tag:blogger.com,1999:blog-23272585032610434242008-07-24T10:29:52.528-03:00Cosas de mimbre.Pablo Giordanohttp://www.blogger.com/profile/14101468273398516084noreply@blogger.comBlogger186125tag:blogger.com,1999:blog-2327258503261043424.post-81740156804311121852008-07-22T16:10:00.001-03:002008-07-22T16:13:22.435-03:00ÑANDÚ<p/ align="justify"><em><span style="font-size:85%;">*versión aumentada y corregida aparecida en el suplemento Cultura del diario Perfil.</span></em><p/ align="justify"> <p/ align="justify">El Lucas ya se había mandado algunas cagadas parecidas. Una vez, a la entrada del colegio, hizo un willy con la moto blanca que había armado, y en el aire se le salió la rueda de adelante. Anduvo media cuadra con la moto levantada pensando en como bajarla pero no había opción. El ruido fue lo que más nos impactó. Lo otro fueron algunas chispas y el Lucas arrastrándose sin control hasta nosotros, chocándose varias veces contra el cordón cuneta. Otra vez fuimos a la casa y nos mostraba cómo había que castrar a los gatos. Los padres nunca estaban. El Lucas se subía al techo a fumar. Armaba cigarrillos con yerba mate y un pedazo de diario. Esas cosas fueron en séptimo grado, él había repetido dos veces. Una semana antes de terminar la primaria pasó lo del ñandú.<br />En verano lo acompañé a chorear nísperos y pasamos por el campo del tío. Se le iluminaron los ojos cuando la vio y era imposible que el entusiasmo del Lucas no se te contagiara. En esas situaciones no medíamos las consecuencias, lo único que importaba era ver al Lucas así, ver crecer la alegría como un veneno que le hinchaba el cuerpo y lo hacía explotar.<br />—Vos colgate de las rejas y espantala, que yo me acerco por acá atrás y le tiro la soga —me dijo.<br />—Te crees que la ñandú es boluda, Lucas. Las ñandú son re-vivas.<br />—Vos andá.<br />—Te va a cagar a patadas, las ñandú te cagan a patadas.<br />—Problema mío, andá. Ya me vas a agradecer cuando las chicas nos vean pasar arriba de la ñandú y se caguen de risa.<br />Lo encontramos en el zoológico abandonado. El zoológico había sido un rejunte de animales de la zona, más bien grises, flacos. Tres zorros, un puma, varias lagartijas, un puñado de gorriones y no mucho más. Cuando no pudo seguir alimentándolos, el tío les echó el veneno. Fue en cana, molido por un grupo de mujeres que quiso lincharlo. Solo, en un pedazo de jaula atrás de los chañares, el ñandú sobrevivió.<br />—Tapemoslé los ojos con algo, Lucas. Yo vi en la tele que le hacen eso a los cocodrilos para que no se aviven.<br />—Si, ¿y cómo mierda la agarramos? Le podemos poner esas anteojeras de los caballos.<br />—¿Van con monturas las ñandú?<br />—Yo vi en la tele que sí, a los avestruces se las ponen.<br />—Sí, pero las avestruces son más grandes, no se si esta va a aguantar.<br />El bicho le tiró un picotazo en la pierna. El Lucas se revolcó agarrándose el tobillo, juntó un puñado de piedras y se las revoleó por la cabeza. El ñandú corrió flameando el cogote.<br />—Se me caga de risa, la hija de puta.<br />—Agarremoslá por atrás.<br />—Qué te crees que es pelotuda o qué, mirá como juna por el costado.<br />—Ta’sustada, boludo.<br />La acorralamos en punta de pies, agazapados, el bicho no se dio cuenta. El Lucas fue por atrás, pegó un salto tirando de las alas y se subió. El ñandú salió corcoveando. La jineteó cagándose de risa. Le enredó la soga alrededor del cuello, el bicho dobló cerrado y lo tiró a la mierda. Antes de tocar tierra, el Lucas pegó el tirón y la revolcó. El bicho largó un grito horrible, saltaron manojos de plumas </p>.Pablo Giordanohttp://www.blogger.com/profile/14101468273398516084noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-2327258503261043424.post-7105471161859824732008-07-20T15:48:00.004-03:002008-07-22T19:31:48.305-03:00Sobre la mística de linkear<p align="justify">A partir de las computadoras y la conexión a internet se hizo posible un texto infinito. El hipertexto (nombre creado en la década del 60 por Ted Nelson) permite, entre otros tedios, el de caer en lecturas circulares, fragmentadas, dispersas y hasta interminables o que abarcarían el universo conocido. En 1980, gracias a estas herramientas, nace en Estados Unidos la literatura con soporte electrónico llamada hiperficción. Pero ya en los años cuarenta, Borges escribió <strong>El Jardín de Senderos que se Bifurcan</strong>, donde prefigura un texto con estructura disipadora, que lo ramifica todo, donde los tiempos se multiplican y las posibilidades se desconocen. Ts'ui Pên había acumulado las cartillas de un manuscrito caótico, contradictorio, en el cual en el tercer capítulo moría el héroe y en el cuarto estaba vivo. Stepehen Albert (tomado del excelente libro de Norma Carricaburo <strong>Del fonógrafo a la red</strong>) explica que en todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta -simultáneamente- por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también proliferan y se bifurcan. </p><p align="justify"><br />Una noche se me vino a la cabeza algo parecido. Miraba a una araña tejer el espiral de medio metro de diámetro entre dos tirantes. Estábamos cenando bajó el laurel de la casa de mis abuelos. Mientras masticaba no podía dejar de mirar a la araña. Del otro lado de la mesa se escuchó un escándalo. Mi abuelo se había ahogado con un huevo frito, y para que tomara aire, era arrastrado por un tío hacia afuera de la glorieta. Mi abuelo tardó en reaccionar, y en un momento lo vi muerto. Vi el color de la muerte en su piel y el gesto obituario en su rostro. Pero no murió. Al rato todos seguían comiendo pero yo quedé horrorizado, relacionando ese episodio a mis pensamientos geométricos. Creí descubrir múltiples dimensiones. Hacía semanas que estaba obsesionado dibujando cubos. Dibujaba un cuadrado superponiendo otro levemente desplazado hacia uno de los vértices, después los unía por estos y listo. Era pasar de un mundo de dos dimensiones a uno de tres. ¿Qué pasaba si extendíeramos los vértices de la tela espiral de la araña y la hacíamos coincidir con vértices de otra tela superpuesta que no le correspondieran? Sí, había descubierto la idea de múltiples dimensiones, muchas de ellas, de seguro, en paralelo a la que vivíamos. Mi abuelo, en alguna de esas dimensiones, había muerto. En otra, quizá, había quedado en coma, en otra ni siquiera se había atragantado, en otra ni siquiera estaría ahí con nosotros comiendo porque quizá no había nacido todavía o ya había muerto hace mucho, y por qué no, en una dimensión extraña mi abuelo vivía un eterno atragantamiento. Quizá yo mismo había muerto en otras dimensiones donde me lloraban y extrañaban. O tenía una novia linda, o era el nueve de River, o no tenía tanto miedo a todo.<br />Macedonio Fernández escribió una novela que está precedida por innumerables prólogos que terminan reemplazando a la novela en sí. Cortázar configuró su Rayuela y dejó que el lector la recorriera como quisiera. Consta de un tablero o manual orientativo pero tiende algunas trampas, como la del capítulo 131 que remite al 58 y éste nuevamente al 131.<br /><br />Cuando le presto atención analítica a los links de este blog, tan caprichosos, revueltos, injustos (o bondadosos en otros casos), siempre abandonados, con más mutaciones que actualizaciones, creciente y muriente, históricos, saltando de acá para allá sin orden; me parece una red que esconde cierta lógica neurótica. Pensar por ejemplo que un escritor como Vila-Matas debe (si sigo la lógica de estar ligado por <a href="http://hastasiempreelena2007.blogspot.com/">Elena</a>, por ejemplo) haberse asomado alguna vez por acá, me hiela la sangre, a pesar de saber que de seguro huyó despavorido. Pero también es interesante pensar en la cantidad de moscas que caen en nuestra red buscando tener sexo con enanos sin cabeza, o queriendo aprender a reparar una cafetera, o a manufacturar cosas con mimbre. Quizá escribir un blog y linkear no sea más que contribuir a una red absurda cuya finalidad es la auto alimentación constante. Blogs cómo células de un gigante que nunca entenderemos. </p>.Pablo Giordanohttp://www.blogger.com/profile/14101468273398516084noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-2327258503261043424.post-12561709629238934302008-07-14T23:26:00.004-03:002008-07-14T23:39:32.258-03:00EL PEOR MAL</p><p align="justify"><em>“¡Es el aburrimiento! Con un aire lejano,<br />En su pipa fuma mientras sueña matanzas.<br />Tú, lector, de ese monstruo sabes las acechanzas:<br />¡Hipócrita lector —mi prójimo—, mi hermano!“</em><br /><br />La primera vez que leí esta estrofa de Baudelaire (después de haber terminado casi desecho —era adolescente— por las anteriores) me asombré de que el aburrimiento sea tomado como un tema importante dentro de las letras. La misma impresión me causó, no hace tantos años (llego a todo con atraso) aquella canción de Iggy Pop en la cual se iba sacando la ropa mientras entonaba de forma monótona “<em>I'm bored, I'm the chairman of the bored</em>”<br />Yo me aburrí casi toda mi vida. Gran parte de ella está construida sobre esos cimientos. Todo parece parte de un círculo vicioso. Nos aburrimos y adquirimos problemas psicológicos por esa causa; pero también nos aburrimos porque estamos mal, porque perdemos el interés por todo, porque nos gana la abulia y algunos desequilibrios químicos. Vivir en un pueblo, no ayuda. Tener los amigos lejos, tampoco.<br />Del aburrimiento no se sale teniendo ganas de salir. Hay que tomar bastante Actimel y hacer ejercicio. Porque el aburrimiento es no querer dejar de estar aburrido, de lo contrario sería muy fácil destruirlo. Hay que levantar las defensas, también, porque el aburrimiento viaja en el aire de la tardecita.<br />Cuando aparece no tenemos otra cosa que hacer más que esperar a que se diluya con esa pereza que parece hundirnos más y más en la pasividad. Podemos intentar leer, pero el libro no va a gustarnos, visitamos a algún conocido y comienza a hartarnos aquello que antes nos divertía, etc… Hay que aguantar, con melancolía, como quien espera que el sol se esconda en el horizonte y una vez terminada la secuencia, de deja castigar por los halos naranjas que flechan la mirada.<br />Hay estudios que determinaron varias cosas. Los accionistas pueden comprar o vender sin una razón objetiva, simplemente porque se aburren y no tienen nada mejor que hacer. La respuesta inmediata ante el aburrimiento siempre será una actividad que requiera el menor esfuerza posible, por eso se inventaron los pasatiempos. Pero en estas épocas, no hay nada más enervante que ponerse a jugar cuando estamos mal; porque además, vamos a perder, a ver de manera fantasmagórica la alegría de los demás. Los blogs son, entre otras cosas, luchas contra el aburrimiento, pero paradójicamente, cuando estamos aburridos los cerramos.<br />Pero el aburrimiento no es universal. Para los aborígenes australiano Warlpiri, estar aburrido no significa no tener nada que hacer, sino que no haya suficiente gente alrededor para hacer la vida interesante. La idea occidental del aburrimiento es un fenómeno reciente: antes del siglo 18 la gente no se aburría tanto, solo los que tenían suficiente tiempo empezaron a sentir que no tenían nada que hacer: los ricos, los clérigos o los desempleados. Dicen que el aburrimiento como patología llegó con la era industrial, la clase media, e Internet. El exceso de ofertas en contra del aburrimiento produce impotencia, desazón, y más aburrimiento.<br />Siempre soñé con no salir de un cuarto en donde existiera una enorme biblioteca, televisión, cine, música e internet. Hoy eso se considera, con toda razón, una enfermedad.<br />Freud opinaba que en el momento en que alguien se preguntaba por el sentido y el valor de la vida es que estaba enfermo. Hoy cualquiera de nosotros sabe, sin saber nada de psicología, que es propio del hombre no sólo preguntarse por el sentido de la vida, sino también ponerlo en duda. Pero ese quizá sea tema para otro post, uno que no esté teñido de un aburrimiento atroz como el de los últimos tiempos en la blogósfera. Y como lo prueba este post.</p>.Pablo Giordanohttp://www.blogger.com/profile/14101468273398516084noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-2327258503261043424.post-29406623772696485862008-07-12T15:45:00.004-03:002008-07-12T16:16:20.696-03:00A D E L A N T O<a href="http://bp0.blogger.com/_Ch8HBFljSAc/SHkCQ6Ee5MI/AAAAAAAAAuk/QMcIqGzuHLk/s1600-h/TAPA+MAZZOCCHI.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5222207732402021570" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_Ch8HBFljSAc/SHkCQ6Ee5MI/AAAAAAAAAuk/QMcIqGzuHLk/s320/TAPA+MAZZOCCHI.jpg" border="0" /></a><br /><div><p></p><p align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="color:#000099;">En unos días estará a la venta en el local de la editorial <strong>Llanto de Mudo</strong> la antología del poeta Alberto Mazzocchi publicada en edición bilingue en París hace mucho tiempo y preparada ahora en español por el escritor Iván Wielikoseliek.