<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><entry xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss'><id>tag:blogger.com,1999:blog-7215729279262953235.post-6049795818082143919</id><published>2009-10-06T08:13:00.000-07:00</published><updated>2009-11-23T10:27:40.055-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_P1cuf9ic-DA/Sst6gEsdcGI/AAAAAAAAAIY/0D2WVcCe0Rg/s1600-h/TapaLibroWEB.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Capitulo 1&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han pasado apenas quinientos años de humanidad desde aquellas utópicas elucubraciones cientificas en las que se teorizaba con vehemencia que la tierra, además de ser plana, estaba sostenida por cuatro morrocotudos elefantes. El misterio de la sincronicidad, mediante la manifestación expresiva del número "1111", es responsable de haber ejercido un acompasado e incisivo proceso que me ha impulsado a escribir este libro. Con la evolución actual de los descubrimiento podria arriesgar que no seran necesarios otros quinientos años para demostrar científicamente que el argumento que aquí expongo, no puede ser sostenido ni por una manada de clonados mamuts. Pero no habrá eternidad, ni infinito, que pueda revertir la virtud transformadora que, en mi libre albedrío le adjudique a esta experiencia, en este tan particular periodo de mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sincronicidad, es el vástago conceptual nacido del vínculo de apareamiento entre “la casualidad y la causalidad”. Como un alquimista literario experimentando con las dos pócimas de misterios que estas palabras concentran en su elixir, para inventar en una sola la definición del néctar vitamínico para el alma.&lt;br /&gt;Las preocupaciones, el egoísmo, el materialismo y la métrica insatisfacción de la trastornada subsistencia actual, tranquilamente consiguen que dos voluminosos dinosaurios conversen distendidamente en español a nuestro lado, y no les prestemos atención. Eso sucede, porque el apremio pedestre de nuestra realidad, nos ensordece y encandila.&lt;br /&gt;Pero también, si se desea, tenemos la capacidad de entrenar la cualidad de avizorar lo primordial, consiguiendo así atender y advertir inclusive, cuando “una hormiga” le murmura a otra al oído.&lt;br /&gt;Posiblemente, una buena formula para lograr elevar cada segundo de nuestra presencia efímera en este cosmos, podría darse presumiendo que en las “anómalas sincronías”, esas que pueden sobrevenir en cada uno de nuestros acontecimientos, se encuentre la gracia altruista que nos permita ser mejores. Desde esas presuntas revelaciones, podríamos interpretar el bosquejo cartográfico que nos indique a cuanto estamos de encontrar nuestra prosperidad espiritual.&lt;br /&gt;En mi rededor, se deslomaba un ejército de hormigas trabajando, y cuchicheando entre ellas. Su funcional objetivo era que yo pudiera dimensionar todo lo notable que la vida prometía tener preparado para mí. En mi estado adormecido, podría haber pasado por esta existencia sin apreciar ese “Hormigueo” que intentaba despertarme. Por lo tanto, puedo intuir que ese “algo o alguien”, encomendado en la misión de sacudir mi dejadez, no halló otro recurso que poner frente a mí, a dos “Argentinosaurus huinculensis” vociferando en perfecto español. Aunque la forma en que sucedió, y aun sucede, no es precisamente con tanta inspiración fabulesca, puedo aseverar que mucho se le parece. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde algún tiempo, incontables seres humanos advierten un raro fenómeno en sus vidas. El número “1111” mediante impactos visuales, de manera intensa y misteriosa, ha estado merodeando la atención de individuos dispersos en disímiles locaciones del planeta. Acontece sin tomar en cuenta parámetros circunstanciales, tales como edad, raza, religión, ubicación geográfica, situación social, cultural, educación, o cualquier otro espacio referencial. Y entre tantos, de igual forma me sucede a mí.&lt;br /&gt;Atraen nuestra atención mostrándose en relojes digitales, placas de automóviles, boletos, importes, teléfonos, electrodomésticos, direcciones, computadoras, o en otras múltiples formas y formatos. Estos impactos digitales, utilizan todo tipo de encuadres, validos y eficaces, para sorprendernos.&lt;br /&gt;La “visión 11:11”, tiene los atributos distintivos de frecuencia, alevosía, solidez, y por sobre todo, la evidencia de un innegable propósito, aun incomprensible. Sobrevienen habitualmente durante instantes sensiblemente vulnerables, provocando como secuela una muy intensa confusión sobre las personas involucradas.&lt;br /&gt;La aparición del 11:11 sucede en momentos impredecibles, en un efímero espacio de tiempo, manifestándose 5, 6,…10, 11, o más veces, en forma reiterada y en marcos diferentes, pero todo registrado dentro de un mismo segmento. Se muestra como algo muy provocativo, originando una especial sensación en quienes lo percibimos. Al suceder de este modo, este fenómeno consigue diferenciarse de la simple visualización aislada y por única vez que tengamos de ese número. De todos modos, esta descriptiva estructura del acontecimiento es aplicable solo a mi experiencia, porque como podrán apreciar mas adelante en otros testimonios, las formas que lo evidencian otras personas, es muy variada. Vale aclarar, que más allá del modo en que esto se presente, la verdadera importancia esta en la sensación, y el efecto intimo que se origina cuando sucede.&lt;br /&gt;Se puede distinguir más de un punto en común entre todos quienes somos partícipes de esta rara experiencia. Uno de estos, y porque no el principal, es el periodo de enormes cambios, intensa reflexión, búsqueda espiritual y fructuosa introspección que estamos planteando en nuestras vidas los protagonistas. Por eso, algunos consideran que puede ser una “señal” confirmando que vamos transitando por un camino correcto, alineados con el más alto postulado de nuestro proyecto. Aun nada revalida esta especulación, pero si es muy sugerente su vínculo con tan particular periodo personal de transformación en cada uno de nosotros, como lo marcan en general todos los testimonios.&lt;br /&gt;También, puede intentar explicarse desde el lado “psico-científico”, descifrando orígenes aparentes en el periodo de stress manifiesto que demanda en cualquier individuo una etapa de cambios como esta. Argumentos técnicos en el campo psicológico, sobre seguro, lograrían enlazar esto con estándares obsesivos de personalidad y otras tantas conductas que se pueden enrolar en varias sintomatologías del psiquismo. Sin dejar de manifestar el incuestionable respeto, que los especialistas en la materia merecen recibir, es preciso explicar que solo quienes experimentamos estos fenómenos, podemos entender que no son inspirados desde una personal intervención inducida.&lt;br /&gt;Quienes alguna vez han comprado un automóvil, habrán vivido la experiencia de salir a la calle, y encontrarse con muchos vehículos del mismo modelo y color que adquirieron. Estos autos siempre estuvieron ahí, pero nunca les había llamado la atención como ahora. Elementalmente esto se entiende, porque hay un patrón comparativo con el cual salen a la vía pública, y al cruzarse con ese punto de referencia equivalente, es improbable que no avive su curiosidad. Esto es una forma de expresar a modo de ejemplo, cuando un suceso es estimulado por nuestra intervención, o propensión a divisarlo. Esta ilustración es necesaria para justificar la diferencia entre las pequeñas o grandes “casualidades” que rutinariamente se presentan, las que distan y difieren casi en su integridad del fundamento vivencial, que contienen las experiencias que intentare describir aquí.&lt;br /&gt;A través de estos últimos años, he contactado a innumerables personas en todo el mundo que experimentan repetidas visualizaciones del 11:11. Todos ambicionan saber que les está sucediendo, y porqué. ¿Qué simbolizan los dígitos 11:11? ¿Por qué, sin un motivo aparente, han llegado a sus vidas, nuestras vidas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Capitulo 2&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Las personas cambian, y el cambio llega como una brisa que mueve las cortinas en el amanecer, como un perfume de flores silvestres escondidas en el césped”. (John Steinbeck)&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de entrar en profundidad en el tema Sincronicidad, intentare encarnar una “observación masiva de la intimidad”, aplicable a cualquier ser humano que asuma estar en un estado reflexivo y de transformación. Cada uno puede agregar, quitar, desmentir o asentir puntualmente, según su conciencia le sugiera.&lt;br /&gt;Siento que es necesario hacer esto, porque el acto en común más sugerente, que los visualizadores de este fenómeno sincrónico (1111) realizan, es la contemplación sobre sus hechos en el pasado, el lugar que ocupa en el presente y el camino a seguir en el futuro.&lt;br /&gt;Replantearnos nuestra perfectible humanidad no es un acto de renunciación a los placeres mundanos, solo un acomodo sustancial de nuestras prioridades. Para eso, en el costado del camino de la vida, hay cuantiosas “estaciones” temporales donde podemos detener nuestra marcha para meditar. Pero, con esa obsesiva exigencia de estar inagotablemente corriendo sin saber a donde vamos, solo quedan ahí, vertiginosamente capturadas al paso, por la lente de nuestra memoria fotográfica, sin un apropiado filtro para movimientos. Los seres humanos, en muy pocas de estas estratégicas estaciones, tomamos la decisión de descender prudencialmente, para cerciorarnos de llevar un rumbo correcto, o alivianar el equipaje. Algunos aviones de combate pueden reabastecer el combustible en pleno vuelo. En cambio, el hombre que bien pise con sus pies sobre la tierra, indefectiblemente, tendrá que detenerse en algún instante a recargar energía. Cada cual conoce el nivel que marca la aguja de su medidor de combustibles, o bien, hasta donde esta dispuesto a arriesgarse a continuar, con la luz roja de reserva encendida. Por eso, después de negociar con el miedo a perdernos aun mas por los caminos de la vida, nuestro propio ritmo frenético, neurótico, y sin sentido se encarga de inmovilizarnos con total naturalidad.&lt;br /&gt;Una vez logrado el temple, de estar analíticamente ubicados y sosegados, sobreviene el deseo de efectuar un balance sobre lo actuado. Existe una alta posibilidad de apreciar en ese resultado que la forma de vida que hemos adoptado hasta ese momento, ha sido plana en vez de plena. Posiblemente con esa configuración, y el cuerpo tibio como único hálito de vida, se ansíe renunciar a cualquier minúscula trascendencia que podría dar pasión al existir. Pero mucho más meritorio es, si desde ese suelo tan austral del alma, frió y cincelado por el polvo acumulado, se elige tomar la actitud de reconocer que ese lugar no nos pertenece. No saber como se arribo hasta ahí, si así se quiere entender, no redime a nuestra visión objetiva de asumir que hemos defendido las apariencias, y las banalidades cuando en realidad estas, no son mas que una nimia partícula de desecho cósmico en el universo. Por lo tanto, hacerse el tonto, cuando reveladamente se conoce que detrás de los bienestares comodones, existen las esencialidades a las cuales se puede aspirar, y no hacer lo suficiente o nada para lograrlo, nos condena al derroche ante cualquier “destino” que se le quiera dar a los días.&lt;br /&gt;El misterio secular de la memoria nos puede encubrir, dia a dia, bajo el artilugio de la negación, o el de un mortero. Un mortero que en su expresión locuaz de eso concreto que representa, puede hacer polvo cada experiencia que se debería recordar para no volver a reincidir en conductas desacertadas continuamente. Con el argumento de la negación, podemos consumir almanaques creyendo que la ignorancia nos otorga impunidad.&lt;br /&gt;Con cada resultado adverso, nulo, o efectivo, que obtengamos al protagonizar un suceso, se va forjando un método personal inconsciente que podrá guiarnos, si así lo deseamos, en futuras repeticiones de sucesos similares. Esa acumulación de efectos, es lo que comúnmente llamamos: “Experiencia”. La sincrónica revelación del 1111, puede verse como la conexión de nuestra experiencia y su aplicación en el futuro. Propiamente, obra cual una compuerta entre un pasado de aprendizaje y un futuro de crecimiento. Todas las acciones correctas sin esfuerzo, son fáciles de repetirlas en el tiempo. En cambio, si algo requiere de mucha voluntad y esmero para lograrse nuestra conveniencia hace planteos, y según sea la entrega de cada uno se toma la decisión, o no, de realizarlas. Insistir en las equivocaciones explica la supremacía de las conveniencias por sobre el esfuerzo de superarnos. Somos propiamente escultores tallando el cuerpo de nuestros valores. Como dijera Richard Bach: “Cuando comenzamos la vida, a cada uno se nos da un bloque de mármol y las herramientas necesarias para convertirlo en una escultura. Podemos arrastrarlo intacto detrás de nosotros, podemos reducirlo a grava o podemos darle una forma gloriosa”&lt;br /&gt;La máxima degradación a la que se expone la condición humana puede darse vistiendo en desnudez la vergüenza intima de la cobardía revelada, la manifestación opresora de la culpa, y la tiranía sin torna de la dignidad sepultada. Es casi preferir morir y no hacerlo, de todos modos, en poco se diferencia de estar muerto. Pero, “hacernos cargo”, no es lo mismo que “cargar” con todo eso. Abismal contraste entre una condición y la otra.&lt;br /&gt;Podemos cargar con el lado mordaz de esa pasión, parca y cruel, que puede parecerse al egoísmo que poseen las bestias cuando pelean celosas por la carroña que se apoderan. O trajinar como el más letal de los molinos, anegando sus aspas en los arcaduces de nuestra dignidad descuidada y así ir resecando las napas fértiles que aun subsistan en nuestro ser. De igual forma, también podemos llegar a vivir negligentes y precarios, cegados con una omnipotente venda que al ser atada por la impericia, tan solo con el bastón blanco de los milagros lograríamos atravesar tal oscuridad. También, podemos pretender salvaguardarnos de nuestras debilidades con insulsas promesas y quiméricos credos, esperando ser redimidos mediante esas súplicas, por el solo hecho de ser pronunciadas con un místico acento. De igual modo, interesados en la esperanza de obtener sin mayores esfuerzos la recompensa propia del vuelo, sin darnos cuenta, podemos ir doblegando las alas, inertes, impávidas, quebradas y sin uso. O bien, sin sorprendernos, un dia descubrir bajo la caricatura encubierta de un disfraz, el identikit corroído de nuestra identidad. También podemos ir errantes, sin hoja de ruta por el atajo promiscuo de un mundo que lo consiente. Con todo eso y aun mucho más, podemos “cargar”. En nada se parece a “hacerse cargo” de dejar de ser uno más. Uno mas que va siguiendo la turba de “ceros y unos”, como un dato mas en un sistema computacional mal programado.&lt;br /&gt;Hacerse cargo es una oportunidad para despellejar el dérmico lodazal que recubre el alma. Potenciar esa luz interior que se esfuma por entre las grietas de la reseca piel para entonces comenzar a irradiar nuestro lado misericordioso. Es una gran ocasión para fortalecer nuestro costillar sensible, porque detrás del ímpetu expresivo de cualquier distinguida insensibilidad, se puede hacer brotar la tibia frescura de un ser con genuinos valores espirituales.&lt;br /&gt;Saber traducir íntimamente el beneficio que nos dejo el aprendizaje de ese lenguaje salobre surcando el rostro en momentos difíciles, es hacerse cargo y no cargar con situaciones que nos paralizan postrando nuestro desarrollo emocional.&lt;br /&gt;Rescatarnos desde la profundidad de los afectos y las sólidas experiencias de nuestros hechos es convertir nuestros principios en Idealistas bucaneros, en procura de servir como humildes timoneles en otros galeones hundidos en mares de fondo y a la deriva del suelo.&lt;br /&gt;Desarrollar un gran carácter aplicado a la comprensión, humildad y sosiego es muy valioso, para que en la esplendorosa expansión de la tolerancia podamos en definitiva, hacernos cargo de nosotros mismo.&lt;br /&gt;Ser humano es nuestro escarmiento. Solo en el auto-conocimiento esta el aprendizaje que libera, limpia y trasmuta y solo en el auto-aprendizaje esta el conocimiento que de igual modo libera, limpia y transmuta. Es el ciclo fecundo de ese árbol que en nosotros madura sus frutos. Muy poco depende de todos, o de cada uno, tan solo el darnos cuenta que nada vale más que lo esencial, y al revelársenos ese altísimo misterio notable de la vida, ser humanos es nuestro perdón.&lt;br /&gt;En mi caso, puedo decir que confesarme en este lugar no fue espontáneo. Los intermitentes neones de la frivolidad confundían y cegaban mis prioridades. La rutina cómoda, algodonosa y superficial encapsulada en sensoriales apariencias embobaba el discernimiento académico capaz de transformar mi esencia.&lt;br /&gt;La vida es como un laberinto de espejos, percibimos el universo según el lugar donde estamos parados. Afrontarse al espejo de mayor aumento y exposición es descubrir en esa contemplación distorsionada las propiedades de dos mundos en uno solo, el interno y el externo, puramente nuestra propia e intransferible vida en lo cóncavo y convexo de su integridad.&lt;br /&gt;Todos los seres humanos mostramos una manifiesta e incomoda desnudez que pretendemos ocultar con túnicas de disimulos, las cuales ineludiblemente son transparentadas por el tiempo. Todo se ve, aun en la más sombría oscuridad del silencio se escuchan destellos que revelan cualquier misterio. Cada minúsculo acto o pensamiento es sometido a un veredicto. Somos observados de similar manera que nosotros podemos mirar en nuestro interior. ¿Quién, Quiénes o que prestan su atención en nosotros? La única respuesta esta en la analgésica amplitud cognoscitiva que poseen las cualidades de la intuición y la convicción hermanadas.&lt;br /&gt;La manifestación sincrónica de los unos, y los otros, se muestran como una probabilidad comunicable con otra, u otras, dimensiones que no podemos percibir dentro de los parámetros de vida que conocemos. Sentir que nos observan desde ahí, tan solo mostrándose a través de los números, crea una sensación injusta de desigualdad para el mal acostumbrado ego humano.&lt;br /&gt;La vida, o estar en la vida, es cumplir con la firma de un enigmático contrato arbitrariamente unilateral, redactado con vocablos extraídos de una concepción matricial ininteligible, apenas explicada por la fe y desafiada por la razón. Ajamos nuestros años intentando traducir los signos, figuras y caracteres de ese jeroglífico documento, pero siempre queda alguna letra muda no identificable que modifica la consigna de nuestra razón de existir. ¿Razón de existir? Al respecto, ignoramos mucho más de lo que sabemos, y en el sentido invertido de ese enunciado, saber que ignoramos, es lo más importante. Poseemos la elección de ubicarnos en dos veredas diferentes. Una, la de saber que no sabemos y desde ahí hacer cosas para desarrollar la búsqueda de una evolución espiritual. Y la otra, dejar deslizar todo con frivolidad y en forma maquinal, o sea vivir irreflexivamente a diario sin planteos. Mayormente, salvo casos excepcionales, esta última es la que predomina. Hacemos, somos y estamos cual formato hemos venido al mundo y desde esa materia prima vamos según nuestra rutina y entorno variando trivialmente nuestra condición. Algunas veces para bien y otras no.&lt;br /&gt;La multiplicidad de Unos seduciendo nuestros ojos se insinúan con un propósito absolutamente desconocido para nosotros. Tal vez, hurgando en el intimo territorio de nuestra personalidad no se obtenga ninguna respuesta al enigma, pero daremos un paso avanzado para comenzar a dejar de ser un enigma para nosotros mismos.