<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss'><id>tag:blogger.com,1999:blog-8570663001305606332</id><updated>2010-01-04T00:12:33.988-03:00</updated><title type='text'>Los noventa</title><subtitle type='html'>Una blogonovela para jóvenes viejos</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default?start-index=26&amp;max-results=25'/><author><name>Eric</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00925978300374827512</uri><email>decadadelnoventa@gmail.com</email></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>311</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8570663001305606332.post-4589487968419031378</id><published>2009-12-31T10:25:00.003-03:00</published><updated>2009-12-31T10:28:51.282-03:00</updated><title type='text'>Deja vu</title><content type='html'>Cada vez que se acercaban las elecciones, Menem se inventaba un &lt;a href="http://www.semanario.com.ar/ed_1592/nota_04.htm"&gt;romance&lt;/a&gt; donde aparecía como un galán maduro al lado de algún gato con cierto lustre. En aquel entonces, la estrategia todavía funcionaba.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8570663001305606332-4589487968419031378?l=decadadelnoventa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/feeds/4589487968419031378/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8570663001305606332&amp;postID=4589487968419031378' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/4589487968419031378'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/4589487968419031378'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/12/deja-vu.html' title='Deja vu'/><author><name>Eric</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00925978300374827512</uri><email>decadadelnoventa@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='11644273104170394973'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8570663001305606332.post-6728885840060848231</id><published>2009-12-21T11:33:00.000-03:00</published><updated>2009-12-21T12:22:46.386-03:00</updated><title type='text'>NUEVO BLOG</title><content type='html'>A partir de hoy, pueden encontrame &lt;a href="http://www.efectodosmil.blogspot.com/"&gt;en este blog&lt;/a&gt; (cuyo subtítulo podría ser tranquilamente: "O de cómo dejé de ser un adolescente acomplejado y me transformé en un adulto neurótico").&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8570663001305606332-6728885840060848231?l=decadadelnoventa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/6728885840060848231'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/6728885840060848231'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/11/nuevo-blog.html' title='NUEVO BLOG'/><author><name>Eric</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00925978300374827512</uri><email>decadadelnoventa@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='11644273104170394973'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8570663001305606332.post-6648455462348741083</id><published>2009-11-03T10:25:00.002-03:00</published><updated>2009-11-03T11:19:26.115-03:00</updated><title type='text'>El fin de la historia</title><content type='html'>-¿Cómo? –preguntó Diego– ¿Así termina todo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me encogí de hombros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No pasó más nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni yo salí a buscarla, ni vino ella, ni la reemplacé por otra. Entramos más livianos en el nuevo milenio. Unos con menos plata, otros sin trabajo, muchos sin un rumbo. Algunos no entraron. Vero me dejó a mí en la puerta. Yo dejé la facultad, definitivamente. Sonia dejó a Diego, Hernán dejó a Iara y muchos más siguieron, dejando otras cosas atrás. Una historia se terminaba y como no acabábamos de entender lo que había pasado, cada uno le ponía su significado, como una ofrenda para seguir adelante. Para Diego y para mí, de alguna manera, funcionó. Al menos por un rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hernán se fue del país. Manda mails, de vez en cuando. Últimamente, para los cumpleaños. Suenan todos muy parecidos. Yo los imagino redactados por una secretaria, hasta que me doy cuenta de que los míos se parecen bastante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diego anduvo sin saber qué hacer por un buen rato, hasta que hace dos años abrió una comiquería en el sur, en un local que la madre heredó de un tío olvidado. Quedaba en una zona poco transitada y todo el mundo le sugirió venderlo e invertir la plata en otra cosa. Pero Diego no se imaginaba en semejante movida: era la comiquería en ese local, o nada. No había otra parecida en el barrio, donde el sector comercial consistía en un supermercado chino, una pollería y una peluquería que se llamaba “Gladys”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para sorpresa de todos, la comiquería funcionó bien de entrada. El año pasado Diego inventó un juego de rol con zombies y policías bonaerenses que fotocopió y repartió con éxito entre sus clientes, casi todos bastante menores que él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucas vive con la madre en Almagro. Lo visita los fines de semana. Dice que le tira el Nintendo, pero más le gustaría ser role master en los partidos que se organizan los sábados a la tarde entre los clientes más grandes. Para eso –opina Diego con sabiduría– todavía le queda un largo camino por delante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me sentía perdido sin Vero o sin la posibilidad de Vero en el panorama. Antes, hasta durante los períodos más largos sin verla, tenía la seguridad de que iba a aparecer en algún momento. “Hola, qué hacés acá”, y la historia daba un giro inesperado. Ahora , por lo menos, lo dudaba. Una vez pensé que Vero era como un walkman que todavía anda, pero quedó viejo y uno lo mira sabiendo que no lo va a usar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vos sos un romántico –dijo una amiga hace un tiempo, cuando le conté la comparación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, yo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y si el walkman no anda? ¿Y si el walkman sos vos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El blog arrancó sin saber adónde iba y tomó forma gracias a los lectores y a los comentarios que me dejaban o me hacían en persona o por chat, que me daban pistas acerca de qué valía la pena contar y qué convenía dejar de lado. Ese ida y vuelta  me perseguía cuando estaba en blanco. Ahora me da pena que esto termine, pero más pena me daba que quedase sin terminar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Pero no aprendiste nada? –me preguntó Diego cuando le conté mi decisión de terminarlo con el post de Vero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estábamos en la Plaza Roca, de Ballester. No vamos casi nunca, pero coincidimos ese domingo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo voy a corregir –dije–. Quiero cambiar las cosas que están mal contadas, agregar otras nuevas. Que sea una novela, para publicar en papel. Y voy a abrir otro blog.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atardecía como en la última escena de alguna película sobrevaluada. Diego se paró sobre un banco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No puede terminar así –insistió–. Sos un amargo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hacé memoria –dijo–. Tenés que rescatar algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo siempre tuve la sensación de que en mi adolescencia no pasaba nada. Era una colección de miserias y fracasos, bien musicalizada, con la desocupación que acechaba en todas partes. La historia se terminó y nosotros llegamos tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Acordate de las boludeces que hacíamos –dijo Diego–. De la gente que conocimos. Hace un año que venís haciendo esto y ahora te olvidaste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quedé mirándolo. Tenía una remera de los Simpsons y una mochila negra con pins de DC Comics, Marvel, Superman. Cuando era chico, a Diego lo miraban raro. Hablaba como un dibujo animado. Mucho antes de que alguien usara esa palabra, ya se había transformado en el freak del barrio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No todo fue tan malo –dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parecía un Quijote, flaco y alargado, frente al tanque de agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo lejos se escuchó el silbido del tren a máquina que iba a Zárate, el mismo de quince, veinte años atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Comentará Vero? –pregunté mientras nos íbamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sonreímos los dos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8570663001305606332-6648455462348741083?l=decadadelnoventa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/feeds/6648455462348741083/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8570663001305606332&amp;postID=6648455462348741083' title='91 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/6648455462348741083'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/6648455462348741083'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/11/el-fin-de-la-historia.html' title='El fin de la historia'/><author><name>Eric</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00925978300374827512</uri><email>decadadelnoventa@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='11644273104170394973'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>91</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8570663001305606332.post-3699527497030054241</id><published>2009-11-01T17:29:00.000-03:00</published><updated>2009-11-01T17:29:28.616-03:00</updated><title type='text'>Veinte</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Por Vero&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El departamento estaba desordenado y sucio, todo muy de él, obvio que aunque viviera solo no podía haber cambiado tanto. A la mañana me desperté sola en la cama. Me acuerdo de haber pensado: “qué estoy haciendo”, pero esa sensación la tenía cada vez que estaba con él, todo resultaba tan familiar, tan parecido a lo de siempre, que no se explicaba mucho esa emoción interna que sentía, una emoción de querer salir y gritar que todo fuera distinto. Encima después vino con el desayuno y con facturas y dijo que me había comprado las que me gustaban a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y yo ya estaba lanzada sobre la tele, que apenas enganchaba algún canal de aire, para ver lo que estaba pasando. Le pregunto si vio saqueos afuera, si vio a la policía, si vio algo, y él me responde:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No sé, está todo muy tranquilo, no hay nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un canal mostraban la Plaza de Mayo. No había casi nadie. Habían reprimido la noche anterior. Seguían los saqueos, De La Rúa declaró el estado de sitio. Estaban prohibidas las manifestaciones, pero ese día nadie podía prohibir nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tenemos que ir –dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Adónde?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡A la plaza!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sacó la pava del fuego. Dejó de mirarme a los ojos, como hacía siempre cuando no estaba de acuerdo con algo. Empecé a vestirme. Mi ropa había quedado tirada alrededor, mezclada con la de él, que se caía de la puerta abierta del armario. En lugar de renovar su guardarropa cada tanto, Eric acumulaba. Seguro que no usaba ni la mitad de lo que tenía, pero igual me sorprendió ver el buzo azul que llevaba puesto todo el tiempo cuando salíamos, que le había regalado su abuela a los quince y ya le quedaba chico a los dieciséis. Me dio ternura primero, pero enseguida pensé: “éste no se desprende de nada”, y no quería seguir sintiendo ternura de eso. Le dije:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo me voy. Si vos también querés venir, vamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salimos a la calle sin desayunar. Yo me había dado cuenta en seguida de que pasaba algo importante. La gente cruzaba la calle por cualquier lado, los autos no respetaban los semáforos, los supermercados cerraban temprano y los almacenes y los kioskos de los barrios, si podían, atendían con la persiana baja. Yo estaba contenta de que viniera algo grande, como una ola, que se los llevara a todos puestos. Me acuerdo de que mi viejo puteaba, dormía poco, gritaba todo el tiempo, mi vieja agachaba la cabeza y eso a mí me daba más ganas todavía de que se le viniera el mundo abajo, a él y a los viejos de mierda de todas partes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eric dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me parece que va a haber quilombo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era lo único que decía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había bastante gente cuando llegamos a la plaza. Algunas eran columnas organizadas: piqueteros, partidos de izquierda. Pero la mayoría eran personas que habían ido solas o en grupo, para ver qué pasaba. Estar ahí, violando el estado de sitio, era resistir. A Eric se lo veía muy asustado. Me daba tanta bronca que yo ni le hablaba. Miraba a todos lados, especialmente detrás de las vallas, a un costado, donde estaba la policía montada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gente saltaba y cantaba. Me metí en un grupo del Partido Obrero, creo, que habían llevado bombos y parches. Me acuerdo de un gordo con la camisa desabrochada, que saltaba. Le veía subir y bajar la panza, una panza gorda y plena de muchos asados. Era mayor que yo. Pensaba por qué saltaba él, si era distinto o parecido a lo mío, una chica de Belgrano, que de Europa se vino a la Plaza de Mayo. En realidad que no importaba, todos teníamos nuestras razones, pero por fin coincidíamos en algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eric apareció corriendo entre la gente, me arrastró de la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Soltaron los caballos –gritaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las columnas se dispersaron, un viejo tropezó y se cayó al lado mío, lo ayudé a levantarse y corrimos por avenida de Mayo. Yo miraba para atrás y no lo podía creer: los caballos seguían avanzando. Los canas golpeaban a la gente con los bastones. Tiraban gases. No les importaba nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nosotros íbamos unos cincuenta metros más adelante. Eric tosió, a mí me picaban la garganta y los ojos. Nos metimos junto con otra gente en la entrada de un edificio, apretados unos contra otros en la puerta de hierro. Él me abrazó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No llores –dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonó un estampido. Los caballos nos pasaron por al lado. Uno amagó con tirarse contra nostros, pero se echó para atrás a último momento. Escuché un grito. Después, más gente corriendo.&lt;br /&gt;Antes de salir, un tipo se asomó para asegurarse de que ya habian pasado los caballos. Otros fueran saliendo de las entradas de los edificios alrededor. Se iban juntando sobre la mitad de la calle. Una mujer gritaba frenética, doblada encima de un bulto ensangrentado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Un médico –gritó–. Una ambulancia. Algo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos acercamos a ver qué pasaba. Primero no me di cuenta. Después lo reconocí de golpe. Era el mismo gordo que saltaba un rato antes en la plaza. La camisa era un montón de trapo. Un tiro, algo, le deshizo la panza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo tenía veinte años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré para otro lado. Eric también. Fuimos hasta la esquina, doblamos por Perú y nos metimos en Florida, hasta Lavalle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No dijimos nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el Obelisco también se junto gente. Habían armado una fogata con maderas, llantas o algo. Yo le dije a Eric que me iba a casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Te acompaño –dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creí que iba a insistir, pero al contrario, él también parecía aliviado. Nos abrazamos. Mientras volvía en el colectivo seguían las manifestaciones, los cacerolazos. Yo me largué a llorar. Al día siguiente Eric llamó a mi casa, pero la sensación de que terminaba algo y empezaba algo distinto, era demasiado grande como verlo otra vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mí me pareció que él entendió lo mismo porque después de dos o tres llamados, no supimos más del otro.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8570663001305606332-3699527497030054241?l=decadadelnoventa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/feeds/3699527497030054241/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8570663001305606332&amp;postID=3699527497030054241' title='28 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/3699527497030054241'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/3699527497030054241'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/11/veinte.html' title='Veinte'/><author><name>Eric</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00925978300374827512</uri><email>decadadelnoventa@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='11644273104170394973'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>28</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8570663001305606332.post-7936025061062278272</id><published>2009-10-31T21:00:00.002-03:00</published><updated>2009-10-31T23:20:45.625-03:00</updated><title type='text'>Diciembre de 2001 (3)</title><content type='html'>Algo de revolución había en el aire, porque Libertador se transformó por tramos en una peatonal. Nosotros caminábamos en una columna improvisada, cerca de dos chicas que nos habían gustado. Una llevaba una sartén, que golpeaba con una cuchara de madera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Se abollará mucho? –le preguntó a la amiga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo intervine:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Es de teflón?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se quedó sorprendida, pero fue sólo un instante. En una circunstancia así, parecía normal que todos hablaran con todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué es teflón? –preguntó mirando la sartén de cerca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo tampoco sabía bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Son las más nuevas… -balbuceé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La chica se perdió entre la gente. Llegamos al edificio de Cavallo unos minutos después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Hijo de puta! –grité.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diego estaba mudo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Dale, boludo –dije–, gritá vos también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Va a renunciar? –preguntó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Que se vaya, boludo. Que se vayan todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diego se encogió de hombros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y quién va a venir?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La multitud coreaba:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pelado hijo de puta / La puta que te parió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En algún momento empezó a correr la noticia de que Cavallo había renunciado. Algunos festejaron. Me crucé con un ex compañero de la facultad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vamos a una fiesta, loco –dijo–. Vénganse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diego me miró como pidiendo disculpas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mañana tengo que levantarme temprano…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuimos a la fiesta en un grupo grande, de diez o doce personas. Un gordo transportaba una cacerola con clericó. Alguien repartió vasos descartables. A cada rato, caía alguno que aportaba un vino o una banana que pelaban por el camino, deshacían con los dedos y tiraban adentro de la cacerola. Cuando llegamos a la casa donde se hacía la fiesta, en Palermo, el clericó se había transformado en un brebaje insípido y tibio, pero lo tomábamos igual.