tag:blogger.com,1999:blog-285853682009-07-11T08:46:53.555+01:00COMPADRE, CÓMPRAME UN COCO (relatos...)RELATOS ABSURDOS, RELATOS DE HUMOR, ANÉCDOTAS, MONIGOTES, VÍDEOS... EL MUNDO PARTICULAR DE KERMIT (JAVIER SILVELA)Kermitnoreply@blogger.comBlogger231125tag:blogger.com,1999:blog-28585368.post-39947119144145993542009-06-29T07:00:00.000+01:002009-06-29T07:00:21.570+01:00LOS CUERNOS DEL AMOR<div style="text-align: justify;">-¡Anda tú, pues que he hecho triple!<br /><br />Afrodita se frota los ojos para asegurarse de que no es víctima de ninguna alucinación. Hermógenes, el guardián de sus unicornios blancos, le ha explicado entre sollozos que Heracles se llevó tres y que él no pudo hacer nada por evitarlo, y por eso ha venido hecha una furia al campo de prácticas del héroe, pero nunca en su inmortal vida pensó que se encontraría con una salvajada así.<br /><br />Detrás del coloso, tumbados en el suelo y con sus cuatro patas atadas entre sí mediante gruesos cabos de esparto, Afrodita reconoce a Etéocles y Egisto, dos de sus unicornios favoritos. La diosa ahoga un gemido, y sigue la mirada de Heracles hacia una gigantesca diana de competición -círculos concéntricos, sectores numerados y toda la parafernalia que causa furor en Olimpia –, que hay clavada en uno de los robles sagrados de Apolo. Y a punto está de desmayarse al distinguir al unicornio Plafón, al que conoce desde que era un potro, clavado por su cuerno a la parte superior del anillo de triple de la diana.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/Sj9fW6ghEvI/AAAAAAAACyg/laA3KoSXv2Y/s1600-h/unicorn.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 301px; height: 381px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/Sj9fW6ghEvI/AAAAAAAACyg/laA3KoSXv2Y/s400/unicorn.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5350099729606841074" border="0" /></a><br />-¡Hijo de Alcmene! –exclama, en cuanto ha bebido un poco de su frasquito de néctar para emergencias -. ¡En el nombre del Olimpo, qué estás haciendo?<br /><br />-¡Ay va, Afro, pues vaya susto que me has dado! ¡Ya ves, aquí practicando el tiro!<br /><br />-¿Y para eso necesitas mis unicornios?<br /><br />-¡Anda, claro, si no de qué los voy a coger! Oye, tú que entiendes de esos temas: si atravieso a una chica con un bicho de estos, eso es muy romántico, ¿no?<br /><br />-¿Cómo?<br /><br />-Pues si con unas flechitas de Eros se enamoran, con esto tiene que ser el no va más.<br />La diosa se ríe, y sus carcajadas son cuchillos.<br /><br />-¿Es ese el problema? ¿Te gusta una mujer, y no sabes cómo acercarte a ella?<br /><br />-Ay va tú, ahí le has dado –Heracles se pone rojo, y baja los ojos -. Es la ninfa Diandra, que está que no veas. Me paso el día regalándole hidras muertas y pieles de león, y ni caso.<br /><br />-¿Hidras muertas? ¿Pieles de león? ¿Crees de verdad que así vas a ablandarla?<br /><br />-Pues son las cosas que más me gustan a mí en el mundo. Me dan una, y me quedo así –se señala la boca, abierta de par en par.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/Sj9fNFqnMBI/AAAAAAAACyY/CujQQwmKFPQ/s1600-h/hercules.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 312px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/Sj9fNFqnMBI/AAAAAAAACyY/CujQQwmKFPQ/s400/hercules.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5350099560803282962" border="0" /></a><br />Afrodita sonríe, ahora la situación le hace hasta gracia.<br />-Mira, Heracles, déjame que te dé un consejo. Si le clavas a una chica el cuerno de un animal, lo más que vas a conseguir es que pierda un montón de sangre. Si quieres conquistar a Diandra, recítale versos y regálale cosas bonitas. Por ejemplo, seguro que le encantan las flores.<br /><br />-¿Flores¿ ¿En serio?<br /><br />-Sí, hijo de Alcmene, quítate esa cara de repugnancia porque es así. Regálale rosas, claveles, lirios y jacintos, y tendrás muchas más posibilidades de que mi hijo Eros la atraviese con sus flechitas.<br /><br />-Por Zeus, y yo que pensaba que sólo servían para provocar alergia. Ay va, Afro, tú sabes de eso más que nadie, así que seguro que tienes razón. Pues le voy a regalar tantas flores que no va a saber qué hacer con ellas. ¡Anda tú, que de esta cae seguro!<br /><br />-Por supuesto, Heracles. Y ahora, por favor, saca a Plafón de la diana.<br /><br />El coloso obedece y, poco después, Afrodita se lleva a los tres unicornios. Los devuelve a sus pastos y, antes de cruzar la puerta del Olimpo, mira por última vez el campo de entrenamiento de Heracles. El rostro se le ensombrece cuando distingue al héroe arrojando tiestos y jardineras sobre la hermosa ninfa, y con una tremenda puntería.<br /></div><div class="blogger-post-footer"><hr />© <a href="http://kermitsson.com">Compadre, cómprame un coco</a> |El texto de este artículo tiene una Licencia Creative Commons. Puedes copiarlo (no para uso comercial), pero tiene que verse que es mío. Ya ves, langrélido que es uno.<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28585368-3994711914414599354?l=www.kermitsson.com'/></div>Kermitnoreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-28585368.post-13590775687822695092009-06-08T07:00:00.000+01:002009-06-08T07:00:07.571+01:00SIRENAS DEL MAR CARIBE<div style="text-align: justify;">El último cautivo fue empujado hasta el final de la plancha y cayó al agua, uniéndose a sus compañeros que intentaban mantenerse a flote entre las olas. En la cubierta del “Black Skull” nadie se movía, los únicos ojos que no estaban pendientes de las evoluciones de los nadadores eran los del tuerto Flynn, al que su escaso interés por las mujeres hacía que se le pudiera encomendar, con toda confianza, el puesto de vigía. El resto echaba tragos a las botellas de ron que se iban pasando de unas manos a otras, rivalizaba con el loro del capitán en soltar las mayores ordinarieces, y lanzaba besos a las algas y a la espuma.<br /><br />El viejo Sands, el único aparte del capitán que tenía un catalejo, fue el primero en avistarlas.<br /><br />-¡Ahí están! ¡Dos en la quinta ola, hacia el nornoroeste, y hay otras tres detrás! ¡Por las barbas de Neptuno, esas son hembras y no las de la Isla Tortuga! –y, con la mano asiendo todavía el catalejo, se tiró al mar y se puso a nadar hacia donde tragaban agua los cautivos. Otros muchos marineros lo secundaron.<br /><br />Las sirenas se fueron acercando, cinco, siete, once y hasta trece se distinguían ahora desde la cubierta del “Black Skull”. Melenas alborotadas del color del sol, pieles bronceadas, escamas de plata en lugar de caderas y piernas. Igual que las otras veces en que los piratas se las habían encontrado, en las azules aguas del mar de las Antillas.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SiguxiGQxbI/AAAAAAAACxE/EyolmLSdH4c/s1600-h/piratas2.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 283px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SiguxiGQxbI/AAAAAAAACxE/EyolmLSdH4c/s400/piratas2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5343572386376631730" border="0" /></a><br />Igual que las otras veces, las sirenas nadaron hacia donde se encontraban los prisioneros, los reanimaron mediante ardientes besos, los montaron sobre sus suculentas espaldas, y se los llevaron consigo. En cambio, a los bucaneros que, con sus parches en el ojo y sus patas de palo, se habían arrojado al mar, no les hicieron el menor caso. A pesar de lo mucho que suplicaron, a pesar de cómo agitaron sus brazos en todas las direcciones, pese a que nadaron unos cuantos metros detrás de las sirenas, hasta que se quedaron sin resuello y tuvieron que volver cariacontecidos al barco.<br /><br />Ninguna de las ardides que ideó el capitán Seagrove surtió efecto. Ni el disfrazar a la tripulación de cautivos, ni el amenazar a las sirenas con no arrojar a más prisioneros si seguían ignorando a los marineros del “Black Skull”. Las mujeres del mar se encogían de hombros, tintineaban con sus limpias voces unas palabras despreciativas, y se iban por donde habían venido. Y las joyas, monedas, perlas y telas que los piratas iban acumulando a lo largo de sus fechorías languidecían en la bodega sin que ya nadie las admirara, y las borracheras de ron acababan ahora entre llantos y depresiones.<br /><br />Un día, el capitán Seagrove ordenó que se echara el ancla, y reunió a todos sus hombres.<br /><br />-No podemos seguir así. Nos estamos convirtiendo en el hazmerreír de los hermanos de la costa. ¡Cada vez que asomo la cabeza por la Isla Tortuga, todo el mundo me lanza besitos e intenta venderme filtros de amor! ¡Ya nadie ofrece resistencia cuando los abordamos, todo el mundo está encantado de ser prisionero nuestro!<br /><br />-Pero, ¡es que son tan hermosas! –suspiró “Cuchillo” Bones, uno de los más sanguinarios asesinos de los mares españoles -. Sus ojos son de nácar, sus dientes esmeraldas…<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/Siguln0owKI/AAAAAAAACw8/5j3kr--dTLI/s1600-h/piratas3.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 301px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/Siguln0owKI/AAAAAAAACw8/5j3kr--dTLI/s400/piratas3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5343572181754888354" border="0" /></a><br />-¡Basta! –gritó el capitán -. ¡Mil rayos, vais a conseguir que quiten el precio que pesa sobre nuestras cabezas! ¡Somos la vergüenza del gremio!<br /><br />-Igual deberíamos dejarlo –dijo “Arenque” George, el cocinero -. Si nos hacemos pacíficos comerciantes, igual nos apresan otros y nos arrojan al mar.<br /><br />-¡Por encima de mi cadáver! –rugió el capitán.<br /><br />Medio año más tarde, lo que antes había sido el “Black Skull” y ahora era el pacífico mercante “Blessed Lily” fue abordado por el feroz pirata Voulezvous. Tras unos segundos de resistencia protocolaria, Seagrove y sus hombres se rindieron, y fueron condenados a caminar por la plancha. “Cuchillo” Bones, “Arenque” George y hasta el propio capitán fingieron caras de pena, y acariciaron sus loros y patas de palo como si fuera la última vez.<br /><br />Cayeron todos al agua con ejemplar dignidad, se pusieron a chapotear, y rieron como endemoniados cuando el vigía del “Sacrebleu” gritó que se estaban aproximando unas mujeres con cola de pez por estribor. Los marineros del “Blessed Lily”, antiguo “Black Skull”, se pusieron a recitar los versos y galanterías que habían estado aprendiendo, durante meses.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SigudPl2HFI/AAAAAAAACw0/SAWHpxytVQA/s1600-h/piratas4.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 277px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SigudPl2HFI/AAAAAAAACw0/SAWHpxytVQA/s400/piratas4.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5343572037811444818" border="0" /></a><br />Las sirenas llegaron en unas pocas brazadas a donde estaban, pasaron entre ellos sin aminorar la velocidad y sin dedicarles siquiera una sonrisa, se acercaron al casco del “Sacrebleu”, besaron a sus tripulantes, que al verlas llegar se habían lanzado a las olas como los energúmenos que eran, y se los llevaron sobre sus espaldas en medio de un jolgorio ensordecedor de cánticos en francés. No quedó nadie a bordo del barco pirata.<br /><br />Tras unos minutos de estupefacción, el capitán Seagrove convocó una asamblea allí mismo, en medio del Océano, y se pusieron a debatir cómo seguirían con sus vidas.<br /></div><div class="blogger-post-footer"><hr />© <a href="http://kermitsson.com">Compadre, cómprame un coco</a> |El texto de este artículo tiene una Licencia Creative Commons. Puedes copiarlo (no para uso comercial), pero tiene que verse que es mío. Ya ves, langrélido que es uno.<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28585368-1359077568782269509?l=www.kermitsson.com'/></div>Kermitnoreply@blogger.com4tag:blogger.com,1999:blog-28585368.post-36651948593268154072009-06-01T07:00:00.000+01:002009-06-01T07:00:09.576+01:00PSICOFONÍAS<div style="text-align: justify;">En vida fui un desgraciado, y por eso me sorprendió tanto el encontrarme, esa noche, una grabadora encendida sobre la tumba.<br /><br />Me dejé los años escribiendo canciones y ensayando con los diferentes músicos que logré captar, todos ellos tan acabados como yo, y lo único que conseguí fue grabar un disco en una compañía efímera, cuatro entrevistas contadas en programas de emisoras piratas, y algunas actuaciones en locales de aire de tabaco y suelo de serrín. Nada de números uno en las listas de éxito, ni de conciertos en estadios llenos, ni de deliciosas “groupies” dispuestas a todo. Escondía mi tristeza entre drogas y alcohol, y una mañana gris me encontraron muerto en un banco del parque. Mi cuerpo pasó a descansar en el cementerio viejo, y pronto descubrí que uno de mis vecinos era Roger Blast, el legendario e inaccesible cantante del grupo Mythic. Su tumba estaba siempre cubierta de flores y rodeada de admiradores, a los que trataba con la misma indiferencia que había exhibido en vida, mientras nadie se fijaba en el nombre que estaba grabado en mi lápida.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/Sh_iudUfRMI/AAAAAAAACws/60Z4Squ5GP8/s1600-h/cementerio.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 266px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/Sh_iudUfRMI/AAAAAAAACws/60Z4Squ5GP8/s400/cementerio.