&lt;br /&gt;Cada pensamiento y comportamiento nuestro es como una gota de agua que dejamos caer al piso. Gota a gota se va formando un gran charco que nos rodea y así se presta como espejo para reflejarnos, mirarnos y analizarnos. Este principio básico es el auto-conocimiento, y si nos fue proporcionado por la naturaleza es porque debemos aplicarlo en función de mejorar nuestra probidad. En la intima introspección, escudriñándose en un paneo circunvalado, es donde y cuando se conquistan los grandes avances personales, resulta de los cuales se obtiene como recompensa una paz interior imposible de igualar.&lt;br /&gt;De ningún modo estamos solos. Cada una de nuestras esenciales voces son escuchadas e inexorablemente las respuestas aparecen, sólo tenemos que ejercitar nuestra discernimiento y reconocerlas en cada momento de satisfacción alcanzada o adversidad superada. La soledad en muchos casos es solo falta de argumento narrativo en nuestra historia. Aun creyendo estar en un aplastante desierto sensorial, ensimismado en el abandono y la indiferencia, se puede leer en las heridas precedentes las directrices que nos indican nuestro objetivo. Pero mejor aun resulta, despertar a los indicios que cachetean el latir pasmado de nuestra entereza. Son incontables y diversas señales sensiblemente tangibles desde la racionalidad de las tres dimensiones. Muchas veces el impedimento de percibirlas esta en los preconceptos obstinados sobre todo aquello que es imposible de explicar, atribuyéndolo a lo esotérico, desde un lado burlón, vulgar y condicionante. El criterio confuso, marmolado entre lo sensorial razonado y la asimilación de un misterio de este tipo, corrompe cualquier atisbo reflexivo capaz de revelarnos la condición pequeñamente grandiosa que somos como humanos. Por eso, la pócima responsable de engendrar experiencias religiosas se formula con desprendimientos materiales, desalojos mundanos y conciencia emplazada de nuestra presencia en el infinito. Cuando se exteriorizan manifestaciones confusas para nuestro intelecto, rayano a lo esotérico, afectando el desarrollo cotidiano de nuestras vidas, mayoritariamente nuestra reacción es sorprendernos en el primer impacto, para luego sepultarlas en el olvido quitándole importancia. También solemos ocultarlo en pensantes posibilidades, o atribuirlas a un “raro fenómeno” que, tarde o temprano, seguramente creemos que se encontrara una explicación por medio de algo o alguien. También está la posibilidad de dejar descansar cualquier planteo, en la pasiva contemplación que la clasificación de los milagros otorga como respuesta. De todas formas en cualquiera de estos casos lo relevante no es encontrar respuesta en lo que paso, sino en lo que nos paso. En ese despertar agudizado que el fenómeno seguramente produjo hay una consigna ocultamente revelada que transformaría nuestra vida en su absoluto si nuestra preparación y deseo comulgan en pos de ese logro. Una vez alcanzada la metamorfosis, sin obligarnos respuestas, se puede buscar la aprobación carente de elogios en esa revelada paz interior. Y recién ahí se consigue ser apenas un embrión energético incontinente, entusiasta y provocador de una evolución inexplicable. Todo es energía, al igual que la propia energía lo es en si misma. Somos el resultado de la coalición de varias fuentes energéticas, y ahí reside el ímprobo misterio imposible de entender, la antropomórfica ordenación de cada una, que es parte y todo de la única.&lt;br /&gt;Si potenciamos el poder de observación reconoceríamos seguramente en cuantiosos momentos del dia muchos de estos lenguajes ocultos circundando nuestra existencia. Para un ser ensimismado en el acto de sobrevivir es poco probable que pueda mantener esta captación permanentemente en el tiempo. De todas maneras, esas raras comunicaciones siguen estando ahí sorprendiendo algunos de nuestros cinco sentidos, y el otro. Ese que se expresa tan vistosamente intangible en este “fenómeno 1111”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Capitulo 3&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Lo que llamamos casualidad no es ni puede ser sino la causa ignorada de un efecto desconocido”. (&lt;/strong&gt;&lt;a title="Frases de Voltaire" href="http://www.proverbia.net/citasautor.asp?autor=1029"&gt;&lt;strong&gt;Voltaire&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;)&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No recuerdo la primera vez. Si creo recordar cada una de todas las veces que ese enérgico rayo, en elocuente manifestación física, recorrió el camino vertebral de todo mi ser, zarandeándome en toda mi estructura. Es la mejor forma que encuentra para cerciorarse, cual apasionado emisario, que no ha pasado inadvertido ante mis ojos la multiplicidad de veces que el, el “1111”, violentó mi camino con el objetivo de ser visto. Ese chisporroteo energético en mi espalda le valida su resultado y así, abstinente y sutil, se retrae para dejarme meditar.&lt;br /&gt;Pasadas las horas, luego de ese suceso, llega a mí una reveladora frustración, la cual religada con la rutina, dejan atrás el incidente sin aportarme una respuesta que manifieste la intención de ese aparente mensaje.&lt;br /&gt;Existe una modalidad de expresarnos a la cual echamos mano cuando algo nos supera, esa es: “¡Creo que me estoy volviendo loco!” Probablemente se han pronunciado así en diversas ocasiones. Pero no es más que un enunciado, frecuente e insignificante, que esgrimimos para exteriorizar nuestro estado de ánimo. Pero, auténticamente, ¿Alguna vez han sentido que estaban volviéndose locos? ¿Han experimentado esa sensación tan desagradable de darse cuenta con “la razón” que se esta perdiendo “la razón”? El 1111, 111, 11:11, fenómeno 11-11, o como se pretenda citarlo por nombre, estaba literalmente enajenando mi cordura.&lt;br /&gt;Un camino lodoso, empantanaba mi presente. Hasta ese momento, me conducía como una poderosa camioneta 4x4, todo terreno, con pericia para superar cualquier obstáculo que se antepusiera. Lo que no tenía en cálculo, es que hasta ahora ninguna automotriz había diseñado una 4x4 que consiguiera traspasar una ciénaga profunda. El ecosistema enseña con su natural sabiduría conceptos adaptables al contexto de nuestras experiencias. Precisamente esas que deberíamos prestar mucho más atención, porque si lo ensamblamos a nuestro aprendizaje fortalecería este efímero pasó por la vida. Ejemplo de ello es cuando en medio de cualquier pantano irrumpe una flor dotada de preciosidad extrema. Siempre de lo adverso se desembarazan frutos admirables. El fango rebasaba mi cuello y así, germino el “Once Once” en mi vida.&lt;br /&gt;Primero asomaban esos dígitos sin percatar que podría existir algún motivo por el cual sobrevenían. Esas incipientes cifras reiterándose me sugerían que podría tratarse de algún mensaje. Intente descifrar las “apariciones secuénciales”, sin llegar a una conclusión, por lo tanto solo estimulaba la percepción de una incomoda extrañeza, adjudicando esto nada más que a una extraordinaria “casualidad”.&lt;br /&gt;En la intimidad de mi casa, en la vía publica, o donde sea, comenzaba a tomar periodicidad el suceso. Su orden ya era más legible, en un efímero plazo de tiempo, exhibiéndose machacadas veces ante mis ojos.&lt;br /&gt;Pasó un largo tiempo, quizás un año, y aun mantenía esto en hermética intimidad, estricto silencio y autentica soledad. Mi sensación de estar demente era cada vez más pronunciada. ¿Los locos se darán cuenta cuando comienzan a volverse locos? ¿O se vuelven locos de la noche a la mañana?- Ese era el cuestionamiento.&lt;br /&gt;Esta experiencia la lleve al campo de lo lúdico. De la Timba, digamos. Creía, en forma ingenua y ambiciosa, o al revés, bien podría tener directa relación con la suerte. Obviamente que en cuanta Quiniela y Lotería se cruzo resigne mi dinero aventurando esa salvación que me estaban anticipando su arribo tan impulsivamente por medio del 1111 y, obviamente, no podía dejar pasar. En todas esas intentonas timberas de muy baja calaña nunca fui favorecido por algún premio derivado de ese hermético 1111.&lt;br /&gt;El desbarajuste ludópata advertía una incipiente calvicie en mis bolsillos. Era una cruzada cimentada en una desmedida obstinación que no sabia donde concluiría. Insistía que tenía que pasar por un golpe de suerte en la Lotería. ¡Salvarme! ¡Que simpleza creer que alguien pueda ser salvado por un frívolo acierto económico! Inserto en medio de una sórdida ambición, llegar a la conclusión que no tenia ninguna relación con el mundo de las apuestas, me hizo enfurecer, pero con resignación debía renunciar a esos indignos criterios azarosos.&lt;br /&gt;Mi torpe capacidad de observación comenzó a darse cuenta que no sobrevenían en cualquier santiamén sin motivación aparente. Estas “visualizaciones” tenían un patrón en común que debía encontrar respuesta en mi Psiquis. Era todo muy extraño, y dado el tiempo transcurrido, si esto ocultaba para mi algún mensaje ya tendría que haberlo descifrado. Ante tanta evidencia, las tres cifras de mi dudoso coeficiente intelectual ya deberían haber resuelto la incógnita. Solo podía manejar como auto-diagnostico posible, cansancio, estrés, o algún otro tipo de desorden vinculado a este periodo difícil que estaba transitando. Y bien podría en ese tiempo también pensar: “uno solo ve lo que quiere ver”. Fácilmente comprobaría que precisamente no se trata de eso la cuestión, sino más bien de eso que uno necesita ver, descubrir y encontrar.&lt;br /&gt;Un dia también por “casualidad” (sigo hablando de casualidad como verán en este relato), cuando estaba sumergido en la tarea de ordenar papeles, revistas y libros, alcanzo a observar el numero 111 destacándose entre la tipografía de una minúscula nota en una revista de chismes faranduleros que estaba por tirar a la basura. Un pequeño recuadro, en el borde superior derecho, mostraba una concisa entrevista a Tizianno Ferro, un famoso cantante Italiano, hasta ese momento ilustre desconocido para mí. En esa nota, el artista hablaba del lanzamiento de su último trabajo al cual había titulado “111”. La periodista le manifiesta su interés por conocer cual es el origen de tan excéntrico nombre. Así, el cantautor se despacha explicando que se debía a su experiencia personal con el 111 desde hacia mucho tiempo. En cada Hotel que paraba le suministraban la habitación 111, sus vuelos eran a la 1:11, miraba su reloj y este marcaba las 11:11. etc. Adivinarán que en ese mismo instante quería irme caminando a Italia, o a cualquier parte del mundo, donde Tizianno Ferro hubiese estado. Llegar y decirle: -¡A mi me pasa lo mismo! ¡Somos dos!&lt;br /&gt;Investigue en Internet, datos del artista intentando obtener algún medio para comunicarme, un número de teléfono para llamarlo, o su dirección de mail para escribirle, hasta que solo encontré esta última en su página oficial. El debería saber que en el mundo, había alguien capaz de comprender eso que seguramente le es tan inexplicable como a mi, y a su vez encontrar su reciproca comprensión. Le escribí y sintiendo que me sacaba un peso de encima me relaje esperando su contestación, la cual pensé que seria rápida y efusiva ante tal hallazgo. Nunca supe si leyó ese mail, porque nunca me contesto.&lt;br /&gt;Para entonces, pasaban los días y las experiencias comenzaron a reiterarse, ahora ya con mucha más frecuencia y asechanza. Los números llevaban ya más de dos años y medio quebrantando mi rutina esporádicamente. Ese temor inicial al encasillamiento patológico por mis testimonios se había comenzado a disipar, y ya estaba incorporando con naturalidad “los Unos” a mi vida. Después de todo pensaba resignado, a Tizianno Ferro le pasa lo mismo, Si me creen loco, somos dos.&lt;br /&gt;Al tomarlo más relajadamente me anime a compartirlo de a poco, muy despacio, con mi familia y mis amigos de mucha confianza y reserva. Comenzó a perder importancia la incomodidad social que juzguen en mi, algo tan dudosamente extraño y tan próximo al delirio. Como es de esperarse, en un principio nadie entendía bien y en verdad cambiaban de tema enseguida, como si el planteo temático de la conversación que les proponía era hablar del tiempo. Esa era la categórica importancia que le dispensaban al dialogo, cuando pretendía detallarles mi experiencia. Fue ahí realmente cuando sentí que estaba volviéndome loco y que mi entorno disimulaba para no hacerme sentir mal.&lt;br /&gt;El tiempo pasaba, y nada me salía bien, todo mi contexto estaba ligado a errores, tropiezos y malas experiencias en cada uno de los ámbitos de mi vida. Social, familiar, personal, económico, salud, etcétera y todos los etcéteras que sean necesario. Y esa realidad, no era acorde a eso que todos habían endosado en mí según sus expectativas al observarme como un ser inteligente, bien parado y con proyectos.&lt;br /&gt;No se como en todo ese tiempo, no se me ocurrió tomar la iniciativa de investigar en Internet sobre el tema en general, o sea el fenómeno 1111, más allá de Tizianno y yo. Quizás fue mi arrogancia, creer que eso solo me sucedía a mí, y a un famoso cantante en otra parte del mundo. Cuando decidí indagar profundamente, luego que el “sufrimiento” periódico de esa práctica me desbordo, la máxima sensación que mi capacidad de asombro haya experimentado la viví ese dia.&lt;br /&gt;El buscador Google me llevo a la página (www.nuevaconciencia.com.mx) perteneciente a la fundación del señor Alejandro Aritza de México. Con una extensa trayectoria como conferencista motivacional, Alejandro Aritza posee una reconocida carrera profesional, y además cuenta con una destacada reputación mundial. En su Web, el narra a renglón tendido sus experiencias, en una extensa nota que titula: “Cuando a tus ojos los atrae el 11:11” la cual con su autorización reproduciré en parte aquí:&lt;br /&gt;……………………&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Cuando se ve un señalamiento, por algo se puso ahí a tu paso. Cuando se oye un llamado, conviene ir, digo, por algo están llamando. Creo que no hay argumento más lógico y fuerte para ir que eso. Desde hace 2 meses aproximadamente me estoy sorprendiendo diariamente con el “fortuito” evento que mis ojos, cuando voltean a ver el reloj, observan las 11:11 con singular frecuencia. Cada vez que veo mi reloj digital colgado en el comedor, ¡zas! 11:11, cuando veo el reloj aquí abajo a la derecha del monitor, igual, luego cuando estoy en mi sala y volteo a ver el reloj digital de mi DVD, igual, cuando recibo una llamada a mi celular y cuelgo, volteo a ver el reloj digital del teléfono e igual, 11:11. Quiero dejar bien claro que no busco ver esa hora, sino que esa hora me busca a mí. Yo no estoy conciente de la hora prácticamente nunca, y eso ha hecho más misterioso cuando volteo a ver el reloj por alguna otra razón, muy otra, pero muy otra, sorpresivamente coincide con las 11:11. Ya fue esto tan tremendamente frecuente que una noche de la semana pasada, hablando con mi amada alma gemela, le dije: “Adis..., te juro que no puede ser. Yo casi nunca volteo a ver el reloj, pero cuando lo hago por saber cuánto tiempo llevo leyendo o para llegar puntual a alguna cita, o para irme a dormir a mejor hora, a diario se me aparece el 11:11..., estoy seguro que no es normal. Incluso siento algo en mi pecho y detrás de mis orejas cada vez que pasa...”. La primera vez que le dije esto a mi alma gemela se me quedó viendo como diciendo “Ah..., ¿Y?”. De inmediato supe que no estábamos en la misma frecuencia vibratoria para entendernos y no profundicé más. Eso ha pasado últimamente y es algo verdaderamente extraño entre nosotros. Pero estoy empezando a comprender que muchas veces “el camino” es algo personal, muy personal. Antes que se fuera ese día, no aguanté y antes de salir le alcancé a decir: “¿Sabes? Siento sin duda que esto es algo más allá de una coincidencia. Quiero saber de qué se trata. Quiero saber”. Me sonrió y se fue. Esa misma noche, prendí mi computadora y revisé mis correos. Uno que estaba entrando, se trataba de una periodista que me confiesa su interés por entrevistarme para su estación de radio en Argentina. En su correo me invitaba a una charla radial, y para que yo conociera mejor sobre qué trataba su programa, me sugirió visitara su página de Internet. De inmediato entré, pero debo confesar que esto no lo suelo hacer. Recibo tal cantidad de correos que no reparo en enlaces para no invertir más tiempo y poder atender más correos, sin embargo, siendo noche, “algo” me dijo en mi interior que entrara a su página. Es una página llena de enlaces y notas. De un solo vistazo hice clic en un enlace que “me llamó” la atención, se llamaba “Espíritu”. Al dar clic, casi me voy de espaldas. Apareció un artículo, el primerísimo de la lista, llamado: “Reparado en el 11:11”, ¡con una explicación de eso que me estaba pasando! Apenas unos minutos antes acababa de decir “Quiero saber de qué se trata...”, y en ese momento me llega el correo. Algunos párrafos del artículo que llamaron mi atención para compartir contigo aquí son: “Muchos de nosotros asociamos 11:11 a una especie de código/alarma cada vez que lo vemos en nuestros relojes digitales. También puede ser visto como una llave para abrir nuestra mente subconsciente. 11:11 representa también los pilares o columnas de las puertas dimensionales que todos en este planeta vamos a ver, simultáneamente al finalizar este “ciclo en el tiempo”; con esto nos vamos despertando a una vivencia en la cual la realidad no vuelve a ser la misma de antes; significando que estamos preparados para sacarnos de encima (por así decir) las emociones, el drama y la ilusión de la 3D. Una vez que nos movemos a frecuencia más altas, empezamos a crear, nos damos cuenta de las sincronicidades, supuestas coincidencias que nuestra alma crea para ayudarnos a recordar y disparar nuestra conciencia recordándonos que nosotros creamos cada una de las experiencias de vida. El 11:11 puede disparar otros patrones numéricos con códigos personales dentro de cada uno. El 11:11 es generalmente el primer patrón de números que vemos y la puerta abierta a un estado de conciencia mayor. Cuando empezamos a ver 11:11 es que nuestra alma nos está diciendo que nuestra jornada espiritual está comenzando o ha comenzado, todo depende de lo ocupados que estemos o de la atención que le prestemos”. Cuando me fui a la cama ese día (de la semana pasada) sentía algo muy especial en mi interior. No lo puedo describir, pero sé que no estaba normal. Al día siguiente, era un día que salía de viaje por la tarde para dictar una de mis conferencias y así decidí quedarme en casa toda la mañana y tomarme todo el tiempo para disfrutarme. Decidí escuchar uno de mis discos favoritos y que no escuchaba desde hace más de un año fácilmente. El CD del musical teatral “The Lion King”, (El Rey León). Con esa música de fondo y a lo lejos, me di un baño de horas, como esos que nunca se puede uno dar entre semana, pero yo lo estaba logrando. Mientras me duchaba y cantaba en el baño, incluso con el eco que se hace (donde me disfruto tanto cantando), alcancé a escuchar que sonaba mi celular. Estaba tan a gusto que no me apuré, lógicamente. Pensé: “...quien quiera hablarme, ya me dejará recado o me llamará luego”. Seguí feliz bajo el agua. Al salir, ya medio hecho pasita, tomé mi toalla y fui por mi teléfono que había dejado en otra área del baño, donde hay un enorme espejo, en verdad de pared a pared..., tomé el celular y había recado en el buzón de voz. Lo escuché con atención, se trataba de una muy querida amiga, que aunque hablaba para quejarse de algo y reclamar explicación, de todos modos escuché su grabación con afecto. Era largo su mensaje. Al colgar y ver la pantalla de mi celular... 