tag:blogger.com,1999:blog-72262406350131644312008-09-26T10:43:26.559+02:00EL BLOG DE TOMÁS<p align="center">Este blog contiene las siguientes entradas: <p align="center">ESCAPARATE . DISPARADERO . EL TIEMPO EN LOS BRAZOS . BISUTERÍA . NOVEDADES <p align="center">Desde aquí se puede entrar a los enlaces: <p align="center">AGUA PASADA . MIS BODEGAS <p align="center">(en "Agua pasada" se guardan textos publicados anteriormente)</p></p></p></p></p>Tomás Segoviahttp://www.blogger.com/profile/09008749168784987922noreply@blogger.comBlogger5125tag:blogger.com,1999:blog-7226240635013164431.post-13456683313264613672008-03-05T18:34:00.064+01:002008-09-26T10:43:26.571+02:00ESCAPARATE<div style="text-align: center; font-size: 130%;"><br />[<i>En esta sección se publican muestras de obras inéditas</i>]<br /></div><br /><div style="text-align: center;"><span style="font-size:130%;"><span style="font-weight: bold;">Poemas</span></span><br /></div><br /><span style="font-size:130%;"><span><br />A veces pienso desoladamente<br />Que es en la vida misma<br />Es en su limpia página<br />Donde se me derrama el borrón de la muerte<br />Pero miro allá abajo<br />Donde luce el frescor recién vertido<br />En el cuenco frugal de la mañana<br />A los perros nerviosamente alegres<br />Que en mi lugar y en nombre mío<br />Retozan entre sí<br />Tan exhibicionistamente vivos<br />Y sé que hay todavía cosas<br />Que hay que aprender a poner en su sitio.<br /><br /> <span style="font-size:85%;">21 sep 08</span><br /><br /><br />Lo único que siempre he sabido hacer bien<br />No es hacer<br />Es no mover un músculo<br />Dejar quieta la lengua<br />Cuidarme mucho de no ir a hacer ruido<br />De que no se me escape un gongorismo<br />Quedarme inmóvil para no estorbar<br />Y dejar que se vaya hinchando<br />Enriqueciendo impacientando<br />Algo que sin remedio va a decirse<br />Y que revienta al fin trayendo entre nosotros<br />Con emoción pero sin susto<br />Y por supuesto silenciosamente<br />Una innegable detonación de luz.<br /><br /> <span style="font-size:85%;">21 sep 08</span><br /><br /><br />Lo que quisiera yo es subirme a las ramas<br />Y sin que lo notaran<br />Meterme entre las hojas más menudas<br />Para espiar lo que se están diciendo<br />Entre sí tan en secreto<br />Y llevármelo a casa en la memoria<br />Para decírmelo a mí mismo luego<br />Con picardía pero sin malicia.<br /><br /> <span style="font-size:85%;">21 sep 08</span><br /><br /><br />A lo lejos la noche masculla su tormenta<br />Esa pululación de tenues fogonazos<br />Y ese apagado desgranar de truenos<br />Visiblemente traman alcanzarnos<br />La tormenta galopa hacia nosotros<br />Con lentitud de sueño<br />Y tal vez se desmaye antes de haber llegado<br />Pero cómo negar si nos alcanza<br />Que mientras dura su impulsivo abrazo<br />Es también ella una gran casa<br />En la que caben nuestras casas.<br /><br /> <span style="font-size:85%;">Noche del 21 al 22 sep 08<br /></span><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /></span></span>Tomás Segoviahttp://www.blogger.com/profile/09008749168784987922noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7226240635013164431.post-49335801950913962582008-03-05T18:21:00.035+01:002008-09-25T10:53:47.141+02:00DISPARADERO<div style="text-align: center;"><span style="font-size:100%;">[</span><span style="font-style: italic;"><span style="font-size:100%;">Aquí se publican comentarios de actualidad, ocurrencias del momento y otros textos informales]<br /></span></span><span style="font-size:130%;"><br /></span><div style="text-align: center;"><span style="font-size:130%;"><span style="font-weight: bold;">Cartas cabales</span></span><br /><br /></div><span style="font-size:130%;">[<span style="font-style: italic;">“Cartas cabales” se llamó una columna periodística que publiqué en </span><span>La Jornada</span><span style="font-style: italic;"> de México durante casi todo 1995 y que intenté prolongar más tarde, en 98, sin mucho éxito, en la prensa española, y que ahora puedo revivir a mi antojo en esta nueva modalidad. Toma la forma de una serie de cartas dirigidas a un corresponsal imaginario llamado Matías Vegoso (obvio anagrama), lo cual me permite polemizar con muchos co</span></span><span style="font-style: italic;font-size:130%;" >legas y amigos sin caer en la discusión personalizada.