tag:blogger.com,1999:blog-70214432008-07-22T20:05:23.717-06:00FontaneadasFontanahttp://www.blogger.com/profile/11862672917261123844noreply@blogger.comBlogger99125tag:blogger.com,1999:blog-7021443.post-85290090525964680482008-06-28T16:45:00.002-06:002008-07-08T11:26:11.076-06:00TU GRACIAHabrá de ser tu gracia mi guarida,<br />mi escondite de amor, mi madriguera.<br />Allí he de pasar toda la vida<br />y la muerte también, cuando me muera.<br /><br />Tan profunda y tan dulce es esa herida,<br />tan sedosa la miel, tan verdadera<br />la savïa que tienes tú escondida,<br />tan tibia, tan bendita, tan sincera,<br /><br />tan perfecta la flor de la quimera,<br />tan amable la piel donde se anida,<br />que vivo seguiré en esa ribera<br /><br />bordeando con mi mano tu cadera,<br />disfrutando de amor mi muertevida,<br />naufragando en tu mar de enredadera.Fontanahttp://www.blogger.com/profile/11862672917261123844noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7021443.post-10789752020716921452008-06-05T15:24:00.002-06:002008-06-05T15:25:02.326-06:00CITA APÓCRIFALo esencial es inaudible a los oídos.<br /><br /> Ludwig VanFontanahttp://www.blogger.com/profile/11862672917261123844noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7021443.post-85340296982274899342008-05-03T15:26:00.001-06:002008-05-03T15:28:32.802-06:00LÁMPARASEn el pueblo se encienden las primeras lámparas.<br />La neblina baja desde el cerro<br />como si fuera una gris bufanda lenta.<br />Entre los álamos del camino viejo<br />somos dos lámparas también,<br />dos fuegos fatuos<br />que sólo se consumirán con la mañana.Fontanahttp://www.blogger.com/profile/11862672917261123844noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7021443.post-13046889534972936172008-04-21T15:57:00.003-06:002008-04-21T16:06:35.093-06:00ME HA LLEGADO ESTA CARTAQueridos primos:<br />Les adjunto una nota sobre la reciente sentencia en el juicio por el secuestro y asesinato de Marcelo.Un abrazo y cariños al resto de la familia<br />Piter<br /><ayer><br /><br />Un abrazo<br /><br />Pedro Gallegos Eytel<br /><br /><br />Karlsruhe, 18 de abril de 2008<br /><br /><br /><br />Ayer se ha dado a conocer en Chile la sentencia que condena a los responsables del secuestro y desaparición de mi hermano Marcelo Salinas Eytel. Al tratarse de individuos que cumplen ya condena de prisión por otros delitos, la pequeña satisfacción que me ha dado la noticia no se debe tanto al castigo adicional que han recibido los asesinos, sino al hecho de comprobar que mi hermano ha dejado de ser un dato más en medio de un colectivo de víctimas: Ayer, por primera vez, su nombre y circunstancias personales -incluída la referencia a algunos pormenores de su secuestro-han aparecido publicados de manera explícita y diferenciada en los medios de comunicación chilenos. Por mi parte he tenido la satisfacción adicional de haber intervenido desde Alemania como demandante particular en la causa. Debo confesar que en un comienzo no me fue fácil hacerlo, Tuve que superar la resignación e incluso la simple pereza, pero al final lo logré, sobre todo gracias a la perserverancia de la abogada del Programa de Derechos Humanos del Gobierno de Chile, Magdalena Garcés, quien esperó bastante tiempo hasta poder contar con el poder que la facultaba para ejercer mi representación ante el tribunal.<br /> Por cierto, el que logros tan mínimos sean motivo de satisfacción para los familiares de una víctima de crímenes contra la humanidad, demuestra lo difícil y estrecho que sigue siendo en Chile el camino de la justicia. Creo, sin embargo, que al ser esta la única vía disponible para esclarecer por completo las circunstancias en que fueron secuestrados y asesinados tanto Marcelo como su esposa Jacqueline, no tenemos más remedio que seguir por ella hasta el final, es decir, hasta restituir la memoria de esos seres queridos, lo cual cobra una importancia esencial si se considera que ellos no sólo fueron secuestrados y asesinados, sino que han sido objeto de una maniobra - iniciada por los órganos de la dictadura y continuada por sus herederos en la actual sociedad chilena - que buscaba borrar definitivamente toda huella de su paso por la vida.<br /><br />Este esfuerzo de nuestra parte no sólo constituye un deber moral mínimo para con Marcelo, Jacqueline y los demás secuestrados y asesinados por la dictadura de Pinochet, sino que también es necesario para restablecer en parte la integridad de nuestra propia persona: La verdad que exigimos es lo único que puede devolvernos – aunque sea de manera incompleta- aquella parte del alma que nos fue amputada hace ya más de treinta años.<br /> Un abrazo<br /> Pedro Gallegos Eytel<br /> Karlsruhe, 18 de abril de 2008Fontanahttp://www.blogger.com/profile/11862672917261123844noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7021443.post-16080483352343167192008-04-17T12:55:00.001-06:002008-04-17T12:56:43.529-06:00LAS DIFICULTADESEsto de escribir tiene sus bemoles,<br />pero hay que reconocer que componer música tiene muchos más bemoles.Fontanahttp://www.blogger.com/profile/11862672917261123844noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7021443.post-42653401996388696802008-04-06T17:56:00.001-06:002008-04-06T17:59:05.682-06:00CUENTO DE PIRATASJuraron guardar el secreto entre corsarios.<br />En vez de oro se guardaron<br />un puro tesoro roce y piel,<br />cómplices miradas, confabulaciones<br />de tuerto a tuerta, ojo a ojo un guiño apenas<br />de sonrisa.<br />Él se ponía la lengua una daga entre los dientes<br />y ella respondía con la bandera al tope.<br /><br /><br />Juraron hasta la muerte su silencio.<br />Sobre el mapa hecho cenizas rejuraron<br />que nadie vería alguna vez ese tesoro.<br />Ni siquiera ellos, cuando fueran<br />viejos y pacíficos corsarios<br />y no recordaran el nombre ni el camino,<br />ni el año, ni el lugar, ni nada.Fontanahttp://www.blogger.com/profile/11862672917261123844noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7021443.post-91673111102930000732007-12-26T17:05:00.001-05:002007-12-26T17:05:57.264-05:00LA ABUELADon Rómulo, el médico de la familia, nos decía que era un exceso que la abuela se tomara un pisco sour de aperitivo, dos copas de vino al almuerzo y una mistela de bajativo.<br /> A nosotros nos preocupaba que se le cayera de la boca el pucho encendido, cuando empezaba a cabecear para la siesta, y se le incendiara el chal y con el chal toda ella, la abuela.<br /> No había de qué preocuparse. Murió a los 104 años – diez después que don Rómulo – y tuvo una muerte dulce y sonriente.Fontanahttp://www.blogger.com/profile/11862672917261123844noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7021443.post-40911204420413383822007-11-26T18:47:00.000-05:002007-11-26T18:55:26.914-05:00HARRY CLÚSTERHarry Clúster es un tipo duro y arriesgado. Sobre todo arriesgado.<br />No le tuvo miedo a ser plagiado (nuevamente) y se decidió a aparecer en su blog.