tag:blogger.com,1999:blog-7481477.post-1102980007174639272007-01-31T17:17:00.000-06:002007-01-29T18:05:44.615-06:00Poesía de la mente: Wallace Stevens<h2>EL EMPERADOR DE LOS HELADOS<br/><em>THE EMPEROR OF ICE-CREAM</em></h2>Llama al arrollador de cigarrones,<br />aquel robusto, y dile que revuelva<br />en ollas de cocina concupiscentes grumos.<br />Gasten flema las chicas vistiendo como suelen,<br />y tráiganles aquellos jóvenes<br />flores arrebujadas en periódicos viejos.<br />En ser el parecer acabe transformado.<br />Único emperador es el emperador de los helados.<br /><br />Del ropero de pino, al que le faltan ya<br />tres de sus diáfanas perillas, toma<br />la sábana en la cual una vez bordó ella<br />colas de pavorreal, y tiéndela de modo<br />que tape bien su cara. Si quedan descubiertos<br />los pies callosos, mostrarán así<br />cuán fría y silenciosa yace.<br />Que la lámpara fije los rayos fulgurados.<br />Único emperador es el emperador de los helados.<h4>Wallace Stevens</h4><h5>Versión de Jaime García Terrés</h5><br /><h2>EL HOMBRE DE NIEVE<br/><em>THE SNOW MAN</em></h2>Se debe poseer un espíritu de invierno<br />para observar la escarcha y las ramas<br />de los pinos encostrados de nieve;<br /><br />y haber tenido frío durante largo tiempo<br />para contemplar los enebros erizados de hielo,<br />los rudos abetos en el distante resplandor<br /><br />del sol de enero; y no pensar<br />en ningún dolor en el sonido del viento,<br />en el rumor de unas pocas hojas,<br /><br />que es la voz de la tierra<br />llena del mismo viento<br />que sopla en el mismo desnudo paraje<br /><br />para el que escucha, el que escucha en la nieve,<br />y, nada en sí mismo, contempla<br />esa nada que no está allí y la nada que está.<h4>Wallace Stevens</h4><h5>Versión de Alberto Girri</h5><br /><h2>DE POESÍA MODERNA<br/><em>OF MODERN POETRY</em></h2>El poema de la mente en el acto de hallar <br />Lo que habrá de bastarle. No siempre hubo de hallar: <br /><br />La escena era precisa: repetía <br />Lo que había en el guión. <br /><span style="margin:118px;">Entonces el teatro</span><br />Cambiaba en algo más. Y su pasado era un recuerdo. <br /><br />Ha de vivir. Saber el habla del lugar. <br />Ha de encarar a los hombres del tiempo, <br />Hallar a las mujeres del tiempo; pensar acerca de la guerra <br />Y hallar lo que habrá de bastarle. He de <br />Edificar un escenario nuevo, estar sobre el escenario <br />Y, tal actor insaciable, lentamente y con <br />Meditación decir palabras que en el oído <br />En el más delicado oído de la mente, repitan <br />Exactamente lo que quiere oír, en cuyo <br />Sonido, un invisible auditorio escucha <br />No la pieza, sino a sí mismo, expresada en una <br />Emoción como de dos personas, como de <br />Dos emociones convirtiéndose en una. El actor es <br />Un autor metafísico en lo oscuro, tañendo <br />Un instrumento, tañendo tensas cuerdas que producen <br />Sonidos que atraviesan súbita equidad, que contienen <br />En su totalidad la mente, debajo de la cual no puede <br />Descender, fuera de la que no habrá de subir. Debe <br />Ser el encuentro de una satisfacción, y <br />Quizá de un hombre patinando, una mujer que baila, una <br />Mujer peinándose. El poema del acto de la mente.<h4>Wallace Stevens</h4><h5>Versión de Andrés Sánchez Robayna</h5><br /><h2>ESTHÉTIQUE DU MAL</h2><em>FRAGMENTO</em><br /><br />I<br /><br />Estaba en Nápoles y escribía a su gente.<br />Entre una carta y otra leía párrafos<br />sobre lo sublime. El Vesubio había gruñido<br />un mes. Era agradable estar ahí sentado:<br />cálidos fulgores trazaban ángulos de llamas<br />sobre los cristales. Por ser un ruido antiguo<br />podía describir el terror de ese ruido.<br />Recordó las frases: pena audible al mediodía,<br />pena que a sí misma se apena, pena<br />que mata penas en el ápice de la pena.<br />El volcán trepidaba en otro éter<br />como al fin de la vida el cuerpo tiembla.<br /><br />Casi la hora del almuerzo. La pena es humana.<br />Rosas en el fresco café. En su libro<br />estaba escrita la perfecta catástrofe.<br />Si no fuese por nosotros, el Vesubio, sin pena,<br />con fuego sólido consumiría estas tierras extremas.<br />No sabe que los gallos cantan al morir.<br />Ante esta faz de lo sublime, huimos.<br />Y sin embargo, si no fuese por nosotros<br />nada sentiría el pasado entero al ser destruido.<h4>Wallace Stevens</h4><h5>Versión de Octavio Paz</h5>Marco Antonio Gonzaleshttp://www.blogger.com/profile/05493190515853914858noreply@blogger.com