tag:blogger.com,1999:blog-7063478943947676972009-03-14T18:32:35.043-07:00EL CLÚADENOZnoreply@blogger.comBlogger28125tag:blogger.com,1999:blog-706347894394767697.post-4756147844020768112008-03-25T11:54:00.000-07:002008-03-25T14:28:05.194-07:00SHOICHI YOKOI- Bueno señores, agradezco que se hayan ofrecido como voluntarios para esta riesgosa misión.<br />Me dispuse a recorrer con la mirada al grupo, para demostrarles mi orgullo e infundirles ánimo, cuando el Cacho levantó tímidamente la mano para decir:<br />- Ehh… eso de ser voluntario… ¿Cuenta el hecho de qué nos amenazaste con hacernos pagar nuestras cuentas en el buffet si no te acompañábamos?<br />Lo miré entrecerrando los ojos, mientras pensaba que los días de anotar lo que consumía para pagar a fin de mes, habían terminado para el Cacho. Preferí ignorarlo, para así no romper el hechizo con mis improvisados subordinados.<span class="fullpost"><br />Además del irrespetuoso estaban el pelado Canasta, el Ruso y el Rengo. La Sandy sería la oficial de comunicaciones, desde el buffet. Continué mi exposición:<br />- Como sea, acá estamos. Por años, las diferentes comisiones directivas han evitado hacerse cargo del asunto, por miedo, superstición o fiaca. Pero nosotros no –enfaticé esto último-. Nosotros encararemos el tema y lo superaremos.<br />Mis valientes se miraron unos a otros, dándome a entender que no entendían una goma. Hice una pausa teatral, los miré fijamente y solo dije:<br />- El altillo.<br />Se sobresaltaron, murmurando entre sí. El Rengo, instintivamente, se había agarrado un huevo como contrarrestando un maleficio. Pedí silencio.<br />- Señores, dejémonos de pavadas. No hay nada raro ahí, son puras habladurías, seamos sensatos y racionales. Hay que limpiar y dejar libre la planta alta del Clú y eso incluye al altillo.<br />El Rengo habló algo nervioso:<br />- Ade, nunca nadie se atrevió a tanto.<br />Hizo una pausa mirando a su alrededor, como si alguien imperceptible pudiera oírlo o verlo y agregó:<br />- Hay cosas que conviene dejar como están.<br />Me puse firme.<br />- No lo voy a repetir. En mis planes de remodelación del Clú, el altillo no tiene razón de ser. La planta alta la vamos a acondicionar para hacer un gimnasio, pero antes tenemos que ver con que nos podemos encontrar. Es ahora o nunca. ¿Cuento con ustedes? ¿O quieren que los demás sepan que son unos cagones? Quien no me quiera acompañar, ya puede irse yendo.<br />Todos encararon para la puerta, así que exclamé:<br />- No se olviden de pasar por la barra para abonar su deuda.<br />Todos volvieron con cara de resignación y el Ruso sintetizó el espíritu reinante al decir:<br />- Ufa.<br /><br />Reunidos a la entrada de la planta alta, quise hacer un recuento del equipo que llevaríamos.<br />- ¿Bolsas de consorcio? ¿Artículos de limpieza?<br />- Acá –dijo el Cacho.<br />- ¿Guantes de trabajo? ¿Herramientas?<br />- Listo –se escuchó.<br />- ¿Termo?<br />- Acá –dijo Canasta agarrándose la entrepierna.<br />Todos reímos, pero quise mantener la seriedad del momento:<br />- Dale, chistoso –le dije.<br />- Ok, ok. ¡Equipo de mate listo, señor! –gritó poniéndose firme.<br />Viendo todo en orden y preparados para la acción, hice una última arenga:<br />- Caballeros, demás está decirles que hay posibilidades de que suframos bajas. De ser así, los restantes seguiremos fieles a nuestro objetivo –dije ceremoniosamente.<br />- ¿No será mu…? –intentó decir el Ruso.<br />Le hice la mirada del "brusgüilis" enojado, por lo que me siguió el juego y no preguntó más.<br />- Andando –dije terminante y ya en mi papel de líder.<br />El portón de metal que comunicaba con la planta alta hizo un ruido importante, fruto de años en desuso. El inicio de una amplia escalera se vislumbraba. Prendimos un par de linternas, ya que la luz diurna no era suficiente. El olor a humedad y mugre nos abofeteó, mientras avanzábamos lentamente hacia lo desconocido, cuidando de ver donde se pisaba.<br />El Rengo rompió el silencio relatándonos las historias que se contaban sobre el altillo: almas en pena, voces de ultratumba, gente desaparecida y demasiados etcéteras. Era atrapante lo que decía y nos habíamos compenetrados escuchándolo, cuando de repente:<br />- Noooooo –gritó Canasta.<br />¡Qué cagazo, por Dios! Se nos cayeron las medias y algunas herramientas del susto.<br />- ¿Qué te pasó, Pelado? –pregunté con arritmia.<br />- Nada, que me olvidé de traer la sacarina para el mate. ¿Podés creer que sea tan boludo?<br />Mientras recuperábamos el aire, una que otra puteada lo mencionó.<br />- Eh, che. Qué carácter de mierda que tienen –objetó el aludido.<br />Continuamos nuestra marcha hacia el interior del gran salón, atestado de cajas de cartón con contenido de dudoso valor, más infinitos trastos desperdigados desordenadamente. Necesitaríamos una flota de volquetes para vaciar el espacio. Pero bueno, en primera instancia había que llegar hasta el altillo y hacer un análisis de la situación: ver si valía la pena despejar el lugar para mi idea de instalar un gym a todo culo. Una vez más, Canasta dio la nota:<br />- ¿Escucharon eso? –preguntó algo asustado.<br />- ¿Qué cosa, Pelado? –quisimos saber.<br />- Eso –dijo.<br />Y se rajó un sonoro pedo.<br />- ¡Hijo de puta! ¡Nos querés matar!<br />El Pelado se recostó sobre unos cajones de madera, descompuesto de la risa. Cuando abrió los ojos llorosos, nos miró sorprendido.<br />- ¿Qué? ¿Por qué ponen esa cara de susto? Jaaa, boludos. ¿Se creen que voy a caer en ésa tan fácilmen…?<br />- No te movás o te degüello, pendejo gorila –dijo una voz a sus espaldas.<br /><br />No tener la cámara digital a mano… La cara de miedo del Pelado era para poner en un cuadro. Bueno, nosotros también estábamos algo paralizados con la situación. Decidí hablar con el desconocido, quien parecía ser alguien de mucha más edad que todos nosotros.<br />- Escucheme, Jefe. ¿Por qué no nos tranquilizamos? -le pregunté.<br />- Yo estoy tranquilo, pibe –me contesta.<br />- Entonces negociemos, don Inodoro.<br />- ¿Eh?<br />- Nada, deje ir al Pelado y charlemos.<br />Se oyó un suspiró del otro lado y al fin se notó que bajó la presión tras Canasta.<br />- Esta bien, igual lo estaba apretando con una maderita.<br />- ¡Viejo puto! –gritó el pelado y se le fue al humo.<br />Lo paramos entre todos y pudo calmarse. Retomé la charla con el intruso.<br />- Jefe, le habla el presidente del Clú “Paciencia y saliva”, ¿con quién tengo el gusto?<br />- Mi nombre es Evito Domínguez y soy miembro de la Resistencia peronista.<br />¿Qué responder a eso? Estaba para que bajáramos la persiana y nos fuéramos todos a dormir la siesta.<br />- Ehh… se lo pregunto de onda, jefe, pero… ¿De qué carajo está hablando? –le dije medio fastidioso.<br />- ¿Cómo de qué? Soy un militante peronista que no va a bajar los brazos frente al accionar gorila, por más que vengan degollando.<br />Llamé con la mirada a mis muchachos para analizar la cuestión.<br />- Che, el viejo está pirucho. Llamemos a la cana o al hospital y que se lo lleven –sugirió el Cacho.<br />El comentario no escapó a los oídos de Evito.<br />- ¡Mierda me van a llevar vivo! –gritó desde su escondite.<br />- Cálmese, compañero –lo apaciguó el Ruso.<br />Me arrimé un poco más a los cajones amontonados y pregunté:<br />- Disculpe, Evito. ¿Cuánto hace qué está acá?<br />- Después que los gorilas bombardearon la Plaza de Mayo, cuando nos enteramos acá en Rosario, con los compañeros organizamos la Resistencia. Anduvimos dando vueltas por todos lados, hasta que nos fueron cazando de a uno. Yo me vine a refugiar acá en los ’60, cuando era una fábrica abandonada. Y bueno, acá me quedé, aguantando lo que viniere, hasta que el General Perón nos ordene lo contrario.<br />- Pero Perón murió hace rato, viejo –exclamó Canasta.<br />- ¿Qué mierda decís, pendejo gorila?<br />No sabíamos si reírnos por la situación o porque le había dicho nuevamente “pendejo” al Pelado.<br />- Ah, ya entiendo –razonó el viejo-. Quieren hacerme creer que el General crepó para que yo afloje. ¡No lo lograrán! Soy soldado de Perón y solo él puede decirme que todo acabó. ¡Únicamente creeré lo que diga el Gran Conductor!<br />Parecía que no iba a ver retorno con la cuestión. El Ruso estaba pensativo, con los brazos cruzados.<br />- ¿Qué pensás? –quise saber.<br />- Shoichi Yokoi –dijo lentamente.<br />- ¿Lo qué? –preguntamos todos, hasta Evito.<br />El Ruso se acomodó mejor sobre unas cajas.<br />- En 1944, durante la Segunda Guerra Mundial, los yanquis tomaron la isla de Guam, en el Pacífico. Muchos soldados japoneses murieron, pero algunos sobrevivieron en la jungla, entre ellos el sargento Shoichi Yokoi. Recién en 1972 fue encontrado, luego de estar 28 años escondido. Aunque de algo se había enterado sobre el fin de la guerra, pensaba que era propaganda estadounidense. Y además había hecho una promesa a su emperador: morir antes que entregarse al enemigo. Aparte consideraba que solo el emperador podía darle la orden de rendirse. Al final lo convencieron y volvió como un héroe.<br />Al terminar hizo un gesto señalando hacia el lugar donde resistía Evito.<br />- Tenemos a nuestro propio Yokoi –reflexioné.<br />- Y creo que se nos va a hacer difícil convencerlo por las buenas –agregó el Rengo.<br />- A menos que… -dijo el Ruso.<br />- ¿Qué se te ocurrió? –le pregunté.<br />Se incorporó con la cara iluminada.<br />- Ade, entreténganlo hasta que yo vuelva. Creo saber como solucionar esto. Ya vengo.<br />Y salió presuroso.<br /><br />Nos pusimos a tomar mate y a intercambiar impresiones con el resistente.<br />- ¿Cómo hizo para alimentarse, don Evito? –preguntó el Cacho.<br />- Bueno, de vez en cuando bajaba y de la heladera grande del salón, manoteaba algún cacho de fiambre. Pero siempre a las corridas, no quería que me agarraran.<br />Todos volteamos a mirarlo al Rengo.<br />- ¿Qué miran, che? Yo pensaba que eran ratas, así que le cortaba el pedazo mordido. Igual después lo vendía un poco más caro para recuperar.<br />Ignoramos la respuesta para no tener malos recuerdos la próxima vez que pidiéramos un sánguche.<br />El Pelado decidió cambiar el clima contando un chiste:<br />- A ver si saben éste. Una trola va al médico y el tordo le pregunta: “Usted cuando menstrúa, ¿tiene mucha pérdida?”. Entonces la mina le contesta: “Y claro doctor, entre 500 y 1.000 pesos”.<br />Las pocas risas eran indicio de que lo conocíamos, pero del fondo del escondite se escuchó:<br />- Jiji, que bueno. Yo tengo otro. Un tipo va a un quilombo con una puta y, cuando están en bolas, la mina, señalándole el pito, le pregunta: “¿A quién pensás hacer feliz con esa cosita?”. Y el tipo, sonriendo, le dice: “¡¡A mi!!”<br />Estallamos en carcajadas, lo que contribuyó a descomprimirnos. Continuamos un buen rato con eso hasta que apareció el Ruso acompañado de otro viejo.<br />- Muchachos, este es don Justo, un socio vitalicio del Clú.<br />Todos saludamos y, al ver nuestras miradas incrédulas, el Ruso explicó:<br />- Don Justo militó en el peronismo desde siempre y anduvo en la resistencia durante la Libertadora. Anduvo preso y después siguió en el partido, clandestinamente. En el ’76, le anduvo metiendo bombas a los milicos y después se tuvo que exiliar. Volvió en el ’83 y hoy, con 78 años, todavía milita en una unidad básica. Él va a saber solucionar el tema de don Evito, seguro.<br />El viejo nos miraba entre orgulloso y cansado. Encaró para los cajones y habló:<br />- A ver compañero, ¿qué le anda pasando?<br />- ¿Y usted quién es? –preguntó respetuoso Evito.<br />- Soy Justo Blanquier, clase 1930, peronista de Perón. ¿Usted?<br />- Evito Domínguez, clase 1935, peronista de ley. Estos pendejos andan diciendo que el General murió, ¿es así, compañero?<br />Don Justo suspiró entristecido.<br />- Es así, en el ’74.<br />Se oyó como un lamento detrás de la barricada.<br />- Puta madre. Debemos estar hasta las manos, compañero.<br />- No, las manos se las chorearon –acotó el Cacho.<br />Amagamos como para tirarlo escaleras abajo, a lo que el desalmado respondió levantando las manos pidiendo calma.<br />- Igual nos fuimos arreglando –continuó don Justo.<br />Durante unos segundos no se oyó hablar a nadie, hasta que Evito rompió el silencio:<br />- ¿Qué le parece que tenga que hacer, compañero?<br />- Es simple, deponga su actitud y véngase con nosotros, que lo vamos a agasajar en la básica como lo que es: un héroe peronista.<br />Eso pareció gustarle al aludido. Se escuchó ruido de cajones corriéndose y desde un hueco apareció la figura de un hombre bastante demacrado. Don Justo se arrimó y le dio un abrazo que casi lo parte en dos. Mientras lo sostenía por los hombros, le dijo:<br />- Va a ser un honor compartir la mesa con un verdadero peronista. Incluso después lo pienso llevar a mi antiguo gremio, para que lo conozcan los compañeros.<br />- ¿De qué gremio? –quiso saber Evito.<br />- Del de la carne. Fui mucho tiempo delegado de los obreros de la Swift.<br />- ¿De la Swift? Me trae recuerdos eso. Salí un tiempo con una mina que laburaba ahí. Ella era casada, así que nos encontrábamos a garchar cuando el marido se iba a trabajar. ¿Cómo se llamaba? Ah si, Azucena, como la flor.<br />Don Justo se quedo estático.<br />- ¿Azucena Andrada?<br />- Siiii, esa, una tetona que era una fiera en la ca…<br />No terminó la frase. Don Justo se le abalanzó y lo tomó del cuello, gritando:<br />- ¡Hijo de puta! ¡Azucena era mi mujer! ¡Te voy a matar!<br />Entre todos logramos sacar a Evito de las garras del enloquecido geronte.<br />- Pero compañero –gimió la víctima-, ¿somos o no somos peronistas? Ya pasó bastante tiempo, ¿no le parece?<br />Esto pareció enfurecer más al viejo sindicalista.<br />- ¡Peronistas, las pelotas!<br />Y se volvieron a trenzar, rodando por las escaleras.<br />Mientras los demás trataban de calmar los ánimos y llevaban a los contendientes hacia abajo, me quedé solo en la planta alta, reflexionando sobre los hechos precedentes. Pasiones, rencores, lealtades, valores; todos ingredientes de cualquier sociedad en cualquier tiempo. Y esta gente, a pesar del tiempo transcurrido, los mantenía. Yo estaba mirando hacia el futuro, hacia un mejoramiento de lo actual. Pero el pasado está, nos apuntala, nos da identidad. Y nuestro pasado como sociedad no es de los mejores. Todos queremos olvidarnos, empezar de cero. Y está bien, pero olvidarse de todo no es la forma. Hay que tener memoria y pedir justicia, que es lo único que puede satisfacer a todos por igual.<br />Recordé haber leído o escuchado a un antropólogo explayarse sobre las identidades. Decía que, dando un ejemplo, en nuestra ciudad los simpatizantes de Central y Newell’s vivían enfrentados, pero cuando Argentina se enfrentaba a la selección brasilera, todos hacían un frente común.<br />Y bueno, pelearé por una identidad común.<br />Me calcé mejor los guantes de laburo, tomé una escoba, y empecé, solo, a limpiar y ordenar.<br /><br /></span><div style="text-align: right; font-style: italic;"><span class="fullpost">(Dedicado a los resistentes de nuestro pasado inmediato)</span><br /></div><span class="fullpost"><br /><br /></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/706347894394767697-475614784402076811?l=elclupys.blogspot.com'/></div>ADENOZnoreply@blogger.com67tag:blogger.com,1999:blog-706347894394767697.post-69706135308217568242008-03-10T13:11:00.000-07:002008-03-10T13:22:28.425-07:00AJUSTANDO CLAVIJASHay momentos en que uno decide ordenar sus cosas, corregir desvíos, encauzar situaciones.<br />Ese día me levanté dispuesto a encarrilar un par de temas, como para que los demás sepan que puedo dejar pasar las cosas, pero que no soy gil, que me doy cuenta.<br />El primero en la lista fue Beto, mi mecánico. Hacía un par de días que tenía a “La Poderosa” (mi camioneta) para afinarla y ya iba para largo. Lo encontré tomando uno de los primeros de los once mil mates que se manda en un día.<span class="fullpost"><br />- Beto.<br />- Ade.<br />- ¿La Poderosa?<br />- Mañana no.<br />- ¿Pasado?<br />- No creo.<br />- Bien.<br />Hice una pausa mientras me tomaba un verde.<br />- ¿Cuánta guita te debo, Beto?<br />El mecánico abrió los ojos más de lo normal.<br />- Ehh, no… no me debés nada, ¿qué decís?<br />Al ver mi mirada irónica se extrañó.<br />- ¿A qué viene la pregunta?<br />Lo miré sonriendo levemente.<br />- Nunca te quedé debiendo más de lo normal. Siempre te cumplí. Pero no soy boludo. Hace bastante, muchos años, que te traigo mis autos y también te recomendé con quien se me cruzara. La mitad de los autos que tenés ahora en arreglo son de clientes nuevos, gente que lo usa para mostrarse, no para laburar. Mi camioneta es para los fletes, de lo que vivo. Pero le das bola a los nuevos, para ganártelos, porque garpan mejor. Bueno, mi guita es igual a la de ellos. Si no está para mañana, la llevo a otro lado. Claro, dejaría de recomendarte. Entonces, ¿para cuándo me vas a tener la camioneta?<br />El Beto, mi mecánico, le dio un último sorbo al mate recuerdo de Capilla del Monte y dijo:<br />- Mañana a primera hora, Ade.<br />Le estreché la mano y casi (casi) le doy un beso.<br /><br />- ¿Qué pasó con el tema de la nueva cerveza?<br />El Rengo levantó la vista y se acercó.<br />- No tuve tiempo de verlo, Ade –se disculpó.<br />- ¿Por?<br />- El buffet me lleva lo suyo y estoy solo.<br />- ¿No te dije que pusieras a la Sandy a laburar con vos?<br />Desvió la vista.<br />- Si, pero el Cacho antes me había dicho de poner a su sobrina.<br />Ahí sí dejé de leer La Capital, que descansaría en el mostrador.<br />- ¿Y desde cuándo la palabra del Cacho es más importante que la mía?<br />- No, claro…<br />- Mirá Rengo, desde hoy la Sandy labura con vos, le guste a quien le guste, yo me hago responsable.<br />- Como vos digas.<br />- Bien. Y con respecto a la cerveza “Stella Rosis”, les decís al amigo tuyo que labura ahí, que me venga a ver así arreglamos para que esponsoreén la camiseta del Clú esta temporada y nos provean en lugar de la Quilmes, que no quisieron arreglar. ¿Tamos?<br />El Rengo sonrió como él sabe hacerlo cuando le gusta la mano y no quiere decir “Gracias”.<br />- Tamos.<br /><br />El Cadena me salió al cruce. Había oído algo de lo hablado con el Rengo.<br />- ¿Qué hacé, papá? ¿Controlando el ganado?<br />Lo miré como al descuido.<br />- Para vos también hay.<br />- Epa, ¿qué hice?<br />Me detuve a la entrada.<br />- ¿No te dije qué necesitaba los números del Clú para ver dónde estábamos parados?<br />Titubeó.<br />- Si, bueno… ¿Qué querés? El viejo Rosendo es una tortuga.<br />- ¿No te dije también que le dieras los pelpas a tu novia, la Esther?<br />- Si Ade, pero el viejo hace un toco que está con eso.<br />- ¡Dale una patada en el orto al viejo! Que la Esther se ponga con el tema, que para eso es contadora. Para la semana que viene quiero un informe de la situación, con dibujitos y todo. ¿Tamos?<br />Resopló.<br />- Tamos.<br /><br />El Rodo me salió a recibir medio sorprendido.<br />- Ade, qué sorpresa por acá vos.<br />Lo saludé con un gesto de la cabeza y recorrí con la mirada las instalaciones del campo deportivo del Clú. No podía estar peor, cosas tiradas, basura sin juntar, la cancha en mal estado, gatos y perros por doquier… Sentados en el suelo y apoyados en la pared del vestuario, había dos muchachos tomando cerveza.<br />- ¿Quiénes son ésos? –quise saber.<br />- Uno es el Cholo, el hijo de la Laura, la encargada de la limpieza de acá. El pibe le da una mano. El otro no sé, un amigo capaz.<br />- Llamame al Cholo.<br />El Rodo se arrimó y le hizo señas para que se acercara. El Cholo, de unos 17 años, se levantó de mala gana y vino caminando cansinamente.<br />- Presi, hola amigo –me saludó arrastrando las palabras.<br />- Hola Cholo. Te quería preguntar algo.<br />- Si, decime.<br />- ¿Qué tareas cumplís acá?<br />Entornó los ojos, antes de contestar.<br />- Bueno, corto el césped de la cancha, la riego, junto la basura y le doy una mano a mi vieja con el lavado de las pilchas de los jugadores. Nada más.<br />- Ta. ¿Y por qué no está cortado el césped? –pregunté serio.<br />El pibe se rascó la cabeza.<br />- No… claro, lo que pasa es que la gramínea no vino bien este año. Estoy viendo a ver como se comporta.<br />Lo miré y asentí.<br />- ¿Y el tema de la ropa? –proseguí.<br />- Bueno, ahí la cuestión pasa por el tipo de jabón en polvo que nos provee el Clú. Yo preferiría uno con suavizante incorporado, no el de ahora que daña la piel, por lo que justo le iba a reclamar por eso a la Comisión.<br />- Ajá, bien. ¿Y el hecho de tomar cerveza en horario laboral?<br />- Ehh Ade, la presión atmosférica está fatal hoy. Los hectopascales se dispararon como estampida bursátil.<br />Me tomé unos segundos. Entonces dije:<br />- Mirá Cholo, te voy a decir una sola vez, un par de cosas. Primero, para vos no soy ni presi, ni Ade, ni amigo. Te dirigís a mí como presidente y el tuteo te lo metés en el orto.<br />- Eh, ami… Presidente, no se lo…<br />- No terminé –lo interrumpí-. Segundo: para mañana a esta hora quiero que el césped esté como para jugar al billar en la cancha y la ropa de todos los jugadores tienen que estar flameando en la soga, hasta la que esté rota. Y tercero: no te quiero ver más chupando en tu horario de trabajo y menos con gente que no es del Clú. Cualquiera de esas tres que no cumplas y vos solito te expulsás. ¿Quedó claro?<br />El Cholo se puso firme y con el rostro desencajado respondió:<br />- Totalmente, presidente.<br />El Rodo me acompañó hasta la salida, donde le dije:<br />- Te hago responsable a vos de que el pibe cumpla. Y si tengo que venir yo a poner orden acá, me suena que tu puesto está de más. Hacete cargo, Rodo.<br />Y me fui.<br /><br />El día había sido fructífero, pensaba mientras me acomodaba para tomar unos mates en el patio. En eso entrá mi viejo, don Juan, por la puerta que conecta al ciber.<br />- ¿Qué hacés, viejo? –lo saludo.<br />- Hola Ade, vine a ver a la Jessi, para prepararla en Historia.<br />La aludida le gritó mientras venía desde la cocina:<br />- ¡Hola viejo loco!<br />- ¡Hola bicho feo! –le contestó y le dio un abrazo.<br />- Ya estuve leyendo bastante.<br />- Bueno, dejame que hablo una cosita con Ade y después voy y te tomo lección, ¿si?<br />- Dale.<br />Cuando quedamos solos, le ofrecí un mate dulce. Le dio un sorbito y me dijo:<br />- ¿Así que anduviste haciendo ajustes en el Clú?<br />Me sonreí.<br />- Así es. ¿Por? ¿Qué pasó?<br />- Nada. Pero algunos se anduvieron quejando.<br />- ¿Si? Mirá vos. ¿Y quiénes?<br />- Por empezar los quinieleros. Dicen que los apretaste para que pagaran una cuota al Clú.<br />- Jaja, que tipos buchones. Mirá, te cuento porque sos vos. Los tipos van hace años, se instalan horas con un cafecito miserable, hacen su guita y se piran. De ahora en más, sino ponen algo en el Clú, que se vayan al Bar “El tibet”. Derecho de admisión, que le dicen.<br />- Bueno Ade, pero como vos decís, hace mucho tiempo que laburan así, desde que estaba yo…<br />- Viejo, de ahora en más va a ser así como les dije.<br />- Ta’ bien, vos sabrás. Otra cosa.<br />- ¿Quién otro se quejó?<br />- No, nadie. Pero supe que le sacaste trabajo al viejo Rosendo.<br />- Si, no nos entregaba más un laburo para el Clú. No se puede trabajar así, todavía escribe los balances en máquina de escribir con carbónico. Ni idea tiene de que existen las compus.<br />- Bueno, pero el trabajo lo viene haciendo…<br />- Si, ya sé, “desde hace muchos años” –dije sonriendo.<br />- Exacto. Él tipo tiene una jubilación de mierda y con el Clú hace unos pesitos.<br />- ¿Y que querés? ¿Qué me haga cargo del agujero provisional?<br />- No, claro…<br />- Papá, los tiempos cambiaron. El Clú tiene que manejarse de otra forma, más agil, más práctico.<br />- Yo lo manejé por años y nunca nadie se quejó.<br />- Y así quedó el Clú.<br />- ¿Qué querés decir? –dijo serio.<br />- Nada, que vos cumpliste. Fundaste con otros el Clú y lo levantaron, pero llegaron hasta ahí. Y yo quiero llevarlo más alto. Que trascienda.<br />- O sea, ¿no vale de nada lo nuestro?<br />- Sabés lo que te quiero decir…<br />- No, no sé –ahora francamente ofuscado.<br />- Bueno, te explico. Cuando dejaste el Clú, lo agarró el viejo del gordo Balbuena e hizo desastre, casi se pierde. Nosotros lo retomamos y lo estamos posicionando. Pero no nos queremos quedar en un humilde club de barrio, en una guardería para viejos que juegan al tute y al billar. Queremos que vuelva toda la familia. Y para eso, el Clú se tiene que modernizar, agrandar, mejorar. Y yo lo voy a hacer.<br />- A costa de dejar el tendal.<br />- Como sea. El que no me quiera acompañar, se puede ir cuando quiera.<br />- Es muy soberbio lo tuyo.<br />- No, te equivocás. Es realista mi postura.<br />Hice una pausa.<br />- Mirá viejo, yo no triunfé como futbolista, no pude terminar de estudiar porque no me dio el coco y mi primer matrimonio no es ejemplo para nadie. Pero al frente del Clú me siento el mejor, el más capaz, la persona indicada.<br />- El “único”, ¿no?<br />- Podés ser todo lo irónico que quieras, pero yo voy a hacer lo que vos no pudiste, o no te dio el cuero.<br />Eso le debió haber dolido.