<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss'><id>tag:blogger.com,1999:blog-55813887708826626</id><updated>2009-11-08T18:19:10.390+01:00</updated><title type='text'>The Hugo Effect</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default?start-index=26&amp;max-results=25'/><author><name>Hugo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16262709172673547410</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>178</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-55813887708826626.post-4015047709747980007</id><published>2009-10-28T04:25:00.002+01:00</published><updated>2009-10-28T05:09:05.243+01:00</updated><title type='text'>LA GALERISTA</title><content type='html'>Tengo un método infalible para determinar el grado de afinidad que tengo con las mujeres que conozco. Si en los primeros diez minutos ya estoy pensando en quitarles la ropa es que nos vamos a llevar bien. Pero si el pensamiento me llega en los primeros diez segundos, es que somos almas gemelas. Y esta mujer en concreto no tardó ni un nanosegundo en desperezar mis instintos, lo que me hizo pensar que debía tomarme la molestia de atender cuando me dijera su nombre. Habitualmente no lo hago. Sí, ya sé que debería, pero es que mi día a día es un tráfago de gentes yendo y viniendo y si tuviera que quedarme con el nombre de todo el mundo más que una persona sería un miembro de pleno derecho de los pelochos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ojo, ella, la gachí, no iba en plan provocativo ni como las modelos de Victoria's Secret, en bragas y alas de ángel. Y ese era el quid de la cuestión. Una tía que no necesitaba recurrir al muestrario de pechuga para recordarme que tarde o temprano tendría que comer se merecía que prestase atención. Porque esas, la experiencia me lo decía a gritos, son las mejores. Y las más peligrosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las mejores porque los polvos suelen ser épicos, con Tyler Bates poniéndole la banda sonora. Y las más peligrosas porque te enredan con facilidad. Y siempre quieres más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El encuentro se estaba produciendo en un acto social de cierta etiqueta. Y ella, arriesgandose, vestía un esmoquin de mujer. YSL estaría orgullosísimo de ella. Pero yo, que debo tener menos sensibilidad, tuve una erección. Así, nada más verla. Bueno, no es del todo exacto. No tuve una, tuve dos: una física y otra intelectual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Deslizó su mano entre la mía en el saludo y cruzamos dos ligerísimos besos de cortesía mientras ambos apuntábamos la referencia en el GPS. Latitud tal, longitud cual, altitud pascual. Porque si mi reacción al verla fue más que favorable, a ella le pasó tres cuartas partes de lo mismo, salvando la distancia en el tema de las erecciones, ya que el engrosamiento del clítoris no cuenta como erección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ah... qué fatuo  qué pretencioso, pensarás. Pues no. Porque estaba clarísimo que ella había experimentado lo mismo que yo al verla. Que cómo sé esas cosas? Sencillo: me pasa mucho. Y soy un estudioso del lenguaje no verbal y de los silencios. No te pasa a ti que en determinadas ocasiones tienes la certeza de caerle simpático a alguien? de resultarle atractiva a algún maromo? Pues a mi, como me pasa constantemente con las tías, se me ha ido formando el hábito de detectarlo. Y el hábito tal vez no haga al monje, pero le abriga si hace frío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tardó ese segundo de más en retirar la mano de la mía y lo hizo sin recatar la mirada, con un perfecto dominio de sí misma y de lo que quería mostrar. Sin ese atrabiliario estupor que tanto me disgusta. Ah... qué sería de mi si no existieran mujeres como ella. Porque, contrariamente a lo que muchas tendéis a pensar, a mi las mujeres tontitas como que no me van. Prefiero las listas, siempre que estén buenas, claro, porque para tirarme a una premio Nobel fea como un dolor, casi que rebajo la exigencia intelectual. Total, en peores garitas hemos hecho guardia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevaba el pelo oscuro recogido en la nuca y un levísimo maquillaje engalanándole los pómulos y provocando enigmáticos juegos de luz en los ojos claros. Resultaba un punto de luz en toda aquella marea social.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvimos hablando de modo intermitente, ya que a una y a otro nos interrumpían para saludar a terceros. Pero en un delicioso juego de imanes, terminábamos retornando a la posicion inicial con nuevas copas en las manos, para retomar el duelo dialéctico en el momento en que nos habían obligado a alzar los floretes, dejando suspendidas las estocadas hasta el siguiente giro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así supe que ella dirigía una galería de arte. Y ella supo que yo era simple, lisa y llanamente, una mala influencia. Coincidíamos en algunos nombres, como Kokoschka, y diferimos en el resto. Porque a mi Botero, por poner sólo un ejemplo, me parece un fraude. Ya ves, soy así de troglodita y me cuesta callármelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se rió con mis teorías del arte e hizo acopio de toda su cortesía para explicarme que no, que yo borracho con cinco litros de titanlux multicolor no pintaría mejor que Takashi Murakami. Lo cierto es que solté la disgresión con el único objetivo de incomodarla para reducir ese excelente dominio de si misma y encontrar la grieta en su perfecta armadura. Pero me vi obligado a replegar tropas y banderas porque la gachí toreó el miura-murakami con solvencia y galanura. Otro tanto para ella. Y ya iban unos cuantos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicho todo esto, nos quedamos callados. En uno de esos silencios que invitan a los tíos a pensar obscenidades guardándose mucho de decirlas en voz alta. En uno de esos silencios en los que ellas deciden si te vas calentando en la banda o te van a dejar sacar el bate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y a mi, en lugar de pensar obscenidades, me dio por pensar que esta mujer podía perfectamente llenar algo más que algunas horas y algunos huecos en mi cama. Paladeé la circunstancia con el mayor desafecto del que fui capaz. En realidad, la historia iba camino de convertirse en un agradabilísimo recuerdo sexual. De eso iban todas aquellas florituras y coqueteos. Pero cabía la posibilidad, la remota posibilidad, de que hubiera espacio para algo más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miratúpordónde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Solventé esos pliegues espacio-temporales invitándola a tomar algo en algún otro lugar cuando acabáramos con las obligaciones sociales.  Propuse el Copa Lounge o el Libertine, ya que no estábamos lejos. Y ella repuso que mejor en su casa, que también estaba cerca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Zas. El batazo tenía toda la pinta de convertirse en home-run en la segunda entrada. Algo en plan Series Finales, estadio hasta la bandera y niños con mi rostro en sus camisetas coreando mi nombre, como Derrek Lee, pero en blanco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahorraré los detalles del taxi, el portal y el ascensor porque además de ser porno Light, no aportan gran cosa a lo ya dicho: ella estaba muy buena, me la ponía dura y llevaba un par de horas pensando en tirármela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora estaba a punto de hacerlo. Así que situémonos en la entrada de su dormitorio, medio desnuda ya, con unos desafiantes pezones coronando sus turgentes pechos, indicándome el camino. Mi ropa y la suya yacían por el hall y la sala de estar, en completo revoltijo orgiástico. Se reía ella, girando y danzando, mostrando todos sus encantos. No veía el momento de lanzarme sobre ella para hacerle de todo, pero no me dio tiempo, porque ella aceleró el proceso agarrándome de salva sea la parte y atrayendome sobre ella en la cama, soltando todo tipo de obscenidades y guarradas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Coño, pensé, me ha tocado la lotería, mientras ella me obligaba a sentarme a horcajadas sobre su vientre, con el pequeño Hugo horadando el inexplorado valle de sus pechos. Cuba podrá ser una dictadura infumable, pero ha exportado grandes inventos: los puros, las cubanas y las otras cubanas. Y yo, me congratulaba internamente, estaba a punto de recibir una cubana de una ciudadana americana. Galerista, para más señas. Quizá cuando acabáramos me fumara un puro. Y entonces llamaría a Fidel para darle las gracias. Coño, hasta me compraría una camiseta del Che.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acerté en mi suposición y la cosa iba de maravilla. No es que me hubiera tocado la lotería, es que me había tocado la lotería y en las próximas semanas me iba a estar tocando hasta que me erosionase el pucio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero.... ah.... entonces sucedió lo impensable. Empezó a deslizarse bajo mi cuerpo, jadeando y gimiendo, hasta colocar su cabeza justo debajo de mi y soltó una frase que en la puta vida había oído. Y mira que me han dicho guarradas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La galerista, la refinada galerista del esmoquin y un indudable gusto para el arte, con la cabeza oculta bajo mi culo, dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Quiero que te cagues encima&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Minutos después, mientras esperaba a un taxi y el frío viento arañaba hasta el tuétano de mis huesos me di cuenta de dos cosas:&lt;br /&gt;a) mi infalible sistema detector de afinidades sexuales se había caído con todo el equipo.&lt;br /&gt;b) puestos a plantearnos tener algo más que sexo con una tía, casi mejor elegir una a la que no le guste que le caguen en la cara. Sobre todo, por higiene.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/55813887708826626-4015047709747980007?l=thehugoeffect.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/feeds/4015047709747980007/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2009/10/la-galerista.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/4015047709747980007'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/4015047709747980007'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2009/10/la-galerista.html' title='LA GALERISTA'/><author><name>Hugo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16262709172673547410</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='07003409328953111176'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-55813887708826626.post-3121845621647551029</id><published>2009-10-24T04:22:00.001+02:00</published><updated>2009-10-24T04:28:23.865+02:00</updated><title type='text'>MATT</title><content type='html'>Me he desvelado. Insomnia is back in town, i guess. Hacía algunos meses que no me ocurría. Posiblemente porque los cambios horarios habían hecho su agosto con mis biorritmos. Pero, miratúpordónde, un viejo amigo hace toc toc en la puerta.&lt;br /&gt;-Estabas despierto? Ah… pues te jodes.&lt;br /&gt;-Nada, nada, Pasa, ponte cómodo.&lt;br /&gt;Bendito insomnio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como ya me conozco el cuento, aprovecho para revisar algunas cosas pendientes. Curvas de crecimiento, proyecciones, costes marginales. Todo apasionante, capaz de hacer dormir a un ejército de bakalas hasta las cejas de Speed y Red Bull. Pero lo hago sin mucha convicción, porque ya me sé el final. De aquí a un rato se colará un rayo de sol por la ventana y habrá empezado un nuevo día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero entre ese aquí y ese rato aún por llegar, quedan minutos por llenar. Y resuelvo mojarlos bien con Johnnie, por si sonara la flauta y la ingesta de alcohol me sumiera en una deliciosa duermevela. Pero al segundo Johnnie consumido en la oscuridad me doy cuenta de que disfruto demasiado el caldo como para quedarme sopas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que abro el correo. Tengo muchos por leer y muchos más por contestar. Qué coño, es un momento tan bueno como cualquiera para hacerlo. Después de varios falsos qué alegría tener noticias tuyas, de un par de a ver si nos vemos y dos docenas de correos cuajados de fotos de la familia, me encuentro con uno de Matt.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Matt tenía 5 años cuando sus padres le dijeron que le querían mucho pero que no se aguantaban entre ellos. Que a mamá le iba más el jovencito de nalgas prietas que vivía tres o cuatro calles más abajo. Y que a papá también. Y Matt, que no entendía nada sobre jovencitos de nalgas prietas, pensó que la cosa no tenía tan mala pinta. Total, papá nunca estaba en casa, así que… ¿cuál era realmente la diferencia?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó el tiempo. Matt creció hasta convertirse en un adolescente. Le salieron pelos en los huevos y en las axilas. Se dejó greñas -en la cabeza, se entiende, no en los huevos o las axilas- se hizo con un número indefinido de camisetas de grupos heavy anti-sistema y se dedicó minuciosamente a hacer la puñeta a sus padres los días pares y a chantajearles emocionalmente los impares. Así consiguió su primer coche. Nada de un segunda mano. Uno nuevecito. De los que tenían tantos mandos en el salpicadero que más que un coche parecía la Enterprise. Sólo le faltaban los klingons colgados del retrovisor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y si todo hubiera ido bien se habría convertido en todo un adulto. De esos que tienen derecho a voto. De los que van a la Universidad, hacen un Máster. Viajan. Se enamoran y se desenamoran (habitualmente en la misma semana). De los que entran a un banco para pedir una hipoteca y salen con la hipoteca bajo el brazo y el culo como la bandera de Japón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo le conocí mucho tiempo antes de que pudiera ser pasto de subprime. Le conocí cuando aún pedaleábamos juntos en una amplia calle residencial, soñando con lo que el mundo nos depararía, más preocupados por reparar la cabaña del árbol que de cualquier otra cosa, incluidas las chicas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le conocí cuando aún el mundo aún no le había mostrado sus zarpas. Cuando lo de ser astronautas parecía una idea bastante sensata y, por qué no?, perfectamente posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le conocí antes de que descubriera que el divorcio de sus padres sí había significado alguna diferencia. Mucho antes de que cualquier posibilidad de convertirse en todo un adulto desapareciera como si nunca hubiera existido otra alternativa que rebotar de correccional en correccional hasta cometer un par de delitos menores que le hicieron vender la Enterprise y graduarse en delitos mayores. Y de ahí, directamente a las drogas para terminar pegándole tres tiros al dependiente de un Subway para hacerse con 300 pavos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Matt es uno de esos tipos que tienes la suerte de conocer antes de que se conviertan en la peor versión de si mismos. Y por eso no puedes verles como el resto del mundo los ve. Tú los ves como el chavalito rubio con el que planeaste redecorar la fachada de la casa de la vieja señora Mcyntire con los desperdicios recogidos por todo el vecindario. Desperdicios que, entre otras lindezas, incluían los pañales de la hermana pequeña de Matt&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Naturalmente, aquellas travesuras no le predestinaban a terminar dando con sus huesos en la cárcel. Era sólo un niño. En aquel entonces sí que existía la posibilidad de convertirse en todo un adulto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De vuelta al presente, sopeso el cliché de comparar su vida y la mía con la gravedad propia de alguien que en la puta vida se ha tomado la molestia de comparar según qué cosas y con la seguridad de que es un ejercicio injusto, asimétrico y completamente desdichado. Qué estupidez. No se trata de que Matt tuviera o no oportunidades. Es simplemente que la vida es así de hija de puta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Releo su email, entreteniéndome en el estilo, tratando de descubrir si detrás de esa escueta forma de escribir aún está el niño que en primer grado se enamoró de la señorita Florence. Pero aunque desearía encontrar una sombra, una duda razonable, ya no queda traza alguna. Sólo el cansado penar de un tipo que torció su vida y pasó de vivir en una casa con un jardín y valla blanca a pudrirse en el presidio de Stateville, en Will County.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por lo que cuenta, ha estado carteándose con una persona que tenemos en común. Durante años. Me sorprende no haber sabido nada y me asalta la náusea de haber cometido no sé qué extraña traición por no haber seguido al punto la terrible vida de Matt.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no hay ninguna traición en todo esto. Ni él lo sugiere ni mi náusea aguanta más de unos segundos sin deshacerse, empujada al fondo del estómago por unos centímetros cúbicos de Johnnie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me escribe, dice, porque se ha acordado de los viejos tiempos. Adivino que también me escribe con la esperanza de que pueda echarle una mano a salir de ese mundo de sombras en el que, me dice, está viviendo desde que le dieron la condicional, ya que el desgraciado al que le descerrajó tres tiros resultó ser duro de pelar y no la espichó en aquella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y pulso el botón para responder, dejándome llevar por un súbito impulso. Nada hay del niño que era yo en esta respuesta. La vida también se lo llevó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez mi oferta no sirva para nada. El mundo es un sitio terrible y enorme y a los dioses les importan tres pollas nuestros problemas. Pero se lo debo. A ellos, a los niños que fuimos y a los astronautas que pudimos haber sido y que también se quedaron por el camino.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/55813887708826626-3121845621647551029?l=thehugoeffect.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/feeds/3121845621647551029/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2009/10/matt.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/3121845621647551029'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/3121845621647551029'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2009/10/matt.html' title='MATT'/><author><name>Hugo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16262709172673547410</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='07003409328953111176'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-55813887708826626.post-8873239902501269237</id><published>2009-09-28T03:39:00.001+02:00</published><updated>2009-09-28T03:43:18.473+02:00</updated><title type='text'>LA CHAVALA DEL IKEA</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: arial; font-size: small; "&gt;&lt;div&gt;Duncan trata de mantener el precario equilibrio del montón de trastos sobre el incómodo y antiergonómico carrito del ikea. La fila de la caja es kilométrica y llevamos aquí tres cuartos de hora bien largos. Me pregunto dónde pollas estará mi perrito caliente y antes de darme cuenta lo verbalizo.&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Estos tíos no te regalan un perrito caliente si la caja tiene más de cuatro personas?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Va a ser que no. Estos daneses son unos tacaños de la hostia&lt;/em&gt;, contesta Duncan.&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Suecos. querido, son suecos.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;-&lt;em&gt;Pues eso, lo que sea. Como si son cameruneses. Qué pasa?, tienes hambre?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Cameruneses. Nada menos. Empiezo a tener calor. Hay tanta gente que parece que en lugar de cobrar, los ikea boys están regalando las billys. Quién dijo crisis?&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;No, no, Duncan. Quería decir que...., nada, déjalo.&lt;/em&gt; En los últimos cuarenta minutos cualquier intento por entablar una conversación medio seria con Duncan ha sido completamente inútil. Lo de 2016 se la trae floja, el fútbol no nos la pone dura a ninguno de los dos y de motos lo único que él sabe es que yo tengo una. Y de tías mejor no hablar, porque sus teorías me las tengo más que vistas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Duncan le suena el móvil. Tiene puesto uno de esos exóticos tonos en los que un tipo de voz gruesa y desagradable llamado Pitbull pega voces: &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic; "&gt;i know you want me, &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;i&gt;you know i want cha&lt;/i&gt;. Muy discreto. Y para rematarlo, se pone a menear el culo como Pocholo hasta arriba de pelotazos mientras se aleja para atender la llamada. Meto las manos en los bolsillos y miro para otro lado. Con lo que quiero yo a este tío y aún hay veces en que le tiraría por la ventana. Se ha presentado en casa pegando voces y abriendo ventanas, como si fuera a acabarse el mundo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-&lt;em&gt;Nos vamos al ikea, que tienes la casa que da pena verla, coño&lt;/em&gt;, me ha dicho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aquí estamos, cuatro horas y pico más tarde, haciendo cola, con el carro plagado de trastos. En realidad no necesito estos puñeteros muebles. Es cierto que tengo la casa demasiado minimalista, pero también es cierto que paso muy poco tiempo aquí y que en breve me marcho de nuevo. Cuando he tratado de hacerle ver lo tristes que estarían los muebles cuando yo me marchara, me ha mirado como si estuviera viendo a Joselito, el pequeño ruiseñor, cantando Ay, campanera. Supongo que no se da cuenta de que así es como le mirarmos los demás la mayor parte del tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Duncan sigue hablando por el móvil y yo sigo haciendo como si no le conociera de nada. Dejo vagar mi mirada en derredor y me giro para descubrir una jovencita justo detrás de nosotros. Está bastante buena, pero, de repente, al verme, le entra una risa tonta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ah. Cojonudo. Un moco. Debo tener un moco colgando. Compruebo discretamente el estado de la nariz. Nada, en perfecto orden de revista. Igual es que tengo uno de esos días tontos en que mis encantos se encasquillan con las titis. Probemos. La miro y le suelto un &lt;em&gt;hola querida&lt;/em&gt; mientras hago un gesto a medio camino entre un mohín y un arrugar la nariz, en plan saludo simpático, esto suele funcionar de coña. Pero la tía por poco se mea de risa, así que desisto y vuelvo a hacerme el distraído, girándome de nuevo, suplicando que la cola avance de una puta vez y pueda salir de aquí. Básicamente, para no hacer más el ridículo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tía, acompañada por una amiga, cuchichea animadamente. Lo sé sin mirarlo. Y me imagino lo que dicen. Pero prefiero no pensarlo mucho. Lo de la automortificación no es lo mío. Escucho como la otra pregunta asombrada, &lt;em&gt;tía, estás segura?&lt;/em&gt; y como la que se descojonaba en mi cara le contesta &lt;em&gt;que sí, que sí, es que no has visto las patillas del otro?.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El otro será Duncan. Y no me extraña que hablen de sus selváticas patillas. Habrían parecido exageradas hasta en el siglo XVIII. Pero casi prefiero no seguir escuchándolas porque me temo lo peor: desde sus juveniles miradas, debemos parecer un par de viejos verdes trasnochados disfrazados de juveniles efebos. Algún día tenía que llegar este momento. Lo que me jode es que me haya pasado en la cola del ikea. Pero, &lt;em&gt;c'est la vie&lt;/em&gt;. Podría haber sido peor: podría haberme pasado en la cola de la Oficina de Correos recogiendo un extensor de pene o algo así. Eso sí que sería terrible. Años de glamour tirados por el suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Duncan concluye la llamada y regresa a mi vera.&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Podrías haber cogido otra camiseta, no?,&lt;/em&gt; me pregunta, sin darme tiempo a ponerle al día de la debacle.&lt;br /&gt;Le miro a él y después clavo la barbilla en mi pecho para mirar mi camiseta.&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Qué coño dices? qué pasa con mi camiseta?,&lt;/em&gt; susurro, tratando de evitar que la chati a mis espaldas me oiga.&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Tienes un agujero justo en el pezón.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hostia. Hostia. Hostia. Y mil veces hostia. Un agujero en el pezón. En la escala de ridículos, sólo sería peor ir enseñando un huevo. Lo del moco no habría sido tan grave. Esto me pasa por hacer caso a Duncan. Me ha metido prisa y me he duchado y vestido en cuestión de minutos para evitar que siguiera dándome por saco. ¿Resultado? he terminado poniéndome la camiseta favorita de las polillas, por lo que se ve. Y mira que me jode, porque es una camiseta que me regalaron hace siglos con un texto que rezaba en capitulares grandes &lt;i&gt;RUBIA DE BOTE&lt;/i&gt; y justo debajo, en letra mucho más pequeña &lt;i&gt;chocho morenote&lt;/i&gt;, con la efigie de una rubia de caricatura y enormes pechos adornando la cosa. Y mi pezón ocupa el espacio que debería ocupar el rostro de la rubia dibujada.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Y ahora tendrá que ir a la basura, porque no puedo ir por ahí con el pezón al aire, que no soy Janet Jackson, coño. Y como leyéndome el pensamiento, Duncan me dice que podría ponerme un cubrepezones con la forma del Sol que diseñó Le Corbusier.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las tías a nuestra espalda se parten el culo sin recato alguno y yo empiezo a sentirme incómodo hasta un grado sumo. Me entran ganas de quitarme la camiseta y salir corriendo pegando alaridos, en plan efecto pradera. Es como esos días que te despiertas con una horrible pesadez de cabeza y descubres que la maciza de anoche es, en realidad, un poco fea, pero que, a dios gracias, al menos no tiene polla. No sales corriendo porque estás en tu casa, pero no por falta de ganas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos metros más adelante, el tío que bloquea la cola paga la cuenta de las mil polladas que ha comprado y se pira empujando el carro rodeado de críos que no dejan de pegar voces y dar por culo. La cola avanza un par de metros y Duncan, mi pezón revelado y yo mismo nos apresuramos a dar ese paso y medio más cerca de la caja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;También podrías hacerte un piercing&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Duncan sigue a lo suyo. Es como un cachorro al que tiras una pelota. Una vez que se la tiras por primera vez, querrá jugar hasta que se te caiga el puto brazo. Si agarra un tema, no lo suelta hasta que está en riesgo su integridad personal o aparece otro tema más jugoso aún. De modo que o le pego una hostia o me saco la chorra y hago el helicóptero, para que hable de otra cosa al menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vuelvo a meter las manos en los bolsillos mientras trato de vaciar mi mente, en plan zen. Y de fondo, como si estuviera muy lejos, oigo como Duncan continúa haciendo chanza de mi pezón. Y las tías que cada vez se ríen más. Me concentro en mi chakra. En mi chi. Pero tener a dos tías partiéndose el culo a pocos centímetros desconcentraría hasta al maestro de las Siete Puertas. Be water, my friend.....je.... perdona, chato, pero be water tu padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entonces Duncan va y lo dice:&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Esto. querido, deberías contarlo en tu blog. Sí, quedaría de puta madre en The Hugo Effect.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y me giro, desdeñoso, parar mandarle a tomar por culo, hasta que me doy cuenta de que las chavalas ya no se ríen. De hecho, nos miran con expresión contenida, como esperando el desenlace del siguiente capítulo de Lost.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desconocía que lo de tener un blog hace que cosas como llevar el pezón al aire pasen a un segundo plano. De haberlo sabido, la habría utilizado para pedir mesa en la terraza del Iroco. E incluso para pedir una hipoteca. Lo que fuera más difícil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las miramos y nos miran. Después miran a Duncan. Vuelven a mirarme. Se ponen rojas y empiezan a murmurar cosas ininteligibles entre ellas, dejándonos a Duncan y a mi más bien perdidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alzo las cejas, mirándolas. Duncan también las mira. Y ellas nos miran como haciendo una secreta cuenta. Vuelven a mirarnos con detenimiento, alternativamente, como si nos estuvieran escaneando. Y nosotros cada vez estamos más mosca. Pero el movimiento en la cola hace que la respuesta a la incógnita deba esperar. Corremos turno, moviendo trabajosamente los putos muebles que, a estas alturas, estoy dispuesto a abandonar en la fila a su suerte o prenderles fuego allí mismo. Cuando al fin concluimos la maniobra, nos giramos al unísono para tratar de obtener respuestas. En ese momento ni siquiera me doy cuenta de que sigo con el pezón al aire. Qué cosas, verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entonces una de ellas, con aire resuelto y una sonrisa en la cara, dice&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Hola querido, no sabes las ganas que tengo de leer cómo cuentas esto en The Hugo Effect&lt;/em&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El teléfono de Duncan vuelve a atronar y el Pitbull de los cojones canta: &lt;i&gt;Rumba sí!, ella quiere su rumba sí!.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/55813887708826626-8873239902501269237?l=thehugoeffect.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/feeds/8873239902501269237/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2009/09/la-chavala-del-ikea.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/8873239902501269237'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/8873239902501269237'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2009/09/la-chavala-del-ikea.html' title='LA CHAVALA DEL IKEA'/><author><name>Hugo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16262709172673547410</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='07003409328953111176'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-55813887708826626.post-6407614145651818778</id><published>2009-09-02T04:24:00.005+02:00</published><updated>2009-09-02T20:25:00.243+02:00</updated><title type='text'>LA MIRADA SUBTITULADA</title><content type='html'>Aquello de que es infinitamente más divertido dar que recibir se circunscribe básicamente a todos los aspectos de la vida en los que no tienen nada que ver los billetes, los cheques o cualquier otro elemento monetario. Para todo lo demás, visaoromastercard. Descarao. Vamos, que no hace falta ser un cerebrín para saberlo, me decía mi mismo, sopesando la parte sólida del argumento mientras me frotaba la mejilla entumecida por el guantazo de la chavala. Hacía años que no me daban una de estas. Y colegí, con cenicienta brillantez, que a ella le había dolido infinitamente menos que a mi, por mucho que ahora agitase la mano como si le hubieran prendido fuego en las uñas y su cara se encendiera de dignidad ultrajada. Lo dicho, mejor dar que recibir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Verás, como es habitual, que he empezado la casa por el tejado, desbrozando el final de la historia sin ningún reparo: un guantazo en todo el hocico. Sí, ya ves.