tag:blogger.com,1999:blog-55915404554923831002009-02-21T05:40:48.493-02:00si ya estas en la azoteaR L Portasanyhttp://www.blogger.com/profile/11288026617283165416noreply@blogger.comBlogger31125tag:blogger.com,1999:blog-5591540455492383100.post-28610989971159750832008-02-09T03:14:00.000-02:002008-02-09T03:15:05.207-02:00RodriguezCasi adivinandonos, el atardecer aterrizando en el campo en medio de un verano tieso y caliente, no caliente desde lo obvio -una temperatura asfixiante-, caliente desde lo que estaba por explotar en nostros, un monstruo sigiloso y torpe aunque emotivamente poderoso y pidiendo a gritos presencia y atención. Creo que si las hormonas tuvieran bordes metalicas ese domingo hubiera sido un festival industrial repleto de chispas.<br /><br />Nadie me creé, pero se escuchaba mi interior - y el de ella - ahí en la pileta de general Rodriguez, la quinta de Estela, en esa tarde asi mojados en esa agua deliciosa donde flotaban pastos verdes recién cortados. Se escuchaba mi cuerpo decir que necesitaba del otro cuerpo, de esa obra maestra y misteriosa que ella paseaba como si tal cosa, inocente de su poder, yendo y viniento de una punta a la otra de la pileta. Solos los dos. Juntos el resto adentro escuchando el nuevo disco que alguien trajo: Clicks Modernos. Para qué llevarnos, los jóvenes estaban invitados, nosotros no. Nosotros dos aún no éramos jóvenes, no entendíamos de placeres a alto volumen, de cigarrillos a escondidas, de discos nuevos y modernos. Igual ni queríamos, nos queríamos ahí el uno al otro, complementandonos. Nos queríamos juntos, empujándonos, insultándonos, ridiculizándonos el uno al otro. El uno al otro. Queriéndonos de la unica manera que habíamos aprendido.<br /><br />El galpón, el quincho, la casita del motobombeador, el rancho de los caseros, la hilera de pinos, las ligustrinas jaspeadas de pelotitas rojas y amarillas, la verde cancha de futbol vacía, el olor del pasto cortado, el sonido de la noche que inexorable nos obligaba a salir, a que alguna madre apareciea con toallas y bueno, a salir; a casa chicos; vamos a comer algo, vamos, vamos (y el último vamos sonando distinto, como complice).<br /><br />Desde la pileta se veía todo, hasta a Hernán -más chico, irreconociblemente Hernán- llorando por la linea de sangre dibujada en sus rodillas y el alambre roto y volteado. Desde la pileta se veía todo, a ellos adentro bailando a través de los ventanales, a los padres calentando el asado del mediodía, a los chicos corriendo alrededor de todo. Veía todo, todo menos el cuerpo de ella, el que ahora adivinaba que terminó siendo peor, mucho más fuerte que observar. Experimenté en ese instante el nacimiento de otra imaginación, la perspectiva de la imaginación. Años después me daría cuenta que esa imaginación nueva se convertiría en el arma favorita del monstruo que acababa de ver la luz -la luz del día desvaneciendose en un atardecer que nunca más olvidaría-. confuso y poderoso la rozaba y ella, risueña y angel, sin saberlo me obligaba a hacer algo que no sabía qué era.<br /><br />Entonces le demostré que excelente nadador era, cuan alto podía saltar desde el borde, lo bien que salpicaba mi bomba humana, mi asombrosa mortal, mi capacidad de buceo y ella reía. Reía. Brotaba mi confianza: hice chistes soberbios, me peiné como mis mejores peinados, le mostré mis músculos gigantes de chico de 12 años, y hasta le encontré dos hebillas rosas en el fondo más profundo. Ese día la mejor mortal de mi vida. Nunca más pude repetir esa pirueta perfecta en el aire, nunca más tuve una testigo tan lujosa, tan preciosa.<br />Salté, corrí, nadé a gran velocidad. buceé, reí, canté y fui el mejor yo de todos que podía ser. Y como siempre, y como aín lo sigo haciendo, tardé. Tardé mucho en darme cuenta de lo obvio. Lo que esa preciosa muñeca de ojos redondos y su españolisimo pelo azabache quería era un beso. Sólo un beso.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5591540455492383100-2861098997115975083?l=siyaestasenlaazotea.blogspot.com'/></div>R L Portasanyhttp://www.blogger.com/profile/11288026617283165416noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-5591540455492383100.post-56384659332648623022008-02-09T03:13:00.000-02:002008-02-09T03:14:03.870-02:00HastaSos el espacio, la forma, la ilusión que desparrama mi cuerpo.<br />La bolsa que junta mis partes,<br />la inconclusa sensación de asomarse al infinito que había olvidado y que a la vez<br />desconocía<br /><br />Sos el arco de tu espalda, el marco de mi duda,<br />una delicada pieza de detalles que te hacen diferente.<br />Bálsamo, placebo, el agua del desierto, la lluvia que sorprende,<br />o simplemente la nada. <br />La manera más dulce de no ser nada y de enseñarme a serlo.<br /><br />Sos la recta, la parábola más perfecta, la sorpresa en el cemento,<br />una pequeña estrella en un camino de disfraces.<br />No me hables, no me cuentes,<br />no le pongas nombre a nuestras cosas.<br />Siente excesos.<br />Enseñame a mostrarte<br />lo mejor del regalo<br />que me animaría a darte.<br /><br />Tiempo de vertigo, piedras al vidrio,<br />tacto al más ardido pensamiento.<br />La vista en la mira,<br />ojos a punto de todo.<br />Excita perderse.<br />Lee en mis labios si tiemblo o me río,<br />nunca voy a saber cómo decirtelo<br /><br />Sos un sueño sin nombre, estigma entre limites, 1000 noches de luna azul.<br />Te acomodo en la lluvia.<br />Hay espacios vacios en cada uno de nosotros.<br />No me pongas a prueba<br />La incognita más enorme<br />es saber hasta donde vivir.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5591540455492383100-5638465933264862302?l=siyaestasenlaazotea.blogspot.com'/></div>R L Portasanyhttp://www.blogger.com/profile/11288026617283165416noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-5591540455492383100.post-36024693524913883792008-02-09T03:12:00.000-02:002008-02-09T03:13:18.617-02:00CompliceLa luz apagada, la tele apagada, el equipo sonando apenas. La sala iluminada ocre, la ventana regalando un trozo de la noche y una parte de la calle. Titila el verde del reloj y el silencio de tus cosas desparramadas, al tacto sobre la mesa. Hay cuadernos abiertos y un vaso dulce y vacio. El mate frío, la pava olvidada. Migas.<br />Quiero entrar, leer, escucharte caminar rozando las maderas viejas de los muebles que no son tuyos. Secretos de paso que jamás entendería. Tus fotos riéndose. La paz de entrar y caminar en medias entre tus cosas.<br />Tirarme en el sillón y ver tu cuerpo libre desafiar los contornos de la vida y tus ojos brillar en la oscuridad, yendo a una de las heladeras. No me viste. No me veas.<br />Quiero entrar y verte volver de la cocina a la cama. Ya la luz te bañó de blanco y el papel del alfajor quedará ahí en la mesada hasta la mañana siguiente. En silencio volvés. Tus pasos murmuran corrientes de aire y no me viste. No me viste.<br />Quiero entrar y verte escurrirte ente las sábanas. Brillan tus ojos abiertos. El verano empezó a seguirte y entrará por tu ventana la semana entrante. Ahora la brisa mece las cortinas y te moves despacio buscando con la piel acomordarte en la posición anterior al insomnio. Pero no es insomnio, soy yo. Ya no invites al sueño. Vendrá.<br />Quiero entrar y verte. A tiempo, un segundo antes de dormir. La paz del mundo necesita tanto de vos. Tu cara es un espectáculo que siempre quise presenciar. No hay tensión en tus músculos, no hay tensión en las horas nocturnas que te velan.<br />Entonces me levanto y desde la puerta comienzo a pensarte mientras me voy. El ruido de mis pasos produce eco en el pasillo mientras me acompañan a la calle. En la calle camino errático pisando adoquines cómplices. La noche, dos cuadras más allá, y la lluvia sorpresiva, me despiertan. Quién sabe dormir sólo para soñar un mismo sueño una vez más?<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5591540455492383100-3602469352491388379?l=siyaestasenlaazotea.blogspot.com'/></div>R L Portasanyhttp://www.blogger.com/profile/11288026617283165416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-5591540455492383100.post-11216598676517925882008-02-09T03:11:00.000-02:002008-02-09T03:12:27.613-02:00sabesSabés qué es estallar?<br />Sabés siempre lo que estás haciendo?<br />Sabés siempre qué decir?<br />Aprendiste la palabra 'cuando' demasiado tarde y ahora no hacés más que entrar cuando la fiesta terminó?<br /><br />Sabés qué es la inanición?<br />Sabés qué tiene que ver con tu piel?<br />Sabés por qué la inercia te persigue como si alguna vez le hubieras quitado una astilla de la planta de su pié?<br /><br />Sabés qué genera tus sonrisas?<br />Sabés por qué no hacés más que cuidarlas?<br />Sabés quien te roba las caricias y por qué se parecen tanto a un vaso de whisky?<br />Sabés quién vive en la puerta de tu casa (abandonada)?<br /><br />Sabés qué es eterno y quién efímero?<br />Sabés por qué todo está al revés?<br />Sabés qué es piedad y qué olvido, qué es esa yaga en el fondo de tus ojos?<br />Sabés por qué es imposible no llorar?<br /><br />El egoísmo también<br /> puede<br /> ser<br /> dulce.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5591540455492383100-1121659867651792588?l=siyaestasenlaazotea.blogspot.com'/></div>R L Portasanyhttp://www.blogger.com/profile/11288026617283165416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-5591540455492383100.post-85575390099187647472008-02-09T03:10:00.002-02:002008-02-09T03:11:41.174-02:00RetarteRetarte a ser más-<br />tu espalda es así<br />prometo olvidarte<br />cuando me aleje de mí.<br /><br />La esquina se agranda si pasas<br />voy hasta ahí si necesito guerra<br />y a pensarte si necesito paz.<br /><br />Te dí más de lo que quería más-<br />mi tiempo de pensar en vos<br />y eso adentro que no se acomodar.<br /><br />Retarte, susurrar<br />recordarme dulce<br />y volver a olvidar.<br /><br />Se que hoy no vas a escucharme<br />pero igual te hablo<br />y te busco en mi oscuridad<br />y en estas llamas que apuntan al mar.<br /><br />No tengo dedos ya<br />voy a cortarlos y a quemarlos<br />antes de llamar.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5591540455492383100-8557539009918764747?l=siyaestasenlaazotea.blogspot.com'/></div>R L Portasanyhttp://www.blogger.com/profile/11288026617283165416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-5591540455492383100.post-81658124597633488812008-02-09T03:10:00.001-02:002008-02-09T03:17:25.374-02:00(In)gravedadJardines distantes,<br />es tiempo de crecer<br />cuando sabes<br />que las mesetas son inevitables.<br /><br />Cuesta abajo<br />es tan dificil no temerle,<br />Fracasos amigos<br />verlos, atravesarlos.<br /><br />Es una decisión<br />dejar la euforia atenuarse<br />Cuánto sabes<br />de todo eso que no está bien.<br /><br />Atarte a un globo<br />y dejarte volar<br />Quién puede querer más que eso.<br /><br />Subirte a la cima<br />y dejarte planear<br />Alguien no es feliz<br />retardando la caída?<br /><br />Los golpes son monedas<br />y el brillo siempre atrae fieras<br />Hay magnetismo en irse,<br />ronda la casa un coyote ingravido.<br /><br />Jardines se anegan<br />y el agua atrae el sociego<br />El burgués ya vivió<br />y a mi me cuesta dejar de hacerlo.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5591540455492383100-8165812459763348881?l=siyaestasenlaazotea.blogspot.com'/></div>R L Portasanyhttp://www.blogger.com/profile/11288026617283165416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-5591540455492383100.post-2459963296439290462008-02-09T03:09:00.000-02:002008-02-09T03:17:58.285-02:00loteNada de lo que te haya matado es simple<br />Es sencilla la respuesta a todo<br />Nada debería pensarse tanto.<br /><br />Te veo a los ojos<br />y espero la respuesta<br />que yo no se darme<br />y que nunca me preguntaría.<br /><br />Nada por lo que hayas sangrado es simple<br />Es tán fácil que te sorprendería saberlo<br />Nada llega demasiado tarde<br /><br />Te siento quebrarte<br />y reir para adentro<br />Idearte y preguntarme<br />qué más necesitaría<br /><br />Vos en angel<br />Vos en dulce<br />Vos en vivo<br />Vos en conjunto<br />Vos en verte<br />reir.<br /><br />Yo se que nunca<br />y que siempre también.<br />te sorpenderías mañana pensaando en mí.<br />Yo se que todo se acaba<br />como se acabará nuestra droga.<br />Pero es tán delicioso disfrutar(lo)te.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5591540455492383100-245996329643929046?l=siyaestasenlaazotea.blogspot.com'/></div>R L Portasanyhttp://www.blogger.com/profile/11288026617283165416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-5591540455492383100.post-68561244681777060132008-02-09T03:08:00.002-02:002008-02-09T03:09:13.487-02:00retornableLa sonrisa que me regalaste<br />no voy a devolvertela<br /><br />Te revolcas en la cama un segundo antes del sol<br />voy por agua y escucho tu voz en el arroyo<br />Aprenderemos la forma de reconciliarnos con nuestros fantasmas<br />y me decis con la copa en la mano<br />las cosas ricas que tus ojos murmuran,<br />17 temas y un tinto añejado.<br /><br />El baño murmura tu olor esmeralda<br />tu cuerpo caliente y difuso tras la cortina invita a ser salvaje<br />Me gustaría ser de tu misma raza para tocarte<br />Tus manos queman mi piel nocurna.<br /><br />Nuestro beso es un lago<br />donde me hundo a buscar<br />cuando no estás.<br />El café está listo y el gato en la ventan vino a despedirse<br />A la noche te esperará en la puerta sigiloso<br />cuando entres pensando en otra cosa,<br />escoltada por esa sonrisa tan tuya,<br />ya sin perfume (otra cosa que me niego a devolverte)<br />y con gusto a bar entre sus delicados labios (devolverlos? ilusa...)<br /><br />Tan nena, tan profunda...<br /><br />La toalla te viste de verano<br />y el sol volverá a mojarte apenas pises en segundos la calle.<br />Te miro mirarme en el espejo y no te alarma que no haya reflejo<br />y es cierto porque no estoy<br />Y no te veo vestirte liviana, pintarte fresca, peinarte simple.<br />No te veo cantar Sabina, mirar la hora en el celular, ver el día desde la ventana.<br />No te veo en el pasillo raudo, en el pallier de espejos, espiarme a tiempo<br />y espiar tu reflejo, hermosa,<br />antes de ganar la calle<br />y dejarme ahí,<br />con el gato<br />esperandote hasta la noche.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5591540455492383100-6856124468177706013?l=siyaestasenlaazotea.blogspot.com'/></div>R L Portasanyhttp://www.blogger.com/profile/11288026617283165416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-5591540455492383100.post-55694603615597318542008-02-09T03:08:00.001-02:002008-02-09T03:08:37.336-02:00sueñaTe sueña el beso<br />que aún en sueños te cuesta dar<br />Te toca el aire<br />que aún en el suelo nos regala volar<br />Te escucha el viento<br />te escucha el viento que vimos espiar.<br /><br />Te siente el tacto<br />de una mesa de vidrio<br />de una cena a punto de comenzar.<br />Te espera el vilo<br />de una noche en puntas de un pié que desnudas<br />Te escucha el murmullo<br />te escucha el murmullo de un alma a contramano<br />el alma a contraluz atrapar.<br /><br />Te espero<br />y espero esperarte<br />Nunca encontré algo mejor que hacer<br />Te busco entre libros<br />y quise definirte<br />y nuca encontre nada parecido a quererte<br />parecido a lo imposible<br />parecido a vos<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5591540455492383100-5569460361559731854?l=siyaestasenlaazotea.blogspot.com'/></div>R L Portasanyhttp://www.blogger.com/profile/11288026617283165416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-5591540455492383100.post-16364787139179514122008-02-09T03:07:00.001-02:002008-02-09T03:07:43.338-02:00parecieraAl fin entró el calor por la ventana cerrada de tu habitación<br />No olvides que hay humo en el fondo de cada corazón.<br /><br />Al fin mermó el fulgor y veo tus ojos<br />lo reales y hermosos que son.<br />No es fácil llevar a puerto un crucero ciego.<br /><br />Al fín salí del sol<br />corrí tanto tiempo esperando una sombra<br />y ver algo vivo que se pareciera a vos<br />y aún no se de estrellas con corazón.<br /><br />Al fín me dí cuenta que no existe vida sin fuerza,<br />no nada nada sin una razón.<br />Que el silencio es amigo<br />pero no conviene hacerlo enojar.<br /><br />Que suelo perderte cuando llegan las nubes<br />que vuelvo tán pronto<br />como se incendia mi caparazón,<br />que hay un cielo asesino<br />y que solo hay sangre buena donde todavía hay vida<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5591540455492383100-1636478713917951412?l=siyaestasenlaazotea.blogspot.com'/></div>R L Portasanyhttp://www.blogger.com/profile/11288026617283165416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-5591540455492383100.post-56663930738251925752008-02-09T03:05:00.000-02:002008-02-09T03:07:05.411-02:00dexcreoTengo miedo que vuelva el dolor que vos obligaste a retroceder<br />No se porque tengo que confiar en vos<br />No se si es verdad que soltando la balsa que me salvó<br />no voy a volver a hundirme.<br /><br />Tengo cien lágrimas a punto de llorarte<br />pero es lo único que no quiero me veas hacer<br />Tengo el gusto de tus labios<br />y el buén gusto de invocarte<br /><br />Sumergido<br />aleatoria<br />un montón de esquirlas.<br /><br />Ir bebiendo lo debido<br />busco el tiempo para añejarte<br />y me pregunto que pudimos<br />haber<br />sido.<br />Tengo el miedo y te creo<br />pero se que el dolor volverá a buscarme<br />cuando vea que se fué quien lo obligó a retroceder<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5591540455492383100-5666393073825192575?l=siyaestasenlaazotea.blogspot.com'/></div>R L Portasanyhttp://www.blogger.com/profile/11288026617283165416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-5591540455492383100.post-54894767962912007332008-02-09T03:03:00.000-02:002008-02-09T03:04:36.790-02:00odiarteme despierto en el albor de tus ojos<br />por ellos te conté del gato que mira para arriba y no me creíste.