tag:blogger.com,1999:blog-229990012009-02-21T15:32:43.324+01:00DiarioCecilia B.noreply@blogger.comBlogger173125tag:blogger.com,1999:blog-22999001.post-55861782687644929052008-03-28T14:43:00.000+01:002008-03-28T14:44:08.740+01:001064... y ahí está esa cajera del supermercado que me cree ladrona y me pide un documento que acredite mi identidad cuando le doy mi tarjeta de crédito aunque ella asegura que es por mi seguridad. Y después es el responsable del supermercado que me dice que debo acreditar que soy yo por mi seguridad, imagínese que le han robado la tarjeta y blablabla, pero eso que está diciendo me convierte a sus ojos en presunta ladrona de tarjetas de crédito, en presunta delincuente, así que llamo a la policía y vienen dos agentes y después de exponerles esta situación deshonrosa para mí, le explican al responsable que es cierto que ellos no pueden obligarme a pedir que me identifique, que va contra la Ley con mayúsculas y el Orden con mayúsculas, que va contra los derechos que, como ciudadana me otorga ese juguete al que llaman Constitución. Y el policía me pregunta si deseo algo más y le digo que sí, que quiero denunciarles, que me niego a aceptar que los ciudadanos se conviertan en policías de estados totalitarios que vulneran mis derechos civiles básicos, que quiero denunciar a estos imbéciles, al responsable y a la cajera, por más que ella cumpla órdenes, como si el cumplimiento de órdenes inmorales eximiera de la responsabilidad. Y mientras hay una cola enorme de personas con carritos que tratan de explicarme que es corriente o usual o normal que me identifique cuando uso una tarjeta de crédito, que ellos lo hacen siempre y que, por lo tanto, yo debería hacerlo también. Y no, me niego a ser considerada ladrona, me niego a la existencia de unidades de precrimen.... los métodos del estalinismo más salvaje adaptados por estos neoburgueses de clase media pendientes de tipos de interés y del precio del gramo de cocaína que aceptan que les consideren como ladrones de tarjetas de crédito...<br /><br />... y conversaciones sobre drogas y sexo en trenes que cruzan la Zona, y una mujer que me cuenta de sus amoríos con otra mujer, lleva su nombre tatuado en el seno izquierdo bordeando un pezón excesivamente blanquecino, en un tren-hotel que baja hasta Málaga. Y un hombre excesivamente peludo y muy delgado con un anillo de titanio en la punta de una polla delgada y levemente doblada hacia el lado izquierdo y mis hormonas que se revuelven y me gritan y aunque trato de no prestar atención es como negar la existencia de un rascacielos enorme en una ciudad de bloques de ocho plantas. Y es una regla dolorosa hasta extremos migrañosos que combato con lisérgico que me trae Emilio, lo suficientemente bueno como para disfrutar durante dos días con sus noches de plantas carnívoras y peces de colores y brazos extensibles y pies prensiles. Y es el espanto de una muchacha de veinte años cuando folla con un hombre de cuarentaytantos, el espanto de sentirse juguete o trapo cuando ese hombre le arrebata orgasmos hasta ahora perdidos en las profundidades cavernosas de un lóbulo cerebral. El espanto de no estar-a-la-altura, como si ese tipo de altura fuera medible, cuantificable, mensurable y usa ese horror que algunos psicólogos definen como una opción inteligente que consiste en convencerse de que nada va a salir bien con lo que el nivel de decepción o de pérdida se reduce considerablemente cuando realmente nada sale bien. Y me río de esa chica a borbotones...<br /><br />... y es una noche fantasmal con un grupo de personas que fuman sólo marihuana de Burgos o de Vitoria y alguien que prepara un nevadito y alguien que saca cuatro gramos de speed y alguien que saca un baúl diminuto con veinte gramos de cocaína cortada con algún hipnótico suave y alguien que saca cristal y alguien que trae una bolsa con cogollos enormes y a esto lo llaman FiestaDeInauguración de un piso alquilado por un agricultor urbano que me enseña sus sistemas de plantación para marihuana y los juegos de focos y dos conejos encerrados en una jaula que es para otro tipo de animal más grande y seis gatos con nombres de reinas judías aunque todos son machos o quizá sea por eso que todos tienen esos nombres de reinas. Y la FiestaDeInauguración alcanza su apogeo cuando todos los que me rodean parecen zombies, pero ninguno de ellos lo es: ninguno está lobotomizado aunque aparentemente todos lo estén...<br /><br />... y es una partida de póquer en un bar iluminado con barras fluorescentes de color blanco y mesas de formica cubiertas con un tapete verde gastado por los bordes. Y aquí todos bebemos. El primero que se cae de la partida vomita su rabia metiéndose un gramo en treinta minutos. El segundo revienta una botella de ron oscuro. El tercero se levanta al modo de los clientes de los bancos cuando les niegan un crédito para comprar una segunda vivienda o tercera. El cuarto recibe una llamada, su mujer está de parto, y abandona la mesa con algunos euros menos en el bolsillo. El quinto tarda en caer. Después pago una ronda y el sol aparece detrás de unas colinas rocosas coloreando de violeta un mar aceitoso...<br /><br />... es un hombre que me cuenta de su vida sentimental justo en el instante en el que enciendo un cigarrillo y mi cuerpo está pegajoso de semen y sudor. Y le digo que no me importa en absoluto nada de todo eso que me está contando, pero el tipo insiste, así que cojo su polla y la chupo el tiempo necesario para que se calle, diez o doce segundos. Después me levanto, me visto y me voy antes de que me siga aburriendo con nombres de personas que no son de su sexo...<br /><br />... y llevo muchos días sin escribir, y lo noto. Mi memoria desmemoriada tiene la apariencia de un queso de Gruyere. Y hay decenas de hechos que he olvidado por completo, sólo regresan a mi cerebro cuando alguien comenta algo que hice-hicimos juntos, de otro modo es imposible. Y trato de ser consciente en todo momento, estar perfectamente lúcida para mantener en esa memoria desmemoriada todo esto que escribo, pero no funciona, no últimamente. M. diría algo al respecto. Sólo recuerdo con nitidez el nombre de todos los amantes y cómo follamos cuando follamos. También recuerdo el nombre de todos los ectoplasmas que, de cuando en cuando, se sientan junto a mí en una terraza y comparten un café o me observan desde lo alto de un televisor o desde una azotea próxima...<br /><br />... y después es una mujer que siente vergüenza al correrse en mi boca, tensa los músculos de las piernas cerrando las piernas o, como ahora, su cabeza se pierde en meandros de cosas que nada tienen que ver con este momento finito y perfecto. Y me lo dice, me dice que es increíble que su cabeza se vaya hacia las nadas cotidianas revestidas de solemnidad aparente justo cuando está a cuarenta y cinco segundos de un orgasmo multicolor, que no puede comprender por qué eso es así pero que lo es. Y hablamos un rato, fumamos cigarrillos aromatizados con marihuana que ella lía con una sola mano, y nos reímos y olvidamos que no nos hemos visto nunca antes, que jamás nos volveremos a ver después...<br /><br />... y es un hombre inexperto que no debería serlo por razón de su edad, ya sabes, el valor de la experiencia y blablabla, y que le digo que es bastante sosa y aburrida esa forma de follar, como si mi cuerpo sólo fuera aprovechable en un cincuenta por ciento y el suyo en un cuarenta y ocho por ciento y el tipo recurre a tópicos irracionales, no sabe qué es lo que me gusta y qué no, no sabe nada de mi cuerpo, blablabla, esas frases bobas que se escuchan en algunas series infantiles de televisión. Y me río mientras me visto y me dice que le gustaría volver a verme y le digo que no...<br /><br />... y es una mujer en la playa rodeada de hombres que hablan en un francés de ultramar. Ella está tumbada boca abajo y ellos están sentados sobre toallas multicolores, con los ojos cubiertos por gafas de sol. Y ellos ríen, superponen sus conversaciones mientras ella finge dormir o realmente lo hace, o quizá esté muerta y estos hombres estén cumpliendo con un ritual de muerte desconocido para mí. Un avión sobrevuela las casas del Cabañal. Detrás se escuchan los redobles de los tambores de las cofradías que desfilan por las calles estrechas y sucias. Uno de los hombres acaricia la espalda de la mujer con el dedo corazón. La mujer mueve un brazo, ese movimiento que se hace cuando tratas de espantar un insecto. Faltan chicharras en esta playa que construyan una banda sonora para este instante... <br /><br />... bajo en una estación intermedia, una de esas ciudades que aparecen en los mapas con un lunar negro de tamaño mediano. Hay una bruma intensa que desdibuja la la luz de las farolas y las convierte en pequeñas nubes anaranjadas. Detrás del edificio de la estación hay una ciudad o un pueblo con casas de cuatro y cinco alturas. Pierre me lleva hasta un edificio que no figura en ningún libro de arquitectura contemporánea. El piso es pequeño. Nos desnudamos a la velocidad de la luz. El suelo de la cocina que es salón y comedor, está frío. Sus besos no son más que simulacros. Sus caricias parecen copia de algo que ha recibido o visto en el cine alguna tarde de verano. Su polla entra con facilidad. Se mueve con esa tensión aparente de los actores de algunas películas para personas cuya edad es superior a dieciocho años aunque ello no suponga en ningún caso ser un adulto. No logra conmoverme, pero es divertido. Su vientre me gusta. Sus labios me gustan. Su mirada felina me gusta. Su culo me gusta pero es intocable. Miente cuando asegura que le encanta practicar el sexo anal...<br /><br />... y es un hombre haciendo fotografías en una estación de ferrocarril que si aparece en algunos libros de arquitectura contemporánea y otro hombre con un chaleco de color verde fluorescente que le dice que no puede hacer fotografías aquí adentro y que le obliga a enseñarle las que ha hecho. El fotógrafo cambia la batería de la máquina y le enseña las fotografías. El hombre del chaleco fluorescente, después de verlas con ojos bovinos, le dice que están bien pero que no puede hacer más. Y me acerco a la pareja y le pido al del chaleco fluorescente que traiga el reglamento escrito que prohibe sacar fotografías del interior de la estación. Y dice que no lo tiene y dice simplemente que no puede hacerlo y salgo a la calle y pido a un policía que me acompañe porque quiero poner una denuncia a ese pseudopolicía que prohíbe hacer fotografías de un edificio público sin que exista ninguna norma o reglamento o señal que lo indique y alguien vuelve a sacar el palabro Seguridad, MiSeguridad, y me río a carcajadas y pongo la denuncia y el del chaleco fluorescente llama a un jefe y estamos ocho, tres policías, tres pseudopolicías, el fotógrafo y yo, y es una discusión en la que los pseudopolicías tratan de explicar por qué no es posible sacar fotografías del interior de esa estación, algo inocuo salvo que crean que ese fotógrafo y yo colaboramos con prestigiosos grupos terroristas o algo así, pero insisto en poner la denuncia, en denunciar a esos pseudopolicías que se inventan normas prohibitivas al más puro estilo estalinista...<br /><br />... Lincoln: Aquel que está dispuesto a sacrificar Libertad a cambio de Seguridad, no se merece ni la una ni la otra...<br /><br />... y es un bistrot. Y es noche fría. Ceno sola esta noche, atravieso un parque, subo hasta la habitación que ocupo en este hotel, me ducho con el agua muy caliente, me masturbo, fumo dos cigarrillos y me acuesto para dormir...<br /><br />... es un hombre que es médico, eso dice que es, médico, como si eso fuera importante o significativo o me proporcionara más información acerca de él. Hubiera preferido que me dijera SoyPiscis o MeGustaElVerde o cualquier otra cosa aparentemente más frívola, más vital. El médico habla conmigo acerca de nada, una de esas conversaciones sobre la nada cotidiana que dan la sensación de simpatía o cordialidad. Me invita a un vodka con zumo de naranja en un bar razonablemente acogedor. Después, mucho más tarde, su lengua diminuta humidifica mi coño de una forma basta, casi infantil. Sus manos se agarran a mis tetas. Su polla entra en mi boca. No es demasiado grande. Cuando mi lengua roza su escroto, el médico dice No con todo su cuerpo. Sus besos son ahora de animal doméstico. Follamos en un sofá sintético negro. El médico deja un treinta y cinco por ciento de mi cuerpo sin tocar. Entrega sólo un veinte por ciento del suyo. Tenemos tiempo de sobra para comernos el cien por cien, pero el médico enciende un cigarrillo...<br /><br />... es algo así como una fiesta en un bar. Todo el mundo lleva cocaína encima. Hasta quince veces digo NoGracias. Bebo cerveza con vodka. Los que me rodean entran en círculos cada vez más cerrados, más ensimismados...<br /><br />...<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22999001-5586178268764492905?l=ceciliab.blogspot.com'/></div>Cecilia B.noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-22999001.post-47236166584366207852008-02-07T14:24:00.000+01:002008-02-07T14:25:09.910+01:001063... avignon-valencia-málaga. Siempre en trenes. En el centro, un virus que me quema como un herpes, una candidiasis, un curso acelerado de forma automática de francés, una borrachera con vino del Ródano, conversaciones sobre nada con desconocidos que terminan en nada...