tag:blogger.com,1999:blog-72453519750395850672008-08-30T15:35:06.405-07:00psicocuántico. héctor d'alessandro sala. blog de ideas narrativas cuyo centro está en todas partesy la forma en constante expansión. Literatura líquida. Ensayos, Cuentos y Novelas.Héctor D'Alessandrohttp://www.blogger.com/profile/18366874165744646990noreply@blogger.comBlogger102125tag:blogger.com,1999:blog-7245351975039585067.post-12586394775335574072008-08-30T04:37:00.000-07:002008-08-30T05:16:06.916-07:00El aullido de las hormigas. Héctor D’Alessandro<div style="text-align: justify;"><span style="font-weight: bold;font-size:100%;" >El aullido de las hormigas. Héctor D’Alessandro</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;font-size:100%;" >Cuando yo era un niño mataron a mi primer amor. Se la llevaron un día, la torturaron y la violaron y luego la enviaron lejos, muy lejos. Yo tenía ocho años y ella ventiocho, pero me había enseñado a jugar al ajedrez y era mucho más divertida que mi familia. Decía que había que escuchar al propio corazón, a las cosas y a las plantas y animales. Mi amor por ella era fervoroso y sexual, se saciaba con diálogos a solas en mi habitación, practicando con la almohada qué cosas le diría para que al fin se diera cuenta cuánto la quería. Se saciaba en un restregarse fervoroso contra la almohada, con tensión, sin descarga y al fin con una larga meada de facundia tropical.</span><br /><span style="font-weight: bold;font-size:100%;" > Yo aprendí que mi país era un terreno apto para la infamia, que mi país era horrible y mortal, que no hay otro igual.</span><br /><span style="font-weight: bold;font-size:100%;" > Luego un día se llevaron de noche a mi dentista, lo lanzaron por el balcón de la cuarta planta donde vivía, metida su cabeza en una bolsa de arpillera, ese detalle tuvieron, para que no se mareara al caer.</span><br /><span style="font-weight: bold;font-size:100%;" > Qué les voy a contar que no sepan, que les voy a contar que no hayan visto suceder en las calles más civilizadas de Montevideo.</span><br /><span style="font-weight: bold;font-size:100%;" > En la tele salía un perro facineroso que vociferaba con el movimiento de sus cejas y proponía con enorme educación meter más gente presa, a los niños, a los padres de los niños, por sus ideas, por ser padres de esos niños con esas ideas. Con el tiempo se hizo presidente de la renovada democracia. Como un premio por sus innovadores proyectos. Yo no lo voté, pero el ganó y nos volvió a joder a todos.</span><br /><span style="font-weight: bold;font-size:100%;" > Un vecino mío, esquizofrénico de profesión, decía: “no entiendo nada, yo voto a tal pero gana el otro, este país gira en círculos”.</span><br /><span style="font-weight: bold;font-size:100%;" > Sí.</span><br /><span style="font-weight: bold;font-size:100%;" > Durante años me dediqué a recomponer el pasado, esas imágenes y esos recuerdos. Los sacaba de noche cuando se oían la sirenas lejanas del país sin igual plagado de perros policía y los ponía todos sobre la mesa, los combinaba entre sí, intentaba sacar de ellos una respuesta o solución que me explicara todo y justificara ante mis ojos le regla de la inopia y de la maldad. Pasaba entonces de una explicación a otra y no lograba salir de la inútil cárcel que se extendía a través de todas las mentes.</span><br /><span style="font-weight: bold;font-size:100%;" > Abrir la puerta para salir a la calle podía ser abrir la puerta para ir a dar directamente a la prisión.</span><br /><span style="font-weight: bold;font-size:100%;" > Pero la cárcel, a veces, también venía a visitarte. Una señora que limpiaba y cocinaba en casa, está pelando unas papas y se le caen, papas y cuchillo, de las manos, se sienta en la silla, apoya la cabeza en las manos y llora. Tiene nauseas de los nervios que pasa desde hace una década. Su hijo está preso. Todo el mundo está preso. A todos se les cae el cuchillo y las papas de las manos.</span><br /><span style="font-weight: bold;font-size:100%;" > Vuelvo a mi cuarto y meto todos los recuerdos y las imágenes en su caja, no volveré a marearlas en días. Todos estamos presos.</span><br /><span style="font-weight: bold;font-size:100%;" > El año que viene será presidente de mi país un señor que se pasó trece años preso, nueve de ellos en un pozo húmedo con el agua pudriéndole el cuerpo. A veces durante el día miraba las hormigas, las oía trajinar, las oyó, en medio de aquella inmensa desolación, aullar. Las hormigas gritan, dice. Yo le creo. En las noches montevideanas la soledad es ancha y el horror puede ser inmenso, las hormigas pasan en fila aullando.</span><br /><span style="font-weight: bold;font-size:100%;" >Quiero saber porqué lo hacen.</span></div>Héctor D'Alessandrohttp://www.blogger.com/profile/18366874165744646990noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7245351975039585067.post-83795158892929660552008-08-30T03:57:00.000-07:002008-08-30T15:35:06.415-07:00Sincronicidad: una de Nabokov y Kubrik. Héctor D'Alessandro<meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"><meta name="ProgId" content="Word.Document"><meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"><meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"><link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CHector%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"><!--[if gte mso 9]><xml> <w:worddocument> <w:view>Normal</w:View> <w:zoom>0</w:Zoom> <w:hyphenationzone>21</w:HyphenationZone> <w:punctuationkerning/> <w:validateagainstschemas/> <w:saveifxmlinvalid>false</w:SaveIfXMLInvalid> <w:ignoremixedcontent>false</w:IgnoreMixedContent> <w:alwaysshowplaceholdertext>false</w:AlwaysShowPlaceholderText> <w:compatibility> <w:breakwrappedtables/> <w:snaptogridincell/> <w:wraptextwithpunct/> <w:useasianbreakrules/> <w:dontgrowautofit/> </w:Compatibility> <w:browserlevel>MicrosoftInternetExplorer4</w:BrowserLevel> </w:WordDocument> </xml><![endif]--><!--[if gte mso 9]><xml> <w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"> </w:LatentStyles> </xml><![endif]--><style> <!-- /* Style Definitions */ p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal {mso-style-parent:""; margin:0cm; margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:12.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} @page Section1 {size:595.3pt 841.9pt; margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; mso-header-margin:35.4pt; mso-footer-margin:35.4pt; mso-paper-source:0;} div.Section1 {page:Section1;} --> </style><!--[if gte mso 10]> <style> /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tabla normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} </style> <![endif]--> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style="">Sincronicidad: una de Nabokov y Kubrik. Héctor D'Alessandro<o:p></o:p></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><o:p> </o:p></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style="">Los narradores que se inventa Nabokov suelen ser gruñones antifreudianos. Un recurso, Borges, más positivo, fingía la <span style=""> </span>creencia, por parte de sus narradores, en la teoría de la voluntad como representación, de Schopenhauer. La filosofía, así como la ciencia, funcionan como variedades narrativas, resultan muy próbidas a la hora de nutrir el discurso de un narrador o de un personaje. <o:p></o:p></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style=""> </span>Los narradores que se inventa Nabokov nunca son, por ejemplo, antijunguianos, “ser” eso requiere un lector de elevadas miras y además muy entrenado. Sin embargo, la sincronicidad, o teoría acausal del universo, nutre buena parte de sus ficciones y de su vida. <o:p></o:p></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style=""> </span>Una anécdota acausal nabokoviana. <o:p></o:p></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style=""> </span>1916. Vladimir Naboov hereda de su tío Vasili Rukavíshnikov una enorme fortuna que lo libera de por vida. Fortuna que pierde al año siguiente a manos de la revolución bolchevique. <o:p></o:p></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style=""> </span>Entonces tiene un sueño que anota en su cuaderno: El tio Vasya, su voz, le dice “Volveré a ti con el nombre de Harry y Kuvyrkin”. Harry y Kuvyrkin son, en el sueño, dos payasos, inexistentes, aludidos por las palabras del tío pero nunca vistos por el soñador. <o:p></o:p></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style=""> </span>En 1959, ya ha salido “Lolita” y él se encamina hacia la fama y la prosperidad definitivas, no obstante, aún le falta “aquel” cheque definitivo que lo saque de la monotonía absurda de sus días como profesor. Un día lo están entrevistando para la ñoña revista “Life” cuando recibe una llamada de un amigo que le dice si ha leído el New York Times. Casualmente aquella mañana no lo había leído aún y eso que a diario lo hacía, debido a que seguía con interés y pasión el caso del niño Nimer que muy probablemente había asesinado a su familia. <o:p></o:p></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style=""> </span>La noticia, aquella mañana, de interés para Nabokov, era que Harris y Kubrik habían comprado los derechos de “Lolita” por 150.000 dólares, más 15 % de la recaudación.<o:p></o:p></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style="font-size:14;"><span style="font-size:100%;"> </span><span style="font-size:100%;">El tió Vasili había cumplido, volvía y lo hacía con vibrante fuerza monetaria.</span></span></b></p><p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-weight: bold;"><span style="font-size:85%;">(*) La anécdota que nutre a este texto está narrada por Brian Boyd en su excelente biografía "Vladimir Nabokov", en el segundo tomo ("Los años americanos" , pagina 449. Editorial Anagrama, 2006)</span></p><p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">