<br />tu recuerdo invade con tu mar tan suave<br />mi castillo frágil de cada día<br /><br />entonces me ahogo en vos<br />entonces me baño en vos<br /><br />tengo que olvidarte<br />sacarte el traje imantado con el que te vestí<br />bajarte a piedrazos<br />odiarte<br />y después de odiarte<br />odiarte desde más lejos.<br /><br />Voy a romper el vitró de tu catedral<br />voy a llorar espuma y hundirme en las lagrimas del verano<br />voy a operare de mi cabeza<br />y a convertirte en un traspirado vaso lleno.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5591540455492383100-5489476796291200733?l=siyaestasenlaazotea.blogspot.com'/></div>R L Portasanyhttp://www.blogger.com/profile/11288026617283165416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-5591540455492383100.post-56873710935439649232008-02-09T03:00:00.000-02:002008-02-09T03:01:44.953-02:00dinámicasi te vieras desde que te vi<br />si supieras solamente desde acá<br />si pudiera dejarte a un lado y seguir desnudo<br /><br />si entendieras el poder de tu reflejo<br />en la pared que rasguñé<br />desde que te vi<br />si de tanto verte te vieras como te vi<br />si de tanto angel, tanta delicia<br />tanto trajiste, tanto te vi sin fin<br /><br />si entendieras la dinámica de la magia<br />el miedo mio también entendería<br />miedo a que no me veas<br />miedo a no verte mas<br />miedo a volver a serlo<br />miedo a que volvamos atrás<br /><br />miedo al precipicio<br />un punto lejano<br />algo hermoso que se aleja<br />se va achicando<br />se convierte en memoria<br />en sensación<br />en algo que vieras<br />desde que te ví.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5591540455492383100-5687371093543964923?l=siyaestasenlaazotea.blogspot.com'/></div>R L Portasanyhttp://www.blogger.com/profile/11288026617283165416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-5591540455492383100.post-64340513693653983002008-02-09T02:58:00.000-02:002008-02-09T03:02:47.662-02:00NingunoNi la gorda con cara de buena con su fino saco de hilo blanco, ni el pibe que duerme en el asiento de al lado y se agarra fuerte de su mochila urbana, ni los cinco tipos y las ocho mujeres que miran su celular de brillo azul como quien mira a una lámpara de la que debería brotar un genio generoso, ni las dos amigas que hablan y gesticulan y se miran a los ojos (yo no las escucho, veo sus muecas de asombro y el interés que ponen en sus palabras), ni la vieja con las bolsas del supermercado atadas con suma prolijidad, ni el gordo que cabecea hacia delante cada vez que el sueño intermitente lo vence, ni la nena que pasa vendiendo placas de stickers, ni el hombre con pinta de prolijo empresario que lee un pesado libro técnico, ni el flaco que apoya contra la puerta su vieja mochila de Callejeros, ni el que agradece a Dios por todo lo que ni él ni nosotros le damos, ni el paraguayo con la camiseta de Libertad, ni la nena que mira aburrida por la sucia y rayada ventanilla, ni la chica que bosteza y cambia a cada rato de radio en su mp3 escondido, ni las sombras difusas en el vagón de atrás, ni el humo hermanado que se escapa del bullicio del furgón de adelante, ni las risas anchas que los cuatro obreros le dedican al truco, ni la mina que pasa y deja un surco con su perfume que por suerte no es el tuyo, ni el chancho picaboletos, ni el cana, ni el ciego con su latita, ni el vendedor de mentoplú, ni el diariero, ni nadie. No. Nadie. Ninguno sabe de vos y de mí. Ninguno sabe lo que te quiero. Ninguno sabe que ya no estás y que quiero morirme. Ninguno sabe.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5591540455492383100-6434051369365398300?l=siyaestasenlaazotea.blogspot.com'/></div>R L Portasanyhttp://www.blogger.com/profile/11288026617283165416noreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-5591540455492383100.post-1802865194560223902008-02-09T02:50:00.000-02:002008-02-09T03:03:30.946-02:00alejarseLa noche y la ruta se inventaron en el mismo instante. La misma línea blanca, las estrellas inalcanzables, el destino inalcanzable, los elementos que confabulan en esta huída. Estoy tan solo, y la radio me escupe más recuerdos de los que puedo esquivar. Quizás debí haber escuchado, quizás uno se cansa de escuchar. Con el tanque lleno el auto se ha vuelto un monótono esclavo, y las horas, esas que tenían sentido mientras no se había hecho tarde, ahora son solo cosquillas y un leve dolor en la espalda.<br />Pensé que iba a llorarte, pensé que iba a extrañarte. Pensé tanto que estoy tan harto. Lo mejor es el rumbo y perderse, la distancia, y pensar que lo peor está atrás y que acelerando uno lograr ir mejorando. Ni pienso en llorarte, pienso en un cuarto de hotel y en un vaso de whisky y seguir agrandando la distancia.<br />La ruta no tiene curvas, la ruta no tiene peligro, la ruta no tiene tu olor, la ruta te lleva y no va a traerte de vuelta, la ruta no entiende de traiciones, ni de dolor. La ruta es una estúpida esperanza en la vida de los perdedores. La luna acompaña pero no se deja ver, las estrellas empuñan mensajes inútiles. No se leerlos. No pienso en nada, solo en acelerar. La noche se estira, en mi cabeza hay sedientos espacios vacíos. Es a eso que le temo. Harto, aburrido, ofuscado. La rutina es un certero ataque a mi corazón. Los latidos descendieron, los oigo chirriar, arrastrándose deshidratados y mirándome con reproche por haberlos dejado congelarse.<br />Abro la ventanilla y saco mi cabeza. La música se hizo confusa, dejo volar mi cigarrillo y lo veo rebotar en el retrovisor y el asfalto, naranja de chispas, saltando agonizante pero contento de haberse alejado de mi. Parece como si todo lo que necesitara revivir decidiera alejarse, dejarme. El viento me arranca lagrimas, trato de gritar y la boca se me llena de aire. Manejo adelante mirando ciego como todo lo que sigue es igual a lo que ya pasó. Tu nombre en mi grito se desdibuja y suena como la música, distinto. Hermosamente distinto. Hay sombras y no acechan, hay caminos y no son para perderse, hay nuevas puertas y no hay culpa. Allá a donde voy la culpa no es todo, no es todo. La noche y la ruta se inventaron en el mismo instante. Y las soluciones pueden también llegar a tiempo.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5591540455492383100-180286519456022390?l=siyaestasenlaazotea.blogspot.com'/></div>R L Portasanyhttp://www.blogger.com/profile/11288026617283165416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-5591540455492383100.post-62972384341764352592008-02-07T16:57:00.001-02:002008-02-09T03:19:38.474-02:00AñadiendoEsta ternura y las manos libres, dice todavía Lucas en boca del belga. Qué me espera todavía. Cuánta inclemencia para alguien que no puede con su ansiedad. Y me río ironías aparte: yo que creía que las palabras me alcanzaban. Ofuscado, ternura, dulzura. No tengo más que darte las gracias. Y sin embargo (irónica la vida) tengo tanto para darte. Y te gustaría tanto, tanto.<br />Soy tan suave dijiste. Qué paredes ásperas tendrá tu casa, qué pieles viles te habrás topado para decir semejante parcialidad. No importa, a mi me encantan tus halagos. Desdichas o conveniencias. Suerte y verdad. Elegí el camino más corto y mostrándote mi cobardía me escondí entre lo que me acompaña, y desde hace rato te espío sin saber que cara pondría si me descubren tus ojos. Perdón, gracias, por favor. Qué más. No vas a conocer alguien tan correcto nunca. No vas a conocer alguien tan ambiguo, débil y orgulloso. Si nací para amarte, alguien me tiró a la tierra antes para ponerme a prueba y ahora, hoy, mi terrible lógica pura me puso de espaldas y me alejó de la vida con feedback y del retorno a la generación que no es mía, y que es tuya y que es tan enérgica.<br />Fascinado y vencido sigo adelante. El camino es más fácil con el fruto de mi carne bajo mi responsabilidad y él es mi cometido. Y me conforma eso sí habértelo confesado. Su felicidad y mi falta de arrojo. Su reír cada mañana me colma. Colma, ahora que lo pienso, esa sería otra palabra que me podrías haber enseñado. Pero entonces Ternura. Y después, más adelante, Ofuscado. Y además Perturba, y después tus ojos de gato. Y el perfil resoplando y de costado, espiando, mejilla a mejilla, como si las caras no cupieran en un mundo que no nos dio una palabra para definirnos. Soplidos sí, como la película, ¿recordas? Ese fue el detalle que me mostró tu humor sanador, necesario.<br />Qué me falta. Ah, sí. Y la risa, y los recuerdos. Fumamos sobre escritorios, nos escondimos del mundo, desafiamos las leyes, contradecir lo que recomiendan, y la muestra de arte, seguro te acordás, y escucharnos tantas veces el uno al otro nuestros latidos incitados. Me late dijiste. Me siento mas fuerte, mas libre te dije. La libertad es lo mejor que me diste, nunca te lo dije seguro. Espero no la reclames nunca. Que pena es no saber encajar, que pena es no poder reír todavía. Pero ya vendrá, ya vendrá.<br />No es Jack Daniels, es púrpura o inquieto lo que tomo, el vaso traspirado. No se ni lo que digo cuando tomo en el vaso grande. El vidrio se escarcha, el tiempo se derrite como el hielo que recién estaba y ya no. Me hubiera gustado un hermano que me contara de los abismos. Me hubiera gustado ser otro yo. O menos exigente con el ser tan estúpido y sensible que me tocó ser.<br />Un auto estaciona en tu puerta y tiene los vidrios negros y automáticos, y la libertad que yo no pude sacar de una galera gastada y ofrecértela cada vez que la necesitabas. Sos demasiado perfecto pero te quiero en las cosas simples. Llorarte sería estúpido. Me pelearía con el mundo por vos me dijiste. Y yo tan mínimo, tan poco. Que mal me sentí. Merecer no es mi mejor perfil. A quién voy a culpar ahora ¿El tipo se me parece? ¿Importa? Algo sí. Orgullo no me falta. Tengo una pregunta: qué hará el tiempo con nuestras esculturas efímeras que desde hoy subimos al estante más alto del placard. Compartiré con la camiseta de fútbol y el polvo de años una vista privilegiada de tu cama y unos recuerdos incompletos. Y dejaré el tango antes que se me acaben las reservas y termine por devorarme a mi mismo. Sabes cómo son esos viejos.<br />Ahora es tiempo de espacios, de correr los muebles, de acomodar los libros que convoquen espíritus contemplativos y generosos. Llegó la solución que esperábamos. Ya no tenemos el problema. Aunque me fascinó escucharte decir: tenemos un problema, hermoso. Ahora que se que te amo, que te siento carne, que te imploro ayuda, tengo en mi mano el numero que me falta marcar. Me falta uno. Y no voy a llamarte. Pero ¿sabes que dijo Julio mientras tanto? Y que el placer que juntos inventamos sea otro signo de la libertad.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5591540455492383100-6297238434176435259?l=siyaestasenlaazotea.blogspot.com'/></div>R L Portasanyhttp://www.blogger.com/profile/11288026617283165416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-5591540455492383100.post-9586284850362057442008-02-06T13:26:00.001-02:002008-02-09T03:20:08.107-02:00UniformeEs logicamente imposible. Sin embargo tanto se parece, tanto se esfuerzan esos ojos por ser sus ojos que al final, en ese increible lugar donde la implacable certeza no llega, en ese rincón donde todo tiene su oportunidad, ella termina siendo ella. Es imposible entonces que no sea. Definitivamente ella es ella.<br />Por un momento dudó y quizás si continúa pensando tan racionamente volverá a hacerlo y hasta es probable que deje de mirarla como lo está haciendo y se dé media vuelta y se pierda entre la gente - los demás - sumido en un incendio de verguenza, pero a la vez esa incognita, ese regreso del pasado sacudiendole las persianas del hastío hará mella en su tarde, en el resto de esa tarde libre, alfin libre.<br />No es tiempo para dudas, pez que duda se lo lleva la corriente, él crée recordar el dicho de esa manera. No importa, la idea es esa, se dice y vuelve a mirarla mientras en el resto del mundo las cosas continúan sucediendo: como por ejemplo que aún no ha cortado el semaforo, sigue verde para los autos, taxis y colectivos que aplastarían al osado que se les atreviera. Y eso es bueno - lo del semáforo - porque ella seguirá inmovil ahí, frente a él por unos seguntos más. Se levantarían apuestas si alguien los estuviera observando. Esa cara absorta, los ojos desmesurados, el rictus clásico de la sorpresa. Apostarían: le hablaría o no? se animará? Eso parece evaluar mientras la mira para que no desaparezca. Sin embargo ahora piensa en él, no en ella. Se animará a preguntarle? En un momento es un león con la mira puesta en la presa y al segundo un témpano o un marmol. Igual de disimulado también. Lo que la duda puede hacernos...<br />El semáforo corta, de ambos lados de la avenida manchas de gente se derraman sobre el asfalto deglutiendo los rectangulos blancos de la senda peatonal con apuro, como si estuvieran por acabarse. Parece una carrera para ver quién llega primero a la mitad de la calle, el punto equidistante de ambas orillas ahora deformes de urgencia. Autos obedientes esperan dominando su impaciencia. Ella no se fué, ahí sigue. Vigila. Mira con cuidado, libreta en mano, el orden, reglas. Él tampoco ha avanzado, repetirá: seguro es ella, ella y su dulzura, ella a pesar de su cara endurecida, ella y su fragilidad a pesar de como se hace ver, ella y esa cuerpo que tembló entre sus sábanas y ahora viste uniforme. Tratará también de olerla, de rozarla en un descuido -quizas su piel recuerde mejor-, de escuchar su voz, la voz que quedó grabada en él a pesar de los años -la voz es impermeable al olvido?-. Entonces sí estará seguro, entonces sí será ella porque así es él, hasta que no logre la coincidencia perfecta de las arista de aquella casi adolescente niña de ojos de sueño con esta mujer de mentiroso atuendo no pondrá las manos en el fuego por su memoria. y se preguntará: se irá diluyendo esa pasta gris para darle paso a la certeza, al marco indeleble de esta nueva ella y será al fín una verdad a secas, una verdad inesperada e ilógica pero una verdad que le quitó hastío a esos dias que sólo traían sucesos controlados, torpes?<br />Ríe ahora mirandola, ríe porque sabe que ella no lo verá reir, ríe parapetado. Ahora los separa el puesto de flores, baldes de rosas y fresias sin armar; ahora están más lejos y sin querer más cerca. Ella sentirá un bienestar indescifrable como si estuviera abriendo una carta con buenas noticias aunque varios años después, y en esa sensación se colará también el alivioy hasta la felicidad porque se ha hecho más grande, adulta, mujer, mujer que se ha superado y que tiene en ese bienestar el premio, al menos a flor de piel; y mira el puesto de flores que no había visto y ve colores, y olores, y todo ese extraño -y hermoso- fenómeno que la arrastra, la embarca en un paseo a su pasado, cosas viejas, dias especiales, como un aniversario, como una fecha propicia para un balance. No logra explicarse porqué de golpe está pensando en él. No se explica pero está bien. Y eso también le gusta -valor agregado a su bienestar-, ella tan lógica, tan estricta pensando en esa vieja locura, o no fué él una locura adolescente plagada de buenos momentos. Quizás así sean las cosas que no se planean pretenciosas.<br />Algo le pregunta la florista y él se sonroja mirandola de reojo, no a ella, la florista, a la chica de más allá. La florista que es jocosa y que ha quedado -y lo sabe- en medio de la linea de fuego vibra como si su cuerpo estuviera ocultando algo brillante que pugna por salir y no tiene ningún animo de ocultarlo. Habla fuerte, gesticula, busca cómplices y los halla: la conocen. Ay, Mirta, ustéd siempre igual, le dice un hombre de paso. Dos más se rien de las ocurrencias de la gorda. Hay algo. Mirta cuando vende, vende más que flores. El valor agregado que le dicen. El mismo valor agregado que el de la agente, que el de él, que el de todos. Flores simples se venden en cada esquina.<br />Él se vuelve sobre sus pasos acercandose a la agente, contento como con cientos de regalos para darle. La agente ríe, todavía sin verlo. Ha bajado la guardia y espera gustosa por la sorpresa que desde la mañana la venía amenazando.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5591540455492383100-958628485036205744?l=siyaestasenlaazotea.blogspot.com'/></div>R L Portasanyhttp://www.blogger.com/profile/11288026617283165416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-5591540455492383100.post-17125682275428309302008-02-06T13:25:00.001-02:002008-02-09T03:20:31.193-02:00CédulaInútil pretender llegar a un acuerdo, es algo preestablecido entre esas dos miradas, un destello como de guerra entablada, miradas camorreras, un desafío de agente férreo a infractor in fragantti, o infractora en este caso.<br />El Volkswagen calienta y no es el único, el Buenas Noches es frío, de manual, igual esa seña como inevitable de la mano derecha extendida, tocándose la sien con la punta de los dedos mayor e indice unidos; ella contesta sin mostrar los dientes, la ausencia de simpatía mete leña al conflicto, el festín del mal humor es palpable, en ella al menos. En él todo ronda dentro de los limites rutinarios del agente de tránsito. Las luces amarillas del piquete destellando le ponen una tensión a la escena quizás exagerada, es un control de rutina señorita, no se preocupe, necesito verificar la documentación, muy bien, la suya y la del vehículo, sirvasé oficial, la cédula también, gracias señorita. El gracias que murmura ante la ineludible hostilidad del sirvasé oficial lo sorprende al agente, no entiende porqué lo dijo, es su primer palabra insubordinada del día, la primera que se le escapa en el turno, un turno que comenzó con el sol del mediodía y aún abarcará todo el atardecer, la noche madurando. La somnolencia del regreso a casa de la masa trabajadora se esconde trás un susurro delicioso hecho de motores en procesión inversa a la matutina. El detalle le produce fastidio, es otro el ruido a la mañana, más violento, más ansioso, como infectado de obligaciones, un apuro para llegar a dónde no se quiere llegar. En cambio, así, volviendo, todo se vuelve más silencioso, un cadencia como tributo a la antesala de lo familiar, a la casa a la que se acerca.