tag:blogger.com,1999:blog-24309484.post-80396599783592551442008-06-01T11:21:00.002+02:002008-06-01T11:28:52.241+02:00SIN FLORES NI CORONAS en LA VOZ DE GALICIA<a href="http://bp0.blogger.com/_BNiZKzACmy0/SEJrwNn0_zI/AAAAAAAAAZc/1hLzWwQsvdw/s1600-h/Sin-flores-en-LAVOZDEGALICI.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5206842595228319538" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_BNiZKzACmy0/SEJrwNn0_zI/AAAAAAAAAZc/1hLzWwQsvdw/s320/Sin-flores-en-LAVOZDEGALICI.jpg" border="0" /></a><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong>Luís Pousa</strong> firmaba este reseña de <strong><em>Sin flores ni coronas</em></strong> en <strong><em>La Voz de Galicia</em></strong> el pasado 17 de mayo. El título era bien explícito: "Unas sobrecogedora crónica desde el epicentro del mal":</span><br /><div><span style="font-family:Trebuchet MS;"></span></div><br /><div><span style="font-family:trebuchet ms;">El mal ha sido desde siempre uno de los principales temas de los que se ha ocupado la literatura. Ahí están, por citar tan solo a uno de los grandes, las tragedias de Shakespeare, que bordó como pocos las andanzas de algunos inolvidables malvados (reales y de ficción). Pero hay un momento en la historia en que el mal alcanza la altura de lo absoluto. Ese mal absoluto se llama Auschwitz y lo que ocurrió allí, y en los otros campos de exterminio, ya solamente se puede contar desde el testimonio de los que lograron sobrevivir al horror infinito concienzudamente desatado por el nazismo y por la sociedad que lo nutrió. La ficción poco puede hacer ante la realidad de un abismo sin límites.<br />Porque, como han subrayado Camus y otros intelectuales, cuando hayan desaparecido los últimos testigos directos del Holocausto, únicamente nos podremos aferrar a textos como este sobrecogedor <em>Sin flores ni coronas</em> (editorial Periférica).<br />Con una prosa cruda, Odette Elina —judía y miembro de la Resistencia— relata en estas estremecedoras páginas su estancia en Auschwitz y cómo pudo ir sorteando los hornos crematorios, el hambre, el frío, la enfermedad y la locura. A partir de breves y contundentes fragmentos de texto e ilustraciones de la propia autora, el libro alza un devastador testimonio de la rutina en el epicentro de la barbarie humana: la lucha por la supervivencia y las relaciones con sus compañeras de barracón, el valor incalculable que un simple trozo de tela adquiría en aquel infierno, las labores cotidianas, su paso por la enfermería, o la llegada, finalmente, de los rusos al campo. Sin concesiones al morbo o al sentimentalismo, Odette Elina es capaz de contar en unas líneas hasta dónde puede llegar el horror: «Sería un día mucho más triste de lo que habíamos previsto. Debíamos conducir hasta Auschwitz cien carritos de bebé.<br />»Los había de todo tipo. Grandes, bajos, viejos, modernos, bonitos, pobres. Pero aún guardaban la tibieza de los bebés que habían cobijado y que acababan de ser quemados. [...]<br />»Para hacer aquel trayecto habían elegido a cien mujeres. [...]<br />»Cien mujeres tocaron el fondodel desamparo y de la desesperación».</span><br /></div><div><span style="font-family:trebuchet ms;">Un testimonio demoledor.</span></div>editorial periféricanoreply@blogger.com