tag:blogger.com,1999:blog-6689356428946995722009-07-07T16:30:13.596-07:00Cuentos de ninguna parteangel of musikhttp://www.blogger.com/profile/00343576162200560416noreply@blogger.comBlogger80125tag:blogger.com,1999:blog-668935642894699572.post-3941533313358568472009-06-26T10:11:00.000-07:002009-06-26T10:46:40.494-07:00With a little help of my friendsDe vez en cuando alguien me pide permiso para colgar algún relato en su página. Mi agradecimiento, entre otros amigos, a Ishmael, Joseph y Daniel, que no sólo me visitan sino que se molestan en hacerme un hueco en su propio <em>site</em>, dándome así ánimos para seguir escribiendo y publicando.<br /><br />Andar por páginas ajenas es como ir de viaje: no sabes si lograrás entenderte con la población "extranjera", que puede muy bien no hablar tu idioma; temes caer en la incorrección política por ignorancia en los usos y costumbres; no sabes qué comerás allí, ni si podrás quedarte a dormir o tendrás que coger el primer avión de vuelta a tu propio hogar. Pero muchas veces te animas a ir, y conoces paisajes nuevos, gente que te sorprende pareciéndose a ti en lo que creías que nadie más compartía, incluído el idioma; comes cosas que te gustan aunque al principio te parecían extrañas. Y sí, muchas veces puedes quedarte a dormir, y vuelves a casa pensando en cuándo podrás visitar esos mundos de nuevo y reunirte con los amigos que allí hiciste.<br /><br />Visitad otros mundos, si queréis, yo os dejo aquí algunas direcciones. Quién sabe, quizás también encontréis algún amigo inesperado por allí.<br /><br /><em>" Viajar es imprescindible y la sed de viaje, un síntoma neto de inteligencia". Enrique Jardiel Poncela</em><br /><em></em><br /><em><a href="http://www.fotolog.com/ishmaelcohen">http://www.fotolog.com/ishmaelcohen</a></em><br /><em></em><br /><a href="http://eltemplodelaluzinterior.wordpress.com/">http://eltemplodelaluzinterior.wordpress.com/</a><br /><br /><a href="http://forum.letrasescondidas.net/">http://forum.letrasescondidas.net/</a><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/668935642894699572-394153331335856847?l=cuentosdeningunaparte.blogspot.com'/></div>angel of musikhttp://www.blogger.com/profile/00343576162200560416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-668935642894699572.post-37435665780868661382009-06-06T03:08:00.000-07:002009-06-06T03:12:48.830-07:00Espiral retributiva¿Os habéis preguntado alguna vez porque el mundo es redondo ?<br /><br />No es porque lo digan los científicos, ni porque sea un elipsoide un poco irregular, ni por apartar la posibilidad de que la tierra sea un disco plano al final de cuyas fronteras sólo cabe la existencia de un precipicio que conduce al vacío del universo.<br /><br />El mundo, la tierra es redonda porque ha hecho un pacto con la vida, y la vida es una espiral.<br /><br />Esta espiral se agarra a la tierra en un abrazo asfixiante, una autoritaria simbiosis en la que ella domina con su movimiento infinito. De dentro a fuera, de fuera a dentro. De arriba a abajo, de abajo a arriba, ésta es la danza espiral que nos exige ser su pareja de baile.<br /><br />Hay quien cree que la vida es lineal, un camino recto que parte de la nada para en la nada acabar. Otros creen que es una línea irregular, una ruta serpenteante por la que avanzamos con pasos sinuosos de encrucijada en encrucijada y sin ver nunca el final ante nuestros ojos.<br />Pero esto, al igual que pensar que la tierra es redonda por un capricho mórfico, o por el antojo de algún Dios que se entretenía jugando a la geometría con el barro, es mentira. La vida es una espiral circular, parte de un lugar para extenderse hacia otro pasando infinitas veces por el camino ya recorrido.<br />Y nosotros vivimos abrazados a esta espiral que su vez abraza al mundo. Andamos nuestro camino de experiencia en experiencia, saltando obstáculos, venciendo titanes, creando dioses, y pensando que una vez lo hayamos hecho no tendremos que volver a hacerlo nunca.<br /><br />¿Cuántas veces nos habremos llevado las manos a la cabeza al encontrarnos en una situación ya conocida, demasiado conocida para nuestro gusto, una de esas situaciones de las que pudimos salir una vez luchando con uñas y dientes, sin saber muy bien si lo conseguiríamos o no?. Pero logramos salir, asombrados, con una nueva dimensión de nosotros mismos y de nuestras debilidades y fortalezas, y avanzamos pensando que la lección ya está aprendida. Salimos llenos de heridas y sangrando pero a la vez creyéndonos más sabios, más fuertes, intentando convencernos a nosotros mismos, con el alma aún temblorosa: <em>"esto no me va a volver a pasar a mí".</em><br /><br />Y de repente, cuando la lucha quedó lejos y casi olvidada, guardada cuidadosamente y con la etiqueta de <em>"No Tocar"</em> en ese cajón de la mente el que metemos las pesadillas y las realidades demasiado dolorosas como para poder aceptar que sean verdaderamente reales, la vida baila de dentro a fuera, de fuera a dentro, y nos encontramos con la misma situación, con la misma lucha una vez más.<br /><br />Da igual el tiempo transcurrido, así como tampoco tiene importancia que ciertas situaciones se disfracen de obras nuevas representadas en teatros a los que se cambió la fachada. Habrá una nueva compañía de actores que representarán los mismos papeles que otros representaron a su vez. Cambiarán las caras, pero no los corazones, las palabras, los actos. Nos encontraremos otra escenografía, otro decorado, pero la situación, la trama, será la misma. Y de nuevo comenzará la función, con nosotros como protagonistas, y ante ese público al que jamás vemos y que nunca aplaude. Y pensaremos, entonces, ¿cómo es posible que me vuelva a pasar esto? ¿Por qué otra vez, porque no puedo escapar nunca de este problema? ¿Acaso no soy ahora más fuerte, más sabio?<br /><br />La angustia nos besará con sus labios fríos y duros, y nos convenceremos de que en realidad no acabamos el combate anterior siendo más fuertes, más sabios, más invulnerables. Pensaremos que la vida es injusta, que somos tontos, incapaces de avanzar o superar ciertas pruebas que parecen repetirse una y otra vez. Pensaremos que no hay un dios allí arriba, ni compasión aquí abajo.<br /><br />Pero lo que nunca pasará por nuestra mente es que todo esto ocurre porque la vida, que veces puede parecernos un carnaval, un valle de lágrimas, una lotería sin boleto, en realidad no es más que una espiral infinita que baila de abajo a arriba, de arriba a abajo. Y lo que es más, la vida no solamente es una espiral, es también una jugadora y nosotros somos su apuesta más fuerte.<br /><br />La vida quiere ganar, siempre quiere ganar, y nosotros somos como los caballos que corren en un hipódromo, los caballos de la vida que exige que ganemos la carrera. Y si, por algún azar, no ganamos la carrera, se nos volverá a colocar una y otra vez en el punto de salida de ese hipódromo que odiamos, y se nos hará correr y correr hasta que seamos capaces de salir vencedores. La vida es una espiral que desea ser retributiva. Somos sus caballos, sus galgos, sus zorros, su tirada de naipes, y desea que ganemos para así poder ganar ella. La retribución que recibiremos cuando la vida encuentre otros caballos a los que hacer correr será un sueldo pagado con nuestras lágrimas, nuestros pequeños triunfos, nuestras grandes derrotas, los trofeos de guerra que conseguimos llevarnos a casa, y los que otros se llevaron y creímos no volver a ver nunca. Siempre hay una retribución, aunque a veces no nos parezca justa, o se nos antoje demasiado parca como para poder sustentarnos. Pero la vida, la espiral que abraza al mundo mientras baila con él de dentro a fuera, de fuera a dentro, de arriba a abajo y de abajo a arriba, siempre gana, y la único que podemos hacer al respecto es tratar de comprender si lo que gana ella supone una pérdida para nosotros, o si, aunque el premio no sea el que esperamos, al final ganamos nosotros también.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/668935642894699572-3743566578086866138?l=cuentosdeningunaparte.blogspot.com'/></div>angel of musikhttp://www.blogger.com/profile/00343576162200560416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-668935642894699572.post-46822989586962066322009-05-18T14:47:00.000-07:002009-05-18T14:59:00.631-07:00Adiós, MarioAyer, domingo, murió Mario Benedetti.<br /><br />Hasta hace un año escaso no había leído nada suyo. Un día, vi un corto de cine en el que recitaban uno de sus poemas. Me impresionó tanto que leí casi todos los que encontré.<br /><br />Porque hablan en un lenguaje que reconozco sin conocerlo, y porque aún recuerdo la impresión de aquel primer poema suyo que oí, cuelgo aquí <em>" Corazón coraza"</em> como homenaje y como despedida.<br /><br />Buen viaje, Mario, buen viaje.<br /><strong></strong><br /><strong><em>Corazón coraza</em></strong><br /><em></em><br /><em>Porque te tengo y no<br />porque te pienso<br />porque la noche está de ojos abiertos<br />porque la noche pasa y digo amor<br />porque has venido a recoger tu imagen<br />y eres mejor que todas tus imágenes<br />porque eres linda desde el pie hasta el alma<br />porque eres buena desde el alma a mí<br />porque te escondes dulce en el orgullo<br />pequeña y dulce<br />corazón coraza</em><br /><br /><em>porque eres mía<br />porque no eres mía<br />porque te miro y muero<br />y peor que muero<br />si no te miro amor<br />si no te miro</em><br /><br /><em>porque tú siempre existes dondequiera<br />pero existes mejor donde te quiero<br />porque tu boca es sangre<br />y tienes frío<br />tengo que amarte amor<br />tengo que amarte<br />aunque esta herida duela como dos<br />aunque te busque y no te encuentre<br />y aunque<br />la noche pase y yo te tenga<br />y no.</em><br /><em></em><br /><em>Benedetti, 1920- 2009</em><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/668935642894699572-4682298958696206632?l=cuentosdeningunaparte.blogspot.com'/></div>angel of musikhttp://www.blogger.com/profile/00343576162200560416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-668935642894699572.post-71582948338585494862009-05-09T04:41:00.000-07:002009-05-09T04:56:04.183-07:00Ofréceme la luna... pero desde un número ocultoEs que no puedo con ellos...<br /><br />Mil llamadas al día, desde números inconcretos, invisibles, que no se sabe de dónde vienen y que apuestan por la fría relación unilateral del "<em>ya te llamo yo"</em>. " <em>Cuando yo quiera</em>".<br /><br />Y da igual que les digas que no una y otra vez, pasando de la amabilidad a la furia y perdiendo tu sentido de la buena educación en el proceso. No importa que no les cojas el teléfono, o que les cuelgues nada más oír las primeras palabras... ellos siguen, incansables, ofreciendo todo lo que yo no quiero, sin ofrecerme nunca lo que de verdad deseo.<br /><br />Educadísimas y estudiadísimas voces me ofrecen un seguro de vida. ¿Un seguro de vida, dicen? ¿Me aseguráis que no voy a morir, que siempre estaré aquí, sin tener que enfrentarme nunca a la enfermedad, a la vejez, al miedo de dejar de existir? ¿Me indemnizaréis cuando pierda las ganas de vivir o a los seres que quiero y me dan la vida? ¿Seréis capaces de compensarme cada vez que tenga un accidente, dando igual que consista el mismo en partirme una pierna o en que alguien me parta el corazón? No, eso no entra en el contrato, ni siquiera está contemplado en la letra pequeña.<br /><br />Otras voces quieren que ayude a su ONG. Y yo les comienzo a preguntar, antes de que me cuelguen, si ellos podrían ayudarme a mí, buscarme un trabajo estable, donarme algo de dinero para poder llegar a fin de mes sin temblores, proporcionarme a alguien que me ayude a volver a creer en el amor... si acaso podrían hacerme más llevaderas las horas de soledad. Corro el riesgo de sufrir un infarto servido por el estrés, les digo, estoy en peligro de extinción yo también, desde el día en que nací, y un poco más a cada segundo que pasa. Pero no, el tema es que yo ayude, aunque nadie me ayude a mí. Eso es lo desinteresado del asunto, aunque sea una paradoja como un castillo.<br /><br />Me ofrecen ADSL con llamadas gratis, dando por sentado que deseo conectarme a algo, que tengo tantas personas a quienes llamar día y noche como para que me compense la tarifa. El móvil suena a todas horas, lleno de mensajes que me ofrecen mantener un contacto constante con mis amistades a base de llamarlas en un horario que va entre las doce de la noche y las seis de la mañana. Poco tiempo duraría semejante contacto, creo yo, aunque claro, eso a ellos les trae sin cuidado. ¿Si me apunto, me proporcionaréis cientos, miles de buenos amigos, esa clase de amigos que, como pretendéis, no desaparecen de tu vida cuando les llamas en esas noches y madrugadas de insomnio y angustia? No, claro que no.