tag:blogger.com,1999:blog-61213348742016843912008-09-08T00:27:44.784-03:00Spleen de Buenos AiresLiteratura de lo cotidiano. Opinión, y algo de periodismo. Reflexiones, y ecos de aquello que la realidad nos muestra sardónica. Nociones básicas sobre nuestra particular existencia.Pettgushttp://www.blogger.com/profile/00987145389661196192noreply@blogger.comBlogger48125tag:blogger.com,1999:blog-6121334874201684391.post-70352256091942371072008-06-20T13:27:00.006-03:002008-06-20T13:32:27.468-03:00Ciclotímico amor al arte<a style="" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/SFvafY1WJiI/AAAAAAAAAJA/a1hvZQdNhXo/s1600-h/reptiles.gif"><img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 304px; height: 264px;" src="http://bp0.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/SFvafY1WJiI/AAAAAAAAAJA/a1hvZQdNhXo/s320/reptiles.gif" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5214001226388481570" border="0" /></a><br /><!--[if gte mso 9]><xml> <w:worddocument> <w:view>Normal</w:View> <w:zoom>0</w:Zoom> <w:hyphenationzone>21</w:HyphenationZone> <w:punctuationkerning/> <w:validateagainstschemas/> <w:saveifxmlinvalid>false</w:SaveIfXMLInvalid> <w:ignoremixedcontent>false</w:IgnoreMixedContent> <w:alwaysshowplaceholdertext>false</w:AlwaysShowPlaceholderText> <w:compatibility> <w:breakwrappedtables/> <w:snaptogridincell/> <w:wraptextwithpunct/> <w:useasianbreakrules/> <w:dontgrowautofit/> </w:Compatibility> <w:browserlevel>MicrosoftInternetExplorer4</w:BrowserLevel> </w:WordDocument> </xml><![endif]--><!--[if gte mso 9]><xml> <w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"> </w:LatentStyles> </xml><![endif]--><style> <!-- /* Style Definitions */ p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal {mso-style-parent:""; margin:0cm; margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:12.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} @page Section1 {size:612.0pt 792.0pt; margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; mso-header-margin:36.0pt; mso-footer-margin:36.0pt; mso-paper-source:0;} div.Section1 {page:Section1;} --> </style><!--[if gte mso 10]> <style> /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tabla normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} </style> <![endif]--> <p style="font-family: georgia;" class="MsoNormal"><br /></p><p style="font-family: georgia;" class="MsoNormal"><br /></p><p style="font-family: georgia;" class="MsoNormal"><br /></p><p style="font-family: georgia;" class="MsoNormal">Hay anomalías que por la prepotencia de apariciones, terminan por transformarse en leyes de nuestra conducta. Vicios, rarezas, y trastornos, dejan de percibirse claramente, y se desvanecen en el mar de nuestros conceptos, ejerciendo una influencia que ya no empaña los vidrios, sino que por insistencia, se cristalizan y modifican nuestra visión.</p> <p style="font-family: georgia;" face="arial" class="MsoNormal">¿Qué es el arte?, me pregunto en ocasiones, y esta idea cae presa también, de todas mis vicisitudes mentales, y por ende, comienza a danzar en ese remolino de oscilaciones y dudas; de enclenques reflexiones y móviles certezas.</p> <p style="font-family: georgia;font-family:georgia;" class="MsoNormal">No comprendo por qué, pero lo cierto es que hay días en los que creo en la actividad artística y me entrego al paroxismo y la euforia de intentar vivirlo. Y hay días en los que no. Días áridos y acres, que me impiden pensar el arte, y convierten a mis antiguos furores creativos, en los más patéticos arrebatos de ridículo.</p> <p style="font-family: georgia;" face="georgia" class="MsoNormal"><span style=""> </span>¿Y esto por qué?, me pregunto. No lo sé. Mi seguridad es que hay días que si, y otros que no. Lo increíblemente extraño, es que la energía que alimenta ambas convicciones (de prosapia tan dispar), es capaz de generar el mismo poder de combustión. Entregarse al hecho artístico y su composición, o defenestrarlo como abyección insensata, encuentran en mi un actor que los defiende a ultranza con la misma pasión, según el día y la combinación de humores.</p> <p style="font-family: georgia;" face="arial" class="MsoNormal">Días que si, y otros que no.</p> <p style="font-family: georgia;" class="MsoNormal">Jornadas como las de hoy, que me permiten hacer una colaboración a la nada con un escrito quizás jamás leído, pero que satisface alguna petición oculta de mi espíritu. Esas llamadas inescrutables que nos empujan a obrar sin miramientos; aturdidos dulcemente por un torbellino de imaginación que si bien parece nunca saciarnos, nos convidan con su trabajo, a un placer ignoto e inesperado. Pero esto no dura demasiado y ese archivo siniestro de nuestra vida, con sus concepciones nefastas y crueles, se infiltra, se avista en los cristales, y con tan solo una pequeña muestra de sus dogmas, determina la clausura de una temporada solar. Y no es esa sensación que puede generarnos una tristeza fértil, una angustia feraz. No, es un hastío que nos acerca más que nunca a todo aquello nos rodea. Lo real, con su miseria, su hipocresía, y su inmortal especulación, se erigen despóticamente y afianzan su bastión en la mente. Las eyaculaciones de la realidad, saquean toda nuestra atención, y a fuerza de dolores, nos hacen participes imbéciles de todo aquello que, supuestamente, debería importarnos, como buenos seres humanos, civilizados y ciudadanos. Y todo se reduce a una inspección incesante de ordinarieces que fagocitan nuestro tiempo, y nos agotan el alma.</p> <p style="font-family: georgia;" class="MsoNormal">Ese cúmulo de farsas reales parecen serlo todo entonces; y el arte, a la luz de tales sombras, luce como una postura histriónica y desteñida, con el ángel y el poder sustancial de la más huera frivolidad. Esta irritación, que nos invita al improperio y la total anulación de todo aquello que no sea concreto, nos presenta un panorama con aires de sentina, en el cual el arte, se corporiza como un juego de mesa, una gesticulación vana, que tiene como fin, la exaltación de pasiones ilusorias, injustificadas y estériles; un panegírico a lo inexistente, y un amor vesánico por las quimeras y las más absurdas e inservibles abstracciones. </p> <p style="font-family: georgia;" class="MsoNormal">En la dura tarea de destrabar las poleas de tal ensañamiento se van esos días. Y las imágenes que penetran en nuestro interior, duelen y hacen supurar a nuestro macilento cerebro. Son días en la estepa, o en el llano desértico, en los cuales la persistencia de nuestra presencia, y de esa aspérrima e inalterable realidad, <span style=""> </span>nos termina por inseminar un odio hacia nosotros que nos revienta el seso. Y exánimes, y abarrotados de tópicos masivos y grasa de las capitales, nos vestimos de una plúmbea circunspección, seguida de un abandono que nos hermana con el resto de los mortales. Esos son días de silencio, de parálisis y denigración. Un estado cataléptico que al enfrentarnos con esa imagen lamentable de nosotros mismo, por instinto de supervivencia, no puede más que catapultarnos a una reacción vivificante; o al menos, engañarse con una respuesta inventada.</p> <p style="font-family: georgia;" class="MsoNormal">Aquí es donde comienzan los otros días. Y donde recomienza el ciclo interminable que se ha hecho carne. En el intento de desuncirse de tal desamparo, la idea de generarse posibilidades, la necesidad de evadirse y evaporarse en dimensiones ilusorias, franquean el paso hacia los objetivos artísticos; hacia esas divinas formas de no ser. En esa búsqueda, en ese anhelo que se persigue desesperado y hambriento, se retorna a la idea del placer del arte; se vuelve como quién no se ha ido, y se descubren las luces que, entre una desencajada alegría y una ardiente melancolía, alumbran el paso de fantasmas, sueños y vidas que alimentan nuestras horas, y nos permiten asignarle un nuevo y apócrifo sentido a nuestro destino inmediato. Son los días que sí. Esos en los que, parafraseando a Blake, se abren las puertas de la percepción, para ver o al menos atisbar, algún pequeño infinito.</p>Pettgushttp://www.blogger.com/profile/00987145389661196192noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-6121334874201684391.post-40849990765080960762008-05-14T14:31:00.005-03:002008-05-14T14:37:15.113-03:00Un segundo, un resplandor<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp3.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/SCsiV_wbs5I/AAAAAAAAAIo/VTsY3df3u9g/s1600-h/busqueda.gif"><img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer;" src="http://bp3.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/SCsiV_wbs5I/AAAAAAAAAIo/VTsY3df3u9g/s320/busqueda.gif" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5200287956016542610" border="0" /></a><br /> <p class="MsoNormal"><span class="eacep"><br />De vez en cuando aparece el claro. Y si bien en algún escondrijo de nuestra persona hay una famélica ilusión, ávida de encontrar su materialización; la férrea cortina de nuestras certezas se devora esas ambiciones. Con sus poleas resignadas, y ese mecanismo fértil en herrumbre y desgaste, la capacidad de ahogarnos en nuestra respiración, aparece como la más frecuente de nuestras manifestaciones.<o:p></o:p><br />No hay delectación que no florezca con bríos enfermizos, y que pueda refulgir francamente, azorada por esa sensación de futileza que barniza a toda la realidad, y que la torna huera y repetitiva.<o:p></o:p><br />En ocasiones la idea de haber ido demasiado lejos, se pone a nuestra par, y camina burlonamente, eludiendo toda respuesta y crítica. Algo parece seguro, no se ha ido a ninguna parte; uno no se ha alejado de nada, y más bien, el concepto de distancia solo parece ofrecer una calma vacía, que nos refugia de esta cotidianidad que se nos presenta cada vez más incomprensible. En todo caso, uno no ha hecho más que alejarse de aquello que le disgusta, tomando el atajo de si mismo; hundiéndose en la nebulosa de la propia incoherencia, que no por ello, es menos patética que aquella que arde en el sentido común de todas las cabezas. Y así como a veces nuestro extrañamiento, nuestra extranjería, nos permite ver aristas que se camuflan en las cosas, así también, nos provee de efectos indeseables a la hora de conjugar nuestras acciones en el terreno de lo real. Es un costo, sin dudas, que paga el atrevimiento. <o:p></o:p><br />Pero de vez en cuando, aparece el claro. Y la mismísima providencia no sabría como combinar sus elementos para satisfacer a un espíritu que quiere jugar a ser taumaturgo consigo mismo. Y aunque la búsqueda pueda ser infinita, el malhadado encuentro con una gratitud, con una iluminación, parece justificar tanto desplante y valor estéril. Si, cada tanto, el alma se infla ante el capricho de una arbitraria composición de la realidad. O al menos, es la percepción de esa composición desde la propia atalaya, la que la convierte en un bálsamo. Pero todo es subjetividad, y eso es lo que importa. Y entonces, tanto camino deviene un acierto; y tanta contrariedad, parece tan solo, una lucha inevitable con uno mismo, en aras de conseguir esa milésima de luz. Luz que es el beso del sentido, y el amor de una armonía tan patente como efímera. Pero amor al fin.<o:p></o:p><br />Ese martirio se hace costumbre. Difícil puede parecer, abandonarlo sin desmadrarse. A tales encandilamientos, los suele seguir la oscuridad más dolorosa, en donde las sombras, de concreta negritud, tienen el mando y la veleta en el horizonte de las cegueras. <o:p></o:p><br />Ardua espera la que se vive, entre cenizas e igniciones. Industriosa argumentación, la que se tiene que construir para no caer en la desesperación y el completo desgarro. Y si bien nuestra vida se nutre de ausentes sonrisas, y burbujeantes angustias, todo en un segundo, se vuelve perfecto. Tan solo, por un segundo. Quizás sea una alucinación, un engaño, o un juego de luces. Pero todo ello ocurre, sin más. Al menos, de vez en cuando.<o:p></o:p></span></p>Pettgushttp://www.blogger.com/profile/00987145389661196192noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-6121334874201684391.post-50572120750712171122008-04-18T14:56:00.002-03:002008-04-18T15:00:25.141-03:00Triste humorada<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/SAjg7v6QCMI/AAAAAAAAAIg/XngqD6Aw6UM/s1600-h/nieblagif.gif"><img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer;" src="http://bp0.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/SAjg7v6QCMI/AAAAAAAAAIg/XngqD6Aw6UM/s320/nieblagif.gif" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5190645887622187202" border="0" /></a><br /> <p class="MsoNormal"><o:p> </o:p></p> <p class="MsoNormal">Una alborada un tanto mendaz. La luz se ha colado por la ciudad con notable incomodidad, puesto que la incuria variable de nuestra población, ha levantado una risotada de humo que nos hunde en el estupor y la indignación.<br />Buenos aires nos vuelve miopes. Un cosquilleo carmesí se apodera de las pupilas, y las fosas nasales se visten de un hollín casi imperceptible.