tag:blogger.com,1999:blog-49188520649113786412008-07-17T21:27:45.264-05:00Cuaderno blancoNanohttp://www.blogger.com/profile/02421911892978057619noreply@blogger.comBlogger47125tag:blogger.com,1999:blog-4918852064911378641.post-38974175369812717592008-07-14T19:40:00.002-05:002008-07-14T19:46:08.992-05:00Lilium<a href="http://bp0.blogger.com/_nW4kVQSWWE8/SHvy3FzjVbI/AAAAAAAAAJA/QfMcNHE66gs/s1600-h/lilium.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5223035221131351474" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_nW4kVQSWWE8/SHvy3FzjVbI/AAAAAAAAAJA/QfMcNHE66gs/s400/lilium.jpg" border="0" /></a><br /><div>El despertador y su insoportable ruidito suena a las siete de la mañana. Germán, como todos los días, corre durante veinte minutos en el parque que está cerca de su casa; luego del ejercicio tomará una ducha, preparará café y lo beberá en su balcón. Bebe el café en el balcón desde el día en que notó que Lucy, la nueva vecina de al lado, riega las plantas que compró hace poco y que colocó en su balcón.<br />Germán está decidido a superar sus nervios y, por primera vez, entablar conversación con Lucy.<br />Corre las cortinas, abre la puerta de vidrio y, tasa de café en mano, sale a su balcón.<br />Luego de unos minutos, Lucy hace su aparición; también corre sus cortinas, abre la puerta de vidrio y sale a su balcón. Lleva en sus manos una pequeña regadera con la que delicadamente pone agua a las plantas, su camisón de dormir es corto y deja ver sus largas y torneadas piernas, las que vuelven loco a Germán. Se pone en cuclillas, acomoda su cabello tras su oreja y riega la pequeñita planta que está en el suelo, en una macetita morada.<br />“Cambia la cara de idiota, se educado y no balbucees”—se dice Germán a sí mismo.<br />- Buenos días—dice Germán con voz tímida y poco clara.<br />La distancia que hay entre balcones no es mucha pero, dado el tono bajo de voz que usó Germán, Lucy no entiende bien lo que le quiso decir.<br />- Disculpa...¿me dijiste algo?<br />Germán siente como el calor y las tonalidades rojas invaden su rostro.<br />- Hola, buen día. Te estaba saludando, disculpa si no hablé claro.<br />- Buen día para ti también,—responde Lucy, sonrientemente—estos son los días buenos, los días de descanso, cuando uno no tiene que ir al trabajo.<br />- Que coincidencia, hoy también es mi día de descanso.<br />- ¿A si? Pero te levantaste temprano también.<br />- ...bueno si, digamos que el horario de sueño ya acostumbró a mi cuerpo a levantarse a la misma hora todos los días. Tu también te levantaste temprano.<br />- Si. Las plantitas, al igual que la gente con sus horas de comida, también tienen sus horarios. Dadas las distintas funciones que realizan, tienen su momento en el que emanan oxígeno y otro en el que reciclan el CO2, hay un momento para la fotosíntesis y otro para la polinización. Por eso aprovecho las mañanas, cuando recién están despertando, para darles de desayunar, no sería justo estropear sus horarios después de todo el trabajo gratuito que hacen por nosotros.<br />- Tienes mucha razón, es muy justo lo que haces.<br />- Si quieres ven a mi casa a la hora de almuerzo y podemos seguir hablando.<br />- ¿En serio? Me encantaría!<br />- Entonces te espero en la tarde, como a la una. Ahora tengo que llevar a mi perrita a su salón de belleza. Que estés muy bien.<br />Lucy abre y cierra su mano varias veces, a modo de despedida, sonríe y entra a su departamento con la mirada puesta todo el tiempo en los ojos de Germán.<br />A Germán no le cabe la alegría en su cuerpo. Entra corriendo a su departamento y en silencio, no sea que escuchen Lucy y los demás vecinos, salta, aprieta los puños, levanta los brazos y da vueltas, como futbolista cuando festeja un gol. No cree posible que le esté ocurriendo eso.<br />Luego, cuando vuelve a tierra firme, cree que lo mejor será no llegar con las manos vacías.<br />Sale de casa y se pasa la mañana buscando, en diferentes tiendas, el perfume más rico. Luego, como a Lucy le gustan las plantas y las flores, decide comprarle una preciosas azucenas que vio en una florería cercana a la tienda donde compró el perfume.<br />Finalmente compra una botella de un muy rico vino para acompañar la comida.<br /><br />Minutos antes de la una, Germán ya está parado frente a la puerta de la casa de Lucy, oliendo muy rico y trayendo consigo una botella de vino y un gran ramo de azucenas. Hace una corta oración en su mente y toca el timbre.<br />Una señora mayor, con lentes oscuros, un tanto despeinada y con semblante decaído abre la puerta. Le extraña la presencia de aquel muchacho que va vestido de esa manera, lo mira de pies a cabeza.<br />- ¿Se le ofrece algo?<br />Germán no cree haberse confundido de departamento, además a esa señora no la había visto nunca en su vida, se le hace extraño.<br />- Buenas tardes busco a Lucy, soy su vecino y habíamos acordado una reunión para almorzar hoy.<br />- Mi hija me contó algo así, Pasa por favor.<br />La señora abre la puerta y deja entrar a Germán. Con un movimiento de su mano le indica el sofá y le invita a tomar asiento. Germán está algo confundido, pero sabe que no se equivocó de casa, además la señora ya se había presentado como mamá de Lucy. “Seguramente ella tardará un poco en volver y mandó a su madre a que me atienda por un momento para no dejarme plantado”—pensaba.<br />- Tengo que contarte algo hijo. ¿Disculpa, cual es tu nombre?<br />- Germán, señora.<br />- Es muy difícil, no se como pudo haber pasado—la señora seca, con un pañuelo, las lágrimas por debajo de sus lentes oscuros.<br />- ¿Sucedió algo malo señora?—Germán comenzaba a inquietarse.<br />- Hace unas horas, en la mañana, hablé con Lucy. Mi hija me contó que llevaría a la perrita al veterinario ya que, como todos los Lunes, era el día en que la bañaban. Me contó también que el chico que le gustaba, por fin había entablado conversación con ella y que hoy almorzarían juntos. La señorita de la veterinaria me contó que Lucy iba a dejar al animalito un momento mientras ella iría al supermercado. La señorita escuchó el horrible ruido de un auto frenando, un fuerte golpe, a mujeres gritando en la calle y niños llorando. Salió a ver que pasaba y vio a Lucy...—la señora inclina la cabeza y sostiene con una mano su frente.<br />- Dios mío...dígame que ocurre por favor—los ojos de Germán se llenan de lágrimas.<br />- El tipo que manejaba estaba borracho, perdió el control del auto y chocó contra un poste de luz después de atropellar a mi hijita...ambos perdieron la vida al instante.<br />Germán dejó caer las azucenas al piso, soltó la botella sobre el sillón, se puso en pie, miro a la señora, bajó la mirada y salió de la casa. Caminó por el pequeño pasillo hasta que llegó a la puerta de su departamento, entró a su casa, tiró las llaves sobre la mesa, corrió las cortinas, abrió la puerta de vidrio, apoyó los antebrazos en la baranda del balcón y lloró amargamente por largo rato.<br /><br />Pasadas las horas oyó que tocaron la puerta de su casa. Cuando se acercaba a la puerta vio que por debajo de ella le dejaban una nota. La leyó y había anotada una dirección. Abrió la puerta para ver quien era la persona dejaba el papel y vio a la mamá de Lucy bajar las escaleras que estaban al final del pasillo.<br />Secó sus lágrimas, lavó su rostro y salió de casa buscando esa dirección.<br />Cuando dio con el lugar no supo si entrar o no. Afuera de la casa había gente con rostro acongojado y vestida con trajes oscuros. Supuso que era el funeral. Como él estaba vestido con ropa casual, pensó que lo mejor sería no entrar vestido de esa manera. Se estaba dando media vuelta para irse y oyó la voz de la madre de Lucy que le decía que le daba gusto que haya llegado. La señora lo invita a pasar y lo conduce hasta llegar frente al ataúd. Sobre el ataúd están las azucenas que había comprado. La señora saca una flor de aquel ramo y se la entrega a Germán.<br />- Eran las flores favoritas de mi hija, seguramente en este momento está muy feliz de tenerlas—le dice la señora.<br />Germán sostiene entre sus manos aquella flor y la queda mirando. La señora pone una mano sobre el hombro de Germán, le da un leve apretón y se retira.<br /><br />Al día siguiente, luego de asistir al sepelio, Germán regresa a casa. Va a su balcón e imagina a Lucy regando con delicadeza sus plantas.<br />“¡Las plantas!”—piensa Germán.<br />Se llena de valor y da un salto desde su balcón hasta el de Lucy. Una por una lleva a su casa las plantas que eran de Lucy. Entra a la casa de quien fue su vecina y recoge la botella de vino que había dejado sobre el sillón.<br />Nuevamente en casa descorcha la botella, sirve una copa y brinda con las plantitas mientras las riega, delicadamente, como lo hacía Lucy<br /><br />Germán, desde entonces, cada día se levanta quince minutos más temprano y riega con mucho cariño esas plantitas.<br />Poco a poco su balcón se va llenando de macetas, plantas y flores. Se inscribe a clases de botánica y conoce a una chica llamada Azucena, quien en el futuro será su esposa.<br />En una salida, Germán le cuenta a Azucena la historia de Lucy. Azucena agradece en una oración a esta mujer y reza por su alma; de no ser por ella jamás habría podido conocer a Germán, el amor de su vida.<br /><br />La pareja empieza un negocio de flores y poco a poco la ciudad se llena de sus locales, alcanzan incluso fama internacional y son reconocidos por su empeño en el cuidado y la preservación de las distintas especies.<br />Luego de casados, Azucena queda embarazada. Los doctores les dicen que el hijo que esperan será una niña.<br />Ambos están de acuerdo en que se llamará Lucy. </div>Nanohttp://www.blogger.com/profile/02421911892978057619noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-4918852064911378641.post-38151856223151361032008-07-03T21:09:00.003-05:002008-07-03T21:18:13.207-05:00FarmitoHoy en la mañana, y como ya es costumbre, salí a comprar un periódico en el quiosco que está a la vuelta de mi casa.<br />El vecindario estaba tranquilo como de costumbre, las personas iban y venían por la calle, había gente en la bodega que está a mitad de cuadra, los chinitos del chifa habrían su local y se empezaban a oler los aromas orientales. La señora de la lavandería tejía algo con sus palitos y lana, mientras esperaba que la lavadora termine de centrifugar. El quiosco estaba rodeado de gente que leían los titulares de los diarios y un niñito compraba paquetes de figuritas para su álbum.<br />Compré mi periódico y, cuando regresaba a casa, recordé que la crema para los tatuajes ya se me había acabado. Di media vuelta para ir a la nueva botica, que una conocida cadena de farmacias había establecido en la esquina frente al quiosco. Pregunté a la señorita—que por cierto es muy guapa—y me dijo que sí tenían la crema, estaba más barata que en otros lugares. La señorita entró a buscar el producto y fue entonces que el clima de la botica cambió, el clima del barrio cambió, el clima de mi día cambió: un hombre disfrazado de muñequito doctor se paró en la puerta a regalar globos a los niños que pasaban por la calle. Los niños le preguntaban como se llamaba y el decía, con voz de pito, que su nombre es “Farmito”.<br />El pata era un mate de risa, bailaba sin música, daba la mano a los niños, regalaba globos incluso a la gente mayor, no se quedaba parado simplemente en la puerta de la botica, cruzó la pista y le regaló un globito a la señora de los emolientes y a sus clientes, estira la mano y le da otro al cobrador de un micro. Los chinitos del chifa, el señor de la tienda y la señora del quiosco ya tienen su globito también; Farmito se mete en el bolsillo a la gente del vecindario, yo ya soy su hincha.<br />Entonces me entra el bichito de la curiosidad. Farmito regresa a sacar más globos. Antes de que entre a la trastienda lo abordo y le pregunto si puedo hacerle una entrevista. Le cuento que tengo un blog y que me gustaría acepte ser mi primer entrevistado. Veo, por el hueco que hay en la boca del muñeco, que los ojos del hombre se achican a modo de sospecha. Las chicas que atienden en la farmacia cuchichean algo en silencio y Farmito se da cuenta de eso.<br /><em>- Ya pe’ causa, normal, pero ahorita estoy en chamba pe’ no hagas roche. Cáete a la una que es mi hora de almuerzo.</em><br />Farmito se va a traer más globos, la chica guapa me cobra lo de la crema, me da el vuelto y me regala un caramelito. ¡Gracias por su compra!—me dice. Siento que me sonrojo, (no se por que) cojo el caramelito y regreso a casa.<br /><br />Se me pasa volando la mañana. Me doy cuenta que ya es un poco más de la una de la tarde y salgo apresurado a entrevistar a Farmito. Como ya es costumbre me doy cuenta, a medio camino, que algo olvidé. “¿Como voy a hacer una entrevista sin algo con que grabarla?”—me digo. Vuelvo a casa y recojo el mp3 (lo bueno de esta cosa es que también tiene grabadora de voz).<br />Llego a la botica y Farmito no está. Luego de preguntar, la chica guapa me dice que cree que se fue a almorzar al chifa. Camino un poco hasta llegar al chifa, me quedo parado en la puerta, busco con la mirada.<br /><em>- Oe barbita pasa pe’.