros que, pese a ser reproducciones, me ponen la piel la gallina, y dice: mira, ¿ves aquí?&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y yo miro. Y veo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Intenté explicarle a un amigo la colección permanente del MoMa. El surrealismo de Miró, la farsa de Dalí, la genialidad de Picasso, &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;Les demoiseilles d'Avignon&lt;/span&gt;. Los motivos de Gauguin, los recortes de Matisse, la irreverencia de Duchamp. La necesidad artística, las ciudades según Pollock, las ciudades según Mondrian. La guerra, la propaganda, el Pop Art. Los cuadros blancos, la nada, ese volver a empezar.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La risa que provoca el desconcierto cuando finge que comprende. La naturaleza como máxima expresión.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Se lo conté según las versiones que me invento. Me gusta inventarme la historia.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En vano.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mi amigo agradeció las explicaciones en el momento. Pero horas más tarde, herido por otro tipo de explicación que también le di gratuitamente, disparó: "Te mueves por los museos como quien hace una visita escolar".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;No vio. No supe enseñarle. Por eso nos perdimos por el camino y de ahí el desencuentro.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mientras él habla, no existe. Tampoco yo. Sólo Bacon, la omnipresencia de Bacon sobre los cuadros de Velázquez, de Goya, de Caravaggio.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La puta belleza, joder. Que no está tanto en el qué como en el cómo. En el cómo coño. Joder otra vez.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Un hombre en la calle Sant Ramon me advirtió de que me había equivocado de dirección. "No me joda", me salió. Respondió: "Cuidado con eso, que se quedan preñadas".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La belleza sobre algo tan bestia. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y también: en algo tan feo como seríamos nosotros si estuviéramos aquí, en este despacho. Pero no estamos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Él hablaría durante horas, y yo le escucharía eternamente, pero tengo un nudo en la garganta. No necesito la garganta, él es quien habla y yo trago saliva, pero igual siento que me ahogo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y no me ahogo por haberme buscado en el fondo de nada, como Narciso. Me ahogo de otro modo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En cuanto me vaya, entenderé qué hice mal. Entenderé que no supe esconderme. Entenderé que, ante la belleza, uno debe ocultarse. Porque en caso contrario, su imagen distrae y deforma aquello que hay que observar. Aquello que hay que sentir.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La imagen del narciso embrutece la transparencia del estanque. Una mujer de espaldas será más bella que lo que ella ve en el espejo, especialmente si quien se refleja detrás eres tú.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Es como aquel anuncio absurdo de los cines en los que sale un gilipollas vestido de romano, y una voz en off le dice: apaga el móvil, no seas el protagonista.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando te consideras por encima de la historia que estás viviendo, la has cagado. Observa y calla. O si lo prefieres, observa y cuenta, pero como si tú no contaras demasiado.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En caso contrario, recibirás los peores reproches, te llamarán fea, te convertirán en un monstruo. Dirán que eres irresponsable, que lo has destrozado todo, dirán que eres una autista sentimental. Señalarán con el dedo a alguien que, en realidad, pretendía -únicamente- pasar por allí.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Si quieres darles motivos para que hablen de ti, roba un cuadro.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Eso pensaré en cuanto salga de este despacho. Pensaré: &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;emoland, &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style=""&gt;maldita premonstruosa&lt;/span&gt;. Pensaré: &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;hemoal&lt;/span&gt;. Las emociones dan almorranas. Te sientas a esperar, y nada. Luego duele, y no puedes moverte.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ni ir en bicicleta. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Eso pensaré, claro que sí, en cuanto salga de este despacho.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mientras tanto, dejo que él me enseñe a Bacon como jamás lo había visto. Dejo que me lleve a un lugar desconocido. Dejo que me arrastre sólo contándome que.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y cuando todo ha acabado, cuando se ha esfumado la explicación y ese lugar en el que no estábamos, cuando vuelve a ser lunes y ambos tenemos trabajo, cuando tal vez se nos empieza a hacer tarde, cuando de todos modos, todo... o cuando ya nada, también dejo que me pregunte: "¿Por qué lloras?".