<br />No es un nublo el que acecha; incluso es del todo imposible divisar claramente el cielo para vaticinar algún capricho meteorológico. Y Buenos Aires se ve a la mitad; se ve como en sueños. La noche de los días pasados ha mostrado la belleza de un orbe nebuloso, irrespirable y lleno de magia, en ese apareamiento que las luces tienen con el humo, regalando espectros oblicuos, recortados en mil figuras.<br />Es una ceguera cargada de misterio la que se despliega en esta mañana. Una nueva ceguera para mis coetáneos, tan poco observadores como siempre.<br />Ahora la ciudad es una caverna platónica, llena de sombras y hedores. Las calles conocidas develan una nueva faz, atezadas y opacas, y no hay peatón que no cruce su mirada con otro, preguntándose silenciosamente, cómo es posible que algunas cosas sucedan. Y lo cierto, es que hoy, la realidad nos ofrece solo cien metros. Algo se quema, y esa ignición, deja su estela como un perfume insoportable. ¿Qué cosa se esta quemando?. Pasto, dicen; pero algunos aseguran que algunas cosas más: sinceridades, promesas, expectativas, futuros.<br />Hoy, como tras un velo tiznado, Buenos Aires muestra histriónica su paisaje onírico, y podría jurar que el algún sentido, sonríe. La materialización imprevista de un temor colectivo, quizás se esconda tras este humo que nos sofoca, como tantas otras calamidades.<br />Esta mañana, de sol empañado, un loco de esos que deambulan por la ciudad, se paró en la mitad de la calle, y como un heraldo desquiciado, advirtió a los pocos que pudieron oírlo: “alguien se ha robado el horizonte”.</p>Pettgushttp://www.blogger.com/profile/00987145389661196192noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-6121334874201684391.post-87752741016117469062008-04-04T13:26:00.002-03:002008-04-04T13:33:14.698-03:00Pequeños paseos en prosa<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/R_ZX91cFfII/AAAAAAAAAIY/jBdf2ZrYqNA/s1600-h/farolazul.gif"><img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer;" src="http://bp0.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/R_ZX91cFfII/AAAAAAAAAIY/jBdf2ZrYqNA/s320/farolazul.gif" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5185428740792220802" border="0" /></a><br />Salí a caminar como era mi costumbre, luego de que amainara la vorágine crepuscular que anticipa la orilla de la noche. Sabía que el oxigeno que reclamaba mi cuerpo, siempre embargado por esa asfixia melancólica, no se hallaría en ninguna parte. Pero esto nunca fue óbice para detener mi marcha. Era un absurdo hundirse en el abrazo de una búsqueda imposible; pero ostentaba la misma irracionalidad no hacerlo.<br />La penumbra mordía las aceras, y ya los rostros de los transeúntes se disolvían en una oscura ensoñación que los volvía antojadizos y amorfos. Guardaba una concreta imposibilidad el reconocimiento de algún rostro en la madurez de ese ocaso. Quizás ese detalle, torpe y baladí, constituyera uno de los encantos que me exhortaban al ejercicio del vagabundeo.<br />Una tras otras, las cuadras de mi San Justo natal, se presentaban indiferentes ante mi ligera inspección. Solo algunos rasgos arquitectónicos o alguna disposición puntual de la realidad, sobrevivían al inmediato olvido, amparados por un hálito onírico que me resultaba inexplicable; pero que asignaba a la prepotencia de mi mente, y la misteriosa importancia que su extravagancia le asignaba a las cosas. Todo ello, por supuesto, sin consultarme en lo más mínimo, desternillándose de risa y batiendo su marmita en la cocina de mi inconsciente.<br />La sensación de malgastar el tiempo acudía a mí en algunas esquinas. En otras, saludaba a todas mis excusas, que me recordaban que la acción, aunque diminuta, neutraliza el vértigo de las labores intelectuales. Y así, a medio camino, el paisaje desaparecía, como sucedía en todas las ocasiones, y solo quedaba el soliloquio infernal de todas mis ideas, debatiéndose ridículamente, levantando un polvo conceptual que me sepultaba de confusión. Y nuevamente, todo parecía en vano, y el regreso, tan incierto como la partida, terminaba por ganar terreno. El retorno era siempre, menos sabroso y más inercial; hacinado hasta el fastidio de pesares, dudas y reminiscencias de esa euforia primigenia que me había exhortado al paseo, para luego diluirse entre las calles. La propia noche que nacía, me inoculaba la oscuridad de su sangre, y mi mirada no podía dejar de deambular histérica de un punto al otro, enferma de<span style=""> </span>sombras e invadida por un frenético ardor.<br />Volví sobre mis pasos, cruzando de vereda para que al menos, si alguna imagen se filtraba, no reavivase las llamas de esas voces que se habían despertado y que acallaba con forzosos bloqueos.<br />Por esas callecitas, andaba, ya fatigado, como tantos otros que se lanzan a la aventura de intentar perderse de vista. Como tantos locos, imbéciles y poetas, que buscan por las arterias de la ciudad, un sosiego, una llave, un signo que les proporciones una dosis de asombro; una novedad que acrisole y eclipse tanto alboroto, y les permita dedicarse por unos minutos a la dilucidación de una incógnita; al menos, para reencontrarse con la desilusión de encontrar siempre lo mismo, bajo diversas presentaciones.<br />Es el agrio viento de la derrota el que empuja en esos retornos.<br />Llegando a mi hogar, divisé el horizonte, sembrado de casas bajas, miedos y rejas. No había podido despistar a mi angustia, y dejarla extraviada en alguna ochava. Me seguía fiel y obstinada; con su rostro etéreo plasmándose en todo cuanto pensara.<br />Abrí la puerta de la reja, y la herrumbre besó mis manos, como alentándome al idilio. El mismo crúor cobrizo trepaba por ese farol que vomitando su luz, me obsequiaba la imagen de esos ósculos oxidados. Observé su ojo lumínico por unos instantes; podía jurar que el mundo se había detenido, ya que entre el silencio y la quietud, todo parecía articularse en una escena perfecta y siniestra.<br />¡Oh, querido farol!, esto no es París –le dije-. Y el invernal espíritu de estos días no me ha seducido tanto como para enamorarme de ti, y permanecer hasta mi fin a tu lado, como una mustia imitación de Gerard de Nerval.<br />Cerré la puerta. El mundo estaba entonces lejano, prisionero de esas rejas y oculto tras una muralla de cerrojos. Pero seguía caminando, en mi mente, puesto que las calles y nuestro errar, parecen desconocer, a veces, la posibilidad de tener un final. Era lógico que en el ponto de mi espíritu, las crispadas olas rompían vesánicas contra si mismas, en una orgía bulliciosa e incesante.<br />Esa noche, de seguro, moriría, como las anteriores, en un viaje ininterrumpido e inexplicable. Por otras calles, viejas e inventadas, continuaría, perseguidor y perseguido, hasta encontrar el cerroj de los sueños.<br />Con frecuencia recuerdo a Chesterton. Me agrada evocar las palabras leídas, y rememorar la fruición que sentí al encontrarlas por primera vez. Éste inglés sostenía que el poeta era el eterno disconforme, siempre invadido por penas y contradicciones; al punto de estar malquistado con la paz, aún caminando por las calles del cielo.Pettgushttp://www.blogger.com/profile/00987145389661196192noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-6121334874201684391.post-40060699632385336002008-03-27T13:25:00.005-03:002008-03-28T00:52:28.585-03:00La musa voluble<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp2.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/R-vMTFcFfHI/AAAAAAAAAIQ/uydzRevWC_U/s1600-h/gritogif.gif"><img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 240px; height: 298px;" src="http://bp2.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/R-vMTFcFfHI/AAAAAAAAAIQ/uydzRevWC_U/s320/gritogif.gif" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5182460424469445746" border="0" /></a><br /> <p class="MsoNormal"><br />Bien, he terminado la nota. Y la última palabra que se fugó de mis dedos se incrustó en el texto con un suspiro que mezclaba el alivio y la premura por finiquitar el trabajo que había comenzado. ¿Encontraré alguna vez el motivo por el cuál, cada tanto tiempo, la silla y el ordenador se convierten en una especie de cadalso, que tan solo con su imagen, me quitan el aire y las ansias de escribir?. Así de sencillo es, y todo se halla en la misma raíz de la cual ha salido esta nota: la mente.<br />Lo cierto es que en esos lamentables episodios, una retahíla de malestares se conflagra en mi cabeza, para liquidar cualquier intento creativo. La fatiga se apodera del cuerpo, y ya la música de las oraciones desaparece; y un plúmbeo desamparo me rodea, y todo cuanto intento transmitir, se vuelve nulo, se atrofia y se desangra de significación. Es más, no me han faltado ocasiones en las cuales, he terminado huyendo de mi labor literaria, aturdido por la falta de coherencia total que exhibía en mi mente, aquello que segundos antes, parecía tan diáfano y concreto. Juro que es un temor inexplicable el que se apersona delante de mí, convidándome con su prodigalidad de angustias, hesitaciones e ilapsos. Esta endémica maldición socava aquellas viejas ganas de decir algo que de común me nacen; ese hobbie chapucero que suele ser el recreo de mis eternas inquietudes; esa voz que se alza sin expectativas ni presunciones, para ofrecer una fugaz primavera a mi atención, y acallar ese ruido sempiterno que se aloja en la conciencia. Pero me trastorna, sin más, sentir que un párrafo que hace un instante parecía un eslabón perfecto dentro del mapa de letras, aparece luego, completamente ajeno, distorsionado; hasta podría agregar que dentro de tal marasmo, se da lugar también la disolución semántica de algunas palabras. Allí están, las veo y las leo; pero parecen no ser ellas, ser vacuas (como lo son, ciertamente), carecer de ese intrínseco sidecar sígnico. Allí están, esqueletos deformes y ligeros, de alguna fantasía insoluble y desconocida. Cuando esto sucede, nada resta más que distanciarse y respirar. Buscar imágenes, hacer foco en alguna otra cuestión o tan solo, echarse en la cama a divisar ese firmamento de mugre que yace en el cielorraso.<br />Bien, he terminado la nota. Y por suerte en esta ocasión, la ausencia de mis saboteos me permitió concretar alguna sarta de ideas que aparentan tener conexión. Pero por lo general, la complicación no termina allí; porque, no obstante haber sobrevivido a esos impulsos autodestructivos que me acometen sobre la marcha, debe luego enfrentarse a esa inspección final que le propino unos días después. Esa que, de ordinario, termina demoliendo todo el trabajo; mutilando ferozmente mis expectativas de haber logrado alguna cosilla interesante.<br />No es fácil escribir y quedar satisfecho. Únicamente el encandilamiento de un ego beato puede otorgar la posibilidad de saborear un texto propio, y no llenarlo de improperios por la deforme sustancialidad de su aspecto. Tonterías.<br />Básicamente, nada podría abandonar el anonimato que inflijo a mis zonceras literarias, de no ser por esa sensación que <i style="">alla fin fine</i>, tiraniza mi pensamiento. Fagocitada de hastío, de incertidumbres y de un caos sin coordenadas, mi mente capitula y se entrega a la búsqueda de un amor que le permita desentenderse de esa vorágine, sin caer en la simple destrucción y el vacío. Una densa resignación viene, entonces, a sosegar tanta violencia y prejuicio. Con ella, el dolor deviene mansedumbre, y la melancolía se condimenta de paz y se sacude de lógicas y explicaciones. Suele ser en ese puntual momento, en el cual, tomándome por desprevenido y a toda prisa, presiono esa fatal tecla que todo lo vuelve irrevocable; esa tecla pérfida y maliciosa que me inyecta una mixtura de sensaciones entre las cuales bailan el ridículo, el arrepentimiento, y la más franca vergüenza.<br />Quizás escribir sea fácil; y sea mi musa, desquiciada, la que se regodee alegremente de mi eterno aturdimiento.<br />Ahora, el texto descansará unos días, para luego releerlo un tanto más lejos del que he sido hoy, y reprocharme los vicios y corregir, en lo posible, los desvaríos más evidentes.<br />Hasta ese entonces.</p>Pettgushttp://www.blogger.com/profile/00987145389661196192noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-6121334874201684391.post-17601243492350953632008-02-27T11:26:00.006-02:002008-02-27T11:33:56.491-02:00Escritos del Flaco: El encanto de las cegueras temporales<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/R8Vlra1EygI/AAAAAAAAAIA/7nb2RLIUKR4/s1600-h/cegueragif.gif"><img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 290px; height: 291px;" src="http://bp0.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/R8Vlra1EygI/AAAAAAAAAIA/7nb2RLIUKR4/s320/cegueragif.gif" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5171651543715596802" border="0" /></a> <p class="MsoNormal">Si existe un tábano capaz de hacer convulsionar a una mente lucida, ése es el de las contradicciones. Porque el ardor de ciertas fricciones involuntarias (en un principio) que se dan en el alma, es capaz de tomar dimensiones inusitadas cuando se trata de conceptos que torpemente, se creían resueltos y archivados.