</em><br />Un chico de aproximadamente mi edad me pasa la voz con la mano levantada. Me acerco a su mesa, noto que es bien flaco, tiene el cabello corto al frente y largo en la parte de atrás, come casi echado sobre su plato, le doy la mano y me siento frente a él.<br /><em>- ¿Tú eres Farmito?<br />- Así es pe’: “Farmito”... alias Roberto Flores Ruiz. Así que me vas a entrevistar—me dice con la boca llena de arroz.<br />- Sí. Tengo un blog en internet, nunca hice una entrevista, pero pareces buena onda, me gustaría que seas mi primer entrevistado.<br />- Ta bien causa como las huevas, pero a mi no me hables de internel infernet... esa vaina. Yo me quedé en maquina de escribir nomás.</em><br /><br />Me mata de risa el pata, hasta apodo ya me puso. Su voz, media ronca-borrachosa, difiere totalmente con la voz de Farmito, la voz de pito. Enciendo el mp3 y le hago la pequeña entrevista que redacto, tal cual, a continuación:<br /><br /><em>- ¿Desde cuando trabajas como muñequito?<br />- Nada causa, lo del muñequito lo hago los Martes y Jueves nomás, me cayó esta chamba del cielo y ya sabes pe’... chamba es chamba. No se puede desperdiciar nada. Acá en San miguel solo voy a estar hoy y el Martes que viene.<br />- ¿Y que haces los otros días?<br />- Soy cómico ambulante.<br />- Ala que chévere! ¿En donde haces tus presentaciones?<br />- En cualquier plaza de por aquí o por allá, hasta que llegan los policías municipales o los serenazgo y te botan con roche, como si fuera patito feo... tss con tremenda pepaza que me manejo... ¿sí o no?<br />- jaja no se, yo le voy al Necaxa.<br />- Ese conche... tienes tu chispa, barbita!<br />- Bueno sigamos. ¿Qué tal la experiencia como Farmito?<br />- Cague de risa! Yo no puedo con mi genio, ando vacilando a la gente en todos lados. Por ejemplo ahorita que hace frío es rico ponerse el disfraz, esa esponja y dunlopillo del muñeco abriga chévere on’ , ta que pero en verano... un horno causa, peor que sauna la huevada. Pero así es la vida pe hay que ganase los chibilines para llevar pa’ el té y pan de mis cachorros.<br />- ¿Cuántos hijos tienes?<br />- Tres on’, dos hombrecitos y una mujercita.<br />- ¿Eres casado?<br />- no, pero convivo con mi señora.<br />- ¿En donde vives?<br />- En mi casa pe’... en mi casa que está en Pachacutec, en Ventanilla. Seguro ni conoces.<br />- Si conozco. Hace unos años fui al colegio Cristo redentor que está en el sector tres, fui con una parroquia haciendo una chocolatada navideña para los niños de allí.<br />- Ta que chévere causa, buena voz. Ya te habrás dado cuenta que falta ayuda como cancha. Yo soy pobre pero honrado, a mi no me da roche meterme en el muñeco ni pararme en un plaza a hacer reir a la gente.<br />- Y eso en verdad es admirable.<br />- O causa, más bien yo ya me voy a tener que ir yendo. Muy tarde haz venido pe’.<br />- Sí, lo siento, se me pasó la hora.<br />- Pero normal pe’ el Martes que viene la seguimos si quieres.<br />- Ya mostro, seria genial.<br />- ... más bien varón, no lo tomes a mal... pero déjate un sencillo pa la gaseosa pe’.<br />- jaja, normal.<br />- Chévere causa.<br /></em><br />Farmito (Roberto Flores) se puso en pie, cogió los soles que puse sobre la mesa, me dio la mano, un golpecito en el hombro y se retiro regalándome su chimuela sonrisa.<br /><br />El Martes que viene iré a visitarlo pero no a seguir con lo de la entrevista.<br />Si todavía estas leyendo este post y quieres ayudar a Roberto y familia con algo de ropa, alimento o lo que creas conveniente ponte en contacto conmigo. Puedes escribirme al correo <strong>orbuco@gmail.com</strong> o agregarme al messenger <strong>orlandogreenday@hotmail.com</strong><br />Gracias de antemano.<br />Disculpen si el blog esta vez se salió de contexto.<br />Sabrán comprender.<br /><br /><br />PD: Por error el post anterior (“la verdad”) no permitía comentarios de parte de aquellos que no tiene cuenta con el servidor. Las disculpas del caso para quienes intentaron comentar y no pudieron, sobre todo a “fan de nano =)” , “laura” y “jerc”.<br />Un abrazo para todos.Nanohttp://www.blogger.com/profile/02421911892978057619noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-4918852064911378641.post-64421148967188907302008-06-23T16:15:00.004-05:002008-06-23T18:50:41.654-05:00La verdad<a href="http://bp3.blogger.com/_nW4kVQSWWE8/SGAbcivrXJI/AAAAAAAAAI4/0GdJg7AaRuc/s1600-h/fanlu+en+ventana.bmp"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5215198545672101010" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_nW4kVQSWWE8/SGAbcivrXJI/AAAAAAAAAI4/0GdJg7AaRuc/s400/fanlu+en+ventana.bmp" border="0" /></a><br /><div>El amanecer de esa mañana significo el cambio que estaba buscando.<br />La noche anterior había pasado entre peguntas a su corazón, sincero en ese momento, y encuentros palpables con lo más hondo de su alma.<br />Descubre que, aún habiendo pasado mucho tiempo, las cosas que hizo y la gente de la que se rodeó no lograron llenar el vacío que dejó su partida. Pero no se siente mal, todo lo contrario, está satisfecho con el nivel de sinceridad y cordura que por fin alcanza.<br />Y no es malo que extrañe ver su mano rodeada de otra mano ni que recuerde con mucha nostalgia el calor de su cuerpo; tampoco cree impertinente escribirle estas líneas al recuerdo de sus momentos compartidos.Se asoma por la ventana y la ve nítidamente en el cielo. Ella siempre, a pesar de las condiciones climáticas, le brinda compañía desde donde sabe dar toda su luz.</div><br /><div></div><br /><div>Tema: Mar</div><br /><div>Banda: GAIA / Anfibio</div><br /><div><a href="http://www.gaiaband.com/">http://www.gaiaband.com/</a> </div><br /><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/G-y7g5KziHo&hl=en"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/G-y7g5KziHo&hl=en" type="application/x-shockwave-flash" width="425" height="344"></embed></object>Nanohttp://www.blogger.com/profile/02421911892978057619noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-4918852064911378641.post-72390379583583059892008-06-13T16:34:00.001-05:002008-06-13T16:38:50.165-05:00Ya no hay milagros<a href="http://bp2.blogger.com/_nW4kVQSWWE8/SFLofdRJKaI/AAAAAAAAAIw/CaGlgJQjJ_0/s1600-h/nuevo+fanlu.bmp"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5211483345951205794" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_nW4kVQSWWE8/SFLofdRJKaI/AAAAAAAAAIw/CaGlgJQjJ_0/s400/nuevo+fanlu.bmp" border="0" /></a><br /><div></div>Nanohttp://www.blogger.com/profile/02421911892978057619noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-4918852064911378641.post-1966971350021786372008-06-04T22:35:00.005-05:002008-06-05T01:15:23.876-05:00El maestro<a href="http://bp3.blogger.com/_nW4kVQSWWE8/SEdh-2eTNuI/AAAAAAAAAIo/giLNpsRY6WI/s1600-h/roble.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5208239226479654626" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_nW4kVQSWWE8/SEdh-2eTNuI/AAAAAAAAAIo/giLNpsRY6WI/s400/roble.jpg" border="0" /></a><br /><div>Bajé de la combi que deja a los pasajeros en una esquina de la plaza de armas del pueblo que está antes de San Patricio.<br />Me quedé sentado un rato en una de las bancas. Tenía la esperanza de encontrar a Ofelia y que ella me lleve, como la vez pasada, con Don Abel.<br />Luego de media hora, de vana espera, se me ocurrió ir a buscarla al puesto de comidas que tiene su madre.<br />Caminé por las empinadas calles de aquel lugar. Con frecuencia pasaba más de una vez por el mismo sitio, no recordaba como llegar. Pregunté a un chico, que atendía en una farmacia y, dando las descripciones de la señora y de su puesto, finalmente pude llegar siguiendo la ruta que, me dijo, debía tomar.<br />La señora estaba sola en el puestito. Lavaba platos y vigilaba una ollita de barro, donde se cocinaba algo, que regalaba delicioso aroma.<br /><br />- <em>Buenos días señora. ¿Me da por favor un mate?</em><br /><em>- Claro joven</em>.—me responde y voltea a verme. Me mira como reconociéndome, se extraña un poco, pero no dice nada más.<br /><em>- ¿Qué es de la vida de Ofelia?. Estoy tratando de encontrarla. Necesito que me lleve a San Patricio.</em><br /><em>- No está joven. Salió del pueblo a visitar a un familiar, regresa mañana recién.<br />- Caramba. No puedo esperarla, tendré que ir por mi cuenta.<br />- Si quiere le puedo decir al Joaquín que lo lleve. Es mi hijito, el mayor</em>.—me dice y pone la tasa, con el humeante mate, sobre la barra.<br /><em>- No sabía que Ofelia tenía un hermano.<br />- Ahorita en un rato debe regresar. Se fue a traer leche del establo, ya debe estar por venir.<br /></em><br />Me quedé sentado, esperando tranquilamente, bebiendo el riquísimo mate que había hecho la señora, escuchando los huainitos que pasaban en la radio, respirando calma luego de mucho tiempo, sintiendo el olor de aquello riquísimo que se cocinaba, viendo a la gente caminar sin apuros, sin rostro de preocupación.<br />Luego de unos minutos vi venir a un chico que subía por la calle. Empujaba un triciclo que llevaba un gran recipiente de metal. Se detuvo junto al puesto e intentó bajar el recipiente, que se veía estaba pesado. Me ofrecí a ayudarle.<br />Mientras bajábamos el recipiente la señora le reclama al muchacho por la demora que ha tenido. Él le explica que fue por culpa de un caballo que se puso como loco y estaba alborotando al resto en el establo. Cuando logró calmarlo intentó ver que era lo que perturbaba al animal y notó que una astilla, de uno de los palos que trancan la puerta, se le había incrustado en una de sus piernas traseras y eso lo desesperaba. Se la sacó con mucho cuidado, no quería que el caballo le vaya a patear, y así, finalmente, el animal recuperó la calma.</div><div><em></em></div><div><em>- Mira Joaquín, este joven es amigo de tu hermana, quiere que le lleven a San Patricio</em>.</div><div></div><div>El chico me mira, como si me reconociera también, luego voltea a ver a la mamá. La mamá le asiente con la cabeza y el chico vuelve otra vez la vista hacia mi. Se acerca y me da la mano. Me dice que con mucho gusto me va a llevar. Le digo que no puedo perder mucho tiempo, que me gustaría que sea cuanto antes.<br />Joaquín consulta con su mamá, ya que el va al colegio por las tardes. La señora se molesta un poco, suspira y finalmente le dice que solo por esta vez puede faltar, que más le vale que le traiga un veinte en el próximo examen si no nunca más le permitirá faltar.<br />La señora dice que por hacerlo faltar al colegio la tarifa ya no será de quince soles, esta vez me tienen que cobrar veinticinco.<br />Hago rabieta, en mi interior, por tener que gastar más dinero; sin embargo, mi conciencia, me hace sentir culpable de que aquel chico se ausente a clases. Pienso que tiene razón, esos diez soles no valen un día de colegio. Accedo a la condición de la señora sin protestar.<br />Luego de pagar, el chico me lleva al establo para recoger los caballos. Le pregunto si Milo o a Nana están disponibles. Me cuenta que Ofelia se llevó a Nana y que Milo no puede viajar por que está preñada.<br />Llegamos al establo y recomienda que viajemos en “Pinko” y en “Yelo”, dos jóvenes y dóciles potros.<br /><br />El camino a San Patricio es totalmente relajante. La vista que hay del río y su bosque, desde lo alto del sendero, es majestuosa, me llena de melancolía, me recuerda tiempos compartidos, me hace desear tenerla aquí.<br />Joaquín va siempre adelante con su caballo. Pinko, en el que voy yo, sigue fielmente los pasos de su colega. Me siento seguro, olvido que estoy montado en él y solo me dedico a impregnarme del paisaje, sus sonidos y olores.<br />Le digo, alzando un poco la voz para que me escuche bien, que ni bien lleguemos al pueblo quiero ir a visitar a Don Abel. Voltea y me mira con rostro de desconcierto, no dice nada y solo asiente con la cabeza.<br /><br />El arco que da la bienvenida a San Patricio luce más bonito de lo que lo vi la vez anterior. Hay muchas flores adornándolo y la estatua del santo, que está en la parte superior, está pintada y se ve como nueva.<br />Noto que Joaquín me está conduciendo hacia donde vive Don Abel, recuerdo un poco la manera de llegar ahí.<br />Pasaron casi diez minutos, desde que entramos al pueblo, hasta que vimos la inmensa cerca de madera que anuncia la llegada a la hacienda de Don Abel.<br />Bajamos de los caballos y atamos las riendas a unas grandes vigas de madera. Yo buscaba, como idiota, donde estaba el timbre para poder llamar. Mientras reviso los bordes de la puerta, buscando el interruptor, oigo el sonar de una campana. Doy vuelta y veo que Joaquín toca aquella pequeñita pero bullera campana. Me explica que ese es el timbre. Meto mis manos a los bolsillos de la casaca, miro al piso y, lleno de vergüenza, me quedo callado.<br />Abre la puerta una señora de aproximadamente sesenta años. Usaba una chompa de lana color verde, pantalón de buzo plomo, un delantal que roza el piso y sombrero de paja que deja ver su larga y cana trenza. La señora mira a Joaquín y sonríe, me mira a mí y se extraña. Joaquín le dice que vengo de Lima para visitar a Don Abel. La señora me queda viendo, extrañada nuevamente, y me deja pasar.<br />Caminamos hasta donde están las mesitas del restaurante campestre, cerca de la piscina de truchas. La señora me señala un caminito de trocha que lleva hasta lo alto de una pequeña colina, en la cima hay un gran roble y me dice que Don Abel descansa ahí.