<br />Lean esta aventura (sin cortes ni censuras, perdón por la rima, y tal como apareció hace años en la lista Escritura Creativa) en este blog:<br /><a href="http://harrycluster.blogspot.com/">http://harrycluster.blogspot.com/</a>Fontanahttp://www.blogger.com/profile/11862672917261123844noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7021443.post-59613000277471465202007-11-26T08:54:00.000-05:002007-11-26T09:01:21.521-05:00INTERNET Y EL PLAGIOUno piensa que nadie va a plagiar un texto publicado en Internet para publicarlo a su vez en un blog, porque no le va a dar ganancias económicas, pero resulta que no es así: navegando por la vasta red encontré que uno de mis textos ( Harry Clúster y el caso del mouse descompuesto.<br /><a href="http://harrycluster.blogspot.com/">http://harrycluster.blogspot.com/</a>) fue copiado casi textualmente por la señorita Zita Ixhel Noriega Estrada en su blog :<br /><a href="http://karmma-kalipzo47.blogspot.com/">http://karmma-kalipzo47.blogspot.com</a><br /><br /><br />Y uno piensa, entonces, qué puede moverla a esto, que en todas partes es un delito. ¿Será la necesidad de ser reconocida? ¿Será la falta de afecto? No lo sé y tampoco sé cómo se sentirá, copiando a hurtadillas un texto que no le pertenece. Tampoco sé cómo se sentirá ahora que ha sido descubierta y en que lo único que se le pide es que reconozca públicamente en su blog que el texto no le pertenece y que pida disculpas. Nada más, pero hasta la hora no lo ha hecho.<br />Y uno piensa también que no hay que dejar pasar estos deslices (para decirlo de una manera suave) para que Internet no se vuelva una selva en la que hay que andar protegido contra los asaltantes.<br />Vayan ustedes a ambos blogs y comparen. La señorita Zita sólo dejó fuera las preguntas y la última línea (a lo mejor no conoce a Chandler ni a Soriano) y cambió el título del texto.Fontanahttp://www.blogger.com/profile/11862672917261123844noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7021443.post-10420052994807485032007-11-23T17:25:00.000-05:002007-11-23T17:27:23.833-05:00SER ESCRITOR"En cuarenta años de literatura aprendí dos o tres cosas más, pero, por decirlo así, son de orden moral. Por ejemplo: corregir encarnizadamente un texto no es una tarea retórica o estilística, es un trabajo espiritual."<br /><br /> Abelardo CastilloFontanahttp://www.blogger.com/profile/11862672917261123844noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7021443.post-85651326531628815792007-11-08T18:36:00.000-05:002007-11-08T18:38:21.340-05:00HERENCIASAntes los padres dejaban fortunas.<br /> Hoy - con el deterioro de la economía y los avances de la medicina - sólo<br /> dejan enfermedades.Fontanahttp://www.blogger.com/profile/11862672917261123844noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7021443.post-40565366042882990692007-10-23T16:53:00.000-05:002007-10-23T16:59:20.873-05:00DICHOS DE LUDERJulio Ramón Ribeyro (1929-1994) creó a Luder, un escritor<br />que tenía sus dichos. Aquí va uno:<br /><br />"- ¿No te preocupa escribir desde hace treinta años para haber alcanzado tan minúscula celebridad? -le preguntan a Luder.-<br /> -Por supuesto. Me gustaria escribir treinta años más para llegar a ser completamente desconocido."Fontanahttp://www.blogger.com/profile/11862672917261123844noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7021443.post-29532219484359323072007-09-28T16:05:00.000-06:002007-09-28T16:08:15.805-06:00IRCOCIERVOSHace algún tiempo jugábamos a los ircociervos en la lista de Escritura Creativa. Consistía en mezclar dos títulos y dos autores.<br />Algo así:<br />Don Quijote de la Niebla, de Miguel de Unamuno Saavedra.<br />Cien Años en la Catedral, de Gabriel García Llosa.<br />En busca del Ulises perdido, de Marcel Joyce.<br />Veinte Poemas de Amor y un Romancero Gitano, de Federico Neruda.<br />A ver si agregamos unos pocos.Fontanahttp://www.blogger.com/profile/11862672917261123844noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7021443.post-71280971431442880122007-09-02T17:01:00.000-06:002007-09-02T17:03:23.548-06:00REFRANES LITERARIOSLibro que no has de leer, déjalo correr. (Préstalo, préstalo)<br />A libro regalado no se le miran las hojas. (Se leen, bruto, no se miran)<br />En la puerta de la imprenta se quema el libro. (Por las erratas, seguro)<br />No hay peor escritor que el que no quiere leer.<br />Si el libro suena, ripios trae.<br /><br />Y pueden ustedes seguir agregando.Fontanahttp://www.blogger.com/profile/11862672917261123844noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7021443.post-37282775159923688662007-08-28T16:33:00.000-06:002007-08-28T16:36:28.722-06:00¿Será verdad?No vale nada la vida<br />La vida no vale nada<br />Comienza siempre llorando<br />Y así llorando se acaba<br />Por esto es que en este mundo<br />La vida no vale nada <br /><br /><br /> José Alfredo JiménezFontanahttp://www.blogger.com/profile/11862672917261123844noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7021443.post-11621068742903477312007-08-15T14:38:00.000-06:002007-08-15T14:44:44.789-06:00POETA NAVARRO EN LABRANZAAcabo de leer esta noticia en El Mercurio:<br /><br /><<Domingo 12 de agosto de 2007<br /> De buena fuente<br /><br />Riedemann, ex Navarro<br /><br />A mediados de los años setenta, el joven Guillermo Riedemann (Reumén, 1956) decidió firmar sus poemas como Esteban Navarro, pues tenía miedo de usar su nombre verdadero en las hojas y revistas semiclandestinas que circulaban en peñas y ambientes universitarios. Nunca calculó las consecuencias de esta autosuplantación de identidad digna de El socio. A partir de entonces, todos lo empezaron a conocer -y a llamar- por su seudónimo, mientras su nombre real iba cayendo en el olvido. Pero esta situación va a cambiar pronto. El talentoso poeta -contemporáneo de José María Memet y Tomás Harris- vuelve a publicar tras nueve años de silencio, desde ahora y para siempre con su nombre verdadero. El título de su próximo libro, Hombre muerto, alude a una etapa que termina, pero también "a dejar de usar máscaras" y a una historia familiar que se desarrolla, en los primeros versos, a partir de un episodio en que el poeta contempla a su padre muerto. El nuevo volumen cierra el ciclo abierto por Riedemann con el poemario Para matar este tiempo (1983). Si todo sale según lo previsto, Hombre muerto será publicado a comienzos de septiembre por La calabaza del diablo.Por si alguien se pregunta qué fue de Navarro, Guillermo Riedemann aclara: "Fue relegado a Labranza". Aunque para evitar confusiones, quizá debiera usar por un tiempo la solución de una conocida viña: Riedemann-Ex Navarro.>><br /><br /> Muy bienvenido será el poeta Esteban Navarro a este pueblo.<br /> Conversaremos bajo los cerezos en flor o él buscará su manzana de oro.<br /> Hay que dejar de usar máscaras, eso queda claro.<br /><br /> Firmado: Samuel FontanaFontanahttp://www.blogger.com/profile/11862672917261123844noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7021443.post-10313671020561669922007-08-09T16:42:00.000-06:002007-08-09T16:46:37.574-06:00QUIÉN ES QUIÉNTodavía hay olor a comida casera<br />en esta poca patria que nos va quedando.<br />Perfumes de orégano, de comino, de albahaca.<br />El tomillo y el romero crecen en el patio.<br />No hay <em>fast food </em>para nosotros<br />que nos clavamos los dientes dulce, suave,<br />lentamente.