tag:blogger.com,1999:blog-8697499323788075942008-04-16T09:11:58.683-07:00Princesas de Dios - RadioSplendor.netRadio Cristiana Splendorhttp://www.blogger.com/profile/15376819396637842799noreply@blogger.comBlogger7125tag:blogger.com,1999:blog-869749932378807594.post-66770288794386627392008-04-05T15:58:00.000-07:002008-04-05T16:00:35.299-07:00¿PUEDEN LAS MUJERES Y LOS HOMBRES SER SOLAMENTE AMIGOS?Cuando crecimos, nos dieron muchos consejos acerca de qué hacer —y qué no hacer— con los novios. Pero… ¿qué con los amigos? Las amistades se basan en la atracción, y ésta puede llevar al romance. Sin embargo, al igual que las personas deciden dar el «siguiente paso», también uno puede escoger ser «sólo amigos». El secreto está en establecer límites y apegarse a ellos. Como ayuda para cosechar las recompensas y evitar los riesgos de las relaciones con personas del sexo opuesto, ya sea usted casada o soltera, los expertos ofrecen los indicadores siguientes. . <br /><br />Una tarde participábamos en una actividad rompehielos cuyo objetivo era adivinar las identidades de cada uno de los presentes según las respuestas previas a una serie de preguntas. «La idea que tiene esta persona sobre pasar un sábado excelente es curiosear en un mercado de pulgas» —dijo, en tono de broma, el líder de nuestra clase de solteros. Me sentí animada: «¿otra fanática de las ventas de cosas usadas?» y entonces me preparé para proponerle, tan pronto como revelaran su nombre, salir juntas de compras. Sin embargo nunca la invité porque ella resultó ser un hombre, y eso cambió todo. Me preocupó que él confundiera mi gesto de amistad con una insinuación romántica y se sintiera obligado a pagar la cuenta de un almuerzo, o presionado a sugerir una segunda cita. <br /><br />Enfrentémoslo: a la mayoría de nosotras nunca se nos enseñó cómo hacer amigos del sexo opuesto. Cuando crecimos, nos dieron muchos consejos acerca de qué hacer —y qué no hacer— con los novios. Pero… ¿con respecto a los amigos? Nos criaron para asumir que los hombres y las mujeres que tenían un lazo emocional también tenían un vínculo romántico. Toda amistad entre un hombre y una mujer estaba a un paso del romance, y ése podía ir en dos direcciones: un noviazgo estable o un corazón roto. La simple amistad se consideraba algo extraño… hasta ahora. <br /> <br />«Hubiéramos perdido mucho si no tuviéramos amistades con personas del sexo opuesto» —dice Jim Furrow, profesor de Matrimonio y Familia en el Seminario Fuller en California. «Estas amistades pueden ayudarnos a entender más a Dios porque vemos la naturaleza complementaria de la forma en que fuimos creados como sus hijos y la manera en que nos comportamos como hombres y mujeres hechos a su semejanza.» Interactuamos con el sexo opuesto en el trabajo, en la iglesia, en la escuela y en nuestros vecindarios. «Las amistades con personas del sexo opuesto son inevitables.» <br /><br />De igual forma existen riesgos. Después de todo las amistades se basan en la atracción, y ésta puede llevar al romance. Sin embargo, al igual que las personas deciden dar el «siguiente paso» y saben precisamente cuándo hacerlo, también uno puede escoger ser «sólo amigos». El secreto está en establecer límites y apegarse a ellos. Como ayuda para cosechar las recompensas y evitar los riesgos de las relaciones con personas del sexo opuesto, ya sea usted casada o soltera, los expertos ofrecen los indicadores siguientes. <br /><br /><strong>Establezca sus límites desde temprano.</strong> Algunas mujeres rechazan todas las invitaciones para salir a almorzar con los compañeros de trabajo porque creen que un cambio en el ambiente indica también un cambio en el temperamento. El ambiente se vuelve más social y deja de ser profesional. Otras mujeres saldrán con el grupo solamente si éste es grande e incluye a otras mujeres. Incluso otras podrían aceptar salir a almorzar solas con un hombre siempre y cuando sea una reunión de negocios o que cada uno pague lo suyo. Permitir que el acompañante masculino pague se parece mucho a una cita. <br /><br />Los límites, al igual que la ética, son personales. Sin embargo, afectan a aquellos con los que usted interactúa. La clave es aceptar que la Biblia sea su guía y no dejarse influir por los demás, que pueden tener límites distintos de los suyos. El tiempo para planear sus respuestas es antes de que surjan las preguntas. <br /><br /><strong>Evite los triángulos.