<br />Avanzo unos cien metros, colina arriba, y volteo a ver la vista de la hacienda. El verde es impresionante, el ambiente pacífico del lugar es indescriptible. Veo que la piscina de truchas es llenada con agua que proviene directamente del río, creo que es genial. Diviso a la señora, que está parada observándome, junto a Joaquín. Le dice algo al muchacho y este entra corriendo a la casa.<br />Sigo mi camino y poco a poco voy acercándome al roble que cada vez se hace más grande, sus hojas caídas, marchitas y secas por el otoño, me informan que ya falta poco para llegar.<br />Cuando estoy en la cima veo el roble pero no a Don Abel. Me acerco al árbol, le doy la vuelta a su grandísimo tronco y me quedo tieso, impávido, me siento algo mareado, me tiemblan las piernas, empiezo a sudar un poco, mis ojos se ponen acuosos: veo una lápida en el suelo al pie de tronco.<br />Camino, con mucho esfuerzo, hasta quedar delante de la inscripción de la lápida. En ella está escrito: “Abel Leandro Roca Jáuregui, 1926-2008”.<br />Caigo de rodillas, golpeo con los puños el gras del suelo, cierro los ojos y lloro, amargamente, por largo rato.<br />Luego de renegar y de perder la cordura, por un momento, escucho unos pasos que se acercan desde atrás de mí. Volteo y veo a Ofelia, con listones blanquitos en el cabello que danzan al ritmo del viento y con una cajita de zapatos entre sus manos.<br /><br /><em>- Mi abuelito, antes de morir, me dijo que guarde bien esto y que cuando vengas te lo entregue</em>.—me dijo Ofelia.<br /><em>- No sabía que eras su nieta</em>.—le dije, mientras me secaba las lágrimas, con la manga de mi casaca, y recibía la cajita que me entrega.<br /><br />Destapé la cajita y dentro de ella había una nota, un pedacito de tela, una canica, una piedrita y una muy chiquita y vieja monedita.<br />Cogí la nota, la abrí y dentro decía:</div><br /><div>"Cuando la vida parece que te aplasta es por que realmente te está preparando para recibir un gran don. Tu destino ya está dibujado en un camino claramente iluminado. Las preguntas son dudas, no siempre se hayan las respuestas detrás de una interrogante, reemplázalas por actos de fe.<br />*La tela es un amigo, el amigo de nuestra piel. Nos protege del frió, de la inclemencia del sol y de las distintas adversidades del clima; así, como la tela en nuestro cuerpo, el amigo siempre está de nuestro lado para afrontar las distintas condiciones por las que pasemos. Siempre seré tu amigo y tu debes ser amigo de las personas.<br />*La canica me recuerda mi etapa de niñez. Nunca dejé de ser niño en mi interior. En el corazón de un niño no existe ni odio ni rencor, el niño siempre será soñador y para él nada será imposible, pues, con su mente, puede llegar hasta donde se lo proponga, no tiene límites; de esta manera tu debes conservar al niño que tienes dentro, no dejes que crezca.<br />*La piedra viene de la tierra y un día a la tierra volverá. No somos muy diferentes de esta piedra y un día a la tierra volveremos. La única verdad es la muerte; por ello debemos vivir siempre a plenitud. Si no dañamos a nadie no nos dañaremos a nosotros mismos.<br />*La moneda te recuerda que todo lo que ahora tenemos, cuando llegué el día de la verdad, se quedará aquí. No tiene sentido tener posesiones innecesarias, a mucha gente le puede hacer falta.<br />Que tu vida, amigo mío, esté llena de sueños cumplidos. Nos vamos a volver a ver y ahí lo sabrás".<br />Tenía ganas de llorar nuevamente.<br /></div><br /><div>Oí que alguien se acercaba corriendo. Joaquín llegó, se quedó parado junto a su hermanita y me entregó un ramo de lirios.<br /><br /><em>- Al abuelo le gustaban mucho. Mi mamá me dijo, que con los diez soles que pagaste de más por los caballos, compre estas flores para que las puedas poner en la tumba.<br /></em><br />El olor de esas flores y la frescura que percibí me hizo saber que Naslorga estaba conmigo. Miré hacia el cielo, las ramas del roble no me dejaban verlo a plenitud. Entre unas ramas y gracias al despejado cielo del lugar pude ver a mi Luna. Fanlu me hizo esbozar una sonrisa y me hizo hacer, en total silencio, una oración.<br />Dejé las flores y volteé a verlos, aún estaba de rodillas.<br /><br /><em>- Mi abuela Hermelinda está sirviendo el almuerzo. Quiere te quedes y nos acompañes</em>.—me dijo Joaquín.<br /><em>- Está bien</em>.—le respondí.<br /></div><div>Ofelia se me acercó corriendo, me dio un abrazo y me estiró la mano para ayudarme a ponerme en pie.<br />En el almuerzo me contaron historias de la juventud de Don Abel. Me dijeron que el hablaba de vez en cuando de mí.<br />Tomamos mate, me enseñaron los animales del lugar y paseamos hasta que llegó la noche.<br />La señora Hermelinda, al ver que ya era tarde, me dijo que podía quedarme en uno de los cuartos del hospedaje. Recogí la mochila, que había dejado en la recepción y fui a la habitación. Me quedé dormido ni bien puse la cabeza sobre la almohada.<br /><br />Al día siguiente, acompañado por Ofelia y Joaquín, hicimos el viaje de regreso.<br />Me despedí de los caballos, fui a agradecerle el detalle de las flores a la mamá de los chicos que, me dijo, se llama Esther. Me regaló un mate y mandó a la casa a los chicos por que tenían que alistarse para ir al colegio. Regresaron al rato, ya uniformados, y me acompañaron a tomar la combi que me llevaría hasta el paradero del bus que me traería de regreso a Lima.<br /></div><div>Ahora, sentado frente a la computadora, con la cajita de Don Abel a mi costado, mientras transcribo la historia que hice en el bus, vuelvo a llorar. Es por felicidad.</div>Nanohttp://www.blogger.com/profile/02421911892978057619noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-4918852064911378641.post-23077102181934740722008-05-27T17:43:00.003-05:002008-05-27T17:53:03.300-05:00Fanlu pide la palabra<a href="http://bp2.blogger.com/_nW4kVQSWWE8/SDyQJXuzgGI/AAAAAAAAAIg/xQqzvjEZpFg/s1600-h/Fanlu+pide+la+palabra.bmp"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5205193759997001826" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_nW4kVQSWWE8/SDyQJXuzgGI/AAAAAAAAAIg/xQqzvjEZpFg/s400/Fanlu+pide+la+palabra.bmp" border="0" /></a><br /><div>Hasta ayer, antes de acostarme, tenía en mente publicar hoy un post totalmente diferente; sin embargo, el sueño que tuve me hizo desistir de esa idea. En este sueño me encontré con Don Abel, un muy buen hombre a quién conocí en un viaje que realicé hace poco (ver post <a href="http://cuadernoblanco-nano.blogspot.com/2008/04/el-secreto-san-patricio.html">El secreto San Patricio</a>). Lo raro es que no entendía bien lo que me quería decir, no lograba escuchar bien cuales eran sus palabras. A favor de la tranquilidad debo decir que sus expresiones eran calmas.</div><div>Entonces <a href="http://cuadernoblanco-nano.blogspot.com/2008/02/fanlu-y-yo.html">Fanlu</a> regresó de sus merecidas vacaciones y me hizo recordar las frases que este hombre sabio, a quien yo considero mágico, me dijo antes de despedirnos.<br />Fanlu me exige que vayamos a visitarlo a San Patricio. Creo que voy a hacerle caso y correré el riesgo.</div><div>Espero sanarme pronto de esta fuerte gripe raspa garganta, no quiero contagiar a Don Abel.</div>Nanohttp://www.blogger.com/profile/02421911892978057619noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-4918852064911378641.post-56403136397444419032008-05-19T18:13:00.009-05:002008-05-19T19:18:23.909-05:00Yo también puedo<a href="http://bp3.blogger.com/_nW4kVQSWWE8/SDIKBg2dp_I/AAAAAAAAAII/f09iJk_Tzvg/s1600-h/dibujo+mano+pau.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5202231540680861682" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_nW4kVQSWWE8/SDIKBg2dp_I/AAAAAAAAAII/f09iJk_Tzvg/s400/dibujo+mano+pau.jpg" border="0" /></a><br /><div>Normalmente no puedo dormir si es que la televisión no está encendida, programo el apagado automático y me arrullo con las luces y soniditos. Intenté sacarle la vuelta a esta absurda necesidad poniendo la radio pero el resultado fue peor: me quedé dormido con un artefacto eléctrico encendido toda la noche... que daño!!.<br />¿Cuánto dióxido de carbono se habrá creado aquella noche producto de mi irresponsabilidad?<br />Ayer por la noche, siguiendo los consejos de mi Estrella, me metí a la cama con un mp3 que Ella me había preparado con mucho cariño. Las canciones de aquel aparatito llegaban gracias a un gentil auspicio de Ricardo Arjona, Alberto plaza, Juan Luis Guerra y más de este tipo de cantantes.<br /><br /><em>- ¿Por qué me haces escuchar ésta música?.—</em>le pregunto.<br /><em>- Te hará dormir, ya verás. Además así puedes desenchufar los artefactos del cuarto y evitas la emisión de gases que producen el efecto invernadero</em>.—me dijo.<br /><br />Ella es genial, piensa en todo, a veces incluso piensa por mí. Sin duda hace mi vida mejor.<br />Le hago caso, me acurruco a su costado, le doy su besito de buenas noches y enciendo el mp3.<br />Escucho por largo rato y con mucha atención la letra de las canciones de los cantautores ya mencionados; sin embargo, lejos de darme sueño, despiertan en mí al ser criticón que todos llevamos dentro.<br />Pienso que sus canciones son demasiado repetitivas, fáciles de adivinar, poco sorpresivas, planas, incluso demasiado cursis. ¿Seré yo cursi también con algunas cosas que escribo?. Espero que no.<br />Pasaron cerca de cuatro horas y yo seguía escuchando a los marcianos estos. Volteaba a verla y Ella dormía rico, con la boquita media abierta, con sus cabellos largos reposando desinteresados sobre la almohada. Entonces ahí es cuando me ilumino.<br />Si yo quisiera también podría hacer canciones como Ricardo Arjona, las pasarían en las radios románticas que tienen a locutores que hablan bajito pero con voz gruesa, las señoras me escucharían mientras preparan el almuerzo y las secretarias esperarían ansiosas mi próximo hit.<br />Salí de la cama, con movimientos lentos para no sacudirla mucho y que Ella no despierte, fui a la sala, tomé una hoja en blanco, como hace tiempo no lo hacía, un lapicero que encontré en un cajón y empecé a escribir una canción de amor muy al estilo de aquellos artistas: </div><div><br /><strong>PRIMERA ESTROFA</strong><span style="font-family:verdana;"> </span><span style="font-family:arial;">(que sea sentimental pero con algo de humor)</span><br />Estoy padeciendo la enfermedad más grave de todas,<br />la que contagia al mundo y que aun no tiene cura,<br />que si te llega seguro hará que despejes tus dudas<br />para no pensar en vano y planear una vida futura.<br />Puedes ir por el mundo y por varios caminos<br />pero al final el virus estará en todos los destinos<br />tratando de atraparte y así derrotarte<br />Logrando al fin que de su clan seas parte<br /><strong>CORO</strong> <span style="font-family:times new roman;">(</span><span style="font-family:arial;">Tiene que tener rimas bobas)</span><br />Estoy enfermo de amor (voces de tres mujeres juntas) </div><div>salvenme por favor (yo solo)<br />Estoy enfermo de amor (voces de tres mujeres juntas)</div><div>no quiero sentir dolor (yo solo)<br />Estoy enfermo de amor (voces de tres mujeres juntas)</div><div>en verdad tengo temor (yo solo)<br />Estoy enfermo de amor (voces de tres mujeres juntas)</div><div>lo vivo a todo color (yo solo) </div><div></div><div><strong>SEGUNDA ESTROFA</strong><span style="font-family:arial;"> (pegajosa hasta el hartazgo)</span></div><div></div><div>Si el hombre va a la Luna yo te llevaría<br />para que en otros mundos la vida sonría.<br />Si faltara alguna cosa tu serás suficiente<br />Sintiendo la dicha en todo el ambiente.</div><div></div><div>Solo te pido que me tengas cuidado<br />pues el virus antes ya me había llegado,<br />lo dejé ir y lloré muy desconsolado<br />Y felizmente ahora vuelve a mi lado. </div><div></div><div><strong></strong></div><div><strong></strong></div><div><strong></strong></div><div><strong>CORO</strong> <span style="font-family:arial;">(Tiene que tener las mismas rimas bobas)</span></div><div><span style="font-family:arial;"></span></div><div>Estoy enfermo de amor (voces de tres mujeres juntas)<br />salvenme por favor (yo solo) </div><div></div><div></div><div></div><div></div><div>Estoy enfermo de amor (voces de tres mujeres juntas)<br />no quiero sentir dolor (yo solo) </div><div></div><div></div><div></div><div></div><div>Estoy enfermo de amor (voces de tres mujeres juntas)<br />en verdad tengo temor (yo solo) </div><div></div><div></div><div></div><div></div><div>Estoy enfermo de amor (voces de tres mujeres juntas)<br />lo vivo a todo color (yo solo)</div><div><br />Estuve a punto de ir por la guitarra para ponerle música a la canción. Reaccioné y me di cuenta que desde la entrada de la sala Ella me observaba, no sabía hace cuanto rato estaba ahí.<br /><br /><em>- ¿Qué haces despierta?.—</em>le digo.<br />- Venía a ver como ibas con la canción.<br /><em>- ¿Cómo sabes que estoy haciendo una canción?<br />- Por que te conozco. Sabía que pensarías que esa música es tonta, que cualquiera podría hacer eso y que inmediatamente, para demostrarte a ti mismo que puedes, te pondrías a hacer una canción de ese tipo.<br />- Mira me quedó chistosa, te la voy a cantar....—</em>no me deja terminar de hablar y plaff me cae un lapo.