<br />Que nos devoramos uno al otro.<br />Y ya quizás soy tú<br />y tú eres yo:<br />la que susurra estas palabras<br />con el aroma del amor<br />aleteando en las caderas.Fontanahttp://www.blogger.com/profile/11862672917261123844noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7021443.post-39811398643924968182007-08-01T14:07:00.000-06:002007-08-02T14:02:37.452-06:00INVIERNO DEL SURHa traído el compadre el vino y la guitarra.<br />Alcanzará para pasar el invierno<br />esta sangre, estas canciones.<br />Y si no qué vamos a hacer,<br />quién nos protegerá de los percanes:<br />sólo sartenes, cacerolas,<br />rojas ristras colgando en la cocina.<br /><br />Nos volveremos viejos junto a esta mesa<br />a la espera del mínimo sol de los aromos<br />que vendrá a salvarnos de la lluvia.Fontanahttp://www.blogger.com/profile/11862672917261123844noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7021443.post-17229199243457204932007-07-25T16:53:00.000-06:002007-07-25T16:55:31.872-06:00TOMADOS DE LOS OJOSLlegué a tu casa pensando lo que siempre nunca las palabras alcanzan a decir. Por ejemplo, pensaba yo, cómo ir diciendo la relación que existe entre el olor del dafne después de una tarde de lluvia y el aroma de la suave quebrada de dos pechos de una mujer saliendo desnuda del lago. O bien cómo decir que en el cuello hueles a magnolia que huele como durazno maduro pero no es precisamente eso, sino el hambre y una dulzura medio salvaje como una siesta bajo un manzano o el roce de la seda más recóndita en mi mejilla.<br /> Y toqué el timbre pensando que esa manera tuya de decir hola es algo más que eso porque hay detrás una pregunta o una esperanza o simplemente ganas de que diga perdón, me equivoqué y chaíto. Pero tampoco es eso, porque hay un leve roce de los ojos que dicen pasa te estaba esperando y siento como un aura al entrar y me envuelvo en ella como en una nube y te dejo pasar y con éstos mis ojos te busco la nuca a través de la nube que se abre y ahí está tu nuca, veo claramente el escorzo del cuello y bajo y toda ondulas hasta que te sientas y algo dices, qué me importan las palabras, y me siento frente a ti, dispuesto a todo y a mirarte.<br /> Hablabas, creo, de tu último viaje a Buenos Aires y las palabras se elevaban como burbujas transparentes, bailaban unos segundos en el aire y luego se estrellaban y se deshacían contra el techo y las sílabas caían como pedacitos de cristales sobre la alfombra.<br /> Te miré sobre los ojos, justo en medio de la frente, y fui desviándome lentamente hacia un lado. Me metí en tu pelo, enredándome suavemente, te susurré en el oído con mis ojos (los tuyos tiritaron) y con la misma yema de los ojos te fui perfilando: el pecho izquierdo tomé como si fuera una taza, bajé por el costado, la cintura, la cadera, seguí bajando y di gracias a Mary Quant por haber existido y por la brevísima falda blanca de su regreso. Llegué a tus muslos levemente cobrizos y ahí me quedé un rato, como durmiendo sobre una parva de trigo.<br /> Tu voz me sacó de esos dos soles morenos y voló mi mirada y se puso a volar distraída por cualquier parte, como una mariposa nocturna : los ceniceros de cristal, las figuras de porcelana, una reproducción de Gauguin, un loro ecuatoriano de miga de pan, hasta que sentí el resplandor, el foco, tu mirada, y decidí lanzarme a ella, suicida. Ahí quedamos, agarrados de los ojos, tú diciéndome todo este tiempo te esperaba, metiéndome yo en tus ojos, tú en los míos diciendo sí ya estoy dispuesta, sumergido yo en tus ojos, de qué color son estos ojos, como el agua, como bajo el agua cuando el sol dibuja sus rayitas, buceo dentro de ti, misteriosa, submarina, y salgo a respirar a la superficie, salimos.<br /> <br /> Recogí mi mirada y empecé a cargarla con todas mis fuerzas, bien de adentro, le puse toda la potencia y la eché a gatear, a reptar, a deslizarse sobre la alfombra hasta llegar a tu tobillo y lamerlo como un cachorro y sientes que ahora sube una lengua por tus pantorrilla, tus rodillas redondeo, miro hacia arriba y me levantas de los ojos, puro silencio ahora, besándonos los ojos, la comisura de los labios rozo, los labios que entreabres, asoma tu lengua y humedece, busca y entra, voy por tu cuello como un caracol y suspiras, te acomodas en el sillón y vuelvo a tus rodillas, me arrodillo, dejo un rastro de saliva entre tus muslos, un rastro espiral que va subiendo mientras aflojas las piernas y con los ojos me agarras la cabeza, metes los dedos de los ojos entre mi pelo y tiras, suspiras cuando bordeo la ingle, pego los labios en la superficie húmeda sedosa de la tanga, sientes mi aliento caliente, juega mi lengua en el borde, se desliza y entra, abre los labios, como el mar salado eres salada y sabrosa, como el mar te vuelves ola y ola, tus ojos se desenredan de mi nuca y levanto la cabeza y otra vez me dices pasa, como al principio de esta historia.<br /> - Me estás mirando diferente - escuché tu voz suavemente profunda.<br /> - Estoy concentrado - te dije - cállate. Y apoyaste la cabeza en el respaldo del sillón, ¿estoy bien así?, un poco más te digo y obediente abres las piernas, me voy abriendo paso y entro : siento tus suspiros suaves en mi oído, cada vez más a fondo entro, húmeda tibieza, ahora abre y cierra las piernas con ese ritmo suave, apriétalo como quien ordeña, ananga ranga, deja caer las sandalias y afirma los talones sobre la alfombra, único punto de apoyo, levanta el pubis y gira, sube y ondula, empieza a sentir mi contenida respiración jadeante en tu oreja, saco un pecho de tu blusa y se desborda blanco, aprieto el pezón rozando con mis ojos labios, lo dibujo con la lengua y chupo, suena tu queja en mi oído más adentro, buscas mi cuello como loba en celo, giras, dejas caer la mano floja sobre el pubis y sientes que mirando estoy entrando y saliendo y entrando y tú hundes las uñas en mi espalda, enredas tus piernas en mis piernas, lengua y oreja, lengua y lengua, lengua y cuello, diente y hombro, suspiro y bramido, te va subiendo la mezcla de la vida y la muerte al corazón que te galopa y también yo siento que voy a estallar y caer al precipicio, viene el vértigo, estamos agarrados de los ojos hasta las uñas cuando sentimos abrirse la puerta, debe ser tu hijo, debe ser mi hijo, rápido salgo, de una mirada te coloco la tanga, te acomodo la blusa y el pelo, te bajo la falda, de una mirada me subes el cierre y me desalborotas los ojos, con puras miradas colocamos todo en su lugar y saco la voz y te pregunto cómo te ha ido en tu viaje.<br /> - La plata no alcanza para nada - respondes.<br /> Muevo la cabeza, triste.<br /> - Así pasa. Los pobres siempre nos quedamos con las ganas.Fontanahttp://www.blogger.com/profile/11862672917261123844noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7021443.post-87356198077369919272007-07-23T17:46:00.000-06:002007-07-23T17:54:26.582-06:00DISCUSIÓN NOCTURNA- Te despertaste – me dijo, mientras yo miraba el techo.<br /> - Hace rato.<br /> - ¿Qué pasa?<br /> - Mira, habíamos ido a la playa : era un lugar muy bonito con pequeñas bahías tranquilas, no como acá, y tú te encontraste con unas señoras que te invitaron a ensayar en el coro.