<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss'><id>tag:blogger.com,1999:blog-4166722629806262683</id><updated>2009-11-04T04:31:55.813-08:00</updated><title type='text'>Angélica furiosa</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default?start-index=26&amp;max-results=25'/><author><name>Marta Aponte Alsina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15661284684620845792</uri><email>aponte@caribe.net</email></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>80</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4166722629806262683.post-7302465608413569245</id><published>2009-09-27T08:04:00.000-07:00</published><updated>2009-10-04T06:43:00.512-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Javier Sáez de Ibarra; Mirar al agua; Premio Internacional de Narrativa Breve'/><title type='text'>Contra  la belleza, desde la belleza</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/Sr-C8Lz1p-I/AAAAAAAAALg/J1pX56VOxEI/s1600-h/mirar+el+agua+001.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/Sr-C8Lz1p-I/AAAAAAAAALg/J1pX56VOxEI/s320/mirar+el+agua+001.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5386167649832380386" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic; "&gt;Mirar al agua (cuentos plásticos)&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Javier Sáez de Ibarra&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Páginas de Espuma, Madrid, 2009 &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="mso-bidi-font-weight:bold;color:black;"&gt;“La crítica de la cultura se enfrenta a la última etapa de la dialéctica entre cultura y barbarie: escribir un poema después de Auschwitz es un acto bárbaro, y que además corroe el conocimiento que expresa, por qué es imposible escribir poesía hoy.” &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="color:black;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Después/mientras&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;No es posible escribir poesía después de Auschwitz; la cita se ha repetido tanto que se olvida que la imposibilidad va más allá de los horrores que un campo de exterminio representó para las bases de la cultura cómplice. Seguir escribiendo abona a una cultura poseída por la barbarie; al escribir se la cuestiona, pero el acto es equívoco: la escritura se contamina de hipocresía. Y sin embargo, también es válida la frase de Adorno en un sentido literal e inverso: no es posible escribir &lt;u&gt;después&lt;/u&gt; porque ese después no ha ocurrido; ni ocurrirá &lt;u&gt;mientras&lt;/u&gt; Nagasaki, &lt;u&gt;mientras&lt;/u&gt; Vietnam, &lt;u&gt;mientras&lt;/u&gt; Argentina, &lt;u&gt;mientras&lt;/u&gt; Chile, &lt;u&gt;mientras&lt;/u&gt; Palestina, &lt;u&gt;mientras&lt;/u&gt; Guantánamo, mientras Honduras. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;La relación entre escritura, arte, violencia y belleza, que ocupó un espacio vital en la cultura de la modernidad, es el enigma medular de este libro de relatos. No sorprende que la antigua concordancia entre verdad, ética y estética siga siendo un tema de reflexión para un autor radical, de vocación vanguardista, como Sáez de Ibarra. Desde sus dos libros anteriores va y viene por esa puerta abierta entre la literatura y algo que ya no lo es.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;El arte/la exposición/el pensamiento estético&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;o:p&gt; En &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Mirar al agua&lt;/i&gt; Sáez de Ibarra vuelve a dejar los predios de la literatura para cuestionarse esos límites. En el mundo-artefacto, es decir, en un mundo regido por sistemas muy organizados y autorreplicables, cuya realidad está “codificada hasta las raíces”, es posible que el choque de las artes visuales con la literatura produzca “una nueva poética del siglo que empieza”. Esta última cita, del artista y ensayista cubano Iván de la Nuez,&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; es la primera&lt;/span&gt; del libro.&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Desde otra vertiente, y a propósito nuevamente de Adorno, Terry Eagleton hablaba del don perturbador del objeto artístico: “Para Adorno todo arte contiene un momento utópico, hasta en la obra de arte más sublimada, hay un oculto «debería ser de otro modo»…. Con su sola presencia, los artefactos dan testimonio de la posibilidad de lo no existente. Así suspenden una existencia empírica degradada y manifiestan un deseo inconsciente de transformar el mundo” (&lt;i&gt;The Ideology of the Asthetic&lt;/i&gt;). El mismo Adorno, evocando a Benjamin: “En la pintura y la escultura el mudo lenguaje de las cosas aparece traducido a otro superior, pero similar” (&lt;i&gt;Minima moralia&lt;/i&gt;). &lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Mirar el agua&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt; es, de manera evidente, dos libros: un libro de citas relacionadas con el arte contemporáneo y una colección de relatos. Los relatos, armados con los más eclécticos recursos narrativos, exhiben registros diversos, pero salvo algunas excepciones no se alejan, en su estructura y líneas de tensión, de la trama clásica. Las citas enuncian juicios y opiniones de críticos y artistas contemporáneos y hacen contrapunto con los textos para de algún modo formar una impresión diferente de sus partes: un libro polifónico, o si se quiere, multidimensional, basado en el encuentro del &lt;i&gt;pensamiento&lt;/i&gt; con la &lt;i&gt;experiencia&lt;/i&gt; estética.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;La articulación de palabra e imagen es la unidad invisible de este libro, que contiene, como observa el crítico James Wood respecto a las novelas eficaces, sus claves de lectura: el texto nos enseña cómo adaptarnos a sus convenciones, a su propio nivel de realidad. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Desde el relato inicial de esta constelación de epígrafes y cuentos, la dimensión estética no se desprende de los registros narrativos: la crónica del dolor, la galería de tipos del realismo sucio, la pequeña historia familiar, la sátira.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;En el cuento “Un hombre pone un cuadro”, un hombre pinta una pared para colgar el retrato de su único hijo, que ha muerto accidentalmente, de manera absurda. La relación entre el dolor y la experiencia estética es, asimismo, el eje del relato dedicado al arte del performance: “Una ventana en vía Speranzella”. Cada año, en la misma fecha, Petra Menardi, feminización del Pierre Menard borgiano, se asoma a una ventana de su casa y repite el mismo gesto: “mostrar al aire, al mundo” su pecho izquierdo desnudo. Los comentarios sesudos del crítico que intenta codificar el ritual añaden una capa a las ironías de este libro que es más de un libro. El mismo procedimiento (mostrar los efectos cómicos de una lectura excesiva, satirizar la jerga del lector "académico") está presente en las notas al calce de “La superstición de Narciso o aprender del que enseña”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;o:p&gt;Otra figuración del lector, más generosa, se nos presenta en la narradora de "Jerónimo G". Jerónimo es un joven encarcelado por razones políticas. La narradora es una conductora de talleres literarios. Al inicio chocan las fórmulas de las instrucciones a los talleristas con el entendimiento que del arte y la vida expresa el muchacho. En la conclusión del relato, la narradora ha aprendido a &lt;i&gt;leer&lt;/i&gt; de otra manera: “No es necesario siquiera entender todo de alguien para apreciarlo… Poseían algo de belleza esas imágenes, la verdad. Una belleza abstracta cuyo significado sólo él conocía”.&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;En el divertido “Las meninas” la voz humana ocupa totalmente el lugar de la imagen. El relato se compone de diálogos, sin acotaciones ni descripciones. Gracias al pretexto del cuadro de Velázquez, y al lenguaje codificado de los sainetes televisados y de los culebrones que aquí se parodian, es posible reconstruir las imágenes visuales a partir de las voces desnudas. Se trata, pues, de una paradoja: afirmar las posibilidades pictóricas de la voz (el “espacio aural”) en un libro que proclama la presencia apabullante de la imagen visual.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Las citas&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;La mayoría de los relatos llevan epígrafes de artistas y críticos, entre ellos:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Yo pinto por capas. Una capa sobre otra, que van contando una historia invisible del proceso. No se ve, pero es evidente en la corporalidad de la superficie. – Sean Scully&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;La tristeza es, de hecho, nuestra verdad. Porque está hecha por nosotros. Yo trato de compensar, de curar esa tristeza que deriva de una falta de amor en el mundo. Creo que incluso se podría hacer una lectura política de mi obra. Porque lo que quiero es cambiar el mundo.- Sean Scully&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Los artistas trabajamos con imágenes y es pertinente preguntarse qué quiere decir producir imágenes en el mundo contemporáneo… Tomar un punto de vista crítico frente a la sobreproducción…- Ignasi Aballí&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Estamos en la época de la cultura del espectáculo. Lo que está cambiando es que ahora todo el mundo quiere ser protagonista, todos quieren mostrar lo que saben hacer, y de paso tener éxito… Todos quieren expresarse, todos son artistas. Con lo que hay un nuevo problema: ¿quién es el espectador?- Boris Groys&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Hablar de belleza es incongruente, casi un escándalo. Pero precisamente por eso vemos que, en oposición al mal, la belleza se sitúa en el otro extremo de una realidad a la que debemos hacer frente. - Francois Cheng&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Interesado por el objeto, no ha dado tregua a su inquisitiva representación; un escrupuloso ejercicio de análisis de cuanto le rodea que, compendiado en el objeto, alcanza dimensiones sorprendentes en sus cuadros y papeles. – José Luis Clemente sobre la obra de Manuel Sáez&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Una poética de lo que no es literatura&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;“En la poesía del objeto”, las cosas son testigos de los destrozos. Irónicamente este relato "impersonal", obedece al corte clásico del efecto único. Es el típico relato de suspenso contado con maestría. El universo de cosas y vidas paralelas que hay en una casa, el intento de suicidio, el arrepentimiento, el final incierto, enriquecen una trama gastada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Y es por ello que escribir “mientras”, más que una imposibilidad, es una realidad impostergable, que trasciende el reducido espacio del arte como ejercicio de minorías que por su propia inutilidad y aislamiento, se opone pasivamente al totalitarismo de los sistemas y formas de vida del capitalismo global. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;Después de todo, afirma Terry Eagleton, Adorno no tomó en cuenta las generaciones después de Auschwitz, los humanos que tienen derecho a ocupar su turno. Y el historiador Di Capria: “El objetivo no sería recuperar el idealismo, sino enfrentarse a problemas reales, como la violencia contra personas inocentes. Aunque nunca debemos desear el paraíso, posiblemente podríamos y deberíamos crear un arte que ofrezca alguna visión sobre el progreso contra el discrimen, la misoginia, el antisemitismo, el racismo y la homofobia”. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;i&gt;Mirar al agua &lt;/i&gt;me sugiere una interpretación muy mía, que no pretendo equiparar con las intenciones del autor: la estética de la violencia no ha exterminado a la estética de la vida. En el relato “Escribir mientras Palestina”, donde se cuentan atrocidades, también se deja un espacio para los niños que pintan imágenes en un muro que se resquebraja. En el cuento “La belleza”, el más abiertamente didáctico, la belleza emana del reconocimiento de la calidad y la singularidad del otro, en el contexto de una familia infeliz. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;En la indagación constante sobre la validez misma de la escritura, en el extrañamiento de las palabras leídas y escuchadas desde la infancia, que constituyen la individualidad del autor, en ese “pensamiento narrado” sobre el rumbo de la escritura, se instala &lt;i&gt;Mirar al agua&lt;/i&gt;. Porque la exploración de los límites –o más bien de los límites diluidos– es un reclamo: liberar las posibilidades de lo nuevo de las cadenas de la repetición, escapar del efecto embriagador del schock como mercancía; no mirando desde el agua hacia el cielo, como alguna vez sugirió Adorno, sino hacia el suelo y hacia el agua. Descubrir en lo que siempre ha estado ahí, la imagen que nunca termina de concretarse. &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4166722629806262683-7302465608413569245?l=angelicafuriosa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/feeds/7302465608413569245/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=4166722629806262683&amp;postID=7302465608413569245' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/7302465608413569245'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/7302465608413569245'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/2009/09/contra-la-belelza-desde-la-belleza.html' title='Contra  la belleza, desde la belleza'/><author><name>Marta Aponte Alsina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15661284684620845792</uri><email>aponte@caribe.net</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='16709039353782430549'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/Sr-C8Lz1p-I/AAAAAAAAALg/J1pX56VOxEI/s72-c/mirar+el+agua+001.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4166722629806262683.post-6172432072561603831</id><published>2009-09-21T08:29:00.000-07:00</published><updated>2009-09-21T15:46:37.579-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Isabel Molina Vidal; literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='censura y sexología'/><title type='text'>A propósito de gramática y censura: un cuento de Isabel Molina Vidal</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SredlWmK7nI/AAAAAAAAALY/VYv-d7Z22EI/s1600-h/imperativo.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 233px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SredlWmK7nI/AAAAAAAAALY/VYv-d7Z22EI/s320/imperativo.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5383945144591117938" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;(Isabel Molina Vidal nos envía un cuento que añade una pizca de humor al debate de los libros censurados.)&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: center;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: center;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;El imperativo me pone&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText"&gt;&lt;u&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Extracto del discurso de inauguración de las I Jornadas de Gramática Pornográfica&lt;/span&gt;&lt;/u&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;. Barcelona 8 de julio de 2008. Por Otelo Coma. Costa Rica.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Quien iba a imaginar que las polémicas declaraciones de nuestra estimada autoridad en gramática pornográfica Marisa Lida habrían de hacerse realidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;“Tienes que introducirte mucho en la lengua para darte cuenta de que no todo está chupado.”&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;Marisa Lida&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Sergei (26) odiaba los verbos irregulares, sobre todo los de cambio vocálico porque, como él solía decir, no te los ves venir. Al estudiar el presente, Sergei no opuso mucha resistencia por ser esta la primera vez que se enfrentaba a este tipo de verbos. El tema de los verbos reflexivos irregulares tipo acostarse o vestirse, ya empezó a irritarle considerablemente y, cuando llegamos a los verbos pronominales irregulares, concretamente, a los verbos doler y molestar, Sergei ya no lo pudo soportar más. Su animadversión hacia el cambio vocálico era un hecho indiscutible.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Tras una semana de vacaciones, el grupo volvió a reunirse con energías renovadas, esta vez para acometer el estudio del multifuncional imperativo. Yo, que llevo una observación rigurosa de los estudiantes, temía que el imperativo irregular fuera la gota que colmara el vaso de la paciencia de Sergei y que estallara con furia descontrolada. Así es que enfoqué el tema paso a paso, empezando por los imperativos regulares y continuando por los imperativos regulares de los verbos reflexivos. Durante las dos primeras sesiones en las que practicamos el imperativo con tareas que exigían un uso de la forma en su función más cordial, a saber, ofrecimientos, sugerencias e instrucciones, Sergei se mostraba relajado y totalmente ajeno a lo que se le venía encima. Aún así, su forma de formular ofrecimientos en los ejemplos “come, come un plátano para evitar las agujetas” o “entra, entra por la puerta de atrás y nadie te verá”, llevaban una entonación un tanto lasciva.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En aquel momento no sospeché nada. Pero llegó la tercera sesión. Durante la explicación del imperativo con cambio vocálico en verbos reflexivos y no reflexivos, observé atentamente las reacciones de Sergei. Para mi sorpresa, no sólo no se mostraba nervioso ni iracundo como en otras ocasiones, sino que incluso parecía concentradísimo y apasionado por el tema, puesto que se mordía el labio inferior en un gesto que yo interpreté de máximo interés.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Tras la explicación hicimos un par de ejercicios controlados de rellenar huecos con las formas apropiadas de imperativo. Sergei mostró un notable interés por las formas acuéstate y muerde. A esta última forma le añadió un pronombre de objeto directo en primera persona “me”, que no estaba incluido en el ejercicio, pero que yo entendí como un paso importante en su proceso de adquisición.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;En la quinta sesión y después de haber estudiado todas las formas posibles del imperativo y sus combinaciones con complementos de objeto directo e indirecto, propuse la realización de una tarea final. Los estudiantes deberían organizar en pequeños grupos una fiesta, redactar un decálogo con las instrucciones para los invitados sobre qué llevar a la fiesta y ciertas normas de conducta sobre lo que se podía hacer o no en dicha fiesta. La tarea incluía asimismo el diseño de una invitación que, a modo de anuncio y empleando el formato publicitario, intentara persuadir a la gente para que asistiera al evento.&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyText" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Explicada la tarea, los estudiantes se pusieron manos a la obra. No habían pasado ni dos minutos y ya había un grupo enzarzado en acaloradas discusiones. Se trataba, por supuesto, del grupo de Sergei. Por lo visto Sergei había propuesto la organización de una orgía sadomasoquista y en su diálogo eran numerosos los “muerde”, “pega”, “arrodíllate”, así como los “come” con sus respectivos complementos de objeto indirecto “se” y directo “la”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Sin duda el manejo de Sergei de todas las formas y combinaciones del imperativo era fascinante, pero los ejemplos seleccionados habían desatado el escándalo entre sus compañeros. Intenté poner orden, pero los “cállate”, “piérdete” y “vete a la...” volaban en todas direcciones. No sabía si sentirme orgullosa por el uso adecuado que del imperativo estaban haciendo los estudiantes o si salir corriendo. A todo esto, Sergei se mantenía como en éxtasis, con la mirada perdida, las mejillas sonrosadas y una sonrisa de satisfacción, a la que sólo le faltaba como complemento un humeante cigarrillo en la mano.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;Llamé a la ambulancia. Se llevaron a Sergei retorciéndose como una lombriz y jadeando. El informe del hospital decía que Sergei estuvo dos días enteros articulando imperativos a diestro y siniestro, entre otros, el informe incluye los más recurrentes: “pégame”, “entra, entre maldita”, “domíname” y “muérdeme el hipotálamo”.&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;Llamé a Marisa Lida, afamada sexóloga lingüística, para ver si ella podía arrojar alguna luz sobre el caso. Su diagnóstico fue rotundo: “sin duda Sergei ha establecido una relación sadomasoquista con el imperativo”. Le di las gracias a la doctora Marisa Lida por su ayuda. Sin duda el imperativo había dominado a Sergei, pero Sergei por fin había dominado los verbos irregulares de cambio vocálico.&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyText" style="text-align:justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"   style="Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ES-TRADfont-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;i&gt;(Isabel Molina Vidal -1977, Alicante, España- hizo la carrera en Traducción e Interpretación por &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;st1:personname productid="la Universidad" st="on"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;i&gt;la  Universidad&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;i&gt; de Alicante. De &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;st1:metricconverter productid="2001 a" st="on"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;i&gt;2001 a&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/st1:metricconverter&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;i&gt; 2003 fue becaria en &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;st1:personname productid="la Universidad Humboldt" st="on"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;i&gt;la Universidad Humboldt&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;i&gt; de Berlín, donde asistió a cursos sobre traducción, literatura y censura. Ha trabajado como traductora de los idiomas inglés y alemán al español. Actualmente imparte clases de español para extranjeros en Alicante.)&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"   style="Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ES-TRADfont-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4166722629806262683-6172432072561603831?l=angelicafuriosa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/feeds/6172432072561603831/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=4166722629806262683&amp;postID=6172432072561603831' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/6172432072561603831'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/6172432072561603831'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/2009/09/proposito-de-gramatica-y-censura-un.html' title='A propósito de gramática y censura: un cuento de Isabel Molina Vidal'/><author><name>Marta Aponte Alsina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15661284684620845792</uri><email>aponte@caribe.net</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='16709039353782430549'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SredlWmK7nI/AAAAAAAAALY/VYv-d7Z22EI/s72-c/imperativo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4166722629806262683.post-7348053554430197680</id><published>2009-09-19T08:45:00.000-07:00</published><updated>2009-09-19T08:48:29.982-07:00</updated><title type='text'>De fantasmas ni hablar</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SrT9DgQ99eI/AAAAAAAAALQ/hVcZTrJtslc/s1600-h/Saturce+1.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 240px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SrT9DgQ99eI/AAAAAAAAALQ/hVcZTrJtslc/s320/Saturce+1.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5383205691257124322" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SrT9Dcq_CII/AAAAAAAAALI/LRi9XZ-rtnQ/s1600-h/Santurce2.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 240px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SrT9Dcq_CII/AAAAAAAAALI/LRi9XZ-rtnQ/s320/Santurce2.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5383205690292504706" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Fotos de Santurce por José Chabert.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4166722629806262683-7348053554430197680?l=angelicafuriosa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/feeds/7348053554430197680/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=4166722629806262683&amp;postID=7348053554430197680' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/7348053554430197680'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/7348053554430197680'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/2009/09/de-fantasmas-ni-hablar.html' title='De fantasmas ni hablar'/><author><name>Marta Aponte Alsina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15661284684620845792</uri><email>aponte@caribe.net</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='16709039353782430549'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SrT9DgQ99eI/AAAAAAAAALQ/hVcZTrJtslc/s72-c/Saturce+1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4166722629806262683.post-6509476145212937145</id><published>2009-09-16T16:24:00.000-07:00</published><updated>2009-09-16T18:42:26.650-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Manifiesto de los escritores de Puerto Rico al Gobernador y al País'/><title type='text'>Contra la censura</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SrF0kZmc75I/AAAAAAAAALA/PW5jnCB-M-Q/s1600-h/libros_encadenados%5B1%5D.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 274px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SrF0kZmc75I/AAAAAAAAALA/PW5jnCB-M-Q/s320/libros_encadenados%5B1%5D.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5382211198380732306" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;h3 class="post-title"&gt;Manifiesto DE LOS ESCRITORES DE PUERTO  RICO AL GOBERNADOR Y AL PAÍS &lt;/h3&gt;Nosotros, escritores puertorriqueñ&lt;wbr&gt;os,  rechazamos la política de censura del Departamento de Educación de Puerto Rico  que, bajo ridículas acusaciones impropias de una sociedad democrática, elimina  del currículo de las escuelas públicas prestigiosas obras de autores del país y  del extranjero perfectamente adecuadas para la enseñanza a nivel  superior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una decisión de esa naturaleza, que condena por alegado  «lenguaje burdo y soez» obras tan meritorias como «El entierro de Cortijo», de  Edgardo Rodríguez Juliá; «Aura», de Carlos Fuentes; la antología «Reunión de  Espejos», donde están representados importantes narradores del patio, así como  «Mejor te lo cuento» de Juan Antonio Ramos y "Antología personal" de José Luis  González, es una afrenta a la cultura y una movida propia de sociedades  represivas, con gobiernos dictatoriales e ignorantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Motivada por un  puritanismo trasnochado, que demoniza las referencias "sexuales" y los vocablos  del habla cotidiana usados con fines estrictamente literarios, la determinación  del DE margina y penaliza a voces críticas y comprometidas que abogan por la  justicia y la libertad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Exigimos al gobernador Luis Fortuño que le explique  al pueblo si la política educativa del País va a seguir respondiendo a criterios  oscurantistas que, en épocas no tan lejanas, justificaban la persecución del  pensamiento disidente. La excusa de que no son libros apropiados para grados  superiores pero sí para universidad no se sostiene. Los jóvenes necesitan estar  expuestos al estímulo intelectual y la riqueza imaginativa que les provee la  buena literatura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que los escritores tengan que salir en defensa de su  propio trabajo es una vergüenza para cualquier país que se respete. La quema de  libros simbólica avalada por el gobierno pretende convertir en cenizas no sólo  las obras prohibidas sino también la cultura puertorriqueñ&lt;wbr&gt;a que ha  difundido, con tanto brío, nuestra  literatura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Firmamos:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Luis Rafael Sánchez&lt;br /&gt;Ana  Lydia Vega&lt;br /&gt;Edgardo Rodríguez Juliá&lt;br /&gt;Mayra Montero&lt;br /&gt;Magali García  Ramis&lt;br /&gt;Juan Antonio Ramos&lt;br /&gt;Mairym Cruz-Bernal&lt;br /&gt;Mercedes López  Baralt&lt;br /&gt;Elsa Tió&lt;br /&gt;Ana María Fuster&lt;br /&gt;Ivonne Belén&lt;br /&gt;Roberto Ramos  Perea&lt;br /&gt;María Ostolaza&lt;br /&gt;José Manuel Solá&lt;br /&gt;Rafael Franco Steeves&lt;br /&gt;Lilliana  Ramos Collado&lt;br /&gt;Vanessa Droz&lt;br /&gt;Lourdes Vázquez&lt;br /&gt;Marcos Reyes Dávila&lt;br /&gt;Tina  Casanova&lt;br /&gt;Efraín Barradas&lt;br /&gt;Sofía Irene Cardona&lt;br /&gt;José Delgado  Costa&lt;br /&gt;Yiara Sofía Blanco&lt;br /&gt;Johanny Vázquez Paz&lt;br /&gt;Alberto  Martínez-Márquez&lt;br /&gt;Beatriz Santiago Ibarra&lt;br /&gt;Vanessa Vilches Norat&lt;br /&gt;Mari  Mari Narváez&lt;br /&gt;Zuleika Pagán López&lt;br /&gt;Jorge Ariel Valentine&lt;br /&gt;Abdiel  Echevarría&lt;br /&gt;José E. Santos&lt;br /&gt;Eric Landrón&lt;br /&gt;Moisés Agosto Rosario&lt;br /&gt;Adal  Maldonado&lt;br /&gt;Pedro López Adorno&lt;br /&gt;Xavier Valcárcel de Jesús&lt;br /&gt;Juan López  Bauzá&lt;br /&gt;Marcelino Canino&lt;br /&gt;María Ostolaza&lt;br /&gt;Rey Andújar&lt;br /&gt;Marithelma  Costa&lt;br /&gt;Sergio A. Rodriguez Sosa&lt;br /&gt;Josué Santiago de la Cruz&lt;br /&gt;Pedro  Cabiya&lt;br /&gt;Mario R. Cancel&lt;br /&gt;Edgardo López Ferrer&lt;br /&gt;Leticia Ruiz  Rosado&lt;div&gt;Marta Aponte Alsina&lt;br /&gt;Marioantonio Rosa&lt;br /&gt;Eugenio Garcia  Cuevas&lt;br /&gt;David Ortiz Anglero&lt;br /&gt;Alex Samuel Vélez&lt;br /&gt;Magaly Quiñones&lt;br /&gt;Maria  Juliana Villafañe&lt;br /&gt;Robert Villanúa&lt;br /&gt;Yolanda Arroyo&lt;br /&gt;Hugo  Rios-Cordero&lt;br /&gt;Manuel Carrion&lt;br /&gt;Mayra Santos-Febres&lt;br /&gt;Carlos Roberto Gomez  Beras&lt;br /&gt;Yván Silén&lt;br /&gt;Yvonne Denis&lt;br /&gt;Etnairis Rivera&lt;br /&gt;Emilio del  Carril&lt;br /&gt;Daniel Torres&lt;br /&gt;Danny Rivera&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Edgardo Nieves Mieles&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Herminia M.  Alemany Valdez&lt;br /&gt;Mirna Estrella Pérez&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'times new roman'; line-height: 15px; "&gt;Maribel Sánchez-Pagán&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 15px;"&gt;Mayda Colón&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Lucida Handwriting'; "&gt;Hiram Sánchez  Martínez&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;p style="MARGIN: 0in 0in 0pt;font-family:verdana;" &gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span style="COLOR: rgb(0,0,0)"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Ileana Cidoncha&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="MARGIN: 0in 0in 0pt;font-family:verdana;" &gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span style="COLOR: rgb(0,0,0)"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Silverio Pérez&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="MARGIN: 0in 0in 0pt;font-family:verdana;" &gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span style="COLOR: rgb(0,0,0)"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Arturo Echavarría&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="MARGIN: 0in 0in 0pt;font-family:verdana;" &gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span style="COLOR: rgb(0,0,0)"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Néstor Barreto&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="MARGIN: 0in 0in 0pt;font-family:verdana;" &gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span style="COLOR: rgb(0,0,0)"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Luz Nereida Pérez&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="MARGIN: 0in 0in 0pt;font-family:verdana;" &gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Aurea María  Sotomayor&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="MARGIN: 0in 0in 0pt;font-family:verdana;" &gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Jonathan J.  Berríos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="MARGIN: 0in 0in 0pt;font-family:verdana;" &gt;&lt;span style="COLOR: rgb(136,136,136)"&gt;&lt;span style="COLOR: rgb(17,17,17)"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Carmen  Zeta&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;span style="COLOR: rgb(0,0,255)"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="MARGIN: 0in 0in 0pt;font-family:verdana;" &gt;&lt;span style="COLOR: rgb(136,136,136)"&gt;&lt;span&gt;&lt;span style="COLOR: rgb(17,17,17)"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Carlos Vázquez Cruz&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="MARGIN: 0in 0in 0pt" face="verdana"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Nelly Jo  Carmona&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="MARGIN: 0in 0in 0pt" face="verdana"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Iris  Miranda&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="MARGIN: 0in 0in 0pt" face="verdana"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Juan  Flores&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="MARGIN: 0in 0in 0pt" face="verdana"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Caridad  Sorondo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="MARGIN: 0in 0in 0pt" face="verdana"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 15px"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Angel L. Matos González&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="MARGIN: 0in 0in 0pt" face="verdana"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Ángel Darío  Carrero&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="MARGIN: 0in 0in 0pt" face="verdana"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Maria D  Laracuente&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="MARGIN: 0in 0in 0pt" face="verdana"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Dra. Ana C. Rodriguez  Colon&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="MARGIN: 0in 0in 0pt" face="verdana"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Kino  García&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="MARGIN: 0in 0in 0pt" face="verdana"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Osvaldo Torre  Santiago&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="MARGIN: 0in 0in 0pt" face="verdana"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;María Teresa Guzmán de  Celis&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="MARGIN: 0in 0in 0pt" face="verdana"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Juanmanuel Gonzalez  Rios&lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Alfredo Villanueva Collado&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="MARGIN: 0in 0in 0pt" face="verdana"&gt;&lt;span style="COLOR: rgb(128,0,0)"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="COLOR: rgb(128,0,0)"&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="COLOR: rgb(0,0,0); BACKGROUND-COLOR: transparent"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Daniel  Martes Pedraza&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt; &lt;div&gt;&lt;span style="COLOR: rgb(0,0,0); BACKGROUND-COLOR: transparent"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Nydia E.  