<br /><b style=""><span style="font-size:14;"><o:p></o:p></span></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style="font-size:14;"><span style=""> </span><o:p></o:p></span></b></p> Héctor D'Alessandrohttp://www.blogger.com/profile/18366874165744646990noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7245351975039585067.post-31874919496101190302008-08-23T22:58:00.000-07:002008-08-23T23:06:06.970-07:00Se llama Héctor. Por Héctor D'Alessandro<strong>Héctor, se llama Héctor, y su pie avanza, consolidado sobre la caliente arena, en medio de la bruma.<br />Aterido está, estruja el manto entre sus manos. Su gesto mecánico habla de intensidad, de ese momento, previo a la batalla, a la matanza infinita.<br />Aterido está de muerte, estruja el manto entre sus manos. Muchos muertos hay en su pasado.<br />Se llama Héctor, hombre totalmente formado, acabado, concluido.<br />El dolor lo circunda, las voces de sus muertos más queridos parecen alzarse del suelo y susurrar en su oído el rumor elegíaco de la profecía.<br />Héctor, hombre formado para la guerra y el discurso, verá más muertes esa tarde.<br />Da un paso y cae un rayo, tres pasos serán, serán tres rayos.<br />Es la señal esperada, la matanza es segura.<br />Avanza sobre la tierra caliente, llega hasta las cóncavas naves.<br />Fuego quiere ver, quiere ver fuego.<br />Héctor, se llama Héctor, y su firme pie avanza entre una neblina de sueños caldeados en brasas de dolor. Despedazada por momentos, hecha jirones por la luz que aprieta.</strong>Héctor D'Alessandrohttp://www.blogger.com/profile/18366874165744646990noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7245351975039585067.post-75412158559629150382008-08-14T08:52:00.001-07:002008-08-14T12:40:17.960-07:00Razones del escritor. Héctor D'Alessandro<div style="text-align: justify; font-weight: bold;"><span style="font-size:100%;">Razones del escritor. Héctor D’Alessandro<br /><br />Le preguntaron al escritor porqué casi todas sus ficciones estaban protagonizadas sospechosamente por un hombre cuarentón que de manera invariable está casado y tiene una hija de unos once años.<br /> El escritor, bien dispuesto para la sinceridad, se acarició la barbilla, se mesó los cabellos, calculador, pensó cómo iba a decir aquello tan importante que tenía para comunicar. Finalmente, suspiró, tomó impulso y comenzó a decir:<br /> Uno trabaja, consciente o no de ello, en varios niveles. Hace tiempo me di cuenta que mis lectoras eran, mayoritariamente, mujeres y me dí cuenta que muchas me enviaban cartas o emails diciéndome que era yo un escritor que escribía como una mujer, con la sensibilidad de una mujer y entonces comencé a buscar una explicación. Encontré varias, todas pueden resultar igualmente repugnantes pero todas consolidarán mi público. Diré la primera que se me ocurrió y que sigo considerando la más plausible: mi éxito comenzó el día en que mi protagonista fue un hombre casado y que tenía una hija. La explicación que encuentro, al cabo de estos disparatados años, es que la mujer lectora considera como parte de la realidad obvia de mis protagonistas masculinos la presencia de una mujer. Dan por hecho que está casado, eso forma parte de su sentido de la realidad o de la verosimilitud literarias. El hecho de que tenga una hija le agrega un componente familiar probablemente tierno. La presencia de mujeres humaniza a los hombres de mis narraciones. <br /> Cuando nuestro escritor respondió esto, la periodista que lo entrevistaba en esa ocasión se mordió el labio y la siguiente frase la planteó en un tono de objeción.<br /> Bien, dijo, pero cómo se explica que en los últimos relatos no aparezcan mujeres e igualmente el resultado sea relativamente exitoso. <br /> Y le lanzó a continuación una mirada de cómplice, de estar al tanto.<br /> Es que nuestro escritor acaba de casarse y su flamante esposa estaba embarazada. La periodista, si hubiera sido estúpida, y no parecía serlo, hubiera dicho algo así como ¿No estarán esperando una niña?<br /> Pero a esta pregunta, nuestro escritor no respondió. Sólo aventuró el comienzo de una posible respuesta. Dijo:<br /> La segunda posibilidad que le iba a comentar es que cuando uno escribe lanza una cartita de los reyes magos al universo y configura imaginariamente un deseo, quizás uno envía la imagen ideal de lo que quiere y esto en algún momento viene.<br /> La periodista suspiró y no pudo evitar decir “¡ah, qué bonito!”<br /> Y a continuación, algo alarmada, miró al cámara y le preguntó:<br /> ¿No me habrás grabado diciendo esa estupidez?<br /> No, respondió el buen hombre. No.<br /> Y nuestro escritor miró su Rolex y luego a la chica y movió las cejas, los párpados y la boca, como queriendo preguntar “¿Ya está?”<br /> Y sí, ya estaba. Él nunca terminó de explicarle que un día, tras la lectura de su último libro presagio o carta al universo, una lectora se le acercó durante la firma de ejemplares en una gran tienda donde firmó subido a una tarima instalada entre la sección ferretería y la sección plantas y abonos, y le dijo:<br /> Oye, mira, tu me dirás que estoy loca o algo así pero a mi no me importa, yo he leído todos tus libros y muy especialmente este y me ha parecido que todos estaban destinados a mi, pero en el caso concreto de este, y que conste que no estoy loca sino muy cuerda y que sé perfectamente lo que hago, lo he terminado y he pensado: “Dios mío, qué hombre, qué ganas tengo de hacerle una mamadita y que se corra en mi boca". Y no he podido evitar venir a decírtelo.<br /> Los efectos de las lecturas en los lectores son impredecibles pero de los lectores en los autores lo son aún más.<br /> La preciosa hija que tienen aún no llegó a los once años de edad.</span></div>Héctor D'Alessandrohttp://www.blogger.com/profile/18366874165744646990noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7245351975039585067.post-61103089235033247222008-08-14T08:13:00.000-07:002008-08-14T08:23:07.611-07:00El curso inevitable. Héctor D'Alessandro<meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"><meta name="ProgId" content="Word.Document"><meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"><meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"><link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CHector%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"><o:smarttagtype namespaceuri="urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" name="metricconverter"></o:smarttagtype><!--[if gte mso 9]><xml> <w:worddocument> <w:view>Normal</w:View> <w:zoom>0</w:Zoom> <w:hyphenationzone>21</w:HyphenationZone> <w:punctuationkerning/> <w:validateagainstschemas/> <w:saveifxmlinvalid>false</w:SaveIfXMLInvalid> <w:ignoremixedcontent>false</w:IgnoreMixedContent> <w:alwaysshowplaceholdertext>false</w:AlwaysShowPlaceholderText> <w:compatibility> <w:breakwrappedtables/> <w:snaptogridincell/> <w:wraptextwithpunct/> <w:useasianbreakrules/> <w:dontgrowautofit/> </w:Compatibility> <w:browserlevel>MicrosoftInternetExplorer4</w:BrowserLevel> </w:WordDocument> </xml><![endif]--><!--[if gte mso 9]><xml> <w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"> </w:LatentStyles> </xml><![endif]--><!--[if !mso]><object classid="clsid:38481807-CA0E-42D2-BF39-B33AF135CC4D" id="ieooui"></object> <style> st1\:*{behavior:url(#ieooui) } </style> <![endif]--><style> <!-- /* Style Definitions */ p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal {mso-style-parent:""; margin:0cm; margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:12.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} @page Section1 {size:595.3pt 841.9pt; margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; mso-header-margin:35.4pt; mso-footer-margin:35.4pt; mso-paper-source:0;} div.Section1 {page:Section1;} --> </style><!--[if gte mso 10]> <style> /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tabla normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} </style> <![endif]--> <p class="MsoNormal"><span style="font-size:100%;"><b style="">En algún momento sabrías que el adjetivo orbita alrededor del sustantivo en una serie progresiva con variantes de <st1:metricconverter productid="2 a" st="on">2 a</st1:metricconverter> <span style=""> </span>12, 18 o más.<o:p></o:p></b></span></p> <p class="MsoNormal"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style=""> </span>Sabias que, lo quieras o no, el adjetivo vuelve a orbitar al sustantivo con una recurrencia matemática exacta. <o:p></o:p></b></span></p> <p class="MsoNormal"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style=""> </span>El éxito, entonces, es cosa de un momento (momento de órbita) que nada tiene que ver con todo eso de ahí fuera.<o:p></o:p></b></span></p> <p class="MsoNormal"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style=""> </span>El adjetivo nada tiene que ver con el show ni con el tell; de hecho ese mundo tan show de los cien años de soledad es un mundo muy tell. Cuenta si no: los dos adjetivos más recurrentes <span style=""> </span>con que García nos presenta su mundo son: asombroso y sorprendente. Luego van y le llaman mágico. García trabajó en publicidad. <span style=""> </span><o:p></o:p></b></span></p> <p class="MsoNormal"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style=""> </span><span style=""> </span>Todo esto está convertido en estadísticas, en números, en recurrencias orbitales y además en sistemas de aplicación inmediata para reacondicionar tus textos. Este era uno de mis objetivos y lo estoy cumpliendo. <o:p></o:p></b></span></p> <p class="MsoNormal"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style=""> </span>¿Sabías que la recurrencia de apariciones de Madame Bovary se parece al número orbital del protón del hidrógeno en su giro en torno al neutrón?<o:p></o:p></b></span></p> <p class="MsoNormal"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style=""> </span><span style=""> </span>¿Sabías que desde este punto de vista de aprendizaje sistémico de la escritura llamada creativa “Rayuela” es uno de los libros más fáciles de escribir? Y que esto es así justamente porque Cortázar se basó en un sistema que ahora está discernido.<o:p></o:p></b></span></p> <p class="MsoNormal"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style=""> </span>¿Sabías que la prosa de Mark Twain y sus recurrencia adjetival es la más parecida al latido del corazón humano? <o:p></o:p></b></span></p> <p class="MsoNormal"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style=""> </span>¿Te han hablado ya del árbol de frases adverbiales y preguntas conceptuales que vertebra “Danubio” de Claudio Magris? <o:p></o:p></b></span></p> <p class="MsoNormal"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style=""> </span>¿Que en una larga gradación que parece acabar en las comparaciones, sólo luego de estas, viene o aparece el “pensamiento” de la novela y que este es no sólo detectable sino mensurable?<span style=""> </span><o:p></o:p></b></span></p> <p class="MsoNormal"><b style=""><span style="font-size:14;"><span style="font-size:100%;"> </span><span style="font-size:100%;">Aún puedes saber más, ponte en contacto con Héctor D’Alessandro. </span><span style="font-size:100%;"> </span><span style="font-size:100%;"> </span><span style="font-size:100%;"> </span><span style="font-size:100%;">(dalessandrosala@yahoo.es)</span><span style="font-size:100%;"> </span><span style="font-size:100%;"> </span><span style="font-size:100%;">Sesiones inolvidables. Tráete tu texto. Héctor está trabajando en su arte de modo constante e implacable y con sinceridad trabajará en el tuyo. </span><o:p></o:p></span></b></p> <p class="MsoNormal"><b style=""><span style="font-size:14;"><span style=""> </span><o:p></o:p></span></b></p> <p class="MsoNormal"><b style=""><span style="font-size:14;"><o:p> </o:p></span></b></p> Héctor D'Alessandrohttp://www.blogger.com/profile/18366874165744646990noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7245351975039585067.post-75982091151194708592008-07-26T00:33:00.000-07:002008-07-26T06:26:17.915-07:00Julio Cortázar escribe sobre Felisberto Hernández<div style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><span style="font-weight: bold;">Julio Cortázar escribe sobre Felisberto Hernandez.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">A riesgo de provocar la sonrisa de no pocos críticos literarios, pienso que la obra del uruguayo Felisberto Hernández sólo admite ser comparada con la de otro creador situado en el extremo opuesto del mundo latinoamericano que él conoció: José Lezama Lima.