<br />- Claro, y para eso vas a andar adulterando documentación, comprando en negro, cobrándole una cuota a los quinieleros…<br />- ¡Pará un cachito! ¿Qué? ¿Me vas a dar consejos morales y éticos? ¿Acaso te olvidás de los talonarios de facturas truchas que hiciste en la imprenta? ¿O el estar enganchado de la luz?<br />- ¡Esas son cosas particulares! ¡Si pasaba algo me hacía responsable yo solito! Pero vos estás al frente de una entidad pública.<br />- Jaa, no me hagás reir. Un club perdido en el culo del mundo, una entidad pública. ¿Qué te creés que es? ¿El Golf Club?<br />- Lo que sea, pero tenés una actitud patoteril para dirigirlo.<br />- Será que antes eran más blandos.<br />- Pero no éramos totalitarios como ustedes.<br />- ¿Y eso por qué lo decis?<br />- Vaaaaamos, Ade. Hacen y deshacen a su gusto, sin consultar.<br />- Dame un ejemplo.<br />Respiró hondo.<br />- Sandy.<br />Lo miré mal.<br />- ¿Qué pasa con la Sandy?<br />- La pusiste de empleada sin conversarlo con nadie, porque se te cantó.<br />- ¿Y?<br />Se arrimó más a mi.<br />- No te hagás el boludo.<br />Me arrimé a centímetros.<br />- ¿Qué hay? Hablá –lo encaré.<br />- Que la gente habla. Vos sabés que yo la adoro a la Sandy, como a una hija. Pero también estimo a la Mabel y no me parece…<br />- Viejo, te estás desubicando. No es tema tuyo, ni de nadie.<br />- No, claro, pero…<br />- Pero nada. Vos sos el menos indicado para darme sermones sobre eso.<br />- ¿A qué te referís? –dijo apartándose.<br />- Ahora no te hagas el gil vos.<br />- Ese un tema viejo que con tu madre lo resolvimos.<br />- No sé si la vieja está tan de acuerdo en eso, pero bueno, es cosa de ustedes. Como este tema es cosa mía. <br />Quedamos en silencio un rato. Entonces me dijo:<br />- Mirá hijo, yo sé que sos muy capaz, siempre lo supe. Lo único que quiero es que, si puedo aconsejarte para que no hagas cagadas, no me desatiendas. Dirigir no es meter miedo, sino que te respeten. Si vas a quedar en la historia del Clú, que sea con herramientas nobles. Pero no te digo esto solo por una cuestión ética, sino porque quien se maneja bien es el que más perdura entre la gente. Te cuento algo y me voy con la nena. Cuando los generales romanos lograban una victoria resonante en el campo de batalla se le organizaba un “triunfo”, un desfile por las calles de Roma, donde era vitoreado y amado. Pero detrás de él, mientras marchaba en su carro, iba un esclavo que, cada tanto le susurraba: “Sic transit glori mundi”, que significa “Asi pasa la gloria por el mundo”. Este evento, de ser realidad, era para mostrarnos que, estemos donde estemos, no nos la tenemos que creer. Que hoy estás arriba y te aplauden, pero que, si mañana te caes, se olvidan así nomás de uno. Bueno listo, no te jodo más, me voy con la Jessi. Después paso a saludar, antes de irme.<br />- Ok viejo, dale.<br />Se fue para el comedor y me quedé reflexionando sobre lo hablado. Una frase, síntesis de todo, como muestra acabada de la conversación sostenida, vino a mis labios:<br />- Viejo de mierda, me metiste el dedo en el orto.<br /><br /><br /></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/706347894394767697-6970613530821756824?l=elclupys.blogspot.com'/></div>ADENOZnoreply@blogger.com67tag:blogger.com,1999:blog-706347894394767697.post-56049681257364466742008-02-27T02:04:00.000-08:002008-02-27T08:11:34.612-08:00MINIVACACIONES- Tengo dos noticias para vos.<br />La Mabel estaba leyendo unos papeles, controlando algo en el ciber, cuando llegué fuera de mi horario habitual. Levantó la cabeza, mirándome media escéptica y me dijo:<br />- Bueno, contame la mala primero.<br />Le sonreí cancheramente.<br />- No, malaonda. Las dos son buenísimas.<br />Eso pareció animarla.<br />- Ah, que bien, contá, contá, que necesito saber algo bueno hoy, porque haciendo cuentas, este mes fui para atrás en el ciber.<br />- Bueno, te cuento, pero antes dame un mate y un beso.<br />Mate. Beso.<span class="fullpost"><br />- ¿Viste que el Cadena se alquiló con la mina que sale, la Esther, una casa de fin de semana en Funes? Bueno, para el domingo nos invitó para que fuéramos a comer un asado y a pasar el día. Tiene pile, quincho, parque, de todo.<br />- Que bueno. Siii, quiero, quiero, jaja. ¿Y la otra noticia?<br />Terminé el mate y se lo devolví, mientras manoteaba un bizcochito de grasa.<br />- Es mejor. Resulta que el Cadena la alquiló por una semana más, pero la novia, que es contadora o algo así, tiene que irse de viaje el lunes. Le salió un laburo de improviso y el loco la va a acompañar. Entonces, como ya tiene garpa la casa, me preguntó si quería aprovechar y que la ocupemos nosotros. ¿Qué te parece?<br />- Pero no tenemos guita para pagar una semana –respondió práctica.<br />- No tenemos que poner una sola moneda –dije masticando el resto del manjar.<br />- ¿Cómo es eso? <br />- Es así. El dueño de la casa le debe una guita grossa al mamut y arreglaron una parte con el alquiler de la casa. Igual no creo que el Cadena le haga descuento por eso. Por lo tanto, nadie paga nada en esto. Aparte nunca me cobraría el monstruo, me debe más de un favor –concluí sonriendo a diente batiente.<br />La Mabel pensó un momento y me dijo:<br />- Con la comida no habría drama, porque gastaríamos lo mismo que acá. Aparte, me vendría bien cerrar el ciber un tiempito. Gasto más en aire acondicionado que lo que entra.<br />Me le acerqué más y la tomé de la cintura.<br />- Eso, sumado a que, si a la Jessi la mandamos de tu ex y al Eze de mis viejos, nos daría un par de días… solitos –le dije mientras le empezaba a acariciar la cola.<br />- Hmmm, suena interesante.<br />- ¿Entonces…? –pregunté ansioso.<br />Nos miramos, nos sonreímos y dijimos a la vez:<br />- Y daaaaaaaaleee.<br /><br />Llegamos a eso de las diez y media de la mañana. La casa era bastante grande, con el chalet en el frente y el garage abierto que dejaba ver el parque en el fondo, donde ya había gente desde temprano. Mientras la Mabel acomodaba todo dentro con la ayuda de la Jessi y la Esther, nos fuimos con el Eze a saludar al resto. Los dos chicos nos habían acompañado a pasar el día; luego se volverían a Rosario llevados por el Cadena.<br />El parque era inmenso, bien cuidado, con plantas de todos los colores. En el fondo estaba el quincho, al lado de una pileta de un tamaño considerable. Más atrás se veía un espacio con una red para jugar voley o fútbol-tenis. En la gran parrilla estaba el Nono con el Rengo preparando el fuego. Despatarrados en unos sillones de jardín y tomando una Quilmes, aparecían el Ruso, el pelado Canasta y el Cacho. El Mamasa hacía una especie de plancha en la pileta, asemejando a un destructor de la Gran Guerra. Al costado, tomando sol, se veía a la Betty, esposa del Ruso, la mujer de Canasta, la Lily y la Sandy. <br />Ésta última se levantó para venir a saludarnos. Aunque la bikini no era mínima, no alcanzaba a tapar todos sus atributos. Le di un beso y le presenté al Eze:<br />- Sandy, no sé si te acordás de Ezequiel, el hijo de mi hermano. Eze, ella es Sandy.<br />El pibe dijo titubeando:<br />- Ho… hola.<br />La Sandy lo miró, me miró y dijo:<br />- Cuando deje de relojearme las tetas, lo saludo, jajaja.<br />El Eze alzó la vista sonrojado.<br />- Nooo, yo… no, je… no.<br />- Andá pajero, saludá a los demás –lo amonesté.<br />Mientras nos reíamos con la Sandy por lo sucedido, apareció la Mabel y nos quedamos conversando los tres, hasta que mi jermu me pidió que fuéramos a terminar de ordenar lo nuestro y cambiarnos. La Sandy giró para ir con las demás mujeres y, de reojo, alcancé a ver una mueca de la Mabel, al apreciarse los contornos posteriores de la piba.<br />Pusimos unos tablones debajo de los árboles y empezamos a armar la mesa para el almuerzo. Una vez hecho esto, me metí en la pileta un rato junto al Eze y la Jessi, hasta que nos llamaron a comer. El asado estaba estupendo, la carne era de primera y el Nono nos prometió para el final un matambrito de cerdo de lujo. Comimos como desnutridos y, la verdad, los quilombos quedaron de lado. No hay mejor terapia que reunirse con gente querida, charlar y reírse de boludeces para sentirse en el más lindo de los mundos. Íbamos regulando la digestión para hacerle lugar al manjar prometido cuando se escuchó un grito proveniente de la parrilla. Era el Rengo.<br />- Hijos de puta!! Se afanaron el matambrito!!<br />Instantáneamente miramos al perro del Cadena, en un claro gesto prejuicioso. Pero al momento desechamos esta alternativa, ya que la altura del cánido no daba para semejante “asalto”. Nos reunimos alrededor de la parrilla presurosamente. El Nono, desde atrás, exclamó:<br />- Qué nadie toque nada!! Hay que preservar la escena del crimen.<br />Lo miramos extrañados. La Esther aclaró un poco la cuestión:<br />- Lo que pasa que el Nono está mirando mucho “CSI” últimamente.<br />El mencionado no hizo caso al comentario y empezó a examinar el escenario, haciéndonos alejar un poco.<br />- Acá hay indicios que muestran que el autor de la ofensa se dirigió al interior de la casa. ¡Siganmen!<br />Lo hicimos, ansiosos por una respuesta al enigma. El improvisado detective se detuvo en la puerta del baño.<br />- Lo debe haber comido ahí adentro –dedujo entrando al recinto.<br />Nos quedamos fuera aguardando.<br />- ¡Ajá! –se le oyó decir.<br />- ¿Qué es? –quisimos saber.<br />El Nono salió con el cesto que se coloca al lado del inodoro, mostrando algo de su contenido y provocando rechazo en más de uno.<br />- Acá están los restos del matambrito. Parece que fue demasiado para el estómago del criminal. Pero, como ustedes verán, fue alguien muy cuidadoso, muy ordenado, prolijo, pulcro...<br />Todos giramos para observar al Cacho, quien estaba detrás de todos. Su estampa lo vendía: ni una gota de sudor, bien peinado, ropa sin arrugar, afeitadito…<br />- ¿Qué? ¿Por qué… me miran? –titubeó el sospechoso.<br />El Nono no dudó.<br />- ¡A él! ¡Qué no escape!<br />Viéndose perdido, el Cacho admitió su culpabilidad con su accionar.<br />- ¡No me atraparán! –gritó desbocado.<br />Pudo escapar de nuestro asedio, pero no de las garras del Mamasa quien se había quedado en la entrada del chalet.<br />- ¡Hay que ejecutarlo! –gritó alguien.<br />- ¡Noooo! –suplicó el condenado -. ¡Si no iba a alcanzar para todos el matambrito! Un pedacito para cada uno, ¿quién podría disfrutarlo?<br />Como respuesta lo agarramos por las manos y los pies y, así tomado, fue a parar al fondo de la pileta, perdiendo toda su elegancia. <br />Nos reímos a carcajadas un rato largo, hasta que la llegada del tiramisú nos convocó nuevamente a la mesa. El Cacho fue castigado con una porción menor, cosa que tomó con estoicismo.<br />La tarde fue agradable y divertida. Un poco de deporte, cartas y mucho mate. Hasta hicimos un concurso de eructos, donde la Sandy salió segunda, lejos del primer puesto ostentado por el Mamasa, quien con un trago de Coca te hace el himno nacional.<br />En un momento me tocó ir a buscar la pelota que había ido a parar cerca de la ventana de la cocina. A través de ella vi a la Mabel y a la Sandy juntas, limpiando los platos de espaldas a mi. La visión de esos dos culos era un espectáculo gratificante y al quedarme apreciando tamaña visión, pude oír cuando la Sandy decía:<br />- ¿Viste Mabel? El Ade te lleva diez años, igual que vos a mi.<br />La Mabel no levantó la vista al contestar:<br />- O sea, que él te lleva veinte a vos, ¿no?<br />Creo que la Sandy entendió que, si es que alguna vez la hubo, la “tregua” con mi mujer había terminado. Preferí seguir jugando con los muchachos y me alejé.<br /><br />A las siete y media de la tarde se fue el último de los asistentes, el Cadena. Antes de partir me recomendó que asegurara todo, porque en TN habían dicho que se venía tormenta. Le respondí que nunca le daba pelota al bala de Confesore, que si el tipo decía “Buen día”, yo salía a mirar por la ventana para asegurarme. Igual lo tranquilicé diciéndole que me haría cargo.<br />Con la Mabel estábamos muertos de cansancio, así que cenamos unos sandwichitos y nos dispusimos a pasar la noche. Preparamos la cama y, cuando ya me empezaba a poner mimoso, me dice que la espere un momento, que iba al baño. Me estiré en el lecho desperezándome lentamente, mientras afuera se escuchaba que soplaba viento.<br />Al instante, ya se sentía como un ventarrón, aunque no me preocupó porque estaba todo asegurado en su lugar. En ese momento apareció la Mabel en la puerta de la habitación.<br />Tenía puesto un corpiño y una tanga roja de tamaño reducido, y arriba un baby doll cortísimo y transparente. Giró sobre sí misma y pude apreciar que un hilo solo tapaba su cola. Una respuesta eréctil acompañó mis pensamientos. Se fue acercando lentamente y cuando puso una rodilla en la cama… se apagó todo.<br />- ¿Qué pasó? –preguntó asustada.<br />- Nada, ¿que va a ser? Se cortó la luz, capaz que el viento cortó algún cable. Confesore y la recalcada c…<br />La busqué en la oscuridad y la atraje hacía mi.<br />- Igual no necesitamos la luz para…<br />Se oyó un ruido.<br />- ¿Qué fue eso? –dijo agarrándome.<br />- No sé, vení que…<br />Otro ruido y voces.<br />- ¡Hay gente! –me dijo ahogando un grito.<br />Saqué la linterna de la mesita de luz y me decidí a encarar al visitante, armado con el cinto y seguido de cerca por la Mabel. Los ruidos venían de la entrada. Le hice señas a mi mujer de que no dijera nada y apagué la linterna. Tanteando llegamos hasta el living. La tormenta se había desatado y la luz de un relámpago dibujó dos siluetas. Salté hacia delante prendiendo la linterna y blandiendo el cinturón al grito de:<br />- ¡¿Quién mierda son?!<br />La luz me dejó ver a una pareja de un muchacho y una mina algo mayor que él. Ambos gritaron del susto, después gritó la Mabel. Para no ser menos, grité también.<br />- Pará loco, ¿qué hacen acá? –preguntó el tipo.<br />- Yo pregunté primero, boludo –le sontesté.<br />El muchacho pidió calma con las manos.<br />- Vinimos a pasar la noche, no sabíamos que había gente. ¿No iba a estar vacía la casa esta noche?<br />- ¿Y cómo sabés eso vos? –quise saber.<br />- Laburo para el dueño de la propiedad y me enteré que hoy se iba el Cadena, que recién mañana venían los nuevos. Por eso le saqué un duplicado de las llaves que tiene en la oficina y me vine. A pasar un rato con ella.<br />Ella era una grandota con una pinta infernal de gato que se estaba arreglando la poca pilcha que traía puesta. Le pregunté:<br />- ¿Y justo hoy te venís con una trola acá? <br />Y mirándola a la mina, agregué: <br />- Sin ofender.<br />- Ta –dijo sin inmutarse la aludida.<br />El muchacho me miró y sonrió:<br />- Bueno, vos también te viniste con un gato, ¿no? –dijo señalando con la cabeza a la Mabel que estaba con su ropa sexy a mi lado.<br />Mi mujer se le fue encima, pero la contuve, diciéndole al nabo:<br />- Es mi mujer, pelotudo.<br />- Ah, perdón –dijo algo confuso.<br />Volví sobe la cuestión.<br />- Bueno pibe, esto no da para más. Nosotros somos los que veníamos mañana, pero arreglamos con el Cadena para venir antes, así que… -les dije enseñándole la puerta.<br />- Nooo, no me podés hacer esto. Mirá la tormenta que hay afuera. No hay un pedo de luz en ningún lado, dejanos pasar la noche acá, ¡por favor! –suplicó el tipo.<br />La consulté con la mirada a la Mabel y, luego de un momento, asintió.<br />- Ok, acomódense en la segunda habitación. Pero mañana a la mañana, haya o no tormenta, se rajan, ¿si? –dije señalándolos.<br />- Gracias hermano, te debo una.<br />Ya se estaban retirando a su cuarto alumbrándose con el celular, cuando la mina se dio vuelta y nos dijo:<br />- Che, si armamos una fiestita entre los cuatro, les hago precio.<br />La Mabel no se aguantó y le mandó:<br />- ¡Tomátelas!<br /><br />Acostados uno al lado del otro, con la Mabel sentíamos que el hechizo se había quebrado, por lo que, de común acuerdo, dejamos la “chanchada” para más tarde. Ya nos invadía el sueño cuando se empezó a sentir jadeos de la pieza contigua, cada vez con mayor ahínco. Al principio nos reímos, pero no tardó en surtir un efecto lujurioso en nuestra libido, provocando una acometida mutua. Ya satisfechos, disfrutábamos del sopor posterior, cuando a los pocos minutos se volvieron a escuchar manifestaciones inequívocas de actividad sexual en la pareja invitada. <br />- Parece que el flaco anda entusiasmado –ironizó la Mabel.<br />- Seee, va a quedar hecho moco.<br />Una vez hecho el silencio, me dispuse a descansar plácidamente como para retomar fuerzas y así continuar con nuestra faena particular. Pero al cabo de lo que me pareció poco tiempo, estos degenerados reiniciaron su show. Era demasiado. Le dije a la Mabel que iba a tomar agua y volvía. Me acerqué a la puerta de la habitación anexa y golpeé suavemente, pero firme. Al momento salió el flaco con una expresión entre demacrado y glorioso.<br />- ¿Si?<br />- Salí afuera un cachito, por favor –le solicité.<br />Así lo hizo. Acerqué mi cara a la suya a solo un centímetro.<br />- Escuchame pedazo de enviagrado, te voy a decir una sola vez, una sola cosa: aflojá con ese ritmo alucinante y no me hagás quedar para el orto o te mandó a dormir a la calle de una patada en el ídem. ¿Se entendió?<br />- Claro y preciso –contestó haciendo el Ok con la mano.<br />Regresé a mi cuarto y el resto de la noche fue una perfomance decente, occidental y cristiana.<br />A la mañana los instamos a pirarse antes del desayuno y me dediqué a ordenar la casa que había sufrido el embate de la tormenta. A media mañana fui a buscar a mis viejos y a mi suegra, quienes se quedaron hasta el martes. El miércoles vinieron unos amigos de la Mabel y, a partir del jueves, quedamos amos y señores del feudo, sin interferencias. La pasamos rebien, tranquilos, descansando, charlando, mimándonos, queriéndonos. La Mabel anduvo todo el tiempo como a mí me gusta: en patas, en calzones y con las tetas al aire. Yo no salí de mi sobriedad con mi pantaloncito de fulbo negro Adidas Mundial ’74. Sólo nos faltó coger encima de la parrilla, pero casi.<br />El domingo pegamos la vuelta. En el camino de regreso pensaba: las vacaciones son como el “fin de semana” del año, donde uno carga baterías para afrontar el resto de los días. Dejé mis “dragones” a un lado, esto es quilombos, conflictos y traumas, y restañé mis heridas. Esa semana fue de felicidad, una pizca dentro de la malaria circundante, pero nos alcanzó, a la Mabel y a mi, para hacer frente a lo que se viniera.<br />No es poco.<br /><br /></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/706347894394767697-5604968125736446674?l=elclupys.blogspot.com'/></div>ADENOZnoreply@blogger.com55tag:blogger.com,1999:blog-706347894394767697.post-19875536976075862902008-02-13T06:57:00.000-08:002008-02-13T07:18:22.477-08:00LA SANDY (Parte 2)Mientras la Mabel organizaba con su vieja la cena del primero de año, me fui a tomar unos mates mientras miraba TN. Mucha atención no le presté a la tele, porque me enganché pensando en lo que fue…<br /><br />Cuando la Sandy tenía 17 años abandonó el secundario. En ese tiempo yo estaba transitando por mi primera ruptura con Luisa, mi mujer. Pasaba bastante tiempo en el Clú y a las noches me iba a la casa de mis viejos que estaba como a veinte cuadras de allí. Me opuse tenazmente a la decisión de la piba y la terminé convenciendo de hacer un bachillerato para adultos, diciéndole que la iba a ayudar en los estudios, hasta donde me diera el bocho.<br />Compartíamos muchos momentos juntos, ya sea paveando en el Clú o yendo a caminar por ahí. Llegamos a ese punto de una relación donde uno sabe todo del otro y ya no hace falta hablarse para entenderse o saber como está la otra persona.<br /><span class="fullpost"><br />Pero un sábado se complicó la cosa. Habíamos quedado con la Sandy en alquilar unas pelis (una romántica y otra de acción para conformar a los dos) y verlas en el reproductor del Clú. Cuando volvía en la camioneta de ver a mis pibes, sonó el celular. Era la Nélida (una mina casada con un chofer de larga distancia con la que habíamos tenido un par de encuentros bilaterales) que me decía que el marido había tenido que salir de raje a hacer un reemplazo y que, si quería, me esperaba en su casa. Le dije que sí, ya que descontaba que la Sandy entendería la situación. Se ve que no la conocía bien a la piba.<br />- ¿Así qué me pensás cambiar por una turra? –me dijo verdaderamente enojada.<br />- No, ¿qué decís? Pero entendeme, se dio de improviso –dije disculpándome.<br />- ¿Y yo qué? –insistió.<br />- Nada, que se yo. ¿No podés invitar a una amiga?<br />Me fulminó con la mirada, para luego cambiar el semblante con una sonrisa que no me gustó nada.<br />- Si, tenés razón, voy a invitar a alguien.<br />- ¿Viste que todo tiene solución? –dije sonriendo y, dándole un beso fugaz en la mejilla, me fui a cambiar.<br /><br />Al día siguiente, a la nochecita, me di una vuelta por el Clú. La noche anterior había sido agitada con la Nélida, por lo que andaba con pocas ganas de hacer algo. En la puerta estaba la Lily hablando con el Mamasa, así que me quedé con ellos conversando de lo que fuera. No recuerdo de qué nos estábamos cagando de risa, cuando entró la Sandy, rápidamente y sin saludar. Nos miramos extrañados y la Lily la siguió hasta el baño. Como tardaban en regresar me fui acercando, hasta que oí decir a la Sandy:<br />- No le digas nada al Ade, por favor…<br />- ¿Qué no me diga qué? –pregunté abriendo repentinamente la puerta del baño de damas.<br />La Sandy levantó su rostro sorprendida y pude ver un pequeño corte en su mejilla. Me desesperé.<br />- ¿Qué te pasó? ¿Quién te hizo eso? Decime que lo mato.<br />- No es nada Ade, dejá –me pidió casi sollozando.<br />- Pero mirá como estás…<br />Quise avanzar, pero la Lily se interpuso y me ordenó:<br />- Ade, después te explico. Ahora dejanos solas.<br />La mirada suplicante de la Sandy me hizo acatar y me dirigí a sentarme solitario en la barra del buffet, hasta que se me sumó el Mamasa. Al rato salieron las dos mujeres del baño y se dirigieron hacia la casita del fondo. Tras unos minutos apareció la Lily y me contó.<br />La Sandy, al frustrarse nuestra velada había invitado a Gonzalo, un pibe de unos 19 años, jugador del Clú, que hacía rato venía dándole vueltas a la piba. La cuestión es que se pusieron mimosos y terminaron en la cama, lo que representaba la primera vez para la Sandy, no así para él, ya que tenía facha y buen arrastre con las minitas del barrio. No pude disimular un gesto agrio en esta parte del relato, pero ahí no terminó la cosa. A la madrugada, la Sandy lo obligó a irse, con la condición de verse luego. A la tarde se ve que el pibe anduvo boqueando con los amigos sobre lo acaecido y la Sandy fue alertada por una amiga. Cuando fue a reclamarle, el tipo estaba en el kiosco del Loro con un grupo de pendejos como él, así que, para no quedar flojo, la empezó a maltratar delante de ellos. Hasta que la Sandy le encajó una cachetada, haciéndolo callar. El pibe reaccionó pegándole con el dorso de su mano en la mejilla, pero el anillo que llevaba puesto lastimó apenas el rostro de mi princesa.<br />No quise saber más y encaré hacia la salida para rumbear hasta lo del Loro. En la puerta se había agregado el Cadena, quien junto a su hermano quisieron detenerme, arguyendo que ellos se encargarían. Les dije claramente:<br />- Si me quieren acompañar, todo ok. Pero del guanaco me encargo yo.<br />Mi mirada los convenció y se hicieron a un lado.<br />Cuando Gonzalo me vio llegar, no le costó mucho entender el motivo de mi visita. Saludando rápidamente enfiló para la otra esquina, pero al ver recortadas las inconfundibles siluetas de los hermanos Benítez, desistió y llamó al dueño del kiosco:<br />- Loro! Loritoo!! Dejame pasar, por favor.<br />- ¿Por? –preguntó fastidiado el aludido.<br />- Porque me matan.<br />- Por tocar a la Sandy, si no te mata el Ade, te reviento yo.<br />Viendo que su pedido de asilo no era aceptado giró para enfrentarme, pero yo ya estaba encima de él. Con la mano izquierda lo tomé del cuello y lo estampé sobre un poster de Coca-Cola. El ruido de chapa fue importante.<br />- Disculpá Loro, te lo arruiné, creo –le dije.<br />- No pasa nada, Ade. Igual la promo ya había terminado, seguí con lo tuyo. –me contestó.<br />Cuando tomé impulso para embocarlo con la derecha, sonó un celular que me desconcentró. Era el de él. Me hizo señas para ver si podía atender. Accedí y habló:<br />- ¿Si?... Ah, hola Ma… si, acá, con los chicos… Pará, no sé, a ver… -tapando con la mano el micrófono- Disculpá Ade, pero… Cuánto tiempo calculás que le vas a dedicar a lo mío?<br />Miré el reloj, me encogí de hombros y le contesté:<br />- No sé, cinco… diez minutos, a lo sumo.<br />- Bien –dijo.<br />Y retomando la charla telefónica, agregó:<br />- Ma, calculale entre 20 minutos y media hora… Si, dejame morfi… Si, todo bien… Siiiiii… Mami, no me rompas las bolas! Ya voy!! –y cortó.<br />Guardó el celular y me miró, diciendo:<br />- Estas madres… je. Bueno, ¿en qué estábamos?<br />Duró quince la golpiza, hasta que el Mamasa intervino, separándome. El pibe estaba de rodillas, bastante estropeado. Me incliné y le tomé la cara, para decirle:<br />- Tres cosas: una, apenas te repongas quiero que le pidás disculpas públicas a la Sandy. Dos, a partir de eso vas a tener una orden de restricción con respecto a ella, o sea, te le acercás y te reviento; y tres…no me gusta que le hayas gritado a tu vieja.