<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6613415927818730862</id><updated>2009-10-13T14:33:15.755-07:00</updated><title type='text'>proSÁBADO</title><subtitle type='html'>Pájaro fugaz que nada o vuela al borde de su ausencia, las palabras son la luz infinita de su articulación; se origina el último sábado de cada mes con la colaboración de los habitantes de mediaIsla.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default?start-index=26&amp;max-results=25'/><author><name>poeMARTES</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02144798228495611704</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>51</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6613415927818730862.post-493586916024042231</id><published>2008-04-26T22:26:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T23:33:02.728-08:00</updated><title type='text'>proSÁBADO 051</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;S&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;AN J&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/SBQR85vhPnI/AAAAAAAAAVE/peOqOXR-eHQ/s1600-h/jose+luis+gonzalez.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5193796008254979698" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/SBQR85vhPnI/AAAAAAAAAVE/peOqOXR-eHQ/s200/jose+luis+gonzalez.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;UAN, puerto Rico 8 de marso de 1947&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Qerida bieja:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Como yo le desia antes de venirme, aqui las cosas me van vién. Desde que llegé enseguida incontré trabajo. Me pagan 8 pesos la semana y con eso bivo como don Pepe el alministradol de la central allá.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;La ropa aqella que quedé de mandale, no la he podido compral pues quiero buscarla en una de las tiendas mejores. Digale a Petra que cuando valla por casa le boy a llevar un regalito al nene de ella.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Boy a ver si me saco un retrato un dia de estos para mandálselo a uste.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;El otro dia vi a Felo el ijo de la comai María. El está travajando pero gana menos que yo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Bueno recueldese de escrivirme y contarme todo lo que pasa por alla.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Su ijo que la qiere y le pide la bendision.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Juan&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Después de firmar, dobló cuidadosamente el papel ajado y lleno de borrones y se lo guardó en el bolsillo de la camisa. Caminó hasta la estación de correos más próxima, y al llegar se echó la gorra raída sobre la frente y se acuclilló en el umbral de una de las puertas. Dobló la mano izquierda, fingiéndose manco, y extendió la derecha con la palma hacia arriba.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Cuando reunió los cuatro centavos necesarios, compró el sobre y el sello y despachó la carta.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;La carta&lt;/span&gt; José Luis González &lt;/strong&gt;[República Dominicana, 1926-1997]&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://www.mascuentos.com/mostrar-cuento.php?cuento=1080"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.mascuentos.com/mostrar-cuento.php?cuento=1080&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.mascuentos.com/mostrar-cuento.php?cuento=560"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.mascuentos.com/mostrar-cuento.php?cuento=560&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/pr/gonzalez/jlg.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/pr/gonzalez/jlg.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.literatura.us/joseluis/ausente.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.literatura.us/joseluis/ausente.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.proyectosalonhogar.com/escritores/JoseLGonzalez.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.proyectosalonhogar.com/escritores/JoseLGonzalez.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://mquinadecoserpalabras.blogspot.com/2008/03/jos-luis-gonzlez.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://mquinadecoserpalabras.blogspot.com/2008/03/jos-luis-gonzlez.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.epdlp.com/escritor.php?id=3139"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.epdlp.com/escritor.php?id=3139&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.zonai.com/promociones/biografias/0301/gonzalez.asp"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.zonai.com/promociones/biografias/0301/gonzalez.asp&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Contenido&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Daniel Montoly&lt;/strong&gt; &lt;em&gt;En la corteza&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Pilar Romano&lt;/strong&gt; &lt;em&gt;Por un rato más&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Daniel Baruc&lt;/strong&gt; &lt;em&gt;Randy&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Ángel Santiesteban&lt;/strong&gt; &lt;strong&gt;Prats&lt;/strong&gt; &lt;em&gt;La Mula&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;En la corteza&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegas para verme barriendo como un loco, los malos días que el tiempo deshizo con sus manos duras, pero nunca supimos tenernos el uno al otro, porque la risa del azar, se apoderó de nuestras bocas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Somos dos expatriados. Tú con ese tenor de río, que desconoce cuántas piedras viven en su cuerpo, pero que se siente libre, aunque las lleve a perpetuidad en su cauce. Y yo, que nunca tuve destino, o al menos, jamás pensé llegar a este momento y ver, pájaros saliéndome por los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis manos. Tus manos suspendidas con ese olor a tierra arrasada por la lluvia, buscan los pequeños rastros de algún tesoro, pero ¿para qué te servirá la riqueza, si la aurora nació contigo? ¿Puedes tú escapar a ese nombre que te dieron las cosas? ¿Puedo yo reír, y recordar la infancia, sin que una lágrima rompa el equilibrio?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Veo que has venido. Pero la corteza del árbol ya no le teme a nuestros nombres. Tampoco a la navaja, que antes se sumergiera en ella. Ahora somos dos rostros bajo un mismo paraguas, sólo que la lluvia, aún no llega a preguntarle al cielo por la humedad a nuestras sombras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Daniel Montoly&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Por un rato más&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando era chica, Catalina podía hablar. Se quedó muda después de haber pasado aquella noche bajo el árbol de hojas casi moradas, el que tenía la sombra asustada, según su madre. Se había refugiado allí después de escaparse de la vieja casa, en medio de aquel paraje que llevaba el nombre de un santo milagrero que seguramente nunca pasó por ese lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se había sentido aterrada mientras esperaba que Eulalia, su madre, volviera del hospital con su hermano Rogelio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por algo su mamá no quería que la dejaran sola en la casa, mil veces se lo había recomendado a Rogelio, recordaba Catalina. Sola quería decir sin que estuvieran su madre o él. Julián no era de la familia; Eulalia lo había dejado vivir con ellos y dormir con ella, pero no era de la familia. Y nunca había querido enseñarle a Catalina a tallar madera. “Las mujeres tienen que usar el cuchillo para cortar carne y verduras en la cocina”, decía. A su hermano sí le prestaba el cuchillo y le enseñaba a hacer máscaras y algo parecido a estatuas. Y cuando Rogelio desobedeció y la dejó sola con Julián, ella se acercó al hombre, casi contenta, pensando que esa tarde sí le enseñaría. Pero fue otra cosa lo que le enseñó y después Catalina lloró y se quedó con ganas de ponerse una máscara todo el tiempo, para que nadie supiera quién era.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, al día siguiente, para castigar a Rogelio por haberla abandonado aunque fuera por un rato y para demostrar que las mujeres podían usar el cuchillo igual que los hombres, al quedar sola con su hermano había tomado el de Julián mientras el muchacho estaba parado sobre la banqueta para alcanzar algo en un estante, y casi sin pensar le dio un golpe con el filo sobre el pie descalzo. Dos dedos le cortó. La madre no tardó en volver y salió corriendo con Rogelio hacia el hospital, pero quedaron las gotas de sangre sobre la banqueta y el piso y hasta en la pared y a Catalina la sacudió el terror. No pudo seguir en ese lugar y huyó hacia aquel árbol cuya sombra nadie quería. Al menos su madre siempre dijo que por nada del mundo había que refugiarse allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recién al día siguiente fueron a buscarla, pero Catalina ya no podía hablar. No pudo hablar nunca más. Quizá fue por eso que la madre se murió a los pocos años y quedaron solos ella y su hermano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bastante bien caminaba Rogelio, a pesar de la falta de los dos dedos, pero Catalina se consagró a atenderlo. Y a obedecerlo en todo. Pensaba que así podría suavizar el recuerdo de lo que había hecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta es la única talla que nos queda. No se la des a nadie, ni por plata. La necesito para otra cosa ,¿entendiste?, le había dicho su hermano, en tono serio, incuestionable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa tarde, un poco antes de las seis, todavía con buena luz porque es verano, llega a la casa solitaria un automóvil del que baja un hombre de buen porte, de ojos claros, vestido a la manera de los exploradores. Catalina está sola —la recomendación materna había dejado de tener vigencia— pero no siente temor. Lo mira acercarse y piensa que es uno de los que llegan para comprar las cosas que fabrica su hermano. Justo en este momento en que él no está, piensa. Y recuerda su recomendación de no vender las tallas. Pero la recuerda tan sólo un momento: se le olvida cuando el recién llegado la saluda sonriendo, inclinándose como si ella fuera una gran dama. ¡Cuánto hacía que un hombre no le sonreía ni le tomaba la mano! se miente, porque nunca un hombre la saludó de esa manera. Por suerte se ha peinado con las trenzas cruzadas hacia arriba, bordeando la frente, como si fueran una corona. Un temblor desconocido la recorre cuando el visitante le rodea el hombro con su brazo y le hace señas, como preguntando si ella puede oír. Asiente con la cabeza enfáticamente y se acomoda las trenzas que se han movido con el sacudón del gesto. La vieja tortuga cruza cansinamente el piso de ladrillos buscando su sitio de dormir y a Catalina le parece que al pasar junto a ella le dice “este hombre no debería estar aquí”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el hombre está y le dice a Catalina, sin dejar de sonreír, que quiere comprar la talla que está sobre el estante, que puede pagar buena plata, que le ponga precio. El precio es, para la muchacha, desobedecer al hermano. Siente de pronto que puede pagarlo, que bien lo vale el halagar al visitante y no tener que recurrir a gestos que le desacomoden las trenzas. No puede decirle que no: el hombre se iría de inmediato y nadie volvería a sonreírle en años. O nunca más. Si ella accede a vender la talla, quizá le ofrezca después al hombre una taza de mate cocido o un vaso de vino y podrán beber juntos mientras cae la tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Catalina se llena de algo que no sabe cómo se llama y piensa que si vuelve Rogelio y le corta los dedos de un pie, no importa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Pilar Romano&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Randy&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Randy vio que bajaban el ataúd de su jefe a la honda fosa y le entraron unas incontrolables ganas de reír. Contuvo la respiración, apretó el estómago, se mordió los labios casi hasta sacarse sangre y finalmente buscó la razón para no soltar una estruendosa carcajada en los rostros compungidos y en las lágrimas copiosas que dejaban escapar, más allá de las hermosas coronas funerarias, la viuda y las tres huérfanas del difunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Usted nunca va a ser nada en la vida, Randy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí patroncito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Si patroncito qué…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Que usted tiene razón, que nunca seré nada en la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me alegra que lo reconozcas, muchacho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, patroncito, si usted quiere lo reconozco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Créame, odio a la gente que no reconoce su realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.—¿Y qué es la realidad, patrón?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo que es; mejor dicho, lo que uno es o no es en la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ah…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Por ejemplo usted; desde el primer día que le vi entrar por esa puerta, supe que usted nunca sería nada en la vida. Y ya ve que no me equivoqué. Ya tiene más de 35 años en esta oficina y no ha podido pasar de velador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No patrón…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y sabe por qué Randy?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, señor…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Porque el que nace pa maceta no pasa del corredor, Randy; usted no sería capaz de distinguir ni siquiera a la muerte aunque la tuviera de frente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero sí había podido. Vio venirse abajo el andamio y pensó que los travesaños con sus puntas filosas serían como estiletes en la carne disponible, y con un movimiento teatral dejó el camino franco a su jefe, que se apresuró a pasar acaso pensando que los hombres como él merecían ir siempre adelante. No faltaba más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y una de las varillas lo atravesó como a pez arponeado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento supo Randy que su jefe estaba equivocado respecto a él. Por eso tenía deseos de reír. Reír con una risa grande, como cuando era niño, como hacía tiempo que no se reía, como si no tuviera artritis, ni le estuviera fastidiando la próstata, ni debiendo un mes de renta se hubiera quedado sin trabajo. Y lo hizo, se rió hasta orinarse en los pantalones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su estruendosa carcajada hizo salir despavoridas a las palomas que se guarecían del sol en los techos de las bóvedas cercanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Daniel Baruc&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;La Mula&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trabaja en la enfermería y le dicen La Mula porque carga las medicinas y todo lo que se mueve lícita e ilícitamente en el penal. A veces un mandante sale en auxilio de algún paisano que se encuentra en otra galera, y utiliza a La Mula para enviar un angular afilado que limpie honores o prevenga ataques enemigos. Además, mueve las ventas de comida, ropa, cigarros y jabones. Se le puede pedir un repuesto de bolígrafo, sobre, papel de carta, aguja, pastillas Parkinsonil. Alguna que otra vez lo mandan a repartir excremento dentro de un nylon como ofensa o advertencia. Todo lo resuelve un mago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El elegido como mula es casi siempre un infeliz, alguien que no tiene valor para enfrentarse a otro preso. En ocasiones te preguntas por qué una persona insignificante y débil es tan respetada. Contradictoriamente, tiene en sus manos tu suerte y tu vida: una demora de varios minutos o un aviso no entregado puede cambiarlo todo. Él juega con el destino, a veces lo decide, y nunca se sabe cuándo te puede salvar o hundir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;© Ángel Santiesteban Prats&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff6666;"&gt;_______________&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;mediaislaproSÁBADO 051 26 de abril de 2008.-&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6613415927818730862-493586916024042231?l=mediaislaprosabado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/feeds/493586916024042231/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=6613415927818730862&amp;postID=493586916024042231&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/493586916024042231'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/493586916024042231'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/2008/04/prosbado-051.html' title='proSÁBADO 051'/><author><name>poeMARTES</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02144798228495611704</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='00915250062887198879'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/SBQR85vhPnI/AAAAAAAAAVE/peOqOXR-eHQ/s72-c/jose+luis+gonzalez.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6613415927818730862.post-5161704736234107454</id><published>2008-03-29T04:47:00.001-07:00</published><updated>2008-12-11T23:33:02.884-08:00</updated><title type='text'>proSÁBADO 050</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;N&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;O TENÍAN &lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/R-4uIElvLBI/AAAAAAAAAU8/PxMER5Vn_Vw/s1600-h/roa+bastos.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5183130937355873298" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" height="188" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/R-4uIElvLBI/AAAAAAAAAU8/PxMER5Vn_Vw/s200/roa+bastos.jpg" width="135" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;CARA, chorreados, comidos por la oscuridad. Nada más que sus dos siluetas vagamente humanas, los dos cuerpos reabsorbidos en sus sombras. Iguales y sin embargo tan distintos. Inerte el uno, viajando a ras del suelo con la pasividad de la inocencia o de la indiferencia más absoluta. Encorvado el otro, jadeante por el esfuerzo de arrastrarlo entre la maleza y los desperdicios. Se detenía a ratos a tomar aliento. Luego recomenzaba doblando aún más el espinazo sobre su carga. El olor del agua estancada del Riachuelo debía estar en todas partes, ahora más con la fetidez dulzarrona del baldío hediendo a herrumbre, a excrementos de animales, ese olor pastoso por la amenaza de mal tiempo que el hombre manoteaba de tanto en tanto para despegárselo de la cara. Varillitas de vidrio o de metal entrechocaban entre los yuyos, aunque de seguro ninguno de los dos oiría ese cantito isócrono, fantasmal. Tampoco el apagado rumor de la ciudad que allí parecía trepidar bajo tierra. Y el que arrastraba, sólo tal vez ese ruido blando y sordo del cuerpo al rebotar sobre el terreno, el siseo de restos de papeles o el opaco golpe de los zapatos contra las latas y cascotes. A veces el hombro del otro se enganchaba en las matas duras o en alguna piedra. Lo destrababa entonces a tirones, mascullando alguna furiosa interjección o haciendo a cada forcejeo el ha… neumático de los estibadores al levantar la carga rebelde al hombreo. Era evidente que le resultaba cada vez más pesado. No sólo por esa resistencia pasiva que se le empacaba de vez en cuando en los obstáculos. Acaso también por el propio miedo, la repugnancia o el apuro que le iría comiendo las fuerzas, empujándolo a terminar cuanto antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio lo arrastró de los brazos. De no estar la noche tan cerrada se hubiera podido ver los dos pares de manos entrelazadas, negativo de un salvamento al revés. Cuando el cuerpo volvió a engancharse, agarró las dos piernas y empezó a remolcarlo dándole la espalda, muy inclinado hacia delante, estribando fuerte en los hoyos. La cabeza del otro fue dando tumbos alegres, al parecer encantada del cambio. Los faros de un auto en una curva desparramaron de pronto una claridad que llegó en oleadas sobre los montículos de basura, sobre los yuyos, sobre los desniveles del terreno. El que estiraba se tendió junto al otro. Por un instante, bajo esa pálida pincelada, tuvieron algo de cara, lívida, asustada la una, llena de tierra la otra, mirando hacer impasible. La oscuridad volvió a tragarlas enseguida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se levantó y siguió halándolo otro poco, pero ya habían llegado a un sitio donde la maleza era más alta. Lo acomodó como pudo, lo arropó con basura, ramas secas, cascotes. Parecía de improviso querer protegerlo de ese olor que llenaba el baldío o de la lluvia que no tardaría en caer. Se detuvo, se pasó el brazo por la frente regada de sudor, escarró y escupió con rabia. Entonces escuchó ese vagido que lo sobresaltó. Subía débil y sofocado del yuyal, como si el otro hubiera comenzado a quejarse con lloro de recién nacido bajo su túmulo de basura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Iba a huir, pero se contuvo encandilado por el fogonazo de fotografía de un relámpago que arrancó también de la oscuridad del bloque metálico del puente, mostrándole lo poco que había andado. Ladeó la cabeza, vencido. Se arrodilló y acercó husmeando casi ese vagido tenue, estrangulado, insistente. Cerca del montón había un bulto blanquecino. El hombre quedó un largo rato sin saber qué hacer. Se levantó para irse, dio unos pasos tambaleando, pero no pudo avanzar. Ahora el vagido tironeaba de él. Regresó poco a poco, a tientas, jadeante. Volvió a arrodillarse titubeando todavía. Después tendió la mano. El papel de envoltorio crujió. Entre las hojas del diario se debatía una formita humana. El hombre la tomó en sus brazos. Su gesto fue torpe y desmemoriado, el gesto de alguien que no sabe lo que hace pero que de todos modos no puede dejar de hacerlo. Se incorporó lentamente como asqueado de una repentina ternura semejante al más extremo desamparo, y quitándose el saco arropó con él a la criatura húmeda y lloriqueante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez más rápido, corriendo casi, se alejó del yuyal con el vagido y desapareció en la oscuridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;El baldío&lt;/span&gt; / Augusto Roa Bastos&lt;/strong&gt; [Paraguay, 1917-2005]&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/roa/excava.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/roa/excava.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.elortiba.org/roabastos.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.elortiba.org/roabastos.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.elpelao.com/letras/2739.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.elpelao.com/letras/2739.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2217"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2217&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://cvc.cervantes.es/ACTCULT/roa/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://cvc.cervantes.es/ACTCULT/roa/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.geocities.com/macondomorel/roabastos2.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.geocities.com/macondomorel/roabastos2.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.romanistik.uni-mainz.de/hisp/roa/La_realidad_superada.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.romanistik.uni-mainz.de/hisp/roa/La_realidad_superada.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/misc/newsid_4489000/4489387.stm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/misc/newsid_4489000/4489387.stm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.unameseca.com/Biblioteca/Veladas/2005/roaBastos/roaBastosResena.pdf"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.unameseca.com/Biblioteca/Veladas/2005/roaBastos/roaBastosResena.pdf&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=8EBjT9ltCNk"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.youtube.com/watch?v=8EBjT9ltCNk&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=re6dbV6HbMY&amp;amp;feature=related"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.youtube.com/watch?v=re6dbV6HbMY&amp;amp;feature=related&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www4.loscuentos.net/cuentos/link/534/53439/print/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www4.loscuentos.net/cuentos/link/534/53439/print/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Contenido&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Raúl Dorantes&lt;/strong&gt;  &lt;em&gt;Función del mar&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Sergio Borao Llop&lt;/strong&gt;  &lt;em&gt;Cuando digo París&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Minelys Sánchez&lt;/strong&gt;  &lt;em&gt;La sombra entre mi sábana&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Marcos Winocur&lt;/strong&gt;  &lt;em&gt;Tía Eutanasia juega a la lotería: si pierde, gana; si gana, pierde&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Manuel Llibre Otero&lt;/strong&gt;  &lt;em&gt;Exactitud&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Función del mar&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estamos en un barco y vamos rumbo a los arrecifes. Queremos bucear. Unos nomás miran el azul. Acá, otros revisan cada parte del equipo. ¿Están atadas las mangueras? ¿Hay suficiente aire en los tanques? ¿Funcionan los indicadores? Sí, todo sí. El barco ya va deteniéndose sobre el arrecife mayor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la cubierta tenemos que mojar el traje para que pueda entrar a nuestro cuerpo, hazaña que no es fácil. Cada quien recoge sus aletas y su visor. Cada quien se pone un regulador. Y cada quien camina hasta instalarse en el límite de la popa. Ya está: detrás de los cristales nos miramos. Y no al saltar, sino en el momento mismo de tocar el agua descubro que no hay nadie más. Suelto un poco de aire y empiezo a hundirme. Si miro hacia arriba es sólo para comprobar que la superficie se va quedando atrás. No hay olas ni viento. El mundo no me existe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miro el indicador. Ya puedo ver que el arrecife sube hacia mí. Dejo salir un poco de aire para que el arrecife suba más despacio. El fondo también viene hacia mí. Pongo aire para quedarme sin movimiento, en la ingravidez del mar. No puedo sentirme las dos mangueras, no puedo sentirme el visor ni las aletas. Soy libre. Empiezo a nadar, pero sin usar piernas ni brazos. Puedo ir hacia cualquier rumbo si así lo quiere mi respiración. Inhalo para subir, exhalo para bajar. O viceversa. Todo puede ser viceversa. Miro los peces, las burbujas, los corales. No hay tesoros de naufragios en el fondo. Pero tal vez me tope con tritones y sirenas. Les echo un ojo azul a las mantarayas, otro negro a los tiburones. Más allá me cruzan los calamares y sus nostalgias. Acabo de saber que de aquí vengo. Me soy agua antes que respiración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el indicador de pronto insiste que vaya a la superficie. Están los números diciendo “ven, sal, te estamos esperando”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí es que aparece la melancolía. Suelto el aire mientras me muevo en círculos, y entre más asciendo más me invade una cosa como llanto. A veinte pies de la superficie, me detengo. Aquí ya existen los minutos, los segundos. Miro arriba y empiezo a nadar hacia la luz. Se va sintiendo lo agitado del oleaje, todo allá arriba es alboroto. Pienso en Cristo: qué triste se ha de haber sentido al tercer día... ¿De dónde me llegó ese pensamiento? Busco una respuesta, y me sorprende el ras del agua. Bien, aquí aparezco, buenas tardes, señores, qué les cuento. En el barco, el nosotros ya me aclama. Agarro la escalera, alguien me ayuda con los tanques y las aletas. Mientras trepo, voy sintiendo el retorno de mi peso. Camino torpemente de un lado a otro de la cubierta. Pongo una mano sobre la borda y me pregunto: ¿será éste el nacimiento?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Raúl Dorantes&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Cuando digo París&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando digo París no estoy hablando de las fotos que duermen en los álbumes del sótano, aunque tras las persianas del recuerdo naveguen los colores de la noche como cristales que lentamente se van deshilachando sobre un cojín de nostalgia bordado con caricias y notas musicales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando digo París no hablo de pasos misteriosos y prófugos resonando a una orilla de la calle, ni de la sombra añil que deja una lágrima rodante, ni del labio-trasluz detenido en el tiempo por el furtivo impacto de unos besos cuyos ecos van rebotando y multiplicando su reflejo por todas las esquinas en penumbra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Sé que cuando tú dices París es la voz de una melodía no inventada, es el empedrado irregular y las riberas del Sena, es el amanecer en plena noche y la risa, la colosal estatura de los edificios, la insólita música de las piedras, la fuente helada de Versalles, la verificación de un sueño...)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero si yo digo París te estoy nombrando. Cuando digo París hablo de ti y de los puentes, sobre todo de ti y de los puentes y de una isla, y en esa isla unos pies parados en el infinito, allí parados y mirando eternamente hacia la mole indescriptible, hacia las torres que esperan, hacia la inmensa soledad de un reloj que nunca se detiene.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Sergio Borao Llop&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;La sombra entre mis sábanas&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tropecé con su mirada esta mañana y quise morir de vergüenza. Me sentía asquerosamente culpable. No podía mirarlo, no. Hacía tanto tiempo que me vigilaba. Se paraba frente a mi cama todas las noches. Pero mamá y Lorenzo, juraban que era sólo el producto de mi miedo. Cierto. Siempre me asustaba la oscuridad y me aterraba que mi madre se alejara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer noche, desde que mamá salió la sombra se metió entre mi sábana. Se tendió a mi lado y metió una mano entre mi ropa íntima. Su dedo gordo y caliente se deslizó en mis partes. Un calor placentero me invadió toda y me ablandé como Spaguetti. –¿Te gusta?-, me susurró al oído y su respiración fogosa me abrió la carne y me endureció los senos recién nacidos. –Sí-, contesté temblando. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Apoyó un hierro duro y ardiente en mi trasero y lo rozaba con la misma velocidad con que el dedo agitado iba y venía más y más hasta que roncó como si le clavaran una puñalada y se dejó caer sobre mí, medio muerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sombra partió en silencio. Y yo quede ahí. Confundida. Mojada. Y nunca más he podido mirar al tío Lorenzo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;© Minelys Sánchez&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Tía Eutanasia juega a la lotería: si pierde, gana; si gana, pierde&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi querida tía Eutanasia, hay que reconocerlo, era una persona negativa. Apartada de todos, su vida giraba en torno al juego de la lotería. Pero no aceptaba correr los riesgos propios del azar. Entonces ideó no comprar billetes pero anotar el número. A ése, le jugaba a perder. Tía Eutanasia, después del sorteo, consultaba con ansiedad la lista de premios, muy contenta de no haberse sacado ninguno. ¡Hoy me gané los tantos y tantos pesos que he jugado a no ganar! -exclamó una y otra vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una palabra, al perder, ganaba; al ganar, perdía. Pero la suerte acabó jugándole la mala pasada que era de temerse: el número elegido ¡resultó con el premio mayor!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue con cianuro el -¡ay!- último acto negativo de mi querida tía Eutanasia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Marcos Winocur&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Exactitud&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gran genio de la ingeniería de su tiempo, apenas terminando un palacio, se embarcaba en la construcción del próximo, pues su sabio Sultán le había revelado que cuando se cumple un deseo, entra la muerte, si no se plantea el reto de consumar otro. Era viudo, estaba endeudado y su salud empeoraba, seguía erigiendo palacios en busca de cambiar su suerte, sin entender que los proverbios para sultanes no funcionan para los ingenieros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;strong&gt;© Manuel Llibre Otero&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffcccc;"&gt;______________&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#ffcccc;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;mediaIslaproSABADO 050 29 de marzo 2008.-&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6613415927818730862-5161704736234107454?l=mediaislaprosabado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/feeds/5161704736234107454/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=6613415927818730862&amp;postID=5161704736234107454&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/5161704736234107454'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/5161704736234107454'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/2008/03/prosbado-050.html' title='proSÁBADO 050'/><author><name>poeMARTES</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02144798228495611704</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='00915250062887198879'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/R-4uIElvLBI/AAAAAAAAAU8/PxMER5Vn_Vw/s72-c/roa+bastos.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6613415927818730862.post-8823282580934690947</id><published>2008-02-23T08:37:00.000-08:00</published><updated>2008-12-11T23:33:03.105-08:00</updated><title type='text'>proSÁBADO 049</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;N AQUELLA&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/R8BMcWvVpDI/AAAAAAAAAUY/1Umv0nIYACM/s1600-h/silvina.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5170216422245508146" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/R8BMcWvVpDI/AAAAAAAAAUY/1Umv0nIYACM/s200/silvina.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; CIUDAD todo era perfecto y pequeño: las casas, los muebles, los útiles de trabajo, las tiendas, los jardines. Traté de averiguar qué raza tan evolucionada de pigmeos la habitaban. Un niño ojeroso me dio el informe:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Somos los que trabajamos: nuestros padres, un poco por egoísmo, otro poco por darnos el gusto implantaron esta manera de vivir económica y agradable. Mientras ellos están sentados en sus casas, jugando a la baraja, tocando música, leyendo o conversando, amando, odiando (pues son apasionados), nosotros jugamos a edificar, a limpiar, a hacer trabajos de carpintería, a cosechar, a vender. Nuestros instrumentos de trabajo son de un tamaño proporcionado al nuestro. Con sorprendente facilidad cumplimos las obligaciones cotidianas. Debo confesar que al principio algunos animales, en especial los amaestrados, no nos respetaban, porque sabían que éramos niños. Pero paulatinamente, con algunos engaños, nos respetaron. Los trabajos que hacemos no son difíciles: son fatigosos. A menudo sudamos como caballos lanzados en una carrera. A veces nos arrojamos al suelo y no queremos seguir jugando (comemos pasto o terroncitos de tierra o nos contentamos con lamer las baldosas), pero ese capricho dura un instante, “lo que dura una tormenta de verano”, como dice mi prima. Es claro que no todo es ventaja para nuestros padres. Ellos también tienen algunos inconvenientes; por ejemplo: deben entrar en sus casas agachándose, casi en cuclillas, porque las puertas y las habitaciones son diminutas. La palabra diminuta está siempre en sus labios. La cantidad de alimentos que consigue, según las quejas de mis tías, que son glotonas, es reducidísima. Las jarras y los vasos en que toman agua no los satisfacen y tal vez esto explica que haya habido últimamente tantos robos de baldes y otras quincallas. La ropa les queda ajustada, pues nuestras máquinas no sirven ni servirán para hacerlas en medidas tan grandes. La mayoría, que no dispone de varias camas, duermen encogidos. De noche tiritan de frío si no se cubren con una enormidad de colcha que, de acuerdo con las palabras de mi pobre padre, parecen más bien pañuelos. Actualmente mucha gente protesta por las tortas de boda que nadie prueba por cortesía; por las pelucas que no tapan las calvicies más moderadas; por las jaulas donde entran sólo picaflores embalsamados. Sospecho que para demostrar su malevolencia esa misma gente no concurre casi nunca a nuestras ceremonias ni a nuestras representaciones teatrales o cinematográficas. Debo decir que no caben en las butacas y que la idea de sentarse en el suelo, en un lugar público, los horroriza. Sin embargo, algunas personas de estatura mediocre, inescrupulosas (cada día hay más), ocupan nuestros lugares, sin que lo advirtamos. Somos confiados pero no distraídos. Hemos tardado mucho en descubrir a los impostores. Las personas grandes, cuando son pequeñas, muy pequeñas, se parecen a nosotros, se entiende, cuando estamos cansados: tienen líneas en la cara, hinchazones bajo los ojos, hablan de un modo vago, mezclando varios idiomas. Un día me confundieron con una de esas criaturas: no quiero recordarlo. Ahora descubrimos con más facilidad a los impostores. Nos hemos puesto en guardia, para echarlos de nuestro círculo. Somos felices. Creo que somos felices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Nos abruman, es cierto, algunas inquietudes: corre el rumor de que por culpa nuestra la gente no alcanza, cuando es adulta, las proporciones normales, vale decir, las proporciones desorbitadas que los caracteriza. Algunos tienen la estatura de un niño de diez años; otros, más afortunados, la de un niño de siete años. Pretenden ser niños y no saben que cualquiera no lo es por una mera diferencia de centímetros. Nosotros, en cambio, según las estadísticas, disminuimos de estatura sin debilitarnos, sin dejar de ser lo que somos, sin pretender engañar a nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Esto nos halaga, pero también nos inquieta. Mi hermano ya me dijo que sus herramientas de carpintería le pesan. Una amiga me dijo que su aguja de bordar le parece grande como una espada. Yo mismo encuentro cierta dificultad en manejar el hacha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“No nos preocupa tanto el peligro de que nuestros padres ocupen el lugar que nos han concedido, cosa que nunca les permitiremos, pues antes de entregárselas, romperemos nuestras máquinas, destruiremos las usinas eléctricas y las instalaciones de agua corriente; nos preocupa la posteridad, el provenir de la raza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Es verdad que algunos, entre nosotros, afirman que al reducirnos, a lo largo del tiempo, nuestra visión del mundo será más íntima y más humana”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;La raza inextinguible&lt;/span&gt; / Silvina Ocampo&lt;/strong&gt; [Argentina, 1903-1994]&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/subnotas/2964-485-2006-04-30.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/subnotas/2964-485-2006-04-30.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.tyhturismo.com/data/destinos/argentina/literatura/escritores/Ocampo/Anillo_de_humo.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.tyhturismo.com/data/destinos/argentina/literatura/escritores/Ocampo/Anillo_de_humo.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.tyhturismo.com/data/destinos/argentina/literatura/escritores/Ocampo/Informe.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.tyhturismo.com/data/destinos/argentina/literatura/escritores/Ocampo/Informe.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.tyhturismo.com/data/destinos/argentina/literatura/escritores/Ocampo/El_Mal.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.tyhturismo.com/data/destinos/argentina/literatura/escritores/Ocampo/El_Mal.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.isabelmonzon.com.ar/silvinaocampo.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.isabelmonzon.com.ar/silvinaocampo.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://elrincondetheodoro.wordpress.com/2007/04/30/las-fotografias-cuento-de-silvina-ocampo/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://elrincondetheodoro.wordpress.com/2007/04/30/las-fotografias-cuento-de-silvina-ocampo/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.lanacion.com.ar/Archivo/nota.asp?nota_id=508832&amp;amp;origen=acumulado&amp;amp;acumulado_id"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.lanacion.com.ar/Archivo/nota.asp?nota_id=508832&amp;amp;origen=acumulado&amp;amp;acumulado_id&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;=&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://lahojadepapelo7-cuentos.blogspot.com/2007/08/cuentos.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://lahojadepapelo7-cuentos.blogspot.com/2007/08/cuentos.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://elciberperiodico.mforos.com/150159/3753674-mimoso-cuento-de-silvina-ocampo/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://elciberperiodico.mforos.com/150159/3753674-mimoso-cuento-de-silvina-ocampo/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2095"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2095&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.lanacion.com.ar/herramientas/printfriendly/printfriendly.asp?nota_id=676245"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.lanacion.com.ar/herramientas/printfriendly/printfriendly.asp?nota_id=676245&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/Narrativa/Ocampo/Anillodehumo.asp"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/Narrativa/Ocampo/Anillodehumo.asp&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-2558-2005-10-09.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-2558-2005-10-09.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/narrativa/Ocampo/index.asp"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/narrativa/Ocampo/index.asp&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/memorias/paquetecuento/ocampo.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/memorias/paquetecuento/ocampo.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.eldigoras.com/eom/2002/tierra08mlz08.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.eldigoras.com/eom/2002/tierra08mlz08.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.clarin.com/diario/2006/06/10/sociedad/s-05601.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.clarin.com/diario/2006/06/10/sociedad/s-05601.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://lamaquinadeltiempo.com/Castillo/furia.htmhttp://www.7calderosmagicos.com.ar/Sala%20de%20Lectura/UNR/balbi.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://lamaquinadeltiempo.com/Castillo/furia.htmhttp://www.7calderosmagicos.com.ar/Sala%20de%20Lectura/UNR/balbi.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.escritorasypensadoras.com/fichatecnica.php/45"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.escritorasypensadoras.com/fichatecnica.php/45&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.apiedepagina.net/Silvina%20Ocampo%20La%20furia.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.apiedepagina.net/Silvina%20Ocampo%20La%20furia.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2003/07/19/u-00211.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2003/07/19/u-00211.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://publicaciones.ua.es/filespubli/pdf/02125889RD11508933.pdf"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://publicaciones.ua.es/filespubli/pdf/02125889RD11508933.pdf&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.lacantonal.com.ar/Talleres/Oralidad/Silvina%20oculta.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.lacantonal.com.ar/Talleres/Oralidad/Silvina%20oculta.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Contenido&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Fanny G Jaretón&lt;/strong&gt; &lt;em&gt;Hilvanes&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Aldo Bercellino&lt;/strong&gt; &lt;em&gt;Narciso&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Fernando Valerio-Holguín&lt;/strong&gt; &lt;em&gt;Coup de Lapin&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Aurora Arias&lt;/strong&gt; &lt;em&gt;Fin de mundo&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Hilvanes&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Voy a coserte en punto cruz tus ojos para hacer de esta religión el pecado más desvergonzado, así de esta manera no sabrás quién soy, adivíname adivinador de acertijos ininteligibles, excluyentes solo para inteligentes en veredas intransitablemente lejanas; aquí la tienes, la costurerita que dio el mal paso y se calló o cayó sobre el silencio timorato de tus labios que se asoman al mundo sorprendidos. Voy en definitiva apurando a esta definitiva sensación impostergable para violarte en dulce sueño, desprenderé a tirones tus principios y finales, te desempolvaré de los años que por pesados no te permiten animarte a la vorágine de tus deseos. Y estas allí, te veo con el temblor donde el graffiti que pegaste de punta a punta de mi calle te anuncia como el mejor de mis amantes ingratos, virtualmente ingrato. Me sorprendes en esta licuadora de emociones y con este ojo interrogativo pregunto por qué te escondés si no tenés motivos para hacerlo, si no has rozado mi piel con tus codicias. Si yo me escondo, si tú te escondes, si nosotros dos nos escondemos quién cantará el piedra libre frente al paredón del amor clandestino en una noche plagada de lluvia en el oscuro rincón de la intimidad. Aquí con estas dos manos que nacieron para la guerra, es que declaro, te declaro mi amor, aquí donde la vibración suele ser la única garantía de las verdaderas comunicaciones llenas del fuego y el calor que funde sentimientos: tirito esta confesión por ti, aquí con las manos manchadas de amor es que cometo este asesinato sin sangre disparando las palabras directas al corazón. Me tomo de tu cuello, te abrazo con mi pierna y te planto el beso de las descarriadas, para que aprendas que conmigo las desviaciones no son evasiones sino que son la carretera exacta que va de mi boca a tu boca, de mi piel a tu ignorancia por saberme, del instinto que nos sacude hasta el extinto último suspiro que te dejo para aprehenderme y aprenderte por encima de la barricadas, saltando las trincheras de tu cuerpo a la bayoneta calada de tu fuerza. Intrigante, hostigadora y ¿qué más? Deseada. Dame todos los adjetivos que me conviertan en la mujer maldita, en la mujer deshonra, en la mujer puta que se limpia la boca en los secretos inconfesables de los hombres beso a verso, cuerpo a cuerpo, porque es así como me llamas en silencio, en cada noche donde me he convertido en tu pesadilla, en la curva tremenda de esta carretera de lo prohibido, en tus noches donde tus manos muerden las sábanas ajustando mi nombre hasta el ahogo del grito, del espasmo que te inunda y se desboca en el fluido caliente de tu cuerpo, como si volvieras a ser aquel adolescente inquieto y bullicioso de pasiones incontroladas de poluciones nocturnas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora sea el turno de los alfileres, clavo en tus ojos, en tu corazón, en tus extremidades, en tu sexo con cariño, quiero que seas mi fetiche, voy a apoderarme de vos a cualquier precio, peligroso jinete el elegido, me quedaré dormida entre tus brazos, te pediré descanso sin sosiego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juguemos, si tanto te gusta, juguemos a encontrar esa aguja en el pajar, vení tiráme sobre la alcoba donde comen los caballos, hacéme relinchar como una yegua, quiero morder el pasto cuando el dolor duela si es que el dolor preside tanta dicha, de revolver mi cuerpo entre tus manos, quiero ser la coz que se ajuste a tu reflejo salvaje, vení, vení, hacéme gritar lo que Baudelaire formuló como nadie &lt;&lt;horror&gt;&gt; cuando la vida invade, la plenitud del acto que sublima, que rompe los cordones que nos atan, que bebe del veneno del engaño. Vení no me dejes hecha jirones, hilvanáme con la saliva de tu gozo en el rincón más secreto del cuerpo, coséme despacio muy despacio con tu bendita presencia, zurcíme los senos a tus latidos, remendáme con descaro tus inclinaciones, hacéme el tapiz de tus sueños para exhibirme airoso en el lugar más importante de la sala, frente a tus amigos para que sientan la envidia de tenerme, aquellos fantasmas de este amor secreto que no te da descanso, del amor que te llena, que te invade, que te sube despacio, que te inunda y febril te rodea y te posee hasta que caes rendido pidiendo a gritos abrigarte con la misma muerte, tantas veces por nosotros ensayada en el orgasmo donde a tajo desgarramos el vientre de la noche para llovernos y parirnos eternidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Fanny G Jaretón&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Narciso &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;Sé tú mismo, me dicen. Qué gracioso, como si se pudiera ser otra cosa...&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Yo quería verme, desde todos los ángulos, saber que estaba en algún lugar, y pensé que de la suma de ficciones algo saldría; un promedio de lo posible como para al menos no tener por cierta la sospecha de una existencia usurpada por cinco mil novecientas noventainueve millones novecientas noventainueve mil novecientas noventainueve personas, como mínimo, algunas de las cuales eran conocidos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;De vez en cuando alguien me nombró y me pareció estar cerca de la conclusión del proyecto; otras veces me tocaron, algunos me dieron color, textura y un cuerpo que, aunque no era el mío, me sostuvo durante un tiempo con cierta incomodidad que la costumbre tornó convencionalmente identitaria. Resignado y en estado de espera me dejé disfrazar: me pusieron piel, unos pocos huesos, sangre y sentimientos. No pude ni quise resistirme hasta tanto no estuviera cierto de que verdaderamente fuese un engaño ni tuviese alternativa que ofrecer o confrontar a lo que, sin punto de referencia propio, me parecía ajeno e injusto, pequeño u holgado según la hora del día o de la década. Ciertamente fui continuamente mejorable, sin dudas, pero en relación a una entelequia que por desconocida e indescriptible me impedía argumentar o reclamar. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;De aquellos millones, cada uno me expropió una parcela, y, cínicos, solicitaron cosas que supuestamente había robado o me habían sido concedidas injustamente, y creo que por detrás se reían de la confusión, de que tuviera que considerar como milagro lo que me supo a condena. Uno se quedó con la esposa más querida y otro con la amante perfecta, otro tuvo talentos, los más, dinero y relajación en abundancia, o hijos bellos y una casa transparente con techo; de dos pisos.&lt;br /&gt;No me quejo: tuve sonrisas y semillas y una alforja llena de daños. Quise que yo me viera, quise no desaparecer y puse una escalera desde donde vigilarme o admirarme, según la amplitud o la menudencia del ánimo en vigencia. Y ahí me veía pasar, pero no sabía qué decirme y el atalaya se hizo panóptico autoconmiserable cuando la pequeñez, afectuoso cuando la holgura: Fui mi padre, mi madre y mis hijos. Fui mi policía y mi perdón. Como creador, me dejé bastante que desear, debo decirlo, y fui poco ambicioso, si no desatinado. En otras palabras, fui perfecto. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Tanto que, como tanto me han robado y todos son todo lo que soy pero no pude ser, cuando me vaya, conmigo se irán esos ladrones.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;color:#000000;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;&lt;strong&gt;© Aldo Vercellino&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Coup de Lapin&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En toda historia siempre hay una mujer. En ésta, hay una mujer mitad ficción, mitad animal de espejo que finge sus orgasmos las madrugadas del sábado. La mujer está desnuda, arrodillada en la cama, de espaldas a ti. Te le acercas despacio. Primero, le levantas el pelo y le besas la nuca. Sientes que se estremece. Después, recorres con tu lengua el canalito de la espalda de arriba a abajo. Arrodillado, te colocas detrás de ella y comienzas a introducirle despacio una verga de hierro candente que se va abriendo paso por la vulva hinchada de placer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bruscamente te dejas caer de espalda hacia atrás. Entonces, la mujer vuelve el rostro, te mira tiernamente con sus ojos rosados y te sonríe con la pequeña hendidura de su labio leporino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;&lt;strong&gt;© Fernando Valerio-Holguín&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Fin de mundo&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Desayuno con Pierre Cardin, dispuesto a trasladar su atelier, porque un viejo satélite ruso se acerca vertiginosamente a París. Abro la puerta de mi casa y noto que he recibido una tarjeta de invitación para la interesante charla: “El Anticristo: ¿ya está entre nosotros?”. Salgo, y mi vecina me comenta que mañana habrá un eclipse, el último del milenio, “y es posible que hasta se acabe el mundo”. Llego a la oficina y mi madre me llama desde Nueva York para advertirme que compre mucho conflé, pues pronto comenzarán tres días de oscuridad, “pero sobre todo, mi hijo, consíguete dos o tres cajas de velas, que sean benditas, porque si no, no prenden”. Almuerzo en un restaurante, y un par de telépatas ambulantes se acercan a mi mesa gritando: “¡Concéntrese profesor!”, “¡Estoy concentrado!”, “¿Qué clase de futuro le espera a este caballero?”, “¡Incierto!”