&lt;br /&gt;Nos abrió la puerta un rasta. Pensé que era el dueño de casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pasen –dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había olor a marihuana y mucho alcohol. Casi todos habían llevado algo. Manu Chao sonaba fuerte en el patio de atrás. Después pusieron la Bersuit.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensé que era un buen momento para enamorarse. Me acordé de Dr. Zhivago, que se enamoraba durante la revolución. Yo estaba solo, después de todo. Desde Laura, las apariciones de mujeres se habían vuelto cada vez más esporádicas, y eso que antes tampoco eran muy frecuentes. Desde un tiempo atrás, me costaba entusiasmarme con alguien. Las respuestas parecían previsibles, todo –de alguna manera– daba igual. Sí, era un excelente momento para reencontrarme con mi ex.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué hacés acá?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me sorprendió en lo más mínimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Estaba pensando en vos –dije y me arrepentí al instante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo también –dijo ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por lo menos, éramos dos. Diego la abrazó.Conversaron un rato. Después me pidió las llaves, y se fue al departamento a dormir. Yo me quedé. La casa reventaba de gente. Vero había ido con dos amigas, que se dispersaron por el lugar. Salimos a la calle. Volaban papeles de diario. Estaba tranquilo otra vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Esto es increíble –dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había vuelto a lo de los padres, según ella, por un mes o dos. Le conté que yo vivía solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No lo puedo creer -se rió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Querés conocer mi casa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella lo pensó unos segundos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es temprano -insistí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Dale -dijo al final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la calle, en algunas esquinas, algunos piqueteros quemaban neumáticos o pedazos de papel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Puede pasar cualquier cosa -dijo ella en el colectivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y miraba a su alrededor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creí entenderlo todo. La realidad no era inmóvil. Bastaba con que un grupo de personas se juntara en la calle, para tirar un ministro abajo. Así de fácil cambiaba todo. Con tomar la inciativa, alcanza. Llegamos al departamento. El desorden me recordó mi habitación de los dieciséis. Vero me miró y yo la miré y estaba en los ojos de los dos. Y ahí estábamos juntos, otra vez.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8570663001305606332-7936025061062278272?l=decadadelnoventa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/feeds/7936025061062278272/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8570663001305606332&amp;postID=7936025061062278272' title='14 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/7936025061062278272'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/7936025061062278272'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/10/diciembre-de-2001-3.html' title='Diciembre de 2001 (3)'/><author><name>Eric</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00925978300374827512</uri><email>decadadelnoventa@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='11644273104170394973'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8570663001305606332.post-4873003138438426249</id><published>2009-10-31T11:59:00.002-03:00</published><updated>2009-10-31T12:00:17.632-03:00</updated><title type='text'>Diciembre de 2001 (2)</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Cuando uno muere, se termina la historia. No queda nada más para seguir contando, porque ya no hay nadie que lleve esa historia adelante. Los personajes secundarios se dispersan, cada uno teje su propia historia, que no es la misma: Diego se separa de Sonia, entra en crisis, trabaja otra vez en un hipermercado y después de unos años, pone una comiquería en el sur. Hernán larga la merca, o eso dice, pierde plata con el corralito (pero no tanta), consigue empleo en una discográfica, se va a vivir a Europa y después a New York. De Vero no se sabe mucho, como siempre. Sólo que reaparece años después, un poco transformada. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Pero la historia del que muere se termina ahí, en ese preciso instante, cuando la bala sale por el otro lado y se convierte en otra cosa, algo del aire enrarecido, porque ya mató. &lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;En Diciembre de 2001, el clima de que algo terminaba se sentía en todas partes. Negocios que cerraban, gente que se iba o que perdía el trabajo, algunos por segunda o tercera vez en poco tiempo, sólo que con la sensación de que esta vez era la última. Los viejos, dentro de todo, se lo tomaban con un poco más de calma. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;-Siempre hubo quilombo –dijo uno de Ballester. Entonces recordaba en voz alta el conflicto entre azules y colorados, más de treinta años atrás. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Mi vieja decía:&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;-Estoy preocupada.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Y se detenía en la cocina de mi departamento, donde se acumulaban los platos y los vasos sin lavar.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;-Yo también –dije.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Las cosas iban mal en mi departamento recién alquilado. No por la humedad en todas partes, que no me molestaba. Yo era un hongo más. Tampoco por el desorden, aunque ese montón de libros, remeras, discos y revistas viejas en el suelo, ya empezaba a irritarme. Cuando me mudé, poco tiempo atrás, había hecho los cálculos exactos: la plata me alcanzaba para pagar todo sólo si comía fideos y arroz por lo menos quince días al mes. Pero las cuentas de teléfono venían altas, y se había roto el lente en mi lector de cds. Todavía no habíamos llegado al veinte y ya no tenía con qué sobrevivir. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Un día me llegó una carta del banco ofreciéndome un crédito. Podía aceptarlo sólo con firmar y mandar la carta de vuelta, con respuesta postal paga. Una nota en letra chica advertía que el importe del préstamo estaba en dólares. La devolución era hasta en 24 cuotas. Haciendo las cuentas, con los intereses uno terminaba pagando el triple de lo que le habían prestado. &lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;-No seas boludo –dijo Hernán.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Me molestó. Él podía decirlo, porque no lo necesitaba.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;-Yo te presto –insistió.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;-No, boludo, dejá.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;-¿Cuánto necesitás?&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;No dije nada. Él buscó en su billetera.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;-Tengo cien dólares acá –dijo–. ¿Te alcanzan? Si no, busco más.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Mientras volvía a casa, pensé que así era como se resolvían las cosas ahora. Hernán y yo nunca fuimos iguales pero nos gustaba esa diferencia, aunque durante mucho tiempo no supimos de dónde nos venía. En los últimos años nos habíamos distanciado un poco. Hernán se juntaba con otra gente, más parecida a él, y yo hacía lo mismo por mi lado. Pero nos seguíamos viendo, aunque nos limitásemos a recordar el pasado, como a la espera de tener algo en común otra vez. Finalmente, esa espera había dado sus frutos. Los tenía en la billetera. Me acordé de nuestras excursiones en Ballester, las peleas, de cuando nos juntábamos a tomar cerveza en el jardín de los padres de Hernán. Cuando llegué al departamento guardé el billete en un libro con la intención de sacarlo recién unos meses después, para devolvérselo. Pero tuve que usarlo al día siguiente para pagar la luz. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Con Diego era diferente. Nos unía la misma pobreza. Una noche me pidió quedarse a dormir en mi departamento. Tenía una entrevista para un trabajo ahí cerca, temprano al día siguiente. Cenamos temprano. Me mostró un celular que le habían regalado por la calle.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;-Es una promoción –dijo–. Me dejaron el equipo gratis, y los primeros tres meses no pago abono.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;-¿Y después qué vas a hacer?&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;-Lo doy de baja.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;-¿Firmaste contrato?&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;La frente se le llenó de surcos.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;-¿Por qué?&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Lo pensé un rato.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;-No importa, dejá.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Un rato después empezaron los cacerolazos. Sonaban desde el edificio de al lado, desde el frente, en los pasillos. Encendimos la tele. Un rato antes, el presidente había anunciado nuevas medidas de ajuste. Un grupo de personas se estaba congregando en frente de la casa de Cavallo, sobre Libertador. Eran cada vez más. Miré por la ventana. La calle se estaba llenando de gente que iba y venía, un poco confundida, por la oscuridad. Parecía año nuevo, navidad. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;-¿Vamos? –dije.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:0cm"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ESfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Diego lo dudó un instante. Salimos al final.&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8570663001305606332-4873003138438426249?l=decadadelnoventa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/feeds/4873003138438426249/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8570663001305606332&amp;postID=4873003138438426249' title='16 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/4873003138438426249'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/4873003138438426249'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/10/diciembre-de-2001-2.html' title='Diciembre de 2001 (2)'/><author><name>Eric</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00925978300374827512</uri><email>decadadelnoventa@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='11644273104170394973'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>16</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8570663001305606332.post-5838069554472857129</id><published>2009-10-27T10:05:00.002-03:00</published><updated>2009-10-27T10:23:02.348-03:00</updated><title type='text'>Volvieron los noventa</title><content type='html'>Amanecía. Nos besamos en frente de un cartel de De Narváez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué estamos haciendo? –dijo ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No sé –murmuré con los labios a mitad de camino entre seguir besando y cerrarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Esto es muy malo. Horrible. No puedo creer que esté pasando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me apartó con el brazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vero…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me voy a casa –dijo buscando un taxi con la mirada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toda la noche había sido una deriva lenta de bares, restaurantes, en los que no dejábamos de recordar el pasado. El alcohol también hizo su parte. Habían pasado unas cuantas horas desde que nuestro estar juntos dejó de ser prudente, pero ninguno de los dos –ella tampoco, más allá de su negativa actual– había querido interrumpir esa conversación donde se cruzaban fragmentos del blog, recuerdos divergentes, acusaciones y carcajadas. “Sentí que estabas medio loco”, había dicho Vero y unos segundos después completó la frase: “pero no que me extrañaras”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vamos en colectivo –dije–. Te acompaño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se dio vuelta y gritó hasta que se le fue la voz:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Estoy harta de salir con adolescentes. Dejame en paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quedé mirándola. Ella rompió a llorar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Dejame en paz –insistió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensé que estaba borracha, o loca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vení –dije–. Vayamos a tomar algo. Hablemos con tranquilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vos fuiste el primero –me apoyó un dedo en el pecho–. Los otros también me cagaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me irrité.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Claro, porque vos no cagaste a nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos quedamos frente a frente, en la vereda, mirándonos. Soplaba un viento fresco. La avenida estaba en calma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No hagamos esto –dijo alguno de los dos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La acompañé a buscar un taxi. Pasamos por una  plaza donde dormía una familia. El padre estaba acostado de espaldas, con la boca abierta. Los tres hijos debajo de un árbol. La madre, ya despierta, masticaba un pedazo de pan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo no quería que pase esto –dijo Vero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo tampoco –dije–. Nadie quería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y ahora que hacemos? Yo no… –se interrumpió unos instantes, suspiró– No sé si quiero volver a verte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habíamos visto miles de taxis durante la noche. Esa madrugada no apareció ninguno. Después de un rato nos metimos en un bar con medialunas gordas que brillaban en el mostrador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es raro –dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella revolvía la cucharita en el café.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El lugar –señalé a nuestro alrededor–. Las luces, las plantas, los manteles… es como si estuviéramos diez, quince años atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me contó que había estado viviendo en Barcelona, en el 2002. Pero extrañaba, conoció a un argentino y volvió a Buenos Aires. Querían casarse, tener uno o dos hijos, irse a vivir al interior. Se separaron dos años después, sin alcanzar a concretar ninguno de esos planes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No es que yo no quisiera –dijo ella con tristeza–. Él se arrepintió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces, con intermitencias, había estado sola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El otro día salí con uno de Facebook –dijo–. Fue un garrón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del otro lado de la vidriera, el padre de familia había despertado y miraba de un lugar a otro, buscando un lugar para mear.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué pensás? –preguntó Vero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensaba en cómo diez años atrás ella no sabía lo que buscaba y ahora que sabía, o creía saberlo, no lo encontraba. De alguna manera los dos estábamos heridos, y esa herida tenía que ver con el pasado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tenés que terminar el blog –dijo antes de llamar al mozo–. Contalo y listo. Terminalo de una vez. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí –dije–. Nada es para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y me quedé mirando una palmera artificial.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8570663001305606332-5838069554472857129?l=decadadelnoventa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/feeds/5838069554472857129/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8570663001305606332&amp;postID=5838069554472857129' title='33 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/5838069554472857129'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/5838069554472857129'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/10/volvieron-los-noventa.html' title='Volvieron los noventa'/><author><name>Eric</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00925978300374827512</uri><email>decadadelnoventa@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='11644273104170394973'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>33</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8570663001305606332.post-2217313589165251433</id><published>2009-10-21T12:28:00.003-03:00</published><updated>2009-10-21T12:31:48.567-03:00</updated><title type='text'>El reencuentro</title><content type='html'>Parecía otra, y al mismo tiempo era la de siempre. Sus rasgos de los dieciséis seguían estando, aunque habían evolucionado. Seguía resuelta, vital, pero de otra manera. En la invisible línea que divide a los adolescentes de los adultos que van por la calle, unos en su propio mundo, otros en el único que hay, Vero estaba del otro lado. En algún momento cambió de vereda. Ya no era adolescente, ni siquiera –pensé con horror– somos tan jóvenes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pensé que me esperabas en frente –dijo señalando el bar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí, es que… -balbuceé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diez años atrás no hubiéramos pisado nunca un lugar así, con palmeras artificiales y mozos vestidos de blanco, porque a esos lugares iban los viejos y las luces nos resultaban incomprensiblemente excesivas, brillantes. A Vero, además, la molestaba la sumisión de los mozos. Armaba escándalos cada vez que veía alguno. Ahora le pidió la carta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué te pareció el blog? –pregunté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Muy lindo… -dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mozo nos acomodó el mantel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-…pero lo dejaste inconcluso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó un tipo que vendía flores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Una rosa para su mujer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No gracias –dije–. Es una ex.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Ella se agarró la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Ahora soy tu ex?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me encogí de hombros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo a vos no te cuento como ex –dijo–. Éramos chicos, fue hace un montón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno pero…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Saliste con otra gente, después de mí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trajeron el café. Miramos las tazas en silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y qué te dio por escribir todo eso? –dijo después de un rato–. ¿Vas a tener un hijo? ¿Te estás por casar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Suspiré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tengo una enfermedad terminal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sarcasmo se le congeló en la cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mentira –dije al final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le expliqué que no sabía muy bien por qué lo había escrito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Empecé sin tener idea. Me gustó la gente que me comentaba, así que seguí escribiendo. Era más fácil contar la verdad que inventar algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me gusta el nombre Vero –dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonreí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ahora no sé cómo terminarlo. Por eso quería que lo leyeras. No sé cómo contar la última vez que te vi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿En la plaza? Es muy fácil, cayó la cana y…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No me refiero a eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomé aire antes de seguir hablando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nunca entendí por qué me dejaste –dije al final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se agarró la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No me vengas con esto, te lo pido por favor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-De verdad te lo pregunto –insistí–. Necesito saberlo para cerrar el blog.