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y todo, por una mirada subtitulada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella, con su camisa blanca anudada sobre el ombligo y su bicicleta roja, recorría el paseo cual Bea en busca de Pancho. O de Quique. O de quién cojones fuera el novio de Bea. Verano Azul. En technicolor. Me llamó la atención porque ya no tenía edad para andar con la bici de aquí para allá. Y porque con semejantes tetas lo de mantener el equilibrio era toda una proeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primer día, sentado en el pantalán, mi selectiva retina únicamente se quedó con la copla de esos enormes apéndices, el detalle de la blusa anudada sobre el ombligo terso y ese aire cutre-retro de la bici. Eso era lo único que no encajaba. El día siguiente, peleándome con la driza, la botavara, el puño de la escota y la madre que los parió a los tres, ella volvió a pasar. El sol anaranjaba las crestas blancas del mar ligerísimamente rizado. En lugar de blusa, llevaba una camiseta. El resto, las tetas y el aire cutre-retro de la bici, seguían ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En condiciones normales la presencia de la cicloturista, aún con esos enormes pechos bamboleándose sobre el manillar, me hubiera pasado completamente desapercibida. Supongo que es una cuestión de afectos. Y yo tengo más afectos a las partes blanditas de las mujeres que a las partes tensoras de la vela mayor, llámense como cojones se llamen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y con esta predisposición, mi retina retuvo más impresiones. Ella tenía la cara ligeramente pecosa y con expresión abstraída y soñadora. Como si estuviera a por uvas, vamos. Porque lo de montar en bici, una vez aprendido, no se olvida. Por eso sus pies seguían haciendo girar la rueda dentada, impulsándose hacia delante sin ni siquiera darse cuenta. Como si fuera algo aprendido tiempo atrás y repetido cientos de millones de veces. Así ella podía dedicar toda su atención a estar a por uvas con toda tranquilidad, sembrando el paseo del pantalán de gritos y carreras al borde del accidente naútico-ciclista mientras ella quedaba perfectamente ajena al destrozo. Cuánto daño han hecho Indurain, Armstrong, y últimamente Contador. No han hecho más que removerle a la gente las ganas de salir con las bicicletas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además de pecas, tenía el pelo de un color castaño que el sol y la sal clareaban con mechones rubios. Un cuello delgado y firme. Y unos ojos que me intrigaron porque miraban sin ver. De hecho, de haber aparecido en su camino el mismísimo Pancho -o Quique o incluso Piraña-, los hubiera atropellado sin gastar un pestañeo ni un suspiro de sorpresa. Así de embebida iba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y como esos ojos miraban sin ver, tampoco decían gran cosa. Ciegos y mudos. Lo de sordos, me dije, lo daremos por añadidura, amortizándolo como cosa hecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, en un alarde de genio, decidí que esos ojos iban a necesitar subtítulos para decirle al mundo qué cosas secretas guardaban, cual esfinge. Sí, está claro que hubiera hecho lo que fuera para no tener que lidiar con la guía y el perno de la bendita botavara. Hasta ponerle subtítulos a los ojos de una gachí que había visto, con esa, dos veces en mi puta vida. Afortunadamente mi supervivencia no depende de mi habilidad en el mar, porque si no estaría más que listo de papeles, contándole uno a uno los pinchos a cualquier erizo de mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al confiarle a Julio, capitán y dueño del velero, mi voluntad de escribirle subtítulos a la chavala de los ojos ciegosordomudos, éste me miró como miraba a las nubes que se asomaban al horizonte, encrespando las olas. Y dijo exactamente lo mismo: ya estamos jodiendo la marrana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Hugo, querido, si no fuera por estos ataques de estupidez aguda que te dan de tanto en tanto al ver las domingas de una chavala, podrías pasar por un adulto capaz y cabal&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Ya, pero entonces no sería igual de divertido.&lt;br /&gt;-Prueba a ver. Lo mismo resulta que sí&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no. Lo mismo resultaba que no&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tercer día lo pasamos al fin a la bartola, no muy lejos de un chiringuito donde una nativa servía pelotazos con una camiseta tres tallas más pequeña que la 110 de sujetador que tenía a gala no llevar mientras trabajaba. Y entre pelotazo, chapuzón e inspección ocular de la nativa, se nos pasaba la tarde tranquilamente hasta que la cicloturista hizo acto de presencia. Empujaba la bici por la arena, obstinada. Colgado del brazo, un bolso del que asomaba un libraco y los aparejos propios de la visita playera. Como ella no sabía lo intrigado que me tenían sus ojos de turbio mirar, no era consciente de a lo que se exponía al acercarse, empujando trabajosamente la bicicleta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Es esa?,&lt;/em&gt; pregunto Julio, parco en palabras, deshojándole la dulzura a un Margarita.&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Sactamente&lt;/em&gt;, contesté, preparándome para subtitular cuanta mirada suya consiguiera otear.&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Joder, pues ahora seguro que me das la tarde.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Y la tarde a la que Julio se refería aún no había ni medio empezado. A esas horas traspapelábamos los minutos tras una señora comida y una siesta pegajosa, breve e improductiva. Por eso habíamos resuelto trasegar pelotazos al mismo ritmo que las madres se afanaban en recubrir a sus infantes con un protector solar pringoso capaz de protegerles de una hipotética erupción solar. Pena daban los niños, comentábamos vaciando copas, cayéndole cada vez mejor a la camarera que nos miraba con el signo del euro en los ojitos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Esta es una playa más bien familiar&lt;/em&gt;, nos confió invitándonos a unos rusos blancos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Lo ves?&lt;br /&gt;-El qué?&lt;br /&gt;-Los subtítulos de la camarera.&lt;br /&gt;-No son subtítulos, querido, es un formidable par de peras con pezones como monedas de un céntimo.&lt;br /&gt;-No, justo encima de las peras.&lt;br /&gt;-Ya&lt;br /&gt;-Que sí. Mientras decía lo de la playa familiar, han aparecido unos subtítulos explicativos. Lo primero que decían era que nuestra presencia le está arreglando la caja de la semana. Y lo segundo, que no tendría inconveniente en restregarme esas enormes tetas por la cabeza.&lt;br /&gt;-Hugo, para lo primero ni yo no necesitaba subtítulos. Y para lo segundo, tú nunca los has necesitado para convencerte de que una tía quería follársete.&lt;br /&gt;-A ti lo que te pasa es que te jode no verlos.&lt;br /&gt;-Verlos?&lt;br /&gt;-Los subtítulos.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Julio saldó el intercambio con una floritura dialéctica a la altura del mejor Quevedo.&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Querido, me voy a mear.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Y yo me quedé oteándole la mirada a la cicloturista, que hoy llevaba un vestido playero del que ya se había desprendido para enseñarle al mundo los dones que la naturaleza le había entregando en prenda con los genes. Unas soberanas tetas que rivalizaban con las de la camarera. Joder con las playas familiares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atenta al quite, la camarera regresaba a nuestras tumbonas, portando con ella unas bebidas de apariencia refrescante y alta gradación alcohólica. La pobre no hacía más que honrar el encargo que Julio le había hecho una hora y pico antes.&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Anda mona, súrtenos de combustible, que estamos secos.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y a esas alturas más que seco, yo ya andaba cocido. Por el sol. Y por el alcohol, que hacía oscilar mi línea de flotabilidad, ahogando la tenue voz de la cordura, allá en la parte oculta de mi cerebro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las trompas en la playa son lo peor. Y más si te has pasado algunos días en el mar, otro adecentando el barco y la mitad de un segundo día repasando velamen. Joder, si yo pago a una asistenta para que me planche la ropa, a santo de qué cojones voy a repasar las velas. Pero lo había hecho, con más fortuna que pericia, hasta que Julio había quedado medio satisfecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habíamos decidido quedarnos un par de días en aquel pueblecito de aire marinero y encalado. Casa bajas y blancas, un puerto pequeño pero apañado y toneladas de jovencitas en edad de merecernos. Pero por el camino nos habíamos atizado un arroz de digestión lenta lentísima y habíamos tomado la decisión de tratar de acelerar el proceso macerándolo con un sinfín de copas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Esto sólo lo bajamos agotando la carta de cócteles&lt;/em&gt;, había dicho muy serio Julio. Y a mi la idea me pareció tan buena como cualquier otra. Claro que eso no es ninguna garantía. La idea de ponerle subtítulos a la ciclista errabunda también me había parecido una genialidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una forma como otra cualquier de pasar la tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de un rato, y cuando ya estábamos cerquísima de agotar la lista de cócteles disponibles en el chiringuito (para ese caso habíamos previsto volver a empezarla desde el principio), me venció el sopor alcohólico a pesar de mis denodados esfuerzos por mantener los ojos abiertos y atentos a ponerle subtítulos a la chavala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y me dormí. Como un bebé. Si fuera posible que los bebés se durmieran tras beber tanto como yo había bebido, claro. La cosa no debió de durar más que veinte minutos, pero me devolvió un vigor huido y me animó a encaramarme sobre la tumbona para comprobar que la cicloturista de los subtítulos seguía a la espera de mi ayuda para aclarar el fondo de su mirada. Me miró y al fin fue como si pudiera ver, porque clavó en mi su mirada, con un aire de asombro que, por qué no decirlo, me satisfizo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julio, a mi lado, fumaba con otra copa en la mano. Y me miraba con una mezcla de estupor y acceso de carcajada, sin decantarse por ninguno de los dos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Hugo, espero que no hayas soñado conmigo&lt;/em&gt;, me dijo, señalando con la mirada mi entrepierna, donde una hermosa erección pugnaba con la tela elástica del bañador ceñido. Palpitaba, diría yo, vibrante y poderosa. O eso pensé, con las neuronas veladas por el arroz y el alcohol. Y el sol. Y la botavara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso probablemente explique por qué me levanté y me fui hacia mi más reciente e hipodérmica obsesión, para plantarme a su lado y explicarle, con la lengua cosida con trapos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Llevo dos días tratando de ponerle subtítulos a tus ojos y ahora, por primera vez, creo que he dado con uno bueno.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Ella me miró con una expresión de terror que el alcohol –entendí más tarde- había tornado en interés desde mi punto de vista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Esa mirada tuya me dice que deseas que haya soñado contigo&lt;/em&gt;, solté, señalando con picardía la erección que presionaba mi muslo, buscando una apertura por la que ver el sol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el resto se precipitó en un segundo devastador en el que su aire de Bea postmoderna buscando a Pancho se disipó y su palma abierta se deslizó cortando el aire para impactar en mi confiada faz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Plas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así sonó: plas. Y el golpe aún se quedó zumbando en mi oído derecho un día después, cuando zarpamos de nuevo, con Julio a los mandos, partido de risa, recordando el sopapo de la chavala con mirada subtitulada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Y yo juraría que soñé con la camarera&lt;/em&gt;, le decía a Julio, asentándome en la bañera mientras encarábamos la bocana de puerto, a alta mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Julio se reía a carcajadas, atropellado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Subtítulos!,&lt;/em&gt; exclamaba. Y se reía aún más.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/55813887708826626-6407614145651818778?l=thehugoeffect.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/feeds/6407614145651818778/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2009/09/la-mirada-subtitulada.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/6407614145651818778'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/6407614145651818778'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2009/09/la-mirada-subtitulada.html' title='LA MIRADA SUBTITULADA'/><author><name>Hugo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16262709172673547410</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='07003409328953111176'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-55813887708826626.post-5788171919176370809</id><published>2009-08-03T23:31:00.004+02:00</published><updated>2009-08-04T03:25:15.638+02:00</updated><title type='text'>LA DECISIÓN DE LISA</title><content type='html'>Lisa hace girar los hielos que flotan en el café negro. Mira a lo lejos, sopesando la oferta. Es de esas ofertas que te cambian la vida. Un par de gaviotas graznan sobrevolando los acantilados. Hay un velero a lo lejos, adentrándose en el mar. Enciendo un cigarro y permanezco callado. Hace un año le adelanté que volvería a buscarla. Ella sabía que este día llegaría. Quizá no la necesite, pero me gusta tenerla en mi vida. Y ella lo sabe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El dueño del local se acerca obsequioso. El camarero ha debido advertirle de que estábamos aquí. Antes éramos asiduos y como la cuenta la pagaba mi antigua empresa, me permitía el lujo de ser generoso. Me pongo en pie y aguanto estoico el abrazo del tipo. Como es más bajito que yo, la situación pronto se torna ridícula.&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Todo bien?&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;-&lt;em&gt;Como siempre, querido&lt;/em&gt;, contesto.&lt;br /&gt;En realidad lo de hoy no ha sido para tirar cohetes, pero no ganaría nada diciéndoselo.&lt;br /&gt;Lisa le sonríe, sin levantarse. Intercambio con él algunas frases de cortesía más y le despido. En cuanto me siento Lisa me pregunta cuál sería su trabajo allí. Sonrío. Por eso he venido a buscarla. En lugar de preguntarme por cuánto voy a pagarla, se interesa por qué va hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la conocí llevaba cerca de cuatro meses descartando candidatas Y ella perdía lastimosamente el tiempo tratando de poner orden en un negocio que no tenía ninguna posibilidad de prosperar. Le propuse venir conmigo y sufrirme. Así, tal cual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sorprendentemente a ella le pareció bien y un par de meses después tenía más control sobre mi vida que ninguna otra mujer del mundo. &lt;em&gt;No te olvides de llamar a tu madre, hoy es su aniversario de boda&lt;/em&gt;, me decía un día cualquiera sin que yo ni remotamente hubiera caído en la cuenta. &lt;em&gt;Acuérdate de llamar a tu hermano, hoy tenían pediatra con las peques. La semana que viene tienes que llevar a Bolf al veterinario. Llama a tus padrinos, que mañana se gradúa su hijo pequeño&lt;/em&gt;. And so on forth. Supongo que durante el tiempo que trabajó para mi habló más con mi familia que yo durante toda mi vida. Mi madre, por ejemplo, siempre me preguntaba por ella cuando hablábamos y mis sobrinas le hacían dibujos. La tía Lisa. Manda cojones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca he sido un tipo especialmente atento a estas cosas. De hecho, mi familia se acostumbró a disculpar mis despistes. Pero desde que Lisa empezó a gestionar mi vida, todo Cristo recibía regalos en su cumpleaños, amables notas en fechas señaladas y felicitaciones de Navidad o Hanukkah y cosas por el estilo. Y yo, a cambio, cuantiosas facturas en concepto de los regalos que ella compraba con cargo a mi tarjeta. Mi madre nunca me habló en términos tan elogiosos como cuando recibió una pantalla plana de 42 pulgadas. Y mis padrinos nunca sintieron tanto el cariño de su ahijado preferido como cuando El Corte Inglés les hizo llegar a casa unos billetes para volar a Budapest.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero putadas aparte, Lisa se adaptó a mis rarezas y a mi inconexa vida social con relativa facilidad y se ganó el derecho a que la dejara espacio para que desarrollara su potencial. Y así la chavala de ojos claros y apariencia frágil se convirtió en una asistente personal de primera y aprendió a documentar la previa de una negociación, a cerrar compras de un modo limpio y rápido y a navegar en los procelosos mares de la empresa. Mares plagados de piratas a los que sólo se podía combatir siendo más pirata que ellos. Y así, en menos de un año, le había cogido el tranquillo a la ardua tarea de sufrirme. Aunque en ocasiones -probablemente con la secreta intención de castigarme- dejara que se colaran en mi despacho los más pintorescos personajes o me pasara llamadas de mujeres con las que había tenido relaciones más allá de lo profesional y de las que no deseaba volver a tener noticia. Una ricura la niña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He tenido dos secretarias antes de Lisa. Y otra después de ella. Y probablemente ella no sea la más eficiente del mundo, pero es la unica de la que he llegado a fiarme. Por eso aunque no la necesite me gusta tenerla a mi lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Harías lo mismo que hacías antes, querida. Sólo que a un océano de distancia y en inglés&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Lisa continúa removiendo los hielos. A estas alturas deben estar más que mareados. Me sorprende que quede algo de ellos.&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Ya&lt;/em&gt;, asiente. Mira hacia el mar. El velero es sólo una manchita blanca en el horizonte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé que la oferta es tentadora. Cómo no lo va a ser. Desde que yo me marché le asignaron como asistente personal de mi sucesor. Y por lo que sé, el cambio no fue a mejor. Más allá de acudir a mis intempestivas llamadas cuando el pinzamiento de la espalda me imposibilitaba caminar sin un Johnnie con Nolotil y del estrés de poner orden en mi anárquica vida, Lisa se lo pasaba bomba conmigo. Y sabe que lo que le propongo será más divertido aún.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su actual jefe es un imbécil pomposo con tendencias paranoides y más interés en ponerse medallas que en jugar en equipo. Y a Lisa le encantaba participar de mis maquinaciones y controlar mi entorno. Adoraba sentirse parte de un equipo bien engrasado que no paraba de meter goles a la competencia. Pero ahora está en el banquillo, viendo como les golean. Partido tras partido. Y eso, después de haber ganado la Champions, banderolas y confeti al aire, jode. Es lo que tiene ganar, que uno se acostumbra a levantar copas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y por asociación de ideas, llamo al camarero y pido un Johnnie.&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Si no te conociera, te diría que es temprano para una copa&lt;/em&gt;, dice Lisa sonriendo. Durante muchos meses pensó que era alcohólico y un día entró muy seria en mi despacho para ofrecerme su ayuda para superar mi supuesta adicción. &lt;em&gt;Querida&lt;/em&gt;, le dije entonces por primera vez, &lt;em&gt;aunque me conmueve tu preocupación, no soy ningún alcohólico, sólo un borracho más&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora, con un gesto, le digo al camarero que traiga dos.&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Si no te conociera, diría que sientes vértigo.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Me gusta cómo llevas el pelo. Te queda bien así de corto&lt;/em&gt;, responde, cambiando abruptamente el curso de la conversación.&lt;br /&gt;Sonrío.&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;La parte buena de la oferta es que allí no dejaría el casco sobre tu mesa.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Se ríe con ganas.&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Uf.... no sabes lo que me fastidiaba que lo hicieras. Cada día, sin falta, el puñetero casco en la mesa. Y los guantes, apestando a moto&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;En realidad, querida, sí lo sabía.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Capullo&lt;/em&gt;, contesta. Pero lo dice sonriendo y girando el cuello para volver a mirar el mar. Ha bastado una comida para que recordara los buenos tiempos. Empecé a putearla con el asunto del casco y los guantes cuando ella empezó a putearme con las llamadas. Y como nunca dejó de putearme con las llamadas, yo no cedí con el asunto del casco y los guantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es posible que ahora, mientras mira el mar, esté pensando en su príncipe azul. El tipo aquel con el que empezó a salir y que durante los primeros meses la tenía tontita. Pero algo me dice que esa historia se acabó. No es nada en concreto. Sólo una intuición. Pero no seré yo quien saque ese tema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camarero deja las copas en la mesa. Vasos anchos y bajos. Bien dotados de hielo. Sólo cuando se ha alejado, me mira y dice&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Hugo, es un cambio muy gordo&lt;/em&gt;. El vértigo aletea en sus pestañas.&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Sabes que eres la única mujer del mundo que ha entrado en mi casa sin pasar por mi cama?,&lt;/em&gt; le pregunto yo ahora, cambiando el ritmo.&lt;br /&gt;Su risa alerta a la gente de otras mesas. Me río yo con ella. La mitad de la empresa creía que Lisa y yo nos acostábamos. Y la otra mitad juraba habernos visto follando en el cuarto de las fotocopiadoras. En realidad, nunca hubo nada. De vez en cuando, bailábamos en mi despacho con Frank de fondo, sólo si la ocasión lo merecía. Pero nunca follamos. Ni lo volveremos a hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando paramos de reír nos quedamos mirándonos. Le ofrezco un cigarrillo y sostengo el mechero contra el viento. Enciendo el mío.&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Espero que no tengas antecedentes penales.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Y ella se vuelve a reír.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/55813887708826626-5788171919176370809?l=thehugoeffect.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/feeds/5788171919176370809/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2009/08/la-decision-de-lisa.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/5788171919176370809'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/5788171919176370809'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2009/08/la-decision-de-lisa.html' title='LA DECISIÓN DE LISA'/><author><name>Hugo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16262709172673547410</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='07003409328953111176'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-55813887708826626.post-8265415300912684210</id><published>2009-07-29T21:05:00.000+02:00</published><updated>2009-07-29T21:06:14.190+02:00</updated><title type='text'>VERTEDEROS</title><content type='html'>Quizá porque no se esperaba un final así, o tal vez porque aún esperándolo, le resultaba inconcebible, el mundo se le vino encima. Ocho años borrados de un plumazo, como si un limpiaparabrisas cósmico hubiera limpiado su historia como si de la mancha roja de un mosquito en el parabrisas se tratara. Zas, zas. Y a otra cosa, butterfly. Para el resto, los demás, la cosa estuvo clara desde el primer día. Esa tía no era para él. Quizá no fuera ni para un tío diametralmente opuesto a él, pero lo cierto es que para él no era ni por asomo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que cuando sonó el teléfono y el mar de lágrimas del otro lado de la línea acertó a contarme que llevaba varias semanas malviviendo en una pensión con una maleta llena de fotos en lugar de ropa, en vez de soltar alguna imprecación para hacerle reaccionar, le abrí mi casa y una botella de Johnnie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella noche aceleramos su duelo: La negación nos llevó un par de horas, el cabreo se disipó en veinte minutos, dando paso a la fase de depresión, en la que anduvimos un par de horas más hasta que llegó la liberadora aceptación. Y de ahí, directito a sobar al sillón, porque a esas alturas Óscar ya no atinaba ni a buscarse las manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso fue hace unos meses. Lo recuerdo porque al poco tiempo embarcaba con destino Chicago. Desde entonces, cruzamos un par de correos. Lo normal. Bien? bien. Pues nada, me alegro infinito. Y yo más. Y tú que lo veas. Y tal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora Óscar, que debe tener el corazón hecho de papel quebradizo, se ancla en la barra de un bar en la que celebramos la incombustible reunión anual del más sorprendente equipo de rugby de la historia del rugby. Y entre hipos alcohólicos, me dice que se ha enrollado con una tía diez años menor que él (lo cual es todo un punto a su favor) y que no sabe si es su amor verdadero, pero que le hace reír.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ay, la hostia. Que le hace reír? Joder, a mi Faemino y Cansado hacen que me parta el culo, pero no me los tiraría. Claro que si los pillara con 22 añitos recién cumplidos igual sí que me los tiraba. No, no, espera: que tienen rabo. Definitivamente no me los tiraba. Muchos nabos serían esos para un menage a trois. Quizá les escribiera una poesía y escribiera distraídamente sus nombres rodeados por miles de corazones, pero seguro que no me los tiraba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Óscar, dejándose llevar, pide otro chupito de vodka negro. Y me obliga a tragarme uno a mi mientras me pone en antecedentes. La tía en cuestión no sólo tiene 22 primorosas primaveras, sino un par de pechos de los de aúpa. Y un novio bastante resultón al que la cornamenta no le pesa porque desconoce que la lleva puesta. Uno de esos tipos, me cuenta, que al nacer se cayeron al suelo y tuvieron la mala suerte de hacerlo sobre una escoba, insertándosela por el culo y siendo de todo punto imposible extraerla, así pasaran los años y avanzara la tecnología médica. De ahí la rigidez de su pose y su rictus de permanente desagrado, como si estuviera constántemente oliendo a mierda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero que el novio, con 22 añitos también, sea un capullo no mitiga en absoluto la procesión mental de Óscar, que sabe que esa misma noche la de las tetas ciclópeas está bailando mambo con el de la escoba en el culo.&lt;br /&gt;-Pero seguro que piensa en ti mientras se pone a cuatro patas, le digo, con más mala hostia que lástima.&lt;br /&gt;-Eso es lo peor, contesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entonces me doy cuenta de que hay tipos con tendencia a vivir en un continuo vertedero emocional. Tipos cuyo problema no es que escojan mal; su verdadero problema es que no saben escoger bien. Tipos que desperdician ocho años con la persona equivocada y que se sorprenden cuando ella, la única cabal de aquella relación, le da boleto tras un viaje a Cuba en el que debió tirarse hasta al hermano de Fidel Castro. A Fidel no, porque estaba muy malito ya. Pero del resto, a todos, sin que quedase uno por catar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tipos que con ese bagaje salen a la calle y sólo se les ocurre encoñarse de veinteañeras con novios envarados. Tipos que se empeñan en decir cosas como que no sabe si la quiere, pero que le hace reír. Tipos que sufren cuando la veinteañera pasa la noche con el legítimo usuario de esos titánicos pechos. Tipos que se hartan a pedir chupitos de vodka negro hasta tener los dientes más negros que el sobaco de un grillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entonces elevo una secreta plegaria de agradecimiento a Frank por no haber permitido que yo me convirtiera en un desecho semejante. Tal vez tenga algunas dificultades con las relaciones de pareja. Qué coño, tal vez sea un sociópata incapaz de gestionar las emociones. Sí, es muy posible. Pero por lo menos no arrastro mi dignidad de ser humano por el suelo de un bar cuajado de colillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le digo a Óscar que ya está bien de hacer el gilipollas y se revuelve. Sus cerca de noventa kilos de mala bestia, combinados con la ingesta descontrolada de vodka y el torbellino emocional que le consume, le convierten en algo muy parecido a un búfalo salvaje con hemorroides. Óscar, que en sus tiempos jóvenes fue un flanker cojonudo, agita sus manazas, como desbaratando mis argumentos, y en una de esas, por un error de cálculo, me atiza en todos los morros. Siento el sabor metálico de mi propia sangre antes de que el dolor estalle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Óscar, que a pesar del velo etílico acierta a comprender que me ha pegado un guantazo, se atropella pidiendo excusas. Si no le golpeo hasta reventarle esa cabeza hueca que lleva sobre los hombros es por dos motivos: el primero, porque un día este tipo y yo compartimos barro y sangre en Cantarranas. Y en segundo lugar, porque es mucho más probable que él me mate antes si empiezo una pelea. Y le tengo un raro apego a mi pellejo, qué quieres que te diga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevo la mano a la boca mientras le miro, detestándole. Detesto la debilidad humana. Y detesto la torpeza: esos tipos que hagan lo que hagan siempre terminan rompiendo algo. Tipos con tendencia a caérseles las cosas. Me desembarazo de sus brazos que tratan de sujetarme por los hombros y con infinito desprecio doy un paso atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía que ser así, tenían que partirme el labio. Sólo de este modo podía aprender que no hay nada que se pueda hacer para sacar de un hoyo a alguien que no sabe vivir si no es ahogándose en un pozo de mierda. Entiendo al fin que la chavala de 22 años y tetas de proporción aúrea es sólo una excusa, una estación de paso en una ruta de autodestrucción. Y que lo menos que me puede pasar si trato de detener ese tipo de trenes es terminar sangrando por la boca.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/55813887708826626-8265415300912684210?l=thehugoeffect.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/feeds/8265415300912684210/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2009/07/vertederos.