. Esa tarde, en la sala de espera de mi dentista, escucho sin querer una conversación acerca de una Gran Cuadratura Astrológica. ¿Qué significa eso?, pregunto por curiosidad. Que lo que viene mañana es tan grande que ni los televisores van a funcionar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De regreso a casa, un tipo parado en la esquina me agrede con un altoparlante: ¡Arrepiéntase que Cristo viene! Enciendo el televisor mientras ceno, y me topo con las profecías de Nostradamus, según las cuales, se acerca una tercera guerra mundial. Apago el televisor, y perdido el apetito, me siento en la santa paz del inodoro, mientras hojeo el más reciente ejemplar de la revista Karma-9, cuyo artículo central se titula: “La inminente llegada del fin”. La cierro rápidamente y tomo la del mes pasado: ¿Por qué la Nasa oculta que existe vida en el planeta Marte? (¿Existe vida en Marte?, menos mal). Chequeo el correo electrónico y encuentro un e-mail de un viejo amigo, anunciándome que acaba de mudarse de Los Ángeles a Colorado, porque los de su secta ya se comunicaron con los extraterrestres, y es seguro que el fin del mundo comience por San Francisco, posiblemente mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decido acostarme a dormir, y para terminar el día, busco refugio en una lectura edificante. Abro la Biblia, sólo para cerciorarme, de muy buena fuente, acerca de lo que sucederá mañana, o cuando sea. Y entre “Dios dijo: “Hágase la luz”, del Génesis, y “el sol se puso tan negro como vestido de luto, la luna toda se volvió como sangre, y las estrellas del cielo cayeron a la tierra… El cielo se replegó como un pergamino que se enrolla, y no hubo cordillera o continente que no fuera arrancado de su lugar…”, del Apocalipsis, casi me caigo muerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué vaina. ¿Qué clase de futuro le espera a este caballero? Tres días de oscuridad. Y lo que viene es tan grande que ni los televisores van a funcionar. ¡Mamá! ¿Por qué la Nasa oculta que existe vida en el planeta Marte? ¡Pero sobre todo, mi hijo, consíguete dos o tres cajas de velas! Un viejo satélite ruso se acerca vertiginosamente a la Tierra. ¿Qué significa eso?, pregunto por curiosidad. Un eclipse, el último del milenio. Tan negra como vestido de luto. ¡Arrepiéntase que Cristo viene! Y no hubo cordillera o continente que no fuera arrancado de su lugar. ¡Ni los televisores van a funcionar! ¡Ni los televisores van a funcionar! ¡Ni los televisores van a funcionar! Concéntrese, profesor. Estoy concentrado. El Anticristo: ¿ya está entre nosotros? Y es seguro que el fin del mundo comience por San Francisco. Nostradamus nunca se ha equivocado. ¿Tres días de oscuridad? ¡Qué vaina! Casi me caigo muerto. Como un pergamino que se enrolla. ¿Qué clase de futuro le espera a este caballero? La inminente llegada del fin. ¡Mamá! ¡Mamá! Existe vida en el planeta Marte, menos mal… “pero que sean velas benditas, porque si no, no prenden”. Se acerca una tercera guerra. Que compre mucho conflé. Y es posible que hasta se acabe el mundo. ¡Arrepiéntase! “La inminente llegada del fin”. Si, si, mañana, mañana. Las estrellas del cielo cayeron. ¿Qué significa eso?, pregunto. ¡Que compre mucho conflé! Pierre Cardín, por favor, comunícate con los extraterrestres. ¡Mama!, la luna toda se volvió como sangre. ¡Estoy concentrado! ¡Y ni los televisores van a funcionar! Y es posible que hasta se acabe el mundo. ¿Qué clase de futuro le espera a este caballero? Tan negro como vestido de luto. ¡Incierto!... ¡Incierto!... ¡Incierto!... Nostradamus nunca se equivoca. Y ni los televisores van a funcionar. Arrepiéntase. ¡Arrepiéntase, le ordeno! Si, mañana, mañana, si, mañana, mañana, mañana… ¡Mamá! ¡Mamá!, el sol se puso tan negro como vestido de luto, y Dios simplemente dijo hágase la luz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Aurora Arias&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff6666;"&gt;____________&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;mediaIslaproSÁBADO 046 23 de febrero 2008.-&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6613415927818730862-8823282580934690947?l=mediaislaprosabado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/feeds/8823282580934690947/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=6613415927818730862&amp;postID=8823282580934690947&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/8823282580934690947'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/8823282580934690947'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/2008/02/prosbado-049_23.html' title='proSÁBADO 049'/><author><name>poeMARTES</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02144798228495611704</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='00915250062887198879'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/R8BMcWvVpDI/AAAAAAAAAUY/1Umv0nIYACM/s72-c/silvina.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6613415927818730862.post-4116493513008966589</id><published>2008-01-26T04:35:00.000-08:00</published><updated>2008-12-11T23:33:03.260-08:00</updated><title type='text'>proSÁBADO 048</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;Tus triunfos, pobres triunfos pasajeros&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;(&lt;em&gt;Mano a mano&lt;/em&gt;, tango)&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;N&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;O RECUE&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/R5sp9v65vUI/AAAAAAAAAUA/ZKBhbIFeVFY/s1600-h/bioy2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5159763938895314242" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/R5sp9v65vUI/AAAAAAAAAUA/ZKBhbIFeVFY/s200/bioy2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;RDO POR QUÉ mi hijo me reprochó en cierta ocasión:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—A vos, todo te sale bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho vivía en casa con su mujer y cuatro niños, el mayor de once años, la menor, Margarita, de dos. Porque las palabras aquellas traslucían resentimiento, quedé preocupado. De vez en cuando conversaba del asunto con mi nuera. Le decía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No me negarás que en todo triunfo hay algo repelente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—El triunfo es el resultado natural de un trabajo bien hecho –contestaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Siempre lleva mezclada alguna vanidad, alguna vulgaridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No el triunfo –me interrumpía- sino el deseo de triunfar. Condenar el triunfo me parece un exceso de romanticismo, conveniente sin duda para los chambones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de su inteligencia, mi nuera no lograba convencerme. En busca de culpas examiné retrospectivamente mi vida, que ha transcurrido entre libros de química y en un laboratorio de productos farmacéuticos. Mis triunfos, los hubo, son quizá auténticos, pero no espectaculares. En lo que podría llamarse mi carrera de honores, he llegado a jefe de laboratorio. Tengo casa propia y un buen pasar. Es verdad que algunas fórmulas mías originaron bálsamos, pomadas y tinturas que exhiben los anaqueles de todas las farmacias de nuestro vasto país y que según afirman por ahí alivia a no pocos enfermos. Yo me he permitido dudar, porque la relación entre el específico y la enfermedad me parece bastante misteriosa. Sin embargo, cuando entreví la fórmula de mi tónico Hierro Plus, tuve la ansiedad y la certeza del triunfo y empecé a botaratear jactanciosamente, a decir que en farmacopea y en medicina, óiganme bien, como lo atestiguan las páginas de “Caras y Caretas”, la gente consumía infinidad de tónicos y reconstituyentes, hasta que un día llegaron las vitaminas y barrieron con ellos, como si fueran embelecos. El resultado está a la vista. Se desacreditaron las vitaminas, lo que era inevitable, y en vano el mundo recurre hoy a la farmacia para mitigar su debilidad y su cansancio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuesta creerlo, pero mi nuera se preocupaba por la inapetencia de su hija menor. En efecto, la pobre Margarita, de pelo dorado y ojos azules, lánguida, pálida, juiciosa, parecía una estampa del siglo XIX, la típica niña que según una tradición o superstición está destinada a reunirse muy temprano con los ángeles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi nunca negada habilidad de cocinero de remedios, acuciada por el ansia de ver restablecida a la nieta, funcionó rápidamente e inventé el tónico ya mencionado. Su eficacia es prodigiosa. Cuatro cucharadas diarias bastaron para transformar, en pocas semanas, a Margarita, que ahora reboza de buen color, ha crecido, se ha ensanchado y manifiesta una voracidad satisfactoria, casi diría inquietante. Con determinación y firmeza busca la comida y, si alguien se la niega, arremete con enojo. Hoy por la mañana, a la hora del desayuno, en el comedor de diario, me esperaba un espectáculo que no olvidaré así nomás. En el centro de la mesa estaba sentada la niña, con una medialuna en cada mano. Creí notar en sus mejillas de muñeca rubia una coloración demasiado roja. Estaba embadurnada de dulce y de sangre. Los restos de la familia reposaban unos contra otros con las cabezas juntas, en un rincón del cuarto. Mi hijo, todavía con vida, encontró fuerzas para pronunciar sus últimas palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Margarita no tiene la culpa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las dijo en ese tono de reproche que habitualmente empleaba conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Margarita o el poder de la farmacopea&lt;/span&gt; Adolfo Bioy Casares&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;[Argentina, 1914-1999]&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.lamaquinadeltiempo.com/Bioy/Cronobioy.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.lamaquinadeltiempo.com/Bioy/Cronobioy.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.tyhturismo.com/data/destinos/argentina/literatura/escritores/Bioy/Paulina.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.tyhturismo.com/data/destinos/argentina/literatura/escritores/Bioy/Paulina.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.tyhturismo.com/data/destinos/argentina/literatura/escritores/Bioy/Noumeno.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.tyhturismo.com/data/destinos/argentina/literatura/escritores/Bioy/Noumeno.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.tyhturismo.com/data/destinos/argentina/literatura/escritores/Bioy/En_viaje.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.tyhturismo.com/data/destinos/argentina/literatura/escritores/Bioy/En_viaje.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.tyhturismo.com/data/destinos/argentina/literatura/escritores/Bioy/viejitos.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.tyhturismo.com/data/destinos/argentina/literatura/escritores/Bioy/viejitos.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.tyhturismo.com/data/destinos/argentina/literatura/escritores/Bioy/Bioy_reportaje.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.tyhturismo.com/data/destinos/argentina/literatura/escritores/Bioy/Bioy_reportaje.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.tyhturismo.com/data/destinos/argentina/literatura/escritores/Bioy/Bustos_Domecq.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.tyhturismo.com/data/destinos/argentina/literatura/escritores/Bioy/Bustos_Domecq.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.tyhturismo.com/data/destinos/argentina/literatura/escritores/Bioy/Bioy_Italia.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.tyhturismo.com/data/destinos/argentina/literatura/escritores/Bioy/Bioy_Italia.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/bioy/abc.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/bioy/abc.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.lamaquinadeltiempo.com/Bioy/cuebioy.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.lamaquinadeltiempo.com/Bioy/cuebioy.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.lamaquinadeltiempo.com/Bioy/Repobioy.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.lamaquinadeltiempo.com/Bioy/Repobioy.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.lamaquinadeltiempo.com/Bioy/debioy.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.lamaquinadeltiempo.com/Bioy/debioy.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1471"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1471&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.geocities.com/athens/agora/9812/bioy2.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.geocities.com/athens/agora/9812/bioy2.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www4.loscuentos.net/cuentos/other/7/15/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www4.loscuentos.net/cuentos/other/7/15/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://sololiteratura.com/arlt/arlteldiario.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://sololiteratura.com/arlt/arlteldiario.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=QmylvasfPXk&amp;amp;feature=related"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.youtube.com/watch?v=QmylvasfPXk&amp;amp;feature=related&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=OnWB__n-SwM&amp;amp;feature=related"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.youtube.com/watch?v=OnWB__n-SwM&amp;amp;feature=related&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=fzt0s1Weie4&amp;amp;feature=related"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.youtube.com/watch?v=fzt0s1Weie4&amp;amp;feature=related&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://es.geocities.com/cuentohispano/bioy/bioy.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://es.geocities.com/cuentohispano/bioy/bioy.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Contenido&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Alejandro Drewes&lt;/strong&gt; Habitación y espejo&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Pablo Martínez&lt;/strong&gt; Confusión&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Nemías Meléndez&lt;/strong&gt; Revuelta&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Helga Vega&lt;/strong&gt; Canto macho de ballena&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Osiris Vallejo&lt;/strong&gt; Vista infinita desde una ventana&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Habitación y espejo&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;La noche vino (el riel, límite tras límite)&lt;br /&gt;y el viento sobre el llano: el olor de los almiares&lt;br /&gt;(...)&lt;br /&gt;y el rocío de la luna,&lt;br /&gt;el olor huidizo&lt;br /&gt;y tu paisaje temblando a lo lejos&lt;br /&gt;como un corzo en la oscuridad&lt;br /&gt;(dejando sólo el riel, límite tras límite)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;strong&gt;Östen Sjöstrand&lt;/strong&gt;: &lt;em&gt;Paisaje del llano/Slättlandskap&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Una noche como puente -¿hacia dónde?-, y una habitación invadida por las huidizas sombras de la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ojo de la cámara en su desplazarse moroso que apenas logra darnos nada más que un gran espejo de pie, junto a la cómoda. Dentro de la luna, nada. Ni fuera otra cosa que tiemble, como esas mismas aguas tiemblan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muy tenues pasos -¿dónde?- apenas quebrando la solemnidad del instante, el crepitar de su incendio suave.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche como puente a tantas otras largas noches, breves noches, azules, rojas, blancas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alza apenas tu única voz, y luego tan sólo espera quieta, muy quieta. Ella, o al menos su Sombra en la tierra, vendrá. Tú sin preguntas, sabes qué vendrá, cuándo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gota de agua que tiembla y pende todavía de la afilada cornisa del íntimo instante. Agua y fuego, raro placer de las horas que pasan, y de pronto no sabes, y es noche en el mundo, y en esta cúbica miniatura del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguien que grita o ha gritado, un gemido tal vez. Diluida corriente de una voz en el espacio, oh tan lejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como saber el lugar preciso que cobija, la manera especial en que la última luz abandona el Recinto y cada mueble, y recoge cada detalle: la oscura alfombra color de mar en calma; un fragmento del lecho vacío y el contorno en el vano de una puerta cerrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche -y esta misma noche- como un barco lentamente derivando, lentamente bajo las estrellas. Oh tú, alto mar de la noche: tus signos, tus Itacas, todos los mundos en la esfera perfecta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pente-pente-deca, armónica medida de unas manos que prueban a medir el universo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rutas que ignoro, voces que no escucho, tiempo que ya no habitarán mis gestos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Camino en la cuenta larga de los días que conducen hacia ese puente preciso, en temor de la vida, Biblioteca de Patmos, presente temblor de algo inaudito escondido, acechante en esta profunda y tensa calma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo que de pronto, a mis espaldas, estalle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;© Alejandro Drewes&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Confusión&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mí no me gustaban los hombres. Si por algo yo era enfermo era con las mujeres. Pero cómo iba a saberlo. Cuando entré a la discoteca y vi a ese mujerón sentado en el mostrador, no tuve más remedio que írmele a la muela. Qué boca tenía la maldita, unos labios carnosos como me gustaban y un cuerpazo de matamacho que había que ver; es que estaba para comérsela. Yo no me di cuenta de nada. Cuando me la llevé me la fui tragando por todo el camino hasta la habitación. Yo sé que la bebida hizo una parte, pero ella hizo el resto. Cuando me le tiré arriba en la cama y le sentí el bulto, fue que caí en cuenta; una mujer no podía tener eso tan grande. Sólo le metí tres puñaladas y me fui del sitio. Es que a mi no me gustaban los hombres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al otro día me agarraron preso porque el tipo se murió. De veinte años que me echaron lo bajaron a diez. ¿Qué cómo llegué a esto? No lo sé, pero fue despacito. Después de siete años en la Victoria, uno se degenera y la costumbre hace ley. El primero fue Manuel, ese ya está enterrado; al segundo lo soltaron y está interno; y a este que tengo ahora ya le falta poco para morirse. A mí no sé cuándo me tocará; dicen que soy cero positivo. Estoy terriblemente arrepentido de aquel hecho. Más ahora con este sentimiento, que no puedo arrancarme. Si usted lo hubiera visto me entendería. Yo lo maté, nunca me lo voy a perdonar; me llevo mi culpa a la tumba. Perdóneme padre, pero si usted hubiera visto lo bueno que estaba ese hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El confesionario quedó solo. El sacerdote alcanzó a ver la figura de una extraña mujer saliendo de la capilla, un policía la esperaba en la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;©Pablo MartÍnez&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Revuelta&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la vieja mecedora de guano, ella tarareaba una canción tradicional. Mientras bordaba uno más de sus suéteres, que apilaba en un rincón del closet, en colores y tamaños adecuados para los "suyos", los dedos entre puntada y puntada, recorrían las cuentas del viejo y gastado rosario malva. Él, de cuando en cuando, por encima del diario, la miraba distraído a través de los cristales bifocales. Ayudaban a centrar el objeto y definirlo. Importaba poco, costumbre de las tardes, pasado el café y una que otra conversación insulsa. No eran viejos, tampoco jóvenes, vivían el limbo que precede la conciencia de los años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Evitaba pensar, no quería, sin embargo volvían los recuerdos en un flujo-reflujo recurrente. Cincuenta años correteando el día a día y la desazón engordando imparable, como gestación no deseada. Ya, ni hablar era bueno, callaba y consentía. Un día amaneció gris plomo y cansado, celebró un funeral mental y sin ritos ni aspavientos, sepultó la idea de levantar un puente de avenencias. Fue mal ingeniero, no encontró cálculos, ni formulas adecuadas; peor aun, intentos anteriores se estrellaron contra el pétreo muro tradicional e inoculado hasta la médula, por milenios de educación conservadora, la pesada joroba de un patrimonio generacional aberrante, que se extendía mas allá del razonamiento. ¿Cómo sobrevivir el diario discurrir, sin convertirse en navajas cortantes, asesinas de posiciones y convicciones? Él explosivo, pero racional, inclinado a desmenuzar las causas y a prever los efectos. Ella displicente y caprichosa, orientada a zanjar las discusiones con el filo gélido de un ¡Ya! o un silencio de días como la ausencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así iba la vida, colmada de contradicciones. Ahora florecía, prometía un vacuo aliciente para seguir en el tiovivo. Los motivos primarios, aquellos que germinaron del envión inicial. Ya adultos, ajaban sus propios ropajes, desesperaban a sus otros, integrándose a lo ya recorrido. El universo mutuo se llenaba de una fábula, que respondía al nombre genérico de matrimonio. Y ella era feliz. Casada, con hijos, una familia. Sin penurias, ahora, podía dedicarle su tiempo. Pensar en los nietos y revivir en ellos. En su hermético mundo no cabían otras cosas. Si algo pretendía descarrilar el tren cotidiano. Lo demolía. Contribuyó al machismo del hijo, preparándolo para que ninguna hija de "sabe dios quien", lo cogiera de pendejo. Sin embargo, le acusaba. Y él, era el resultado de otra madre con los mismos desvelos. Viciosa paradoja circular. Lloró a lagrimas solas su tragicomedia. La herida suturó muda entre pecho y espalda. Porque el dolor de ella, le apenaba, oprimía el pecho y la conciencia. ¿Cómo podrían entenderse, fijar las prioridades y desembocar en un consenso que permitiera alcanzar el fin de los días asignados?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomó el abrigo –afuera la llovizna obscena y lujuriosa, fornicaba los cuerpos a su alcance y al resto de tarde que languidecía entre migajas de luz solar que se apagaba en el lejano horizonte, como moneda roja- decidido a no trillar más el eterno y condenado círculo absurdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Abrígate, cúbrete la cabeza, hace frío y llovizna, podrías resfriarte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Milimétricamente eficiente, atenta al mínimo detalle. Apenas movió la cabeza como asintiendo. No le gustaba, es más; nunca le gustó que le dijera que, como, cuando y por qué. Se fue sin razonar si era lo justo después de tantos años. Y por primera vez, el adictivo y venenoso sabor del egoísmo puro y sin remordimientos, recorrió las papilas gustativas de su raciocinio. En lo recóndito de ese mismo raciocinio, sabía que la amaba, que no se extirpa un sentimiento, no hay escalpelo para lo entrañable, pero era otro amor; talvez mero hábito, como comer, respirar, defecar o morirse. Ya no tenía fe, la perdió en el camino. Quedarse significaba, la ruina total. Acabarían dañándose, porque fueron "felices" de alguna forma; con mudos tragos amargos por la coexistencia, la armonía; los hijos, razones diversas para esgrimir, pero razones. No huía. Anhelaba sentir que no era una cosa, un mueble o una rutina sana. Pretendía, tener conciencia de existencia, un algo más que "mi marido". Salía vacío y ajado, lo puesto y un poco de dinero en los bolsillos. La jaula de los párpados parió una lágrima, quizás no era tan duro después de todo. Había dolido la soledad, no por ella misma; sino por el tiempo envolvente y despiadado. La libertad, ¡coño!, pero no así: arrugado, cansado, torpe y solo. Todo quedaba atrás como un paquete, como un lastre pesado. Volvía a la incertidumbre, al no saber. Pero mejor que la nada abandonada, y a medida que se alejaba a grandes zancadas. Desconocer el devenir le seducía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;© Nemías Meléndez&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Canto macho de ballena&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;No pretendo ser quien no soy, se interpone el mar entre nosotros. Comprendo cada uno de sus argumentos (casi todos); es el macho en la cama y en la vida. Lo que no puedo compartir es su proceder violento-no-violento, distante, tosco, a destiempo y contratiempo, cada vez que anclamos en la isla. Cimarrón, guabina y carpintero, dispone todo a su antojo; lucha contra mi terquedad asquerosamente heredada. Lo siento agitado, entra, sale, viene y se va, atiende tres asuntos a la vez, en su cabeza repasa mil veces la agenda del día y de los próximos, escribe en rojo cruzaíto, tacha y retacha con su amarillo preferido. Se siente maltratado por el tráfico, la gente, la ciudad excavada y ahora vengo yo a trastocarle su media rutina apenas lograda. Soy amante de su boca, que es la puerta. Nada me seduce más que su elaborado canto, pleno de trucos y burbujas, y mirarnos cuando entra en mí. Cada día que pasa pierdo más la cordura. La costa sur nos calmó, supimos llevar el compás a tiempo de pueblo y provincia, pero un polo elevado y desolado nos movió el alma y la desazón, fuimos dos desconfigurados. Volvieron sus ojeras, su despertar madrugador, nervioso y el celular que lo agita sin pizca de susto cuando vibra. Pronto la montaña le impondrá su letargo y esta vez no insistiré en subir a pie, será en su bolsillo. Algún día me llevará donde todo comenzó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;© Helga Vega&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Vista infinita desde una ventana&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Todos los días, a las dos en punto de la tarde, se lanza alguien al vacío desde la azotea del edificio de enfrente. La primera vez que lo contemplé fue tal mi asombro que empezó a fallarme la respiración. Me costó gran esfuerzo caminar hasta el teléfono y llamar a la línea de emergencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Corran o será demasiado tarde. Alguien se lanzó de un quinto piso, aún se mueve en tierra. Por favor, vengan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero…aah…¿por qué se halla usted tan agitado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Cómo! ¿Le parece poco?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No se exalte tanto por algo que pasa a diario. Enviaremos a alguien dentro de unas horas para que recoja el cadáver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hasta luego –articuló la voz en forma concluyente, antes de colgar precipitadamente el teléfono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acerqué nuevamente a la ventana. La gente cruzaba indiferente. Nadie se detuvo. Nadie. Cuando llegaron mis tíos les conté lo sucedido. Se rieron a carcajadas. Me dijeron que aquello era un ritual cotidiano. Después se fueron a dormir la siesta. Yo, que había llegado del Sur el día anterior, no entendía nada; y no entender es terrible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, diez años más tarde, al contemplar sin asombro el acto infinito, entiendo; cada vez más, entiendo…y eso es más que terrible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;strong&gt;© Osiris Vallejo&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffcccc;"&gt;____________&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;mediaIslaproSÁBADO 046 26 de enero 2008.-&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6613415927818730862-4116493513008966589?l=mediaislaprosabado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/feeds/4116493513008966589/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=6613415927818730862&amp;postID=4116493513008966589&amp;isPopup=true' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/4116493513008966589'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/4116493513008966589'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/2008/01/prosbado-048.html' title='proSÁBADO 048'/><author><name>poeMARTES</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02144798228495611704</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='00915250062887198879'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/R5sp9v65vUI/AAAAAAAAAUA/ZKBhbIFeVFY/s72-c/bioy2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6613415927818730862.post-5537125113586316568</id><published>2007-12-29T07:22:00.000-08:00</published><updated>2008-12-11T23:33:03.399-08:00</updated><title type='text'>proSÁBADO 047</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="color:#cc0000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="color:#cc0000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="color:#cc0000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="color:#cc0000;"&gt;E&lt;/span&gt;L CARRUA&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/R3ZmzxUvXGI/AAAAAAAAAT4/oFcAHv4XkDM/s1600-h/lopez+nieves.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5149416263544429666" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/R3ZmzxUvXGI/AAAAAAAAAT4/oFcAHv4XkDM/s200/lopez+nieves.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;JE de Margarita de Messina se detuvo frente a la Catedral de San Juan. Uno de los lacayos colocó la banqueta debajo de la portezuela y ayudó a su señora a bajar, mientras otro les daba luz con una lámpara de aceite de coco. Margarita levantó el velo negro que le cubría el rostro joven, bajó del carruaje y subió la escalinata del templo muy despacio, observando cada escalón con cuidado. Al acercarse a las grandes puertas del vetusto edificio, sintió un agradable olor a incienso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la oscura sacristía, alumbrada apenas por dos antorchas, esperaba el obispo de Puerto Rico. Margarita de Messina despachó a las esclavas y a los lacayos que la escoltaban, se arrodilló ante el mitrado y le besó el anillo. El prelado les ordenó al sacristán y a los demás clérigos que salieran, levantó a Margarita de Messina por el codo y la sentó a su lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hija, perdona que te haya mandado a buscar a la casa de tu hermano. Es bueno que pases allí una temporada luego de la tragedia de anoche. Pero mis votos y una promesa me obligan a darte noticias espantosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Excelencia?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Antes de morir, durante la confesión, tu marido me hizo jurar que te diría todo lo que ahora escucharás: Cuando tu padre murió el año pasado te dejó toda su fortuna y sus tierras. Pero tu marido sobornó –y amenazó– al notario para cambiar el testamento y otorgarle la fortuna a tu único hermano. Lo hizo porque le temía a tu belleza y quería que dependieras de él para todo. Hundido en su egoísmo infinito, pensó que si tenías riqueza propia ya no sería tu dueño. Esta abominación la confesó anoche antes de irse con Nuestro Señor, que todo lo perdona. Lo hizo para purificar su alma y morir en paz. Luego me pidió que te suplicara perdón. Cumplo mi promesa, hija mía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Margarita de Messina reflexionó unos minutos en silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Excelencia, ¿dijo algo más mi marido?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Nada más. ¿Por qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿No acusó a nadie?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sacristán, sofocado, entró de pronto al aposento semioscuro. Se excusó ante la señora y susurró unas palabras al oído del Obispo, a quien se le humedecieron los ojos. Al terminar de escuchar el mensaje afirmó con la cabeza y despachó al clérigo. Luego agarró las suaves manos de Margarita de Messina y exclamó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Horror, hija mía. Debo darte otra noticia execrable. Tu hermano acaba de morir, también envenenado. Resignación, hija mía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Confesión&lt;/span&gt; Luis López Nieves&lt;/strong&gt; [Puerto Rico, 1950]&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.ciudadseva.com/otros/lln-int.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.ciudadseva.com/otros/lln-int.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.cuentosymas.com.ar/cuento.php?idstory=26"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.cuentosymas.com.ar/cuento.php?idstory=26&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.alternativabolivariana.org/pdf/nieves_en_la_muralla_de_San_Juan.pdf"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.alternativabolivariana.org/pdf/nieves_en_la_muralla_de_San_Juan.pdf&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://cuentoenred.xoc.uam.mx/cer/numeros/no_4/pdf/cer4_maeseneer.pdf"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://cuentoenred.xoc.uam.mx/cer/numeros/no_4/pdf/cer4_maeseneer.pdf&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.ciudadseva.com/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.ciudadseva.com/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.ciudadseva.com/datos/index.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.ciudadseva.com/datos/index.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://lopeznieves.com/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://lopeznieves.com/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.ciudadseva.com/obra/2004/actual04/rdj02.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.ciudadseva.com/obra/2004/actual04/rdj02.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.ciudadseva.com/obra/2001/mono/mono.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.ciudadseva.com/obra/2001/mono/mono.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://es.geocities.com/cuentohispano/lopeznieves/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://es.geocities.com/cuentohispano/lopeznieves/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://7mares.podomatic.com/entry/2007-02-24T18_10_28-08_00"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://7mares.podomatic.com/entry/2007-02-24T18_10_28-08_00&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://librosgratis.podomatic.com/entry/2006-11-12T17_53_58-08_00"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://librosgratis.podomatic.com/entry/2006-11-12T17_53_58-08_00&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://simequieresescribir.blog.com/2231184/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://simequieresescribir.blog.com/2231184/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://freddymurphy.blogspot.com/2007/04/los-nuevos-indios.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://freddymurphy.blogspot.com/2007/04/los-nuevos-indios.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://laventana.casa.cult.cu/modules.php?name=News&amp;amp;file=article&amp;amp;sid=3753&amp;amp;mode=thread&amp;amp;order=0&amp;amp;thold=0"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://laventana.casa.cult.cu/modules.php?name=News&amp;amp;file=article&amp;amp;sid=3753&amp;amp;mode=thread&amp;amp;order=0&amp;amp;thold=0&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Contenido &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;strong&gt;Rey Enmanuel Andujar&lt;/strong&gt; Hondura&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Alejandra Bermúdez&lt;/strong&gt; Mundo inventado&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Fredy Ramón Pacheco&lt;/strong&gt; Confesiones de una frase de despedida&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Elena Román&lt;/strong&gt; Diez pinceles para un poema&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Raúl Dorantes&lt;/strong&gt; El papel&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#cc0000;"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Hondura &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Las heridas de la mujer, mudas, comunicaban nuestras frustraciones dentro del silencio reciclado de los doctores. Promesas: no llorar, no ceder, no pensar… Todo rastro de sangre ha sido lavado aunque, ahí están las negras suturas que servirán de ayuda al recuerdo. Salgo (siempre en taxi, a veces en el asiento de atrás) y me destrozo la fulana con árboles cortados, la isleta rota, la promesa de palmera… de qué clase de forros salen estas ideas, en qué isla se ha visto cosa semejante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Olivia, casi sana, cicatrizando, sueña con playas entre lo gris y soleado, arena blanca y olitas inquietas; una mano protege la falda, la otra recoge lágrimas. Recuerda: Considerando que tu abrazo es un saludo a la nada, de que vivimos en un mundo de ideas que chocan, se entrecruzan, y obstaculizan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Deberías escribir cosas coherentes, dice el maestro de literatura creativa y le explico, Maestro, llego hasta la página en blanco tan temida con las ideas articuladas y al final viene la nostalgia de una ciudad destrozada en verano permanente en donde todo está cerrado y me gana a la coherencia y lo que termino haciendo son estos relatos de trescientas palabras, que aunque las palabras, por separado, sean interesantes, el conjunto siempre termina siendo algo bien tanguero, bien bachatú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me voy de nuevo porque siempre ha sido tarde, tu cuerpo sin fe ya no es mi casa, me entero que le has puesto a aquellos sentimientos un se vende, un cerrado, un se traspasa y te sientas a esperar: nuestra historia es un clasificado al que nadie hace caso. Yo me he quedado con la esperanza de besos y el tamaño profundo de tu mordida. No tuve nada que darte, esperanza única de domingo playero, constancia de que sólo somos carne de consumo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Rey Emmanuel Andujar&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Mundo inventado&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis aldeanas fueron a ver un médico que les diagnosticó artritis y achaques menopáusicos. Entonces retornaron al papel, cargaron sus canastas y me suplicaron que les regalara un camino para llevar sus flores. Así, de espaldas, me inventaron un mundo de silencios grandes manchados de colores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Silencio roto&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis aldeanas presienten en el silencio otras dimensiones. Dicen ellas que así se prepara una gran explosión universal o un grito de rebeldía. Presienten que nadie aguanta el abandono, el desamparo, el silencio, mucho rato. Por eso, necesito hablar de ellas para que ellas me inventen un camino de acuarela y crayón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Fe&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis aldeanas saben que están hechas de los mismos elementos que las piedras, el agua, el maíz. Oyen desde acá el grito en las cavernas y conocen de miedos universales y de cielos e infiernos. Ellas saben que yo les mutilo las ofensas, los rituales de iniciación, su necesidad de intercambiar carne con carne. Sabe que yo las obligo a creer contra todo y todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Alejandra Bermúdez&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Confesiones de una frase de despedida&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se perdió en el sopor del silencio. Las ratas y sus agudos chillidos atropellaban las cañerías que transportaban la sangre nauseabunda; y estallaban los tímpanos del monstruo. Se desplomaron los restos de piel y huesos, al mismo tiempo que un coro enlutado de voces fantasmagóricas salía desesperado a vomitar los últimos esputos de alma, aún apelmazados en las entrañas. Resonaban las flatulencias disparadas por las últimas palabras escritas en la conciencia. ¿Cómo podrían haber convivido en vida la vida de aquel mal viviente desecho humano, los semejantes del escritor de soledades, habitante de la oscuridad más escalofriante de la egolatría vital? Una máscara rodeada de vísceras inútiles había nacido y ni los fuegos de la pasión ni los instintos, jamás la habían desgarrado con la sutileza que lo hizo él mismo el día de su muerte. Un filoso cuchillo construido con el acero de sus propias palabras, desnudó los asquerosos panfletos acumulados en su corazón: “No amo nada ni nadie más que a mi. Soy la más suculenta e inteligente defecación de la especie. Soy el Dios de mi exclusivo infierno. ¡Soy!”…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero sí, era en realidad. Así desagradable y perverso. A diferencia de los que no tenían idea de su ser y creían vivir. Se imaginaban hasta especies similares y orgánicas, con sentido, con razón, alma, inteligencia y el resto de sinónimos inventados por el verdadero creador de las tinieblas; al punto de creerse contenedores de la verdad impoluta y santificada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En las penumbras desafiantes de esa verdad, la continencia de la confesión convertía al monstruo en una criatura pensante, capaz de reconocerse así mismo. Y ¡Ay! de aquel mortal cerebro que viva, sin ser capaz de extirpar el tumor de la fe que arrastra, sin saber que esa verdad no existe; y la fe no es más que la muleta vergonzosa de un ser incapacitado para vivir. Esa pústula, lacerante y pervertida pluma en mano, podía hundir la daga de palabras dulces en la voracidad de las ansiedades femeninas; o incinerar las bondades de una ofrenda de vibraciones afectuosas, venidas de otro ser cautivado por el encanto de la víbora, a sabiendas de que el universo giraría instantes después de la herida, y él estaría en otra circunstancia, tiempo y espacio; adorado por las miserias de sus reflexiones egocéntricas, y el infinito de moléculas sobrevivientes del universo de soledad que lo habitaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era ermitaño su pensamiento, sin embargo; no era la ascendente morada espiral de un gasterópodo, asimétrico recinto a causa del arrollamiento de sus vísceras. Estaba lúcido y confiaba en la palabra de regreso que ella le prodigó en la despedida. Alegres los senos, festivas sus caderas, contoneos de la mirada, los párpados entrecortando el vacío que los ojos reflejaban; un manojo de nervios erizando su piel. Un pródigo equipaje balanceando en una mano, y las llaves del auto tintineando impacientes en la otra. El me voy pero volveré antes del anochecer, aunque cantarina la voz y temblorosos los labios al pronunciarlo, era evidente despedida para no volver. La tarde ya era ocaso y las sombras se proyectaban porque justo en ese instante era el antes del anochecer. La mentira hacía lodosas las palabras y podía verse el acento del volveré goteando sobre el camino que la conducía a los brazos de su amante. El me voy si era definitivo y cristalino. El monstruo, tan experto crítico literario, sin embargo fue el más torpe analfabeta ese antes del anochecer, cuando ella decidió liberarse de sus palabras vanas, insidiosas, cargadas de letras inútiles; sus hostiles oraciones de verbos y predicados indecentes, las frases de cortedad criminal como guillotinas, cada vez que inventaba un relato de presentes o pasados. Ella se iba y solo invirtió la frase del clímax: “Me voy y jamás volveré a ver otro anochecer en tus asquerosos textos repetidos de insolencia”, debió decir, si no fuera porque ella era bondadosa y perdonaba todas las infidelidades del editor conspicuo, cuando él era, y no ahora convertido en vulgar escribiente de panfletos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escuchó un grito cuando cerraba la portezuela, y sabía que era la interjección del loco dejado en su estercolero de frases chorreando desde la biblioteca. Se había atravesado su pluma en la garganta, por eso ahogaba el ¡Vuelve antes del amanecer maldita! Tarde, muy tarde confesaba su debilidad, a pesar de sus danzas celestiales y sus comuniones con las musas. Tarde se resignaba a que ella llegara, aunque fuera al amanecer; porque antes del anochecer era imposible; cuando apenas el auto se ponía en marcha con las luces encendidas, los grillos aturdidos se volvían sordos y el cuerpo rodaba escaleras abajo, con la pluma en la garganta, escupiendo las últimas palabras tintas de sangre; minúsculas todas, sin exclamaciones, huecas mas bien, hasta llegar a la última contrahuella imprimiendo los últimos puntos suspensivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© &lt;a href="http://www.fredypacheco.pt.to/"&gt;Fredy Ramón Pacheco&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;a href="http://www.fredypacheco.pt.to/"&gt; &lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Diez pinceles para un poema&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un hombre en una cueva. Una cueva en un hombre. Un hombre dentro de una cueva construyendo una ventana sobre un trípode. Un trípode de siete pies. Una ventana de cristal de hiedra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un hombre se acerca a una ventana a medio hacer. Una ventana por la que sólo puede ver lo que él quiera. Una ventana de cristal de hiedra hecha añicos y semillas que se sostienen en vilo por un conjuro (o un don).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un hombre lleva sus dedos a la ventana. Las manos de un hombre se mueven a cámara lenta descansada sobre un trípode de siete pies. Los dedos de un hombre contra el cristal lo hacen acuarela. Diez pinceles para un poema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un hombre en una cueva construye una ventana de cristal de hiedra sobre un trípode de siete pies, siete añicos y siete semillas. Un hombre dibuja un poema con diez pinceles y un conjuro (o un don) que le permite ver lo que él quiera a cámara lenta. Un hombre en una cueva en vilo sostiene una acuarela. &lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;[a rrs]&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Elena Román&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;El papel&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Vivo en el cuarto piso de un edificio ubicado en Granville y Winthrop; una calle es ruidosa, la otra más bien tranquila. Casi pegado a la ventana del pequeño estudio, tengo un escritorio de formica, el mismo en el que solía escribir notas para recordarme lo que tenía que hacer. Pero durante el verano que recién pasó, me empezó a llenar de ansias la posibilidad de que una de las hojas se levantara a causa del viento y se escapara por la ventana. Se me ocurría que la hoja de papel podría llegar hasta la banqueta y provocar una fatalidad… Ya después caminaba por alguna de esas calles, y cada vez que veía una hoja me detenía a corroborar que no era una de las mías. De cualquier modo, la recogía y la ensartaba en un clip que siempre llevo en la mochila. No había de otra: tenía que recoger esa hoja, a menos que a ojos vistas fuera papel encerado o un pliego con restos de chocolate. En mis andanzas, llegué a topar con un paquistaní que no discriminaba: igual le daban los manuscritos en papel cuadriculado que las envolturas de celofán. En una ocasión, a la altura de la Broadway, le pedí que me dejara revisar si por ahí, entre sus montones, no se había colado alguno de mis papeles; la mala suerte no debía caer sobre él ni sobre nadie... Llegó el mes de julio. Y antes de montar mi bicicleta era de rigor revisar que no se asomara un pedazo de papel en la mochila o en alguna bolsa de mis pantalones. Ya en agosto no podía fumar sin que antes auscultara minuciosamente el cigarrillo: no fuera a suceder que hubiese algún pedacito de mis hojas perdido en la ranura que hay entre el tabaco y el filtro. Con las primeras lluvias ni siquiera intenté hacer el amor con mi mujer. Tenía la certeza de que un papel doblado con alguna de mis notas se interponía entre su vientre pálido y mi ombligo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;© Raúl Dorantes&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#ff6666;"&gt;_________________&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;mediaIslaproSÁBADO 047 29 de diciembre 2007.-&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6613415927818730862-5537125113586316568?l=mediaislaprosabado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/feeds/5537125113586316568/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=6613415927818730862&amp;postID=5537125113586316568&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/5537125113586316568'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/5537125113586316568'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/2007/12/prosbado-047.html' title='proSÁBADO 047'/><author><name>poeMARTES</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02144798228495611704</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='00915250062887198879'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/R3ZmzxUvXGI/AAAAAAAAAT4/oFcAHv4XkDM/s72-c/lopez+nieves.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6613415927818730862.post-208603873423137196</id><published>2007-11-24T12:10:00.000-08:00</published><updated>2008-12-11T23:33:03.635-08:00</updated><title type='text'>proSÁBADO 046</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;U&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;STEDES&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/R0iFg2Mm7JI/AAAAAAAAASQ/t7Jw71sDD0Q/s1600-h/rulfojuan+2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5136502174366755986" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" height="182" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/R0iFg2Mm7JI/AAAAAAAAASQ/t7Jw71sDD0Q/s200/rulfojuan+2.jpg" width="133" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; DIRÁN que es pura necedad la mía, que es un desatino lamentarse de la suerte, y cuantimás de esta tierra pasmada donde nos olvidó el destino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La verdad es que cuesta trabajo aclimatarse al hambre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aunque digan que el hambre repartida entre muchos toca a menos, lo único cierto es que todos aquí estamos a medio morir y no tenemos ni siquiera donde caernos muertos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según parece ya nos viene de a derecho la de malas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada de que hay que echarle nudo ciego a este asunto. Nada de eso. Desde que el mundo es mundo hemos andado con el ombligo pegado al espinazo y agarrándonos del viento con las uñas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se nos regatea hasta la sombra, y a pesar de todo así seguimos: medio aturdidos por el maldecido sol que nos cunde a diario a despedazos, siempre con la misma jeringa, como si quisiera revivir más el rescoldo. Aunque bien sabemos que ni ardiendo en las brasas se nos prenderá la suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero somos porfiados. Tal vez esto tenga compostura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mundo está inundado de gente como nosotros, de mucha gente como nosotros. Y alguien tiene que oírnos, alguien y algunos más, aunque les revienten o reboten nuestros gritos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es que seamos alzados, ni es que le estemos pidiendo limosnas a la luna. Ni está en nuestro camino buscar de prisa la covacha, o arrancar pa'l monte cada vez que nos cuchilean los perros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguien tendrá que oírnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando dejemos de gruñir como avispas en enjambre, o nos volvamos cola de remolino, o cuando terminemos por escurrirnos sobre la tierra como un relámpago de muertos, entonces tal vez llegue a todos el remedio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;II&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cola de relámpago, remolino de muertos. Con el vuelo que llevan, poco les durará el esfuerzo. Tal vez acaben deshechos en espuma o se los trague este aire lleno de cenizas. Y hasta pueden perderse yendo a tientas entre la revuelta oscuridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al fin y al cabo ya son puro escombro. El alma se ha de haber partido de tanto darle potreones a la vida. Puede que se acalambren entre las hebras heladas de la noche. O el miedo los liquide borrándoles hasta el resuello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;San Mateo amaneció desde ayer con la cara ensombrecida. Ruega por nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ánimas benditas del purgatorio. Ruega por nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan alta que está la noche y ni con qué velarlos. Ruega por nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santo Dios, Santo Inmortal. Ruega por nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya están todos pachiches de tanto que el sol les ha sorbido el jugo. Ruega por nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santo san Antoñito. Ruega por nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atajo de malvados, retahila de vagos. Ruega por nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cáfila de bandidos. Ruega por nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al menos éstos ya no vivirán calados por el hambre. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;La Formula Secreta&lt;/span&gt; / Juan Rulfo&lt;/strong&gt; [México, 1917-1986]&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://www.literatura.us/rulfo/index.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.literatura.us/rulfo/index.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/juanrulfo/cronologia.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/juanrulfo/cronologia.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.elortiba.org/rulfo1.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.elortiba.org/rulfo1.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://amediavoz.com/poetas.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://amediavoz.com/poetas.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.um.es/cat_hisp/rulfo.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.um.es/cat_hisp/rulfo.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://portal.rds.org.hn/listas/hibueras/msg08685.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://portal.rds.org.hn/listas/hibueras/msg08685.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://sololiteratura.com/rul/rulobras.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://sololiteratura.com/rul/rulobras.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://academic.uprm.edu/~yeseniap/id80.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://academic.uprm.edu/~yeseniap/id80.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.elpelao.com/letras/2757.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.elpelao.com/letras/2757.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.escribirte.com.ar/autores/21.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.escribirte.com.ar/autores/21.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://agosto.libertaddigital.com/articulo.php/1276232188"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://agosto.libertaddigital.com/articulo.php/1276232188&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://home.houston.rr.com/literatura/juan_rulfo.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://home.houston.rr.com/literatura/juan_rulfo.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.ddooss.org/articulos/cuentos/Juan_Rulfo.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.ddooss.org/articulos/cuentos/Juan_Rulfo.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.ddooss.org/articulos/cuentos/J_Rulfo.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.ddooss.org/articulos/cuentos/J_Rulfo.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://antoncastro.blogia.com/2005/120603-la-maquina-de-escribir-de-juan-rulfo.php"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://antoncastro.blogia.com/2005/120603-la-maquina-de-escribir-de-juan-rulfo.php&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.antorcha.org/liter/rulfo.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.antorcha.org/liter/rulfo.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/rulfo/la_voz.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/rulfo/la_voz.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.letras.s5.com/jr220106.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.letras.s5.com/jr220106.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/rulfo/jr.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/rulfo/jr.