tag:blogger.com,1999:blog-63518954673544123522009-05-06T23:25:23.552+02:00Tenia que escribirloRelatos que, sencillamente, tenía que escribir.Mel Garcíahttp://www.blogger.com/profile/00602432227481953899noreply@blogger.comBlogger15125tag:blogger.com,1999:blog-6351895467354412352.post-59332527558170791922008-12-02T11:31:00.003+01:002008-12-02T11:51:03.781+01:00A veces no sé si me quieres<span style="font-style: italic;">-A veces no sé si me quieres, o sólo estás conmigo por pasar el rato</span>, dijo, antes de colgar. Él no conseguía entenderlo. ¿Por qué se había puesto así? Dejó escapar un suspiro, mientras cerraba la tapa de su teléfono. No era la primera vez que le acusaba de eso. No era la primera que lo hacía, la verdad. Se inclinó ante la fuente de agua, para servirse un vaso de agua fría, y se tomó un momento para dar un trago, solo en la cafetería de la empresa. Pero su mente no estaba en ello.<br /><br />Siempre era lo mismo, al final. Todas sus parejas le habían acusado de frío, de no expresar su calidez por ellas. Y tenía que admitir que no era de los que repiten, como un salmo, un "te quiero" cada vez que el reloj marcaba una hora en punto. Llevaba a rajatabla cumpleaños, aniversarios y demás fechas, más por los problemas que le causó en el pasado la poca atención a los detalles que porque fuesen realmente importantes. El tiempo le había enseñado a cubrirse las espaldas.<br /><br />Pero ¿Qué tenía de malo que quisiese aprovechar su bajada al centro para comprarse unos pantalones para verla? No comprendía porque, cuando le dijo que quedarían un poco más tarde porque quería hacer unas compras, se había sentido tan decepcionada. ¿Por qué no se alegraba de que, cada vez que se acercaba a su barrio, la llamase para poder verla? ¿De que verla le hiciese feliz?<br /><br />Todos sus encuentros eran tan agradables. Besarse en la boca de metro ante la que habían quedado, buscar una cafetería acogedora en la que sentarse juntos, resguardados del frío de la ciudad. Mirarla a los ojos. Charlar del día a dia. Poner su brazo en sus hombros, y apretarla contra él.<br /><br />¿Tendría razón? Esto le sucedía una y otra vez. ¿Y si jamás hubiese tenido ese amor de las películas, en el que el mundo se abre y suena música de violines? ¿Y si nunca hubiese amado?<br /><br />Se sentó ante el ordenador, con un breve saludo a sus compañeros. El equipo le exigía su clave para poder iniciar la sesión. Una clave numérica que había memorizado cuidadosamente, en vez de apuntarla en un post it como hacían sus compañeros. Para ello, usó un método mnemotecnico que consistía en sustituir cada número por una consonante, añadirle las vocales que quisiese y formar una palabra o frase que le recordase la cifra. Su clave era 140695. Cambiandola por letras, daba "tqrdbl"<br /><br />"Te quiero, Isabel"<br /><br />Suspiró por segunda vez. Hoy tenía que ser encantador. No podía perderla por una tontería.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6351895467354412352-5933252755817079192?l=teniaqueescribirlo.blogspot.com'/></div>Mel Garcíanoreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-6351895467354412352.post-80128209390869878482008-10-07T11:23:00.002+02:002008-10-07T11:38:27.133+02:00Lo séMientras ella se acurrucaba para dormir como siempre, dándole la espalda, notó como su mano acariciaba su hombro, y bajaba por su brazo. Con un poco de pereza, se dio la vuelta, pasándose una mano por el ojo.<br />-¿Qué quieres?<br />-¿Te vas a ir a dormir sin darme un beso de buenas noches? Incluso en la oscuridad, conocía perfectamente la sonrisa que le dedicaba, mientras empujaba suavemente de su brazo para que se quedase tumbada boca arriba, a su lado.<br /><br />Una sonrisa cruzó también por la cara de ella. -Anda, ven aquí, dijo, tomándole la cabeza por la nuca. El descendió encantado, besándola con suavidad, con la boca solo ligeramente abierta. Era su forma de mostrarle que, aunque había interés, anteponía sus deseos a los que él albergaba. Tras besarla, con su mano apoyada en su vientre, comenzó a bajar de sus labios a su cuello, con suavidad.<br /><br />-¿Ves? decía, entre beso y beso. La culpa... es... tuya... su mano había desabrochado el botón inferior de su pijama, y las yemas de sus dedos jugaban con su costado, subiendo y bajando con mucha ternura. Si no besases tan bien... los labios bajaban ahora por el esternón, cada beso era largo e intenso. ...yo no sería un adicto...<br /><br />Otro botón estaba libre, mientras sus caricias se volvían cada vez más osadas. Recorría su cuerpo con seguridad. Las yemas de sus dedos acariciaron la parte más baja de su pecho, pero no llegaron más allá. No. Aun no. Ella susurró un leve "aha" mientras movia su cabeza a un lado, dejando bien visible su cuello. Pero los labios de él ya había llegado casi al último botón que le separaba de tener aquel cuerpo blanco y suave en sus manos. Sus manos se aferraban a su costado, con fuerza, mientras la besaba una última vez, justo entre sus pechos.<br /><br />El botón que faltaba no se desprendió con la suavidad que los otros, fue casi arrancado. Los labios de él comenzaron a besar su torso, para ir desplazándose hacia el pezon de la derecha, mientras su mano se aferraba al fin a acariciarle el otro. Las piernas de ella se removían un poco, mientras sus manos acariciaban su cabeza, su espalda, todo lo que podía.<br /><br />De repente, él levantó el rostro, y la miró en la oscuridad. ¿Sabes que te quiero, verdad?<br /><br />Ella le devolvió la mirada. La mirada de aquellos ojos castaños en los que podía leer aquella mezcla de deseo, de picardía, pero en los que a veces, cuando se quedaban mirándose sin hablar, descubría una ternura que siempre la emocionaba. Tomó su cuello con suavidad, y lo atrajo hasta sus labios, para besarle, lenta, profundamente. Para darle todo lo que sentía en aquel beso, en aquel instante.<br /><br />-Lo sé.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6351895467354412352-8012820939086987848?l=teniaqueescribirlo.blogspot.com'/></div>Mel Garcíanoreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-6351895467354412352.post-24985446925944976572008-09-14T22:54:00.003+02:002008-09-14T23:29:44.961+02:00VenenoSe dejó caer, más que sentarse, en el asiento del metro. No había mucha gente. Un par de chavales que debían cambiar de zona de bares, un tipo que tenía pinta de acabar de trabajar. Aun estaba un poco mareado, debido al vino de la cena mezclado con un par de copas. Y solo era la una. No estaba mal.