<br /><br />...<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22999001-4723616658436620785?l=ceciliab.blogspot.com'/></div>Cecilia B.noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-22999001.post-65078812558216841472007-12-26T20:51:00.001+01:002007-12-26T20:51:54.624+01:001062... y es mi hermana pequeña en esa librería enana y personas que entran y salen y leen y compran y encienden densos porros de marihuana levantina y preguntan y entran y salen y dejan la librería vacía o llena o a medio llenar y las paredes anaranjadas y amarillas y versos arrancados de libros baratos y escritos en las paredes por manos distintas a la mía. Y es todo tan aburrido en esta ciudad, todo es tan ñoño y cursi, tan fofo y blando que no hay absolutamente nada que invite a quedarse más allá de una puesta de sol o un cambio lunar. Así que es coger una cadena de trenes y vagar por las calles de una Avignon en la que el viento es helado y el cielo es azul casi transparente y hay teatros en cada esquina y el café tiene ese tueste francés tan característico. Y busco una casa para quedarme en Avignon y encuentro un tercero sin muebles detrás del Palacio de los Papas guerreros y lo alquilo y después es comprar un colchón y una nevera y un par de lámparas y un perchero metálico de esos que se usan para trasladar ropa de un camión a una tienda y una botella de pastis y otra de vodka y cenar en un bistró barato cerca de las murallas que conducen a la estación de altísima velocidad y vagar por las calles desiertas a altas horas de la madrugada y empaparme de algo distinto. Y después, casi sin escalas, trenes que me llevan hasta Málaga y citas con todos esos que se quedan regentando negocios que ya no me interesan en absoluto, que ya no aportan nada más que dinero. Y hay abrazos falsos y besos de juguete y caricias estrafalarias y firma de papeles en notarías absurdas y cambio de llaves. Esos croatas han pagado mucho dinero por BelleDeJour, la insensatez de las leyes y reglamentos falsos dice que debería preguntarles de dónde han sacado tanto dinero, pero no lo hago, no es mi trabajo y todo se cierra con sonrisas y botellas de champán francés y alguna de Borgoña que he encontrado en una tienda minúscula en los bordes occidentales de Avignon. Y Gonzalo sonríe, está bastante borracho... <br /><br />... y después es recorrer las calles que bordean el mar pintado de negro y beber cerveza en un bar perfumado de aceite quemado y reir y emborracharnos hasta perder la facultad de hablar, beber hasta retroceder a ese estadio anterior al neandertal en el que todo es signo y gruñido y risa. Y más tarde, en un tren hotel, es buscar a alguien que viaje solo pero sólo hay personas enamoradas de ordenadores portátiles y de complejos sistemas de telefonía móvil...<br /><br />... y es otra vez Avignon, a los mejor esos imbéciles de la puridad lingüistica que desean ser reconocidos como valencianos que no son catalanes y que no son gallegos que en absoluto son portugueses y que no hablan nada parecido al mallorquín ni al occitano quieren que escriba Aviñón o Elche y no Elx o Lérida y no Lleida ¡quién sabe lo que pasa por el cerebro provinciano de esos individuos!, y sus calles adoquinadas y sus luces navideñas encendidas y sus librerías y encuentro unas preciosas memorias de Madame de Stäel y un curso de francés que asegura que, si realmente hago exactamente lo que dice el folleto introductorio, soy capaz de defenderme en francés en sólo siete días. Y veo una estupidez infantiloide que se titula LeBalDeKafka en la que el checo está escribiendo la inevitable Metamorfosis, más exactamente la primera frase de ese librito infantil, y en la que el actor representa a un imbécil tarado y paĺido con el pelo cremoso que asegura llamarse FranzKafka. Y estoy harta de ver a FranzKafka convertido en un estúpido que sólo sabe escribir esa mierda de Metamorfosis, así que abandono el teatro en el medio de la representación y logro que ese hombre que representa a una idea tonta de Kafka pierda la concentración y se atore en una linea de diálogo para besugos...<br /><br />... se me hace complicado escribir con nueve dedos...<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22999001-6507881255821684147?l=ceciliab.blogspot.com'/></div>Cecilia B.noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-22999001.post-76284610248967559602007-11-22T13:24:00.000+01:002007-11-22T13:25:57.169+01:001061... noches que se suceden de días y de otras noches abarrotadas de deseo y de lujuria, noches en brazos de amantes efímeros, al modo de los más bellos poemas que sólo resultan emocionantes la primera vez que se leen y que después sólo operan al modo de las fotografías de viajes a países exóticos, como reconstructores de recuerdos pero ahora carentes por completo de emoción y de olor y de sabor. Amantes con vello oscuro en los brazos, poco importa el cambio climático o las hambrunas etíopes o los despliegues atómicos o los desplantes de esos que se creen reyes o los resultados deportivos o el precio de la cocaína y la heroína y las judías verdes y del vino o los beneficios empresariales del tercer trimestre o los vagabundos que no son sin-techo y que alguien quiere usar como decorado de una acción performativa, ¡toma ya la frase estúpido-mema de estos farsantes! o la mujeres muertas por alguien que asegura amarlas o los hombres asesinados por estúpidos cargados de explosivos de alta definición o las plagas de mangostas del norte del Madagascar o la calidad literaria de unos poemitas escritos por un borracho o la anchura de las aceras o la decoración de las tiendas de lujo o las miradas vidriosas de los que trabajan en los supermercados o las sobredosis de anfetaminas o los avances en la clonación, con estos amantes poco importa todo eso que no es nada importante, sólo una pérdida de tiempo o un tema de conversación en bares climatizados delante de cervezas tostadas o de alcoholes destilados con procedimientos complejos. Amantes que reemplazan a otros amantes y que después se convierten en ex-amantes en la misma forma que existen ex-fumadores o ex-politoxicómanos o ex-policías o ex-presidiarios o ex-presidentes. Y queda ese regusto del semen endulzado con marihuana o tomillo y alguna conversación banal sobre cualquier nada, el regusto de un coño depilado que se retuerce en exceso o el de algún culo. Y el sabor de besos de bocas que sí saben besar...<br /><br />... y en el centro de todo eso, un dedo menos. Ahora ya no puedo contar hasta diez, el meñique desaparecido en un corte accidental y sangre a borbotones y el dedo en una bolsa de hielo y la mano vendada al modo de un muñón. Pero eso ya ha sido y ahora es una mano de cuatro dedos y medio centímetro y el resto intacto. El dolor saca el animal que llevo dentro...<br /><br />Y ahora, Esther de mi vida, llega el momento de decir cosas incorrectas desde un punto de vista político. Por ejemplo, que eres rubia natural. O que tienes menos de veinte. O que piensas que el multiculturalismo no es más que el fascismo de la vulgaridad. Llega el momento de decir cosas terribles, de esas que te mandan a la hoguera. Que la igualdad no existe. Que la bomba H es un mito. Que Ratzinger es el único filósofo europeo del siglo veintiuno, el único que calló a ese pesado de Habermas. Cosas terribles, cosas como que esta noche te he deseado tan exaltadamente que me he ligado a dos hombres esta mañana sólo por exuberancia. Que en la cama dejo mi feminismo en la mesilla de noche. Que esta noche te amaré y odiaré al modo de las hembras que poblaban la tierra en tiempos del cretácico...<br /><br /><br />...<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22999001-7628461024896755960?l=ceciliab.blogspot.com'/></div>Cecilia B.noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-22999001.post-4018944059204544772007-10-28T19:31:00.000+01:002007-10-28T19:32:27.340+01:001060... y las corrientes de deseo sexual disfrazado de algo que llaman amorrrrrr que viajan por las calles arrastradas por vientos marinos y acarician los trozos de piel que no están cubiertos por complejos sistemas de telas artificiales-naturales. Corrientes de deseo que me inundan en los días en los que la lluvia llueve y cae estrepitosamente sobre los techos de uralita y las barras de metal y el asfalto negro y los vestidos de los viandantes manchándolos de algo que aparentan ser gotas de aceite o de grasa. Y es Antígona en la cadera de una mujer que lee con voz de terciopelo rojo con ribetes dorados, su coño perfumando mi pelo ahora recortado y la nuca y es su muslo a modo de tablón flotando en un océano invisible de arena. Y antes es mi mano embadurnada de su pis y es el envolverme en esa meada de cerveza y vermut y su deseo que es una corriente submarina que asciende al modo de los tsunamis, tiñendo el aire irrespirable de azul y amarillo y cobre y malva fluorescente...<br /><br />... y otro momento es un hombre que me mira evaluando, adivinando más bien, qué se esconde detrás de ese hola sonriente que le regalo...<br /><br />... la ley de los hombres es la que imposibilita que una mujer pueda ejercer un derecho que es natural, ese de matar a sus propios hijos cuando lo desee, al modo del doctor Frankenstein o al modo de esos estudiosos de laboratorio que crean formas de vida que después ellos mismos destruyen. Mujeres que están perfectamente legitimadas para matar. Y es una conversación sobre esto y sobre la obligación de respetar la UltimaVoluntad de los muertos, esos que regalan cosas con condiciones, con normas de obligado cumplimiento, regalos de tiranos despreciables... ¿a quién le interesa respetar esa última voluntad de algo que no es nada más que un Cero?...<br /><br />...<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22999001-401894405920454477?l=ceciliab.blogspot.com'/></div>Cecilia B.noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-22999001.post-33565751805440828932007-10-23T11:21:00.000+02:002007-10-23T11:22:11.777+02:001059... alguien que se lleva el portátil azul y que después, dos días más tarde, deja un cedé y escrito TusArchivos con letras asexuadas y un lunar rojo en el centro de esa frase...<br /><br />... y una postal desde París de alguien que firma con una hache mayúscula, es el rectángulo que ocupa un texto de HenryMiller en ShakespeareAndCo, y releo el texto que acompaña a esa hache mayúscula, Saudade, y me rio de esa palabra comodín que ahora está tan de moda para expresar algo así como un echar de menos o de más o una especie de melancolía pútrida o atlántica o portuguesa, el aire romántico de los fados desgarrados con alcohol de noventa y seis y absenta de setenta, Saudade y todo es risa...<br /><br />... y una noche con una mujer que es actriz y que finge una vehemencia orgásmica descacharrante. Y un hombre gris bastante más bajo que yo que apenas se mueve más allá de lo que se espera del movimiento de los chimpancés o de los babuinos de culo rosado y gordo. Y una mujer con el coño diminuto, del tamaño de una nuez que no sabe qué hacer con su boca y mi cuerpo. Y una mirada vacía y triste desde unos ojos azules de veintiséis años justo en ese instante precioso en el que estoy abrazada a las sábanas formando un todo. Y alguien que me habla de algún músico de esos que suenan a eruditos o que aparentan ser símbolos de una cultura que sólo puedo asociar con los neoburgueses millonarios que tienen tiempo libre para hipotecarse durante cuarenta años o más y nunca con los que habitan en las chabolas de la periferia de las ciudades, que si ese pesado de Bach o de Mozart o de Brahms... <br /><br />... y una aprendiz, alguien que empieza a entregar su cuerpo con la misma soltura con la que yo entrego el mío, ese desparpajo carente de verguenza y de timidez. Y hacemos nuestras las calles de la ciudad y las convertimos en una inmensa cama, un inmenso territorio para intercambiar saliva, chupar, morder, arañar y danzar al son de una música inaudible de ArvoPart, otro de esos músicos que simbolizan algo que sólo los memos llaman Cultura con Ce Mayúscula. Y tiene un orgasmo bermellón en un parque infantil al mediodía y las mejillas se sonrojan y hace un calor amarillento y mongol y después es un café en una terraza abierta y comer en un restaurante chino-occidental, nada de anguila amarilla frita, nada de medusa en salsa, nada de tripas de cerdo guisadas con verduras chinas. Y más tarde, un cielo incandescente y lluvia fina y su coño abierto al modo del Vaticano y mis dedos y mi lengua recorriéndolo todo como si fuera del personal de limpieza...<br /><br />... y postales y llamadas de teléfono y setas alucinógenas y salvia, ¡qué bárbara esa pipa de salvia! ...<br /><br />... y caminar descalza por las avenidas alfombradas con hojas del otoño y lluvia, ensuciar las plantas de mis pies con ese barro y mear en una palmera frente a un colegio y frente a una estación de trenes metálica y frente a un edificio vainilla. Y después seducir a un hombre sin nombre, olerle nada más, al modo de los más grandes depredadores, pero él no me mira como depredadora, no me teme más que a la escarcha o al rocío o al granizo...<br /><br />... y gasolineras y coches y policías con radares que se saltan la ley, nadie les paga para que pongan multas a partir de cientotreinta kilómetros por hora si los carteles dicen que está prohibido circular a más de cientoveinte, y ahí empieza la arbitrariedad y, por extensión, la tiranía...