</strong> Una tentación se presenta cuando una mujer casada comparte con un amigo los problemas de su vida amorosa, o viceversa, con la esperanza de que él le exprese los puntos de vista del sexo opuesto. Este tipo de intimidad emocional puede amenazar el matrimonio tanto como la intimidad física. Los problemas personales se arreglan mejor entre marido y mujer con la posible ayuda de un consejero pastoral. <br /><br />Un tipo de amistad positiva con personas del sexo opuesto, que fortifica el matrimonio en lugar de destruirlo, es que otra pareja sea su mentor. Las relaciones saludables y bien establecidas pueden servir como modelo. <br /><br /><strong>Observe las pistas.</strong> Las amistades cambian y necesitamos ajustar constantemente nuestros límites, ya sea para restringir o fomentar los cambios. Algunas veces el paso de la amistad al romance es bien acogido, en otras no. «He recolectado testimonios de docenas de personas que se han enamorado recientemente» —dice Arthur Aron, profesor de psicología e investigador de la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook. «Generalmente, su historia es algo así: "Lo conocía un poco pero nunca pensé en él hasta que lo encontré un día en una tienda; me sonrió y de repente me di cuenta de que le gustaba. Fue en ese momento cuando yo…"». <br /><br />En ese instante una mujer tiene que decidir cómo ajustará los límites de su amistad para adaptarse al cambio. Aquí las claves son sus sentimientos y su estado civil. Si está casada, será cortés pero fría; si es soltera y está interesada, tendrá que detenerse para conversar. <br /><br /><strong>Celebren sus diferencias.</strong> Los expertos solían decir que una amistad entre un hombre y una mujer casada siempre debería incluir a sus cónyuges. El problema con ese consejo es que los cónyuges no siempre comparten el interés en el que se basa la amistad del dúo. Dos compañeros de trabajo pueden ser capaces de pasar horas conversando animadamente, pero en el momento en que sus parejas se involucran la conversación se vuelve lenta. Cuando se unen los cuatro, tienen muy poco en común. <br /><br />Una de las ventajas de las amistades hombre-mujer es que pueden reducir las expectativas que tenemos de nuestro cónyuge. Por ejemplo, a mí tal vez no me gusta reparar computadoras, pero eso no significa que mi esposo deba privarse de su pasatiempo favorito. Un club mixto de fanáticos de computadoras puede mantenerlo en contacto con su pasatiempo y darme a mí tranquilidad al respecto. <br /><br /><strong>Esté consciente de la impresión que deja.</strong> Sin importar lo inocente que sea su amistad, las personas pueden pensar mal si usted y su amigo pasan mucho tiempo juntos, se alejan de los demás, o se ven en lugares extraños a horas poco comunes. Tomarse algo juntos durante el receso de la oficina es una cosa, pero pasar horas en una cafetería después del trabajo es otra. Viajar juntos en la mañana para ir al trabajo tiene sentido, regresar a casa por la ruta escénica no. En primera Tesalonicenses 5.22 se dice: «Absteneos de toda forma de mal.» Esté consciente de los mensajes que envía: pueden ser difíciles de comprender. <br /><br /><strong>Pregúntese: ¿está Dios en esta relación?