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Contenido&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El vendedor de molenillos – Virgilio López Azuán&lt;br /&gt;Duda – José Báez Guerrero&lt;br /&gt;Vivir del cuento – José Carvajal&lt;br /&gt;Diario de una muñeca de aparador – Aletse Santiago&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;El vendedor de molenillos&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dios estuvo en casa, llegó con su venta de molenillos, preguntó por mi padre que había muerto, como si él no lo supiera. Mi madre, llorosa por el recuerdo evocado, secó sus lágrimas y lo invitó a tomar un café. Ella no sabía que ese vendedor era Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dios no rechazó la invitación. Mi madre fue a la cocina a preparar el café. Dios, que era un poco inquieto, se levantó del sillón y fue al patio donde los niños y las niñas jugaban sin parar. Ellos hacían figuras humanas con barro. Dios se les acercó y habló quedamente con ellos. Luego vino el milagro, como aquella vez: Sopló aire por la nariz de los muñecos. En ese momento llegó la vida, y llenos de ingratitud huyeron del lugar. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Virgilio López Azuán&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;Duda &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;...cumplía años y durante el día había recibido llamadas de felicitación de familiares y amigos que se lamentaban de que no fuese como todos los años a celebrar un fiestón con motivo de hacerse más viejo lo que le tenía un poco triste pero su mujer le había convencido la semana anterior de que la cosa no estaba como para gastarse esos cuartos en fiestas porque al final de la noche por mucho que gozara iba a tener el bolsillo castigado y las tarjetas de crédito heridas seriamente lo cual en verdad quizás no era muy prudente y esta ingenua y dulce mujer suya siempre decía lo que estaba a flor de corazón por lo que no debía dudar de ella cuando enumeraba las razones por las cuales no convenía hacer la fiesta de cumpleaños así que se dejó convencer de que lo mejor sería salir a cenar ellos dos juntos para acordarse de cuando salían solos como salen los novios y ella le visitó en la oficina al mediodía y le llevó un brownie con velita encendida que fue todo un espectáculo y a media tarde llamó para recordarle que como iban a salir no olvidara asegurarse de llegar a tiempo a la casa pero ahora llegaba a la casa cansado de un día entero de trajinar y duda si acaso no seria mejor quedarse en casa tomándose un whisky o una copa de vino tinto mientras miraba el juego de pelota en lo que ella preparaba unos sandwichitos pero sabía que no podía salirle con eso a ella porque seguramente ya estaba cambiada de ropa esperándole porque mira la casa como está de oscura con todo cerrado pero ¿ese no es el carro de sus compadres? bueno quizás es parecido déjame entrar a echarme una agüita para irme a celebrar estos 37 años tan bien gozados que los llevo y ahora esta llave que no abre.... &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;...al abrir la puerta se encendieron las luces y vio sorprendido cómo todos sus amigos comenzaban a cantar el happy birthday tuyú, unos con pitos y maracas y otros con sombreritos de colores evidentemente contentos por los varios tragos de ventaja que llevaban tomados mientras aguardaban que llegara a casa para sorprenderlo como en efecto lo habían sorprendido y en medio de toda la algarabía estaba parada en perfecta armonía con su belleza y sonreída con una picardía que parecía nueva en ella que siempre había sido transparente como un velo de seda blanca hasta ahora que pudo envolverlo y cegarlo con los dobleces del paño de suave traslucidez y muy creído de que iban a salir solos traerlo engañado hasta su propia casa a una espléndida fiesta de cumpleaños. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Sonrió también, miró asombrado alrededor y una duda fulminante hirió de muerte su sonrisa. ¿Y estas artes de la simulación tan extraordinariamente empleadas para montarle este asalto, habían siempre estado en ella o eran un nuevo atributo? Sonrió, y el brinco del corazón le dijo que jamás nada sería como antes.... &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© José Báez Guerrero&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Vivir del cuento&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Perdone, ¿es usted Patterson, el escritor? &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—No, no soy Patterson el escritor, soy agente de alquiler de autos. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;—Disculpe. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—No se preocupe. ¿Por qué pensó que yo podía ser Patterson, el escritor? &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Es que usted se parece al escritor, y el escritor se parece a un agente de alquiler de autos. Olvídelo, son mañas de mi oficio. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—¿Y usted que hace? &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Soy interrogador. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—¿Interrogador? ¿Trabaja para la policía? &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—No, trabajo para Patterson, el escritor. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Y si es así, ¿por qué me pregunta si yo soy él? Usted debe conocerlo perfectamente. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Sí, lo conozco perfectamente, pero qué quiere que haga. El está allí dentro del vehículo que acabamos de alquilar en esta agencia, y me dijo que viniera a preguntarle si usted era Patterson, el escritor. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—No entiendo nada. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Pues mejor, porque yo tampoco entiendo nada. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—¿Y entonces por qué se presta para hacer este trabajo? &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Primero, porque me pagan bien sin ser, digamos, policía; y segundo porque quiero adquirir experiencia para ser como Patterson, el escritor. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—¿Y usted quiere ser como él? &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Claro, ¿a quién no le gustaría ser cómo él? &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—¿Y cómo es él? &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Pues, como usted. No escribe una sola palabra, pero vive del cuento y es un hombre próspero ante los ojos de la sociedad. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Y cómo es posible que siendo escritor no escriba ni una sola palabra. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, él no tiene la culpa. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Ah, no. ¿Y quién tiene la culpa? &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Los lectores. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—¿Los lectores? &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Sí, los lectores. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—A ver explíqueme, ¿por qué los lectores tienen la culpa de que un escritor como Patterson se gane la vida como escritor sin escribir ni una sola palabra? &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Porque siguen comprando sus libros. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—¡Pero todo esto es una contradicción! Sigo sin entender. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Mire, en estos tiempos hay muchos escritores que no escriben y muchos lectores que no leen. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—¡Pero eso es una falta de honestidad con uno mismo! &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;— Exactamente. Pero a nadie le importa. Por ejemplo, ¿ha leído usted alguna vez a Patterson, el escritor? &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—No, la verdad no lo he leído. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Entonces, ¿por qué tiene usted esos libros de Patterson sobre su escritorio? &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, mire, con usted no me queda otra que confesarme. Yo soy uno de esos lectores que no leen, pero no se lo diga a mi jefe, porque si se entera me baja el sueldo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—No entiendo, ¿qué tiene que ver una agencia de alquiler de autos con la lectura? &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Lo que pasa es que mi jefe quiere ser escritor, y al igual que usted aspira a ser como Patterson. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Pero eso a usted no le conviene. Si su jefe llega a ser como Patterson, usted perderá su empleo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—No, no lo creo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—¿Y por qué está usted tan seguro? &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Porque yo aspiro a ser su interrogador, aunque no sea policía. De modo que cuide su puesto, y a Patterson que cuide el suyo. Si no, yo vendré a interrogarlo a usted, y Patterson estará metido en su oficina de gerente queriendo ser como mi jefe. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;&lt;strong&gt;© José Carvajal&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Diario de una muñeca de aparador&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Un día de ésos, de un año impreciso.&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Sí, regreso a mi vieja afición de hilvanar palabras con la punta de un lápiz en lienzos blancos, como cuando fui la niña cuidada de mamá, la estudiante modelo, la hijita de papá, aquella a la que regalaron un diario. Y ahora, ¿quién soy? Veamos: adorno y estoy minuciosamente vestida para que deseen tenerme entre sus manos, acaricien mi pelo artificialmente cobrizo, para perpetuarme en sus pupilas por un instante. Regalo fantasías y estoy diseñada para decir eternidades en medio del gemido. Lo que no saben es que esas palabras aún me salen del corazón, porque no ven mis lágrimas de aserrín, e ignoro el sentido de la risa cínica. Se acercan, me sacan del aparador, me dan la vuelta, me suben y bajan, me visten y desvisten, me codician; me degustan, palpan, estrujan; se dejan querer y escuchan asombrados mi melodía interna, mientras en mi caja musical doy vueltas y vueltas sin parar. Cierran los ojos, me miran con la yema de los dedos, sonríen y a veces lloran porque saben que soy de porcelana, resquebrajable. Entonces, cuidadosamente me vuelven a poner en mi plataforma circular, me dan un beso, y se van. Sí, eso es lo que soy: una muñeca fina de aparador. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Una semana después de ese día cualquiera.&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Como muñeca de aparador no espero nada. Sólo hago lo que tengo que hacer: cotizarme, adornar y regalar quimeras a sedientos de olvidos. Pero esta noche alguien llegó, miró más allá de mis pupilas ahogadas y me dijo que odiaba a quién me puso tras la vitrina. “Nadie me puso aquí”, le respondí. “Tú sabes que sí”, me dijo con voz susurrante, “y me duele que ni siquiera tengas el valor de admitirlo”. Yo callé por unos instantes antes de preguntarle, sin mirarlo a los ojos: “¿Importa eso ahora?” “Importa”, me contestó, “porque sin caerte te estás rompiendo, estás muriendo por dentro. ¡Déjame sacarte de aquí!” Se romperá él también, lo sé. “No me conoces, ninguno de los dos se romperá. Nadie más te pondrá tras una vitrina. Yo cuidaré de los dos.” Fueron sus últimas palabras. Tengo miedo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Un día muy preciso, el cielo se abre.&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Ahora los dos estamos dentro del aparato de quimeras y engrasamos los engranes de las horas. Todo está en orden. Bajamos la cortina del tiempo e ignoramos al mundo y sus miserias. Abiertos, sin miedo, nos contamos todos los secretos. Me gustan estas lágrimas que me saben a riachuelo de aguanueva. Miro por la ventana y desconozco el pueblo, aún cuando llevamos meses viviendo entre sus gentes que nos ven como extraños. Él duerme. Respiro su silencio y se ensancha el paraíso. Sonrío. Muy lejos están las calles donde deambulaba vestida de lentejuela, tacones altos, y mis labios de rojo insinuante. La noche me llama con voz ronca. Cierro instintivamente las cortinas espantando el presagio. El gorjeo de un búho se estrella contra el portal, y el croar de las ranas se filtra por debajo de las puertas. Un repeluzno trepa mi seguridad como mala hierba. Él me llama a refugiarme entre las sábanas, a disipar el insomnio que poco a poco diluye con el calor de su abrazo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Un día de ésos, de un año preciso.&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;La muñeca está nuevamente bajo las luces de neón. Mi sombra es ahora artificial. No siento rencor. Salgo y entro a la hora que quiera de la vitrina de cristal. Me cubro bien de los azotes de la noche impía. Se han cotizado mis besos; mis caricias y mis palabras tienen precio. Soy libre. Se me acabaron las lágrimas de aserrín, y a veces regalo quimeras por el puro y mezquino placer de ponerlos a ellos a dar vueltas en mi caja fría y musical. No acepto sus besos. Ya no pueden romperme. La porcelana es ahora unicel y estambre de nylon. Me rompió aquel que, diciéndome “¡odio a quien te puso tras ese aparador!, un día, sin más ni más, desapareció. Arrastró con los restos de ternura que había dejado aquel otro, que habiendo violado mis sueños, me lanzó al ruedo, poniéndome por primera vez tras el aparador. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Un día de hoy, de un año funesto.&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Nadie se acerca a mí. Los vidrios están sucios de neblina ociosa. Llueve sin cesar, sin mojar, pues hace meses que estamos en sequía, y las aceras están calientes aún cuando ya es de noche. Ladran los perros su aburrimiento y un gato me maúlla desde la azotea. Busco un techo y no lo encuentro. Mi piel besa a mis huesos; la hondura de mis ojos son los de un pozo seco. Mis manos tiemblan. Medio giro y me falta el aliento. La cuerda rota. Las medias jaladas y un zapato sin tacón. ¿Quién vendrá a darme cuerda? ¿Quién me regresará mis quimeras? &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Un día cierto, hoy brilla el sol.&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Todo es blanco, limpio, absurdamente etéreo. Me sostiene una cama como un lecho de nardos suaves. Por mis venas fluye el líquido vital que aminora el llanto de mi cuerpo. Él está aquí, de mi mano, y me lleva a la cornisa de nuevas lunas, de incógnitos espejos. Él fue el que me alejó de mi casa, vamos nena, soñemos... Me desviste con delicadeza, perfuma mis sueños adolescentes, y se hunde en mi pecho virgen. Hurga en mis adentros y ve en mí tierra fértil. Me vuelve a vestir, ha cambiado mis calcetas blancas por medias brillantes y vestidos de seda. Gira, me dice, y yo giro, giro, giro... Estiro mis manos, trato de tocarlo. Abro los ojos; otros ojos me miran con lástima. Batas blancas y un meneo de cabeza de derecha a izquierda, de izquierda a derecha... Mi precio tuvo su costo. La caja de música dará sus últimos acordes; se la tragará la tierra y me llevaré por siempre a unos tantos de ellos, contagiados... Nadie se atreve a acariciar mis llagas, a tomarme de la mano. De muñeca de porcelana, princesa, ahora soy un guiñapo. Un silencio de réquiem invade la habitación. Pero se abre el cielo, brilla el sol; todo es blanco, limpio, calmo: absurdamente etéreo... y sonrío antes de cerrar para siempre la cortina del tiempo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;© Aletse Santiago&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff6666;"&gt;_______________&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;mediaIslaproSÁBADO 046 24 de noviembre 2007.-&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6613415927818730862-208603873423137196?l=mediaislaprosabado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/feeds/208603873423137196/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=6613415927818730862&amp;postID=208603873423137196&amp;isPopup=true' title='2 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/208603873423137196'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/208603873423137196'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/2007/11/prosbado-046.html' title='proSÁBADO 046'/><author><name>poeMARTES</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02144798228495611704</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='00915250062887198879'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/R0iFg2Mm7JI/AAAAAAAAASQ/t7Jw71sDD0Q/s72-c/rulfojuan+2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6613415927818730862.post-4369016660446534369</id><published>2007-10-27T07:33:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T23:33:03.750-08:00</updated><title type='text'>proSÁBADO 045</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;H&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;UBO U&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RyH7cplkDrI/AAAAAAAAAR4/Toogtho40WQ/s1600-h/0308_shua.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5125654320542650034" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 87px; CURSOR: hand; HEIGHT: 115px" height="122" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RyH7cplkDrI/AAAAAAAAAR4/Toogtho40WQ/s200/0308_shua.gif" width="96" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;NA MUJER a quien un sueño embarazo dejó preñada. La mujer no despertó, pero durante nueve meses todos vieron crecer su vientre dormido. El parto fue normal: el bebé es gordo, rosado y nítido. Sin embargo, cada vez que su madre despierta, se vuelve borroso, sus líneas se desdibujan, se lo distingue apenas de los pañales, de la batita, de la pañoleta que lo envuelve. Y pertenece otra vez, enteramente, al reino de su padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Sueño embarazoso&lt;/span&gt; / Ana María Shúa&lt;/strong&gt; [Argentina, 1951]&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://www.literatura.org/Shua/Shua.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.literatura.org/Shua/Shua.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.literatura.org/Shua/CG_LaQueNoEsta.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.literatura.org/Shua/CG_LaQueNoEsta.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.anamariashua.com.ar/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.anamariashua.com.ar/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://elcajondesastre.blogcindario.com/2005/12/00303-robinson-desafortunado-ana-maria-shua-micro-cuento.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://elcajondesastre.blogcindario.com/2005/12/00303-robinson-desafortunado-ana-maria-shua-micro-cuento.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.educared.org.ar/guiadeletras/archivos/shua_ana_maria/index.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.educared.org.ar/guiadeletras/archivos/shua_ana_maria/index.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.edicionesdelsur.com/cuentojuven_48.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.edicionesdelsur.com/cuentojuven_48.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.edicionesdelsur.com/cuentojuven_46.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.edicionesdelsur.com/cuentojuven_46.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Contenido&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; &lt;div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;La pérdida – César Augusto Zapata&lt;br /&gt;La niña – Mónica Da Luz&lt;br /&gt;El postigo – Rubén Sánchez Féliz&lt;br /&gt;Jacinto blanco y azul – Pilar Romano&lt;br /&gt;Carta del amante impío – Pedro Glup&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;La pérdida&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La música era una tristeza de acordes. En el rincón un gris todavía equilibrando su óxido contra un viento húmedo; lo que hace días fue una flor, agoniza en el jarrón chino. El abandono de la salita salta a la vista. En el mueble grande una figura en penumbra apenas gira los ojos a intervalos hacia la puerta abierta hace días. Las casas vacías empiezan a oler a casas vacías y uno siente la urgencia de hacer maletas. Pero el habitante de ésta sigue allí, con esa música que se repite y casi hace llorar, mirando al único rectángulo iluminado. De pronto, el golpe de luz es recortado por otra figura que se detiene en el umbral. Parece que se miran sin decir nada. La presencia ante la puerta da la espalda y se va. Al girar en ángulo hacia la calle pudo ver su pelo empujado por el aire húmedo, mientras el piano insistió con la tristeza. El hombre se paró del sofá (la música cesó bruscamente). Fue hasta la puerta y pasó el cerrojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;© César Augusto Zapata&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;La niña&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La historia de una niña de dulzura extrema, cándidos ojos y mirada tierna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Solitaria, sin hermanos ni amigos, ella que juega a soñar, que sueña jugando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La inmensa habitación austera, con pocos muebles, que se transforma de pronto en castillo, en mercado, en un lugar lleno de niños que la acompañan en sus aventuras, mágico mundo de duendes, con cortinas que de pronto se vuelven cascadas o telones de escenarios inventados; donde todo transmite paz y simpleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afuera, la neblina invade el patio de la vieja casa, el jardín abandonado lleno de rosales, cuyas ramas retorcidas se enlazan formando una maraña indescifrable; donde los árboles crecen a voluntad y elevan sus ramas al cielo en búsqueda constante del sol. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;La chiquilla se asoma ahora a la ventana;, su mano aparta la cortina y transita con la mirada el patio y no ve a nadie, apenas un gorrión distraído que se atrevió en la fría mañana a la caza de frutos maduros o alguna flor tardía que no percibió la llegada del otoño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa desolación la entristece, y ella que con pasos lánguidos se retira, alejándose de esa vista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre los muebles, los osos y muñecas la observan inmutables, el cansancio la va ganando, y se recuesta en la cama, separando el mullido acolchado que con tanto amor le tejió su abuela. Siente que el pecho está a punto de estallarle -será la fatiga-y posa la cabeza en la almohada; los rulos se esparcen sobre la funda, coronando su cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llama a su madre pero nadie responde, cierra los ojos. Escucha que su abuela susurra su nombre. La ve con los brazos extendidos, corre hacia ella, siente alivio en ese instante y una sonrisa se dibuja al fin en sus labios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así la encuentra su madre al entrar a la habitación cuando toca su frente, fría desde hace rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Mónica Da Luz&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;El postigo&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Bajo la sombra del mango había una silla forrada de ramas de palma y, contiguo a ésta, un banquillo de madera. Carlos se sentó en el banquillo, aunque era muy pequeño para su fornido cuerpo. Al rato se inclinó, tomó una piedra y la tiró con desgana hacia la pared de baldosas. Luego hizo girar sus ojos lentamente por su alrededor, sin hacer pausas en lugares determinados. Vio una ardilla trepar en un árbol, los laureles empolvados, dos jilgueros picoteando en los cogollos de un cerezo. Finalmente se detuvo a contemplar una de las esquinas del patio, donde estaban olvidados un balón de fútbol, una pequeña bicicleta oxidada por la intemperie, dos muñecos desmembrados, y, sobre una mesita coja, un tren metálico descompuesto. Carlos se apretó las sienes con los pulgares y escondió su cara entre los ocho dedos restantes, se encorvó y apoyó ambos codos sobre las rodillas. Cerró sus ojos rasgados y se quedó inmóvil en esa posición. Sentía una algarabía de sombras inexistentes que corrían por el patio, alborotando todo cuanto encontraba a su paso. Veía la pequeña bicicleta que nadie hacía pedalear corriendo a una velocidad vertiginosa, y el balón de fútbol evadiendo obstáculos para anotar un quimérico gol. También escuchó su propia voz echando reprimendas. En el mundo donde estaba inmerso, el sol brillaba perpetuamente, traspasando las hojas de la misma mata de mango y dejando retazos de fulgores desenredados sobre la tierra rojiza. De repente, oyó una voz seca, deshecha, distante, que le gritaba un nombre con un eco desgastado que se abismaba en el vacío... &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;A continuación, tronó la voz de su mujer:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Carlos, Carlos, te traigo tu almuerzo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carlos salió de su mundo con el ímpetu de una serpiente atacando a su presa y advirtió el cuerpo desmedrado que se había instalado delante suyo con un plato en las manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No puedo comer —le dijo—; me entró un sueño repentino y quisiera aprovecharlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero Carlos —dijo su esposa, mirándolo fijamente a sus ojos ausentes, mientras pensaba qué hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella sabía el estado en que se encontraba porque lo sentía en su propia carne. Durante el día, mientras él trabajaba, ella cerraba las persianas y las puertas de la casa. Estando a solas, platicaba con las penumbras en los rincones, tarareaba canciones de cuna mientras mecía ambos brazos entrelazados de un lado a otro, y soltaba súbitas carcajadas que se rompían y se trababan entre los moldes de algún llanto. Deambulaba sigilosa por toda la casa, mientras los setos crujían de pena por contener tanto dolor en su interior. Pero al llegar la tarde, se convertía en un ser diferente: se secaba hasta la más recóndita lágrima que había derramado, y a pesar de los estragos visibles en su rostro, lograba exhibir cierta lucidez. Todo esto lo hacía con el único propósito de alentar a su esposo, ya que él era quien conducía el auto aquella noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Está bien, sigue descansando. Cuando tengas hambre, me llamas —le volvió a decir con dulzura, mientras daba media vuelta y se desvanecía tras el cristal de la puerta como calígine, liada en un sigiloso sollozo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Mientras tanto, él volvió a sumirse en sus cavilaciones, concentrándose, tratando arduamente de encontrar el postigo que lo llevaría de nuevo a los juegos con su hijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Rubén Sánchez Féliz&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;Jacinto blanco y azul&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo primero que recuerdo cuando pienso en las fechas patrias de mi adolescencia es que a mi tío mudo le ponían escarapela. Una escarapela especial, siempre la misma, grande, redonda y plegada, con un botón metálico en el centro&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad, mi tío no era tan sólo mudo, tenía dificultad para desplazarse y algún retraso mental que generosamente le había dejado cierta picardía; podían dar fe de ello las mucamas de la abuela, a las que pellizcaba en las nalgas cuando pasaban cerca, mientras le asomaba, doblada entre los dientes, la lengua casi roja que a mí me pareció siempre enorme. Algunas no duraban por eso; era inútil que mi abuela les explicara que “el chico era inocente”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los abuelos los vi siempre resignados ante la condición del Tío Jacinto. El nombre Jacinto, según contaban en la familia, se debió a que mi abuela admiraba a Narciso Ibáñez Menta y le había pedido a su marido que anotara a su último hijo con el nombre del actor, pero mi abuelo no se acordó bien del pedido al llegar al registro civil, sólo tuvo presente que su mujer le había mencionado el nombre de una flor y de allí salió Jacinto. Un jacinto que nunca pudo florecer del todo. Tan sólo logró un brillo verdoso en los ojos que hacía recordar al mar, según su madre. Consiguió también que la hermana mayor no se casara, consagrada siempre a su cuidado. Creo que ella conservó por mucho tiempo la esperanza de tener un novio y formar una familia, porque los médicos habían dicho que Jacinto no viviría mucho tiempo, que a lo sumo llegaría a la adolescencia. Sin embargo, cuando yo tuve uso de razón, ya andaría por los treinta. Su corazón nunca estuvo del todo bien y tenía a veces unas crisis parecidas a la epilepsia, de modo que estaba prohibido hacerlo enojar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de todo, a los primos nos parecía pintoresco el Tío Jacinto. Es que, como dije, el tío era mudo pero no del todo tonto y oía perfectamente, al punto de que su pasatiempo favorito era escuchar junto a la abuela la radionovela de la tarde. Hubo un tiempo en que me parecía que una familia no estaba completa si no había en ella un “tío jacinto”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé porqué, la hermana lo bañaba en su cuarto. Trajinaba con tinas y jarras con agua caliente que llevaba hasta allí desde la cocina; cuando podíamos, los primos espiábamos por el ojo de la cerradura y la escena, entre nubes de vapor que empañaban el espejo del ropero, nos parecía irreal y misteriosa. Yo solía pensar que Jacinto sentía deseos de escapar a través del espejo, desnudo y desolado, para volverse normal y apuesto en el otro mundo más justo que de seguro había detrás del cristal. Pero la tía lo envolvía en una toalla desesperadamente azul y lo sentaba en la cama para vestirlo y devolverlo a su mundo de mudez y torpeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamá nunca tuvo que ocuparse de su hermano, pero vivía pendiente de su salud y de sus gustos, preparando comidas y confituras que le gustaban y que ella misma llevaba a la casa de la abuela, todas las tardes, en ritual inexcusable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro de los rituales inevitables en la familia se cumplía durante las fechas patrias. A media mañana nos trasladábamos todos hasta la casa de unos tíos que vivían frente a la plaza donde se desarrollaban los festejos. En el lugar privilegiado de la ventana de rejas que daba a esa plaza, sentaban a Jacinto con su escarapela. A su lado, la abuela Faustina con su collar de perlas de tres vueltas. A los chicos nos mandaban a la vereda, desde donde agitábamos nuestras banderitas. Luego, el almuerzo casi multitudinario, bullicioso, interminable. A la siesta, Jacinto pasaba a sentarse en la galería y nosotros a corretear por los dos patios que tenía la casona. Los mayores jugaban a las cartas o conversaban en las habitaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegué a los catorce o quince años empecé a odiar estas reuniones. Mis amigas hacían otros planes y yo no podía participar. Ya no jugaba con mis primos, casi todos menores. Recostaba mi bronca contra una de las paredes del patio y masticaba cualquier cosa para que no la notaran. A veces, deseaba que todos “los viejos” se murieran en las habitaciones, patas para arriba, como los pájaros. En uno de esos estados, le dije a un primo casi de mi edad “vamos a sacarle la escarapela a Jacinto y digamos que la perdió”. Lo hicimos y los demás chicos, queriendo participar de la travesura, formaron una ronda alrededor del tío gritando “¡Jacinto no tiene escarapela, Jacinto no tiene escarapela!”. El gris verdoso parecido al mar empezó a desbordarse para anegar las mejillas, lampiñas y rosadas, pero los chicos seguían: “¡Jacinto no tiene escarapela!...” Cuando la abuela salía del comedor para ver qué ocurría, empezaron las convulsiones. Vinieron todos a rodear al pobre tío, ya en el suelo, sacudido cada vez más por temblores imparables. Mi bronca se había transformado en una feroz sensación de culpa. “¿Qué pasó con la escarapela de Jacinto”? preguntaban. No me sentí capaz de responder; no ayudaría en nada, pensé, para disfrazar mi miedo ante las consecuencias. Pero sentía que mi mirada tenía un filo dañino. Había despojado al pobre Jacinto de algo –lo único quizás- que lo hacía sentir igual a los demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era fácil encontrar un médico en día feriado, sin embargo, a la media hora llegó una ambulancia y se llevó al Tío Jacinto, que regresó al caer la noche, sano y salvo, pero la familia no volvió a esas reuniones de los días patrios. Y yo nunca revelé el secreto sobre el asunto de la escarapela. Ya nadie se enteraría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jacinto murió cinco o seis años después. Fue tarde para los sueños de la tía, que quedó soltera y vino a vivir con nosotros. Ahora, junto a mamá, me ayuda a ordenar las cosas que llevaré a la casa en la que viviré con Sebastián luego del casamiento. Descolgamos perchas, revolvemos cajones. ¿Te acordás de esta carterita? me dice la tía de pronto. “todavía la tenés... recuerdo que la usabas cuando eras chica”. La abre y la vuelca. Y lo primero que cae es mi vieja culpa con forma de escarapela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Pilar Romano&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;Carta del amante impío&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;Yo, que tantos hombres he sido en vano, quiero ser uno y yo.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;strong&gt;Borges &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Impío, arrancando la piedra herida por el rayo, comienzo a golpearme el corazón, dudando entre saltar a un hoyo, al volcán, o romper la lira de Anfión para que cada frase sea una selva, cada palabra una bestia rabiosa, cada perfume rancio un motivo de desprecio y aún así, purgándome la bilis en su otoño, solazándome en mi canto en el odio, para ella, sin requerir sus alabanzas, ni el aplauso del coro de labradores, ni la aprobación de los invisibles pero ruidosos coturnos del anfiteatro, alborotando la esperanza de escuchar las flautas, el ladrido de los perros, de ver las golondrinas del verano, las frutas con que adorna su cabeza, llena de rencores, de cólera, de maquinaciones en el muelle mientras espera mi regreso sin saber que no vuelve aquel que no se ha ido, ignorando que hasta las estatuas de bronce conocen su virtud perdida, mi odio insensato y el desprecio que esgrimo como abubillas que pican su rostro, como lobos furiosos acosándola en el bosque en el que perdimos la esperanza de mañana, la mirada oscura entre las viñas, la piedad de acuchillarla por la espalda para no ver sus ojos, nunca más, sus ojos de nieve, codiciosos, mirando ahora las olas y el tiburón que gira, el gesto de olvidar, bajo las aguas, la traición, el fango de su nombre odiado mientras me alimento de achicoria y uvas, vago entre los hombres escépticos, me abraso en el incendio de no vivir entre sus brazos de leche y tortura, orino en su recuerdo y lanzo a todos los vientos las cenizas de nuestro amor arrasado.&lt;br /&gt;Maldigo su nombre, una vez más. Que así sea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;strong&gt;© Pedro Glup&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#ffcccc;"&gt;______________&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;mediaIslaproSÁBADO 045 27 de octubre 2007.-&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6613415927818730862-4369016660446534369?l=mediaislaprosabado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/feeds/4369016660446534369/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=6613415927818730862&amp;postID=4369016660446534369&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/4369016660446534369'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/4369016660446534369'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/2007/10/prosbado-045.html' title='proSÁBADO 045'/><author><name>poeMARTES</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02144798228495611704</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='00915250062887198879'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RyH7cplkDrI/AAAAAAAAAR4/Toogtho40WQ/s72-c/0308_shua.gif' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6613415927818730862.post-8961479018472993685</id><published>2007-09-28T08:50:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T23:33:03.907-08:00</updated><title type='text'>proSÁBADO 044</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;L HOMBRE &lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/Rv0j0Mq1x2I/AAAAAAAAARw/Q_xv5zxvrzk/s1600-h/bosch01.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5115284131423831906" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/Rv0j0Mq1x2I/AAAAAAAAARw/Q_xv5zxvrzk/s200/bosch01.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;QUE ESTABA allá adentro, en el corazón del monte, oía sólo dos cantos: el suyo y el hacha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De mañana empezó a tumbar la yaya y a los primeros golpes aletearon los pajaritos. Piaron y se fueron. El hombre, duro, oscuro y desnudo de cintura arriba, los siguió con la vista. Por entre los claros de las hojas había manchas azules.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Aoé, tolalááá…”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El canto tiraste del hombre resonaba en el monte. Hasta muy lejos, tropezando con todos los troncos, se regaba el golpe del hacha. Tres días estuvo él tirando al suelo los árboles que rodeaban el algarrobo; pero no se sentía con fuerzas para picar el algarrobo. Seis hachadores hubieran tardado una semana. Era un árbol grueso hasta lo increíble, majestuoso, alto: el rey del monte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tarde sube las lomas desde la tierra llana; después persiste en levante una pintura rojiza. El hombre piensa que el cielo se quema. En el filo de su hacha está también el incendio del cielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía canta él. Viene cantando, como si eso le ayudara a caminar. Tras los guayabales, aquí a la izquierda, recoge su humildad el techo del bohío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre vienen cantando, la mano oscura mecida, la otra al mango del hacha. Su mujer no está a la puerta, como siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estamos acostumbrados al silencio, tan acostumbrados que los pensamientos nos habla a la vista nada más. Por eso le sorprende al hombre la voz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lico, estoy mala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su mujer, que se siente mal. Tiene el vientre esponjado y espera…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lico piensa en la yegua, en la vaca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cuidado si está cerca –murmura él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siente que la mujer se mueve y la oye quejarse débilmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lico tiene los ojos abiertos y no ve. Recuerda su vaca joca: un día se fue, despaciosa, los ojos apagados, la barriga hinchada; otro día volvió con su ternerito; lo lamía con una gran ternura, como quien acaricia. Encuentra una razón y se prende a ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo no lo esperaba tan pronto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer se queja y susurra:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero yo estuve en el río, lavando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él, esperando aún, pregunta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Busco a Lola?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la mujer dice:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la vuelta se fue Lico a la cocina y encendió fuego; se quedó allí esperando, silencioso y cansado. Veía en sus manos la mancha roja de la llama. Tenía frío y hambre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La madrugada empezaba a borrar la noche cuando el hombre oyó el quejido sordo; hubo después otra voz, delgadita y fañosa, que parecía llegar del monte cercano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya no se necesitaba la llama en la cocina. Tan lejano como fue posible cantó un gallo. Lico se levantó y salió: quería ver el sol; pero antes que el sol asomó Lola su cara estirada y cenizosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Dentre –dijo-. Es la mesma cara del taita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lico vio a su mujer, bajo la sábana roja, con la cabellera como una raíz negra regada en la almohada. Ya no tenía el vientre esponjado y el catre parecía pequeño: junto a la madre había una cabeza menudita, sin nariz definida, sin ojos definidos, sin boca definida: era como una carita de barro gastada por la lluvia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre quiso reír.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lola dice que se parece a mí –comentó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer le miró, miró al niño, sin moverse, y aprobó en silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre estuvo un rato callado; al fin dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo tengo que dirme a la tumba. No te alevantes que Lola se queda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y nada más. De un rincón tomó su hacha. Se detuvo un segundo en la puerta, alzó los ojos y vio el cielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se fue, al hombro el hacha y el sol en filo. Su hijito tenía color de camino. Llegaría tarde al trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hoy tumbo el algarrobo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el algarrobo era grueso hasta lo increíble, majestuoso, alto: el rey del monte era el algarrobo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;El algarrobo&lt;/span&gt; / Juan Bosch&lt;/strong&gt; [República Dominicana, 1909-2001]&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Juan_Bosch"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://en.wikipedia.org/wiki/Juan_Bosch&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://juanbosch.org/listado.php?t=c"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://juanbosch.org/listado.php?t=c&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.rodriguesoriano.net/micuadernoazulito/pdf/manchaindeleble.pdf"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.rodriguesoriano.net/micuadernoazulito/pdf/manchaindeleble.pdf&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/Narrativa/JuanBosch/index.asp"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/Narrativa/JuanBosch/index.asp&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.literatura.us/juanbosch/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.literatura.us/juanbosch/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.epdlp.com/escritor.php?id=3141"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.epdlp.com/escritor.php?id=3141&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/bosch/jb.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/bosch/jb.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://manueljofre.blogspot.com/2005/08/la-teora-del-cuento-de-juan-bosch.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://manueljofre.blogspot.com/2005/08/la-teora-del-cuento-de-juan-bosch.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.litterarius.com.es/apuntes_sobre_el_arte_de_escribir_cuentos_3.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.litterarius.com.es/apuntes_sobre_el_arte_de_escribir_cuentos_3.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.litterarius.com.es/apuntes_sobre_el_arte_de_escribir_cuentos_2.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.litterarius.com.es/apuntes_sobre_el_arte_de_escribir_cuentos_2.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.cielonaranja.com/bosch_caribe.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.cielonaranja.com/bosch_caribe.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Contenido&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jaime Cabrera González - A eso de la medialuna, viernes y antípodas&lt;br /&gt;Martha I. Daza – Prodigio&lt;br /&gt;Daniel Baruc – Rubicus Popokas&lt;br /&gt;Alejandro Drewes – No solamente la caza del zorro&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;A eso de la medialuna, viernes y antípodas&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Y entonces ahora y entonces ya y entonces la piedrecilla entonces. El glub glub piedrecilla. La noche: marisma tropical. Y esa dimensión de que por qué esto me tiene que pasar a mí, que llega hasta él o sale de él que asomado a la fuente siente otros presentes menos acuosos: reflejo de viernes, entrechocar de cuerpos, lenguaje de tijeras abiertas, cartografía de la onda y el sonido de los tambores en torno a la salamandra, el ofidio o el caimán totémico que se contornea en una pequeña tarima de madera. ¿Quién baila el cha cha? Ese que dice, no vale la pena…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque entonces llevado por la mano que suelta piedrecilla, dedo, articulación, uña más larga que las otras, glub glub, va encontrando en las esferas visuales la ciudad que estuvo sumergida en el ensueño de la lluvia pasada. Salen a flote: las suertes del artificio, destello de luces, confusión de ritmos, olores, argumentos, palabras a medio decir y oír, cartas, peticiones, genuflexiones orientales, renuncias por celular, mensajes cantados, flores amarillas, papelitos de colores, promesas, nuevas llamadas telefónicas, argucias, una fotografía y otra más con renovado decorado, que si en este cielo, que si en el mío, en fin, burbujas, burbujitas, glub glub, restos del naufragio que llega a toda orilla y apenas es iluminado con la teatralidad de una medialuna sobre el agua pálida en cientos de tarjetas con su puño y alma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para entonces ahora, para entonces ya, para entonces la primera, lo segundo, el tercer entonces le estrecha el pecho. Glub, glub. Porque ahora si sí, miamor. Glub, glub. Un par de semanas más, miamor. Glub, glub. Cuestión de circunstancias, tú sabes, miamor. Glub, glub. La traición del licor, miamor, glub, glub. La voz negra de la cantante que sube desde lejanías sureñas, ¿es este el sur?,¿qué blues es ese?, ¿este? Glub, glub. La luz última de la estrella que se extinguió, de la que sólo tenemos información millones de años después, miamor. Glub, glub. Todo bajo un cielo que es como una tapa agujereada bajo el cual hierven los seres de la pompa de jabón del viernes que estalla con la piedrecilla glub glub.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y él aquí y él allá, y él ni aquí ni allá, habitante de estancias más serenas, de otras cronologías, bandera de tres franjas primarias, pasaporte verde, mochila tejida terciada al hombro, sumidero glub glub por donde descienden los recuerdos: no se puede desprender de los polvos de mariposas que untados en los ojos enceguecen; de juegos de aguas con citas textuales subrayadas con lápiz labial; de intersección de horas con pie de página; ni del delirio de la meteorología en que giran las escenas con sus paréntesis o sus círculos concéntricos. ¿No era lo que querías leer?, le dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque para entonces también había existido un punto de fuga en que ella fue luna y marea, con otro mar interior, gambitos y lecciones de filosofía; y noches memorables en que apoyada de piernas abiertas, pepita sativa, contra el borde de una ventana, en una habitación de mala muerte y cabos de velas derretidos y un abanico roñoso, le había permitido sortear el no me conozcas que te quedas y otras cosas que se dicen muy ligeramente, así, glub glub, fuera del eje con que empieza otra vez a repetir su lista mental de uno desnuda dos verde tres aquella vez con el paraguas cuarto las risas en el almacén chino cinco telepatía seis café siete tú eres mi patria ocho la lectura sentada en la taza del baño nueve libélulas diez siempre tuya…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entonces esto y entonces lo otro y entonces estotro y entonces el entonces, el pero, el aunque, el después, el pronto en veinte idiomas, la costra que no cicatriza, las bolitas de moco apachurradas contra el vidrio de la ventana, las babas en la almohada, las espinillas, los derretimientos del reloj, el lado flaco del triángulo, fantasmas anguilas de la espera y tu ronquido depresión tropical. Ya no más piedrecilla que cae, ni onda que se amplía, ni fuente iluminada, sólo flores muertas y barquitos de papel hundidos. En el fondo la imagen, la imaginación que se ha pagado cara y su cara en un final sin glub glub con encogida de hombros, mordisco en los labios y una ceja enarcada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tenemos sentido, le había dicho desde un teléfono público, descargada la batería del celular. Lo siento, miamor. No me esperes, que no regreso. Era la piedrecilla detenida, terriblemente quieta, cielo grave de abajo, forma sin forma, aguas del silencio abismal brevemente interrumpido por una pareja que pasa chapoteando risas y que no entiende a qué se refiere, ora porque no habla español, ora porque cree que se trata de un borracho más, ora porque así son los enamorados. Y entonces nada, dijo después de tragar saliva. Antípodas, que ya se vivió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Jaime Cabrera González&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Prodigio&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respiraba dificultosamente tratando de cruzar el espacio que la separaba de aquella voz que exigía su presencia al otro lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces una fuerza prodigiosa empezó a arrastrarla a través del túnel negro. Violentamente recorrió paisajes áridos y verdes y rostros y cuerpos. Y aparecieron los brazos enormes que la atraparon. Y sintió la tibieza de la piel que penetró su piel y suspendió el descenso…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comenzó a flotar protegida por los dos brazos-cuerpo, por los dos brazos-talle, por los dos brazos-labios, por los dos brazos-sexo. Y se sintió libre entre el nudo que cubría su cuerpo entero, que trepaba por sus piernas y se le metía en el alma a través de las ansias. Y se sintió fuerte y liviana, se sintió pez y ave y montaña y camino. Y se volvió lluvia y planta y floreció en claveles y geranios y amó hasta las cumbres y las profundidades y fue lava subterránea y explosión de fuego en las entrañas. Y fue volcán y oasis y sueño y tiempo y gloria y derrota. Y nadie supo cómo brotó la fuerza extraña que se tomó la tarde en la sangre del crepúsculo del sol de los venados. Y nadie supo de dónde la fragancia que exhalaban sus poros. Y nadie supo nada cuando la encontraron desnuda, cubierta por su pelo en una calle de la ciudad de los rascacielos y de los edificios de espejo turbando el paso de los transeúntes que salieron de trabajar aquella tarde del veintinueve de junio. &lt;span style="font-size:85%;"&gt;[&lt;em&gt;A Victoria Eugenia]&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Martha I. Daza&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Rubicus Popokas&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctor Rúbicus Popokas se había pasado la mitad de la vida en la búsqueda del alacrán Emperador. Muy pocas personas de su generación habían oído hablar de él, y eran menos aún las que creían en su existencia. Un viejo códice en Sánscrito al que había tenido acceso en el Museo del Cairo decía que tal espécimen, en su edad adulta, llegaba a alcanzar la dimensión exacta de un cachorro de gato y podía producir una especie de melodía que embobaba a sus víctimas mientras el alacrán Emperador las aguijoneaba hasta matarlas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rúbicus Popokas estaba convencido de que tal animal existía y estaba obsesionado con encontrarlo. En su biblioteca de París, donde además de sus incunables poseía con orgullo no disimulado su colección única de arañas y alacranes, había preparado un lugar para cuando lo encontrase y había mandado a maquilar una pequeña placa de bronce con su nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el afán de encontrarlo le había dado la vuelta al mundo varias veces. No hubo desierto ni selva que no visitara en su frenética carrera. En esos años había visto desfilar ante sus ojos de todo, pero el alacrán Emperador parecía estar siempre un paso delante de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De vez en vez le llegaban vagas noticias de personas desconocidas, que decían haberlo visto en alguna ciudad remota. O que afirmaban haber escuchado su canto de Sirenas, en medio de la noche. Y el doctor Rúbicus Popokas corría inmediatamente hacia allá, aunque estuviera del otro lado del planeta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba por cumplir 69 años y la mitad de ellos los había dedicado a la búsqueda infructuosa del alacrán Emperador. Ya estaba casi resignado a no encontrarlo, cuando un atardecer de Junio un hombre increíblemente flaco, puso sobre su escritorio un ánfora de barro, tapada con un lienzo lleno de pequeños agujeros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es el animal que buscas –dijo el hombre, como si lo hubiese dicho para nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cómo estaré seguro de eso? inquirió el doctor Popokas, fijando sus ojos en la extraña luminosidad de los ojos del hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Porque él está tan cansado de correr como usted mismo –contestó el hombre mientras se alejaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cuánto le debo? –tuvo que gritarle el doctor, sintiendo que el co0razón se le salía del pecho por la emoción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Nada –escuchó que dijo la voz que se alejaba-. Las cosas que más se desean en la vida, casi nunca tienen precio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctor Rúbicus Popokas se quedó solo nuevamente, en su oficina de un suburbio de Tegucigalpa. Era lunes y nunca pensó que el lunes fuese buen día para recibir regalos. Pero, allí estaba el ánfora, frente a él, sobre el escritorio. Y como muestra de su contundente existencia, del interior del ánfora empezó a emerger una melodía que se le antojaba música de ángeles. Estuvo varias horas escuchándola, y sólo cuando comenzó a ganarle el sueño, pensó en la conveniencia de encender su grabadora portátil, por si acaso el animal amanecía ronco. Amanecer ronco era un decir, porque él sabía que se trataba de un alacrán y no de un Ruiseñor o de un Ángel, aunque cantaba como ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miró de nuevo el ánfora. “Allí –pensó- está la causa del fracaso de mis tres matrimonios”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El corazón seguía golpeando el interior de su pecho como un tambor, pero decidió que si ya había esperado media vida para conocerlo, bien podía esperar hasta que amaneciera, y así abrir el ánfora en presencia de todos los medios de comunicación. Llamó a sus contactos en el National Geographic, y estos le prometieron enviarle un equipo de reporteros. Saldrían en el próximo vuelo y llegarían en las primeras horas de la mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctor no creyó prudente abandonar la oficina y decidió recostarse en la pequeña cama sándwich, en la que tomaba sus siestas del mediodía y en la que, de vez en vez, había tenido apresuradas sesiones amatorias con una que otra investigadora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se durmió. Soñó que continuaba escuchando al alacrán Emperador, y que lo veía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soñó que era como un pequeño ángel, con cuatro pares de alas en la espalda, pero provisto del aguijón asesino en la parte alta de la frente. Despertó. Estaba bañado en sudor frío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miró por instinto hacia el escritorio y ya no vio el ánfora. Se incorporó, nervioso, y la localizó en el suelo, hecha añicos. En ese instante escuchó el canto del alacrán Emperador. La melodía del animal manaba como las aguas de un arroyo desde la repisa más allá de la cama, y descubrió que el insecto se preparaba a saltar sobre él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctor Popokas entendió entonces que la hermosa melodía era la de la muerte. Era sublime, triste, y seductora. Despertó del sueño de amor de la canción fatal y Agarró la pistola que siempre llevaba a la cintura y con un solo disparo, borró para siempre lo que había sido su razón de ser durante media vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Instantes después empezó a sentir una nostalgia dura y rasposa por aquella canción. En ese momento supo que ya había sido tocado y para siempre por el aguijón de muerte del mítico alacrán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Daniel Baruc&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;No solamente la caza del zorro&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un lugar de Entre Ríos al que llaman San José de Feliciano. Tal vez hacia 1905, en la ribera ondulante del río que los nombra, según los relatos orales de la larga tradición familiar, contados y recontados todavía por una voz en la espesura de los montes. Refugio de indios. Waikiraros. Algunos registros quedan todavía, papeles parcos y amarillentos en algunos journals de otro tiempo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;...