<br /><br />... y conversaciones sobre nada, todo el aire lleno de conversaciones sobre nada...<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22999001-3356575180544082893?l=ceciliab.blogspot.com'/></div>Cecilia B.noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-22999001.post-73455441873194449352007-09-11T18:30:00.001+02:002007-09-11T18:30:48.681+02:001058... una conversación teológica sobre la existente inexistencia de algún dios con un excatólico que además es excasado y exadolescente además de exestudiante universitario, exinquilino de un piso de alquiler, exturista en la Turquía asiática y exconsumidor de autobuses urbanos. Y es el terror que provoca el CeroAbsoluto, la existencia de ese CeroAbsoluto lo que provoca la existencia de dioses inexistentes. La simple existencia de la Nada es lo que determina que no existan dioses, si hubiera sólo uno ya sería Algo y dejaría de ser Nada. Y ese CeroPreexistente, ese cero imposible de crear porque sino sería Algo, aturde tanto que es necesaria la existencia de Algo ya que se hace imposible pensar en la existencia de Nada como un Algo que no es Nada más que Cero. Y hablamos de matemáticas y de mecánica cuántica y el excatólico se asusta ante ese Cero que es dominante, un Cero que no es más que Muerte, ¡qué poética la de los filósofos llamar a un CeroMayúsculo así!. Y cree que soy negativa, no lo piensa, dice que lo cree con la misma facilidad que algunos creen en el amorrrrr o en el dios Pan o en las enseñanzas del Buda. Y el excatólico, delgado y huesudo, como consumido por un ascetismo feroz o por el exceso en el consumo de hachís parafinado, no resiste mil besos de profundidad, se queda en el trescientosdiecisiete...<br /><br />... y después es otra conversación sobre una novela no escrita con un hombre de pelo blanquecino y una úlcera de estómago. Y otra con uno de esos memoespectros que apuestan por mantener la pureza de las tradiciones ancestrales de tribus en el umbral de la desaparición que viven el lugares alejados del planeta, islotes rodeados de playas naturales de arena que aparenta ser talco y mares del color con el que se tiñen los marcos de las ventanas ibicencas. Tipos que abandonaron hace tiempo eso de ir andando a los sitios, para eso están los autobuses urbanos y el metro y los tranvías, que abandonaron eso de escribir a mano largas cartas con tinta de bolígrafo en papeles verjurados y lo sustituyeron por ordenadores con correctores de estilo y de ortografía, que dejaron de lavar los pañales para usar unos más modernos de un solo uso con sistemas complejos de retención de mierda licuefacta. Lo piden los mismos tipos que compran pinturas sintéticas en sprays en tiendas de orientales expulsados de ciudades que ahora son refugio de las carpas que se pueden cazar en la presa de las tres gargantas, los mismos que adoran el progreso tecnológico y usan teléfonos móviles con pantallas ultrasensibles a los rayos solares y se enfadan cuando mi teléfono móvil está apagado. Esos espectros son los mismos que piden que esos artesanos lo sigan siendo por los siglos de los siglos y cuando viajan hasta allí, en lugar de entregarles armas y explosivos para desintegrar las ciudades balneario de este lugar del mundo, crean escuelitas o ponen sellos de ComercioJusto en vasijas de barro... Y me río a carcajadas...<br /><br />... una mujer cuenta los besos que doy, trato de llevarla a mil besos de profundidad pero se detiene en el cientocuarentaycuatro, no puede más, no resiste besos de vísceras... y hablamos de las ballenas, de esa toma de conciencia de sí mismas, de ese preguntarse unas a otras porque de ese vivir en el mar helado y de vararse en playas arenosas, lanzarse contra los lodos falsos de las falsas playas. No, definitivamente no es suicidio. No, en absoluto es un suicidio... Y después ella trata de llevarme a unos cuantos besos de profundidad pero no consigue nada más que remontar un rio al modo de salmones, mucho esfuerzo vano e inútil, eso que tiene la falta total de entrega, ese creer que existe una vida después de muerta, una resurrección, ese creer que existe algo poético a lo que llaman Alma que viaja a través del tiempo y de nombres célebres, ese no creer en el CeroAbsoluto...<br /><br />... un hombre elegante que bebe gintonics con la misma paciencia salvaje con la que otros beben agua o cerveza en las tardes de verano y que subraya con un lápiz rojo enormes legajos de folios cuidadosamente impresos en tinta negra. Y el hombre elegante se encuentra una tarde con una mujer, más exactamente, una mujer se sienta en la mesa que usa ese hombre elegante que bebe gintonics con paciencia salvaje, y hablan de nadas silenciosas, él la esucha con la cara con la que se escuchan los sermones de la montaña o las conferencias de los premios nobel de física. Y después ella se va, con un abrupto movimiento de brazos y piernas se va. Y él cierra los legajos, bebe los últimos tres gintonics sin paciencia para esperar que las moléculas de la corteza de limón se fusionen con las de la ginebra ni el hielo haga bajar la temperatura del cóctel hasta niveles tolerables y después se queda ahí quieto, detenido el tiempo, un cigarrillo entre los dedos que se funde y la noche que se abalanza sobre nosotroas sin tiempo para pensar. Y después es una ambulancia y sombras chinescas con chalecos reflectantes y un coche rojo y olor a marihuana de invernadero y luces azules de coches de policías y ladrones y una camilla y nada más que el mismo ruido de fondo, el mismo silencio ensordecedor de tubos de escape...<br /><br />... y una partida de póker con aficionados. Es tan fácil dejarles sin dinero que podría sentir algo parecido a la piedad o a la compasión. Pero esto es un juego y no cabe nada de todo eso, así que sólo me queda reírme y guardar el dinero...<br /><br />... y es Raquel, otra Raquel más, está es blanca y delgada y fuma hachís en el salón de su casa, siempre fuma sola y folla sin pasión, sin entusiasmo, sin deseo reconocible...<br /><br />... ¿y si Ashbery fuera Pynchon?<br /><br />...<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22999001-7345544187319444935?l=ceciliab.blogspot.com'/></div>Cecilia B.noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-22999001.post-20141289987144512302007-09-09T20:22:00.000+02:002007-09-09T20:36:02.723+02:001057... ahora, justo ahora, estoy a mil besos de profundidad de todos esos amantes que no son más que pseudoamantes aparentemente complejos... mil besos de profundidad, pero todos se duermen antes de llegar a quinientos, como si hubiera prisa, cvomo si esa profundidad fuera insoportable. Como bajar en un submarino en un mar de petróleo. Como beber cemento.... mierda-amantes de mierda...<br /><br />debo escribir esto antes de que se termine la rabia y la furia y todo el ruido inunde este cuerpo que es mi planeta...<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22999001-2014128998714451230?l=ceciliab.blogspot.com'/></div>Cecilia B.noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-22999001.post-49260085422473004642007-08-21T05:29:00.001+02:002007-08-21T05:30:47.816+02:001056... una mujer de pelo rojo y otra rubia, las dos de la mano al modo de barandillas que las separan de un abismo, que entran en eso que es el ArcoirisDosEnConstrucción y que me cuentan de sus quebrantos y sus duelos amorósicos. Y un hombre marrón. Y una mujer bronceada. Y una chica con bragas del color de los cielos del verano. Y ruido y furia de turistas italianos y belgas. Y lluvia que no es nada más que un lagrimeo bobo. Y dolor menstrual en una playa repleta de sol y piedras junto a una pareja de hombres que aparentan ser homosexuales. Y Eugeni que hace un vuelo sin motor de palabras, todo son afluentes que no van a ninguna parte y detalles intrascendentes que ni siquiera tiñen de color sus relatos inacabables, insondables, inabarcables, insoportables. Y una conversación en una plaza con una mujer de cincuenta que quema clandestinamente una piedra de hachís en la parte trasera de un bolso. Y ciclistas con cocaína en las alforjas y hachís parafinado recorriendo las calles de adoquín.Y guitarristas con cervezas heladas en bolsas de basura desproporcionadamente grandes. Y tanquetas con mangueras disolviendo manifestaciones ficticias en las plazas de obligado recorrido para turistas bajo la atenta mirada de policías urbanos especialmente huraños, disfrazados al modo de cuerpos de élite de películas estadounidenses. Y una borrachera con Jaime a base de tequila y cerveza. Y alguien que compra un libro de AdrienneRich y después prepara complejos cócteles azules al ritmo de un aria en el CaféDeLasHoras y me trata de usted y yo a ella. Y tipos disfrazados de punkis británicos, uno lleva incluso una camiseta de los SexPistols, que compran a Caeiro y a AlvaroDeCampos y se emocionan con el aburrimiento feroz de ese portugués alcoholizado. Y el deseo bestial de follar que me inunda a toda hora, follar contigo, con esa, con ese, con esos...<br /><br />... un video de Raquel en el que ella folla con tres hombres vulgares, tipos que ha encontrado cerca de la PlazaDeLaConstitución la otra noche, hombres con máscaras de cartón y pasamontañas a pesar del calor. Y el sudor y las voces de fondo convierten esta película en algo que parece más bien un ensayo sobre la flaccidez de las pollas cuando un inválido las filma. Y después es tequila en vasos diminutos con un hielo y media rodaja de limón y un leve dolor de cabeza a la mañana siguiente...<br /><br />... y ese miedo feroz de la gente a mezclarse con la gente, ese que convierte a grupos de amigos en círculos cerrados en discotecas azuladas impidiendo cualquier acercamiento. Y esa necesidad de estar drogado para poder establecer el primer contacto, para lanzar la primera frase al aire. Y yo que apenas necesito frases, que no necesito drogas ni alcohol, basta un gesto, un signo, una señal simbólica y ya es la lengua buscando la lengua y beber la saliva como un primer paso, el primer escalón de una ascensión...<br /><br />... y un hombre que me pregunta si escribo poemas y no contesto, no digo que sí ni que no, no digo nada y el hombre, un espectromemo disfrazado de veraneante, aparenta ofenderse, molestarse con esa negativa a contestar, y lo confunde con otra cosa, con otra actitud que ha aprendido en las películas de amorrrrrrrr y en las novelas rosas de CorínTellado, la autora que más vende en todo el planeta, mucho más que ese King y ese Coelho juntos. Y el espectromemo se pierde en la noche, no podía ser de otra forma. Y esa pregunta que se repite incansablemente, ¿de dónde eres?, no soy de ningún sitio, no pertenezco a ninguna tierra con nombre de AtlasGeográficoUniversal o sí, inuit... hace sólo sesenta años podías entrar y salir de países sin pasaportes ni visados pero en estos tiempos memos y crueles necesitas todo eso para hacer un vis-a-vis en un hotel de NuevaYork o de Rabat, para que rusos o japoneses me visiten en esta cárcel de acero y plástico que es esta Ferocia... Inuit despasaportada, los únicos que pueden cambiar de país sin trámites aduaneros ni burocráticos...<br /><br />... una chica que es pedagoga que habla de un cura italiano que es su modelo educativo esencial y que tiene el culo redondo y virgen y la lengua estéril y yerma y una sonrisa coloreada con rojos y verdes y que estira mis pezones en un sofá azul rescatado del naufragio de un contenedor que, dos minutos después, es devorado por un oceáno de pinzas de acero de un camión basurero. Y habla y fuma, juego con su pelo alargado y frágil. Ha esperado que su acompañante, un chico de treinta, la dejara en el portal de un edificio corriente para volver aquí con la ropa cambiada para desvertirse a gusto. Afuera, tanquetas regando calles y puntas incandescentes de cigarrillos dibujando caminos de luz roja y su coño empapado en mi boca y su miedo al orgasmo, miedo brutal a tener un orgasmo en ese sofá azul. Cierra los muslos justo antes de que suceda, justo cuando su clítoris está a punto de desintegrarse en mi boca y convertirse en un caramelo relleno de lunares efervescentes y se sienta brusca, y enciende un cigarrillo y se retuerce y me río y después no es nada más que una punta diminuta en una sierra, eso es el orgasmo al que me lleva esta pedagoga que hbla de enseñar cosas úiles para la vida excepto todo eso que es sexo, nada de manuales para niñas de cómo follar y chupar y morder, nada de cursos para chicos de doce de cómo hacer o dejar de hacer...<br /><br />... y un hombre que esconde sus celos en un sueño, soñé con vosotras dos dice, que hacíais cosas rarísimas, yo volvía de alguna parte y os veía juntas y esto-y-lo-otro y después camufla todo eso con una risa ensayada delante de un espejo, una risa actoral...<br /><br />... y Lau escribiendo cada día mejor y mejor y mejor, un verso llega a emocionarme y me obliga a abandonar su poemario fragmentado y me empuja a quedarme ahí, atrancada durante tres o cuatro horas...