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vero enmudeció.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Siempre eras vos la que se escapaba –dije–. Después volvías a aparecer y a veces pasaba algo. Pero después de esa vez no apareciste más. Hace tres o cuatro años te mandé un mail, que nunca respondiste. Yo no quería, ni quiero volver con vos. Sólo necesito preguntarte esto. Por qué me dejaste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensó la respuesta un largo rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Sabés lo que pasa… -dijo y volvió a callar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Contame.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se mordió el labio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Necesitaba seguir adelante –dijo al final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; “Con esto no cierro un blog”, pensé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué significa eso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvió a tardar en responder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Soy el personaje más desdibujado de tu &lt;a href="http://www.decadadelnoventa.blogspot.com/"&gt;blog&lt;/a&gt; –dijo– ¿Eso te dice algo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo...?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Cada vez que me hacés aparecer soy una distinta, y siempre te termino cagando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora fui yo el que enmudeció.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Fijate, leelo de vuelta. ¿En serio me veías de esa manera?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por mi cabeza desfilaron imágenes de humillación adolescente, algunas inventadas, otras no: una gordita en fila esperando el colectivo, y un tipo que deja pasar adelante a todas las mujeres excepto a ella. Un mochilero encuentra una foto de su ex novia en Europa, en manos de un par de desconocidos, y se entera de que los dos se acostaron con ella. Otro se queda esperando en la clase de gimnasia que lo elijan para un partido de fútbol, pero los equipos pelean entre sí para que juegue en el equipo contrario. Unos llevan anteojos horribles, otros usan aparatos fijos o tienen una nariz enorme que...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Entendés lo que te digo? –insistió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí... no sé...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba confundido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vero llamó al mozo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Además no te diste cuenta de otra cosa –dijo mientras guardaba el celular en su cartera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nunca dijiste que me querías –suspiró.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8570663001305606332-2217313589165251433?l=decadadelnoventa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/feeds/2217313589165251433/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8570663001305606332&amp;postID=2217313589165251433' title='38 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/2217313589165251433'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/2217313589165251433'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/10/el-reencuentro.html' title='El reencuentro'/><author><name>Eric</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00925978300374827512</uri><email>decadadelnoventa@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='11644273104170394973'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>38</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8570663001305606332.post-879507019465704175</id><published>2009-10-13T10:49:00.003-03:00</published><updated>2009-10-13T12:22:31.001-03:00</updated><title type='text'>La posmodernidad</title><content type='html'>Cuando llegué a casa, después de mi visita a &lt;a href="http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/10/vuelven-los-noventa.html"&gt;Diego&lt;/a&gt;, pensé que estaba en el pasado otra vez. Mi equipo de música era el &lt;a href="http://decadadelnoventa.blogspot.com/2008/11/objeto-de-la-semana-el-minicomponente.html"&gt;Aiwa&lt;/a&gt;. Los pesos eran convertibles. El monitor, &lt;a href="http://decadadelnoventa.blogspot.com/2008/09/objeto-de-la-semana-la-pc.html"&gt;monocromático&lt;/a&gt;. Mi televisor estaba anclado en Mtv. Yo tenía dieciocho y del otro lado de mi ventana estaba Ballester, donde la semana anterior había habido un tiroteo. Era el segundo en el año. Las viejas decían que antes no se robaba tanto. Que había menos &lt;a href="http://decadadelnoventa.blogspot.com/2008/09/la-inseguridad.html"&gt;inseguridad&lt;/a&gt;. Antes –de acuerdo con las mismas viejas– todo estaba más limpio. Se veían menos papeles, botellas, cartones, nylon, hasta los colores de los paquetes de &lt;a href="http://www.losalfajores.blogspot.com/"&gt;alfajor&lt;/a&gt; parecían apagados, como si el brillo también se hubiera inventado en los noventa. Ahora la calle era un concierto de &lt;a href="http://decadadelnoventa.blogspot.com/2008/11/el-remis.html"&gt;remises&lt;/a&gt; y &lt;a href="http://decadadelnoventa.blogspot.com/2008/09/el-cartonero.html"&gt;cartoneros&lt;/a&gt;, donde uno miraba con envidia al otro. A mí no me costó conseguir trabajo, porque fui a un buen colegio. Vendía &lt;a href="http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/01/tarjetas-de-credito.html"&gt;tarjetas de crédito &lt;/a&gt;por teléfono. Si vendía muchas, mi supervisor dijo que iba a poder comprarme un auto. Después de todo, los inmigrantes –como mi abuelo– también se hicieron así. De abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mis fantasías, en el año 2009 yo había ingresado en el mundo definitivo del empleo ocasional. Vendía tostadoras, completaba planillas de Excel y estudiaba inglés en forma permanente, porque en el curriculum quedaba bien. Las mujeres me dejaban por insolvente. No podía pagar ni siquiera mi propio café.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un antídoto era Pearl Jam, porque tenían épica y luchaban contra las discográficas. Se sentían perseguidos. En las entrevistas –daban muy pocas– , cuando hablaban de libertad yo leía: “libertad de las discográficas”, como un guiño, y sentía todo el dolor de esa queja. Y entonces eso tenía algún sentido, aunque no pidieran la revolución. “Si tanto les molestan las discográficas, que editen en un sello chico. O que regalen los discos”, decían los detractores más temibles. Estos escépticos sostenían que en el fondo, a los de Pearl Jam sólo les importaba la guita. Igual que a todo el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Voy a escribir sobre eso –le dije a Diego por teléfono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Sobre qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablaba medio dormido, como si lo acabase de despertar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El cinismo, la falta de ideales, la desolación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Sos boludo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se despertó de repente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ahora te hacés el serio, pero hace un año que venís contando historias de una mina que &lt;a href="http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/02/el-amor-segunda-parte.html"&gt;te dejó&lt;/a&gt; a los dieciséis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Balbuceé algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hablá de Vero –dijo–. Matrix también habla de política, pero es una historia de amor, de búsqueda de identidad. Si contás eso, a la gente también le va a llegar lo otro. No seas tan obvio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corté con un nudo en la garganta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me costó ponerme en la piel de &lt;a href="http://www.efimerayabsurda.blogspot.com/"&gt;Laura&lt;/a&gt;, pero no me animé a hacerme pasar por ella. Ni se me ocurrió. Ese era uno de sus reproches más frecuentes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ponete en mi lugar… -decía y después me explicaba por qué yo había actuado como un nene.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mí siempre me pareció que Vero tenía razón, aunque le manifestara lo contrario. Pero para mí, a diferencia de ella, eso nunca había sido un problema. No me interesaba ponerme en su lugar. Me gustaba verla desde mi distancia, como en el recital donde la vi por &lt;a href="http://decadadelnoventa.blogspot.com/2008/11/cemento.html"&gt;primera vez &lt;/a&gt;, con esa precisa distancia donde Vero era todo lo que yo quería ver en ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidí llamarla al día siguiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acordaba de memoria el número de los viejos. Respiré aliviado. Seguían viviendo en el mismo lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué es de tu vida? –dijo extrañada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No le mentí, pero adorné mi presente de manera tal que pensara que yo había sido un buen candidato, después de todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Te felicito –dijo al final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Vero cómo anda?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejé caer la pregunta de manera desinteresada pero inverosímil, como un físico que hace cálculos que al fin y al cabo sólo sirven para diseñar la bomba atómica. La vieja tardó en responder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bien... –dijo y calló.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más tarde pensé que se había divertido con la conversación. Era obvio que quería prolongar el suspenso, aunque fuera de esa manera un poco insustancial. Igual funcionó: pensé que se había ido del país, que estaba en silla de ruedas, que me odiaba y no me quería ver. Me quedé en silencio, pero a la vieja sólo le interesaba el show. Al cabo de unos segundos, preguntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Querés el teléfono?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y me pasó el celular. Llamé en seguida. Me atendió la misma voz de siempre, apenas un poco más curtida por la edad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Qué sorpresa. ¿Bien y vos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No le pregunté en qué andaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Escribí sobre nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le conté del &lt;a href="http://www.decadadelnoventa.blogspot.com/"&gt;blog&lt;/a&gt;. Escuchó en silencio, soltando de vez en cuando un solitario “ajá”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Necesito que lo leas –dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Necesito tu voz”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedó en llamarme después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me imagino que habrás contado la verdad –dijo antes de cortar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La verdad no existe –dije no muy convencido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero durante los tres días siguientes, y sin saber muy bien por qué, me desesperó la ansiedad.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8570663001305606332-879507019465704175?l=decadadelnoventa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/feeds/879507019465704175/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8570663001305606332&amp;postID=879507019465704175' title='37 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/879507019465704175'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/879507019465704175'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/10/la-posmodernidad.html' title='La posmodernidad'/><author><name>Eric</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00925978300374827512</uri><email>decadadelnoventa@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='11644273104170394973'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>37</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8570663001305606332.post-5441402706799890302</id><published>2009-10-11T16:39:00.012-03:00</published><updated>2009-10-12T15:46:33.753-03:00</updated><title type='text'>¿Vuelven los noventa?</title><content type='html'>-Nunca terminás nada –dijo Diego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nada que ver –aseguré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y el blog?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno, pero eso…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Eso qué? –me interrumpió– ¿Lo terminaste o no lo terminaste?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Negué con la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo que pasa es que no estaba muy conforme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No es cierto. Te gustaba y a mí también me gustaba –dijo él–. Aunque a veces me hicieras quedar como un gil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me reí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No es verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Encima sos un garca, porque me dejaste con las ganas de saber el final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Desapareciste de los blogs que comentabas. Eso no se hace. Si yo te banco, si la gente te banca, vos tenés que seguir hasta el final. O al menos explicar por qué te borraste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La risa se me fue de repente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tuve un bloqueo –dije–. Es algo muy profundo. No sabés cómo seguir y te estancás. A todos les pasa, en algún momento. Me estaba acercando a una región oscura del inconsciente. Y la inspiración dijo basta. Hace más de un mes que ni siquiera entro en mi propio blog.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diego lo pensó un rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No me vengas con ese bolazo –dijo al final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tardé un buen rato en volver a hablar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno, y cómo hago –dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No sé, boludo. Sentate y escribí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Para colmo todos se deben haber avivado de que &lt;a href="http://www.efimerayabsurda.blogspot.com/"&gt;Laura&lt;/a&gt; era yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No importa –dijo–. Hubo una Laura, pero no se llamaba así. ¿No?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vacilé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿No? –insistió él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí, sí, sabés bien que la hubo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Entonces no hace falta aclarar nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Tenés Nesquik?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me señaló un estante sobre la mesada de la cocina. Tenía telarañas. Las limpié con un trapo y agarré el frasco con Nesquik. Había visto un sachet de leche en la heladera un rato atrás, cuando Diego me ofreció un vaso de jugo, entre los diez cartones de multifruta Baggio apilados por todas partes. Me serví en un vaso, pero el olor agrio me dio náuseas. Leí la letra chica del sachet.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hace dos meses que venció –dije–. ¿No viene Lucas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diego se rió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-De vez en cuando. Pero dice que ya es grande. No toma leche ni Nesquik.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerré la heladera de un golpe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Adolescentes… –gruñí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Ahora te caen mal?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es una etapa de mierda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-A mí no me parece… -suspiró Diego con la vista fija en el poster de Superman que colgaba de la pared.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Engordó bastante en los últimos tiempos. Su cara es una mueca de lo que fue, y la mía también. Me di cuenta sin ayuda del espejo, sólo con imaginármela. Nos deformamos sin hacer nada para merecerlo pero ahora que lo pienso, sin hacer tampoco nada para merecer lo contrario. Las cosas pasan. Todo pasa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me convenciste –dije antes de despedirme–. Voy a volver al blog.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me apoyó una mano sobre el hombro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Así me gusta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tanta iniciativa en mí era sospechosa. Temí que desapareciera en cuanto él cerrase la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Me vas a ayudar? –pregunté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diego eructó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Contá conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y cerró la puerta y yo volví a mi casa con más dudas que seguridad en la cabeza.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8570663001305606332-5441402706799890302?l=decadadelnoventa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/feeds/5441402706799890302/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8570663001305606332&amp;postID=5441402706799890302' title='28 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/5441402706799890302'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/5441402706799890302'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/10/vuelven-los-noventa.html' title='¿Vuelven los noventa?'/><author><name>Eric</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00925978300374827512</uri><email>decadadelnoventa@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='11644273104170394973'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>28</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8570663001305606332.post-7739966754747110346</id><published>2009-08-19T13:06:00.002-03:00</published><updated>2009-08-19T13:14:51.199-03:00</updated><title type='text'>Diciembre de 2001 (1)</title><content type='html'>A la vuelta de mi casa había un videoclub. No era de esos videoclubes improvisados que abrían y cerraban esporádicamente, donde uno sólo podía conseguir una selección más o menos arbitraria de las comedias, románticas, porno y de acción que hubieran sido editadas en los últimos meses. En mi videoclub había de todo: clásicos del cine mudo, películas de ninjas, comedias de los ochenta, ciencia ficción berreta y dramas existenciales daneses y suecos, donde los protagonistas observaban impávidos el cielorraso y la pared durante largos minutos, algo que yo también hacía con frecuencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A fines de los noventa –cuando empezó, silenciosa, la invasión del DVD– todavía podía encontrarse, en sus estantes, alguna copia de Locademia de Policía o de Porky´s, editadas diez o doce años atrás, con señales de haber pasado por las videocasetteras de medio Villa Ballester. Así fue como descubrí, una tarde de domingo, El Amanecer de los muertos, de George   Romero. Era una película de zombis de los setenta, editada por Transeuropa vaya uno a saber cuándo, que ya habían pasado varias veces por televisión. La semana siguiente, revolviendo entre los estantes, encontré Zombie 2, una continuación apócrifa de la película de Romero, producida en Italia, donde un tiburón peleaba a dentelladas con un zombi en las profundidades del mar. Después vinieron Holocausto caníbal, Re-Animator, El Regreso de los muertos vivos y unas cuantas más. Las cintas siseaban, distorsionaban la imagen, estaban siempre a punto de atascarse en el cabezal. En la mayoría de los casos, ni los dueños del videoclub sabían que esas  películas seguían existiendo en sus estantes, como cassettes-zombis o futuros zombis, esperando una próxima disolución.