11:11 en ella. Me paralicé. De inmediato volteé a verme en el espejo como queriendo buscar a alguien que me diera más explicación solo viendo mi reflejo. Mis ojos estaban clavados en mis ojos mismos y juro que no podía parpadear. En ese momento, totalmente paralizado me percaté de la canción que se escuchaba al fondo, el 7º track del disco, “They live in you”... donde yo escuché claramente que decía: “... have faith, believe in you, believe in me, they’re watching over everything we see, in every creature, in every star, in your reflection..., believe in you, believe in you! (… ten fe, cree en ti, cree en Mí, ellos nos están vigilando [protegiendo, guiando] por encima de todo lo que vemos, en toda criatura, en toda estrella, en tu reflejo..., cree en ti, cree en ti!). ¡Eso escuché mientras me reflejaba en el espejo! (Y por cierto la voz es imponente) ¿Sabes lo que sentí? ¡Ya es tremendamente claro el mensaje! Como te lo vengo diciendo..., ya no tengo la menor duda. Es directísimo. Me quedé viéndome desnudo en el espejo durante un rato sin poder moverme. Sentí como un haz de electricidad recorría mi médula espinal y luego salí como de un trance momentáneo. Lo único que terminé haciendo es voltear al cielo y alzando mis brazos, dije en voz alta: “Esta bien, está bien, ya entendí. El canal ya está abiertísimo. Haré lo que se me ordene y con gusto. Gracias, gracias. Sé que estoy para servir”. Me fui a sentar a la cama como para aceptar lo que estaba sucediendo. Incluso ahora que te lo comparto, vuelvo a sentir la emoción. Y hoy que he escuchado esa canción más de 100 veces desde aquel día (se me ha hecho adictiva), siento un mensaje tan directo. Sigo..., hoy domingo me comuniqué con mi nuevo amigo Uri Geller, con quien me estoy carteando desde hace unos pocos meses, y le comenté lo que me pasa. Quizá tú conozcas a Uri Geller como aquel poderoso psíquico y tremendamente famoso (hace muchos años) por doblar cucharas con el poder de su mente. Sí, de ese estoy hablando. Si eres de nuevas generaciones, quizá, al igual que yo hasta hace 4 meses, ni lo conocía. Es un ser humano singular y extraordinario, fuera de lo común por mucho. Compartimos ideas y disfrutamos de esta amistad que inicia. Cuando le dije lo que sentía y me pasaba, me dijo: “Ahh..., es lo más normal en ti.” ¡Quéeee! –dije. A lo que continuó: “...es un símbolo hermoso, llegó tu momento. Al igual que le va a llegar a todos los que le deba llegar. Si quieres saber más, tengo un extenso artículo en mi página que te lo explicará, se llama: “¿Are your eyes attract to 11:11? (¿Tus ojos son atraídos al 11:11?)”. Terminamos la conversación y me dispuse a leer. El artículo es en verdad extenso, mucho, pero aquí un párrafo que quiero compartir contigo:“Los números 11:11 han aparecido de manera misteriosa. En los relojes digitales, la aparición del 11:11 suele ocurrir durante las horas de conciencia incrementada, teniendo un efecto muy poderoso sobre las personas involucradas. Esto causa la reactivación de nuestra memoria. Ocurre un movimiento interior, una pista de remembranza de cosas olvidadas hace mucho. 11:11 es un disparador precodificado y colocado en nuestra memoria antes de nuestro descenso en la materia que, en cuanto se activa, significa que se acerca nuestro momento de finalización. Esto se refiere a la finalización de la dualidad. Cuando el 11:11 aparece ante ti, es tu llamada a despertar. Un canal se abre directamente entre tú y lo Invisible. Cuando sucede, es hora de reflexionar por un momento en lo que estás haciendo y ver más allá. Se anuncia una transferencia. Puedes entrar a la Realidad Superior si quieres, rezar o meditar y sembrar tu futuro y, puedes ser sembrado [guiado] por el Invisible. Puedes pedir ayuda en algún área específica de tu vida o simplemente escuchar en silencio y recibir una revelación. La aparición del 11:11 es siempre un acto benéfico de la Intervención Divina que te dice que es tiempo para ver detenidamente a tu alrededor y ver lo que está realmente sucediendo. Es hora de rasgar el velo de la ilusión que nos tiene atados a un mundo irreal. Tú has sido escogido, porque estás preparado para entrar a la Realidad Superior. Para guiar a otros en el camino hacia una nueva manera de vida, hacia un Amor Superior. Para ascender de la dualidad a la Unidad. El 11:11 es el puente entre vitalidad y unidad. Es nuestro sendero hacia lo desconocido positivo y más allá. Esto puede ser percibido como una grieta entre dos mundos. Algunos de ustedes han reconocido este símbolo como algo de importancia y sin embargo no conocen su significado verdadero. Con la llegada de los relojes digitales hace muchos años, el significado del 11:11 se manifestó, apareciendo en el reloj en momentos de mayor lucidez. Todos aquellos que han sabido que el 11:11 es algo especial, necesitan tomar un paso hacia delante en posición de liderazgo. Porque ustedes son parte importante de la clave”. Creo que no necesito decir más. Simplemente te confieso que antes de escribir todo esto, lo dudé. ¿Lo comparto públicamente? ¿Lo comento en mi página o debo de guardarlo como una natural y respetable parte de mi vida personal? ¿Será para bien si lo publico? Pues no sé. Simplemente hoy por la mañana escuché una voz que me dijo: Publícalo. Y luego mi intuición agregó: “...esto no te va a pasar solo a ti, sino a mucha gente. Entonces, ArizA entiende que tú has sido elegido para comunicar y expandir una Nueva Conciencia, entonces déjalo en tu página para que a quien le llegue su momento y se pregunte qué le está pasando, con Nueva Conciencia encuentre la respuesta”. Pues bien, aquí está. Quiero sentir que sea para bien. Alejandro Aritza.-Mexico.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;-------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Su historia era mi historia! ¡Su historia era el clon de la mía! No solo eso, en su relato explicito en por menores detallaba otros casos del cual se había valido para publicar esa nota. Por lo tanto, lo primero que entendí es que somos mucho más que dos.&lt;br /&gt;Cuando termine de leer todo, en detalles, llore, con simple y distendida conmoción. ¡Llore! Y lo hice como nunca antes recuerdo haberlo echo. Aun estaba sin saber que significaba esto, pero ya no me sentía tan solo.&lt;br /&gt;Al tranquilizarme, me di cuenta que al final de la nota había un formulario virtual donde el visitante podía dejar su comentario. Desesperado escribí como loco, sin leer lo que expresaba, pero si expresando lo que escribía. En esa pagina esta asentado la narración con mi nombre, apellido, nacionalidad y dirección de mail y cualquiera puede comprobarlo entrando al sitio aun hoy. Luego de ese, mi primer mensaje desaforado por querer contar mi experiencia, cuando considere que la idea que intentaba transmitir con mi emoción y conmoción ya estaba plasmada, hice “clic” en el Mouse y lo envié. Inmediatamente, a velocidad banda ancha se desplegó otra página donde veo aparecer cientos de mensajes de todas partes del mundo. Gente que tenía la misma, idéntica, igual, gemela, exacta, análoga y sinónima experiencia que la mía. Así desde ese dia, otras cientos de webs y blogs similares, en todos los idiomas aparecieron para mí. Donde a su vez otras miles de personas dejan con detalles eso que les sucede, igual que a mi. Ejemplo de ello son las que se encuentran fácilmente con patrones de búsqueda como: Portal11:11, 1111SpiritGuardians, Hermanos superiores 1111, predicciones mayas referidas el 1111, Tendencia al 1111, Rediance1111, y muchas más. Todas con un común denominador: un cúmulo interminable de experiencias volcadas en forma de mensajes por cada uno que la visita. Estas direcciones en la red, simbólicamente representan a un gran “Muro de los lamentos” donde se encuentra complicidad, comprensión y consuelo de pertenencia al dejar entre las agrietadas rocas binarias una notita para ser tenida en cuenta en la posteridad.&lt;br /&gt;No se cual es la estadística científica en la que esta basada esta información, pero según se cree el 0,1% de la población vive este tipo de experiencia. Vivimos este tipo de experiencia, debí opinar. Siento que ese número es muchísimo mayor, incluso en una publicación se afirma que somos millones de personas las que de algún modo conviven cotidianamente con esto.&lt;br /&gt;Podría estar 1111 horas de viaje al centro de este tema describiéndole cada una de las veces que esto me ha sucedido. Podría referirles también las veces que consulte a decenas de numerologos y cada una de las “pavadas y gansadas” que me decían (Pido disculpas a esas ingenuas aves de corral que no tienen la culpa). Podría contarles cada vez que me sucedía al momento de estar con alguien de mucha confianza y entonces me animaba a compartirlo, ya sin sorprenderme, pero deleitándome en la sorpresa que generaba en el otro. Fue así que pude ir demostrando que eso era absoluta verdad y no creación de mi aparente locura. Me encantaría detallar todo, pero voy a elegir traer a este libro solo algunas circunstancias para dimensionar este fenómeno. Solo algunas de miles.&lt;br /&gt;La primera la elegí porque, aun habiendo perdido mucho dinero intentando salvarme económicamente, y cuando ya había descartado la “timba” como fin, el “fenómeno 1111” se encargo de ponerme nuevamente en vereda de su satírica confusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Capitulo 4&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“No existe la casualidad, y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas” (&lt;/strong&gt;&lt;a title="Frases de Johann Christoph Friedrich von Schiller" href="http://www.proverbia.net/citasautor.asp?autor=381"&gt;&lt;strong&gt;J.C. Friedrich Von Schiller&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;)&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De todos modos, creo haber avanzado mucho en mi modesta investigación, aun sin haberlo hecho. Porque desde aquella rustica, egoísta, mundana y poco creativa tendencia inicial inclinada hacia lo lúdico, donde mis recursos económicos tambalearon buscando ser multiplicados cual los panes y los peces del relato bíblico hasta hoy, algo aprendí.&lt;br /&gt;Después de varios años transcurridos puedo decir que esos mínimos aprendizajes pueden resumirse, cual conclusión de una abstracta tesis, que no se consigue encontrar una sola razón que me permita catalogar cual es el destino que se busca orientar en mi vida, si es que hay uno, a través del “1111”. O sea desenlace, conclusión o moraleja: Estoy donde el principio. O peor aun, porque como dije podría haber descartado el “Azar”, ese cómodo desenlace, que en mi ridícula obstinación deseaba que fuese, pero no, no puedo separarlo. Aun ahí, el fenómeno “1111” se ha esmerado en confundirme, como aquella tarde en que rotundamente así me lo confirmo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;……………&lt;br /&gt;-Experiencia 1-&lt;br /&gt;Las ruedas del tren rasgueaban en las cuerdas ferrosas esa letárgica canción de cuna para los durmientes, que al igual de esos que están debajo de las vías, veníamos sintiéndonos aplastados por el calor intenso y el hacinamiento. Era la hora del regreso, o de la huida según se mire, de todos esos rostros de látex con ojos almibarados. Seres desconocidos, con hombros caídos en punta hacia adelante simulando clavarlos en el medio de sus pechos como en un intento de suicidio social por causa del agobio. La cíclica armonía se desvanecía al compás del gusano mecánico que, inexplicablemente, detenía su marcha en la panorámica “nada” entre dos estaciones. La insoportable vanidad del sol de enero espejaba la ventanilla en la que detrás, oculto, mi pensamiento vagaba por la única parte de mi que me llena en esos momentos, ese espectro imaginario al que llamo inspiración. Dadas las apremiantes circunstancias de ese presente, esa inspiración había resignado su estilo artístico creativo para ponerse al servicio de una solución terrenalmente personal. Cual extraño vaudeville mis dificultades económicas abrían y cerraban puertas en un loco gatuperio buscando una salida posible, rápida e inmediata como lo requería mi situación. En ese momento, el mundo solo existía a la inversa de mi mirada, hasta que el guarda del tren, parado a mi lado, solicita que le exhiba mi boleto. Por su tono de voz deduje que seria su tercer intento, o más. Es en estos casos cuando uno toma conciencia de la cantidad de bolsillos que puede llevar encima, y por una acepción a la ley de ese señor ingles Premio Nóbel de medicina en 1932, Don Murphy, se puede decir que: “Lo que se busca, siempre se encuentra en el último lugar que se revisa”. Allí estaba el comprobante, prolijamente doblado en su perfecta mitad, estado que conservo con hidalguía hasta llegar a las manos del guarda para ser controlado.&lt;br /&gt;El paso de circulación entre un vagón a otro era ocupado en ese mismo momento por un vendedor de Copias ilegales de Discos Compactos, quien se disponía con varios de esos productos en sus manos, a ofertar en voz alta uno a uno, nombrando obra e intérprete como acostumbran hacerlo.&lt;br /&gt;Por detrás, es sorprendido por el cordial pedido de paso solicitado de una señora, sonriente y expresivamente feliz, quien era acompañada por dos pequeños idénticos que caminaban delante de ella, igual de felices. Por deducción supuse que eran sus hijos, por evidencia confirme que eran gemelos. Vestían igual, pero diferenciados solo por el color de sus remeras, Azul una y la otra de color rojo. Ambas prendas llevaban impreso en su parte delantera en un blanco prominente y en gran tamaño, el numero “11”. Los niños igual de sonrientes que su madre contrastaban con todo lo gris y falto de color de ese lugar y los que allí estábamos. Su marcha, hacia no se donde, fue nuevamente interrumpida en el pasillo del vagón por el corpulento guarda que aun no terminaba de observar mi boleto. Hombro a hombro, frente a mí, estos ignotos hermanitos me dedicaron la más bella expresión que un ser humano puede regalarle a otro en este mundo. Comprendí inmediatamente al observarlos que, cual embudo imparable de un tornado, otro fenómeno de similares características a otros tantos se acercaba, era imposible ignorar el “11-11”, tan evidentemente enmarcado en las prendas de estos pequeños.&lt;br /&gt;Por fin el guarda se decidió a traspasar mi boleto con esa tradicional pinza tipo rompe nuez. Rápido en su oficio cotidiano, a la misma vez que devolvía el mío le solicitaba a otro pasajero con poderosa actitud:- ¡Boleto por favor!&lt;br /&gt;Nadie, ni nada, había corrido ni un átomo sus pies del lugar donde estaban, el guarda, los niños, la madre, el vendedor de Discos Compactos y todos, inclusive el tren.&lt;br /&gt;El control al pasajero circunstancial detrás de mí, solo fue un trámite rápido y preciso, guardando la pinza en el bolsillo superior de su camisa el guarda mostró la clara actitud de dar por finalizada, ahí nomás, su tarea de control. Con sorprendente confianza, me señala con su dedo y me dice: (- ¡lindo numero el “Once-Once”!)…Había escuchado bien por lo tanto no era necesario preguntar simulando no haber entendido. Pero como cualquiera que se vea en una situación similar, la pregunta y el gesto desconcertado ya están pre-codificados en el subconsciente y se emiten, sin filtro, a velocidad de un rayo. ¿Cómo?, Digo sin pensarlo y muy dubitativo.&lt;br /&gt;En estos casos es usual recibir la misma respuesta, diferenciada solo en un tono más alto de voz al repetirla.- ¡Que lindo numero el “Once-Once”! insistió el guarda… -¡Ah si! Fue mi respuesta con una sonrisa forzada de incomprensión, tratando de analizar mentalmente lo que me esta pasando, como ya se hizo costumbre en estos casos. En esta oportunidad deduje, era una obviedad, el guarda había notado mí destacado interés por el número que formaban los dos gemelos a la par.&lt;br /&gt;En esta experiencia ya debería haber aprendido a relajarme, porque siempre que intento buscar respuestas razonadas un acelerado ritmo de acontecimientos me turba y no hay análisis posible in situ. Y tanto es así que el vendedor de discos compactos, luego de una introducción muy bien aprendida donde destacaba calidad, duración y precio en general sobre todos sus productos, ofrece la primera obra plagiada a mano alzada y viva voz…-Tizianno Ferro, “111”…, León Gieco… ¡Y ya no escuche más!&lt;br /&gt;El tren imperceptiblemente hacia notar que reiniciaba su movimiento. Para confirmar esa sensación, dirigí mi atención al paisaje enmarcado en la ventanilla y solo pude ver lo que misteriosamente este “fenómeno” pretende a su voluntad. En este caso una gruesa columna de cemento, esas que sostienen la red de cableado a un costado de las vías. Fuerte y rígida siempre había estado ahí, solo que ahora, iba quedando atrás con el gradual movimiento que recuperaba la formación. Mostraba rutilante e igual de concreto a toda su estructura, el número de serie con el cual seguramente la compañía identificaba esa columna, el “1111”.&lt;br /&gt;Pocos metros más adelante, sobre la muy escasamente transitada calle paralela a la red ferroviaria, una pequeña camioneta del tipo utilitario comenzaba a salir en reversa desde su garaje. El relumbre del sol sobre sus cristales espejados impactan provocativamente en mis ojos, y leo claramente que su patente además de las habituales tres letras iniciales eran seguidas del numero “111”.&lt;br /&gt;Los niños de remeras 11-11 con su madre y el guarda ya no estaban en el lugar. Al notar poco interés de compra el vendedor de discos compactos inicia su retirada. Atrás también quedaba la columna y la camioneta.&lt;br /&gt;Entre mis dedos aun conservaba el boleto, el cual doblado no dejaba ver donde había sido marcado por el guarda. Abro el pequeño pedazo de papel y leo su contenido. Era un boleto “ida y vuelta”, el cual había sido emitido a las 11:11 de la mañana y su número de serie era 1111. Comprendí así que el guarda nunca se refirió a los niños con su comentario.&lt;br /&gt;En ese estado somnoliento por el clima y retraído por esa gran preocupación económica a resolver para el dia siguiente, sumados a estos inoportunos cachetazos del 1111, no había percibido lo cerca que estábamos de la estación de Florencio Varela, mi destino final, donde arribamos rápidamente. Solo en cuestión de segundos, una anciana, una pareja, tres obreros y yo quedamos en ese vagón. Todos los demás habían bajado inexplicablemente. Al descender, una promotora de aspecto muy cansado también por el calor, o por tanto masticar chicles, me entrega el folleto de una financiera ofreciendo créditos fáciles, rápidos y mágicos. Si ese era el mensaje que el “1111” quería darme, vaya desilusión. No quería, y tampoco podía, obtener ese tipo de crédito con intereses abusivos. De igual modo, eche un vistazo y el teléfono de esta compañía terminaba en “1111”. Es normal, Pensé convencido, las empresas pagan a las compañías telefónicas por la obtención de números de fácil retención para sus clientes.&lt;br /&gt;Seguí mi derrotero en busca de un cajero automático, debía exprimir algo de mis escuálidos recursos que aun tenia depositado en mi cuenta. En calle peatonal Monteagudo de Florencio Varela, a una cuadra de la estación de tren, esta el Banco de la Provincia de Buenos Aires. Sin problemas y sin previamente consultar el saldo, realizo la operación de extracción de efectivo, espero el ticket y observo los datos. ¿Hasta donde llegaría el fenómeno esta vez? El saldo que acusaba era de $ 11,11, había extraído $100 pesos en la selección rápida que posibilita la pantalla del cajero, porque sin conocer el monto exacto de mi saldo sabía que no podía excederme de extraer esa suma. Lo que ignoraba era que en mi cuenta, hasta ese momento, socarronamente es fácil de deducir que atesoraba $111, 11.