<br />Analía Morales, la foto no la favorece, es hermosa, no parece de 29, quizás 24 le daría. Sedan 2 puertas modelo reciente, papeles en regla, seguro, verificación técnica, todo. Sólo que debería conducir con lentes... Algo le dice el agente refiriéndose al detalle, mirándola a los ojos. Ella, en cambio, acude a su cita ineludible con el espejo retrovisor, se peina, se mira los dientes y no contesta. Ahora que la luz solar merma -el auto está detenido a la sombra de un jacarandá cuyas flores lilas -no celestes- cubren toda la luz del neón del alumbrado público- más notorio se hace el resplandor azul violaceo del tablero, y violaceos se ven los ojos distantes de la chica, Analía.<br />Usted sabrá disculpar la demora, se verificarán sus datos y enseguida quedará liberada, ah estoy detenida, nó en absoluto, es rutina, no se me asuste, no estoy asustada, permiso. En el segundo inmediato después del permiso del oficial, los estiletes de Analía abandonan el espejo retrovisor y agreden al agente con la vigorosa intensidad del que sabe manejar con destreza las armas con las que cuenta: solo le estoy pidiendo que se apure, (pausa,mirada ascendente y descendente, y otra vez ascendente), oficial. La señal de asentimiento del oficial no se parece a la que hubiera deseado emitir, una más profesional hubiera sido mejor, como demostrando autoridad, fuerza, superioridad en definitiva. No, sólo fue un dejo sumiso, un pedido de aprobación o algo así.<br />Analía, los ojos de Analía, al fín lo sueltan. Sin embargo, a pesar que su hombría pedía a gritos esa liberación, el hecho no le produce el alivio deseado. Ese soltarlo, esa apertura de tenazas de parte del iris pardo femenino, lo deja solo, bobo, impávido. ¿Qué hace la tierra después del paso del fuego? ¿Qué queda de la cosecha cuando las langostas ya se miran unas a otras satisfechas? El oficial mira a los otros: Venegas se rasca la panza en sentido de las agujas del reloj sentado en el capot de la patrulla, Juarez es una sombra con la vista fija en una mosca que vuela en círculos bajo el puente, Sobrado y Martinez miran con atención el paso cansino del tráfico, el otro Martinez -el capo- se acerca con paso de buey al dúo y algo dice, riéndose, masticando, moviendo el bigote de brocha con cierta elegancia. Los cinco lo ignoran por completo, qué ayuda puede necesitar Larrañaga, mirá el minazo que demoró, es vivo para elegir el muy guacho, además tiene un verso... Ya le va a encontrar algo para atemorizarla, la va a acorralar como a un pichón, y al final, distendiendo, vendrá la táctica del comprensivo, la confianza mutua, la compradora sonrisa de costado, casi oculta, casi exclusiva. Si lo conoceremos al Larrañaga...<br />Lo sorprende a él mismo esa necesidad de ayuda, así, desamparado, diezmado en una batalla despareja. La noche se hace larga, se hace goteo, repetición, adormecimiento progresivo. La luz del piquete, un redondo círculo amarillo destellando, baña las barreras de madera, el corredor, el par de patrullas, los conos repartidos formando un dibujo en el piso -obsesión del loco de Juarez, qué quilombo hizo la vez pasada cuando alguien se lo desarmó, hasta peló el fierro dispuesto a todo y lo tuvieron que cubrir todos-, mientras la lentitud repta y contagia. Solo le pido que se apure. A Esteban Larrañaga, caucásico, tez trigueña, 38 años, contextura fornida -oso viejo-, le costaba alcanzar el móvil policial y dejar a la demorada tanto como si tuviera la obligación de nadar hasta el auto atravesando un estanque repleto de cocodrilos. Sólo le pido que se apure, qué le pasa a ésta. ¿No sabe quién manda acá? Nadie le explicó, por lo visto. ¿Saberse linda la hace sentirse más fuerte? Con su reputación en juego acepta el reto. Se ajusta el cinturón como si cada una de sus dudas intentara penetrar en sus pantalones, y recompone enseguida su cara, sus facciones, su presencia. Los años de servicio siempre ayudan en esta tarea.<br />-Señora -adrede-, nos tomamos el tiempo necesario, tomá, ahí tenés, bomboncito, te lo dije no más, perra. Hermosa perra.<br />Pateando cocodrilos se aleja del VW cuyo amarillo estridente alcanza para lastimar cualquier vista, más cuando los faros de los autos de la autopista lo bañaban de reflejos como baldazos de luz. Algo pensaría, y pensar es bueno ahora que la perra lo largó, se dice. Se siente bien sin nadie que le mordisquée los trabajosos pensamientos. Tiene buena mano la perra, de alguna manera le borra lo que piensa, se lo ensucia.<br />Pensar, sí, el intento estaba en marcha, sin embargo hay un ahorro de esfuerzo gracias a la mano del pincel del destino. En el camino algo llama su atención, un detalle, y ese detalle que vió lo rescata de sus dudas casi como si hubiera ganado la grande y el premio fuera un cargamento de nuevas neuronas. Ese algo lo obliga a abofetearse por dentro, a volver junto a ella, ya mutado, ya de vuelta él, ya él dueño y señor de la voz de mando. Larrañaga y su sonrisa se asoman al lateral del auto y constatan la falla. Ese auto no puede transitar así, es un serio peligro para los demás, la perra tendrá al fín su aleccionador merecido.<br />Los demás continuan en la suya. Nada ha pasado y nada pasará. De golpe el tablero se reacomoda y por esas cosas de la lógica, un golpe es el responsable de esa reconstrucción. El oficial desanda pasos, rompe cráneos de cocodrilos y se acerca por detrás a Analía, ya vuelto, ya oficial de policía en serio. La cabellera espumosa, los hombros bañados y desnudos, el brazo abandonado, su codo asomado por la puerta de conductor, una mano sutil, una piel con pecas perfectas, asoladas. Con su actitud inmutable la chica espera. El codo ni se mueve.<br />-Haga lo que tenga que hacer, oficial.<br />-No puede circular así, su vehículo tien...<br />-Haga lo que tenga que hacer, oficial. Ya me escuchó. Seguro no viene a pedirme permiso.<br />-No.<br />Sólo no. No le sale más. Al menos pudo sostenerle la mirada antes que de volviera al retrovisor y se sumergiera en la nada, es ese espacio reservado para volar donde sólo vuelan las preciosas criaturas inalcanzables, las elegidas.<br />-Haga, oficial.<br />Segundo Golpe.<br />El oficial no se amedrenta. El abdomen abultado, las canas, el color del uniforme, el brillo lustroso de la placa, las dos V amarillas bordadas boca abajo en su hombro, la carrera, el arma. Todos los detalles están de su lado. Del de ella, sólo su belleza, esos ojos peligrosos, un cuerpo perfecto adivinado en la oscuridad de su butaca impecable. Poco para ganarle a él la pelea. Tiene agallas, eso no lo duda, pero es mujer y en ese detalle claudican todas las razones.<br />Mujer.<br />El oficial anota en un acta de infracción la patente del VW y se dirige al móvil. Los cocodrilos lo miran de reojo, murmurando. Quién ríe último, se dice y deja la frase trunca. Lo que se gesta, irrefrenable, convierte su sangre en chorros calientes y desbocados. Venas llenas, gordas, visión telescópica, sed de venganza. Si sus compañeros supieran lo estarían colmando de frases para tranquilizarlo, se referirían al caso como de una locura, mencionarían su carrera, el procedimiento, los sumarios, la perra, porque no valía la pena ponerse así, manojo de nervios; pero por dentro, él lo sabía, estarían pinchándolo, alentándolo, que la fuerza, que el respeto, que hay que exigir, hacerse respetar, que todos tienen que saber quién manda, y más si es una mujer, carajo, imagínen la vergüenza, los pasillos, los rumores, las risas...<br />El móvil destella azul, vacío, las puertas abiertas, la radio habla sola. La voz del oficial pide información con una frase en la que abundaban imperativos y huelgan artículos. Una voz impersonal contesta luego de unos segundos usando el mismo curioso idioma, luego un minuto silencioso y al fin la respuesta nítida. Toda la fuerza lo acompaña. El oficial, la claridad de la voz que le responde. No hay necesidad de chequeo alguno. Su mente se llena en parte iguales de satisfacción y sorpresa. La muy perra, su merecido, las felicitaciones, vehículo con pedido de captura, la cara que pondría, su cara intentando aguantar la carcajada, el arma sin seguro, el chaleco ajustado, adrenalina hermosa, cocodrilos colegas babeando de placer ante su paso decidido -ahora inevitablemente triunfal- como quién va a recibir una medalla, actuar rápido porque el tiempo no está para desperdiciarlo.<br />Si los golpes más fuertes son los que no se esperan, ese que está por recibir es un golpe fuerte.<br />Tercer golpe.<br />Camina y llega, decidido, voluminoso. Y es entonces cuando sus pies se cargan de aire y se despegan del piso con una potencia tal que parecen los propulsores de Astroboy. Los baldosones del asfalto pasan debajo de su vuelo con total naturalidad, las ramas del Jacarandá lo esperan para abrazarlo. Hay algo en el aire, un olor a promonición que se mezcla con un retorno a casa que ya nunca va a consumarse para él. A pesar del chaleco, del peso de los borcegos, de su propio cuerpo cercano a los cien kilos, Larrañaga vuela de espaldas y en su cara de tez picada, de bigotes gruesos, se dibuja la sonrisa premoldeada que en el umbral de la muerte, ese rebote fortuíto, se mezcla en partes iguales de sorpresa y gallardía.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5591540455492383100-1712568227542830930?l=siyaestasenlaazotea.blogspot.com'/></div>R L Portasanyhttp://www.blogger.com/profile/11288026617283165416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-5591540455492383100.post-11185123339789416382008-02-06T13:23:00.002-02:002008-02-09T03:21:00.144-02:00Angel- ... hay un ángel, te juro. Hoy lo vi. No te puedo contar mucho, lo vi rápido, medio de casualidad, había mucha gente. Ya sabés como está el andén a esa hora. Iba medio dormido, ya sé lo que pensás, igual te digo que no lo soñé, ni nada de eso. Estaba ahí, y en un segundo ya no. En serio Juli. Después sigo, esto ya se corta. Soy Lautar...<br />- De nuevo yo, no sé cuanta cinta tendrás. Voy a ser breve. El ángel, hace rato que lo vengo sintiendo. Es como una presencia. Un... algo. No sé cómo explicarte. Estoy más tranquilo ahora, recién vengo del bar de Tony, me tomé unos tragos. Venía loco, me entenderás. Dos solos, en serio. Lo que pasa es que no me aguantaba con tod...<br />- Se cortó. Ufa, cúando llegás a tu casa, me pudre hablar con la máquina, me hace sentir más loco. Fijate como es, el ángel digo, en el bar ni se apareció. Lo esperaba. Bah, yo digo "lo" esperaba pero en realidad no sé si decirle "lo esperaba" o "la esperaba". El hecho es que ni apareció. Viste cuando tenés la necesidad de hablar con alg...<br />- Sigo. Alguien a quien contarle tus cosas. Quizás por eso vino, como un deseo que pedí sin saberlo, aunque tiene su personalidad, lo habrás notado. No es dócil. Yo lo esperaba -voy a decirle así. Me parece que a un ángel le cabe más lo masculino, me suena mejor así que la ángel. Bueno ya estoy hablando boludeces, ya se corta, mejo...<br />- Te decía. Después me cansé y salí de lo del bar. Tony me preguntó algo, me hizo un par de bromas, se ve que por mi cara, ni cinco de bola le di. ¿Sabés lo que hice? Me fui hasta la estación. A esa hora, ya sin nadie, sería más fácil. No sabés lo oscuro que estaba, ni una luz. Los que sí andaban, como siempre, eran los guitarreros en el copetín...<br />-Nada, vos sabés que no lo vi. Lo sentía, te juro. Está acá, me dije. Era como sentirse vigilado, pero bien, tranquilo, no obsesivo ¿me entendés? No recaí, estoy feliz, entendeme, hacía rato que no me sentía tan protegido. Te conté de mis miedos, sabés de la medicación que tomo. O tomaba, porque no la estoy tomando. Te juro Julita, no lo cuent...<br />- En serio, no sabés como necesito hablar con vos. Sé que cortamos hace rato. Igual pasa por otro lado esto. De amigo a amigo, no todo el tiempo se andan apareciendo ángeles. ¿Sabés que lindo es? Te puedo hablar de su pelo lacio, brilloso, de su cutis terso, perfecto, de sus manos. Igual nada de eso es importante, lo más importante es...<br />- Se me corta en lo mejor siempre. En qué iba, ah, sí. El andén nada que ver con la mañana, vacío. Silencioso. Me decidí, caminé, lento, contando los pasos, de una punta a la otra, varias veces, hice ruido, pisé fuerte a propósito, carraspeé, tosí con ganas. Y nada. Sólo llamé la atención de los del copetín. Del ángel, ni rastros. Igual, yo, tranqu...<br />- Me dio ocupado recién. Volvió, dije. Basta de máquinas, al fin una voz humana. Ya ves, sigo en la misma, la ansiedad me hizo marcar mal o te llamó alguien más. ¿quién sería? Bueno, no importa. Sigo. Sabés el porqué de mi tranquilidad. Imaginaste alguna vez a este Lauti amigo tuyo caminando solo y a esa hora por la...<br />- Hola, la conclusión es certera. Estoy mucho mejor. Sigo, ahí no termina la historia. Me volvía para acá, pensé en llamarte desde los públicos del camino pero no tenía tantas monedas y no quería dejar la historia a medias. Bajé del andén, los cosos del copetín me miraban como si sus ojos fueran bolitas de acero y yo un electroimán. Despu...<br />- Sí, pasó más de hora desde el último llamado. No preguntes, me quedé en blanco, no recuerdo, como dormido, tal vez no esté tan bien como te dije. No le dés bol... importancia. No te quiero cargar con más, ya hiciste bastante por mi en otras épocas y no tenés obligación. Estoy aturdido, ¿sabés de qué me di cuenta hace un rato? No sé cómo n...<br />- No sé cómo no me había dado cuenta antes. Bueno, sí sé. El tema es que lo vi todo con claridad. Ese ángel, ese ángel terso y hermoso eras vos. Vos, me entendés. Tu yo no corporal. Y me traías un mensaje, un pedido. Al principio no entendí, pero ahora voy para ahí, ya sabes mi obligació...<br /><br />Es todo, ahí se termina la cinta- dijo. Fue esa la única prueba que quería presentar ante ustedes. Me permito no agregar ningún comentario a lo que acaban de escuchar con total claridad, no lo creo necesario. Gracias. Señor Juez....<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5591540455492383100-1118512333978941638?l=siyaestasenlaazotea.blogspot.com'/></div>R L Portasanyhttp://www.blogger.com/profile/11288026617283165416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-5591540455492383100.post-5288736219450971742008-02-06T13:23:00.001-02:002008-02-09T03:21:27.145-02:00TaliTan rápido como pudo Tali bajó las escaleras. Como cocodrilos dormidos cada escalón se le escurría bajo sus zapatillas jadeantes. Atrás, los ruidos del pasillo la perseguían. Ecos. La puerta del aula 233, cerrada, guardaba a todos adentro. Todos, menos una. Murmullos se convertían en voces y voces en gritos. La noticia prosperaba eléctrica. Eso no se debía haber hecho, eso es una locura. Qué raro, una chica tan sana, tan callada, algo le habrá pasado, todos sabemos qué raros son sus padres, cómo la tratan. Tenemos que encontrarla, aleccionarla, el colegio tiene responsabilidad sobre ella, sobre su formación. Apresarla antes que haga una locura. Otra...<br />Tali vió la puerta abierta, la calle, la seguridad inflingida, el sol de la plaza, la tarde, la libertad, la voz de su interior, ya no volver. Por la ventana del aula, los que quedan, la ven correr, la llenan de palabras extrañas, de una baba dulce, un inédito respeto. Tali salió, Tali está curada. ¿Viste?, pudo hacerlo.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5591540455492383100-528873621945097174?l=siyaestasenlaazotea.blogspot.com'/></div>R L Portasanyhttp://www.blogger.com/profile/11288026617283165416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-5591540455492383100.post-65175247914192361062008-02-06T13:20:00.000-02:002008-02-09T03:23:14.075-02:00DieselSilbaban. Te juro, nunca había escuchado algo así. Entonces esta campana se rajó. ¿Qué querías? Sí, agarré el subte y a la mierda. Ahora subo los escalones, de dos en dos, de tres en tres. La remera se me llena de aire, la basura vuela, hay tanto viento. ¿Es eterna esta escalera? ¿Porqué tuviste que hacerlo?<br />Es una noche confusa, todo oscuro. Mi cabeza está demasiado enferma para pensar bien pero aún tengo claro lo del apuro, quiero decir, estoy corriendo y todavía sé porqué corro. Miro arriba, a la superficie, por entre mis pelos que cuelgan y bailan con ritmo de cumbia, subo, es cierto, pero es como si me faltaran horas para llegar arriba. El subte me dejó y se fué haciendo temblar los deditos de mis pies. Después, silencio, un silencio raro, como si alguien estuviera por atraparme.<br />Estación Pueyrredón. Ahora nadie sabe, corro, y es por eso que me miran, sólo porque corro y es raro ver correr así a una chica, pero yo sé correr, corro bien, no como otras. Eso sí, tengo que tranquilizarme, ellos no saben de vos, nadie sabe de vos. Corro y mis pechos saltan, me duelen, y estos escalones de mierda que no se terminan, y transpiro como loca, y no entiendo nada. Ya no quiero estar así, me jode, no me gusta fumar esa mierda, a mí dejame con el porro, es un poco más caro ya sé, pero hace rato somos amiguitos. Ahora, así colgada no sé cómo voy a hacer para llegar al diesel. Gotas de transpiración y voces que vienen de arriba se confunden con gritos, gritos de tipos raros que se mezclan con los tuyos dentro de mi cabeza, parezco loca, ya sé. Esta vez no te salvaste, lo presiento, apuesto lo que quieras, te oí gritar, caías, ruido a ropa pesada y ese cuerpo era tuyo, estoy segura, y los silbidos de las balas, y el loquito ése, el más pendejo, cueteando para todos lados. Corro más rápido ahora y no sé si es para que no me alcance la cana de mierda o tu recuerdo. La escalera termina, miro adelante y algo me espera, algo malo, y atrás la boca del subte con sus dientes filosos. No puedo esperarte, conozco cómo se comunican entre ellos, no soy tontita, cada vez son más, escapar, sí, escapar, cuanto antes, cuatro cuadras no es mucho, puedo hacerlo, el diesel, no sé, subirme y que me lleve a la mierda, seguir hasta que alguien me baje, nos baje. No me acostumbro a hablar de dos sin vos, sabés, pero ya no pude esperarte, perdoname, tuve que rajar. ¿Qué querés que haga ahora, boludo de mierda? Me pregunto quién carajo te calentó la cabeza, de dónde sacaste esa idea pelotuda, que va a ser fácil, que hay transa, que es zona liberada, dijiste, y nos salvamos, dijiste.