</strong> Siempre he creído que el Señor trae personas a nuestra vida por razones especiales. Tal vez necesitamos a alguien para aliviar nuestra carga en el trabajo, compartir un pasatiempo, hacernos reír, resolver un problema, darnos un consejo, proveernos un ejemplo, o fortalecer nuestra fe. El Señor no pone a las personas en nuestro camino para tentarnos, para levantar un muro en nuestro matrimonio, o para desviarnos de nuestros valores. <br /><br />Así como le pedimos a Dios que bendiga nuestras amistades, también deberíamos pedirle que nos guíe y proteja especialmente cuando establecemos los límites en nuestras amistades con personas del sexo opuesto. De hecho, conviene hacernos la pregunta siguiente: ¿esta amistad honra a Dios? Cuando sentimos la aprobación de Dios y establecemos límites apropiados, podemos disfrutar verdaderamente de una de las bendiciones más ricas en la vida: el regalo de la amistad. <br /><br />Apuntes Pastorales, Volumen VII – número 5 © Desarrollo Cristiano Int., Usado con Permiso.Radio Cristiana Splendorhttp://www.blogger.com/profile/15376819396637842799noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-869749932378807594.post-86711675019559097662008-03-10T14:19:00.001-07:002008-03-10T14:19:36.750-07:00La Biblia y el yugo desigualEl versículo que más se cita es el del «yugo desigual»: «No os unáis en yugo desigual con los no creyentes. Porque ¿qué compañerismo tiene la rectitud con el desorden? ¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas? ¿Qué armonía hay entre Cristo y Belial? ¿Qué parte tiene el creyente con el no creyente?» (2 Cor. 6:14, 15). <br /><br />Aunque el contexto no hable del matrimonio, es aplicable el principio de la imposibilidad de comunión entre el creyente y el inconverso. El yugo era el aparato de madera que unía a los bueyes mientras tiraban del arado. En Deuteronomio, Dios dijo a los judíos que no araran con un buey y un asno a la vez. Se trataba de un «yugo desigual», doloroso para los animales e impráctico para el dueño. Otros estudiosos dicen que alude a una expresión militar que describe el acto de abandonar las filas.<br /><br />La razón detrás del mandamiento de no unirse en yugo desigual la resume el siguiente autor: «La Biblia prohibe el matrimonio mixto entre creyentes e inconversos porque no es posible desarrollar en forma plena la verdad de "una sola carne". No se puede unir el espíritu viviente del creyente y el espíritu muerto (sin Cristo) del inconverso. No hay ni habrá comunión espiritual...Por lo tanto, la comunicación se realiza solamente a nivel del "alma"».*<br /><br />En un capítulo importante sobre las relaciones, 1 Corintios 7, Dios también advierte que la viuda es libre para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor. Evidentemente, los solteros también son libres para casarse con quienes quieran, con tal que sea en el Señor.<br /><br />Pero los versículos que «acusan» no sólo se limitan al Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento está repleto de referencias al naufragio espiritual que causan las relaciones mixtas. Tanto en Éxodo como en Deuteronomio, Dios ordenó a Israel que no se emparentaran con las naciones idólatras que la rodeaban: «No darás tu hija a su hijo, ni tomarás su hija para tu hijo. Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirá a otros dioses, de modo que el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros y pronto os destruirá» (Deut. 7:3, 4). Leemos sobre la obediencia y desobediencia de los israelitas, y los resultados de sus acciones: la insistencia y el esfuerzo de Abraham en encontrar una mujer piadosa para su hijo; los estragos en las vidas de Sansón y Salomón a causa de mujeres inconversas; el caos nacional en tiempos de Esdras y Nehemías cuando los israelitas se casaron con paganas; y el declive de Israel al mezclarse con los otros pueblos, no por razones racistas, sino espirituales.<br /><br />Aunque estos textos hablen del matrimonio, contienen los principios para evitar el noviazgo con una persona inconversa. Aunque algunos argumentarían a favor de las relaciones mixtas (citando la vida de Rut la moabita, por ejemplo), el peso de la evidencia es que la mayoría de las relaciones mixtas han alejado al creyente de la fe, tanto en la historia bíblica como en la actual.Radio Cristiana Splendorhttp://www.blogger.com/profile/15376819396637842799noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-869749932378807594.post-56184442630164231292008-02-13T08:10:00.000-08:002008-02-13T08:15:10.429-08:00El chismoso aparta a los mejores amigospor Abigail Mirón<br /><br />Querida Cristina, mi hija en el Señor:<br /><br />En tu carta me dijiste: «Algunas mujeres en la congregación me cuentan cosas íntimas sobre ciertos miembros de la iglesia. Yo sé que la Biblia condena el chisme. ¿Cómo puedo distinguir si lo que me están contando es información necesaria o simplemente chismes? Y si son chismes, ¿qué hago?»