&lt;br /&gt;Al salir me detuve en la puerta del banco buscando reponerme. Mi castigada atención se desvía hacia la agencia de quinielas en la esquina cruzada al banco. Esa agencia siempre estuvo ahí y claramente siempre lo supe. De todos modos nunca había formado parte de un proceso “fenomenal” como en este momento. Es la Agencia “El 111” y nada misterioso encierra su nombre, solo fue bautizada con el numero que corresponde a su dirección. Esta vez la grandiosa marquesina con ese gigantesco número tenía un muy diferente aspecto para mí. Mi fortaleza no sucumbió, no debía caer en la trampa de apostar por ese número, dada mi experiencia era una promesa que no debía romper. Con firme decisión mis pasos flotaron nuevamente hacia la estación, solo deseaba atravesar el pasaje subterráneo, llegar a mi amniótica casa y refugiarme de todo esto. No podía permitirme seguir perdiendo dinero, apostando alocadamente al 1111, ni al 111, ni el 11. Si en tanto tiempo no me había favorecido, sería porque precisamente el mensaje a descifrar no tenía ese sentido de orientación. Es más, quizás la elevada intención de sus propósitos, estaba siendo pisoteada por mis bajos instintos lúdicos. Seguramente está, solo seria una prueba más puesta en mi camino para tomar dimensión exacta del fenómeno, distanciándolo totalmente de la poca ortodoxa suerte.&lt;br /&gt;En la vereda de la estación de trenes me detengo obligado por las circunstancias. Un señor mayor de barba dispersa y entrecana viene caminando presuroso, abstraído mirando unos papeles, e inexorablemente va a chocar conmigo. Nada podía hacer. Avergonzadamente por su torpeza, me ofrece disculpas tratando de explicar la situación y apelando como recurso al humor.&lt;br /&gt;…-¡Papa! ¿Jugaste el 111? Acercándose a nosotros Interrumpe diciendo la que obviamente seria su hija, venia de comprar una revista, vestida con un ambo típicamente usado por personal relacionado con centros de salud.&lt;br /&gt;- ¡Si!, aquí esta, caminaba concentrado mirando si estaba el 111 cuando choque a este pobre joven, dice el señor.&lt;br /&gt;Fue el acontecimiento preciso que produjo esa conocida electrificación medular que siempre obraba de telón, anunciando el final del “fenómeno 1111”, su retirada. Quiero destacar que aun retengo en mi memoria, el gesto ambo conexo entre estos seres, una parte sonriendo disculpándose por lo sucedido y otra aterrorizados seguramente por mi estado de estupor. Huyen, lentamente, sin darme su espalda hasta sentirse a salvo.&lt;br /&gt;En esa casi pasmosa inconciencia, ingresé a esa “otra agencia de quinielas”, ubicada en la misma estación, con el original nombre de “Estación de la Fortuna”. Precisamente el lugar desde donde este hombre venia con sus apuestas. Muy poco recuerdo entre ese momento y el arribo a mi casa. Unas vecinas que me saludaron, mi madre, el noticiero en televisión, unos mates y luego mi conexión a Internet diluyeron el tiempo. Igualmente mi estado de normalidad se resistía a tomar posición de mando porque aun mi cabeza como extremidad superior de mi cuerpo, latía buscando reposo y tranquilidad.&lt;br /&gt;Había sobrevivido una vez más, a otra indescifrable experiencia. Debía tranquilizarme, seguramente pasarían unos días, y en mi círculo íntimo me animaría tímidamente a contarlo como una anécdota más, y van…y van… Todos me escucharían sorprendidos y nada podrían decirme.&lt;br /&gt;Llego la noche, y aun seguía conectado a Internet y desconectado de mi mundo y con mis problemas económicos aun sin resolver. Pausadamente y con cara de traer la peor noticia, se acerca mi madre. Logrando inquietarme, le pregunto: -¿Qué paso?&lt;br /&gt;Angustiada, y dándole sentido de mi propiedad al número, me informa:&lt;br /&gt;-¡Salio tú “1111” y esta vez no lo jugaste!&lt;br /&gt;Lleve la mano al bolsillo, y en ese momento el señor Murphy no metió la cola con sus estupidas leyes, en el primer intento extraigo las boletas que demostraban que si había apostado. Fue el sorteo nocturno de la quiniela de la provincia de Buenos Aires, perteneciente al dia martes 22 de enero de 2008, cuyo primer premio correspondió al 1111.&lt;br /&gt;Al otro dia, la empleada de la agencia, eufóricamente sorprendida me comenta, que no es usual para ellos pagar premios de cuatro cifras. Siendo una agencia de las denominadas grandes, estadísticamente lo hacen una vez cada tanto.&lt;br /&gt;Luego de esto se comprenderá que ya no puedo anular el “azar” como posibilidad manifiesta de este fenómeno.&lt;br /&gt;Pero lo más increíble no esta en las vivencias experimentadas que hasta aquí narré. Lo más importante estaba en la hoja de un viejo cuaderno donde llevaba con precisión el monto de esa deuda que me tenía angustiado, esa que debía solucionar con imperiosa brevedad. Sin marcar la mínima diferencia de un centavo, ese monto era exacto al que obtuve como premio gracias al azar. ¿Gracias al azar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;Capitulo&lt;/strong&gt; &lt;strong&gt;5&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;“Mucho hace la casualidad en nuestra vida, porque vivimos por pura casualidad”. (Séneca)&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Las íntimas secuelas que las percepciones de las sincronicidades usualmente provocan tienen características equivalentes en todos los protagonistas receptivos. Estas pueden encuadrarse en parámetros extremos que van desde la total indiferencia a una fascinación pasajera. Tan solo en los casos que se presentan con una intensa cronología (1111) se adquiere una mayor capacidad de apreciación, marcando esto la diferencia con ese otro tipo de sincronías comunes.&lt;br /&gt;En cambio, los disparos externos responsables de despertar la sintomatología son muy variados en todos los aspectos posibles. Pueden darse como simples episodios encapsulados en el bosquejo de “casualidades”, o “sincronías” con resultados invasivos de onda penetración, como el relatado en el capitulo anterior.&lt;br /&gt;Para ejemplificar, comenzando de menor a mayor, con facilidad se puede mencionar al más básico de los procesos sincrónicos que cualquier persona indudablemente recordara haber vivido alguna vez. Precisamente es el que dio origen a la expresión española “Hablando del Rey de Roma, por la puerta asoma”. Aunque, con algunas variantes, hoy esta expresión es internacionalmente popular, y se utiliza cuando un par de personas están hablando de otra y sorpresivamente en ese momento aparece el individuo del cual están hablando. Este caso tiene una connotación conviviente para las dos personas que están hablando, pero solo se circunscribe a ese momento y no trasciende más allá de una simple curiosidad.&lt;br /&gt;Otro tipo en los modelos usuales de sincronía que cotidianamente vivimos puede darse, por ejemplo, cuando pensamos en alguien y exactamente en ese instante suena el teléfono y es ese individuo. Este ejemplo junto con el anterior, tienen en común como característica la solidez de una causa que lo promueve, pero en forma aislada y única.&lt;br /&gt;Otras expresiones habituales que afirman el concepto sincronicidad y no despiertan nuestro asombro porque estamos familiarizados a convivir con ellos, son por ejemplo "no hay dos sin tres" o "el mundo es un pañuelo".&lt;br /&gt;Sellando una progresión ya con aspectos enigmáticos para quien lo advierte, se puede señalar aquellos hechos que tienen la particularidad de secuencia y correlación. Una mujer, muestra de ello, decide vestirse de color “amarillo”, va hacia un lugar donde pacto encontrarse con su mejor amiga a tomar el te, la cual también luce una combinación de “amarillo”. Esta ultima vino acompañada de una circunstancial amiga que se presenta como “Cecilia Amarillo”, mientras que en el salón ostensiblemente suena “Yellow Submarine” de “The Beatles”. Este carácter progresivo de relación con ese color innegablemente ejerce una intensidad mucho más enfatizada que la trama aislada de los sucesos únicos pueda originar. Pero solo logra despertar estos efectos en quien se involucra desde un plano participativo, o sea desde su intima sensación, viviendo lo sucedido, solo en ese momento, como algo inaudito.&lt;br /&gt;En un plano más elevado y ya con derivaciones inmediatamente probadas se puede citar como ejemplo el documentado y archiconocido caso del Rey Humberto 1 de Italia. En el año 1900 precisamente el 28 de julio, el monarca fue a cenar a un restaurante en la zona de Monza, donde se llevaba a cabo una competencia atlética. Desconcertado, el Rey descubrió que el propietario del lugar fisonómicamente era idéntico a él. Iniciaron un amistoso diálogo, por medio del cual fueron revelando que existían entre ellos otras increíbles analogías. El dueño del restaurante también se llamaba Humberto; al igual que el rey. Ambos habían nacido en Turín, en el mismo día. El rey se casó con la reina Margarita, el día exacto que este señor lo hiciera con su esposa, de nombre Margarita también. Y además, había inaugurado el restaurante el día en que Humberto 1 fue coronado rey de Italia. Al rey, esto le resultó fascinante e insistió a su “doble” para que presenciara la prueba de atletismo como su invitado. Al día siguiente, ya en el estadio, un colaborador del soberano le informó que habían asesinado al dueño del restaurante, incomprensiblemente por medio de un disparo. Mientras el rey expresaba su congoja, un anarquista a quien luego se lo conocería como Gaetano Bresci disparo contra el Rey y lo mató. Es la historia documentada y aunque resulte sorprendente, es un caso real.&lt;br /&gt;Con ejemplos aledaños al puntual “fenómeno 1111” se pueden mencionar otros episodios de sincronicidad que tienen directa relación con “números” en general. Los números tomando protagonismo como directos responsables de ser activadores de esas extrañas eventualidades. Aquí, se puede diferenciar una sub-escala, la cual tendría en su plataforma menor a esos “números personales” con los cuales un individuo, por diferentes motivos, puede sentirse identificado y al advertirlos dentro de un hecho particular adquieren especial trascendencia, imputándoles un vínculo con características misteriosas o portadores de un mensaje encubierto. Además existe una sutil, pero importante, diferencia entre un número con su significado original y ordinario en contraste con un número que simplemente es parte de una “señal extraña”. En otras palabras, podríamos ver el numero 426 y el hecho relevante no sea que veamos el 426, sino que el 426 supuestamente en si mismo, tenga algún significado trascendente y aun indescifrable. Cuando un símbolo o número recibe sentido mágico, trasciende su forma original y de ese modo pierde su significado como lenguaje de medida. Todo lo referente a cualquier caso con enmarques numérico asume un carácter unísono de singular perspectiva e intima asimilación personal carente de una explicación transferible en su verdadera dimensión hacia los demás.&lt;br /&gt;En incuestionable similitud al “1111”, están las manifestaciones de sincronía en escalas simétricas, valores ascendentes o descendentes u otras subjetivas series de números. Estos ejemplos podrían ser tales como: “3:33”, “1234”, “1212”, “2222”, “10:10”, o cualquier otra creativa interpretación en que “el fenómeno” ocurrentemente quiera manifestarse. Estas últimas escalas algunos expertos de la “numerología” le otorgan relación directa con los “Números Maestros”. Los Números Maestros son múltiples tales como, 11, 22, 33, 44, 55, 66, 77, 88 y 99. Hay presunciones que argumentan, siempre dentro de esta “ciencia”, que estos números corresponden a una “realidad mayor”, que esta fundamentada en la “Unicidad” más que en la “Dualidad”. Intuitivos numerologos sostienen que los números maestros distinguen la auténtica esencia de la vida y la condición de notar y practicar los órdenes y criterios que la rigen, convirtiéndolos así en iluminados, transformadores y competentes, cuyo compromiso es instruir con su secreto mensaje como transitar por el camino enfocado hacia la perfección suprema de quien los avizora. Todo esto solo es un cúmulo de teoría organizada en conceptos improbados y aun lejos, muy lejos, de ser parte estructural de leyes genuinas e irrefutables.&lt;br /&gt;Hasta aquí, tentativamente la categorización que he pretendido imprimirle a los heterogéneos protagonismos que adquiere la “sincronicidad”, sin incluir dentro de esos el específico abordaje al “místico 1111”, el cual por conocimiento de causa, puedo decir que tiene propiedades dimensionales distintivas e innegables. ¿Por qué el 1111 es el prototipo de máximo exhibición de sincronicidad que magnetiza a tantas personas en el mundo?&lt;br /&gt;En primer término deberíamos encontrar explicación en el mensaje y no en el mensajero. Porque honestamente, esperar una respuesta definitiva sobre este tema solo observando los números en si mismo, es imposible. No debemos conceptuar los números como estrictas medida de cantidad, tenemos que descubrir en esas cifras las energías en cuyo poder se respalda un proceso evolutivo. Al florecer este número en nuestras vidas, deberíamos atrevernos a considerar que estamos en presencia de una energía, que es desconocida y esta a disposición para conducirnos a una diferente realidad, primero desde lo personal y luego total. Cuando prestamos demasiada atención involuntaria a un patrón numérico este toma significación especial y traspasa su grafía primitiva. Las cifras tuercen su sentido como enunciado de medida cuando somos concientes de su magnitud y prestamos atención a esquemas numerarios en forma reiterada. Esto sucede, siempre y cuando no sea parte de una actitud impuesta, porque es necesario que el perceptor también trascienda y conceptué esa percepción como íntimamente genuina.&lt;br /&gt;Una muy frecuentada argumentación que se encuentra en los foros de Internet al respecto, sostienen que el 11:11, es un disparador pre-codificado colocado en los bancos de nuestra memoria celular antes de nuestro descenso a la materia. Muchos otros, asocian el 11:11 con un llamado relacionado al despertar espiritual, como una clave para abrir la mente subconsciente a la idea que somos espíritus teniendo una experiencia física y no seres físicos embarcándose en una experiencia espiritual.&lt;br /&gt;Efectuando el desmembramiento estructural de la recóndita leyenda, o sea el “1111”, nos queda el “uno” como unidad. El uno. El “uno” como digito en si mismo y separado de todo contexto puede interpretarse como un icono de representación de lo egocéntrico, lo individual y lo egoísta. Pero también como la integridad, la unanimidad y la entereza, que en fusión y función de asumir roles de grupo (1111) logran la maravillosa “Unicidad”. El Principio de unicidad en el área de la filosofía explica que cada suceso, cada evento tiene la característica de su singularidad. Podrán existir seres, objetos, personas, eventos o circunstancias similares, pero nunca las mismas. Así se podría entender que el “1111” son todos los “unos” en “uno” solo y nosotros solo somos “uno” en todos los “unos”. Es el “uno” como parte y unidad de todos los “unos”.&lt;br /&gt;Más allá del espejismo, somos Uno. Y aun así, la humanidad no tiene un alma que la aglutine y por eso estamos sitiados por atormentados ecos y matices opacos. Millones de vidas obstruyen sus espíritus, mientras ocultan sueños y subliman infortunios. Así comenzó a exhibirse la tendencia al 11:11 frente a nosotros, lejos de ser una casualidad y a pesar de no poder explicarse, nuestra conciencia y los patrones numéricos pasaron a formar parte de un estado espiritual que unifica el intento de hacernos reaccionar.&lt;br /&gt;La espiritualidad nos enseña que todo es uno; que el adelanto tuyo es el avance mío, que tu desesperación es mi desesperación. También sostiene que todo es concerniente a un estipulado nivel. El concepto no es fácil de concebir, pero revela por qué, cuando nosotros cambiamos, todo cambia a nuestro entorno.&lt;br /&gt;Este fenómeno “1111” posee una gran contradicción fácil de analizar y difícil de entender en toda su “cíclica” presentación. Tiene un proceso que se muestra como un mecanismo basado en la reiteración, pero no de situaciones iguales tan solo parecidas (relojes, boletos, patentes, etc.). Pero si con un idéntico patrón de manifestación, que es a través del “1”, de todos modos, no siempre tiene el mismo formato, porque puede distinguirse como “1111”, “11:11” o “111”. Pero si se puede decir, cerrando el círculo, que en su relación total hacen de esa sincronía, un hecho único e irrepetible. Es evidente que el racionalismo clásico se muestra incapaz de enunciar estas características, así que se incardina en la categoría “Sincronía" o “casualidad” según sean las intenciones ópticas de observación, tanto científicas, esotéricas, ateas o espirituales.&lt;br /&gt;Tomando la sincronicidad como el resultado de una intervención mística y la casualidad como un evento fortuito y sin misterios, se podría definir esa diferenciación diciendo que: Sincronicidad seria la concreta percepción de lo abstracto y casualidad la abstracta percepción de lo concreto. Otra explicación que unificaría los dos conceptos en una tercera postura, seria insinuar ligeramente a esto como "sugestión", que en carácter básico vale para cuestionar todo sin explicar concluyentemente nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;Capitulo 6&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;“Sincronicidad es el puente entre la mente y la materia” (Carl Jung)&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El &lt;a title="Cantón de Turgovia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/CantÃ³n_de_Turgovia"&gt;Cantón de Turgovia,&lt;/a&gt; Suiza en 1875 dio la bienvenida a este mundo a quien luego fuera un destacadísimo &lt;a title="Médico" href="http://es.wikipedia.org/wiki/MÃ©dico"&gt;médico&lt;/a&gt; &lt;a title="Psiquiatra" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Psiquiatra"&gt;psiquiatra&lt;/a&gt;, &lt;a title="Psicólogo" href="http://es.wikipedia.org/wiki/PsicÃ³logo"&gt;psicólogo&lt;/a&gt; y &lt;a title="Ensayista" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ensayista"&gt;ensayista&lt;/a&gt;, Carl Gustav Jung. En plena colaboración al lado de su amigo Sigmund Freud, fue Protagonista influyente en la fase naciente del &lt;a title="Psicoanálisis" href="http://es.wikipedia.org/wiki/PsicoanÃ¡lisis"&gt;psicoanálisis&lt;/a&gt;. Jung, estuvo cerca del círculo Freudiano hasta aproximadamente 1912, cuando por una discrepancia profesional de criterios, sobrevino una ruptura entre ambos causándoles gran pena a ambos por el recíproco afecto que se asignaban. Murió en 1961, dejándonos entre otras cosas, desarrollado el concepto de “complejo” y el de “inconsciente colectivo”.&lt;br /&gt;Se relaciono con la cuestión referida a estos “fenómenos” a través de las menciones que sus pacientes le referían en el consultorio. Un personaje de ciencia como el, no podía tan solo recopilar esas anécdotas como un simple compendio de hechos desordenados. ¡De ninguna forma! Tenía que investirlos de seriedad y refrendar científicamente estos casos que se presentaban, y fue así como ambicionó obtener una “explicación” sobre Sincronicidad.&lt;br /&gt;Según Jung, “la sincronicidad consiste esencialmente en simetrías casuales“. Completaba diciendo que, “no es una opinión filosófica sino un discernimiento práctico que demanda un principio exacto para el conocimiento”. La sincronicidad es una correlación intrínseca entre una contingencia externa y un juicio interno, en cual el sujeto perceptor es quien concede pleno significado a la afluencia fenomenológica. Así lo expresaba Jung como un enunciado cardinal para defender una explicación sobre el tema. Advertía, que para considerarse sincrónicos, los incidentes deben de estar interrelacionados de modo conceptual entre ellos, mientras que la chance que estos sobrevengan por dinamismo fortuito debe de ser muy pequeña.