tag:blogger.com,1999:blog-56606233171076370602008-08-16T18:40:46.856-07:00La vida es cuento©Claudia Isabelhttp://www.blogger.com/profile/07226118727091110690noreply@blogger.comBlogger19125tag:blogger.com,1999:blog-5660623317107637060.post-37659081288020026212008-08-06T14:46:00.000-07:002008-08-06T15:47:36.795-07:00El ojo único del gato (inspirada en El gato negro)<a href="http://4.bp.blogspot.com/_E2gLn4ONy98/SJop75VUFCI/AAAAAAAAAuM/G6UWirKMGxQ/s1600-h/EL-GATO-NEGRO4%5B1%5D.jpg"><img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://4.bp.blogspot.com/_E2gLn4ONy98/SJop75VUFCI/AAAAAAAAAuM/G6UWirKMGxQ/s200/EL-GATO-NEGRO4%5B1%5D.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5231540026123490338" /></a><br /><div align="justify">Me pasé toda la noche dando vueltas, transpirando hasta empapar la almohada, sin saber el motivo. Al despertar las pesadillas se borraron de mi memoria sin dejar el mínimo rastro, no era común, porque siempre recordaba y me gustaba contarles a los demás mis delirios oníricos. Morfeo era un amigo, me daba lo que despierto no podía tener: Un par de ojos azules. Tendría que conformarme con tener uno, y de color pardo.<br />El día venía raro por los resabios de una noche larga que quedó en blanco. Fue después de desayunar que escuché los primeros maullidos. Al principio pensé en gatos peleando por la misma hembra, pero luego de un rato advertí que se trataba de uno solo. No había tal hembra, ni tal adversario. Era un macho enorme, peludo, que se podía asociar más con una bestia que con un gatito doméstico. Me dio escalofrío. La cabeza demasiado grande, los pelos revueltos, los ojos flúo a pesar del día. Dejé de mirarlo intentando no llevarme esa imagen siniestra, pero fue imposible. A partir de ese momento se fueron desencadenando una serie de hechos que no pude controlar.<br />En la oficina todo era un caos. Mi socio me esperaba nervioso, porque parecía que ese día todos los clientes se habían puesto de acuerdo para cometer delitos. Tenía un llamado de la cárcel de Olavarría, con la amenaza de uno que estaba pasando una temporada por asesinar a dos policías tras un robo.<br />-No puedo ir, se me complicó con el caso mediático del supuesto asesino serial, y tengo toda la prensa encima.<br />-¿Querés que vaya a Olavarría? Preguntó fastidiado.<br />-¡Haceme el favor!<br />-Si no queda otra, contestó nervioso.<br />-¿Qué te pasa? Estás raro vos.<br />-No sé, tuve una noche horrible…luego el gato bestial…<br />-¿Tenés un gato? Porqué no te conseguís una gatita para que te mime…<br />-¡No jodas! Es un animal raro.<br />-Lo raro es andar mirando gatos en lugar de gatas… ¿vas, entonces?<br /><br />Salí a la calle pensando en el gato, y por más intentos de borrarlo de mi mente, todo me llevaba a el: Un cartel anunciando un alimento balanceado, con la imagen de un felino peludo con enormes ojos azules, lo acosaba a cada momento. No importa que calle tomara, en todas estaba la publicidad del animal, como si hubieran empapelado Buenos Aires con el.<br />Hice los trámites necesarios para poder emprender el viaje a Olavarría, y ya tenía el poder para ocuparme del caso. Después de almorzar y tomar el cafecito, salí hacía la autopista. Tenía un viaje bastante largo y no quería retardarlo más. Sabía que de todos modos la noche me iba a sorprender a la vuelta aunque sólo me quedara un momento.<br />Iba bien por la ruta, hasta que escuchó una explosión y por un momento perdió el control del auto. Logró frenar, el corazón le latía demasiado rápido y creyó que podía reventar, como una de las gomas delanteras. El susto no fue por el reventón, tampoco por el viraje brusco y la sacudida, sino, porque por un momento, apenas una fracción de segundos, vio los ojos del gato en la ruta, o tal vez en el espejo retrovisor. No sabía bien dónde. Trató de calmarse, de tomar aliento. Tenía que cambiar la goma y seguir viaje.<br />Bajó. El paisaje no le agradaba. La ruta estaba casi desierta y por los alrededores no había indicios de civilización. No sabía si alegrarse o preocuparse por eso, de todos modos no tenía alternativa, debía resolver el problema sólo.<br />Estaba tratando de ajustar bien los tornillos, cuando apareció de golpe. Se podría decir que le saltó por delante. Era el, no tenía dudas: la cabeza enorme y los pelos erizados como preparado para una gran pelea. Hasta parecía que lo provocaba metiendo y sacando las uñas, para asustar, como diciendo “El macho soy yo”. Lo único que se le ocurrió hacer, fue darle con la llave en la cara. Entonces gritó, y su grito fue casi humano. Subió rápidamente al auto y arrancó el motor, no sin antes echarle una última mirada. Ahora el miedo se hacía más intenso. El lo miraba desafiante con el único ojo, porque el otro le colgaba. Aceleró y se fue como loco.<br />El día no había terminado. Todavía tenía que lidiar con el preso y aguantar sus reclamos y exigencias.<br />-Quiero salir cuanto antes, ya me hicieron perder demasiado tiempo en esta jaula.<br />-El proceso lleva su tiempo…<br />-¡Y a mi que carajo me importa el proceso! A ver si entendes pendejo…a tu socio le pagué una fortuna… ¿entendés?<br /><br />El tipo seguía hablando, amenazando con matarlos a todos si no salía cuanto antes de la cárcel, pero él ya no lo escuchaba. Sólo veía el ojo único del gato, acosándolo, provocando su ira.<br />-Los voy a matar a todos, me escuchaste…a todos…<br />Salió corriendo del lugar. Tenía que tomar aire, recuperar la frecuencia cardiaca, y alejarse. Ahora él y el gato tenían algo en común: Un solo ojo…un solo ojo, repitió entre dientes.<br /><br />Tomó la ruta, y la noche lo invadió rápidamente. Sólo se escuchaba el ronroneo rítmico del motor… ¿ronroneo?... ¿del motor?...entonces enloquecido miró por el espejo retrovisor y lo vio, por un instante…el único ojo. Fijo. Como un túnel…la oscuridad.<br />Fin. </div><br /><br /><div class="bgtags">Blogalaxia Tags: <a href="http://www.blogalaxia.com/tags/cuento" rel="tag">Cuento</a> <a href="http://www.blogalaxia.com/tags/misterio" rel="tag">misterio</a> <a href="http://www.blogalaxia.com/tags/el+gato+negro" rel="tag">El+gato+negro</a> <a href="http://www.blogalaxia.com/tags/poe" rel="tag">Poe</a> </div>©Claudia Isabelhttp://www.blogger.com/profile/07226118727091110690noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-5660623317107637060.post-24188578631801883132008-07-08T14:09:00.000-07:002008-07-08T14:29:27.565-07:00La noche más negra (última parte)<div align="justify">Nos bajamos en una esquina. Anduvimos de acá para allá durante horas, hasta que mi madre se decidió a tocar el timbre de una casa.<br />Al principio nadie asomó. Igual nos quedamos estáticas, hasta que se abrió la puerta y desde la oscuridad de esa sala pude escuchar la voz de mi hermano.<br />- ¿Qué hacen acá? Estás loca mamá, sabés bien a que te estás exponiendo…<br />Mi madre empezó a llorar en silencio, como si acabara de comprobar el error de su actitud, sólo recién en el momento en que Víctor se lo señaló. Ella penetró un momento la sala oscura y lo abrazó fuerte, lo beso varias veces en la mejilla y solo dijo.<br />-Perdóname hijo…perdoname. Luego me tomó de los hombros y me alejó.<br />Me quedé con un gusto amargo en la boca, y la tristeza que venía sintiendo desde la ausencia de mi hermano, se fue acrecentando hasta hacerse casi intolerable. Me di vuelta y lo miré; solo vi su triste sonrisa desde la penumbra de la puerta entreabierta, y su mano elevándose mecánicamente en un saludo incomprensible.<br />Lloré en silencio, en una letanía absoluta entre voces lejanas, murmullos, bocinas de automóviles, flashes parpadeantes de semáforos que no veíamos. Mi madre y yo, caminando apretadas, sintiéndonos al borde de un abismo, solas, sin poder gritar al mundo nuestro dolor.<br />Pasaron muchos meses de ausencia, en los cuales habíamos aprendido a vivir una vida fingida, como que “Acá no pasó nada”. Todos actuábamos nuestro papel de la mejor manera posible.<br />Yo seguía escuchando el llanto de mi madre a cualquier hora del día, mientras simulaba que no me había dado cuenta, y ella fingía que tampoco se daba cuenta de mis largas desapariciones en las que me encerraba en el placard de mi cuarto. Mientras tanto mi padre, para poder soportar la incertidumbre, se refugiaba en el trabajo cada día más, y también se alejaba de nosotras. Creo que se sentía impotente frente a mamá, quizás por la obligación de ser el fuerte de la familia, y porque se sentía incapaz de devolverle el hijo y la tranquilidad.<br />Fueron días de zozobra. Suspendidos en la nada. Sólo marchábamos al compás de la espera. Y yo sin entender que era lo que realmente estábamos esperando, además de mi hermano, claro.<br />El clima seguía siendo denso. Y note que la gente había perdido la sonrisa. Ya no se reunían a altas horas de la noche para matear en la vereda con los vecinos de la cuadra, y escuchar la música de Piazzola y Goyeneche desde un destartalado Wincofón.<br />Todo había cambiado desde ese día que los uniformados hablaron por TV. Pero cada quien seguía su rutina.<br /><br />Una noche de tantas, estrellada, hermosa y cercana a la primavera, levemente cálida y húmeda; escuché al perro del vecino ladrar con tanta insistencia que me asusté. No quise despertar a mis padres que ya bastante noches de insomnio tenían desde que mi hermano no estaba.<br />Así que decidí averiguar los motivos que tenía el perro para ladrar de esa manera. Espié por la ventana del comedor, que da a la calle y directo a la entrada, sin encender ninguna luz.<br />Primero vi una sombra proyectándose en el pasillo. Me estremecí. Se me cruzó que alguien venía a buscar a mi hermano. No sé porqué se me metió tal pensamiento, cuando en esos momentos nadie sabía lo que ocurría en el país; aunque soto voce se hablaba de gente que desaparecía.<br />Seguí observando esa sombra, hasta que dejó de serlo y una silueta oscura apareció ante mis ojos. Yo podía ver todo sin ser vista, amparada en el anonimato de las sombras. Entonces una idea se cruzó como un rayo. Salí decidida y sin hacer ruido hacía el cuarto trasero dónde mi padre guardaba sus herramientas. Sabía muy bien que el ocultaba el arma allí, entre sus pinzas y llaves inglesas. Lo había visto escondiendo algo, después de que Víctor se fuera; y más tarde pude comprobar de qué se trataba. Me apresuré a tomarla. Sabía como gatillarla, lo había visto en infinidad de películas. La dejé lista para disparar, después de comprobar que estaba cargada.<br />Desde el momento que la tenía gatillada, me dejó de temblar la mano. Estaba decidida a usarla para defender a mi familia de quien sea.<br />Me arrimé a la ventana. La silueta se había desplazado hasta el pasillo de costado que daba al garaje, igual, lo tenía en foco.<br />Estaba esperando el momento oportuno. Justo cuando lo tenía bastante cerca, corrí el dedo pulgar y me preparé para martillar. En ese mismo instante, el hombre se sacó el pasamontañas y se arrimó a la ventana dónde yo me encontraba, sin verme, y se ve que con la idea de espiar por ella. Solo recién, cuando lo tuve cerca, y a pesar de la barba espesa que le cubría gran parte de la cara, me di cuenta asustada, que se trataba de Víctor.<br />Rápidamente fui al cuartito de herramientas y guardé el arma, me acosté, y esperé escuchar la voz de mis padres para salir. No quería enturbiar la felicidad del momento, que me vieran con el arma en la mano, y que ellos supieran que pude ser la autora de un desastre; la asesina de mi hermano.