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5341236970857120962" border="0" /></a><br />En el cementerio no había guitarras ni baterías, pero a mí me gustaba salir en las noches claras, y cantar mis grandes no-éxitos, u otras canciones que se me iban ocurriendo en la eterna soledad de mi ataúd. Otros músicos hacían lo mismo, aunque entre ellos nunca estaba Roger Blast, y nuestras voces se juntaban con el canto de las aves y el viento. Sólo las fantasmas más feas hacían algo de caso al recital, pero, aun así, en esos momentos hasta merecía la pena el estar muerto.<br /><br />No era extraña la presencia de grabadoras registrando psicofonías, pero cuando di con una encima de mi tumba, supuse que se trataba de un error y me incliné para apagarla.<br /><br />-Ey, Seth, déjala como está. Me molan muchísimo tus nuevas canciones, tronco, son la caña.<br /><br />Miré hacia donde venía la voz, y vi cómo se levantaba un joven de detrás del panteón de los Wallis. A la luz de la luna y las farolas se distinguían chaqueta de cuero, gafas de sol, tupé interminable, patillas con forma de hacha y una botella de bourbon en la mano derecha. Nunca había pensado que mi pop melódico podría atraer a ese tipo de gente, pero me había llamado por mi nombre, y no había confusión posible.<br /><br />-¿Quieres grabarme una psicofonía? Caramba, qué ilusión. Espero que mi voz suene bien, no sé si la acústica de este sitio es muy buena.<br /><br />-¿Sabes, tío?, yo le doy a la batería, y un colega mío maneja la guitarra cosa fina. Vamos a dejar tus canciones, que de esta triunfan seguro.<br /><br />-Bueno, je je, luego te digo cómo va la parte instrumental. Dime, ¿cómo es que me conoces? Yo nunca tuve muchos seguidores, y a ti no te recuerdo.<br /><br />-Mi churri, que me pasó tu disco. Tío, “Amor insomne” es un temazo, no sé cómo no llegó al número uno.<br /><br />-Intereses comerciales, son todo intereses comerciales. Bien, estoy dispuesto, cuando quieras empiezo. Por cierto, no sé tu nombre.<br /><br />-Llámame Chuck. Espera que rebobine la cinta… A ver… Ya está, grabando.<br /><br />El aire, las aves y los demás fantasmas enmudecieron mientras yo cantaba. La luna y las estrellas brillaban como cuando yo era joven y me decían que el mundo sería mío, los cipreses elevaban sus dedos al cielo en mi honor y hasta las estatuas de mármol parecían sonreír. Nunca mi voz había sonado tan clara, tan potente, tan alejada de los estragos de las drogas y el alcohol. Mientras las notas fluían, me dejé llevar, e imaginé bellas mujeres peregrinando a mi tumba, y sesudos críticos reconociendo sus errores.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/Sh_ikjry0EI/AAAAAAAACwk/TEpW3do3D4o/s1600-h/cementerio2.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 337px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/Sh_ikjry0EI/AAAAAAAACwk/TEpW3do3D4o/s400/cementerio2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5341236800766791746" border="0" /></a><br />-¡Genial, tronco! -dijo Chuck, nada más pulsar la tecla de “stop” -. ¡Esto va a quedar de la hostia! ¡Joder, cómo van a flipar el Johnny y el Terry cuando lo oigan!<br /><br />-Muchas gracias. Hacía tiempo que no me sentía tan bien. ¿Tienes unas partituras a mano, para que te ponga el acompañamiento?<br /><br />-Pues no, tío, no suelo llevar encima. Mira, ¿te vale este cartel? Es de un concierto al que fui el otro día.<br /><br />Chuck bebió unos generosos tragos de su botella mientras yo desplegaba el armadillo de papel que me pasó y, con un lápiz de punta roma, garabateaba algo que no sé si podría pasar por notas y pentagramas.<br /><br />-Bueno, pues ha sido un placer. No te olvides de volver para enseñarme cómo ha quedado.<br /><br />-Trato hecho, tío.<br /><br />Elevé la mano derecha para despedirme de Chuck. Por primera vez desde mi entrada en el cementerio, el fantasma de Lady Julia me estaba poniendo ojitos tiernos, y en mi manual nunca había estado el perder una ocasión así.<br /><br />-¡Oye, oye, espera! ¡No te vayas!<br /><br />-¿Qué quieres?<br /><br />-Seth, tronco, necesito que me hagas un favor.<br /><br />-¿El qué?<br /><br />-Tío, seguro que tú te llevas dabuti con Roger Blast. ¿A que sí?<br /><br />Y entonces me di cuenta. Los seguidores de Mythic que peregrinaban a la tumba de su cantante iban a menudo vestidos de la misma manera que Chuck, e incluso traían a menudo botellas de bourbon de la misma marca. Algunos venían luego por la noche para grabarle psicofonías, sin éxito. Todo encajaba como las piezas de un rompecabezas, no sé cómo no me di cuenta hasta ese momento.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/Sh_icejGBBI/AAAAAAAACwc/axd_go83EVs/s1600-h/cementerio3.JPG"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 300px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/Sh_icejGBBI/AAAAAAAACwc/axd_go83EVs/s400/cementerio3.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5341236661949170706" border="0" /></a><br />-Tú eso lo que quieres en realidad, ¿no? Me has usado para intentar acercarte a él, ¿no?<br /><br />-Joder, tronco, tampoco te pongas así. Tu música me mola, pero la suya también. ¿Qué hay de malo en eso?<br /><br />-No, nada, absolutamente nada. Estaría muy bien si fuera así de verdad.<br /><br />-¡Tío, que lo es! ¡Tus canciones son de puta madre!<br /><br />-Si tanto le gusto a tu “churri”, ¿cómo es que no ha venido contigo?<br /><br />-¡No me vengas con esas ahora, hombre! ¡Joder, y yo que pensaba que, siendo un muerto de hambre, serías un tío enrollado!<br /><br />-Ah, vale, ya he tenido suficiente. Desaparece de mi vista, babosa.<br /><br />-¡Tío, joder, que no he querido decir…!<br /><br />Sin esperar a que Chuck pronunciara una palabra más, fui adonde estaba Lady Julia, que me seguía mirando con ojos receptivos, y estuve hablando con ella durante horas.<br /><br />Por supuesto, me cuidé mucho de contarle la verdad.<br /></div><div class="blogger-post-footer"><hr />© <a href="http://kermitsson.com">Compadre, cómprame un coco</a> |El texto de este artículo tiene una Licencia Creative Commons. Puedes copiarlo (no para uso comercial), pero tiene que verse que es mío. Ya ves, langrélido que es uno.<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28585368-3665194859326815407?l=www.kermitsson.com'/></div>Kermitnoreply@blogger.com4tag:blogger.com,1999:blog-28585368.post-15109028226013234182009-05-11T07:00:00.000Z2009-05-11T07:00:09.803ZLA ÚLTIMA VISITA<div style="text-align: justify;">Los tanques y los soldados por fin se habían ido de las calles, y cielo ya no traía el inconfundible zumbido de los bombarderos, pero la ciudad era montones de escombros, y personas de todas las edades buscando comida entre las ruinas. El Museo Arqueológico, con su impresionante colección de estatuas griegas y romanas, había sido una de las joyas de Ullevia, y el profesor Osvald, su director, se preguntaba qué quedaría de él después de la batalla. La ciudad había sido evacuada antes de los combates, y él se había pasado las últimas semanas en casa de su hermano, llorando en silencio cada vez que veía las imágenes de la televisión.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SgXZj39pY-I/AAAAAAAACro/gFYgg00Oavs/s1600-h/mimo2.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 266px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SgXZj39pY-I/AAAAAAAACro/gFYgg00Oavs/s400/mimo2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5333908544031384546" border="0" /></a><br />El museo había sufrido mucho. La planta superior era cascotes, vigas rotas y tuberías retorcidas, y lo poco que quedaba del techo amenazaba caída. El piso de abajo estaba mejor, aunque las bombas habían abierto numerosos boquetes, y Osvald se limpió las gafas contento, imaginándose las estatuas de nuevo en sus puestos, y el público admirándolas y olvidándose, durante unos preciosos minutos, de la barbarie. Pero la sonrisa se le heló cuando regresaron los conservadores que había mandado al sótano.<br /><br />Muy poco quedaba de los tesoros que habían guardado allí antes de la evacuación. Brazos y piernas que en otra época fueron de Venus, Apolo o Julio César, una cabeza de Artemisa sin nariz ni orejas, vasijas rotas, puntas de sílex partidas por la mitad, recipientes metálicos cosidos a balazos, papiros quemados, esquirlas de mármol o terracota imposibles de clasificar. El resto había desaparecido. De las estatuas de Alejandro Magno, Ulises, Minerva y Trajano, que en otra época habían dado tanto prestigio al museo, sólo quedaba el recuerdo.<br /><br />El profesor Osvald fue a su antiguo despacho, donde le habían colocado los restos de una mesa y una silla, y cuando por fin estuvo solo escondió la cara entre sus manos. El museo tendría que cerrar, claro, y a él le tocaría despedir a sus empleados uno por uno, darles un apretón de manos y una palmada en la espalda, y prometerles que contaría con ellos en cuanto regresaran las estatuas. Lo que él mismo sabía que era quimérico.<br /><br />Ya había caído la tarde cuando una dulce voz de mujer le sacó de su ensimismamiento.<br />Era Inga, una maestra de lo que quedaba del colegio público de Ullevia. Antes de la guerra, las risas y correrías de sus niños eran una presencia habitual en el lugar, y ella había venido a ver si podría traerlos de nuevo. Vestía de negro y el anillo de casada ya no estaba en su mano. Su antes amplia sonrisa ahora era un leve trazo sin brillo.<br /><br />El profesor no pudo contarle la verdad, y quedaron que la visita sería el miércoles siguiente.<br /><br />No tardó el gobierno en mandar la orden de cierre. La planta baja del museo se convertiría en una dependencia ministerial, una oficina de algo relacionado con la recaudación de impuestos. El profesor Osvald reunió a los guardianes, conservadores y administrativos, y les contó la noticia. Fue tan triste como había previsto. El desalojo sería el viernes, hasta entonces dispondrían de un poco de tiempo para despedirse de la que había sido su casa.<br /><br />El lunes estuvo pensando en la visita de la clase de de Inga, y llamó de nuevo a los empleados. Los necesitaba a todos para llevar una idea loca adelante.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SgXZvH-oRoI/AAAAAAAACrw/gZ0dY_qVPM0/s1600-h/mimo1.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 333px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SgXZvH-oRoI/AAAAAAAACrw/gZ0dY_qVPM0/s400/mimo1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5333908737309034114" border="0" /></a><br />Dos días más tarde, las salas de la planta baja del museo se llenaron de nuevo con los grititos y los juegos de los niños. Estaban más delgados pero correteaban entre las estatuas igual que antes, mientras Inga las miraba entre divertida y emocionada, y contaba historias de Alejandro Magno, Ulises, Minerva y Trajano, de las misma manera que en los tiempos felices. El profesor Osvald, irreconocible dentro de varias capas de maquillaje y de unas telas pintadas de bronce, lo pasaba mal para permanecer inmóvil encima de la caja que tenía como pedestal, con un brazo en alto y otro sujetando una lira a la manera del emperador Nerón, pero era un sufrimiento que vaya si merecía la pena. Un niño se quedó mirándolo, con los ojos redondos, otros estuvieron minutos delante del gordo Lars, que había sido escogido por sus bucles dorados para hacer de Alejandro Magno, de Susan, que recreaba una Venus que antiguamente no había tenido brazos, o del desgarbado Gus, que amenazaba truenos desde su pedestal de Zeus. Justo antes de dar la visita por terminada, Inga se acercó a la estatua de Nerón, y en voz casi inaudible le dio las gracias. Le faltaba muy poco para echarse a llorar.<br /><br />Esa noche, el gordo Lars se trajo unas botellas de licor de su casa, que habían sobrevivido milagrosamente la guerra, y todos los empleados del museo se emborracharon. Incluso el profesor Osvald, que era abstemio.<br /></div><div class="blogger-post-footer"><hr />© <a href="http://kermitsson.com">Compadre, cómprame un coco</a> |El texto de este artículo tiene una Licencia Creative Commons. Puedes copiarlo (no para uso comercial), pero tiene que verse que es mío. Ya ves, langrélido que es uno.<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28585368-1510902822601323418?l=www.kermitsson.com'/></div>Kermitnoreply@blogger.com7tag:blogger.com,1999:blog-28585368.post-39881348176582615152009-05-04T07:00:00.000Z2009-05-04T07:00:08.697ZFOTOS DE CARNET<div style="text-align: justify;">El fotomatón le resulta algo extraño, hay tocas y alzacuellos entre la galería de rostros sonrientes de la publicidad, pero es domingo por la noche, no hay más en el barrio y Roberto tiene que sacarse unas fotos ya. Típico de mí, no darme cuenta hasta hoy de que el pasaporte está caducado, se dice mientras se mete dentro y corre la cortinilla. En fin, mañana me levanto rayando el alba para ir a la comisaría, me lo hacen en un momento, y podré coger el avión de las diez para Nueva York. Menos mal que se me ocurrió comprobarlo, antes de preparar la maleta.<br /><br />Roberto echa unas monedas, y mira distraído la pantalla. No creo que el trasto este me saque ni medio bien, pero no importa. Estaría gracioso que los de aduanas me prohibieran la entrada por eso, y me perdiera la ceremonia de graduación de Andrea. Sí, tronchante, y prefiere no imaginar la cólera de su hija, ni las sonrisas condescendientes de su ex-mujer y del lerdo con el que vive ahora.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/Sfrge6BU0gI/AAAAAAAACrY/OmZghuf3vFU/s1600-h/confesion2.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 172px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/Sfrge6BU0gI/AAAAAAAACrY/OmZghuf3vFU/s400/confesion2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5330819930521915906" border="0" /></a><br />-Ave María purísima –dice una voz que parece proceder de la pantalla.