tag:blogger.com,1999:blog-87658732438570006562008-08-14T14:46:54.374-07:00LITERATURA WEBPablo Paniaguanoreply@blogger.comBlogger12125tag:blogger.com,1999:blog-8765873243857000656.post-81587456011583996822007-06-10T09:37:00.000-07:002008-05-18T13:21:02.510-07:00LOS TIEMPOS DEL TIEMPO<span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><strong><span style="font-family:Trebuchet MS;"></span></strong><a href="http://bp0.blogger.com/_MVPk8yJsmiI/RmwrD13PU_I/AAAAAAAAAGM/9oH9jMGBaJ8/s1600-h/fractal+18.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5074478225138078706" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_MVPk8yJsmiI/RmwrD13PU_I/AAAAAAAAAGM/9oH9jMGBaJ8/s400/fractal+18.jpg" border="0" /></a><br /><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong></strong></span></div><br /><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong></strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong>YO SOY<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><strong>El tiempo se paró para todos menos para mí, porque yo soy el tiempo. Hasta Dios, que depende de mí, ruega para que eche andar de nuevo y así tener razón de ser… No estoy hecho de materia, pero la contengo toda y mi rastro fluye hacia el infinito. Si me detengo, como ahora, observo la quietud de la existencia y su ocaso… Dios no hace nada más que llorar postrado ante mis pies, implorando mi actividad, para poder gobernar un Universo que en realidad gobierno yo. Y es que yo soy el tiempo, que todo lo abarco y soy el dueño de todo.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.<br />.</span><br /><strong>EL TIEMPO LO ES TODO<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><strong>Más que nada soy algo, aunque no demasiado. Cantidades que se deben contar, de días que pasan sin sentido, cuando todo lo que tengo son esos días perdiéndose uno tras otro. Soy el tiempo que sucumbe ante sí mismo, cuando se acaba y vuelve a empezar en una continuidad sin fin. El pasado queda y el futuro se espera, mientras se viven esos días sabiendo que se deben contar los que ya pasaron, para que así exista una memoria.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><strong>Soy prisionero de mí mismo y de mi esencia temporal; es lo mismo lo uno que lo otro porque yo soy el tiempo, compuesto de cantidades que crecen de lo más insignificante hacia un futuro muchas veces predecible. Me gustaría liberarme del presente para no esperar un futuro, cuando el pasado ya lo dejé en esa memoria que crece y crece, con mi transcurso, para ser mucho más de un algo que nunca será demasiado.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><strong>No tengo más remedio que seguir adelante para que todo exista, porque yo, el tiempo, soy Dios.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.<br />.<br /></span><strong>TIEMPO Y MEMORIA<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><strong>En un lugar de mi memoria está tu imagen de la que ya no me acuerdo. Ya pasaron tantos años que esa parte se borró y no logro recuperarla. Aún así, todos los días de mi vida pienso en ti, para tratar de superar ese olvido que el tiempo, con su paso, me quitó. Y es que ya no tengo noción de mi presencia, y ya no sé si soy tú o soy yo, ni quién eres ni quién soy yo. Sólo puedo pensar y pensar, tratando de recordar esa imagen que hace tanto se perdió, pues aquí me hallo dentro de un tiempo que se fue de mi memoria para no regresar jamás, y si no hay memoria no hay recuerdos ni tiempo pasado, y así, continuamente, no paro de nacer.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.<br />.<br /></span><strong>UN TERRÓN DE AZÚCAR<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><strong>El agua cae del cielo y no hay nubes, sólo una atmósfera transparente, pero el agua, como un torrente, me deshace a la manera de un terrón de azúcar. Mi sustancia, diluida en el agua fluvial, corre por las hendiduras de la piedra escurriéndose hacia lugares desconocidos, tanto como ese agua caída de un cielo transparente y sin nubes, la misma que me deshizo igual que un terrón de azúcar, para escurrirse hacia los rincones de un paraje que se mojó entero con mi sustancia y con el agua inesperada de un cielo transparente y sin nubes, que se precipitó como un torrente sobre mí.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><strong>Ahora, que me esparcí por todo este lugar, ya no sé si soy yo o dejé de serlo, para ser el lugar en vez de ser yo. Ésa es la duda que no me deja tranquilo: la condición verdadera de mi ser; cuando el recuerdo de mi anterior existencia, antes de que el agua se precipitara desde un cielo transparente y sin nubes sobre mí, para deshacerme como si fuera un terrón de azúcar, tenga la veracidad de mis recuerdos.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><strong>¿Qué soy? ¿El ahora o el recuerdo de lo que fui? Todo depende del tiempo, de si es presente o pasado, porque yo soy lo que fui y también lo que ahora pueda ser; todo depende del momento, porque el futuro borra un presente que muta hacia el pasado, en una multiplicidad de instantes enlazados entre sí. Eso ya lo sé, pero lo que nunca entenderé es cómo desde un cielo transparente se pudo precipitar el agua de aquella lluvia, que me deshizo como si fuera un terrón de azúcar.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.<br />.</span><br /><strong>MEMORIA Y TIEMPO<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><strong>En algún lugar me encuentro, desconocido, eso sí. No reconozco nada de nada porque todo, como ya dije, me es desconocido. No sé cómo llegué hasta aquí, pues perdí la memoria sobre mi presente y pasado, aunque puedo adivinar mi futuro (o al menos eso creo). A partir de ahora comenzaré a reconocer el lugar donde me encuentro, si es que no pierdo, otra vez, la memoria… ¿Qué es lo que estaba diciendo…?<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.<br />.<br /></span><strong>OPORTUNA QUIETUD<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><strong>En un minuto pasó un segundo, con esa lentitud que se extendió en el tiempo. Yo no pude más que esperar dentro de ese instante dilatado, siendo consciente de tan anodino suceso. Así se empezaron a encadenar los segundos que se transformaban en minutos sin dejar de ser segundos, en un itinerario estático que regresaba sobre sí mismo en un movimiento cíclico, repetición del instante en un tiempo siempre presente, incapaz de convertirse en pasado y aspirar a futuro. Esta situación me pareció perfecta, ya que por suerte me encontraba en medio de un orgasmo.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.<br />.</span><br /><strong>EL FINAL DE LA LITERATURA<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><strong>Soy el último hombre sobre la faz de la tierra y Dios dijo que mañana moriré. Atrás queda una Historia interminable de guerras, en las que yo no participé, y soy el sobreviviente de todas ellas. Desde entonces no hice nada más que escribir sabiendo que, por ser el último hombre, nadie leerá mis palabras. Es una lástima, porque mi libro es de capítulos infinitos que se hilan a través de palabras mucho más infinitas y de letras mucho más allá de lo infinito. La tarea fue ardua para leer mis propias palabras, después de haberlas escrito, mientras esperaba la total extinción de una especie. Ahora sólo me queda ver despuntar el alba, con este libro aferrado entre mis manos, sabiendo que no quedará rastro de él ni de todo lo escrito por el hombre.</strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:85%;color:#666666;">________________________________________</span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;">Derechos Reservados - Copyright © Pablo Paniagua</span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;">Imagen de fractales.free.fr</span></strong></div><div align="justify"></div>Pablo Paniaguanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-8765873243857000656.post-65445483288852033442007-06-02T22:09:00.000-07:002008-05-19T17:55:01.770-07:00PALABRAS EN EL LABERINTO<span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><a href="http://bp2.blogger.com/_MVPk8yJsmiI/RmJPgDRG8rI/AAAAAAAAAGE/KnlqwpzQ8_w/s1600-h/fractal+17.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5071703542424072882" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_MVPk8yJsmiI/RmJPgDRG8rI/AAAAAAAAAGE/KnlqwpzQ8_w/s400/fractal+17.jpg" border="0" /></a><br /><div><a href="http://bp1.blogger.com/_MVPk8yJsmiI/RmJPMzRG8qI/AAAAAAAAAF8/IVWH3fXIOo8/s1600-h/fractal+16.jpg"><span style="font-size:0;"></span></a><br /><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong>MÁS ALLÁ DE CUALQUIER DUDA…<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><strong><br />Dentro de cualquier duda hay otra duda que se originó en esa incapacidad para definir cuál es la duda que la contiene, círculo en movimiento que se expande y regenera, que se alimenta de la propia ausencia de decisión. Las probabilidades se ven todas inadecuadas, cuando ninguna se impone sobre la otra y la duda en sí. Nada es posible y todo lo es a la vez, probabilidades que ahora se contienen dentro de esa duda, que la procuran. Más allá de cualquier duda hay otra duda, más allá de cualquier razón hay otra razón. Razones para la duda, dudas para razonar. Probabilidades escondidas tras la razón y la elección, para acabar con la duda que nació a partir de esas mismas probabilidades, de la duda contenida dentro de otra duda y de su incapacidad para no dudar.</strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong>DUDA EN GESTACIÓN</strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><strong> </strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong>En mi ignorancia un día llegué a pensar que todas las dudas surgidas durante aquel tiempo eran el síntoma de algo que no se dejaba develar entre el discurrir de todas las indecisiones suscitadas ante la pregunta de una cuestión sin respuesta precisa en estos instantes en que los pensamientos sobre las dudas me invaden. La duda, en sí, era la ausencia de una resolución perdida por las esquinas de un pensamiento, que no se deja aprehender en algo concreto, que se difumina sin llegar a ser concluido; quizá porque el tiempo no otorgue, con su transcurso, la definición para que la duda deje de serlo cuando todavía no existe la idea que gestó todo este planteamiento. </strong><strong><br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.<br />.