&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agudas puntas de flecha entrevistas en la niebla de infancia removieron sus razones oscuras para rescatar esta historia. Nada extraordinario por lo demás, todo engañosamente simple y sumario, como la nieve que nunca cayó aquí; como ciertos meteoros. Cuerpos extraños en el rostro del mundo, inquietantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habría sido en 1850, cuando los ingleses empezaron a tender los hilos de araña del ferrocarril desde Santiago del Estero hacia el sur y hacia el oeste; o quizás el sargento Anderson ya estaría aquí como mercenario, habría llegado antes que las otras máquinas. Señor de la tierra, lo evocan aún los relatos como azote celeste con el sol cayendo a plomo, cazando todo lo que se moviera en esos parajes, con las negras botas y la Colt&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su montura y su impávido rostro, y las boleadoras que estrellaba –que sigue estrellando- en los cráneos de los pequeños nativos, que salían a jugar confiados tal vez en un rito ancestral que los protegería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cazador y su pálida sombra que no desdeñaban siquiera la pequeña vida frágil de venados y pájaros.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;...&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos pocos habrían tenido otra suerte, según testimonios recogidos, como esclavos en la estancia del patrón. Alguno incluso habrá visto a un hermano colgando como trofeo de caza detrás del recado inglés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, una historia tan simple: ellos, los dueños de estas flechas rotas; nosotros y esta expedición tanto tiempo después, en el mismo lugar y bajo el denso follaje de la verde noche inminente. Y de pronto un brusco silencio que reverbera y estalla, donde retumba una voz y se vuelve coro en el canto de violados siglos, una vaga amenaza de tambores fantasmales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguimos avanzando en larga huida hacia delante de nosotros mismos. Arriba, una muda luna blanca es testigo: apenas el escenario quieto, un cielo vacío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie recuerda ya –ni Dios en su infinita memoria de ultrajes -. Y nadie nos juzga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero algo muy dentro se pudre. Ah tan dentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;© Alejandro Drewes&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff6666;"&gt;_______________&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;mediaIsla proSÁBADO 044 29 de setiembre 2007.-&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6613415927818730862-8961479018472993685?l=mediaislaprosabado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/feeds/8961479018472993685/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=6613415927818730862&amp;postID=8961479018472993685&amp;isPopup=true' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/8961479018472993685'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/8961479018472993685'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/2007/09/prosbado-044.html' title='proSÁBADO 044'/><author><name>poeMARTES</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02144798228495611704</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='00915250062887198879'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/Rv0j0Mq1x2I/AAAAAAAAARw/Q_xv5zxvrzk/s72-c/bosch01.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6613415927818730862.post-798782399894996231</id><published>2007-08-23T20:35:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T23:33:04.245-08:00</updated><title type='text'>proSÁBADO O43</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;V&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;IENE, MAR&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/Rs5TALLc6BI/AAAAAAAAARQ/0qCyv5fIrYE/s1600-h/poniatowska.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5102106690323277842" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/Rs5TALLc6BI/AAAAAAAAARQ/0qCyv5fIrYE/s200/poniatowska.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;TÍN, Y NO ESTÁS. Me he sentado en el peldaño de tu casa, recargada en tu puerta y pienso que en algún lugar de la ciudad, por una onda que cruza el aire, debes intuir que aquí estoy. Es éste tu pedacito de jardín; tu mimosa se inclina hacia fuera y los niños al pasar le arrancan las ramas más accesibles… En la tierra, sembradas alrededor del muro, muy rectilíneas y serias veo unas flores que tienen hojas como espadas. Son azul marino, parecen soldados. Son muy graves, muy derechas. Tú también eres un soldado. Marchas por la vida, uno, dos, uno, dos, uno, dos… Todo tu jardín es sólido, es como tú, tiene una reciedumbre que inspira confianza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí estoy contra el muro de tu casa, así como estoy a veces contra el muro de tu espalda. El sol da también contra el vidrio de tu ventana y poco a poco se debilita porque ya es tarde. El cielo enrojecido ha calentado tu madreselva y su olor se vuelve aún más penetrante. Es el atardecer. El día va a decaer. Tu vecina pasa. No sé si me habrá visto. Va a regar su pedazo de jardín. Recuerdo que ella trae una sopa de pasta cuando estás enfermo y que su hija te pone inyecciones… Pienso en ti muy despacito, como si te dibujara dentro de mí y quedaras allí grabado. Quisiera tener la certeza de que te voy a ver mañana y pasado mañana y siempre en una cadena interrumpida de días; que podré mirarte lentamente aunque ya me sé cada rinconcito de tu rostro; que nada entre nosotros ha sido provisional o un accidente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy inclinada ante una hoja de papel y te escribo todo esto y pienso que ahora, en alguna cuadra donde camines apresurado, decidido como sueles hacerlo, en alguna de esas calles por donde te imagino siempre: Donceles y Cinco de Febrero o Venustiano Carranza, en alguna de esas banquetas grises y monocordes rotas sólo por el remolino de gente que va a tomar el camión, has de saber dentro de ti que te espero. Vine nada más a decirte que te quiero y como no estás te lo escribo. Ya casi no puedo escribir porque ya se fue el sol y no sé bien a bien lo que te pongo. Afuera pasan unos niños, corriendo. Y una señora con una olla advierte irritada: “No me sacudas la mano porque voy a tira la leche…” Y dejo este lápiz, Martín, y dejo la hoja rayada y dejo que mis brazos cuelguen inútilmente a lo largo de mi cuerpo y te espero. Pienso que te hubiera querido abrazar. A veces quisiera ser más vieja porque la juventud lleva en sí, la imperiosa, la implacable necesidad de relacionarlo todo al amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ladra un perro; ladra progresivamente. Creo que es hora de irme. Dentro de poco vendrá la vecina a prender la luz de tu casa; ella tiene llave y encenderá el foco de la recámara que da hacia fuera porque en esta colonia asaltan mucho, roban mucho. A los pobres les roban mucho; los pobres se roban entre sí… Sabes, desde mi infancia me he sentado así a esperar, siempre fui dócil, porque te esperaba. Te esperaba a ti. Sé que todas las mujeres aguardan. Aguarda la vida futura, todas esas imágenes forjadas en la soledad, todo ese bosque que camina hacia ellas; toda esa inmensa promesa que es el hombre; una granda que de pronto se abre y muestra sus granos rojos, lustrosos; una granada como una boca pulposa de mil gajos. Más tarde, esas horas vividas en la imaginación, hechas horas reales, tendrán que cobrar peso y tamaño y crudeza. Todos estamos –oh mi amor- tan llenos de retratos interiores, tan llenos de paisajes no vividos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ha caído la noche y ya casi no veo lo que estoy borroneando en la hoja rayada. Ya no percibo las letras. Allá donde no le entiendas en los espacios blancos, en los huecos, pon “Te quiero”… No sé si voy a echar esta hoja debajo de la puerta, no sé. Me has dado un tal respeto de ti mismo… Quizá ahora que me vaya, sólo pase a pedirle a la vecina que te dé el recado; que te diga que vine.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;El recado&lt;/span&gt; / Elena Poniatowska&lt;/strong&gt; [México, 1932]&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://cuentoenred.xoc.uam.mx/cer/numeros/no_2/pdf/no2_alonso.pdf"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://cuentoenred.xoc.uam.mx/cer/numeros/no_2/pdf/no2_alonso.pdf&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.llumquinonero.es/2007/02/28/elena-poniatowska-la-princisa-que-salio-del-cuento-para-escribirlo/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.llumquinonero.es/2007/02/28/elena-poniatowska-la-princisa-que-salio-del-cuento-para-escribirlo/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://cuhwww.upr.clu.edu/exegesis/ano10/v27/arivera.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://cuhwww.upr.clu.edu/exegesis/ano10/v27/arivera.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.filo.unt.edu.ar/centinti/iiela/revista_telar/revistas/1/5.pdf"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.filo.unt.edu.ar/centinti/iiela/revista_telar/revistas/1/5.pdf&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-2182-2005-04-24.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-2182-2005-04-24.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.elmundo.es/encuentros/invitados/2001/08/178/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.elmundo.es/encuentros/invitados/2001/08/178/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Contenido&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Daniel Montoly – Estudio sobre la alquimia de los sueños&lt;br /&gt;Nemías Meléndez – Mosaico&lt;br /&gt;Manuel Cubero – Fuego&lt;br /&gt;Fabricio Estrada – Excomunión&lt;br /&gt;José Tobías Beato – Dibujos en la arena&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;Estudio sobre la alquimia de los sueños&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese reino, lo soñado despertó al soñador a otro mundo, donde las fascinantes escenas sobre sí mismo se sucedían como en una retrospectiva cinematográfica ante sus ojos impávidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Retornaba a un lejano tiempo, en su infancia, donde su madre alargaba sus alas más allá de los deseos de su lengua. El padre abría su boca para mostrarle dragones y elfos jugando a esconderse en los jardines infantiles. Y sintió miedo a crecer o a ser despojado por la existencia de su niñez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por primera vez creía. Pájaros quiromantes ponían planos y espejos a sus pies, los bosques taurinos a la ladera del río azul bañaron sus múltiples rostros con alcaloide amarillo extraído de un agabe. Escuchó una voz impertérrita venir de él, la envolvió en una burbuja y le dejó que se elevara, ¿para qué querer retenerla?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estiró su cuello para verla irse, y alcanzó a ver otro reino geométrico cercano al suyo, donde vio estatuas en movimientos, otras sencillamente dialogaban entre ella,s apuntando con sus índices al sol. De repente oscureció, y la fascinación del sueño se hizo más intensa. Y los fragmentos del soñador se desintegraban, y él se rehusaba a creerlo, buscando detener la desintegración de su propio cuerpo onírico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue entonces que descubrió que había olvidado la razón antes del ser soñado por los sueños, por tanto, no recordaba nada de su antiguo presente. Como, ¿Quién era? ¿De dónde venía?... o su nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agobiado, se cortó el ombligo, lo ocultó debajo de unas rocas, y nació otra criatura semejante a él, pero con atributos femeninos. Él se quedó observándola, miméticamente, y ella formó un círculo plateado en torno a su vientre. Él se le acercó. Ella lo despojó de un halo colgado en una de sus orejas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces no se conoce su paradero o qué pasó con su progenie, pero todos quieren emular su sueño, y a partir de lo ocurrido, todas las noches se observan grupos de humanos, mirándose en las cáscaras de los cipreses, y juran creer ver líneas uniformes metamorfosearse en mariposas en el aura del viento. [&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Para Thelma&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;© Daniel Montoly&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Mosaico&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puede que lo de Caín, no sea como lo cuentan, puede que su abogado en el juicio, fuera un inepto, (o se vendiera, o lo compraran, para el caso; es lo mismo). Pudiera ser, que el fiscal del estado se confabulara con el juez, o que en la investigación o el experticio, alguien se saltara una prueba con la aviesa intención de incriminarlo. En la quijada del burro muerto no había huellas, probablemente a Abel lo mataran para robarle. Entonces, ¿por que decir Caín? Ya bastante tenía con sus ovejas negras, con lo difícil de sus cosechas siempre exiguas, amen de las ovejas de su hermano, devastando lo poco útil del sembradío y como si no fuera suficiente; la tozudez de su dios para aceptarle ofrendas. Del perro pastor debía tres letras. Su cayado, herido de carcoma se derrumbaba a pedazos, igual que la cerca de la finca. Pensaba si pintarla de blanco colonial o blanco hueso, ¡que dilema! Cierto, las cosas no iban bien. Pero, donde su novia (trabajaba en un banco), le aprobaron un préstamo con bajos intereses y tres años de gracia. La solución es simple (este gato, no tiene cinco patas), si tenia novia y no era de la familia. Que busquen al asesino en otra parte, porque aparentemente, Moisés, o no salió nunca, o escribió de oídas y como era de esperarse, se “equivoco” a sabiendas.- [&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;a un juicio no juicio y punto&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© Nemías Meléndez&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Fuego&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tarde tendió su rojo manto sobre el horizonte. Los árboles, preñados de color, lanzaron un mensaje de muerte, ladera abajo, tras el inocente y doloroso grito de unos niños. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Sólo la noche fue testigo de cómo un leve soplo de viento barrió del mundo la última huella del cándido trasunto vital de aquellas ígneas nubecillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras, lejos, desde un lujoso despacho, el buitre proyectaba un nuevo bosque de hormigón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Manuel Cubero&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;La excomunión&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El torrente inusual de un invierno lleno de ira se arremolinaba en el aire, y caía, con golpes de mar, sobre Sabanagrande. No se sabía la hora ni el hambre, encallados en la glorieta del parque esperábamos que escampara, como pájaros abatidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con los ojos fijos bajo el agua, nos sorprendimos, cuando de la esquina que conduce al atrio de la iglesia, apareció de pronto un cortejo fúnebre, cuyo féretro, alzado por cuatro borrosas figuras, se detuvo, a contraviento, frente a las puertas cerradas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llamaron a ellas, pero nadie abrió. Insistieron, la lluvia golpeó contra los candados del templo, pero nada. La mole barroca no abrió su boca y sus campanas se fundieron en el estruendo sórdido de la tormenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por unos instantes, los hombres que cargaban al muerto, oscilaron en la duda y luego, en una conversación rápida y gestual decidieron dar vuelta atrás y dirigirse al cementerio con paso rápido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La curiosidad se apoderó de nosotros que decidimos acompañar de largo al entierro, el primer entierro sin campanas ni rezos que habíamos visto en nuestras vidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El largo recorrido hacia el cementerio fue casi la imagen de una barca oscura, cuyos remeros, batían las corrientes que se despeñaban por la cuesta empedrada. Atrás, vadeando su estela de muerte, íbamos nosotros, como delfines del leteo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al despuntar los dos inmensos ceibones que abren paso al camposanto, los hombres se detuvieron, bajaron el ataúd y rezaron largamente. Los ceibones burbujeaban y ladeaban sus enormes copas, zarzas fragorosas que semejaban corales monstruosos bajo aquel inagotable temporal. Una vez terminadas sus oraciones, los hombres cargaron de nuevo al muerto y avanzaron entre los troncos, se detuvieron un instante ante estas otras puertas, dudando de nuevo, pero esta vez, el vacío los flanqueaba y entraron, hieráticos y con un mayor estruendo en su silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin que ellos notaran nuestra presencia, pudimos colarnos hacia una buena posición desde donde pudimos ver que adentro, los esperaban dos peones que, en un esfuerzo frenético condenado al fracaso, trataban de sacar el agua que anegaba la tumba abierta por ellos mismos. Los dolientes, bajaron el ataúd y esperaron, pero muy pronto se dieron cuenta que los peones necesitaban de su ayuda y, con latas que servían de floreros a otras tumbas, comenzaron a achicar aquel pozo dentro del cual pretendían sumergir a su deudo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no les quedó otra que aceptarlo: la tormenta no cesaría ni la tumba dejaría de colmarse de agua. Se cruzaron un par de miradas, bajaron la cabeza un instante –de nuevo en ese instante en que la vida se suspende como una gota de lluvia en las nubes- y procedieron a depositar el cajón en su interior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero nada los prepararía para el rechazo manifiesto de la tierra, que una vez sentido el áspero pino en sus entrañas, lo vomitó al acto como si de un corcho sumergido se tratara. Sin amilanarse, tomaron las palas y piochas y con ellas, intentaron empujar el cajón hasta el fondo, mientras éste burbujeaba convulso. Pero nada, la tumba no lo quería recibir y la tormenta arreciaba contra las tablas en medio de un trepidante encono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Consiguieron piedras y cruces de cemento arrancadas, le arrojaron encima hasta la grava que en principio estaba destinada para la plancha y para terminar de hundirlo, hicieron el gesto definitivo de lanzarle la lápida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo quedó para la lluvia y nuestros recuerdos. Los hombres se persignaron y se perdieron en el regreso presuroso hacia el pueblo. La tumba del suicida quedó completada con todos los escombros que la lluvia le arrancó a la vida ese día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Fabricio Estrada&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Dibujos sobre la arena&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajo el sol los granos de arena refulgen como plata y oro. El viento juguetea, al tiempo que murmura advertencias. De pronto, miles de crustáceos asustados buscan refugio en las cuevas de los alrededores. Decenas de mujeres gritan y huyen. Los niños lloran y los hombres tiemblan al pensar en el pavoroso porvenir de los suyos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es que la playa ha sido tomada. Miles de soldados romanos corren por ella jubilosamente arrogantes. Sus corazas y cascos brillan dorados, al tiempo que con sus espadas y lanzas imponen el terror.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un estudioso se encuentra en la playa; uno que, algunos acusan de haber provocado días atrás el incendio de los barcos que transportaban a estos mismos soldados, mediante un ingenio de espejos. También dicen que inventó contra ellos la catapulta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero al momento el estudioso no se da cuenta de nada, tan concentrado está en los diagramas que sobre la arena muestran poleas, tornillos y palancas con los que pretende mover el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una ligera espuma cubre tímidamente algunas fórmulas que anticipan el cálculo de Leibniz y Newton. Viéndolas, el sabio sonríe…….No obstante, su aislamiento y soledad se interrumpe de pronto cuando un valiente de mirada violenta se coloca a su lado. También mira las fórmulas, y asume que con ellas el anciano se burla de su presencia. Mas éste no le hace caso y persiste en su tarea………&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tosco saca su espada y comienza a deshacer las anotaciones que la arena, bajo el empuje del viento y las olas, es incapaz de salvar. De ellas quedan solamente figuras imprecisas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“No borres mis diagramas” le ordena severo el sabio. Entonces el truculento, sin pensarlo dos veces, agita su espada otra vez y lo mata. Decenas de siglos han transcurrido desde aquella escena insensata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía aquella arena, testigo del crimen, refulge como plata y oro. Pero el mundo ha olvidado el nombre del soldado romano. Sin embargo, aún el viento de Siracusa juguetea sobre la playa y desde entonces murmura el nombre glorioso del sabio……...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;© José Tobías Beato&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff6666;"&gt;_________________&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;mediaIslaproSÁBADO 25 de agosto 2007.-&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6613415927818730862-798782399894996231?l=mediaislaprosabado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/feeds/798782399894996231/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=6613415927818730862&amp;postID=798782399894996231&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/798782399894996231'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/798782399894996231'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/2007/08/prosbado-o43.html' title='proSÁBADO O43'/><author><name>poeMARTES</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02144798228495611704</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='00915250062887198879'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/Rs5TALLc6BI/AAAAAAAAARQ/0qCyv5fIrYE/s72-c/poniatowska.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6613415927818730862.post-5852317314561535791</id><published>2007-07-27T02:34:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T23:33:04.409-08:00</updated><title type='text'>proSÁBADO 042</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;LLA TENDRÍA&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/Rqm_ScmaA3I/AAAAAAAAARA/Ag5z61WV02Y/s1600-h/onetti%2520humo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5091811177354888050" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/Rqm_ScmaA3I/AAAAAAAAARA/Ag5z61WV02Y/s200/onetti%2520humo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; CINCO O SEIS AÑOS cuando empecé a enterarme verdaderamente de su existencia. Hasta entonces era la primera hija de los Torres, una criatura tan bella que parecía hecha con manos de artista, pero no de la manera acostumbrada: Una enanita cargosa que estaba aprendiendo a hablar y oía conversaciones sin entender, ya con una mirada fija en los rostros parlantes de los mayores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claro, mis visitas nocturnas a los Torres con bebidas sin más límite que los rechazos de hígado o estómagos siempre o casi siempre reducidas a temas literarios, conversados casi sin discusiones con la admirable inteligencia de Rodrigo y su infalible intuición poética y algún escritor que transcurría con su pareja, se repitieron durante algunos años. Alicia tejía las horas, infatigable, con colores variados de las lanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muy pronto llegó la media docena de años para la niña y se produjo y reprodujo en los principios de la madrugada un cambio de ambiente sutil y memorable. Se llamaba Beatriz, le decían Bichi, yo la llamaba -tal vez todavía- Bichicome. Mal vestido peinador de playas, resignado con la pobre, diaria cosecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se produjo un cambio. Alicia interrumpía muy de vez en cuando su labor para pronunciar, cabeza inclinada, alguna frase corta y venenosa que encajaba con suavidad y destreza en la charla y que muchas veces era para mí. La sonrisa era de pura diversión; nunca acompañaba la pequeña maldad de las palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como te decía, hubo la imposición de un rito. Fue como si una noche, de pronto, hubiera dejado de mojar la cama y todos la miramos con sorpresa, seguros de que solo para ella habían pasado los años, dos o tres, e irrumpiera en nuestra conversación interminable, acaso la misma con que la habíamos aburrido cuando era una niña de paso balbuceante. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Así, una noche, cuando yo era el único contertulio que seguía hablando de libros y chismes, cuando había quedado solo con sus padres, ella, Bichicome, apareció envuelta en un salto de cama de la madre, adornado en los bordes con marabú teñido de violeta, que arrastró por la alfombra, fingió bostezar y desperezarse, caminó alrededor de la mesa bebiendo todos los restos de bebidas que habían sido olvidados en los vasos. Después se acercó con la boca fruncida y malhumorada, los ojos brillantes por la risa y se acomodó frente a nosotros, en el gran sofá ahora vacío y jugó con los adornos del salto de cama. El cabello muy largo y rubio. Sonrió a nosotros; a los ángeles, a los pequeños diablos, sus amigos. De vez en cuando una pregunta inútil, una curiosidad mentirosa pronunciada con voz de queja, que era innecesario responder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así, una noche y otra y todas las noches de mis visitas. Era demasiado niña para que yo la mirara con ojos distintos a los del hombre que tiene una hija de casi igual cantidad de años y que vive en otra ciudad y fue enseñada a odiarme. Pero ningún sentimiento de nostalgia me impedía mirar a mi Bichicome y pensar melancólico que cuando ella tuviera quince años yo sería irremediablemente viejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después, sin avisos visibles, como suelen llegar estas cosas, la Gracia descendió sobre Alicia y se hizo bautizar y confesó y llena de temor, como si la niña estuviera enferma, decidió bautizarla sin espera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bichicome tenía un tío millonario que vivía en un yate y navegaba entonces por aguas de Canadá. Católico como correspondía a un latino con fortuna, aceptó entusiasta la invitación para el padrinazgo y telegrafió la fecha en que, entre viento y motores, podría estar en Monte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ya por entonces el corazón de Bichi era mío, obsequiado sin que yo se lo pidiera. Era todo lo que podía darme; pero ya lo había hecho en silencio y nada se había enmendado. Y nadie pudo modificar su veto al padrino de oro. Ni sermones, ni razonamientos, ni tenaces insistencias. Yo sería el padrino o no habría bautizo. No pudo elegir peor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así llegó la mañana en que atravesando la resaca entré a la iglesia o capilla, soporté el latín del cura, vi como le mojaba a Bichi la frente con óleos sagrados, le ponía sal en la lengua y pasaba con Rodrigo a la sacristía para colocar la manufactura de un ángel. Bichi disfrazada de novia imposible; solamente el Señor podía darle acomodo en su lecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya en la calle vi empañarse mis lentes; estaba mezclando a la hija ausente con mi única ahijada. Y recordé que ambas iban a crecer y perder para siempre el paraíso de la infancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Bichicome&lt;/span&gt; / Juan Carlos Onetti&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;[Uruguay, 1909{1994]&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://www.literatura.us/onetti/index.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.literatura.us/onetti/index.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://sololiteratura.com/one/onettiprincipal.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://sololiteratura.com/one/onettiprincipal.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/onetti/index.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/onetti/index.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.borris-mayer.net/onetti/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.borris-mayer.net/onetti/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.uruguaytotal.com/videos/c5_info.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.uruguaytotal.com/videos/c5_info.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://ellamentodeportnoy.blogspot.com/2007/03/el-astillero-de-juan-carlos-onetti.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://ellamentodeportnoy.blogspot.com/2007/03/el-astillero-de-juan-carlos-onetti.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2101"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2101&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://video.google.com/videoplay?docid=5460788355133802164"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://video.google.com/videoplay?docid=5460788355133802164&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.educared.org.ar/guiadeletras/archivos/onetti_juan_carlos/index.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.educared.org.ar/guiadeletras/archivos/onetti_juan_carlos/index.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.henciclopedia.org.uy/autores/Delatorre/Onetti.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.henciclopedia.org.uy/autores/Delatorre/Onetti.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.aviondepapel.com/aviadores/onetti.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.aviondepapel.com/aviadores/onetti.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://letras-uruguay.espaciolatino.com/onetti/index.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://letras-uruguay.espaciolatino.com/onetti/index.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=oNv8uUBf_kQ"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.youtube.com/watch?v=oNv8uUBf_kQ&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.oei.org.ar/edumedia/pdfs/T11_Docu5_Onetti.pdf"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.oei.org.ar/edumedia/pdfs/T11_Docu5_Onetti.pdf&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.elpais.com/todo-sobre/persona/Onetti/Juan/Carlos/4017/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.elpais.com/todo-sobre/persona/Onetti/Juan/Carlos/4017/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Contenido&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;José O. Álvarez – Pedro mena, autor de Borges&lt;br /&gt;Sergio Borao Llop – Moebiana&lt;br /&gt;Pablo Martínez – La presa&lt;br /&gt;Pilar Romano – Volver en julio&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;Pedro Mena, autor de Borges&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy Pedro Mena y soy el autor de Borges. Puede que esta confesión caiga como baldado de agua fría en la cabeza de los amantes de ese impostor, pero es una verdad que no ha visto la luz por estar cumpliendo condena. Un editor que tiene los derechos de la obra cervantina y ahora "dizque borgesiana", me demandó por plagio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus espías académicos defensores de las letras y la dignidad me cogieron copiando El Quijote al pie de la letra y eso me ha costado casi toda mi vida en prisión. Sin embargo, el mismo desgraciado que desgració mi vida se dio mañas para hacerse a mis escritos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora que soy libre me encuentro con que todos mis apuntes los han falseado y tergiversado y le son atribuidos a un tal Borges.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tiempo de prisión me curó de la costumbre de copiar textualmente a los clásicos que tenía desde que tengo uso de razón. Dante, Shakespeare, Homero, Tomás de Aquino, Aristóteles y uno o dos más eran mis maestros. Repetir textualmente los escritos de estos autores me permitía adentrarme en los vericuetos de su genialidad para apropiarme de su memoria, aburrirme con sus ángeles y gozar con sus demonios. Era una forma de re-lectura en la que me escudaba para evitar la pérdida de tiempo con la basura de los contemporáneos que mis contertulios me recomendaban con ahínco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque mi amigo el siquiatra me diagnosticó que la mejor manera de ser escritor era asistiendo a los talleres de escritura, con una sola vez que asistí a uno de ellos quedé curado. Me estrellé con mucha parla, poca letra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la corte no aceptaron mis excusas. Con palabras altisonantes tan caras a esa gentuza me disculpé con aquello de que la mejor lectura es la que se escribe. El peso de la fortuna del editor de marras pesó en el mazo de madera del juez y mi vida se dirigió por los senderos del infortunio. &lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;No fue por falta de talento que no escribí novelas o ensayos peripatéticos. La brevedad de mis escritos se debió, en principio a la falta de papel, al final a una progresiva desconfianza hacia el lenguaje. El único escrito largo, exceptuando las obras que copiaba textualmente, fue el que escribí en las paredes de la cárcel que pintaban una y otra vez. Ésa, que considero mi obra maestra, era mandada a borrar por el director de prisiones cada vez que llenaba sus muros. Enemigo acérrimo del graffiti castigaba sin piedad toda escritura. Abrigo la esperanza que algún día, cuando logre aclarar todo este embrollo, pueda exhumar el palimpsesto de mi obra maestra siguiendo los procedimientos que utilizaron para recuperar el original de la Ultima Cena de Leonardo de Vinci que casi había desaparecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La infamia de todo este enredo merece una historia local. Han llegado al descaro de titular a unos de mis manuscritos como "Textos cautivos", cuando el que estaba cautivo era yo. Afortunadamente puedo contar el cuento porque no llegaron al extremo de poner en práctica los postulados del homicida Roland Barthes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No quiero agobiarlos con hechos de mi vida para dar constancia de mi reclamo, sino enumerar algunas de las obras cuyos títulos y contenido fueron tergiversados añadiéndoles retazos de enciclopedia para congraciarse con los pedantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"El Delta", que seguía las electroencefalográficas frecuencias del sueño, fue cambiado a "El Aleph" que se ubica en el nivel de lo real. La cuadratura del tiempo finito representado en un dado, dio paso a la cacofonía del caos del infinito tiempo circular representado en una minúscula bola brillante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Jardín de los senderos que se bifurcan era el de los senderos que se multiplican. Había rehusado ese título que fue el primero que me asaltó al escribirlo, porque me parecen abominables las pobres dicotomías que tanto sirven a los críticos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Funesto el desmemoriado, quien había servido de conejillo de indias a un doctor alemán de apellido Alzheimer, lo bautizaron Funes, el memorioso. El protagonista mío veía la inutilidad de la historia que siempre se repite. Por eso su memoria era virgen. Ninguna idea lo manchaba. En cambio el otro, se convertía en una enciclopedia ambulante de datos inútiles que matan la capacidad del asombro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para no caer en el campo de las repeticiones, de las enumeraciones ad infinitum abusadas por mi impostor, el lector ya puede imaginar lo que sucedió con todos los otros manuscritos. Si de lector pasivo se trata (Dios me libre de invocar aquí la torcedura política de Cortázar), remítase a la teoría de la recepción del tan manoseado teórico alemán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su supuesto "corpus" literario es motivo de discusión en todos los círculos del planeta. Lecturas borgesianas compiten con lecturas chamánicas y lecturas bíblicas. En los primeros he tratado de entrar para aclarar dicha impostura pero siempre me sacan a empellones y me declaran persona no grata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una revista francesa que denunció el entuerto fue sacada de circulación y Roger Caillois, quien firmaba el documento, condenado al olvido. Antonio Tabuchi, siguiendo las pistas del francés, lo corroboró en el suplemento literario del periódico Clarín de Buenos Aires el 13 de junio de 1996, pero recibió su bien merecido: fue ignorado y declarado loco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No culpo a Borges. Él fue solo una víctima del tinglado armado por académicos y editores. Se aprovecharon de su bondad pero fundamentalmente de su ceguera, como se aprovecharon de mí por venir de un lugar remoto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ese complejo de inferioridad de creer que sólo trasciende lo que huela a extranjero, vea a blanco y suene a plata, hasta mi nombre fue cambiado. En lugar de Pedro Mena, natural del Chocó, negro y sin dinero, me llamaron Pierre Menard.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© José O. Álvarez&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Moebiana*&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para verificar que venía siguiéndome, ensayé itinerarios imposibles. Así, ejecutamos con precisión idénticos vaivenes, idénticas elipses, recortes y tirabuzones. Recorrimos extraños vericuetos, laberintos y desiertos. Inventamos rutas, estaciones y nombres de ciudades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como era previsible, nos perdimos; y lo que es peor: Después de tantas vueltas inútiles ya ni siquiera sabemos quién es el perseguido y quién el perseguidor, ni qué motivó esta situación, ni adónde nos dirigimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*Moebiana. De Moebius. La banda o anillo de Moebius es una superficie de un sólo lado, donde envés y revés son la misma cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Sergio Borao Llop&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;La presa&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que murió su madre, aquella vida de los barrios se le había hecho insoportable a René Marte. En verdad, desde su adolescencia, cuando le viraron el mundo y lo trajeron a vivir entre el bullicio de los altoparlantes, el monótono pregón de los buhoneros y el humo maloliente de los vehículos y la basura acumulada en todos los rincones, jamás pudo adaptarse a este cinturón de miseria donde vinieron a recalar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ello, ante la desidia de la gente y el hedor que lo inundaba todo, no lo pensó dos veces; se fue a vivir al campo, huyéndole al bullicio y al progreso de la capital. Tenía vivo en sus recuerdos el río de su niñez, ese hermoso caudal que bordeaba los terrenos que dejó su padre en heredad, y que lo vio crecer hasta que era ya un hombrecito. Al fin y al cabo eso era lo que siempre había soñado: volver al campo, y construir su casa en el cerro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando miró su rancho recién terminado, creyó que tal vez sería más acogedor si tuviera en el frente un gran árbol que le diera sombra. Pensó en el framboyán que había visto camino al río, y fue a buscarlo. Lo sembró donde había mejor tierra para que creciera mas rápido. Alguien le había dicho que la borra de café era un buen abono, que hacía que los árboles se dieran grandes.&lt;br /&gt;Pasaron los días. René le echaba borra de café a su matita, que cuidaba con esmero, como si fuera su única familia. Le acariciaba las hojas de vez en cuando mientras la plantita crecía y crecía casi frente a sus ojos. Algunas veces, al acariciarla, pensaba en Carmencita, la hija del bodeguero, a quien le había prometido regresar para llevársela a vivir con él a ese cerro de Bonao. Cómo era de putica la condenada –pensó-. Recordó las travesuras que ella le hacia cuando estaban solos en el colmado, mostrándole los senos sólo para verle la cara, ya que le decía que él era muy serio; y con tanta picardía lo recordaba, que hasta se reía, porque fue ella quien casi lo obligó para darle su primer beso. Cuando bajaba al pueblo generalmente era para llamarla, comprar algo y recoger la borra que le guardaba una tía suya que tenía un negocio donde se vendía café colado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su tía siempre le decía que se fuera a vivir con ella al pueblo, pero él se negaba diciéndole que en ese cerro viviría con su mujer y criaría los hijos que Dios le diera; siempre alejado del ruido y el desorden de la gente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El árbol había crecido en poco tiempo, su fronda ya era suficiente para dar su sombra y René, sentado bajo ella en una silla de guano, se extasiaba recordando a la mujer que pronto estaría acompañándolo en aquella hermosa soledad; siempre observaba lo fuerte que había quedado el rancho, no lo tumbaría ni un huracán –pensaba-. Tiró la vista al llano y vio sus reses y sus chivos pastando tranquilos, y más adelante, el río que se perdía entre el monte. Fue entonces cuando volvió a escuchar el mismo rugido que otras veces, pero ahora se oía mas cerca; sí, eran tractores, los conocía muy bien, y no precisamente de arar la tierra; los había visto en acción en Villa Juana cuando tumbaron el ranchito donde vivió junto a su madre, y le dieron los chelitos con los que había logrado su soñada heredad. Pero el ruido todavía venía de lejos. Cerró los ojos y continuó pensando en Carmencita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mañana, tuvo un sueño. Soñó que entre su sabana tibia se deslizaban unas suaves manos que lo acariciaban, y pudo ver dibujada la figura de una escultural mujer que se contorneaba libidinosa y en celo. Se imaginó que era Carmencita que había llegado y lo tentaba a hacer travesuras; al descubrir la sabana quedó perplejo, millones de raicillas del framboyán, haciendo un extraño zumbido se habían unido y formado una escultura con figura de mujer que yacía a su lado, como una amante esposa en busca de amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo despertó el rugido estrepitoso y violento de las máquinas. Comprendió que el sonido no era del sueño que venía, era de la realidad. Las voces de los hombres se confundían entre los tractores que se diputaban el derrumbe del cerro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;René Marte vio su framboyán partido en mil pedazos entre las fauces de un tractor. No fue rabia, ni estupor, fue amor. Le fue encima al maquinista con un machete. Sonó un disparo. René cayó rodando hasta donde se hallaba su árbol deshecho entre la pala mecánica. Abrió sus ojos y acarició sus hojas como lo hacía cada mañana. Un hilillo de sangre se deslizó de su boca hecha tierra, mientras una profunda y terrible oscuridad le cegaba los ojos, y le robaba sus sueños para siempre…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante la confusión reinante, el capataz, pistola en manos, dejó escuchar su voz:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pero ese hombre estaba loco, por poco le rompe el pescuezo a ese infeliz que tiene tres muchachos –señalando al maquinista-. Parece que nadie le dijo que por aquí es que va la presa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Pablo Martínez&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Volver en julio&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué les puedo contar en esta noche de julio...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que mi corazón sigue trotando sin apuro y me reclama de vez en cuando alguna invitación, pero lo dejo seguir porque no sé adónde llevarlo, porque no veo ninguna puerta nueva por donde entrar con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que sigo pensando que el pasado fue mejor, quizá porque tengo miedo de haber desfigurado el futuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que me parece que pocas cosas buenas llegan y las que llegan no duran.&lt;br /&gt;Pero quiero contarles también que sé salir de las sombras y los incendios. Más cansada quizá, pero íntegramente yo. A veces me ayuda alguien, desde un laberinto de historias que se me han vuelto invisibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estamos en julio otra vez. Y julio tiene ese silencio tan especial... un silencio que me empuja a buscar abrazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizá sea agosto o quizá sean los frescos tardíos de setiembre los que me hagan recordar que aún cerrando los ojos puedo ver volar los pájaros y que esos pájaros vuelan para mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;strong&gt;© Pilar Romano&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff6666;"&gt;______________&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;mediaIslaproSÁBADO 28 de julio 2007.-&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6613415927818730862-5852317314561535791?l=mediaislaprosabado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/feeds/5852317314561535791/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=6613415927818730862&amp;postID=5852317314561535791&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/5852317314561535791'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/5852317314561535791'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/2007/07/prosbado-042.html' title='proSÁBADO 042'/><author><name>poeMARTES</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02144798228495611704</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='00915250062887198879'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/Rqm_ScmaA3I/AAAAAAAAARA/Ag5z61WV02Y/s72-c/onetti%2520humo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6613415927818730862.post-6600237543345847353</id><published>2007-06-27T16:38:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T23:33:04.526-08:00</updated><title type='text'>proSÁBADO 041</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;N&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;UNCA&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RoL4cxz1oxI/AAAAAAAAAQg/sudFU4vlK0Q/s1600-h/carmenNaranjo+(2).jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080896502918128402" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RoL4cxz1oxI/AAAAAAAAAQg/sudFU4vlK0Q/s200/carmenNaranjo+(2).jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; TE LO HE PREGUNTADO, nunca. Ni cuando tosés, ni cuando sonreís. Nunca. Me alarman tus ojos alargados cuando te encuentro en los pasillos, tu voz tiembla cuando atiendo el teléfono y me dice con cierto temor. ¿Es usted, realmente usted?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella primera vez que fui a tu casa, después de cenar y saborear el último trago de vino, mientras veía la enredadera trepar y trepar por la ventan, creía que lo más natural era empezar a desvestirme, pues tus gestos tímidos, en algunas de tus palabras y de tus recorridos silenciosos e insistentes se adivinaba un deseo espeso, que era imposible detener.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dijiste que no, no era eso lo que querías. Con bastante desconcierto seguí hablando de los misterios de la noche, esa noche mágica abre puertas, abre ojos, abre sexo, abre soledad, abre comunicación, abre búsqueda. Adentro me pregunté qué diablos querías. Nunca tomé iniciativa alguna, ni hubo de mi parte la más absoluta insinuación, simplemente respondía a tus cortesías, a tus regalos, a tus extrañas cartas de amor con la educada atención de quien se da cuenta de que está siendo distinguido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después me pediste que me desnudara poco a poco. Contesté ya no tengo tiempo ni ganas, otro día, otra noche mágica abre sueños, abre misterios, abre paredes, abre pensamientos, abre caminos, abre posibilidades, abre lágrimas, abre protestas, abre claves. Y me fui con la frescura de cerrar cualquier curiosidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo otra noche y muchas noches más. Las que me dieron la gana me desnudé y se hicieron cortos y largos trabajos de amor sobre tu cuerpo y sobre mí cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No pudiste retenerme, mi rumbo era otro y por eso llegó la noche mágica cierra puertas, cierra sexo, cierra besos, cierra deseos, cierra música, cierra silencio, cierra manos, cierra, caricias, cierra piernas, cierra movimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no comprendiste y desde entonces tus atisbos, tus encuentros en todas partes, tus llamadas telefónicas con eso de qué es de tu vida, tus cartas, tus invitaciones, tu letanía de reclamos, frente a mis evasivas, mi tengo mucho que hacer, por qué no me dejas en paz, adiós y buena suerte, y no quiero compromisos y estoy hasta el copete de ser responsable, por favor olvídese y búsquese alguien distinto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por las calles sus ojos pegajosos, por las fiestas sus manos busca remordimientos, por los timbres sus llamadas de atención, por los vestíbulos su voz de insinuaciones y reproche, por los caminos la sospecha de dónde va y qué está haciendo. Un acoso, una batalla con múltiples frentes y mi escasa libertad subsidiada por el descanso de su no encuentro, de su no presencia, de su disiparse un momento para volver, como si no hubiera pasado un segundo, con su eterna pregunta de qué ha hecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y nunca te lo he preguntado. Nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy metida en la noche mágica, que entreabre y entrecierra flores y enredaderas, labios y laberintos, voces y bullas, bares y sesiones de comedia humana, libros y sentencias absolutas, oraciones y mentadas de madre, suspiros y escupites, manoseos y discursos, penumbra de claridades y hambre de misterios que regatean solvencia a las ceremonias, me pregunto y te pregunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay razón alguna. Nunca hubo razón alguna. Tu labio tropezó con el mío, el tuyo esperaba antes de esperar. El mío ya era camino abierto. Te miré como se mira a los tontos con cierta obligación temporal de complacerlos. Vos me miraste antes de que mirara, con inclinación marcada hacia lo distinto. ¿Cuál culpa propia hay en la culpa? Y la culpa es una enfermedad que se contagia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quisiste contagiar, lo sé. No sabías que cargo a mi espalda la noche mágica, la que a veces abre, la que a veces cierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En todo caso, no te lo he preguntado nunca, ni pienso preguntarte nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#cc0000;"&gt;Esa noche que camina conmigo&lt;/span&gt; / Carmen Naranjo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;[Costa Rica, 1928]&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.clubdelibros.com/escarmennaranjo.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.clubdelibros.com/escarmennaranjo.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.mcjdcr.go.cr/magon/carmen_naranjo_1986.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.mcjdcr.go.cr/magon/carmen_naranjo_1986.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.inamu.go.cr/nuestras-huellas/GaleriaCultural/Novela/NovelaCarmenNaranjo.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.inamu.go.cr/nuestras-huellas/GaleriaCultural/Novela/NovelaCarmenNaranjo.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://elojodeadrian.blogspot.com/2006/03/una-visin-panormica-del.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://elojodeadrian.blogspot.com/2006/03/una-visin-panormica-del.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://books.google.com/books?id=MsfnEkqQRJ8C&amp;pg=PA209&amp;amp;amp;amp;amp;lpg=PA209&amp;dq=carmen+naranjo&amp;amp;source=web&amp;ots=8GFfPKa28p&amp;amp;sig=cpaE43tOF5WX2TXviT7WmhYwY2I#PPA281,M1"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://books.google.com/books?id=MsfnEkqQRJ8C&amp;pg=PA209&amp;amp;amp;amp;amp;lpg=PA209&amp;dq=carmen+naranjo&amp;amp;source=web&amp;ots=8GFfPKa28p&amp;amp;sig=cpaE43tOF5WX2TXviT7WmhYwY2I#PPA281,M1&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.clubdelibros.com/archicarmennaranjoentrevista.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.clubdelibros.com/archicarmennaranjoentrevista.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#cc0000;"&gt;Contenido &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tony Pichs – Sobre el mar&lt;br /&gt;Luisa Belandia – Domingos&lt;br /&gt;Aldo Vercellino – Cartas vivas&lt;br /&gt;Bárbara Machado – Universo paralelo&lt;br /&gt;Manuel García Cartagena – Hambre de ti, Rosita&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#cc0000;"&gt;Sobre el mar&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Sobre el mar, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;ahí, sobre el mar, el demonio y los sueños resumen el afán de desmentir al abismo que se levanta para alcanzar las estrellas.Sobre ese mar, repetí en vosotras los deleites de esta vida, solté mis sueños, dejando volar sus esperanzas, amarré mis ambiciones a un altar para seguir las tuyas, sin pensar que un día los puñales se quedarían con los recuerdos de una juventud.Sobre el mar, incrédulos quedaron mis ojos, golpeando a un hombre cansado que escribió algunos poemas sin ser poeta, para desahogar sus penas.Fue ahí, en ese mar que me vio nacer, donde no pude vivir en alta voz y descubrir que la naturaleza era el cielo, que las causas eran mías que el sostenerme de tus brazos me dejaron como un vagabundo.Con frecuencia, pensé desaparecer suavemente sobre mí mismo pero continué por la luz que sólo podía ver, la luz del mar, que llevaba mis sueños al demonio para entregarle este alboroto de ideas que hoy me matan.