tag:blogger.com,1999:blog-7780093.post-10829589806239103152007-03-28T21:35:00.000-03:002007-03-28T21:44:50.226-03:00NO QUIERO QUE LLUEVA<p align="left"><a href="http://bp1.blogger.com/_LBjZP_uy6cQ/RgsLZaGvHoI/AAAAAAAAAAc/JImvWzecKXk/s1600-h/histeria.gif"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5047140338530983554" style="WIDTH: 302px; CURSOR: hand; HEIGHT: 208px" height="216" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_LBjZP_uy6cQ/RgsLZaGvHoI/AAAAAAAAAAc/JImvWzecKXk/s320/histeria.gif" width="460" border="0" /></a></p>Entre las anécdotas de mi niñez conservo siempre como buen ejemplo la travesura de Emilio, varios años menor que yo. Con mi familia habíamos ido de visita a la suya, y él quería jugar conmigo, andando en bicicleta por las calles de tierra de su entorno de campo. ¡Pero llovía!<br />En el campo, la lluvia tiene ese sino dramático que apenas si lo tiene en este grosero medio urbano.<br />Ni andar en bicicleta, ni caminar, ni salir. Nada es posible con tanta lluvia.<br />Pero Emilio se había hecho la ilusión de que, conmigo, saldría a correr y correr en las polvorientas tardes en aquellas viejas bicicletas...<br />Así, que sin más trámite, comenzó su ceremonia de conjura y, con una caja de cartón corrugado en su cabeza (a la que golpeaba cual tambor) danzaba por su habitación cantando a viva voz “¡No quieeero que llueeeva!<br />La lluvia persistió varios días, y debimos postergar nuestras incursiones ciclísticas hasta el próximo verano, cuando volví de visita al campo.<br />La idea de Emilio, primitiva y propia de un chiquilín, sirve para satisfacer un espíritu desconsolado que no puede admitir los designios insólitos de la realidad.<br />El lunes pretendí circular por la calle Rivadavia, aquí en Baires.<br />Pero el domingo llovió, y un rayo partió en dos una central de distribución de electricidad que, luego de salir de servicio dejó sin luz a media ciudad. En la zona de mayor influencia de aquella central (un amplio sector de Almagro, Caballito y alrededores) la luz no volvió sino hasta el martes a primera hora.<br />Como en mi historia, la gente salió el pasado lunes a protestar y a gritar que no querían el corte. Con cacerolas, total el método ya está bastante impuesto.<br />Imagínense el caos de un lunes laboral, con Rivadavia cortada por los manifestantes, que quemaban porquerías y gritaban. Una delicia.<br />Una potencialidad descubierta por cualquier candidato opositor: incitar a la protesta por todo lo que se les ocurra, para cerrar las principales avenidas e impedir la circulación.<br />Les recuerdo que estamos en “periodo electoral en Argentina”, algo que para cualquier servicio de inteligencia del mundo hace recomendable ni pisar por aquí a nadie: las más odiosas arbitrariedades son posibles.<br />¿Qué tal si se encierran en su habitación, se ponen una caja de cartón corrugado en la cabeza y comienza a pedir a los gritos que vuelva la luz?VITALIhttp://www.blogger.com/profile/09370530734448429676noreply@blogger.com