Chéverez Rodríguez&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt; &lt;div&gt;&lt;span style="COLOR: rgb(0,0,0)"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Américo Boschetti&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a style="COLOR: rgb(0,0,0)"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Angel Antonio Ruiz-Laboy&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;(a 16 de septiembre de 2009)&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4166722629806262683-6509476145212937145?l=angelicafuriosa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/feeds/6509476145212937145/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=4166722629806262683&amp;postID=6509476145212937145' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/6509476145212937145'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/6509476145212937145'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/2009/09/contra-la-censura.html' title='Contra la censura'/><author><name>Marta Aponte Alsina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15661284684620845792</uri><email>aponte@caribe.net</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='16709039353782430549'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SrF0kZmc75I/AAAAAAAAALA/PW5jnCB-M-Q/s72-c/libros_encadenados%5B1%5D.JPG' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4166722629806262683.post-8930023025786770115</id><published>2009-09-14T09:05:00.000-07:00</published><updated>2009-09-14T16:47:57.133-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Censura de libros en el Departamento de Educación de Puerto Rico; Gabriela Tineo'/><title type='text'>El derecho a la imaginación</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/Sq5rrNIsBOI/AAAAAAAAAK4/0GnlWovBn5I/s1600-h/censurablog.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 241px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/Sq5rrNIsBOI/AAAAAAAAAK4/0GnlWovBn5I/s320/censurablog.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5381356994758968546" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Malena Rodríguez Castro comparte una carta de Gabriela Tineo, que en sus aulas argentinas difunde ciertos libros nuestros. (La ilustración reproduce un documento del siglo 19: el nombramiento de un desconocido al cargo de censor de libros y periódicos.)&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Querida Malena: &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;o:p&gt; Lamentablemente no me sorprende que existan personas que se arrogan el derecho de dirimir la conveniencia de textos para enseñar en las escuelas públicas. En mi país bien sabemos de esas cosas. Tu mensaje me retrotrajo a los tiempos en que la dictadura militar, en los setenta, ejerció una censura implacable sobre obras maravillosas, configurando "listas negras", sospechosos elencos de autores y textos peligrosos, subversivos. Nombres de autores y obras que no podíamos mencionar ni siquiera en voz baja pues si orejas vigilantes nos oían hasta nuestra propia vida poníamos en riesgo. "Velar por la integridad de los jóvenes", lenguaje soez, burdo. Cómo resuenan en mis oídos esas expresiones mesiánicas y con qué intensidad me actualizan la intolerancia del período más oscuro de la vida de mi país. Aquí borraron textos de losprogramas. Y ese borramiento tuvo, además, un correlato visible que los medios reproducían agigantando eficazmente el terror: la quema de libros. Pero no sólo ellos "desaparecieron". Los designios del estado providencial, también "desaparecieron" a alumnos, profesores, hombres y mujeres, niños, 30.000 argentinos.&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;Perdoname, Malena, que lleve a estos extremos mi pensamiento. Sé que los contextos son distintos. Es que la resolución del departamento de educación avivó una herida que marcó mis años de estudiante universitaria, y me estoy dejando llevar por lo que siento.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;Debería saber el funcionario que responde (aunque no le importe y de nada sirva) que yo sí he leído los textos censurados, desde la primera palabra hasta el punto final. Los he leído y admirado. Qué diría si supiera que no sólo en la universidad enseño "El entierro", "La guaracha" o textos de González sino que en la escuela media leo con mis alumnos adolescentes "Jum" y "Aleluya negra" de L. R. Sánchez. ¿Qué diría? Que estoy condenada, diría. Que leer en voz alta palabras que designan los genitales femeninos y masculinos o tantas otras que nombran bajezas, perversiones, degeneraciones, impurezas y desvíos me llevan derechita al infierno. En fin, que no se preocupe el funcionario, que lejos de resultarnos difícil trabajar con esos textos, a través de ellos no sólo concedemos el derecho a la imaginación que los jóvenes merecen, además enseñamos a reflexionar sobre la violencia, la discriminación racial, sexual, social, ideológica, el abuso del poder, la corrupción y hasta sobre el sexo mismo; incluso enseñamos algo que se llama adecuación lingüística y  que, sospecho, ignora el funcionario.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Pero si tu mensaje trajo a mi memoria el oscurantismo de la dictadura también actualizó momentos fulgurantes: los que vivíamos con mi profesora de literatura latinoamericana quien, desobediente -y a veces en la clandestinidad más cómplice y luminosa- persistió en hacernos leer grandes textos de nuestros grandes escritores.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Habrá que batallar, Malena. Mi profesora lo hizo y salió triunfante. Mientras tanto, a la distancia, yo no batallo. Sigo haciendo oír mi  amado Puerto Rico a través de su literatura y los alumnos, agradecidos.  &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;o:p&gt; Un beso,&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt; Gabriela&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4166722629806262683-8930023025786770115?l=angelicafuriosa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/feeds/8930023025786770115/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=4166722629806262683&amp;postID=8930023025786770115' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/8930023025786770115'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/8930023025786770115'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/2009/09/el-derecho-la-imaginacion.html' title='El derecho a la imaginación'/><author><name>Marta Aponte Alsina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15661284684620845792</uri><email>aponte@caribe.net</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='16709039353782430549'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/Sq5rrNIsBOI/AAAAAAAAAK4/0GnlWovBn5I/s72-c/censurablog.JPG' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4166722629806262683.post-2512400235705963585</id><published>2009-09-10T08:34:00.000-07:00</published><updated>2009-09-10T21:48:40.037-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Bonsai; Marta Aponte Alsina; cuento; literatura puertorriqueña'/><title type='text'>Bonsai (final)</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SqkeV5Ez-hI/AAAAAAAAAKw/TsXbfuwl8gg/s1600-h/casita.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SqkeV5Ez-hI/AAAAAAAAAKw/TsXbfuwl8gg/s320/casita.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5379864591317858834" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;No acostumbro recibir mensajes del más allá. No creo en el más allá. No puede haberlo porque la muerte cabal es imposible, por razones puramente biológicas. Aunque no tuve hijos, los de mi hermana sobreviviente son casi idénticos en el orden genético al pobre carapacho que lleva mi nombre. De modo que lo único que desaparecerá cuando estire la pata será esta conciencia precaria atrapada en un cuerpo achacoso. No se perderá gran cosa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Sin embargo, los viejos espiritistas me estremecieron. Empiezo a entender por qué. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Claro que sé quienes son Anselmo y Carla. Él era mi hermano, a ella la quise siempre. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Carla, mi mujer. Todavía resiento la separación inesperada, precedida de unos síntomas inocuos, un dolorcito en el costado cuando se levantaba de arrancar las hojas secas de los geranios, el reflejo de un tumor maligno que descubrimos porque insistí en el médico sabiendo que no podía darme el lujo de perderla. La culpa es mía. Hubiera vivido más si no me hubiera dado con ponerla en manos del muy carnicero. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;En el hospital sufría tanto que ya no soportaba que la tocaran, pero no quería irse. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;–Háblele –me dijo la enfermera. Abrí la boca y dejé que la lengua improvisara sin apelar a la razón. Le recité unos poemas de la poetisa amiga de papá. Hizo una mueca. Le dije que cuando volviera a casa encontraría los geranios florecidos. Grito espantoso. Entonces le conté que su tamarindo cuajaba unas vainitas del tamaño de granos de arroz y liberó dos lágrimas finas y dejó de respirar. Le cerré los ojos, estrellé contra el piso el vaso del agua con que había humedecido sus labios. Dejé que se pudrieran los geranios. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Quizás su muerte la salvó de un dolor infinito. Carla se crió aquí, en la calle Las Iglesias de Santurce, esta vía sin salida, un retazo de aldea rodeado de autopistas, solares baldíos, negocios abandonados, ruinas invadidas por árboles viejos, muros revestidos de arbolitos enanos que hunden sus raíces en las paredes derrumbadas. No hubiera tolerado el desalojo. Las casitas de los pobres estorban por más brillo que se les saque. Me imagino a los blanquitos que ocuparán los nuevos edificios observando desde sus amplias terrazas un techo mohoso, con asco, ellos, los que no pueden vivir fuera de sus casas refrigeradas. Me imagino a la madre que los parió y los maldigo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;En contraste con el aire de abandono que ha provocado la partida de los vecinos – casi todos vendieron sus casitas– &lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;nuestra casa se ve como nueva. Está pintada de amarillo. La retoco en marzo y en noviembre, aunque no lo necesite, y también repaso con pintura los bordes de las aceras, la piedra del jardincito y el tronco del úcar. Me gusta que las cosas brillen, es una manía que tengo, la aventura del desorden se la dejo a los poetas.&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;    &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Al rato de irse los viejos añadí un poco de jalea a una tostada y trabajé en el vivero. Es un espacio destinado a las plantas y al Ford que ya no manejo, ni me ocupo en mantener, pues dedico mis atenciones solitarias al cuidado de los bonsai. Carla, una negra corpulenta, me decía bonsaicito y es verdad que si fuera por mi estatura tendría que compararme con los verdores que corto y obligo manejando pinzas, tijeras, prensas, tenazas y alambres. Los animales me gustan más que las personas, pero menos que las plantas enanas.&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Soy el creador de dos flamboyanes, cinco limoncitos, una docena de trinitarias y un roble de treinta años, más pequeño que un niño chiquito, todos pasables, pero mi obra maestra es el tamarindo de Carla, recién transplantado a una jarra rectangular color café con leche. Hice dos, uno para mí y el otro para ella. El de Carla tiene las flores más claras, el mío el tronco arrugado y un lecho de musgo &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Tuve tres ocupaciones: querer a Carla, entregar cartas y reducir árboles. En los ratos libres leía los restos de la biblioteca de papá, desde Aristóteles hasta Zola con un vistazo ocasional a los estatutos. Ahora, cuando me acosa la frustración de una vida gastada en tan pocas experiencias, me recupero diciéndome que abandonados a la naturalezas mis arbolitos ya habrían muerto. Construyo utopías para hormigas, repúblicas prósperas para microinsectos, raíces de corteza suave hinchadas como manos reumáticas, sometidas al rigor del corte, a salvo del desamparo. “La forma de un bonsai se descubre entre el instinto y el pensamiento”. Esa frase (único fruto de mis meditaciones) le gustó tanto a Carla que la anotó en el calendario de la cocina el último día que pasó en casa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Hay personas que les platican, yo no. Hablo poco, me acostumbré a escuchar a Carla, que era más inteligente que yo. Algo me dice que Anselmo hubiera tenido mejor pinta y más labia, no en balde es el preferido de la familia y de las viejas momias de la Casa de las Almas. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Anselmo nació muerto. No puede ser un espíritu, no llegó a respirar. O acaso nunca dejó de ser un espíritu, me es indiferente la distinción. Lo cierto es que sin aventurarse a nacer tuvo padres y abuelos que jamás lo olvidaron; a mí, su gemelo, me hicieron sentir que si no me hubiera tardado tanto en encontrar la salida de la cueva, quizás él viviría. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Ando siempre de prisa y ocupado. Incluso en mi jubilación no dejo de moverme. El poco tiempo que me queda lo he destinado a las visitas mensuales al médico, al pago de las facturas de luz y agua, al diálogo matutino con el cartero que me ha sustituido en la ruta, al cuidado de los bonsai, a la siesta después de almorzar sardinas con papas rociadas con aceite de oliva, al paseo a las cuatro de la tarde. Cuando Asunción está le alabo los olores que salen de su cocina. Rechazo sus invitaciones, le río los chistes, ella me ríe los míos, con ella es fácil reír. Después recorro las calles elevadas de Santurce hasta el cansancio. Antes de volver a casa despacho seis cervezas en el billar. A veces me dan ganas de tocar la puerta de Asunción. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;De modo que me sorprendió que el eco de las palabras leídas por el viejo me dieran la bienvenida todas las noches, a la vuelta del billar, cuando, eructando los vapores de la cerveza, subía la cuerda del reloj de péndulo, una antigüedad colocada junto al librero de tomos encuadernados que reconstruye un rincón de la oficina de mi padre. Las oí claritito, como si el viejo hubiera dejado su eco…&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Manuel, dont let me die&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Antes no era feliz, pero al menos me quedaba el consuelo del orden. Aunque valiente orden el que se disolvió de pronto, en la noche brutal de las pesadillas. Sufrí espantosamente hasta que el teatro de los esperpentos provocados por las palabras de Dionisio se me fue haciendo habitual e incluso cómico. Soñaba con el feto de Anselmo y el coño de Carla como si fueran dos muñecos de carnaval, cuando no me perseguían los versos de la amante del desorden o alguna frase de Stendhal traducida al inglés, declamada por Dionisio el aeropagita. &lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;Kardec salmodiaba unas líneas del código napoleónico. Malditas sean las pesadillas cultas. Era como vivir con una espina alojada en la garganta, de esas que en el mejor de los casos se disuelven antes de engendrar tumores. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;O los engendran, como el que apareció en mi vida conciente. Un olvido de la noche.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Lo encontré una mañana, cuando regresaba de la oficina del médico. Tenía las hojas finas. Olía a salitre, no sé cómo pudo prosperar enquistado en la pared de la casa abandonada. Sorprende que los amantes de la naturaleza, enemigos de coartar el crecimiento salvaje de los árboles, sean indiferentes a los que subsisten abandonados en las paredes de las casas en ruinas. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Me lo traje con un pedazo de la pared y le corté una de las ramas principales para que pareciera un árbol hendido por un rayo. Entonces, sin pensarlo mucho, le acodé una ramita de mi tamarindo grave y arrugado, un experimento atrevido de mezcla de especies, pero nada nuevo para mí, ya que sin alardes he logrado injertos magistrales. Con un alambre fino le doblé las ramas flexibles hasta hacerlas rozar las piedritas del suelo y añadí a la criatura, que ya presagiaba en su porte la morriña de una planta sufrida, una dosis de hormonas. Exhausto, como si hubiera tenido que podar una especie gigantesca, dediqué un buen rato a admirar la sombra que proyectan los bonsai más viejos, los que cuido desde antes de conocer a Carla, los enanos que consumieron la tercera parte de mi vida. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;La noche del trasplante bajó la temperatura. Dormí como un animal, tanto que desperté con dolor en el cuello y una plácida sensación de descanso. Al afeitarme me sorprendió la tersura de mi cara en el espejo. Salí al patio y comprobé que la tierra estaba húmeda. El tamarindo de Carla había perdido unas hojas, lo coloqué más cerca de la verja del lado de Asunción, por donde no sopla el viento. El toldo que protege a las plantas del sol se veía triste, necesitaba una limpieza. Examiné la herida del arbolito nuevo y para no deprimirme rechacé la idea de que no me alcanzaría el tiempo para impartir los sucesivos cortes y trasplantes encaminados a su forma definitiva.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Eché una siesta sin almorzar. Me despertaron los truenos y la lluvia que entraba por la ventana. Saludé a las manchas familiares del techo, los nudos de la madera y la resina reseca de las paredes. Pensé que si la isla se hunde las plantas me sobrevivirán hasta que alguien se haga cargo de ellas. Si yo sobrevivo a la isla, las llevaré conmigo, como los antiguos cargaban las efigies en miniatura de sus ancestros. Amamantándome con esa imagen consoladora volví a dormirme.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Desperté alborotado por el olor de la cocina de Asunción. Sentí hambre en un lugar olvidado del cuerpo. Ante el espejo solté una carcajada. Un pelo negro en una cabeza de canas. Desde luego que sin espejuelos y enfrentado a un vidrio opaco es imposible percibir una imagen exacta. Tampoco me hice muchas ilusiones con la erección. Abrí la nevera y sólo encontré el frasco de jalea.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Había dejado de llover. Me puse los tennis de caminante. Una mirada al espejo antes de salir reveló al Maneco de siempre: el cuerpo de alfeñique, los labios fruncidos. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Caminé riéndome solo, pensando en la magia simpática, en la ilusión de que la herida del arbolito era una puerta que se me abría a otro tiempo, largo, risueño y oscuro, oculto en las entrañas del espejo. Mentiras piadosas. Si el pobre sobrevive al trauma del injerto, llegará a formar su propio nudo en el tiempo, ese que se revela cuando el corte de una rama nos deja adivinar el ritmo y la dirección de su renacimiento. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Las puertas de la Casa de las Almas estaban abiertas. Por una de ellas se asomó la mensajera de Dionisio, armada con unas tijeras, una regadera y una sonrisa interminable. No me reconoció o se hizo la loca. Me dio la espalda, y se dedicó a cortar las ramas secas de las trinitarias y a rociar las plantas. Seguramente viajaba por los astros.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Vi las casas del vecindario, saludé a los viejos que todavía se arraciman en algunos balcones. Desde aquí no se ve el mar, pero se siente. Si de mí dependiera sólo salvaría esta loma. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;A la vuelta del paseo me atreví a tocar la puerta de Asunción. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;– Anselmo Manuel– me dijo hace unos días, tu hermano también se llamaba Anselmo. ¿Tenía otro nombre? &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;–Manuel. Se llama Manuel Anselmo -dije –. Para qué gastar en nombres, él no ha nacido y entre tanto su nombre me toca a mí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Me ríe los chistes. Yo le río los suyos. Es una ilusión, claro. Viajamos en barcos que se alejan en direcciones opuestas. Ya no me asusta tocar a su puerta. Dejo que ella me recorte y me pinte el pelo. Le cuento mis pesadillas y ella me lee los chismes de la duquesa de Alba. Devoro sus alimentos. No me importa saber si su amor es una perversidad, un gesto de misericordia o una obra de arte. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4166722629806262683-2512400235705963585?l=angelicafuriosa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/feeds/2512400235705963585/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=4166722629806262683&amp;postID=2512400235705963585' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/2512400235705963585'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/2512400235705963585'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/2009/09/bonsai-final.html' title='Bonsai (final)'/><author><name>Marta Aponte Alsina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15661284684620845792</uri><email>aponte@caribe.net</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='16709039353782430549'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SqkeV5Ez-hI/AAAAAAAAAKw/TsXbfuwl8gg/s72-c/casita.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4166722629806262683.post-7837249735133033165</id><published>2009-09-08T10:01:00.000-07:00</published><updated>2009-09-10T21:47:24.260-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Bonsai; Marta Aponte Alsina; cuento; literatura puertorriqueña'/><title type='text'>Bonsai (cuento)</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SqaO60Iz6_I/AAAAAAAAAKo/03SVPeDcneM/s1600-h/ghost.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 288px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SqaO60Iz6_I/AAAAAAAAAKo/03SVPeDcneM/s320/ghost.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5379143946019793906" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" align="center" style="text-align:center;line-height:200%"&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="center" style="text-align: right;margin-left: 2in; line-height: 200%; "&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;“Estar muerto es menos fácil de lo que puede parecer.”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" align="center" style="text-align: right;margin-left: 2in; line-height: 200%; "&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Italo Calvino,&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt; El señor Palomar&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Eran dos, pero parecían una muchedumbre. Su presencia acortó aún más el espacio breve de mi refugio. Él se quitó el sombrero para saludarme, ella me extendió una mano suave. Él se alzó los pantalones antes de posar las nalgas en el sofá, ella se sentó con las rodillas juntas. Los dos me miraron sin pestañear, dibujando sonrisas tan marcadas que tropecé con un nudo oculto en el tiempo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Decidí no ofrecerles café. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;–Ustedes dirán– dije con voz seca. De inmediato me sobresaltó un&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;recuerdo de papá. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Papá y Stendhal. Cada uno es imprescindible para mi entendimiento del otro. Stendhal leía el código civil napoleónico cuando completaba la redacción de una novela. Papá raras veces leía el código civil napoleónico. Se sentía más inclinado a visitar amigas que a memorizar leyes o redactar escrituras. Ojalá hubieran sido buenas hembras, pero no. Su afición al esperpento explica que aquella mujer fuera uno de sus amores. Una mañana nos recibió vistiendo una bata raída, mal abotonada. Con movimientos flotantes sacudía el enjambre de un pelo impenetrable. Me regaló bombones derretidos pegados de la envoltura. Antes de despedirnos se acercó y casi me tumba el aliento a alcohol. De lejos parecía una muchacha, de cerca una vieja maloliente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;–Maneco – susurró– la única aventura que me queda es el desorden.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Había sido una poetisa legendaria. Creo que ahora tengo la edad que ella tenía cuando papá y yo la visitábamos. Yo con las medias estiradas hasta las rodillas y los pantalones cortos color vino del colegio, frente a ella y papá. Destilaban el olor agrio de la gente usada. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Los usados del momento eran limpios sin exageraciones de maquillaje y tintes. Justo cuando la mujer cruzaba las piernas la radio daba cuenta del escándalo del momento: guardias de las Naciones Unidas destacados en la República del Congo compraban “favores sexuales” a mujeres y niños a cambio de alguna botella de agua, tan apreciado el recipiente como el líquido. Con una mano doblada por la artritis, las venas en relieve y sobre los huesos una piel de nata, el viejo sacó un papel del bolsillo de la chaqueta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;–Don Manuel, no se imagina las ganas que teníamos de conocerlo. Estas no son horas de visita, pero pasábamos frente a su casa y pensamos que a nuestra edad le quedan pocas horas al cuerpo físico y todos los momentos del día son iguales. Mi hermana y yo somos madrugadores. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;–Nos gusta el friíto mañanero –prosiguió ella, estirando el parlamento del otro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;–Seré breve –dijo él. Usted desconoce una realidad in-quie-tan-te. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;- Peor que la muerte misma es que ya nadie tenga tiempo para pensar en los muertos. La muerte ya no es lo que era. Nadie la toma en serio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;–Muy lamentable- prosiguió él o ella, imposible distinguir quién hablaba. Empezaba a aburrirme aquel juego de cabezas injertadas. Bostecé, me acaricié la barba.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;–Perdonen, pero tengo un compromiso y se me está haciendo tarde. En qué puedo servirles. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;La frase hipócrita les provocó dos sonrisas. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;–Mi hermano es un hombre muy desarrollado. Hace años un fuego destruyó nuestros archivos. Hemos tenido que rehacerlos. Estamos realizando decenas de experimentos. Recibimos mensajes de todo el universo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%;tab-stops:center 3.25in"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;–Uno de ellos nos trae a esta casa.&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;–Es la palabra de uno de los siete sabios universales. Se trata de...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;–Dionisio el aeropagita– reveló él, sin que le temblara un pelo del bigote.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Con que esas tenemos, pensé. Los visitantes revelaban su procedencia sin mencionarla. Eran emisarios de la Casa de las Almas. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;El papel que el hombrecito puso en mis manos me recordó los olores tenebrosos de la poetisa amiga del desorden. Estaba tan arrugado que tardé un rato en descifrar la línea. Pero no llegué a leerla en voz alta, se me adelantó él, pronunciando de memoria las palabras escritas en el papel con un acento digno de una madama de las islas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%;tab-stops:205.65pt"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language:EN-US"&gt;Manuel, don’t let me die… &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Desbordé una reacción vulgar, algo así como “no sabía que Dionisio hablaba inglés”. El varón, picado, me arrancó el papelito de las manos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;–Óigame Sagardía, su nombre surge en las últimas semanas con una insistencia alarmante. Unos seres muy cercanos a usted no alcanzan la paz, ni la alcanzarán mientras usted se obstine en olvidarlos. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;–Sabemos que no es creyente –gimoteó la mujer. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;–Eso no tendría la menor importancia si además de ateo no fuera tan insolente –encadenó el viejo, engolando la voz de galán con sombrero–. Pero allá usted con su conciencia. Nuestro deber es advertirle que tiene muy abandonados a sus muertos. Lástima, pues de usted dependen ciertas secuencias cósmicas. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Tengo poca paciencia. A veces la pierdo sin remedio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;- Caramba, pues se jodió el universo. La astronomía no es mi fuerte.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;No diré que la expresión los sobresaltó. Sí que los obligó a poner todas las cartas sobre la mesa. En sentido figurado, claro. En la vida real sólo se movieron un poco en el sofá. Él carraspeó, ella abrió y cerró el broche de la cartera. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;–Usted sabrá quién es Anselmo –dijeron ambos a dos. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;–Y quién es Carla-dijo sólo él.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Bájé la cabeza para asimilar el golpe, un boxeador noqueado por el asombro. El viejo no me dio tregua.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;–Ningún lugar es más frío que el parque abandonado de un hombre insensible.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;–El parque de un hombre es el corazón. Parece mentira que un jardinero como usted no lo reconozca. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Me dejó sin aliento el descaro de quienes habían entrado en mis dominios desbordando cordialidad. ¿Cómo se atrevían a saber tanto de mí estos dos portavoces del otro mundo? Les devolví la hostilidad poniéndome de pie.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;–Señores ustedes deben estar locos, pero no tanto como yo, puesto que tan bien me conocen. Quedo advertido –dije, mientras les señalaba la puerta. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;- Piénse en lo que hemos dicho Sagardía- y ambos a dos me extendieron las manos antes de girar maquinalmente sobre las puntas de los pies.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Cruzaron el portón sin mirar atrás. Se movían por la calle, que empezaba a desdibujarse en la luz intensa de la mañana, con una rapidez aprendida de su trato con los fantasmas. Los odié hasta el escalofrío, sentí el quebranto de una fiebre fulminante, me derrumbé.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;(Continuará)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4166722629806262683-7837249735133033165?l=angelicafuriosa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/feeds/7837249735133033165/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=4166722629806262683&amp;postID=7837249735133033165' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/7837249735133033165'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/7837249735133033165'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/2009/09/bonsai-cuento.html' title='Bonsai (cuento)'/><author><name>Marta Aponte Alsina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15661284684620845792</uri><email>aponte@caribe.net</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='16709039353782430549'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SqaO60Iz6_I/AAAAAAAAAKo/03SVPeDcneM/s72-c/ghost.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4166722629806262683.post-4306746020969129872</id><published>2009-08-24T10:08:00.000-07:00</published><updated>2009-08-24T19:11:55.316-07:00</updated><title type='text'>Chez Carene</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SpLR0ha7X5I/AAAAAAAAAKg/OyBEONvBbtM/s1600-h/amigos.bmp"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SpLR0ha7X5I/AAAAAAAAAKg/OyBEONvBbtM/s320/amigos.bmp" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5373588005661138834" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#0000EE;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="text-decoration: underline;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SpLPOiSR65I/AAAAAAAAAKQ/3RQAK27uils/s1600-h/amici.bmp"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SpLPOiSR65I/AAAAAAAAAKQ/3RQAK27uils/s320/amici.bmp" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5373585154035018642" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;Te felicito, Carene por tus bragadas &lt;i&gt;Guerrilleras de la noche&lt;/i&gt;, y -confesión pública irrevocable y nostálgica- aunque no participo en guerrillas, las prefiero a los ejércitos. Enhorabuena por ese libro de sabias intuiciones. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4166722629806262683-4306746020969129872?l=angelicafuriosa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/feeds/4306746020969129872/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=4166722629806262683&amp;postID=4306746020969129872' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/4306746020969129872'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/4306746020969129872'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/2009/08/chez-carene.html' title='Chez Carene'/><author><name>Marta Aponte Alsina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15661284684620845792</uri><email>aponte@caribe.net</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='16709039353782430549'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SpLR0ha7X5I/AAAAAAAAAKg/OyBEONvBbtM/s72-c/amigos.bmp' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4166722629806262683.post-2598930003093970455</id><published>2009-08-13T05:05:00.000-07:00</published><updated>2009-08-13T09:13:45.135-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Luis Fortuño Burset; Thomas Rivera Schatz; Pérez Reverte; Real Academia Española de la Lengua; Instituto de Literatura Puertorriqueña; sabandija'/><title type='text'>Luis Fortuño Burset: novela por entregas 4</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SoQDuytLAyI/AAAAAAAAAJ4/zXcI-IReRJM/s1600-h/rivera+schatz+.