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/8265415300912684210'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/8265415300912684210'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2009/07/vertederos.html' title='VERTEDEROS'/><author><name>Hugo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16262709172673547410</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='07003409328953111176'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-55813887708826626.post-6795738014137706864</id><published>2009-06-03T03:22:00.002+02:00</published><updated>2009-06-03T03:26:38.336+02:00</updated><title type='text'>CANT KICK THE HABIT</title><content type='html'>La delicadeza del momento no me impide advertir la turgencia de sus senos bajo la blusa. Estamos a cinco minutos de cerrar un acuerdo para refinanciar un porrón de millones y no puedo dejar de pensar en la curva de sus pechos, perdiéndose bajo los pliegues de su blusa. Decido que es un Valentino. Y que sus pechos son como cabritillas. Y que la parte IV no contempla del todo bien lo de la recompra de bonos, así que habrá que darle una vuelta, pero eso son asuntos menores ante la envergadura (la mía y la suya) de la gachí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque hay cosas que nunca cambian. Y ya hablemos en euros, en dólares o, llegado el caso, en rublos, esto siempre va de lo mismo. En lugar de pensar en derechos de adquisición preferente pienso en morderle los pezones. Cuestión consuetudinaria, que diría un clásico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella examina el contenido del portafolio donde ha ido tomando notas. Su jefe y el mío se enfrascan en un apasionante debate sobre cuánto tardará la Administración Obama en digerir General Motors mientras sus miradas dicen lo a gusto que se quedarían si pudieran clavarle un puñal al otro justo en mitad de la espalda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo la miro a ella y pienso que también me quedaría bastante a gusto de poder clavarle algo, aunque no pienso precisamente en puñales. Ella termina de repasar sus notas. Así que es de esas: de las que hacen listas y repasan el &lt;em&gt;check up&lt;/em&gt; una y otra vez para no dejarse nada por el camino. Por la mañana: ducharme, desayunar, no olvidar ponerme las bragas. A mediodía: comer, lavarme los dientes, respirar. Y así sucesivamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A ella se le escapa un suspiro y al levantar la vista me ve sonriendo. Querida, sólo te falta asomar la punta de la lengua entre los labios y serás la perfecta colegiala aplicada que suspira satisfecha tras terminar el examen. Pero ella, ajena a mis pajas mentales, continúa repasando su lista: apalancamiento, ratio sobre ebitda, prolongación de deuda, etc. A ver, a ver.... que no se me pase nada, parece estar pensando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ah.... es que cada vez son más jóvenes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aliso la corbata sobre mi vientre, dejando que mi mirada vague por su perfil en escorzo y decido que me la voy a tirar. Es probable que si mi jefe supiera que estoy planeando tirarme a la &lt;em&gt;strategic advisor&lt;/em&gt; de la otra parte mi despido sería fulminante e inmediato. Pero yo soy así. Esta es una de esas firmas en las que llevo meses trabajando. Y, llegado el momento de la verdad, sólo puedo pensar en follar. Otros prefieren las &lt;em&gt;stock options&lt;/em&gt;, pero es que a mi las opciones a futuro me ponen más bien poco. Soy más de polvete en la mano que orgía volando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ventanal a espaldas de la gachí muestra el increíble &lt;em&gt;skyline&lt;/em&gt; de esta ciudad que tanto he amado. Atardece con suavidad. Fuera hará calor. Un calor del demonio, pero en cuanto el sol deje de atizar sus rayos con tanta furia, una suave brisa se colará por las calles. Nuestros jefes continúan parloteando. La cinta de la CNN apunta las primeras reacciones. Los chinos compran Hummer. Je... tiene gracia. Con lo canijos que son los chinos -excepción hecha de Yao Ming, claro- y van y compran al fabricante de los hmmwv's. Con dos cojones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El leve carraspeo de la chavala me hace saber que ha terminado con su revisión. Debe tenerlo todo claro, porque mira a su alrededor como si no entendiera nada. Nuestros jefes parlotean aún. Lo harán durante diez minutos más, fingiendo que ninguno de los dos le da verdadera importancia al acuerdo de hoy. Claro, como si tal cosa. Ahí fuera la gente está sin qué llevarse a la boca y a ellos les importa poco refinanciar 692 millones. Claro que, quién soy yo para juzgarles. Yo estoy pensando en tirarme a la rubia de la blusa entreabierta y no en el agujero de las subprime.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ah.... qué curiosa paradoja. Yo también pretendo no estar realmente involucrado en la firma de hoy, aunque no finjo interés por el handicap del que tengo enfrente. Básicamente porque enfrente no tengo a Jack Nicklaus, sino a una &lt;em&gt;strategic advisor&lt;/em&gt; bastante maciza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entonces tengo una revelación, como Julius en Pulp Fiction. Un raro momento de claridad entre borrachera y borrachera. Dejo que la idea tome cuerpo antes de considerarla realmente. Ah... ahí viene: utilizo el sexo como vía de escape. Y de tanto hacerlo, se ha convertido en un hábito. Uno de esos que definen el carácter. Una de esas cosas que justifican todas las demás: la crisis, el riesgo, los abandonos, la crueldad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ella, que sonríe cortés, no sabe lo cerca que está de tener el polvo de su vida. Sí, porque tiene pinta de que nunca haber follado hasta rasgar las sábanas, sudando hasta deshidratarse. Mi psicóloga de cabecera dice que debería darle al menos una oportunidad a las mujeres que me tiro. Que debería esperar un par de días, salir por ahí, cenar, conocerlas. Y después decidir si me compensa tirármelas. Me pregunto cómo es posible que a estas alturas de la película aún no haya entendido que a mi me gustan todas las tías y que la que no me gusta tiene un serio problema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cinta roja de la CNN, vomitando más datos desde el callado monitor, me saca de mi ensoñación. El cierre en NY podría haber sido peor. En nuestro caso, tenemos unos días de control, pero está claro que nos va a ir de puta madre. Y mi jefe, que lo sabe mejor que nadie, ultima la conversación intrascendente con su opuesto, que también tiene clara la obscena cantidad de pasta y poder que ha ido a parar a su bolsillo. Y yo miro a la rubia a los ojos, preguntándome si debería darle una oportunidad, mientras tarareo un estrillo de Chris Barron:  &lt;em&gt;I can sing, but I can't sigh. I can barely breathe the air I need to justify why I sink so low to get so high.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;I can't kick the habit.&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/55813887708826626-6795738014137706864?l=thehugoeffect.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/feeds/6795738014137706864/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2009/06/cant-kick-habit.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/6795738014137706864'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/6795738014137706864'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2009/06/cant-kick-habit.html' title='CANT KICK THE HABIT'/><author><name>Hugo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16262709172673547410</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='07003409328953111176'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-55813887708826626.post-4527899339074674218</id><published>2009-05-20T20:43:00.002+02:00</published><updated>2009-05-20T20:46:57.007+02:00</updated><title type='text'>EL FOLLAFEAS</title><content type='html'>Hace algunos días. &lt;br /&gt;De noche. De BCN a MAD.&lt;br /&gt;A unos ciento ochenta kilómetros por hora, a bordo de un S5.&lt;br /&gt;-Recuerdas a Godofreda (nombre ficticio)?&lt;br /&gt;-Tu hermana pequeña? Sí, claro. Estaba bastante buena. Qué tal le va?&lt;br /&gt;-Pues mal. Tenía un novio.&lt;br /&gt;-Ah. Bien, no?&lt;br /&gt;-No. 'Tenía' es la palabra clave, chato&lt;br /&gt;.Ah. Entiendo.&lt;br /&gt;-Se iban a casar.&lt;br /&gt;-Coño. Casar?&lt;br /&gt;-Sí. Pero la palabra clave es 'iban'.&lt;br /&gt;-Joder.&lt;br /&gt;-No. Ahora ya no.&lt;br /&gt;-Ein?&lt;br /&gt;-Que ya no joderán más.&lt;br /&gt;-Creo que me he perdido.&lt;br /&gt;-Que ya no joderán más porque su exnovio es un follafeas.&lt;br /&gt;-Ein?&lt;br /&gt;-Un follafeas.&lt;br /&gt;-Y eso qué pollas es, Javi?&lt;br /&gt;-Pues su propio nombre lo dice, coño: folla-feas. Un tío que folla-feas.&lt;br /&gt;-No sé si te lo he dicho alguna vez, mi dilecto amigo, pero si hay algo que valoro de tu persona es esa facilidad de palabra.&lt;br /&gt;-El muy cabrón llevaba un par de años tirándose a una petarda. A escondidas. En coches y cosas así. Digo yo.&lt;br /&gt;-Vaya.&lt;br /&gt;-Y no te creas que está buena. Es un puto callo malayo. La otra, quiero decir.&lt;br /&gt;-Ya. Lo intuía. Y tú cómo lo sabes?&lt;br /&gt;-He visto fotos.&lt;br /&gt;-Fotos?&lt;br /&gt;-Sí. En el caralibro.&lt;br /&gt;-Dónde?&lt;br /&gt;-Hostias, Hugo, ya no hablas español o qué? en el feisbuk, hostias, en el feisbuk.&lt;br /&gt;-Ahm... ya.... vale. En el facebook. Lo pillo, caralibro, feisbuk, facebook. Muy ingenioso. Ok. Sigue, sigue.&lt;br /&gt;-Ella está bien jodida. Vivían juntos y toda la hostia. Algo terrible, chico.&lt;br /&gt;-Me imagino.&lt;br /&gt;-Buf.... terrible. Estamos todos bien jodidos.&lt;br /&gt;-Ya.&lt;br /&gt;-El caso es que Godofreda se enteró de puta casualidad. Y el follafeas ni se inmutó cuando se lo dijo. &lt;br /&gt;-Y eso?&lt;br /&gt;-Pues que no te creas que se molestó en negarlo, ni en justificarse, ni hostias en vinagre. Lo confesó todo.&lt;br /&gt;-Ah... estos novatos..., pierden los papeles enseguida....&lt;br /&gt;-Hostias, no me toques los cojones, que estamos hablando de Godofreda.&lt;br /&gt;-Perdón, perdón, no pude contenerme.&lt;br /&gt;-Pues contente, coño.&lt;br /&gt;-Me contengo. Prosigue.&lt;br /&gt;-Pues que se lo contó todo. Que llevaba dos años tirándosela a sus espaldas. Pero que la quería mucho.&lt;br /&gt;-A la fea?&lt;br /&gt;-No, a Godofreda.&lt;br /&gt;-Sí. Entiendo. Muchísimo, la quería muchísimo. Porque a la fea no la quería nada, sólo se la tiraba.&lt;br /&gt;-No tengo ni puta idea de si la quería, joder, Hugo, no me líes. Lo que sé es que vivía con Godofreda. Todavía estoy medio conmocionado.&lt;br /&gt;-Yo empiezo a estarlo. En cualquier caso, algunas parejas acaban bien y otras duran toda la vida.&lt;br /&gt;-Eh?&lt;br /&gt;-Nada, nada.&lt;br /&gt;-Y lo peor es que la putilla es una fea de cojones.&lt;br /&gt;-Lo peor?&lt;br /&gt;-Sí. Lo peor. Lo más peor.&lt;br /&gt;-Lo más peor?&lt;br /&gt;-Joder, hostias. Lo peorísimo. O como pollas se diga.&lt;br /&gt;-Ah... vale. &lt;br /&gt;-Sí, porque puestos a follarte a otra tía cuando vives con una, fóllate una que esté mucho más buena que la tuya, no?&lt;br /&gt;-Pues no sabría decirte. Tengo la manía de follar sólo con las que están muy buenas&lt;br /&gt;-Pues este capullo se estaba tirándo a una cabra. A una cabra sin tetas.&lt;br /&gt;-Hostias Javi, cómo sabes tanto de la putilla esa?&lt;br /&gt;-El caralibro. El feisbuk.&lt;br /&gt;-Cierto, cierto. Ya lo habías mencionado. Pero... cómo diste con ella en el feisb... perdón, en el facebook?&lt;br /&gt;-Le dijo el nombre.&lt;br /&gt;-Ein?&lt;br /&gt;-El follafeas. Al confesárselo a Godofreda. Le dijo hasta el nombre de la tía.&lt;br /&gt;-Joder. Menudo inconsciente.&lt;br /&gt;-Sí.&lt;br /&gt;-Y la buscaste en el caralibro?&lt;br /&gt;-No. En google.&lt;br /&gt;-Y te salió el facebook?&lt;br /&gt;-Yo diría que me salió el fístulabook, porque menudo monstruo de tía.&lt;br /&gt;-Y lo de las tetas?&lt;br /&gt;-Tenía fotos en bikini.&lt;br /&gt;-Pero para ver las fotos de la peña no tienes que ser amigo suyo o algo así?&lt;br /&gt;-Sí.&lt;br /&gt;-Entonces?&lt;br /&gt;-La agregué como amiga.&lt;br /&gt;-Que hiciste qué?&lt;br /&gt;-Pues la agregué como amiga. Para ver quién cojones era. Y descubrí que no tenía apenas tetas. Encima de fea, sin tetas. Joder, tirarse a una fea sin tetas es como tirarse a un tío, no?.&lt;br /&gt;-Posiblemente, aunque no tengo elementos de juicio suficientes como para darte la razón al cien por cien.&lt;br /&gt;-Je... podríamos llamar al follafeas y preguntárselo.&lt;br /&gt;-El qué?&lt;br /&gt;-Que si follarse a la cabra aquella es como dar por culo a un gay.&lt;br /&gt;-No me jodas que tienes su número.&lt;br /&gt;-Pues claro. El del trabajo y el móvil.&lt;br /&gt;-Seguro que le estás dejando mensajes obscenos&lt;br /&gt;-Puedes apostarte la polla a que sí.&lt;br /&gt;-No, gracias, Tengo mucho aprecio a mi polla. Estamos juntos desde que era un crío.&lt;br /&gt;-Luego le pegamos un toque y le decimos cuatro cosas.&lt;br /&gt;-A mi polla?&lt;br /&gt;-No, al follafeas.&lt;br /&gt;-Vale, pero para en la próxima gasolinera, que me meo toda.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; (2 y 15 de la mañana, en el parking de una estación de servicio atestada de camioneros en el kilómetro no sé cuantos)&lt;br /&gt;ringgggggg, ringgggg&lt;br /&gt;-Sí, hola, follafeas?&lt;br /&gt;-...&lt;br /&gt;-Que si eres el follafeas.&lt;br /&gt;-...&lt;br /&gt;-Te voy a dar una hostia que no te van a volver a salir legañas. Follafeas! Cabrón!&lt;br /&gt;(el follafeas cuelga, pero Javi se deja llevar durante unos segundos. Tiene un pronto algo brusco)&lt;br /&gt;-Javi, al final no le hemos preguntado lo de si follar con una tía sin tetas es como tirarse a un gay.&lt;br /&gt;-Pues tienes razón.&lt;br /&gt;ringgggg, ringggggg&lt;br /&gt;-Follafeas, perdona, que se me ha pasado preguntarte una cosa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/55813887708826626-4527899339074674218?l=thehugoeffect.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/feeds/4527899339074674218/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2009/05/el-follafeas.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/4527899339074674218'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/4527899339074674218'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2009/05/el-follafeas.html' title='EL FOLLAFEAS'/><author><name>Hugo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16262709172673547410</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='07003409328953111176'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-55813887708826626.post-7906240117015892534</id><published>2009-05-19T01:33:00.003+02:00</published><updated>2009-05-19T01:38:38.873+02:00</updated><title type='text'>CAMBIOS</title><content type='html'>La vida es un continuo recomenzar. Así, tal cual. Y The Hugo Effect, tras dos exitosos años de vida, se reinventa. Notarás que hay algunos ligeros cambios y como la mayoría los he hecho bajo los efectos del Johnnie, me he cargado unas cuantas cosas. Eso demuestra que hay algunos asuntos que es mejor hacer sobrios. Bueno, en realidad sólo demuestra que este asunto en concreto es mejor hacerlo sobrio. Del resto, aún no hay evidencia empírica. Ni creo que la haya nunca, para qué engañarnos.&lt;br /&gt;En fin, que me he cargado lo de los followers y no tengo ni la más remota idea de cómo activarlo. También me he cepillado algunas cosas más de las que ni siquiera me acuerdo.&lt;br /&gt;Si echas de menos algo particularmente importante, siéntete libre para comunicármelo. Si estoy sobrio, igual hasta me entero de lo que estás contándome.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras tanto, queridas mías, recibid un efusivo azote. Que lo cortés no quita lo caliente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más, en breve.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/55813887708826626-7906240117015892534?l=thehugoeffect.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/feeds/7906240117015892534/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2009/05/cambios.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/7906240117015892534'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/7906240117015892534'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2009/05/cambios.html' title='CAMBIOS'/><author><name>Hugo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16262709172673547410</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='07003409328953111176'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-55813887708826626.post-8644028282076535693</id><published>2009-03-19T05:04:00.004+01:00</published><updated>2009-03-19T12:44:07.814+01:00</updated><title type='text'>PREGUNTAS PARA PUNSET</title><content type='html'>Ella se ha levantado y me he quedado mirándola, dándome cuenta del tremendo error que he cometido metiéndome en su cama. Con la de camas con tías dentro que hay en España y voy yo y me meto en la que está mi ex. Ya se ve que tengo la cosa de la elección (sí, con ele) bastante defectuosa. Más aún: con la cantidad de bares llenos de tías que hay en este puto país y voy a coincidir con ella, codo con codo, en la barra. De película. Brought to you by Miratúpordónde Productions.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supongo que ella debe pensar más o menos lo mismo. Pero no lo decimos. Nos callamos como putas y ella emprende el camino al baño, a la cocina o a algún lugar indeterminado mientras yo jugueteo con el embozo de la sábana, calculando el tiempo que puedo tardar en vestirme y largarme de allí. Sin más. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su sollozo ahogado me llega a través de una puerta mientras me calzo los zapatos. Llora. Supongo que de pena y rabia. O de cualquier otra cosa. A mi todo eso se me ha ido quedando atrás. Ya no hay pena ni rabia que purgar. Sólo la sensación de que esto es demasiado error hasta para un tipo como yo, cuidadosamente entrenado para saltar de charco en charco con olímpica discliplina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella sabe que me estoy marchando. Que cuando encuentre fuerzas para salir del baño yo ya no estaré aquí. Que en un par de minutos no quedará ni el resto de mi calor en su cama. Que todo habrá pasado en un suspiro y podrá darse una ducha para quitarse de encima esa terrible sensación de necedad. Porque está claro que se ha ocultado en el baño para facilitarme la ruta de escape. Cuan previsibles son las mujeres en según qué situaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recojo mi camisa del respaldo de un descalzador que ya conozco y me sorprende lo poco que me duele todo esto. Me asombra que pueda dejar vagar mi mirada por su mundo, tan cercano y tan conocido, sin que se me haga ningún nudo marinero. Algún observador ajeno a todo lo que hubo entre ella y yo podría decir que antes de hoy no la había visto en mi puta vida. Y comprendo que quizá esto es lo que llaman madurar. Sí, es posible. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella trastea, quizá enjugándose las lágrimas. Se oye un grifo correr. Casi puedo oir sus manos aferrándose a la pila. Y comprendo que esta rocosa indiferencia que me ha llegado a mi aún no la ha visitado a ella. Y me pregunto cómo es posible que me impresione tan poco todo esto. Quizá es que nunca la quise? Se me ocurre una teoría bastante peregrina según la cual la medida del amor bien podría tomarse en onzas de pena. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero centro mi atención en localizar la chaqueta y la teoría se queda ahí, suspendida en el vacío, para borbotear por el desagüe cósmico de todas las chorradas que alguna vez se me han ocurrido y nunca tuve el tiempo, el deseo o las ganas de reconsiderar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ajusto el cierre del reloj en mi muñeca y compruebo que la blackberry no se ha deslizado del bolsillo donde reposaba. No he tardado ni cinco minutos. Estoy listo para salir de aquí. Es posible que ella tarde algo más en salir del baño. Y sí, es muy posible que tarde algo más de una noche en dejar de llorar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un segundo antes de que ella se levantara para esconderse de mi en el baño se ha girado para mirarme y decirme, como si eso sirviera de bálsamo para tantas cosas, que me quiere.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya. Pues tengo noticias para ti, perra exquisita: tal vez el tipo con el que tuviste un hijo te quiera, pero yo no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La calle mojada me devuelve el rítmico golpeteo de los zapatos. Ni me molesto en alzar la vista. Ya sé en qué ventana habrá luz y cual no. Supongo que debería sentirme mal. Que más allá de tener claro que esto ha sido un error, debería sentir ganas de vomitar. Coño, cualquier ser humano se sentiría así. Y, hasta que se demuestre lo contrario, tener dos brazos, dos piernas y un ombligo me convierten en ser humano más allá de toda duda razonable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Exploro el dilema mientras camino hacia mi coche, aparcado allá donde el cristo pegó las tres voces. Hace frío. Pienso en lo peliculero que resulta todo esto. Y en la cantidad de pelis de estas que llevo a mis espaldas. Quizá el año que viene sea el mío y me lleve el Óscar. Ójala. Me hace mucha ilusión darle un achuchón a Halle Berry, aunque lo fetén sería que la Belluci fuera la que extrajese mi nombre del sobre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Silbo, despreocupado, mientras callejeo, serpenteando, persiguiendo una respuesta que se empeña en darme esquinazo. Quizá se me haya muerto algo por dentro y no me haya dado cuenta. Eso sería una explicación bastante plausible. Pero no tengo nada muerto. Tengo todo vivito y coleando. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un grupo de chicas que vuelven de fiesta activa algo instintivo, del mismo modo que un animal salvaje captura el olor de su presa favorita en una ráfaga de aire. A estas alturas de la noche no tengo el cuerpo para muchos mambos, pero no puedo dejar de reconocer que la naturaleza es, definitivamente, muy sabia y que si incluso en esta situación soy capaz de sentir esa pulsión sexual, es que he estado dando por sentado cosas que ha llegado el momento de reconsiderar: certezas que estaban suspendidas en el vacío, colgadas de un fino hilo como único sustento para no ser engullidas por el sumidero galáctico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y mientras me cruzo con las chavalas, todo risas y trompicones, me doy cuenta de que a veces soy más enrevesado que el propio Punset.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supongo que también forma parte de mi naturaleza: por qué hacerlo fácil si podemos hacerlo divertido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Di por sentado que la había querido, que la querría toda la puta vida, sin tener ninguna otra experiencia para comparar. Pensé que aquello que sentía por ella era tan diferente que bien podria ser amor. A la luz de los acontecimientos de esta noche, bien podría haber sido una intoxicación por inhalación de pintura. O un trastorno metabólico. O un calentón mucho más grande y más duradero que cualquier otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque...., de haberla querido.... cómo podría ahora sentirme bien?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se lo preguntaré a Punset.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/55813887708826626-8644028282076535693?l=thehugoeffect.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/feeds/8644028282076535693/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2009/03/preguntas-para-punset.html#comment-form' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/8644028282076535693'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/8644028282076535693'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2009/03/preguntas-para-punset.html' title='PREGUNTAS PARA PUNSET'/><author><name>Hugo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16262709172673547410</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='07003409328953111176'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-55813887708826626.post-4812029017345346951</id><published>2009-02-21T05:35:00.001+01:00</published><updated>2009-05-19T01:16:16.194+02:00</updated><title type='text'>El CCPP. Parte II (y última)</title><content type='html'>La botella de champán volaba en las manos de Duncan, rellenando copas mientras mi cuñada refrenaba un estornudo en mitad de una carcajada. Una cosa inusitada, oiga. Si por un casual le hubiera dado por toser hubiera sido uno de esos momentos memorables inmortalizados con una cámara de fotos para escarnio eterno del que lo protagoniza. Pero no tuvimos tal suerte y nos tuvimos que conformar por un jajajajajajajaaaatchis. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, la sombra del enorme miembro viril de Segis planeaba sobre la casa pirenaica en la que nos habíamos dado cita para decir adiós a 2008. Quién me iba a decir a mi que apuraría las últimas horas del año recordando la tranca de un tío, con lo que yo he sido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Retomé la narración de la historia tras atizarme un copazo para aclararme las ideas. O para terminar de enturbiarlas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acabábamos de forzar a un tipo hecho y derecho a fotografiarse el miembro viril en un fotomatón, con la única protección de una mínima cortinilla de tela frente a los curiosos ojos del mundo. Hay gente que hace cosas más normales, lo sé. Pero nosotros no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y había ocurrido que el tío tenía una manguera en lugar de minga y que le daba vergüenza que se supiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;País, que diría Forges.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afrontábamos las primeras horas de la noche del domingo con la firme determinación de conseguir las firmas de cuatro gachís seleccionadas por los miembros más antiguos del Colegio Mayor de Segis. Pensábamos –antes de conocer los nombres- que no sería tan difícil. Total. Unas firmillas y a correr. ¿Quién se negaría?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claro que al leer los nombres nuestra seguridad se diluyó como un azucarillo en una taza de café recién hecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cara. Fuego el uno: Casilda xxxxxx, estudiante de tercer año, CEU, una de las tías más desagradables del planeta. Medidas: 90-60-90. Y la otra pierna igual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Culo. Fuego el dos: Mónica xxxxxx, estudiante de cuarto año, Univ Francisco de Vitoria, medio legionaria de Cristo, estudiante a tiempo parcial, beata a tiempo completo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Perfil. Fuego el tres: Roberta xxxx, estudiante de tercer año. Aquejada de gigantismo. Agorafóbica patológica. Hosca como una mula. Fea como un demonio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Polla. Fuego el cuatro: Olivia xxxxx, estudiante de cuarto año. Residente de un colegio mayor del opus. Presidenta del club de católicas recalcitrantes contra la ola de lujuria que nos invade. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bien. Vale. Con la uno y la tres tendríamos problemas, pero era factible. La dos sería un reto. Pero la cuatro era francamente imposible. Pero imposible, imposible. Imposible hasta para mi, así que no quería ni imaginarme lo que semejante miura haría con Segis, el tímido picha enorme con el que esperaba al Circular. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Duncan me miró con una de esas miradas que significan y ahora qué coño hacemos? Diríase que su arrojo y su empuje habían volado como una golondrina que había olisqueado el crudo invierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Olivia, dijo Duncan.&lt;br /&gt;-Olivia, contesté yo.&lt;br /&gt;-Quién es Olivia?, pregunto Segis.&lt;br /&gt;-No quieras saberlo, le dije. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Olivia.&lt;br /&gt;Tela marinera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La aparición del Circular, traqueteando y haciendo un ruido de mil demonios nos sacó de nuestro breve conversación de besugos. Sopesé las posibilidades cuidadosamente y llegué a la misma conclusión que cinco minutos antes: no teníamos nada que hacer. Pero pensé que sería divertido ver cómo Olivia hacía trizas la enorme polla de Segismundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que me levanté y entré en el autobús.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casilda nos recibió a pesar de que la pillamos depilándose el bigote. Charlamos amigablemente mientras ella se hurgaba entre los dientes con una llave allen del siete. Le explicamos la naturaleza de nuestra visita, sin entrar en muchos detalles. Nada de explicarle lo del culo ni lo de la enorme tranca. Sólo la foto del careto. Ella nos observó con sus húmedos e inanimados ojos bovinos y sin que en ningún momento ejercitara su aún por demostrar habilidad vocal, agarró un bolígrafo y plantó un garabato en el dorso de la tira de fotos. Acto seguido abandonamos su cueva como murciélagos escapando del infierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mónica se negó a recibirnos y amenazó a voces con llamar a la policía. Estaba harta de firmar fotos de pervertidos. Imagino que los abuelos del Colegio Mayor de Segis recurrían a su nombre con frecuencia en las ceremonias del CCPP. Así que tuve que emplearme a fondo. Llamé con suavidad a la puerta mientras susurraba su nombre. Mónica era un reto, y no se aplaude a un tenor por aclararse la garganta. Tocaba dar el do de pecho. Tocaba apelar a toda la capacidad motora que animase mi corrupto espíritu. Mónica, querida –dije- como bien dijo nuestro señor Jesucristo en el sermón del montaña, bienaventurados los que tengan un bolígrafo a mano, porque podrán firmar en la foto del culo de Segis y se ahorrarán que un sátiro como yo se dedique a propalar falsos testimonios sobre lo bien que la chupas. Así que haz el favor de abrir la puta puerta y firmar antes de que me ponga farruco. Y Mónica, conocedora de mi absoluta falta de escrúpulos, ya que mi reputación ya me precedía por aquel entonces, abrió, nos insultó, firmó, volvió a insultarnos y cerró la puerta, acantonándose como un ejército sitiado. Y aquí paz y después gloria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Roberta nos observó desde su titánica estatura y entendí qué es lo que sienten las hormigas cuando ven a un niño acercarse al hormiguero para pisotearlo con saña: pavor. El mismo pavor que me atenazaba pero que, paradójicamente, me permitía prestar más atención a los detalles. Sería porque estaba convencido de que estaba viviendo mis últimos momentos en esta tierra. El caso es que me pareció ver el asomo de una lágrima en sus ojos, allá arriba. Comoquiera que nuestra historia era algo patética, lo reconozco, no lo era tanto como para verter lágrima alguna, así que colegí que alguna pena secreta le había hecho un nudo en alguna parte de su anatomía emocional. Y animado por esa ligerísima grieta en el blindaje de la feísima gigantona, le pregunté si se encontraba bien. Me miró sorprendida, como un niño miraría a una hormiga que se atreviese a hablarle al borde del pisotón fatal. Y tres cuartos de hora nos despedíamos entre abrazos. Nada, reina, ya verás como todo sale bien, le decía yo tratando de zafarme de sus zarpas. Ya en la calle, y con su prístina firma en el dorso de la foto de perfil de Segis, revelé la causa oculta de sus penas: la resistencia de materiales. Una asignatura que le había emborronado su hasta el momento historial académico. No hay nada como escuchar a una mujer, le dije entonces a Segismundo: Si creen que las escuchas conseguirás cuanto desees, mi querido Segis, pero si en alguna estima tienes a tu cordura, dios de libre de escucharlas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Olivia…. ay, Olivia. Llegados a este punto, yo había solventado el expediente con una faena bastante aseada. Tres de tres. Un as. Como de costumbre, sí. Pero todo ese esfuerzo podía desvanecerse en la noche si no engranábamos la última pieza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Olivia residía en un colegio mayor que más bien parecía el cuartel de la Gestapo, con su sólida puerta a prueba de pervertidos, sus altos muros y sus almenaras. Pero su invulnerabilidad era sólo aparente. Bastaba con echarle cojones y recorrer a cuatro patas los veinte metros que separaban la entrada del edificio del vestíbulo que daba acceso a la escalera. A partir de ahí, que dios nos agarrara confesaos, porque no teníamos ni la más remota idea de dónde podríamos encontrar a la última firmante. Duncan parecía un animal asustado, olfateando el aire. Segis nos miraba alternativamente a uno y a otro. Y yo me daba cuenta de que esa aventura se había convertido, de repente, en una estupidez muy gorda. Qué cojones pintábamos allí? Cómo pollas íbamos a localizar a Olivia? aquello tenía más pasillos que la madriguera de un conejo. El carillón de un vetusto reloj nos pegó tal susto que se nos erizaron hasta los pelos de las axilas, provocándonos no pocas incomodidades. Al cabo, un grupo de chavalas irrumpió por una puerta, en tromba. Apenas nos dio tiempo a trepar un tramo de escaleras, confiando en quedar ocultos a su vista. Y cuando las últimas integrantes de la manada estaban a un tris de rebasarnos, a Duncan se le iluminó la cara. &lt;br /&gt;-Sandra, susurró, sonriéndonos.