<br /><br />... y es una mujer que regresa desde la China mandarina, regresa a este balneario que son las ciudades amuradas a babor de este lado del mundo con precios justos y taxis oficiales y autobuses oficiales y edificios en salas de rehabilitación y listas de espera y colas ordenadas. Y cuenta y cuenta, un estilo muy fragmentado, polaroids desordenadas, ahora es Pekín, ahora es la Mongolia Interior, ahora nombres de pueblo-ciudades, ahora onomatopeyas del hablar sin erres de los chinos mandarinos. Y a la vez un hombre que ha estado en un curso-conferencia-taller de poetas onanistas sin sentido del humor. Y todo se mezcla así que CarlosMarzal recibe una pregunta en una rave en la muralla china y no contesta más que a gritos y usando los signos que significan cantidades de yuanes y después, al día después, CarlosMarzal le esquiva, el tipo se acerca al poeta y le mira de soslayo o a contraluz y dos avionetas lanzan bombas de plata sobre Beijing y sale un sol bestial y algunos abren los brazos como si Ra existiera y sonríen...<br /><br />... y este deseo fiero que me quema las entrañas. O son las entrañas las que arden de deseo y hacen arder mi piel...<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22999001-4926008542247300464?l=ceciliab.blogspot.com'/></div>Cecilia B.noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-22999001.post-79002169237437822192007-08-07T19:14:00.001+02:002007-08-07T19:15:24.995+02:001055Como una chacal me muevo entre las sombras y los turistas y los residentes. Hambre de besos, sed de piel, así me siento en estas noches húmedas y calientes. Ansiedad de marineros en tierra, así es mi ansiedad, mares de sábanas formando olas, de luces aparentando lunas de Marte, de piel desnuda peliculada de sudor. Al acecho, olfateando, buscando en el aire mohoso ese perfume que me arrastre. <br /><br />Pero hoy no sucede nada más que palabras y encuentros banales y frases entrecortadas y balbuceos. Nada sucede significativo, nada que deba recordar...<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22999001-7900216923743782219?l=ceciliab.blogspot.com'/></div>Cecilia B.noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-22999001.post-48617688838902037272007-07-31T14:07:00.000+02:002007-07-31T14:08:22.304+02:001054Tripas. Ahora toca escribir de las tripas...<br /><br />Hay un hombre que me ama y que me odia. No es ahora, es hace millones de años. Me ama en los momentos que no estamos juntos o cuando duerme o cuando está hablando por teléfono o leyendo el periódico. El resto del tiempo me odia de una forma opresiva y tenaz. Casi es carcelaria la forma de odiar de este hombre. De lunes a viernes, esos días en los que me ama por encima de todas las cosas y hechos que aparecen en las portadas de los periódicos de bajo coste, nos vemos poco, apenas tiene tiempo para odiarme ya que me ama. Así que habla de nadas sin importancia, esas conversaciones que mantienen los amantes en las terrazas de verano o a la salida del cine. Los fines de semana, me odia, así que apenas hablamos. Pasamos las horas desnudos sin hablar, fumando en silencio, comiendo en silencio, hablando un dialecto de tripas que atraviesa el aire convirtiéndolo en un paisaje toscano. Poco a poco, a medida que pasa el tiempo, los instantes de odio se hacen más fugaces, más exóticos. Como si hubiera decidido amarme para siempre jamás y convertirme en una estatua o un dibujo de Giotto, como si pensara que yo también le amo cuando realmente sólo le odio de una forma tan visceral que, algunas veces, salgo con rasguños y arañazos por todo el cuerpo o con restos de mordiscos perpetrados a media luz. Un sábado este hombre me ama. Ya no me desnuda y me habla y cocina y lee el periódico y habla por teléfono y compra entradas para ir a un cine o a un teatro o reserva mesa en un restaurante a una hora determinada con siete horas de antelación, como si supiera que a esa hora vamos a estar ahí juntos, disponibles, exactos. Ese sábado que me ama, el primero de dos, le odio tanto que nada de lo que intenta para que estemos en ese restaurante funciona. Las ataduras que lo sujetan a los bordes de la cama son muy fuertes y mi deseo por arrancarle las tripas y comérmelas son superiores a ese restaurante. El sábado siguiente me ama aún más que el primero y compra entradas para una representación teatral en una ciudad europea a la que se llega en avión y reserva una habitación en un hotel y una mesa en un restaurante y compra flores y una guía de esa ciudad. Así que, cuando llega con todo eso que es aparentemente una prueba de amorrrr y no es más que el miedo de ese hombre a viajar solo en los aviones y al encerrarse en habitaciones de hotel o al asistir solo a representaciones teatrales en países extranjeros tan seguros como cajas de caudales, cuando estoy segura de que el odio de este hombre que es lo que me mantiene con vida es sustituido por este amorrrrr de amantes que hablan y comparten puestas del otoño y hacen fotografías de ellos mismos delante de estatuas o monumentos o en las plazas abarrotadas de palomas, me voy, recojo las tres cosas que podrían ser mías de esa casa en la que paso los sábados y salgo a las desiertas extensiones de asfalto y edificios y coches en movimiento y césped que no se puede pisar. Y el hombre persiste en esa actitud de amarme indiscriminadamente y me llama por teléfono y me busca en el piso que, en aquel instante, es el lugar en el que vivo. Y nos encontramos alguna que otra vez, deseo sentir su odio, pero ahora el habla y habla y pregunta si le amo y no, no le amo, jamás le he amado, nunca jamás he amado a ese hombre, yo sólo tengo capacidad para odiar ilimitadamente...<br /><br />... y es una mujer de cuarentaytres que me cuenta una historia tan parecida que pareciera que el espíritu de ese hombre que no es más que polvo y cenizas y aire seco y fermentado se hubiera reencarnado en el cuerpo de un hombre de cuarentaydos... debe ser por esto del amorrrrr y de los creyentes del amorrrr que los hindúes piensan en un retorno eterno, en una rueda, en la eternidad...<br /><br />... es tan intenso el odio que siento que los sumisos y los que fingen saber amar amores banales y ridículos se apartan de mi camino como antílopes delante de manadas de leones hambrientos...<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22999001-4861768883890203727?l=ceciliab.blogspot.com'/></div>Cecilia B.noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-22999001.post-6603142604414116752007-07-28T21:13:00.000+02:002007-07-28T21:14:26.011+02:001053... y es Boni el que me introduce a Elyo que es amiga de Clari y de Marga y que aún tiene un cordón umbilical colgando y atravesando el océano que separa su casa alquilada de la enorme villa en la periferia del DF de papá-mamá al modo de los cables de alta tensión, eso a pesar de los treinta años que dice tener o poseer o disponer. Y es Boni el que me introduce a Manu que viene desde la tierra grande-chica de Astiz y a Juliette. Y es Charlotte la que entra en el ArcoirisDos en obras y me habla de Ginsberg y de otros como él y que me enseña un poema escrito en un barco que surca las aguas que separan la Italia de la Grecia o la Grecia de la Italia, no recuerdo el sentido del viaje, la dirección del crucero sin crucificado. Y es Martín que lanza palabras que esconden un deseo sexual y que rebotan en mis tripas, inalteradas ante la vulgaridad de Martín. Y es un bajar al río en el que Rubén busca y encuentra, no soy la única mujer pero sí la única que baja sola, y me siento en un banco de piedra reseca y un chico se acerca y le bajo la cremallera del pantalón y le saco una polla bastante grande y bastante blanquecina y me la como, casi estoy a punto de morder y tragar, pero no hago nada de todo eso y espero a que el chico eyacule en mi boca y me llene de semen espeso y amarihuanado. Y después es otro chico que espera y que después se acerca y es una brisa que baja desde el puerto hasta esta parte del río y simula ser un aire acondicionador y otra polla, más delgada, más manejable, que entra y sale de mi boca y después es semen, no mucho, quizá el chico viene de follar con algún chico, su boca sabe al látex de los condones transparentes. Y hay más, quizá siete u ocho esperando, charlando bajo un sauce chillón, fumando hachís o tabaco y bebiendo cerveza que reparte un chico galopando en una bicicleta negra y ahora es mi tanga bermellón el que espera a mi lado y son hombres condonados, chicos de colores, chicos de peluquería postmoderna, falso-punkies, falso-hippies, copistas de estrellas de la música pop. Y ahora la cola se divide en dos, una fila de hombres que espera que mi boca los lleve al orgasmo, otra fila esperando entrar y salir de mi coño ahora salvaje como una anaconda hambrienta o un caimán al que le han arrancado las crías. Y otra chica que se sienta a mi lado, aparta con cuidado el tanga, saluda, tiene un marcado acento francés, y más allá son hombres detrás de un árbol que mean sobre otro hombre con el pelo dibujado con tirabuzones de colores y veo el brillo de la piel de ese hombre que está de rodillas y mi sudor, un sudor espeso, un sudor que me envuelve en una película transparente y brillante, casi luminosa bajo esta luz purulenta de luna creciente y farolas decorativas. Y la chica abre sus piernas y la fila se divide, se subdivide en cuatro filas que van ampliándose o reduciéndose al ritmo cardíaco de los primates y son besos con esa mujer francesa, Anna, debe rondar la treintena y tiene los pezones claros y el ombligo ovalado, besos con la boca tan abierta que casi duele y es semen que pasa de un lado a otro, de mis muelas a las suyas y saliva y sudor y la respiración agitada de un atleta y un perro cuchicheando y cucarachas rojas que se esconden entre las islas de césped y pollas sin rostro que entran y salen y salen y entran y la espalda mojada y la piedra que no es cómoda pero no quiero ese césped-mar de cucarachas anfibias y es un orgasmo cilíndrico el que le toca a ese chico de no más de veinte que he visto alguna vez en la puerta del Lipp o del JimmyGlass, siempre en la puerta, siempre afuera y el grito-aullido sordo de Anna y unas pinzas de ropa colgándole de los pezones y la luna moviéndose y colores apagados o saltones y es no descansar y sentir que todo mi cuerpo se desgarra y se desgaja, llegar a ese punto más allá del cual no hay retorno posible, ese punto en el que todas las células de mi cuerpo adquieren el mismo estado, el mismo punto de equilibrio y se destruyen para formar un Cero perfecto acompañado de una explosión y un grito desgarrador. Y pasan horas artificiales en un reloj de pulsera con cronómetros y cronógrafos y cronomemorias y las calles se desvisten de mobiliario humano y los bares cierran y los chicos del barrio regresan a sus casas. Y más tarde, es un bar de taxistas con Anna, las dos con ojeras tensas y la lengua dolorida y las manos ateridas y el coño incandescente y ese perfume que nos han dejado todos esos no-rostros...<br /><br />... y un hombre en SPEED del IVAM que me invita a un café y que habla de nada, la mayor parte del tiempo, todo ese tiempo que uso palabras, sólo escucho nada y digo nada, palabras intrascendentes y vacías, palabras que reconstruyen realidades y montan artificios lujuriosos, y que fuma con la mano izquierda y que lleva un libro de Jabés, qué enorme favor ha hecho Auster a Jabés en estos tiempos tan ñoños y blandos y memos y cursis y crueles. Y no pasa nada más, este hombre sólo sabe hablar de nada, no tiene ningún interés en el lenguaje opaco de las vísceras cuando esa superficie de piel folla...<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22999001-660314260441411675?l=ceciliab.blogspot.com'/></div>Cecilia B.noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-22999001.post-27880005269237572672007-07-27T12:27:00.000+02:002007-07-27T12:28:48.018+02:001052... un esquizofrénico paranoide, eso dice Manuel que es ahora que es un enfermo mental, se sienta en una de las sillas redondas del ArcoirisDos y me pregunta si puede hacerse un porro. Puede hacerlo. Después coge un libro de una estantería y lee. Por la noche está en lo de Boni y me invita a entrar y a pedir algo de comer pero ahora está muy borracho...<br /><br />... una cena mexicana en la terraza de farolillos chinos de Raquel. Hay más personas en torno a una mesa de playa ovalada y blanca. Raquel me presenta a todos los invitados. Hay marihuana en bolsas de alimentos congelados, hay botellas de tequila convencional, limón cortado en rodajas, tacos de fabricación industrial y una pasta verdosa de aguacate en la que algunos trozos de tomate se hunden como si fueran cazadores blancos con corazones negros en arenas movedizas. Algunos hablan en italiano, otros en alemán. El hermano de Raquel también está ahí, con su cámara de vídeo y la baba de caracol. Está más gordo y más blanco, como si estuviera recubierto de una cera gelatinosa. El aspecto de los ciegos de nacimiento cuando tienen la edad de ese hombre. Un batracio en una silla de ruedas. Nos saludamos sin cordialidad y sin sarcasmo. Después entramos en el salón. Una chica de veintitantos reparte pastillas azuladas. Es el último grito: drogarse para que el apetito sexual se despierte de una vez, para convertir una reunión de amigos en algo que se pueda llamar fiesta. Todos se tragan la pastilla como miembros de alguna secta. Después el volumen de las risas de incrementa, algunos hombres se lanzan sobre el cuello de algunas mujeres, algunas mujeres se abrazan a algunos hombres. Tiempos demasiado memos, cursis y crueles son estos tiempos que vivimos. Pronto hay una pareja follando de pie. No necesito drogas para abalanzarme sobre esa pareja que está follando, para chuparlos. Oigo el clik de la cámara del batracio. Raquel está con un hombre de treinta completamente depilado. Me uno a ella. Chupa la polla con más gracia que hace unos meses, con más práctica. El hombre es soso, casi invisible, su polla parece metacrilato rosado. Después Raquel se hunde esa polla. Ahora lleva un tatuaje complejo, una especie de signo tribal maorí o algo que se parece. La polla del hombre es demasiado delgada para esa enorme cavidad. Bebemos su semen austero mezclado con dos tragos de tequila. Una mujer abre su culo y dos hombres sin agilidad tratan de follársela a la vez pero no lo consiguen. Todo se queda en una esperanza o en un sueño. Raquel trae una maleta diminuta con cuatro vibradores distintos. Uno de los hombres quiere que una mujer le folle con el que es negro y plata pero no lo consigue. Después le hace la propuesta a otras mujeres. A mí no me la hace, pero eso carece por completo de importancia. Toda la fiesta se convierte en otra cosa cuando el número de noes supera al de síes. Ni siquiera las drogas sirven. Después salimos al negro noche y al marfil de una luna que engorda...