tag:blogger.com,1999:blog-271379522008-07-19T12:40:34.631ZEl archivo de la bitácoraEdgardo Civallerohttp://www.blogger.com/profile/09624216895750854079noreply@blogger.comBlogger6125tag:blogger.com,1999:blog-27137952.post-31797013475730059242008-06-21T12:36:00.001Z2008-06-21T12:36:31.023ZSe celebra el 90º aniversario de la Reforma Universitaria<div align="justify">Manifiesto Liminar de la Reforma escrito por Deodoro Roca y firmado por los dirigentes de la Federación Universitaria de Córdoba, Argentina, publicado el 21 de junio de 1918 por “La Gaceta Universitaria”<br /><br />La juventud argentina de Córdoba<br />A los hombres libres de Sud América<br />MANIFIESTO DE LA F. U. DE CÓRDOBA<br /><br />Hombres de un República libre, acabamos de romper la última cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan. Creemos no equivocarnos. Las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana.<br />La rebeldía estalla en Córdoba y es violenta porque aquí los tiranos se habían ensoberbecido y era necesario borrar para siempre el recuerdo de los contrarrevolucionarios de mayo. Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la reta de los ignorante, la hospitalización segura de los inválidos y –lo que es peor aún- el lugar en donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. Las universidades han llegado a ser así fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. Por eso es que la ciencia frente a estas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa o entra mutilada y grotesca al servicio burocrático. Cuando en un rapto fugaz abre sus puertas a los altos espíritus es para arrepentirse luego y hacerles imposible la vida en su recinto. Por eso es que dentro de semejante régimen, las fuerzas naturales llevan a mediocrizar la enseñanza y el ensanchamiento vital de los organismos universitarios no es fruto del desarrollo orgánico sino el aliento de la periodicidad revolucionaria.<br />Nuestro régimen universitario –aun el más reciente- es anacrónico. Está fundado sobre una especie del derecho divino: el derecho divino del profesorado universitario. Se crea así mismo. En él nace y en él muere. Mantiene un alejamiento olímpico. La Federación Universitaria de Córdoba se alza para luchar contra este régimen y entiende que en ello lleva la vida. Reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el demos universitario, la soberanía, el derecho a darse el gobierno propio, radica principalmente en los estudiantes. El concepto de autoridad que corresponde y acompaña a un director o a un maestro en un hogar de estudiantes universitarios no puede apoyarse en la fuerza de disciplinas extrañas a la sustancia misma de los estudios. La autoridad en un hogar de estudios no se ejercita mandando sino sugiriendo y amando: enseñando.<br />Si no existe una vinculación espiritual entre el que enseña y el que aprende, toda enseñanza es hostil y por consiguiente infecunda. Toda la educación es una larga obra de amor a los que aprenden. Fundar la garantía de una paz fecunda en el conminatorio de un reglamento o de un estatuto es, en todo caso, amparar un régimen cuartelario, pero no una labor de ciencia. Mantener la actual relación de gobernantes a gobernados es agitar el fermento de futuros trastornos. Las almas de los jóvenes deben ser movidas por fuerzas espirituales. Los gastados resortes de la autoridad que emana de la fuerza no se avienen con lo que reclaman el sentido y el concepto moderno de las universidades. El chasquido del látigo sólo puede rubricar el silencio de los inconscientes o de los cobardes. La única actitud silenciosa que cabe en un instituto de ciencia es la del que escucha una verdad o la del que experimenta para crearla o comprobarla.<br />Por eso queremos arrancar de raíz en el organismo universitario el arcaico y bárbaro concepto de autoridad que en estas casas de estudios es un baluarte de absurda tiranía y sólo sirve para proteger criminalmente la falsa dignidad y la falsa competencia. Ahora advertimos que la reciente reforma, sinceramente liberal, aportada a la Universidad de Córdoba por el doctor José Nicolás Matienzo sólo ha venido a probar que el mal era más afligente de lo que imaginábamos y que los antiguos privilegios disimulaban un estado de avanzada descomposición. La reforma Matienzo no ha inaugurado una democracia universitaria, ha sancionado el predominio de una casta de profesores. Los intereses creados en torno a los mediocres han encontrado en ella un inesperado apoyo. Se nos acusa ahora de insurrectos en nombre de un orden que no discutimos, pero que nada tiene que seguir burlando y embruteciendo, proclamamos bien alto el derecho sagrado a la insurrección. Entonces la única puerta que nos queda abierta a la esperanza es el destino heroico de la juventud. El sacrificio es nuestro mejor estímulo, la redención espiritual de las juventudes americanas nuestra única recompensa, pues sabemos que nuestras verdades lo son –y dolorosas- de todo el continente. ¿Que en nuestro país una ley –se dice-, la ley Avellaneda, se opone a nuestros anhelos? Pues reformar la ley, que nuestra salud moral lo está exigiendo.<br />La juventud vive siempre en trance de heroísmo. Es desinteresada, es pura. No ha tenido tiempo aún de contaminarse. No se equivoca nunca en la elevación de sus propios maestros. Ante los jóvenes no se hace mérito adulante o comprado. Hay que dejar que ellos mismo elijan sus maestros y directores, seguros de que el acierto ha de coronar sus determinaciones. En adelante sólo podrán ser maestros en la futura república universitaria los verdaderos constructores de almas, los creadores de verdad, de belleza de bien.<br />La juventud universitaria de Córdoba cree que ha llegado la hora de plantear este grave problema a la consideración del país y de sus hombres representativos.<br />Los sucesos acaecidos recientemente en la Universidad de Córdoba con motivo de la elección rectoral, aclaran singularmente nuestra razón en la manera de apreciar el conflicto universitario. La Federación Universitaria de Córdoba cree que debe hacerles conocer al país y a América las circunstancias de orden moral y jurídico que invalidan el acto electoral verificado el 15 de junio. Al confesar los ideales y principios que mueven a la juventud en esta hora única de su vida, quiere referir los aspectos locales del conflicto y levantar bien alta la llama que está quemando el viejo reducto de la opresión clerical. En la Universidad Nacional de Córdoba y en esta ciudad no se han presenciado desórdenes, se ha contemplado y se contempla el nacimiento de una verdadera revolución que ha de agrupar bien pronto bajo su bandera a todos los hombres libres del continente. Referiremos los sucesos para que se vea cuánta razón nos asistía y cuánta vergüenza nos sacó a la cara la cobardía y la perfidia de los reaccionarios. Los actos de violencia, de los cuales nos responsabilizamos íntegramente, se cumplían como en el ejercicio de puras ideas. Volteamos lo que representaba un alzamiento anacrónico y lo hicimos para poder levantar siquiera el corazón sobre esas ruinas. Aquellos representan también la medida de nuestra indignación en presencia de la miseria moral, de la simulación y del engaño artero que pretendían filtrarse con las apariencias de la legalidad. El sentido moral estaba oscurecido en las clases dirigentes por un fariseísmo tradicional y por una pavorosa indigencia de ideales.<br />El espectáculo que ofrecía la Asamblea universitaria era repugnante. Grupos de amorales deseosos de captarse la buena voluntad del futuro rector explotaban los contornos en el primer escrutinio, para inclinarse luego al bando que parecía asegurar el triunfo, sin recordar la adhesión públicamente empeñada, el compromiso de honor contraído con los intereses de la universidad. Otros –los más-, en nombre del sentimiento religioso y bajo la advocación de la Compañía de Jesús, exhortaban a la traición y al pronunciamiento subalterno. (Curiosa religión que enseña a menospreciar el honor y deprimir la personalidad. Religión para vencidos o para esclavos.) Se había obtenido una reforma liberal mediante el sacrificio heroico de una juventud. Se creía haber conquistado una garantía y de la garantía se apoderaban los únicos enemigos de la reforma. En la sombra, los jesuitas habían preparado el triunfo de una profunda inmoralidad. Con sentirla habría comportado otra traición. A la burla respondimos con la revolución. La mayoría expresaba la suma de la represión, de la ignorancia y el vicio. Entonces vimos la única lección que cumplía y espantamos para siempre la amenaza del dominio clerical.<br />La sanción moral es nuestra, el derecho también. Aquéllos pudieron obtener la sanción jurídica, empotrarse en la ley. No se lo permitimos. Antes de que la iniquidad fuera un acto jurídico, irrevocable y completo, nos apoderamos del salón de actos y arrojamos a la canalla, sólo entonces amedrentada, a la vera de los claustros. Que esto es cierto, lo patentiza el hecho de haber firmado mil estudiantes sobre el mismo pupitre rectora, la declaración de huelga indefinida.<br />En efecto, los estatutos reformados disponen que la elección del rector terminará en una misma sesión, proclamándose inmediatamente el resultado, previa lectura de cada una de las boletas y aprobación del acta respectiva. Afirmaremos, sin temor de ser rectificados, que las boletas no fueran leídas, que el acta no fue aprobada, que el rector no fue proclamado, y que, por consiguiente, por la ley, aún no existe rector de esta universidad.<br />La juventud universitaria de Córdoba afirma que jamás hizo cuestión de nombres, ni de empleados. Se levantó contra un régimen administrativo, contra un método docente, contra un concepto de autoridad. Las funciones públicas se ejercitaban en beneficio de determinadas camarillas. No se reformaban planes ni reglamentos por temor de que alguien en los cambios pudiera perder su empleo. La consigna de “hoy para ti y mañana para mí” corría de boca en boca y asumía la preeminencia de estatuto universitario. Los métodos docentes estaban viciados de un estrecho dogmatismo, contribuyendo a mantener a la universidad apartada de la ciencia y de las disciplinas modernas. Las lecciones, encerradas en la repetición de viejos textos, amparaban el espíritu de rutina y de sumisión. Los cuerpos universitarios, celosos guardianes de los dogmas, trataban de mantener en clausura a la juventud, creyendo que la conspiración del silencio puede ser ejercitada en contra de la ciencia. Fue entonces cuando la oscura universidad mediterránea cerró sus puertas a Ferri, a Ferrero, a Palacios y a otros, ante el temor de que fuera perturbada su plácida ignorancia. Hicimos entonces una santa revolución y el régimen cayó a nuestros golpes.<br />Creímos honradamente que nuestro esfuerzo había creado algo nuevo, que por lo menos la elevación de nuestros ideales merecía algún respeto. Asombrados, contemplamos entonces cómo se coaligaban para arrebatar nuestra conquista los más crudos reaccionarios.<br />No podemos dejar librada nuestra suerte a la tiranía de una secta religiosa, ni al juego de intereses egoístas. A ello se nos quiere sacrificar. El que se titula rector de la Universidad de San Carlos ha dicho su primera palabra: “Prefiero, antes que renunciar, que quede el tendal de cadáveres de estudiantes”. Palabras llenas de piedad y de amor, de respeto reverencioso a la disciplina; palabras dignas del jefe de una casa de altos estudios. No invoca ideales, ni propósitos de acción cultural. Se siente custodiado por la fuerza y se alza soberbio y amenazador. ¡Armoniosa lección que acaba de dar a la juventud el primer ciudadano de una democracia universitaria! Recojamos la lección, compañeros de toda América; acaso tenga el sentido de un presagio glorioso la virtud de un llamamiento a la lucha suprema por la libertad; ella nos muestra el verdadero carácter de la autoridad universitaria, titánica y obcecada, que ve en cada petición un agravio y en cada pensamiento una semilla de rebelión.<br />La juventud ya no pide, exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio en los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa.<br />La juventud universitaria de Córdoba, por intermedio de sus Federación, saluda a los compañeros de la América toda y les incita a colaborar en la obra de libertad que se inicia.<br /><br />Enrique F. Barros, Horacio Valdés, Ismael C. Bordabehere, presidentes; Gumersindo Sayago, Alfredo Castellanos, Luis M. Méndez, Jorge L. Bazante, Ceferino Garzón Maceda, Julio Molina, Carlos Suárez Pinto, Emilio R. Biagosch, Angel J. Nigro, Natalio J. Saibene, Antonio Medina Allende, Ernesto Garzón. </div>Edgardo Civallerohttp://www.blogger.com/profile/09624216895750854079noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-27137952.post-24537887034480314682008-05-04T14:02:00.001Z2008-05-04T14:03:20.644ZDe una biblioteca a otra<div align="justify"><em>Por Antonio Muñoz Molina</em> <a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=27137952#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a><br /><br />Una biblioteca pública no es sólo un lugar para el conocimiento y el disfrute de los libros: también es uno de los espacios cardinales de la ciudadanía. Es en la biblioteca pública donde el libro manifiesta con plenitud su capacidad de multiplicarse en tantas voces como lectores tengan sus páginas; donde se ve más claro que escribir y leer, dos actos solitarios, lo incluyen a uno sin embargo en una fraternidad que se basa en lo más verdadero y lo más íntimo que hay en cada uno de nosotros y que no tiene límites en el espacio ni en el tiempo. La lectura, los libros, empezaron siendo privilegio de unos pocos, herramientas de poder y de control de las conciencias. La imprenta, al permitir de pronto la multiplicación casi ilimitada de lo que antes era único y difícil de copiar, hizo estallar desde dentro la ciudadela hermética de las palabras escritas, alentando una revolución que empezó por reconocer en cada uno el derecho soberano a leer la Biblia en su propia lengua y en la intimidad de su casa, sin la mediación autoritaria de una jerarquía. Gentes que leían libros albergaron ideas inusitadas: que el mérito y el talento personal y no el origen distinguían a los seres humanos que todos por igual tenían derecho a la instrucción, a la libertad y a la justicia.<br />La escuela pública, la biblioteca pública, son el resultado de esas ideas emancipadoras: también son su fundamento. Con egoísmo legítimo uno compra un libro, lo lee, lo lleva consigo, lo guarda en casa, vuelve a leerlo al cabo de un tiempo o ya no lo abre nunca. En la biblioteca pública el mismo libro revive una y otra vez con cada uno de los lectores que lo han elegido, multiplicado tan milagrosamente como los panes y los peces del evangelio: un alimento que nutre y sin embargo no se consume; que forma parte de una vida y luego de otra y siendo el mismo palabra por palabra cambia en la imaginación de cada lector. En la librería no todos somos iguales; en la biblioteca universitaria el grado de educación y la tarjeta de identidad académica establecen graves limitaciones de acceso; sólo en la biblioteca pública la igualdad en el derecho a los libros se corresponde con la profunda democracia de la literatura, que sólo exige a quien se acerca a ella que sepa leer y sea capaz de prestar una atención intensa a las palabras escritas. En el reino de la literatura no hay privilegios de nacimiento ni acreditaciones oficiales, ni jerarquías de ninguna clase ante las que haya que bajar la cabeza: nadie tiene la obligación de leer una determinada obra maestra; y no hay libro tan difícil que pueda ser inaccesible para un lector con vocación y constancia. Pomposos catedráticos resultan ser lectores ineptos: cualquier persona con sentido común es capaz de degustar las más delgadas sutilezas de un libro. En el cuarto de trabajo o de estudio con frecuencia uno está demasiado solo: en la biblioteca pública se disfruta un equilibrio perfecto entre el ensimismamiento y la compañía, entre la quietud necesaria para la lectura y la grata conciencia de la vida real que sigue sucediendo a nuestro alrededor.<br />Los barrios de Nueva York están punteados de sucursales de la gran Biblioteca Pública de la Quinta Avenida. El edificio central tiene una escala imponente: los mármoles, la escalinata, las columnas, los dos grandes leones benévolos. Las bibliotecas de barrio son mucho más modestas en apariencia, pero no esconden menos tesoros, y son igual de acogedoras. La que yo visito casi cada mañana está en una zona de pequeños negocios puertorriqueños, de peluquerías rancias de caballeros, de puestos de frutas del Caribe, de casas de comidas baratas que tienen nombres como La Caridad o La Flor de Mayo. El trámite para hacerse socio dura unos cinco minutos y es gratis. Con su tarjeta uno puede solicitar cualquier libro, disco o película y en unos pocos días le avisarán de que puede ir a recogerlo. Pero para entrar en la biblioteca y pasarse en ella las horas no hace falta ni siquiera una acreditación, en una ciudad donde hay tantas barreras de seguridad que puede ser tan inhóspita para el que no tiene dinero. A mi alrededor, en las otras mesas de la biblioteca, hay universitarios obsesivos que han venido a estudiar y jubilados que leen tranquilamente el periódico, un chico que mueve la cabeza y los hombros al ritmo de la música que escucha en el iPod mientras sonríe para sí leyendo una novela gráfica, una muchacha asiática sumergida en una biografía de Virginia Wolf, una abuela a la que una empleada le enseña con ilimitada paciencia cómo acceder a su cuenta de correo electrónico en la fila de ordenadores de la sala, una mujer demente que se ha sentado cerca de mí dejando caer sobre la mesa, como si fuera una lápida, un diccionario enorme de psiquiatría.<br />Yo leo, trabajo, miro el correo, escribo alguna postal, gustosamente solo y a la vez acompañado, mecido por el rumor cauteloso de la gente. Vengo a trabajar en una biblioteca pública y me acuerdo siempre de la primera que conocí, en la que empecé a educarme, tan lejos ahora y tan presente en la memoria, la biblioteca municipal de Úbeda, que descubrí cuando tenía unos doce años. La mirada infantil, como la poesía épica, agranda los lugares, magnifica las cosas: yo nunca había visto salas tan grandes, estanterías llenas de libros que llegaban a los techos, sumergidas parcialmente en una penumbra en la que brillaban con intensidad misteriosa las lámparas bajas sobre las mesas de lectura. En cualquier otro lugar mis deseos y mis aficiones estaban limitados por la falta de dinero: en la biblioteca yo era un potentado. Fuera de allí las cosas pertenecían a alguien, casi siempre a otro: en la biblioteca eran mías y a la vez de todos. No existe mejor escuela de ciudadanía.<br />Sin aquella biblioteca hoy yo no estaría en ésta. Y como ahora las palabras pueden viajar tan instantáneamente como vuelven a la conciencia las imágenes del pasado remoto, cuando abro el portátil para mirar el correo encuentro un manifiesto en defensa de la biblioteca municipal de Úbeda, dañada por el abandono, por esa idea festera y despilfarradora que tiene cualquier política cultural en España, donde no hay límite para el gasto público a condición de que éste sea superfluo. Cualquier municipio español gasta millones en contratar artistas de moda o alentar paletadas vernáculas: pero en una pequeña biblioteca no hay dinero para comprar libros, y si lo hubiera no quedaría espacio donde mostrarlos; cada vez existirá menos la posibilidad de que alguien encuentre en ella el refugio y la iluminación de los libros; de que un niño fantasioso entre en la biblioteca pública como Simbad en la gruta del tesoro. Pongo mi firma al pie de ese manifiesto de ciudadanos ilustrados y por un momento la lejanía no existe y la mesa de lectura en la que estoy sentado pertenece a aquella biblioteca que no he pisado en tantos años.</div><div align="justify"><br /><a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=27137952#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Artículo del suplemento “Babelia” del diario EL PAÍS del sábado 3 de mayo de 2008.</div>Edgardo Civallerohttp://www.blogger.com/profile/09624216895750854079noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-27137952.post-25559064738490608142007-09-11T12:28:00.000Z2007-09-11T12:37:03.017ZCDU y lenguas indígenas<a href="http://www.rutaquetzal.com/RUTAQUETZAL/fbin/09.3.indigena_tcm83-58558.JPG"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.rutaquetzal.com/RUTAQUETZAL/fbin/09.3.indigena_tcm83-58558.JPG" border="0" /></a><br /><div align="justify"></div><div align="justify">Las lenguas indígenas latinoamericanas nunca fueron incluidas en toda su riqueza en las estructuras de nuestros lenguajes de clasificación bibliotecológicos. Excepto las más representativas, la mayoría caían en el clásico limbo del “Otros idiomas indios” que no proporcionaba, en sí, ninguna idea de clasificación, orden o sistematización. Pero, lo que es más preocupante, su ausencia implicaba una falta de reconocimiento de una realidad que, si bien reducida progresivamente con el paso de los años, ha demostrado poseer una vitalidad asombrosa, y, además, es parte de nuestra historia como latinoamericanos y, en muchísimos casos, de nuestra identidad y realidad cotidianas.<br />La CDU (como otros lenguajes similares) está marcada por un notable etnocentrismo, reconocido incluso por los más avanzados investigadores del tema. Afortunadamente, en los últimos años se ha realizado un esfuerzo para ampliar tablas referentes a espacios geográficos, credos religiosos o culturas no delimitadas por las fronteras de Occidente. De esta forma, la clasificación podrá ser realmente “universal”.<br />Las tablas que se presentan a continuación configuran una propuesta que está siendo evaluada en este momento por el Comité Revisor de la CDU, del cual soy miembro. </div><br /><div align="justify">(<a href="http://www.mediamax.com/edgardocivallero/Hosted/Estructura%20CDU%20propuesta.doc">Descargar Tablas</a>)</div><br /><div align="justify">Su confección ha llevado más de dos años de trabajo de investigación, incluyendo la consulta a numerosas obras de lingüística y antropología, tablas de clasificación, documentos de organizaciones regionales e (inter)nacionales relacionadas con los movimientos y los pueblos originarios, y un largo etcétera. Los materiales empleados han generado una inmensa bibliografía que será utilizada, por un lado, en presentaciones y artículos académicos sobre esta nueva propuesta clasificatoria, y por otro, en la confección de un tesauro sobre lenguas y pueblos indígenas de Sur y Centroamérica.