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Creo que nunca he sido tan feliz.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SdEkhkwe2CI/AAAAAAAAAU4/MenAPjQdQS8/s1600-h/20090207_bacon_prado_05big.jpg"&gt;&lt;img src="http://4.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SdEkhkwe2CI/AAAAAAAAAU4/MenAPjQdQS8/s400/20090207_bacon_prado_05big.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5319072794122573858" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 188px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-3695539086461997406?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/3695539086461997406/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=3695539086461997406&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/3695539086461997406'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/3695539086461997406'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/03/narciso-sin-reflejo.html' title='Narciso sin reflejo'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>melalcoholik@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06894875728222970966'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SdEkL_2k_EI/AAAAAAAAAUw/C2v15JtTa2I/s72-c/velazquezvenusdelespejo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-1721306672269220951</id><published>2009-03-29T22:24:00.002+02:00</published><updated>2009-03-29T22:27:19.753+02:00</updated><title type='text'>Un regalo de Sophie</title><content type='html'>&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/he52vBURP6w&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/he52vBURP6w&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-1721306672269220951?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/1721306672269220951/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=1721306672269220951&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/1721306672269220951'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/1721306672269220951'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/03/un-regalo-de-sophie.html' title='Un regalo de Sophie'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>melalcoholik@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06894875728222970966'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-7285052684026517917</id><published>2009-03-22T19:14:00.014+01:00</published><updated>2009-03-28T19:35:29.555+01:00</updated><title type='text'>El baile</title><content type='html'>Subimos por Passeig de Gràcia, y los veo bailar a través de la ventanilla. Acabo de conocerlos en la exposición de Javier Codesal. Un hombre y una mujer viajan. Un hombre y una mujer miran a cámara, luego fingen que no nos ven. Navegan en una barca, y ella tiene sesión de quimioterapia. Están en el hospital y bailan. Yo observo su baile quieto en unos carteles colgados de las farolas del Passeig de Gràcia.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El taxista pregunta que adónde voy. Y yo qué sé. Pero no contesto eso.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Después de la inauguración, hemos ido a tomar algo al Rívoli. Mi amiga La Loca se ha cabreado un poco, por-qué-nunca-me-habíais-traído-aquí. El gran Eddy servía cañas y vodka, supongo que algún whisky. La Loca hace tiempo que ya no está loca, ahora se llama Sophie. Hablábamos de libros, creo, de autómatas y de Turing. Del test de Turing. Tuve un novio convencido de ser una máquina. Nos enviábamos cartas y siempre me advertía: mis respuestas pueden ser pura coordenada, mínimo margen de error. Una máquina. Ahí es donde se equivocó.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Apareció el cantante del que estuve enamorada. Confundo la actitud crítica con el rechazo. Confundo la duda con el desprecio. El amor ha pasado de moda. Él no lo ha entendido enseguida, nos ha visto animados y contentos brindando por el artista, el artista hacía horas que se había ido. Pero y qué. Los bailarines también habían desaparecido.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El cantante se ha sentado con nosotros. Demasiado tarde. Ya no llegaría allí donde fuera que estábamos. El esnobismo es cruel. No, la cruel soy yo. Y el jodido alcohol.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tengo que darle una dirección al taxista, son casi las tres y llevo todo el día bebiendo. Existe una dirección que me sé de memoria.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Un hombre tocaba el piano, han entrado unos guiris, paredes pintadas de color dorado y alguien ha amenazado con retirarse si no cenábamos algo. Vale, aquí no se puede fumar, vamos fuera y decidimos. El cantante ha comprendido y ha dicho nos vemos, me largo. Por qué soy tan hijadelagranputa. Sophie estaba contenta y me ha contagiado la euforia. Hemos ido a cenar al restaurante de un hotel. Y, al vernos llegar, seremos ocho, la camarera ha dicho prácticamente lo mismo que me dice el taxista ahora:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;"Pero a las doce cerramos". El taxista: "A las tres en punto tengo que estar en un sitio".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Una corriente de aire mece los carteles en los que Roser y Josep bailan. El semáforo está en verde y el coche arranca.