&lt;br /&gt;-¿Sandra?, preguntamos al unísono en un cuchicheo.&lt;br /&gt;-Es largo de explicar, dijo, un segundo antes de abandonar el refugio de la escalera y chistar a una alegre chavala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La alegra chavala, Sandra, para más señas, miró a Duncan como si se hubiera encontrado un cocodrilo en la bañera y le exigió inmediatas explicaciones de qué se suponía que estaba haciendo allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Superada la fase de ‘os habéis metido en un lío de cojones, como os pillen se os cae el pelo, etcétera, etcétera’ le informamos del motivo de nuestra entrada a hurtadillas. Aún nos miraba como si fuéramos cocodrilos en una bañera, pero al oír la mención de Olivia, no pudo reprimir una sonrisilla.&lt;br /&gt;-Olivia, no?&lt;br /&gt;-Pues sí&lt;br /&gt;-Pues estáis jodidos, perdóname que te lo diga.&lt;br /&gt;-Sí, eso pensamos.&lt;br /&gt;-Y ahora qué?&lt;br /&gt;-Como que ahora qué?&lt;br /&gt;-Que a qué estáis esperando para piraros.&lt;br /&gt;-A que Olivia nos firme la foto.&lt;br /&gt;-Igual sois algo cortitos. Olivia no va firmar ninguna foto. Antes os arrancará el hígado y se lo dará a los pobres para que tengan algo de comer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La imagen de mi hígado palpitante y empapado en Johnnie Walker siendo ofrecido a un grupo de mendigos hambrientos me resultó desagradable hasta un extremo nunca alcanzado. Le tengo mucho cariño a mi hígado. Hemos bebido mucho juntos. Pero no dejé que esa imagen me desviara del objetivo. Si habíamos conseguido llegar hasta ese punto, moriríamos con las botas puestas. Recordad del Álamo, me dije a mi mismo.&lt;br /&gt;-El Álamo?, pregunto Segis. Zas. Lo había dicho en voz alta sin darme cuenta.&lt;br /&gt;-Cosas mías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Duncan hizo acopio de zalamerías propias de alguien con alguna veta de sensibilidad en su interior y prometió a Sandra que nos marcharíamos de forma discreta en cuanto tuviéramos ocasión de conseguir la firma de Olivia. Pero Sandra se hacía de rogar y Duncan tuvo que emplearse más a fondo. Me resultó gracioso observar cómo Duncan miraba a los ojos durante más de diez segundos a una tía sin que su mirada se desviara hacia sus pechos. En honor a la verdad, debo decir que se comportó como un verdadero campeón. Consiguió que Sandra nos confiara el número de habitación y, lo más importante, su ubicación, pero cuando empezábamos a girarnos para encarar la escalera, Sandra decidió ser magnánima y nos propuso otra solución.&lt;br /&gt;-Os metéis en una de las salas de visita. Yo la llamo y le digo que tiene visita. A partir de ahí, os buscáis la vida y yo no quiero saber nada, hecho?&lt;br /&gt;-Hecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A empellones nos condujo a una salita, donde nos encerró. Por un instante me temí que Sandra fuera a vender nuestros pellejos y que acabásemos camino a la comisaría por allanamiento de morada y conducta obscena (que nadie olvide que portábamos una comprometedora fotografía de un pene). Pero mis temores fueron en vano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oímos a Sandra trastear con un teléfono y avisar a Olivia. Vaya. Al final tendríamos una oportunidad. Una oportunidad de que nos arrancaran el hígado, pero una oportunidad al fin y al cabo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomamos asiento, como si fuéramos personas decentes que hacen una visita social y aguardamos su llegada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oímos un leve tap tap de zapatos sin tacón al otro lado de la puerta, que se abrió sin crujido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y allí estaba. Olivia. La cuarta firma. Me tenté el hígado, como despidiéndome de él, por lo que pudiera pasar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entonces sucedió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El qué?, el qué?, preguntó a voces mi cuñada, medio beoda, dejándose llevar por la tensión del momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Duncan, que se había limitado a apostillar algunas fases de mi narración, contestó a su pregunta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Que las miradas de Segis y Olivia se cruzaron por primera vez y sonaron violines.&lt;br /&gt;-Violines?, inquirió mi hermano extrañado. Las metáforas no son lo suyo.&lt;br /&gt;-Es una forma de hablar, expliqué. Lo que pasó es que hubo feeling, conexión, karma, flechazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sí, esa es una forma de explicarlo. En ese momento ni Duncan ni yo nos dimos cuenta, nerviosos como estábamos. Pero sí. Hubo algo. Algo que sólo ahora, a la luz de la noticia de su matrimonio, hemos podido entresacar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Olivia miró a Segis. Segis miró a Olivia. Olivia nos miró a nosotros con desdén y nos preguntó qué hacíamos allí a esas horas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Segis, olvidada su timidez, se lanzó a explicárselo con palabras amables y lenguaje de perrillo faldero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Olivia le cortó en seco.&lt;br /&gt;-Ya. Un CCPP, no?&lt;br /&gt;Segis asintió, incapaz de darle la vuelta a una pregunta tan directa.&lt;br /&gt;-Y a mi me tocará la polla, no?&lt;br /&gt;Escucharla decir exactamente esas palabras nos provocó un estado de sorpresa tal que ninguno de los tres acertó a decir sí, no, o las dos son correctas. Lo que la chatina no sabía era que con esa sencilla frase acababa de inaugurar su capacidad para ver el futuro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Olivia, que a esas horas no estaba para muchas tonterías, decidió zanjarlo a la voz de ya.&lt;br /&gt;-Pues a ver, dame la fotito de marras, te firmo y os dais el piro.&lt;br /&gt;Segis dudó un par de segundos.&lt;br /&gt;-Que no tengo toda la noche, guapo, le espetó Olivia.&lt;br /&gt;Y Segis le tendió el recorte de la tira mientras un sudor frío perlaba su frente. Duncan y yo la miramos conteniendo la respiración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cogió, firmó al dorso y justo cuando ya pensábamos que se la devolvería a Segis sin haber echado un vistazo a la mercancía, la foto se le cayó de los dedos y voló al suelo para caer con la parte de la imagen hacia arriba.&lt;br /&gt;-Vaya por Dios, dijo ella, contrariada, mientras se agachaba.&lt;br /&gt;No volvió a decir palabra. Tuvo que ver la imagen de la sota de bastos que Segis tenía por rabo. Seguro que la vio, porque abrió mucho los ojos, se puso roja como la Pasionaria y se la devolvió a Segis con rapidez para marcharse sin decir adiós, ni amenazarnos con mutilar nuestros hígados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tardamos algo en darnos cuenta de que habíamos conseguido que Segis superara el CCPP. Cuando nos dimos cuenta, ya en la calle, comenzamos a pegar brincos y abrazarnos como si hubiéramos ganado una Champions League o algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y eso fue todo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Segis dejó de ser objeto de burlas sin término en su Colegio Mayor y se convirtió en un hombre de provecho, motivo por el cual Duncan dejó de interesarse por él y salió de nuestras vidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso nunca supimos que Segis volvió a encontrarse con Olivia. Y que, pasado el tiempo, se casarían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi cuñada acogió el fin de la historia con una expresión de ternura en plan ‘el amor siempre triunfa’ y se le olvidó momentáneamente el cabreo que tenía con la novia de Damián. &lt;br /&gt;-Lo que más me ha gustado ha sido eso ‘y a mi me tocará la polla, no?’, recordó mi hermano mientras su mujer se atizaba pelotazo. Nuestra carcajada general se saldó con mi cuñada dejando atropelladamente la copa sobre un mueble para salir disparada hacia al baño al grito de ‘me meoooooooo’.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/55813887708826626-4812029017345346951?l=thehugoeffect.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/feeds/4812029017345346951/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2009/02/el-ccpp-o-la-noche-que-mi-psicologa-de_21.html#comment-form' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/4812029017345346951'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/4812029017345346951'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2009/02/el-ccpp-o-la-noche-que-mi-psicologa-de_21.html' title='El CCPP. Parte II (y última)'/><author><name>Hugo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16262709172673547410</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='07003409328953111176'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-55813887708826626.post-6131350269056460980</id><published>2009-02-14T13:50:00.003+01:00</published><updated>2009-05-19T01:16:34.546+02:00</updated><title type='text'>El CCPP. Parte I</title><content type='html'>Segismundo era un tipo peculiar. Ingeniero hasta las cachas. Cuadriculado hasta en sus redondeces. Le traté mucho durante su primer año en Madrid, básicamente porque Duncan había hecho buenas migas con él y al frecuentar Duncan mi compañía, el encuentro con Segismundo era, ya lo ves, inevitable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Segismundo era de Cáceres. Y, como digo, le traté intensivamente durante unos meses para después perderle la pista. Y perdido en alguna rotonda de mi memoria seguiría si Duncan no hubiera sacado su nombre a colación durante la bizarra cena que mi psicóloga de todo a cien organizó el pasado 31 de diciembre para unos cuantos familiares y amigos que a lo largo de los años habíamos conformado lo que se podría denominar como una misma camada generacional cerrando bares a lo largo y ancho de la geografía en amor y compañía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como no tienes el placer de conocer a mi psicóloga de todo a cien, no sabes que tiene una capacidad rayana en lo patológico para organizar macro-saraos. En esta ocasión el evento incluía unos días en una cabaña pirenaica para disfrutar del noble arte del esquí en sus múltiples variedades y un broche final en forma de cena de despedida del año. Apuntaré que a aquella celebración estábamos convocados cerca de 15 elementos de todo pelaje entre los cuales se contaban Duncan, Javierito y, por supuesto yo. Y apuntaré también que hay una delicada línea entre esquiar y hacer el gilipollas en la nieve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Obviaré el relato de las torpes acrobacias de algunos sobre el blanco elemento porque este post podría convertirse en una antología del disparate y yo me puse a escribir con el objetivo de relatar la historia que motiva el título que reza allá arriba y no otra. Lo de la nieve, pues, tendrás que imaginártelo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pongámonos en situación. 31 de diciembre. Una enorme mesa vestida en el centro de la sala de estar. Adornos navideños por doquier. Bing Crosby flotando en el ambiente. Leños viejos crepitando y escupiendo chispas en el hogar de la chimenea. Trasteo de cacharros en la cocina en la que media docena de mujeres bordean el enfrentamiento armado mientras ultiman las viandas y destripan a sus respectivas parejas. Media docena de tíos zascandileando por la casa, rehuyendo cualquier contacto con las mujeres, porque de todos es sabido que en estas ocasiones la tasa de crímenes pasionales se dispara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Duncan, mi hermano mayor y yo abrimos una botella de champán para abreviar la espera previa a la cena mientras mi patilludo amigo se tienta el cuerpo, magullado y amoratado tras un par de días de esquí modalidad hostia-alpina.&lt;br /&gt;-Me duele hasta el frenillo, dice Duncan.&lt;br /&gt;-No me extraña, concedo yo.&lt;br /&gt;Mi hermano se ríe entre dientes y recuerda una de las hostias. Una verdaderamente de las de llamar a casa para contarlo.&lt;br /&gt;-Me ha gustado esa forma tuya de frenar contra los postes. Muy elegante.&lt;br /&gt;Si Duncan pudiera agachar las orejas las agacharía mientras la vergüenza le invade.&lt;br /&gt;-No te lo tomes así. Está claro que lo de esquiar no es lo tuyo, querido, pero consuélate pensando que un día fuiste el espermatozoide más rápido y ágil entre varios millones en un slalom que ni Alberto Tomba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cónyuge de mi hermano, a la sazón mi cuñada y psicóloga oficial de todo a cien, irrumpe en la sala de estar y sin mediar palabra arrebata a mi hermano la copa de champán para echárselo al coleto con un violento giro de muñeca. Hala. Y luego el alcohólico soy yo.&lt;br /&gt;-La zorra esa con la que sale Damián es una verdadera gilipollas, dice, como si eso debiera servirnos de explicación.&lt;br /&gt;-Un poco zorra sí es, dice mi hermano mientras rellena la copa y su mujer se atiza un segundo trago. Como siga a este ritmo nos quedamos sin espumoso para el brindis de año nuevo.&lt;br /&gt;-Qué ha ocurrido, querida?, inquiero con suavidad, poniendo cara de que no hay nada irreparable.&lt;br /&gt;Mi cuñada mira a su marido, con una mirada que es una orden. Tú sirve más champán, chato, que ya te diré yo cuando tienes que parar.&lt;br /&gt;-Pues que es una zorra. Mira que conozco tías zorras, pero esta se lleva la palma. No deja de dar por culo.&lt;br /&gt;Duncan se remueve imperceptiblemente. Sé que en su mente se ha formado una imagen que incluye a cinco o seis tías en pelotas y una de ellas vistiendo un arnés fálico con el que somete a padecimientos anales al resto. Así que repregunto para evitar que Duncan comience a suspirar.&lt;br /&gt;-No hay consenso en los fogones?&lt;br /&gt;-En los fogones? Pues no, contesta ella, ingiriendo una tercera copa. Las burbujitas hacen que se rasque la punta de la nariz. Miro a mi hermano y niego señalando inquisitivamente la botella. No le des más avío, querido, o esta tía le mete la botella por el orto a la novia de Damián.&lt;br /&gt;Mi cuñada, como si hubiera recordado de repente algo, me mira con fijeza y suelta:&lt;br /&gt;-Como se te ocurra echarte una novia tan gilipollas le prendo fuego a tu Ducati.&lt;br /&gt;Como durante un tiempo estaré fuera del país he dejado mi pequeña bestia roja al cuidado de mi hermano. De ahí su amenaza. Pero no hay cuidado. Difícilmente me echaré novia. Ya sea gilipollas o no gilipollas.&lt;br /&gt;-Querida, yo sólo abandonaría mi soltería por refocilarme contigo, pero como elegiste a otro, va a ser que no.&lt;br /&gt;-Ya te gustaría a ti refocilarte conmigo, chato, contesta ella. Y con las mismas se va. Dejándonos a los tres tíos en una nube de asombro. Cosas de chicas, dice mi hermano. Duncan y yo asentimos. Qué difícil debe ser el matrimonio, colegimos.&lt;br /&gt;-Oye, por cierto, hace un par de semanas me encontré con Segismundo, suelta Duncan, cambiando abruptamente de tema.&lt;br /&gt;-Segismundo?, pregunta mi hermano con sorna.&lt;br /&gt;El nombre desentierra un rostro en mi memoria. Y como esto ya lo he dicho antes, me ahorro otras florituras que podría añadir.&lt;br /&gt;-Ah, sí? Y qué tal le va?&lt;br /&gt;-Pues bien. Estuvo un par de años en Argelia.&lt;br /&gt;-Quién coño es Segismundo?, indaga mi hermano.&lt;br /&gt;-Segismundo es el autor de la primera ley de los materiales termoadhesivos, explico.&lt;br /&gt;Duncan se descojona, recordándolo.&lt;br /&gt;-Los termoadhesivos?&lt;br /&gt;-Sí. Segis tenía cierta afición por arreglarlo todo con cinta aislante. Solía decir que si no se arreglaba con cinta aislante es que habías puesto poca, explica Duncan..&lt;br /&gt;Mi hermano nos mira lamentando haber preguntado. Duncan continúa con la explicación.&lt;br /&gt;-Segismundo era un crack. Un poco de pueblo, pero un crack.&lt;br /&gt;-¿Un poco de pueblo? Joder, Duncan, a su lado el cantante de Lynyrd Skynyrd era Beau Brummel .&lt;br /&gt;-Quién era un crack?, pregunta mi cuñada, reapareciendo de la nada.&lt;br /&gt;-Segismundo, contesta mi hermano.&lt;br /&gt;-Segismundo?, repregunta, atizándose otro copazo de champán. Ahí, manteniendo el ritmo.&lt;br /&gt;-Un tarado al que estos dos debieron putear de lo lindo. Y deja la botella, coño, cielo.&lt;br /&gt;Sólo mi hermano es capaz de juntar ‘coño’ y ‘cielo’ en una sola frase sin que suene porno. Si lo hubiese dicho yo otro gallo habría cantado. Y si lo hubiese dicho Duncan nos habrían dado el Nobel de Obscenidad.&lt;br /&gt;-Y por qué te has acordado ahora de Segis?, le pregunto a Duncan.&lt;br /&gt;-Qué?&lt;br /&gt;-Has dicho ‘oye, por cierto’, como si lo que estábamos hablando te hubiera conducido a acordarte de él. Se llama asociación de ideas y es propio de mamíferos bípedos vertebrados.&lt;br /&gt;-Ah! Sí. Por lo del matrimonio.&lt;br /&gt;-Eso lo explica todo, sin duda, dice mi hermano, metiendo baza para tratar de ordenar la escasa coherencia del discurso de Duncan. Muchos otros lo intentamos antes que tú, carne de mi carne, con muy escaso éxito, aunque eso no debe desanimarte.&lt;br /&gt;-A que no sabes con quién se casó Segis?, me pregunta Duncan, sin captar la ironía en la voz de mi hermano.&lt;br /&gt;-Pues ni puta idea. Con una cabra?&lt;br /&gt;Mi cuñada se ríe y se atiza otra copa de champán. En un rato estará tan pedo que si me propusiera tirármela ni se enteraría. Afortunadamente no soy tan cabrón. Afortunadamente para mi hermano, porque ella se lo pasaría bomba. No se acordaría, no, pero se lo pasaría bomba.&lt;br /&gt;-Con Olivia.&lt;br /&gt;-Olivia? pregunto yo, haciendo memoria&lt;br /&gt;-Olivia? repreguntan al unísono mi hermano y su mujer, sumidos en la más completa ignorancia.&lt;br /&gt;-Ya lo ves. Con Olivia.&lt;br /&gt;-Olivia CCPP?, inquiero yo mientras una luz se abre paso en mi mente.&lt;br /&gt;-CCPP? cuestionan mi cuñada y mi hermano.&lt;br /&gt;-La misma, concluye Duncan con gesto de satisfacción.&lt;br /&gt;Entonces me caigo al suelo de culo, desternillado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando al fin consigo reponerme de la impresión y recupero la verticalidad, Duncan ya ha comenzado a contar la historia advirtiendo a mi cuñada de que se va a mear de risa en las bragas. Supongo que le daría la vena profética.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Segis había ingresado en el mismo colegio mayor que uno de sus hermanos mayores. Y su primer año como novato se le estaba haciendo muy cuesta arriba. No tenía carrete para aguantar el tirón y no daba pie con bola. Como no conseguía superar ninguna de las pruebas la cosa se ponía cada vez más peliaguda. El cambio entre Cáceres y Madrid le estaba resultando traumático. Supongo que echaría en falta Las Hurdes o las cabras, o lo que pollas tuviera en su Cáceres natal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Duncan se había apiadado de él por el mismo motivo por el que años antes se había apiadado de un cachorro de boxer: porque es más raro que un perro verde y tiene imán para la gente peculiar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que una tarde de domingo, acodados en la grasienta barra de algún garito para ver un Madrid-Barça Segis nos confesó que se estaba pensando regresar al hogar. A mi, más pendiente de los oscilantes pechos de la jovencita que hacía las funciones de camarera, me pareció igual de bien que si hubiera dicho que en lugar de una caña si iba a pedir un vermut.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Duncan aquello le pareció un ultraje a la dignidad humana. Sí. Como lo oyes. Duncan preocupado por la dignidad. Vivir para ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Total, que en lugar de disfrutar de  la tempestad que azotaba los pechos de la camarera bajo la camiseta o de distraerme viendo el fútbol, las siguientes dos horas asistí a un proceso de reprogramación cerebral. Objetivo: superar el CCPP.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El CCPP es uno de los obstáculos más severos con los que se enfrentaban los colegiales del Colegio Mayor de Segis. Era un verdadero reto. Consistía en buscar un fotomatón de los de cuatro disparos para realizar una secuencia fotográfica. Una vez consumada la sesión, cada una de las cuatro imágenes debía ser firmada por una chavala que los abuelos del Colegio Mayor hubiesen designado con especial atención a que fueran las más bordes, frígidas o hijasputa de todo el campus.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ah. Vale. Hacerse fotos y que te las firmen. Pues qué complicado, pensarás. Ya. Lo complicado era qué fotos había que hacerse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La secuencia era la siguiente: Cara, Culo, Perfil y Polla. Esto significa, por si no te aclaras, que la primera foto del fotomatón debía ser un retrato de la cara. El segundo, del culo. El tercero, el careto de perfil. Y el cuarto, un retrato de la polla, uy, perdón, del pene. Y eso en los escasos segundos que el fotomatón tuviera a bien concederte, porque la captura de imágenes se realizaba a un ritmo infernal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa misma tarde-noche nos dirigimos al fotomatón de Galaxia –un clásico entre los universitarios de mis tiempos- para solventar la primera parte del asunto. Yo asistía atónito al empuje de Duncan, que estaba empeñado en que Segis pasara el CCPP como fuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empuñando unos botijos llegamos al chisme para descubrir que estaba ocupado por una parejita que se entretenía sacándose fotos chorras. Ahora tú encima y yo debajo. Ahora nos reímos con una risa loca. Ahora nos besamos. Y ahora salimos sacándonos los mocos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidimos darles unos minutos. Y cuando esos minutos se consumieron sin que la parejita dejase de meter monedas y hacer el moñas. Segis empezaba a mostrar signos de querer tirar la toalla, así que pregunté amablemente a la parejita si pretendían quedarse a vivir allí o podíamos sostener alguna esperanza, aunque fuese frágil, de hacernos las fotos en algún momento de ese año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tipo contestó abruptamente. Su imprecación, lejos de zaherirme, sólo consiguió que Duncan se impacientara. Echó un trago largo de su Mahou, descorrió la cortina y vomitó el contenido líquido de su boca sobre los tontos de la polla que estaban retrasándonos en nuestra sagrada misión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me ahorraré la descripción de las lindezas que nos cruzamos. Diré tan sólo que al fin se fueron y el fotomatón fue, al fin, todo nuestro. O más bien, todo para Segis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primer intento de CCPP fue un completo desastre. Segis no había tenido la previsión de aflojar el pantalón, de modo que no completó la secuencia correctamente. Consiguió que la primera foto mostrase su apenado careto, pero el resto no eran más que instantáneas movidas de su bragueta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El segundo intento, aún con los pantalones puestos, fue otro desastre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tal vez sería más fácil si te quitases los pantalones. Así sólo tendrías que levantarte, girarte y sentarte, comenté tras meditar unos instantes sobre la naturaleza del problema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Qué? Que me quite qué?, preguntó escandalizado Segis.&lt;br /&gt;-Coño, Segis, quita. Mira, así.&lt;br /&gt;Y Duncan, desabrochándose los pantalones y dejándolos caer hasta los tobillos mientras introducía una moneda, realizó la maniobra con maestría.&lt;br /&gt;Primera foto, ok. Segunda foto, ok. Tercera foto, ok. Cuarta foto, desagradable, pero ok.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los viandantes, que aún los había debido a lo temprano de la hora, nos miraban con curiosidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Segis volvió a probar, pero con desigual fortuna.&lt;br /&gt;-Me temo, querido, que no les bastará con una foto de tus gayumbos. El CCPP es muy estricto y exige que le hagas una foto a tu pequeño gran amigo, le expliqué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El interpelado se resistía a deshacerse de su ropa interior, pero esa noche Duncan estaba en modo ejecutivo. Se acercó hasta él y con un rápido y certero movimiento le bajó los calzones hasta las rodillas. Sin darle tiempo a replicar, cargó una moneda y corrió la cortina.&lt;br /&gt;-Todo tuyo, chato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cuatro fogonazos se sucedieron en segundos mientras tratábamos de intuir qué pasaba detrás de la ajada cortina. El ruido de la tira de fotos al caer en el cajetín, activando el ventilador, nos avisó de que no tendríamos que esperar mucho.&lt;br /&gt;Cara, bien. Culo, bien. Perfil, bien. Polla, mal.&lt;br /&gt;-Coño Segis, por qué te has tapado el cipote?, pregunto a voz en cuello Duncan, atrayendo las miradas de más viandantes. Al fondo, un par de municipales comenzaban a prestarnos más atención de la que deseábamos.&lt;br /&gt;-Asegúrate de hacerlo bien esta vez, joder, le espetó Duncan metiendo otra moneda y corriendo de nuevo la cortina.&lt;br /&gt;Zas. Zas. Zas. Y zas. Los cuatro estallidos de luz blanca.&lt;br /&gt;-Todo bien?&lt;br /&gt;-Cr-cr- creo que sí, tartamudeó Segis.&lt;br /&gt;Esperamos a que las imágenes aparecieran. Cayeron. El secador se activó. Esperamos a que terminara. Y cuando terminó lo vimos.&lt;br /&gt;Cara, ok. Culo, peludo, pero ok. Perfil, ok. Polla, coño! Menudo pollón.&lt;br /&gt;-Chato, si yo tuviera esta tranca la llevaría siempre al aire, le dije, genuinamente sorprendido del calibre de su miembro viril. Una cosa tremenda, oiga.&lt;br /&gt;Segis salió azorado y nervioso.&lt;br /&gt;-Venga, va, ya está, no me jodais.&lt;br /&gt;-No, no. No te equivoques, no somos nosotros los que te joderíamos, pero cuando se sepa que tienes la minga como un cañon de navarone vas a convertirte en el novato más popular de Madrid.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y comentando el asunto, empezamos a caminar Isaac Peral arriba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/55813887708826626-6131350269056460980?l=thehugoeffect.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/feeds/6131350269056460980/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2009/02/el-ccpp-o-la-noche-que-mi-psicologa-de.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/6131350269056460980'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/6131350269056460980'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2009/02/el-ccpp-o-la-noche-que-mi-psicologa-de.html' title='El CCPP. Parte I'/><author><name>Hugo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16262709172673547410</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='07003409328953111176'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-55813887708826626.post-277688141015028963</id><published>2008-12-11T00:05:00.003+01:00</published><updated>2008-12-11T00:13:49.853+01:00</updated><title type='text'>LA GRAN TRAGEDIA DE MI VIDA</title><content type='html'>Trabajo mejor con mujeres guapas que con mujeres feas. Es un hecho. Me favorece la tensión sexual. Me aporta energía. El único problema es que casi siempre termino queriendo tirármelas. Es lo que tiene.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pondré un ejemplo. Cuando ella, con sus 25 años y su aire confiado -como si el mundo le pareciera un lugar espléndido donde vivir- entró por primera vez en mi radar, supe de un modo primitivo que tarde o temprano querría morderle las turgentes nalgas que en ese momento sólo podía intuir bajo la ropa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ella, la de la mirada confiada, encima está buena. Tiene esa carita de niña de no haber roto un plato más que sin querer. Pero en el fondo, a estas alturas, la chavala ha roto varias vajillas ya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Necesito un cigarrillo&lt;/em&gt;, dice ella en un susurro. Tiene 25 años y un aire confiado, como si el mundo le pareciera un lugar espléndido donde vivir. Es guapa; realmente guapa. Y tiene una voz bonita, llena de matices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La puerta del club se traga a la multitud que hace un par de minutos hacía cola mientras acerco la llama al cigarro que reposa en sus labios. La luz flamea en sus ojos. Aspira el humo despacio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;25 años y un melódico acento. De sus tetas no diré nada, porque rompería la lírica interna de esta narración, pero si estuviéramos hablando de naipes, diría que está más que servida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juega con una pulsera mientras indaga sobre mi vida con preguntas inoportunas e interesantes. Me apoyo en el capó de un coche y la dejo hablar. La gran tragedia de mi vida es que me gustan las mujeres mucho más de lo que me convendría. Y por eso la dejo hacer. Soy incapaz de decirla que no aunque soy plenamente consciente de que esto es uno de esos errores que jalonan mi currículo. Una de esas cosas que atentan contra mi Manual Laboral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regla número 1 del Manual Laboral Zelle: no hables del Manual Laboral Zelle&lt;br /&gt;Regla número 2 del Manual Laboral Zelle: no hables NUNCA del Manual Laboral Zelle.&lt;br /&gt;Regla número 3 del Manual Laboral Zelle: nunca mojes la pluma en el tintero de la empresa.&lt;br /&gt;y el resto no vienen al caso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ella, con sus 25 añitos y su voz cálida, no sabe nada de esas reglas y se acerca hasta que puedo respirarla, hasta que me resulta complicado ver algo más que su boca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gran tragedia de mi vida, ya lo he dicho, es que las mujeres hacen conmigo lo que quieren. Me viene a la cabeza, como saeta lanzada desde algún rincón inexplorado de mi mente, la orden taxativa de pensar con la otra cabeza, sí, con la de arriba, y poner fin a esta situación que sólo puede acabar de un modo. Pero como eso no funciona, esa parte racional mía cambia de táctica y se desata entonces una interesantísima batalla dialéctica entre mis dos hemisferios.&lt;br /&gt;Mi hemisferio racional dice que:&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Dirigir equipos no incluye obligatoriamente tener sexo con los miembros femeninos a mi cargo&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;El otro, el de Tyler, replica con agudeza que:&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Dirigir no es otra cosa que motivar y qué mejor motivación que unos buenos polvos. Además, añade, es preciso que conozca bien a mi equipo&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Así no se conduciría un verdadero líder&lt;/em&gt;, acusa el hemisferio racional.&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Ah, no? y Clinton qué?