tag:blogger.com,1999:blog-282353302009-07-03T14:08:34.528-07:00Testigo Mudo2009Testigo Mudotestigo.mudo@gmail.comBlogger137125tag:blogger.com,1999:blog-28235330.post-84176926356251172752009-05-07T11:26:00.001-07:002009-05-07T11:34:58.151-07:00<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_w23rz3-Hgc4/SgMnzjQ37WI/AAAAAAAAAvg/uMeCmBXzToc/s1600-h/sisters+poster+1.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 338px; height: 311px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_w23rz3-Hgc4/SgMnzjQ37WI/AAAAAAAAAvg/uMeCmBXzToc/s400/sisters+poster+1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5333150150329625954" border="0" /></a><br /><div style="text-align: center;"><span style="font-size:180%;">HERMANAS</span><br /></div><br /><div style="text-align: center;">(La siguiente historia debe entenderse como un texto lineal.<br />Las divisiones son para comodidad del lector)<br /></div><div class="blogger-post-footer">Cronica de las ultimas 35 horas de resistencia, del ultimo grupo de sobrevivientes a la plaga que torno al mundo en un cementerio.
<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28235330-8417692635625117275?l=testigo-mudo.blogspot.com'/></div>Testigo Mudotestigo.mudo@gmail.com0tag:blogger.com,1999:blog-28235330.post-57793762107283568202009-05-07T11:23:00.000-07:002009-05-07T11:34:49.584-07:001<div style="text-align: justify;"><div style="text-align: right;"><span style="font-style: italic;">Now I cry for daylight</span><br /><span style="font-style: italic;">Daylight and the sun</span><br /><span style="font-style: italic;">Now I cry for daylight</span><br /><span style="font-style: italic;">Daylight everyone<br /></span><span style="font-style: italic;">Daylight in my heart</span><br /><span style="font-style: italic;">Daylight in the trees<br /></span><span style="font-style: italic;">Daylight kissing everything...<br /></span><span style="font-style: italic;">Daylight in the fields<br /></span><span style="font-style: italic;">Daylight mountains<br /></span><span style="font-style: italic;">Fire kisses the floor<br /></span><span style="font-style: italic;">Of the lakes and makes shadows...</span><br /><span style="font-style: italic;">You gave me this</span> <span style="font-style: italic;">Your fire becomes a kiss</span>...<br /><br />"<span style="font-weight: bold;">Dayligth and the sun</span>"<br />Anthony and the Jonhsons. <span style="font-style: italic;">The Crying Ligth</span>. 2009.<br /></div><br /><br /><div style="text-align: center;">1<br /></div><br />- Esta decidido. No hay más...-<br /><br />Joan cerró con esa frase el pequeño discurso que, por poco más de veinte minutos, había expuesto con toda dificultad. El reducido público que atendía a sus palabras esgrimía lloriqueos débiles y espasmódicos una y otra vez, y ya sin otra cosa que agregar, el gesto férreo del hombre sirvió como el colofón que dio por terminado el asunto. Todos comprendieron que cualquier otra palabra saldría sobrando.<br />Sin que nadie se diera cuenta del paso real del tiempo, afuera había caído la noche. Su manto protector se cernía invencible sobre toda los rincones internos y externos de la casa en donde, apenas unas cuantas almas, se reunían en lo que debió de ser una sala, pero que por su decoración y salpicado variopinto de muebles podría pasar al mismo tiempo por cuarto de lavado y televisión.<br />Ahora solamente era un enorme espacio sin sentido.<br /><br />Afuera, frente a la casa, un viento más que discreto sacudía levemente los árboles que la cercaban, agitando sus ramas y desprendiendo el seco follaje que en esa época del año, todavía a un par de meses de distancia del invierno, comenzaba a abundar llenado de hojas muertas el suelo, las canaletas, alcantarillas y todos los rincones posibles. Frente a la casa, una colección de Ficus de no más de un metro y medio de alto se sacudían lentamente. Detrás de la misma, había matorrales y un par de rosales; estos también sucumbían al viento y dejaban escapar sus hojas rebeldes hacía la nada.<br />Resultaba ser pleno otoño, pero no uno de esos hermosos que uno puede mirar en postales, llenos de colores cobrizos con tonalidades rojas y azules propios de países en donde no se habla de carestía y pobreza alarmante, sino que aquel era un otoño seco y polvoriento. Una extraña combinación de circunstancias en donde abundaban los insectos rastreros y los continuos descensos de temperatura, tal y como si el clima fuera una vela que se agitara de manera caprichosa e imprevisible ante el soplido de un gigante invisible.<br />La casa, incrustada en el medio de una pequeña área comercial y de descanso para los viajeros, se encontraba sobre la vieja carretera interestatal #55, llamada oficial y solemnemente Carretera Interestatal Doriega, pero conocida simplemente para sus transeúntes comunes como la "55". Dicha carretera atravesaba una interminable llanura desértica a la mitad del país e iba de ningún poblado importante a ningún sitio con relevancia. A los costados del área comercial erigida al lado de tan importante carretera se levantaban dos estaciones de recarga de combustible, una franquicia de Maxi Súper, una veintena de comercios varios -algunos restoranes, dos hoteles de paso, algunas lonjas mercantiles e incluso una dulcería- además varios lotes abandonados. Al centro del área comercial, se encontraban unas quince casas habitadas por los dueños de los comercios, y a unos veinte minutos de distancia, hacía el sur, se encontraba la ciudad de Minas Seroes.<br /><br />Dentro de la casa, en el mismo cuarto donde el hombre férreo que había estado hablando, estaba reunido con su pequeño público, una viejísima máquina lavadora descansaba pegada al extremo derecho de la habitación, introduciendo en la pared una tuberías de cobre romo que contrastaba con todo lo que podía encontrarse a la vista y que, tal y como si fuera el brazo de un espía alienígena metálico y cúbico, permanecía en completo silencio sumido en una sombra tenue y discreta.<br />En el centro del lugar se encontraban dos sillones y una mesa traída del cuarto contiguo - elemento que confundía todavía más la decoración- y que eran ocupadas por la que hasta ese momento se había conocido, ungida por el apellido paterno, como la familia ***.<br />Joan, el padre, miraba a las dos niñas que sentadas atendían con rostros indescriptibles el recién agotado río de palabras que había expresado. Al lado de ellas, en un love seat que había visto mejores épocas, se hallaba una mujer delgada que, imitando un gesto roedor, se había acurrucado por completo en el fondo del mismo, levantando las piernas y escondiéndolas debajo de su cuerpo.<br /><br />- Es lo mejor... Debimos hacer esto hace años...- dijo el hombre interrumpiendo el silencio que él mismo había introducido.<br />- Pero... Papá... Esto no es posible...-<br />- Pilar, esta hecho... Mamá también esta de acuerdo...- contesto imperativamente Joan.<br /><br />La niña se giró y miró a la mujer a su costado. Un gesto helado abundó en su rostro. Ella no era su madre, no hasta que cumplió los cinco años - lo recordaba perfectamente- y ella había llegado a la casa como una extraña intentando llenar un hueco para el que jamás estuvo siquiera capacitada. Pilar recordaba que cuando ella -ahora carecía de nombre, resultaba ser simplemente "ella"- llegó no sabía cocinar nada que requiriera de más de cuatro ingredientes para su preparación.<br />Valiente madre postiza.<br />La mujer guardó silencio y continuó mirando hacía ninguna parte, tan atenta y abstraída al mismo tiempo que la niña tuvo que obligarse a creer que ambas participaban de la misma conversación.<br /><br />- Anda, díselo - dijo Joan comprendiendo que Llura se podría pasar de nueva cuenta la noche entera en silencio- ¡Anda! ¡Di algo!-<br />La mujer no reaccionó. No tenía caso. El asunto estaba ya perfectamente anunciado, explicado y cerrado.<br />Fue Pilar quien arañó el silencio.<br /><br />- Papá, ¿Estas escuchando? ¿Estas ESCUCHÁNDONOS A NOSOTRAS? ¡Tenemos días hablándote a gritos! ¡Ustedes no pueden separarse!-.<br /><br />Ese concepto, SEPARARSE, vibró en el aire por un segundo como si fuera un objeto incandescente que llenara con un zumbido el espacio de aquel salón. Eso era lo que estaba sucediendo y era el principal, único y, seguramente, el último motivo que reunía a la familia. La niña más pequeña, al lado de Pilar, resultaba al momento una mera espectadora de aquel asunto. Llevaba y traía su mirada de un lado a otro, atendiendo a Pilar, a Joan y a la figura de su madre sin participar de cualquier otra manera. Sus ojos llorosos también resultaban ser barreras impenetrables. Ella, a diferencia de Pilar, podía llamarla mamá. Y ahí residía todo el problema. Pilar era hija de Joan, pero apenas "amiga" de Laia, cosa que no había impedido que entre ellas se formara un lazo que rozaba en lo sanguíneo, una especie de buena voluntad capaz de cualquier cosa, y sobre todo, de dolerse hasta la muerte por causa de lo que ahí estaba sucediendo. Se amaban entre ellas como muchos hermanos carnales no lo hacían, con amor de niños que comparten un mismo y único bocado.<br /><br />- ¡No lo permitirán! ¡Nadie lo permitirá!- Pilar casi gritaba al hablar, emocionada, como si repentinamente hubiese dado con algún dato importante, - ¡Nadie permitirá que se separen y lo sabes bien papá...! Hace mucho que tu negocio no avanza, y ella, ella, bueno, nunca ha trabajado en nada... todos lo sabemos... ¿A dónde iríamos nosotras? Las autoridades - ella pronunció tal palabra casi con admiración, con el respeto de quien se juega un importante comodín escondido bajo la manga- vela por el interés de los más pequeños... ninguno de ustedes dos puede cuidarnos, no por separado... juntos pueden tener la posibilidad de...-<br />- ¿Qué? Pilar ¿Dónde escuchaste eso? ¿Quién te ha dicho tal cosa?- Interrumpió Joan.<br /><br />Ella se sonrió internamente y en su exterior alcanzo a definir una ligera mueca de gusto al contestar a su padre.<br /><br />- ¡En la escuela! Lo ha dicho la profesora. Se lo preguntado, yo misma...-<br />- ¿Has hablado con alguien sobre esto, sobre nuestros problemas? ¡Dímelo, inmediatamente!-<br />- ¿TUS problemas? ¡Son mis problemas también! Pregunte por mí, y por mi hermana...-<br /><br />En el love seat Llura se sonrió sin disimulos. Siempre lo había parecido chocante la actitud de esa niña malcriada, llena de iniciativas tontas, o ridículas, y hasta peligrosas; su hija estaría bien lejos de ella, no quería verla crecer rodeada de tal influencia.<br /><br />- Pilar, no quiero que hables de esto con absolutamente nadie ¿Me escuchaste? ¿Lo entiendes? Esto no tiene nada que ver con ninguna otra cosa. No estamos en la pobreza total. Yo tengo algo de dinero, ahorros, estaremos bien... Tú y...- Joan estaba por concluir esa frase, pero repentinamente se contuvo. Dejo escapar el resto de la oración a través de su mirada, contemplando de lleno a Pilar. Todos comprendieron, al menos Llura y, quizá remotamente, Laia. Pero a fin de cuentas Pilar no tuvo que escuchar la frase completa para saber que es lo que estaba diciendo su padre.<br />El corazón se le encendió.<br /><br />- ¿Qué dices? ¿Por qué insinúas algo tan horrible? ¿Acaso no nos quieres? ¿A todos, a las dos, juntas...?-<br /><br />Joan iba a contestar algo, quizá lo correcto, quizá un atenuante a su frase inconclusa, pero sus ojos lo traicionaron nuevamente. Dejo escapar el real reflejo de lo que estaba pensando: "Tu y yo, nada más".<br />Su hija dejo escapar un suspiro inevitable. Joan estaba por decir otra cosa cuando Pilar se levantó de su lugar y caminó a lo largo de todo el cuarto, en escape pleno hacía su habitación. Azotó la puerta detrás de sí cuando se perdió por el marco de la misma dejando a su padre con una frase entrecortada en la boca.<br />Laia se impresionó al borde del susto y comenzó a llorar, momentáneamente en silencio. Ahora si que todo estaba roto. Lo de sus padres, muy bien, pero ¿Pilar? Su reacción la impresionó hasta el límite.<br />Joan agitó la cabeza y se llevo una mano al rostro. Eso era exactamente lo que no quería que sucediera: una escena nerviosa y de tintes más emotivos que racionales.<br />Pero claro ¿Cómo pedirle eso a un par de niñas? Había tenido el cuidado de reunir a todos con delicadeza y expresarse lo mejor que podía hacerlo. No había existido escena de gritos, insultos, llamaradas y cuentas pendientes ocultas por años y que de repente salieran volando por los aires. No hasta el último minuto.<br />Laia se levantó con rapidez y fue hacía su madre. Ella la recibió con un abrazo acogedor. A fin de cuentas, eran la parte más importante de su corazón. ¿Qué podía hacer sino preocuparse por ella? Quizá, también, no resultaba muy pronto como para comenzar a pensar en otra forma de mantenerla a buen resguardo, vestida y con dos comidas diarias en el estómago. Tal vez era momento de ponerse nuevamente "en circulación", si la expresión era válida. Podría comprar algo de ropa bonita y visitar algunos bares de buen gusto; a fin de cuentas, así había conocido en primera instancia a Joan. Laia se separó del abrazo de su madre y corrió entonces tras Pilar. Llegó la puerta de su habitación y entró sin llamar siquiera, cerrando tras de sí tal y como lo había hecho su hermana apenas un momento atrás.<br />Tal y como si Pilar hubiera esperado hasta ese momento, hasta que Laia entrara junto con ella, se escuchó correr el seguro de la puerta, aislando a las dos niñas del resto de la casa.<br />Pilar suspiro y miró de reojo a Llura.<br />Un momento después tuvo el deseo de gritarle, de violentarse con ella.<br />Pero no hizo nada de eso. Ese no era su carácter. Seguir tal sentimiento resultaría una cosa meramente emotiva, de esas de las cuales uno se arrepiente apenas después de haberlas hecho.<br /><br />- ¿Vas a estar ahí tirada toda la noche?- Preguntó Joan, en todo caso.<br /><br />Ella levantó la vista y lo miró sin sentimiento alguno, ni molestia ni aburrimiento ni nada similar. Simplemente lo miró, como a un desconocido que pregunta la hora en un sitio atestado de gente. Luego regreso la mirada sobre de sí misma, sobre sus piernas acurrucadas en el Love Seat.<br /><br />- Carajo... ni siquiera puedes responder una sencilla pregunta...- Joan entonces salio dando grandes zancadas hacía su propia habitación y estrelló la puerta tras de sí cuando entró en la misma.<br />Igual a lo que Pilar había hecho.<br />Llura, sin que le importara en realidad, se sonrió sarcásticamente en medio de la repentina soledad en la que se había quedado. La pequeña era idéntica a Joan en muchas cosas, en más de las que le hubiera gustado aceptar. El mal carácter los unía, sin duda.<br />Solo quedo entonces, ahí, dos habitaciones cerradas y un pequeño espacio abierto, en donde ella se encontraba.<br /><br />- Al menos habrá silencio esta noche.- Pensó Llura mientras se acomodaba nuevamente sobre del sillón. Pasar la noche ahí no era lo peor que le podría suceder, estaba segura.<br /><br />Afuera, el viento seguía sacudiendo los árboles y desgranado las ramas de los árboles. En algún momento, el aullar de un perro comenzó a recorrer el aire a la distancia. El animal parecía estar sufriendo, de hambre, o al menos de frío. Ese anticipado invierno hacía de las suyas sobre las calles, desparramando toda clase de cosas en todas partes. Quizá complicaba también la búsqueda de comida del animal. La gente sacaba la basura de sus casas hasta la mañana, cuando el frío y el viento habían desaparecido.<br />Así eran las malas temporadas: todo salía, pues, sencillamente mal, y así seguía. No había excepciones a la regla, y en lo referente al ulular del invisible perro hambriento, Llura pensó que así seguiría, al menos hasta donde podía escucharlo.<br />Ella lo escuchó durante un buen rato, un par de horas quizás, ya entre sueños, cuando al fin se quedo dormida un rato después, pensando en qué tipo de vestido seria conveniente comprarse primero, si algo discreto, negro, o algo más jovial, un vestido rojo quizá; ¿Qué le gustaba a los hombres en esta época del año? Bueno, con un buen vestido, sobre todo corto, por encima de la rodilla, nunca podría equivocarse. Lo único que restaba por solucionar era como explicarle a Laia, y al supuesto hombre que pudiera conseguirse, la existencia de la contraparte en esa ecuación.<br />Bueno, quizá eso tampoco importaba.<br /><br />Poco después una burbuja de sueño descendió sobre la casa y todos sus habitantes permanecieron tranquilos hasta poco antes del amanecer pleno, sin mayor contratiempo que el de un denso murmurar en la habitación de Joan y algunos sollozos en la habitación de las niñas.<br /><br />Ahí, donde se encontraba una litera que compartían Pilar y Llura, las cosas resultaban un tanto diferentes a la calma que se apreciaba en la habitación de Joan y en el espacio donde permanecía Llura; esa noche las dos habían dormido en la cama inferior de la litera. Laia no se movía, dormía plenamente, pero Pilar era caso aparte.<br />Un destello de luz se colaba ya por las ventanas y la descubría despierta. Ella no sabía que día era, ni le importaba. Solo contaba que a partir de la noche anterior, los días en que podría dormir - tal y como lo habían hecho, rodeada y abrazando a su hermana- estaban contados. La había convencido sin problema de dormir juntas; se habían acurrucado amorosamente en una revoltura de sabanas y almohadas, la contra la otra, percibiendo, quizá en la espalda, o en un brazo, incluso en una pierna, el respirar de la otra.<br />Aquella había parecido una amorosa escena animal, quizás la de una camada de pequeños y hermosos roedores en el fondo de una tibia madriguera en el bosque.<br /><br />Algo tenía que suceder, en definitiva, que impidiera que las separaran. Ese fue el deseo tácito expresado durante aquella larga noche.</div><div class="blogger-post-footer">Cronica de las ultimas 35 horas de resistencia, del ultimo grupo de sobrevivientes a la plaga que torno al mundo en un cementerio.
