tag:blogger.com,1999:blog-308582242009-02-20T20:47:51.553-04:30TOKTA & FUGACafé poético | Cuentos a la cuenta | Despechos gratisTokta &amp; Fugahttp://www.blogger.com/profile/16937657677797795635noreply@blogger.comBlogger16125tag:blogger.com,1999:blog-30858224.post-10890046741072248202007-09-10T17:51:00.000-04:002007-09-10T17:57:17.647-04:00Introito | Eolo Solano<pre>Descubre los sonidos que esconde la palabra<br />en los sones del alba, la leyenda y el mito.<br />No desoigas la fuente del misterio del canto<br />del altivo carrao en su búsqueda agreste.<br />Escucha sus ideas al compás de lo incierto<br />y en las galas del viento que descansen sinceras.<br />Debes entrar al bosque de tu propia armonía<br />con el alma encendida sin prejuicio a las voces<br />del pasado florido, del pasado glorioso<br />que aún fulge en los ojos de los poetas líricos.<br />Que en la selva tupida, de verde coronada,<br />se escuchan las campanas de la luz ambarina.</pre><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30858224-1089004674107224820?l=toktayfuga.blogspot.com'/></div>Tokta &amp; Fugahttp://www.blogger.com/profile/16937657677797795635noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-30858224.post-76034676816704270642007-09-10T17:48:00.000-04:002007-09-10T18:03:13.119-04:00Mi tierra | Hilda Núñez<pre>Mi tierra yo no la vendo<br />ni por todo el oro del mundo,<br />porque fue para mi vida<br />un patrimonio profundo.<br /><br />Las plantas que yo sembré<br />con mis manos y mi esfuerzo<br />son un halo de mi vida<br />que con tanto amor yo siento.<br /><br />El almíbar de sus mangos, <br />el jugo de sus ciruelos, <br />no se pueden comparar,<br />ni arrebatar de tus suelos.<br /><br />Mi fuego de juventud<br />que en ella deposité<br />ya sé que no volverá,<br />pero en ella lo dejé.<br /><br />Ojalá que quien las tome <br />sepa darles el valor<br />que sé que se lo merecen <br />con ahínco y con amor.</pre><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30858224-7603467681670427064?l=toktayfuga.blogspot.com'/></div>Tokta &amp; Fugahttp://www.blogger.com/profile/16937657677797795635noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-30858224.post-27910186695536591982007-09-10T16:30:00.000-04:002007-09-10T18:04:05.266-04:00La última vaquería | Hilda Núñez<pre>I<br />Un llanero se despide<br />de su sabana querida,<br />porque tu fuiste, Trujillo,<br />algo especial en mi vida.<br /><br />II<br /><br />Tu última vaquería<br />ha desgraciado mi vida<br />al ver cómo tu pureza<br />fue tan vilmente invadida.<br /><br />III<br /><br />Tu gran reserva de fauna<br />es cosa casi perdida,<br />si Jesús Blanca viviera<br />andaría penando en vida<br />al ver como mutilaron<br />su querencia más querida.<br /><br />IV<br /><br />Ya el toro no cabildea,<br />ni el atajo se arrochela,<br />hasta el mugir de las vacas<br />detrás de la talanquera<br />pareciera presagiar, Trujillo,<br />la soledad que te espera.</pre><br /><br />El Soldito<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30858224-2791018669553659198?l=toktayfuga.blogspot.com'/></div>Tokta &amp; Fugahttp://www.blogger.com/profile/16937657677797795635noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-30858224.post-77812111325680063562007-09-10T16:21:00.000-04:002007-09-10T18:05:07.394-04:00Alma del silencio | Irma Pimentel Coraspe<pre>I<br /><br />Alma en busca del silencio, <br />Por esos caminos del por qué<br /><br />II<br /><br />Caminos de claros horizontes<br />Caminos de oscuridad y de aridez<br /><br />III<br /><br />Senderos con pasos tan solemnes<br />Que al caminarlos a desnivel<br />Cae sorprendida<br />En abismos de dolor<br /><br />IV<br /><br />Ansiosa y confundida<br />Húmeda de incertidumbres<br />Desgarra su voz<br />Corta al sonido<br />Para ir… tras de Él.<br /><br />VI<br /><br />El: Himno de presencia<br />Profundidad y más<br />Que la anima a vivir<br />Sus días y sus noches<br /><br />VII<br /><br />Ella: Aprendiz de la existencia<br />Alma cautiva<br />De la razón de sus por qué<br /><br />¡Alma del Silencio!<br /></pre><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30858224-7781211132568006356?l=toktayfuga.blogspot.com'/></div>Tokta &amp; Fugahttp://www.blogger.com/profile/16937657677797795635noreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-30858224.post-70380609643615470742007-09-10T16:09:00.000-04:002007-09-10T18:07:58.732-04:00Hoy | Enrico Espino<div align="center"><em>A Laura Frías,<br />poetisa y amiga</em></div><br /><br /><pre>Hoy, que llueven silencios sobre el alma,<br />agradezco tus versos, compañera.