<br /><br />Les había dejado en el último bar, un lugar tranquilo en el que servían cocktails. A Eva le encantaban los mojitos, y solía salirse con la suya. Como esta noche, se dijo, con una sonrisa irónica en la boca. La cosa estaba clara desde hacía unas semanas. Tras su dolorosísima ruptura con el bombero, su última obsesión, Marcos el arquelogo, recién llegado de Perú, había sido el nuevo hombre de su vida. Lo normal. Hacía un par de años que eran amigos, y ya había pasado por varios dramas de diversas índoles. Estaba el ex profesor de su facultad, el nadador, un par de ligues, el bombero... la lista era larga.<br /><br />Desde que se conocieron sabía lo que había. Se hicieron amigos, rápido. Era cariñosa, cada vez que le contaba algo parecía que no existiese nada más en el mundo que él, y, para que negarlo, estaba buena de narices. Así que empezaron a tomar cafés y hacerse confidencias, especialmente dle tipo íntimo. Pero esta vez, en vez de quedarse prendado de la chica guapa que le hacía caso, simplemente disfrutó de su compañía y puerta. Conocía el arquetípico. Mujer inteligente, que se definía como pasional o decidida cuando quería decir caprichosa, necesitada de atención y sabiendo exactamente como conseguirla. La típica mujer que se mete bajo tu piel y no la sacas ni arrancándotela.<br /><br />Así que esta noche fueron a cenar los dos, el arqueologo y un par de amigas más a un restaurante de los que es más importante que te vean a la comida. Se había situado a su lado, para dejar la cabecera de la mesa al objeto de deseo. Ella, por supuesto, no había descuidado a su amigo ni su conversación. Era más entretenido ser el centro de atención de dos hombres que de uno, y dar un poco de celo al asunto tampoco estaba mal. Después el bar de jazz, donde él mismo había sacado a bailar a las dos compañeras de trabajo de Eva para dejarles solos, en los oscuros sofás. Algo más tarde, se excusó con ellas y se acercó para despedirse a la pareja. Los pilló cuando ella fingía saber leer las palmas de las manos, con el único propósito de tocarle, y bien en los ojos de él que ya estaba perdido. Atrapado en los ojos castaños más profundos que había en este planeta.<br /><br />Cuando llegó, ella le pidió un poco que se quedase, poniendo voz de niña pequeña mimosa, pero tampoco luchó demasiado. Él, correctísimo, se levantó para estrecharle la mano y agradecerle que le hubiese invitado. Cuando lo hizo, tenía aquella sonrisa, entre agradecida y chulesca, del que sabía que, de los dos, él es el que iba a ganar esa noche.<br /><br />Ya había tomado medidas a principios de semana. Aceptó dar un curso sobre la literatura durante el siglo de oro en Salamanca. 6 meses fuera del radar. Eva se llevaría una decepción, pero bastante liviana. Era mejor que tener que aguantar el ciclo de enamoramiento, cansancio y ruptura brutal. Luego, la persecución insistente del antiguo amante y el astío de ella, implacable. Fría como el hielo. Y luego, una temporada de verse casi a diario hasta que otro se cruzase en su camino. No, grecias. Que una cosa es dejarse querer un poco y otra que se pongan a jugar con tu alma. Pasaba. Dios, estaba muy borracho.<br /><br />Sin embargo, aquellos ojos...<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6351895467354412352-2498544692594497657?l=teniaqueescribirlo.blogspot.com'/></div>Mel Garcíanoreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-6351895467354412352.post-7843140733459872782008-09-08T10:04:00.003+02:002008-09-08T10:15:50.140+02:00Tenía que pintarloMiraba el lienzo con dureza, dejándo atrás el dibujo entero y centrándose en cada línea, en cada detalle. No estaba acabado. Aun no. Había retoques que hacer, un par de trazos que añadr, para darle al mar un poco más de profundidad. Pequeñas cosas, que es lo que hacía grande el conjunto.<br /><br />Bueno, grande... no era un gran artista. Ni siquiera era un artista y lo sabía. Aquello no iba de eso. No pintaba para ganarse la vida, ni para exponer, ni para moverse por círculos de pintores y escritores frustrados. Ni siquiera colgaba sus obras en casa. Pintaba para él, para sacar de las entrañas cosas que a veces ni sabía que tenía dentro. Pintaba porque le gustaba. Porque tenía que hacerlo. Punto.<br /><br />No es que no hubiese expuesto alguna vez, en una villa de un cierto tamaño como la suya no resultaba complicado. Pero lo había hecho sobre todo por presiones de su madre, y para impresionar a una compañera de la universidad, a ver si había suerte. No la hubo, pero fue una experiencia. Una que no deseaba repetir, gracias. Cuando uno cambia un hobby por un trabajo, la cosa pierde su gracia.<br /><br />Así que pintaba para él, que le hacía más feliz. Enseñaba su trabajo a su novia, claro. Y ella le comprendía casi mejor de lo que se comprendía él mismo. Ese fin de semana había vuelto a Jerez, a ver a su familia, cuando la idea del cuadro había empezado a rondarle la cabeza. Es mejor dejarte solo, mi amor, que así lo sacas antes de dentro.<br /><br />Y ahí estaba, cerca de terminar. Con el olor de los oleos inundando la salita, manchando el plástico a sus pies, colocado para conservar el suelo, su ropa, sus manos. Quedaba poco para esa pequeña tristeza que daba terminar una obra, de decir todo lo que tienes que decir y no poder añadir más. Todo acto creativo, imaginaba, tenía ese sabor final. Porque todo era lo mismo. Tener algo en tu cabeza, necesitar expresarlo, plasmarlo como sea, en un cortometraje, un libro o lo que más te guste, y luego mirarlo, terminado. Dejar atrás una parte de tí.<br /><br />Sobre el lienzo, una figura casi de espaldas, oscura, sin estar claro si es un hombre o una mujer, miraba sentado en la arena un mar bravo y recio que avanzaba hacia la arena. Casi podía verse, sin estar dibujada, una leve sonrisa en la comisura de su boca. Solo faltaban unos detalles.<br /><br />Hundió su pincel, que había aclarado hace rato, en la paleta, y se dispuso a dejar atrás aquel cuadro.