<br /><br />A Roberto le falta poco para contestar sin pecado concebida.<br /><br />-Bueno, hijo, ¿en qué has pecado últimamente?<br /><br />-¿Cómo? ¿Es a mí?<br /><br />-No veo a nadie más aquí. A ver, empieza: “bendígame, padre, porque he pecado”.<br /><br />-¿Qué clase de broma es esta? –Roberto peina el interior de la cabina con la mirada, no encuentra ninguna cámara oculta -. Oiga, yo he venido aquí a sacarme unas fotos.<br /><br />-Claro, y a confesarte.<br /><br />-Las narices. Yo soy agnóstico, así que va a ser que no. Por favor, haga su trabajo, que mañana tengo que renovarme el pasaporte sin falta.<br /><br />-Vaya, qué contrariedad. En este fotomatón, la penitencia previa es un requisito indispensable. A ver, hijo, ¿has faltado al sexto mandamiento?<br /><br />Roberto mira una placa con las instrucciones de uso, y comprueba que lo que le dice la voz es cierto. Maldita sea, no haberme dado cuenta ayer, o antes de ayer, me habría ido al estudio de Mariano y tendría el problema resuelto. Mierda, por qué las tiendas no abrirán en domingo.<br /><br />-Ay, se me ha olvidado. Antes de que empieces, mira, tienes un aparatito debajo del asiento. Sí, ahí, cógelo. Ahora ponte el guante en la mano derecha. No te preocupes, es de talla universal.<br /><br />-Pero, ¿qué es esto? –pregunta Roberto, encolerizado -. Oiga, sáqueme las fotos, y déjese de tonterías.<br /><br />-Ah, nada, un poligrafito. Es que no eres consciente de los embustes que nos intentan colocar algunos. ¿Sabes, hijo?, el otro día un joven me dijo que había matado al caballo blanco de Santiago. Qué picaruelo, je je.<br /><br />-¡No tengo la menor intención de ponérmelo! ¡Esto es un atropello!<br /><br />-Pues a ver dónde te vas a poder hacértelas. A ver, hay una dentro del Carrefour, pero lo domingos cierran… Mmmm, me suena que la cabina que había en Colón la quitaron…<br /><br />Roberto recuerda la cara de sardónico desprecio de su ex–mujer la última vez que él tuvo un despiste, no puede permitirse faltar a la ceremonia de graduación de Andrea. No hay otra solución que ceñirse el guante.<br /><br />-Bendígame, padre, porque he pecado- murmura entre dientes.<br /><br />El detector es asombrosamente efectivo, no deja escapar ni una sola mentirijilla u omisión, y sus pitidos son de lo más irritantes. Roberto se ve obligado a enumerar todas las faltas a los mandamientos que ha cometido, casi desde la primera comunión. El calvario dura una hora, que parece la Vida Eterna.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SfrgV7ZrzeI/AAAAAAAACrQ/b79cBvzcO9M/s1600-h/Confesion.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 384px; height: 272px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SfrgV7ZrzeI/AAAAAAAACrQ/b79cBvzcO9M/s400/Confesion.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5330819776273698274" border="0" /></a><br />Terminada la confesión, la pantalla suelta cuatro destellos, y Roberto siente un gran alivio.<br /><br />Abandona de la cabina, y espera que aparezcan las fotos por la ranura de salida. Y, casi al instante, vuelve al interior con la tira, y con las venas del cuello hinchadas.<br /><br />-¿Qué es esto? ¡Aquí no hay fotos, me ha puesto las oraciones que tengo que rezar!<br /><br />-Ay, sí, hijo. Es que las voy a pegar en el informe que voy a mandar a tu parroquia. Menos mal que has venido porque, con tu historial, te ibas derechito al Infierno.<br /><br />Roberto sale de nuevo, y se pone a pegar patadas a las paredes de la máquina. Suelta horribles improperios. Al sexto, se abre una portezuela en la parte de atrás, y surge un cura con sotana y porra eléctrica.<br /><br />-Ah, qué gusto. Cada vez es más divertido, esto de salvar almas– Roberto oye la voz del sacerdote lejana, como entre brumas, mientras él se retuerce en el suelo e intenta quitarse de encima los voltios que recorren su cuerpo.<br /></div><div class="blogger-post-footer"><hr />© <a href="http://kermitsson.com">Compadre, cómprame un coco</a> |El texto de este artículo tiene una Licencia Creative Commons. Puedes copiarlo (no para uso comercial), pero tiene que verse que es mío. Ya ves, langrélido que es uno.<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28585368-3988134817658261515?l=www.kermitsson.com'/></div>Kermitnoreply@blogger.com3tag:blogger.com,1999:blog-28585368.post-89064126500565364032009-04-27T07:00:00.000Z2009-04-27T07:00:09.680ZDEPILACIÓN DEFINITIVA<div style="text-align: justify;">Desde que se abrió el centro estético, a escasos metros del mirador de su casa, a la señora Ildefonsa le extrañó que sólo fueran hombres a hacerse las depilaciones láser que se anunciaban en su escaparate traslúcido. De vez en cuando, alguna mujer entraba en la tienda, pero salía poco después con el rostro avinagrado, y ya no volvía a aparecer por las inmediaciones. La señora Ildefonsa, que se pasaba los días entre las rosas y los claveles del balcón, haciendo punto o enfrascada en alguna novela de terror, estaba muy intrigada, y le daba mucha pena no tener a nadie con quien comentar el misterio.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SfMnNdMkwlI/AAAAAAAACk4/FJ_U6n339pw/s1600-h/marple2.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 260px; height: 338px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SfMnNdMkwlI/AAAAAAAACk4/FJ_U6n339pw/s400/marple2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5328645896238580306" border="0" /></a><br />Un lunes en que le tocaba ir a la mercería, la anciana cogió el carrito y el bastón, preparó una excusa mientras bajaba por el ascensor, estuvo unos segundos dubitativa delante de la puerta del establecimiento, y finalmente entró. No pudo ver mucho, ya que las cabinas de depilación estaban separadas de la sala principal mediante paneles de cristal esmerilado, y una sonriente señorita, vestida de blanco inmaculado y con una minifalda infinitesimal, se encargó de cortarle el paso y de taparle la mayor parte de la vista, pero hubo algo que le llamó la atención. Las paredes no estaban decoradas con cuadros abstractos como en la consulta de su dentista, sino con fotos a todo color. Y, de ellas, la única que no era de lobos contenía una enorme luna llena.<br /><br />Según era amablemente forzada a abandonar la sala, la señora Ildefonsa se encontró de frente con los ojos rasgados de un hombre que entraba. Y su mirada la siguió mientras ella caminaba por la calle hacia el tienda y, al volver a su portal, la anciana tuvo la sensación de que la tenía a su espalda.<br /><br />Cuando fue a la comisaría, los policías se rieron de ella. Hombres lobo haciéndose depilaciones láser, qué ocurrencia. ¿Y qué más puede que haya allí, buena señora? ¿Vampiros estirándose la piel, momias quitándose las arrugas? No se preocupe, que ahora mandamos a Mulder y a Scully, ya verá cómo al natural son mucho más simpáticos que en la tele.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SfMnZB3ukkI/AAAAAAAAClA/xOCU7oN-fBE/s1600-h/marple1.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 293px; height: 340px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SfMnZB3ukkI/AAAAAAAAClA/xOCU7oN-fBE/s400/marple1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5328646095061815874" border="0" /></a><br />La señora no se dio por vencida, y mantuvo su textil vigilancia del centro estético. Con una cámara que había sido de su abuelo, sacó un reportaje de la clientela y, en cuanto tuvo los daguerrotipos en sus manos, fue con ellos a la estación de policía. <br /><br />El recibimiento no varió, pese a las pruebas documentales. Qué tal, doña Ildefonsa. ¿Todavía sigue con sus historias? Inspector Fenris, la chiflada que le comentamos el otro día ha vuelto. Acérquese y escuche lo que está diciendo. Se va a partir de risa.<br /><br />El bastón de La señora Ildefonsa tembló y acabó cayendo al suelo. Los ojos del inspector eran los mismos que la habían horadado en el centro estético.<br /><br />La anciana se encerró en su casa la siguiente noche de luna llena. Reforzó la puerta de entrada con unas cuñas de goma y bajó todas las persianas, aunque poca protección ofrecerían las láminas de plástico frente a un ataque decidido. Se fue al salón, e intentó distraerse con la tele, pero era imposible. Sus manos estaban demasiado inquietas como para terminar el jersey que tenía por la mitad. Le bastaba oír el ladrido de un perro para que su rostro adquiriera el color de la cera.<br /><br />Pasaron unas horas, la señora Ildefonsa cenó, se cambió de ropa, rezó unas oraciones y se dispuso a meterse en la cama. Y entonces, una detonación que venía de la entrada la alertó.<br /><br />Salió de su habitación, y pegó un grito. La puerta estaba abierta de par en par, y dos hombres a cuatro patas la amenazaban con sus fauces abiertas. El inspector Fenris y otro, aunque este último se puso a inspeccionar las habitaciones. Sus orejas y sus narices eran muy puntiagudas, mucho más de lo que la anciana recordaba en el policía, y las uñas de sus manos habían adquirido un tamaño desmesurado, pero no tenían vello facial y la ropa que llevaban era elástica y no se había roto en la transformación. De haber estado erguidos, habrían podido pasar por seres humanos.<br /><br />La señora Ildefonsa elevó el bastón, pero el inspector se levantó, se lo arrebató de un manotazo y se puso a gruñir. La anciana vio cercano el momento de su muerte.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SfMnBZycRvI/AAAAAAAACkw/Btt7E0rc4kE/s1600-h/marple3.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 310px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SfMnBZycRvI/AAAAAAAACkw/Btt7E0rc4kE/s400/marple3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5328645689165235954" border="0" /></a><br />-Me gustan mucho estos jerséis. Fenris, fíjate en lo bien hechas que están las lazadas –el segundo licántropo había vuelto, y traía consigo una pila de prendas de punto -. ¿Son para sus nietos?<br /><br />-No, yo no tengo- tartamudeó la señora Ildefonsa -. Los hago para las misiones.<br /><br />-¿Le puedo encargar uno? Llevaba siglos buscando uno así, no sabe lo mal que está la moda últimamente.<br /><br />-¡Akela, no podemos dejarla viva! –gruñó el inspector Fenris -. ¡Esta señora nos denunció el otro día, y podría crearnos muchos problemas!<br /><br />-No te pongas así, hombre, seguro que con un poco de buena voluntad encontramos una solución.<br /><br />-¡Siempre estás igual! ¡Si todos nosotros fuéramos como tú, seguro que nos daban el Nóbel de la paz!<br /><br />-Ay, siempre tan sarcástico. Ya está. Señora Ildefonsa, si la transformáramos en uno de los nuestros, ¿nos vendería baratos sus jerséis?<br /><br />-Se los daría gratis. Seguro que les quedan mucho mejor que a los negritos.<br /><br />-Akela, esto es inconcebible –dijo el inspector Fenris -. No hemos venido aquí para…<br /><br />-¡Tú a callar, que para eso yo soy el jefe del comando! Señora, muéstreme su cuello, por favor.<br /><br />-Una pregunta –dijo la anciana, con los ojos como platos -. Una vez que sea una de ustedes, ¿me dejarán entrar en el centro estético?<br /></div><div class="blogger-post-footer"><hr />© <a href="http://kermitsson.com">Compadre, cómprame un coco</a> |El texto de este artículo tiene una Licencia Creative Commons. Puedes copiarlo (no para uso comercial), pero tiene que verse que es mío. Ya ves, langrélido que es uno.<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28585368-8906412650056536403?l=www.kermitsson.com'/></div>Kermitnoreply@blogger.com7tag:blogger.com,1999:blog-28585368.post-67618145794326789022009-04-20T07:00:00.000Z2009-04-20T07:00:08.817ZPOR UNA BUENA CAUSA<div style="text-align: justify;">El cigarrillo estuvo a punto de caérseme de los labios cuando ella entró en la comisaría. Sí, conocía su rostro y sus kilométricas piernas de las revistas que mi mujer escamoteaba de la peluquería, pero una cosa era verla de reojillo en las fotos de una publicación execrable, y otra bien distinta tenerla delante al natural, con las rodillas a tiro de mano audaz, los volúmenes que su vestido de terciopelo rojo dejaba entrever, su cuidadísima melena rubia, sus lentillas del color de la perdición, y el perfume de flores letales con que me acribillaba.<br /><br />Le indiqué que pasara a mi despacho, haciendo caso omiso a los ceños fruncidos de mis compañeros y, mientras la acompañaba, hice memoria de lo que sabía de ella.<br />Coral Cagafresa, aunque prefería ser conocida sólo por su nombre de pila. Era hija y heredera única de un riquísimo empresario del sector de la construcción, quien desde muy niña le había consentido todos los caprichos. Ahora iba de novio en novio como quien cambia de camisón, decía insensateces en todos los programas de televisión que se lo permitían y, de vez en cuando, intentaba sacar adelante alguna línea de cosméticos pretendidamente suya, o un disco de música desafinada por ella.<br /><br />-Bien, señorita Cagafresa, ¿qué puedo hacer por usted?<br /><br />-Coral, llámame Coral. Inspector…<br /><br />-Gómez. Lo pone en la puerta. Disculpe, pero no se puede fumar aquí.<br /><br />La rubia se guardó la pitillera de plata, y ondeó su melena.<br /><br />-Inspector Gómez, de un tiempo a esta parte, estoy siendo objeto de un acoso incesante por parte de las malvadas monjitas del convento de Santa Piluca.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/Seh9fbpaXrI/AAAAAAAACBU/JAn41G0UtIc/s1600-h/monja2.