<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28235330-5779376210728356820?l=testigo-mudo.blogspot.com'/></div>Testigo Mudotestigo.mudo@gmail.com0tag:blogger.com,1999:blog-28235330.post-36153289078928963702009-05-07T11:22:00.000-07:002009-05-07T11:34:36.890-07:002<div style="text-align: justify;">Pilar había permanecido despierta durante horas, a ratos mirando detenidamente a Laia; en otros momentos, descubriendo que dormitaba levemente y obligándose a seguir atenta, como si con eso pudiese encontrar una salida a tal encrucijada.<br /><br />- ¿A quién podría recurrir?- Se dijo a sí misma en voz tenue, como la que usaría en una tarde calmada, hablando con alguien que estuviera muy cerca de ella. Inmediatamente supuso que no había respuesta fácil a tal pregunta. Las dos figuras más emblemáticas que existían en su entorno, su padre y Llura, no eran opciones a considerar. Eran en si mismos el problema.<br />Suspiró en varias ocasiones, topándose una y otra vez con la misma puerta mental cerrada.<br />Se levantó entonces, con suavidad, deseando no importunar a su hermana. Puso los pies en el suelo y una ráfaga de frío proveniente del suelo le recorrió las piernas. Estaba descalza. La noche anterior se había puesto una pequeña bata que usaba para dormir y Laia le había seguido en ponerse su pijama habitual. Aquellos rasgos comunes les dieron un poco de confianza; la pequeña rutina les había ayudado a sobrellevar por un segundo más todo aquel asunto.<br /><br />Avanzó por el cuarto, caminado un poco sin sentido, hasta que muy pronto fue atraída a la ventana de la habitación. A través de esta pudo mirar rastros de la noche que aún se desvanecía lentamente. Un cúmulo de nubes a la distancia comenzaban a reflejar las primeras tonalidades del sol por debajo de la línea del horizonte; las nubes adquirían un grosor anaranjado, contrastado con su esencia grisácea, y daban la impresión de seres vivos que abandonaran un letargo inducido por la fría mañana. En el primer plano inferior de la vista, la carretera y las construcciones cercanas del área comercial, además de un pequeño edificio a unos quinientos metros de distancia, propiedad de industrias Prixamar, permanecían en silencio, todo envuelto todavía de penumbra.<br />Alta, comenzando ya a desvanecerse, seguía la luna, estacionada aún en un punto claro cercano al medio día.<br />Pilar la miró detenidamente durante algunos minutos. Muy pronto percibió el frío colándose a través de los cristales sin recubrimiento térmico. Chasqueó lo dedos de los pies inconscientemente, buscando calentarlos al mismo tiempo que se cruzó de brazos frente a la ventana en un movimiento involuntario. En el exterior de los cristales se asentaba un pequeño rocío que amenazaba con formar pequeños cristales de hielo en cualquier momento.<br />Sin prestar demasiada atención a lo que podía ver, Pilar se enfocó y deseo infantilmente hablarle a esa luna, contarle sobre aquel asunto, y recibir un consejo de su parte, cualquier posible respuesta. Le parecía señal de una sabiduría más alta, de una capaz de cosas poderosa, incluso de atisbar sobre ella, una pequeña niña, y prestar atención a su pequeña voz congelada.<br /><br />- Haz algo, por favor... Mantén unida a mi familia... - dijo casi sin saber que lo estaba haciendo- Pero sobre todo, aún sobre mis padres, no permitas que me separen de mi hermana...-<br /><br />"Aún sobre mis padres". Esas pocas palabras estaban llenas de verdad, poderosas en su propio contexto. Si hubiera podido escoger, al menos tener la oportunidad de expresarlo como un deseo, sin dudarlo se hubiera decantado por la compañía inamovible de Laia por encima de la de Joan y Llura. No podía evitar anidar un sentimiento ligeramente oscuro y apesadumbrado en torno a los dos adultos, situación que convertía la cercanía de su hermana en algo brillante y preciado.<br />Quizá, llegó a pensar sin llegar más lejos que eso, estaba alimentando algún tipo de resentimiento en contra de sus modelos y protectores. Si así era, no le importaba demasiado seguir haciéndolo. Era sincera, no podía evitarlo.<br /><br />Detrás de ella, en la cama, hubo un movimiento. Era Laia, que despertaba en ese momento por causa de la voz de Pilar. A mitad de camino entre la realidad y el sueño, la miro detenidamente, sin saber a cuál mundo pertenecía. La reconoció un segundo después, y miró como ella se había alejado hacía la ventana y ahora parecía hablar con alguien. Laia no hizo nada, sino quedarse quieta observando a su hermana. Escuchó lo que decía y estuvo de acuerdo en su interior. Nunca había tenido, no como ahora, la sensación de tener una hermana mayor y lo que eso significaba: protección, un espacio en donde apoyarse, y sobre todo, alguien a quien recurrir incluso con la más pequeña de las preguntas esperando una buena respuesta.<br />No podía ser de otra manera.<br />Se despertó del todo un minuto después, cuando Pilar regresaba ya a la cama y se fundía en un fuerte abrazo con ella.<br /><br />¿Qué clase de deseo podía cumplir la luna? Pensó Pilar mientras sollozaba quedamente sobre del cabello de Laia, y esta hacía lo mismo. ¿Cómo podría materializar su ayuda? Era un bonito deseo, un pensamiento muy alto, pero quizá también fuera mera fantasía, un desesperado suspiro emocional.<br />Alguien entonces interrumpió aquellos pensamientos. Ese alguien tocó a la puerta, del otro lado de la habitación de las niñas.<br /><br />- ¡Pilar! ¡Ven, por favor! ¡Rápido!- . Era Joan, su padre.<br /><br />La jovencita no contestó, sino que redobló la fuerza del abrazo que la estrechaba con Laia. Se sacudió con cada golpe sobre la madera de aglomerado. Llegó a pensar que él entraría y se la llevaría por la fuerza. ¿Se aferraría con suficiente fuerza a Laia? Tendría que intentarlo al menos, luchar lo suficiente.<br />Pilar no atendió, sino que permitió que Joan siguiera llamándola, cada vez con un tono de voz menos paciente y amigable. Así continuo quizá por unos quince minutos más, hasta que Joan terminó, evidentemente molesto, por alejarse de ahí.<br /><br />El sol continuó su recorrido y muy pronto amaneció. Afuera, sobre los cielos, el astro permaneció durante todo el día impávido, mudo.<br /><br />Pilar y Laia no asistieron a la escuela, y nadie pareció interesarse en ello. Desde temprano se perdieron entre los locales del área comercial, visitando a sus pocos amigos disponibles. Luego, comieron en casa de una amiga de la madre de Laia y pasaron las primeras horas de la tarde en el área de juegos - un terraplén de un par de kilómetros de extensión con algunos juegos infantiles y una burda cacha de fútbol- en la zona posterior de la breve comunidad.<br />Ya luego, tras asegurarse de que podían hacerlo sin alguna clase de interrogatorio de por medio. regresaron a su casa. Un par de horas después, del cuarto de ambas, en donde se habían autoexiliado, procedían solo balbuceos.<br /><br />La parte final de la tarde había transcurrido calmada, casi en completo silencio.<br />Dentro de la habitación, las pequeñas se encontraban dentro de una extraña esfera, una que los mantenía en un ánimo lento, como presas de un cansancio que bordeara los linderos de lo triste. Conversaban someramente, como deseando tender puentes entre ellas, evitando que el silencio aislara a una de la otra.<br />Mientras conversaba con Laia, Pilar recordaba también una conversación padecida con su padre algunos días atrás.<br />- Nadie se ha muerto por que su familia se separa- , había dicho él cuando aquella conversación comenzaba a palidecer en medio de su inevitable conflicto emocional. Ella enjuagándose las lágrimas, por causa de lo hiriente de esa y otras frases de Joan, recriminó "llorar no por temer a morirse, sino por ver como la estabilidad que ella conocía se diluía entre sus dedos". Y recriminaba llorar porque en la nueva realidad que le tocaba afrontar, se quedaba nuevamente sola. Joan intentó abrazarla, decirle que él estaría siempre con ella, que la soledad no era una posibilidad. Ella, claro, lo rechazo tajantemente. Él había sido, antes, de mamá; después, de un par de mujeres que ella apenas y había conocido, y por último, le había pertenecido a la estúpida de Llura. Ella en sí misma, hasta ahora, solo le pertenecía a alguien más, a Laia. Y ahora las separarían para siempre.<br />Luego había tenido que correr de su padre, escapar de Joan, hacía cualquier parte.<br />Y ahora lo hacía de nuevo, solo que en pensamientos y en el breve espacio de aquella habitación.<br />Desde afuera de la habitación, en algún momento, Pilar les había hecho saber que iría a la ciudad, y que Laia le acompañaría. Tenían algunas cosas que arreglar, asuntos legales, y que regresarían hasta la noche. El tono de voz de Joan, duro, inflexible, no dejaba lugar a dudas. Los dos adultos irían a la ciudad a realizar exactamente eso, algo legal, no a intentar revivir cualquier clase de "chispa" o de cordialidad entre ellos. Las niñas no debían de ilusionarse con eso, como ya había sucedido en su momento. El asunto sencillamente respondía a estímulos fríos y necesarios, nada más.<br /><br />Ya solas en la casa, la tarde siguió diluyéndose en medio de aquella pesada atmósfera hasta casi tornarse en noche, al tiempo que ellas jugaban brevemente, como si de momento consiguieran olvidar lo penoso de su situación, o al menos lo intentaran. Un par de muñecas baratas y un auto convertible que difícilmente ajustaba al tamaño de las mismas se paseaban entre sus manos, al tiempo que ambas improvisaban diálogos sobre una supuesta visita a la cuidad que disfrutaban sus ficticios personajes. Por la ventana de la habitación se colaban las últimas trazas de luz del día que se extinguía. La noche lo era ya en muchos sentidos. Afuera, parvadas invisibles de pajarillos susurraban quedamente entre el follaje de los árboles, anunciando que se disponían a dormir. El transito y sus bramidos, en la 55, comenzaban a disminuir, transformándose en la simple imagen mental de un arroyo de luces y sonidos motorizados.<br />Las niñas permanecían sin encender la luz, requiriendo acercarse en un par de ocasiones a la ventaba para seguir con su juego lleno de murmullos. De vez en vez miraban hacía afuera sin buscar nada en particular. Pilar, atendiendo muchos detalles al mismo tiempo, se concentraba levemente en la blanca y poderosa luna que se catapultaba ya por las alturas, invencible a pensar de la temprana hora. Ella recordó la pequeña oración que había levantado la noche anterior, ese "Mantén unida a mi familia... aún sobre mis padres..." que había dejado salir de sí misma con toda la sinceridad y denuedo que conocía. La frase le parecía todavía correcta; el sentimiento, había crecido.<br />Permanecieron así, juntas, hasta que anocheció casi por completo.<br /><br />- Pilar, mira, ¿Ves eso?- Laia señaló algo a la distancia; un algo que Pilar no había podido mirar de tan concentrada como estaba en la blancura de la luna, en todo y en anda al mismo tiempo. Giró su vista, y, sí, claro que lo vio. Recortada su visión por el marco de la ventana, muy por encima de la perspectiva en la cual podía ver el contorno del edificio de Prixamar, algo parecía flotar en el aire a una altura indecible. No era algo físico, material, y tampoco era un efecto normal del oscurecimiento. Sobre todo, era inmenso. Ahora podía mirarse, pero resultaba seguro que conforme desapareciera la última traza de luz, se confundiría con la noche hasta volverse invisible.<br /><br />- ¿Que es?- preguntó Laia, quien nunca había visto nada similar. Pilar no supo responderle en primera instancia. Tampoco había visto nada semejante, pero, solo como marco de referencia descriptivo, no porque fuera tal cosa, le pareció una ola, una inmensa ola que surcara los cielos, de un extremo al otro del horizonte. Algunos años atrás había pasado una temporada vacacional en las playas de Baltenerra, en compañía de su padre. Recordaba como en el sitio justo en donde el horizonte se convertía en océano, inmensas olas, lejanísimas, aparecían y desaparecían lentamente. Quizá cada una de ellas tuviera diez o quince kilómetros de extensión, sucediéndose con toda frecuencia. Parecían ser cosa de otro planeta, u otra dimensión. Pilar pensaba que debía producirse algún ruido al golpear toda esa agua en contra de sí misma, pero como no se sincronizaban con ninguno de los ruidos circundantes, adquirían un aire etéreo aún más marcado. Y de igual manera sucedía con eso que flotaba en las alturas, con esa inmensa ola que flotaba desde donde podían ver y que parecía acercarse cada vez más hasta su punto de referencia. carecía de sonido y aunque la veían moverse, parecía estática al mismo tiempo. Avanzaba con extrañeza y parecía no poder sincronizarse con nada a su alrededor. Daba la impresión, completamente, de estar fuera de contexto<br /><br />- Pilar ¿De que estará hecha esa cosa?-<br />- ¿La ola? A eso te refieres - Pilar respondía presa de sus propios pensamientos-, de agua, de vapor, como todas las nubes...-<br />- Y de oscuridad...- Completó Laia.<br /><br />Si, claro. Aquella cosa que avanzaba lenta y calladamente parecía, además estar hecha de oscuridad. Tenía un color negro de tonalidad penetrante, como el que adquieren las nubes cuando se formaban tormentas en esa parte del estado, en agosto o septiembre. Las nubes de tormenta eran densas, pesadas y regularmente brillaban desde sus entrañas por causas de los relámpagos que anidaban. Pero esa ola inmensa no parecía tener tales características, ni densa ni pesada. Por el contrario, daba la impresión de ser ligera, quizá apenas como una delgada capa cósmica que comenzara a cernirse sobre todo.<br />A la lejanía, en donde la noche resultaba ser ya plena, las luces de la ciudad se encendían y dotaban de un ambiente más amable a la vista.<br />Muy pronto oscureció y la ola celeste se perdió de vista por completo. Lo que habían visto les había parecido algo propio de las noticias de las diez en la televisión. Algún fenómeno que no pasaría desapercibido por el canal, lo mismo que los halos solares y las intensas oleadas de calor que de vez en cuando se reportaban sin falta alguna.<br />Era algo, además, que bien podía haber sido producido por la luna. Algún efecto similar a las mareas altas.<br />O a las plegarias contestadas.<br /><br />- Debe de estar sobre nosotros, ahora- , pensó Pilar poco después. La había visto moverse cubriendo el horizonte y supuso que su trayecto, según la velocidad con que se movía, había sido completado sobre la totalidad del cielo. Laia le confirmó tal pensamiento cuando interrumpió sus pensamientos y señalo la ventana.<br /><br />- Mira, también le ha afectado.-<br /><br />Laia indicaba con sus pequeños dedos la ubicación de la luna en las alturas. Era como mirarla a través de un filtro que consiguiera alterarla. El cuerpo celeste había adquirido un tono amarillento, difuso. El mapa selenita había desaparecido casi por completo, reduciéndose apenas a manchones sin sentido. Pilar pensó que algo estaba mal en todo eso. Quizá la ola que habían visto fuera alguna clase de contaminante, alguna sustancia que hubiera escapado de alguna instalación fabril y que ahora estuviese dañando la atmósfera sobre de ellas. No sintió miedo, pero inmediatamente tuvo precaución. ¿Y si era algo que dañase al ser respirado? ¿O con capacidad de quemar, por ejemplo, la piel o los ojos?<br /><br />- Laia, alejémonos de la ventana...-<br />- ¿Por qué? ¿Hay algo malo...?-<br />- No lo sé... solo aléjate...-<br /><br />Las niñas se acercaron a su litera permitiendo que la luz de la luna que se colaba por la ventana formara un rectángulo de luz sobre del oscuro suelo de la habitación. Se sentaron sobre la cama inferior y desde ahí miraron como aquella luz parecía tener una coloración además azulada, a pesar del tono amarillento de la luz expedida por el astro. Era un tono como el de neblina.<br />Si, exactamente, como el de un banco de neblina que filtrara la luz del alumbrado de la carratera.<br /><br />- Presta atención...- dijo Pilar. El aire afuera de la casa estaba volviéndose denso, pesado, tal y como sucedía cuando en los días de invierno la temperatura descendía dramáticamente al anochecer y se formaban bancos de humedad provenientes de los terrenos con vegetación alrededor de la casa. Pero no se sentía frío, no como el necesario para que apareciera tal cosa.<br />Todo aquello era completamente inusual.<br />Muy pronto y para sorpresa de ambas, una densa nube de rocío se manifestó del otro lado de la ventana. Las cosas en el exterior apenas podían mirarse, envueltas en la humedad pulverizada que flotaba por todas partes, recreando en apenas momentos después una espesa cortina de aquella neblina tan anticipada.<br /></div><div class="blogger-post-footer">Cronica de las ultimas 35 horas de resistencia, del ultimo grupo de sobrevivientes a la plaga que torno al mundo en un cementerio.
<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28235330-3615328907892896370?l=testigo-mudo.blogspot.com'/></div>Testigo Mudotestigo.mudo@gmail.com0tag:blogger.com,1999:blog-28235330.post-89216328582778876002009-05-07T11:21:00.001-07:002009-05-07T11:33:52.618-07:003<div style="text-align: justify;">Aún la luna vencía someramente la densidad de aquel fenómeno iluminando febrilmente el interior de la habitación. Pilar se llenó de curiosidad y lentamente, sintiendo como Laia luchaba por no soltarla, se levantó de la cama y se acercó nuevamente al marco de la ventana. Afuera, el mundo había cambiado por completo. Todo se había vuelto oscuro, denso. La neblina flotaba alrededor de todas las cosas y las difuminaba de manera increíble. Ella jamás había presenciado algo similar. No había indicio alguno que le indicara en dónde había estaba la vieja carretera, todo estaba borrado. A la lejanía, entreveía una luz roja parpadeante que señalaba la ubicación del edificio de Prixamar a la distancia. Supuso mirar las luces de algunas de los comercios alrededor del edificio, pero no podía estar segura. En su mismo jardín, frente a la casa, todo estaba transformado. La vegetación parecía haberse derretido y fundido los ficus con la crecida maleza. De entre las ramas fluía un movimiento continuo de neblina y todo estaba oscurecido. El suelo parecía haber adquirido una tesitura muy diferente, lechoso, como si estuviera conformado de fango. Los árboles repentinamente resultaron tétricos, amenazantes. Pilar pensó, sin saber exactamente el por qué, le pareció que solo restaba que en algún lugar de su propio jardín apareciera algún conjunto de lápidas para creer del todo que se encontraba en tierra maldita, en los linderos de un cementerio a media noche.<br />A la distancia, se levantó un sonido sin forma que Pilar logró reconocer solo hasta escucharlo un par de veces. De un vibrar atenuado y frío, el sonido se transformó en el lastimero aullido de aquel animal en sufrimiento que había rondado por ahí cuando menos desde la noche anterior. Pilar se sacudió sin poder evitarlo. Era la segunda noche que podía escucharlo; el mismo animal había estado presente cerca de su casa, tal vez del otro lado de la 55, ya durante demasiado tiempo. Desde la noche anterior, después de haber escapado de sus padres, refugiándose en su habitación, lo había percibido. Pensó en el porqué ese animal seguía vivo; suponiéndolo victima de algún tipo de accidente, y le impresionaba que ese "perro" -así contextualizaba la fuente del sonido- permaneciera aún en agonía.<br />Una vez había visto como un perro labrador terminaba de morir en manos de su dueño, un hombre alto que había hecho parada cerca de su casa, en el restaurante de comida rápida. El animal había descendido del auto al lado de su amo, y quizá desconocía los peligros de juguetear cerca de la carretera, ya que no pasaron más de dos minutos de jugueteos y pequeñas incursiones curiosas del animal antes de que un auto a toda velocidad en sentido de la ciudad lo arrollara y le destrozara casi todos los huesos y órganos de la cadera hacía abajo. "No había nada que hacer, sino esperar", había dicho su padre cuando se enteró de aquello y salio de su local a echar un vistazo. Ella se había asustado bastante. El sonido del golpe entre el vehículo -que no se detuvo siquiera a mirar- y el animal había sido como el de un costal lleno de alimento que hubiera caído a gran velocidad sobre un montón de metales esparcidos por el suelo. Joan extendió sus condolencias al hombre cuando ayudaron al labrador a dejar de sufrir; Pilar pensaba que ese era un término demasiado benévolo para lo que en verdad sucedió al mezclar un poco de habilidad, una bolsa de plástico y algo de corazón frío.<br />- No hay nada que hacer-, pensó ella en ese instante, escuchando al perro en las afuera de su casa, reviviendo la frase de su padre.<br /><br />El aullido a la distancia incremento su fuerza, como si el imaginario perro en agonía hubiera encontrado su segundo aire e intentara levantarse sobre del pavimento ensangrentado, buscando el camino a casa.<br />Pilar intentó recrear la situación del animal según la intensidad de sus aullidos. Mentalmente lo miró padecer y temblar sobre sus piernas, pero poco a poco, según lo que escuchaba, no tuvo más remedio que imaginárselo recobrar fuerza y empeño. Muy pronto los aullidos no fueron más débiles, sino que resultaron bravíos y hasta vigorosos. Pilar pensaba ya en aquel animal como algo que estaba creciendo de la nada, volviéndose una montaña de músculos y temblores. Dos minutos después los sonidos se habían vuelto un rugir volcánico, una llamarada que parecía desgarrar la garganta que los estaba produciendo.<br />Al tiempo que la neblina parecía volverse más densa y la noche más oscura, los aullidos se transformaron en algo brutal. Ya para cuando Laia se acercó a ella, visiblemente asustada, el sonido era sencillamente aterrador.<br /><br />- Pilar ¿Qué es eso? ¿Que hay allá afuera...?<br />- No lo sé, suena como, como...-<br /><br />Una nueva explosión de rabia interrumpió a Pilar. Ya aquello no era un aullido solamente, sino un rugido que traspasaba todo, debilitando la fortaleza de cualquiera que lo escuchara. Las niñas se abrazaron inconscientemente.<br />Entonces el rugido transformo al animal que Pilar tenia en mente.<br /><br />Dejo de ser un perro, según lo que estaba escuchando.<br />Se transformó, inevitablemente, en un lobo.<br />Un maligno lobo, enorme y brutal.<br /><br />La luna en las alturas brillaba con toda intensidad. Continuaba envuelta en un tono amarillento, tendiente al anaranjado, difusa y estaba rodeada de nubes. permanecía quieta, como observándolo todo, tratando de adivinar qué es lo que sucedería a continuación.<br /><br />Los aullidos entonces dejaron de provenir solamente del otro lado de la 55. Una nueva fuente de aquel brutal sonido provino de una distancia diferente, una que quizá estaba mucho más lejos de la casa. Y luego, apareció una más, y luego, dos o tres más en diferentes puntos, y a juzgar por el sonido y su intensidad, muy separadas las unas de las otras. Pilar no supo interpretar aquello de momento, y Laia no le ayudó a conseguirlo. Se aferró a ella con las uñas cuando una nueva explosión de aullidos se manifestó en algún punto indecible alrededor de la casa, esta vez, abrumadoramente cercana.<br />Pilar iba a decir algo, cualquier cosa cuando, tan cerca de la ventana como estaban, vieron correr aquello a la distancia.<br /><br />De alguna manera, frente a la casa, sobre la 55, notaron que algo se movía a toda velocidad. No era un auto, tampoco una persona. Pero tenía el tamaño de lo primero, quizá el de un Buick compacto o el de un viejo Peugeot 110. Y también tenia la forma de lo segundo. O casi. Avanzaba dando grandes zancadas, golpeando con los pies desnudos el suelo, apoyándose sobre las palmas de las manos para contrarrestar los tremendos impulsos de sus piernas, tal y como lo haría un canino al avanzar corriendo. Pilar y Laia lo miraron un segundo sin reacción alguna pero apenas sucedió el primer contacto, ambas se paralizaron ante tal imagen. Cuando aquella cosa cruzó exactamente frente a la casa, la luz del alumbrado lo reveló con detalle. Estaba cubierto de un pelaje largo y parduzco que a pesar de su dureza, no alcanzaba a esconder del todo la masa de músculos que estaban cubriendo. Era horrible, asqueroso. parecía un perro al cual le hubieran reventado el hocico y que sangrando avanzara buscando su venganza ultima. Las niñas estaban demasiado lejos para mirar un último detalle, pero ambas, al mismo tiempo, aún creyeron observarlo: los ojos de aquella cosa brillaron debajo de la luz de neón proveniente de la marquesina de uno de los restaurantes, lanzando un destello demencial. Percibieron toda la frialdad del mundo, un sentimiento helado, completamente inhumano e irracional. Esa cosa se perdió de vista en apenas un momento y las niñas no pudieron evitar que un grito anidara entre ellas. De inmediato algo más fuerte que su sorpresa llevó a Pilar a salir de la habitación y a entrar corriendo en la de su padre. Pilar bien sabía que ni Joan ni Llura estaban en la casa, pero no los estaba buscando a ellos, sino la continuidad visual de la ventana en el cuarto de los adultos.