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;© Tony Pichs&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#cc0000;"&gt;Domingos&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los domingos, no encuentro papel, ni pluma, ni fantasía. Los domingos son torpes como monja en secucion. Sigo andando alrededor de la isla, y las olas del mar inundan las raíces del árbol laborioso del resto de la semana. No hay rascacielos ni hurgainfiernos, sólo un desfile de pensamientos ahogados durante seis días activos, para desembocar en la vagancia de las letras dominicales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Luisa Belandia&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Cartas vivas&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escribí cartas sobre una tumba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No acerca de, ni que versara de sepulcros, sino encima. Una tumba fría y abandonada por todos -hasta por la extinta, supongo- menos por mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante años dejé testimonio de la dimensión de una injusticia en que la difunta estuvo involucrada, aunque ella dice, a juzgar por su silencio, que no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empecé tímidamente, por orgullo: una esquelita breve, ya transcurrido el tiempo prudente, que se transformó en una barroca exposición en el segundo intento, azuzado por su desdén y la necesidad de aclarar ciertas cosas que me parecían muy importantes. Odio quiero más que indiferencia, se intitulaba, y era delatora porque claramente se me veía dolido en la ambigüedad. Me arrepentí de esa actitud, por mostrarme débil y entregado; nada le gustaba tanto a ella como saberme a su merced y siempre dispuesto, tanto al perdón cuanto a la súplica y la puteada. "Sí, sé que sabés que la injuria esconde y devela a un llanto", le aclaré, resignado, y traté de recomponerme y volver al ataque fortalecido. Ataque, fortaleza, estrategia... qué palabras horribles dedicadas al amor, pero qué inevitables; no sé cómo llegue a eso, cómo pude aceptar su convite al combate y la competencia; yo le ofrecía el mundo; ella nunca tuvo sentimientos, ni en el más allá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No niego que tuve y a veces tengo furibundos deseos de venganza, pero para qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante lustros apilé hojas lapidarias y sepulcrales. Sé que las leyó, porque desaparecían semana a semana. Tal vez por simple regocijo ególatra; quizá porque en el fondo algo me quisiera. Y nunca tan en el fondo como en la muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguramente pensará que voy a ir, manso, a buscarla, como siempre, pero esta vez no voy a ser quien comparezca; siempre soy yo el que da el brazo a torcer, y una relación de a dos involucra a los dos. Eso le voy a decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo sincero sería que le dijese que la amo con toda el alma y para siempre y lo repitiera una y otra vez de rodillas pero eso no sirve, ya lo he comprobado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A ellas les gusta hacerse las difíciles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Post data&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De cada una de las miles guardé cuidadosa copia; es fácil presumir que escribí el doble de lo que le dije, pero a eso ella nunca lo sabrá: no es digno ostentar dignidad, y yo la amaba. Hace mucho, cuando estaba viva, cierta y palpable, le había declarado "No me avises cuando te vayas. No me interesa conjurar la distancia de tan mala, absurda e inefectiva manera: ni los metros ni las horas se resuelven escribiéndolos. Si no hay brazos ni voz y hay que inventarlos, no me interesan aunque sí me involucren y afecten. No voy a caer en la trampa / de hablar con fantasmas.", epistolarmente y mintiendo. A lo mejor se sintió abandonada de antemano, pero era para protegerla; a veces hay que tener frialdad de cirujano. Por otro lado, no era igual el sentido, la intencionalidad y la vigencia de aquella misiva entonces que ahora. Escribí cartas sobre una tumba. Nunca me fueron contestadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Aldo Vercellino&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Universo paralelo&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debo hacer un alto en el camino ahora, me detiene una luz que asoma entre las sombras; una voz que se aleja y regresa, presa de su propio eco, como un espíritu cautivo que se rehúsa al olvido, absorbe mi atención, la magia no excluye ningún detalle, me distrae como incitándome a evadir algún propósito. O tan solo me recuerda que no debo olvidar huir de la nada, esta nada que me acorrala cotidiana y metódica, disfrazada de caras numerosas en demasía; ambiguas, extrañas, ajenas, que aun así me sonríen. Obligándome a un gesto de reciprocidad, gesto que permanece congelado en la mueca que suele ser mi rostro, si la ocasión impone alguna regla de formalidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero me encuentro al fin aquí en mi lejanía donde prefiero estar, persiguiendo esa voz que me cautiva y transporta a este universo paralelo, donde sólo se escucha el canto de las olas de un mar inmenso y calmo que me invita a danzar a su compás, aquí donde una nube puede ser cualquier cosa, porque aquí cualquier cosa puede ser y ocurrir entre las manos mías; aunque tan solo sea yo, una más de las tantas criaturas que transitan ante la indiferente mirada del universo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es aquí donde se unen los dos azules en una fina línea irremediablemente perfecta y horizontal, es aquí donde convergen como un pacto todos los ojos fijos en armonía absoluta sin poder claudicar, parecen sumergirse por instantes los asuntos pendientes, mientras un parpadeo trae de nuevo los ruidos de sirenas y un autobús se aleja dejando atrás su estela de humo denso, contaminante y real como la vida misma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora debo continuar, ya está la luz verde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Bárbara Machado&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Hambre de ti, Rosita&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Cuando le apremiaba el apetito —llamémoslo hambre para rendir tributo a la democracia—, Pirulín Macías no vacilaba en ir a acodarse al mostrador de la fonda “Lucrecia”, parada obligada de todos los camioneros, guagüeros y galleros de la parte alta de la ciudad. Allí, por la módica suma de dos de los pesos de entonces, un plato le era rebosado con arroz a granel, guiso de pollo a discreción, un pozuelo regular de salsa de habichuelas y hasta un consecuente vaso de agua. Cierto es que Pirulín tenía que hacer mil malabares para reunir los mencionados e infames dos pesos, pero para su suerte todavía abundaban in illo tempore personas de equilibrado talante dispuestas a contribuir de manera particular con el desarrollo del arte y la cultura, etc., cada vez que él paseaba su nunca bien ponderado sombrero de pavita en torno al conglomerado de curiosos que se arrebataban a empujones centímetros de pavimento para presenciar el espectáculo que él y Rosita, su culebrita verde, habían hecho famoso desde el parque Enriquillo hasta la plaza de Armas de la República. Rosita y él se compenetraban tan perfectamente como la uña y el dedo. Verdad es que él la mimaba de manera ostensible e impúdica, besándola en público antes de cometer el primer acto de su célebre número. Pero también es cierto que ella le correspondía impecablemente y con una puntualidad digna de encomio, ejecutándose siempre con precisión milimétrica en el momento indicado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre los transeúntes que se aproximaban con relativa frecuencia a las inmediaciones del parque Enriquillo, la pareja de Rosita y Pirulín se hizo tan famosa como la de Romeo y Julieta, y más admirable que la de Bonnie y Clyde. Todos esperaban verlo aparecer sobre la estrecha tarima (usualmente, un simple banco de parque), llevando a Rosita anudada en torno a su cuello como un collar de tres vueltas. Luego de un breve pero sincero aplauso, Pirulín saludaba a su amable audiencia, y se lanzaba a recitar una bien calculada arenga, mezcla de salmodia y de discurso publicitario a la manera de los presentadores de circo. Artista consagrado, Pirulín Macías mostraba en la adustez de su rostro toda la profesionalidad necesaria para convencer al mayor número de que lo que estaba a punto de presenciar era algo así como la quintaesencia de la maravilla. Con un silbido seco, Macías advertía a todo el mundo, pero sobre todo a Rosita, que la función estaba a punto de comenzar: pasándola con un gesto de prestidigitador de su cuello a su puño, de su puño a su cara, y de su cara a su boca, el mago gesticulaba para atraer la atención de su público hacia Rosita, que ya desaparecía hasta el mismo fondo de su garganta, tan sólo para volver a aparecer, segundos después, balanceando su cabecita en el aire como una bailarina sensual y voluptuosa, mientras, con las manos, Macías indicaba a su público que el momento de aplaudir había llegado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese, sin embargo, era tan sólo el primer acto. A seguidas, volviendo a enrollarse a Rosita en el cuello, aquel atleta místico se dirigía hacia el lugar en donde se hallaba un pequeño bulto de cuero que contenía un termo de café y varios vasitos plásticos. Entre una y otra reverencia, el mago vertía una cantidad razonable de la infusión en uno de los recipientes, para regresar luego a su improvisada tarima. Allí repetía en lo esencial los mismos gestos del inicio de su primer acto, hasta el punto en que, desaparecida la culebra en el fondo de su garganta, procedía a consumir el contenido íntegro de aquel vasito de café, ante la mirada estupefacta de su público.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No parecía bastarle al oficiante quedar sepultado bajo un alud de aplausos, ya que, acto seguido, se dedicaba a entonar, acompañándose de rítmicas y sonoras palmadas en el pecho, boleros como «Teatro», «Yo no he visto a Linda», «Se me olvidó tu nombre», etc.., para beneplácito de los jóvenes y adoración de los más viejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así transcurrían dilatados minutos sin que nada denunciara en el rostro de Macías inquietud alguna concerniente al destino de Rosita, hasta que, por fin, volviendo a silbar, esta vez con estridencia fácilmente comprensible, alzaba la vista hacia el cielo y, abriendo la boca como para recibir la bendición de una lágrima angelical, dejaba abierto el paso para que Rosita hiciera su aparición triunfal, colmando de asombro y de alegría a todos los circunstantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo de magia había en aquella fusión de animal y hombre. Embelesado por aquel misterio, el público que presenciaba atónito el desarrollo completo del espectáculo no podía sino sucumbir al maravilloso encanto de aquella visión de fábula. Al principio numeroso, aquel público fue menguando paulatinamente, a medida que se acentuaba la crisis económica en que se sumió el país poco tiempo después. Y con este detrimento de su auditorio, Pirulín Macías, mago urbano y desesperado, volvió a conocer viejas urgencias, sobre todo en el momento de atender a sus asuntos estomacales...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus visitas a la fonda «Lucrecia» se espaciaron a tal punto que terminó perdiendo el derecho a ser tuteado por el patrón, a pesar de que lo conocía desde la época en que ambos se lanzaban en piraguas de madera desde lo alto de las lomas de Moca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, si se cuenta hoy en este espacio la historia de Pirulín Macías, es únicamente porque nadie que no conozca con pormenores la trágica historia de aquel encantador, entenderá las recónditas razones que lo empujaron al suicidio. Y sin embargo, muy pocos atribuirán otro matiz que no sea el de un anecdótico sarcasmo al hecho de que, antes de cometer aquel horrendo salto desde el punto más céntrico del puente Juan Pablo Duarte, Pirulín Macías, célebre figura del ascetismo nacional e involuntario paladín del idealismo urbano, hubiese disfrutado de un opíparo guiso con arroz y fideos, en el que Rosita, la sin par Rosita, tuvo la ocasión de desempeñar su último papel estelar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Manuel García Cartagena&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Arial;font-size:85%;color:#ff6666;"&gt;______________&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;mediaIslaproSABADO 30 de junio 2007.-&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6613415927818730862-6600237543345847353?l=mediaislaprosabado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/feeds/6600237543345847353/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=6613415927818730862&amp;postID=6600237543345847353&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/6600237543345847353'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/6600237543345847353'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/2007/06/prosbado-041.html' title='proSÁBADO 041'/><author><name>poeMARTES</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02144798228495611704</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='00915250062887198879'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RoL4cxz1oxI/AAAAAAAAAQg/sudFU4vlK0Q/s72-c/carmenNaranjo+(2).jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6613415927818730862.post-161787561300040508</id><published>2007-05-23T14:28:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T23:33:04.690-08:00</updated><title type='text'>proSÁBADO 040</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;...E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;L DRAMA&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RlSy3GxPQsI/AAAAAAAAAQA/scuV5C71rjs/s1600-h/gabrielA.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5067872140478333634" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 175px; CURSOR: hand; HEIGHT: 170px" height="176" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RlSy3GxPQsI/AAAAAAAAAQA/scuV5C71rjs/s200/gabrielA.jpg" width="184" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; DEL DESENCANTADO que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de las ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en el instante de reventarse contra el pavimento de la calle había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la puerta falsa valía la pena de ser vivida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;El drama del desencantado&lt;/span&gt;/ Gabriel García Márquez&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;[Colombia, 1928]&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/ggm/ggm.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/ggm/ggm.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www4.loscuentos.net/cuentos/other/13/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www4.loscuentos.net/cuentos/other/13/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://es.geocities.com/cuentohispano/garcia_marquez/garcia_marquez.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://es.geocities.com/cuentohispano/garcia_marquez/garcia_marquez.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.mundolatino.org/cultura/garciamarquez/ggm1.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.mundolatino.org/cultura/garciamarquez/ggm1.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://sololiteratura.com/ggm/marquezbiografia.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://sololiteratura.com/ggm/marquezbiografia.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Contenido&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El iris – Soyaguila&lt;br /&gt;El nacimiento del olvido – Roberto Sánchez&lt;br /&gt;Dogmas – Rubén Sánchez Féliz&lt;br /&gt;Sabor a trufas – Helga Vega&lt;br /&gt;Una de mil noches – Alfredo Cedeño&lt;br /&gt;Jaguar – Enmanuel Andujar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;El iris&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿A cuántos lugares del mundo podría representar esta imagen, cuántos ojos captarían ese cielo, los matices del agua, los relieves de la tierra? ¿A qué dimensión de realidad entramos al observar por la lente, una elegida entre otras, para que sea sólo esa, la que capte el segundo de observación posible de mi ojo derecho? ¿Es acaso perceptible para otro ojo derecho, este mismo contenido ínfimo del Universo? Una música puede brotar, desde una partitura bordada con los trazos de esa inmensidad y mi pequeñez. Deja su impresión, la huella de algo vivido hace tiempo, un tiempo que no puedo descifrar, aunque la memoria del iris lo reconozca. Al abrirme a esta imagen, cada vez, su eternidad se vuelve el instante presente, novedad, y no hay ningún otro rastro agregado a lo que alcanzo a ver, pues he comenzado a sentir a la historia, como la mezquina necesidad de mantener vivo lo que ya no se es, para tan solo alimentar, la posibilidad ilusoria de que algo nos ha pertenecido alguna vez. Mientras la identidad se imponga, escondida y dando batalla tras los velos de eso que afirmamos haber sido, difícilmente se dejará traslucir la Existencia Real de lo que posiblemente podamos llegar a Ser hoy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;® Soyaguila&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;El nacimiento del olvido&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un viento lavado por la lluvia penetra a tu casa, te alborota el ánimo y espanta la monotonía estacionada sobre ti, sobre los objetos, sobre tu vida. A cada caso, su solución, meditas. Aparte del aguacero precipitándose a distancia, otra preocupación no interrumpe tu espíritu. Esta modorra te ha seguido los pasos desde hace una semana y media. La pesadumbre maniata los deseos, la movilidad y las miradas. Ahora, la llovizna te moja las escasas preocupaciones y destapa en tu interior innumerables motivaciones infantiles que aún son fijaciones benignas. Por ejemplo, el deleite que te producía la súbita aparición de las golondrinas anunciando la lluvia (mentira que te acompañó hasta la secundaria, ya que no es que anuncien nada, sino que el fenómeno provoca que muchos insectos voladores salgan despavoridos para no perecer y ellas aprovechan la situación para alimentarse con ellos), la maravilla de los baños en el río mientras la lluvia se derramaba, los correteos y las mojaduras bajo un caño de agua de casa ajena que masajeaba la cabeza y la piel, la observación de las variadas formas en que el viento arrastraba la lluvia, la coloratura y la voluminosidad de la misma, la inexplicable caída con el sol afuera, la insólita aparición del arcoiris, en resumen, el mágico acontecer del fenómeno. Pero no puede quedarse sin explicar el enojo y las reprimendas de tu mamá, porque “sólo caen tres gotitas y ya tú estás lloviznándote, y luego la gripe, y ese catarro que molesta tanto”. Sin embargo, estas atemorizaciones no eran suficientes como para amedrentarte o detenerte. Para cuando alcanzaste la adolescencia, esto se había transformado en una costumbre arraigada. Ya en la adultez es cuestión inherente a tu personalidad. Comoquiera que se mire, el recuerdo es la nostalgia multicolor, la caja negra del individuo. Una manifestación inmediatamente genera otra, por lo que debes acudir rápido y cerrar las persianas, ya que las gotas están mojando el piso y el mobiliario. Todo fluye para bien o para mal. Un ansia irrefrenable te invade y sales al torrencial aguacero a satisfacer la vieja necesidad bajo el asombro y la risa de la vecindad. “Ese tipo está loco. Siempre que llueve hace eso”. “Con todo y ropa, ¡vaya hombre!” El internamiento en el agua y en su música nulifica los comentarios y los cuestionamientos de las voces habladoras. La humedad vence la tela y la piel se estremece, se crispa. Ocurre el trance de la adaptación al frío y te percibes distinto, rejuvenecido, otro. En el proceso de esa renovación se citan besos y caricias, abrazos y susurros, miradas y voces; debiera ser la ocasión del encuentro de los cuerpos, del contacto sublimizador de células y hormonas, miembros y cavidades, vellos y membranas. En esa armonía individual te afloran sensaciones y pulsaciones. La oportunidad, su efecto, te provocan el olvido del aciago hoy. Los avatares han sido suplantados sin premeditación, sin la alevosía que implica el desafío y sus congéneres. Ahora crees que unas manos se estacionan en tu rostro y te lo borran, dando lugar a la cabeza del arcoiris, adonde acuden pájaros, doncellas, peces, mariposas, libélulas, brisa, y tu amada. En su cabellera juegan los colores, su faz es de estrella, su piel es como la miel, un ruiseñor va en su voz... Tú bordas una canción, y es la fiesta. Ahora todos danzan y celebran el nacimiento del olvido. [&lt;em&gt;a René&lt;/em&gt;]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Roberto Sánchez&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Dogmas&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El violador cayó de bruces sobre el empedrado. El alcalde y sus asistentes lo rodearon. Tras fuertes forcejeos, lo amarraron del árbol más cercano con el fin de ejecutarlo. El párroco arribó jadeando, crucifijo en mano, y empezó a reñir con el alcalde:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Quién eres tú para ultimarlo? Dios es el único que puede juzgar a esta oveja descarriada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El alcalde, a su vez, preparó el fusil y repuso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—En eso estamos de acuerdo, Padre. Pero como se trata de mi hija, es mi deber hacer que Dios juzgue a su sobrino cuanto antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;&lt;strong&gt;© Rubén Sánchez Féliz&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Sabor a trufas&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca las he probado, ni siquiera una gota de aceite con su esencia, sólo sé que vienen de la tierra y como el oro, son difíciles de encontrar. He leído sobre la carne de jabalí alimentado con ellas y su sabor afrutado. Pero de alguna manera, dentro de mí sé a qué saben las trufas, y cuando las pruebe será como reconocer sabores de hace mucho tiempo.&lt;br /&gt;Estoy segura que si te hablo de las 17 Piezas Infantiles de Antonio Estévez, podrías oírlas. Te daré las partituras, te acordarás de alguna lección de música. Oirás cada una de las tonalidades, cada fraseo, seguirás con tus dedos el dibujo de las notas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acerca tu oído al papel. Me rondan en los dedos las ganas de tocar, cuando lo haga será con esas piezas, para que reconozcas una vez más su sonido. Y sabes, haré sentir niños a los que me quieran oír.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Helga Vega&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Una de mil noches&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Por Bagdad anduve de madrugada degollando piratas malayos que llegaban allí desde el Golfo Pérsico remontando el Tigris y una tarde al llegar la noche encontré a Scherezade desnuda triunfando con su boca de templo sobre el sultán Schahriar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En sus calles Aladino me prestó su lámpara de poder y milagros Simbad me regaló una cimitarra y un mapa para llegar a la cueva donde Alí Babá y sus cuarenta ladrones me guardaban un tesoro que se abría como una caja de mil tapas en el cual volar feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La perla del califato donde la ruina sólo la había en poemas rotos fue imperio de sensualidades y conocimiento derrotando pestes como Tamerlán arrasándola y acribillando a casi todos sus hijos o el olvido donde quisieron ahogarla infinidad de cronistas grises.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora la camino de nuevo en las pantallas del televisor y el ordenador llena del horror de rubios que pasan extraviados sobre Hummers y erizados de modernos alfanjes láser que no logran defenderse de las fábulas que por milenios se fueron armando grano a grano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Alfredo Cedeño&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;El jaguar&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;I&lt;span style="font-size:85%;"&gt; want now to hold in my hands&lt;br /&gt;the fragrance of your flesh&lt;br /&gt;and smell it.&lt;br /&gt;I want to roam in your soul&lt;br /&gt;and scoop the taste of your flesh.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;Kazuko Shiraishi&lt;/strong&gt;/ &lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;The season of the sacred lecher&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;El cigarrillo pintura de labios se consume sin piedad. Severanda organiza su masivo pecho dentro de una pieza muy cara de ropa interior. Repara en los ojos verdes que la estudian sin ganas. Están satisfechos. La lengua repasa el hocico tratando de recordar el festín de hace poco. Los colmillos se dejan ver de cuando en vez, perfectos, relucientes. El espacio es un desastre de sangre, sudor, carne muerta, alguna lágrima y preguntas, muchas... Ella termina el proceso con dos o tres gotas de delicado perfume, remata el cigarrillo con desgana y piensa en voz dura: Los hombres son unos imbéciles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se conocieron hace un miércoles en el Superocho Night Club. Ella llamó su atención de inmediato: el cuerpo grande y violento, la gran sonrisa. John siempre ha llegado tarde a todos los lugares y a todas las etapas de su vida. Es súper lento. Así que Severanda tuvo que tomar la iniciativa y preguntar nombres, entablar conversaciones ridículas referentes al clima y los últimos partidos de pelota. Todo eso era inútil, John no era de este mundo, estaba en otra frecuencia y además para empeorar las cosas era poeta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella hizo un esfuerzo y mencionó una pequeña lista de escritores, los que todo el mundo conoce... eso le dio oportunidad a nuestro John para que se explayara, con toda su parsimonia, en una serie de poetas de vanguardia provistos de una reputación más o menos dudosa y sin ningún texto publicado. La pobre Severanda paseó la vista por las etiquetas de las botellas y hasta tarareó canciones en voz baja para no dormirse mientras asentía concienzudamente. Sugirió otro trago, alzó el pecho y notó que los ojos del escritor se movían al compás del testamento. Todo estaba cayendo en su lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo un Jaguar, dijo Severanda varias cervezas después por decir cualquier cosa y mantener el asunto a flote y a John sólo le quedó asentir y pensar en voz baja: Diablo, bonito carro. Encendió un cigarrillo y preguntó: Cómo es eso. Ella esperó por un fuego que llegaba torpe y trémulo bendecido por una sonrisa ridícula, para responder: Un regalo de mi padre cuando terminé la universidad. Debe ser muy caro el mantenimiento, dijo John ajustándose las gafas y mirando los senos sin ningún tipo de reparo, tratando de alargar el tema ya que habían sobrevivido a unos silencios tenebrosos hace poco. Si tú supieras que no, el mantenimiento puede ser algo complicado pero vale la pena... es un capricho mío, nada más. John pensó que sin duda había cuadrado la noche, una jeva de este calibre, bien montada e inteligente... no pensó en la extraña combinación y por primera vez en su vida dejó de hacerse preguntas y decidió disfrutar la buenaventura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche ya no aguantaba. Los panas no podían entender qué hacía una hembra como esa hablando con el estúpido de John, pero para los gustos los colores y como estamos llegando a los finales, se están viendo casos. La despedida fue con beso en las comisuras, una caricia con uñas bien pintadas e intercambio de teléfonos: se verían el próximo miércoles. Ella le pidió que por favor no se pusiera perfume. Alergias, fue la razón. John regresaba sonriente a la mesa de sus amigos mientras ella desaparecía sin mucho ruido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miércoles: John llegó a la dirección indicada, sorprendido de la extraña edificación, parecida a un antiguo gran almacén. Afuera no estaba el vehículo de la muchacha así que pensó que no había llegado. Después de un rato se aventuró a tocar el timbre. Para su sorpresa, ella apareció como salida de catálogo de Victoria’s Secret: el pelo caía como cascada, tan linda, ni una gota de maquillaje siquiera, la culebrilla en la división de las inmensas tetas... la suavidad que prometía la erizada piel era casi palpable. Estaba ligeramente nerviosa, se notaba en el velo de sudor en la nariz. Pasa, estás en tu casa, dijo ella dando la espalda y mostrando el trasero redondo y el caminito de pelos desde la espalda hasta allá; lunares y un coqueto tatuaje quedaban al descubierto por entre la delicadeza del modelito con encajes como para morirse, como para quedarse en ellos, como para escribir de nuevo de ahora en adelante: El destino de un Poeta. Él se extrañó pero la siguió sin protestar, sin decir Buenas Tardes, tragando en seco y preguntándose, mientras el corazón le bajaba al estómago, a quién tendría que matar para merecer esta mujer entera. En ningún momento llamó su atención la falta de muebles en el galpón. Severanda, temblorosamente sexy ofreció algo de tomar. Cerveza, dijo él. Ella se excusó diciendo, Ya mismo, y subió las escaleras. Dos eternos minutos después, mientras John palpaba sus bolsillos revisando si tenía los condones, escuchó el rugido, el golpe de la reja que se abría, luego, casi de inmediato, otro rugido. La bestia atacó la yugular, como se estila. Severanda, desde el piso de arriba, conseguía un orgasmo brutal. La fiera, zarpazo a mordida terminaba con la agonía del muchacho, que quedó haciéndose miles de dolorosas y sangrientas preguntas mirando fijamente hacia el techo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;© Enmanuel Andujar&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#ff6666;"&gt;___________________&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;© mediaIslaproSÁBADO 31 de marzo de 2007.-&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6613415927818730862-161787561300040508?l=mediaislaprosabado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/feeds/161787561300040508/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=6613415927818730862&amp;postID=161787561300040508&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/161787561300040508'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/161787561300040508'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/2007/05/prosbado-040.html' title='proSÁBADO 040'/><author><name>poeMARTES</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02144798228495611704</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='00915250062887198879'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RlSy3GxPQsI/AAAAAAAAAQA/scuV5C71rjs/s72-c/gabrielA.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6613415927818730862.post-9104356474930982169</id><published>2007-05-23T07:32:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T23:33:04.940-08:00</updated><title type='text'>proSÁBADO 039</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;MORES. &lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RlRRhmxPQrI/AAAAAAAAAP4/_G3zglwOdO4/s1600-h/romero+denzil.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5067765118483251890" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" height="93" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RlRRhmxPQrI/AAAAAAAAAP4/_G3zglwOdO4/s200/romero+denzil.jpg" width="124" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;PUEDO DECIRLES QUE NUNCA estuve de verdad enamorado. Como el hijo pródigo de la parábola de Rilke, creo que no amé nunca "para no poner a nadie en la terrible situación de ser amado". Por el contrario, muchas novias tuve; pero, a todas las perdí tan pronto las estreché entre mis brazos. Sólo una, pudo mantenerse viva y presente en mi pensamiento: aquella que por no haberla tenido nunca, nunca se me escapó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;La confesión de don Juan&lt;/span&gt;/ Denzil Romero&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;[Venezuela, 1938-1999]&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.textosentido.org/textosentido/invitados/romero.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.textosentido.org/textosentido/invitados/romero.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2546"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2546&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://noticias.eluniversal.com/verbigracia/memoria/N53/contenido04.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://noticias.eluniversal.com/verbigracia/memoria/N53/contenido04.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://noticias.eluniversal.com/verbigracia/memoria/N35/contenido07.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://noticias.eluniversal.com/verbigracia/memoria/N35/contenido07.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.kalathos.com/may2000/las_romerias_completo.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.kalathos.com/may2000/las_romerias_completo.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.ficcionbreve.org/cuentos/cabecorta.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.ficcionbreve.org/cuentos/cabecorta.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Contenido&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caso de fuerza mayor – Manuel García Cartagena&lt;br /&gt;La gallina ciega – Carmen Hernáiz&lt;br /&gt;Fragmentaciones – Marcio Veloz Maggiolo&lt;br /&gt;Unclaimed – Helga Vega&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Caso de fuerza mayor&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue un hombre tan querido que, cuando fue apresado, los policías que lo condujeron a su celda le hacían chistes para que no fuera a ponerse triste, y los demás presidiarios le tomaron en seguida tanto afecto que cada uno de ellos tuvo para él una sonrisa o una frase de consuelo. Tan querido fue nuestro hombre que hasta el mismo juez lloró de pena al condenarlo a morir en la guillotina, al tiempo que los miembros del jurado lamentaban amargamente haber tenido que participar en lo que más de uno de ellos llegó a considerar públicamente como una "trampa de la justicia", a pesar de haber postergado una y otra vez, por espacio de cinco años, el momento de tomar una decisión al respeto. Al final hubo en la sala un ambiente tan triste que hasta aquellos que sólo habían ido al juicio movidos por la curiosidad terminaron ocultando sus ojos detrás de espejuelos oscuros, aunque no pudieron evitar el concierto de estruendos que sus narices producían al llevarse con sus pañuelos las mucosidades nasales de sus llantos. Tan querido fue aquel hombre que incluso el verdugo designado para que le practicara la más profunda de las afeitadas insistió en hacerle saber, carcomido por la pena y el llanto, que él no tenía nada que ver con lo que le había pasado ni con el infausto papel que, por su profesión, estaba obligado a desempeñar. Tan querido fue que, al morir, cuando su sangre ya rodaba por el suelo, provocó el desmayo de centenares de mujeres y ancianos, y más de un puño apretó en silencio los flácidos músculos de la impotencia, al darse cuenta sus dueños de que no habían sido capaces de intentar cualquier cosa que impidiera aquel desastre. Tan querido fue, en efecto, que, al otro día de su muerte, todos los que lo conocieron se apresuraron a olvidarlo por puro respeto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Manuel García Cartagena&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;La gallina ciega&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Van a robar el gallo del corral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La abuela dejó la frase sobre la mesa con la misma tranquilidad que mamá servía las lentejas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era miércoles. Lo sé, porque todos los miércoles comíamos lentejas de primer plato y sardinas de segundo. El postre dependía del humor de mamá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fijé la vista en una flor del mantel, mientras ella se afanaba en hacer entender a la abuela que hacía más de sesenta años que no tenía gallo, ni corral, ni casa en el pueblo ni gallinas que cuidar. Cada vez que mamá negaba la enfermedad de la abuela, yo trataba de explicarme el porqué, queriendo que tuviera el suficiente tino como para seguir el hilo de una conversación quizás llena de las incongruencias de la demencia senil. Nunca sabíamos cuándo llegaba ese momento de lucidez que la ponía en el presente real y la hacía sentirse una pobre vieja inútil y loca, por culpa de esas insistencias de su hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mirando la flor del mantel intentaba no oír lo que ocurría en la mesa. Trataba de fijar mi atención en unos pétalos que me sabía de memoria y esos pistilos que tiempo atrás me habían hecho pensar en la clase sobre reproducción de las especies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No hay gallo, mamá, ya te lo he dicho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La abuela insistió y rogó a mamá que estuviera atenta, que tuviera cuidado, que no dejara que todo se perdiera por culpa de no ocuparse lo suficiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamá, impaciente y frustrada, dejó la servilleta sobre otra de las flores del mantel, apartó la silla y llevó a la abuela al dormitorio. Ese día no tuvimos postre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hubo más insistencias sobre el estado del corral. Ni sobre el peligro de robo del gallo. Tan solo unos días después entendí a la abuela cuando papá se fue de casa para nunca más volver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Carmen Hernáiz&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Fragmentaciones&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Irresistible y cansada de verse en el espejo sin que nadie opinase sobre su frugal belleza, lanzó el mismo a la calle haciéndolo añicos. Pero en el espejo se había quedado copia en vivo de su cara. Marisol tiene ahora una cara lisa e inexpresiva e intenta recoger a ciegas, trozo a trozo y con la intención de armarlo nuevamente, el rostro equivocadamente lanzó, furiosa, sobre un recodo del camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Marcio Veloz Maggiolo&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Unclaimed&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy pájaro volando en soledad, regresé con la certeza de haberle encontrado compañera de juegos a Luisita. Una Julia, pensé, que era ideal para ayudarnos a lavar los desencuentros; pero algo no cuadró. Hoy me fui contra ella, la agarré con furia y la degollé. Su sombrero y su cabeza estallaron en pedazos que no sé cuándo recoja. Quizá él llame a esta hora y la emoción me haga correr, y mis pies sangren sin dolor. A fin de cuentas, caminé de punta a punta El Conde para terminar trayendo una muñeca rota.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;© Helga Vega&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#ff6666;"&gt;___________________&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;© mediaIslaproSÁBADO 26 de agosto 2006.-&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6613415927818730862-9104356474930982169?l=mediaislaprosabado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/feeds/9104356474930982169/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=6613415927818730862&amp;postID=9104356474930982169&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/9104356474930982169'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/9104356474930982169'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/2007/05/prosbado-039.html' title='proSÁBADO 039'/><author><name>poeMARTES</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02144798228495611704</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='00915250062887198879'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RlRRhmxPQrI/AAAAAAAAAP4/_G3zglwOdO4/s72-c/romero+denzil.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6613415927818730862.post-1470435065808799318</id><published>2007-05-22T03:10:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T23:33:05.109-08:00</updated><title type='text'>proSÁBADO 038</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#660000;"&gt;U&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;N HOMBRE V&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RlLRuGxPQoI/AAAAAAAAAPg/cL7O2qixHfA/s1600-h/balzabig.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5067343120766550658" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RlLRuGxPQoI/AAAAAAAAAPg/cL7O2qixHfA/s200/balzabig.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;A RETRASADO a una urgente y decisiva reunión. Encuentra a un amigo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué hago? ¿Cómo puedo llegar a tiempo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vete de espaldas –responde el amigo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Fidelidad&lt;/span&gt;/ José Balza&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;[Venezuela, 1939] &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://elnido.ech.es/N30/Cuento.htm"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;http://elnido.ech.es/N30/Cuento.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://www.ficcionbreve.org/cuentos/superior.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.ficcionbreve.org/cuentos/superior.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;a href="http://www.analitica.com/biblioteca/jbalza/3relatos.asp"&gt;http://www.analitica.com/biblioteca/jbalza/3relatos.asp&lt;/a&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://www.cervantesvirtual.com/FichaAutor.html?Ref=B99&amp;portal=6"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;http://www.cer&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://www.cervantesvirtual.com/FichaAutor.html?Ref=B99&amp;amp;portal=6"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;vantesvirtual.com/FichaAutor.html?Ref=B99&amp;portal=6&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/08145029899769417427857/p0000001.htm#I_1_"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/08145029899769417427857/p0000001.htm#I_1_&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/12159170889099396310624/p0000001.htm#I_1_"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/12159170889099396310624/p0000001.htm#I_1_&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/68005030434577830754491/p0000001.htm#I_1_"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/68005030434577830754491/p0000001.htm#I_1_&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.sololiteratura.com/josebalza.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.sololiteratura.com/josebalza.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.clubcultura.com/clubliteratura/josebalza/balza01.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.clubcultura.com/clubliteratura/josebalza/balza01.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.generacionxxi.com/entrevistas/balza.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.generacionxxi.com/entrevistas/balza.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.clubcultura.com/clubliteratura/josebalza/balza03.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.clubcultura.com/clubliteratura/josebalza/balza03.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Contenido&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Veneno – Sergio Borao Llop&lt;br /&gt;Pokería – Luis R. Santos&lt;br /&gt;Viento norte – Pilar romano&lt;br /&gt;Fragata – René Rodríguez Soriano&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Veneno&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creedme: Es en verdad un mal valle, ése de la tristeza, para quedarse a vivir en él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay, oídme bien, ni un solo árbol verdadero, ni un pájaro cuyo canto consiga despertar un destello de magia, ni siquiera un arroyo de aguas transparentes junto al que detener un momento nuestro arduo peregrinaje. Sólo encontraréis allí un exiguo manantial que destila un veneno lento, lentísimo, que el tiempo va inoculando gota a gota en las venas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo malo es cuando (a veces pasa, hay gente que le pasa, no pueden evitarlo, les pasa y es casi inconcebible y ojalá que nunca nunca nunca sepamos que se siente) el veneno se convierte en droga y te engancha y comprendes de repente que ya no hay vuelta atrás, y&lt;br /&gt;sientes que te estás muriendo -que eso te está matando- y al mismo tiempo sabes que tampoco podrías vivir fuera de ese lugar, porque en el exterior no existe nada respirable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo conocí una mujer que contrajo esa enfermedad; estuve cerca, muy cerca de ella, tan cerca que fue imposible (lo supe desde el primer momento) evitar el contagio, imposible permanecer inmune a ese veneno, y también, -¡cómo olvidarlo!- imposible no amarla sin palabras, no morirse un poco en cada lágrima que manaba de sus ojos, no irse olvidando, poco a poco, de los caminos de retorno, de la posibilidad de retornar a cualquier parte, de la mera existencia de otro sitio que no fuera ese valle donde hasta el rumor del viento es una ausencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Sergio Borao Llop&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Pokería&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arsenio penetró al estrecho callejón que conducía hasta el lugar en donde residía y en el umbral sintió una fuerte opresión en el pecho; empujó la puerta semiabierta y penetró a la habitación. En ese instante su mujer se revolvía en la cama y sollozaba a intervalos irregulares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue hasta el área que fungía de cocina dentro de la pequeña estancia y encontró la yuca con huevos fritos que su mujer le había servido en el preciso instante en que salió a comprar la leche para los niños, de uno y dos años. Eran entonces las siete de la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras engullía aquella fiambre uno de los niños despertó y empezó a llorar. La mujer también empezó gimotear, con un llanto sostenido y punzante. Entonces el otro niño también se despertó y se sumó al coro quejumbroso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arsenio dejó de comer y fue a ver qué le pasaba a sus hijos. Les pasó la mano por la cabeza, pero aún así no logró calmar a los dos pequeños. Él sabía el motivo de su llanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se desvistió y se tiró al lado de la mujer que había dejado de llorar y que ahora miraba absorta hacia arriba. Arsenio encendió un cigarrillo y le ofreció uno a la mujer. Fumaron despacio mientras los niños continuaban llorando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No lo puedo creer, Arsenio-le dijo la mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo tampoco. Te prometo que será la última vez, tuve un impulso incontrolable, no lo pude evitar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Siempre será la última-le dijo ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se quedaron callados. Arsenio estaba muy agotado y en pocas horas tendría que levantarse para tomar la guagua que lo llevaría a la zona franca en donde laboraba de operario. Pero el llanto de sus dos pequeños no le dejaba dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se levantó, fue a la cocina, tomó un cuchillo y salió de nuevo la calle. Caminó de prisa en medio del ladrido de varios perros que se disputaban el amor de una perra en celos, y en pocos minutos estaba de nuevo en el lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Trajiste más dinero?-le preguntó uno de los jugadores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No-respondió Arsenio tajante-. He venido a buscar el que perdí, sé que aquí entre nosotros hay tramposos, que juegan con cartas marcadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cuatro hombres no se dieron por aludidos y continuaron con su partida de póker.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Si no me devuelven mis quinientos pesos nadie saldrá vivo de aquí!-Amenazó Arsenio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El humo de los cigarrillos formaba una espesa cortina que opacaba los rostros de los hombres sentados a la mesa. Entonces fue el dueño del lugar que respondió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Arsenio, quien no puede jugar, no debe hacerlo, a ti nadie te ha obligado a apostar tu maldito dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me han hecho trampa, lo sé, así que, para que evitemos una desgracia, mejor devuélvanme mi dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Nadie te tiene miedo, Arsenio, así que vete a la mierda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Arsenio-le replicó dijo otro de los hombres, que hablaba con un cigarrillo colgado a los labios-todos aquí nos conocemos, no queremos problemas, mejor retírate, mañana será otro día y tal vez tu suerte mejore.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Arsenio sabía que para tener la oportunidad de otra revancha tendría que aguardar al siguiente pago en la fábrica. Esa ingrata certeza pareció hacerle perder el control. Sacó el cuchillo que escondía debajo de la camisa y lo blandió amenazante:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Contaré hasta tres para que me devuelvan mi dinero! -Entonces uno de los hombres, el que no había abierto la boca, sacó un revólver y le apuntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Te rompo la cabeza a balazos si no botas el cuchillo! -le dijo mientras se incorporaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arsenio se vio obligado a obedecer y tras poner el cuchillo en le piso el hombre lo golpeó en la cabeza con la cacha del revólver. Arsenio cayó aturdido, y un hilillo de sangre se deslizaba por su frente. Otro de los hombres le dio tres brutales patadas en un costado y un tercero le apretó el cuello con un pie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intervino el dueño de la casa y obligó a los jugadores a detenerse. Arsenio estaba inconsciente. Entre tres lo arrastraron a la hasta la acera de la calle y retornaron a la mesa de juego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A esa hora la jugada solía ponerse más interesante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Luis R. Santos&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Viento norte&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viento norte torturándote durante todo el trayecto y tú loca, impotente, odiándolo...entras a la cocina y te parece más grande, desmesurada casi. Te acomodas el pelo mientras miras ese mundillo en el que sueles moverte durante varias horas... "delantal" suena a cosa con filo, te dices tontamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empiezas a moverte recordando que odias también los días en los que tu horario no coincide con el de él; durante un rato no sabes qué hacer y no es porque lo extrañes, a ese tipo de persona no se las extraña, es que la casa sola parece existir de otra manera, de una manera que te inquieta y más aún con el viento norte soplando desde la mañana. El infierno debe oler a grasa, te dices mientras tomas a desgano el pedazo de tela que suena a cosa con filo y atas las tiras por detrás de tu cintura. Ves la botella y te sirves un vaso de cognac. Treinta y tantos grados de alcohol pasan por tu garganta y llegan incendiarios a tu estómago. Te sientes estúpida por no haber optado por un trago fresco en ese mediodía con vahos de fiebre. Al menos el cognac es de mujeres de mundo, te dices, "bourbon" suelen pedir algunas de esas mujeres en las películas. Pero te ves con copa y delantal, ni siquiera está del todo limpio el delantal y tropiezas con la ridiculez y te bebes otro vaso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La calle recibiéndote sorprendida y ya con menos viento; hola, saludas al viudo que llega a su casa contigua a la tuya, hola, cuando siempre le has dicho buenas tardes. Y te das cuenta de que él se ha dado cuenta, pero no te importa. Ni siquiera te importa adonde vas ni porqué has decidido salir en vez de lavar los platos que huelen a infierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es que te quejes, nunca te quejas. No te quejaste cuando tenías seis años y tu madre se fugó con aquel músico de la banda de policía. Ni en otras ocasiones. Tan sólo sabes que eres la mujer que no deseas ser. Sobre todo te das cuenta cuando sopla el viento norte y te frena el vuelo de la imaginación y a la luz de la realidad todo te parece insoportable. Miras a la joven que camina contoneándose y notas que lleva un paraguas, entonces te olvidas de envidiarle el contoneo y piensas que puede llover. Diez o doce pasos más y ya sientes las gotas que también han mojado al carnicero que se apura en cerrar su negocio y tropieza contigo; te repugna el olor a carne cruda que con el hombre mojado huele peor y sientes un incontrolable deseo de no seguir caminando por esas veredas, entre gente que corre y se atropella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El bar es lúgubre pero benévolo y no te importa el olor desagradable, olor a decadencia, el mismo que envuelve a las putas que se acomodan en la barra. Notas que ellas notan que no eres una de ellas y te importa; hasta ahí no te ha empujado el viento, piensas. Pides un whisky, ahora un whisky doble y el suelo inicia al rato una especie de oleaje y tú inquietándote, con una sensación más rara que la que sientes en tu cocina desmesurada. Y el piso que sigue moviéndose y la visión de la cocina sin horizonte te acercan una sensación de naufragio, casi ves cómo se hunde el sueño de vivir un amor de película, o de barrio al menos, de ser admirada, de recibir miradas con dulzura y que el estar en la cama con tu hombre no te parezca tan sólo un inevitable camino al manoseo y al olor a grasa de motores. Y la sed insaciable de inconciencia llegándote lentamente, disfrazada de salvación, hasta colmarte de algo que no sabes nombrar. Tan sólo sientes que empiezan a rodearte mariposas, mariposas con alas formidables moteadas de añil. Y un poco más allá el hombre, mojado pero pulcro, mirándote con algo de la dulzura que siempre esperaste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No puedo pagarte- dice, porque no sabe. Y lo sigues, llevándote la mirada de las otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Pilar Romano&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Fragata&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;NO LA TRAJERON LOS VIENTOS NI LAS AGUAS, no vino desde el Japón, como Leiko, Yoshiko, Yoko y Mayumi; alborotaba el polvo de los caminos con su paso de ballerina o cierva alada; cantaba en lenguas como las brujas, las rezadoras y las comadronas. La atrapé una mañana con mi Agfa Instamatic en las ruinas de las Cinco Estrellas, deshojaba margaritas y daba de beber a los graffitis desdibujados en los cariados muñones de las cinco columnas. Alguien habló de más, se alborotaron las palomas grises del pasado, y me perdí en el rafagazo de sus ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo la inconsciencia con la que echaron abajo las cinco torres, las destrozaron, las trituraron y dieron cuenta de los gladiolos, los lirios y los rosales; eran los mismos, los mismos energúmenos, que días antes, se ataviaban con los colores y las consignas del benemérito de las medallas y los botones y los bicornios emplumados. Eran ellos, los vi también lanzarles piedras y anatemas a los Colón y a los Pichardo, por negarse a negar que renegaran de sus creencias y filiaciones. Ella cruzó, y ni piedras ni palabrotas me tocaron, llevaba mallas negras, pienso yo que ni siquiera atiné a enfocar las periferias de su celaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con una luz difusa, la divisé otra tarde, cuesta arriba por la calle del mercado; la seguían los niños, y tres o cuatro cometas que lustraban el aire tras el conjuro de sus cabellos, desmesuradamente sueltos y sin gobierno. Acababan de anunciar otro de los tantos golpes de Estado que habrían de sacudirnos después de la caída del tirano y sus secuaces. Ella pensaba una canción, y en la torpeza de mis dedos, uno tras otro, se velaban los rollos de película. Ocasión que aprovechaban ellos para saquear las mansiones y los locales del partido, yo sólo iba del Eslava al Pozzoli en mis lecciones de solfeo. Pero eso fue otro día, otro viernes, cuando apostamos con Omar robarle el beso a la Mayumi, frente al piano…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era mayo y llovía, traían guijarros y larvitas las rigolas, y estallaban las rosas y los lirios en los patios, ella buceaba en los mandados y los manoseos, cantaba Blanca Rosa Gil o Daniel Santos y todo se mojaba o nos mojaba; pomelos como peces luchaban por brotar de la franela, hacerla trizas y quedar con sus pezones a merced de los perros del deseo. Yo me quedé sin Instamatic, casi sin dedos en la sed de verla y de tocarla, disuelto entre los planos de sus piernas abiertas en la oscuridad del cine. Después, sin rumbo repartí panfletos y proclamas, icé banderas y pancartas, buscándola, inventándola por los vanos del día. Ella tejía al andar alfombras de amapolas, de sueños y ansias locas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No vino con los últimos refugiados de los devastados aserraderos de los Mera, ni en la caravana de los saltimbanquis que levantaron tiendas por la parte sur del pley y leían cartas, vendían rositas de maíz, algodón dulce, gofio y pegapalos. Nació casi a orillas del&lt;br /&gt;río, al final de la callecita que todavía el Ayuntamiento no encontraba muerto ilustre a quien endilgársela; me lo confirmó el viejo Abelardo, en su percudido cuarto oscuro, lleno de ácidos y recuerdos vencidos. Ella tenía un amor que no le cabía en el pecho, siempre entraba a las fiestas por las puertas del servicio y era frugal y generosa como huidizos su mirada y su andar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con tanto empeño como repulsión, mi hermana quiso que ella aprendiera a leer y a escribir. Tía Viola y tía Gume le tejieron velos y capuchas para que las acompañara a misa. Yo leía entre sus muslos el alfabeto de los fuegos más calmos, y estallaba mientras sus labios balbuceaban un abc que era tan soso y tan nadero, como la entrega y la solidaridad en que se abanderaban las mojigatas de mis tías y mi insincera hermana. Yo navegaba en unas aguas tan santas y tan locas, como las ganas de volar inciertos mares, aferrado al vaivén de mi fragata, sin gobierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habrían de venir las elecciones, las primeras en más de cuarenta años, y las primeras disensiones y desacuerdos, y las primeras caravanas, y la compradera de votos, y los insultos, y las traiciones, la guardia en la calle. Se dividieron y se conciliaron familiares y viejos amigos. Ella ni se inmutaba, correteaba pley arriba y pley abajo, y besaba, ¡cómo besaba por las noches a escondidas!, luciendo y sacudiendo los pendientes que habrían de echar de menos nuestras madres y hermanas. ¿Quién ganó, cómo hicimos para zafarnos de la fatídica familia del tirano?