<br /> - ¿Y?<br /> - Dijiste que sí y te fuiste con ellas.<br /> - Tú sabes que me gusta cantar.<br /> - Eres muy desafinada. Y además pasaron tres horas y yo me paseé por la playa hasta que comenzó a oscurecer.<br /> - ¿Y entonces?<br /> - Entonces te fui a buscar y me dijiste que tenían una pequeña convivencia, que iban a comer algo dulce y después iban a bailar un rato. Yo te dije que teníamos que irnos y tú dijiste que te quedabas.<br />En la penumbra del dormitorio alcancé a ver que se le dibujaba una sonrisa.<br /> - Tú sabes que a mí me gusta mucho bailar. ¿Y qué hiciste?<br /> - Te dije otra vez que estaba oscureciendo y que teníamos que irnos porque nos podíamos perder. Insististe en quedarte así que me fui, furioso.<br /> - Claro. Tú siempre quieres hacer tu voluntad. ¡Eres un machista, un dominante!<br /> - Reconoce que yo tenía la razón. Estaba oscuro, era un lugar desconocido, no conocíamos a esas personas y además...<br /> - ¿Además qué?<br /> - ¡Además era MI sueño!<br /> - ¿Y eso qué tiene que ver? Tú siempre eres igual.<br /> - Mira, te voy a decir una cosa: si quieres, en tus sueños haces lo que quieres, pero no en los míos.<br /> - Siempre tengo que hacer lo que tú quieres.<br /> - ¡Siempre no! Dije que en MIS sueños.<br /> Se dio vuelta para el otro lado de la cama. Yo también me di vuelta y le cerré la puerta de mis sueños.Fontanahttp://www.blogger.com/profile/11862672917261123844noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7021443.post-5678511246140807022007-07-21T19:44:00.000-06:002007-07-21T19:46:21.208-06:00PUTO EL QUE LEEE ESTO(Otro del Negro Fontanarrosa. No te vas a morir, Negro)<br /><br />Nunca encontré una frase mejor para comenzar un relato. Nunca, lo juro por mi madre que se caiga muerta. Y no la escribió Joyce, ni Faulkner, ni Jean-Paul Sartre, ni Tennessee Williams, ni el pelotudo de Góngora.Lo leí en un baño público en una estación de servicio de la ruta. Eso es literatura. Eso es desafiar al lector y comprometerlo. Si el tipo que escribió eso, seguramente mientras cagaba, con un cortaplumas sobre la puerta del baño, hubiera decidido continuar con su relato, ahí me hubiese tenido a mí como lector consecuente. Eso es un escritor. Pum y a la cabeza. Palo y a la bolsa. El tipo no era, por cierto, un genuflexo dulzón ni un demagogo. "Puto el que lee esto", y a otra cosa. Si te gusta bien y si no también, a otra cosa, mariposa. Hacete cargo y si no, jodete. Hablan de aquel famoso comienzo de Cien años de soledad, la novelita rococó del gran Gabo. "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento..." Mierda. Mierda pura. Esto que yo cuento, que encontré en un baño público, es muy superior y no pertenece seguramente a nadie salido de un taller literario o de un cenáculo de escritores pajeros que se la pasan hablando de Ross Macdonald.Ojalá se me hubiese ocurrido a mí un comienzo semejante. Ese es el golpe que necesita un lector para quedar inmovilizado. Un buen patadón en los huevos que le quite el aliento y lo paralice. Ahí tenés, escapate ahora, dejá el libro y abandoname si podés.No me muevo bajo la influencia de consejos de maricones como Joyce o el inútil de Tolstoi. Yo sigo la línea marcada por un grande, Carlos Monzón, el fantástico campeón de los medio medianos. Pumba y a la lona. Paf... el piñazo en medio de la jeta y hombre al suelo. Carlitos lo decía claramente, con esa forma tan clara que tenía para hablar. "Para mí el rival es un tipo que le quiere sacar el pan de la boca a mis hijos." Y a un hijo de puta que pretenda eso hay que matarlo, estoy de acuerdo.El lector no es mi amigo. El lector es alguien que les debe comprar el pan a mis hijos leyendo mis libros. Así de simple. Todo lo demás es cartón pintado. Entonces no se puede admitir que alguien comience a leer un libro escrito por uno y lo abandone. O que lo hojee en una librería, lea el comienzo, lo cierre y se vaya como el más perfecto de los cobardes. Allí tiene que quedar atrapado, preso, pegoteado. "Puto el que lee esto." Que sienta un golpe en el pecho y se dé por aludido, si tiene dignidad y algo de virilidad en los cojones."Es un golpe bajo", dirá algún crítico amanerado, de esos que gustan de Graham Greene o Kundera, de los que se masturban con Marguerite Yourcenar, de los que leen Paris Review y están suscriptos en Le Monde Diplomatique. ¡Sí, señor -les contesto-, es un golpe bajo! Y voy a pegarles uno, cien mil golpes bajos, para que me presten atención de una vez por todas. Hay millones de libros en los estantes, es increíble la cantidad alucinante de pelotudos que escriben hoy por hoy en el mundo y que se suman a los que ya han escrito y escribirán. Y los que han muerto, los cementerios están repletos de literatos. No se contentan con haber saturado sus épocas con sus cuentos, ensayos y novelas, no. Todos aspiraron a la posteridad, todos querían la gloria inmortal, todos nos dejaron los millones de libros repulsivos, polvorientos, descuajeringados, rotosos, encuadernados en telas apolilladas, con punteras de cuero, que aún joden y joden en los estantes de las librerías. Nadie decidió, modesto, incinerarse con sus escritos. Decir: "Me voy con rumbo a la quinta del Ñato y me llevo conmigo todo lo que escribía, no los molesto más con mi producción", no. Ahí están los libros de Molière, de Cervantes, de Mallea, de Corín Tellado, jodiendo, rompiendo las pelotas todavía en las mesas de saldos.Sabios eran los faraones que se enterraban con todo lo que tenían: sus perros, sus esposas, sus caballos, sus joyas, sus armas, sus pergaminos llenos de dibujos pelotudos, todo. Igual ejemplo deberían seguir los escritores cuando emprenden el camino hacia las dos dimensiones, a mirar los rabanitos desde abajo, otra buena frase por cierto. "Me voy, me muero, cagué la fruta -podría ser el postrer anhelo-. Que entierren conmigo mis escritos, mis apuntes, mis poemas, que total yo no estaré allí cuando alguien los recite en voz alta al final de una cena en los boliches." Que los quemen, qué tanto. Es lo que voy a hacer yo, téngalo por seguro, señor lector. Millones de libros, entonces, de escritores importantes y sesudos, de mediocres, tontos y banales, de señoras al pedo que decidían escribir sus consejos para cocinar, para hacer punto cruz, para enseñar cómo forrar una lata de bizcochos. Pelotudos mayores que dedicaron toda su vida, toda, al estudio exhaustivo de la vida de los caracoles, de los mamboretás, de los canguros, de los caballos enanos. Pensadores que creyeron que no podían abandonar este mundo sin dejar a las generaciones futuras su mensaje de luz y de esclarecimiento. Mecánicos dentales que supusieron urgente plasmar en un libro el porqué de la vital adhesividad de la pasta para las encías, señoras evolucionadas que pensaron que los niños no podrían llegar a desarrollarse sin leer cómo el gnomo Prilimplín vive en una estrella que cuelga de un sicomoro, historiadores que entienden imprescindible comunicar al mundo que el duque de La Rochefoucauld se hacía lavativas estomacales con agua alcanforada tres veces por día para aflojar el vientre, biólogos