&lt;br /&gt;Para el, lo que irrumpía de estos sucesos concurrentes era la realidad de un orden oculto, de un medio expresivo, el cual con argumentos visibles se convertía en un despertador del uso practico del razonamiento. Indefectiblemente esto conducía hacia el análisis en si mismo de ese suceso. Veía que estos acontecimientos eran protagonizados por muchas vidas individuales, no “elegidas” en forma aleatoria, sino más bien seres elegidos por estar en un momento puntual de sus vidas. Fue una de las primeras conclusiones que apuntó, y dio en llamar “situaciones arquetípicas”, que sucedían emparentadas con ese preciso tiempo que vivían estos “elegidos”, por ejemplo la adolescencia, un hecho desgraciado, las crisis de mediana edad, nacimientos, muertes, enamoramiento, psicoterapia, obra creativa, cambio de profesión, etc. De algún modo avizoro que estos hechos sincronísticos tienden a manifestarse durante esos contextos, periodos de máximo reflujo de situaciones conmocionantes y significativas. Parecería así que la sincronicidad tiene atributos deliberados de anticipación, revelación y persuasión. De todas maneras, la causa entre los diferentes acontecimientos no siempre portan un código preciso, y su simbología se puede considerar mucho más inescrutable de lo que pensamos, por lo tanto esas atribuciones quedan diluidas en meras especulaciones analíticas.&lt;br /&gt;Al parecer, la generalidad de estas rutinas se dan cuando un individuo cambia su forma de apreciar su entorno, su realidad, cuando el dogma que sostiene sobre las cosas se proyecta hacia el advenimiento de renovadas ideas o se encuentra en el puntual e inicial deseo de hacerlo. Así se entiende que resulta factible sobrevengan en ese periodo un encadenamiento de coincidencias externas que revalidan el diferente modo de observación interno, proponiendo la preexistencia de un mecanismo unificador entre el hombre y el universo que lo rodea.&lt;br /&gt;En estas investigaciones sobre el tema, anticipadamente a Jung estuvo el aporte de la “Ley de Serialidad” de Kammerer. Paul Kammerer, de nacionalidad austriaca, un reconocido biólogo que en sus publicaciones expuso resultados de su obsesivo estudio realizado sobre miles de coincidencias. Cuando aun estaba en etapa de su juventud emprendió la rutinaria tarea de documentar sobre papel todas las coincidencias que le aparecían. Dentro de esas coincidencias había algunas que eran insubstanciales, pero igualmente se tomaba la tarea de seleccionarlas y organizarlas. Su obstinada búsqueda lo llevo a tener un raro comportamiento social por sus investigaciones, seguía gente en la calle, apuntaba detalles, datos personales, usos y costumbres, y mínimos detalles. Después de reunir considerados por menores descubrió que esos datos comparativos se clasificaban en “Conjuntos de números” muy relacionados a esos que aplican los profesionales de la estadística, los jugadores, y las encuestadoras. Kammerer apodo a este fenómeno “serialidad”, y divulgó sus conclusiones en un libro: “La ley de la serialidad”. Alegaba que las coincidencias se producían mediante un patrón seriado. Insinuó que las casualidades eran como un agujero negro en el espacio, se sabe que ahí están pero son parte de un principio cósmico enorme, que la terrena cognición del ser humano mucho desconoce. El definió esta secuencia de hechos como “una recurrencia conexa de cosas o casos análogos que se renuevan en el tiempo o en el espacio sin estar relacionados por un origen activo”. Del mismo modo que la fuerza de gravedad ejerce atracción sobre objetos celestes formando grupos, los acontecimientos casuales, para la presunción que proponía Paul Kammerer, se concentran de similar manera. Intento plantear que un hecho mostraba comparación con otros acontecimientos inconexos por alguna causa, pero que sin embargo, armónicamente cooperaban desde alguna forma total. Su investigación significaba un vertebrado comienzo pues planteaba una interrelación entre contingencias ocasionales, presentando estos como componentes de esquemas más insondables de la creación. La ley de serialidad de Kammerer se diferenciaba de las investigaciones de Jung porque el primero, solo alternaba con ocurrencias espontáneas referentes al exterior en la vida del ser humano. Y es exactamente en esa comunicación vital entre el interior del ser humano y los elementos externos que envuelven la cotidianidad, donde Jung distinguía el secreto fundamental de las sincronicidades.&lt;br /&gt;Luego de Kammerer y anterior a la sincronicidad de Jung, Joseph Banks Rhine también irrumpió en la temática con sus experimentaciones estadísticas con barajas. También ayudó Wolfgang Pauli, Premio Nóbel de Física, que contribuyó con el “Principio de Exclusión”, y que además escribió sobre los fundamentos de la física cuántica. Las investigaciones de todos ellos, aunque son abordadas desde perspectivas diferentes, insinúan la potencial existencia de una “extraña fuerza” impuesta en decidir y supeditar ciertos acontecimientos, como si hubiera una ley que pone orden en las contingencias anárquicas de la vida. Con ese raciocinio, la sincronicidad no sería un acontecimiento acausal, por todo lo contrario tendría un principio, aunque inexplorado para la ciencia actual, que supera a las cuantificaciones del espacio y el tiempo, sin interesar cual sean las distancias en su expansión y vinculando los tres estadios temporales: “Presente, pasado y futuro”.&lt;br /&gt;Otro lineamiento científico sobre sincronicidad fue aportado por Steven Strogatz, profesor de &lt;a title="Mecánica" href="http://es.wikipedia.org/wiki/MecÃ¡nica"&gt;Mecánica&lt;/a&gt; Aplicada y Teórica en la &lt;a title="Universidad de Cornell" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Universidad_de_Cornell"&gt;Universidad de Cornell,&lt;/a&gt; Estados Unidos. Es conocido por sus contribuciones el estudio de la sincronización en &lt;a title="Sistemas dinámicos" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Sistemas_dinÃ¡micos"&gt;sistemas dinámicos&lt;/a&gt; y en &lt;a title="Red compleja" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Red_compleja"&gt;redes complejas&lt;/a&gt;. La sincronía concerniente a la visión de Strogatz, asoma en las más increíbles formas expresivas, que pueden ir desde las cíclicas órbitas de los sistemas planetarios a los imperceptibles comportamientos de los microorganismos. En el vasto campo de la universalidad entre esos dos extremos también vale mostrar como ejemplo la predisposición en mujeres que tienen una convivencia cercana, a menstruar aproximadamente al mismo tiempo. El profesor Strogatz dogmatiza algo considerablemente más sorprendente, según el "La sincronía, como orden, no es sólo posible, es inevitable". En coordinación con el matemático Rennie Mirollo de la Universidad de Boston, demostró con aseveración matemática que cualquier régimen de osciladores acoplados, dedúzcase formas capacitadas de responder cada una a los caracteres de las demás; sean sistemas planetarios, organismos microscópicos o simples periodos muéstrales, se organizarán automáticamente en forma espontánea. Esto presenta la Sincronía como una teoría inversa a la teoría del Caos.&lt;br /&gt;Los parámetros de los procedimientos que pendemos para subsistir, tienen conductas substancialmente métricas y sistematizadas y porque no sugerirlo a esta altura: sincrónicas.&lt;br /&gt;La regularidad muestra su rostro viviente en el proceso cronológico del tiempo, la periódica cadencia de las mareas, la emigración de las aves, el rompimiento de los glaciares, el desprendimiento de las hojas de los árboles, el proceso de gestación, la juventud, la maduración y la ancianidad seguida de la muerte. Inclusive la muerte cuando sucede como parte de un proceso natural es el resultado de la apoptosis, o sea la muerte celular programada.&lt;br /&gt;Entrando en una profundización mas vigorosa, y volviendo a Jung, tomándolo como un referente destacado en el tema, el decía que la visión de coincidencias son reveladoras y estas conllevaban a la existencia de un principio interpretativo que debería añadirse a los conceptos de espacio, tiempo y causalidad: “El principio de sincronicidad”.&lt;br /&gt;El &lt;a title="Paleontología" href="http://es.wikipedia.org/wiki/PaleontologÃ&amp;shy;a"&gt;paleontólogo&lt;/a&gt; y &lt;a title="Filósofo" href="http://es.wikipedia.org/wiki/FilÃ³sofo"&gt;filósofo&lt;/a&gt; francés, Pierre Teilhard de Chardin quien aportó una muy personal y original visión de la &lt;a title="Evolución biológica" href="http://es.wikipedia.org/wiki/EvoluciÃ³n_biolÃ³gica"&gt;evolución&lt;/a&gt;, especulaba que la materia aparentemente inanimada tiene una “pre-vida”, lo que se condice con el argumento del Doctor Jung quien también habla de un saber preexistente o de pre conocimiento. En una apreciación mas extensa se puede creer entonces así que los fenómenos sincronísticos reconocen una genética, un procedimiento anticipatorio y una bajada de nivel de conciencia emanando una energía que filtra a lo inconsciente causando un enlace recíproco del espacio y del tiempo. En perspectiva se podría concebir que nuestra mente se hace absorbente a existencias que coexisten en otra amplitud en paralelo a lo que llamamos usualmente realidad.&lt;br /&gt;Puesto que el perímetro físico y psíquico coincide dentro del suceso sincronístico, de algún modo ha de haber una realidad unitaria de los planos físico y psíquico, a la que Jung mencionó con terminología latina “unus mundos”, el mundo único, noción que ya era exteriorizada por los filósofos de la edad media. No podemos visualizar a este “único mundo”, ya que trasciende por completo a nuestra comprensión consciente”, era la argumentación de Carl Gustav Jung. Es por eso que solo podemos llegar a conjeturar que en algún recinto se localiza dicha realidad unificada con características psicofísica que se manifiesta azarosamente en los hechos sincronísticos. La sincronicidad tendría así un origen en el oscuro inconsciente y respondería a causas arquetípicas que la mente colectiva ha elaborado durante incontables descendencias.&lt;br /&gt;Otra fachada extraordinaria de la sicronicidad para considerar, precisamente es el proceso simultáneo de ideas complejas desarrolladas por dos mentes distintas, al mismo tiempo, pero en lugares diferentes. Un conocido ejemplo histórico el de Newton y Leibniz, que desarrollaron paralelamente el cálculo infinitesimal. O La teoría de la evolución, se le atribuye a Charles Darwin, cuando hubo otro investigador, llamado Alfred Walace Russell, quien la formuló paralelamente, uno sin saber del otro. Russell le envió el manuscrito a Darwin para pedir su opinión y a pesar de promover un ensayo en conjunto, fue Darwin quien se adelanto y publicó su afamado “Origen de las especies” y logro así el reconocimiento mundial.&lt;br /&gt;Muchos versados y expertos científicos afirman que los cambios primordiales que dieron evolución a esta vida que conocemos, sobrevinieron gracias a una maravillosa casualidad. Otros lo refieren a un Dios, un talento supremo e omnipotente que ha pugnado la colosal cruzada del universo contra el caos.&lt;br /&gt;Algunos físicos han planteado una original definición de la realidad concediendo a la percepción y a la creatividad la viabilidad de transportarnos aún más lejos en el discernimiento de lo existente. La propuesta consiste en que se admita a las coincidencias (sincronicidades) que tienen significaciones íntimas para el individuo, el mismo valor que se ofrece a los órdenes cuantitativos. Estas coincidencias significativas admiten que se agrieten resquicios en nuestro enfoque homogéneo del universo, y con ellas se rompa la estricta concepción que tenemos de el.&lt;br /&gt;Nuestra lucha íntima debería consistir en imponernos al condicionamiento socio-cultural que nos lleva a sustraer la vida a lo conocido, al terreno trivial y a lo escaso de misterio. En masa, pero en la codiciosa idiosincrasia del individualismo hemos subsistido sólo con nuestro ego, comenzando cada jornada pensando que debemos poseer un control completo sobre nuestra realidad. En el frívolo mundo de nuestro dia a dia establecemos proyectos y agendas especulativas, mezquinas y materialistas, y nos hostigamos en alcanzar esos afanes con la misma perspectiva que tiene un caballo con anteojeras. Sin descubrirlo, el secreto altruista de la vida desperdiciadamente permanece soplando vientos que nos proporcionan efímeros vendavales de oportunidades para recapacitar. Deberíamos permitirnos pausar nuestro andar y transformar las prioridades, abordando una vida con visión ampliamente periférica a nuestro ombligo.&lt;br /&gt;Las sincronicidades son importantes en la vida de una persona, por lo menos así lo son en la mía con precisa y argumental evidencia. Si no se ofrece especial atención a esas “Co-Incidencias”, nos estaremos negando a descubrir otra forma de ver el mundo, y la forma que se sabe apreciar el mundo condiciona el mundo en el que vivimos. "Rompe las cadenas de tu pensamiento y al mismo tiempo romperás tus cadenas corporales", sabiamente dijo Richard Bach.&lt;br /&gt;De todas formas, Jung dejó su estudio abierto y, más que demostraciones, introdujo hipótesis como puntos de partida para la investigación de un campo casi inexplorado por la ciencia, y que, inevitablemente, se funde con la filosofía.&lt;br /&gt;Percibir las casualidades entrando en un análisis íntimo sobre ellas sin caer en obsesiones recónditas es proponerse descubrir una novel conciencia espiritual. Hay una incógnita que inviste un escenario de actualidad en este tema: ¿Por qué, si la sincronicidad en otros tiempos también fue motivo de análisis, ahora se esta revelando tan “masiva y sensiblemente vistosa” ante tantas personas en el mundo? ¿Cual es la diferencia de la realidad actual con la de otros tiempos? Éstas son las preguntas que nos llevan al siguiente nivel de conciencia.&lt;br /&gt;&lt;a name="neces"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Capitulo 7&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="calend"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a name="regreso"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a name="rebelion"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a name="zapatis"&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano." (Isaac Newton)&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para quien deposita su fe en Dios, pueden pensar que El, cuando creo el universo sintió la necesidad de firmar su gran obra maestra y para eso apoyo su dedo pulgar sobre la tierra, dando forma cual huella digital suprema a la península de Yucatán en Centroamérica. Bien podría ser, precisamente que la mayor “simetría sincrónica” que exista, se haya dado entre ese lugar y el que nuestra mente elaboro al darle sentido graficado al “Paraíso”. En este mágico sitio, aproximadamente en el siglo 1500 a.C nació, para luego expandirse hasta Sudamérica, la gran Civilización Maya. Primitivamente su nombre no se sabe si fue ese: “Los mayas”. No se conoce como se denominaban a sí mismos estos enigmáticos seres, pero si se sabe que eran magnificentes y avanzados en numerosísimos aspectos.&lt;br /&gt;La Civilización Maya y su correspondencia con el “11:11”, en mi consideración, tiene dos tipos de fundamentos para estar dentro de este libro. El primero es el preciso relacionamiento de sus predicciones, cuando estas expresan la transformación profunda que tendrá el ser humano en este tiempo que se aproxima. La otra tiene exactitud cronológica, porque según las interpretaciones de algunos expertos, Los Mayas predicen que eso tendrá su gran momento y será el 21 Diciembre 2012 a las 11:11, exactamente cuando el sol cambiara de polaridad.&lt;br /&gt;En el más recóndito de sus orígenes, los mayas, fueron una tribu inserta en el ecosistema compositivo de la selva, con exiguo o casi nulo refinamiento. Su prosperidad socio-cultural fue despuntando con extraordinarias ciudades erigidas en piedras y asentadas en los claros de la frondosidad de la selva. Sus construcciones, arquitectónicamente comparada, causo asombro en los primeros europeos que anclaran en esa zona, atribuyéndoles ilógicas influencias de estilo Romano o fenicio. Esas fenomenales metrópolis, esplendorosas como la vegetación misma del lugar, como así también su arte escultural, su estructura social y política, la invención de las matemáticas, la escritura con enmarques jeroglíficos y de tipología pictográfica, hicieron de los Mayas una civilización que aun sigue impresionando. Entre otras tantas cosas, también crearon un calendario con características de precisión prodigiosa, el cual regulaba la vida de tres, o más, millones de almas ilustradas. Este calendario resulta ser más exacto al Gregoriano, el que usamos actualmente. También, es imposible no hacer notar su enigmático éxodo, abandonando esas portentosas ciudades para comenzar nuevamente donde un principio, la Península, para luego, ya con la intromisión de la mano negra del hombre blanco, se perdieran para siempre consecuencia de un acto más de los tantos, y tontos, de la raza humana. Bien se podría aseverar que Los Mayas fueron los aborígenes más deslumbrantes que hayan pisado el planeta.&lt;br /&gt;La naturaleza con “savia vegetal” y “sabia actitud” protegía de la depredación a esas ciudades de piedra, mediante orgías de árboles y lianas abrazándose. Hasta que en la década de 1840, los expedicionarios John Lloyd Stephens y Frederick Catherwood, publicaron un libro describiendo y mostrando en forma ilustrada el viaje que realizaran a los centros arqueológicos de la zona maya, y así dieron inicio a los estudios de una de las más colosales culturas del planeta. De igual forma, por esos años surgieron a la luz los libros mayas que sirvieran para tomar como base las interpretaciones sobre las predicciones que hoy son tan popularmente conocidas. Estos libros son, “Popol Vuh” también conocido como el libro sagrado, El Chilam Balam que es una colección de escritos durante los siglos XVII y XVIII, así como “tres códices” descubiertos en Europa. Los códices mayas son libros escritos antes de la conquista y revelan mucho del talante de la civilización maya mediante el uso de "jeroglíficos". Los códices han sido bautizados tomando como referencia la ciudad en la que se localizaban. El códice de “Dresde” es apreciado como el más trascendental. En los escritos plasmados en estos tipos de formato se puede entrever cual era el estilo de vida cotidiana, sus espirituales manifestaciones y la trascendencia de la religión que tornaban a las ciudades mayas en genuinos centros ceremoniales. Todos sus credos mitológicos y sus conocimientos, se veían evidenciados en su diario vivir.&lt;br /&gt;No obstante, originariamente, su singular escritura también era aprovechada para que los sacerdotes asentaran todas sus sabidurías y decretaran sus preceptos. Ellos, estaban a cargo de la confección y de la recitación frente al pueblo de los sagrados códices, que se relacionaban con los aspectos de la vida maya, pero concentrándose elementalmente en el condición sagrada.&lt;br /&gt;Todo vaticinio maya tiene que ver con sus “anillos calendáricos”, es por eso que creaban sus predicciones en lo que apodaron “La Ruedas Proféticas”; esto se muestra en los Libros de Chilam Balam. Los “chilames” eran los sacerdotes que interpretaban los libros antiguos, para descubrir en ellos profecías, y después comunicar y dejar registrado el discernimiento de los advenimientos futuros. Para los Mayas, el oficio de anunciar el futuro era viable porque entendían que el tiempo era un proceso continuo de lapsos astrales y que los sucesos, dentro de esta oscilación llegado el momento podían reincidir. Así, a los chilames se les reverenciaba como escribas de los señales de sus Dioses. Las citas gozan de un substancial tenor mítico-profético y su gravamen simbólico a través de su grafía es inmenso, de ahí que su interpretación sea tan compleja. Es relevante destacar que los sabios basaban todas sus presunciones de futuro en la correspondencia expresiva que se hallan entre los anillos calendáricos y no se apoyaban en la adivinación.