<br />Si bastase la luna y mi guitarra<br />para sentirte cerca,<br />si bastase la música y el tiempo,<br />los cuentos infantiles y el poema,<br />si bastasen los golpes del tambor<br />y bastase la letra<br />del alma que el silencio apasionado<br />al silencio vacío le opusiera,<br />si bastasen las liras furibundas<br />si bastase una hoguera,<br />para lograr que caiga nuestra luna,<br />aun rota de ilusiones y tristezas,<br />zurciría la música y el tiempo<br />al filo de un poema<br />los cuentos infantiles en el alma<br />y las liras rabiosas, encrespadas<br />palpitantes, coléricas,<br />para decir al mundo enrarecido<br />que existe la palabra en nuestra América,<br />que no nos callen nunca, hermana mía,<br />caiga la luna nuestra.<br /><br />Porque hoy llueven silencios sobre el alma<br />agradezco tus versos, compañera.<br />Si bastase la luna y mi guitarra<br />para sentirte cerca.</pre><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30858224-7038060964361547074?l=toktayfuga.blogspot.com'/></div>Tokta &amp; Fugahttp://www.blogger.com/profile/16937657677797795635noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-30858224.post-44724528817187625462007-04-01T19:38:00.000-04:002007-04-01T20:22:58.533-04:00Acicalada | Liliana Fasciani M.<div style="text-align: justify;">Hoy me traté con cariño.<br /><br />Pocas veces el tiempo se deja detener por un buen rato y me libera del yugo de las horas.<br /><br />Hoy el agua de la regadera cayó sobre mi cuerpo como un salto Angel de dos metros hasta que se me arrugaron las yemas de los dedos como si hubiese estado construyendo soluciones con arcilla de gres.<br /><br />Me enjaboné con la parsimonia de quien no tiene nada más que hacer en la vida que contemplar el mundo al borde de un colapso emocional por sus carencias.<br /><br />Lavé mi cabello como si fuese del largo de la muralla china y surgieron de mi cuero cabelludo voluntarios que atraviesan abruptos bombardeos en misiones de paz.<br /><br />Arreglé mis uñas con minucioso esmero asumiendo que con ellas podría arar en la espalda de mi amado una decena de surcos donde sembrar placer.<br /><br />Unté con crema mi cuerpo a ojos cerrados percibiendo el aroma de las plantaciones de café y el quejido de los árboles fracturados bajo las pisadas de quienes huyen de las inundaciones tropicales.<br /><br />Rocié en mi cuello, en las coyunturas de mis brazos, tras mis orejas y en las palmas de mis manos un perfume de diamantes blancos y la habitación se llenó del nauseabundo olor del agua putrefacta de los charcos donde se ahoga la esperanza.<br /><br />Me miré en el espejo y vi una lágrima que venía corriendo desde la cárcel y escuché un grito disparado con un fusil en la frontera y la sonrisa de un niño mutilado quebró el rayo de luz que me alumbraba.<br /><br />Me traté con cariño esta tarde decidida a quererme un poco más para no morir desarreglada durante la semana.<br /></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30858224-4472452881718762546?l=toktayfuga.blogspot.com'/></div>Tokta &amp; Fugahttp://www.blogger.com/profile/16937657677797795635noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-30858224.post-85190640489108856522007-03-25T03:25:00.000-04:002007-03-25T03:26:26.583-04:00Suicida en Calabozo | Marcos Carrillo P.<pre><br />Un hombre deprimido decidió suicidarse.<br />Vivía en Calabozo, pueblo de hermosas hadas,<br />muy plano y extendido, sin torres escarpadas,<br />ni siquiera un viaducto o un puente en qué lanzarse.<br /><br />Malvada geografía, terrible arquitectura,<br />aumentaron la angustia del suicida en cuestión,<br />quien muy desesperado colgóse de un mamón,<br />pero la endeble rama se cayó por fractura.<br /><br />Aun más decidido, buscó un lugar más alto,<br />pero sólo encontró una mata de mango<br />muy cerquita del barro, muy lejos del asfalto.<br /><br />Con augusta ansiedad saltó presto al vacío,<br />mas sólo se ensució, pues se cayó en el fango,<br />se levantó furioso, se fue y no dijo pío.<br /></pre><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30858224-8519064048910885652?l=toktayfuga.blogspot.com'/></div>Tokta &amp; Fugahttp://www.blogger.com/profile/16937657677797795635noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-30858224.post-31093232712918171342007-03-25T03:21:00.000-04:002007-03-25T03:23:03.770-04:00Pero también cantaste... | Delfina Acosta<pre><br />Pero también cantaste a las muchachas<br />de boca roja como una ciruela;<br />tus versos las pintaban azucaradas,<br />en el balcón, soplando una candela.<br />De sus mejillas se nutrió la gota,<br />la sal y la pleamar de tus poemas.<br />Sus ojos eran lámparas en noches<br />cuando no había espejos ni luciérnagas.<br />Ninguno, como tú, cantó al amor.<br />Ninguno, como tú, las hizo bellas<br />a las mujeres de redondos pechos,<br />de pies pequeños, de rojizas mechas.<br />Nombraste a todas: quién no tuvo turno<br />en el elogio de tu voz contenta.<br />Con dulces uvas de tu Chile amargo<br />brindaste por la luz de sus caderas.<br />Usaste, a veces, rosas de sus madres,<br />geranios de sus hijas y violetas,<br />con que alfombrando fuiste sus pisadas.<br />Las últimas, se hicieron las primeras.<br />Silbaste a la mujer. Silbando sigues<br />aunque acostado y yerto en larga hierba.