<br />Este pequeño manuscrito del flaco despertó un agrado especial en mí, visto que barruntaba aquello que sucedía en el interior de su mente. Sin agregar mas detalles, dejo constancia de su hemorragia literaria, que de seguro, tendrá más sentido a la postre, al relatar el resto de los sucesos que completaron sus días.</p><p class="MsoNormal"><br /><o:p></o:p></p><p class="MsoNormal"><o:p></o:p>“Cuando la niebla de nuestra necedad se difumina; cuando las luces de la fantasía dejan de resplandecer en esas paredes imperceptibles; cuando la aventura deviene un análisis científico, se acaba el sueño, y nuestros parpados, pegajosos y renuentes a reaccionar, se ven forzados a divisar aquello que el panorama les demuestra como la fiel copia de la realidad; un ordenamiento casual, inanimado y de una notable aridez sustancial.<br />Allí donde la imaginación limaba y deformaba asperezas; allí donde los contrastes parecían conjugar formas y precisiones; allí donde nuestra inocencia y nuestra estupidez leían una resplandeciente sombra como una verdad, aparece luego, casi sin aviso, el rostro franco y despiadado de lo real, decorado con el <span style=""> </span>inocuo brillo de sus prerrogativas insensibles y vulgares.<br />Final de juego para nuestras sensaciones. Óbice para el inconsciente volar de nuestra mente. Cuando el verbo deviene en palabra llana y explícita, allí la cosa se transforma en cosa y circunstancia. Y nuestro ser, trastornado e invadido por un fulgor vergonzoso, se hunde en una mudez impertérrita, en una forzada amnesia de nuestra voz, que se nutre de espasmos de ridículo y arrepentimientos alevosos.<br />Y un pensamiento nos arrebata el sueño: “todo estaba allí, a simple vista”. Y todo un mar de explicaciones no alcanza para resolver el por qué de nuestra ceguera y ese morboso afán que nos ata con toda contumacia al error.<br />Así es, y tan solo un segundo basta para que en un tris, la mente recuerde su colección de análisis y obsesivas elucubraciones. Una pequeña chispa basta para retomar de aquella panoplia abrigada por el polvo, la espada de nuestra sagacidad, que nos conduzca al camino del control; al cómodo amparo de nuestras vetustas convicciones.<br />Pero realmente suena ilógico tratar de obedecernos incondicionalmente. Porque esto no solo sería un absurdo, sino que redundaría en una falta de sinceridad para con nosotros mismos. Guarda todo el sentido, pero también así un fastidio letal, la idea de sacar todos los días a pastar a nuestra lógica y su aburrimiento, segando con su lengua viperina todo aquello que nos parezca incoherente o riesgoso. Es en esa negativa y su actitud enfermiza, pero humana, en donde se hallan quizás, las respuestas para nuestras permanentes imposturas.<br />Bregando por fantasías y nieblas, es como nos hundimos en esa perdida. Porque en la manufactura de esas utopías hay un placer, que si bien es miserable y artificioso, logra al menos con su engaño, ser aquello que anhelamos. Un placer.<br />¿Cómo no odiarnos tras ese conformismo, y esa complicidad para con nuestra imbecilidad?. Pero, ¿Cómo detenerlo, sin detenernos definitivamente?.<br />Errare humanum est…y el amor por las escenas nebulosas y de ensueño, no se agotará en un análisis de sus desventajas y probabilidades.<br />¿Cómo no aborrecer a nuestra eterna debilidad?.<br />¿Cómo no gozar el desarrollo de esas ficciones de las que somos creadores, actores y mártires?<br />¿Cómo no odiarnos infinitamente?”.</p>Pettgushttp://www.blogger.com/profile/00987145389661196192noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-6121334874201684391.post-65971487343502628522008-02-22T02:52:00.003-02:002008-02-22T02:59:23.431-02:00Prueba de sonido durante la función de Selene<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp2.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/R75VSq1EycI/AAAAAAAAAHg/_Zi1L8NdA2U/s1600-h/lunagif.gif"><img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer;" src="http://bp2.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/R75VSq1EycI/AAAAAAAAAHg/_Zi1L8NdA2U/s320/lunagif.gif" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5169663201490815426" border="0" /></a><br /> <p class="MsoNormal">La noche del norte se placía en musicalizar las calles con el murmullo polisémico de una brisa insomne y veleidosa. En la penumbra de Florida, algunos cuerpos deambulaban por las aceras, consumidos por el calor, dirigiéndose hacia el punto que suponen, alberga el alimento de sus calmas y ampara las heridas de esa desesperación diaria.<br />Eclipse de luna, cantaban los heraldos televisivos, y con una imagen clavada e inmutable de una luna que parecía mudar su apariencia, un reportero entusiasta e idiota, demostraba sus dotes de vocinglero para engalanar un hecho tan interesante como soporífero. Y afuera, en las veredas, más de un cristiano avivaba el fuego de alguna contractura manteniendo el cuello enhiesto en la contemplación de ese gran vacío que es el cielo.<br />Noche despejada. En la madrugada, ni los borrachos consuetudinarios se encontraban en las esquinas. Algunos comentarios dicen por allí, que las noches de eclipse guardan horas misteriosas en sus negros intestinos. Definitivamente, nada fuera de lo ordinario había ocurrido; a no ser, por esas explosiones en la juventud de la madrugada. No es extraño sentir esos horrísonos latigazos partir el silencio del descanso nocturno. La cuestión, es que en su lejanía, encierran mil dudas sobre la génesis de tales sonidos.<br />Truenos sin nubes, fusilamientos furtivos, balaceras recónditas, festejos de religiones desconocidas….<span style=""> </span>los estallidos viven su fugaz intensidad, y dejan tras su paso, mil despertares, insultos e incógnitas.<br />La noche del eclipse dejo su impronta con dos estruendos que se incrustaron en las conciencias de más de un fulano. Pero nadie salió de su casa para observar de qué se trataba. Porque quizás, fueran los gritos de algún animal increíble que los pudiera devorar junto con sus temores. Y que tristeza sería perderse el eclipse por un encuentro tan fantástico e imposible.</p>Pettgushttp://www.blogger.com/profile/00987145389661196192noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-6121334874201684391.post-8049160250845264792008-01-11T14:39:00.000-02:002008-01-11T14:42:34.978-02:00Lógicas alucinaciones de un pasado risueño<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp1.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/R4ecI5ABR7I/AAAAAAAAAHY/Tpq859jVcUI/s1600-h/20070405105100-dragon-escher-1952.gif"><img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer;" src="http://bp1.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/R4ecI5ABR7I/AAAAAAAAAHY/Tpq859jVcUI/s320/20070405105100-dragon-escher-1952.gif" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5154259975102613426" border="0" /></a><br /> <p class="MsoNormal">Cada tanto tiempo, infiltrándose por los intersticios de alguna anécdota injustificada y su póstumo silencio, arribaban los tópicos de siempre. Con el flaco teníamos esa costumbre, la de exhumar alguna vieja idea, escudriñarla y encontrarle, análisis e imaginación mediante, una nueva veta para explotar en su infinita dilucidación. De este modo, ciertas concepciones que ya teníamos por veteranas, reaparecían ante nosotros, cada vez más desarrolladas, graves e insoportables; vistiendo una nueva complejidad que les otorgaba un interés que habían extraviado, erosionadas por el tiempo y el tedio. Algunos de estos temas se habían fagocitado de manera increíble, despojándose de su simpleza fáctica, para erigirse en una torre de significados en eterna construcción, como un dado mágico que se alimentaba de su propio girar y que permitía a sus espectadores, hipnotizados, comprobar la existencia de una nueva cara; y así también, <span style=""> </span>barruntar la posibilidad de que otras mil permanecieran en una vida latente y furtiva, esperando por esa sincronización de conceptos que les franquease el paso hacia la luz del conocimiento y reverberase sus ignotos relieves.<br />Recuerdo que eventualmente, una proposición se ensañaba con nosotros, y nos movía, en una euforia por lo más aplacada, a la reflexión y la risa. En un punto, nos habíamos puesto de acuerdo con el flaco, siendo que algo nos ocurría con frecuencia, y nos suscitaba un ilapso de hesitación. En nuestro derrotero intelectualoide y frenético, siempre le asignábamos más interés a los hechos, del que en realidad estos poseían. El colofón de estos descubrimientos, era la risa; condimentada, sin más, con algo de ridículo e indignación. Vayamos al punto. Aquello que de corriente nos sucedía, era que un simple acto, que podía ser una torpeza ajena, un respingo voluntario o una lisa y llana exposición, devenía en nuestras mentes, un torrente irrefrenable de especulaciones, que como una bola de nieve, terminaba abasteciéndose de todo cuanto tenia cerca, para incrementarse y amplificarse. Allí donde uno se encontraba con una mueca histérica, o con alguna actitud miserable, pero explicita, aportábamos con nuestra ansiedad, una cuota tan desmesurada de aditamentos, que la cuestión terminaba por parecer sencillamente, un plan siniestro, ejecutado por una mente genial. Ese era nuestro error. Porque incurríamos torpemente, en la sobreestimación de nuestros pares, adornándolos con nuestras propias inquietudes, regalándoles una capacidad de operación que definitivamente, les estaba vedada. En incontables oportunidades nos hallamos con tal libreto en la mano, relatándonos con furente entusiasmo, aquello que, de una simple escena de nuestras vivencias, se había transformado en una maquinaria infernal de especulaciones, en la cual, nuestro virtual licurgo, ejercía con una industria inédita, una acción que inexorablemente, llamaba a la madre de todas las perplejidades. Y allí, tanto el flaco como quién escribe (según quien narrase y quien escuchase en esa ocasión), aturdido de tanta vana exclamación, llamaba a la cordura, por amor a la claridad conceptual y odio a ese tipo de patetismos inerciales. Y allí, no cabía otra posibilidad que la risa. Porque aquello que habíamos vivido (con un amigo, una dama o un ferretero, lo mismo da) y que quizás había sido una escuálida afectación, o simplemente, un amago o un “actuar para”, se había convertido, por arte de nuestro propio potencial, en una obra maestra de la destreza especulativa y el pensamiento manipulador. Y en realidad, no había nada que no fuera, la lozanía de una hipocresía clásica y conocida; los frutos de un mecanismo tan patente como mediocre; ese tartufismo amateur que parece inseparable de la condición humana. ¡Y que ardor nos nacía con tal revelación!. Y una vez comprendido, que aquello que parecía una ventana era un espejo, tan estrafalario se nos antojaba nuestro pasado discurso, que tan solo la válvula de una carcajada podía descomprimir tal bochorno de ridiculez. Insólitamente, esa tontería nos sucedió tantas veces, que terminamos pergeñando una teoría sobre la cuestión. Una fantochada sobre la auto denigración, el síndrome de Estocolmo y las invisibles lupas que se funden en nuestras mentes. Por suerte, no pude encontrarla entre los escritos del flaco.<br />Así funcionamos. Y ahora que el flaco ya no consume nuestro oxigeno, me río solo al sorprenderme en la obsesiva inspección de alguna experiencia reciente. Y siempre amonesto a esa generosidad que se cuela en mi paciencia, para derrochar tantos minutos en el análisis de una pedestre idiotez, llana y sin meandros.<br />Inevitablemente eso seguirá ocurriendo, puesto que debo aceptar que es una constante. Pero al menos, la risa se llevará el caudal de imbecilidad que se desata en mi interior, y destrabará esas fauces que siempre tengo en funérea actitud. Quizás todo sea parte de una carencia; la ausencia de verdaderas posturas y malévolas, pero francas, imposturas. ¿Quién sabe?.<br />Así funcionamos. Ese era uno de nuestros tópicos favoritos, que se insufló largamente, de horas, cigarrillos y risas.</p>Pettgushttp://www.blogger.com/profile/00987145389661196192noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-6121334874201684391.post-21012442166141581612007-12-24T16:48:00.000-03:002007-12-24T16:52:28.855-03:00Fiesta<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp1.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/R3ANjpABR6I/AAAAAAAAAHQ/zZ13Z481ZyA/s1600-h/navidad.gif"><img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer;" src="http://bp1.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/R3ANjpABR6I/AAAAAAAAAHQ/zZ13Z481ZyA/s320/navidad.gif" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5147629280036997026" border="0" /></a><br /><br />Y nuevamente, el 24 arriba y la gente saca del arcón de su esencia, lo más extremadamente estúpido que atesora, y lo pone al servicio de la comunidad, la credulidad y el consumismo.<br />No hay motivos para explayarse demasiado en esta materia. Las críticas son harto conocidas, y asimismo, harto soslayadas.