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6351895467354412352-784314073345987278?l=teniaqueescribirlo.blogspot.com'/></div>Mel Garcíanoreply@blogger.com3tag:blogger.com,1999:blog-6351895467354412352.post-41969449258468012262008-08-20T10:05:00.000+02:002008-08-20T10:06:49.093+02:00Después de tantos años<p class="MsoNormal">Sintió casi al instante como la sangre le llegaba al pene en cuanto oyó aquellas palabras. <span style="font-style: italic;">“Necesito sexo esta noche.”</span> Sonrió, y pensó para sí, “Relájate, grandullón, que aquí no hay nada que rascar.” Estaban sentados encima de una cómoda, que en aquel garito ambientado como una casa antigua se usaba normalmente para dejar los abrigos o las copas, uno junto al otro. Usó el dedo índice para ajustarse las gafas, empujándolas hacia arriba desde el centro, y se volvió para mirar a Susi sonriente. <span style="font-style: italic;">“¡Bienvenida! Así es como me siento yo cada día.”</span></p> <p class="MsoNormal">Había conocido a Susana en tercero de BUP, hacía ya… uf, casi mejor no pensarlo. Por aquel entonces era el típico empollón de amigos raros que se pasaba la vida con los videojuegos, el rol y los libros de Stephen King. Ella se sentaba a su espalda. No tenía demasiadas amigas, les resultaba demasiado agresiva. Sobre todo para el tema de los rollos y esas cosas. Hablaba mucho de enrrollarse con fulanito, o de lo que le ponía menganito, y en los pasillos del instituto muchos la calificaban de calientapollas.</p> <p class="MsoNormal">Con el tiempo se fueron cayendo bien. No era una chica difícil de entender, realmente. Al igual que él usaba los chistes como mecanismo de defensa, ella hablaba sin tapujos de sexo básicamente para lo mismo. Para llamar la atención. Él, por otra parte, con su complejo de pringado, estaba totalmente convencido de que jamás habría nada entre ellos, así que podía hablarle como si fuera un amigo más.</p> <p class="MsoNormal">Con el tiempo, empezaron a quedar fuera del instituto. A ella también le apasionaba leer, así que intercambiaban libros y cafés. Jugaban a ser adultos juntos. Ella comenzó a tener novios, pero siempre guardaba un día o dos al mes para quedar con él. Fue su primera amiga, la primera de muchas. Todas le veían inofensivo, así que se abrían a él. Le molestaba un poco, cada vez que una chica preciosa (o no) le miraba a los ojos y le decía lo típico. <span style="font-style: italic;">“Necesito un tío que me comprenda.”</span> Como él, vamos. Pero que estuviese bueno.</p> <p class="MsoNormal">Compartieron grupos de amigos. Como hoy, que habían salido con sus amiguitas. Estaban en la pista, bailando aquella machacona salsa, y habían aprovechado para perderse un poco y tener una de sus larguísimas conversaciones. Como siempre. Ella siempre había estado cuando la había necesitado, y viceversa. Y sabía, a base de práctica, cuando quería un abrazo o un cariñito sin pedírselo. Aunque los años habían hecho de él un hombre diferente, había partes de sí mismo a las que sabía llegar sin problemas.</p> <p class="MsoNormal">Cogió su Pampero con Coca-cola Light (Un gusto adquirido de crio, sugerido por su hermano mayor, que pensaba en la adolescencia que le hacía interesante) y le dio un trago largo. Luego pasó el brazo por encima de los hombros de Susi y la atrajo hacia sí. Ella se acomodó sonriente en su pecho y se apretó a él. <span style="font-style: italic;">“¿Te imaginas que me hubiesen sentado en tercero dos pupitres más hacia delante? ¿Cómo sería nuestra vida si no nos hubiésemos conocido?”</span></p> <p class="MsoNormal">Ella levantó la vista, su cara estaba a pocos centímetros de la suya. Le miró a los ojos. Los suyos, marrones, parecían ser infinitos. <span style="font-style: italic;">“Ey”</span>, le dijo. Y le besó.</p> <p class="MsoNormal">En alguna parte de su mente, una voz gritaba que aquello era una mala idea, que estaba poniendo en peligro la amistad más importante en su vida, que podía hacerse daño, o peor, hacérselo a ella. Pero era una voz lejana, distante, mientras él se hundía en su olor, en sus labios, en la calidez de su costado.</p><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6351895467354412352-4196944925846801226?l=teniaqueescribirlo.blogspot.com'/></div>Mel Garcíanoreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-6351895467354412352.post-18124690726749017472008-08-13T18:54:00.004+02:002008-08-20T10:08:30.066+02:00FelicidadLa idea la golpeó en la ducha. Levantó su cabeza, que había dejado caer entre sus brazos para que el agua de la ducha, fuerte, le golpease el cuello. Miraba hacia delante, pero ni siquiera veía la pared. Ya estaba. Podía funcionar.<br /><br />Salió apresuradamente de la ducha, envolviendo su larga melena negra en una toalla y colocándose el albornoz blanco sobre su cuerpo aun empapado. No tenía tiempo para dejar que se secase. Gracias a dios ese fin de semana había traído el portátil del trabajo a casa, para poder adelantar algo de trabajo y, siempre previsora, lo había colocado en el salón en vez de en su cuarto. Sabía que se despertaría antes que Dani, así que había preferido no tener que volver a entrar en el cuarto a por él.<br /><br />Abrió la tapa con rapidez y pulsó el botón de encendido. Sus uñas repiqueteaban en la mesa mientras cargaba el sistema operativo. Con la destreza de quien ha realizado una tarea muchas veces, en poco tiempo había arrancado el servidor, para desplegar los cambios que se le habían ocurrido, y el editor del código. Abrió las clases en las que llevaba cuatro días trabajando y comenzó a modificarlas.<br /><br />El problema era la configuración de los tiempos. Cada determinado periodo de tiempo debía ejecutarse uno de los procesos automáticos que actualizaban la base de datos, pero el cliente quería ahora que estos no comenzasen hasta que hubiese pasado determinado periodo de tiempo, así que las expresiones Cron estaban descartadas… a menos que hubiese otro proceso por el medio que las actualizase cuando se hubiese cumplido una hora. No era complicado, en realidad. No es que fuese la solución más elegante, pero el plazo de entrega estaba a punto de cumplirse, y ya se lo habían retrasado una vez.