<br />No dormirá tu voz, salada y larga.<br />Ni habrán de apaciguarse tus poemas.<br /></pre><br /><div>Del poemario <em>Versos esenciales a Pablo Neruda</em></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30858224-3109323271291817134?l=toktayfuga.blogspot.com'/></div>Tokta &amp; Fugahttp://www.blogger.com/profile/16937657677797795635noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-30858224.post-9287353224842632552007-03-25T03:13:00.000-04:002007-03-25T03:23:52.246-04:00Alguna vez creí | Delfina Acosta<pre><br />Alguna vez creí hablar contigo,<br />Neruda, allá en tu tierra; tú decías<br />que la primera música en Parral<br />fue el soplo virtuoso de la espiga,<br />y aquel silbido patriarcal del viento<br />llevando sobre el lomo su familia<br />de cartas sin destino, de hojarasca,<br />de lágrimas y páginas escritas.<br />Contabas que te hiciste compañero<br />del sol que madrugaba con la brisa.<br />Sobre la miel y el pasto quebradizo<br />tendiste la frazada de tu vida.<br />También contabas que al amor cantando<br />del hielo liberaste a la poesía.<br />Jamás te perdonaron los poetas<br />que honraban las estatuas de caliza,<br />la musa muerta, la ya fría lágrima<br />que le quitó el pañuelo a la mejilla.<br />Jamás te perdonaron los poetas.<br />Tu nombre fue quemado en una pipa.<br />Volviste, tan alegre, de la hoguera.<br />Naciste, nuevamente, en tu ceniza.<br />Una pleamar de estrellas en el norte<br />levanta cada noche tu poesía.<br /></pre><br /><div>Del poemario <em>Versos esenciales a Pablo Neruda</em></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30858224-928735322484263255?l=toktayfuga.blogspot.com'/></div>Tokta &amp; Fugahttp://www.blogger.com/profile/16937657677797795635noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-30858224.post-2920680000533549642007-03-25T02:51:00.000-04:002007-03-25T02:56:05.668-04:00Change, changing, changes | Christina Revilla(La autora de este poema es una niña de 10 años de edad)<br /><pre><br />You can change, I will stay back<br />I want to keep on the same track<br />One day, I will come out of my shell<br />But no today I will not tell<br />It's getting lonely by myself<br />I feel strange without yourself<br />Maybe tomorrow, or in a week<br />I can't help if I am meek<br />One day I will change<br />And I will be free to be me<br />With everyone around me<br /></pre><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30858224-292068000053354964?l=toktayfuga.blogspot.com'/></div>Tokta &amp; Fugahttp://www.blogger.com/profile/16937657677797795635noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-30858224.post-46518378057480871142007-03-25T02:36:00.000-04:002007-03-25T06:33:08.873-04:00Vuelve el dolor a España | Liliana Fasciani M.<pre><br />Que alguien me diga que no fue lo que es<br />que no vi lo que vi<br />que no son reales la imagen ni el sonido<br />de un grito de dolor multiplicado<br />por millones de voces<br />recogiendo con puños indignados<br />la sangre derramada por Madrid<br /><br />Hoy ha estallado de nuevo la muerte<br />mil veces más cruenta y despiadada<br />y rota para siempre<br />hecha pedazos<br />ha quedado la vida entre los rieles<br /><br />Se han descarrilado esta mañana los trenes del esfuerzo<br />los vagones que a la hora primera<br />transportaban los sueños de la gente<br />que son al mediodía un amasijo de cuerpos y lamentos<br /><br />Atocha, Santa Eugenia, El Pozo,<br />amanecidas<br />sin perdón de Dios ni de los hombres<br />estaciones postreras<br /><br />Vuelve el dolor a España<br />y yo regreso imaginariamente a ella<br />para ofrecerle a su aflicción mi sentimiento<br />para alzar junto a las suyas mis manos blancas<br />para dejarme llover lágrima y grito sobre su digna sangre<br />porque me duelen como si fuesen míos<br />su tristeza y su llanto<br />sus más de mil heridos y sus más de cien muertos<br /><br />Vuelve el dolor a España<br />mas confío en que, como otras veces,<br />convertirá la pena en fortaleza y la ira en valor<br />Yo doy para esta causa,<br />que es de todos en todo el ancho mundo,<br />pluma, verso y corazón<br /></pre><br /><div align="center">11 de marzo 2004</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30858224-4651837805748087114?l=toktayfuga.blogspot.com'/></div>Tokta &amp; Fugahttp://www.blogger.com/profile/16937657677797795635noreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-30858224.post-36347490186004975182007-03-25T02:14:00.000-04:002007-03-25T03:11:33.415-04:00Quitasueños | Liliana Fasciani M.