<br />Por religiones foráneas que se entrometieron en nuestra historia; por personajes caricaturescos que pasaron de la publicidad al mito; por la venta de turrones y demás vituallas navideñas que encajan sin dudas con nuestro clima y su nieve navideña; por esto y mucho más, no queda más remedio que defenestrar tanta incompetencia y llamar a la festividad por otras razones que nos conmuevan concretamente, con bases más puras y realidades más tocantes en lo que concierne a nuestras vidas.<br />Solo una excusa depara la navidad: compartir una mesa, beber bien, y robarle al calendario un día para nuestro ocio. Lo cual, es impagable. Extraer de la vorágine capitalista un día, y retenerlo para nuestro solaz, le da un mínimo de sentido a una festividad tan disparatada y frívola. De todas maneras, se debe respetar a aquellos que tienen adicción a las ilusiones, y sabiendo la necesidad que estas generan, no se puede más que aceptar, con gesto adusto, tamañas ceremonias. Muchos, entre los que me cuento, nada tendremos para festejar; pero ello no quita que quienes lo deseen, se unan a esa procesión carnavalesca, que entre cohetes y banquetes, regalos y discusiones, deliran al compás de los maleables tambores de la historia y la cultura.<br />¡Salut, entonces! Brindemos por la indignación de unos, y la artificial felicidad de los otros. Levantemos una copa, y bebamos para reconocer, con estas hecatombes, la poderosa vitalidad de las costumbres, que hoy y siempre, se pavonearan de poseer un significado inexpugnable, y unos huesos de hierro indoblegables.Pettgushttp://www.blogger.com/profile/00987145389661196192noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-6121334874201684391.post-45420149289458140782007-12-14T13:49:00.000-03:002007-12-14T13:51:45.233-03:00Amanecer de nauseas y premuras<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/R2K0X5ABR5I/AAAAAAAAAHI/HmlGPY4Q11A/s1600-h/cuadrito.gif"><img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer;" src="http://bp0.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/R2K0X5ABR5I/AAAAAAAAAHI/HmlGPY4Q11A/s320/cuadrito.gif" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5143872046941423506" border="0" /></a><br /><br />Eran las 6 de la mañana. El díscolo sueño, con quien tengo un idilio beligerante, me había abandonado súbitamente, dejándome en la penumbra, con todo la mañana a mi servicio. Es una calamidad comenzar el día reflexionando sobre aquello que deberíamos hacer. Las cuentas no nos cierran nunca, y la energía jamas nos parece suficiente como para enarbolar las banderas de la acción, y concretizar todos los proyectos que de ordinario masticamos. No hace falta más que ponerse de pie, y obtener una mínima impresión de nuestros sentidos y velocidades para sacar la conclusión de que el tiempo de nuestras hipótesis, es por completo una caricatura patética y pusilánime del concepto de tiempo que conforma la esencia de ese inescrutable idioma que murmuran los relojes.<br />La penumbra y su humor caliginoso, ofrecía un reparo a los ataques simbólicos de la realidad. Todos los significados y sus asociaciones, permanecían allí, al acecho, aguardando esa eyaculación lumínica que los inficionase de vida y les franqueara la entrada al escenario de nuestras mentes. Pero mientras tanto, esa enervación que sufría la luz, bajo la égida del momento y las cortinas, permitía el juego de las disoluciones. Todo era un bosquejo, débil y alucinado, que relajaba con su carencia de sentido y esa torpeza para traducir los subyacentes mensajes que guardamos en todas y cada una de las cosas.<br />El aire se quedo con el recuerdo de un cigarrillo, que con guirnaldas móviles, decoraba de manera casi imperceptible el umbroso espacio. Esas perezosas nubes fueron las que le dieron algo de animación a la mañana. Un vistazo al reloj, dejó en evidencia que una hora había sucumbido, con paso más que discreto y una vida de sustancial vacuidad.<br />El sopor del sueño había desaparecido por completo, y una claridad ganaba fuerza, ampliando el cuarto, y espantando a las sombras. Allí estaba todo, como siempre.<br />El tiempo y sus exhortaciones eternas, también estaba, estallando silenciosamente en cada minúscula partícula. Las reflexiones tomaron cuerpo definitivamente, tanto así coma la urgencia y la esterilidad de tal desesperación. Como siempre.<br />Tan solo restó levantarse, y experimentar la acción de los años en la osamenta, y el peso de las tribulaciones estorbando la vivacidad de la consciencia.<br />Ya no había penumbra, ni sueño, ni tiempo. Solo esperaba el baño y su misterioso espejo. Un almuerzo de forzosa frugalidad, y las numerosas exploraciones a la faz del reloj, para salir a un horario prudente y llegar puntualmente a ese funesto trabajo.<br />Y seguía pensando en las mil cosas que tenia que hacer, y en esa fiaca sempiterna que nada tiene de casual; en ese sueño que repentinamente, se esfuma sonriente; en esa penumbra que parece, por momentos, permanecer en nosotros.<br />Y ya era tarde para todo. Y yo envidiaba a Gregorio Samsa.Pettgushttp://www.blogger.com/profile/00987145389661196192noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-6121334874201684391.post-88901871938685052862007-12-11T03:40:00.000-03:002007-12-16T13:32:55.295-03:00Perros, hombres y avenidas<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/R14xcSkfyYI/AAAAAAAAAG4/g4uCwiRfFZ0/s1600-h/perro-habacuc-2gif.gif"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5142602186594699650" style="FLOAT: right; MARGIN: 0pt 0pt 10px 10px; CURSOR: pointer" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/R14xcSkfyYI/AAAAAAAAAG4/g4uCwiRfFZ0/s320/perro-habacuc-2gif.gif" border="0" /></a><br /><p class="MsoBodyText" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"><br /></p><p class="MsoBodyText" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt">El misterioso y colosal tanque de Constituyentes había desfilado delante de mí, para luego esfumarse de la ventanilla del automóvil. En una época, su poderosa inmensidad me fascinaba y me embargaba de curiosidad sobre su contenido, su pasado, su origen incierto, y su subsistencia inexplicable. Ahora, con un cartel de desodorante promocionado por una muchacha de belleza inanimada, sufría el desencanto de su vida de ultratumba, en la vomitiva monotonía de un presente publicitario y posmoderno.<br />Sobre la avenida General Paz, un enjambre de rodados se sucedía interminablemente, intoxicando el aire con sus vahos fuliginosos, el estridente cantar de las bocinas, el sulfuro de la ansiedad y el denso murmullo de miles de insultos automáticos.<br />Hiriendo tal pedestre imagen, un animal, en trance de esa envidiable indiferencia que poseen, le ponía, con su desgracia y su torpeza, un escupitajo de color y del más refinado dolor.<br />Un perro, partidario de esos canes montaraces que se deslizan por una vida de hambre, riesgos y libertades, había padecido el infortunio de conocer la casi insoslayable impiedad de una avenida tan poco agraciada para con los seres de carne y hueso. Allí, atravesado por la vorágine humana, se afanaba por hacer comprender a la realidad su capricho, con gruñidos imperceptibles y una desesperación en firme crecimiento. </p><p class="MsoBodyText" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt">Una vez consumida la distancia que nos separaba, la escena arribó finalmente a su cenit dramático, y permitió a mis sentidos absorber plenamente aquella tragedia, junto con todas sus lacerantes implicancias.</p><p class="MsoBodyText" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt">Aquella infausta perra, ardiendo en el deseo de abandonar aquel infierno incomprensible, no hacia más que tironear en su ciega ignorancia, de aquello que minutos antes, había sido su cachorro. Con una tenacidad conmovedora, se asomaba inconsciente al peligro de correr la misma suerte que su cría, rozando su hocico con los calurosos neumáticos que nunca cesaban de pasar. Y así, en incontables ocasiones, intentaba, con una contumacia digna de una madre, llevarse a ese pedazo de sí, que repentinamente se había quedado allí, en un aplastamiento mudo e inmóvil. Su boca se llenaba de pelos, y su hocico se lastimaba, pero una fuerza mayor a ella, la impulsaba solemnemente a permanecer allí, junto a su cachorro. La muerte quizás tendría algún espacio en los departamentos de su instinto. Pero claramente no llegaba a comprender que aquel ser que la acompañaba fielmente, y que había salido de su propio cuerpo, era en ese momento, tan solo un amasijo de pelos y entrañas inconexas; un revoltijo deforme e insensible que ya jamás volvería a ser el de antes. Pero nada podía detener sus tentativas, y cada coche que pasaba por encima de aquel desgraciado, se transformaba en un acicate más para su desesperación por alejarlo del caos y la crueldad de este mundo. </p><p class="MsoBodyText" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt">Finalmente desistió, bajo el influjo de vaya a saber qué justificaciones. Y luego de alejarse de su muerto retoño, se disparó entre los autos, con un frenesí al que no pude asignarle una interpretación. Imagino que, visto que su cría no quería seguir su curso, ella tampoco quiso hacerlo, y de alguna manera, buscó la forma de averiguar por si misma el origen de aquel abrupto cambio de conducta que los automóviles y <?xml:namespace prefix = st1 /><st1:personname st="on" productid="la General Paz">la General Paz</st1:personname>, le habían inoculado a su cachorro.</p><p class="MsoBodyText" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt">Maldije sin más, la fortuna que me hizo reparar en aquella escena luctuosa y sublime. Ese tipo de comportamientos, tan lejanos de las mentes razonadoras, adquieren una dimensión nueva y brutal, al ser adoptados por los animales. El hecho de poseer almas lisas y sin dobleces, no puede más que generarnos la sensación de encontrarnos frente a un sentimiento real. En toda esa estupidez animal, la espontaneidad y la especulación sincera se patentizan de una manera abrumadora. Qué diferente se me antojó, de nuestra estupidez, compleja y enrevesada, teñida de voliciones maliciosas y posturas acartonadas. </p><p class="MsoBodyText" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt">Volví en mí, y ya cruzábamos la avenida San Martín. El dolor de las imágenes chorreaba fríamente sobre cuanta reflexión me propusiera. Luego la imagen se difuminó, y sin comprenderlo aun, aquella desventura se transformó en una cuestión netamente humana. Y algunos comportamientos, tan lejanos de las mentes razonadoras, adquieren una dimensión nueva y brutal al ser adquiridos por los humanos. Y sin encontrar razones para tal concatenación, me formulé sin ánimos de compartirlo: ¿cuántas veces nos encontramos tirando de aquello que claramente esta muerto, obviando la realidad, entregándonos al capricho de la negación y la fruición de quimeras peregrinas?; ¿En cuántas ocasiones mantenemos nuestra esperanza en vilo, por cuestiones que han perimido evidentemente, llenando nuestras bocas de pelos y gusanos, y revolcándonos en la fantasía de poseer aún, aquello que no es mas que un recuerdo?. Y lo que es peor, quizás tan solo el recuerdo de una agonía ya extinta.</p><p class="MsoBodyText" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt">Aquello me había afectado. La pobre verdad que podemos dilucidar de nuestras cosas, no es menos espantosa que las mentiras que podemos hallar en nuestras vidas. Y el sentimiento de hallarse ante lo irremediable, puede canalizarse en un adormecimiento consentido, o en un frenetismo atroz. Un desgarramiento tan hiriente, como para arremeter desaforadamente ante una marea de autos.</p><p class="MsoBodyText" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt">Doblamos en Emilio Castro, para dar por fin, las espaldas a la avenida, y sensiblemente aturdido, me acurruqué en mis pensamientos. El final de ese día fue de un áspero atosigamiento. Se fue en una constante evocación, cada vez más detallada e intensa; se fue en una reiteración de reproches a la suerte que me galardonaba con tales situaciones; se fue en deformes y tozudas asociaciones, que me invitaban al delirio de trasladar significados e inventar alegorías. Aquel ocaso se desvaneció tristemente, dejándome exhausto, degustando la acrimonia de las fatalidades, con una caricia imposible y eterna para esa perra madre.</p><p class="MsoBodyText" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"><?xml:namespace prefix = o /><o:p></o:p></p><p class="MsoNormal"><o:p></o:p></p>Pettgushttp://www.blogger.com/profile/00987145389661196192noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-6121334874201684391.post-73346033271214576042007-11-21T13:08:00.000-03:002007-11-21T13:20:11.575-03:00Eso que llaman calma<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/R0RYvbVNejI/AAAAAAAAAGw/PVLayyrAGzk/s1600-h/133.gif"><img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer;" src="http://bp0.