&lt;/em&gt; responde viperinamente el hemisferio golfo.&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Eso, mira cómo acabó Clinton&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Coño, pues completamente indemne del impeachment y con el riñón más bien cubierto. Y fíjate ahora, padre putativo de Obama y todo&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hemisferio racional, consciente de que la dialéctica no es su fuerte, se repliega a sus cuarteles de invierno mientrar tararea una vieja canción:&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Mañanaaaa me darássss la razónnnnnn, laralá laralóoooo&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;-&lt;em&gt;Eso, mañana, mañana&lt;/em&gt;, responde el hemisferio salvaje, algo procrastinador él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ella, completamente ajena a la tormenta de ideas que se ha desatado en mi Centro de Mando, me mira interrogadora, con sus ojos marrones, tratando de leerme el pensamiento.&lt;br /&gt;Sí querida, claro que estoy pensando en follar contigo. Eso ni se pregunta. Qué hago si no aquí? qué haces tú?,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mi no me hace falta leerle el pensamiento para saber que está sopesando opciones. Durante todo el día ha estado tonteando. Un flirteo sin importancia. Un paso más y dejará de ser algo inocente de lo que manaña pueda hablar con sus compañeras mientras toman café. Por eso duda. Y su duda resuelve cualquier pregunta. Si tuviera claro que esto se va a quedar en un tonteo sin más, no estaría dudando. Así que decido tomar partido y echarle una mano con la balanza. Deslizo mi mano sobre su cadera y la atraigo a mi. La beso. Apoya las palmas de sus manos sobre mi pecho, como para separarse de mi, pero sin decidirse a hacerlo. Ya lo he visto antes. Su lengua confirma mis sospechas: si pretendiese alejarse no buscaría la mía con tanto ahínco. Digo yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Salgo con alguien&lt;/em&gt;, dice ella cuando al fin aflojo. Lo dice en un suspiro, sin separarse apenas. Lo dice porque cree que debe decirlo. Soy absolutamente incapaz de no sonreír. Si me hubieran dado un pavo cada vez que he oído eso, ahora sería asquerosamente rico.&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Descuida, no soy nada celoso&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora sonríe ella. Habitualmente suelo dejar que sea ella la que decida hasta dónde quiere llegar. Así que me quedo mirándola, sonriendo apenas. Tentándola sin querer. O con toda la intención. Quién sabe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella sonríe más y se muerde el labio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguien empuja las puertas del club y el alboroto del interior nos alcanza amortiguado, con los altavoces retumbando graves al son del último éxito de no sé quién. Ese alguien nos llama a voces. Ella se gira y contesta con un &lt;em&gt;ahora vamos&lt;/em&gt; que deja abiertas todas las opciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hemisferio racional hace una última intentona golpista y me dice que debería ponerle fin ahora mismo. Que esto es un error catastrófico. Que no debería tirarme a las chavalas de la empresa que paga mis facturas. O que, de hacerlo, debería ser algo más discreto y no desaparecer con una de ellas con tantos testigos corporativos incómodos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me toma de la mano y me conduce unos metros. Llama a un taxi. En un par de minutos estamos lejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me despierto tarde. Ella ya no está. Lástima. Tengo ganas de marcha. Me desperezo como un león, enredado en las sábanas y me levanto. Ya en el baño, ante el espejo, pienso que salta a la vista que la tensión sexual me favorece, pero que lo de follar me sienta infinitamente mejor. Dónde va a parar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/55813887708826626-277688141015028963?l=thehugoeffect.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/feeds/277688141015028963/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2008/12/la-gran-tragedia-de-mi-vida.html#comment-form' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/277688141015028963'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/277688141015028963'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2008/12/la-gran-tragedia-de-mi-vida.html' title='LA GRAN TRAGEDIA DE MI VIDA'/><author><name>Hugo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16262709172673547410</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='07003409328953111176'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-55813887708826626.post-3862815974772466213</id><published>2008-11-10T03:10:00.000+01:00</published><updated>2008-11-10T02:35:08.139+01:00</updated><title type='text'>LA MUCHACHA DE LOS GAULOISES BLONDES</title><content type='html'>Su forma de fumar me cautiva. Sujeta el cigarrillo con fuerza, como si temiera que el viento fuera a arrebatárselo, y vigila con desconfianza el paquete de Gauloises que reposa junto al vaso de cartón del Starbucks. Martina, se puede leer en un costado junto al logo. Martina, la muchacha de los Gauloises Blondes. Recurro al USA Today sólo por ganar un par de segundos. Despliego mi ejemplar sentado un par de mesas más allá. Finjo echarle un vistazo: el Efecto Obama abarrota las primeras páginas. Sólo los republicanos más recalcitrantes y los mandamases de la triple k son inmunes a la seductora figura del nuevo potus. Lebron le calza 41 puntitos a los Bulls y los deja tiritando. Los yankees se mudan. El dato del paro es peor de lo previsto, un 6,5 por ciento: eso significa que la economía del imperio destruye unas sesenta veces más empleo del que crea. El downturn será peor que cualquier otro, aventuran los expertos. Ya. A buenas horas, mangas verdes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejo caer una de las esquinas de la página y vuelvo a mirarla. Tiene expresión de frío; el otoño aquí es más bien desapacible y húmedo. El viento alborota su fino pelo oscuro y ella pugna con escaso éxito por quitárselo de la cara. Al cabo, abandona, y los mechones ondean ante sus ojos, como una bandera arriándose al final de la tarde. El mismo viento que alborota su pelo levanta pequeñas crestas blancas mientras un velero navega en el lago, hacia el norte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La miro en silencio. No necesito dotar de palabras la inarticulada delicadeza de su perfil, la insolencia de su barbilla. Dime, Martina, también contigo las cosas se volverán más complicadas? Sabes ya cuándo ocurrirá?, le digo, sin hablar, sin acercarme, sin que sepa aún que estoy aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Súbitamente, ella gira su rostro y mira en derredor. Deja caer el cigarrillo y lo aplasta con un pie en un gesto reflejo que no consigue evitar que minúsculas pavesas salgan disparadas como estrellas fugaces en miniatura. Me parapeto tras la cortina de letras, paladeando esta visión única y clandestina. Es como mirarla dormida. Ya sé que no debería hacerlo, pero me siento incapaz de sustraerme a esta contemplación de contrabando. La observo sacar un libro del bolso que cuelga, bamboleándose, del respaldo de la silla. Lo reconozco de inmediato. Es el último que se llevó de mi casa en España. De Álvaro Pombo. Una historia de ternura y angustia, de revancha y esperanza. Antes de buscar el separador a tientas, consulta la hora en su reloj y veo el pequeño Tank Française resbalando por su muñeca. El viento arrecia. Siento una inexplicable urgencia por hundir mi nariz en su pelo y aspirar su olor. Pero me contengo y enciendo un cigarrillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Detesto esta urgencia y me impongo un ir despacio para ir más lejos. This is the slow motion killing minute style. Push is for beginners.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este minuto furtivo no es algo nuevo para mi. Se parece a aquel otro minuto en el Amalfi, años atrás. Adoro la belleza que encierra porque sé que tiene la misma consistencia que las ráfagas de viento que el lago nos arroja a la cara. Hay algo en ella que me hace regresar siempre. Tal vez porque esos regresos no significan que vaya a quedarme, ni que ella espera que me quede. Quizá porque esa perfecta indefinición deja abiertas todas las vías de escape.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí. Quizá sea ese el motivo que nos hace buscarnos. Y, al cabo, encontrarnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mayor parte de los seres humanos se pasan la vida buscando un amor que les llene, que les haga sentirse completos, sin pararse a considerar que ese gran amor que les convertirá en mejores personas y hará que su vida sea como un musical bien podría no existir. O existir y vivir en las antípodas y no cruzarse con él en la vida. O vaya usted a saber, que la vida es un prodigio en lo tocante a este tipo de putaditas. Y el ser humano, lo bastante gilipollas como para no hartarse de pastelones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además, no nos engañemos, todo ese rollo de las mariposas en el estómago tiene fecha de caducidad. Sí, ya sé que parece que no, que hay amores que arrasan todo con un fuego inextinguible y tal y cual. Ya, ya me lo han dicho antes, pero me resulta igual de creíble que lo del ratoncito Pérez. Y eso? te preguntarás. Pues eso es mi amiga y tampoco baila.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La duración es enemiga de la intensidad y, romanticidios aparte, me doy perfecta cuenta de la absoluta intrascendencia de todo esto. El amor es sólo una palabra que utilizamos cuando no se nos ocurre nada más que decir. Uno de esos repentinos ataques pseudosentimentales que son perfectamente indistinguibles de un retortijón, qué quieres que te diga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y a mi, los retortijones, como que no. Incluso la mera fonética del término me desagrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Levanto el cuello del chaquetón para hurtar mi piel a la gélida lengua de este viento que no deja de soplar nunca y que se adelanta al invierno, como su heraldo, anunciando días más cortos. Y noches más largas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entonces me levanto, camino unos metros y un par de segundos antes de que mis labios se posen sobre su cuello, el perfume de Martina, la muchacha de los Gauloises Blondes, me abriga. Y ya no hace frío.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/55813887708826626-3862815974772466213?l=thehugoeffect.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/feeds/3862815974772466213/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2008/11/la-muchacha-de-los-gauloises-blondes.html#comment-form' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/3862815974772466213'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/3862815974772466213'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2008/11/la-muchacha-de-los-gauloises-blondes.html' title='LA MUCHACHA DE LOS GAULOISES BLONDES'/><author><name>Hugo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16262709172673547410</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='07003409328953111176'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-55813887708826626.post-5701758930941381394</id><published>2008-10-21T01:40:00.002+02:00</published><updated>2008-10-21T01:44:18.414+02:00</updated><title type='text'>FAIRY GRAN RESERVA</title><content type='html'>Déjame ponerte en situación. Una amiga tuya te presenta a un tipo. Parece agradable, educado. Charláis amigablemente durante una hora o así. Te parece más agradable aún, así que decides darle tu teléfono e invitarle a cenar a tu piso. Aún no has decidido si le enseñarás tu alcoba, pero no lo has descartado a priori.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llega el día, suena el timbre. Compruebas con una ojeada rápida que todo esté listo. La mesa, la iluminación, algo de música. Te concedes un notable alto en la presentación mientras buscas el espejo del recibidor para asegurarte de que estás perfecta. Sólo después de domar un par de mechones rebeldes te decides a abrir la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí está el tipo. La cosa pinta bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero...., qué harías si en lugar de la habitual botella de vino se presenta con una botella de Fairy y te la ofrece como si de un Cuné Imperial se tratase?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cómo hemos llegado hasta este punto? Qué ha pasado para llegar hasta este terrible momento de confusión? Dejarás entrar a este imbécil? Le echarás a patadas? Llamarás a la Benemérita para que desalojen al tarado de la botella de Fairy? Te asaltará un furor uterino de difícil explicación y le arrancarás la ropa allí mismo? Che sera sera? whatever will be, will be.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo tiene su explicación, querida. Si tienes unos minutos, me encantará ilustrarte. Verás, hay una frase a la que ningún hombre es capaz de resistirse. Bueno, hay dos. La primera es No llevo bragas, pero de esa hoy no hablamos. La otra es No hay cojones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Coge a un tipo refinado y cabal. Uno de esos tipos que no acostumbra a perder la compostura así aparezca Figo y le dé una patada en los huevos con toda la fuerza que el iracundo portugués fuese capaz de imprimir al movimiento. Pues bien, toma a ese tipo al que le queda media hora para acudir a una cita con una hermosa joven y cuando esté eligiendo el vino que llevará dile lo siguiente:&lt;br /&gt;-No hay cojones para llevarle una botella de Fairy.&lt;br /&gt;El efecto será inmediato, demoledor e imparable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afortunadamente los políticos no han descubierto el poder mesiánico de esta expresión. Pero llegará el día en que un político se ponga ante el atril, deseche el teleprompter y tras unos dramáticos segundos de silencio llenos de efectismo, suelte;&lt;br /&gt;-No hay cojones en este país para votarme a mi.&lt;br /&gt;Ese día se producirá un hecho sin precedentes, ya que el género masculino al completo en edad de votar apoyará al candidato como un bloque sin fisuras. Quizá sea cosa de la testosterona. O de la tontoterona. Lo que sea. El caso es que es así, inevitable, como las mareas, como las estaciones. El tío saldría elegido con un porcentaje que rayaría en el pucherazo. Y a partir de esa fecha, las campañas serían más cortas y los leit motiv electorales más explícitos. Sólo de imaginarme los carteles me entra una risa tonta que pa qué.&lt;br /&gt;Pero regresemos al tipo que hace un par de segundos dejaba vagar una mano por su arsenal de vinos. El No hay cojones le ha descompuesto el gesto. La mandíbula le cuelga, inanimada, mientras pugna por no perder el control. En su interior una formidable fuerza de la Naturaleza comienza a tomar las riendas, obligándole a dirigir su mano hacia el armario bajo el fregadero, buscando a tientas una botella de plástico que encierra en su interior un líquido viscoso y verde. Mira, fíjate: su frente está perlada de sudor, un ligero templor asalta sus manos, le cuesta trabajo respirar, lo hace trabajosamente.&lt;br /&gt;Observa cómo es incapaz de hacer frente al ahogo que trepa por su garganta. Sus ojos son un pozo de desconsuelo y frustración. Sabe que está perdiendo la partida. Que ese breve No hay cojones le ha condenado. Que, se ponga como se ponga, terminará llevando el Fairy. Será por cojones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ven, sigamos al tipo. Veamos cómo termina de vestirse. Camisa azul pálido de Carolina Herrera, pantalones camel de Paul &amp;amp; Shark, americana marrón Hackett de franela de algodón. En los pies unos Antonio Parriego de ante. Y en las manos una botella de Fairy. todo bien conjuntadito, sin duda. Ven, acompañémosle al garaje y veamos cómo se sube a su coche y coloca con primor el Fairy para que no sufra vaivén alguno durante el trayecto. Sólo le falta ponerle el cinturón de seguridad. Observa cómo circula con precaución para que el maldito envase de friegaplatos no se desparrame por la tapicería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mira cómo se planta ante el portal de la casa de la joven que unos pisos más arriba se acicala, completamente ajena al surrealista momento que la vida le deparará en cuestión de segundos.&lt;br /&gt;-Hola, soy Hugo, contesta al metálico Quién es? que suena a través del telefonillo.&lt;br /&gt;-Sube, contesta ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Hugo sube, claro. Con el Fairy en la mano. Afortunadamente no se cruza con nadie en el hall ni en el descansillo del cuarto piso al que se dirige. Busca con la mirada la G y al dar con ella se dirige, ufano como un colegial, a presionar el timbre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ella, al abrir la puerta, se encuentra con un sonriente jaque. Ella también sonríe hasta que descubre en sus manos una botella de Fairy. Entonces una nube de confusión se posa sobre su faz. Cómo explicarle que todo esto proviene de un No hay cojones?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ah... c'est ne pas posible, mon ami. No te creería&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Verás, querida, pensé en traer vino, pero luego me he dado cuenta de que con todo esto de la crisis el Fairy es un objeto muchísimo más práctico, dónde va a parar. Además, con una sola gota podremos fregar todos los platos que utilicemos. Si no, nos devolverán la pasta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afortunadamente ella se ríe y la franquea el paso.&lt;br /&gt;-No has oído hablar de los lavaplatos?, pregunta ella, divertida.&lt;br /&gt;-Mmm... eso tiene centrifugado?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/55813887708826626-5701758930941381394?l=thehugoeffect.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/feeds/5701758930941381394/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2008/10/fairy-gran-reserva.html#comment-form' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/5701758930941381394'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/5701758930941381394'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2008/10/fairy-gran-reserva.html' title='FAIRY GRAN RESERVA'/><author><name>Hugo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16262709172673547410</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='07003409328953111176'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-55813887708826626.post-8055244722683805299</id><published>2008-09-29T02:00:00.006+02:00</published><updated>2008-09-29T08:43:55.993+02:00</updated><title type='text'>ES HORA DE VOLVER A CASA</title><content type='html'>Hace algunos años, al marcharme fuera del país, decidí alquilar mi casa de Madrid a uno de mis hermanos con la intención de eliminar el riesgo de que a mi regreso el inquilino de turno hubiera dejado el piso hecho unos zorros. Tenía aún fresca en la memoria otra experiencia de alquiler en la que el arrendatario me había limpiado la casa, grifos, pomos y picaportes incluidos, antes de desaparecer en la procelosa ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Total, que para no sufrir en la distancia, le entregué las llaves a mi hermano pequeño. Y él, en pago por mi confianza, se ha empeñado durante años en utilizar mi piso como picadero, tirándose a cuanta chavala respondiese positivamente a sus insinuaciones. A eso, y a olvidarse metódicamente de pagar el alquiler. Un mes no, y al otro tampoco. Lo cierto es que hay que admirar su perseverancia en el impago. Digna de una oda de Homero. Lástima que el egregio griego esté más bien fiambre porque no se me ocurre nadie capaz de afrontar el titánico reto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Últimamente mi hermano comparte la casa con una estudiante Erasmus de no sé qué puto país impronunciable. O tal vez lo que ocurre es que la tía es de Talavera, pero algo gangosa. El caso es que cuando me la ha presentado, no le he entendido ni media palabra. Como no la había visto en la puta vida y no sabía que la jaca habitaba mi propiedad, le he inquirido:&lt;br /&gt;-Compartís piso?&lt;br /&gt;-Sí, aunque sería más exacto decir que lo que compartimos es una aguda apetencia por el sexo a deshoras y la obra de Frank Lloyd Wright y la Escuela de Chicago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi hermano, ya ves tú, es arquitecto. O más bien es un proyecto de arquitecto. Y por lo visto, se está tirando a esta estudiante foráneo-gangosa de grandes pechos como antes lo hizo con aquella bailarina de ballet clásico o mucho antes con aquella otra voluptuosa repostera. Está claro que en mi familia no somos muy de pareja estable. Lo que sí tenemos es buen gusto, porque todavía no le conozco folla-amiga fea. Será cosa de los genes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tía está cómodamente enroscada en el sofá emulando a una gata de angora (o siamesa, que yo bien poco sé de gatos y me parecen todos iguales) y ni se molesta en levantarse. Debe pensar que soy el mayordomo, o algo semejante. Me asalta el súbito deseo de agarrarla de los pechos (es la parte de su anatomía más prominente) y lanzarla por la ventana. A veces me falta paciencia y este es uno de esos momentos: he aterrizado hace menos de una hora tras una semana de trabajo de las que hacen afición, con un jet lag que te defecas, y me encuentro con este engendro con tetas que ojea con genuina ignorancia un libro sobre la obra de Daniel Burnham. Reconozco el libro porque fui yo quien se lo regaló a mi hermano hace algunas navidades. Y mis deseos de agarrarla de los apéndices mamarios y tirarla a través de los ventanales aumentan al ver que pone en riesgo la integridad del libro con una taza de no sé qué infusión de pollas que huele a fosa séptica. Pero me puede mi natural amabilidad y le tiendo una mano. Mientras la alargo y ella la estrecha, me imagino cómo sería tirar de ella para estamparla contra una pared. Zas. Hala, a tomar por culo la becaria foráneo-gangosa. Pero dejo que mi deseo (o es el de Tyler?) se quede en el mundo de las hipótesis sin tomar cuerpo.&lt;br /&gt;-Hola, soy Hugo, digo mientras estrechamos manos.&lt;br /&gt;-Mfpfgghfc ppfammfp, responde dejándome en la inopia.&lt;br /&gt;Tu padre más, pienso, por si acaso, mientras recupero mi mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi hermano, haciendo gala de los genes y el apellido, ha preparado viandas para recibir al viajero, es decir, a mi. Comida para llevar. Del Foster's Hollywood. La hostia. Vengo de pasar una semanita en yankeelandia y mi primera comida en suelo español tienen que ser unas pringosas costillas. Sólo con ver las bolsas me pongo malo.&lt;br /&gt;-Es que no podías haber hecho una puta tortilla de patatas, querido?&lt;br /&gt;-Yo? estás de coña, no? Yo sólo piso la cocina para buscar priva.&lt;br /&gt;Ah... cuan familiar me resulta todo: la tía desmadejada en el sofá, la nevera llena de cervezas, el arsenal de Johnnies, ni rastro de comida medio sana. Es como asomarme por una ventana a mi propio pasado en esta misma casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la efusión sentimental me dura veinte segundos. La dura realidad en forma de rugidos de mi estómago me impelen a propinarle media docena de collejas a mi hermano, tirarle encima una cazadora y empujarle a empellón limpio hacia la puerta.&lt;br /&gt;-Nos vamos a cenar por ahí. Tu mascota viene o es de dieta macrobiótica?.&lt;br /&gt;-Holsftefnejaur, vamos a tomar algo por ahí, vienes?&lt;br /&gt;Y Holsfterfnejaur se desenrosca y se pone en pie de un salto con insospechada agilidad. No sé si hablará español, pero entender lo de la manduca sí lo ha entendido. Qué hija puta. Para saludarme no se incorpora, no, pero para que le pague la cena sí que salta como si tuviera un cohete en el culo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desfacer mi famélico estado y el de mi hermano y su mascota me sale por unos bonitos 90 euros. Vino incluido. Porque la tía habla poco, pero bebe como los peces del villancico. Tiene un aire lánguido, en plan Modigliani, pero unas tetas completamente fuera de lugar. Resulta curiosa la combinación de esbeltez y ciclópeo perímetro torácico. Se diría que sus tetas pretenden desafiar a Newton y su manzana. Por cierto, este verano Duncan y yo esbozamos cierta teoría que relaciona el Mar Mediterráneo y los grandes pechos. Algún día, cuando la tengamos más avanzada, la contaré con pelos y señales. Pero hoy no es ese día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El viaje qué tal?, pregunta mi hermano.&lt;br /&gt;Hombre, no está mal. Esta vez sólo ha tardado un par de horas. Otras veces ni se ha acordado de la más elemental cortesía.&lt;br /&gt;-Bien, me dejaron pilotar un rato.&lt;br /&gt;La becaria de impronunciable nombre me mira asombrada y mi hermano menea la cabeza apesadumbrado.&lt;br /&gt;-Querida, está bromeando, trata de aclararle. Es una broma vieja que solemos hacer entre nosotros.&lt;br /&gt;Enciendo un cigarro mientras flipo. Ya sospechaba que la tía tenía pocas luces, pero esto es para nota.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejo que mi hermano le explique el mecanismo de la ironía mientras mi mente vagabundea. Hacía tiempo que no veía mi antigua casa. La compré en un ejercicio de salto bancario sin red. Recuerdo la cara del director de la sucursal cuando le dije que o me daba la pasta para comprar la casa o iba a tener que llamar a los geos para desalojarme de su despacho. Al principio se lo tomó a coña. Una hora después, viendo que yo seguía sentado, se avino a hablar. Un rato más tarde comenzó a negociar el diferencial. Era mucho más joven, pero se me daba igual de bien que ahora. Al dinero de la compra y escritura del piso le había calculado yo un par de millones más para acometer la reforma del baño, la cocina y la instalación del parqué. Aquel par de millones se convirtieron, de un día para otro, en seis. Je... A mi me hizo gracia, pero al tipo del banco casi le da un infarto. Lo mío no era una hipoteca subprime. Estaba muy por debajo. Pero eran otros tiempos, los tipos de interés estaban tirados por el suelo y cualquier podía conseguir una hipoteca con un bote de Skip. Yo me apliqué en la negociación como si de un killing minute se tratase. Aquel euribor más 0,25 fue como un orgasmo. Para alivio del director de la sucursal, al cabo de un año había traspasado la hipoteca a otro banco. Me había tirado a una de las gestoras de clientes (craso error) y la chavala estaba empezando a resultar molesta en su acoso. Me llamaba constantemente con la excusa de ofrecerme un plan de pensiones o un depósito a plazo fijo al siete por ciento tae o quedar a tomar algo. En ocasiones hasta se soltaba el pelo y trataba de quedar conmigo para follar. Así, sin anestesia. Y yo no estaba interesado en ninguna de sus ofertas: ni los productos financieros, ni los otros. Los primeros eran francamente flojitos y en lo tocante a lo segundo, mucho peor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después llegó ella y ocupó mi espacio vital como el Ejército Aliado el día D en las playas de Normandía. Es decir, al principio encontró algo de resistencia por mi parte, pero al cabo de poco tiempo había establecido puente de mando y mando en plaza. La cosa duró lo que duró y terminó como tenía que terminar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y un par de meses después de su despedida (léase &lt;a href="http://thehugoeffect.blogspot.com/2007/07/rompe-paga.html"&gt;Rompe paga&lt;/a&gt;) llegó la mía. Y con mi traslado a los States, a mi hermano se le abrieron las puertas de acceso a una vivienda digna como las que consagra la Constitución sin haber hecho nada para merecerlo. El hecho de que ahora esté cenando con él y su hermética y tetuda partenaire demuestra que aprovechó bien el tiempo. Ahora están enfrascados en una discusión a cuenta de la ironía que se esconde tras muchos de los giros de la fecunda lengua castellana y las dificultades que los no nativos tienen para pillarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y como no me interesa su intercambio de reproches, mi mente bucea en recuerdos de años atrás. Me viene a la mente la imagen de mi regreso de Estados Unidos. Ni siquiera pasé de nuevo por mi piso. Acepté un curro, lejos de Madrid y dejé que mi hermano continuase con su incipiente carrera de follador nocturno mientras yo exploraba la orografía femenina nacional en su variante costera. Supongo que una gran parte de lo que pasó desde entonces está registrado en este blog. Hace un par de meses acepté otra oferta laboral que me ofrecía la opción de regresar a casa. A Chicago. Acepté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que ahora estoy preparando otro traslado transoceánico con la tranquilidad que da saber que haga lo que haga no hay forma humana de hacerlo bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi hermano y la petarda se dan una tregua cuando me traen la cuenta. No os molesteis, ya pago yo, cabrones, pienso. Y lo cierto es que ni hacen el ademán de estirar la mano para hacerse cargo de la cuenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De camino al piso observo las calles. Todo seguía prácticamente igual. La panadería, el chino con su ultramarinos, el grasiento bar gallego, los macarritas moneando en la calle con sus motos con sonido a lata. Resulta refrescante ver que hay cosas que permanecen inalteradas. La mascota de mi hermano anda algo cabizbaja y mustia. Supongo que mi hermano no habrá sabido contener la lengua y habrá soltado alguna burrada que le costará más de una zalamería para recuperar los favores sexuales de ese par de tetas ambulantes. Veo cómo la ronda, soltando tonterías en plan 'anda reina, no te enfurruñes'. Ella se resiste a reír, fingiendo un cabreo de mona que en realidad no siente. Al final, mi hermano le da un azotito en el culo y la chavala cede. Ah.... qué cosas. ahora caminan pegados, unidos por las caderas. Espero que esta noche no les dé por follar, porque voy a dormir en la habitación de al lado y ya me jodería que mi hermano me tuviese en vela haciendo gala de su poderío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arrojo el cigarro casi consumido y la tea roja rebota en el asfalto mojado, esparciéndose en un estallido colorista. Mi hermano gira la cabeza y me guiña un ojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tranquilas, señoritas. España puede respirar tranquila. En mi ausencia, la saga continúa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/55813887708826626-8055244722683805299?l=thehugoeffect.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/feeds/8055244722683805299/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2008/09/es-hora-de-volver-casa.html#comment-form' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/8055244722683805299'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/8055244722683805299'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2008/09/es-hora-de-volver-casa.html' title='ES HORA DE VOLVER A CASA'/><author><name>Hugo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16262709172673547410</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='07003409328953111176'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-55813887708826626.post-6711294805885199691</id><published>2008-09-20T15:03:00.002+02:00</published><updated>2008-09-20T15:07:45.576+02:00</updated><title type='text'>VEINTE</title><content type='html'>Ella, con pose de mujer de mundo, le ha confesado que en el último año se ha tirado a unos 20 tíos distintos. Él, que después de trece meses bien largos de separación ha mantenido encendido el rescoldo de aquel, llamémoslo así, amor, ha sentido que el suelo se abría bajo sus pies y una manada de diablos lúbricos tiraban de sus piernas hacia el abismo para someterle a una sesión de sodomización de duración indeterminada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Veinte cipotes distintos. Así me lo ha resumido él. Veinte, ha dicho, con énfasis. Él, por cierto, no destaca por su imaginación ni por su creatividad, pero en cuanto a la expresión gráfica de los devaneos de su ex, lo cierto es que lo ha clavado. Yo no lo habría resumido mejor. Veinte pollas como veinte soles. Supongo que se las imagina alineadas, una junto a la otra, cabeceando impacientes, esperando su turno para darle mambo a su encelada exnovia. No me extraña que se sienta mareado. La mera idea de imaginarme tanta polla junta a mi también me descoloca. Desde los tiempos del vestuario de Cantarranas no visualizaba yo tamaña fiesta del nabo. Al borde del vahído los dos, tomamos asiento en la barra y solicitamos los servicios de ventilación alcohol-mecánica del Sr. Walker.