<br />Lo que expresas en tu carta es un problema bastante común, en forma especial para las esposas de pastores. Te felicito por haberlo discernido tan pronto en tu ministerio. Una de las instrucciones que el apóstol Pablo da a las mujeres es que «ellas deben ser respetables, no chismosas» (1 Timoteo 3:11; Tito 2:3). Como esposa de un líder, debemos dar ejemplo y no ser chismosas. Pero para saber cómo mantener «la palabra siempre con gracia, sazonada con sal» (Colosenses 4:6), hagámonos algunas preguntas.<br />1. ¿Qué es el chisme? No es fácil contestar esta pregunta y se requiere mucha sabiduría. Yo empleo la siguiente definición: «Es decir algo (aunque ese algo sea verdad) sobre una persona a otra persona que no tiene por qué saberlo». Es más, el chismoso, por regla general, agrega su propio tono al rumor y así cambia los hechos. <br />2. ¿Cuándo no conviene escuchar a esas personas que están diciendo algo sobre alguien? Valiéndonos de la definición mencionada, nunca debemos escuchar una queja sobre otro si no estamos en condiciones de producir cierta acción, es decir formar parte de la solución. Cuando una persona viene con un rumor, siempre es bueno tratarla como si a ella no le gustaran los chismes. <br />3. ¿Cuándo debo escuchar a lo que me están diciendo acerca de otros? Es preciso que escuchemos siempre y cuando podamos ser parte de la solución dando pasos para resolver el problema, por ejemplo, enviar a la persona a aquel con quien había tenido el problema, ir con la persona a la otra parte, o quizás hacer arreglos para que un anciano de la iglesia vaya con la persona a fin de tratar de resolver ...Radio Cristiana Splendorhttp://www.blogger.com/profile/15376819396637842799noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-869749932378807594.post-72037172262726075562008-02-12T08:19:00.000-08:002008-02-12T08:22:48.785-08:00Video Marcela Gandara - Un viaje largo<p align="center"><embed src="http://www.youtube.com/v/a3MjIxQk2Mg&amp;rel=" width="425" height="355" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent"></embed></p>Radio Cristiana Splendorhttp://www.blogger.com/profile/15376819396637842799noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-869749932378807594.post-83971674398478783212007-11-30T08:16:00.000-08:002007-11-30T08:22:37.729-08:00Castaspor Abigaíl de Mirón<br /><br />Querida Cristina,<br />Nos alegramos juntamente contigo por el gran número de jovencitas en tu iglesia, y comprendemos tu preocupación por la influencia que ellas están recibiendo del mundo en sus ratos de ocio. También compartimos tu deseo de no imponer reglas legalistas, ya que unas de las formas de promover cristianos débiles es imponiendo el legalismo. Sin embargo, hay un método para enseñas estas cosas. Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte. Que no sean calumniadoras ni esclavas del vino, sino maestras del bien. Que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada (Tit. 2:3-5). Una de las cosas que Pablo anima a las mujeres viejas es enseñar a las jóvenes a ser castas. Encontramos esta palabra también en las enseñanzas de Pedro a las mujeres: considerando vuestra conducta casta y respetuosa (1 P. 3:2). <br /><br />¿Qué es castidad? ¿Por qué las jóvenes tienen la necesidad de ser enseñadas sobre castidad, cómo es que una mujer cristiana, particularmente las mujeres casadas que son cristianas deben practicar esta virtud? Déjame compartir contigo algunas ideas.<br /><br />Castidad significa virginidad antes del matrimonio y fidelidad después del matrimonio. Castidad no es sólo una prohibición de una actividad sexual inmoral, la palabra implica un carácter que rechaza aun pensamientos o insinuaciones de un comportamiento inmoral. Un líder maduro, en el comienzo de nuestro ministerio nos dio esta advertencia: «No importa la posición que tienes, lo juicioso que has llegado a ser, o cuan maduro crees que has llegado a ser en las cosas del Señor, cualquiera de nosotros es capaz de cualquier pecado». Las esposas cristianas tienen que comprender que ellas también son vulnerables a esta tentación.