<br /><br />No se dio cuenta del tiempo que había pasado hasta que el sol cruzó por la ventana a mediodía y le dio en los ojos. Los entrecerró un poco. No podía parar ahora. Escucho calmada los pasos que venían del pasillo hasta el salón, y sintió la cálida mano de Daniel en su hombro. Casi inconscientemente, dejó caer su cabeza sobre ella, sin dejar de mirar a la pantalla. Era extraño. Todos los novios y amigos que había tenido hasta entonces la habían tachado de fría, de ser poco cariñosa, pero con Daniel le surgía de una forma natural.<br /><br />-Has dado con ello, ¿eh?<br />-Sí. No es muy bonito, pero compila. Aun falta probarlo, claro.<br /><br />El descendió con suavidad y la besó en la cabeza.<br /><br />-Sabía que darías con ello en cuanto dejases de pensarlo. ¿Café?<br /><br />Ella asintió y volvió a lanzarse sobre el teclado, mientras el hombre que había conocido hacía apenas un año se adentraba en la cocina y abría el frasco del café. Ella siempre lo guardaba en la nevera, para que durase más tiempo fresco.<br /><br />Daniel… Dani había sido una sorpresa, desde luego. Cuando le conoció, con su melenita y cuerpo atlético, no la había impresionado. Y mucho menos durante la cena en casa de unos amigos comunes, en la que explicó la vida del surfista profesional. Un relato que ella sospechaba había ido puliendo con el tiempo. Sin embargo, era uno de los pocos a los que no intimidaba. Ni su ingeniería superior, primera de su promoción. Ni su carácter práctico y sincero.<br /><br />Cuando la invitó a salir fue una auténtica sorpresa. Ni siquiera supo porque aceptó. Desde luego no era su tipo. Pero Daniel resultó ser una caja de sorpresas. No le importaba que ella ganase más dinero, ni que fuese a veces claramente más inteligente que él. Hablaban durante horas, o más bien la escuchaba durante horas. De informática, opera, literatura, neurología… Y la escuchaba interesado, ansioso por aprender. Su curiosidad parecía no tener fin, y no se “cortaba” como decía él, para preguntarle aquello que no comprendía. De la cena pasaron a los museos, a los conciertos, a todo. Pero fue tras una tarde de cañas en Malasaña con sus amigos, que tenían una relación tan estrecha que le resultaba rara, cuando la besó por primera vez. Cuando pasaron su primera noche juntos.<br /><br />Daniel dejó el café al lado del ratón y se sentó en la mesa de la cocina, mirándola con ternura. Ella le sostuvo la mirada, dulce, y le dedico una sonrisa. Se sentía, aún, como una niña cuando estaban juntos.<br /><br />-¿Qué te apetece hacer esta tarde? Podemos pasarnos a ver a Miky, si quieres.<br />-A Miky puedo verle cuando quiera. Prefiero verte a ti.<br /><br />Ella se levantó y le besó con suavidad, un beso largo y profundo. Por primera vez en su vida, era feliz.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6351895467354412352-1812469072674901747?l=teniaqueescribirlo.blogspot.com'/></div>Mel Garcíanoreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-6351895467354412352.post-61377070061586186122008-06-08T23:57:00.002+02:002008-06-09T00:19:14.128+02:00PerdidoApenas podía oir la música del bar, ni ver a sus compañeros de trabajo pedir copas, después de la cena de empresa, ni sentir el roce de los desconocidos que le rodeaban. Ahora, en ese momento, solo estaba ella.<br /><br />Bailaba pegado a él, dándole la espalda, sin que hubiese un centímetro de separación entre ellos. Apoyaba una mano en su cintura, que se movía sensualmente, acompasada, provocadora. Su otra mano reposaba en su vientre, apretándola contra su cuerpo. Su cara se perdía en la melena de ella, en aquel delicioso y escogido olor. Miró de soslayo su rostro, los labios ligeramente entreabiertos, la cabeza ligeramente echada hacia atrás, que se apoyaba en su hombro. Y aquel cuello, perfecto, con un par de lunares que lo salpicaban. Deseaba tanto besarlos<br /> que se consumía por dentro.<br /><br />Ahora sentía su piel, tersa y suave. Su mano había pasado al interior de la camiseta, no recordaba cuanto, y la movía por su vientre, paladeando cada sensación de sus manos con un hambre temible. Ella se inclinó un poco más contra él, levantando la barbilla. Movió la mano de la cintura, y le acarició con lentitud el cuello. Ella se movía para darle más facilidad a sus caricias, sin decir nada. Dios, que no le dijese nada. Que nada parase aquel momento.<br /><br />A cada segundo se volvía más temerario. Ahora, su mano surcaba su cuerpo rayando límites que sabía que, si traspasaba, no podría volver atrás, a la seguridad de un compañerismo e inocente amistad. No podía importarle menos. Mandaría todo al infierno solo por poder tenerla, una noche. Sus dedos pasaron rozando el elastico de sus braguitas, colándose un poco por los pantalones vaqueros. Luego subieron, ansiosos, hasta llegar a rozar la parte inferior de su sujetador. Cerró los ojos, y cayó sobre su hombro, dejando que el olor de su pelo, el tacto de su hombro, todo, le embriaguase y le arrancase de la realidad. Estaba excitado, y ambos lo sabían. Estaban demasiado pegados, demasiado perdidos en sus propias sensaciones como para que ella no lo notase.<br /><br />Y entonces, terminó. Se alejó un poco de ella, recordó quien era él, quien era ella, las consecuencias de lo que podría pasar allí, las miradas socarronas y estúpidas de sus compañeros, todo. La maldita realidad, que en su opinión podía haberse ido al infierno. Ella se dio la vuelta y le miró a los ojos. Sonreía. Sabía lo que había pasado y entendía que no era una buena idea. Su expresión era dulce, compasiva. Sabía que se estaba partiendo por dentro algo en él.<br /><br />Él le dedico la sonrisa más triste del mundo. Era hora de que se reuniesen con sus compañeros, antes de que empezasen a murmurar.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6351895467354412352-6137707006158618612?l=teniaqueescribirlo.blogspot.com'/></div>Mel Garcíanoreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-6351895467354412352.post-39525343982223810412008-02-06T20:44:00.001+01:002008-02-18T00:05:31.878+01:00Una cometa, sujeta con hilosApoyado en la barandilla de la playa, miraba hacia el mar. Esta vez, no había podido volver a la playa en dos días. Su familia, sus amigos, todos reclamaban su atención cuando volvía al pueblo. Es curioso, podía pasarse meses en Valladolid, pero era volver a Galicia y n cuanto oía hablar a su padre, recuperaba el acento. Recuperaba tantas cosas...