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 170px; height: 226px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SoQDuytLAyI/AAAAAAAAAJ4/zXcI-IReRJM/s320/rivera+schatz+.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5369420758152577826" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Arturo Pérez Reverte no es un parricida. Su literatura  de exploradores y espadachines es un regreso casi reverente a los territorios del padre del folletín, el incansable Dumas. Además, ocupa en la Real Academia de la Lengua Española la silla donde explayó sus posaderas don Benito Pérez Galdós, diputado por Guayama. Aterra tanta coincidencia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pérez Reverte no, es pues, un parricida, pero sí ha sido, cuando le ha dado la gana, un maestro de la parresía. La parresía es el arte de la franqueza injuriosa, y no muchos lo manejan tan rabiosamente como Pérez Reverte, diestro en pasar de la franqueza al insulto, como un alquimista a la inversa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace poco se le atribuyó una columna sobre los políticos españoles, donde decía muchas lindezas. Poco antes de que Pérez Reverte publicara sus palabras injuriosas, el Presidente del Instituto de Literatura Puertorriqueña invitó al Académico – suya es la custodia de la letra T mayúscula, la T de Thomas- a dar en Puerto Rico una conferencia magistral sobre el tema de su elección. Luego, el presidente del Instituto de Literatura leyó on-line la diatriba de Pérez Reverte. Como la conferencia contaba con el auspicio de la Gran Universidad Lelolai y Privada (GULP), el presidente del Instituto de Literatura se la pasó como un chiste al presidente de la GULP. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El presidente de la GULP, que es contable, cree firmemente que al enseñar cualquier tema hay que dar tres versiones del mismo, una a favor, otra en contra y por último ninguna de las anteriores. Es por eso que sin encomendarse a nadie, y puesto que era él quien pagaba los honorarios de Pérez Reverte, invitó al presidente del Senado de Puerto Rico, Thomas Rivera Schatz, para que respondiera al discurso del académico español. Entre el presidente de la Gran Universidad Lelolai y Privada y el presidente del Instituto de Literatura se repartirían la defensa de la nada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya en la mesa de los conferenciantes, picado por la organización del acto, que tomó como una emboscada, Pérez Reverte, que tiene malas pulgas y había dormido mal, decidió repetir sin modificaciones su diatriba contra los diputados españoles. Rivera Schatz, que había escrito para la ocasión una composición de dos páginas titulada “cómo pasé las vacaciones” y que lee sólo los periódicos y eso para informarse sobre las carreras de caballos, se puso blanco como una tiza oyendo las injurias del académico. No se da cuenta de que el español se refiere a los diputados españoles. Lo toma como una injuria personal  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habla Pérez Reverte:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Van pavoneándose graves, importantes, seguros de su papel.&lt;br /&gt;Oportunistas advenedizos que cada mañana se miran al espejo para comprobar que&lt;br /&gt;están despiertos y celebrar su buena suerte. Diputados, nada menos. Sin tener,&lt;br /&gt;algunos, el bachillerato. Ni haber trabajado en su vida. Desconociendo lo que es&lt;br /&gt;madrugar para fichar a las nueve de la mañana, o buscar curro fuera de la&lt;br /&gt;protección del partido político al que se afiliaron sabiamente desde jovencitos.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rivera Schatz no puede contenerse. Se levanta de la mesa y amenaza con el micrófono a Pérez Reverte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Canto e zángano, a ti quién te da derecho a venir a insultar a los servidores públicos de este país y llevarte una purruchá de chavos. Todavía te gustan los dólares, verdad europeo. Seguro que te pagó una de esas mujeres de la Cámara de Representantes que de femenino sólo tienen el nombre. Yo pensaba que los escritores eran gente tranquila, que dicen palabras bonitas, pero tú eres un boquisucio y un títere. Si quieres guerra, la tendrás, Pérez Reverte, so sabandija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pérez Reverte, que antes de ser académico fue corresponsal de guerra, estaba a punto de echarse a reír o de defecarse en la progenitora bávara de nuestro senador, pero la hostilidad de su semblante mudó en expresión beatífica. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Qué dices, qué palabra usaste hijo de la mala leche?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Cómo, que qué dices, so extranjero apestoso? Vete a bañar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Oí mal, bribón, o usaste la palabra sabandija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sí sabandija, cucaracha, polilla, populote, cobarde, gatillero a sueldo, fumador de tabaco malo, mira, se te nota el sudor en los sobacos, sufree sucio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Infeliz, si me has hecho un regalo con tu ignorancia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–El regalo te lo habrá hecho tu madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No, senador, usted es una especie en vías de extinción, un español de pelo en pecho, pero mire, lo que me interesa es esa palabra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Cuál? ¿Títere, sabandija o maldita sea tu estampa? Tengo otra para tipos como tú y Luisito Fortuño, embustero, mamao, mongo, vente si eres macho, que lo dudo, vamos pa fuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pérez Reverté estudió la situación. Pensó: este patán tiene dos guardaespaldas. Mejor me voy a la piscina del hotel, donde siempre se pesca algo, así sin despedirme. Lástima. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y se fue como llegó, pisando los talones del chofer del Presidente de la Gran Universidad Lelolai y Privada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El presidente de la GULP y el presidente del Instituto de Literatura Puertorriqueña no pudieron contener al fogoso presidente del Senado. Los guardaespaldas de Rivera Schatz los redujeron por la fuerza y los arrastraron hasta los baños. A su paso iban sonando los bimblines y las medallitas. Ya estaban a punto del waterboarding cuando apareció Rivera Schatz y los perdonó con creces, como el buen cristiano que profesa ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa tarde, en la piscina del hotel, Pérez Reverte narraba su aventura reciente a una chica muy maja. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Estoy haciendo un estudio etimológico de la palabra sabandija, una voz en vías de extinción, de origen incierto, y cada vez que la oigo, me excito. Pardiez, no me divertía tanto desde que Alatriste atravesó a veinte negrazos de un solo golpe a bordo de la polacra Trafalgar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sa-ban-dijjja –murmuró al oído del bronceado académico la chica maja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Piensan algunos retóricos que el insulto es un género literario. Lo han empleado escritores puertorriqueños para debatir, casi siempre contra otros escritores puertorriqueños, vivos y muertos, pero la respuesta ha sido condenarlos al ostracismo o invitarlos a compartir una botella de vino. El insulto entre escritores turba nuestro apacible devenir y cuando algo se sale de cauce se le aplica el tratamiento predilecto del boricua: dejarte hablando solo, ningunearte, apagarte el fuego. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De nuestro pintoresco Presidente del Senado podríamos aprender el poder de las palabras insultantes. Impresiona el desajuste entre la prominencia del injuriante y la crudeza de su lenguaje. De ese distanciamiento (el brechtiano verfrendung) proviene la eficacia de las porquerías que libremente defeca su boca, y que contra toda expectativa, le han ganado miles de adeptos y servidores. También habría que estudiar a fondo la afición de nuestro diputado a la hermosa palabra sabandija, cuya amplia resonancia de ala de murciélago evoca una danza renacentista, al dios de los metales, y los desmanes de una reina en el desierto, para no hablar de los dijes de un pirata militarizado con bigotito y mano al aire, que para desgracia nuestra no se parece mucho a Johhny Depp.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4166722629806262683-2598930003093970455?l=angelicafuriosa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/feeds/2598930003093970455/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=4166722629806262683&amp;postID=2598930003093970455' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/2598930003093970455'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/2598930003093970455'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/2009/08/luis-fortuno-burset-novela-por-entregas.html' title='Luis Fortuño Burset: novela por entregas 4'/><author><name>Marta Aponte Alsina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15661284684620845792</uri><email>aponte@caribe.net</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='16709039353782430549'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SoQDuytLAyI/AAAAAAAAAJ4/zXcI-IReRJM/s72-c/rivera+schatz+.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4166722629806262683.post-3743891799091307088</id><published>2009-07-31T12:11:00.000-07:00</published><updated>2009-08-04T14:34:53.005-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Luis Fortuño Burset; Puerto Rico; Clint Eastwood; Johnny Depp'/><title type='text'>Luis Fortuño Burset: novela por entregas 3</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SnNElaK6maI/AAAAAAAAAJw/WznCn33KIDw/s1600-h/inquisidor.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 276px; height: 263px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SnNElaK6maI/AAAAAAAAAJw/WznCn33KIDw/s320/inquisidor.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5364706990599346594" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El orden moral de una novela de desprende del universo moral de sus personajes, pero ¿qué ocurre en una novela cuyo personaje central carece de atributos? ¿Tiene dimensión moral un personaje sin cualidades, un espejismo, un producto de la mirada de otros?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Galdós no me ilumina en este extremo. Ni sus espléndidos montajes ni la chispa irónica ocultan una visión estática de la moral. Para Galdós el comportamiento de la especie es un imperativo del determinismo biológico y el valor máximo sólo puede ser la más chabacana sensatez. Habla un personaje de Fo&lt;span style="font-style:italic;"&gt;&lt;/span&gt;rtunata &lt;span style="font-style:italic;"&gt;y Jacinta&lt;/span&gt;: “Los principios son una cosa muy bonita; pero las formas no lo son menos. Entre una sociedad sin principios y una sociedad sin formas, no sé yo con cuál me quedaría”. Tal desconfianza del gesto declamatorio, del idealismo, de las ideas mismas, no hace justicia al problema moral.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Para problemas morales, Dostoievski, novelista de ángeles, demonios y torturados. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De una parte podría estar el confesor de nuestro héroe Luis Fortuño Burset. Adjudiquémosle el papel del torturado. Digamos que su nombre es Martín, tiene setenta años, no es brillante ni se ha destacado en la curia romana. Se ve sí mismo como un hombre fiel a la disciplina eclesiástica. Intuye la estrechez de su vida, pero sospecha que el mundo en libertad sería un infierno. Fue capellán del ejército durante la guerra de Vietnam. Sus supervisores confían plenamente en él, de ahí que se le confiriese el honor de ser el guía espiritual del Primer Ejecutivo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Digamos que el confesor del confesor es otro tipo de cura: joven, radiante, brillante. La sotana limpiecita contrasta con las sucias ropas talares del cura viejo. Pertenece a un grupo que responde directamente al servicio secreto del Vaticano, la Confrérie d' esperti in uso di crisi.  En el arzobispado de San Juan, se reúne con el confesor del gobernador. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Quiero pedir que se me releve del cargo de confesor de don Luis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Motivos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Razones de salud. Siempre he tenido el estomago delicado, pero me las arreglaba con un huevito pasado por agua y alguna sardinita. Desde que confieso al gobernador se me ha recrudecido esta molestia en el vientre, al grado de ocasionarme unos malestares terribles. Las pruebas de laboratorio salen negativas, pero me siento fatal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Entonces estás somatizando, padre Martín. Me extraña lo que dices, no conozco al gobernador, pero se me informa que es un joven devoto, padre ejemplar, esposo fiel, católico limpio al grado del aburrimiento. ¿Qué te molesta de ese hijo que te ha tocado en suerte?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es un mentiroso impenitente. No hay transparencia en sus propuestas. Y acá entre nosotros, mucho me temo que existe un secreto horrendo en su vida personal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cura joven deja de mirar al viejo para atender una llamada que ha puesto a vibrar su Blackberry. Es un text message de su superior, avisándole que pronto le asignarán otro caso. Ese sí es importante, tiene diez minutos para resolver la situación del padre Martín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El padre Martín aprovecha la pausa para examinar al curita de pelo negrísimo y voz agradable. Se parece un poquito a don Luis. Al darse cuenta siente un escalofrío de terror. Con mirada amorosa, el cura joven le clava la mirada de sus ojos orlados con sedosas pestañas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Padre, eres de la vieja escuela, sabes mejor que yo que hay pecados y pecados. No todos los pecados son mortales. La mentira no se equipara con el asesinato o la blasfemia. Hay pecados que exigen una gran compasión, una benevolencia particular del confesor. Entre ellos se distinguen los pecados de la carne y las mentiras piadosas bien intencionadas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viejo, como todos los viejos, tiene momentos de rebeldía. Se envalentona. Grita que no es digno mentir, que no pueden compararse las mentiras de un pordiosero con las mentiras del poderoso, que el gobernante debe ser ejemplo de su pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cura joven no se inmuta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Padre, tranquilo, que aquí estamos chilling. Déjame leerte una cita que guardo en el Blackberry. Tengo citas para todas las ocasiones. Escucha esta de Milan Kundera, ese si tuvo que talar con autoritarismos, hay que ser infinitamente flexibles con los políticos, después de todo rezamos siempre por ellos los domingos, en la misa. Óyeme: “La negociación secreta es desde siempre el terreno de juego de la verdadera política”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Martín, pálido de semblante, insiste en que él no puede absolver a un gobernante embustero. Y añade, con algo de irritación: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Padre, trataré de que me entienda. Si a usted le dijeran que eso que tiene en la mano es la cura del cáncer, y se lo dijeran con una pureza tal, con una suavidad tan irresistible que usted se lo cree, y una vez usted asiente se le ríen en la cara, ¿cómo reaccionaría?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Padre, yo diría que hay que ser bien perverso para pretender convencer a alguien de que un Blackberry es la cura del cáncer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pues eso mismo fue lo que hizo el buen cristiano de quien hablamos. Al día siguiente de ganar las elecciones -¡con 250,000 votos de ventaja!- olvidó las promesas electorales. Los empleos se convirtieron en desempleos, los alivios contributivos se convirtieron en impuestos adicionales, aumentó la deuda pública, quiere vender lo que queda del país, liquidó el Fideicomiso de las comunidades. Y él sabe lo que está haciendo, no puedo entrar en detalles, el secreto de confesión es un dogma, pero le aseguro que detrás de esa cara de ángel habita un ser impuro, un demonio menor, quizás, pero no menos dañino que el mismo Belcebú. Yo le he negado la absolución y prefiero que me expulsen del seno de la Iglesia a perdonarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cosa se perfila como un encuentro entre Johnny Depp y Clint Eastwood, aunque desarmado el Clint y Johnny sólo con su Blackberry y de prisa, pues le quedan cinco minutos para vencer a su antagonista senil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me siento incómodo en este papel de confesor de un hombre que podría ser mi padre. Escúcheme bien. Nada, y usted los sabe, nada del hombre es cierto, nada tiene que ver con la verdad, la verdad es una mentira. Todo lo humano es ficticio. En esa burbuja de falsedades vivimos y quien no lo reconozca es un inocente o un loco digno de compasión. Hay planes que no entendemos. Provienen de Dios y de sus vicarios, nuestros gobernantes. Si no lo aprendió usted en Vietnam mal lo veo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El padre Martín siente que ha llegado el momento de hablar sin tapujos, incluso con cierta emoción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Los marines son unos brutos asesinos, de acuerdo, pero cuando agonizan son honestos. Luchan cuerpo a cuerpo. La sangre, la muerte, no son reality shows. Esos muchachos no engañan a nadie cuando mueren, en cambio nuestros gobernantes son vergonzosos. Ya no me oriento bien en este mundo de embusteros lite.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí, lo veo un poco desorientado. Para usted la mentira es el pecado mortal más detestable. Cuidado, que quizás el hipócrita es usted. Permítame leerle otra cita que viene al caso. Es de un filósofo español. Fernando Savater. Savater le habla a Dios: “¿Estás seguro de que uno puede hablar sin mentir? Ya sabes lo que dijo Goethe, que tú nos concediste la palabra para que pudiéramos ocultar mejor nuestros pensamientos. Por lo menos el efecto ha sido ese: la palabra se utiliza para enmascarar, en parte o todo, lo que no se quiere decir.” Y otra, atribuida por Savater a Otto von Bismarck: “Nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de la cacería”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El padre Martín no tiene muchas luces, pero se enfogona con esa afirmación de que en la guerra se miente. La muerte no es una mentira. Digamos que él también ha leído a Savater y recuerda otra cita del mismo ensayo. Dice:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-“El orden social requiere que la mentira sea sancionada y que sea aceptada la verdad. Las sociedades que no actúan contra la mentira avanzan más lentamente y tienen más dificultades para resolver sus problemas.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el joven ya no le hace caso. Acaba de recibir una llamada urgente. Barack Obama está interesado en ingresar a las filas de la Iglesia Católica, Apóstólica y Romana, impresionado por su encuentro con el Santo Padre Benedicto. Se requiere su presencia inmediata en la oficina oval. Al diablo con este viejo desaliñado. No hay tiempo para dorar píldoras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bueno, pues no se hable más. Queda usted relevado del cargo. Era un honor, pero el libre albedrío es el pilar de la teología católica, aunque personalmente creo que ya podemos descartar esa falacia. Hay que agiornarse periódicamente. Los hombres son mortales, la iglesia es inmortal. Mire, hace unos días asistí  a un seminario: La ética en la era post-darwiniana. Ese seminario debió celebrarse en 1960, cuando clonaron al primer hombre. !Y todavía estamos debatiendo con Darwin! En eso nos llevan la ventaja los fundamentalistas. Ellos no reconocen la teoría de la evolución, atacan a Darwin cuando ya Darwin no tiene vigencia alguna. Son geniales, han perfeccionado el arte de la mentira piadosa. Se lo digo yo, que soy un clon de tercera generación. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Perdóneme padre, no entiendo lo que dice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hay cosas en el cielo y en la tierra que usted no entenderá nunca, así que quédese en su mundo chiquito, de verdades innegables. Volverá usted a las Fuerzas Armadas. En Afganistán hacen falta capellanes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cura viejo se mira las manos. Se muerde las uñas. Recuerda las veces que ayudó a bien morir a los soldaditos jóvenes, pintándoles un cielo donde los esperaban sus mamás y  sus novias, y las nubes eran de vainilla y todos los días se comía mantecado.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No es para tanto- dice con un taco en la garganta-. Absuelvo a don Luisito de todas las mentiras que ha dicho y que dirá hasta el 31 de diciembre de 2009. ¿Está bien? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Lo felicito, padre. Un hombre que ha visto tanto mal necesita recuperar el sentido de proporción. Le recomiendo que se divierta un poco. En vez de Afganistán, podríamos enviarlo un fin de semana a La Parguera. Pero antes, la penitencia: Escuchará cien veces el anuncio “Qué nos pasa, Puerto Rico”, con la efigie de Richard Carrión parpadeando al fondo. Luego cien veces la secuela, el anuncio que dice ahora sí, ya estamos saliendo de la crisis. Además escribirá un artículo para la serie periodística “Puerto Rico se levanta”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El padre Martín, advierte la malignidad tras los lentes de contacto, es un clon, estoy rodeado de clones. Pero la locura dura un segundo, porque su confesor abre el paraguas en la calle del Cristo y de inmediato lo recoge un Mercedes Benz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La labor de un confesor se parece a la de un novelista del realismo sucio. Ambos son peritos en basuras. Ambos escuchan, entienden o fingen entender. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La labor del confesor es ingrata. Ni hablar de la labor de la novelista. Son cronistas de barbaridades y su única recompensa es un fin de semana en el Parador Villa Parguera. Quizás idealizo a los confesores y a los novelistas del realismo sucio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escribió Dostoievski: “De manera abstracta todavía se puede amar al prójimo, y a veces incluso desde lejos, pero de cerca casi nunca”. Opinión inoperante. Ahora lo abstracto no es la forma del amor, sino el prójimo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4166722629806262683-3743891799091307088?l=angelicafuriosa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/feeds/3743891799091307088/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=4166722629806262683&amp;postID=3743891799091307088' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/3743891799091307088'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/3743891799091307088'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/2009/07/luis-fortuno-burset-novela-por-entregas_31.html' title='Luis Fortuño Burset: novela por entregas 3'/><author><name>Marta Aponte Alsina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15661284684620845792</uri><email>aponte@caribe.net</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='16709039353782430549'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SnNElaK6maI/AAAAAAAAAJw/WznCn33KIDw/s72-c/inquisidor.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4166722629806262683.post-6627652170015552631</id><published>2009-07-25T09:34:00.000-07:00</published><updated>2009-07-26T07:31:41.596-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Luis Fortuño Burset; Puerto Rico; Emilio Belaval; J.I. De Diego Padró; Pérez Galdós'/><title type='text'>Luis Fortuño Burset: novela por entregas 2</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/Sms2DCHGwKI/AAAAAAAAAJo/bwaPgxmsZcU/s1600-h/Chaac+Mol.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 209px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/Sms2DCHGwKI/AAAAAAAAAJo/bwaPgxmsZcU/s320/Chaac+Mol.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5362439207048888482" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El verdadero museo de la novela eterna es &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Fortunata y Jacinta&lt;/span&gt;, la enorme novela de Galdós. No había necesidad de terminarla pasado el umbral de las 1,000 páginas y los 1,000 personajes. Pudo haberse extendido como una ciudad de papel hasta la muerte de su autor, e incluso, si los escritores tuvieran herederos intelectuales encargados de continuar "la obra" -como la iglesia cuenta con sacerdotes custodios del dogma- alargarse después de su muerte. No sé por qué Galdós decidió ponerle punto final justo donde se lo puso.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Galdós inventó la forma de la novela eterna caminando por los barrios de Madrid. Cuando se le agotaba el numen se tiraba a la calle y volvía con la pesca del día para alimentar la nómina de personajes y escenarios. Por cierto, y ya que hablamos de nóminas, en aquel tiempo era diputado en las Cortes por el distrito de Guayama, Puerto Rico, y el trajín parlamentario, sumado a las cartas pedigüeñas de don Benito Polo, alcalde de Cayey, le aburrían a más no poder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la historia de la novela puertorriqueña hubo un autor capaz de escribir así, un monstruo desbordado: J.I. de Diego Padró. Si alguien merece el homenaje de los devotos de la novela interminable ese es De Diego Padró. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reservemos por ahora ese modelo desmesurado. El pretexto para el segundo capítulo de mi novela &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Luis Fortuño Burset&lt;/span&gt; no será él,  sino un maestro del barroco en molde de cuento: don Emilio S. Belaval, autor de “Leyenda”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la calle Sol de San Juan hay una mansión solariega hechizada por un monstruo. El capitán Solana, tataranieto de conquistadores, encuentra a la criatura entre los tesoros ancestrales. Cito generosamente la descripción del engendro de Belaval, en cuya fealdad maligna algún crítico ha visto otra versión del Chac Mool de Carlos Fuentes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"La única pieza indescifrable del museo era un gigantesco muñeco, sentado sobre unas piernas enanas, que parecía escapado de un ensueño barbárico. Era imposible descubrir en él algún linaje mítico. El trazo humano lo aislaba de los mitos animales. Tal parecía que la furia eruptiva había destruido el molde mágico, en el mismo instante en que su fundidor empezaba a estampar su idolatría. Daba la sensación de un misterio interrumpido, de una profecía a medio revelar."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Confieso que ante el formidable monstruo de don Emilio me dan ganas de poner punto final a mi novela. Qué vergüenza esta bagatela, qué pérdida de tiempo fascinarse con un personaje sin cualidades. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mentira. Aseveración insincera. Me gusta esta pérdida de tiempo. Pero para no rajarme aquí y ahora necesito una justificación literaria. La encuentro en el Dec&lt;span style="font-style:italic;"&gt;&lt;/span&gt;amerón, en la frivolidad de los narradores que huyeron al campo para escapar de la peste. Asediada por la epidemia de fiebre porcina malévolamente planificada por Dick Cheney para seguir dando el tumbe, no me muevo de Cayey y de esta grandiosa novela.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De vuelta al plan, pues. En otra mansión solariega de la calle Sol transcurrirá uno de los capítulos del folletín fortuñista. Los habitantes actuales de la mansión no creen en el espiritismo kardeciano que hasta mediados del siglo pasado convivió con la fiebre de progreso, pero en una ciudad como San Juan de Puerto Rico, fundada a principios del siglo 16, cuando la imprenta de Gutemberg era todavía un invento reciente, poseedora de un crematorio de brujas en el barrio de Culo Prieto, los espíritus son tan familiares como lo fueron para la generación de nuestros padres los encuentros en la barra de Isabel la Negra. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El dueño actual de la casa no ha leído a Belaval, sólo lee de vez en cuando los thrillers de John Grisham. Es abogado pragmático, pero sabe que se encuentra ante un monstruo y le han dicho que ese monstruo nació en Halloween, para colmo de señales ominosas. Quien así piensa es un muchacho cincuentón (sólo en Puerto Rico es posible ser un muchacho cincuentón). Al modelo “real” que lo inspiró se le conoce con el apodo de un animalito suculento y simpático, pero para escribir novelas en clave a la manera de los novelones del 19 no es necesario ser tan directos. Sabemos que Galdós distinguió entre los personajes acartonados de sus episodios nacionales y los gloriosos personajes -más vivos por no corresponder a un figurín histórico- de Fortunata, León Roch, Torquemada, doña Lupe, Papitos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta novela, como las de Galdós mantendrá el contacto con el habla coloquial y el género chico de la parodia chismográfica, pero de manera oblicua. De modo que este personaje, que en mi novela será el hijo predilecto de un político prominente, se llamará el Delfín, en homenaje al apodo animal de su modelo histórico y al pinturero Juanito de la Cruz de Fortunata y Jacinta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A quien le disguste tanto despliegue erudito le recuerdo que esto no es una novela. Es el plan de trabajo para una novela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno. El Delfín, un muchacho que ha sufrido y ocasionado decepciones, herido de escaramuzas teñidas de rechazo y traiciones, es una de las voces “jóvenes” del ala “derechista” del Partido Popular Democrático. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para quien no sepa lo que es el Partido Popular Democrático, diremos que estar en el ala derecha de ese partido es como estar en el ala derecha de cualquier partido llamado popular y democrático. Pero olvidemos las alusiones pajareras. Este personaje es el Delfín. Confirmemos, además, que al Delfín le gustaría enfrentarse al héroe de nuestra novela, y arrebatarle la gobernación de la islita. Sin embargo, su ego es tan formidable que quiere estar seguro de no exponerlo a un fracaso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Piensa: “que un huevo sin sal como Luisito sea capaz de ganar y gobernar, es inverosímil, pero si es, es porque es cierto”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mala mía, no pensemos en huevos, sino en metáforas marinas. Si una tortuguita como Luisito es capaz de ganar…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Eppur si muove. Nos ganó por 250,000 votos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acaba de hablar el Delfín. Alguien le murmura al oído, es su consorte, la Delfina. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ay chica, esas son cosas de nenas, mira y que jugar a la ouija, a mí me gustaba el juego de la botella, pero la ouija. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Quiénes los acompañan? Dos jóvenes del ala derecha del partido. Uno es lindo, espejuelado y tartamudo. El otro es calvo y  tartamudo. A los dos se les ocurre que sí, la ouija es cosa de nenas. Pero no es mala idea. En momentos de desesperación es mejor disparar a ciegas que no disparar.  No tienen nada que perder con invocar a uno de los espiritistas más notables de un partido que contó en sus filas a muchos espiritistas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De modo que a concentrarse, hasta que la ouija, en manos de la Delfina, empieza a vibrar. El Delfín, sin inmutarse, abre la boca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- El partido está perdido si no logramos recuperar el centro -dice con voz pastosa y profunda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Cierto -contesta el espíritu-. Los populares dejaron que se cayera el centro espiritista de la casa de las Almas. Las veces que nos visitó el espíritu de don Antonio Barceló, el espíritu de Betances.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No hablaba de ese centro, don Vicente, contesta el Delfín. (Qué voz linda tiene. Voz de hacendado viejo). -Hablaba del centro ideológico. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sutil concepto -escribe la Ouija letrada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Este es el pueblo más conservador del mundo. No nos gusta movernos ni a la derecha ni a la izquierda. La erección del pacto social fue y sigue siendo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ouija pierde la paciencia y escribe furiosamente, a saltos y como quien ha pisado un hormiguero. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo que para ti es el centro yo lo llamo de otra manera. Era un término que Muñoz usaba mucho. La mogollita. Es que a Muñoz le encantaba el arroz blanco con huevos fritos a caballo y los mezclaba y a eso le llamaba la mogollita. A tu pacto social yo le tengo otro nombre, pero hay una dama presente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho espejuelado, simpático, tartamudo y con un cuerpazo bárbaro pregunta respetuosamente.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;-¿Seré yo, don Vicente?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No creo, mijo. Los Charles Atlas no están de moda. Fíjate bien en ese muchacho Obama. Es un alfeñique. ¿Se acuerdan del anuncio de Charles Atlas, es un alfeñique? JA, JA, Luis no es musculoso. ¿No acaban ustedes de entender por qué ganó?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Como no sea por la mata de pelo que tiene -dice el calvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ganó porque es más listo que todos ustedes juntos… JA, JA. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la palabra de don Vicente desapareció en medio de una nube de sándalo. Exhausta, la Delfina se derrumbó en un sillón isabelino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Entonces el candidato ideal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No les tengo miedo a esos individuos Luis Vega, Néstor y Charlie. No tienen la más minima posibilidad de convencer a nadie. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El candidato perfecto...