<br />Y nos salvamos.<br />Mirá vos.<br />Piramos para Uruguay, a la concha de la lora y a empezar de nuevo. Iluso. Iluso y pelotudo. ¿Sabes cómo te van a llorar en la villa? No sé ahora quién les va a llevar lo que vos le llevabas, ni pensar quiero. Tengo una comparsa en la cabeza, me falta el aire. Te odio, y me lo repito seguido para sentirme mejor. Seguro, ahora ellos van a subir esas escaleras de ahí atrás, y me van a agarrar, y otra vez adentro y no puedo volver a entrar, ahí sí me suicido. Mis piernas quieren piedad, tengo en los oídos retumbando los cuetazos como si no pudieran salir de mi cabeza, rebotando de una pared a la otra, de un oído al otro. Claro, sí está vacío ahí dentro, dirías, y yo meta risa, tenés razón, pero adentro de la tuya tampoco hay mucho, de paso.<br />Te bajaron, sí, seguro, te escuché, mierda, ¿quién los llamó?, ¿justo hoy tenían que llegar tan rápido? Doblo la esquina, Pueyrredón y Corrientes, agarro Pueyrredón, la basura vuela, los gritos no son lo que pensaba, son vendedores. Dos viejos me señalan, se cruzan en mi camino, se ríen, los empujo, se burlan de mis tetas que saltan. Me quieren tocar. Una pareja mira zapatillas en una vidriera, por el precio, deberían estar en cajas fuertes más que en vidrieras, son como las Nike que vos les llevastes a los pibes. Las luces se apagan, los giles ponen candados, eligen llaves, atan cadenas, charlan, los miro a los ojos tratando de encontrar ahí algo que se parezca a la angustia que llevo pegada y no veo nada. Son caras cansadas, pero felices y me miran con lástima. Sí, no me preguntes cómo lo sé, así piensa mi cabeza, te juro, todo es negro. Debe ser la pasta, te dije, no me hagas fumar eso, pero vos, terco... Bueno, ya ves, la cagamos por no hacerme caso.<br />Los colectivos me aturden, alguien me putea como si lo hubiera asustado. Ni vos ni ellos me persiguen pero tengo en la punta de la cabeza una inundación, y tengo que llegar antes del cuelgue, si no ya fué. La comparsa que escuchaba, ahora cualquiera puede escucharla, ya no es sólo mía, golpea, golpea, se vuelca, el sonido rebalsa mi cabeza, se vuelca por mis ojos, por mis pestañas. Ya fué. Nos metimos en algo malo, los miro pero nadie se entera, alguien tendría que avisarles, están viniendo para llevarnos a todos.<br />Ya veo la estación, está sola y triste, parece mala con esas. paredes sucias, las columnas viejas, los huequitos llenos de murciélagos y ratas. Te odio. Tengo un miedo que me muero. Protegernos... Que diferente podría haber sido todo. El piso tiembla, hay nubes negras de calor, salen de las rejas del subte, se mueven de reja en reja, por el asfalto vuelan diarios rotos. No sabés cómo te odio nene, y sabés porqué te lo digo: no tenías derecho a dejarnos solos.<br />Ya fué, cruzo. A un tachero algo le pasa conmigo, y yo como si tuviera auriculares, no escucho, no veo, no coordino. De golpe miro mis piernas y veo un pulpo que me mira fijo con los ojitos así, chiquitos. Dos pibes meten alambre en un teléfono, los miro, me saludan, me conocen, cinco o seis mujeres anudan cartones, también me conocen. Lo primero que voy a hacer es hablar con los otros pibes, ellos saben todo, qué otra cosa querés que haga, no voy a ir a la cana, ni a preguntarles a esos otros giles, qué saben. ¿Mi casa? ¡Olvidate! Ojalá se mueran. A la villa tampoco voy a volver.<br />Todavía escucho esa cumbia maldita, nuestra cumbia, la cumbia que querías escuchar ese día. Suena tonto que en un lugar tan fino se escuche cumbia, pero ya sabés cómo son los ricos esos, ¿pero justo esa cumbia? Por más que me la trate de sacar de la cabeza, me suena y me suena, parece que me tragué un pasadiscos a monedas, te digo que soy capaz de gastarme cada moneda del bolsillo con tal de escucharla.<br />Va a llover. Se siente el olor a tierra mojada y las hormigas se chocan como tontas, ciegas y apuradas, es hermoso ese olor, tierra mojada, como allá, ¿te acordás? Me zumban los oídos, estás diciéndome algo, seguro, prevenirme, siempre estuviste ahí para cuidarme, es por los turros esos escondidos por acá, ¿no? Les siento el olor. Tengo recuerdos raros, locos, y escuchá porque sólo vos podés entenderlos: viernes a la madrugada, amanece, vamos borrachos pateando piedras al costado de la ruta, volviendo, la música del boliche retumba atrás, medio lejos ya, nos vamos, los oídos zumban por eso me acordé, tu mano juega con la mía, no te conocía así, digo tantos años de verte en la villa, las cosas que me decías cuando pasaba, guarangadas, de lejos, porque cuando pasaba por al lado y te miraba, bien que te hacías el boludo. Tu paso de cumbia, no sabés lo que me divierte verte bailar con ese paso tan raro que hacés, parecés una iguana, una iguana payasa. Te sentía a través de tus deditos, y hasta me dejaste en casa, caminamos como cincuenta cuadras entre casas de ricos, los buches nos miraban, no quería llegar nunca. No te puedo dejar así para que tu viejo te mate, me dijiste, sos chica negrita, mirate la pinta, no te los pongas en contra, ya cuando cumplas los 18 va a ser distinto. Sí, fijate, qué razón tenías, todavía no tengo 18 y ya hace más de dos años que no vivo más en casa, ni cinco me dan, ni les importaba que viniera ni que me fuera, ni que llegara borracha o colgada, ni que quedara preñada, ni que me lo sacara, ni que me hiciera puta, ni que afanara, ni que palmara. Qué te iba a andar contando esas cosas de la familia, vos, tan dulce y ellos tan mierda. Tenés razón, te dije, me acuerdo, caminemos un rato más, ya se me pasa, y se me doblaban las patas mientras te lo decía. Lo único que quería era estar más tiempo agarrada fuerte de tu mano y que me llevaras a donde sea, hasta donde lo lindo no se terminara nunca.<br />Caen las primeras gotas, son tan finitas, tan pobres que el viento ni las deja tocar el suelo. Cruzo otra calle sin mirar, total estoy jugada, la patrulla, enfrente, me miran, me persiguen con esas luces azules horribles, me hago la cansada, estoy cansada, camino, soy la más calmada del mundo, finjo, ¿entendés?. Ya fue, llego bien, faltan dos cuadras nada más, hago pasos más lentos, al revés de mi corazón que galopa, como loco está, me doy manija y me vuelve loca no poder parar. Sabés qué, me muero porque tus manos me agarren de sorpresa por atrás, y que me digas que corra, que no pare, que nos persiguen, que los tenemos casi encima, esos putos, que todo está bien igual, que hay que ser rápidos, y vivos, así sí nos salvamos, que te pesan las billeteras con olor a cuero de turista y a restaurant de rico, que vamos a comprar de todo con esa guita, pienso en polleras y pinturas nuevas, que qué boluda soy sí para Uruguay hay que agarrar para el otro lado, no importa, dale, seguí negrita, corramos, tomemos el diesel, vámonos a la recontramierda. Pero tus manos no aparecen.<br />Dale aparecé, dale, hermoso. ¿Dónde estás?<br />Por favor te lo pido, no me dejes sola...<br />No. Ni mi desesperación te trae, y me niego a mirar atrás, a darme vuelta. No siento tus pasos ruidosos, tus botas contra las baldosas y ese ruido que no escucho es una púa, un vidrio filoso cortándome la panza. Voy a vomitar, es por todas esas caras que me miran. Estoy ojeada. Casi empiezo a correr de nuevo, una alarma en mi pecho me lo pide, me lo ordena, me niego, hay dos cosas que me atan, esperarte -aunque no tenga sentido- y la cana, enfrente. Esperarte es la muerte y lo sé, pero soy media tontita. Problema tuyo si no creés en Gilda, yo sí. La ley ni se entera que corro por lo que corro, y además son todos gordos putos. Las líneas de las baldosas se me cruzan, no es una buena señal. Si voy a desmayarme que sea en el diesel por favor, sólo eso te pido, Gildita. El resto que sea lo que la Virgen mande. Se me aparecen mis hermanos con sólo pensarlos. Los veo, claro, a todos, al Lalo, al Ramón, a la Lilita, a la brujita petisa, veo sus caritas, esos ojos que me hablan, pobrecitos, ellos me dan fuerza ahora, esta fuerza, desde casa, de la calle, de donde estén, no sé cómo pero están. Sé que entendés, será la Virgen que nos mantiene unidos, Dios no nos dio padres pero nos recomendó a ella y yo, porque sé que es mi responsabilidad, les hablé a los cinco y los fui convenciendo, hablando, palabra a palabra, por lo menos tenemos algo, algo, alguien que nos cuida, en serio, y fueron muchas las cosas que pasamos, no hace falta que te cuente.<br />No aguanto más, la lluvia, los primeros gotones, las carreras de la gente, los toldos gordos golpeando con fuerza el aire, los truenos, los relámpagos al final de la avenida, el cielo rojo en honor a vos, por eso corro, corro y las palabras se me escapan solas de la boca, la gente me mira, no entienden a quién le hablo, tiro lo que tengo, el buzo, el collar, anillos, pulseritas, de golpe todo me pesa, no puedo cargarlo, me largo, me tiro a la avenida como si fuera la más linda y celeste pileta del mundo, un viento me zumba de golpe, cerca de mi cara y luego se va, así como si nada, apurado, viene otro viento, y otro más, ¿los vientos me esquivan? ¿el viento esquiva?, hablo con la Virgen, las líneas se cruzan y se pelean por guiar mis pasos, la lluvia ya me moja, ya es una lluvia respetable, ella no me esquiva y le doy gracias, por todas partes hay luces amarillas titilando, volcándose y convirtiéndose en largas rayas que terminan enredadas con las rayas de las baldosas, formando nudos raros que quedan tirados en el piso. Si te deja tranquilo, te miento y te digo que todo está bien, que me falta sólo llegar a la vereda, hacer media cuadra, entrar por el jol central de la estación y llegar al andén 7 a tiempo para subir al diesel. El tema es que ya no estoy tan segura que pueda mentirte, que sirva de algo mentirte. Se puso puto todo, ya fue, no importa, me tengo que acordar de lo tercos que somos y todo estará bien. Bien, bien, bien...<br />No sé Virgen Santa, disculpame, no sé si es tu voz o la mía, o son mis hermanos, o él que ya morió. La puta, qué acompañada estoy, y yo que tenía miedo de quedarme sola. ¡Cuidado!, alguien grita, algo debe pasar, si pudiera abrir más los ojos y ver, vos seguí así Virgen Santa que vamos bien, seguro se están dando cuenta, ¡era hora! Hay que matar a todos los mierdas esos y después todos al diesel, y a la concha de la lora, y que nos busquen si quieren. Tropiezo, debe ser el cordón eso duro y largo, mis tobillos se hunden de golpe, la lluvia ya es diluvio, casi llega al cordón, cosas chicas me golpean, bajo el agua, rebotan en mis pies y después siguen nadando. No te va a sonar bien esto, el piso se pone arriba de mi cabeza, más vientos me rozan, alguien me toma de las manos y me arrastra, me tira de cara a la alcantarilla, me resisto, pero no, me tira en la vereda y se queda mirándome como un veterinario mira a un perro callejero recién atropellado, una música suena bien cerca, hay parlantes pegados a mi oreja ¿o están adentro? y también me miran con un gran ojo plateado. "Hay algo irresistible tras esos ojitos tuyos", me dice una voz que escuché en la villa, y en la ruta, y a dos locos cantando borrachos. Ya no sé a quién creerle, el hombre que me arrastró también me habla, sus palabras son extrañas, sonidos sin sentido, me paro, trato de dejar de hablar o, aunque sea, de retomar el control de lo que digo, casi ya ni entiendo mis propias palabras. Gracias, quiero decir, y rajar, pero mi voz me da miedo, se parece cada vez más a... no sé a qué, ¿a un perro? ¿a la tierra? El olor a tierra ya es gusto a tierra, todo está mal, los de la gorra se acercan, todo se derrumba dentro mío, y hasta ese ruido siento, como a trueno, te juro, perdoname nene, perdón, tuve que rajar, Virgen Santa,<br />per<br />do<br />na<br />nos.<br />Es el jol, las luces altas, amarillas, las reconozco, las máquinas de boletos, los vendedores y los pungas, los tipos echados sobre el mostrador con callos en los codos, los baldosones rojos, el viejo del micrófono. ¡No puedo creerlo! No lo logré sola, estoy bien segurita, tropiezo cada tres pasos, parece a propósito, me despego del pecho la remera empapada, la verguenza me levanta calores, sombras oscuras me miran, parezco Jesucito cargando la cruz y ellos, los romanos que gritan, se ríen, y me escupen, me tocan. Perdón Vir... La lluvia golpea fuerte contra las chapas del techo y ya no escucho otra cosa, ahí se va mi único sentido sano, te odio, lo digo y no se por qué lo digo, lo grito, lo grito más alto que la lluvia, que las chapas, que mamáááááá, más fuerte que el brillo de las placas de los turros que me están mirando, los siento, por sobre los romanos, y los soldados, por sobre estas pobres rodillas que ya no me sostienen, y todas mis fuerzas se van con ese grito, se me dobla la espalda, el dolor es insoportable. Date cuenta, nene, cuando mucha gente te mira fijo y en silencio es que algo terrible te pasa.<br />Y algo terrible pasa, me doy cuenta que ya no hay ruidos, hasta la lluvia hace silencio. Decime mentirosa, si querés, pero te lo juro por la Virgen que para mí no es sorpresa, lo sabía, en serio, lo sabía, el agua sube, el piso se inunda, ¿vieron que algo estaba por pasar?, trato de decirles, pero ya no me escuchan, no me miran, todos, los romanos, la poli, los mirones, los de los callos, todos miran al otro lado, hacia la luz, ya no soy nadie para ellos. Es la Virgen, te lo dije. Llegó.<br /><br />El viejo del micrófono dice que el tren está por salir, el motor del diesel es casi tan lindo como nuestra cumbia, y está despertando.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5591540455492383100-6517524791419236106?l=siyaestasenlaazotea.blogspot.com'/></div>R L Portasanyhttp://www.blogger.com/profile/11288026617283165416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-5591540455492383100.post-25412468786493641252008-02-05T18:00:00.000-02:002008-02-09T03:23:48.445-02:00Y en el octavo, Dios creó las segundas oportunidades<span style="font-size:85%;"><em></em></span><br /><span style="font-size:85%;"><em></em></span><br /><span style="font-size:85%;"><em>La polaroid sobre la silla,un brillante truco de apariencias</em></span><br /><br /><br />Zahira levantó la mano de su esposo y la dejó caer sin cuidado. Su brazo se sacudió espasmódicamente como si estuviera repleto de gusanos, pero la cabeza siguió inerte, apoyada boca abajo contra el parquet como si nada. El acto le pareció gracioso y aprovechó para tomarlo como un póstumo pedido de disculpas. Despeinó con sus dedos, cariñosamente, los pelos enrulados de él y luego se puso de pie. Ambas rodillas le crujieron. Así, el panorama resultaba aún más aterrador: vajilla rota, un par de vasos de promoción de cerveza también, una botella marrón y vacía, y la olla, intacta y aún tibia. Todo en el piso. El mantel yacía arrastrado en una catarata alimenticia, la mesa ofrecía su cálida desnudez para el tacto perfecto de la mujer de la casa y la televisión, invisible con su cartel de silencio dibujado en la pantalla, estrenaba su obsoleto nuevo rol. Ferro y Platense empataban 0 a 0 y terminaba el partido.<br />Caminó varios pasos construyendo en su retina la imagen de la posición en la que había quedado el cuerpo de su marido y, sin saberlo, acertó bastante con la realidad. Rodeó la escena milagrosamente sin pisar la sangre del piso y se dirigió al otro extremo del amplio comedor. Buscó la ventana, corrió la cortina, la que quedaba prendida al barral, y se asomó a la oscura parte del barrio de Palermo que daba a su departamento. Todo sonaba a quietud esa noche, tan quieto y silencioso como de costumbre. El viento le rozó la cara con suavidad produciéndole una sensación agradable. A veces, no ver tiene sus privilegios, pensó y estiró su mano izquierda siguiendo con su tacto el contorno de la soga rugosa y firme que colgaba desde la terraza hasta su piso. El octavo. Bailoteaba pendular.<br />Sonrió pensando en lo que vendría luego. Adivinó una denuncia de algún vecino atento, primero la espera silenciosa, la rápida llegada de la solícita policía de Buenos Aires -¡Qué buenos son! Los mejores del mundo probablemente-, el bullicio de las ambulancias, el cuchichear de los curiosos, la voz nerviosa y calculada de algún cronista televisivo, y luego el impecable manto del olvido. Su esposo, tan violento y certero, dió en el blanco. Sólo un disparo y un cuerpo inerte cayó lentamente acariciando la pared donde había permanecido escondido. Imaginó la pared manchada de rojo como en las películas de hace tanto tiempo.<br />El botín que parecía tan fácil en la casa del hombre alcohólico y la mujer no vidente no lo había sido en realidad. En los ojos del visitante los peritos notarían esa sorpresa dibujada. Dos cuerpos sobre el parquet. Muertos. Una terrible tragedia. Dos tiros prácticamente simultáneos. Casi una de Tarantino. Uno arrastrando el mantel en su caída y el otro desprendiendo la cortina izquierda por su propio peso. Y Zahira en el medio en una desgarrante crisis nerviosa.<br />-Pobre, -iban a decir. -y además sin poder ver... Que desesperación. No? Imagínense...<br />-Mejor, -respondería alguien - para qué querés ver eso?<br />-Si, la verdad.<br />Un excelente truco. El mejor de su vida. Su morada boca disimulada, sonreía. No siempre esta vida te da segundas oportunidades querida, pensó. El último tren a casa pasa sólo una vez.<br />"El hombre araña se llevó a mi esposo", una excelente historia para el noticiero del mediodía. Zahira llorando, desconsolada, y en su retina, el preciso instante en que dejaba en manos del ladrón muerto la 11.25 negra, caliente, brillante, hermosa, que había comprado esa misma mañana en el Once. Sin boleta.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5591540455492383100-2541246878649364125?l=siyaestasenlaazotea.blogspot.com'/></div>R L Portasanyhttp://www.blogger.com/profile/11288026617283165416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-5591540455492383100.post-25529072756664851392008-02-05T17:59:00.001-02:002008-02-09T03:26:45.108-02:00Negro-Pongámosle Mayra, sí ese es un lindo nombre. Mayra. El verdadero me propuse tantas veces olvidarlo que al final lo conseguí. Así que Mayra estará bien. A su cara le caería bien –dijo levantando una copa vacía brindando por el bautismo improvisado.