<br /><br />El otro día una señorita estuvo horas intentando convencerme de lo mucho que necesitaba un sillón de masajes, sin que yo tuviera el valor de preguntarle <em>a ella</em> si ese masaje incluía a mi pobre cerebro, sobrecargado de pensar si es que soy yo la única persona del mundo que no necesita toda esa cantidad de zarandajas, si no hay nada más en este mundo aparte de la compra-venta constante; cansado de querer decir sí y sin embargo tener que decir no una y otra vez: no al ADSL, no al sillón, no al seguro de vida, no a salvar a las focas, los tiburones, los niños de África y las víctimas de la artritis reumatoide cuya vida parece pender únicamente de mis manos. Harto de que nadie ofrezca algo gratis, sin pedir siempre dinero a cambio; esperando oír un día una voz que me ofrezca una vida plena, una primavera infinita, un salvavidas para todos esos días en que me ahogo en mis propias lágrimas, un amigo en quien confiar de por vida... la certeza de que sí, hay algo más, en el fondo. Alguien que me explique qué puedo hacer para ayudar a todos, para ayudarme a mí misma.<br /><br />Quizás peco de ingenuidad, pero yo es que sigo esperando a que alguien me ofrezca la luna. Todo lo demás, me sobra.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/668935642894699572-7158294833858549486?l=cuentosdeningunaparte.blogspot.com'/></div>angel of musikhttp://www.blogger.com/profile/00343576162200560416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-668935642894699572.post-18089868703435815802009-04-30T05:00:00.000-07:002009-04-30T05:01:16.362-07:00Teléfono de lluviaLlevaba ya mucho tiempo sumido en el silencio, dos o tres semanas quizás, mientras yo con mi voluntad devenida mirada intentaba azuzar tanto a su timbre como a las nubes que se paseaban frente a mi ventana, odiosas de puro blanco cuando yo las quería negras.<br /><br />Pero aquel martes las nubes amanecieron grises, y sonó. Sonó, bendito teléfono de lluvia.<br /><br />“<em>Ven</em>”, me dijo él cuando contesté, y apenas me di cuenta de que antes de haberlo oído ya estaba casi en la puerta, con el corazón saliéndoseme del pecho y el auricular balanceándose ahorcado de su cable, olvidado en mi prisa.<br /><br />Me dejé el paraguas y los reproches que había ahorrado durante la larga espera; todo lo olvidé, hasta el húmedo frío de la lluvia en mi piel que se iba evaporando al calor de su cuerpo.<br /><br />También olvidé, porque quise olvidarlo, que quizás pasarían semanas antes de que él tuviese otro día libre por mal tiempo, un día que compartir conmigo sin que su mujer sospechase. Y mientras yo viviría bajo el amparo de la trinidad ansiedad-esperanza-frustración de mirar pasar las nubes por la ventana, deseándolas negras en vez de blancas, e intentando que, a fuerza de azar y voluntad combinados, sonase el maldito teléfono de lluvia.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/668935642894699572-1808986870343581580?l=cuentosdeningunaparte.blogspot.com'/></div>angel of musikhttp://www.blogger.com/profile/00343576162200560416noreply@blogger.com4tag:blogger.com,1999:blog-668935642894699572.post-55208724490071906942009-04-07T02:01:00.000-07:002009-04-07T02:11:11.443-07:00Recuerdos lapidadosA las dos de la mañana me atrapó de nuevo, colándose en mi sueño sin pedirme permiso: el maldito recuerdo, ese que llevo tratando de evitar desde hace más de tres años. Me despierto de sopetón, con el rostro arrasado en lágrimas y la ansiedad de saber que no he conseguido olvidar, pese a todos mis esfuerzos.<br /><br />Alargo una mano temblorosa hacia el bote de somníferos, constante guardaespaldas siempre presente en mi mesilla de noche, y me tomo un par de ellos. Me tumbo de nuevo con la mirada fija en algún punto de la oscuridad de mi dormitorio, intentando no recordar que recuerdo, pensando ferozmente en cualquier otra cosa, la que sea, cuando noto que un vestigio de memoria quiere aparecer en mi mente.<br /><br />Al principio me dijeron que recordar era bueno, que era parte del proceso de recuperación, y que con el tiempo ya no volvería a sentir dolor cuando pensase en <em>eso</em>. El tiempo lo cura todo, lo pone todo en su sitio, bla, bla, bla.<br /><br />Pero la fase de duelo no acababa nunca; en el rostro de cada persona que me cruzaba por la calle aparecía el suyo, pero no el que yo quería recordar, si no ese rostro espantoso, casi irreconocible que surgió de debajo de la sabana blanca cuando tuve que ir a reconocer el cadáver. ¿Dónde estaba ese hombre al que yo amaba? No era <em>eso</em>, ese amasijo de miembros rotos y quemados que sacaron del coche siniestrado. El hombre al que yo amaba estaba vivo, tenía que estarlo, y aquello estaba muerto, y no había sido una muerte gentil.<br /><br />No importa cuantas fotos suyas mirara, el rostro que yo tan bien conocía había sido suplantado por ese mascarón horrible sin que yo, por más que buscase en lo más hondo de mi memoria, consiguiera devolverle su aspecto anterior.<br /><br />Cuando estuvo claro que no, no lo estaba superando, pasé al plan B. Destruí sistemáticamente todos los recuerdos que de él tenía. Con el corazón hecho astillas quemé fotos, ropa, regalos, en una suerte de exorcismo de mi alma, que confiaba en la purificación por el fuego y en el humo que con suerte se llevaría esa imagen que me acosaba día y noche. No debía quedar nada de él que le permitiera a ese atroz fantasma llegar a mí; debía ser enterrado, para siempre, sin pena ni culpa.<br /><br />Empecé a evitar a mis amigos. No es que tuviera nada contra ellos, pero era demasiado difícil soportar esa pregunta muda y constante en sus ojos y sus labios, ese <em>“¿estás bien?”</em> que flotaba alrededor nuestro aunque sólo estuviéramos tomando un inofensivo café. Además, todos intentaban ser amables, y con la mejor intención del mundo hablaban de él, contaban anécdotas suyas hasta que a mí me daban ganas de aullar, porque aquel él ya no existía, sólo estaba <em>eso</em>, y ellos no se daban cuenta. Creían que hablar de él me ayudaría a superarlo, pero la única superación en la que yo confiaba era el más absoluto de los olvidos. Me deshice de todas esas personas al igual que me deshice de aquellas fotos, por puro instinto de supervivencia.<br /><br />Durante el día podía controlarlo, más o menos. Obtuve otro trabajo, y como eso aún dejaba demasiado tiempo libre, otro más. Trabajaba dieciocho horas al día, como una autómata, feliz de no tener tiempo para que mi mente divagase hacia terrenos peligrosos, y al llegar a casa caía rendida en la cama.<br /><br />Pero entonces llegaban los sueños, sueños en que ese rostro espantoso surgía de la nada, sonriendo, acercándose a mí con ese cuerpo descoyuntado al que de vez en cuando se le caía algún miembro. Yo huía, desesperada porque no me alcanzase aquel ser infecto, que me llamaba entre gorgoteos mientras la sangre, casi negra de tan oscura, manaba de su boca. Y se reía de mí, recordándome aquella conversación de borrachos que tuvimos una noche, una de esas conversaciones entre enamorados que se prometen que si uno muere antes que el otro le esperará en el otro lado. Esa cosa me estaba esperando, decía, me ataba a él una promesa, y se reía, se reía hasta que la cabeza se le desprendía del cuello, y aún así seguía riendo. Y yo gritaba y gritaba hasta despertarme.<br /><br />Ahora ya no trabajo; la falta de sueño, el miedo y la ansiedad constantes comenzaron a causarme una serie de trastornos demasiados obvios para el resto del mundo. Me despidieron, con amabilidad y más compasión de la que yo hubiera deseado, y me sugirieron que buscase ayuda.<br /><br />Mi vida quedó reducida a las visitas al psiquiatra, a esperar a las horas oscuras y a lo que con ellas viniese, y a una serie interminable de fármacos. Hasta que esta noche, mientras contemplaba la oscuridad y sin que yo supiese cómo, se produjo el cambio, hallé la solución.<br /><br />Me di cuenta de lo cansada que estaba de tirarle piedras a un recuerdo, de que un fantasma se atreviera a arrebatarme la vida cuando yo no había tenido nada que ver con su muerte. Sentía la rabia del perro que tras años de fiel servicio a su amo es echado a patadas a la calle. Un rencor oscuro, furioso y enorme crecía dentro de mí por momentos, dotándome de una fuerza nueva que me confirió la lucidez suficiente como para trazar un plan.<br /><br />No hay casi nadie en la carretera. Son las tres y media de la mañana y estoy muy cerca de mi destino, literalmente. En veinte minutos llegaré al barranco, y, dada su altura, estoy convencida de que a las cuatro podré encontrarme con <em>él</em> en igualdad de condiciones. No temo la caída, ni el dolor que probablemente sienta mientras me despeño con mi coche; sólo pienso en que esta vez seré yo la que ría y ría sin parar hasta que se me caiga la cabeza cuando vea la cara que pone él cuando vea en qué se ha convertido su preciosa novia, esa a la que está esperando y que también piensa hacer honor a la promesa de <em>“juntos para siempre”.</em><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/668935642894699572-5520872449007190694?l=cuentosdeningunaparte.blogspot.com'/></div>angel of musikhttp://www.blogger.com/profile/00343576162200560416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-668935642894699572.post-13643711675276416572009-02-25T14:29:00.000-08:002009-02-25T14:34:44.721-08:00La búsqueda¿Dónde lo puse?<br /><br />Rebusco incansablemente, recorriendo mi geografía de una punta a otra.<br /><br />¿Dónde, pero dónde lo puse?<br /><br />Víctima del desaliento, comienzo de nuevo por el principio, por el temible piso de arriba.<br /><br />Mi cabeza está distraída soñando imposibles, las persianas bajadas me impiden ver lo que hay dentro del caótico recinto. Lucho unos instantes con las cuerdas de los párpados, que se resisten a abrirse, hasta que consigo mi victoria y la luz entra a raudales a través de mis irritadas retinas necesitadas de una limpieza a fondo.<br /><br />Echo un vistazo a la enorme cantidad de trastos que almaceno en ese desván que es mi cerebro. En un rincón hay unas cuantas imágenes mohosas de juguetes que hace años me hicieron más que feliz, y cerca de ellos pululan los espectros vestidos de telarañas de aquellos niños que dejé de reconocer el día en que descubrí que eran adultos.<br />Por todas partes hay papeles diseminados, cajas repletas de recuerdos y olvidos diversos, muebles rotos que una vez fueron férreas determinaciones y dogmas de mi propia e incomprendida fe. Hileras interminables de álbumes de fotos me recuerdan lo incomodo de conocer a tantísima gente que he olvidado sin esfuerzo, aunque siempre hay algún tomo más o menos actualizado en el que figuran hasta los números de teléfono.<br />Nada, no está aquí.<br /><br />Salgo de mi cabeza, no sin antes tropezar y casi caerme al enredárseme el pie en aquélla traicionera alfombra en la que hilé mi pasado, presente y futuro antes de que las Parcas se riesen de mí a carcajadas y yo abandonase todo intento de pensar que sí, controlo mi existencia.<br /><br />Me he asomado al pabellón de los oídos para tener una perspectiva aérea del mundo, pero demasiado ruido, demasiadas voces explicándome todo tipo de cosas que nada me importan me obligaron a salir casi corriendo de allí.<br /><br />He llegado al gran ventanal de mi boca, cuidando de no resbalarme garganta abajo. No, creo que aquí tampoco está, las palabras están bien ordenaditas en meticulosas opiniones y no hay ningún rincón entre los dientes donde se me pudiera haber traspapelado el objeto de mi búsqueda.<br />Me descuido voluntariamente y disfruto por unos instantes del tobogán que me lleva hacia abajo, hacia lo profundo. Cuando recupero la vertical atravieso diversas salas, abriendo y cerrando puertas.<br /><br />Entro en la sala de los pulmones y la nube de humo que de allí sale casi me tira de espaldas, pero no me amedrento por ello y busco una linternita, con la que atravieso la niebla al compás de las ráfagas de oxígeno que van y vienen con el plumero intentando ventilar y limpiar la zona. Las saludo con la cabeza y ellas interrumpen brevemente su trabajo para preguntarme qué tal me va. Durante unos momentos intercambiamos cortesías que cortan la espesura con la afilada claridad de lo intrascendente, y al poco salgo de allí, directo hacia la sala del corazón.<br /><br />No me gusta esta sala y procuro evitarla siempre que puedo. A veces la abro con la esperanza de que esa vez logrará gustarme el ambiente, pero hasta ahora nunca sucedió tal fantasía. Tampoco es distinto en esta ocasión: esta sala de temperatura insoportable está hasta los topes de gente, de música y de emociones serviles que distribuyen canapés en bandejas que quizás un día fueron de plata. La gente charla a voz en grito, intentando hacerse oír encima de ese continuo redoble de tambor que ni siquiera tiene los modales de seguir el mismo ritmo siempre. Algunos invitados están reclinados en sofás, personajes poco definidos aún y en su mayoría solitarios, pálidos, hambrientos porque las emociones nunca les ofrecen canapés a ellos. Sólo hallan consuelo en las copas llenas de sangre ya casi coagulada a las que dan pensativos sorbos de tanto en tanto.<br />Atravieso la sala dando codazos, saludando con la cabeza y cambiando algunas palabras cuando no me queda más remedio, pero pronto me mareo, me sofoco, y salgo de allí precipitadamente, sin haber encontrado lo que buscaba.<br /><br />Sigo mi recorrido. Paso brevemente por los riñones, por el hígado que está en pleno ataque de cólera y me tira una zapatilla a la cabeza por interrumpirle mientras le da puñetazos al saco de boxeo; deambulo por el estómago, que me deja trastear por sus rincones mientras él se afana en distribuir las sustancias que bajan desde la chimenea. No hay suerte, no lo encuentro.