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tú, tu padre -tartamudean los dos con hipocresía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Delfín los mira y en su mirada hay destellos de una noble tristeza. Si con esto contamos ya perdimos, piensa. Reconoce que el espejuelado está bueno, en comparación con su propio cuerpo mofolongo, pero se quedó en 2008. Es verdad que el modelo Obama va por otra ruta. En cuanto a mí, ay infelice, ay mísero, mi padre me marcó, me impuso su estilo. Me quedé en los cincuenta del veinte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reconocer que se pertenece al pasado cuando nunca se fue del presente es un trago amargo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Problema de la autora: ¿Me arriesgo a otorgar profundidad trágica a un personaje tan chato como el modelo real del Delfín? Creo que sí. Vamos a darle más densidad trágica al personaje literario que al modelo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así se ve él: Cincuenton, niño eterno rodeado de niños, con un partido derrotado por el partido de un títere como Rivera Schatz, un demente como Rosselló, un bambalán como Luisito Fortuño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De manera que el Delfín se va creciendo como personaje en mi escritura nostálgica del siglo 19.  Sagaz, mira a sus amigos. La Delfina va despertando del trance, pero los dos muchachos no entenderán jamás la circunstancia histórica. No han crecido a la sombra de un hombre sabio y estudioso. Ni puta idea tienen de las alas que hay que dar para engordar la pechuga de un partido popular y democrático.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos callan. Se ha metido un grillo en la sala. Chilla de manera ensordecedora.  Sí, un grillo. Un coquí jamás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Delfín rompe el silencio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Creo que sé por qué Luis ganó por 250,000 votos, lo que no logró ni Muñoz en su mejor momento. No es por ser guapo en exceso, ni por ser boricua de pura cepa. Come ensaladas y ciruelas. JA, JA. Estudió en una universidad de segunda. JA, JA. Su esposa Lucé tampoco es una lumbrera, JA, JA. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así seguirá el Delfín, desvariando entre la amargura y la melancolía, definiendo la sesuda propuesta procesal, con todos los vericuetos concebibles, con lentitud prolija, con la gracia criolla de decir muy poco en un torrente de palabras. Horas después, ante sus comensales dormidos, caerá la voz pastosa de barítono con una claridad tal como la de Colón explicando su docta tesis del huevo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, nada de huevos. Se explica con la contundente elegancia de las verdades profundas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El candidato perfecto para asegurar el triunfo del Partido Popular Democrático, nuestro candidato, recuerden lo que les digo y en verdad en verdad lo afirmo, es nuestro enemigo de hoy. Mañana será nuestro hombre, el adalid de un nuevo pacto social. Mark my words, se llama Luis Fortuño Burset. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Acaso no debemos a Ricardo Piglia una insuperable descripción de la tragedia como desvío sangriento de una comedia de enredos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“En la tragedia un sujeto recibe un mensaje que le está dirigido, lo interpreta mal, y la tragedia es el recorrido de esa interpretación”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4166722629806262683-6627652170015552631?l=angelicafuriosa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/feeds/6627652170015552631/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=4166722629806262683&amp;postID=6627652170015552631' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/6627652170015552631'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/6627652170015552631'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/2009/07/luis-fortuno-burset-novela-por-entregas_25.html' title='Luis Fortuño Burset: novela por entregas 2'/><author><name>Marta Aponte Alsina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15661284684620845792</uri><email>aponte@caribe.net</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='16709039353782430549'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/Sms2DCHGwKI/AAAAAAAAAJo/bwaPgxmsZcU/s72-c/Chaac+Mol.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4166722629806262683.post-4975292798521427408</id><published>2009-07-20T09:06:00.000-07:00</published><updated>2009-07-20T18:08:20.584-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Luis Fortuño Burset; Puerto Rico'/><title type='text'>Luis Fortuño Burset: novela por entregas</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SmSXMqMRFRI/AAAAAAAAAJg/mz8Ifd0hIgU/s1600-h/210px-Luis_Fortu%C3%B1o_congressional_portrait.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 210px; height: 210px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SmSXMqMRFRI/AAAAAAAAAJg/mz8Ifd0hIgU/s320/210px-Luis_Fortu%C3%B1o_congressional_portrait.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5360575700217697554" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No crean que les voy a regalar una novela. Una autora exitosa me comentó que los libros de cuentos, de poesía y, sobre todo, las colecciones de ensayos, pueden cederse a los editores sin exigir adelantos. Bastante ganas con  que te los publiquen. Pero las novelas dejan chavitos y se escriben para tener con qué pintar la casa, comprar muebles nuevos, construir una piscina o darse un viajecito.&lt;br /&gt;Lección aprendida. No les regalaré una novela, sino algo menos frívolo: el plan de una novela. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Será una novela impúdicamente larga como los novelones del siglo 19. Una novela por entregas, como los folletines de todos los tiempos. Qué escritores bárbaros Balzac, Galdós, Dickens. Destilaban mil páginas a vuelo de pluma y café mientras el cajista los apuraba. Envidioso el Cortázar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Luis Fortuño Burset&lt;/span&gt; será una vuelta a la novela que nunca debimos perder. El personaje homónimo, que no me atrevo a llamar protagonista, le dará el nombre, como se lo dieron a las suyas Fortunata y Jacinta, Anna Karenina, Oliver Twist, Cecilia Valdés y, por supuesto, Póstumo, pero no será una novela psicológica sino un amplio mural social, una sinfonía de temas morales y éticos. En suma, una pausa entre miradas literarias al ombligo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Fortuño ficticio (??) le hará honor a un híbrido linaje: personaje galdosiano con un pie en las atrocidades del siglo 20. Tendrá la virtud de ser un hombre sin atributos. La envidiable cualidad de no ser alguien en firme. Tampoco se prestará dócilmente a la caricatura, como tantos gobernadores nuestros, desde Romualdo Palacios, el capitán general que enloqueció en Aibonito ebrio de orgías, hasta el tenista de las piernas hermosas y el primer Luigi. Muñoz Marín. El Luis de la novela deseada es un personaje en blanco. No tiene ojos porque te ve sino porque lo miras. La capacidad de reflejar, de refractar, de revelar dobleces y sandeces en los sentimientos que inspira, en las miradas que provoca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La novela desplegará una galería de personajes secundarios. No serán tipos puertorriqueños, ni siquiera nuevos tipos puertorriqueños, pero tampoco se evadirá la fórmula caracterológica del costumbrismo. Por evadir tantas cosas prescritas y proscritas por los críticos aguafiestas se deja de gozar y a veces se desemboca en callejones sin salida. Callejones narrativos, que quede claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luis Fortuño Burset, y él lo sabe mejor que nadie, es ante todo un personaje muy puertorriqueño. A ver por dónde empiezo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el siglo 19 los Fortuño, los Serrallés, los Fonalledas, los Wirshing e incluso los Martorell (terreno minado, salgo volando antes de que me cuelguen) fueron señores de casas no tan grandes, dueños de plantaciones cañeras. Sin dar un paso en falso mutaron del españolismo incondicional y fraudulento –en castellano no fornicaba ninguno– al engendro de ese blanquito chatarra, cabeza de guata, que ya es un tópico de la literatura nuestra. Con Estado Unidos comerciaban; España nunca les quitó las tarifas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De las viejas costumbres de la botella de jerez, las coplas ripiosas y el despotismo fluyeron al son del Charleston, el fox trot y el Seis de Andino a los country clubs, a los senior proms, a los finishing schools, a los White Christmas parties. Como cualquier clase cerrada, cuyos miembros se casan entre primos cercanos y lejanos, puede haber una tara en la herencia genética del personaje, una minusvalía mental. Cuidado. Tomar esa ruta cerraría la novela de manera sórdida e inadecuada, denunciando degeneraciones. Fácil y peligroso ese andamiaje positivista construido sobre el resentimiento. Con rabia no se hace buena literatura, según Virginia Woolf y otros. (Tampoco despachemos a la ligera la mala literatura. Quizás es la única a nuestro alcance, y por qué no escribir así, a pata suelta, en estado de éxtasis animal. Queda al rescoldo. Hay una tara en la familia de Luis Fortuño Burset. Hay una madwoman in the attic, una tía que se desgració, un tío nacionalista o algo así. Uy.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La trama se construirá con la mirada de los otros.Por ejemplo, de cómo sus schoolmates ven a Luis Fortuño Burset.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo conocen desde siempre, desde los Maristas donde estudió él y el College donde estudió su madre. No desdeñan el corte de pelo ni la sonrisa charming ni la intención seductora de la mirada tras los contacts, pero todavía les sorprende el éxito político del muchacho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La pusiste en la China, Luis. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me gusta esa línea, aunque los descendientes de los Serrallés y los Fonalleda no hablan así. Pero es una expresión linda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Luigi, la pusiste en la China. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Varios de estos personajes, seguidores de cualquiera de los tres partidos políticos auspiciados con carne de presupuesto (expresión galdosiana si las hay) se sientan a conversar y a darse palos de Chivas Regal. No. De Irish Whisky de 19 años, para variar. La escena no transcurre en un bufete de abogados corporativos en Hato Rey. No. Será en una casa solariega de Ponce, o mejor en Jájome, porque hace demasiado calor para reunirse en Ponce. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Que se cuide.&lt;br /&gt;-Luigi es sharp, no lo menosprecien, con esa cara ha llegado lejos.&lt;br /&gt;-Ganarle a Pedrito, wow.&lt;br /&gt;-Tenía que ser así. Una pena.&lt;br /&gt;-Aníbal era un mamey. No hacía falta celebrar elecciones. A waste of money.&lt;br /&gt;-Que se cuide de Jennifer y el otro.&lt;br /&gt;-Lacras de la democracia.&lt;br /&gt;-Hay que dar del ala.&lt;br /&gt;-Buffalo wings.&lt;br /&gt;-He´s a good boy. &lt;br /&gt;-¿Quién, Luigi?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estos personajes traman algo, lo sé. Les preocupa la impredecible chusma parlamentaria. Antes era fácil comprar la voluntad de los senadores con un Rolex o una cuenta abierta en Augusto´s, pero ya no hay gente fina en el capitolio. Jennifer González y Thomas Rivera Schatz son de clase pobre, to put it mildly. Diamantes en bruto. ¿Cómo no temerle a Rivera Schatz si su apellido no aparece en la historia del siglo diecinueve de Cruz Monclova? Y cómo mata el inglés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es un tipo cranky.&lt;br /&gt;-Es un individuo temperamental, pero alguien tiene que hacer el dirty work.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tienen claro que Fortuño´s job es gobernar sin que se note. ¿Quién mejor? Nunca se le ha oído un coño ni un fuck. Es igualito a Obama en la pasta. El país está clamando a Dios que se haga una cirugía profunda. Una nueva versión del plan Menem, una aplicación realmente dura del plan Bush. Menos ricos más ricos; más pobres menos pobres, ya que esa gente está acostumbrada a sobrevivir –that´s the problem– y siempre se las arreglan con el narcotráfico y los cupones. Si no los provocas no protestan y Luigi no provoca a nadie. Es una dama. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una cirugía necesaria. Como cuando te arrancan los dientes para evitar que se te caigan y luego te ponen unos alambritos y te implantan dientes plásticos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Esta boca es nueva. A good deal. Me costó veinte mil.&lt;br /&gt;-Buen precio. &lt;br /&gt;-Hay que perder para ganar. Ya puedo comer steaks bien rare. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Acaso no escribió Ricardo Piglia, citando a Bertolt Brecht que sólo un comerciante puede hacer de la pérdida el principio de la reestructuración de todo un sistema? Lindos libros &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Formas breves&lt;/span&gt; y &lt;span style="font-style:italic;"&gt;El último lector&lt;/span&gt;. Quién pudiera escribir libros como esos en vez de chapurrear novelas costumbristas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4166722629806262683-4975292798521427408?l=angelicafuriosa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/feeds/4975292798521427408/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=4166722629806262683&amp;postID=4975292798521427408' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/4975292798521427408'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/4975292798521427408'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/2009/07/luis-fortuno-burset-novela-por-entregas.html' title='Luis Fortuño Burset: novela por entregas'/><author><name>Marta Aponte Alsina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15661284684620845792</uri><email>aponte@caribe.net</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='16709039353782430549'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SmSXMqMRFRI/AAAAAAAAAJg/mz8Ifd0hIgU/s72-c/210px-Luis_Fortu%C3%B1o_congressional_portrait.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4166722629806262683.post-895438204731400975</id><published>2009-07-19T06:45:00.000-07:00</published><updated>2009-07-19T07:01:09.039-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Puerto Rico; Marta Aponte Alsina'/><title type='text'>Puerto Rico: el corazón abierto</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SmMljaObnfI/AAAAAAAAAJY/_NDYzVvoFP8/s1600-h/corazon.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 294px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SmMljaObnfI/AAAAAAAAAJY/_NDYzVvoFP8/s320/corazon.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5360169271766523378" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El sastrecillo valiente del folklore mataba siete moscas de un solo golpe. Un cirujano puertorriqueño, especialista en intervenciones de corazón abierto, opera cuatro pacientes en un solo día. Muchos médicos han abandonado el país y él se ha quedado defendiendo la plaza. Su técnica es asombrosa. Ciertos filósofos afirmaban que el cuerpo es una máquina. El médico, sin ser adicto a la filosofía, ha perfeccionado en el quirófano la técnica de ensamblaje de automóviles inventada hace más de un siglo por Henry Ford. Mientras el cuarto paciente asimila la anestesia, el tercero se prepara para la incisión perfecta, el segundo muere a causa de una obstrucción intestinal y el primero comienza a recuperarse. Es tan veloz la figura del médico que a veces no se sabe dónde está, pero su asistente siempre se encuentra en una de las cuatro salas o a la salida, entregando facturas a los parientes de los enfermos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4166722629806262683-895438204731400975?l=angelicafuriosa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/feeds/895438204731400975/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=4166722629806262683&amp;postID=895438204731400975' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/895438204731400975'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/895438204731400975'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/2009/07/puerto-rico-el-corazon-abierto.html' title='Puerto Rico: el corazón abierto'/><author><name>Marta Aponte Alsina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15661284684620845792</uri><email>aponte@caribe.net</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='16709039353782430549'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SmMljaObnfI/AAAAAAAAAJY/_NDYzVvoFP8/s72-c/corazon.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4166722629806262683.post-3048249591617453035</id><published>2009-07-17T08:10:00.000-07:00</published><updated>2009-07-17T08:22:03.267-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Leopold y Loeb; Sexto sueño; Marta Aponte Alsina; literatura puertorriqueña; Veintisiete Letras'/><title type='text'>La cabeza de Richard entre Malena y el Sur</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SmCXBKKX0-I/AAAAAAAAAJQ/Qcwb7feefME/s1600-h/El+nene1.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SmCXBKKX0-I/AAAAAAAAAJQ/Qcwb7feefME/s320/El+nene1.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5359449602734412770" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4166722629806262683-3048249591617453035?l=angelicafuriosa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/feeds/3048249591617453035/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=4166722629806262683&amp;postID=3048249591617453035' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/3048249591617453035'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/3048249591617453035'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/2009/07/la-cabeza-de-richard-entre-malena-y-el.html' title='La cabeza de Richard entre Malena y el Sur'/><author><name>Marta Aponte Alsina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15661284684620845792</uri><email>aponte@caribe.net</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='16709039353782430549'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SmCXBKKX0-I/AAAAAAAAAJQ/Qcwb7feefME/s72-c/El+nene1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4166722629806262683.post-6688392692862118538</id><published>2009-07-06T08:39:00.000-07:00</published><updated>2009-07-26T11:22:33.061-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Miguel Ángel Muñoz; Quédate donde estás; El síndrome Chéjov'/><title type='text'>El arte de Miguel Ángel Muñoz</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SlIdZJ68mDI/AAAAAAAAAJI/l124uT-YPe4/s1600-h/Qu%C3%83%C2%A9date.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5355375224894036018" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 202px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SlIdZJ68mDI/AAAAAAAAAJI/l124uT-YPe4/s320/Qu%C3%A9date.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;(&lt;i&gt;Miguel Ángel Muñoz. Quédate donde estás. &lt;span class="Apple-style-span" style="FONT-STYLE: normal"&gt;Madrid: Páginas de Espuma, 2009)&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: right"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;b&gt;Marta Aponte Alsina&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-INDENT: 0.5in"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-INDENT: 0.5in"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Para un escritor como Miguel Ángel Muñoz (Almería, 1970), tan dedicado a la reivindicación del género cuento, el que propongamos que la distensión es una de las coordenadas de su poética puede parecer un contrasentido. No obstante, el maestro de la distensión en el cuento es ese Chéjov que ocupa un lugar destacado en sus afectos. En Chéjov la distensión emana de la lenta dosificación de lo ordinario, de la configuración de atmósferas que ocultan el horror tras un aura confortable, semejante a la que presagia ciertos episodios mórbidos, o a la iluminación que en algunos afortunados, se dice, antecede a la muerte. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-INDENT: 0.5in"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;A propósito de maestros, una pareja tutelar de cuentistas es la de Chéjov y Poe. En su país natal Poe no deja de ser tomado con un grano de sal. Hace unos meses, en el &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;New&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Yorker&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;, en la reseña de una nueva biografía y dos antologías publicadas en este año del bicentenario del nacimiento del autor, la crítica Jill Lepore se preguntaba si Poe (quien adoptó los moldes sensacionalistas de la literatura gótica para poder vender sus historias al tiempo que despreciaba los gustos burdos de la masa) era un genio perfecto o un perfecto farsante. En contraste, el aprecio a Chéjov parece trascender modas narrativas. No ha perdido gracia la seducción paulatina de sus mundos extraños que se despliegan con naturalidad y que, en lugar de cerrarse de manera efectista, se van apagando en la indeterminación. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-INDENT: 0.5in"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;En Miguel Ángel Muñoz la balanza se inclina del lado de Chéjov y sus émulos. Su empresa como narrador ha sido airear tradiciones del arte de narrar en ejercicios que van desde la parodia de narraciones seudo-históricas hasta la estética pop aplicada al retrato de situaciones actuales.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-INDENT: 0.5in"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Muñoz ha publicado dos libros de cuentos: &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Quédate donde estás&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; y &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;El síndrome Chéjov&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; (Páginas de Espuma, 2006). En “Antón Chejov, médico”, uno de los relatos de &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;El síndrome&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; se presenta al escritor como personaje de ficción. Hay escenas que irradian una calidez casi erótica, un erotismo casi místico, en el espacio de la casa consultorio y taller del escritor en Yalta. El relato se construye articulando niveles temporales y de sentido, a la manera de un juego de espejos, como si el cuento fuera lo que en efecto es, una cámara oscura que miniaturiza y apresa un trozo de realidad. La escena donde los actores han terminado una representación urgente de &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;El tío Vania&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; para que el dramaturgo pueda descansar encierra una poética del cuento como objeto, un objeto de palabras que impregna el aire con sensaciones reverberantes y plantea un enigma, a la vez que una iluminación:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-INDENT: 0.5in"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN-LEFT: 0.5in"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Los actores, respetuosos pero con una euforia decepcionada, fueron despojándose de los añadidos –sombreros, corbatas, chaquetas ajustadas, vestidos incómodos- y se sentaron sobre la hierba, silenciosos. Chéjov los miró por última vez antes de acostarse y notó la enfermedad en su cuerpo, se vio a sí mismo patético, y se dijo que aunque al día siguiente ese matiz simbólico desapareciese y le permitiese apreciar los aspectos técnicos de lo que había presenciado aquella noche, en ese momento su obra, que en un mes vería en Moscú, revivida por los actores, exhibía para él una tristeza funeraria que no sabía si provenía del texto, de los rostros maquillados y deformados por la exposición a una iluminación natural y sombría, o si era simplemente la melancolía que emanaba de aquella naturaleza de Crimea, todavía desconocida para él. (pp. 98-99)&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-INDENT: 0.5in"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-INDENT: 0.5in"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;En otra escena, en la noche de la boda de Chéjov, el escritor enamorado (un hombre tan fino que Tolstoi, quien lo quería mucho, lo comparaba, según Carver, con una mujer) se retira no sin antes invitar a sus invitados a que prolonguen el placer del banquete, a que beban y bailen hasta el delirio, a que vivan hasta que no puedan ya tenerse en pie. Entonces el deleite vital de la lectura proviene, en todo caso, del bienestar de una fruición estética amparada en la generosidad del anfitrión. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escribió Chéjov en una de sus cartas que el autor debe ser compasivo de pies a cabeza. Compasivo, es decir, ni dogmático, ni sensiblero, ni arrogante; distante sin frialdad interior. La humanidad puede ser cruel, mezquina y maligna, pero un autor, el cronista de esa especie desastrosa, no puede darse tales lujos. El tono compasivo de la escritura es inseparable de quien puede interpretar una enfermedad porque él mismo la padece.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-INDENT: 0.5in"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;En los cuentos de &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Quédate&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;como&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;estás&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; se repite el motivo del escritor como personaje, así como las venturas y desventuras de la vida en pareja, incluso la dicción teatral de alguno (“Ropa de verano”) cuya ironía radica en los matices de una despedida en tono de monólogo amoroso. En materia de cuentos de escritores, sobresale una parábola kafkiana con Kafka y Jakob Brod, el hermano menor de Max, como personajes. Para tratar de salvarlo de la locura solitaria, Brod apuesta con Kafka a que el escritor no podrá sobrevivir en las condiciones carcelarias de una fantasía suya: una habitación cerrada, donde sin contacto alguno con el mundo exterior, salvo los alimentos que alguien le hará llegar por debajo de la puerta, pueda pasar la vida escribiendo, en completo silencio. Como en la evolución de otro praguense, Rilke, lo que madura en la soledad es la fusión entre el mundo de las criaturas despreciadas y la subjetividad del escritor (Rilke hablaba del escritor niño, “destinado a entrar y salir temerariamente de todo tipo de criaturas”). En todo caso este relato propone una dramatización del origen de &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;La&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;metamorfosis&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-INDENT: 0.5in"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;La fusión entre el escritor y los seres y las cosas (narcisismo especular que recuerda al poeta camaleónico de Keats, y al imperio de lo minúsculo en Bachelard) está presente en el cuento breve “Jabón de Marsella”, así como en varios relatos cortos, que también tienen por personajes a escritores: Salinger, de quien ya no se sabrá jamás si vive o ha muerto, pues vive como un muerto; Onetti, el macho que ama y abandona a dos primas, “sepultadas en el pozo de la pequeña historia de la literatura”; Carver, quien ante un ciervo muerto experimenta la epifanía que cristalizará en el bellísimo relato “Errand” inspirado en la muerte de Chéjov: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-INDENT: 0.5in"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN-LEFT: 0.5in"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;En los ojos del animal había una expresión que Carver intentó definir: no era rabia, ni rebelión ni, por supuesto, conciencia del final. Más bien recordaba el arrepentimiento que los niños muestran después de cometer una maldad, como si el animal fuese consciente de haber dado un paso en falso, de haber cometido un error fatal, después de tantas escaramuzas, de haber jugado al escondite durante varios años con las armas de los cazadores, y eso le hubiera conducido a aquella furgoneta que le transportaba con brusquedad sobre la grava y los socavones, hacia el pueblo, donde su cuerpo, troceado para carne y adorno, terminaría por desaparecer. (pp. 139-140)&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-INDENT: 0.5in"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-INDENT: 0.5in"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;La lectura de Cortázar sobresale en varios relatos, pero hay uno extraordinario, cuya óptica se corresponde mejor con la de Cristina Peri Rossi en &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;La rebelión de los niños&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;. Se trata de &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Los niños hundidos&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;. En un hotel abandonado que se levanta en una costa desierta, desprendimiento de tantas posadas malditas que reinciden en el cine y la literatura -en las paredes de &lt;i&gt;este&lt;/i&gt; hotel los pasillos están decoradas con fotos de actores- unos seres vigilantes parecen dedicarse a rescatar cadáveres de niños ahogados y a la devastadora tarea de notificar a los padres. En las aguas del sueño, las pesadillas de los huéspedes atrapados en el hotel se confunden con las aguas marinas, pobladas de niños muertos, compañeritos de la niñez o reflejos del niño propio. Es el reino de todos los niños asesinados, devorados por la condición misma de los cuerpos, el poder, el deseo y el horror en una trama hermética. En diálogo con Peri Rossi se ubicaría también un raro relato de aprendizaje, “El reino químico”. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-INDENT: 0.5in"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;“Vitruvio” sabe a ciencia ficción extraña, una ciencia ficción que parece cantar las alabanzas de la técnica y la ciencia en la esfera del consumo. Vitruvio, el teórico renacentista de las proporciones, el que inspiró al hombre de cuatro brazos dibujado por Da Vinci, es emblema de un monstruo que, al contrario de los de su especie, inspira amor. Se trata de otra metáfora del escritor, padre, marido y concursante crónico de esos generosos concursos auspiciados por las comunidades españolas. El hombre se “hace brazos”, como otros se hacen la barbilla o la nariz, es decir, se hace transplantar seis brazos adicionales y con ellos escribe portentosamente. Al final, en un encuentro con el escritor mutilado donante de dos de esos brazos, reaparece el linaje gótico de los monstruos y el inevitable parentesco entre escritura y violencia. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-INDENT: 0.5in"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Casi siempre se lee sabiendo más que los personajes aunque estos sean Carver y Chéjov. Pero “Banda ancha”, el cuento final, cuyo tema es el acceso deslumbrado a la esfera de la Internet, plantea el recorrido en inocente ignorancia, lo que brinda matices de nobleza al vicioso deambular interminable entre una página y otra en busca de la página imposible, esa “que detalla todo, la que lo explica todo, la que, ahora sí, lo dice todo”. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-INDENT: 0.5in"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;“Quédate dónde estás”, el cuento que da nombre al volumen, reafirma el antagonismo amoroso entre el registro estético y la muerte. El protagonista, un joven aspirante a cineasta, pide a su amante que no se mueva. Quiere filmarla, es decir, rendir homenaje al instante, pero la cámara revela una mancha maligna. Como en “Las babas del diablo”, de Cortázar, el ojo de la cámara descubre el mal, en este caso una enfermedad aniquiladora del “tiempo florido” de la juventud. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-INDENT: 0.5in"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;El síndrome Chéjov&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; y &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Quédate donde estás&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; son los presentes de un narrador para quien publicar no ha sido un tanteo, sino la entrega de un fruto madurado con depuración autocrítica. Me atrevo a sugerir que Muñoz podría escribir un libro de estrategias narrativas que, como los tratados de ajedrez, nombre, describa e ilustre las formas de iniciar, elaborar y cerrar un relato. Conoce la tradición del cuento y la enriquce en su blog, que recoge muestras de todas las regiones donde se escriben relatos en español. Su escritura congrega materiales literarios, cinematográficos y vitales diversos, pero siempre regidos por esa humanidad que no es producto de la evasión ni del sentimentalismo, sino de una visión tan ecuánime como insobornable ante los desastres de la especie. En el prólogo a su primer libro, señalaba con juvenil apasionamiento el autor: “Ojalá el tiempo me dé la oportunidad, a lo largo de los años, de escribir más de cien relatos que me convenzan”. Sólo quien escribe con un deseo que raya en la fe podrá persistir en la ambiciosa intención de tomar cien veces la medida del tiempo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Página de Miguel Ángel Muñoz:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;www.elsindromechejov.blogspot.com&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4166722629806262683-6688392692862118538?l=angelicafuriosa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/feeds/6688392692862118538/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=4166722629806262683&amp;postID=6688392692862118538' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/6688392692862118538'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/6688392692862118538'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/2009/07/el-arte-de-miguel-angel-munoz.html' title='El arte de Miguel Ángel Muñoz'/><author><name>Marta Aponte Alsina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15661284684620845792</uri><email>aponte@caribe.net</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='16709039353782430549'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SlIdZJ68mDI/AAAAAAAAAJI/l124uT-YPe4/s72-c/Qu%C3%A9date.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4166722629806262683.post-4236718475008088215</id><published>2009-06-28T10:52:00.001-07:00</published><updated>2009-06-28T10:56:01.456-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Marta Ortiz; San Juan Puerto Rico; literatura argentina'/><title type='text'>Un poema de Marta Ortiz</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SkeuiyVcZiI/AAAAAAAAAJA/oNLqvRra-oI/s1600-h/marcha+015.