tag:blogger.com,1999:blog-6843335.post-1155032328810650672006-08-08T12:13:00.000+02:002006-08-08T12:18:48.836+02:00Boris Vian toujours<a href="http://photos1.blogger.com/blogger/4209/391/1600/Vian.jpg"><img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4209/391/320/Vian.jpg" border="0" /></a>Hay autores que tienen con uno una querencia especial. Se te pegan a las suelas de los zapatos como los chicles en verano. La comparación, que tiene su algo de desagradable, se me ocurre al tropezar con los libros de <a href="http://www.borisvian.fr/"><strong>Boris Vian</strong> </a>que se me van quedando, cada vez más ajados, entre las baldas. <strong>Vian</strong> fue el primer autor al que perseguí de forma casi detectivesca por las librerías de una ciudad que se llama a sí misma universitaria pero que más bien era zoquete y pacata. Espero, por su bien, que ya no lo sea. El caso es que gracias al francés pasé ratos estupendos obviando el frío y la monotonía de mi primer curso en la facultad. Y cada vez que me recomendaban un artículo de fonética o un estudio de concordancias medievales, yo me echaba al coleto <em>El otoño en Pekín</em> o <em>La hierba roja</em>. Curiosamente, desde entonces los pequeños volúmenes de Bruguera han ido cogiendo humedad y moho sin que nadie les eche ni siquiera una mirada. Pero <strong>Vian</strong> no se lo merece. Para algo es el mejor hijo patafísico de <strong>Alfred Jarry</strong>, el heredero que nos hizo bailar sobre las tumbas de los demás. Es curioso que en Francia lo recuerden sobre todo por una canción, <em><a href="http://www.prato.linux.it/~lmasetti/antiwarsongs/canzone.php?id=1&amp;lang=it">Le deserteur</a></em> (<em>Monsieur le président, je vous fais une lettre</em>...), y en España por otra, más prosaica, basada en una versión entre naïf y lisérgica de la licantropía. Una cosa es segura: hay que volver a <strong>Boris Vian</strong>, aunque no haga frío ni me zumben en el oído las diferencias diatópicas, diastráticas y diafásicas de la lengua.Francisco Herreranoreply@blogger.com