</span><span style="font-size:130%;">]<br /></span><span style="font-size:130%;"><br /></span><span style="font-size:130%;">DARWIN, CUÁNTOS DISPARATES SE COMETEN EN TU NOMBRE<br /><br /></span><div style="text-align: left;"><span style="font-size:130%;">Querido Matías Vegoso:</span><br /></div><div style="text-align: justify;"><span style="font-size:130%;"><span style="color: rgb(255, 255, 255);">- -</span>Sospecho que leemos los mismos periódicos, porque casi siempre adivino de dónde sacas tus ideas. Con lo cual no estoy acusándote de plagiario; bastante hemos discutido sobre eso y bien sabes que soy yo el que no cree en absoluto que las ideas sean propiedad privada. Pero también, si adoptas una idea, tendrás que defenderla como tuya y no podrás salirme con que eso no lo dices tú sino algún irrebatible conocedor. </span><br /><span style="font-size:130%;"><span style="color: rgb(255, 255, 255);">- -</span>Doy pues por sentado que eres tú personalmente quien sostiene que la debacle de las financieras norteamericanas y no sólo norteamericanas no demuestra la quiebra del neoliberalismo, sino todo lo contrario. Reconozco que el argumento es sutil: si el Estado norteamericano ha tenido que acoger en sus caritativos brazos, por ejemplo, a dos gigantescas hipotecarias, es porque esas colosales empresas eran en realidad estatales. Puesto que las había fundado el famoso comunista Franklin Roosevelt. Bien es cierto que, apenas desaparecido Roosevelt y desinfectado el país del maloliente <span style="font-style: italic;">New Deal</span>, el presidente de turno (¿fue Eisenhower?) se apresuró a privatizarlas. Pero según tú eso no cambia nada, porque el Estado siguió invirtiendo en esas empresas. Contra eso me basta un solo argumento: si hubieran sido empresas estatales no hubieran podido quebrar. Las empresas estatales no quiebran nunca, ni siquiera cuando quiebra el Estado, o sea cuando es derribado por una guerra o una revolución. Y si fuera por ser estatales por lo que quebraron, ¿por qué quebraron también tantas empresas que no eran estatales?<br /><span style="color: rgb(255, 255, 255);">- -</span></span><span style="font-size:130%;">Pero concedo que en cierto sentido tú tienes razón. Si acabar ganando es tener razón, es más probable que la tengas tú. Porque ya se ve claramente la estrategia que va a utilizar el neoliberalismo para volver a meternos en cintura. Ya se oye hablar de paréntesis, de ajustes y de adaptaciones, y hasta hay quien se indigna exclamando que qué paréntesis ni qué ocho cuartos, todo sigue marchando de lo más bien. El ministro “socialista” Corbacho dijo el otro día que lo importante ahora es ayudar a los bancos a conseguir liquidez y no ponernos a imaginar cambios en la sociedad de mercado. </span><br /><span style="font-size:130%;"><span style="color: rgb(255, 255, 255);">- -</span>Pero cambios hay. Ya nadie se atreve a decir, como tu maestro Milton Friedman, que el mercado siempre lo arregla todo por sí solo. Pero entiendo perfectamente cuál es tu postura ahora: bueno, sí, el Estado no siempre es un estorbo, podemos perdonarle la existencia a condición de que sea una especie de agencia de seguros para el mercado. Una agencia <span style="font-style: italic;">sui generis</span>: recauda los dineros de los contribuyentes para regalárselos a los empresarios cuando están en problemas y evitar que se arruinen y se queden sin quehacer, sino que sean los contribuyentes los que se arruinan y se quedan sin trabajo. Y tú me dices: no, es que si el Estado dejara hundirse a las finanzas, los contribuyentes estarían todavía más arruinados y desempleados. Lo que puedo contestarte a eso bien sé que es irremediablemente ingenuo: con lo que el gobierno norteamericano se va a gastar en salvar a las empresas, seguramente podría crear más empleo que el que se perdería con la ruina de esas empresas. Y figúrate si además invirtiera en eso aunque sólo fuera una parte de los gastos de guerra.