que se adentran tenazmente en la insondable vida del gusano de seda peruano, que cuando te descuidás te la agarra con la mano.Allí, a ese mar de palabras, adjetivos, verbos y ditirambos, señores, hay que lanzar el nuevo libro, el nuevo relato, la nueva novela que hemos escrito desde los redaños mismos de nuestros riñones. Allí, a ese interminable mar de volúmenes flacos y gordos, altos y bajos, duros y blandos, hay que arrojar el propio, esperando que sobreviva. Un naufragio de millones y millones de víctimas, manoteando desesperadamente en el oleaje, tratando de atraer la atención del lector desaprensivo, bobo, tarado, que gira en torno a una mesa de saldos o novedades con paso tardío, distraído, pasando apenas la yema de sus dedos innobles sobre la cubierta de los libros, cautivado aquí y allá por una tapa más luminosa, un título más acertado, una faja más prometedora. Finge. El lector finge. Finge erudición y, quizás, interés. Está atento, si es hombre, a la minita que en la mesa vecina hojea frívolamente el último best-seller, a la señora todavía pulposa que parece abismarse en una novedad de autoayuda. Si es mujer, a la faja con el comentario elogioso del gurú de turno. Si es niño, a la musiquita maricona que despide el libro apenas lo abre con sus deditos de enano.Y el libro está solo, feroz y despiadadamente solo entre los tres millones de libros que compiten con él para venderse. Sabe, con la sabiduría que le da la palabra escrita, que su tiempo es muy corto. Una semana, tal vez. Dos, con suerte. Después, si su reclamo no fue atractivo, si su oferta no resultó seductora, saldrá de la mesa exclusiva de las novedades VIP diríamos, para aterrizar en algún exhibidor alternativo, luego en algún estante olvidado, después en una mesa de saldos y por último, en el húmedo y oscuro depósito de la librería, nicho final para el intento fracasado. Ya vienen otros -le advierten-, vendete bien que ya vienen otros a reemplazarte, a sacarte del lugar, a empujarte hacia el filo de la mesa para que te caigas y te hagas mierda contra el piso alfombrado.No desaparecerá tu libro, sin embargo, no, tenelo por seguro. Sea como fuere, es un símbolo de la cultura, un icono de la erudición, vale por mil alpargatas, tiene mayor peso específico que una empanada, una corbata o una licuadora. Irá, eso sí, con otros millones, al depósito oscuro y maloliente de la librería. No te extrañe incluso que vuelva un día, como el hijo pródigo, a la misma editorial donde lo hicieron. Y quede allí, al igual que esos residuos radioactivos que deben pasar una eternidad bajo tierra, encerrados en cilindros de baquelita, teflón y plastilina para que no contaminen el ambiente, hasta que puedan convertirse en abono para las macetas de las casas solariegas.De última, reaparecerá de nuevo, Lázaro impreso, en la mano de algún boliviano indocumentado, junto a otros dos libros y una birome, como oferta por única vez y en carácter de exclusividad, a bordo de un ómnibus de línea o un tren suburbano, todo por el irrisorio precio de un peso. Entonces, caballeros, no esperen de mí una lucha limpia. No la esperen. Les voy a pegar abajo, mis amigos, debajo del cinturón, justo a los huevos, les voy a meter los dedos en los ojos y les voy a rozar con mi cabeza la herida abierta de la ceja."Puto el que lee esto."John Irving es una mentira, pero al menos no juega a ser repugnante como Bukowski ni atildadamente pederasta como James Baldwin. Y dice algo interesante uno de sus personajes por ahí, creo que en El mundo según Garp: "Por una sola cosa un lector continúa leyendo. Porque quiere saber cómo termina la historia". Buena, John, me gusta eso. Te están contando algo, querido lector, de eso se trata. Tu amigo Chiquito te está contando, por ejemplo en el club, cómo al imbécil de Ernesto le rompieron el culo a patadas cuando se puso pesado con la mujer de Rodríguez. Vos te tenés que ir, porque tenés que trabajar, porque dejaste la comida en el horno, o el auto mal estacionado, o porque tu propia mujer te va a armar un quilombo de órdago si de nuevo llegás tarde como la vez pasada. Pero te quedás, carajo. Te quedás porque si hay algo que tiene de bueno el sorete de Chiquito es que cuenta bien, cuenta como los dioses y ahora te está explicando cómo el boludo de Ernesto le rozaba las tetas a la mujer de Rodríguez cada vez que se inclinaba a servirle vino y él pensaba que Rodríguez no lo veía. No te podés ir a tu casa antes de que Chiquito termine con su relato, entendelo. Mirás el reloj como buen dominado que sos, le pedís a Chiquito que la haga corta, calculás que ya te habrá llevado el auto la grúa, que ya se te habrá carbonizado la comida en el horno, pero te quedás ahí porque querés eso que el maricón de John Irving decía con tanta gracia: querés saber cómo termina la historia, querido, eso querés.Entonces yo, que soy un literato, que he leído a más de un clásico, que he publicado más de tres libros, que escribo desde el fondo mismo de las pelotas, que me desgarro en cada narración, que estudio concienzudamente cómo se describe y cómo se lee, que me he quemado las pestañas releyendo a Ezra Pound, que puedo puntuar de memoria y con los ojos cerrados y en la oscuridad más pura un texto de setenta y ocho mil caracteres, que puedo dictaminar sin vacilación alguna cuándo me enfrento con un sujeto o con un predicado, yo, señores, premio Cinta de Plata 1989 al relato costumbrista, pese a todo, debo compartir cartel francés con cualquier boludo. Mi libro tendrá, como cualquier hijo de vecino, que zambullirse en las mesas de novedades junto a otros millones y millones de pares, junto al tratado ilustrado de cómo cultivar la calabaza y al horóscopo coreano de Sabrina Pérez, junto a las cien advertencias gastronómicas indispensables de Titina della Poronga y las memorias del actor iletrado que no puede hacer la O ni con el culo de un vaso, pero que se las contó a un periodista que le hace las veces de ghost writer. Y no estaré allí yo para ayudarlo, para decirle al lector pelotudo que recorre con su vista las cubiertas con un gesto de desdén obtuso en su carita: "Éste es el libro. Éste es el libro que debe comprar usted para que cambie su vida, caballero, para que se le abra el intelecto como una sandía, para que se ilustre, para que mejore su aliento de origen bucal, estimule su apetito sexual y se encame esta misma noche con esa potra soñada que nunca le ha dado bola".Y allí estará la frase, la que vale, la que pega. El derechazo letal del Negro Monzón en el entrecejo mismo del tano petulante, el trompadón insigne que sacude la cabeza hacia atrás y hacia adelante como perrito de taxi y un montón de gotitas de sudor, de agua y desinfectante que se desprenden del bocho de ese gringo que se cae como si lo hubiese reventado un rayo. "Puto el que lee esto." Aunque después el relato sea un cuentito de burros maricones como el de Platero y yo, con el Angelus que impregna todo de un color malva plañidero. Aunque la novela después sea la historia de un seminarista que vuelve del convento. Aunque el volumen sea después un recetario de cocina que incluya alimentos macrobióticos.No esperen, de mí, ética alguna. Sólo puedo prometerles, como el gran estadista, sangre, sudor y lágrimas en mis escritos. El apetito por más y la ansiedad por saber qué es lo que va a pasar. Porque digo que es puto el que lee esto y lo sostengo. Y paso a contarles por qué lo afirmo, por qué tengo autoridad para decirlo y por qué conozco tanto sobre su intimidad, amigo lector, mucho más de lo que usted nunca hubiese temido imaginar. Sí, a usted le digo. Al que sostiene este libro ahora y aquí, el que está temiendo, en suma, aparecer en el renglón siguiente con nombre y apellido. Nombre y apellido. Con todas las letras y hasta con el apodo. A usted le digo.Fontanahttp://www.blogger.com/profile/11862672917261123844noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7021443.post-87163329708188651962007-07-19T16:49:00.000-06:002007-07-19T17:36:09.361-06:00POR EL NEGRO FONTANARROSAHoy murió Fontanarrosa.