<br />Nunca sabré hasta que punto hubiese llegado esa noche más negra. Tampoco lo quiero saber. </div><div align="justify"> </div><div align="justify"> </div><br /><br /><div class="bgtags">Blogalaxia Tags: <a href="http://www.blogalaxia.com/tags/cuento" rel="tag">cuento</a> <a href="http://www.blogalaxia.com/tags/dictadura" rel="tag">dictadura</a> <a href="http://www.blogalaxia.com/tags/tirania" rel="tag">tiranía</a> <a href="http://www.blogalaxia.com/tags/genocidio" rel="tag">genocidio</a> </div>©Claudia Isabelhttp://www.blogger.com/profile/07226118727091110690noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-5660623317107637060.post-45159226666307637202008-07-01T05:01:00.000-07:002008-07-01T05:10:10.733-07:00La noche más negra (primera parte)<div align="justify"><a href="http://bp1.blogger.com/_E2gLn4ONy98/SGodgQ7c78I/AAAAAAAAAps/InuNuOKYC3Q/s1600-h/1987-Noche-bruja%5B1%5Dde+noem%C3%AD+ruiz.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5218015558399487938" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_E2gLn4ONy98/SGodgQ7c78I/AAAAAAAAAps/InuNuOKYC3Q/s200/1987-Noche-bruja%5B1%5Dde+noem%C3%AD+ruiz.jpg" border="0" /></a><br />Decíme víctor, ¿por qué el sauce llorón se llama así?<br />Mi hermano me miró sonriendo de oreja a oreja y me pellizco las mejillas.<br />- Vos siempre haciendo preguntas rebuscadas- dijo riendo a carcajadas.<br />Me gustaba verlo reír. Su dentadura relucía dentro de su boca grandota. Había algo trágico en su mirada, que en ese momento no supe captar. Y ese algo lo ponía en un extraño trance que lo dejaba como suspendido en una letanía indescifrable para mí; de persona que estaba a miles de kilómetros, pero que a la vez intentaba conectarse con el mundo normal.<br />Víctor tenía tanta dulzura en su mirada que podía encandilar a cualquiera; su energía, su carácter decidido y esa manera terminante de resolver, lo convertían en líder, mecenas entre quienes lo conocían.<br />Ignoraba los motivos por los cuales se reunían tantos chicos adolescentes en casa, y tampoco sabía porqué me hacían salir con cualquier excusa de la sala o habitación.<br />Recuerdo bien un día en el que estaban todos agolpados frente al televisor, y una voz grave anunciaba cosas; tenía uniforme, pero nada de lo que decía era entendible para mí.<br />Tanto Víctor, como sus amigos, estaban preocupados, unos que otros lloraban y también eran consolados. A mi me obligaron a retirarme a mi habitación, pero estuve todo el tiempo tratando de escuchar sus conversaciones, que se redujeron a palabras sueltas que no entendía; cuadratura, ideología, intelectuales, dictadores, milicos…<br />- Algo va a ocurrir, dijo víctor en un susurro, y se hizo un extraño silencio en la sala. Se abrazaron en ese mutismo y lloraron sin disimulos.<br />En ese momento creí que se trataba de un “dejá vu” que eso ya lo había vivido, en otra vida o en ésta, no sé, pero la sensación era muy rara.<br />Me dejé arrastrar por ese mar furioso dónde nada era predecible, y esa escena de adolescentes llorando y abrazándose, me resultó conmovedora.<br />Los días siguientes eran más raros aún. De pronto dejé de ver a mi hermano y a sus amigos. Cuando le preguntaba a mis padres por él,<br />me respondían cualquier cosa con una sonrisa forzada y me abrazaban. Yo quedaba sumergida en una tristeza absoluta.<br />Durante semanas vi a mi madre llorar por los rincones, tratando de disimular su angustia; no quise hacer obvio que ya me había dado cuenta que algo grave estaba sucediendo, y que a pesar de mis doce años, había cosas imposibles de tapar. Mi hermano no estaba y era un hecho.<br /><br />Habían pasado unos meses desde aquel día del anuncio por TV, y de la ausencia de Víctor. Noté a mi madre más rara que nunca. Me dijo ya sin lágrimas:<br />- Vamos Victoria, tenemos algo que hacer, el mundo no está hecho para los cobardes.<br />La verdad no entendía el alcance de sus palabras en ese momento.<br />Sé que me vistió de manera infantil, me hizo unas horribles colitas de nena, bastante estúpidas, teniendo en cuenta que ya medía un metro sesenta y cinco y lo que menos parecía era una nena, aunque a pesar de serlo, jamás me vestí como tal.<br />Tomamos el colectivo ciento ochenta y uno, en una calle oscura un día de semana. Bajamos en otra calle oscura de la capital, zona Devoto. Todavía era invierno y el frío no quería irse. Estábamos exageradamente abrigadas y con parte de la cara tapada con bufandas...<br /><br />Obra:"Noche bruja" de Noemí Ruiz<br /></div><div class="bgtags">Blogalaxia Tags: <a href="http://www.blogalaxia.com/tags/cuento" rel="tag">Cuento</a> <a href="http://www.blogalaxia.com/tags/dictadura" rel="tag">dictadura</a> <a href="http://www.blogalaxia.com/tags/desaparecidos" rel="tag">desaparecidos</a> <a href="http://www.blogalaxia.com/tags/tirania" rel="tag">tiranía</a> </div>©Claudia Isabelhttp://www.blogger.com/profile/07226118727091110690noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-5660623317107637060.post-42359566899624639712008-06-05T19:11:00.000-07:002008-06-07T18:24:50.774-07:00Péndulo (otro capítulo de la novela)<div align="justify"><a href="http://bp2.blogger.com/_E2gLn4ONy98/SEdRjDoxwMI/AAAAAAAAAnM/MU_Beamqaj0/s1600-h/voces+del+mundo+de+anabell+guerrero.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5208221156790878402" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_E2gLn4ONy98/SEdRjDoxwMI/AAAAAAAAAnM/MU_Beamqaj0/s200/voces+del+mundo+de+anabell+guerrero.jpg" border="0" /></a>Mi vida es pendular Marcos. Voy, pero siempre vuelvo. No puedo evitar la memoria. Soy como un libro viejo de historia, ajado de tanto ser leído. Así siento que esta mi mente. Ajada, curtida, de tanto volver de esa historia que no comprendo, que me resulta lejana, de otros. Que me remite a un pasado lleno de misterios, de muertes, de nombres que desconozco.<br />Después de esa tarde que pasamos juntos, me dormí feliz, sintiendo todavía el olor de tu piel al fundirse con la mía. Pero mis sueños no fueron felices, como deberían haber sido. Otra vez la aberración y el miedo invadiéndome.<br />Soñé que tres “A” me seguían. Si, tal cual. Tres letras “A” mayúsculas armadas con fusiles iguales a los que usan en el ejército. Tenían el tamaño de un hombre robusto, alto; las tres exactamente iguales.<br />Yo iba caminando por el barrio de flores; calle Avellaneda. Y si bien había un sin fin de comercios por la zona, las veredas estaban desiertas, lúgubres como un día de otoño, triste; el aire frío, a pesar de ser 25 de septiembre. Todo era raro. Incluso, después del estupor de los primeros minutos, pude comprobar la ausencia de vehículos<br />Yo me sentía totalmente desolada. Tomaba una calle y luego otra, con la idea de perder de vista a las letras, pero consciente de que todo era una locura y que solo podía ser una pesadilla en la que no había despertar.<br />Finalmente conseguí perderme, caminando en zig-zag y sin haber encontrado un solo ser humano. Estuve a los tumbos, cuando me di cuenta que caminaba en círculos.<br />Otra vez la calle avellaneda desierta; pero solo por un momento, porque de una vivienda cercana salió un hombre delgado de bigotito negro. Y por otro lado un grupo de hombres oscuros y armados dispararon una ráfaga interminable de balas sobre el cuerpo esmirriado del hombre de bigote, que caía destrozado.<br />Cada bala era una explosión dentro de mi cabeza, como un desgarro inexplicable en el sueño. Un grito doloroso se quedó atravesado en mi garganta hasta que mi respiración se hizo pesada y me desperté agitada, con un fuerte dolor en el pecho producto de la angustia…<br />Como una autómata, sin voluntad, repetí entre dientes: “veintitrés agujeritos, como la galletitas”<br /><br />No entiendo Marcos. Ni el sueño, ni lo que dije al despertar. No sé quien soy, ni quién fue el autor de mis días; si un sacerdote, un comunista, un montonero, un asesino o todo eso junto.<br /><br /><br />Obra: "voces del mundo" de anabell Guerrero</div>©Claudia Isabelhttp://www.blogger.com/profile/07226118727091110690noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-5660623317107637060.post-59605081844340208202008-05-23T08:24:00.000-07:002008-05-23T08:39:22.582-07:00Revolución de Mayo<a href="http://bp3.blogger.com/_E2gLn4ONy98/SDbk1J0353I/AAAAAAAAAlQ/LOgpZ7U92Zg/s1600-h/images%5B9%5D.jpg"><img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_E2gLn4ONy98/SDbk1J0353I/AAAAAAAAAlQ/LOgpZ7U92Zg/s200/images%5B9%5D.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5203598021295073138" /></a><br /><strong>Mariano épico</strong><br /><br />A la memoria de <span style="color:#ff0000;">Mariano Moreno</span>,<br />el gran revolucionario <span class="">Argentino.</span><br /><br /><br /><br />Abrazo el polvo,<br />abrazo el aire.<br />Me abraza.<br />Hay una cadencia,<br />un ritmo descompasado<br />Apenas un batir de alas<br />en la espesura de la noche<br />Casi imperceptible,<br />como ésta muerte.<br />Un océano inmenso<br />me recibe<br />y su abrazo es helado<br />Eterno…<br /><br /><br /><div align="justify">Apenas puedo pensar. Cuántas cosas ocurrieron en poco tiempo. La incipiente revolución que no deja de ser algo utópico. Queremos creer que existió, cuando sólo fue un intento, una simulada emancipación por los caminos de la falsa libertad, una simple ilusión.<br />Estoy angustiado, como si no hubiera salida para éste tormento y una mano impiadosa quisiera aplastarme; la mano de los inmorales, de los vende patria.<br />¡El dolor es tan profundo! escucho el rumor del pueblo, de los caídos, que son caricias de aliento para seguir luchando, mientras las dagas filosas de los traidores atraviesan la carne.<br />Hay en ese clamor un estigma, un duelo eterno. Pero no voy a flaquear, los barreré como el viento a las hojas después de una gran tormenta. Limpiaré las calles de mi pueblo de toda la basura extranjera que ponga en peligro nuestra libertad.<br />El mar es tan inmenso, divide al mundo en pequeños mundos…lo cruzo, lo penetro, es una amante endemoniada a veces, mansa otras, pero le temo, porque me llama…<br />El sopor me lleva al sueño. La onírica batalla me busca. Allí es siempre de día; los caballos sacuden sus crines enmarañadas, relinchan de ansiedad ante el fragor de lo que se avecina. Nunca la lucha es en vano, ni siquiera la muerte. En éste tiempo salvaje el cuerpo no vale nada, sólo las ideas.<br />De lejos se siente algo. Un movimiento casi imperceptible, pero que se puede oler. Es el miedo. Un roce leve de animal asustado que intenta esconderse.<br />La punzada en el vientre se asemeja al deseo ¿es que todas las pasiones explotan así? Golpean las tripas, se meten en la sangre, enloquecen al corazón…<br />Ahora los caballos están alertas, las orejas paradas como perros cazadores, hasta el pelo se desenmaraña por la tensión…nadie respira. Sólo se siente el corazón golpeando contra los límites de los huesos, ni un ave vuela, parece un cuadro, burdo y decadente, ¿dónde está el enemigo? ¿Dónde? ¿Acaso es invisible?<br /><br />El sueño se repite una y otra vez. Mi cuerpo va perdiendo las fuerzas en esa batalla, pero mi corazón tiene la voluntad de miles de ejércitos. Me están matando, lo sé. Pero sólo es el cuerpo que no quiere responder, hay algo que nunca fenece, y ese algo latirá siempre entre aquellos que quieran y defiendan la verdad y la libertad.