<br />Alcanzó la cornisa y consiguió mirar aquella cosa de nueva cuenta. Se movía a toda velocidad siguiendo la ruta de la 55, como avanzando sobre de ella en dirección de las montañas. Iba recta sobre la línea amarilla intermitente que delineaba un carril de otro. Pilar no sabía que pensar, esa cosa no se parecía a nada que hubiera podido siquiera suponer con anterioridad que existía. Sus pensamientos bullían sin control y no fue sino hasta unos pocos segundos después, cuando se topó con un referente conocido y comprensible, que comprendió que lo que estaba mirando era real. A la distancia brillaron las luces de un vehículo que se acercaba a ellos. Pilar pensó, cuando vio aquellas luces, las cuales reconoció como un transporte pesado, que la criatura que se movía frenéticamente por la carretera desaparecería como por arte de magia, contraponiendo su naturaleza irreal en contra de un objeto que tenia sentido para ella.<br />Pero no sucedió eso. La criatura no desapareció. Sino por el contrario, se manifestó con mayor intensidad. Pilar miró como aquella cosa se contrario y cambio su actitud física; seguramente acababa de descubrir las luces del vehículo que se acercaba velozmente y de inmediato se levantó sobre sus patas traseras, como un perro que espera recibir un bocadillo de manos de su después de realizar un complicado truco.<br />La criatura entonces aulló, con toda su fuerza, poniendo de manifiesto la fuerza brutal contenida en su complexión. Una serie de cadenas de músculos se marcaron por toda su fisonomía al tiempo que extendía su cuello estirando su cabeza al aire, violentando su apariencia al hacer patente su hocico enorme y lleno de colmillos. Dio la impresión, en suma, de estar retando a la fuente de las luces.<br />- Acércate, pelea conmigo...- parecía expresar.<br /><br />- Es... un lobo... un lobo... hombre... - susurró Pilar inmediatamente, sin poder creer en sus mismas palabras y recordando a la vez las imágenes que había visto sobre tales criaturas en televisión. Frente a sus ojos desfilaron largos hocicos afilados, ojos amarillentos destilando rabia y cuerpos que mezclaban lo canino con lo humano. Se llevó las manos al rostro y retrocedió un paso. Escuchó que Laia lloraba en su habitación llamándola casi a gritos, pero no hizo nada, no podía hacer nada. Se limitó a quedarse viendo lo que allá afuera estaba sucediendo.<br />El pesado transporte que se acercaba por la 55 no tardó en dibujarse con claridad. Era un trailer propiedad de Prixamar. En la parte trasera del vehículo, una cúpula de acero inoxidable brillaba reflejando el alumbrado público a los costados de la carretera. Quizá el hombre que lo conducía no se percató de la presencia de la criatura hasta que fue muy tarde, o quizá, si la percibió desde el principio, no dio crédito a lo que sus ojos estaban mirando. Mediaban entre ellos quizá no menos de cincuenta metros cuando aquella bestia se impulsó sobre sus patas traseras y dio un salto enorme en dirección del trailer. Golpeó el asfalto unas tres o cuatro veces y lanzando un alarido final, se abalanzó sobre el frente del transporte, justo donde el hombre que conducía permanecía atento e incrédulo al mismo tiempo. Solo un segundo antes del impacto, pudo reaccionar. Dio un giro al volante, intentando evadir a la bestia que saltaba directamente en su contra, pero resultó ser demasiado tarde. El animal se estrelló en contra de los parabrisas, haciéndolos estallar en un millón de violentas astillas de cristal y se incrustó justo en el lugar donde antes había estado la imagen del conductor. Lanzó su hocico abierto y sangrante y alcanzó en una centésima de segundo la carne del hombre quien gritó en ese preciso momento.<br />El transporte giró violentamente como presa del horror que envolvió la escena y no dejo de hacerlo mientras el animal sacudía violentamente su cuerpo expuesto, agitando sus mandíbulas, seguramente destrozando al conductor, quien, seguro, aún podía sentirlo todo. El trailer entonces rechinó y comenzó a colapsarse por el giro que estaba realizando. Pilar lanzó un alarido cuando vio que el vehículo comenzaba a levantarse del suelo y retrocedió violentamente cuando lo miró que comenzaba a volcarse de lado, perdiendo todo equilibrio.<br />La bestia seguía clavada en el frente de los parabrisas, mordiendo y aullando espasmódicamente, y no fue hasta que el transporte volcó en medio de una explosión de sonido que se liberó. La fuerza del impacto hizo volar por los aires a la criatura, que salio despedida con el hocico ensangrentado. El vehículo avanzo siguió moviéndose erupcionando chispas y reventando su estructura. Entonces Pilar vio como el trailer se abalanzó con toda su inercia en contra de los primeros restaurantes y comercios del área comercial. Solo tardó un par de segundos en impactarse en contra de la gerencia y el pequeño edificio a su lado. Se incrusto en ambos, casi desapareciendo al instante en las entrañas de concreto y plafón. Pilar gritó y salio corriendo de la habitación de sus padre y alcanzó a llegar al lado de su hermana cuando un brutal terremoto las hizo caer a ambas, aferradas la una a la otra. Afuera, se hizo de día por un segundo. La explosión sacudió el suelo e ilumino todo a su alrededor. Muchas cosas cayeron sobre ellas: objetos provenientes de los closets, artículos que resbalaron y rodaron hasta ellas. Del techo se soltaron largas trazas de recubrimiento y en la ventana se reventaron algunos cristales.<br />Ambas gritaron y se abrazaron al momento de caer y rodar por el suelo.<br />Una corriente de aire caliente llenó de inmediato la habitación y el resplandor de fuego las ilumino desde afuera. El trailer debía de haber estado trasportando alguna especie de gas flamable, era seguro, de otra manera no se explicaría la reacción tan violenta y rápida.<br /><br />- ¡Pilar! ¿Qué sucede?- gritaba Laia cuando pudo escuchar de nueva cuenta. No supo que responderle. No lo sabia, podía jurarlo, no lo sabía.<br />Entonces, afuera, se escuchó un nuevo aullido. Con más fuerza que los anteriores. No de fuego y destrucción esta vez, sino de horror.<br /><br />- Es una de esas cosas- reaccionó Pilar, - y esta cerca...-<br /><br />Tenía razón. El sonido no había venido de muy lejos; al menos, no de más allá de su propio jardín. Se estremeció sin poder evitarlo. La imagen de aquel monstruo en la carretera era lo peor que jamás había pensado mirar, y algo muy dentro de ella supo que, a tan solo unos cuantos metros de distancia, otra de esas cosas estaba asechando, y quizá no era solo una. Recordaba haber escuchado por lo menos cinco o seis diferentes aullidos. ¿Las habrían detectado? Es decir, ¿Aquellas cosas sabrían que existían dos niñas al interior de la casa? ¿Tenía alguna manera de saberlo?<br />En ese momento se escuchó afuera de la casa un chillido trepidante, seguido por una repentina iluminación artificial. Pilar demoró un segundo en reconocer aquello, pero casi de inmediato supo de que se trataba aquello.<br /><br />- ¡Vamos! ¡Laia, vamos, rápido!- , grito Pilar a su hermana.<br /><br />Un vehículo, la vagoneta de Joan, se estacionó violentamente frente a la casa. Las niñas se levantaron del suelo, en donde formaban todavía una extraña especie de ovillo y se acercaron tambaleantes a la puerta de la habitación. En la planta de abajo se escuchó la puerta abrirse de un solo golpe, seguido de inmediatamente por pisadas rápidas y pesadas.</div><div class="blogger-post-footer">Cronica de las ultimas 35 horas de resistencia, del ultimo grupo de sobrevivientes a la plaga que torno al mundo en un cementerio.
<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28235330-8921632858277887600?l=testigo-mudo.blogspot.com'/></div>Testigo Mudotestigo.mudo@gmail.com0tag:blogger.com,1999:blog-28235330.post-82840129550554720032009-05-07T11:16:00.000-07:002009-05-07T11:33:36.916-07:004<div style="text-align: justify;">- ¡Pilar! ¡Pilar! ¿Dónde estas?- Era Joan, y su voz sonaba urgente e indecisa.<br />- ¡Aquí! ¡Papá! ¡Aquí estamos! ¡Arriba!- Joan las ubicó y corrió de inmediato por las escaleras. Cuando las encontró, se lanzó hacía ellas en un abrazo desesperado.<br />- ¡Pequeña, pequeña! ¿Estas bien?- Su voz era una ráfaga de emociones punzo cortantes. Aunque abrazaba a ambas, se refería a Pilar con desesperación, como si, sobre todas las cosas posibles esa noche, hubiese temido no volver a verla de nuevo.<br />- ¿Y mamá?, Ella ¿Dónde esta?- preguntó Laia en medio del abrazo que se le prodigaba, mientras comenzaba a escaparse del mismo como en busca de su respuesta. Joan no dijo nada, pero reaccionó de inmediato. Tenia la respiración acelerada cuando recortó de improvisto su silencio.<br />- Bien, esto es lo que vamos a hacer- dijo soltándolas un segundo, todavía tambaleante - Allá afuera esta sucediendo algo terrible, Llura y yo logramos escapar de, de...- sus ojos destellaron, como si estuviera viendo algo que estuviera clavado muy profundo en su mente y recuerdo inmediato; algo que no pudiera definir ni procesar, - ... escapar de lo que sea que esta allá afuera, desde la misma ciudad... la ciudad ya no existe... todo pasó en un segundo... de pronto había gente en las calles y al minuto siguiente solo había sangre y cuerpos... aquellas cosas...-<br />- ¿Y mamá?- interrumpió velozmente Laia, ahora con la voz convertida en un cristal estallado. Joan la miró y no dijo nada. Se incorporó como un resorte y corrió a su habitación. Las niñas se sintieron repentinamente abandonadas y sin pensarlo, se extendieron en dirección del hombre. Lo siguieron y cuando llegaron al marco de la puerta, miraron como Joan abría la cajonera al costado de su cama. Rebuscaba en esta y de pronto, del fondo extrajo un objeto pesado. Pilar no sabía que su padre tenia aquella cosa en la casa, y de haberlo sabido, le hubiera obligado a deshacerse de eso. El brillante cañón de una colt .45 refuljo en la mano del hombre, segura de su poderío. En un acto mecánico Joan revisó el arma examinando el tambor para comprobar la existencia de parque. Estaba vacía, como debería de estarlo. Inmediatamente sacó de la misma cajonera una caja de cartón corrugado. La abrió y comenzó a extraer, uno tras otro, gruesos cartuchos útiles que fue introduciendo en el arma hasta que muy pronto la cargo del todo.<br />Se giro hacia las niñas, mirándolas con los ojos muy abiertos, quizá con los sentidos expandidos también.<br />- Voy a salir de la casa antes que ustedes... Quizá escuchen disparos, no lo sé... Pero en cuanto yo las llame, saldrán detrás de mí y subirán a la vagoneta a toda velocidad...- Luego de decir eso, dejo caer sobre la cama la caja de cartón tras extraer los últimos cartuchos que esta contenía. Miró a su alrededor, como buscando algo que pudiera serle útil. Evidentemente no encontró nada y descartó todo en un movimiento de su cabeza. Luego, se acercó a las niñas y las abrazo de nueva cuenta. Ellas se estremecieron, sobre todo Pilar al sentir en su espalda la pesada frialdad de la Colt en manos de su padre. Quiso rechazar el contacto pero Joan se le adelantó al incorporarse de inmediato. Entonces las apuro a moverse por el pasillo fuera de la habitación. Descendieron las escaleras y llegando cerca de la puerta de la casa, las hizo detenerse en un pequeño espacio invisible para la vista exterior.<br /><br />Un aullido se escuchó allá afuera, cercanisimo.<br /><br />Los tres se sobresaltaron.<br /><br />- ¿Mamá?- preguntó Laia, con voz entrecortada.<br />Joan no tuvo, en todo caso, siquiera un asomo de respuesta a tal pregunta. Contestó lo primero que le vino a la cabeza, o a la boca, sin pasar por el cerebro.<br />- Todo sucedió muy rápido... en la carretera, casi volcamos... Nos golpeo aquella cosa... Suban a la vagoneta, al asiento del copiloto, ambas... no miren en el asiento trasero...-<br />Pilar se congeló sobre sus pies.<br />Joan no les dio tiempo de nada; De inmediato corrió hacía afuera.<br />Para las niñas, fue como mirarlo arrojarse al interior de una negra bocaza. Lo miraron extender los brazos y avanzar con el arma amartillada, como si de antemano existiese allá afuera algo a lo cual apuntarle. Joan caminó hacía la noche respirando rápidamente, con pesadez al mismo tiempo. Algo en su cabeza estaba acelerado al máximo sus pulmones, su ritmo cardiaco y, sobre todo, su andar.<br />Pilar y Laia no supieron qué hacer, al menos durante los cinco o diez segundos inmediatos. Parecían presa de alguna especie de trance, de una burbuja que las inmovilizó al interior de la casa.<br />Una burbuja que se rompió de inmediato; desde el exterior.<br />El inconfundible sonido de un arma disparando quebró las paredes de la tenue cobertura alrededor de las niñas, reventándola en mil pedazos. Pilar dio un grito entrecortado y sintió como Laia se le aferró aterrada. El aullido que un momento antes se había escuchado cercano, se escuchó ahora inmediatisimo. Joan detonó e arma una vez más, pero eso fue todo.<br /><br />Luego, todo fue la presencia del aullido y sus consecuencias.<br /><br />Un rugido furioso estrujó el aire al tiempo que un crepitar muscular desgarraba la tierra debajo de este. Se escuchó un golpe seco, de torso al descubierto y desde la perspectiva que las niñas tenían al interior de la casa, vieron como algo se movió a toda velocidad por los aires; algo que se estrelló en contra de la vagoneta mal estacionada afuera de la casa. Pilar alcanzó a mirar, no supo si Laia también fue capaz de hacerlo, como Joan -él era "aquella cosa"- voló por los aires en contra de la camioneta. Su cuerpo de estrelló de plano en contra del metal del auto, incrustándose en este y sacudiendo el vehículo por un segundo. Luego, Pilar miró a otra de esas criaturas, idéntica a la que se había incrustado en el frente del trailer de Prixamar, correr y abalanzarse rabiosamente en contra del cuerpo que no terminaba de caer aun del costado de la vagoneta.<br />Laia expelió un agudísimo grito de horror al mirar todo eso; quizá no al comprender lo qué estaba sucediendo, pero al mirar solamente.<br />El impacto en el costado de la vagoneta fue brutal. Incluso levantó del suelo el chasis. La criatura abrió el hocico hasta su máximo y justo cuando lo cernía sobre del cuerpo de Joan, Pilar, en el interior de la casa, dio un veloz paso al frente en contra de la puerta cerrándola al instante. Ambas niñas reaccionaron al mismo tiempo y corrieron aterradas hacía las escaleras, gritando y halándose de la ropa mutuamente. Antes de pisar el último escalón superior, el sonido de un enorme hueso quebrándose -o de varios relacionados, como los que conformarían la estructura general de un cráneo- atravesó el aire hasta donde ellas estaban. El estallido de algo muscular le siguió de inmediato, cortándole la respiración a Pilar, quién tuvo fuerza aún para empujar a Laia al interior de la habitación de ambas.<br />Se abalanzaron sobre una de las camas y se contrajeron sobre de esta y en contra de la pared que la cercaba. Laia comenzó a llorar sin disimulo alguno hasta que Pilar le tapó la boca con ambas manos, como si además de hacerla callar, también pretendiera ahogarla.<br /><br />- ¡Calla! ¡Cállate! ¡Laia, guarda silencio!-<br />Allá afuera, en ese preciso instante, cimbrando los pocos cristales completos de la ventana, un espeluznante gruñido se levantó amenazando con ser invencible.<br />Desde el último extremo del área comercial, la luz del incendio producido por el accidente del transporte de Prixamar iluminó lo que se suponía era la escena al exterior de la casa, reflejando sombras al interior de la habitación de las niñas. La silueta tambaleante -tanto como las llamas- de una hilera de colmillos afilados como cuchillos se reflejó en las paredes, rozando durante un momento la cercanía inmediata de las niñas.<br /><br />- ¡Muévete Laia! ¡Muevete!- La voz de Pilar era un tizón afilado. Tomó a su hermana y de un tirón la llevó al suelo, luego la jaló tras de sí, como lo haría con un muñeco, hasta quedar ambas debajo de la cama. Laia temblaba sin control y Pilar tuvo que abrazarla para evitar que en aquel pequeño espacio pudiera hacerse daño.<br /><br />- ¡Tranquilízate por favor! ¡Ten calma!-<br />- ¡Pilar! ¡Qué esta pasando! ¡Qué son esas cosas!- . Ella aún no lo sabía, a pesar de haber visto ya a la segunda de aquellas criaturas. No quería decir "Lobo - Hombre - Lobo" porque era simplemente risible; solo hubiera conseguido asustar -todavía más- a su hermana. La ventana se estremeció de nueva cuenta, ahora sin aullido de por medio, y medio segundo después estalló en un millón de pedazos. Las niñas gritaron debajo de la cama, justo cuando en el marco apareció de un salto la criatura que acababa de asesinar a Joan. El monstruo se estrelló contra el rectángulo de madera deformándolo al instante pero sin conseguir entrar del todo por este. Había saltado desde el patio frente a la casa, quizá desde el cadáver de la vagoneta hasta el segundo piso de la casa. Desde ahí lanzó un carraspeo demencial y buscó con desesperación lo que bien sabía que estaba ahí: un par de presas vulnerables, muertas de miedo. "Esta persiguiéndonos...", pensó Pilar sin saber porqué lo hacía.<br />La criatura hizo temblar sus encías, evidenciando sus largos colmillos mientras arremetía contra el marco de la ventana intentando entrar por ahí, pero resultaba demasiado grande para ello. Era como mirar a un gato intentando atravesar la delicada puerta de una casa de muñecas; quizá lograría hacerlo, pero luego, el espacio de la habitación resultaría demasiado estrecho como para que pudiera moverse en cualquier otra dirección. Pilar sin saber cómo, había colocado sus manos sobre la boca de Laia. Ella alcanzaba a mirar de reojo lo que estaba sucediendo, pero su hermana solo estaba escuchando el quebrar de la madera y los jadeos animales provenientes de la pared de la habitación. La sentía retorcerse, intentar cualquier especie de grito; Si hubiera tenido la oportunidad, quizá, imprudente, hubiera intentando tener una mejor visión de aquello y la bestia las hubiera descubierto. No, no la soltaría, por nada del mundo.<br />La cosa en la ventana desprendió la parte superior del marco, ampliando el boquete.<br /><br />Solo entonces Pilar pudo dimensionar con verdadera certeza su tamaño.<br />Pensó en el tamaño de un par de neveras juntas, o en la dimensión extendida de un comedor antiguo. Era gigantesco, quizá más grande que el que había atacado al transporte de Prixamar. El monstruo lanzó un nuevo rugido, como reconociendo que la ventana cedía a su poderío.<br />Entonces, una nueva explosión, una que hizo retumbar el suelo y las paredes, iluminó el aire afuera de la casa. Alrededor de la criatura, entre los breves espacios que se encontraban entre su musculatura y la madera de la ventana rota, todo se volvió fuego. El animal se retorció al instante y lanzó un agudo gruñido de dolor. Se sacudió violentamente solo para descubrir que ahora le resultaba tan complicado salir como entrar por aquel estrecho paso y comenzó a lanzar zarpazos hacía todos lados. Agitaba su cabeza como si estuviera ahogándose mientras bufaba sin control.<br /><br />"Afuera, algo explotó y lo ha alcanzado..."- narró Pilar para sí misma.<br />La bestia aullaba y se sacudía sin otra posible explicación; se estaba quemando, al menos la parte de esta que estaba fuera de la casa. Del pasillo al costado de la habitación provino un resplandor anaranjado. El fuego quizá también había alcanzado la pared exterior de la casa, o quizá provenía del jardín. Pilar miró al monstruo hirviendo de dolor y rabia, intentando asirse de cualquier cosa al interior de aquel pequeño espacio. Solo conseguía golpear el suelo de manera accidental sin conseguir un punto de apoyo que le ayudase a salir de esa trampa. El monstruo bramó, escupió, aulló durante algunos minutos e incluso regurgito un líquido asqueroso en algún momento, mientras implacable, el fuego sobre su cuerpo del otro lado de la ventana se consumía sin que nada pudiera hacerse para evitarlo. Luego la bestia simplemente dejó de moverse; sus enormes brazos cayeron a los costados y con las garras erectas arañó la superficie del suelo en donde las niñas acostumbraban a correr descalzas. Una peste insoportable a pelo quemado y a hueso calcinado inundaba ya la habitación cuando la criatura al fin se quedó completamente quieta. Pilar percibió la alegría más sorpresiva de su corta vida. Se alegró, sin duda, pero de inmediato tuvo la entereza suficiente como para pensar con rapidez.<br /><br />-Esa cosa se quemó, La casa, por afuera, seguro esta pasando por lo mismo-. Ella no quiso averiguar hasta dónde podía tener razón; cosa que quizá podría descubrir cuando las llamas comenzaran a rebasar el cuerpo de la bestia.<br /><br />- ¡Laia, vámonos! ¡Ahora mismo!- gritó Pilar al instante jalándola tras de sí. Ambas salieron de debajo de la cama y fue hasta entonces que Laia miró la conclusión de la escena que había estado ahí desarrollándose. Gritó con todas sus fuerzas al mirar a la cosa atrapada y muerta en el marco de la ventana. Pilar no le dio tiempo de nada más; le dio un tirón y la saco de la habitación. La percibió congelada, tanto que incluso le fue necesario arrastrarla por las escaleras hasta llegar a la planta baja de la casa.<br /><br />Afuera, parecía ser de día.<br />Una luz y un calor penetrantes se colaban hacía el interior desde toda dirección posible. Seguramente se estaba quemado casi toda el área comercial, desde la misma administración hasta las estaciones de recarga de combustible. Y seguramente una de esas estaciones fue la que explotó hasta los cielos desparramando gasolina ardiendo por todos lados.<br />La puerta principal de la casa seguía abierta y Pilar atisbaba por ella. Afuera no parecía existir un solo lugar seguro. Permanecer al interior no resultaba una opción a tomar. Aunque no lo percibían en ese momento, era seguro que aquella atmósfera estuviese cargándose de algún tipo de humo tóxico e invisible en ese mismo momento.<br />A Pilar solo se le ocurrió de momento una salida, un solo posible lugar en donde encontrar un refugio.<br /><br />- ¡Laia, tenemos que salir de la casa!-<br />- Qué...-<br />- ¡Tenemos que irnos inmediatamente!-<br />- Pero, a dónde vamos a ir...-<br />- ¡Sígueme! ¡Vamos a seguir las órdenes de papá...!-<br /><br />"LAS ÓRDENES DE PAPÁ... seguramente Papá era en ese instante la mancha inerte, abultada y deforme detrás de la vagoneta...", susurró mentalmente, y para sí misma Laia, cuando Pilar la tomó de la mano y la obligó a correr tras de ella para salir de ahí. Apenas habían puesto un pie fuera de la casa, cuando el aire se volvió caliente como nunca antes lo había sido, casi como el fuego mismo, un cuchillo dispuesto a tasajearlas. La visión se nubló por causa de la luz, también caliente, que provenía de todas direcciones.<br />Pilar tuvo que hacer acopio de valor para lo que hizo a continuación. Corrió los breves metros que distanciaban la entrada de la casa que estaban abandonando y la vagoneta a la cual Joan les había ordenado entrar cuando él hubiera despejado el camino, en la condición ideal de los acontecimientos. En cierto sentido, en el más macabro de todos, había cumplido su cometido y ahora resultaba ser el turno de ellas. Sin pensar en nada, en ninguna de las implicación es que todo aquel cuadro representaba, Pilar alcanzó la manecilla de la puerta del vehículo y se concentró en abrirla; se olvido por un segundo de mirar hacía atrás, de buscar si su padre la necesitaba en ese momento; se olvido incluso de atisbar en busca de otra de aquellas terribles criaturas. Lo único que hizo fue enfocar sus fuerzas en accionar el sistema mecánico de la manecilla que les daría paso al interior del vehículo.<br />El metal comenzaba a calentarse y ya comenzaba a llover un polvo fino desde el cielo cuando Pilar logró abrir la puerta de la vagoneta. dio un nuevo tirón a su hermana y sin saber cómo, ambas entraron en el vehículo en un segundo.<br /><br />"¡Rápido! ¡Laia, siéntate!". Pilar se arrastró por sobre el asiento del copiloto hasta llegar al volante, pasando por encima de la palanca de cambios de la vagoneta. Laia se quedo congelada en el asiento del copiloto. Simplemente miró a Pilar cuando esta la llamó y no respondió nada; de momento eso resultó ser cosa suficiente. Laia así no servia de mucho, tampoco estorbaba. Ahora, Pilar tenía solo una cosa en mente: hacer avanzar aquel armatoste. Sabía que solo existía un posible lugar seguro en ese momento, y no era la casa ni resultaba ser el interior de aquel vehículo: era el otro lado de la carretera. A diferencia del área comercial, el otro lado de la 55 lucia oscuro y a salvo. Se adivinaban algunos pequeños incendios -seguramente arbustos en llamas y algo de vegetación seca- pero nada más. Las llaves de la vagoneta estaban pegadas, era lógico. Joan las había dejado ahí porque planeaba subir de inmediato acompañado de ellas.<br />Pilar había visto un millón cómo su padre encendía el vehículo, pero ahora, ahí, sola, el asunto se le figuró un rompecabezas; quizá uno para niños pequeños, con pocas piezas, pero rompecabezas al fin. hizo girar la llave sobre su engrane al costado del volante y se encendieron algunas luces en el tablero, las que indicaban corriente y avería en el motor. Pero el vehículo no arrancó. Regresó la llave a su posición original y lo intentó de nuevo, pero solo obtuvo hacer relucir aquellas luces otra vez. Algo estaba haciendo mal, pero no sabía qué cosa podría ser. O quizá no estaba haciendo todo lo que debía de hacer.</div><div class="blogger-post-footer">Cronica de las ultimas 35 horas de resistencia, del ultimo grupo de sobrevivientes a la plaga que torno al mundo en un cementerio.