</span> </span></p><p align="justify"><span style="color:#000000;">“Cuando el otoño golpeó con sus puños el alma y las calles dejaron pasar a los mendigos; cuando una vez más cayó la tarde con su viejo olor a lluvia en el impermeable de los pobres y la soledad se sentó en todas las sillas rojas de los bares, los poemas de Alberto E. Mazzocchi volvieron a leerse…”</span></p><p align="justify"><span style="color:#000099;">dice W desde el apéndice, y continúa:</span></p><p align="justify">“No seré el primero ni el último a quien, por algún designio del azar, le caiga en manos la poesía de Alberto E. Mazzocchi.<br />Tampoco seré el primero ni el último de aquellos que, habiéndose quedado con la brutal resonancia de sus versos en la sangre, haya salido a buscar al poeta y sólo haya encontrado el rastro apagado de un fantasma.<br />Para todos los que se aventuren a cruzar el umbral de estos versos y salgan luego a buscar a su autor, les diré que apenas si quedan apagados ecos de su paso por el mundo…”<br /><br />“En todo caso hubo una sola persona sobre la Tierra que ocupó el cargo de guardián absoluto de estos versos, y sin cuyo celo estos textos no hubiese atravesado casi medio siglo de indiferencia mediterránea. Esa persona fue el escritor Federico Undiano. Y si algún valor tiene este libro para la literatura de Córdoba y las famosas "generaciones venideras" (que de seguro se ocuparán de asuntos más pragmáticos y lucrativos que "la poesía de un suicida") es a él y sólo a él a quien hay que darle las gracias. Aunque sus ojos, el único par de ojos que parecen haber visto a ese que "realmente" fue Alberto E. Mazzocchi, estén enterrados en un campo de la provincia de Córdoba tras su muerte parisina; ocurrida hace ya más de ocho años. Sus ojos cerrados que duermen para siempre en aquel casco de estancia donde alguna vez Mazzocchi vivió diez días y de cuyo ámbito natural y familiar se sirvió para escribir, pocos meses después, "No sé por qué se debe morir". Ahí yace Federico, quien se llevó al más allá la única placa fotográfica posible de Mazzocchi, la del poeta y del hombre. Para todos los demás, apenas si nos habrá quedado el fantasma del primero y el testamento hecho poemario del segundo.<br />Quizás a estas dos maneras de continuidad tan palpable como inmaterial se reduzca toda vigencia; la eterna perdurabilidad de todo Evangelio”.</p><br /><br /><br /><strong><span style="color:#000099;">Poemas:</span></strong><br /><br /><br /><br /><br /><br />Olvidaba decirte<br />que el mar guarda el secreto<br />que yo no escribí en las piedras mi nombre<br />ni dejé a propósito una huella en el suelo<br />encontré la verdadera tristeza en estos cadáveres de pájaros<br />pero si también he apartado la arena<br />fue por algo<br />no temas que las hierbas divulguen mi muerte<br />las hierbas guardan el secreto<br />y si he perdido alguna medalla hace mucho<br />en ellas no hay ninguna leyenda<br />no temas que en las medallas se diga algo de mi muerte<br />las medallas son demasiado pequeñas<br />para escribir en ellas una leyenda<br />las gaviotas no saben nada<br />saben de sus nidos y del día<br />y del alimento que flota en el agua<br />pero tú sabes que muchos bosques han desaparecido<br />pero en esos caminos lo único que puedes hallar<br />es la soledad<br />no temas<br />es la soledad que se nutre<br />y no mi manto ni mi blusa<br />ni un cabello mío que ha quedado en alguna rama<br />el viento también guarda el secreto<br />si inclina los árboles las ramas altas de los árboles<br />y desparrama las hojas pequeñas de los pinos<br />o si despeina un niño pobre<br />o si sacude la falda de una mujer pobre<br />no es para decir mi nombre<br />la noche está allá en el barranco<br />donde estuvo siempre allá en el barranco<br />este mar guarda el secreto<br />no dirá a nadie que he muerto.<br /><br />*<br /><br /><br /><br /><strong>EPÍSTOLA A DYLAN THOMAS</strong><br /><br /><br /><br />Te escribiré<br />que en todos los países hay ríos<br />mediodías sombras espíritus que se juntan<br />calabazas llenas de agua para que beban los que se han ido<br />maderos disecados y extraños de esquifes<br />donde se aferran las mujeres para llorar<br />donde sube un cangrejo<br />diversas muertes que aún no han terminado<br />medianoches<br />instintos<br />máscaras<br />raíces<br /><br />nostalgias emponzoñadas que reposan en los vientres<br />lejos aún de todo incrustadas<br />árboles que nos recuerdan lo que hemos abandonado<br />un cocktail distinto todos los días<br />ruedas de caucho dudas vergüenzas.<br /><br />Y esto es todo lo que tienes<br />mientras no hay nadie<br />y esto es todo lo que tienes<br /><br />hace tanto que las chovas desveladas han huído<br /><br />y nada poseías<br />sólo el frío de tus carnes.<br /><br />Quédate<br />ya nunca más<br />sólo la esperanza necesaria de los pobres.<br /><br />Estábamos ebrios<br />desnudos o con las mangas mojadas<br />así llovía sobre nosotros<br />y así simplemente éramos hombres<br />habíamos comido y llorado.<br /><br />Ahora ya todo está demasiado endurecido<br />ni los rostros besados.<br /><br />Te escribiré<br />que en todos los países hay ríos<br />y además encontrarás<br />tu cara de gusano<br />tatuada en la falda de una mujer inglesa<br />o en un vaso de cristal.<br /><br /><br /><p></p><br /><br />-------------------------------------------------<br /><br /><br /><br /><br /><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Alberto Mazzocchi nació en Las Varillas el día de la primavera de 1937. En 1956 abandonó la Facultad de Filosofía y Humanidades de Córdoba, tenía 18 años. Después de un viaje a Buenos Aires donde conoce a Federico Undiano (un dramaturgo Uruguayo fallecido en París en 2000) intentó suicidarse ingiriendo fármacos. No muere, pero la intoxicación le provocó un coma. Al año siguiente fue internado en un hospital siquiátrico, donde el tratamiento incluyé terapia de electroshock. Finalemnte se fuga. En enero de 1958, en medio de una discución con su madre, y frente a ella, se hiere a la altura del corazón con un cuchillo. Lo internaron en el sanatorio Las Rosas, pero otra vez logra fugarse, y con la ayuda de Federico Undiano obtiene los medios para escaparse a Buenos Aires, lejos de su madre que lo acosaba constantemente.<br />En abril de ese año se corta las venas de la muñeca izquierda, lo internan nuevamente. Lo absuelven de cumplir el servicio militar y en Marzo de 1959 viaja a Montevideo para reunirse con Undiano. Una vez más logra escapar del cerco materno con 20 años. En diciembre de ese año se casa con Lidia, diez años mayor que él, la relación se deteriora casi inmediatamente en medio de violentas peleas. Ella lo abandona y vuleve a la casa paterna, pero el no lo toleró y la obligó a regresar a punta de pistola. Se instalan en una pensión de la ciudad de Córdoba en donde lo sorprende la policía con órden de captura. A cien metro de allí, en las inmediaciones del Parque Sarmiento, a las 13,30 se pega un tiro en la sien. Era un 5 de febrero de 1961, tenía solo 22 años.<br />En septiembre de 1985, respetando el pedido que Mazzocchi le había hecho, Undiano publica en Paris un poemario que comprende sesenta y cuatro de sus textos en edición bilingue por Edition Harmattan. Este conjunto es el m´pas completo que se haya publicado hasta el presente y se ofrece en la web por € ,50. En el ámbito académico, el filósofo frances Jacques Aureillan basó su tesis de lingüistica en la vida y obra de Mazzocchi. El trabajo se llamó RIO-CAMINO-CALLE // TRES VIAS PARA UNA BUSQUEDA, y fue presentado en la Universidad de la Sorbonne- Paris IV, en octubre de 1986.<br />Su producción literaria se extiende a otras obras: A PAUL ELUARD, que fue publicado con el seudónimo de Mariette Vibert, en Laurel –Hojas de Poesía, N° 9-10, Córdoba en Octubre-Noviembre de 1957; EPISTOLA A DYLAN THOMAS con el seudónimo de Ivan Schlav, en Marcha N970, Montevideo julio de 1959; y ALBERTO MAZZOCCHI, RAROS Y OTROS POEMAS, Los Huevos del Plata, colección La Cáscara del Huevo, Montevideo 1970.<br />Casi no se encuentran referencias sobre su vida más que estas. Se lo nombra como uno de los símbolos de la poesía cordobeza de los 50’ en el N 1 de la revista Andén, de Córdoba; donde además se lo encasilla dentro de los que lograron asimilar mesuradamente la experiencia surrealista junto a Requena; en una nota firmada por Gaspar Pio del Corro.<br />La obra de Mazzocchi, estimada en unos mil doscientos poemas, está marcada por un destino particular. La mayor parte de sus textos permanece desconocida. Quiza se encuentren abandonados en una despensa, un sótano, un granero, o bien dispersos entre familiares o amigos que los ignoran, sin descartar la posibilidad de que hasta hayan sido destruídos por desconocimiento de su valor, desprovistos de toda utilidad.</span> </div></div>.Pablo Giordanohttp://www.blogger.com/profile/14101468273398516084noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-2327258503261043424.post-33541938049831846382008-06-29T22:58:00.003-03:002008-06-29T23:06:15.166-03:00El significado de los sueños<p></p><p align="justify">Cuando era chico se rieron de mí dos semanas seguidas porque había declarado, una noche contando historias sobrenaturales, que me daba cuenta de estar soñando. No tenía muchos argumentos, me defendí como pude. No sólo me daba cuenta de que estaba soñando, sino que podía torcer la trama del sueño a mi gusto para despertarme. Apelaba a ciertas cábalas oníricas que había probado y funcionaban a la perfección. Me hamacaba, por ejemplo, en la plaza de mi barrio hasta dar una vuelta de campana y despertar, o corría por la ruta y al adquirir velocidad daba un salto mortal hacia adelante. Pocas veces, pero lo recuerdo con frescura, usaba una muletilla de la serie Mork y Mindy que me despertaba al instante: doblándome las orejas con las manos y proclamando las palabras mágicas: “nénu nénu”.<br />Los peores sueños son aquellos en los cuales parecemos estar sumergidos en un agua espesa, haciendo fuerza para emerger (despertar) consiguiendo solo algunas bocanadas de aire de la vigilia pero hundiéndonos otra vez en ese asfixiante petróleo. El cine ha utilizado este recurso hasta el hartazgo, pero no ha logrado nada a comparación de mis sueños. Una mañana desperté siete veces, la última fue real, pero en las seis anteriores vi a mis padres ahorcados en el patio, convertidos en esqueleto en la cama matrimonial conmigo de niño en el medio, surfeando sin cabezas, metidos en enormes licuadoras pidiendo ayuda y yo tropezando y activando el botón de batido, etc… Creer que estamos despiertos, por fin, y correr a la cocina a servirnos un vaso de agua pero que de la canilla mane sangre, no es algo agradable de experimentar. También es feo soñar que tu visión se reduce al diámetro de una bolita de vidrio y crees despertar pero allí esta esa visión certificando que no era una cualidad exclusiva del sueño, sino de tu propia vida.<br /><br />Jean Cocteau ha dicho que «la instantaneidad del sueño es tal, que es posible soñar en el espacio de un segundo lo equivalente a toda la obra de Marcel Proust. Por lo demás, cabe decir que la obra de Proust está más cercana a un sueño de lo que, a menudo, se nos ofrece como narración onírica: posee, en efecto, los personajes innombrables, las intrigas cambiantes, la ausencia de cronología, la crueldad, el elemento funesto, lo cómico sorprendente, la precisión de los escenarios, el «todo está tan bien que termina mal».<br />Eso explica lo angustiante del sueño en el que estamos por coger con la mina más linda del pueblo pero en el acto mismo la mujer adquiere injustamente el rostro de un cuñado. Una noche soñé que mi casa se había convertido en una mesa de trabajo del 3D Max. Caminaba y me chocaba con paredes que no se veían pero allí estaban, gente que me hablaba y me tocaba pero no podían ser vistas, etc. Alguien jugaba conmigo, alguien iba habilitando y deshabilitando capas del programa, hacía visibles unas, escondía otras. Cuando descubrí la desfragmentación de una PC, supe que soñar no era otra cosa que desfragmentar la información del cerebro; y parece que funciona más o menos así: soñar no es otra cosa que estar concientes de ese acomodar los recuerdos y lo que se llama ”restos diurnos”.<br />Yo siempre soñé con aviones que caen, con signos extraterrestres en el cielo, con conspiraciones y holocaustos de los que me salvo no sé cómo y quedo solo en el mundo; pero una amiga soñó que asistía a su propia muerte. Que la vida era así, que un día se levantaba y era el día de su muerte, así como si fuera el día de su casamiento. Elegía la ropa, se ponía nerviosa, entraba a la sala velatoria, saludaba a la gente, se metía en el cajón, temblaba de miedo, le pedían que se tranquilice, que respirara hondo, y se moría.<br />En la antigüedad los sueños eran interpretados como premoniciones, y por eso quizá existe la aseveración “El que sueña que se muere, se muere”. Mi amiga está vivita y coleando: Pero ¿qué quiere decir que sueñe que asea cerdos mientras desayuna una topadora? ¿Es esa nube de manos que rueda raudamente por el cielo onírico un símbolo de mi sexualidad? ¿Qué predice que sueñes con una persona a la que le faltan sus tres brazos pero conduce una motoneta que está viva y se detiene en el banco a hacer trámites?