<br /><br />Empiezo a preguntarme cuánto tiempo ha pasado desde que comencé a buscar, pero soy incapaz de recordarlo...<br /><br />Y se me acaban los sitios. He buscado en los órganos, he cerrado la llave de paso de mis venas para ver si acaso se cayó dentro y está obstruyendo algún recodo. He seguido los cables de mis tendones, he separado las fibras de mis músculos, quejosos y contrariados, y he intentado mirar en la médula de mis huesos, sin hallar nada, nada, nada.<br /><br />Me siento cerca del tobillo izquierdo, cansado y desanimado. Me dejo llevar por la fatiga y me duermo, y en mis sueños aparezco frente a mí y me digo que el problema no es dónde puse lo que buscaba, sino que en realidad hace tiempo que olvidé qué era lo buscado. Me contesto que no es posible, que sé muy bien lo que busco, porque sabré qué es cuando lo encuentre, lo sé a ciencia cierta porque fue por eso que lo escondí en un principio, para que nadie, quizás ni siquiera yo, pudiese encontrarlo nunca.<br />Pero no me creo, parece ser, porque meneo la cabeza, me meto la mano en un bolsillo y saco lo que a todas luces parece una diminuta llamita que bailotea sobre mi mano sin que aparezca quemadura alguna.<br /><br />Y justo cuando estoy a punto de reconocer esa llamita y saber dónde la puse, me despierto algo anquilosado y con un principio de migraña, allí, cerca del tobillo izquierdo, y me pregunto dónde puse ese sueño en el que encontraba lo que busco.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/668935642894699572-1364371167527641657?l=cuentosdeningunaparte.blogspot.com'/></div>angel of musikhttp://www.blogger.com/profile/00343576162200560416noreply@blogger.com3tag:blogger.com,1999:blog-668935642894699572.post-7949201119592719362009-02-04T05:07:00.000-08:002009-02-04T05:27:07.644-08:00La Banshee<a href="http://1.bp.blogspot.com/_RWxcAfJRovA/SYmXSuX_u-I/AAAAAAAAAGs/y9u-JXtgP6Q/s1600-h/untitled.bmp"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5298932784520215522" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 240px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_RWxcAfJRovA/SYmXSuX_u-I/AAAAAAAAAGs/y9u-JXtgP6Q/s320/untitled.bmp" border="0" /></a><br /><div><a href="http://4.bp.blogspot.com/_RWxcAfJRovA/SYmW8p5yrgI/AAAAAAAAAGk/_DlQKPZsEb0/s1600-h/untitled.bmp"></a> </div><div>La oí por primera vez una noche de luna llena invernal.<br /><br /></div><div></div><div>Cinco gritos en la noche, cinco avisos del final. Mi marido, que roncaba junto a mí, no se dio cuenta de nada, ni yo quise despertarle para que escuchara conmigo; ese sonido no es para ser compartido, no si adivinamos quién lo emite. Me tapé la cabeza con las mantas, pero ya era tarde, la había oído y sabía qué me estaba diciendo.<br /></div><div>Ese día me desperté inusualmente tarde, la luz entrando a raudales por los postigos y la ausencia de mi esposo en la cama. Me levanté y bajé al patio, para lavarme la cara en el pilón y diluir en el agua el horror y la ansiedad de mi rostro.<br /></div><div>Afortunadamente las mañanas no me dejan mucho tiempo para pensar: demasiadas tareas que hacer y muchas cosas que disponer para cuando mi marido regresara a casa, al ocaso. Trabajé con más ardor que de costumbre, las pequeñas y cotidianas labores alejando las sombras de mi mente.<br /></div><div>Cayó la tarde, y con ella se dejó caer una visita. Deirdre Kavanaghs era una mujer extraña, una <em>wicce</em>, decían, y no solía bajar mucho por la aldea, era más bien la gente la que acudía a ella para resolver ciertos asuntos. No esperaba ver su extraño e intemporal rostro cuando abrí la puerta, así como tampoco esperaba sus extrañas palabras de saludo.<br /></div><div>- Así que te visitó la <em>banshee</em>.<br /></div><div>Sin decir más entró, sin permiso, las <em>wicces</em> no suelen pedirlo. Se acercó al fuego y se sentó junto a él, observándome con los ojos brillando con la luz del que sabe más de lo que cuenta. Yo me acerqué tímidamente, algo impresionada por su presencia, y me senté frente a ella, contemplando el fuego por no contemplar su rostro. </div><div><br />Permanecimos unos momentos en silencio, sólo el chasquido de la lumbre contando sus historias. Ese silencio era demasiado para mí, así que fui la primera en hablar.<br /></div><div>- Oí su grito en la noche. Gritó cinco veces, y la oí, y ahora voy a morir.<br /></div><div>Ella asintió con la cabeza<br /></div><div>- Cinco gritos, cinco días, tu familiar vino a avisarte para que estuvieras preparada. ¿Sabe algo tu marido?<br /></div><div>Negué con la cabeza, sintiendo cómo las lágrimas comenzaban a asomar en mis ojos, y ella asintió de nuevo.<br /></div><div>- ¿Qué es lo que piensas hacer?<br /></div><div>Salté como un conejo asustado.<br /></div><div>- ¿Hacer? ¿Es que se puede hacer algo contra el augurio de una <em>banshee</em>?<br /></div><div>Ahora las lágrimas caían de mis ojos en un torrente desesperado; yo no quería morir, era joven, aún no había tenido tiempo ni de criar hijos. No era justo, me ahogaba sólo de pensarlo.<br /></div><div>La hechicera me observó con una mirada extraña, insondable, mujer sabia que en este momento parecía conocer muchas más cosas que yo, criatura aterrada ante la certeza de la muerte. Pasó largo tiempo mientras yo lloraba y ella callaba, con sus ojos clavados en mí, pero ya no me incomodaban, ¿qué son los ojos de una <em>wicce</em> comparados con las oscuras órbitas de la Sombra?<br /></div><div>Ya casi era de noche, mi marido estaría a punto de llegar, comentó la mujer con indiferencia, levantándose. La acompañé a la puerta, y antes de salir me volvió a mirar, de una forma algo extraña, como si en realidad no me mirase exactamente a mí. Asió una de mis manos con las suyas, increíblemente fuertes y seguras para pertenecer a una mujer, y dijo:<br /></div><div>- Hay muchas cosas que puedes hacer aún, Siobhan Connor, y las harás, créeme que las harás.<br /></div><div>Soltó mi mano y se fue, perdiéndose en la niebla como un aparecido, fundida en las sombras.<br /></div><div>Llegó mi marido, y le recibí con apasionamiento; siempre le había amado, pero ahora ese amor me desbordaba, la idea de su pérdida dándome aliento para amarle aún más.<br /></div><div>Nada le dije sobre la <em>banshee</em>, ni ese día, ni esa noche, cuando escuché cuatro gritos en la oscuridad.<br /></div><div>Sólo cuatro días de vida. Cuatro días en los que cada cosa que veía, oía o tocaba parecía distinta a lo de siempre. Me daba la impresión de encontrarme dentro de un sueño particularmente vívido, de colores brillantes, lleno de magia y de vida, de esa vida que a mí se me acababa tan deprisa.<br />Comí disfrutando de todos y cada uno de los sabores que experimentaba; contemplé conocidos y a la vez nuevos campos, praderas, acantilados, cielos que se quedaban grabados en mi mente, recreándose una y otra vez con una belleza que yo no había descubierto antes. Amé a mi esposo intensamente, como despedida, como agradecimiento, último homenaje a su compañía antes de partir yo sola a la más grande de las soledades.<br /></div><div>Y mientras la <em>banshee</em> gritó, tres, dos veces más.<br /></div><div>Mi último día fue muy tranquilo, toda la ansiedad convertida en resignación, mi único deseo poder disfrutar de esas horas que me quedaban antes de morir. Me asustaba pensar en cómo moriría, y durante todo el día mis sentidos se agudizaron, pendientes de cualquier motivo de accidente, de fuego, de agua, de caída, de dolor. Pasó el día y llegó la noche, y el beso que le di a mi marido al irnos a la cama fue el más dulce y el más triste que he dado en toda mi vida, como suelen serlo los besos de las despedidas irrevocables.<br /></div><div>Esperé a oscuras, incapaz de dormir, creyendo oír gritos en el aire. Al final no pude más, me levanté y fui a la ventana. Respiré el frío aire de la noche y contemplé la luna a la que ya le iba faltando un trozo. Y entonces la oí, y la vi.<br /></div><div>Una mujer de pelo casi blanco, vestida con un traje negro y una capa gris que se agitaba al viento estaba en cuclillas sobre el tejado. Se peinaba con un peine de plata, como acostumbran hacer las de su especie, y yo la contemplé, paralizada, mientras se peinaba y se peinaba, canturreando algo en una lengua extraña, hasta que guardó el peine y levantando la cabeza hacia la luna, como un lobo, emitió un único y prolongado grito.<br /></div><div>Cerré los ojos: estaba hecho, la figura de la <em>banshee</em> sería lo último que vería en vida, y su grito lo último que oiría. Cuando volví a abrirlos ya no había rastro de ella, su tarea cumplida.<br /></div><div>Volví a la cama y recé, recé arrepintiéndome de las cosas que había hecho mal, dando gracias por las que había hecho bien, y lamentándome por las que no había hecho. Rezando me dormí, y en el sueño de esa noche estaba el rostro de la <em>wicce</em>, que sonreía con tristeza y abría las manos hacia mí en señal de bendición.<br /></div><div><em>Qué sueño extraño</em>, pensé por la mañana, antes de darme cuenta de que estaba viva. Al principio sentí un espanto sin límites, ¿me habría convertido en una de esas almas errantes condenadas a no descansar nunca en paz?<br /></div><div>Con una mano temblorosa pero que parecía aún de carne, me volví a tocar el hombro de mi durmiente marido. Su piel estaba fría, su pecho inmóvil. Dormía el sueño que, al haber oído a la <em>banshee</em>, yo creía sería el mío.</div><div><br /><br /></div><div></div><div><br />NOTA: <em>wicce</em> es un término del inglés antiguo del que derivó la palabra <em>witch</em>, bruja. En aquella época también quería decir "mujer sabia". Hoy día, se usa el término <em>wiccan</em>.</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/668935642894699572-794920111959271936?l=cuentosdeningunaparte.blogspot.com'/></div>angel of musikhttp://www.blogger.com/profile/00343576162200560416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-668935642894699572.post-57291360821250948932009-01-12T02:28:00.001-08:002009-01-12T02:29:53.128-08:00InvasiónAl principio no eran muchos: pequeños e inocentes papá noeles de trapo que colgaban de unas pocas ventanas.<br />Hacían buen efecto. <em>Encantador</em>, opinaba la gente, sonriendo.<br />Al año siguiente ya no eran unos pocos, sino cientos. Y, tres años después, miles, millones de papá noeles colgaban de las ventanas.<br />Nadie se dio cuenta de lo que ocurría; nadie pensó que, aquel aciago 24 de Diciembre, aquellos miles, millones de simples adornos darían la señal de ataque, saltando de los alfeizares al interior de las casas.<br />Cuando lo impensable ocurrió, la raza humana apenas tuvo tiempo de gritar.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/668935642894699572-5729136082125094893?l=cuentosdeningunaparte.blogspot.com'/></div>angel of musikhttp://www.blogger.com/profile/00343576162200560416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-668935642894699572.post-16259910590295603262008-12-24T09:55:00.000-08:002008-12-24T10:01:23.116-08:00<a href="http://4.bp.blogspot.com/_RWxcAfJRovA/SVJ3rlm5sKI/AAAAAAAAAGY/DLvKnXN7J8E/s1600-h/Christmas_Faery_Tale_by_angel1592.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5283416903572369570" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 256px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_RWxcAfJRovA/SVJ3rlm5sKI/AAAAAAAAAGY/DLvKnXN7J8E/s320/Christmas_Faery_Tale_by_angel1592.jpg" border="0" /></a><br /><div></div><br /><p><em>Hay gente que opina que esta noche es mágica. Yo no sé si eso será cierto o no, pero, si realmente lo es, si hay magia en estos días navideños... que nos llegue un poquito a todos e ilumine nuestras vidas.</em></p><p><em> Felices fiestas</em></p><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/668935642894699572-1625991059029560326?l=cuentosdeningunaparte.blogspot.com'/></div>angel of musikhttp://www.blogger.com/profile/00343576162200560416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-668935642894699572.post-30048693238200922752008-12-15T12:18:00.000-08:002008-12-15T12:23:48.458-08:00El fin del mundoEl fin del mundo no fue lo que yo esperaba...<br />Y esperaba muchas cosas. Por ejemplo, una de mis grandes ilusiones era ver a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis en plena faena; me daba a mí que debía ser algo digno de verse. No cada uno por su lado, uno en África, la otra Dios sabe dónde, el otro refocilándose alegremente en mares contaminados... la que está en todos lados sin que nadie sepa nunca dónde está exactamente. No, yo quería verles unidos, el viejo y gratificante trabajo en equipo.<br />También tenía yo grandes esperanzas en aquello de la resurrección de los muertos. Por una parte, se me antojaba difícil semejante hazaña, porque, ¿vendrían en plena descomposición, en estado fantasmal y etéreo, o tal y como eran en vida? ¿Serían infantes, jóvenes, viejos? Si eran ya muchos más los muertos que los vivos, ¿dónde demonios íbamos a meternos tanta gente? Sí, desde luego deseaba volver a ver a ciertos seres muy queridos que habían partido antes que yo, pero mi pobre cerebro no acertaba a dilucidar cómo se produciría el acontecimiento, y nunca me gustó quedarme en dudas sobre nada.