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras tanto, mis amigos se iban de Ballester. Diego y Sonia, los últimos que quedaban, habían conseguido un departamento prestado en Capital. La estación de tren, que un par de años atrás había sido renovada, se había transformado en un terreno baldío otra vez, especialmente de noche, cuando yo volvía de la facultad. Algunas personas dormían en los bancos. A veces, cuando los veía venir, me parecía que tambaleaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;Hernán exprimió una naranja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Iara viene este fin de semana –dijo–. Se queda a vivir acá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era su novia brasilera. Me alcanzó el trago que había preparado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo inventé yo –dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo se llama?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se encogió de hombros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; “Iara”, pensé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-“Cacerolazo” –dijo al final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos sentamos en un sofá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Está lindo el departamento –dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pidió sushi por teléfono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Amo Palermo -dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Hay birra? –pregunté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él descorchó un Syrah.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Esta uva es increíble –me sirvió en una copa grande–. Probá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Infló el pecho, alzando la copa. Atravesado por la luz de los spots, el vino arrojó una sombra rosa, informe y móvil, sobre la pared.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El vino no envejece –dijo–. Al contrario. Mejora el sabor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se quedó en silencio unos minutos, meditando sus palabras, como si acabase de decir una gran verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Qué sabés de Vero? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me tomó de sorpresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nada –dije–. ¿Por?&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El departamento era de un ambiente, poco luminoso y con humedad por todas partes. Pero esa podredumbre, al menos en teoría, me gustaba. En plena crisis económica, con un sueldo de telemarketer y una colaboración mensual de mi vieja, fue lo mejor que pude conseguir. Quedaba a una cuadra de Corrientes, en el piso once de un edificio bastante grande, bastante gris, donde convivían estudios jurídicos, escribanías, putas y algún que otro solitario como yo. En su mayoría, viudas y solteros con olor a bife que solía cruzarme en el ascensor. Durante los días de semana, los pasillos estaban superpoblados de gente. Los sábados y domingos, al contrario, el único sonido permanente era el de las cañerías, que cada uno o dos meses desbordaban por algún motivo. &lt;br /&gt;De noche, Corrientes se parecía un poco a la estación de Ballester. Yo daba una vuelta por la pizzería Ugi´s del Obelisco, compraba cigarrillos y me iba a dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En uno de esos paseos me encontré con Laura. Quise esquivarla, pero no me vio. Después la seguí unos metros. Al final, la saludé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me voy a Europa –dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No aguanto más acá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos miramos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y vos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le conté que estaba viviendo ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ahora estás solo –dijo–. Era lo que querías, ¿no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese fin de semana volví a Ballester. Estuve un largo rato dando vueltas. Me acordé del &lt;a href="http://decadadelnoventa.blogspot.com/2008/12/objeto-de-la-semana-el-tren.html"&gt;tren&lt;/a&gt; que me había tomado un siglo atrás, cuando creí que Vero había quedado embarazada. Pensé que, de haber sido cierto, el chico estaría empezando la primaria. Me pregunté qué sería de ella. Lo último que supe fue que se había separado de Juan. “Se rayó”, había dicho él. Y yo me reí, en secreto, de su desconcierto. Después llamé a la casa de los padres. Me atendió una vieja. Dijo que se habían mudado. No, no tenía el nuevo número de teléfono. No, no lo podía conseguir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Las cosas cambian”, pensé. Antes de volver, quise pasar por el videoclub. Todavía llevaba el carnet en la billetera. Podía llevarme un par de películas y devolverlas la semana siguiente. Me encontré con una persiana baja y un cartel de “Se alquila”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había cerrado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8570663001305606332-7739966754747110346?l=decadadelnoventa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/feeds/7739966754747110346/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8570663001305606332&amp;postID=7739966754747110346' title='59 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/7739966754747110346'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/7739966754747110346'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/08/diciembre-de-2001-1.html' title='Diciembre de 2001 (1)'/><author><name>Eric</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00925978300374827512</uri><email>decadadelnoventa@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='11644273104170394973'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>59</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8570663001305606332.post-1901112145659708390</id><published>2009-08-04T11:44:00.002-03:00</published><updated>2009-08-04T11:50:28.813-03:00</updated><title type='text'>La globalización</title><content type='html'>Un día la invité al cine. Me habían dado entradas gratis para un documental sobre la globalización, con los auspicios de Coca Cola, Microsoft y la Shell. Pensé que le podía interesar. Por las dudas, no les avisamos a Laura y a Juan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La Tierra es redonda –decía una voz en off al comienzo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo estableció Colón en la práctica. Antes que él lo habían sospechado algunos científicos que se peleaban con la iglesia o se ocultaban de ella, y un par de griegos ignorados en su momento. Colón quería llegar a las Indias por el camino menos imaginable para sus contemporáneos, porque contaba en su ruta de viaje con la redondez de la Tierra. Lo que no podía saber era que en el medio estaba eso que después se llamó América, pero en aquel entonces era un misterio de infieles y riquezas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Colón partió de Europa inspirado por las aventuras de Marco Polo. Otros, más adelante, lo hicieron alentados por las de Colón. Todavía quedaba mucho por descubrir: archipiélagos, montañas, ciudades secretas de los indios. Con el paso de los siglos, todas las regiones fueron saqueadas, colonizadas o al menos, cartografiadas. Aparecieron las naciones, que durante un tiempo comerciaron en paz. Entonces llegaron las guerras, las revoluciones sociales, la amenaza nuclear latente…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El documental cerraba con un cowboy, un palestino, un cantante de hip hop y un rabino bailando en ronda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo me traés a ver esta mierda? –dijo Vero al salir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo pensé que…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nunca me conociste. En realidad, no me extraña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuimos a un bar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Como vos estás metida en política y eso, yo creí que…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pidió un café, indignada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ese documental está pagado por la CIA. Es evidente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿En serio? –pregunté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentí que un mundo de conspiraciones se abría bajo mis pies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero si es pacifista –dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se golpeó la frente con un puño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Lo decís para enojarme?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dudé un segundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras Vero me explicaba su pensamiento, yo me preguntaba cómo habría llegado hasta ahí. Ni siquiera su ropa era la misma de años atrás. Yo todavía usaba un sueter que ella me regaló cuando cumplí dieciséis. No lo llevaba puesto de casualidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La revolución es necesaria –concluyó después de un largo discurso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acordé de las imágenes del viejo Kremlin en el documental.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero eso ya fue –dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vero me miró con desprecio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo que fue, puede volver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acordé de su ropa interior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ojalá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella tomó un sorbo de café.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y en qué andás, además de ser un burgués reaccionario?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le conté que quería aprender a tocar algún instrumento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Guitarra, piano… algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Andá al conservatorio –dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si, lo estaba pensando, es que…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intenté explicar por qué, hasta el momento, no había hecho nada al respecto. Ella bostezó. Me callé, un poco avergonzado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tenía ganas de verte –dije al final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sorprendió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo también –dijo con cautela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conversamos sobre los viejos tiempos. Nos acordamos de las salidas a la noche, cuando íbamos en remis y en taxi a todas partes porque no sabíamos dónde quedaban las calles. De los amigos que no volvimos a ver. De los que seguíamos viendo, cada uno por su lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Éramos distintos, antes. Más iguales unos a otros. Todos con la misma &lt;a href="http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/07/la-musica.html"&gt;música&lt;/a&gt;, los mismos restaurantes de fast food. Ahora, años después, me preguntaba qué escuchaba Vero cuando buscaba alguna épica en la quietud de su casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Silvio Rodríguez –dijo–. Y los Clash.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos despedimos con un abrazo. Volví a casa preocupado por la idea de que la CIA también le hubiera reservado a ella un lugar en sus planes.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8570663001305606332-1901112145659708390?l=decadadelnoventa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/feeds/1901112145659708390/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8570663001305606332&amp;postID=1901112145659708390' title='54 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/1901112145659708390'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/1901112145659708390'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/08/la-globalizacion.html' title='La globalización'/><author><name>Eric</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00925978300374827512</uri><email>decadadelnoventa@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='11644273104170394973'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>54</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8570663001305606332.post-8510446146312620401</id><published>2009-08-01T11:26:00.004-03:00</published><updated>2009-08-01T12:38:49.322-03:00</updated><title type='text'>La verdad</title><content type='html'>Laura desapareció entre la gente. Me estiré para tratar de ver con quién estaba, pero fue imposible. “No puede ser la misma Clara”, pensé. Hubiera sido demasiada coincidencia. La vida no era una telecomedia, aunque a veces se pareciera bastante. Además, la chica que conocí en Europa en realidad no se llamaba Clara. El &lt;a href="http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/05/el-consul.html"&gt;recuerdo del descubrimiento&lt;/a&gt;, casi me produjo acidez de vuelta. La verdad siempre era amarga. El problema era que a veces se ocultaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomé otro trago de cerveza y me quedé a un costado, mirando a los que bailaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Qué momento, hace un rato –dijo Vero unos minutos más tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ni hablar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo estás? –preguntó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomaba cerveza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bien –me encogí de hombros–. ¿Vos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hizo el mismo gesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-También.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las cuatro de la mañana, el lugar era un infierno de gente. Pasaron “Señor Cobranza”. Al final me animé a preguntárselo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué no dijiste la verdad recién?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cuándo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Cuando nos preguntó si nos conocíamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arrugó la frente, como asombrada. Conocía ese gesto. Lo tenía olvidado. Yo me había enamorado de su desconcierto. Pero había sido mucho tiempo atrás, cuando no existía el pasado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pensé que vos no querías decirlo –respondió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué no iba a querer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo pensé unos segundos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No lo puedo creer… –dijo Clara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vero la miró un rato, esforzándose en reconocerla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Vos eras…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-De Europa. “Clara” –dije haciendo el gesto de las comillas con los dedos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Tenés razón! –exclamó Vero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se abrazaron como dos viejas amigas. Mi saludo fue distante. Clara nos miró, pensativa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Ustedes dos volvieron a… -dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Laura se unió al grupo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿De qué hablaban? –preguntó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La abracé de inmediato, mirando suplicante a Clara. Ella entendió, al menos, que convenía callarse por un rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Sabés que también nos conocíamos con Clara? –dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No puede ser…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asentí inmutable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Ella es la que me cagó el viaje”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-De Europa. Coincidimos en un par de ciudades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo dije para ver cómo reaccionaba. Clara me dirigió una mirada de desprecio. Yo me indigné. Laura dijo que habían sido compañeras de trabajo. Cambiamos de tema rápido, como si ellas tampoco quisieran hablar del asunto. Eso me generó suspicacia. Cuando nos volvimos a dispersar, busqué a Clara. La encontré fumando un cigarrillo en la entrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Así que seguís usando el nombre “Clara”… -dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella se sorprendió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me llamo Clara –dijo–. ¿Qué otro nombre voy a usar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vacilé. Estaba seca, cortante. Como si me tuviera bronca por algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El nombre real, por ejemplo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me llamo Clara. Y no sé de qué estás hablando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le repetí lo que me había dicho el cónsul en Florencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Rosa Méndez? –soltó una risa amarga– Eso fue un error. Tarado. ¿Por eso te fuiste sin despedirte?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Después salió en todos los diarios. Me extraña que no te hayas enterado…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronunció las últimas palabras con ironía y un odio viejo y rancio, que resurgía en oleadas. La imaginé temblando, sola, en una celda italiana. Y después recibiendo, para colmo, la noticia de que yo me había vuelto a Buenos Aires.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo creí que… -dije, buscando las palabras- Me parecía tan lógico que me hubieras engañado que…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella completó la frase:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me terminaste cagando.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8570663001305606332-8510446146312620401?l=decadadelnoventa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/feeds/8510446146312620401/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8570663001305606332&amp;postID=8510446146312620401' title='27 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/8510446146312620401'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/8510446146312620401'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/08/la-verdad.html' title='La verdad'/><author><name>Eric</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00925978300374827512</uri><email>decadadelnoventa@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='11644273104170394973'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>27</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8570663001305606332.post-7635171487051642010</id><published>2009-07-31T10:55:00.002-03:00</published><updated>2009-07-31T11:19:23.885-03:00</updated><title type='text'>Reencuentro</title><content type='html'>De Vero me quedaban muchos recuerdos y la sensación de que lo mejor había pasado mucho tiempo atrás y era el producto de un malentendido, un error. Pero cuando nos volvimos a ver, esta sensación se transformó en otra más difícil de explicar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos días antes había estado haciendo orden en los cajones de mi dormitorio. Encontré tres fotos con ella, una carta escrita en una hoja Rivadavia y un compilado que me regaló cuando cumplimos tres meses juntos. Yo me había olvidado de la fecha y ella me lo recriminó con timidez, como si estuviera copiando los gestos de otra persona. “La madre”, pensé cuando lo recordaba. Me causó gracia que yo no me hubiera dado cuenta entonces. Entre los quince y los veinte años pasaron miles de cosas, buenas y malas, pero en el fondo yo no había cambiado tanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escuché el compilado por curiosidad. Algunos temas estaban grabados de la radio, otros de casette a casette. Primero me pareció que sonaba opaco, después pensé que mis oídos se habían habituado al digital. Y más allá del sonido, los temas me resultaban precarios. “Hacelo por mí” había sido un himno. Ahora no entendía cómo alguna vez me había gustado algo tan simple y directo. La vida era un lugar angustiante, complicado. Attaque estaba bien, para pasar el rato. Pero la verdad que yo buscaba estaba en Radiohead. Es decir, no estaba en ninguna parte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hola –nos dijimos cuando Juan nos presentó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos miramos, preguntándonos en silencio si convenía revelar que nos conocíamos, o mejor lo dejábamos pasar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Se conocen? –preguntó Juan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me acuerdo quién dijo “no” y quién dijo “si”. Sólo que lo hicimos al mismo tiempo. Juan amagó una sonrisa. Laura apretó los dientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Sí o no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Del colegio –dijo ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Egresamos juntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conversamos un rato, en grupo. Laura me miraba de reojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Qué sorpresa –dije–. No te imaginaba…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Con un trosko”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-…militando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella se puso seria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Siempre me interesó la cuestión social.