<br />Qué se le va a hacer, Negro. Así es la vida, así es la muerte.<br />No se me ocurre cosa mejor para seguir recordándolo<br />que copiar uno de sus cuentos:<br /><br /><br /><br />WILMAR EVERTON CARDAÑA, NÚMERO 5 DE PEÑAROL<br /><br /> Roberto Fontanarrosa<br /><br /><br /><br /> Porque yo lo conoci a Cardaña. Y porque lo conoci a Cardaña puedo afirmar que mucho se equivocan aquellos que juzgaron o juzgan al aspero centrehalf peñarolense a traves de la imagen recogida en los campos de juego. Yo sÉ que es dificil imaginar, suponer, adivinar, una personalidad tierna y sensible escondida tras la carnadura hosca y prepotente del capitán de los aurinegros. Yo entiendo que no es sencillo intuir el gesto amable o la frase cordial en un hombre que hizo del encontronazo cruel, la pierna arriba o el gesto acerbo, una marca personal e indeleble a lo largo de su prolongada campaña. A lo sumo, admito, era factible entrever en él la grandeza, el coraje y una hombría de bien reconocida incluso por aquellos que fueron sus víctimas, encarnizados rivales o detractores. Pero yo lo conocí a Cardaña y creo que fui uno de los pocos privilegiados que pudo compartir su círculo áulico, cimentado en el respeto mutuo y los afectos sobreentendidos. Y fue ese respeto, ese sobreentendido, el que me permitió ser testigo de un hecho, de una anécdota, que echa por tierra el equivocado concepto de considerar a Wilmar Everton Cardaña como un mero cacique huraño, un ríspido patrón de la media cancha, temido y evitado por los rivales. Cuántas veces el insulto hiriente, el epiteto injusto, el cántico soez, cayó desde la graderia rival sobre la humanidad generosa de mi amigo! Sin duda alguna, muchos de aquellos que ayer desgranaron los más pesados e injuriosos improperios contra Wilmar Everton Cardaña se sentirán incómodos o arrepentidos al finalizar de leer esta nota que revela la otra cara del ídolo deportivo. ¡Cuánta nobleza habitaba el pecho inconmensurable de Wilmar! ¡Cuánto valor cívico podía esconderse bajo el glorioso número cinco prendido a la mirasol peñarolense, ya fuera sobre el cesped del Estadio Centenario, en cualquier campo de la vecina Buenos Aires, o en la grama misma de tantos y tantos estadios brasileños donde los frágiles y siempre pusilánimes morenos le temían como a una figura mitológica ! No por nada, mi amigo y colega Pablo Aladino Puseya, inolvidable periodista, desaparecido ya, que supo firmar sus columnas en "El Tero Alerta" de Rocha con el ingenioso pseudónimo de "Banderín de Corner", bautizó a Cardaña como "El Hombre". Así, a secas, con mayúsculas, porque supo advertir en Cardaña al luchador indoblegable, al deportista cabal de vergüenza invicta, más allá de la circunstancial controversia sobre un puntapié a destiempo o una fractura expuesta. Tiempo después, algún picaro modificó el apelativo para extenderlo a "El Hombre de Roble", lo que, en sí, parecía configurar un elogio a la increíble solidez de sus piernas ligeramente chuecas, pero que en verdad escamoteaba la verdadera intencion del apodo, que aproximaba a Cardaña a la infame condición de "tronco". Lo avieso de la maniobra lo certifica el hecho de que esta deformación de su apodo fue adaptada velozmente por los seguidores de Nacional. Y no quedó allí la cosa, porque después de aquel desgraciado incidente con Fanego (el veloz punterito de Huracán Buceo que se destrozara una clavícula contra el alambrado olímpico en un cruce fortuito con Cardaña) parte de un periodismo no propiamente imparcial, pasó a llamarlo "El Hombre de Neanderthal". Quisiera que esta anecdota, que puedo contar dado el particular contacto que tuve con el caudillo indiscutible de Peñarol, eche algo de luz sobre la "leyenda negra" que sobre el se derramara desaprensivamente. A mucho tiempo de los hechos, pienso que el mismo Cardaña, refugiado hoy en la paz y el reposo de su hogar en Treinta y Tres, me perdonará que refiera lo ocurrido en circunstancias de aquella histórica final del 54, tema que él, por pudor y humildad, jamás quiso develar. Puede que el relato aporte también nuevas referencias a los amigos tangueros, ya que lo sucedido en torno a esa final inolvidable fue inmortalizado en un tango que, precisamente, lleva por nombre "La número cinco". La anécdota revelará que el título de la pieza se refiere a la casquivana pelota de futbol, y no al número que lucía la camiseta de Wilmar Everton Cardaña sobre sus dorsales, ni al que identificaba (éste fue un rumor poco serio y malintencionado) a una damisela aspirante al trono de "Miss Paysandú" y por quien, dicen, suspiraba el inspirado compositor de tangos. Aquella mañana del 3 de noviembre de 1954 llegué al hotel Olinto Gallo, donde se alojaba habitualmente el plantel de Peñarol, palpitando encontrarme con un clima de nervios y tensión, acorde con la magnitud del gran encontronazo final con el clásico enemigo de todos los tiempos: Nacional. Habia una efervescencia formidable en Montevideo y los tamborines de la murga "Los que pelan la chaucha" no habian dejado de atronar el barrio de La Tumba en toda la noche. Sin embargo, me hallé con un grupo de muchachos --jugadores, técnicos y dirigentes-- departiendo mansamente luego del desayuno, al parecer olvidados de la proximidad de la justa. Pero esa primera impresión fue efímera. Algún gesto falso, ciertas torpezas en los movimientos, un par de respuestas destempladas o el rechinar penetrante de algunas dentaduras, denotaban el crispamiento interior, el desgarro insoportable de la espera. Pregunté por Cardaña y me contestaron que el recio capitán se había retirado a su habitación luego de merendar. Subí a su pieza, con la familiariedad que me confería su actitud amistosa hacia mí, y me invitó a pasar con un gruñido. Wilmar Everton Cardaña era hombre de pocas palabras, muy pocas, como todo hombre criado en el campo, entre vacas y animales poco propensos al diálogo. Creo que hasta ese día --y ya llevábamos mas de dos años de amistad--, solo le había contabilizado nueve palabras, monosilábicas en su mayoría. Y vale la pena consignar que más de la mitad de ellas las había gastado en una sola frase, previa a otro partido importante, cuando levantándose imprevistamente de una tertulia, anunció: "Permiso, voy a ir al baño". Era así, directo, franco, hombre de llamar al pan, pan, y al vino, vino, y no podían esperarse de él frases grandilocuentes o inflamados discursos. De más está decir que era la tortura de los periodistas radiales quienes, más de una vez, debieron quitarle los auriculares sin haber obtenido de él ni un dato, ni un nombre, ni una fecha. Encontré a un Cardaña taciturno y cariacontecido, cosa que atribuí a la responsabilidad del partido de la tarde. En aquella época no habían proliferado las líneas de ropa deportivas; por lo tanto, en las concentraciones, los players usaban sus propios atuendos, a veces de gustos caprichosos o discutibles. Cardaña llevaba puesto un saco marrón, colocado al revés, o sea, con la pechera sobre la espalda, lo que lo hacía parecer sujeto por un chaleco de fuerza.