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Entiéndase que hablo de subyacencias, de tangencias, de afinidades difícilmente descriptibles. Como el poeta y narrador cubano, Felisberto pertenece a esa estirpe espiritual que alguna vez califiqué de presocrática, y para la cual las operaciones mentales sólo intervienen como articulación y fijación de otro tipo de contacto con la realidad. Al igual que los eleatas, Lezama y Felisberto se conectan con las cosas (porque de alguna manera todo es cosa para ellos, palabras o muebles o pasiones o pensamientos son a la vez tangibles e inefables, sueño y vigilia) desde una intuición que sólo puede ser instalada en el lenguaje por obra de la imagen poética, del encuentro no fortuito de la máquina de coser y del paraguas sobre la mesa de disecciones.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Como los eleatas, los sentidos no parecen sometidos a las facultades intelectuales para el proceso del conocimiento, sino que entran y salen de las cosas con el ritmo del aire en los pulmones, y el paso de ese conocimiento a la palabra, a la comunicación, se opera dentro de ese mismo ritmo y con la mínima mediatización posible. A partir de ese contacto sin trabas, todo el resto -descripción, narración, anécdota- se sirve naturalmente de la razón y del discurso, llamados a una labor subsidiaria a la que no están acostumbrados; así la tradición de Occidente ve invertirse cada tanto su escala habitual de valores, con lo cual el resultado es casi siempre el mismo: si pocos parecen haber accedido al mensaje primordial de Lezama Lima en Paradiso, también son poco los que han descifrado la clave profunda y recurrente de los relatos de Felisberto Hernández.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Aquí la analogía cesa, y el resto son felices y vastas diferencias que enriquecen y separan la obra de estos dos grandes narradores latinoamericanos. Solitario en su tierra uruguaya, Felisberto no responde a influencias perceptibles y vive toda su vida como replegado sobre sí mismo, solamente atento a interrogaciones interiores que lo arrancan a la indiferencia y al descuido de lo cotidiano.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">No es casual que la abrumadora mayoría de sus relatos haya sido escrita en primera persona (pero Las hortensias, gran excepción, parecería volcarlo igualmente en el personaje central del cuento en lo que toca a las pulsiones más hondas, acaso las más inconfesables dentro del contexto de su ambiente y de su tiempo). Basta iniciar la lectura de cualquiera de sus textos para que Felisberto esté allí, un hombre triste y pobre que vive de conciertos de piano en círculos de provincia, tal como él vivió siempre, tal como nos lo cuenta desde el primer párrafo. Pero apenas lo reconocemos una vez más -buenos días, Felisberto, ¿cómo te irá ahora, tendrás un poco más de dinero, las piezas de tus hoteles serán menos horribles, te aplaudirán esta vez en los teatros o los cafés, te amará esa mujer que estás mirando?-, en ese reconocimiento que solo ha tomado unos pocos párrafos se instala ya lo otro, el salto fulgurante a lo único que vale para él: el extrañamiento, la indecible toma de contacto con lo inmediato, es decir con todo eso que continuamente ignoramos o distanciamos en nombre de lo que se llama vivir.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Ese deslizamiento a la vez natural y subrepticio que de entrada hace pasar un relato gris y casi costumbrista a otros estratos donde está esperando la otredad vertiginosa, sólo puede ser sentido y seguido por lectores dispuestos a renunciar a lo lineal, a la mera rareza de una narración donde suceden cosas insólitas. Si algo tienen los cuentos de Felisberto es que no son insólitos, en la medida en que su infaltable protagonista es también infaltablemente fiel a su propia visión y no hace el menor esfuerzo por explicarla, por tender puentes de palabras que ayuden a compartirla.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">La calificación de "literatura fantástica" me ha parecido siempre falsa, incluso un poco perdonavidas en estos tiempos latinoamericanos en que sectores avanzados de lectura y de crítica exigen más y más realismo combativo. Releyendo a Felisberto he llegado al punto máximo de este rechazo de la etiqueta "fantástica"; nadie como él para disolverla en un increíble enriquecimiento de la realidad total, que no sólo contiene lo verificable sino que lo apuntala en el lomo del misterio como el elefante apuntala al mundo en la cosmogonía hindú. El día en que América Latina cumpla su destino revolucionario, cualquiera leerá a Felisberto con la familiaridad que hoy falta en muchos lectores; habremos entrado entonces en una dimensión humana que no necesitará distinguir con artificios retóricos esas zonas de contacto que en escritores como él anuncian la verdadera tierra del hombre y de la vida.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Siempre secretamente angustiada, la crítica literaria llamada a situar una obra como la de Felisberto tiende a sacar de su sombrero de copa el gran conejo blanco del surrealismo; es una manera de fijar la imagen antes de pasar a otra cosa, y además es cierto que el conejo está muy vivo y que se pasea continuamente sobre el piano de Felisberto. Basta leer La casa inundada o Las hortensias para que en el reverso de los párpados asomen las pinturas de Leonora Carrington, de Remedios Varo, de Hans Bellmer, de Paul Delvaux y de Magritte, sin hablar de queridas sombras más remotas, Nerval o Von Arnim. Pero también aquí opera la maniobra discriminatoria que Felisberto hubiera sido el primero en rechazar. ¿Hasta cuándo se insistirá en situar al surrealismo en un terreno falsamente privilegiado, lo que es una manera de marginarlo frente a una realidad supuestamente más imperiosa e importante? ¿Hasta cuándo el absurdo magisterio surrealista, fomentado antaño por Breton, más tarde por sus epígonos, y siempre por una cierta crítica ávida de etiquetas simplificadoras?</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Es bueno recordar que Felisberto vino una vez a París, donde probablemente no vio a nadie; a mí me gusta pensar, con evidente transgresión de la cronología, que si le hubiera dado la gana de encontrarse con sus semejantes, no hubiera buscado la Iglesia del surrealismo sino a Jarry y a Raymond Roussel. Y este último, gran inventor de cuadros vivos, hubiera amado como nadie las muñecas de Las hortensias y las flotantes budineras de La casa inundada, bellas como las altas creaciones de su taumaturgo Canterel.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Para algunos de nosotros, gentes del Río de la Plata, los relatos de Felisberto no cuentan por esas coexistencias que poco le hubieran interesado a él, pero que me parece justo citar para aquellos que van a leerlo por primera vez en España. Lo que amamos en Felisberto es la llaneza, la falta total del empaque que tanto almidonó la literatura de su tiempo. Totalmente entregado a una visión que lo desplaza de la circunstancia ordinaria y lo hace acceder a otra ordenación de los seres y de las cosas, a Felisberto no se le ocurre nunca reflexionar sobre su país, sobre lo que está sucediendo en el plano histórico, y se diría que su mirada se detiene en las paredes que le rodean, sin esforzarse por extrapolar sus experiencias, por entrar en una estructura de paisaje o de sociedad.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Entonces, no paradójicamente aunque algunos puedan pensarlo así, cada uno de sus relatos tiene la terrible fuerza de instalar al lector en el Uruguay de su tiempo, y a mí me basta releerlos para sentirme otra vez en las calles montevideanas, en los cafés y los hoteles y los pueblos del interior donde todo se da como a desgano, como él daría esos conciertos de piano llenos de polillas y cuentas sin pagar y trajes alquilados. ¿Debe pedírsele más a un narrador capaz de aliar lo cotidiano con lo excepcional al punto de mostrar que pueden ser la misma cosa?</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">El drama actual del Uruguay está prefigurado en Felisberto como lo está en la obra de Juan Carlos Onetti, otro narrador que prescinde en apariencia de la historia. Nuestras falencias -<span style="color: rgb(255, 0, 0);">hablo del Uruguay y de la Argentina como de un mismo país, porque lo son mal que les pese a los nacionalista</span><span style="color: rgb(255, 0, 0);">s</span>-, nuestra fuerza secreta o desaforada, nuestra lenta, perezosa manera de ser frente al destino planetario, toda la hermosura y la tristeza de un patio de casa pobre o de un partido de naipes entre amigos, asoman en esa especie de invencible desencanto que nace de los relatos de Felisberto. Testigo sin ganas, espectador al sesgo, él toca sus tangos para mujeres nostálgicas y cursis; como todos nuestros grandes escritores, nos denuncia sin énfasis y a la vez nos alcanza una llave para abrir las puertas del futuro y salir al aire libre</span><br /></span></div><br /><a href="http://bitacoras.com/canales/episteme:" rel="tag">Episteme:</a> <a href="http://bitacoras.com/canales/d" rel="tag">D'Alessandro</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/felisberto+hernandez" rel="tag">Felisberto Hernandez</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/julio+cort%C3%A1zar" rel="tag">Julio Cortázar</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/lezama+lima" rel="tag">Lezama Lima</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/literatura+l%C3%ADquida" rel="tag">Literatura líquida</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/onetti" rel="tag">Onetti</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/psicocu%C3%A1ntico" rel="tag">Psicocuántico</a>Héctor D'Alessandrohttp://www.blogger.com/profile/18366874165744646990noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7245351975039585067.post-49852600105838893682008-07-20T05:57:00.000-07:002008-07-21T02:07:43.382-07:00Hermann. Héctor D'Alessandro<meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"><meta name="ProgId" content="Word.Document"><meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"><meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"><link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CHector%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"><o:smarttagtype namespaceuri="urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" name="PersonName"></o:smarttagtype><!--[if gte mso 9]><xml> <w:worddocument> <w:view>Normal</w:View> <w:zoom>0</w:Zoom> <w:hyphenationzone>21</w:HyphenationZone> <w:punctuationkerning/> <w:validateagainstschemas/> <w:saveifxmlinvalid>false</w:SaveIfXMLInvalid> <w:ignoremixedcontent>false</w:IgnoreMixedContent> <w:alwaysshowplaceholdertext>false</w:AlwaysShowPlaceholderText> <w:compatibility> <w:breakwrappedtables/> <w:snaptogridincell/> <w:wraptextwithpunct/> <w:useasianbreakrules/> <w:dontgrowautofit/> </w:Compatibility> <w:browserlevel>MicrosoftInternetExplorer4</w:BrowserLevel> </w:WordDocument> </xml><![endif]--><!