<br /><br />Nunca entendió porque a la gente le desagradaba la nostalgia. Para él, era como un jersey viejo. Cómodo, con olor a hogar. El recuerdo de lo que has sido, la unión con lo que aún eres. Le gustaba. Le gustaba llegar, dejar las maletas, abrazar a su madre, sentir la humedad en el aire, recordar lo que no recordaba que le faltaba.<br /><br />Vió la cometa cuando se giraba para marcharse. Se quedó clavado. A lo lejos, en la otra punta de la playa, una mujer hacía volar una cometa contra el feroz viento gallego.<br /><br />Marta.<br /><br />El sentimiento volvió como un puñetazo. El quedarse inmovil. La sorpresa, recorriendole cada nervio, cada músculo. Y aquello que aun sentía por ella, que ni sabía que era ni un carajo le importaba. Solo sabía que era más fuerte que él.<br /><br />Hacía ya cinco años. Cinco años desde que se fué, sin un adiós. Pero con muchos hasta luegos. De vez en cuando, ella volía a asomar la cabecita en su vida, justo cuando creía olvidarla. Aunque en el fondo de su corazón sabía que no podía hacerla feliz, sentía el impulso de echarse a correr hacia ella. No para abrazarla o besarla. Solo para decir hola. Para volver a oír su voz. Dios, cuanto le gustaría oir su voz. Y decirle que estaba bien. Que no pensaba en ella, ni nada, y que le iban muy bien las cosas, gracias, y ¿a tí que tal? A veces, incluso era cierto.<br /><br />Pero era ella. Incluso estando con otra mujer, ella había sido el antes y el después. La persona que le había hecho más feliz y desdichado del mundo. Y el hecho de que ella pudiese eliminarlo así, como si tal cosa de su vida, fue lo que más le dolió. Lo que más le duele, aún.<br /><br />Se dio la vuelta, y se encaminó a casa, dando la espalda a los barcos pesqueros, las gaviotas, la cometa sujeta con hilos que no podía alejarse demasiado. Su madre estaría haciendo la cena, y la verdad es que tenía hambre.<br /><br />A veces, no decir nada es la mejor última palabra.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6351895467354412352-3952534398222381041?l=teniaqueescribirlo.blogspot.com'/></div>Mel Garcíanoreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-6351895467354412352.post-55675969321060882432007-12-28T20:42:00.000+01:002007-12-28T20:56:54.675+01:00Felíz NavidadEl hilo musical era muy tenue en el supermercado, pero aún podía oír unos acordes de jazz suave. No había mucha gente en el super, y podía pasear tranquilamente entre los pasillos de galletas y conservas. Dejó su cesta en el suelo y estiró la mano para coger las galletas Digest de chocolate. Solo un segundo, por costumbre. Después la bajó y volvió a coger la cesta. Sonrió para sí. Justo cuando crees que te has acostumbrado...<br /><br />Tarareaba para él mismo, la suave tonada de jazz le hacía compañía. Ya era un experto en las compras, o al menos ya se sabía los pasillos. La función hace el organo, que decían en Ciencias Naturales. Y en sus últimos meses Carolina no podía salir de casa. Apenas caminar. Así que había tenido que aprender. Que remedio. Como pudo y fingiendo seguridad. Un resumen perfecto de los últimos meses que había compartido con el único amor de su vida.<br /><br />Tras pagar las compras, salió y se dirigió a la tintorería. Silbaba la melodía, contento. Había pasado casi una vida desde que Carol murió. El cancer la devoró viva, apenas dejándola en los huesos. Como ella le suplicó, pudo morir en su apartamento, tan pequeño tan frío. Pero tan parte de ellos como ellos mismos. Es curioso como, cuando se le escapó su vida, parecía tan... plácida. Lloró. Nunca había llorado tanto. Incluso ahora, meses después de su muerte, la cicatriz en su alma seguía, impasible e inamovible.<br /><br />Pero tampoco se sentía solo. No realmente. La conocía tanto, era tan real en su cabeza. Podía escucharla, casi. No es que hubiese perdido la chaveta. Pero sabía lo que le diría. Siempre lo sabía.<br />-No estés triste, amor. Hay que tirar para adelante. Sé feliz. Por mí. ¿Lo harás?<br /><br />Lo intentaría.<br /><br />Cuando salió de la tintorería, levantó la vista. El sol salía tras una nube invernal, y le daba en la cara. Le daba calor, y un poco de pena.<br /><br />-Feliz navidad, cariño.- Le dijo a nadie.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6351895467354412352-5567596932106088243?l=teniaqueescribirlo.blogspot.com'/></div>Mel Garcíanoreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-6351895467354412352.post-15859392996814070782007-12-26T23:22:00.000+01:002007-12-30T13:43:56.666+01:00MonstruoDespués de que el orgasmo recorriese su cuerpo, haciendo que durante un dulce segundo su mente quedase en blanco. Después de dejarse caer sobre las sábanas, y sentirlas frías contra su piel sudada. Después de que la morena (¿Como coño se llamaba? ¡Joder!) se acurrucase sobre su pecho, mientras normalizaban sus respiraciones. Después de todo ello, el primer pensamiento que cruzó su mente fue: -Soy un monstruo.<br /><br />-Eres un fiera, ¿lo sabías?- La chica morena le miraba a los ojos, con una mezcla de dulzura y deseo. No se había dado cuenta de que llevaba un rato mirando al techo. La miró a los ojos, dulcemente. -Pues tu eres una diosa. Y la besó en los labios, con ternura. Apostaba la cabeza a que no estaba acosumbrada a que la tratasen así. Se le notaba que se había pasado la vida entre tíos problemáticos, por decirlo de alguna manera. Ella volvió acurrucarse en su pecho. Como lo hacía su novia, después de hacer el amor.<br /><br />Sin embargo, cuando Elena y él hacian el amor no era tan enérgico, tan animal. Era algo pausado, familiar. Cálido. Con las demás, líos de una noche en ciudades anónimas, era de otra forma. Más salvaje, más apasionado. Más variado y sorprendente. Más nuevo. Pero más vacío, más... estúpido.<br /><br />Su primera infidelidad fue hace unos tres años, con una antigua compañera de instituto. Siempre le había encontrado atractivo y creía que antes de decirse adiós debían pasar página. Se sintió mal durante semanas. No podía ni mirar a Elena a los ojos. Se despreciaba. Ese sentimiento no cambió cuando llegó otra, en un congreso en Sevilla. Y otra. Y esta morena que no sabia como se llamaba, una niña de 22 años que conoció en una discoteca. Donde había ido expresamente a ligar. Él. Él que siempre había ido el amigo y confidente, ahora era tan cerdo como los demás.<br /><br />No podía negarlo, se sentía un poco orgulloso de eso.