<br />Ya no importa si el mar me traga, ni siquiera las hermosas palabras póstumas que pretenden hacerme un grande entre los grandes. Soy un hombre, simplemente un hombre, y lo único que me doblega es la pasión…ni siquiera la muerte.<br /></div><div align="justify"><br /><br /><br />Mariano Moreno, Abogado, periodista y político argentino, tuvo un rol decisivo en la Revolución de Mayo. Dedicó varios años a traducir la obra de Rousseau, principalmente su Contrato social, pero sólo la editó en 1810 en La Gaceta, con un prólogo de su autoría en que se lee:<br /><span style="color:#ff0000;">"Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía." </span></div><div align="justify"><span style="color:#ff0000;"><span style="color:#000000;"></span><br /> </div></span><br />Fue envenenado y arrojado al mar.<br /><br /><div class="bgtags">Blogalaxia Tags: <a href="http://www.blogalaxia.com/tags/poema" rel="tag">Poema</a> <a href="http://www.blogalaxia.com/tags/epico" rel="tag">épico</a> <a href="http://www.blogalaxia.com/tags/historia+argentina" rel="tag">historia+Argentina</a> <a href="http://www.blogalaxia.com/tags/mariano+moreno" rel="tag">Mariano+Moreno</a> <a href="http://www.blogalaxia.com/tags/revolucion" rel="tag">revolución</a> <a href="http://www.blogalaxia.com/tags/crimen" rel="tag">crímen</a> </div>©Claudia Isabelhttp://www.blogger.com/profile/07226118727091110690noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-5660623317107637060.post-28713861695838003732008-05-09T06:31:00.000-07:002008-05-09T06:52:54.689-07:00Seddon...(otro capítulo)<div align="justify"><a href="http://bp2.blogger.com/_E2gLn4ONy98/SCRTGph-hUI/AAAAAAAAAjI/aiDL2ozwSXE/s1600-h/DSC03273.JPG"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5198371243585078594" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_E2gLn4ONy98/SCRTGph-hUI/AAAAAAAAAjI/aiDL2ozwSXE/s200/DSC03273.JPG" border="0" /></a><br /><strong>Seddon…</strong><br />Hace días que la búsqueda se volvió obsesiva. Después de ese extraño encuentro en “La Paz” las cosas volvieron a cambiar, quizás de manera imperceptible para cualquiera; pero no para mí, que me hallaba conectada a vos más allá de Internet.<br />Primero la incipiente metamorfosis, luego esa huida inexplicable.<br />Una de esas tantas noches en que recorría los bares del bajo, chocándome con borrachos y drogadictos, esquivando sus manos sucias y vomitadas, tapándome los oídos para no escuchar sus insultos aberrantes; me pareció verte fugazmente, no a vos; era ese sobretodo anticuado y arrugado que siempre usas y que te da ese aspecto teatral de personaje absurdo de miniserie de terror.<br />Seguí al sobretodo por esas calles mal iluminadas. Todo fue inútil, simplemente desapareció. Entonces volví sobre mis pasos y caminé unas cuadras por esas calles dónde ni el diablo se animaría a andar.<br />Que curioso es todo, porque no te seguía a vos. El sobretodo había tomado vida, se te había hecho carne.<br />Yo seguía un sobretodo raído y manchado que vagaba por las calles mal iluminadas de San Telmo, y que se perdía en un patio de conventillo abandonado. Vos estabas. Sentí inmediatamente tu presencia, como si te respirara en ese aire espeso y contaminado. No sé si la escuché o la imaginé; tu risa ahogada y burlona. Estabas, fue durante unos segundos que vi el brillo de tus dientes increíblemente blancos reluciendo en la oscuridad del pasillo. Hasta escuché retumbar en mi cabeza: “joer preciosidad, siempre tan hermosa” “Mi paloma triste…que triste estás”<br />Ahora sonaba bien porteño. Esa ambigüedad en la forma de hablar es otro de los misterios que te rodean Marcos, mi adorado Marcos, sos una sombra que se atraviesa en mi vida, que me cubre y se aleja; que me huele y me roza, como un gato en la oscuridad.<br /><br />De todas maneras escapé. Quizás es lo mejor que se hacer.<br />Desde que el temblor no me permite dibujar, solo me dedico a estudiarte, y analizar esas pequeñas obsesiones que se asocian al deseo de tenerte como cualquier mujer a su hombre, como una hembra al macho.<br /><br />Volví hacia “El Seddon” atraída por la melodiosa voz de una cantante de jazz, pedí una bebida fuerte y me quedé ahí.<br />Otra vez era una paloma triste desolada, escuchando llorar las notas de una canción imposible, haciéndome siempre las mismas preguntas absurdas; sin poder vencer esa languidez mental que no me dejaba pensar objetivamente, bebiendo un trago tras otro, enajenada: When I look in your eyes,… tus ojos, decía la voz llorona de la cantante ¿qué veo en ellos? me pregunto. Y entonces me pareció verte en las caras de otra gente. Un mosaico de caras, tu cara Marcos, tus ojos verdes inyectados de sangre, de noches interminables de insomnio y locura. Tus ojos apasionados penetrando mi piel, estremeciéndome; mientras me observabas desde un rincón y tu lengua lamía una y otra vez tu boca seca, sedienta, con esa expresión de deseo. Como si yo fuera algo imposible de alcanzar. Alguien a quien no se puede tocar.<br />Se que quise abarcarte con mis brazos, pero terminé en una salita de primeros auxilios con la nariz fracturada. Lo único que recuerdo fue el llanto. No podía parar Marcos, es como si nunca hubiese llorado. Fue tal el llanto, que la enfermera se me acercó para consolarme, y me dijo “no te preocupes, Marcos estuvo todo el tiempo que duró tu desmayo” y agregó “le prometí no hablar, pero no puedo cumplir”<br />Cuando reaccioné y dejé de tragar mis lágrimas, quise preguntarle, pero ya no estaba en el lugar.<br />Imagen, Bar Seddon en San Telmo.</div>©Claudia Isabelhttp://www.blogger.com/profile/07226118727091110690noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-5660623317107637060.post-33826894463480820082008-03-26T05:14:00.000-07:002008-05-09T07:09:40.060-07:00Tentáculos en el subterráneo…(otro capítulo)<a href="http://bp2.blogger.com/_E2gLn4ONy98/R-o_LhsEw3I/AAAAAAAAAd8/5d-RB4-Eau8/s1600-h/DeseoIII.jpg"><img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_E2gLn4ONy98/R-o_LhsEw3I/AAAAAAAAAd8/5d-RB4-Eau8/s200/DeseoIII.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5182023788497519474" /></a><br /><div align="justify"><br />Fui directo al subterráneo, evitando otros medios que me mantuvieran más tiempo alejada del monitor de la computadora.<br />Siempre me dio algo de miedo viajar bajo tierra, sabiendo que millones de vehículos circulaban por sobre mi cabeza, y que podrían, tal vez, desplomarse encima.<br />Estaba perdida en pensamientos fóbicos, típicos de una personalidad trastornada como la mía, cuando escuché sus pasos detrás de mí, pero no volteé a espiar. Sabía que era él.<br />Casi podía sentir su respiración, igual que en otras oportunidades sin equivocarme; presintiendo su proximidad, su aliento cerca de mi cuello. Quemándome con su fuego.<br />Seguí a paso regular. Me metí entre la maraña compacta de gente con la idea de perderlo.<br />La misma caterva inhumana me llevó hacia el interior del subte. Quedé allí, inmóvil, tratando de soportar los primeros minutos hasta la próxima estación.<br />La gente se fue acomodando un poco y quedamos menos apretados. Conseguí poner mi brazo libre al costado del cuerpo y relajar las piernas, cuando una mano me rozó la cintura. Entonces mi cuerpo se estremeció y confirmé que era él; Marcos, respirándome en la nuca, rozándome.<br />Quede paralizada; por un lado quería escapar, alejarme y no pensar. Pero mis pies no respondían. Me tenían sujeta en ese espacio mínimo y con Marcos detrás; provocando el hormigueo que comenzaba a recorrerme como un veneno cada centímetro del cuerpo. Podía sentir las vibraciones de su piel, su calor, su leve agitación.<br />Casi no respiraba de tanto desearlo; y como si él pudiera leer mi mente, mis más íntimos pensamientos; acarició suavemente mi cintura y de a poco fue bajando la mano hacia mis nalgas apretadas, que se fueron relajando, mientras mi piel se incendiaba bajo el contacto de esos dedos que me recorrían indiscretos. Se apretó más a mi espalda y pude sentir la dureza de su sexo. Ahora rozaba impúdicamente el mío, primero sobre la ropa, hasta que encontró la manera de introducir sus dedos en mí. Un grito ahogado se fundió en mi garganta y me estremecí nuevamente.<br />En ese momento reaccioné y me di cuenta de mi situación en el subte y rodeada de gente, teniendo un orgasmo entre los dedos de Marcos, que ahora desaparecía nuevamente entre la muchedumbre y me dejaba tristemente excitada y humillada.<br />Miré al hombre del sobretodo, esquivando gente y trepando las escaleras con salida a la calle corrientes; me miré a mi misma, plantada entre gente extraña, soñando el abrazo de ese fantasma que escapaba siempre y que se había convertido en mi sombra en lugar de mi hombre.<br /><br /><br />Decidí que el incidente no cambiaría la rutina programada. Cada día me costaba más salir y enfrentarme con ese mundo que ya no conocía.<br />La agencia estaba cerca. Esta vez estaba segura que lo conseguiría, que de una vez por todas vencería los miedos, un pasado de muerte, un presente asediado por la perversidad de Marcos…<br />Cuando salí del local con el pasaje en la mano y esa extraña sensación de que por fin comenzaría a liberarme de todo lo que me oprimía. Me quedé esperando que cambie el semáforo para cruzar Callao y doblar por Sarmiento. Miraba algunas palomas intentando elevarse por entre los autos, y a una de ellas en particular, defecando en el parabrisas de un conductor que la insultaba y agitaba la mano, mientras provocaba la risa de unos escolares con uniforme del colegio Marianista, que reían a carcajadas y hacían gestos impúdicos al conductor, que ahora los insultaba a ellos, y amenazaba con salir del auto y golpearlos.<br />Pensé en la locura de la gente. Todo, en el lapso de unos minutos. El semáforo había cambiado dos veces mientras me quedé estática observando la escena. Fue cuando finalmente apareció. Me dijo al oído:<br /><br />_ Sé cuanto gozaste mujer, si, entre mis dedos…tengo tu perfume impregnado en la piel…<br /><br />Me di vuelta violentamente y lo miré directamente a sus ojos verdes, del mismo color de las algas, que tanto me impactaban por su intensidad salvaje, casi animal. No me dejó hablar. Me abrazó, no de la manera que hubiese esperado, protectora y cálida; sino desesperado, como tratando de retenerme. Luego me besó de esa misma forma.<br /><br />Simplemente no podía desprenderme de él. No podía. Sus brazos eran tentáculos que me succionaban y me dejaban sin voluntad. Otra vez sentí su erección apretada a mi pierna, y el fuego quemándome por dentro y por fuera. Pero a la vez, esa conexión perversa, ese vínculo insano que nos atraía como animales durante el celo, era lo que finalmente nos alejaba.<br />Esta vez fui yo la que escapó. Me arranqué sus tentáculos y crucé la calle<br />así como estaba, imprudente, sin mirar el semáforo, que por suerte estaba a mi favor.<br />Una sonrisa amaneció en mi cara. Estaba segura que había ganado, al menos, una pequeña batalla. </div>©Claudia Isabelhttp://www.blogger.com/profile/07226118727091110690noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-5660623317107637060.post-14184854298832451972008-02-14T10:25:00.000-08:002008-02-19T07:16:41.318-08:00La última campana<a href="http://bp1.blogger.com/_E2gLn4ONy98/R7SN3dsynHI/AAAAAAAAAaY/NJJjkYLzbqQ/s1600-h/risa.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5166910656505617522" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_E2gLn4ONy98/R7SN3dsynHI/AAAAAAAAAaY/NJJjkYLzbqQ/s200/risa.jpg" border="0" /></a><br /><br /><div align="justify">Tus palabras hacen sombra, Holocaustos<br />Orgía de monstruos, abismos…<br />La humanidad es un fantasma<br />que se quiere alimentar de vos.