</span><br /><span style="font-size:130%;"><span style="color: rgb(255, 255, 255);">- -</span>Pero hay otro argumento que me extraña que no hayas blandido contra mí. Es que quizá no lees <span style="font-style: italic;">La Nación</span> de Buenos Aires, periódico insignia del pensamiento correcto. Allí un señor Mariano Grondona opinó hace poco que Argentina se está quedando “al margen del único movimiento revolucionario que ha traído consigo la Edad Moderna: precisamente, el capitalismo.” Si he entendido bien, revolucionario quiere decir darwinista, o sea la aceptación realista de la lucha por la supervivencia (“Es cruel, pero es real.”) Curiosísimo razonamiento: Darwin nos enseña que no hay que ayudar a todas las empresas, sino dejar que algunas se hundan como exige la supervivencia del más fuerte. Ayudar a unas sí y a otras no no parece muy darwiniano, pero a nuestro periodista no le importa, seguramente porque para él es lo mismo la selección natural que la selección gubernamental –fuerzas ciegas ambas. Ya hemos hablado alguna vez tú y yo de esa idea simplista del evolucionismo incluso limitado a la biología. La sobrevivencia del más fuerte (o si quieres del más apto) quiere decir la supervivencia del que sobrevivió. A toro pasado, es claro que el que sobrevivió resultó ser el más apto. Pero es imposible saber si no será el que hoy es el más débil el que sobrevivirá mañana y resultará el “más fuerte”. Eso en biología, ahora dime tú en la historia de las culturas humanas. </span><br /><span style="font-size:130%;"><span style="color: rgb(255, 255, 255);">- -</span>Pero bueno, querido Matías, tú sigue en las tuyas, es evidente que no te faltará apoyo. Un cordial aunque discrepante abrazo, </span><br /><div style="text-align: right;"><span style="font-size:130%;">T. S.</span><br /></div><br /></div><span style="font-size:130%;"><br /></span></div>Tomás Segoviahttp://www.blogger.com/profile/09008749168784987922noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7226240635013164431.post-82674428912175424512008-03-05T18:11:00.052+01:002008-09-25T12:24:45.208+02:00EL TIEMPO EN LOS BRAZOS<div style="text-align: center;">[<span style="font-size:100%;"><span style="font-style: italic;">Este título recubre los cuadernos de notas (no un diario) que he ido llenando desde mi primera juventud, hasta ahora inéditos salvo por tres volúmenes impresos y encuadernados en casa para mis amigos entre 1995 y 1998. Pueden leerse aquí </span></span><span style="font-size:100%;"><span style="font-style: italic;">algunas páginas</span></span></div><div style="text-align: center;"><span style="font-size:100%;"><span style="font-style: italic;"> más o menos recientes</span></span>]<br /></div><br /><span style="font-size:130%;"><br /></span><div style="text-align: center;"><span style="font-weight: bold;font-size:130%;" >1 9 8 9</span><span style="font-weight: bold;font-size:130%;" ><br /></span></div><div style="text-align: justify;"><span style="font-size:130%;">*******************************************************<br /><br /></span><div style="text-align: center;"><span style="font-size:130%;">—————————</span><br /><span style="font-size:130%;">W i s c o n s i n</span><br /><span style="font-size:130%;">——————————</span><br /></div><span style="font-size:130%;"><br />7 DE FEBRERO-<span style="color: rgb(255, 255, 255);"> -</span>Esto es lo que me paraliza: una sensación de que lo único no ridículo que se puede decir es: «Me callo.» No he escrito a nadie, no he escrito la más mínima línea para mí mismo, me he negado a pensar, a saber, a decidir. Pero voy a intentarlo delirantemente. A ver si puedo.<br /><span style="color: rgb(255, 255, 255);">- -</span>Me reprimo, me ahogo a mí mismo, mino de antemano todo comienzo de gesto, de expresión. Estoy cubierto de llagas por todas partes. Voy a expresarme, voy a hablar de lo que me pasa, de lo que siento, de lo que me parecen las cosas (y no sólo de mis quejas y lamentos) y en seguida me veo con los ojos de todos los que mil veces me han dicho en la vida que soy quejumbroso, que soy egocéntrico, que soy engreído. Renuncio, no quiero ser latoso, tengo terror de ese rechazo, de ese gesto que me borra, que me hace no sólo rigurosamente prescindible sino incluso estorboso.<br /><span style="color: rgb(255, 255, 255);">- -</span>Pero no puedo. Tampoco es eso. Son mil cosas, claro. Una de ellas es haber vuelto a participar en el mundo académico. No me quejo, no me quejo, sé cuánta suerte he tenido en todos sentidos, no sólo tener el trabajo y las consideraciones y todo eso sino incluso esta vez estar menos solo, ver algunas gentes, no recibir por lo menos heridas que sé que pueden recibirse. Tampoco juzgo, mis «colegas» están muy bien, mucho mejor que yo para esa tarea. La mentira no proviene de ellos, pero la mentira está ahí. La Mentira con mayúscula, imbatible, inasible, irreprochable. La sutil, inmostrable, irreconocible complicidad de todos para que ese mundo inventado aparezca como indudablemente justificado, respetable, inatacable. Y por supuesto solemne. Esa solemnidad que unos años después aparece como infinita