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/R0RYvbVNejI/AAAAAAAAAGw/PVLayyrAGzk/s320/133.gif" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5135327046923024946" border="0" /></a><span style="font-size:16;"><span style="font-size:85%;"><span style="font-style: italic;"><br />“I'd give you everything I've got for a little peace of mind”</span></span><o:p></o:p></span> <p class="MsoNormal" style="font-family:arial;"><span style="font-size:100%;">Pocas cosas son las que, como todo ser humano, puedo afirmar rotundamente sin ruborizarme ante el pensamiento de estar obviando un argumento fatal, que refute mis palabras y me franquee la puerta del ridículo. Entre esas pequeñeces, se encuentra una minúscula certeza: la calma no existe.<o:p></o:p><br />Sea cual fuere el camino que se trague nuestras huellas, la búsqueda de la calma sonará siempre a utopía, a estupidez consciente, a fe mendaz y a ceguera de añorada obstinación.<o:p></o:p><br />¡Si, lector, la calma no existe!. No al menos, en una proporción que pudiéramos considerar como digna de ser recordada como tal.<o:p></o:p><br />No hablo de esos momentos repletos de nada, ni de siestas babeantes en algún verano de nuestra infancia. No me refiero a la ausencia de ruidos que propicien silencios sedantes, ni hago alusión a quince días de descanso en algún meandro del ponto.<o:p></o:p><br />La calma que ocupa este miserable espacio, es aquella que anhelamos poseer en las dimensiones de nuestra mente. Aquella que barruntamos, seria tan perniciosa para nuestro histórico dolor; aquella que descompondría, suponemos, la ya sanguinolenta irritación de nuestros nervios, despejando nuestros espíritus, abriendo un panorama con un vacío renovador. Esa calma, lectores, no existe. Y si bien alguno osase apuñalar a mis pretensiones acusándome de remontar perogrulladas, tan solo podré responderle, que únicamente de la mano de mi capricho he concebido esta nota. Porque sin darme cuenta, he perdido muchos años de mi vida contando a esa búsqueda de la calma, como uno de los acicates para mi permanencia. Y tan duro ha sido reconocerlo, como aceptar que esa imposibilidad pueda darme alguna gratificación con su hedor conformista.<o:p></o:p><br />No hay calma que se asiente en nuestros dominios que desee permanecer en ellos y afianzarse por un tiempo. No es posible convencerla de adormecerse y holgar en nuestras conciencias por un periodo prudente. Simplemente, se desvanece. Veleidosas sus alas, la hacen partir con tal frenesí, que deja tras de sí, un remolino de polvo, recuerdos y lozanas inquietudes.<o:p></o:p><br />En la soledad y en el bullicio; en el amor y en el odio; en la amistad, en la locura, en todas las formas, sólidas o espectrales, en las que se materializa la vida,<span style=""> </span>el equilibrio y la continuidad que deberían posibilitar la calma, nos mienten vilmente. Y siempre, con meticulosa exactitud, desaparece, para invitarnos con su nostalgia a recomenzar la pesquisa de su ignoto paradero.<o:p></o:p><br />¿Para qué entonces, desperdiciar nuestros días en la pretensión de imposibles?. ¿Con que objetivo, invertir nuestro tiempo en la consecución de una fantasía?. ¿Para qué renegar de nuestra escasez de sosiego, si esta visto que tal estado es una mito entre tantos otros?. Misterio y cobardía.<o:p></o:p><br />La incesante ruleta de las necesidades nos quita la paz, y arrasa con ese endeble castillo de naipes que torpemente erigimos en el ojo de un huracán. El irrefrenable devenir de acontecimientos, sustanciales y nimios, nos afectan notablemente, esparciendo sus partículas infecciosas, devorándose finalmente nuestra atención, lapidando esa enclenque bonanza que tanto nos había costado alcanzar. <o:p></o:p><br />Somos leves y al mismo tiempo, marchamos, increíblemente, con una cuantiosa carga de bártulos invisibles. No hay quietud ni silencio que no guarde tras su apática mudez, un vértigo como obsequio por su efímero paso. La calma es una ilusión, óptica o concreta; como el cielo, como la verdad, como dios.<o:p></o:p><br />¿Por qué motivo no admitir esa realidad, y abordar a la vida con otras armas, paladeando sensaciones diversas y obrando de una manera diferente y concreta?. Amarga claridad la que muestra nuestra reluctancia a deshacernos de aquello que tan propio nos es por imposición ajena. ¡Que enorme disgusto se le debe a esta vida y a esta cultura, por rellenar nuestros primero años de ficciones, que solo preparan una bomba de eternas contradicciones!<o:p></o:p><br />¿Y la calma?. No existe, pero se la busca. Por mi parte, desisto de concebir su existencia. Con profundo pesar, sin arreboles ni envanecimientos.</span></p>Pettgushttp://www.blogger.com/profile/00987145389661196192noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-6121334874201684391.post-64710443935792656262007-11-16T02:15:00.001-03:002007-11-16T02:24:20.801-03:00Perdido, en busca del tiempo..<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp1.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/Rz0oObVNeiI/AAAAAAAAAGo/j_aYpzp2V80/s1600-h/eye.gif"><img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 261px; height: 199px;" src="http://bp1.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/Rz0oObVNeiI/AAAAAAAAAGo/j_aYpzp2V80/s320/eye.gif" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5133303378592234018" border="0" /></a><br /><p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;"><span style="color:black;">Me he quedado unos días observando el techo. Casi podría decir que me he convertido en el techo por unos días, olvidándome por completo de aquello que oficiaba como soporte de mi mirada. Y cuando no escudriñaba la abigarrada imagen del cielorraso, observaba un monitor, un colectivo, un subte o alguna ignota arteria de la ciudad.</span><o:p></o:p></p> <p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;"><span style="color:black;">De estos días conservo apenas unos pequeños recuerdos; la mar de míseros y fugaces. Unas fotos desteñidas que atestiguan el paso del tiempo y la completa ausencia de voluntad para transformarlos mediante algún sentido.</span><o:p></o:p></p> <p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;"><span style="color:black;">Hoy me he despertado un tanto irritado por el hambre y el aburrimiento. Y sin asombro he comprobado que el techo quizás, se había aburrido también de mi insistente contemplación, puesto que ya no encontraba en él aquella fascinación que lo hacia tan seductor para mis depresivas pupilas.</span><o:p></o:p></p> <p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;"><span style="color:black;">Hay lagunas que pueden extenderse en el tiempo. Hay personas que parecen vivir en una laguna permanente. Lo cierto es que retornamos a nosotros cada tanto, para descubrir que seguimos siendo siempre tan iguales e inalterables. Quizás para volver a hastiarnos de nosotros y recomenzar este interminable ciclo de amor y odio. Porque en realidad, nos fatigamos de nuestra esencia, pero nada de ella podemos cambiar cuando aquello que forma lo real, es definitivamente inferior y poco estimulante como para alentarnos a una revolución interna.</span><o:p></o:p></p> <p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;"><span style="color:black;">Hoy el techo me ha abandonado a mi suerte, rompiendo ese pacto mágico que guardaba con mis ojos. Pérfido acuerdo para desentenderse de mi. <script> <!-- D(["mb","\u003c/font\>\u003c/font\>\u003c/span\>\u003c/p\>\n\u003cp style\u003d\"margin:0cm 0cm 0pt\"\>\u003cspan style\u003d\"font-size:16pt\"\>\u003cfont color\u003d\"#000000\"\>\u003cfont face\u003d\"Times New Roman\"\>Pero aquí estoy, mal que me pese, y con cierta felicidad de reencontrarme, tan insoportablemente idéntico al de siempre. \u003c/font\>\u003c/font\>\u003c/span\>\u003c/p\>\n\u003cp style\u003d\"margin:0cm 0cm 0pt\"\>\u003cspan style\u003d\"font-size:16pt\"\>\u003cfont color\u003d\"#000000\"\>\u003cfont face\u003d\"Times New Roman\"\>Allí esta la puerta, con ese hueco que esconde las calles, la gente, el odio, el amor y la muerte. Allí voy, como en tantas otras ocasiones, a pescar recuerdos, dolores y futuras lagunas.\u003c/font\>\u003c/font\>\u003c/span\>\u003c/p\>",1] ); D(["mb","\u003cspan class\u003dad\>\u003cbr\>\u003chr\>Express yourself instantly with MSN Messenger! \u003ca href\u003d\"http://clk.atdmt.com/AVE/go/onm00200471ave/direct/01/\" target\u003d\"_blank\" onclick\u003d\"return top.js.OpenExtLink(window,event,this)\"\>MSN Messenger\u003c/a\>\u003c/span\>",1] ); D(["mb","\u003c/div\>",1] ); D(["mb","\u003cspan class\u003dad\>\n\u003c/span\>",0] ); D(["ce"]); //--> </script></span><o:p></o:p></p> <p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;"><span style="color:black;">Pero aquí estoy, mal que me pese, y con cierta felicidad de reencontrarme, tan insoportablemente idéntico al de siempre. </span><o:p></o:p></p> <p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;"><span style="color:black;">Allí esta la puerta, con ese hueco que esconde las calles, la gente, el odio, el amor y la muerte. Allí voy, como en tantas otras ocasiones, a pescar recuerdos, dolores y futuras lagunas.</span><o:p></o:p></p>Pettgushttp://www.blogger.com/profile/00987145389661196192noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-6121334874201684391.post-65848183230346734902007-10-26T13:19:00.000-03:002007-10-27T10:52:18.934-03:00Juego de cuervos<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp2.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/RyIUD9HTcmI/AAAAAAAAAGI/jqU5SB6yBTk/s1600-h/cuervitos.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5125681384078406242" style="FLOAT: right; MARGIN: 0pt 0pt 10px 10px; CURSOR: pointer" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/RyIUD9HTcmI/AAAAAAAAAGI/jqU5SB6yBTk/s320/cuervitos.jpg" border="0" /></a> Nada hay tan perjudicial y lacerante para el espíritu como aquello que le viene impuesto por el exterior. La aceptación innegable de esas directivas de la realidad, henchidas de esa mediocridad esencial que poseen y que manifiestan estrictamente en cada uno de sus emergentes, es capaz de conmover hasta el espasmo aquellas almas que adolecen un cierto vigor a la hora de contemplar al mundo y sus cínicas excentricidades. Esos que atraviesan la existencia azorados eternamente por un enjambre de invisibles tábanos; esos que babean y se estremecen, prisioneros de una rabia crónica, ardiente e insoluble; esos que no han descubierto nada, pero que barruntan el error y el desvarío de tanto teatro; todos ellos experimentan una nausea atroz frente a tales mandatos, sofocados por el bochorno de una canícula de aburrimiento e ignominia. ¡Sí!, un torbellino de anatemas los embarga, cuando ese fantasma social, esa sombra que se porta con nombre y número de documento, llama para exigir una opinión, un rol o una lamida en un sobre.<br />La política, en estos días, hará sonar su descompuesta campana, carcomida por la herrumbre y el orín de los cuervos. Su voz, distorsionada y estéril, clamará por la congregación de sus inservibles socios, para determinar el futuro de las nuevas ruinas, y la relocalización de los lupanares y los depósitos de guano.<br />No hay brújula, ni veleta, ni rama que pueda conducir al sentido de tan aprobadas incoherencias. Pero el mundo esta compuesto también de mundo, de hombres, de plantas y paramecios. Y la gran mayoría camina erguido, sin rabias ni tábanos, reventados de afectaciones y disfrazados de claques.<br />No hay mucho que agregar. Se acerca la saturnal de los cuervos. Para las manadas, un trámite; para las bandadas, una oportunidad de materializar los deseos de esa apasionada avaricia que constituye la razón de sus vidas. Para otros, tan solo un día vacío, en el que se recuerda con repugnancia, los lazos que los unen con una comunidad con la cual, nada se tiene en común. Un día teatral, con el espíritu amargado por ese choque con el delirio de la realidad.Pettgushttp://www.blogger.com/profile/00987145389661196192noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-6121334874201684391.post-22362196441774297002007-10-22T12:33:00.000-03:002007-10-22T13:05:26.702-03:00Cuervos<a href="http://bp3.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/RxzD3-HiHKI/AAAAAAAAAGA/bEnLy-eWIU0/s1600-h/Copia+(2)+de+cuervo_negro.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5124185842375597218" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/RxzD3-HiHKI/AAAAAAAAAGA/bEnLy-eWIU0/s320/Copia+(2)+de+cuervo_negro.jpg" border="0" /></a><br /><div><div>Se los puede encontrar en todos los estamentos de la sociedad. Son ejemplares autóctonos, pero de una fauna cosmopolita. Arramblando con todo a su paso, emperifollados de un negro luctuoso y un hálito parasitario, estos seres se multiplican geométricamente y ganan por un amor corporativo e imaginario, un reconocimiento tan real como nefasto.<br />A gran distancia puede percibirse el perfume de los helmintos que recorren sus avenidas corporales. La podredumbre de sus almas, les otorga el hábitat necesario para que esas agusanadas osamentas puedan atravesar la existencia, soportando la verdadera imagen de sus esencias. Tan solo una saludable abyección espiritual puede proporcionarle a dichas mentes una fortaleza tal, que les conceda matrimoniar la naturaleza de sus cuerpos con el espantoso accionar de sus instintos. El afán por la carroña, la hipocresía escatológica y el goce de los más deliciosos frutos de la miseria, solo pueden conjugarse en un ser preparado para tales bajezas; para digerirlas sin la más mínima culpa, y extraer de ellas, con los nutrientes del odio y la desesperación, una satisfacción inefable.