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 280px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/Seh9fbpaXrI/AAAAAAAACBU/JAn41G0UtIc/s400/monja2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5325644538316480178" border="0" /></a><br />-Un segundo -busqué entre el revoltijo de mi mesa un cuaderno y un bolígrafo -. Bien, y ahora cuénteme.<br /><br />-Me sacan fotos a traición, y las venden luego a las revistas. Por su culpa, toda España está enterada de mi vida sentimental. ¿Viste unas en las que estaba besándome con el pocholín del barón Groskartofel? Ay, pues fue la hermana Lucrecia.<br /><br />-Si, las vi. Pues lo siento, pero…<br /><br />-¡Esas me las sacaron en la calle, pero hay muchas que no! ¿Te lo puedes creer? A veces escalan la tapia de mi jardín, engatusan a los rotweilers con unas yemitas de su convento, se esconden entre los muebles de mi casa y, para cuando me doy cuenta, ya me han sacado un reportaje en tanga de leopardo. ¿Te gustan los tangas de leopardo, inspectorcín?<br /><br />-Señorita, le recuerdo que está prohibido fumar en este edificio. Bueno, si de verdad quiere tener el cigarrillo entre los labios, pero sin encenderlo, eso puede.<br /><br />-Eres tan bueno, Gomecín. ¿Verdad que te vas a portar bien, y me vas a quitar a esas entrometidas de encima?<br /><br />Un trueno de muchos pasos sacó mis ojos del cruce de piernas de Coral Cagafresa.<br /><br />-¡Señor inspector, no puede hacer eso! ¡Las misiones de nuestra orden son la única esperanza para los niños del África Tropical, si nos corta la financiación se van a ir todos al Infierno!<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/Seh9ltiQ57I/AAAAAAAACBc/B0NkOKy7qHY/s1600-h/monja3.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 301px; height: 318px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/Seh9ltiQ57I/AAAAAAAACBc/B0NkOKy7qHY/s400/monja3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5325644646197553074" border="0" /></a><br />Quien decía eso era una religiosa de nariz aguileña, gafas de montura redonda y brazos en agitación continua, que había entrado escoltada por unos diez chiquillos de raza negra. Estos estaban descalzos e iban vestidos con el traje típico de a saber qué tribu salvaje.<br />-¡Oiga, usted no puede...<br /><br />Los niños se pusieron a cantar a plena voz, y me ahogaron la frase en la mitad. Hay que reconocer que lo hacían muy bien, las armonías estaban muy conseguidas y no se echaba en falta a ningún instrumento. Ni intenté interrumpirlos.<br /><br />-Soy sor Micaela, madre superiora del convento de Santa Piluca –dijo la monja, una vez hubo acabado el himno -. Estos niños pertenecen al coro de nuestra misión de Swazilandia, que está de gira por aquí.<br /><br />-Encantado –contesté.<br /><br />-Con lo que las revistas nos dan por esas fotos construimos escuelas, hospitales, centros culturales y hasta alguna capillita en honor a nuestra patrona. Señorita, si tuviera algo de caridad cristiana estaría muy orgullosa de lo que está consiguiendo.<br />Coral Cagafresa intentó responder, se lo impidió un nuevo y angelical cántico.<br /><br />-¿QUÉ ES ESTE ESTRUENDO? ¡TODO EL MUNDO FUERA DE AQUÍ! –el comisario Fuentecilla, entre cuyas múltiples no se encontraba la sensibilidad musical, entró en el despacho hecho un basilisco, y vació el ambiente de corcheas y pentagramas.<br />Diez minutos más tarde, allí sólo quedábamos la rubia, sus piernas y yo.<br /><br />-Gomecito, mira qué buen sabor tiene este cigarrillo, aunque no me dejes encenderlo –puso entre mis labios un pitillo que había estado en los suyos -. ¿Me vas a ayudar contra esas harpías? Ay, eres tan atractivo.<br /><br />No pude responder, ella me acribillaba con su mirada de mujer fatal y tiraba de mi corbata con su mano derecha.<br /><br />-Soy muy celosa de mi intimidad. ¿Verdad que lo comprendes?<br /><br />Sus labios se aproximaron peligrosamente a los míos, me estremecí al sentir el roce y, justo entonces, el súbito destello de un flash me deslumbró el ojo izquierdo.<br /><br />-¡Ya está! ¡Han quedado los dos de lo más favorecidos!<br /><br />Fue visto y no visto, la sonriente cabeza de monja desapareció de la ventana y, cuando yo llegué, la religiosa había terminado de bajarse de una escalera de mano que estaba apoyada en la fachada, y corría hacia una vespa, donde la esperaba una compañera. Ninguna de las dos llevaba casco.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/Seh9XJoKUsI/AAAAAAAACBM/58x0HloCoy4/s1600-h/monja1.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 280px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/Seh9XJoKUsI/AAAAAAAACBM/58x0HloCoy4/s400/monja1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5325644396040442562" border="0" /></a><br />-¿Has visto, querido? Esas…<br /><br />-Señorita Cagafresa, esto cambia radicalmente la situación. Yo soy un hombre casado, y no pienso arriesgar mi matrimonio por usted.<br /><br />-Pero, pichoncito…<br /><br />-Ni pichoncito ni nada. Salvo que esté muy equivocado, las monjas me van a hacer chantaje y, en esas condiciones, ya puede imaginarse lo que me voy a esforzar en que le dejen en paz a usted. Así que muchas gracias por su visita, pero tengo muchas cosas que hacer.<br /><br />La espectacular rubia se levantó de mi mesa y, tras un último ondeo de su melena, partió hacia la salida.<br /><br />-¡Está usted muy guapa en las fotos de las revistas! –le dije, según cruzaba la puerta de mi despacho- . ¡Ánimo, ya verá como se acostumbra!<br /></div><div class="blogger-post-footer"><hr />© <a href="http://kermitsson.com">Compadre, cómprame un coco</a> |El texto de este artículo tiene una Licencia Creative Commons. Puedes copiarlo (no para uso comercial), pero tiene que verse que es mío. Ya ves, langrélido que es uno.<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28585368-6761814579432678902?l=www.kermitsson.com'/></div>Kermitnoreply@blogger.com3tag:blogger.com,1999:blog-28585368.post-32331347699462994762009-04-06T07:00:00.001Z2009-04-06T07:00:12.577ZEN LA RIQUEZA Y EN LA POBREZA<div style="text-align: justify;">En teoría ese es el día más feliz de su vida, el cielo es tan azul y el sol tan radiante como prometía la publicidad de la agencia de viajes, pero Gemma, mientras sacando fuerzas de donde no tiene, intenta sonreír y hablar con los invitados, constata varias veces que las pastillas contra el mareo no le están haciendo ningún efecto. A su lado, el imbécil de Ernesto, con ese chaqué que le queda tan bien y que Gemma tiraría al mar, intercambia chistes malos con algunos de sus amigotes, que ya empiezan a dar síntomas de estar tajados. A esas horas, cuando el capitán del Queen Maud todavía no ha aparecido ni para darles los buenos días, y menos aún para casarlos. Brillante idea la de su novio, celebrar la boda en un crucero por el Caribe. Lo más romántico que ha visto ella en su vida, con esas olas que brincan como canguros ebrios y ese suelo tan limpio pero que no hay manera que se quede quieto.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SdX-JfMWolI/AAAAAAAAB_I/L9Paic2hwnQ/s1600-h/boda1.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SdX-JfMWolI/AAAAAAAAB_I/L9Paic2hwnQ/s400/boda1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5320437973753700946" border="0" /></a><br />En esto, llega el sobrecargo, con su moreno que huele a crema, sus pantaloncitos de tenista de los años sesenta, y la sonrisa obligatoria en todos los empleados de la naviera, se abre camino entre las sillas de los invitados, y les dice a Gemma y Ernesto que el capitán no va a poder atenderlos. La tripulación se ha amotinado, y el señor Squiddy está en un bote salvavidas junto con los pocos marineros que todavía le aguantan, esperando a que la grúa del buque los arríe a la mar.<br />Gemma pegaría un bote si su estado físico se lo permitiera. Es lo mejor que puede pasar, que vuelvan todos a puerto y que la ceremonia se celebre en otro lugar. En una iglesia, en un juzgado, en un ayuntamiento o hasta en un taller mecánico, todo vale con tal de que el suelo no pegue esos bandazos. Pero le basta una mirada a Ernesto para darse cuenta de que las cosas no van a ser tan fáciles.<br />Su novio tiene el rostro enrojecido, y los puños tan apretados que parece que le van a estallar. Yo de aquí no me bajo soltero, brama mientras los invitados lo jalean. Esto es un maldito crucero, no una película de goletas y bucaneros con loro y pata de palo, y ustedes van a dejarse de revoluciones, y van a soltar ahora mismo al capitán. El sobrecargo aguanta la filípica y, cuando termina, explica a la concurrencia que el señor Squiddy se hurgaba la nariz en el puente de mando y dejaba el timón lleno de mocos, y eso es algo que en modo alguno se puede tolerar.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SdX98VpXp9I/AAAAAAAAB_A/xcTG-sHQJoM/s1600-h/boda2.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 288px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SdX98VpXp9I/AAAAAAAAB_A/xcTG-sHQJoM/s400/boda2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5320437747852748754" border="0" /></a><br />Sin atender a las súplicas de Gemma, Ernesto arrastra a su futura mujer a la cubierta donde aguardan el depuesto capitán y sus escasos seguidores, y los parientes y amigos de ambos siguen detrás en tropel. Gemma siente cómo se le revuelven las tripas e intenta respirar hondo, le es imposible hacerlo en medio de la loca carrera.<br />Cuando llegan, el señor Squiddy se niega en redondo a oficiar la boda.<br />-Yo ya no pinto nada en este barco, así que que los case alguno de los amotinados -sentencia con una voz digna de gran ballena blanca-, si es que sabe cómo hacerlo.<br />-¡Pero esa ceremonia no tendría validez!- contesta Ernesto mientras Gemma se inclina sobre la barandilla-. ¡En el registro jamás aceptarían un certificado firmado por otra persona que no sea usted!<br />El capitán se mesa los bigotes, se queda unos segundos pensativo, y finalmente ofrece una solución. Ya que están tan empeñados, súbanse a este bote, donde todavía mando, y cuando naveguemos entre las olas formalizaré su relación.<br />Los testigos parecen tan horrorizados como lo está Gemma. Esta intenta tranquilizar a su novio, es imposible. Ernesto barre todos sus argumentos con la furia de una galerna y, poco después, la dotación del bote se ve incrementada con la pareja y los pocos invitados que no pueden librarse. El señor Squiddy les ordena coger remos, y uno de los amotinados se acerca con un código civil forrado de mocos y unos papeles con sellos oficiales. Se le nota mucho que no puede contenerse la risa.<br />El bote es bajado al mar, y se mece alegre entre las olas. Quien no está tan contenta es la novia.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SdX90YyKRuI/AAAAAAAAB-4/97qZCE0DG3U/s1600-h/boda3.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 265px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SdX90YyKRuI/AAAAAAAAB-4/97qZCE0DG3U/s400/boda3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5320437611255973602" border="0" /></a><br />Media hora más tarde, cuando el casco del Queen Maud ya se ha escondido tras la línea del horizonte, el capitán Squiddy ordena a su tripulación que deje de bogar y, tras hurgarse una vez más la nariz, declara la ceremonia como iniciada. Pronuncia unas palabras supuestamente solemnes, lee un par de artículos del Código Civil, y pregunta a la novia, cuyo precioso vestido ha quedado irreconocible con todo el agua y la espuma que ha absorbido, si quiere a Ernesto como marido. Gemma abofetea a Ernesto antes de que añada aquello de en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, y rompe a llorar mientras los testigos, los marineros y el depuesto capitán Squiddy la ovacionan.<br /></div><div class="blogger-post-footer"><hr />© <a href="http://kermitsson.com">Compadre, cómprame un coco</a> |El texto de este artículo tiene una Licencia Creative Commons. Puedes copiarlo (no para uso comercial), pero tiene que verse que es mío. Ya ves, langrélido que es uno.<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28585368-3233134769946299476?l=www.kermitsson.com'/></div>Kermitnoreply@blogger.com4tag:blogger.com,1999:blog-28585368.post-959066042973455552009-03-26T13:33:00.001Z2009-03-26T13:35:16.993ZTEATRO LA TINAJA DE LOS DIOSES<div style="text-align: justify;">Desde el Lunes 23 de Marzo y hasta el 28 de Marzo, se representa la obra "La tinaja de los dioses" del grupo de teatro NO ES CULPA NUESTRA de la ETSI Telecomunicación de Madrid.<br /><br />Es una obra infantil que arrancará carcajadas de los más pequeños y de los más adultos, compartiendo así un espectáculo ameno y divertido. La obra auna clown y comedia, indistintamente, música en directo, y un contacto directo de la escena con el público.<br /><br />La duración de la obra es de 1h30 y el precio es de ¡¡3 EUROS!!<br />Más información en www.teatroclown.com o www.noesculpanuestra.com donde se pueden reservar entradas.<br /><br />El jueves 26, la totalidad de la recaudación irá destinada a la ONG "Payasos Sin Fronteras"<br /><br />Con motivo de "LA NOCHE DE LOS TEATROS" hemos ampliado el número de funciones, ofreciendo dos dobles funciones el viernes y el sábado.<br /><br />LUNES: 20:00<br />MARTES: 20:00<br />MIÉRCOLES: 20:00<br />JUEVES: 20:00<br />VIERNES: 18:00 y 21:00<br />SÁBADO: 18:00 y 21:00<br /></div><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/ScuEdta75xI/AAAAAAAAB-w/9OabSjy-SEg/s1600-h/cartel1.jpeg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 283px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/ScuEdta75xI/AAAAAAAAB-w/9OabSjy-SEg/s400/cartel1.jpeg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5317489430984648466" border="0" /></a><div class="blogger-post-footer"><hr />© <a href="http://kermitsson.com">Compadre, cómprame un coco</a> |El texto de este artículo tiene una Licencia Creative Commons. Puedes copiarlo (no para uso comercial), pero tiene que verse que es mío. Ya ves, langrélido que es uno.