--[if gte mso 9]><xml> <w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"> </w:LatentStyles> </xml><![endif]--><!--[if !mso]><object classid="clsid:38481807-CA0E-42D2-BF39-B33AF135CC4D" id="ieooui"></object> <style> st1\:*{behavior:url(#ieooui) } </style> <![endif]--><style> <!-- /* Style Definitions */ p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal {mso-style-parent:""; margin:0cm; margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:12.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} p.MsoFooter, li.MsoFooter, div.MsoFooter {margin:0cm; margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; tab-stops:center 212.6pt right 425.2pt; font-size:12.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} @page Section1 {size:595.3pt 841.9pt; margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; mso-header-margin:35.4pt; mso-footer-margin:35.4pt; mso-paper-source:0;} div.Section1 {page:Section1;} --> </style><!--[if gte mso 10]> <style> /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tabla normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} </style> <![endif]--><!--[if gte mso 9]><xml> <o:shapedefaults ext="edit" spidmax="2049"> </xml><![endif]--><!--[if gte mso 9]><xml> <o:shapelayout ext="edit"> <o:idmap ext="edit" data="1"> </o:shapelayout></xml><![endif]--> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style="">Hermann.<span style=""> </span>Héctor D’Alessandro<o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""> <o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""> <o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style="">Conocí al colorado Hermann nada más llegar a la distraída Barcelona olímpica. Hermann era uno más de tantos y tantos extranjeros de buena posición que viven en otro país y de los cuales uno nunca sabe con exactitud de qué vive. Un supuesto despacho de importación y exportación, en el caso de Hermann, no aclaraba nada sino que parecía avivar aún más las dudas. Súmese el hecho equívoco de su nacionalidad: alemán. Sus cincuenta años aproximados de edad anestesiaban cualquier posibilidad de pensar. Esa es la edad que uno le imagina a todo asesino nazi, debido a un exceso de fotografías de los años cincuenta y sesenta toda esa generación de asesinos y comandantes europeos quedaron congelados para el futuro. En el llamado inconsciente colectivo tienen esa edad y por lo tanto en el caso de Hermann sólo pude atribuirle en mi ardiente imaginación un funesto pasado militar y un posterior refugio al amparo de la dictadura franquista. <o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""> Si a esto se suma la coincidencia de que Hermann tenía el aire de un conspirador y de alguien que oculta alguna cosa oscura de su pasado, el escenario estaba dispuesto por completo para que mi cerebro se recreara en las más creativas suposiciones criminales. Al comienzo de nuestra amistad se estableció entre nosotros una suerte de pacto no mencionado por el cual yo no preguntaba y además aceptaba cualquier versión que Hermann quisiera contar voluntariamente acerca de su vida pasada. <o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style=""> </span>Mis sospechas comenzaron a acallarse nada mas tomar conciencia de que por su edad era imposible que hubiera podido participar en los aquellos crímenes europeos, pero de todos modos dejé abierta la puerta a la sospecha sobre el padre de Hermann, quizás con el objetivo no confesado de mantener una baza interesante para<span style=""> </span>fantasear. Aunque lo más probable, pienso ahora, es que por muchas explicaciones que yo le buscara o que Hermann aportara, nunca podía borrar ese aire que tenía de sospechoso que oculta algo.<span style=""> </span><o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style=""> </span>En medio de aquella charca de suposiciones vino a caer del modo más inesperado una pedrada que comenzó a mover las verdades ocultas, en un lapso de pocas horas, con un progresivo furor que necesariamente llevó a una conclusión o al menos a una tranquilidad temporal de las aguas: la que sobreviene a la confesión.<o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style=""> </span>Una madrugada en que veníamos de una fiesta popular que ya no recuerdo cuál, acabamos en el antiguo Zurich desayunando con el objetivo de quitarnos la resaca, Hermann, más colorado de cara que de costumbre, discutía con cuantas personas se le ponían a tiro y le dirigían amablemente la palabra. En un momento en que estaba distraído hablando con una alemana que se encontraba en otra mesa y que lo miraba con displicencia y le hablaba de un modo condescendiente que lo enfurecía cada vez más, me dirigió a mi la palabra un negro de Texas que estaba en la mesa de al lado y tenía su billetera abierta sobre la mesa, sin un duro, y con todos y cada uno de sus documentos, tarjetas de visita y papelitos donde tenía anotaciones y teléfonos, dispuestos sobre la mesa. No sé cara de qué me vio pero me dijo que yo, que era su hermano, iba a tener que pagarle la próxima cerveza y como no tenía otra cosa que hacer y el negro no me caí mal, accedí sonriendo. Hermann clavó los rayos de su mirada sobre los documentos que el norteamericano tenía sobre la mesa y pareció olvidar por completo a la alemana de la otra mesa. Sospechaba algo y para comprobarlo asumió el gasto de cervezas del negro y se acercó con su silla. Era la época de los bombardeos desde el aire en la antigua Yugoeslavia, los bombardeos masivos de los americanos y este muchacho, tal como al fin averiguamos, era un piloto en servicio que estaba disfrutando de las últimas horas de descanso. El ajuntamiento de Barcelona les permitía vivir en los nuevos edificios que habían construido y que se llamaban “Villa Olímpica” y desde allí salían por la noche desde el Prat hacia algún punto desconocido del Mediterráneo donde subían a su bombadero hacia Serbia. “Es terrible, decía el negro, a quien llevamos hasta su casa en <st1:personname productid="la Villa Olímpica" st="on"><st1:personname productid="la Villa" st="on">la Villa</st1:personname> Olímpica</st1:personname>, yo sólo veo una pantalla y puntos que se mueven y calculo coordenadas”. Era la segunda guerra con mando a distancia. <o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style=""> </span>Esa mañana Hermann me invitó a dormir a su casa y como yo sabía que se avecinaba algún tipo de confesión acepté de inmediato.<o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style=""> </span>Estaba molesto y furioso y cuando abrió la puerta de su casa en una urbanización cercana a Badalona no podía evitar tropezar con la llave y la cerradura y soltar tacos todo el tiempo. <o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style=""> </span>Encendió la tele y sólo dejó las imágenes. Inevitablemente aparecieron las últimas novedades de la guerra de los Balcanes.<o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style=""> </span>¡Putos americanos!<o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style=""> </span>Tras su exclamación me arrellané en un sofá color marrón de lana y apoyé la mejilla en una de las orejeras del mueble.<o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style=""> </span>“En 1975 yo era un joven teniente de las fuerzas armadas pacíficas de <st1:personname productid="la Republica Federal" st="on"><st1:personname productid="la Republica" st="on">la Republica</st1:personname> Federal</st1:personname> Alemana. Mi futuro era claro y yo creía en lo que hacía. Fue en ese momento que a mi y a mil ocho cientos oficiales más de las fuerzas nos ofrecieron un trabajo calificado como “ultra secreto”. Muchos pensamos que se trataba de algo relacionado con <st1:personname productid="la RDA" st="on">la RDA</st1:personname> o con <st1:personname productid="la Unión Soviética" st="on"><st1:personname productid="la Unión" st="on">la Unión</st1:personname> Soviética</st1:personname>, pero todo comenzó a virar en un sentido misterioso y lleno de lagunas cuando comprobamos que un requisito fundamental era conocer y hablar el idioma inglés con un nivel de calidad superior.<span style=""> </span>De lo que se trataba era de pasar por norteamericanos. <o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style=""> </span>Ese evento fundamental en mi vida fue mi particular proceso de aprendizaje; puede<span style=""> </span>parecer mínimo y una auténtica nimiedad pero para unos cuantos miles de jóvenes militares alemanes fue la experiencia más inolvidable de nuestras vidas y quizás la definitiva. <o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style=""> </span>En 1973 se habían firmado en París los acuerdos de Paz entre Estados Unidos y Vietnam, no obstante los americanos continuaron en el sur y no imaginaron que el vietcong avanzaría hasta Saigón. El congreso norteamericano había impedido el nuevo envío de tropas y el gobierno no podía permitirse nuevas bajas entre soldados y mucho menos si esos soldados eran jóvenes. Pronto entendí, y como yo tantos otros, que Estados Unidos estaba desde comienzos del siglo, detrás de todas las farsas, mentiras, manipulaciones más atroces. Entendí que Estados Unidos financiaba a sus enemigos para meterlos realmente en fregados y luego se presentaba como el gran salvador que venía a endeudar de por vida a territorios, naciones y generaciones enteras. Yo, que creía vivir en un país libre me estaba dando cuenta ahora que vivía en un país con deudas de complicidad entre asesinos. <o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style=""> </span>Nuestro deber, al acometer la misión, era colaborar en la evacuación de Saigón, cuya caída se estimaba como muy próxima en el tiempo y altamente probable. Nuestro deber, a partir del momento en que subiéramos a los aviones USA en la base de Hamburgo, era olvidarnos de nuestro pasado alemán, de nuestra lengua, nuestra familia, nuestra ciudad y cualquier proyecto alemán que tuviéramos planeado para el futuro. En ese momento, pasamos a ser norteamericanos, con documento identificatorio del ejército y un nombre y una biografía americana estrictamente militar. Si moríamos en combate, nuestro cuerpo, incinerado en caso de grandes y evidente<span style=""> </span>mutilaciones, sería devuelto a nuestras familias y la explicación del accidente correría a cargo del Estado alemán, y los seguros para nuestros familiares le pagarían la educación universitaria incluso a nuestros nietos.<o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style=""> </span>Si no moríamos y triunfábamos en nuestro cometido de evacuación de Saigón, seríamos considerados unos héroes desconocidos. Americanos indudablemente, la tele nos mostraría a la hora de la cena, en horario de máxima audiencia jugándonos la vida para que Jonnhy, Peter, Mary, Sheyla o Tom pudieran volver a casa, lo único que no hacíamos era repartir chiclets entre los refugiados. Cuando cumpliéramos con nuestras misiones la televisión norteamericana sería puntualmente informada de que Ed Daly u otro con un nombre similar había acometido una valerosa acción de rescate. <o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style=""> </span>“Mira, me dijo, Hermann, mira esta foto.<o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style=""> </span>Era la famosa foto de unos helicópteros despegando del terrado de la embajada americana en Saigon, mira este oficial que dirige las operaciones. <o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style=""> </span>“Sí.<o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style=""> </span>“A cambio de este servicio nos jubilaron jovencísimos, con dinero para instalarnos donde quisiéramos y nuestro historial militar desapareció para siempre jamás. Nunca fuimos militares, el estado lo negará por siempre. Ya ves. Ellos se meten en problemas y luego meten a todo dios y luego hay que ir a rescatarlos bajo falsa identidad para que ellos preserven su versión oficial de los cojones y mantengan en alto esa mentira cinematográfica que les acompaña.<o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style=""> </span>“Cuando uno es joven toma decisiones equivocadas; se arrepiente luego, pero son irreversibles. <o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><o:p> </o:p></b></p>