<br />Una deletérea inercia los mueve, y los obliga a inmiscuirse allí en donde nadie los necesita. Simulando un certero mutualismo mediante todo artilugio y sofisma, estos repugnantes bichos, generan la ilusión de ser necesarios, a través de herramientas de poder desconocidas y aceptadas, solo funcionales en un ambiente de ignorancia e ilusiones. Así es como, con un manto de símbolos (de esos tan típicos en nuestras imbéciles sociedades) argumentan la imperiosa necesidad de sus presencias, y sepultan, tanto la levedad de esa razón de ser que los sostiene, como la falsedad que inequívocamente adorna sus frentes.<br />Allí donde las palabras choquen, y las ideas no encuentren posibilidad de encastrarse con la realidad, aparecerán estas aborrecibles alimañas; allí estarán, para engalanar con sus salomónicas y mortíferas sombras, aquellos espacios en los que algún conflicto desate mares de ira y torrentes de discordia. Allí es donde se corporizan, fortalecidos por las trápalas históricas que sustentan sus actuaciones. Y tan hábiles son estos seres, que imponen y enseñan a los atemorizados animales que los rodean, a respetarlos, y a contraer la vergonzosa costumbre de alimentar sanguijuelas.<br />Palabras y palabras. Libros y leyes. Sobre la abstracta inmundicia de los hombres, se regodean estas podridas masas antropomórficas. Pactando con la nada, como tantas otras fieras, han creado enormes cubiles, basados en un sedimento solidificado, de incierto origen, pero apuntalado por el dolor, el rencor, la angustia y el displacer de aquellos seres que vampirizan.<br />De seguro, lector, los has visto. Están por todas partes. Usufructuando, ferozmente y sin sentido, cuanto dilema divisen con su venenosa pupila; fagocitando sus faltriqueras del líquido que rebasa de los tanques de espumarajos, lágrimas y esputos.<br />Los has visto, lector. Suelen llamarlos “abogados”.</div></div>Pettgushttp://www.blogger.com/profile/00987145389661196192noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-6121334874201684391.post-6364209072255464792007-10-13T21:02:00.000-03:002007-10-16T13:50:49.611-03:00Eventuales concepciones del amor, en alguna tarde semejante a todas<a href="http://bp2.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/RxFdNdoO_GI/AAAAAAAAAFo/su--pHttZ_Y/s1600-h/mujermusicalgif.gif"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5120976737170029666" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/RxFdNdoO_GI/AAAAAAAAAFo/su--pHttZ_Y/s320/mujermusicalgif.gif" border="0" /></a><br /><div>La idea del amor es una constante en la vida. Cada tanto, en algún crepúsculo, o caminando por algún paraje solitario, éste tópico nos asalta; y con él nos sentamos a disertar sobre su existencia, su naturaleza, y su completa indefinición. Siempre vuelve a nosotros; aún luego de haberlo defenestrado en alguna ocasión, abrigados por el espasmo de un desgarro insostenible. Pero retorna, y aunque el odio también se siente a esa mesa a degustar el tema, el amor será eternamente una polémica sabrosa que nos robe más de unos minutos en su estéril dilucidación. Es un juego morboso, y una de tantas manías filosóficas.<br />Unos días después de haber hablado con el “Flaco” en aquel banco de Primera Junta, lo crucé por las calles de Palermo. Pensé que iría al Kentucky, como solíamos hacer de vez en cuando. Pero a unos metros, y antes de interceptarlo, me detuve. Maquinalmente se dirigió a una esquina, Juan B. Justo y Santa Fé, y allí, mirando en derredor se quedó paralizado. Cuánto le costaban estas cosas al Flaco. Sabía, que un viento, un Virgilio, arrasaba sus pasos, lo alivianaba y lo conducía inevitablemente hacia su Beatrice. Cielos e infiernos sobrevolarían en el limbo de su mente, y sus certezas y dudas, pensé, estarían licuándose en esa vorágine hormonal. Finalmente ella se presentó, se besaron largamente, y munidos de una inconsciencia que borraba todo cuantos los rodeaba, se fueron, perdidos en la fruición de ese placer que habían encontrado. Sí, gozarían, imagino, del hecho de experimentarse a si mismos en tal momento, sin percatarse de los umbrosos anales que arrastraban y las debacles que la vida les había imprimido en los rostros. Ese minuto de olvido y melifluo paroxismo, es el producto que el amor nos vende, y que casi irremediablemente, compramos. Aún a sabiendas de los costos adicionales y de esa fecha de caducidad que se esconde en algún pliegue. ¿Pero cómo no hacerlo?.<br />Sin dudas el Flaco, por la fragilidad de su topografía mental, estaría de seguro sintiendo este particular capitulo de su vida con una energía feroz. Tenía la certeza de que en su mente, tan amante de las fantasías y las tristezas, este amor se potenciaría, quizás, de manera peligrosa. Pero de todos modos, paladeaba cierta felicidad por su estado. Tantas cosas nos unían y nos separaban en nuestra amistad. El amor, para mí, siempre había sido un tango en patines. Enloquecido en la inquisición minuciosa de las afectaciones ajenas, me veía imposibilitado de gozar de aquellos que me sucedía. Ningún romance tardaba en convertirse en un deja vu de todos los anteriores, infectado de inercias protocolares y especulaciones actorales.<br />Pero lo importante, era que el Flaco estaba en su nirvana amoroso, en la convulsión y el frenesí que el sentimiento le estaba obsequiando. Yo sabía que temía, y que su mente lo estaría jaqueando todo el tiempo. Pero algo lo mantenía estoico en esa postura. Una deuda saldada con la existencia. Un hecho que no quería perderse; el de comprobar la capacidad de sus sentidos, y la influencia de esa esplendente realidad sobre la oscura densidad de su espíritu. Iluminaciones y reverberaciones. Allí estaría el Flaco, contemplándose y explotando esos terrenos yermos, en busca de algún vergel de jauja. Sabía que de esa aventura del sentir, de esa investigación de si mismo, tomaría fuerzas para continuar en una odisea a la que tanto había rehuido en el pasado. Un alquimista, un romántico sin melindres; eso era el Flaco. Pero como a casi todo neófito, la sustancia lo había sustraído. Algunos “Eureka”, no pueden mas que devorarse a sus descubridores, e incinerarlos en su propio paraíso.<br />Entré en el Kentucky. Allí, no había nada de amor, ni de arte. Pensaba en la fortuna de mi amigo. En las mil puertas que tendría delante; en el pérfido olvido de sus cuidados; en las convicciones que sabía, nunca lo abandonarían, pero que obviaría, sin más, para destruirse al menos una vez, en un idilio divinal.<br />Como tantos otros divagues filosóficos, la idea del amor y sus implicancias se había apersonado delante de mí, como en otras mil oportunidades. Como una reiteración vana, como un bumerán candente. Como ese mozo que se aproximaba de mala gana para traerme el cortado de siempre y que tanto despreciaba; pero que inevitablemente, volvía a ver. Debilidades nos sobran, y sus raíces se fortalecen, libando la hiel del aburrimiento, y de nuestra perpetua e inextricable confusión.<br />El Flaco estaba viviendo el romance de sus días, con la intensidad que ameritaba ese caso en especial. Porque ése sería a la postre, su gran romance; y el último e inconcluso. </div>Pettgushttp://www.blogger.com/profile/00987145389661196192noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-6121334874201684391.post-35214502123683318532007-10-04T13:10:00.000-03:002007-10-04T13:16:26.005-03:00Metaviajes<a href="http://bp3.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/RwURyWFD9dI/AAAAAAAAAFg/IaLpJPq0apQ/s1600-h/ciegosgif.gif"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5117516108194379218" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/RwURyWFD9dI/AAAAAAAAAFg/IaLpJPq0apQ/s320/ciegosgif.gif" border="0" /></a><br /><div>Me encontraba absorbido por el encanto hipnótico que me suelen convidar los medios de transporte. Mi mente, en ocasiones como esas, reacciona automáticamente, generando una sólida dispersión; nublando mis sentidos con su fiebre conceptual. Inevitablemente, mi atención se disuelve. Quizás por un reflejo defensivo; una imperiosa necesidad de fuga que facilite la convivencia entre los demás seres. En cierto sentido, es el estado de ánimo el que define la suerte de nuestra travesía, y la manera en la que resolveremos su experimentación. Por mi parte, las barajas suelen repartirse entre la ensoñación leve, el ensimismamiento amnésico o el ilapso lancinante.<br />El cartel de la estación “Castro Barros” hirió accidentalmente mis pupilas. Se instaló delante de mí; y allí, apareció la imagen del vagón del subte. Y con ella, retorné a la vigilia, y caí en la cuenta de que la formación estaba abarrotada de esos simios alopécicos que tengo como congéneres.<br />Tres chiquillos hicieron su aparición en aquella móvil sentina. Sus rostros céreos exhibían la jaspeada impronta del pauperismo como empapelado corporal. Sus movimientos, desacompasados y torpes, manifestaban ese otro viaje por el tren del marasmo ilusorio, en el narcotizado sueño de los que existen en una total ausencia.<br />La escena de los tres ribaldos embriagados de tolueno no supo encontrar la brújula que la encaminase hacia mi asombro. Pero por algún arcano motivo, se devoró unos minutos de mi interés. Nadie en aquel vagón, acuso recibo de haber sentido tan siquiera la presencia de aquellas tres pequeñas efigies de la decadencia. Quizás, la contemplación de los parias, en forma prolongada e inevitable, instale marmóreas paredes en las conciencias. O paredones en algunos casos. Imagino que por una cuestión de tranquilidad, la mente exige filtros de invisibilidad; descompuestos cristales que apacigüen los calambres del paisaje. Entre la ceguera de los feligreses, los divisaba, con esa eterna opacidad en sus caras. Bien podría decirse que hasta sus colores sufrían esa hambruna que aniquilaban con sus bolsitas de pegamento. ¿Sabrían acaso, que estaban formando las filas de la hez de la sociedad?<br />Siguieron gallofeando hasta la estación Plaza Miserere. Los fingidos ciegos, hicieron vibrar al vagón con el suspiro general que coronó la partida de esos niños. El sosiego de esa desaparición, se reflejo en todos los frontispicios del pasajerado. Yo había observado a esos miserables párvulos con algo de perplejidad. El más pequeño, tendría unos seis años. Y pocos por delante. El resto de los viajantes, se entretuvo en la reiterada y simulada lectura de alguna publicidad. Sé que no quisieron verlos. Maquillados de mugre y peripuestos con tales despojos, la pena y la repulsión se habrían confundido en sus mentes a la hora de ponderarlos. Aquellos ilotas montaraces, alucinando lejos del hambre y la necesidad, constituyeron uno de esos acicates que quitan el sueño, por conmiseración y terror. Quizás no solo los vieron, sino que hasta oyeron el rechinar de las cadenas de esa celosa pobreza que los mancipaba.<br />Volví a encerrarme en mis elucubraciones. Eran mis ojos, entonces, los que necesitaban interrumpir sus funciones, y alejarse de aquellos ciegos.<br />¿Sabrían acaso, que estaban formando las filas de la hez de la sociedad?. </div>Pettgushttp://www.blogger.com/profile/00987145389661196192noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-6121334874201684391.post-27586335328798343012007-09-23T20:08:00.000-03:002007-09-23T20:19:02.236-03:00Delirio primaveral<a href="http://bp2.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/Rvbz2OrixJI/AAAAAAAAAFY/bHvej1CDZmI/s1600-h/flores_secasgif.gif"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5113542539904992402" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/Rvbz2OrixJI/AAAAAAAAAFY/bHvej1CDZmI/s320/flores_secasgif.gif" border="0" /></a><br /><div>¡Ha llegado la primavera!<br />¡Oh, primavera, estación poética!. Buenos Aires te recibe hoy con 13 grados y un viento capaz de pelar, sin mucho esfuerzo, la cabellera de los árboles.<br />Han pasado apenas unos días del cambio de la estación. Los festejos insufribles han tenido lugar en casi todos los espacios verdes de la ciudad. Y como corolario y evidencia de tales festividades, un basural impresionante se cierne por toda la fisonomía urbana, para el orgullo de una comunidad indolente, y el aplauso de las agradecidas ratas.<br />¡Oh si, grandes bacanales han acontecido!, plenas de un júbilo de incierto origen y sospechosa justificación, las fiestas juveniles han apabullado a la ciudad, que contenta, veía con sonrisa descompuesta, el desparpajo de tan absurdo festín. Afanados por ese mínimo permiso para esconderse de las miradas correctivas, los jóvenes ha salido ha cantar sus panegíricos a la estación del amor, embriagándose con vino de ramplón, y haciendo cuanta obra de arte pudiera pergeñar el cerebro de un badulaque.<br />¡Oh, retoños de mi pago!, que inmunda ternura me nace al verlos gozar de tal libertad, bajo la égida de esa ignorancia tan necesaria, que la juventud y su falta de responsabilidades le entrega a los adolescentes para no desear la muerte a temprana edad.