<br /><br />Déjame sugerirte algunas preguntas que te mostrarán lo castos que son nuestros pensamientos. ¿Alguna vez me he imaginado cómo sería estar casada con el esposo de mi vecina, o de mi mejor amiga? ¿Doy rienda suelta a mis deseos de leer novelas o ver telenovelas que me hacen tener fantasías sexuales con otro que no sea mi esposo? ¿Me visto en tal forma que puedo provocar que un hombre esté tentado de tener fantasías sobre mí? ¿Miro programas de televisión o películas que contienen escenas de sexo con absorción en vez de apagarlos o retirarme? Permitiendo estos pensamientos me demuestran que no soy casta. Aunque yo diga «no era yo en esa cama» «yo solo estaba observando la película o leyendo el libro». Déjame recordarte la declaración que Jesús hizo (cambiando el sexo) «cualquiera que mira a un hombre para codiciarlo, ya adulteró con él en su corazón» (Mt. 5:28). Somos responsables de lo que vemos. Mirando o leyendo con desenfreno es participar de ello, y la consecuencia es llenar nuestra mente con pensamientos impuros. Si yo admiro la forma inmoral que algunas mujeres se visten y comportan, estoy permitiendo ser influenciada a ser no casta.<br /><br />¿Cuáles son los factores que pueden contribuir a que yo sea vulnerable a la impureza en mi vida? El factor principal puede ser tan simple como permitir que mi mente piense en otros hombres en formas que debería pensar sólo sobre mi esposo. El segundo ingrediente es el descontento. Si yo observo programas inmorales o leo sobre esposos muy cariñosos, preocupados, alegres, perspicaces y guapos, puedo llegar a estar descontenta con mi esposo. Se hace más fácil criticarlo, no mostrarle respeto lo que se dice deshonrar a mi esposo. Este descontento me puede hacer llegar al adulterio en mi corazón, imaginándome a mí misma con otros hombres. Es muy fácil caer en esos pensamientos cuando no estamos protegiendo nuestra mente de malas influencias. El segundo es dejarse dominar por el rencor y no perdonar, lo cual lleva a la amargura. Una mujer amargada es un blanco fácil para el adulterio. <br /><br />La pérdida de la castidad puede venir en formas muy sutiles. Cualquier mujer que va por consejería con el pastor u otro hombre compasivo a solas, está dando lugar a una situación peligrosa. Aun la mujer que está involucrada en el ministerio con otro hombre y está pasando tiempo a solas con él puede estarse preparando a caer. Desarrollan una unión al resolver problemas juntos. Conforme hablan llegan a desarrollar un afecto del uno por el otro. No muy tarde ella se pregunta «¿cómo he llegado a esta relación impura?» Ella estaba débil y sin protección, y no reconoció las señales de peligro hasta que ya era demasiado tarde. <br /><br />Mi pastor una vez dijo: «Ay del hombre que tiene que aprender principios en medio de una crisis». Jaime y yo nos hemos trazado unas reglas a seguir para mantenernos alejados de situaciones peligrosas. Los dos tratamos de evitar situaciones donde tengamos que estar a solas con personas del sexo opuesto. Si por ejemplo, tenemos un hombre hospedado en casa y por alguna razón él no se va con mi esposo, yo descubro que tengo que visitar a mi vecina, o ir al mercado. No pasamos tiempo a solas con personas del sexo opuesto, incluso dentro del ministerio. Pero si una joven esposa no tiene un esposo cristiano para que la ayude a trazar las reglas o si el esposo no desea ayudarla en estas áreas, ella misma puede trazar sus propias reglas y guiarse por ellas. Siguiendo las normas en Tito 2:4,5 una mujer pronto será una anciana –calificada para enseñar a las mujeres jóvenes a ser castas.