<pre><br />Algunas veces<br /><br />He sentido un inmenso vacío que me llena de dudas el alma<br />He pensado que también estoy sola entre una multitud de seres solitarios<br />He intentado dejar de averiguar las causas de todas las desgracias<br />He querido volver a la ignorancia de una edad inocente en que nada se sabe<br />He luchado contra mis impulsos de hacerle daño a quienes causan daño<br />He dudado de mis convicciones cuando la injusticia se erige triunfante<br />He desconfiado de las religiones porque son espadas de cruentas batallas<br />He deseado haber nacido piedra para no sentir el dolor humano<br />He pretendido que la ofensa no me ofenda y que la mentira no me engañe<br />He jugado a ser indiferente ante la estupidez y las frivolidades<br />He creído que no vale la pena intentar cambiar las cosas que no cambian<br />He procurado perdonar a los políticos, a los delincuentes y a los gobernantes<br />He considerado deshacerme de la fe, de las ideas y de las preocupaciones<br /><br />Pero a medio camino entre el insomnio y el sueño<br /><br />Sé que las dudas que ahuecan mi alma son la certeza de que Dios existe<br />Concluyo que nunca he estado sola, porque quienes me quieren, me acompañan<br />Relego las causas a un lado para buscarle solución a la desgracia<br />Comparto lo poco que sé con aquellos que -cree uno- menos saben<br />Convierto en fortaleza mis impulsos para resistir el daño ajeno<br />Cotizo todas mis convicciones en la bolsa de valores de lo justo<br />Aprecio el bálsamo de las religiones que alivian las angustias del espíritu<br />Agradezco ser un ser humano nacido para amar y ser amado<br />Olvido las ofensas por inútiles y las mentiras dejo que caduquen<br />Excuso a los estúpidos y frívolos porque no tienen más de qué ocuparse<br />Compruebo que mis propios cambios hacen posible que otras cosas cambien<br />Asumo mi responsabilidad ante la ineptitud de los irresponsables<br />Refuerzo mi fe con la esperanza <br />defiendo mis ideas con acciones <br />y suprimo de las preocupaciones las tres primeras letras<br />¿También a ti te pasa?<br /></pre><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30858224-3634749018600497518?l=toktayfuga.blogspot.com'/></div>Tokta &amp; Fugahttp://www.blogger.com/profile/16937657677797795635noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-30858224.post-15804155475306987502007-01-30T02:46:00.000-04:002007-03-25T02:34:39.013-04:00Atrapado en cabina | Marcos Carrillo P.<pre><div align="justify"><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">El seting</span></strong><br /><br />Sentado en un avión, cerquita, al lado mío,<br />había un señor gordito de calva franciscana,<br />era de aspecto simple, como clase mediana,<br />con toda la apariencia de un ser inofensivo.<br /><br /><br />¡Qué cosa tan horrible lo que ese día viví!<br />Sin prólogo, sin nada, sin una introducción,<br />sin respeto a lo ajeno, pero con emoción<br />comenzó el personaje a hurgarse la nariz.<br /><br /><br />Y fue en ese momento que aquel cruel personaje<br />se convirtió en verdugo de un viaje muy, muy largo<br />que hube de compartir, sin remedio, a su lado.<br /><br /><br />Atrapado en mi puesto, tuve que resignarme,<br />en el largo trayecto, a sus malos modales<br />y a su gripe insufrible venida de arrabales.<br /><br /><br /><strong>El hecho</strong><br /><br />Con su dedo más largo comenzó a registrar<br />sus dos fosas nasales, cual si fuesen oráculo.<br />Buscaba algo profundo que no logró encontrar,<br />pero insistió un buen rato en su raro espectáculo.<br /><br /><br />Luego sacó un pañuelo y se puso a tocar<br />su propia corneta con ritmos muy extraños,<br />¡y con todo el volumen que le pudo insuflar!<br />con la emoción adusta del que expulsa a un extraño.<br /><br /><br />Después de varias horas sin ver por la ventana,<br />ya cuando aterrizó, volvió a tocar la diana,<br />y al final la nariz alivió su equipaje.<br /><br /><br />Pareció divertirse durante todo el viaje,<br />pues nunca se durmió, ni esgrimió un argumento;<br />sólo se limitó a su especial talento.</span><br /></div></pre><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30858224-1580415547530698750?l=toktayfuga.blogspot.com'/></div>Tokta &amp; Fugahttp://www.blogger.com/profile/16937657677797795635noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-30858224.post-9160254248013227122007-01-29T13:21:00.000-04:002007-03-25T02:33:20.966-04:00Pasa un ángel | Vince Fasciani<pre><strong>I</strong><br /><br />Hay una hilera de tumbas<br />laxa de recuerdos está la nieve<br />porque el blanco es la norma<br /><br />el lugar ha sido enlosado<br />para hacer una gasolinera<br />nadie parece dispuesto a excusarse<br /><br />estas cosas sin colorido<br />se han forjado con el miedo<br /><br />si menciono tantos detalles<br />es porque al fondo vislumbro<br />el perfil de una pirámide alba<br /><br /><strong>II</strong><br /><br />un espejo en el patio <br />la nieve de antaño <br />la huida de un niño <br /> <br />no se enfada con vosotros <br />sino con el cristal de la ventana<br />siempre la misma <br /> <br />según el lugar donde él se sitúe <br />echa una ojeada <br />los recuerdos se enlazan entre ellos <br />en un sueño inmóvil<br />y ordena los monstruos<br />en su pecho<br />ardiente<br /><br /><strong>VIII</strong><br /><br />ahora puedo<br />conducirla hacia el pasado remoto<br />y durante este viaje a la zaga<br />cuando el miedo se vaya<br />ella se entregará todavía mas<br /><br />se abrirá paso<br />hacia su centro infatigable<br />vistiéndose cada día<br />de una aventura mas viva y fresca<br /><br />ella va a chocar contra algo<br />en su zona subterránea<br /><br />decidle que tengo que marcharme</pre><br><br><br /><div>Del poemario <em>Pasa un ángel</em>, Suite Poética (1996-2000). Trad. del francés por Carmen Lozano</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30858224-916025424801322712?l=toktayfuga.blogspot.com'/></div>Tokta &amp; Fugahttp://www.blogger.com/profile/16937657677797795635noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-30858224.post-10945186630483013952007-01-29T12:27:00.000-04:002007-01-29T13:35:05.207-04:0029 escalones | Liliana Fasciani M.<div align="justify"><br />Amanece en marzo. La lluvia que debió regar los campos en febrero llega tarde, precediendo los próximos colores de la inminente primavera. Facundo despierta sin reloj para ponerse junto a la ventana. El resplandor blanquecino de un sol tras bastidores poco a poco matiza la mañana. Matilde duerme plácidamente aún, abrazada a las almohadas. Sobre la hornilla, se oye borbotear la cafetera y la casa se impregna de ese aroma que suele devolver a su habitante memoria de mejores tiempos. ¡Qué pena que sean sólo retazos!, se lamenta. Medios rostros, medias voces, medios paisajes que cada día se le antojan más lejos. Hace tiempo que está viviendo a medias: ocupa la mitad de una casa, trabaja a media marcha, se balancea a duras penas entre un antes que se le difumina y un después que no se le concreta.<br />Sirve el café caliente y humeante en un tazón de barro que aprieta entre las manos. Si cierra los ojos, el calor del barro viejo y gastado con aroma de café le alivia la vertiente fría del alma. Una vez más comprueba la aspereza del viento que rasguña la tierra en la que todavía se siente extraño y extranjero. No es como el soplo amable que acaricia los páramos andinos donde hace nueve lustros vio la luz. Allá, donde al invierno se le llama lluvia y al verano sequía, y el otoño y la primavera dependen de la mano que tala y de la mano que cultiva, el frío es un beso infinito sobre los pechos de la cordillera. Es aquel un frío que no le muerde, ni le raja, ni le quema, que no penetra para quedarse adentro, como éste.<br />Apostado de nuevo junto a la ventana, abre uno de los postigos para mirar el pequeño patio interior todo mojado, las plantas mustias ahora regocijadas, los cristales empañados de las otras ventanas, los porrones de cerámica, fijados diagonalmente en la baranda de hierro, llenos de flores marchitas y de raquíticos tallos, la terraza del ático de enfrente con el toldo de lona blanco de verano empapado, la puerta cerrada y la cortina azul celeste. Supone, como siempre, que ella estará dormida sobre la cama vestida con sábanas de seda, desnuda bajo una manta gruesa con diseños de lunas y de estrellas en un fondo azul Prusia. La supone con una mano bajo la mejilla, el cuerpo acomodado en un zigzag estable, el cabello completamente abierto, desordenado sobre la serranía de su silueta. Le parece que es así como duermen las mujeres hermosas, en una postura infantil de encogimiento que delata a la vista su vulnerabilidad y su deseo.<br />“Una mujer dormida de perfil merece que la abracen” escribe. Repite la frase una y otra vez, moviendo apenas los labios, susurrando para adentro, deleitado en la imagen de esa mujer dormida de perfil en el ático de enfrente. Permanece largo rato junto a la ventana, bebiendo a sorbos el café ya tibio.<br />Su vida es un ritual de viejos hábitos. Matilde, el aroma del café, la poesía, la ventana, ella. Del mundo al cual pertenecía al mundo que le pertenece hay un puente infranqueable cuya aparición nunca sabrá explicarse. Matilde lo llama milagro, pero lo que ella diga no le importa. A Facundo le basta con que esté a su lado, con saberla cerca, con oír su ronroneo de gata distraída mientras se mueve descalza por la casa.<br />Pocas cosas le son ahora bastante para seguir viviendo. Matilde, aprendiz de maga, supo cómo girar la rueda del destino para arrancárselo a la muerte. Aunque él no se lo ha dicho nunca y ella tampoco espera que lo haga. Facundo, algunas veces, se siente agradecido, y acaso por eso algunas veces siente que la ama. Si amar es, después de todo, algo tan espontáneo como velar el sueño de Matilde, conjugar sus personalidades de niña mujer amante cómplice enemiga, someterla y someterse, reírse con su risa y jurarle como cierta la mentira de que toda su poesía es para ella. Amar a Matilde le parece fácil, lo difícil es dejarse amar por ella. Pero sí, debe admitirlo, su poesía tiene el sello de su musa primera. El escribe sonetos porque Matilde existe.