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y yo, como un gilipollas, hablándole de volverlo a intentar, me dice, con la voz desfallecida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me debato entre compadecerme de él o darle la razón a ella. Por un lado, la imagen de las veinte pollas haciendo cola para entrar en combate me aflige, pero por otra, me alegro por ella,qué coño. Hace bien: en la variedad está el gusto, no? Porque definitivamente, la vida está para vivirla y estaría fuera de lugar que yo le afease a alguien lo de ser promiscuo. Así que decido optar por la diplomacia: esto es, sonreír mucho y callar más. Y preparar la guita, porque la cuenta de Johnnies promete ser de aúpa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella y él eran de esas parejas condenadas al matrimonio. Ella, de buena familia. Él, más. Juntos desde siempre. Ambos de salir poco, a la una en casa, vidas tranquilas, planes en común: hijos!. Y tal. La hostia de responsables y predecibles. De pronto ella, un buen día, dice que la vida está para vivirla y que de un tiempo a esta parte su novio le parece de lo más soso y desaborío que se ha echado a la cara. Y le manda al cine para lanzarse a la loca aventura de recuperar el tiempo perdido. Sonrío pensando que, por lo que parece, ha puesto los cinco sentidos en lo de recuperar el tiempo perdido. Para una tía de sus características, que no había conocido varón aparte de su pareja de toda la vida, veinte nabos en un año no está nada pero que nada mal. De hecho, en un hipotético ranking de actividad sexual, estaría entre las actrices del emergente porno amateur y las ninfómanas de segunda generación. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pido otro pelotazo mientras me asalta la imagen de las veinte pollas ejecutando alguna coreografía al unísono. Algo en plan &lt;a href="http://es.youtube.com/watch?v=kCi_JADzqOw"&gt;Saturday night&lt;/a&gt; de la danesa aquella de cuando éramos más jóvenes. Cada dos o tres frases incluye lo de las veinte pollas. Si le pusiera un ritmo de batería y una línea de bajo sería la próxima canción del verano. Georgie Dann la versionaría remezclándola con la cantinela de Mami que será lo que quiere el negro. La bailarían hasta en Moscú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hago un verdadero esfuerzo por no descojonarme de las desgracias de mi colega y dejo que siga desahogándose. Un par de tías se acomodan cerca, en la barra. La más alta me sonríe. Devuelvo la sonrisa. Hostias, siempre igual. Las historias tártaras de amor y desamor siempre me joden un montón de oportunidades. Le digo que igual no han sido veinte, pero se me va la pinza y se lo digo del peor modo posible.&lt;br /&gt;-Oye, que igual sólo han sido quince pollas, eh?&lt;br /&gt;Es que la sonrisa de la gachí me ha desconcentrado. Normalmente estas gansadas sólo las hago aposta.&lt;br /&gt;Me mira, desolado, con los ojos inundados.&lt;br /&gt;-Hostia Hugo, el número es lo de menos. Con que sólo haya sido una polla....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le miro de arriba a abajo, más asombrado que otra cosa. Qué esperaba que hiciera? vivir la vida haciendo calceta y jugando al dominó? Y qué es eso de que el número es lo de menos? joder, pues no hay diferencia entre una polla sola o veinte en fila, imagínatelas bailando Paquito el Chocolatero, hombre!. Definitivamente sí hay diferencia, sí. Y si no la hay, por qué repites lo de los veinte nabos? ein? ein?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tipa de la barra lanza alguna miradita más. Y dale. Me entran ganas de darle una tarjeta y decirle que me llame mañana, que hoy ando liado con un corazón roto y dos decenas de pollas sueltas. Mmm... si omito lo del corazón roto igual hasta invento un nuevo killin minute: The Twenty Cocks Style Killin minute. El nombre tiene tirón, verdad? Je... seguro que nadie la ha entrado con algo semejante. Me doy cuenta de que mientras mi mente baraja todas estas chorradas no he dejado de mirarla. Como esas veces que uno se queda embobado mirando al infinito, sólo que en lugar del infinito, yo le miro los pechos, mucho más turgentes que el infinito, dónde va a parar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Instantáneamente decido que esta es una de esas noches memorables en las que uno sale a hombros o con los pies por delante. Pongo mis dos manos sobre los hombros de mi colega y le obligo a girarse mientras nos presento:&lt;br /&gt;-&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Hola chatas, qué tal? él es Twenty y a mi me llaman Cocks.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;La tía que me sonreía parpadea levemente sorprendida y pregunta:&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;-Cómo?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Tal vez sea sorda, lo repetiré, pienso, mientras saco los trastos de matar y me arrodillo frente de la puerta de chiqueros. A portagayola, con dos cojones. La gloria o la enfermería. Que sea lo que dios quiera, maestro. Eso, que sea.&lt;br /&gt;-&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Twenty&lt;/span&gt;, digo señalando a mi colega. &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Cocks&lt;/span&gt;, concluyo señalándome a mi mismo con el pulgar. &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Y vosotras?&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/55813887708826626-6711294805885199691?l=thehugoeffect.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/feeds/6711294805885199691/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2008/09/veinte.html#comment-form' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/6711294805885199691'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/6711294805885199691'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2008/09/veinte.html' title='VEINTE'/><author><name>Hugo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16262709172673547410</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='07003409328953111176'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-55813887708826626.post-3096793043715497494</id><published>2008-09-15T01:52:00.005+02:00</published><updated>2009-05-19T01:16:53.609+02:00</updated><title type='text'>EL FUNERAL DE RAMÓN</title><content type='html'>-Era un hombre de envergadura, de gran talla. Su ausencia deja un hueco que...&lt;br /&gt;La risilla entre dientes de Duncan al oír lo de la envergadura no me deja seguir el resto de la perorata sobre el finado. Imagino que en el cerebro de Duncan la frase ha sonado a que Ramón -el de la envergadura- tenía una enorme polla. Le conozco como si le hubiera parido y esa risilla le delata cual pistola humeante. Javi golpea con el codo el costillar de nuestro patilludo y común amigo. Duncan se rebulle en el asiento, carraspea y pone cara de seguir la ceremonia con suma atención. &lt;br /&gt;En realidad, Ramón había sido un gilipollas en vida. La muerte no cambiaría eso. Pero tanto el orador como los asistentes al funeral hacíamos como si nada, como si aquel pisaverde hubiera sido pariente cercano de la madre Teresa de Calcula y nosotros sintiéramos su pérdida como sentiríamos tener una uña encarnada. Afortunadamente, a mi no me ha pasado nunca, pero tenía un compinche en el equipo de rugby al que le ocurría con frecuencia, Propensión genética, supongo. Lo de las uñas encarnadas, digo, porque lo de la muerte es común a todos los, evidentemente, mortales. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acaricio la corbata negra con la palma de la mano, alisándola, mientras oteo discretamente el entorno. La iglesia es espantosa. No es que yo sea un experto en templos (salvo que sean templos de perdición, claro), pero a este garito le pones un grifo de cerveza en el altar y parecería una taberna alemana, de tan recargado de maderas como está. A lo mejor es una estrategia para captar clientela. Igual el Vaticano está estudiando nuevas fórmulas y cambian de una vez el papamovil por un Lamborghini Diablo. Bueno, por un Diablo no, digamos que por un Lamborghini Querubín, que suena más propio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Javi viste una máscara de dignidad perfectamente estudiada. Conociéndole como le conozco, seguro que está cagando mentalmente pero con ahínco en la memoria, la raza y la puta descendencia de Ramón. Me mira de reojo y sonríe levemente. Efectivamente, está en pleno proceso. Y está disfrutándolo. Javi nunca tragó a Ramón, pero mucho menos desde que estrelló uno de sus coches en una curva mal iluminada de la carretera de Colmenarejo. La bromita le costó una buena pasta que Ramón nunca se avino a soltar. Y claro, eso dejó que cierto rencor anidase en el habitualmente bondadoso corazón de Javierito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los bancos -de madera, cómo no- están atestados de gente. Es probable que la mitad de estos tipos hayan venido para lo mismo que nosotros: para comprobar que el cabrón está muerto y bien muerto. Porque Ramón, que dios lo tenga en su gloria o dónde sea, pero que no le suelte, es perfectamente capaz de resucitar un poco para darnos un mucho por culo. Era uno de esos tipos que se te pegan en la Universidad y no hay manera de despegártelos por mucho que le apliques aceite hirviendo. Claro que la culpa fue de Duncan. Ramón y él compartían colegio mayor y se le pegó a la chepa como una rémora a una cetáceo. Era uno de esos capullos que se tiran años y años sacando adelante una carrera con más pena que gloria. Cuando Duncan nos lo presentó nosotros tendríamos veintipocos y él superaba con holgura los veintimuchos, aunque eso ha cambiado irremisiblemente con su muerte. Nosotros estamos en los treintipocos y él se ha quedado estancado en los treintimuchos. Mira, en eso sale ganando, qué coño. Cuando nosotros tengamos cuarentipocos, él seguirá teniendo treintimuchos. Y cuando tengamos cincuentimuchos, igual. Eternamente joven. Como James Dean, sólo que en feo y en capullo.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Un par de bancos por delante reconozco la coronilla de un tipo al que hace años que no veo. Y por aquel entonces su alopecia era sólo incipiente, una sombra de cartón bajo su cabellera. Ahora es más que una realidad: es una calva monda y lironda con cierto aire franciscano. A su lado, una figura que no ubico. &lt;br /&gt;-Es Pedro, pedrito, Pedro, musita Javi, resolviendo mi duda.&lt;br /&gt;Hostias. Cómo habrá sobrevivido este capullo en la vida real? Porque Pedro, pedrito, Pedro, era uno de esos tipos que no le encontrarían el culo a una mulata ni utilizando las dos manos. Un cromo el figura. Supongo que será secretario de Estado, por lo menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Suspiro, aburrido, mientras el cura sigue con su cantinela por el alma del fiambre. Normalmente no acudo a este tipo de saraos, ya que la barra libre en los funerales suele ser pésima, pero en este caso he hecho una excepción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mire donde mire veo la misma expresión de hastío. Este hijoputa no ha tenido ni la consideración de hacerse enterrar en un sitio que nos pillara más a mano, así que los casi cien tíos convocados al funeral hemos tenido que cascarnos, como mínimo, 400 kilómetros para presentar nuestros respetos. Está claro que este cabrón quería dar por culo hasta el último minuto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por cierto, es una verdadera lástima que no sirvan pelotazos en la casa del Señor. Con gusto me tomaría un Johnnie fresquito. Duncan susurra algo, pero no le oigo. Javi me hace partícipe de su ocurrencia. Que si te acuerdas de la puta que trabajaba de dependienta en el Zara. La formulación es literal. La tipa era puta en horario nocturno y dependienta del Zara del Carmen en horario comercial. Me pregunto cuándo dormiría. Y sí, me acuerdo. Cómo no me voy a acordar. Ramón se enamoró perdidamente de aquella lumi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Teníamos algo que celebrar, ignoro el qué. Igual era la despedida de soltero de Animal. El caso es que decidimos que lo haríamos a lo grande, Putas y champán a gogó. Un fin de semana de refinadas perversiones y vicios de todo calibre. Un lujo asiático, oiga. No entraré en detalles, porque no vienen al caso (éramos más jóvenes y teníamos las hormonas infinitamente más encabronadas) pero sí diré que la cosa se nos fue de las manos. Nos habíamos congregado en un chalet de la sierra. Ah... coño, ya recuerdo, no era la despedida de soltero de Animal. Fue el fiestón que hicimos en casa de Jaime cuando Duncan aprobó el MIR. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llenamos el chalet con putas disfrazadas de enfermeras viciosillas y engañamos a Duncan para que acudiera contándole alguna patraña con el objetivo último de darle un sorpresón. Y a fe mía que lo conseguimos. Su cara al ver la manifestación de enfermeras cachondonas tomando copas y meneando las caderas fue para enmarcar. Como la de un niño en la mañana de Reyes Magos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por cierto, ahora que caigo, cuando el algoritmo de los Google-boys identifique lo de 'enfermeras cachondonas' esto se me va a volver a plagar de depravados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Total, que la fiesta estaba siendo un exitazo. Todo el mundo se lo estaba pasando bien. Duncan más que los demás, claro. Y de repente vi a Ramón sentado en una hamaca, pelando la pava con una de las lumis. Una jaca de volúmenes exóticos que sonreía a las tonterías que le estaba soltando Ramón. Tal vez no se había dado cuenta de que las chavalas eran de pago y que no era una buena idea tratar de ligarse a una. Bueno, más que buena idea, era una estupidez conceptual. Pero así era Ramón. Perfectamente capaz de darle la brasa a una lumi con chorradas tipo qué ojitos tan bonitos tienes sin haberse dado cuenta de que la gachí le observaba valorando cuánta pasta le iba a levantar.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;En el trato que habíamos alcanzado con las chavalas no se incluía ningún servicio de índole íntima. Sólo la asistencia a la fiesta extremando la simpatía y dándole algunos achuchones al amigo Duncan. Pero nada de mambo. Pensábamos que el que desease apretarse a alguna de las tipas, que apoquinase de su bolsillo. Porque resultaba inevitable que a algún capullo se le metiera entre ceja y ceja refocilarse con alguna garcilasa y no estábamos nosotros para financiar los calentones de ningún fauno. Y Javierito, en previsión de posibles ardores, había negociado un descuento del 10 por ciento sobre la tarifa establecida en el convenio del Colegio Oficial de Putas. Que estas cosas también tienen su estatuto marco y sus directivas europeas, claro y no queríamos transgredir ley alguna esa noche. O al menos, no todas.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Joaquín, un amigo gay (aunque él prefiere el término ecléctico, porque le pega a todos los palos de la baraja) se me acercó entonces para brindar y pegar cuatro voces. Lo normal a esas edades. Y le mostré la estampa de Ramón, tratando de ligarse a la jacarandosa meretriz. Joaquín casi se parte el sacro al verlo y tuvo la perspicacia para adivinar lo que ocurría.&lt;br /&gt;-El gilipollas de Ramón se ha enamorado de la puta. Y si no, al tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y dejó de lado el asunto, para proponerme que montáramos un trío con una de las putas. Joaquín es así. Lleva años proponiéndome que pruebe el otro lado de la acera con todo tipo de pretextos. Yo siempre le contesto que el día que decida dar ese paso, será con él, pero que por el momento, no siento la llamada de la Naturaleza por ese flanco. Otro día, que hoy esto ya se ha alargado suficiente, hablaré más sobre él, porque da para toda una enciclopedia.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;La fiesta acabó a altísimas horas de la madrugada. Clareaba cuando la última de las lumis besó una y mil veces a Duncan llamándole mi amol, mi sielo y cosas así. Y es que Duncan, cuando se pone, también tiene su encanto. Buscamos las tortillas de patata que habíamos guardado en previsión de ese momento y montamos uno de los rituales innegociables de cualquier fiesta: el lunch. Daba igual a qué hora terminásemos. Siempre nos pegábamos una sentada para zampar como bulímicos, aunque ahorrándonos la molestia del vómito posterior. Te puedes imaginar la estampa. Una manada de neanderthales engullendo mientras soltaban risotadas y comentarios sobre tal o cual parte de la anatomía de alguna de las profesionales del amor.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Hasta que Ramón lo soltó.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;-No me gusta que habléis así de las chicas.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Joaquín se cayó literalmente al suelo en un estallido de carcajadas mientras el resto de la mesa clavaba su vidriosa mirada en Ramón.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;-Lo digo en serio. No os burléis de ellas, insistió, impasible el ademán.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Y la mesa entera estalló en risotadas mientras Ramón trataba de hacerse entender.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;-Vosotros no lo entendéis. Lo hacen para pagarse la carrera. Samantha, por ejemplo, trabaja de dependienta en el Zara.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;A estas alturas de la explicación Joaquín lloraba de risa y yo trataba de controlar mis espasmos. Duncan no podía ni abrir los ojos de pura carcajada. El resto de jaques se partían el culo de Ramón.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Hasta que Ramón y su dignidad ultrajada se levantaron de la mesa y se largaron con viento fresco. Supongo que no se acordaba de que estábamos en mitad de ninguna parte y que el lugar civilizado más cercano estaba a seis o siete kilómetros.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Le dejamos ir, apostando a que volvería en breve. Y nos olvidamos de él. Terminamos el lunch y escurrimos el bulto para no afrontar la ardua tarea de limpiar los residuos del fiestón. Duncan montó en mi coche y salimos pitando. Empezó a darme las gracias, pero la alta concentración de alcohol en sangre le impedía vocalizar correctamente. Iba a explicarle que no hacía falta que se esforzara, pero tuve que renunciar a hacerlo, porque en la bruma de la mañana acababa de recortarse la silueta de alguien sentado en mitad de la puta carretera. El frenazo fue de los de película. El aullido de los frenos mordiendo el disco adquirió un tono en i tan absurdamente agudo que los parabrisas temblaron. Duncan comprendió por qué es importante llevar el cinturón puesto y los faros iluminaron la espantada faz de Ramón, medio atontolinado, aturdido y perdido, sentado en mitad de la puta carretera con los ojos llenos de imágenes de la puta-dependienta de Zara.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;El ruidoso amén de la parroquia me devuelve a la realidad del funeral. Amén, digo yo a destiempo. Nos levantamos todos para largarnos de allí. Duncan dice algo de irnos al Yacht Club de Puerto Sherry a cenar. Javi asiente. Ya que nos hemos venido hasta Cádiz, habrá que aprovechar. Nos dejamos arrastrar por la marea humana en pos de las puertas, hacia el aire libre. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Por el camino, Duncan pone su mano en mi hombro, llamando mi atención.&lt;br /&gt;-Hostia, mira, Hugo, mira.&lt;br /&gt;Y miro en la dirección a la que apunta su mano.&lt;br /&gt;Es más que posible que no sea ella, de hecho, la posibilidad de que sea ella es remotísima, pero la tipa que abandona la iglesia con paso rápido guarda un parecido tremendo con la dependienta del Zara que le robó el corazón al imbécil de Ramón. Cosas más raras se han visto, pienso mientras la perdemos de vista.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/55813887708826626-3096793043715497494?l=thehugoeffect.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/feeds/3096793043715497494/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2008/09/el-funeral-de-ramn-y-la-puta-que.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/3096793043715497494'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/3096793043715497494'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2008/09/el-funeral-de-ramn-y-la-puta-que.html' title='EL FUNERAL DE RAMÓN'/><author><name>Hugo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16262709172673547410</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='07003409328953111176'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-55813887708826626.post-5324980270141541028</id><published>2008-08-28T18:12:00.010+02:00</published><updated>2008-08-28T23:25:08.180+02:00</updated><title type='text'>QUE TE FOLLEN</title><content type='html'>Ella está nerviosa. Lo sé porque se ha incorporado de la cama y ha comenzado a vestirse como si fuera a irse de la casa. El hecho de vestirse no presupone nervios, es cierto, pero sí que lo haga para marcharse cuando este es su dormitorio y esta su casa. El que debería abandonarla, en todo caso, sería yo, nunca ella. Así que sí, eso me hace pensar que está nerviosa.&lt;br /&gt;Aunque lo que de verdad confirma mi hipótesis es un&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="FONT-STYLE: italic"&gt;-Hugo, cariño, ni te molestes,&lt;/span&gt; con el &lt;span class="Apple-style-span" style="FONT-STYLE: italic"&gt;cariño&lt;/span&gt; preñado de amargura y acaso cierto sarcasmo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Que no me moleste? Se refiera a lo que se refiera, lo cierto es que no tenía pensado molestarme en hacer nada al menos en las próximas tres o cuatro horas. Mi idea era dormir. Pero ya me había quedado claro que eso no va a suceder así como así. Ni de ningún otro modo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se da cuenta de la estupidez que está haciendo -vestirse para marcharse de su casa- para en seco y súbitamente agotada, se sienta en el borde de la cama, dándome la espalda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que opto por el lenguaje no verbal, busco mi ropa y me visto en silencio. Cualquier cosa que diga sólo empeorará la situación, porque las únicas palabras que ella desea escuchar son precisamente las que yo no voy a pronunciar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mañana clarea al fondo, sobre los tejados, mientras traspaso el viejo y estrecho portal de su casa. No se trata de que yo diera por hecho que nuestra desenfadada relación no fuera a terminar jamás. No, no es eso. Estas cosas, tarde o temprano, se acaban. Pero en esta ocasión no he percibido ninguna de las señales previas. O quizá estaban ahí pero yo no las vi. En realidad todo eso ya carece de importancia. Siempre, y cuando digo siempre, digo SIEMPRE, llega un momento en el que ellas piden más. Quieren más. Exigen más. Más de lo que yo estoy dispuesto a ofrecer. Y no me refiero a una cesión pequeñita, sino a una rendición en toda regla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este caso en concreto, el &lt;span class="Apple-style-span" style="FONT-STYLE: italic"&gt;the end&lt;/span&gt; me ha pillado, lo reconozco, por sorpresa y con los shorts a la altura de los tobillos. Aunque, francamente, me importa bastante poco. O quizá es que estoy tan acostumbrado que ya me importa todo tres pollas impares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las pocas veces que me he preguntado el por qué he llegado a la misma conclusión: ellas acarician la secreta idea de curarme. Como si estuviera enfermo, o herido, o vayaustedasaber. Antes me esforzaba mucho en dejarlo claro, porque pensaba que de algún modo había sembrado en ellas alguna esperanza. Después me di cuenta de que no era cosa mía. En absoluto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las mujeres, o al menos una porción bastante generosa de la población femenina mundial, lleva escrito en el código genético la misión de enderezar al golfo, de sacar del arroyo a los descarriados. Algo prodigioso lo de la genética, sí, sin duda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sí, lo reconozco, antes me hacía sufrir. No quería ser el malo. Odiaba ser el malo. Pero aquello se acabó. Aprendí a meter las manos en los bolsillos y regresar a casa con un cigarro entre los labios, plenamente consciente de que yo no había elegido herirlas, sino que ellas habían elegido sufrir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sí, es probable que sea una postura algo cínica. Algo desconsiderada. Algo trivial. Sin duda. Lo es. Cínica, desconsiderada y trivial. Y otras muchas cosas. Supongo que es un buen modo de describirlo. Pero cuando has dado los suficientes paseos de regreso a casa, aprendes que las cosas son mucho más sencillas y que las personas nos empeñamos inútilmente en complicarlas para obtener, como único premio a nuestro empeño, un dolor hondo, triste e incomprensible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cualquier caso, siempre les queda el consuelo de pensar que sí, que soy un cabrón. Que la culpa es mía. A mi ya me da igual. Lo tengo más que asumido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi psicóloga de todo a 0.99 de cabecera sostiene que me comporto así porque estoy buscándola. A ELLA. A la mujer perfecta. Algo tan chorras sólo puede decirlo una mujer sin que parezca una gilipollez. Pero eso no significa que tenga razón. Me río yo de sus teorías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué curioso. En pocas horas las calles abrasarán, pero ahora siento algo de frío. Será, como dicen en los pueblos, que ha refrescado. Sonrío por la tontería que acabo de pensar mientras me oriento. Al doblar la esquina, me topo un barrendero que empuja los residuos con un escobón &lt;span class="Apple-style-span" style="FONT-STYLE: italic"&gt;king size.&lt;/span&gt; Lleva puestos unos cascos, pero lleva la música tan alta que no me cuesta reconocer el &lt;span class="Apple-style-span" style="FONT-STYLE: italic"&gt;chunda-chunda&lt;/span&gt; con el que, imagino, trata de animarse el madrugón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siento la súbita necesidad de detenerme, de sentarme y tomar un café. De indagar qué otras criaturas habitan este amanecer. Bueno, eso y que me meo, porque con el rollo del lenguaje no verbal y el sofocón de la chatina, se me ha pasado ir al baño y he salido a la calle sin evacuar. Si fuera más temprano y estuviera más oscuro, me aliviaría tras cualquier coche. Siento predilección por los Citroen. No sé por qué, pero me producen unas enormes ganas de abrir las esclusas de mi vejiga y dejar que la Madre Naturaleza haga el resto. Hace años lo hacía al son de mi agüita amarilla, a voz en cuello. Que tire la primera piedra el que no lo haya hecho nunca. Pero ya no tengo edad para semejante espectáculo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que traspaso el umbral de una cafetería extrañamente grasienta y cenicienta al mismo tiempo. Acodado en la barra, ojeando el Marca, un jaque gordo como el muñeco de Michelín apenas levanta la vista para saludar.&lt;br /&gt;-.&lt;span class="Apple-style-span" style="FONT-STYLE: italic"&gt;..nas&lt;/span&gt;, dice. Imagino que es una contracción de Buenas. Vamos, digo yo.&lt;br /&gt;-&lt;span class="Apple-style-span" style="FONT-STYLE: italic"&gt;Un cortado&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;El jaque trastea en la máquina mientras yo visito su aseo. Aprovecho el camino de vuelta para observar el garito. Al fondo, un tipo monea con una chavala. Muy zalamero. Excesivamente. Me doy perfecta cuenta de que está gastando su última pólvora, a ver si hoy mete en caliente. &lt;em&gt;Si a estas horas no lo has conseguido, chato, va a ser que esto no es lo tuyo&lt;/em&gt;, pienso mientras extiendo la mano para coger un ejemplar de un periódico nacional, de vuelta a la barra. &lt;em&gt;No se pueden dejar las cosas para última hora, que luego pasa lo que pasa.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi abuela tenía la curiosa costumbre de abrir el periódico por las necrológicas y luego ir hacia el principio, recorriendo a la inversa las secciones. Yo, en el asunto de la prensa, me decanto por abrirlo por la sección de contactos. Los anuncios guarrillos me divierten. Son infinitamente más interesantes que la portada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por dios sabrá que extraña asociación de ideas, pienso que ella se habrá quedado dormida al fin, previa ración de llantina y maldiciones. Pienso en ella con cierta ternura, no exenta de decepción. La lectura de un anuncio destacado me arranca de semejante línea de pensamiento: &lt;span class="Apple-style-span" style="FONT-STYLE: italic"&gt;"Deseo compartir contigo momentos de bienestar, juntos saciar nuestra sed, proporcionarte un buen masaje relajante, erótico y anal"&lt;/span&gt;. Si le quitas lo del masaje relajante anal, bien podría ser un anuncio para quedar a leer poesía. Ah! este es un clásico: &lt;span class="Apple-style-span" style="FONT-STYLE: italic"&gt;"Multiorgásmica, super viciosa, doble penetración".&lt;/span&gt; Esta chica debe ser de lo más completito del mercado, aunque lo de doble penetración debe ser un &lt;span class="Apple-style-span" style="FONT-STYLE: italic"&gt;claim&lt;/span&gt; para el segmento de clientes con dos pollas, porque si no, esto no hay quien lo entienda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vuela el vaso de café sobre la barra y aterriza milagrosamente a centímetros de mi mano izquierda, temblando sobre el platillo. El jaque no se ha molestado ni en avisar. Lo ha lanzado y listo. Ahí, ahí, la clave de un negocio fecundo es la atención al cliente. El pulpo que rodeaba a la chavala en las mesas del fondo empieza a perder fuelle. La chavala recoge sus bártulos, anunciando que se marcha con la música a otra parte. Alzo el vaso, brindando conmigo mismo por lo listo que soy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tía se evapora. El aprendiz de follarín se levanta trabajosamente y se acerca a la barra.&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="FONT-STYLE: italic"&gt;-Qué se debe, jefe?