<br />Los tres lo miramos hipnotizados. Lo conocíamos. Caía de tanto en tanto por el bar y nos buscaba, sabía que a cambio de sus historias obtendría una paga en ginebra o en lo que eligiera. Tendría unos sesenta años, o unos cincuenta muy mal llevados y yo me inclinaba más por eso. Su atuendo –el mismo cada vez- consistía en un traje negro arratonado, una camisa blanca, ninguna corbata y un sobretodo gris, oscuro. Me contagiaba una sensación rancia por el polvo acumulado en años. Sus zapatos brillaban a pesar de verse agrietados y percudidos. Por lo visto le interesaban, seguro los apreciaba. A todos nos sucede lo mismo con algo de nuestro guardarropa. El modelo se completaba con un sombrero viejo, extraño y ridículo, estilo gángster del veinte que, sin embargo, al tipo le sentaba bien. Un inconfundible.<br />Julio Retamosa, el dueño del bar, uno de los tres dueños, decía siempre que el tipo –el borracho fabulador- debía ser escritor o algo así y que nos usaba de probadores para sus historias. El tipo o era un capo o estaba loco, porque casi nunca contaba nada de su vida personal, y las pocas veces que lo hacía constantemente se contradecía –adrede, seguro- despistando o haciendo dudar si era Luque o Laprida, Juan o Mario, como había dicho; si se dedicaba a la apicultura o si levantaba cartones y chatarra, como un par habían escuchado de sus propios labios, según decían. Algunas veces teníamos tantos datos contradictorios que, en definitiva, no teníamos nada, y otras tantas tan poco que al final, los rumores y las confusiones lo infectaban todo.<br />-... y hablando de su cara... –acotó mientras se acomodaba en la silla ruidosa pero confortable a fuerza de años. –era hermosa, y digo "era" no porque haya fallecido sino porque desde hace un tiempo prefiero no recordarla como algo alcanzable. Por eso para mí no existe. Es como si Dios se hubiera llevado ese ángel. Ustedes, amigos, sabrán comprender...<br />Parecía emocionado, pero yo, siempre incrédulo, no le creí; en parte porque, además de buen narrador, lo veía con excelentes dotes de actor.<br />-Tenía los ojos verdes más hermosos que ví en mi vida. Esos que te hacen cosquillas cuando te miran. Inútil mirar hacia otro lado o hacerse el tonto. Cuando esos ojos te buscan ya no hay salida. Y ya lo saben, si algo importa más que tu vida... Mozo! Ginebrita... –dijo gritando y aniquilando el clima y el hilo de la historia empezada. Pero, como las putas, primero el billete después el premio. Mientras esperaba con una moneda talló con toda paciencia un prolijo asterisco en la madera de la mesa y recién continuó con su historia cuando Julio llegó con la ginebrita apoyada en la bandeja redonda de acero inoxidable.<br />-Gracias, mozo. Como les decía, Mayra, eh... Mayra era, ¿no? –sin esperar respuesta continuó. -tenía además de esos ojos de praderas soleadas y de un cuerpo bien femenino, un perro, un enorme perro negro. Guardián y mal humorado, dos cualidades bien antipáticas para un perro. También fuerte, desconfiado, leal, y últimamente, bastante enfermo.<br />»Negro, bautizado con ese guiño creativo, vivía su ocaso y eso Mayra lo sabía. Varias veces escuché de sus labios lo mal que lo veía. Negro era SU perro, suyo desde siempre. Lo cierto que esa mañana, casi mediodía, hacía todo el calor posible que se pueda juntar en un solo lugar. Las líneas negras de la calle crecían derramándose unas sobre otras en una orgía obscena y azabache. Sobre el asfalto una capa transparente y líquida como un espejismo, se arrastraba hasta donde alcanzaba la vista. Al barrio, lánguido, lo invadía una extraña quietud. En su silencio desacostumbrado la gente se ocultaba, esquivando paseos y compras, escondiéndose puertas adentro, economizando brisas, mesurando esfuerzos, respirando bien hondo. ¡Que difícil se hacía respirar en medio de ese termómetro enrojecido!<br />»Con la primera claridad en su vigilia Mayra se dió cuenta que no había dormido en su cama, y en ese confundido navegar que es alejarse del sueño, los músculos de la espalda confirmaron su presunción. Su cama de plaza y media seguía intacta en su habitación, mofándose, y no cabía duda: el sillón se había vengado de ella. Vagamente, recordó la película de la noche anterior, la trama, dos o tres situaciones, un beso, una persecución, y al final una baba hecha de dulces y sombras lo engullía todo.<br />»Trató de enderezarse, de sentarse, con sumo cuidado, lentamente, pero a su cuello no le gustó la idea y una ráfaga eléctrica le sacudió su borrachera de modorra. Tenía el control remoto sobre la mesa ratona a su lado, y con él intentó encender el equipo. Poner un poco la radio ayudaría, pero la radio no se encendió. Fijó la vista en ese complicado rectángulo repleto de botones de goma que tenía en su mano y no logró reconocerlo. Al costado, sobre el vidrio marcado con anillos olímpicos secos y grises, a centímetros de donde había tomado ese control, había otro. La chispa encendió la mecha, y ésta llegó a su cerebro explotando en lucidez: control incorrecto. Lo cambió, dejando el de la tele entre un vaso y una Coca casi vacía, y logró el objetivo. Un desparramo de luces verdes, naranjas y blancas le dieron paso a un tema, ella me dijo de Dire Straits."<br />Cualquiera podría ver a Mayra poniéndose de pie, la imagen era fuerte y eso que no soy un tipo de mucha imaginación. Continué prestándole atención al borracho fabulador.<br />-Al coraje le sucedió la tensión, luego el dolor, después un leve mareo y, por último, una bocanada de calor tórrido, casi sacrílego, como una bofetada. Por un segundo casi se dió por vencida, iba a dejarse caer, dormir de nuevo, por más que las once horas habían bastado y sobrado, pero su vejiga, a punto de explotar, la obligó al esfuerzo.<br />Carraspeó, pidió disculpas por la interrupción con algo de vergüenza, miró a su alrededor, tomó el sombrero que descansaba sobre la mesa al alcance de su diestra y continuó narrando mientras lo acariciaba como a un siamés.<br />-Cuando terminó, desde el umbral de la puerta, escrutó el panorama como si todo ese lío le resultara ajeno. Vió la sala desierta –toda la casa lo estaba-, vió el piso con pequeñas manchas de talco, vió pilas intrascendentes de revistas, vió tres vasos –los tres besados por un mismo lapiz labial- con restos de Coca Cola, vió papeles erráticos, vió ropa en placares paralelos, vió dos pares de zapatillas reebok, vió un plato vacío y sucio, y otro casi limpio, vió la infaltable botella –tres más había en la heladera-, vió las ventanas abiertas, vió la rigidez de las cortinas semitransparentes, vió el jardín y el pasto que debería cortar algún día antes de que su madre regrese –su lejana llamada le diría cuándo-, y esa imagen le sumó un poroto más al nefasto día que la esperaba.<br />» Con el hambre oculto todavía decidió que lo primero era una ducha. Entonces, dio media vuelta y se refugió bajo una lluvia de agua tibia que salía rebelde de la canilla del agua fría. Al rato, menos confundida, salió del baño, caminó hasta su pieza munida de dos toallas, una rodeando su cuerpo desnudo y húmedo, y otra en su cabeza como un turbante, cubriendo su pelo negro-dijo e hizo una pausa más, esta vez adrede a mi entender para generar suspenso y continuó, ahora hablando con la voz bien baja, casi inaudible.<br />» Fue desde su ventana que lo vió.<br />-----------<br />» La puerta mosquitero se golpeó como siempre lo hacía, sin embargo, esta vez la sobresaltó. El sol la recibió con un abrazó sofocante robándole en un segundo toda la frescura que el baño le había proporcionado. Su piel se quejó mientras la transpiración le humedecía la remera turquesa que por azar se había puesto. Caminó hasta el patio trasero queriendo no confirmar lo que presentía pero no tuvo suerte. Negro no dormía, yacía muerto. De inmediato pensó en su madre, fue su primer pensamiento racional. Recordó que no llegaría con su auto, volviendo del trabajo como todos los días a las siete, y que no se sentaría con ella a merendar mirando la novela, y se sintió sola.<br />-Pero, hay algo que no entiendo... perdón... ¿puedo interrumpir? - pregunté.<br />-Sí, hombre, adelante. ¿Qué desea saber? - me contestó el relator.<br />-Todos, en un momento así, podemos levantar el teléfono y llamar a alguien para pedir ayuda. Más, si sos mujer. ¿No tenía al padre, al noviecito, a algún amigo?<br />-Déjeme continuar y va a entender.<br />» Quizás no deba decir "sola" porque no era así como se sentía. ¡Y claro, tenía su razón! No estaba sola, estaba acompañada. Había una presencia, ahí su jardín, caminando sobre los pastos altos que no había cortado, mirándola, implacable, invisible pero a la vez tan notoria e ineludible como todas esas cosas que no tienen un nombre. Parada entre ella y Negro, la presencia la desafiaba como quién sabe que nunca va a perder.<br />» ¿Hace falta que les diga cuánto miedo tenía? Si alguien hubiera visto esa carita, desbordada, casi nena de nuevo, me entendería. Mayra pensó en el teléfono, y su mente se inundó de números inútiles. Ni sus vecinos, ni sus amigas, ni su propia madre podrían hacer la tarea que ahora ella debía hacer. Ni siquiera ayudar. Negro era su responsabilidad y no iba a esquivarla. A la muerte hay que enterrarla, no temerle. Enfrentarla, según palabras de su padre –muerto eso sí- porque en su ronda, la que realiza luego de su irremediable acto, la muerte evalúa. Ve. Y a los débiles los suma a su lista de próximos. Entonces, tomó coraje, se ató tirante el pelo dejando la nuca al descubierto y atravesando la muerte se dirigió al galpón donde seguro encontraría una pala de punta.<br />-----------<br />» Sus ojos tardaron en habituarse a las sombras del galpón. Ahí el calor crecía insoportable. Olía a rancio, a tierra seca y a un par de cosas indescifrables. Flashes rojos, turquesas y amarillos navegaron por su vista por unos largos segundos, luego las cosas comenzaron a tomar profundidad y formas concretas. Recordaba vagamente la pala y el lugar que debía ocupar pero no apostaría mucho por esa factibilidad. Dió unos pasos dentro del pequeño cuarto haciendo frente al mar que brotaba de su frente y soltó la puerta de hierro que de inmediato fue directo a golpearse contra la pared como siempre lo hacía. El cuadrado de sol dibujado en el piso desapareció de inmediato y<br />otra vez se sobresaltó, pese a lo cotidiano de ese ruido. ¿A qué le temía, a que mamá no estaba? Soy grandecita, se dijo, tratando por todos los medios de no darle vida a los fantasmas que le acariciaban las plantas de los pies. Esos que su padre había creado. Hermosa herencia de regalo.<br />» No había contrapiso en el galpón, sólo tierra. El desorden prevalecía gracias a decenas de porquerías inservibles que nadie se había tomado el tiempo de tirar. La cortadora de pasto la miraba desde un rincón con un aire de reproche. Un viejo sillón, muerto y destripado por arañazos de gato, ocupaba el rincón opuesto. Una pila de diarios viejos hacía equilibrio aún torcida como estaba, desafiando al piso y al frenético paso de los días. Una lámpara colgaba desnuda de tulipa, y nutrida de telas de arañas y bichitos muertos. El lugar, pese a estar repleto de herramientas de trabajo, no alentaba para nada a realizar ninguno.<br />» Mayra retiró una bolsa de arpillera, corrió un enorme hule negro y debajo –para su sorpresa- aparecieron tres palas, una con el mango roto y astillado, otra plana ancha y corta, y con terrones de tierra adheridos, y la restante: larga, filosa, casi sin uso. Su compañera de los próximos minutos. Agradecida con su suerte y con su memoria salió del galpón. El sol aún estaba ahí. Negro también.<br />-----------<br />» El pozo comenzó a tomar forma justo cuando el sol lograba el punto máximo en el cielo celeste pleno. El jardín no tenía sombras sino diminutas manchas oscuras a los pies de las cosas. Ni siquiera el viejo eucalipto del fondo las proyectaba. Nada se movía. El cuadro del calor se pintaba con acuarelas intensas y tintas sofocantes. Una palada, otra palada, una palada más y gotas como lluvia mojando la tierra. Con cada intento le cimbraba el hombro, los pechos le dolían, pero el suelo solo mostraba rastros de pobres arañazos desesperados. El piso se resistía a la fuerza del hierro y a la poca de ella. No había caso, algo tendría que idear, antes de dislocarse.<br />» Fue hasta la heladera, la puerta volvió a golpearse, se sirvió Coca en un vaso de promoción de Coca y lo llenó de hielos bolita hasta que las burbujas de gas rebalsaron el borde y pintaron su terraza de un marrón claro, como un amarillo sucio. La intención era idear algo lejos del abrasador febo. Y en segundos lo logró. En la radio sonaba un viejo tema de Queen.<br />"¿Es éste el mundo que creamos? ¿Nosotros mismos lo hicimos? ¿Nosotros lo devastamos?"<br />-Qué raro, ¿qué radio será? – se dijo.<br />» De golpe, así de rápido como encontró la solución a su problema de rigidez, otra irrupción trepó por sus neuronas y una catarata de imágenes sepias, desdibujadas, hasta ese momento olvidadas llenaron su percepción con la misma frescura y determinación con la que la Coca había llenado el vaso. Era su padre, no cabía duda. Regresaba. Para qué fui al galpón de mierda ese. Fueron sus palabras, no mias. Lo cierto que los gérmenes de su mundo irreal comenzaban a filtrarse en su lógica logrando alterarla. Era estúpido, o al menos insensato, pensar al mundo en términos de fantasmas y duendes, pero así acostumbraba a hacerlo su progenitor. Su padre fue un tipo especial, no cabía duda alguna. Sin embargo, pese a su intensión, a Mayra más que interes, el asunto le trasmitía vergüenza ¿Podía hablar con sus amigas de esas creencias, de sus inclinaciones? No, seguro que no ¿Podía invitarlas a la casa tranquila? ¿Podían quedarse a dormir? No. A nadie le contó nunca de todo aquello y suponía que nunca lo iba a hacer. No al menos hasta encontrar a la persona adecuada. Se acordó de los Duendes del Eucalipto, o de la lucha de espíritus en el mueble del baño, del espejo roto...Qué oportuno todo ese revival de su padre y justo cuando estrenaba su papel de enterradora...<br />» Salió a toda carrera pensando en una larga manguera verde y blanca conectada a una canilla chorreante. La puerta se golpeó con violencia una vez más. Quizás la intención era dejar a los recuerdos atrás pero no lo logró.»<br />-¿Eh, jefe... disculpe... pero no era una historia verdadera? - dijo Ernesto Falla, mi amigo como sintiendose estafado. El otro en la mesa era Ramiro Paez quien hasta el momento no había dicho palabra.<br />-Verídica, usted lo ha dicho.<br />-¿Y qué es todo eso de los duendes? Con todo respeto ¿no se fue un poco al carajo?<br />-Es todo cierto, al menos ella me lo aseguró y yo le creo. (Ahora el estafado era el fabulador). Usted no tiene porqué creerme a mí, si no quiere. Mi amigo, (aunque Ernesto era mi amigo y no de él) está en todo su derecho. Si quiere puede tomarlo como un cuento de hadas, si lo satisface. Si no...<br />-Siga, siga... (algo arrepentido por haber abierto la boca) a lo mejor a los demás les gusta. Yo voy hasta el baño... No se me ofenda.<br />-No, hombre, vaya tranquilo. Y no se me moje el pantalón y lávese la mano.<br />¿Continúo?<br />- Sí (dije).<br />- Sí (dijo Ramiro).<br />- Sí (dijo Ernesto casi desde el baño).<br />- Bueno, creo que les debo un par de aclaraciones ¿Tienen tiempo o prefieren que siga con la historia?<br />- Ahora tengo curiosidad, ¿vos? (Ramiro habló)<br />- Sí, que lo cuente. Adelante, hombre. Se achicó la concurrencia pero... (solté aire)<br />El fabulador continuó.<br />-Les voy a dedicar unos minutos al padre, enseguida continúo. No voy a hablar de él porque no lo conocí, sólo les voy a contar lo que me contaron. La historia es así: Primero el padre de Mayra apareció diciendo que en el eucalipto del fondo vivían duendes y por supuesto lo sacaron corriendo. Ahí quedó y con el tiempo todo se olvidó. Meses después, una situación conflictiva con un vecino al que le molestaba dicho árbol reavivó el tema. El tipo quería que lo podaran y él contestó que no le convenía pensar de esa manera, que quizás las fuerzas que lo habitaban se volverían hostiles con él o con su familia. El vecino no lo tomó por loco, pensó que lo estaba cargando y se peleó a muerte con Daniel. Dos meses después una tragedia, que prefiero no detallar, tocó la puerta de la casa de al lado.<br />» Por un tiempo, no se habló de situaciones similares en la casa. No hasta que Daniel llegó un día con un mueble para el baño, un aparador que serviría para guardar toallas y esas cosas. Construido con una madera muy oscura, medía casi un metro setenta y tenía su única puerta recubierta por un espejo muy conveniente. Daniel dijo que lo había conseguido muy barato en un remate, en el puerto y que lo había traído desde allí en colectivo y en tren. Una locura que lo caracterizaba.<br />» Lo cierto es que, una noche, a la hora de la cena, la puerta del baño se cerró de golpe y el espejo, ese tan conveniente, estalló en mil pedazos, bañando todo el cuarto de reflejos y vidrios. Daniel, Mayra y su madre corrieron al baño y trataron de abrir la puerta y ninguno pudo. Estaba trabada por un trozo del espejo, supusieron ellas, pero la explicación de Daniel no fue esa.<br />» "Son dos espíritus que llegaron en el mueble y que se pelearon por su posesión. Pero, ya arreglaron su problema limítrofe y habrá paz, no se preocupen."-dijo cambiando la voz. Ellas se preocuparon aún más. Contra todo pronóstico, hubo paz.<br />Mejor volvamos al jardín.<br />-----------<br />» Mayra conectó la manguera, la estiró hasta donde había decidido hacer el pozo y abrió la canilla con la intención de anegar la zona. El agua brotó caliente primero y tibia después. Se mojó la cabeza y tomó la pala para continuar con lo suyo. La lengua de Negro se había escapado de su hocico y tenía adheridas bolitas de tierra. Los ojos vidriosos la miraban embalsamados, ella se había propuesto no quebrarse, pero de esa forma no podría continuar. Recordó el hule negro y con esa idea brillante en la cabeza, sin saber que sería la última acción racional del día, caminó hasta el galpón, se hizo de él y tapó el cuerpo del enorme perro. Negro sobre negro. El agujero tendría que ser muy grande.