<br /><em>- ¿Nunca te haz puesto a pensar que si duermes poco es por algo?. En lugar de dejar pasar ese tiempo y desaprovecharlo deberías emplearlo en hacer algo productivo como escribir. Aprovecha tu vocación y tu talento, no dejes que se pierda con tu falta de sueño. Escribe a mano, como se hizo siempre, luego ya lo puedes pasar a la computadora, así no es necesario que la tengas prendida por mucho tiempo.<br />- Por eso me diste a escuchar esto. Me conoces perfectamente, incluso sabes como voy a reaccionar antes de que las cosas ocurran.</em><br /><br />Me dio un besito en la frente, acarició mi cabeza y con la otra mano me dio un apretoncito a modo de masaje en el cuello. Me dijo que no demore en ir a la cama, que hacía frío y que Ella no puede dormir en paz si no estoy a su lado. Le dije que iba en seguida.<br />Me quedé unos segundos más en la sala, parado junto al interruptor de la luz, pensando que Ella tenía razón. Lo único que tengo que hacer es escribir y escribir, crear más proyectos y ayudar de una u otra manera a mi país, a mi mundo, a mi gente. No siempre voy a hacer bien las cosas, me voy a equivocar, la voy a embarrar, no le caeré bien a todas las personas pero finalmente me daré cuenta que hay una sirena más por derrotar.<br /></div><div>Apagué la luz de la sala, fui caminando a oscuras por la casa hasta llegar a la habitación. Ella estaba semi echada, mirándome, con todo su precioso cabello hacia un costado, levantó la sabana y colcha de mi lado de la cama, me invitó con un gesto a recostarme. Me eché a su lado y aquella noche, recostado sobre su vientre, dormí como bebito.</div><div>************************************</div><div><strong>[[ Ilustración a cargo de la chica “aes” que no devuelve los libros que le presta la suegra y que frecuentemente me regala carcajadas con su disparatado sentido del humor: Paula Gómez (Canelones-Uruguay). Grande Pau! ]]</strong></div>Nanohttp://www.blogger.com/profile/02421911892978057619noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-4918852064911378641.post-73498623780557262832008-05-09T18:39:00.010-05:002008-05-14T12:53:44.469-05:0023 (parte final)<a href="http://bp3.blogger.com/_nW4kVQSWWE8/SCTjrqijKFI/AAAAAAAAAH4/IRs51t8cPXM/s1600-h/Fotos10031.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5198530209185474642" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_nW4kVQSWWE8/SCTjrqijKFI/AAAAAAAAAH4/IRs51t8cPXM/s400/Fotos10031.jpg" border="0" /></a> El tipo dio la orden a un empleado para que encienda el proyector, la imagen se proyectó en la pantalla que estaba sobre mi lado derecho. Era muy parecida al siguiente esquema:<br /><br /><strong></strong><div><strong></strong></div><div><strong>A=1 / B=2 / C=3 / D=4 / E=5 / F=6 / G=7 / H=8 / I=9 </strong></div><div><strong>J=10 / </strong><strong>K=11 / L=12 / M=13 / N=14 / Ñ=15 / O=16 </strong></div><div><strong>P=17 / </strong><strong>Q=18 / R=19 / S=20 / </strong><strong>T=21 / U=22 / V=23 </strong></div><div><strong>W=24 / X=25 / Y=26 / Z=27</strong> </div><div><br />El tipo se dirigía a mí en su discurso, pero hablaba por el micrófono para todo el público.<br />“Cada letra es representada por un número. Según esta tabla vamos a darte algunas muestras concretas de lo que intentamos hacerte saber, pero antes vamos a ponerte algunos ejemplos:<br />Recuerdo que un día caminaba haciendo mi meditación diaria por la playa. Es raro ver gente en la playa en otoño, pero ahí estaban ustedes escribiendo un poema. Les pregunté si podía leer, por que me encanta la literatura, ambos se extrañaron un poco pero finalmente me dijeron que sí y me dieron el papel. Conté los reglones que habían escrito y eran veintitrés. Volví a verlos y en ese instante tuve una visualización: noté que eran dos personas pero pronto serán tres; nuevamente el dos y el tres convirtiéndose en un veintitrés. Una lágrima rodó por mi mejilla y simplemente me fui, pero permanecía cerca de ustedes sin que noten mi presencia.<br />Ayer en el supermercado te vi nuevamente, pagando lo que comprabas en la caja número veintitrés. Recién entonces me quedó todo claro, tu eres el número que faltaba.”<br /><br /><em>- Disculpe. Yo no soy un número.—</em>dije acercándome al micrófono.<br /><br />Las personas empezaron a murmurar entre ellos, esta vez si se notaba el gesto de desagrado en sus rostros, no había caído nada bien mi comentario.<br />La miré a Ella. Me mostraba su dedo pulgar levantado en señal de aprobación, su sonrisa cómplice me hizo sentir seguro.<br /><br /><em>- ¿Cuál es la dirección de este lugar?.—</em>me preguntó el tipo.<br /><em>- Granja “V” salida 9, calle 14.—</em>respondí.<br /><em>- Según la tabla, ¿qué número representa a la letra “V” ?</em><br /><em>- El número 23.<br />- ¿Cuánto es 9+14?<br />- 23.<br />- ¿Necesitas más ejemplos?<br /></em><br />El minuto siguiente permanecí mudo al igual que el resto de personas en la sala. Unos se miraban sin decir nada, otros me veían a los ojos esperando la respuesta que podría dar. El tipo parado junto a mí permanecía quieto, con las manos cruzadas, observándome con tranquilidad.<br />Empecé a perder la calma, sentía como mis manos empezaban a sudar, estaba ruborizándome, mi mente me hablaba para decirme que guarde la compostura, debía responder algo simple, práctico y con sentido.<br /><br /><em>- ¿Qué es esto, una clase de matemáticas? ¿Por qué no nos dicen de una vez de que se trata todo este teatro de números?.—</em>Dijo Ella en voz alta. Estaba de pie junto a la mesa, dirigiéndose a toda la sala.<br /><br />El tipo nuevamente habla por el micrófono:<br />“La numerología es un conjunto de tradiciones y creencias de carácter místico que vive en comunión con los seres vivos, los números y las fuerzas físicas.<br />Pitágoras, en el año 530 AC , desarrolla un método que establece una relación entre los planetas y su vibración numérica a la que nombra “música de esferas”. Según este método, concluye que cada palabra tiene un sonido que vibra en consonancia con la frecuencia de los números como una faceta más de la armonía del universo y las leyes de la naturaleza.<br />La numerología se basa en que todos los números del uno al nueve tienen unas características positivas y negativas que aportan a la persona que los lleva por nacimiento, por los nombres y apellidos con que se identifica y por la firma que usa en sus actividades diarias. Los números son unos de los conceptos humanos más altos y precisos.<br />El esquema que les estoy mostrando no tiene nada que ver con numerología, ya que esta se basa en el sistema numérico decimal. Solo intento mostrarte la relación que hay entre tú y tu número y que esta más cerca de ti de lo que crees.”<br /></div><br /><div><em>- ¿Cómo se va a llamar tu hija?.—</em>me preguntó<br /><br />Yo quedé paralizado totalmente por la pregunta. ¿Como era posible que el tipo éste me hable de mi hija?. La niña de mis sueños que algún día vendrá a darme toda la vida que yo alguna vez no pude darle. Estaba a punto de golpear a ese sujeto, me estaba asustando un poco, tenía cólera por el hecho de que sepa tanto.<br /><br /><em>- Se va a llamar <span style="color:#009900;"><strong><a href="http://cuadernoblanco-nano.blogspot.com/2007/10/ariadna.html">Ariadna</a></strong></span>, va ser tan linda como su madre y la ama tanto como a la Luna.—</em>Contestó Ella por mi.<br /><br />Felizmente estaba Ella, calmando mis mares como siempre, siendo el punto de partida para mis decisiones, dándome ejemplo con su manera de ser, firme en todo momento, salvándome a cada instante, con la palabra perfecta para dominar a mi Sirena.<br /><br /><em>- Las letras de la palabra “Ariadna” y la palabra “Luna”. ¿Podrías sumar las cantidades?.—</em>Le dice el tipo.<br /><br />Ella me miró, sus lagrimas estaban a punto de derramarse. Yo sabía que Ella no podría contener el llanto; sin embargo me sorprende nuevamente. Toma una servilleta, seca sus ojos y respira muy hondo, saca de su cartera el celular, utiliza la calculadora de éste para llevar la cuenta, se toma su tiempo mientras ve la tabla y va sumando. En voz alta responde con acierto:<br /><br /><em>- Ambas suman cuarenta y nueve.<br />- ¿Podría ahora dividir cuarenta y nueve entre veintitrés?.—</em>le pregunta el tipo.<br /><em>- El resultado es 2.13<br />- Le voy a hacer una última pregunta. ¿Podría decirme la hora por favor?<br />- ... Son las 2:13 AM</em><br /><br />Ella me mira nuevamente, la sala guarda un silencio sepulcral. Se sienta y toma un sorbo de champagne. La cara de incredulidad que tenía era notoria.<br />Me doy cuenta que el tipo la mira como haciéndole saber que él ah vencido.<br />Yo me siento impotente de no poder hacer nada. Tal vez tenga razón, ese número está muy ligado a mi, durante muchos momentos de mi vida se convirtió en mi cumbre máxima.<br />Entonces Ella me mira y yo noto una lágrima rodando por su bello rostro. Hasta hoy no se si fue por miedo o por pena que Ella lloró aquella noche. Yo sabía lo que Ella podría estar pensando, sé que conoce bien la historia de mi antiguo veintitrés. Es ahí cuando me armo de valor y enfrento a la audiencia, cojo el micrófono y hablo dirigiéndome a Ella:<br /><br />“Tal vez haya algo de cierto en todo esto.<br />Un día el veintitrés fue mi esperanza, fue todo lo que tenía, me dio la vida que nunca tuve, me dio la felicidad que para entonces era desconocida. Pero, así como llegó y me lo dio todo, un día de la nada se marchó dejándolo todo inconcluso, estropeado, con mi alma destrozada y dejando que la cólera more dentro de mi por mucho tiempo. Pasé de amarlo a odiarlo tan solo para volver a amarlo nuevamente.<br />Felizmente llegó el día en que aprendí a guiarme de mi Estrella. Llegó Ella en un veintitrés también y me hizo entenderlo todo. De ti es que aprendí esto: “Se ama lo bueno y lo malo, no se puede amar por pedazos”.<br />Como dicen ustedes, –dirigiéndome a los masones esta vez— puede ser que un número rija mi vida. Sin embargo quiero declinar la invitación para formar parte de su logia, me basta con éste veintitrés que tengo ahora, que tendré siempre. Les estoy agradecido por tan increíble noche”<br /><br />Bajé del estrado.<br />Mientras me acercaba a nuestra mesa podía distinguir las tonalidades color turquesa que ella emanaba, su felicidad es cálida, sus ojos con perfecto delineado se clavan en los míos, sus ojos son mi vicio y la única dosis que necesito para mantener la fe.<br />Ella se pone de pie, me toma por el brazo, le regala una sonrisa a la audiencia y juntos nos retiramos por donde vinimos.<br />Afuera de la mansión, antes de subir al auto, rodea mi cuello con sus brazos, me mira a los ojos y me pregunta:<br /><br /><em>- ¿Crees que la Luna y Ariadna tengan algo en común?<br />- Alguna vez pudo haber similitud, lo sabes. Ahora entiendo más mi tatuaje de Ariadna: la nenita reposa en la Luna, pero con sus manos quiere llegar hacia la Estrella. Todo comienza a tener sentido hoy.</em><br /><br />Subimos al auto, manejé de regreso a casa por la carretera oscura, Ella reposaba su cabeza sobre mi hombro y cantaba, con su mágica voz, las melodías que desaparecen a mi <a href="http://cuadernoblanco-nano.blogspot.com/2008/01/qantrish.html">Sirena</a>.<br /><br />Llegamos a casa, el gato dormía sobre el sofá, ninguno tenía sueño.<br />Nos pasamos sin dormir y conversando, de todo un poco, durante las siguientes veintitrés horas.</div><div></div><div></div><div></div><div></div><div>**************************** </div><div></div><div></div><div><strong></strong></div><div><strong></strong></div><div><strong>[[ Ilustración a cargo de mi gran amiga, siempre confiable, amable y últimamente muy estresada, pero no por ello mala onda: Paula Gómez (Canelones-Uruguay). Grande Pau! ]]</strong> </div><div></div>Nanohttp://www.blogger.com/profile/02421911892978057619noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-4918852064911378641.post-675334786518878822008-05-02T19:42:00.003-05:002008-05-02T19:52:13.645-05:0023 (segunda parte)<a href="http://bp1.blogger.com/_nW4kVQSWWE8/SBu3HkYOdCI/AAAAAAAAAHQ/Gpn7KTjkNV0/s1600-h/masones2.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5195947935754253346" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_nW4kVQSWWE8/SBu3HkYOdCI/AAAAAAAAAHQ/Gpn7KTjkNV0/s400/masones2.jpg" border="0" /></a><br /><div><em>- No puedo dormir.—</em>Me dijo.<br /></div><br /><div>Abrí los ojos con mucho esfuerzo para mirar los numeritos rojos del despertador que está en la mesita, al lado de mi lugar en la cama. Eran casi las cuatro de la madrugada.<br /><em></em></div><br /><div><em>- ¿Qué pasa?<br />- No estoy segura, siento algo raro, no hago más que dar vueltas en la cama.<br /></em><br />Recordé las primeras noches que pasé cuando recién llegué. Vi en su rostro la misma expresión de incomodidad que yo tenía. Ella siempre se esforzó por hacerme sentir como rey, por que no me falte nada y tenga todo al alcance. Estoy muy agradecido por su desinteresado y confiable amor, por su lealtad, por la tranquilidad que me daba con cada una de sus acciones y por las lecciones que bien he podido aprender de ella. Me enseñó con ejemplo, me hizo entender la forma incondicional del amor y saber que se ama lo bueno y lo malo, que no se puede amar por pedazos. Me enseñó que la palabra “amor” es gigante y que merece mucho respeto, no se le puede utilizar irresponsablemente. Aprendí con ella a salir de mis miserias, superé los engaños y mentiras del pasado, dejé de sentirme pisoteado.