<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28235330-8284012955055472003?l=testigo-mudo.blogspot.com'/></div>Testigo Mudotestigo.mudo@gmail.com0tag:blogger.com,1999:blog-28235330.post-43431183936447264922009-05-07T11:15:00.000-07:002009-05-07T11:33:19.088-07:005<div style="text-align: justify;">Frente a ella estaba la casa. Plena como era. Estaba tan cerca, a no más de cuatro o cinco metros. Pilar vio como un fuego amarillo y naranja se extendía desde la planta alta y comenzaba ya a lamer la puerta de entrada. No podía verlo todo desde la perspectiva del conductor en la vagoneta, pero imaginó que la bestia atrapada en la ventana de su habitación no era ya más que materia orgánica calcinada, y seguramente la casa muy pronto la seguiría. Tenía que moverse rápido.<br />Buscó un botón, una palanca, cualquier cosa que tuviera que conjugar con el girar de la llave en su engrane. No encontró nada parecido, y la única palanca que tenia a su alcance era la que abría el cofre de la vagoneta; esa la conocía bien. ¿Entonces? "Quizá... alguno de los pedales..." Pilar se estiró, casi todo lo que podía y alcanzó únicamente con la punta del pie uno de los tres pedales que tenia a su disposición. Identificaba el acelerador y el freno, y sin pensarlo mucho optó por el tercero que ahí estaba, desconocido por completo para ella. Presionó con todas sus fuerzas y giró la llave al mismo tiempo.<br /><br />La vagoneta se sacudió con fuerza al tiempo que hizo sonar el motor. Las niñas se sacudieron también sin poder evitarlo y Pilar perdió su posición. El vehículo se apagó de inmediato al tiempo que Laia comenzaba de nueva cuenta a llorar. Pilar apenas y prestó atención a su hermana. Había dado con la clave. Volvió a pisar aquel pedal e hizo girar la llave. Cuando la vagoneta se sacudió nuevamente Pilar hizo todo lo posible por no soltar el embrague. El vehículo, un segundo después, se encendió y así permaneció cuando Pilar con toda calma liberó presión sobre del pedal. Ella exclamó algo inentendible, algo que sonaba a una pequeña victoria. Lo disfruto un momento, luego prosiguió.<br />Bien, ahora ¿Qué hacer? Recordaba que Joan movía la palanca al piso situada a su costado. Intentó hacerlo pero un sonido horrible provino del motor frente al vehículo, como el sonido de metal en movimiento que rozara en contra de si mismo. volvió a mover la palanca y además del sonido, esta vez incluso percibió un feroz temblor proveniente del invisible interior mecánico de la vagoneta. Algo estaba haciendo mal de nueva cuenta. Sin saber exactamente el porqué, regresó su atención al desconocido pedal bajo sus pies. Lo presionó y movió la palanca al mismo tiempo. No pasó casi nada, solo cuando como por accidente soltó un poco el embrague. La vagoneta se movió hacia adelante unos cuantos centímetros para luego sacudirse y apagarse. Pilar asustó, pero recobró la calma de inmediato; Ahí estaba la solución.<br /><br />volvió a encender el vehículo y presionó el embrague nuevamente, hasta que la vagoneta se quedó quieta con el motor encendido. comprendió lo que estaba sucediendo y, además, que no debía de aprender a conducir un automotor en ese momento, sino solo poder llevarlo hasta el otro lado de la carretera. Presionó de nueva cuenta el embrague y colocó la palanca de velocidades en primera. Había visto a su padre hacerlo infinidad de veces y recordaba cómo hacer eso. Tomó el volante y lo hizo girar tanto como pudo. Le costó una eternidad rotarlo lo suficiente como para pensar en que conseguiría enfilarse hacía afuera del jardín si lograba hacer avanzar la vagoneta. Luego comenzó a despegar el pie del pedal. Laia, a su lado, parecía estar en otro mundo, uno completamente del otro lado de la galaxia. Sencillamente la miraba con intermitencia, atendiendo también al incendio de la casa, pero sin expresión en los ojos. En todo caso, la mirada de Llura contenía algunas preguntas sin sonido: ¿Por qué perdemos el tiempo así? ¿Por qué no sencillamente corremos a trote en busca de un escondite seguro? ¿Por qué insistes en hacer todo este ruido? ¿No crees que una de esas cosas nos descubrirá y vendrá por nosotros? Pilar compartía en parte todas aquellas preguntas, pero el tamaño de una sola y sencilla respuesta que ella creía poseer rebasaba el alcance de todas aquellas dudas: Una vez que llegaran al otro lado de la carretera, necesitarían de un buen escondite, algo así como la protección metálica de aquel vehículo. No valía la pena desperdiciarlo si era posible tenerlo a la mano.<br /><br />El vehículo comenzó a moverse lentamente, trastabillando. La aguja del velocímetro bailoteaba entre la primera delimitación, 5 MPH, y el cero absoluto. Pilar continuó dando vueltas al volante y muy pronto consiguió hacer girar la vagoneta en un semicírculo, enfocando el frente de la misma hacía la carretera, para de inmediato toparse con los ficus de Llura. La niña buscó con los pies - liberado del todo el embrague- el acelerador. Lo pisó cuando lo tuvo bajo su planta y el motor se agitó, revolucionándose considerablemente. Un conductor con experiencia hubiera dado paso a la segunda velocidad, pero para Pilar seguir avanzando así resultaba perfecto. La vagoneta se encaramó sobre los ficus y arbustos que los rodeaban, aplastándolos bajo las llantas y arrancándolos lentamente de raíz. Rebasó el borde del jardín y se encaramó en la acera que delimitaba el terreno de la casa. Tras varias sacudidas la vagoneta invadió el espacio de terrecería que pertenecía de lleno al área comercial, dejando atrás los espacios habitacionales.<br /><br />El motor de la vagoneta estaba revolucionado al máximo y sulfuraba un graznido impotente. Pilar no le prestó demasiada atención en ningún momento. Estaba avanzando y eso le resultaba suficiente.<br />Miró a la distancia el primer carril de la 55, el cual estaba a unos veinte metros de distancia. Había avanzado unos cinco o seis metros cuando miró por el espejo retrovisor que prácticamente la totalidad del área comercial ardía de lleno. Le pareció una escena salida de una película de terror: la ciudad se incendiaba mientras un enjambre de monstruos arrasaba con todo por ahí. Ella se pregunto si en alguna parte de toda aquella destrucción existiría alguna clase de héroe tomando acción y encargándose del asunto. Si así fuera, quizá podría conocerlo cuando todo eso terminara, suponiendo que terminara de pronto, así como había comenzado.<br />La vagoneta se movía erráticamente, dejando tras de sí un rastro de cristal pulverizado y un liquido de un verde químico. Pilar no podía verlo, e incluso, de haberlo hecho, no le hubiera prestado atención. Ella desconocía por completo el concepto "anticongelante". Seguramente el vehículo estaba desangrándose por dentro, y demencialmente lo obligaban a moverse.<br /><br />"Solo unos cuantos metros más..." repetía Pilar, balbuceando las silabas de aquellas palabras con una muda insistencia. A su costado, Laia permanecía en su propia burbuja, aislada del mundo real.<br />La vagoneta avanzó con sacudidas ininterrumpidas los últimos metros que restaban antes de llegar a la carretera. Alcanzo muy poco después el primer carril y el paso sobre del asfalto resultó completamente diferente, uniforme, suave. El motor del vehículo chirriaba para cuando Pilar logró alcanzar el otro lado de la 55. Este parecía amenazar con estallar en cualquier momento, pero resistió incluso cuando Pilar siguió avanzando sin pausa, con el pie clavado sobre del acelerador, y comenzó a recorrer de nueva cuenta la polvorienta superficie de la llanura. Por el espejo retrovisor Pilar miro cómo el área comercial - junto con todo lo que ella había conocido y llamado hogar por los últimos años- se consumía hasta los cimientos. Los incendios generalizados iluminaban todo alrededor como un millón de lámparas no hubieran podido hacerlo. El calor era intenso aún del otro lado de la carretera. Tanto, que la piel de las mejillas de las niñas estaba reseca y quemada, como si hubieran pasado un día entero en la playa sin protector solar.<br />Pero nada importaba en realidad. Pilar solo pensaba en qué momento resultaría oportuno detenerse y dejar de ser un blanco en movimiento para cualquiera de aquellas cosas que suponía aún seguían asechando por la zona. Esas cosas que habían acabado con la vida de Joan, con Llura y con todo el mundo que ella conocía.<br /><br />En un momento indeterminado y que Pilar nunca lograría acomodar sino intuitivamente dentro de aquella cadena de sucesos, una nueva explosión se sucedió en el área comercial y una luz blanquecina que emanó el calor de decenas de toneladas de combustible.<br />La explosión y la luz las embistieron a toda velocidad un segundo después. Ambas, Pilar y Laia gritaron al interior de la camioneta y se sacudieron violentamente junto con el vehículo. Pilar se estrelló de lleno en contra del volante y golpeó la cabeza contra el parabrisas. Alcanzó a mirar todavía, antes de que todo se le volviera oscuro, como Laia se aferraba a todo a su alrededor, como evitando caer desde un lugar muy alto.<br /><br />Luego, todo fue silencio.</div><div class="blogger-post-footer">Cronica de las ultimas 35 horas de resistencia, del ultimo grupo de sobrevivientes a la plaga que torno al mundo en un cementerio.
<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28235330-4343118393644726492?l=testigo-mudo.blogspot.com'/></div>Testigo Mudotestigo.mudo@gmail.com0tag:blogger.com,1999:blog-28235330.post-75056199910489758892009-05-07T11:14:00.000-07:002009-05-07T11:33:00.605-07:00Epilogo<div style="text-align: justify;"> El vehículo se detuvo por si solo tras la explosión, y completamente quieto y en silencio, permaneció al borde de la carretera durante el resto de la noche. Para cuando amaneció, el mundo había vuelto a la normalidad, al menos a la que podía ofrecer un mundo nuevo y calcinado.<br /><br />Una columna de gente, no menos de dos mil personas, que avanzaba por la 55 en dirección de la ciudad, descubrió la vagoneta y a las dos niñas al interior de la misma. Estaban dormidas, seguramente tras haber quedado fuera de sí tras lo que parecía haber sido un aparatoso accidente. La gente que se apiadó de ellas y dedicó un minuto de su tiempo a sacarlas del vehículo también encontró el cuerpo de una mujer de unos treinta y tantos años de edad en el asiento trasero de la vagoneta. La mujer había sido atacada por las criaturas que todos ellos habían visto la noche anterior. Una herida descomunal en su abdomen no dejaba lugar a dudas. Eso había sido la causa de la muerte.<br /><br />La columna que avanzaba sin fin por la carretera avanzaba rodeaba los cadáveres inertes de aquellas cosas horribles, esas mezclas entre animal y lo que pareció haber sido un hombre al topárselos esparcidos por el camino. Los pelajes se desprendían de la carne amarillenta como si estuviera en franca descomposición, así como secciones enteras de tal carne, al tiempo que los hocicos dejaban escapar algo parecido a la bilis de un animal enfermo. Todos guardaban silencio frente a los asquerosos restos, pero tras rebasarlos, daban rienda o reanudaban conversaciones en las cuales decían cómo habían visto morir aquellas cosas a manos de las armas de los oficiales de policía, de como algunos de ellos habían acabado personalmente con alguna de ellas, de las victimas que habían provocado, y, por increíble que resultaba, de cómo aquellas cosas murieron en agonía tras los primeros rayos de luz del sol, como si el astro les hubiera resultado alguna clase de veneno.<br /><br />Muchos minutos después, cuando filas de autos ya se movían lentamente por la 55, Pilar y Laia, apenas repuestas y sin mayor sentido de lo que estaba sucediendo -como si ambas se encontraran a la mitad del mismo sueño nebuloso- se incorporaron a la columna de gente cobijadas por la generosa mano de una anciana que se hizo cargo de ellas. Inmediatamente la mujer procuró buscarles comida y la posibilidad de abordar, sin mucho éxito, alguno de los trasportes que iban por ahí, en busca de un mejor sitio que aquella tumba abierta al cielo.<br />Todo a la vista estaba derruido y muerto. Y en el sentido profundo de la expresión, quizá "todo" había desaparecido.<br />Para el medio día, aviones militares surcaban el aire en todo momento y el ejército aparecía ordenando el paso de las caravanas civiles. Las fuerzas armadas se mostraban visiblemente diezmadas y heridas tras la efímera batalla que se había suscitado en contra de fuerzas desconocidas la noche anterior. Hombres armados hablaban en clave y se movían en todas direcciones, revisando a todos los heridos en busca de algo que Pilar no podía determinar. Quizá alguna enfermedad o simplemente intentaban realizar un conteo de daños.<br />No importaba en realidad.<br />La mirada de Pilar resultaba difusa y carente de objetivo concreto. No sabía que estaba sucediendo y en realidad recordaba poco de lo que había sucedido en las horas pasadas. Su tranquilidad así lo demostraba.<br />Pero era como si el mundo resultara nuevo. Al menos para ella.<br />El sol de ese nuevo mundo resultaba intenso, tanto, que levantaba humedad del suelo, creando espejismos en el aire.<br /><br />La anciana, Marta, llevó a las niñas debajo de la carpa de un puesto militar improvisado al costado de la 55, situada en un punto entre el área comercial en donde ellas habían vivido y la nada. Ahí les consiguió algo de tomar: un compuesto de agua y sales minerales que los militares repartían entre los civiles. Supo amargo en la boca, pero luego Pilar lo trago apenas en dos largos sorbos.<br />Se recargó en su hermana cuando sintió que el estomago se le revolvía. sintió deseos de vomitar, pero se contuvo; Sabia, sin entender el porqué, que necesitaba ese líquido dentro de sí.<br /><br />-¿Estas bien, pequeña?-, pregunto Marta al darse cuenta del pálido color que Pilar estaba adquiriendo con rapidez. Ella se sonrió sobre del hombro de Llura, quien la miró con asombro y miedo al instante, descubriendo que algo no estaba bien con su hermana.<br /><br />"Si, bien... mejor que nunca...", contestó lentamente<br />"Pero ¿te sientes bien? Estas amarilla..."<br />"¡Pilar! ¿Qué tienes?" exclamó Laia de inmediato.<br /><br />Pilar se sonrió antes de sentir que algo le golpeaba suavemente la cabeza.<br />Se giró con rapidez y no vio nada, no al menos con sus ojos físicos.<br />Pero sus sentidos espirituales de pronto se abrieron, percibiendo todo eso que hasta ahora le resultaba velado; en un solo y mismo segundo. Y fue precisamente como un golpe en la cabeza. Frente a ella desfiló todo lo acontecido: Pilar, Llura, la separación entre ellos, el momento en ambos que salieron hacía la ciudad, la soledad en compañía de Laia; y los aullidos, el terror y las explosiones. Los colmillos, la sangre, el olor de la bestia calcinada, la vagoneta, la mirada perdida de Laia. Luego, la inconciencia.<br />Y acto seguido, apareció la insoportable sensación, la certeza de que ella había deseado todo eso, de que un día antes aquello era precisamente lo único que le parecía importante en la vida. Se sorprendió hasta la médula, tal y como le sucedería a quien, tras haber jugueteado tonta e inocentemente con un arma recién adquirida, fuese informado de la peor manera del destino brutal de una de sus balas perdidas.<br /><br />Antes de desmayarse por segunda vez en menos de veinticuatro horas, susurró unas pocas palabras todavía.<br /><br />"Estoy bien... si... mejor que nunca... Ahora, nadie me separara de mi hermana... Aún sobre mis padres..."<br />¿Eso era bueno, o malo? ¿Qué había sucedido? Una palidez agridulce, un temor ácido, se le coló hasta los huesos. Tembló sin poder evitarlo. Quizá existieran miles de causas para lo acontecido, pero ella sabía que, sencillamente, su deseo se había vuelto realidad, y de la peor manera posible.<br /><br />Fue conciente entonces, de eso, de su responsabilidad.<br />Se asqueó de si misma. Sin querer evitarlo, buscó cómo volcar el contenido de su estómago.<br />Sus ojos se volvieron blancos.<br />Tuvieron que atraparla antes de que cayera al suelo, en medio de un breve estallido de gritos y miedo. Un militar se acercó corriendo e hizo a un lado a Laia y a Marta.<br />Colocó sus dedos en la garganta y comprobó los signos vitales de Pilar. Mandó traer a gritos a un doctor; este dictaminó a bote pronto cansancio y estrés pos-traumático.<br />Llevaron a Pilar al área de atención de heridos en medio de un ataque de histeria de Laia.<br /><br /><br /><div style="text-align: center;">______________<br />TESTIGO MUDO<br />MAYO - 2009<br /></div></div><div class="blogger-post-footer">Cronica de las ultimas 35 horas de resistencia, del ultimo grupo de sobrevivientes a la plaga que torno al mundo en un cementerio.