<br />» Casi tres horas le tomó, pero lo logró. Arrastró el hule que ya no era Negro, sino simplemente un hule negro y lo arrojó dentro del pozo. El barro se trepaba por sus piernas como sanguijuelas, hasta podía verla reptar. Latían. El sol ya no estaba en lo alto del celeste sino dentro de su cabeza, sus hermosos pelos negros eran una ensalada de fuego. Y había algo peo, sus manos. Hinchadas e insensibles luchaban por deshacerse de un mango de madera que ya no tenían. Por suerte, el hule –había tenido la precaución de amarrarlo- se amoldó al fondo del hoyo y no tuvo necesidad de tocarlo. Todavía faltaba el paso final, el entierro. En su retina se dibujaron dos guantes de trabajo pero quería terminar con ese acto horrible lo más pronto posible y ni se acordaba dónde hallarlos. Además, ¿no era ya demasiado tarde?<br />Ramiro volvió del baño haciendo todo tipo de inoportunos ruidos tratando de llamar la atención. Enseguida se fue a la puerta y se dedicó a mirar gente pasar. La voz del fabulador estaba en su punto justo.<br />" Trepó a la improvisada montaña construida con el barro del pozo y un mareo fulminante llenó de estrellas y explosiones su campo visual. Por el lapso de diez segundos el mundo se subió a una montaña rusa y el pozo a sus pies fué una invitación ineludible. Negro, en dos patas, la llamaba. Con sus ojos cándidos, con sus orejas enormes la reclamaba. Mayra ya no pudo mantenerse y cayó, pero su suerte la orientó hacía la otra pendiente, la contraria al pozo. Su pantalón también se llenó de barro y sus manos desaparecieron hasta las muñecas. ¿Qué hora era? ¿Qué día? ¡Qué estúpida era! Pateó la montaña más por bronca que por conveniencia y así comenzó a completar el último paso. La tierra se desplazó y cayó en el pozo. ¿Medía veinte metros, ya, ese pozo?¿Se escuchaban voces allá en su fondo, donde el sol no iluminaba?¿Las sanguijuelas se resistían a volver a él, o simplemente le agradecían ese gesto humano, esa buena acción de devolverlas a las profundidades como un pez que se devuelve al agua luego de ser pescado.<br />» El agua, sí, el agua, el agua, el agua. El agua la salvaría, limpiaría sus bajezas, su suciedad, arrasaría con las sanguijuelas, con la peste. Corrió a la canilla, resbalando y desconectó la manguera. No tuvo fuerzas para girar la canilla lo suficiente y un chorro ínfimo, egoísta, brotó del seno de la tierra. De nada servía. Sólo le generaba ansiedad, ganas de limpiarse, necesidad de pureza, de agua corriendo por su espalda llevándose todo, de pelos chorreando, de ojos cerrados, lo que, en definitiva, la debilitaba aún más. Miró la puerta vaiven como al final de un gran campo minado y se dispuso a alcanzarla a cualquier precio. La ansiedad había mutado en sed, en miedo, en un extraño manto como una tela de araña adherida a sus pupilas.<br />» De golpe se levantó y acudió a la sombra bendecida de su cocina como un mandamiento. El paisaje se aceleró a su alrededor, las líneas se estiraron, oblicuas, redondas, punteadas, incandescentes. Las paredes se hicieron ruidos, las pisadas levantaban colores naranjas de miedo y amarillos ocre de calor. Cayó dos veces, en la segundase hizo daño contra el cemento mal peinado del piso –¿o era un cocodrilo gris?- sangrando de inmediato, igual alcanzó la puerta. La sombra estaba ahí esperándola, casi como una reina con una corona dorada entre sus manos presta a colocarla sobre su mugrosa cabellera. Todos aplaudían, alguien se acercó y la besó, y entre todo ese bullicio hecho de vítores y felicitaciones, se desmayó.<br />-----------<br />» La puerta vaiven se golpeó con violencia y retumbó dentro de cada recoveco de su cabeza como un eco insostenible. El sueño se extinguió de inmediato.<br />"¿Mamá?"<br />"¿Mamá?, repitió. Pero el silencio no se dignó a contestarle. Entonces, los ínfimos pelos de su espalda se crisparon, los de su cabeza le contagiaron un frío enorme, profundo y una mano huesuda áspera y helada la rozó, recorriendo su espalda de abajo a arriba con una lentitud espasmódica e interminable. Mayra casi la entendió como algo inanimado, casi como una prótesis viva. Casi pudo adivinar que lo que fuera que tenía a su espalda estaba muerto.<br />» Entonces sí, la muerte se puso de pié, atravesó su cuerpo y se dirigió a la puerta, y se perdió en el terrible fulgor del sol de la tarde. Mayra dejó caer la cabeza que tanto le costaba mantener erguida y sintió con placer el frío de la cerámica del piso y cerró los ojos. La puerta vaíven, por supuesto, se golpeó.<br />» A las cuatro de la tarde, el teléfono sonó una vez más pero su animo no alcanzó para la titánica tarea de levantarse y caminar hasta la sala y contestar. La radio hablaba de 38 grados. El calor lo invadía todo, entrando por las ventanas, las puertas, sus poros. El teléfono volvió a sonar. Se detuvo y volvió a sonar. Mayra se levantó y atendió. Algo dijo, algo escuchó. Rió. Aceptó. Cortó. Agarró una toalla al azar, eligió malla, se duchó, se vistió y salió sigilosa, con gracia. La puerta no se golpeó esta vez."<br />La Ginebrita estaba paga.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5591540455492383100-2552907275666485139?l=siyaestasenlaazotea.blogspot.com'/></div>R L Portasanyhttp://www.blogger.com/profile/11288026617283165416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-5591540455492383100.post-5746121158575754822008-02-05T17:57:00.000-02:002008-02-09T03:29:21.761-02:00Ruta<span style="font-size:85%;"><em>y ese auto</em></span><br /><em><span style="font-size:85%;">estaba todo roto</span></em><br /><span style="font-size:85%;"><em>y con fuego en su interior.</em></span><br /><br />Abrí la puerta y me dejé caer en el asiento. La llave que mi mano suponía estar introduciendo en la ranura oscilante se tornó esquiva y rodó al suelo para esconderse en la oscuridad lejos de mis dedos torpes. Toqué sobre mi pecho el bolsillo de mi camisa, y del paquete de Marlboro casi terminado, saqué un ejemplar arrugado y triste. Quise recordar que había sido del encendedor pero no lo logré, entoces apreté el botón en la consola del auto y traté de mirar el reloj de palotes verdes que tenía frente a mis ojos pero no logré descifrar la hora. Pensé, son las cuatro más o menos, o eso quise que fuera. Temprano sí, pero ya no tenía nada que hacer ahí. Además, todavía me sentía capaz de manejar. Solo, con el auto de mi viejo, cansado, medio frustrado y a cien kilometros de Arrecifes. Suena lógica la razón, entoces.<br />Mientras esperaba que el auto me avisara cuando el encendedor estaría listo, se me dio por poner en práctica una mala costumbre. Evaluar la razón de mi aventura ahí. Parecieron años esos segundos pero no pude sacar una conclusión muy clara, sólo un par nombres anidados: Marcela, una invitación, una amiga especial, en serio, vale la pena te digo, venite, te esperamos, no es tanto, tenés auto, te esperamos. Pero, ni rastros de Marcela, ni de la amiga, ni de especial. Y por supuesto, nadie me esperó. Fue dificil no sentirme miserable, y no era hora para eso, las madrugadas son peligrosas para los miserables. Por suerte, apareció Mara. Rubia, linda, gordita, decidida, rápida -es cierto, también rápida para desaparecer-. Desapareció y en el mejor momento. Te digo, que de no ser por éste gustito, te diría que la soñé. Pero, no. Nos besamos, hubo abrazos, y hasta llegamos a las manos, pero... al rato solo tenía un vaso de vodka y un atado de estos casi lleno y nada más. Sí, algo más, un palo que ni te cuento. Bueno, te imaginarás...<br />Chasquido. Gracias auto.<br />Encendí el cigarrillo y me quedé un rato mirando la puerta del lugar. No hacía ni frio ni calor. Estaba lindo. No salía nadie. Es más, varias chicas entraron portando un tambaleo terrible y cagándose de risa. Había barro en el piso y huellas de autos. Los carteles brillaban demasiado, los murmullos crecían sinpermiso.<br />Puse la radio, por suerte tiene un botón enorme para prenderla, es un stereo braile. Subí el volumen pero no logré sintonizar nada coherente. Opté por un CD al azar de los muchos que tenía en la guantera. Smiths. ¿Cúanto hacía que estaba ahí? El sonido brotó lúgubre y opaco, "Girlfriend in a comma". Descontrolado. Sonaba a cinta gastada, acelerada, pero era CD. No me preguntes porqué pero me acordé de las cenas en casa con mis viejos y mis hermanas, y el perro, afuera, mirándonos por la ventana.<br />Tanteé el piso del auto y atrapé las llaves. Milagro. Tratando de dominar mis brazos dí arraque y salí de ahí. Otro milagro. Te digo, traté de despejarme sacudiendo la cabeza pero mi mareo empeoró. Ambas músicas se mezclaban en el aire. Por un lado, el golpeteo sordo y grave del dance que se filtraba del boliche como desinflando las paredes, y por el otro la escarpada voz de Morrisey como pidiendo perdón. Enseguida el boliche se perdió en el espejo retrovisor, al igual que las casas, las fábricas, los grandes galpones, los brumosos pastizales. Llegué a la rotonda color naranja pálido y doblé a la derecha. El camino parecía el correcto al menos. Me sentí mejor, como si hubiera cumplido con una urgencia, como mear. Un cartel verde me deseó buen viaje. Viaje, sí, me dije. Gracias, aceleré. Me sentí prepotente ante la inmaculada oscuridad de la ruta -parecía virgen- pero si quería dejar atrás esa sensación estúpida eso tenía que hacer: acelerar. Piloto automático y a acelerar.<br />"Arrecifes 98", decía otro cartel verde, éste más alargado que el anterior. El siguiente diría 48 y, el último, "Arrecifes 3" y una flechita blanca señalaría a la izquierda. Los conocía bien, solo esperaba mantener los ojos abiertos hasta ese momento. Intenté subir más el volumen pero los parlantes distorsionaron convirtiendo a Morrisey en Lemmy en un segundo. Me quedaba otra opción, un viejo recurso del borracho. Abrí la ventanilla del acompañante, la mía ya estaba abierta, y el viento -una trompada de lleno en la cara- me despejó un poco. No mucho. Tampoco era hora de andar derrochando milagros... Y hablando de eso, ¿vos cómo estás? Dejá, no te esfuerces mucho. Sigo, ¿querés? Supongo que eso fue un sí.<br />160.<br />Traté de hacer calculos de velocidad y distancia pero me perdí. Mi cabeza comenzó con los pensamientos raros que, claro, desbordaron en sensaciones fuertes, por así decir. Te traduzco: ojos fogozos, un corpiño lila dificil de abrir, brazos frágiles resistiendo con fuerza, formas hermosas besándome con labios bien abiertos, sombras esfumándose en la confusión, en el humo denso del tabaco, la marihuana, el lavaropas de sentidos. Giraba. Mara. Sí, y se levantó y se fue. Después desperté, aunque ya estaba despierto. Le dí mi celular. Vomité el número. No lo anotó. Pero es facil, le dije. Saludó. Después desperté y ya no estaba. Era hermosa. Como todas. Digo, esa confusión las iguala, nos iguala. Es bárbara. ¿No fuíste nunca? Música, cortinas de humo, muñecas, elíxires etílicos, decile alcohol si queres. Era tan hermosa... Te lo juro. Sabés a lo que me refiero, Sebastián. En la ruta, unos minutos después, me pasó algo parecido, raro. Te juro. ¿Ubicás esas animaciones con plastilina? Las que psan en el cable a veces, para los chicos. Bueno, así se había puesto la ruta. Un listón gris, rayas intermitentes, algunos parches azules. Se repetía y se repetía, como una animación de esas. Tenía ganas de felicitar al creador, me resultaba irresistible y hermosa. Alguien había puesto ahí toda esa plastilina de colores vivos y formas que querían ser lisas, tan mónotona y divina como la noche. Una noche cerrada, negra. Claro, si es ésta misma noche, y se está yendo. No sé, me parece que pasó hace tanto...<br />Ah, te decía. Le dí mi celular. Seguro me llamaría. Lo tenía decidido, lo que iba a hacer. Daría la vuelta en una U terrible, así, sin mirar y enfilaría de nuevo para allá. A 160, obvio. Pero claro, hubo un detalle impensado, no llamó. Qué diferente hubiese sido todo si hubiera llamado. Qué poderosa debió sentirse, digo teniendo dos vidas en la mano. La tuya y la mía. Se puede decir hasta que la culpa de éste desastre es suya. Si hubiera agarrado el puto celular, que le costaba... Y sí, así son las mujeres, amigo. Son histéricas. Creo que hasta si hubiera sabido lo que lograba con ese llamado, igual no hubiera apretado el botoncito la muy turrita. Te dije que usaba un conjutito lila. O violeta, es lo mismo. Estaba oscuro. Pero se me fué, se esfumó. En definitiva, estaba en el auto pensando...<br /><br />...llamaría, seguro, estaba seguro. Nunca había estado tan seguro de algo. Por un momento la euforia aniquiló la bruma esa que tenía delante de mis ojos y me sentí fresco, intacto. Volvían mis reflejos. Probé el volante. A un lado, al otro, a un lado al otro. Imaginate la situación a 160. Avancé enloquecido en zigzag. Dibujé eses negras en la ruta negra, en la noche negra. De lejos, las luces deben haber parecido dos luciérnagas borrachas pero deliciosamente sincronizadas. Borrachas...<br />Tanteé pero no lo encontraba. Me pregunté si estaría prendido. El celular. No recordaba haberlo apagado pero viste como son esas cosas. Comencé a desesperarme. Tenía que estár colgando de mi cintura, en el cinturón, sin embargo no estaba, dónde carajo lo metí, lo dejé en el baño, seguro, o se me cayó al subir, pensé, no se lo dí a ella, no pude ser tan boludo, no, no lo fui, tiene que estar acá, caido, seguro, sí lo tenía!, no pude haberlo perdido de nuevo, dejame ver, si... Qué puta es la vida, siempre inventa algún recurso para hacerte saber que estás en sus manos. Mi euforia se esfumó. Ahora estaba furioso. Y confundido. Empecé a tantearme como si de pronto una tarántula hubiese entrado por la ventanilla. A mi izquierda, a mi derecha, con la misma mano, otra vez a mi izquierda y sin soltar nunca el volante. ¿A vos no te pasa que revisas el mismo bolsillo dos o tres veces como si las cosas pudieran materializarse ahí después de la primera vez que te fijaste y no estaba? Tenía que encontrarlo, no te imaginas cómo me había puesto. De repente, la chica se había convertido en lo único importante del mundo y casi podía verla marcando mi número y moviendo la cabeza de un lado al otro, contrariada y todo por mi culpa. Me convetí en un policía. Sí, en un policía de mí mismo, tenías que verme palpándome de armas, o mejor dicho, de celulares. Fué entonces cuando me desentendí de todo, largué el volante, saqué mis ojos del camino y me dí vuelta buscando mi salvación, y vos, boludo, elegiste justo ese momento para cruzarte en mi camino. ¿Se puede saber que mierda hacías ahí, en el medio de la nada, a la madrugada y subido a una puta bicicleta sin luces?<br />---<br /><br />A pesar de la oscuridad, cualquiera podía ver los dos pares de rayas oscuras impresas sobre el asfalto como trazos queriéndose escapar de un papel, y el desparramo de barro, y los surcos profundos en el pasto húmedo, y los metros y metros de alambre derrivado y amadejado en esa llanura, o el techo del auto hundido en una banquina devenida en una absurda laguna extendiéndose paralela a la cinta asfáltica cumpliendo con su flamante papel de hermosa trampa hecha de juncos y neblina, solo ese techo porque el resto del auto yacía sumergido, irreconocible y con un rutilante estreno: un boquete redondo y perfecto en el parabrisas del lado izquierdo, el lado del conductor -o sea, yo- que desde ese momento había dejado de ser conductor para convertime en volador, y luego, en un histórico y emotivo -y definitivo- instante en aterrizador sobre barro, el inmundo lodazal que -vida irónica- al final salvó mi vida.<br />Me costó encontrate, no sé cuánto tiempo estuve desmayado -a juzgar por esa luna, no mucho- pero no puedo asegurarte nada. La luna, esas texturas tan misteriosas, me gustaría explorarla. Te digo, entre la confusión y éste ped..., traté de convencerme que no existías, de olvidarte en verdad, ¿me explico? Asegurarmelo: nada pasó. Total la imaginación siempre me jugó cada una... una revancha nunca está de más. Me sonó lógico. No podía ser que alguien anduviera por ahí en esa oscuridad. No podía. Me resultó facil aplicarle la lógica a todo eso, y borrón y cuenta nueva. La ambulancia ya llegaría y me curarían. Pero aún me quedaba un tema por resolver: el ruido. El golpe, ese sonido horrible, algo quebrándose como el hielo cayendo al piso, y la frenada, y los pastos enloquedidos, y el deslizarse sin poder dominar nada, y la luna rebotando. Eso sí que no lo podía olvidar, y aúnque te parezca mentira, todo eso me hizo pensar con claridad de una vez por todas. No podía permitirme dudar, ni estar borracho -si es que aún lo estaba-, tenía que salvarte, encontrarte, muy lejos no debías estar, además, te sentía vivo.<br />Con solo levantarme...<br />Ahí me dí cuenta. Estaba quebrado. Mi pierna izquierda se veía mal, no sabés el angulo, imposible. No podía estar bien de ninguna manera. Te digo, de dolor, nada. Solo un calor difuso aunque presente. Y algo parecido a una picazón. ¿Te picó una abeja alguna vez? No podría ir caminando, claro. Quise sentarme y me encontré de nuevo pensando en esas animaciones de plastilina, esas que te dije antes. Nada en mi cuerpo estaba como antes. Me dió risa sentirme como un mazo de cartas cuando lo mezclan; te debo parecer un loco pero te juro que eso pensé. Arrastrarme, eso me dije. Pero una vez en posición me dí cuenta que no sabía para donde ir. De casualidad ví un reflejo rojo destellando debil entre los pastos y para ahí fui. ¿Sabés qué pensé? Qué la muerte te venía a buscar. Tuve miedo, mucho miedo. Pero no me quedaba otra, le puse el pecho -lo que quedaba de él- y para allá fuí. ¡Esa luz de mierda! La de tu bici, digo. ¿Con esa porquería pretendías que alguien te viera? Es una garcha, no alumbra un carajo. Pero fijate, anda. No se rompió. Digo, yo tengo la pierna en fascículos, la muñeca no la puedo mover y andá a saber cuantas costillas me quebré, y vos, ni te digo ¿sentís algo? Dejá, dejá, ni me cuentes, me dá un poco de impresión mirarte. ¿Viste?, los dos hechos mierda y esa luz roja estúpida sigue ahí. Es irónica la vida. Te digo, por más que me esfuerce no puedo entender como Dios planea éste tipo de locuras, en serio. Dejá, ni me digas, te imagino pensando parecido. De por sí nos gustan las mismas cosas, por así decirlo. Es un buen camino el acercamiento, dos personas pueden estar juntas si lo desean, siempre fue así.