<br /><br />... Manuel cuenta de cómo se masturbó el año en el que visitó Lourdes. Mucho. Muchísimo, eso dice. Machacándose la polla con la mano, follándose a pepinos y a trozos de carne putrefacta. Follándo con árboles y con la tierra, con arenales en playas, con tubos de escape y rodamientos de camión. Enfermo de follarse a objetos y de derramar su semen en los orificios de las cosas. En un tubo de escape de una motocicleta. En una perra preñada. En los portavelas de Lourdes. Una vez por hora. Pasea por Lourdes con la mano en el bolsillo sujetándose la polla, acariciándosela dentro del pantalón. Se masturba en la iglesia, se masturba antes de comulgar. Se masturba hablando con una monja acerca el pecado. Después mete su mano enferma en el manantial de Lourdes. Moja su cabeza con ese agua. Bebe un trago. Reza y se empapa del agua sagrada. Y se cura, eso dice. Se cura y deja de masturbarse. Sigue loco, enfermo. La esquizofrenia no desaparece con el agua milagrosa de Lourdes. Ni la paranoia. Ni la úlcera que cada tanto se abre y se cierra. El agüita de Lourdes le quita el deseo febril de mastubarse. Abandona esa vida dedicada al placer. Hace quince años de eso, quince años. Quince años sin masturbarse...<br /><br />... se mezclan los nombres de las personas de la fiesta, pero sí recuerdo el de estos dos que están sentados en una de las mesas del fondo compartiendo mesa con otros dos. Ninguno me reconoce, aparentan no haber estado jamás en esa fiesta de Raquel...<br /><br />...<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22999001-2788000526923757267?l=ceciliab.blogspot.com'/></div>Cecilia B.noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-22999001.post-6175648628862685652007-07-25T19:34:00.000+02:002007-07-25T19:35:44.467+02:001051... una mujer con vello en las axilas, una mujer de mirada oscura, me pide poetas. No quiere leer a hombres, sólo a poéticas mujeres escribiendo. Dice que los hombres no saben pilotar submarinos y meterse en las oquedades de las vísceras, no comprenden el lenguaje secreto de las tripas y hablan de otras cosas, de cualquier otra cosa. Como si escribieran sobre nadas. Pero no es aśi, así que le saco nada más que a hombres que espeleologan, hombres poéticos que escriben. Y lee a Eluard. Y a Celan. Y a Ginsberg. Y lee fragmentos de cosas escritas de Ashbery y de TomaszSalamun, de esa soledad salvaje de Salamun vagando por NuevaYork. Pero ella insiste en leer sólo a mujeres, pero no reconoce a ninguna que le doy: no sabe nada de PeriRossi ni de IdaVitale ni de ClaraJanés. Termina con la Yourcenar y Vitale en un bolso suficientemente pequeño. La mirada de la mujer es tan oscura que apenas refleja la luz eléctrica, mucho menos la mirada de otros ojos. Dice que le encantaría venir más a menudo pero vive en Alicante y es una locura, eso dice, coger un tren y dejarse llevar hasta esta ciudad sólo para pasar unas horas en una librería y no consumir nada o verse obligada a consumir algo sólo por su prejuicio y no porque nosotras le obliguemos. Dice que es una locura salir de una ciudad para irse a otra sólo para eso. Le digo que aquí, en esta ciudad, también puede follar tan bien como en Alicante. Se ríe, no se refiere a eso. ¿No?...<br /><br />... un tipo que vende cactus alargados como pollas erectas y sin apenas espinas se asoma para venderme uno. Su sudor es tan penetrante como el vinagre recalentado de los guisos de las cárceles. Rubén bajándose de un coche a doscientos kilómetros de aquí, el conductor, algo más joven que él, le pide que se porte bien y no se refiere a que no tire colillas encendidas a los pinares resecos ni que no vierta botes de lejía en el cauce de ríos, ni siquiera se refiere a eso que es no atropellas a viejas o niños cuando atraviesan pasos de cebra pintarrajeados en el asfalto, qué va, se refiere a que no folle mucho, que no busque mucho sexo, que no se pierda en las dunas con jóvenes austeros y adustos, que no lo haga y que se porte bien o que no lo haga y entonces eso será que se porta bien, poco importa si después matamos a tiros a una manada de vacas o prendemos fuego a un caserón abandonado en el centro de un terreno acotado con alambre de espino. Y Rubén se baja del coche a doscientos kilómetros y le recojo tres horas más tarde y bajamos hasta una playa recubierta de arena fina y de viento de poniente y nos desnudamos delante de una familia escondida bajo una sombrilla a tiras blancas y azules y nos bañamos en un mar oleaginoso en el que flotan cadáveres de medusas y bolsas de plástico y algas marrones sin valor de ningún tipo, sobre todo carecen de valor sentimental. Y luego subimos otra vez hasta el bario-pueblo y saludamos a amigoas de Rubén, ese holandés delgaducho que vende cervezas, ahora que una estúpida ley prohíbe vender bebidas alcohólicas a partir de una hora infantil afloran los traficantes de cerveza, se deberían llamar así pero ni a las fuerzas vivas de las localidades se les ocurre llamarlos así, traficantes de cerveza en botes de aluminio...<br /><br />... pongo un anuncio en el tablón de anuncios de un supermercado. Es un rectángulo amarillo y busco hombre de treintaycinco a cuarentaycinco y setentayun kilogramos de peso con barba de treinta horas y su sexo depilado pero no rasurado. Repito este anuncio en varios supermercados más. Tres horas más tarde no queda ninguno en ningún tablón y cuando le pregunto al encargado de uno de ellos, un tipo que podría ser ese hombre que busco en el anuncio aunque sospecho que pesa algo más de setentayun kilogramos, dice que ese tipo de anuncio no se puede poner en ese tablón, que no es para eso. Cuelgo un tablón en la puerta del Arcoiris y cuelgo el anuncio. Cuatro horas más tarde hay dos anuncios más. Uno de ellos es el de alguien que necesita urgentemente encontrar a una mujer obesa...<br /><br />...<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22999001-617564862886268565?l=ceciliab.blogspot.com'/></div>Cecilia B.noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-22999001.post-413140667483309782007-07-21T22:24:00.000+02:002007-07-21T22:36:37.823+02:001050... barrio-pueblo de ElCarmen a esta hora lleno de turistas vagabundos haciendo safari fotográfico por la ciudad, disfrazados de cazadores de catedrales e iglesias y plazas y fuentes y fachadas. El barrio-pueblo a esta hora convertido en sabana tanzana, con terrazas cafetales y pequeños grupos de masais blancos con tatuajes tribales haciendo rituales de salta-gira-sube-baja sobre tablas de skateboard decoradas con pegatinas fluorescentes. A esta hora vago por la ciudad como una turista más, disfrazada, escondiendo los ojos de mi deseo con gafas de sol. En una de las terrazas-cafetal, un neozelandés, ahora sé reconocer los matices del inglés que dialectan los neozelandeses y los australianos, me pregunta por una de esas piezas de safari, cómo llegar hasta ese punto en el barrio-pueblo-sabana desde aquí, cómo reconocerlo sin haberlo visto nunca. El neozelandés viaja con una mujer que también esconde sus ojos de deseo de las miradas de los demás y que da sorbos cortos a un vaso con algo que podría ser cocacola con hielo y algo más, quizá whisky o ron. El hombre vuelve a la mesa, quiero acompañarles hasta allí, me acerco a su mesa, les digo que puedo ser su guía si ellos quieren, ella dice sí con una sonrisa neutra, él la mira antes de decir que sí, como un niño mira a su mamá antes de hacer algo que supone prohibido. Ahora hace un calor húmedo y vigoroso, un microclima perfecto para las cucarachas rojas y los mosquitos enanos. Hablamos de nada, apenas hay lugares comunes así que todo lo limitamos a un interrogatorio cordial, yo pregunto, ellos contestan, después es al revés. No importan ni las preguntas ni las respuestas pero algo hay que hacer, a algunos memos les resulta tan extraño caminar en silencio con una desconocida...<br /><br />... una conversación acerca de una mujer que está loca aunque finja no estarlo-serlo. Hipnotizada en remoto por un sanador reiki, ahora tiene un templo en la habitación del piso compartido que ocupa, cirios y velas, varas de incienso y un tatami para yoga, ella que hasta ayer era todo raciocinio o racionalidad o esa cosa de la que hablan los espectromemos para creerse diferentes de animales, algo que en absoluto es pensamiento ni voluntad ni razón, es sólo palabrerío vulgar y hueco. La mujer que habla de ella presume ser su amiga, no sé si es de esas que añaden DelAlma para querer decir que son amigas-fantoche o amigas-fantasmas. Lo que cuenta, el tono con el que cuenta esa demencia de Marga-Rita, la convierte en alguien despreciable...<br /><br />... un hotel de carretera, esa que une Valencia con la Andalucía, más pronto o más tarde esas troncales que unen territorios-nación deberán ser Interestatales, la I-4 que va desde la Catalunya hasta la Andalucía, la I-2 que enlaza el Madrid con el Euskadi, terminología estadounidense para dibujar carreteras de alto contenido ecológico y que apenas afectan a las emisiones de ce-o-dos, eso dicen los neomemos del ce-o-dos...<br />Hay olor a limpio sintético, quizá lavanda o manzanilla.<br />Hay camiones de colores satinados en una explanada de asfalto.<br />Hay una gasolinera y hombres con chalecos reflectantes.<br />Hay un perro anoréxico.<br />Hay moscas y chicharras.<br />Hay cucarachas rojas del tamaño de las balas que se usan para disparar desde las azoteas de los edificios agujereados contra ese eufemismo que llaman PoblaciónCivil sin Zada.<br />Hay una tienda con productos típico-tópicos.<br />Hay pastillas de jabón con espuma invisible.<br />Hay un club a quinientos metros con luces de neón azul dibujando las cornisas de un tejado que no se ve pero que se intuye.<br />Hay hombres cenando solos en el restaurante, masticando lentos con los ojos clavados en una televisión plana y enorme con el sonido desactivado.<br />Hay un niño pidiendo un trozo de tarta de manzana y una madre que dice No.<br />Hay sábanas lavadas a noventa grados durante setenta minutos en una lavadora industrial. Las colchas no han tenido la misma suerte y aparentan tener más polvo del que realmente tienen.<br />Hay una biblia católica en el cajón de la mesilla de noche.<br />Hay una furgoneta aparcada con posesiones inocuas de alguien...<p></p> <p style="margin-bottom: 0cm;">... me acaricio el clítoris con un hielo en el parking de un hotel a pocos kilómetros del territorio que corresponde a eso que llaman Granada y que no es en absoluto esa Granada que entra en las conversaciones de los turistas o los navegantes. De alguna forma, esta zona, este trozo de terreno en el que estoy no es más que tierra de nadie o de todos. Alcanzó un orgasmo a ciento sesenta y dos kilómetros por hora, una forma poliédrica lila que estalla en un rugido sordo. Después me quito las bragas empapadas y conduzco hasta Málaga con las ventanillas bajadas y EtantDonnes...