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<br /><a href="http://bitacoras.com/canales/episteme" rel="tag">Episteme</a>: <a href="http://bitacoras.com/canales/cuento" rel="tag">cuento</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/d%27alessandro" rel="tag">d'alessandro</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/psicocu%C3%A1ntico" rel="tag">psicocuántico</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/literatura+l%C3%ADquida" rel="tag">literatura líquida</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/hermann" rel="tag">hermann</a>,
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<br />Héctor D'Alessandrohttp://www.blogger.com/profile/18366874165744646990noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7245351975039585067.post-85162955481300950042008-06-27T14:23:00.000-07:002008-06-27T22:12:05.466-07:00El precio del petróleo, una de Paul Kaiman.<p class="MsoNormal" style="FONT-WEIGHT: bold; TEXT-ALIGN: justify"><span style="font-size:100%;">Una de Paul Kaimán sobre el precio del petróleo.<br /></span></p><p class="MsoNormal" style="FONT-WEIGHT: bold; TEXT-ALIGN: justify"><span style="font-size:100%;">La subida irracional de los precios del petróleo, además de enriquecer rápidamente a sus productores, fuerza de modo artificial la extracción de las cuatro últimas gotas que queden en el planeta. Cuatro gotas que representan varios decenios de abastecimiento y consumo. Esos fondos restantes están a varios millones de inversión de distancia; unas cantidades que ningún capitalista quiere invertir. De ahí que ahora predomine una</span><span style="font-size:100%;"> </span><span style="font-size:100%;">visión no pesimista de las nacionalizaciones, cuando hace treinta años estas eran motivo para intervenciones y golpes de estado en países productores del tercer mundo. Se está permitiendo que líderes de retórica nacionalista intervengan en este sector con el objetivo de que ellos hagan la millonaria inversión con fines extractivos. Cuando todo esté dispuesto y el petróleo fluyendo, el capitalismo</span><span style="font-size:100%;"> </span><span style="font-size:100%;">financiero volverá a mostrar su oscuro </span><span style="font-size:100%;"></span><span style="font-size:100%;">colmillo; hundirán los precios y se quedarán en subasta de urgencia con las inversiones que los idiotas de turno harán en estos años. <?xml:namespace prefix = o /><o:p></o:p></span></p><p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"><span style="font-size:100%;"><span style="FONT-WEIGHT: bold">Cuando no entiendo un hecho llamo a Paul Kaimán para que me explique estas situaciones aparentemente incomprensibles. Paul sabe más por espía que por boxeador; como tal sólo recibió golpes y estos los recibe cualquier poeta. </span></span><b><span style="font-size:+0;"></span><span style="font-size:+0;"></span><o:p></o:p></b></p><br /><br /><a href="http://bitacoras.com/canales/episteme" rel="tag">Episteme</a>: <a href="http://bitacoras.com/canales/d%27alessandro" rel="tag">D'Alessandro</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/psicocu%C3%A1ntico" rel="tag">Psicocuántico</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/literatura+l%C3%ADquida" rel="tag">Literatura líquida</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/paul+kaim%C3%A1n" rel="tag">Paul Kaimán</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/el+precio+del+petr%C3%B3leo" rel="tag">El precio del petróleo</a>Héctor D'Alessandrohttp://www.blogger.com/profile/18366874165744646990noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7245351975039585067.post-70255726420054169412008-06-22T20:25:00.000-07:002008-06-25T06:11:53.214-07:00El reino de los siddhis. Héctor D'Alessandro<div style="text-align: justify;"><span style="font-weight: bold;">El reino de los siddhis. Héctor D'Alessandro</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Conocí a un hombre que tenía un pálpito. Tenía el convencimiento, sin poder justificarlo de un modo racional, de que sería viudo. Pero él no lo explicaba en estos términos. Decía, quizás con un principio de culpa, "la mujer que se case conmigo, morirá". Como si él fuera, de alguna manera, el culpable. Y esto nunca se sabrá.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Vivió con muchas mujeres y con todas y cada una de ellas, en algún momento, padeció momentos de pánico, "¿y si es ésta?".</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Dice que se despertaba por las noches y se acercaba, temeroso, al cuerpo de su amada y se sobresaltaba al no oír la respiración. Le invadía un calor ardiente en todo el cuerpo, como un ahogo, una auténtica tortura. Pasaban los minutos agónicos en que se debatía al borde de la desesperación. Cuando atisbaba un sonido, un amago de ronquido, una respiración, un ligero quejido nocturno, cualquier señal de vida, le volvía la sangre al cuerpo. Se serenaba, apretaba la mano de su amada contra su cuerpo.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Susurraba: "Te quiero, te quiero". Y lo hacía con un tono de súplica, como pidiéndole que, por favor, no muriera.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Cuando le comentó esto al psiquiatra no le fue de gran ayuda ni apoyo. Por el contrario, las palabras del profesional le supieron a rezongo; le dio la impresión de que lo conminaba en un tono autoritario a dejar de lado tamañas estupideces.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Y él no consideraba, bajo ningún punto de vista, que sus pálpitos mortales fueran, precisamente, tonterías.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Además, el mero hecho de contárselo por vez primera a alguien de quien demandaba una especie de solución, desató en su imaginación un delirio alucinante de imágenes y encuadres de escenas desconocidas en que se mostraba con realismo el anunciado hecho de la muerte de quien sería su esposa.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Aquello debió aterrarlo; sin embargo, no fue así.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">La vanidad humana llega a límites insuperables. Yo mismo conocí a un ex presidiario del campo de Treblinka. Un hombre que cada día hacía apuesta consigo mismo acerca de quién o quienes de su cuadra moriría al día siguiente y dice que sentía un orgullo casi satánico cuando, al otro día, comprobaba el acierto de su apuesta consigo mismo.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Mas, un día sintió su orgullo herido al comprobar que un candidato a la muerte se resistía durante ya demasiado tiempo a cumplir con el severo vaticinio de su apuesta.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">"No se indigne, me dijo, no cometa la hipocresía de indignarse. Esto sucede a diario en los hospitales. Los médicos y enfermeros hacen apuestas en las que se les va el orgullo y matarían si éste saliera tocado por muchos errores. El que trabaja con la muerte tiene el orgullo, el insidioso orgullo, como gran tentación y como coraza."</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">El orgullo, en el caso del hombre de los pálpitos, le impidió temer. No se horrorizó de imaginar, cada vez, con mayor precisión, la futura muerte de su desconocida esposa. No; muy por el contrario, se sintió poseído de un extraño poder sobre la vida y la muerte; sobre el resto de la humanidad. Su propio cuerpo registró este cambio; no le asaltaron más los calores exagerados y los fríos pavorosos que, sin control alguno de su parte, le acometían en medio de la noche.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Una vanidad íntima más acusada, con el paso del tiempo, le hacía sentir, cada vez que abandonaba a una mujer, "otra que se ha salvado".</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Con esta nueva manera de ver, sentir y pensar los sucesos se sentía casi feliz; era un sentimiento muy cercano a la felicidad pero no era eso, era otra cosa que no podía identificar de un modo claro. Pero se parecía tanto a la felicidad que toda la gente que le rodeaba en esos años, pensaba, sin motivo, que estaban en presencia de alguien afortunado, amable y cabal. Incluso los niños, hijos de sus hermanos y amigos, encontraban a su lado, algo así como una tranquilidad.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Transcurrieron los años y una noche en que conoció a una mujer con la que, de entrada, quiso intimar, sintió un sentimiento de carencia. Como si fuera un hombre incompleto. No se hizo la ilusión de que aquella mujer era algo así como su ser complementario pero esa noche, ya apagado el deseo, vigilante en la oscuridad, con ella acurrucada a su lado, oliendo su aroma de rosas, sintiendo su carne protuberante y, cada tanto, el sonido apagado de las perlas que ella no se quitó para hacer el amor, sintió que ella era una persona sencilla que consideraba los sucesos de un modo sencillo. Alguien que lloraría cuando tuviera pena y reiría con la alegría pero que, básicamente, era una mujer entera, maciza como su propio cuerpo lo delataba, espiritualmente sólida. Entonces, aquel hombre se ahogó, se hundió, sintió una terrible hoquedad en algún punto indefinido de su ser. Al verla en la penumbra, pensó "debió tener un perro lanudo con el que correr por el campo y ese perro, un día, murió, y ella, sencillamente lloró, apoyada contra un árbol y se levantó y cavó un pozo y lo enterró y luego fue más fuerte".</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Cada una de las cosas que pensaba las podía ver con la nitidez de una película; como un recuerdo propio.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Entonces cobró conciencia, en un rapto de comprensión, que él nunca, nunca en toda su vida, había visto morir a nadie, ni siquiera a un perro. Nunca había sentido esa pérdida. Jamás. Y se sintió vacío de no sentirse vacio.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Y quiso que aquella mujer muriera en ese preciso instante.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Pero estas cosas no suceden así como así.