<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28235330-7505619991048975889?l=testigo-mudo.blogspot.com'/></div>Testigo Mudotestigo.mudo@gmail.com1tag:blogger.com,1999:blog-28235330.post-3612693773244958152009-02-04T08:27:00.000-08:002009-02-04T08:28:37.406-08:00La luz<span style="font-family: georgia;">La luz se apagara en unas pocas horas.</span><br /><span style="font-family: georgia;">La luz, en todo el mundo.</span><br /><br /><span style="font-family: georgia;">Lleva días desvaneciéndose el horizonte;</span><br /><span style="font-family: georgia;">Las estrellas son cada vez más visibles,</span><br /><span style="font-family: georgia;">incluso en lo que antes fuera el medio día.</span><br /><span style="font-family: georgia;">Nadie se lo explica,</span><br /><span style="font-family: georgia;">nada se comprende,</span><br /><span style="font-family: georgia;">solo que, según el cálculo,</span><br /><span style="font-family: georgia;">desaparecerá todo resplandor en pocas horas.</span><br /><br /><span style="font-family: georgia;">Casi todos han huido, las calles están solas,</span><br /><span style="font-family: georgia;">entenebrecidas, como a la hora de la tarde.</span><br /><span style="font-family: georgia;">Hace frío, uno que apenas es físico;</span><br /><span style="font-family: georgia;">es mental, apenas palpable.</span><br /><span style="font-family: georgia;">Todos nos hemos escondido, abrazando a los nuestros,</span><br /><span style="font-family: georgia;">como palomas en invierno,</span><br /><span style="font-family: georgia;">como leoncillos rodeados de hienas.</span><br /><span style="font-family: georgia;">Temblando, como animalillos recién nacidos.</span><br /><br /><span style="font-family: georgia;">Todos, con excepción de unos pocos.</span><br /><span style="font-family: georgia;">Algunos que esperan sobre los tejados,</span><br /><span style="font-family: georgia;">en los techos al descubierto,</span><br /><span style="font-family: georgia;">reunidos alrededor de ellos mismos.</span><br /><span style="font-family: georgia;">Ellos, esos no temen.</span><br /><br /><span style="font-family: georgia;">Permanecen a la expectativa,</span><br /><span style="font-family: georgia;">y no pocas veces han sonreído.</span><br /><span style="font-family: georgia;">Yo los he visto.</span><br /><span style="font-family: georgia;">Yo mismo, nadie me lo ha hecho saber.</span><br /><br /><span style="font-family: georgia;">Los he visto hablar entre ellos,</span><br /><span style="font-family: georgia;">cada vez con menos sigilo.</span><br /><span style="font-family: georgia;">Con chillidos de murciélago,</span><br /><span style="font-family: georgia;">con muecas de escorpión.</span><br /><br /><span style="font-family: georgia;">Cuando comenzaron los vientos a soplar,</span><br /><span style="font-family: georgia;">agitando todas las cosas que hay en el mundo,</span><br /><span style="font-family: georgia;">ellos se alegraron, se extendieron,</span><br /><span style="font-family: georgia;">se mostraron tal y como son: viles, inmisericordes.</span><br /><br /><span style="font-family: georgia;">Los he visto afilar colmillos como cuchillos;</span><br /><span style="font-family: georgia;">entre la ventisca los he oído nombrar gente que conozco.</span><br /><span style="font-family: georgia;">Han señalado calles, han marcado casas.</span><br /><span style="font-family: georgia;">Han memorizado descripciones, señas, datos.</span><br /><br /><span style="font-family: georgia;">Ellos, esos que coronan ya varios edificios.</span><br /><span style="font-family: georgia;">Los he escuchado, quizá por ultima vez.</span><br /><span style="font-family: georgia;">Han dicho, entrecortado, con rasguños entre silabas:</span><br /><span style="font-family: georgia;">"Nos desvaneceremos, justo cuando la oscuridad sea plena.</span><br /><span style="font-family: georgia;">Iremos por ellos, porque lo merecen.</span><br /><span style="font-family: georgia;">Cavaremos un pozo, y lo llenaremos de cuerpos.</span><br /><span style="font-family: georgia;">Todos ellos lo merecen..."</span><br /><br /><span style="font-family: georgia;">¿Alguno de ellos habrá memorizado mi rostro?</span><br /><span style="font-family: georgia;">Allá afuera, en donde ya no me atrevo a pisar</span><br /><span style="font-family: georgia;">¿Existirá alguna marca señalando mi puerta?</span><br /><span style="font-family: georgia;">¿Qué hare si los escucho acercarse?</span><br /><br /><span style="font-family: georgia;">La luz se apagara en unas pocas horas.</span><br /><span style="font-family: georgia;">La luz, en todo el mundo.</span><br /><span style="font-family: georgia;">Nada ha podido contrarrestar esta penumbra.</span><br /><span style="font-family: georgia;">La luz artificial es meramente un placebo,</span><br /><span style="font-family: georgia;">un sedante, no ayuda en nada.</span><br /><span style="font-family: georgia;">El horror crece minuto a minuto.</span><br /><br /><span style="font-family: georgia;">Nadie se lo explica,</span><br /><span style="font-family: georgia;">nada se comprende,</span><br /><span style="font-family: georgia;">solo que, según el cálculo,</span><br /><span style="font-family: georgia;">desaparecerá todo resplandor en pocas horas.</span><br /><br /><span style="font-family: georgia;">Escucho puertas entrechocar,</span><br /><span style="font-family: georgia;">ventanas que crujen al abrirse.</span><br /><span style="font-family: georgia;">¿Estaré en lo correcto?</span><br /><span style="font-family: georgia;">Escucho gente que corre, pequeños gritos deformes.</span><br /><br /><span style="font-family: georgia;">Solo ellos, esos, están listos;</span><br /><span style="font-family: georgia;">solo ellos saben que hacer.</span><div class="blogger-post-footer">Cronica de las ultimas 35 horas de resistencia, del ultimo grupo de sobrevivientes a la plaga que torno al mundo en un cementerio.
<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28235330-361269377324495815?l=testigo-mudo.blogspot.com'/></div>Testigo Mudotestigo.mudo@gmail.com2tag:blogger.com,1999:blog-28235330.post-42462221917272637202009-01-28T14:15:00.000-08:002009-01-28T14:21:23.907-08:00REGRESO EN BREVE...<img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 265px; height: 288px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_w23rz3-Hgc4/SYDZXFTuPeI/AAAAAAAAAo0/fF12q0KRMMY/s400/5978301-lg.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5296472152372821474" border="0" /><br /><br /><div style="text-align: center;"><span style="font-size:180%;">Hay algo en mis manos burbujeando...<br /><br />TM</span></div><div class="blogger-post-footer">Cronica de las ultimas 35 horas de resistencia, del ultimo grupo de sobrevivientes a la plaga que torno al mundo en un cementerio.
<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28235330-4246222191727263720?l=testigo-mudo.blogspot.com'/></div>Testigo Mudotestigo.mudo@gmail.com1tag:blogger.com,1999:blog-28235330.post-10048427229331740962008-02-14T14:07:00.000-08:002008-02-14T14:11:02.548-08:00<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_w23rz3-Hgc4/R7S8YCc2VWI/AAAAAAAAAIk/8UpA3q93qg0/s1600-h/plecustomusForoBlack.jpg"><img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://1.bp.blogspot.com/_w23rz3-Hgc4/R7S8YCc2VWI/AAAAAAAAAIk/8UpA3q93qg0/s400/plecustomusForoBlack.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5166961793661556066" /></a><br /><span style=";font-family:";font-size:12;" ><br /></span><div style="text-align: center; font-family: verdana;"><span style=";font-size:180%;" >Plecostomus </span></div><div class="blogger-post-footer">Cronica de las ultimas 35 horas de resistencia, del ultimo grupo de sobrevivientes a la plaga que torno al mundo en un cementerio.
<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28235330-1004842722933174096?l=testigo-mudo.blogspot.com'/></div>Testigo Mudotestigo.mudo@gmail.com2tag:blogger.com,1999:blog-28235330.post-2801791524186646692008-02-06T09:07:00.000-08:002008-02-06T09:11:46.211-08:00ANTES DE COMENZARAntes de comenzar con la nueva historia, aquí les dejo el link en donde podrán descargar un pequeño texto que me trajo dando vueltas algunos días.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.mediafire.com/?dw1dtdjzn0t"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_w23rz3-Hgc4/R6nqGAX3HWI/AAAAAAAAAIU/F54mA6MCYDE/s400/TMbotonolvidoeventual.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5163915836657180002" border="0" /></a>Es quizá, un momento que necesitaba sacar de mí y del fondo de mis pensamientos.<br />En breve comenzamos el relato.<br /><br />Saludos<br />Testigo Mudo<div class="blogger-post-footer">Cronica de las ultimas 35 horas de resistencia, del ultimo grupo de sobrevivientes a la plaga que torno al mundo en un cementerio.
<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28235330-280179152418664669?l=testigo-mudo.blogspot.com'/></div>Testigo Mudotestigo.mudo@gmail.com0tag:blogger.com,1999:blog-28235330.post-23039772397134111122008-01-10T09:28:00.000-08:002008-01-10T09:35:35.178-08:00<img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://1.bp.blogspot.com/_w23rz3-Hgc4/R4ZWAGxo1nI/AAAAAAAAAIM/MqQNiFT-Gj0/s400/TMPronto2008.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5153901383390910066" /><div class="blogger-post-footer">Cronica de las ultimas 35 horas de resistencia, del ultimo grupo de sobrevivientes a la plaga que torno al mundo en un cementerio.
<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28235330-2303977239713411112?l=testigo-mudo.blogspot.com'/></div>Testigo Mudotestigo.mudo@gmail.com0tag:blogger.com,1999:blog-28235330.post-46517704254834536422008-01-04T09:05:00.000-08:002008-01-04T09:08:36.560-08:00Regreso<div style="text-align: justify;">Abro los ojos y apenas comprendo lo que veo y, en segundo plano, el lugar en donde estoy.<br />Frente a mí una especie de nebulosa se mueve intermitente y recrea un espacio en donde lo que percibo se confunde con la penumbra que estoy abandonando.<br />Si hubiera soñado con cualquier cosa ahora mismo los rastros del sueño estarían mezclandose con los elementos de la habitación en donde despierto.<br />Pero no he soñado nada, o cuando menos no recuerdo haberlo hecho.<br /><br />A tientas busco el reloj que no debe encontrarse lejos de mi cabecera. Palpo su fría configuración y acercandolo a mi rostro compruebo que enfocar la mirada sobre su caratula es la segunda cosa más difícil del universo.<br />La primera es moverme siquiera.<br /><br />Aún así desentraño el secreto escondido en sus manecillas. No comprendo el aparato sino como un cronometro y, tanto que, en realidad no me importa la hora que es sino la contabilización de horas que llevo dormido. No son menos de catorce.<br /><br />El cierre de año me debilitó al extremo de herirme.<br />No he hecho sino dormir, descansar y alimentarme en estos días ausentes. Incluso estas son las primeras líneas que redacto en estas semanas. A pesar de todo recibi un par de llamadas del trabajo que me arrancaron un dejo de atención, pero no fue nada más allá de eso. Quizá solo tenían la intención de recordarme que ese mundo sigue existiendo y que con fecha definida tendría que abordar de nuevo ese tren.<br />Pero indistintamente a los planes laborales apenas esbozados y a los proyectos que permanecen dormitando como yo, una parte de mi cerebro -una que vive con el rostro atento al más oscuro de los rincones disponibles; una que en realidad no se ha tomado unas vacaciones tan largas pues comenzó a afilar sus largas uñas hace varios días- ya comenzó a moverse y a pensar.<br /><br />Agradezco la lectura de "<span style="font-style: italic;">En el tiempo acostumbrado</span>"; creo que lo que hemos leido es un manuscrito que hace justicia a la idea que intentó fundamentar el relato. Ahora viene una revisión del mismo y posteriormente su distribución. Quedan algunos cabos que entretejer correctamente y un par de detalles que acortar y extender, respectivamente.<br /><br />Pero ajeno a ese proceso natural y necesario, un par de ideas ya rondan mi cabeza.<br />Apenas puedo creerlo; Ya estoy planeando enfrascarme de nueva cuenta en otro proceso tan increiblemente agotador y demandante. Y lo único que puedo pensar es que me falta tiempo y se me queman las manos intentando y necesitando escribir.<br /><br />Tengo el deseo de desarrollar esas dos ideas. Una de ellas, la primera, será relativamente corta. Es sobre un muchacho, un joven apenas en su primer adolescencia. Este relato no abordara ninguna situación de ficción -ningún ser del espacio exterior o salido del fondo de una oscura caverna- sino algunos de los aspectos más oscuros y primitivos de una mente todavía en gestación.<br />Y la segunda, sin adelantar detalles de ninguna de las dos historias, me atrae de nuevo a nuestros queridos y familiares zombies.<br />Esta segunda historia me emociona sobremanera. La tengo practicamente ya dibujada en su totalidad en el aire a mi alrededor y creo que ante todo -antes de sus gritos y sus desfiguros andantes- es una buena historia.<br /><br />Bien. Ya he despertado de manera aceptable.<br />Hay que buscar algo que comer y el ruido de la ducha se esta apagando. Muy pronto vendrán a buscarme.<br /><br />Un saludo a todos.<br />TM<br /><br />Aqui les dejo un buen video.<br /></div><br /><br /><object width="425" height="355"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/SbXtrBjezU8&rel=1"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/SbXtrBjezU8&rel=1" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"></embed></object><div class="blogger-post-footer">Cronica de las ultimas 35 horas de resistencia, del ultimo grupo de sobrevivientes a la plaga que torno al mundo en un cementerio.
<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28235330-4651770425483453642?l=testigo-mudo.blogspot.com'/></div>Testigo Mudotestigo.mudo@gmail.com2tag:blogger.com,1999:blog-28235330.post-65014234120504015202007-12-20T13:02:00.000-08:002007-12-20T13:05:32.755-08:00Julio – Diciembre 2007<div style="border-style: none none solid; padding: 0cm 0cm 1pt;color:-moz-use-text-color -moz-use-text-color windowtext;"> <p class="MsoNormal" style="border: medium none ; padding: 0cm; text-align: justify;"><span style="" lang="ES-MX"><o:p> </o:p></span></p> </div> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="" lang="ES-MX"><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"><span style="" lang="ES-MX">Julio – Diciembre 2007</span></p><p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"> </p><p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"><span style="" lang="ES-MX">® Testigo Mudo<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"><br /><span style="" lang="ES-MX"><o:p></o:p></span></p><div class="blogger-post-footer">Cronica de las ultimas 35 horas de resistencia, del ultimo grupo de sobrevivientes a la plaga que torno al mundo en un cementerio.
<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28235330-6501423412050401520?l=testigo-mudo.blogspot.com'/></div>Testigo Mudotestigo.mudo@gmail.com0tag:blogger.com,1999:blog-28235330.post-85836061276003160182007-12-06T16:50:00.000-08:002007-12-06T16:51:35.664-08:00+++<p class="MsoNormal"><span style="" lang="ES-MX">Disculpen, hoy no hay entrada.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal"><span style="" lang="ES-MX">Esta mañana me senté frente al ordenador en el trabajo y tras la rutina acostumbrada de revisar los correos y abrir el archivo del relato para comenzar a escribir en segundo plano –entre registros, llamadas, revisiones y una que otra esporádica reunión con el personal- y dejar caer gota a gota en el papel lo que tenía planificado que debía suceder en el <i style="">Jardín del Edén</i>, el día comenzó a descomponerse muy pronto, de tal forma que, al final del mismo, ahora que debería de estar colgando el texto, un sentimiento -de esos que te insinúan que debes tirar por borda todo esfuerzo de tus manos dado que tu actividad profesional no vale la pena, o que en realidad un detalle estúpido se convierte en el fiel de la balanza con la cual la gente te mide- me esta rondando, lanzando escupitajos de veneno y queriéndome hacer sentir peor de lo que ya estoy, mirándome postrado en el suelo y cubierto del polvo. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal"><span style="" lang="ES-MX"><o:p></o:p><br />+<o:p><br /> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal"><span style="" lang="ES-MX">Solo falto insultarnos y liarnos a golpes. Y todo por un cliente embravecido que supuso una crisis en donde solo había un procedimiento detenido por las mismas políticas que rigen a la empresa. <o:p><br /> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal"><span style="" lang="ES-MX">Vaya insignificancia.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal"><span style="" lang="ES-MX">Al final del asunto el cliente decidió saltarme y hablar con mi superior; y todo para terminar exactamente en dónde había comenzado. En nada y en lo mismo.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal"><span style="" lang="ES-MX">Claro, el superior se la tomó conmigo y aunque al final termino reconociendo que no había sido ni mi culpa ni responsabilidad, ahora mismo me marchó a casa con algunas huellas de zapato caro y fino sobre del ego y orgullo.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal"><span style="" lang="ES-MX">Vale, que esta NO-ENTRADA, vaya dedicada a todos los que escribimos y leemos desde el trabajo.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal"><span style="" lang="ES-MX">Un abrazo, voy a dormir.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal"><span style="" lang="ES-MX">TM<o:p></o:p></span></p><div class="blogger-post-footer">Cronica de las ultimas 35 horas de resistencia, del ultimo grupo de sobrevivientes a la plaga que torno al mundo en un cementerio.
<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28235330-8583606127600316018?l=testigo-mudo.blogspot.com'/></div>Testigo Mudotestigo.mudo@gmail.com1tag:blogger.com,1999:blog-28235330.post-43883867188075863042007-10-26T15:54:00.000-07:002007-10-26T15:55:35.852-07:00<object width="425" height="355"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/hwjNRetZdtg&rel=1"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/hwjNRetZdtg&rel=1" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"></embed></object><br /><br /><object width="425" height="355"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/7w5A9vl-5WQ&rel=1"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/7w5A9vl-5WQ&rel=1" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"></embed></object><br /><br /><div align="center">Escucha, y aprende, joven escritor.</div><div align="center">Escucha y reanímate.</div><div class="blogger-post-footer">Cronica de las ultimas 35 horas de resistencia, del ultimo grupo de sobrevivientes a la plaga que torno al mundo en un cementerio.
<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28235330-4388386718807586304?l=testigo-mudo.blogspot.com'/></div>Testigo Mudotestigo.mudo@gmail.com0tag:blogger.com,1999:blog-28235330.post-87265074099583405642007-07-02T16:44:00.000-07:002007-07-09T15:25:06.124-07:00<div align="center"><a href="http://4.bp.blogspot.com/_w23rz3-Hgc4/RomO5tpqoTI/AAAAAAAAACM/k6m5bTGc470/s1600-h/TPinicio2.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5082750776622358834" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_w23rz3-Hgc4/RomO5tpqoTI/AAAAAAAAACM/k6m5bTGc470/s320/TPinicio2.jpg" border="0" /></a></div><div class="blogger-post-footer">Cronica de las ultimas 35 horas de resistencia, del ultimo grupo de sobrevivientes a la plaga que torno al mundo en un cementerio.
<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28235330-8726507409958340564?l=testigo-mudo.blogspot.com'/></div>Testigo Mudotestigo.mudo@gmail.com0tag:blogger.com,1999:blog-28235330.post-73427885217177805342007-06-28T08:44:00.000-07:002007-06-28T08:47:39.615-07:00EL JUEGO DE LAS SUERTES<div align="justify">Tengo que dar una explicación no solicitada sobre el texto y a la vez ofrecer una disculpa que no admite demora.<br /><br />Hace algunos meses, mientras aún escribía <em>TESTIGO MUDO; CRÓNICA DE LA INÚTIL RESISTENCIA HUMANA ANTE LA PLAGA QUE TORNÓ AL MUNDO EN UN CEMENTERIO</em>, nació la idea de este relato. Surgió de la necesidad de atender una suposición que asomaba en mi cabeza y que no podía incluir en el relato principal en el que me veía involucrado en ese momento: la suposición primaria del suministro de alimento que existía o dejaría de existir en el supuesto de una infección planetaria extendiéndose y trastornando a la humanidad.<br />¿De dónde comerían los sobrevivientes?<br />Y aún, ¿Qué sucedería si se contaminara el alimento restante?<br /><br />Hasta ahí la explicación innecesaria sobre el origen del relato.<br /><br />Y ahora la disculpa necesaria.<br />Inequívocamente, a todos los avatares involucrados, entendiéndose estos como la personalidad, el alter ego, que alguien se ha esforzado en adoptar y mantener, y que yo he tomado arbitrariamente para mi relato.<br />Solo tengo en mi defensa un par de asuntos que expresar: en ningún momento ha sido la intención de hacer daño a la perspectiva que todos tenemos de uno u otro avatar, siendo todos ellos, y los humanos detrás de aquellas máscaras -aún espero que todos se conserven humanos- gente que merece todo mi respeto, admiración, y buena voluntad.<br />Y hablando de mi buena voluntad, ofrezco una disculpa secundaria por las acciones que cometían o en las que se veían involucrados los personajes a lo largo de la historia.<br />Quizá tendría que señalar directamente, mas no limitándome, al caso de Lara, Sinner y Kimera, quien una fortuita asignación de roles y acciones dejo fuera de mis manos su destino dentro del texto; a ratos, con verdadero dolor de mi parte. Esto lo digo en el respeto y aprecio que tengo de estos tres invaluables compañeros de foro y aventura.<br /><br />El asunto fue así desde el principio: escribí un esquema general de lo que suponía tendría que ser la trama de Voedsel. Luego requerí de personajes. Fue entonces que recurrí al índice de foreros en Apocalipsis Zombie ante una evidente carencia de recursos de mi parte para simplemente colocar nombres neutrales -quizá aquel día postearon algo, o simplemente estaban por ahí; esto en un ejemplo perfecto de lo que significa estar en el lugar incorrecto en el momento inadecuado. Inmediatamente inserte los avatares reunidos en donde a ratos había colocado asteriscos o signos de arroba o simples números.<br /><br /><br />-¿En qué mierda nos hemos metido? ¿Qué ha sucedido…- dijo <strong>*</strong> con el rostro desencajado- <strong>qw, 16</strong>, díganme qué mierda sucedió aquí…<br />Todos aquellos hombres estaban dándose cuenta de la situación. El infectado había puesto sus asquerosas manos y recargando su cuerpo putrefacto en aquel pan; y luego ellos se lo habían tragado todo.<br /><br />Y quedaba tras reemplazar con los nombres:<br /><br />-¿En qué mierda nos hemos metido? ¿Qué ha sucedido…- dijo Lara con el rostro desencajado- Sinner, Richthofen, díganme qué mierda sucedió aquí…<br />Todos aquellos hombres estaban dándose cuenta de la situación. El infectado había puesto sus asquerosas manos y recargando su cuerpo putrefacto en aquel pan; y luego ellos se lo habían tragado todo.<br /><br />Este sistema, este juego de suertes, me arrebató con rapidez un personaje como el de Lara, quien muchas veces pensé pudo haberse convertido en un personaje muy importante.<br />Y de otra manera, la fortuna me regalo a Papish al mando del cúmulo de maldad dentro del complejo abandonado bajo tierra.<br /><br />El sistema a veces funciono, a ratos no tanto.<br /><br />Por último, y en mención especial, un saludo a la distancia a Las Horas Del Mar, a Buciraco, James Steward y a Catastrophe23 -y por asociación, a su creación de ciudad- quienes estuvieron presentes solo como inferencias, pero siempre a la par en importancia con los personajes principales.<br /><br />Espero se haya disfrutado la lectura.<br />La proxima semana aquí podrán descargar el relato integro en formato PDF, y habrá noticias sobre lo que tenga que venir a continuación. </div><div align="justify"> </div><div align="justify">Saludos.<br /></div><div align="right"><br />TM<br />Marzo - Junio 2007 </div><div class="blogger-post-footer">Cronica de las ultimas 35 horas de resistencia, del ultimo grupo de sobrevivientes a la plaga que torno al mundo en un cementerio.