<br />Y porque existe ella. Veintinueve escalones más allá del patio es la breve distancia que separa a su ventana del ático de enfrente, pero a él se le hace más lejano. Quizás es la costumbre de ver hacia lo alto y tener siempre que rozar el cielo con los ojos, porque en Los Andes todo está arriba, montado sobre algo, empinado, colgado, suspendido. De donde él proviene, todo es alto y, por lo tanto, abismal, abrupto, neblinoso, fatídico a veces, siempre silencioso. Como este invierno gris de lluvia lenta y esta distancia breve que él busca superar desde el nadir de su ventana hacia el cenit de la puerta cerrada y la cortina azul celeste. Para Facundo, el día no comienza hasta que ella corre la cortina y la sujeta con el cordón de borlas doradas. Entonces sabe que atravesará el umbral entre la habitación y la pequeña sala, y pasará soñolienta hacia la cocina, agitando con ambas manos la enmarañada cabellera azabache.<br />La voz adormilada de Matilde atrae su atención. Sentada ya en el borde de la cama, busca las pantuflas con los pies. Al levantarse, se estira hacia atrás y hacia los lados. Desperezada, clava su mirada intensa en la serena mirada de Facundo y sonríe.</div><div align="justify"><br />_ ¿Ya te masturbaste, cariño? </div><div align="justify"><br />El le devuelve la sonrisa y enciende un cigarrillo. Le gusta el tono de dulce perversidad con el que adorna su pregunta. Le gusta la sensación que le produce odiarla en este instante, porque es un odio bueno que lo tranquiliza y lo libera. El sabe que ella sabe sobre ella, y ella sabe que él sabe que lo sabe. Ambos disfrutan secretamente de la reciprocidad de sus celos y de sus odios.<br />Mientras Matilde se cepilla los dientes sentada sobre la taza del váter, Facundo le sirve café con leche en un tazón de barro como el suyo y coloca en un plato dos rebanadas de pan con mantequilla para llevarlo todo en una bandeja hasta la mesa que está junto a la ventana. Es parte del ritual cotidiano y una de las fases favoritas de ambos, aficionados a la alteridad. Facundo esclavo sirve a Matilde reina.<br />En realidad, Matilde no es Matilde, excepto a medias. También ella vive en la ambigüedad de ser real y, al mismo tiempo, invento. Cuando se conocieron, Facundo escribía un ensayo sobre la influencia femenina en la poesía nerudiana. Matilde, fugada de Granada, se anunciaba como rubia veinteañera experta en artes eróticas en los clasificados de prensa. El no sabía qué era un “francés natural profundo” y quiso averiguarlo llamando a la rubia que resultó ser morena oxigenada, veinteañera de diecisiete años y tan ducha en tales artes como la virgen de la Inmaculada. Ella se enamoró de aquel primero y único cliente, y él la convirtió en su musa nombrándola Matilde y poniendo sobre su cabeza una tiara hecha con espigas de trigo y margaritas. La vida para ambos fue un largo peregrinaje por lúgubres buhardillas, apenas sin equipaje, sin dinero y sin trabajo hasta que Facundo obtuvo el anticipo por derechos de autor sobre su ensayo. Y aunque luego se inspiró en otros poetas para seguir escribiendo sus obras, Matilde quiso quedarse para siempre con el nombre robado. Después, algo que él no se explica y que ella no recuerda sucedió, y la vida desde entonces fue otra cosa. </div><div align="justify"><br />_ Voy a comprar el periódico y cigarrillos – dice Matilde, levantando la bandeja.</div><div align="justify"><br />Facundo asiente sin apartar la vista del libro de sonetos. Matilde se viste rápidamente frente al espejo, se recoge el cabello con una peineta y se pinta la boca de fucsia. Se despide de Facundo alborotándole el pelo con la mano. El le recuerda que revise el buzón de la correspondencia y ella ronronea antes de cerrar la puerta.<br />El quiosco de periódicos está a dos cuadras, pero Matilde no volverá hasta el almuerzo. Se quedará paseando por las calles que se le atraviesen, visitando mercados, eligiendo las frutas y verduras que tengan los colores más vivos y brillantes, las que luzcan apetecibles y artísticas combinadas bajo la luz del sol, fumando un cigarrillo en algún parque del barrio mientras cuenta las hojas de las ramas de un árbol, si la iglesia está abierta, probablemente entre y robe todas las rosas rojas o rosadas que vea en los altares. Facundo la conoce tanto y tan bien, que se divierte siguiéndole los pasos con la imaginación justo hasta que en el ático de enfrente se corre por fin la cortina azul celeste y él ve la leve curva que hace la espalda de la mujer que la anuda con el cordón de borlas doradas. La ve salir a la terraza a pesar del viento y del intenso frío que traspasa la endeble protección de su albornoz.</div><div align="justify"><br />_¡Qué hermosa eres!