cursilería. Pero ¿quién puede ver la cursilería de la que es cómplice? Es increíble la cantidad de cursilerías «atrevidas», «modernas» e «innovadoras» que he tenido que volver a escuchar, de todos los estilos al uso: feministas, neomarxistas, desconstructivistas, postestruc-turalistas, parafreudianas, etnoaperturistas, con su repertorio completito de recetas, frases hechas, adjetivos previsibles, vocabulario ritual, ceremonias reconfortantes. ¿Cómo no ven que se mueven de lugar común en lugar común? Pero justamente la consigna que los une (su creencia común) es la supuesta lucha contra el lugar común. Y yo en cambio defiendo ese lugar común «natural»: una comunidad del lugar común contra el lugar común-confabulado. El otro día se lo decía a Híber (el menos preparado quizá para entenderme): el profesor, el crítico, son los eternos cornudos de la literatura (y del arte, y de la vida): el autor y el lector les ponen todo el tiempo los cuernos sin que se enteren, hacen el amor a sus espaldas y de lo que sucede en su cama (en ese abrazo que es la lectura), el profesor y el crítico no tienen ni la sospecha.<br /><span style="color: rgb(255, 255, 255);">- -</span>Pero también ante eso me callo, tampoco ahí tengo nada que decir. Es el mundo de ellos y veo que ese mundo es el mundo. ¿He perdido la fe? No muevo un dedo, no tengo fuerzas para cambiar el mundo o no creo que pueda cambiarse o no estoy seguro de que yo tenga otra cosa que proponer.<br /><span style="color: rgb(255, 255, 255);"> - -</span>Porque hay otra historia, hay otra vida, hay otra luz para de veras mirar, pero ¿es mía, o más bien soy yo suyo? ¿No me ha vuelto la espalda, no me ha retirado su amor, no me ha abandonado? Hace tres o cuatro meses hubiera sido incapaz de imaginar que unos meses más tarde estaría al borde de otra vez esto. Una de las maneras en que me paraliza esa sensación de ridícula inutilidad que dije antes es sentirme tan desalentadoramente repetitivo. ¿Cómo voy a decir una vez más que mi vida no tiene sentido, cuando sé bien que eso ya lo he dicho no sé cuántas veces y después me he desdicho? ¿Cómo voy a creer en serio en algo que he negado tantas veces y que sé que puedo volver a negar tan fácilmente? Pero eso es lo peor de todo esto: que no me atrevo a sufrir. No porque me dé miedo el dolor, puesto que sé que me he tirado de cabeza en él otras veces, sino porque me da miedo la banalidad. Tengo terriblemente miedo de que la tragedia sea una tontería. Y también: de que abandonarme a la desesperación sea el motivo final para que todos acaben de rechazarme, para que se demuestre que era verdad que soy un latoso y un quejumbroso y un obsesionado de mí mismo. Y eso sí es relativamente nuevo para mí: la represión. Reprimir mis quejas, mi drama, mis aullidos. ¿No habría entendido más el doctor Freud si hubiera comprendido que la verdadera represión es la de la queja, y que la represión del deseo sólo viene después, cuando aprendemos que el deseo puede acabar en fracaso y el fracaso en queja y la queja en desamor? (Pero sé que sólo estoy diciendo la mitad de la verdad: la verdadera represión es la de la queja y la de la exultación, o sea la represión de la persona —pero eso no es el tema ahora.) Bien sé que el desamor es un círculo vicioso. Ser amados nos dota siempre de resplandor, de un resplandor seductor; ser deseados nos hace deseables (es el reverso del círculo vicioso: la circularidad fecunda de una dialéctica orgánica). Pero ser desamados nos vuelve opacos, ajados, incapaces de despertar amor. Lo peor que puede hacer el amante rechazado es quejarse, así no seducirá nunca a la mujer deseada, pero ¿cómo evitarlo? ¿Entonces no hay salida? Sigo creyendo que sí. Todos los círculos viciosos tienen salida, de otro modo el mundo se habría acabado desde la primera vez que apareció un círculo vicioso. Tu desamor me convierte en un ser patético que por supuesto jamás podría seducirte. Pero yo no soy enteramente ese ser patético. Algún día, por milagro, podrías ver de pronto al ser deslumbrante que sigo siendo. Podrías deslumbrarte, podrías dejarte seducir.