<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28235330-7342788521717780534?l=testigo-mudo.blogspot.com'/></div>Testigo Mudotestigo.mudo@gmail.com0tag:blogger.com,1999:blog-28235330.post-11943543815347412162007-06-27T08:38:00.000-07:002007-06-27T08:51:47.278-07:0047v – Última entrada (Mañana un pequeño comentario)<p align="justify">Richthofen despertó casi treinta y seis horas después. Estaba dentro de un cuarto oscuro cuyas ventanas estaban completamente tapiadas con gruesas maderas y recubiertas de retazos de tela en todas partes. Sus ojos viajaron lentamente por aquella oscuridad y muy pronto descubrió alguna especie de decoración que se esparcía cuidadosamente por el cuarto en el cual se encontraba; se reconoció a sí mismo en una mullida y pequeña cama de sencilla disposición. A los pies de la misma se encontraba una pequeña mesa donde observo un puñado de fibras plásticas, lodo endurecido, remates y costuras reventadas que reconoció como los zapatos que había utilizado desde que el comandante Heart lo había integrado circunstancialmente en una ya olvidada misión.<br />De alguna manera cierto tipo de luminosidad flotaba en el ambiente y le permitía a Richthofen observar esas y otras cosas que se encontraban en la habitación. No muy lejos de ahí una puerta medio abierta invitaba a observar a través de ella. Detrás su perspectiva se observaba un pasillo estrecho también tenuemente iluminado.<br />Richthofen intentó levantarse pero un dolor terrible en sus piernas, cadera y espalda lo impidió. Era como si sus músculos se desquebraran como viejas losetas asfálticas al intentar moverlos. Su cuerpo era una colección de estallidos musculares y accidentes fisiológicos. Estaba completamente arruinado.<br /><br />- <em>Ahí estas, bello durmiente</em>.-<br /><br />Richthofen se sacudió en la cama y buscó con violencia la fuente de aquella voz. Por un costado de aquella habitación apareció la delicada figura de una jovencita, quizá no mayor a los veinte años. El soldado intentó incorporarse nuevamente acelerado por aquella presencia.<br />Si uno pudiera definir ese dolor, Richthofen sintió desgarrarse la piel de sus piernas y pies tal y como se desgarra la piel de una naranja al ser comprimida con fuerza. Fue percibir un sangrar inmediato y microscópico.<br /><br />- ¿<em>Quién esta ahí</em>? ¿<em>Quién esta hablando</em>? ¿<em>Quién carajos</em>...? ¡<em>Xavare</em>! ¡<em>Skass</em>! ¿<em>Dónde estamos</em>?-<br />Richthofen se sacudió sobre la cama e intentó despojarse de la delgada manta que lo cubría.<br />- ¡<em>No te levantes! ¡estas mal herido</em>!-<br />- ¡Quién eres! ¡qué quieres de mí!-<br />- ¡<em>Recuéstate</em>! ¡<em>No puedes estar de pie</em>!-<br />- ¿Por qué estoy herido; dónde estoy?-<br />- <em>Estas en un lugar seguro. Solo necesitas saber eso; somos amigos</em>.-<br /><br />Richthofen dejo de moverse, más por causa del dolor que por creer en aquellas palabras. Se dio cuenta que la jovencita traía consigo una especie de rustica charola; Apenas era una superficie rígida que sostenía un plato translucido que humeaba la insinuación de un liquido caliente. Acompañaba con un vaso de agua en el que parecía haber licuado algún tipo de fruta. Richthofen intentó establecer qué fruta pudieron haber utilizado para obtener eso, pero solo algo del color de una zanahoria podía dar una apropiada respuesta.<br /><br />- <em>Voy a dejar aquí su comida; ya me marcho</em>.-<br />- No, no te vayas, por favor... Quién eres, cómo te llamas...-<br />- <em>Maria, me llamo Maria</em>.<br />- Maria, dónde están mis compañeros.-<br />- <em>Descansando, están descansando</em>.-<br />- ¿Están bien; a salvo?-<br />- <em>Si, todos. Los encontramos casi muertos, pero ya mejoran notablemente. Fue difícil creer todo el daño que presentan</em>. ¿<em>Qué les sucedió</em>? ¿<em>Dónde estuvieron</em>?-<br /><br />Richthofen dudó.<br />- <em>Resucitamos Maria... Estuvimos muertos</em>.-<br /><br />+<br /><br />Transcurrió otro día para que los cuatro hombres volvieran a verse las caras, y sucedió en el núcleo de todas aquellas construcciones; alguien había tenido la idea de tapiar con madera y cualquier material disponible todas las ventanas y puertas de un conjunto de nueve o diez casas -casi todas ellas de madera- y unir las mismas creando una red de rústicos Skywalkers terrestres que comunicaban al fin las unas con las otras. La sensación final era la de un hormiguero compuesto de varias cámaras que no arrojaba evidencia de estar habitado. El lugar estaba poblado por un mínimo de treinta personas, incluyendo algunos niños y algunos jovencitos, Maria entre ellos.<br />Los cuatro soldados se descubrieron alegremente vivos y en medio de una especie de repentina recuperación en la cual antes ni siquiera hubieran creído.<br /><br />- <em>Richthofen, Richthofen... Lo logramos</em>.-<br />- Si, estamos vivos, estamos vivos y a salvo...-<br /><br />Inevitablemente aquellas personas que los habían acogido preguntaron de dónde habían llegado y qué les había sucedido. Richthofen contó la historia. En la misma el comandante Heart aparecía como un héroe luminoso e invencible; Lara, una mujer hermosa y valiosísima; una simple victima de algo que los rebasó a todos.<br />Bender, Dreed y Sinner fueron retratados como caballeros que lucharon sus propias batallas y tuvieron el infortunio de perder apenas en el último segundo.<br />Y Chenko, en su momento, según Richthofen, siempre estuvo al frente del escuadrón; de tal manera que eso había desembocado en la supervivencia de los cuatro hombres restantes del escuadrón.<br /><br />Los enemigos fueron retratados brevemente, todos con características de vampiros, reptiles e insectos abominables.<br /><br />+<br /><br />Aquella comunidad también tenía su historia y los antiguos S.T.A.R.S. la escucharon con atención, asombrados de lo que aquella gente tuvo que pasar para sobrevivir.<br />Luego, al final, quedó sobreentendido que Kimera, Xavare, Skass y Richthofen pasaban a formar parte de la comunidad; si aquel fuese su deseo.<br /><br />+<br /><br />Algunos días después, cuando tuvieron la oportunidad, se reunieron para conversar en privado.<br /><br />- <em>Richthofen</em>, ¿<em>crees que sea posible</em>?-<br />- No lo sé; tal vez todo es simplemente un sucio pensamiento.-<br />- ¿<em>Será verdad</em>? ¿<em>Algo de todo eso podría ser cierto</em>?<br />- Pues así parecía, juraría que no nos equivocamos con esto...-<br />- <em>La verdadera pregunta es otra</em>: ¿C<em>uánto tiempo</em>? ¿C<em>uánto tiempo vamos a esperar</em>?-<br />- Tiene que llegar la primavera, y tenemos que estar completamente recuperados.-<br />- <em>No entiendo</em> -dijo Kimera- <em>la necesidad que aparentemente tenemos de regresar a ese maldito cementerio. En este preciso instante debe estar rebosante de monstruos, y si todo sucedió como se suponía, si eso fue lo que pasó, el mismo Chenko</em> -Kimera dijo ese nombre con lentitud y profundidad, como cuando se pronuncia con propiedad la palabra abismo- <em>esta ahí, pendiente de contagiar de infierno a cualquier victima que pueda caer en sus manos</em>.-<br />- Pero, ¿Qué otra cosa podemos hacer? No podemos permitir que eso se pierda; si alguien merece poseerlo, somos nosotros.-<br />- <em>Tenemos que ponerlo a consideración de los demás; no podemos actuar solos</em>.<br />- Si, tienes razón, pero no ahora, cuando sea propició...-<br />- ¿<em>Y cuándo será eso</em>?-<br />- Después, cercana la primavera...-<br /><br />+<br /><br />Los hombres discutían sobre <em>El Recurso</em>, aquello que escucharon de voz de Papish y que suponían algún tipo de combinación de arma, transporte, refugio y otras decenas de cosas al mismo tiempo.<br />Querían regresar por eso, saber qué era y sobre todo, saber si podía beneficiarles en algo.<br />Querían -necesitaban- saberlo a pesar del peligro que representaba regresar al complejo bajo tierra.<br /><br />- <em>Ahora debemos descansar</em>- concluyó Richthofen- <em>ahorrar energía y fuerzas. Debemos ser inteligentes; en un mundo donde ya no existen las municiones ni las armas de fuego, un plan perfectamente claro y realista debe ser el equivalente de una bomba atómica amartillada y teledirigida</em>.-<br /><br />+<br /><br />Los hombres se dispersaron entonces, antes de levantar cualquier posible sospecha; regresaron a la integración que les sucedía en aquella comunidad.<br /><br />+<br /><br />Esa noche, los cuatro hombres en distintas secciones de aquel panal, compartían una misma sensación.<br />Percibían que lo vivido los había afectado de una manera que aún no alcanzaban a comprender. Quizá toda esa desesperación los había marcado para siempre. Incluso, tras pensarlo detenidamente, habían llegado a intentar un ejercicio de comprensión sobre el comportamiento de aquellos que alguna vez habían llamado malditos, extraños, engendros. De alguna manera los habían encasillado simplemente como humanos; humanos con una distorsión de sus sentidos; y quizá nada más.<br /><br />Ya después durmieron tranquilos, tal y como lo habían hecho las noches pasadas.<br /><br />Tanto, que incluso su ritmo cardiaco parecía desacelerarse.<br />Tanto, que incluso perdían respiraciones.<br /><br />Tanto que incluso no caían en cuenta que las últimas palabras que habían expresado durante su incipiente y privada conversación sobre <em>El Recurso</em>, era el discurso seminal que Papish y los suyos habían sostenido durante todo el tiempo de su pesadilla compartida.<br /><br />Los antiguos S.T.A.R.S. durmieron sin remordimientos aquella pensando en <em>El Recurso</em> y en cómo fue posible que hubiera nacido aquella pesadilla en que estuvieron involucrados.<br /><br />Sostuvieron toda aquella noche aquel tipo de actividad mental que se confunde fácilmente con imaginaciones. </p><p align="justify">Pero no estaban imaginando; estaban teniendo visiones. Y las visiones lo cambian a uno. Desde lo profundo.</p><div align="justify"><div align="center"><hr /></div></div><div class="blogger-post-footer">Cronica de las ultimas 35 horas de resistencia, del ultimo grupo de sobrevivientes a la plaga que torno al mundo en un cementerio.
<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28235330-1194354381534741216?l=testigo-mudo.blogspot.com'/></div>Testigo Mudotestigo.mudo@gmail.com0tag:blogger.com,1999:blog-28235330.post-57394769429227292582007-06-26T08:04:00.000-07:002007-06-26T08:07:29.979-07:0046v – Penúltima entrada<p align="justify">- ¡<em>Tenemos que irnos inmediatamente</em>! ¡<em>Inmediatamente</em>!-<br /><br />Los cuatro hombres estaban temblando por causa de la explosiva revelación a la cual exponían sus sentidos; además de los gritos desgarradores que alcanzaban a percibir desde el otro lado del complejo -de lo inmediato detrás de aquellas paredes. Chenko, su líder, alguien a quien no habían comprendido del todo, en ningún momento, estaba en ese mismo instante acabando con los enemigos que por poco les habían arrebatado la vida.<br />Los cuatro se acercaron a la salida del complejo y cuando la abrieron una ráfaga velocísima de aire congelado les golpeo el rostro y las articulaciones. Un dolor como de minúsculos cuchillos inmediatamente los azotó y los hizo retroceder por un segundo; pero ninguno de ellos permanecería de voluntad propia en aquel lugar un segundo más. A unos cuantos metros de ahí el cuerpo inerte de aquel que en algún momento se había identificado como Daviwolfy seguía pendido del remate del sistema de calefacción que desembocaba en el lugar.<br />Su presencia era una amenaza latente. Los malditos que ahora debían estar comprendiendo -antes de sucumbir por completo- que estaban contaminados, debían conocer todos y cada uno de los recovecos y laberintos de aquella instalación, y los monstruos en los que ahora se convertían no debían de tardar en aparecer por cualquiera de los rincones que abundaban en todas partes.<br /><br />Afuera era de día, increíblemente de día. Tantas horas encerrados en aquel lugar habían borrado de sus concepciones la noción del tiempo y antes de abrir el acceso hubiera sido imposible para ellos determinar si aún siquiera existía el sol y la luna.<br />Los cuatro que quedaban de nueve seres humanos que habían entrado en aquel complejo pensando que este era un refugio al cual asirse confiadamente, se descubrían a sí mismos más temerosos del interior del mismo que del exterior en donde reinaba la tormenta. Tras intercambiar miradas entre ellos se aventuraron a salir y al cabo de un par de minutos tenían las piernas enterradas en no menos de treinta o treinta y centímetros de nieve que colapsaba debajo de sus pasos. Se movían con toda dificultad y era perfectamente visible que uno de ellos, Kimera, era el más debilitado de todos; reiteradamente se rezagaba al punto de que en unos cuantos minutos de marcha frente al furioso clima, quedaba detrás de los tres hombres que le precedían por lo menos en unos cuatro o cinco metros. Skass regreso por él y le indico a señas apoyarse de su cuerpo. Así lograron avanzar al unísono aquellas cuatro figuras durante no menos de tres horas.<br /><br />+<br /><br />Al cabo de ese tiempo la tormenta aminoró su furia de tal manera que daba la impresión de llegar a ser solo una llovizna de nieve reblandecida. Los cuatro hombres observaron como el entono que los envolvía se despejaba y comenzaba a dejar entrever la configuración del lugar en el que se encontraban. Después de aquellas horas de caminata en contra de los elementos una especie de cordillera se dejaba mirar a la distancia. Sobre aquella imagen las nubes comenzaban a guardar silencio y unos pocos rayos de luz penetraron hasta acariciar el rostro de los sobrevivientes que parecían despertar de un largísimo letargo en el cual hubieran caído como por arte de magia. El sol poco a poco apareció en el horizonte tornando el panorama en una combinación de colores brillantes e intensos. Parecía que todo regresaba a la vida, los impulsos de la naturaleza penetraban y atravesaban el alma de aquellos hombres. Incluso un intenso aroma a naturaleza emanaba de todas partes intensificando la inexplicable sensación de estar vivo, de haber escapado del embrujo de un pozo sin final en el cual jamás se dejaba de caer. <br />Lo suyo era la sensación que debía tener un hombre dispuesto contra el paredón y que al momento del fusilamiento, todas las armas del pelotón hubieran fallado. Todas.<br /><br />+<br /><br />Los hombres continuaron caminando y cuando fueron capaces de darse cuenta, su rastro sobre la nieve era ya una línea interminable que se perdía en el recorte del suelo en contra del horizonte. Ahora que todo les parecía favorable, inexplicablemente les asistían fuerzas invisibles e irreconciliables con su figura desquebrajada.<br /><br />- <em>Richthofen, Richthofen</em> ¿<em>A dónde nos dirigimos</em>?-<br />Las voces se escuchaban entrecortadas y ateridas. El frío calaba hasta los huesos a pesar del imponente sol que ahora hacia brillar toda la superficie del mundo.<br />- <em>No tengo idea… la más mínima… Puede que estemos caminando hacía ninguna parte, a un vació indefinido</em>.-<br />- Richthofen- <em>dijo Skass</em> – ellos, ellos hablaban de una población cercana al complejo. Quizá haya gente ahí todavía, gente… gente buena…-<br />- <em>Debemos estar ya muy lejos de ese lugar, si es que en verdad existía; no estoy tan seguro de las buenas intenciones de aquellos malditos al hacernos concientes de aquella información</em>.-<br />- Richthofen... tiene... razón...- <em>Dijo Kimera</em> – no debemos regresar... bajo ninguna... circunstancia…-<br />- <em>Esas fueron las palabras de Chenko…-</em> remato Xavare.<br />- No regresaremos entonces- <em>sentenció Richthofen </em>– no regresaremos; seguiremos en esta misma dirección hasta topar con algo; con lo que sea.-<br /><br />- <em>Richthofen, dime, dime por favor…</em> ¿<em>Todo ha sido un sueño, una pesadilla</em>? ¿<em>Sucedió de verdad</em>?-<br /><br />Richthofen dilató su respuesta.<br />- <em>No lo sé, no lo sé Xavare</em>…-<br /><br />+<br /><br />Caía ya la noche cuando los hombres encontraron una enorme extensión de terreno cubierta con lo que parecían ser una cantidad inimaginable de huellas.<br />No eran huellas humanas, era evidente. Parecían de alguna especie de animal. Cuadrúpedos, caninos. Tenían que haber sido centenares los animales reunidos para marcar todo aquel territorio. En muchas partes se veían amontonamientos de heces congeladas. Era imposible concebir por qué tal cantidad de animales se reuniría en un solo lugar y después desaparecía como un solo ente.<br /><br />- <em>Solo sé que no quiero toparme con ellos, de ninguna manera</em>.-<br />- Skass ¿recuerdas que nos obligamos a entrar al complejo por causa de algo que vimos desplazarse velozmente sobre la nieve? ¿Recuerdas? ¿Habrán sido estos mismos animales?-<br />- <em>Lo recuerdo… tal vez… </em>¿<em>Qué otra cosa podría ser</em>?-<br />- Hay que encontrar una dirección a la cual dirigirnos, ahora es imperativo; no podemos deambular si hay algo como esto movilizándose por este terreno.-<br />- <em>Podemos seguir la orientación general de la estrellas del norte; eso debe conducirnos a alguna parte</em>.-<br />- Muy bien... al norte.-<br /><br />Un par de horas después de caminata nocturna los hombres se aprestaron a descansar. Simplemente se recostaron cerca el uno del otro. La visión de las estrellas sobre sus cabezas era de una belleza y simplicidad que hizo llorar a sus corazones.<br /><br />+<br /><br />Sin que nadie pudiera haberlo creído posible, al día siguiente hubo un amanecer.<br /><br />El pequeño comando reinicio su caminata extendiéndola hasta muy entrado el día. No habían probado alimento en una ya indeterminada cantidad de horas; no sabrían precisar cuánto tiempo había pasado desde la última ocasión en que se habían llevado algo a la boca, aunque esto no hubiera sido mas allá de dos o tres días, a lo sumo, los cuales tenían que sopesarse en acontecimientos, no contabilizarse en horas.<br /><br />Una especie de desfallecimiento se sucedía intermitentemente dentro sus cuerpos y mentes, debilitándolos, ensimismándolos, volviendo cada vez más lenta su interminable marcha.<br /><br />Tiempo después, el brillo del sol sobre la nieve comenzó a cegarlos y a confundirlos. Muy pronto nuevamente estaban completamente perdidos. Se detuvieron varias veces, sobre todo cuando comenzaron a volver el estomago de cansancio; de pronto se encontraban mareados, débiles, heridos casi de muerte, deshidratados y con la química interna de sus cuerpos alterada tal y como si hubieran ingerido algún tipo de veneno.<br />Con cada hora transcurrida pensaban menos y simplemente extendían la actividad física en la que sus cuerpos se hallaban imbuidos.<br /><br />Por eso creyeron que se trataba de algún tipo de visión o espejismo cuando en un lejano costado de su errático caminar se configuro la imagen de una serie de inexplicables construcciones. Bien pudieron haber sido considerada la idea general de una aldea en medio de la selva o a los pies de una playa, pero en aquel paisaje nevado resultaba sobrado y chocante.<br /><br />+<br /><br />Los hombres bien pudieron haber pasado de largo y terminar extraviados y muertos en cualquier punto anónimo de aquellas llanuras nevadas, pero un par de gestos, además de sus contrastantes figuras oscurecidas en contra de la blancura circundante, revelaron su presencia ante algunos humanos que se encontraban en aquellas construcciones que ignoraron a su paso, las cuales eran jodidamente reales.<br />El primer gesto fue la asistencia en que el cuarteto envolvía a Kimera. El soldado era el de condiciones más precarias; de vez en vez se apoyaba alternadamente en Richthofen, luego en Skass y por último se apoyaba exclusivamente en las buenas intenciones de Xavare por ayudarle, pues este último simplemente no podía sostener más peso que el suyo propio.<br /><br />+<br /><br />Alguien a la distancia conversaba rápida y desesperadamente con alguien más sobre aquellas cuatro figuras.<br />- <em>Un infectado no ayuda a otro a caminar; te digo que son humanos. Esta perdidos... Hay que ir por ellos</em>...-<br /><br />+<br /><br />Tras unos cuantos minutos de caminata el disminuido escuadrón fue alcanzado de forma increíble por una breve comitiva de dos o tres humanos que intentaron acercarse a ellos. Los soldados amenazaron con matar a esos hombres si se atrevían a ponerles una sola mano encima.<br /><br />- ¡<em>Tienen que venir con nosotros</em>! ¡<em>Aquí ronda una cantidad ingente de fieras salvajes</em>! <em>Morirán si no vienen de inmediato con nosotros</em>...-<br />- Estamos demasiado débiles... No podemos luchar; por favor déjenos ir... No nos necesitan... déjenos solos.-<br />- <em>No podemos hacer eso... No los lastimaremos... Queremos ayudarles..</em>.-<br /><br />Los soldados siguieron caminando mientras una suerte de ruego se escuchaba detrás de ellos; aquellas personas -jóvenes casi todos- prácticamente estaban suplicándoles que se refugiaran a su lado. Muy pronto un trastabilleo de Kimera les hizo detenerse y darse cuenta de su terrible condición; y reventar, desmoronarse y caer de lleno en la nieve envueltos en el reconocimiento de su fragilidad.El pálido sabor salado de sus lágrimas lastimó las comisuras de sus labios desquebrajados.</p><div class="blogger-post-footer">Cronica de las ultimas 35 horas de resistencia, del ultimo grupo de sobrevivientes a la plaga que torno al mundo en un cementerio.