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tenía la cabeza muy lavada por mis viejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Y por &lt;a href="http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/01/el-barba-candado-2.html"&gt;Tupac&lt;/a&gt;”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Laura me tiró de la manga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Vero no era…? –me dijo al oído.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Quién?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tu ex.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La llevé aparte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No –dije–. Esa era otra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se quedó esperando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-En serio –insistí–. No iba a mi colegio. Si te conté…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella se aflojó un poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me pareció que se miraban raro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mentira no tenía la menor importancia. Lo que me molestaba era que fuese tan desconfiada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me sorprendió –dije–. Qué querés que te diga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se hizo un silencio amargo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno –dijo ella–. Está bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Segura?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saludó a alguien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mirá, ahí está Clara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y me dejó solo, con un vaso de fernet en la mano.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8570663001305606332-7635171487051642010?l=decadadelnoventa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/feeds/7635171487051642010/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8570663001305606332&amp;postID=7635171487051642010' title='122 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/7635171487051642010'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/7635171487051642010'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/07/reencuentro.html' title='Reencuentro'/><author><name>Eric</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00925978300374827512</uri><email>decadadelnoventa@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='11644273104170394973'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>122</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8570663001305606332.post-1348488487266466634</id><published>2009-07-28T10:07:00.002-03:00</published><updated>2009-07-28T10:20:31.498-03:00</updated><title type='text'>Cacerolazos</title><content type='html'>Las desgracias les llegan a todo el mundo, en algún momento: un muerto, un robo, un desocupado en la familia. Alguna gente lo tomaba como un aprendizaje, se adaptaba bien. Fabricaba velas artesanales, hacía teatro con los vecinos, se volvía asiduo de alguna religión o filosofía oriental. Otros, en cambio, no se reponían más. Cada vez que uno los veía estaban un poco peor, como si la carrera hacia abajo no tuviera fin. Yo sospechaba que se habían vuelto así sin darse cuenta, lo cual me inquietaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mí me iba bien, por el momento. Salía con Laura, en la facultad cursaba pocas materias y mientras tanto buscaba trabajo. Sin desesperación pero sin entusiasmo, leía los clasificados del Clarín los domingos, los lunes y martes salía a repartir curriculums o hacer entrevistas, y a partir del miércoles descansaba hasta la semana siguiente. Cada vez que algún adulto decía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo laburo desde los trece años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mí me daban ganas de esconderme abajo de una piedra. Diego había conseguido empleo de cajero en un Carrefour.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es una mierda, man –decía–. No lo soporto más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Buscá otra cosa –le recomendó Hernán–. No vendas tu dignidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo que pasa es que...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucas empezó a llorar. Diego le dio la mamadera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No me deja en paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y Sonia?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tiene más paciencia, qué sé yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo pensé que lo peor que podía pasarle a Diego era perder el trabajo. Pero un día Lucas se enfermó y tuvieron que llevarlo al hospital, donde quedó internado. No fue nada, algo del intestino, a los dos días estaba de vuelta en casa. Por un tiempo, Diego no se quejó del Carrefour. Como estaba en blanco, la obra social le cubrió todo. Y le dejaron faltar un par de días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sólo me descontaron el presentismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me alegré. Todos nos alegramos. Y Lucas estaba bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Zafó –pensamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hernán también zafaba. La &lt;a href="http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/06/la-merca.html"&gt;merca&lt;/a&gt; no le quitó la lucidez. Después de un primer flechazo fulminante, ella y él se habían tranquilizado. Ahora tomaba sólo cuando salía, se encerraba como un vampiro los domingos y en la semana no consumía nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya conocí mi límite –dijo una vez, a las seis de la mañana, con una cerveza en la mano–. Ahora quiero ponerme las pilas con algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juntó todos sus ahorros, tomó un crédito –no quiso aceptar la plata que le ofreció el padre– y puso un local en Palermo donde vendía jabones, sahumerios y velas que les compraba a los artesanos. Fue su bautismo de fuego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Boludo, me va bien –decía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera franquicia se la compró el padre, que abrió otra sucursal del negocio. Pero sólo en los papeles, porque también la manejaba Hernán. En un par de meses, ya tenían cuatro locales. Uno en Pilar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Hernán, lo peor que podía pasarle era que le tocasen la plata en el banco. Por eso, cada tanto, viajaba a Uruguay.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mi viejo dice que por las dudas. Y él sabe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me invitó al Buquebus un par de veces. Pasábamos por un banco en Montevideo, Hernán alquilaba un auto y de ahí al casino del Conrad de Punta del Este. Jugábamos algunas fichas y después nos íbamos a bailar. Yo me aburría un poco. En uno de esos viajes, Hernán conoció a una chica que apostaba fuerte en la ruleta. Era brasilera, de San Pablo. Se llamaba Iara. Fue su último viaje de soltero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mío también, por un tiempo. Con Laura perdimos bastante pronto la emoción del comienzo, pero ganamos algunas cosas. Laura me hacía sentir normal. Era desequilibrada, pero no tanto como para que yo tambaleara. Lo suyo eran detalles de color que la volvían más interesante. Mientras tanto amplié mi círculo, algunas noches no me volví solo a casa. Nada mal para los estándares que venía manejando hasta poco tiempo atrás. El aburrimiento era lo menos importante. Habían muchas fiestas en la ciudad: ochentosas, temáticas, de disfraces, en boliches, casas, facultades o en sótanos de mala muerte, donde a las tres ya no entraba un alfiler, ni un soplo de aire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día pensé que lo peor que me podía pasar era que Laura me metiese los cuernos. Pero cada vez que me representaba la situación, me importaba un poco menos. Después pensé en alguna tragedia familiar, de esas que ocurrían a veces, aunque desde la muerte de mi abuelo –que igual tampoco había sido tragedia, sino un suceso triste y dominical– reinaba la tranquilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era notorio cómo la gente se quejaba. Los jubilados, los desocupados, los que trabajaban. Se quejaban de la inseguridad, la corrupción, el desempleo, de que la plata no les alcanzaba. El año anterior, el Frepaso había organizado un cacerolazo y un apagón. Algunas cacerolas sonaron hasta en Ballester, donde nunca pasaba nada. Yo me hice amigo de un trosko que organizaba fiestas para recaudar fondos. Se llamaba Juan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Se viene la revolución –decía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas noches me dejaba convencer. Al fin y al cabo, yo era clase media. No podía creer mucho en nada. Pero si la revolución la hacían otros, me sumaba. Una vez me pidió que lo acompañe a pegar afiches. Éramos cinco o seis borrachos por San Telmo, con los papeles y un balde de cola vinílica en la mano. El texto en los afiches, muy largo para mi gusto, estaba tomado de unas revistas viejas que Juan encontró en lo del padre. Hablaba del sometimiento de la clase obrera y de la clase media. Esto último era un agregado de Juan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Por eso fracasaron antes –dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día me llamó por teléfono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Estoy enamorado –dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era extraño que no hablase de política. Me la presentó una noche, la reconocí en seguida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No lo puedo creer –dijo &lt;a href="http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/02/el-amor-segunda-parte.html"&gt;Vero&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Laura la miró con recelo. Y todo empezó a terminar, mientras las cacerolas batían de fondo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8570663001305606332-1348488487266466634?l=decadadelnoventa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/feeds/1348488487266466634/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8570663001305606332&amp;postID=1348488487266466634' title='44 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/1348488487266466634'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/1348488487266466634'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/07/cacerolazos.html' title='Cacerolazos'/><author><name>Eric</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00925978300374827512</uri><email>decadadelnoventa@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='11644273104170394973'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>44</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8570663001305606332.post-4653995488981360793</id><published>2009-07-22T12:30:00.000-03:00</published><updated>2009-07-22T12:45:50.315-03:00</updated><title type='text'>La luna</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Una vez leí una nota sobre la llegada del hombre a la luna. Estaba en una revista vieja del diario La Nación, de comienzos de los ochenta. Había sido escrita con una retórica solemne y pasada de moda. Decía que Neil Armstrong “había cumplido  el sueño de millones de jovenes en el mundo, a lo largo de todas las épocas”. Yo leía eso y me imaginaba a los jóvenes soñadores con los ojos en la luna. Los veía entusiastas, rubios, sonrientes. No me podía contar entre ellos por varios motivos: &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;En primer lugar, porque la Nasa queda en Estados Unidos, es decir que los astronautas son yanquis. A mí me parecían gente simpática, pero seguramente no lo eran. En el colegio, el gordo Schindler me había mostrado los folletos de la Nasa que le llegaban todos los meses por correo. Había fotos de la luna, de satélites artificiales y cohetes que despegaban.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;-Escribís una carta y te los mandan –dijo.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Yo le pedí la dirección, pero al final no mandé nada.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;El gordo era uno de los jóvenes que soñaba con llegar a la luna, pero Neil Armstrong ya lo había hecho veinticinco años antes. La meta ahora era pegar algún vuelo de rutina en la Nasa. Hizo un curso de astronomía en quinto año, se compró la colección de Sagan y al final estudió abogacía como el padre. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Otra razón por la que yo jamás llegaría a la luna, era que los astronautas eran –seguramente– personas más sólidas que yo, que cambiaba de opinión a cada rato. Creían en algo, por ejemplo: “la ciencia y técnica”, “la Nación” (ellos no decían “patria”), “el progreso”, “la luna”. Después actuaban en consecuencia. Al menos los viejos astronautas yanquis, como Neil Armstrong, quizás también los rusos, que cayeron en desgracia. Pero a los astronautas de ahora no los conocía nadie. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Esto último quizás volvía un poco más viable el proyecto de los jóvenes soñadores de antaño. Neil Armstrong y Yuri Gagarin fueron personalidades por haber sido los primeros. Si ahora había que buscar un poco para enterarse de quiénes estaban en el espacio, era porque la práctica se había vuelto habitual. Ya no era cuestión de ser un prócer. Con una educación correcta y un poco de suerte, alcanzaba.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;En algún momento imaginé mi carrera como astronauta: ganaba una beca, me entrenaba en la Nasa, al final quedaba seleccionado para un vuelo espacial. Pero no como capitán de una nave. Era una especie de grumete que veía lo mismo que todos, aunque con menos responsabilidad. Después de muchas turbulencias, esquivando meteoritos, llegábamos a la luna. Parecía un baldío suburbano: absolutamente desolado. La nota salía en un recuadro pequeño en algunos diarios. El capitán, que era igual a Morgan Freeman, me decía que ahora sólo les daban bola a las estrellas de televisión.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;En la época de Laura, a los veinte años, ya se me habían recortado las posibilidades. El futuro era algo tan incierto como siempre, pero al menos ya tenía la certeza de que no iba a ser astronauta, ni bombero, ni estrella de rock. La luna era la luna, algo inalcanzable, como una araña en un techo alto. Y además había escuchado que lo de Neil Armstrong fue un montaje de los yanquis para ganarles la carrera espacial a los rusos, lo cual me resultaba muy posible. Diego lo relativizaba:&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;-Llegaron –aseguraba–, pero más adelante. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;A Laura no le importaba.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;-La luna es otra cosa –dijo un día–. A veces me habla.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt; -¿Y qué te dice? –pregunté.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Ella entrecerró los ojos.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;-Habla con la voz de mi tía Marta, que murió hace unos años. Dice que me tengo que casar.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;-¿Con quién?&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;-Me voy a dar cuenta cuando lo vea.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;-¿Y si ya lo conocés? –dije.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Lo pensó un rato.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;-No creo. Mi tía me lo hubiera dicho.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;A mí me resultaba pintoresco que dijera eso. Al menos, Laura tenía un norte en su vida, algo de lo que yo carecía. Pero era difícil competir con una certeza de esas características. Escribí un poema: “Laura es más imposible que la luna”. Después pensé que me la tenía que sacar de la cabeza. Que había que vivir la soltería por un rato. Tenía que aprovechar  ahora, que estaba desocupado. Más adelante, cuando consiguiera trabajo, iba a ser todo más difícil. Además, en el f ondo, no estaba mal tener una amiga como Laura. Nos conocíamos bien, hablábamos de todo y los dos sabíamos que había pasado algo, pero tenía su encanto fingir que no había pasado nada.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Un día Laura me contó de su angustia porque Rafael la había dejado.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;-Soy un desastre –dijo–. Siempre elijo mal.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;-Tu tía Marta tiene razón. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;-¿Qué?&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;-No vas a estar sola siempre –dije–. Cuando lo conozcas, te vas a dar cuenta en seguida de que es él. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left;text-indent:0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Empezamos a salir dos días después.&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8570663001305606332-4653995488981360793?l=decadadelnoventa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/feeds/4653995488981360793/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8570663001305606332&amp;postID=4653995488981360793' title='25 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/4653995488981360793'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/4653995488981360793'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/07/la-luna.html' title='La luna'/><author><name>Eric</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00925978300374827512</uri><email>decadadelnoventa@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='11644273104170394973'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>25</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8570663001305606332.post-1333691536397406025</id><published>2009-07-20T13:04:00.002-03:00</published><updated>2009-07-20T13:30:04.670-03:00</updated><title type='text'>La música</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;Cuando yo era chico, la música era cosa del pasado. Discos de vinilo, los Beatles, Creedence. Poner un disco era un acontecimiento. Había que escucharlo, darlo vuelta, seguir escuchándolo. A veces quedaba de fondo, pero en general no. La música protagonizaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;Después, en algún momento, compramos la casetera, una Noblex. Yo lo observaba con distancia, examinándolo como un perro a las visitas, hasta que entré en confianza. Teníamos pocos casettes: uno de Tina Turner,  un grandes éxitos de los Rolling Stones. En esa confusa marea musical, muy lentamente, yo empecé a emanciparme. Un día me compré un casette con mi mensualidad. Elegí “Out of order”, que se estaba promocionando por todas partes porque Rod Stewart venía al país. La primera vez que lo quise escuchar, se enroscó la cinta. Me lo cambiaron por otro, que estaba grabado al revés. Recién lo escuché al tercer intento, después de ir y venir otras tantas veces a la disquería en el centro de Ballester. Al principio no me gustó, pero ya lo había comprado y me daba vergüenza cambiarlo por cuarta vez, así que lo escuché hasta que me convencí de que estaba bueno. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;Empecé a escuchar más música en casa. Mientras hacía cosas, o tirado en la cama, ponía el casette y lo escuchaba. Que la casetera apareciera en mi dormitorio, se volvió algo habitual. A Hernán le regalaron un equipo en que el casette se daba vuelta solo, y uno podía adelantar y rebobinar la cinta y hacer que ésta se detuviera al inicio de cada canción. Mi música se volvió más variada. Ahora incluía a Madonna, Roxette y los Pet Shop Boys. Un día apareció Depeche Mode. Los noventa empezaron con la muerte de Freddy Mercury. Me compré el Greatest Hits II de Queen, en casette. Pero ya se conseguía en CD. Era algo muy extraño y muy bueno, porque se leía con láser, sonaba más nítido y no tenía una falla equivalente a que se le enroscara la cinta al casette. Esos eran los argumentos con los que intentaba convencer a mi vieja de que me comprara un reproductor de compact discs. Tardó mucho en aflojar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;Mientras tanto, los casettes grabados de CD circulaban por el colegio. Había música que decía algo. No era para escuchar y nada más. Los que fingían o sentían desinterés por las clases, escuchaban a los Red Hot Chili Peppers y a Ugly Kid Joe. A veces también Nirvana y Pearl Jam, que en realidad les pertenecían a los más sensibles, que se angustiaban porque tenían quilombos en la casa. Escuchaban a Cobain y a Eddie Vedder y sentían que, al fin y al cabo, con la angustia y con la rabia también se podía hacer algo. Otros se dedicaban al metal. Iban diferenciándose gradualmente, no eran mayoría en ninguna parte, pero se los respetaba. Siempre estaban a un costado, medio aislados, aunque nadie los segregaba. Hacían gestos de tocar la batería o la guitarra. A los varones en general nos daba vergüenza reconocer que, hasta hacía poco, nos gustaba Roxette. Las chicas lindas escuchaban Bon Jovi. Después, Aerosmith. Algunos empezaron, tímidos, con el reggae. Eran un desprendimiento de los que hasta poco antes escuchaban a Sumo y a los Divididos. La otra parte fue ricotera. Más adelante, Viejas Locas y la Renga. Los Piojos sumaban gente. Algunos de los que empezaron con los Ramones y Attaque 77 siguieron con 2 Minutos, otros evolucionaron al pasado con los Clash, los Who, como si abriesen la puerta para ver qué había en el mundo. Mano Negra fue legión. Los Fabulosos Cadillacs, su versión menos refinada pero más popular. Junto con los Auténticos Decadentes, se escuchaban en todas las fiestas, por todas partes. Del otro lado, Soda Stereo era la modernidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;Yo a veces me sumaba a las corrientes.  Me subía un rato y después me bajaba sin dame cuenta. Escuchaba música fuerte, todo el tiempo. El minicomponente, cuando llegó, se instaló definitivamente en mi cuarto. 400 watts de potencia, sólo para mí. Después de probar con varios estilos, me quedé con todo lo que pintase un mundo sombrío, deprimente, desde Alice in Chains hasta Paradise Lost. Cuando llegó Radiohead, no importó nada más por un buen rato. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;La tarde en que fui a visitarla a Laura, después de la salida con Mariano, la encontré tirada sobre su cama, escuchando “Karma Police”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-¿Estás triste? –pregunté.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;Me dijo que sí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-¿Por qué?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-Te dije… -murmuró– Rafa me dejó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-Cierto. Qué garrón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;Después puso “The Bends”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-¿Escuchaste el último de Pearl Jam? –pregunté.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;Yo todavía no me lo había comprado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-No me gusta más Pearl Jam –dijo ella–. Ten estaba bien, después me cansaron.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;Se lo discutí bastante. Le ofrecí motivos que sonaban contundentes, tomados de algún programa de Mtv, para persuadirla de que eran una gran banda. Al final apelé al recurso más básico:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-Te voy a hacer un compilado de los últimos discos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-Dale –dijo ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-Ahí vas a ver.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;Volví a mi casa feliz por la posibilidad de que Laura me tomase como su referente musical. Por algo se empezaba. Si el amor no llegaba de repente, bien podía ir arrimándose de a poco. La música era un recurso noble, al fin y al cabo.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;El teléfono sonó un rato más tarde. Era Laura.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-Me había olvidado –dijo–. Disculpame.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-¿Qué cosa? –pregunté.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-Feliz día del amigo –dijo–. Y gracias.  &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8570663001305606332-1333691536397406025?l=decadadelnoventa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/feeds/1333691536397406025/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8570663001305606332&amp;postID=1333691536397406025' title='27 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/1333691536397406025'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/1333691536397406025'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/07/la-musica.html' title='La música'/><author><name>Eric</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00925978300374827512</uri><email>decadadelnoventa@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='11644273104170394973'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>27</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8570663001305606332.post-2781603680014742089</id><published>2009-07-16T13:24:00.001-03:00</published><updated>2009-07-16T13:26:01.516-03:00</updated><title type='text'>Liniers</title><content type='html'>Nunca conocí la casa de Mariano. Me la imaginaba más bien chica, con los techos bajos y olor a humedad. Un televisor nuevo en la cocina, una mesa con mantel de hule, en el living una araña de caireles rota. Acá y allá muebles oscuros de roble y otros de pino, pálidos y sin barniz, empapelado beige. No me hacía falta conocerla, porque la llevaba encima cada vez que hablaba de algo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mi vieja plancha en la cocina –dijo–. Yo le pongo un tango por la radio. Cantamos los dos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y también:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Una vez me llevé a una mina a casa. Quería que deje la luz apagada de mi habitación. Igual sólo tengo un velador, que anda de vez en cuando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas personas no hablan casi nada de su propia casa, quizás porque no pasan muchas horas adentro. Pero yo apenas hablaba de la mía y al menos en las vacaciones de invierno, era el lugar donde estaba la mayor parte del día. Dormía, jugaba con la computadora, miraba televisión, pero todo con la sensación de que la vida real pasaba por una imprecisa otra parte. Quedarme en casa era estar al margen, dejarla pasar. Para Mariano, en cambio, no había otra parte. Casi todas las postales de su vida, las que no dolían, las que no tenían que ver con el fracaso, ocurrían en el mismo lugar. Vivía en Liniers o cerca de Liniers, y mientras el taxi avanzaba por calles oscuras, yo tenía la sensación de que Mariano recuperaba su vitalidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es por la estación de tren –le indicó al tachero cuando ya faltaban unas pocas cuadras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué calle? ¿No sabés?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es un boliche de salsa, muy conocido. Se llena de gente en la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y dónde queda? –insistió el tachero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mariano dudó unos segundos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Por la estación de tren.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajamos en la estación. La iluminación era mala. Los colectivos que salían de la terminal, los taxis medio vacíos, pasaban por la calle al lado nuestro. Las bolsas de nylon, los papeles de diario, volaban en remolino alrededor. Cada tanto pasaba algún tipo, con las manos en los bolsillos y la mirada al suelo, rápido, como escapándose.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Apurémonos –dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tranquilo –dijo Mariano–, no pasa nada. ¿Sabés las veces que yo vine de noche acá?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respiró hondo, como si quisiera llenarse del ambiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos lugares, de noche, me generaban intranquilidad. No Villa Ballester, donde ya conocía hasta el último rincón de asfalto, ni tampoco San Martín, porque quedaba cerca, ni una gran parte de la capital que conocía de haber ido y venido a trabajar y a la facultad. Pero el horizonte se había ampliado en los últimos años. Había zonas de brillo y luz, con shoppings, cines y restaurantes. Otras, más en calma, se parecían de una forma u otra a la cuadra de mi casa. A medida que yo me alejaba, Mariano se acercaba a algún lugar. Pero después de dos o tres vueltas a una manzana, de cuatro o cinco calles donde no había nadie, resultó claro que él tampoco sabía dónde estaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Era por acá, boludo, estoy seguro de que era acá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo lejos, cerca de la esquina, vimos una luz. Era un bar con vidriera la calle. Adentro unos tipos tomaban cerveza sobre unas mesas de plástico blanco. Sonaba la cumbia. Un televisor emitía, en silencio, un trasnochado combate de box.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡El veintidós! –gritó uno desde adentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mariano se dio vuelta. El tipo, con bigotes largos y gorra de lana, venía hacia él con los brazos abiertos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Qué hacés, papá!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Luisito! –dijo Mariano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se abrazaron un rato. El tipo se reía. Me dio la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pasen –dijo–. Hay lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además de Luisito y el mozo, un gallego de boina, adentro habían cuatro tipos más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué hacen por acá? –preguntó uno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mariano explicó que buscábamos el boliche de salsa, donde se había levantado a una mina una vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Che –le dijo Luisito al mozo, que se acercaba con dos vasos de cerveza–. ¿Vos sabés dónde queda el boliche donde cogió el veintidós?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mozo ahogó una sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ni idea –contestó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mariano suspiró con desaliento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Quédense acá –dijo el mozo–. Hace frío, es tarde. Y es la primera vez que conocemos a un amigo del veintidós.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Guiñó un ojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué le dicen así? –pregunté más tarde, cuando la cerveza ya nos había hecho olvidar el frío del lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mozo me contestó en voz baja:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿No jugás a la quiniela? –se rió– Averiguá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me interesa ser famoso –decía Mariano–. No me interesa la fama, pero me interesa ser famoso. Hay que estar arriba. Tenés que estar arriba. La vida es un movimiento: o vas para arriba o vas para abajo. Yo tengo que ir para arriba. Estoy arriba y ya está. Si es lo mismo estar abajo o estar arriba. No hay diferencia. Pero mejor estar arriba. Jesús tuvo que bajar al infierno. Tuvo que saber lo que era el infierno para después resucitar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos quedamos un rato largo escuchándolo. Mariano gesticulaba, cambiaba el tono, hablaba con una pasión que a veces no entendíamos, pero nos daba igual. Me fui del bar dos o tres horas después. En el segundo colectivo, me dormí. Cuando me desperté ya era de día y estaba en casa otra vez.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8570663001305606332-2781603680014742089?l=decadadelnoventa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/feeds/2781603680014742089/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8570663001305606332&amp;postID=2781603680014742089' title='24 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/2781603680014742089'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/2781603680014742089'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/07/liniers.html' title='Liniers'/><author><name>Eric</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00925978300374827512</uri><email>decadadelnoventa@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='11644273104170394973'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>24</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8570663001305606332.post-9126225029296610373</id><published>2009-07-15T13:59:00.002-03:00</published><updated>2009-07-15T16:18:22.222-03:00</updated><title type='text'>La rolinga</title><content type='html'>Suspendieron el concurso y lo bajaron de la barra entre tres, un poco bruscamente, pero él se subió los pantalones con tranquilidad. Después reclamó el whiscola que ofrecían como premio. Una chica en la barra se lo dio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La gente nos mira –dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Que se vayan todos a la puta que los parió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué? Si se cagaron de risa…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mariano gruñó algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿No te gusta estar entre la gente? –pregunté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se quedó pensando un rato en la respuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Qué sé yo, boludo… –dijo al final– Tengo impulsos sociales por momentos y soy solitario en otros momentos. Y a veces se contradicen los dos impulsos. ¿Entendés? Pero el mejor hombre es el que puede tener esa armonía, o esa guerra, entre el impulso social y el impulso solitario. Si vive en la guerra y acepta que está en la guerra y se da cuenta, y lo toma con naturalidad, “es la guerra y se acabó, puedo morir y ya está”, ahí tiene paz. La paz de la guerra, por supuesto. La única paz que existe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mirá a esa piba por ejemplo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se refería a una chica con remera de los Stones. Lo miraba de reojo. Cuando él la señaló, se volvió abiertamente hacia nosotros. Usaba flequillo. Del cuello, en una cadenita dorada, le colgaba una pequeña cruz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Se viste igual que todas las minas y los flacos de acá, hace lo mismo que hacen todos... En mi barrio también está lleno. ¿Y para qué? En el fondo es porque tienen un queso encima que no se aguantan, relojean a todo el mundo, quieren coger y nada más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno –balbuceé–, no necesariamente...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué decís vos? –nos interrumpió la chica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Tengo razón o no? –dijo Mariano, con absoluta calma– ¿Por qué te cortaste el pelo así?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Porque me gusta –dijo ella–. ¿Qué problema hay?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y... –dijo Mariano–, el problema es que es una boludez. Hay gente muy copada, pero hay gente muy enferma también. No digo que vos lo seas, ¿eh? Eso se llama bovarismo. Madame Bovary creía que era una cosa que no era.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La chica se acercó un poco más. Mariano había adoptado el aire solemne de un titular de cátedra. Nos hablaba a los dos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Existe el bovarismo ascendente, descendente y el igualitario. El ascendente es creerse una cosa superior a lo que uno es. Es la mayoría de la gente, yo incluido, por supuesto. El descendente es creerse una cosa inferior a lo que uno es. En lo cual yo también me incluyo, porque yo también me creo inferior a lo que soy. Y el igualitario es creerse que uno es otra cosa igual a lo que es, pero otra cosa distinta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por eso te tatuaste el orto? –preguntó la chica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No –respondió él sin alterarse–. Me tatué el orto porque es la cara de mi vieja y yo la amo y hace unos ravioles de la san puta. Y porque soy único. ¿Entendés?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella se rió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si vos lo decís...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Vos la querés a tu vieja?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí... –respondió ella–. Pero nos peleamos bastante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lógico... –suspiró él–. Uno siempre se pelea con la vieja. Es el amor en la lucha. Pero lo importante es que la querés. Y ella te quiere, también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Qué sé yo... Es que a veces me parece que...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se quedaron unos segundos en silencio. Ella pensaba algo. Él la miraba en calma, de arriba abajo, como si acabase de verla por primera vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vos sos distinta –dijo Mariano–. No sos como esa manga de boludas que se visten y se peinan igual. ¿Por qué hacés eso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella sonrió con incomodidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Escuchaste al Polaco? –insistió él– ¿Escuchaste a Gardel?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me tengo que ir –dijo ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Me das tu teléfono?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mis amigos me están esperando. Chau.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desapareció entre la gente sin mirar hacia atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mariano apoyó los codos sobre la barra. Tenía la mirada hundida en el vaso de whiscola que no se terminaba más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Querés que nos vayamos? –pregunté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dio un largo suspiro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vamos a Liniers, boludo –dijo–. Vamos a Liniers.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré la hora. Eran las cuatro menos cuarto. Demasiado temprano, todavía, para tomar el tren hasta Ballester. Mariano se secó una lágrima. Me dio pena verlo así, como un gigante derrotado. Lo pensé un rato más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vamos –dije al final.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8570663001305606332-9126225029296610373?l=decadadelnoventa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/feeds/9126225029296610373/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8570663001305606332&amp;postID=9126225029296610373' title='28 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/9126225029296610373'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/9126225029296610373'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/07/la-rolinga.html' title='La rolinga'/><author><name>Eric</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00925978300374827512</uri><email>decadadelnoventa@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='11644273104170394973'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>28</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8570663001305606332.post-3848617653209344466</id><published>2009-07-14T12:56:00.003-03:00</published><updated>2009-07-14T13:04:51.289-03:00</updated><title type='text'>La Negra</title><content type='html'>Nos encontramos en una esquina de Callao y Santa Fe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vamos a Liniers, boludo –insistió Mariano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo ni sabía dónde era.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Queda en la loma del orto –dije–. Además, está bueno La Negra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Fuiste alguna vez?