<br />¡Oh, ángel de lo pueril!, cuida a estas criaturas inermes, puesto que con este cariño que poseen por las conductas gregarias y sin fundamentos, harán de si mismos, intachables ciudadanos del futuro; perfectos engranajes para un sistema de idiota complejidad.<br />¡Oh, primavera, estación fraternal!, entre tanta flor, salutación y pose, ¿Podrá tu hechizo apagar tanta angustia y decepción, ante una realidad que parece no estar al tanto de tu invento?, ¿Podrá tu mágico polen, endulzar las agrias flores que adornan los corazones de aquellos que desesperan?.<br />¡Oh, malévolo sarcasmo!, qué no daría para desterrarte de mis dedos. Pero claramente ves que la contemplación de algunas manifestaciones sociales, me obligan a utilizarte, como la herramienta por antonomasia para su descripción.<br />¡Oh primavera!, ¡Oh, construcciones de nimia felicidad!<br /><br /><br /><br />Mientras escribo, oigo tu llanto...<br />y enloquezco pensando la pósima que se lleve...<br />de una vez por todas...<br />ese tormento que se ha ensañado contigo... </div>Pettgushttp://www.blogger.com/profile/00987145389661196192noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-6121334874201684391.post-807331318134748762007-09-17T00:43:00.001-03:002007-09-17T00:48:29.884-03:00Esos dolores tan viejos y tan nuevos<a href="http://bp0.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/Ru34HCPJ2qI/AAAAAAAAAFQ/DvWU7NLtOmw/s1600-h/bolagif.gif"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5111013951878584994" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/Ru34HCPJ2qI/AAAAAAAAAFQ/DvWU7NLtOmw/s320/bolagif.gif" border="0" /></a><br /><p></p><br /><p>El dolor tiene la maldita facultad de alimentarse de cuanta vertiente divise a su alrededor. Una imagen, un sonido, un astroso recuerdo, todo sirve para actualizar el estado de pena que nos erosiona el corazón, y nos transporta a ese inmóvil infierno del padecimiento.<br />En esta puerca vida, hay hechos que nos estampan el beso ponzoñoso de su existencia, y nos asestan ese grillete de hierro que impide su olvido, y que nos deja desamparados ante su eterna y enfermiza evocación. Anclados en la incertidumbre de devorar siempre su carroña, rodamos una y mil veces en su carrusel, para sentir siempre ese viejo dolor, y revivir otras tantas veces, aquella intensidad que tuvo en su minuto de funesta gloria.<br />Hoy no he tenido que salir a ningún lado. Lo haré luego, cuando tenga que internarme en ese temporario Bicetre laboral en el cual tengo que expiar la culpa de haber nacido en esta época. Por este motivo, me he entregado a recordar viejas situaciones de la vida. Fumando mis energías, repantigado en la cama, he abierto la puerta de los recuerdos muertos, para descubrir que siguen tan vivos como siempre a la hora de inseminarle su veneno a mi animo. ¿Por qué demonios poseen esa inmutable fuerza?, no lo se. Pero siempre que hacen su performance en mi mente, parece no haber telón que baje del todo, ni publico que los despida, sino más bien, un silencio perenne que con su presencia pide un bis interminable.<br />¿Por qué causa esas reminiscencias mantienen esa lozanía inmarcesible a la hora de aplicar su castigo?, nunca lo sabré. Pero todas aquellas anécdotas que almaceno en mi memoria, tienen una vivacidad inquietante a la hora de recordarme un mal trago, y hacer que se reestablezca esa amargura primigenia, como si todo ocurriese de nuevo; o como si nunca hubiese dejado de ocurrir en alguna dimensión de mi ser. Parece realmente enfermizo que, no contento con cosechar angustias en la actualidad, se encarnice uno con saturar las pocas de horas de sosiego con hechos del pasado, de concreto y doloroso presente.<br />Pero aquí están. Estoicos e incólumes, perpetrando esa fechoría de no querer abandonar esa vida abstracta, que los dominios de mi mente parecen facilitarles. Quizás, el hecho de que uno sea muy similar al que fue antaño, les otorgue a esos cúmulos de bazofia mnemónica, un hábitat feraz, en el cual holgar eternamente.<br />No lo se.<br />La hora de partir se acerca, y con ella, el trabajo de seguir aprovisionando a esa saturnal de quimeras y espantos que es la mente. Por desgracia, como tantos otros, tengo algo de aquel “Fúnes, el memorioso” de Borges. Y quizás también, unas hirientes memorias del subsuelo, que no hacen mas que dialogar conmigo, obsesionándose en la hermenéutica de los hechos que rellenaron mis días. Por supuesto, no sin regodearse en la composición de humillaciones y examinando minuciosamente las mil caras del fracaso.<br />Allí estuvieron y aquí estarán, mis viejos dolores, tan jóvenes como siempre. Imagino que deberé convivir con ellos toda la vida. De más esta decir, que uno también se forma con esos materiales. Son parte de uno, y se irán cuando uno desaparezca.<br />Se acabó el tiempo de ocio, y la jornada me espera. Quizás Baudelaire tenía razón, y trabajar tenga esa miserable función tan necesaria de combatir el tedio. Ése veneno de las horas despobladas, pletórico de ecos y crueles espejos.</p>Pettgushttp://www.blogger.com/profile/00987145389661196192noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-6121334874201684391.post-71273482572248318262007-09-11T12:59:00.000-03:002007-09-11T13:10:08.283-03:00Pasajeros del silencio<a href="http://bp1.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/Rua76y8evBI/AAAAAAAAAFI/tgr5kEWqJiI/s1600-h/silenciogif.gif"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5108977446080658450" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/Rua76y8evBI/AAAAAAAAAFI/tgr5kEWqJiI/s320/silenciogif.gif" border="0" /></a><br /><p></p><br /><p>Estábamos sentados en un banco en Primera Junta con el Flaco. La bóveda, extasiada de nimbos amenazadores, ofrecía una penumbra empalagosa, de esas que generan cierta pesadez mortuoria a los movimientos. Los anónimos peatones, se desparramaban por la plazoleta, con una prisa diabólica, para desaparecer entre el tumulto, ganar un colectivo o simplemente, sepultarse en el subte.<br />Por una de esas casualidades tan especiales que nos unían con el Flaco, ambos compartíamos la escena sin mencionar palabra. Algo nos compungía, y cada cual con su historia, observaba la realidad envuelto en cavilaciones e idealizaciones analíticas, hijas del más consistente hastío.<br />Hay convicciones, a veces transitorias, de apopléjica influencia, que nos sumen en silencios flagelantes; plenos de resignaciones y sensaciones de esterilidad, muchas de nuestras ideas enmudecen ante esos silencios, por ese tenor de imaginaria e inequívoca certeza que poseen, y que vuelve a las palabras inanes artilugios mentales.<br />Absorbidos en la nada, con un elenco de palomas litigando por un mendrugo delante de nosotros, el día transcurría inerte, singlando como de costumbre hacia un rumbo consabido y a la vez, desconocido; con esa ambigüedad típica de su vació, que parece mostrar mil caminos, y que sin embargo, confluyen a la postre, siempre en el mismo y escuálido norte.<br />No recuerdo bien por qué nos habíamos sentado allí, pero si recuerdo que fue el Flaco el que indico el lugar. Imagino que ambos teníamos ganas de compartir un rato de soledad, para intercambiar finalmente alguna noción extravagante sobre lo que sucedía. Comprendí, luego, que algo estaba intentando decirme el Flaco. Aguardaba, bajo el falaz sosiego de esa reserva, el momento de irrumpir con algún discurso inconexo, como frecuentaba hacer. Cuántos silencios compartimos. Cuantas horas entregados a escuchar el bullicio, sin percatarnos de lo que nos rodeaba, sumergidos en la tarea de descifrar lo indescifrable, transitando los umbrosos pasillos de la reflexión. Pobre Flaco, pensar que un tiempo después, el silencio seria su patria final, y mis reflexiones y recuerdos, su único e inevitable espacio.<br />Como el numero de personas que deambulaban por Primera Junta se incrementaba, y así mi fastidio, no pude más que impeler al Flaco a que rompiese el mármol de sus labios y se dignase a decir aquellos que ansiosamente callaba.<br />Me miro un instante, con esos ojos siempre rebosantes de pena, y con gestos de ostensible torpeza, atrapó su cara en la reja de su mano, y perdiéndose en un punto cualquiera, leyó aquello que en su mente se había escrito.<br />“Algo me sucedió en este mismo banco, hace unos días. Juro que no sé aún cómo llegué hasta aquí ese sábado. Al espíritu, eventualmente, lo llevamos arrastrando, y nos pesa, y nos constriñe a soportar su holgazanería; en otras ocasiones, lo llevamos sobre nosotros, y nos incomoda el paso, y los movimientos, aturdiéndonos con su presencia. Pero, amigo, creo que así también, puede suceder que una explosión incomprensible, desate su delirio, y lo haga correr por delante de nosotros; llevándonos a puntos impensados, exponiéndonos a situaciones que otrora resistíamos. A veces, nos engañamos, o nos cansamos de ser quienes somos. Y no entiendo aún por qué, la última palabra la tenemos nosotros, cuando ya todo ha sucedido. Te confieso con extraña alegría, que la vida me ha deparado, en este mismo banco frente al monumento, un asombro. Un ser, un hermoso ser, se ha inmiscuido en mis pensamientos. Una nueva sensación me ha recorrido, y juro, que no esperaba nada como ello, tu lo sabes bien.<br />Bien, no se que más decirte, porque me encuentro en la dura tarea de comprender, y comprenderme”.<br />Callamos, y seguimos en nuestros viajes catalépticos. No mencione palabra. Sé que él, no las esperaba de mi. Sabia muy bien que estaba entrando en contradicción con sus dogmas. Y tenia muy claro que los míos eran definitivamente peores a los suyos. La morbosa sensibilidad del Flaco era un tema a discutir. Pero qué podía decírsele, si ante tamaña tristeza que la vida le infligía todo el tiempo, no intentase involucrarse en nuevas sensaciones, participando íntegramente en cuestiones de alquimia corporal, llámese locura o amor. Si, temía por las nuevas tribulaciones a las que se expondría; pero él de seguro, estaría al tanto de ello.<br />Me levanté, y visto que no demostraba intenciones de moverse, lo abandoné a su confusión sin saludarlo. Era común entre nosotros entender nuestras necesidades de soledad. Y el Flaco se quedo allí, en su mítico banco, a la espera de mil pensamientos, con un asombro en sus estanterías, y dispuesto a explorar esas nuevas habitaciones de su alma.</p>Pettgushttp://www.blogger.com/profile/00987145389661196192noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-6121334874201684391.post-56790415420425113892007-09-06T12:51:00.000-03:002007-09-06T13:05:49.033-03:00Penitencias, y la apócrifa dignidad del trabajo<a href="http://bp1.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/RuAjWS8evAI/AAAAAAAAAFA/KVYbm76zmaE/s1600-h/buenosnochegif.gif"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5107120843387747330" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/RuAjWS8evAI/AAAAAAAAAFA/KVYbm76zmaE/s320/buenosnochegif.gif" border="0" /></a><br />Son casi las dos, y en el centro de la capital, unas pocas almas se animan a merodear por sus silenciosas calles. Buenos Aires tiene otra cara en la madrugada, un rostro desencajado y siniestro, anegado de vació, con parvas de basura que maquillan las esquinas, linyeras retozando en los rincones menos esperados, y gente sin caras que parece dirigirse a ningún lugar, impulsados por una inercia insondable.<br />El transporte público, sagrado privilegio de los pobres, depara odiseas ingratas a quienes osan gozar de sus mercedes. Con un cigarrillo atenazado en los dedos, observo esa esquina que de un momento a otro, me tiene que otorgar la tranquilizadora imagen del autobús que me alejará de este sitio. Cada minuto, en el espesor de esas noches anónimas, nos genera más ansiedad por huir de ese hacinamiento tan insoportablemente cargado de desamparo. Y cada cigarrillo es un deseo; y la premura incita. Pero el autobús no viene.<br />Un trabajo me ha depositado en esta situación. Un horario delirante ha jugado una vez mas con mi desesperación para ridiculizarme como a tantos otros cristianos, haciéndonos girar como derviches autómatas, por esa maldita necesidad de liquido.<br />La hilera de semáforos que marcha por la avenida, ofrece una indigente ilusión de infinito; Las luces sincronizadas, oprimen los sentidos, y mueven a la sensación de encontrarse en un tenebroso túnel por el que realizamos un viaje estático. Allí, lejos, se encuentra aquello que necesitamos. Siempre lejos y en algún lugar remoto.<br />¿Por qué llegar a esta altura denigrante, desentendiendo todos nuestros deseos, atropellados por esta ineludible exigencia laboral, que tanto tiene para uno, de traición y prostitución?. ¿Es necesario abandonar la propia vida, limitar el ocio y los placeres, y postergar todas aquellas cosas que puedan hacernos bien, por un miserable sueldo y una medalla de buen burgués?. ¿Qué nefasto plan ha perpetrado esta sociedad, para erigirse como una organización impiadosa, que entrega a sus integrantes a una descomposición espiritual, hundiéndolos en un mar de limitaciones y directivas que solo pueden conducirlos a una vida insulsa, de constantes aplazos y eternas cavilaciones?. Esas putrefactas fauces, que de tanto en tanto solemos sentir despedazando nuestros cuerpos, nos mastican incesantente, pulverizando aquello que podamos tener de genuino, rescatando solo aquello que de nada nos sirve, de tan vano y funcional.