<br /><br /><em>- Tampoco tengo mucho sueño.—</em>le dije— <em>¿Qué te parece si nos quedamos conversando hasta que nos quedemos dormidos? Así como hicimos cuando nos conocimos. ¿Recuerdas las más de cuarenta y ocho horas que pasamos sin dormir cuando hicimos el voluntariado?<br />- Si. Tenía miedo de cerrar los ojos y no poder seguir viviendo eso que vivía junto a ti, creo que me contagiaste tu insomnio.<br />- No, más bien fuiste tu la que me enseñaste a curarlo, eres mi medicina.<br />- ¿Quedó una botella de vino?<br />- Sí y los chocolates de pucca. ¿Subo dos copitas?.<br />- Ya, mostro! No te demores por fa.</em><br /><br />No hay palabras para explicar lo que sentí al verla sentarse de un salto en la cama, llena de felicidad. En ese momento la habitación se convirtió en una perfecta obra de arte, viví la aceleración cardiaca mas sobre saltante de toda mi vida: Manitas cruzadas reposando en su vientre, sus piernas abrigadas bajo la sábana, la calidez perfectamente dibujada en su media sonrisa y los ojitos brillándole. Bajé corriendo a subir el vino, las copas y los chocolatines.<br /><br />Vimos llegar el primer rayo de sol sentados en el piso del balcón, bebiendo las últimas copas. Nos duchamos. Ella me escogió la ropa para ese día y yo hice lo mismo con ella, hasta dejó que la maquille. Bajamos a la cocina, preparamos los huevitos revueltos mañaneros, las tostadas y el café.<br /><br /><em>- ¿Gordo, por que no llamas de una vez al tipo ese?<br />- No se. No se que decirle.<br />- Pregúntale que quiere y ya.</em><br /><br />Cogió el teléfono inalámbrico, marcó el número, puso el altavoz y lo dejó apoyado en la mesita de la cocina. Los nervios me entraron cuando oí timbrar el teléfono.<br /><br /><em>- Aló.—</em>Contestó aquella gruesa voz.<br /><em>- Buenos días. Ayer usted me habló sobre una logia, en el supermercado y llamaba para...<br />- ¿Tienes tiempo hoy por la noche?. Me gustaría que asistas a una cena.<br />- Mmm... a ver un ratito.</em><br /></div><br /><div>Volteé a verla para saber que responderle, me encogí de hombros esperando respuestas. Ella lo pensó unos segundos y me dijo que sí con la cabeza.<br /><br /><em>- ¿Puedo ir acompañado?.<br />- ¿Es una persona de confianza?.—</em>Peguntó el tipo.<br />-<em> Si, claro, vivo con Ella.<br />- Perfecto entonces. Apunta la dirección: Granja “V” salida 9, calle 14<br />- Eso es lejos, es a las afueras de la ciudad.<br />- Puedo mandar un auto a que los recoja si gusta.<br />- No, no es necesario, iremos en el nuestro.<br />- Los espero a las ocho entonces.<br />- ¿Por quien debo preguntar?</em><br /><em>- Solo muestra la tarjeta que tienes y di que tu mesa es la número veintitrés.<br />- Listo, ahí estaremos. Hasta la noche.<br />- Adiós.</em><br /><br />Sabíamos que todo ello era muy raro, nunca nos mencionó su nombre y nos había invitado a una cena. Lejos de asustarnos, como ya era costumbre nuestra, decidimos correr el riesgo e ir.<br />El día pasó rápido. Fuimos a que se compre zapatos, por que la mujeres por inercia compran zapatos para los compromisos, regresamos a la casa antes del medio día y nos quedamos dormidos.<br />Felizmente el gato se subió a la cama y nos despertó cerca de las seis de la tarde, nos dio el tiempo justo para alistarnos. Ella en su lindo vestido color miel y zapatos nuevos, yo con el terno negro y ya estábamos listos para salir a aquella cita incógnita.<br /><br />La autopista estaba cómoda, fácil de transitar y con poco tráfico. El lugar quedaba lejos de nuestra casa, como a una hora en auto, no fue sencillo dar con la dirección, estaba en un lugar algo solitario, muy calmo, rodeado de bastante vegetación. Tomamos la salida 9 y luego volteamos por la calle 14, que era un camino de tierra, como se nos había indicado.<br /><br />Al final de un pequeño túnel donde terminaba la calle y flanqueada por cuatro enormes árboles de pino, que eran similares a torreones de vigilancia, nos encontramos con una enorme mansión de tres pisos. Habían otros autos estacionados y para nuestra suerte solo un lugar quedaba vacío en el cual dejamos el nuestro.<br />Bajamos algo intimidados por la grandeza del lugar. Nos miramos y con un gesto nos dijimos mutuamente que debíamos continuar. Subimos la pequeña escalinata y metros antes de la puerta nos abrió y dio la bienvenida un tipo con fachas de mayordomo. Le di la tarjeta y dije que nuestra mesa era la número veintitrés. Fuimos guiados por un largo pasadizo, lujoso hasta en los detalles mínimos, finamente adornado con lámparas grandes, mesas de bronce con mármol y cuadros de exquisito diseño. Al final del pasadizo una gran puerta de dos alas se abrió de la misma manera como había ocurrido con la puerta de la entrada.<br />Tras la puerta un majestuoso y amplio salón, en el centro del mismo y formando un circulo estaban las mesas redondas, cada una de ellas con su respectivo número y frente a las mesas un pequeño estrado. Todas las mesas estaban ocupadas por parejas, todos mayores a cuarenta años. Solo quedaba vacía una mesa, la que tenía nuestro número, la veintitrés.<br />La gente se sorprendió al vernos entrar, no era la típica cara de sorpresa desagradable, más bien fue todo lo contrario, parece que nuestra presencia caía bien.<br />Ella me tomó la mano muy fuerte. El otro mayordomo, quien nos abrió la puerta del gran salón, nos condujo hasta nuestra mesa mientras nuestros pasos eran seguidos con mirada atenta por la gente del lugar. Los mozos llenaron nuestras copas con champagne.<br />Buscaba con la mirada al tipo raro de la tarjeta pero no podía ubicarlo. Ella miraba en todas direcciones y no soltaba mi mano.<br />Las luces del salón se hicieron bajas y se encendieron las del escenario. Se corrió el telón y se pudo apreciar un pequeño atril con un micrófono. Del costado izquierdo salió el tipo a quien ambos esperábamos ver, el mismo de quien yo había recibido las palmaditas en el supermercado y me había dado la tarjetita, el mismo a quien ella había visto cuando íbamos al café y una noche rondando la casa cuando sacaba la basura.<br />Se paró frente a todos y hablando por el micrófono, con su voz gruesa, dijo:<br /><br />“Buenas noches a todos, es un placer volverlos a ver. Como ya se habrán dado cuenta esta noche se cierra el circulo, ya no queda vacía ninguna mesa. Hoy, finalmente, la logia está completa”<br /><br /><em>- A donde hemos venido a parar</em>.—Le dije a Ella.<br /><em>- Vamos a escuchar a estos locos hablar y luego nos vamos nomás.—</em>Me respondió.<br /><br />El tipo dirigió su mirada hacia nosotros y continuó hablando:<br />“La incredulidad fue lo primero que todos tuvimos que vencer. Nadie pudo asimilar de manera sencilla el poder de su número, nadie vio al principio como su destino se dibujaba tras los trazos de nuestras cifras, nuestros ojos no ven más que líneas y curvas en los números, la mente no siempre nos da toda la información.”<br /><em></em></div><br /><div><em>- Por favor ven acá adelante para poder presentarte</em>.—dijo dirigiéndose a mi.<br /><br />Ella me miró, soltó mi mano lentamente y con la cabeza me indicó que vaya. Le hice caso.<br />La gente se puso de pie y aplaudían mi caminar hacia el pequeño estrado, yo de los nervios abotonaba los botones ya abotonados de mi saco, podía sentir como me iba poniendo colorado de la vergüenza. Subí las cuatro gradas con miedo a caerme y finalmente estuve parado frente a toda esa gente sin saber que rayos hacía ahí.<br />El tipo me dio la mano a manera de saludo y me invitó a pararme a su costado. Luego continuó hablándole a la gente:<br />“Ahora le toca a él darse cuenta de que no está aquí en vano. Vamos a ponerle varios ejemplos hasta que entienda que no es coincidencia solamente”<br /><br /><em>- ¿Te parece si empezamos?.—</em>me dijo el tipo.<br /><br />La gente aplaudió dándome ánimos. Yo la miré a Ella, me dijo que sí con la cabeza, me transmitió con su mirada tierna que todo estaría bien y me guiñó un ojo.<br /><br /><em>- Bueno, veamos de que se trata todo esto</em>.—respondí.<br /></div><br /><div><strong>CONTINUARÁ.</strong></div>Nanohttp://www.blogger.com/profile/02421911892978057619noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-4918852064911378641.post-7677883401732581982008-04-18T14:12:00.005-05:002008-04-18T14:55:59.892-05:0023<a href="http://bp1.blogger.com/_nW4kVQSWWE8/SAj45wFcSbI/AAAAAAAAAHI/BlXmfxXYjYc/s1600-h/la-masoneria[1].JPG"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5190672241588455858" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_nW4kVQSWWE8/SAj45wFcSbI/AAAAAAAAAHI/BlXmfxXYjYc/s400/la-masoneria%5B1%5D.JPG" border="0" /></a><br /><div><a href="http://bp3.blogger.com/_nW4kVQSWWE8/SAj23QFcSaI/AAAAAAAAAHA/D8RVZed1p78/s1600-h/la-masoneria[1].JPG"></a><em>- Solo basta que digas que sí para que seas parte de la logia</em>.—Me dijo ese señor.<br /><em>- ¿Ah, que logia?. ¿Nos conocemos?. Creo que me confunde con alguien</em>.<br /><em>- Es normal que tengas dudas. Tomate el tiempo que necesites para pensarlo, te dejo mi número de teléfono y cualquier cosa me avisas</em>.<br /><br />El tipo me dio su tarjeta personal con todos sus números de teléfono, estrechó fuertemente mi mano, cargó sus bolsas, me dio una palmadita en la espalda y se marchó perdiéndose entre los autos del estacionamiento. Pagué en la caja registradora las botellas de vino, el queso, los chocolates en forma de pucca y, con mucha vergüenza, las toallas higiénicas que me habían encargado. Salí raudo del supermercado a ver si el tipo seguía por ahí; no había señal de él. Hice sonar el fascinante y divertido “chu chui chu chuc” de la alarma del auto, guardé las bolsitas en la maletera y regresé a la casa.<br /><br />Lo suponía. Tal como había imaginado.<br />Cuando llegué a casa me preguntó por que me había demorado tanto. Le conté sobre la riquísima degustación de quesos y la empachada que me había metido con los mismos. Además seleccionar el vino no era cosa sencilla, tuve que nadar entre mares de borgoñas, tintos, secos, etc... eso y que se me baje lo picadito que me puse antes de manejar.<br /><em>- Y seguro que también andabas de coqueteo en coqueteo con las degustadoras</em>.—Me cayó un lapo.<br />- <em>No mai lof, yo solo tengo ojos para ti.—</em>Le dije. La abracé desde atrás, tomé su cintura y le dí besitos en cuellito hasta que se le borró el puchero y se puso contenta. “Son esos días, tengo que ser paciente nomás”—me repetía.<br /><br />Descorchaba una botella mientras ella partía los cuadritos de queso. Jack Jhonson y su melódica guitarrita sonaba a volumen bajito.<br /><em>- Antes de hacer cola para pagar en caja se me acercó un tipo raro, como de unos cuarenta años, me dio su tarjeta. Mira<br />- Uhmm... ¿que quería?<br />- Me dijo de la nada que sería un honor si acepto ser parte de su logia.<br />- ¿Logia de que?<br />- Es lo que no sé.<br />- ¿Por casualidad no era bien alto, canoso, de barba candado también cana y con los dientes del medio bien separados?<br />- ¡Ala shit!... si. ¿Cómo sabes?<br />- Seguro es el raro ese que se nos acercó cuando escribíamos el poema en la playa. ¿Recuerdas que pidió leer lo que escribíamos, que le cayó una lágrima mientras nos sonreía y que luego nos devolvió el papel y así, sin decir nada, se fue?<br />- A miércoles, verdad.<br />- No quería decirte nada gordo, para no alarmarte, pero creo que lo he visto algunas veces más. Una vez se me hizo raro verlo sentado en el café al que vamos y me parece haberlo visto también un día que sacaba la basura. Creí que era coincidencia nomás o cosa mía, pero ya esto esta muy tenso.<br />- Bueno, no quería soltarla así nomás, pero creo que es Masón. Tenía simbología de aquello tatuado cerca de su mano y un anillo con la figura del ojo dentro de la pirámide.<br />- ¿Que es un Masón?<br />- Ala, tendríamos que hacer un viaje siglos atrás y volver hasta hoy para que lo entiendas de la mejor manera posible.<br />- Bueno, entonces empieza a contar que ya sabes que me gusta oírte hablar de estos cosos.<br /></em><br />Llevamos las copas, la botella y los muchos cuadraditos de queso hasta la mesita de la sala. Encendió un incienso, bajó un poco la luz y nos sentamos en el sofá largo.<br />Me preguntó si estaba listo. Le dije que sí. Pregunté lo mismo y respondió afirmativamente.<br /><br />Le cuento que la masonería es una asociación secreta de larga historia y que existe en todo el mundo. Su nombre se origina de la voz francesa “maÇon” (que quiere decir albañil), por que los masones usan simbología de esta muy antigua profesión, como escuadras, niveles, etc. También se emplea el nombre de “francmasonería” para designar a las asociaciones de masones. La palabra procede de que los albañiles medievales, al ser aceptados por las corporaciones de artesanos, quedaban libres o francos para ejercer su arte.<br /><br /><em>- Si señor que quiere ser lingüista</em>,—interrumpe—<em>eso de las palabras ya te he dicho que es más que interesante, pero yo quiero saber en verdad que son los masones.<br />- Pero mai lof, tengo que ir poquito por poquito, como una bonita historia.