<br /><span style="color: rgb(255, 255, 255);"> - -</span>Creo que ya he dicho alguna vez que el más largo y doloroso aprendizaje de mi vida (como de todas las vidas) ha sido y sigue siendo el desamor. El desamor es el escándalo de los escándalos. Es la presencia incurable del sinsentido en el corazón mismo de nuestros esfuerzos patéticos por hacer sentido (<span style="font-style: italic;">make sense),</span> por tener sentido, por ser sentido. ¿Cómo resignarse al absurdo de no ser nada a los ojos de alguien a quien hemos dado el poder de darnos o quitarnos sentido? Y no podemos evitar conferir ese poder a unas personas −en el fondo al «Otro» − en el fondo a «la humanidad». Esa dependencia es constitutiva del hombre y está allí desde el origen. Es nuestra pertenencia al lenguaje (que es común-icación), a la herencia (o sea a la historia), a la Verdad (o sea a lo que vale más allá de mí). Nuestros «padres» (figuras de «la humanidad») tienen el poder de darnos o quitarnos sentido porque de ellos recibimos los lenguajes. Somos seres de amor simplemente porque no somos hijos de nosotros mismos. Véase Edipo (el de verdad, no el de Freud): al principio de la tragedia de Sófocles, se declara hijo de la Fortuna, o sea hijo de nadie; los dioses le enseñarán, y a qué precio, que era hijo de alguien −y justamente de quien menos quisiera serlo: no sólo de la mujer que amó, sino del hombre al que mató. No era verdad, como pensó orgullosamente, que fuera hijo de la perra Fortuna. Justamente la única manera de liberarse de la dependencia del amor es ser un <span style="font-style: italic;">son of a bitch.</span><br /><span style="color: rgb(255, 255, 255);">- -</span>Y luego viene el amor sexuado. Yo, hombre, amo a una mujer con la que, gracias a la contextura peculiar de la sexualidad, puedo realizar concreta y plenamente (incluso si es de modo pasajero), en nuestra intimidad, en nuestros cuerpos y nuestra cotidianidad biográfica, lo que el lenguaje sueña en la infinitud de su apertura, en su historicidad, en su publicidad: la perfecta armonización y circularidad dialéctica de la expresión y la recepción. Porque en la sexualidad yo doy el placer consiguiendo el placer y viceversa; en el abrazo sexual, milagrosamente, el egoísmo de mis fines hedonistas no choca con el egoísmo de los tuyos sino que los cumple y satisface. El abrazo sexual realiza en el instante de la intimidad la comunicación que el lenguaje desarrolla sin término en la historia inconcluible. Por eso, y no por las tonterías que le dicen a uno, es central para el ser humano. (La otra tentativa de lograr esa armonía es por supuesto la poesía: la intimidad publicitada o la publicación íntima; escribir algo que se lea no como si lo escuchara uno sino como si lo dijera uno; e inversamente escribir para escuchar más que para decir; hasta la «música» del verso está ahí para impedirnos estar callados mientras leemos.)<br /><span style="color: rgb(255, 255, 255);">- -</span>Mi primera lección a fondo de desamor fue en Montevideo. Mi primer momento de esa santidad que sé que escandaliza un poco que la llame yo así. Pero lo era, lo es, puesto que consistía en rendirse a algo sagrado. Desde entonces he seguido esforzándome toda la vida por estar a la altura. Aceptar el Destino. Las dos caras del Destino: el don maravilloso, la eclosión del sentido, la iluminación de mi vida en la luz de la Verdad −y su otra cara: la mortal insignificancia, la banalidad del Ser, el ilusionismo de la Verdad. Porque el amor es sin duda el centro vivo del sentido, la significación personal del sentido; pero el sentido es riesgo y libertad. No hay que olvidar nunca −o más bien sí, hay que olvidar casi todo el tiempo, y por eso es tan difícil y peligroso, porque en cierto momento es preciso volverlo a recordar radicalmente y sin apelación, y ese momento es apremiante y si lo dejas ir la Verdad se esconde más o menos irrecuperablemente−, no hay que olvidar, decía, que el sentido es en cierto modo lo contrario de la Necesidad; el sentido es radicalmente innecesario, el amor es radicalmente innecesario (por eso, p. ej., es imposible una ciencia del amor). Cuando no me aman, tengo que aceptar a fondo que no hay en el universo mundo la más mínima necesidad de que me amen. Y eso, que parece tan obvio, sólo se acepta de veras, en tu alma, por un acto de santidad. Porque lo contrario de la santidad no es por supuesto la blasfemia, ni siquiera el sacrilegio, que sigue creyendo en lo sagrado, o incluso la profanación, que trata a lo sagrado como profano pero justamente porque ve que es sagrado. Lo contrario de la santidad es el chantaje, o sea el uso ilegítimo (pero legal) de la ley, en este caso el uso ilegítimo de la ley sagrada. El crimen rompe la ley pero no la corrompe; el chantaje la corrompe. Ni la blasfemia ni el sacrilegio ni la profanación, que son peligrosos de otra manera, como lo es el crimen en su terreno, corrompen el amor; el chantaje lo corrompe. El chantaje que dice: tienes que amarme. Lo dice por supuesto de diferentes maneras, alguna muy veladas y astutas, todas ellas legales.