<br />Horarios irrisorios, labores alienantes, prisiones invisibles y olvido de si mismo, son las flores que esta sociedad nos obsequia generosamente. ¿Y todo para qué?. Misterio.<br />Ya son las dos y media, y el día que ha muerto ha quedado en un olvido tan miserable que es mejor jamás recordarlo. Huero y sin relieve, ha sido otro lapso de nuestras vidas que hemos ofrendado a ese dios idiota que nos comanda con su locura monetaria. Y este día nuevo, ha nacido ya tan atrofiado, que su destino será el de asemejarse al anterior, pleno de naderías y loas a nuestro relegamiento.<br />Cuanto asco y pena se sienten en la boca. Y no hay cigarrillo que pueda quitarnos ese sabor a humillación que cada tanto, nos emerge de lo más profundo. No se si mañana volveré a este trabajo insufrible. Cuanto bien le haré a mi vida apartándolo de mi vista. ¡Pero qué vía libre le daré a mi marginación económica!, y que cálido ósculo le asestaré a mi futura carencia. Contradicciones indescifrables que esta época nos presenta como retos ineluctables.<br />Sobrevivir, o vivir con menesteres y abarrotado de búsquedas.... ¡oh, mortificante dilema!. Y este colectivo que no viene más, y que no si mejor, deba abandonarlo y delegar mi vida a la herida voluntad de mis pies.Pettgushttp://www.blogger.com/profile/00987145389661196192noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-6121334874201684391.post-62985727388386263502007-08-29T14:30:00.000-03:002007-08-31T15:12:30.997-03:00Ícaro, y el sol de las pasiones<a href="http://bp2.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/RtWtiS8eu_I/AAAAAAAAAE4/TFVtsj5IqUU/s1600-h/icarogif.gif"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5104176557406993394" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/RtWtiS8eu_I/AAAAAAAAAE4/TFVtsj5IqUU/s320/icarogif.gif" border="0" /></a><br /><p></p><br /><p>En el pavimento se dibujaban unas líneas irregulares, que solo adoptaban una determinada armonía al encausarse en los intersticios del adoquinado. La ofrenda artística, de abnegada obligación, la brindaba un exiguo sujeto, en trance de abandonar su último suspiro. La majestad de su pincel, no respondía a los cánones de ninguna corriente pictórica; más bien podría decirse, que se liberaba de su conciencia como torpemente lo habían intentado los surrealistas. Pero ya no tenía conciencia. Su material, el denso crúor de su interioridad, entregaba su trazo en un sacrificio ajeno, de espontaneidad absoluta y ejecución desafectada.<br />No había conejitos, ni sweaters a lo Cortazar; solo un cuerpo desparramado en plena calle, recién llegado de un piso 10, diseñando garabatos de sangre a pleno sol. ¡Qué bello sol en aquella tarde!<br />Con el “Flaco” nos habíamos detenido a observar la escena del suicida. No puede negarse que este tipo de acontecimientos, revuelven todos los anaqueles de nuestra mente, y nos sumergen en la oscura labor de reflexionar sobre algo que ya no puede cambiarse.<br />El rostro del muerto, congelado en una mueca de horror, lucía ya ese hálito de cosa que adquieren quienes pierden sus vidas.<br />“¿Cuál habrá sido su ultimo pensamiento? – deslizó tibiamente el flaco- puesto que en esa grotesca mascara que antes fuera un rostro, se adivinan, no solo las fustas de la desesperación, sino también, el eco de una intranquilidad de ultratumba. Quizás tendría tal seguridad en no conseguir nada con su aniquilamiento, que hasta ese hecho hizo que perdiera todo sentido, y pasar de vida fuera tan solo, una tímida e infructuosa panacea para su espíritu.”<br />Con tal derroche de solemnidad, no pude más que desentenderme de la perorata del “Flaco”. Pero en algo tenía razón, sin más, y es que en aquella superficie deformada que fue una cara, se leía una resignación atroz, un vacío insostenible, y esa fatiga desdeñosa de quienes prefieren irse al mazo, a recibir cartas y seguir perdiendo. ¿Pero qué es ganar, y qué es perder?. ¿Y qué objetivo perseguía este reventado tahúr?; ¿Y qué si a uno no le gustan las cartas?. La batalla argumentativa en este plano, tiene tanto de certeza como de levedad. Las respuestas estaban impresas en el asfalto. La exégesis de dicha obra, se convertiría de allí en adelante, en una eterna y bizantina disertación para las tardes grises.<br />Ambos desconocíamos totalmente la identidad del difunto, más allá del estado calamitoso en el que se encontraba actualmente. Pero era imposible no pensar en esas cosillas que habría dejado pendientes, y en todo aquello que nacería de un ditirambo a la nada como el que había ejecutado nuestro desvencijado protagonista. Y ahora, ¿cuántas escenas tendrán lugar, gracias a este trágico disparador de emociones?. Muchas imágenes abarrotaron mi pensamiento, y taciturno, me puse a fantasear.<br />Habrá más de uno, pensé, que se morderá el labio inferior, recordando la mezquindad del afecto aburguesado, que conduce a la cicatería de las demostraciones afables. Sinceros o no, algunos “te quiero”, quedarán en el tintero de la inutilidad, para ser versados mas tarde, con el aliento entrecortado, fijando la vista en un nombre en el mármol. También quedarán por allí, muchos saludos que no se dieron. De esos que se omiten sin intención, en uno de esos instantes en los que olvidamos nuestra carencia de inmortalidad, y negamos en absoluto, para vivir tranquilos, que quizás esa sea la última vez que veamos a ese rostro. Tampoco faltarán aquellos que por alguna mínima rencilla, o un distanciamiento circunstancial, deberán penar ese lapso nulo y final, que será siempre recordado como una cruz, como un ilógico reproche pletórico de culpas ante lo irremediable. Y así, habrá...<br />Y habrá algún perro, ensimismado, oteando el horizonte fijamente, que deberá aprender a convivir con las ausencias, y postergar sus efusiones amorosas, esa eufórica fiesta de reencuentro, sine die. Y habrá un plato sobre alguna mesa que devendrá inútil; y la sola contemplación de su plana estampa, luego de la noticia, provocará un terror tal, que ya nadie podrá desterrar de su mente esa ígnea postal de la vacuidad irreparable; nunca, jamás, ese lugar volverá a ser el mismo. Habrá también un cuerpo, extraviado entre las casas, que en vano aguardará la consumación de su concupiscencia, y que incursionando en alguna fruslería, pasará unas horas llanas, sin percatarse en lo mas mínimo, de esa marea de sufrimiento que viene doblando la esquina. Y así, habrá y habrá....<br />Habrá unos padres que se desayunarán el incalculable dolor de sepultar al producto de sus deseos juveniles, y que envueltos en una turbación sin regreso, lanzaran juramentos a un cielo que tan solo se encontrará allí, arriba, por cuestiones ópticas y delirios atmosféricos. Y no faltará algún hermano, imagino, que se anegará de incomprensión, y que aturdido por esa tormenta de culpas injustificadas, jugará a la ruleta de las causas, hasta que el tiempo sea capaz de difuminar ese calvario y comprenda que las explicaciones no se apuntalan en algunos terrenos pantanosos. Y habrán amigos que se vestirán de negro, y azorados por tan brusca decisión, llenarán sus bolsillos de anécdotas, para adornar las vivencias de un ser, que de repente, adquirirá color, y se convertirá en el protagonista de mil situaciones olvidadas. Y así....habrán y habrán...<br />Y habrá quizás un libro que jamás será acabado, y una guitarra que dormirá un sueño prolongado; abrigada por esas malditas opresiones mentales que disfrazan a las pertenencias de los difuntos con una dolorosa manta de sacrilegio. Y así...<br />“Se acabó el espectáculo”, dijo un paramédico, que ocultando la faz del desaparecido, ponía en funcionamiento la maquinaria del olvido.<br />Ambos permanecimos unos minutos en silencio. Esa palpable sensación de muerte que parecía olerse, nos hermanaba en pensamientos comunes: la envidia del que ya no sufre, la alabanza de las agallas, el repudio a la cobardía, el asombro ante las explosiones de soberbia de una voluntad en decadencia. Todo aquello tenía sentido y causaba indignación al mismo tiempo.<br />“Era su vida -dijo el flaco- , un alma ansiosa, amante de los atajos. ¿Qué inefable hecho le habrá multiplicado el dolor de manera tal que ya no cupiese en su ser?, jamás se sabrá. Pero esa sed del espíritu, de la cual todo ignoramos, puede llevarnos sin esfuerzos, a forjar la tentativa de saciarla a como de lugar; aún, con la absurda pretensión de beberse el mar. Y con él, a si mismo".<br />“Ya está – respondí-, Durkheim de seguro tendrá algo mejor que decir; pero sinceramente, no me importa. Por algo lo habrá hecho. Ésta ha sido su última e indiscutible explicación”.<br />El sol repartía generoso su resplandor, en un día de fulgor descomunal. Su calor, activaba el funcionamiento de la ciudad y sus seres. Y cada uno con su sol, ardía a su manera, columpiándose entre el esplendor, el encandilamiento, o la simple consumición. ¡Qué hermoso sol había aquella tarde, junto al suicida!. Ya el astro alumbraba a esa vecina que baldeaba la vereda, y a esos perros que mansamente, lamían los residuos de la obra de arte. Mientras, rumbo a la morgue, una bolsa henchida de miasmas, encendía la mecha de una bomba de sucesos y lágrimas.</p>Pettgushttp://www.blogger.com/profile/00987145389661196192noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-6121334874201684391.post-87785610024251634912007-08-18T10:40:00.000-03:002007-08-19T12:30:59.610-03:00Paseos artificiales<a href="http://bp3.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/Rsb4o2rM9eI/AAAAAAAAAEw/I5MDlob-E0M/s1600-h/magritgif.gif"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5100037008798840290" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_vNmA4gLOSmQ/Rsb4o2rM9eI/AAAAAAAAAEw/I5MDlob-E0M/s320/magritgif.gif" border="0" /></a><br /><p>En ocasiones, cuando mi intrincada mente se muestra reticente a callar, divago como un chiquillo, y me entrego a la creación de ideas imposibles y a la vivencia de sucesos tan absurdos, como poco factibles. Caminando por Belgrano, viene a mí un pensamiento disparatado. ¿A quién me gustaría encontrar aquí, en plana calle, para ponerme a disertar sobre la vida?. De seguro, esta es una de esas tonterías que han sobrevivido de mi niñez y que aún perdura en mi actualidad. Quizás de no ser por este tipo de delirios, ni una de mis palabras existiría. La energía que impulsa tanto trabajo inexplicable, yace en ese prurito por los juegos de la mente, y el placer que puedan generarnos al jugarlos.<br />¿A quien me gustaría encontrar aquí, caminando por Juramento?. Hoy, con una limpia noche de invierno, que con su esplendente luna, le regala una pequeña luz a cada adoquín de la calle, pienso que sería muy agradable encontrar a Baudelaire. Lo vería seguramente, detenido en una esquina, con esas marcas en su rostro que solo un dolor sincero e inescrutable pueden estampar. ¿Tendría ganas de hablar el poeta?. Imagino que no, pero de todas formas, buscaría la manera de romper esa cerrazón, y establecer un dialogo. Ahora, ¿Por qué Baudelaire?. Porque siempre tuve una cándida admiración por su forma de ver el mundo, y sobre todo, por esa increíble destreza para traducir lo que el dolor significaba. Sin dudas, encontrarse con Baudelaire, es encontrarse con un hombre contrariado fatalmente, sin posibilidad de hallar subterfugios a su tristeza, encerrado en una vida de pesares que finalizó por aceptar como las columnas de su póstuma magnanimidad.<br />Caminaríamos unas cuadras, despotricando contra el universo por su incomprensible imperfección, compitiendo lealmente por demostrar la mayor capacidad de pesimismo, e intercambiaríamos luego, nuestros más preciados tesoros del arcón de las frustraciones. Y él en algún momento, me hablaría sobre el amor. Me contaría, con un perfume de vacío en su mirada, aquello que esa extraña materia destila del espíritu; me hablaría sobre las explosiones magmáticas que provoca en el interior del cuerpo, y el ardor que puede experimentarse, cuando el corazón se cuece solo, bajo esa lava, al extender sus brazos a la nada. ¡Oh, Baudelaire!, de cuantas penas, resignaciones y humillaciones me hablarías, si pudiera encontrarte aquí, para compartir unas calles y combatir el tedio de esos momentos en los cuales, tenemos que movilizarnos.<br />La parada del colectivo es el final de mis monólogos caminantes, y el comienzo de los monólogos de viaje. En la esquina diviso a un hombre. Perdido en la noche, me inflige su obstinada mirada. ¿Qué cosa estará haciendo allí, tieso y silencioso en aquella encrucijada?; ¿Estará también esperando por un espectro para poder olvidarse un poco de sí, hundiéndose en charlas imaginarias?; ¿Será acaso, el mismísimo Baudelaire, mirando ansiosamente para todos lad