<br />Los nuevos avances en el conocimiento de la fisiología del sueño demuestran que los sueños no carecen de sentido ni son formaciones aleatorias de imágenes sin sentido. Por el contrario, al parecer los sueños son productos mentales llenos de significado, como los pensamientos o las ensoñaciones diurnas. Expresan deseos, miedos, preocupaciones y obsesiones del individuo, por lo que su estudio y análisis de contenido pueden ser útiles para revelar ciertos aspectos de su funcionamiento mental; ya lo apuntaba Freud en sus trabajos pioneros en este campo de la psicología, cuando postulaba el análisis de los sueños como la “vía regia” para conocer la estructura psíquica de sus pacientes.<br /><br />Pero no todo es pesadilla o frustración en los sueños. Por suerte existe un paisaje cristalino que a veces nos visita y se despliega maravilloso. Pensé en los sueños después de despertarme de una escena de estas. Una esquina, una mujer. Ella me mira cómplice, desenmascarándome. Ella insinúa en sus labios que es la mujer de mi vida y que por supuesto yo soy el hombre de la vida de cualquier mujer que desea al hombre de su vida. Pero ella viene a buscar a los hombres que están conmigo, se los lleva de a uno. Elige los lindos, los hombres más hombres. Cada vez que toma de la mano a alguno y se lo lleva, su mirada me explica que yo haría lo mismo, que yo elegiría a las mujeres más lindas, a las hembras más hembras. Tengo que irme, no tengo nada que hacer ahí, sin embargo me quedo, como en la vida, no hay otra cosa que hacer. Pero entonces no quedan más hombres que llevar y ya camino con ella de la mano. Puedo olerla, y huele a lo que siempre quise y nunca supe que existiera. La miro a los ojos y sonríe. Me debato entre desvestirla o llevarla de la mano a la casa de mi infancia, acaso, dos variables del mismo deseo. </p>.Pablo Giordanohttp://www.blogger.com/profile/14101468273398516084noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-2327258503261043424.post-51227526363675091802008-06-22T22:34:00.006-03:002008-06-22T22:53:10.029-03:00Borges y las fabulaciones<div align="justify"></div><p align="justify"><br /></p><p><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5214886414327475874" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_Ch8HBFljSAc/SF7_kG3_7qI/AAAAAAAAAs8/1RIe7s3VTXU/s320/borgeshotel.jpg" border="0" /></p><p align="justify"></p><p align="justify"><br />En la adolescencia nos gusta mucho esa cosa que le adjudican a cierta literatura y que adopta diferentes nombres: vaticinio, predicción, invento, adelanto. Verne y su tren cuyos vagones se desprenden para llegar a la luna, Artur Clarke y la idea de un satélite artificial que terminó diseñando años después, etc. </p><p align="justify">Navegando encontre decenas de notas que le adjudican a Borges la invención de Internet. Como sospecha ya el lector, lo promueven basados en el concepto de Aleph: <em>"...lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos</em>". Pero ya antes, dicen que en 1941, Borges había empezado a pensar en volúmenes portentosos de información: "<em>El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías ..."; "Ya se sabe: por una línea razonable o una recta noticia hay leguas de insensatas cacofonías, de fárragos verbales y de incoherencias</em>"<br />Insisten algunos comentarista que también vaticinó una posibilidad para administrarlo: "<em>Hay buscadores oficiales, inquisidores</em>".<br />A Borges se le ha acusado, también, de haber inventado durante mucho tiempo a Macedonio Fernández. Mucho después, en una entrevista, contestó que no. “En todo caso lo inventamos entre muchos. Entre ellos mi padre, por ejemplo. Mi padre, que tenía una veneración por Macedonio Fernández”.<br />A Borges le gustaba embellecer comentarios ajenos, haciéndolos propios. Le Adjudicó a Arlt una respuesta que desmentía la utilización del lunfardo en la vida de los malevos con los que se había criado, dijo, según Borges, que eso era invento de saineteros. Tiempo después Raúl González Tuñón, lo desmientió: "Arlt era una persona muy tosca, incapaz de contestar con esa sutileza. Esto ha de ser un invento de Borges”<br /><br />Hace mucho tiempo, una revista francesa publicó que Jorge Luis Borges no existía. Su figura, divulgada con ese nombre, habría sido solo el invento de un grupito de intelectuales argentinos (entre ellos Bioy Casares) que habían publicado una obra colectiva detrás de la creación de un personaje ficticio. La persona conocida como Borges, según la noticia, era un actor italiano de poca monta (la revista mencionaba incluso el nombre) contratado años antes para hacer una broma, y que había quedado cautivo dentro del personaje resignándose finalmente a ser Borges "de verdad".<br />La noticia era tan borgeana que de por sí resultaba divertida; detrás de esa travesura no podía estar otro que el mismo Borges. Y fue posible gracias a que el "caso" Borges estalló en Europa. Roger Caillois, gran explorador de la literatura, había descubierto a un escritor exótico que proponía al lector francés algo muy distinto a los temas asfixiantes y provincianos en los que parecía haber caído por esos años la literatura francesa. Después del éxito, con la ironía que siempre supo utilizar Borges respecto de sí mismo, declaró ser "un invento de Caillois". El llamado boom de la literatura sudamericana hizo el resto: el mercado cultural confeccionó a Borges, insertó su narrativa en ese fantástico que fue adosado a la literatura latinoamericana como un emblema y Borges se encontró, probablemente a su pesar, representando el estilo de todo un continente. </p>.Pablo Giordanohttp://www.blogger.com/profile/14101468273398516084noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-2327258503261043424.post-29487697066969482662008-06-16T12:03:00.001-03:002008-06-16T12:19:32.814-03:00Dos siluetas de Simulcop<p align="justify">Lorenzo se está volviendo loco, la marihuana le oxidó el mate. José lo visitó hace menos de un año y volvió con una tristeza definitiva: “El Lorenzo parece una planta, boludo. Está pa’ trás”.<br />Creí que no era para tanto, pero ahora lo tengo enfrente. No puede concentrarse en el control remoto, le lleva tiempo reconocer los botoncitos antes de encender el televisor. No es el faso lo único que lo convierte en babieca, debe haber algo más.<br />—Estoy tratando de acordarme del día que erré algo.<br />—No entiendo, Lorenzo.<br />—Que hubo un día que pasó algo, ponele, una boludez cualquiera que te cambia la vida sin que te des cuenta.<br />—Alguna decisión.<br />—No, alguna huevada.<br />Se abisma en la pantalla como si en lugar de imágenes mostrara manchas para interpretar. No digo nada, la única vez que nos quedamos en silencio fue la noche en que la Maricel empezó a vomitar y después se murió. Hace más de quince años, en plena Fiesta de la Primavera.<br />—A lo mejor tendrías que ir a terapia —le digo.<br />—Sí. No sé. No es lo que más me preocupa.<br />La pieza de Lorenzo ya no es la pieza de Lorenzo. Cuando éramos pendejos traíamos a las minitas a esa cueva, tenía buena acústica y olía como una pipa. Ahora es un depósito de muebles que a la casa le sobran. Lo único reconocible es la cama y el escritorio donde guarda los apuntes de fisioterapia. La última vez que lo vi le faltaba un año para recibirse. Seguía teniendo los cuatro o cinco cedés de siempre, los cuatro o cinco libros que le había prestado y algunas películas en VHS no devueltas.<br />De chico le decíamos “Burbuja”. Cada tanto amenazaba con escapar de la casa: un día de esos, bañándose, se frotaría con jabón hasta hacer una burbuja gigante para meterse adentro y salir volando. Siempre que se enojaba, aparecía la burbuja enorme.<br />En quinto grado faltó al colegio dos semanas seguidas. Una tarde, en hora de clase, vinimos a esta misma casa a pedirle que volviera. La seño Inés golpeó las manos, pero no nos atendió nadie. Era la siesta, los padres tenían que estar trabajando. Lorenzo, sentado en una reposera arriba del tanque de agua del techo, leía la revista Gente. Nos miró como si fuéramos testigos de Jehová. La señorita le preguntó por qué no iba más a la escuela. A pesar de vernos, no despegó los ojos de la revista. Le gritamos que se bajara. Se puso loco y nos tiró con un pedazo de ladrillo hueco.<br /><br />—No puedo leer más —dice, jactancioso—, no puedo escuchar música, no puedo ver películas, no puedo hacerme la paja, no puedo casi ver fútbol, nada. Todo es falso. Todas las personas me parecen mentirosas, y más los artistas. A terapia no voy a ir, no sirve una mierda. Los psicólogos son locos, boludo, no se puede. La única vez que fui, hace mucho, cuando me separé, me dijo que era un reprimido y me preguntó si alguna vez había tenido fantasías sexuales con mi hermana. ¿Entendés? Ta loco.<br />—Bueno, a mí la psicóloga...<br />—¿A vos te sirve terapia?<br />—Sí, qué se yo. Está bueno lo que uno haga con eso, no lo que…<br />—… para colmo, en este pueblo estoy más solo que la mierda. No salgo a ningún lado y estudio todo el día… se me pasa volando. Cuando me doy cuenta, ya es de noche y me deprimo mal, boludo. Mal, ¿entendés? A veces viene el Cuki, pero está más quemado que yo. No entiende nada.<br />—¿Chateaste con el Martín?<br />—Sí, ahora vive en Barcelona. La pasa bien, me manda fotos de vez en cuando.<br /><br />De adolescente, Lorenzo era pila. Fumaba mucho, pero le pintaban las mejores ideas. Por ahí le venían rayes de locura. Una vez se colgó con el “Informe sobre ciegos”. No salía de la casa. Fue difícil sacarlo. Habíamos jugado ajedrez desde la mañana y fuimos a un quiosco del centro. En la peatonal vi al ciego venir.<br />Lorenzo se acercó a mi oído torciendo la boca:<br />—Fijate cómo me mira.<br />—¿Quién? —me hice el pelotudo.<br />—El ciego… fijate.<br />—¡¿Cómo te va a mirar un ciego, Lorenzo!?<br />—Fijate cómo cuando pasa al lado nuestro se hace el gil, pero después se da vuelta y me mira.<br />El ciego —que, además, era rengo— pasó casi raspándome, tenía olor. El tipo siguió caminando. Dos o tres pasos, y se dio vuelta para mirar al Lorenzo. No podía ser cierto, tampoco casualidad. Nos comimos la noche flasheando con eso. El Lorenzo explicó cosas que no recuerdo por qué no creí. Se las discutí a muerte, aceptarlas era volverse loco.<br />Años después nos reímos de lo del ciego. Fue en un asado en casa de la Eli, borrachos. Esa noche se puso de novio con Fernanda y se perdió por varios meses. Lo único que hacía —lo cuereaban— era mirar Los Simpsons, fumar como caballo y culear con la Fer.<br /><br />La nena —unos seis años, con la muñeca que trae arrastrando de los pelos y una amiga que la sigue— entra en la pieza y se frena de golpe como si hubiese visto un espectro: suponía que el Lorenzo estaba solo. Después de mirarme de pies a cabeza, lo miró a él.<br />—Nos vamos a la placita, pa.<br />—Pará, Rocío, que papá está con el Negro.<br />Las dos se vuelven arrastrando los pies por el pasillo.<br />—La pendeja es lo único que me mantiene vivo, te juro —dice en una de esas pausas melancólicas que buscan aprobación—. A mí me toca los lunes, miércoles y sábados. La madre es una culiada: me hace renegar, no me deja criarla como yo quiero.<br />—¿Y cómo querés criarla?<br />—Aparte estoy harto: no quiero vivir más acá de mis viejos, ¿entendés? Ya estoy por cumplir treinta, quiero vivir solo. Quiero un laburito, un auto… Con un auto es más fácil, a las minas les gusta los autos.<br />—Bueno, sí, está bueno eso. Tendrías que ver la forma de encontrar un laburo.<br />—¿Pero qué laburo? A mí cualquier cosa me quema la cabeza, ¿entendés? Y no voy a ir a laburar fumado, es un bajón. Además tengo que terminar de estudiar.<br />—Y bueno…<br />—... yo pensaba en un laburito en un banco. Pero sabés lo loco que me pondría ahí, con todos esos idiotas de traje, mirándome a ver si hago bien las cosas, si las hago mal. No, boludo, estoy pa’ trás.<br />—¿Y no pensaste en hacer terapia, en ver algo que te ayude? ¿En fumar menos?<br />—Ya te dije que la terapia es una bosta. Además no fumeteo mucho, no llego a tres fasos por día. Lo que pasa que acá adentro no puedo fumar, mis viejos me calan el olor al salto…<br />Salimos, nos sentamos abajo del ventanal del frente. Lorenzo enciende una tuca, chupa y grita por la ventana:<br />—¡Mami! ¿La Ro? —larga el humo.<br />—Se fue a la placita con la Eve.<br />—¡Si yo no la dejé, mami, dejá de hacerme renegar!<br />—Dejala que vaya, Lorenzo, que se divierta un poco. ¡Qué querés que hagan!<br /><br />El silencio nos embadurna la cara. El olor a marihuana es agrio. Al frente hay un taller mecánico. Lorenzo se concentra en los chispazos de los soldadores, en una explosión amarilla que nos llega muda. Canta una “palomita de la virgen”. Su lamento y la soledad de la tarde convierte al mundo en una página de simulcop: nos imagino borrosos. No sé por qué recuerdo el poema “Tabaquería”, de Pessoa.<br />—Tiene que haber algo...<br />—¿De qué, Lorenzo?<br />—Una cosa que me cambió la vida, no sé.<br />Bufo.<br />—Nada, pelotudo —me dejo llevar por la bronca—, no hay nada que te cambió la vida, gil. Dejá de fumar. No te enojes, Lorenzo, pero viajé doscientos kilómetros. Me dijiste que estabas mal, y acá estoy, y lo único que hacés es quejarte y hacerte la cabeza. No me jodás… Dejá de fumar y buscate un laburo. Terminá de estudiar de una vez, no sé.