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Y el jefe le contesta con un gruñido del que, con paciencia, se puede entresacar que se deben 3,40. El tipo rebusca en sus bolsillos y giro involuntariamente la cabeza para mirarle. Él me mira a mi. Tal vez piense que hay algo de hermanamiento mañanero entre ambos, porque va y me suelta:&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="FONT-STYLE: italic"&gt;-Menuda calienta pollas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Lo hace sonriendo, como si tal cosa. Como si estuviéramos hablando del fútbol, de lo tarde que se ha hecho, o del cambio climático. De cosas lejanas, impersonales. Indoloras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dudo entre reventarle la cabeza contra la barra o partirle sólo un par de falanges. Normalmente no soy un tipo violento, pero la catadura de este colega ha activado la parte más fea de mi otro yo. Sostengo su mirada decidiendo qué será, será. Supongo que ya se ha dado cuenta de que no me ha hecho ni puta gracia su comentario y que no hay ningún hermanamiento posible entre sus modales de follamonos y yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paga y se va. Rezongando. Debería estar contento de no ir camino del hospital. Le ha salvado el hecho de que las manchas de sangre, como las de vino, salen muy malamente y tengo mucho cariño a esta camiseta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cierro los ojos y suspiro, disipando la tensión que se ha quedado sin desahogar. Con mucho gusto le hubiera explicado que eso de &lt;span class="Apple-style-span" style="FONT-STYLE: italic"&gt;menuda calientapollas&lt;/span&gt; estaba de más y que esas no son formas de referirse a nadie salvo a su puta madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no hubiera servido de nada. Tipos como éste los ha habido siempre y siempre los habrá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pago mi café y salgo otra vez a la calle. Camino pensando en lo que acaba de suceder. Sé que es habitual: el tío que no consigue sacar de paseo al calvo lo achaca a que la tía era frígida, o una calientapollas, o que le cantaba la petaca y no le ponía. Lo que sea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El mundo está loco&lt;/em&gt;, pienso. Y me viene la imagen del anuncio de Aquarius: No, el ser humano es extraordinario, dice un simpático chalado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vibra mi móvil en algún lugar indeterminado de los pantalones. Vaya, me equivoqué. Aún no se ha dormido. El mensaje es breve. Brevísimo. Tres palabras: &lt;span class="Apple-style-span" style="FONT-STYLE: italic"&gt;Que te follen&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Guardo el teléfono. Sonrío. Supongo que se habrá quedado a gusto. Ahora sí que dormirá. Como un bebé. &lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Reemprendo la marcha y me pongo a tararear, con Jason&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;It takes a thought to make a word,&lt;br /&gt;and it takes some words to make an action&lt;br /&gt;It takes some work to make it work&lt;br /&gt;It takes some good to make it hurt,&lt;br /&gt;it takes some bad for satisfaction.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/55813887708826626-5324980270141541028?l=thehugoeffect.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/feeds/5324980270141541028/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2008/08/que-te-follen.html#comment-form' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/5324980270141541028'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/5324980270141541028'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2008/08/que-te-follen.html' title='QUE TE FOLLEN'/><author><name>Hugo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16262709172673547410</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='07003409328953111176'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-55813887708826626.post-1412321550866627860</id><published>2008-08-21T22:51:00.004+02:00</published><updated>2008-08-22T00:16:31.841+02:00</updated><title type='text'>FÉLIX, EL TAXISTA</title><content type='html'>-A usted esos no le buscan precisamente por haber hecho el bien, verdad, truhán? Estas fueron las primeras palabras de Félix, un taxista segoviano afincado en la capital del Reino con la esperanza de sacar adelante la prole que había engendrado con Cecilia, su lánguida, callada y fea como un diablo, esposa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Instantes antes, yo me había interpuesto en su camino, manoteando desesperado, hasta conseguir detener su taxi, muy cerca del atropello. El día clareaba más allá de los tejados y Félix llevaba Radio Nacional a todo meter. Me enteré así de que eran las 6:37 y de que la temperatura había alcanzado los 15 grados centígrados en las afueras de los estudios aunque a lo largo del día se esperaba una subida atroz. Atrás, al fondo de la calle, se oye a un tipo gritar.&lt;br /&gt;-Cabrónnnnnnn. Cabrónnnnnnnn. Jopuuuuuuutaaaaaaaaaa&lt;br /&gt;El chavo muge su rabia como un toro rabioso y bravo. A su lado un par de payos con muy malas caras e intenciones le sujetan, palmoteándole el hombro y haciéndome gestos obscenos mientras me alejo, a salvo, en la panza del taxi, como el Jonás bíblico, sólo que actualizado a los tiempos que corren.&lt;br /&gt;-No tiene usted pinta de ser droga-adicto (él lo pronuncia así, bien separadito), así que la riña debe haber sido por alguna zagala, me equivoco?&lt;br /&gt;Me río por toda contestación mientras le aseguro que no le doy un beso en los morros porque seguramente se lo iba a tomar a mal, pero que me acaba de salvar de que me partieran el pescuezo.&lt;br /&gt;-Quieto, niño, de besos nada, eh? A ver si va a resultar que va a ser usted desviado.&lt;br /&gt;Y menea el índice, cual sable láser apuntando al techo del taxi, blandiéndolo al son de su retruécano cacofónico.&lt;br /&gt;Le digo que teniendo en cuenta que a estas alturas de la carrera -y no llevamos ni cinco minutos- me ha salvado la vida, me ha llamado truhán y me ha tildado de gay, si le parece, nos tuteamos.&lt;br /&gt;-Perdona chaval, la costumbre.&lt;br /&gt;Lleva tantos años en el Foro que ya se le han pegado todos los tics del madrileta de pro. Arrastra las palabras como si se le gastara la lengua con cada frase. Un San Cristobal (o San Pancracio o San Pito Pato, yo de santos no entiendo) bailotea colgado del retrovisor. Enredado en el cordel del santo, un rosario gira y gira con cada movimiento del coche. Al final termina termina hecho todo un nudo marinero. En el salpicadero un par de medallas del Cristo de los Siete Botijos y de la Virgen de la Pandereta Incorrupta flanquean una foto de la familia. De la suya. La lánguida y horrible Cecilia y dos churumbeles de tez aceitunada y expresión más bien taciturna. Entre los tres suman menos luces que una peli de Batman.&lt;br /&gt;Le pregunto por la foto.&lt;br /&gt;-La parienta y los zagales. El mío mayor debe tener tu edad. Pero espero que no sea tan golfo.&lt;br /&gt;Me vuelvo a reír. Y no es cosa del alcohol, ni de la adrenalina que aún recorre mis venas y arterias como bengalas centelleantes. Es que el cabrón tiene gracia.&lt;br /&gt;Estira su mano por encima del hombro hacia atrás y se presenta.&lt;br /&gt;-Félix.&lt;br /&gt;-Hugo, contesto, estrechando la mano que me ofrece.&lt;br /&gt;-Valió la pena? su mirada se clava en la mía a través del retrovisor. Por eso no ve que acabamos de saltarnos un semáforo en clamoroso rojo. Le sonrío y asiento.&lt;br /&gt;-Y los jaques esos, qué eran? el novio y los amigos, me supongo.&lt;br /&gt;-No te falta razón, Félix. Y aunque le faltara, en mala hora iba yo a decírselo, porque acaba de atravesar Colón y enfilar La Castellana como si le penalizaran por ir despacio.&lt;br /&gt;-Te he parado porque tienes cara de buen chico...&lt;br /&gt;Sostengo su mirada a través del retrovisor mientras rezo para que no aparezca otro semáforo colorado en nuestro camino. Enseguida me doy cuenta de que es muy probable que dios no me haga mucho caso.&lt;br /&gt;-... y porque esos rufianes tenían muy malas trazas, concluye.&lt;br /&gt;Le aseguro que soy un buen chico. De comunión diaria, le digo.&lt;br /&gt;-Una buena pieza, eso es lo que eres tú, y se ríe con una risa seca que es como medio tos, medio carraspeo.&lt;br /&gt;Le explico entonces que la moza causa del encontronazo con los jaques no me había comunicado en ningún momento que tenía maromo. Antes al contrario, se había mostrado más que partidaria de que le hiciera compañía. Y yo no podía sino acompañarla.&lt;br /&gt;Me mira entre socarrón y sorprendido. Y vuelve a saltarse otro semáforo en rojo, rojo, rojísimo. La Pasionaria a su lado sería un rosa pálido. A lo mejor es que no quiere utilizar los frenos para no gastarlos, digo yo.&lt;br /&gt;-Yo, de joven, era como tú. Un pájaro. Luego la Cecilia se quedó en estado.&lt;br /&gt;¿En estado? le interrogo mudo, con la mirada.&lt;br /&gt;-Preñada.&lt;br /&gt;Miro la foto de la modiglianesca Cecilia y me asalta la idea de que Cecilia se quedó preñada a posta. Para amarrar a Félix, pero me guardo muy mucho de decirlo en voz alta.&lt;br /&gt;-De Santos, el mayor, añade. Y en su voz hay alguna nota de nostalgia y muchas de orgullo. Como si durante un par de segundos hubiese fantaseado con qué hubiera pasado de no haberse quedado en estado Cecilia, pero regresando enseguida a la realidad, afirmándose entonces el cariño que siente por su vástago. En la foto, el chaval está a la derecha de su madre, con expresión borreguil, algo cejijunto y abstraído. Un poco en plan Musi, pero en versión rústica.&lt;br /&gt;-Y claro, dejé de andar por ahí, de noche. Hasta ahora que, mira qué cosas tiene esta puta vida, me he tenido que meter en el taxi a hacerle compañía al sereno.&lt;br /&gt;Colijo entonces que la licencia del taxi no es suya y que está aquí como por accidente. Trabajaría en alguna fábrica y la cosa se jodió, imagino.&lt;br /&gt;-Hasta hace un par de meses trabajaba en la Renfe, sabes?, me confirma sin saber que yo ya lo había deducido.&lt;br /&gt;Félix tiene cierto aire histórico, de español malencarado que tiene que agarrarse los machos porque las cosas se han torcido cuando no deberían haberlo hecho. Tiene algo de esos tipos recios que pinta Pérez Reverte en el Madrid del Siglo de Oro. Me lo imagino con un trabuco, echándose al monte y la estampa no chirría por ningún sitio. Al contrario, me cuadra. Y mientras yo dejo volar mi imaginación, Félix se embarca en una perorata sobre la Renfe, el Gobierno, los Sindicatos y la madre que los parió a todos. Ametralla el aire con los epítetos más floridos que recuerdo haber escuchado de labios de un taxista. Viceberzas, zascandiles, hijos de mil putas. Y lindezas por el estilo. Todo con cierto aire goyesco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, mientras tanto, otro semáforo en rojo que pasa al limbo. Igual Félix es daltónico. Aunque lo más probable es que no le salga de los reales cojones respetar las señales de tráfico. A mi la DGT, debe pensar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al fin, y como tiene que callejear, aminora un poco la marcha. El motor de su taxi se queja y tose, como un anciano que se haya pasado los últimos cuarenta años fumando Celtas Cortos. Y la bulla del motor tiene el efecto de activar la ciudad. Madrid se despereza y sus pobladores empiezan a materializarse en las calles, con cara de sueño y prisas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Félix, ajeno a todo eso, pega un frenazo monstruoso, se ciñe a la acera y gira la cabeza para mirarme, por primera vez, cara a cara.&lt;br /&gt;-Hala, ya estás en casa. Ahora a dormirla, galán.&lt;br /&gt;Vuelvo a reírme con ganas. &lt;br /&gt;Era jueves. Y en un par de horas tendría que ir a trabajar. Pero no me iba a enrollar explicándole mi vida a Félix. Así que simplemente eché mano al bolsillo, sin atender a lo que marcara el taxímetro y deposité en sus manos una cantidad que casi doblaba el precio de la carrera. &lt;br /&gt;Félix, agradecido, sonrió y deslizó entre mis manos una tarjeta con su móvil escrito a mano. En la esquina derecha, un cochecillo con una franja roja en la puerta blanca trataba de representar su recién estrenada profesión.&lt;br /&gt;-Cuando te veas en otra y no encuentres modo de salir, me llamas.&lt;br /&gt;Acepté la tarjeta y descendí.&lt;br /&gt;Un instante después, mientras buscaba las llaves del portal en el bolsillo, escuché el petardeo del taxi alejándose y me puse a reír entre dientes mientras guardaba su tarjeta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquello fue en junio de 2001. Desde entonces, Félix me ha recogido en noches de farra y viajes de curro durante años. Con su sabiduría popular y su corrosiva retórica a prueba de bombas. Siempre a todo gas, con Radio Nacional a toda mecha. Al cabo de un par de años consiguió hacerse con una licencia. Y se compró su propio taxi, aunque siguió haciendo noches, porque como dice él, ya le he cogido el gusto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy, el muy cabrón, me ha llevado a Barajas por última vez. Félix, el taxista, se jubila. Y me ha dicho, con media sonrisa y mucha sorna, que a partir de ahora me va a ir a recoger Rita y que la próxima vez que me las vea tiesas, que no me moleste en llamar, que él se vuelve al pueblo. &lt;em&gt;Y a ti&lt;/em&gt;, ha rematado, más castizo que nunca, &lt;em&gt;cualquier día te dan lo tuyo&lt;/em&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/55813887708826626-1412321550866627860?l=thehugoeffect.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/feeds/1412321550866627860/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2008/08/flix-el-taxista.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/1412321550866627860'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/1412321550866627860'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2008/08/flix-el-taxista.html' title='FÉLIX, EL TAXISTA'/><author><name>Hugo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16262709172673547410</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='07003409328953111176'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-55813887708826626.post-5633902769030996929</id><published>2008-08-11T22:08:00.004+02:00</published><updated>2008-08-11T22:24:20.919+02:00</updated><title type='text'>EL DEJA VU</title><content type='html'>Los &lt;em&gt;deja vu&lt;/em&gt; son un fenómeno verdaderamente perturbador. Según los expertos en el funcionamiento del cerebro, que haberlos haylos, se trata de una anomalía de la memoria, que nos engaña, haciéndonos percibir un acontecimiento presente como similar o familiar a uno pasado. Dónde vamos a parar! Uno ya no puede fiarse ni de su propia memoria. Esto con el corneta gallego no pasaba, no señor. Que lo del &lt;em&gt;deja vu&lt;/em&gt; es cosas de jipis y gentes de mal vivir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te habrá pasado alguna vez, imagino. Vas por ahí y de repente te asalta la súbita sensación de haber vivido algo antes. De que ese &lt;em&gt;algo&lt;/em&gt; que está sucediendo ya ha ocurrido con anterioridad. Pues no. Es tu mente, chata, que te está vacilando. Tampoco es un fallo de Matrix, aunque la explicación es mucho más molona. Es simple y llanamente una interferencia entre tu memoria a corto plazo y tu memoria a largo plazo, si es que algo tan rebuscado puede ser simple, que a mi me da que nones, pero como no soy una eminencia en neurología, pues me callo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los &lt;em&gt;deja vu&lt;/em&gt; no me suelen hacer mucha gracia, porque me precio de tener una memoria a prueba de bombas, al menos en condiciones de sobriedad. La ingesta de Johnnie merma un poco esta virtud mía, pero tampoco mucho. Total, que este rollo viene a que hoy he tenido algo parecido a un &lt;em&gt;deja vu&lt;/em&gt;. Y llevo un rato dándole vueltas a si es cosa de que mi memoria a corto plazo está marcándose un fangando con su homóloga del largo plazo o si realmente el hecho en cuestión guarda alguna similitud con algún acontecimiento de mi pasado. He cancelado una reunión que tenía a eso de las 13.00 horas para indagar yo mismo con mi mecanismo en los entresijos de mi perjudicada mente. Y entonces he descubierto que lo bueno de la doble personalidad es que puedes charlar contigo mismo sin tener la sensación de estar hablando solo. Es todo un consuelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como no he obtenido muchos resultados, he empezado a barajar la idea de someterme a hipnosis para indagar en mi yo, mi super yo y mi yo medio pensionista. Quién sabe, podría ser divertido, he pensado mientras buscaba en internet referencias sobre el tema. Luego, al ver las tarifas de los hipnotizadores más a mano, he dejado de barajar la idea.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;-120 qué? pero vendrá con mamada incluida, no? que no? pues entonces, señora mía, esto es un atraco a mano armada, que lo sepa. Oiga, y le va usted a colgar a su padre, pedazo de bruja! &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Total, que no he avanzado nada y la duda sigue corroyéndome por dentro como una carcoma impía. Así que he pensado que igual si te lo cuento tú me puedes echar una mano. No, me refiero a que igual me puedes ayudar. Echar una mano no equivale a meter mano. Pero si te empeñas, no seré capaz de decirte que no aunque sí te emplazaré para un poco más tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta mañana, tempranito, tenia convocada una reunión con una persona. Digamos que, en aras de proteger su intimidad, era de ascendencia francoprusiana y se llamaba Ashleena. El asunto que nos traíamos entre manos era uno de esos que conviene debatir en profundidad y que ahora no viene al caso. Al cabo de unos minutos, antes de que nos metiéramos de cabeza en el asunto, ha hecho aparición otra persona, digamos que de ascendencia caucasohúngara, que respondía al nombre de Liliana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ashleena, que estaba rematando la corona de un argumento muy sólido para apuntalar su posición de partida, se ha encerrado en un súbito mutismo al ver a Liliana en el dintel de la puerta de mi despacho. Cosa más rara, oiga. Otro tanto le ha sucedido a Liliana, que musitando un saludo, ha accedido en su totalidad al despacho, abandonando así el dintel, para tomar asiento. Porque, según el consenso de la física moderna, resulta físicamente imposible tomar asiento sin abandonar la posición de estar de pie en el dintel de la puerta, claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así se han quedado, ambas frente a mi, en un sepulcral silencio, contemplando las musarañas, como si estuvieran esperando el autobús. A mi, que soy de natural ejecutivo, estos periodos de repentina reflexión me dejan atónito allá donde se producen. Pero he tenido el suficiente tino como para no forzar la situación, ya que algo en mi interior me decía que en este tipo de casos estoy francamente más guapo calladito. Con la sonrisa congelada bajo la nariz, sí, pero calladito. Y guapo, claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las he mirado de hito en hito, tratando de determinar si se habían vuelto locas, si todo formaba parte de una nueva cultura corporativa, si estaba siendo víctima de algún tipo de cámara oculta o si debía ponerme en contacto con el tipo ese raro de los casos paranormales, Iker no sé qué, para hacerle partícipe de la situación que estaba viviendo. Pero antes de que pudiera decantarme por alguna de las opciones, y en un ejercicio de sincronización difícilmente mimetizable, ambas han esgrimido sus &lt;em&gt;blackberris&lt;/em&gt;, extrayéndolas de sus respectivas y lujosas fundas para blandirlas como si de espadas se tratase y empezar a toquetear los botones, quizá para comunicarse con el mundo exterior. Y entonces he pensado que la tecnología no sólo nos deshumaniza, sino que también nos hace comportarnos como si estuviéramos todos como chotas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para romper la densa capa de hielo glacial que se estaba adueñando de mi despacho, he soltado una gracieta sin mucho convencimiento. Meeec! Respuesta equivocada chato. Ambas, Ashleena y Liliana, han desdeñado mi presunto chiste sin desatender ni por un segundo la pantallita de sus &lt;em&gt;blackberris&lt;/em&gt;, pequeños chismes brillantes, pura tecnología al servicio de la comunicación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Súbitamente, mi móvil ha vibrado en algún lugar indeterminado de los pantalones proporcionandome un susto de cojones en primer lugar y una leve sensación placentera después. He pulsado el botón de leer para encontrarme con un mensaje de... ahm... digamos que una persona de ascendencia mediterráneopolar que respondía al nombre de Lutorio. &lt;em&gt;Qué tal te va con las fieras?,&lt;/em&gt; preguntaba, para añadir, sin solución de continuidad, &lt;em&gt;no te preocupes, voy para allá&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Pues mira tú que bien, chato, vente, que seremos más y lo pasaremos mejor&lt;/em&gt;, he pensado, sin entender del todo nada de lo que estaba sucediendo a mi alrededor, en mi propio despacho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lutorio ha aparecido vestido con la sonrisa que acostumbra a utilizar para desbravar a los de la central sindical y se ha empeñado en verter alegría y optimismo en un ambiente cargado de dios sabe qué tipo de energía cósmica oscura y negativa. Quizá fuese antimateria, polvo de la cola del cometa Halley o simple y llanamente mal rollo concentrado en el continuo espacio-temporal. Con estas cosas es difícil acertar. Es algo muy sutil, sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y mientras Lutorio propinaba sonrisas y buenas palabras a diestro y siniestro, mi cuenta de correo ha tintineado. May, de ascendencia aleutianacontinental, melenón rubio y andares &lt;em&gt;hula-hoop-mode&lt;/em&gt;, me anunciaba que venía para acá para consultarme un asunto relacionado con un acto de relaciones públicas, o púbicas, vaya usted a saber, que con May uno nunca sabe y conviene considerar todas las opciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de que yo tuviese oportunidad de responder el correo con una invitación a dejarlo para otro momento, May ha llegado y al ver el silencioso jaleo, me ha interrogado con la mirada y ha hecho ademán de irse para volver otro rato. Pero Lutorio la ha animado a quedarse, cerrando el círculo de la completa y absoluta irracionalidad. Durante un par de segundos he escudriñado mi interior, en busca de una respuesta a tan descomunal despropósito. Sin éxito, claro. Es lo que tiene escudriñar el interior, que si no tienes práctica no sueles atinar. Y yo, para qué negarlo, me escudriño poco el interior, que lo tengo muy visto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así las cosas, y en un pispas, mi despacho se ha convertido en un remedo del camarote de los hermanos Marx, pero lleno de clones del hermano mudo, se llame como se llame: Toribio, Harpo, Eustaquio, Macario, yo qué sé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cinco seres humanos, mayores de edad y en plenas facultades mentales (lo de plenas es un decir) callados como putas (es una forma de hablar, no por faltar), mirándose unos a otros sin atreverse a interactuar ni a abrir la boca para decir que esa era la suya, la boca, quiero decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en un par de segundos, un alboroto sin calcular, la estampida de excusas y despedidas de Ashleena y Liliana. &lt;em&gt;Bueno, me voy, que llevo prisa&lt;/em&gt;. &lt;em&gt;Uy, sí, mira qué tarde se ha hecho&lt;/em&gt;. Y todo por explicar. Porque a esas alturas aún nadie había sido capaz de darme un motivo para esta manifestación plástica de la irracionalidad humana. El ser humano tardó siglos en ser capaz de utlizar sus cuerdas vocales para emitir sonidos congruentes, pero ya se ve que a Ashleena y Liliana la cosa de la evolución se la trae un poco al pairo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Confío entonces en que Lutorio me explique algo, que arroje algo de luz sobre el misterio al que acabo de asistir. Pero Lutorio sonríe como sonríen los profesores que pillan al alumno en falta preguntándole cuál es la capital de la República Independiente de Pollalandia. Y se va.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;May, con esa tremenda forma de desplazar una pierna delante de la otra para hacer lo que otras personas consideran andar y que en ella es todo un arte, ha suspirado largamente y se ha ido con viento fresco (lo de fresco es un decir, que hace un calor infernal) antes de que a mi me diera tiempo a explicarle nada. Mejor, porque no había forma humana de explicarlo, así tuviera la retórica de Anaxímenes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entonces, al quedarme solo, zas, el deja vu: la insondable sensación de haberlo vivido antes. De que esto ya me había pasado. Y la angustia de no ser capaz de determinarlo con claridad. Y mira que me joden estas cosas, porque es como un coitus interruptus, pero sin sexo. Y, claro, lo de que encima no haya sexo ya sí que me toca las pelotas, qué quieres que te diga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que cualquier ayuda para desentrañar el misterio será bienvenida, celebrada y obsequiada con un vale del Carrefour, que los de Yves Saint Laurent se me han acabado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/55813887708826626-5633902769030996929?l=thehugoeffect.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/feeds/5633902769030996929/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2008/08/el-deja-vu.html#comment-form' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/5633902769030996929'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/5633902769030996929'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2008/08/el-deja-vu.html' title='EL DEJA VU'/><author><name>Hugo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16262709172673547410</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='07003409328953111176'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-55813887708826626.post-5713883189271553006</id><published>2008-08-04T22:18:00.006+02:00</published><updated>2008-08-05T09:55:30.110+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hugo'/><title type='text'>LOS PELIGROS DE LA TECNOLOGÍA</title><content type='html'>Vale. De acuerdo. No debí hacerlo. Sí, lo entiendo. Está mal. Ya. Me ha quedado claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero... tampoco es para tanto. Y no grites, coño, que no estoy sordo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empecemos por el principio. Viernes. Altísimas horas de la mañana. Duncan balbucía, preso de un horrendo estado de embriaguez. Yo iba camino de igualarle ya que la noche se había quedado huérfana de tías buenas. Sí, ya sé que es bastante primitivo, pero yo soy asín. Y Duncan más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento, hicieron entrada tres tías. La manifestación de nabos en la que se había convertido el bar se giró al unísono, como accionados por un resorte genético al olisquear las feromonas que se habían dispersado por el garito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una me llamó la atención. Estaba cachondísima. O eso me pareció a mi. Bueno, a mi y al resto de tíos del bar, que la miraban libidinosamente sin reparo alguno. Ah... pero.... je suis désolé mes amis. Aquí el nene fue el más rápido y me fui directito hacia la del escote más pronunciado. Caminé hacia ella combinando el esfuerzo de encontrar algo medianamente inteligente que decir y el de no trastabillar y darme el costalazo padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La entrada no fue precisamente para enmarcar. Sí, hasta Kokoschka emborronó algún lienzo, así que no seais tan tiquismiquis. Además, a ella no pareció importarle en absoluto que mi verborrea estuviera bajo mínimos. De algún modo mágico, Duncan se rehizo y me flanqueó para dar cobertura al ataque. Para según qué cosas, Duncan resulta inigualable. Así pude concentrarme en la gachí, que me hizo partícipe de su nombre -uno realmente exótico del que no guardo más que un recuerdo vago- y se puso cariñosota en un abrir y cerrar de ojos. O eso me pareció a mi, aunque no me fio mucho de mi reloj interno cuando el nivel de Johnnie supera al de sangre dentro de mi cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Total, que nos fuimos a su casa. Ella y yo. Duncan siguió la fiesta con las otras dos. Esta mañana me ha contado que no sabe si se lo montó con las dos o se tiró a un mandril de lo pedo que iba. Puestos a elucubrar, me inclino por lo segundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez en su casa, la chavala decidió que no iba a perder ni un minuto. Qué digo ni un minuto. Ni un segundo!! A empujones me llevó hasta su cama. Si cierro los ojos, consigo ver imágenes sueltas, como fotogramas de lo que pasó a continuación. Recuerdo que tropecé con el canto de su colchón y caí mientras ella se deshacía de mi ropa y yo me reía como un oligofrénico. La gachí, que efectivamente estaba cachondísima, cogió el micrófono, dispuesta a pronunciar -es un decir- un interesantísimo -o eso me pareció a mi- monólogo. El de la flauta de Bartolo para ser exactos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y yo me dejé llevar entre vapores etílicos tumbado sobre la cama sobre mi ropa y la suya. En un momento dado descubrí que me estaba clavando algo en la espalda y resolví incorporarme para retirarlo. Al hacerlo pasaron dos cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera, descubrí que su dormitorio tenía un gigantesco armario empotrado con puertas de espejo gracias al cual podía vernos desde una posición anatómicamente imposible. Desde el otro lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la segunda, que lo que me estaba clavando en la espalda era mi teléfono móvil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahm... y sí. Me quedé embobado viendo cómo su discurso evolucionaba de piano a presto y de presto a prestísimo a través del espejo y con el móvil en la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supongo que lo que aconteció justo después es resultado de pasar tanto tiempo con gente como Duncan. Todo se pega. Hasta lo más irracional. Y en esa situación, sin pensarlo, desbloqueé el teléfono y pulsé el botón de cámara. Enfoqué como bien pude hacia el espejo e inmortalicé el momento con poca pericia técnica, sin duda, pero con la suficiente como para arrancar al momento un pedazo de alma. Ella, la gachí, ni se enteró de lo que había hecho. Y no se hubiera enterado si no se me hubiera escapado un&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Halaaaaaa.... esta foto es co-jo-nu-daaaaaaa&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, ahora sí, regresemos al principio:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vale. De acuerdo. No debí hacerlo. Sí, lo entiendo. Está mal. Ya. Me ha quedado claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero... tampoco es para tanto. Y no grites, coño, que no estoy sordo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Melodi, Jessica, como pollas te llames, la culpa no es mía. Es de la tecnología, que nos deshumaniza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que esa noche, que tan mal había comenzado, y tan bien parecía que iba a terminar, concluyó en un mar de risas, sentado en pelotas en el descansillo del piso de aquella petarda mientras recogía mi ropa y trataba de no partirme la crisma bajando las escaleras.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/55813887708826626-5713883189271553006?l=thehugoeffect.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/feeds/5713883189271553006/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2008/08/los-peligros-de-la-tecnologa.html#comment-form' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/5713883189271553006'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/5713883189271553006'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2008/08/los-peligros-de-la-tecnologa.html' title='LOS PELIGROS DE LA TECNOLOGÍA'/><author><name>Hugo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16262709172673547410</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='07003409328953111176'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-55813887708826626.post-157601094956230797</id><published>2008-07-31T22:40:00.004+02:00</published><updated>2008-07-31T22:52:28.120+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hugo'/><title type='text'>THE ONLY LONELY</title><content type='html'>Ella se llamaba Marisa. Su recuerdo se ha subido a mi coche en mitad de un viaje largo. Uno de esos viajes de horas sin decir ni una palabra, con la música de copiloto. Y por esas cosas de la sesión aleatoria del ipod, termina el &lt;em&gt;Highway to Hell&lt;/em&gt; de mis queridos ACDC y J.D. Shouter se lanza a tocarte las pelotas hurgando en tus recuerdos en mitad de una curva a 160 (oops, dije 160? ahm... quise decir 110, sin duda)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella, decía, se llamaba Marisa. Y le encantaba J. D. Shouter, un tipo algo moñas en líneas generales pero que grabó algunos grandes temas. Entre ellos, éste, que se coló, como decía, por los altavoces del A3 en una curva un poco puñetera. Su favorito. &lt;em&gt;You are only lonely.