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">No pudo evitar odiarla para siempre; como si ella hubiera puesto al desnudo un secreto inconfesable.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Era una persona que no sentía antipatías, pero en este caso no pudo evitarlo.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">No la volvió a ver nunca más.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Pero las revelaciones de aquella noche fueron inolvidables; nunca le abandonarían. De algún modo aquella mujer tampoco le abandonaría. Un año luego de aquel fugaz encuentro erótico, por intrincadas combinaciones de amigos y conocidos, se enteró de su muerte.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Este hecho, tan contundente, lo liberó.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Transformó inconscientemente sus recuerdos de aquella mujer, la idealizó a límites inconcebibles. De la amorosa cuarentona sencilla en busca de placer y un nidito de amor que era, la convirtió, poco menos que en una mágica pitonisa que le revelaría el secreto fundamental en torno al significado de su vida. Imaginó, sin mayor dificultad, un casamiento cósmico, una esotérica unión etérica con aquella mujer, que con su muerte le liberaría de su hado.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Aquel suceso obró como una sanación. Un cúmulo de energías asfixiadas se desataron en su persona. Abandonó su profesión y su trabajo de abogado y se entregó con pasión a la docencia universitaria de la Historia. Cinco años luego, era una persona totalmente distinta. Alegre y dicharachero, sereno y fruidor de cada momento de la vida. Cercano a los cincuenta se casó con una alumna que le echó el ojo desde el primer día. Una talentosa joven rebelde de brillante inteligencia y un auténtico carácter independiente. Desde muy joven había abandonado la casa paterna, aburrida del temperamento monacal de su padre; a su madre la odiaba sin remedio. Una mujer hipócrita y dañina, desalmada y sin instintos maternales que la había dejado a su padre, como si dijéramos, de regalo, abandonándola con tres años de edad.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">La chica era una auténtica saeta luminosa, una fuente de energía poderosísima en busca de un rumbo. Deriva que encontraría al lado de nuestro hombre de los pálpitos y las nocturnas apuestas. Al año de casados, cuando él ya hacía seis años que había desprovisto de poder a su propio hado, olvidándolo como a una tontería, ella, sin motivo ni aviso aparente, cayó enferma de un cáncer que la habría de consumir en muy poco tiempo.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">–Usted, señor D'Alessandro, no podría creerme aunque quizás lo imagine, cuál fue mi sobrecogimiento al verme envuelto en trámites y visitas a deudos y, encontrar, en casa de una tía suya, una foto de mi esposa y su madre y descubrir que era hija de aquella señora cuarentona con la que estuve una noche hace tantos años. Encuentro al que le atribuí una importancia desmedida sin saber, hasta ahora, porqué.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">P.D.: "Siddhis" es el nombre sánscrito que reciben las aptitudes supranormales que despiertan en los practicantes del yoga indio de la mente (Raja Yoga) pero también surgen estas facultades de un modo espontáneo en algunas personas.</span><br /><br /><span style="font-weight: bold;">He escogido esclarecer este concepto en una posdata para no confundir a los neófitos desde el comienzo del relato; pero, por sobre otras razones, para no cerrar el paso a otras alternativas interpretativas. Esta es sólo una; hay más.</span><br /><a href="http://bitacoras.com/canales/episteme" rel="tag">Episteme</a>: <a href="http://bitacoras.com/canales/d%27alessandro" rel="tag">D'Alessandro</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/psicocu%C3%A1ntico" rel="tag">Psicocuántico</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/literatura+l%C3%ADquida" rel="tag">Literatura líquida</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/el+reino+de+los+siddhis" rel="tag">El reino de los Siddhis</a><br /><br /> <script src="http://bitacoras.com/votar/anotacion/boton/normal" type="text/javascript"></script> <br /><br /><br /></div>Héctor D'Alessandrohttp://www.blogger.com/profile/18366874165744646990noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7245351975039585067.post-18897396365070906472008-06-21T14:28:00.000-07:002008-06-21T16:06:48.958-07:00Conjuras de necios. Héctor D'Alessandro <meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"><meta name="ProgId" content="Word.Document"><meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"><meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"><link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CHector%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"><!--[if gte mso 9]><xml> <w:worddocument> <w:view>Normal</w:View> <w:zoom>0</w:Zoom> <w:hyphenationzone>21</w:HyphenationZone> <w:punctuationkerning/> <w:validateagainstschemas/> <w:saveifxmlinvalid>false</w:SaveIfXMLInvalid> <w:ignoremixedcontent>false</w:IgnoreMixedContent> <w:alwaysshowplaceholdertext>false</w:AlwaysShowPlaceholderText> <w:compatibility> <w:breakwrappedtables/> <w:snaptogridincell/> <w:wraptextwithpunct/> <w:useasianbreakrules/> <w:dontgrowautofit/> </w:Compatibility> <w:browserlevel>MicrosoftInternetExplorer4</w:BrowserLevel> </w:WordDocument> </xml><![endif]--><!--[if gte mso 9]><xml> <w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"> </w:LatentStyles> </xml><![endif]--><style> <!-- /* Style Definitions */ p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal {mso-style-parent:""; margin:0cm; margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:12.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} @page Section1 {size:595.3pt 841.9pt; margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; mso-header-margin:35.4pt; mso-footer-margin:35.4pt; mso-paper-source:0;} div.Section1 {page:Section1;} --> </style><!--[if gte mso 10]> <style> /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tabla normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} </style> <![endif]--> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span lang="PT-BR" style="font-family:Arial;">Conjuras de necios. <span style=""> </span>Héctor D’Alessandro<o:p></o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span lang="PT-BR" style="font-family:Arial;"><span style=""> </span><o:p></o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span lang="PT-BR" style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span lang="PT-BR" style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style="font-family:Arial;">Todo comienza una tarde de sábado en que el idiota que vive centrado en sí mismo está tumbado en su casa con la puerta ventana de su dormitorio entreabierta y oye una música no tan lejana a cuyo ritmo se entrega una multitud, llena de belleza y ambición, con los movimientos y las cadencias más actuales. <o:p></o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><span style=""> </span>Él tiene ganas de ir a mear y, al levantarse, los ve allí, en el jardín, todos ajetreados.<o:p></o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><span style=""> </span>Cuando asoma su adormilada cara, bella y ambiciosa, por la rendija que deja la puerta ventana, de inmediato algunas cabezas comienzas a girarse y cuando la chica, una rica heredera, bronceada y adormecida que cultiva una progresiva diabetes lo ve, el acompañante de la misma, un chico bronceado con el pelo brillante, los ojos duros y la boca dulce, se vuelve repentinamente inquieto. Mira a la chica, mira al chico, calcula la onda de comunicación vibracional que se ha establecido entre ellos y determina que sobrepasa los niveles admisibles y respetables para la salud de su propio corazón. En consecuencia, lleno de stress, estruja algo carente de importancia entre sus manos dentro de sus bolsillos a la moda, pero para la chica distraída que cultiva su diabetes sólo tiene amables sonrisas llenas, en el fondo, de un odio que ella no conoce ni puede ver. <o:p></o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><span style=""> </span>Todo comienza así, de este sencillo modo. <o:p></o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><span style=""> </span>Se trata de una suerte de conjura de necios.<o:p></o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><span style=""> </span>Más frecuente de los que se piensa. Sucede siguiendo unas pautas más o menos regulares. Los más idiotas creen que alguien los amenaza, se conjuran contra el pacífico durmiente de siestas que no tiene ningún interés ni motivo para conseguir aquello que ellos tanto valoran.<o:p></o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><span style=""> </span>Acaban metiéndolo, contra su voluntad, en el asunto, y sus propios miedos y paranoias colectivos le conducen a la involuntaria victoria. <o:p></o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><span style=""> </span>Esto excita los nervios adormecidos de cualquier chica aunque haya pasado una vida aburrida entregada a las obras de beneficencia y al cultivo dosificado y progresivo de la diabetes. <o:p></o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><span style=""> </span>La conjura posee estos elementos. Uno o mas idiotas centrados en lo que hacen los otros y en interpretar de un modo negativo todos los pasos de esos otros. Un idiota autocentrado, -con lo cual ya empieza a mostrar un poquito de sabiduría. Y una chica o algún otro tipo de persona que no muestra su juego.<o:p></o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><span style=""> </span>En este caso, el idiota autocentrado, se metió la mano dentro del enorme pantalón para rascarse ciertas zonas y con la otra se restregó los cabellos mientras con el cerebro intentaba discernir si toda aquella gente elegante y que tan bien olía, ágil,<span style=""> </span>ambiciosa y bella tenía algo que ver con él, pero antes de que pudiera llegar a algún tipo de conclusión, la chica que no mostraba su juego ya se había acercado y orbitaba<span style=""> </span>a su alrededor. No era una chica muy original ni vanguardista, porque le dijo ¿nos conocemos? Y el idiota autocentrado se tomó la pregunta en serio, con lo cual se sumió en una mar oscuro de elucubraciones que a ella le hicieron pensar “es monísimo, me lo comería, mira cómo se rasca la cabecita.” Mientras, el danzarín acompañante de la chica, plantificado en <span style=""> </span>el enorme jardín, muy próximo a la piscina, craneaba escenas de apuñalamiento y envenenamiento masivo, venganzas horripilantes, arañazos vengativos y palizas descomunales. Las ondas vibratorias de sus pensamientos lo conmovían hasta la raíz del cabello y el vaso verde con una bebida fucsia estalló en su mano morada manchándole de paso la camisa rosa de rayas blancas. <o:p></o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><span style=""> </span>Esto hizo que la futura diabética girara su enorme culo y lo mirara a los ojos y al verlo conmocionado le preguntara ¿qué te sucede cariño, te sientes bien, quieres sentarte? Serie de preguntas que ofendieron aun más al danzarín centrado en los otros y le hicieron pensar que la culona diabética era una bruja despiadada y sádica pero se contuvo, él creyó que con gran inteligencia, para decir que no, que nada, que por favor, y en el fondo se cagaba en ella porque pensaba “me trata como a un anciano, ¿qué se piensa?”