<br />- Disculpa, ya se que me pongo chinche cuando estoy con... ya sabes.<br />- Si chinchocienta, ya se</em>.<br /><em>- Ja!... "chinchocienta", ya sonso sigue</em>.—Me tira un cojín, me da un piquito, decimos salud chocando las copas, bebemos vinito y luego continúo:<br /><br />En la edad media, los albañiles viajaban frecuentemente a otros países según las posibilidades de trabajo que les ofrecían.<br />Dada su habilidad y maestría eran solicitados en los centros importantes de construcción, como los castillos, palacios, abadías, etc. No podían existir corporaciones locales de albañiles debido al carácter migratorio de sus miembros. Estos obreros tenían por costumbre tomar una casa o logia en el lugar donde se establecían temporalmente. La logia era usada para el descanso del medio día, para celebrar reuniones después de las horas de trabajo y como centro de intercambio de información. Conversaban, acordaban los precios de los jornales y discutían los secretos de su arte. En esa época eran guardados muy celosamente los secretos de cualquier arte manual por los maestros y nunca se divulgaba más que a los iniciados en el oficio. Es de esta costumbre que surge el carácter secreto de estas primeras asociaciones de maestros albañiles.<br />Hay constancia histórica de estas primeras logias, principalmente inglesas, que datan desde finales del siglo XIV. En ellas describe al arte de la albañilería, que según tales documentos se originó en Egipto, y se enumeran los ritos de la asociación.<br />Años más tarde, probablemente en el siglo XVI, las logias masónicas se vuelven más secretas. Con el fin de distinguir a los aprendices de los obreros, los maestros usaban signos y contraseñas entre sí. Probablemente este sea el origen de los signos de la actual masonería.<br />En algunos países el vulgo atribuyó a estos signos ciertos poderes diabólicos o sobrenaturales.<br /><br /><em>- Tarados. Nunca faltan los viejos cucufatos que andan hablando tontería y media</em>.—Me dice.<br />-<em> Si. Son tan cerrados en su creencia que no son capaces de ver más allá de su horizonte.<br />- Que interesante gordo. Pero no se que tiene que ver esto con el tipo de la tarjeta.<br />- Es que aún no terminé, eso solo fue la etapa medieval.<br />- ¿Qué hay más? Bueno sigue por fa, pero antes dame un beso.<br /></em><br />Un dulce besote, más quesito rico, nuevamente el salud y la chocadita de copas. Le sigo contando mientras ella escucha atenta y me mira con sus preciosos ojos, se acomoda el cabello tras la oreja, toma mi mano y yo prosigo:<br /><br />En la edad media las logias eran compuestas exclusivamente por obreros u operarios. A comienzos del siglo XVII algunas logias comenzaron a admitir personas ajenas a la profesión. En Escocia e Inglaterra ingresaron a las logias masónicas muchos miembros de la nobleza y de las profesiones liberales. Con el paso del tiempo, los obreros manuales fueron perdiendo importancia y surgieron asociaciones conformadas únicamente por personas no trabajadoras.<br />En 1717 se crea en Inglaterra LA GRAN LOGIA para unificar a todas las corporaciones aisladas y la práctica se difunde muy rápido por toda Europa.<br />En el siglo XVIII la masonería cobra gran auge no solo en Europa, si no también en Asia y América. Una de las principales características de la masonería en esta época fue el enorme número de personas aristócratas que participaban en el movimiento. Se dice que esto se debe a la difusión del iluminismo por toda Europa. Ese ambiente intelectual se caracterizaba por la fe en la ciencia y el progreso, por la confianza en el uso de la razón y por la aspiración de un entendimiento universal entre todas las personas.<br />Las reformas económicas y políticas encontraron sólido apoyo en las asociaciones masónicas. Más tarde estas logias participaron de manera secreta en las conspiraciones y en los movimientos independentistas.<br />En la época en que las logias eran conformadas solo por obreros, los masones jamás tuvieron problemas de carácter religioso. Es después de la reforma religiosa (siglo XVI) que muchas logias adoptan el principio de aceptar a miembros de las diversas sectas protestantes. En el siglo XVIII, con el crecimiento del movimiento, se hizo más flexible la política de las logias hacia el aspecto religioso. Era indispensable que los miembros creyeran en un ser supremo y en una religión natural, luego fueron admitidos los judíos en 1723. Solo a ateos y agnósticos se les tiene prohibida la entrada a las sociedades masónicas.<br />La iglesia católica y algunos gobiernos son contrarios a la masonería. El papa Clemente XII condenó la institución en el año de 1783 y prohibió afiliarse a la misma.<br /><br /><em>- Eso es lo que no me gusta del catolicismo, debe ser la religión más prohibitiva. No se por que la filosofía de andar asustando a los creyentes con la idea del infierno y los castigos</em>.—Me dice.<br /><em>- Bueno si. Pero en fin, cada quien se maneja como mejor le parece</em>.—Le contesto.<br /><em>- Pero te quedaste en mil setecientos no se cuantos. ¿Qué pasa en la actualidad?<br />- A ya, sucede que:<br /></em><br />La oposición de algunos gobiernos a la masonería se debe al carácter internacional y secreto de la institución. Por el contrario hay otros que siempre han permitido el funcionamiento de las logias de manera libre, sin estorbar sus actividades ni intervenir en ellas.<br />Las tendencias liberales del movimiento causaron la oposición de los monarcas absolutos de la llamada “Santa Alianza”. Hitler en Alemania y Mussolini en Italia, prohibieron la masonería durante sus gobiernos. En Rusia y en otros países sujetos a regímenes totalitarios es considerado ilegal la existencia de esta organización.<br />En Inglaterra y Estados Unidos, por ejemplo, así como en otros países democráticos, la masonería nunca ha tenido conflictos con los gobiernos. Muchos gobernantes y figuras políticas de los referidos países pertenecen a logias masónicas Es más los masones desempeñaron un papel muy importante en la guerra de independencia y en la política de Estados unidos, incluso se dice que ellos crearon el escudo del águila calva y la bandera de dicho país.<br />Ahora las logias se encuentran situadas en lugares remotos o totalmente inesperados.<br />Se calcula que el número total de masones en el mundo supera los seis millones. Muchas figuras importantes de nuestra historia han pertenecido a la masonería, como Bolívar, San Martín y José Martí.<br /><br /><em>- ¿Pero que podría querer un masón contigo gordo?—</em>dice con algo de ironía.<br /><em>- Es lo que no se, pero esos símbolos, el del tatuaje y el anillo, son totalmente masones.</em><br /><em>- Además la coincidencia de haberlo visto otras veces ya está más que sospechoso.<br />- Pucha si, me da melliitoo.—</em>Dije haciendo voz de niñito, poniendo cara de baboso y haciéndome el engreído.<br /><em>- No yo te cuido, yo te cuido</em>.—Me dice mientras me apapacha.—<em>Mejor vamos ya a la camita a descansar que es tarde. Mañana lo llamas, quedas en encontrarte con él, vamos y lo encaramos para salir de dudas de una vez y no andar con miedo.<br /></em><br />Pienso que Ella y su idea son geniales; por otro lado como decirle que no, también quiero ir a la camita. Es más que seguro que las siguientes noches en verdad descansaremos. “Es de esos días”.—Recuerdo.<br /><br /><br />CONTINUARÁ.<br /><br /><br />-------------------------------------------------------------------------------------------------<br /><br /><strong>° Fuente:<br />- Enciclopedia Barsa.<br />- Británica enciclopedia universal.<br />- Historias narradas por el abuelito.<br /></strong></div>Nanohttp://www.blogger.com/profile/02421911892978057619noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-4918852064911378641.post-46255778646040433702008-04-13T18:25:00.003-05:002008-04-13T18:44:13.651-05:00El secreto San Patricio<img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5188875966006184338" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_nW4kVQSWWE8/SAKXMwFcSZI/AAAAAAAAAG4/Xxmw3ur-daI/s400/mina.jpg" border="0" />Ofelia es una niña muy inteligente, vivaz, de ojos grandes y todavía inocentes, con postura de lady refinada y sonrisa carismática. Tiene once años y ya trabaja. Alquila caballos para paseo y es guía en el pueblo al que habíamos llegado – Camila y yo – la noche anterior.<br />Nos levantamos temprano y fuimos hacia la plaza. Allí, Ofelia nos preguntó si ya teníamos caballo para ir a conocer el pueblo y alrededores; nosotros respondimos que no, que lo primero que queríamos hacer era tomar desayuno. Nos dijo que si queríamos podíamos ir al quiosco donde su madre vende choclo con queso y ponche de maca.<br />Que buena! Choclo con queso! – dijo Camila – No se que cosa sea el ponchi o punchu con masa ese, pero quiero ir por el choclo con queso.<br />Es ponche de maca y también te va a gustar, es buenazo.—le dije.<br />Ofelia sonrió y nos dijo que la sigamos.<br />A medida que subíamos por la callecita, que estaba muy empinada, nos acercábamos a un largo quiosco cuadrado que tenía una larga barra y ésta bordeaba los cuatro lados, todas las banquitas estaban ocupadas, el lugar estaba repleto. La niña entró, le dijo algo a la señora que servía y preparaba la comida mientras nos señalaba. La señora nos saludó con la mano, nosotros respondimos el gesto. Ofelia sacó dos banquitas más, le dijo a unos chicos que se arrimaran un poco, ellos lo hicieron sin ninguna molestia y nos invitó a sentarnos. Volvió a entrar al quisco. De una gran olla de barro, que estaba sobre una cocina de carbón, sacó dos enormes, amarillos, brillosos y lindísimos choclos, cortó dos gigantescas tajadas del muy blanco y delicioso queso fresco que adornaba los mostradores, los puso sobre platitos de barro y los llevó a nuestro sitio. De otra olla, que también era de barro, sacó con un cucharón el ponche de maca y nos lo sirvió en unas graciosas tacitas... si, también de barro.<br />No se si sea el barro o no pero este brebaje esta más que bueno, aparte este choclo tiene unos granos enormes, podemos hacer pastel de choclo para ocho personas con un solo grano... y el queso!... uff, que decirte, de exportación la webá.— me dijo Camila, muy sorprendida.<br />La gente que estaba cerca, que eran lugareños, y habían escuchado el comentario empezaron a reír orgullosamente.<br />Así es señorita. —respondió un anciano que llevaba sombrero de paja. Así es cuando uno trabaja con mucho cariño y con chicha de jora encima.<br />Todos reímos.<br /><br />La gente se iba retirando luego de terminar su desayuno. Algunos se despedían dándonos la mano, otros levantaban su sombrero y agachaban un poco la cabeza, unos hacían una pequeña venia. Nos quedamos solos en el quiosco con Ofelia y su mamá.<br /><br /><em>-Bueno, ahora creo que tenemos que ir a hacer el tour en caballo. ¿No Ofelia? —</em>Le dije a la niña.<br /><em>- Anda Ofe apura, anda al establo y trae las yeguas para que lleves a los jóvenes.—</em>Le dijo la mamá a su hija.<em><br />- Mejor nosotros vamos hasta el establo con ella, cosa que así caminamos un poquito para que nos baje la comida que estoy toda llena.—</em>Dijo Camila.<br /><em>- Ya, síganme, es como a cinco minutos caminando.—</em>Nos dijo la niña.<br /><br />Llegamos al ordenadísimo y pulcro establo que sincronizada y efectivamente estaba a cinco minutos caminando.<br /><em>- Asu, cuantos caballitos tienen.—</em>Le dije a Camila.<br /><em>- Si, parece que estuvieran de hambre por que andan todos flacos los pobres.—</em>Me respondió.<em><br />- Así es el caballo cholo, –</em> nos explica Ofelia<em> – son de contextura delgada, comen bastante pero igual se les ve huesudos, como si nunca los alimentasen. A pesar de eso son más fuertes y resistentes que un caballo de carrera, pueden cargar tres veces su peso y es difícil que se canse, bien recio es. Pueden escoger en cual quieren ir.</em><br /><br />Empezamos a pasear por el lugar viendo caballitos, tratando de adivinar cual es el más dócil, cual estaba menos cansado.<br /><br /><em>- A mi me gusta el marroncito de mancha blanca en la frente.—</em>les dije.<em><br />- Yo quiero ir en este que se peina con raya al medio.—</em>dijo Camila.<br />- <em>Bueno pues, –</em> dice Ofelia <em>– esas yeguas son más fuertes que los machos, escogieron bien.<br />La de usted joven se llama Milo y la de usted señorita se llama Nana.<br />Cami y yo nos miramos, nos matamos de risa.<br /></em><br />Pasamos las siguiente cuatro horas recorriendo lugares bellísimos, bajando y subiendo de Milo y Nana, aprendiendo a atar caballos en troncos de árbol, “schuu”, “Ohh”, “Arre” eran las palabras más mencionadas.<br />No olvidaré nunca las blancas caídas de agua que regaban las laderas de los imponentes cerros verdes que nos resguardaban, la vista en miniatura del acogedor pueblo que teníamos desde lo alto del mirador, las grandes y dulces naranjas que sacamos de los árboles que estaban en el camino, el bosque de mariposas coloridas y el aroma relajante de sus flores, las enormes piedras magnéticas de los restos de edificaciones incas, ver su cabello danzar al ritmo del viento y saber que el viento venera ese precioso movimiento, poder sentir el viento frío en mi rostro, cerrar los ojos y entrar en trance con la música creada por las herraduras de los caballos al pisar, dejar que mi corazón se encienda de emoción y no tener ganas de extinguir ese fuego, ver a la Luna en el cielo despejado de aquella mañana y Naslorga danzando regocijada entre los sembríos de trigo.