<br />No me hacía tanta gracia la teoría de los desastres naturales. Terremotos, olas gigantescas tragándose ciudades enteras en homenaje a aquella vieja y triste Atlántida que nunca nadie pudo volver a encontrar; lluvias de fuego, de meteoritos, volcanes enloquecidos que se unirían en cónclave para acabar con esa humanidad que tan indiferente ha sido siempre hacia el mundo que le rodea. Pensaba yo en todas esas muertes horribles: ahogamientos, incinerados en vida, aplastados, asfixiados. Pensaba en el sufrimiento, el pánico, el horror con el que la gente vería desvanecerse sus últimas esperanzas de un mundo mejor.<br />Definitivamente, no me gustaba ese final.<br />¿Cómo se acabaría el mundo? ¿Quedaría algo, acaso un planeta antes azul, luego gris y baldío, flotando en la inmensidad de la nada rodeado de otros mundos? ¿Sería posible que todo desapareciera, que la humanidad acabara como empezó, sin dejar rastro? ¿Y, si quedaba alguien, quienes serían, los que se salvaran del temible Juicio Final, o los castigados por el mismo?<br />Muchas preguntas, muchísimas teorías. Mucho miedo, en realidad; infinito tiempo perdido en cábalas sin respuesta.<br />Porque el mundo se terminó tranquilamente, sin prisas, en esa habitación de hospital que, después de tantos meses, se había convertido en mi único y último hogar. Ni siquiera las máquinas tuvieron a bien rebelarse para mí en un intento de final fantástico. Todas siguieron conectadas, todas pitando, zumbando y cumpliendo fielmente su misión hasta el final, cuando un único Jinete se acercó a visitarme; cuando las voces de los muertos me anunciaron que por fin iba a ser yo quien resucitara ante ellos; cuando la furia de la Naturaleza se calmó después de haber creado un desastre natural dentro de mi cuerpo, nave perdida en mares desconocidos que desembocaban en esa gran catarata hacia el vacío... cuando el mundo terminó para mí, ser desilusionado de la vida que emprendía el Gran Viaje con la esperanza de que el principio de éste fuese más emocionante que el final del anterior.<br />Así fue cómo acabó el mundo. Mi mundo. Mi vida.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/668935642894699572-3004869323820092275?l=cuentosdeningunaparte.blogspot.com'/></div>angel of musikhttp://www.blogger.com/profile/00343576162200560416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-668935642894699572.post-10082542622679965142008-12-02T03:45:00.000-08:002008-12-02T03:51:42.622-08:00El ogro del foro literarioHay muchos tipos de ogros, en este mundo...<br />Algunos se dedican a capturar princesas y encerrarlas en altísimas torres.<br />Otros prefieren devorar niños...<br />Y luego están los ogros destrozacuentos.<br />Esta última especie es la más peligrosa, porque, a diferencia de las otras familias de ogros, de poca inteligencia y demasiada ferocidad, estos ogros aficionados a la lectura son bastante inteligentes y taimados.<br />El ogro de los foros literarios, más que inteligente es listo. Porque sabe muy bien cómo esconderse en ese bosque de enlaces en el cual vive, esperando pacientemente a que pasen por su lado los relatos más apetitosos e indefensos, para abalanzarse sobre ellos.<br />Yo crío relatos. Ayudo en su parto, les alimento con letras naturales, les cepillo las tildes, busco con cuidado su pareja perfecta. Y cuando ya están en edad, los saco al mundo.<br />Tenía yo, hace poco, un relato que me preocupaba: no estaba creciendo bien. Era muy cariñoso, y trotaba detrás de mí por toda la casa. Era pequeñito, inocente, ingenuo.<br />Hice todo lo que pude por él, dándole mis mejores letras con esperanzas de que se fortaleciera, pero nunca creció demasiado.<br />Bueno, a veces no todo son relatos, este iba a resultar ser un microrelato, y se merecía una oportunidad también...<br />Lo saqué de paseo. Quería que conociera a otros relatos, que se instruyera y viera mundo. Lo llevé hasta un foro que solía yo frecuentar, dejándole entre algunos relatos escogidos, y me volví a casa, recordándole que la cena se serviría a las nueve.<br />Y a las nueve llegó, cojeando, con la ropa desgarrada y grandes lagrimones cayéndole de los ojos. Le pregunté qué le había pasado, mientras lo acunaba en mis brazos y le limpiaba las heridas.<br />Se había encontrado con el ogro destrozacuentos...<br />Parece ser (sollozaba mucho y me perdí algunas cosas) que la cosa en principio fue bien. Estaba él jugando al ahorcado con dos o tres relatos de su edad, cuando apareció el ogro.<br />Lo primero que hizo fue mofarse de él a cuenta de su título. ¡Un microrelato, insignificante, intrascendente, con un título! Tamaña estupidez no había visto nunca el ogro. Y además, el título no le pegaba, era un buen título para un relato tan mísero, pequeño y desgarbado. No se lo merecía, y el ogro se lo arrancó de un tirón, entre las tímidas protestas de los otros relatos, que viendo que la cosa pintaba fea, corrieron a buscar a los grandes relatos del foro.<br />Para cuando llegaron éstos, mi pobre relatillo estaba hecho un pingajo: el ogro había arañado todas sus tildes, le había escupido dos o tres acentos con impecable puntería, le había golpeado con la fuerza de la gramática española, dejándole un ojo morado...<br />Sólo pudo huir cuando tres grandes relatos, que habían venido con sus picas, se enzarzaron en una agria discusión con el gamberro. El relatillo se escurrió del foro como pudo, y vino a llorar en mi hombro.<br />Lo consolé como pude, y lo metí en su camita, asegurándole que no volvería a pasar.<br />Pero me equivocaba, porque al ogro le había gustado esa víctima tan fácil, y se sucedieron incontables jornadas en las que mi cuento, invariablemente, volvía a casa en distintos estados de desánimo y cubierto de heridas y vergüenza.<br />Noches enteras pasé, botiquín en mano, poniendo escayolas, suturando brechas de ritmo, recolocando estructuras. Pero algo había cambiado, no obstante, porque mi cuentecillo, tan pequeño y querido, ya no lloraba, no; se quedaba sentado con la mirada indescifrable perdida en algún sitio, mientras yo le consolaba y curaba.<br />Al día siguiente le vi salir hacia el foro, y suspiré, pensando en un nuevo viaje a la farmacia para aprovisionarme de recursos literarios con que curar a mi cuento cuando volviera hecho migas por la noche.<br />Pero, cosa rara, esa noche volvió casi intacto, y con una sonrisa triunfante en los labios. No me quiso contar qué había sucedido, lo leí yo en las noticias del día siguiente.<br />“ <em>Grupo de relatos cortos apalea a ogro destrozacuentos en el bosque de las Ficciones. Aunque parece un grupo desarticulado, la policía de Letras sospecha que fue una agresión premeditada. Varios testigos aseguran haber visto cómo varios relatos seguían a la víctima el día de actos, acorralándola en un comentario y procediendo a la agresión, consistiendo ésta en insultos, puñetazos verbales, patadas a la originalidad, y acabando con la expulsión del ogro del susodicho foro. La víctima se encuentra en el hospital de la Crítica, con pronóstico reservado. No se conoce el título de los autores de este singular acto de violencia, pero se sospecha que algunos se esconden en el barrio de Edición conjunta para mejorar la Comunidad, y se baraja la posibilidad de que pertenezcan al grupo de Textos colaborativos. Sigue en la página 4...”</em><br />Me quedé de piedra ante la noticia. Y sentí una especie de orgullo de esa clase que no debería hacer que uno se sintiera orgulloso. Porque mi cuento se había portado mal, sí, pero había crecido, y ya no temería a ningún ogro.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/668935642894699572-1008254262267996514?l=cuentosdeningunaparte.blogspot.com'/></div>angel of musikhttp://www.blogger.com/profile/00343576162200560416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-668935642894699572.post-75513391400287673662008-11-18T09:23:00.001-08:002008-11-18T09:25:48.515-08:00Vida de gatosEsta noche buscaba yo una hembra.<br />Estuve en varios lugares. En algunos me detenía a esperar un rato, para después ir a otro sitio. De otros pasé directamente, demasiada competencia.<br />Al final la encontré. Creí que estaba sola, pero cuando me acerqué me di cuenta de que otro la rondaba. Uno más grande y fuerte que yo.<br />Mal asunto, pero ya era tarde para recular.<br />Nos retamos durante largo tiempo, sopesándonos el uno al otro, mientras ella nos contemplaba con bastante desinterés. Y de repente el otro se abalanzó sobre mí.<br />La lucha fue corta y feroz. Al final fui yo el que hubo de retirarse, dolorido y sangrante. Si hubiese podido, habría salido corriendo, pero algo que no sólo era mi dignidad me dolía al andar, así que me alejé como pude, dejando que mi victorioso enemigo disfrutara de su premio.<br />Por fin llegué a mi refugio. Oí como la criatura que anda sobre dos patas, que es la que me alimenta, me llamaba desde algún sitio, pero no acudí a ella. Seguro que si me veía en aquel estado querría cogerme y arrullarme.<br />Ya he perdido bastante autoestima por una noche.<br />Me fui a mi rincón favorito, oscuro y poco accesible, y me enrosqué, lavándome las heridas y preparándome para descansar un rato.<br />“ Cuando vuelva a salir tendré más suerte – pensé antes de dormirme – hay más hembras por aquí cerca”.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/668935642894699572-7551339140028767366?l=cuentosdeningunaparte.blogspot.com'/></div>angel of musikhttp://www.blogger.com/profile/00343576162200560416noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-668935642894699572.post-45376682880127372682008-10-31T05:40:00.000-07:002008-11-07T04:58:51.527-08:00Sobre publicar en Bubok... y en general, ahora que lo piensoUna de las cuestiones más farragosas con las que te puedes encontrar cuando eres aficionado a escribir es esa que te viene a la mente de vez en cuando y se presenta como: <em>"publicar".</em><br /><br />Dejando aparte el tema del por qué hacerlo, así de a primeras, la cuestión de el cómo lleva a toda una serie de dudas personales y, sobre todo, logísticas.<br />Porque, ¿ por dónde empezar? ¿ A quién enviarlo? ¿Cómo enviarlo? <em>(¿Enviarlo?</em> incluso da para muchos dolores de cabeza, observo, y ya no hablo del por qué sino de la cuestión formatos).<br /><br />Igual que todos conocemos la serie de pasos que es razonable dar para, por ejemplo, optar a un puesto de trabajo, nadie nos ha explicado nunca (obviamente) qué hay que hacer para publicar. No es tan fácil como coger la guía de teléfonos y enviar sistemáticamente una obra a toda editorial que conste, o a cada agente literario que aparezca. Muchos/as no aceptan obras no requeridas por ellos; otros se dedican a determinados géneros y poco más; algunos están desbordados de trabajo...<br /><br />Y a la gran mayoría no les interesa arriesgarse con autores nuevos, o eso dicen las malas lenguas. Yo no lo he comprobado personalmente, pero me parece pausible y tiene su lógica, desgraciadamente.<br /><br />Esperar a que te descubran por medio de blogs, concursos literarios o similares... bueno, a veces ocurre, nunca se sabe quién puede llegar a leerte. Pero es una forma lenta, supongo que muy frustrante, y te arriesgas a no ser descubierto en tu vida, no porque carezcas de la calidad suficiente, sino por la competencia, entre comillas. Hay mucha gente que escribe, y que escribe muy bien. Y muchos de ellos son conocidos por la familia y amigos, hablando en plata, mientras otros salen a la luz, sean igual de buenos, mejores o pelín mediocres. No es culpa de nadie ni tampoco favoritismo, entiendo yo. Es el azar de estar en el momento justo haciendo lo más adecuado frente a la persona idónea, y todo esta hazaña sin saber la mayoría de las veces cuándo, dónde, qué y con quién. Ja.<br /><br />Entonces, ante tanta duda, existe otra opción, que es la autoedición. Aquí el autor paga una cierta cantidad de dinero para que una empresa edite sus libros, todo ello con la intención y resultado de obtener un libro físico. Lo malo de esta opción es que todo el resto del trabajo que implica vender un libro (distribución, publicidad, etc) lo tiene que ejecutar el propio autor, enfrentándose a la misma cantidad de dudas y problemas como en la opción A de mandar su obra a una editorial que lo haga todo.<br /><br />Eso sí, si no quieres vender, sino tener simplemente tu libro en tus manos en vez de leerlo en pantalla, o regalarlo a los amigos, es la opción ideal. Si te lo puedes costear, claro. Personalmente y por lo que he visto, mucho dinero y mucha fe hay que tener al principio de semejante inversión si quieres llegar a algún lado por esta ruta más allá de que tus padres les enseñen tu librito a las visitas.<br /><br />Bubok también funciona por autoedición, pero con una notable diferencia: no tienes que pagar una importante suma para ver tu obra publicada. Tú subes tu obra, te la maquetas (para ello hay múltiples opciones y ayudas), le pones tu precio y hala, la subes a catálogo. Si quieres algún extra, también los tienes, con sus precios correspondientes. Pero es tu elección.<br />Ya está tu libro en el catálogo de una editorial, ¡oh, gozo!. ¿ Que luego alguien lo compra? Bubok lo crea por petición a través de internet. Así ellos tampoco pierden nada editando tiradas que pudieran acabar en pérdidas. Si se piden catorce ejemplares de tu libro catorce ejemplares hacen ellos. Nadie pierde ni gana nada, en principio. Y esta es la gran ventaja.