<br />Y le metí un revés.<br /><br />No comentamos demasiado del tema con la Sandy, ¿para qué? Ya había sido. Ella se sintió despechada por mi desplante y tomó revancha a su manera. No puedo explicarlo: no éramos novios, ni hermanos, ni siquiera amigos. Ella era (es) mi Sandy y yo su Ade. Y nos celábamos, nos absorbíamos, nos queríamos. Con el tiempo rearmamos nuestra relación y seguimos como antes, como las cosas que son para siempre.<br />Hace cinco años, luego de reintentar con Luisa, se intensificaron las discusiones con mi ex esposa, llegando a límites insostenibles. Una noche, harto de las agresiones verbales mutuas, me encerré en el Clú y me bajé una botella de vodka yo solito. Estaba para el cachetazo, cuando llegó la Sandy y me vio en ese deplorable estado. Con mucho esfuerzo, alcanzó a llevarme a su cuarto y me hizo recostar. El mundo empezó a girar raudamente a mi alrededor. No recuerdo mucho. Sé que hablé bastante, incluso levanté la voz hasta que la Sandy me hacía bajar los decibeles, sentada en el costado de la cama. Ella me hablaba para calmarme, mientras me acariciaba el pelo. El cansancio me atrapó y fui dejándome caer, pero antes de sentir el dulce desvanecimiento, creí sentir (¿o lo soñé?) los labios de la Sandy rozando los míos.<br />A la mañana siguiente, con el cerebro retumbando y luego de recordar donde estaba, me levanté para irme a laburar. La Sandy había tirado un colchón en el suelo y ahí descansaba. Abrí la puerta del cuarto sin hacer el menor ruido y la claridad me taladró la vista. Cuando iba cruzando el patio que comunicaba con el Clú, me percaté que me estaba observando doña Cata, la vecina de al lado, que en ese momento estaba colgando la ropa. La saludé con un tibio ademán y me fui.<br />Al mediodía, cuando paré para almorzar, ya era voz del pueblo que había pasado la noche con la Sandy. Doña Cata había desparramado el chisme a quien quisiera oírlo, generando una reacción en cadena. Con la Sandy decidimos que no teníamos que explicar nada, ya que nada había pasado y, de última, era tema nuestro.<br />Luisa no lo tomó así y reinició con más ahínco sus ataques contra mí. Habiendo quedado en el medio, la Sandy creyó mejor darse un respiro. Como había retomado contacto con su verdadera madre, la cual estaba asentada en Bahía Blanca, decidió ir a visitarla hasta que el clima imperante cambiara. Allá se sintió más cómoda y, sin darse cuenta, terminó por acostumbrarse. Empezó a salir con un muchacho que laburaba de embarcado y ya empezaba a echar raíces.<br />Por mi parte, con Luisa estuvimos con idas y vueltas unos seis meses más, hasta que nos separamos definitivamente. <br />La sandy, en estos momentos, estaba pasando un mal trance con su pareja y, cuando él tuvo que embarcarse nuevamente, la piba se vino a pasar unos días a su viejo barrio.<br /><br />Ya el agua del mate estaba fría, por lo que me incorporé para calentarla cuando me topé con la Mabel que venía a buscarme.<br />- Ade, te quería decir algo, a ver que te parece –me dijo.<br />- Dale, ¿qué es?<br />- Estaba pensando que, para la cena de esta noche, podías invitarlo al Rengo y, de paso, que se venga con la Sandy.<br />Hizo una pequeña pausa.<br />- Así se ponen al día, digo –agregó.<br />La miré, torcí un poco la cabeza, le sonreí y la abracé.<br />La comida estuvo buena. Charlamos, nos reímos, recordamos, nos dio nostalgia, pero bien. En un momento la Mabel empezó a juntar los platos y la Sandy, presurosa, se ofreció a ayudarla, cosa a lo que mi mujer aceptó. Yo sonreía viendo que, quizás, un conflicto menos se iba evaporando, cuando se me cruzó por la mente una reflexión. Hay un viejo axioma que dice: “A los amigos hay que tenerlos cerca y a los enemigos… más cerca aún”. O sea, debía estar atento. Pero como dice mi viejo: los problemas se atienden cuando se presentan.<br />Así sea.<br /><br /><br /></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/706347894394767697-1987553697607586290?l=elclupys.blogspot.com'/></div>ADENOZnoreply@blogger.com65tag:blogger.com,1999:blog-706347894394767697.post-6516909181980761712008-01-30T05:40:00.000-08:002008-02-05T07:17:44.517-08:00LA SANDY (Parte 1)<div style="text-align: right;"><span style="font-size:85%;"><span style="font-style: italic;">(Para mi Nin)</span></span><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_91rcu8kSUao/R6h76pMwweI/AAAAAAAAAEw/JD2klzaOQg0/s1600-h/sandy.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://bp0.blogger.com/_91rcu8kSUao/R6h76pMwweI/AAAAAAAAAEw/JD2klzaOQg0/s400/sandy.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5163513220202283490" border="0" /></a><br /><div style="text-align: left;">Cuando Sandy abrió los ojos, notó que mi mirada se dirigía hacia la vereda del Clú. (Para mi Nin) Deduciendo por mi expresión, se fue descolgando lentamente de mi cuello y miró hacia afuera, donde la Mabel nos observaba. Rápida de reflejos, fue corriendo a su encuentro y la abrazó efusivamente, besándola en la mejilla. Luego se separó para mirarla mejor, mientras la agarraba de las manos.<br /></div></div><div>- Mabel, sos tan linda como me había contado Ade -le dijo.<br />Y volviéndose a mi, agregó:<br />- Parece que te sacaste la grande, guacho -y la volvió a abrazar.<br />La Mabel estaba como apabullada. Alcanzó a preguntar:<br />- Hola, gracias, ¿vos sos...?<br />Ahi intervine.<span class="fullpost"><br />- Es la Sandy, la sobrina del Rengo -dije tomando a la Mabel de los hombros por detrás suyo.<br />- Sobrina adoptada -aclaró la recién llegada.<br />- Como quieras -concedí, sonriendo.<br />La Mabel hizó una media sonrisa y noté que abrazaba mi campera con más ahínco.<br />- Me trajiste abrigo, gracias -dije, extendiendo la mano para tomarla.<br />Como no aflojaba la presión de sus brazos, me costó un momento retirársela, por lo que la miré extrañado. Ella tenía la vista clavada en la Sandy, sin dejar de sonreir.<br />Se creó un momento de silencio incómodo, que fue roto por las palabras de la piba:<br />- Bueno, deben estar cansadísimos ustedes. Yo me voy a saludar al Rengo y a ver donde me puedo ubicar.<br />- ¿Te pensás quedar un par de días? -pregunté.<br />La Sandy se encogió de hombros ligeramente y respondió:<br />- La verdad no sé, tengo que ver que hago.<br />Había un dejo de tristeza en sus palabras, lo que me motivó a querer indagar sobre lo que lo provocaba. Pero la presencia de la Mabel me hizo optar por dejarlo para otro momento.<br />- Bueno, después lo hablamos, si querés. Nos vamos a dormir nosotros.<br />- Ok, dale. Que descansen -dijo algo fatigada.<br />Se acercó y nos dió un beso a ambos. Se apartó y levantó apenas la mano, a modo de saludo.<br />- Chau Ade, chau Mabel. Hacen una linda pareja.<br />La Mabel, a modo de respuesta, sonrió un poco más.<br />Pasé mi mano por sobre su hombro y nos fuimos caminando para la casa. La noté tensa, todavía de brazos cruzados. Cuando estaba por preguntarle si le sucedía algo, se arrimó más a mi y me tomó firmemente con ambas manos de la cintura. Uní mis dos brazos a su alrededor y la besé en la cabeza. Así agarrados llegamos a nuestro lugar, mientras en lo más recóndito de mi ser un "oh oh" de advertencia se hacía oir débilmente.<br /><br />Estaba amaneciendo cuando empecé a quedarme dormido. La Mabel descansaba con su cabeza apoyada sobre mi pecho y su mano izquierda tomaba mi costado. El pasado afloró sin obstáculos.<br /><br />Cuando la Sandy era apenas una bebé, la mujer del Rengo, Doña Ana, la trajo a vivir con ellos en los fondos del Clú, donde tenían su vivienda. A modo de explicación, dijo que era la hija de una amiga que no podía atenderla, por lo que ella decidió hacerse cargo, ya que no tenían hijos propios. Para el Rengo fue suficiente razón y no objetó nada a lo resuelto por su mujer. Doña Ana era la encargada de la limpieza del Clú y su marido, ya desde entonces, estaba al frente del buffet. Mi viejo era, en ese tiempo, presidente de la entidad y yo jugaba en la primera del Clú como volante, para despuntar el vicio, ya que no me pude bancar la disciplina de los clubes grandes y había decidido trabajar junto a mi viejo en su imprenta.<br />La Sandy creció entre artículos de limpieza, camisetas de fulbo y envases de cerveza. Todos la adoraban y se disputaban para mimarla, pero era conmigo con quien mejor se llevaba. Cuando iba al Clú a jugar al pool o al ping pong, me recibía corriendo hacía mi para que la levantara por el aire y no se despegaba de mi lado hasta que Doña Ana la llamaba para comer o lavarse. Entonces, me daba un abrazo "grande, grande" y se iba rápido a los saltitos para no enojarla.<br />Las fiestas de sus cumples eran impostergables para mí y ella ansiaba mi llegada con el regalo que fuere, ya que igual lo iba a poner por encima de los demás.<br />Cuando llegó la época de la escuela, solía llevarla o pasarla a buscar si andaba con poco laburo y, a veces, me quedaba con ella mientras hacía los deberes. Los fines de semana no nos veíamos mucho, ya que yo salía a divertirme con mis amigos. Pero los domingos, si había partido, ahí estaba sentada en la tribuna, firme junto a sus "tíos" adoptivos, hinchando por nuestro equipo.<br />El día que conoció a Luisa, la que por entonces era mi novia y futura esposa, fue la primera vez que vi su rostro entristecido. Pero terminó aceptándola, con resignación, luego de una charla que tuvimos y donde le aseguré que, por más que fuera, no iba a olvidarme de ella. Igual no volvió a ser lo mismo. Cuando ella tenía 7 años y yo 27, contraje matrimonio y nuevas obligaciones. Nuestros encuentros fueron más espaciados, pero nos manteníamos en contacto. Incluso cuando nació mi primer hijo fue una de las primeras personas en tenerlo en brazos.<br />A sus 11 años la desgracia nos visitó. Un puto y fulminante cáncer se llevó puesta a Doña Ana en menos de tres meses. Yo estaba de viaje cuando me enteré y me pegué la vuelta para estar en el velorio. La Sandy había estado todo el tiempo silenciosa, sin llorar, siempre al lado del Rengo, tomándolo de la mano. Cuando me vió llegar su cara se iluminó y vino a mi encuentro. La abracé tiernamente mientras ella dejaba escapar el llanto por primera vez. Así estuvimos un rato largo, sin decirnos nada, consolándonos con la presencia del otro.<br />A partir de ahí, y pese a los reclamos justos de Luisa (para ese tiempo ya había nacido mi hija), me hice tiempo para estar junto a Sandy cuando lo necesitara, pero sin descuidar a los míos, eso nadie me lo puede reprochar. Aunque el Rengo vivía para ella, había momentos en que sus ocupaciones lo alejaban, por lo que entre toda la gente del Clú nos habíamos organizado para tenerla atendida y cuidada. Era nuestra princesa y nosotros sus humildes servidores.<br />Cuando fue la época en que cumpliría 15 años, nos pusimos todos en campaña para celebrarle la mejor fiesta que pudiera tener. Juntamos una buena cantidad de guita y ayudó el hecho de que las instalaciones del Clú estaban totalmente a nuestra disposición. La Lily, junto a un par de vecinas, le hizo el vestido con el que parecía de la nobleza. Cuando ingresó al salón, radiante en su belleza y ternura, no pudo evitar emocionarse ante la vista del esfuerzo y cariño que habíamos puesto en brindarle ese momento único.<br />La fiesta se desarrolló sin mayores inconvenientes, hasta que, cerca de medianoche, oímos el ruido de vidrios rotos. Una pedrada había atravesado el ventanal del frente, causando tremendo cagazo a la concurrencia. Nos dirigimos a la entrada en tropel, ansiosos de saber que ocurría.<br />Cuando llegué a la puerta, entre el tumulto, vi a mi viejo hablando con el Cadena, como dándole indicaciones. Me daba bronca que no me confiara la solución de estos temas, pero él argumentaba que yo estaba para dirigente, que la fuerza bruta debían aplicarla otros. Al terminar de salir a la vereda, observé la causa del conflicto: una veintena de muchachos estaban formados en actitud desafiante y con ganas de arreglar cuestiones sin el uso de palabras. Estaban comandados por un desgarbado especímen: el benemérito Cortapluma, un integrante menor de la hinchada del Clú, con ínfulas de barrabrava.<br />El Cadena se adelantó y le habló en voz alta:<br />- ¿Qué pasa, loco?<br />Cortapluma estaba ocupado en limpiarse las uñas con una ídem. Levantó apenas la vista y habló despacio:<br />- Pasa que parece que el Clú está lleno de gente desagradecida e irrespetuosa.<br />No esperó respuesta y continuó:<br />- Resulta que nosotros, incansables e inclaudicables simpatizantes de la entidad, quienes tenemos como norte la grandeza del Clú, somos olímpicamente dejados a un lado cuando pinta una ocasión para el regodeo y la sana diversión.<br />¡Qué personaje, por Dios! Cuando estaba sobrio parecía en estado vegetativo. Ahora, en pedo, mostraba una elocuencia digna de mejores fines.<br />- ¿De qué carajo hablás? -se impacientó el Cadena.<br />- Hablo desde el sentimiento -pontificó el inadaptado- que, debajo de esta pétrea coraza, aflora ante la injusticia de quienes se revuelcan en la bonanza neoliberal y no nos dejan participar de la repartija económica.<br />Hizo una pausa para crear el clima y, apuntando con su dedo índice hacia mi viejo, dijo:<br />- Presi, me extraña que nos haya dejado afuera al no invitarnos a la fiesta de... de...<br />Miró a uno de sus allegados, quien le susurró el dato.<br />- De la Sandy, eso.<br />El Cadena le señaló la rotura del vidrio y le dijo:<br />- Por eso no fuiste invitado, por quilombero.<br />Cortapluma sonrió apenas y sentenció:<br />- Ok, ustedes eligen: o somos partícipes del evento o esta noche va a ver más que un mísero cristal pulverizado.<br />La Sandy estaba pálida del miedo y la bronca. Me miró angustiada, consciente de que ninguna alternativa era buena. Si entraban, estaríamos a merced de sus desmanes y si los enfrentábamos sería peor para todos. De una u otra forma, la fiesta estaba arruinada.<br />Cuando vi que el Cadena le hacía señas a su hermano, el Mamasa, como para prepararse para la embestida, se me ocurrió la única alternativa posible: la guita. Asi que, levantando la voz lo más que pude, les hablé a todos:<br />- ¡Un momento! Creo tener una solución al problema que nos va a dejar a todos conformes.<br />Todas las cabezas se volvieron hacía donde yo estaba. Cortapluma estiró el cuello para ver mejor al emisor de la propuesta superadora.<br />- ¿Y vos quién corno sos? -preguntó el animalejo.<br />- Soy Ade, el hijo del presidente del Clú y, si nos apartamos un poco para hablar más reservadamente, te explico la cuestión, ¿si?<br />El personaje siniestro consultó con la mirada a sus lugartenientes y luego accedió.<br />Nos pusimos a un costado del foco de conflicto y me preguntó:<br />- ¿Vos no jugabas de cinco en el Clú? No te vi más en las canchas.<br />- Así es, me cagué las rodillas -dije serio.<br />- ¿Rotura de ligamentos?<br />- No, diarrea estival.<br />Al instante me puteé interiormente por hacer chistes boludos en situaciones de tensión, tal como era y es mi costumbre.<br />Pero el subhumano no percibió la humorada, debido a su estado vitivínicolo. Pareció recordar algo:<br />- Yo también tuve que abandonar el fulbo en el mejor momento.<br />- ¿Estabas jugando bien?<br />- No, ni ahí. El mejor momento del equipo. Todos jugaban bien, menos yo, que siempre fui un troncazo. Por eso me especialicé en lo mío y hoy soy un TUSAM.<br />- ¿Un qué?<br />- Técnico Único Superior en Apoyatura Multitudinaria.<br />- Ta' bien, lo bueno de tener un oficio.<br />- Satamente. Pero bueno, ¿Cuál es la propuesta, che?<br />Le expliqué. Ya que entendía que fue una falta de consideración hacia su persona el no invitarlo al evento, me parecía que la mejor forma de saldar el asunto era resarcirlo económicamente. La cuestión era que, debido al momento, el dinero iba a estar disponible para el día siguiente y le sería entregado en las instalaciones del campo deportivo del Clú.<br />Cortapluma quedó conforme con el arreglo y convinimos el horario de entrega y la cifra que cubriría la ofensa provocada. Nos estrechamos la mano a la vista de todos y, con una seña de su parte, la horda tenebrosa inició el repliegue.<br />Los invitados me rodearon preguntando que le había dicho. Entonces, imitando la voz de Don Corleone, les dije:<br />- Le hice una oferta que no pudo rechazar.<br />Todos rieron y volvimos al salón. La Sandy estaba parada en la puerta y, cuando pasé a su lado, se me colgó del cuello y me estampó un sonoro beso en la mejilla, gesto que no pasó desapercibido para Luisa.<br /><br />Al día siguiente, por la tarde, Cortapluma se hizo presente con dos de sus allegados a cobrar su tributo. Cuando ingresó en el vestuario y se vió rodeado por un grupo de pichones de gorila, maldijo por lo bajo el hecho de que, por su codicia, no hubiera tomado más precauciones.<br />Con lo que quedó de los tres no armaban uno. A los seis meses, ya recuperado de la golpiza, se casó con la gorda Mercedes, su ocasional enfermera, quien le dió tres hijos y lo vive recagando a pedo. Pero lo sacó del mal camino y ahora es un laburante responsable y feliz.<br /><br />La memoria me abandonó debido al cansancio. A la tardecita, cuando me levanté, los recuerdos despertaron conmigo.<br /><br />(Continuará)<br /><br /><br /></span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/706347894394767697-651690918198076171?l=elclupys.blogspot.com'/></div>ADENOZnoreply@blogger.com36tag:blogger.com,1999:blog-706347894394767697.post-19624702380150048722008-01-02T14:19:00.000-08:002008-01-02T14:33:00.244-08:00FIN DE AÑO (Capìtulo Final de Temporada)Sentado en el inodoro, la idea, que me había estado dando vueltas al dormirme la noche anterior, iba tomando forma. Ya en la ducha, lo tenía decidido: la fiesta de fin de año se haría en el Clú. Además de festejar, se aprovecharía para resaltar los logros del año, sobre todo en materia futbolística y, de paso, se podrían hacer un par de anuncios rimbombantes para el nuevo período. Ya pensaría en algo.<br />La Mabel estaba sentada en el patio preparando el mate matutino. Sobre la mesa de plástico una bandeja con crocantes medialunas saladas captó mi atención, pero la Turca no me dejaría probar antes de cebar, asi que toqué su hombro derecho mientras iba por el lado contrario. Cuando giró no vió a nadie y, al volver la mirada, yo ya estaba sentado con una deliciosa factura en mis garras. Musitó un "boludo" inaudible y siguió con su ceremonia. Aproveché para comentarle mi idea:<br />- Se me ocurrió algo.<span class="fullpost"><br />- ¿Si? yo también quería contarte una cosa.<br />- A ver, decí vos primero -concedí.<br />- Pensaba que, este año, para variar, para hacer algo diferente...<br />- ¿Qué? dale, nena -apuré ansioso.<br />- Nada, que podríamos hacer la fiesta de fin de año en el Clú.<br />Me quedé callado del asombro y porque tenía la mitad de la medialuna entre los dientes. Tragué sin masticar y balbuceé:<br />- Ehh... si, que se yo... puede ser, no sé...<br />La Mabel lanzó una carcajada.<br />- ¿De qué te reís, gila? -pregunté algo ofuscado.<br />- De vos, tontín. Anoche hablaste dormido sobre la "gran" idea, así que te la afané, jaja.<br />- Ja, que piooola que sos.<br />- ¿Viste? Recanchera -dijo haciendo la seña con el índice y el pulgar abiertos en "ele".<br />- Bueno, ¿qué te parece?<br />- Estaría lindo. Si querés, te ayudo a organizarlo.<br />Y me sirvió un mate con espumita, como me gustan a mi y que, a estas alturas, ya son leyenda en el barrio.<br /><br />Menos dos, que tenían compromisos asumidos con anterioridad, el resto de la Comisión Directiva del Clú estuvo de acuerdo con mi iniciativa y se mostraron verdaderamente entusiasmados. El Rengo se ocuparía de todo lo concerniente a bebidas; el Cadena se comprometió a conseguir la carne para el asado, a precio de choreo (literalmente) y el Ruso (más creativo) se haría cargo de la decoración. Los demás harían su aporte ayudando en lo que fuere. Por mi parte, como corresponde, supervisaría todo desde mi puesto de mando, la oficina de reuniones o, eventualmente, en una de las mesas del buffet, mientras degustaba una Quilmes.<br /><br />La organización funcionó como un reloj y se vendieron cerca de 150 entradas, con lo que sobraría para darles algo de guita a las mozas (las Hormiguitas) y a algún que otro colaborador. Hay que reconocer que el Ruso se destacó como coordinador del evento, yendo de un lado para otro. Su labor apenas se vió empañada por el desagrado que le provocó el que me negara a comprarle un auricular con microfonito. Igual después entendió que lo suyo era un caprichito tecno que no condecía con el espíritu amateur y familiero de la reunión. Como fiel ladero tuvo al Pollo, quien colaboraba feliz de la vida.<br />A las 21 horas empezó a llenarse el recinto y comenzó a vivirse un verdadero clima de fiesta. En un momento, hizo su aparición Fran (el trava del barrio) con un vestido escotado y adherido al cuerpo, infartante. Pero lo que más llamó la atención fue su acompañante: un pibe de pelo lacio rubio y largo hasta los hombros, que parecía un modelo de esas propagandas raras de perfumes, así de lindo, che. Se produjo un silencio incómodo y se vio a Fran desesperar. Desde mi lugar le hice señas de que se aproximara adonde estaba yo sentado. Mientras se acercaba, el Mamasa me espetó:<br />- ¿Qué hacés? No pensaras dejar que se siente acá, ¿no?<br />- Justamente eso pensaba -le respondí sin mirarlo.<br />- Entonces si "eso" come en esta mesa, yo me voy a otra.<br />- Bueno, chau -dije terminante.<br />El gliptodonte amagó con levantarse, pero después lo pensó mejor.<br />- Ahora me quedo -dijo infantilmente.<br />Ahí si giré la cabeza, le sonreí y palmeándole la espalda, le mandé:<br />- Tontito.<br />Y me fui a recibir a Fran, dándole un sonoro beso en la mejilla, como para que a nadie le quedara duda de que yo la bancaba y que no iba a permitir ningún tipo de gesto discriminatorio.<br />- Me alegra que hayas venido, nena. Quiero que te sientes en mi mesa, vos y tu amigo...<br />- David -dijo el efebo.<br />- Bienvenido.<br />La Mabel los acompañó a sus lugares y Fran, visiblemente emocionada, dejó escapar un "gracias" sincero.<br />Por mi parte, me fui a recibir a Kim, el dueño del supermercado "El chino piolo". Esta deferencia mía radicaba en que no sólo era el principal proveedor del Clú (sus ventas en negro ayudaban a nuestras finanzas), sino también un amigo personal de años. Llegó acompañado de su esposa y de su hija, Lim, que es un sol y que tiene a más de un chaboncito del barrio a sus pies, incluyendo a mi sobrino, el Eze. Éste se estaba encargando de musicalizar el encuentro, por lo que imaginé que se debería estar muriendo de ganas de abandonar su puesto para estar al lado de la piba. Ahí se me ocurrió.<br />- Lim, ¿no me harías un favor? ¿Ves allá? El Eze está poniendo música y debe estar muerto de sed, ¿no le llevarías algo fresco para tomar y de paso lo ayudás con los temas?<br />La pendeja me sonrió ampliamente y ya encaraba para hacer lo indicado, pero antes miró a su padre buscando aprobación. Kim asintió con un gesto y la piba partió raudamente. Yo ya había hecho mi parte, ahora le tocaba al Eze. Acompañé a Kim a su lugar en mi mesa y me dispuse a disfrutar del festín.<br />Cerca de las doce empezaron a repartir las sidras en cada mesa. Con las copas llenas, el Pelado Canasta tomó el micrófono y determinó que con su reloj marcaría la llegada del nuevo año. Faltando diez segundos, y alentados por el improvisado locutor, la concurrencia bramó la tradicional cuenta regresiva. Al llegar al cero, una lluvia de globos y papeles plateados nos cubrió. Abracé a la Mabel tiernamente y nos besamos un buen rato. Después me ocupé de llamar a mis hijos y de recibir el saludo de varios de los asistentes.<br /><br />Ya había bailado lo suficiente y tomado lo necesario, por lo que fui a sentarme al lado del Mamasa, quien tenía el semblante serio.<br />- ¿Todavía con lo de Fran, vos?<br />- ¿Eh? no, nada que ver. Estaba pensando en la guita que le di a la Karina, me tiene loco eso.<br />- ¿Ninguna novedad?<br />- Nada. El Flaco, o no sabe un pomo o se hace el boludo.<br />- Mirá, yo no le dije nada a nadie de esto, como me pediste. Pero pensaba que le podríamos decir a la Mabel, para que nos ayude a pensar como va la cosa. Vos sabés que es bastante bicha la Turca.<br />El ogro lo pensó un momento y me dió el Ok. La Mabel se sentó a nuestro lado y escuchó toda la historia. Me reprochó con la mirada el hecho de que no le hubiera contado antes, pero entendió que era un compromiso que tenía con el mamut.<br />- Hagamos de cuenta de que el Flaco se hace el boludo y que oculta algo -razonó mi jermu-. Si sabe de la guita y donde está, querrá sacarla de ahí y cambiarla de lugar, ¿no?<br />- Es cierto -dije-. Pero el loco se autoincrimina, o sea le van a dar con un caño.<br />- Pará -soltó el Mamasa-. Eso lo dice ahora, antes del juicio. Capaz que después alega emoción violenta, que es un atenuante.<br />- Bueno, si hace eso -prosiguió la Mabel-, ya se podría empezar a sospechar. ¿Quién podría encargarse por él de buscar la guita?<br />El ropero caviló unos instantes.<br />- Supongo que la hermana, que es tanto o más boluda que él.<br />De pronto me surgió una imagen perturbadora.