<br /><br />El tiempo dio exacto para conocer todos los alrededores, los quince soles gastados por cada caballo estaban bien pagados.<br /><br />- <em>¿Ahora que hacemos hasta mañana? Ya conocimos todo.—</em>le dije a Camila.<br />- <em>No se, vamos a almorzar y ahí pensamos.</em><br /><em>- Disculpen que interrumpa, pero aún no han conocido todo.—</em>dijo Ofelia<em>.— Les faltaría ir nomás al pueblito de San Patricio, ahí viven familias que se dedican a la minería, la mina esta ahí cerquita nomás. Lo malo es que San Patricio está a una hora de aquí en caballo. Por quince soles más les llevo a los dos a que conozcan si quieren.</em><br /><br />Estuvimos de acuerdo con la proposición de Ofelia y decidimos almorzar allá.<br /><br /><br />**********<br /><br /><br />Camino de trocha bien afirmada, vacas pastando, un puente para cruzar un río y tras una pequeña colina se deja ver el arco pintado en colores ocres que da la bienvenida y que informa a los visitantes que han llegado al pueblo de San Patricio.<br />Ofelia nos preguntó si queríamos almorzar antes de ir a conocer la mina. Le respondimos que si. Nos dijo que sería bueno ir con Don Abel. Dice que este señor prepara truchas de mil maneras diferentes, cuenta que cada una es un manjar total.<br />Nuevamente seguimos el consejo de Ofelia y fuimos donde ella nos recomendó.<br /><br />Don Abel tiene aproximadamente setenta años, es una de las personas más respetadas del pueblo. Luce una larga barba gris y no soporta usar zapatos, sus manos dan fe de todo el fuerte trabajo que realizó a lo largo de su vida, sus ojos son profundos y denotan sabiduría, habla de manera pausada y gesticula bastante con las manos.<br />Nos invita a pasar a su casa que es también un restaurante campestre en donde no había ningún cliente. Trae la carta que está conformada por distintos tipos de platos hechos a base de trucha. Insiste en que comamos ceviche de trucha, dice que podemos ir a la pisci-granja y que podemos escoger el pez con el cual preparará nuestro plato. Accedemos.<br />Vemos uno grande, de ojos desorbitados y panza colorada. Le decimos que queremos ese. Tira muchas migajitas de pan cerca de la orilla, los peces se acercan como locos a tragarlas, se hecha al borde de la piscina, nuestra trucha panza roja se acerca a comer y Don Abel, con gran destreza, introduce sus manos en el agua a velocidad de rayo. Ahora entre sus manos está el escurridizo y movedizo pescado.<br />Nos pide que vayamos rapidito con él a la cocina. Pone a la trucha bajo el agua que corre del caño, abre sus branquias, quita las escamas pasando el filo del cuchillo a manera de lija sobre el pescado, le quita las viseras y la cabeza, lo remoja en agua con sal, filetea de manera mecánica, el cuchillo parece parte de sus extremidades, corta ocho limones por la mitad y los exprime en un recipiente, muele ajo aplastándolo con una piedra, corta los filetes del pescado en cuadritos y los mezcla con el jugo del limón y el ajo molido. Corta en juliana unas coloradas cebollas. Dice que esperemos tres minutos que cocine un poquito la mezcla mientras el va preparando la canchita serrana.<br />Pasados los tres minutos, y habiendo incorporado ya la canchita a los platos, nos regala el mejor ceviche, el más rico que pude haber probado en toda mi vida.<br />Ofelia suspiraba acariciándose la barriga, Camila estaba sorprendida, no le gusta mucho la comida marina pero lo que acababa de comer, hasta dejar limpio el plato, era más que espectacular. Yo tenía ganas de pedir repetición.<br />Don Abel trae una jarra de chicha de jora heladita. “Es para que bajen la truchita” – nos dice y se sienta en nuestra mesa para hacernos compañía.<br /><br />- <em>Todo estuvo muy rico Don Abel, muchas gracias.—</em>le digo.<br />- <em>Sobre todo la chichita esta, me sorprendo cada vez más con las cosas que me dan de tomar</em>.—dice Camila.<br />- <em>Yo sabía que don Abel cocina siempre rico, por eso los traje aquí</em>.—comenta Ofelia.<br />- <em>Gracias jóvenes, es más rico todavía si es gratis</em> .—dice riendo Don Abel.<br />- <em>¿Cómo que gratis?</em>—decimos en coro todos, totalmente sorprendidos.<br /><em>- Claro, la temporada alta todavía empieza el otro fin de semana, recién abrí hoy por la mañana y ustedes son los primeros clientes en venir. Les regalo lo que han comido, es una costumbre que siempre me trae suerte: la primera comida que preparo siempre es de cortesía. Por favor, no me arruinen la tradición.</em><br />- <em>¿Lo dice en serio</em>?.—le pregunto.<br />- <em>Claro jóvenes, acéptenlo con mucho cariño</em>.<br />- <em>Bueno gracias, pero no me diga joven. Soy Nano.</em><br />- <em>Y Yo Camila.—</em>Le dijo sonriente y estirando su mano para estrechar la suya.<br /><br />Le cuento que queremos ir a conocer la mina. Nos pregunta si alguna vez estuvimos en una. Le digo que con las justas fui a la que está en el parque de las leyendas y que lo único que salva esa visita aburrida es el simulador de ascensor que hay ahí.<br /><br /><em>- ¿Son bautizados?—</em>Pregunta Don Abel.<br />Todos movemos la cabeza afirmativamente.<br />-<em> ¿A que viene esa pregunta?—</em>Dice Camila.<br />-<em> No me gustaría que tengan problemas con El Muqui.</em><br />-<em> ¿Quién es Muqui?—</em>Pregunto.<br />-<em> El Muqui es un duende que habita las minas de toda la sierra del país. Aquí muchas personas han sufrido por culpa de este ser. Algunos bebés desaparecieron, se perdía ganado de manera ilógica, incluso algunos mineros han intentado ser llevados a las profundidades de las minas, es pequeño pero tiene mucha fuerza y así los arrastra hasta el fondo, hacía la oscuridad. A esa gente no se les vuelve a ver.</em><br />- <em>¿Pero que no son puros cuentos eso?—</em>dice Camila.<br />- <em>No hija, a mi me pasó. Cuando era joven trabajaba hasta muy tarde en la mina y a veces me quedaba haciendo turnos toda la noche también. Estaba con un compañero empujando los carros que van sobre los rieles y escuchamos los gritos de auxilio de una persona, venían del fondo de la mina. Cogimos nuestros picos y corrimos hacia adentro a ver que pasaba. La luz se cortó, solo veíamos con la pequeña lámpara que está sobre los cascos. Seguimos avanzando y cada vez nos acercábamos más a los gritos. El compañero que gritaba estaba casi desnudo tirado en el piso, lloraba y tenía cara de terror. Vimos bien y este ser horrible de cuerpo desforme y pequeño lo jaloneaba de una pierna. El compañero que estaba a mi costado se quedó petrificado del miedo. El Muqui lo vio y corrió a jalonearlo a él también. Se llenó de pánico y no atinó a defenderse. Luego vino por mi, me jaloneaba muy fuerte y a pesar de que yo luchaba con todas mis fuerzas no podía hacer nada, este duende es muy fuerte. A penas pude, ya casi rendido, saqué la estampita de San Patricio que me regaló mi abuelo y que siempre llevo conmigo. Empecé a rezarle. Milagrosamente cuando el Muqui vio lo que tenía entre mis manos se llenó de miedo, empezó a golpear su cabeza contra la pared de piedra y se fue corriendo desapareciendo en la oscuridad del fondo de la mina.<br />Mis compañeros y yo le estuvimos muy agradecidos a San Patricio, contamos la historia a todos los pobladores y construimos la capillita que tiene su nombre. Recién, después de tantos años, hace poco que las autoridades departamentales nos permitieron cambiarle de nombre al pueblo para llamarlo como nuestro santo patrono.<br /></em><br />Todos teníamos cara de misterio, habíamos atendido con total disciplina la historia que don Abel nos había contado. Ofelia tenía un poco de miedo y estaba casi abrazando a Camila.<br /><br />- <em>Nunca supe por que El Muqui se espantó tanto con San Patricio.—</em>Continuó Don Abel.<br />- <em>Yo creo saber por que.—</em>Les dije y me quedaron mirando con cara de asombro.<br />- <em>A ver hijo, cuéntame por que.—</em>Dijo en tono irónico Don Abel.<br /><em>- Hace mucho tiempo un cura llamado Patricio, que decían era muy milagroso, empezó a transformar al catolicismo a miles de personas en Irlanda. Los Druidas (sacerdotes de tradición celta), al verse disminuidos y notando que estaban siendo absorbidos por esta nueva religión, decidieron invocar a un ejercito de duendes y los enviaron al pueblo con el fin de atormentar a los supuestos traidores. Luego de saquear el pueblo y llevarse a los hijos de los pobladores decidieron ir al monasterio donde Patricio residía. Los Duendes entraron al templo, empezaron a causar destrozos, saquearon las riquezas del recinto y atemorizaron a los curas. Finalmente Patricio los enfrentó e invocando a Dios logró expulsarlos y mandarlos a las profundidades de la tierra.</em><br />- <em>Por eso es que salen de las minas...—</em>Dijo don Abel.<br />-<em> No se, tal vez, puede ser por eso. Quien sabe.</em><br /><br />Ofelia advirtió que el cielo se tornaba gris, era inminente la lluvia y que por eso debíamos empezar el viaje de regreso, si empezaba a llover en pleno camino sería muy riesgoso para nosotros.<br />Don Abel nos acompañó a los caballos, se despidió afectuosamente de nosotros y nos dio su bendición. Me pidió hablar conmigo un momento antes de marcharnos.<br />Nos apartamos de Camila y Ofelia unos cuarenta metros y nos sentamos en una banquita de madera.<br /><br /><em>- Muchas gracias por lo que me haz enseñado hoy muchacho.</em><br />- <em>No hay nada que agradecer Don Abel, solo le conté una historia.</em><br /><em>- Pero sin notarlo hiciste hacerme entender mi fe por San Patricio... ¿Puedo pedirte un favor hijo?<br />- Claro, dígame.<br />- Cuando escribas sobre lo de hoy, no digas exactamente donde queda el pueblo.<br /></em><br />Yo me quedé helado. Una corriente fría recorrió todo mi cuerpo y el desconcierto era enorme. ¿Cómo era posible que este señor sepa que me gusta escribir y que ya había pasado por mi cabeza la idea de contar esta historia?<br /><br />- <em>Recuerda que los golpes de la vida te van a hacer más fuerte y no son en vano.—</em>Continua Don Abel<em>.— Además tienes que ser fuerte para amar a tus hijos y a la bella esposa que tendrás. No dejes nunca de mirar a la Luna, tu destino se dibuja y florece en ese camino.</em><br /><em>- ¿Quién es usted Don Abel?<br />- Nos vamos a volver a ver y ahí lo sabrás.<br />- ¿Por qué siempre me dejan con las cosas a medias</em>?<br /><em>- Así será hasta que dejes de hacer tantas preguntas y hasta que entiendas que los misterios son los que hacen interesantes nuestras vidas y que solo así obtendremos mayor sabiduría.<br />Ahora ya vayan que apenas lleguen va a empezar una fuerte lluvia. No olvides prestarle atención a las señales... y por cierto muchacho, me gusta el pentaculo que tienes tatuado.</em><br /><br />Nos pusimos de pie, nos dimos un fuerte abrazo y regresé a mi caballo.<br /><br />Camila me preguntó que me había dicho Don Abel. Le dije que era cosa de hombres.<br /><em>Ap, bueno, que eres loco</em>.—Me dijo.<br /><br />Llegamos al pueblo nuevamente y, como dijo Don Abel, empezó a caer fuertemente la lluvia. Le dimos gracias a Milo y Nana por haber soportado nuestro peso tanto tiempo. Ofelia se retiró, previo besito y abrazote, agradeciendo por el hermoso día que había pasado con nosotros, dijo que no nos olvidaría.<br />Era hora de ir a descansar, tendríamos que despertar temprano al día siguiente para regresar a Lima y luego hacer el viaje a Trujillo.Nanohttp://www.blogger.com/profile/02421911892978057619noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-4918852064911378641.post-15304589354164443192008-03-28T13:02:00.005-05:002008-03-28T14:09:07.727-05:00La magia de mi Estrella<a href="http://bp1.blogger.com/_nW4kVQSWWE8/R-09qwnPn0I/AAAAAAAAAGw/QKVerEAGBEA/s1600-h/fogata.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5182866550986612546" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_nW4kVQSWWE8/R-09qwnPn0I/AAAAAAAAAGw/QKVerEAGBEA/s400/fogata.jpg" border="0" /></a><br /><div>Eran cerca de las dos de la mañana cuando llegamos a nuestra playa, apartada de la civilización, para acampar.<br />Las carpas se armaron inmediatamente, la fogata se encendió, su luz y calor eran necesarios. Alguien sugirió: “sacamos un roncito”. Todos estuvimos de acuerdo.<br /><br />El cansancio obligaba a dormir, las carpas iban siendo ocupadas por la mayoría de mujeres, niños y uno que otro manganzón que ya no jalaba. Me quedé roneando con mi hermana y dos primos.<br />El cielo nocturno estaba despejado, la Luna llena enorme iluminaba cual disco fluorescente la noche estrellada, el fuego crepitaba sobre la arena tibia, el Mar roncaba delante de nosotros con fuertes olas, la brisa salina acentuaba las gotas de rocío sobre la totora.<br />Parados alrededor de la pequeña hoguera, conversando, bebiendo ron, maravillándonos con la bella vista, respirando aire nuevo, se podía notar como todos esbozábamos sonrisas de plena calma y felicidad.<br />Fanlu me hacía levantar incontables veces la vista hacía la Luna. Es ahí donde la puedo ver y suelo imaginar que ella se acuerda de mí.