<br />Tu amiga en el Señor,<br />Abigaíl<br /><br />LuisPalau.NetRadio Cristiana Splendorhttp://www.blogger.com/profile/15376819396637842799noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-869749932378807594.post-52516922631411794042007-11-26T19:51:00.000-08:002007-11-26T19:53:09.434-08:00Actitudes que Marcan<em>por Linda Finkenbinder </em><br /><br /><blockquote>Linda Finkenbinder comparte una experiencia de su matrimonio. Con ella ejemplifica cómo se formaron en ella y su esposo muchas heridas causadas por las crueles palabras, cargadas de quejas y demandas, que se lanzaban uno al otro. También comparte cómo lograron sanar. </blockquote><br /><strong>¿Herir o sanar? </strong><br /><br />Cuando me casé con Pablo, pensé que nuestra vida juntos sería tal y como había sido nuestro noviazgo: yo tendría los mismos sentimientos hacia Pablo y él iba a ser amoroso y comprensivo conmigo. Pero olvidé considerar que, así como yo tenía días en que no deseaba actuar de cierta forma o realizar ciertas actividades, debía entender que Pablo también se sentiría igual. Al casarnos y convivir habitualmente, el problema no era tanto experimentar esos sentimientos o deseos, sino que en ocasiones los dos los teníamos al mismo tiempo.<br /><br />Además, también debí considerar que nuestro trasfondo y personalidad eran distintos. Pablo era hijo de unos misioneros en Puerto Rico, hablaba dos idiomas, tenía buenos modales y sus padres eran muy amorosos con sus cinco hijos. Sus hermanos Frank y George nacieron ciegos y sus padres demostraron gran sabiduría al educarlos adecuadamente. Además, Dios había llamado a mi esposo cuando tenía 17 años y por eso tenía plena confianza en sí. Igualmente, Pablo es muy transparente, perfeccionista, risueño, amable y alegre. En ocasiones, yo sentía celos porque Dios le había dado mucho, y hasta en ciertos momentos me preguntaba qué podía haber visto él en mí.<br /><br />Mi situación era un tanto diferente. Mi familia era campesina en una pequeña comunidad agrícola del sur de Michigan, Estados Unidos, donde los cambios se daban lentamente. Yo era la cuarta de ocho hijos, mi padre tenía un carácter muy rígido y mi madre era dulce, paciente y con una fe increíble en el Señor. Asistíamos a una iglesia evangélica los domingos en la ciudad, leíamos la Biblia con alguna frecuencia y siempre dábamos gracias a Dios por los alimentos y orábamos de noche antes de acostarnos. Dios me había llamado cuando tenía ocho años y mí único deseo era servirle como Él quisiera.<br /><br />Mi personalidad no era como la de Pablo. Yo soy más seria y hablo con franqueza. Aunque tenía ambiciones, carecía de confianza en mí misma, pues no tenía una buena y florida expresión oral en español. Tanto era así que Pablo me criticaba y me decía que yo hablaba enojada, y eso me hería mucho, pues a mí no me parecía cierto. Tal vez estaba un tanto molesta, pero en definitiva, no enojada.<br /><br />Nuestro primer hogar fue en Nuevo México y ahí ministramos en una pequeña misión hispana. Los cultos se celebraban en español y yo no entendía ni una sola palabra. Recuerdo la primera vez que Pablo y yo tuvimos una desavenencia. Él halló un pequeño texto escolar de español y me dijo: «Esto es lo que necesitas para aprender español.» Esa noche, después de la cena, me senté ansiosamente al lado de Pablo para mi primera lección. Él pronunció las cinco vocales unas cuatro o cinco veces y yo las repetí. Él entonces quiso que yo leyera la página (¡Todavía hoy, después de sesenta años, me confundo con la «a» y la «e»!). Como no tuve el valor para tratar de hacerlo, le pedí que él leyera la página primero, pero él no quiso. Yo le rogué, pero él me dijo que esta era la única forma de que yo lograra aprender. En silencio esperamos el uno al otro mientras pasaba el tiempo. Los minutos se alargaron y pasó una hora entera. Por fin, Pablo cerró el libro sin decir nada y nos acostamos sin cruzarnos palabra alguna.<br /><br />La siguiente noche Pablo me ofreció otra lección. El resultado fue igual, excepto que esta vez el intenso silencio se extendió por una hora y media. Pablo se dio por vencido y yo, por mi parte, me quedé decepcionada con su modo de enseñar.<br /><br />Desde aquella noche he tenido muchas ocasiones para recordar el consejo de mi madre. Ella me dijo: «Hija, cuando estés enojada con Pablo, evita palabras crueles, porque las palabras son como las plumas: una vez dichas, salen volando y nunca podemos recobrarlas. Las palabras también son como cuchillas que causan heridas: mañana, cuando el enojo ha pasado, esas palabras ásperas permanecerán.»