<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28585368-95906604297345555?l=www.kermitsson.com'/></div>Kermitnoreply@blogger.com5tag:blogger.com,1999:blog-28585368.post-6193666968263788222009-03-16T07:00:00.000Z2009-03-16T07:00:02.175ZESCRITURA RÁPIDA (de nuevo)<div style="text-align: justify;">Ayer, en mi taller literario, nos propusieron el siguiente ejercicio: escribir un relato, en diez minutos, con las palabras "lagartija", "castañuelas" y "sifón". Esto es lo que me salió (con un par de retoques):<br /><br /><span style="font-style: italic;">Por más que insistíamos, Chelito “la lagartija” se emperraba en usar sus antiquísimas castañuelas de madera en las actuaciones, en lugar del sofisticadísimo modelo electrónico de nuestra compañía. Era la única folclórica que se oponía al progreso, pero tenía muchos incondicionales que iban a verla en el tablao, y nos estaba fastidiando toda nuestra campaña de "marketing".</span><br /><br /><span style="font-style: italic;"><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SbpxsHWrhEI/AAAAAAAABwY/OjtLRzukkCE/s1600-h/flamenca1.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 300px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SbpxsHWrhEI/AAAAAAAABwY/OjtLRzukkCE/s400/flamenca1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312683713139278914" border="0" /></a></span><br /><span style="font-style: italic;">Algo habrá que hacer, dijo nuestro director comercial, o nos vamos todos a la calle. Vosotros veréis, entre todos tenemos que encontrar una solución.</span><br /><br /><span style="font-style: italic;">Tengo un vecino que nos puede ayudar, sugirió tímidamente Regúlez. Se llama Iñaki “el sifón”, es el mejor estrangulador de mi barrio, y me debe unos cuantos favores.</span><br /><br /><span style="font-style: italic;">Pídale un presupuesto, dijo el director comercial, con una sonrisa de oreja a oreja.</span><br /><br />Sí, he metido dos de las palabras con calzador, pero tampoco está tan mal, ¿no?</div><div class="blogger-post-footer"><hr />© <a href="http://kermitsson.com">Compadre, cómprame un coco</a> |El texto de este artículo tiene una Licencia Creative Commons. Puedes copiarlo (no para uso comercial), pero tiene que verse que es mío. Ya ves, langrélido que es uno.<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28585368-619366696826378822?l=www.kermitsson.com'/></div>Kermitnoreply@blogger.com5tag:blogger.com,1999:blog-28585368.post-33599686808946755942009-03-13T12:25:00.002Z2009-03-13T12:28:21.142Z"HIGHWAY TO HELL", ESTILO COUNTRYEl grupo se llama Hayseed Dixie (el parecido de ese nombre con "AC/DC" -pronunciado a la inglesa- imagino que es casualidad), y me encanta esta versión.<br /><br /><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/NMfh4WQuGc8&hl=es&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/NMfh4WQuGc8&hl=es&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object><div class="blogger-post-footer"><hr />© <a href="http://kermitsson.com">Compadre, cómprame un coco</a> |El texto de este artículo tiene una Licencia Creative Commons. Puedes copiarlo (no para uso comercial), pero tiene que verse que es mío. Ya ves, langrélido que es uno.<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28585368-3359968680894675594?l=www.kermitsson.com'/></div>Kermitnoreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-28585368.post-51950896673206837442009-03-09T08:18:00.003Z2009-03-09T08:30:33.723ZTEATRO INFANTIL<div style="text-align: justify;">Se acerca el estreno de "La tinaja de los dioses", la obra que escribí el año pasado, y que será representada por el grupo <a href="http://teatro.etsit.upm.es/">No Es Culpa Nuestra</a>, entre el 23 y el 28 de este mes.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SbTR6ct_gzI/AAAAAAAABv4/MzUlEYh1qZw/s1600-h/dibujo+tinaja+jam%C3%B3n+%284%29.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 305px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SbTR6ct_gzI/AAAAAAAABv4/MzUlEYh1qZw/s400/dibujo+tinaja+jam%C3%B3n+%284%29.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5311100662648374066" border="0" /></a><br /><br />Si queréis informaros sobre la obra (fechas, argumento...), podéis ver la página <a href="http://www.teatroclown.com/">www.teatroclown.com</a>.<br /><br />También podéis ver el blog de la obra (<a href="http://www.blogger.com/latinajadelosdioses.blogspot.com">latinajadelosdioses.blogspot.com</a>), donde, entre otras cosas, hay vídeos muy divertidos hechos durante los ensayos.<br /><br />Os espero.<br /><br /><br /></div><div class="blogger-post-footer"><hr />© <a href="http://kermitsson.com">Compadre, cómprame un coco</a> |El texto de este artículo tiene una Licencia Creative Commons. Puedes copiarlo (no para uso comercial), pero tiene que verse que es mío. Ya ves, langrélido que es uno.<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28585368-5195089667320683744?l=www.kermitsson.com'/></div>Kermitnoreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-28585368.post-70579015033003131732009-03-02T08:05:00.006Z2009-03-02T08:09:07.562ZFOTOS DE RENÉ MALTETE (II)<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SauTmEF1swI/AAAAAAAABpo/fkLPbazZJDQ/s1600-h/maltete1.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 321px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SauTmEF1swI/AAAAAAAABpo/fkLPbazZJDQ/s400/maltete1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5308498867928806146" border="0" /></a><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SauTi_Z7BTI/AAAAAAAABpg/YlBTKpngm6A/s1600-h/maltete2.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SauTi_Z7BTI/AAAAAAAABpg/YlBTKpngm6A/s400/maltete2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5308498815131256114" border="0" /></a><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SauTftPteNI/AAAAAAAABpY/OkNg0t6cfho/s1600-h/maltete3.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 394px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SauTftPteNI/AAAAAAAABpY/OkNg0t6cfho/s400/maltete3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5308498758716979410" border="0" /></a><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SauTbmI5YRI/AAAAAAAABpQ/xWIkfk2HJSE/s1600-h/maltete4.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 396px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SauTbmI5YRI/AAAAAAAABpQ/xWIkfk2HJSE/s400/maltete4.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5308498688089874706" border="0" /></a><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SauTYHQGDdI/AAAAAAAABpI/0L8g7gGWVWM/s1600-h/maltete5.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 399px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SauTYHQGDdI/AAAAAAAABpI/0L8g7gGWVWM/s400/maltete5.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5308498628258958802" border="0" /></a><br />Hay más <a href="http://www.kermitsson.com/2008/04/fotos-de-rene-maltete.html">aquí</a>.<div class="blogger-post-footer"><hr />© <a href="http://kermitsson.com">Compadre, cómprame un coco</a> |El texto de este artículo tiene una Licencia Creative Commons. Puedes copiarlo (no para uso comercial), pero tiene que verse que es mío. Ya ves, langrélido que es uno.<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28585368-7057901503300313173?l=www.kermitsson.com'/></div>Kermitnoreply@blogger.com4tag:blogger.com,1999:blog-28585368.post-3231604040874043512009-02-23T07:00:00.001Z2009-02-23T07:00:06.028ZUNA HISTORIA DE LA SABANA<div style="text-align: justify;">Hillary y Claire, las amigas con las que recorría la sabana a bordo de un jeep, no paraban de chillar como colegialas y de llenar carretes y más carretes de elefantes, jirafas, monos y otros bichos que podían encontrarse en cualquier zoo, pero Cindy tenía los ojos puestos en una maravilla muy diferente.<br /><br />El padre de Cindy era un importante magnate de la electrónica, y ella había llevado desde la cuna una existencia regalada, llena de fiestas, ropa cara, joyas, viajes y champán. A menudo salían fotos suyas en las páginas de la prensa de la carnaza, sorprendida de madrugada saliendo de una discoteca, o caminando bronceada entre la arena de una playa tropical, y los periodistas se escandalizaban de que nunca llevara de la mano al mismo chico. No os impacientéis con ella, decían los carroñeros más benévolos, ahora vuela de flor en flor pero ya caerá rendida ante un hombre de verdad.<br /><br />Cindy se encaprichó de Mwezi nada más verlo. Era un gigante con una sonrisa de niño y, según conducía el jeep, contaba las leyendas de la sabana con una voz que parecía salir de las entrañas de la tierra. En sus labios, el espíritu del gran baobab, los hombres leopardo que surgían de la noche para llevarse doncellas y los demonios de las colinas Nguru cobraban una viveza que superaba con creces la de los animales, a los que tanto conocía la joven de los documentales del National Geographic. Cindy le clavaba su mirada del color del océano, y colocaba su pierna izquierda justo al lado de la palanca de cambios, cuando presentía que el guía iba a pasar a otra marcha distinta.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SZ7GKByMnzI/AAAAAAAABo4/cQMvXJLxUmQ/s1600-h/masai.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 266px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SZ7GKByMnzI/AAAAAAAABo4/cQMvXJLxUmQ/s400/masai.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5304895286668992306" border="0" /></a><br />Pero, esa noche, Mwezi no accedió a sus deseos. Es usted muy hermosa, señorita Cindy, un sueño por el que cualquier hombre se enfrentaría a la diosa de la muerte. Pero yo es que no soy un hombre. En mi tribu, para pertenecer a la casta de los guerreros y poder gozar de las mujeres, todos los muchachos deben luchar contra el león, armados con la lanza de sus antepasados. Pero los pocos que quedan en nuestras tierras están protegidos por el Gobierno, y la pena por quebrantar la ley es terrible.<br /><br />La joven supo que Mwezi no mentía y, cuando volvió sola a su habitación, llenó la almohada de lágrimas.<br /><br />Cuando volvió a California, Cindy visitó a su padre en la fábrica, y le hizo un encargo muy especial.<br /><br />Unos meses más tarde, el rugido de un león despertó a los habitantes de la aldea de Kioma. Cindy, que había venido de visita y estaba alojada en la gran cabaña del jefe, se levantó de su jergón de paja y vio a la fiera entrar por la calle principal. Un devorador de hombres, distinguió entre el griterío de las mujeres y los niños, una bestia del infierno que nos arrancará el corazón y se llevará nuestras almas. ¿Quién será el cazador que nos salve?<br /><br />Cindy pidió al jefe que le dejara encargarse del cuerpo, y el jefe accedió. Este salió de la gran cabaña, y poco después los jóvenes se agruparon en torno a él con sus lanzas y sus escudos, y un cántico ritual en sus bocas. El león avanzó hacia ellos, gruñendo y mostrando los colmillos y, a una señal del jefe, recibió una lluvia de proyectiles. Mwezi salió de la formación y hundió su lanza en el cuerpo de la fiera, que se desplomó sobre el suelo y derramó parte de su sangre artificial.<br /><br />Surgió una camioneta de la maleza, con el logotipo de la empresa del padre de la joven y, mientras la aldea estallaba en júbilo, retiraron discretamente al robot. Cindy se sintió entre cirros, cúmulos y nimbos al sentir las poderosas manos de Mwezi en su cadera, y los labios del guía muy próximos a los suyos.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SZ7GRghkvUI/AAAAAAAABpA/0ehz0XpR0-c/s1600-h/leon.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 280px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SZ7GRghkvUI/AAAAAAAABpA/0ehz0XpR0-c/s400/leon.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5304895415179853122" border="0" /></a><br />Cuando la camioneta no había recorrido ni veinte millas, se encontró con una patrulla de guardas de la sabana.<br /><br />Estos les dieron el alto, inspeccionaron la caja, y encañonaron al conductor y a su acompañante. Les hicieron salir del vehículo con los brazos en alto y, a la primera pregunta del sargento, los tripulantes chillaron que trabajaban a las órdenes de una mujer blanca, a la que podrían encontrar en la aldea de Kioma.<br /><br />Encontraron a Cindy saliendo de la cabaña de Mwezi, ligera de ropa y con el rostro resplandeciente, y en cuanto las joven vio las esposas contó la verdad. A los guardias les costó creerse que el cadáver era, en realidad, un ingenio artificial, Cindy tuvo que retirar un trozo de melena y enseñarles los circuitos electrónicos para que la soltaran.<br /><br />Mwezi se quedó desconsolado en cuanto supo del engaño, pero el jefe dijo que los jóvenes habían demostrado su valor, y que a los ojos de los espíritu eran hombres y guerreros.<br /><br />Cindy y Mwezi volvieron a la cabaña, y sus gritos se oyeron en toda la sabana.<br /></div><div class="blogger-post-footer"><hr />© <a href="http://kermitsson.com">Compadre, cómprame un coco</a> |El texto de este artículo tiene una Licencia Creative Commons. Puedes copiarlo (no para uso comercial), pero tiene que verse que es mío. Ya ves, langrélido que es uno.