<br /><br />-Tío, ¿estás vivo o que?<br />Y ahí estaba de nuevo, en la cama de un hotel anónimo, con una cría que no servía para nada arriesgando todo lo que tenía por follar un poco. Por sentirse guapo. Sabe dios porque ostias. Se odiaba. Era un monstruo.<br /><br />-Anda, ven aquí, que ya te he dado bastante descanso - le dijo a la chica morena.<br />-¿Ah, sí, viejete? A ver... - Ella trepó por su pecho, besándolo, besándo su cuello empapado en sudor, hasta llegar a sus labios.<br /><br />Era un monstruo. Podía vivir con ello.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6351895467354412352-1585939299681407078?l=teniaqueescribirlo.blogspot.com'/></div>Mel Garcíanoreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-6351895467354412352.post-46597513986587632802007-12-10T19:10:00.000+01:002007-12-10T19:44:20.480+01:00ReconstruyendoTras vomitar a un escaso medio metro del portal donde se sentaban, ella regresó tambaleando a su lado. Se sentó como pudo, en la parte del portal que le había dejado libre, y se apoyó sobre su hombro, con la cara hacia arriba, el rimel corrido por las lágrimas. Deshecha. Había estado llorando desde que su exnovio, Juan, le había dedicado un par de gritos en el bar de siempre (bar en el que ella sabía que estaba, y por el que se había dejado caer por casualidad) y del que había salido corriendo. Y él detrás, claro. Como no.<br /><br /><em>"¿Por que... por que no...?"</em> intentaba murmurar. <em>"Shhhhhh."</em> La acunó con un brazo, poniendola cómoda. <em>"Tranquila."</em> Estaba demasiado borracha para rechistar. Cerró los ojos y se perdió en su borrachera. Mientras él la sujetaba, sacó un chester con la otra mano, se lo colocó en los labios y lo encendió. Hoy tocaba guardia.<br /><br />Empezó a recordar como había conocido a Silvia. Hacía un par de años, o tres. Amiga de la uni. Posiblemente le había echado el ojo a su amigo Juan ya en la universidad, cuando le venía a buscar para echarse unos ordagos con acomañamiento de cerveza. Pero era simpática, lista, y tenía unas tetas como dos soles, para que negarlo. Asi que se hicieron amigos. Si es cierto que en un principio lo que quería era tirársela, pero el ser amigos tampoco era mal segundo premio. Tras 6 meses de amistad, e introducirla en su grupo de amigos, Juan, que en estos temas era más listo que él, le echó el lazo enseguida y con actitud profesional había conseguido una muesca en el cargador en apenas dos semanas.<br /><br />Aquello no podía durar, claro. Juanillo siempre había querido cosas de la vida que a otros les parecían sueños infantiles, como vivir un año en Australia o hacer el camino de santiago solo. Silvia era peso muerto y al final se deshizo de ella de forma un poco brusca. Nunca le había dado esperanzas, pero al estar enamorada, le resultaba difícil entender que no iva a cambiarle. Y cuando el mundo se le vino encima, volvió a su amigo del alma con el corazón roto y el amor propio deshilachado.<br /><br />Ahora tocaba reconstruir. Rehacer la pobre muchacha que acababa de vomitar a su lado en la chica risueña y mimosa que había conocido. Llevaría meses, meses de cafés, de asegurarle que era preciosa, que él no le merecía, de sacarla de casa a rastras para que viese a más gente (a más tíos, que coño) de confesiones por ambas partes, de ternura y cariño, de ser almas gemelas e inseparables.<br /><br />No se engañaba. Sabía que si le había hecho su confidente, no era solo porque fuesen amigos. Quería un apoyo, sí, pero también un espía, y una excusa para volver a ver a Juan. Para ver si cambiaba. Le divertía como las chicas proyectaban sus deseos en los tíos que les gustaban. Tíos que, en caso de cumplir sus expectativas, ya no serían el tipo de hombre que les gustaba.<br /><br />Había tenído muchas como ella, amigas cercanísimas, de las que te llegaban al alma, que luego, tras haberlas puesto de nuevo en pleno funcionamiento, encontraban al hombre de su vida y si te he visto, no me acuerdo. Incluso volviendo la vista atrás, ni veían a su amigo, su apoyo y roca, sino como ellas mismas salieron del bache con dos ovarios y fuerza de voluntad. Se había acostumbrado a apreciar a estas chicas (Ya llevaba cuatro, cinco con Silvia), a disfrutar de su amistad y, cuando alzaban el vuelo, a hacerse cortesmente a un lado y seguir con su vida. Después de todo, ellas le llenaban de una forma que sus amigos hombres no podían. Alcanzaba sentimientos que entre hombres no se hablaban. Era justo.<br /><br />Miró a Silvia, sentada en el portal, borrachísima. Se levantó, la tomó de las manos y la hizo levantarse. La tomó en sus brazos, para asegurarse de que no se cayese. <em>"Vamos al baño del Charly, anda. A ver si te arreglamos un poco, que no veas como estás."</em><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6351895467354412352-4659751398658763280?l=teniaqueescribirlo.blogspot.com'/></div>Mel Garcíanoreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-6351895467354412352.post-16418454667571135012007-10-28T20:42:00.000+01:002007-10-28T21:05:26.579+01:00Echando el dolor de menosSolo en estos momentos echaba de menos fumar. Ni en fiestas, ni saliendo de copas, ni después de una buena cena en un restaurante finolis. Podía incluso rodearse de fumadores, echando humo como chimeneas, y ni siquiera le temblaba un músculo. Pero por las noches, delante del portatil, releyendo lo que escribía, lo echaba de menos. Aspirar el humo, retenerlo en los pulmones y sacarlo por la boca, mientras sus ojos se clavaban en el procesador de texto, releyendo las palabras, comparándolas, buscando expresiones repetidas, o mejores adjetivos.<br /><br />Nunca sería un escritor. Lo tenía claro. No tenía el talento, ni la paciencia para reescribir un mismo parrafo una y otra vez, hasta dejarlo perfecto. Mentiría si dijese que no le atraía una vida así, solo con las letras, pero no podía. Solo sabía reciclar, coger todo lo que había leído, visto, oído, y darle una vuelta de tuerca más, hacer lo que ya estaba echo, pero de otra forma. No era original, ni creativo. Pero era suyo. Suyo y de nadie más. Ya no.