<br />- ¿Y si todo es un plan?<br />- ¿Qué plan? -preguntaron al unísono.<br />- Digo, que todo puede ser de otra manera, que el Flaco armó todo.<br />- No te sigo -dijo la bestia, descorazonada.<br />- Claro boludo. Pensemos mal, como dice la Mabel. El Flaco se entera de la guita, pero la Karina no le quiere decir nada. Entonces el Flaco le saca la información apretándola, pero se le va la mano. Como todos sabíamos de la relación, era el primer sospechoso. Entonces arma todo el verso del crimen pasional, asi desvía la atención. Desde la cárcel le indica a la hermana donde encontrar la guita para cambiarla de lugar...<br />- Así -completó la Mabel-, cuando lo juzguen por emoción violenta, más su buena conducta, el tipo sale antes para encontrarse con el botín.<br />Nos quedamos un rato callados, hasta que el Mamasa se fue sin saludar, inmerso en pensamientos no del todo nobles.<br /><br />Ya eran las cinco de la mañana y no quedaban muchos. La fiesta había sido un éxito y estábamos cansados como nunca. La Mabel, con cara de sueño, me dijo:<br />- Nene, está empezando a hacer frío. Me voy para casa a ver si llegó la Jessi.<br />- Bueno, yo me quedo un rato más a dar una mano para ordenar.<br />- Dale, no tardes.<br />Dando un suspiro profundo, decidí buscar una escalera para encargarme de descolgar algunas guirnaldas. Estaba en eso cuando se oyó a mis espaldas:<br />- Habría que prohibirles a los viejitos hacer cosas riesgosas.<br />Esa voz. Inconfundible. Sin darme vuelta, dije:<br />- Y a las pendejas barderas habría que enseñarles a cerrar el culo.<br />Giré y la vi. Ahí estaba, la piba más linda del barrio, vestida con una remera ajustada, una pollera de jeans y esas piernas de otro planeta.<br />- Hola Ade.<br />- Hola Sandy.<br />Cuando terminé de bajar, rápidamente se colgó de mi cuello, presionando mi pecho con su delantera sobrealimentada. Cerré mis brazos en su espalda y la levanté un poco del suelo. Cerrando los ojos, me vinieron a la mente miles de recuerdos y situaciones vividas. Se había ido siendo una piba y volvía siendo una mina.<br />Cuando abrí los ojos, me temblaron las piernas de la emoción. De la emoción y porque, a través del ventanal del frente del Clú, vi a la Mabel parada en la vereda con mi campera en la mano y con una expresión mezcla de asombro y congoja.<br /><br /><strong>HASTA LA PRÓXIMA TEMPORADA (en febrero)<br />FELIZ 2008 PARA TODOS</strong><br /></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/706347894394767697-1962470238015004872?l=elclupys.blogspot.com'/></div>ADENOZnoreply@blogger.com33tag:blogger.com,1999:blog-706347894394767697.post-69876811010073852372007-12-18T07:43:00.000-08:002007-12-20T14:31:28.674-08:00LA MABEL (Parte 2)- Perdón, se me escapó.<br />Infantil y obvia. Así fue mi reacción ante semejante exabrupto (¿un exagerado “erupto”?). La Mabel, remando la situación, me dijo:<br />- No pasa nada, compañero. Como dice la canción: “Hay que sacarlo todo afuera…”, jaja. ¿Qué andás buscando?<br />- Una compu.<br />- Pasá a la que quieras, que yo te habilito desde acá. Cualquier problema me avisás –dijo sonriendo.<br />Me fui a una del fondo y me acomodé un poco menos tensionado. A la media hora ya se había llenado de pendejos, que empezaron a los gritos mientras jugaban al Counter. Era imposible poder concentrarse con semejante quilombo. Hasta que se oyó la voz de la dueña:<span class="fullpost"><br />- ¡A ver si se dejan de hacen lío, mocosos de mierda! Al próximo grito, les desconecto las máquinas y los echo al carajo y se van a tener que cagar de calor en la vereda. ¿Ok?<br />Silencio total.<br />Me quedé una hora más y cuando fui a pagar, estaba atendiendo Mariana, la sobrina de la Mabel. Ésta se había ido a hacer unas compras. Decidí que tenía que volver.<br />Y así fue. Me hice habitué del ciber. De a poco fuimos ampliando los momentos de charla y noté que la pasaba bien y que ansiaba que llegara la hora de ir.<br />Un día decidí probar algo. En medio de la conversación le hice referencia a la mina con la que chateaba y le di detalles de la relación. El primer día no dijo nada; el segundo la noté fastidiosa. Al tercero me dijo:<br />- Vos disculpame, pero la verdad, lo que me contás de esa mina no me interesa lo más mínimo.<br />¡Clink! Había picado.<br />No volví a nombrársela. Es más, ni siquiera volví a chatear con esa mujer. Me estaba interesando otra. Ya lo tenía decidido: la iba a encarar a la Mabel y a pedirle de salir una noche.<br />Esa tarde de viernes me fui arreglado lo mejor que permitía el clima. Evite hacer movimientos bruscos y duraderos que provocaran transpirar. No comí nada que tuviera efectos colaterales. En fin, me cuidé. Tenía que ver como armaba el verso para poder sacarle un “si” sin mucho drama, y a la vez tener preparado las acciones a tomar en caso de una negativa o respuesta en suspenso.<br />La Mabel estaba acomodando un pedido de kiosco, mientras Mariana atendía. Me puse a charlar con la pendeja de cualquier boludez, hasta ver que la Mabel me diera bola. En un momento le pregunté:<br />- ¿Salís este fin de semana, Mari?<br />- Si, seguro a bailar, ¿vos?<br />- No sé, no tengo planes todavía.<br />La piba me miró, la miró a la Mabel y me volvió a mirar:<br />- ¿Y por qué no la invitás a mi tía qué está en banda?<br />La Mabel se dio vuelta y, fulminándola con la mirada, le dijo:<br />- ¿Quién está en banda, pendeja?<br />- Vos. ¿Por qué no aprovechás y salís con Ade, y se van a tomar algo?<br />Se me iban las manos para ahorcar a la atrevida, pero puse mi mejor sonrisa y, entre dientes, dije:<br />- Pero la Mabel ya debe tener algún compromiso.<br />- Nooo, ¿Qué va a te…? -comenzó a decir la piba.<br />- Mariana, andá YA a llevar las cajas vacías al depósito –le ordenó la Mabel furiosa.<br />La sobrina se levantó de la banqueta y se fue resoplando:<br />- Al final una que quiere ayudar… Ma’ si.<br />La miré a Mabel y le sonreí a medias:<br />- Je, que piba, ¿no?<br />- Si, un poco atrevida.<br />Era ahora o nunca.<br />- ¿Y? –pregunté.<br />- ¿Y qué?<br />- Nada, ¿querés que mañana vayamos a tomar algo después de qué cerrés?<br />La Mabel se puso las manos en los bolsillos del jean, miró para arriba y después me miró, sonriendo:<br />- Bueno, dale.<br /><br />El Eze, mi sobrino (vivía conmigo desde que el padre, mi hermano, se fue a laburar al sur, embarcado) estaba recostado en la cama, viendo como me arreglaba para la cita.<br />- Qué ganador, tío!<br />- Y bue, pibe, ¿qué le vamos a hacer?<br />- Está linda la Mabel.<br />- Seee, ta’ buena.<br />- Así que hoy vas a tener una alegría, ¿no?<br />- Ehhh, de a poco, nene. Primero salimos, nos conocemos más. Le mando mis frases matadoras y así. A lo sumo le agarró la manito y, si hay onda, capaz que le saco un beso cuando me despida.<br />- ¿Nada más? No te hacía tan lenteja.<br />- ¿Qué sabés pajerito? Hay que saber medir los tiempos, las pausas, no ser atropellado. Hay que seducir, no avasallar.<br />- Si si, igual para mí sos un lerdo.<br />- Hace una cosa, pendejo. Tomátelas a boludear por ahí y dejá estas cosas a los galanes.<br />- Jaaaa, andá!!<br />Y se fue cagándose de risa. El cepillo que le tiré pegó en el marco de la puerta, lo que aceleró su partida.<br /><br />La Mabel estaba espléndida, con un pantalón negro que le marcaba lo suyo y una camisa blanca con bordados. Se había peinado con el pelo recogido y no tenía puesto mucho maquillaje. Yo ya tenía pensado donde llevarla, como iba a plantear la charla, unos cuantos chistes de mi repertorio, en fin, toda la carne en el asador.<br />Cuando me vio, hizo un gesto de aprobación a mi estampa. Iba bien encaminado.<br />- ¿Ade, me ayudás a cerrar?<br />- Dale, ¿bajo las persianas?<br />- Si, por favor, que te quiero preguntar algo.<br />Las bajé algo tenso.<br />- Listo, decime.<br />- Mirá, mi hija salió esta noche y se va a quedar a dormir en la casa de una amiga, así que estoy sola en casa. Y pensé que a lo mejor te gustaría que cenáramos acá y después veíamos una peli, ¿qué te parece?<br />Perfecto. Las cosas se aceleraban. Estaba avanzando casilleros. No debía demostrar mucha emoción.<br />- Bueno, que se yo, dale, está bien.<br />Y me hizo pasar a su casa. De pronto se detuvo y me agarro de la mano.<br />- ¿Te puedo hacer una pregunta personal?<br />“Sonamos”, pensé. Ahora me sale con eso de cuál es mi color favorito o si fuera un animal, cual sería… No importaba, ya estaba dentro de su casa en la primera cita, si hacía bien las cosas, en la próxima cita podíamos avanzar mucho más.<br />- Pregunte señora.<br />Me agarró la otra mano, me miró directo a los ojos y me mandó:<br />- ¿A vos te gusta coger antes o después de comer?<br />Me quedé estático, mirando su rostro sonriente, tratando de adivinar su intención. Ver si era una joda de grueso calibre o la manera de ser de una persona sumamente práctica. Luego de unos segundos eternos, pude balbucear:<br />- Ehhh, no… digo si… no es que… a ver… ¿antes?<br />- Perfecto –dijo y se colgó de mi cuello besándome lujuriosamente.<br /><br />Hacía tiempo que no la pasaba tan bien. Quedamos ambos satisfechos y con un hambre de desnutrido. La Mabel se levantó de la cama y asi, en bolas, fue a buscar lo que había comprado para cenar. Yo pensaba: “si tiene la cena comprada, es que calculó bien de que iba a aceptar quedarme. ¿Tan previsible soy?”<br />Hasta ese momento iba todo de diez, por lo que me propuse seriamente no echarlo a perder. En ese momento apareció con una bandeja y una birra en la mano.<br />- ¿Te gustan las empanadas de carne?<br />- Me encantan –y era muy cierto eso.<br />Comimos y tomamos hasta hartarnos. Nos cagamos de risa con mil boludeces que se nos ocurrían y yo empecé a sentir que nos entendíamos como nunca.<br />Limpiamos la cama de migas y demás y, como hacía bastante calor, le dije:<br />- ¿No hay problema si me doy una ducha?<br />- No, siempre y cuando nos la demos juntos.<br /><br />Al finalizar la segunda sesión, yo estaba palmado, pero no quería ser descortés y arruinar la velada, por lo que me dispuse a aguantar con los ojos abiertos la consabida charla postcoito.<br />Una vez más, fui sorprendido:<br />- Ade, ¿no te enojás si dormimos un poco? Quedé para sanatorio.<br />- Bueno, dale –respondí relajado.<br />- Mañana, si querés te podés quedar. La Jessi recién vuelve a la noche.<br />- Ok, bien, vemos.<br />Y se acurrucó en mis brazos. Al rato ya se escucha un leve ronquido. Me fui dejando abandonar, placidamente, mientras reflexionaba: “Bien, muy bien. Salió mejor de lo programado. Pero vamos a ir de a poco, tanteando, viendo, sin apurarse, para no meter la gamba. Pruebo un par de meses, tres a lo sumo y veo si le doy para adelante con la relación. Tranqui”. Y me dormí.<br /><br />Antes de fin de mes me estaba mudando a la casa de la Mabel. </span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/706347894394767697-6987681101007385237?l=elclupys.blogspot.com'/></div>ADENOZnoreply@blogger.com48tag:blogger.com,1999:blog-706347894394767697.post-38349269463576623082007-12-11T10:54:00.000-08:002007-12-11T16:01:54.966-08:00LA MABEL (Parte I)– Por qué te separaste de Mario?<br />Esta pregunta la hice pasados unos minutos luego de tener sexo. Si la hubiera hecho antes, ponía en riesgo mi ración sabatina mañanera. Uno va aprendiendo.<br />La Mabel se incorporó, levantado su cabeza de mi pecho y, entrecerrando los ojos, preguntó:<br />- A qué viene esa duda, mi dulce pokemón?<br />Me acomodé mejor en la cama y, jugueteando con su pezón derecho, le respondí:<span class="fullpost"><br />- Nada. Es que ayer anduvo por el Clú buscando a la Jessi y estuvimos charlando con los muchachos. Nos hizo cagar de risa un par de veces. Es bastante simpático. Me acuerdo de una, ¿sabés como se dice calzoncillo en noruego?<br />- Escondinabo -contestó fastidiosa.<br />- Ah, la sabías.<br />- Si, ésa y diez mil más. Me hinché de escucharlas en cada reunión que teníamos.<br />Y se apartó un poco, con lo cual se terminó mi manoseo. Bueno, igual ya habia tenido lo mío.<br />- Y eso fue causa de separación? El qué te supieras todos sus chistes?<br />- No, nabo. Fue más que eso, o tiene relación con eso.<br />Se sentó en la cama, apoyándose en el respaldar para continuar.<br />- Mario alcanzó su techo estando conmigo. De ahí no avanzó. Todo fue repetitivo: el laburo, las reuniones, las charlas, coger...<br />- Ya entendí -dije medio serio-. Pero entonces, ¿cuál es el cambio conmigo?<br />- Varias cosas, pero lo esencial es que él es un conformista y vos la peleás todos los días, lo que te mantiene activo, despierto, vivo. Al margen de todo, con vos no me aburro.<br />- Ajá.<br />Esto lo dije para darme tiempo para traducir y digerir lo dicho, así discernía si era elogio o palazo.<br />- Ok, entonces podría "divertirte" un poco más ahora, ¿no?<br />Me miró, sonrío y me comió la boca.<br /><br />La Mabel no la tuvo fácil, pero eso no es una anormalidad en este lugar del mundo. Cuando terminó la secundaria, empezó a estudiar derecho. Tenía todas las pilas, la capacidad y los recursos. Pero cuando cursaba segundo año, a su viejo le agarró depresión o lo que mierda sea y se piró de la casa. Ella tuvo que ponerse a laburar para ayudar en la casa y, aunque al principio siguió estudiando, no le dieron los tiempos y dejó para más adelante la facultad, o sea, nunca más.<br />Fue alternando varios laburos, hasta que recaló con 21 años en una gran tienda de la calle San Luis en Rosario (lo que sería el Once en la Capital, pero más limpio) donde su jefe era Mario, hijo del dueño y que en ese entonces tenia 28. Quedó encandilada del tarambana y al poco tiempo ya salían.<br />Resumiendo, la Mabel quedó embarazada por descuido y él se hizo cargo, pese a la oposición de su familia. Aunque no llegaron a casarse, fueron a vivir juntos al departamento de él. La Mabel dejó de laburar y se ocupó de la casa y de Jessi.<br />Con el tiempo llegó el desgaste de pareja, la rutina, la hinchapelotez y Mabel quiso separarse. Alquiló en el barrio la casa donde vive ahora y puso un ciber adelante. Mario le dio una mano al principio, pero la Turca se encargó de devolverle la guita prestada y ahora es independiente.<br />Cuando la conocí yo ya estaba separado y andaba chateando con una mina de Buenos Aires que me había levantado en una sala. Cuando Mabel abrió su ciber me vino bien porque estaba cerca del Clú (todavía no era presidente del mismo) y ahí pasaba la mayor parte de la tarde, cuando no había fletes. Esa tarde hacia mucho calor (demasiado), así que rumbié para lo de la Mabel porque me habiahn dicho que tenía aire acondicionado. En el camino paré en el kiosco del Loro para comprar una Coca chica. Me la mandé de un trago, casi. Siempre lo mismo, la Coca Cola me encanta y cuando bebo una de ésas me la tomo de un tiro, aparte de que estaba ahogado del calor. Y como siempre, después de tomarla me vinieron las consabidas ganas de eructar en estéreo. Estaba acomodando el diafragma, cuando llegué al ciber. Como tardaba en salir mi expresivo síntoma, decidí entrar y gozar del microclima imperante dentro, ya vería después que hacer con el demonio gaseoso que me poseía.<br />La Mabel estaba agachada, de espaldas a mi, acomodando unas cajas. Ver ese culo me desconcentró y, ajeno a mis órdenes mentales, el eructo amaneció en mis labios de una forma rimbombante. El estrépito sobresaltó a la Mabel, quién, dándose vuelta y sonriendo cual propaganda de dentífrico, exclamó:<br />- Provecho!<br />Así nos vimos por primera vez.<br /><br />(Continuará)<br /></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/706347894394767697-3834926946357662308?l=elclupys.blogspot.com'/></div>ADENOZnoreply@blogger.com28tag:blogger.com,1999:blog-706347894394767697.post-8679235882818369672007-12-04T08:46:00.000-08:002008-01-30T05:51:38.654-08:00TITO Y ESTEBAN<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_91rcu8kSUao/R1WEwazYIxI/AAAAAAAAAEY/K2wriBG2cLc/s1600-h/titoEste.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://bp0.blogger.com/_91rcu8kSUao/R1WEwazYIxI/AAAAAAAAAEY/K2wriBG2cLc/s400/titoEste.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140160517076689682" border="0" /></a><br /><br />Ignoro desde cuando se odiaban, y menos sé la razón: tal vez una mina, quizás guita o porque sí. Pero se odiaban. Desde pendejos, Tito y Esteban vivían discutiendo, insultándose, pero mal. No se bancaban ni una del otro, no se perdonaban nada. Y cuando jugaban al fútbol se hacía más patente el rencor.<br />Los dos eran buenos jugadores: Tito como defensor era, a veces, impasable y Esteban, que jugaba de volante, la movía bien. Cuando jugaban en el mismo equipo, el mínimo error de uno era reprochado por el otro, a los gritos, generándose una discusión que sólo era detenida por la actitud firme del árbitro de turno.<span class="fullpost"><br />Pero cuando se enfrentaban era peor. Se buscaban durante el partido, a la espera de la oportunidad para ir con pierna fuerte y artera. Cuando tomaban la pelota, lo primero que hacían era verificar donde estaba el otro, para estar atento a la posible infracción.<br />Si se producía el encontronazo, posta que se suspendía el partido, ya que el agredido no se quedaba conforme y enfrentaba al victimario, con una serie de insultos que avergonzaría a cualquier jefe de barra brava. Ahí nomás saltábamos todos a separarlos, para evitar una desgracia, tal como se preveía por las miradas asesinas que se prodigaban. Inevitablemente, las cosas pasaban a mayores y todo terminaba en una batalla campal de todos contra todos, mientras a los enemigos acérrimos los retiraban cada cual por su lado.<br />Sucedió que organizamos en el Clú un minitorneo de fulbo (de 7 jugadores mayores de 30 años) para juntar unos mangos y de paso tener la excusa para correr un poco, ya que algunos denotábamos menos estado que Palestina.<br />Ya se habían jugado dos fechas y todo marchaba bien.<br />Era un viernes a la noche cuando nos reunimos a comer un asado en casa, porque en el Clú estaban desinfectando. Al día siguiente, por la tarde, se jugarían los próximos encuentros.<br />Mientras esperábamos que el Rengo le diera los toques finales al manjar, la charla discurría sobre tópicos diversos:<br />- Yo insisto en que el conductismo tiene sus beneficios a la larga -expresó el Ruso.<br />- ¡Por favor! -bramó el Cadena- El individuo debe elaborar sus conceptos, para poder aprehenderlos, con hache.<br />- Coincido con eso -apoyó el Pelado Canasta-. Ya Ausubel decía...<br />Poco creíble, ¿no?. En realidad el debate se centraba en determinar quien tenía mejor culo, si la Wanda Nara o la Cirio.<br />En un momento saltó el tema del torneo y todos expusieron, atropelladamente, sus puntos de vista de como se desarrollaba. En medio del griterío inútil se oyó la voz del Ruso:<br />- Che, estaba mirando el fixture y me parece que mañana hay quilombo.<br />Todos callaron y dirigieron su mirada al expositor de tamaña profecía.<br />- Es así muchachos, mañana se enfrentan el Tito y el Esteban.<br />Un "Uhhhhh" generalizado se elevó de la mesa. El Tito jugaba para nuestro equipo y el Esteban para otro bancado por el supermercado "El chino piolo" (algunos integrantes del otro equipo estaban en la reunión).<br />- Seguro se arma con estos dos, siempre pasa lo mismo -acotó alguien.<br />- Si, la última vez terminamos un par en cana por estos boludos a cuerda -quejose uno de más atrás.<br />- Algún día van a matarse entre ellos -agregó el Rengo desde la parrilla.<br />En eso hizo su entrada el Eze, mi sobrino, con una bolsa de pan y opinó:<br />- Para mí es todo verso.<br />Le lancé mi mirada seria en grado dos que significaba: "No te metás en discusiones de mayores, pendejo", pero la curiosidad de Canasta pudo más.<br />- A ver pibe, por qué lo decís?<br />El Eze, mientras iba dejando tranquilamente pancitos por toda la mesa, amplió:<br />- Que yo sepa, por lo que ustedes cuentan, jamás llegaron a cagarse a piñas, ¿no?<br />- Cómo no? -saltó el Cadena- Fue la vez que me partieron la nariz y...<br />- No -dije terminante- Esa vez a ellos los sacaron antes por un costado y nos quedamos en la trifulca nosotros.<br />- Oia, es cierto -masculló el cacho de carne con ojos.<br />Todos se pusieron a rememorar, pero no hubo caso. Ninguno pudo aportar una sola prueba de que estos dos se hubieran trenzado a trompadas alguna vez.<br />- Esto no va a quedar así -exclamé, poniéndome de pie y apoyando las manos en el borde de la mesa.<br />La concurrencia me miró expectante.<br />- Tengo un plan -dije sonriendo maliciosamente.<br /><br />El partido estaba disputado, promediando el primer tiempo. Íbamos 1 a 1 y los susodichos no daban señales de guerra. Hasta que un mal rechazo de nuestra defensa fue capturado por el Esteban en mitad de la cancha, quien encaró hacia nuestra área resuelto. Como suponíamos, el Tito le salió al encuentro y, apenas el volante adelantó un poco la pelota, nuestro defensor le cruzó las dos piernas, haciendo que el Esteban comiera tierra. Ya desde el suelo y, mientras se levantaba, comenzó a las puteadas:<br />- Qué hacé? la recalcada concha de tu madre!!<br />- Qué hacé qué, pelotudo?, si fui a la pelota -respondió el agresor.<br />- Aprendé a jugar, otario del orto.<br />- Tomátelas y dejá de llorar, hermafrodita.<br />Todos nos fuimos acercando e hicimos un círculo compacto a su alrededor, en total silencio.<br />Cuando el Esteban iba a retrucar el último insulto, se notó que percibió algo, una ausencia. Claro, estaban faltando las manos que lo sostenían cuando se iba encima del Tito. O sea, se dió cuenta de que nadie lo estaba parando. El Tito también miraba medio extrañado. Estaban uno frente al otro, separados por dos metros. El Esteban miró al resto de los jugadores e inquirió:<br />- Che, qué carajos les pasa qué miran así, callados?<br />Hablé fuerte para que a nadie le quedaran dudas de la situación:<br />- Pasa que nos hinchamos las pelotas de ustedes. Estamos hartos de que armen quilombo en los partidos, que siempre terminemos a las piñas por su culpa. Y encima, después los señores se van como si nada, mientras los pelotudos nos quedamos hecho bosta. Pero eso se termina hoy. Le ponemos punto final.<br />Hice una pausa, la cual fue aprovechada por el Tito para preguntar:<br />- Y se puede saber que tienen pensado, che? -dijo haciéndose el machito.<br />- Simple. Hoy, por fin, se van a cagar a trompadas entre ustedes.<br />Los dos se miraron, nos miraron y lanzaron sendas risitas nerviosas.<br />- Déjense de joder, me voy a la mierda -exclamó el Esteban.<br />Una muralla seria y de brazos cruzados le impidió el paso.<br />- Che, córtenla, ya pasó de joda esto -murmuró en falsete el Tito.<br />Tomé la palabra nuevamente.<br />- Muchachos, parece que no entendieron. Les voy a decir una sola vez, una sola cosa: a partir del momento en que yo lo indique, tendrán 5 segundos para empezar a pelearse, pero pelearse en serio. Si no lo hacen, les vamos a meter tantas patadas en el orto, que los van a tener que operar para sacarles los botines del culo. Elijan: o se salva el que queda en pie o la ligan los dos juntos para que tengan, guarden y repartan.<br />El Tito me encaró, suplicante:<br />- Ade, ya está, loco, ya entendi...<br />- Uno!! -grité.<br />- Están locos?? ni pienso...<br />- Dos!<br />El Esteban empezó a sudar profusamente.<br />- Paren un poco, che!!<br />- Tres!<br />El Tito lo miró a su oponente.<br />- Qué hacemos, boludooo?<br />- No sé!!<br />- Cuatro!<br />- Pensá algo!!<br />El Esteban descargó un mazazo sobre la cara del Tito, quien, trastabillando, cayó para atrás.<br />- Qué hacé, pelotudo? -le preguntó desde el suelo.<br />Poniéndose en guardia, el otro respondió:<br />- Trato de salvarme.<br />Y se le fue encima. El Tito alcanzó a tomarle el pie que iba dirigido a su abdomen y lo hizo caer a su lado.<br />Ahí se entraron a dar en serio.<br /><br />A los 15 minutos ya estábamos aburridos y los fuimos empujando para que siguieran su pelea a un costado. Continuamos con el partido con uno menos por equipo. En el entretiempo seguían dándose con todo, pero ya empezaban a aflojar. Finalizado el encuentro (un 2 a 2 anecdótico) los púgiles, de rodillas y envueltos en una mezcla de tierra y sangre, daban un espectáculo mediocre. Nos terminamos de cambiar y ahí si, llamé a la comisaria y a una ambulancia. Ellos sabrían que hacer.<br />Nunca más se los vio por el barrio. Ni idea en qué andan. Pero su batalla quedó en el anecdotario del barrio. Con el tiempo, la pelea será cada vez más épica, los protagonistas más jóvenes, más esbeltos. Hasta llegará a olvidarse sus nombres. Pero la leyenda persistirá y mientras alguno de los que asistimos estemos de pie, corregiremos a los abriboca de siempre con el simple axioma: "yo estuve allí".</span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/706347894394767697-867923588281836967?l=elclupys.blogspot.com'/></div>ADENOZnoreply@blogger.com23tag:blogger.com,1999:blog-706347894394767697.post-65731688150882415292007-11-27T08:31:00.000-08:002007-11-28T15:11:21.690-08:00NOVEDADES EN LA CAUSA: El Estado vs. Flaco OssolaEl tordo Inzaguirre nos empezó a llenar de datos jurídicos, artículos, medidas procesales, etc. Al ver nuestra cara de estupor, cerró la carpeta y nos dijo:<br />- El Flaco está hasta las bolas.