&lt;br /&gt;Dilucidaban los comportamientos de la naturaleza, y los mensajes de sus tablas de clasificación de los días, tablas que estaban “sincronizadas” con la trayectoria de los astros, por eso, cualquier incidente galáctico les transfería un mensaje evidente. Ellos enseñaban pronósticos que revelaban lo que iba a sobrevenir en el futuro, tanto para el pueblo Maya como para el Mundo. El desglose de los pasajes inspirados que dejaron en los libros es muy ininteligible, porque están escritos con usos y condiciones metafóricas, elevada mística y sin una relación lógica, pero si es claro que hacen concordancia con el fin de la “cuenta larga” de su calendario, que es el 21 de Diciembre del 2012 y que atañe al "Día Galáctico".&lt;br /&gt;Los Mayas no hablan del fin del mundo, propiamente expresan que todo se transmuta, que lo único que se eterniza es el espíritu, en su desplazamiento de perfeccionamiento hacia paralelismos superiores.&lt;br /&gt;Las profecías en aspectos generales anuncian el concluyente desenlace del ciclo vigente, desde 1999 habrá un período de 13 años en que cada individuo entrara en el laberinto de los espejos para apreciar en su entrañable intimidad su naturaleza multidimensional. Con sus vaticinios pretenden clarear la percepción del hombre en su afinidad con la galaxia, revelando que las claves a todo esta en el interior profundo de uno mismo.&lt;br /&gt;Afirmaban que la humanidad se encontrara en este tiempo en un período de metamorfosis primordial hacia una inmaculada manera de apreciar el universo. En esa apreciación se conectaría estos fenómenos mágicos como el 1111 que se están manifestando tan ostensiblemente frente a nosotros.&lt;br /&gt;Los individuos, en si mismo y en sociedad, nos encauzamos hacia un nuevo ciclo de avenencia con fundamentos sublimes. Para llegar, nos manifiestan los mayas, necesitamos poner frente a frente nuestros profundos temores y admitir que de las realidades espinosas asimilamos las claves de superación. Este tipo de contextos dificultosos, habitarán en nuestras vidas mientras requiramos aprender algo de ellas. Todas las profecías señalan una transformación en la percepción de los humanos, pues el firmamento está forjando todos esos pasos para que la humanidad, usando ese vocablo como sustantivo y adjetivo, se expanda por la galaxia.&lt;br /&gt;Vivimos en la última etapa de la fase de la sombra de 5125 año destacado en el calendario Maya. En el final de un tiempo astronómico de 26.000 años, en el portal de un nuevo amanecer cosmográfico. El ciclo de mutación que los mayas designaron "El tiempo del no tiempo", también fue profetizado así por otras culturas y religiones. Nos afirman que el punto exacto en que el sistema solar en su rotación cíclica salga de la noche comenzara a percibirse en los 13 años que van desde el año 1999 al 2012. Será precisamente cuando la luminiscencia irradiada desde el centro medular de la galaxia, sincronizara a todos los seres vivos y les facultará para concertar conscientemente con una metamorfosis interna la que originará nuevas realidades, que todos los seres humanos tendrán la posibilidad de cambiar y rasgar el velo de las divisorias y mundanales existencias, adoptando un nuevo entendimiento. Pero nada es simple, todo demanda una labranza íntima, profunda y voluntaria para conocer y alcanzar la evolución de la creación, como universo personal, y total. Los hombres hallarán su paz interior, y al descubrirla, sabrán desenvolver los registros históricos de todo lo que han experimentado, solamente recién ahí, sabrán comprender sin enjuiciar los acontecimientos, tomándolos como parte de un progreso de armonización.&lt;br /&gt;La sublime transformación sobrevendrá cuando se perciba al universo como un paso de perfeccionamiento perenne de la conciencia de los seres humanos. Fuimos creados con un potencial para franquear y acoplarnos a otras dimensiones en el universo, pues somos seres multidimensionales.&lt;br /&gt;Hoy por hoy son cuantiosos los mensajes que se hacen notorios con diferentes signos y que nos balbucean de una iniciación suprema ante nuestros ojos, y la sincronicidad que podemos apreciar, como por ejemplo a través del 1111, puede ser parte de ello, y si no lo es poco importa, porque en este caso los medios justifican el fin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;Capitulo 8&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;“Los obstáculos obligaron a mi imaginación a encontrar nuevos caminos que me llevaron finalmente al descubrimiento de dimensiones desconocidas y maravillosas” (Isamu Noguchi)&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Experiencia 2-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Suena el despertador y en su programática función, estridente y fastidioso, resuelve fielmente su cometido. Ahí voy, descontracturando mis sueños y despabilando mis signos vitales para enfrentar la realidad en ese dia. Todo hacia suponer que en esa jornada nada cambiaria en la pasmosa rutina que me tenia acostumbrado esa etapa de mi vida. Minutos y horas intrascendentes componiendo días y semanas que parecían en su globalidad, ¡aun más intrascendentes! Cada tanto, ese otro tipo de despertador, el “1111”, igual de molesto que el original, persistía en el intento por lograr “no se que”. En apática respuesta al asedio de su campanilla, y dominado por el más metafísico de los pecados capitales, la pereza, me volvía a dormitar concediéndome cinco minutos más de placida dejadez. Así de preciso puede ser cuando - “Conociendo” se “reconoce” que se quiere “desconocer” – Conociendo que hay una señal que nos avisa, reconocemos que adictamente pesa mucho mas la cachaza y tomamos como actitud desconocer esa sugerencia. Pero, esta “familia disfuncional de Unos” posee un aditamento muy virtuoso en su temperamento: La Persistencia. Con opulenta tenacidad no escatima en recursos para lograr sus cometidos, eso si, bien administrados según la necesidad del momento. Diferencian con perfección cuando algo es relevante y cuando algo solo es parte de un mero recordatorio. El “1111” puede tener una martirizante intensidad en igual proporción al sonoro goteo de una canilla perdiendo, recordándonos así que tenemos algo por arreglar. O bien, puede ser como la gran ola de un tsunami avecinándose, dándonos solo el justo tiempo para protegernos. Ese día, antes de salir, tendría que haber revisado el pronostico meteorológico, posiblemente habría leído: “Alerta de Tsunami”.&lt;br /&gt;Necesariamente, ese día, había cerrado mi pequeño comercio ubicado en zona sur de Buenos Aires. Tenia que dedicarme por completo a trámites referidos a la representación legal que desempeño en la empresa que aun tiene aquí en Argentina mi amigo Samuel. El, es tan auténticamente dominicano como “El merengue” y “Los tostones”, y tan rico en generosidad como cualquier otro habitante de esa “Isla Bonita”. Cuando lo conocí, ya entendía de inmigrantes, porque lleva ya varios años de residencia permanente en Estados Unidos siendo uno de ellos. El 22 junio del 2001, Samuel García Fuertes fue quien me recibió en el aeropuerto de Miami brindándome su fraternal bienvenida y su incondicional hospitalidad. Los años que ahí viví, con situación legal poco clara, escapando de mi propia crisis, mucho más que la de mi país, fueron relajadamente frívolos. Tan frívolos que fantochemente me creía un “American Citizen” (ciudadano Americano) por derecho ajeno. Era mi lugar en el mundo y no había nada, ni nadie, que pudiera modificar esa realidad. Aunque en realidad muy pronto algo y alguien se encargarían de ponerme en mi lugar, en este mundo.&lt;br /&gt;Un tramite ante inmigración de ese país, mal presentado por una gestora inescrupulosa de origen cubano, me puso a mi, junto a la buena fe de otros casi mil argentinos, en evidente situación de deportación. La única diferencia con el resto de los damnificados fue, que solo mi caso junto al de otros cinco argentinos, “tuvimos la suerte” de estar citados para la mañana del 26 de octubre del año 2003. Seria nuestra primera entrevista en busca de nuestra residencia. También seria el primer dia que comenzaban a operar cambios en el sistema inmigración. Al no cumplir con algunos pasos legales exigidos en la presentación y haciendo uso de la “nueva legislación” promulgada exactamente “el dia anterior”, el Departamento de Inmigraciones nos comunica que deberíamos quedar en situación de detenidos hasta decidir, ese organismo, el otorgamiento de nuestra residencia, o caso contrario nuestra deportación. Sesenta y siete días en Krome, Centro de detenciones para inmigrantes, (siempre se esforzaron en aclararnos que no era una cárcel) peleando por una causa que solo tenia una razón arbitrariamente estupida como para someternos a la experiencia impensada de vernos privados de la libertad sin cometer un delito.&lt;br /&gt;Samuel, y mi hermana que por ese tiempo ya estaba residiendo en Miami, estuvieron en cada segundo a mi lado incondicionalmente. Todos mis ahorros, mis adquisiciones, mi “carro” ultimo modelo y todo mi primer mundo construido en tierra de huracanes se volaron en gastos de representación legal.&lt;br /&gt;En un párrafo del tercer capitulo de este libro exprese: “no recuerdo la primera vez …” Debería tener en cuenta como principio de mi relación con el “1111”, cuando al fin, una noche de cielo limpio, la bandera americana transformo sus estrellas en una verdadera constelación de libertad para sus hijos bastardos, y así en mitad de la pista del aeropuerto, un agente de inmigración nos acompaño a la escalerilla de un avión y nos dio en mano nuestros pasaportes con un ticket dentro, solo de regreso, a nuestro país por American Airlines, a las 11:11 PM.&lt;br /&gt;Samuel, luego de mi forzado regreso a Argentina, se vio motivado en comenzar una empresa vinculada al comercio internacional entre Miami y Buenos Aires. Lo hacia con perspectiva empresarial, pero con la mejor intención de ayudar a su amigo que se había perdido en si mismo. Con la confianza que yo le dispensaba, se respaldo en mi nacionalidad para abrir este emprendimiento y fue así que me convertí en su socio para que le resultase más práctica y rápida su creación.&lt;br /&gt;Después del proceso legal lógico a un emprendimiento de tal envergadura me constituí en representante legal de esa empresa, nuestra empresa. En toda esa vorágine nos llego por recomendación un estudio de profesionales donde se unificaba el servicio de “Despachante de aduanas” y el de “Abogado”. Dos hermanos, El, un joven despachante de aduanas y ella, una abogada estrenando su titulo se hicieron cargo de las respectivas áreas en la empresa. Raras metodologías y extraños asesoramientos confundirían a cualquiera, mucho más a mi “Amigo-Socio” Samuel ajeno a la legislación vigente en nuestro país. De ese modo logran convencerlo, en función de mayor practicidad y evitarme molestas reuniones y reiterados viajes al microcentro, que yo les firmara un poder para que ellos pudieran representarme en actos simples e intrascendentes. Quienes realizan tareas administrativas empresariales, conocen que este tipo de modalidad es muy frecuente. Por lo tanto accediendo a ese pedido concurriría donde ellos, para luego trasladarnos juntos, a un estudio de escribanía donde se procedería a firmar ese “poder simple”, de representación.&lt;br /&gt;El dia estaba esplendido y como dije anteriormente no había reparado en el pronóstico meteorológico. Atrás dejaba un desayuno apurado, porque la cita había sido pactada a las 11 de la mañana. Camino a Capital, antes de llegar a la puerta del edificio, fui bombardeado como siempre, pero esta vez como nunca, por el “1111”. Apresurado por mi tardanza, su presencia ante mis ojos como otros días relegaba para otro momento el deseo de encontrar una respuesta a tan relevante evidencia. Como estaba inmerso en una pequeña demora, entrando al lugar suena mi celular, era la abogada de la empresa queriendo saber donde me encontraba. Cortamos la comunicación, previamente, poniéndonos de acuerdo que esperaría en el hall. Miro el celular y noto que el tiempo de nuestra charla había sido de 1:11 minutos, y al cambiar de pantalla, el aparato me revela algo que hasta ese momento no había prestado importancia, era el dia 11 del mes 11 y la hora marcaba las 11:11.&lt;br /&gt;Llega la Doctora, nos saludamos cordialmente y nos dirigimos a la calle para tomar un taxi. Subimos presusoros al coche indicándole al chofer la dirección de la escribanía, ubicada en una tradicional y reconocida avenida de la ciudad de Buenos Aires a la altura 1111.&lt;br /&gt;Ya estaba paralizado y mi mente ahora si demandaba saber cual seria la vinculación que tendría ese numero, en relación a todo lo que estaba sucediendo. Dentro del taxi, observo ligeramente en el cartel colocado en el respaldo del asiento como exige la legislación del Gobierno de la Ciudad, los datos personales del conductor. Su documento de identidad terminaba en 1111, y el teléfono de la compañía de radio-taxis terminaba en 1111. Intente hacer una acotación al tema ante tanta “casualidad”, cuando una brusca maniobra nos sorprende. La abogada con el libro de actas de la empresa aprisionado en sus manos, muy nerviosa grita: -¡Cuidado, el 111! Trataba de advertirle al conductor que delante nuestro había frenado bruscamente un ómnibus de la línea 111. Impulsivamente, casi sin formar parte de un pedido conciente, le solicito me enseñara el poder que firmaríamos para ir adelantando su lectura. Una furia imposible de disimular se apodera de esta profesional instruyéndome en forma demandante que ya había sido enviada a mi socio Samuel una copia con el texto del documento para que el lo autorizara (Obvio que luego revelamos que el texto no era el mismo) Insistí, a lo cual me respondió con una evasiva actitud simulando no haber escuchado. Insistí, a lo cual quiso contarme con sus palabras en que consistía el poder. Insistí en insistir, a lo cual ya con toda su mala gana y manera me dio el libro de actas donde figuraba ya pre-impreso el poder en cinco interminables carillas. Al leer pocos renglones fácilmente se deducía que intentaban lograr les firmara un poder Plenipotenciario donde, como socio-Gerente y responsable directo de la empresa, los autorizaba a hacer en definitiva “Cualquier cosa” que a ellos se les ocurriera: Importar, exportar, abrir cuentas bancarias, vender, comprar, despedir, etc. Cuando me disponía a informarle que ese poder no era lo acordado por lo tanto no se los firmaría, ya habíamos llegado al frente mismo del edificio de la escribanía. Descendimos, un escándalo de grandes proporciones ocurría frente al lugar cortando el transito. No entendíamos que estaba pasando. Al acercamos desconcertados notamos que había un operativo policial a cargo de Gendarmería Nacional. Sorprendidísima esta abogada se dirige a uno de los uniformados que estaba interviniendo en ese operativo, y nerviosamente le requiere una explicación sobre lo que estaba sucediendo. El Gendarme le contesta con un pregunta. – ¿A que oficina se dirige Ud.? Con voz entrecortada ella informa la dirección exacta. La respuesta del gendarme fue autoritaria, directa y concisa.&lt;br /&gt;Dijo- Estamos realizando un allanamiento por orden judicial en esa oficina. No puedo permitirle el acceso.&lt;br /&gt;En ese momento creí que no estaba viviendo una realidad. Es inexplicable la sensación de explosión cerebral que estaba sintiendo.&lt;br /&gt;Al final de todo comprenderán que prescindimos de los servicios profesionales de representación de este estudio. De todos modos no habría firmado ese poder porque contenía instrucciones que eran imposibles de delegar, y aun sin dominar de leyes, básicamente cualquiera claramente se daría cuenta de las intenciones. Pero, dejo lugar a la duda, porque ya dentro de la escribanía no se cual hubiera sido el ardid para que de alguna forma igualmente les firmara. No fue así, y se lo debo al 1111 y su descendiente directo el 111, los cuales ya no sabían como alertarme, y viendo que no reaccionaba ante sus avisos tan evidentes, pusieron en mi camino un “operativo de salvación”, por llamarlo de alguna manera.&lt;br /&gt;En el relato correspondiente a mi experiencia con el número 1111 y el mundo de las apuestas, como así también en este ultimo vinculado a la empresa de mi amigo, junto a un numero incalculable de situaciones que deje fuera de este texto, se podría apreciar claramente que la exposición sincrónica del 1111 estaría mostrando un notorio propósito de “protección”. En una etapa mas avanzada comprendería también que esta supuesta intención revelada por mi discernimiento solo podría ser parte de un plan mas adelantado. Un medio necesario para un fin más preponderante. Analíticamente podría considerarse que este tipo de oficiosidad forma parte necesaria de un plan mayor. Un plan al cual debería arribar a la meta con el impulso particular de mi transformación espiritual. Por medio de estas misteriosas intervenciones me estarían confiriendo seguridad en un camino de obstáculos que, por mí forma de vida, podrían derribarme en el intento. Aun así, teniendo un cúmulo de teorías, se hace muy difícil de dilucidar de todo esto, algún tipo de propósito en forma concreta. Pero aun más lejano resulta intentar discernir la fuente de emisión desde donde se genera. El Fenómeno existe, eso es lo concreto. Si es una manifestación interna e inconsciente que tenemos impresa en nuestros genes, o es parte de una sintomatología globalizada de algún tipo de trastorno, o porque no simples y extremas casualidades que por ser increíbles despiertan nuestra atención superlativamente. Además quien podría no considerar la posibilidad de un “orden energético” al que aun como humanidad no hemos alcanzado, o también cabe reflexionar sobre la posible intervención de un “orden divino”. En definitiva, cuando no existe nada que pueda confirmar fehacientemente la realidad, la fe solo puede ser el sostén de cualquiera de todos los argumentos que se considere.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;Capitulo 9&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;“Empujados por nuestra propia insatisfacción daremos los pasos necesarios para salir del estancamiento y comenzar a buscar otros caminos y nuevas respuestas”. (Scout Peck)&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Las probabilidades de encontrar encuadres reflexivos referentes al tema 1111 podrían ser igualmente proporcionales a la cantidad de personas que percibimos esto. Sin embargo, la gran mayoría estamos ensimismados en una gran incertidumbre. Esa postura de confusión e intriga en que forzosamente caemos por no encontrar una sensata respuesta, nos conduce en primer lugar a un acostumbramiento, para luego adormecernos, creyendo que la respuesta por algún lado llegara, cuando sea el momento.&lt;br /&gt;En este capitulo intentare resumir las interpretaciones que hacen diferentes personas y/o grupos distribuidos en el planeta sobre los propósitos que tiene el 11:11. Solo es un mínimo porcentaje de todo el cúmulo de personas que conviven o conocen sobre el asunto, quienes se han animado a darle una taxonomía a su experiencia. Todos ellos han desarrollado diferentes teorías para aproximar el sentido que cada uno cree haberle encontrado a estos encuentros visuales con los números.&lt;br /&gt;En primer lugar es válido recordar y así sumar a esta lista, a quienes formulan una directa vinculación de este fenómeno con “Las Profecías Mayas” y el gran cambio espiritual en la humanidad pronosticado para el año 2012 el cual mencionara en un capitulo anterior.