<br /></span><strong>YO Y EL LUGAR<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><strong>Cuando llegué a aquel lugar ya no estaba, se había ido o se lo habían llevado. Sólo encontré un tremendo vacío, como el de antes de ser gestado, cuando ni siquiera suponía un proyecto en la mente de mis padres. Allí, en este lugar inexistente, decidí esperar por si regresaba con la esperanza de advenir el principio y con la sospecha de que podría estar muerto… El despertar, en este caso, sería el regreso del lugar y a la vez el mío a él, algo que nos uniría en una misma dimensión. Pero ahí continué, en el trance de la espera, sin existir y rodeado de esa nada, como un pensamiento único tratando descifrar qué pasó con ese lugar desaparecido que tal vez fuera mi propia vida, la que aún me niego a admitir en su extinción. Espero que todo sea un mal sueño y, al despertar, me encuentre con algo más que este pensamiento para saber que existo.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.<br />.</span><br /><strong>EL SUEÑO INESPERADO<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><strong>Un sueño lo condujo al despertar de otro sueño y ese otro sueño se abrió paso hacia otro nuevo. Así, con esta dinámica, los sueños se iban entretejiendo formando un sistema de sueños conectados en un mismo sueño; sueños que crecían dentro de sí hacia un punto sin término… En dicho estado se hallaba siendo consciente de todo, sabiendo que no podía hacer nada en contra de ello, pues no era capaz de despertar o salir de ese gran sueño, que lo condujo hacia un laberinto imposible de escapar conocido como muerte.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.<br />.</span><br /><strong>MULTIPLICIDAD<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><strong>Estoy afuera y veo a los de adentro, pero ellos no me ven, y eso que les hago señales con los brazos para llamar su atención. Ellos giran a mi alrededor sin mirarme, pues caminan con la vista fija en el suelo, contando sus pasos. Son catorce hermanos gemelos que dan vueltas dentro de una habitación circular, o uno solo frente a trece espejos fraccionados. No lo sé; trataré de detectar cualquier movimiento distinto en todos ellos, pero por ahora es imposible. No puedo ver nada más que mis pies al caminar, cuando siento que alguien me observa desde afuera moviendo los brazos, para llamar mi atención. Creo que son trece hermanos gemelos idénticos a mí.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.<br />.</span><br /><strong>COMPRENDER PARA ENTENDER UNA IDEA</strong></span><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong><br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><strong>Puedo entender mucho más de lo que entiendo y saber mucho más de lo que sé. Las ideas se forman en algún lugar sobre lo que se sabe después de haberlo comprendido. Esas ideas las puedo saber para entender mucho más de lo que entiendo y saber mucho más de lo que sé. Es sencillo: con la compresión puedo saber y entender mucho más sobre las ideas y sobre lo que se sabe después de haberlo comprendido. Puede parecer complicado, pero no lo es: la idea primero se comprende y luego se entiende, pues entender y comprender, aunque parezcan lo mismo, no tienen un significado del todo igual. Comprender incumbe un primer acercamiento para saber sobre la idea, y entender es saber perfectamente sobre ella. ¿Quedó claro?</strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:78%;"><span style="font-family:Trebuchet MS;color:#c0c0c0;">.</span><br /></span><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:85%;color:#666666;">________________________________________</span></div><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><div align="justify"><strong><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:85%;">Derechos Reservados - Copyright © Pablo Paniagua<br />Imagen de fractales.free.fr</span></strong></div><div align="justify"></div></div>Pablo Paniaguanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-8765873243857000656.post-5906263784446659542007-05-27T10:59:00.000-07:002008-05-19T15:01:29.377-07:00UN DESCONOCIDO ESCRITOR<span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><a href="http://bp3.blogger.com/_MVPk8yJsmiI/RlnJOilqbrI/AAAAAAAAAF0/qyBOKIDq6WY/s1600-h/fractal+15.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5069304107222331058" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_MVPk8yJsmiI/RlnJOilqbrI/AAAAAAAAAF0/qyBOKIDq6WY/s400/fractal+15.jpg" border="0" /></a><br /><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong><em></em></strong></span></div><br /><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong><em></em></strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><em><span style="font-family:arial;"><strong>La otra mañana, a eso de las seis, me desperté con esta pregunta en la cabeza: ¿Qué pasaría si Franz Kafka viviera ahora, siendo un total desconocido, e intentara buscar un editor? Esta pregunta, sin duda, nace de la afirmación de un amigo que dice: “Los grandes escritores del siglo XX serían rechazados hoy en todas las editoriales, por lo menos en las de España.”</strong> </span><br /></em><br /><strong>Un modesto escritor, llamado Franz Kafka, dormía acurrucado en un colchón cubierto con un par de mantas. Era viernes y no había ido a trabajar porque estaba enfermo, tenía una incipiente bronquitis y no paraba de toser. Ya desde pequeño su salud se demostró bastante frágil, sobre todo en las vías pulmonares, y ahora, por ser invierno, era proclive a enfermarse con facilidad. Entre el compás de su forzada respiración de pronto escuchó el timbre de la puerta, por lo que se levantó casi tiritando, cubierto con una manta sobre los hombros, para ver quién llamaba con tanta insistencia. Al abrir, pudo comprobar que era la señora encargada de limpiar la escalera que, en sus manos, traía una carta con membrete.<br />–Esto estaba encima de los buzones, señor Kafka. Es para usted –dijo la señora.<br />–Gracias –dijo él, a la vez que la recibía.<br />–Y cuídese, que no le veo muy bien –añadió la señora antes de irse, a modo de despedida.<br />Franz Kafka miró el remitente y vio que se trataba de la editorial Adiagrama (la del prestigioso editor Juan Iturralde), sita en la ciudad de Barcelona. Hacía justo dos meses les envió un original, sin ser un ejemplar solicitado, y le extrañó que le contestaran con tal prontitud. Con la emoción casi se olvidó del frío, de su malestar y de la tos, pensando que podían haber aceptado su novela. Abrió el sobre y extrajo una carta que decía:<br /><br /></strong><em><strong><span style="font-family:arial;">28/02/2007<br />Estimado Franz Kafka,<br />Sentimos comunicarle que, debido al exceso de títulos contratados, nos resulta imposible incluir EL PROCESO en nuestra programación, sin que eso suponga un juicio negativo de su obra.<br />Confiamos en que no tenga problemas para su publicación en cualquier otra editorial con menos agobio de títulos y, agradeciéndole haya pensado en Adiagrama, le saludamos muy cordialmente.<br />Atentamente, Laura Carral.<br />Le recordamos que no nos resulta posible devolver los originales no solicitados, a no ser que el autor lo recoja por sus propios medios en el plazo de un mes de esta carta.<br />Editorial Adiagrama.</span></strong></em><br /><br /><strong>Así era esa carta de rechazo, una de tantas, pero esta vez de su editorial predilecta. El contenido venía a ser el mismo de las demás editoriales, casi con idénticas palabras, de la amable carta que le imposibilitaba para publicar y que, de plano, le arrojaba al ostracismo. Había pedido informes por Internet, enviado la información requerida y algún que otro original, pero ningún editor del mundo tenía interés en publicar su novela. Tanto tiempo y tanto esfuerzo para escribir una novela incomprendida, sin valor comercial, una rareza literaria sin sentido para cualquier editor, cuando el predominio del género novelístico oscilaba entre historias de misterio y ambientaciones de relatos históricos. Su novela, sin duda, era vista como la obra excéntrica de un loco, algo anodino y sin sentido para cualquier lector, una apuesta estética inútil y, por tanto, un producto desechable. Total, Franz Kafka era un don nadie, un escritor sin futuro, un asunto menor, un fracasado para cualquiera y para él mismo. “Ya podía ponerse a trabajar en vez de escribir semejante basura”, debían pensar en las editoriales donde envió el original de “El Proceso”.<br />Pero Franz Kafka escribía por una necesidad visceral, porque era un artista al que no le importaba pasar hambre y sufrir penalidades con tal de seguir adelante con su pasión. Ésa era su vida y su sueño, su apuesta.<br />Él era un emigrado checo que decidió abandonar el hogar familiar, e incluso su país, después de haber sufrido un desengaño amoroso, lo que le sirvió de pretexto, además, para librarse de un insufrible padre al estaba cansado de soportar. De tal modo que en compañía de su mejor amigo, Max Brod, tomó rumbo hacia tierras españolas con destino a la ciudad de Madrid, donde ambos alquilaron un pequeño apartamento en el barrio de Tetuán. Ese viernes, cuando abrió la puerta para recibir la carta, su amigo Max se había ido como de costumbre a trabajar, y él estaba solo y enfermo entre las estrechas paredes de lo que suponía su nuevo hogar. Encima de la mesa estaba su vieja computadora portátil, que compró de segunda mano, y dentro de ella un par de novelas y algunos relatos. Pensó, entonces, que empezaría una nueva novela, de un castillo que estaba siempre a la vista pero que era inalcanzable, donde todos los caminos conducían a él y por ellos nunca se llegaba, donde se sabía de sus habitantes pero difícilmente se dejaban ver. Era la metáfora de esa incapacidad de publicar sus escritos, de editoriales que eran castillos de burocracias inexpugnables e incapacidad. Ahora, no podía hacer nada más que escribir esas historias, que sólo él y su amigo Max comprendían, para olvidarse de todos los infortunios de su vida sumergiéndose en la literatura, cuando se preguntaba si algún día su trabajo vería la luz pública. Así, influido por estos pensamientos, se pasó toda la tarde escribiendo, con la tos y la manta sobre los hombros, algo que empezaba así:<br /><br /><em><span style="font-family:arial;">Cuando K llegó ya era de noche. La aldea estaba cubierta por una espesa capa de nieve. Nada se podía distinguir en las alturas, sumidas entre niebla y oscuridad, y ni siquiera la más débil luz indicaba la presencia de un gran castillo. K se quedó un buen rato de pie en el puente de madera que unía la carretera con el pueblo, elevando su mirada hacia un vacío penetrante.</span></em></strong><br /><br /><strong>Ésa era precisamente la imagen de su vida, todo brumas y oscuridad a su alrededor, incomprensión por todos lados ante su forma de entender la literatura, con un estilo tan peculiar de laberintos conceptuales que a la vez buscaban una justificación por medio de un proceso racional, donde el protagonista de sus historias chocaba contra esa muralla de convencionalismos inamovibles, los mismos que él padecía con la industria editorial. Pero él, a pesar de todo, no podía dejar de escribir y escribir…<br />Max Brod llegó del trabajo, envuelto en un abrigo largo y con la cara enrojecida por el frío, pero con una sonrisa por estar de nuevo ante la presencia de su admirado y gran amigo.