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marisa sostenía que no se acostaría con nadie hasta pasar por la vicaría. Je... ya. Ya sé lo que estás pensando. Y no. No fue eso. O más bien no fue sólo eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no nos adelantemos. Déjame contarte la historia entera. Hace mucho que no pienso en ella y creo que, en parte, se lo debo, aunque sólo sea por la ternura de la memoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marisa había nacido y crecido en el amoroso seno de una familia con fuertes convicciones católicas. No era tímida ni apocada, ni sostenía sus creencias con afectación. Tampoco era un callo malayo con bigote. Al contrario, era una chavala desenvuelta, atractiva y divertida. Una fantástica compañera de pellas durante el tiempo en el que todavía acudía a las clases de la facultad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo ya había tenido un par de experiencias con chicas de aire monjil a las que adoraba escandalizar con propuestas del todo fuera de lugar que, estoy seguro, me hicieron ganar puntos para el sorteo del &lt;em&gt;Crucero por el Infierno&lt;/em&gt; patrocinado por Caronte. Lo hacía porque en este mundo hay muchas cosas que me agotan, pero ninguna tanto como el fanatismo, sea del signo que sea. Pero Marisa no tenía nada que ver con todo aquello. Vivía en el mundo real y, por raro que parezca, había decidido que no practicaría sexo con nadie que no fuera el hombre de su vida y futuro padre de sus hijos previo paso por el altar. Probablemente porque otorgaba al sexo mucho más valor del que yo le he atribuido jamás. Sin embargo, nunca me juzgó ni me reprochó la ligereza con la que afrontaba -y afronto, para qué vamos a engañarnos- mis relaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marisa, además, era motera. Bueno, eso tampoco es del todo exacto: no sólo era motera, sabía de motos. Su padre le había contagiado el gusto por las motos. De hecho, así nos conocimos. Sería el principio del verano tras el primer curso de la facultad y yo había decidido destinar la pasta ahorrada durante el año en mi primera Ducati: una Monster 600. Naked. Agresiva. Ligerísima. Me acompañaba Javi, rezongando por el recién terminado curso. No te acordarás, pero hace algunos meses, al contar la historia del cohete japonés, relaté cómo Javi había sido obligado por su padre a cursar Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos aunque estaba terriblemente claro que ese no era, ni por asomo, su senda en la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así pues, Javi y yo esperábamos en la puerta del taller de Eurosport, en Guadalajara (si estás pensando en comprarte una Ducati, este sitio es muy recomendable). Yo estaba algo nervioso. Siempre me excita el primer contacto con una moto. Javi, al que las motos se la pelaban y se la siguen pelando, continuaba rezongando. Y en éstas, un hola a mis espaldas. Marisa. Con mono de cuero. Hice un ligerísimo esfuerzo por recolocar mi descoyuntada mandíbula al ver tanta curva y tantas trazadas posibles y saludé como bien pude. Instantes después tuve que recomponer el gesto y abandonar la pose de fauno en celo, porque apareció su padre, un motero de años, también enfundado en cuero, con el mono clásico de Ducati, el del logo antiguo en el centro del pecho. Y un mostacho que le confería una expresión adusta, en plan Alatriste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos presentamos, nos saludamos, qué tal terminaste el curso? cómo tú por aquí? pues ya ves, gastándome el jornal en motos. Ah, muy bien. y tal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me llamó la atención la figura: padre e hija rodando con sendas Ducati. Je..., pensé que si algún dia tenía una hija también la haría motera. Claro que enseguida entré en razón y descarté la idea de perpetuar mi especie. Ya hay demasiados cabrones en el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó el tiempo. Dediqué el verano a hacerle kilómetros a la Monster (nunca agradeceremos bastante a Tamburini estas creaciones suyas) y perseguir nínfulas a partes iguales y septiembre se abatió sobre mi vida como una guillotina que cercenara las alas de mi roja montura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regresamos a las aulas. Y allí estaba Marisa. Aquel primer día dedicamos toda la mañana a hablar de motos. Hablar de motos con una mujer! Ah... era algo completamente inédito para mi, así que se puede decir que Marisa tuvo el honor de arrebatarme alguna virginidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así comenzó una relación amistosa entre una embajadora de la abstinencia sexual y su opuesto. A mi, qué quieres que te diga, me parecía lo más normal del mundo y, hasta algún tiempo después, no empecé a pensar en acostarme con ella. Esto, por cierto, podría conducirnos a un apasionante debate sobre si las mujeres y los hombres pueden ser amigos o el sexo terminará por joderlo todo. Por lo que a mi respecta, me la suda. Los interesados en cruzar opiniones sobre este punto, diríjanse a &lt;a href="http://www.holasoyunapasionadodelosdebateschorras¿quieressermiamigo/?.com"&gt;http://www.holasoyunapasionadodelosdebateschorras¿quieressermiamigo/?.com&lt;/a&gt;, y no molesten. Gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día me explicó eso del sexo y el hombre de su vida. Me lo contó con naturalidad, al hilo de alguna conversación, como si habláramos de algo completamente natural. Rió al ver mi ojiplática expresión y se defendió como pudo de mi cruzada por convencerla. Me costó entenderla. Sí. Me costó una barbaridad.&lt;br /&gt;-Menudo desperdicio, le dije con más sinceridad que tacto.&lt;br /&gt;Ella sonrió, probablemente acostumbrada a escuchar cosas de ese tenor, y contestó:&lt;br /&gt;-Cuando llegue el momento, será mucho mejor que cualquiera de tus polvos. Habrá valido la pena esperar, porque será por amor.&lt;br /&gt;Y yo, que lo dudaba mucho pero no tenía ninguna intención de herir sus sentimientos pinchándole el globito, asentí sin mucha convicción y decidí no preguntar si a pesar de haber decidido no jugar el partido entrenaría para cuando tuviese que saltar al campo. Me pareció que era ir demasiado lejos y me aterraba que su respuesta fuera negativa. Sí, sobre todo me aterraba pensar en toda aquella energía sexual acumulándose, colmándose, rebotando en su interior. Je...., cuando llegue el momento vas a matar al hombre de tu vida, pensé, en silencio. Le vas a hacer pedazos, chata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salíamos a rodar, a veces con su padre también, cuando mi trabajo me lo permitía. En aquel entonces combinaba curro, estudio y farras con una soltura que ahora, desde la distancia, me maravilla. La relación de su padre con Marisa era muy franca, cómplice. Guardo un gratísimo recuerdo de aquel tipo callado y con bigote. Supongo que seguirá mimando su colección de Ducatis, desmontanto y montando bloques de motor como quien hace crucigramas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vaya. Parece ser que este post me está saliendo largo y tierno como el pan Bimbo en edición extra-familiar. Bien, bueno, qué se le va a hacer. Pulsemos el &lt;em&gt;fast forward&lt;/em&gt; hasta llegar al fin de semana de Cartagena y ahorraremos un montón de detalles perfectamente omisibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un grupo de amiguetes montamos un &lt;em&gt;bike-week-end&lt;/em&gt; para hacer tandas en el circuito de Cartagena y le propuse a Marisa sumarse, que por aquel entonces ya montaba una Monster Dark. Aceptó. Y al hacerlo -qué fácil es identificar estas cosas a toro pasado- sentí un levísimo cosquilleo en la yema de los dedos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Je.... sonrío recordando el nombre del cutre-motel en el que nos alojamos: La Purísima. Manda huevos. Por lo visto, alguien eligió aquel sitio porque tenía un garaje enorme donde podíamos guardar las motos y las furgos. Y lo cierto es que el garaje era &lt;em&gt;king-size&lt;/em&gt;, pero me costó convencer a Marisa de que aquello no era una maniobra destinada a tomarle el pelo. Era un miratúpordónde. Uno más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasamos la noche del viernes en amor y compañía. Unos quince tíos y Marisa planeando las tandas, fanfarroneando sobre los tiempos que haríamos y lo machos que éramos. Ella, de natural echada p'alante, no se arredraba y aceptaba retos como otras aceptan cumplidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sábado pasó entre olor a gasolina y bramidos de motor. Bravatas, arrancadas al viejo estilo, apuradas al límite, más de un susto... un ambiente sano, lo que se dice un ambiente sano, sano. Algo adecuado para un tipo como yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marisa, que ya conocía a alguno de los borregos con los que entonces yo acostumbraba a rodar en circuito, no tardó en metérselos a todos en el bolsillo. Pero lo que estaba siendo un día perfecto se torció al levantarse un viento desapacible y bastante puñetero que cubrió las trazadas de polvo, provocando un par de caídas y un susto al que suscribe. Uno de esos sustos a 190 que hacen que te plantees ponerte a buenas con tu creador porque la cosa pinta fea de cojones. Pero, como muchas otras veces en mi vida, la Fortuna -que es mujer, sin duda- guió con mano invisible la Monster evitando que me hiciera papilla de Ducati con tropezones de Hugo y este mundo se quedara sin mi concurso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así las cosas, resolvimos recoger y dar por finalizado el &lt;em&gt;bike-week-end&lt;/em&gt; antes de que sucediera algo que tuviéramos que lamentar. Dedicamos el resto de la tarde, furiosamente ventosa, a resguardarnos en los soportales de una plaza cuyo nombre no consigo recordar y enfilar botellín tras botellín entre ruidosas narraciones de hazañas a lomos de la moto. Había un tipo en aquel grupo, Desmotroll le llamábamos, experto en entretener las sobremesas de las concentraciones. Tenía un particularísimo estilo de relatar anécdotas. Recuerdo vagamente que llenó un par de horas con sus historias. Pero sobre todo recuerdo los ojos azules de Marisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inmediatamente me di cuenta de que mi naturaleza estaba pugnando por tomar el control. De repente, ya no la veía como antes. Sí, en alguna ocasión me había deleitado en sus toboganes, claro, pero nunca con la intensidad de ese momento. Debió ponérseme cara de arpón ballenero avistando a Moby Dick. Ella, Marisa, reaccionó con cierta sorpresa y azoramiento. Nunca había hecho algo semejante. Y en ese momento se desató una rabiosa tormenta sobre Cartagena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las imágenes vuelan ante mis ojos: carreras atropelladas hasta el hostal, el aguacero golpeándonos, relámpagos sacudiendo el cielo, la llegada al motel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en un segundo, en un instante trepidado en mi memoria, la electricidad de un beso en el umbral de su puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No lo había planeado. Y mientras sucedía no fui capaz de mirar más allá, de modo que la conciencia del &lt;em&gt;y ahora qué?&lt;/em&gt; me hizo zozobrar, presa de un súbito pánico, un terror oscuro, una garra atenazando el cuello. Odiaría ver en sus ojos el arrepentimiento. Y me odiaría a mi mismo por haberla llevado hasta allí. Su cabeza descansaba sobre mi pecho. La habitación a oscuras. Un silencio terrible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hugo, eres un perfecto capullo, pensé. El perfecto ca-pu-llo. Con todas las letras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella se removió con suavidad apoyando su barbilla contra mi pecho y pasó la palma de su mano por mi cara, acariciándome.&lt;br /&gt;-Sshh... tranquilo. No pasa nada, dijo, tratando de tranquilizarme como a un niño que se despierta llorando en mitad de la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiempo después, con un par de cafés adornando la mesa de una cafetería en Ópera, resolvimos hablar de ello. Bueno, en realidad lo hizo ella. A mi continuaba dominándome la inquietud y, en cierta medida, un sentimiento de culpabilidad. No había vuelto a suceder y de algún modo inconsciente yo me había alejado de ella. Para protegerla. O tal vez para protegerme a mi.&lt;br /&gt;-Lo decidí yo. No tengo nada que reprocharte.&lt;br /&gt;La miré, consciente de que aquella mujer me había regalado algo que ya nunca podría regalarle a aquel hipotético hombre de su vida. A ese tipo que indudablemente, no era yo pero que ya nunca sería otro. Deslizó una mano hasta mi mejilla y la sostuvo sobre ella para concluir&lt;br /&gt;-Y no me arrepiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, la friolera de diez años después, yo tampoco.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/55813887708826626-157601094956230797?l=thehugoeffect.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/feeds/157601094956230797/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2008/07/ella-se-llamaba-marisa.html#comment-form' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/157601094956230797'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/157601094956230797'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2008/07/ella-se-llamaba-marisa.html' title='THE ONLY LONELY'/><author><name>Hugo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16262709172673547410</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='07003409328953111176'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-55813887708826626.post-4399948513272808767</id><published>2008-07-28T22:37:00.007+02:00</published><updated>2008-07-28T22:46:04.261+02:00</updated><title type='text'>WHEN TO QUIT, WHEN TO STICK</title><content type='html'>-Johnnie, verdad?&lt;br /&gt;-Ahm... en realidad me llamo Hugo.&lt;br /&gt;Sonríe. Y lo hace sin despegar los labios, estirándolos. Respeto mucho a las camareras. Se ganan la vida entre borrachos y salidos. Entre gente como yo. El bar está tranquilo, aún es temprano. Quizá demasiado temprano para el primer Johnnie, pero ella ya está sirviendo uno en vaso ancho, generosa con el hielo. No tanto con el whisky.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El potente chorro de aire acondicionado refresca el interior del bar. La calle está en llamas. No hay dónde esconderse de este calor húmedo y asfixiante. Afortunadamente, están los bares. Y las camareras de ojos grandes y buena memoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me pregunto cómo se acordará de que era Johnnie. Sólo he estado un par de noches aquí. Y hasta donde recuerdo, no monté ningún espectáculo tipo salir en pelotas ni nada por el estilo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nuevo?&lt;br /&gt;-Realmente no, llevo muchos años bebiendo, querida.&lt;br /&gt;Vuelve a sonreír y retomo su pregunta para contestar: &lt;br /&gt;-Sí, llevo un par de semanas por aquí.&lt;br /&gt;-Bienvenido.&lt;br /&gt;Sonrío yo ahora. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anochece tan despacio que cualquier idiota podría mirar la silueta enrojecida de los edificios y soltar una memez. Así, tal cual: Los cristales de las moles reverberan, multiplicando la luz roja, sumiéndolo todo en una recreación de una gigantesca hoguera. Y quedarse tan ancho cual Neruda redivivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El bar está oscuro. Al fondo una parejita de adolescentes han pagado un par de Coca Colas para poder meterse mano con tranquilidad y a conciencia. La camarera sigue la dirección de mi mirada y musita:&lt;br /&gt;-Estos están abonados. Vienen todos los días.&lt;br /&gt;-Pues como sigan a ese ritmo se van a despellejar la boca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me mira y en sus ojos grandes y marrones aletea la sombra de una fantasía. Una promesa quizá. Algo en plan 'a ti sí que te despellejaría yo la boca'. Supongo que es lo bueno de tener unos ojos tan expresivos: se ahorra tener que decir muchas cosas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tintinean los cubitos en el vaso mientras lo acerco a mis labios. Sostiene la mirada. Esta chavala tiene un máster en barras de bar. Le ofrezco un cigarro y lo coloca entre sus labios mientras se acerca a la llama del mechero. Aspira el humo, colmando sus pulmones, y lo exhala despacio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A estas alturas ya tengo más que claro ésta no va a ser tan fácil. Pero tengo más claro aún que vale la pena. Los adolescentes están tan enfrascados en sus furores uterinos que no nos prestan ninguna atención.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;-He visto mucho tipos como tú.&lt;br /&gt;-Ah sí?&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Su réplica queda un par de segundos en suspenso. &lt;br /&gt;-Sí, Y todos dicen que no, que como ellos ninguno.&lt;br /&gt;-Me imagino, comento sonriendo tras el vaso.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Podría indagar sobre qué significa eso de &lt;em&gt;tipos como tú&lt;/em&gt;, pero resultaría terriblemente aburrido y predecible, así que opto por traducir mentalmente ese &lt;em&gt;tipos como tú&lt;/em&gt; como &lt;em&gt;tipos que me follaría&lt;/em&gt;, lo que satisface notablemente mi ciclópeo ego. Y, para qué engañarnos, desde que la escuché por primera vez hace unos minutos tengo la certeza de que me desea. Y de que más pronto que tarde completaremos un par de home-run.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;La oigo hablar. Algo de una morenita la otra noche. Pero no la escucho. Tiene la boca grande, no mas de 25 años y el pelo corto. Me gustan las mujeres con el pelo corto. Bueno, me gustan todas las mujeres, pero las que llevan el pelo corto, más. Recuerdo a la morenita de la que habla. Tenía el pelo muy oscuro y rizado. Fue hace una semana y pico. Pero ahora mismo me interesa más sus mechones desiguales.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Supongo que si entre las lectoras hay alguna psicoanalista de todo a 0'99 ahora mismo estará barajando que tuve una infancia difícil. Algo en plan Oliver Twist. Pues no. En realidad es más sencillo. Mucho más. Pero no te cortes querida: siéntete libre para formular tu hipótesis en los comentarios. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Imagino que le desconcierta mi completa falta de interés por su perorata sobre mis andanzas de noches pasadas en su bar. Sí. Le sorprende. Lo veo en su forma de mirarme.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;-Me gusta cómo llevas el pelo, contesto cambiando de tema. Lo he dicho antes: respeto a las camareras, porque se ganan la vida entre gilipollas. Procuro ser amable con ellas. Todas tienen las mismas hechuras de chicas duras. De bordes. Pero no por eso dejan de ser mujeres. Y se me dan bien las mujeres. Ahm... bueno... y los gays también, pero esa es otra historia.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Ella insiste en ofrecerme su punto de vista acerca de cómo entré a la morenita. Mi mente juega con la idea de que se trata de algo genético mientras su armadura empieza a quebrarse con la primera sonrisa nerviosa. Supongo que es una de esas cosas con las que naces o nada. Un don. Un talento. Lo cierto es que no he pensado nunca mucho en ello. Diría que es similar al mecanismo de fianza que emplean los supermercados con los carritos. Metes un euro en la ranura y cuando has cargado los macarrones y las lechugas en el maletero del coche encajas el carrito en otro y recuperas tu euro. Quizá la primera vez prestes atención, pero el siguiente millón de veces te sale solo. Algo mecánico. Sí, puede ser, concluyo, divertido, mientras ella continúa hablando y se da cuenta de que está a un paso del momento clave. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mayoría de los tíos suele pasarles inadvertido. Es el minuto en el que ella decide cuán lejos va a llegar. Hay miles, millones de formas de llegar a este punto. Tantas como mujeres. Y es necesario algo de pericia para ajustar la longitud de onda. Pero, que nadie se confunda, llegados al &lt;em&gt;killing minute&lt;/em&gt;, la pelota está en su tejado.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Es ahora cuando pasa revista a sus experiencias pasadas. Sí, es ahora cuando valora la posibilidad. Aquí entra en juego la genética más elemental: la visión de un macho sano y apetecible con el que revolcarse. Y, en contraposición, las creencias adquiridas durante años y la mojigata razón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mayoría de los tíos confunden este momento, pensando que pueden conseguir que la balanza se incline hacia el lado del sexo haciendo o diciendo algo. Yo dejé de creer en chorradas como esa a los 16 si no antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le ofrezco otro cigarro y enciendo el mío. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;A estas alturas de la vida, &lt;em&gt;i know when to quit and when to stick&lt;/em&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/55813887708826626-4399948513272808767?l=thehugoeffect.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/feeds/4399948513272808767/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2008/07/when-to-quit-when-to-stick.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/4399948513272808767'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/4399948513272808767'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2008/07/when-to-quit-when-to-stick.html' title='WHEN TO QUIT, WHEN TO STICK'/><author><name>Hugo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16262709172673547410</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='07003409328953111176'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-55813887708826626.post-4449699944273761359</id><published>2008-07-07T23:27:00.002+02:00</published><updated>2008-07-07T23:29:06.206+02:00</updated><title type='text'>PAULA</title><content type='html'>Por un segundo dudé. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, lo reconozco. Durante un segundo, al ver las fotos de su hijo, pensé que no sería capaz de llegar hasta el final. No sería la primera vez que me acostaba con una mujer mayor que yo. Pero, después de todo, ninguna de las anteriores tenía un hijo de 18 años que sonreía desde los portafotos con su birrete de graduación y su orgullosa sonrisa en plan: Hey Mummy, i did it!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero que no cunda el pánico. El trémulo segundo de vacilación pasó dejando paso a la habitual adamasquinada resolución.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paula se estableció por aquí (por aquí=mi vecindario) hace cosa de un año. Y durante ese tiempo hemos cruzado breves flirteos que ella acostumbraba a resolver abandonando la escena del crimen antes de que la sangre llegara al río. Su exmarido es, hasta dónde he podido averiguar, un industrial suizo que acostumbraba a viajar mucho, desatenderla aún más y tirarse a cuanta jovencita se cruzaba en su camino. Paula decidió separarse de él y empezar una nueva vida en España. Y eso la trajo hasta mi. A ella y a su hijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chaval, al descubrir mi Ducati, comenzó a merodear mi garaje y terminé enseñándole algo de mecánica y motos. Ahora el chico está ahorrando para una Monster. He tratado de convencerle de que empiece con algo más comedido, pero me temo que ya tiene la sangre envenenada. Y he de reconocer que muestra maneras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio a Paula no le hizo mucha gracia lo de las motos, pero con el paso de los meses bendijo las visitas de su retoño a mi garaje y, de vez en cuando, se dejaba caer por aquí. Las visitas se sucedieron, pero nunca pasamos a mayores. Sobre todo porque el casi-veinteañero siempre estaba presente. Y eso, quieras que no, resulta una dificultad completamente insalvable si tus intenciones son descubrir si su mami lleva o no ropa interior o, si como parece, suele ir en plan comando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ahora, voilá, el niño ha embarcado rumbo a Suiza, donde pasará los próximos quince días. Con su padre, el adúltero industrial suizo. Paula me lo había confiado unos días atrás, al tiempo que me invitaba a cenar. Y yo, claro está, acepté de mil amores. Sin la engorrosa presencia del espigado muchacho, la velada se revalorizaba. Qué será, será? culotte o tanga? o todo natural?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así las cosas, lo cierto es que al ver las fotos del chaval por todo el salón, sentí un breve punzada de algo parecido a la culpabilidad. Pensé que sería complicado desnudarla con todas esas imágenes allí delante. Sería como si el chaval siguiera allí, espiándonos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afortunadamente, Paula parecía haber previsto el detalle, porque inmediatamente me condujo a la terraza, al borde de la piscina donde había preparado la cena. Lejos del incómodo escrutinio del fruto de su vientre. Un lugar perfecto y oculto al exterior gracias a un tupido ramaje de un arbusto indeterminado. No es sólo que la cosa forestal no sea lo mío -que no lo es-, es que no tuve ocasión de prestarle la atención debido porque Paula llevaba un ligerísimo vestido de algodón blanco que permitía aventurar sus turgencias y casi adivinar que en materia de ropa interior había optado por la c). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claro, aquello nubló mi visión, provocando el consabido 'efecto túnel' y la pérdida de visión periférica. El contraste de su piel aceitunada por el sol y la trama blanca resultaba acertadísimo si su intención era, como efectivamente era, ponerme cachondo. Era uno de esos vestidos que prometen. El escote en V sólo mostraba una porción del tobogán entre sus pechos, pero resultaba muchísimo más excitante que si me hubiera recibido a cuatro patas y con sombrero de cowboy, por ejemplo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con esa melena brillante, ese cuerpo de adicta al aerobic y ese movimiento de caderas al andar me resultó completamente imposible verla como una madre de 45 años. Aunque me hubiera empeñado en hacerlo, no habría habido manera. Estaba tremenda. Estaba claro que lo había preparado todo cuidadosamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la feliz coincidencia de que los papeles del divorcio había llegado hacía un par de meses, se sumaba la oportunidad del viaje vacacional del niño. Recuerdo que el cura del colegio al que fui de crío decía que el que evita la ocasión, evita el peligro. Y yo traducía, en mi fuero interno, a la inversa: promocionando la ocasión, llegaría el peligro. Así que la ocasión la pintaban calva. Todo eran ocasiones a mi alrededor, así que lo del peligro no tardaría en llegar, pensaba yo, ufano de mi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Paula le sobrevino una repentina timidez, un no sé qué, qué sé yo que no la permitía hablar. Así que resolví servir dos copas de vino y dar aire a la noche hablando del tiempo, algo muy socorrido en estos casos, aunque bien poco original. Ya podrás imaginarte: qué calor, verdad? uy, sí, y por las noches es peor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la ingesta de vino, mezclada con el calor que comenzaba a ceder y la irrupción de una suave brisa desbarataron las reservas de la bella y lozana Paula, que comenzó a sentirse más cómoda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comenzamos la cena, fresca y sugerente. Y regamos los platos con vino, por supuesto. Tras un par de copas llegó su primera carcajada, indicador infalible de que la cosa va por buen camino. La suya era una risa franca, contagiosa; una de esas risas que sorprenden a quien las experimenta, posiblemente porque lleva demasiado tiempo sin reír abiertamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me quedé mirando, como embobado, aquellos rotundos pechos que oscilaban bajo el vestido mientras vencía su cabeza hacia atrás, riéndose ante alguna de mis obscenas ocurrrencias. Y claro, ella se dio cuenta. Quedó perfectamente claro que esa velada iba a terminar con una liaison en toda regla y que todo cuando haríamos a partir de ese momento sería fingir que habíamos quedado para cenar como dos amigos, mientras que ambos nos dábamos por enterados de que esa noche, y en esa casa, se iba a follar mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo cierto es que no es la primera vez que me ocurre. De hecho, me pasa a menudo. Y la mayoría de las veces me comporto como un caballero y hago como si tal cosa. Mantengo una charla amigable, me intereso por la vida de la mujer que toque, etcétera, etcétera. Pero con Paula no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diría que ella agradeció que tomara la iniciativa antes de los postres, quizá porque la repostería no era lo suyo. Y diría que lo agradeció porque se entregó a los ardores con una vehemencia que, de inicio, me sorprendió, pero que pronto achaqué a una abstinencia continuada. Y no porque ella fuera terriblemente fea, antes al contrario, sino porque con el espigado churumbel de ascendencia suiza en casa, difícilmente iba a desarrollar en toda su plenitud sus apetencias sexuales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Total, que pasó lo que tenía que pasar. Y pasó en múltiples y variadas ocasiones y posturas, mientras yo me colegía para mis adentros que las tías de 45 años son toooooodo un mercado por explorar, habida cuenta de la pasión de Paula. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regresé a mi casa unas veinte horas después, hecho migas, pero más contento que un San Luis. Bueno, más contento que un San Luis al que acabaran de someter a una sesión de súper sexo. Claro que, en ese caso, ya no sería santo. O sí, quién sabe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me senté en la terraza empuñando un Johnnie. Encendí un cigarro y me dejé llevar por la deliciosa laxitud del agotamiento derivado del sexo. Al otro lado del jardín, más allá del tupido cortinaje de unos arbustos de nombre indeterminado, se intuían las luces del porche de Paula.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Consumí el cigarro aguzando el oído. Allá, al otro lado, Paula cantaba. Y no, no llevaba ropa interior.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/55813887708826626-4449699944273761359?l=thehugoeffect.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/feeds/4449699944273761359/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2008/07/paula.html#comment-form' title='15 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/4449699944273761359'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/55813887708826626/posts/default/4449699944273761359'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://thehugoeffect.blogspot.com/2008/07/paula.html' title='PAULA'/><author><name>Hugo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16262709172673547410</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='07003409328953111176'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>15</thr:total></entry></feed>