</p><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22999001-41314066748330978?l=ceciliab.blogspot.com'/></div>Cecilia B.noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-22999001.post-37014941303053325262007-07-19T10:25:00.000+02:002007-07-19T10:26:06.527+02:001049.., y es un hombre del D.F el que me lleva hasta su casa, un piso en un edificio con el portal de mármol grisáceo y lámparas cromadas colgadas de paredes blancas y una rampa estrecha para los que viajan en sillas de ruedas y un ascensor con un espejo, y me invita a ReposadoAñejo, hace tanto tiempo que no bebo Reposado, el primer trago es acero y limaduras de hierro que se convierten en un océano picante cuando bajan por la garganta, sin limón ni sal y hablamos de nada, del D.F, del calor, de esta ciudad opresiva que vive de espaldas al mar-laguna que es el Mediterráneo en julio, de algunas personas, de lugares comunes en ese distrito federal. Después es una ducha mientras él revisa su correo electrónico y me ve salir desnuda y cierra las cortinas de la habitación, los vecinos ya sabes, eso dice, le digo que no, que no sé y el primer beso es un hombre sentado en una silla recubierta de azul y una mujer de pie desnuda y sus manos que están quietas, detenidas en las barandillas de ese sillón y una banda sonora de ruido de máquinas chillonas y gritos de un niño menor de dos años y un tema musical, no tengo memoria desmemoriada para títulos de canciones ni para letras sólo para melodías. Y después, lentamente, el mexicano se quita la ropa, su lengua tímida rebusca en la entrada de mi boca y se queda ahí, esperando agazapada detrás de unos dientes mentolados. En otro momento, su lengua acaricia mi clítoris con una suavidad desconcertante, casi infantil. Se mueve al modo de las alas de una mariposa ciega y sorda, con el miedo a chocar contra cualquier cosa enorme y desconocida. Mis dedos hacen esa función de lazarillo que esta lengua ciega necesita. Su polla entra sin dificultad. No es ágil ni flexible, no es nada más que un apéndice. La piel que recubre su cuerpo carece de lunares, no hay ni uno sólo en lo que es la parte más visible de este hombre. Y pasan las horas entre el humo azulado de cigarrillos mexicanos y los relojes adelantados quince minutos y cafés aguados y tragos de ReposadoAñejo y saliva y algo de semen que gotea y se esparce en una sábana de doble cara, una verde manzana italiana y otra de flores pequeñas de esas que crecen en los márgenes de las carreteras y en las traviesas de las vías del ferrocarril de alta velocidad. Y algo de comida vegetariana, ese capricho de los ricos aburguesados que viven en este lado del mundo, esa ostentación y derroche que les permite escoger qué comer, qué no comer, qué beber, qué no beber, y otra botella de mezcal que podría ser de LosSuicidas pero que tiene otro nombre y antes de darnos cuenta son las ocho de la tarde y es tarde para hacer algunas cosas y pronto para hacer muchas otras. Y follamos otro rato, la piel de este hombre es seda en bruto y algo de canela y su risa brilla aunque no es más intensa que la luz anaranjada de una lámpara que está encendida desde hace trece horas en una mesilla de noche de madera natural. Otras personas comparten este piso, un hombre y una mujer, y escucho hablar de ellos palabras que no significan nada y que no aportan nada de esos dos excepto darles algo que parece una identidad, nombre y ciudad de nacimiento y signo del zodiaco. Y este mexicano es Sagitario y yo soy Zodiac y allí mismo lo mato, simbólicamente le ato las manos a la espalda y le apuñalo diecisiete veces, ¿por qué diecisiete?, no es tan importante el número pero esa pregunta de Antonioni me persigue desde que leí ese relato que después convirtió en un fragmento de una película irregular, y el hombre se desangra mientras me visto y recubro mi piel mal follada con telas sintéticas. Y me acompaña hasta una terraza ocupada por jubilados y parejas con niños menores de cinco años y hablamos de nada durante otro rato y después quiere que me quede con él y seguir malfollando conmigo y le digo que no, que no quiero seguir con él ni un minuto más, que ya está, que ya ha sido. Diecisiete horas de margen nadie puede decir que no he sido una mujer galante...<br /><br />... y es un descenso a los abismos de Celan...<br />... y otro a las escarpadas rocas de Blake...<br />... y otro más a Padorno...<br /><br />... otro instante fugaz: Lau trae poemas, uno es enorme, otros son diminutos. Y reímos y se lleva a Focault, todas las mujeres quieren leer a Focault cuando ven el libro que leo de Focault, así que se lo presto y empiezo otro. Y otro instante fugaz es un hombre que escribe un poema a Bolaño, ni a Lima ni a Belano, en un instante. Y es un buen poema arrítmico, las palabras se engranan como en un motor diésel y se mueven al modo de las corrientes artificiales de aire que acarician la superficie de los coches que entran en los túneles de viento...<br /><br />... y ahora, doble Tetis, bifurcada en dos ciudades separadas por setecientos kilómetros de asfaltos y pinturas y hierros y señales que pueden ser interpretadas de diversas formas, con doble librería, ahora me siento sin dobleces. En este pueblo-barrio de ElCarmen ya no existe más Polis, no cabe nada que no sea Tetis, pureza de Tetis pura...<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22999001-3701494130305332526?l=ceciliab.blogspot.com'/></div>Cecilia B.noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-22999001.post-39748618627393546712007-07-13T18:08:00.001+02:002007-07-13T18:08:35.144+02:001048Kilómetros de subida y bajada por una carretera plana y sin apenas curvas, paradas en gasolineras neutras atendidas por personas sentimentalmente heridas o arrancadas del cuajo de las ciudades ruidosas, bollería industrial, cajas de cartón con dulces típicos que sólo existen en estas plataformas petrolíferas enganchadas en un terreno aislante y pedregoso, ningún autoestopista vagando por el arcén, hoteles baratos que apestan a naftalina y a lejía con desodorante, lejía perfumada al modo de las prostitutas de los polígonos industriales que huelen a Chanel o a YSL, duchas cuadradas con restos de óxido y jabón en pastillas enanas. Parejas que discuten bajo un sol implacable en la frontera de Granada y vociferan entre dientes delante de cervezas sin espuma y máquinas tragaperras. Hombres que no miran nada más a sus tazas de café o a sus vasos de vino o de agua aceitosa. Y el asfalto negro y profundo, un mar de asfalto y el coche amarillo y Zorn inundándolo todo y el aire artificial del climatizador y Marlboro y poco más.<br /><br />Poetas que entran en el Arcoiris. Lo voy a escribir menor: hombres y mujeres que escriben algo en verso y que, por ello, se piensan poetas y no son nada más que balbuceos de bebé o ni siquiera eso. Al modo de amantes inexpertos o lánguidos, amantes de zarandeo sin ritmo, amantes escrupulosos y miedosos de su cuerpo y por lo tanto de mi cuerpo, amantes tiritones o lírico-bucólicos o pastueños al modo de las vacas adocenadas en las granjas factoría de los pueblos de viejos arrugados, amantes que no son amantes, amantes de los que no es posible recordar ni su nombre salvo que sean realmente malos como se recuerdan los títulos de las peores películas o de las peores novelas, Francisco hace centenares de millones de años luz... Y esos falsopoemas tibios... ¡si al menos no tuvieran atributos!<br /><br />Un grupo de hombres tatuados y con el pelo enrroscado y sucio, con camisetas que aparentan ser provocadoras, entran en el Lipp. Y entro con ellos, detrás de ellos, y todos los que están ahí se parecen en lo que es aparente a ese grupo de hombres tatuados. Y bebo cerveza mientras LaPolla salta sobre nosotros desde un altavoz azabache. Y me encuentro con Pilar, borracha y drogada y delgada y reímos y hablamos de menos que nada mientras ella improvisa un punteo de guitarra eléctrica invisible, parecido al del tipo que pone las cervezas y que ahora juega con dados y sin dinero con unos tipos que gritan en cada jugada. Después es el Johnny y ahora son virtuosos del saxo o de la trompeta pescuecera los que se lanzan desde alturas imposibles de determinar a simple vista sobre los que se apelotonan en las mesas suficientemente pequeñas. Y es Absolut de congelador y un escocés que trata de establecer una conversación basada en gruñidos o sinopsis de palabras que antes soy capaz de reconocer. Y después es nada ante la atenta mirada de una mujer pecosa, debe acompañar a este escocés, y ver cómo salen los dos, él bailando algo lento al modo de los borrachos que se tambalean cuando tratan de pasar por un sitio estrecho.<br /><br />Y risas sin sexo, y comidas sin sexo y viajes sin sexo con otroa, con otroas.<br /><br />Y llamadas telefónicas, hermanos y hermanas y otros miembros de la tribu y sol y esa quejan permanente que hacen algunos de un calor natural, quizá preferirían un bonito invernadero climatizado con humidificadores situados en las esquinas y generadores de brisas frescas a ocho o nueve nudos con dirección sur-sureste. Un calor negro que me abrasa las vísceras y que me empuja por las calles de ciudades cada vez más asépticas y limpia-pulcras, ciudades pulidas y esplendorosas, académicas de lenguas encerradas detrás de dientes blanqueados con detergente y flúor verde y uniformes y coches de policía con lucecitas de colores en el techo y bicicletas de verano.<br /><br />Y rebuscar en contenedores de obra, ver qué tiran todos esos neoburgueses que después enarbolan banderas de colores ecológicos y que conducen coches de más de cuarenta caballos, ¡qué bueno atravesar la ciudad tal y como lo hace esa mujer en esa película de Fuller, ella de blanco y cuarenta detrás, al galope, un harén de pistoleros con revólveres de toda clase y condición! Y hay de todo: hay puertas, hay sofás, hay lámparas de techo y de suelo, hay cemento seco con restos de semen, hay botellas de cerveza hechas añicos y ratas, muchas ratas hay en este barrio-pueblo de ElCarmen. Y mesas y sillas y colchones con manchas de sangre seca y pis de viejo. Y madera, mucha madera.<br /><br />...<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22999001-3974861862739354671?l=ceciliab.blogspot.com'/></div>Cecilia B.noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-22999001.post-70276999127429152992007-07-08T08:41:00.000+02:002007-07-08T08:44:37.496+02:001047... mi cuerpo encontrándose con el cuerpo de otros ahora que todo es una película de Rohmer llena de adolescentes y jóvenes y adultos vagando por las calles y las plazas, adornando las mesas de bambú de las terrazas con ropas de ocultar-mostrar. Mi piel se tensa, estimulada por la presencia de tanta piel próxima. Marina, con las axilas recubiertas de un vello oscuro y su coño perfectamente depilado con cera fría, me enseña postales dibujadas a mano en una casa enorme con una enorme jaula en la que un loro enorme duerme. Marina y su boca densa de marihuana y un tatuaje pequeño junto al ombligo y un coño que es madreselva y canela. Los techos tan altos y la música de fondo y una persiana atascada y el humo azulado convierten esa casa del centro en la Indochina. Después prepara una maleta, llega un portugués delgado y sonriente, me saluda con un beso cordial y desaparecen en una furgoneta azul oscuro. Dejan una copia de las llaves en la cocina. Esta casa está muy cerca de mi nueva librería que es un nuevo refugio o un nuevo burdel o una nueva sala de contactos...<br /><br />... y más al sur, todo se derrite y huele a sal. Y es el Arcoiris tomado por un grupo poético vulgar, es rara esta afición de los poetas por crear grupos de poetas y asociaciones de poetas y cosas de ese estilo. Y sus poemas redondean la cursilería y la vulgaridad al modo de gusanos devorando las vísceras de algún cadáver joven. Pero en este sur, en esta Málaga, todo es protocolo, así que Carlos me invita a un café un día de estos, no hoy por supuesto. Y es ese miedo absurdo al No lo que le detiene, lo que le comprime. Más tarde es un hombre que me ve en una terraza comiendo un sandwich inofensivo y se sienta en mi mesa y pide cerveza y otro sandwich inocente y cándido como una mañana en el desierto del Gobi y habla de nada. Y cuando terminamos, nos metemos en un hotel de tres estrellas y follamos hasta que el sol desaparece por detrás de las montaña-colinas que rodean la ciudad. Y sus manos me retuercen y su polla es sabrosa. Hay un instante en el que siento deseos de beber su sangre, de arrancarle la piel con mis uñas y mordisquear sus músculos, de chupar sus huesos. Me follo su culo con un vibrador de acero y bebo su semen mezclado con cava. Hago estallar arándanos de laboratorio en su pecho, estiro sus pezones con mis dientes, le sujeto la polla mientras mea y mete su lengua en mi boca, su boca que sabe a coño y a semen. Una ducha templada y preguntarle otra vez su marca y modelo que es su nombre...<br /><br />... y es Miki, que ahora es el vigilante de una terraza del centro llena de extranjeros como yo que no hablamos el valenciano, el que me invita a un chupito de tequila con sal y limón aunque desde luego prefiero tequila a la polaca, con canela y naranja. Y hablamos de nada en particular. La mirada de Miki es la de alguien adicto que lleva años apuntado a un grupo de Anónimos, esa mirada enturbiada por la heroína en papel de aluminio y la cocaína en vena, siete años sin probarla, eso dice, siete años en el Tibet de la abstinencia y la meditación con café y cigarrillos. Después, cuando termina de vigilar esa terraza que es una cañada de cuerpos bronceados, viajamos hasta su casa en una bicilíndrica y bebemos tequila de Sonora y hablamos de lugares comunes, de nada en particular, de todo eso que no es más que una barrera de palabras que no unen ni separan y que tienen el mismo efecto que las varitas de incienso artificial o los insecticidas líquido-eléctricos. Y se desnuda sobre una luz tibia, es fascinante descubrir canas en el vello que baja desde el ombligo hasta una polla gruesa pero no enorme. Es lánguido, de esos que cierran los ojos y que follan a medio gas aunque piensan que lo dan todo y que son dioses del sexo sólo porque ensayan dos o tres posturas o se mueven frenéticos, como si entraran en un trance. No es deslumbrante y mi orgasmo es minúsculo, casi un punto en un horizonte de sucesos que no puedo determinar...