&lt;br /&gt;Otra particular manera de visualizar y explorar estas insinuaciones digitales de los unos, la vienen llevando a cabo diferentes personas que se han convocado globalmente, quienes sostienen la teoría de la activación del “Portal 11:11”. Aseveran que dentro de ese Portal 11:11 hay Once Puertas, y cada una de ellas es un paso de elevación hacia una diferente banda de frecuencia energética. En cada “Puerta” dentro de ese portal se aprecia una vibración inigualable con la cual debemos enfilarnos y conducirnos junto a esa etapa de reflexión holista. Este es el paso de alineación, argumentan, con el cual adquirimos las ineludibles instrucciones y apreciaciones para cruzar las dimensiones. Sostienen que estas Puertas son similares a las esclusas de un canal. Una vez que se activó y se ingresa a una de ellas, se aborda un procedimiento profundo de transformación e instrucción en nuestro ser el cual se ve rodeado por pautas de nuevas frecuencias. Al transitar sobre estas energías, estaríamos asimilando así las significaciones de cada una de las Puertas. Entendiéndolo de una forma más simple, seria un proceso de aprendizaje nivelado en escalas de superación espiritual que se llega por la meditación masivamente organizada en puntos y momentos estratégicos aquí en la tierra. El 11 de enero de 1992 tuvo lugar esa Gran Activación Planetaria llamada 11:11, o también denominada la apertura de primera puerta. Participaron más de cien mil personas alrededor del mundo en una ceremonia unificada. Para ellos el propósito de esta activación era abrir el Portal del 11:11. Este Portal seria el cinturón de evolución o plataforma entre dos espirales de transformación disímiles, la dualidad y la Unicidad. Explican que Durante la ceremonia del 11:11 estas dos espirales se incorporaron y conjugaron en una sola, esa zona de intercalación es el actual Portal del 11:11. Después de 1992, han realizado diferentes convocatorias mundiales a ceremonias en las cuales han celebrado la apertura de otras puertas. Toda la organización de referencia tienen su patrón de comunicación y convocatoria Vía Internet, precisamente donde se puede encontrar referencia de sus punto de vista en el tema.&lt;br /&gt;Otras atribuciones con presumibles argumentos, solo sostenidas desde la fe de quienes lo esgrimen, profesan que la responsabilidad de la aparición de estos números es originada por la intervención de una entidad angélica llamada Kryon. Su trabajo estaría repercutiendo tanto sobre la vida terrestre en general, como así también sobre nuestra vida humana en particular, puesto que nos ayuda a entrar hacia una Energía de Luz más elevada. Manifiestan que la energía de Kryon es amor unificador y un sostén para lograr crecimiento espiritual y una mejor conexión con nuestros Guías Espirituales, quienes nutren el proceso de purificación y elevación de todos los seres humanos. Nos cuentan que a finales de la década de los 80, Kryon anunció estar llevando a cabo una serie de cambios magnéticos en el eje de la tierra, los cuales involucrarían un período de 22 años que concluirá el año 2012.&lt;br /&gt;Así mismo, hay quienes pregonan que la clave 11:11 es una secuencia numérica de activación de la Manifestación Divina de esa visión de “Dios” que cada uno de nosotros pueda tener. Simbolizaría el despertar espiritual del ser humano y el enfrentamiento a los procesos de cambios relacionados con asumir nuevas posturas individuales que conlleven al rechazo del ego, en favor de alcanzar posturas de unanimidad con nuestros semejantes. La clave 11:11 desafiaría a nuestro ego contra nosotros mismos y nos haría ver la torpeza de una pugna contra nuestros hermanos. La clave 11:11 amalgamaría cambios a nivel emocional, comprensión espiritual como así también, concordia, fraternidad, magnitud y máxima exaltación. Quienes creen en la intervención de “Dios” en estos sucesos referidos al 1111, expresan que en todas las religiones de una u otra manera predicen un gran cambio espiritual para esta época. Y en consecuencia, desde esa espiritualidad, se lograra la unificación de las diferentes formas de concebir a Dios en uno solo.&lt;br /&gt;En el plano biológico existen tendencias a relacionar estas señales numéricas con la “Auto-activación” de la Epífisis o “Glándula Pineal” que esta situada al centro del cerebro y tiene un tamaño no mayor al de una lenteja. Considerada la glándula maestra, o también llamada “El Tercer Ojo”, “La Visión del Cíclope o “El ojo de Horus”, esta glándula que produce melatonina -la hormona de la juventud por sus poderes regenerativos y antioxidantes- fue considerada inútil hasta los años 70 por la ciencia, debido a que se atrofia en una edad muy temprana. Descartes dijo en su tiempo que la glándula pineal era el asiento del alma; las tradiciones orientales se refieren a ella como el poder de Dios y la tradición cristiana, como la puerta del cielo. Hoy existen métodos, cursos y seminarios de “Activación” de la glándula ofrecidos en todas partes del mundo. Quienes presumen su relación con las sincronicidades, argumentan que esto se debería a un reflejo interno de percepción que se originaria en esa glándula.&lt;br /&gt;En otro sentido, hay quienes argumentan por medio de análisis numerológicos, que se han podido determinar ciertos sucesos de impacto y significación para la humanidad, que han estado signados o marcados por coincidencias relacionadas con la repetición del dígito 11. Así como el caso del 9-11 atentado a las Torres Gemelas y el atentado de Atocha en España el 4-11, solo para citar dos entre muchos otros. En otras palabras, según quien sostienen esta teoría, la clave 11:11 contendría un mensaje explícito relacionado con una serie de acontecimientos y protagonistas que están destinados a cambiar la conciencia de los habitantes del planeta Tierra. El propósito de estos cambios no es otro que la humanidad crezca y evolucione a un nivel superior de conciencia, para que todos tengamos derecho a un mundo mejor en todos los aspectos. El 11, afirman, es el número que simboliza la maestría y el crecimiento espiritual de toda la humanidad.&lt;br /&gt;Están quienes entienden que estos números son señales provenientes de maniobras de “Inteligencias Extraterrestres” anticipando su contacto con el Planeta Tierra y preparando al hombre para ese gran cambio hacia el perfeccionamiento que traerán con ellos. No hay un vínculo procedente de los números que explique su correlación con esa posibilidad, por lo tanto solo serian captaciones energéticas sin que se tenga que tener en cuenta el contenido de las mismas, o sea los números.&lt;br /&gt;Otra organización conocida es “El Grupo del Progreso 11:11”, fue creado hace mas de 60 años por George Barnard. Sus miembros se dan en llamar “Asociados Celestiales”, y tienen como misión ayudar a “Seres Intermedios” o “Espíritus Guardianes” a difundir su predica y tarea en la tierra. Ellos, los Espíritus Guardianes pueden asistirnos en nuestro trabajo y en el logro de una mayor vida espiritual, según explica este grupo. Manifiestan que cualquiera sea la profesión o trabajo que estemos desarrollando, si lo hacemos en el beneficio de los demás, existen excelentes oportunidades para que obtengamos ayuda de esos hiperactivos ayudantes planetarios invisibles. Sostienen que el vinculo con este tan particular número se debe a que en un principio estos “Espíritus Guardianes” eran 1111 Ángeles distribuidos en el mundo.&lt;br /&gt;Hay otras cuantiosas “explicaciones” que aspiran dar un sostén a la visualización del 1111 por muchas otras personas, grupos y asociaciones. En mi caso emprendí una investigación al instante de asumir que ese número se extendía más allá de mi intima realidad y se mezclaba con la de otros. Fue así que me topé con todas estas alternativas, muy respetables, pero que solo conseguían desconcertarme aun más.&lt;br /&gt;Darse cuenta que estas siendo parte de un extraño juego que escapa tu razonamiento medio, nos impulsa a buscar información. Sentimos la imperiosa necesidad de saber si hay otras personas que les suceda lo mismo. El encuentro apacigua la angustia de vivir el aislamiento, pero potencia la incertidumbre.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;Capitulo 10&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;“Tras el vivir y el soñar, esta lo que más importa: despertar”. Antonio Machado&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nutriéndome de información que apuntalara este proyecto, encontré muchos artículos y libros de temática adyacente a lo espiritual, los cuales constantemente usan en sus textos el vocablo “Despertar”, en referente alusión a ese momento en el cual el ser humano descubre esa necesidad de crecimiento íntimo. Los mensajes sincrónicos y sus impactos colaterales, supuestamente serian cooperantes en la misión, precisamente, de despertar nuestra espiritualidad. Personalmente prefiero usar el vocablo “Reaccionar”, porque difiere del anterior en lo conceptual de la idea. Aplicado en este tema, la palabra Despertar, crea la sensación que se esta justificando la inacción como un acto no imputable, por el adormecimiento involuntario del involucrado. En tanto, el termino Reaccionar, expresado para definir la actitud asumida al cambio, evidencia tácitamente un estado semipleno de conciencia que posee el individuo sobre el confinamiento de sus prioridades espirituales y que aun así, continua sin modificar nada.&lt;br /&gt;Para esa “Reacción” es necesaria una intima introspección, investigación y reordenamientos de prioridades y principios que nos lleve a tomar una “Súper-Acción” modificativa. Luego desde ahí poder aspirar, como derivación, a fundir esos dos términos en uno solo y lograr nuestra: “Superación”. Superarnos, para eso es necesario tomar nuestras propias decisiones en el contexto de aceptación de los potenciales y las debilidades que forman nuestra integridad.&lt;br /&gt;No existe formula que permita delegar el ejercicio de vivir en otra persona. Tan solo cada uno íntimamente puede diseñar los planos arquitectónicos que proyecta para su vida. Si se decide cimentar en un terreno que no puede sostener la estructura trazada, es probable que nos pasemos el resto de los días viviendo en ese interior esperando que todo se derrumbe. En las regiones donde azotan los huracanes, los códigos de edificación exigen que las puertas abran en el sentido de adentro hacia fuera. Si tu hábitat interior vive, por elección, en constante exposición al peligro en una zona huracanada, es preciso que todo tu ser también tenga la posibilidad de abrirse hacia afuera. Es en esos instantes tormentosamente críticos cuando nos aferramos a que existen fuerzas superiores, pero cuando amaina el temporal, volvemos al cauce del autoabastecimiento, dejando atrás lo sucedido como una simple tormenta de verano.&lt;br /&gt;Cuando comenzamos a tomar conciencia que no solo en nuestra realidad suceden las sincronicidades, es muy alentador. Saber que en muchos y muy diferentes rincones del mundo, dispersos enigmáticamente, al mismo tiempo que observamos el 1111, otros también están apreciando lo mismo, solo eso en si mismo, constituye una adecuada respuesta.&lt;br /&gt;La propensión al 11:11 es un acontecimiento para el cual nadie ha sido preparado en ningún ámbito social, como la familia o la escuela. Es una certeza que se origina hacia nosotros, o desde nosotros, y debemos convivir con esa emoción en el dia a dia, adormecidos o atentos. Permanecer curiosos, abiertos, reconociéndonos en el juego travieso de las imperceptibles cosas cotidianas, es el reto mayor que en forma de ofrenda se pueda obsequiar como agradecimiento al legado temporal de estar vivo, e intemporal de trascender. Atentos a las señales que modestamente percibimos por insignificantes que sean.&lt;br /&gt;Las sensaciones en lo físico y emocional tienen un límite de goce para las posibilidades humanas, en cambio, la meditación sobre “la universalidad” como suceso maravilloso al cual hemos sido invitados, trasciende los límites sensoriales. Entonces, como se entiende que, conociendo la potencialidad cognoscitiva de realizarnos planteos tan profundos, estos puedan ser obnubilados por ínfimas y terrenales sensaciones. Un asunto no tendría porque desplazar al otro, ni en uno u otro sentido. En contraposición, se puede decir que uno debería potenciar al otro. Las manifestaciones circundantemente cotidianas que el placer pueda tomar forma, deben servir para elevar el espíritu a un contexto de excelencia. Como así también ese espíritu evolutivo debe otorgarnos la paz para disfrutar en plenitud la vida que conocemos aquí. La materia solo es necesaria para la experiencia en el mundo de las formas. Fuera de ese entorno ya no sirve. Es como el ábaco de un niño que cuando aprende a contar ya no lo necesita.&lt;br /&gt;Presenciamos un ciclo de acelerados cambios, en los cuales se hace necesario trascender más allá de la realidad cotidiana de la materia. Aunque la adversidad magnetice nuestro entorno con planteos terrenales, o por más rígidas que resulten las razones del día a día, no estamos solos en el arrojo de atrevernos a renunciar a las trivialidades como único objetivo de vida. Esta parte de la travesía puede que resulte solitaria y contradictoria, pero si distinguimos, en nuestra biosfera sensitiva la plenitud de los valores reales, descubriremos una sociedad secreta de individuos adelantados conllevándonos.&lt;br /&gt;Cualquier tipo de sincronicidad incita a perseverar prestando atención a sus señales para distinguir en ellas las cualidades supremas de nuestra creación. Cualquiera, aun en la mínima expresión de su elocuencia, se puede encontrar en una sincronicidad el transporte virtuoso que nos haga mejorar.&lt;br /&gt;El universo nos observa y a su forma manifiesta las indicaciones que nos guían. Es un lenguaje arcano que no deja ver la mesa servida, pero nos da la posibilidad de elegir, cual carta de un menú, lo que promete como un exquisito manjar.&lt;br /&gt;El 1111 camuflado en forma de mensaje puede ser, seguramente, no mas que la prueba misma de un desafió y no necesariamente el desafió en si mismo. Intentar encontrar respuesta en los números propiamente dicho, adosándolos a enmarañadas especulaciones, es igual a intentar ver el pensamiento de una persona a través de su cabellera. Aunque ese individuo presente una extrema alopecia, obviamente a ese pensamiento solo se llega de otro modo.&lt;br /&gt;El 1111 puede ser también la proyección de una señal emitida desde nosotros mismo exteriorizando la cognición inconscientemente esplendorosa al descubrir nuestra misión asignada en este mundo y en este tiempo. Reconocernos como obreros en el proyecto que da consistencia al universo. Como las millones de células que dan cuerpo a nuestro ser que tienen asignada una tarea. ¿Seremos una célula más que da forma al universo? Un escrito atribuido a Hermes Trismegisto sostiene que: “como es arriba es abajo”, somos un microcosmo en un macrocosmo. Por eso transformándonos, transformaremos el universo que esta en nosotros, y en cada uno de nosotros, el único en dimensión total de la realidad.&lt;br /&gt;“La misión de cada uno” comienza por ser y estar conscientes de la verdad. Disminuir nuestras penas y valorar nuestra maravillosa vida individual inmersa en una totalidad. Hacernos cargo de la importancia de la tarea a realizar cada uno, desde donde descubramos que aflora nuestro talento para mejorar. Todos tenemos la posibilidad de saber cuando es nuestro momento, solo es necesario prestar atención. Por eso tenemos la posibilidad de convertirnos en seres aun más valioso de lo que ya podamos ser, haciendo uso del potencial que a todos nos han dado para que descubramos otro mundo, de igual manera que lo hacemos cuando comenzamos a caminar.&lt;br /&gt;A través del 1111 y su sincronicidad parece llegar ese mensaje que viene a nuestro encuentro, ¿será una señal? O bien podría plantearse que es mucho más que una simple señal. Puede ser la conexión Interdimensional que apreciamos en pos de reaccionar. Simplemente es parte de nosotros mismo en la estructura total de nuestro ser, revelándose ahora en nuestro interior evolutivo al igual que cualquier hormona lo hace en el periodo de crecimiento de nuestro cuerpo. Bien sabemos lo importante que es una buena alimentación cuando el cuerpo esta en desarrollo, entonces, ¿porque debería ser diferente para nuestro espíritu?&lt;br /&gt;Una curva ascendente de distorsión de los principios primordiales de afinidad con el mundo hace que hoy pongamos a prueba nuestra capacidad de discernir. Se lograría hacer brillar nuestra auténtica particularidad energética si enfrentamos con opcional prudencia el desafió diferenciador de echarse a volar o creerse pájaro. Las aves vuelan por el don natural de su estructura. En cambio quien rompe las barreras de sus limitaciones y echa a volar, aun sin poder hacerlo es porque encontró el arrojo superador en ese acto. En definitiva no tenemos el don de la perfección regalado por la naturaleza, pero si poseemos el arrojo que podemos transformarlo en alas para acercarnos a ella.&lt;br /&gt;El juego de la vida no fue diseñado con imperfecciones, las dolencias, las angustias, los fracasos y los peligros al igual que en el extremo opuesto, los milagros, la tranquilidad, los logros y las alegrías, entre otros tantos condimentos, todos ellos son instrucciones diseñadas para avanzar en los casilleros de nuestros días. Una y mil ciento once veces podemos caer, y recobrar desde la fortaleza esa dignidad y coraje para volver a crear una estrategia y enfrentarnos victoriosos con nosotros mismo. No podemos permitir que la falsa ilusión nos haga trampa con sus viejos trucos debajo de la manga. La muerte no existe al final del juego, sólo la transformación y de ella se adquiere la sapiencia para volver a jugar con mayor habilidad, criterio y dignidad. Contemplando nuestro infinito individual, esos lapsos de aprendizaje vividos nos hacen comprobar que ellos han estado para hacernos “Reaccionar”, es parte del ejercicio que la musculatura espiritual necesita trabajar.&lt;br /&gt;Vinimos a transformar nuestra realidad y desde ella la realidad toda, pero nunca al revés. Transformándonos a nosotros mismos, conseguiremos favorecer y sumar a otros y en ese efecto multiplicador irradiaremos una energía muy cercana a la magnanimidad. La infalible transformación es privada a nuestra intima observación. Si evolucionamos por dentro, instintivamente lo que está por fuera se renovará. Tenemos que permitir que nuestras decisiones se orienten a través de “las señales” que reconozcamos porque desde ellas se están ofreciendo fértiles oportunidades. Todo sobreviene en el instante correcto y con un formato indicado a la condición que más conviene a nuestra evolución particular. En busca de sus objetivos las sincronías solo pueden tener un plan con características excelsas para nosotros, y en la fe que aportemos para ese proyecto radica la eficiencia.&lt;br /&gt;Si razonamos desde nuestras pretensiones, esperanzas y sueños quizás juzguemos negativamente los logros o entendamos que son inmerecidos. Simplemente es un modo inconveniente que tenemos de ver desde nuestro temperamento. En cambio el espíritu, sin más, reconoce en la omnisciencia que la vida encuadra para cada experiencia la significativa virtud de trascender orientado por señales sutiles, o de las otras, como el 1111 en mi vida&lt;br /&gt;En cuanto más se allegan los procesos de puntualizar rumbos en estos tiempos, más enmarañado se torna el escenario, sobreactuando el caos y la duda. La intuición en estos casos es como el seguidor de luz de un teatro, solo puede acompañar el paso que hayamos ensayado íntimamente.&lt;br /&gt;Arribamos a demarcar territorios impenetrables en ese íntimo mundo, porque reconociéndonos, podemos ser avezados conquistadores, plantando banderas espirituales en cada islote inexplorado de nuestro ser.&lt;br /&gt;Estos prodigiosos códigos sincrónicos quizás vienen a revelarnos la clave divina que abre desde estos planos numéricos la explicación de esta utopía tomando así apariencia de realidad. Nos podrán creer locos por haber permanecido atento a las señales y las sincronicidades, pero internamente sabemos que ha llegado el momento de ayudar a parir un hombre nuevo en cada uno de nosotros, e intentar ayudar al otro que así también perciba esa trascendental necesidad.