<br /><br />También tienen la opción de que el lector pueda descargar una obra en pdf, esta opcion y su precio asimismo a gusto del autor. Aunque el tema de los e-books no lo tengo yo muy claro. Pero ese es otro tema.<br /><br />Si nadie lo compra... bueno, no hace falta decir nada más.<br /><br />¿ Inconvenientes? Varios: ni publicidad ni distribución; un catálogo muy amplio que hace que las obras se "pierdan" en él según van entrando y... el precio.<br /><br />Lo voy a explicar con mi propia experiencia: mi libro cuesta 13,20 euros (si no recuerdo mal), precio que le puse yo, no Bubok, y atendiendo a que el coste de impresión del libro asciende a unos 7 euros. Del resto, una pequeña parte va para Bubok y el resto que queda es para mí, pero si echáis cuentas veréis que ninguno de los dos nos llevamos una comisión demasiado elevada (aunque no tengo reparo en decir que yo me llevo algo más que Bubok. Es justo aclararlo).<br /><br />Pero ese no es el problema. Lo malo son los gastos de envío que, sumándoles un seguro en caso de pérdida, ascienden a otros 7 euros (disculpad que lo ponga en cifras, pero me parece absurdo hablar de números con letras, y más aún si tratamos de economía). Total: quien pida mi libro por internet tendrá que pagar cerca de 21 euros. Hmmmm...<br /><br />Yo me pensé mucho el tema de publicar o no: por una parte, siempre tengo dudas sobre la calidad de mis obras. Una cosa es que me gusten a mí, otra que le gusten a otros (que dicha sea la verdad parece ser el caso), y otra pretender que me paguen por escribirlas. Pero bueno, mucha gente me había comentado que les fastidiaba mucho tener que leer en el ordenador y que si alguna vez llegaba a publicar un libro ellos querrían un ejemplar. Otros me animaron también aintentarlo y, qué diablos, hasta cierto punto tenía curiosidad por ver en qué acababa todo el tema. Así que, tras largas deliberaciones con mi amigo Javy, mi dibujante habitual y creador de la portada del libro, me decidí a subirlo a Bubok.<br /><br />Resultado: he vendido unos cuantos, y algunos hasta a gente que no conozco. Y, lo que es una buena baza, tengo un ejemplar que puedo dedicarme a enviar a alguna editorial o agente que me parezca adecuado, y, claramente, no es lo mismo enviar un zip o unas cuantas hojas impresas que mandar un libro ya hecho. Por no hablar de que también se ve el trabajo de Javy.<br /><br />Este es el resumen de mi primera experiencia en publicar (por editorial, claro, ya pasaremos en otro momento a revistas, periódicos, etc). Aún no puedo prever cuáles serán los resultados a largo plazo, pero al menos tengo algo fundamental, y es muchas menos dudas sobre como funciona esto de publicar, y más información al respecto.<br /><br />Por lo demás, si alguno de los que habéis entrado por aquí habéis comprado un ejemplar de "<em>Cuentos de ninguna parte</em>" o si lo compráis en algún momento... pues gracias, mil gracias.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/668935642894699572-4537668288012737268?l=cuentosdeningunaparte.blogspot.com'/></div>angel of musikhttp://www.blogger.com/profile/00343576162200560416noreply@blogger.com4tag:blogger.com,1999:blog-668935642894699572.post-7022413586746583312008-10-16T04:25:00.001-07:002008-10-16T04:55:01.938-07:00Cosas varias... o tecnicismos burocrático-literariosAunque ha pasado un cierto tiempo desde que actualicé el blog, quiero hacer saber que no está parado ni mucho menos muerto.<br />El tema de escribir, tanto si va orientado a una futura publicación como si es por mero gusto, no se libra de toda esa encantadora burocracia que hace falta hoy en día para hacer cualquier cosa. Me explico: con la propiedad intelectual hemos topado. Por una parte, parece un poco quisquilloso proteger cualquier cosa que salga de cabeza humana no vaya a ser que venga algún listo y la tome como propia. Siempre he pensado que, más o menos, a todos se nos ocurren las mismas ideas; simplemente, unos las llevan lejos, otros no saben qué hacer con ellas, y algunos más no saben ni cómo expresarlas. Supongo que a eso viene esa paradoja que parte de la famosa frase "Todo está ya escrito" y que sin embargo no exime de que se sigan escribiendo cientos de miles de libros.<br />Pero claro, por otra parte, cuando creas algo lo sabes tuyo: si escribes una historia, es tu historia. Da igual que la cuentes, o cómo lo hagas, sigue siendo tuya. Y si alguien la coge y la cambia... bueno, a mí me da la sensación de que debe ser como irse un día a dormir y despertarte con el pelo distinto, los ojos de un color diferente o una vida nueva. Ya no eres tú, el tú que conocías y aceptabas o no, y ese tú que sólo cambiaría según tu voluntad.<br />Puede ser una imagen exagerada, pero, entre toda la gente que conozco que escribe, la mayor parte coinciden en un concepto: siempre hay algo de ellos en sus historias. Si ya a veces nos es dificil cambiar algo tan nimio como un final malo, un personaje irrelevante o tres adjetivos que sobran, qué será encontrarte con tu obra reescrita.<br />Entonces, volviendo al tema que nos ocupa y más si lo relacionamos con la publicación en la red de redes, es una sabia medida registrar tus obras.<br />Peeeero. Para registrar una obra tienes que haber tenido tiempo de escribirla (o crearla de otra forma, si trabajas en otro campo diferente al literario), y, después, tienes que llevarla al registro de la propiedad intelectual de tu comunidad, pagar las tasas, etc.<br />El problemilla de esto es que pagas tasas según extensión. Por ejemplo, si registras relatos según los vas escribiendo, digamos que uno o dos al mes, tendrás que tener un buen sueldo para permitírtelo, habida cuenta de que el registro de cada obra anda allá por los trece y pico euros (al menos en España). La mejor opción es registrar un compendio (recuerdo, si hablamos como en mi caso, de relatos), en el que puedes meter todos los relatos que te venga en gana y sólo pagaras por el tomo entero.<br />Así, si registras un libro de cuentos que tenga diecisiete relatos y doscientas cuarenta páginas, constará como una única obra y pagarás trece euros y pico por todo en vez de por cada relato.<br />Cuando creé este blog ya tenía escritos y registrados gran parte de los cuentos que aquí veis, de modo que pude subirlos tranquilamente mientras escribía otros. Pero a falta de tiempo y por culpa de otros experimentos escritoriles no he podido escribir tantos como hubiese querido y habría salido rentable registrar. Es por eso que actualizo menos a menudo.<br />Pero no pasa nada, porque ya puedo registrar un tercer tomo de relatos cortos que me dará para seguir subiendo posts unos cuantos meses. En una o dos semanas reanudaré la rutina de subir un nuevo relato cada semana. Eso, y aparte de que, aunque ya existen blogs a tal efecto, me propongo ir subiendo algunos posts sobre escritura creativa y temas similares, que quizás a alguien puedan ayudar o interesar.<br />Y, bueno, muchas gracias a los que seguís entrando por aquí por vuestra fidelidad, paciencia y ánimos.<br />En la próxima entrada y ya que preguntáis, explicaré un poco a qué viene eso de "<em>Cuentos de ninguna parte</em>" en Bubok.com.<br />Hasta entonces, un saludo.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/668935642894699572-702241358674658331?l=cuentosdeningunaparte.blogspot.com'/></div>angel of musikhttp://www.blogger.com/profile/00343576162200560416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-668935642894699572.post-73753074879485373672008-09-30T11:32:00.000-07:002008-09-30T11:41:20.678-07:00LuchaDe nuevo, el resultado tenía toda la pinta de quedarse en tablas. Uno atacaba, la otra defendía para a continuación contratacar con mayor violencia. Estocada, finta, paso, el zumbido de las espadas danzando a su alrededor. No había manera; ninguno ganaba, ni perdía.<br />Quedaron las espadas en el suelo; ese malhadado asunto se resolvería ya sin armas, a puño vacío, sin florituras. El ego de él contra el orgullo de ella, retándose contínuamente el uno al otro...<br />Desde el principio no se cayeron bien, demasiado tácito quedó al principio que sólo uno de ellos podía ser el vencedor, y ambos querían serlo a toda costa. Los dos se miraban como espejos que se enfrentan entre sí: dos voluntades férreas, dispuestas a dar el todo por el todo para no quedar por debajo del otro. Por eso luchaban una y otra vez, intentado por todos los medios cada uno ganar al irritante rival que pretendía ser mejor, más fuerte.<br />Pero no lo conseguían, daba igual qué técnica emplearan, la cantidad de fuerza o no fuerza que utilizaran; cuando él creía haberla vencido ella se revolvía y recuperaba el terreno, a patadas si hacía falta, hasta que casi le vencía... momento en que él se recuperaba de nuevo, y volvía la rueda a girar.<br />Se separaron un momento, jadeantes, cansados, maltrechos, con la mirada en llamas y el corazón palpitante. No podían ganarse, la lucha cuerpo a cuerpo quedaba demasiado igualada, así que no les quedó más remedio que abalanzarse uno sobre el otro y enredarse en un combate distinto, comiéndose a besos, a mordiscos, luchando por ver quién le arrancaba primero la ropa al otro. Dejando salir esa pasión que no conseguían desbocar cuando luchaban descubrieron su punto en común; dieron juntos, rodando, ese pequeño paso que separa al odio del amor, al amor de la guerra. Aquí ya no importaba quedar por debajo ni por encima, porque nada importaba dentro de esa hoguera infinita en la que se sentían inmersos, unidos, en la que suplicar o gemir ya no era de débiles porque al fin se reconocían iguales, sin ego ni orgullo.<br />No hubo palabras ni explicaciones, ninguno desperdició ternura al despedirse del otro, extintas por fin las llamas y calmada el ansia de vencer. Quedó, eso sí, un nuevo respeto mutuo, nacido de haber encontrado ambos al mejor amante de su vida. Pero, feroces incluso como amantes, partieron cada uno por su lado, las cabezas bien altas y sin mirar atrás.<br />Aunque, ¿hace falta decir que ambos esperaban con ansia poder enfrentarse de nuevo?<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/668935642894699572-7375307487948537367?l=cuentosdeningunaparte.blogspot.com'/></div>angel of musikhttp://www.blogger.com/profile/00343576162200560416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-668935642894699572.post-60755340415585524282008-09-05T10:28:00.000-07:002008-09-05T10:31:11.880-07:00Sueños del 14B14 B, mi asiento. El tren arranca y la ciudad se deshilvana tras la ventanilla. Ahora el campo corre intentando superar al tren. Casas, pueblos, cielo, todo desfila inconexo ante mis ojos antes de que se me cierren.<br />Los abro. No sé dónde estoy, pero aún faltan horas hasta que lleguemos a mi destino. El tren me acuna como la madre mece a su hijo que despertó del sueño. Vuelvo a dormirme; los sueños corren intentando superar a los campos.<br />Despierto de nuevo, llegamos a mi estación. Arrastro mi maleta por el pasillo, y, sin darme cuenta, me dejo un sueño prendido en el respaldo del 14 B.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/668935642894699572-6075534041558552428?l=cuentosdeningunaparte.blogspot.com'/></div>angel of musikhttp://www.blogger.com/profile/00343576162200560416noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-668935642894699572.post-85589127994811421512008-08-09T05:44:00.000-07:002008-08-09T05:47:35.392-07:00Nunca más...Juro que ésta es la última vez.<br />Cuando me dijiste que necesitabas un poco más de espacio, a pesar de que sólo llevábamos juntos tres meses, debí hacer caso a las alarmas que sonaron en mi cabeza, avisándome de que realmente más valía poner distancia de por medio si en tres meses estábamos ya con esas. A la semana siguiente ya habías tenido suficiente espacio. Y yo había aprendido a ignorar mis alarmas. Eh, las dudas son normales al principio, ¿no?. Hay que ir con calma, que no cunda el pánico.<br />Cinco meses más tarde, ya no había problemas de espacio. Ahora el problema era yo, no podías aguantarme más, te agobiaba. Y aunque no tenías razón, aunque todo sonaba a excusa, traté de convencerte de que podíamos arreglarlo, de que sólo era un bache. Tras perder buena parte de mi dignidad llorando, entré en una aceptación resignada. Cortar era lo mejor, y eso hicimos.<br />Esta vez tardaste muy poco en cambiar de opinión; como si fuera una especie de Jesucristo, tres días tardé en resucitar en tu corazón. Y caí, caí de nuevo, alegremente y con esperanzas renovadas.<br />Llevábamos ya cerca de año y medio cuando decidiste de nuevo que lo nuestro no podía ser, que éramos incompatibles. Y aunque yo comenzaba a estar de acuerdo contigo, aunque sólo fuese en eso, una loca tenacidad desechaba todas las razones de mi lógica, impidiéndome dar el asunto por terminado. Pero lo terminaste tú por mí.