<br />–¿Cómo te fue, Franz? ¿Estás mejor? –fueron sus primeras palabras.<br />–Hoy es un gran día para mí –contestó él–. Empecé una nueva novela que se llama “El Castillo”.<br />En ese momento, Max Brod vio sobre la mesa la carta de la editorial Adiagrama, que cogió para leer.<br />–Podía haber sido un día mejor… –dijo con tristeza.<br />–No te preocupes, lo importante es creer en lo que haces por encima de todas las trivialidades que nos acosan, sin perder los ánimos para continuar con lo que un día decidiste hacer.<br />–Eso no lo dudo Franz –dijo Max con una leve sonrisa–, pero creo que deberías hacer algo más que escribir.<br />–¿Algo como qué?<br />–Tú lo que necesitas son lectores, eso es lo importante. Si la industria editorial te rechaza, lánzate como escritor por Internet y demuéstrales de lo que eres capaz. Tú, mi querido amigo, eres un buen escritor que no merece el desprecio de un grupo que sólo mira por el dinero, mientras rechazan el arte. No dejes que nadie eche por tierra tu sueño de ser escritor, porque tú ya lo eres, de eso no tengo ninguna duda.<br />Franz Kafka se quedó pensativo por unos instantes, tosió un par de veces, y levantó la cabeza para mirar a su amigo, con esos ojos oscuros que siempre denotaban cierta melancolía, y dijo:<br />–Seguiré tu consejo… De nada necesito a los que no valoran mi trabajo… Me lanzaré como escritor por Internet, para buscar lectores que no se conformen con lo que el mercado editorial les trata de imponer como literatura de calidad, cuando muchas veces no lo es… Les demostraré, como tú dices, de lo que soy capaz, que la literatura es un arte que nada tiene que ver con el comercio, que la literatura no son hamburguesas de McDonald´s ni latas de Coca-Cola, que la literatura se merece mucho más que ser vilipendiada por actos de mercadotecnia...<br />Ahora Franz Kafka se expresaba con entusiasmo, pues, desde luego, no iba a dejar que nadie pisoteara sus sueños, lucharía por hacerse un lugar frente esa industria editorial que había perdido, en gran parte, su vocación de servir al engrandecimiento de algo que se estaba olvidando, para paso a un descolorido pastiche de lo que ambicionaba o decía ser.<br />–¿Quién publicaría hoy a autores como Thomas Mann o Marcel Proust? –se terminó por preguntar.<br />Max Brod, al escuchar lo que era una queja más que una pregunta, una crítica feroz, una realidad, soltó una carcajada que rebotó en las paredes del pequeño salón, mientras se despojaba del abrigo.<br />–Bien lo dices, mi querido Franz… Bien lo dices…<br />–¡Ya sé lo que haré! –exclamó Franz Kafka, ante una idea repentina–. Publicaré a través de un blog, como novela por entregas, “La metamorfosis”. Creo que la historia de Gregorio Samsa, que de un día para otro se convirtió en cucaracha, será ideal para publicar en Internet.<br />Y los dos amigos decidieron abrir una botella de vino tinto de Rioja, para así brindar por todos aquéllos que creen en la salvación de la literatura.<br />–¡Bienvenido sea el Internet, porque muy pronto de ahí saldrán grandes escritores!</strong></span></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:Trebuchet MS;">Exclamó Max Brod, entre el tintineo de los dos vasos al chocar.</span></strong></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.</span></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><span style="font-size:85%;"><span style="color:#666666;">________________________________________</span><br /></span><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div></span><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;"><strong>Derechos Reservados - Copyright © Pablo Paniagua</strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;"><strong>Imagen de fractales.free.fr</strong></span></div><div></div>Pablo Paniaguanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-8765873243857000656.post-57653877026414199072007-05-20T10:51:00.000-07:002008-05-19T14:01:26.986-07:00DE LOS HORIZONTES<span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><a href="http://bp3.blogger.com/_MVPk8yJsmiI/RlCLoylqbqI/AAAAAAAAAFs/3WMZzVbPz5Y/s1600-h/fractal+14.gif"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5066703113682579106" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_MVPk8yJsmiI/RlCLoylqbqI/AAAAAAAAAFs/3WMZzVbPz5Y/s400/fractal+14.gif" border="0" /></a><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;"> .<br /></span><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong></strong></span></div><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong></strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong>UN EDIFICIO EN LA MENTE<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><strong>Es la ventana invisible de mis miedos por la que me asomo de vez en cuando. El horizonte no lo puedo divisar porque hay un muro delante, pegado ante mis ojos, que lo impide. Creo que será difícil escalarlo, pues no tiene final, además la caída se hace previsible hacia una profundidad que transcurre entre el espacio de la pared del edificio y el muro hostil. Por esa ventana, desde luego, es imposible ver nada, y abro la puerta que está al otro lado para salir tranquilamente hacia la calle en busca de aquello que me pueda hacer feliz.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.<br />.<br /></span><strong>EL HORIZONTE DE LA VIDA<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><strong>Más allá del horizonte hay otro horizonte y después de éste hay otro más y luego otro más… Horizontes que con su movimiento hacen girar el planeta, que cambian de lugar constantemente como una piel deslizándose sobre el magma… Yo voy hacia un horizonte inalcanzable, porque muta sin cesar buscando el infinito. Así me paso la vida, caminando sin parar con la intención de saber si hay algún final antes del ocaso de mis días. Espero conseguirlo, porque presiento que hay un Dios al final del camino.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.<br />.<br /></span><strong>UNA LÍNEA SIN SENTIDO<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><strong>Miro hacia el cielo y no encuentro horizonte alguno, pues no hay nubes ni estrellas, sólo ese azul cerúleo que está por encima de todo. No sé qué pensarán las aves que lo surcan, pues yo sólo respiro con los pies sobre la tierra mirando al horizonte que también me mira. De nada sirve creer que lo finito lo marca una línea, pues está comprobado que la línea se mueve o se traspasa. En el cielo no hay límites, tampoco en la tierra, sólo están en la mente del hombre cuando atenta contra las leyes de la naturaleza.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><strong>La libertad tiene horizontes que traspasar, líneas que cruzar, para ser tan extensa como el cielo.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.<br />.<br /></span><strong>VÉRTICO<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><strong>Hay una referencia en la lejanía: para los humanos es el horizonte, pero en mi planeta aparece vertical y lo llamamos “vértico”. Allí vivimos de medio lado y crecemos a lo ancho, todo justo al revés que en este lugar. En mi planeta sus pobladores no roban ni se matan entre ellos, ni hacen guerras por bienes materiales ni supuestos espirituales. Me sorprende ver la verticalidad de la mente humana en contraste con lo horizontal de su mundo, con su orden vertical para ansiar ser más que el vecino, con estratos de poder y servilismos, con imposición de clases. En mi planeta no existe nada de eso y dentro de muestro medio vertical buscamos la horizontalidad, para ser iguales y evitar los abusos y las envidias. En mi planeta nos elevamos en el aire hacia el espíritu, mientras que aquí se arrastran por el suelo deseando la materia. El humano asienta los pies sobre la tierra y toma posesión del horizonte, para luego pensar en vertical.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><strong>Qué raros son, qué mundo tan extraño, donde todo está justo al revés.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.<br />.</span><br /><strong>DÓNDE ESTARÁ Y DE QUIÉN SERÁ<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><strong>Miro al horizonte y no distingo nada. Busco una moneda de diez céntimos que perdí en aquel lugar hace cuarenta años. La verdad, me da pereza caminar hasta allá, además no estoy seguro de que sea el mismo horizonte, pues ya pasó mucho tiempo y no me acuerdo. Por otro lado, no sé si cuando se pierde algo tan común, como es una moneda de diez céntimos, siga perteneciéndote o su propiedad pase a quién la encuentre. Así está la cosa: el horizonte allí y yo aquí, y de la moneda nada sé. En realidad la moneda está en desuso pero el horizonte no, y ahí sigue para que yo lo mire mientras pienso en la moneda. No sé por qué no la busqué en su momento, cuando se cayó al suelo; tal vez me pareció poca cosa y por eso no lo hice; seguro fue por eso. De todas formas la culpa la tiene el horizonte, más que la moneda o yo, porque está bien lejos y no me apetece caminar, además, como ya comenté, puede que no sea el mismo horizonte, ese horizonte que tiene la culpa de todo.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.<br />.<br /></span><strong>HORIZONTES PERDIDOS<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><strong>El horizonte no es, como parece, una línea recta en la distancia, es un círculo que nos rodea; de ello te das cuenta al girar sobre ti mismo en medio del océano o en la soledad del desierto; allí se deja apreciar, en él, la curvatura de la Tierra. De cualquier modo es una señal engañosa que cambia sin parar y tan diversa como el infinito, todo depende de nuestro movimiento y situación, del ángulo de la mirada, de cómo la intensidad de la luz incide sobre él. En las ciudades el horizonte se pierde entre el hormigón, hay que salir de ellas para apreciarlo; el hombre citadino ya no se da cuenta de estas cosas ni mira al cielo en las noches para ver las estrellas; el hombre de ahora se apartó de la naturaleza para crear un mundo fuera de ella, sin horizontes circulares que mirar.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.<br />.</span><br /><strong>MI PROPIO HORIZONTE<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><strong>Al final de mi habitación, en su horizonte, hay un televisor encendido por donde pasan diferentes imágenes en movimiento. He de reconocer que no veo mucho la televisión, pues prefiero los horizontes de los paisajes de mi mente, para tratar de escribirlos y que alguien los lea. También me adentro hacia los parajes de otros que buscan horizontes. Todos buscamos a través de la escritura nuestro propio horizonte, para saber de qué somos capaces, si es que somos capaces de algo. Un escritor sin horizontes no es un escritor, y yo lo pretendo siempre con la apuesta por delante, en este juego de la vida donde me desvivo por hacer de mi horizonte algo más que un horizonte.</strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span> </div><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;color:#666666;">_______________________________________</span><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;"><strong></strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;"><strong>Derechos Reservados - Copyright © Pablo Paniagua<br />Imagen de fractales.free.fr</strong></span></div><div></div>Pablo Paniaguanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-8765873243857000656.post-38858314729983900722007-05-13T10:19:00.000-07:002008-05-18T16:38:08.980-07:00VISIONES INVISIBLES<span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><a href="http://bp3.blogger.com/_MVPk8yJsmiI/RkdJNwK7NkI/AAAAAAAAAFk/CuFtjJYFV2E/s1600-h/fractal+13.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5064096806619264578" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_MVPk8yJsmiI/RkdJNwK7NkI/AAAAAAAAAFk/CuFtjJYFV2E/s400/fractal+13.jpg" border="0" /></a><br /><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong>1<br /><br />Miríadas de miradas recorrieron mi rostro, de visión invisible todas. Me supe descubierto al instante y lo cubrí tras el rastro de mis manos. Así perdí de vista aquellas miradas que me observaban, visiones invisibles ahora todas… Pero yo las sabía delante inspeccionándome con la intención de traspasar mis manos, para buscar esa mirada que no quería ver las miríadas de miradas, de visión invisible todas, después de haber recorrido mi rostro para percibir el fundamento de su mirada.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.</span><br /><strong>2<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><strong>Él vio mucho más de lo que imaginó e imaginó mucho menos de lo que vio. Lo primero fue un regalo, lo segundo una falta de intuición. Hubiera sido mejor ver menos de lo imaginado e imaginar mucho más de lo que vio, para que la intuición se convirtiera en el mismo regalo. ¿Qué es mejor: ver menos de lo que se desea o desear menos de lo que se ve? Lo intuido no se ve pero se puede desear cuando el deseo no se intuye porque hay algo que se imagina pero no se puede ver para que, de tal modo, se deje intuir. Eso, él nunca lo supo y nunca lo sabrá.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.</span><br /><strong>3<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><strong>Frente a mí no hay nada más que algo. Ya sé que así dicho suena muy vago, pero eso es lo que hay. Y ese algo puede estar compuesto de materia o quizá sea una idea, porque yo soy ciego y lo único que veo son mis propios pensamientos, eso nada más. Me gustaría ver los tuyos, si es que se pueden ver, aunque sean insertos en la mirada que yo no tengo, en la tuya, y así poder mirarme frente a un espejo con esa visión prestada a través de un pensamiento, para comprobar qué hay dentro de ese algo que son mis cuencas vacías, mucho más de los pensamientos que se dejan ver cuando abro los ojos de mi interior, para tratar de captar ese algo dentro de toda esta oscuridad.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.<br /></span><strong>4<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><strong>Cuando la vi por segunda vez ella ya no estaba, se había ido. Menos mal que la llevé conmigo, en la emulsión de plata de la película fotográfica, que luego revelé. Del negativo la pasé al positivo con un chorro de luz y luego la fijé sobre un papel bajo los líquidos. Entonces apareció poco a poco, mirándome desde dentro del fluido. De pronto me pude ver reflejado en sus pupilas, mi silueta, y también frente a ella dos veces: en ese instante y cuando le tomé la fotografía; instantes triplicados pues ella también estaba en mi memoria. Tantas veces, tantos reflejos, tan engañosa la realidad, como un juego de espejos multiplicando sin querer todos los instantes.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.<br /></span><strong>5<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><strong>Yo la vi con mi ojo derecho; el izquierdo estaba atento a otra cosa, a una mota de polvo que flotaba en el aire. Pasó de largo sin saber que la miraba, fue algo casual. Mi ojo derecho continuó tras ella, pero el izquierdo se quedó en su lugar. El otro rodó y rodó persiguiéndola, para no perderla de vista. No sé qué hacía, rebuscando algo, tantear si concluía un movimiento. Todo estaba por ver: mi ojo derecho no la quitaba el ojo mientras el izquierdo lo hacía de reojo. Mi mano continuaba indecisa, con el ojo derecho detrás, decidida en realizar por fin el movimiento para rascar el ojo izquierdo, pues aquella mota de polvo flotante se metió dentro de él.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.</span><br /><strong>6<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><strong>Vasta es su mirada, penetrante, tanto que la noto dentro de mi cabeza, inspeccionando los recovecos de mis pensamientos y mucho más allá, para adivinar lo que ahora no pienso y luego pensaré; así se anticipa siempre a mí… Ahora siento que él, con su vasta mirada, soy yo; porque no me deja ser, porque asume todos mis actos antes de que yo los pueda realizar. Vive mi vida antes que yo, y piensa y habla antes de que yo lo pueda hacer. Me roba el pensamiento y la palabra, y camina todo el día frente a mí con su vasta mirada, penetrante, tanto que la noto dentro de mi cabeza inspeccionando los recovecos de mis pensamientos y mucho más allá, para adivinar lo que ahora no pienso y luego pensaré.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.</span><br /><strong>7<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><strong>“Visiones invisibles”, así dicho, tiene una doble interpretación: ¿Es invisible lo que no se ve o lo es el acto de mirar? En el primer caso sería la nada, en el segundo una mirada vacía; visión invisible en los dos. ¿Qué más dará entonces lo uno o lo otro, cuando, a pesar de que en esencia son diferentes, el resultado es idéntico? Ambos se contienen en sí mismos, con una negación y una afirmación que los conduce hacia la nada y al vacío. Así son todas las visiones invisibles, no existen, y tú aquí, por tanto, no has leído nada.</strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:85%;"><span style="color:#666666;">_______________________________________<br /></span><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><strong>Derechos Reservados - Copyright © Pablo Paniagua<br />Imagen de fractales.free.fr</strong></span></div><div align="justify"></div>Pablo Paniaguanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-8765873243857000656.post-53714328469763817532007-05-06T11:09:00.000-07:002008-05-18T16:58:11.036-07:00INQUIETANTE RELACIÓN<span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><a href="http://bp1.blogger.com/_MVPk8yJsmiI/Rj4aogK7NfI/AAAAAAAAAE8/rf0_YBd_1zk/s1600-h/fractal+9.gif"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5061512314343863794" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_MVPk8yJsmiI/Rj4aogK7NfI/AAAAAAAAAE8/rf0_YBd_1zk/s400/fractal+9.gif" border="0" /></a><br /><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong>El hecho insustancial de su muerte no alteró en nada mi vida, era una cucaracha nada más. Fue perniciosa para ella mi preocupación por fumigar cada rincón de la casa. En realidad, no sé por qué lo hice, si por una costumbre o pensando en ella, aunque tal circunstancia era lo de menos cuando me decidí por ir a comprar el insecticida. Con tal propósito salí de casa en dirección hacia la tienda, guiado más por esa costumbre que por el pensamiento, pues así siempre lo había hecho. A pesar de ser verano algunas nubes cubrían el cielo y el ambiente se sentía cargado de humedad. La tienda no estaba lejos, a tan sólo tres cuadras de mi casa, y no tardé mucho en llegar. Al abrir la puerta sonó la campanilla que colgaba sobre ella, y el tendero, ataviado con un delantal blanco, salió tras el mostrador.<br />–Buenas tardes –me saludó.<br />–Buenas tardes –le correspondí de igual manera, sin pensar que no serían tan buenas para la cucaracha.<br />–¿Qué es lo que desea? –me preguntó.<br />–Un frasco de insecticida para bichos rastreros –le respondí, con una leve sonrisa.<br />El tendero alargó el brazo hacia un estante superior para agarrar un frasco que, después de quitarle el polvo con una gamuza, me entregó.<br />–Aquí tiene.<br />–Muchas gracias –dije al agarrarlo–. ¿Cuánto le debo?<br />–Son veinte con cincuenta –sonó la voz del tendero, sin alzarse con notoriedad entre la distancia que nos separaba.<br />Sin dudarlo, porque así siempre se hace, a excepción de cuando el precio es excesivo, que en este caso no lo era, saqué de mi cartera dos monedas de diez y una cincuenta que le entregué.<br />–Gracias –dijo al recibirlas.<br />En cada acto, parece ser, hay una razón que lo genera, ya sea por rutina o por simple iniciativa, como era el hecho de que yo tuviera, ahora entre mis manos, ese frasco de insecticida dejando escapar levemente su aroma artificial. En aquel instante ni siquiera se me ocurrió pensar en la cucaracha, que andaría por ahí escondida en algún rincón, ni tampoco en quién fabricó ese veneno para matarla. La cuestión era que el frasco estaba ahora entre mis manos, igual que la cucaracha en la casa, el tendero frente a mí, cuando del fabricante del producto nada sabía, aunque seguro estaba en cualquier lugar sin saber que yo había comprado su insecticida. Así son las cosas del destino.<br />Salí de la tienda tomando el camino de regreso hacia mi casa, para subir los dos tramos de escalares hasta el segundo piso (de un viejo edificio comunal de cuatro plantas), y entrar en ella. Lo primero que hice fue dejar el frasco sobre la mesa para, a continuación, detenerme a pensar en la estrategia. Decidí que lo mejor sería iniciar el proceso por la cocina, para luego continuar con el salón y las tres habitaciones. La cucaracha, desde luego, no se imaginaba lo que estaba a punto de suceder, seguramente porque ella no tenía facultades para pensar y mucho menos adivinar; aunque nada de esto, por otro lado, es seguro, habría que ser cucaracha para saberlo y yo no lo soy. Pero bueno, ahí estaba dispuesto para continuar con esta labor, me refiero a la de fumigar y no a la de dilucidar qué estaba haciendo la cucaracha, para lo que destapé el frasco y le ajusté un atomizador. Luego, tomé la precaución de cubrir mi boca y nariz con un pañuelo, para no intoxicarme, y ya, con el frasco en la mano, comencé a esparcir el producto.