<br />C. L.<br /></div><div align="justify"><br /></div><div align="justify">La campana sonando, anunciando un nacimiento. El sacerdote en un ondular de brazos y túnica amortajada. Casi feliz. Estúpidamente feliz dentro de su risa ignorante.<br />Gran cosa, pensé exhausta; otro condenado más al mundo. A éste mundo de mierda corrompido.<br />Recuerdo el día que sonó por mí. Tenía tanto miedo y dolor. Una, dos, tres, decía el animal que me tocaba con las manos sucias y gritaba obscenidades mientras que las contracciones laceraban mi carne y la sangre se escurría salvaje entre mis muslos… ¡Te gustó coger! Empujá condenada…y yo lloraba…una, dos, tres…Pensaba en su pelo largo y fino, en sus manos grandes que me apretaban con pasión.<br />La vida se había convertido en algo extraño. Sobrevivir, resistir con la esperanza de poder ver nuevamente la luz, acompañar al amor, luchar, tratar de alcanzar los objetivos; la profesión, la familia, la casita soñada, los hijos…<br />¡Empujá puta de mierda! que vas a matar al pendejo…<br />Una, dos, tres, y la carne se desgarraba como una tela vieja. ¿Cómo es posible que el cuerpo resista tanto?<br />El alma empieza a rajarse también, pero es necesario espantar la muerte, alejar cualquier pensamiento destructivo, total, para eso estaban ellos; los sedientos de sangre, los estériles que se quedan con el cuerpo y los hijos ajenos…por eso no pueden engendrar vida, sólo muerte y desolación.<br />Una, dos, tres, y la vida surgiendo entre llantos. Una niña…una niña pequeña y rubia como Ignacio. ¡OH Dios!¡ No me roben este instante! Les supliqué, se lo pedí a Dios con tantas ganas, pero él nos abandonó hace tiempo…el mundo nos abandonó, y el diablo está presente con su uniforme.<br /><br />—Dios mío, ¿Por qué creaste éstos monstruos?...no permitas que la campana vuelva a sonar…<br /><br />Esa fue mi oración diaria durante estos dos años de cautiverio. Esos setecientos dieciocho días con sus noches, en los que fui violada física y mentalmente por las bestias. Setecientos dieciocho días preguntándome el porque de tanto odio y humillación.<br /><br />Pero ésta historia no terminó allí. Empezó otra peor; cuando con el correr de los meses mi vientre empezó a crecer, alimentado de la carroña, del semen maldito…<br />Uno, dos, tres… ¿Con cual de las caras inmundas nacerá el hijo de la bestia? ¿Tendrá la cara oscura y la nariz ancha de ese? ¿Será grandote y con el ceño fruncido como aquel otro? o tal vez pequeño y oscuro, como el que observa, calla y desgarra.<br />Esa vez se aseguraron que no me faltara nada. Llevaba el diablo en mi cuerpo, y las bestias lo cuidaban. Igual escuché las campanas por última vez, porque después que nació el hijo de la bestia, me quedé sorda, ciega y muda.<br />Sólo veo a Ignacio y a mi niña en sueños.<br />De vez en cuando me ponen contra una pared y apuntan. Ya no me importa. Estoy esperando que la bala salga esta vez.<br /></div>©Claudia Isabelhttp://www.blogger.com/profile/07226118727091110690noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-5660623317107637060.post-77517931208050895262008-01-18T06:21:00.000-08:002008-01-25T17:45:39.088-08:00No matarás...<div align="justify"><a href="http://bp3.blogger.com/_E2gLn4ONy98/R5C2wy-O0yI/AAAAAAAAATk/bt-6Ivv_oJo/s1600-h/asesinos3.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5156822522771985186" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_E2gLn4ONy98/R5C2wy-O0yI/AAAAAAAAATk/bt-6Ivv_oJo/s200/asesinos3.jpg" border="0" /></a><br />La Providencia es causa de que, algunas veces,<br />el mismo hombre reaparezca en siglos diferentes.<br />BALZAC, Cartas.<br /><br /><br />No matarás…<br /><br />Todos los días repetía la misma rutina. Se levantaba al amanecer, se lavaba con pulcritud excesiva el cuerpo, los dientes. Se tomaba el tiempo suficiente para que la ropa quedara perfecta, sin la mínima arruga; las botas lustradas, de manera que podía verse en el reflejo de ese brillo. Las uñas recortadas y prolijas. La pose altiva y la mirada fuerte, penetrante.<br />Lo habían entrenado para convertirlo en eso que era, alguien en quién él no se detenía mucho a pensar. Un autómata frío y despiadado. Pero algo había cambiado, y eso lo desestabilizaba.<br />A las siete en punto lo pasaban a buscar. Entraba a la sala vetusta y sombría, con un nudo en el estómago, y la sensación de una mano gigante que le aplastaba el pecho hasta dejarlo sin aire. Muchas de esas veces tuvo que boquear como un pez fuera del agua, tratando de disimular frente a los demás para que no percibieran su flaqueza. Antes morir, pensó. El fracaso era para los débiles, y ese lujo no se lo podía permitir.<br />Esa extraña opresión se iba agudizando con el correr de los días, hasta hacerle perder de a poco el deseo. Ese deseo animal que lo mantenía entero frente a su presa; frío, sin que nada lo conmoviera. Ese era su oficio.<br /><br />Se dirigió hasta el cubil dónde estaba. Ella también sintió su presencia y sonrió de esa rara manera que no se podía definir, mezcla de alegría y tristeza, de dolor y gozo, de amor y odio.<br />Él vio su ropa sucia y desgarrada. La palidez de la piel. Sus pies descalzos, sin yemas. Sintió una punzada en el pecho, un abismo en el cual deseó caer. Para no hacer lo que debía hacer.<br />Se acercó despacio. Ella olfateó su olor a loción para después de afeitar y se estremeció. Él le tomó las manos y sus piernas flaquearon. Una tímida sonrisa le dibujó la cara redonda de luna llena. La besó con suavidad en los labios y acarició su pelo. Apretó fuertemente los dientes, hasta sentir dolor. Gatilló.<br />Ella, lo último que sintió fue el frío del acero en la frente.<br />Él, que empezaba a vivir su propia muerte.</div>©Claudia Isabelhttp://www.blogger.com/profile/07226118727091110690noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-5660623317107637060.post-41649524261970621312007-12-29T06:30:00.000-08:002008-05-09T07:10:39.424-07:00El grito de Lucy<div align="justify"><a href="http://bp2.blogger.com/_E2gLn4ONy98/R3ZcaC-O0iI/AAAAAAAAARA/XfxlM8twjRA/s1600-h/Esta+noche.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5149404826488984098" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_E2gLn4ONy98/R3ZcaC-O0iI/AAAAAAAAARA/XfxlM8twjRA/s200/Esta+noche.jpg" border="0" /></a><br />Capítulo de una novela en proceso.<br /><br />Seguí a Marcos por las calles de San Telmo. Estaba con su eterno impermeable. No había nadie, solo se escuchaba el retumbar de sus pasos, y yo detrás tratando de ahogar los míos. Tomaba una calle y luego otra; cuando llegó a Estados Unidos, se paró frente a una vieja casa destartalada, que en lugar de puerta, tenía unas chapas oxidadas sujetas con alambre. Las corrió y entró. Yo me acerqué despacio y asomé por la abertura. No era una simple casa. En algún tiempo había gozado de esplendor. Todavía conservaba un hermoso mural, el mármol del piso y hasta el revestimiento del hall de entrada. Solo le faltaban las puertas y ventanas.<br />Por un momento me olvidé de Marcos, y recorrí sus hermosos cuartos, y hasta imaginé como sería vivir en un lugar tan agradable. Las cúpulas de cada habitación estaban adornadas con molduras que representaban escenas en templos griegos, y las mismas se repetían en cada ángulo inferior a menor escala. Cada cuarto tenía una escena distinta. El baño era increíble, con una enorme bañera en el centro, grifería de bronce, pisos dignos de un palacio. Pero lo que más me impactó, fue el vitreaux redondo en lugar de una ventana, con unos ángeles multicolores que se proyectaban en la pared cuando el sol, estratégicamente, se ponía en esa dirección. El efecto era similar al de un calidoscopio.<br />Cuando salí del baño, me encontré con Marcos. Me hizo salir inmediatamente de ese ensueño.<br /><br />_ ¿Por qué me seguís? –Lo dijo tomándome fuerte del brazo-<br /><br />No me gustó su actitud. Me pareció agresiva. O quizás eran sus ojos inyectados los que le daban ese aspecto. De todos modos, como dándose cuenta de su accionar desubicado, me soltó, y se alejó unos pasos.<br /><br />_ ¿Por qué tanto misterio? –Se lo pregunté con calma-<br />_ Lucy, no me respondas con otra pregunta…vos sos la misteriosa<br />_ ¿De qué misterio me hablás? Justo vos, que te la pasas como un fantasma divagando por las calles…estoy harta Marcos, siempre te encuentro en lugares impensados, y de pura casualidad<br />_ Nada es casual Lucy… Creí que entendías<br /><br />Me quedé mirando sus ojos, y pensé, quisiera dibujarlos, llegar a su misterio. Traspasar ese muro interior que no me permite llegar a él.<br />Se arrimó y me tomó las manos. Las sentí frías, ausentes, si es posible que las manos puedan expresar tales sensaciones. Me dejé llevar.<br />Pasamos por un pequeño salón, que repetía las escenas de templos griegos, muy parecidas a la de los cuartos. Allí si había una puerta, de esas que llegaban casi hasta el cielo raso, de roble barnizado. Estaba intacta, como también lo estaban las paredes casi impecables de toda la casa.<br />Pasamos la puerta, la única que quedaba. También era un cuarto y estaba amueblado con una cama y una mesita antigua con tapa de mármol. En el rincón había un perchero vienés y en el colgaba el impermeable de Marcos. Un solo cuadro adornaba la pared de la cabecera, una reproducción de “El grito” de Munch, que en ese contexto me pareció más escalofriante aún.<br />Me miró de esa manera penetrante que desnuda. Acarició mis brazos que colgaban exhaustos y mi piel se erizó. Sentí como sus manos temblaban imperceptiblemente. Me abrazó, me devoró en ese abrazo, casi desesperado. Luego comenzó a desvestirme. No me inmuté, lo dejé. En el fondo pensaba que era lo único que podía hacer, desvestirme, mirarme, fagocitarme con sus ojos verdes oblicuos del color de las algas.<br />Mientras que observaba mi desnudez, se desvistió; toqué su piel aterciopelada, ese santuario de músculos en perfecta armonía y me perdí en él. Cuando estaba por llegar al éxtasis total, miro el cuadro de Munch. No sé porque lo hice. Y compruebo horrorizada que en su lugar estaba la foto del generalísimo. Sentí que mi cara se desfiguraba, convirtiéndose en la misma de “El grito”, en una máscara patética; y también descubrí, que el cuarto estaba tapizado con fotos del general y sus mujeres. Me quedé gritando, desnuda, en el medio de ese horror, mientras que Marcos me miraba y se sonreía irónicamente.<br />En ese momento me desperté. Pero no termina acá la historia, pasó algo más. Por algún mecanismo de la mente que me es imposible entender, me volví a dormir casi de inmediato, y el sueño siguió en otra parte de la casa. Como si fuera otro capítulo de la historia.<br />Marcos me llevaba nuevamente de la mano, y en el sueño, si bien sabía que había vivido algo antes, no podía recordar nada sobre la escena de “El grito” y las fotos de Perón. Me llevó hacia un patio interno, bastante amplio, cuyas paredes estaban totalmente cubiertas por unas hermosas enredaderas llenas de flores de color rosa y blanco. Varios macetones desordenados con plantas exóticas y cáctus, y en el centro un juego de mesa y sillones de jardín, muy antiguos. El patio estaba en su esplendor lleno de colorido primaveral. Marcos me hizo un gesto con la mano invitándome a sentarme. Dude por un instante, pero terminé sentada, observándolo en silencio.