<span style=""> </span><o:p></o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><span style=""> </span>A todo esto, el idiota autocentrado dormidor de siestas, al ver aquel culo se imagina perspectivas muy amables y sin saber que ella ya está en la senda de su destino piensa cosas como “quién pudiera” o “si yo la tuviera a tiro”.<o:p></o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><span style=""> </span>Su lúbrica mirada es transparente y el idiota centrado en los otros siente que el calor que sale de su cuerpo le seca por completo la brillantina de su cabeza. Le parece, incluso, sentir el aroma a chamusquina de aquel producto derivado del petróleo. Pero decide que a él nadie le verá sufrir, qué va, en la vida, no les dará esa satisfacción, antes muerto. <o:p></o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><span style=""> </span>Su mirada está dirigida de un modo tan claro en dirección al despeinado dormidor que la chica se gira, y al hacerlo, vuelve a ver el delicioso contenido de sus circunstanciales sueños. <o:p></o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><span style=""> </span>Su sonrisa se deshace en una suerte de baba gelatinosa. <o:p></o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><span style=""> </span>En este momento el idiota amargado dice que ahora vuelve, tiene que retirarse al lavabo, pero es un repliegue táctico, va a ver qué puede hacer porque esto ha pasado de castaño a oscuro. <o:p></o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><span style=""> </span>La chica pregunta de un modo formulario ¿te las podrás arreglar sin mi, ¿cariñín?<o:p></o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><span style=""> </span>Y aquel “cariñín” al idiota amargado centrado en los otros, le parece un nauseabundo revulsivo. <o:p></o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><span style=""> </span>Ella se va en dirección al chico “monísimo” que al verla venir siente un poco de miedo, piensa “¿esa tipa estará enfadada conmigo?" No entiende porqué debería estarlo pero igual siente miedo y para aligerarlo se hace un chiste a sí mismo, un método de su propia invención que suele utuilizar con frecuencia en situaciones temerarias como aquella. Se dice a sí mismo “a ver, tío, si ahora<span style=""> </span>te da un culazo”<span style=""> </span>y a continuación ríe para sí “jo, jo, jo” y comenta, centrado en sí mismo “¡qué flipe la vida! ¡pa alucinar, de verdad!”<o:p></o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><span style=""> </span>Ella, la rica herededa y futura diabética, piensa “pero cómo puede tener esa carita tan dulce...<span style=""> </span>y cómo se hace el que no se entera, ¿será posible? Me lo voy a comer todito” <o:p></o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><span style=""> </span>El durmiente de siestas la ve acercarse y le hace acordar en su progresivo acercamiento a aquella ocasión en que cruzaba una autopista y un coche venía de frente pero el no sabía si tenía que tirar para la derecha o para la izquierda, ¡qué flipe! Y se quedó quieto y todos saben que aquello fue un viaje impresionante, que el coche le pasó zumbando y todo eso, pero bueno ya lo saben todos eso... en fin...<o:p></o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><span style=""> </span>Sólo que ahora el camión se le plantó delante y le dijo ¿qué, me dejas pasar? Y él pensó “esta tía debe saber que tengo aquello tan rico para viajar que ayer me trajo el Berto.<span style=""> </span>Bueno, que le vamos a hacer.”<o:p></o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><span style=""> </span>Y la deja pasar.<o:p></o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><span style=""> </span>(Borges dice que la vida de un hombre está toda resumida en un momento, ¡que flipe! ¿no? Pues yo no soy quién para negarlo y menos con evidencias a la vista. Tal vez influido por las multiples lecturas de los interaccionistas simbólicos y también, porqué no, por las comedias de "nerds", he compuesto esta trama verdadera que me fue confiada por Amelia Haedo durante la toma de posesión de un presidente bastante aburrido de nuestro país.) ¿Cómo continúa la historia? Bien, el caso es que la chica heredera de la futura diabetes se sale con la suya y logra enamorarse furibundamente de aquel chico descuidado y amante de las siestas alucinógenas. Con el paso del tiempo, va corroyendo sus neuronas y le contagia sus gustos por la moda, según ella, “más exigente”; en fin, que lo convierte en un triunfador.<o:p></o:p></span></b></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><span style=""> </span>¿El danzarín? Ah, en cada reunión que podía recalcaba a quien quisiera oírlo que, si no hubiera sido por él, aquella pareja estupenda y maravillosa, jamás habría logrado conocerse.</span></b></span></p><a href="http://bitacoras.com/canales/episteme" rel="tag">Episteme</a>: <a href="http://bitacoras.com/canales/d%27alessandro" rel="tag">D'Alessandro</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/psicocu%C3%A1ntico" rel="tag">Psicocuántico</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/literatura+l%C3%ADquida" rel="tag">Literatura líquida</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/conjuras+de+necios" rel="tag">Conjuras de necios</a>
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<br /><p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style="font-family:Arial;">
<br /></span></b></p><p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">
<br /></p><p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">
<br /><b style=""><span style="font-family:Arial;"><span style=""> </span><o:p></o:p></span></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><span style=""> </span><o:p></o:p></span></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></b></p> Héctor D'Alessandrohttp://www.blogger.com/profile/18366874165744646990noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7245351975039585067.post-12512196934795251572008-06-20T13:21:00.000-07:002008-06-20T13:44:09.517-07:00Theatre de la Huchette, La cantante calva se representa desde 1948<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_q1Vh7YR-PUA/SFwRh2FfCmI/AAAAAAAAAE4/WkXxhUDgPBg/s1600-h/Paris+147.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://bp0.blogger.com/_q1Vh7YR-PUA/SFwRh2FfCmI/AAAAAAAAAE4/WkXxhUDgPBg/s320/Paris+147.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5214061741740067426" border="0" /></a><br /><span style="font-size:100%;"><span style="font-weight: bold;">El pequeño Theatre de la Huchette, donde se representa "La cantante calva", con una interrrupción de cinco años durante la cual se representó en otro teatro, desde el 18 de marzo de 1948</span></span>. <span style="font-weight: bold;">En la misma sala se interpreta desde 1957 "La lección", también de Ionesco.<br /><br /><a href="http://bitacoras.com/canales/episteme" rel="tag">Episteme</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/d'alessandro" rel="tag">D'Alessandro</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/ionesco" rel="tag">Ionesco</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/la+cantante+calva" rel="tag">La cantante calva</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/teatro+de+la+huchette" rel="tag">Teatro de la Huchette</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/psicocuántico" rel="tag">Psicocuántico</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/literatura+líquida" rel="tag">Literatura líquida</a>, <a href="http://bitacoras.com/widgets/canaliza" rel="tag"></a><br /></span>Héctor D'Alessandrohttp://www.blogger.com/profile/18366874165744646990noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7245351975039585067.post-27898366625309675352008-06-19T12:11:00.000-07:002008-06-20T13:08:31.073-07:00La chica que volvió de la muerte para ir a bailar. Leyenda urbana. Héctor D’Alessandro<div align="justify"><span style="font-weight: bold;">La chica que volvió de la muerte para ir a bailar. Leyenda urbana. Héctor D’Alessandro<br /><span style="font-weight: bold;font-size:85%;" > Para Rafael Bayce, el maestro más extraordinario que he conocido. </span><br /><br /><br />En 1983 volví a narrar, como si se tratara de un común hecho natural, aquella narración tan conocida que escuché en diversas versiones a todo tipo de personas: compañeros de clase del colegio, del liceo, del bachillerato y de la facultad, personas conocidas en reuniones sociales más y menos informales, en todos los sitios volví a escuchar esa historia.<br />Luego se la escuché a una amiga que volvía de vivir tres años en Venezuela.<br />Entonces comencé a averiguar dónde mas se conocía, me movía, en aquella época por carta y a través de llamadas telefónicas. Logré ubicar la historia en Montevideo, Buenos Aires, Roma, Paris, Barcelona, Madrid, Lisboa, Caracas, Porto Alegre y un número indeterminado más de ciudades, casi todas occidentales. No puedo saber si esta leyenda existe en otros ámbitos y ahora ya es tarde para que me preocupe la investigación, me alcanza con estas confirmaciones para constatar una interesante regularidad.<br />Es la historia del hombre que conoce a una chica que levanta en la carretera haciendo autoestop (a veces en una fiesta o en una discoteca) pasan una noche "fenomenal", él tiene interés en continuar viéndola y aprovecha la circunstancia de que ella ha dejado en su coche un chal o un foulard o algún otro objeto que él pueda alcanzarle a su casa y que nunca es un zapato.<br />El tiene la dirección; ella se la ha dado.<br />El hombre va a aquella dirección y al llamar a la puerta sale una señora que reconoce el foulard como propiedad de su hija, que responde a la descripción que da el azorado caballero pero lamentablemente confirma que su hija murió hace cinco o diez años.<br />En el otro final, más macabro, la dirección coincide con la puerta de un cementerio, pero el hombre picado por la curiosidad entra y se le ocurre comprobar el número de piso o apartamento o planta que la chica le dio y acaba constatando que aquella cifra se corresponde con el número del nicho o tumba en que la chica, muerta hace años, se encuentra enterrada.<br />Un detalle adicional interesante es que cuando la chica sube al coche, en el caso de que se trate de un espectro que hace autoestop, he comprobado que el lugar siempre coincide con zonas de transito dificultoso, curvas cerradas, preferentemente neblinosas en invierno. Y con nombres calamitosos en algunos casos. “La curva de la muerte” en Montevideo. A las afueras de las ciudades casi siempre. A la salida en Caracas, en la curva de la Rabassada en Barcelona. También se trata de sitios donde ha habido muchos accidentes de tráfico. En concreto en Sao Paulo, se trata de una autopista donde no se puede frenar durante dos horas sin riesgo de provocar un accidente múltiple.