<br /> --Es por el pecho-- me dijo, señalándose el cuello.<br /> Yo sabía que sufría de severas anginas de pecho. El cigarrillo --aquellos cigarritos negros "Barbudas", de la epoca, que solíaa lucir detrás de la oreja durante los partidos-- le había instalado una tos seca en el pulmón derecho y una tos convulsa en el izquierdo. Parecía mentira que un hombre que fumaba como él, casi siete etiquetas por día, pudiese tener ese despliegue incesante y depredador en el campo de juego.¡ Cuántos jugadores de hoy en día, con los tan mentados y publicitados sistemas de entrenamiento, dietas especiales y cuidados dignos de una odalisca quisieran poseer aquella inagotable capacidad física que acreditaba Cardaña, aun considerando sus excesos y descuidos! ¡Cuantos de los señoritos de hoy en día, atentos siempre a sus peinados y manicuras, se hubieran atrevido a mostrarse a la prensa en saco de calle vuelto del revés, camiseta musculosa debajo y pantalón pijama, sin temor a ser el hazmerreir o al escarnio! En la misma habitacioón de Cardaña estaba Nelson Amadeus Farragudo, aquel implacable marcador de punta, el del gol agónico al Wanderers en el 49, de sombrero de fieltro sobre los ojos, tomando mate. Le decian "El Buitre" Farragudo, no sólo por la nauseabunda peladura de su cuello, sino porque, cual la conocida ave carroñera, era quien caía sobre los restos de las victimas de Cardaña, cuando éste recibia a los delanteros rivales por el medio de la cancha. Por la mustia actitud de Farragudo --mitigaba el sonido del mate cubrieéndose la cabeza con una toalla-- comprendí que algo no andaba bien en mi amigo, su compañero de pieza, el legendario centrehalf peñarolense. Por si no lo he dicho, Wilson Everton Cardaña tenía una cara de rasgos grandes, muy marcados. Las cejas, negras y pobladas, se juntaban sobre el puente de la nariz. Los ojos, sin ser bellos, eran saltones y parecían querer fugarse por debajo de unos párpados gruesos, de piel porosa como la de los citrus. La nariz era prominente, larga, carnosa, de aletas amplias. La boca se abultaba bajo el bigote generoso y se alargaba hacia los costados, pareciendo que las comisuras profundas podían alcanzar los peludos lóbulos de las orejas, también enormes. Entre estos lobulos y la boca, sin embargo, se interponían dos hondonadas como tajos, arrancando desde los pómulos protuberantes para bajar y delimitar con claridad el mentón avanzado y desfiante. Daba la impresión de que uno podía tomar esa porcion inferior de la cara, por aquellos surcos que partían de las mejillas, y quitarla de allí como si fuese un aditamento plástico removible. Había en ese rostro algo perturbador y obsceno pero, al mismo tiempo, sobrecogedor. Era como contemplar un fiordo inmemorial, un precipicio de roca desnuda, el magma primigenio. Era asomarse al inicio de la naturaleza. Y ese rostro, aquel día, estaba transfigurado. Consciente Cardaña de que yo habia percibido ese clima extraño y dislocado, fue hasta una cómoda y sacó algo de uno de los cajones. Pronto se me acercó con la facilidad que le daba nuestra confianza mutua, y me extendió una hoja de papel azul. --Es una carta-- me aclaró.<br /> Leí la carta y, en ella, con una letra despareja, salpicada de errores ortograficos, decía: "Soy casi un niño y, desde hace mucho tiempo, me hallo encerrado en una oscura sala del Hospital Muñoz. Padezco de un mal reversible y, por eso mismo, no estaré el domingo en el estadio para alentar al glorioso Peñarol. Si no es mucho pedir, me haría muy feliz tener en mis manos la pelota con que se juege el encuentro, firmada por todo el plantel mirasol. Si es necesario pagar, adjunteme la factura, que oblare gustoso con dinero que he ahorrado privandome de la medicacion. Suyo, Jose Petunio Invenianto, cama 747."<br /> Confieso que terminé de leer aquella carta con los ojos nublados por el llanto. ¿Cuántos purretes de hoy en día, deslumbrados por el artificio de la tecnología y la banalidad de la computación, serían capaces de solicitar a su ídolo deportivo el humilde y significativo obsequio de una pelota? ¿Cuántos niños de la actualidad, engañados por la urgencia de una sociedad que no sabe de la pausa para la charla amable o la reflexión, tendrian la delicada paciencia de solicitar la pelota para "después" del partido y no para "antes" del mismo, con todos los inconvenientes que esa voracidad podría provocar en la popular justa? Pero mi sorpresa fue inmensa y total cuando alcé los ojos. Allí, delante mío, Wilson Everton Cardaña, "El Hombre", "El Capitán Invicto", "El Hacha" Cardaña estaba llorando. ¡Aquél que hiciera callar de un solo chistido a 150.000 brasileños aterrados en el estadio Pacaembú, cuando la final de la Copa Roca! ¡Aquél que se bajó los pantaloncitos y el canzoncillo punzó para mostrar sus testículos velludos, uruguayos y celestes a la Reina Isabel en el mismísimo estadio de Wembley! ¡Aquél que ya a los ocho años quebrara en tres partes el tabique nasal a su profesora de música en la escuelita sanducense... estaba llorando! Esta cartita escrita sobre el burdo papel azul por aquel botija preso en la fría sala del Hospital Muñoz habia hecho el milagro de ablandar el corazón, en apariencia fiero, del granítico centrehalf de Peñarol y la selección uruguaya. No abundaré en detalles ni cederé a la tentación periodística de recordar los avatares de aquel partido memorable que terminó con el resultado por todos conocido. Callé la historia por mí presenciada en la habitación de Cardaña, por pudor y por prudencia, consciente de que no saldría de mis labios ese relato, como así tampoco de los del "Buitre" Farragudo, austero en su vocabulario como en su manejo del balón. El lunes, al día siguiente del encuentro, acudí al Hospital Marcelo Muñoz, a ser testigo del final de la historia. ¡Esperaba hallar allí tan solo a Cardaña pero cuán grande sería mi sorpresa al ver a las puertas del nosocomio el plantel íntegro de Peñarol, algunos aún con la camiseta puesta bajo el saco, deseosos de cumplir con el pedido postal! Y lo increíble, lo conmovedor, es que no se habían reunido alli por un acuerdo previo o concertado. Uno a uno, por su propia cuenta, con la misma coordinación que ponían en el campo de juego para implementar la ley del off-side o presionar a un juez de línea, habían llegado hasta el Muñoz para acompañar al capitán en la