<br />Hablaba y gesticulaba con exageración. No entendí muy bien lo que decía, todo se reducía a un montón de palabras. Algunas retumbaban en mi cabeza; Almagro, padres adoptivos, Resistencia, España, Montoneros, linyeras, gatos, gatos, gatos…<br />Me levanté asustada y salí casi corriendo. Lo único que quería era alejarme de Marcos, perderlo para siempre. Pero algo extraño había pasado. Me encontré en la salita que en la anterior etapa del sueño, tenía una sola puerta que correspondía a la habitación con el cuadro de Munch, y yo, giraba y comprobaba que ahora todos los cuartos tenían puerta. Entonces seguía girando sobre mis propios talones, tratando de descubrir cual de ellas me llevaría hacia la salida, la libertad.<br />Fue cuando apareció Marcos con algo en la mano. Dejé de girar y lo observé. Tenía algo ensangrentado, y estaba todo salpicado de un sin fin de minúsculas gotas de sangre oscura. Lo miré fijo tratando de descifrar que era esa masa sangrienta que tenía en la mano. Entonces el hizo un leve movimiento y la cola peluda apareció ante mis ojos. En ese mismo instante comprobé que era mi gata de la infancia, aquella que amé tanto y cuya muerte me marcó tan profundo, como la muerte de mi padre en manos asesinas. De mi garganta brotó un grito ahogado, y me encontré nuevamente en la habitación, desnuda, con las fotos del generalísimo, el cuadro de Munch y el perchero vienés donde ahora colgaba el impermeable ensangrentado de Marcos.</div>©Claudia Isabelhttp://www.blogger.com/profile/07226118727091110690noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-5660623317107637060.post-7255837602688705492007-12-04T04:06:00.000-08:002008-01-25T17:49:10.265-08:00El depredador<div align="justify"><a href="http://bp0.blogger.com/_E2gLn4ONy98/R1VDDaEcR4I/AAAAAAAAANo/sz-nkf4DH2c/s1600-h/asesinos4.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140088275529910146" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_E2gLn4ONy98/R1VDDaEcR4I/AAAAAAAAANo/sz-nkf4DH2c/s200/asesinos4.jpg" border="0" /></a><br />“Algún día moriré abandonada, sepultada,<br />en el cruce siniestro de los tres caminos.<br />Allí donde moran las almas en pena<br />de los suicidas y de los asesinados”<br />C. B.<br /><br /><br />Estaba nerviosa. A pesar de que su profesión la ponía en situaciones difíciles de asimilar, siempre existía una colega dispuesta a escucharla para sobrellevar esos temas que cargaba como si fuera una montaña sobre los hombros. Pero esto era demasiado para cualquiera, hasta para ella que era bastante fuerte.<br />Desde hacía un tiempo uno de sus pacientes la estaba enloqueciendo. Se sentía amenazada todo el tiempo por su mirada y las indirectas que usaba estratégicamente.<br />Tenía que escuchar las confesiones del geronte capitán del ejército, participe de la destrucción de una generación de jóvenes que tuvieron la osadía de intentar cambiar el rumbo de este país. Y el tipo, muy campante en su postura de depredador y dueño de la verdad. Tenía ganas de escupirle en la cara que no era más que un asqueroso y facho asesino de niños; pero su postura profesional la obligaba a callar sus más íntimas opiniones y ser neutra en las respuestas.<br />Con total desparpajo relataba como sus subordinados se divertían con las consignas que les dejaba para obtener información de los secuestrados. Como la bestia les enseñaba a torturar.<br />Todavía no entendía el motivo de su visita, si no existía en él ni un mínimo de arrepentimiento.<br />Quizás el geronte necesitaba, en su decrepitud decadente, seguir infundiendo miedo en alguien. Intimidar, enfurecer, como el cazador a su presa.<br />Mientras él hablaba, ella buscaba la forma de equilibrar el odio que sentía por él y por todo lo que representaba. Hasta tenía el descaro de usar el uniforme y sus malditas insignias ganadas en la guerra vergonzosa.<br /><br />—Sabía doctora que una buena tortura es aquella que permite que la víctima siga viva. Un buen torturador sabe llegar al límite sin pasarse.<br />—No quiero saber sobre sus métodos de tortura. —dijo fastidiada.<br />La bestia hizo un movimiento brusco, pero se volvió, la miró con sus pequeños ojos de cuervo, rodeados de miles de arrugas. El asesino viviría lastimando hasta su último minuto. El cuerpo viejo y torvo, pero la voluntad intacta.<br />—Todo torturador debe alimentarse del miedo de su víctima, saber mirar en sus ojos. —Dijo sin importarle nada —En ese momento se tiene la absoluta posesión.<br />El asco le inundó la garganta y todos los sentidos. Quería acallarlo, golpearlo. Se asustó de sus propios pensamientos.<br /><br />—Son pocos los elegidos que entienden los mecanismos de un país civilizado…se habla de patria, nación, con la ideología de los idiotas, así no se construyen países de verdad doctora…usted debe ser una mujer inteligente, estudió la mente humana, eso la hace poderosa ante el común de las personas, ¿No lo cree así?<br />Trató de vencer las nauseas para poder contestarle.<br />—No, no lo creo así. Elegí esta carrera para ayudar a la gente, no para valerme de mis conocimientos y abusarme de eso…el cerebro es un órgano complejo, pero usted no vino acá para hablar de eso conmigo.<br />—No claro, en realidad mis hijos creen que desde que me jubilé del ejército necesito terapia para sobrellevar el vacío, que practicar tiro al pichón no me alcanza para sentirme pleno; matar palomitas es un juego de chicos…de alguna manera tienen razón. —lo dijo clavando sus ojitos en ella, hasta hacerla estremecer. —El tribunal jamás me asoció al proceso. Ellos tienen muchas falencias, ¿cómo pudieron no darse cuenta? Tal vez ninguno de los que pasaron por mi pudieron sobrevivir, eran flojos, pendejos flojos y bocones. La justicia de ustedes es muy limitada, esta llena de pequeños hombres que se creen grandes amparados bajo la mujer de la balanza…me hace mucha gracia, como sus jueces se hacen los grandes señores con su seriedad impostada, y luego se dejan coimear por los delincuentes, jajaja, ¡los representantes de la justicia! ¿No es gracioso doctora? ¿Usted cree en esa mujer ridícula y floja como todas las mujeres, que carga con una estúpida balanza? No es casual que la hayan elegido para representar tanta farsa y que además tenga los ojos vendados.<br />Tuvo que salir a las corridas para no vomitar sobre su uniforme de gala.<br />Volvió demacrada y descompuesta, pero él no pareció notar nada. Seguía enajenado en su discurso demencial.<br />—El ejército es disciplina, orden, algo que sus tribunales desconocen…les preocupa tanto la limpieza que hicimos; a veces es necesario sacar del medio a la manzana podrida, a la puta liberada que corrompe y que quiere llamarse libertad.<br />—Usted es un hijo de mil putas, ¡no quiero escucharlo más! —le gritó en la cara<br />El geronte se levanto de un salto y la miró con sus ojitos de cuervo, llenos de odio y altivez. Se levantó y se fue sin decir una palabra.<br /><br />Apenas salió, puso traba en la puerta y redactó una carta: “Yo, Beatriz Acosta, psicóloga, especialista en trastornos de la personalidad<br />Quiero dejar constancia de una situación que a pesar de ser común en mi especialidad, me deja fuera de cualquier tipo de razonamiento. Uno de mis pacientes el Capitán de ejército Roberto Pérez Anselmo, que sufre de trastorno de personalidad, y se muestra agresivo y con un alto grado de egocentrismo, paciente evaluado para tratamiento con medicación y posible internación, ambas medidas no fueron aceptadas por los familiares del mismo, a pesar de ser alertados del peligro que representa este tipo de trastorno en él y miembros de la familia y allegados que tengan contacto directo. Debido la negativa del entorno, se optó por el tratamiento ambulatorio. El mismo resulta ineficaz, y dada la procacidad del paciente y su hostilidad hacía mi persona, me siento en peligro continuo de terminar siendo su próxima víctima. Parece irracional que una profesional haga este tipo de observaciones, por eso digo que esto escapa a cualquier razonamiento. Dejó constancia que si me encuentran muerta, sea cual fuese la aparente causa, se investigue al paciente nombrado.”<br /><br />Algunos días después, Beatriz Acosta fue encontrada muerta en su consultorio. También hallaron la carta. Se le realizó una autopsia que reveló un alto grado de alcohol, anfetaminas, antidepresivos y otras sustancias asociadas con distintos tipos de venenos caseros que se utilizan para fumigar y que son de extrema peligrosidad. Ningún rastro de la presencia de otra persona. La puerta estaba cerraba por dentro. La causa fue caratulada como suicidio. El capitán Roberto Pérez Anselmo que nombra en la carta, a la fecha llevaba 25 años de fallecido. Los familiares de la suicida creen que el capitán nombrado, fue quien la torturo durante el tiempo que estuvo secuestrada en el pozo negro, y de quien nunca se pudo comprobar su participación en el proceso infame que vivió nuestro país.</div>©Claudia Isabelhttp://www.blogger.com/profile/07226118727091110690noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-5660623317107637060.post-90755496615559084082007-11-07T08:33:00.000-08:002008-01-25T17:50:39.043-08:00El olvido se hace eterno.<div align="justify"><a href="http://bp2.blogger.com/_E2gLn4ONy98/RzHptoV1SZI/AAAAAAAAAKE/Ls1nwcfz0KE/s1600-h/dolor2%5B1%5D.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5130138420684081554" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_E2gLn4ONy98/RzHptoV1SZI/AAAAAAAAAKE/Ls1nwcfz0KE/s200/dolor2%5B1%5D.jpg" border="0" /></a><br />El olvido se hace eterno. El poeta loco se fue en su nave para no volver jamás…<br /><br />Otra vez llueve. El cielo se tiñe de cromos intensos. El viento helado me penetra por los poros, por los ojos.<br />Me duele la piel, pero me quedo igual, estática, mientras la noche va cayendo suave, como un telón.<br />Los árboles son sombras que se agitan. Esqueletos que deja el otoño descarnados…<br />Yo también me siento una sombra, una nube oscura que pasa a punto de explotar, de derramar mares… Se que la tormenta pasará y algún día se aplacarán mis huracanes internos ¿Pero es necesario caminar la vida tan vacía? Tan a la deriva…<br />Bastaría con que regreses, que abras mis cajones, que me toques el pelo<br />y me abraces. O sólo digas: Estoy, no tengo preguntas, no tengo reclamos<br />Mi paisaje a tu lado cambia.<br />La noche se va cerrando. Los colores desaparecen. Sigo sola, a la espera de que algo ocurra. Nada ocurre…estas muerto.<br />El dolor sólo se compara con parir. Pero igual me dejas, en esta eternidad de nadas. Suspendida en el instante.<br /><br />Obra: "Dolor"</div>©Claudia Isabelhttp://www.blogger.com/profile/07226118727091110690noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-5660623317107637060.post-39782434087010765062007-10-26T04:38:00.000-07:002008-01-25T17:52:49.148-08:00La realidad y la utopía<div align="justify">Este relato pertenece a mi amigo español "Amado Storni", escritor, poeta, cantante y autor; por lo tanto un verdadero soñador.<br /><br /><br /><a href="http://bp0.blogger.com/_E2gLn4ONy98/RyHTeIV1SSI/AAAAAAAAAJE/AJl3ROWtCAo/s1600-h/Utop%C3%ADa.