<br />—¿Viste Corre, Lola, corre?<br />Harto de que salte de una cosa a la otra, que no se concentre en nada, que no le importe una mierda nada de lo que uno pueda llegar a decirle, hago silencio, me incomodo. Pero a los segundos cedo.<br />—Sí, no me acuerdo bien. ¿Es esa alemana en que la mina tiene que conseguir guita?<br />—Esa. ¿Viste que, según alguna huevada, como que la mina se choque con una vieja en la calle, le cambia la vida a la vieja?<br />—No me acuerdo.<br />—Que, por ejemplo, si yo no me hubiese errado ese penal contra los de Olimpo, a lo mejor ahora sería ingeniero. O estaría tirado en una zanja, ¿entendés? Que mi vida sería distinta. No sé…<br />—Te entiendo, eso pasa todo el tiempo.<br />—Sí, pero vos no entendés. Vos te referís a otra cosa.<br />—Bueno, como quieras.<br />Empiezo a odiarlo, a desconocerlo. Pienso en algún trauma que pudo haberle hecho esto y no encuentro otra cosa que la separación de Fernanda o su paternidad tan joven. No veo qué puede haberlo puesto así.<br />Hay algo, un recuerdo que ahora me inunda la cabeza. Como esas canciones bizarras que creemos, por suerte, olvidadas. Algo que, sorprendiéndome, puede tener que ver.<br />A los quince o dieciséis años nos pasábamos la tarde tirados en la plaza fumando faso y hablando de poetas. El Marcos había ganado muchas veces el Premio Municipal, y yo un par. Lorenzo se escapaba de Fernanda para escucharnos. Un día aprovechó un silencio y se mandó:<br />—Yo también escribo.<br />—¿En serio, Lorenzo?<br />—Hace mucho más que ustedes que escribo. Hace de chiquito que escribo cosas, tengo un montón de cuadernos llenos. Y no escribo para levantar las pendejas de tercero, como ustedes. Escribo de verdad. Nunca les voy a mostrar nada, voy a quemar todo. Son genialidades que nadie va a entender. Así que las voy a quemar.<br />—Para mí que te da vergüenza —tiró el Marcos.<br />—No, boludo. Acá traje un poema, que es el único que creo que ustedes pueden llegar a entender.<br />Y lo leyó, rápido, masticando las palabras. No hacía falta una mirada cómplice con el Marcos para certificar que la envidia nos chorreaba por las orejas. Durante la lectura, el Marcos me codeó como si hubiese hecho su aparición un fantasma inconmensurable y murmuró la palabra Borges. El argumento: Lorenzo fumando, tirado en la cama de los padres, oliendo el colchón todavía mugriento por el sexo de su madre. Para mí —lo pensé al otro día— lo de él había sido auténtico, un verdadero fetus in fetus: por algún error genético, guardaba en las tripas un poema. Se lo dije al Marcos. Pero él, todavía con aquellos versos dándole vueltas en la cabeza, dijo que el Lorenzo, a ese fetus in fetus, se lo había “extirpado del orto”. Que era un poema monstruoso condenado al fuego, una inmundicia genial que no podía habitar este mundo.<br />El Lorenzo, con el papel en la mano, mirándonos, se movía hacia adelante y atrás como autista. Y nos reímos en su cara, fuerte, al borde de babearnos. Fue por la marihuana. Fue por los nervios, por no saber para dónde rajar. Esa sensación de velorio, la solemnidad “intelectual”. Temíamos ser sensibles, vulgares. Nuestra sensibilidad debía ser artística, no mundana.<br />Se levantó, rompió el papel, agarró la bici y se fue moqueando. Nunca lo habíamos visto así. Nunca su cara sin sonrisa, su mentón temblando. Lo llamamos de lejos, aunque riendo. Le gritamos que el poema estaba bueno, pero no volvió.<br /><br />Lorenzo pisotea la tuca en la vereda y me pide que lo acompañe a la placita a buscar a su hija. La placita es un campito de tierra con un tobogán roto y dos hamacas. Atrás hay campos, potreros secos de una ciudad que no ha crecido en los últimos treinta años. El cielo se desmorona. Las nenas corren hasta nosotros.<br />—¿A qué jugaron, Ro?<br />—A nada, nos hamacamos. Vino un chico a tirarnos arena, pero la Mily lo echó. Le pegó con un ladrillo en el pie.<br />—No, Ro. ¿Cómo van a hacer eso? Mirá si el chico viene y les pega, después…<br />—Bueno, pa, ¿qué querés?, si él vino a buscarnos lío.<br />Volvemos las dos cuadras en silencio. Llegamos a la casa. Lorenzo le ordena a la madre que bañe a Rocío. Ella saluda, pregunta cómo estoy y qué fue de mi vida. Pero no presta atención a la respuesta, ya está en el baño con su nieta.<br />Desparramado en una reposera del living, Lorenzo se muerde el labio y señala a su mamá. Me siento en el sillón grande, el verde, el que en algunas noches me soportó desmayado por el alcohol. Lorenzo agarra el control remoto, su cara recobra cierta dignidad.<br />—¿Vos crees que fue por esa tarde que les leí el poema?<br />No ha pensado en otra cosa en todos estos años.<br />Sonrío con superioridad.<br />—No le echés la culpa a un poema, Lorenzo.<br />Cambia de canal sin mirarme, el verde furioso de una cancha de fútbol nos atraviesa, nos silencia el comentario nasal del conductor del programa.<br />Lorenzo espera de mí la confirmación del pasado, de lo que vivió aquella tarde. Quiere que me rectifique, que le diga que aquel poema era bueno.<br />Pero mi cabeza está en casa, con la familia y mis cosas. Quiero llegar y contarle a Vanesa que el viaje fue al pedo, que estás irrecuperable, que estás peor que nunca. Te miro la nuca frente al televisor y me da vergüenza, Lorenzo, te juro. No sé qué sensación tengo, y aquel poema era condenadamente brillante.<br />Me levanto poniéndome la campera. Empieza el partido. No puedo irme, hay algo que no me deja abandonarte así. Voy hasta la heladera, saco una cerveza, la destapo y vuelvo al sillón.<br />—¿Juega Lujambio? —te pregunto pasándote la botella.<br />—Ni puta idea —contestás. </p>.Pablo Giordanohttp://www.blogger.com/profile/14101468273398516084noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-2327258503261043424.post-85399108260288130392008-06-09T10:01:00.014-03:002008-06-09T10:40:23.446-03:00Seis grados de separación<p align="justify">Yo coleccioné cosas varias. Empecé por las etiquetas de cigarrillos (marquillas, para los lectores españoles). Las valuábamos como billetes, las de marcas más consumidas tenían menos valor, y las raras, más. Como en toda colección. Algunos amigos habían tenido la suerte de viajar al Paraguay y traer caribeñas (así le decíamos); otros afortunados tenían tíos en España y se las mandaban. En el pueblo no existían más de diez marcas, a lo sumo 15 en alguna época. Todas las demás etiquetas argentinas que no se vendían en el pueblo, pero que a veces se encontraban sobretodo en la vereda del bulín, eran consideradas extranjeras. </p><p align="justify"><br />Coleccioné bolitas, insectos, lagartijas, serpientes, mariposas, ranas y otras alimañas de las siestas todo en un mismo verano y en frascos inmundos que mi papá tiró al baldío semanas después. Lo difícil era encontrar unas extrañas langostas que al alzar vuelo develaban alas de color azul profundo, rojo fuego o violetas. </p><p align="justify"><br />Después llegaron las estampillas. Eso si que fue globalización. Tener una estampilla sellada por el Tercer Reich era algo con lo que ninguno de los del barrio habíamos soñado. Pero ahí estaba, arruinada por una cinta Stiko pegada sobre un cuaderno de clases. La había conseguido yo, heredada de mi abuelo, pero no era mía. Ese tipo de estampillas eran de todos, te golpeaban la puerta para verla, te llegaban a ofrecer álbumes enteros por ese tipo de sellos. Mirándolos (con un lente viejo de proyector de juguete) aprendíamos montones de cosas, que quizá mitificábamos. Italia era un país lleno de castillos, los países africanos tenían devoción por los insectos extraños y los dictadores negro azabache, los emiratos árabes admiraban a los autos antiguos y argentina era un país aburrido de gráfica cuadrada. </p><p align="justify"><br />Pero pasemos a lo que realmente me dio vuelta la cabeza como una media. La época en que coleccioné señaladores de libros. No fui buscando y guardando de a uno, no. Una vecina me lego (antes de irse a vivir al mar) una caja con doscientos señaladores de lo más variado. Así empecé. Pero el progreso era lento, aparecía un señalador cada tanto. Era difícil la existencia de señaladores en un pueblo en donde no había libros, pero eso lo hacía emocionante, además de emparentarte con las personas más extrañas y temidas del pueblo, seres huraños que leían. Pero quizá ese sea tema para otro post. </p><p align="justify"><br />Un día me llegó una carta de República Dominicana. Era una cadena, como las que ahora llegan a la casilla de e-mail, antes te las traía el cartero y no venían con pps. La que me había llegado no era una cadena para que hicieras cinco copias del rezo a la virgen y la mandaras a cinco personas distintas. No. ¡Era una cadena de Coleccionistas de señaladores de libros! ¿Cómo sabía alguien que vivía en República Dominicana que yo, argentino, coleccionaba esas cosas? Quizá no lo sabía y la cadena había vagado años hasta dar, en su sistema de fuerza bruta, con algún coleccionista. Eso me abrió la cabeza, y a la siesta, cuando ya no me dejaban salir a juntar bichos, me quedé pensando y especulando sobre sistemas que te permitan comunicarte con personas del mundo con tus mismos intereses sin utilizar la fuerza bruta. No existía la Internet de hoy, los tags y todo eso. Apenas si salían dos o tres direcciones de gente en algunas revistas especializadas y nada más. </p><p align="justify"><br />La cadena me pedía que hiciera cinco sobres distintos, que las mandara a tres direcciones que allí me indicaban y que a las otras dos direcciones la eligiera yo, o algo parecido. No recuerdo bien como era, pero si hacías lo que la cadena te pedía, al mes te llegaban cinco señaladores de regalo que otro como yo había mandado. Si seguías los pasos, después de seis meses, te llegaban de regalo 30 y al año 200 y así el crecimiento era exponencial. </p><p align="justify"><br />Por supuesto que lo hice y esperé el día en que recibiría no una carta, sino un camión. Un camión que estacionara frente a casa descargando cajas y cajas de señaladores de todo el mundo. La cadena no se acababa nunca, descubrí después, por lo que las cifras de los recibos superaban lo posible. Ahí me desengañé, habían pasado más de tres años de mi primera carta y no había recibido ni un mugroso sobre. Y yo era un obsesivo esperando. Tenía mucha experiencia en esperar cosas. Para ese entonces yo había llegado a esperar cosas inclusive mucho más allá del límite del milagro. Esperé, por ejemplo, mi regalo de Navidad por parte de mis tíos hasta la llegada del invierno. Mes tras mes visitaba su casa y miraba de reojo distintos rincones en dónde podrían haber escondido el regalo, olvidándolo allí quizá. Después de un tiempo cambiaba la razón del olvido y así renovaba la esperanza.</p><p align="justify"><br />Pero para esperar señaladotes estaba grande. Lo que realmente me obsesionaba era la pregunta. ¿Es posible que entre esa persona absolutamente desconocida de República Dominicana y yo, exista un conocido? ¿Cuántos conocidos de mayor y menos grado se necesitan para llegar a ese desconocido? De aquellos pensamientos de siesta a hoy transcurrieron casi veinte años.