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 213px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SkeuiyVcZiI/AAAAAAAAAJA/oNLqvRra-oI/s320/marcha+015.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5352438594803623458" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;h1&gt;&lt;span lang="ES"  style="Palatino Linotype&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;San Juan &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h1&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-family:&amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;(Puerto Rico)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-family:&amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-family:&amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;Desorienta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-family:&amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;La noche desierta desorienta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-family:&amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;-penden azaleas los balcones al pastel-&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-family:&amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-family:&amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;De trigo maduro &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-family:&amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;araña la luna el último cielo &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-family:&amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;a ras de seda &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-family:&amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;a ras de agua&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-family:&amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-family:&amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;huésped de telarañas &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-family:&amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;        &lt;/span&gt;-escorzo-&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;    &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-family:&amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;brillo a plata vieja &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-family:&amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;en el vago empedrado azul.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-family:&amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-family:&amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;Subo el mapa antiguo,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-family:&amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;la grafía de la curva&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-family:&amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;        &lt;/span&gt;-cadencia –&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:33.0pt"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-family: &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;;mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-family:&amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;El silencio cae al mar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-family:&amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;Perdida la luna, me resto a la noche.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-family:&amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;Sombra china, mi andar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4166722629806262683-4236718475008088215?l=angelicafuriosa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/feeds/4236718475008088215/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=4166722629806262683&amp;postID=4236718475008088215' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/4236718475008088215'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/4236718475008088215'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/2009/06/un-poema-de-marta-ortiz.html' title='Un poema de Marta Ortiz'/><author><name>Marta Aponte Alsina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15661284684620845792</uri><email>aponte@caribe.net</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='16709039353782430549'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SkeuiyVcZiI/AAAAAAAAAJA/oNLqvRra-oI/s72-c/marcha+015.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4166722629806262683.post-2640819264088478521</id><published>2009-06-08T16:58:00.000-07:00</published><updated>2009-06-08T17:01:34.475-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Veintisiete Letras; Viviana Paletta; María Moreno; Nathan Leopold; Sexto sueño'/><title type='text'>Las editoras de Veintisiete Letras y Nathan Leopold en la Feria del Libro de Madrid</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/Si2mLFiDWJI/AAAAAAAAAI4/NqEZ6rxEZHo/s1600-h/20090606elpmad_4.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 235px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/Si2mLFiDWJI/AAAAAAAAAI4/NqEZ6rxEZHo/s320/20090606elpmad_4.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5345111042152421522" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4166722629806262683-2640819264088478521?l=angelicafuriosa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/feeds/2640819264088478521/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=4166722629806262683&amp;postID=2640819264088478521' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/2640819264088478521'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/2640819264088478521'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/2009/06/las-editoras-de-veintisiete-letras-y.html' title='Las editoras de Veintisiete Letras y Nathan Leopold en la Feria del Libro de Madrid'/><author><name>Marta Aponte Alsina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15661284684620845792</uri><email>aponte@caribe.net</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='16709039353782430549'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/Si2mLFiDWJI/AAAAAAAAAI4/NqEZ6rxEZHo/s72-c/20090606elpmad_4.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4166722629806262683.post-6727887171057196773</id><published>2009-06-05T16:45:00.000-07:00</published><updated>2009-06-05T17:11:46.931-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Puerto Rico  para todos; gran marcha del 5 de junio contra la política neoliberal del gobierno; fotógrafo Frank Vélez Quiñones;'/><title type='text'>5 de junio en la calle</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SimzpVZKSCI/AAAAAAAAAIw/Ldo1LwaBJ64/s1600-h/marcha+010.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 213px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SimzpVZKSCI/AAAAAAAAAIw/Ldo1LwaBJ64/s320/marcha+010.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5343999955550488610" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SimvXdNYkxI/AAAAAAAAAIo/KKqgCoVh6TU/s1600-h/marcha+012.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 213px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SimvXdNYkxI/AAAAAAAAAIo/KKqgCoVh6TU/s320/marcha+012.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5343995250364420882" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4166722629806262683-6727887171057196773?l=angelicafuriosa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/feeds/6727887171057196773/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=4166722629806262683&amp;postID=6727887171057196773' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/6727887171057196773'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/6727887171057196773'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/2009/06/5-de-junio-en-la-calle.html' title='5 de junio en la calle'/><author><name>Marta Aponte Alsina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15661284684620845792</uri><email>aponte@caribe.net</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='16709039353782430549'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SimzpVZKSCI/AAAAAAAAAIw/Ldo1LwaBJ64/s72-c/marcha+010.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4166722629806262683.post-7802303990826604911</id><published>2009-05-12T07:52:00.000-07:00</published><updated>2009-05-12T07:52:11.533-07:00</updated><title type='text'>El síndrome Chéjov: Lunáticos: Novela inédita de Marta Aponte Alsina.</title><content type='html'>&lt;a href="http://elsindromechejov.blogspot.com/2009/05/lunaticos-novela-inedita-de-marta.html"&gt;El síndrome Chéjov: Lunáticos: Novela inédita de Marta Aponte Alsina.&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4166722629806262683-7802303990826604911?l=angelicafuriosa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='related' href='http://elsindromechejov.blogspot.com/2009/05/lunaticos-novela-inedita-de-marta.html' title='El síndrome Chéjov: Lunáticos: Novela inédita de Marta Aponte Alsina.'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/feeds/7802303990826604911/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=4166722629806262683&amp;postID=7802303990826604911' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/7802303990826604911'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/7802303990826604911'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/2009/05/el-sindrome-chejov-lunaticos-novela.html' title='El síndrome Chéjov: Lunáticos: Novela inédita de Marta Aponte Alsina.'/><author><name>Marta Aponte Alsina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15661284684620845792</uri><email>aponte@caribe.net</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='16709039353782430549'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4166722629806262683.post-2650581240131242597</id><published>2009-05-09T10:10:00.001-07:00</published><updated>2009-05-12T15:23:03.488-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alejandro Tapia y Rivera; Marta Aponte Alsina'/><title type='text'>Un lector en la isla del fin del mundo</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SgW5_G49iGI/AAAAAAAAAIg/BTQJOpw1trM/s1600-h/alejandro_tapia1.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 254px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SgW5_G49iGI/AAAAAAAAAIg/BTQJOpw1trM/s320/alejandro_tapia1.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5333873827522644066" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" align="center" style="text-align: right;line-height: 200%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Marta Aponte Alsina&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" align="center" style="text-align: left;line-height: 200%; "&gt;  &lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;Alejandro Tapia fue el primer autor puertorriqueño conciente de serlo, el menos &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;amateur&lt;/i&gt; en un país dotado de una singular y equívoca distinción. Puerto Rico, una de las primeras colonias fundadas durante la expansión imperial renacentista, la última colonia española en el Nuevo Mundo, sigue siendo un territorio inmóvil en la telaraña del Destino Manifiesto. Es verdad que de la isla salieron Hostos y Betances, y que otro país fue posible en la imaginación de los desterrados. Sin embargo, mientras el siglo de las revoluciones americanas de independencia se coronaba de palabra y obra con uno de los inventores de la modernidad en lengua española, José Martí -de quien aprendería Darío, más que una cadencia, el caudal memorioso de las culturas del libro- nuestro siglo diecinueve cierra con un poema de Muñoz Rivera dedicado al hombre feliz que no ha visto más río que el de su patria. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;Sirve de emblema de la ciudad letrada cubana un linaje de poetas. En el oriente cafetalero, en una sola familia, nacieron José María Heredia, el “poeta nacional” y José María de Heredia, el “poeta afrancesado”. Opuestos que coinciden e incitan a pensar en los caminos sorprendentes de las culturas del Caribe; en el alcance insospechado de las tramas que por la región circulan sin morderse la cola ni alcanzar la puntada de remate. Heredia “el afrancesado”, de paso, fue prototipo de lo que Edward Said llamó, a propósito justamente de escritores del Caribe inglés, el “voyage in”: un autor nacido en un país periférico cuya obra invade y transforma el canon de Occidente, si bien en el caso de Heredia no por vía de la resistencia y la influencia crítica, sino de la asimilación. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;Heredia fue discípulo de otro isleño nacido también en una colonia: Leconte de L´isle, hijo predilecto de la Isla Reunión, autor de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Poemas&lt;/i&gt; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;bárbaros&lt;/i&gt;, un abigarrado cúmulo de paisajes orientalistas donde emergen como en un espejismo ciudades que cobijan antros de violencia y guaridas de gigantes dormidos. Rubén Darío copiará unos versos de los &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Poemas&lt;/i&gt; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;bárbaros&lt;/i&gt; como lema de su entrada en la ciudad de Nueva York, a la que llama “el corazón del bárbaro”, escondrijo de hombres encerrados en “torres de piedra, de hierro y de cristal”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;Tapia, Heredia, Leconte de L´isle y desde luego Martí y Darío, todos ellos fueron lectores apasionados de Víctor Hugo, el más idolatrado escritor metropolitano del siglo diecinueve. Para muestra de afectos, unas palabras de José Martí: “Parecía una visión. Parecía una nube de plata. Parecía un mensaje de la altura. Parecía el cortejo de un monarca, -monarca de monarquía desconocida en la tierra. Era Víctor Hugo.” &lt;a style="mso-endnote-id: edn1" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/ensayo%20sobre%20Tapiaparateneo.doc#_edn1" name="_ednref1" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="font-size:12.0pt;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-PR;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language:AR-SA"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;Conmueve que esa comunidad de lectores, imposible en el plano de la vida breve, ocurra en el territorio de las novelas de Hugo. A la luz artificial de la lectura, se cruzan rutas distantes. Mientras el cubano Heredia sienta plaza de primer discípulo de una escuela poética que será un centro de poder en Francia y cuyos ritmos regresarán al español gracias al oído de Rubén Darío, Tapia será el primer escritor obstinado, deseoso de gloria y condenado a la escritura como siembra en el desierto de un territorio invisible, para usar el concepto explorado por Eduardo Lalo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;Víctor Hugo publicó su primera novela siendo casi un niño. &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Han D´islande&lt;/i&gt;, entre otras intrigas, cuenta las leyendas de un monstruo habitante de las tundras islándicas. Se publicó en 1823, tres años antes del nacimiento de Tapia. Comenta el mismo Tapia en sus &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Memorias&lt;/i&gt; la pobre oferta de librerías de San Juan, en las primeras décadas del siglo diecinueve. Pero en las bibliotecas particulares de las familias ilustradas se encontraban otros libros, “pasto del alma, delicias del espíritu” (Gracián), entre ellos, además de los enciclopedistas prohibidos, los novelones de Scott y de Hugo. Tapia apenas describe los años que empleó “en hablar con los muertos”, respirando el aire polvoriento de la biblioteca de la familia Andino. El eco de esa biblioteca reaparece en la de Domingo Delmonte, a quien conoció en Madrid durante su primer exilio. Recordar esos lugares es ir en busca de un lector que vivió en una de las islas del fin del mundo y que se hizo libre entre los libros. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;La lectura de las novelas de Hugo, del &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Macías&lt;/i&gt; de Larra y del &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Gil Blas&lt;/i&gt; de Lesage es la trama oculta de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;La leyenda de los veinte años&lt;/i&gt;, una novelita publicada por Tapia en 1874, en la imprenta sanjuanera de González. Por entonces le ocupaban varias obras más sustanciales: la histórica &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Cofresí&lt;/i&gt; y las excéntricas &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Póstumo el transmigrado&lt;/i&gt; y &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Póstumo el envirginiado&lt;/i&gt;, además de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;La sataniada&lt;/i&gt;. Quizás esta novelita, escrita al margen de trabajos de gran aliento, descorre la intimidad del taller de un escritor cuya huella personal sólo se capta, y ello hasta donde la discreción lo permite, en sus &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Memorias&lt;/i&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;En su superficie, la escritura de Tapia responde a las formas historicistas y sentimentales de una corriente popular que Peter Brooke ha llamado “la imaginación melodramática”. La superficie es una cifra, una respuesta soterrada a la censura política.&lt;a style="mso-endnote-id: edn2" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/ensayo%20sobre%20Tapiaparateneo.doc#_edn2" name="_ednref2" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="font-size:12.0pt;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-PR;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language:AR-SA"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; En la bárbara situación colonial los libros eran artículos prohibidos. Escribir en la colonia suponía, además, una diglosia: de un lado las hablas del país, -producto de siglos de aislamiento, hibridación, mestizaje y comercio clandestino- del otro la tradición canónica de la metrópoli. De modo que el escritor tenía por fuerza que enfrentarse, al construir su poética o sistema literario, al peso de la historia y a los mecanismos que sostienen al sistema imperial. Comenta Derek Walcott, refiriéndose a una realidad contemporánea cuya complejidad, no obstante, se manifiesta de cierta manera en nuestro escritor colonial del siglo diecinueve: “Esta vergüenza, el deslumbramiento ante la Historia, posee a los escritores del tercer mundo, para quienes el lenguaje es una forma de esclavitud. Rabiosamente deseosos de una identidad propia, solo respetan la incoherencia y la nostalgia”&lt;/span&gt;.&lt;a style="mso-endnote-id:edn3" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/ensayo%20sobre%20Tapiaparateneo.doc#_edn3" name="_ednref3" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-fareast-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:EN-US;mso-fareast-language: EN-US;mso-bidi-language:AR-SA"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language: ES-PR"&gt;Tapia investigó, es un hecho, otra Historia del país en las crónicas que publicó en la &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Biblioteca histórica&lt;/i&gt;, sentando así la orientación de su propia poética.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;En&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt; La leyenda de los veinte años&lt;/i&gt; pugnan la libertad de la imaginación y el peso de la Historia en escenarios narrativos forjados por la voluntad del escritor lector. La novelita narra los líos amorosos de Eduardo, un muchacho que nunca ha salido de la isla y que hierve con la ardiente pasión de sus instintos eróticos y sus lecturas. La trama de peripecias, a la usanza de una comedia de errores e infidelidades, acarrea materiales literarios, a la vez que elementos del género de la crónica, además de cierto distanciamiento metatextual, como si el narrador se viera a sí mismo en el acto de escribir. La edad del protagonista, su diferencia respecto a la edad del narrador, sientan el tono entre cariñoso y paternal, incluso en la dedicatoria a José Julián Acosta, amigo de infancia de Tapia. El personaje se caracteriza, ante todo, como lector: “Así pues, no existe calle, plaza ni espacio en la ciudad y sus contornos, de que no ha salido nunca, que no le recuerden algún pasaje o lugar de sus lecturas”. &lt;a style="mso-endnote-id:edn4" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/ensayo%20sobre%20Tapiaparateneo.doc#_edn4" name="_ednref4" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="font-size:12.0pt;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-PR;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language:AR-SA"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Un lector, por cierto, de Victor Hugo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language: ES-PR"&gt;Eduardo está en aquella época feliz. Vive en una ciudad pequeña, pero a su edad todas son bellas y populosas. Más aún: no hay novela de su tiempo, que al devorarla él con ávida mente, no quede localizada por su imaginación en la ciudad nativa. Siendo ésta la de San Juan, Puerto Rico, no hay lugar en ella que, aunque de la manera más absurda, no imagine como teatro de algunas de las escenas que en las referidas novelas se representan. Así el castillo del Cañuelo es para su mente el famoso de Munckolm que tanto figurara en Han de Islandia; en la Catedral cree ver a Claudio Frollo deslizándose durante la noche por su atrio solitario, y a Cuasimodo en lo alto de la torre buscando en las tinieblas, con su ojo único, la sombra de Esmeralda. &lt;a style="mso-endnote-id: edn5" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/ensayo%20sobre%20Tapiaparateneo.doc#_edn5" name="_ednref5" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="font-size:12.0pt;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-PR;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language:AR-SA"&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;El paisaje también mimetiza los lugares sagrados de los poetas “laquistas”, cuando Eduardo lee desde su orilla, el misterio de las aguas: “La serena bahía con sus manglares verdes y las selvas en lontananza represéntale, ya los lagos de Suiza, que se figura muy risueños, ya el sombrío Támesis, cuando el manto de la noche empieza a cubrirlo”. &lt;a style="mso-endnote-id:edn6" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/ensayo%20sobre%20Tapiaparateneo.doc#_edn6" name="_ednref6" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="font-size:12.0pt;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-PR;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language:AR-SA"&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; En ocasiones la voz del narrador traza matices lúdicos, cercanos a la sátira, pues &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;sabe&lt;/i&gt; que la imaginación, cuando coloca a Puerto Rico en el centro de una geografía prescrita y cultivada en otra parte, incurre en un absurdo. Puerto Rico, en su radical insularismo, en la profunda humillación de un régimen político donde quien detenta el poder puede hacer de todo impunemente, no es un país. Sólo, a duras penas, un paisaje, o más bien, la construcción delirante de un paisaje. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;Pascale Casanova en su estudio sobre la constitución de las literaturas nacionales, sugiere que “la politización en forma nacional o nacionalista -en cierto modo, por tanto, la “nacionalización”- es uno de los rasgos constitutivos de las pequeñas literaturas” y a propósito cita a Milan Kundera: “Una pequeña nación se parece a una gran familia, y le gusta llamarse así”. &lt;a style="mso-endnote-id:edn7" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/ensayo%20sobre%20Tapiaparateneo.doc#_edn7" name="_ednref7" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="font-size:12.0pt;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ES-PR;mso-fareast-language:EN-US; mso-bidi-language:AR-SA"&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Dicho de otro modo, la ausencia de poderes políticos se compensa, a veces patéticamente, desde las barricadas del nacionalismo literario. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;En contraste, en las metrópolis, “los espacios literarios nacionales se construyen en estrecho vínculo con el espacio político de la nación que, a cambio, construyen a edificar”, &lt;a style="mso-endnote-id: edn8" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/ensayo%20sobre%20Tapiaparateneo.doc#_edn8" name="_ednref8" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="font-size:12.0pt;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-PR;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language:AR-SA"&gt;[8]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; armando un cuerpo de instituciones académicas, eclesiásticas y políticas. Así se canoniza, se momifica, se levantan monumentos a una memoria siempre cuestionable. Casanova pone por ejemplo a Paría y la literatura francesa que, durante el siglo diecinueve y parte del veinte fueron centros de irradiación, tanto de estéticas vanguardistas como académicas; portadores del derecho a canonizar por decreto, hacia su propio interior y hacia afuera, a dispensar la “inmortalidad” que concedieron, con sendos espaldarazos, a autores como Heredia y Leconte de L´isle. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;No se podía pedir a España que “consagrara” al raro escritor de su última colonia. España era la periferia exótica de la Europa moderna; para Victor Hugo, uno de los afluentes de la corte de los milagros que el novelista sitúa en los bajos fondos de París. Cuando Betances publicaba que “España no puede dar lo que no tiene” no hacía propaganda. Quizás por eso el Eduardo de Tapia es un lector afrancesado. Su imaginación desbocada trueca los reinos africanos de Cangrejos por la simetría de Versalles, las líneas de defensa de Puerta de Tierra por los caminos de Auteuil. Curiosas también las trasposiciones que realiza su imaginación de lector novelero. El Han de Islanda de Hugo es un monstruo de semblante humano, un demonio formidable, un bandido que siembra el terror en sus comarcas. ¿De dónde esta visión nórdica de lo bárbaro? En un paisaje polar semejante empieza la historia de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Frankenstein&lt;/i&gt;; el frío también conserva cadáveres. &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Han de Islandia&lt;/i&gt;, según Hugo, es el libro de un autor tan joven como el protagonista de la novela de Tapia, que parece hacerle eco en sus devaneos sentimentales.&lt;a style="mso-endnote-id:edn9" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/ensayo%20sobre%20Tapiaparateneo.doc#_edn9" name="_ednref9" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="font-size:12.0pt;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-PR;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language:AR-SA"&gt;[9]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;Convertido, al final de la novela de Hugo, en un patriota, destruye el castillo de Munckholm, incendiándose con él en muestra de un odio ejemplar a los hombres. Para el Eduardo de Tapia, el fortín de El Cañuelo, se manifestaba como un reflejo tropical del sombrío castillo de Munckholm. Puesto que el bandido ocupaba los márgenes de la cultura, el Cañuelo podía ser visto, en noches tormentosas, desde el otro lado de la bahía, como un equivalente a escala de Munckholm sin que la pequeñez del fortín boricua representara una afrenta a los criterios del buen gusto. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;Por otra parte, la catedral de Notre Dame, a juicio del narrador de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Nuestra señora de París&lt;/i&gt;, es uno de los lugares sagrados de su ciudad, es decir, de su nación. La barbarie podrá apasionar a un Victor Hugo nostálgico de los orígenes, pero para él, Notre Dame, a pesar de las profanaciones sufridas, era mucho más que la suma de sus piedras. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;En la catedral de la isla de Tapia, mora algún cadáver ilustre. Ahí yacen los restos del Conquistador Juan Ponce y los despojos de Bernardo de Balbuena, el poeta barroco, y en el atrio se representaban los bailes ancestrales de los negros. Pero la historia del país no satisface el apetito del lector concebido por Tapia. En lugar del fantasma de Balbuena, se desliza el de Claudio Frollo; en lugar de los metálicos golpes disonantes de la armadura de Ponce, se oyen las pisadas desiguales del campanero Cuasimodo. Eduardo se apropia de los monstruos de Hugo y los empequeñece a la escala de la catedral isleña. Los enaniza, como veremos, desde la atmósfera del aplatanamiento que es la tórrida zona profana donde medra el régimen colonial. Sobre todo si el lector es un personaje que desde su lugar invisible reclama esa garra sagrada, la autonomía imaginaria. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;La reducción al absurdo que produce el situar a personajes de la “literatura universal” en una de las islas del fin del mundo esboza un atrevimiento escondido bajo el tono de parodia y olvido de “lo propio”. Entre los personajes que así se trasladan no sólo figura Claudio Frollo, el letrado enloquecido por el deseo, sino el monstruo aferrado a sus campanas con quien se comparaba Tapia al describir su apego a la isla. Curioso espejo este, extraño destino que un lector le depara al monstruo de la catedral que fuera ejemplo del “arte magnífico de los vándalos”. &lt;a style="mso-endnote-id: edn10" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/ensayo%20sobre%20Tapiaparateneo.doc#_edn10" name="_ednref10" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="font-size:12.0pt;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-PR;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language:AR-SA"&gt;[10]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;Comenta Franco Moretti, en torno al manejo del espacio en la novela histórica, que en las de Walter Scott, así como en &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Nuestra señora de París&lt;/i&gt; puede leerse una continuidad entre el espacio y la metáfora.&lt;a style="mso-endnote-id:edn11" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/ensayo%20sobre%20Tapiaparateneo.doc#_edn11" name="_ednref11" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="font-size:12.0pt;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-PR;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language:AR-SA"&gt;[11]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Quizás porque su ciudad no es una verdadera capital, sino el escenario de sus tedios, cuando el aspirante a poeta de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;La leyenda de los veinte años&lt;/i&gt; la recorre a medianoche no lo asedia el terror que asalta al poeta de Victor Hugo enfrentado a la sordidez de los barrios, sino el aburrimiento de la plaza de Santiago y la calle de Norzagaray. Caminando junto a la muralla va pensando en el vasto mar “que me separa del mundo”. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;Si algún subtexto hay en esta novela, ese es el contraste entre la cultura vegetativa del país y los lugares comunes de una Europa &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;leída&lt;/i&gt; desde las lánguidas estaciones del trópico. La imagen de la isla se configura en sus sensualidades. En un almuerzo campestre, tres de los personajes, sentados a la mesa, conversan mientras degustan un almuerzo híbrido:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language: ES-PR"&gt;La antigua criada Ma Francisca les sirvió el almuerzo que, no por llamarse criollo, dejaba de ser europeo; pues junto a la hayaca del Guaïre y del mofongo a la puertorriqueña, incitaban el apetito otros platos más exóticos. El buen vino no podía faltar. &lt;a style="mso-endnote-id:edn12" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/ensayo%20sobre%20Tapiaparateneo.doc#_edn12" name="_ednref12" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="font-size:12.0pt;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-PR;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language:AR-SA"&gt;[12]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language: ES-PR"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;Cordialidad perfumada con el humo de las “espiras vagorosas y aromáticas de la hoja de Comerío”. En la molicie de esa estética resultaría incomprensible que un cigarro no fuera un cigarro&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;La complicidad del diálogo entre los criollos y el militar español pone en escena un mecanismo comparable al código que Susana Zanetti, en su libro &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;La dorada garra de la lectura, lectoras y lectores de novela en América Latina,&lt;/i&gt; ha llamado un pacto de lectura y escritura “que remite al pacto colonial español”. Entre la complaciente&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;voluptuosidad de la colonia y la morbidez mediterránea no hay, se sugiere, diferencias de fondo, al menos en la lascivia que provocan.&lt;a style="mso-endnote-id:edn13" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/ensayo%20sobre%20Tapiaparateneo.doc#_edn13" name="_ednref13" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="font-size:12.0pt;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ES-PR;mso-fareast-language:EN-US; mso-bidi-language:AR-SA"&gt;[13]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;La ciudad invisible se apropia de los espacios del gran melodrama (el cementerio, la plaza desierta, las calles sonámbulas) y les rebaja el tono. Las sagradas claves nacionales que Hugo hubiera situado en la “sinfonía en piedra” de la catedral de Notre Dame se trasladan al paisaje. El paisaje es el país; metonimia, como en Gautier, de mujer y fronda. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;El credo de la voluptuosidad, como toda coartada, formaliza un ritual de encuentros. Es la utopía consoladora de la naturaleza como Arcadia, pero una Arcadia cautiva, que se sabe falsa, como si la corrupción de la complicidad entre el imperio y el colonizado que denuncia Walcott, la complacencia ante la estética de la villa miseria colonial, pudiera excusarse tras cierta displicencia juguetona. Las mujeres despechadas llevan la peor parte en &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;La&lt;/i&gt; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;leyenda&lt;/i&gt;. Sólo una prevalece: la “octerona” Carolina, “la de la mano de fuego satánico” que se cuela &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;de&lt;/i&gt; &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;cierta&lt;/i&gt; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;manera&lt;/i&gt; en los escenarios del poder. Los negros son personajes secundarios: cocinan, trabajan, se ríen de las ocurrencias del blanquito en el idílico hogar del señor que todavía no se desprende de la embriaguez del paisaje, de la voz blanda que seduce y aplatana. &lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;No obstante su marginalidad, esta trama urdida por un lector en una isla del fin del mundo es, como todas las obras construidas a partir de la lectura de otras obras, un ejemplo del arte liberador de la reapropiación. Trasladar, desarraigar para resembrar; reducir en el sentido culinario de la cocción que concentra el sabor de los alimentos. Para el protagonista lector de la &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Leyenda&lt;/i&gt;, los pueblos no mueren de nada mientras puedan robarse el fuego de las ficciones para levantar castillos en el aire. &lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;El último lector estará siempre más allá de los discursos institucionales y académicos. Tapia, Martí, Heredia, fueron a su vez leídos por Nilita Vientós, otra isleña apasionada lectora de Hugo, quien de niña, tras una lectura de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Los&lt;/i&gt; &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;miserables&lt;/i&gt;, decidió estudiar derecho con la intención de promulgar leyes que convirtieran las cárceles en escuelas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;¿Dónde están, ahora, ese lector, esa lectora, que, a la manera del Eduardo de Tapia se crean capaces de poner los monumentos literarios en su sitio, es decir, de reducirlos a escalas más humanas, como hechiceros de la magia simpática? ¿Será ese lector el vengador de las literaturas pequeñas? Felizmente el término de la lectura describe una red múltiple e interminable. Las mismas condiciones que parecen condenar a muerte al lector incuban una proliferación epidémica de lectores que esbozarán sus propias lecturas excéntricas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;Por eso concluyo con la manifestación de una esperanza, que dista de ser una certeza: Esperemos que esos lectores de la futuridad (Lezama) emprendan lo que Tapia y sus personajes no pudieron hacer: reducir al absurdo, desde los márgenes, a sus reductores. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div style="mso-element:endnote-list"&gt;&lt;br /&gt;  &lt;hr align="left" size="1" width="33%"&gt;    &lt;div style="mso-element:endnote" id="edn1"&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText"&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn1" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/ensayo%20sobre%20Tapiaparateneo.doc#_ednref1" name="_edn1" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:EN-US;mso-fareast-language:EN-US; mso-bidi-language:AR-SA"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt; &lt;span lang="ES-PR"&gt;Martí, José. “Francia”. En &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Europa&lt;/i&gt;, volumen 14 de las &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Obras completas&lt;/i&gt;. La Habana: Editorial Nacional de Cuba,&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;p. 494.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;  &lt;div style="mso-element:endnote" id="edn2"&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText"&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn2" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/ensayo%20sobre%20Tapiaparateneo.doc#_ednref2" name="_edn2" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:EN-US;mso-fareast-language:EN-US; mso-bidi-language:AR-SA"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt; &lt;span lang="ES-PR"&gt;Ver Aponte Alsina Marta. “Póstumo interrogado”. En &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Tapia ayer y hoy&lt;/i&gt;. Santurce: Universidad del Sagrado Corazón, páginas 43 a 70.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;  &lt;div style="mso-element:endnote" id="edn3"&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText"&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn3" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/ensayo%20sobre%20Tapiaparateneo.doc#_ednref3" name="_edn3" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:EN-US;mso-fareast-language:EN-US; mso-bidi-language:AR-SA"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Walcott, Derek. “The Muse of History”. En &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;What the Twilight Says: Essays&lt;/i&gt;. &lt;st1:place st="on"&gt;&lt;st1:state st="on"&gt;New York&lt;/st1:state&gt;&lt;/st1:place&gt;: Farrar Straus Giroux, 1998, p. 37.&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;  &lt;div style="mso-element:endnote" id="edn4"&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText"&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn4" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/ensayo%20sobre%20Tapiaparateneo.doc#_ednref4" name="_edn4" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:EN-US;mso-fareast-language:EN-US; mso-bidi-language:AR-SA"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt; &lt;span lang="ES-PR"&gt;Tapia y Rivera, Alejandro. &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;La leyenda de los veinte años&lt;/i&gt;. México: Editorial Orión, 1967, p. 97.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;  &lt;div style="mso-element:endnote" id="edn5"&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText"&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn5" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/ensayo%20sobre%20Tapiaparateneo.doc#_ednref5" name="_edn5" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:EN-US;mso-fareast-language:EN-US; mso-bidi-language:AR-SA"&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;Ibid., p. 97.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;  &lt;div style="mso-element:endnote" id="edn6"&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText"&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn6" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/ensayo%20sobre%20Tapiaparateneo.doc#_ednref6" name="_edn6" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:EN-US;mso-fareast-language:EN-US; mso-bidi-language:AR-SA"&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;Ibid., p. 98.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;  &lt;div style="mso-element:endnote" id="edn7"&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText"&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn7" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/ensayo%20sobre%20Tapiaparateneo.doc#_ednref7" name="_edn7" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:EN-US;mso-fareast-language:EN-US; mso-bidi-language:AR-SA"&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt; Casanova, Pascale. &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;La república mundial de las letras&lt;/i&gt;. Barcelona: Editorial Anagrama, 2001, páginas 249 y 251.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;  &lt;div style="mso-element:endnote" id="edn8"&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText"&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn8" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/ensayo%20sobre%20Tapiaparateneo.doc#_ednref8" name="_edn8" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:EN-US;mso-fareast-language:EN-US; mso-bidi-language:AR-SA"&gt;[8]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;Ibid., p. 119.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;  &lt;div style="mso-element:endnote" id="edn9"&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText"&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn9" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/ensayo%20sobre%20Tapiaparateneo.doc#_ednref9" name="_edn9" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:EN-US;mso-fareast-language:EN-US; mso-bidi-language:AR-SA"&gt;[9]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt; &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;Han D´Islande&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;. Versión electrónica del texto original incluida en el Proyecto Gutemberg: &lt;a href="http://www.gutenberg.org/"&gt;http://www.gutenberg.org&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;  &lt;div style="mso-element:endnote" id="edn10"&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText"&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn10" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/ensayo%20sobre%20Tapiaparateneo.doc#_ednref10" name="_edn10" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:EN-US;mso-fareast-language:EN-US; mso-bidi-language:AR-SA"&gt;[10]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-PR" style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt;Ibid., p. 96.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;  &lt;div style="mso-element:endnote" id="edn11"&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText"&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn11" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/ensayo%20sobre%20Tapiaparateneo.doc#_ednref11" name="_edn11" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:EN-US;mso-fareast-language:EN-US; mso-bidi-language:AR-SA"&gt;[11]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt; &lt;span lang="ES-PR"&gt;Hugo. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Nuestra señora de París&lt;/i&gt;, Op. Cit., p. 73.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;  &lt;div style="mso-element:endnote" id="edn12"&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText"&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn12" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/ensayo%20sobre%20Tapiaparateneo.doc#_ednref12" name="_edn12" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:EN-US;mso-fareast-language:EN-US; mso-bidi-language:AR-SA"&gt;[12]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt; &lt;span lang="ES-PR"&gt;Tapia. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;La leyenda de los veinte años&lt;/i&gt;, Op. Cit, p. 160. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;  &lt;div style="mso-element:endnote" id="edn13"&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText"&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn13" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/ensayo%20sobre%20Tapiaparateneo.doc#_ednref13" name="_edn13" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:EN-US;mso-fareast-language:EN-US; mso-bidi-language:AR-SA"&gt;[13]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="mso-ansi-language:ES-PR"&gt; &lt;span lang="ES-PR"&gt;Solé, José María. &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;La tierra del breve pie: los viajeros contemplan a la mujer española&lt;/i&gt;. Madrid: Veintisiete Letras, 2007, p. 171.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" align="center" style="text-align: left;line-height: 200%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="mso-element:endnote-list"&gt;&lt;div style="mso-element:endnote" id="edn15"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4166722629806262683-2650581240131242597?l=angelicafuriosa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/feeds/2650581240131242597/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=4166722629806262683&amp;postID=2650581240131242597' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/2650581240131242597'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/2650581240131242597'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/2009/05/un-lector-en-la-isla-del-fin-del-mundo.html' title='Un lector en la isla del fin del mundo'/><author><name>Marta Aponte Alsina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15661284684620845792</uri><email>aponte@caribe.net</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='16709039353782430549'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SgW5_G49iGI/AAAAAAAAAIg/BTQJOpw1trM/s72-c/alejandro_tapia1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4166722629806262683.post-1322300549371299347</id><published>2009-04-30T08:52:00.000-07:00</published><updated>2009-05-06T11:08:14.512-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Carlos Vázquez Cruz; La mirilla y la muralla: el estado crítico; Sótano Editores'/><title type='text'>Carlos Vázquez Cruz en la mirilla</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SfnKi67qQyI/AAAAAAAAAIY/QMfQBjhsRP0/s1600-h/la+mirilla.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 240px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SfnKi67qQyI/AAAAAAAAAIY/QMfQBjhsRP0/s320/la+mirilla.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5330514335253545762" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Sotano Editores acaba de lanzar cuatro libros en tres colecciones: cuento (El Conejo de Connie), poesía (Las Zapatillas de Dorothy) y ensayo (La traición de Wendy). El 29 de abriil, en la Universidad de Puerto Rico, tuve el honor de presentar el primer libro de ésta última colección, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;La mirilla y la muralla: el estado crítico&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;, de Carlos Vázquez Cruz. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Si puede decirse, como afirma Carlos Vázquez Cruz, que la crítica es un género que se nutre de otros géneros, aunque ostente “el arte de aparentar lo contrario”,&lt;/span&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn1" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/La%20mirilla%20y%20la%20murallarev.doc#_edn1" name="_ednref1" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-PR;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language:AR-SAfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;[i]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; ¿qué dejaremos para el comentario de un libro de crítica? Tratándose de sobrescribir a un lector como éste, tan atento a las ramificaciones de la palabra, aumenta el riesgo de que el palimpsesto desemboque en un palique incestuoso. Acepto la virtud de los límites. No criticaré al crítico, sólo intentaré “rastrear” algunos de sus métodos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Quienes hayan visto cómo Carlos marca los libros que lee, sabrán por qué escojo como punto de partida el método de las referencias cruzadas. El autor realza, en tintas de colores variados, los segmentos que advierte como repeticiones u homologías en el texto. Son las puntadas de sus interpretaciones, son patrones afines en una estructura de voces, sonidos y sentidos que tejen un contrapunto. Imitando al perseguidor, no hay que empezar el rastreo de sus propios &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;cruces&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;referenciales&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; en el orden de presentación de los once ensayos que componen su libro. Basta seguir el rastro de un solo tema. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Entremos por el ensayo que le dedica a una obra teatral escrita para niños, &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;La cueva mágica&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;, de José Luis Figueroa y Marvia López. Vázquez relaciona el aprendizaje del héroe con la liberación de la bruja, y comenta que “se hacía indispensable liberar el mal para armonizar el escenario fantástico”. (Vázquez: 99) Esta nota sobre la liberación o desencierro del mal es un motivo que se repite en el ensayo dedicado a Manuel Ramos Otero, Miguel Náter e Iván Segarra Báez, cuando se afirma que el “cambio de polaridad” que surge de la imagen especular invierte lo “bueno en malo (lo) beneficioso (en) nocivo”. (Vázquez: 162) También aparece en el estudio dedicado al libro &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Ankh&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; de Zuleika Pagán, donde el crítico observa que, para la autora, “la eliminación de los males terrenales repercutirá en el aburrimiento”. (Vázquez: 114) Otra muestra es el epígrafe del ensayo inicial, “La mirilla y la muralla: el estado crítico”, una cita de Foucault:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Pienso que en mucha gente existe un deseo… de encontrarse, ya desde el comienzo del juego, al otro lado del discurso, sin haber tenido que considerar… cuánto podía tener de singular, de temible, incluso, quizás, de maléfico. (Vázquez: 13) &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;El salto extendido de las referencias cruzadas también se establece entre diversos textos de un solo autor, como en el prolijo ensayo dedicado a la obra poética de Carlos Roberto Gómez Beras y en la presentación de la novela &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Candela&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;, de Rey Andujar. En esta última sirve para caracterizar “el fluir literario del autor… su “procedencia”, su “genética inmediata”. (Vázquez: 132) Desde luego, esos patrones formales pueden corresponder a las obsesiones, a los materiales del autor o autora. Entonces el análisis es comparable a una exégesis clínica, algo pervertida, como si leer el texto condujera al destape de ese algo maléfico y reprimido, desterrado por la crítica respetuosa con aspiraciones canónicas. No es casual que en este libro se hable desde adentro, desde las obsesiones entrañables de la escritura, con la mirilla en sus materiales y mecanismos, con la voz de un crítico practicante, para usar la frase atribuida a T. S. Eliot. El autor de &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;La&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;mirilla&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; es un crítico que también escribe ficciones, que “escribe como escritor”. (Vázquez: 11).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;La puesta en escena del crítico practicante me recuerda las obras teatrales &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Marat&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Sade&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;, de Peter Weiss y &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Los negros&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; de Jean Genet, en cuyas acciones el paciente y el esclavo parodian los discursos del médico y del amo. El crítico practicante se siente atraído por textos difíciles, resistentes e incluso cuestionables o inaccesibles a la crítica que él llama “académica y “normativa”. &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Si la referencia cruzada es la organización en contrapunto de los materiales de trabajo, la lectura cercana y minuciosa constituye el pulso rítmico del método. En la terapia psicoanalítica la interpretación es “algo que pertenece al paciente, pero de lo que él no tiene conocimiento” &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn2" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/La%20mirilla%20y%20la%20murallarev.doc#_edn2" name="_ednref2" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-PR;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language:AR-SAfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;[ii]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;No obstante, el libro publicado ya no le pertenece a su autor, por razones obvias. Quizás de esa limitación se deriva lo contrario: la libertad, el privilegio que reconoció Freud en su análisis de la &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Gradiva&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; de Jensen, el “indiscutible derecho” del poeta “a apartarse de las normas reales”. &lt;/span&gt;&lt;a style="mso-endnote-id: edn3" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/La%20mirilla%20y%20la%20murallarev.doc#_edn3" name="_ednref3" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-PR;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language:AR-SAfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;[iii]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; La autora, el autor, tienen, como derecho, el paso franco a la irrealidad. Dicho de otro modo, el texto es &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;incurable&lt;/span&gt;. El historial clínico del texto está basado en una “hipótesis inverosímil” (Freud: 143) y, por lo tanto, no puede ser definitivo, ni conducir a otra cura que no sea la del lector. Lo reconoce Vázquez Cruz tras su lectura de varios textos herméticos -y, por lo tanto, interminablemente sugerentes- de Alberto Martínez Márquez. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;La libertad del autor no equivale a la del crítico. Es el texto mismo el que propone sus claves. La apertura, la amplitud de los saberes del crítico, resaltan “el valor genuino de la pieza”. La crítica, afirma &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;este&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; crítico, debe ser “educativa” en el sentido de propagar el deseo de leer los textos que analiza y “tener como punto de partida la buena fe”, pues: “Cuando se asume la responsabilidad de comentar las producciones ajenas –o a sus productores- las palabras del crítico son espejos de carnaval en que se refleja el crítico mismo”. (Vázquez: 20)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Ahora bien, la crítica de buena fe no es blanda. El crítico relee y reescribe; violenta. En el ensayo sobre Ramos Otero, reescribe a Ramos Otero alterando la puntuación de un poema. Punza, rompe, deshace y hace. Las variaciones sobre un tema sugieren la viveza de lo que no está escrito para siempre, del texto que invita a que lo sigan “tentando”.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Cuando la sospecha (ese deseo de “iluminar un valor que la obra no dice, pero contiene”) es el móvil de la lectura, ello equivale a una puesta en crisis de la crítica basada en lo que Vázquez llama “el terreno seguro de lo denotativo… el discurso visible que dota de unidad al libro...”. (Vázquez: 43-44) &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Desde el primer ensayo se las canta a la crítica que “ha cercenado el placer de leer" y cuya aspiración es demarcar “los límites de lo punitivo y lo endiosable”. (Vázquez: 28) No se trata únicamente de la crítica conservadora, por cierto:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in"&gt;&lt;span lang="ES-PR"   style="mso-bidi-Minion Pro&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;color:black;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Literatura urbana, literatura &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;queer&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;, literatura erótica, literatura de la diáspora… En el sistema de consumo que caracteriza la “civilización” capitalista actual, resulta paradójico escuchar personas que &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;emiten &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;panfle­tos de democracia y comunión “indispensables” para la óptima calidad de vida, mientras &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;admiten &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;etiquetar la producción artística disponiendo de ella como de artículos expuestos ante el comprador en las góndolas de un supermercado. Si bien las taxonomías satisfacen la finalidad inductiva de centrarnos en las partes para descubrir aspectos de un todo, las clasifica­ciones resultan peligrosas cuando se emplean para marcar parcelas literarias en donde cada cual reclama su &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;expertise &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;en aras de “autor-izar(se)” (erigirse como voz de autoridad). (Vázquez: 93)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;La variedad de registros y reinvenciones de este libro indica que han sido las obras comentadas las que han inspirado los caminos del crítico y no a la inversa. Varios de estos trabajos son, además, ejemplos de cómo se ha construido siempre el capital cultural mediante presentaciones, prólogos e incluso artículos de opinión. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Resumo: Los saltos de las referencias cruzadas; la rigurosa, a la vez que irónica, “re-presentación” del análisis clínico; la erudición palpable; las reescrituras de un crítico practicante; los juegos de palabras, el tono sentencioso cuando no lúdico y las salidas del humor, esa “química lógica” que, para citar a Esteban Tollinchi citando a Schlegel, “es la capacidad de descubrir las analogías y las afinidades entre los objetos y los momentos más incongruentes y más remotos entre sí”. &lt;/span&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn4" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/La%20mirilla%20y%20la%20murallarev.doc#_edn4" name="_ednref4" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-PR;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language:AR-SAfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;[iv]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; Acaso por esas saterías propias del humor, el crítico también se da el lujo del chiste pueblerino, cuando dice que en &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Cannibalia&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; Rafael Acevedo se la comió, o cuando ante los poemas conjeturales de Martínez , confiesa que él está &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;dispuesto&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; a hacer sus &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;conjeturas&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;. Irónicamente, uno de los &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;ensayos más sobrios es el prólogo a un libro de poemas dedicados en buena medida al juego: &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;La luz necesaria&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;, de Julio César Pol.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Habría más que decir sobre un registro que se aleja de la analogía musical, el de la mirada: portadas de libros, comentarios sobre la representación de la xenofobia en el cine, e incluso la cubierta de &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;La mirilla y la muralla&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;, una recomposición del panóptico a la manera de Escher. La náusea del texto analizado, o quizás del analista, se expresa en el muñeco con articulaciones, cifra del malestar de la persecución, pero también del estado crítico de la crítica ante su hermana etimológica, la escritura. Habría mucho que decir, pero afortunadamente para ustedes se me va acabando el tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Si algo queda después de haber acariciado, violentado, pasado por la mirilla textos resistentes y maneras de leer y de excluir, es una lealtad a la escritura. Nada más ajeno al nihilismo. Deshieladas páginas, páginas sin hiel o con la hiel destilada. El ensayo que da título al libro empieza así: “El universo literario es, por demás, fascinante”. Lo mismo puede decirse, con el mismo candor y el mismo placer, de este libro de Carlos Vázquez Cruz: es fascinante. El adjetivo es preciso, aunque parezca ajuar extraño para un libro de ensayos críticos investigados con rigor y escritos con elegancia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Sin duda esta presentación ha sido “un ejercicio elemental de transferencia”. Como, además, padezco la enfermedad de los finales felices o, lo que es igual, de los no finales de lecturas felices, mi voz no es confiable. Que hable el autor, en honor a la verdad. Leeré el párrafo final del ensayo que cierra el libro:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="Pa5" style="margin-left:.5in;text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;La aceptación de las propuestas presentadas por cada uno de ellos (y la que se deriva de este ensayo), constituirá otro ejercicio de poder. Esto elevará a &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;on the ground &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;la denuncia que, históricamente, se distinguió como &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;underground&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;, enfrentará a estos escritores ante el canon literario…. –a menos que ellos prefieran otras batallas-, y promoverá la búsqueda de nuevas luchas en manos de “los invisibles”, en su búsqueda constante de causas para pelear, para probarse en todo esplendor como transformadores del mundo. Así &lt;/span&gt;&lt;st1:place st="on"&gt;&lt;st1:city st="on"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;como&lt;/span&gt;&lt;/st1:city&gt;&lt;/st1:place&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; hemos tenido el derecho, bienvenidos los otros. (Vázquez: 173)&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-bidi-Minion Pro&amp;quot;; font-family:&amp;quot;;color:black;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div style="mso-element:endnote-list"&gt;   &lt;hr align="left" size="1" width="33%"&gt;    &lt;div style="mso-element:endnote" id="edn1"&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText"&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn1" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/La%20mirilla%20y%20la%20murallarev.doc#_ednref1" name="_edn1" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-PR;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language:AR-SAfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;[i]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; Carlos Vázquez Cruz. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;La mirilla y la muralla: el estado crítico.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; Arecibo: Sótano Editores, 2009.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;  &lt;div style="mso-element:endnote" id="edn2"&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText"&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn2" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/La%20mirilla%20y%20la%20murallarev.doc#_ednref2" name="_edn2" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-PR;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language:AR-SAfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;[ii]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; R. Horacio Etchegoyen. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Los fundamentos de la técnica psicoanalítica&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;. Buenos Aires: Amorrurtu Editores,&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;2002, 353.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;  &lt;div style="mso-element:endnote" id="edn3"&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText"&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn3" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/La%20mirilla%20y%20la%20murallarev.doc#_ednref3" name="_edn3" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-PR;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language:AR-SAfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;[iii]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; Sigmund Freud. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Psicoanálisis del arte&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;. Madrid: Alianza Editorial, 1970, 142.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;  &lt;div style="mso-element:endnote" id="edn4"&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText"&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn4" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/La%20mirilla%20y%20la%20murallarev.doc#_ednref4" name="_edn4" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-PR;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language:AR-SAfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;[iv]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; Esteban Tollinchi. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Romanticismo y modernidad&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;. Vol. I. San Juan: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1989, 83. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4166722629806262683-1322300549371299347?l=angelicafuriosa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/feeds/1322300549371299347/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=4166722629806262683&amp;postID=1322300549371299347' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/1322300549371299347'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/1322300549371299347'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/2009/04/carloz-vazquez-cruz-en-la-mirilla.html' title='Carlos Vázquez Cruz en la mirilla'/><author><name>Marta Aponte Alsina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15661284684620845792</uri><email>aponte@caribe.net</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='16709039353782430549'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SfnKi67qQyI/AAAAAAAAAIY/QMfQBjhsRP0/s72-c/la+mirilla.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4166722629806262683.post-6467279982676723835</id><published>2009-04-01T18:32:00.000-07:00</published><updated>2009-04-01T18:42:53.639-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Policiales; Marta Aponte Alsina'/><title type='text'>Blue Angels</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SdQXFaNHXrI/AAAAAAAAAIQ/678Q-MwgmVA/s1600-h/Blue_Fish_1024x768-308478.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SdQXFaNHXrI/AAAAAAAAAIQ/678Q-MwgmVA/s320/Blue_Fish_1024x768-308478.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5319902441532513970" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="Section1"&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:200%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;— Tenía una pecera llena de ángeles&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;— Ángeles, pirañas, ji, ji, cuidao que te muerden.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;— No seas pendejo, son ángeles. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;—Más respeto Rivera. Uno es nervioso y nunca sabe cómo va a reaccionar.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;— El fondo era de arena. Hay gente que les pone canicas, almejas. Yo conocí a un tipo que cogió uno de los&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;adoquines que arrancaron para hacer la avenida de los próceres, lo machacó a martillazos y cubrió el fondo de una pecera. Aquella pecera era un escándalo. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;— Cuidado, no pises la sangre que se mancha la patrulla.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;—Si se mancha tú la limpias, esa sangre es tuya, Domínguez. Te apuesto a que este individuo no es el que estamos buscando. Va a empezar a liquear el agua pal pasillo, tanto peje muerto, mala suerte. Qué pena, tremenda pecera.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;— Coño, no sabía que te gustaban tanto las peceras. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;— El tipo se llamaba Amalio. El de la pecera con polvo de adoquín. Yo le dije, mi hermano, ¿quién era tu pai, un limpiabotas? &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;— Antes que lleguen los del NIE y nos alboroten la prueba vamos a ver qué encontramos, te apuesto que un cargamento. Mira la colección de cidís. Qué prieto parejero, nada de salsa, Portisjed, Marly, Aisti, Monteverdi, Mozart, parece que a le daba vergüenza ser puertorriqueño.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;— Así son los chamacos.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;  &lt;div class="Section2"&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;— Fíjate en esto, Rivera. Desde la cama el sujeto veía la sala por el cristal transparente de la pecera. El mamao se arrebataría viendo los peces flotar en el aire, sobre todo de noche, a media luz, en el aire azul.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="line-height:200%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;— Chequea qué hay en la nevera, tengo sed.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;—Déjate de mierda, Rivera, no hay tiempo. Esos tiros se oyeron hasta en Cantera, vamos a cuadrar esto y a salir de aquí.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;— Pues entonces búscame una almohada.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;— ¿Para qué?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="line-height:200%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;— Pa qué va a ser. Hay que vaciar la pistola que plantamos. Acuérdate que disparaste en defensa propia, que él tiró primero. Perdona mijo, pero hay que quitarte esta redecita y ponerte el cañoncito así, entre los dedos, diablos, tiene los dedos más apretados que&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;— ¿Y si era zurdo?&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;— No me tiene cara de zurdo.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;— No encontré una almohada, qué tipo maricón, dormía sin almohada.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;— Pues entonces dame la biblia, esa que está en la mesita de noche. Pum pum, un par de tiritos y ya, perdona mijo.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;— Bueno, ya vámonos.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;— Ahora estás nervioso, después que la cagas, te pones nervioso. Vamos a ver qué dejó en el fregadero.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;— Anda, pal cará, un testigo. Menos mal que es mudo. Tú que sabes tanto de peces de qué marca es éste. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;— A ti qué te importa. Es un ángel, ya te lo dije. El tipo estaba limpiando la pecera y todavía no había echado todos los peces. Este se salvó de milagro. Como no es parte de la evidencia, me lo llevo, pa la nena.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;— La verdad que el pendejo eres tú, Rivera. Mira esto, el prieto tenía un diploma falso, pa disimular. Mira qué nombrecito se inventó, Reverend James Earl Jones Junior. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="line-height:200%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;— Te lo dije, este tipo no es el que estábamos buscando. Fíjate como menea la colita, sabe que se salvó de puro milagro. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;— Qué buena falsificación. Ahora quieren disfrazarse de gringos estos mamaos. Gringo, claro &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;que sí, gringo de la mafia de Harlem.&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;a name="QuickMark"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;— Derramaste la sangre de un inocente, Rivera. Apúntate otro. Pero éste, además de inocente, era un hombre de diós. Tienes que controlar esos nervios. Vámonos antes de que esto se ponga caliente.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height:200%;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;— Caliente me tienes tú, si vieras lo raro que te ves con el pececito ese en la mano. Si hubiera sido inocente no viviría en un barrio como éste. Esta biblia tampoco es parte de la evidencia. Ya la ibas a dejar ahí, con el impacto de bala. Pues si tú te llevas el pececito yo me llevo la biblia. La mía está más chavá que esta. Lo malo es que está en inglés, qué carajo, me servirá pa practicar el difícil.&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4166722629806262683-6467279982676723835?l=angelicafuriosa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/feeds/6467279982676723835/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=4166722629806262683&amp;postID=6467279982676723835' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/6467279982676723835'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/6467279982676723835'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/2009/04/blue-angels.html' title='Blue Angels'/><author><name>Marta Aponte Alsina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15661284684620845792</uri><email>aponte@caribe.net</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='16709039353782430549'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SdQXFaNHXrI/AAAAAAAAAIQ/678Q-MwgmVA/s72-c/Blue_Fish_1024x768-308478.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4166722629806262683.post-7314896812003712733</id><published>2009-03-29T20:29:00.000-07:00</published><updated>2009-03-29T20:46:02.231-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Javier Sáez de Ibarra; Premio Internacional de Narrativa Breve'/><title type='text'>Javier Sáez de Ibarra gana Premio Internacional de Narrativa Breve</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SdA9vSHVXII/AAAAAAAAAII/HHRldAM9t_k/s1600-h/SAEZIBARRA--253x190.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 253px; height: 190px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SdA9vSHVXII/AAAAAAAAAII/HHRldAM9t_k/s320/SAEZIBARRA--253x190.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5318819042450300034" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;(Estoy contenta. Sobrepasando a finalistas como Fernando Iwasaki y Halfon, ganó mi candidato: Javier Sáez de Ibarra.)&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="color: rgb(55, 55, 55);   font-family:Arial;font-size:13px;"&gt;&lt;div class="p" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; height: auto; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 10px; padding-left: 0px; line-height: 17px; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 16px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="p" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; height: auto; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 10px; padding-left: 0px; line-height: 17px; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;El escrit&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;or vasco Javier Sáez Ibarra (Vitoria, 1961) ha sido galardonado con el I Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero por su libro de relatos «Mirar al agua. Cuentos plásticos», en el que el autor establece un estrecho diálogo entre la literatura y el arte contemporáneo. En su fallo, hecho público hoy en Madrid, el jurado ha destacado la «ambición literaria» de la obra premiada, así como su «decidida voluntad experimental y de modernidad».&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="p" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; height: auto; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 10px; padding-left: 0px; line-height: 17px; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;«Es un libro lleno de frescura y novedad, que trata un tema poco usual en nuestra literatura, desde la riqueza de registros y a través de perspectivias originales y una voluntad decidida de modernidad», ha señalado el escritor José María Merino, presidente del jurado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="p" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; height: auto; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 10px; padding-left: 0px; line-height: 17px; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;El libro «Mirar al agua», que será publicado en mayo por la editorial Páginas de Espuma, está compuesto por 16 relatos que comparten la misma temática: todos los cuentos tienen que ver con las artes plásticas contemporáneas. La escritora argentina Ana María Shua subrayó el carácter «profundamente conmovedor de unos cuentos que verdaderamente provocan» y de cuya lectura «el lector no sale indemne».&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="p" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; height: auto; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 10px; padding-left: 0px; line-height: 17px; "&gt;&lt;span class="span ladillo" style="padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; display: block; font-weight: 700;  color: rgb(50, 50, 50); margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 5px; margin-left: 0px; "&gt;&lt;strong class="strong" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Ambición conceptual&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Por su parte, el escritor Eloy Tizón reseñó la ambición conceptual y estética del libro así como su variedad de registros. «Es un libro plenamente del siglo XXI que nace con la voluntad de mirar de tú a tú al arte contemporáneo, sin menosprecio ni servilismos, tratando de dialogar y convivir con ese fenómeno; alqo que -dijo- no es frecuente dentro de la literatura española, bastante ciega al hecho artístico».&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="p" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; height: auto; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 10px; padding-left: 0px; line-height: 17px; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Juan Casamayor, director de la Editorial Páginas de Espuma, aseguró que la obra de Javier Sáez Ibarra es «un libro madurado intelectualmente y escrito visceralmente». Según Casamayor, la «intensidad» con la que están escritos los cuentos provocan «dolor» en el lector. Sobre el carácter bienal del premio, afirmó que toda «acción de vocación cultural necesita su tiempo. No queremos entrar en el ritmo loco de otros premios literarios y que la industria editorial impone», añadió.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="p" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; height: auto; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 10px; padding-left: 0px; line-height: 17px; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Por su parte, el presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero, José Trillo, reflexionó sobre los «nexos de unión» entre la narrativa breve y los vinos de la Ribera del Duero. «El género breve es el que mejor se adapta a nuestra personalidad, porque en ella se elimina todo lo supérfluo y sólo queda la esencia», afirmó.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="p" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; height: auto; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 10px; padding-left: 0px; line-height: 17px; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;La obra de Javier Sáez Ibarra fue seleccionada por unanimidad entre seis finalistas. A esta primera edición del Premio Internacional de Narrativa Breve, que está dotado con 50.000 euros, se presentaron más de quinientos manuscritos procedentes de España y Latinoamérica.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4166722629806262683-7314896812003712733?l=angelicafuriosa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/feeds/7314896812003712733/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=4166722629806262683&amp;postID=7314896812003712733' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/7314896812003712733'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/7314896812003712733'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/2009/03/javier-saez-de-ibarra-gana-premio.html' title='Javier Sáez de Ibarra gana Premio Internacional de Narrativa Breve'/><author><name>Marta Aponte Alsina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15661284684620845792</uri><email>aponte@caribe.net</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='16709039353782430549'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SdA9vSHVXII/AAAAAAAAAII/HHRldAM9t_k/s72-c/SAEZIBARRA--253x190.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4166722629806262683.post-2410988212091932848</id><published>2009-03-23T08:14:00.001-07:00</published><updated>2009-03-23T08:39:18.492-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Muna Lee; Newton Gayle; Maurice Guinness; Edwin Rosskam; Marta Aponte Alsina; Raymond Chandler; Agatha Christie; Ngaio Marsh; Dashiell Hammett;  Dorothy Sayers; novela policial'/><title type='text'>Puerto Rico en las novelas de Muna Lee, Maurice Guinness y Edwin Rosskam</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/Sceohj0cAdI/AAAAAAAAAIA/n_QiVGk-aAU/s1600-h/The+Alien.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 202px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/Sceohj0cAdI/AAAAAAAAAIA/n_QiVGk-aAU/s320/The+Alien.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5316403179638489554" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: right;text-indent: 0px; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;por Marta Aponte Alsina&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Este trabajo se inspira en diversas lecturas que analizan las relaciones entre cultura e imperio mediante la cartografía de lo que Edward Said llamó &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family:&amp;quot;Book Antiqua&amp;quot;; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;“territorios comunes e historias entrelazadas”.&lt;/span&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn1" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/Lee%20Rosskam%20Thompson/Puerto%20Rico%20en%20las%20novelas.doc#_edn1" name="_ednref1" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family: &amp;quot;Book Antiqua&amp;quot;;mso-fareast-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-bidi-mso-ansi-language:ES-PR;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language: AR-SAfont-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;He aquí los primeros apuntes de una investigación en curso sobre tres autores -dos estadounidenses y un británico- que escribieron ficciones ambientadas en Puerto Rico. Las miradas a la isla desde la ficción literaria en inglés no se han comentado tanto como las crónicas de viajeros, los reportajes y las memorias, si bien es cierto que estas escrituras documentales tampoco se alejan demasiado de las ficciones.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Entre los géneros literarios las islas han reclamado los motivos de la alegoría, la ciencia ficción y lo fantástico. Según un estudioso del origen de los mitos nacionales, las islas occidentales, acaso por ser los parajes donde se pone el sol, han representado para los europeos el mundo secreto de los sueños y la disolución de la identidad (Slotkin, 1973: 27). &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;En la novela moderna aparecen transformadas en lugares donde se experimentan las armas del poderío seglar. &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;La isla misteriosa&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;, de Julio Verne, publicada en 1874, debe ser una de las primeras cuya acción transcurre en una isla modificada por las labores de la ciencia. El relato despega en los campos de batalla de Richmond, Virginia, durante la Guerra Civil de los Estados Unidos y aterriza en una isla en el Pacífico. Tras numerosas peripecias y en virtud de los conocimientos tecnológicos de un ingeniero yankee y de su misterioso asistente, la isla se va convirtiendo en un espejismo del confort. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Hacia finales de siglo, en 1896 cuando se publicó &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;La isla del Dr. Moreau&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;, de H.G. Wells, las pretensiones del benefactor ilustrado se han vuelto perversas. Si el yankee de Verne encarnaba el estereotipo del hombre práctico, el “blanco terrible” de H. G. Wells representa el abandono de toda mesura. En su isla el sueño de la razón genera una colonia de monstruos. Al igual que otras ficciones populares, la novela de Wells expresaba el “pánico moralista” provocado, no sólo por el “desenfreno” del desarrollo tecnológico, sino por los seres y culturas exóticos que invadían el corazón de la metrópolis. Los géneros de la literatura policial y el relato de espionaje también coincidieron con la experiencia expansionista y se instalaron entre los placeres y las trampas de la vocación imperial. &lt;/span&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn2" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/Lee%20Rosskam%20Thompson/Puerto%20Rico%20en%20las%20novelas.doc#_edn2" name="_ednref2" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family: &amp;quot;Book Antiqua&amp;quot;;mso-fareast-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ES-PR;mso-fareast-language:EN-US; mso-bidi-language:AR-SAfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Incluso en la novela policial de la llamada época de oro es posible advertir la ansiedad que generan las criaturas provenientes de las ominosas orillas del imperio. En 1921 se publicó &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;The Mysterious Affair at Styles&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;, la primera novela de Agatha Christie y el punto de partida de la novela policial del “golden age”, ambientada en una mansión inglesa, locus aristocrático donde circulan el té, el scotch y los cazadores de zorras en torno a una habitación hermética donde se comete un asesinato imposible. Hercule Poirot, el detective de Christie, no puede ser menos británico, aunque tras los desastres de la Primera Guerra se acogiera junto a varios compatriotas suyos a la caridad de Styles, es decir, al dominio doméstico del “English manor”. A la incontable obra de Christie se suman las novelas de Dorothy Sayers, estas sí presididas por el tipo del inglés linajudo, el extravagante Lord Peter Whimsey. En una de las primeras novelas de la serie, &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Strong&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Poison&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;, se representa un bajo mundo de extranjeros siniestros que incuban sus intrigas en las entrañas de Londres. Harriet Vane, una autora de novelas policiales, es acusada de asesinar a uno de los escritores del grupo Bloomsbury, visto aquí como un junte de tipos decadentes, afines a la Europa Oriental bolchevique, bohemia y modernista. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;En &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;39 Steps&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;, de John Buchan, el detective es un ex militar formado en las sínsoras del imperio. &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Death of a Peer&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;, de la neozelandesa Ngaio Marsh, rinde homenaje a los tópicos de la gran novela decimonónica inglesa. Los escenarios ultramarinos se presentan desde la perspectiva del “colonial”, en este caso, el blanco aplatanado por su larga residencia en un dominio de ultramar. La primera parte de la novela transcurre en Nueva Zelanda, donde una familia de nobles ingleses construye la réplica de su mansión solariega. El episodio neozelandés transcurre en la burbuja de la mansión invadida por el perfume fantasmal de los eucaliptos.&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Entre 1935 y 1938, a la par y en contrapunto con estos textos fundacionales de la literatura detectivesca, se publicaron cinco novelas policiales firmadas por Newton Gayle, el seudónimo de Muna Lee y Maurice Guinness.&lt;/span&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn3" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/Lee%20Rosskam%20Thompson/Puerto%20Rico%20en%20las%20novelas.doc#_edn3" name="_ednref3" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family:&amp;quot;Book Antiqua&amp;quot;;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-PR;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language:AR-SAfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; Lee, poeta, traductora, &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;sufragista y panamericanista, fue una de las dirigentes del National Women´s Party. Tras su matrimonio con Luis Muñoz Marín se integró con ahínco a la vida social y cultural de la isla y dirigió la Oficina de Relaciones Internacionales de la Universidad de Puerto Rico. Maurice Guinness, casado con una de las hijas de Bailey Ashford, era un ejecutivo de la Shell Oil.&lt;/span&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn4" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/Lee%20Rosskam%20Thompson/Puerto%20Rico%20en%20las%20novelas.doc#_edn4" name="_ednref4" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family: &amp;quot;Book Antiqua&amp;quot;;mso-fareast-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ES-PR;mso-fareast-language:EN-US; mso-bidi-language:AR-SAfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Dos de las novelas policiales publicadas en colaboración por Lee y Guinness se sitúan en el Puerto Rico de los años treinta: &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;The Sentry Box Murder&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; (1935) y &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Murder at 28:10&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; (1936). En ambas el detective es James Greer, un ex -agente del servicio de inteligencia militar del gobierno británico.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Estas novelas tienen la distinción de figurar entre los escasos textos escritos por miembros de la comunidad de funcionarios “anglosajones” domiciliados en uno de los territorios coloniales de Estados Unidos. Sospecho que ni la historiografía puertorriqueña ni la de Estados Unidos han explorado a profundidad los relatos de las familias estadounidenses que se establecieron en la isla durante las primeras décadas del siglo 20 y formaron pequeñas colonias residenciales en sectores como El Condado. En cuanto al campo de los estudios literarios, la experiencia del imperio como extensión del espacio cultural de la metrópolis sobresale en la literatura inglesa. Por el contrario, en el caso de Estados Unidos se ha revestido de &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;invisibilidad y silencio. Según Said, se trata de un imperio “insularista”, prendado de una imagen de excepcionalidad propia afincada en el derecho natural a dirigir los destinos de la humanidad y en la equivalencia entre sus intereses y los del resto del mundo. (Said: 289). En todo caso la relación entre nación e imperio cristalizó en las figuras del pionero y el cowboy asediados, como en el trasfondo de un sueño, por el indio pérfido y en nuestros días por el “illegal alien”. Más allá de las fronteras inmediatas se articula otra poética del espacio, configurada por el secreto, a la manera de los lugares recónditos donde se aislaba a los pacientes de enfermedades contagiosas. Me parece que no se ha visto bien cómo ese “insularismo” del poder imperial se contesta desde el espejo de las actitudes y referencias de la sociedad colonizada. No sólo es mutuo el pacto de invisibilidad sino que éste se sostuvo en los extremos maniqueos de las identidades y sus antagonistas: el encuentro entre los bárbaros con fondo de vuelo de valkirias a la René Marqués vs. los “dirtiest race of men” detestados por Cornelius Rhoades.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Distanciándose unos pasos de estas cegueras asesinas, las tramas de las dos novelas policiales de Lee y Guinness no sólo constituyen una literatura de la mirada a la relación colonial desde la ficción literaria sino que instalan todo un elenco de personajes en el espacio del otro, la isla, un lugar al cual los personajes llegan por accidente o por invitación, no por voluntad propia. Al comienzo de &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;The Sentry Box &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-no-proof:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Murder&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="mso-no-proof:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; el grupo del detective, constituido por exploradores aficionados, se dirige a las Islas Galápagos, un homenaje evidente a &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;The&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Voyage of the Beagle&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;. El mal tiempo los obliga a anclar en Puerto Rico, donde en lugar de lagartos espantosos y estúpidos, para usar el adjetivo con que Darwin calificó a una especie demasiado mansa (Darwin:260), se enfrentarán a un asesino. El epílogo de la novela rebaja el autobombo característico de los relatos de exploradores con la alusión al descubrimiento del peripato, un chiste que circulaba entre los universitarios puertorriqueños de la época y que inspiró a Emilio Belaval uno de sus &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Cuentos de la universidad&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn5" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/Lee%20Rosskam%20Thompson/Puerto%20Rico%20en%20las%20novelas.doc#_edn5" name="_ednref5" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family: &amp;quot;Book Antiqua&amp;quot;;mso-fareast-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ES-PR;mso-fareast-language:EN-US; mso-bidi-language:AR-SAfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Propongo que en ambas novelas la isla se presenta como una figuración de la habitación hermética del relato policial del cuarto cerrado o “locked room mystery”. En esa estructura trillada el crimen parece en principio imposible. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="EN"  style="Book Antiqua&amp;quot;; mso-ansi-language:ENfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Se ofrecen algunas pistas al lector, que sigue en babia hasta que el detective reconstruye los pasos &lt;/span&gt;&lt;st1:place st="on"&gt;&lt;st1:state st="on"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;del&lt;/span&gt;&lt;/st1:state&gt;&lt;/st1:place&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; asesino en un gran final. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;En &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;The Sentry Box Murder&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; son tres los escenarios de la acción: El Morro, en particular otra garita del diablo que, se dice, es tan amenazante como la de San Cristóbal; la Fortaleza o mansión del Gobernador y el hotel Condado Vanderbilt, este último ubicado entre la bahía y la laguna, más allá de la ciudad antigua, pero de cara a un mar feroz. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;El Morro, que en los años treinta del siglo pasado formaba parte del Fuerte Brooke, se muestra habitado por militares anónimos y silenciosos, en su mayoría puertorriqueños. La garita es el punto concreto del asesinato de un senador estadounidense que junto a su mujer, una estrella de cine, participaba en un “treasure hunt”, actividad central de una excursión turística. Que el espacio diseñado para resistir y hacer violencia se transforme en el escenario de un juego marcado por la violencia, constituye un pliegue irónico en todo un repertorio de pistas falsas. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;En este &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;mystery&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; cuya trama desciende de la novela policial inglesa los personajes se descuelgan de los libretos del cine y el &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;pulp&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;fiction&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;. Como en &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;The Glass Key&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;, de Dashiell Hammett, el peor de todos los villanos es un político despreciable. De hecho, la novela de Lee y Guinness presenta variaciones singulares del género policial: la localización en un bastión exótico del imperio, la estructura y el detective ingleses y personajes propios del policial &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;hard&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;boiled&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;: la estrella de cine y el senador corrupto. Además de la fórmula inglesa y del policial político a la manera de Hammett, evocan antecedentes en los relatos de Ellery Queen, S.S. Van Dine y John Dickson Clark.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Algo del trasfondo insular se recoge en un comentario sobre el gobernador, posiblemente inspirado en Blanton Winship, de quien se dice no piensa mucho, sólo en fomentar el turismo. Un personaje le comenta al detective y al narrador que no tendrán la dicha de conocer puertorriqueños de familias “antiguas” porque estos, “like old residents everywhere, have a supreme contempt for tourists… it´s a pity that you won´t know any of them, for there is no one in the world more satisfactorily charming than a charming Puerto Rican” (Gayle, 1935: 25). &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;La estructura del asesinato en un espacio cerrado es evidente en &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Murder at 28:10&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;. Esta novela, más compleja que la anterior en cuanto al desarrollo de los personajes, la creación de atmósfera y el manejo del suspenso y del tema político –el destino de Puerto Rico y el proyecto de unión panamericana del que Lee fue propagandista- tiene trasuntos de otro género: el relato de espionaje. Cabe añadir que entre la publicación de ambos libros ocurrieron dos eventos parte aguas en la historia de la colonia: la masacre de Río Piedras y el ajusticiamiento del coronel Riggs. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;El lugar donde ocurren los asesinatos se identifica, en español, con el nombre “Casa Cerrada”. Se trata de un caserón amplio y austero, rodeado de acacias y flamboyanes, que ocupa un solar entre el Hotel Condado y la isleta. Casa Cerrada “stood apart, close to the old city and the new, but not intruded upon by either” (Gayle, 1936: 3). El diseño mismo de la residencia, en forma de cruz, e incluso el mobiliario (“West Indian mahogany and very modern cane and chromium from the States”: 5) denota su carácter de encrucijada, y podría relacionarse con la estructura de propaganda cultural del panamericanismo, una propuesta perdida en el cementerio de ideas e instituciones olvidadas. Desde su poemario &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Sea Change&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; hasta su madurez, cuando laboraba como funcionaria del State Department, Muna Lee fue una propagandista tenaz de la unión panamericana.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;A la casa cerrada se le echa una doble llave, pues la acción transcurre entre el barrunto y la cola de un huracán devastador, plazo en que el asesino, además de matar a dos personas, mutila las esperanzas de una reforma política y económica en la isla. Al final los personajes se desploman en un estupor soñoliento, como si en lugar de resolverse el caso la suerte se inclinara hacia el maleficio de la inconciencia. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;En Casa Cerrada se cuelan cuatro personajes puertorriqueños: una niña llamada Patria; su “duena”, doña Carlota, personaje de farsa o zarzuela, asesinada sin pena ni gloria; Francisco Enrique Esmit, un político independentista, amigo de un tal Partingwell (éste último nombre parece una alusión en clave al senador Tydings) y Gaspar Montenegro, un abogado representante de una corporación cañera, cortés hasta la afectación, un “hombrecito simpático”. Todos, menos la niña, se comportan con una inmadurez deplorable, Esmit y Montenegro como alcohólicos irresponsables, parlantes de un lenguaje preciosista y hueco. En la novela, así como en otras fuentes, la afición a la oratoria “florida” se describe como una diferencia tajante entre “ellos” (los latinos) y “nosotros”. (ver Roosevelt, 1937:101 ). Los extranjeros no son más edificantes. La novelista Agnes Patton es un personaje curioso, acaso una encarnación en clave de alguna criatura de la bohemia decadente; el coronel Moby, un fanático delirante, es personaje de una pieza. Sólo los anfitriones, Cay y Dick Piper y Félise, la cocinera santomeña, se identifican con la isla y sus destinos cruzados, al punto de servir en su mesa sándwiches de foie gras y platanutres. Los sirvientes puertorriqueños desaparecen en la primera escena, apurados por llegar a sus casas: “How they manage, God knows! But they insist on going to their own wretched homes for the hurricane instead of staying here in comparative safety. Well, they came through San Felipe and San Ciprián!” (Gayle, 1936: 28). &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;El desastre natural se corresponde con el asesino; la isla con la víctima, Otto Wallington, el portador de una solución liberal al dilema colonial: la eliminación del latifundio cañero, el desarrollo del país (“The economic reconstruction of a land that´s lived 400 years in semi-satarvation”) el horizonte de una puerta abierta a la independencia (Gayle, 1936: 55). En palabras del detective, con la víctima muere la posibilidad de un orden nuevo social digno de los atributos de una ciudad de Dios en la tierra: “A new heaven and a new earth in Puerto Rico… a complete new hierarchy of angels” (Gayle, 1936: 95). Ante la enormidad de la pérdida no sorprende la severidad del castigo impuesto al asesino, un militar fanático: el ostracismo y la justicia del dios Huracán. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;El plan utópico que se frustra en la novela no refleja las paradojas de la complicada relación colonial, sustentada más bien en la coexistencia histórica de &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;programas de reforma social con la militarización del país. Llama la atención que el almirante Leahy, un agente común a las estrategias de fomentar el turismo y de promover la militarización, ocupara simultáneamente los cargos de gobernador y de director de la Puerto Rico Reconstruction Administration. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;La isla hermética, marcada por su situación de encrucijada entre la modernidad dependiente y el legado del absolutismo, víctima de la “tragedia de la geografía”, suspendida en las musarañas de un proyecto imperial ambivalente, he ahí varias de las imágenes que constituyen la “experiencia del imperio” en estas novelas de Lee y Guiness. Eso bastaría para distinguirlas como especies raras y rescatables.&lt;/span&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn6" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/Lee%20Rosskam%20Thompson/Puerto%20Rico%20en%20las%20novelas.doc#_edn6" name="_ednref6" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family: &amp;quot;Book Antiqua&amp;quot;;mso-fareast-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ES-PR;mso-fareast-language:EN-US; mso-bidi-language:AR-SAfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; En &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;The Alien&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;, novela publicada por Edwin Rosskam en 1964, se exploran obsesiones análogas. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Edwin Rosskam nació en Alemania de padres estadounidenses y en Alemania vivió hasta la adolescencia. El inglés fue su segundo idioma. Según declarara en una entrevista, a su regreso a Estados Unidos se sentía como un “enemy alien child” (Doud). En los años veinte, en París, frecuentó el círculo del fotógrafo surrealista norteamericano Man Ray. Después vivió cerca de tres años en una isla de la Polinesia francesa, donde fungió como fotógrafo, pintor y escritor. En alguna escala entre viajes se le unió la fotógrafa Louise Rosskam, que llegaría a ser su esposa.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family:&amp;quot;Book Antiqua&amp;quot;;mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Además de pintor y fotógrafo Rosskam fue curador de exposiciones y editor de libros bajo los auspicios de la Farm Security Administration y de la Standard Oil. En colaboración con otros escritores y fotógrafos compuso libros memorables, entre ellos: &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Twelve million Black Voices&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;, (1941, con Richard Wright), &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Home&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Town&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; (1940, con Sherwood Anderson), &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Towboat&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;River&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; (1948, con Louise Rosskam), y &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Bronzeville&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; (1943, con Jack Delano y Russell Lee). En 1937, contratados por la revista &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Life&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; y por mediación del congresista Vito Marcantonio, Edwin y Louise Rosskam viajaron a P. R. para entrevistar a los sobrevivientes y familiares de las víctimas de la Masacre de Ponce (Saretsky). &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Life&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; no publicó el artículo, pero Puerto Rico cautivó a los Rosskam.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; Edwin&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family:&amp;quot;Book Antiqua&amp;quot;;mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; fue gestor de la Oficina de Información de Fortaleza y primer director de la DIVEDCO. Louise produjo una obra fotográfica que apenas comienza a estudiarse. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Tras regresar a Estados Unidos en los años cincuenta Edwin y Louise Rosskam se establecieron en Roosevelt New Jersey. Rosskam dedicó a esta comunidad un hermoso reportaje, inspirado acaso en su propio libro &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Home Town&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;y en el “nuevo periodismo” formulado por Capote: &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Roosevelt, New Jersey: Big Dreams in a Small Town and What Time did to Them&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;. El tema de la utopía rota dramatiza la historia de Roosevelt, un “new town” -cuya economía giraría en torno a una cooperativa agrícola e industrial- soñado por migrantes judios, polacos y rusos, residentes en la ciudad de Nueva York y por planificadores del Nuevo Trato. Según Rosskam esta comunidad organizada, cuyo “artista en residencia” fue Ben Shan, se desvió de sus principios y, &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;“found its own form and feeling, perversely, you might say, to become something nobody could possibly have foreseen” (Rosskam, 1972: 31).&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;La escritura de &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;The Alien&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; consigna otra pérdida perversa. La novela se originó en un consejo del psiquiatra de Rosskam, según Louise (Saretzky). Obsesionado por el rumbo de la política puertorriqueña&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family: &amp;quot;Book Antiqua&amp;quot;;mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;, Rosskam no lograba reubicarse en Estados Unidos. Para sanar de la nostalgia, o más bien, de la frustración patológica que aparentemente le dejó su larga residencia en la isla, escribió esta elegía que impresiona por su tono irónico lírico, como si ciertos apasionados virtuosismos de estilo sólo se alcanzaran por quienes se acercan con intensidad a un segundo idioma, a una segunda cultura. La voz desquiciada del narrador protagonista, Emil Bluemelein, consigna cómo un pueblo evadió, de manera perversa e impredecible las rutas trazadas por las políticas imperiales y los burócratas herederos del Nuevo Trato. Esta novela puede compararse con &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Roosevelt New Jersey&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; pues las tramas de ambos textos versan sobre enclaves determinados, abandonados y añorados nostálgicamente por la “imaginación utópica”. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family:&amp;quot;Book Antiqua&amp;quot;;mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Acaso lo más notable de &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;The Alien&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; es cómo equipara la experiencia del imperio con una monstruosa historia de amor. Su tono obliga a leerla en contrapunto con la novela existencial de trama política por antonomasia. Salta a la vista la semejanza entre la pasión de Pyle -el “quiet American” de la novela homónima de Graham Greene, cuya primera edición se publicó en 1955- por la anamita Phuong y el trágico amor de Emil Bluemelein no ya a una persona, sino a toda una tribu; un mal que ataca a los continentales sensibles:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family:&amp;quot;Book Antiqua&amp;quot;;mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;I have fallen in love, not with any girl.&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;With this poor, beautiful, Godforsaken little place and with the undernourished, pathetic and somehow heroic sons-of-bitches who won´t die, they just won´t, and their blood count so low no doctor can understand how they stay on their feet, much less cut cane (Rosskam, 1964: 121).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family:&amp;quot;Book Antiqua&amp;quot;;mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Esta extraña declaración de amor parece tanto más patética en cuanto implica la admisión de una derrota. En efecto, si una de las justificaciones del dominio colonial se fundamentaba en la salud física y moral del “nativo”, reconocer que la enfermedad ganó la partida equivale a confesar un fracaso vergonzoso. &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family:&amp;quot;Book Antiqua&amp;quot;;mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;El soñador Emil Bluemelein evoca la angustia moral característica de los personajes de Greene. No se siente a gusto en la tierra elegida de sus padres, un rancho en Montana. En cambio las dimensiones de la isla le parecen compatibles con su &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;escala vital. L&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;a isla también representa el reflejo del imperio insularista, cuyos “poderes”, sin admitir el bochorno de una pasión inconfesable, se sienten ofendidos por el rechazo. A propósito de la ejecución de Riggs y la reacción en contra de los dirigentes nacionalistas, el narrador se pregunta: “&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family:&amp;quot;Book Antiqua&amp;quot;; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Why is it that great powers are as vulnerable as small children?” (Rosskam, 1964: 129).&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;    &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family:&amp;quot;Book Antiqua&amp;quot;;mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Para la época del asesinato de Riggs y la masacre de Ponce, Emil Bluemelein compra una hacienda en Cayey con la intención de hacerla productiva y fomentar el desarrollo de la isla. Su mujer lo abandona, el proyecto fracasa. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Cuando se frustra su empresa,&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family:&amp;quot;Book Antiqua&amp;quot;;mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; Bluemelein se establece en un lugar inconcebible, émulo de Querry, el melancólico habitante de una colonia de leprosos en otra novela de Green, &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;A Burnt-Out Case&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;. Arrastrado por la miseria y el deseo, Bluemelein se muda al arrabal Little Mud. Desde su casucha caracteriza la propuesta burocrática del flamante ELA: “A compartmented egg crate of a government contrived by specialists in public administration” (Rosskam, 1964: 70). El territorio planificado, la utopía del estado benevolente, la fusión panamericana de Lee, los derroteros de Roosevelt New Jersey, todos esas cartografías desembocan en sendas pavanas para la muerte de un amor incapaz de aceptar la caprichosa libertad del otro.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family:&amp;quot;Book Antiqua&amp;quot;;mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;A propósito de &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;El extranjero&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; comentaba Edward Said que dicha novela, como buena parte de la narrativa de Camus, expresa la vitalidad negativa de las postrimerías del experimento colonial en Argelia. En &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;The Alien&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; se advierte esa vitalidad negativa ante la persistente fortaleza de unos modos de vida incomprensibles: la potencia genésica del arrabal, la escandalosa promiscuidad de sus familias extendidas, incluso mínimas rebeldías cotidianas, como la negativa de los jíbaros a usar el torno de la guagua, todo un ícono de la difusión tecnológica. No obstante, alguna vida queda en el basurero de Bluemelein: un jardín formado con la chatarra que el personaje colecciona, haciendo honor a s apellido. En medio del “jardín” se levanta un árbol cuyo “tronco” consiste en la tubería de escape de un automóvil y del cual penden unas “frutas” estériles, las bolas ornamentales de una cama de bronce. Me parece que el árbol de las basuras, síntesis de la novela misma, erige un monumento funerario desde la belleza de un lenguaje lírico, excesivo y a ratos delirante, cuyo desbordamiento lo hermana con los excesos atribuidos al género “nativo” por excelencia: la oratoria. Algún rastro del ideario surrealista se advierte en estos usos del lenguaje abocado al desgaste inoperante. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family:&amp;quot;Book Antiqua&amp;quot;;mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;La última escena de la novela describe cómo una ganga de “return migrants” neoyorquinos asalta al protagonista. Es un momento donde se construye la devolución violenta de la mirada, un gesto que señala a la necesidad de explorar otro contrapunto: la relación entre &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;The Alien&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; y la narrativa puertorriqueña contemporánea. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Los libros comentados pueden leerse de muchas maneras, entre ellas la que ensayamos en este artículo, a la luz de proyectos de rehabilitación y transformación centrados en el país como espacio idóneo para la ingeniería social y el diseño de “utopías”. &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Murder at 28:10&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; escenifica precisamente el asesinato de una utopía; &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;The Alien&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;, el infierno existencial provocado por el rechazo de otra.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Notas&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div style="mso-element:endnote-list"&gt;   &lt;hr align="left" size="1" width="33%"&gt;    &lt;div style="mso-element:endnote" id="edn1"&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText" style="line-height:200%"&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn1" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/Lee%20Rosskam%20Thompson/Puerto%20Rico%20en%20las%20novelas.doc#_ednref1" name="_edn1" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="line-height:200%"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ES-PR;mso-fareast-language:EN-US; mso-bidi-language:AR-SAfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="line-height:200%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt; “Overlapping territories, intertwined histories” (Said, 1994). Sobre la relación entre imperio y cultura ver también los siguientes libros: &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText" style="line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="line-height:200%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Accaria-Zavala, Diane y Rodolfo Popelnik: 2004; Kaplan, Amy y Donald E. Pearse, editores: 1993; Kaplan, Amy: 2002.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;  &lt;div style="mso-element:endnote" id="edn2"&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:200%"&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn2" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/Lee%20Rosskam%20Thompson/Puerto%20Rico%20en%20las%20novelas.doc#_ednref2" name="_edn2" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="line-height:200%"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ES-PR;mso-fareast-language:EN-US; mso-bidi-language:AR-SAfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="line-height:200%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="line-height:200%;Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Estos conflictos no son más evidentes en la literatura popular que en los textos canónicos. Said leyó en las novelas domésticas de Jane Austen una red de actitudes y referencias soterradas que codifican la experiencia del imperio.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;  &lt;div style="mso-element:endnote" id="edn3"&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText" style="line-height:200%"&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn3" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/Lee%20Rosskam%20Thompson/Puerto%20Rico%20en%20las%20novelas.doc#_ednref3" name="_edn3" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="line-height:200%;Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family: &amp;quot;Book Antiqua&amp;quot;;mso-fareast-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ES-PR;mso-fareast-language:EN-US; mso-bidi-language:AR-SAfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="line-height:200%;Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt; Death Follows a Formula (1935), The Sentry Box Murder (1935), Murder at 28: 10 (1936), Death in the Glass (1937), Sinister Crag (1938).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="mso-element:endnote" id="edn4"&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:200%"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="line-height:200%"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ES-PR;mso-fareast-language:EN-US; mso-bidi-language:AR-SAfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="line-height:200%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="line-height:200%;Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Un dato interesante en el contexto que abordamos es que una hija de Guiness, Helga Green, fue&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;agente literaria de Raymond Chandler.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;  &lt;div style="mso-element:endnote" id="edn5"&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText"&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn5" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/Lee%20Rosskam%20Thompson/Puerto%20Rico%20en%20las%20novelas.doc#_ednref5" name="_edn5" title=""&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span style="mso-special-character:footnote"&gt;&lt;span class="MsoEndnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-PR;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language:AR-SAfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt; “El verano de Hortensita se complica” (Belaval, 1977: 97-105). &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;  &lt;div style="mso-element:endnote" id="edn6"&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:200%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;&lt;a style="mso-endnote-id:edn6" href="file:///C:/Documents%20and%20Settings/Marta%20Aponte%20Alsina/Desktop/Lee%20Rosskam%20Thompson/Puerto%20Rico%20en%20las%20novelas.doc#_ednref6" name="_edn6" title=""&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="line-height:200%"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt; Referencias:&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in;text-indent:-.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Accaria-Zavala, Diane y Rodolfo Popelnik. &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Prospero´s Isles:&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;The Presence of the Caribbean in the American Imaginary&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;. Oxford: Macmillan Caribbean, 2004.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in;text-indent:-.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Belaval, Emilio. &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Los cuentos de la universidad&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;. Río Piedras: Editorial Cultural, 1977.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in;text-indent:-.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Buchan, John. &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;The Thirty-Nine Steps&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;. New York: Oxford World Classics, 1999.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in;text-indent:-.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Cohen, Jonathan. A &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Panamerican Life: Selected Poetry and Prose of Muna Lee&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;. University of Wisconsin Press, 2004.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in;text-indent:-.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Christie, Agatha. &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;The Mysterious Affair at Styles&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;. Versión electrónica en Project Gutenberg: &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;&lt;a href="http://www.gutenberg.org/etext/863"&gt;http://www.gutenberg.org/etext/863&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in;text-indent:-.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Darwin, Charles. &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;The Voyage of the Beagle&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;. En &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Darwin; The Indelible Stamp&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;. Philadelplia, London: Running Press, 2005.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in;text-indent:-.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Doud, Richard. “Interview with Edwin and Louise Rosskam conducted at their home in Roosevelt New Jersey, August 3, 1965.” Versión electrónica en: &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;&lt;a href="http://www.aaa.si.edu/collections/oralhistories/transcripts/rosska65.htm"&gt;http://www.aaa.si.edu/collections/oralhistories/transcripts/rosska65.htm&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in;text-indent:-.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Gayle, Newton (seudónimo de Muna Lee y Maurice Guinness). &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;The&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Sentry Box Murder&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;. New York, London: Charles Scribner´s Sons, 1935.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in;text-indent:-.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;______.&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Murder at 28:10&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;. New York, London: Charles Scribner´s Sons, 1936.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in;text-indent:-.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Greene, Graham. &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;A Burn-Out Case&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;. New York: Penguin Group, 1977.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in;text-indent:-.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;______. The Quiet American: Text and Criticism. New York: Penguin Group, 1996.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in;text-indent:-.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Hammett, Dashiell. &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;The Glass Key&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;. New York: Alfred A. Knopf, 1931.,&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in;text-indent:-.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Kaplan, Amy y Donald E. Pearse, editores. &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Cultures of United States Imperialism&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;. Durham and London: Duke University Press, 1993.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText" style="margin-left:.5in;text-indent:-.5in;line-height: 200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="line-height:200%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;______.&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt; The Anarchy of Empire in the Making of U.S. Culture&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;. Cambridge, London: Harvard University Press, 2002.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText" style="margin-left:.5in;text-indent:-.5in;line-height: 200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="line-height:200%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Lee, Muna. &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Sea Change&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;. New York: Macmillan, 1923.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText" style="margin-left:.5in;text-indent:-.5in;line-height: 200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="line-height:200%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;______. &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;The Cultural Approach: Another Way in International Relations&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;. Con Ruth Emily McMurry. Chapel Hill: University of North Carolina Press, 1947.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText" style="margin-left:.5in;text-indent:-.5in;line-height: 200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="line-height:200%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Marsh, Ngaio. &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Death of a Peer&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;. Boston: Little Brown and Company, 1940.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText" style="line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="line-height:200%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Rossevelt, Theodore. &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Colonial Policies of the United States&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;. New York: Doubleday, Doran &amp;amp; Company, Inc., 1937.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in;text-indent:-.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Rosskam, Edwin. &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;The&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Alien&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;. New York: Grossman Publishers, 1964.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in;text-indent:-.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;______. &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Roosevelt, New Jersey: Big Dreams in a Small Town and what Time did to Them&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;. New York: Grossman Publishers, 1972.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in;text-indent:-.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Said, Edward. &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Culture and Imperialism&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;New York: Vintage Books, 1994.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in;text-indent:-.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Saretsky, Gary. “Interview with Louise Rosskam under the auspices of the Monmouth County Library Headquarters”. Versión electrónica en: &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;&lt;a href="http://www.visitmonmouth.com/oralhistory/bios/RosskamLouise.htm"&gt;http://www.visitmonmouth.com/oralhistory/bios/RosskamLouise.htm&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in;text-indent:-.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Sayers, Dorothy L. &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Strong Poison&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;. 1930. London: Victor Gollancz, 1930.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in;text-indent:-.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Slotkin, Richard. &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Regeneration Through Violence: The Mythology of the American Frontier, 1600-1860&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;. Connecticut: Wesleyan University Press, 1973.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in;text-indent:-.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Verne, Jules. &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;The Mysterious Island&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;. Versión electrónica en Project Gutenberg: &lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.gutenberg.org/etext/1268"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;http://www.gutenberg.org/etext/1268&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in;text-indent:-.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:.5in;text-indent:-.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;Wells, H.G. &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;The Island of Dr. Moreau&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;. Versión electrónica en Project Gutenberg: &lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.gutenberg.org/etext/159"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;http://www.gutenberg.org/etext/159&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;    &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="line-height:200%; Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="line-height:200%;Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR"  style="line-height:200%;Book Antiqua&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoEndnoteText"&gt;&lt;span lang="ES-PR"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4166722629806262683-2410988212091932848?l=angelicafuriosa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/feeds/2410988212091932848/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=4166722629806262683&amp;postID=2410988212091932848' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/2410988212091932848'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/2410988212091932848'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/2009/03/puerto-rico-en-las-novelas-de-muna-lee.html' title='Puerto Rico en las novelas de Muna Lee, Maurice Guinness y Edwin Rosskam'/><author><name>Marta Aponte Alsina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15661284684620845792</uri><email>aponte@caribe.net</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='16709039353782430549'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/Sceohj0cAdI/AAAAAAAAAIA/n_QiVGk-aAU/s72-c/The+Alien.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4166722629806262683.post-5094759072101422793</id><published>2009-03-02T14:59:00.000-08:00</published><updated>2009-03-03T06:05:13.044-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Marta Aponte Alsina; literatura puertorriqueña; Lunáticos'/><title type='text'>Los grifos</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SaxlpRRYSvI/AAAAAAAAAH4/6DkHfScElWw/s1600-h/los+grifos+001.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 306px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SaxlpRRYSvI/AAAAAAAAAH4/6DkHfScElWw/s320/los+grifos+001.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5308729820448312050" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;p class="MsoNormal" align="center" style="text-align: left;text-indent: 0.5in; line-height: 200%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms'; line-height: 34px;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" align="center" style="text-align:center;text-indent:.5in; line-height:200%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Book Antiqua'; font-size: 17px; line-height: 34px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="font-size:12.5pt;line-height:200%;font-family:&amp;quot;Book Antiqua&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-PR"&gt;En Buenos Aires, Argentina, en un comedor de un apartamento del barrio de la Recoleta, cenaban a diario tres individuos llamados Borges, Adolfito y Silvina. La mesa era pródiga en agua y bifes duros. Los comensales masticaban despacio para vencer la resistencia de los alimentos, pero también porque los dos hombres preferían hablar, lo que equivalía, para ellos, a burlarse con genial displicencia de las imperfecciones del universo. Silvina intervenía poco. Cuando lo hacía era con voz de niña, musitando algún comentario demasiado enfático, rayano en la desesperación de quien logra a veces meter la cuchara cuando sus interlocutores pausan para no ahogarse con un pedacito de res.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="font-size:12.5pt;line-height:200%;font-family:&amp;quot;Book Antiqua&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-PR"&gt;Casi nunca se imponía la música sobre las voces, pero a Borges y Adolfito les encantaba &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Rhapsody in Blue&lt;/i&gt;. De vez en cuando toleraban la ligereza fonográfica de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Valencia&lt;/i&gt; o &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Tea for two&lt;/i&gt;. No es improbable que en alguna ocasión jugaran a escuchar las canciones de Bessie Smith. En contadas noches -el silencio de los dos hombres era un raro evento- cuando cruzaba el comedor algún ángel antihistórico escapado del cementerio cercano, se dejaba oír un fanal en miniatura, con grifos que derramaban gotas minúsculas en un charquito del tamaño de una hostia.&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="font-size:12.5pt;line-height:200%;font-family:&amp;quot;Book Antiqua&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-PR"&gt;Adolfito escribió una trama perfecta, ubicada en una isla donde no es posible vivir. Del otro no hay que hablar. Él mismo dijo: “escúchalas, pero no las nombres”. Silvina escribió un cuento sobre el lugar donde nacen todas las aguas.&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="font-size:12.5pt;line-height:200%;font-family:&amp;quot;Book Antiqua&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-PR"&gt;Cuando Dugald menciona la isla, Larry, lector de ficciones argentinas, piensa en mujeres de voz aniñada que derraman palabras en un mar de aguas musicales. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="font-size:12.5pt;line-height:200%;font-family:&amp;quot;Book Antiqua&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-PR"&gt;What, pregunta Dugald. Nada, responde Larry, the Spanish name of a short story by Silvina Ocampo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent:.5in;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-PR" style="font-size:12.5pt;line-height:200%;font-family:&amp;quot;Book Antiqua&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-PR"&gt;¿Quién?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4166722629806262683-5094759072101422793?l=angelicafuriosa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/feeds/5094759072101422793/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=4166722629806262683&amp;postID=5094759072101422793' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/5094759072101422793'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4166722629806262683/posts/default/5094759072101422793'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://angelicafuriosa.blogspot.com/2009/03/los-grifos.html' title='Los grifos'/><author><name>Marta Aponte Alsina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15661284684620845792</uri><email>aponte@caribe.net</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='16709039353782430549'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_jkOBbKndEDE/SaxlpRRYSvI/AAAAAAAAAH4/6DkHfScElWw/s72-c/los+grifos+001.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry></feed>