<br />Un "Ahhhh" general coronó el entendimiento de todos.<span class="fullpost"><br />El juez caratuló la causa como "homicidio simple agravado por el uso de destornillador de procedencia china". Distinto hubiera sido el caso si hubiera usado uno nacional, no entraría el componente contrabando.<br />Había tantas pruebas en su contra que la cana estaba como aburrida, como diciendo: "Loco, crímenes eran los de antes, cuando no podíamos saber un soto quien era el asesino. Ahora, un poco más y se filman haciéndolo, para vender el video".<br />El boga nos informó que le hicieron pericias psicológicas y psiquiátricas, y que el resultado dio que el Flaco no es loco, sólo pelotudo. Menos mal, pensamos lo peor.<br />Como se le levantó la incomunicación, fuimos a verlo un par de veces con la Mabel (nunca más voy con ella, los tipos querían atravesar las rejas cuando la vieron) y en la última nos hizo un pedido de cosas que le gustaría tener en su reclusión: una Biblia, un Kamasutra (en claro misticismo perverso), muchos fasos para usar como moneda (exigió Marlboros), y después se zarpó, somo siempre, y se largó a pedir cualquiera: un dvd, un plasma, home theatre, un puff, notebook con internet móvil, etc.<br />Cuando lo iba a putear airadamente, la Mabel me tomó el brazo y, calmadamente, dije:<br />- Ok, Flaco, dame tiempo, si?<br />- Es lo que me sobra, Ade.<br />Pero lo que más nos llamó la atención a todos fue la asistencia perfecta del Mamasa. No hubo dia en que el ogro no fuera a visitar al desdichado. Todos hablaban de un arrepentimiento sincero del monstruo. Todos, menos yo. Cuando tuve oportunidad de estar a solas, encaré al subhumano:<br />- Y? lo lograste?<br />- Lo qué, Ade? -preguntó el yeti.<br />- Lo que querés del Flaco.<br />- Lo visito para hacerle compañía, che.<br />Hice una pausa, miré al costado, sonreí, me rasqué la barba y dije:<br />- Mirá, inadaptado de siempre, a la gilada haceles creer lo que quieras, pero conmigo no, boludo, yo te juno de hace rato. Así que cortala con el verso y contame. Vos sabés que muero mudo.<br />La bestia resopló, dio un último trago a su porroncito y, arrimándose, declaró:<br />- Viste que yo soy medio tarambana con la guita. Bueno, como tenía una plata ahorrada, se la dí a la Karina para que me la guardara, pero que no me dijera donde, que yo le pedía si necesitaba. Bueno, después del quilombo, revisé toda la casa y no encontré una moneda. Así que, lo único que me queda es que la turra le haya dicho algo al pelotudo del Flaco. Por eso voy a ver si le sacó alguna punta que me sirva. Ojo, igual me da lástima el gil, pero la guita la necesito.<br />Le hice un gesto de aprobación y le indiqué que garpara la cuenta. Su secreto estaba a salvo conmigo. Mientras me iba, pensaba como algunos son fieles a su naturaleza hasta último momento.<br /><br /><br />El martes que viene: capítulo "normal" estreno!!<br />Esta semana me invitaron a una <a href="http://elclupys.blogspot.com/">avant-premiere</a> y estoy hasta las manos.<br />Nos vemos.</span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/706347894394767697-6573168815088241529?l=elclupys.blogspot.com'/></div>ADENOZnoreply@blogger.com29tag:blogger.com,1999:blog-706347894394767697.post-51814278566415623662007-11-21T09:51:00.000-08:002007-11-21T09:57:05.473-08:00PASIÓN Y LOCURA EN EL CLÚ<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp1.blogger.com/_91rcu8kSUao/R0Rw0SyeCkI/AAAAAAAAADc/H5dLeZYnijc/s1600-h/billar.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 485px; height: 269px;" src="http://bp1.blogger.com/_91rcu8kSUao/R0Rw0SyeCkI/AAAAAAAAADc/H5dLeZYnijc/s400/billar.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5135353518808238658" border="0" /></a><span style="font-style: italic;font-size:85%;" >(Gracias Steki)<br /></span><br />- ¿Por quién van a votar, muchachos? –quiso saber el Ruso unos días antes de las últimas elecciones.<br />Siempre pasa lo mismo. Al Ruso le agarra la fiebre encuestadora y empieza a preguntarle al que se le cruce para armar sus estadísticas, que después expone a nuestra consideración y que, por supuesto, no se arrima ni ahí a la que resulta ser la realidad.<br />Con el Pelado Canasta estábamos en una partida de pool chiva, en la que no se vislumbraba un claro ganador. Es que tenemos un desempeño parejo y las apuestas estaban 50 y 50. Igualmente, nos daba tiempo para la charla y el intercambio de impresiones.<span class="fullpost"><br />- Yo, en la provincia, voto al socialismo y, en la Nación, a la pingüina –dije terminante.<br />El Pelado sonrió y, después de errarle por poco a embocar la bola negra, sentenció:<br />- Yo no me hago tanto drama. No me vengan con indecisos: donde veo el escudito de Perón, le mando el voto.<br />El Ruso se quedó pensativo.<br />- ¿Sabés? Me hacés acordar al personaje de Mateo en el libro de Osvaldo Soriano.<br />- ¿Cuál libro, Ruso?<br />- “No habrá más penas ni olvidos”. Ahí al personaje principal, el intendente, lo quieren voltear. Entonces para eso hacen correr la bola de que su asistente, Mateo, es comunista. Es en la época de la Triple A. Cuando le dice sobre la acusación, Mateo lo mira sorprendido y le contesta: “¿Cómo comunista? Si yo nunca me metí en política, siempre fui peronista”.<br />- Si, me acuerdo de la peli, con Federico Luppi. Está buena esa escena –acoté.<br />- Claro, toda una definición del peronismo –se explayó el Ruso.<br />- ¿Qué definición? –inquirió el Pelado.<br />- Es que al peronismo muchos lo ven como una forma de vida, no como un partido político.<br />- Pero yo estoy afiliado.<br />- ¿Y con eso?<br />- Que me meto en política. Ese Mateo es un boludo.<br />- Bueno Pelado, es una alegoría –ilustró el Ruso.<br />- No es ninguna alegría ser boludo –dijo serio Canasta.<br />- ¡Alegoría! Es un recurso estético para representar en forma humana una idea abstracta.<br />- Me da igual, sigue siendo un boludo. La acusación no debería ser por zurdito, sino por cagón.<br />- ¿Qué decís? El tipo no entiende que lo tomen por comunacho si nunca se metió en quilombos.<br />- ¡Ah, claro! Si te metés en política sos quilombero, ¿no?<br />- ¡Noooo! No dije eso, dije... dije... Pelado y la concha de tu madre, me voy al baño.<br />Y dando media vuelta, el Ruso se fue a las puteadas.<br />- Qué tipo calentón este Ruso –dijo Canasta.<br />- Y vos qué tipo hijo de puta, Pelado –lo amonesté.<br />- Epa, ¿por?<br />- Porque desde un primer momento sabías a qué se refería el Ruso.<br />El Pelado puso cara de boludo, pero después concedió:<br />- Jeje. Bueno, ya se le va a pasar.<br />- “¿Jeje?” Uno de estos días se va a chivar en serio y te va a clavar el palo que usa para ablandar gomas del camión, en el orto.<br />- Mmmmm, suena tentador –dijo haciéndose el trolo.<br />Me hace cagar de risa el Pelado, no sólo por lo que dice, sino cómo lo dice.<br />Estábamos por reanudar el partido cuando hizo su irrupción el Flaco Ossola, con una sonrisa de mentón a mentón.<br /><br />El Flaco se acercó eufórico hacia donde estábamos.<br />- ¡Salú la barra! –gritó.<br />- ¿Qué hacé flaquito? –saludé medio asombrado.<br />- Acá Ade, chocho de la vida.<br />La sonrisa no se le iba. Lo miré extrañado. Y deduje.<br />- Vos estuviste cogiendo.<br />El Flaco dejó de sonreír, se ruborizó y empezó a hacer su rito de nerviosismo: meter y sacar las manos de los bolsillos del pantalón, cruzarse de brazos y vuelta a meter las manos.<br />Estaba en eso cuando volvió del baño el Ruso, subiéndose el cierre de la bragueta. Sabe que odiamos que haga eso. Cierta vez le recriminamos que, seguramente, no se lavaba las manos después de mear. El tipo argumentó: “A mi pirulín lo tengo relimpito, por eso me lavo las manos antes de tocarlo, no después”. En fin.<br />- Flacooo, ¿Qué contás? –saludó el Ruso.<br />- El loco tuvo una alegría anoche, parece –ilustró Canasta.<br />- ¡Qué ganador! Dale, contá.<br />El aludido me clavó la mirada y me preguntó:<br />- ¿Cómo sabés qué me pasó?<br />Me apoyé en el taco de pool y, didáctico, dije:<br />- Porque tenías la misma sonrisa de pelotudo de cuando te empomabas a la cieguita que vivía en la otra cuadra.<br />Todos rieron, incluso el Flaco, lo que contribuyó a distenderlo.<br />- Bueno, sí, es así, anoche anduve haciendo travesuras –dijo cancheramente.<br />- Y... ¿Quién es la víctima? –quiso saber el Pelado.<br />- Noooo, imposible, no puedo dar nombres, no es de caballeros.<br />El Ruso lanzó una carcajada.<br />- Dale boludo, si te morís de ganas de decirlo.<br />- Nooo, no insistan.<br />Lo miré serio, mientras ponía tiza a la punta del taco y le mandé:<br />- Mirá Flaco, si no das detalles olvidate de querer contar algo y dejanos terminar el partido.<br />El Flaco miró a los costados, lo pensó y soltó:<br />- Es la Karina.<br />Hubiéramos permanecido en silencio, asombrados, un buen rato, si no fuera porque el estruendo a vidrio roto nos sacó del trance. Al Rengo Díaz se le había caído una Quilmes al suelo.<br />- Perdón, del asombro se me fue de las manos –fue su excusa.<br />Volvimos la mirada al galán.<br />- ¿La Karina? ¿El yeguón? –preguntó el Pelado.<br />- Esa misma –contestó suspirando.<br />- Andááá, ¿Justo a vos te va a dar bola?<br />- ¿Y qué? ¿A vos no te dio bola tu mujer? –contraatacó el Flaco.<br />Canasta se apoyó en mi hombro y, simulando que lloraba, dijo:<br />- Cómo sabés pegar donde duele...<br />- Ya está, ya pasa, tonto –le dije dándole golpecitos en la espalda.<br />El Flaco continuó:<br />- Ok, no me crean, no me importa. La única verdad es la realidad.<br />- A propósito de eso... ¿A quién vas a votar, Flaco? –encuestó el Ruso.<br />- Al Partido Ecologista, obvio.<br />Dijo esto cuando intentaba embocar la negra haciendo tres bandas, lo que bastó para distraerme y no calcular bien el golpe a la blanca. La negra golpeó en los tres costados y, seguida por su agresora, se encaminó a su destino de gloria. Entró perfecto, sin rozar los bordes de la tronera. Ya me estaba relamiendo de mi triunfo cuando observé que la blanca no detenía su andar y se dirigía al mismo objetivo, lo que provocaría error y, por ende, una derrota. Pareció aminorar su derrotero, haciéndome ilusionar con un milagro. Llegó hasta el borde, se balanceó, todo mantuvimos la respiración, el Pelado sudaba ansioso, mantuve mi mirada fija en el orificio haciendo fuerza mental para evitar la caída...<br />Diez mangos fueron a parar a las manos del Pelado. Lo tuve ahí al triunfo. Otra vez será.<br /><br />- Que bueno Flaco, te felicito –le dije mientras me sentaba a su lado en la barra del buffet.<br />- Gracias Ade, la verdad que estoy recontento –dijo sirviéndome un vaso de Quilmes.<br />- ¿Cómo te la enganchaste?<br />- Me llamó para que le pasara un presupuesto de un revestimiento de madera en la cocina. Mientras estaba tomando las medidas en su casa, nos pusimos a charlar y me tiró onda. Cuando me estaba yendo me preguntó si a la noche quería ir a cenar. Yo no lo podía creer. Pero bueno, cenamos, charlamos y... bueno, pasó.<br />- Genial Flaco, está buena la Karina.<br />- Siii, es hermosa, aparte...<br />- Aparte te está cagando.<br />Era el Mamasa que, de improviso, se incorporaba a la charla.<br />- ¿Qué tenés que decir vos? –dijo el Flaco airado.<br />- Eso, que te está cagando la mina.<br />- ¿Por qué no aclarás un poquito? –le dije serio al mamut.<br />El gliptodonte arrimó una banqueta, se sentó, apoyó el codo en la barra y, mientras hacía desaparecer los palitos en su manopla, desgranó:<br />- La Karina te está usando, salame. La mina se peleó con el macho que tenía y, para darle celos, le dijo que se iba a encamar con el primer gil que se le cruzara. O sea, vos.<br />- ¿De dónde sacaste eso? ¿Qué pruebas tenés? –preguntó nerviosamente el desvalido.<br />- Primero, yo conozco al tipo, asi que es posta lo que te digo. Y segundo... mirate Flaco.<br />- ¿Qué me mire? ¿Qué cosa que me mire?<br />- Con una mano en el corazón, ¿te parece que un minón como la Karina te daría bola a vos por tu físico, por tu apariencia, si no es para cagarse de risa?<br />El Flaco se quedó pensativo, mirando al espejo de la barra, que está detrás de la estantería de botellas. Terminó de tomar su cerveza, dejó cinco pesos en la barra, se alisó el pelo y, saludando bajito, se retiró.<br />- ¿Cómo supiste lo del macho, Mamasa? –le pregunté viendo alejarse al desdichado del Flaco.<br />Shrek terminó de deglutir otro plato de palitos y respondió:<br />- Porque el tipo soy yo. Con la Karina nos peleamos porque quiere que vaya a vivir con ella y yo me negué. Entonces me amenazó con lo de engancharse a cualquiera. Si hubiera sido otro, me chuparía un huevo. Pero el Flaco no, con ese pelotudo no. Tengo un límite.<br />Lo miré sin entender el por qué de tanto odio. Apuré el último trago, lo palmeé al Mamasa en una especie de saludo y me fui a cenar.<br /><br />Al día siguiente, cerca de las cuatro de la tarde, estaba el Flaco y un par más jugando al truco. Yo estaba con el Mamasa en la barra haciendo cuentas para ver los gastos de la semana.<br />De pronto aparece en la puerta Beto, el comisario de la seccional del barrio.<br />- Uy, ¿otra vez viene a manguear éste? ¿No le habiamos garpado? –pregunté fastidioso.<br />- Yo le pagué, debe ser por otra cosa –acotó mi compañero.<br />Le salí al encuentro.<br />- ¿Qué hacés Beto? ¿Todo bien?<br />- Más o menos, Ade –contestó serio.<br />- ¿Por? ¿Qué pasó? –ya empezaba a inquietarme.<br />- Encontramos muerta en su casa a la Karina, la asesinaron.<br />Cuando salí de mi asombro pregunté:<br />- ¿Y por qué estás acá?<br />Ahí fue cuando el Flaco se levantó de la mesa y dijo:<br />- Me buscan a mi, Ade.<br />- ¿Y vos que tenés que ver? –le dije ya francamente preocupado.<br />- Es que anoche me enojé con ella y le clavé varios puntazos con mi destornillador –dijo tranquilamente.<br />Se volvió a escuchar vidrios rotos. Ni miramos, sólo escuchamos al Rengo decir:<br />- Perdón.<br /><br />Mientras esposaban al Flaco y lo llevaban detenido, nos arrimamos todos al patrullero para verlo partir. Giró su cabeza y, mirándolo al Mamasa, le dijo:<br />- Me imaginé que eras vos el macho, pero todo bien. Cada uno hizo lo que tenía que hacer, ¿no?<br />Mientras buscaba en mi agenda el teléfono del tordo Inzaguirre, el abogado, me percaté de la mirada perdida del Mamasa y creí descubrir, dentro de esa masa de piedra impersonal, un destello de arrepentimiento y culpa.</span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/706347894394767697-5181427856641562366?l=elclupys.blogspot.com'/></div>ADENOZnoreply@blogger.com57tag:blogger.com,1999:blog-706347894394767697.post-61462620571256674512007-11-16T09:49:00.000-08:002007-11-16T11:29:06.555-08:00DE COMPRAS<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp1.blogger.com/_91rcu8kSUao/Rz3m-CyeChI/AAAAAAAAADE/hkUzxDRlgeM/s1600-h/ninjasuper.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://bp1.blogger.com/_91rcu8kSUao/Rz3m-CyeChI/AAAAAAAAADE/hkUzxDRlgeM/s400/ninjasuper.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5133513103847066130" border="0" /></a>Me encanta ir al super, solo. Tranqui, pero sin demorarme demasiado, elijo un vinito tinto no muy caro, un salamincito, un pedazo de queso cáscara colorada y listo, no jodo más. Si hay alguna promotora ofreciendo bocaditos me voy acercando como si no la hubiera visto. Hasta que me detecta y, sonriendo francamente, me ofrece la bandeja con un manjar. Me hago el sorprendido, agradezco, me sirvo y mientras saboreo, le sonrío (con la boca cerrada, obvio). Después me voy para abonar, me hago el boludo con las cajeras, un chistecito, risitas, pago y a otra cosa, aftosa.<span class="fullpost"><br />En cambio, si voy con la Mabel, no. Ya es otra cosa. No hay disfrute, es laburo. Ella lo toma como una salida, se empilcha más o menos bien, se pinta, en fin, se produce. Yo voy con lo puesto, lo que provoca su desagrado.<br />Vez pasada estaba en el patio mirando atentamente como se apareaban dos escarabajos, cuando escuché a la Mabel solicitar mi presencia para ir de compras. Rápido de reflejos, encaré para la pieza del Eze, que está en la planta alta. Subí de a tres escalones la escalera de metal, entré a la habitación, salí por la ventana que da a la terraza, pasé del otro lado de la baranda y ayudándome con las ramas de un árbol, bajé hasta la calle, en el pasaje al lado de la casa. Encaré para la esquina y, asomándome apenas, espié hacia la entrada del ciber. No había nadie. Entonces giré para ir a refugiarme al Clú.<br />Y ahí estaba la Mabel, mirándome con una sonrisa canchera. La turra me cagó, hizo barullo en la cocina y, mientras yo intentaba escapar, ella ya había salido y me esperaba en la otra esquina.<br />- Tomá gilún, ahí tenés la calculadora, vamos.<br />Y me agarró del brazo, matándose de risa.<br /><br />El super estaba lleno hasta el culo, siendo principios de mes había ido todo el barrio después de cobrar. Suspiré resignado pensando en lo largas que serían las colas en las cajas. Antes de entrar, la Mabel se saludó con quince vecinas, mínimo, retardando mi suplicio.<br />- Amor, fijate si podés conseguir un carrito, que tengo que preguntarle algo a la Norma, ¿si?<br />Primera orden del día. Como si fuera fácil conseguir uno con tanta gente con el mismo objetivo. Así que (zorro viejo) me paré a ver el panorama y esperar una presa. Un grandote salió con el changuito repleto y se dirigió al estacionamiento. Este era mi hombre, debía seguirlo y esperar que descargara en el baúl de su auto y ahí nomás tendría mi premio. Lo seguí displicentemente como si lo fuera a chorear. Me quedé observando a unos cinco metros hasta que terminó y, obviamente, dejó el carro abandonado.<br />Fue ahí donde me percaté de la presencia de un pibe, de unos 12 años que observaba la escena, y lo supe. Este pendejo había sido enviado por su madre para el mismo fin que el mío. No podía dejar que me arrebatara mi presa, yo lo había visto primero. El chico estaba más lejos que yo, pero seguro era más rápido. Lo miré entrecerrando los ojos, me miró, observó el carrito como calculando la distancia, sonrío y empezó a correr.<br />Yo habia hecho un cálculo mental: el carrito estaba a 5 metros de mí, pero a 8 del pibe. Si yo hacía un metro, él haría dos. Cuando estuviéramos a la misma distancia del objetivo, nos separarían 3 metros uno del otro. Tenía que cambiar la estrategia.<br />Cuando el pendejo arrancó, en lugar de enfilar hacia el carro fui al encuentro del menor, gritando como un tarado. El pibe, sorprendido por mi actitud, se frenó y quiso esquivarme, yendo a dar contra el costado de un Renault. Aproveché su desconcierto y desequilibrio y, girando, llegué antes a hacerme del botín. Resoplando, antes de volver con Mabel, me di vuelta y saludé con la mano a mi ocasional adversario, quien, en un gesto que lo enalteció, levantó su pulgar derecho, me guiñó un ojo y desapareció en busca de otro medio de transporte.<br />Cuando llegué a la puerta del super, la Mabel me esperaba con las manos a los costados:<br />- Tanto tenés que tardar para conseguir un carrito?<br />No respondí y encaré hacia mi calvario.<br /><br />Cuando voy a comprar más de cuatro cosas las anoto, porque si no lo hago seguro me olvido algo. La Mabel no. Ella dice que lo tiene todo en la cabeza. Entonces, cuando estamos en las góndolas, va viendo, comparando, eligiendo, mientras yo me quedo papando moscas y dando señales de vida solo cuando me tira una cifra y la tengo que cargar en la calculadora.<br />Así que ese día no fue diferente, por lo que me dediqué al milenario deporte de observar culos femeninos sin que se percaten de que lo hago. Es todo un arte y casi todos los hombres casados lo practican. Aunque hay infinidad de variantes, mi preferida es: primero detectar a la agraciada físicamente, luego tomo un producto y me pongo a leer sus componentes (hay que tener cuidado de no tomarlo al revés). De esa forma aprecio las curvas generosas impunemente y cuando noto que alguien se puede apiolar, desvío la mirada hacia el producto y alejo las sospechas.<br />Estaba en eso cuando apareció un femenino (como dicen los canas) con todo en su lugar. Entonces, como se debe obrar en estos casos, busqué con la mirada apoyo logístico, esto es, tres hombres más para proceder a la evaluación correspondiente. Una vez ubicados los miembros del improvisado jurado (los cuales ya habían detectado oportunamente a la elegida), procedimos a la votación calificando de 1 a 5 con nuestros dedos sobre el carrito. Un merecido 4 (promediamos para arriba) obtuvo sin esforzarse demasiado.<br />La Mabel seguía decidiendo entre dos marcas pedorras de lavandina, por lo que vislumbré la oportunidad para escabullirme y seguir a la concursante en su derrotero. Le dije, sin que se oyera muy bien:<br />- Mabel, me voy a ver la ldjflhupf...<br />- ¿Qué cosa? –preguntó saliendo de su concentración.<br />Pero ya me habia evadido.</span><br /><span class="fullpost">El minón se me perdió a los dos minutos entre el gentío, asi que enfilé para la sección de vinos, ya que la ferretería estaba en la otra punta.<br />Ahí estaban, ordenadas, pulcras, incitadoras. La parte más cuidada del super, la mejor acomodada, un oasis en el desierto de productos mediocres: la bodega.<br />Ah, que diseño en sus envases y etiquetas. Que de reflejos despedían sus superficies. En ese sector se acallaban las voces de la muchedumbre consumista. Hasta creí oir un trinar de pájaros (resultaron ser unos gorriones que habían hecho nido en lo alto del tinglado). Me dediqué a recorrer las estanterías con la mirada, tomándome mi tiempo, disfrutando las pausas.<br />Ahí estaban, alineados: un syrah; un torrontés; un chardonnay; una Mabel...<br />Di un salto hacia atrás de la sorpresa cuando vi a mi mujer apoyada en las estanterías.<br />- Me imaginé que estabas acá.</span><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp1.blogger.com/_91rcu8kSUao/Rz3neCyeCjI/AAAAAAAAADU/u6i7y6uQfh8/s1600-h/decompras.jpg"><img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 260px; height: 237px;" src="http://bp1.blogger.com/_91rcu8kSUao/Rz3neCyeCjI/AAAAAAAAADU/u6i7y6uQfh8/s400/decompras.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5133513653602880050" border="0" /></a><br /><span class="fullpost">- Eh si, miraba unos vinitos.<br />- Podés venir a ayudarme con las compras? –dijo marcando las palabras.<br />- ¿Qué? ¿No podés sola con la calculadora? –dije irónicamente.<br />- ¿De qué te quejas? Solo tenés que mover los deditos. Aparte, ¿para qué venís acá a ver vinos que no vas a comprar?<br />- Bueno, es como ustedes las minas, que miran zapatos que en la puta vida se van a calzar.<br />Ahora fue la Mabel la que se sorprendió, abriendo desmesuradamente los ojos y poniéndose una mano en el pecho.<br />- ¡No podés comparar!<br />- ¡Qué no! Se pasan mirando zapatos de más de 200 pesos, inalcanzables. Por lo menos el vino es saludable para el corazón –dije, mientras apreciaba la botella de un tres cuartos tinto.<br />Un par de clientes se había arrimado y contemplaban expectante el duelo.<br />La Mabel contraatacó:<br />- ¿Me vas a decir que no es mejor apreciar un Dolce &amp; Gabbana de salón, de cuero, hecho en Italia con tacón forrado?<br />- ¡Por favor! Nada se le compara a un cabernet sauvignon, bien estructurado y armonioso, joven y equilibrado.<br />La concurrencia aumentó y ya se oían comentarios al tono:<br />- ¡Qué vergüenza!<br />- ¡Los hombres son todos iguales! ¡No entienden nada!<br />- ¡Qué alguien llame a seguridad!<br />La Turca no bajó los brazos:<br />- Ni idea tenés de lo que significa para una mujer una sandalia de piel marrón oscura y negra con hebilla y tacón de goma de 6 cm.<br />- ¡Jaa! Ustedes no saben intuir, en un simpático merlot, los aromas y matices naturales.<br />- ¿Cómo podés encontrar placer en algo de tan corta duración?<br />- ¡El orgasmo también es efímero! -grité acalorado.<br />- ¡Qué poeta! –exclamó un afrancesado.<br />- ¡Qué degenerado! – opuso una septuagenaria.<br />- ¡Llamen a seguridad! -insistió otro.<br />Aproveché el desconcierto de mi jermu:<br />- Lo que pasa es que vos tenés una actitud conservadora y yo vivo el día a día. A vos te gusta guardar para tener y yo soy de tener para gastar.<br />La Mabel revoleó los ojos y, al sentirse acorralada, tomó aire y me discurseó:<br />- Mirá paspado, no me vengas con frases ni aforismos levantados de internet. Las cosas son claras. Mientras vos te “deleitás” y hacés tiempo mirando un producto que no solo es superfluo sino también que promociona un vicio, yo hago malabares con los magros ingresos que aportás y busco bajos precios para que la economía hogareña sea factible.<br />Un murmullo de aprobación se levantó del gentío. La Mabel se encrespó como candidato en campaña y me soltó:<br />- Igual tenés tu elección: o seguís con tu hábito consumista o te dignás a colaborar con mis labores. Nada más.<br />Y pegando media vuelta, se fue sintiéndose ganadora. Entonces dije lo único que me quedaba en el tintero:<br />- Tá bien, ya voy... Pero esta botella me la llevo.<br />Y manoteé al azar un vino de la estantería. Una señora mayor dejó escapar un “borracho”, pero apliqué el viejo recurso del “no escucho, no escucho” y me fui tras la figura de mi mujer.