<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28585368-323160404087404351?l=www.kermitsson.com'/></div>Kermitnoreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-28585368.post-25932021973937621562009-02-19T09:52:00.001Z2009-02-19T09:54:25.629ZFRASE DEL DÍA"La fiebre tifoidea es algo terrible: o te mata o te deja idiota. Lo sé muy bien porque la tuve".<br /><br /> (Mariscal de Mac-Mahon)<div class="blogger-post-footer"><hr />© <a href="http://kermitsson.com">Compadre, cómprame un coco</a> |El texto de este artículo tiene una Licencia Creative Commons. Puedes copiarlo (no para uso comercial), pero tiene que verse que es mío. Ya ves, langrélido que es uno.<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28585368-2593202197393762156?l=www.kermitsson.com'/></div>Kermitnoreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-28585368.post-61153181576990243842009-02-16T07:00:00.000Z2009-02-16T07:00:00.452ZLOS PELIGROS DEL TENIS<div style="text-align: justify;">Como no tengo ningún relato preparado para esta semana, os dejo en vez este vídeo (si no lo veis, haced clic <a href="http://www.youtube.com/watch?v=BnWsL9mWaO0">aquí</a>).<br /><br />Espero que os guste.<br /></div><br /><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/BnWsL9mWaO0&hl=es&fs=1"><param name="allowFullScreen" value="true"><param name="allowscriptaccess" value="always"><embed src="http://www.youtube.com/v/BnWsL9mWaO0&hl=es&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object><div class="blogger-post-footer"><hr />© <a href="http://kermitsson.com">Compadre, cómprame un coco</a> |El texto de este artículo tiene una Licencia Creative Commons. Puedes copiarlo (no para uso comercial), pero tiene que verse que es mío. Ya ves, langrélido que es uno.<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28585368-6115318157699024384?l=www.kermitsson.com'/></div>Kermitnoreply@blogger.com3tag:blogger.com,1999:blog-28585368.post-39146518541582889222009-02-09T07:00:00.001Z2009-02-09T07:00:00.738ZA PRUEBA DE FUEGO<div style="text-align: justify;">Si sobrevivo esta guerra, haré que la sala de mapas se traslade a una habitación con ventanas, piensa la reina Gwynid mientras intenta concentrarse en las estrategias militares que le explica su consejero. Y sin ese maldito revestimiento de las paredes. Tiene los ojos irritados por culpa de la alergia y del humo de las antorchas, y el olor a resina quemada le está destrozando la pituitaria. Aunque sabe que se juega la corona y quizá la vida en el envite, casi se alegra cuando entra el chambelán, y anuncia la llegada del mercader Georgie.<br /><br />Pese a las protestas del consejero Eustace, decide recibirlo sin demora. En cuanto abandona la sala sus síntomas decrecen y, al llegar al salón del trono, ni se acuerda de ellos mientras se recrea en las exuberantes vidrieras.<br /><br />El mercader entra, y la reina nota cómo su mirada se le clava en el escote. Viste una pelliza que ha conocido muchos inviernos, y sus greñas piden a gritos los cuidados de un esquilador.<br /><br />-Ey, qué pasa, majestad –lo de inclinarse no va con él, lo único que hace Georgie es elevar la mano derecha, como si se estuviera dirigiendo a los parroquianos de una taberna barriobajera.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SYybIQvIJOI/AAAAAAAABoQ/CLB_ltlLS_M/s1600-h/medieval1.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 233px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SYybIQvIJOI/AAAAAAAABoQ/CLB_ltlLS_M/s400/medieval1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5299781427742123234" border="0" /></a><br />-Buenas tardes, queridísimo Georgie. ¿Has traído nuestras flechas incendiarias?<br /><br />-Toma, claro. A ver cuándo he venido yo aquí con las manos vacías.<br /><br />-¡No nos venga ahora dándoselas de comerciante honrado! –responde el consejero Eustace- . ¡Le recuerdo que, en la última guerra, tuvimos que pagarle mucho más de lo que habíamos acordado!<br /><br />-¡Pero eso fue por la huelga de bueyes! ¿Qué voy a hacer, si de repente quieren doble ración de forraje?<br /><br />-¡Y la anterior, la brea de las flechas era de tan mala calidad, que bastaba con soplar para apagar las llamitas! ¡Estuvimos a punto de perder, por su culpa!<br /><br />-Bueno, sí, un despiste lo tiene cualquiera. Recristo, hay que ver cómo se pone por nada.<br /><br />-¡Y sigo enumerando: en la batalla de Crockery Hills, desapareció misteriosamente el diez por ciento…<br /><br />-Pero estoy segura de que nuestro leal súbdito no se atreverá a engañarnos esta vez –interrumpe la reina -. Dime, Georgie, ¿a que nos has traído todo lo que te pedimos?<br /><br />-¡Recristo, pues claro!<br /><br />Entra en ese momento el chambelán, quien ratifica que el cargamento está completo, y que ni las flechas ni la brea son de mala calidad.<br /><br />La reina y su fiel consejero se miran. La expresión de Eustace denota que él tampoco las tiene todas consigo. Gwynid le hace un gesto para que guarde silencio y, a continuación, ondea su dorada cabellera, todavía más resplandeciente a la luz de las vidrieras, y adopta su tono de voz “especial terciopelo”.<br /><br />-Georgie, no sabes lo contenta que estoy de que te hayas portado tan bien conmigo.<br /><br />El mercader se queda boquiabierto, y parece a punto de desmayarse cuando la reina baja de la plataforma del trono, y enfrenta sus ojos con los de él. Y su nariz con el olor de sudor viejo que emana del tiparraco, aunque Gwynid tuvo buenos profesores de actuación cuando era niña, y sabe esconder sus sensaciones.<br /><br />-Ma… majestad…<br /><br />-Pero, querido amigo, creo que me estás ocultando algo.<br /><br />-Yo… no… vaya… menuda jaca…<br /><br />-Y, si me ayudaras, si me contaras qué es eso que sabes y que podría servirme para ganar la guerra, mi gratitud… no tendría límites - y roza la mano derecha de Georgie con sus dedos.<br /><br />-A… armaduras ignífu…-balbucea el comerciante.<br /><br />Se para en seco antes de pronunciar la última sílaba. Su expresión ha cambiado, y ahora es de espanto. La reina hace una seña a la guardia y vuelve a la plataforma. Por una parte está al borde del estallido, por otra se siente hermosa.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SYya9bykZbI/AAAAAAAABoI/h08K-1XsMA8/s1600-h/medieval2.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SYya9bykZbI/AAAAAAAABoI/h08K-1XsMA8/s400/medieval2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5299781241730786738" border="0" /></a><br />-¿Has vendido armaduras ignífugas al enemigo? –brama Eustace.<br /><br />Esta vez, Georgie no encuentra argumentos para defenderse.<br /><br />Los soldados se llevan al mercader. Este camina con la cabeza a punto de desplomársele. Cuando están a punto de dejar la estancia, la reina se acerca al grupo, blandiendo su sonrisa fundeglaciares.<br /><br />-Un último favor, Georgie querido. ¿Me podrías decir de qué material están hechas las armaduras?<br /><br />-De toxonia… -acierta a contestar el pobre hombre.<br /><br />-Muchísimas gracias, mi buen amigo, nunca olvidaré esto. ¡Lleváoslo! ¡Encerrad a este traidor en la mazmorra más triste y oscura! ¡Y ponedle los grilletes más herrumbrosos que encontréis!<br /><br />Cuando vuelve al trono, encuentra al consejero de un humor muy diferente a como lo dejó.<br /><br />-Majestad, estamos salvados.<br /><br />-¿Cómo? Explícate, Eustace.<br /><br />-¡Es el material del que está hecho el revestimiento de la sala de mapas! ¡Ese, el que vuestro difunto esposo quiso poner por todo el castillo!<br /><br />-¡Pobres, menudas alergias! ¡Van a enfermar hasta las pulgas de los caballos!<br /><br />Las carcajadas de ambos retumban en las paredes.<br /><br />Cuando, minutos más tarde, Gwynid vuelve a la sala de mapas poco le importa la resina y el humo de las antorchas, y mira a las paredes con un cariño que nunca hasta ahora había sentido.<br /></div><div class="blogger-post-footer"><hr />© <a href="http://kermitsson.com">Compadre, cómprame un coco</a> |El texto de este artículo tiene una Licencia Creative Commons. Puedes copiarlo (no para uso comercial), pero tiene que verse que es mío. Ya ves, langrélido que es uno.<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28585368-3914651854158288922?l=www.kermitsson.com'/></div>Kermitnoreply@blogger.com5tag:blogger.com,1999:blog-28585368.post-53682812133094307552009-02-06T18:13:00.004Z2009-02-06T18:59:33.997ZLA VIDA DE BRIAN: TRIGÉSIMO ANIVERSARIO<div style="text-align: justify;">No voy a decir nada de esa película. Seguro que la habéis visto todos, y os habéis reído tanto como yo.<br /><br />Pero ¿cuántos conocéis este vídeo, del funeral de Graham Chapman? (si no lo veis directamente, haced clic <a href="http://www.youtube.com/watch?v=r1Wwn0E6oik&eur">aquí</a>).<br /><br /><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/r1Wwn0E6oik&hl=es&fs=1"><param name="allowFullScreen" value="true"><param name="allowscriptaccess" value="always"><embed src="http://www.youtube.com/v/r1Wwn0E6oik&hl=es&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object><br /><br />Así da gusto morir.</div><div class="blogger-post-footer"><hr />© <a href="http://kermitsson.com">Compadre, cómprame un coco</a> |El texto de este artículo tiene una Licencia Creative Commons. Puedes copiarlo (no para uso comercial), pero tiene que verse que es mío. Ya ves, langrélido que es uno.<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28585368-5368281213309430755?l=www.kermitsson.com'/></div>Kermitnoreply@blogger.com5tag:blogger.com,1999:blog-28585368.post-54466685311513731032009-02-02T07:00:00.000Z2009-02-02T07:00:00.103ZEDUCACION INFANTIL<div style="text-align: justify;">Las noches en que se quedaba hasta muy tarde corrigiendo exámenes, a doña Rosaura le gustaba pasearse luego por el parquecillo que bordeaba la tapia del zoo. Allí, mientras la pálida luz de las farolas iluminaba los olmos y los castaños, y el aroma de los rododendros impregnaba el ambiente, la maestra se olvidaba durante unos minutos de los humos, ruidos y cemento de la ciudad donde estaba destinada, y se entregaba a sus pensamientos.<br /><br />Veía el fracaso reflejado en todos los niños a los que daba clase. En ese colegio, la enseñanza de las tablas de multiplicar, la construcción de oraciones gramaticales o la Historia de España se había convertido en un lodazal donde cualquier avance era una proeza. Día tras día, se esforzaba por abrir una brecha en la muralla de caras de indiferencia, de grititos y risotadas en cuanto se daba la vuelta, de deberes nunca entregados y de secarrales en forma de examen, pero era imposible. Los pocos alumnos que aparentaban alguna aptitud no se atrevían a destacar, y las reuniones con padres eran inútiles. Para qué va a estudiar mi hijo, respondían con sus camisetas de tirantes y el cigarrillo siempre entre los labios, si no tiene más horizonte que un empleo en una cadena de montaje, o en alguna hamburguesería de mala muerte. Y la maestra se entristecía, pensando que ese era, en efecto, el destino que les esperaba a sus criaturas.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SYL-AZeGgqI/AAAAAAAABnw/dHrk_cVl6ks/s1600-h/clase.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 296px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SYL-AZeGgqI/AAAAAAAABnw/dHrk_cVl6ks/s400/clase.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5297075394531721890" border="0" /></a><br />Doña Rosaura llegó a su rincón favorito del parque, y se sentó en un banco que daba a la luna. La estatua del general Olegario que presidía la placita tenía su bronce cubierto de pintadas, pero de noche parecía otra vez un gran guerrero, y a doña Rosaura le reconfortaba pararse a su vera, y escuchar el viento y las aves nocturnas.<br /><br />Últimamente, estaba muy intrigada. Desde hacía tres semanas, Juanito Calabaza, Quintín Torrecilla y Antoñita Gómez solían aparecer por el patio de recreo con los más caros juguetes que anunciaban en la televisión. La espada atómica Lancelot, la muñeca biónica Wilma y el coche teledirigido Kimi no eran cosas que se pudieran permitir sus padres, que tenían contratos precarios cuando no estaban directamente en el paro. Pero, cuando la maestra les preguntaba quiénes les habían regalado esas maravillas, los niños sonreían y contestaban que el ratoncito Pérez. Y de ahí no había quien los sacara. A doña Rosaura le daba una pereza infinita llamar a sus padres, y todavía quedaba más de un mes para la siguiente visita colectiva.<br /><br />Cuando las manecillas de su reloj de pulsera dieron las doce, doña Rosaura se levantó, se recolocó la falda, asintió con la cabeza para despedirse del general, y emprendió el camino de vuelta. Y, en esto, vio cómo unas sombras se encaramaban a lo alto de la tapia del zoo, y desde allí se arrojaban a la mullida hierba del parque.<br /><br />Eran niños, y uno de ellos llevaba un bulto alargado, malamente forrado con varias bolsas de plástico. Aunque estaba demasiado lejos para reconocerlos, sus voces eran iguales a las de Juanito Calabaza, Quintín Torrecilla y Antoñita Gómez. Los zapatos de tacón que llevaba doña Rosaura no eran como para emprender locas carreras, así que decidió irlos alcanzando poco a poco, caminando entre los árboles para que los niños no la descubrieran. Igual aquí está la solución del misterio, se dijo, sintiéndose una heroína de las novelas de Agatha Christie que leía en la adolescencia.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SYL-IZ60b0I/AAAAAAAABn4/rPFMhcYLky4/s1600-h/parque1.