_, murmura con el cigarrillo entre los labios. </div><div align="justify"><br />Ella se sacude la negra melena con las manos y mira hacia la única ventana abierta en su horizonte: la que enmarca el rostro, los hombros y el torso de Facundo. A esa distancia, ella no puede ver su mirada, pero puede sentirla. El frío la obliga a entrar. Cierra la puerta y deja la cortina atada para que la luminosidad del día llene la casa. Es parte del ritual cotidiano. Hoy no es ese día indeterminado de la semana en el que otra presencia perturba sus emociones. Hoy ella está sola, y él no tendrá que compartirla con nadie.<br />Veintinueve escalones ya no le parecen una gran distancia. El viento arrecia afuera, pero al menos ha dejado de llover. Lentamente, Facundo cruza el patio interior y, al llegar al pie de la escalera, posa su mano en la baranda de hierro que le quema la palma como un listón de hielo. Observa la empinada estructura de mármol y en su mente una sucesión de nítidas imágenes empiezan a subir frenéticamente los peldaños: ella está arriba, empinada o suspendida en su atmósfera, desprovista de maquillaje y de bisutería, natural y perfumada dentro del albornoz. Facundo acaricia el pasamanos, mareado por la vertiginosa proyección. El viento le entra por los ojos y su mirada fragmenta la pared frente al descanso, el pasillo a la derecha, la luz de la mañana filtrándose por la claraboya, sus zapatos de gamuza hundidos en la alfombra verde olivo que viste de gala la amelocotonada tersura de las paredes, su figura delgada y vertical dentro del pantalón de caqui, de la camisa a cuadros, inmóvil ante a la puerta número cuatro, sus manos, embutidas en los bolsillos, rozan unas llaves, se percata de las gotas embalsadas en las ranuras de su frente, advierte el ligero desfallecimiento de sus piernas con una antigua sensación de miedo, de emboscada en la vorágine del viento. Detesta sus orejas encendidas. Siente la tibia humedad de su transpiración fluyendo por los poros. Se sabe enfrentado a un destino abrupto y abismal, completamente solo, íntimamente expuesto en medio del silencio que como una transparencia merodea, adherido fatalmente a todos los elementos. Sus labios se mueve sin emitir sonidos, incapaces de formar una palabra, medrando su resequedad, palpando con la punta de la lengua las finísimas grietas que le hieren la carne, perforando el roble macizo de la puerta con su mirada gris sobreexpuesta en la aldaba que golpea con el suave movimiento de un ala, hacia arriba, hacia abajo, una vez, dos veces, esperando la pregunta de rigor o la respuesta desde el otro lado, donde el pórtico de la terraza está cerrado pero el viento se cuela en el salón a través de las fisuras, sin anunciarse, sin pedir permiso para posarse a gusto encima de muebles y ceniceros, sobre cuadros, repisas y esculturas, porque no hay duda de cuán acogedor es el ático con sus colores pasteles, su piso de parquet, su techo de yeso blanco, tal como luce visto desde la ventana de su casa.<br />La aldaba le reta con su pico de halcón a un nuevo intento, pero él sólo espera oír su voz, temeroso de que abra, defraudado de que no lo haga, repentinamente compelido a la huida, desguarnecido de un motivo razonable que explique su presencia, arriesgado al ridículo sin la excusa adecuada, casi arrepentido de su atrevimiento, a punto de escapar precisamente cuando se descubre ansioso por esa mano de ébano apoyada en el marco de la puerta entreabierta, aspirando la voluptuosa emanación de la hembra, salvando en su mirada todo asomo de sorpresa o de enojo, asiendo con audacia el suave quebramiento de sus caderas al ceder sobre su muslo caqui la levedad de su cuerpo, ignorando la reiteración de una pregunta con el único fin de retener su aliento, atrapando con la boca sus abultados labios para devorarlos en un beso, trazando con el índice un sendero nuevo desde la yugular hasta la coyuntura de sus senos, mordiendo y relamiendo sus pezones duros y marrones incrustados cual pequeñas balas en dos lomas perfectas, apagando sus quejas, forcejeando simultáneamente con el dúctil albornoz y con el riel de la bragueta para liberar su indomado impulso, arrebatándole el pudor en el umbral de su puerta ante la impavidez de la aldaba de bronce, rasgando la seducción de sus recatos con la certeza de una pronta sumisión, interpretando sus lascivos gemidos, deliberadamente impúdico y barroco, apoderándose de sus brazos inquietos enlazados a su espalda, complacido en el encono de sus uñas arañando su carne, perdiéndose en la rebelión de sus cabellos, ciego en su espesura negra y olorosa, dueño de su cintura breve, mecenas de sus muslos esculpidos en la corteza de la noble madera, trampero de sus ansias incursionando con el vigor de su más sensible tacto en la húmeda cavidad de sus misterios, ajeno a su renuencia, provocando oleajes corporales de afectos tempestuosos, desatando su morbo, doblegando su falsa resistencia en la fragua de su primitivismo denodado, despojándola de defensas, invencible frente a su rendición, decantando su euforia, penetrando desmedido y poseso en esa tierra sísmica que su delirio invade, presintiendo la inminencia del éxtasis, el embrujo de una muerte almibarada, arrobado por su desnudez, conquistando en ella la victoria suprema, la gloria de su ascenso hasta la cumbre de la cordillera al final de los veintinueve escalones que separa el ático de enfrente…</div><div align="justify"><br />_ ¡Maldita sea! </div><div align="justify"><br />… de su silla de ruedas.