<br />No podría asegurar con exactitud dónde se encontraba la cucaracha, si debajo del mueble de la despensa, del refrigerador o del fogón, ni tampoco, he de reconocer, el fabricante del insecticida. Sin duda, estaban hechos el uno para el otro, cuando yo, a diferencia del tendero, era el intermediario y también la mano ejecutora que uniría sus destinos. Supongo que la cucaracha estaría rebuscando por cualquier lugar su alimento o poniendo unos huevecillos, escondida en la penumbra de su vida, sin saber que ya se acercaba la hora de su muerte. Mientas tanto, yo continuaba atomizando el insecticida por los lugares más inaccesibles. Creo que incluso, y a pesar de tener medio rostro cubierto con el pañuelo, tarareé una canción mientras realizaba mis funciones exterminadoras sin pensar, por supuesto, en la cucaracha. Ella, tal vez, por cuestiones del instinto, pudo presentir entonces la amenaza del peligro y correteó vivamente hacia su mejor escondite, pero la nube gaseosa, muy a su pesar, le alcanzó.<br />Yo seguí tatareando esa canción, que ahora no recuerdo, hacia otras partes de la casa dónde a saber qué insectos o arácnidos habría. La cucaracha, supongo, empezaría a sentir cierto malestar, en su sistema respiratorio sobre todo, y despavorida trató de huir de ese escondite que ya no era tan seguro, buscando algo de aire hacia las partes más libres e iluminadas, allí en su mundo exterior. Esta vez no salió de expedición, sino expelida por el malestar de la asfixia y el envenenamiento, sintiéndose afectada de pronto también en su sistema nervioso.<br />Cuando regresé a la cocina, para dejar el frasco del insecticida en el estante del armarito destinado a los productos de limpieza, la pude ver caminar, nerviosa y confundida, ya dando vueltas en torno a un punto. En ese momento pensé en darle un pisotón pero me detuve, para no oír ese asqueroso crujir y para que sus tripas no mancharan el suelo de la cocina y la suela de mi zapato, y ahí me quedé, después de todo, observando cómo agonizaba. Sus pasos ya se notaban torpes y de un ritmo menos vivaz, cuando se volteó mirando hacia el techo moviendo sus patitas en el aire, como diciéndole adiós a la vida, atragantada por la sustancia venenosa que la aniquiló. No sé si a la cucaracha, que aún movía sus patitas tan graciosamente, le sería grato morir de tal manera, pero el caso es que ella continuaba ahí, en el suelo, y yo por encima mirándola con curiosidad. Tampoco sé si entonces me vería, aunque fuera de refilón, ni tampoco si sospechaba que yo era su asesino ni que imaginara, tan siquiera, que el frasco del insecticida estaba en el estante de los productos de limpieza, dentro del armarito. No creo que supiera nada de esto pues, como ya dije, dudo mucho que las cucarachas imaginen cuestión alguna y menos a la hora de su muerte. Del fabricante y envasador del insecticida nada pensé, aunque quizá estuviera tomándose un vino en algún lugar, sin saber que esa cucaracha estaba a punto de morir; el tendero, lo más probable, es que estuviera vendiendo un frasco de insecticida u otro producto a una persona que no era yo, pues ahí continuaba en la cocina mirando con atención a esa cucaracha. El fabricante y el tendero sí sabían que esta cucaracha, como todas, nunca tendrá un entierro digno, y de tal modo la barrí con una escoba hacia el recogedor, para luego arrojarla por la taza del water. He de admitir que no me despedí de ella, cuando un torrente de agua se la llevó hacia el infecto desagüe, sin certificar su muerte.<br />La verdad, no sé por qué les cuento esta historia, porque ya estoy muy cansado y mañana tengo que salir de viaje. Ahora es casi de noche y el cielo está colmado de nubarrones, de tal modo que me acostaré, lo antes posible, para despertar temprano y llegar a la estación ferroviaria sin problemas. Me llamo Gregorio Samsa y estoy esperando a mis padres y a mi hermana, pero aún no llegan para cenar. Mañana espero que sea un día sin complicaciones y, sin duda, mucho mejor que el que tuvo esta cucaracha.</strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:85%;color:#666666;">________________________________________</span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:85%;">Derechos Reservados - Copyright © Pablo Paniagua</span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:85%;">Imagen de fractales.free.fr</span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:Trebuchet MS;"></span></strong></div>Pablo Paniaguanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-8765873243857000656.post-34078928011017063352007-04-28T17:21:00.000-07:002008-05-18T12:22:34.351-07:00HACIA LA COMPRENSIÓN DEL UNIVERSO<span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><a href="http://bp0.blogger.com/_MVPk8yJsmiI/RjPl8AK7NeI/AAAAAAAAAEw/8Er_UOqRuNU/s1600-h/fractal+8.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5058639625467934178" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_MVPk8yJsmiI/RjPl8AK7NeI/AAAAAAAAAEw/8Er_UOqRuNU/s400/fractal+8.jpg" border="0" /></a><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong>DISCUSIÓN CÓSMICA<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><strong>En la sombría llanura iluminada por el sol, el día y la noche se juntaron. Hecho insólito, sin duda. “Yo quiero esta llanura para mí”, le dijo el día a la noche. “Ni hablar del asunto, esta llanura es mía”, le respondió la noche al día. Y en ese forcejeo dialéctico siguieron, sin ponerse de acuerdo, mientras el planeta se paró.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><strong>Siempre había luchado cada cual por su mitad, la noche persiguiendo al día y el día a la noche, cada uno por detrás del otro, dando vueltas sin parar; pero ahora, después de tanto tiempo, ya nada sería igual.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><strong>Ante tal contrariedad, los habitantes del planeta se congregaron en la extensa llanura para caminar, según sus necesidades, de un lado para otro, y así pasar del día a la noche o de la noche al día.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><strong>Todo cambió desde entonces, en ese planeta estático, por culpa de una llanura deseada. Ya no existe el flujo necesario entre el día y la noche, la mutación de la dualidad, para que la vida recobre su sentido. Ahora los habitantes son simples espectadores de esa discusión cósmica que trasciende su comprensión, sobre la verdadera existencia de una sombría llanura iluminada.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.</span></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><strong>PENSAMIENTO DE ESTRELLAS<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><strong>Soy un cuerpo celeste flotando en el espacio. Yo brillo intenso pero a mi alrededor está todo oscuro, salvo las chispeantes luces de los que son como yo, que ahora permanecen estáticos en la lejanía. ¿Qué es lo que hago aquí? No lo sé, quizá adornar la contemplación de un ser muchísimo más pequeño. He ahí el poder de lo insignificante frente a lo absoluto, de lo finito ante lo inmortal. Os aseguro que daría todo mi brillo por contemplarme a la distancia, por salir de mí mismo y acabar con esta interminable monotonía.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.</span></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><strong>LA GRANDEZA DEL ESCRITOR<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><strong>No puedo precisar mi edad ni desde cuándo existo, y aquí estoy ardiendo sin parar. Algunos planetas giran a mi alrededor y yo sé que tú estás en uno de ellos, escribiendo ahora sobre mí. Eso nadie lo sabe, sólo tú y yo; los demás se enterarán cuando lean estas líneas, unos días más tardes, unos años, unos siglos; pero ese tiempo a nosotros nada nos importa, aunque nuestra inmortalidad para el resto sea comparable. Así son las cosas: tú eres un hombre que escribes sobre el sol y la existencia, cuando yo siempre existo y no escribo sobre ti, sólo te doy la luz y el calor para ser la simple excusa, y ahí, entonces, es cuando eres superior a mí. </strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;"><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /></span><span style="font-family:Trebuchet MS;"><strong>UN PARAGUAS Y CUATRO ESTACIONES<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /></span><strong><span style="font-family:Trebuchet MS;">La naturaleza muda con las estaciones, como cuando yo me quedo sin palabras. La voz ya no me sale, ya sea por falta de ideas o por afonía. Lo peor es la afonía mental que me asalta en mañanas, nada más despertar, laxitud de la memoria que se extiende hasta tener el desayuno sobre la mesa, para luego mudar de ahí hacia mi estómago. La ducha ya me despierta de verdad, cuando se levantan las palabras que mudan en ideas, para que la afonía desaparezca de mi garganta. En ese transcurso de tiempo, como una muda de estación, pasó una mujer sin decir una palabra, cuando tomó aquel tren que realizaba su trayecto entre el verano y el otoño. Ahora las hojas secas mudaron de las ramas para formar una alfombra sobre el suelo, y ella camina, al llegar a su destino, con un paraguas sin tela por encima... Pero luego todo cambió de su lugar, la señora muda y las estaciones que mudan, pues al abrir la puerta y salir de la casa me topé con el invierno. No me gusta el frío porque me deja más que mudo, no lo puedo soportar y regreso hacia la casa. Entonces, es cuando cierro los ojos y pienso en la primavera, para que todo mude dentro mi ser.<br /></span></strong><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><strong>NUESTRO DIOS<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><strong>Un universo de centellas sobre mi cabeza. Es el verano, la Vía Láctea, y una pareja de enamorados. Nos preguntamos cuántas estrellas serán, mientras un cigarro de aquello se consume. Luego todo se multiplica, nuestros besos y mis manos cuando acarician tus senos, la succión de mis labios en ellos. Los grillos son millones, tantos como estrellas, haciendo su simple melodía para acompañar el espectáculo que nos contempla: la nocturnidad entera está al pendiente de lo que hacemos, espiando nuestra intimidad. Parece que todo fue creado para ese instante, para que dos enamorados se miren el uno dentro del otro. Ahora, con este recuerdo, todo adquiere otro sentido: “Dios hizo el mundo para nosotros mientras el resto de la Humanidad discute o hace la guerra por Él.”</strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:85%;color:#666666;">________________________________________</span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:85%;">Derechos Reservados - Copyright © Pablo Paniagua</span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:85%;">Imagen de fractales.free.fr</span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:Trebuchet MS;"></span></strong></div>Pablo Paniaguanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-8765873243857000656.post-16777413299925197612007-04-15T10:03:00.000-07:002008-05-18T19:54:09.972-07:00HISTORIAS SOBRE LA EXISTENCIA<span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><a href="http://bp3.blogger.com/_MVPk8yJsmiI/RiJclSyiTdI/AAAAAAAAAEg/O0Mm0NecNpA/s1600-h/fractal+5.