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 298px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SYL-IZ60b0I/AAAAAAAABn4/rPFMhcYLky4/s400/parque1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5297075532091125570" border="0" /></a><br />Pese a los recuerdos de la presencia de algún perro con los que se encontraba, fue poco a poco comiendo terreno a los niños, y pronto vio que sus sospechas eran ciertas. El pelo alborotado de Juanito Calabaza, el andar arrastrando los pies de Quintín Torrecilla y las pedorretas de Antoñita Gómez eran inconfundibles, incluso de noche cerrada y con la vegetación del parque entre medias.<br /><br />Los niños estaban entrando en una de las placitas, y doña Rosaura se disponía a abalanzarse sobre ellos, cuando de repente vio algo que le hizo pegar un respingo, y emitir un grito que sólo a duras penas evitó que se oyera.<br /><br />Era un ratón. Sí un gigantesco y gordo roedor gris, con sus orejas y bigotes y toda la demás parafernalia, erguido sobre sus patas traseras como si eso fuera la cosa más natural del mundo. Aunque un examen más detenido revelaba un bolsillo cosido sobre el costado que veía la maestra, y una piel muy similar a la felpa.<br /><br />-Ratoncito Pérez, ratoncito Pérez, te hemos traído lo que nos pediste –tomó la palabra Quintín Torrecilla, que parecía haberse erigido en el líder del grupo.<br /><br />-Está bien, queridos niños, enseñádmelo, y os pagaré–el animal tenía una voz forzadamente grave, como de papá Noel que se había equivocado de especie.<br /><br />A una señal de Quintín, Juanito y Antoñita quitaron las bolsas de plástico que tapaban el bulto. Y la maestra observó atónita cómo este era un colmillo de elefante, serrado con un corte limpio.<br /><br />-Muy bien, queridos niños, os habéis ganado veinte euros cada uno –el gigante les dio un billete a cada uno.<br /><br />-La próxima vez queremos el doble –respondió Quintín Torrecilla -. Nos ha costado mucho dormirlo esta vez.<br /><br />-Queridos amiguitos, yo soy muy generoso, pero os estáis pasando tres pueblos. Ya hablaremos –cogió el colmillo, lo envolvió de nuevo en las bolsas de plástico, y se fue.<br /><br />-Adiós, Ratoncito Pérez- lo despidieron los niños al unísono.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SYL9zbUe-2I/AAAAAAAABno/k4uwrwBgZgE/s1600-h/raton.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 388px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SYL9zbUe-2I/AAAAAAAABno/k4uwrwBgZgE/s400/raton.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5297075171689954146" border="0" /></a><br />Una vez se quedó sola, doña Rosaura salió de su escondrijo, y su rostro se deshizo en una amplia sonrisa. Qué espíritu tan emprendedor, qué iniciativa, qué capacidad para los negocios. Yo que pensaba que los niños de esta ciudad eran todos unos catetos, y hay que ver menudas excepciones. Qué callados se lo tenían, los angelitos. Aunque tengan que hacer hasta la operación matemática más elemental con calculadora, aunque necesiten una secretaria para corregir cualquier cosa que escriban, aunque nunca sepan quién fue Agustina de Aragón o Winston Churchill, estos chicos llegarán muy lejos. Que, a la hora de la verdad, es lo que importa. Espero que se acuerden entonces de esta vieja que intentó darles clase. Ay, criaturitas.<br /><br />Cuando volvió a su casa y vio la pila de exámenes sobre su mesa, doña Rosaura cogió los de Juanito Calabaza, Quintín Torrecilla y Antoñita Gómez, y les dio unos aprobados que no merecían.<br /></div><div class="blogger-post-footer"><hr />© <a href="http://kermitsson.com">Compadre, cómprame un coco</a> |El texto de este artículo tiene una Licencia Creative Commons. Puedes copiarlo (no para uso comercial), pero tiene que verse que es mío. Ya ves, langrélido que es uno.<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28585368-5446668531151373103?l=www.kermitsson.com'/></div>Kermitnoreply@blogger.com3tag:blogger.com,1999:blog-28585368.post-31897704098646478662009-01-26T07:00:00.000Z2009-01-26T07:00:00.726Z"EL IMPERIO" Y "EL RETORNO"<div style="text-align: justify;"><span style="font-style: italic;">Como la semana pasada no pude escribir ningún relato (cosas de los ensayos de "La tinaja de los dioses"), os dejo un fragmento de la película "Clerks". Leedlo, a mí me marcó.</span><br /><br />RANDAL: ¿Qué película te gustó más, el Retorno del Jedi o el Imperio Contraataca?<br /><br />DANTE: El imperio.<br /><br />RANDAL: Blasfemia.<br /><br />DANTE: El Imperio tiene el mejor final: a Luke le cortan la mano, y descubre que Darth Vader es su padre; Han es congelado y se lo lleva Boba Fett. Tiene un final muy trsite, y la vida es así, una serie de finales tristes. Lo único que tenía el Jedi era una panda de muñecos.<br /><br />RANDAL: Había otra cosa más en el Jedi. No me di cuenta hasta hoy. Construyeron otra estrella de la Muerte, ¿de acuerdo?<br /><br />DANTE: Sí.<br /><br />RANDAL: Ahora, la primera que hicieron estaba terminada y plenamente operativa antes de que los rebeldes la destruyeran.<br /><br />DANTE: Luke la voló.<br /><br />RANDAL: Y la segunda todavía estaba siendo construida cuando la volaron.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SXo36Ah1pGI/AAAAAAAABnI/witfSRzC9qM/s1600-h/death+star2.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 399px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SXo36Ah1pGI/AAAAAAAABnI/witfSRzC9qM/s400/death+star2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5294605781641307234" border="0" /></a><br />DANTE: Cortesía de Lando Calrissian.<br /><br />RANDAL: Había algo que no encajaba en la segunda vez que la destruyeron. No sabía exactamente qué, pero había algo que no estaba bien.<br /><br />DANTE: ¿Y ya te has aclarado?<br /><br />RANDAL: Bueno, la cuestión es, la primera Estrella de la Muerte estaba tripulada por soldados imperiales y dignatarios. La única gente que había a bordo eran Imperiales. <br /><br />DANTE: Básicamente.<br /><br />RANDAL: Así que, cuando la volaron, no hay problema. El mal es castigado.<br /><br />DANTE: ¿Y la segunda vez?<br /><br />RANDAL: La segunda vez ni siquiera estaba terminada. Todavía estaba siendo construida.<br /><br />DANTE: ¿Y?<br /><br />RANDAL: Una obra de esa magnitud necesaría mucha más mano de obra de la que el Ejército Imperial podría proporcionar. Estoy seguro de que allí había trabajadores autónomos: fontaneros, electricistas, albañiles…<br /><br />DANTE: No únicamente Imperiales, si es eso adonde quieres llegar.<br /><br />RANDAL: Exactamente. Para construirla contratarían a cualquier persona que pudiera hacer el trabajo. ¿Tu crees que el soldado medio sabe cómo instalar un retrerte?.<br /><br />DANTE: De acuerdo, incluso si tienes trabajadores autónomos trabajando en el Estrella de la Muerte, ¿por qué estás tan intranquilo sobre su destrucción?<br /><br />RANDAL: Todos esos inocentes autónomos fueron matados- víctimas de una guerra con la que no tenían nada que ver.<br />De acuerdo, imagina que eres un albañil, y consigues un jugoso contrato del Gobierno. Tienes la mujer y los hijos en un adosado en las afueras. Esto es un contrato del Gobierno, lo que significa un montón de beneficios. De repente esos militantes izquierdistas te vuelan con lasers y se cargan a todo el mundo en un radio de cinco kilómetros.<br />Tu no merecías eso. La política no importa nada. Tú sólo querías llegar a fin de mes.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SXo3lZ9NnUI/AAAAAAAABnA/7EhW-JfEpIY/s1600-h/clerks1.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 174px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SXo3lZ9NnUI/AAAAAAAABnA/7EhW-JfEpIY/s400/clerks1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5294605427689758018" border="0" /></a><br />Un TRABAJADOR se une a la conversación<br /><br />TRABAJADOR: Perdonad. No quiero interrumpiros, pero ¿sobre qué estabais hablando?.<br /><br />RANDAL: El final del Retorno del Jedi.<br /><br />DANTE: Mi amigo está intentando convencerme de que los autónomos que trabajaban en la segunda Estrella de la Muerte fueron víctimas inocentes cuando la estación espacial fue destruida por los rebeldes.<br /><br />TRABAJADOR: Bueno, yo mismo soy autónomo. Soy un techador...<br />Y, hablando como tal, puedo decir que las ideas políticas de un techador pesan mucho a la hora de escoger un trabajo..<br /><br />RANDAL: ¿Como cuándo?<br /><br />TRABAJADOR: Hace tres meses me ofrecieron un trabajo en una casa en las colinas. Era un simple trabajo de colocación de tablillas, pero me dijeron que si lo terminaba en un día, duplicarían mi tarifa. Entonces me di cuenta de quién era la casa.<br /><br />DANTE: ¿De quién?<br /><br />TRABAJADOR: De Dominick Bambino.<br /><br />RANDAL: ¿" Bambino “Cara de niño”?. ¿El gángster?<br /><br />TRABAJADOR: El mismo. El dinero era bueno, pero el riesgo era demasiado alto. Sabía quién era, y basándome en eso, le pasé el trabajo a un amigo.<br /><br />DANTE: Basándote en tus ideas políticas.<br />TRABAJADOR: Exacto. Y esa misma semana, la familia Foresci atacó la casa de “Cara de niño”. Mi amigo fue asesinado. Ni siquiera había terminado el trabajo.<br /><br />RANDAL: ¡No fastidies!<br />TRABAJADOR: Estoy vivo porque supe que había riesgos añadidos al aceptar ese cliente. Mi amigo no tuvo tanta suerte.<br />Cualquier autónomo dispuesto a trabajar en la Estrella de la Muerte conocía los riesgos. Si perdían la vida era su culpa. Un techador escucha esto...<br /><span style="font-style: italic;">(se golpea el corazón)</span><br />no su cartera.<br /></div><div class="blogger-post-footer"><hr />© <a href="http://kermitsson.com">Compadre, cómprame un coco</a> |El texto de este artículo tiene una Licencia Creative Commons. Puedes copiarlo (no para uso comercial), pero tiene que verse que es mío. Ya ves, langrélido que es uno.<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28585368-3189770409864647866?l=www.kermitsson.com'/></div>Kermitnoreply@blogger.com5tag:blogger.com,1999:blog-28585368.post-40587873069611580042009-01-19T07:00:00.000Z2009-01-19T07:00:00.204ZVISITA SORPRESA<div style="text-align: justify;">La inspectora de Igualdad Delia no mira atrás mientras camina briosa hacia la salida de Construcciones Turégano. Ha perdido media hora de su vida en el despacho de un tonel en forma de presidente, explicándole la conveniencia de incluir mujeres en el Consejo de Administración de la empresa, y sólo ha encontrado bostezos y monosílabos como respuesta a sus argumentos. Ni la amenaza de una sanción ejemplar ha arredrado al empresario, más pendiente de las fotos firmadas de deportistas de las paredes que de sus palabras. Y el resto de los ejecutivos están hechos de la misma mierda, observa Delia. Hay que ver lo anchos de hombros y barrigones que son todos, sus mejillas sonrosadas, las insignias del Real Madrid que llevan en las solapas, y cómo recorren mi cuerpo entero con esas miradas que ellos creen de felino trajeado, pero que más bien son de sapo baboso. En cuanto llegue al ministerio se van a enterar estos, piensa mientras pisa una colilla que no debería estar allí, en el suelo del vestíbulo.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SW-3XfGI5OI/AAAAAAAABfU/Xwm3ncf1-94/s1600-h/faldas2.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 250px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SW-3XfGI5OI/AAAAAAAABfU/Xwm3ncf1-94/s400/faldas2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5291649701295744226" border="0" /></a><br />Sale del edificio, hace una señal a un taxi y, cuando observa las gafas de espejo del conductor y su camiseta de tirantes, decide seguir andando. Dichosa sociedad machista. Por muchas campañas de publicidad institucional que hagamos, por muchas leyes que saquemos en defensa de las mujeres, por muchas multas que pongamos, no hay quien cambie este dichoso país. Siempre seremos la España de charanga y pandereta, de toreros y folclóricas, de rufianes capaces de todo con tal de no ayudar en las tareas caseras.<br /><br />En esto, dobla una esquina, y el sol de primavera hace que refulja la blanca sede de Ediciones Marcos. Y la mueca de hastío de la inspectora de Igualdad Delia se deshace en una sonrisa. Estos, en cambio, qué maravilla. Qué alegría me llevé, cuando llegó al ministerio la relación de altos cargos de la empresa, y eran casi todo mujeres. Y qué contentos se pondrán, ellos y ellas, cuando terminemos de tramitar la generosa subvención que les vamos a conceder. Qué delicia de gente, qué sensibilidad hacia las cuestiones sociales. Ya podrían aprender, las demás empresas.<br /><br />Aunque tenía otras cosas apuntadas en su agenda, la inspectora de Igualdad Delia necesita llevarse una alegría al cuerpo, y no le cuesta mucho decidirse a entrar en el edificio. Anuncia su presencia al chico de la recepción, este hace una llamada, y le dice melifluo que el gerente le espera en su despacho.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SW-43M_OP9I/AAAAAAAABfk/-VAix1WOczs/s1600-h/faldas3.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 312px; height: 240px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SW-43M_OP9I/AAAAAAAABfk/-VAix1WOczs/s400/faldas3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5291651345702338514" border="0" /></a><br />Un extraño frenesí parece haberse apoderado del personal de Ediciones Marcos. Mientras camina por los pasillos, la inspectora de Igualdad Delia se encuentra con una gran cantidad de hombres trajeados galopando hacia todas partes, derramando agua al colocar jarrones con flores en los pasillos, y cerrando puertas de despachos detrás de sí. Igual he elegido un mal día para hacer una visita, se plantea la funcionaria. Sin duda deben de estar a punto de presentar algún “bestseller”. Qué atento el gerente, recibiéndome en estas condiciones.