&lt;br /&gt;Potenciar el talento de percibir con ojos esenciales nuestra travesía por esta realidad, no es más que una parte insignificante del recorrido. Por eso la vida nos hace minúsculos al diario despertar, pero grandiosos protagonistas de ese sueño mayor que aun nos tiene adormecidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;Capitulo 11&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;“Resulta muy saludable pensar que este universo tan aburrido en el cual la mayoría de nosotros solo pasa el tiempo, no es el único que existe”. (Aldous Huxley)&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Es irrelevante conocer cuantas gotas hacen falta para rebasar un vaso, pero sin duda como señala la expresión popular, es la última la que recordamos. El tercer relato que escogí, representa esa lágrima responsable de desbordar el caudal represado de mi intima indiferencia. Precisamente, ¡La ultima Gota!&lt;br /&gt;Sentía que “Los Unos”, además de obstinados, como numerales ahora estaban siendo determinantes. Conservando esa actitud estaban decididos, golpeando en mi puerta. ¡Insistían! Pretendía convencerme que ellos ignoraban si yo estaba aquí dentro. Muy ilusa mi actitud. Debería haberlo sabido, porque como dice el párrafo de esa canción perteneciente a la comedia musical de El Rey León: “Están mirando por encima de todo lo que nosotros vemos”.&lt;br /&gt;Luego de leer aquella nota donde Alejandro Aritza relataba su experiencia, ese mismo dia, baje de internet el archivo digitalizado del tema. Desde entonces integra la lista de reproducción de mis formatos mp3 dentro mi computadora. La letra transmite un mensaje profundo, expresado con sencillez. Deseo compartirla aquí con su correspondiente traducción sugerida:&lt;br /&gt;They Live in you&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Night (noche)&lt;br /&gt;and the spirit of life calling (y el espíritu de la vida llamando)&lt;br /&gt;and a voice (y una voz)&lt;br /&gt;with the fear of a child asking (con el temor de un niño preguntando)&lt;br /&gt;wait (espera)&lt;br /&gt;there's no mountain too great (No hay montaña demasiado grande)&lt;br /&gt;hear these words and have faith (Escucha estas palabras y ten fe)&lt;br /&gt;have faith (ten fe)&lt;br /&gt;They live in you (ellos viven en ti)&lt;br /&gt;they live in me (ellos viven en mi)&lt;br /&gt;They're watching over (ellos están viendo por encima)&lt;br /&gt;everything we see (de todo lo que nosotros vemos)&lt;br /&gt;in every creature (en cada criatura)&lt;br /&gt;in every star (en cada estrella)&lt;br /&gt;in your reflection (en su reflexión)&lt;br /&gt;they live in you (ellos viven en ti)&lt;br /&gt;they live in you (ellos viven en ti)&lt;br /&gt;they live in me (ellos viven en mi)&lt;br /&gt;they're watching over (ellos están viendo por encima)&lt;br /&gt;everything we see (de todo lo que nosotros vemos)&lt;br /&gt;in every creature (en cada criatura)&lt;br /&gt;in every star (en cada estrella)&lt;br /&gt;in your reflection (en su reflexión)&lt;br /&gt;they live in you (ellos viven en ti)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;……………………&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ignoraba que este conmovedor tema musical, mas tarde, también seria protagonista trascendental en esta etapa de mi vida.&lt;br /&gt;Prometí al principio, traer solo algunos de los eventos sincrónicos vivenciados por mí. El siguiente, no puedo atribuirle mayor importancia sobre otros, pero sin lugar a dudas, es el hecho impulsor que inspiraría la realización de este libro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;…………………..&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Experiencia 3-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sucedió en el mismo tren, en el mismo lugar. Esta vez el “desfile de números” dio inicio a su espectáculo cuando el ferrocarril, nuevamente, inmovilizó su marcha frente a esa misma columna cementada correspondiente a la red de alta tensión en paralelo a las vías. Esta columna, marcando notoriamente el 1111, daba inicio a descarados alardes conmigo, en lo que evidentemente seria una nueva entrega.&lt;br /&gt;La estrategia del juego sincrónico, en esta oportunidad, seria diferente. Vendría con notorias intenciones de apuntar al blanco de manera contundente y su mensaje tendría “otro sentido”. La insensible naturalidad de mis ojos acostumbrados a observar los números, posiblemente hayan alterado la tarea de los Unos, por eso, ahora se insinuarían directamente a mis oídos.&lt;br /&gt;Todos viajábamos sentados, algunos lugares vacíos, dispersos, evidenciaba que no era la hora pico. El vagón del tren estaba acorazado de un acústico silencio. Todo era extrema calma como única protagonista de ese instante. A mis espaldas, bulliciosamente, irrumpe el sonido de un celular, y debo confesar que íntimamente sentí que ese llamado me pertenecía. La potente voz de un señor atendió el teléfono. Provocó sorpresa el modo, alto y fuerte, en que ese hombre hablaba. Su rimbombante volumen expresivo fue tal que causo incomodidad en todos los eventuales pasajeros. Tratare aquí (con memoria exhaustiva) de reproducir parte de la conversación de ese señor. Solo su alocución, Obviamente, porque la otra parte no podía escucharla.&lt;br /&gt;Al contestar dice – ¡Hola! ¿Qué haces?, ¡Mira que casualidad estaba por llamarte! (pausa) ¡Te enteraste! Si, parece que se decidió a escribir el libro.&lt;br /&gt;De inmediato todo vuelve a enmudecerse, deduzco que al otro lado de la línea continuaban con el dialogo. A mi derecha, en los asientos enfrentados a nosotros, una mujer no disimulaba su mirada sostenida en este pasajero que había llamado su atención, como a todos en ese ferrocarril. “La voz”, por así llamarlo, reanudó su conversación diciendo:&lt;br /&gt;-Si, de ahí vengo… (Pausa) - No, Fue en el edificio nuevo en Puerto Madero… ¡Por fin! Si tiene que escribirlo, se lo veníamos diciendo. Mira que sorprendente, cuando se lo cuente el sabrá de que se trata, hoy a las 11 de la mañana fue la reunión, nos juntamos los 11, en el piso 11 y la oficina era la 11. ¿Si eso no es una señal?&lt;br /&gt;Con una risa sutil, pero igualmente potente, dio paso a que continuaran hablando al otro lado. Mi estado de conmoción producto del desconcierto ya no me permitía razonar, muchos menos reaccionar. Luego continúo:&lt;br /&gt;- ¡Nos hubieses visto ahí! Parecía que estábamos en el “mismísimo cielo”. Le pedimos al escribano que nos permita un momento a solas, y los Once comenzamos a Orar, un rezo sencillo pero sentido. Un rezo sencillo pero sentido.&lt;br /&gt;Repitió esa frase sin perder un instante el alto tono en su voz, para luego concluir:&lt;br /&gt;-¡Parecíamos Once Ángeles cuidando de el!&lt;br /&gt;La conversación, igual que el tren, siguió su camino por la misma vía. Solo que ahora intercalaba como respuestas algunas frases cortas, y asintiendo eso que seguramente le comentaban del otro lado.&lt;br /&gt;El guarda paso alertando que el servicio seria interrumpido y solo llegaría hasta la próxima estación, mi destino. El motivo era un accidente ocurrido, por otra formación, en Estación Bosques.&lt;br /&gt;El protagonismo “in situ” de esa comunicación telefónica, luego del alboroto causado por el guarda, se reanudó detrás de mí.&lt;br /&gt;- ¡Creo que ahora si lo entendió! Recién hoy después de esto se dará cuenta que tiene una misión importante. (Pausa)&lt;br /&gt;-El lo sabe, su vida de ahora en mas no será la misma. Cuando nos íbamos, le dejamos una notita, la firmamos todos y también pusimos tu nombre. Le escribimos esta frase: ¡Vamos, volá bien alto!&lt;br /&gt;Con unas pocas palabras más y la habitual cordialidad de una despedida telefónica, se cerró la comunicación y se cerró también, con ese característico ruido seco, la tapa del teléfono celular. Si todo culminaba ahí, debía esperar que ese “rayo elocuente” en mi espalda también cerrando esta otra insólita rutina sincrónica que acababa de vivir, pero no fue así.&lt;br /&gt;El tren llego a la estación, Todos debíamos descender obligatoriamente, por lo tanto el apuro y el caos competían por destacarse. Cuando gire en mi asiento, nerviosamente decidido a entablar una conversación, este señor ya estaba muy próximo a descender del tren. Era relativamente Joven, corpulento, pelo oscuro y abundante y vestía con informal elegancia. Su inquietud por bajar se hacia notar por sobre el general. El pequeño gentío en las escaleras del tren no me permitió ver su rostro. Intente apurarme para interrogarlo, sabiendo que no seria fácil explicarle mi curiosidad por esa conversación “privada” que el había mantenido. Con la inseguridad que afecta a nuestro país, imaginen ser abordados por un delirante queriendo conocer detalles de su comunicación telefónicas. Busque la manera de aproximarme pero varias personas estaban ayudando a descender a un niño discapacitado en su silla de ruedas. Demore demasiado, cuando logre bajar ya no estaba.&lt;br /&gt;Con resuelta actitud camine las dos cuadras que distan de mi casa, recordando como en un resumen virtual en mi cabeza esta frase: ¡Vamos, Volá bien Alto! Es un enunciado de uso habitual en libros de autoayuda. De todos modos había logrado impactar en mí de un modo muy especial. Conmovido y después de un rápido saludo al llegar, anote en la primera hoja de un libro algunas palabras sueltas de esa conversación. Me senté frente a la computadora, y al encenderla se abrió como predeterminada la pagina del buscador Google. Guardando estricta relación con lo sucedido escribí textualmente: “vamos, vuela Alto”. Di clic en buscar y me mostró, dentro de los primeros resultados de búsqueda, la Web del “Proyecto Despertar” de Julio Andrés Pagano. Una sugerente nota se expandió en la pantalla, firmada por el director de ese Proyecto, la cual extrañamente, lleva por titulo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;………………….&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Volá bien alto&lt;/span&gt; &lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;em&gt;“Parece inevitable. El péndulo de nuestro ánimo oscila. Cuesta mantenerse centrado. Un subibaja de emociones, contrapuestas, pone a prueba nuestra constancia y determinación. No te entregues, es el paso necesario para alcanzar el equilibrio. Alumbra con valentía. Eres la letra viva que ayuda a escribir la historia dorada. Tu pasión potencia el retorno hacia un mundo sin fisuras. Vuela bien alto. Puede que aún no tomes dimensión de tu invalorable tarea. En verdad te digo que cada cosa que haces, centrado en tu corazón, ilumina, y no sabes cuanto. El poder de tu esplendor radica en tu manera simple de Ser. Cada vez que avivas la fe, cada vez que infundes esperanza y haces que otros sintonicen con lo mejor de sí, una nueva página resplandece. Está próximo el tiempo en que podrás abrir el libro que reflejará como se produjo la gran transformación. Allí te verás, junto con numerosas almas audaces, desterrando la inconsciencia para ayudar a desembarcar una era fascinante, donde los hombres se abrazarán en la unidad del amor. Ese día habrá fiesta y la música calará muy hondo. Los corazones estarán abiertos. Despierta tu memoria ancestral. Los límites no existen. Sólo hay que animarse a soñar despierto y estar dispuesto a volar, con lo máximo de nuestra destreza, para llevar a la Tierra a que se funda con el cielo. Vinimos a religar. Somos activadores del cambio que ya se vibra. Nuestra naturaleza es incondicional a la pureza de la luz. Las ventanas de tus ojos dieron paso a estas palabras, que van directo al centro de tu esencia luminosa. Allí aguardarán el momento indicado para insuflarte aliento. Ya lo sabes, de ahora en adelante, si en algún momento adviertes que tus fuerzas tambalean, un breve mensaje vendrá a tu encuentro con la inconfundible familiaridad de una voz: vamos, vuela bien alto".&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;…………..&lt;br /&gt;Advertirán porque al principio de este capitulo exprese: “Están golpeando a mi puerta”. Aunque el armado literario de esa oración parezca viciado en el uso, o abuso, metafórico para expresar lo que siento, entre la realidad y la apariencia, lo único que falla es que los seres humanos no vinimos a este mundo con una puerta (in-corporada).&lt;br /&gt;El razonamiento globalizado puede pensar que esa casual conversación telefónica del tren tenía un destinatario específico, en una realidad también especifica, pero que indudablemente nada tendría que ver conmigo. Solo era un hombre común, de la calle, haciendo uso de un sistema de comunicación moderno para comunicarse con su amigo, y contarle actividades de su grupo social de pertenencia. ¿Porque tendría que haber algo mas en eso? Podría investigarse el contenido de esa llamada y a ciencia cierta y de modo inapelable, se explicaría que encaja dentro de los parámetros de normalidad de cualquier hijo de vecino de zona sur del Gran Buenos Aires, o del resto del mundo. Porque sino es así, deberíamos entender que “ángeles modernos” andan viajando por la Línea del Ex Tren Roca, y eso parece muy poco probable.&lt;br /&gt;Una alta posibilidad en cambio, podría sugerir que esto no es más que el trastorno imaginativo de un pasajero de ese tren, o sea yo, obsesionado por entrelazar puntos comparativos de su historia con la de este ignoto señor de alta voz.&lt;br /&gt;Así lo podrá entender el mundo, pero no el mío. Porque apelando al enunciado de Carl Gustav Jung: “el sujeto perceptor es quien concede pleno significado a la afluencia fenomenológica”. Puedo entender que nadie entienda, lo que yo tampoco entendería de nadie, si algo así tendría que entender. Desde un principio supe que esta experiencia es intransferible, encierra un misterio desbordante, y además, carece de una significación capaz de razonarse. Solo la idea de una mirada puesta en la probable existencia de la multi-dimensionalidad pueda hacernos meditar, que desde esas posibles lateralidades aun no concebidas por nosotros, exista un intervencionismo que por ejemplo, nos ubique en el lugar indicado y en el momento justo de sus pretensiones. Esto sin duda puede estar lejos del verdadero mundo que conocemos, pero cerca de una verdad desconocida en nuestro mundo.&lt;br /&gt;Todas las veces que ingreso en un estado sincrónico, puedo creer que el universo no cambia una molécula de su rutina, tan solo cambia mi manera de observarlo. En esos momentos es cuando mi amplitud perceptiva se acrecienta captando sincronías indescifrables, pero muy significativas de acuerdo a las circunstancias en que me veo involucrado. Igualmente, la realidad de percibirlas hasta ahora, no explica el origen y el destino de las mismas.&lt;br /&gt;Siempre he querido escribir un libro, pero nunca me imagine que sería uno así. Mi timidez y mi inseguridad persistentemente le han presentado frente de batalla a mi deseo. Esta vez era diferente, deseaba hacerlo por sobre todas las cosas. Hacia tiempo que estaba en mis planes documentar estas raras vivencias, pero no hallaba el modo de comenzar. Me resultaba difícil transferir eso que para mi tenia una percepción circunspecta solo a lo personal. En principio contaba con el aval de mi mundo desquiciado por las sincronías de los unos, que aquí y ahora seguían golpeando a mi puerta.&lt;br /&gt;Hoy, aquí entrelazando estas últimas oraciones, me pregunto: ¿Que pasa si esa comunicación telefónica en el tren que impulso este trabajo, lograra explicarse que no está sostenida por cuatro morrocotudos elefantes? ¿Qué pasa si pronto se demuestra que todo esto es fácil de revelar científicamente? ¡No pasaría nada! Porque aun así, tendrían que demostrarme científicamente la correlación de esos sucesos con este palmario periodo de transformación espiritual que estoy sintiendo. ¿Qué pasa si también se podría demostrar eso?... Entonces, ¡Si pasaría mucho! Porque quedaría demostrado para un futuro, que se podrá tomar a las “sincronicidades” como una orientación a seguir, para quien desee evolucionar íntimamente. Por lo tanto, me disculpo, debo ir a atender, continúan golpeando.&lt;br /&gt;Antes de a abrir, por última vez quiero mirarme al espejo, porque cuando regrese presiento que ya no seré el mismo. Voy en busca de mi puerta imaginaria preparada para huracanes con el miedo de un chico (“With the fear of a child”), como expresa esa canción que hiciera referencia.&lt;br /&gt;Quizás se deduzca que todo esto, solo explica mi locura. Pero la locura no necesita comprensión, por lo tanto mucho menos explicación. La ajena, la nuestra, la de todos es una sola. Es la misma tan solo diferenciada por la individual manera de percibirla o expresarla. Simples parámetros encausan nuestra razón en el caudaloso torrente de la sensatez, nos dejamos llevar por la corriente y nos creemos, normalmente, normales de mente. Por eso, si estoy loco poco importa, porque al abrir esta puerta estoy convencido que descubriré un nuevo lugar, el cual aun con los ojos cerrados tendrá la gracia de todo aquello que armoniza con mis sueños. Estoy seguro que ya nada será como antes. El paisaje se transformara en algo tan cotidianamente académico que ensanchara el camino a los espíritus deseosos de superación.&lt;br /&gt;Siempre me he considero un ser tenazmente desconfiado, con una actitud pensante y analítica en búsqueda de respuestas a todo, desde una lógica. Por eso aun seguía aquí enmarcado, como en un portarretrato vetusto y retardado, en la animosidad letárgica de mi pasado. Con todo lo sucedido en estos últimos años, sé que debo entregarme “a quo” a la convocatoria transformadora en este incomprensible y poco telúrico “Fenómeno 1111”, el cual seguramente, es el responsable de haber llamado muchas veces, como ahora.&lt;br /&gt;Luego de la experiencia de aquel día con el señor de la voz misteriosa, ya en mi casa, al terminar de leer esa conmovedora nota “vamos, volá alto”, emocionalmente me sentí confuso y abrumado. Estaba recibiendo una fuerte “presión” para la cual no me creía preparado. Inmediatamente sucedió el acto que bajo el telón en mi espalda, pero esta vez fue mucho más rotundo.&lt;br /&gt;Ante mi actitud de inseguridad, el programa de reproducción de audio de mi computadora, en forma aleatoria, comienza a ejecutar “They live in you” (Ellos viven en ti). Esa canción estaba presumiendo ser la loa calcárea de esta, mi ceremonia de reacción. Continuaba reproduciéndose, estrepitosa y acorde, tanto fue así, que en mi última duda, y mi última flaqueza, la música sorprendentemente se detiene para asistirme. ¡Fue la última gota! Cual batuta virtual que dirige un designio, el programa en mi computadora se “tilda” y una breve e imperativa frase de esa canción, en el minuto “1:11” queda repetidamente coreada en el aire como un disco de vinilo rayado: ¡Have Faith!... ¡Have Faith!... ¡Have Faith!.. ¡Have Faith... ¡Have Faith... ¡Have Faith... (¡Ten Fe!).&lt;br /&gt;Tener Fe. ¿Qué otra cosa necesito?&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nestor Fabian Malgor &lt;a href="mailto:fabianmalgor@hotmail.com"&gt;fabianmalgor@hotmail.com&lt;/a&gt; &lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7215729279262953235-6049795818082143919?l=milcientoonce.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://milcientoonce.blogspot.com/feeds/6049795818082143919/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://milcientoonce.blogspot.com/2009/10/continuacion-capitulo-1-sincronicidad.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7215729279262953235/posts/default/6049795818082143919'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7215729279262953235/posts/default/6049795818082143919'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://milcientoonce.blogspot.com/2009/10/continuacion-capitulo-1-sincronicidad.html' title=''/><author><name>Fhilo</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='06269397075048320350'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry>