tag:blogger.com,1999:blog-281142232009-06-03T17:33:59.762-05:00El libro de IsaíasIsaías Peña Gutiérrezhttp://www.blogger.com/profile/15141248916630606353noreply@blogger.comBlogger27125tag:blogger.com,1999:blog-28114223.post-22072124430015861972008-10-01T23:30:00.000-05:002008-10-01T23:38:45.509-05:00Fin de este blogSe acaba "El libro de Isaías" y comienza "Escribir como loco".<br />Porque quiero escribir como loco, con más desorden. Pueden hallarme en esta bkzwoaosdirección sencilla: <a href="http://www.isaiaspenag.blogspot.com/">http://www.isaiaspenag.blogspot.com/</a><br />Acompáñenme, por favor, que quiero escribir como loco.<br />isaías<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28114223-2207212443001586197?l=apuchayas.blogspot.com'/></div>Isaías Peña Gutiérrezhttp://www.blogger.com/profile/15141248916630606353noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-28114223.post-4132803321446620832008-07-28T11:22:00.000-05:002008-12-12T23:26:08.266-05:00Con Auguste Guinnard, en la Patagonia<a href="http://3.bp.blogspot.com/_wGyDjxj5dpE/SI30AuxhrFI/AAAAAAAAACI/wBMgwPFsK4c/s1600-h/Patagones.gif"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5228103035839949906" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_wGyDjxj5dpE/SI30AuxhrFI/AAAAAAAAACI/wBMgwPFsK4c/s320/Patagones.gif" border="0" /></a><br /><div><span style="font-size:130%;">Ahora que Tamara, mi hija mayor, ha viajado, de nuevo, a Australia, a la ciudad de Adelaide, me he acordado de un libro que con ella compramos en “el fin del mundo”, como se le dice al puerto de Ushuaia, al sur de la Tierra del Fuego. Es la historia de un viajero francés, Auguste Guinnard, metido en la Patagonia a mediados del siglo XIX. El libro, Tres años entre los patagones, que el editor subtituló como “Apasionado relato de un francés cautivo en la Patagonia (1856-1859)”, es impresionate, y a seis meses de haberlo leído no se me le sale de la cabeza.<br />Y uno no sabe a quién admirar más, si al francés o a los indígenas patagones o pamapas –poyuches, puelches, mamuelches, chauches, tehuelches-. Al primero, porque aunque esclavo, siempre se adaptó y admiró, en medio de sus penuarias, a los indios. “Tenía yo en 1855 sólo 23 años, muy poca experiencia, alguna ambición y, sobre todo, amor por los viajes”, dice Ginanard en sus memorias, que luego complementó en Francia, después de su fuga. Y a los indios que él describe y narra con tantos detalles padecidos o gozados por él mismo. Aún no llegaba el exterminio al que fueron sometidos y su cultura se aireaba en medio de los ventisqueros fríos de la Patagonia alta.<br />En 22 capítulos y apenas 160 páginas, Guinnard cuenta su viaje forzado con los indios, su entrada por Buenos Aires y su huída por la cordillera que limita con Chile; su vida al lado de los caballos y su aprendizaje íntimo de una cultura que lo veía a él como un ser inteligente a pesar de ser cristiano (cosa que él pensaba también de los indios).<br />Inolvidables muchos de sus pasajes, entre ellos aquel que recuerda cómo los indios en las sombras de la noche, luego de oir los susurros de la tierra o sus avisos invisibles, decidían levantar toldas y salir en estampida con viejos y niños y todos sus enseres, huyendo como locos del destino nómada que les esperaba en cada estadía. Porque, en el fondo, toda esta historia de Guinnard sólo arroja fantasmas que cruzaron las pampas heladas del sur del continente americano.</span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28114223-413280332144662083?l=apuchayas.blogspot.com'/></div>Isaías Peña Gutiérrezhttp://www.blogger.com/profile/15141248916630606353noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-28114223.post-2020833717406771802008-05-29T10:16:00.003-05:002008-12-12T23:26:08.425-05:00Diana Carolina Daza<a href="http://4.bp.blogspot.com/_wGyDjxj5dpE/SD7N-t4ZlyI/AAAAAAAAACA/bgmsx3NpopA/s1600-h/Diana.gif"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5205824696638609186" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_wGyDjxj5dpE/SD7N-t4ZlyI/AAAAAAAAACA/bgmsx3NpopA/s320/Diana.gif" border="0" /></a><br /><div><span style="font-family:verdana;font-size:130%;">Tiene muchos nombres, el del libro (La ciudad cabaret), el de la colección (Piedra de toque), el de los diseñadores y diagramadores (Pájaroebrio), el del correo electrónico</span><span style="font-family:verdana;font-size:130%;">, incluso la portada del libro-libreta, encuadernado en pasta dura, corresponde a un poema, a un buen poema (“Para rozar/ el filo de tus peligros/ sólo hay que/ respirar/ y llenarse de paciencia/ PACIENCIA/ cerrar lo ojos/ y dejarse elevar por tu voz/ así el calor/ perturbe/ un poco el viaje/ un poco el viaje”, titulado “Paciencia”), pero no aparece el nombre de la autora de la libreta-libro, gordita, estilo libro de bolsillo. La autora, publicista y poeta, desparece en medio de las páginas en blanco de la libreta, y de los poemas del libro, unos doce poemas, dedicados a la ciudad y a la noche y a la ciudad cabaret. Los mejores poemas son los que se refieren al poeta viviente y perturbado por la noche ebria, y por unos seres que vuelven a la ciudad a buscar el amor que fue tristeza, como sucede con “Retorno”. La ciudad cabaret emerge con fuerza en estos poemas. Y los jubilados, y el mesero que quería ser pájaro (excelente). Pero no cometamos el error de la autora que quiso quedarse por fuera de la tapa y de la contratapa, que tuvo la gran idea de fusionar una libreta libre de apuntes con unos poemas apremiantes, que encontrará el escritor-lector a medida que llene las páginas en blanco. Ella se llama Diana Carolina Daza, y que como esta libreta-libro editó tres más por el estilo, bellas muestras de su creatividad publicitaria y literaria. <a href="mailto:agendaspiedradetoque@hotmail.es">agendaspiedradetoque@hotmail.es</a></span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28114223-202083371740677180?l=apuchayas.blogspot.com'/></div>Isaías Peña Gutiérrezhttp://www.blogger.com/profile/15141248916630606353noreply@blogger.com8tag:blogger.com,1999:blog-28114223.post-34100848020782909712008-05-12T10:14:00.000-05:002008-12-12T23:26:08.699-05:00Luisa Ballesteros Rosas<a href="http://1.bp.blogspot.com/_wGyDjxj5dpE/SChhFMImJ6I/AAAAAAAAABw/MdtYH9D2n4s/s1600-h/Luisa+Ballesteros.png"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5199512511583758242" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_wGyDjxj5dpE/SChhFMImJ6I/AAAAAAAAABw/MdtYH9D2n4s/s320/Luisa+Ballesteros.png" border="0" /></a><br /><div><span style="font-family:verdana;font-size:130%;">Pluma de colibrí, Memoria del olvido, Diamantes de la noche y Pies de sombra, son los cuatro libros de poesía escritos por Luisa Ballesteros entre finales y comienzos de siglo, luego de haber pasado por la academia y de haber publicado un muy interesante volumen sobre la mujer escritora en la sociedad latinoamericana. Cuando ella pasa a la edición de su poesía, que escribe desde joven, posee ya un lenguaje configurado y a la medida de sus pensamientos y reflexiones (su doctorado en París lo hace sobre literatura y civilización latinoamericanas). Por eso, sus sentires y quereres, es decir, sus pasiones y sus metas vocacionales, se van a proyectar en estas páginas que sintetizan lo mejor de sus cuatro incursiones en la poesía.<br />La historia atraviesa siempre sus versos. Desde la historia del continente latinoamericano, aprendida en Boavita, su pueblo natal en Colombia, frente a las montañas andinas, o reconocida en los textos bibliográficos que han prolongado la memoria de unos ancestros indígenas o españoles, hasta una historia personal íntima que se va tomando el libro a partir de las huellas que han dejado los viajes de la autora por tantos caminos recorridos en el mundo de acá y de allá, como diría Alejo Carpentier. Esa historia íntima corre pareja al vuelo del colibrí andino o al sobresalto que padece la autora cada vez que se enfrenta con la naturaleza americana, o con la inmensidad del universo cósmico. Se sueña en la intimidad de la ciudad y se sobrecoge en la profundidad del universo, donde los astros actúan en una escena de claridad o de penumbra, de luz y de sombra. Somos vuelo de colibrí y pies de sombra, somos diamantes de la noche y memorias del olvido, somos el amanecer del Inti y somos, un poco más tarde, unas ruinas ambulantes, como lo siente, vive y expresa Luisa Ballesteros.<br />En esa historia íntima que va construyendo a partir de sus escenarios personales, la autora consigue una solución poética admirable cuando describe los espacios urbanos del París y la Europa mediterránea que llegó a colonizar hace muchos años. Y se disuelve con belleza en la abstracción, sin territorios definidos, en otros poemas, como cuando escribe “Avidez”, “Sueño rojo”, “Ola desnuda”, “Ángel azul”, y otros más.<br />Pero una de las cosas que más atrae en esta poesía de Luisa es la forma escritural de acercarse a los objetos, a los paisajes, a las formas humanas. Entre la descripción y la reflexión coloca un lente que trasmite sensaciones especiales, fáciles de comprender en poemas como “La fiesta de las olas”, “Fuga”, “Soñar”, “Nube de París”, “Memoria del olvido”, “Día de invierno”, “Pies de sombra” y tantos otros, sensaciones que le advierten al lector de la existencia de un mundo que, aunque lo haya vivido mucho tiempo, sólo ahora lo encuentra verdadero.<br />Del vuelo transparente del colibrí, pasando por las versiones de la Luna que nos enfría o nos quema, este libro nos interna por días que han abandonado la luz para dejarnos en el umbral de una sombra interrogadora. Así, la pasión de quien abre los ojos para luego entrar en el sosiego de los ojos cerrados, tratando de memorizar, con colores inventados, los olvidos que la memoria abatirá.</span></div><div><span style="font-family:Verdana;font-size:130%;">(Publicado como prólogo del libro de Luisa Ballesteros, Pies de sombra, Tunja, 2007).</span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28114223-3410084802078290971?l=apuchayas.blogspot.com'/></div>Isaías Peña Gutiérrezhttp://www.blogger.com/profile/15141248916630606353noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-28114223.post-49684490691404371302008-04-07T21:46:00.001-05:002008-12-12T23:26:08.859-05:00Carmen Cecilia Suárez, cuentista<a href="http://2.bp.blogspot.com/_wGyDjxj5dpE/R_tzph26VMI/AAAAAAAAABo/XA53V-a9u3Y/s1600-h/BOLEROS.gif"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5186866553147774146" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_wGyDjxj5dpE/R_tzph26VMI/AAAAAAAAABo/XA53V-a9u3Y/s320/BOLEROS.gif" border="0" /></a><br /><div>Un libro breve, con 37 cuentos tensos, discretos y punzantes, sorprendió en 1988 a los lectores colombianos. Por eso, en el prólogo a la primera edición de <em>Un vestido rojo para bailar boleros</em>, Jorge Eliecer Pardo, con exactitud escribió: “El Libro que usted tiene frente a sus ojos seguramente le quemará las manos, le hará pasar saliva”. Aunque ya mucho se ha dicho, la literatura colombiana –como muchas otras literaturas del mundo- no tienen una tradición que linde con las historias del <em>Decamerón</em> o con las de los novelistas europeos del siglo XIX. Tuvimos escultores en la era precolombina que testimoniaron, en las costas del Pacífico, la presencia de un erotismo que, como en la India, se conjugaba con los preceptos de los dioses mayores. Pero el arribo de la cultura occidental cristiana la desangró hasta arrinconarla en la más secreta de las esferas del inconsciente humano. Con resultados contradictorios para el individuo y la sociedad misma, porque el confinamiento de las expresiones eróticas tanto en la vida familiar como en las artes, sólo produjo crímenes –como los relatados por Rodríguez Freyle en <em>El Carnero</em>- y un empobrecimiento grande en las artes plásticas y literarias.<br />La sociedad colombiana, en particular, se acostumbró a respetar los preceptos morales y religiosos impuestos por la Iglesia Católica, que al pasar por España, radicalizaban ciertas interpretaciones de las tablas de la ley de Moisés, adulterando muchas veces el sentido primigenio de los razonamientos religiosos cristianos. Y, al mismo tiempo, esa sociedad abrió los cauces para brindarle salida a todas las manifestaciones de su mundo interior, de su sexualidad, de su sensualidad. Como en la historia memorable de Robert Louis Stevenson, <em>El extraño caso del Dr. Jkyll y Mr. Hyde</em>, la sociedad colombiana cumplía de día con los mandamientos de la Ley de Dios, y por la noche con los de Mr. Hyde.<br />Este comportamiento contradictorio, de aceptación y negación simultáneo, de aceptación de unas reglas que por violar la naturalidad de la conducta heterosexual humana, siempre resultaban desconocidas, con el tiempo dio resultados para la vida familiar colombiana. La inexistencia, por ejemplo, del divorcio, dio origen, desde los códigos mismos, al establecimiento penoso de los hasta hace poco llamados “hijos naturales”. Porque de día el hombre y la mujer cumplían con el matrimonio, y de noche –de la mano de Mr. Hyde- trataban de ponerse a paz y salvo con los secretos del inescrutable mundo del otro “yo”.<br />La fragilidad de esas relaciones, que se ataban desde afuera, y no desde dentro –que es desde donde conviene atarlas-, son las que ahora, en este libro parsimonioso y tirante, de Carmen Cecilia Suárez, vuelven a ser cuestionadas o recreadas, y en ambos sentidos es útil tratarlas.<br />Porque a veces ella parece reclamar una nueva visión del mundo de la pareja, y en otras, simplemente, poetiza –si se me permite, situaciones que arrancan de allá.<br />En la base, de todas maneras, todas estas 37 historias devienen de la manifestación frente a la situación actual de la pareja. Los dos polos complementarios, que constituyen, por naturaleza, la unidad sicosomática y espiritual por excelencia, la mayor parte del tiempo parecieran vivir desconectados, aislados, con sus fuerzas de atracción desgastadas de manera insospechada. ¿Por qué? Esa es la pregunta mayor de Carmen Cecilia. ¿Por qué debo esperar tanto en la cafetería, incluso después de agotado el tinto, sin que nadie llegue? ¿Por qué debo colocar un aviso en la ventana pidiendo la presencia de una compañía?<br />La pareja continúa –mucho más entre nosotros que aún no logramos poner en evidencia el misterio del Dr Jekyll y Mr. Hyde- desconectada, aislada, en una sola palabra, incomunicada. Y las consecuencias son esas extrañas y crujientes historias de amor de Carmen Cecilia, disparadas contra el telón de fondo de su inmensa soledad. Ella misma lo ha dicho: “La soledad no es el tema de las historias sino es como el resultado de las historias, es lo que dejan”. Es lo que genera la incomunicación: la soledad.<br />Sin embargo, la pretensión cuestionadora comienza a quedar un poco atrás cuando la literatura se apodera de ese querer de compañía y libertad, límites que, como en la propiedad privada y pública, suelen aniquilarse a sí mismos. Quiero decir que al descifrar las conductas de hombres y mujeres incomunicados, las tesis se olvidan, y la literatura da paso a una serie de situaciones creativas donde no cabe sino la complejidad del ser humano. Carmen Cecilia Suárez, en este sentido, recupera, por ejemplo, con prudencia y tino, la terminología sexual, negada y excluida en la generalidad de nuestra literatura. Y lo hace como quien viniera de la India o de <em>Las mil y una noches</em>. Equipara esas palabras con las usuales, no secretas, para que estas ganen sensualidad y aquellas tengan el privilegio de compartir la luz del día. Esa es la distancia entre lo erótico y lo pornográfico. Así gana una sensualidad en sus cuentos que se dilata y se aparece en todo el libro hasta hacernos olvidar su alegato principal –la soledad de la pareja-, en cambio, nos sume en el pasado y el futuro de lo erótico. Por eso el libro es nostálgico, y no veo nada reprochable en eso. Al contrario, creo que si a la soledad se llega por la incomunicación previa de la pareja, la esperanza –la utopía dirían otros- emerge del libro por el sentido nostálgico del erotismo. Una de las llaves secretas, sobre la cual la pareja nunca discurre porque sigue siendo el tabú religioso por excelencia, para romper la incomunicación, sería el acceso a la libertad necesaria que posibilitara un diálogo sobre las intimidades del ser sensual y sexual. Es entonces cuando estos cuentos violan todos los cánones religiosos que sometían al destierro a las imágenes eróticas. Cosa no del todo usual en esta clase de literatura, donde el erotismo resultaba ser un sucedáneo de la realidad, a veces, impracticada. El canon religioso prohibía recordar los actos eróticos, y prohibía imaginarlos hacia el futuro. Y son esas dos instancias las más presentes en el libro, el amor que pasó, o que no alcanzó a pasar, o el que podría sobrevenir.<br />En ellos dos, asentados sobre la soledad, su única compañera, el erotismo se tensiona, se agiganta, se agudiza, y, sin pasajes morbosos, sin la pesadez de las descripciones que matan el erotismo, nos apremia para que entendamos su misión redentora dentro del proceso de comunicación de la pareja. En esta misma dirección, desde el punto de vista artístico, expresivo, en algunos de los cuentos se acude al expediente virtuoso del sueño como recuerdo y al recuerdo de los sueños –el sueño como parte de la muerte anticipada, y el recuerdo del sueño en la vida postergada-, donde las márgenes del erotismo, de la comunicación sensual entre los seres humanos, se amplían y adquieren el goce mágico de la subconsciencia.<br />En esa búsqueda de la comunicación de la pareja, que no se reduce a lo erótico, desde luego, que tiene que ver con una concepción diferente de la libertad individual del hombre y la mujer, en los textos encontramos dos extremos opuestos. El de un cuento como “Lejanía”, donde la mujer dice “soy” inalcanzable para ellos y ellos para mí”, que concuerda con aquella, casi derrotada, secuencia del cuento “Desde la ventana””, donde una mujer se dice “Es entonces cuando crees que tus manos no han podido dar ni engendrar amor”, y se promete no volver a amar “Para no sentir otra vez que te has entregado sin haber dejado huella”, ejemplos que por lo demás desvirtúan la posibilidad de estar planteando una literatura feminista; y, de otro lado, en el otro extremo, la posición –casi singular por lo única dentro del libro, pero que corresponde a la verdad de la realidad contemporánea- de un cuento como “Un vestido rojo para bailar boleros”, que resuelve la consciencia de todas las demás historias luego de discutir y compartir las pequeñas ambiciones íntimas, secretas, jamás antes enunciadas por los dos protagonistas. De manera significativa –no sé si sea algo deliberado en la autora-, este cuento, que es único entre los 37 del libro, que no recuerda ni pospone, ni prefigura la compaginación sexual de los amantes, sino que lo realiza, es el que le da el título al libro.<br />Quedan otras zonas por despejar en el libro y que tienen que ver con la libertad y la estructura monógama, bígama o polígama del hombre, o con otras facetas de la vida sentimental dentro del mundo moderno. En estos cuentos unitarios quedan planteadas, pero, casi con seguridad, serán abordados en la futura novela de Carmen Cecilia Suárez, quien con la paciencia y eficacia de los boleros, y con la pasión de los vestidos rojos –símbolos audiovisuales que no debemos olvidar-, nos ha entregado una ópera prima capaz de desencadenar reacciones múltiple frente a la literatura colombiana y al ser de cada uno de nosotros mismos, que quisiéramos estar siempre menos solos, más amados, menos destrozados.<br />(Leído el 31 de octubre de 1988, en la Cámara de Comercio de Bogotá, en la presentación de la tercera edición del libro, e incluido en una nueva edición de abril de 2008).</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28114223-4968449069140437130?l=apuchayas.blogspot.com'/></div>Isaías Peña Gutiérrezhttp://www.blogger.com/profile/15141248916630606353noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-28114223.post-16406756367357906922008-04-01T19:29:00.004-05:002008-12-12T23:26:09.087-05:00Las chivas de Cecilia Vargas<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_wGyDjxj5dpE/R_rJ7B26VLI/AAAAAAAAABg/qJNcDA7WDn4/s1600-h/CHIVA.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_wGyDjxj5dpE/R_rJ7B26VLI/AAAAAAAAABg/qJNcDA7WDn4/s320/CHIVA.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5186679936818762930" border="0" /></a><span style="font-family: arial;">En el sur, los caminos iban tejidos de balastros primitivos y sobre ellos transitaban las chivas. Dicho de otra manera, los caminos no se distinguían de las carreteras porque apenas habían dejado de ser trochas para convertirse en los carreteables que desembotellaban el comercio campesino. Y por esas trochas, las únicas que se animaban a pasar eran las chivas, o los mixtos, que eran los mismos buses escaleras.</span><br /><div><div><span style="font-family:arial;">Nosotros, desde el caballo o desde la vereda vecina, veíamos las chivas avanzar en medio de rugidos. Camufladas en grandes tendidos de polvo, aparecían y resurgían milagrosamente. Trepaban lentas las lomas, pero seguras. No parecían nunca cansarse. La gente las animaba con sus gritos y, a veces, las aplacaba con sus silencios. En sus bancas, que atravesaban de lado a lado el carro, en la incomodad más colectiva de todas, los pasajeros asumían cualquier hora de partida o de llegada. La chiva no tenía afán jamás. Los pasajeros tampoco. Los de arriba –porque toda chiva llevaba cupos dentro y fuera, arriba y abajo, atrás y adelante, y pasajeros y menajes se confundían en una sola naturaleza- alegraban la marcha con sus gritos y sus chismes. Los de adentro, hablaban o dormían el recorrido, que en el tiempo siempre era incalculable.<br />Quienes habíamos nacido a las orillas de esos caminos, que entraban a plazas de mercado o a parques municipales, igualmente, tapizados de piedras y arenas milenarias, veíamos con curiosidad y complacencia el ingreso de las chivas al pueblo, animadas por el coro de los vecinos del mundo.<br />Esas chivas desaparecieron –las de mi adolescencia-, y hoy las alabamos –como se alaban los mitos- en las manos de Cecilia Vargas, quien un día tomó el barro, al comienzo de la creación, y con formas y colores, con temas y sentidos, las transformó en arte para siempre, en realidad. </span></div></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28114223-1640675636735790692?l=apuchayas.blogspot.com'/></div>Isaías Peña Gutiérrezhttp://www.blogger.com/profile/15141248916630606353noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-28114223.post-25797530103848735472007-05-27T12:37:00.000-05:002008-12-12T23:26:09.227-05:00Carlos Garayar y otros escritores peruanos<a href="http://2.bp.blogspot.com/_wGyDjxj5dpE/RlnCLonIgnI/AAAAAAAAABE/ZExvbWeYvhc/s1600-h/Garayar.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5069296360718107250" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_wGyDjxj5dpE/RlnCLonIgnI/AAAAAAAAABE/ZExvbWeYvhc/s320/Garayar.jpg" border="0" /></a><br /><div><br /><br /><span style="font-size:130%;">En la década del 60, cuando se suicidó, José María Arguedas dejó el precedente de pertenecer a una literatura que ardía con las brasas de su realidad. Una literatura tan compleja como sus cordilleras, sus ríos y su mar, sus alturas indescifrables y sus olas migratorias. Arguedas fue recogido, en el mejor momento, por Mario Vargas Llosa, en todos los sentidos: continuó su indagación por el Perú, y respaldó su obra que se alejaba del viejo y falso indigenismo.<br />La inmensa generación del 50, de narradores y poetas, con Julio Ramón Ribeyro o Javier Sologuren, a la cabeza –no olvidar que Ribeyro es anterior a Vargas Llosa, aunque su fama le haya llegado tarde-, y luego tantos otros escritores –hoy ya olvidados algunos- que continuaron la rica tradición literaria peruana en los 70s. –Eduardo González Viaña, Bryce Echenique-, son, quizás, la antesala de la racha de triunfos de algunos de ellos por estos días.<br />Blanca Varela (1926), a la vez que sufría un accidente cerebral, ganaba la XVI versión del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, en España, donde el año pasado le habían otorgado el Premio García Lorca de Poesía, en Granada. Ese puente existe, de 1959, fue el libro que desencadenó una vertiente profunda, íntima y conmovedora de la poesía peruana. Sólo que Blanca Varela había rejuvenecido en los últimos años, en lugar de envejecer. Así lo demostró en su antología, Donde todo termina abre las alas (2001). Ella dijo alguna vez: “toda la palidez inexplicable es el recuerdo”.<br />Alonso Cueto, también limeño, de 1954, un narrador de tiempo completo, ha sorprendido con dos premios en los dos últimos años: El Premio Herralde, de la Editorial Anagrama, en 2005, con su novela La hora azul, y el segundo premio de novela en el reciente concurso de Casa de América y Planeta.<br />Santiago Roncagliolo, el más joven de ellos (1975), hecho en el exterior, como Mario, Bryce o Ribeyro, autor de un libro de cuentos reconocido, Crecer es un oficio triste, ganó el último premio de novela de la Editorial Alfaguara, con una elogiada novela, Abril rojo.<br />Son autores que sondean en la vida del Perú, de su vida pública o de sus vericuetos íntimos.<br />Y ahora se agrega una opera primera, editada por Alfaguara en Lima, llamada El cielo sobre nosotros, de Carlos Garayar (Lima, 1949), profesor de la Universidad de San Marcos, crítico, cuentista y antologista, novela que nos acaba de llegar y que nos atrevemos a anunciar como otro gran logro de la narrativa peruana.<br />De Blanca Varela a Carlos Garayar, nombres que sacuden una tradición múltiple, siempre buceando en ríos profundos.<br /></span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28114223-2579753010384873547?l=apuchayas.blogspot.com'/></div>Isaías Peña Gutiérrezhttp://www.blogger.com/profile/15141248916630606353noreply@blogger.com5tag:blogger.com,1999:blog-28114223.post-29131024268280186502007-04-27T12:20:00.000-05:002008-12-12T23:26:09.439-05:00Noventaynueve llega al No. 7<a href="http://4.bp.blogspot.com/_wGyDjxj5dpE/RjIzCrkZutI/AAAAAAAAAAc/WjATvDrli74/s1600-h/nuevenueve.gif"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5058161452638649042" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_wGyDjxj5dpE/RjIzCrkZutI/AAAAAAAAAAc/WjATvDrli74/s320/nuevenueve.gif" border="0" /></a><br /><div align="justify"><br /><span style="font-family:verdana;font-size:100%;">El mejor homenaje al poeta colombiano Jorge García Usta, muerto en Cartagena a finales del año pasado, cuando apenas llegaba a la mitad de su vida, es continuar con proyectos que él amaba, como este de la revista Noventaynueve, que ahora aparece bajo el No. 7, bajo la dirección de Gina Ruz Rojas, una de las sucesoras de Jorge más acuciosa e inteligente.<br />Cartagena está en venta, a ella llegan los reyes y los negociantes, los amigos de Gabo y los arquitectos que rearman una ciudad que vivía muy tranquila, dentro y fuera del corralito de piedra, y pareciera cambiar de rumbo. De eso, y de su pasado de miseria y riqueza, escriben Aarón Espinosa, Freddy Ávila, John J. Junieles, Elisabeth Cunin y Moisés Rocha.<br />Pero a Gina le interesa que, también, entren a una revista que es de “investigación cultural”, los escritores, y van tres cuentistas: Eduardo Mendoza, Julio Benítez y Rafael Chico. Y cuatro poetas, uno de ellos, decimero: Fernando Linero, Felipe Martínez, Gustavo Arrieta y Alejandro Martelo. Y mucho más: un excelente texto de García Usta sobre el ego de Rafael Escalona. Cosas de Roberto Burgos. Un homenaje a don Juan Gossaín (como le dicen sus compañeros de radio). Juan Santana Vega escribe de Noel Petro, el cantante torero de tantas travesuras en la vida. Y otros ensayos de mucha importancia. Y reseñas de libros, de gran calidad.<br />Correo: direccion@revistanoventaynueve.org<br /></span><br /><br /></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28114223-2913102426828018650?l=apuchayas.blogspot.com'/></div>Isaías Peña Gutiérrezhttp://www.blogger.com/profile/15141248916630606353noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-28114223.post-67469374863881047192007-04-12T23:15:00.000-05:002008-12-12T23:26:09.989-05:00Gerardo Meneses, en lista<a href="http://2.bp.blogspot.com/_wGyDjxj5dpE/Rh8Gyjd6WFI/AAAAAAAAAAU/pR1y-up7vrQ/s1600-h/P1010294.JPG"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5052764772516911186" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_wGyDjxj5dpE/Rh8Gyjd6WFI/AAAAAAAAAAU/pR1y-up7vrQ/s320/P1010294.JPG" border="0" /></a><br /><div><a href="http://1.bp.blogspot.com/_wGyDjxj5dpE/Rh8GKTd6WEI/AAAAAAAAAAM/ds3gwTwrCyQ/s1600-h/La+novia+de+mi+hermano.gif"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5052764081027176514" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_wGyDjxj5dpE/Rh8GKTd6WEI/AAAAAAAAAAM/ds3gwTwrCyQ/s320/La+novia+de+mi+hermano.gif" border="0" /></a><br /><br /><div align="justify"><br />La novia de mi hermano –el libro ganador del primer premio en el Concurso Internacional de Literatura Juvenil de la editorial ecuatoriana Libresa, versión 2006- confirma la vocación demostrada por Gerardo Meneses (Pitalito, 1966) en otros premios ganados en anteriores oportunidades: el de literatura infantil de Fomcultura para autores huilenses (Neiva, 1998), con el libro Danilo Danilero, cabeza de velero; la Mención Especial X Concurso Nacional de Cuento Infantil (Comfamiliar del Atlántico), con Tato tiene novia (Barranquilla, 2002), reeditado después por Educar Editores (Bogotá, 2005) con otro cuento, “Carmela tiene la rara virtud de leer los sueños”; la selección en 2004 de su novela corta (o relato largo), Un beso para Lucy, en el Concurso Internacional de Literatura Juvenil de Libresa, editado en Quito en 2005; y el primer premio del XIII Concurso del Cuento Infantil (Barranquilla, Comfamiliar del Atlántico, 2005), ilustrado por María Osorio Caminata.<br />Lo anterior significa que Gerardo Meneses, el profesor de la Normal de Pitalito, el licenciado en español y literatura de la Universidad Pedagógica de Colombia, de Bogotá, el periodista de radio y prensa escrita, en los últimos diez años se sumó, con libros y reconocimientos, a la lista de escritores colombianos destacados en la llamada literatura infantil y juvenil. Pronto Panamericana y Alfaguara editarán otros títulos suyos.<br />La novela corta, o el relato largo, premiado en Quito, La novia de mi hermano, resume, en cierta forma, los rasgos que han caracterizado su literatura. Claridad en la historia, profundidad e inteligencia en el manejo de los personajes y dominio de la composición narrativa. Sus personajes surgen sigilosos de los salones de clase, y niños y niñas, ya adolescentes –con problemas imprevisibles y soluciones enredadas-, se encaraman en unas tramas tan divertidas como complejas, que abarcan, en esta novela, el pasado de la escuela, el presente del colegio y los exteriores en un pueblo que crece con la adolescencia de los recién enamorados.<br />Uno de los hechos más admirables en la literatura de Gerardo Meneses tiene que ver con el manejo de esas conductas comunes de quienes viven entre el colegio de secundaria y los espacios externos al salón de clase: una piscina en el hotel, un parque, una heladería, un ancianato, una cancha de deportes, un río a las orillas del pueblo, una calle, un solar, un bailadero. Más que cualquier circunstancia pedagógica, religiosa, social o económica, en este relato largo lo que afecta al lector es la relación personal de aquellos muchachos que estrenan emociones y temores. El génesis de la relación de pareja, en el remoto momento de la adolescencia, adquiere en Meneses unas proporciones insospechadas. Para eso, se vale del humor, del temor, del horror a la comunicación sentimental, de los atavismos que cierran el camino –desde la adolescencia- al sosiego amoroso de dos seres humanos. Y mientras en la noveleta avanza tortuosamente, como una tortuga que patina en el piso, la aproximación de dos jóvenes de apenas 13 o 14 años, de manera paralela nos enfrentamos –sus lectores- a la pérdida de la esperanza porque el afecto entre dos seres desiguales –causada por la naturaleza biológica-, un niño normal y otro anormal, va a romperse a mitad de camino.<br />Entre bambalinas, al fondo, una historia de amor avanza, esta vez perteneciente a la literatura universal (los niños de Meneses siempre leen, o al menos hay uno que induce al otro al afecto a partir de la lectura). Y la verdadera, la del libro que leemos, se sobrepone a la literaria, la que leen los personajes, siempre con el dolor que asiste a la presunta felicidad.<br />La novia de mi hermano –la novia de cada uno de los dos hermanos, la una, ficticia y la otra, real- sorprenderá a quienes no conocían a Gerardo Meneses, y consolida una literatura juvenil muy fresca, de gran envergadura psicológica, y de un impresionante uso de los diálogos entre los adolescentes.<br />Por favor, aunque la prensa colombiana aún no se ha dado por enterada de los premios nacionales e internacionales de Gerardo Meneses Claros, ustedes pónganlo en la lista de los buenos escritores de este difícil género literario, el infantil y juvenil.</div></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28114223-6746937486388104719?l=apuchayas.blogspot.com'/></div>Isaías Peña Gutiérrezhttp://www.blogger.com/profile/15141248916630606353noreply@blogger.com4tag:blogger.com,1999:blog-28114223.post-1170643946263395452007-02-04T21:32:00.002-05:002008-04-08T09:01:45.203-05:00Alejandra Jaramillo Morales<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/316/2973/1600/655471/Alejandra.gif"><img style="FLOAT: left; MARGIN: 0pt 10px 10px 0pt; CURSOR: pointer" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/316/2973/320/707612/Alejandra.png" border="0" /></a><br /><span style="font-family:georgia;"><span style="font-size:130%;">No es fácil, en un país como Colombia, con una democracia tan frágil, escribir sobre esta primera novela de Alejandra Jaramillo Morales, <em>La ciudad sitiada</em>, aparecida a finales del 2006.<br />Se podría decir que para un país tan contrahecho, Alejandra ha escrito una novela contrariada y contradictoria. Ningún país del mundo, incluido el conflicto árabe-israelí, ha prolongado tanto la solución a sus confrontaciones sociopolíticas. Y, en buena parte, se debe a la falsedad de sus diagnósticos, a la ideologización de sus causas, a los eufemismos y a la necesidad de imponer los intereses y criterios particulares sobre los de la nación. Digo esto porque la novela juzga las dos últimas décadas de la confrontación entre el estado colombiano y las fuerzas insurgentes, mezcladas con el fenómeno del narcotráfico y las autodefensas, poniendo en un mismo nivel a militares, guerrilleros y paramilitares. Partir de ese razonamiento y así asumirlo en la novela –como con frecuencia se hace en nuestros medios-, conduce a incurrir en una serie de contradicciones en el momento de desarrollar el argumento de la misma. La novela trae un epígrafe coherente de Juan Eduardo Cirlot, que luego no se tiene en cuenta: la ciudad me odia, por eso mi única patria es mi corazón y por eso me regocijo con la destrucción de la ciudad. Es todo un argumento. Pero en <span style="FONT-STYLE: italic">La ciudad sitiada</span> nadie odia al narrador, ni a los protagonistas, y sí se asume un amor por una patria que se confunde con una bandera de tela y no con un propósito nacional. (El asesinato de Yolanda Izquierdo la semana pasada en Montería, una dirigente pacifista que reclamaba sus derechos legales, demuestra una vez más que sí hay diferencias entre las distintas fuerzas del conflicto social y que hay causas económicas que los sustentan).<br />El argumento de la novela se divide en dos partes que no son consecuentes, si se mira con cuidado estético. Se construyen unos personajes que van a liberar a esa “patria”, con una intensidad y extensión equivalente al 98% de la novela, para en un paginaje del 2% mandarlos a la picota, sin ningún desarrollo argumental, ni narrativo. Esto conduce al problema más serio que tiene la novela: el narrador, al final de la novela, en dos páginas, pasa a manejar como marionetas a los personajes (en la p. 185, el narrador dice de uno de los personajes principales: “Ay, pero pobre Flora”, y suplanta los sentimientos y los propósitos del personaje y decide lo que él quiere. No se sabe quién es el narrador, pero suena a autor camuflado, porque hasta el lenguaje cambia. Entonces, la novela se desdibuja y se convierte en un argumento narrativo puesto al servicio de una tesis social del autor.<br />Sin embargo, ¿por qué terminé de leerla y por qué escribo estas líneas?<br />Porque, a pesar del a veces monótono tono monologista y de algunos intereses sociológicos y filosóficos –que en ese tono le van mal a la narración-, el lenguaje literario de Alejandra Jaramillo (no digo del narrador de la novela, para no contradecirme) es excelente y sumamente atractivo. No existe la menor duda de que ella es una escritora. Se deleita uno leyéndola, es de una gran sensibilidad y muy inteligente. En pocas novelas colombianas, de tantas que hay ahora, he leído páginas que recojan con tanta solidez las relaciones entre mujeres y entre mujeres y hombres. Las páginas dedicadas a escenas o situaciones eróticas, le hacen pensar a uno que si Alejandra Jaramillo hubiera escrito una novela, no sobre la violencia colombiana, sino sobre las intimidades del ser humano, fauno o guerrillero, habría producido una novela excepcional. Estaríamos sitiados por su novela. (A propósito, el título no me parece que corresponda a la novela, porque la ciudad no está sitiada, ni está sitiada Flora; parece ser otra de las contradicciones que parten del mal diagnóstico de las fuerzas políticas del país, o del desacuerdo entre la idea del narrador y la propuesta de la autora).</span><br /><span style="font-size:130%;">Por último, la novela posee unos capítulos de gran calado, como cuando nos hace recorrer a Bogotá por el centro, por los lados de Marielita, y digo que pega duro ese “Naranjo en flor”, “Sur” y otros tangos de marca mayor. Debo decir que, sin lugar a dudas, tenemos novelista, pero no novela. Y eso me satisface.</span></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28114223-117064394626339545?l=apuchayas.blogspot.com'/></div>Isaías Peña Gutiérrezhttp://www.blogger.com/profile/15141248916630606353noreply@blogger.com3tag:blogger.com,1999:blog-28114223.post-1169162371014935672007-01-18T18:11:00.000-05:002007-01-18T18:19:31.033-05:00Por Nahum Montt<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/316/2973/1600/550362/Naum%20Montt.gif"><img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer;" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/316/2973/320/548998/Naum%20Montt.png" alt="" border="0" /></a><br /><o:p> </o:p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style=""> </span>Alguna vez le pregunté a Nahum Montt por su segundo apellido –que nunca pone en sus escritos- para saber si era colombiano. (“Nahum” es una palabra hebrea que<span style=""> </span>significa “rebosante de consuelo”). En efecto, Nahum nació en Barrancabermeja, Magdalena Medio, Colombia, en 1967. Estudió literatura en la Universidad Nacional, donde fue un alumno destacado, hizo conmigo el Taller de Escritores de la Universidad Nacional, se volvió Maestro en Educación en la Universidad Externado de Colombia y ahora dicta talleres para escritores jóvenes, además de haberse dedicado a la escritura de cuentos y novelas en las altas horas de la madrugada. Después de fungir de editor por algunos años en un lejano Astillero y de la locura afortunada de su matrimonio con La Mona, de su disciplina y tesón, surgió <i style="">El eskimal y la mariposa,</i> obra con la que ganó el Premio Nacional de Novela Ciudad de Bogotá en 2004.</p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style=""></span>Por estas madrugadas sigue dándole duro a la escritura de su novela sobre el drama y la tragedia de un hombre que era cómico, Rodrigo Lara, mi compañero de banco en la Facultad de Derecho del Externado de Colombia. (Mucho antes, había escrito una buena novela sobre la vida subterránea de José Asunción Silva, novela que él aborrece hasta el momento).</p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style=""> </span>He hablado de Nahum en lugar de Miguel de Cervantes Saavedra, porque de don Miguel y del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha se habló por montones cuando se cumplieron, en 2005, los 400 años de su publicación. Pero aclaro que Nahum Montt escribió y publicó el año pasado, en Panamericana Editorial, una excelente biografía sobre Cervantes, que da cuenta del hombre, la época y su obra, escrita con la versatilidad de su lenguaje narrativo que todo lo atrapa con sencillez, claridad y profundidad. De las letras a las armas, Cautiverio en Argel, De las armas a las letras, Cervantes recaudador, Primera parte de <i style="">El Quijote</i>, Nadie tan necio que alabe a <i style="">El Quijote</i>, El caso Ezpeleta, De viaje por el parnaso español, El regreso de Don Quijote, La agonía como creación literaria, Cervantes imaginado, Cronología y obra, Bibliografía, son los capítulos que integran las 132 páginas del libro <i style="">Miguel de Cervantes. Versado en desdicha</i>, otro título que sumamos a la bibliografía de este barramejo incansable y excelente narrador. <o:p></o:p></p><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28114223-116916237101493567?l=apuchayas.blogspot.com'/></div>Isaías Peña Gutiérrezhttp://www.blogger.com/profile/15141248916630606353noreply@blogger.com5tag:blogger.com,1999:blog-28114223.post-1166046759612712682006-12-13T16:40:00.000-05:002006-12-13T16:52:39.626-05:00César Pérez Pinzón y el intimismo<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/316/2973/1600/249866/C%3F%3FsarP%3F%3FrezNov06.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/316/2973/320/75838/C%3F%3FsarP%3F%3FrezNov06.jpg" alt="" border="0" /></a><br /> <p class="MsoNormal" style="font-family:verdana;"><span style="font-size:130%;"><span style="" lang="ES-MX">Desde su primer libro de cuentos, César Pérez Pinzón (Alvarado, Tolima, 1954 - Ibagué, 29 de noviembre de 2006) se distanció del tono de la literatura de sus coetáneos. El estudio de los griegos, el querer ser diferente a quienes le precedieron y su propio temperamento, le permitieron construir una estética intimista en los cuentos de sus dos primeros libros, <i style="">Alucinaciones</i> (1980) y <i style="">La calle del farol dormido</i> (1986), y le dieron frutos destacados en su novela de 1986, <i style="">Hacia el abismo</i>, publicada por Plaza y Janés, y en su libro de cuentos <i style="">Hijos del fuego</i>, ganador del Premio Nacional de Cuento Ciudad de Bogotá en 2003. Figura en su bibliografía, también, <i style="">Cantata para el fin de los tiempos</i>.<o:p></o:p></span></span></p> <p class="MsoNormal" style="font-family:verdana;"><span style="font-size:130%;"><span style="" lang="ES-MX">Pero el intimismo de César no significó cambiar de tema, como podría pensarse ante los reclamos de algunos críticos colombianos que les prohíben a los escritores tocar los temas sociales. Desde sus primeros cuentos lo que cambió fue el prisma con que traducía la realidad de sus personajes, vivieran o no la violencia colombiana. Es decir, jamás rechazó su país, aunque se separara del tratamiento que siempre se le había dado a nuestra literatura. El epígrafe de su novela <i style="">Hacia el abismo</i>, de Cioran, podría colocarse a toda su obra: “La humanidad vive amorosamente de los sucesos que la niegan”. Tampoco su intimismo se puede asociar con cierto psicologismo del siglo XIX. La intimidad se extendía sobre sus personajes a pesar de los temas sociales y aunque no jugara al psicoanálisis.<o:p></o:p></span></span></p> <p class="MsoNormal" style="font-family:verdana;"><span style="font-size:130%;"><span style="" lang="ES-MX">En su último libro profundizó en su corriente y se aventuró por los legados de la metaliteratura. Por razones personales, ya no vivía en Bogotá, se había dedicado al Taller de Literatura en la Biblioteca Darío Echandía de Ibagué, y creo que eso le permitió recrear un puñado de autores y personajes de la literatura universal.<o:p></o:p></span></span></p> <p class="MsoNormal" style="font-family:verdana;"><span style="font-size:130%;"><span style="" lang="ES-MX">Allí, alejado del furor nocturno bogotano de sus años juveniles, lo atrapó la muerte, muy temprano, a finales de noviembre del 06. Su hermano Álvaro, mi exalumno en el Externado de Colombia, magistrado de la Corte Suprema de Justicia, a quien le dedicó sus cuentos de <i style="">La calle del farol dormido</i>, podría sacar adelante la obra inédita que deja César, escrita en sus años de reposo.<o:p></o:p></span></span></p><span style="font-family: verdana;font-size:130%;" > </span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28114223-116604675961271268?l=apuchayas.blogspot.com'/></div>Isaías Peña Gutiérrezhttp://www.blogger.com/profile/15141248916630606353noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-28114223.post-1164928906658526822006-11-30T17:59:00.000-05:002006-11-30T18:21:46.676-05:00Jorge Villamil, el otro<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/316/2973/1600/306198/Villamil.gif"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/316/2973/320/845284/Villamil.png" alt="" border="0" /></a><br /> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:130%;"><span style=""> </span>Una biografía como esta, </span><span style="font-size:130%;"><i style="">Las huellas de Villamil</i></span><span style="font-size:130%;">, escrita por Vicente Silva Vargas sobre el compositor colombiano Jorge Villamil Cordovez, da para muchísimas reflexiones. Bosquejo unas.<br /></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:130%;"><span style=""> </span>En su segunda edición, patrocinada por la alcaldía de Neiva, corregida y aumentada (trae una entrevista como epílogo, fundamental para conocer el ser político de Villamil), el libro podría ser un texto universitario de historia huilense y colombiana. Es decir, permite conocer la vida de Villamil (Hacienda de El Cedral, Neiva, 1929), en todos sus pormenores -domésticos, profesionales y artísticos-, a tiempo que cifra los aconteceres políticos, económicos y sociales del país y la región. Vicente Silva Vargas –lo dice en el prólogo y lo cumple en su proyecto- no quiso enganchar canción con canción para sacar adelante la vida del compositor, sino que profundizó en las coordenadas vitales del biografiado y en las del contexto local y global en que se van produciendo. Y como Villamil Cordovez viene de raíces decisivas en el desarrollo del sur de Colombia, estudió medicina y continuó las empresas comerciales de su padre, su vida filtra las acciones, problemas y conflictos del país. </span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:130%;"><span style=""> </span>Desde el punto de vista musical, Jorge Villamil irrumpe en la década del 60 de manera casi excepcional. Los duetos antioqueños de música colombiana (Espinosa y Bedoya, Obdulio y Julián, etc.) y la música colombiana generada por José A. Morales, por ejemplo, comienzan a descender en el rating radial de la época. El rock y las grandes bandas anglo-norteamericanas, la nueva ola, entre nosotros, apabullan las melodías nacionales. Y, sin embargo, en 1962, por todo Latinoamérica, se impone una composición romántica, en ritmo de pasillo –lento, por cierto, tan lento que nadie lo bailaría, a diferencia del pasillo andino, rápido y bailable-, llamada “Espumas” (en 1966 la grabó Javier Solís). A propósito, no se ha hablado de las modificaciones e innovaciones musicales (él, que no había estudiado música), para ese momento, de Villamil, pero son ellas las que permiten romper el cerco en las disqueras y emisoras del mundo. </span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:130%;"><span style=""> </span>La música de Villamil se destacó por los pasillos, bambucos, rajaleñas, sanjuaneros, guabinas (nuevas, también, nada santandereanas) y otros ritmos tradicionales, pero el disco que acompaña el libro, cantado sólo por mujeres (Carmenza Duque, Carmiña Gallo, Patricia González, Olga Acevedo, Lucía y María Mercedes), le recuerda a uno que el repertorio melódico de Villamil no tiene límites: boleros, vals, pasajes, pasodobles, porros, paseos, cañas, etc. Temas que si viviéramos en un país menos arribista, menos parroquial, fácilmente ocuparían franjas destacadas de la radio colombiana.</span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:130%;"><span style=""> </span></span><span style="font-size:130%;">La biografía de Villamil incluye, como parte del desarrollo histórico del personaje, la letra de 174 canciones suyas, con la ubicación anecdótica respectiva y el análisis de las mismas. El mundo narrativo suyo sorprende y se sale de los cánones acostumbrados. Su vida pública, vinculado en muchas ocasiones a las actividades culturales del departamento o la nación, o a las políticas, como cuando hizo parte de las comisiones de negociación con la guerrilla (se dice que una de sus composiciones es uno de los himnos de las Farc, "El barcino"), su defensa de los autores colombianos desde Sayco, su profesión como ortopedista, siempre se proyectó en su vida musical.</span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size:130%;"><span style=""> </span>Hoy, la diabetes lo mantiene alejado de la vida pública, pero Vicente Silva Vargas, abogado y periodista, garzoneño, lo saca a la luz pública y mantiene su vida artística a la vista de un país que nunca lo ha ignorado. </span></p><span style="font-size:130%;"> </span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28114223-116492890665852682?l=apuchayas.blogspot.com'/></div>Isaías Peña Gutiérrezhttp://www.blogger.com/profile/15141248916630606353noreply@blogger.com4tag:blogger.com,1999:blog-28114223.post-1164384275580170372006-11-24T10:44:00.000-05:002006-11-24T11:27:35.573-05:00Saki, Chopin y otras sorpresas<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/316/2973/1600/993634/Saki.gif"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/316/2973/320/862143/Saki.png" alt="" border="0" /></a><br /><span style="font-family: verdana;font-size:130%;" >Saki se llamaba Hector Hugh Munro, birmano, de padre inglés, nacido en 1870. Murió en 1916. Con su cuento “La ventana abierta”, comienza la selección que publicó la Alcaldía Mayor de Bogotá en la colección Libro al viento, que dirige Ana Roda. Su antólogo, el extraño, discreto y hermético escritor, Julio Paredes Castro, quizás pariente del, también, discreto y cordial, Jaime Paredes Pardo, payanés, escritor de viñetas inolvidables, alguna vez director de “Lecturas Dominicales” de El Tiempo, le colocó como título <em>La ventana abierta y otros cuentos sorprendentes</em>. Y es lo menos, y lo más, que se puede decir de estos seis cuentos, para no perdernos en las clasificaciones de los subgéneros: fantástico, de terror, de horror, de aventuras, de suspenso, que lo son también. En cualquiera de estos casos, el adjetivo de sorprendentes, que les dio Julio Paredes, es el justo.<br /> Luego de Saki, viene Kate Chopin, de 1851, nacida en Saint Louis, con el cuento “Una mujer respetable”, de gran finura en la trama y hondura en la indagación de los personajes. Completan la selección, cuatro reconocidos escritores (Saki y Chopin lo fueron en su época): el maestro de la tensión y las narraciones tenues, Henry James, con “Los años de madurez”; Jack London, el inolvidable contador de aventuras marinas o de la selva, con “El pagano”; Mark Twain, siempre tan zorro, con “Una historia sin final”; y, cierra el libro, Ambrose Bierce, cargado de sordidez, con “La ventana tapiada”.<br /> En estos sorprendentes y bellos cuentos, la conciencia de lo real suele reñir con las impresiones psicológicas, y se alternan en la búsqueda de la verdad, sin que se logre la claridad racional. En cada caso, el narrador, con el lector, se pierden en laberintos, a veces, apabullantes. Ser un humano equivale a ver cosas inexplicables a través de ventanas abiertas, o a vivir otras, no más explicables, con ventanas tapiadas.<br /> De los seis cuentos, todos sirven para aprender algo del arte del narrar, pero, sobre todo, dos de ellos recomiendo para estudiar en ese sentido: “Los años de madurez”, de James, que plantea con dureza la pregunta de hasta cuándo puede esperar un escritor para producir la mejor de sus obras; y, “Una historia sin final”, de Twain, que propone, en el fondo, la posibilidad de romper la santa trilogía de inicio, desarrollo y conclusión de un cuento.</span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28114223-116438427558017037?l=apuchayas.blogspot.com'/></div>Isaías Peña Gutiérrezhttp://www.blogger.com/profile/15141248916630606353noreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-28114223.post-1163135242833782252006-11-09T23:58:00.000-05:002006-11-13T22:03:37.370-05:00La razón de José Luis Garcés González<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/blogger/316/2973/1600/JL%20Garc%3F%3Fs%20G..3.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/316/2973/200/JL%20Garc%3F%3Fs%20G..1.jpg" alt="" border="0" /></a><span style=";font-family:verdana;font-size:130%;" >José Luis Garcés González fundó en Montería, con otros escritores, hace unos 26 años, el grupo literario y cultural “El Túnel”. Desde entonces, ellos marcan la pauta del desarrollo cultural de Córdoba y de los departamentos vecinos. En el grupo, su animador perpetuo, la llama y la voz que no da, ni pide tregua, es José Luis, un hombre sentencioso, de pocas palabras, de mucha seriedad en los actos públicos, y de risotadas en los descansos. Antes fue el narrador y el poeta de tantos títulos consagrados en los concursos nacionales (quién no recuerda su novela Carmen ya iniciada o los cuentos de Entre la soledad y los cuchillos, o su guión para televisión de Caballo Viejo). Ahora es profesor de la Universidad de Córdoba, y su condición de educador se ha acentuado. Todos atienden sus proyectos, sus infinitas ganas de llevar la literatura y la cultura a los sitios menos imaginados (nadie sospechó el éxito del recital a las orillas del río Sinú, en ese hermoso parque, con teatrinos, salas y refugios para animar cualquier tertulia, que se inventaron bajo el nombre de La ronda del Sinú).<br />En el XIV Festival de Literatura de Córdoba, que él y su equipo organizaron los días 4 y 5 de noviembre, José Luis Garcés González volvió a reunirlos a todos y los puso a reflexionar acerca de la enseñanza de la literatura. Allí nos encontramos con Luis Fernando Macías (Medellín), José Ramón Mercado (Cartagena), Gina Ruz Rojas (Cartagena, directora de la revista de investigación cultural Noventaynueve, dedicada en su último número al poeta recién fallecido Jorge García Usta, a quien el encuentro homenajeaba), Luis Majín Rodríguez (Cali), José Manuel Vergara, Luis Roberto Mercado (Planeta Rica), Alberto Hernández, David Pérez, Nelson Castillo, Juan Santana, Naudín Gracián, Carmen Amelia Pinto, Yaneth Posada, Jorge del Río, Ricardo Vergara, Albeiro López, Jorge E. sierra, Galo Alarcón, Alex Montes, Irina Henríquez, Ignacio Verbel, Francisco Atencia, Carlos Marín (hace un excelente suplemento dominical en El Meridiano de Córdoba), Amaury Díaz, Luis Fernando Galindo, Néstor Solera, Eduardo Mendoza, Manuel Vidal, Miguel Villarreal, Edgardo Puche, y algunos más que, segurmanete, se me escapan.<br />La más reciente novela de José Luis la publicó la Universidad de Antioquia con el título de Ese viejo vino oscuro.</span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28114223-116313524283378225?l=apuchayas.blogspot.com'/></div>Isaías Peña Gutiérrezhttp://www.blogger.com/profile/15141248916630606353noreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-28114223.post-1163134125904705112006-11-09T23:26:00.000-05:002006-11-09T23:48:45.916-05:00Los nombres de Maruja Vieira<a href="http://photos1.blogger.com/blogger/316/2973/1600/Marujita.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/316/2973/320/Marujita.jpg" border="0" /></a><br /><span style="font-family:verdana;font-size:130%;">En sus contados y calificados libros de poesía, entre ellos, Campanario de lluvia, Los poemas de enero, Palabras de la ausencia, Clave mínima, Mis propias palabras, Tiempo de vivir, Sombra del amor, Los nombres de la ausencia, siempre apareció como Maruja Vieira. Y muchos siempre la hemos llamado, con afecto, Marujita. Lo que pocos sabían era que Marujita no era Maruja, sino María. Lo descubrimos el 1 de noviembre, en la sede del Concejo de Bogotá, cuando el poeta Hugo Cortés, como maestro de ceremonias, leyó el acuerdo en virtud del cual dicha institución la condecoraba con el más alto grado de la orden José Acevedo y Gómez, a instancias del concejal Emel Rojas. Las razones de la alta distinción son las mismas que llevaron a la Fundación Mujeres de Éxito a publicar, a comienzos de este año, uno de los mejores libros de Maruja Vieira, Los nombres de la ausencia, con el sello de Ediciones San Librario, e ilustraciones de Manuel de Montalvo y Correa.<br />¿Pero cuándo la escritora, que nació en Manizales en 1922, comenzó a ser Maruja? Me lo dice en esta carta de ayer 8 de noviembre: “Creo que sabes la historia de que María Vieira White, como yo firmaba en aquel lejano 1943, llegó hasta cuando Pablo Neruda me sugirió que eran demasiadas vocales, y que el White no venía al cuento”.<br />Tal vez, después de haber consagrado su vida a una poesía sobria, sustantiva, inteligente, que rasguña la historia y que nombra las cosas y los seres humanos en su tiempo presente, Maruja Vieira misma se haya asombrado de ser, en la plenitud de sus años (y de su poesía, que no decae), María Vieira White, a pesar de las vocales y de Pablo.<br />Recomendamos leer sus palabras dichas al recibir la condecoración. Y leer sus libros. Este poema que trascribo, pertenece a su libro Los nombres de la ausencia:<br />“Encontré al viento<br />hojeando tu libro<br />Andrés Caicedo.<br /><br />¿O serías<br />tú mismo?”</span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28114223-116313412590470511?l=apuchayas.blogspot.com'/></div>Isaías Peña Gutiérrezhttp://www.blogger.com/profile/15141248916630606353noreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-28114223.post-1162524783961724672006-11-02T22:27:00.000-05:002006-11-03T00:02:06.206-05:00Manuel José Rincón, premio capital<a href="http://photos1.blogger.com/blogger/316/2973/1600/P1000802a.jpg"><img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/316/2973/200/P1000802a.jpg" border="0" /></a><br /><span style="font-family:verdana;font-size:130%;">En el 99 y luego en el 2000, primero con Jorge Franco y luego conmigo y Oscar Godoy, estuvo Manuel José Rincón Domínguez en el Taller de Escritores de la Universidad Central (Teuc). Luego fundó su grupo de taller de cuento con Godoy, Andrea Vergara, Fernando Cano, Luis E. Caviedes, egresados del Teuc, más otros escritores jóvenes que fueron llegando y yéndose. En este último, por cierto, volví a escribir mis cuentos (los cuentos tukanes), gracias a la amistad, a la disciplina, al vino y a la comida, del pequeño grupo. A su vez, Manuel José asistía al Grupo Carpentier que habíamos fundado en los ochentas con egresados del Teuc (Gloria Inés Peláez, Jorge Cardona, Oscar Arcos, Mauricio Díaz, Hugo Montero, Germán Gaviria, entre otros) y que ahora comandaba Philip Potdevin. Después, en el 2006, Manolo pasó al taller que comenzó a dictar en la biblioteca de El Tunal, el novelista Nahum Montt. Digo todo esto, porque Manolo ha sido tallerista y nunca lo ha negado. Como en México, en cuba, en Argentina, en Estados Unidos, él hace parte de las promociones de escritores cultivados en los talleres. Y porque un jurado integrado por Lina María Pérez, Conrado Zuluaga y Guillermo González Uribe (algunos de ellos no muy amigos de los talleres) acaba de otorgarle el primer lugar a <em>El perro,El voyerista, La ambulancia y La vecina, </em>el Premio Nacional de Cuento Ciudad de Bogotá, del IDCT, un libro que sudó, que padeció, que se gozó, que cambió tantas veces, que lo llevó otras hasta la depresión, que recorrió por el mundo (porque es una historia de ciudades del mundo, porque Manolo es periodista y nómada, porque es disciplinado hasta las multas, y, a la vez, un gocetas que se divierte inventando lo que no conoce por su oficio, y porque llegó hasta la angustia de creer que si no podía ser escritor, solamente le quedaba una alternativa: ser escritor).</span><br /><span style="font-family:verdana;font-size:130%;">Sus cuentos, que aparecerán el año entrante, lo demuestran.</span><br /><span style="font-family:verdana;font-size:130%;">Con Manolo, los egresados del Taller de Escritores de la Universidad Central ganan por tercera vez consecutiva el Premio de la Capital. Antes, fueron Nahum Montt (en novela) y Juan Álvarez (en cuento).</span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28114223-116252478396172467?l=apuchayas.blogspot.com'/></div>Isaías Peña Gutiérrezhttp://www.blogger.com/profile/15141248916630606353noreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-28114223.post-1162524437302909182006-11-02T22:18:00.000-05:002006-11-02T22:27:17.303-05:00La Movida Literaria<a href="http://photos1.blogger.com/blogger/316/2973/1600/Movida%20Literaria.gif"><img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/316/2973/200/Movida%20Literaria.png" border="0" /></a><br /><span style="font-family:verdana;font-size:130%;">La noche del lanzamiento del No. 3 de la revista La Movida Literaria en la librería Biblos, la cosa estuvo movidita. Los fundadores de la revista, Juan Pablo Plata y Sebastián Pineda, esta vez hicieron de maestros de ceremonia, y el nuevo director, Andrés Mauricio Muñoz, prendió la mecha. Presentó la novela póstuma del prometedor y muy lamentado por todos, Johan Rodríguez –Bravo, Ciudad de niebla (ver portada). Ya dirán los lectores si Johan prometió y cumplió (ver la reseña de Andrés Mauricio Muñoz en la revista). Y luego para hablar de esta edición de La Movida Literaria, que trae en carátula a Enrique Vila-Matas y a Juan Villoro (con entrevistas adentro), una mesa redonda se desarrolló con los escritores Carolina Alonso, Hernando Cabarcas, Jorge Iván Parra y Alejandro Martín. Se habló de libros y revistas, de los gustos literarios, de las estadísticas de lectores en Colombia, de los métodos y los resabios de profesores y lectores, de los procesos de circulación, del mercado popular de los libros (Hernando Cabarcas), de la inutilidad de las bibliotecas (tesis de Jorge Iván), de la inutilidad de los libros (tesis de Alejandro Martín, editor de la revista de libros Pie de página), del cine y los libros, de las políticas de lectura sin políticas editoriales del Estado, del libro como prioridad en el supermercado, de la necesidad de las reseñas de libros y de los malos reseñadores. Pero para seguir discutiendo, lo más polémico fue lo dicho por Jorge Iván: “reseño lo que no tiene pierde” (para Lecturas Dominicales de El Tiempo), y por el fresco e interesante Alejandro Martín: ¿se es mejor leyendo?<br />Noche movida para una revista irreverente, con gente nueva: David Roa, las mexicanas Miriam Mabel Martínez y Alma Karla Sandoval, Juan Sebastián Cárdenas, más los ya citados, y el consagrado Efraim Medina Reyes, que escribe “De cómo dulcinea intenta revolcarse con sancho en un establo”.</span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28114223-116252443730290918?l=apuchayas.blogspot.com'/></div>Isaías Peña Gutiérrezhttp://www.blogger.com/profile/15141248916630606353noreply@blogger.com3tag:blogger.com,1999:blog-28114223.post-1162521964274776802006-11-02T21:35:00.000-05:002006-11-30T19:54:03.990-05:00Alberto Salcedo Ramos en Arcadia<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/316/2973/1600/47467/Arcadiaa.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/316/2973/200/524008/Arcadiaa.jpg" alt="" border="0" /></a><br /><span style="font-size:130%;">En el No. 13, especial de primer aniversario, la revista Arcadia le pidió a 11 escritores que leyeran (si no lo habían hecho) una novela clásica entre las colombianas y que le entregaran una crónica sobre los escenarios actuales en que aquellas transcurren. Por cierto, excelente (con una sola excepción) la selección de las novelas (¡ojo, profesores!), que cito en el mismo orden de la revista: La Vorágine, El amor en los tiempos del cólera, Sin remedio, La última escala del Tramp Steamer, ¡Que viva la música!, La casa grande, La tejedora de coronas, Las estrellas son negras, Cuatro años a bordo de mí mismo, Aire de tango, Mi hermano el alcalde.<br />Acerca de La casa grande investigó Alberto Salcedo Ramos, y al final su conclusión es apoteósica, y creo que aplicable a todas las novelas. Así termina su crónica (perdón Alberto por citarte tan largo):<br />“Sólo una de las personas con las que conversé durante mi peregrinaje por ciénaga ha leído La casa grande: el profesor José Manuel Elías. Los demás –el pintor, el poeta, el investigador, el historiador y el asesor de cultura- la desconocen. Todos ellos, eso sí, levantan el pecho para comentar que se sienten orgullosos de que se haya escrito una novela notable sobre su pueblo. Y algunos hasta afirman sin ruborizarse que Cepeda Samudio es el verdadero creador del Realismo Mágico, ´el mejor escritor de habla hispana dicho por todas las enciclopedias´. Nada nuevo, pienso: en este país la literatura siempre ha sido más citada que leída, más motivo de consejas parroquiales que de debates serios. Discutimos sobre la fama del escritor, sobre su relación con el poder, y nos desentendemos de lo que escribe, que es lo único importante. Por eso la historia nos atropella sin dejarnos ni una sola lección. Por eso la riqueza se nos esfuma y sólo nos quedan el olor y la leyenda”.<br />(Entre paréntesis, tres guiños: Arnoldo Palacios ya no vive en París –con Nicolás Suescún y Roberto Rubiano, lo tuvimos como jurado del concurso de novela corta para egresados del Taller de Escritores, a mitad de año-, y Las estrellas son negras y Cuatro años a bordo de mí mismo, sí han permanecido en catálogo).<br />Marianne Ponsford, directora de Arcadia, debiera sacarla cada 15 días, con el mismo perfil, es decir, dándole prioridad a los libros.</span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28114223-116252196427477680?l=apuchayas.blogspot.com'/></div>Isaías Peña Gutiérrezhttp://www.blogger.com/profile/15141248916630606353noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-28114223.post-1162485444071259582006-11-02T11:10:00.000-05:002006-11-30T19:37:23.280-05:00Giovanny Gómez, el nuevo poeta<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/316/2973/1600/333482/giovanny30.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/316/2973/200/150884/giovanny30.jpg" alt="" border="0" /></a><span style="font-size:130%;"><span style="font-family:verdana;">Un concurso buscaba a un buen poeta inédito en Colombia y lo encontró en Pereira. La convocatoria la hizo la Tertulia Poética de Gloria Luz Gutiérrez, con el apoyo de la Casa de Poesía Silva y el Instituto Caro y Cuervo. Los jurados, Juan Gustavo Cobo Borda, Jotamario Arbeláez, José Luis Díaz Granados, Hernando Cabarcas y Mario Rivero, escogieron el libro <em>Casa de Humo</em> de Giovanny Gómez. Una mujer fue finalista, Patricia Ariza, con <em>Hojas de papel volando</em>.<br /></span><span style="font-family:verdana;">Giovanny Gómez, un bogotano paisa, de 27 años de edad, se ganó el premio millonario, con un libro escrito en medio de sus estudios de español y literatura en la Universidad Tecnológica de Pereira, donde le patrocinan una excelente revista de poesía que él fundó, que ya hizo carrera, <em>Luna de Locos</em>, nombre, además, con el que realiza otras actividades culturales, como ciclos de conferencias y seminarios de investigación. Dirige en Pereira, a donde llegó en 1992, el cine club de la Cámara de Comercio, con el nombre de Cine de Cámara, uno de los más activos allí.<br />En algunos de los poemas que conocemos de su <em>Casa de Humo</em>, el joven poeta revela una posición vitalista que confirma la fuerza de una tradición que, en Colombia, arranca con Porfirio Barba Jacob y desciende por Raúl Gómez Jattin.<br />Estos son dos poemas de su libro premiado, que aparecerá en 2007.<br /><br />UNA PALABRA COMO CASA<br /><br />Señor dame una palabra<br />que tenga la forma de un barco<br />un barco de velas inextinguibles<br />donde pueda ir a conocer el mar<br />Dame esta palabra por casa<br />por vestido por amante<br />deja que ella sea mi soledad<br />mi alimento y no pueda sobrevivirla<br /><br />Aquí estoy tan vacío de formas<br />y silencio...<br />Toda mi inspiración semeja<br />el ruido de unas manos atadas<br />necesito un barco por cuerpo<br />y el amor por mar<br /><br />Escúchame por estas alucinaciones<br />y la vastedad de las cosas que vuelven<br />a su lugar<br /><br />UN RUIDO AMARILLO EN LA MADRUGADA<br /><br />Días que despiertan muy temprano para mí<br />horas en que el amanecer regresa<br />sobre el cansancio de los ojos<br />y no sé si despertar conviene<br /><br />Una oración rastrea por el cielo del techo<br />y medra en la oscuridad como una luz que tiembla<br />A veces el poema<br />es una lengua extranjera<br /><br />TIEMPOS<br /><br />Hablo de los días y las noches<br />del trepidar de calles<br />del sol que perjura en sus navajas<br /><br />Hablo de una llaga en mi espalda<br />donde el peso del mundo duele<br />de lo único que no dejan ver los cristales<br />del rencor y su transparencia en la sangre<br /></span></span><br /><span style=";font-family:verdana;font-size:130%;" >Hablo de un animal dormido<br />y compases de vals con mariposas en mi alberca<br /><br />Hablo de no poder ignorar<br />las auroras con sus muertos<br />de mis manos sudorosas<br />de las paredes donde se oculta el amor<br />del dios que canta en esas orillas<br />donde se rompen las olas</span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28114223-116248544407125958?l=apuchayas.blogspot.com'/></div>Isaías Peña Gutiérrezhttp://www.blogger.com/profile/15141248916630606353noreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-28114223.post-1162415758519256242006-11-01T15:47:00.000-05:002006-11-02T13:15:28.053-05:00Biblioteca Carlos Medellín Forero<a href="http://photos1.blogger.com/blogger/316/2973/1600/Cuentos%20de%20C.%20Medell??n.png"><img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/316/2973/200/Cuentos%20de%20C.%20Medell%3F%3Fn.png" border="0" /></a><br /><a href="http://photos1.blogger.com/blogger/316/2973/1600/Carlos%20Medell??n.2.jpg"></a><br /><span style="font-size:130%;">Fue una gratísima sorpresa, aún para los miembros de la comunidad académica centralista: el 24 de octubre, en acto público presidido por el rector Guillermo Páramo, y vicerrectores, Pablo Leyva y Nelson Gnecco, el Consejo Superior había decidido darle nombre a la biblioteca de la Universidad Central, y había escogido el nombre de su cofundador y primer rector, el educador, poeta y narrador, Carlos Medellín Forero. En el acto hablaron, además del rector, el médico y pintor, consejero, doctor Fernando Sánchez Torres, y Carlos Eduardo, uno de los hijos de Carlos Medellín.<br />Carlos Medellín Forero nació en Pacho, Cundinamarca, en 1928, y sus improntas permanecen intactas en tres grandes campos: el educativo, el literario y el jurídico. Fundó el Claustro Moderno en 1966, dirigió revistas literarias, de los impulsores primeros de las orquestas sinfónica y filarmónica de Bogota, columnista de los diarios capitalinos, profesor universitario, ensayista universitólogo, poeta (ganó un premio nacional con su libro <em>Moradas</em>), un excelente cuentista (no es sino mirar su libro <em>El encuentro y otros cuentos</em>), comentarista radial, pensador y jurista demócrata (hizo parte de la Corte Suprema de Justicia en uno de sus mejores momentos civilistas), funcionario universitario (rector encargado de la Universidad Nacional, lo mismo que del Externado de Colombia - suya es la firma de mi diploma de abogado), y un contertulio generoso como ninguno. Carlos Medellín murió en 1985, porque las voces de cese al fuego de su amigo Alfonso Reyes, presidene de la Corte, nunca fueron respondidas por el presidente de la república.<br />En la Biblioteca Carlos Medellín Forero continuaremos su faena educativa, literaria, civilista, humanista y humanitaria. Y su sonrisa permanecerá.</span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28114223-116241575851925624?l=apuchayas.blogspot.com'/></div>Isaías Peña Gutiérrezhttp://www.blogger.com/profile/15141248916630606353noreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-28114223.post-1162406526345260152006-11-01T13:20:00.000-05:002006-11-01T16:44:20.676-05:00Puesto de Combate, la revista joven<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/blogger/316/2973/1600/Puesto.gif"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/316/2973/200/Puesto.png" alt="" border="0" /></a><span style="font-size:130%;">Por estos días, circula el No. 69 de la revista literaria (“La revista de la imaginación”) <em>Puesto de Combate</em>, que su director, el narrador Milcíades Arévalo, quiso –sin poderlo, por ahora- dedicar al tema erótico (como todo 69). Con foto del poeta Raúl Gómez Jattin en portada, sus 40 páginas incluyen poemas, cuentos o comentarios críticos de: Walt Whitman, Jorge Teillier, Raquel Jodorowsky, Orlando Sierra, Luis Roberto Mercado, Jaime Fernández Molano, Henry Posada, Uriel Giraldo, Juan Carlos Acevedo, Juan Manuel Roca, Matilde Espinosa, Luz Helena Cordero (ella escribe sobre la poesía de Raúl Gómez), Winston Morales (escribe sobre Fernando Vallejo), Heider Rojas, Hernán Fonseca, Leonel Ramírez, Luz Macías y Augusto Jaramillo. Y al lado de la bandera, en la contracarátula, aparece esta nota editorial que me pidió su director:<br />“Anda la revista <em>Puesto de Combate</em> por sus 35 años de corajuda vida sin dar un pie atrás, ni, tampoco, jamás, un traspiés. Su director, el cuentista y novelista Milcíades Arévalo, ha dedicado más de la mitad de su vida a darle vía libre a la producción literaria de los escritores del país y del mundo, sobre todo a la de aquellos que apenas han acabado de comenzar el largo e incierto camino de la creación literaria. Ha sido afortunado en su elección, además, porque cada vez que ha levantado la bandera de partida para alguien que ha llegado con sus manuscritos a su escritorio, con los años se ha demostrado que el director de la revista no estaba equivocado.<br />El abrirle las puertas a los escritores de cada nueva generación, con la generosidad suya, siempre ha estado acompañado, además, de su tutoría y criterios de selección. No ha sido darle el semáforo en verde a la irresponsabilidad del nuevo autor, o a confirmarla en aquellos que siguen sin enmendar sus culpas. La revista, que en algunas ocasiones ha convocado concursos de cuento y poesía, con jurados a prueba de señalamientos, ha combinado, también, con prudencia y con mucha claridad, a jóvenes autores con viejos lobos de mar de la literatura, a los primeros para premiarles la calidad conseguida a tan temprana edad y para que no piensen que todas las puertas se cerraron en el país de las marrullas y para que persistan en el viaje sin regreso de la literatura, y a los segundos para rendirles los homenajes ganados en vida y en muerte, para que sigan en las retinas de los jóvenes y para que la historia cultural del país –a veces tan neblinosa- no se agote en el mar de entuertos políticos, sociales y económicos, que asedian al país, sin que ningún medio de carácter literario, permanezca activo las 24 horas del día, como sí sucede en otros lugares del mundo.<br />Con 35 años de trabajo, <em>Puesto de Combate</em> permite ver ya un desarrollo de la poesía y la narrativa colombianas, fenómeno que no se podría constatar con las revistas que claudicaron, o con los medios escritos que, por razones predecibles, dejaron de publicar cuento y poesía en sus páginas, anulando la posibilidad del desarrollo de los mismos (a ese nivel) e impidiendo el seguimiento que suele darse por esas rutas en otras partes del mundo.<br />Como las revistas literarias, que nacen y mueren con rara espontaneidad en Colombia, con excepciones milagrosas y honrosas como <em>Puesto de Combate</em>, también nuestros concursos literarios –irrisorios si se comparan con los de España, Argentina o México- han caído en desuso, no tienen ni permanencia, ni horizontes claros, no resisten los escenarios de las polémicas abiertas y sanas, y los pocos que subsisten se han llenado de condiciones notariales y leguleyas –con excepciones, también, admirables, como el de la Bienal de Novela “José Eustasio Rivera”, de Neiva- que no animan a la participación y sí asustan a los posibles escritores jóvenes colombianos.<br />La narrativa, la poesía, el teatro, el ensayo, las artes visuales, y sus autores, han tenido en estos 35 años el apoyo de la revista más juvenil de Colombia. Allí nacieron algunos mitos de su literatura, y los seguiremos creando con la terquedad y la tenacidad de su director (milciadesarevalo@hotmail.com)".<br /><br /></span><span style="font-size:130%;"></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28114223-116240652634526015?l=apuchayas.blogspot.com'/></div>Isaías Peña Gutiérrezhttp://www.blogger.com/profile/15141248916630606353noreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-28114223.post-1161401953718802032006-10-20T22:36:00.000-05:002006-10-24T11:35:48.106-05:00Motti Lerner, la guerra y la escritura<a href="http://photos1.blogger.com/blogger/316/2973/1600/feature_42.0.jpg"><img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/316/2973/200/feature_42.0.jpg" border="0" /></a><br /><span style="font-size:130%;">Fue refrescante escuchar en la Biblioteca Luis Angel Arango, de Bogotá, al dramaturgo, cineasta y guionista de televisión israelí, Motti Lerner. Estaba invitado por el nuevo programa académico de la Universidad Nacional sobre escrituras creativas, para que hablara de cómo escribir en una sociedad en guerra, como ha sido la suya (y la nuestra). Y sorprendió a todo el mundo. En las sociedades polarizadas, como sucede con la colombiana -aunque se presuma lo contrario-, se le suele limitar el escenario a la escritura. Aquello sobre lo cual podría escribir un novelista o un guionista, puede tocar todo menos su propia realidad. Y el argumento es fácil: si tenemos esa realidad, para qué redundarla en el texto. Y se confunden distintas funciones de la escritura, como lo dijo Motti. Es cierto que se trata de entretener, de divertir, de fantasear. Pero, al mismo tiempo, el escritor -sobre todo en tiempos de guerra-, si lo quiere, repito, si lo quiere, podría ayudar a pensar, como dice Motti, "una explicación para crecer", "tener ilusiones para cambiar", o, por lo menos, el escritor debiera poder crear dudas (sin que lo maten) para que los consensos oficiales no oculten las causas que originan los conflictos sociales, eso que impide dar el paso de la guerra hacia la paz. Desde los griegos, y luego Brecht volvió a sostenerlo, la escritura (el arte, en general) debe entretener, pero sin cortarle las alas al pensamiento que busca el ocaso de la guerra, y la sobrevivencia digna del ser humano.<br />Motti Lerner enseña en la Universidad de Tel Aviv algo que en Colombia -por tabú éntre los artistas y por instinto de conservación- sería imposible e inconcebible: dramaturgia política. Y desde 1973, ha sido miembro del Movimiento por la paz en Israel. Está traducido a varios idiomas y sus obras de teatro han sido montadas en muchos países, entre ellos, Austria, Australia, Estados Unidos, Francia.</span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28114223-116140195371880203?l=apuchayas.blogspot.com'/></div>Isaías Peña Gutiérrezhttp://www.blogger.com/profile/15141248916630606353noreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-28114223.post-1160667158367734462006-10-12T09:33:00.000-05:002006-10-12T21:39:24.813-05:00Orhan Pamuk, Nobel de literatura 2006<img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://www.libreria-mundoarabe.com/portadas/1049ma.jpg" border="0" /><br /><span style="font-size:130%;">Fue a raíz de nuestro viaje con Betty y Tamara a Estambul o Istanbul, en 2005, que supe de Orhan Pamuk. En un correo desde Madrid, mi amiga novelista y dramaturga Luz Amelia (Luza) Peña Tovar, me decía que uno de los libros que ella más admiraba en los últimos tiempos era el de un turco que andaba en problemas por poner en claro la matanza de armenios a manos de los turcos a comienzos del siglo XX, y que ese libro se llamaba <em>El astrólogo y el sultán</em>, publicado por Edhasa, Barcelona, 1994, en su colección de bolsillo. De regreso, mi esposa me lo trajo de España (en Colombia no se conseguía). Pamuk, conocido por las noticias políticas, era apenas mencionado en Colombia, y se vendía bien en España. Luego vendría su amenaza de juicio en su patria por querer aclarar (eso dijo en Berlín) la matanza de los armenios, las cartas de los escritores en su defensa (justas, por supuesto) y otras traducciones de sus obras. Y la verdad es que Pamuk encanta. <em>El</em> <em>astrólogo</em> <em>y el sultán</em> comienza con un marco de composición narrativa muy atractivo: un hombre encuentra unos originales en 1982, trata de averiguar quién es su autor con el fin de incluirlo en una enciclopedia para la cual trabaja, y no lo logra. Luego trascribe la historia de un científico joven capturado en Italia por piratas que lo venden en Istanbul a un sabio sultán que desea aprender con él qué es el occidente. Los dos, a fin de cuentas, aprenden el uno del otro, y la historia se cierra con un viaje de amo y esclavo contra los polacos. La novela, publicada por Pamuk en 1985, editada en inglés en 1990 con el título de The White Castle, tiene una dedicatoria misteriosa: "Para Nilgun Darvinoglu, una hermana cariñosa (1961-1980)", pues se supone que la colocó quien encontró los manuscritos y no su autor. Más un epígrafe tomado de Marcel Proust, que sintetiza el pensamiento de Pamuk, un hombre que vive en una ciudad -quizás la única del mundo, lo cual cuando uno lo vive, lo llena de una extraña emoción- que hace parte, a un mismo tiempo, apenas pasando un largo puente sobre el Bósforo, de los continentes y las culturas occidental y oriental, hoy en pruebas de saber: "Imaginar que una persona que nos intriga tiene acceso a un modo de vida desconocido y más atractivo todavía a causa de su misterio, creer que sólo empezaremos a vivir a través del amor de esa persona..., ¿qué es si no el nacimiento de una gran pasión?".</span><br /><span style="font-size:130%;">Epígrafe que se suma al subtítulo de la novela, para mejor decir del interés que tiene Pamuk por la unidad del mundo del ser humano: "Oriente y Occidente en el imperio otomano".</span><br /><span style="font-size:130%;"></span><br /><span style="font-size:130%;"></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28114223-116066715836773446?l=apuchayas.blogspot.com'/></div>Isaías Peña Gutiérrezhttp://www.blogger.com/profile/15141248916630606353noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-28114223.post-1160452915581067152006-10-09T22:28:00.000-05:002006-10-20T22:40:24.663-05:00Arturo Alape<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/blogger/316/2973/1600/Arturo-Alape-GR.0.jpg"><img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/316/2973/320/Arturo-Alape-GR.jpg" alt="" border="0" /></a><span style="font-size:130%;">Me costó mucho trabajo aprender a decirle Arturo Alape, porque siempre le decía por su nombre propio: Carlos. Pero alguna vez, de manera indirecta, me preguntó por qué no podía decirle yo como figuraba ya en sus tantos libros. Y ahora que había aprendido a decirle Arturo, se ha muerto. Ha muerto el 8 de octubre, como si quisiera conmemorar la muerte del Che Guevara. Se puede estar riendo y se sentirá orgulloso. Su devoción por la revolución del hombre nuevo siempre fue intrasferible. Nos conocimos al comienzo de la década del 70, fundamos el grupo Punto Rojo, de carácter literario y político, me enseñó lo que era la militancia en su Partido Comunista, hicimos la revista Punto Rojo, logramos sacar varios libros con ese sello editorial, luego nos separamos un poco, entre otras cosas por razón de sus exilios, le hice algunas entrevistas y escribí unos artículos sobre sus cuentos, que se publicaron en la prensa nacional y de provincia, y luego la vida y la fe en un futuro más justo para el hombre, nos mantuvo unidos, hasta su muerte a causa de una leucemia que enfrentaba desde hacía más de una década.<br />Le debo haber conocido a Cuba en 1976, pues en 1975, cuando él fue jurado del Premio Casa de las Américas, me recomendó con Roberto Fernández Retamar.<br />Sus libros son muchos y muy importantes, de literatura, de testimonio, de historia. Y jamás podré olvidar su obsesión maestra por la revolución socialista, por una democracia que jamás hemos tenido en el país, sus ataques a la intolerancia, que siempre instrumentó con su recia ironía, con su humor negro, con la única arrogancia admisible: la de la voluntad popular.<br />Hoy en la dolorosa partida, tres de sus cuatro mujeres lo despidieron, como su hijo Manuel y su hija Paloma, con un llanto inconsolable: Olga Restrepo, Olga García y Katia, la joven que lo sobrellevó en su último exilio y en su larga agonía. Teresa, su primera esposa, se había despedido de él el viernes 6 de octubre, antes de viajar a Cuba.<br />El ritual fue secular, con un texto escrito para la ocasión por él mismo, con las palabras de sus amigos y con una tanda de boleros interpretados por la Sonora Matancera.<br />La muerte de Carlos, de Arturo, me ha impresionado, y me ha sobrecogido el terror de saber que los recuerdos que compartíamos, ahora se dividen irremediablemente. El río no puede devolverse, es lo que siento. Y me entra el pavor.<br />No lo pensé así en San José del Guaviare, cuando Benhur recibió, a la hora del desayuno, la noticia de parte de Sara. Sabía que tenía que morir porque su lucha había sido larga e intensa. Hoy se que es la historia de nuestro pasado, de lo que teníamos en común desde cuando jóvenes tratábamos de construir por el país, lo que se ha partido. ¿A quién recurriré para preguntarle por las cosas que ocurrieron a nuestro alrededor? La desventura del tiempo es el olvido, a ese que él quiso ponerle coordenadas en muchos de sus libros.<br />Y me engañó porque creí que volvía a salvarse de nuevo, como tantas veces antes, luego de sus transfusiones. Debía verlo la semana entrante; y ya con su muerte el olvido se encargará de nosotros. (Por eso lloro).</span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28114223-116045291558106715?l=apuchayas.blogspot.com'/></div>Isaías Peña Gutiérrezhttp://www.blogger.com/profile/15141248916630606353noreply@blogger.com2