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5125610365512927522" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_E2gLn4ONy98/RyHTeIV1SSI/AAAAAAAAAJE/AJl3ROWtCAo/s200/Utop%C3%ADa.jpg" border="0" /></a><br /><br />SALIÓ corriendo la Utopía huyendo de la Realidad. Sus pasos parecían firmes y seguros pero su huída era una huída desesperada y sin control. A cada paso que daba la Utopía la Realidad daba dos más. En su afán de no ser alcanzada la Utopía buscó ayuda. Fue así como se encontró con un banquero, pero éste, preocupado por la bolsa y las divisas, interesado de interés y capital, ni siquiera la escuchó. En su atropellado caminar la Utopía se encontró con un clérigo que al principio puso interés en escucharla. Parecían hablar el mismo idioma aunque a veces no se entendían. Y es que la vida espiritual de la que hablaba el sacerdote no era la misma que la de la Utopía. Su vida era una vida que después de la vida se construía con los cimientos de una fe en la que ni el mismo clérigo creía. La Utopía siguió huyendo y fue entonces cuando se encontró con un político al que la Utopía reconoció enseguida. Ambos, en un tiempo pasado no muy lejano, habían caminado juntos y cogidos de la mano. Pero terminada la campaña electoral y cuando aquél consiguió el status que buscaba, la Utopía volvió a quedarse sola. Y el político, creíble y diplomático, le dio la espalda. La Utopía también se encontró con un hombre. Un hombre que fue adolescente. Un adolescente que fue niño. Y ese hombre al que la Utopía ilusionó de niño y también de adolescente, ni siquiera la saludó porque no la conocía. Al tiempo de ser alcanzada por la Realidad la Utopía se encontró con un poeta, atropellado de versos e indómito de sueños incurables. El poeta parecía distante, pero cuando la Utopía se detuvo a hablar con él éste la escuchó. Ambos se entendieron y se saludaron porque ambos se reconocían. Y vio la Utopía que con el poeta se sentía segura. Al oir llegar a la Realidad la Utopía se escondió. Se detuvo la Realidad ante el poeta y le preguntó si había visto pasar a la Utopía. Pero ni el poeta entendía a la Realidad ni la Realidad se entendía con el poeta porque a lo que la Realidad llamaba Utopía era la realidad del poeta. Y cansada de ese mal entendimiento la Realidad se tuvo que marchar. Fue entonces cuando la Utopía se metió en el cuerpo del poeta porque sintió que ese era su verdadero hogar. Es por eso que los poetas saben tanto de sueños y los sueños se llevan tan bien con los poetas.</div>©Claudia Isabelhttp://www.blogger.com/profile/07226118727091110690noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-5660623317107637060.post-37263439604863371052007-10-11T08:08:00.000-07:002008-01-25T17:53:44.275-08:00Epitafio<div align="justify"><a href="http://bp2.blogger.com/_E2gLn4ONy98/Rw4__RxtCHI/AAAAAAAAAH4/GDnIDGOmwjs/s1600-h/Copia+de+Acan6.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5120100182703016050" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_E2gLn4ONy98/Rw4__RxtCHI/AAAAAAAAAH4/GDnIDGOmwjs/s200/Copia+de+Acan6.jpg" border="0" /></a><br /><br /><br />“…pienso en tu cabello que estalla<br />en mi almohada, y estoy que no<br />puedo dar otra batalla…”<br />S. R.<br /><br /><br />Siempre me atrajeron los acantilados. Desde chico me gustaba arrimarme hasta el límite; jugar con el miedo.<br />Una mezcla ambigua de temor y curiosidad me llevaban una y mil veces hasta el borde del precipicio, mientras el cuerpo se agitaba y luchaba por permanecer en el lugar. Jugar con la idea de arrojarse y tal vez remontar un vuelo sin alas. Ilógico.<br />Ver el mar, sentir la brisa, el viento helado durante la madrugada. Las gaviotas picoteando. Volando, planeando, rozando apenas la arena húmeda.<br />Vivir en el límite de mis verdades me llevó hasta donde ahora estoy; por esa maldita costumbre de querer sentir la adrenalina de la rebeldía, como una forma de vida que no se puede sostener.<br />Hoy no estás. Ni siquiera sé por donde buscarte. Los caminos sinuosos nos marcaron distintos destinos. Las ideas utópicas nos devoraron el futuro, la longevidad, los proyectos.<br />Todavía no entiendo. No existe un manual que nos enseñe a vivir el dolor de la incertidumbre y que borre las ampollas de mis pies.<br />Hasta acá llegué, no se por donde seguir, me faltan fuerzas. El amarte y no tenerte me quita cualquier posibilidad de razonamiento, ni siquiera puedo retener el concepto primitivo de la supervivencia. El derecho de amar, de vivir, de luchar.<br />Voy de aquí para allá. Olfateando el aire, buscando tu esencia, devorando las calles a fuerza de desearte. Queriendo encontrar señales, presagios del futuro; algo que me indique por donde seguir. Ver tu rostro, sentir tus manos mientras me acaricia el viento, creer que sos vos desde algún lugar.<br />Hay una vida fuera de esta, que ya no retengo, como no puedo conseguir que la arena seca se quede en mis manos, cuando el viento me azota.<br />Puedo escuchar dentro de mi cabeza el grujir de sus botas, su repiqueteo acompasado. Como un látigo impiadoso. Esa madrugada. Por ese pasillo gris.<br />Testigos; el silencio, la incertidumbre, la cobardía, el miedo, la impunidad. Las cuatro paredes blancas de tu cuarto.<br />Imagino tu orgullo, elevándose como una bandera; parada, entera, enfrentando al demonio. Sabiendo que perderás todo, menos la dignidad que cultivaste en tantos años de lucha.<br />Por momentos me agita la pequeña esperanza de encontrarte, entonces trato y trato de retener esa ilusión para poder seguir, pero se desvanece; porque surge de mi necesidad, porque hasta un condenado a muerte puede pedir su última voluntad. Pero a mí me condenan otras cosas; tu ausencia, los hombres sin rostro.<br />Y no hay deseo poderoso, entrañable, que pueda devolverte.<br />Desde aquí se vuelve todo lejano. Una historia que les pertenece a otros.<br />El dolor es tan lacerante que se respira, se vuelve cotidiano, forma parte de esta nada que me envuelve. Es el momento en que se tiene la certeza de que ya no hay nada más. Nada por vivir. Nada por descubrir. El día zeta de nuestra existencia. El más oscuro y solitario.<br />Voy a volar. Y tal vez, sólo tal vez, te encuentre.</div>©Claudia Isabelhttp://www.blogger.com/profile/07226118727091110690noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-5660623317107637060.post-75190707541018695432007-09-14T08:58:00.000-07:002007-09-14T09:01:32.878-07:00Gracias Marcela por creer que lo merezco!!!<a href="http://bp2.blogger.com/_E2gLn4ONy98/RuqwCaxBwyI/AAAAAAAAAGA/h2GjPx11Oew/s1600-h/blog%2Bsolidario%5B1%5D.jpg"><img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_E2gLn4ONy98/RuqwCaxBwyI/AAAAAAAAAGA/h2GjPx11Oew/s200/blog%2Bsolidario%5B1%5D.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5110090282796434210" /></a><br /><br /><br />Premio entregado por Marcela de "Mujeres de 40" www.mujeresde40.blogspot.com©Claudia Isabelhttp://www.blogger.com/profile/07226118727091110690noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-5660623317107637060.post-16447626421930248652007-09-07T06:09:00.000-07:002008-01-25T17:54:42.401-08:00La muerte es ciega.<div align="justify"><a href="http://bp0.blogger.com/_E2gLn4ONy98/RuFOYIShA9I/AAAAAAAAAEg/6AGqWF7rpn8/s1600-h/463116_manons_eye%5B1%5D.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5107449628863824850" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_E2gLn4ONy98/RuFOYIShA9I/AAAAAAAAAEg/6AGqWF7rpn8/s200/463116_manons_eye%5B1%5D.jpg" border="0" /></a><br />“…No pongas el amor en mis manos como un pájaro muerto.”<br />J. S.<br /><br /><br /><br />Allí, entre esas plantas que ahora cuelgan mustias, se desarrolló la tragedia. La vida y la muerte. El delgado límite que divide una de otra; un cordón, un rencor. Una puerta que se abre para tragarnos.<br />No estamos exentos de odio, ahora lo sé. Es como un monstruo agazapado que espera el momento justo para mostrar su poder.<br /><br />Dijo que fue violada. Nadie creyó en sus palabras. Todos se preguntaban porqué se guardó el horror, como si fuera un secreto. Porque había hablado cuando ya cualquier cosa que dijera caería indudablemente en el vacío que deja la incredulidad.<br />No, no hay marcha atrás, no hay razones que avalen una reacción tan cruel, y que quepa en un cuerpo joven, pequeño y esmirriado, como el de esa niña devenida en mujer.<br />El tribunal implacable mira sin ver, acostumbrado al disimulo. El odio tiene varios atuendos, como caras tiene la mentira, y recorre los salones del viejo edificio. La mujer de la balanza mira con sus ojos tapados, pero se adivina su frialdad, la misma que apunta a ninguna parte. Allí la justicia es la reina, allí la muerte es ciega.<br />Quien es capaz de ver en sus ojos el miedo. Una vida apagada y otra que irremediablemente terminará de a poco, sin pausa… ¿Quién es el verdadero tribunal?<br />Romina, niña en su dolor, mujer para dar vida, despiadada para dar muerte; su mirada triste guarda mil secretos que cada quién intenta descifrar. Pero su misterio es un cofre sin llave aún.<br /><br />Habló del vecino y de su amor…un pájaro muerto, dijo, pero nadie entendió. Su primera ilusión, agregó. Los tribunales no pesan los sentimientos, la mujer de la balanza hace equilibrio; tanto hiciste, tanto pagás.<br />Romina se convirtió en un montón de palabras sueltas, deshecha en lágrimas y estertores. Contó lo que sintió. Esa tarde, escondida entre las plantas de su jardín, el dolor lacerante en el Vientre, la sangre corriendo en torrentes por sus piernas, el miedo, y esa sensación terrible que es la soledad. Un lugar dónde no habita nadie.<br />Por un momento, o tal vez un siglo, pensó en todo lo que la rodeaba, en lo patética que era su vida.<br />Allí mismo, parada, con la sangre saliendo de entre sus piernas…no entendía, no lograba entender nada. Mientras tanto algo pugnaba por salir, y el dolor era casi insoportable. La carne se abría y un cuerpo pequeño se agitaba y caía hacía el pasto seco.<br />Tomó el bulto sangriento y así como estaba se metió en el baño precario ubicado fuera del rancho. Desesperada por alejarlo de su cuerpo, cortó el cordón con sus propios dientes y se quedó mirando aterrada aquello que minutos antes había salido de su cuerpo. Lo puso en una caja de zapatos y lo observó por un instante, hasta que todo se oscureció a su alrededor y las cosas comenzaron a tomar distancia, como si estuviera viendo una película. Fue cuando vio las tijeras, que se cruzaron como un rayo, como el destino. Las tomó y las clavó en el diminuto cuerpo, con los ojos cerrados, la clavó una y otra vez hasta convertirlo en una masa sanguinolenta. Ahí se dio cuenta que mientras mutilaba el cuerpo de su propio hijo, gritaba enloquecida. Alguien llegó, y le juró una y mil veces que vio la cara del violador, la cara del diablo.</div>©Claudia Isabelhttp://www.blogger.com/profile/07226118727091110690noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-5660623317107637060.post-37171237572185918542007-07-24T09:10:00.000-07:002008-01-25T17:55:16.729-08:00<div align="justify"><a href="http://bp0.blogger.com/_E2gLn4ONy98/RuMamoShA-I/AAAAAAAAAEo/S4Z71J2rf9U/s1600-h/Melodia+oto%C3%B1al,+Leonardo+Ferreira.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5107955653320704994" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_E2gLn4ONy98/RuMamoShA-I/AAAAAAAAAEo/S4Z71J2rf9U/s200/Melodia+oto%C3%B1al,+Leonardo+Ferreira.jpg" border="0" /></a><br />Ángel urbano<br />“Bienaventurados los mansos porque<br />ellos poseerán la tierra…<br />Mt 5, 3-12<br /><br /><br /><br />Sempiterno fumador de chalas caseras; producto del cultivo en macetas oxidadas y alimentadas sólo por la lluvia. Tenés tu propia plantación clandestina de fantasías, que alimentan cuerpo y alma, y te sacan de la más profunda soledad.