<br /></div><br /><br /><div>Este relato obtuvo un Accésit en el IX Concurso de Narraciones Cortas, Ayuntamiento de Torre Pacheco, Murcia, España, 2002.</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30858224-1094518663048301395?l=toktayfuga.blogspot.com'/></div>Tokta &amp; Fugahttp://www.blogger.com/profile/16937657677797795635noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-30858224.post-74188188515749070652007-01-28T23:23:00.000-04:002007-01-29T13:35:52.625-04:00Por si se me olvida España | Liliana Fasciani M.<div align="right"><em>A Pilar Fernández G.</em></div><br /><br /><div align="right"></div><div align="right"></div><div align="justify">Hoy quiero escribir para legarle una pista a la memoria, por si no rebobina, pasada ya la curva de los años, el monstruo cerebral que actúa por cuenta propia y me conmina a pensar en lo que no comprendo, a destetar vocablos de sus callos y despechos de sus madrigueras. ¡Ah! Pero, sobre todo, a desglosar miradas en los asientos de los autobuses, en los vagones con acordeones roncos, en los bares a las horas pico, en los semáforos y en las iglesias.</div><br /><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Hoy quiero escribir -por si un día se secan mis recuerdos- que soy feliz con lo que tengo y con lo que carezco, que algo debe faltarme, no lo dudo, algo que perdí quién sabe dónde o que le entregué sé bien a quién.</div><br /><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Hoy quiero escribir para leerme cuando no sepa qué hacer con lo que escribo. Y para no olvidar en la mochila el pan de sueños y el vino de nostalgias con los que me alimento. Lo sabe bien Aquel que va conmigo con su cruz a cuestas, Aquel que me alienta y me sostiene cuando alguna jornada me golpea.</div><br /><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Hoy quiero escribir con tinta de calamares en las ruedas del carruaje de Cibeles, y en el pedestal de Don Quijote, y en el muro de mi calle angosta en Salamanca, esta sensación de todo a tope, la escena cotidiana del monólogo que me atornilla al taburete de una barra hasta que alguno de mis versos se ahoga en el vermuth. Entonces me voy de luto a casa y espero los ruidos del camión del aseo para poder dormir.</div><br /><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Hoy quiero escribir -por si las dudas- que lo único que soy es prosa y verso. Y espero que alguien, cuando me pronuncie, lo haga lentamente, casi en silencio, como pronuncio yo a Rimbaud, joven y triste, y a Neruda, burgués y combatiente, y al buen Andrés Eloy, de pueblo entero, y al leal Miguel Hernández, atormentando en sangre y en dolor y en muerte, y al mismo Don Quijote, sensatamente audaz y enamorado.</div><br /><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Hoy quiero escribir que, finalmente, encontré mi lugar en el mundo. Aquí, donde por fin puedo caminar sin miedo, vagar de madrugada, amanecer en la estación del Metro, y subirme a los trenes que van a cualquier parte sin que me importe andar descarrilando.</div><br /><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Hoy quiero hacer un inventario de lo que España me ha devuelto, pero se me alborotan las imagenes. Aun así quiero escribir -para leerlo una y otra vez y siempre- mi pasión por los campos de Castilla. Esos campos amarillos, áridos e infinitos donde el invierno pela las carnes y araña los labios. Las imponentes murallas abulenses con sus intimidades domésticas en celo. Las patatas revolconas, las chuletas de cordero y el vino en una jarrita por allá, en el rincón de una Venta en La Colilla.</div><br /><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Hoy quiero escribir de un pueblo escondido en las entrañas de Castilla, incrustado en la España profunda entre el polvo, la cal y las espigas. Gotarrendura, gota y herradura, hendidura en el pecho, habitantes recios con el corazón blando y las manos duras. Ese pueblo, donde las paredes tienen ojos y las viudas aún visten de negro y la vida transcurre sin relojes porque el tiempo ni siquiera se mueve, ese pueblo, sembrado de piedras que valen lo que pesan, no siendo mío, casi le pertenezco.</div><br /><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Hoy quiero escribir para que jamás se borren mis recuerdos de esta tierra a todas diferente, de estas gentes que a nadie se parecen, de esta vida que a la muerte me llevo. </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30858224-7418818851574907065?l=toktayfuga.blogspot.com'/></div>Tokta &amp; Fugahttp://www.blogger.com/profile/16937657677797795635noreply@blogger.com0