<br />Me prometí a mí misma que hasta aquí habíamos llegado, que nunca, nunca más. Pero cometí dos errores. El primero fue tomarme tres copas de más en ese bar al que tú nunca querías ir pero en el que decidiste (¡Oh, casualidad!) plantarte el día de mi cumpleaños, sin duda sabiendo que, como todos los años, yo estaría allí celebrándolo, aunque siempre afirmaste que no fuiste por eso, que tus amigos se empeñaron en ir, y claro, pues fuiste detrás. Y pasó lo que tenía que pasar, ya se sabe que en las relaciones tormentosas tres copas de más llevan a la perdición, a base de hacer tambalear las férreas decisiones de la voluntad.<br />Podría haber quedado ahí la cosa, como una especie de homenaje a un desastre que ya había durado demasiado tiempo, pero cometí mi segundo error: devolverte los cds que habías dejado en mi casa, y que por alguna razón necesitabas muy urgentemente. Las alarmas hicieron un tímido intento de hacerme comprender la trampa que me tendías, pero el corazón entró en piloto automático, y aunque con cada paso que daba hacia tu casa se repetía el mismo mantra <em>("¿Qué</em> <em>estoy haciendo?" "¿Pero qué estoy haciendo?"),</em> la especie de hipnosis en la que me hallaba sumida seguía haciéndome avanzar. Y así llegamos, dando tumbos, a los dos años y medio.<br />Ya ni recuerdo las razones que surgieron entonces, todas sonaban siempre a lo mismo, a campanas fúnebres en la noche. Y, como venía ocurriendo desde que nos montamos en ese extraño tiovivo del que quería a la vez o bajarme o girar más rápido, lo dejamos para volver una semana más tarde.<br />Ayer discutimos de nuevo. Tenemos muchas cosas sobre las que discutir, demasiados trapos sucios acumulados en este tira y afloja interminable, demasiadas armas arrojadizas forjadas en casi tres años de encuentros y desencuentros. Pero se acabó, del todo, nunca más volveré a caer. Juro que ésta vez es la última.<br /><em>Hmmmm.... Sí, ya.......</em><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/668935642894699572-8558912799481142151?l=cuentosdeningunaparte.blogspot.com'/></div>angel of musikhttp://www.blogger.com/profile/00343576162200560416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-668935642894699572.post-11249636924292521352008-07-31T05:34:00.000-07:002008-07-31T05:41:19.852-07:00Os presento...A un viejo amigo y su curioso blog. Lástima que se pueda descubrir tan poco de una persona tan sumamente interesante como él a través de una página web. Pero, oye, algo es algo. El blog es ameno y sus experiencias están bien narradas (y eso que yo ya las conozco en su versión oral), aparte de encontrar una serie de consejos y reflexiones que a más de uno pueden servir de ayuda.<br />Todo lo demás ya lo cuenta él mismo. Yo sólo tengo la gran fortuna de poder contarle entre mis amistades más cercanas y de poseer un trocito de muralla china (nunca supe qué hacer con él, pero como tenerlo lo tengo, eh).<br />Que lo disfrutéis.<br /><br /><a href="http://corazonchino.zoomblog.com/">http://corazonchino.zoomblog.com/</a><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/668935642894699572-1124963692429252135?l=cuentosdeningunaparte.blogspot.com'/></div>angel of musikhttp://www.blogger.com/profile/00343576162200560416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-668935642894699572.post-42009450757079935792008-07-11T10:07:00.000-07:002008-07-25T04:24:53.686-07:00Vacaciones de veranoNunca he entendido las vacaciones de verano. Son un misterio recurrente que nunca logro descifrar.<br /><br />Hay algo en ellas que invariablemente provoca ilusión, ya sea porque por fin puedes descansar un poco, hacer lo que te dé la real gana y no lo que quieren otros; quizás sea por algo meramente fisiológico, como los efectos de tener más luz todo el día (está comprobado, eso influye en el ánimo) y que haga más calor (eso <em>también</em> influye en el ánimo, por otra parte algo más siniestra). O porque, aunque no trabajes en todo el año, no se te pasa por la cabeza irte dos semanas a las Barbados en noviembre, y mucho menos al pueblo. De hecho, al pueblo no se te ocurre ir nunca, aunque siempre acabas allí una semana.<br /><br />No. Para eso está el verano. Aunque, paradójicamente y desde hace algunos años, las vacaciones se cojan en septiembre, que apenas llega a ser verano oficialmente en algunas psiques (que se lo pregunten a los estudiantes) pero oye, qué demonios. Hay menos tráfico y más tranquilidad, la gente desde luego quiere ir al mar en agosto o a la montaña en julio. Y con ese feliz pensamiento partimos todos la primera semana de septiembre creyendo que somos los únicos a los que se nos ocurrió la idea.<br /><br />Y todo esto después de haber estado discutiendo posibles fechas con el jefe, los compañeros de trabajo, la pareja y la familia desde finales de mayo, a ver si por afortunado azar coincidían dos semanas...<br /><br />Yo vivo con el fantasma infantil de las vacaciones de verano. Recuerdo esa especie de trepidación, de impaciencia insoportable que te empezaba a entrar allá por marzo y que duraba hasta mitad de junio. Recuerdo que el último día de curso se convertía en una fiesta, en la que no parabas de hablar de todo lo que ibas a hacer en verano, a dónde te iban a llevar... y dabas gracias por poder librarte tres meses de esa esclavitud espantosa que era el colegio. Llegaba el día de las notas, y si eras más o menos como yo y no tenías noción alguna del futuro ni maldita la falta, suspendías siete asignaturas y daba igual porque, eh, era verano.<br /><br />Pero bueno, había que mostrar buena voluntad y por ello el primer día de vacaciones abrías muy serio el libro de "<em>Vacaciones Santillana</em>", lápiz en mano y lleno de toda clase de educativos propósitos. Eran unos libros muy curiosos, aquellos: les caías mal ya de entrada, y después de haber intentado estoicamente leer el primer tema lo cerrabas a los dos minutos y nunca, jamás a lo largo de tres meses volvías a acordarte de su santo nombre, se escondía entre los pliegues de tu mente para no tener que volver a ver tu fea cabezota asomando a sus coloridas páginas.<br /><br />Y si te acordabas daba igual, porque tenías <em>mucho tiempo aún</em>...<br /><br />Esa es otra de las rarezas del verano: se desayuna el tiempo. Y no es que el tiempo no sea capaz de hacer cosas extrañísimas sin ayuda de nadie y el resto del año, que lo es. Pero algo le pasa allá por mediados de junio que le lleva a decidir pasar mucho más deprisa. Sea porque todos estamos más pendientes de él de lo habitual (toda una hazaña pensando en la obsesión humana por el tiempo) y le agobiamos, obligándole a correr desaforado para que nadie pueda pillarle y protestar, o porque pasa sus propias vacaciones entrenando triatlón, el caso es que ves llegar julio y dices, <em>wow, dos meses hasta septiembre, qué de tiempo</em>... y casi antes de terminar de pensarlo estás a 28 de agosto y completamente perplejo, preguntándote quién se ha comido esos dos últimos meses que tenías guardados en el galletero y de los que no has podido disfrutar convenientemente.<br /><br />Julian Barbour, físico él, argüía que el tiempo en realidad no existe, no como una dimensión física. A su entender, el tiempo es simplemente una enorme serie de "<em>ahoras</em>". Según ésto, la noción de que el tiempo fluye en vez de permanecer estático se debe a que los "<em>ahoras</em>" que corresponden al ser humano provocan que éste vea el mundo como una serie ordenada de eventos que suceden unos tras otros. Y como algo que ha pasado ya no puede verse como un "<em>ahora</em>" o nos volveríamos todos locos, andamos creyendo en algo que lo mismo nos hemos inventado.<br /><br />Según esto y volviendo a lo mío, opino que Julian Barbour tiene razón: las vacaciones de verano se reducen a un "<em>ahora</em>" increíblemente corto en que el tiempo no existe porque de hecho ya ni está.<br /><br />Todo este rollo sobre verano, vacaciones y tiempo en realidad es un enorme rodeo para explicar que por unas semanas yo tambien estaré de vacaciones. Y estaré de vacaciones no porque trabaje demasiado y las merezca o me correspondan, sino porque es verano y porque me queda un mes y medio para escribir un montón de relatos cortos que tengo pendientes y se me salen ya de la bandeja de entrada, mas una novela semi-larga con la que mantengo una relación amor-odio y a la que nunca le doy un empujón porque <em>todavía tengo mucho tiempo</em>.<br /><br />Esto puede acabar con varios finales: el primero, que mañana sea ya 1 de septiembre y yo no haya hecho nada. El segundo, que mañana sea 12 de Julio y no haga nada porque aún me seguirá quedando todo ese tiempo del que ya he hablado.<br />El tercero y más deseable: que el tiempo se comporte con un mínimo de solidaridad, aunque sólo sea por una vez en su no existencia, y para cuando llegue el día 1 de septiembre vuelva yo de mis vacaciones con un montón aceptable de relatos nuevos y más de tres nuevas páginas en la novela.<br /><br />Mientras, colgaré alguna cosilla de vez en cuando, si bien de modo irregular. Y para cuando empiece septiembre hablaré de ese día 1, que tampoco tiene desperdicio.<br /><br />Pasadlo todos bien, estéis ya en verano, en vacaciones o todo lo contrario. Nos vemos por aquí.<br /><br /><br />Nota: <em>la explicación sobre la teoría del tiempo según Julian Barbour está sacada de y a partir de mi presente lectura del libro "The science of the Discworld", que no es una novela típica de la saga sino un tratado de física clásica y cuántica en toda regla que abarca la teoría del Big bang, la energía nuclear y sus principios, la evolución de las especies y de nuestro planeta y otras muchas cuestiones por el estilo. Se ve que Terry Pratchett, físico también, escogió darles ese marco para que el tema no pareciera tan amenazador y hacer que su comprensión sea más fácil y amena.</em><br /><em>Lo es, siempre y cuando no te importe leer la misma página veinte veces a ver si sacas algo en claro. Los de letras no deberíamos cotillear en esos asuntos so pena de que nos exploten las sinapsis. Por lo demás, todas las teorías y explicaciones que expone son interesantísimas.</em><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/668935642894699572-4200945075707993579?l=cuentosdeningunaparte.blogspot.com'/></div>angel of musikhttp://www.blogger.com/profile/00343576162200560416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-668935642894699572.post-56236686772206460882008-07-01T10:11:00.000-07:002008-07-01T10:13:36.217-07:00Quejas, finalHerminio García López estaba a punto de entrar en el Libro de los Records, para gran solaz suyo.<br />No es que hubiera hecho nada especial en su vida. Nació en el seno de una familia sumamente acomodada que invirtió todo su tiempo y dinero en darle todos los caprichos imaginables, por lo cual no tuvo que mover un dedo en toda su existencia.<br />Herminito decía “<em>quiero</em>”, y un tropel de gente corría a ofrecerle el objeto de sus anhelos.<br />Porque Herminito, si no obtenía lo deseado, prorrumpía en infinita retahíla de quejas. Ya el cambio de la teta materna al biberón tuvo como resultado un bebé, que, a falta de medios lingüísticos con que expresar su descontento, compensaba el asunto a base de berridos estremecedores que tenían más de volumen que de razón. Y claro, a la media hora de oírlo, todo el mundo llegó a la conclusión de que más valía niño malcriado que tener los tímpanos en permanente estado de fuga.<br />No había juguete en el mundo que le gustara por entero, ni compañía de su edad a la que no sacara faltas. El colegio era espantoso, los profesores unos inútiles, los compañeros medio bobos, y los libros demasiado pesados. Y así creció felizmente Herminio, de queja en queja, sembrando el terror a su paso y creyendo el infeliz que, si la gente le daba la razón, era porque la tenía, y punto.<br />Además, Herminio contaba con una ilimitada cantidad de suerte en su cuenta corriente vital. Cosa extraña, porque algunas de las personas que, muy a pesar de ellas, eran admitidas en su exigentísimo ecosistema, parecían abocadas a las iras del destino.<br />Tómese como ejemplo a su pobre y sufrida mujer, que, por alguna razón, tendía a tropezar por las escaleras justo cuando Herminio bajaba delante de ella por el tramo más empinado. La buena mujer intentaba asirse a su marido, haciéndole, ¡huy, casi!, perder el equilibrio y rodar escaleras abajo. Pero Herminio siempre recuperaba el equilibrio como por arte de magia, y era la pobre mujer la que rodaba, hasta que un día consiguió, después de darse cuenta de que quizás estaba enfocando el asunto al revés, y tras ensayar la caída, partirse el cuello en el aterrizaje.<br />Dios había visto cómo mucha gente entraba en euforia al verse a las puertas del Cielo, pero nunca vio nada como la alegría de aquella mujer, que fue canonizada antes siquiera de cruzar el dintel, por méritos propios...<br />Eso sí, Herminio demandó al constructor de la casa, porque obviamente tenía que haber algún defecto en la escalera. Después se enzarzó en tremenda batalla con la compañía de seguros, que, con una total falta de ética y profesionalidad, se negaba a indemnizarle por haberse quedado sin cocinera y ama de llaves.<br />Huelga decir que ganó Herminio, por aburrimiento...<br />¿Y el pobre vecino, ese que tenía un perro que daba en ladrar más de lo que Herminio consideraba aceptable? Ese pobre hombre tenía gafe con los coches; siempre que Herminio pasaba por delante de él, al coche, uuuups, le fallaban los frenos y se precipitaba contra Herminio, quien, de repente, tropezaba, esquivando al coche y a su sorprendidísimo conductor, que acababa en el hospital, en distintos estados de deterioro físico y mental.