<br /><br />Después de recorrernos cada rincón del edificio, sacando cuentas y eligiendo precios, llegó el turno de hacer la cola en las cajas. Tras una hora de espera, llegó el ansiado momento de trasponer la frontera hacia “mi” normalidad.<br />Mientras la Mabel descargaba, me fui del otro lado para empezar a llenar las bolsitas. Y como siempre me pasa, estuve peleando para abrirlas. No sé como hacen algunos para lograrlo con facilidad. Yo me gasto los dedos intentándolo, me los humedezco, trato con la uña, soplo los bordes, y nada. Es algo que está fuera de mi habilidad. En eso estaba, bajo miradas desaprobatorias y risitas al tono, cuando la Mabel me dijo:<br />- Dejá que yo guardo, vení a pagar, ¿si?<br />Fui murmurando una gran puteada a la madre del fabricante de las bolsitas y le extendí la tarjeta de crédito a la piba de la caja. Mientras ésta controlaba los datos, me puse a mirar la tira de la cuenta. Grande fue mi sorpresa al ver un importe de $ 50 en medio de la lista:<br />- Epa, me parece que se te fue el dedito, nena –amonesté a la cajera.<br />- ¿En qué, señor? –me preguntó displicentemente.<br />- Acá piba, pusiste no sé que producto a cincuenta mangos.<br />La chica me arrancó de las manos la tira, mientras los que seguían en la cola comenzaban a exasperarse.<br />- Está todo bien, señor. Ese importe corresponde a una botella de vino fino.<br />- ¡¡¡¿¿QUÉ??!!!<br />Fue tal el estrépito ocasionado que las alarmas de algunos autos comenzaron a sonar en forma enloquecedora.<br /><br />De puro orgulloso no quise dejar el vino, La Mabel no me iba a ganar esta. Firme el comprobante y me fui con la mejor cara de orto que pude poner, mientras la turra me miraba socarronamente:<br />- ¿Qué te pasa, trastornada?<br />- No dije nada –dijo mirando para otro lado.<br />Mientras cargaba las cosas en la camioneta, se me dio por mirar la botella que había comprado, ya que cuando la tomé de la estantería ni me había fijado cual era.<br />Al ver mi rostro estupefacto, la Mabel se sorprendió:<br />- ¿Por qué esa cara, nene? –me interrogó.<br />Cerré los ojos, suspiré y le contesté:<br />- Porque acabo de gastar 50 mangos en un moscato. ¡Un moscato! ¡Odio los vinos dulces! ¡Vino de putos! ¡Y la recalcada y etílica con...!<br />La Mabel ya no pudo contenerse y no paró de reírse hasta muy entrada la noche. De cansancio.<br />Al otro día siguió con la gastada.<br />FIN<br /><br /><span style="font-style: italic; font-weight: bold; color: rgb(255, 0, 0);">Gente: A partir de la semana que viene, un capítulo por semana en día y horario fijo a confirmar. Un abrazo.</span><br /></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/706347894394767697-6146262057125667451?l=elclupys.blogspot.com'/></div>ADENOZnoreply@blogger.com42tag:blogger.com,1999:blog-706347894394767697.post-91007167708978774502007-11-13T07:13:00.000-08:002007-11-13T07:14:48.037-08:00UN DIA AL PEDO (PARTE 2)La Mabel estaba acomodando las cajitas de los dividís cuando llegué al ciber. Tenía puesto el jeans que me gusta a mí, el que le marca bien la cola. Una sensación lujuriosa atravesó mi ser y pensé que el día podía terminar de la mejor forma.<br />La tomé de la cintura y le di un beso en el cuello, que sé que le encanta. Se dio vuelta y con una media sonrisa, dijo:<br />- Ah, sos vos.<br />- No, Mr. Músculo soy. ¿A quién esperabas? –contesté fastidioso.<span class="fullpost"><br />- A nadie, salamín. Lo que pasa es que estaba concentrada controlando las cajitas. Me parece que me chorearon un par de las pornos, manga de jeropas.<br />- Hmmm, porno... Excitante, no?<br />- ¿Qué te pasa, galán? ¿Andás mimoso?<br />- ¿Vos no? –le contesté acercándola hacia mi.<br />- Hoy vas muerto, corazón –me dijo, acariciándome la cara.<br />- ¿Por? –dije algo angustiado.<br />- Porque esta tarde me vino la regla y parece que con todo. Me duele hasta el alma. ¿No te enojás, no?<br />- Ehhh... Noooo, ta’ bien, no pasa nada bebé. Lo dejamos para otro día. Total... nadie se va a morir, no?<br />- Bueno, dale. Yo no voy a cenar hoy, te dejo la comida lista y me voy a recostar, estoy muerta.<br />- Listo. No te hagas dramas, yo me atiendo solito. Te ayudo a cerrar el boliche que es tarde, si?<br />- Dale, gracias amor.<br />Y giró para ir a apagar las pc, mientras yo me iba a encargar de bajar la persiana. <br />Me quedé un momento parado viéndola, levanté la vista al cielo y murmuré:<br />- Ni esto me vas a dar, Barba? Una sola te pido para que el día valga la pena, pero no. Y la reconcha de la loraaaaa...<br /><br />Eran las 23:30, en media hora se iba este día de mierda. La Mabel estaba profundamente dormida. Me quedé recostado a su lado haciendo zapping hasta que me hinché y fui a la cocina a picar algo. Obviamente, no había nada. Manoteé un pedazo de queso de rallar, algo de mayonesa que quedaba en el cadáver del sobrecito y un cacho de pan medio duro. No había más jugo, pero no me sorprendió, ya que este día iba a ser así hasta el final.<br />Mientras comía estos mendrugos me fijé en el almanaque colgado al lado de la heladera y se me ocurrió que, por lo menos ahí en el calendario, este martes podía “desaparecer”. Así que tomé la tijera del cajón de costura y me fui decidido a hacer justicia.<br />Estaba en esta pelotudez, cuando se oyó que alguien entraba a la casa. Era la Jessi, la hija de Mabel.<br />- Ade, qué hacés levantado a esta hora?<br />- Yo nada, y vos? No tenías que venir a las 10?<br />- Ah si, pero a mi viejo se le complicó y me trajo más tarde –dijo, mientras abría la puerta de la heladera y sacaba una banana que había escapado a mi requisa.<br />- Que raro<br />- ¿Qué raro qué?<br />- Nada, porque tu viejo llamó a las 10 y media preguntando si ya habías llegado.<br />La piba pareció atragantarse y tosió un poco, poniéndose colorada.<br />- ¿Si? Eh... no sé... Ah, me quedé hablando con... la Mirta, eso.<br />- ¿Por qué me verseás?<br />- Yo no te verseo –contestó airadamente.<br />- Tu viejo te mandó a las 10 y vos te fuiste a lo del Lalo.<br />- ¿Qué decis? ¿Cómo sabés?<br />- Porque me preocupé e hice unos llamados para que te ubicaran.<br />- ¿Y quién sos vos para controlarme asi? –dijo ya furiosa.<br />- Soy la pareja de tu vieja y me siento responsable de vos.<br />- Pero no sos mi viejo.<br />- No, ni lo quiero ser. Ya tengo mis hijos. Pero vivimos todos acá y tenemos que saber en donde estamos.<br />- ¿Qué? ¿Sos el Padrino?<br />- Mirá pendeja. Si vos querés andar con ese boludito del Lalo, es problema tuyo, pero a la Mabel no le vas a amargar la vida quedándote en la calle a esta hora.<br />- Ya soy grande para andar solita.<br />- ¡Grande las pelotas! Tenés 16 años recién y la cosa no está como para andar sola por el barrio a la noche.<br />- ¡Pero si no me pasó nada!<br />- No te pasó porque te estaban vigilando gente amiga.<br />- ¿¿¿Mandaste gente a seguirme???<br />- A cuidarte, pavota.<br />- Sos un mafioso.<br />- Y vos una atrevida. Si te pasaba algo, tu vieja se muere. Y yo no iba a permitir eso. Vos sabés que si la Mabel estornuda, yo me resfrío. Aparte sos una gila.<br />- ¿Por?<br />- Porque si hubieras confiado en mi, me avisabas y yo te iba a buscar del pendejo otario y todo solucionado.<br />- No es otario y no salgo con él.<br />- Pero él si quiere salir con vos.<br />- También sabés eso?<br />- En el barrio se sabe todo, si sabés escuchar –dije, ya más calmado.<br />La Jessi se quedó de brazos cruzados, rumiando alguna puteada, pero al final dijo:<br />- Bueno, mejor me voy a dormir, mañana tengo examen.<br />- Ok, y tratá de no ser tan egoísta la próxima vez. Todos nos preocupamos por vos.<br />Y me senté a tratar de recordar que iba a hacer con la tijera que tenía en la mano.<br />Ahí fue cuando sentí los brazos de la nena que me rodeaban por detrás y mientras me daba un beso en la cabeza, me dijo:<br />- Sos un guardabosque, pero igual te quiero mucho. Hasta mañana.<br />- Hasta mañana, nena. Yo también te quiero mucho –le dije, acariciando su mano en mi hombro.<br />Miré la tijera, luego al calendario y por último al reloj de pared. Eran las 23:55. El martes no había concluido.<br />Dejé la tijera en su lugar, le perdoné la vida al almanaque y apagando la luz, me fui a dormir.<br />Al final, el día valió la pena, como siempre pasa.<br />Hasta mañana, que descansen.<br /></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/706347894394767697-9100716770897877450?l=elclupys.blogspot.com'/></div>ADENOZnoreply@blogger.com42tag:blogger.com,1999:blog-706347894394767697.post-37169016210452996682007-11-07T10:18:00.000-08:002007-11-07T10:21:45.917-08:00UN DÍA AL PEDO (PARTE 1)- Para mañana a primera hora te tengo lista la camioneta. Antes no, Ade.<br />Con estas palabras Beto, mi mecánico, sentenció el resto de mi martes. Y no había lugar para apelación. Un mecánico de ley no da pie a cambios horarios o regateos: el laburo está cuando te dice y cuesta lo que te manifiesta. Quien quiera modificar esos términos, rumbea al fracaso.<br />Hice caminando las tres cuadras que me separaban del ciber de la Mabel del lado del solcito, silbando distraídamente y consciente de mi desocupación temporaria.<span class="fullpost"><br />La Turca estaba controlando un pedido para el kiosco de espaldas a mí, por lo que decidí tomarla por detrás de sorpresa y asustarla un poco. Me fui acercando lentamente y haciéndole seña de silencio al Eze que estaba en la primera pc. A cinco centímetros de su cintura, la guacha dijo:<br />- Ni se te ocurra, boludazo, te vi en el reflejo de la vitrina.<br />Retiré las manos presurosamente y la saludé:<br />- Qué hacés, piba?<br />- No ves? Laburando, ¿y vos? ¿qué hacés acá a esta hora?<br />- Llevé la “Poderosa” a lo de Beto porque hacía un ruidito en el motor y ahora se la tuve que dejar hasta mañana.<br />- O sea, vas a estar al pedo todo el día.<br />- Así parece, ¿te molesta?<br />- Mientras no me jodas...<br />- Vos hacé lo tuyo y yo lo mío.<br />Y me fui con Eze a ver en que estaba ocupado.<br />- Cómo va, nene? ¿Qué hacés?<br />- Hola tío. Nada, acá, renegando con un diseño para un volante.<br />Ahí nomás le empecé a preguntar y repreguntar sobre el trabajo. Se puso entretenido. Bah, eso creía, porque en un momento el Eze me dice:<br />- Tío, no te enojés, pero tengo dos opciones: o te doy bola a vos o termino el laburo. Adiviná que elegí.<br />- El laburo, no?<br />Lo dejé al ingrato con sus dibujitos y encaré hacia la Mabel. Me frenó antes de arrimarme.<br />- Si no tenés nada que hacer, no lo vengas a hacer acá.<br />- Eehhh, que mala onda.<br />- Nada de mala onda. Si me hablás, me confundo. O te quedás mudo o seguí tu ruta.<br />- Má siii, loco, me voy al Clú. Morfo allá.<br />- Dale, pero esta noche se come lo del mediodía.<br />Y me piré sin saludar, por desconsiderados hacia mi ocio involuntario.<br /><br />En el Clú las cosas no tenían mayor ritmo. El Rengo limpiaba el buffet y el Pollo barría el salón, cantando algo en su idioma natal (sonaba reggae, no sé). Me arrimo a la barra y saludando, digo:<br />- Rengo, ¿qué hay para morfar?<br />- Solo hay fiambre, pero hay que hacerlos a los sánguches.<br />- Bueno, haceme un familiar de jamón y qu...<br />- Ade, estoy limpiando ahora ¿Podría el excelentísimo presidente de la entidad atenderse solo?<br />Había un tono de fastidio en su expresión que no escapó a mi percepción, por lo que decidí obviarlo y pasar del otro lado de la barra. Me preparé un sandwich generoso y agarré una latita de Quilmes, mientras pude percatarme de que el Rengo tomaba nota de mi “pedido”.<br />- Para anotar lo que consumo sí tenés tiempo, no?<br />No me contestó y, guardando la libretita, siguió con sus quehaceres.<br /><br />Después de almorzar (tarde), me puse a leer el suple deportivo del diario. Estaba en eso cuando hizo su entrada el Cadena, quien pasó presuroso a mi lado rumbo al fondo del Clú.<br />- Qué hacé, trastornado? No saludás?<br />- Qué hacé, Ade? Disculpá, estoy reapurado, vengo a buscar el taladro que se me cayó una repisa en casa. <br />- Vení, gil, vamos a jugar al pool.<br />- Qué parte no entendiste que “estoy apurado”?<br />- Andá a cagar, amargo.<br />Y me fui para la puerta, a ver si pasaba algo más interesante. Que embole, por Diosssssss.<br />Apenas me recosté en el marco apareció la Lily, la tetona de al lado. Se me vinieron encima, ella y sus dos gomas, que parecen tener vida propia.<br />- Ade, cuando me van a pagar lo del cable? Ya van dos meses que me deben y necesito llamar al plomero para que me destape el desagüe del lavadero.<br />Le iba a dar una excusa del repertorio que tengo para estos casos, pero cuando me percaté que la Lily lo relojeaba al Pollo que estaba limpiando, del lado de adentro, las ventanas, se me ocurrió algo:<br />- Che Lily, para qué vas a gastar en el plomero? Si querés, te mando al Pollo para que te destape la cañería.<br />La Lily me miró como con desconfianza, no sabiendo si le hablaba en serio o le estaba haciendo una broma de doble sentido. Pero me siguió la corriente.<br />- Y el Pollo sabe de eso?<br />- Cóóómo??? Más vale, se da maña para eso y muchas cosas más.<br />Ahí la Lily hizo una sonrisa cómplice y me guiñó un ojo.<br />- Bueno, mandámelo. Si hace las cosas bien, capaz que un mes no te cobro, si?<br />- Hecho Lily, yo le digo.<br />Un problema menos. Si el nigeriano se esmeraba, en una de esas teníamos cable eternamente.<br />Mientras pensaba esto, apareció delante de mí el Corcho, el borracho del barrio. Un tipo tranquilo, manso, que no jode a nadie y todos quieren, pero manguero como él solo.<br />- Ade, disculpá, no tené unos mangos pa’ la birra?<br />- Hacé una cosa, Corchito. Andá hasta el buffet y decile al Rengo que te dé un porrón y lo ponga en mi cuenta.<br />Al tipo se lo vió incómodo, como que le costaba lo que iba a decir.<br />- Vó perdoná Ade, pero ustedes tienen Quilmes y yo prefiero Heineken, que venden en el almacén de la otra cuadra.<br />Un comentario así merecería, como mínimo, una patada en las encías del que lo emitiere. Pero, en su incoherencia, el tipo tenía su razón. Asi que, dándole un billete de dos pesos, le dije:<br />- Si, tenés razón Corcho, disculpá.<br />- Todo bien Ade, vó no sabías.<br />- Si, gracias por ser tan comprensivo.<br />- Olvidate, chau y gracias.<br />- A vos, chau.<br />En fin, hay gente peor.<br />En eso se escuchó el ruido de tacos de mujer muy característico. Era el Oscarcito, el trava, un pibe de 22 años que había asumido su condición.<br />- Qué decís Osc... no, Daiana era?<br />- Hola Ade, no, ya no. Ahora soy Fran.<br />- Por Francisco?<br />- Nooo, por Francine.<br />- Ok. Che, Fran, no está medio fresco como para mini?<br />- Y si, pero si me pongo el vaquero ajustado se marca mucho el bulto y con la pollerita levanto más.<br />- Ta’ bien, vos conocés tu negocio.<br />Justo apareció el Mamasa, quien con cara de culo (bueno, siempre anda asi), me saludó con la cabeza e hizo un gesto de desagrado al ver a Fran.<br />- Y a éste que le pasa? –me pregunta Fran despectivamente.<br />- Es homofóbico.<br />- Ah, mirá vos. No sabía que era puto el Mamasa.<br />- No, bolu. Homosexual no, homofóbico, que no le gustan los gays.<br />- Ahh, bueno, a mí tampoco me gusta él.<br />- Uy, no le cuento eso que decis, a ver si se pone mal.<br />- Jaaaa, que loco. Bueno, me voy a mi esquina, nos vemos.<br />- Chau nena, cuidate.<br />- Siempre y saludos a la Turca.<br />Y se alejó contoneándose como una diosa.<br />Decidí que era la ocasión de regresar a mi cueva hogareña y ver si el día podía terminar mejor que hasta el momento.<br />Que iluso.<br /><br />(CONTINUARÁ)</span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/706347894394767697-3716901621045299668?l=elclupys.blogspot.com'/></div>ADENOZnoreply@blogger.com30tag:blogger.com,1999:blog-706347894394767697.post-8915112553083151802007-11-02T11:30:00.000-07:002007-11-03T10:57:49.166-07:00EL BAILE (PARTE 2)Recién ahora me estoy reponiendo, el baile me dejó de cama. Igualmente fue un éxito, todos colaboraron para que así fuera. Se acondicionó el salón del Clú para hacerlo tipo discoteca, ¡¡hasta la bola de cristal conseguimos!! La Mabel coordinó todo y yo me encargué de la parte logística: lo que ella pedía le conseguíamos con los hermanos Benítez, ya sea comprando, mangueando o tomando prestado sin la autorización de su dueño. La gente del barrio se portó y llenamos las instalaciones.<span class="fullpost"> El Rengo en el buffet fue ayudado por "Las hormiguitas", quienes se bancaron no sólo que las apuraran con los pedidos, sino también con que les tiraran los galgos tres de cuatro que se arrimaban a la barra. Hasta el Pollo colaboró llevando y trayendo cosas, un fenómeno el morocho. El Ruso se encargó de la boletería y al primer arqueo de caja, le dio redondo, así que no lo controló más. El flaco Ossola dio su presente y apoyo psicológico, ya que no físico, debido a que todavía se estaba reponiendo de los golpes de su fallida demostración de baile <span style="font-size:78%;"><a href="http://elclupys.blogspot.com/2007/10/bueno-muchachos-hay-que-juntar-guita.html">(ver artículo anterior)</a></span>; incluso estaba chocho con el collarín que le colocaron por precaución.<br />A los que pudieron, se les pidió que fueran vestidos con pilchas de la época, así que fue un motivo más de joda ver a los panzones con vaqueros pata de elefante y cintura del mismo paquidermo. El Mamasa se calzó una peluca afro, se colgó collares y camisa floreada, emulando a un hippie del apocalipsis; esto porque, claro, verlo al monstruo haciendo la V de paz y amor era menos creíble que novia de Marley. El Nono pintó con una vincha roja y campera de cuero, no sabemos si se quería parecer a un motoquero de los años 50 o se estaba escondiendo de alguien. La Mabel apareció con una camisola media transparentona, peluca lacia, lentes oscuros, mini y botas altas. Cuando me apercibí de que se le notaba que no llevaba corpiño, ya era tarde, la guacha se me cagó de risa y se fue moviendo las cachas como si tuviera 20 años.<br />Mi look, aunque previsible, no fue menos impactante: traje blanco y camisa negra, sí, a lo Travolta. A los 10 minutos de entrar al clú me estaba recagando de calor, encima el talle era bien justo, así que dos por tres tenía que meter la panza para adentro para que el chaleco no estallara y los botones no salieran como misiles.<br />Al promediar el evento quisimos armar un concurso, tipo “Bailando por un sueño” y al principio fue eso, porque nos dormíamos de lo aburrido. Así que cuando fue mi turno, decidí sacar lo mejor de mí y también sacarme el chaleco, no daba más. Cuando entraba a la pista se escuchó a la gente gritar: ¡Duelo! ¡Duelo! Seguí las miradas y del fondo del salón se empezaron a apartar para dejar paso a mi supuesto oponente. Grande fue la sorpresa y grande el competidor: el Gordo Balbuena en persona. Encima el turro se vino vestido igual que yo, por lo que, enfrentados, parecíamos una mala propaganda de Tony Manero. El DJ arrancó con “Saturday night fever” y el Gordo se posesionó, realmente la movía. Yo había recibido consejos del flaco Ossola e intenté los pasos básicos. La gente estalló en aplausos para ambos y eso hizo que nos potenciáramos. Mientras nos mirábamos de reojo, continuamos cual duelo entre Julio Bocca y Maximiliano Guerra (obvio, sin calzas). La segunda melodía se hizo oír (“Staying alive”) y nuestros cuerpos respondieron. Pero lo que indudablemente no iban a responder serían los corazones. El Gordo ya transpiraba profusamente y a mi un calambre amenazaba apropiarse de mis caderas. Como no se vislumbraba un posible ganador, la gente se empezó a aburrir y rumbearon para la barra, pero nosotros dos permanecimos en la pista por una cuestión de orgullo, de honor, de total irreflexión. Ya los pasos eran torpes y sin ritmo, se escucharon abucheos y risotadas, pero ninguno daba el brazo a torcer, solo las piernas se nos iban a torcer, del esfuerzo.<br />Terminamos arrodillados, uno frente al otro, respirando con mucha dificultad y anhelando el tubo de aire que usa Sandro. Solo se me ocurrió preguntarle al Gordo, entre resuellos:<br />- ¿Te rendís?<br />- ¡Nunca! –bramó mi pesadilla.<br />Como no pude articular palabra, opté por levantar mi mano y empujarlo, haciendo que besara el piso. Mientras sonreía sentí desplomarme, cayendo boca arriba junto a su cabeza. Intenté infructuosamente golpearlo con mi mano, pero al no lograrlo solo tuve fuerzas para emitir un:<br />- Gordo... puto<br />Y cerré los ojos.<br />Me despertó los cachetazos que me propinó el flaco. Cuando pude reaccionar alcancé a agarrarle los huevos, diciéndole:<br />- Ya, flaco, ya me desperté.<br />Todos gritaron satisfechos, menos el flaco que emitió un sonido agudo.<br />- ¿Quién ganó? –pregunté al grupo<br />- ¿De qué? –contestó el Cadena.<br />- Del duelo, paspado.<br />- Ah, que sé yo, nosotros nos fuimos al patio a ver dos minas que se agarraron a piñas. Cuando volvimos, ya te habían traído acá entre la Mabel y el Eze.<br />- ¿Y el Gordo?<br />- Debe andar tirado por ahí, necesitábamos la pista libre.<br />- Ok, sigan con lo suyo, yo me arreglo.<br />Los vi alejarse a seguir divirtiéndose y me acomodé en el asiento. En ese momento se acercó la Mabel con una Quilmes en la mano y dos vasos en la otra. Se sentó a mi lado y me sirvió un vaso hasta el tope. Sólo cuando terminé de tomar, dijo:<br />- Boludo.<br />- ¿Por?<br />- Un día de éstos vas a quedar tirado de un ataque. ¿Y todo para qué? Para demostrarle a otro boludo que sos mejor que él.<br />- Soy mejor que él.<br />- Sos mejor boludo.<br />- Vos no entendés.<br />- ¿Qué no entiendo? El otro se la pasa queriéndote cagar y buscando el error para quedarse con el club y vos zafando y peleándote con él por cualquier pavada.<br />- Es mi némesis.<br />- Andá a cagar. Van a terminar internados los dos, por giles.<br />- Vos no entendés.<br />- Ma’ si, tomate el resto del porrón. Me voy a ayudar en la barra.<br />Se levantó, pero se detuvo y se inclinó sobre mi cabeza y me dijo:<br />- Igual te quiero, pajero –y me dio un besazo de lengua.<br />Entonces pensé. No sé si bailo bien, no sé si le gané al Gordo, no sé muchas cosas. Pero de algo estoy completamente seguro: a la Mabel no la quiero perder por nada del mundo.<br />Se escuchó por los parlantes a Barry White y no dudé. Me levanté con mucho esfuerzo y la fui a buscar. Este lento tenía que bailarlo bien apretado a mi mujer.</span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/706347894394767697-891511255308315180?l=elclupys.blogspot.com'/></div>ADENOZnoreply@blogger.com48tag:blogger.com,1999:blog-706347894394767697.post-66846471626506813222007-10-30T08:58:00.000-07:002007-10-30T13:26:25.021-07:00EL BAILE (PARTE 1)- Bueno, muchachos, hay que juntar guita para refaccionar el Clú.<br />Así comencé la reunión de Comisión Directiva. Estábamos casi todos, menos la Mabel que atendía el ciber.<br />- En los bancos no nos van a dar un puto crédito, así que nos tenemos que arreglar solitos –sentencié.<br />Se oyeron murmullos entre los asistentes y una que otra risita. Quien pensara que estaban charlando sobre la cuestión planteada, se equivocaría. Se oían referencias a la fecha pasada del torneo local y comentarios sobradores de uno a otro, pero del problema, cero. Dejé que terminaran de cargarse, ya que yo también lo estaba gastando al Rengo porque su equipo había perdido sobre la hora. De entre las risotadas se oyó la voz del flaco Ossola:<span class="fullpost"><br />- Yo pienso que los bancos deberían funcionar de otra forma. En lugar de ir uno, hacer la cola, esperar que los forros se dignen atenderte y encima dejarles guita, los bancos tendrían que venir al pie.<br />Todas las cabezas giraron hacia la otra punta de la mesa, donde el flaco seguía con su hipótesis de conflicto.<br />- Es asi, loco. El banco debería enviar a sus empleados para que pasen casa por casa preguntando si necesitamos algo. Que sé yo, “¿tiene algo para pagar, doña?” u “Hoy le vence el gas, don Alfonso, ¿le sello la factura?”, cosas así. Y si estás ocupado, el tipo te dice: “Ok, señor, paso en otro momento y disculpe las molestias”. Así daría gusto poner mi guita ahí. Todo por un buen servicio. No sé, se me ocurrió.<br />Durante un instante eterno todos miramos sin decir palabra al expositor de tamaña idea. Luego, recobré el sentido de la realidad y le largué sin anestesia:<br />- Flaco, creo representar la voz de la mayoría al decirte que sos un pelotudo serial. Ahora bien, dos cosas a tu favor: una, ¡que bien argumentás tus boludeces! Y dos, gracias a tu intervención podemos retomar el problema que nos convoca.<br />El flaco hizo una media sonrisa, no sabiendo si lo estaba halagando o echándole tierra encima. Aproveché para captar la atención del resto:<br />- Necesitamos una idea, organizar algo para recaudar, sino se nos viene abajo el Clú. Hay que aprovechar ahora que estamos más o menos bien con el fulbo, a pesar del empate último. No sea cosa que se nos acabe la racha y nos emboquen una goleada.<br />- ¡Organicemos una rifa! –exclamó el Nono.<br />- Nooo, en la última no compró nadie un mísero número –dijo el Mamasa.<br />- Porque los premios eran chotos –respondió el viejo.<br />- ¿Qué decís? Un tele blanco y negro que andaba rebien y una comida en la parrilla del Rolo. ¿Qué querés por un peso el número? –se defendió la bestia.