<br />Ya lo sabe, si conduce no levante chicas vaporosas o fantasmagóricas a las afueras de las urbes.<span style="font-weight: bold;"><span style="font-weight: bold;"></span></span></span><br /><a href="http://bitacoras.com/canales/episteme" rel="tag">Episteme</a>: <a href="http://bitacoras.com/canales/d" rel="tag">D'Alessandro</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/psicocu%C3%A1ntico" rel="tag">Psicocuántico</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/leyenda+urbana" rel="tag">Leyenda urbana</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/literatura+l%C3%ADquida" rel="tag">Literatura líquida</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/la+chica+que+volvi%C3%B3+de+la+muerte+para+ir+a+bailar" rel="tag">La chica que volvió de la muerte para ir a bailar</a><br /></div><script src="http://bitacoras.com/votar/anotacion/boton/normal" type="text/javascript"></script>Héctor D'Alessandrohttp://www.blogger.com/profile/18366874165744646990noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7245351975039585067.post-76072355318917676592008-06-19T08:43:00.000-07:002008-06-19T08:41:44.458-07:00Algunos hechos extraños en la vida de Eugenio Ionesco. Héctor D’Alessandro<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style="">Algunos hechos extraños en la vida de Eugenio Ionesco.<span style=""> </span>Héctor D’Alessandro<o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><o:p> </o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style="">Entre los libros que no se vuelen a reeditar y uno tiene muchas ganas de volver a leer está “El hombre cuestionado” de Eugene Ionesco.<o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style="">Mientras no lo publican me entretengo recordando pasajes. Sobre todo aquel capítulo tan impactante titulado “Algunos hechos extraños que me han sucedido” y que arranca con la frase: “El primero, nacer”.<o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style="">Pero luego sigue con una retahíla impresionante de hechos, de los cuales recuerdo los siguientes.<o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style="">Ionesco, como todos saben, era rumano de nacimiento y emigró y triunfó en Francia y en lengua francesa. Su éxito fundamental es el estreno de “La cantante calva” de la cual dicho se de paso ví en París la función diez mil no se cuántos, dado que lleva sesenta años representándose en la misma sala de manera continuada.<o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style="">Pues bien, Ionesco, antes de vivir en París vivía en Bucarest y como todo rumano tenía una novia, con la cual se casó y vivió feliz. Pues resulta que en un parque principal que hay en Bucarest había dos gigantescos álamos y cuando él era adolescente y paseaba allí con su novia, al ir a pasar delante de aquel par de álamos centenarios, oyeron un ruido estremecedor <span style=""> </span>que los dejó de una pieza. Se quedaron quietos y vieron cómo, delante de sus narices se derrumbaba uno de los dos álamos. <o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style=""> </span>Pasan cincuenta años y vuelven de visita a Rumania con un permiso especial del gobierno comunista. Pasean por los sitios de antaño, incluso por la zona y el camino de los álamos. Cuando van a pasar delante del álamo solitario que allí quedaba, recuerdan la anécdota, ríen y pasan. Cuando han pasado oyen otra vez el conocido ruido. Se giran y ven cómo el álamo cae al suelo con gran estrépito.<o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style=""> </span>Cincuenta años. Ionesco comenta: un segundo antes y un segundo después. <o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style=""> </span>Durante esa misma visita a Rumania, dice Ionesco que se alojaron en un hotel de un pequeño pueblo. Un día, su mujer estaba haciendo la siesta y él salió al balcón para no molestarla. Ella se despertó y le pidió por favor que entrara. Él pone un pie dentro de la habitación y el balcón se desploma.<o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style=""> </span>Un segundo después.<o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style=""> </span>Recuerda asimismo que una ocasión cuando era niño estaba jugando en la sala de su casa y de pronto, sin que mediara acción alguna de parte de nadie, un jarrón o un cuchillo para el pan, (no recuerdo con exactitud el objeto) regalo de su abuela materna, que se encontraba en medio de la mesa estalla en multitud de pequeños trozos. La madre de Ionesco, que se encontraba allí haciendo labor de ganchillo o algo así, se lleva las manos a la cara y exclama: “¡Algo le ha sucedido a mamá!” <o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style=""> </span>A continuación suena el teléfono y comunican que la abuela de Ionesco ha muerto.<o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style=""> </span>Una vez, Ionesco se despierta y ha tenido una pesadilla. Soñaba que su madre se incendiaba y que él buscaba en vano por todos lados un balde con agua para apagarla y no lo encontraba, de resultas de lo cual la madre moría incinerada. Una vez muerta, Ionesco, en la pesadilla, se daba cuenta de que allí a su lado había un cubo lleno de agua al alcance de su mano y no lo había visto. Ese día, por la tarde, le comunican a Ionesco que su madre tiene unas intensas fiebres. Es domingo y es un país comunista. No aparece un médico por ningún sitio. Buscan y buscan, en localizaciones cercanas, en todas partes, nada. La madre muere. Luego de su muerte, todos en la familia cobran conciencia de su torpeza, pues enfrente a unos pocos metros vivía un medico y estaba en casa, y nadie se había acordado de él. <o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style=""> </span>Para terminar, durante la guerra mundial, cuando los aliados intentaban avanzar hacia París desde el Mediterráneo, Ionesco se encontraba en Marsella. Las ofensivas de los yanquis desde el puerto y las contraofensivas de los nazis desde el norte de la ciudad se sucedían durante las veinticuatro horas. Por la noche había que sellar ventanas o directamente no encender luces para evitar balas perdidas o balas intencionadas desde el puerto de parte de los yanquis, en el lado que vivía Ionesco y su mujer y del campo contrario en la parte trasera del edificio. <o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style=""> </span>Una noche Ionesco está charlando con otro escritor exiliado rumano en la sala de estar, preside dicha sala el retrato del poeta Paul Goma, el compatriota más admirado de todos ellos. La mujer de Ionesco los llama a cenar desde la cocina. Ellos charlando se dirigen hacia allí. Nada más atravesar el umbral de la cocina se puede oír cómo la metralla destroza los ventanales y un sinfín de objetos de la sala de estar. <o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style=""> </span>Cuando logran recomponerse y comienzan a ordenar las cosas, ven cómo el retrato del poeta Paul Goma yace en el suelo, el vidrio destrozado y el rostro del poeta con un balazo en la sien derecha. Eran las cinco de la mañana, la misma hora a la que el poeta Paul Goma en París se suicidaba descerrajándose un balazo en la misma sien derecha de su retrato. <o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style=""> </span>Hasta mañana.</b></p><p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"> Etiquetas: <a href="http://bitacoras.com/canales/episteme" rel="tag">Episteme</a>: <a href="http://bitacoras.com/canales/d%27alessandro" rel="tag">D'Alessandro</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/ionesco" rel="tag">Ionesco</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/literatura+l%C3%ADquida" rel="tag">Literatura líquida</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/psicocu%C3%A1ntico" rel="tag">Psicocuántico</a>, <a href="http://bitacoras.com/canales/el+hombre+cuestionado" rel="tag">El hombre cuestionado</a></p><script src="http://bitacoras.com/votar/anotacion/boton/normal" type="text/javascript"></script><br /><p class="MsoNormal"><span style=""><o:p> </o:p></span></p><br /><p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><o:p> </o:p></b></p><p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><o:p> </o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><o:p> </o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><o:p> </o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><o:p> </o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><o:p> </o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><o:p> </o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><o:p> </o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><o:p> </o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><o:p> </o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><o:p> </o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><o:p> </o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><o:p> </o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><o:p> </o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><o:p> </o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><o:p> </o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><o:p> </o:p></b></p>Héctor D'Alessandrohttp://www.blogger.com/profile/18366874165744646990noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7245351975039585067.post-57022120005974774152008-06-19T07:26:00.000-07:002008-06-20T06:04:35.476-07:00Un hombre encuentra una novela en el metro de París. Héctor D’Alessandro<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><o:p> </o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><o:p> </o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><o:p> </o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style="">Un hombre encuentra una novela en el metro de París.<span style=""> </span>Héctor D’Alessandro<o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><o:p> </o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style="">Un hombre encuentra, en el metro de París, una novela. Intenta devolverla a su legítimo dueño y tras denodados esfuerzos de búsqueda, este no aparece. <o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style=""> </span>Pasa el tiempo y un día lee otra novela en la que reconoce , asombrado, un pasaje de aquella que en un pasado lejano encontró en el metro.<o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style=""> </span>Aliviado, va a ver al autor y le entrega su obra. Este se llama Georges Perec y, para gran sorpresa de nuestro hombre, le devuelve la novela mientras le dice: “Si usted la guardó tanto tiempo y con tanto cariño, es suya”.<o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style=""> </span>El hombre la guarda un tiempo, pero la pena le reconcome y al fin, angustiado, piensa que el mundo no puede perderse aquella obra. Y toma una firme determinación. Va a ver a un editor.<o:p></o:p></b></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><b style=""><span style=""> </span>El editor, que es francés y barbudo, exagerado y muy mentiroso, le dice: “Mire, Querido Señor, esa historia sobre el origen de esta novela