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5053703527631834578" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_MVPk8yJsmiI/RiJclSyiTdI/AAAAAAAAAEg/O0Mm0NecNpA/s400/fractal+5.jpg" border="0" /></a><br /><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:78%;color:#c0c0c0;"><strong>.</strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:78%;color:#c0c0c0;"><strong>.</strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong>1<br /><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br />Me gustaría saber algo de ella, pero todavía no la conozco. Supongo que esa inquietud tendrá sentido cuando llegue el momento de la noticia de su existencia. Ahora, mientras tanto, sólo puedo pensar en la posibilidad de ese hecho para formularme tal pregunta… Espero que, cuando tenga la respuesta, sea lo que me gustaría saber de ella.<br /><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.</span><br />2<br /><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br />Él me dijo que no había escuchado su nombre; y le creo porque su nombre es impronunciable, tanto que no existe. En esa nada nominal trato de encontrar los sonidos para articular lo que ya será un nombre pronunciable, existente, que se podrá oír, para luego ser pronunciado y así responder sobre si escucharon de un nombre del que ahora nada se sabe.<br /><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.</span><br />3<br /><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br />No veo nada entre esta neblina, sólo el vaho saliendo por mi boca y que al hablar se funde con ella. Llevo mucho tiempo de pie en este sitio, hablando sin parar durante siglos, y pienso, ahora, que quizá la provoqué con el hálito de mis palabras que se llevan tanto tiempo preguntando sobre su origen. Más allá no sé si habrá alguna otra existencia, tras este espesor que en las noches se torna de un gris oscuro, por lo que deduzco que hay un sol que crea el día en este planeta esférico al girar sobre su eje (ya sea de manera vertical, horizontal u oblicua); aunque ese movimiento giratorio sólo afecta en los diferentes matices lumínicos de la neblina, según gana el día a la noche o viceversa. Puedo asegurar que mi extenso monólogo de siglos ha sido sobre a ella, pues nada más tengo ante mis ojos que una mancha, a veces fluctuante, abarcándolo todo. Ya no sé si en un principio habría algo más, pues de aquel tiempo ya no me acuerdo, y esa es la razón por la que ando aquí parado preguntándome sobre el origen de esta neblina desconcertante.<br /><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.</span><br />4<br /><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br />Acabo de nacer a este mundo y salí por un túnel de carne para ver la luz. Oí los gritos de dolor de mi madre cuando dos manos agarraron mi cabeza. No sé si estos pensamientos serán reales porque yo, ahora, tan sólo estoy recién nacido y soy tan pequeño que no puedo pensar ni hablar, y mucho menos escribir, por lo que dudo que sea yo el escritor de estas palabras, sino alguien que me suplanta. ¡Oye tú! ¡Ya está bien! ¡Deja de escribir en mi nombre! ¡Deja que crezca para expresarme por mí mismo y contar esta historia! Aunque, tal vez, esté equivocado y no recuerde todo el transcurso de tiempo desde que vi la luz por primera vez hasta ahora que escribo sobre ello.<br /><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.</span><br />5<br /><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br />¡Cuánto podría saber! Pero, como decía el filósofo: “Lo único que sé es que no sé nada”. Esto, quizá, lo decía por lo poco que sabemos en relación a una totalidad de conocimientos universales o porque somos unos ignorantes respecto a los misterios de la existencia, más cuando ese ser malvado, que llaman Dios, hizo un mundo como éste, donde la mayoría de las personas vienen a sufrir y todas a morir, donde los hombres, hechos a su imagen y semejanza, se matan entre ellos. ¡Menudo mundo creaste! ¿Ésta es tu gran obra? Sin duda embarraste este planeta con tu propia mierda, lo que me lleva a pensar que tú, Dios de los humanos, eres el mismo diablo.<br /><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br />Si dejas que un planeta entero haga la guerra en tu nombre, tú no eres Dios. Amor se llama el verdadero. El mío es mucho mejor tú, y por Él no derraman tanta sangre ni se enfrentan las naciones.<br /><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br />La Humanidad entera se echa al fracaso por tu culpa. ¿Estás satisfecho?<br /><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.</span><br />6<br /><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br />Cuando pienso en esta vida tan absurda, Dios se me asemeja a un fontanero o albañil chapuza, en este edificio que llamamos mundo, siempre a punto de derrumbarse y por donde gotean todas las cañerías. ¡Escúchame Dios, a ti te hablo, no te hagas el tonto, ni te des la vuelta ni te escondas! ¡Sal ya y da la cara! ¡Ya está bien de que todos paguemos por tus errores, por tu mal hacer en este mundo infame que dices nos regalaste, por este cuerpo prestado para sortear un sin fin de calamidades! Me parece indigno este regalo que nos ofreces, siempre con condiciones interesadas y promesas sin garantía. Eres un especulador de la nada, que maneja el sufrimiento de las personas como moneda de pago. ¡Qué puedo pensar de ti, albañil chapuza, cuando veo sufrir a tanta gente! Nos pides que lo hagamos bien cuando tú no pudiste, para tapar todas las goteras del edificio, cuando esas goteras somos nosotros mismos. Así es el gran tamaño de tu fracaso, como el mismo hombre y la imagen que crearon de ti. </strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:78%;color:#c0c0c0;"><strong>.</strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:78%;color:#c0c0c0;"><strong>.</strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:78%;color:#c0c0c0;"><strong>.</strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;color:#666666;">________________________________________</span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:78%;color:#c0c0c0;"><strong>.</strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;"><strong>Derechos Reservados - Copyright © Pablo Paniagua</strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;"><strong>Imagen de fractales.free.fr</strong></span></div><div align="justify"></div>Pablo Paniaguanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-8765873243857000656.post-24716490048100510252007-04-08T15:13:00.000-07:002008-05-19T14:34:46.979-07:00LA LUZ DE TODOS MIS DÍAS<span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><a href="http://bp2.blogger.com/_MVPk8yJsmiI/RhlqGVCWThI/AAAAAAAAAEY/eUV2ZE57EAg/s1600-h/fractal+7.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5051185114031476242" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_MVPk8yJsmiI/RhlqGVCWThI/AAAAAAAAAEY/eUV2ZE57EAg/s400/fractal+7.jpg" border="0" /></a><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong>Mi número preferido es el “veinticatorce”, precisamente porque tú lo inventaste. Es la matemática fractal que se despliega hasta llegar a la ilusión, entre el contar y contar de lo factible, como ese color aún no inventado con el que cubriríamos el mundo. Entonces los pájaros nadarán por el mar y lo peces surcarán los cielos, las simientes crecerán en los desiertos y el hombre dejará de ser lo que es… Ahora miro a mi alrededor, en esta ciudad tranquila que construí con mis manos, y puedo observar la copa vacía del último brindis en el que tampoco estabas, siempre ausente en el espacio pero no en mis recuerdos. Creo que nada nos alcanza cuando nos alcanza todo, porque somos invencibles, como la luz cuando acaba con la noche en todos los amaneceres ocurridos, como el rastro del tiempo que se deshace en segundos para acumularse en un número infinito, que también es nuestro, como el “veinticatorce”, como ese color aún no inventado con el que cubriríamos el mundo.<br /><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br />Ahora oigo el sonido de mis pies cuando caminan por el techo. Es que mi vida, desde que te fuiste, está cabeza abajo. No sé que pasó, o quizá lo sé demasiado bien, cuando se llevaron tu luz a otro lugar. Entonces llegó la noche y mi planeta cambió los polos y su gravedad, y me quedé así, en esta posición. No sé qué será mejor, si recuperar mi anterior estado o darle la vuelta a este planeta que son un sin fin de circunstancias, porque ejercí de Ícaro y ahora lo pretendo de Ave Fénix, en la creencia de que con estas alas volaré hasta el lugar donde por fin he de llegar. Una vez allí me arrojaré en tus brazos, y tú en los míos, como cuando eras un niño de tres años, ése que corría hacia su papá con una sonrisa flotando en el espacio.</strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;"><strong>.</strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;"><strong>.</strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;"><strong>.</strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:85%;color:#666666;">_______________________________________</span></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:85%;">Derechos Reservados - Copyright © Pablo Paniagua</span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:85%;">Imagen de fractales.free.fr</span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:Trebuchet MS;"></span></strong></div>Pablo Paniaguanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-8765873243857000656.post-41133875647030394772007-04-01T11:37:00.000-07:002008-05-18T13:43:17.749-07:00HISTORIAS DEL SER<span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br /><a href="http://bp1.blogger.com/_MVPk8yJsmiI/Rg_-MUj346I/AAAAAAAAAD8/sAu75EA511w/s1600-h/fractal+4.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5048533194936673186" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_MVPk8yJsmiI/Rg_-MUj346I/AAAAAAAAAD8/sAu75EA511w/s400/fractal+4.jpg" border="0" /></a> <span style="font-family:trebuchet ms;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span> <div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong>MI PRESENCIA AUSENTE<br /><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br />Me miro en un espejo que no refleja nada porque hace tiempo se lo llevaron. Ahora tengo la pared frente a mí y pienso en todos mis rostros reflejados que se fueron con él, impresos en su memoria, tras el cristal y sobre la emulsión de estaño.<br /><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br />Por lo menos quedé yo, y mi sombra.