<br /><br />Sus dedos se lanzaron de nuevo contra las teclas, con furia. Escupiendo cada frase, sin pausa. Nunca podría ser escritor. Para él, escribir era casi un trance. Sacar fuera lo que llevaba dentro. Aun recordaba la cara de Carolina, en bata, a las cinco de la mañana, mirándole como lloraba desde el marco de la puerta. Las lágrimas rodaban por sus mejillas, sin que ninguna mano las detuviese. Estaban ocupadas, tecleando. Solo paró cuando ella se le acercó, y, acariciandole el pelo, con dulzura, le preguntó que pasaba.<br />-El relato... la niña... lo que le pasó a la pobre niña...<br />Había sido uno de sus relatos más dolorosos. Una niña, perdida en el centro comercial, terminaba siendo secuestrada por un horrible psicopata. El final, en el que la niña era violada y asesinada, era cruel y sin sentido. Escribir cada una de esas frases le había dolido terriblemente.<br />-Si tanto te afecta... ¿Por qué lo escribes?<br />Él se aferró a ella como si fuese un tronco en medio del oceano. -Porque es lo que pasó.<br /><br />Ella nunca pudo entenderle. No le hacía falta. Solo le quería, y le apoyaba a cada paso. Y le hacía feliz. Los años que pasaron juntos volaron, hasta el accidente. Hacía más de un año, del accidente. Apenas lo creía. Parecía una eternidad.<br /><br />Su psicólogo le decía que estaba deprimido, que tenía que reconectar con su vida. Puede ser.<br />Ahora, escribir le constaba mucho, y lo que había sido una necesidad premiante, ahora apenas era un vicio olvidado, el cigarrillo anual en las bodas, y el bocadillo de jamón del marido de la vegetariana. Por eso esa noche escribía con una fuerza que casi podía confundirse con desesperación. Casi.<br /><br />Porque no sentía nada. Nada en absoluto. No sentía dolor por la muerte de Carolina, ni tristeza, ni alegría, ni nada. Una vez puso el coche a más de 200 km por hora, y ni siquiera pestañeó. Quizás había muerto en el accidente. Estaba muerto, muerto por dentro. Solo que su cuerpo se seguía moviendo. Echaba de menos el pasado, cuando estaba vivo. Cuando sentía, reía y se desesperaba. Cuando sus emociones le llevaban a escribir como un poseso, durante horas, mientras ella le miraba, o veía la tele. Cuando algo de hoy, de ayer o de su niñez pedía a gritos ser expresado.<br /><br />Echaba de menos el dolor. Porque sin él, no podía escribir.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6351895467354412352-1641845466757113501?l=teniaqueescribirlo.blogspot.com'/></div>Mel Garcíanoreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-6351895467354412352.post-73077377411655240302007-09-08T09:14:00.000+02:002007-09-08T09:46:55.005+02:00Cuanto te quieroFumaba tumbado en la cama, en ropa interior. El humo del tabaco y el hachís salía lentamente de su boca hasta que se aburría, y expulsaba el resto con un soplido. Su mujer estaba en el baño, lavandose los dientes. Y no sentía nada. Nada en absoluto. Solo ocupa espacio. Ya no quedaba ni odio, ni miedo, ni furia. Nada.<br /><br />Ella salió del baño. Llevaba puesta una de sus camisas, y unas braguitas. Se puso de rodillas junto a él, dedicándole una de sus mejores sonrisas. Cogió el porro con una mano y le dio una larga chupada, dejando que el humo saliese lentamente. Sensualmente. Sabía muy bien como hacerlo. "No deberías dejarme fumar estas cosas. Me... afecta." El tono perfecto. El lenguaje corporal perfecto. Pero cuando bajó a besarle, se apartó. No podía olvidar.<br /><br />Esa misma mañana habían llegado las fotos. Eran de hace 5 años. Lo sabía porque su corte de pelo era mucho más largo. No reconocía al tío, debía ser alguien del trabajo. Follaban sobre la que debía ser la cama del tío. Muchas posturas. Muchas fotos. Fotos de su mujer. Follando con otro. Puta.<br /><br />Su mujer, porque todavía era su mujer, se colocó sobre él, y se desabrochó un par de botones de la camisa. "Sabes que no suelo darme por vencida tan facilmente, cielo." Lo sabía. La conocía más que a sí mismo. Desde que se conocieron, con poco más de 20 años, había sido su mitad. Sabía la confianza e tenía en si misma. Como jugaba fuerte y para ganar. Pero también conocía ese la que no mostraba a nadie. Como era cuando realmente bajaba sus defensas, cuando quería que la abrazase mientras se dormía, oliendo su pecho, sintiendose protegida. Podía notar como, a veces, sus músculos se relajaban solo estando junto a él. Le hacía sentirse importante, incluso a la sombra de una mujerque había llegado mucho más lejos que él.<br /><br />Estiró el brazo, tomandola con suavidad por detrás del cuello. Mirándola directamente a los ojos. Por un momento, ella dejó de intentar seducirle, sorprendida. La miró durante unos segundos. Largos. Eternos. Después, acarició su mejilla con suavidad.<br /><br />-No tienes ni idea de cuanto te quiero.<br /><br />Ella abrió la boca para hablar. No iva a permitirselo. Se incorporó violentamente, la atrajo hacia sí y la besó en la boca. Con fuerza. Despues la tiró en la cama, le arrancó la ropa y le hizo el amor con dureza.<br /><br />Poseyéndola.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6351895467354412352-7307737741165524030?l=teniaqueescribirlo.blogspot.com'/></div>Mel Garcíanoreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-6351895467354412352.post-45911891958552214162007-08-14T00:56:00.001+02:002007-08-14T01:22:12.841+02:00El baile cambia-No.<br /><br />Una vez pronunciada, la palabra sorprendió a ambos. Esto no era lo que pasaba. Habían bailado ese baile mil veces. Era una parte de su amistad, como los partidos de la superbowl que veían juntos cada año o el hacer planes para ir al próximo mundial, que nunca llegará realmente. Era una rutina bien definida.<br /><br />Carlos llamaba a Enrique, más o menos a fin de més, para tomar una cerveza. Quedaban el viernes por la tarde, cuando la novia de Carlos iva a ver a sus amigas, e ivan al mismo bar a tomar cervezas. Carlos llegaba en coche de las afueras, Enrique iva en metro desde el barrio de salamanca, después de haberse quitado el traje y puesto algo más cómodo. Ambos vestían con ropa de marca, massimo dutty y similares. Polos lisos y pantalones de pinzas.<br /><br />Se plantaban en su mesa de siempre, Carlos flirteaba un poco con la camarera, una joven de 24 años, demasiado tímida como para que hiciese algo más que mirar al señor a quien servía colorada. Pedían un par de cervezas de barril y charlaban del trabajo mientras esperaban.