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le dije que sí. En realidad, había escuchado hablar del lugar en la radio porque esa noche tocaba una banda que se llamaba Carne Para Cerdos (C.P.C.) y hacía música industrial como Nine Inch Nails (N.I.N.). Yo los había visto en el Headbangers Ball de MTV. A mí me parecía horrible la música industrial, pero como sonaba enfermiza y decadente pensé que a la larga me iba a terminar gustando, como me había pasado antes con la cerveza, el whisky y algunas bandas de trash. Pero esos argumentos no hubieran convencido a Mariano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo voy siempre –dije–. Está bueno, vas a ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Yo COGÍ en Liniers! –gritó Mariano en medio de la calle–. Por eso te digo, boludo. Vamos para allá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me reí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿En serio? ¿Cuándo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No sé, hace un montón. Con una mina que ni sabía cómo se llamaba. Tenía un pedo para diez. Le pedí el teléfono, llamé al día siguiente y era una casa de empanadas. ¿Te das cuenta cómo son? A las minas lo único que les interesa es el sexo, aunque digan lo contrario. Se creen que el amor es verso. No lo sienten igual que nosotros. Es de la boca para afuera, nomás. Yo me tatué el culo con la cara de mi vieja, boludo, eso es amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Llegamos –dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era temprano. Había cola en la puerta. Se veían remeras de Nirvana, Ramones, Pantera, los Redondos, los Stones. Mariano suspiró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mirá la manga de pelotudos que hay acá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué música escuchás en tu casa? –pregunté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tanturi, D´Arienzo, Troilo –dijo–. Toda la música que esté hecha con sentimiento, me gusta. Lo otro es una boludez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos paramos al final de la cola. Un grupo de chicas conversaba en frente nuestro. Yo le pregunté a Mariano si se había anotado en alguna materia el cuatrimestre siguiente. Él hizo un gesto de desprecio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La facultad es una boludez. Es una verdulería la facultad. La facultad no es nada. Está llena de boludos. Lo que pasa es que reluce tanto porque supuestamente un lugar de estudio estar tan lleno de boludos, profesores, pibes, todo.... Es patético. No voy a volver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Nunca? –dije–. ¿Estás seguro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cola avanzaba de a poco. Una de las chicas de adelante retrocedió unos pasos para escuchar mejor el discurso de Mariano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El día que digan (si me lo dicen, no me importa que me lo digan o no): “Mariano B., venga y enséñenos toda la sabiduría que tiene adentro”, entonces voy. No como profesor. Como un tipo que vivió y que puede transmitir lo que vivió. Nada más. Pero estoy seguro de que no va a pasar. Lo que va a pasar va a ser lo siguiente: yo voy a formar mi propia escuela y voy a enseñar yo y voy a hacer lo que se me cante el culo. Eso va a pasar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me parece bien –dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La chica que nos escuchaba ahogó una risa. Me hacía acordar a Laura, con su pollera hindú. Mariano la encaró:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Alguna vez te dijeron que tenés una belleza exótica? –preguntó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Gracias –murmuró ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, gracias no –dijo Mariano algo molesto–. Te lo digo de corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella lo miró con desconcierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno... y yo te dije “gracias” –insistió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Ves lo que te digo? –Mariano se dirigía a mí– No les importa nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un auto nos tocó bocina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Taffarel! –gritaron desde adentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mariano se agarró la remera, a la altura del pecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Aguante! –gritó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entramos en el boliche cinco minutos después. En la pista grande pasaban un tema de los Piojos. En la más chica, arriba, empezó el recital de Carne para Cerdos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me voy abajo –dijo Mariano a los dos minutos–. No me lo banco más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo volví a encontrar abajo, media hora después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Este lugar es una mierda, boludo, ya reboté diez veces. Vamos a Liniers.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya es tarde –dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El DJ anunció un concurso de strip tease. La gente se subía sobre la barra, bailaba al ritmo de la música y se sacaba hasta donde se animase la ropa. El premio era un whiscola. Una chica se subió, bailó un rato y mostró el ombligo. La gente silbó. Después se subió otra y dejó su corpiño al descubierto. Algunos aplaudieron. Mariano me dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Voy yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se subió a la barra sin esperar el turno. Bailó unos minutos, amagando con bajarse el pantalón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Ese es tu amigo? –me preguntó la chica de la cola, que me recordaba a Laura, mientras tomaba una cerveza cerca de donde estaba yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le dije que sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Está jodiendo –aclaré–. No se va a animar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entonces lo vi a Mariano darse vuelta, con el pantalón por las rodillas, y mostrar el culo blanco con la cara de la madre compungida en una nalga.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8570663001305606332-3848617653209344466?l=decadadelnoventa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/feeds/3848617653209344466/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8570663001305606332&amp;postID=3848617653209344466' title='49 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/3848617653209344466'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/3848617653209344466'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/07/la-negra.html' title='La Negra'/><author><name>Eric</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00925978300374827512</uri><email>decadadelnoventa@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='11644273104170394973'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>49</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8570663001305606332.post-873775416573758171</id><published>2009-07-13T12:50:00.001-03:00</published><updated>2009-07-13T13:04:04.231-03:00</updated><title type='text'>Los marginales</title><content type='html'>Después de hacer el &lt;a href="http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/07/forum.html"&gt;ridículo&lt;/a&gt;, lo mejor es retirarse de circulación. “Cuarteles de invierno”, hubiera dicho Hernán. Laura no me llamó, yo no la llamé, el mundo volvió a su desquiciante normalidad al menos por un rato. En vacaciones de invierno mi rutina consistía en dormir hasta tarde, revisar los clasificados del diario (“no hay un carajo”), mirar alguna película y después salir o volver a dormir hasta el día siguiente. Desde que vivía con Sonia y con Lucas, las visitas a Diego me aburrían. Siempre terminábamos en frente del televisor, con Lucas dormido en el medio, mirando algún video de Birdman o el Fantasma del Espacio porque Diego opinaba que eran ideales para esa edad. De Hernán no se sabía mucho, excepto que tenía nuevos amigos que se vestían con camiseta blanca muy pegada al cuerpo, y que organizaban fiestas electrónicas –el colmo de la modernidad– a las que a mí no me interesaba ir. Igual tampoco me invitaban. Yo era un marginal en todas partes, incluso en la facultad. La posibilidad de cruzarme de vuelta con Laura me hacía estremecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Idiota –me decía, golpeándome la frente, mientras iba por la calle o elegía una película en el videoclub–. Pelotudo. Infeliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -¿Te pasa algo? –me preguntaba mi vieja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como estudiaba filosofía, todas mis preocupaciones derivaban en una angustia existencial profunda. Esto tenía sus ventajas, al menos frente a los demás, que nunca sospechaban su verdadero motivo. Y de hecho, el episodio en “Forum” me había llevado a inquietantes conclusiones acerca de la condición humana y la naturaleza del azar. Yo no estaba hecho para las veleidades de este mundo. Era un ermitaño, un ente espiritual. La posibilidad de recluirme en un monasterio me resultó atractiva otra vez. En particular, lo que me atormentaba era que todo el mundo en la facultad se hubiera enterado de mi triste papel con Laura. Después pensé que igual iba a pasar desapercibido, porque no me conocía nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo &lt;a href="http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/06/la-facultad.html#comments"&gt;Mariano&lt;/a&gt;, que adoptó la costumbre de llamarme todas las tardes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Qué hacés, querido –preguntaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos días arrastraba las palabras más que de costumbre. Una vez dijo que estaba medicado. Después me recitó un poema que había escrito:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-“Yo era inmortal / Mi esperma ardiente / Yo leía a Unamuno en la cancha de Huracán”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Está bueno –dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Boludo, las minas no me dan bola –se lamentó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mariano era la suma de todos mis temores. Nadie encarnaba como él al marginal, el desclasado, al que todos miraban de costado, murmurando. Pero a diferencia de mí, él no se daba cuenta de que la remera de arquero que usaba, los anteojos culo de botella, el desenfreno creativo y la euforia sexual no disimulada podían resultar difíciles de digerir en la facultad. Tanto en mi ropa como en mi actitud, yo era un himno a la discreción. Eso me hizo pensar que hasta entre los marginales, yo era un marginal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cuál fue la última con la que saliste? –pregunté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me contó de una chica a la que había conocido a través de un llamado en un programa de la FM Hit. La historia me sedujo de inmediato. Otra de las cosas que nos diferenciaba a Mariano y a mí era que él no dudaba: se metía, sin pensar las consecuencias, en cualquier lado. Yo nunca hubiera llamado a la radio. A él no le importaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vivía en Ezeiza –dijo–. Tenía un hijo de seis. Era hermosa, boludo. Me la apreté en un andén.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me los imaginé contra una reja, con una panchería al lado. Al fondo, un interminable paisaje suburbano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y qué pasó después?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La llamé diez veces. Nunca estaba y al final me sacó cagando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Qué raro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Las minas están locas, eso es lo que pasa. No se bancan que uno sea un ser extraordinario. Necesitan a un pelotudo al lado, de esos que se peinan, se bañan todos los días, laburan en una oficina de mierda, como ratones, y levantan la mano en la facultad: “profesora esto, profesora lo otro”. Que se vayan a cagar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me reí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tenés razón –dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Salgamos, boludo. Vamos a bailar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Para qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Para levantar minas –dijo–. Para qué va a ser. Hay un boliche de salsa en Liniers...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final quedamos en ir a La Negra. Yo prefería un lugar más neutral. Me resultaba extraño salir sin Diego ni Hernán. Esa tarde me compré ropa, me bañé y me peiné razonablemente bien. Tampoco era cuestión de exagerar. El teléfono sonó en casa cuando estaba a punto de salir. No atendí. Laura dejó un mensaje en el contestador:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hola... quería saber cómo estabas... me peleé con Rafa... llamame, un beso, chau.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dudé un rato largo. Estuve dos veces a punto de entrar y marcar el número de Laura, pero al final me fui.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8570663001305606332-873775416573758171?l=decadadelnoventa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/feeds/873775416573758171/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8570663001305606332&amp;postID=873775416573758171' title='32 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/873775416573758171'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/873775416573758171'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/07/los-marginales.html' title='Los marginales'/><author><name>Eric</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00925978300374827512</uri><email>decadadelnoventa@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='11644273104170394973'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>32</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8570663001305606332.post-8662452890752277636</id><published>2009-07-10T12:11:00.001-03:00</published><updated>2009-07-10T12:14:21.902-03:00</updated><title type='text'>Forum</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;Yo había visto “Forum” unas pocas veces antes. El esquema era siempre el mismo: una persona acusaba a otra por algún motivo banal, doméstico, y se simulaba un juicio oral. Cada uno exponía sus razones y al final Moreno Ocampo, el juez, emitía un fallo que las partes se comprometían a respetar. Luis Moreno Ocampo había sido ayudante del fiscal Strassera en el juicio a la junta militar, doce años atrás. Antes de que arrancase el programa, era lo único que sabía de él. Laura y yo nos sentamos en la tribuna, al  lado de una gorda que masticaba chicle. Rafael nos saludó de lejos. Iba de acá para allá.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-Qué petiso es –dijo la gorda cuando apareció Moreno Ocampo en el estudio–. Parece más alto por televisión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;Laura se puso a conversar con ella. La gorda le contó que estudiaba teatro con Agustín Alezzo. Dijo que era un buen profesor. Había sido panelista en muchos programas. Conocía a Susana Giménez, a Lía Salgado y a Moria Casán.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-Son divinas las tres –dijo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;Nos mostró los autógrafos, que llevaba en una agenda llena de stickers de Hello Kitty y Pin y Pon: “Para Betty con cariño”, “Afectuosamente”, “Con amor” y una firma algo confusa al pie de cada página.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-Susana me reconoce –dijo–. No somos amigas, pero conversamos bastante una vez.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-Mirá vos –dije.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;La gorda suspiró.  &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;Una chica del equipo de producción nos sugirió cómo comportarnos durante la grabación del programa. En realidad, se iban a grabar unos cuantos ese mismo día. Básicamente, no podíamos hacer nada que no fuera asentir en silencio y observar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-Como si estuvieran en una corte de verdad –dijo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;Los casos ese día fueron de lo más variados. Un tipo acusaba a una vieja de envenenar a su gato, la vieja argumentaba que el gato le invadía el jardín. Cada tanto el director ordenaba un corte y le sugería a la viejao o al tipo que fueran más enfáticos sobre tal o cual aspecto de la cuestión. Al final quedaron en que el tipo se iba a conseguir otro gato, prestando atención para que no pasara al jardín de la vieja, y la vieja se comprometía a no matarlo esta vez.  Laura murmuró:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-Qué horror.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-Es ficción –dije.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-Rafa dice que depende. A veces sí y a veces no.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;Hicieron un intervalo. Rafael vino a saludar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-¿Cómo la están pasando? –preguntó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;Laura dijo que re bien.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-Estamos como locos –dijo él–. Faltaron dos participantes. ¿No quieren pasar ustedes?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;Me reí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-¿Y qué vamos adecir?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-Inventen algo –dijo–. ¿No tienen ningún conflicto?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;Yo la miré a Laura. No tenía claro cuánto le había contado a Rafael de nosotros dos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-No –dijo–. Al contrario. Para nada, todo bien.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;Él se quedó pensando un rato.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-Son ex novios –dijo–. Vos lo dejaste por otro porque te cansaste de que fuera tan vueltero. Él está despechado, escribió “puta” con aerosol en el frente de tu casa y te quemó unos libros de la facultad. Vos le pedís que te los pague y arregle el enchastre en la pared. ¿Dale?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;Laura soltó una carcajada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-Dale –dijo–. Hagámoslo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;Nos condujo hasta un camarín donde una maquilladora nos pasó unos polvos por la cara.  Después nos dejó solos unos minutos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-Estamos nerviosos –dijo Laura–. ¿No?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-No sé.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-¿Cómo no sabés?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;La miré en silencio. Ella se quedó al lado mío, expectante. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-Te amo –dije.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-¿Qué?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;Ella tomó aire. Yo me quedé callado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-Mirá, esto ya lo hablamos y ahora no es el momento. Pensé que se te había pasado…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt; Rafael entró corriendo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-Salimos en cinco –dijo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;Lo ignoré.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-No puedo hacer esto –dije–. Chau.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;Rafael me miraba sin entender. Laura también. Me acerqué para dale un beso en la mejilla. La besé en los labios al final. Después di media vuelta para salir. Rafael se paró en el umbral de la puerta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;-¿Qué hacés, boludo? –preguntó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;Primero pensé en empujarlo, después pensé que me iba a cagar a trompadas. Al final me escurrí por un costado y salí corriendo del canal.