<br />Los dos nos dimos cuenta de que nuestro compañero de vida tenía un carácter fuerte. Debíamos aprender a congeniar sin ofendernos. Ahora lamento que en ocasiones olvidáramos ser corteses, pues, las palabras sí son como cuchillas que hieren. En mi opinión, en nuestro hogar, tanto Pablo como yo, tenemos muchas cicatrices causadas por las crueles palabras cargadas de quejas o demandas. La falta de aprecio, las miradas fulminantes y aun las guerras frías de silencio causaron lesiones a quien más amábamos.<br /><br />Y tal como me advirtió mi madre, fue difícil recoger las palabras ásperas y crueles. Empero, cuando los dos aceptamos que siempre recibimos aquello que damos, comenzamos a ofrecernos palabras cariñosas, y esas nuevas «plumas» que salieron volando mostraron el cambio necesario para transformar nuestro matrimonio.<br /><br />Para concluir quiero compartirle cuatro verdades que me han ayudado:<br />• El roce de nuestras distintas personalidades es para enseñarnos cómo dejar producir el fruto del Espíritu.<br />• Silencio o una palabra en voz tierna puede evadir un altercado.<br />• «Las plumas» me bendicen a mí cuando hablo bien de mi cónyuge.<br />• Una mirada fulminante causa lesiones que difícilmente sana.<br /><br />Gracias al amor de Dios, el cual siempre nos ayuda, nuestras heridas han sanado y las cicatrices poco se notan. Ahora las «plumas» que nos rodean irradian completa paz y felicidad.<br /><br />Doña Linda es una efectiva comunicadora y es autora del libro Mi vida secreta con el Hermano Pablo, publicado por Desarrollo Cristiano Internacional, 2002. Su propia vocación ministerial comenzó, junto con la de su esposo, el Hermano Pablo, en 1942 en una misión en Nuevo México, EE.UU. En 1943, tomaron residencia en el país de El Salvador donde vivieron por veintiún años. Ella inspiró cambios en el ministerio de las mujeres y fue la presidenta nacional de ellas por cinco años. En los últimos siete años ella ha dado su testimonio ante matrimonios como también ante ministros. Los Finkenbinder tienen cinco hijos, once nietos y diez bisnietos. En enero del año 2003, ella y su esposo Pablo, celebraron sesenta y un años de matrimonio y de ministerio.Radio Cristiana Splendorhttp://www.blogger.com/profile/15376819396637842799noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-869749932378807594.post-79007501868946972432007-11-10T13:48:00.000-08:002007-11-10T13:50:13.732-08:00Marta y María<blockquote>Dos caracteres diferentes, dos ejemplos distintos, que son útiles para las hijas de Dios de todos los tiempos. </blockquote><br />Ellas son Marta y María, hermanas de Lázaro, el resucitado. Sus nombres aparecen en la Escritura asociados al Señor Jesús. Dos caracteres diferentes, dos ejemplos distintos, que son útiles para las hijas de Dios de todos los tiempos. <br /><br />Veamos tres escenas en la vida de estas dos hermanas. <br /><br />Primera escena (Lucas 10:38-42) <br /><br />El Señor Jesús va de camino, y es recibido por Marta en su casa. Marta, la mayor, como buena dueña de casa, se ocupa de atender al Señor y su compañía. Va y viene con bandejas, platos; ella todo lo dispone, ningún detalle se le escapa. En tanto, María, su hermana menor, "sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra". Para María no existe nadie más en ese momento en la sala: sólo Cristo. No tiene ojos ni oídos para nadie más ¿quién podría impedirle estar allí a sus pies oyéndole? ¿No había oído hablar tanto de Él? Pues, ahora lo tenía allí mismo, en su casa, ¿cómo no le iba a escuchar atentamente? <br /><br />De pronto, en el colmo de la actividad que bulle por todos lados, Marta se acerca al Señor y le dice: "Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude". Ella encuentra que la actitud de su hermana es desfachatada. ¡Cómo estar sentada mientras hay tanto que hacer! <br /><br />El Señor le dice: "Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada". Marta