<br /><span style="color: rgb(255, 255, 255);"> - -</span>Eso es lo que he estado tratando de aprender desde entonces. (V. en<span style="font-style: italic;"> Lapso</span> el poema que empieza «Donde calla el amor...» y que trata de eso.) Pero qué difícil, Dios mío, qué difícil. Estaba seguro de haber avanzado algo, y ahora...<br />(Por ej.: relataré una de la astucias del chantaje. Mi última herida grave fue hace alrededor de un año. Incluso bajo las puñaladas creía en el fondo que otra vez sabría estar a la altura, como en Montevideo veintitantos años antes, pues no dejaba de ver el paralelismo de esas dos historias. Y lo estuve un rato. Pero algo se envenenó, tal vez, paradójicamente, porque ella era relativamente libre y valiente, por lo menos exterior y prácticamente: quiero decir que aunque supongo que lo que la detuvo fue como siempre, como a todos, como a mí, el miedo, de todas formas se atrevía a buscarme, a entregarse, a hacer el amor conmigo. Pero a la vez no a entregarse del todo, o sea al amor. La cuestión es que me dejó muy mal: desde entonces no me he atrevido a mirar de veras esa historia. Tengo miedo de no estar a la altura esta vez. Tengo miedo de decirme que ella no me merecía, que no me entendió, que me equivoqué, que ella no era el ser radiante que veía mi amor sino el ser inocuo que vería el desamor de los indiferentes. Pero eso es una sutil astucia del chantaje. Significa: «...porque de otro modo, tenía que amarme».)<br /><span style="color: rgb(255, 255, 255);">- -</span>Sí, sí, decididamente tengo que arriesgarme a intentar ver un poco claro. Hasta me he preguntado un momento si esto no es una carta de suicida. Y sin embargo sigo, aun sabiendo que estas líneas no van a ninguna parte. Pero tengo que intentar recorrer entero ese camino sin meta. Es gravísimo, se trata de intentar salvarme, sé que nunca he estado tan cerca de la perdición. De todas formas estas línea son efectivamente un acto suicida. Una manera de decir simbólicamente que si he de vivir tendrá que ser renaciendo, pero antes tengo que morir. El año pasado todavía escribí:<br /><br /> <span style="font-style: italic;"> ...y donde es mi tarea</span><br /><span style="font-style: italic;"> sostener el milagro en el que no confío.</span><br /><br />Era un último gesto de santidad, tal vez el más santo de todos porque ni siquiera pedía confianza. Pero ahora no es que no confíe, es que no creo. Dejo de sostener el milagro, dejo de sostener el amor, lo abandono a su suerte. Pero claro que no me lo imaginé así. No sabía que llegaría a esto ya desolado de antemano. Sin armas. Para empezar, sin armas de seducción. No sabía que llegaría habiendo perdido ya la santidad. Sí, tal vez es eso, tal vez ahora empiezo a entrever algo. Esto no es una carta de suicida, es una carta de condenado. He perdido la Gracia, o sea la facultad de amar sobrenaturalmente. De pronto, como cualquier pecador, no puedo amar si no me aman. Las mujeres que no me aman han perdido una especie de gracia: la facultad de ser amadas sobrenaturalmente. Los dos perdemos −pero sólo yo me condeno. Porque ellas no han rechazado la Gracia, no han rechazado el amor, simplemente no les fue dado. No tienen ninguna culpa puesto que eso son cosas de «la estúpida Fortuna». ¿Qué culpa tienen de no haberse enamorado de mí? Su pérdida no es un pecado, sino en todo caso una tontería. Como tantas que hace uno, o le suceden a uno, en la vida, y que se resuelven diciendo «¡bah!» −Pero yo tuve la Gracia y la he perdido.<br /><span style="color: rgb(255, 255, 255);">- -</span>Y ahora estoy aterrado, porque después de estas páginas tengo que enfrentarme al resto de mi vida y ahora sé que esa vida es el desierto, que de ella se ha esfumado la Gracia. Ahora veo claramente que estas líneas son la pura ausencia de gracia, lo más macilento y poco gracioso que hubiera podido escribir −y mi tiro de gracia. Mi último chantaje tendría que ser puramente simbólico, casi retórico. Sería dejar todavía abierta la posibilidad de desdecirme pero a condición de que sucediera el milagro. Pero eso ya no es hacerle chantaje a ninguna mujer, sino a la Fortuna. O sea: es superstición. En el milagro no puedo ya creer con fe, sino con superstición. El milagro por supuesto sería que el amor