<br />La realidad que se halló al buscar y seleccionar los elementos a incluir en estas tablas fue dramática: pueblos únicos desaparecidos en la última década; lenguas que se extinguen, absorbidas por otras dominantes; genocidios de etnias enteras aún en nuestros días; abusos y violaciones cotidianas a los derechos humanos más elementales; problemáticas complejas de salud y desarrollo… Pero, sobre ese marco de fondo, se perfilaba la esperanza de todos aquellos idiomas que siguen siendo hablados, y de todos esos pueblos que no sólo configuran nuestras raíces y nuestros pasados, sino nuestras ramas y nuestros frutos actuales. Quizás el honrarlos haya sido el principal objetivo de este trabajo.<br />Los pueblos indígenas latinoamericanos han sido citados en la bibliografía escrita a través de un innumerable cúmulo de nombres, a veces peyorativos y colonizadores, otras veces dado por sus vecinos… Todos ellos,s in embargo, poseen una autodenominación, que, como señalaran varios antropólogos, suele significar “la gente” o “los seres humanos”. Además, poseen una denominación particular para su lengua, que muchas veces significa simplemente “el idioma de la gente”. A diferencia del español que habla español y el francés que habla francés, el Guaraní se llama a sí mismo “Avá” o “Mbyá” (“ser humano”) y habla el Avá-Ñe’é (“el habla de los humanos”). Tales particularidades merecen ser tenidas en cuenta en un continente en el cual la bibliografía especializada puede recoger las tres denominaciones y complicar mucho la clasificación pertinente y correcta de un documento.<br />Las tablas aquí presentadas son un borrador, y están desprovistas de elementos técnicos usados en la revisión y evaluación. El formato presenta el nombre de la lengua (usado en la tabla auxiliar 1c), que también es usado como nombre de etnia en las tablas 1f y en las clases 811 y 821. Cuando existe autodenominación, la misma es anotada tras una barra, en segundo lugar. Cuando existe denominación e lenguaje, tal término es anotado en tercer lugar, entre corchetes. Se han eliminado Notas Editoriales, Notas de Alcance y otras anotaciones pertinentes, que serán incluidas en la versión final de las tablas.<br />Se agradecerán comentarios y anotaciones destinadas a subsanar cualquier error, olvido o deficiencia en la redacción o confección de este trabajo. Los materiales sucesivos y derivados de esta investigación serán incluidos, en breve, junto a otros relacionados con la temática de bibliotecas indígenas (en la cual el autor trabaja desde hace seis años en forma continua, tanto en trabajo de campo como en los ámbitos de la docencia y la investigación) en una propuesta de próximo lanzamiento.<br />Reciban mis más cordiales saludos, y mi agradecimiento anticipado por sus aportes y comentarios.<br /><br />Lic. Edgardo Civallero</div>Edgardo Civallerohttp://www.blogger.com/profile/09624216895750854079noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-27137952.post-13349659165329466692007-04-06T16:53:00.023Z2008-07-19T12:40:34.697Z¿Qué hay de nuevo?<a href="http://farm1.static.flickr.com/75/193899070_46ae530aca.jpg?v=0"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://farm1.static.flickr.com/75/193899070_46ae530aca.jpg?v=0" border="0" /></a><br /><div></div><br /><div align="justify">Esta semana, Sara recupera, a través de fragmentos de textos literarios, un poco del status de la mujer en la sociedad occidental a lo largo de los siglos...<br />Un fuerte abrazo desde la ciudad de Córdoba, Argentina, y muchas gracias por segur con nosotros...<br /><br />Sara &amp; Edgardo, Edgardo &amp; Sara</div>Edgardo Civallerohttp://www.blogger.com/profile/09624216895750854079noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-27137952.post-81307187744234826792007-04-06T16:39:00.000Z2007-08-21T21:50:18.391Z¿Cómo participar?<a href="http://farm1.static.flickr.com/168/448245375_9582959bea.jpg?v=0"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://farm1.static.flickr.com/168/448245375_9582959bea.jpg?v=0" border="0" /></a><br /><div align="justify"></div><div align="justify">¿Estás interesada/o en dejarnos un aporte en este sitio? 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