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siete meses después, volvieron ellos con sus turbas de azarosas tropelías, y otra vez los muchachos por las montañas, blandiendo aperos, ardiendo en llamas, sangrando a mares por devolverle el cauce al río, lavar las nubes, plantar malvones y claveles… Subieron los ejércitos, los postulantes, los sacerdotes, los tutumpotes, las comisiones y las organizaciones internacionales para la paz y la concordia. ¡Insoportable! –dijo la radio-, soplaba un viento frío desde la sierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volaron las aves turbias, nadaron peces de fango y larvas albinas que se ensañaron contra la luz del día. Dicen que vieron a un par de mallas grises, rotas y sin gobierno, rielando contra la neblina…. Le decían Japón, tenía los ojos rasgados y sabía más que nadie desatar con sus dedos los nudos del placer y del deseo. Puede verla, pasar la página y soñar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;© René Rodríguez Soriano&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#ff6666;"&gt;___________________&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;© mediaIslaproSÁBADO 29 de julio 2006.-&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6613415927818730862-1470435065808799318?l=mediaislaprosabado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/feeds/1470435065808799318/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=6613415927818730862&amp;postID=1470435065808799318&amp;isPopup=true' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/1470435065808799318'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/1470435065808799318'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/2007/05/prosbado-038.html' title='proSÁBADO 038'/><author><name>poeMARTES</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02144798228495611704</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='00915250062887198879'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RlLRuGxPQoI/AAAAAAAAAPg/cL7O2qixHfA/s72-c/balzabig.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6613415927818730862.post-2941578879022894478</id><published>2007-05-21T08:57:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T23:33:05.246-08:00</updated><title type='text'>proSÁBADO 0037</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;H&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;IZO AQ&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RlHCKmxPQlI/AAAAAAAAAPI/H8A9Y1ONhgs/s1600-h/diaz+grullon.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5067044543230067282" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RlHCKmxPQlI/AAAAAAAAAPI/H8A9Y1ONhgs/s200/diaz+grullon.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;UEL DÍA LO QUE DESDE MUY NIÑO había siempre deseado hacer sin atreverse jamás a realizarlo: lanzarse al vacío desde la ventana de su apartamento de un sexto piso. Tal como lo había anticipado, extendió los brazos y voló con gracia y sin ninguna dificultad en las inmediaciones de la ventana abierta. Planeó con elegancia sobre la copa del almendro arrancándole al desgaire algunas hojas. Evadió con pericia los alambres del tendido eléctrico. Ejecutó variadas maniobras de vuelo aprovechando las corrientes de aire y luego, a los tres segundos exactos de iniciar su viaje, se estrelló violentamente sobre el pavimento de la calle como una fruta podrida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Ícaro&lt;/span&gt;/ Virgilio Díaz Grullón&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;[República Dominicana, 1924-2001]&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://www.literatura.us/virgilio/index.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.literatura.us/virgilio/index.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/LiteraturaDominicana/virgiliodiazgrullon/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/LiteraturaDominicana/virgiliodiazgrullon/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.rodriguesoriano.net/micuadernoazulito/pdf/laenemiga.pdf"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.rodriguesoriano.net/micuadernoazulito/pdf/laenemiga.pdf&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://alicia844.tripod.com/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://alicia844.tripod.com/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Contenido&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sol de caramelo – Carmen Hernáiz&lt;br /&gt;Historia de la eternidad – Máximo Vega&lt;br /&gt;Una noche con Manuela – Celia Bermejo&lt;br /&gt;En el espejo cóncavo – Manuel García Cartagena&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;Sol de caramelo&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando despertamos cada mañana es aún de noche. Nos cuesta, pero no hay más remedio que doblegarse ante la rutina de los horarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un rato más tarde, mi hijo pequeño y yo contemplamos el amanecer de Barcelona desde un lugar privilegiado, camino al colegio. Él me dice que el cielo parece una foto y yo asiento asombrándome ante los colores que cubren la ciudad desde la luz que viene del mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la tarde, nuestro regreso a casa incluye los mismos comentarios. Sólo es distinta la foto porque el color viene de las montañas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Charlamos unos minutos cada noche, cuando está ya en la cama. Me mira con sus ojos negros, sonríe y me abraza mientras dice cuánto me quiere. Y hay ratos, como el de hoy, que lo llenan todo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Sabes, mamá? Hoy, al volver del cole, cuando hemos parado para ver el cielo, tenías cara de sol de caramelo. Y el pelo te brillaba, y los ojos parecían más negros que mi cuarto de noche. Eres la más guapa del mundo en toda la historia de la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y tras el abrazo, el beso y el abrigo, vuelvo a mi cuarto pensando en mis canas, mis arrugas y mis ojeras desde el amor más puro y dulce.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dulce de sol de caramelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Carmen Hernáiz&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Historia de la eternidad&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Damián vio por la ventana de la habitación a los niños jugando en el callejón, escuchó la voz de una marchanta, el pleito acompasado, casi teatral, de unos vecinos que se golpeaban. Tomó la pistola de la cama y se la metió debajo de la pretina del pantalón, unos jeans bastante gastados, salió a la sala y tropezó con una mecedora; todo allí estaba como amontonado, demasiado cercano. La casa estaba sola, desolada más bien. No quedaba prácticamente nada allí de Lidia, no quedaba nada de sus hijos, excepto las fotos de algunos cumpleaños en las paredes, Lidia y él besándose con amor delante de un juez de paz que hacía una mueca, la noche feliz de sus bodas. Ahora no queda nada, tal vez los muebles que compartieron o la cama sobre la que fornicaron; la estufa oxidada sobre la que cocinó; un juguete de los niños tirado en algún rincón que él no se atreve a limpiar; una toalla; un mantel que les regaló su suegra; pero esas son cosas inanimadas cuya presencia no puede devolverle el olor o el roce fortuito de la mujer en un pasillo, el sonido de sus bachatas en el baño, la salida del orín cuando dejaba la cortina abierta, su figura recortada en el espejo de la habitación, que por alguna magia no buscada reflejaba a la mujer secándose el cuerpo a través de la cortina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era el mes de enero, estaban en invierno, y el sol caía recto y terrible sobre el callejón donde quedaba la casa. El excesivo sol le molestaba, el sudor que empapaba su camisa y su cabeza casi calva debajo de la gorra, para él eran bellos los días nublados, grises. Días románticos, días de sancocho y ron barato, de abrazos furtivos a la mujer que siempre se espantaba, de ocio y abandono. Siempre pensó que había nacido en el país equivocado. En sus sueños reiterados se veía a sí mismo entre la nieve o la bruma, andando con las botas puestas hasta las rodillas, en una casa inmensa frente al mar oscuro. No entendía por qué se repetía este sueño, pero le gustaba. En el balcón de la casa, arropado en abrigos y guantes, viendo el mar que le devolvía un olor casi tétrico, una barcaza pesada de metal bordea lentamente la costa. Amaba el mar. Pero no este azul turquesa de las postales caribeñas, no el del sol eterno que les vendían a los turistas europeos y canadienses, el que sirve sólo para tostarse y bañarse, sino el mar de la niebla, el mar melancólico, un océano triste. Cuando le contaba sus sueños a Lidia, ella le decía que se estaba volviendo loco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y quizás ya estaba loco, quizás soñaba con cosas imposibles. En esos sueños también aparecía Lidia: la mujer mestiza en un país inmensamente frío, en una casa aislada, solitaria, en donde llovía casi diariamente, una llovizna fina, tenue, persistente. Lidia contaba con un talento inaudito: tenía tatuada una serpiente cuya boca se abría en su vagina, y él sentía (no estaba seguro si lo sentía realmente o sólo se lo imaginaba) que la serpiente lo mordía cuando introducía su pene. Bueno, la verdad es que sus sueños eran cada vez más improbables. Puesto que Lidia ya no se marcharía con él, jamás accedería a mudarse a una enorme casa tranquila, alejada del mundo, de la música, de la conversación insulsa con su madre, sus hermanos, sus amigas. Lidia ya no se iría con él a ningún lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y él tampoco tenía el dinero para marcharse de ese callejón tan claro, los niños jugando beisbol con un palo de escoba y tapas de refrescos, los hombres saludándolo al pasar mientras juegan dominó, las mujeres asustadas por la pistola en la pretina, aunque invariablemente se impresionan, lo ven salir con la pistola, regresar a la casa un momento después, volver a salir sin el arma. No sabe si esta vez se arrepentirá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A dos cuadras hay un car wash en el que él una vez trabajó, cuando tenía más o menos 18 años. Lavaba carros por propinas, el dueño lo dejaba estar allí, siempre y cuando no le reclamara un sueldo. A veces no le regalaban nada, no culpaba a los choferes, él sabía que suponían que le pagaban su salario y que la propina era innecesaria. "El buen Damián", le decían cuando descubrían la verdad, "Damián es un alma de Dios", le decían sus compañeros asalariados, las camareras, los merengueros típicos que tocaban allí los fines de semana, a los cuales les pedía los autógrafos, su colección inmensa se perdió cuando Lidia, en un arranque de ira, se la quemó en el patio, porque él le había dado una trompada tremenda que le hinchó el pómulo, la primera vez que la golpeaba. En ese car wash conoció a su esposa. Era camarera del lavadero, era joven y sumisa, se enamoraron poco a poco. El recuerda la primera vez que salieron juntos, a una verbena de la escuela pública de la esquina; recuerda cuando le pidió matrimonio y ella lo rechazó; recuerda cuando al final aceptó, luego de ver la casita amueblada con las dos habitaciones y la lavadora carísima, porque ella se negaba a maltratarse las manos lavando, quería conservar suaves e intactos los dedos con los que acariciaba a los hombres en el lavadero, las manos que le alababan, le tocaban y algunas veces le besaban. Damián, por supuesto, le concedió este capricho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si de algo estaba seguro, era que Lidia estaría en el lavadero ese día extremadamente caluroso. Tenía toda la razón: sentada con un cliente que le tomaba la mano, ella lo vio llegar y ni siquiera se inmutó. Con su indiferencia le demostraba todo su desprecio, todo su desamor. Ni siquiera se preocupó en tomar con más fruición la mano del otro hombre, ni siquiera quería hacerlo sufrir. No pretendía ni siquiera su odio. Cometió su última frialdad, su última insensibilidad. Damián sacó la pistola y le disparó cinco veces en el cuerpo, en la cabeza, una bala quebró una de las sillas plásticas, la gente corrió despavorida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca se había atrevido a llegar hasta allí, siempre salía al callejón, daba algunos pasos y se arrepentía. Siempre lo asaltaba alguna duda –acerca de que las cosas no salieran como las había planeado-, alguna indecisión, algo que le faltaba por hacer antes de cometer el hecho. Esta misma tarde pensó que hoy no sería posible, que regresaría, que no sería capaz. Sin embargo, algo en el clima, tal vez, o en los pensamientos confusos que lo hicieron olvidarse de todo lo demás, lo había llevado casi sin quererlo hasta allí, y todo había sido consumado, ya no había vuelta atrás. Tomó la pistola aún caliente, la llevó hasta su sien, y se disparó con una tranquilidad que sugería alguna clase de práctica anterior. Los testigos coincidieron en que pudieron notar alguna misteriosa sonrisa mientras caía sobre los mosaicos con la cabeza destrozada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo primero que Damián sintió fue el mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Máximo Vega&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Una noche con Manuela&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tic-tac, tic-tac, tic-tac: Manuela se espatarra edematosa y sin ropa interior ante mí. Le toco en una pierna, como en un roce sin querer con el canto de la mano. Y está fría. ¡Manuela! Ella, medio desvencijada, fuma un grueso Farias: Esta Circe fine milenaria se frota los muslos y me remira lasciva. Pasa el tiempo, y pasa, y las colillas cubren el cenicero y los pobres paupérrimos dormitan como trastocados cuerpos de cerumen junto al contenedor basurero de las hamburgueserías americanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy no parece una noche como cualquier otra: vengo sin afeitar, con los ojos legañosos y los pantalones casi caídos; y sin la vaselina: existo solo y en mi compañía: mi ángel de la guarda nos observa y vomita, tras una brutal regurgitación, sobre las sábanas de Manuela: los últimos garbanzos sin digerir, del cocido de la comida, fluyen por la aduana de un esófago de melanina con mucosas de plástico. Manuela coge uno con su mano libre y con dos dedos, muy remilgada ella, lo lanza hacia el techo con la fuerza de las tormentas de hostigo y veraniegas: Manuela podría ir a cualquier concurso de la tele: ha detenido la caída del cocido misil con el canalillo íntermamario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así es Manuela: así es el cauce entretetas de Manuela. Y frente a ella estoy yo con mi soledad: a solas: se me destiñe el bulto de la entrepierna. Manuela echa unas lagrimitas sugerentes y postizas al estilo de las agüillas de las muñecas peponas. Y enfrente, más allá de ella, se abre el quinto pino de un cielo repleto de estrellas y una carretera secundaria y el mapa de las subvenciones remolacheras y alguna que otra boina que no vivirá mucho sobre esta existencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya no me gusta desear a Manuela. Manuela lleva los tirabuzones de pelo de ahí de color carmesí; a la moda más hortera, y una mariposa pequeñita tatuada junto a la parte interior del muslo. Soy un capullo. Siempre he dicho que interesa lo que se presume y no se ve. Además se ha hecho un percing en la rasurada higa siguiendo un consejo mío. Así es esta indivisible Manuela. Y yo estoy frente a ella en un escorzo forzado y mirando por el rabillo del ojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizás me gustaría revitalizar a Manuela hasta matarla; o rematarla como a un vulgar cochinillo chillón. Ella me mira: desea fingir una erupción de amor sincero pero no llega, no llega, no llega. Ella no llega: estoy solo; sólo con Manuela. Las ideas me fluyen hacia las circunvoluciones cerebrales del bestialismo. Una golondrina da vueltas y más vueltas por el enrejado vello de Manuela. Y mientras tanto Manuela se lo hace con mi sombra pero no se moja, no se moja, no se moja. Así es Manuela. ¡Un olé por estos huevos de frialdad y de Manuela! ¡Cuidado Manuela!, hoy tengo un humor de perros: la hiel embriaga el humo de mi cigarro: la desflecada carretera curva de mi sombra se extiende infinita ante nosotros dos. La gente nos ve pasar pero no nos ve: ya es de noche. La gente tiene la mala costumbre de cambiar de día, todos los días, roncando o rezando o dando navajazos a cualquier maloliente borracho trotafarolas. ¡Hoy no soporto a Manuela!; ¡y ella, en el limbo! Manuela me mira sin pestañear. ¡Házmelo como si fuese una perra!, me insinúa. Tengo jaqueca. Mis neuronas juegan a los bolos con la testosterona. ¡Que no, joder!; ¡que no! Hace calor y medito sobre los encabritados pechos de Manuela. Esta noche no es como otras noches. Temo sentirme engullido por ella y por Manuela; temo, incluso, algún tipo de alboroto en ellas. Una negrísima mosca zumbona nos sobrevuela; en una esquina de nuestro espacio existencial un murgaño se ahorca con su líquido seminal. Y Manuela que no llega, que no llega, que no llega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé... Manuela se airea las greñudas trenzas del pelo. Parece una ingrávida barragana durmiendo la siesta. Manuela me hace perder el juicio: algún día, alguna noche, desmembraré a Manuela para ver el fogoso mecanismo de su interior. Creo que un buen primer paso reventador sería meter una puñalada trapera en el pellejo del punto&lt;br /&gt;G de esta julandrona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Vaya con Manuela! A Manuela le sudan los pies y me dejo contagiar. Era perfecta; una mujer cañón y de película. Alguna lejana noche de reprimidas pasiones estuve enamorado de Manuela y como en la ensoñación del umbral de un asombroso espacio de cristal: Manuela y yo: una tarde madrileña salí de copas por la Puerta del Sol, por Montera, por Fuencarral... Me esperaban mulatas trotamundos, varias saxofonistas solitarias, algún chapero encabritado y de pelo casposo; poco más. Entre tanta escoria de recidivantes pecados veniales me colé por ella: unas piernas color canela en rama limitaban una minifalda de cuero negro y dos finos tacones altísimos: invité a Manuela a una copa. En aquellos tiempos yo me bebía la copa y la inducía a ella a relamer las húmedas comisuras de mis labios: antes me gustaba; ahora me joden sus resecos lengüetazos. Y, además, desde hace unas cuantas ovulaciones no ha vuelto a rascarme la espalda. Manuela me produce, ya, una cierta repugnancia; sus cuernos arañan mis entrañas y los temo más que a un vitorino. Tal vez sea una obsesión, o un cierto grado de impotencia, pero debo huir de esta sombra del pasado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dice el poeta que la memoria es un viernes una nube. Estas frases suscitan un cosmos de imbéciles realidades inimaginarias: he comenzado a incinerar a Manuela después de atar sus muñecas de mimbre con las cuentas de un rosario heredado de mi abuela. Los barrotes de nuestro lecho nupcial han chirriado: una cerilla y una botella de alcohol de curar heridas es suficiente para aliviar los ardores de mis entrañas. Huele a resignación; la habitación apesta a la memoria de versos inconclusos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manuela ha abierto aún más esa boca de tragona nerviosa y echa un humo arrabalesco muy negro. Pero no temo la cárcel ni los hambrientos sueños de un incierto, y próximo, futuro; es la única solución antes de iniciar otro viaje a las cloacas del centro de Madrid: no soporto esa bigamia y menos el pensar que ellas llegasen al enamoramiento: creo que he nacido para ser el reyezuelo dictador de las necesidades fisiológicas de mi bajo vientre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manuela se ha espatarrado tanto, que sus nalgas han crujido desvencijadas. La redondez de los pezones se retuerce como goma neumática quemada. ¡Jódete, Manuela! Ahora Manuela me parece un tanto espesa: un cocido recalentado. Huele a resina y a flujos. Tic-&lt;br /&gt;tac, tic-tac, tic-tac; el tiempo se ha comido a Manuela. Manuela ya no me excitaba: parecía una de esas tortugas darwinianas exenta de nuevas auroras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora Manuela me mira un tanto mustia, y eterna, sin pestañear: ¡siempre, Manuela! No volverá a atormentarme con ese continuo sollozo sardónico burlón. Se ha retorcido sobre su inexistente esqueleto como una culebra, pero no ha dicho ni mú: fue el paradigma de la sumisión; la mujer perfecta. Pero ya no me excitaba ni con pilas alcalinas: creo que preferiré la muñeca hinchable de Pamela Anderson; o similar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Celia Bermejo&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;En el espejo cóncavo&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esta habitación siempre soy dos: el mismo que ahora escribe esto, aquí, en Santo Domingo, el 3 de octubre de 1984, y mi reflejo en el espejo cóncavo que tengo a mi lado, en el que aparezco en el preciso momento en que estoy escribiendo esto, aquí, en Venecia, el mismo día y el mismo mes del año 1503, en una habitación donde también tengo un espejo cóncavo que me permite apreciar el hecho de que también allí soy dos: yo mismo en mi reflejo del espejo cóncavo veneciano que tengo a mi derecha, y quien escribe estas líneas en una sala de Nueva York, un día como hoy, en 1967. En esa sala, curiosamente, sólo soy el reflejo de un retratito colocado frente al espejo cóncavo que cuelga de la pared Norte. Dicho retrato me muestra escribiendo esto mismo, aquí, en Santo Domingo, el 3 de octubre de 1984.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;strong&gt;© Manuel García Cartagena&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#ff6666;"&gt;___________________&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;© mediaIslaproSÁBADO 27 de mayo 2006.-&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6613415927818730862-2941578879022894478?l=mediaislaprosabado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/feeds/2941578879022894478/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=6613415927818730862&amp;postID=2941578879022894478&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/2941578879022894478'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/2941578879022894478'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/2007/05/prosbado-0037.html' title='proSÁBADO 0037'/><author><name>poeMARTES</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02144798228495611704</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='00915250062887198879'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RlHCKmxPQlI/AAAAAAAAAPI/H8A9Y1ONhgs/s72-c/diaz+grullon.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6613415927818730862.post-5584060019115870977</id><published>2007-05-20T06:50:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T23:33:05.432-08:00</updated><title type='text'>proSÁBADO 036</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;A NO&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RlBS7GxPQfI/AAAAAAAAAOY/NW0QWrxxl4E/s1600-h/carlos+fuentes.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5066640756174701042" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" height="124" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RlBS7GxPQfI/AAAAAAAAAOY/NW0QWrxxl4E/s200/carlos+fuentes.jpg" width="97" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;VIA PÁLIDA Y DELGADA se metió a la cama y allí, de día y de noche, tembló. Su novio intentó acercarse a ella, pero cada vez Celestina gritó y rechazó la cercanía de su esposo. El joven bajó la mirada y la dejó en paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se quedaba sola, Celestina se acercaba al fuego, constantemente atizado para calmar los temblores de la enferma; tocaba las llamas con sus pálidas manos y ahogaba sus gritos y quejas mordiendo una soga. Así siguió quemándose, mordiendo y quemando, hasta que la soga no era sino un hilo húmedo y las manos una llaga sin cicatrices. Cuando el virginal marido vio las manos de su esposa y preguntó qué cosa ocurría, ella le contestó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—He fornicado con el demonio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Celestina&lt;/span&gt;/ Carlos Fuentes&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;[México, 1928]&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://www.letrasperdidas.galeon.com/autoresconsagrados.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.letrasperdidas.galeon.com/autoresconsagrados.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/fuentes/cf.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/fuentes/cf.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/carlosfuentes/perfil.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/carlosfuentes/perfil.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.iua.upf.es/~mmiselem/fuentes.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.iua.upf.es/~mmiselem/fuentes.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://noticias.eluniversal.com/verbigracia/memoria/N118/apertura.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://noticias.eluniversal.com/verbigracia/memoria/N118/apertura.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Contenido&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Punto por punto – Rafael Peralta Romero&lt;br /&gt;La estrella errante – Eduardo González Viaña&lt;br /&gt;La última noche – Luis López Nieves&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Punto por punto&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al mundo no hay quien lo entienda, por eso es que yo digo que cada cabeza es un mundo. Y como la cabeza es la que gobierna a la gente, yo no creo en gente viva sobre la tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad, déjeme aclararle, yo no fui siempre así, y usted lo sabe. Lo que pasa es que los tropezones… ya usted sabe. Mire, con el problema ese que me pasó a mí yo cogí una buena experiencia. Lo primero es que estando yo en mi campo va uno de los muchachos a buscarme y me dice: "Papá, vamos a casa que allá están fulano y fulano y yo no sé en lo que andan pero creo que buscan esto, esto y esto".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Efectivamente, me monto en el caballo y cojo tra, tra, tra para allá. Desde que llego me dicen: "Mire don Cornelio, nosotros supimos tal y tal cosa y vinimos a proponerte esto, esto y estotro".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no les di una respuesta definitiva sino que les fije que quería consultarlo con el hijo mío que vive en la capital, porque como quiera que sea, ¿verdad?... Bueno, cuando llegué allá lo encuentro medio turbado, porque un amigo lo llamó por el aparato para decirle: "Yo vi a tu mujer en tal y tal parte, andaba con fulano y creo que estaban en tal y tal cosa".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero como quiera hablé con él y le conté: "Mira mi hijo, allá está pasando esto, esto y esto otro, y las cosas son así, así y así". También le dije lo que pensaba del asunto y que se lo había planteado a mi compadre Chapita y que eso mismo me respondió él. Entonces mi hijo me dijo: "Ah no, pero para arreglar ese asunto tenemos que ir a tal y tal parte a hablar con zutano y si allí nos salen con hacho o con erre, seguimos más adelante". Pero qué va, no fue necesario, porque nada más fue llegando donde ese hombre para que nos dijera: "Yo sé que ustedes vienen a equis cosa", y nos mostró una longaniza de este tamaño que le habían escrito de mí. Ahí había de todo, que yo esto, que yo lo otro, que por aquí, que por allá, que el diablo y su hermano… No quiera usted saber.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y mire que yo nunca había tenido ni un sí ni un no con el individuo que me hizo eso, sino que, al contrario, yo en muchas ocasiones le había dicho: "Fulano mira esto, fulano mira lo otro". La suerte fue que yo me plante y le dije al coronel: "Mire general, la cosa es así, así y así, y lo que quieren hacer conmigo es esto, esto y esto".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí fue don él me dijo: "Ah, pero yo creía que la cosa era de esta y esta manera", y se dio cuenta que lo que se iba a hacer conmigo llora ante la presencia de Dios, y entonces fue que me dijo: "Confíe en mí, que yo no voy a permitir eso". Ah, caray, y hasta la fecha. Y júrelo, que todo lo que le he dicho ha sido tal y como sucedió, punto por punto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Rafael Peralta Romero&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;La estrella errante&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella noche, vimos una luz azul que volaba de un extremo al otro el cielo de los Andes. Mi amiga tenía quince años y me pidió que cerrara los ojos y que nos fuéramos juntos en esa estrella errante, para que nadie pudiera separarnos jamás hasta el tiempo del fin del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han pasado muchos años desde entonces, y nuestras casas se levantan separadas en uno y otro extremo del continente, pero cuando alguien trata de mirarnos, no alcanza por completo a vernos en ellas. Es como si no estuviéramos allí, y cuando cierro los ojos, siento sobre ellos una implacable luz celeste, un vuelo de vértigo y un corazón asustado que late y vuela con el mío hasta la hora del fin del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Eduardo González Viaña &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;La última noche&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son dos fanáticos del cine, por eso caminan bajo la lluvia ridícula a pesar del presagio de fiebre y el dolor de garganta que sintió Luciano al dejar la oficina. Pero hoy es la última noche y es imposible que personas como ellos, habitantes asidos de la capital de un país sin selvas, dejen de ver "La selva del deseo". La fila de concurrentes, envuelta en impermeables negros y resbaladizos, serpentea lentamente hasta la puerta del cine. Comprados, como de costumbre, el refresco de Luciano y el popcorn de ella, tienen la suerte de hallar butacas aceptables. Luciano, cortésmente, ayuda a Nélida a quitarse el impermeable empapado mientras ella comenta que hubiera preferido traer al niño porque es la primera vez que salen solos y ya lo echa de menos. La oscuridad repentina le ahorra a Luciano el esfuerzo de responder; le basta mirarla, sentada a su derecha como de costumbre, y hacer un gesto vago con la cabeza. Se van hundiendo en la trama lentamente, como en arena movediza. La rubia de senos asombrosos llora con desconsuelo y se cubre la cara con dos hermosas manos blancas. La blusa abotonada con descuido, muestra un enorme busto exaltado. La rubia de los senos asombrosos vuelve a levantarse de golpe y hace otro impaciente esfuerzo por huir de la caseta e internarse en la selva oscura. Todos deben retenerla, exigirle cordura. La rubia de senos asombrosos deja de llorar y vuelve a sentarse en el catre. Aparenta calmarse pero un close-up secreto, fugaz, denuncia su engaño. Le indican que el niño aparecerá, que docenas de hombres con adiestramiento especial llevan horas buscándolo. Según pasa el tiempo, los amigos, confiados, la vigilan menos. La rubia de senos asombrosos aprovecha un descuido, patea el quinqué, y oculta bajo el caos se fuga. Ansiosa, se interna en la selva y sus botas de cuero brilloso parten ramas, asustan animales invisibles y se hunden levemente en la tierra blanda. Está a punto de sentir miedo cuando oye los gritos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Mamá! ¡Mamá!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La rubia de senos asombrosos no puede con el palpitar de su pecho, siente que es capaz de cualquier cosa por su hijo, que podrá escarbar la selva entera con las manos y los dientes, que podrá arrancar cada árbol uno a uno. De pronto, entre la oscura frondosidad de la selva, ve un rayo vertical de luna, de ancho de una columna de mármol. Corre hasta la luz y al tocarla desaparece de la pantalla. Desde lo alto la cámara omnisciente la muestra sentada en el fondo de una fosa, herida; los rayos de luna resplandecen con furia sobre la cabellera rubia y sobre los cuerpos sedosos de las víboras. La rubia de los senos asombrosos se saca la tierra de los ojos y grita salvajemente al ver a su niño hinchado nadando entre las víboras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luciano, anhelante, cierra los ojos. Pide con vehemencia. Ruega hasta sentir el sudor bajándole por el cuello. Cuando reabre los ojos nota que la rubia de senos asombrosos ha logrado agarrar al niño; lo abraza, le arranca las víboras resbalosas del cuello y de los brazos. Varias serpientes se enrollan a los hermosos muslos de la rubia de senos asombrosos. La muerden repetidamente en los brazos carnosos, grita; en los muslos desnudos, grita; en el blanco y perfumado cuello, grita. Besa al niño con desesperación, le humedece la cara con lágrimas. Luciano, en su butaca, vuelve a cerrar los ojos: suplica, exige. Lentamente gira la cabeza a la derecha y cuando abre los ojos ve la bolsa de popcorn sobre la butaca vacía. Aprensivo, mira otra vez a la pantalla y ve la cara angustiada de Nélida, con el niño en el fondo de la fosa. Ella le extiende los flacos brazos mordidos, le pide ayuda, con los ojos ruega, le dice que entiende, que se resigna, pero que por favor salve a su hijo. Luciano, nervioso, se levanta un poco en el asiento y mira a su alrededor. Se tranquiliza al comprobar que el público sigue ajeno y que nadie lo acusa. Mira a la pantalla por última vez, le sonríe a Nélida con burla, hace un círculo con los labios y emite un "no" silencioso. Se levanta, recoge el popcorn y el impermeable de Nélida, sale solo a la calle, las gotas frías de lluvia bajándole por el cuello, arrastrando un impermeable que seguramente tirará en alguna alcantarilla. Sabe que al regresar a la casa, al abrir la misma puerta que tantas veces ha abierto con resignación, se le abrazarán al cuello los brazos carnosos y tibios de la rubia de senos asombrosos que lo espera con dos copas de coñac.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;© Luis López Nieves&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff6666;"&gt;&lt;em&gt;__________________&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;© mediaIslaproSÁBADO 27 de mayo 2006.-&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6613415927818730862-5584060019115870977?l=mediaislaprosabado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/feeds/5584060019115870977/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=6613415927818730862&amp;postID=5584060019115870977&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/5584060019115870977'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/5584060019115870977'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/2007/05/prosbado-036.html' title='proSÁBADO 036'/><author><name>poeMARTES</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02144798228495611704</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='00915250062887198879'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RlBS7GxPQfI/AAAAAAAAAOY/NW0QWrxxl4E/s72-c/carlos+fuentes.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6613415927818730862.post-9154388668947104776</id><published>2007-05-19T06:56:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T23:33:05.605-08:00</updated><title type='text'>ProSÁBADO 035</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;OS DETU&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/Rk8DmGxPQaI/AAAAAAAAANw/puZuWDwzvMU/s1600-h/mario+benedettiy.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5066272059002143138" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 115px; CURSOR: hand; HEIGHT: 133px" height="165" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/Rk8DmGxPQaI/AAAAAAAAANw/puZuWDwzvMU/s200/mario+benedettiy.jpg" width="145" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;VIERON POR ATENTADO AL PUDOR. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse. En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Su amor no era sencillo&lt;/span&gt;/ Mario Benedetti&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;[Uruguay, 1920]&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://patriagrande.net/uruguay/mario.benedetti/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://patriagrande.net/uruguay/mario.benedetti/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.vorem.com/modules.php?op=modload&amp;name=News&amp;amp;file=article&amp;sid=1663"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.vorem.com/modules.php?op=modload&amp;amp;name=News&amp;file=article&amp;amp;sid=1663&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.escuelai.com/spanish_culture/literatura/mariobenedetti-biografia.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.escuelai.com/spanish_culture/literatura/mariobenedetti-biografia.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.educa.aragob.es/iescarin/depart/lengua/benedetti.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.educa.aragob.es/iescarin/depart/lengua/benedetti.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/mbenedetti/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/mbenedetti/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.ac-grenoble.fr/espagnol/amelatina/autores/benedetti.htm/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.ac-grenoble.fr/espagnol/amelatina/autores/benedetti.htm\&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/mbenedetti/catalogo.shtml"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/mbenedetti/catalogo.shtml&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.ababolia.com/lecturas/author/mario-benedetti/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.ababolia.com/lecturas/author/mario-benedetti/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/benedett/mb.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/benedett/mb.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://es.geocities.com/silviafpriego/los_bomberos.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://es.geocities.com/silviafpriego/los_bomberos.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Contenido&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;La pasión de Ana – René Rodríguez Soriano&lt;br /&gt;Los besos fingidos – Daniel Angulo&lt;br /&gt;Zumbido – Sergio Borao Llop&lt;br /&gt;Certeza de la muerte – Ramón Tejada Holguín&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;La pasión de Ana&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ana se levanta temprano en la mañana. Se interna en el periódico, se pierde entre sus secciones y sus páginas. Ana lee. Lee con locura, con rabia. Ahora toma una revista, un libro de recetas, un breviario. Ana toma notas. Lee. Anota. Lee otra vez y muchas veces más, anota. Ana se sirve unas tostadas y se las engulle con todo y libro y el jugo de naranja se derrama por las páginas del libro, mientras Ana lee y lee y relee que se está leyendo en un libro que se empapó de jugo de naranja, del jugo que bebe Ana, dentro del libro que, precisamente, ella lee y relee con la pasión de Ana. [&lt;em&gt;A Salvador Elizondo, más allá de más acá&lt;/em&gt;].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© René Rodríguez Soriano&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;Los besos fingidos&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;El ambiente oscuro del escondido bar olía a cerveza negra mezclada con perfume barato de mujeres perversas. Las distintas parejas en las pequeñas mesas semejaban una sola sombra y la música aleteaba sobre la cabeza de los músicos, la nuca turca de la fornida&lt;br /&gt;bartender y entre las sudorosas piernas de las meseras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hugo, Paco y Luisa, habían llegado allí después de una larga jornada nocturna, donde la depresión existencial de Hugo había sido siempre el estandarte de las diversas mesas. Como buenos camaradas Paco y Luisa querían ayudarle a superar su frustración sentimental y seguir gozando de lo lindo, como sólo ellos sabían hacerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una ronda tras otra de cerveza irlandesa embotaba cada vez más sus ya adormecidos sentidos, pero la famosa cura del ahogamiento en alcohol no aparecía por ningún lado, mas aun en la penumbra casi sombra del sórdido lugar, la angustia de Hugo parecía crecer y apoderarse de los tres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paco amparado en la cómplice oscuridad acariciaba descaradamente a Luisa y ella se dejaba manosear mientras le hablaba muy cerca a la sombría cara de Hugo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paco sintió de pronto la presión tirana de su vejiga y decidido se levantó de la mesa con el baño en mente, no sin antes pedirle a la bartender una nueva ronda de cervezas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya vengo, espérenme un ratito, expreso Paco, bastante mareado por el licor pero excitado por la faena de masajes casi uterinos que le había practicado a Luisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hugo casi estático cual momia egipcia, ni contesto y de un solo golpe terminó su bebida, esperando la nueva visita de la mesera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Paco cerró la puerta del baño, Luisa con el pretexto de poder oír mejor lo poco que decía el atribulado Hugo, se le acercó peligrosamente y puso su delicada mano de escritora sobre la tiesa pierna de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adentro en el baño, Paco se reía de sus travesuras adultas y se emocionaba con lo excitada que había dejado a Luisa, y mientras sacudía con perversidad su hombría, pensó que ya era hora de ayudar verdaderamente a su querido amigo, a salir de la corroncha depresión en que andaba sumergido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la mesa, Hugo empezó a sentir el profundo aliento de Luisa y por primera vez en toda la interminable noche, experimentó que estaba vivo, que sus anacrónicas nauseas no eran de corcho y que carajos con su dolor, nadie lo podía acusar de no tratar de sobrevivir el instante, y empezar a vacilar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mesera llegó en el preciso instante en que Luisa subía la mano, rozándole levemente la entrepierna, con un profesionalismo auténtico, Hugo pegó casi un brinco y quedó casi erecto…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Están bien frías y espumosas –dijo la mesera-, ¿algo mas?, Luisa con una sonrisa demoledora la despidió rapidito y acto seguido apretó más al sorprendido Hugo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paco regresaba del baño, secándose las manos, cuando en la oscurana reinante le pareció ver a Luisa de espaldas tapándole la cara a Hugo, algo así como si se estuvieran besando apasionadamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luisa con su tercer ojo, volteó tranquilamente la cabeza y sus ojitos brillaron en la penumbra con un leve fulgor de picardía, mientras le preguntaba a Paco el motivo de su tardanza en el baño, y sacaba ladinamente la mano por debajo de la mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde ese momento, Paco quedó con la duda si lo que había visto o imaginado era efecto del alcohol, el cansancio o si simplemente la oscuridad reinante la había engañado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hugo ya un poco recuperado y además nervioso, le preguntó si se había fijado en el generoso escote de Isis la mesera. Paco con su característica sonrisa asintió mientras limpiaba la espuma de sus labios e hizo un gesto obsceno con ambas manos y se sentó cómodamente al lado de Luisa, con la segura intención de continuar el trabajito manual que había suspendido por la ida obligatoria al baño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un gesto de acercamiento y complicidad entre los tres, Paco les susurró:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Quiero que se besen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Que…que?, respondieron al unísono Hugo y Luisa,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De verdad quiero que se besen…-insistió Paco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hugo lo miró como si hubiera escuchado hablar cantones, Luisa se sonrió en congelado, y enseguida le disparó uno de sus ataques de ira:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Pero cómo se le ocurre, Viejo degenerado, cómo se le ocurre con su mejor amigo? Usted No me respeta, ¡vámonos de aquí inmediatamente! que ya el alcohol lo enloqueció…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es que de verdad quiero que se besen, pero solo para jugar románticamente, como en las películas, mejor dicho piensen que yo soy Bergman y les estoy dirigiendo una escena de amor, así compartimos el dolor de Hugo y la cura seguro se da…exclamó casi apenado Paco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día cualquiera, veinte anos después, Luisa semi desnuda sobre la cama conyugal, hurgando entre sus viejas memorias, encontró una de las fotos que Paco había tomado esa noche, y supo que, como siempre lo había sabido, que aun en el cine y menos en la vida real, ningún beso podía ser fingido, pues la lengua y el cerebro no aceptaban medias tintas. Hugo todo perfumado entró en ese preciso instante y se sentó al borde de la cama, "cámbiate mija, le dijo, ya es hora de salir, Paco y la gorda de su mujer nos esperan, y tú sabes como es él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Daniel Angulo&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Zumbido&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces, abro los ojos, me incorporo y camino con lentitud por las estancias. Como si aún estuviese vivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces, incluso me aventuro a salir al exterior para comprobar que otros seres semejantes a mí se mueven por las calles, se apresuran, chocan entre ellos, se someten a la tiranía de relojes y semáforos, se detienen y se miran unos a otros y en ocasiones conversan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, a veces también yo finjo estar ahí, entre ellos, provocando sonrisas o muecas de irritación o atascos. Finjo vivir. Pero siempre regreso al lecho en sombras. Me acuesto, cierro los ojos y convoco secuencias que nunca termino de comprender.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, me pregunto cuál de estas irrealidades es más ficticia. Cual de estos dos sueños es el que está encerrado dentro del otro. Si tuviese acceso a esa ansiada respuesta, tal vez podría despertar, ser. En uno u otro lado, pero existir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que más me atormenta es ese molesto zumbido del teléfono que no parece tener lugar y que sin embargo nunca acaba de callarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Sergio Borao Llop&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Certeza de la muerte&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, Rafael, se está frente a ella. Amanecemos ante interminables botellas. En el más lunar de los burdeles discutimos sobre la inexistencia de la nada. Ya te lo dije: pensarla es negarla, hay el sujeto pensante. Somos algo, lo sabes. La muerte no puede con nosotros. Tampoco podemos contra ella. Sobrevivimos en tensión continua: ella, nosotros. Si un búcaro rosa anuncia en la duermevela su cercanía, despertamos triunfantes y agitados. Al final no hay ganador. Comprendemos lo necesario del descanso y plácidamente nos arropamos de pies a cabeza, a esperarla, con una flor amarilla entre los dientes, con la delicada pasión del amante furtivo. Pero regresamos, en una fotografía, en un pensamiento relámpago, en un libro de un estante cualquiera, en uno de los árboles que crecen en el cementerio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;© Ramón Tejada Holguín&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff6666;"&gt;___________________&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;© mediaIslaproSÁBADO 29 de abril 2006.-&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6613415927818730862-9154388668947104776?l=mediaislaprosabado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/feeds/9154388668947104776/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=6613415927818730862&amp;postID=9154388668947104776&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/9154388668947104776'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/9154388668947104776'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/2007/05/prosbado-035.html' title='ProSÁBADO 035'/><author><name>poeMARTES</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02144798228495611704</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='00915250062887198879'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/Rk8DmGxPQaI/AAAAAAAAANw/puZuWDwzvMU/s72-c/mario+benedettiy.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6613415927818730862.post-518642802191935444</id><published>2007-05-18T08:20:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T23:33:06.038-08:00</updated><title type='text'>proSÁBADO 034</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;O&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;BLIGA&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/Rk3Ec2xPQYI/AAAAAAAAANg/fJCcemGvg6U/s1600-h/Felisberto+ben.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5065921155879092610" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/Rk3Ec2xPQYI/AAAAAAAAANg/fJCcemGvg6U/s200/Felisberto+ben.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;DO O TRAICIONADO POR MÍ MISMO a decir cómo hago mis cuentos, recurriré a explicaciones exteriores a ellos. No son completamente naturales, en el sentido de no intervenir la conciencia. Eso me sería antipático. No son dominados por una teoría de la conciencia. Esto me sería extremadamente antipático. Preferiría decir que esa intervención es misteriosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis cuentos no tienen estructuras lógicas. A pesar de la vigilancia constante y rigurosa de la ciencia, ésta también me es desconocida. En un momento dado, pienso que en un rincón de mí nacerá una planta. La empiezo a acechar creyendo que en ese rincón se ha producido algo raro, pero que podría tener porvenir artístico. Sería feliz si esta idea no fracasara del todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, debo esperar un tiempo ignorado: no sé cómo hacer germinar la planta ni cómo favorecer, ni cuidar su crecimiento; sólo presiento o deseo que tenga hojas de poesía; o algo que se transforme en poesía si la miran ciertos ojos. Debo cuidar que no ocupe mucho espacio, que no pretenda ser bella o intensa, sino que sea la planta que ella misma esté destinada a ser, y ayudarla a que lo sea. Al mismo tiempo, ella crecerá de acuerdo a un contemplador al que no hará mucho caso si él quiere sugerirle demasiadas intenciones o grandezas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si es una planta dueña de sí misma tendrá una poesía natural, desconocida por ella misma. Ella debe ser como una persona que vivirá no sabe cuánto, con necesidades propias, con un orgullo discreto, un poco torpe y que parezca improvisado. Ella misma no conocerá sus leyes, aunque profundamente las tenga y la conciencia intervendrá, pero en última instancia impondrá su voluntad. Y enseñará a la conciencia a ser desinteresada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo más seguro de todo es que yo no sé cómo hago mis cuentos, porque cada uno de ellos tiene su vida extraña y propia. Pero también sé que viven peleando con la conciencia para evitar los extranjeros que ella les recomienda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Falsa explicación de mis cuentos&lt;/span&gt; / Felisberto Hernández&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;[Uruguay, 1902-1964]&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.literatura.us/hernandez/index.