<br />Me arrastré, no sabés lo que costó con un solo brazo, decí que el barro me ayudó. Parecía un soldado en plena guerra, como de cine. Ahora, cuando te ví, se me fue el alma al piso, disculpá mi sinceridad. Sangre por todos lados, golpes, la cara... Mejor, ni te cuento. Mi intención es ayudarte, no matarte. Además, tu pecho no subía y bajaba que es lo primero que uno pretende ver en estos casos. Chau, se fue, pensé. Pero aún así, me acerqué un poco más y por suerte noté tu aliento. Casi nada, pero aliento al fín ¡No sabes como me puse! Feliz. No podía permitirme que mueras antes. Ya sé, nadie muere antes de tiempo, pero en tu caso vale la consideración. Desde ese momento, calculo, pasó una hora, y no pasó nadie. Pero vos no te preocupes, todavía es de noche. En cuanto amanezca alguien llegará. Sí, alguien nos va a encontrar. Vos seguí ahí escuchando, hacé de cuenta que soy una radio. Parezco, ¿no? Me lo dijeron, no paro un minuto. Nunca pensé en ser locutor o algo así pero ahora me doy cuenta que condiciones tengo ¿no te parece? Aparte, mi voz no es tan fea. También me lo dijeron. Sí, mamá, ¿cómo sabías?¿no cuenta? Ya sé, no importa, no debe ser tan jodido te digo. Igual más o menos sé de que se trata. Les pasan los textos y los leen, la temperatura, los nombres de los temas, datos de músicos, un par de giladas más y listo, se acabó el programa. Te digo, la tienen fácil. Un poco de gracia, una buena voz, dicción clara y a cobrar... La puta, ya me empezó a doler acá, el pecho. Mejor descanso un poco, a ver si me muero yo antes y se me caga el plan.<br /><br />Ahora que salió el sol puedo leer esto, tus documentos. Estaban tirados, no te ofendas. No sé si falta algo, los encontré medio desparramados. Tampoco hay mucho para robar. Así que Sebastián Casafus; ¡qué apellido hermano! La primera vez que lo escucho. A ver... Brown, un carnet de futbol parece. Ah, sí, acá dice. Club Atlético Brown de Arrecifes, futbol, cuarta división. Bien! No me sorprende, tenes pinta de jugador. ¿No podrás ocultarlo mucho, no? Debés ser de los buenos vos. En algunos se nota a la legua, como dice mi vieja. Yo, en cambio, no pateo ni sandías. Lo mio no es el futbol, son los autos, las carreras de los domingos a la mañana. Igual te digo, mucho no existo a esa hora, hace mucho que no veo una, para mí es como si no hubiera vida en ese momento, un hueco vacío de la semana, del mundo. Duermo, paso de largo hasta el mediodía. Haga frío, calor, llueva, eclipse o guerra mundial, yo duermo. Un poco porque salgo y me acuesto de día, pero ya es una costumbre, por más que me acueste temprano igual me levanto a cualquier hora. Es un regalo que le doy a mi cuerpo. Mis viejos ya saben y, por suerte, me lo respetan. Una vez los escuché discutir sobre esto. Así, entre tules, medio dormido. Mi viejo le decía que algo tenía que hacer y que él se encargaría de encontrarmelo, sino lo inventaría. Dificil no le iba a resultar. Mi vieja, tranquila como siempre se quedó con la última palabra, la sentencia inapelable: para qué querés tenerlo de zombie dando vueltas por acá si ni bola nos va a dar, ni a vos ni a mí, ni a nadie. Mi vieja...<br />Me parece que llegó el momento. ¡Ey! Despertate. ¡Despertate te digo, no soy tu noviecita! Prestá atención, tengo que contarte algo antes que... Sí por allá están llegando. Como te decía, mi vieja es de esas personas que nunca se mandan una macana grande de esas que le cambian la vida a uno. Sin embargo, con vos me parece que sí se equivocó. Con vos, sí. Sos el primero ¿Te sorprende? Sí, así como lo oís. ¡De vos, idiota! Seeebiiii...Justo en el momento en que empezaba a sacarme de la cabeza a Sabrina ¿Te suena ese nombre? La pifió. Me hizo enojar. Ese día sentí lo que seguro sienten los animales cuando les pasa algo similar. Un fuego, una gran fogata creciendo acá; consumiendote, comiendo lo que comés, llevándose lo bueno y dejandote el odio ahí guardadito, aferrado, haciendo de garrapata en tu corazón. El odio es eso, un quiste, un tumor. Estoy seguro, eso le sucede al león cuando lo usurpan así, cuando le roban. No entendés nada, no hace falta que lo digas. Así sin palabras estamos bien. Sin tus palabras. Mis palabras son las que vas a escuchar, las únicas. No te hagas mucho problema, igual no te queda tanto tiempo para albergar ésta duda tan intrascendente. No. Yo asesino no soy, te lo aclaro de entrada. No voy a matarte. ¿Para qué esforzarme si ya estás medio del otro lado? No. Te vas a morir solito. Con mi sutil y humilde ayuda, eso sí. Tan humilde que nadie lo va a saber. Un accidente de ruta... hay tantos...<br />Sabrina, vos la conocés, me dijeron. Sabrina, tantos años que la conozco. Te lo aseguro, nadie la conoce mejor. Nadie. De chiquita la formé. Catorce tenía cuando le dí el primer beso - el primer beso que le daba a un hombre-; dieciseis cuando se me entregó -virgen por supuesto- y hoy que está cumpliendo veintidós añitos le tengo preparada una sorpresa superior, el mejor regalo que recibirá en su corta y hermosa vida, mejor aún que el anillo de oro que le mandé hace dos años. Hoy va a cambiar su vida y ella, seguro está durmiendo en su hermosa cama, abrazada a sus sábanas blancas y tersas, relajada, ajena, con la inmensa tranquilidad del que nada sabe. Pobre, Sabri, tan buena chica, cómo vamos a preocuparla con niñedadez... Igual lo va a saber muy pronto, vos sabes mejor que yo como corren las noticias en los pueblos. Sí, Sebi. Vos también te equivocaste feo. Elegiste la fruta prohibida, la mía. La viste colgando ahí, al sol, tan solita, tan frágil, tán confundida que dijiste, es mía, lo sé y no te culpo. Es así, tal cúal. Voy a ser benévolo y suponer que pensaste que no tenía novio, que estaba sola y por eso la quisíste.<br />Mirá como son las cosas, si te hubieras callado esa noche, si te hubieras aguantado con los pantalones puestos dos semanas más tarde, si te hubieras olvidado rápido de sus infítas bondades femeninas, aún estarías entero y no hecho un rompecabezas respirante. Qué le vas a hacer, así son las cosas en ésta Pampa húmeda. Todos tenemos un propósito y yo, por suerte, lo tengo tan claro... Como en el teatro. No tengo ninguna duda de la chica que ocupará el papel de la amada ¿Hace falta que te lo diga? No. Si sos tan inteligente... Así se arreglan las cosas entre hombres, a la vieja usanza. ¿Te crés que me importaba algo la idiota esa del boliche de anoche? ¿O esas que me curtía para que Sabri se enterara? ¡Obvio! ¡Esa es la respuesta correcta! ¡¡¡Diez mil pesos en efectivo de premio, acá para el amigo!!! Lástima, señor futbolísta que no le queden minutos en el frasco de la vida para gastarlos. Lastíma bandoneón mi corazón. Qué poco sirven las cosas materiales... Bueno, ahora que estás al tanto de todo, comienzo con el repaso de las respuestas que voy a decir. Ya llegan todos y tengo que hacerla bien. Además me duele mucho acá. Me callo. Que duermas bien.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5591540455492383100-574612115857575482?l=siyaestasenlaazotea.blogspot.com'/></div>R L Portasanyhttp://www.blogger.com/profile/11288026617283165416noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-5591540455492383100.post-65032094094666202562008-02-05T17:56:00.000-02:002008-02-09T03:30:15.758-02:00Cuesta<div align="left"><br />"Vamos / bajando la cuesta<br />que arriba en mi calle<br />se acabó / la fiesta."<br /><br />Decía "Apagar" y acepté, dando por terminado el trabajo de meses. Miré por la ventana, la quietud que noche a noche me acompañó estaba ahí, intacta. Me sentía tan cansado y solo que en ese momento la sentí compañera, colega. Fue cuando la chispa lúcida, extraña se produjo. No había peso, ni ansiedad, ni temor en ella. La sentí frágil y urgente como una burbuja. Era mía.<br />Uno a uno fueron desapareciendo los íconos en la pantalla y ya no hubo otra cosa en ella que la foto de mi hijo. Reparé en algo: hacía días que no lo veía, pero visitarlo en esa casa horrible me contagiaba derrotas y dolores que no deseaba filtrar en mi música, no hasta que el disco estuviera listo; por eso nuestros últimos contactos se limitaron a mails y largas conversaciones telefónicas. Solo eso. Lo extrañaba.<br />La máquina se apagó y en el aire quedó flotando el significado mismo del silencio. Me sentía bien, casi eufórico. Había dado mucho de mí y eso me llenaba de orgullo. Apagué también ambos interruptores del Marshall y un switch que tenía al alcance de mi mano. La columna de luces rojas y amarillas al fondo de la habitación, oscureció hasta desaparecer. Luego todo quedó a oscuras salvo por el pequeño velador que absorbía en su haz al humo del cenicero rebalsante. Coloqué la guitarra de doce cuerdas en su soporte y me puse de pie. Un mareo me aconsejó dormir, pero no iba a hacerlo. Era mi hora para andar por la calle. La única. No habría nadie, nadie me reconocería. Más tarde dormiría algo si podía. Cargué en mi mochila el Sony con el CD que acababa de grabar (rotulado "Imposibles – Versión Final"), una petaca casi vacía, un libro ("En el Camino") que seguro ni abriría, un anotador, una birome negra y salí.<br />Del pasto del jardín brotaban pequeñas gotas de agua que podía palpar, oliéndolas, saltándolas como preciosos colchones trasparentes, adustos paraísos de los antes fué sed. La calle caía en una suave pendiente hacia el norte. Una tenue brisa traía aromas a cuerdas mojadas y a barandas de madera barnizada. Los ruidos se limitaban a grandes micros, cuadras arriba, acelerando. El resto, muerto. Miré a ambos lados y giré la llave, la vieja reja cedió, gané la vereda, me asomé a una caída lenta, probé el aire de la luna teniendo en mis oídos lo que quería escuchar, teniendo en mi destino calle abajo, mirando al rio negro, plano, muerto pero vivo, sucio pero plateado, necesario.<br />La calle, una sucesión perfecta de empedrados con una leve pero sostenida pendiente, contaba con un cuidado boulevard, jardines profesionales y cordones blanqueados con cal, casetas de vigilancia, luz y en cada esquina un cartel con el nombre de la calle auspiciado sobre un fondo de pintura verde. Las casas, todas con el cartel de la empresa de seguridad privada que las velaba.<br />Nadie. Salí y apreté play. Decidí regresar cuando terminara el tema 14, el final del disco. Eso me daba más de una hora de cuerda, lo mismo que debía significar el aire para el buzo, luego sería Cenicienta, pero sin tacos. Subí el volumen y me ajusté bien los auriculares, encaminando con destreza los sonidos al alma y caminé cuesta abajo.<br />Dos bestias salieron a mi encuentro ladrándome en cámara lenta y muda. Luego callaron, aburridos. Habría grillos y langostas. Más adelante, dos sombras doblaron y se escabulleron, lo ví. ¿Quiénes eran? ¿Qué hacían? ¿Qué querían de mí? Aminoré el paso justo cuando la pendiente comenzó a pronunciarse haciendo imperceptible mi intención. Me separaban más de cien metros de ellas. Pensé en volver; con la alegría entumecida y la idea desdibujada, la excusión no tenía sentido. Aún así continué. Crucé la calle y el ruido de un motor me rozó la espalda. La intromisión fue tan prepotente que me sentí ultrajado. Con ira giré para mirar al culpable pero sólo ví el asfalto virgen, el agua mansa a los costados navegando y la nada hacia un lado y el otro. Ni autos, ni motores atrás, ni intrusos furtivos adelante. Las almas de la noche estarían reíndose de éste enfermo.<br />Track 1. La ausencia de sonidos me rescató. El tema terminaba y solo su fade out me recordó que antes algo había sonado.<br />"Ya no soy el que te habla // ya no soy el que se arrastra sobre ti."<br />"Ya no soy esa maqueta // ya no soy un..."<br />En mi memoria no había nada de él. Cada sensación me susurraba lo inútil de esa salida mía a la calle. Traté de ser fuerte, tanto había hablado de todo esto, tantas horas inertes, tanta intimidad ante analistas, pero cada vez, con cada paso ahí afuera, todo el infierno volvía a mí, como gigantes olas rojizas. Me veía a mi mismo corriendo despavorido tanto hacía que no veía la calle... Tenía que tranquilizarme. Respiré. Saqué cuentas. Tema 1, tres minutos cuarenta y dos. Sólo cuatro minutos afuera... No podía darme por vencido tan pronto. No.Además, no había sombras. No vivas, al menos.<br />Entereza, esa es la palabra que usaba mi analista cuando se refería a esto. La entereza que debía tener, la fuerza interior a la que tendría que acudir para sobrellevar todo este peso, mi mal. Quizás de algo sirviera tanta palabrería. Confianza tendría que tener además de entereza, aunque... Mis dudas me resultaban insoportables. A veces todo yo me resultaba insoportable. Mi cabeza era una radio mal sintonizada que no podía apagar. Que más dá. Traté de no pensar en lo que podía perder sino, simplemente, en lo desconocido. La destreza de lo desconocido. Pisé fuerte, el suelo no cedió. Mis Nike dejaron su huella en la tierra rojiza de la esquina y mirarlas me recordó el optimismo que había cargado en mi mochila cuatro minutos atrás. Sí. Eso era lo correcto. Seguir, afrontar. El rio. Sí, el rio.<br />Track 2. Mis fantasmas subieron al auto y desaparecieron. La noche seguía oscura y, con ello, mi refugio intacto. Latía controlado. Mi voz comenzó a cantar. Me propuse seguirla, me avoqué a ella, ya no mía, sino como una voz ajena. Intenté formas, inflecciones. Escenas para ella. Primero, sólo como un eco, como una variaciones de la música. Parecían murmullos dentro de una caverna, casi murciélagos vocales. Colores negros rebotando descontrolados contra las superficies irregulares, abovedadas y ciegas. Se lastimaba y ella toda se cargaba de un morboso, oculto e infinito placer. La tenía que seguir, mi voz me llevaría a campos inéditos. Lo hice. Camine por la cuesta siguiendola, de la mano, como un chico, ella guiaba mis pasos en ese calvario que hacía meses no pisaba. Así, con suavidad, entre papeles tersos, entre aromas a pinos y eucaliptos, me fui de mí, me alejé lo suficiente.<br />"Saber perder / es todo<br />Saber caer / es todo<br />De pié / siempre de pié<br />Siempre hasta que el aura vuelva"<br />Track 3. Cerré mis ojos sin detenerme. Es una buena experiencia de seguridad y confianza, me dijeron. Caminar a tientas siempre me pareció una estupidez pero en ese momento una cierta lógica tenía. Miré adelante primero, tratando de memorizar el camino estableciéndome tiempos y distancias, y me dejé llevar por esos señuelos. En mis oídos irrumpió mi voz luego de una intro lejana y inglesa. pero ya no era mía. Me excluía de su sonido envolvente, parecía alejarse de mi carne. Un verbo carne con materia propia. La voz de la conciencia, quizás, la voz del interior pero no mi interior. Todos los interiores de todo el mundo, algo así como el estómago del arte. El sentir de todas esas palabras de alguna manera me pertenecía pero lo cantaba una voz extraña. Una voz que acababa de conocer.<br />"No siento mis ojos / Tal vez ya no me pertenezcan<br />Quizás ese día que te fuiste / te llevaste algo mío entre tu ropa"<br />Track 4. No fue muy grato. Me sorprendí buceando en palabras que tan hondo me llegaban, de filos tan certeros, de alusiones tan directas, que por un momento me sentí inmerso en un proceso degenerativo, una autoflagelación. Me derretía. Una sensación correcta en términos comerciales, a eso apelaba mismo mi canción –porque en definitiva esa era mi canción ¿no?-, al corazón, a lo profundo. Y funcionaba. Confieso que me sentí un tonto cayendo en mi propia trampa. Por suerte terminó rápido, y ese fín coincidió con la última bocacalle que cruzaría. Más allá, luego de la explanada, de la vereda zigzagueante, del parque verdoso y oscuro, del sendero de redondas luces blancas infectadas de insectos quemados, más allá susurraba el rio, paciente.<br />"Sienta un precedente /<br />Es el aire el que arde /<br />Ya es hora que vengarte /<br />Es hora que vuelvas a mí."<br />Track 5. Las ramas se abrieron y ahí estaba él, negro, coherentemente nocturno, casi un toldo pendiendo del cielo y ahogándose en su llanura en movimiento. Aclararía enseguida, pero eso no impidió que la belleza del rio se filtrara en mí. La brisa aumentó y de un ramalazo reemplazó los aromas anteriores por sensaciones plagadas de humedad y decoloración mineral. Hierros y cobres, óxidos y piedras ovaladas, ínfimos oleajes grises. Algas. Solo.<br />Me acerqué. El pasto raleó y se convirtió en una arena torpe, gruesa y marrón, que el rio bañaba con una regularidad cronometrada.<br />Mi camino se tornó horizontal, no sin pendiente. Las huellas se hicieron profundas y mis pensamientos también. Sentir la vitalidad trepar por los músculos es algo tan incomparable... Tenues crujidos en la arena me seguían pero sin que lo supiera, ya no dobles, sino cuádruples, se mezclaban en mis auriculares. Alguien más estaba ahí.<br />"Un angel se posa / reposa<br />El cielo cae en picada<br />Si somos eternos / es que encontramos la fórmula<br />Si somos así / ¿porqué dejar de serlo?"<br />Track 6. -¿Qué haces acá? –me dijo como si me conociera de toda la vida y me miró fijo. De inmediato esos ojos se anegaron, precediendo, creí yo, a una gran explosión acuosa. No fue así. Recurriendo a una extraordinaria fuerza de voluntad, la chica se dominó y evitó lo lógico.<br />-No er io nando to!?<br />-¿Eh? –dije retirando el auricular izquierdo de mi oído.<br />-¿¡No puede ser, en serio está pasando esto!?<br />-...<br />-Hace días que espero verte. Hace días que te busco y no te asomas ni a la ventana. ¡Qué digo días, semanas!<br />-No entiendo... Pero, dejá, no importa... Me tengo que ir...