debió de haber palidecido al oír estas palabras. ¿Con que María, la floja, había hecho mejor que ella? ¡No podía ser! <br /><br />Oh, si pudiésemos saber qué piensa Marta ahora. Ella tuvo la oportunidad única de recibir al Señor en su casa, y apenas le prestó atención. Se ocupó más bien de las cosas, que del Señor de todas las cosas. <br /><br />Pero María tuvo ojos ungidos para ver las cosas muy pequeñas al lado de la preciosidad del Señor. Y su parte no le fue quitada. <br /><br />Segunda escena (Juan 11:17-35) <br /><br />Lázaro está muerto hace ya cuatro días, y el Señor no se aparece por ningún lado. Sus hermanas se vieron obligadas a sepultarlo, sin que su querido amigo pudiera verlo. De pronto, el Señor viene. Marta corre y le encuentra todavía a cierta distancia de su casa. Le recrimina por qué no estuvo cerca; habría evitado que muriera. El Señor le habla de la resurrección, pero Marta no entiende lo que el Señor quiere decirle. El Señor pregunta por María. Marta corre a llamarla. <br /><br />María sale corriendo, y al verle, cae a sus pies, llorando. Le dice las mismas palabras que Marta, pero con tanto sentimiento, con tal expresión, que el Señor, al verla llorando, se conmueve en su espíritu, y llora. <br /><br />Sólo dos veces se muestra al Señor llorando en los evangelios, y esta es una de ellas. <br /><br />Marta argumentó con el Señor, pero María tocó su corazón, y conmovió al Señor. <br /><br />Marta se estuvo de pie, pero María cayó postrada a sus pies. ¿No había estado sentada a sus pies, oyéndole? Quien ha estado sentado ante el Señor en los días de paz, bien puede caer a sus pies en el día de la aflicción. ¿Dónde hallará mayor refugio? <br /><br />Luego, el Señor pide ir a la tumba y resucita a Lázaro. ¡Qué tremendo es conmover el corazón del Señor! ¡Muchas cosas gloriosas suceden entonces! <br /><br />Tercera escena (Juan 12:1-8) <br /><br />La familia de Betania está feliz. El Señor les visita de nuevo, y ahora Lázaro está a la mesa. Marta está en lo suyo, sirviendo. De pronto, ocurre algo extraño. <br /><br />María se acerca al Señor. Trae en sus manos un frasco de aquel perfume, el más caro. En realidad es carísimo, muy pocas mujeres pueden usarlo. Y, ante la mirada estupefacta de todos, derrama del perfume sobre los pies del Señor, y luego los seca ¡con sus propios cabellos! Sus movimientos son lentos, majestuosos, llenos de una infinita ternura. Las lágrimas surcan sus mejillas. Nadie dice nada. Todos observan ese acto de amor único, inédito. <br /><br />Pero luego, como despertando del estupor, Judas cuchichea con otros discípulos, y reclama por el derroche. ¡Cuántos pobres habrían podido ser atendidos con el dinero del perfume! María no escucha, ella continúa su acto de amor, acariciando los pies amados, cansados por los largos caminos. <br /><br />Antes había sido Marta quien le había criticado; ahora es Judas. Pero, al igual que la vez anterior, el Señor sale en defensa de María. Ella se ha anticipado a ungirle para la sepultura. <br /><br />Después de su muerte, otras mujeres intentarán ungir su cuerpo, pero cuando quieran hacerlo, Él ya no estará en la tumba.<br />María tuvo ojos ungidos para derramar su amor sobre Él a tiempo. No fue así con las otras mujeres. <br /><br />En Juan 11:2 se menciona el hecho más relevante relacionado con estas dos hermanas. Es lo que el apóstol Juan recuerda con mayor insistencia cuando escribe su evangelio más de cuarenta años después de ocurridos los hechos. ¿Qué es ? "María fue la que ungió al Señor con el perfume, y le enjugó los pies con sus cabellos". Esto es maravilloso. <br /><br />Las Marías, no las Martas, son las que perfuman la casa de Dios con el derroche de su vida. Las Marías, no las Martas son las que reciben la aprobación de Dios. Las Marías, no las Martas, son las que se vuelven al Señor con todo su corazón, en una ofrenda grata, cada día. <br /><br />¿Cuál ha de ser el nombre de cada una de las hijas de Dios? <br /><br />¡María! <br /><br />Aguas Vivas - Sigueme.netRadio Cristiana Splendorhttp://www.blogger.com/profile/15376819396637842799noreply@blogger.com