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.literatura.us/hernandez/index.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://cvc.cervantes.es/actcult/fhernandez/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://cvc.cervantes.es/actcult/fhernandez/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://es.geocities.com/cuentohispano/hernandez/hernandez.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://es.geocities.com/cuentohispano/hernandez/hernandez.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/hndz/fh.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/hndz/fh.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.felisberto.org.uy/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.felisberto.org.uy/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.ucm.es/info/especulo/numero22/felisber.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.ucm.es/info/especulo/numero22/felisber.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.ucm.es/info/especulo/numero28/felista.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.ucm.es/info/especulo/numero28/felista.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.elaleph.com/fin/2005/08/63-felisberto-hernandez-quien-nun.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.elaleph.com/fin/2005/08/63-felisberto-hernandez-quien-nun.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://cvc.cervantes.es/actcult/fhernandez/cronologia/1930_1964.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://cvc.cervantes.es/actcult/fhernandez/cronologia/1930_1964.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://perso.orange.fr/marincazaou/cont/hernandez/nacion231002.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://perso.orange.fr/marincazaou/cont/hernandez/nacion231002.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Contenido&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ellos – Nemías Meléndez&lt;br /&gt;Esos ojos, esas manos – Luciana Garcés&lt;br /&gt;El Jardín Sumergido – Daniel Angulo&lt;br /&gt;Voy, hasta el fin del mundo – Helga Vega&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Ellos&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la boca llena de chicléts dijo: "America don't need friends, America take whats it wants and that's all".-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus ojos chispearon arrogantes y su voz adoptó una inflexión de íntima satisfacción. Aquella pecosa cara de rubias cejas y pelo como trigo. Abrazó su rifle, único amigo conocido, fiel servidor y mejor compañero de faenas. Tácitamente, suponía que el mundo existía por y para ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"We're the rulers", voceó mientras abordaba el vehículo blindado. Inmenso, acero duro, color arena. De vidrios tintados y grandes neumáticos a prueba de pinchazos. Su engreída cabeza, en la nube de la desasimilación de la realidad que lo rodeaba. Apenas empezaba a vivir y ya tenía en su haber muchas marcas en la culata de su mortífero artefacto bélico. Tres docenas de rayas se integraban a la decoración. En una gran nube de polvo y sílice, levantada por sus potentes ruedas 4 x 4, la mole metálica se puso en movimiento, para saltar por los aires, 100 metros más allá. Sus neumáticos a pruebas de pinchazos pisaron una bomba a orillas del camino. El resto, es historia de primera página en los diarios del mundo, mismos que leemos despreocupadamente.-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Nemías Meléndez&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Esos ojos, esas manos&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;Hay una ley de vida, cruel y exacta, que afirma&lt;br /&gt;que uno debe crecer o, en caso contrario,&lt;br /&gt;pagar más por seguir siendo el mismo.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;strong&gt;Norman Mailer&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Nunca han sido unos ojos pequeños, legañosos, siempre son grandes y con la pupila dilatada. Me miran sin abandonar su seriedad, haciendo titilar en el recodo de la órbita, una lágrima. Los ojos siempre están encajados en caras infantiles, en fotografías en blanco y negro. El flash ha deslumbrado la suavidad de sus rasgos, desdibujándolos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca están bien vestidos, parece que almacenan prendas de ropa, una sobre otra, haciendo más delgados muñecas y tobillos. Más pequeñas esas manos, que, a veces, agarran otras manitas. Llevan gorras, pañuelos, cintas, que esconden o muestran unos cabellos despeinados por un viento sin fin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esos ojos y esas imágenes me siguen y persiguen a través de los años. Vuelven cada vez que ululan las sirenas, o se oyen los sordos motores de los aviones, y uno espera que la fragilidad de esa mirada en claroscuro se rompa con la caída pesada de las bombas, o con esa bala que rebota en lo imposible y penetra, o ese fuego que consume, o ese gas que no se adivina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estas fotos tienen fecha aunque su orden de llegada hasta mis ojos no fue cronológico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Luciana Garcés&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;El jardín sumergido&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cielo era de plomo, casi…, el helado vientecillo del incipiente otoño, le acariciaba torpemente con sus gélidos dedos el rostro y parte de la cara, mientras Art caminaba sintiendo el sonido sincopado del granzón bajo sus pies, aburrido y cansado hacia la estación más cercana del metro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En uno de esos golpes automáticos de vista, alcanzó a percibir entre la cuidada vegetación teñida de colores ocres y naranjas, un torso fornido caminando a grandes zancadas pero sin cabeza que lo guiara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cambió el rutinario rumbo y decidió investigar sobre aquella enigmática aparición. Rodeó la manzana analizando una a una las esculturas que empezaron a aparecer como si lo hubieran estado esperando para dar un paseo estático con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las profundas oquedades de Bárbara Hepworth, le recordaron que no había comido nada en todo el día y lo iniciaron en el festejo del ancestral metal, seguida por una locura en pátina verde, infantil y aristocrática de Joan Miró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al doblar la esquina, sintió la embriagadora tentación de una pieza de Lichtenstein en aluminio anodizado, cual ola flotadora en el espacio, alardeando su modernidad en blanco y negro, el cómic hecho realidad, con la complicidad de las bolas reventadas de Lucio&lt;br /&gt;Fontana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la fascinación original del bronce encontrado, lo frenó al instante y decidido salió en busca del jardín encantado. Unos pasos más adelante encontró la entrada. El espacio contenido, era de una singular belleza y de un misterio atemporal circundante. Dos amplias escalinatas, una a cada lado abordaban los laberínticos senderos, en los que las esculturas cual novias a la espera, se percibían en su silencio ancestral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Art miró su reloj de pulsera y comprobó que tenía poco tiempo para el recorrido y que además el jardín se cerraba en media hora, así que apresuró el paso y empezó a bajar hacia el primer sendero. El solo hecho de bajar hacia el interior de la tierra aunque fueran unos cuantos metros abajo del nivel del suelo, dotaban al espacio del jardín de una magia particular, bañado generosamente además por la luz uterina del atardecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un vociferante profeta de Pablo Gargallo, invitaba a los transeúntes al lúdico recorrido con sus negras vísceras metálicas expuestas al oxidante ambiente. Un coqueto Eros de Arman jugaba seductoramente con su divisionismo hierático ante la pasividad esotérica de una elegante pieza de Edgar Degas. El viento del este sopló lentamente entre las ramas y alcanzó a darle un leve movimiento a la pieza de Alexander Calder, el rojo y el azul contrastaban con la opacidad del momento mientras se reflejaban en el elegante espejo de agua, Art sintió un poco de frío y hundió sus manos en la raída chaqueta de cuero, sus dedos sintieron un pennie olvidado y decidió lanzarlo a la fuente no sin antes pedir un deseo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sintió de pronto que le temblaban las piernas al enfrentarse al símbolo de la victoria encarnado en el desnudo heroico de una mujer apabullante de Maillol, el complejo edípico en su broncínea expresión,… Uf! Gracias a Dios era metálica, ya se imaginaba la tortura de Pigmalión frente a Galatea y se alegró de no estar en esa situación de Dios doméstico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un rotundo y voluptuoso Henry Moore, contrastaba con la elongación ecuménica de un Giacometti asustado por la telaraña que crecía sin pagar arriendo en su oreja izquierda e imperturbable ante el aroma de láudano prohibido que revoloteaba alrededor de la enigmática figura de Balzac escondido en su pesada túnica, quizás blandiendo debajo un arma blanca para defenderse de la banda de facinerosos que Rodin había enviado desde Calais, como siempre burgueses altaneros comprometidos en un "bisnes" oscuro y siniestro, algo así como una reelección anunciada y que asustaban al más alimaña que pasaba por allí, prueba de ello era sin lugar a dudas el torso mutilado que le había llamado su atención en primera instancia y que seguía huyendo por el temor a perder un pedazo más de sus partes nobles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una cipote mano negra sobre su hombro lo llenó de pánico, pero al voltear se dió cuenta que era el guardián del jardín que en un inglés ugandés le decía que ya era hora de salir.&lt;br /&gt;Art lo entendió a medias y a regañadientes se dispuso a salir, no sin antes dedicarle los últimos segundos del coitus interruptus a los desnudos femeninos (¿) masacrados de Willem de Kooning, en claro homenaje a su suegra y la infantil alegría de cabalgar con el cielo de sombrero de Marini.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Ya sentado cómodamente en el Metro y rumbo a la estación de White Flint, Art se dormitó y empezó a reconstruir mentalmente la película escultórica del jardín, esperando encontrar en el apartamento de los conejos algo para soportar el frío y calmar la monstruosa hambre que ya casi era un hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente en la sala de espera del aeropuerto, ojeando el Washington Post, Art encontró una pequeña noticia, como todas las culturales, en las que las autoridades del Smithsonian Institute no se explicaban como el jardín de esculturas había quedado bajo las aguas, se le atribuía, después de un profundo estudio del FBI, a un pennie lanzado con tanta precisión por el último turista que salió del sitio, que obstruyó el pequeño drenaje y causó la tremenda inundación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Daniel Angulo&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Voy, hasta el fin del mundo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Siempre la vi bella, era la más bella, sueño y admiración de niñas, zapatos altos y carmín en los labios. Siempre la vi en la iglesia tan devota y rezandera. Lo mío era otra cosa, jugar y volar hasta la cúpula, oír la voz del cura a lo lejos porque mi voz interna gritaba, cantaba y soñaba entre nubes pintorreteadas. Ella en cambio, si llegaba temprano, pasaba silenciosa cada una de las cuentas del rosario, yo le miraba los labios ofreciendo su letanía, ojos cerrados sin esfuerzo que alternaban el gesto de buscar al Altísimo muy alto. Jamás la vi comulgar, sólo rezaba, con el tiempo dejó de asistir al confesionario. Mamá no la quería, lo sé por la mirada arpía que le lanzaba cuando tiernamente me acariciaba la mejilla. Mi curiosidad y morbo se desataron en silencio: ¿Qué tanto le pedía a Dios la tía joven y bonita? ¿Qué pecadillo le atormentaba? De ella nadie hablaba, pero con el tiempo supe que hablaban demasiado. [Al Padre Pablo]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;© Helga Vega&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#ff6666;"&gt;_____________________&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;© mediaIslaproSÁBADO 25 de febrero 2006.-&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6613415927818730862-518642802191935444?l=mediaislaprosabado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/feeds/518642802191935444/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=6613415927818730862&amp;postID=518642802191935444&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/518642802191935444'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/518642802191935444'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/2007/05/prosbado-034.html' title='proSÁBADO 034'/><author><name>poeMARTES</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02144798228495611704</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='00915250062887198879'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/Rk3Ec2xPQYI/AAAAAAAAANg/fJCcemGvg6U/s72-c/Felisberto+ben.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6613415927818730862.post-7637948707671131898</id><published>2007-05-16T10:54:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T23:33:06.302-08:00</updated><title type='text'>proSÁBADO 033</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;V&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;I UNA VEZ&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RktQ7GxPQPI/AAAAAAAAAMY/GZPV4hjvfWw/s1600-h/lispectorrs.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5065231182267891954" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 143px; CURSOR: hand; HEIGHT: 163px" height="169" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RktQ7GxPQPI/AAAAAAAAAMY/GZPV4hjvfWw/s200/lispectorrs.jpg" width="148" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; U&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RktGP2xPQNI/AAAAAAAAAMI/El_6MQj5KPw/s1600-h/lispector.jpg"&gt;&lt;/a&gt;N CABALLO CIEGO: la naturaleza se había equivocado. Era doloroso sentirlo inquieto, atento al menor rumor provocado por la brisa en las hierbas, con los nervios prontos a erizarse en un estremecimiento que le recorría el cuerpo alerta. ¿Qué es lo que el caballo ve a tal punto que no ver a su dejante lo vuelve perdido como de sí mismo? Es que cuando ve, ve fuera de sí lo que está dentro de sí. Es un animal que se expresa por la forma. Cuando ve montañas, césped, gente, cielo, domina hombres y su propia naturaleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Los ojos del caballo&lt;/span&gt;/ Clarice Lispector&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;(Brasil, 1920-1977).&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1945"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1945&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/por/lispec/cl.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/por/lispec/cl.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.ucm.es/info/especulo/numero7/biografa.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.ucm.es/info/especulo/numero7/biografa.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.letras.s5.com/lispector201102.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.letras.s5.com/lispector201102.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.letras.s5.com/lispector040303.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.letras.s5.com/lispector040303.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.lasiega.org/index.php?title=Clarice_Linspector:_de_la_epifan%C3%ADa_a_la_hierofan%C3%ADa"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.lasiega.org/index.php?title=Clarice_Linspector:_de_la_epifan%C3%ADa_a_la_hierofan%C3%ADa&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Contenido&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy la he mirado con ojos diferentes – Arcangelie&lt;br /&gt;Cuando me siento de vez en solo – Enmanuel Andujar&lt;br /&gt;Búsqueda en una tarde de verano – Pilar Romano&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Hoy la he mirado con ojos diferentes&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy la he mirado con ojos diferentes. Inmóvil, tendida en la cama, con un gesto de ternura que ya casi había olvidado, me ha transportado a otro tiempo, buscando sus recuerdos. Un algo más que sé que está allí, que me empeño en que ocurrió alguna vez, en algún momento de nuestra historia, pero que nunca pude ver y no sé muy bien donde se halla. No es la primera vez que lo intento y sigo sorprendiéndome de no encontrarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi niñez, llena de colegios, travesuras, juegos y jardines, tiene tan pocos seres vivos. Parecen marionetas representando papeles, solo papeles (cómicos, desconocidos, tan solo un poco allegados). En realidad, nunca se mezclaron conmigo, nunca hasta el punto que yo hubiera querido. Y no sé muy bien por qué razón. Quizás nunca lo supe o lo he olvidado. Pero... ¿donde estaba ella?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La encontré peinando mis largas trenzas. Tirando y tirando de mi pelo, apretándolo, hasta conseguir que fueran dos tiesas colas de pescado a las que había logrado arrebatarles toda su belleza, como si le dieran envidia o vergüenza. Más allá no la recuerdo, tan solo atisbo imágenes descoloridas, de mis hermanos: Ariel, siempre presente, siempre envidioso, siempre astuto, siempre… bajo su falda. Fany como un juguete redondito y risueño al que aprender a cuidar y a querer. Josué: demasiado pequeño, demasiado raro, demasiado de todo. Y después, mucho después, llegaron las pequeñas. Ellas ya consiguieron que yo terminara de crecer sin haber jugado apenas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me pierdo en mis recuerdos, les doy vueltas y vueltas. Voy pasando hojas de un libro imaginario, salto hacia adelante o hacia atrás sin ningún motivo, tan solo el de buscarla, y solo he encontrado sus ausencias, sus miradas que no decían nada; sus palabras que nada respondían y su empeño voraz en mantenerme ocupada y a su servicio a cambio de más nada o más desprecio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Crecí y aprendí a mantenerme alejada tan solo por huir de ella, por no encontrarme con sus ojos ni su voz. ¿Que extraña magia poseía esa mujer que me repelía de tal modo? De niña, su distancia me hacia daño. Nunca quise admitirlo y me limité a ignorarla. Ella hizo otro tanto y perfeccionó el arte del desprecio y desde entonces ella fue hipócritamente amable y yo amablemente hipócrita, siempre que nos concedemos esos pequeños ratos en que jugamos a que no ocurre nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y hoy aquí, las dos solas, la miro como tantas veces, y se me antoja que el destino nos jugó una mala pasada. Sin duda, ella no quiso ser como fue. Sin duda tenía otros planes y nunca ocultó su disgusto por tener que criar a tanto hijo como acabó pariendo. Incluso, puede que no fuera ni tan mala ni tan... pero no pudo sobreponerse a esa "esclavitud" de la maternidad, como ella la llamaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parió como coneja y marcó a cado uno de sus hijos con su huella, con su forma de ser vacía y ausente. Sin duda ella soñó con una familia grande y amorosa, con hijos que la adoraran. Pero, ¿cómo adorarla si nunca les dio calor, si sus sonrisas eran meros fingimientos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La he observado y sólo sonríe en días de fiesta, cuando se siente objeto de las miradas, cuando hay gente alrededor. Cuando se van, todo vuelve a la normalidad fría y dura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan fría y tan dura que consiguió helar mi corazón y volverlo de piedra. Ya sé porque no recuerdo más de su vida. Fue un olvido necesario el certero dictamen de la supervivencia. Tanto que ya mi corazón no pudo resistir mas humillaciones ni más hipocresía. Até un pañuelo con mis cuatro pertenencias y salí de su lado a buscar lo poco que quedaba de mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aquí estoy observándola por última vez. Esperando que lleguen sus hijos para que ellos también puedan verla. He arreglado con primor su habitación, he adornado su cama con las sábanas más hermosas que he encontrado, he perfumado el ambiente, la he perfumado a ella y la he vestido como una diosa. Le pinté los labios y los ojos y el rubor de la cara. Hasta las uñas le pinté para que se encontrara hermosa. No puede tener queja de mí, he cuidado de ella hasta el final como ella quería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy la he visto con ojos diferentes. Al fin se libró de su carga y volvió a su rostro un gesto de ternura. Al final encontró la paz que tanto ansiaba. Pero no he podido derramar ni una lágrima, se las llevó todas anticipadamente, no me dejó ninguna para el día de su muerte. A pesar de la distancia ella sigue rondando mi pensamiento. Sus raíces, profundas y ocultas, siguen bebiéndose mi savia...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Conchi Calderón Jiménez&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Cuando me siento de vez en solo&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;Más sobre el supuesto "sufrimiento" del escritor. Si en verdad&lt;br /&gt;tienes que sufrir que no sea por lo que escribes sino por cómo.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Julio Cortázar&lt;/strong&gt;/ &lt;em&gt;El Diario de Andrés Fava&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Me he estado sintiendo mal. Es un asunto que tiene que ver inevitablemente con la distancia y el hecho de que, por algún asunto migratorio mal diligenciado en el que no abundaré, no puedo conducir en esta ciudad, donde el sistema de transporte público es algo relegado a elementos que la sociedad ya no valora. No tengo teléfono; ya ni los bancos se acuerdan de mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llega el correo y la cosa empeora: un paquete de café (sabor que empieza con el aroma) y la respectiva botella de ron. Otro paquete: un libro firmado con tinta roja. Navego con avidez por las páginas nuevas y me susurro en voz alta: Coño, lo que faltaba, un libro para abrazarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo de vez en cuando hace que la Rana me acompañe a compartir el autobús 35 con retardados mentales y la gente que va a las clínicas de metadona. Me miran con sus ojitos craqueados: lo han perdido todo. La calefacción está mala y me abrazo del libro, que pesa como un block de ocho, incluso su textura es rugosa, porque está lleno de muchachas que no llegan a mujeres. Huele a sobaco, a carro público y a juego de baloncesto, a ese puño en el aire y a la malapalabra atragantada como lágrima cuando Giulia, meneando la cucharita conmigo frente a Piazza Garibaldi, se sonríe tan ojos negros como Josefina y me enamora: E vietato atravessare il binari.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adentrarse en todos los juegos que se le fueron de las ondas es bregar con fuego. Y él (culpable de irse quedando poco a poco, en esa manía tropical) las quiere celebrar con boleros dolorosos. ¿Te acuerdas Soriano de Camboy Estévez jurando por su madre que esa calle al final tiene su nombre? Claro, de seguro que te acuerdas, si cuando te fuiste arrastraste bajo las uñas el amargo del tabaco, el último trago y todas esas muchachas (placer de reiterar) que quedaron como pañuelo enlagrimado agitándose con furia en el espejo de la sección de clasificados de El Nacional, porque sí, porque quisiste hacerle tus trucos de caja de bola y telaraña a la muchacha en el escritorio de caoba, porque quisieron fumarse todos los estupefacientes que quemaron en la Dirección Nacional de Control, porque cuando el avión tiraba para arriba tú apretabas las muelas del juicio para pensar en Lucía, para recordarla mejor, cuando ella no te perdonaba nunca que le hayas alborotado el alma desde la fila en el banco, le pasaste el cheque firmado y le dijiste con todo el descaro que "Desde que Lola se fue ni la luz del sol, ni los sembrados se justifican y voy por ahí, dejándome llevar por la corriente"; para pedirle a la azafata que por lo que más quiera señorita consígame una servilleta para dedicarle un poema y mucha música de Frank Sinatra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tenemos remedio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegue el dolor, en esas noches en que el olvido no logra consumarse y lo que queda es tomar el trago dudoso del fondo, tendremos que aferrarnos a tu memoria de atarazanas y adoquines coloniales, a tus arrugas de jevitas encaramadas en matas de guayabas o destrozándose en tus brazos antes de que raudo, hagas las maletas y te lleves esa suavidad de voz, tus camisas azules y tus bigotes cuando Noti-Tiempo y Radio Mil Informaba. Abrazo el libro y me dejo abrazar, dejo que se regodee en la cóncava humedad que se me retuerce en las botas, en los dedos pelados de tanto perder, taza a taza, toda mi religión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Enmanel Andujar&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Búsqueda en una tarde de verano&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Dónde habrán quedado esas lágrimas gordas, saladas, que brotaron cuando te fuiste, mamá? Ya sé: puede haber algunas en tu costurero... o no, más seguro en aquella bolsa con retazos de tela, tu bolsa de retazos; siempre me hacías buscar allí algo que combinara con la prenda que estabas cosiendo y siempre me pregunté qué haría yo con esa bolsa cuando no estuvieras. Ahora mis manos ajetrean en la nada. Ya no juego a ser grande, deambulo sola entre tus jazmineros sabiendo que no funciona la cajita de música.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Buscaste debajo de la parra, donde por las tardes me leías la lectura que había indicado la maestra?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—El parral ya no está, mamá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—El parral no, pero las lágrimas a veces sobreviven a las plantas. Yo vi que dejaste algunas allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Son tus ojos que ven lo que yo resisto y tu memoria es todo lo que soy en este momento. ¡Ay, si pudiera encontrarme justo en la mitad de tu cuerpo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ya estuviste allí, por eso puedes escucharme. ¿Buscaste junto al retrato de tu padre? También quedaban lágrimas allí, ya gastadas, pero lágrimas. Y en mi alhajero guardé unas lágrimas preciosas, tuyas de tu padre y mías, tienen un brillo especial porque están hechas de emoción: las que brotaron cuando nos despedimos el día de tu casamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es enero otra vez y viene una tormenta. Debo apurarme, mamá. ¿Cierro la ventana de tu cuarto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, mejor inunda la casa de música; la tormenta pasará. Pero antes dime: ¿por qué esta búsqueda?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es que me he quedado sin lágrimas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;strong&gt;© Pilar Romano&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff6666;"&gt;___________________&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;© mediaIslaProSÁBADO 28 de enero 2006.-&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6613415927818730862-7637948707671131898?l=mediaislaprosabado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/feeds/7637948707671131898/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=6613415927818730862&amp;postID=7637948707671131898&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/7637948707671131898'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/7637948707671131898'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/2007/05/prosbado-033.html' title='proSÁBADO 033'/><author><name>poeMARTES</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02144798228495611704</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='00915250062887198879'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RktQ7GxPQPI/AAAAAAAAAMY/GZPV4hjvfWw/s72-c/lispectorrs.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6613415927818730862.post-2903157641828032904</id><published>2007-05-16T06:35:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T23:33:06.467-08:00</updated><title type='text'>proSÁBADO 032</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;UANDO LA&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RksKUmxPQLI/AAAAAAAAAL4/mfNiqnCYWUU/s1600-h/Voltaire.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5065153555028983986" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 132px; CURSOR: hand; HEIGHT: 145px" height="154" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RksKUmxPQLI/AAAAAAAAAL4/mfNiqnCYWUU/s200/Voltaire.jpg" width="143" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;S TROPAS DEL DUQUE DE ORLEÁNS &lt;span style="font-size:130%;"&gt;sitiaban Zaragoza, el clero persuadió a los pobladores que tales tropas eran apariencias producidas por un sortilegio.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;La fuerza de la fe&lt;/span&gt;/ Voltaire&lt;/strong&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;[Francia, 1704-1711].&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.biografiasyvidas.com/biografia/v/voltaire.htm"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;http://www.biografiasyvidas.com/biografia/v/voltaire.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://perso.wanadoo.fr/dboudin/Voltind.htm"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;http://perso.wanadoo.fr/dboudin/Voltind.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.relatosfranceses.com/?op=module&amp;id_module=&amp;amp;path_module=modules/Author/index.php&amp;id_author=143#"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;http://www.relato&lt;/a&gt;&lt;a href="http://www.relatosfranceses.com/?op=module&amp;amp;id_module=&amp;path_module=modules/Author/index.php&amp;amp;id_author=143#"&gt;sfranceses.com/?op=module&amp;id_module=&amp;amp;path_module=modules/Author/index.php&amp;id_author=143#&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.mundocitas.com/autor/Francois-Marie+Arouet/Voltaire"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;http://www.mundocitas.com/autor/Francois-Marie+Arouet/Voltaire&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.alohacriticon.com/viajeliterario/article1027.html"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;http://www.alohacriticon.com/viajeliterario/article1027.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/fran/voltaire/voltaire.htm"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/fran/voltaire/voltaire.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Contenido&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quien quiere ser el que se es – Jochy Herrera&lt;br /&gt;Historia de un llavero – Elena Román&lt;br /&gt;Humo – Sergio Borao Llop&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Quien quiere ser el que se es&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;Era un azar su cuerpo y ahora lo conoces...&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Enriquillo Sánchez&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Estoy apegado a esa idea de lo que fui casi como quien quiere ser el que se es. Alguien me pregunta hace apenas unas horas el nombre de la mujer que más he amado y respondo sin elaboraciones: la que me he inventado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Besarte el pelo libre sobre tus ojos verdes fue una osadía que la memoria no perdona. Oler cosas de ti era algo sin igual: ser un paria de la razón o un enloquecido muchacho de diecisiete que apenas se atrevía a morder labios, más allá de la imaginación o de la Anne&lt;br /&gt;Bancroft, ella toda vestida de la Mrs. Robinson.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No te inventé, sin embargo, entre esa virginidad de amor que sólo una vez se siente (difícil estreno que a los treinta o cuarenta tardíos es sorpresa inimaginable). Te inventé mujer tocándote las pecas que hace un rato confesaste mías; mías porque me las apropié (y es que nunca das nada, dejas que uno se adueñe para luego recordarle la exclusividad de tus pezones y navíos; ellos que por supuesto son otros tras compartirlos y quedártelos para la eternidad de las mañanas).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recreo el pelo y las mejillas tuyas llenas de lágrimas y dolor mientras decías adiós. Desapareces en Escandinavia, Boca Ratón o Mar del Plata; estás agazapada triste y huraña como los gatos, o como cuando te toqué entre las piernas esa primera vez que te gustó. Me es cotidiano no tenerte, respirarte, deducir tu álgebra de capilares; tu arquitectura verde y tibia. Me es maravilloso saberte cierta esperando la tierra de este alcohol fresco que pregunta por ti. Es cierta tu maravilla, la maravilla llamada ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viví rutinas y fantasías, quiero decir, las vivo. Mas sin embargo, me es maravilloso encontrar en ti a aquella diosa de la playa que una vez tuve, Caribe rabioso y todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te inventa Aznavour escuchándole en la ventana de universitario feliz y francamente indocumentado. Flashbacks de ti aparecen justo en el instante álgido en que despierto sabiendo que La Maga espera al doblar de una esquina a la que no llego. Lleno de miedo me lanzo a amarte, mujer inventada; y te dibujo y te corrijo, y te busco luego de encontrarte; y le pregunto al mar si te esconden las caracolas o si te protegen las sirenas o ambas cosas a la vez. Callo. Desconozco si me escuchas o si te esfumaste, mujer mía y no mía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo sé que no llego aún a la meta ni al principio; sé de ti y sé de mis pasiones, de los astrolabios y las mariposas que siempre te persiguieron. También supe una vez de tu boca cuando en un taxi casi vacío osaste dedicarme una mirada y yo un beso la imaginé. Hoy sé de ti y de tu ausencia, mujer de papel casi teñido de jazmín. Te miro el olor y la culpa de tus ojos; te miro entre tus uñas y el recuerdo de esa que jamás fuiste. Ahora eres todas con nombres y apellidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Jochy Herrera&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Historia de un llavero&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día que me fui de la casa marrón y, para celebrarlo, me preparé un buen plato de espaguetis, porque no sabía cuándo volvería a comer caliente y la noche anterior había soñado que mordía lianas con queso. Yo iba buscando el descampado, acostarme sobre una colilla, taparme con una piedra y pasar el tiempo así, pasando el tiempo. Pero por el camino vi una casa roja, llamé, me abrieron, entré, me invitaron a comer espaguetis y sacaron del congelador una cama que caducaba a la mañana siguiente. También estuve en la casa verde, en la amarilla, en la rosa, en la azul… y en todas me cedían una cama de una noche y unas palabras de un día, y ante lo inesperado de mi visita improvisaban cocinando… sí, espaguetis. Yo agradecía su hospitalidad regalándoles historias de llaveros con las que decían sentirse identificados. Cuando al fin llegué al descampado, olisqueé el aire en busca de la zona en la que se concentraran más raíces de tamarindos subterráneos y allí me senté. Agarré un puñado de aquellas raíces, las herví en un litro de sudor que había guardado para la ocasión, les espolvoreé encima un poco de dedo rallado y dejé que se enfriaran porque no iba a comérmelas. Y mientras observaba cómo se rompían las cosas que estaban lejos, no, no pensaba en el retorno: pensaba en una casa blanca y en un gran plato de macarrones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Elena Román&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;Humo&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escuchó la fuga de un eco en su memoria. Supo entonces que todo lo ocurrido después no merecía la pena. No fueron más que puñetazos al aire, bocanadas de humo sin cigarrillo, reflejos de un eclipse. ¿Quién iba a recordar ahora si las libélulas emigraron en noviembre o de qué fuentes manó la sangre de los parias? ¿Con qué ojos mirar hacia el ocaso sin evocar la precisa sentencia del olvido? ¿A quién iba a importarle si el norte es el oeste o si el este termina por devorarse a sí mismo como un intemporal Ourobouros? (El sur no, el sur es siempre el mismo resplandor crucificado). Y esa persistente voz preguntando una y otra vez cuándo terminó exactamente la película; esa voz queriendo averiguar (¡cómo si eso fuese a cambiar algo!) cuánto tiempo llevaba presionando inútilmente los botones del telemando y recibiendo por única respuesta una pantalla negra que grita "Nevermore!"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;strong&gt;© Sergio Borao Llop&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#ff6666;"&gt;__________________&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;© mediaIslaProSÁBADO 24 de diciembre 2005.-&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6613415927818730862-2903157641828032904?l=mediaislaprosabado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/feeds/2903157641828032904/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=6613415927818730862&amp;postID=2903157641828032904&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/2903157641828032904'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/2903157641828032904'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/2007/05/prosbado-032.html' title='proSÁBADO 032'/><author><name>poeMARTES</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02144798228495611704</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='00915250062887198879'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RksKUmxPQLI/AAAAAAAAAL4/mfNiqnCYWUU/s72-c/Voltaire.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6613415927818730862.post-970007330257468111</id><published>2007-05-15T14:13:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T23:33:06.730-08:00</updated><title type='text'>proSÁBADO 031</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;L ÁNGE&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RkokO7CV4_I/AAAAAAAAALo/6rY7lL-UbOI/s1600-h/anderson+imb.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5064900569715827698" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RkokO7CV4_I/AAAAAAAAALo/6rY7lL-UbOI/s200/anderson+imb.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;L DE LA GUARDA LE SUSURRÓ A FABIÁN, por detrás del hombro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Cuidado, Fabián! Está dispuesto que mueras en cuanto pronuncies la palabra "zangolotino".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Zangolotino? –pregunta Fabián azorado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y muere.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Tabú&lt;/span&gt; / Enrique Anderson Imbert&lt;/strong&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;[Argentina, 1910-2000]&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/anderson/eai.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/anderson/eai.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://members.fortunecity.com/detalles2002/prosa/imbert/imbert.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://members.fortunecity.com/detalles2002/prosa/imbert/imbert.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://people.uncw.edu/mountt/401Sala%20de%20espera.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://people.uncw.edu/mountt/401Sala%20de%20espera.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.armandfbaker.com/vision_del_mundo.pdf"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.armandfbaker.com/vision_del_mundo.pdf&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/pizarro_cristina/humor_en_la_narrativa.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/pizarro_cristina/humor_en_la_narrativa.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.otrashierbas.com/biblioteca/2005.06/de_enrique_anderson_imbert_unicornio.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.otrashierbas.com/biblioteca/2005.06/de_enrique_anderson_imbert_unicornio.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.lanacion.com.ar/Archivo/Nota.asp?nota_id=215798"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.lanacion.com.ar/Archivo/Nota.asp?nota_id=215798&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/act_permanentes/lengua_comunicacion/el_oto%F1o/entrale/cuento%20nunca%20acabar/enriqueanderson.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/act_permanentes/lengua_comunicacion/el_oto%F1o/entrale/cuento%20nunca%20acabar/enriqueanderson.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://es.geocities.com/silviafpriego/sadismo_y_masoquismo.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://es.geocities.com/silviafpriego/sadismo_y_masoquismo.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://es.geocities.com/silviafpriego/cigarrillo.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://es.geocities.com/silviafpriego/cigarrillo.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://es.geocities.com/silviafpriego/tabu.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://es.geocities.com/silviafpriego/tabu.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://gargantuario3.blogspot.com/2005/04/sala-de-espera.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://gargantuario3.blogspot.com/2005/04/sala-de-espera.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Contenido&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Matador II – Rey Enmanuel Andujar&lt;br /&gt;La muerte de Benito – María Eugenia Caseiro&lt;br /&gt;Heroico II – Alfredo Cedeño&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;MATADOR II: &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;8vo Microrrelato Espiritista Allan Kardec 2005&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;Have you read Chicken Soup for your Soul? Try Tomato Sauce up your&lt;br /&gt;Ass… It's the Italian version&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Tony Soprano&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Seguí las instrucciones de la carta al pie de la letra. Con la recompensa pude viajar por segunda y última vez a Italia. En este viaje debería ignorar los templos; ni hablar del Vaticano: la abrumadora presencia de las imágenes católicas (llenas de tensión y aguda expresividad) podrían influir en la pobreza de mi espíritu. He preferido bordear Toscana, ignorando Siena y empezando por Arezzo. Es domingo en Cortona en una gran casa donde todo dice "The Shining". Corro a tomarme un capucho y la gente rebosa las tratorías. Un tour operador es perseguido por un grupo de japoneses en atención murmurando asombro, el mismo violinista en la plaza y de frac. Asco súbito: un fuetazo de miedo. Bajo caminando a la estación muerta de Camucia, donde, mientras espero el próximo tren para Nápoles, cerveceo con una alemana que ha venido buscando un curso de cocina. El tren por fin. Vacilo y leo despacio: E VIETATO ATRAVESSARE IL BINARI. Golpe contundente. Cuando lo que ahora soy, libre de aquel estropajo de sangre, carne y pelos, se confunde con la mortecina luz de las cuatro, escucho a la alemana tratando de hacerse entender entre la gente del forense y los Carabinieri: Él me dijo, en perfecto italiano, que estaba muy triste, pero nunca imaginé que era un suicida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;© Emmanuel Andújar&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;La muerte de Benito&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las rameras cuidaron de él en el oscuro cuartucho de la calle Sol, pero no hubo tiempo, en unos instantes la vida se le fue del cuerpo y a ellas las manos se les quedaron vacías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo rasuraron, lo bañaron con el agua de lavanda; esa lavanda barata y escandalosa que alborotaba a la mulata Luisa, la que trabajaba en el café La Estrella, donde Benito tenía asegurado cada mañana sin más costo que la facundia que brotada de sus labios carnosos, una taza de café humeante y su cajita de cigarros Competidores. “Que sean Competidores, Luisa, no equivoques la caja." -Decía Benito con la camisa medio abierta, abanicándose el pecho con el sombrero mientras Luisa lo miraba alelada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Ellas, las putas del barrio Jesús María, mezclaron el sabor medio dulzón de la muerte con el deseo de la vida; le acariciaron el cuerpo con ternura, lo frotaron todo con el agua de lavanda, con tal suavidad, que hicieron palidecer de envidia las gardenias que había traído Luisa. Vistieron a Benito con el traje blanco y reluciente de los domingos que recién planchara Aurelia; la mulata blanconaza de asentaderas grandes y jugosas como hojas de caisimón, que si no le hubiera recordado tanto a su madre, Benito hubiese pasado por la piedra de su sexo sin mayor complicación. Pero le tenía lástima, y por más que trató de verla con otros ojos, no pudo con la estampa del parecido ligada a la de sus cuatro negritos como ángeles de chapapote pululando por el solar con las barrigas hinchadas por los parásitos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Las mujeres seguían acariciándolo, llorándolo suavemente con aquellas lágrimas que caían sobre el cuerpo de Benito como un manantial salado y pegajoso por el rimel, que llevaban adherido al rostro como una etiqueta espantosa de la que ya no podrían librarse jamás. Le pusieron aquellas medias nuevecitas que el negro Bartolo tenía guardadas en un cajón para una ocasión especial y con gusto ofreció para que el difunto emprendiera con buen pie el viaje al otro mundo. También lo calzaron con sus zapatos de dos tonos, a los que el propio Bartolo había sacado un brillo tan destellante, como si Benito fuera a lucirlos en su último baile. Luego el clavel; un clavel rojo en la solapa del muerto las hizo quedar a todas con las gargantas, y hasta con los ojos, hechos un nudo de la admiración que le profesaban al chulo más guapo de Jesús María y sus alrededores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo lloraron con todas sus lágrimas, con todas sus gargantas y con todos sus clamores, hasta quedar exánimes y gastadas todas las caricias y palabras de que disponían en su extenso repertorio de burdeles y callejuelas oscuras. Luego lo llevaron a enterrar... Caminaron bajo la lluvia; una lluvia fría y naranja en la que se perdiera el singular cortejo por las ruinosas callejuelas del cementerio, y los negritos de Aurelia convertidos en diablitos, chapoteaban felices en los charcos animados por el croar de los sapos y la belleza de las lagartijas que sacaban sus pañuelos en espera de un nuevo arco iris.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las rameras de Jesús María rindieron tributo a Benito; lo lloraron, llenaron el humilde féretro de besos de colores, ligueros, lazos, peinetas, zarcillos, algunas estampillas de santos y hasta fotografías a las que borraron viejas dedicatorias. Por última vez, besaron el ataúd, lo vieron bajar a las profundidades de la fosa cuando Bartolo y el resto de los hombres lo enterraron tapándolo con paletazos de tierra negra y fértil donde rojos y hermosos gusanos, tendrían la fiesta de la carne, el debut de un baile nuevo en que las prendas íntimas ligadas a las estampillas y el resto de la bisutería obsequiada a Benito, sería saqueada y revolcada para celebrar la entrada del difunto al seno de la tierra.&lt;br /&gt;         &lt;br /&gt;Las mujeres regresaron tristes a casa, con triste paso en medio de una lluvia triste en el triste día de la despedida. Abrieron las puertas a un sentimiento nuevo, con el recuerdo de Benito convertido en santo; un santo hermoso y admirado al que pondrían en el altar de sus corazones lleno de velas e inciensos, de flores y escapularios, de tragos de ron y tabacos humeantes: ofrendas y mixtura de todos sus credos. Un santo al que ya nunca volverían a escuchar hablar de sus andanzas, de sus bravuconerías, de sus conquistas…, un nuevo santo callado que les recordaría tal vez a San Francisco de Asís, o quién sabe si mejor fuera compararlo con Changó de las legiones.&lt;br /&gt;         &lt;br /&gt;Pero muy pronto, aquel chulo, el mejor plantado de Jesús María transformado en santo por el amor ciego y desenfrenado de las putas, se identificaría como un espíritu renovado y feliz. Las mujeres no tardaron en darse cuenta que el chulo sandunguero vendría a habitarlas en sus sueños de lluvias; volvería a vivir y a morirse nuevamente en los brazos de sus desazones; a quedarse dormido en las noches de juerga y a desaparecer como siempre, con el alba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel terrible agujero apenas sin sangre, por donde había entrado la bala, parecía el causante de que el alma se le saliera constantemente del cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© María Eugenia Caseiro&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Heroico II&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Laocoonte siendo sacerdote de Apolo se dedicó a castrar efebos y violar doncellas con sistemática dedicación digna de más augustas causas, aunque no menos jacarandosas, hasta que del mar aparecieron las serpientes de Neptuno para ahogar a sus dos hijos, que terminaron también con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue el único que supo presagiar el engaño con que los griegos tomarían a Troya y quedó su martirio en el mármol que ahora atesora El Vaticano, luego de pasar unos cuantos siglos bajo la tierra de la parcela de un campesino italiano que sólo supo de ahogar a su mujer con el follar y el empreñar anual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo este fandango comenzó –según la lengua de Homero- cuando París quien pese a su condición de príncipe y en honor a su verga, muy cachonda y vagabunda, se robó a Helena, mujer de Menelao, por lo que los aqueos se dedicaron a sitiar con escasa misericordia, y durante dos lustros, a la hasta entonces reina de Los Dardanelos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escombros y esclavos quedaron donde coitos y señores reinaron, azotaínas implacables contra los viejos patricios remacharon el triunfo que sobre las ingles del rey putañero se supo maquillar con una supuesta guerra por la libertad económica en el Mar Negro que los troyanos habían sabido zamparse a su faltriquera voraz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del Mediterráneo no se podía pasar al Mar Negro sin pagarles a estos hijos de Troya, en las aduanas se quedaban ninfas y efebos para completar el peaje de quienes eran dueños y señores del mar hasta que los aqueos con Agamenón, muy señor y rey de Micenas, con su caballo de madera empreñado de soldados y lanzas la acabó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en ese menú de melancolías una veleta hizo que en un decenio se acabara la ciudad temible donde besos y amores fueron milagros botando cielo e infierno, de propios y forasteros, sedas, oro y poder al fondo del mar donde nunca Matarile iría a buscar o llevar sus llaves en una disposición de ilusiones disfrutadas por los dioses y sus olvidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;© Alfredo Cedeño&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color:#ff6666;"&gt;________________&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;© mediaIslaProSÁBADO 17 de diciembre 2005.-&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6613415927818730862-970007330257468111?l=mediaislaprosabado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/feeds/970007330257468111/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=6613415927818730862&amp;postID=970007330257468111&amp;isPopup=true' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/970007330257468111'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/970007330257468111'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/2007/05/prosbado-031.html' title='proSÁBADO 031'/><author><name>poeMARTES</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02144798228495611704</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='00915250062887198879'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RkokO7CV4_I/AAAAAAAAALo/6rY7lL-UbOI/s72-c/anderson+imb.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6613415927818730862.post-1802343650474391102</id><published>2007-05-15T11:27:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T23:33:06.989-08:00</updated><title type='text'>proSÁBADO 030</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;S&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;E CUENTA&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/Rkn887CV49I/AAAAAAAAALY/wtqjk5ROtNw/s1600-h/bierce2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5064857379524699090" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 120px; CURSOR: hand; HEIGHT: 158px" height="186" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/Rkn887CV49I/AAAAAAAAALY/wtqjk5ROtNw/s200/bierce2.jpg" width="140" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; DE VOLTAIRE QUE UNA NOCHE se alojó, con algunos compañeros de viaje, en una posada del camino. Después de cenar, empezaron a contar historias de ladrones. Cuando le llegó el turno a Voltaire, dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hubo una vez un Recaudador General de Impuestos –y se calló.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como los demás lo alentaran a proseguir, añadió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ése es el cuento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Cuento&lt;/span&gt;/ Ambrose Bierce&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;(Estados Unidos, 1842-1914)&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/bierce/ab.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/bierce/ab.