<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28235330-5739476942922729258?l=testigo-mudo.blogspot.com'/></div>Testigo Mudotestigo.mudo@gmail.com0tag:blogger.com,1999:blog-28235330.post-88446467462430088902007-06-25T05:53:00.000-07:002007-06-25T05:55:12.630-07:0045v – Antepenúltima entrada<div align="justify">Casi cuarenta minutos después una manada de hienas fue lo que se levantó del cadáver y cuerpo destrozado de lo que antes había sido Chenko. En los musculos que rodearon lo que alguna vez fueron los ojos de un hombre, ojos de un cuerpo inerte, se adivinaba la mueca petrificada de un dolor blanco que se había dispersado por todo su ser. Ahora no era más que un cadáver arrasado y sus predadores intercambiaban miradas de placer al observarse cubiertos de sangre, retazos de piel, coágulos y satisfacción. Papish sobre todo estaba feliz, había satisfecho varias necesidades al mismo tiempo sobre el cadáver de aquel hombre. Su enorme tatuaje se adivinaba casi borrado en su torso desnudo; toda aquella sangre imposibilitaba mirarlo siquiera. Y poco después con un movimiento de cabeza y manos indicó que aquel era el momento justo de ir y traer de regreso al resto de los prófugos.<br />Sus cómplices se levantaron torpemente. Nimind se aventuró primero por aquel negro acceso y fue quien descubrió que estaba cerrado por fuera.<br /><br />-<em> Qué mierda es esta… </em>-<br />Ningún esfuerzo en ese momento parecía suficiente para destrabarla. Con cada tirón se escuchaba el crujir de la traba metálica que imposibilitaba abrir aquel acceso.<br />- ¡<em>Todos</em>! ¡<em>A tirar</em>!-<br />Pero minuto tras minutos aquello parecía imposible de vencer. Sobe todo por una causa obscena: todos esos malditos estaban tan satisfechos, tan llenos de podredumbre por la carne cruda que acababan de consumir, que se les hacía pesado moverse y coordinar cualquier clase de esfuerzo.<br /><br />Batallaron un rato intentando abrir el acceso, pero momentáneamente solo deseaban descansar aquella maligna digestión. Nimind -sin que le importara si Papish tenia algún comentario o no al respecto- ordenó descansar, tumbarse por donde fuera. Cualquiera que fuera el caso, los ex STARS no conseguirán escapar a ninguna parte.<br /><br />+<br /><br />Papish también siguió con gusto aquello que para ella era una sugerencia y no una orden. Busco un rincón oscuro y ahí se recostó en el suelo. Sentía como dentro de su cuerpo se agolpaban, recorrían y distendían néctares tibios que comenzaban a nutrir sus huesos secos y marchitos. Algo en su piel comenzaba a tonificarse nuevamente, como si estuviese a la mitad de algún tratamiento revitalizante que estuviera devolviéndole una belleza saludable a todo su cuerpo. Poco a poco comenzó a quedarse dormida, percibiendo además como la sangre que manchaba su cuerpo comenzaba a formar extensas superficies secas que entumecían la superficie de la piel del torso. Solo unos segundos después el sueño la había vencido casi por completo, y de una manera subliminal comenzó a desvariar en su mente e imaginación; al cabo de un rato comenzó a preguntarse sobre Chenko; sobre sus actitudes y qué es lo que tiene que suceder en la cabeza de un hombre para entregarse, sacrificarse, en lugar de sus compañeros.<br /><br />- E<em>ra un estúpido, no más que eso… un estúpido de buenos sentimientos…</em>- Concluyó Papish.<br /><br />Entonces algo se estremeció dentro del cuerpo de la mujer.<br /><br />+<br /><br />Lejos de la masacre, Kimera, Skass, Xavare y Richthofen simplemente no podían creer lo que habían estado mirado. Habiendo atravesado aquel oscuro e interminable pasillo a oscuras desembocaron en el segundo nivel que contenía las cavas llenas de pan, habían subido por las escaleras al primer nivel e intentado salir por el acceso al exterior, pero la tormenta, todavía poderosa aunque ya considerablemente debilitada se los había impedido.<br />Fue entonces que observaron asombrados un mensaje escrito en la pared del acceso. De alguna manera había Chenko conseguido escribir ahí unas cuantas líneas que los hombres leyeron sin poder dar crédito a lo que sus ojos les mostraban.<br />Simplemente no podían creer el mensaje de aquellas palabras.<br /><br />“<em>El efecto no debe tardar en aparecer. Cuídense, manténganse escondidos. El general Heart hubiera hecho los mismo, y yo cargo con la deuda de haber perdido su vida en una tonta apuesta. Cuando salgan al exterior y encuentren más gente, no les digan que existí, tampoco cuenten las perversas cosas que hice. Richthofen queda al mando. Es una orden. Chenko.</em>”<br /><br />¿El efecto? ¿Las cosas perversas?<br /><br />+<br /><br />Exactamente Richthofen fue el primero en entender de qué se trataba aquello. Salio corriendo con la firme intención de adentrarse en la oscuridad del segundo nivel. Cuando llegó ahí sabía perfectamente que buscar y en dónde podía encontrarlo. Y cuando lo hizo, cuando sus ojos se posaron sobre aquello, supo que una nueva tormenta estaba a punto de desatarse en ese lugar.<br />Pero decir que Richthofen miró algo, es decir demasiado. Sus ojos se posaron sobre la ausencia, en lo que antes había estado ahí y ahora había desaparecido.<br /><br />Richthofen había descendido al segundo nivel y entro en la cava llena de pan. Y encontró que esta había sido revuelta, asaltada. Chenko había estado ahí antes de regresar a canjear su vida por la de ellos. Había estado en esa cava, desgranado aquellos mendrugos, desprendiendo las costras superficiales del mismo, localizando y exponiéndose a las marcas más evidentes de la contaminación que el infectado –el que habían descubierto cuando aún eran un comando integro- había dejado sobre aquella dura superficie comestible.<br />Al lado del pan desgranado se hallaba evidencia de Chenko, casi se podían percibir imágenes de su persona arrancando los pedazos más afectados, las costras que habían tenido contacto directo y extremo con las putrefactas extremidades del infectado, y la evidencia clara de que Chenko había consumido esas mismas porciones.<br />Al lado de las migajas se hallaba el pétreo contenedor que el mismo Richthofen había utilizado para remojar el pan cuando lo ofreció a todos –mil años atrás- y ahora contenía nieve derretida casi hasta casi el borde. Ahí flotaban minúsculos pedazos de pan remojados que simulaban una sopa mortífera que debía contener millones de esporas del maldito virus que asolaba a la humanidad, flotando y mostrándose como un concentrado de contingencias monstruosas.<br /><br />+<br /><br />Para cuando Kimera, Skass y Xavare llegaron junto a él, alarmados por su intempestiva carrera, Richthofen pensaba en las implicaciones que contenía ese acto por parte de Chenko; el efecto que toda aquella contaminación pudo haber tenido en su organismo, y una duda mezclada con una incipiente resolución, sobresalía de entre los pensamientos del soldado: Chenko –si lo que buscaba era infectarse- bien podía hacerlo tomando de la sangre del infectado o del mismo Dreed; pero eso hubiera sido inútil, idiota.<br />Lo que Chenko había buscado recrear era un efecto dilatorio, el cual le otorgara la cantidad suficiente de tiempo y posibilidades para ir y regresar por ellos, negociar sus vidas y después, después explotar, contaminar en medio de aquella manada de malditos, una vez que los ex STARS estuvieran lejos de ahí.<br />Por eso culminó el asesinato de Sinner…<br /><em>Para que no los retrasara</em>…<br /><em>Para no convertirlo en un monstruo también</em>.<br /><br />+<br /><br />Lejos de Richthofen, el cual comenzaba a explicar lo sucedido a sus impresionados compañeros, algo borboteo en el interior del estomago de Papish; en el interior de su cuerpo. En el interior de su alma.<br />Un dolor inmenso sobrevino entonces. Y la mujer gritó, gritó como nunca antes lo había hecho. Pero sus cómplices lejos de responder asistiendola de inmediato, ya se revolvían en su propio dolor y agonía. El virus comenzaba su labor de destrucción y deformación. Como un cronometro el plan de Chenko erupcionaba justo a tiempo. </div><div class="blogger-post-footer">Cronica de las ultimas 35 horas de resistencia, del ultimo grupo de sobrevivientes a la plaga que torno al mundo en un cementerio.
<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28235330-8844646746243008890?l=testigo-mudo.blogspot.com'/></div>Testigo Mudotestigo.mudo@gmail.com0tag:blogger.com,1999:blog-28235330.post-82338687677542494782007-06-22T13:55:00.001-07:002007-06-22T13:55:41.495-07:00Vd<object width="425" height="350"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/S37hxwveC2Q"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/S37hxwveC2Q" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="350"></embed></object><div class="blogger-post-footer">Cronica de las ultimas 35 horas de resistencia, del ultimo grupo de sobrevivientes a la plaga que torno al mundo en un cementerio.
<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28235330-8233868767754249478?l=testigo-mudo.blogspot.com'/></div>Testigo Mudotestigo.mudo@gmail.com0tag:blogger.com,1999:blog-28235330.post-79566130159413251532007-06-22T13:03:00.000-07:002007-06-22T13:06:37.767-07:0044v<div align="justify">-¡<em>Ahora escúchame Papish</em>! ¡<em>Es mi última petición y confió en que tengas suficiente palabra para cumplirla</em>!-<br />La mujer todavía reía en el remate de la cámara. Detrás de ella los suyos no dejaban de percibir el asunto con recelo, pero al mismo tiempo una mueca compartida de extraño regodeo se extendía en todos ellos; incluso en Nimind, quien aparentemente era una roca sin expresiones.<br />-¡<em>Dime Chenko, dime con que otra petición quieres tentar a tu buena fortuna</em>!-<br /><br />Chenko tartamudeó pero retomó casi de inmediato la palabra. Jamás había dicho ni diría algo tan horrible como lo que iba a expresar.<br />- <em>Entiendo que me he ofrecido y estoy bajo tu merced y caprichos. Y puedo inferir que comprendes que aunque he intercambiado la única oportunidad de salvación con mis hombres y no aunque intentare escapar, ponerme una mano encima va a ser la cosa más difícil que harás en la vida…</em>-<br />- Creo poder reconocer eso…-<br />- Así que, Papish, esta es mi segunda petición: ¡Lo que vayas a hacer conmigo… <em>hazlo rápido</em>! ¡No pierdas el tiempo en juegos estúpidos y concluyamos con esta incertidumbre!-<br />- <em>Chenko, Chenko… </em>¿<em>Entiendes que tengo una prolífica imaginación y lo que me sugieres puede tener muchas interpretaciones</em>? <em>Desde aquí, querido, te ves <strong>delicioso</strong>, de tantas maneras…</em>-<br />Chenko palidecía por segundos y una evidente sensación de malestar lo embriagaba en aquel instante; toda aquella presión lo estaba carcomiendo por dentro.<br />- <em>Pues ven por mi, idiota; ven por mí…</em>- Chenko temblaba en su lugar. Si bien de forma velada amenazaba a Papish y a sus hombres, bien sabia que de ninguna manera opondría resistencia ante lo que fuera a suceder.<br /><br />Los cómplices de Papish sonrieron casi al unísono y la mujer compartió aquella sonrisa. Acabar con Chenko en ese mismo instante coincidía perfectamente con la intención de ejecutarlo a la brevedad e ir de caza tras los demás hombres.-<br />- <em>Chenko, será un placer cumplir con tu petición…</em>-<br /><br />Papish ordenó a los suyos seguirla. Ella personalmente encabezaría lo que iba a suceder. Descendieron en total seis sombras hacía la parte baja de la cámara. Se acercaron a Chenko con la cautela que les precisaba las reacciones anteriores del soldado, pero este último sabía –entendía a plenitud- que el éxito de su plan requería de su parte toda la docilidad y entereza de la cual fuera capaz.<br /><br />– <em>Desnúdenlo</em>…-<br />Chenko no esperaba eso y no supo como resonder sino con una especie de mutismo apenas contenido. Le costó mucho trabajo observar como aquellos malditos se le acercaban extendiendo las manos en su dirección, contaminadas como garras de murciélago, y aún así solo opuso un tenue resistencia e intento no perder el equilibrio cuando comenzaron a arrancarle la ropa. Muy pronto quedo solo recubierto por la delgada tela de lo que antes había sido una resistente ropa interior –una protección básica- de confección militar.<br /><br />La mujer miraba a Chenko como quien encuentra en medio de un lodazal un diamante valiosísimo; o mejor decirlo, como quien encuentra un tesoro abundante y de muchos usos.<br /></div><div align="justify">- <em>Golpéenlo… pero no lo maten... no aún…</em>-<br />La voz de Papish se volvió cavernosa, como si deglutiera algo de consistencia demasiado extraña para el gusto de cualquiera. Chenko retrocedió un par de pasos; aquello de ninguna manera formaba parte de lo que esperaba sucediera una vez intercambiado lugar con sus hombres. Las cosas se estaban saliendo de control. Según lo que tenia pensado, primeramente tenia que suceder que… Inmediatamente sintió detrás de sí un ondular veloz y cuando menos se dio cuenta un movimiento terrible impactó sus costillas por un costado y le obligó a doblarse de dolor tras la expulsión de aire de sus pulmones. Cuando Chenko trastabillo cerca del suelo los puños de todos los cómplices de Papish comenzaron a recaer sobre su cuerpo. El soldado intentó defenderse de alguna manera pero la lluvia de golpes que cayó sobre él le impidieron siquiera saber dónde tenía las manos cuando todo se concentró sobre él.<br /><br />+<br /><br />Los cómplices de Papish invirtieron en aquello quizá unos quince minutos y difícilmente se podía decir que Chenko seguía conciente cuando se levantaron de sobre su cuerpo molido, habiéndose vaciado de incontables cantidades de adrenalina y deshogo.<br /><br />De alguna manera, en lo profundo de su cabeza, la mente de Chenko aturdida y temerosa, se repetía abruptamente a sí misma que todo eso no formaba parte del plan con el cual daría cuenta de sus enemigos. Tenia que sobreponerse rápidamente a la brutal golpiza e incorporarse si es que no quería que el asunto fuera de mal en peor.<br /><em>De mal en peor</em>.<br />Carajo, todo parecía haberse ido ya a la mierda.<br /><br />Lejos de donde la mente de Chenko se gritaba a sí misma, una figura deforme se regodeaba en la miseria en que se había convertido el soldado.<br />Era Papish acompañada de Nimid -Drazziel y los demás detrás de ellos, cansados- quien no dejaba de asombrarse de que al fin tuviera bajo su entero poder a ese hombre que le había causado tantos problemas en las últimas horas. En su perspectiva aquello era una estampa bellísima: El cuerpo sangrante de Chenko, inmóvil y disponible.<br />-Caballeros- <em>dijo Papish</em> –nunca más tendré una oportunidad como esta; tendrán que disculparme.-<br />Ellos sonrieron cuando la mujer se retiro las prendas superiores del torso, y libre de aquello, se acercó al cuerpo inerte del soldado. Se acercó tanto que muy pronto sus senos tocaban la piel amoratada y sensible del hombre. Inmediatamente la mujer reacciono al contacto, sobre todo cuando la sangre tibia de Chenko comenzó manchar de un rojo intenso la piel de la mujer; ella rozó una y otra vez las heridas del soldado vez, excitando sus pezones, y tras de un momento de eso y de sus manos recorriendo el cuerpo del hombre, colocó en su mirada el gesto de una araña, una viuda negra, transformándose de alguna forma en uno de esos animales cuyo gesto distintivo para con otros arácnidos similares es que después del coito <em>devora</em> a su pareja.<br />Papish acaricio el cabello de Chenko mientras sus cómplices se acercaron peligrosamente al cúmulo de huesos y músculos machacados tendido en el suelo.<br /><br />Chenko reacciono tímidamente. Intentó algún monosílabo pero solo emanó de su garganta un gruñido seco que se deshizo sobre sus labios.<br />– Que delicioso contacto, Chenko…- <em>dijo Papish</em> -delicioso… me hubiera encantado que fuera en otra circunstancia…-<br />-<em>Dej…aaaa…meee…</em>-<br />-No primor, ya no… sabes… regularmente esperamos a que nuestra comida este muerta antes de llevarla a los labios… pero en tu caso, en tu caso haremos una excepción…-<br /><br />-<em>Er…es…un…a…mal…dita…</em>-<br />-Si, claro, claro… como todos…-<br /><br />Entonces Papish se acercó una vez más al hombre.<br />Chenko intento defenderse desde el profundo abismo en el cual se encontraba; hacer algo, pero solo alcanzo a exclamar de una manera animal una especie de suplica, de amenaza; la especie de cosa que se dice cuando el final de todo lo alcanza a uno.<br /><br />- ¡Noooo…oooo… aúúúúúnnnn….nnnn… noooooo…..-<br /><em>Aun no</em>.<br /><br />+<br /><br />En un segundo Papish se transformó en una caverna llena de filosas estalactitas y estalagmitas. Abrió la boca de forma grotesca y se abalanzó sobre el hombro de Chenko; dio un mordisco y literalmente arranco un pedazo de la abultada carne que se encontraba ahí. Una explosión sanguijolienta aromatizo violentamente el lugar, y tras el increíble borboteo vino un grito de horror y espanto, un brutal grito de Chenko, el cual funcionó como una sirena, un disparo al aire. Todos los ahí reunidos se abalanzaron sobre el cuerpo del soldado. Chenko luchó como lo hace un moribundo atacado por una jauría de perros. Opuso una resistencia que no fue más allá de lo simbólico; estaba tan lastimado que muy poco tiempo después ya nada pudo hacer por sí mismo. Tras un minuto de gritos y violentas exclamaciones todos aquellos hombres estaban riñendo por arrancar un trozo de carne más grande que el anterior; uno tras otro.<br />Casi de inmediato quedaron completamente cubiertos de sangre y con los ojos inyectados de furia animal.<br />Chenko siguió agitándose durante un buen rato, más del que cualquiera que lo hubiera estimado hubiera deseado que sucediera.<br /><br />Y no muy lejos de ahí, los hombres con los cuales había intercambiado la vida, escuchaban perfectamente lo que sucedía. La tormenta en el exterior realmente se desvanecía minuto a minuto y los gritos de victoria de aquellas bestias humanas y el ruido blanco de sufrimiento del antiguo ex STARS se podían escuchar en cualquier parte del complejo.<br /><br />Y con todas sus fuerzas se resistían a ir en su ayuda, porque para ese momento entendían lo que había hecho su líder, Chenko –<em>ahora podían entenderlo así</em>- en la hora que estuvo lejos de ellos; lo que había planeado para salvarles la vida, las implicaciones de su plan y lo que ahora seguramente debía venir a continuación.<br /><br />Carajo, Chenko solo necesitaba un poco de tiempo y los malditos se lo habían negado.<br /><br />+<br /><br />Pero de una manera irrefutable, Chenko –y con el sus hombres, sus ideales, su escuadrón y lo que podían haber representado y llegar a significar- era el único vencedor en aquella pesadilla. </div><div class="blogger-post-footer">Cronica de las ultimas 35 horas de resistencia, del ultimo grupo de sobrevivientes a la plaga que torno al mundo en un cementerio.