<br />Eso no le libró de la demanda, claro está.<br />Y así transcurrió la vida de Herminio, hasta sus ya casi 107 años, edad inverosímil a no ser que seas chino y además tengas un hermano siamés.<br />Ahora está en el hospital: no hay médico que le encuentre nada, pero él se queja de que le duele aquí y allá, de que hace malas digestiones y de otro sinfín de síntomas.<br />Para callarle, los médicos le ingresaron, y comenzó una infinita batería de pruebas, destinada únicamente a que los médicos se libraran de aquel “paciente” a base de dejarlo en manos de otros colegas poco estimados.<br />Herminio, conectado a doscientas máquinas, protestaba a voz en cuello: la comida era infame, la atención malísima, los médicos unos ineptos, y la cama era incómoda.<br />Pero la suerte no le abandonaba, no. Ni siquiera cuando las máquinas parecían desconectarse solas, o tenían cortocircuitos que amenazaban con electrocutarle vivo, sufría Herminio ningún daño.<br />Una cohorte de enfermeras perplejas se preguntaban qué estaban haciendo mal...<br />Y Herminio sonreía, asegurándole a todo el mundo que alguien, allá en el otro barrio, debía quererle mucho.<br />No contaba la cándida criatura con los continuos desvelos de Dios y del diablo. Nunca ató cabos, no dio en pensar que toda aquella oleada de muertes accidentales que se llevaban sucediendo a su alrededor muchos años se debían a que Dios, aterrado ante la perspectiva de verle de nuevo ante Él, había dispuesto que todos los ángeles de la guarda se dedicaran por completo a Herminio, dejando que el resto de la humanidad pereciera inopinadamente. Pero en todas las guerras caen civiles, pensaba Dios, que no estaba demasiado contento con el tema pero menos contento estaba aún pensando en un Herminio víctima de accidente de coche y plantándole una reclamación a su ángel guardián.<br />Lucifer también trabajó lo suyo, haciendo pactos con todo demonio conocido y sin conocer, asegurándose de que cualquier pecado de Herminio quedara automáticamente disculpado por las circunstancias, o simplemente echándole las culpas a otros, que, total, seguro que preferían ir al infierno que aguantar una vida con Herminio suelto por el mundo.<br />De vez en cuando quedaban Dios y Lucifer para tomarse un chato y comparar informes. Y aunque no les gustaba mucho aquello de conceder una inmortalidad que, hablemos claro, pasó de moda hace mucho tiempo, los dos estaban de acuerdo en que hacer una excepción de vez en cuando no le hacía daño a nadie, y pelillos a la mar.<br />Y así brindaban los dos: larga, larguísima vida a Herminio García.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/668935642894699572-5623668677220646088?l=cuentosdeningunaparte.blogspot.com'/></div>angel of musikhttp://www.blogger.com/profile/00343576162200560416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-668935642894699572.post-56506506407397458662008-06-23T03:26:00.000-07:002008-06-23T03:27:52.335-07:00Quejas, segunda parteLucifer debía estar aguardando junto al teléfono, porque sólo tuvo Dios que esperar dos timbres hasta oír la familiar voz cavernosa, que esta vez sonaba como si el viejo Luci hubiese estado de nuevo dándole al aguardiente y ahora se arrepintiera de ello.<br />- ¿Lo has leído? – dijo Lucifer, que no había bebido, sino ingerido dos o tres lexatines desde que le trajeron el Libro de reclamaciones para que le echara una firma.<br />- Lo he leído, aquí pasó lo mismo.<br />- O sea, que se fue del cielo y se vino aquí.<br />Dios suspiró.<br />- Exacto.<br />- Pues yo aquí no le quiero, la verdad es que – carraspeó aquí Lucifer un momento, para darle mayor énfasis a la mentira que estaba a punto de soltar -, la verdad es que he estado observándole atentamente, y le encuentro de un justo apabullante; y comprende, amigo mío, que no puedo tener un justo en mi infierno, dónde iría a parar mi reputación. Creo sinceramente que lo mejor es que te lo mande, y...<br />Dios no le dejó ni acabar.<br />- Ah, es que, qué contrariedad, no te lo había dicho. Resulta que estoy reorganizando la plantilla, San Pedro estaba ya chocho del todo y dejaba pasar a cualquiera, y hasta que encuentre un portero nuevo las puertas del cielo están cerradas, no sabes cómo lo siento, de verdad que estoy haciendo todo lo que puedo, y...<br />- Me estás mintiendo – le cortó Lucifer, que ya sin tener a Dios delante podía adivinar que estaba totalmente sonrojado, por la mentira y por haber soltado toda la retahíla de excusas de un tirón, sin tomar aire.<br />Dios se lo pensó un poco mientras hiperventilaba.<br />- El caso es que aquí tampoco puede volver, no pienso dejarle entrar, así que a ver qué hacemos. ¿Y si le mandas al Purgatorio?<br />Lucifer soltó una risa cargada de amargura.<br />- Ya lo hice. Regresó a los dos días, diciendo que vaya un Purgatorio más birria; por lo visto él creía que allí la gente pasaba eones limpiando sus faltas, y cuando llegó, a todo el mundo le entró una repentina prisa por quedar limpio de todo mal o pecar mucho más aún para salir de allí. Puso una reclamación a cuenta del aire acondicionado, y se volvió para acá.<br />Silencio.<br />- Ya no hay Purgatorio, está vacío – apostilló Lucifer, por si la cosa no había quedado clara.<br />Nuevo silencio, que volvió a romper Lucifer.<br />- ¿Y el Limbo? ¿Te lo mando al Limbo?<br />Otro silencio, mucho más pesado y ominoso que los anteriores.<br />- Ya no hay Limbo – dijo Dios, con voz estrangulada.<br />- ¿Cómo que no hay Limbo? ¿Qué...?<br />- ¡Que no hay Limbo – chilló Dios, medio histérico-, todas las almas huyeron en desbandada a la tierra, ni un alma quedó allí, todos los niños nonatos decidieron nacer a la vez, no hay más Limbo! ¡Ausencia total de Limbo!<br />Se quedó Dios callado casi de repente, asombrado de semejante catarsis. Su psicoanalista lo más que le había podido sacar fueron un par de tsunamis a cuenta del último Concilio Vaticano, y dos o tres tormentas eléctricas aquella vez en que la pizzería se negó a llevarle una de anchoas por estar fuera de zona.<br />- ¿Qué podemos hacer con este alma, amigo? – susurró Dios, al que ya le daba igual sonar desesperado, porque realmente se encontraba en inefable estado de desesperación.<br />- Hmmmmm.... – Dios podía oír cómo las normalmente bien engrasadas tuercas de la cabeza de Lucifer intentaban poner en marcha el resto del engranaje, sin demasiadas esperanzas.<br />- Pues se me ocurre una idea – dijo Lucifer, con cuidadito y lentamente-, pero necesito que la ejecutemos entre los dos, ya que los dos estamos metidos en este maldito lío...<br />Dios escuchó atentamente el plan de Lucifer, con los ojos cerrados en un gesto de resignación que su hijo ya hubiese querido para sí.<br />- De acuerdo - dijo al fin-, venid aquí a eso de las seis, cuando me haya levantado de la siesta, y acabemos de una vez con este asunto.<br /><br />Eran las seis en punto (cosa rara, Lucifer era de los que se pasaban horas delante del espejo antes de mostrarse en público, y siempre abogaba a favor de la elegancia de llegar tarde. Demasiado tarde era una de sus frases favoritas, de hecho) cuando Lucifer, vestido de secretaria, y de secretaria fea, para más señas, entró en el despacho de Dios con un alma indignadísima a remolque. Un Dios tembloroso y disfrazado de técnico de ADSL se afanaba en tirar cable por toda la habitación.<br />- Así que este es el despacho de ese. Sí señor, muy bonito, mucho predicar la humildad, la pobreza de espíritu, y mira, todo muebles de caoba y tapices en las paredes. Es una vergüenza, Él aquí, a lo grande, con estos ventanales con vistas al mundo, y todos los del cielo viviendo en nubes, con la humedad que tienen, mi lumbago me está matando y pienso poner una queja, esta no es forma de tratar a los invitados, cómo vea yo a Dios le pienso decir que...<br />Lucifer se quitó las gafas, que no eran de su graduación (porque la secretaria, además de fea, era un topo, la pobre), para mirar a Dios, que parecía estar tratando de esconderse dentro de la pared sin ningún éxito aparente. Carraspeó un poquito para llamar su atención, y Dios se volvió lentamente y con gran aprensión, como quien espera recibir un puñetazo sin haberlo encargado previamente. La secretaria fea (que lo era algo menos sin gafas) le señaló la puerta con un movimiento de cabeza, y Dios asintió.<br />- Eh, sí, ahora podrá usted decirle todo lo que quiera a Él mismo, está en el despacho de al lado, porque, qué cosas, este no es su despacho, es el de su hijo, que está en viaje de negocios, y si quiere usted acompañarme...<br />Lucifer prácticamente empujó al alma hacia la puerta que había en el otro extremo de la sala, mientras el alma gruñía que así iba el negocio, con Dios fumando puros habanos y el hijo por ahí haciendo amigos. Llegaron a la puerta a la vez que el técnico de reparaciones, que parecía estar intentando ajustar el cable para que enmarcara el dintel.<br />Lucifer dio unos golpes en la puerta, por aquello de aparentar, abrió una rendija y le dijo a la nada blanca que había tras la puerta.<br />- Aquí esta el alma que esperaba, ¿le hago pasar?<br />- Sí – dijo él mismo, en un alarde de ventrilocuismo no demasiado bueno-, que pase, que pase.<br />Lucifer se retiró un poco, abriendo paso al alma, mas ésta estaba muy a sus anchas criticando la burocracia post mortem y la decoración de pésimo gusto del despacho, y se quedó en el umbral sin trazas de irse a mover. Pero cuando hizo un comentario irónico sobre el ficus que con tanto mimo cuidaba Dios, éste no pudo más, y le pegó un soberano empujón al alma, lanzándola al portal de cabeza mientras decía:<br />- Huy, que despiste, ¿no voy y me tropiezo con el cable? Perdone usted, ¿le he dado?<br />Pero el alma caía ya hacia la tierra, intentando decir algo y sin que el viento se lo permitiera. Cuando ya no era más que una motita brillante allá a lo lejos, Lucifer miró a Dios, que estaba boquiabierto de su propia osadía, y le dijo:<br />- Bueno, ya está, se acabó. Ahora sólo queda ocuparnos de que no vuelva por aquí... ni por allí tampoco.Dios asintió, conforme, y tras intentar estrechar la mano que Lucifer le ofrecía, prefirió envolverle en un sollozante abrazo de alivio.<br /><br /> <br /> <em>(continuará)</em><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/668935642894699572-5650650640739745866?l=cuentosdeningunaparte.blogspot.com'/></div>angel of musikhttp://www.blogger.com/profile/00343576162200560416noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-668935642894699572.post-38316547998853488392008-06-13T05:33:00.000-07:002008-06-13T05:52:25.903-07:00Quejas, primera parte<em>Este cuento es una irreverencia como un piano, pero no tiene como objetivo ofender a nadie, y, personalmente, creo que nadie debería sentirse ofendido al leerlo. De modo que, si eres muy religioso, te invito a que te des una vuelta por cualquier otro cuento, por si acaso.... y, si no lo eres, te deseo que lo disfrutes tanto como yo disfruté escribiéndolo.</em><br /><br /><br />Estaba Dios en su despacho, intentando poner orden en los cientos de papeles que abarrotaban su escritorio, cuando sonó el teléfono.<br />Cogió personalmente la llamada; la lucecita de procedencia sólo podía corresponder a alguien en particular, y a ese alguien no le gustaban las secretarias. Descolgó Dios el teléfono, recostándose en su sillón y poniendo los pies sobre la mesa, relajado ante la idea de una agradable conversación entre viejos amigos<br />- Lucifer, - saludó jovialmente- cuánto tiempo, ¿cómo va todo por el infierno?<br />- Oye – Lucifer ni saludó, y Dios se quedó algo extrañado; el bueno de Luci tendría sus cosas, como todo el mundo, pero no solía ser descortés –, te voy a pasar una ficha por fax, y dime si TÚ me lo has mandado.<br />Dios se volvió hacia el fax, que acababa de empezar a zumbar, y cuando vio la foto de la ficha que estaba escupiendo el aparato se le cayeron los pies de la mesa. Tembloroso, se cambió el teléfono de mano, para taparse los ojos con la otra. Lucifer volvió a hablar.<br />- ¿Sabes quién es? ¿Lo enviaste tú?<br />- No - balbució Dios como buenamente pudo-, no te lo envié, se fue por sí mismo.<br />Silencio en la línea.<br />- Luego estuvo allí... – Lucifer no preguntaba, su voz tenía todo el peso de la certeza.<br />- Estuvo, amigo, estuvo – dijo Dios, que, como ser omnisciente, sabía qué venía a continuación. – El libro de Reclamaciones, ¿verdad?<br />Silencio al otro lado de la línea, de nuevo. Por detrás del silencio se oía una voz airada discutiendo con alguien.<br />Dios se estaba poniendo nervioso por momentos, esos nervios que son el reflejo somático del trauma o bien muy reciente o muy, pero que muy cercano.<br />- ¿De qué.... – carraspeó, le había salido un gallo, de puros nervios, y tardó un poco en recuperar el dominio sobre su voz - ... de qué se queja esta vez?<br />- ¡De todo, se queja de todo, ya no sé qué hacer! – Lucifer también parecía muy nervioso – Mira, te mando una copia del libro, y llámame cuando la leas.<br />Dios colgó el teléfono y se volvió de nuevo hacia el fax, que esta vez volvía a vomitar no sólo una hoja, sino varias. Cuando acabó se desconectó solo, agotado de tanto esfuerzo y muy, muy deprimido.