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;mso-ansi-language:ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="left" style="text-align:left"&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span lang="EN-US" style="font-size:7.5pt;line-height: 150%;font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;color:black;mso-ansi-language:EN-US"&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/kS7-tSHIHnc&amp;amp;hl=es&amp;amp;fs=1&amp;amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/kS7-tSHIHnc&amp;amp;hl=es&amp;amp;fs=1&amp;amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="EN-US" style="font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;mso-ansi-language:EN-US"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8570663001305606332-8662452890752277636?l=decadadelnoventa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/feeds/8662452890752277636/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8570663001305606332&amp;postID=8662452890752277636' title='23 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/8662452890752277636'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/8662452890752277636'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/07/forum.html' title='Forum'/><author><name>Eric</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00925978300374827512</uri><email>decadadelnoventa@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='11644273104170394973'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>23</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8570663001305606332.post-906718900048076037</id><published>2009-07-08T16:22:00.003-03:00</published><updated>2009-07-08T16:30:34.690-03:00</updated><title type='text'>El productor</title><content type='html'>El deterioro de Laura empezó a manifestarse de a poco. No era algo que la gente comentara abiertamente. Al principio nos llamó la atención que anduviera con un tipo como Rafael. Sus camisas blancas, siempre bien planchadas, no pegaban bien con la pollera hindú de Laura, pero eso con el tiempo fue lo menos importante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Fuimos a Palermo –dijo–. Se puso re lindo el barrio, no sabés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Con quién fuiste? –pregunté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Con Rafael, es un divino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos semanas más tarde, la respuesta ya no era tan obvia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Anoche no hicimos nada –decía–. Nos quedamos en casa mirando televisión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Quiénes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo sola. Él no pudo venir.&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Una tarde la pasó a buscar por la facultad. Veníamos de Francés. Nos fuimos a tomar un café.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;-Por fin nos conocemos –dijo–. Apenas te vimos en la fiesta. Laura habla mucho de vos.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;-Gracias –dije.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Ella sonrió. &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;-A Eric le encanta el cine –dijo.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;-¿Estás laburando en alguna productora? –preguntó Rafael.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;-No por el momento.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Pedí otro café.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;-Si te interesa... –dijo.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;-¿Vos a qué te dedicás? –lo interrumpí.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Él se reclinó sobre su asiento, pasando el brazo por detrás de la espalda de Laura.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;-Producimos contenidos para televisión. &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Me quedé en silencio.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;-Programas de cocina, talk shows...&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué programas?&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;-Ahora estamos con “Forum”. ¿Lo ubicás?&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Le dije que no. Hizo un gesto de sorpresa o incredulidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;-Nos está yendo bien.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Laura lo besó en los labios.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;-Rafa tiene mucho talento.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Él se encogió de hombros.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;-Tuvimos suerte –dijo–. Y además nos supimos vender.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Más tarde Laura me llamó por teléfono.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;-Le caíste re bien a Rafa. Me dijo que te veía potencial.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;-¿Para qué?&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;-No sé. Potencial. &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Lo que me hacía más ruido era pensar en qué potencial mío era tan visible para él y tan oculto para mí. Pensé que ser inteligente no era resolver los crucigramas rápido, sacarse una buena nota en un parcial difícil ni desconfiar de todo el mundo, sino algo mucho más elemental. La inteligencia era saber venderse, como había dicho Rafael. El problema era que en ese mercado yo no tenía mucho para ofrecer: un carácter dócil, una biografía escueta y una escasa, casi inexistente habilidad para cualquier tarea manual o intelectual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;***&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;-Hay olor a hamburguesa –dijo Laura en medio de la clase.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué? &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Olfateó dos o tres veces el aire.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;-¿No te das cuenta?&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;No sentía nada. Le dije que no.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Ella no volvió a mencionarlo, pero cada tanto pasaba las manos por las paredes, por los asientos, se las olía como buscando detectar algo. &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;-¿Fuimos nosotros solamente? –preguntó después– ¿Vos no te diste cuenta?&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;-¿Quién es “nosotros”? –pregunté.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Se quedó perpleja unos instantes.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;-No sé –dijo al final.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Pensé que estaba pasando demasiado tiempo con Rafael. Que era una tontería. Que ya se le iba a pasar. &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;-Necesitamos gente para el panel –dijo Rafael–. ¿No querés venir? &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Laura me agarró de la mano.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;-Dale –dijo–. Venite. Nosotros vamos.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;  .&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;Y fuimos a “Forum” una semana después. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8570663001305606332-906718900048076037?l=decadadelnoventa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/feeds/906718900048076037/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8570663001305606332&amp;postID=906718900048076037' title='36 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/906718900048076037'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/906718900048076037'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/07/el-productor.html' title='El productor'/><author><name>Eric</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00925978300374827512</uri><email>decadadelnoventa@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='11644273104170394973'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>36</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8570663001305606332.post-6570402954510804701</id><published>2009-07-07T13:26:00.002-03:00</published><updated>2009-07-07T13:33:58.518-03:00</updated><title type='text'>El menemista</title><content type='html'>Cuando me iba a dormir me quedaba largas horas despierto, con una sensación que oscilaba entre la angustia y la acidez estomacal. A veces pensaba que tenía que ver con Laura, o más bien con la ausencia de Laura, que era más o menos lo mismo. Después de un par de semanas de amistad obligada por los pasillos de la facultad, había llegado a la conclusión de que era mejor no verla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Nos anotamos juntos en Francés II? –dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Dale.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las vacaciones de invierno me dieron una tregua. Durante ese mes estudié, vi mucho cine de terror y escribí un soneto sobre la soledad. Me aguanté las ganas de llamar a Laura, pero cada vez que sonaba el teléfono lo atendía con la inconfesable esperanza de que fuera ella. En esos momentos intentaba focalizarme en otros motivos de angustia, que me distrajeran un poco de mi desvelo principal. La vedette de las preocupaciones, en aquel entonces, era el futuro laboral. Inscribirme en la carrera de Filosofía, un año y medio atrás, había sido un arrebato de romanticismo. Ahora lo veía como un gesto profundamente escéptico: si lo que me esperaba, de cualquier manera, era la desocupación, entonces daba lo mismo filosofía que ingeniería industrial. La diferencia, en todo caso, era que a los estudiantes de ingeniería no los miraban con desconcierto en las entrevistas laborales, pero al final terminábamos trabajando codo a codo en el call center de turno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensé que todavía quedaban esperanzas. La gente que estudiaba para policía, por ejemplo, tenía el empleo asegurado. Pero yo no quería ser cana. La otra alternativa era la iglesia. Los curas no pasaban hambre. Había algunos escollos en el camino, que ahora me parecían menores. Yo no creía en Dios, por ejemplo, pero había cambiado de opinión tantas veces sobre asuntos tan diversos, que no veía por qué no iba a poder hacerlo de vuelta. Después de todo mi personalidad se acercaba más a la de Mulder que a la de Scully, y alguna vez había creído en los fantasmas, los extraterrestres y las conspiraciones del gobierno. Además, Leonard Cohen también se había ido a un convento. Me imaginé entregado al silencio de la masturbación monástica, lejos de Laura y la desocupación terrenal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día sonó el teléfono y era ella:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Te invito a mi cumpleaños –dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensé en inventar alguna excusa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Claro –dije–. ¿Cuándo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La fiesta era igual a la anterior, pero con más gente. A Laura no se la veía por ninguna parte. Al final apareció, vestida de blanco y con un sahumerio en la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Amor –dijo–. Es para atraer amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Laburo también? –dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gente me miró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después le di a Laura el regalo. Era una edición especial de Ok Computer, el último disco de Radiohead, con el que me atormentaba en mi casa cada vez que pensaba en ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Gracias –dijo–. Es un poco triste, ¿no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me encontré con unos compañeros trotskistas de la facultad. Sólo tomaban cerveza. Armamos un grupo aparte. Uno dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Qué linda la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y miraba alrededor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los otros puteaban contra el sistema. Yo puteé también. Me hacían acordar a los anarquistas que conocí en Italia, sólo que éstos parecían tener un plan. Entonces se cortó la música. Las voces se dispersaron por el quincho mientras uno intentaba arreglar el equipo de música.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-...qué garrón...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-...eh loco, dale, que rompo todo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-...viste lo que se puso Lau...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-...tenías que esperar años a que te dieran la línea...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los troskos paró la oreja.           &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Quién es ese? –preguntó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La voz continuó hablando:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-...y los estatales se rascaban a cuatro manos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Subía y bajaba de volumen, pero al rato todos lo estábamos escuchando. Buscamos entre la multitud. El autor de las frases estaba sentado sobre un sofá, el mismo en el que yo me había transado a Laura un mes atrás. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Estábamos afuera del mundo –dijo–. Y en el fondo, achicar el estado es agrandar la Nación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me quedé mirándolo. Laura lo besó en los labios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Eric? –dijo cuando me vio– Te presento a Rafael.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8570663001305606332-6570402954510804701?l=decadadelnoventa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/feeds/6570402954510804701/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8570663001305606332&amp;postID=6570402954510804701' title='55 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/6570402954510804701'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/6570402954510804701'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/07/el-menemista.html' title='El menemista'/><author><name>Eric</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00925978300374827512</uri><email>decadadelnoventa@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='11644273104170394973'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>55</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8570663001305606332.post-798888109931185720</id><published>2009-07-03T12:00:00.005-03:00</published><updated>2009-07-03T12:49:15.808-03:00</updated><title type='text'>Alanis Morrisette</title><content type='html'>-Me encanta Alanis –dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se quedó pensando un momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es una mina que canta lo que le pasa. Me siento identificada. No sé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Con qué cosas te sentís identificada?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Cuántas preguntas, parecés un cana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se rió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Quiero saber…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No me mires así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo te miro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya sabés. ¿En qué habíamos quedado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Perdón…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tuvimos clase. Francés. Ella tenía dos horas libres antes de la siguiente materia. Yo ya había terminado por ese día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué vas a hacer? –le pregunté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tengo que comprar unos apuntes y…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Te acompaño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La idea no pareció entusiasmarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es que… -balbuceó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Está bien –dije–. Entiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿No te enojás, no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Para nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es lo mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿No te gustaba la otra? –preguntó Hernán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí –dije–. No sé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Metiste la pata varias veces –dijo Diego–. Ahora desconfía. Es normal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero después la arreglé –dije–. Fuimos a pasear. La acompañé hasta la casa. No sé qué más hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diego se rascaba el mentón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y si le mandás flores? El otro día lo vi en la Viva. Es como en las películas. Pedís por teléfono, pagás con tarjeta y se las entregan en…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ni en pedo –lo interrumpí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hernán se reía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Te la transaste, salieron a pasear, no se pudo coger… Listo, ya está. Pasá a otra cosa. ¿Qué problema hay? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Que le gusta –dijo Diego–. Ese es el problema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Dejame de joder. Hasta la semana pasada estaba todavía “Aldana esto, Aldana lo otro”. Si te la hubieras cogido, ya no te interesaría tanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Puede ser…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo que pasa –siguió Hernán– es que estás acostumbrado a que te vaya mal. Esta mina te cayó bien y entonces no la querés cortar. Pero está lleno de minas el mundo. Yo tengo  amigas. ¿Querés que salgamos con Paula otra vez?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le dije que lo iba a pensar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;***&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo que me gustaba de Tomás –dijo Laura– es que me cuidaba. Estaba todo el tiempo pendiente de mí. Era el preferido de mi viejo. Se volvía insoportable a veces. Pero me hacía bien. Era lo que necesitaba entonces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cuántos años tenías? –pregunté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella lo pensó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Quince –dijo–. Dieciséis. No sé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acordé de &lt;a href="http://decadadelnoventa.blogspot.com/2008/11/la-paja.html"&gt;lo que hacía yo&lt;/a&gt; a esa edad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Salimos un año –dijo–. Después nos peleamos. Entonces lo conocí a Germán. Tocaba el bajo en una banda. Hacían recitales en el patio de un colegio en Martínez. Todas las minas estaban atrás de él. Yo pensé que nunca me iba a dar bola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué pensaste eso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No sé… Era insegura, qué sé yo. Salimos poco igual. Yo era una boluda. Me metía los cuernos con todo el mundo. Cuando lo dejé, se puso a llorar. Casi vuelvo con él otra vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se quedó pensativa. Después siguió hablando y yo la escuchaba:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-A Martín lo traté como el culo. No se lo merecía. Lo que me molestaba era que siempre hubiera algo más importante que yo. Mi viejo lo odiaba, a mamá le caía bien. Íbamos mucho al cine, al teatro... yo empecé a escribir con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y cómo terminaron?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Conocí a Darío, un boludo del CBC, y lo dejé. Después me arrepentí. Pero en realidad ya no quería estar más con él. Fue bueno mientras duró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablaba y se quedaba callada, como si las imágenes aparecieran en su memoria de repente y tuvieran sentido por esa milésima de segundo, antes de disolverse otra vez. Mencionó a uno o dos más. Pensé que de algunos no hablaba porque ni siquiera tenían nombre para figurar en una lista. Me pregunté si yo podía hablar de la misma manera acerca de mí. Todo en mi vida resultaba más confuso, accidentado. Personas, nombres, cosas. Todo mezclado. Había llegado a los tropezones hasta Laura. Y ahora quería formar parte de su lista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/8HYkNmRszR0&amp;amp;hl=es&amp;amp;fs=1&amp;amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/8HYkNmRszR0&amp;amp;hl=es&amp;amp;fs=1&amp;amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8570663001305606332-798888109931185720?l=decadadelnoventa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/feeds/798888109931185720/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=8570663001305606332&amp;postID=798888109931185720' title='77 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/798888109931185720'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8570663001305606332/posts/default/798888109931185720'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://decadadelnoventa.blogspot.com/2009/07/alanis-morrisette.html' title='Alanis Morrisette'/><author><name>Eric</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00925978300374827512</uri><email>decadadelnoventa@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='11644273104170394973'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>77</thr:total></entry></feed>