<br /><br />La entrevista es muy agradable. El ejecutivo, un señor confortablemente orondo y de amplia sonrisa, le cuenta los planes de la empresa, entre los que figura, de manera preeminente, el lanzamiento de una colección de autoras olvidadas. La gente habla de Shakespeare y Cervantes y ningunea a Fernán Caballero, remarca varias veces, negando con la cabeza.<br /><br />La inspectora de Igualdad Delia cree percibir una sombra en el rostro del gerente, justo en el momento en que le pide conocer a alguna de las admirables mujeres de su junta directiva, pero es una impresión tan pasajera que la descarta, y su sonrisa va a juego con la del ejecutivo mientras ambos recorren la zona noble del edificio, que huele a rosas y a jazmines y a otras flores que Delia no logra identificar.<br /><br />La Vicepresidenta para Asuntos Logísticos viste un elegante traje de chaqueta de color malva, y su despacho es amplio y con unos ventanales que dan a un frondoso bosque, pero la inspectora de Igualdad Delia se extraña, al darle los dos besos protocolarios, de lo mucho que pincha su maquilladísimo cutis. Su asombro aumenta cuando los tres se sientan delante de una mesita de café, y se da cuenta de la gran gran cantidad de pelos que asoman entre las medias de la ejecutiva. Y del tonillo de falsete que tiene su voz, las pocas veces en que la Vicepresidenta se ve obligada a intervenir en la conversación.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SW-3rA1APMI/AAAAAAAABfc/IgDac3Gbt7Q/s1600-h/faldas1.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 386px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SW-3rA1APMI/AAAAAAAABfc/IgDac3Gbt7Q/s400/faldas1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5291650036768193730" border="0" /></a><br />En esto, la mirada de la inspectora de Igualdad Delia vaga hacia las paredes, y su boca se abre de par en par cuando se encuentra con una foto firmada del delantero centro del Real Madrid. Se hace un ominoso silencio en el despacho.<br /></div><div class="blogger-post-footer"><hr />© <a href="http://kermitsson.com">Compadre, cómprame un coco</a> |El texto de este artículo tiene una Licencia Creative Commons. Puedes copiarlo (no para uso comercial), pero tiene que verse que es mío. Ya ves, langrélido que es uno.<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28585368-4058787306961158004?l=www.kermitsson.com'/></div>Kermitnoreply@blogger.com4tag:blogger.com,1999:blog-28585368.post-54827828578489405482009-01-12T07:00:00.000Z2009-01-12T07:00:00.878ZFLORES DE OTRO MUNDO<div style="text-align: justify;">Clareaba el alba sobre la ciudad cuando el hombre lobo Juanín llegó, arrastrando los pies, al portal de su casa. Ya recuperado su aspecto humano, y vestido con la muda que había arrancado al contenedor de ropa para el Tercer Mundo, parecía un náufrago más de la noche, a punto de caer en los brazos de la resaca. El rostro del color de la cera, los ojos tan clavados en el suelo que parecía que iban a salírsele de las cuencas, los labios abiertos en un suspiro perpetuo, Juanín era un vivo contraste con las legiones de oficinistas madrugadores que alegraban las calles.<br /><br />Buscó a tientas su llavero dentro del buzón de publicidad, lo encontró cuando ya empezaba a desesperarse, tuvo que empujar la puerta principal con su cuerpo, y subió al primer piso en el ascensor. Encendió la luz del descansillo, y negó con la cabeza al fijarse en el plato de plástico roto, en los huesos de chuleta y en las manchas de salsa solidificada. La señora Tomasa me la ha vuelto a jugar, se dijo mientras arrojaba la ropa por la ventana de su dormitorio, para espantar la peste a tabaco rancio. Y rugió entre dientes cuando, media hora más tarde, el timbre del despertador le arrancó de entre las sábanas.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SWd6syhpIqI/AAAAAAAABbo/dMiUktjQi20/s1600-h/lobo3.JPG"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 393px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SWd6syhpIqI/AAAAAAAABbo/dMiUktjQi20/s400/lobo3.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5289331197265650338" border="0" /></a><br />Desde hacía unos siete meses, cada vez que era noche de luna llena y Juanín salía de su casa ya metamorfoseado, se encontraba en el descansillo con un plato repleto de comida. Las fauces caían sobre la deliciosa carne, la deglutían sin apenas masticarla, y luego el lobo salía a la calle y sus tripas empezaban a gemir. Los demás licántropos, viéndole soltar una cagarruta tras otra, se apartaban de él, y la noche de pasiones y desenfreno pasaba a ser una solitaria cadena de dolores y evacuaciones. <br /><br />Cuando lo que quedaba de Juanín volvió, alrededor de diez horas más tarde, de su trabajo, enrojeció al distinguir un resto de chuleta entre las cerdas de su felpudo. Creía que había dejado todo perfectamente limpio, se dijo mientras, con la mano temblorosa, recogía el trozo de carne y lo guardaba en el bolsillo de su americana. Esto no puede seguir así, y dio media vuelta y, con una resolución que le parecía de suicida, se plantó delante de la puerta de su vecina. Donde estuvo a punto de desmayarse.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SWd6boecSkI/AAAAAAAABbg/LQ5fsGo9QD4/s1600-h/lobo4.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 387px; height: 283px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SWd6boecSkI/AAAAAAAABbg/LQ5fsGo9QD4/s400/lobo4.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5289330902510094914" border="0" /></a><br />Finalmente reunió las fuerzas para pulsar el timbre, y la señora Tomasa lo recibió con una generosa sonrisa. Lo invitó a tomar el té, Juanín entró detrás de ella, y observó que las paredes estaban decoradas con estampas de la virgen y fotos en blanco y negro, y que el único detalle alegre del piso eran las macetas que había encima de casi todos los muebles, en las que se erguían flores cuyos colores y aromas parecían sacados de un cuento de hadas.<br /><br />Se hundieron en los sillones del salón, y estuvieron hablando del tiempo hasta que Juanín se atrevió a contar la razón de su visita.<br /><br />-Ay, hijo, perdóname, pero es que los punes de hombre lobo son el mejor abono que hay –la anciana ofreció unas pastitas a Juanín, mientras sus ojos se entristecían y vagaban hacia unos claveles de rojo sobrenatural.<br /><br />Cuando el licántropo volvió a su casa, tuvo que tomarse un vodka muy cargado.<br /><br />La señora Tomasa cumplió su palabra, y Juanín ya no volvió a encontrarse con platos de comida con laxantes en el descansillo. Se reincorporó a las jaurías de la noche, y la luna llena volvió a ser su amiga. Pero miraba alguna vez a las ventanas de su vecina, y el corazón se le encogía al ver cómo las flores volvían poco a poco a su color normal.<br /><br />Un día, el portero le comentó que la señora Tomasa estaba muy enferma.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SWd6QJOOuvI/AAAAAAAABbY/jh-UIFpB4XA/s1600-h/flores.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 267px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SWd6QJOOuvI/AAAAAAAABbY/jh-UIFpB4XA/s400/flores.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5289330705142037234" border="0" /></a><br />Juanín fue a visitarla varias veces al hospital. Jamás se encontró con ningún pariente o amigo suyo, y prefirió no preguntar a la anciana si eso era así siempre. Se pasaba horas en la habitación, contándole cómo le iba en el trabajo, las aventuras que le sucedían cuando se disfrazaba de lobo, o viendo con ella las noticias de la tele. La señora Tomasa, antes tan dicharachera, apenas conseguía articular alguna frase, y los tubos que ensartaban sus dos brazos hacían que no los pudiera mover, pero la sonrisa seguía allí.<br /><br />Cuando le dieron el alta, Juanín fue a recogerla con su coche, le sirvió de apoyo mientras recorría la distancia que le separaba del ascensor, y le ayudó a abrir la puerta de su piso. Y disfrutó al ver cómo se iluminaba el rostro de la anciana, cuando esta se dio cuenta de que las flores tenían otra vez sus colores y aromas de cuento de hada.<br /></div><div class="blogger-post-footer"><hr />© <a href="http://kermitsson.com">Compadre, cómprame un coco</a> |El texto de este artículo tiene una Licencia Creative Commons. Puedes copiarlo (no para uso comercial), pero tiene que verse que es mío. Ya ves, langrélido que es uno.<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28585368-5482782857848940548?l=www.kermitsson.com'/></div>Kermitnoreply@blogger.com8tag:blogger.com,1999:blog-28585368.post-51607516283142367812009-01-05T09:47:00.002Z2009-01-05T09:55:00.919ZFECHAS DE "LA TINAJA"<div style="text-align: justify;">(Supongo que, a estas alturas, lo sabéis todos, pero os lo recuerdo por si acaso: "La tinaja de los dioses" es una obra infantil que he escrito, y que será representada por el grupo de teatro "<a href="http://teatro.etsit.upm.es/">No es culpa nuestra</a>").<br /><br />Ya tenemos fechas de representación: 23 al 28 de marzo, ambos inclusive.<br /><br />Para más información, podéis mirar el <a href="http://latinajadelosdioses.blogspot.com/">blog</a> de la obra.<br /></div><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SWHYthScyjI/AAAAAAAABbA/efQKpWd3USY/s1600-h/dibujo+tinaja+%28vers2%29.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 344px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SWHYthScyjI/AAAAAAAABbA/efQKpWd3USY/s400/dibujo+tinaja+%28vers2%29.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5287745714051140146" border="0" /></a><div class="blogger-post-footer"><hr />© <a href="http://kermitsson.com">Compadre, cómprame un coco</a> |El texto de este artículo tiene una Licencia Creative Commons. Puedes copiarlo (no para uso comercial), pero tiene que verse que es mío. Ya ves, langrélido que es uno.<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28585368-5160751628314236781?l=www.kermitsson.com'/></div>Kermitnoreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-28585368.post-13381893730978366392009-01-01T20:55:00.005Z2009-01-01T20:58:40.504ZTARTAS CURIOSASTres razones para no perder peso.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SV0uPxQ0GuI/AAAAAAAABZc/6rv5DmaMqy0/s1600-h/tarta1.jpg"><img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 297px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SV0uPxQ0GuI/AAAAAAAABZc/6rv5DmaMqy0/s400/tarta1.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5286432386059606754" /></a><br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SV0uBG6E1EI/AAAAAAAABZU/LO4DgjpHBZA/s1600-h/tarta2.jpg"><img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 289px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SV0uBG6E1EI/AAAAAAAABZU/LO4DgjpHBZA/s400/tarta2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5286432134171776066" /></a><br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SV0t46gnewI/AAAAAAAABZM/ElpUvgPt-Ro/s1600-h/tarta3.jpg"><img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 243px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SV0t46gnewI/AAAAAAAABZM/ElpUvgPt-Ro/s400/tarta3.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5286431993404816130" /></a><div class="blogger-post-footer"><hr />© <a href="http://kermitsson.com">Compadre, cómprame un coco</a> |El texto de este artículo tiene una Licencia Creative Commons. Puedes copiarlo (no para uso comercial), pero tiene que verse que es mío. Ya ves, langrélido que es uno.<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28585368-1338189373097836639?l=www.kermitsson.com'/></div>Kermitnoreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-28585368.post-43020478292599419992008-12-29T07:00:00.000Z2008-12-29T07:00:00.784ZA LAS ORILLAS DE TRÍPOLI<div style="text-align: justify;">Así comienza el último artículo que me han publicado en la revista "Apuntes de la sierra":<br /><br /><span style="font-style: italic;">Primeros años del siglo XIX. Mientras Europa se desangra bajo las botas de los ejércitos de Napoleón, los recientemente independizados Estados Unidos luchan en un teatro de operaciones muy diferente. Aunque la época parece más propia de tramperos y exploradores del Oeste, es entonces cuando, sorprendentemente, las barras y estrellas cruzan armas por primera vez con la media luna. La guerra, entre 1801 y 1805, tiene curiosas resonancias de conflictos posteriores: ciudades árabes bombardeadas, unidades de marines combatiendo entre las dunas del desierto, políticos estadounidenses urdiendo planes para reemplazar gobiernos… En los albores mismos de su andadura, el águila americana muestra sus garras al mundo.</span><br /><br />Si te apetece seguir leyéndolo, puedes verlo <a href="http://www.silvela.org/kermit/cuentos/A%20las%20orillas.pdf">aquí</a>.<br /></div><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SVZicXA2QRI/AAAAAAAABY0/LqXHLSHRLOk/s1600-h/TRIPOLI.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 249px; height: 361px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_h34V_Vqo3t0/SVZicXA2QRI/AAAAAAAABY0/LqXHLSHRLOk/s400/TRIPOLI.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5284519452119286034" border="0" /></a><div class="blogger-post-footer"><hr />© <a href="http://kermitsson.com">Compadre, cómprame un coco</a> |El texto de este artículo tiene una Licencia Creative Commons. 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