<br />Orillero por elección. De orilla sin espuma de mar. De orilla sin el oleaje suave del río; en el que la luna, hecha como del reflejo del cristal, se proyecta, pretendiendo iluminarnos. Ni siquiera de riachuelo con desechos fabriles. Orillero de la acumulación de inundaciones en zona baja. Habitante de rancho de chapa y cartón. Esa es tu realidad y tu destino.<br />Tiraste un montón de semillas de marihuana, y se hizo el milagro…Como de oreganatto el campo.<br />Cuando las últimas luces del día se disipan, reemplazadas por las sombras de la noche, sacas el carro de maderas mal clavadas y salís para hacer el mango.<br />Reciclador urbano, todo te sirve, nada se pierde; mucho menos la ilusión de que la página gire y tu destino sea otro.<br />Atrás quedaron mujeres y un número incontable de hijos guachos, sin destino. Portadores de genes marginados.<br />La chala verde te mantiene abierta la puerta de la fantasía, y no te deja pensar en nada más; ni siquiera en el hambre que te acosa como puñales puntiagudos, convirtiéndose en feroces mastines, negros y monstruosos que atacan sin piedad. La cosa hervida de origen indescifrable, aplacará tu dolor.<br />No te alimentaste del rencor, aunque hubiese sido el camino más fácil. Todavía soñás con encontrar un arco iris entre la basura, y cambiar tu destino de reciclador.<br />Cuando el carro se llena, terminas la tarea, para de nuevo comprobar que tu espalda se curva peligrosamente. Sabés que sentirás dolor, calambres, pero nada que el cultivo de tus macetas no pueda aplacar.<br />Igual que cuando ves a esos niños repletos de ampollas, infecciones de la marginalidad, vientres hinchados; por un momento, solo por un momento, sentís el peso del tiempo implacable sobre tus hombros, pero luego entendés que no tiene sentido sufrir por aquello que no se puede cambiar. Sabiduría popular orillera, conformismo de la miseria, que más da.<br />Luego amanece, y es como un milagro. Atrás quedó todo aquello que no sirve.<br />Las últimas luces de mercurio son reemplazadas ahora por las del amanecer. La calle está desierta.<br /><br />Cuando la Navidad está próxima, y te asalta la nostalgia, recordás a tu familia primaria, de quien heredaste la pobreza y la ignorancia. Un padre changuero, casi siempre borracho y agresivo. Una madre callada, que recibe golpes e insultos sin defenderse. Demasiado gastada a fuerza de parir sin ganas, sin amor, solo por los tristes presagios del destino. Destino que siempre está en manos de otros. Destino que no les pertenece, y la certeza absoluta de que lo malo, viene de los hilos de las marionetas que manejan todo.<br />-¡Si no te quiere tu madre! Te repetís, mientras te tomas unos mates lavados de tanto usar la misma yerba, y contemplás el agua estancada y putrefacta que refleja sólo el abandono.<br />Un Universo mezquino, cruel, producto de la desidia, te persigue desde siempre. Sin embargo hay algo que no te permite flaquear, que hace que cada día despiertes sin esa punzada en el pecho que produce la angustia. Y ese algo que te mantiene en pie, se renueva día a día porque te dice que las cosas van a cambiar, aunque te rodee la amargura en la cara de tanta gente. Aunque todo esté en contra. Aunque el agua penetre por los agujeros de tus zapatos y entre las chapas oxidadas. Aunque los que manejan las marionetas miren para otro lado. Aunque mueran tantos niños inocentes. Aunque tantos otros vivan de desechos…<br />Ángel urbano, la esperanza es tu amiga, te acompaña, te mima y te abriga cuando el frío te escarcha en tu rancho de cartón. Solo le pedís una cosa: que te siga acompañando en esa búsqueda eterna, que no te dé la espalda, que te mire con sus ojos verdes y que te mienta…que te mienta siempre.<br /><br /><br /><br />Glosario<br />Chala, así se le dice a la hoja de marihuana vulgarmente.<br />Orillero, que vive en la orilla<br />Oreganatto, campo de orégano, palabra mezcla de italiano y español.<br />Mango del lunfardo, léxico porteño, significa dinero</div>©Claudia Isabelhttp://www.blogger.com/profile/07226118727091110690noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-5660623317107637060.post-13463586798429450102007-05-07T19:03:00.000-07:002008-01-25T17:56:24.673-08:00Una noche con Oscar Wilde<div align="justify"><br /><embed id="radioblog_player_0" src="http://stat.radioblogclub.com/radio.blog/skins/mini/player.swf" width="180" height="23" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" bgcolor="#66CC00" flashvars="id=0&amp;filepath=http%3A%2F%2Fwww.pelerin47.com%2Fradio.blog%2Fsounds%2FGiacomo%20Puccini%20-%20Nessun%20dorma%20%28Turandot%29.mp3.rbs&amp;colors=body:#66CC00;border:#333300;button:#FF0000;player_text:#6633FF;playlist_text:#999999;"></embed><br />“No voy a dejar de hablarle sólo porque no me esté escuchando. Me gusta escucharme a mí mismo. Es uno de mis mayores placeres.<br />A menudo mantengo largas conversaciones conmigo mismo, y soy tan inteligente que<br />a veces no entiendo ni una palabra de lo que digo”<br />O. W.<br /><br /><br />No sé bien cómo empezó la historia que les voy a contar; estoy tratando de ordenar los pensamientos y las raras sensaciones que me invaden, porque sé que no es un sueño.<br />Esa noche estaba leyendo, muy concentrado en la lectura, cuando escuché los ladridos. Me asomé por la ventana, pero lo único que vi fue la sombra de los árboles agitándose suavemente por el viento. Me llamó la atención que los perros cesaran de golpe, y que los tres observaran el mismo rincón, al mismo tiempo. No había nadie.<br />Intenté seguir con la lectura, pero fue imposible. Sentí que algo o alguien me observaba. Esa rara sensación de ojos en la nuca, y el frío subiendo por la columna. Me di vuelta y lo vi. Estaba tan sorprendido como yo.<br />Empezó a dar vueltas por la habitación; abrió la puerta que daba al comedor, entonces lo seguí. En ese momento reparé en sus ropas y su aspecto en general. Estaba disfrazado con unas graciosas calzas, una chaqueta muy adornada, una camisa con varias capas de puntillas en los puños y el cuello, y llevaba un raro abrigo de piel, a pesar del calor.<br />Haciendo movimientos exagerados con las manos y muy impostado, dijo<br />— ¿Qué pasa? ¿Dónde están todos?<br />Me pregunté como se había metido ese loco en la casa, estando todas las puertas y las ventanas cerradas y trabadas por dentro.<br />— ¿Quién es usted? En realidad, no esperaba respuesta para esa pregunta. Sólo intenté decir algo. Me encontraba atontado, sin capacidad para reaccionar ante el intruso.<br />Me miró irguiendo más la cabeza y el pecho.<br />—Sir Oscar Wilde…<br />Qué loco gracioso pensé, mientras trataba de no reírme en su cara. Me miraba muy serio con expresión afectada, como si se hubiese ofendido con la pregunta. Noté que se parecía demasiado a las fotos que vi del famoso escritor; ojos caídos, labios carnosos y sensualmente impertinentes, su hermoso pelo dividido al medio y sobre todo, una presencia imponente.<br />Él también comenzó a observarme de arriba abajo, moviendo la cabeza en actitud de negación.<br />— ¿Dónde está el tribunal?<br />— ¿Tribunal?<br />No entendía nada. De repente vi que se llevaba las manos crispadas a la cara mientras decía:<br />— ¡OH! Mí adorado Narciso…<br />Otra vez tuve que contener la risa. Sus movimientos teatrales me recordaban a las obras clásicas. Intenté aproximarme, pero retrocedió algo asustado, aunque pronto volvió a erguirse orgulloso.<br />— ¿Quién es usted? Preguntó con calma.<br />— Yo me hago la misma pregunta…no entiendo como entró a mi casa…<br />¿De qué tribunal me habla? agregué.<br />— Me están juzgando por sodomía… ¡ignorantes! No comprenden nada, les preocupa tanto una carta, un poema…<br />Sacó de un pequeño bolsillo una boquilla y noté que llevaba una flor de girasol ya marchito, colgando, y de la que parecía no querer separarse.<br />Él había cambiado de actitud. Estaba relajado, y eso también me calmó a mí. Me dejé llevar por las palabras de ese hombre misterioso que parecía haber viajado por el tiempo. Resplandecía tanto, que me encandiló con su sola presencia.<br />Me dijo casi en un susurro:<br />—Escucha usted con los ojos; he aquí por qué voy a contarle esta historia… Cuando murió Narciso, las flores de los campos quedaron desoladas y solicitaron del río gotas de agua para llorarle… ¡OH!, les respondió el río, aun cuando todas mis gotas de agua se convirtieran en lágrimas, no tendría suficientes para llorar yo mismo a Narciso: Yo le amaba… ¡OH!, ¿Cómo no ibas a amar a Narciso? Era hermoso…luego se detuvo un instante, y agregó: si yo le amaba, respondió el río…es porque, cuando se inclinaba sobre mí, veía yo en sus ojos el reflejo de mis aguas…Después con una extraña carcajada, añadió: Esta historia se llama “El discípulo”…<br />No pude articular palabra. La personalidad del loco me dejaba totalmente abstraído. Sólo atiné a mirarlo a los ojos, y creo que eso fue lo que le infundió confianza como para contar, sin tapujos.<br />—Su padre, el padre de Bosie*, agregó, me acusa por una carta, dice que es inmoral…pero es peor que eso, ¡Está mal escrita!... me miró y siguió con su monólogo… ¿sabe usted qué es lo que hace a la obra de arte y qué es lo que hace a la obra de la naturaleza? ¿Sabe usted en qué consiste la diferencia?<br />Por supuesto que jamás me dejó contestar ninguna de sus preguntas y siguió con su discurso incoherente…<br />—Porque, al fin y al cabo, la flor del narciso es tan bella como una obra de arte…y lo que las distingue no puede ser la belleza. ¿Sabe usted qué es lo que las distingue…? La obra de arte es siempre única, la naturaleza, que no hace nada perdurable, se repite siempre, a fin de que nada de lo que ella hace se pierda…Hay muchas flores de narciso, he ahí por qué sólo pueden vivir un día…<br />Seguí mirándolo, serio y contenido, nunca se sabe como puede reaccionar una persona demente. Entonces nuevamente habló; no fue en seguida, quizás pasaron horas, donde él quedó sumido en pensamientos. Tenía la vista fija en un punto y el ceño fruncido, como de preocupación, me dijo.<br />—No me gustan sus labios; son rectos, como los de alguien que jamás ha mentido. Quiero enseñarle a mentir, para que sus labios se vuelvan bellos y sinuosos como los de una máscara antigua…<br />Se arrimó demasiado, como para querer rozarlos. Corrí la cara molesto, y sentí otra vez el mismo frío gélido.<br />Estaban filtrándose las primeras luces del amanecer; cuando volví a girar la cabeza, ya no estaba. Se había ido junto con la noche. Miré enloquecido por todos los rincones y nada, hasta que vi el narciso, hermoso, reluciente… en el mismo lugar dónde había estado sentado.</div>©Claudia Isabelhttp://www.blogger.com/profile/07226118727091110690noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-5660623317107637060.post-35030626688261040652007-04-28T16:10:00.001-07:002008-01-25T18:06:14.980-08:00Fotos en el alma<a href="http://bp1.blogger.com/_E2gLn4ONy98/R5qVJId97qI/AAAAAAAAAWg/lu1HzEBCB5E/s1600-h/Amantes+por+Nicoletta+tomas.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5159600307230863010" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_E2gLn4ONy98/R5qVJId97qI/AAAAAAAAAWg/lu1HzEBCB5E/s200/Amantes+por+Nicoletta+tomas.jpg" border="0" /></a><br /><div align="left">Fotos en el alma<br />"...es el instante de poner cerrojo a los labios</div><br /><div align="justify">oir a los condenados gritar..."<br />A. P.<br /><br />Cuando alquilé el departamento de barrio norte, el típico bulo de soltero, estaba lejos de imaginar lo que iba ocurrir después.