hablara en una boca de mujer. Desde hace tiempo doy cada vez más importancia al hecho de hablar. En las relaciones sexuales p. ej. me fue muy difícil soltarme a expresarme, sobre todo en palabras: aprendí antes a hacer ciertas cosas que a nombrarlas, y todavía a veces necesito cierto esfuerzo para decir en la cama cosas que en cambio digo en los poemas. Pero cada vez veo más claramente que esa traba es una traba del amor. Me cuesta hablar porque no amo bastante, y cuando he amado más (o quizá no «más», sino mejor) he hablado más libremente, algo así como no decir sólo «te amo» en general y vagamente, sino concreta y precisamente qué amo en ti (por eso también me es más fácil en los poemas: cuando me expreso en un poema tengo todo el amor pero no el miedo). Bueno, pues a veces pensar eso, verlo tan claro, me hacía tener un poco la superstición de que iba a suceder.<br /><span style="color: rgb(255, 255, 255);">- -</span>Pero no soy supersticioso. No ser supersticioso consiste en tener supersticiones como todo el mundo pero no hacerles caso. Tampoco de esta superstición hago caso. Sé perfectamente que no hay milagros, que en mi vida ya nadie va a hablar. Renuncio para siempre a ser deseado, a ser soñado: a amar sobrenaturalmente. Renuncio al amor.<br /><br /><br /><br /></span></div><span style="font-size:130%;"><br /></span>Tomás Segoviahttp://www.blogger.com/profile/09008749168784987922noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7226240635013164431.post-67800572422327395242007-11-03T20:47:00.027+01:002008-08-04T08:22:14.212+02:00BISUTERÍA<span style="color: rgb(204, 0, 0);"><br /></span><div style="text-align: justify;"><span style="font-size:130%;">[</span><span style="font-style: italic;font-size:130%;" >Con este título he ido recogiendo varios tipos de juegos poéticos, divertimentos, ingeniosidades e improvisaciones, y bajo el mismo han aparecido ya tres ediciones: En la Imprenta Universitaria, México, en 1980; en edición casera del Taller del poeta, alrededor de 1995-2000; y en Ediciones Sin Nombre, México, en 2006. Aquí se dan algunas muestras y algún inédito]</div><br /><br /></span><span style="font-size:130%;"><br /><br /><br /><span style="font-weight: bold; font-style: italic;"> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Paseante entusiasta<br /><br /></span><br />Diariamente el poeta se pasea<br /><br />temprano por el parque, y diariamente<br /><br />no hay cosa que oiga, huela, palpe o vea<br /><br />que no le llene de estupor la mente.<br /><br /><br /><br />¡Loado seas tú (clama el poeta),<br /><br />oh poder infinito que nos das<br /><br />un bosque, un sol, un cielo, y además<br /><br />alguna que otra chica en bicicleta!<br /></span><br /><br /><br /> <span style="font-size:85%;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;21 jul 08</span><br /><br />Tomás Segoviahttp://www.blogger.com/profile/09008749168784987922noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7226240635013164431.post-69809636871353049892007-11-03T20:45:00.007+01:002008-07-19T19:29:02.625+02:00Novedades<div style="text-align: center;"><span style="font-size:130%;"><b>Libros de publicación reciente:<br /><br /></b></span></div><p class="MsoNormal" style="text-align: left;"><span style="font-size:130%;"><i>Recobrar el sentido </i>(ensayos), <a href="http://www.trotta.es/">Trotta</a>, Madrid, 2005.<br /><i><span style="font-style: italic;">Zamora bajo los astros </span></i></span><span style="font-size:130%;">(drama en verso), <a href="http://www.box.net/shared/zk3bp7pg9r">Ediciones Sin </a></span><a href="http://www.box.net/shared/zk3bp7pg9r"><span style="font-size:130%;"> <span style="color: rgb(255, 255, 255);">- --- ---- - -</span></span></a><span style="font-size:130%;"><a href="http://www.box.net/shared/zk3bp7pg9r">Nombre</a>, México, 2005.<i><span style="font-style: italic;"><br /></span></i><i>Sonetos votivos, </i><a href="http://www.box.net/shared/zk3bp7pg9r">Ediciones Sin Nombre</a>, México, 2005.<br /><i>Bisutería</i> (juegos poéticos), <a href="http://www.box.net/shared/zk3bp7pg9r">Ediciones Sin Nombre</a>, </span><span style="font-size:130%;"> <span style="color: rgb(255, 255, 255);">--------</span></span><span style="font-size:130%;">México, 2005.<br /><i>Llegar</i> (poemas 2003-2006), <a href="http://www.box.net/shared/zk3bp7pg9r">Ediciones Sin Nombre,</a> </span><span style="font-size:130%;"> <span style="color: rgb(255, 255, 255);">--------</span></span><span style="font-size:130%;">México, 2007.