<br />- Tenés que poner algo más caro, boludón –se obstinó el progenitor.<br />- Si, pero entonces tenés que cobrar más caro el número y la gente no tiene un mango –dije como si estuviera descubriendo la teoría de la relatividad.<br />El Ruso pidió la palabra, se la di y argumentó:<br />- Yo creo que para que la gente garpe hay que darle a cambio algo piola, algo que disfrute, que la haga sentir bien.<br />- Vendamos consoladores, entonces – pronunció el Loro.<br />Estalló una carcajada general por la ocurrencia, pero el Ruso siguió:<br />- Cortala zángano, hablemos en serio. Hagamos algo que pueda repetirse, que la gente lo hago propio.<br />- ¿Y qué idea se te ocurre, Ruso? – le pregunté atentamente.<br />- Un baile – dijo sonriendo.<br />La primera reacción de todos fue negarse, por una cuestión instintiva de oponerse a todo. Pero de a poco fue ganando terreno la propuesta y todos empezaron a aportar:<br />- Hagamos una gran bailanta –pidió el Cadena<br />- No, no seas grasa, que sea todo marcha, como se usa ahora –respondió el Eze.<br />- Cualquier cosa, menos tango –rogó el Loro<br />- Los bancos no deberían cobrar ese servicio a domicilio –insistía el flaco autistamente.<br />- ¿Y si lo hacemos conceptual? –pregunté<br />- ¿LO QUÉ?!! –preguntaron todos a la vez.<br />- Bueno, creo que así se dice, cuando es un tema, un motivo. Un baile con música de los años 60, 70 y 80.<br />Menos el Nono y el Eze, a los demás le cabía alguna de esas épocas, así que aprobaron satisfechos.<br />En ese preciso instante se empezó a oír una melodía pegadiza. Era “Fiebre de sábado a la noche” de los Bee Gees. El flaco había buscado y encontrado un cidí con varios temas y lo había puesto en el equipo de música. Pero no solo eso, sino que empezó a bailar cual Travolta del subdesarrollo, con movimientos no del todo desagradables. Todos nos entusiasmamos y empezamos a hacer palmas. El flaco se animó más y de un salto trepó a la mesa grande de reuniones. Estaba poseído. Hizo un par de giros riesgosos, movimientos ondulantes de cadera, ademanes armónicos, un semi profesional el tipo. Cuando ya terminaba la pieza, realizó un giro total y se lanzó hacia la cabecera patinando sobre sus rodillas. El envión fue bastante fuerte, eso, más lo lustroso de la mesa, hizó que el flaco siguiera deslizándose hacia la punta donde estaba sentado el Mamasa, su enemigo natural <a href="http://elclupys.blogspot.com/2007/09/le-hicimos-la-fiestita-la-turca.html"><span style="font-size:78%;">(ver artículo)</span></a><span style="font-size:78%;">,</span> quien vestía una remera negra con la desafiante inscripción: “El Roña Castro se la come”. Cuando ya descontábamos un encontronazo con el mamut, a escasos centímetros de la colisión, el Mamasa apenas levantó su codo haciendo que el flaco perdiera estabilidad al chocar con él y se estrellara contra un armario que contenía diferentes trofeos de lejanas épocas gloriosas del Clú.<br />El estruendo fue ensordecedor. Todos fuimos rápido a evitar que se rompieran más cosas, entre puteadas varias al autor del desquicio.<br />Pudimos recuperar bastante y no dejamos de insultar a toda la parentela del flaco. Cuando terminamos de acomodar más o menos, nos volvimos a sentar para recobrar la tranquilidad. Fue ahí cuando desde el lugar del siniestro, se oyó la voz débil del accidentado:<br />- Muchachos, disculpen que los joda, pero, ¿podrían llamar a una ambulancia? Gracias.<br />Y se desmayó.<br /><br />CONTINUA EL VIERNES (Palabra)</span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/706347894394767697-6684647162650681322?l=elclupys.blogspot.com'/></div>ADENOZnoreply@blogger.com27tag:blogger.com,1999:blog-706347894394767697.post-42021187754330379642007-10-24T10:36:00.000-07:002007-10-24T10:40:46.628-07:00BALBUENA<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_91rcu8kSUao/Rx-DXGODwQI/AAAAAAAAAC8/1NlK5Lzb5KI/s1600-h/balbuena.jpg"><img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_91rcu8kSUao/Rx-DXGODwQI/AAAAAAAAAC8/1NlK5Lzb5KI/s400/balbuena.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5124959333800722690" /></a><br />¡¡Se pudrió todo!!<br />Nos tenemos que reunir la Comisión Directiva del Clú, porque hay denuncias de desmanejos. Esto debe ser cosa del gordo cornudo y buchón de Balbuena, ahora que andamos rebién con el fulbo, viene a romper las bolas con las cuentas claras.<br />Gordo trolo, ¡Vigilá a tu jermu en lugar de venir a jodernos!<br />Estoy muy caliente como para escribir, más vale después cuando esté calmado, les cuento como van las cosas.<br />Me hacen hervir la sangre, me hacen.<span class="fullpost"><br /><br />Bueno, acá estoy. Zafamos ahí de una auditoría. Estuvimos laburando como locos para juntar los papeles, conseguir facturas y recibos, truchar documentos, de todo. El tordo Inzaguirre nos aseguró que, si no se ponían en putos, pasaba cualquier control. Y salió todo bien. El gordo Balbuena se la tuvo que morfar, pero no se va a quedar tranquilo. Va a estar al acecho para saltarnos encima apenas metamos la gamba en algo. Y más ahora que, con lo del Pollo y el fútbol, el Clú aumentó la cantidad de socios.<br />Con el Luis (el gordo) nos conocemos de pibes, se podría decir que nos criamos juntos. Nunca fuimos amigos, sino que nos tolerábamos. Nos cagamos a piñas un par de veces de pendejos y de más grandes una vez, una pelea que todavía se recuerda en el barrio. Teníamos una relación de conveniencia. Él siempre andaba con guita (el viejo tenía la tienda más grande del barrio, la que el Luis heredó), yo era más tirado, pero el gordo no era tan agraciado y eso hacía que se cohibiera con las minas. Así que yo encaraba y él garpaba y ganabámos los dos. Con el tiempo, dejamos de necesitarnos. Yo ya tenía mi laburo en la imprenta, así que no necesitaba de los recursos del gordo y él empezó a agarrar más confianza, con lo que cada uno hacía la suya.<br />A los 20 se puso de novio con la Dorita, la que ahora es su jermu. Ninguna boluda la mina, en ese tiempo ya la tenía clara. Podía haber salido con quien quisiera (de hecho lo hizo), pero se eligió al que le iba a dar un futuro sin sobresaltos. El Luis era el tipo que necesitaba para zafar de la malaria, igual después se la podría rebuscar si necesitaba amantes. Yo anduve un tiempo con ella de pendejo, pero ya se notaba que la tipa buscaba otra cosa. Un par de meses antes de casarse con el Gordo tuvimos un encuentro, pero no pasó de ahí. Nadie nunca supo nada de eso, pero cuando estábamos en campaña para las elecciones del Clú, se corrió la bola que yo había salido con la Dorita mientras estaba casada con el Luis. Nada que ver, pero yo no salí a desmentirlo porque lo quería hacer engranar al Gordo. El Luis picó y se fue de boca, quedando ante la gente no sólo como cornudo, sino como un reverendo pelotudo. Me parece que el Nono tuvo que ver con desparramar el chisme, ya que era el único que podía sospechar algo. Una, porque es un viejo zorro y dos, porque cuando nos encontramos con la Dorita en el telo ocurrió que, cuando salíamos, se había armado revuelo. A un tipo le había dado un ataque mientras estaba con una trola y la mina gritaba que era verso, que lo hacía para no garparle, típico truco del Nono. Cuando la ambulancia se fue, pasó al lado nuestro y por la ventanilla me parece que el viejo me bichó, aunque nunca hizo ni un comentario.<br />La cuestión que el Gordo ahora no sólo me odia por creer que me empomaba a su jermu, sino porque le ganamos las elecciones, a pesar de que él puso toda la guita y nosotros nos manejamos a pulmón y, ¿por qué no decirlo? le mandamos presión a la gente con la ayuda inestimable de los hermanos Benítez, duchos en el arte del apriete.<br />El Gordo buchón nos la tiene jurada y va a aprovechar cualquier oportunidad para escracharnos. Bueno, que haga lo que quiera, acá lo esperamos.<br />Como dirían por ahí: NO-TE-TE-NE-MOS-MIE-DO.<br />Me voy, che. La Mabel hace como una hora que me espera para tomar mate y los hace riquísimos.<br />Nos vemos, pórtense bien, miren al cruzar, pónganse un saquito y, sobre todo, no hablen con extraños.</span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/706347894394767697-4202118775433037964?l=elclupys.blogspot.com'/></div>ADENOZnoreply@blogger.com20tag:blogger.com,1999:blog-706347894394767697.post-81096715086195835202007-10-18T13:51:00.000-07:002007-10-18T14:04:36.211-07:00MIRACOLO!! MIRACOLO!! (Parte 2)<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://farm3.static.flickr.com/2099/1621331929_dbe3d31fe6.jpg?v=0"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 449px; height: 265px;" src="http://farm3.static.flickr.com/2099/1621331929_dbe3d31fe6.jpg?v=0" alt="" border="0" /></a>El Pollo sabía bien que tenía que hacer, el Zurdo también lo sabía. Pero nadie más. Un estricto secreto entre ambos podía ser la clave para sacar un buen resultado.<br />Era simple: el morocho debía hacer valer su habilidad y buscar la infracción cerca del área o dentro de ella. Era sabido que no podía contar con el resto del equipo, ya que los muchachos parecían jugar con una garrafa atada en cada pierna. Con el 17 en su espalda ingresó bajo una lluvia de epítetos racistas.<span class="fullpost"><br />La primera pelota que agarró fue uno más de los rechazos de nuestra defensa, la bajó delicadamente, giró para encarar hacia el otro arco y sólo vio adversarios. A medida que le salían al cruce los eliminó fácilmente, hasta que una acumulación de piernas contrarias le juntaron los dos pies y fue a dar al piso.<br />Miré al Zurdo y estaba impávido, sereno, confiado. Pero no logró transmitirme su tranquilidad y maldije haber almorzado guiso antes del encuentro.<br />El partido continuó y el Pollo buscaba, buscaba. En una jugada en mitad de campo, le salió a interceptar el cinco de ellos, asignado a marcarlo. Era el Oso Garmendia, un humanoide con más de una causa penal por agresiones. El Pollo lo vio venir y le metió un “caño” impecable, quedando para siempre la marca de la frenada de la bestia en el campo de juego. En lugar de seguir con la pelota, el nigeriano se frenó, levantó la pelota y cuando el Oso arremetía nuevamente, con el taco le hizo un “sombrero” que desató la euforia de la hinchada y la ira del mediocampista visitante. El Pollo encaró para el arco contrario y el mastín lo entró a perseguir, sediento de sangre y echando espuma por todos sus orificios visibles. Luego de eliminar al 2 de ellos (lo que permitió acortar la distancia de su perseguidor), y cuando todos pensábamos ilusoriamente que sortearía a toda la defensa visitante (cosa imposible si las hay), el Pollo empezó a hacer jueguitos a la puerta del área. Todos nos quedamos paralizados, no entendíamos.<br />- Pateá al arco, negro hijo de trece mil putas negras!!! –era lo más modesto que se escuchaba.<br />Pero el Pollo nada, meta pegarle al fulbo como si estuviera en el parque. Hasta los adversarios se quedaron admirados de la habilidad del pibe y miraban extasiados. Me entré a desesperar, encima al Zurdo no se le movía una ceja, o estaba muy seguro de su plan o había entrado en estado catatónico. En la cancha el morocho seguía con su exhibición y, cuando estaba haciendo con el hombro, noto que en mi vasito de plástico con café comienzan a producirse ondas concéntricas, como en Jurassic Park. Eran provocadas por el Oso, que no se dejó encantar por los malabares del negro y ciego de odio por la gozada sufrida, se lanzó con los dos pies en plancha directo al omóplato del ilusionista. Ya estábamos decretando el deceso del Pollo, cuando éste giró en el momento justo y los botines del agresor pasaron a milímetros de su burlador, quien, en un aparatoso gesto, se desparramó en el piso simulando un inconmensurable dolor. El árbitro no dudó y le sacó roja directa a Garmendía. Como habrá sido de descalificable la infracción que hasta sus propios compañeros le exigieron al referí que lo expulsara.<br />Cuando el Oso pasó frente a nuestro puesto, rumbo a vestuarios, el Mamasa no se contuvo:<br />- ¡Oso y la recalcada y recontrarenegrida concha de tu bendita madre! –le gritó a pocos metros.<br />Lo miré asombrado, no tanto por el tenor del insulto, sino por lo bien que había vocalizado. Le hice un gesto de aprobación y seguí mirando el encuentro.<br />El Pollo se había reincorporado y ya estaba acomodando la pelota para el tiro libre. Sus compañeros, quizás un poco celosos, quisieron hacer una jugada de pizarrón, donde van dos que amagan que van a patear y saltan la pelota, para confundir a la barrera. Totalmente ineficaz, ya que todos sabíamos que quien le iba a pegar de última era el Pollo, por lo que la acción de los supuestos pateadores no sólo fue inútil, sino también patética.<br />Ya el Pollo llegaba con trote seguro a pegarle de derecha y, superando la barrera, la pelota se dirigió hacia el palo contrario donde estaba el arquero. En una parábola exquisita, el misil tierra-ángulo tenía destino de gol. Y fue gol, nomás. La tribuna enmudeció. Los visitantes estaban callados por la bronca, pero nosotros estábamos mudos del asombro. El Pollo empezó a correr festejando su tanto, pero se detuvo al notar que nadie lo felicitaba ni gritaba junto a él. Eso, sumado al mutismo de la hinchada, le hizo creer en una anulación del gol. Pero el árbitro corría hacia el centro del campo, o sea lo estaba convalidando. El morocho se quedó estático con los brazos a los costados, sin entender. Hasta que se oyó la voz del Zurdo:<br />- ¡Manga de boludos! Festejen que fue gol!!!<br />Ahí caímos en la cuenta de que no era un sueño, que todo era verdad, que habíamos mojado, que enterramos la batataaaa.<br />¡¡¡¡¡¡GOOOOOOOOOOOLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLL!!!!!!<br />Lo que pasó a continuación me llega a la mente en retazos, gente caminando de rodillas, besándose, abrazándose, olvidando rivalidades, pidiendo al referí que lo termine cuanto antes.<br />Nuestros jugadores pateando a cualquier lado, yo conteniendo a los mellizos para que no invadieran el campo de juego antes de finalizado el partido.<br />Y llegó el pitazo final.<br />Entonces si, a darle rienda suelta a la alegría contenida.<br />El Pollo fue llevado en andas por toda la cancha, motivando una sonrisa eterna y de 43 dientes del morocho y la inapreciable gratitud de más de una fémina que lograron vislumbrar entre los pliegues del pantaloncito del héroe las dimensiones de su martillo.<br />El Pollo fue el último de los jugadores en darse una ducha y mientras estaba en eso, una de las “Hormiguitas” se me acercó y, en voz baja, me dijo:<br />- Ade, con las chicas le queremos pedir un favorcito.<br />- Menos guita, lo que quieran –contesté tontamente.<br />- Después vemos eso. Ahora lo que queremos es que raje a todos del vestuario para cambiarnos nosotras.<br />- Ok, piba, aguantá que termina el Pollo de bañarse y queda desocupado para ustedes.<br />- No Ade, no entiende. Que se vayan todos, menos el Pollo –dijo, guiñándome un ojo.<br />Tardé más de lo debido en enganchar la propuesta. Al tercer guiño, me apiolé.<br />- Ahhhh, caramba... ehhh, bueno, dale, los rajo... si, eso, je –asentí algo turbado.<br /><br />Esa noche con la Mabel cogimos como nunca. No sé si por la euforia del triunfo o por el relato del Rengo Díaz sobre lo acontecido en la ducha del vestuario entre el Pollo y las cuatro “Hormiguitas” (el tipo se las ingenió para bichar la fiestita desde una claraboya), la cuestión es que fue tal mi perfomance amatoria que la Turca exclamó:<br />- Nene, si te pone así ganar un partido, mañana mismo empiezo a juntar guita para contratar al “Pulga” Messi.<br />Lancé una carcajada, la tomé en mis brazos y volvimos a empezar.</span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/706347894394767697-8109671508619583520?l=elclupys.blogspot.com'/></div>ADENOZnoreply@blogger.com20tag:blogger.com,1999:blog-706347894394767697.post-26591533616691752602007-10-14T17:43:00.000-07:002007-10-14T17:44:22.344-07:00MIRACOLO!!! MIRACOLO!!! (Parte 1)Nuestros ruegos fueron escuchados.<br />¡¡¡Ganamos nuestro primer partido en el torneo!!!<br />Que jornada gloriosa, que dicha sin par, que alegría, que alegría, olé olé oláááá.<br />Fue un uno a cero espectacular, en un partido candente, lleno de emociones.<br />Numerosísima la cantidad de gente que asistió, por ser día de semana (la fecha se había suspendido el domingo por lluvia), lo que me llevó a pensar dos cosas: una, que arrastre tiene el Clú y dos, cuánta gente al pedo y sin laburo hay.<span class="fullpost"><br />La fiesta comenzó cuando entraron nuestras porristas, “Las hormiguitas”, con su atuendo azul y rojo (en diferentes tonalidades, eso si) y dejaron muda a la tribuna. Un ratito muda, después se empezaron a cagar de risa y a gritarle groserías a nuestro elenco. Las “hormiguitas”, como si nada, hicieron su número totalmente concentradas al ritmo de “Bombón asesino” (yo quería “One more time”, de la Brini Espir, pero no me apoyaron). Bailaron con una sincronización perfecta: se equivocaban todas al mismo tiempo. Pero las polleritas tableadas surtieron efecto y terminaron ovacionadas.<br />Entonces ingresaron nuestros gladiadores. Que recibimiento, señores. Nunca oí silbar tanto a un equipo. Las mil variantes de “la concha de tu madre” salían de las bocas de los concurrentes. Pero nuestros muchachos se la bancaron, como si no los oyeran. Hay que reconocer el mérito de la idea del Rengo Díaz de hacerles poner algodón en los oídos.<br />Pese al reclamo de quienes vimos las prácticas, el director técnico, el Zurdo Oliva, decidió poner en el banco de suplentes a la nueva adquisición, el Pollo. Y tenía razón. Si lo mostrábamos de entrada y veían lo bien que jugaba, despertaríamos sospechas y entrarían a fijarse en la inscripción del morocho. El tordo Inzaguirre nos aseguró que los pelpas truchos pasaban cualquier control (ahora el Pollo es uruguayo y mudo), pero igual mejor no exponerse.<br />El planteo táctico fue netamente defensivo, el clásico 10-1: todos colgados del arco y uno solo arriba para correr los pelotazos. Pese a los cánticos en contra de la parcialidad visitante y también de algunos sectores de la nuestra (con el gordo buchón de Balbuena a la cabeza), donde el término “cagones” resaltaba por sobre todo, nuestros aguerridos titanes aguantaron la embestida de los pérfidos atacantes del Club “Pasión en cuentagotas”, de una localidad vecina. En el entretiempo, el Zurdo (ex jugador, que supo mostrar su estampa en Rosario Central y clubes del interior, hasta que su capacidad para contagiarse enfermedades venéreas le cortó la carrera) les habló sintéticamente:<br />- Tenemos que aguantar así 20 minutos más, entonces los vamos a agarrar cansados –dijo en una clara postura bilardista.<br />El segundo tiempo fue calco del primero. Los visitantes se cansaron de mandar centros al área y nuestros muchachos rechazaban con lo que tenían. Hubo dos tiros que pegaron en los palos que hicieron bramar a la concurrencia y a mí me hizo bramar el estómago, con promesa de diarrea. A los veinte minutos exactos del complemento, el Zurdo lo mira al Pollo y le indica que se levante. Con señas, incomprensibles para nosotros, le hace entender lo que quiere. El oscuro asiente y se para al borde de la cancha para hacer el cambio levantando su mano para llamar la atención del árbitro.<br />Y ahí comenzó la magia.<br /><br />(CONTINUARÁ)</span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/706347894394767697-2659153361669175260?l=elclupys.blogspot.com'/></div>ADENOZnoreply@blogger.com26tag:blogger.com,1999:blog-706347894394767697.post-52655773902662592292007-10-04T15:54:00.000-07:002007-10-04T16:02:32.545-07:00EL POLLO- Ade, necesito hablar con vos. A solas.<br />Cuando el Ruso me dijo así y vi su cara seria, pensé dos cosas: “Cagué, se acordó de la guita que le debo” y “Cagué, me viene a pedir guita prestada”. Dejé un momento mis ocupaciones en el clú (estaba con el Nono descubriendo dibujos en las manchas de humedad del techo del salón) y me fui a sentar con el Ruso, dispuesto a afrontar lo que fuere.<span class="fullpost"><br />- Tengo la solución para el tema de fútbol en el club, Ade.<br />Respiré aliviado, la cosa no venía de mangazo, pero igual sentí un dolor en el alma. Es que cuando me nombran el fulbo, me agarra una angustia... Hace rato que no embocamos un partido, ni un mísero empate o una honrosa derrota de menos de cuatro goles en contra. Presté atención a mi compañero de mesa, mientras le hacía señas al Rengo Díaz para que me trajera del buffet una Quilmes.<br />- Te escucho, Ruso –le dije<br />- Mirá, viste que yo ando con el camión por todos lados. Bueno, la semana pasada, fui al puerto a cargar una merca media falopa, pero bien paga. Termino de subir todo y salgo para San Nicolás. A la altura de Fighiera (yo venía rápido), tengo que frenar por las putas lomas de burro que tienen ahí. Sentí un ruido raro en la caja, que sé yo, uno conoce su laburo y ese no era ruido de cajas cayéndose.<br />El Rengo llegó con la cerveza, la destapó y se quedó parado, como prestando atención al relato. El Ruso lo miró, me miró, me hizo señas con la cabeza de la presencia del Rengo. Yo miré al Rengo, éste me miró, le pregunté con un gesto de la cabeza que quería, el Rengo se encogió de hombros y siguió en su lugar. Miré al Ruso, volví a mirar al Rengo y le dije:<br />- Rengo, ¿me haces un favor?<br />- Decime, Ade.<br />- ¿Por qué no te vas a esterilizar cucarachas con un alicate? ¿No ves que estamos hablando?<br />El Rengo me volvió a mirar, lo miró al Ruso y dando media vuelta se fue rascándose la nalga izquierda. Creí oírlo murmurar una puteada.<br />- Disculpá, seguí Ruso –le dije mientras llenaba los vasos.<br />- Ok, bien, frené al costado de la ruta y me bajé con el palo para controlar las ruedas, dispuesto a surtir a quien sea. Abrí las puertas con cuidado y grité: “Salí, la concha de tu madre o subo y te bajo los dientes, te bajo”. Pasaron un par de minutos y nada. Cuando ya me subía, del fondo de las cajas se asoma una cabeza.<br />- A la mierda –dije, compenetrado con el cuento.<br />- Aparece un negrito, reflaco, pero musculoso, con cara de hambre y una baranda que hacía flamear los postes de la luz, diciendo: “Pollo, pollo”.<br />- A la remierda –exclamé, sin mucha originalidad.<br />- Bueno, te la hago corta. El pibe resultó ser un polizonte de un barco nigeriano, y según un papelito que tenía encima, parece que se llama Mbemba Embuila, o algo así. Yo le puse Pollo, porque es más fácil y era lo único que sabía decir él. Me dio lástima, así que le di algo de comer y tomar y lo subí conmigo adelante. Me ayudó a descargar y ahora lo tengo conmigo.<br />Yo me rasqué el mentón, como si pensara, cuando en realidad era que me picaba la barba, y le dije:<br />- Linda historia, Ruso. Pero, ¿qué tiene que ver el fulbo con esto?<br />- A eso iba. En una parada, en una estación de servicio, mientras cargaba combustible, fui al baño. Cuando vuelvo, a unos pibitos que estaban jugando a los penales, se le escapa la pelota y va a parar a los pies del Pollo. La levantó como si nada, empezó a hacer jueguitos, con las rodillas, con la cabeza, con los hombros, con el culo, que sé yo, un maestro el morocho. Después se las devolvió pegándole con los tres dedos a los pendejos, quienes estaban con la boca abierta, y se vino caminando hacia mí como si hubiera hecho lo más normal del mundo.<br />El Ruso, se inclinó hacia delante y tomándome el brazo, dijo vehemente:<br />- Ade, el Pollo es un crack.<br />- Caramba –sólo pude decir.<br />Mi mente estaba a full. Si el Pollo era como decía el Ruso, era el jugador que nos podía salvar. Pero, siempre hay un pero, algo no me cerraba y lo hice saber:<br />- Todo bien, Ruso, pero... ¿qué pito toca el Clú en esto?<br />El Ruso se echó para atrás en la silla y, como restándole importancia, dijo:<br />- Bueno, como “descubridor” del Pollo, yo estaría dispuesto a cederlo al equipo del club.<br />- Ah, que bien. ¿Y cuánto nos va a salir esta “gauchada”? –dije mirándolo cancheramente.<br />- Nada –dijo, sin inmutarse.<br />- ¿Nada? Dejate de joder, Ruso. Vos no hacés nada gratis.<br />El Ruso miró para los costados, como para cerciorarse que no hubiera nadie escuchando y me dijo:<br />- Al club no le saldría nada, pero para mí valdría mucho que el club lo mantuviera.<br />- ¿Mantener? ¿A qué te referís? –pregunté un poco fastidiado.<br />- Si, yo lo cedo sin un mango para mí, pero el club se tiene que hacer cargo del Pollo. Le tiene que dar de comer y donde dormir.<br />- Pará un cachito, Ruso. Vos no estás contando todo. Largá el rollo, si querés que te ayude –lo apuré, ya sabiendo que me ocultaba algo.<br />El Tipo agachó la cabeza y la empezó a mover. Suspirando y con los ojos medio vidriosos, me contó:<br />- Lo que te diga tiene que quedar entre nosotros. Prometémelo, Ade.<br />- Tenés mi palabra, Ruso –dije solemne.<br />Pareció más tranquilo y confiado.