</p><p align="justify"><br />Hace algunas semanas empecé a toparme por todos lados, como aquellas cosas que empiezan a perseguirnos sin saber por qué, con la expresión “seis grados de separación”. Un amigo de Miami me lo dijo en referencia a la contratapa de un libro que escribí y varios contactos de Facebook se referían a eso a cada momento y para cualquier cosa. Lo encontré en revistas, sitios, artículos y me sentí perder otra vez. Tuve esa sensación de llegar tarde a algo que todos consideran cool y ya casi están dejando de usar (como las bermudas a cuadrillé de los noventas). </p><p align="justify"><br />Harto, decidí buscar el significado de la expresión y di con aquella vieja idea de la infancia. Allí estaban, frente a la explicación, todos los separadores de libros, mis siestas, mis obsesiones. Sí, si, era más o menos eso: un concepto estableciendo que una persona puede estar relacionada con cualquier otra en el mundo, a través de una cadena de conocidos de solo seis pasos. Ok, tenía un número exacto, tenía la respuesta, y era el número de mi suerte: el seis. </p><p align="justify"><br /></p><br /><div align="justify"></div><p align="justify"></p><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5209866577665766946" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_Ch8HBFljSAc/SE0qDKDytiI/AAAAAAAAAq0/yx8Gp6Wo9ts/s320/250px-Six_degrees_of_separation.png" border="0" /> <p align="justify">La teoría fue inicialmente propuesta en 1929 por el escritor húngaro Frigyes Karinthy en una corta historia llamada Chains. El concepto está basado en la idea que el número de conocidos crece exponencialmente con el número de enlaces en la cadena, y sólo un pequeño número de enlaces son necesarios para que el conjunto de conocidos se convierta en la población humana entera. Parece que en 1967, el psicólogo estadounidense Stanley Milgram ideó una nueva manera de probar la teoría. El experimento consistió en la selección al azar de varias personas del medio oeste estadounidense, para que enviaran tarjetas postales a un extraño situado en Massachusetts, a varios miles de millas de distancia. Los remitentes conocían el nombre del destinatario, su ocupación y la localización aproximada. Se les indicó que enviaran el paquete a una persona que ellos conocieran directamente y que pensaran que fuera la que más probabilidades tendría, de todos sus amigos, de conocer directamente al destinatario. Esta persona tendría que hacer lo mismo y así sucesivamente hasta que el paquete fuera entregado personalmente a su destinatario final. La entrega de cada paquete solamente llevó, como promedio, entre cinco y siete intermediarios. Los descubrimientos de Milgram fueron publicados en Psychology Today e inspiraron la frase "seis grados de separación". Los descubrimientos de Milgram fueron criticados porque éstos estaban basados en el número de paquetes que alcanzaron el destinatario pretendido, que fueron sólo alrededor de un tercio del total de paquetes enviados. Además, muchos reclamaron que el experimento de Milgram era parcial en favor del éxito de la entrega de los paquetes seleccionando sus participantes de una lista de gente probablemente con ingresos por encima de lo normal, y por tanto no representativo de la persona media. </p><p align="justify">Ahora, gracias a la Internet, todo es más rápido, fácil y barato. Me embarco sin problemas y casi sin esfuerzo, (sabiendo que solo hay seis personas de por medio) a encontrar a aquella señora Dominicana que me envió la cadena cuando era chico. Es probable que esté muerta, pero también es probable que sea una dulce anciana detrás de la computadora apretando el enter con el miedo de quien aprieta el botón atómico. Si estás ahí, Griseta, contestame. Yo te perdono, no quiero los separadores, quiero que me escribas, y que me digas por qué, por qué a mí. </p>.Pablo Giordanohttp://www.blogger.com/profile/14101468273398516084noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-2327258503261043424.post-86247150144385162662008-06-02T18:54:00.013-03:002008-06-03T22:10:04.948-03:00En sulky pero llegando<div align="justify">Para esta semana no escribí nada. Desde el jueves hasta hoy, anduve con la presión baja. Mi computadora actualizó el Windows trucho y al reiniciar me bloqueó todo. La máquina de mi hermana en la que escribo ésto tiene el monitor muy abajo y recorrer el teclado se siente tan duro como ir en sulky por un campo arado.<br />El fin de semana no salí, me la pasé en cama, mirando tele y leyendo. Con la presión baja. La televisión está insoportable, así que no hablaré de eso. Solo voy a citar que descubrí, en un canal de música, un estribillo que califica seguro como uno de los más trillados y cursis del idioma español:<br /><br /><em>Sueña, vuela con alas de libertad<br />Hasta ser libre.<br /><br />Hasta ser libre,<br />Hasta ser libre,<br />Soñando para ser libre</em><br /><br />de la canción <em>Hasta ser libre</em>, de <strong>O’Connors.<br /></strong><br /><br /><br />Pero dejemos a la televisión y ese desfile de imbéciles hablando del campo, del gobierno, de la soja. Y a esa gente que se hace llamar periodistas y para lo único que sirven es para separar la pantalla y vender un enfrentamiento de feria de circo. ¿Alguien vio a alguna persona inteligente estos días hablando del asunto? ¿Algún especialista haciendo algún análisis? ¿Algún informe que muestre fehacientemente algunos números, algunos indicadores? ¿O a alguien explicándonos con sencillez y cordura lo que está pasando en el país? No. Nadie. Solo una pantalla dividida, gritos, bocinazos, enfrentamientos, circos, TV.<br /><br />Voy a hablar de lo que leí, porque eso sí estuvo bueno. Cuando me interné en la cama y abrí el sobre que Alejandra Baldovin me mandó, pensé: ¡Qué chiquitos! Eran varios libros de Editorial La Creciente. Eran duendecillos famosos que llegaban a mi triste jardín de pueblo. Traían muchas promesas, y amigos. Luciano Lamberti me había mandado <em>Sueños de Siesta</em> en Word, porque el librito estaba agotado. Chiquitos, sí, pero bonitos. Creí nunca conseguir <em>222 patitos</em> de Federico Falco, pero allí estaba, junto al de Hernán Tejerina, Diego Vigna, Lucas Tejerina y la mejicana Rosario Sanmiguel. Libros editados en estos últimos cinco años.<br /><br /><br /><br /><strong><a href="http://bp1.blogger.com/_Ch8HBFljSAc/SESN1Vau8OI/AAAAAAAAAqU/0pYzaVc31lI/s1600-h/mejica.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5207443016568991970" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 118px; CURSOR: hand; HEIGHT: 112px" height="125" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_Ch8HBFljSAc/SESN1Vau8OI/AAAAAAAAAqU/0pYzaVc31lI/s320/mejica.jpg" width="109" border="0" /></a>Bajo el Puente – Rosario Sanmiguel </strong><br />Radicada en Ciudad Juarez, Sanmiguel es una mejicana cincuentona que pule textos casi cinematográficos donde la frontera es una especie de territorio estético y alegórico. Ya saben, los <em>güeros</em>, los <em>coyotes</em>, la <em>migra</em>, etc. Etcétera quiere decir narcotráfico, el cruce de frontera y el amor como victima de ese chori-poli.<br /><br /><br /><br /><br /><strong><a href="http://bp0.blogger.com/_Ch8HBFljSAc/SESNaH-iCmI/AAAAAAAAAqE/SjeoR77M4HE/s1600-h/tejerina2.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5207442549104577122" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_Ch8HBFljSAc/SESNaH-iCmI/AAAAAAAAAqE/SjeoR77M4HE/s320/tejerina2.jpg" border="0" /></a>Automotrices – Lucas Tejerina<br /></strong>Poesía y autos. Siempre me gustó esa combinación. Recuerdo el número 17 de la revista <em>La Danza del Ratón </em>de hace exactamente ocho años donde me tragué sin masticar la antología sobre coches. Poemas de Brian Patten, Jaime Sabines, Carlos Germán Belli, William Carlos Williams y Gonzalo Millán, entre otros. Sumaría sin temor a esa lista a Lucas Tejerina y este libro que no está nada mal. Se empantana de a ratos en los guadales casi incorpóreos de lo coloquial, sin ponerle ladrillos poéticos para hacer pie, pero en general sus neumáticos tienen buen agarre y sale a flote. Hay un poema que vale por todo el libro:<br /><br /></div><br /><br /><br /><div align="center"><strong>11 </strong><br /><br /><span style="font-family:times new roman;">Si estas líneas blancas y amarillas<br />no vendrían conmigo metro a metro,<br />si este largo tendido de postes y cables<br />no harían de mí su motivo de guardia;<br />si el lugar donde voy no estaría<br />viniendo a mi encuentro,<br />como viene hacia mí un transporte pesado,<br />entonces la nostalgia que llevo y me lleva<br />simplemente sería por épocas pasadas,<br />sin embargo<br />es por la edad perdida mi nostalgia,<br />es por la edad perdida.<br /><br />El auto que me cruza está regresando,<br />el hombre que cree, ciegamente,<br />conducir ese auto,<br />está regresando,<br />el camino que lleva de retorno a ese hombre,<br />está regresando;<br /><br />¿de dónde es que se vuelve, Dios mío,<br />de dónde es que se vuelve?<br />¿Y qué es lo que se deja,<br />qué es lo que se deja<br />cuando se cierra la puerta<br />y se emprende la marcha?<br />Es más,<br />¿por qué marchamos?,<br />si ya hemos comprobado<br />que llegar nunca se llega,<br />que partir es la mitad de un camino siempre vano<br />que perfecciona el volver. Pero no lo completa.<br /><br />¿Por qué me detengo a orinar estos cardos?<br />¿Por qué fumo, uno tras otro,<br />un tabaco inconcluso?<br /><br />Estas cosas las creo, intuyo otras.<br />Íntimamente sé que la vida es basura,<br />igual, soy brutalmente feliz,<br />como un tractor.</span><br /></div><div align="left"><br /><br /></div><div align="justify"><strong><a href="http://bp2.blogger.com/_Ch8HBFljSAc/SESODlqm6UI/AAAAAAAAAqc/H7C3nze9ld4/s1600-h/vigna.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5207443261448710466" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_Ch8HBFljSAc/SESODlqm6UI/AAAAAAAAAqc/H7C3nze9ld4/s320/vigna.jpg" border="0" /></a>Grises, verdes – Diego Vigna</strong><br />Este tipo lleva la experiencia de la lectura a la del tacto. Allí donde Vigna escriba “caricia”, un fantasma parecerá habernos rozado la mejilla. Bajaremos la mirada del libro al leer “ella me mira”, y así. Su fuerza de traslación sensorial queda de manifiesto delicadamente en el final de estos dos párrafos:<br /><br /><br /><span style="font-family:times new roman;"></span></div><div align="justify"><span style="font-family:times new roman;"></span></div><div align="justify"><span style="font-family:times new roman;"></span></div><div align="justify"><span style="font-family:times new roman;">Tres o cuatro meses después de haber llegado a Caracas el abuelo se acercó al árbol con una soga y un banquito de madera. En esa época nadie sabía de mi escondite. Se sentó en el mismo lugar donde ahora está mamá, abrió un chocolate bien grande y se lo comió entero. Era diabético. Lamió el papel metalizado y se fue hasta el fondo, contra el alambre, para buscar una escalera. Me acuerdo esto: cerca del alambre había un gato caminando y él le pegó una patada en la cabeza. Después acercó la escalera y la apoyó contra el tronco. Empezó a subir, despacio, hasta la segunda rama, que también es gruesa, y ató la soga con fuerza. Hizo un nudo doble. Estuvo un rato largo haciendo el nudo. Tuvo que bajar hasta el pasto para medir la altura, y volvió a subir, y volvió a bajar. Cuando terminó con la soga despegó la escalera del árbol y la puso en su lugar. Cerca del alambre. Yo aproveché ese tiempo para bajar hasta la segunda rama y controlar el nudo. Traté de no hacer ni un solo ruido. El abuelo se acercó al árbol, cansado, y acomodó las patas del banquito. Las enterró para que no se movieran. Después se subió. Metió la cabeza por el círculo de la soga y se quedó quieto, mirando el pasto. Los manchones oscuros. </span></div><br /><br /><div align="justify"><span style="font-family:times new roman;">Antes de llamarlo y decirle “abuelo” se me ocurrió que podía tocar el nudo. Apoyé los dedos sobre la soga, muy pero muy despacio, rozando, hasta que él pateó el banco, y el peso hizo tensar la cuerda y la tensión se comunicó con mis dedos y me llegó hasta el hombro. Yo sentí cada vibración de la soga en las yemas, en todo el brazo, la fuerza, los movimientos bruscos. La tensión. Perfecta.</span> </div><br /><br /><div align="justify"></div><div align="justify">Así escribe, y sus cuentos son un poco bizarros, un poco tiernos, un poco exagerados, arrebatados, brillantes, neuróticos y sórdidos. Hay originalidad siempre. En casi todos sus textos. La narrativa es bien lineal y arquetípica. Con garra mordaz, Vigna no solo logra una originalidad en los argumentos, sino que la vuelve descriptiva y metafísica.<br /><br /><br /><br /><br /><strong><a href="http://bp0.blogger.com/_Ch8HBFljSAc/SESNmuDch7I/AAAAAAAAAqM/LuY1PPxnjIE/s1600-h/tejerina.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5207442765484165042" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_Ch8HBFljSAc/SESNmuDch7I/AAAAAAAAAqM/LuY1PPxnjIE/s320/tejerina.jpg" border="0" /></a>Gramática y Homicidio – Hernán Tejerina</strong><br />Tejerina, es, quizá, uno de los mejores escritores de Córdoba. De arranque demuestra que va por una literatura universal sin miedos, y hasta cómodo:<br /><br /><span style="font-family:times new roman;"></span></div><div align="justify"><span style="font-family:times new roman;"></span></div><div align="justify"><span style="font-family:times new roman;"></span></div><div align="justify"><span style="font-family:times new roman;"></span></div><div align="justify"><span style="font-family:times new roman;"></span></div><div align="justify"><span style="font-family:times new roman;"></span></div><div align="justify"><span style="font-family:times new roman;">Eva se desperezó lentamente.<br />Miró el macho dormido a sus pies y se apartó. Con ligera extrañeza caminó entre las bestias y los árboles. Todo lo miró con asombro, a todo asistió con extrañamiento.<br />Al cabo de un rato llegó al centro del jardín.<br />En el centro del jardín se erguía el Árbol. Y en el árbol reptaba la serpiente.<br /><br />Las hembras, se miraron.</span><br /><br /><br />En este librito conviven pequeñas ficciones a lo Galeano (sin la neura política y pobrista), cuentos paradojales como anotaciones de Bioy, literatura que en su construcción coquetea con las primeras tradiciones orientales. La trilogía TRANS/hiSTóRIcO (primera parte del libro), donde recrea tres momentos históricos de tres parejas históricas en el ápice de su significación, es impecable. El primer hombre, Adán, el último Hitler y un Perón mediocre, junto a sus Evas, son fotografiados en instantáneas trascendentales.<br /><br /><br /><br /><strong><a href="http://bp3.blogger.com/_Ch8HBFljSAc/SESNMpr_wJI/AAAAAAAAAp8/e3BbFflVAX8/s1600-h/falco.