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Las mujeres nos sentamos frente a los hombres, uno de ellos pide Moët Chandon. Champagne de aperitivo, vino y un menú para dos, porque la primavera da sed y quita el hambre. Sophie tenía ganas de provocar, con ella me apunto a hacer el payaso. Y sabemos que nada les molestará tanto como la frivolidad. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La frivolidad y la tontería. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Nada les irrita tanto como una actitud de ropa interior hecha con papel de lija.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Propone una orgía. Pidamos una habitación y follemos. Ha llegado la primavera. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Él nos mira. Él es un hombre inteligente y culto, y se está poniendo cachondo, y nos odia. Somos unas farsantes, un par de gilipollas que dicen chorradas, y él es un puto crack, no debería calentarse por estas frivolidades, la frivolidad es el enemigo del pueblo, la frivolidad es el fracaso de todo su trabajo; el poder intelectual se queda en nada por culpa de la frivolidad. El valor de un poema, la capacidad de la belleza, todo se va a la puta mierda porque este par de imbéciles dicen que quieren follar. Y ni siquiera lo dicen en serio. Y, pese a todo, él se pone cachondo igual.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-¿Y dónde tiene que estar a las tres?-, le pregunto al taxista.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Tengo que ir a buscar a una amiga.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Hemos acabado de cenar a las doce y media, y hemos pasado a los whiskies en el hall. No hay Jameson. He olvidado qué hemos pedido en su lugar. He pensado: "no te queda más remedio que ser provocadora cuando no eres provocativa". Sophie ha empezado a desabrocharse la camisa hasta que le he dicho: basta. También la detuve cuando estaba a punto de hacer un striptease en una mesa llena de editores.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ella es la auténtica, yo no sé qué soy.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Luego él me ha asaltado en el baño. Él que me desea tanto como me desprecia porque le gustaría que fuera de otra manera, porque cree que puedo ser de otra manera, porque sabe que, en el fondo, lo soy. Un hombre culto e inteligente que jura que me ama, que me quiere, que exige que sea su mujer. Un hombre que no besa, ataca. Y yo que me río y le digo que también le quiero y todo eso, pero que ahora no.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-A las tres pasa a buscarla, vaya horitas-, le digo al taxista.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Es cuando acaba de trabajar-, responde él.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Pobre.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La pasión es violenta, o la violencia es apasionada, y la violencia es un acto y la agresividad una actitud. Ocho personas se sientan en un hall y beben cócteles y whiskies, discuten sobre política local. De vez en cuando, alguien suelta una parida, el amor no existe, sois muy jóvenes; los que están de vuelta de todo se cansan de Sophie y de mí. Se cansan de nuestra provocación gratuita, de nuestro espectáculo histriónico, menudo numerito. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cuando ella no es el centro de atención, se aburre y exige que alguien se haga una raya. Tampoco esto lo dice en serio. O tal vez sí.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Es trabajadora de la calle, por eso sale a las tres. Bueno, de la calle, usted ya me entiende. En realidad trabaja en un club.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-¿Y pasa a buscarla cada noche?&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Cada noche. Pero no se vaya a pensar cosas raras, que soy hombre casado.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Son amigos, nada más.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Aceptación. Necesitan sentir que nos pueden, en eso radica su poder. Son más inteligentes, más cultos, más ricos y más suficientes. Son más serios, más reconocidos, más importantes, más luchadores. O así los inventamos. Ellos también nos inventan. Somos los bufones de la corte. Somos el cuerpo con el que se saciarían. Ni siquiera una copa de vino, somos un vaso de agua. Del grifo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Voy borracha, muy borracha, y sólo nos aceptarían si fuéramos discretas, comedidas; eso no nos haría inferiores, no quieren mujeres inferiores. Quieren sentirse superiores sin serlo. Quieren dominar. Y en su desprecio hay algo morboso.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Siento adoración. Admiración. Envidia.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Compasión. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y me detesto. No hay sentimiento más egocéntrico; lo que engorda todavía más a ese Yo que tanto odio.