<br /></strong><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.<br />.</span><strong><br />YO Y YO TAMBIÉN<br /><span style="color:#c0c0c0;"><span style="font-size:78%;">.</span> </span><br />Yo me mi conmigo. Aquí estoy, el más guapo del mundo, el más listo, el más simpático. Ja, ja… Así soy, la naturaleza me lo concedió y la vida hizo el resto… Yo me mi conmigo, yo me mi conmigo, y siempre: yo me mi conmigo.<br /><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.<br />.</span><br />YO Y EL OTRO<br /><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br />Yo soy el que soy, porque no soy el otro (de eso estoy seguro); pero el otro cree que yo soy él y me persigue a todos lados. Yo no quiero ser él (de eso, también estoy seguro); pero el otro insiste en querer ser yo y continúa persiguiéndome, siempre pegado a mis pies, como una mancha oscura que va allá donde yo camino.<br /><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.<br />.</span><br />UN CASI YO<br /><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br />Ése no soy yo, me gustaría ser el otro, el que ya pudo ser él mismo, el que encontró su camino. Estoy perdido sin saber nada de mí, porque todavía no he sido gestado; estoy dentro de este pensamiento sólo como un proyecto ahora inconcluso, de un supuesto yo que le gustaría ser el otro, que pudo ser él mismo y que ya encontró su camino.<br /><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.<br />.</span><br />DÓNDE ESTOY AHORA<br /><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br />Ya nada es igual desde que salí por la puerta y me quedé solo en casa, frente al televisor. Ahora voy bajando por las escaleras y sigo aquí, sentado en un sillón, pensando en mí que ya estoy en la calle. Continúo con el paso y me dirijo hacia otro lugar, donde pueda reconocerme sin ninguna duda, ya fuera de esta habitación… Allí estoy, sentado en un banco del parque; al pasar por mi lado me saludo. “Hola, ¿cómo estás?”, me respondo. “¿Y tú?”, me pregunto. “Bien, muy bien, sentado aquí en el sillón frente al televisor”, termino por contestar… Ya nada es igual desde entonces, porque ya no estoy aquí, ni en el parque, ni caminando; sólo sé que algún día seré lo que no soy y estaré donde no estoy, pues todo lo ignoro sobre este asunto tan incomprensible.<br /><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.<br />.<br />.</span><br />ES DE SER PENSADO<br /><span style="font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span><br />Él dice que yo digo lo que no pienso, y seguro que piensa que no digo lo que pienso; eso es lógico porque una cosa es lo contrario de la otra, pero así dicho, según lo pienso, suena bien; aunque, como digo lo que no pienso, no puedo pensar según creo que lo pienso, ya suene bien o sea cierto; pero esto es así desde el punto de vista de cómo él lo piensa y no cómo yo lo pienso; pero al final, estas cosas de creer lo que piensa cada cual, cuando se habla sobre lo que piensa o dice el otro, son cuestiones de ser pensadas.</strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:78%;color:#c0c0c0;"><strong>.</strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:78%;color:#c0c0c0;"><strong>.</strong></span></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:78%;color:#c0c0c0;">.</span></strong></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;color:#666666;"><strong>________________________________________</strong></span></div><span style="font-size:78%;"><span style="color:#c0c0c0;">.</span><br /></span><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;"><strong></strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;"><strong>Derechos Reservados - Copyright © Pablo Paniagua</strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;"><strong>Imagen de fractales.free.fr</strong></span></div><div></div>Pablo Paniaguanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-8765873243857000656.post-64344835774632884042007-03-23T16:49:00.000-07:002007-11-15T10:56:06.298-08:00FRANZ KAFKA Y DOS CERVEZAS<div align="justify"></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><a href="http://bp3.blogger.com/_MVPk8yJsmiI/RgSAgJrlbZI/AAAAAAAAADo/DCBcPUWTNUM/s1600-h/fractal3.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5045298772404694418" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_MVPk8yJsmiI/RgSAgJrlbZI/AAAAAAAAADo/DCBcPUWTNUM/s400/fractal3.jpg" border="0" /></a><span style="color:#c0c0c0;">.<br /></span><span style="font-family:trebuchet ms;"><span style="font-size:85%;color:#c0c0c0;">.<br /></span></span><span style="font-family:trebuchet ms;"><span style="color:#c0c0c0;"><span style="font-size:85%;">.</span><br /></span></span><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong>Cuando voy al bar siempre pido dos cervezas, una para él y otra para ella, porque yo no bebo (bueno, eso es un decir, porque todos bebemos aunque sea agua); pero ellos beben cerveza y siempre lo hacen en este bar, en una esquina de la barra junto a un ventanal por donde se ve pasar la gente. No sé si todas esas personas que caminan por la calle beberán cerveza, aunque agua, seguro que sí. Pero bueno, ahí están las dos cervezas sobre la barra, junto a un servilletero de hojas de papel y un cubilete con palillos. Tengo que precisar que la cerveza, por ser líquida, ha de contenerse en un recipiente, ya sea vaso o botella, si bien es preferible que sea de cristal; y esto es (refiriéndome al recipiente), porque de no ser así el líquido se desparramaría por encima, para luego caer al suelo por esas cuestiones de la física de los fluidos y la gravedad. Pero ahora no debemos preocuparnos por ello, pues la cerveza está dentro de las dos botellas que, como ya dije, son para él y para ella. Yo se las pedí al camarero, y él, como siempre, muy amable me las sirvió. Tampoco sé si el camarero beberá cerveza, aunque sospecho que sí. El bar, por la hora, no está muy lleno, y no puedo adivinar si los que lleguen beberán cerveza. Por la puerta, precisamente, acaban de entrar el otro y la otra, que, después de hacer una mirada general, se acercan hacia mí.<br /></strong></span><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–Hola ¿Cómo estás? –me saluda el otro.<br /></span></div></strong><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–Muy bien –le respondo yo.<br /></span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–¿Y esas dos cervezas para quiénes son? –me pregunta la otra, siempre muy observadora.<br /></span></div></strong><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–Para él y para ella –le contesto.<br /></span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–¿Es que tú no bebes? –me pregunta el otro.<br /></span></div></strong><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–Cerveza no, pero agua sí.<br /></span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–Agua bebemos todos –me aclara la otra.<br /></span></div></strong><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–Sí, ya lo sé –le digo.<br /></span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–¡Menos mal que la cerveza está dentro de las dos botellas! –dice el otro.<br /></span></div></strong><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–¡Claro! Si no se desparramaría por la barra y caería al suelo –explica la otra, siempre tan precisa–. Además, como en este caso, es preferible que el recipiente sea de cristal.<br /></span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–Oye –dice el otro–, nosotros queremos dos cervezas, si quieres…<br /></span></div></strong><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–No, no –le interrumpo–, éstas son para él y para ella.<br /></span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">En esto, entran por la puerta aquél y aquélla, que no sé si beberán cerveza, aunque el otro y la otra ya sé que sí, porque se quieren beber las de él y ella. Sin dudarlo, se acercan a la esquina de la barra donde estamos: el otro, la otra, el camarero y yo.<br /></span></div></strong><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–Hola, cómo están –saludan a coro aquél y aquélla.<br /></span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–Muy bien –respondemos todos, también a coro.<br /></span></div></strong><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–¿Y esas dos cervezas? –pregunta aquélla, tan observadora como la otra.<br /></span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–Son para él y para ella –contesto yo– Además, están en el recipiente más indicado, que es de cristal, para que no se desparrame el líquido por la barra y no caiga al suelo… Yo sólo bebo agua, como todos, pero el otro y la otra sí beben cerveza –y, al ser mencionados, asintieron con una sonrisa.<br /></span></div></strong><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–¿Y dónde están él y ella? –pregunta aquélla, siempre tan curiosa.<br /></span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–Todavía no llegan –contesto yo.<br /></span></div></strong><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–Miren quién pasa por ahí –dice de improviso la otra, y todos miramos hacia el ventanal.<br /></span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–Es Franz Kafka –dice aquél.<br /></span></div></strong><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–Sí, se parece mucho –agrega el otro.<br /></span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–¿Seguro qué es? –se pregunta aquélla.<br /></span></div></strong><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–Sí lo es –digo yo.<br /></span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–¿Quién es Kafka?<br /></span></div></strong><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">Pregunta el camarero y todos nos volteamos para mirarlo, y luego agrega:<br /></span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–A lo mejor, se fue en busca de él y de ella.<br /></span></div></strong><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–No creo –dice la otra.<br /></span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–¿Y Franz Kafka beberá cerveza? –pregunta aquélla.<br /></span></div></strong><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–Desde luego, estas dos cervezas no, porque son para él y para ella –digo yo.<br /></span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–Pues, a este paso, se van a calentar –dice la otra, con cierta inquietud.<br /></span></div></strong><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–Así le gustan a él y a ella –le digo.