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5207442317635469458" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_Ch8HBFljSAc/SESNMpr_wJI/AAAAAAAAAp8/e3BbFflVAX8/s320/falco.jpg" border="0" /></a>222 patitos – Federico Falco</strong><br />A veces, o mejor dicho, casi siempre que leo uno de sus cuentos, me parece que Falco está loco. Escribe como quien tira con fuerza y pasión para atravezar la tramporra para que tenga más oportunidades de robar las bolitas que se encuentran dentro. Falco tiene un bolón triste que no se cansa de rodar la tierra de los pueblos. Sus argumentos parecen nunca acabar y cuando lo necesita describe con precisión cuarenta años de vida en una sola oración. Es un poco costumbrista, un poco alegórico y su materia prima, me parece, es el paso del tiempo como axioma que puede probar casi cualquier cosa. Cuando digo “pasodeltiempo” digo también “destino”. Aquello que no estaba allí antes de la deformidad de los años y las decisiones. La vida nos lleva enganchados, como un abrojo en el pelo de un chancho. </div>.Pablo Giordanohttp://www.blogger.com/profile/14101468273398516084noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-2327258503261043424.post-54345342852306883622008-05-26T10:44:00.004-03:002008-05-26T11:18:46.981-03:00Escribe, escribe, que algo quedará.<div align="justify">Estoy notando en muchos lectores, periodistas, redactores de blogs (y en algunos escritores también) una especie de apatía hacía la poesía. No la entienden. No les mueve un pelo. Les parece una <em>truchada</em>, o su lectura les exige un esfuerzo que, dicen, nunca da frutos. Acusan al género de críptico, difícil, aburrido, pomposo, y por último, elitista. Sin embargo, es lo que más se publica, aunque lo que menos vende.<br /><br />Con el boom de las bitácoras personales, todos aquellos nutridos cuadernos adolescentes que antes se degradaban en cajones de muebles o márgenes de apuntes universitarios, ahora se publican. Cualquiera puede colgar sus cosas en la web y ser leído por amigos, que (en la mayoría de los casos) nunca leyeron poesía. Cualquiera que abra un blog tendrá visitas, lectores y comentarios. En resumen: un público. Cualquiera puede convertirse en escritor de la noche a la mañana, y creérselo. Muchas jubiladas se dedican al género así como otras empiezan croché o a pintar cabezas de caballos y tapices. Las docentes siempre han sentido inclinación por llenar páginas con edulcoradas elucubraciones y las adolescentes sucumben a su período coloreando carpetas de secundario con versos propios en distintos colores de biromes.<br /><br />Cuando una persona (generalmente en la adolescencia) decide dedicarse a escribir, elige hacer sus primeras armas literarias en la poesía. Creen ver en el hecho de escribir versos una facilidad: no hay que escribir mucho (una poesía puede tener un solo verso); no hay que ser necesariamente coherente; no hay que contar necesariamente una historia, no hay que plantear ninguna teoría u opinión e, inclusive, un golpe de azar puede convertir a nuestro mejunje de palabras y sensaciones en un muy buen poema. Y después, el factor determinante en los últimos tiempos: la web. “Lo cargo y a alguien le va a gustar”.<br /><br />Hay, también, una valoración social (¿fetiche?) en el hecho de que alguien sea poeta. Me sorprendió, en un recital de Spinetta, escuchar a parte del público gritarle <em>¡poeta!</em> al músico. <em>Poeta</em> así sin adjetivos, pero con un tono elogioso. <em>Poeta</em>, sin que haga falta más. Es como si camináramos por nuestro barrio y al pasar frente a la carpintería escucháramos a un tipo que pasa por la calle en bici gritarle “<em>Carpintero</em>” en tono elogioso al señor que corta las maderas.<br /><br />Gracias a esta inmadurez inaugural de los aspirantes a escritores, muchas editoriales subsisten. Aparentan organizar concursos literarios para elegir a los iluminados que integraran una antología importante. Después, todos los que se presentaron son seleccionados y ponen la guita para la edición (cooperativa, así le llaman) y todos contentos con sus letritas de molde y las promesas por parte de la editorial de una distribución y prensa que en el fondo no existe. Yo también pagué para aparecer (pero con cuentos) en un libro del 97 junto a Oliverio Coelho.<br /><br />Ante este fenómeno, llegando al extremo de resultar molesto, algunos intelectuales han llamado la atención sobre las toneladas de basura poética que circula. Y esta idea salpica injustamente a toda la poesía, tiñendo de sospechas al mismísimo género. Cuando le pregunté a Carlos Barbarito si era verdad que la poesía estaba subvalorada con respecto a otros géneros me contestó que un poeta actúa a través de las grietas, de los intersticios, no porque lo quiera, porque está obligado a hacerlo. <em>Generalmente, y al decir generalmente me expreso con suavidad, fracasa. Fracasamos. La única estética posible es la del fracaso, dice Cocteau. En los setenta se acostumbraba a decir que el arte debía bajar al pueblo. Yo me imaginaba al arte como una especie de satélite en órbita alrededor de la tierra que debía ser atraído mediante artes magnéticas. Una nave construida por alienígenas o por ciertos elegidos que miran al mundo desde arriba a través de las ventanillas. Hago poesía. Desde hace más de treinta y cinco años. No provengo de Marte y mi padre es telegrafista jubilado, mi madre ama de casa.<br /><br /></em>A Marcelo di Marco, con respecto a lo elitista de la poesía, le parece que no es que la poesía haya alcanzado tales alturas. <em>Lo que pasa es que la humanidad ha descendido a profundidades bestiales, que es distinto.<br /><br /></em>Juan Gelman confesó que al publicar su primer libro se lo llevó a su madre, ella lo miró con una anchísima sonrisa y le dijo: ‘De esto no vas a vivir, Juan’. Pero estaba muy orgullosa. Gelman ha recibido hace poco el Premio Cervantes, y cuando le toca el turno de definir a la poesía prefiere abstenerse de catalogarla como oficio: “<em>No me parece un oficio</em> —dice—, <em>yo sé que se le dice así. No lo es porque ahí el tema de la voluntad para producirla no puede existir. Nadie se puede sentar a escribir poesía. Y luego uno escribe cuando ella te visita. Cuando viene la señora, golpea la puerta después de haberse acostado con medio mundo, hay que abrirle la puerta y entonces, ahí, uno escribe. O es escrito, porque es la mejor situación</em>”.<br /><br />En términos comerciales, la poesía no vende. Lo que alimenta a las editoriales es la novela, pero sin poesía no habría existido novela. Bien lo supo Bolaño y se nota en su obra. La literatura esta hecha de palabras, y en la poesía es donde la palabra juega de capitán. Anaximandro, nacido hacia el final del siglo VII a. C. compuso el tratado Sobre la naturaleza, el primer tratado filosófico de Occidente y el primer escrito en prosa de los griegos. Se había vuelto necesariamente una nueva forma de composición literaria ya que el <em>logos</em> debía quedar libre de las cadenas de la métrica y del verso, para responder con plenitud a sus propias exigencias.<br /><br />Hay en la poesía, me parece, un protagonismo de la forma sobre el contenido, se resalta el valor del artificio, del poeta como orfebre, de la respiración de lectura, de abstracción. Considero a la poesía (la buena) una cosa íntima que barre mis venas, que ensueña, que me agarra la mano para mostrarme cosas maravillosas, fantasmales, universales, o mínimas pero sin importar nada más que ese acto personal entre esa columnita irregular y yo. <br /><br />Hay que revolver toneladas de basura para encontrar algo, es verdad, pero vale la pena. Digo esto a punto de publicar un libro que reúne las poesías que escribí durante diez años (93/03) para contribuir quizá a la confusión general. Pero también adhiero a lo que escribió Hölderlin en una carta a su madre de enero de 1799: “la poesía es la más inocente de todas las ocupaciones". <br /><br /></div><div align="justify">Para Hölderlin, la poesía crea su obra en el dominio y con la "materia" del lenguaje. El fundamento de la existencia humana es el diálogo como el propio acontecer del lenguaje. Pero el lenguaje primitivo es la poesía como instauración del ser. Sin embargo, el lenguaje es "el más peligroso de los bienes". Entonces la poesía es la obra más peligrosa y a la vez "la más inocente de las ocupaciones". En efecto, cuando podamos concebir ambas determinaciones en un solo pensamiento, concebiremos la plena esencia de la poesía.</div>.Pablo Giordanohttp://www.blogger.com/profile/14101468273398516084noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-2327258503261043424.post-21826832538719161532008-05-19T10:45:00.004-03:002008-05-20T19:08:00.161-03:00El día que traicioné al Heavy Metal<p align="justify">El Mauri pasó en la bici poseído, tenía unos pantalones deshilachados nuevísimos.<br />—Voy al correo —me gritó—, ya llegó.<br />—¿De enserio?<br />—Parece que sí.<br /><br />Se había gastado los ahorros del año en aquel paquete. El Mauri era cinco años mayor que yo y laburaba en un lavadero de autos para pagarse las cañas de pescar, las fichas en los jueguitos y aquellos paquetes cada tres o cuatro meses. En el mostrador del correo el Mauri firmó unas cosas, le pagó al tipo y agarró el bulto como si se tratase de un animal herido. Salimos del lugar casi corriendo. Nos fuimos atrás del Banco de la Provincia, nos sentamos tranquilos en el pasto y desarmamos a mordidas el paquete hasta llegar a la bolsita gris. La abrimos y ahí estaba. El Casete doble de Iron Maiden <em>en vivo después de la muerte</em>. No lo podíamos creer, las cajitas estaban pegadas por el plástico negro de atrás.<br /><br />Ser heavy en las Varillas a los diez u once años, era (además de bastante <em>freak</em>) una pose, un querer ser. En el pueblo había (los contamos) no más de siete <em>heavys</em>. Ninguno tenía más de treinta casetes, lo juro. Era fines de los ochenta, y para conseguir la revista Metal, había que pedirla y esperar mínimo tres meses. A los casetes mucho más.<br />Al principio, por supuesto, aquel ruido a lata, ritmos velocísimos y griteríos en ingles, no me había gustado para nada. Pero yo era un chico triste, y los riffs apocalípticos no iban a tardar en enamorarme. También estaba esa cosa muy poco definida: ser <em>heavy</em>. ¿Qué era ser <em>heavy</em>? No lo sabía, pero me parecía intuir que había que odiar a los padres, ser cruel con los animales, adorar al diablo, y estar en contra de una cosa que se llamaba Sistema. El Mauri me había explicado que El Sistema <em>es una gran maquina que lo dominaba todo pero no podés verla, cuando te hacés heavy mirás para arriba y la ves, pero ya no podés hacer nada y te das cuenta de que sos un títere</em>.<br />Yo adhería a todo eso desde un ser infantil que se desmayaba si estaba lejos de su madre. Ellos ya eran adolescentes y salían los sábados, y tomaban alcohol, y se rompían los pantalones sin que sus padres los retaran. Yo empecé a dejarme el pelo largo, y fui el único en todo el pueblo en terminar el primario con el pelo casi hasta la cintura. Tener a mi madre de directora era una ventaja que pesaba bastante.<br />Lo que escuchábamos era ecléctico (no así en aquel entonces cuando TODO entraba dentro del <em>Heavy Metal</em>). <strong>Bon Jovi</strong> (sobretodo el disco New Jersey); Iron <strong>Maiden</strong> (el primero que no tenía nombre; <em>Séptimo hijo de un séptimo hijo</em>, <em>El número de la bestia, Atrapado a tiempo en algún lugar, ¿Puedo jugar con la locura?; El Fantasma de la Opera</em>); <strong>Kiss</strong> (un compilado); <strong>Ac/Dc</strong> (<em>Quién hizo a quien, Highway to hell, Back in Black</em>); <strong>Van Halen</strong> (el disco en donde estaba “Bombayira”); <strong>Deep Purple</strong> (el disco sinfónico en donde tocan el himno, y el del gallo); <strong>Ozzy Osbourne; Judas Priest, Mötrey Crue; Quiet Riot; Europe, Scorpions; Riff, V8, Rata Blanca; algunos de Led Zeppelin, Pantera</strong> (solo Vulgar display of power); <strong>Black Sabbath, Motorhead’s</strong> y no mucho más.<br />El heavy tenía algo raro en su música, que después de algunos años supe entender cuando leí su composición y básicamente el uso del intervalo de tercera menor (un tritono entre si y fa, y un tritono entre re y la bemol). Los <em>heavys</em> habían adoptado (influenciados por la Música Clásica) ese intervalo para explotarlo al máximo, sobre todo porque se la llamaba <strong>la nota del diablo</strong>, debido a su difícil entonación y su sonido siniestro. Era un intervalo que la Iglesia prohibía porque creía que el Diablo se infiltraba en los conciertos cada vez que se tocaba ese acorde.<br /><br />Pero la música no nos interesaba tanto en aquel tiempo. Lo picante era aprender a dibujar bien el logo de Maiden y el símbolo, también tratar de lograr la colección completa de sus discos, por aquel entonces más de una veintena. Recuerdo la melancolía de <em>Remember Tomorrow</em>, del primero; el disco de Riff con Juan Antonio Ferreyra, cantando <em>Elena X</em> y los recitados como introducción en algunos temas de otros discos: <em>Escucho el grito / ensordecedor desde el infinito / el Dios cae / y las antiguas leyendas desaparecen. Aquella máquina / ya no funcionaba /pero había terminado / con la especie humana</em>. (En Dios Devorador) o el otro: <em>La ciudad del mundo nuevo / duerme su sueño de paz / ve la vida en un video y se le va la vida al creer / megáfonos recomiendan / use máscaras de gas / hay oxígeno vencido en esta farsa de la paz / humanoides disidentes viven la alerta total / y heroicos sobrevivientes darán el golpe final / variado de novedades tambalea el mundo nuevo / y hay un hambre de verdades que se fueron de paseo / hay hordas de chicos malos con sus camperas de cuero / y metales brillan al sol, provocan el mundo nuevo.