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.cinefantastico.com/terroruniversal/ficcion/index.php"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.cinefantastico.com/terroruniversal/ficcion/index.php&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.donswaim.com/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.donswaim.com/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.online-literature.com/bierce/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.online-literature.com/bierce/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.analitica.com/bitblioteca/massimino/bierce.asp"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.analitica.com/bitblioteca/massimino/bierce.asp&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.labondiola.com.ar/publishing/relatos/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.labondiola.com.ar/publishing/relatos/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.cinefantastico.com/terroruniversal/ficcion/index.php?t=cuentos&amp;id=17&amp;amp;mode=cuento"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.cinefantastico.com/terroruniversal/ficcion/index.php?t=cuentos&amp;id=17&amp;amp;mode=cuento&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.cinefantastico.com/terroruniversal/ficcion/index.php?t=cuentos&amp;id=14&amp;amp;mode=cuento"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.cinefantastico.com/terroruniversal/ficcion/index.php?t=cuentos&amp;id=14&amp;amp;mode=cuento&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1469"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1469&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.hplovecraft.es/info_precursor.aspx?titulo=Ambrose%20Bierce"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.hplovecraft.es/info_precursor.aspx?titulo=Ambrose%20Bierce&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.geocities.com/templodetezcat/scriptorivm/bierce.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.geocities.com/templodetezcat/scriptorivm/bierce.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://cuentoenred.xoc.uam.mx/cer/numeros/no_2/pdf/no2_koch.pdf"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://cuentoenred.xoc.uam.mx/cer/numeros/no_2/pdf/no2_koch.pdf&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;Contenido&lt;/strong&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Heroico I – Alfredo Cedeño&lt;br /&gt;Peripecias por un boleto de avión – María Luisa Lázzaro&lt;br /&gt;Buenos Aires y los mitos – Jochy Herrera&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Heroico I&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquiles, siendo hijo de Peleo y Tetis, fue un Superman antiguo creado por su madre al meterlo de cabeza en una ciénaga hasta casi ahogarlo y ponerlo a coquetear con la muerte desde ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pie por donde lo agarraba hizo que su talón fuera la kriptonita, donde llegó la saeta arrojada por París, aunque guiada por Apolo, para encajarse plena y arrastrarlo leve en medio de parpadeos sin que la muerte pudiera contorsionarse más allá de sus ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya él encerraba la peor de las derrotas desde que Briseida, la del culo más apoteósico y maromero de todas sus esclavas, se fue con Agamenón a enseñarle cómo era que los dioses gustaban de entretenerse y delirar con el muy pagano arte de follar que los mantenía encalamocados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Castrado en su orgullo, la educación que le dio Quirón el centauro fue una hoja de otoño rasgada ante los embates que imaginaba la muy hideputa pelvis del griego le proporcionaba a su otrora cautiva y agonizante bendijo poder abandonar en el camino su dolor insepulto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fueron en Troya su victoria y caída de la que luego Homero hablaría y solo Dios, o tal vez Lucifer, sabrá con cuantas mentiras fue aliñando hasta cumplir radiante con su papel de agente de prensa de la guerra escondiendo los dolores que le destripaban el alma al pobre héroe cabrón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora sólo nos ha quedado el mito y la mortaja de sus vértigos libres derrotados por las ganas de la hembra que dejó tumefacta su arma más preciada, sin ningún testimonio por el llanto que disfrazó de ira y que no se supiera nunca cuánto y cómo le dolió esa maldita huida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Alfredo Cedeño&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Peripecias por un boleto de avión&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se me había ocurrido ni siquiera preguntar por el valor del boleto de avión para Madrid. Mi intuición me decía que si el bolívar había disminuido en un sesenta y siete por cierto frente al dólar, estaría por las nubes ante el euro. Así que ni siquiera dejé de dormir plácida. Ya me había convencido: Madrid, imposible, demasiado sueño. Además ya lo conocía, claro por fotos, postales, películas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos amigos muy queridos me insistieron. Haz algo, me decían, mueve las cartas de la baraja que guardas bajo de la manga de la imaginación... Y, cuando me hablan de todo lo que guardo en esa manga, una energía poderosa empieza a moverse, y cual Hulk, levanto los brazos de la fe, rompo las camisas de la inercia y…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me fui a hablar con un montón de personas. Unas, para pedirles un préstamo, otras para que me dieran el boleto a crédito. Todos me dieron largos discursos de la paralización del país, de las empresas quebradas, del alza del petróleo, de la iliquidez de la banca, y, sobre todo de la dificultad para conseguir dólares, que no sean en el mercado negro que seguro es propiciado por más de lo más, etc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta que… se me alumbró el entendimiento y fui a la Agencia de viajes que ganaba siempre las licitaciones de mi universidad, en los años de prosperidad, cuando nos enviaban a los Congresos del exterior para que nos fogueáramos (elaborando y) presentando las famosas ponencias (nuestras investigaciones) que ahora le dicen en los altos fondos: the papers.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de bajarme del auto me acordé que tenía que pintarme un poco los labios. Desde que estoy en permanentes vacaciones jubilares se me olvida, aunque cargo (en la cartera) mi arsenal de coquetería en un estuche pequeño que mis hijas insisten en renovármelo de acuerdo a la moda. Me pinté la boca y me eché un poco de rimel en las pestañas. Lo hice a tientas, no pensé en la necesidad del espejo; además el tiempo es un diamante por conjugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me bajé (qué bueno que Cortázar (digo Oliveira) nos consiguió la licencia para no tener que descender siempre) del auto, alisé mi falda para las ocasiones especiales, ensayé un poco (debí haberlo practicado más) el caminar con tacos Luis XI (aunque sea, porque con los Luis XII hubiera parado con el cóccix en el jardín del nunca jamás). He perdido la costumbre de caminar (de mi hermana Enza María de la Consecución Infraganti, con la RAE en la testa) como las mises: un pie delante del otro contorneando las caderas a ritmo de cumbia lenta o son abolerado. Mientras me dirigía a la agencia de viajes iba ensayando el asunto de las mises. Más que caminar, era tropezar de zapatos (o de pieses (en el amor y en la guerra de palabras todas las mieses son válidas) con el otro. Estuve a punto de caerme cinco veces. Los transeúntes volteaban a mirarme como se mira a los ebrios: compasivamente arrechos, con lástima y molestia al mismo tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi frente a la puerta noto una extraña cojera, la cumbia mental se pronunció como un grito del que me abstuve por educación. Uno de los tacones se había quedado metro y medio atrás. Me devolví, lo recogí, me senté en una suerte de muro, y sin pensarlo dos veces saqué una caja de chicle, masqué y masqué hasta hacer una bola generosa que coloqué entre tacón y zapato. De todas formas ejecuté un caminar elegante de medio-coja, bastante disimulado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al fin entré, pedí hablar con el gerente. Me atendió, me senté más rápido que la voz "siéntese". Alisé la falda, me acomodé los mechones más asustados de mi cabello... Levanté una pierna sobre la otra con el pie en punta… y con vocecita a lo Enza en los casting de su imaginación (con movimiento de hombros y todo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Se acuerda de mí? Soy aquella profesora que viajaba a los congresos... el Consejo de Desarrollo Científico pagaba los pasajes... ¿se acuerda de los sobres de licitación? Siempre ganaban ustedes... A Puerto Rico, Perú, Colombia, Costa Rica, México,&lt;br /&gt;Chicago, New York. ¿Será que se acuerda?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el señor me miraba y sonreía con una mirada exageradamente pícara, los ojos le bailaban, el cigarrillo no se movió de sus dedos mientras yo tartamudeaba, esperando que me interrumpiera y me dijer: "Sí, claro...", para no tener que recordarle más países... En lugar de eso lo que hacía era sonreír, reírse incluso casi a carcajadas....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de un silencio eterno… tal vez fueron segundos, pero para mí eran horas perpetuas... me dijo: "Hay personas que son como lámparas encendidas, cuando entran iluminan todos los resquicios. Esas personas no son fáciles de olvidar… (¡Perro!, pensé para mis adentros, el tipo hasta es poeta... Esto es pan comido...).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Veo que ya no se muerde las uñas… Así que necesita un boleto a Madrid, a crédito, para ser descontado del bono vacacional de la Universidad. No faltaba más, cuente con él de inmediato. Antes… hágame un favor... ¿Ve esa puerta cerrada? Es el baño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, que tengo una mente voladora, me puse roja, me imaginé cacheteándolo... ¿Querrá cobrar en especie, contante y sonante, el crédito...? No estaba nada mal, pero que va, una tiene su dignidad, conmigo tiene que empezar por el principio: las visitas de novio, el año de espera, los ramos de rosas amarillas cada semana, las siete pruebas de resistencias, los obstáculos capitales, etc.). Medio segundo tardó el susodicho en decirme:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vaya, arréglese un poco la cara, mírese en el espejo del baño...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Oh, diosito!... Me quedé como media hora en el baño. Me avergonzaba salir, me moría de la pena. ¿Lo que vi? Medio labio pintado por dentro y medio por fuera, es decir: la propia loca mamarrac... De paso el rimel se me había chorreado, inventándome unas ojeras de viuda sufrida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El señor, tan decente, me mandó a la secretaria por si necesitaba ayuda. Me llevó unas toallitas con crema limpiadora y me ofreció –por órdenes del jefe- un rouge más discreto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando me atreví a salir, él, tan caballero, mirando el boleto me dijo que todo estaba listo, y que tuviera un lindo viaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando estaba ya por irme, con mi billete a buen resguardo, me dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Admiro el equilibrio que hace para sostenerse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tacón había quedado junto a la silla cuando fui al baño. Creí que no lo había notado pues, juro, caminé (ese pequeño trayecto) como Ana Bolena lo hubiera hecho en igual circunstancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Maria Luisa Lázzaro&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Buenos Aires y los mitos&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;El nombre de una mujer me delata.&lt;br /&gt;Me duele una mujer en todo el cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;strong&gt;Jorge Luis Borges&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Acabo de regresar de Buenos Aires. Era tal como lo suponía. Apoyado en un libraco volumen tres y poblado de cartas cortazarianas, recuento mis primeras horas rodeado de minas elegantes y de memoria: Guerra Sucia, Oliveiro Girondo y el Luna Park; la Plaza de Mayo inundada de banderitas para turistas que fotografían gendarmes jóvenes, tan ellos que a Videla sólo lo conocen de oídas (son casi inofensivos soldaditos bien vestidos, casi nuevos, pero mas que todo inofensivos porque protegen a no sé qué ni a quién de unos piqueteros buenas gentes que sólo exigen mejor fiambre).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estas, mis confesiones, las comparto con un amigo que ya pertenece a los difuntos. El escribió una vez que América era un texto cuya primera página estaba ahí para regresar a ella y vernos a nosotros y ver nuestro universo; que no importaba si entendíamos lo americano como descubrimiento o como encuentro de culturas, lo americano nacía con la certeza de los actos fundadores: poseemos el origen constitutivo y sabemos nuestro punto de partida, uno que precisa el antes y el después. Esta concepción permitió a Enriquillo&lt;br /&gt;Sánchez definir lo que a su modo de ver era esencial para la literatura latinoamericana: el concepto de ley de la fundación. Para el fenecido escritor, Borges, Neruda y García Márquez eran ejemplos capitales donde se encuentran los programas poéticos más ambiciosos en las letras hispanoamericanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El poema de Borges Fundación mítica de Buenos Aires facilita mi reconstrucción de una urbe que solamente puede ser llevada en el corazón; un corazón que ha fundado sueños y perpetuado irrealidades, un alma capaz de perseguir el amor con sus mitologías y sus pequeñas magias inútiles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empecé a encontrar esta ciudad en El Ateneo (librería de tertulias y huellas greco-romanas) una tarde de café y jóvenes sedientos de libros, quienes, ahogados en palabras, se refugiaban tras un mar de páginas contra los cuarenta grados de la intemperie del Cono Sur. A mi lado, una tía en su edad, leía impertérrita una biografía de bolsillo de Marco Polo. El silencio y el café negro me remontaron al día que justo finalizaba: la niñez de Leda, mis amuletos, el fin del invierno austral y un piloto que unas horas antes habló en un lenguaje escandalosamente porteño a pesar de su evidente nariz anglosajona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mas tarde, anoche, fue tango. Yo era bandoneón mientras la pubertad me sacudía en ese barrio sin nombre del Santiago dominicano. Allí escuchaba los anocheceres musicales del único bar de mi memoria: El Morocho. Allí se anunciaba todo lo que se podía saber de tango allende Buenos Aires: Gardel que volvía y volvía mientras el primo Luis José iluminaba mi preadolescencia de inocente ciudadano, Damaris, que no entendía de cuerpos ni de edades, porque ella era sólo poseedora; y yo, que apenas me conocía, hurgaba pesares y sueños tucumanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminito. Los vecinos de la Boca dicen que cambian los gobiernos pero la miseria continúa; entre fútbol y fantasmas de inmigrantes italianos, nacen, crecen y se reproducen con y en el fútbol. Este callejón bohemio sobrevive el turismo porque ya dejó de ser historia. Es la nueva Argentina, el nuevo país de unos cuantos y la nueva República gracias al Ménem ícono y usurpador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ciudad de ausencias. Viví tinto, matahambres, bifes y una que otra milonga; la Galería Patio-Burlich y otras tumbas del consumo. Supe de alfajores y dulzuras, mas ahí no estabas. Estabas pero no me estabas con esos ojos de bandera oscura llena de sol, ojos de Borges celoso mientras te miraba en el Café Quebec. Te quedaste, che, en cada esquina del Buenos Aires que yo leía en Página Doce y lleno de ti imaginaba. Presa del Mar del Plata te quedaste, tras ese río gris que no vio tu color rosa a pesar de los viajes de la jungla; a pesar del Paraná dejando huellas justo frente a Puerto Madero una mañana cualquiera de este quimérico presente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace unas horas que despedí a Buenos Aires sin desearlo. Mito o sueño, vivir ciertas historias es, únicamente, dominio de la literatura. Aclaro que no fuiste literatura mientras llegabas esa madrugada lúcida entre Recoleta y Callao, apenas media milla de Corrientes y Florida. Allí eras el amor amenazado, delatado en el nombre de una mujer. Y yo, como Borges, temeroso, tuve que ocultarme y huir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;© Jochy Herrera&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;color:#ff6666;"&gt;____________________&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;© mediaIslaproSÁBADO 10 de diciembre 2005.-&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6613415927818730862-1802343650474391102?l=mediaislaprosabado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/feeds/1802343650474391102/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=6613415927818730862&amp;postID=1802343650474391102&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/1802343650474391102'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/1802343650474391102'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/2007/05/prosbado-030.html' title='proSÁBADO 030'/><author><name>poeMARTES</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02144798228495611704</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='00915250062887198879'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/Rkn887CV49I/AAAAAAAAALY/wtqjk5ROtNw/s72-c/bierce2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6613415927818730862.post-1867783319831381995</id><published>2007-05-15T06:24:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T23:33:07.176-08:00</updated><title type='text'>proSÁBADO 029</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;L HO&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/Rkm1oLCV46I/AAAAAAAAALA/plmXtEQEM6M/s1600-h/pineral.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5064778957716841378" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 100px; CURSOR: hand; HEIGHT: 148px" height="135" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/Rkm1oLCV46I/AAAAAAAAALA/plmXtEQEM6M/s200/pineral.jpg" width="91" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;MBRE SE ACUESTA TEMPRANO. No puede conciliar el sueño. Da vueltas, como es lógico, en la cama. Se enreda entre las sábanas. Enciende un cigarro. Lee un poco. Vuelve a apagar la luz. Pero no puede dormirse. A las tres de la madrugada se levanta. Despierta al amigo de al lado y le confía que no puede dormir. Le pide consejo.&lt;br /&gt;El amigo le aconseja que haga un pequeño paseo a fin de cansarse un poco. Que en seguida tome una taza de tilo y que apague la luz. Hace todo esto pero no logra dormir. Se vuelve a levantar. Esta vez acude al médico. Como siempre sucede, el médico habla mucho pero el hombre no se duerme. A las seis de la mañana carga un revólver y se levanta la tapa de los sesos. El hombre está muerto pero no ha podido quedarse dormido. El insomnio es una cosa muy persistente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;En el insomnio&lt;/span&gt;/ Virgilio Piñera&lt;/strong&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;[Cuba, 1912-1979]&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.cubaliteraria.cu/autor/virgilio_pinnera/"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;http://www.cubaliteraria.cu/autor/virgilio_pinnera/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://members.fortunecity.com/detalles2002/poesia/virgi/virgi.html"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;http://members.fortunecity.com/detalles2002/poesia/virgi/virgi.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.fflch.usp.br/sitesint/virgilio/"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.fflch.usp.br/sitesint/virgilio/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Contenido&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juntapalabras – José María Gatti&lt;br /&gt;Un trozo de papel – Pilar Romano&lt;br /&gt;Registro de un dilema – Juan Pablo Salas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Juntapalabras&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy un juntapalabras. Algo así como un caminante que va dejando mensajes y textos para otros desorientados peregrinos. Escribo para vivir pero no vivo de lo que escribo. Trato de no sabotear al corazón porque hay cazadores solitarios que siempre encuentran una oportunidad para dejar desalmados a los apasionados. Juntar palabras es jugar con las consonantes y los puntos suspensivos. A quienes los demora las ganas de escribir, esto no es ninguna novedad. Sobre el polvo del camino, las mínimas huellas dejan su testamento. Hay más hojas voladoras que mensajes y todos somos parte del mapa de la vida. Ahora podemos compartir la magia de la palabra, sin el verbo que impone la derrota y el sujeto que llora sin aliento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© José María Gatti&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Un trozo de papel&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto no ocurriría si no hubiera ido a Pinamar. Allí fue donde la vi, en un parador de la costa, a la hora de almorzar. Entró con quien supongo sería su marido y dos niños. Respondía con exactitud a aquella descripción: "Ignacia era más bien baja pero de buenas formas; el rostro se veía armonioso a pesar de los pómulos marcados con firmeza en la piel oscura; el pelo era negro y lacio, melena de cacique. Un lunar plano del tamaño de un grano de arroz había tenido el capricho de instalársele en el maxilar inferior, que se adelantaba apenas, lo cual le daba cierto toque adusto que se ablandaba enseguida con la sonrisa".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había disfrutado escribiendo aquel cuento, "El regreso de Ignacia" y luego de algunos retoques lo encontré estupendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegué a pensar que las empresas de transporte de correspondencia eran todas ineficientes o me habían declarado un inexplicable boicot. Era más aceptable este razonamiento que el pensar que en ninguno de los concursos a los que enviara el cuento lo hubieran juzgado merecedor de por lo menos una mención, aunque fuera la novena. Pero sabía que lo del correo eran falsas especulaciones. Seguramente "El regreso de Ignacia" no era bueno como yo presumía. Y le tomé rabia a ese cuento. No me había ocurrido antes, eso de tomarle bronca a un trabajo, digo, ni siquiera con algunos que ni siquiera había intentado dar a conocer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y un día lo quemé. Estaba ordenando papeles, separando los inútiles de los menos inútiles y puse entre los primeros el original de "El regreso de Ignacia". Me impresionó un poco la forma en que se retorcían las cuatro hojas en la fogata. "Es como en la vida", pensé. ¡Cuántas cosas hechas con amor no son interpretadas por los demás, decidimos renunciar a ellas y se nos retuerce el corazón al ver cómo se desvanecen! Y tuve la certeza de que debí haber defendido aquel cuento con más tenacidad. Mejorarlo, quizás. Era un recurso fácil esto de hacer como que nunca lo hubiera escrito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abandoné aquellas reflexiones ante un raro golpe de viento y traté de evitar que el fuego fuera más allá de lo prudente. Tuve que hacer un gran despliegue de maniobras para ello. "Como en la vida", pensé. "Cosas que tratamos de sofocar siguen a pesar de todo". Pero pude. Tan sólo un trocito de papel logró montarse sobre una ráfaga y huir de la destrucción. No conseguí atraparlo para devolverlo a la fogata, pero no lo intenté demasiado. Era tan sólo un trozo de papel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de un laborioso proceso de aprendizaje, adaptación y convencimiento, tengo ahora mis cuentos archivados en el ordenador. Pero Ignacia no está. O sí. Porque desde que volví de las vacaciones en Pinamar no puedo usar el scanner. Nadie puede encontrar la razón, pero cualquiera sea la imagen que uno pretende lograr, aparece reproducido, siempre el mismo, el rostro de una mujer morena, "armonioso a pesar de los pómulos marcados con firmeza..."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Pilar Romano&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Registro de un dilema&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi escritorio está colmado de enemigos –potenciales y activos. Como en el cementerio, aquí yacen, tras fatigosa jornada, los recibos de la funeraria, la foto y la carta, como en un mismo mausoleo, una perversa sonrisa de este destino. La voz del pecado está sobre la mesa y su imagen se ve amplificada en el monitor de mi computadora: la foto salió bastante buena. La textura y el color son los apropiados, pero habrá que reacomodar un poco los bordes, quizá cortar un poco del lado izquierdo para simplificar estas líneas de la ventana. La luz sin sombras de la tarde lluviosa lava el color de la escena, exagerando los azules. Se pueden ver las gotas de agua en la bañera brillando y manchadas con el rojo de la sangre que se va con el chorro de la ducha aún corriendo. Se ve una mano que mira hacia el cielo y el brazo de mujer casi en gesto de descanso, los dedos relajados, enroscados sobre si mismos, la mano como una espiral, como un caracol que defiende su contenido. No se diría que hace parte de la tragedia si no se distinguiera que las uñas también están manchadas con el mismo rojo que corre hacia el desagüe. No puede verse nada más de su cuerpo que se insinúa desplomado y sin vida en el piso de la bañera. Sin embargo, puede sentirse su peso, puede percibirse su presencia sin sombra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Los muertos no tienen sombra", solía decir después de hacer el amor que esa tarde había sido especial. La neutralidad del gris ayudó a exagerar el color del drama y la fuerza del placer. Quizá por culpa de la lluvia no tuve fuerzas para aguantar y me dejé arrastrar en su torbellino, como este que ahora se lleva su sangre a través de las arterias de la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que definitivamente hay que recortar un poco a la izquierda. Está muy brillante la luz que entra por la ventana y esa jeringa no se ve muy claramente. Hay que provocar a la mirada para que baje a descubrirla. Menos luz del lado de la ventana resaltará el reflejo en la aguja clavada en la vena. Quienes han visto la foto –el lector de la foto- se han preguntado acerca de este detalle. Si fue una sobredosis, como parece indicar la aguja, ¿de dónde brota la sangre? ¿Qué ha causado la hemorragia? Tampoco se ve un cuchillo u otra arma para insinuar un crimen pasional, tampoco la piel de la muñeca muestra señales de un suicidio por desangre. Así que el lector de la foto va a tener que fijar mejor su mirada en busca del verdadero motivo, que no descubre sino cuando se detiene en ese pequeño objeto que se distingue entre los dedos, como descansando, el único de todos los elementos de la escena que queda entre la sombra. Hay que acercarse, mirar con detenimiento y construir en la mente la imagen de lo que sea que está contenido en la concavidad de esa mano. La sombra es difusa, suficiente para no dar forma definida sino para dejar percibir algo que resulta levemente familiar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez puedo hacer énfasis en el resto de la acción, resaltar el color aguamarina de la cortina y las manchas rojas que sobre ella se distinguen. En esas manchas se dibuja la escena completa: al mover la mano ensangrentada, ella trazó esta curva que termina abruptamente y que indica claramente la dirección del movimiento de su mano para caer a descansar allí donde se la ve. Es el gesto de alguien que se rinde, alguien que no tiene más voluntad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero yo sé bien que esa sombra es el arquitecto de sus entrañas, la razón de su hemorragia, la razón de la jeringa y el veneno. La foto la tomé cuando descubrí los cadáveres y desde entonces ha sido la forma de mi duelo. Mi hermana habría hasta disfrutado la foto si el incesto no hubiese sido tan grave peso en su conciencia. Decidió llevarse con ella lo que no pudo contener en sus entrañas. Decidió que no sería la madre de aquel hijo, que no gestaría su infelicidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;© Juan Pablo Salas&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff6666;"&gt;____________________&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;© mediaIslaproSÁBADO 03 de diciembre 2005.-&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6613415927818730862-1867783319831381995?l=mediaislaprosabado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/feeds/1867783319831381995/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=6613415927818730862&amp;postID=1867783319831381995&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/1867783319831381995'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/1867783319831381995'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/2007/05/prosbado-029.html' title='proSÁBADO 029'/><author><name>poeMARTES</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02144798228495611704</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='00915250062887198879'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/Rkm1oLCV46I/AAAAAAAAALA/plmXtEQEM6M/s72-c/pineral.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6613415927818730862.post-572704932384958227</id><published>2007-05-14T11:44:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T23:33:07.329-08:00</updated><title type='text'>proSÁBADO 028</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;S&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;USANA &lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/Rkiu7rCV45I/AAAAAAAAAK4/efEyZztQfnE/s1600-h/xavier+villaurrutia.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5064490121166185362" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 130px; CURSOR: hand; HEIGHT: 123px" height="165" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/Rkiu7rCV45I/AAAAAAAAAK4/efEyZztQfnE/s200/xavier+villaurrutia.jpg" width="168" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;TENÍA ENTONCES LAS MEJILLAS PECOSAS de una fruta, pero ¿y Aurora? La podría reconocer por la cicatriz que debe llevar en una piera, de resultas de una caída. Creo que fue en la huerta. Aurora había subido a un manzano y me prometía un fruto; en vez de dejar caer la manzana se dejó caer ella, distraída.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;La caída&lt;/span&gt; / Xavier Villaurrutia&lt;/strong&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;(México, 1903-1951)&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.jornada.unam.mx/2002/04/14/sem-xavier.html"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.jornada.unam.mx/2002/04/14/sem-xavier.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.letrasjovenes.com/2003-2005/revista/escritores/villaurrutia.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.letrasjovenes.com/2003-2005/revista/escritores/villaurrutia.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://poesi.as/indexxv.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://poesi.as/indexxv.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.islaternura.com/APLAYA/NoEresElUnico/V/VILLAURRUTIAxavier403/VILLAURRUTIAentrada000.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;http://www.islaternura.com/APLAYA/NoEresElUnico/V/VILLAURRUTIAxavier403/VILLAURRUTIAentrada000.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Contenido&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Minha flor – Mari Cruz Agüera&lt;br /&gt;La última puesta de sol – Bárbara Machado&lt;br /&gt;Debajo de un árbol, salmón – Helga Vega&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Minha flor&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era una tarde de tejer jardines, de exiliar soledades, de ver la luz y no guiñar las manos. Recuerdo ciertos pájaros de vida latiendo en la frontera. Y un misterio y un mar otoño intenso y las palabras... Todo puede ocurrir cruzando un puente. Arreciaba un levante de semillas y germinó tu verso entre mis labios. Pequeña evocación Era una tarde de tejer jardines, de exiliar soledades, de ver la luz y no guiñar las manos. Recuerdo ciertos pájaros de vida latiendo en la frontera. Y un misterio y un mar otoño intenso y las palabras... Todo puede ocurrir cruzando un puente. Arreciaba un levante de semillas y germinó tu verso entre mis labios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Mari Cruz Agüera&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;La última puesta de sol&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De frente al pelotón de fusilamiento, sin la menor oportunidad de defensa posible; agravantes ni atenuantes, nada mas entre él y ella que las puertas del mismo aeropuerto que lo vio partir, y un muro de dolor insufrible para ambos; allí parado nuevamente frente a cinco años de ausencia, sintió aquellos ojos ya sin lágrimas, penetrar como balas todo su cuerpo, mas allá de la piel, buscando una sola razón para tanto castigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imaginó la vida corriendo por sus venas, saludable y viril como en los viejos tiempos, su rostro enrojeció, sus manos temblaron como hojas al viento, y sus huesos maltrechos cayeron desplomados al suelo, sin necesidad de una sola palabra reprobatoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Demasiada vergüenza también puede terminar con la existencia de un hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el corazón de la vieja Habana, los muros coloniales cómplices de los más sórdidos trueques mercantiles de esclavos, hoy retoman su celestinesco papel. Ocurre en cualquier esquina, cada noche y hasta cada mañana, el canje de valores más desigual que se pueda imaginar, la juventud en copa de oro, carne fresca para ser consumida como carroña misma, por una nueva especie de buitres modernos, que han logrado situarse en el escalón más alto de la cadena alimenticia, y en el primer renglón de la economía de un país como Cuba, sin amenaza posible de depredador alguno, como no sea el gobierno mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Rampa, 8.00 PM. Agosto de fuego para las islas del Caribe. La Habana arde como cada noche de verano que atrae a cada vez más inmundicia de otros lares. Las filas de los aeropuertos hablan por sí solas, (diferente a diciembre, por supuesto, con su festival de cine).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ramparriba, rampabajo, un joven, en la espera de su novia que no llega a tiempo nunca, camina. La guagua es el enemigo acérrimo de la puntualidad, el novio impaciente decide pararse en un punto fijo a esperar, y escoge fatalmente una esquina conocida por los turistas ávidos de sexo que frecuentan nuestras calles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se le acerca un hombre de apariencia extranjera, de alguna parte de Europa (del Este, del Oeste, da igual), con acento desconocido le ofrece al novato impaciente, una conversación intelectual muy interesante… tomando en cuenta el tiempo a solas en silencio que padecía desde hacía tres horas, resultó todo un traficante de obras de arte disfrazado de funcionario diplomático, con todas las libertades que le son conferidas a estos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ofreció además una noche de hoteles 5 estrellas, con jovencitas también 5 estrellas, en fin, un viaje por todas las constelaciones, con todos los gastos pagos, ¿sólo por complacer a ser su interlocutor en tan entretenida plática?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El joven no se negó, lo cual resultó en una aparente amistad, que continuó fortaleciendo sus lazos con invitaciones a sitios inalcanzables, es más, inexistentes para la imaginación del Cubano promedio, paseos pagados para él y su novia por toda la geografía hotelera del país, con lo cual quedó comprada cualquier duda que pudiera suscitarse respecto a la integridad de este sujeto, y sus intenciones desinteresadamente amistosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvió, una tarde de Coppelia el caritativo amigo, con una oferta tentadora para el cubanito que ya no imaginaba su vida en el aburrimiento de las puestas de sol en el malecón junto a su novia, y las interminables colas en el Coppelia para el cubano de a pie. Llegó con paso triunfante, como quien se sabe en control, y esta vez fue directo al grano, una visa con boleto de avión a Europa, a cambio de un pequeño favor, algo de lo que nadie se enteraría jamás, ni su amada novia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un pequeño favor de índole sexual, le pareció horrible al joven militante de las filas de la juventud comunista, pero tal vez menos, que la horrible pobreza y otras humillaciones, y pensó: "Tampoco es como para morir, ¿no?"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero sí, si es para morir, porque después de cinco años, la vida se escapa del cuerpo de aquel que de joven creyó que tres horas eran demasiadas para esperar una guagua, que no llegaba nunca con la promesa de una puesta de sol en el malecón Habanero. Cinco años de sufrir de Sida le han hecho entender, a destiempo quizás, que sí era como para morir, ya casi muerto regresa a la tierra donde le aguardan muchos ojos acusadores como pelotón de fusilamiento, pero le mueve la necesidad de un perdón, y porque no, una última puesta de sol en el malecón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Bárbara Machado&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Debajo de un árbol, salmón&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella sueña, siempre ha soñado, la pitonisa lo dijo al nacer. Es su vuelo imaginario, sus piruetas mentales, su caminar elevado. Lo ronda, le baila, lo abraza, con su canto de sirena lo acorrala. Lo mira, lo toca con sus ojos de mujer. Y él la ama y por amarla la quiere en tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella lo besa en puntas de pie y es entonces cuando por segundos sienten que vuelan. No le da tregua a su niña, la toma suave por sus caderas, manos firmes que la llevan a tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;© Helga Vega&lt;/strong&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#ff6666;"&gt;___________________&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;© mediaIslaproSÁBADO 26 de noviembre 2005.-&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6613415927818730862-572704932384958227?l=mediaislaprosabado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/feeds/572704932384958227/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=6613415927818730862&amp;postID=572704932384958227&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/572704932384958227'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/572704932384958227'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/2007/05/prosbado-028.html' title='proSÁBADO 028'/><author><name>poeMARTES</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02144798228495611704</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='00915250062887198879'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/Rkiu7rCV45I/AAAAAAAAAK4/efEyZztQfnE/s72-c/xavier+villaurrutia.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6613415927818730862.post-6491585344958169877</id><published>2007-05-14T06:31:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T23:33:07.735-08:00</updated><title type='text'>proSÁBADO 027</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;U&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;N HOMBRE, &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RkhnL7CV42I/AAAAAAAAAKI/Q3hYeHJ0b88/s1600-h/wwww.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5064411235501859682" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 130px; CURSOR: hand; HEIGHT: 157px" height="167" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RkhnL7CV42I/AAAAAAAAAKI/Q3hYeHJ0b88/s200/wwww.jpg" width="138" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;EN VIGILIA, PIENSA bien de otro y confía en él plenamente, pero lo inquietan sueños en que ese amigo obra como enemigo mortal. Se revela, al fin, que el carácter soñado era el verdadero. La explicación sería la percepción instintiva de la verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En medio de una multitud imaginar a un hombre cuyo destino y cuya vida están en poder de otro, como si los dos estuvieran en un desierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un hombre de fuerte voluntad ordena a otro, moralmente sujeto a él, la ejecución de un acto. El que ordena muere y el otro, hasta el fin de sus días, sigue ejecutando aquel acto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un hombre rico deja en su testamento su casa a una pareja pobre. Ésta se muda ahí; encuentran un sirviente sombrío que el testamento les prohíbe expulsar. Éste los atormenta; se descubre, al fin, que es el hombre que les ha legado la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos personas esperan en la calle un acontecimiento y la aparición de los principales actores. El acontecimiento ya está ocurriendo y ellos son los autores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que un hombre escriba un cuento y compruebe que éste se desarrolla contra sus intenciones; que los personajes no obren como él quería; que ocurran hechos no previstos por él y que se acerque una catástrofe, que él trate, en vano, de eludir. Este cuento podría prefigurar su propio destino y uno de los personajes sería él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Argumentos anotados por NH&lt;/span&gt;/ Nathaniel Hawthorne&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;(Estados Unidos, 1804-1864)&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://www.booksfactory.com/writers/hawthorne_es.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;http://www.booksfactory.com/writers/hawthorne_es.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.hplovecraft.es/info_precursor.aspx?titulo=Nathaniel%20Hawthorne"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;http://www.hplovecraft.es/info_precursor.aspx?titulo=Nathaniel%20Hawthorne&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1805"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1805&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/hawthor/nh.htm"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/hawthor/nh.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;Contenido&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los perros ladran… la caca huele mal – Bruno Kampel&lt;br /&gt;El bautizo de Agapito – Daniel Montoly&lt;br /&gt;La hoguera prometida – René Rodríguez Soriano&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Los perros ladran... la caca huele mal...&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tiempo pasa...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;…Y yo - cada vez más viejo y barrigón; cada vez más lleno de buenos recuerdos del pasado; cada vez más cargado de los mismos pocos amigos cada vez más amigos; repleta la mochila de buenas intenciones; plena la memoria de felicidad; lo que se dice un verdadero superviviente de los ataques por la espalda de aquellos que no supieron o no saben combatir con dignidad; de las difamaciones de los que no pudieron o no pueden debatir en igualdad de condiciones; de aquellos que echaron o aún echan mano de la mentira para denegrir, de la burla para no tener que contestar, de la injuria para deslegitimar – contemplo, desde los balcones de la tercera edad, cuajados de malvones y alelíes, cómo parte de la juventud desconoce el rumbo a seguir porque carece de una brújula que le apunte el camino que conduce al bien común y no al enfrentamiento; al diálogo y no a la unilateralidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y yo - heredero de todo lo que hice y no hice; víctima de todo lo que dije o callé; esclavo de todo lo que pienso o pensé, fiel ejecutor de todo lo que aprendo o aprendí - expendo parte considerable del tiempo que sobra para transitar por esta larga recta final de mi vida, sacándole brillo a las pocas y bellas "medallas" conquistadas en defensa de la Justicia, recordando los contados aplausos recibidos; aprendiendo las lecciones que me impartieron mis fracasos; sumando experiencias y obteniendo dividendos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y yo –resultado imperfecto de 61 años bien exprimidos- recibo los insultos de los imberbes; las diatribas sangrientas de mis enemigos jurados; el desprecio ideológico de los intolerantes; la mentira burlesca de los falsarios, como si de condecoraciones se tratara, aún sabiendo que el joven agresor solamente lo comprenderá cuando sume muchos abriles y no apenas veintipocos; cuando pueda hablar con la memoria, y no con los intestinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y yo, herido de muerte por las "grandes verdades" que leo aquí y acullá a respecto o en relación a lo que pienso o digo, salidas de cabezas "preclaras" desbordantes de cultura enciclopédica, solo me resta –ante el veredicto que esas "eminencias" más que pardas pronuncian- el postrer recurso de justos y pecadores: morirme de risa ante tanta "sabiduría".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y yo, como progenitor responsable, oportunamente comunicaré el día del sepelio de las carcajadas de tristeza que, como todos saben porque acabo de contarlo, habrán perecido atragantadas, al entender que por más que uno diga lo que diga, que uno piense lo que piense, todo continuará como si nada hubiera dicho o pensado, ya que el joven inexperto continuará enjuiciando al prójimo desde el trono de su falta de experiencia; el fanático continuará siendo esclavo de sus dogmas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y yo –al conocer y entender las reglas del juego- me dedicaré a ser cada vez menos joven y más barrigón, con cada vez menos pelo sobre la cabeza y más experiencia dentro de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ojala naciéramos sabios. Pero por ahora, no hay vuelta que darle. C´est la vie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;© Bruno Kampel&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;El bautizo de Agapito&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las noches son inequívocas piezas de hojalatas negras en los junios sin fechas de la isla. Se pintan con acrisolados matices por las nocturnales veredas de la luna, que como vaca berrenda salpica el cielo. Los luaces abandonan su anonimato entre la corteza sideral del universo y estimulados por los sudorosos cantos de las salves como también por el estruendo producido por los atabales. Se regocijan nuestros alientos borrachos de inquietudes en las vulvas de las bokores. Nuestras mejillas, gordas de sueños, ríen, en la dentadura de la desesperanza de los ojos de los asistentes a la ceremonia de la cofradía. Resuma en definitiva por los alrededores la tristeza, escudándose en la inmutabilidad de los híbridos bambúes del trópico y de la mágica secuencia de la brisa. Los oscuros danzarines bailan como crudas estatuas hechas con lágrimas aborígenes, con leche y lodo arrancados de otras tierras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus furúnculos visuales se desprenden de los cuerpos, para incrustarse en los óvulos renegridos de la sibila nocturna. Exorcizan ansiedad, dopando sus tristes córneas con esteroides de atabales, con guarapo fermentado y con las voluminosas caderas de las bailarinas. Danzan verticales sus espaldas solitarias. El viento repite a capela las voces por tantos siglos reprimidas a fuerza de látigos y con extenuantes jornadas de trabajo en los cañaverales. Los negros diafragmas emiten conjuros serpentinos, recrean respuestas en los arcos de duda ancestrales con vudú y bailes frenéticos. Guardo mi rostro entre parábolas de girasoles mustios y sonrisas de aguamarina de mujeres, que encierran entre sus senos la primitiva belleza de las primeras deidades adoradas por el hombre. El eco se lleva y trae las voces, meciéndolas en su vientre masculino. Un anciano toma mis manos y las entrecruzas con las suyas, ajadas por la edad como también por la dura faena de cultivar la tierra para el disfrute de otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Candelo! ¡Candelo! Candelo ayeye, ayeye, ¡Candelo!, ¡Candelo! ¡Ay! Candelo guarembé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resuenan las voces a coro siguiendo la guía del sacerdote mayor. El ambiente se satura de almizcle por la entrega desenfrenada al fervor de la alegría. Los primeros inducidos al trance se arrastran por el suelo, haciendo contorsiones corporales como culebras humanas: dudosos acertijos para la lógica del grupo de estudiosos que estamos presentes entre la muchedumbre. La atmósfera se diviniza con el misticismo de los cantos, el aura de los árboles y por los constantes aleteos de los pájaros entre las ramas de los árboles.&lt;br /&gt;Son las voces de Los luaces dando su aprobación a la ceremonia. Los sacerdotes con vestimentas de color oro y luciendo ojos de ámbar en sus cuellos, ofrendan rituales y sacrificios a las ánimas sagradas, que moran en el agua, en un cuenco de coco repleto de sangre hasta los bordes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La fe lo justifica-, dice a mi lado alguien mientras las huellas silenciosas hunden su oscuridad en los tambores, despertando de la vigilia solar las soñolientas estrellas del letargo. Ingiero un sorbo de un misterioso líquido que me ofrecen. Una rara mezcla de miel de abeja con Agua de Florida y refresco rojo. Me desmayo y extraigo del éter difusas imágenes de mi infancia y algunas otras escenas con deformaciones y disfrazadas de cordura. Acepto el folclor y el colorido cultural de mi raza. Se van apagándose las voces juntos a las luciérnagas mágicas de la foresta, y el cielo, aún su boca abierta deja percibir sus dientes de oro. Su brillo es algo difuso. Satisfecha mi curiosidad, soy uno más de los tantos hijos que han recibido el bautizo en la iniciación de los sagrados misterios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atesorado secreto cultivado generación tras generación para perpetuar la herencia de nuestro sincretismo religioso, incomprendido e implacablemente, avasallado por quienes lo consideran una bárbara expresión de la superstición de los pueblos primitivos. Culpable de su pobreza y atraso, pero saben, perfectamente, que los verdaderos responsables son ellos, que todo estos siglos han venido, saqueando las riquezas naturales de los pueblos pobres. Las lenguas del fuego se van extinguiendo en el improvisado fogón, los asistentes comienzan a dispersarse por los densos caminitos que conducen de vuelta al pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, intento ponerme de pie para marcharme, pero no puedo evitar la sensación de preguntarme. ¿Adónde iré ahora que soy otro? Con cuatro palmadas me sacudo el polvo que traigo adherido en las nalgas. Ya con la claridad observo la carretera, es larga y con lepras de baches por doquier. Quisiera quedarme a dormir entre la foresta, pero tengo que volver al pueblo, a mi cátedra de antropología, antes que mi repentina ausencia termine por denunciarme entre mis compañeros de trabajo. Ellos apelan a la ciencia, y dicen no creer en nada que no pueda ser demostrado científicamente. Je, je je. Eso piensan ellos, esperemos a que pase un lapso de tiempo, y los espíritus en forma de lechuzas se les aparezcan por la noche en sus sueños, recordándole, que en la vida no exista nada más poderoso, que aquello que no se explica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puedo ver sus rostros e imagino el nerviosismo, socavando su entereza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;©Daniel Montoly&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;La hoguera prometida&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;Es para ti la luz, la luz nacida&lt;br /&gt;en la tierra más pura y permanente,&lt;br /&gt;alta niña de lluvia, dulcemente...&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;strong&gt;Rafael Valera Benítez&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora que la noche, en el recuerdo, sabe a humo y ve mis manos deshacer, una a una, las pajaritas de papel, las azucenas y sus versos, piensa en las frágiles estructuras que intentamos levantar. Entre el vaivén de las palabras, los cigarros y los mil nudos de las manos, sin sentidos y miradas, pinto –dije- y al vuelo, mirándome a los ojos, me toma la palabra y solicita la ventana que abre el puente entre los dos. Mientras me busca, las palomas deponen sobre él; presiente mi voz en los auriculares y la tecnología acelera esta apenada angustia que se le escapa a viva voz. Suena una canción que se repite hasta quedarse muda entre las olas, mientras, desnudos, van sus ojos desde mis senos a mis dedos, que casi al mismo tiempo emergen y se deshacen de las cenizas de otros tiempos, otros recuerdos. Construye sueños y la pesadilla de no hallarme le escoce en las sienes, que laten desorbitadas. Mira otra vez la misma foto y no aparece mi imagen en el lugar donde se suponía que se acunaba en su hombro y le mesaba la barba, presintiendo la hendidura en el mentón, la cicatriz de aquella tarde en que juré jamás pasar una navaja por su rostro. Este parque, con tu ausencia –piensa- es un baldío inmenso, solo, triste y poblado de insípidos turistas que lo retratan todo, más que nada mi despresencia, que se diluye en la foto lamida por las llamas, en el sublime instante del despojo y la mirada atónita del pescador, que nos pidió alejarnos del frente de su casa con todo y altar, con todo y hambre y sed de tantas cosas y, sobre todo, enigmas. Vibra en su bolsillo la seca pulsación o el mareo de saberme tan cerca y tan distante de sus marcos y esquemas, no hay medida capaz de contener la desmesura de sus ganas de encontrarme. ¿Dónde estás –te preguntas? Hoy, como un niño sin juguetes, se pierde en el intento de transitar este parque tan grande, tan vacío. Hojea algún libro, se detiene en algún verso subrayado por mí, alguna de esas tardes frente al mar o a los acantilados. Me espera, quiere que aparezca ladeando la cabeza y lo mire y le diga todo lo que nunca le dije. O, tal vez que no le diga nada, no haga nada, sencillamente me quede ahí con ganas de volar sobre este fondo de sueños, sin caja sin ventana. Apaga el primer cigarrillo de la tarde, enciende su sed de verme o encontrarme y cierra el libro. Mira las palomas que revolotean y se alejan. Limpia con sus manos, que luego secará con una servilleta o su pañuelo, los desperdicios que las palomas, en su inocente vuelo, soltaron torpemente sobre él y su pulcra indumentaria de esta tarde. Cruza el parque, camina hacia el mar, a llamarme, donde sabe que los peces y las lavadas almas de los ahogados seguro le dirán que ya no vengo, que nunca he vuelto, que me espere.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#000099;"&gt;&lt;strong&gt;© René Rodríguez Soriano&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#ff6666;"&gt;____________________&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;© mediaIslaproSÁBADO 19 de noviembre 2005.-&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6613415927818730862-6491585344958169877?l=mediaislaprosabado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/feeds/6491585344958169877/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=6613415927818730862&amp;postID=6491585344958169877&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/6491585344958169877'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6613415927818730862/posts/default/6491585344958169877'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mediaislaprosabado.blogspot.com/2007/05/prosbado-027.html' title='proSÁBADO 027'/><author><name>poeMARTES</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02144798228495611704</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='00915250062887198879'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_EMY7WCRlHLY/RkhnL7CV42I/AAAAAAAAAKI/Q3hYeHJ0b88/s72-c/wwww.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry></feed>