entrega del preciado regalo! ¿Cuántos planteles de la actualidad, ahítos de dinero y fama fácil, serían capaces de repetir aquella escena, aquella convocatoria, llevada a cabo por hombres simples y cabales, deportistas que no conocian los devaneos en torno a contratos fabulosos ni los desplantes exigentes por unas cuantas monedas de oro, antes de comenzar algun encuentro? Y entonces fue el sinceramiento. Ante esa presencia masiva y espontánea, frente a tanta humanidad enternecida, Wilson Everton Cardaña no aguantó más y llor´como una criatura. Lo seguí yo y luego el plantel. Lloramos abrazados sin avergonzarnos de los facultativos que nos miraban con cierta curiosidad o de los transeúntes que acertaban a pasar por el lugar. Algún periodista, mal periodista, arriesgó luego la mezquina version que el plantel de Peñarol lloraba auún el lunes la ignominia de la abultada derrota, soslayando el hecho irrefutable de que se trataba tan sólo de un acto de amor y desprendimiento. ¡Cuántos periodistas de hoy en día, mercenarios que ponen su pluma al servicio de quien más paga, habrían hecho exactamente lo mismo que aquel sicario de la prensa amarilla! Desahogados en parte, pero aun tremulos por lo tocante de la escena, pudimos seguir rumbo a la sala 2, media hora más tarde. Adelante, Cardaña, con la número cinco entre sus manos enormes. Atrás, yo y el plantel, encolumnados en un remedo de la tantas veces repetida entrada a la cancha. Y quiero ser cauteloso al narrar lo que sucedió después, ya que tuvo ciertos rasgos sorpresivos e inesperados. Como así también advertir al lector que mi fidelidad al relato me obliga al uso de palabras que no son de mi predilección, a pesar de ser moneda corriente en la vía pública. Fue casi simultáneo entrar en la sala 2 e individualizar al pequeño que había solicitado el obsequio. Tendría doce, trece años y, cubierto por un camisón blanco de tela basta, se hallaba de pie sobre su cama, expectante, mirando hacia la puerta como si nos hubiese adivinado. Tal vez el revuelo de enfermeras y doctores lo alertó, quizaás la intuición infantil, o tal vez el hecho de que, nosotros, nos acercábamos cruzando los largos y umbrosos pasillos cantando la Marcha del Deporte. Pareció no dar crédito a lo que veían sus ojos, las pupilas se le empañaron y comenzó a temblar como atacado por la fiebre. Impresionado, Cardaña se acercó a él y le entregó la pelota firmada por todos. El pibe la miró, nos mir a nosotros, volvió a mirar la pelota, nos volvió a mirar a nosotros y finalmente gritó:<br /> --Hijos de puta! ¿Cómo pueden perder con eso chotos de Nacional? <br /> Confieso que nos quedamos estupefactos, helados por lo sorpresivo de la agresión.<br /> --¿Cómo carajo puede ser que esos putos nos hagan cuatro goles?-- siguió gritando el imberbe, ya absolutamente desaforado, roja la cara, las venas del cuello tensas, como a punto de estallar--.<br />-- ¡ Hijos de mil putas! ¡Troncos de mierda! ¡Métanse la pelota en el culo! Y, acto seguido, arrojó el balón al rostro de Cardaña, estrellándolo contra su nariz. Vi palidecer al capitan y temi lo peor.<br /> --Vendidos!-- seguía, para colmo, el botija--¡ Se vendieron como unos miserables! ¿Cuánta guita les pusieron para ir para atrás, guachos de mierda? <br /> Vi a Cardaña dar un paso hacia el muchacho y supe que no podría contenerlo.<br /> --Cagones!--vociferoó el chico, empinándose hasta caer, casi, de la cama--. ¡Maricones! ¡Vayan a trabajar, ladrones! <br /> Advertí, en el último instante, el brillo asesino de tigre en los ojos de Cardaña, el mismo que habia apreciado tantas veces en las inmediaciones del area, y supe que atacaba. Se lanzó con los dos pies hacia adelante en la temida "patada voladora" y alcanzó al muchacho en pleno tórax, de la misma forma que puso fin a la carrera de Alberto Ignacio Murinigo, el prometedor número nueve del River Plate. Cayeron los dos del otro lado de la cama y, sobre ellos, se abalanzó una docena de enfermeros que se habían acercado atraídos por los gritos del botija. <br /> Salimos destrozados del Muñoz. Los muchachos de Peñarol, heridos hasta lo mas recóndito por la injusticia de los agravios recibidos. Yo, por lo estremecedor de la escena presenciada. Al día siguiente, un médico de guardia me informó que el chico tenia cuatro costillas fisuradas, lo que obligaría a prolongar su internacion seis meses más. También me dijo que el botija padecía de una calvicie irreversible, y que había solicitado permanecer internado a los efectos de no concurrir a una escuela tecnica que detestaba. Que era un buen chico, en verdad muy hincha de Peñarol y que, meses atrás, se había hecho regalar un planeador firmado por un diestro del volovelismo que habia batido un récord sudamericano.<br /> Muy pocos conocen esta anécdota, ya que una conjura de silencio se cernió en torno a ella. Yo me abrigué en el secreto profesional para no revelarla. El plantel de Peñarol calló el suceso por un natural prurito del deportista derrotado y en cuanto al agresivo muchacho, tengo información de que aún sigue en el mismo hospital, aunque ahora con el cargo de "jefe de enfermeras". Wilmar Everton Cardaña siguió jugando, desparramando coraje y sangre charrúa en cuanto campo de juego le toco en suerte asolar. Siguió acrecentando su fama de guapeza y virilidad sin límites. Siguió mostrando, en suma, una sola de sus dos caras o facetas: la del enérgico, pétreo y filoso centrehalf de los de aquellos tiempos. Apenas un puñado de sus más intimos guarda, como un tesoro, el secreto de aquellas lágrimas que supo derramar ante el conmovedor y sencillo pedido de un niño.Fontanahttp://www.blogger.com/profile/11862672917261123844noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7021443.post-26704364847497905252007-07-03T15:58:00.000-06:002007-07-03T15:59:31.764-06:00AUTORRETRATOMe lo llevo soldando paraguas,<br /> afilando cuchillos, vendiendo gallinas,<br /> cambiando de oficio a cada rato.<br /> Charlatán de feria he sido<br /> y domador de leones desdentados.<br /> Cantor de bares de mala muerte,<br /> pintor de carteles camineros,<br /> ciego de nacimiento y lazarillo.<br /><br /> ¡Y miren a lo que he llegado!<br /><br /> ¡Voy a llenar las páginas amarillas<br /> con mi nombre<br /> a ver si por fin me dan trabajo estable!Fontanahttp://www.blogger.com/profile/11862672917261123844noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7021443.post-14125669175048990252007-05-27T17:27:00.000-06:002007-05-27T17:28:59.936-06:00LOS DOS JUANESDicen que en un encuentro de escritores estaban conversando Rulfo y Onetti en el bar del hotel.<br />-¿Cómo estás, Juan?<br />- Bien, Juan, ¿y tú?<br />- Bien, también. ¿Qué estás escribiendo?<br />- Nada, Juan, ¿y tú?<br />- Nada tampoco, Juan.<br /><br /><br /><br />Da gusto sentirse tan bien acompañado.Fontanahttp://www.blogger.com/profile/11862672917261123844noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-7021443.post-14911356753110471222007-05-19T10:43:00.000-06:002007-05-19T10:44:00.494-06:00PARADOJAEl humor es una forma inteligente de parecer inteligente.Fontanahttp://www.blogger.com/profile/11862672917261123844noreply@blogger.com