<br /></em><br />En mi pieza colgaba un poster que era la envidia de los más grandes: Ronnie Dio. Me lo había regalado ellos mismo cuando no sabían quien era, al tiempo se arrepintieron para siempre. También tenía un poster de John Bon Jovi que era la delicia de mi hermana mayor. </p><p align="justify">Un día en la pieza del Mauri me decido y le pregunto por ese casete grabado con tapa fotocopiada que estuvo siempre apoyado ahí en su escritorio y nunca escuchamos.<br />—No te va a gustar —me dijo—, esto ya no es <em>heavy</em>, es <em>trash</em>.<br />—¿Cómo <em>Trash</em>?<br />—<em>Trash</em> en ingles quiere decir basura. Es música basura.<br /><br />El disco se llamaba …<em>And justice for all</em> y para mi gusto, es una reliquia que los Metallica jamás lograron superar. Había otro, más corto (D<em>e vuelta a los día en el Garage</em> y más tarde llegarían <em>Master of Puppet</em> –que adhería a la teoría del sistema- y los de Megadeth. Un poco después Testament (<em>Practica lo que predicas</em>) que también era <em>trash</em>. O sea que aquello estaba un paso más allá del <em>heavy</em>.<br /><br />Al año siguiente me pasaba todo el día escuchando Hermética. Ignoraba en mi púber cabecita lectora de Galeano y manifiestos comunistas al Iorio bruto y fascista que hoy da pena. Lo admiraba, y me sabía todos los temas de punta a punta imitando los solos de guitarra con la boca y cantando esas letras que tan hondo calaban en el joven borrego que era.<br />El pibe que vivía al lado de donde paramos en Carlos Paz era fanático y Iorio pasaba el verano en su casa. Hacía un par de horas que se había ido. Me mostró la habitación donde el ídolo había dormido. La cama estaba sin hacer todavía, y yo aluciné. La paredes del lugar estaban tapizadas de fotos, inclusive fotos de ese mismo día que ya había revelado. Las fotos eran todas iguales, Iorio y O’Connors tomando cerveza, con los instrumentos, acostados contra la pared, pero siempre mirando a cámara con gestos de heavy. Después el pibe –de fanático a fanático- me regaló un casete que grabó en un ensayo.<br /><br />Creo que fue en los primeros años del secundario que empezó a aguarse ese licor espeso y enfermizo del heavy. Habíamos empezados a escuchar otras cosas, movilizados por las lecturas y la lucha anti-sistema, que consistía en juntarnos en el patio del Mauri, tomar muchísimas jarras de sangría, jugar ajedrez y cantar. Los Olimareños y Zitarrosa. Ahí yo empecé a dudar de cierta rigidez del heavy y de su dureza, hombría, y desconsideración. Ver al Mauri cantando dulcemente canciones en donde se hablaba de que el sol salía, en vez de esconderse y tener miedo a la oscuridad, y las letras profundamente humanas y terrenales, me sumergía en una atmósfera que tenía más que ver con la realidad, con la madurez. Y empecé a ver al heavy como una secta que perseguía lo ficticio. Ya venía preocupado por la aparición de demasiados gestos caretas: la vestimenta de las bandas <em>Glam</em>, que no habíamos visto mucho. Poison, por ejemplo. No me acuerdo cómo surgió en el grupo nuestro el uso de la palabra “careta”, pero había que usarla por lo menos tres veces en menos de diez juicios. Así era. Cuando aparecía el mínimo rasgo de transa con el sistema, aparecía de inmediato la palabrita esa, que algunos mamertos siguen usando quince años después.<br />Así fueron catalogados casi todos los discos de esa época. El hit de <strong>Scorpion</strong> <em>Vientos de cambio </em>(<em>I follow the Moskva / down to Gorky Park / listening to the wind / of change/ An August summer night / soldiers passing by / listening to the wind / of change …</em> y su versión en español: <em>Por el río de Moskva / bajo al Gorky Park / escuchando vientos nuevos / verano atardecer / soldados al pasar / escuchando vientos nuevos y el estribillo: Llevame / a la magia del momento / de la gloria / donde los niños del mañana / soñaran / los cambios que vendrán</em>); el disco negro de <strong>Metálica</strong> con ese arpegio que cualquiera podía tocar, la balada lenta de Rata Blanca que sonó ochenta veces por día en las radios y le gustaba a las chicas junto a las grasadas de Bon Jovi ya fuera del grupo familiar con su corte de pelo supercareta, <em>Back in Black</em> sonando en el boliche, y después la frutilla que coronaría el helado relajante: Los Guns N’ Roses lanzan Use for Illusión I y II y vinieron a la Argentina cargados de rumores de quema de bandera nacional, etc…<br /><br /><br />Mientras por un lado consumía con ansias todo aquel tipo de cosa a escondidas, porque a mí lo careta me gustaba mucho más que lo otro, supe que estaba muy cerca la traición al <em>heavy</em>. Y ya que ocurriría de todas maneras y sería público me decidí a sacarme las vestimentas negras, vestirme como la gente y enamorarme. Ya tenía dieciséis años. Así que una noche traicioné a toda esa cosa que ya no se sabía que era, que estaba en los medios, que cualquier boludo podía reproducir en una remera, o comprarse en la disquería del pueblo. Lo hice con amor, por amor, y de manera extremista.<br />Fui al boliche un sábado a buscar a la chica con la que nos habíamos escrito (¡cartas!) sobre lo difícil que era encontrar al amor de nuestra vidas. Entre el humo la vi sentada sola en la escalera que bajaba a la planta baja del boliche. Me senté al lado a mirar los videos de la pantalla gigante. La abracé y le dije: Agus, te encontré. Y desde los bafles salíó escupido el audio de mi nuevo amor. Tu amor, que abrió una herida porque lo que te hace bien siempre te hace mal, <em>tu amor cambió mi vida para siempre, para lo que fue y será.<br /></em></p>.Pablo Giordanohttp://www.blogger.com/profile/14101468273398516084noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-2327258503261043424.post-13692362616835603202008-05-16T10:37:00.017-03:002008-05-16T12:08:48.129-03:00La madurez es la llave<div align="justify">Siguiendo con el cuestionario que me propuse trasladar a los escritores con quienes tuve la suerte de compartir <a href="http://cosasdemimbre.blogspot.com/2007/12/sali-grageas.html">Grageas</a>, y motivado por la lectura de <em>En algún cielo</em>, Marcelo Luján responde gustoso.<br /><br /><a href="http://bp2.blogger.com/_Ch8HBFljSAc/SC2PaeUWGNI/AAAAAAAAAkM/gvq6Hg9FG5o/s1600-h/ML_.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5200970829660559570" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_Ch8HBFljSAc/SC2PaeUWGNI/AAAAAAAAAkM/gvq6Hg9FG5o/s400/ML_.jpg" border="0" /></a><br /><strong></strong></div><div align="justify"><strong></strong></div><p align="justify"><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><strong>¿Todavía encarás la página en blanco con ganas?</strong><br />El día que eso no ocurra, me refiero a las ganas, algo muy malo estará pasándome.<br /><br /><strong>¿Qué opinión te merece la literatura al estilo "Codigo Da Vinci"; o sea, la ficción con frágiles pretenciones de no-ficción?</strong><br />Tiene su público. Como autor le tengo demasiado respeto a quien se pone a escribir, siempre y más allá de los géneros y de la retórica y de los mamarrachos. (Juan José) Saer hablaba de 'La narración-objeto', colocando al creador en una situación de obligatoriedad y desamparo. No lo sé. Como lector, desde luego, la aborrezco (no la considero literatura, sinceramente).<br /><br /><strong>La cultura de la imagen cada vez gana mayor terreno, sin ir más lejos, muchos chatean con dibujitos en vez de escribir las palabras. ¿Cuál es el valor de la palabra como “objeto”? ¿Qué sucede en caso de ser reemplazada por imágenes? ¿Hacia dónde avanza o retrocede la comunicación con palabras?</strong><br />Me parece que el problema no radica en el reemplazo en sí mismo. La utilización de símbolos o el abuso de la abreviatura son, en primera instancia, el resultado de una multitud enloquecida que ha modificado todas las relaciones sociales. Los viejos porque no se enteran y los jóvenes porque caminan hacia el analfabetismo como moda. Somos partícipes de una sociedad que ya no se detiene en la belleza de las palabras sino que lleva prisas (muchas) por comprarse el último modelo de teléfono móvil. Los índices de lectura bajan año a año. No podemos esperar otra cosa A lo que llamás 'cultura de la imagen' lo considero un retroceso.<br /><br /><strong>A simple vista, el género de microficción parece encajar por completo en esta nueva forma de difusión que son los blogs. ¿Cómo maneja el mercado editorial a este tipo de literatura? ¿Y qué lugar tiene en las letras contemporáneas españolas? </strong><br />Como todo género breve, el mercado editorial tiende a rechazarlo. Los blogs (y otros mecanismos de auto-publicación), algo ajenos a la histeria del mercado, son más benevolentes. Personalmente creo que Internet prefiere lo rápido, la velocidad del ojo, el golpe mal dado. Un texto extenso, en general, es poco aceptable por la comunidad internauta.<br /><br /><strong>¿Abordamos diferente la lectura de texto según el soporte donde se ha publicado, por ejemplo, leemos igual un blog que un libro?<br /></strong>No, en absoluto. Somos mucho más respetuosos con el libro, nos fiamos más. Un blog es gratis, cualquiera puede colgar subir gritar lo que le dé la gana y en tres minutos, no hay filtro alguno y eso el lector lo sabe.<br /><br /><strong>¿Hacía dónde va a llevar Internet a la literatura?</strong><br />Internet vale para todo. Esperemos que la literatura (y sus vástagos) sepa aprovecharse. Y no me refiero a la digitalización de la prosa sino, más bien, al apoyo logístico.<br /><br /><strong>¿Qué pasará con los libros de papel en unos años, cuando se instale en el mercado la hoja digital?</strong><br />Lo hoja digital ya se instaló y ya fracasó: el libro como objeto fue el vencedor de la primera gran batalla. Por supuesto que vendrán nuevos ejércitos con nuevas y escandalosas armas. La idea de que mi biblioteca (o la tuya o la de mi barrio) quede reducida a un pequeño espacio dentro de un pequeñísimo disco duro, me hace llorar.<br /><br /><strong>¿Qué pensás de los talleres literarios? ¿Y de la edición de los textos?<br /></strong>Coordino talleres literarios, me gusta hacerlo: me gusta ver cómo la gente intenta acercarse a la creación literaria. Hay una entrevista publicada en la que hablo puntualmente de este tema. Con respecto a la edición de los textos (si te referís a los generados en los talleres) creo que es peligroso adelantarse porque puede traer consecuencias fatales. Es como si hicieras debutar en primera a un futbolista juvenil de sexta: podés arruinarle la carrera. La madurez es la llave.<br /><br /><strong>¿Qué es un buen lector?<br /></strong>Un buen verdugo.<br /><br /><strong>¿Qué es un buen escritor, y uno malo?</strong><br />Me temo que casi todo pasa por el compromiso. Después viene el talento.<br /><br /><strong>¿Qué requisitos debe reunir un libro para "volverte loco”?</strong><br />Que mi vida, quiero decir mi visión de la literatura y del mundo, sea diferente después de haberlo acabado.<br /><br /></p><div align="justify"><br /></div><div align="justify"><br /><br />-----<br />Marcelo Luján nació en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, en junio de 1973. Es periodista y narrador. Coordina talleres de creación literaria en Madrid, donde reside desde 2001.<br /><br />Ha publicado <em>Flores para Irene</em> (cuentos, Premio Santa Cruz de Tenerife 2003), <em>En algún cielo</em> (cuentos, Premio Ciudad de Alcalá de Narrativa 2006), y <em>El desvío</em> (cuento Premio Kutxa Ciudad de San Sebastián 2007). Además de una decena de relatos en diferentes antologías de varios países, donde se destaca «El Fungible, especial 2006», publicado ese mismo año por Punto de Lectura.<br /><br />Su primera novela fue finalista del XXVII Premio Felipe Trigo, del I Premio L’H Confidencial y obtuvo la segunda mención del Premio Clarín 2005, donde se presentaron 1367 originales y cuyo Jurado estuvo conformado por José Saramago, Rosa Montero y Eduardo Belgrano Rawson.<br /><br /><em>El desvío</em> (cuento de género fantástico) ha sido seleccionado en noviembre de 2007 para la Campaña de Fomento de la Lectura y el Uso del Transporte Público en la Ciudad de San Sebastián.