<br /></span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">Y ahí seguimos, en torno a las dos cervezas, en la esquina de la barra y frente al ventanal que da a la calle, por donde pasa la gente y también, algunas veces, Franz Kafka. Entonces se abre la puerta y todos miramos, pero no es Franz Kafka ni él ni ella, sino una corriente de aire invisible que se interna por unos instantes en el bar. Las dos cervezas continúan dentro de sus recipientes de cristal, junto a las servilletas de papel y los palillos, y el camarero, que todavía no sabemos si bebe cerveza, se sirve un vaso de agua que comienza a beber. Todos miramos al camarero y luego a las cervezas, sabiendo que son para él y para ella, y puedo suponer que aquél, aquélla, el otro y la otra, tienen sed, pero todavía no sé si aquél y aquélla beberán cerveza, pues en ningún momento se han expresado en este sentido.<br /></span></div></strong><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–¿Y quién se bebe las cervezas si no llegan él y ella? –pregunta de repente aquélla.<br /></span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–Él y ella siempre llegan –le respondo.<br /></span></div></strong><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–Nosotros nos ofrecimos para beberlas –intervino la otra–, pero ya nos advirtió que son para él y para ella.<br /></span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–¿Y ustedes beben cerveza? –les pregunto a aquél y aquélla, para saciar no mi sed sino la curiosidad.<br /></span></div></strong><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–No, no bebemos cerveza, aunque agua sí.<br /></span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–Agua bebemos todos –dice la otra.<br /></span></div></strong><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">Ya por lo menos sé que aquél y aquélla son como yo, que no beben cerveza, al contrario que el otro y la otra, pero todavía tengo la duda sobre el camarero y Franz Kafka, pues él y ella sí beben cerveza porque ésas dos botellas, que están sobre la barra, junto al servilletero y frente al ventanal, son suyas.<br /></span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–¿Oiga, señor camarero, usted bebe cerveza? –le pregunto, para salir de esa duda que ahora, me doy cuenta, tanto me preocupa.<br /></span></div></strong><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">–¡Claro que sí! –exclama–. ¡Cómo no voy a beber cerveza, si la tengo tan cerca!<br /></span></strong></div><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">Ya también sé, y ellos saben (el otro, la otra, aquél y aquélla), que el camarero bebe cerveza, pero nada sabemos sobre las apetitos de Franz Kafka y tampoco cuándo llegarán él y ella.</span></strong></div><span style="font-family:trebuchet ms;"><span style="font-size:85%;color:#c0c0c0;">.<br />.<br />.</span><strong><br /></strong><span style="font-size:85%;"><strong><span style="color:#666666;">________________________________________</span><br /></strong><span style="color:#c0c0c0;">.</span><strong><br />Derechos Resevados - Copyright © Pablo Paniagua<br />Imagen de fractales.free.fr</strong></span> </span></div><div align="justify"></div>Pablo Paniaguanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-8765873243857000656.post-29518641688813532482007-03-11T13:32:00.000-07:002008-05-19T18:01:28.743-07:00HISTORIAS CIRCULARES<div align="justify"><span style="font-size:85%;color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><a href="http://bp2.blogger.com/_MVPk8yJsmiI/RfRtl77ph3I/AAAAAAAAACo/ILZlVhqkLko/s1600-h/fractal+1.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5040774381444892530" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_MVPk8yJsmiI/RfRtl77ph3I/AAAAAAAAACo/ILZlVhqkLko/s400/fractal+1.jpg" border="0" /></a><span style="font-size:85%;color:#c0c0c0;"> .<br /></span><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"></span></div><span style="font-size:85%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"></span></div><span style="font-size:85%;color:#c0c0c0;">.<br /></span><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"></span></div><span style="color:#c0c0c0;"><span style="font-size:85%;color:#c0c0c0;">.</span><strong><br /></strong></span><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong>1</strong></span></div><span style="color:#c0c0c0;"><span style="color:#c0c0c0;">.</span><strong><br /></strong></span><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong>En la rama de un árbol me senté esperando ver crecer la hierba, y los días y las noches pasaban sin darme cuenta. Llegó el otoño y ahí seguía; la hierba se secó y las hojas cayeron sobre mis hombros. Entonces bajé del árbol y todo crujió bajo los pies. </strong></span></div><div align="justify"><span style="color:#c0c0c0;">.<br />.<br />.</span><strong><span style="color:#c0c0c0;"><br /></span><span style="font-family:trebuchet ms;">2</span></strong></div><span style="color:#999999;"><span style="color:#c0c0c0;">. </span><br /></span><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong>Tengo un bloque de hielo en el corazón porque estoy muerto. Mis ojos se cerraron hace mucho tiempo para no ver este mundo. Pero todavía, aquí en mi tumba, escucho el rumor de la guerra que se avecina, que pronto llegará. Me llaman esperanza, me llaman amor, me llaman paz, pero ahora sólo soy un ideal inalcanzable.<br /></strong><span style="font-size:85%;color:#c0c0c0;">.<br />.</span></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><span style="font-size:85%;"><span style="color:#c0c0c0;">.</span><br /></span><strong>3</strong></span></div><span style="color:#c0c0c0;">.<br /></span><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong>Soy un desconocido para todos, pero todos me conocen, han escuchado mi nombre. Soy el viento que susurra las verdades, la mentira que se nombra entre líneas. Todo lo doy y todo lo quito, y soy la esperanza eterna… Me llaman Dios.<br /></strong><span style="font-size:85%;color:#c0c0c0;">.<br />.</span></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><span style="color:#c0c0c0;"><span style="font-size:85%;color:#c0c0c0;">.</span><strong><br /></strong></span><strong>4</strong></span></div><span style="color:#999999;"><span style="font-size:85%;color:#c0c0c0;">.</span><strong><br /></strong></span><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong>Doy pasos en el aire tratando de llegar al sol, pero mis pies permanecen pegados al suelo. Esta maldita gravedad me atrae hacia el centro de la tierra, con el sabor del metal entre los dientes. Allí su luz no me llega, sólo el magma de mis pensamientos, el sonido pétreo de esa nada. El mundo arde en cenizas y yo estoy tratando de escapar, tratando de olvidar, y cierro los ojos hacia ti que eres el astro ahora inalcanzable.<br /></strong><span style="font-size:85%;color:#c0c0c0;">.<br /></span></span></div><span style="color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="color:#999999;"><span style="color:#c0c0c0;">.</span><br /></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong></strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong>5</strong></span></div><div align="justify"><span style="color:#c0c0c0;"><span style="color:#c0c0c0;">.</span><br /></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong></strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong>Nombro tu nombre nombrado tantas veces como se nombraba el nombre que escuché nombrar alguna vez en el nombre de todos los nombres. Ella estaba allí, sin cuerpo y sin nombre, pero aún queda un rastro suyo en mi memoria... Ahora me acuerdo de su nombre: “es la Mujer Innombrable”.<br /></strong><span style="font-size:85%;color:#c0c0c0;">.<br />.</span></span></div><div align="justify"><span style="color:#999999;"><span style="font-size:85%;color:#c0c0c0;">.</span><br /></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong></strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong>6</strong></span></div><div align="justify"><span style="color:#c0c0c0;"><span style="color:#c0c0c0;">.</span><strong><br /></strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong></strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong>El sueño me llegó en el día, después de una noche de una tarde y de otro día. Tapé la ventana para que no entrara la luz y tú estabas ahí, a mi lado, con tu piel cálida para ser acariciada con el abrazo que siempre quise en ese día, en la otra noche, durante la tarde y el día anterior de todos nuestros días, de todas nuestras noches, de todas nuestras tardes.<br /></strong><span style="font-size:85%;"><span style="color:#c0c0c0;">.<br /></span></div></span></span><div align="justify"><span style="color:#c0c0c0;">.</span></div><div align="justify"><span style="color:#999999;"><span style="color:#c0c0c0;">.</span><strong><br /></strong></span><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong>7</strong></span></div><div align="justify"><span style="color:#c0c0c0;">.</span><strong><br /></strong></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong></strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong>Su sombra es tan larga que cruza la calle; tan inteligente que dobla la esquina; pero él, al contrario de ella, no es nada porque se diluye en esa mancha que pasa por los lugares como un fantasma, que desaparece cuando se oculta el sol cubriendo la mitad de todo un planeta. Y ya no es sombra, es la noche.<br /></strong><span style="font-size:85%;color:#c0c0c0;">.<br />.</span></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><span style="font-size:85%;color:#c0c0c0;">.</span><strong><br />8</strong></span></div><div align="justify"><span style="color:#c0c0c0;"><span style="color:#c0c0c0;">.</span><strong><br /></strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong></strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong>Todos los lugares no son todos los sitios. Mi sitio está donde estaba tu lugar. También el lugar de ellos no es nuestro sitio. El sitio, a fin de cuentas, se sitúa en cada uno de los lugares. El sitio de ella está ahora en mi lugar. Ése es el mejor de los lugares.<br /></strong><span style="font-size:85%;color:#c0c0c0;">.<br />.</span></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><span style="font-size:85%;color:#c0c0c0;">.</span></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><span style="font-size:85%;color:#666666;"><strong>________________________________________</strong></span></span></div><div align="justify"><span style="color:#999999;"><span style="color:#c0c0c0;">.</span><br /></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong></strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;"><strong>Derechos Reservados - Copyright © Pablo Paniagua</strong></span></div><div align="justify"><span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:85%;"><strong>Imagen de fractales.free.fr</strong></span></div><div align="justify"></div>Pablo Paniaguanoreply@blogger.com