<br />- Cuando volví del viaje, lo levé al Pollo a mi casa y se lo presenté a la Betty, mi mujer. Ella lo recibió rebien y el pibe se sintió comodísimo. Le preparamos el cuarto de mi hijo que está estudiando en Buenos Aires y le dimos pilchas. La Betty le indicó por señas que se podía bañar y le mostró el baño. El pibe agradeció con la sonrisa más grande que haya visto y con la Betty nos fuimos a la cocina a preparar el mate. De repente mi mujer se apiola que no había toallas grandes en el baño y me dice que se las va a alcanzar. Yo me quedé prendiendo la cocina y puse la pava con agua. Como vi que tardaba en volver la Betty, pensé que capaz el Pollo no le entendía, así que fui a ver que pasaba.<br />Una nube pareció cubrirle la mirada. Intuí algo, pero lo dejé terminar:<br />- La Betty estaba parada, estática en la puerta del baño con las toallas en el piso, la boca abierta y la mirada clavada en la ducha. El Pollo no la había visto abrir y se siguió bañando como si nada. A la vista de la Betty aparecía el tipo en todo su esplendor y ella estaba como hipnotizada. Cuando me acomodo atrás de mi mujer, veo lo que ella miraba y no pude dejar de entenderla.<br />Hizo un descanso en el relato y suspirando, agregó:<br />- Ade, el pibe tiene una tararira de 30 centímetros, mínimo.<br />- A la pelota –sólo pude acotar.<br />- Si, las pelotas también las tiene grandes –me dijo ya con lágrimas.<br />- ¿Y entonces? –alcancé a preguntar.<br />- Bueno, la Betty se obsesionó con el negro. No le interesa lo que yo diga, quiere que el Pollo le dé matraca, está enloquecida. Y yo la quiero mucho, pero tengo mis límites. Así que necesito que el morocho se vaya de casa, pero el pibe es buenísimo, él no tiene la culpa de ser dotado. Por eso te pido que lo acepten acá. Ganaríamos todos. Ustedes tendrían un crack sin desembolsar un mango, el Pollo tendría un lugar para vivir y yo podría estar más tranquilo para recomponer mi relación con la Betty. ¿Hacemos negocio? –me miró como suplicando.<br />No me tomó mucho decidirme.<br />- Ok, Ruso, traelo al pibe. Vamos a buscarle un lugar y si juega como vos decís, seguro en el equipo lo van a recibir con los brazos abiertos.<br />- Gracias Ade, al Pollo lo tengo afuera en el camión. Ya mismo lo hago bajar. Ah, otra cosa. Olvidate de la guita que me debés.<br />Y se fue para la puerta del clú. El Rengo se arrimó a la mesa para retirar la botella y los vasos vacíos. Le pregunté:<br />- ¿Qué opinás?<br />- ¿De qué? –me dice con cara de boludo.<br />- No te hagás el que no sabés, que te biché escuchando todo.<br />Haciendo una sonrisa cómplice, me contesta:<br />- Los tríos son jodidos, Ade. Más de un pene en la casa, asusta. Y más si uno es de esas proporciones.<br />Cuando se lo propone, el Rengo es todo un sabio. </span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/706347894394767697-5265577390266259229?l=elclupys.blogspot.com'/></div>ADENOZnoreply@blogger.com33tag:blogger.com,1999:blog-706347894394767697.post-82963518332171022502007-10-01T17:01:00.000-07:002007-10-01T17:10:12.556-07:00LAS HORMIGUITASEl Cadena no es un tipo que resalte, no digo físicamente, porque tiene una estructura similar a su mellizo, el Mamasa. Es de perfil bajo, más introvertido que el mutante de su hermano. Es un tipo de acción (acción retardada a veces), pero útil para convencimientos varios. Nunca es el centro de atención, a no ser cuando está desparramando humanidades en alguna trifulca, pero ese es su medio natural.<br />Es por eso que, el estar reunidos a su alrededor en la oficina de la Honorable Comisión Directiva del Clú, no sólo era totalmente anormal sino extraño.<span class="fullpost"> Nos estaba mostrando, con cierto orgullo, la palma de su mano derecha. En ella aparecían, en un orden irregular, cinco mosquitos aplastados al unísono por el energúmeno: un verdadero récord. Estos bichitos apátridas (que no respetan sexo ni religión) habían encontrado en el Cadena un oponente de temer y nosotros un líder en la desigual batalla contra estos malignos dípteros (si, anduve leyendo el gugle).<br />Para registrar la hazaña, lo mandé al Eze para que trajera la cam digital así retratábamos para la posteridad el acontecimiento. Mientras lo esperábamos, seguimos apreciando y comentando entre nosotros, dejando caer de vez en cuando un halago para el héroe.<br />Tan abstraídos nos tenía el suceso, que no nos percatamos de la llegada de la Turca, quien, con su característica voz, nos lanzó:<br />- ¿Se puede saber que carajos es esto? –preguntó, mostrando un volante.<br />Fue tal la sorpresa que el Rengo Díaz trastabilló y se cagó un porrazo. El Nono se agarró el pecho, en un acto reflejo (no sufre del corazón, pero siempre hace lo mismo para dar lástima y que no lo agredan). Lo peor fue que el Cadena, ante la vista horrorizada de todos nosotros, instantáneamente se limpió la mano con los restos de su faena en su pantalón, supongo que para evitar que la Mabel viera cuán asqueroso podía ser. Así fue como se perdió la prueba de su gloriosa y efímera proeza.<br />Todos dirigimos la vista del pantalón del ex héroe hacia la Turca, con un cierto gesto de reproche. Me le acerqué, tomé el papel y le dije:<br />- Esto es un papel, tamaño 11 por 17 centímetros, impreso a un color.<br />- Ya sé, pajero. Pregunto qué significa –dijo, ya francamente disgustada.<br />El volante en cuestión era el siguiente:<br /><br /><br /></span><div style="text-align: center;"><span class="fullpost"><span style="color: rgb(255, 0, 0);">CASTIN PARA ELEGIR A “LAS HORMIGUITAS”</span></span><br /></div><span class="fullpost"><br /><span style="color: rgb(255, 0, 0);">Si querés integrar el grupo de las porristas del Clú, vení e inscribite para la selección.</span><br /><span style="color: rgb(255, 0, 0);">Como no hay lugar en el Clú, las postulantes se deberán llegar hasta el Bar “El Tibet”, donde, a eso de las 23 del martes próximo, se procederá a la elección de “LAS HORMIGUITAS”.</span><br /><span style="color: rgb(255, 0, 0);">Las elegidas tendrán acceso gratis a los partidos que juegue la entidad y a los vestuarios. Aseguramos pasajes y viáticos. Todo en un ambiente sano y fraternal.</span><br /><span style="color: rgb(255, 0, 0);">Llevar ropa liviana para el castin. Habrá música y bebida.</span><br /></span><div style="text-align: center;"><span class="fullpost"><span style="color: rgb(255, 0, 0);">ANOTATE!!!</span></span><br /></div><span class="fullpost"><br /><br />- Ahí lo dice, es un castin –respondí lo más calmo posible.<br />- Primero, se dice y se escribe “castingggg”. Y segundo, olvidate de esto –me largó como si nada.<br />- ¡Pará un cachito, Toledo! Esto es beneficioso para el Clú –intenté argumentar.<br />- ¡Beneficioso, las pelotas! Esto es para babosearse todos ustedes mirando pendejas casi en bolas, ¿o no?<br />Hice un paso para atrás, como ofendido por lo dicho, miré asombrado a los demás, quienes hacían muecas de desaprobación y ademanes de protesta.<br />- No te permito, somos personas decentes y padres de familia –dije tratando de calmar los ánimos.<br />- No, son unos jeropas reprimidos que buscan cualquier excusa para calentarse –dijo sin querer parlamentar.<br />- Uuuhh, como te está apurando, Ade –ironizó el Cacho.<br />- Vos mejor te callás, salame. A ver si a tu mujer le gustaría que fueras –le reprochó la Turca.<br />- Mi mujer hace lo que yo digo, ¿Qué te paaaasa? –dijo envalentado el aludido.<br />Fue ahí cuando vimos recortada en el marco de la puerta de entrada de la ofi, la silueta de la Leonor, esposa del Cacho. La tipa había sido en su tiempo un minón infernal, aunque ahora estaba más para “Cuestión de peso”, por lo que era de temer y, enojada, peor.<br />- ¿Así que hago lo que decís? ¿Y ahora qué querés que haga? –preguntó amenazadoramente.<br />El Cacho tragó la poca saliva que le quedaba en su garganta reseca y, con voz apenas audible, dijo:<br />- Lo que vos quieras, Leo.<br />Tratamos de reprimir las risas, ya que el momento era de suma tensión. Ya habría tiempo para gastarlo al boludo. Tomé la posta, ya que mi autoridad estaba siendo cuestionada, y exclamé:<br />- La decisión fue tomada y como presidente del Clú la voy a llevar adelante. Les guste o no.<br />La Mabel me miró desafiante y se corrió para hacerle un comentario al oído a la Leonor. Ésta pareció conforme, por lo que la Turca determinó:<br />- Ok, hagan el casting. Pero nosotras vamos a estar presentes, como jurado.<br />Ahí si dimos rienda suelta a las carcajadas, lo que alivió el clima imperante.<br />- Ja, haceme el favor. Esto no es para ustedes –le dije, dueño de la situación.<br />- Si no estamos ahí, el casting no se hace, ¿entendiste o te hago un dibujo? –preguntó mirándome con los ojos entrecerrados.<br />- Seguí participando, gila –le respondí.<br /><br />La verdad que la elección no podía haber salido mejor. Las chicas que van a ser de ahora en más “LAS HORMIGUITAS” son bastantes potables. Fue buena la decisión de que participaran nuestras mujeres como jurado. Si, al final tuvimos que resignar posiciones.<br />La Mabel, junto a la Leonor, se hablaron a todas las cónyuges, novias, concubinas o lo que fuere y nos hicieron un piquete exigiendo asistir al casting o nos quedábamos sin atenciones íntimas por un mes. En reunión de urgencia, la Comisión decidió ser flexible y dar lugar a la participación femenina, como establece la Constitución. De esa forma, salvamos nuestro orgullo al hacer referencia a la Carta Magna y las damas tuvieron que acceder a esmerarse en sus mimos.<br />Incluso, la vista de las postulantes en ropas mínimas, redundó en mejorar la perfomance de los involucrados, ya que ninguno quiso quedarse después de hora, tanto era el apuro por llevar adelante sus obligaciones maritales.<br /><br />Esa noche, el barrio fue todo gemidos.</span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/706347894394767697-8296351833217102250?l=elclupys.blogspot.com'/></div>ADENOZnoreply@blogger.com17tag:blogger.com,1999:blog-706347894394767697.post-21996373191966467832007-09-28T09:11:00.000-07:002007-09-28T09:33:55.647-07:00LE HICIMOS LA FIESTITA A LA TURCACumplió años la Mabel e hicimos una reunión en el Clú. Pusimos unos tablones, papel de afiche blanco, sillas, bancos, cajones de cerveza vacíos y servilletas de papel. No escatimamos en gastos. El Nono hizo el asado y la Jesi, la hija de Mabel, se la jugó con una torta hecha por ella solita que se manducaron todos sin decir nada, mientras la pendeja los fusilaba con la mirada (salió a la madre en el carácter). El Eze sacó fotos con una camarita digital de dudosa procedencia y hubo chupe de sobra, como para que nadie se queje. Me salió unos buenos mangos la joda, pero una buena parte la mandé a gastos del Clú, como debe ser.<span class="fullpost"><br />A la hora de los regalos, me aparecí con una mesa de trabajo de carpintero. La Mabel se quedó boquiabierta, no sabiendo si putearme delante de todos o pensando que yo era el rey de los paspados. Se dio cuenta que era joda cuando me cagué de risa señalándola y mostrándole un paquetito con un perfume Kenzo trucho. Me cazó de la nuca y me estampó un besazo, no sin antes morderme apenas, pero dolorosamente, el labio inferior.<br />Pero la gran sorpresa la dio el Mamasa. Imagínense, dos metros de alto por lo mismo de ancho, barbudo, pelo atado atrás con una colita, una bestia. Se acerca a la Turca y le manda:<br />- Mabel, esto es para usted –poniéndose colorado y dándole un objeto envuelto.<br />Mientras le agradece, la Mabel abre el regalo y lo muestra. Era una cosa sin forma, seguro tallada en madera con la navaja. Parecía un animalito, o un excremento de ese animalito, no sabría decir.<br />- Gracias, Toribio, sos un divino –le dice y le zampa un beso en la mejilla, haciendo que el subhumano pasé al escarlata de la vergüenza.<br />Fue ahí cuando, desde el fondo de la mesa, se escucha:<br />- Ja, Toribio se llama el oso, no sabía.<br />Era el flaco Ossola, un pelotudo congénito.<br />El Mamasa, que se había sentado, levantó la cabeza, olfateando su presa y posó su mirada de asesino serial en el desdichado. Todos se hicieron a un lado de la víctima, dejándolo más en evidencia. El ogro levantó su manopla y le hizo un gesto con los formones que tiene de dedos, indicándole que más tarde lo atendería. El flaco pareció atragantarse y no pudo probar bocado en el resto de la noche, del cagazo.<br />La fiesta siguió, y nos desentendimos del asunto. Nos matamos de risa con pavadas y la Mabel se emocionó un par de veces (es remaricona cuando toma un poquito). Llegó el brindis con la torta y cantamos el feliz cumple. Ahí empezó el desbande, algunos a apoliyar, otros se iban de joda y un par salían de “caño”. Mientras ayudaba a juntar las cosas, veo que la Mabel se acerca al Mamasa y lo charla. El velociraptor la mira y asiente, como resignado. Cuando vamos yendo para la casa, le digo a la cumpleañera:<br />- Te vi hablando con Mamasa. Seguro que le pediste que no ajusticiara a flaco, ¿no?<br />- No, nada que ver –me dice, agarrándose más de mi brazo.<br />- Dale, boluda, ¿te creés que nací ayer? Te ponés al pedo en defensora de pobres, dejalos que se arreglen ellos.<br />- De hecho no naciste ayer, jovato. Pero eso si, seguís siendo el mismo pelotudo.<br />- ¿A qué viene la agresión? –pregunto inocente.<br />- Le pedí al Mamasa que, si lo iba a fajar al flaco, no sea en la puerta del club, que después hay que limpiar y la sangre tarda en salir, que se fuera al baldío, que ahí no jode –me dice y dándole un escalofrío, agrega:- Che, se puso fresco, apuremos el paso.<br />Ahora el del escalofrío fui yo, y no por el clima.</span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/706347894394767697-2199637319196646783?l=elclupys.blogspot.com'/></div>ADENOZnoreply@blogger.com11tag:blogger.com,1999:blog-706347894394767697.post-86238679230230389732007-09-26T11:45:00.000-07:002007-09-26T11:49:19.941-07:00ASOCIÉNSENNNNPor fin cambió el tiempo, ya no se bancaba más la lluvia.<br />Pudimos terminar de imprimir los volantes para asociar al clú y tenía miedo de que la Mabel los usara para secar el piso. Los puse a los mellizos Benítez a custodiar los pelpas, con expresa autorización de usar la fuerza en caso de que mi jermu se obstine en requerirlos. Igual si la Mabel los encaraba, estas bestias aflojaban; no sé por qué, son capaces de pelearle a un tiranosaurio en celo dentro de un ascensor con una cucharita de té, pero a la Turca le tienen un cagazo padre. Bueno, ¿quién no?<br />Bien, pese a las protestas del Eze, el panfleto salió más o menos como yo quería. Este es:<span class="fullpost"><br /><span style="font-weight: bold;font-size:180%;" ><br /></span><div style="text-align: center;"><span style="font-weight: bold;font-size:180%;" ><span style="color: rgb(255, 0, 0);">ABIERTA LA INSCRIPCIÓN AL CLÚ</span></span><br /><span style="color: rgb(255, 0, 0);">VECINOS Y AMIGOTES:</span><br /></div><span style="color: rgb(255, 0, 0);">El Clú social y deportivo “Paciencia y Saliva” reabre sus puertas (bah, nunca estuvieron cerradas, ¡Si se chorearon la cerradura!), con un sinfín de actividades deportivas, sociales, culturales, alpedistas y demás.</span><br /><span style="color: rgb(255, 0, 0);">El fulbo tendrá, obviamente, su lugar principal. El equipo está para atrás, pero con la llegada de nuevos integrantes creemos que, frente al inicio de la Liga Comercial, vamos a dar que hablar o por lo menos trataremos de perder no tan seguido.</span><br /><span style="color: rgb(255, 0, 0);">En las instalaciones (que estamos refaccionando) tendremos de todo: un buffet donde nunca falte la birra ni los manises; pool y billar (es la misma mesa, pero le tapamos los agujeros); pinpón (en breve, ya que las paletas se la morfaron las ratas); mesas para tute, truco y generala, donde los jovatos podrán pasar el tiempo y no tengan que ir a joder en sus casas (lo social siempre presente); máquinas de video de última generación para los pibitos (tetris y el pacman) y por supuesto la vereda del clú para que la pendejada se reúna ahí antes de ir a los boliches.</span><br /><span style="color: rgb(255, 0, 0);">Próximamente, pondremos cable para ver el fulbo. Estamos en tratativas con la vecina, la Lili (si, la tetona) para que, si le garpamos una parte, nos pase el cable por su terraza. Las negociaciones están estancadas por la firme oposición de la mina a bajarnos el porcentaje, pero confiamos en que cederá a nuestros aprietes (todo sea por ahorrarle guita al Clú).</span><br /><span style="color: rgb(255, 0, 0);">Bueno, demás está decir que los esperamos por la sede para renovar su carnet o asociarse de una, que la cuota es accesible. No haga que vayamos a su casa a “convencerlo”, ¿si?</span><br /><span style="color: rgb(255, 0, 0);">LOS ESPERAMOS!!!!</span></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/706347894394767697-8623867923023038973?l=elclupys.blogspot.com'/></div>ADENOZnoreply@blogger.com17tag:blogger.com,1999:blog-706347894394767697.post-26562058557313017822007-09-24T09:18:00.000-07:002007-09-24T09:20:57.962-07:00CONTANDO BAJO LA LLUVIA¿Cuándo mierda dejará de llover? Ya ni recuerdo cuando empezó este diluvio. Hay goteras hasta en el suelo, una humedad que convive con uno, que la llevás donde vayas. La gente está húmeda, con todo lo que esa expresión representa.<br />Cuando salgo a hacer un flete, tengo que ir despacio, porque encima que no andan bien los frenos, las ruedas están tan lisas que el otro día para no atropellar un gatito tuve que frenar cinco cuadras antes. Igual se la puse al minino. Estaba predestinado, pero tuvo su oportunidad y no la aprovechó.<br />En el ciber, la Mabel llenó de hojas de diario el piso, pero es tanta la humedad que no hay periódico que alcance y ya me está relojeando los clasificados de hoy que estoy leyendo. Ya desapareció la sección espectáculos, deportes y moda.<span class="fullpost"><br />Encima en el Clú hay que hacer mil cosas, limpiar, poner en orden, ver que hace falta, arreglar, tomarse un porrón, distribuir tareas, tomarse otro, hacer publicidad... ¡Ah! si, eso. El Eze (mi sobrino) está haciendo un volante para asociar gente, con un texto que le dí. A la Mabel mucho no le gustó, pero bueno, el Eze me tiene más cariño a mi, (je).<br />Mientras la Turca nos ceba mate (húmedo), leo el diario y le hago aportes estéticos al Eze, los cuales no son bien recibidos.<br />De repente, se escucha un grito en el fondo del ciber, específicamente en la máquina 9:<br />- Noooooo, ¿Qué es estooo?<br />Nos vamos con la Mabel a ver que pasó y ahí está el pibe con la cara desencajada y señalando al monitor. Fijamos la vista ahí y en la pantalla aparece una foto de una playa tropical, con palmeras, el mar cristalino y... un sol.<br />- ¿Qué es que, querido? –le pregunta, maternal, la Mabel.<br />- Eso blanco, que brilla, me hace mal mirarlo –dice casi llorando el preadolescente.<br />- ¿El sol? Eso es el sol –le dice, extrañada.<br />- Saquenlón, saquenlón –grita angustiado el pibe.<br />La Mabel me mira como buscando una respuesta. Creo tenerla.<br />- Sabés qué pasa, hace tanto que llueve que estos pibes se la pasan acá en el ciber y después se van y sigue lloviendo. En estos momentos el sol les parece tan extraño como a mi un billete de cien mangos. Hace tanto que no veo uno, que cuando me garpen con un billete de ésos quizás me suba la mínima.<br />- Debe ser. Bueno, querido –le habla al pibe-, calmate, respirá hondo, ya va a pasar, no tengás miedo. Ya va a dejar de llover.<br />- No me mientan, no me mientannnn –dice el chico, ya en pleno llanto y encara para la puerta.<br />- ¡Esperá! –le grito- ¿Adónde vas en ese estado?<br />- ¡Dejenmén! ¡Quiero salir de acá! –dice con la mirada extraviada y sale corriendo a la calle.<br />Cuando llego a la puerta el pibe ya doblaba corriendo la esquina. Me quedo pensativo un momento, miro al cielo todavía encapotado y suspiro diciendo:<br />- Pobre pibe.<br />- Pobre las pelotas –se escucha decir a la Mabel.<br />- ¿Por qué decís eso, insensible?<br />- Porque el turro se fue sin garparme las tres horas que estuvo conectado –me responde mientras toma los clasificados, que todavía no terminé de leer, para ponerlos en el piso.<br />Me quedo pensativo un momento, miro al cielo todavía encapotado y suspiro diciendo:<br />- Que hijo de puta.<br /><br /></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/706347894394767697-2656205855731301782?l=elclupys.blogspot.com'/></div>ADENOZnoreply@blogger.com7tag:blogger.com,1999:blog-706347894394767697.post-37565143635590575412007-09-21T15:06:00.000-07:002007-09-21T18:39:32.978-07:00LA MABEL ME CORRIGE TODOPuta madre. Encima que me cagué mojando cambiando la goma de la camioneta bajo la lluvia, cuando llegué al ciber de la Mabel (se lo puso el ex dorima) la encontré parada con las manos en la cintura y cara de culo. Lo primero que pensé fue: “¿Qué cagada me mandé?”. Algunos hombres tenemos una cualidad y es que, cuando vemos quilombo en puerta de este tipo, en segundos hacemos un recuento de las posibles faltas que pudimos haber cometido. Es como en Matrix, mientras nosotros pensamos a mil, alrededor todo se mueve en cámara lenta. ¿Era alguna fecha en especial? ¿Tenía que pagar algo y me comí la guita? ¿Me enganchó mirándole el culo a otra mina? No, todo estaba en orden, cero olvido, nada de trampa. ¿Qué había hecho, entonces? Por las dudas, me olvidé de que venía mojado hasta las bolas y, con mi mejor sonrisa de langa venido a menos, le dije tiernamente:<br />- ¿Por qué esa cara de ojete, corazón?<span class="fullpost"><br />- Morales, sos un burro –me dijo, remarcando la r.<br />- Gracias, mamita –pero al instante dudo- Pará, ¿en que sentido lo decís? ¿Por lo que calzo?<br />(Se oyeron risitas en el fondo del salón).<br />- No, más quisieras. Por lo bestia, pedazo de ignorante.<br />Eso dolió. Ella sabe que me esfuerzo, pero no acusé el golpe.<br />- Cuchame un cachito, gila. Vos te habrás recibido, pero yo tengo cuatro años de secundaria.<br />- ¿De dónde cuatro? –gritó algo desaforada- Si abandonaste en segundo año.<br />- Ah, claro. Pero ya lo había repetido dos veces.<br />- Dioooooooo, diooooooooo y re dioooooooooo -exclamó alzando los brazos.<br />(Me encanta cuando dice así. A veces la hago engranar para escucharla decirlo).<br />- ¿Y a qué viene tanto quilombo con el estudio, Doctora Toledo? –pregunté tomando la iniciativa.<br />Le jode mucho cuando le digo Doctora, porque ella había empezado la facultad de Derecho y tuvo que abandonar al año, porque el padre se piró de la casa y tuvo que ponerse a laburar para mantener a su vieja y a su hermano. Después se arregló con el viejo, Don Atilio. Pero bueno, me estoy yendo por las ramas, como decía el tipo que hacía árboles genealógicos. La cuestión, que la Mabel entrecerró los ojos y me mandó esa mirada, que tanto conozco, donde me dice sin hablar: “La reputísima madre que te recontraparió”, pero prefirió contestarme:<br />- Pasa que estás escribiendo este blog, bloggggggg, no bló, como ponés vos y está lleno de horrores ortográficos.<br />- ¿Y con eso? –pregunté entre asombrado y algo ofendido.<br />A todo esto, la concurrencia en el ciber estaba con toda su atención puesta en nuestro conflicto. Los que estaban chateando habían puesto en el MSN que estaban ausentes, o comiendo o que no los jodieran y los pibitos habían colocado en pausa al Counter.<br />- ¿Con eso? ¿Y todavía preguntás? ¿No te das cuenta qué lo leen los chicos? ¿Qué ejemplo les das? –dijo levantando el tono.<br />Creí sentir una mirada de reproche del piberío.<br />- Si la gente habla así.<br />- Noooo, vos hablás así, zopenco.<br />- ¿Zopenco? ¿Quién zopenco? Vos sos zopenco.<br />La turra me miró socarronamente y me dice:<br />- No tenés idea que quiere decir zopenco, ¿no?.<br />- Ehhh, claro que sé, pero si quiero te lo digo y si no quiero, no.<br />- Es lo mismo. Pero te digo algo –dijo amenazadoramente-, sino te ponés las pilas, acá no venís más a escribir el blog.<br />- Y bueno, me iré a otro lado.<br />¡Para qué! Si hubiera estado treinta centímetros más cerca, la Mabel me embocaba, seguro.<br />- Mirá, pelotudo –apuntándome con el dedito índice- si yo te llego a ver en otro ciber, no me tocás más el pelo.<br />“Uhhhhhhhh”, se escuchó como un murmullo en el negocio. No podía dejar que me cagara tan a pedo. El gordito Maresca, en la primera máquina, me miraba ansioso, como confiando en que yo reaccionara y no se le cayera un ídolo.<br />- ¿Quién carajo te entiende? No querés que escriba acá, pero tampoco en otro lado –le grité envalentonado.<br />Maresca levantó tímidamente el pulgar, como apoyándome, pero evitando que lo viera la Mabel.<br />- Ok, hagamos algo –me dijo más calmada- Escribilo acá, pero yo te lo corrijo.<br />No era una mala transa. Pero algo tenía que decir yo:<br />- Ok, pero algunas expresiones quedan, ¿estamos?<br />La Mabel me miró de arriba abajo:<br />- Estamos.<br />Y dando media vuelta, se fue moviendo el culo como solo ella sabe. A los tres metros gira la cabeza y me dice:<br />- ¿Qué mirás?<br />- Nada, ¿Por? –le pregunté haciéndome el boludo.<br />- Ok, si lo querés, ganátelo –y me guiñó un ojo.<br />Dicho esto se fue a ordenar las golosinas en el kiosquito. Yo me quedé parado en la entrada, chorreando agua y siendo mirado con algo de desaprobación por la pendejada. Los miré fijo, como para meterles miedo y les dije:<br />- ¿Qué mierda miran, zopencos?<br /></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/706347894394767697-3756514363559057541?l=elclupys.blogspot.com'/></div>ADENOZnoreply@blogger.com11