<br /><br />Es autor de la Agencia Literaria Claudia Bernaldo de Quirós. </div><div align="justify"><br /></div><div align="justify"></div><div align="justify"><br /></div><div align="justify">www.marcelolujan.com </div>.Pablo Giordanohttp://www.blogger.com/profile/14101468273398516084noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-2327258503261043424.post-62030336309096936202008-05-12T11:24:00.000-03:002008-05-12T11:25:05.255-03:00Escribir sobre nada<div align="justify">Flaubert se manifestó motivado con la idea de escribir un libro sobre nada. Bioy Casares pensó en escribir un libro así. No estoy seguro —reflexionó después—, (para no decir que no creo) que sea posible. </div><div align="justify"><br />Cuando leí el <em>Libro del desasosiego</em> de Fernando Pessoa como Bernando Soares, creí descubrir una enorme obra sobre la nada. “<em>Así como quien hay que trabaje por hastío, escribo, a veces, por no tener qué decir. El devaneo, en el que naturalmente se pierde quien no piensa, es algo en lo que yo me pierdo por escrito, pues se soñar en prosa. Y hay mucho sentimiento sincero, mucha emoción legítima que extraigo de no estar sintiendo</em>”. </div><div align="justify"><br />Teniendo en cuenta la cantidad de cosas que surgen de semejante paradoja, a nadie se le ocurriría afirmar que el <em>libro del desasosiego</em> es un libro sobre la nada. De adolescente creemos que escribir sobre nada es no contar, apenas describir, desvariar, volcar sentimientos en los márgenes de algún cuaderno; y por sobre todas las cosas, aburrir. El aburrimiento como técnica para trasmitir al lector la nada, no está mal. Pero no resuelve. Tampoco lo hace la obra sobre la nada que nadie leerá. Eso no es una obra sobre la nada, sino más bien, la nada misma. </div><div align="justify"><br />A los quince años quise escribir una novela en donde no ocurría nada. Se parecía a las películas de Perrone. Una parte del cine de los noventa intentó (quizá inconscientemente) escribir sobre la nada. Hay una escena en <em>Mundo Grua</em> donde dos amigos viajan al sur a visitar a otro que hace tiempo no ven. Una vez juntos, los tres amigos no hablan, se quedan sentados mirando a la nada patagónica. A mí me parece una escena sobre la distancia, sobre todo tipo de distancia. Humana, temporal, física, metafísica, pero nunca sobre la nada. Tampoco son películas sobre la nada las de Perrone, más bien son textos donde no ocurre mucho en la superficie, pero nada más. ¿Son las canciones del rock chabón o la cumbia, cuyas letras solo apuntan a arengar a las masas, obras sobre la nada? ¿La nada aparece cuando falta contenido, o cuando el contenido está vaciado adrede? </div><div align="justify"><br />Si pensamos en la música, por ejemplo, es imposible no encontrar a Stockhausen, aquel que se presentó al concierto, se sentó frente al piano, y no tocó durante veinte minutos, pero la gente se quedó oyendo el sonido de la calle que entraba por las ventanas. O los argentinos Reynols, quienes grabaron <em>Blank Tapes</em>, un disco donde se escuchan los diferentes silencios (soplidos) de las cintas vírgenes de casetes que se vendían en distintas épocas.<br /><br />¿Podemos entender a la nada por su contrario? ¿Una novela que diga todo? Para mí, (me gustaría saber cuáles para ustedes) las novelas de Tom Wolfe dicen todo. Siento eso porque no conozco el todo, pero entiendo que con ese criterio evaluativo una novela sobre nada hablaría de manera ínfima sobre un tema no bien definido. Mario Levrero lo intenta en <em>El discurso vacío</em>: Un libro sobre el arte de escribir a mano, cuidar la caligrafía, anotar esos ejercicios y crear una atmósfera. Pero es imposible que no aparezcan personajes, y que esos personajes no hagan cosas, y que ya no estemos ante una novela vacía.<br /><br />Si tenemos que ponernos cientificistas, escribir sobre nada es imposible. El acto de escribir ya es algo. Un amigo decía que su abuelo era un escritor genial. El viejo no había escrito nunca nada, pero mi amigo lo miraba hacer su quinta como a un monje oriental y creía adivinar en su cara innumerables historias. Después hablaba de la potencialidad de ciertas personas para la literatura, aunque no ejercieran. A eso él llamaba escribir sobre nada. Para mí, eso es directamente no escribir. Prefiero las tardes de otoño en donde me dejo aplacar por el día, mirando por la ventana de mi departamento hacia la plaza vacía, el sol que decae como un plasma enfermo sobre los techos de las casa bajas del barrio, y las teclas bajo mis dedos. Y querer ser Bernardo Soares: </div><div align="justify"><br />“<em>Escribo demorándome en las palabras, como ante vidrieras en las que nada veo. (…) Escribo acunándome, como una madre loca a un hijo muerto</em>” </div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div>.Pablo Giordanohttp://www.blogger.com/profile/14101468273398516084noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-2327258503261043424.post-61799271445895608292008-05-05T16:24:00.003-03:002008-05-05T17:06:29.460-03:00Un bloguer en el páramo sojero<div align="justify"><span style="font-family:arial;">Estoy de vuelta, como quien emerge lleno de algas de un pantano oscuro. El pantano de las plantillas para blogs, los códigos html y demás nimiedades que te consumen la vida sin darte cuenta moliéndote los huesos. En cambio, no sé si al borde de la PyME o del viejazo, mi novia tejió toneladas de prendas invernales. No como yo, que desperdicié una semana dedicándome a reflexionar seriamente sobre mi blog, vaciando los buck ups de años anteriores, de otros blogs igual de inmaduros. </span></div><div align="justify"><span style="font-family:arial;"></span> </div><div align="justify"><span style="font-family:arial;">Como para largar, y festejar de alguna triste manera las 20.000 visitas que se cumplirán en estos días, pego abajo una nota que armé hace años no me acuerdo para qué medio y que emergió conmigo pegada como testimonio de una fragata hundida.</span><br /><br /><br /><br />Muchos siguen repitiendo que Argentina es “el granero del mundo”, pero ése es un diagnóstico equivocado. El actual modelo agropecuario, basado en la producción de soja GM, nos está transformando en una “republiqueta sojera”. El monocultivo esta destruyendo la diversidad alimentaria y la vida rural.<br />Argentina es hoy el segundo productor mundial de soja transgénica, detrás de Estados Unidos. El 42% de las hectáreas argentinas están sembradas con soja. De esta forma, mientras en Argentina el hambre alcanza niveles récord, esta cosecha amenaza la seguridad alimentaria. La lógica del monocultivo se va introduciendo paulatinamente por los poros de un modelo agroalimentario cada vez más dependiente de los paquetes tecnológicos de las multinacionales, ante la falta de reacción pública de un país con una fuerte cultura urbana. Pese a las innumerables advertencias sobre los potenciales riesgos de las modificaciones genéticas para la salud humana, la introducción de la soja RR fue autorizada sin debate público, mediante una resolución administrativa de la Secretaria de Agricultura –bajo la gestión de Felipe Solá- y sin la participación del Congreso Nacional. La incorporación de la soja RR ahorra entre un 28% y un 37% de la mano de obra en siembra, incrementando la desocupación.<br />La otra cara se vincula al objetivo de incorporar a los propios excluidos por el modelo como consumidores del principal producto de la “nueva agricultura”, con el argumento de reforzar la lucha contra el hambre. La Asociación Argentina de Productores en Siembre Directa ha puesto en marcha la campaña “Soja Solidaria” consistente en la donación del 1% de sus cosechas con el objetivo de “acabar con el hambre en Argentina” afirmando, contra la opinión de numerosos especialistas, que la soja es un alimento de alta calidad que “prácticamente puede reemplazar a la carne en nuestra dieta”.<br />La campaña es apoyada por grandes medios de comunicación, que llegan a publicitar a “Soja Solidaria” como “brillante idea que puede cambiar la historia”. Los cargamentos de “Soja Solidaria” llegan a casi todo el país, ayudados por las donaciones de gasoil de Chevron-Texaco. En pocos meses han logrado introducir el consumo de soja –un alimento casi desconocido en la dieta nacional- en centenares de comedores, escuelas públicas, hospitales y geriátricos, mediante una amplia red de capacitadores encargados de “enseñar” a cocinar la soja y “difundir sus valores nutritivos”.<br />De esta forma los impulsores de la iniciativa aprovechan la completa ignorancia de la población urbana argentina en temas agroalimentarios y la superficial asociación de la soja con lo “natural”. A tal punto que algunas asambleas barriales terminaron aceptando a la soja en sus emprendimientos solidarios como un sustituto de la carne, la leche o el queso de vaca. La leche de la vaca es irremplazable en la dieta de los niños, por lo que su reemplazo por la mal llamada “leche” de soja, que no es más que su jugo, provoca déficit de calcio, y la limitada capacidad del organismo para absorber el hierro presente en la soja aumentando las probabilidades de anemia. Mientras que la leche de vaca contiene entre 110 y 140 mg. de calcio, el jugo de soja sólo contiene entre 2 y 13 mg.<br />Por otro lado la soja GM consumida en Argentina posee altas cantidades de residuos tóxicos (EL 95% ES TRANGÉNICA). Al igual que en otros países, los controles estatales fueron flexibilizados al ritmo de las necesidades de las transnacionales impulsoras del “nuevo modelo” agropecuario. Existen planes alimentarios que desaconsejan el uso de soja en menores de 5 años y especialmente en menores de 2. Esto no es tenido en cuenta por los promotores de esta campaña, cuya “población objetivo” son justamente los sectores más vulnerables: niños, mujeres embarazadas que concurren a comedores asistenciales.<br />A pesar de estas advertencias, las autoridades Nacionales y Provinciales miran para otro lado, mientras la “Soja Solidaria” impone nuevos hábitos alimentarios en función de los intereses de las grandes empresas semilleras extranjeras y los terratenientes nativos.<br />La imposición de la soja en los segmentos más vulnerables de la población está creando una suerte de apartheid alimentario. Mientras las clases acomodadas pueden continuar con su dieta diversificada, grandes masas de excluidos deberán conformarse con “alimentos para pobres”, consumiendo los excedentes que los grandes productores agroindustriales no pueden colocar en el mercado internacional.<br />Pero el negocio de la soja va más lejos aún. Esto fija una posición dentro del ALCA, en el sentido que nos fija un rol como país en la división internacional del trabajo globalizado. Nuestro rol sería: Productores de soja, además de subordinar a los pobres con el eufemismo de “enseñarles a comer”.<br />Resumiendo: La soja no es un alimento donde poner la salvación, es un negocio multinacional como todos que afecta el futuro del país, y que afecta directamente, y como estrategia, a los mas necesitados.<br /><br /><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Investigación / fuentes consultadas:<br /><br />· Secretaria de Agricultura, ganadería, Pesca y Alimentos<br />· La Nueva Provincia, Bahía Blanca, 2-12-02<br />· Clarín Rural, Buenos Aires, 30-11-02 y 30-11-02<br />· La Capital, Rosario, 23-12-02<br />· www.worldfashion.com.ar/ecologia/vida.html<br />· La protesta social en Argentina (Alianza) Bs. As. 2001<br />· www.sojasolidaria.org.ar<br />· Toxicología del glifosato: riezgos para la salud humana (Jorge Kaczewer) www.ecoportal.com.ar<br />· “Mitos y verdades sobre la soja” (www.aadynd.org.ar)<br />· Le monde diplomatique. Febrero 2003.</span></div>.Pablo Giordanohttp://www.blogger.com/profile/14101468273398516084noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-2327258503261043424.post-52764749834869225722008-04-29T16:58:00.000-03:002008-04-29T10:14:05.633-03:00los días honestos<br />la magia sembrada<br />los brazos<br />abiertos<br /><br />la sopa vaciada<br />la bufanda<br />las piernas nuevas<br />el sueño<br />el gusto maduro de la primera lengua<br /><br />afuera<br />el mundo como un matambre enorme<br />respira el hambre y los banquetes<br />le salen soles a la vida<br />que desfila.Pablo Giordanohttp://www.blogger.com/profile/14101468273398516084noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-2327258503261043424.post-20351828624779726892008-04-26T16:57:00.000-03:002008-04-26T11:44:49.094-03:00Ala noche es una señora con calmantes<br />deshace las camas y ensucia los vidrios<br />la gente tira un colchón<br />y duerme con los perros<br />quienes tienen linternas<br />lanzan gritos lastimeros<br />luego<br />aterrizan pájaros<br />conversan y complotan<br /><br />hay una organización de faroles<br />que ama literalmente a las nubes<br /><br />de vez en cuando alguna casa<br />abre un ojo y lo cierra enceguecida<br /><br />seres extraños<br />realizan partos a los mármoles<br />se oye cantar a un muerto<br />—una vez un niño se murió de alegría<br />sacándole jugo a unas piedras—<br /><br />animales raros que quieren ser perseguidos<br />trepan árboles y ríen<br /><br />deambula un temible señor viejo<br />que quiere enseñarnos<br />dulzuras espeluznantes<br /><br />pero yo<br />me detuve a ver los alumbramientos<br />el inconmensurable ejercicio de los climas<br />las luces tenues<br /><br />parece el pueblo una cabeza que sueña<br />una almohada con perfume maduro<br />vida sabia lavándose las piernas<br /><br />venimos a ser<br />al cabo de misteriosos climas<br />un manojo de barriletes a lo lejos<br />paredones de estaciones con dibujos<br />que pretendieron ser efímero