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;"Tú no eres así '&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;y punto&lt;/span&gt;', nadie es así '&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;y punto&lt;/span&gt;'", me dirá el cantante cuando llegue a casa. "Estás tan empeñada en mantener tus principios de independencia que no te dejas querer: te has dejado esclavizar por la libertad. Tú no eres una mujer libre, eres una mujer sola". &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El taxista me cuenta que conoció a su amiga hace un par de semanas. Es mulata, bellísima, y tiene la cabellera más bonita que ha visto jamás. Me fijo en que él lleva peluquín. Tal vez se lo ponga desde que la conoció. Es treinta años mayor que ella. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;-¿Hablan mucho?- le pregunto.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-No habla mucho, no. -contesta. -Pero no importa, porque ya hablo yo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El hombre inteligente y culto me agarra de la mano y esto también es mentira. Tan mentira como que montaremos una orgía esta noche, tan mentira como cualquier forma de chantaje. El recepcionista nos ha echado del hotel y buscamos algún bar abierto. Los demás van unos metros por delante, a él le gustaría que nos perdiéramos, se tambalea.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Vete, le digo. Pregunta si de verdad quiero que se vaya. Sí. Y me siento en el portal de una sucursal bancaria mientras desaparece la noche y todo lo que no ha ocurrido. Los demás ya han encontrado ese bar. Él se va, y detengo un taxi en Via Laietana.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-A veces tengo la impresión de que ni siquiera se ha fijado en mí. -confiesa el taxista.- Me parece que no se ha dado cuenta de que quien la recoge cada noche soy yo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Son las tres menos diez, también hoy llegará a tiempo. Le digo: "Déjeme aquí, aquí me va bien". &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Recorro las últimas calles a pie, los semáforos cambian de color, sincronizados. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mientras, sobre mi cabeza, ellos dos siguen bailando.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-7285052684026517917?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/7285052684026517917/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=7285052684026517917&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/7285052684026517917'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/7285052684026517917'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/03/el-baile.html' title='El baile'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>melalcoholik@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06894875728222970966'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-3075806483815722493</id><published>2009-03-16T19:21:00.006+01:00</published><updated>2009-03-16T20:35:17.084+01:00</updated><title type='text'>La dama amarillea</title><content type='html'>No había vuelto a verla desde que estudiaba en la Universitat Autònoma. Y su aparición provocó ese miedo incrédulo tan propio de los fantasmas. Pero no, no fue miedo, exactamente. A mí sólo me asustan las cosas reales. O ni siquiera. Esto no me convierte en valiente, sino en empática. Nos aterra lo que no entendemos, y a veces tengo la impresión de que ya lo entiendo casi todo. Precisamente porque todo es incomprensible.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Primero fue un rumor, luego una leyenda urbana. Corría por los pasillos de la facultad con los mismos pasos breves con los que se movía ella. Nunca hablaba con nadie, y si te acercabas adonde estaba, cambiaba de dirección, y desaparecía efectivamente.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Los de cuarto nos contaban que se había enamorado de uno de los profesores, y que había jurado no cambiarse de ropa hasta que consiguiera acostarse con él. Desde entonces, llevaba aquella camiseta blanca, pantalones blancos y un sombrero del mismo color, un chal también blanco con el que se cubría el rostro mientras se iba corriendo, a pasitos cortos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Según pasaban los cursos, cambiaba el nombre del profesor del que supuestamente se había enamorado la dama de blanco. Cambiaba el profesor, pero no la ropa que ella se ponía; sus bambas estaban destrozadas, creo que eran de la marca Victoria. Cada vez llevaba el sombrero más calado, y lo único que no cubría aquel chal con el que se ocultaba la cara eran sus ojos. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;A veces nos la encontrábamos en los ferrocarriles, nunca respondía a quienes le dirigían la palabra.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Un alumno quiso escribir sobre ella en Periodismo Literario; otro quiso entrevistarla para Periodismo de Investigación. Los profesores nos lo prohibieron: no aceptarían ningún trabajo sobre la dama de blanco.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Una tarde, estaba esperando a un profesor en su despacho, yo hacía tercero, él había salido un momento para ir a buscar unos exámenes, creo, o unos trabajos, cuando alguien llamó a la puerta. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Era ella.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Fue amable. Preguntó por el compañero de despacho de aquel profesor que había salido un momento. Ese compañero de despacho es hoy regidor de cultura. Entonces sólo era profesor universitario sin cargos y, según la leyenda urbana que corría por los pasillos de la facultad con los mismos pasos breves con los que se mueve la dama de blanco, ella no se cambiaría de ropa hasta que no se acostara con él.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La recuerdo allí, en la puerta del despacho, tan cerca. Tan natural. Sólo preguntó por aquel hombre, lo llamó profesor. ¿Está el profesor Tal? No, dije yo. ¿Sabes cuándo volverá? No, dije de nuevo. Y luego, me parece, algo parecido a "lo siento".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tal vez debería haberla invitado a entrar, siéntate conmigo y lo esperamos juntas. Habría conseguido lo que nadie logró nunca: hablar con ella. Quizá, retirándole el chal de delante del rostro, conseguiría arrancarle también el nombre, el misterio, la leyenda.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;No, no sé cuándo volverá, dije. Y ella respondió: gracias, y cerró la puerta e imagino que se fue. Luego llegó el profesor al que yo esperaba, y repasamos aquel examen, aquel trabajo, o aquello por lo que fui a su despacho. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Han pasado diez años desde entonces. Hace unos cinco que no me acerco a la Autònoma. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Estaba el sábado en Sant Cugat, en la Setmana del Llibre en Català, cuando vi a aquella chica. Aquella mujer. Aquel fantasma. No la reconocí en seguida. Sus ropas ya no eran blancas. Llevaba los mismos pantalones, la misma camiseta, el mismo chal, ahora raído. Todo amarilleaba. Su sombrero era gris.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Había cambiado aquellas bambas destrozadas por unas botas también blancas. Y también destrozadas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pensé que se había pintado la cara. Pero no. Cuando me acerqué a ella, descubrí que, de todo lo que tiene, es lo único que ahora tiene blanco como el papel.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Hojeaba un libro que había cogido de una estantería. Un libro cualquiera, me temo. Puede que sea un vampiro, pensé. Un vampiro que se alimenta de páginas, por eso es tan blanca, por eso no puede darle el sol de la realidad. Si la realidad la toca, se muere, se desintegra como las hojas abandonadas en el almacén de una biblioteca.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Amarillea como un libro viejo, pensé. Un libro que nadie ha logrado leer. Un libro mal editado, tal vez.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Lo que está escrito no me asusta, porque creo que le he perdido el miedo a casi todo. Esto no me hace valiente, sino insensible. Sólo el dolor podría asustarme, supongo, y eso no sería miedo, sino instinto. No sé.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La dama de blanco hojeaba aquel libro cualquiera frente al estante, y me acerqué a ella. Sabía que, en cuanto estuviera a unos pasos, dejaría el libro exactamente en el mismo sitio de donde lo había tomado. Y luego, desaparecería con disimulo, como ha hecho siempre desde que la vi por primera vez.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La dama de blanco apesta. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Me acerqué tanto como pude, imité sus gestos, fingí interesarme por cualquier libro, como había hecho ella. No huele como huelen los almacenes de las bibliotecas, o también.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Entonces lo entendí. La dama de blanco es el tiempo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Es todo el tiempo que cabe en una vida. Todo el tiempo que cabe en una espera. La dama de blanco es el tiempo que se pretende quieto, inamovible. Pero que pasa con pasos apresurados en unas bambas destrozadas, un sombrero sucio calado hasta los ojos y un chal andrajoso que cubre un rostro al que nunca ha acariciado el sol.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La dama de blanco huele a tiempo perdido. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y mientras yo fingía leer aquel libro cualquiera que me servía como excusa para descubrir su perfume y su misterio, su leyenda, ella dejaba aquel otro libro que también había fingido hojear en el mismo estante, apenas a un metro de mí. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Para dar media vuelta. Y desaparecer como el fantasma más aterrador de todas las realidades.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-3075806483815722493?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/3075806483815722493/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=3075806483815722493&amp;isPopup=true' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/3075806483815722493'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/3075806483815722493'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/03/la-dama-amarillea.html' title='La dama amarillea'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>melalcoholik@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06894875728222970966'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>13</thr:total></entry></feed>