<br /><br />... y es una visita a la lápida que cubre la caja en la que están podridos los huesos de AusiasMarch, y unas risas en la catedral y risas al sol que son cubretodos, apagan hasta el deseo salvaje que me inunda al mirar a los ojos de Sebastian, verde de tormenta del Pacífico. Y son campos de naranjos y un retiro budista, un caserón abandonado en un pueblo abandonado. Me invita Rubén, soy la única mujer que está ahí, escuchando y mirando. Sólo espero que, después de toda esa poesía filosófica vulgar, todos estos hombres participen en una orgía de semen, sudor y lágrimas y me dejen mirar...<br /><br />...<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22999001-7027699912742915299?l=ceciliab.blogspot.com'/></div>Cecilia B.noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-22999001.post-27340944475452011342007-07-02T20:43:00.000+02:002007-07-02T20:47:44.225+02:001046... a caballo entre eso que es la Málaga y eso que es sólo un barrio de la Valencia, me detengo en gasolineras y duermo en hostales de camioneros con televisiones enanas apoyadas en atriles de acero azulado mientras, como un fondo de Oporto en un plato de ciervo con langostinos salvajes y atlánticos, el suave rugido del caucho de las ruedas sobre el asfalto inunda un sueño fantasmagórico de semen derramándose en copas de cristal bohemio. Subir y bajar, a veces es en avión, otras veces es en ese tren nocturno que llega hasta el borde iluso de una frontera, otras veces en el coche amarillo, siempre sola, siempre en silencio, Tetis desdoblada...<br /><br />... y es la polla de Jaime entrando y saliendo y fogonazos de fuegos artificiales de prueba y después es Paula y más tarde, cuando los dos han cerrado la librería, somos los tres y Carlos en la planta de arriba. Y afuera es la risa de chavales de dieciocho que deberían estar follando pero que no lo hacen, están ahí, en la calle, bebiendo hasta vomitar, fumando marihuana hasta que la memoria a corto plazo se desintegra y se convierte en una enorme recta que desemboca en un día idéntico al anterior, un perpetuo jueves-viernes de charla banal. Y Paula, sin depilar, y su lengua diminuta, y sus manos torpes y llena de un deseo que es salvaje, el deseo de quemar una gasolinera del centro de la ciudad o el deseo de follar con un mandril. Y en otro momento es una chica de veinte años que no se atreve a decirme nada así que lo digo yo, y ella sube conmigo hasta la habitación que es una casa alquilada en lo alto del hotel que se enfrenta al puerto. Y ella, Raquelita, debe beber y drogarse antes de entrar en el ascensor, debe beber para enfrentarse a su deseo, es normal, sólo tiene veinte años, ¡qué decir del memo de Luis de cuarenta anclado en los veinte!. Y su coño se espesa enseguida, y sus pezones enanos se retuercen solos y su lengua busca tímida, no sabe qué hacer conmigo, no sabe qué debe hacer para que mi orgasmo sea polifónico y polimórfico...<br /><br />... y son conversaciones sobre algo que llaman amorrrrrrrr en alguna terraza de la Malagueta, nadie hace preguntas de mis desapariciones, qué hago esos días que no estoy en ninguna parte, Gonzalo me imagina en brazos de algún amante interesante. Doble Tetis con doble móvil y doble domicilio que parece uno, tanto se parecen las habitaciones de los hoteles, más cuando son de la misma cadena. No hay sexo en las conversaciones de amorrrrrr, sólo algo que es Apego infantil o rutina o esas dosis de cariño que se puede entregar a los perros o a algunos otros animales domésticos, vacío disfrazado de sentimentalismo barato, folletinesco, hueco. Historias que aseguran ser románticas y no son más que estrategias de poder y algo de comedia romántica hollywoodiense, nada de sexo, nada de fluidos, nada de saliva de viene y va...<br /><br />...<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22999001-2734094447545201134?l=ceciliab.blogspot.com'/></div>Cecilia B.noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-22999001.post-67442814113560431232007-06-27T09:30:00.000+02:002007-06-27T09:35:00.341+02:001045... después es bajar otra vez hasta la Malagueta, emborracharme con Raquel en el falso balneario, comer algo en una terraza, bañarnos en el agua helada, masturbarme al sol y a la sombra...<br /><br />... más tarde es cruzar el ancho estrecho, perderme en el Tánger buscando la casa de Francine, comprar unos pendientes y un collar a juego y abandonar los que llevo puestos en una plaza que es una plantación de canela y pimienta y ramas de incienso que son de hachís. Y es beberme ese coño de Francine y el semen de un hombre que ahora está en esa casa, un hombre delgado y apuesto que mira con los ojos desafiantes que se encuentran en las estatuas momificadas de los leopardos o las panteras que asustan a los niños desde los rincones de las casas de cazadores ocasionales. Y la polla de ese hombre que entra y sale del culo perfecto de Francine y mi boca entrando, chupando, pidiendo más al modo de una oenegé o una asociación de familiares de muertos o de heridos por atentados, más y más calor y sudor y tripas...<br /><br />... más tarde es el Arcoiris de la Gravedad abarrotado, amigos y amigas de una poeta, escuchando embelesados esos cantos floridos, de verso suave y de fácil digestión, pura inmundicia poética, Y después de cada poema, aplausos o un chocar una palma contra la otra creando algo que aparenta ser metralla o hierro descomponiéndose. Y ahí, buscando con la mirada, la mirada de otro, de alguien, una mirada como la mía, la mirada del deseo que sólo se da en tiempos de guerra, tiempos de francotiradores apostados en las ventanas de los terceros o cuartos pisos de edificios abandonados, del ruido de bombas aplastándose contra campos de patatas en las afueras de las ciudades abandonadas a su suerte por los habitantes de la ComunidadInternacional. Mi cuerpo es campo de batalla ahora...<br /><br />... y otra vez el barrio del Carmen y una nube de calor húmedo que se estanca en los callejones estrechos y un budista occidentalizado vestido al modo de los creyentes en más allás y más acás y en ruedas de las vida inmutable-mutables. Y risas y conversación intrascendente y banal, una conversación de matar el tiempo esperando que alguien me desee, que pase alguien a quien desee. En la terraza de un café bebemos absenta entre mesas ocupadas por cuerpos bronceados o rojizos y mapas baratos con marcas triangulares señalando los edificios y las plazas y los monumentos que deben visitarse, que deben fotografiarse como seña de identidad de algo que aparenta ser un viaje. Y una chica de veintidós y un hombre de cincuentayuno y un chico de veintisiete y un hombre con nombre de mujer y voz de boletín informativo y una invitación para entrar en un sitio enorme en el que sólo los hombres que visten cuero y que piden a gritos que alguien les cague en la boca entran. Y más tarde, bajo un sol de carbono, un portal húmedo y una polla débil y delgada que derrama un semen incoloro e insípido adosada a un cuerpo que se corresponde con humano y que es nada...<br /><br />...<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22999001-6744281411356043123?l=ceciliab.blogspot.com'/></div>Cecilia B.noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-22999001.post-24779210185250750152007-06-21T11:29:00.001+02:002007-06-21T11:30:37.728+02:001044...y es el barrio del Carmen y parejas de hombres y mujeres disfrazados vagando por las calles estrechas y bien pavimentadas y turistas jóvenes con la piel de cangrejo de río y mapas desplegables encima de las mesas y una mujer que lee a Focault en un restaurante de ensaladas elegantes y mesas de madera vieja y carcomida por la humedad y ciclistas urbanos y un olor pegajoso y espeso como de mar estancado y de piedra podrida y de algas redondeadas con raíces de marihuana...<br /><br />...y es AnaMendieta en una galería de paredes repugnantes, blancas y yermas como fantasmas de humo papal, y una mujer que escribe un ensayo sobre eso que resplandece de Mendieta y otra vez es Focault que aparece al modo que sólo suele hacerlo Homero, asomándose en las esquinas, detrás del abrazo de dos mujeres tatuadas que mezclan su saliva con restos de cerveza en un callejón que desemboca en el río marcado por fronteras invisibles separando las casas de los vagabundos y los yonquis de las de los africanos y de los homosexuales. Y es una fiesta entre edificios grises que aparentan ser modernos y otra en un callejón con chorizo y paella y mujeres cantando y fuegos artificiales de juguete y diminutas bombas de relojería. Y es Rubén que se aparece desde el fondo de una calle Baja que desemboca en otra que es Alta y es hablar de poetas muertos y de pseudo poetas y de poetas imaginarios y de noches de sexo estadístico, con cuántos hombres podré follar en treinta minutos o en sesenta o en novecientos si bajo hasta ese territorio del río que es ahora parque de pinos e isletas de césped cuidado como la barba de los Ositos que no sostienen la mirada de las mujeres, sólo la contemplan como se miran las montañas demasiado elevadas o los castillos derruidos que coronan colinas enanas junto a las carreteras asfaltadas en dos direcciones. Y es un poderoso olor a sexo el que se pega a las paredes y que perfuma los cuerpos y los disfraces, el perfume del deseo brutal de aspirar saliva y de morder carne hasta hacerla sangrar...<br /><br />... y son los amantes de Rubén, dos hombres apuesto-opuestos que se configuran como ying y yang aunque no estoy segura de cuál es negro con corazón blanco. Y cigarrillos que se construyen como tuberías en las manos delgadas de Rubén y relatos de amantes difusos. Y su casa, enorme, en los límites del oeste de la ciudad modernizada a base de acero y cristal y asfalto pintado con pinturas sintéticas de larga duración. Y es esa descarnada generosidad de Rubén la que convierte esta zona de la ciudad en un paraíso infernal...<br /><br />...y una tarde es el destello cegador de Lau, un foco de cacería de canguros o de localizador de supervivientes en los naufragios. Antes acompaña a un trabajador de las letras que escribe poemas infantiles para adolescentes de tres años. Y después es el talento. Ese talento de Lau. Esa energía magnética capaz de convertir una montaña de mierda en algo que podría ser ArteBruto...<br /><br />... un nuevo local en este barrio, una nueva librería, un nuevo empezar. Debería escribir de este cambio insustancial pero no ahora. No hoy...<br /><br />... los poemas de Lau son puñetazos de bebé o ese descubrir que tu hijo es superdotado o sordo o mudo o autista. Navajas curvas del Nepal se abren entre excrementos de palabras y extraen sangre de un arenal pedregoso decorado con florecillas amarillas y rastrojos verdosos. Balbuceos de genio. Pataletas de tiburón blanco. Ese reptar curvo de las crías de una anaconda. Un corte en un brazo que no es nada más que una constatación, una firma. Poemas que, a saltos, son telones que esconden un escenario barroco o una catedral gótica o un río desbordado o un páramo en el que sólo habitan presos convertidos en piedras o montañas forradas de pan de oro o palacios hindúes. Fogonazos que revelan algo que está ahí escondido y que separa definitivamente a Lau del resto, que acaba de un plumazo con todos esos igualitaristas mediocres que aborrecen la diferencia, esos pequeños fascistas de la vulgaridad...<br /><br />...<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22999001-2477921018525075015?l=ceciliab.blogspot.com'/></div>Cecilia B.noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-22999001.post-27009625206765031452007-06-07T21:09:00.001+02:002007-06-08T10:50:59.626+02:001043... Fer, antes de salir hacia la Australia, pasa por esta ciudad. Después le acompaño hasta el aeropuerto y nos despedimos con un beso de amante. Más tarde, es un encuentro con Francine y un chico que parece un atleta. Nos reimos mucho, el chico es simpático, Francine es espléndida. Quedamos en encontrarnos en su casa el próximo fin de semana. Planes que no son más que teorías, planes que no son deseos ni eso que llaman Sueños... Un tipo se va a la Argelia cumpliendo un sueño. En su sueño, eso dice, quiere ver la Argelia. Sólo de turista, no para quedarse a vivir allí. Dice que ir a la Argelia es cumplir un sueño. Usa un código desconocido para hablar este turista, prácticamente ininteligible. Un código-cliché en el que los deseos más banales se convierten en sueños y adquieren un aire de trascendencia, como esos memos que sueñan con la paz en el mundo aunque no se imaginan qué es eso...<br /><br />... saludo a un hombre que me gusta y que está comprando un periódico. Es un hombre visualmente atractivo a pesar de que va cubierto con ropa, un disfraz complejo que oculta. El hombre dice Hola y luego me pregunta si nos conocemos. No, sólo es que me resulta atractivo, eso es lo que le digo y él sonríe, dice Gracias y se va... A la gente le da miedo la gente con el enorme trafico que inunda las ciudades y el sol y las marabuntas de turistas consumiendo baratijas y visitas a edificios fríos y húmedos construídos hace siete siglos...<br /><br />... el miembro de una asociación o grupo de poetas se acerca al Arcoiris, me pregunta cuánto tiempo lleva abierta, cómo es que él y su grupo no se han enterado de esto que es el Arcoiris. Me río, porque el tipo se siente ofendido o molesto o irritado por no saber... Después me pregunta si quiero ser miembro de la asociación, si pueden usar el Arcoiris para presentar poemas o hacer tertulias. No quiero ser miembro de la asociación, antes de presentar un poema me tiene que gustar a mí, no me interesan sus tertulias ni dónde las hagan. Mi código le resulta desconocido a él, así que contesta que no hace falta que me ponga de esa manera. No voy a discutir de qué manera me pongo o me dejo de poner, sencillamente pienso que no ha entendido nada de lo que le he dicho. Es difícil para mí ponerme de alguna manera indeterminada a modo de disfraz o de pamela...