<br />En esa primera visita no advertí nada. Era el lugar perfecto, cerca de la facultad y del trabajo. No dudé. En seguida llevé mis cosas.<br />En realidad no era mucho lo que tenía que acomodar, además de la cama; una mesita, la biblioteca y eso sí, muchos libros.<br />Al principio sentí una presencia, un algo intangible que me rodeaba; lo atribuí al hecho de que era la primera vez que vivía solo. Pasaron varios días hasta que vi la baulera en el entretecho del baño. Me pareció el lugar ideal para guardar aquellas cosas en desuso; en realidad eran varias enciclopedias que ya no consultaba e invadían la pequeña biblioteca.<br />Además del polvo y las telarañas había cajas de distintos tamaños. Las tomé para dárselas al administrador, pero como la curiosidad es grande miré dentro de ellas; eran fotos y cartas. Desde ese momento no pude despegarme, como si me hubieran tomado la voluntad, a pesar de tratarse de objetos inanimados.<br />Tanto las fotos como las cartas estaban fechadas entre los años 1975 y 1976. Había mucha gente, casi adolescente. Se los veía radiantes, con su juventud y belleza, augurando una vida por delante.<br />Por momentos creí estar violando la intimidad de alguien, pero eso no me detuvo a la hora de leerlas.<br />Eran cartas hermosas, llenas de citas y poesía dedicadas a un tal Damián y firmadas por Cristina. Puse todas las fotos sobre la mesita y separé aquellas donde estaban ellos: Cris y Dami, 28 de abril de 1976, Dami, un día de pesca; Cristina 5 de junio de 1976…<br />Vi una mujer niña de largo pelo oscuro, casi negro, cuerpo pequeño y delgado, sonriente, muy sonriente. Hermosa y fresca en su adolescencia.<br /><br />Esa noche soñé con ella. Se había metido en mi cama y temblaba de frío o de miedo, entonces me pedía que la abrazara y no le hiciera preguntas.<br />Me desperté sobresaltado, con un mal presentimiento, algo parecido a la angustia.<br />Se clavó en mi carne desde el mismo momento en que la vi en la foto. Por impulso, llamé al administrador para sacarle información sobre los viejos inquilinos, sabía que no resultaría sencillo preguntar sobre personas que habitaron el departamento hacía tantos años.<br />Me llamó la atención el hecho de que las fotos quedaran olvidadas, y que alguien dejase recuerdos tan importantes e irremplazables.<br />El administrador me contó algo muy por encima. Que allí vivió Damián, un estudiante de derecho que aparentaba ser un buen chico hasta que se fue sin pagar el alquiler. Dijo que de un día para el otro no se supo más de él, y que dejó todo. Algunos suponen que se metió con alguna mala junta, o una secta religiosa; otros creen que lo chupó la dictadura, pero que le parecía extraño porque nunca se lo veía con nadie que no fuera la chica, su novia. Le pregunté qué había sido de ella, y me contó que lo estuvo buscando durante mucho tiempo. Que venía y lo esperaba horas todos los días…dijo que daba pena ver lo triste que estaba, y que siguió así por meses, hasta que un día le dejó el teléfono y su dirección para que le avisara si sabía algo de Damián.<br />Mi primer impulso fue preguntar si tenía la dirección de la chica. Pero enseguida supe que era una locura pedirle algo que habría tirado hace tiempo.<br />Esa noche tampoco pude dormir. Me las pasé dando vueltas y escuchando voces dentro de mi cabeza, como un demente. Ya no sabía si era un sueño o real. Me levanté y vi las fotos sobre la mesita; en realidad tampoco recordaba haberlas dejado allí.<br /><br />Su actitud era obsesiva. Trató de convencerse que eran unas fotos olvidadas y listo; pero no, no tenía ningún sentido quedarse con ese pensamiento superficial. Después de hablar con el administrador no podía conformarse con cualquier respuesta. Se exponía al ridículo total al preguntarle si guardaba el teléfono y la dirección, y también sabía que del ridículo nunca se vuelve, pero no le importaba nada.<br />Sus pupilas habían retenido a la mujer-niña de la foto, y cada vez que cerraba los ojos, su imagen nítida le inundaba las retinas, como una maldición, un presagio del cual no podía escapar. Se pasó la noche pensando en cómo encarar al administrador sin que éste se llevara una mala impresión de él. Se escuchó ensayar mil pavadas que no convencían, así que optó por decir la verdad, ahorrándose los detalles; nada de sueños y oscuros presentimientos.<br /><br />El administrador abrió una caja y sacó un papel amarillo. Me lo dio sin mayores preámbulos, diciendo que no me olvidara que habían pasado treinta años, y que menos mal que tenía la costumbre de guardar todo. Luego me miró interrogante y amagó una pregunta que alejó con un gesto de su mano; dijo hasta pronto y se fue moviendo la cabeza en actitud de negación. No me atreví a preguntarle qué era lo que estuvo a punto de decir, pero podía suponerlo.<br />Tenía la foto y el número de teléfono, pero no sabía cómo encararla, además existía la posibilidad que no viviera en la misma casa y que nadie supiera de ella.<br />Miré una y mil veces las fotos y releí las cartas <em>“…que tu cuerpo sea siempre un amado espacio de revelaciones”…sé que te gusta Alejandra, por eso elegí esta frase.<br /></em>Sentí que me estremecía, como si fuera el destinatario de esas cartas y de la mirada sonriente y hermosa de la foto… <em>“no el poema de tu ausencia, sólo un dibujo, una grieta en un muro, algo en el viento, un sabor amargo”…Sabes una cosa amor, a veces me siento tan sola… no pienses mal…me refiero a otro tipo de soledad, es como si no existiera nadie de tu especie…me siento un bicho raro…no soporto tanta injusticia, quiero gritar, golpear caras, sacudir conciencias…no estamos solos en el mundo…¿es posible respirar, comer, amar sobre tanto dolor y abandono?, no quiero vivir así, indiferente…quizás se pueda hacer algo, todavía no sé qué…”<br /></em>Las palabras de Cristina me golpearon como misiles. Otra noche sin dormir; se estaba haciendo habitual soñar con ella, pero esta vez fue distinto. Se metió en la cama mientras dormía y me miraba con sus enormes ojos marrones, que vibraban sensualmente al encontrarse con los míos. Yo era Damián, no existían dudas de eso. Podía sentir su aliento cálido y perfumado mientras murmuraba algún poema de Alejandra. Yo quería decirle que no era Damián, pero cada vez que lo intentaba, como adivinando mis pensamientos, me cerraba la boca con un beso y yo permanecía envuelto en un letargo amoroso del cual no podía salir. Luego me despertaba sobresaltado, taquicárdico, como si algo o alguien me la hubiese arrebatado.<br />Otra vez me encontré sentado con las fotos y cartas desparramadas sobre la mesita: <em>“…Ya sé Dami que me estoy arriesgando mucho, y que en este momento el país esta convulsionado, pero no tengo miedo…no pienso en mí…o tal vez soy egoísta, lo hago porque no puedo con este dolor… ¿viste los chicos de la villa? Sus caritas tristes, ¿es posible tener una vida después de ver ese vacío e incertidumbre en la cara de tantas personas?…puede ser egoísmo…soy egoísta, sufro…”<br />“Inés no está, la buscamos por todos lados y nadie sabe nada…tengo miedo de que las bestias se la hayan llevado… ¿es posible que crean peligrosa a una persona que alfabetiza a la gente de la villa?... ¡ay! Dami, quizás también me busquen a mí…no quiero alejarme de vos, te amo…”<br />“Dami, me escondí en el placard…escuché el timbre y me escondí…estoy aterrada, ¿y yo quiero cambiar el destino de la gente? Jajaja, encerrada en el placard, muerta de miedo…Te necesito Dami, más que nunca, te amo…”<br /></em>Al otro día, enajenado y con el corazón saliéndose de mi boca, fui sin pensar en nada más a la dirección que estaba en el viejo papel amarillo. Sólo con la idea fija de saber al fin qué había pasado con Cristina y Damián.<br />Me encontré con una casa vetusta, casi abandonada, donde la hierba crecía en forma descontrolada y trepaba por las paredes hasta cubrirla casi en su totalidad. Mi primer impulso fue irme, pero una fuerza inexplicable me mantenía firme frente a la entrada. No sé que esperaba encontrar, y tampoco me hacía demasiadas preguntas. Sabía que estaba viviendo una especie de enamoramiento a destiempo por la mujer niña de la foto, que ya no lo era. En el fondo sentía que les debía algo a ellos. Que yo me quedaba con una parte de sus vidas al poseer esas cajas.<br /><br />Toqué el timbre. Después de unos minutos interminables la puerta se abrió y una mujer muy anciana salió casi arrastrando sus pies. Las piernas se me aflojaron, se me cruzaron miles de cosas en ese pequeño trayecto hasta que la mujer habló. Por ejemplo, que llamaría a Cristina y ella aparecería con su carita de niña, el pelo largo y su sonrisa; era un pensamiento absurdo y lo sabía bien. Pasaron treinta años. También imaginaba que me diría que se fue del país por las amenazas, o que se había casado, vivía cerca y la visitaba seguido. Hasta pensé en la opción de que estuviera soltera dando clases en la universidad o la secundaria.<br /><br />Cuando la anciana llegó, le dije mi nombre e inmediatamente le pregunté si allí vivía Cristina. La mujer miró sin comprender, entonces saqué de una de las cajas la foto dónde ella estaba sola y sonriente, pero ni siquiera reparó en lo que le mostraba. Su boca se abrió en un gesto de sorpresa y empezó a llorar con amargura en silencio. Sus lágrimas caían sin control, como si hubiesen estado contenidas durante mucho tiempo.<br />No supe que hacer ante esa reacción que quizás fue la que menos esperaba. Intenté acercarme más, pero la anciana levantó la mano como para frenar mi impulso de intentar contenerla de alguna manera.<br />Me dijo casi en un susurro que era su madre. Le conté que encontré las cajas con fotos y cartas, y que quería devolverlas.<br />Ella empezó a contar la parte de la historia que conocía. Dijo que Cristina y su amiga Inés iban mucho a la villa para ayudar a los analfabetos, querían hacer una especie de escuela y un comedor. Que Damián era un buen chico y se amaban mucho, que estudiaba derecho y también trabajaba, y no tenía tiempo para acompañarla…dijo que la primera que desapareció fue Inés, que la fueron a buscar a su casa y la sacaron como una delincuente. Después desapareció Damián, y nadie pudo entender el motivo, porque él no participaba en nada…eso destrozó a Cristina, empezó a buscarlo por todas partes, a esperarlo en la entrada del edificio, durante horas, días, meses…hasta que se la llevaron también<br /><br />Se me cayeron todas las cajas de la mano. Las fotos y cartas se desparramaron por la vereda. Mientras las recogía, lloraba y al mismo tiempo no podía evitar sorprenderme. Esperaba cualquier cosa, menos este final abrupto para mi incipiente y desesperanzada historia de amor.<br />La mujer me miraba con pena al ver mis ojos llorosos; fue cuando le entregué las cajas y me fui sin palabras.<br /><br />Esa fue la última noche que soñé con Cristina. Ella me recitaba al oído el párrafo de uno de los poemas de Alejandra, a quien conocí a través de sus cartas, y de quien no me despegaría nunca más: <em>“He de partir no más inercia bajo el sol, no más sangre anonadada, no más fila para morir”</em><br />Fin<br /><br />Obra: "Amantes" de Nicoletta Tomas<br /><br /></div><a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www2.blogger.com/post-create.g?blogID=5660623317107637060#_ftnref1" name="_ftn1"></a>©Claudia Isabelhttp://www.blogger.com/profile/07226118727091110690noreply@blogger.com