<br /><i>Llegar</i> (poemas 2003-2006), <a href="http://www.pre-textos.com/detalle.asp?id=1024">Pre-Textos</a><a href="http://www.pre-textos.com/alfabetica2.asp?page=2">,</a> Valencia, </span><span style="font-size:130%;">2007. </span><span style="font-style: italic;font-size:130%;" ><br />Miradas al lenguaje</span><span style="font-size:130%;"> (recopilación; pról. de J. L. Pardo), </span><span style="font-size:130%;"><a href="https://publicaciones.colmex.mx/">El</a></span><span style="font-size:130%;"><a href="https://publicaciones.colmex.mx/"> </a></span><a href="https://publicaciones.colmex.mx/"><span style="font-size:130%;"> <span style="color: rgb(255, 255, 255);">--------</span></span></a><span style="font-size:130%;"><a href="https://publicaciones.colmex.mx/"> Colegio </a></span><span style="font-size:130%;"><a href="https://publicaciones.colmex.mx/">de México</a>, 2007.<br /></span><span style="font-style: italic;font-size:130%;" >Sobre exiliados</span><span style="font-size:130%;"> (recopilación; pról. de J. M. Espinasa), </span><span style="font-size:130%;"><a href="https://publicaciones.colmex.mx/">El</a></span><a href="https://publicaciones.colmex.mx/"><span style="font-size:130%;"><span style="color: rgb(255, 255, 255);"><br /></span></span></a></p><p class="MsoNormal" style="text-align: left;"><a href="https://publicaciones.colmex.mx/"><span style="font-size:130%;"><span style="color: rgb(255, 255, 255);">-----</span></span></a><span style="font-size:130%;"><a href="https://publicaciones.colmex.mx/"> Colegio </a></span><span style="font-size:130%;"><a href="https://publicaciones.colmex.mx/">de México</a>, 2007.</span></p><div style="text-align: center;"><span style="font-style: italic;font-size:130%;" >Traducciones<br /><br /></span></div><p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:130%;">William Shakespeare, </span><span style="font-style: italic;font-size:130%;" >Hamlet</span><span style="font-size:130%;">, <a href="http://www.norma.com/libro.asp?idlibro=24912">Norma</a>, Bogotá, 2002.<br />Jean Racine, </span><span style="font-style: italic;font-size:130%;" >Atalía</span><span style="font-size:130%;">, <a href="http://www.guanajuato.gob.mx/cultura/novedades_editorial.php">Ediciones La Rana</a>, Guanajuato, 2005.</span></p><p class="MsoNormal" style="text-align: center;"><span style="font-size:130%;"># # #</span></p><p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:130%;">La institución Alfons el Magnànim de Valencia ha publicado tres traducciones de una selección de poemas (</span><span style="font-style: italic;font-size:130%;" >Desnudeces</span><span style="font-size:130%;">) de T. S.:</span></p><p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:130%;">trad. italiana de Emilio Coco, 2006;<br />trad. francesa de Jean-Claude Rolland y Daría Rolland-Pérez, <span style="color: rgb(255, 255, 255);">------</span>2007;<br />trad. valenciana de Emili Casanova, 2007.<br /></span></p><p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:130%;"><a href="http://www.alfonselmagnanim.com/publicacion/pub36.htm">Alfons el Magnánim</a></span></p><p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:130%;"><a href="http://www.alfonselmagnanim.com/publicacion/pub36.htm"><span style="color: rgb(255, 0, 0);">Última hora</span></a></span></p><p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:100%;"><span style="font-style: italic;">S<span style="font-size:130%;">iempre todavía </span></span><span style="font-size:130%;">(poemas), </span></span><span style="font-size:130%;"><a href="http://www.pre-textos.com/alfabetica2.asp?page=2">Pre-Textos</a><a href="http://www.pre-textos.com/alfabetica2.asp?page=2">,</a> Valencia, 2008.<br /></span></p><p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:130%;"><span style="font-style: italic;">Siempre todavía, </span></span><span style="font-size:130%;"><a href="http://www.box.net/shared/zk3bp7pg9r">Ediciones Sin Nombre,</a></span><span style="font-size:130%;"> México, 1980.<br /></span><span style="font-size:130%;"><a href="http://www.alfonselmagnanim.com/publicacion/pub36.htm"><span style="color: rgb(255, 0, 0);"></span></a></span></p><p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:130%;"><a href="http://www.alfonselmagnanim.com/publicacion/pub36.htm"><span style="font-style: italic;"></span><br /></a></span></p>Tomás Segoviahttp://www.blogger.com/profile/09008749168784987922noreply@blogger.com