<br />-Miro a través de los cortinados de tu casa pero nada... Horas y nada. Días enteros. Casi ni al baño iba, no comía por si aparecías. Llegué a creer que todo este viaje había sido al... bueno... tú sabes. Sin sentido.<br />-En serio. Tengo que irme, perdón.<br />-Pero no, acá estás, parado enfrente de mí.<br />-Ok.<br />-Espera, no te vayas. Me tomaron por loca, ¿sabes? "¿Hasta allá te vas a ir? Tu estás mal ¿Y tus cosas?" No saben que tú eres mis cosas. ¿Te das cuenta cuanta razón tenía? Todo este viaje, el trabajo, el dinero, los permisos, el pasaje, todo. Fue duro, ¿sábes? Hasta tuve que... Bueno, no importa ya. El hecho es que acá estoy. Espera, escúchame.<br />Hablaba rápido y tenía en su acento raro. Aceleraba y frenaba dentro de una misma frase, como si cantara en vez de hablar. Una cadencia graciosa. Lo mismo le sucedía a sus emociones: aceleraban con rapidez. Pero acá no había frenos. De la sorpresa a la incredulidad, un paso corto hasta la emoción, luego la llegada de la excitación y, por ultimo, lo que parecía ser una especie de ataque de nervios. Me saqué el auricular y lo dejé reposando sobre mi cuello. La música brotaba pero ahora en forma de murmullo. Un murmullo que la chica no tenía reparos en sepultar bajo una montaña de palabras.<br />-No es buen momento ahora. Estoy cansado.Tengo que dormir un poco.<br />-De Chile, de Chile vengo, dame un tiempito nomás. No pido otra cosa.<br />-Sí, sí. En serio. Más tarde. Ya conoces mi casa por lo visto. Me golpeas, salgo, charlamos. Aho...<br />-No! Mirá. Temuco. ¿Conoces Temuco? De ahí soy. ¡Lo que dijeron mis amigas, mi familia cuando les comenté que viajaba unos meses a Buenos Aires! Ni te imaginas el lío...<br />Ella volvió a la carga.<br />-Una sola cosa y no te molesto más. Ya sé, te asusté, aparecí así, de la nada, pero otra no me quedaba. Y eso es culpa tuya, si no sales nunca. ¿Te cuento a que vine?<br />"No. Matáte, no me importas. Contá todos los problemas que quieras. No tengo ganas de saber nada de vos. ¿Tenés cáncer? ¿En serio? ¿y te vas a morir ahora?¿Ok, a quién querés que le avise?¿Querés algo mío? ¿Mi pelo, mi ropa? Ya sé, querés sexo antes de suicidarte con la Uzzi que llevas en el bolsillo, ¿es eso? Pero, ¿te viste? Seguro que lo del novio es cuento. Digo, petisa, gordita... bonita de cara, eso sí, pero...", quería decirle pero...<br />-Me voy -dije.<br />Ella me agrraó del brazo -esa fue la primera vez que me tocó, la segunda siguiente sería en circunstancias muy distintas- y dirigió una mirada furtiva al recorrido del cable que colgaba de mi cuello como cerciorándose.<br />-¿Qué número de tema es?<br />Track 7. Todo seguía en su lugar, tan hermoso e intachable como minutos antes lo había visto. Sin embargo, algo había cambiado. Por mi mente navegó la imagen de un escenario de teatro iluminado con rojos densos. Supuse enseguida que ese velo que todo lo cubría no era más que la forma visible de mi pesimismo. Lo calamitoso hecho color. Estuve a punto de correr. Correr, quería desaparecer, desvanecerme, no ver la cara de esa chica, ninguna cara, alejarme, ir a casa, cerrar las cortinas, bloquearle la entrada al día próximo, no ver el sol, su claridad despreciable, dormir, dormir días, luego mandaría el CD a editar, el disco saldría de todas maneras, con masterización o sin ella, con retoque o así, saldría ya, estaba listo, ¡basta!, ¿con todo perdido para qué carajo seguir?, dormir, sí, dormir, soma, dormir días, fumar, Martín, el sí, esperar, trascender sin salir, ¿no es posible el éxito sin salir de casa?, no entres, no quiero a nadie, ¿dónde?, ¿dónde estoy?, matáte, sí, no me importa, correr, sí, estoy a punto de correr, de morir, de reír, de ser el solista del año, de la década, del siglo, andáte por favor, andáte a la mierda, por favor, correr, a salvo, soy vampiro, soy el más grande, soy nadie, soy el nabo más grande, un nabo con un arsenal de miedos increíble, sí, eso, pero no voy a contarte eso, ¡no!, ¿quién sos?, me voy, correr a casa, ¿qué hago acá todavía?, casa, agua caliente, bañera desbordándose, un viejo disco de pescado, y que se mueran todos, que se vayan todos, estoy a punto de morir, autógrafos de 20 a 21, perdón a punto de correr, ¿dije perdón?, perdón ¿de qué?, decrépito, mierda, correr, correr, correr. ¿Cómo voy a correr así exhausto? Acababa de notarlo. Además, ¡en mi vida había corrido más de tres cuadras seguidas! Me sentía agitado. Quería gritar. Gritarle. Gritarme. Pero sólo un suspiro en forma de "voy a casa" fluyó de mi boca.<br />Sin soltarme, ella acercó su cabeza a la mía y la ladeó como en los besos de telenovelas. Estaba seguro que eso quería. Una catarata instantánea de sabor desagradable se produjo en el fondo de mi garganta. Traté de dominarla y lo logré cúando ya estaba a punto de vomitar. Traté de liberarme de ella, pero fue infructuoso el intento. Que débil estoy, por favor, pensé. Forcejeé una vez más pero ella ni lo notó. Lo había hecho o solo me imaginé resistiéndome a tal bestia. Treinta y siete años y ya piltrafa. ¿Qué debía hacer? ¿Ya podía considerarme un prisionero? ¿Era cierto que una chica de un metro y medio, gordita, con carita de buena, me estaba secuestrando? Ahí me soltó dejandome con una duda más: ¿escuchaba mis pensamientos? Es la oportunidad de correr, me dije, remontar la cuesta, casa, doble vuelta de llave, respirar. Esas premisas se apresentaron visualmente en mi cabeza como una lista de acciones a seguir. Palabra a palabra, renglón a renglón. Ordenes con un tilde rojo sobre el margen izquierdo. Ordenes, sí, órdenes urgentes, casi como la burbúja de jabón que ya no existía.<br />La chica, ya serena, luego de haber logrado su cometido según demostraba, enderezando la cabeza, retomando la distancia original, mirándome con irreal suficiencia, emocionada aunque ya no sorprendida, me dijo: tema 8.<br />Track 8. Casualidad, sí casualidad. ¿Qué otra cosa? Ni ella, ni nadie, podía saber qué escuchaba, y menos qué número de tema. Lo dijo por decir y acertó. Tiene suerte la guacha, o es muy calculadora. Eso!, cálculos! Tiempos. Salí de casa hace veinte minutos. No! Más. Media hora, más o menos, me siguió, estaba ahí, en la puerta, me siguió, me espiaba en el momento en que me puse los auriculares, tomó el tiempo. Desde el principio pensaba en sorprenderme. Una treta muy creativa para empezar una conversación. Es peligrosa, me dije. Astuta e inteligente, la chilenita. Me alegré por haber descubierto su jueguito, eso hizo olvidar un poco del miedo profundo que empezaba a dominar cada músculo, cada nervio. Un miedo que ya había inyectado una sustancia elástica y pegajosa en la sangre, en las suelas de mis Nike y en cada una de mis articulaciones. ¿Estás pedido, lo sabías?<br />En ese instante certero, casi abeja muriéndose luego de aguijonear, supe que no tenía elección. Ya me había convertido en víctima, ese papel que tanto conocía. La araña subiría en momentos más, treparía por la tela que me apresaba y me inocularía. Luego, el final. Dulce, ajeno, oscuro.<br />La chica había crecido –como todas ellas, siempre- al menos unos treinta centímetros. Ya era mas alta que yo, mas fuerte, mas viva –en términos de muerte transpuestos-. Ella tenía el derecho, la decisión, la directiva correcta. ¿Qué podía hacer yo, pobre mortal, si al final, cada mujer era igual, cada hombre era igual, todos los habitantes de este vasto afuera eran iguales? Tenía razón en temerles.<br />A desgano pensé en mi libertad, en el divorcio, en Javier –mi hijo-, en mi capacidad artística, en mi casa, en mis discos de oro, mis canciones, mis instrumentos, todas ellas partes huecas integrantes de mi presente, y la utopía de resistirme regresó. Iba a decirle un par de cosas, que ya estaba bien, que no necesitaba de nadie, que la tormenta había pasado, que ya no volvería a caer. Iba a escupirla, a ignorarla, a lastimarla, porque en ella veía a cada uno, a cada ser, a cada habitante del día. Ella era una más de ellos, una ejemplar, la representante. Respiré, miré al amanecer que nacía y...<br />"Estoy muriendo de a poco / alguien mató al ángel que me guía<br />Pena por mis miedos / pena por mi carne.<br />Siento el sol que quema mis entrañas<br />y vos llegando de lejos /<br />a rescatarme."<br />Me dijo.<br />-----<br />Track 9. Mis ojos se llenaron de sangre, mi sangre se pobló de tachuelas y el amanecer se retrajo y se inundó de sombras, cada resquicio, cada rincón.<br />Traté de evaluar lo que acababa de suceder, tal cual era mi costumbre. Pensar, evaluar, someter a la lógica, reflexionar. No. No había dicho eso. No. Mis palabras no habían salido de su boca. Volví atrás. Me ví apagando la PC. Me ví retirando el CD de la grabadora. Me ví dudando por las opiniones que vendrían. Me ví feliz. Me ví poderoso con el arma que nadie conocía. Me ví fuerte, orgulloso con mi flamante obra. ¿Flamante?<br />El track nueve no tenía letra. Un ambient perfecto. Soberbio.<br />-No te asustes, nadie más lo tiene, ni lo va a tener de mis manos. Sólo yo. A mí nada se me escapa y, además, no existen barreras para lo que quiero. Lo conseguí. ¿Ahora me crees que es importante?<br />-No puede ser.<br />-¿Me llamabas? Vine.<br />Track 10. Si alguna vez, en mi entera vida, había estado confundido. Ahora, esos momentos me resultaban niñerías. Si cuento que en ese momento me sentía subido en la montaña rusa más alta del mundo y a punto de afrontar la primer caída, la mas estrepitosa, muchos se reirían. Pero es cierto. Así me sentía.<br />No había viento ahí arriba, ni ruidos. Asientos vacíos y el trepar lento, inexorable. Rayos de luna, sin cinturones, sin arneses que me sujeten, sin fuerzas, sin manos, sin ganas de vivir. Y así, subiendo y luces desparramadas allá en el piso. Y así, suspendido, en lo desolado, en el aire. Y así, perdido. Sin saber el instante preciso en que caería.<br />-No me equivoqué. ¿Estoy en lo cierto?<br />No, no se había equivocado nada. Lo sabía. Lo sabía todo. Ya no importaba nada más, ni siquiera mi miedo. Me sentí desnudo ante ella. Y lo peor era que a ella no le interesaba mi cuerpo, mi desnudez.<br />Quería mi sangre.<br />-Pero eso no está en la calle, de ¿dónde...-traté de preguntarle.<br />-No importa, una tiene sus recursos. Pero eso no es lo importante. Hablemos de ti. No sé lo que te pasa, pero algo hay, ¿no? Te conozco hace tanto...<br />Aún siendo un ínfimo susurro, ella había recitado la letra en el instante justo, cuando la música la necesitaba. Cuando el texto se apareaba con los sonidos.<br />-No, no me conocés hace tiempo. Me conoces hace diez minutos. Y todo acabará en otros diez. Así que, chau. Buen viaje. Ah, pero antes, decime, ¿quién te dio eso? ¿De dónde lo sacaste? ¿Entraste a mi casa? Decime.<br />-No perdamos tiempo, mañana sale mi avión. Ya no tengo donde quedarme. Hagamos lo que tenemos que hacer. Lo que está escrito.<br />-Estas enferma.<br />-Creo que no, pero gracias por preocuparte. Tu, sí.<br />-No.<br />-Sara.<br />-Eh?<br />-Que soy Sara. Así me llamo.<br />-Ok, felicitaciones.<br />Sara acababa de entrar en mi vida.<br />-Así que Sara. Bueno, un gusto. Pero démosle paso a la lógica.<br />-¿Tú, lógica?<br />-No me interrumpas. Sí, lógica, aunque no lo creas soy terriblemente lógico. Y eso tenemos que hacer ahora. Hacerle caso a la lógica. ¿Tenés hora?<br />-Sí, las cinco.<br />-¿Qué te dice la lógica? Las cinco, hoy es lunes...<br />-Martes.<br />-No me interrumpas.<br />-De acuerdo, gran señor.<br />-¡No me jodas!<br />-Bueno, ¿algún otro no más, gran señor?<br />-Mirá, es tarde, necesito terminar con algo. Eso significa que tengo que estar solo, ¿te dice algo eso?<br />-Sí, que me necesitas.<br />Track 11. Volví a ponerme los auriculares, subí el volumen al máximo. Odié al limitador de volumen, siempre me pareció que sonaba bajo, que necesitaba más intensidad. Por suerte en mi estudio no pasaba lo mismo. Igual sirvió para cambiar el clima. La miré pensado en no verla nunca más y la saludé como saludaría un capitán a sus soldados. Luego me encaminé a casa. El tema comenzaba con una intro furiosa, sonando a power trío, a adolescencia. A mi izquierda la claridad se filtraba entre las bocacalles irrumpiendo entre las sombras languidecentes. Mi capa se llenaba de humo, mi carne de fuego, la cuesta de padecimientos. Mis pulsaciones aceleraban como el tempo de la canción madurando hasta el final. Solo necesitaba llegar a casa, estaría mejor ahí. Pero claro, ¿porqué mi suerte, la de toda mi vida, iba a cambiar justo en ese instante? Los fantasmas volvieron. Me miraban reconociéndome.<br />-¡A ese lo conozco! –dijo el jorobado. Tenía la piel marrón con retazos verdes.<br />-Estás en pedo, ¿te tengo que hacer caso?<br />El amigo, cojeaba, pelo a mechones, cadenas, botas roídas y varias cicatrices llenas de barro y sangre seca. Ambos contrastaban con el alba como si esta los hubiera tomado desprevenidos. Vidrios rotos a sus pies los llenaban de reflejos.<br />-Claro, boludo. Te digo que lo conozco. Es... puta no me acuerdo el nombre. Es músico. Te juego lo que quieras. Dejáme pensar...<br />-No grités, boludo, vas a despertar a todos. Sabes que acá llaman a la cana por cualquier boludez. Vamos –dijo y lo tomó del brazo pero el otro se resistió.<br />-No, esperá, le voy a hablar. A mi hermana le gusta. Tiene fotos. Seguro que algo me dá para ella. Parece que tiene onda.<br />-Para mí tiene un cagazo...<br />Rodearía la manzana, entraría a casa por la vuelta, no me verían. Pero...<br />No. No sería bueno, no podía retroceder y salir corriendo. Llamaría su atención y era no último que quería hacer. Al final, seguro, corriendo, en menos de cincuenta metros sería su presa fácil. El venado. Estaba solo, ellos al frente, la loca a la espalda y para colmo con el cielo despejado como estaba el sol no tardaría en aparecer.<br />-Ey, amigo, vos sos el que canta, ¿no? Sos famoso. Te tengo visto.<br />-Dale Chape vamo’<br />-Tenés a todas las minas, vieja. Me contó mi hermana que está reloca por vos. Dice que sos el más lindo, el más grande. Debes tener de todo, ¿no? ¿No tenés algo acá para los amigos? ¿Nos tirás unas monedas?<br />-Chape...<br />-Esperá que el amigo nos va a dar algo. ¿Nocierto? Che, no serás puto, vos como todos esos que cantan giladas, ¿no?<br />El monstruo levantó su pulgar derecho pretendiendo posarlo en mi pecho. Estaba a más de dos metros y se acercaba arrastrándose.<br />Tenía que gritar. Tenía que...<br />"El mar amaneció rojo / ¿alguien pudo verlo?<br />Yo estaba ahí / seguro no me vieron<br />Yo estuve ahí / cuando solo había desierto"<br />Track 12. Mi espalda gritó, pero con voz de mujer.<br />-¿¡Qué está pasando acá!?<br />-¿Eh?<br />-¿¡Qué, qué está pasando acá!?<br />-No, yo no... de onda... quería algo nomás.<br />-Píerdete amigo, si no quieres problemas. En serio hablo.<br />-¿y vos quién carajo sos, loquita, saliste de alguna novela?<br />-Mirá, no queríamos joder a nadie, ya nos íbamos. Dale, Chape.<br />Ahora sí, al verse tomado del brazo Chape se dejó llevar. No sé si por la voz autoritaria de Sara, su fuerte presencia y si fue la cara de loca que portaba –yo mismo le temí-, lo cierto que los monstruos recularon y se perdieron por el camino contrario del sol. Iban envueltos en una bruma extraña azul, apurados. Sara, en cambio, radiante, sintiéndose heroína, me miró sin reproches desde el fondo de esos ojos y me dijo lo que temía escuchar: la verdad.<br />-¿Vió, gran señor, que vine a ayudarle?<br />Caminamos una cuadra en silencio.<br />-Igual no fue eso lo importante. Me lo agradeces, lo sé, pero tu problema no tiene relación con los robos y todo eso.<br />-No te vas a dar por vencida así nomás, por lo visto.<br />-Ya te conté por lo que pasé para llegar hasta acá, ¿que te parece? Sácate los auriculares al menos ¿Puedo pedirte eso?<br />-Sí, disculpa. –Me los saqué.<br />-Ahora, ¿hablamos? Traes algo ahí dentro que nos pueda ayudar –dijo, señalando mi espalda.<br />-¿Vos sos algún tipo de vidente o algo así? Si, claro que tengo algo.<br />Saqué la petaca. No iba a alcanzar, pero ayudaría. Me senté antes de llegar a la esquina en medio del boulevard. El pasto frío y húmedo ofició de alfombra. Ella me imitó al instante. Destapamos la pequeña botella y un aroma impropio impregnó el aire. Ni ella preguntó que había dentro ni yo lo recordaba. Su gusto me reconfortó, ella no puso ninguna cara en particular. Supuse que a mi me tocaba la responsabilidad de comenzar a hablar. Sara había hecho ya todo lo que le correspondía. El miedo no representaba ese insoportable ruido blanco en mi nuca y me pareció una buena señal. Algo auspicioso.<br />Entonces comencé a hablar.<br />"Seguíme / es el camino a casa.<br />Es el sendero de todo<br />Es donde podremos ser así"<br />Track 13.<br />Al levantarme las rodillas me crujieron y un dolor intenso en la cintura me recordó que ya no era un pibe. Ella, cambio, fue toda silencio y destreza. Dos vecinas caminaban en su ritual de gimnasia matinal. Ambas nos miraron. Me hubiera gustado escuchar us conjeturas. Reirme un poco.<br />-¿Qué dirán, no? -dijo Sara<br />-En eso pensaba...<br />Hicimos otras dos cuadras en silencio hasta llegar a casa. Su perfume, o mejor dicho, su natural perfume -no parecía ser más que eso- se filtraba en mí con naturalidad. Era como el correspondiente olfativo a su personalidad gracil y ligera. Toda ella despedía su agilidad en forma de mirada, de movimiento, de voz o de perfume. Y, además, estaba seguro que no lo sabía, que no pretendía sacar partido de ello.<br />Sara caminó mas rápido y se detuvo frente a las mismas rejas que yo había cerrado una hora y pico atrás. ¿Se podían cambiar tantas cosas en 74 minutos?<br />"Hipnóticos pasillos son tus venas<br />peldaños hacia la eterna sapiencia<br />te escondes tras tus ojos de inercia<br />y sos como quiero ser"<br />*<br />-Sí, voy a pasar. Pero primero voy a llamar a casa -me dijo.<br />De fondo, en casa, sonaba el Track 14. </div><div align="left"> </div><div align="left"> </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5591540455492383100-6503209409466620256?l=siyaestasenlaazotea.blogspot.com'/></div>R L Portasanyhttp://www.blogger.com/profile/11288026617283165416noreply@blogger.com0