<br /><br />En la primera cerveza, terminaban de ponerse al día sobre su situación laboral y empezaban con el futbol, con el colegeo típico entre personas del mismo equipo. En la segunda, pasaban a hablar de mujeres en general, y sobre las últimas que había conquistado Enrique, o al menos estaba en ello. Carlos bromeaba sobre lo buena que era la vida de soltero. En la tercera, algún silencio y chistes verdes. La cuarta recordaba la época del instituto, cuando se conocieron.<br /><br />El problema venía en la quinta. Cuando Carlos, infaliblemente, se quejaba de su novia, con la que llevaba más de 5 años. No me entiende. Me estresa. No me deja en paz. Una y otra vez, y hasta que se ivan a sus casas. Sin parar. Siempre los mismos problemas de dos personas que, realmente, no quieren estar juntas. El mismo baile una y otra vez. Y siempre terminaba igual. Delante de la estación de metro, se despedían y, al darse la mano, Carlos le decía, "ya verás, como siga así la dejo."<br /><br />-No.<br /><br />Aunque no podía creer que al fin se lo había dicho, tras superar su sorpresa, decidió que ya estaba bien.<br /><br />-Nunca la dejarás. Jamás. Porque en el fondo crees que si la dejas jamás volverás a conseguir otra mujer que te quiera, o al menos te soporte. Y eso es porque, en el fondo, no crees merecerte a nadie. Porque no te gustas, tío. No te gustas para nada.<br /><br />Carlos apenas podía dar crédito a lo que oía. Se quedó un rato con la boca un poco abierta, y al final masculló, "joder, como te pasas." Dejo pasar un rato más, le dió la mano y se despidió. "Venga, ya nos llamamos."<br /><br />No era motivo para dejar de hablarse. Pero esta vez tardaron un par de meses más en verse.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6351895467354412352-4591189195855221416?l=teniaqueescribirlo.blogspot.com'/></div>Mel Garcíanoreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-6351895467354412352.post-33631129077656306932007-08-13T21:04:00.000+02:002007-08-13T22:00:00.622+02:00RespirarConducía por la autopista con fuerza. Agresivo. Sin importarle a donde iva, en realidad. Solo quería irse. Tenía la cara rígida, mientras movía el volante con ambas manos, sin radio, sin interrupciones. Solo el ruido del motor, que subía y bajaba su rugido a medida que le inyectaba más o menos fuerza. No maldecía cuando se veía obligado a reducir la marcha por un camión. No se enfadaba cuando un coche salía de repente a su paso, imprudentemente. No podía odiar a esos conductores. Tal vez otro día. Hoy tenía demasiadas cosas en la cabeza.<br /><br />Al final tuvo que parar. Era inevitable. Llevaba 3 horas y pico al volante y el cuerpo le pedía tregua. Así que salió del coche y se metió en un pueblecito que no conocía y al que jamás volvería. Un puñado de casas, un bar y poco más. Ni siquiera un paisaje con encanto. Que triste era Castilla, a veces.<br /><br />Sabía que no tenía motivos para estar enfadado, triste o como fuera que estuviese. Pero era lo que había. Lo que uno siente no tiene porque tener sentido. Lo siente y punto. Ya e había mentido a sí mismo muchas veces a lo largo de su vida. Esta vez tendré suerte. Ahora cambiaré mi vida. Esta mujer sí que me quiere. Mentiras.<br /><br />El mazazo vino cuando les vio besarse. Hasta entonces podía fingir que no era lo que pensaba. Que el tiempo que pasaban juntos era porque eran amigos. Que el que ella recordase donde se habían conocido era una muestra de cariño. Que la risa floja que le salía era solo muestra de su infinita inocencia. Siempre se mentía a si mismo. Cada vez.<br /><br />Y no tenía motivo para sentirse así. Solo la conocía desde hacía un més, después de todo. Solo habían compartido una docena de cafés, aunque habían conectado al instante. A pesar de andar ya por los treinta, eran muy cariñosos y les encantaba compartir chistes tontos, cotilleos y abrazos. Cuando cruzaban Madrid, abrazandose juntos, él se sentía interesante, listo, incluso hasta guapo. No estaba enamorado de ella, pero le gustaba. Era guapa, le hacía reir y tenía un interés absurdo hasta por la cosa más nimia, hasta aprenderla y dominarla. Flirteaban inocentemente. Le hacía sentirse especial, y no había pasado eso desde hace mucho tiempo.<br /><br />Fue Ivan quien se la presentó. Hacía un par de años que se conocían y tembién se habían caído bien. En una fiesta en su casa. Y fue también quien ganó la carrera que ni sabía que estaba disputando. Y ahora se habían besado, estaban juntos, y la dinámica había cambiado. Había pasado de ser el más importante a un secundario entre muchos. Se acabó. Fingir que no era inutil.<br /><br />Ambos no lo sospechaban siquiera. Ivan no tenía idea de que su amigo ahora, aunque no lo admitiese, le odiaba por habérsela arrebatado. Ella no sabía que una parte de él quería llorar por haber perdido la posibilidad de tenerla. Y sin embargo, asi era.<br /><br />No la amaba. Estaba seguro. Aun no. Con el tiempo tal vez. Ya no era un crío para pensar que el cielo se abre cuando conoces a alguien para no cerrarse nunca más. Pero había aprendido a ver las señales de aquellas mujeres con las que podía conectar. Y hubiese podido. Facilmente.<br /><br />Estaba delante de una coca cola que ni recordaba haber pedido. Tenía la mirada clavada en el espejo. La camarera le miraba como si estuviese zumbado. Ya estaba bien. Eran sus amigos. Los dos. No se había declarado a ella, si le había pedido a él que se hiciese a un lado. Nada. Solo estaba tontamente celoso porque le habían quitado era lo que le había hecho olvidar la primera ley del universo. No era la gravedad, ni la relatividad ni la velocidad luz. La regla número uno del universo era que ninguna mujer en el mundo se había sentido atraída hacia él. Jamás. Había tenido novias, que le amaron por ser un compañero tan comprensivo y atento. Había tenido sexo de una noche, de despecho o borrachera. Pero jamás una mujer se había quedado plantada mirándole y le había deseado. No sabía que buscaban las mujeres, pero sí tenía claro que no era lo que él tenía.<br /><br />Salió del bar, y se puso de nuevo las gafas de sol. Respiró, profundamente. Se sentía mejor. Lo superaría en un par de días, como siempre. Lo gracioso era que lo haría con la ayuda de sus amigos.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6351895467354412352-3363112907765630693?l=teniaqueescribirlo.blogspot.com'/></div>Mel Garcíanoreply@blogger.com0