<br />Dios se puso las gafas de lectura, y leyó:<br /><br />“<em>Quiero hacer constar mi entera insastifacción hacia sus servicios e instalaciones. Se me vendió una publicidad completamente falseada.<br />Primeramente, hago notar que, musicalmente hablando, sus artistas son buenos, pero el constante gemido de los condenados no deja oír la música. No deberían programar conciertos si los equipos no están lo suficientemente cualificados como para ofrecer un buen volumen. Y, hablando de volumen, ¿es que a nadie más le molestan los ladridos de ese perrazo que anda suelto por ahí? Encuentro del todo bochornoso el abandono de animales, más aún de perros de tres cabezas, éste encima escupe babas, y sospecho que podría estar rabioso, lo cual denota una deplorable falta en la higiene y seguridad de la comunidad. Pero además se pasa toda la noche ladrando y gruñendo, impidiéndome conciliar el sueño. Insisto en mi derecho a disfrutar de un sueño reparador, y si no se soluciona este problema, me veré obligado a dar parte al Ministerio de Sanidad.<br />Otra cosa, el otro día fui a las calderas de Pedro Botero, y cual no sería mi sorpresa al ver que estaban llenas hasta los topes. Quiero poner una queja, tengo un bono con derecho a diez baños, y aún no he podido meter ni un pie. Aconsejo que se establezcan turnos para que todos podamos disfrutar de esta instalación, o, si no, exijo una compensación por parte de los encargados.<br />Hablando de aguas, el barquero que fue a recogerme a la orilla del Aqueronte insistió en que o le daba una moneda de oro o no me transportaba. Encuentro de una desvergüenza absoluta pagar una moneda de oro por un viaje de diez minutos, que, para más inri, tuve que sufrir de pie, hacinado entre otros muchos viajeros que no paraban de intentar saltar al agua, salpicándome por completo. Cuando le pedí las vueltas al barquero, se me quedó mirando fijamente, y yo soy un cliente, merezco un respeto por parte de sus trabajadores.</em><br /><em>En cuanto a la seguridad ciudadana, deja mucho que desear, francamente. No puedes dar un paso sin que un sinfín de íncubos y súcubos se abalancen sobre ti haciéndote todo tipo de propuestas deshonestas, lo cual es una flagrante agresión a la moral y las nuevas costumbres. El otro día, sin ir más lejos....”</em><br /><br />Dios suspiró, quitándose las gafas y dejándolas sobre el escritorio. Apoyó la cabeza entre las manos, recordando el sinfín de hojas que había recibido Él mismo no hace tanto tiempo...<br /><br />“<em>porque mucho Lennon, mucho Tchaikovsky, y mucho canto gregoriano, pero si yo estoy en el cielo y quiero escuchar a Hendrix no veo por qué se me ponen tantas pegas. ¡Pues vaya con el cielo, nada más que arpas y música melódica! Creí que aquí uno venía a ser feliz, después de una vida de miserias, y me encuentro con que ni siquiera puedo oír la música que me apetece.<br />Pero no es el único fallo que observo, ni muchísimo menos. El otro día vi un desfile militar que había dejado cortado medio cielo sin que nadie se dignara a notificar a los ciudadanos tan irritante coarción de movimiento y transporte; un arcángel muy envarado iba con una espada de fuego paseando por toda la calle, seguido de un ejército de serafines. Y es un peligro, porque ir con un objeto combustible flameando por ahí, en un lugar lleno de plumas y lino, puede llevar al más horroroso de los desastres, y además, creí que aquí eran pacifistas, pero veo que me equivoco, porque, ¡hasta los niños juegan con armas!</em><br /><em>Me parece bochornoso incitar la violencia en los niños, y todos esos querubines y amorcillos provistos de arcos y flechas, y disparando a diestro y siniestro son un atentado contra la integridad física. Por cierto, que encuentro que la dieta de estos niños o bien es demasiado abundante para su buen crecimiento, o bien es demasiado rica en grasas, esas mejillas tan coloradotas son el primer síntoma de la tendencia apoplética, y si un buen dietista viera semejantes gorduras, sin duda...”</em><br /><br />Se masajeó Dios las sienes, con esperanzas de que así el recuerdo se diluyera en el olvido, y descolgó de nuevo el teléfono.<br /><br /> (<em>continuará</em>)<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/668935642894699572-3831654799885348839?l=cuentosdeningunaparte.blogspot.com'/></div>angel of musikhttp://www.blogger.com/profile/00343576162200560416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-668935642894699572.post-74232639835836974232008-06-05T07:07:00.000-07:002008-06-05T07:14:44.774-07:00Dos hermanas<a href="http://bp3.blogger.com/_RWxcAfJRovA/SEf0u6trRqI/AAAAAAAAAEM/h533_CN9BAM/s1600-h/Shaiya05.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5208400580949264034" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_RWxcAfJRovA/SEf0u6trRqI/AAAAAAAAAEM/h533_CN9BAM/s320/Shaiya05.jpg" border="0" /></a><br /><em>Una metáfora que casi nadie entendió...</em> <div><div><br /><div> </div><div>Las dos hermanas siempre van juntas, de la mano, nunca muy lejos la una de la otra.<br />Una de ellas, se apresura, en ocasiones, le gusta jugar con el ritmo y el tiempo, y acelera y decelera al azar, en una danza que sólo ella comprende. Es caprichosa esta hermana, casi tanto como la otra, que nunca tiene prisa; siempre aparece cuando así lo cree conveniente sin que nada la haga cambiar el compás de su paso, aunque alguna vez tuvo que correr detrás de su hermana, y corrió aún más que ella... aunque no les gusta hablar de eso.<br />Les gusta jugar entre ellas, intercambiar sus identidades, sus virtudes, sus debilidades. Tan parecidas son entre sí que por fuerza han de verse distintas. Quizás en el fondo son un único ser, una criatura de dos caras que siempre se miran de frente.<br />¿Quién es la hermana buena, la mala de ellas cuál es?<br />Ellas se miran, divertidas, pues ninguna puede ser mala ni buena si la otra no le presta su contrapartida. Así, una de ellas se mostrará cruel, fría, arrogante, siempre y cuando la otra sea dulce, cálida, humilde. Hacen malabarismos con sus roles, pasándoselos una a otra, lanzándolos por el aire para ver cuál de ellas los recoge. Y los recoja quien los recoja, estará bien para ellas, porque lo que la una tiene la otra se lo quita para que le pueda ser arrebatado a su vez, en un círculo sin fin dentro del cual olvidan quién tuvo primero qué. No hay egoísmo en ellas; lo que de una es, lo es de la otra también.<br />Ha habido quien preguntó si una de ellas es mayor que la otra. Pero siempre tienen la misma edad, nacieron al mismo tiempo. Nunca envejecen, no cambian. Son lo más esencial que se mueve en el universo, porque éste se mueve a su alrededor, envejeciendo mientras ellas contemplan indiferentes el paso de los siglos. Ninguna de las dos puede morir sin que la otra muera, no pueden aniquilarse entre sí. Por eso es que se aman tanto y nunca se separan, conscientes ambas dos de que la existencia de la otra es la clave de su propia existencia, de que es ésta su paradoja.Pasean, estas hermanas, y sonríen, mientras sus pasos resuenan en dos mundos diferentes que son a la vez el mismo en sus manos enlazadas.</div></div></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/668935642894699572-7423263983583697423?l=cuentosdeningunaparte.blogspot.com'/></div>angel of musikhttp://www.blogger.com/profile/00343576162200560416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-668935642894699572.post-36157220887833544182008-05-26T10:09:00.000-07:002008-05-26T10:14:35.894-07:00Zapping<a href="http://bp1.blogger.com/_RWxcAfJRovA/SDrv30cWVAI/AAAAAAAAAD0/wLJlErBRRu0/s1600-h/CAQMVMO0CAIUIRO9CALH1TVZCA4I9SEGCA3YO4ZUCAZN45SUCAEZLRKACA0RIGH5CAIE9VOTCAV398RPCAYRTQSMCAEETO5VCANLEIUNCA68ER7CCABS13S7CAETQWZ8CAWQNE0XCATE2DPO.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5204736061629420546" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_RWxcAfJRovA/SDrv30cWVAI/AAAAAAAAAD0/wLJlErBRRu0/s320/CAQMVMO0CAIUIRO9CALH1TVZCA4I9SEGCA3YO4ZUCAZN45SUCAEZLRKACA0RIGH5CAIE9VOTCAV398RPCAYRTQSMCAEETO5VCANLEIUNCA68ER7CCABS13S7CAETQWZ8CAWQNE0XCATE2DPO.jpg" border="0" /></a><br /><div><em>Clic<br /></em>Un concurso. Individuos desconocidos de sonrisa nerviosa intentan contestar todo tipo de preguntas en un tiempo límite.<br />Me recuerdo a mí mismo en el colegio, de pie sobre el estrado y acribillado por la mirada de todos mis compañeros de clase, mientras un profesor cualquiera (¿no eran todos iguales?) me pregunta los ríos de España, las capitales del mundo, los poetas del siglo de Oro, la lista de los reyes godos, la tabla de componentes químicos...<br /><em>Clic</em><br />Informativos. Desastre allí, guerra acá; el tiempo; deportes, y bajada del número de accidentes en carretera el pasado fin de semana, 20 muertes menos que el año anterior por las mismas fechas.<br />Veo y oigo una serie de falsees: a mi jefe que me dice que el informe tal sobre la empresa cual va en determinado archivo y no en el general; el cartel de carretera que me indica que tome el desvío hacia el noroeste por retenciones en 3 kilómetros; la circular de la comunidad de vecinos que me informa de la próxima junta... información y más información, que se repite infinitamente a cada momento del día, pretendiendo asentarse en mi cerebro. Recuerda, sabe, haz.<br /><em>Clic<br /></em>Película. La he pillado empezada, alguien corre por las calles de Manhattan mientras otros tipos de aspecto amenazador le persiguen, sin que yo sea capaz de adivinar los motivos de uno y otros.<br />Me veo a mí mismo, de nuevo, pero con más años, corriendo de un lado a otro mientras el tiempo me persigue, mientras los acontecimientos me acorralan, mientras la gente me exige. Corro y corro para que ninguno me alcance, para que el desastre no llegue a cumplirse. Esquivar el enfrentamiento, las consecuencias de pararse a tomar aliento y tener el tiempo justo de caer en la cuenta de que, eh, se puede respirar con calma de vez en cuando.<br /><em>Clic<br /></em>Otra película. Una pareja se besa con pasión bajo la lluvia.<br />Nunca he besado a nadie bajo la lluvia, y, en realidad, hace mucho que no beso a nadie, ni nadie me besa a mí. En cuanto a la pasión... duró lo mismo que la lluvia y se secó igual de rápido.<br /><em>Clic</em><br />Serie de médicos. Todos saben mucho, son muy solícitos con los pacientes.<br />El último médico al que fui me miró por encima de las gafas, me auscultó con desgana y me recetó un analgésico para mis recurrentes dolores de cabeza. Fin, nada de pruebas complicadas, ni de enfermedades extravagantes, ni palmaditas en la espalda acompañadas por palabras de consuelo. Sólo otro paciente, uno más, anónimo e insignificante entre la larga serie de humanos dolientes a los que el buen y hastiado hombre debía enfrentarse ocho horas al día, de lunes a viernes. Me fui de la consulta con una ligera sensación de vergüenza por haberle hecho perder el tiempo con algo tan trivial como mi persona.<br /><em>Clic</em><br />Anuncios. Compra esto, lo otro, lo de más allá, lo necesitas. Sé guapo, delgado, estiloso.<br />Cambio de canal rápidamente. No hay dinero en el mundo que me haga "valerlo", ni producto que me haga sentir guapo, feliz o estiloso de manera permanente. No puedo comprar todo eso, y, aunque lo hiciera, sospecho que tampoco cambiaría mucho la cosa. Seguiría siendo yo, en toda mi reconfortante y bendita mediocridad, pero con unos cuantos trastos más en casa, y una o dos mentiras más en mi cabeza.<br /><em>Clic</em><br />Tele comedia. Personajes arquetípicos aposentados en casas y lugares demasiado coloridos, que, de pretender ser tan cotidianos se hacen completamente irreales, intercambian frases ingeniosas mientras las voces grabadas de gente ya muerta ríen y ríen.<br />No se me da bien contar chistes, y sospecho que tampoco entenderlos. Mis amigos hablan de hipotecas, de los hijos, de las parejas, en cafés normales y corrientes, en restaurantes baratos, en casas que se parecen mucho entre sí. Si se tuviera que oír alguna risa entre tanta palabra y tanto problema sería, creo yo, la risa de la parte histérica que todos nosotros tenemos dentro y que no entiende por qué nos empeñamos en complicarnos tanto la vida.<br />Apago el televisor. Últimamente, cada vez más, me recuerda a un espejo, distorsionado y malicioso, que me recuerda que también yo soy un programa, que mucha gente lo es, y que seguiremos siéndolo porque siempre tendremos directores, guionistas, protagonistas y figurantes en nuestras vidas; que este es el sistema en el que vivo. A fin de cuentas, cualquier parecido con la ficción es mucho más que una simple coincidencia, y los eventos, personajes y argumentos de cada retransmisión son una realidad subconsciente, que queremos creer inventada para no tener que reconocernos en voz alta que sí, está basada en hechos reales.</div><br /><div>Antes de dormirme, de sucumbir a mi carta de ajuste particular, repaso la agenda de mañana... no quisiera equivocarme al ponerle la hora al despertador y empezar el día mal.</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/668935642894699572-3615722088783354418?l=cuentosdeningunaparte.blogspot.com'/></div>angel of musikhttp://www.blogger.com/profile/00343576162200560416noreply@blogger.com0