<br /><br />A medida que pasaban las horas se hacían más brillantes las estrellas, el Mar se calmaba un poco y el fuego terminaba de consumir la madera y las cañas de totora. Ya todos habían ido a recolectar leña para avivar el fuego menos yo, que solo miraba hacia el cielo, por lo que mi turno de ir había llegado.<br />Tenía que caminar aproximadamente cien metros hasta llegar al punto de acopio donde los pescadores desechan y juntan la vieja totora. Cuando llegué al lugar miré hacia donde estaba el campamento y las carpas, apenas se distinguía, encendí un cigarro y aproveché para hacer la pichita.<br /><br />Es en el momento menos pensado en que la magia ocurre.<br />Miré nuevamente al cielo. La Luna estaba flanqueada de hermosas estrellas pero entre todas ellas una sobresalía en especial: la estrella solitaria a la derecha de la Luna.<br />Tenía tonos rojos y azules, ya la había visto antes, pero esta vez pude sentir y palpar toda su magia.<br />Cogí una ramita de totora y tracé un pentaculo en la arena. Terminado el dibujo incrusté la ramita en el centro de la figura, fui a la orilla del Mar y traje un poquito de agua con la que humedecí la ramita que había clavado, hice una oración pidiendo que la vida me muestre el camino a seguir y empecé a juntar la totora.<br />El viento comenzó a soplar muy fuerte, hacía que entre arena a mis ojos, no podía abrirlos bien y apenas veía como a lo lejos la luz de la fogata se hacía más débil. Agarré muchas cañas de totora con las dos manos y corrí hacia donde estaban los demás para que me ayuden a alimentar el fuego. A medida que me iba acercando el viento se calmaba y cuando llegué con ellos todo estaba en orden nuevamente, era como si no hubiesen sentido el ventarrón pues bebían y conversaban de lo más normal.<br /><br /><em>-Voy a traer más de una vez para no estar yendo y viniendo</em> – les dije.<br /><br />Regresé al punto de acopio y la ramita se había caído, estaba sobre la punta de la estrella donde había invocado al Atalaya del Sur.<br />Para mi esa fue la señal que necesitaba.<br />La estrella solitaria, de colores rojo y azul a la derecha de la Luna y la cañita de totora apuntando al sur me mostraron mi camino a seguir.<br />“De no haber sido por la Luna jamás habría podido conocer a mi hermosa Estrella” – me dije.<br /><br />Sentí el aroma fresco de mi hada, sabía que estaba cerca en ese momento. Vi a la sirena hundirse bajo las olas.<br />Retorné al campamento con un montículo de enormes totoras bajo los brazos, avivé un poco el fuego y me senté en el pequeño circulo que habían formado los que bebían.<br /><br />Vimos venir al amanecer, despedimos a la Luna y le dimos la bienvenida al Sol.<br />Me fui a la carpa algo cansado. Antes de entrar en ella vi que sobre el lado derecho una Estrella de Mar reposaba placidamente. La cogí con mucho cuidado y la llevé a la orilla del Mar. “Gracias por las señales, ahora todo está claro”<br /><br />Entré en mi carpa, la vi dormir placidamente, me acurruqué a su costado y con un susurro le dije: La Estrella que más brilla pude alcanzar.<br />Ella sonrió un poco y yo dormí feliz. </div>Nanohttp://www.blogger.com/profile/02421911892978057619noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-4918852064911378641.post-44398017758124984752008-03-13T14:17:00.006-05:002008-03-13T14:36:59.046-05:00Nos vamos!<p><embed src="http://www.youtube.com/v/PMx0gvlGNu4&hl=" width="425" height="355" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent"></embed><br />Después de conversarlo bastante, pensar con cabeza fría y decidirlo por unanimidad:<br />Por fin el viaje!<br />No me voy solo, me acompañan Fanlu, Naslorga, mi Luna –que desde el cielo siempre será mi mayor referencia­– y Qantrish. (Si, ella también, puede que la necesitemos en algún momento). Además, junto con nosotros, viene alguien más a quien ya irán conociendo poco a poco.</p><p></p><p>El norte nos espera.<br />Primera parada en Trujillo. Se casa mi prima y ahí estaremos. Al día siguiente es el cumpleaños de la misma prima; luego viene la semana santa, el fin de semana en el “Pacasmayo Fest.” y quién sabe que otras cosas puedan pasar.<br />Todo estará bien contado, documentado y fotografiado.<br /></p><p>Volveré a mi muelle viejito de Pacasmayo, a la playa donde la oscuridad es la reina de la noche, sunsets mágicos, culturas milenarias, viajes de carretera mirando por la ventana, ganas de no querer regresar a Lima. Ya tuve la suerte de haber vivido aquello; sin embargo está vez será mucho mejor, no voy a estar solo.</p><p></p><p>Esta canción me hace querer dar más de mi, me motiva a seguir adelante, por eso la puse. Lamentablemente la calidad de la imagen es mala, pero piña, no había otro en youtube.</p><p>El video es de la canción <strong>10% </strong>de la banda Peruana <strong>GAIA</strong>, lo pueden encontrar en su segundo disco, que es acústico, llamado <strong>Anfibio</strong>. Visita <a href="http://www.gaiaband.com/">www.gaiaband.com</a></p>Nanohttp://www.blogger.com/profile/02421911892978057619noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-4918852064911378641.post-46541671591242394802008-03-11T15:48:00.003-05:002008-03-11T18:23:27.217-05:00Herrores<a href="http://bp3.blogger.com/_nW4kVQSWWE8/R9b1I4a4ZlI/AAAAAAAAAGo/hq07G4Zyf6s/s1600-h/costa+verde.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5176594354641856082" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_nW4kVQSWWE8/R9b1I4a4ZlI/AAAAAAAAAGo/hq07G4Zyf6s/s400/costa+verde.jpg" border="0" /></a> Estaba en mi pastito, en mi malecón, veía como pasaban los carros a toda velocidad por la costa verde. Me gusta ver como las luces altas de los carros hacen sombras raras cuando las ramitas de los arbustos coquetean con ellas. Veía a papá Noel, cebras, duchas y otras figuras en las sombras. Un fuerte ruido, que venía de la izquierda, me hizo volver a tierra.<br />Un bulto rodaba, giraba, levantaba polvo y hacía deslizar piedras junto con el mientras caían por la pendiente del acantilado.<br />Volteé a ver a mi alrededor, para saber si alguien más había visto y escuchado lo mismo que yo, pero no había nadie; solo una señora estaba a unos cincuenta metros de distancia, paseaba a su perro y miraba en todas direcciones.<br /><br /><em>- Renato!!.. Renato!!..</em> – gritaba la señora en voz alta, era obvio que llamaba a alguien.<br /><br />Se empezó a desesperar, caminaba más rápido, veía detrás de cada arbusto, se fue hasta la rampa de skaters, daba vueltas por todo el lugar.<br />Llevó su vista hacia mi y empezó a caminar mucho más rápido hacia donde yo estaba.<br />La señora tenía los ojos enormemente abiertos y llorosos, sudaba bastante, le temblaban las manos.<br /><br /><em>- Disculpa, ¿haz visto a un niñito de cabello castaño y corto?, de seis años, tenía short marrón, polito celeste y sandalias.<br />- Para nada señora, lo siento... pero hace un rato yo estaba aquí parado y escuche que...</em> – no sabía como decirle que había visto un bulto rodar, no quería pensar – ni hacer que ella piense – que aquello era Renato cayendo por el acantilado.<br /><em>- ¿Qué escuchaste?!</em><br /><em>- No pretendo alarmarle señora,</em> (solo a mí se me podía ocurrir esa frase, ¿como no se iba a alarmar la señora?) <em>pero...</em><br /><em>- ¿Pero que hijo?! Dime, por Dios!<br />- Hace un momento algo cayó por ahí.<br /></em><br />La señora volteó a ver el sitio que le señalé, volteo de nuevo a verme, su cara estaba llena de terror, se puso pálida, tapó su boca con una mano, se le desorbitó la vista, sus ojos se llenaron de lagrimas, una de ellas rodó todo lo largo de su mejilla.<br /><br /><em>- No puede ser, no me digas eso.</em> – Me lo dijo con voz cortada, desahuciada, moviendo la cabeza en forma negativa.<br /><br />Dio la vuelta, soltó la cadena del perro y corrió hacia el borde del acantilado.<br />Daba gritos sumamente desesperados, llenos de pavor, sumergida en llanto: <em>Renato! Renato!</em> – llamaba al chico.<br />Yo no sabía que hacer. ¿Dónde había quedado el “Nano súper héroe” que resuelve todos los problemas y que está dispuesto a sacrificase por medio mundo?. Solo atiné a correr al lado de la señora y llevar mi vista cegatona hacia el oscuro acantilado.<br /><br /><em>- Renato!, Renato!... por Dios mi hijo!, Renato!.<br /></em><br />Yo también estaba casi desesperado, saqué el celular, marcaba el 116, – número de emergencia de la policía – se me cayó el celular, lo recogí, volví a marcar.<br /><em>- Renato!, hijo!... ¿Por qué?!.. Renato! ... ¿hijo donde estás?!<br />- Aquí ma. Toma, aquí está tu helado y tu vuelto.</em><br /><br />La señora y yo volteamos.<br />El estaba ahí paradito, lamiendo su heladito de hielo color naranja, con una mano estirada, dándole a la señora su helado y vuelto, en la otra mano iba sujetando al perro con la cadena que la señora había soltado<br />La señora lo cargó, lo abrazó, y continuó llorando, pero esta vez lo hacía de alegría.<br /><br /><em>- ¿Dónde te metiste niño?, casi me muero del susto.</em> – Preguntó sollozando la señora.<br /><em>- ¿No te acuerdas que te pedí permiso para ir a comprar mi helado cuando tu estabas hablando por celular?. Yo te pregunté si querías uno, me dijiste que sí con la cabeza y con tu mano me hiciste el gesto de que me vaya.<br /></em><br />La mamá se quedó mirando al vacío, como recordando, reconociendo su error. Me miró avergonzadísima, con la cara totalmente roja, bajó la vista y se marchó cargando al niño y jaloneando al perro con la cadena.<br /><br />De regreso a casa recordé la frase de una película:<br />“Los niños no se pierden, es la gente la que los pierde”.<br /><br />Ví, en las noticias de la tele, que defensa civil recomienda a los conductores que transitan la costa verde, que tengan cuidado, pues es época de desprendimientos de grandes piedras, que caen por el acantilado y que podrían causar accidentes de transito.<br />Me sentí mega idiota.Nanohttp://www.blogger.com/profile/02421911892978057619noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-4918852064911378641.post-31180144671965612112008-03-04T19:21:00.000-05:002008-03-04T21:57:20.417-05:00Pura coincidencia ?<img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5174062719411107218" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_nW4kVQSWWE8/R832oUQXNZI/AAAAAAAAAGc/bbFEdFhFKmY/s400/mano+y+mano+beb%C3%A9.bmp" border="0" />Un buen libro, la música que me da el Mar, un trago bien helado, el olor a sal.<br />No se que más se puede pedir.<br /><br />El nuevo club de playa no es muy concurrido aún, poca gente lo conoce y para mi eso es bueno, conserva bonitos lugares privados donde puedo desparramarme en mi silla playera bajo la sombrilla.<br />Como era día de semana la afluencia de público era menor a la de los fines de semana.<br />Llegué temprano, no eran ni las diez. El cuarentón colorado de la puerta me sugirió donde poner el carro para que no se exponga tanto al sol, la cochera estaba casi vacía, con el mío ya eran tres los carros en ese enorme aparcamiento.<br /><br />- <em>Aquí es donde la sombra llega primero</em> – me dijo don cuarentón. Le hice caso y obedientemente estacioné ahí.<br /><br />Bajé del carro con mi librito en la mano, abrí la maletera – que ya no tenía la mitad de una llave rota – saqué mi sillita, mi canguro con los cigarros y el encendedor, la sombrilla y la toalla. Una vez bien equipado me dirigí por el camino de piedritas que me llevaría hasta mi destino.<br />Crucé las canchas de frontón, fulbito y tenis. Todas vacías. Apenas me topé en el camino con un señor de limpieza que le daba retoques extras de pulcritud a los vidrios del restaurante, el señor me hizo una venia y dio una media sonrisa a modo de saludo, yo respondí el gentil gesto de igual manera.<br />El área de la piscina estaba desértico, nadie en las silletas ni el las mesitas, solo la flaquita del quiosco de helados y sus discos de the beatles le daban vida al lugar.<br />"Mejor me arránco para la playa". me dije<br />Antes de bajar me acerqué donde el señor bigotón del bar a decirle que me haga el favor de mandarme un pisco sour a la playa.<br /><br /><em>- Claro, en seguida se lo hacemos llegar</em> – me contestó el señor bigote.<br /><br />Como era de suponerse la playa también estaba casi desértica. El territorio de la playa no es muy grande, aproximadamente es del tamaño de una cuadra y desde que uno baja del malecón hasta el agua hay más o menos unos treinta metros. El Mar en esta parte es muy tranquilo y la ola más alta no supera mi cintura.<br />Un grupo de tres chicas en un extremo y una madre con su pequeña hija en el otro flanqueaban cada uno de los extremos de la playa. Yo tenía todo el centro de ese espacio para mí solito y allí es donde me ubiqué. Enterré con fuerza la sombrillita color azul y blanco en la arena, armé la silletita, dejé el canguro cerca al poste de la sombrilla, me desparramé en la silla y me puse a leer el librito.<br /><br />Pasado un rato llegó un mozo, caminaba con cuidado para no tirar lo que tenía en el azafate. Todo moderno él, usaba polo blanco de cuello con el logotipo del club, un gorrito color verde, short negro y sandalias.<br />"Buena voz". Pensé.<br />Armó una mini mesita, puso un posa vasos y s