<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28235330-7956613015941325153?l=testigo-mudo.blogspot.com'/></div>Testigo Mudotestigo.mudo@gmail.com0tag:blogger.com,1999:blog-28235330.post-7960970370981010022007-06-21T12:56:00.000-07:002007-06-21T13:01:28.248-07:0043v<p align="justify">Chenko cayó al suelo cuan largo era. El golpe le tomo enteramente por sorpresa. Había sido Richthofen. Quien más sino Richthofen.<br />Y se le hubiera lanzado encima a seguir con aquellos golpes sino hubiera sido porque Xavare lo detuvo, no sin lamentarlo inmediatamente.<br /><br />- ¿¡<em>Qué quieres, qué buscas</em>!? ¿¡<em>No estas satisfecho con la horrorosa burla que nos has hecho pasar</em>¡?-<br />- Richthofen, Richthofen, escúchame…-<br />- ¡<em>Tú escucha esto, cabrón</em>!-<br />Entonces Richthofen venció la resistencia de Xavare y se le dejo ir a Chenko encima, quien no presento resistencia. No interpuso siquiera las manos cuando Richthofen le propino dos tremendos puñetazos en el rostro y algunas patadas sobre el cuerpo caído. Xavare tardó mucho en volver a sujetar a Richthofen, compartiendo de esa manera el mismo sentimiento de ira y desahogo que el hombre dejaba recaer sobre su antiguo líder.<br /><br />- <em>Deja… deja… de… golpearme… deja… deja…</em>-<br />- ¡Te lo mereces! ¡Te mereces cada golpe! ¡Te mereces que te matemos y nada más! ¿Ahora suplicas? Eres una mierda sin nombre…-<br />- <em>Deja… deja… de golpearme… déjame…</em>-<br />- Cabrón... ahora suplicas… cabrón…-<br /><br />Chenko se incorporó lentamente mientras Xavare y ahora Skass sostenían con dificultad a un Richthofen que bien hubiera continuado golpeando a Chenko hasta reducirlo a nada. Los cuatro –incluyendo a Kimera que permanecía al lado de Sinner en el suelo- miraban a Chenko con un dejo de desprecio y odio en la mirada. Sencillamente el antiguo líder de los STARS se había ganado a pulso la repulsión de todos aquellos –amigos y enemigos- que lo rodeaban.<br />Pero a él no parecía importarle, no al menos en ese instante, en que se medio incorporó y les pidió que -en medio del dolor de todo su cuerpo- le prestaran algo de atención.<br /><br />- <em>Solo tenemos… un segundo para hablar…</em>-<br />- Hablar de qué maldito.-<br />- <em>Richthofen, escúchame… escúchame por favor… Lo que va a suceder a continuación… es una pesadilla terrible.... Tienen que resistir en todo momento... Quédense muy cerca de la salida al exterior…</em>-<br /><br />- ¿Qué dices Chenko? Contesta primero a qué has regresado…-<br />- <em>No hay tiempo…</em>- dijo incorporándose y tomando tras un momento de pausa el ritmo normal de su respiración – <em>ya no hay tiempo que perder. Los mal nacidos tienen razón al decir que la tormenta esta cediendo, recién he podido comprobarlo…</em>-<br />- Chenko, ¿Estas planeando algo? ¿Porqué has regresado?-<br /><br />El soldado no contestó a la pregunta ni parecía tener intención de contestarla. Muy en el fondo de su mirada se contemplaba algo oscuro, algo sin sentido o interpretación, y eso, fuese lo que fuese, era posiblemente la causa que lo obligaba a estar de regreso en aquel tétrico lugar.<br />- <em>Solo quiero decirles que me parece comprender que la humanidad esta en proceso de extinción. He salido del complejo, y ya no existe nada allá afuera; todo es difuso, intangible. Estamos perdidos; no solo como especie, sino como lumbrera y peñón de razón al cual asirse. Pero tengo mis dudas sobre si eso significa y autoriza que los sobrevivientes tengamos que degradarnos hasta donde sea posible; Tal y como lo han hecho esos malditos…-</em><br /><br />Una voz delicada y atronadora a la vez interrumpió entonces su conversación.<br />- ¡Chenko! ¡Chenko!- <em>era la voz de Papish </em>–¡Aceptamos la oferta y estamos listos para dejarlos ir! ¡Sal de donde quiera que estés!-<br /><br />Chenko miró a sus hombres.<br />–<em>Resistan; traje una especie de varilla de metal del exterior del complejo y lo he dejado apenas cruzando la puerta del túnel; al salir utilícenlo para trabar por fuera la puerta. Eso los detendrá el tiempo suficiente</em>.-<br />- Chenko ¿En verdad estas cambiando lugar con nosotros? ¿Entiendes que quizá no tengamos la intención de organizarnos de alguna manera y regresar por ti?-<br />- Eso es exactamente lo que quiero que hagan; No regresen bajo ninguna circunstancia. No importa nada, ahora solo cuenta que traben la puerta de salida con la fuerza suficiente mientras <em>doy cuenta de todos ellos</em>. –<br />- Chenko, qué dices…<br />- <em>Y por favor no me juzguen por lo que les hice, y lo que voy a hacer. No hasta que todo haya terminado…</em>-<br /><br />Los hombres no comprendían casi nada de lo que Chenko estaba diciéndoles. Detrás de su voz, se sobreponía la de Papish que continuaba llamándolos a salir del fondo de aquel oscuro túnel.<br />- ¡<em>Chenko, carajo, estas en el peor de los papeles</em>! ¡<em>Sal inmediatamente de esa ratonera antes de que me arrepienta de dejar ir a tus hombres</em>!- gritaba Papish.<br /><br />Chenko retuvo un segundo más a los soldados antes de conducirlos al exterior.<br />- <em>Carajo… jamás volveré a verlos…</em>-<br />- Chenko, aún podemos salir todos de aquí.- Dijo sorpresivamente Xavare, de alguna manera haciendo relucir una velada intención en el corazón de todos ellos.-<br />– <em>Ya es demasiado tarde</em>.- respondió el antiguo líder al soldado que se había expresado. Entonces Chenko avanzó hacia el fondo de la cámara y sus antiguos compañeros lo siguieron como pudieron.<br /><br />+<br /><br />-¡<em>Papish</em>! ¡<em>Mis hombres están listos! ¡Debes cumplir tu palabra como lo hiciste conmigo! ¡Pero tengo dos peticiones que hacerte</em>!–<br />Si el ambiente estaba enrarecido, el comentario de Chenko no hacia sino encabritar a todos los corazones que escuchaban sus palabras. Parecía que tenía demasiada suerte al conseguir intercambiar su posibilidad de salvación con sus hombres y resultaba exagerado aún intentar negociar otra cosa con los mal nacidos que a todas luces estaban nerviosos a tope y dispuestos a todo en aquel mismo instante.<br />Aún así Papish respondió con cierta frialdad al comentario.<br />-Dime Chenko… te escucho con atención…- Su voz era filosa, como la de un cuchillo perfecto.<br />-¡<em>Dos peticiones</em>! <em>La primera respecta a uno de mis hombres. Tú sabes que uno de ellos esta gravemente herido </em>¡<em>Lo sabes bien</em>! ¡<em>Es imposible que él vaya con los demás y escape con el resto</em>! ¡<em>Es peso innecesario</em>!-<br />Richthofen asumió de inmediato una posición defensiva. Chenko hablaba de Sinner, quien a todas luces estaba gravemente lesionado. Hasta el momento había resistido valientemente pero una exposición a la intemperie a todas luces acabaría con el en pocos minutos.<br /><br />- ¡<em>Papish</em>! ¡<em>Deja que acabe con su vida con mis propias manos</em>!-<br /><br />El asombro se apoderó de todos ellos y Richthofen extendió su defensa hacia Chenko, quien en ese momento pareció indicar que se acercaría al grupo. Los hombres se contrariaron de inmediato. En pocas palabras lo que se expresaba era la condena de Sinner.<br /><br />-¡<em>No quiero que ustedes lo toquen</em>!-<br />- ¡Chenko!- <em>gritó Richthofen </em>- no voy a permitir eso…-<br /><br />- <em>Será un placer mirar el espectáculo. Has lo que tengas que hacer…</em>- remató Papish.<br /><br />El hombre se acercaba ya al grupo cuando Xavare y Richthofen le cortaron el paso. Chenko inmediatamente los increpó e intentó disuadirlos de la mejor manera antes de llegar al contacto físico, pero Xavare se agotó demasiado rápido esa posibilidad. Se lanzó en su contra y Richthofen lo siguió al instante. Ambos se encontraron con una pared que los reboto inmediatamente, pero se pudo observar que los movimientos de Chenko fueron perfectamente medidos, con la tenue intención de no lastimar a los hombres. Solo quería hacerlos retroceder. Aún así cuando los contempló en el suelo, solo tuvo para ellos una especie de mirada cargada de odio; Había algo muy malo en el interior de los ojos de Chenko, algo negro y maligno.<br /><br />Kimera y Skass permanecían junto de Sinner, y al contemplar aquello y ante su débil condición, nadie pudo culparlos cuando se retiraron asustados, dejando el cuerpo a merced de Chenko que se acerco al mismo con un gesto desfasado e incomprensible.<br /><br />+<br /><br />Chenko colocó sus dedos alrededor de la garganta de Sinner quien de alguna manera dispersa lo observaba en medio de la terrible lesión que lo acosaba. El cerebro de aquel hombre parecía desconectarse a ratos pero ahora parecía estar presente en aquel momento y lugar.<br />Sinner había sido un excelente compañero y la perspectiva de tenerlo conciente justo en ese momento agrió el espíritu del antiguo líder.<br />Sinner sonrió como último legado y recuerdo.<br /><br />- <em>Eres irremplazable; no hubiera llegado hasta este punto sin tu ayuda y apoyo. Gracias Sinner</em>.- Susurró Chenko, y entonces presionó con todas sus fuerzas.<br /><br />+<br /><br />Fue imposible detenerlo; a unos cuantos metros, habiendo formado nuevamente un cúmulo protector, Richthofen, Xavare, Skass y Kimera miraban a Chenko con todo desprecio; de forma imperdonable. Casi como si lo que observaran fuera a un infectado atacando a un compañero. Un minuto después Chenko se incorporó, justo cuando Sinner llevaba varios segundos sin moverse tras varias sacudidas involuntarias.<br /><br />- <em>Esta hecho… listo... </em>¡<em>Listo</em>! ¡<em>Papish</em>! ¡<em>Esta hecho</em>!-</p><p align="justify">Desde el remate de la cámara en donde había presenciado todo, Papish reía sin control. Aquello en realidad le parecía una cosa muy divertida que le había traído una especie de angustiosa variedad y diversión a sus días dentro de aquel maligno complejo. Cuando salieran del mismo y se esparcieran victoriosos por toda aquella comarca, todo eso sería una increíble anécdota que se divertirían rememorando.<br /><br />-¿<em>Tú segunda petición, Chenko</em>?- Dijo Papish tras concluir con su ataque de risa involuntaria.<br />-¡Deja ir a mis hombres primero!-<br />- ¡<em>Claro, claro</em>! ¡<em>Pueden irse sin ningún problema</em>! ¡<em>Ahí esta la puerta</em>!-<br /><br />El acceso se abrió nuevamente y prácticamente sin mirar atrás -comprendiendo que posiblemente no tendrían nuevamente una oportunidad como esa- Kimera, Skass, Xavare y Richthofen se apresuraron hacia la negrura de aquel acceso. Cuando atravesaron la puerta y la cerraron tras de si, una visibilidad nula se apodero de ellos. Tras unos cuantos pasos localizaron en el suelo el pedazo de metal que Chenko había traído desde la parte exterior del complejo. Richthofen regreso con Xavare y juntos trabaron fuertemente el acceso. Cuando lo hicieron, a pesar de no ver absolutamente nada, cada quien adivinaba en su par un gesto de odio y angustia mal contenida; más allá de la intención de escapar y no ser alcanzados, cerraron aquella puerta con la idea de dejar tras de sí al maldito traidor que ahora encontraban en su antiguo líder.</p><p align="justify">-<em> Ojala quede atrapado ahí para siempre</em>.- susurró Skass en medio de aquella penumbra.<br /><br />+<br /><br />Cuando Chenko estuvo completamente seguro de que sus hombres estarían ya casi a punto de atravesar el pasillo que los conduciría hasta la posible escapatoria, volvió a hablar.<br />Ahora presentaba su última petición.</p><div class="blogger-post-footer">Cronica de las ultimas 35 horas de resistencia, del ultimo grupo de sobrevivientes a la plaga que torno al mundo en un cementerio.
<img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28235330-796097037098101002?l=testigo-mudo.blogspot.com'/></div>Testigo Mudotestigo.mudo@gmail.com1tag:blogger.com,1999:blog-28235330.post-8496589702185203552007-06-20T12:27:00.000-07:002007-06-20T12:31:05.788-07:0042v<p align="justify">El túnel de acceso por el cual Chenko había desaparecido se abrió lentamente, como si del otro lado del acceso se encontrara un ser tímido o debilitado, pero la tosca y violenta mirada del hombre, al tiempo de adentrar su violenta corpulencia en aquella oscura cámara, desquebrajo aquella impresión.<br /><br />Lo primero que Chenko pudo notar fue que la cámara estaba vacía por completo, con excepción de que en una de las esquinas oscurecidas se encontraba el amorfo cuerpo de Zombie Killer. Alguien lo había retirado del centro del lugar y lo había abandonado ahí. Seguramente aquel engredo seguiría vivo, tal y como resultaría ser durante los próximos ¿días? ¿Meses? ¿Años?, sin que nadie le pusiera la más mínima atención; solo el cuidado necesario para no acercársele demasiado.<br />El escenario entonces esta puesto, y Chenko como su principal actor en ese momento, tenia la intención de darle inicio y fin al último capitulo de toda aquella grotesca parodia que simulaba ser la nueva condición de la vida de los hombres.<br />Él sabía que su presa, su objetivo, no debía encontrarse lejos del lugar.<br /><br />+<br /><br />- ¡<em>Papish</em>! ¡<em>Papish, zorra</em>! ¡<em>Maldita</em>! ¡<em>Papish, sal de donde quiera que estés</em>!-<br /><br />Los gritos de Chenko retumbaron tal y como lo haría una avalancha de nieve derramándose brutalmente sobre un tranquilo valle habitado por unos cuantos pacíficos alpinos. Cada recoveco intensifico el bramido de aquella voz cavernosa hasta hacerla llegar sorpresivamente a los oídos de cuantas personas estuvieran en aquel lugar. Amigos y enemigos al mismo tiempo se sobresaltaron y atendieron de manera estrepitosa al llamado de aquel bramido.<br />Solo los cuatro sobrevivientes de lo que un día fue denominado un comando STARS parecieron tomarse aquello con algo menos de sorpresa y algo más de cautela que el resto de los que se encontraban ahí -aquellos malditos que de inmediato se apresuraron a la cámara de donde provenían los gritos- y esto era por causa de que reconocieron de inmediato la voz de Chenko, y desconfiaron de ella.<br /><br />- ¡<em>Papish</em>! ¡<em>Papish, maldita</em>! ¡<em>Deja de hacer porquerías y ven aquí inmediatamente</em>!-<br /><br />Muy poco tiempo después, no más de un minuto o dos, en el remate de la cámara que para ese momento había ya adoptado las características de un palco desde el cual se podía observar de mejor manera la representación que durante las horas pasadas se había presentado, apareció Papish envuelta en la negrura que solo una persona conocedora de los recovecos de la muerte puede generar en sí misma.<br />Una sonrisa extrañada y vulnerable –de fácil afectación- se mostraba en el rostro de la mujer. Detrás de ella, Nimind se balanceaba torpemente, como poseído por el influjo de alguna droga o alguna necesidad mal satisfecha.<br />Los actores estaban de nuevo reunidos, como si nunca hubiera sucedido un corte de escena en el correr de los acontecimientos y solo tras retomar un sencillo dialogo todo podía reanudarse en el presente e indescifrable punto.</p><p align="justify">- <em>Me parece una estupidez que hayas regresado Chenko, una soberana estupidez. Pensábamos cumplir nuestra palabra... </em>-<br />- No me importa lo que tengas que decir Papish. Hagamos todo rápido y directo, sin perder el tiempo en estupideces.-<br />- ¿<em>Qué dices Chenko</em>? ¿<em>A que regresaste</em>?-<br />- Papish, sencillo: <em>mi vida por la de ellos</em>.- De manera franca, todos entendieron lo que el hombre quería decir. A no mucha distancia de ahí, Richthofen, Kimera, Xavare, Skass e incluso Sinner, parecían escuchar atentamente lo que sucedía allá afuera. Por un segundo una llama de duda afloro en los corazones de aquellos hombres. Quizá Chenko tenía todavía un plan debajo de la manga, un as que no hubiera mostrado a nadie, ni siquiera a sus compañeros y que estuviera dispuesto a jugar en ese momento, con la intención de arrebatar por entero el Pot acumulado de las puestas.<br /><br />Inmediatamente los hombres de Papish, sus cómplices que se movían detrás de ella y de Nimind como barcos a la deriva en un mar cubierto e neblina, refunfuñaron y se mostraron claramente en desacuerdo con aquella proposición. Tenían sus razones, las cuales se acentuaron por causa del rojizo resplandor que emanaron los ojos de Papish al momento de escuchar aquella proposición. El rostro de la mujer brilló como poseído por un resplandor que nada tenia que ver con la luz, sinónimo de bienestar o alegría, sino con algo más parecido a un malsano deseo que estaba a punto de volverse realidad.<br />Los hombres alrededor sabían que Chenko no era sino un capricho de Papish, algo que ella no dejaba de comentar y de traer a colación desde que lo habían dejado ir. Las insinuaciones de la mujer eran similares al escuchar a un niño que vio perder un juguete irremplazable por un error propio y que tuviera que aceptar como extraviado tras someterse a un ejercicio de resignación.<br />Pero para los demás hombres, para todos los demás, los prisioneros significaban recursos, fuerza, energía, posibilidades.<br /><br />- Chenko, Chenko… ¿Crees que puedes engañarme? ¿Crees que puedes jugar conmigo y hacerme parecer estúpida?-<br />- <em>No, no puedo hacerte parecerte parecer. Creo que eres inmensamente estúpida, pero así era antes de que yo apareciera por aquí… Voy a tomar la segunda opción; deja ir a mis hombres.</em>-<br /><br /><em>Mis hombres</em>.<br />Las palabras parecieron levantar un vuelo como de aves en medio de un amontonamiento de piedras. Eran palabras con la capacidad de levantar el espíritu de un hombre agónico, y en el fondo de aquel permeable y oscuro túnel en el que los sobrevivientes del comando STARS se amontonaban, algo pareció encenderse -sobre la duda y la desconfianza-, algo como un halito de luz y aliento.<br /><br />- Chenko, mis hombres parecen declinar tu amable oferta. Ya has decidido y ahora son nuestras las consecuencias. ¿Gustas quedarte con ellos? Te aceptaremos con todo gusto.-<br />- <em>No puedes retractarte ahora… mujer… ahora todo es blanco y negro. Aquí estoy, tómame…</em>-<br /><br />Papish sonrió por un instante y como si hubiera cometido un enorme fraude y salido avante, se torno hacía sus hombres.<br />Les pidió acercarse.<br /><br />- Vamos a aceptar la oferta de este idiota…-<br />- <em>Pero Papish, él es solo uno… solo uno…</em>-<br />- Aceptaremos; en cuanto los demás se hayan alejado, mataremos a este e iremos por los demás. Ni siquiera habrán conseguido salir de los túneles cuando caigamos sobre ellos. Vamos por todo, por absolutamente todo.-<br /><br />- ¡<em>Papish</em>!- Interrumpió Chenko - ¡<em>Deja el parloteo un momento y escúchame</em>!-<br />Desde el remate de la cámara la mujer lo miró de reojo con un claro desprecio en la mirada. Sin voz y sin volumen le preguntó a la distancia lo qué quería.<br />- <em>Déjame hablar con mis hombres, solo un momento, mientras explicas a tus estúpidos lo que sea que este hablando con ellos…</em>-<br /><br />Con un casi invisible movimiento de mano Papish le señalo hacía donde estaban los prisioneros. El túnel había estado permanentemente vigilado pero en aquel momento la sombra que lo resguardaba se retiro rápidamente. Chenko pudo acercarse con libertad a la boca de aquella oscura ratonera.<br /><br />- ¡<em>Richthofen</em>! ¡<em>Richthofen</em>! ¡<em>Skass</em>! ¡<em>Xavare</em>!-<br />- Chenko, aquí…-<br />- <em>Acérquense a la luz… no puedo verlos…</em>- </p><p align="justify">Un puñetazo limpio y directo sobre el rostro de Chenko fue la mejor bienvenida que le dieron aquellos que antes habían confiado en él y ahora no lo veían con mayor respeto de lo que hubieran podido vera una sabandija destripada debajo de un pesado transporte militar.</p><div class="blogger-post-footer">Cronica de las ultimas 35 horas de resistencia, del ultimo grupo de sobrevivientes a la plaga que torno al mundo en un cementerio.
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