<br /><br />... el ginecólogo dice que es bastante normal esa forma de sangrar, que no debo preocuparme. No estoy preocupada, sólo quiero saber pero pienso que no hago la pregunta adecuada...<br /><br />... un hombre me invita a tomar café en un piso de un bloque de construcción reciente. Es su casa. Está escriturada a su nombre. Tiene garaje en el que protege a su coche de la intemperie y de los vándalos y alanos. Hay un ascensor que comunica el garaje con el piso en el que hay seis puertas más, todas idénticas. El hombre, JuanCarlos, debe dar tres vueltas a la llave para abrir la puerta que está blindada, eso dice, una puerta blindada. El salón es un rectángulo cubierto con una tarima de madera natural. Hay un sofá de dos piezas, una televisión plana desproporcionadamente grande, un mueble de madera natural con diversos estantes a modo de celdas. Cada una de las celdas está rellena con objetos inanimados de dudoso valor. Una cortinas neutras cubren dos ventanales con puerta corredera que dan paso a una terraza asimétrica. Hay un par de reproducciones de cuadros enmarcados, colgando en dos de las cuatro paredes del salón. La cocina tiene losas de camuflaje para la nieve aunque son las manchas las que las usan para esconderse y permanecer hasta convertirse en una pasta sólida. Los muebles de madera natural son demasiado altos, así que las baldas de la parte superior están vacías. Hay un horno microondas. En la nevera unas cervezas y otros refrescos se protegen del calor y del sol. Hay bolsas con ketchup y mostaza, las que normalmente acompañan a pedidos por teléfono de hamburguesas. La placa vitrocerámica está esperpénticamente limpia. El cubo que se usa para tirar la basura tiene una bolsa de plástico de color gris oscuro, casi marengo. Hay restos de comida, colillas, envoltorios de galletas y de caramelos británicos. Mientras todo esto sucede, hablamos de nada. JuanCarlos prepara café en una italiana que aún conserva casi todo el cromado. El café es un café vulgar, un café insulso. De la nevera saca leche semidesnatada o un sucedáneo de eso que es la leche. Hay azucarillos en un bote de cristal basto. De otro cajón, el primero de una serie de cuatro de madera natural, saca dos cucharillas pequeñas con el mango de plástico de esas que se compran a granel o que se regalan en hipermercados cuando la compra es superior a un número suficientemente bajo de euros. De vez en cuando intercalamos unas risas. Lleva tres años viviendo solo, eso dice. La lavadora, una estándar con pocos programas de lavado y con un selector de media-carga, está impecable. No hay ropa tendida en la terraza-lavadero cubierta con losa de barro o que imita el barro. El cuarto de baño es pequeño con el techo pintado de blanco sintético mate. Hay un espejo sin marco, un lavabo de diseño convencional, grifería monomando. La bañera es lo suficientemente pequeña como para dar esa sensación de disponer de una aunque no se usa como tal. Los botes de gel y champú se hacinan junto al grifo. La pera de la ducha está apoyada en un colgante metálico anclado a la pared. Una bañera que resulta ser ducha y que ahora no es más que opulencia, derroche, ostentación vulgar. Le pregunto dónde tiro el Tampax empapado en sangre. Dice que en el wáter, así que lo envuelvo en papel higiénico y lo tiro en el cubo de la basura porque no hay ningún cubo para tirarlo en el cuarto de baño y el wáter no es un vertedero de más que mierda y pis. Una de las habitaciones de la casa es un estudio, así lo llama él: una mesa con un ordenador encendido, unas estanterías con algunos libros en ediciones de bolsillo, alguna revista. Dice que no tiene revistas para adultos. Hay algunas cajas con de-uve-dés rotulados a mano de películas que no son cine en la misma medida que un manual de autoayuda no es literatura aunque ambos sean ficciones. No comparte su ancho de banda con nadie, no vaya a ser que alguien empiece a descargarse películas de la Red o música y le deje sin ancho de banda a él. No es por el miedo a un saboteador de redes que no comparte, es sólo por el miedo a que le quiten lo que es suyo, lo que ya tiene, lo que está pagando aunque no use. El café está tibio, mete mi taza en el microondas y lo recalienta. Tiene una voz dulce, aunque la mayoría de las cosas que dice son clichés irracionales. Mezcla hambrunas con armas, si no hubiera armas se acabaría el hambre en el mundo, eso dice. Dice alguna otra cosa más, pero ésta es especialmente estúpida. ¿Es el Zyclon-B un arma? No sabe que contestar. ¿Y las piedras, y las lanzas y los cuchillos de sílex, y la arena lanzada a los ojos de un contrincante, lo es mi pierna cuando golpea tus testículos y los revienta con un clok o un chaff sordo? Mis vísceras no se mueven en la proximidad de este hombre. Permanecen voluntariamente inmóviles, sin emitir señales ni síntomas. JuanCarlos no sabe muy bien qué hacer. Le pregunto si les gusta follar con la menstruación, si me chupará igual el coño sangrante y salvaje que tengo ahora. Se desvía de la respuesta y finge que se preocupa por mi posible malestar, por mi propia incomodidad así que se lo vuelvo a preguntar. No sé, dice... salgo de la casa impersonal y me encuentro con Marta disfrazada de estudiante de cuarto curso de filosofía con alguna asignatura pendiente de tercero o de algún curso anterior. Va demasiado abrigada para el calor que hace...<br /><br />... oh, los poemas de El Poe, desconocidos e ignotos, El Poe abandonando el Partido Comunista que se aburguesa lentamente y va perdiendo toda su esencia. Oh, los poemas de El Poe, pura psicogeografía... Una edición de lujo, como esa de Cravan de la que sólo queda el ejemplar que tiene Rufino en su casa, casa de su propiedad y escriturada a su nombre en un edificio construido hace diez años con materiales nuevos: madera natural, mármol, piedra arrancada a montañas a golpe de excavadora, arcilla...<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22999001-2700962520676503145?l=ceciliab.blogspot.com'/></div>Cecilia B.noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-22999001.post-68059367138139398622007-06-06T23:49:00.000+02:002007-06-06T23:50:35.971+02:001042... el francés prepara una dieta especial para esos hombres de BelleDeJour. Cambia casi todo lo que hay en la nevera y lo sustituye por proteínas y unas cápsulas bebibles, algo de la China o del Taiwan, algo relacionado con un animal sagrado. Además prepara unas tablas de ejercicios que parecen yoga o una de esas técnicas de relajación-tensión. Los hombres de BelleDeJour están satisfechos, las clientes de BelleDeJour no aparentan notar cambios. En el exterior, todo sigue siendo sol, asfalto sucio y el palacio saudí abandonado, como un enorme yate flotando en las aguas heladas del Behring. Por una cadena del seis invertida sabemos que un funcionario de un ministerio vendrá la semana que viene a revisar contratos y cosas así. Es ese funcionario el que no permite que los hombres de BelleDeJour puedan estar encuadrados en la categoría laboral Prostituto, así que no queda más remedio que mentir, falsear la realidad y convertirla en otra ficción. Ficción dentro de la ficción, después el funcionario sonreirá, beberá un vaso de agua y se marchará con los deberes hechos...<br /><br />... sangro más que otros meses, una sangre oscura sin apenas coágulos...<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22999001-6805936713813939862?l=ceciliab.blogspot.com'/></div>Cecilia B.noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-22999001.post-11402119861776705372007-06-03T15:01:00.000+02:002007-06-03T15:02:35.010+02:001041... todos esos Pessoas aburguesados que se aferran a la mediocridad como una forma vital aunque desean ser reconocidos a toda costa, son los que más sufren las rupturas amorosas que no son más que indiferencia, no hay ningún deseo de hacer daño sin más es sólo la indiferencia más profunda y para estos Pessoas sin talento que critican a los reconocidos y a los reconocibles, que huyen de la ostentación aunque tienen coches de colores baratos y casas de más treinta metros pagadas con hipotecas a cuarenta años y trabajos que les obligan a llevar uniforme y hacer cosas intolerables e insensatas, no hay nada peor que sufrir la indiferencia crítica, la indiferencia concienzuda, no esa indiferencia con la que dicen No a los músicos desafinantes que destrozan polonesas o valses, no esa indiferencia con la que miran a los que esperan en las paradas de los autobuses mientras viajan en sus coches climatizados con multilector de ce-dés hacia un edificio gis y metálico. No, la indiferencia concienzuda de quién no quiere saber nada más de ellos, ni siquiera saber si viven o están ya muertos y enterrados o incinerados...<br /><br />... Pessoas que se creen con poderes extraordinarios que les permiten decir que, si escondo las manos detrás de mi espalda, lo que ven es que tengo los brazos detrás, no pueden verlos así que todo es imaginación, reconstrucción, prejuicio, falsificación de una realidad inexistente e imperceptible a través de los sentidos, imposible ver mis brazos detrás de la espalda, imposible determinar qué escondo entre las manos que tengo detrás porque no se ven, así que siguen con su percepción insensata de la realidad basada en un prejuicio y dan una lista de cosas muertas, objetos suficientemente pequeños para tenerlos en mis manos escondidas detrás de la espalda, prejuzgan qué tipo de objeto puedo tener entre esas manos que no ven, basándose en algo que no es real y que es la apariencia, el aspecto, otra reconstrucción de la imaginación, otro prejuicio. Nunca sabrán que tengo una cabeza de gato arrancada con mis manos y que tengo los dedos recubiertos de una sangre que es pegamento. A sus ojos, por mi disfraz de Gucci o de Zara y mi estatura y mi aspecto y lo que hago en la librería, me juzgan inocente, me prejuzgan como incapacitada para arrancar la cabeza de un gato. Su realidad es ficción, pura elucubración, pura poesía de cantautor. Y después, les enseño esa cabeza sanguinolenta y salen espasmos y gritos de horror y la realidad se sobrepone sobre su ficción y reconstruye otra, ahora estoy loca de manicomio, de loquero, loca psicótica, loca de enfermedad mental y ven una realidad que tampoco existe, que tampoco es cierta, que es tan falsa como la anterior. Sigo siendo inocente, nada dice que yo haya arrancado esa cabeza de gato aunque lo haya hecho y sin embargo, a los ojos de estos espectromemos de tercera fila rellenos de prejuicios acríticos, prejuicios no basados en el pensamiento sino en el cliché, es posible que yo haya arrancado esa cabeza porque soy excéntrica o rara o díscola o rebelde o errática o lo-que-sea, y esa altura y ese vivir en hoteles y disfrutar de los aeropuertos y de las estaciones de tren es sólo una punta de iceberg que esconde algo mucho más terrible, más oscuro, algo que se hace explícito con esa cabeza de gato arancada entre mis manos supurando sangre pegajosa...<br /><br />... pero Pessoa tiene un talento para escribir y describir esa turbia mediocridad de los memos juzgantes, de los espectros... ese estar escondido y a la vez presente, necesariamente presente, ese reconstruir un pasado a través de objetos, ese vivir por objetos, ese reconocerse como válidos y útiles sólo porque hacen un rabajo y mantienen algo que pueden parecer relaciones afectuosas con un compañero de oficina...<br /><br />... pessoas espectrales que creen en el determinismo ciego aunque lo niegan, con las bocas y las caras los niegan, pero comprenden que un tipo que ahora es un asesino en serie lo sea porque sufrió maltratos de pequeñito y su madre era una borracha prostituta y sus hermanos unos ladronzuelos de tres al cuarto, determinismo que impide que puedas decidir cómo ser o qué hacer, llevas los genes de tu padre que es un asesino así que es normal, dicen eso, Normal, que seas un asesino aunque ellos no creen en el determinismo, lo niegan con la misma intensidad con la que un caimán devora ratas y niños de menos de tres años en las alcantarillas de México D.F...<br /><br />... y los memo-pessoas preguntan ahora por el cuerpo del gato, qué ha sucedido con él, dónde está, ahora eso pasa a ser lo importante, lo verdadero, lo real, qué he hecho con el cuerpo del gato, todo lo que es acesorio y banal cobra una importancia inusitada para estos memos, qué importa dónde está el cuerpo del gato si es evidente que está muerto desde hace poco, aún sale sangre que moja mis manos, el gato muerto ha dejado de ser importante, no es importante ver la cabeza, ni siquiera saber cómo se la he arrancado ni por qué, en la realidad imaginaria de estos memos ya habrán construido cientos de razones ficticias, prejuiciosas, falsas. Y preguntan por el cuerpo del gato. Se lo he dado a los perros y a las cucarachas que inundan el submundo de esta ciudad y ponen caras de horror, como si hubieran deseado tenerlo para cosérselo a la cabeza y taxidermizarlo. Lo inequívoco no es real para estos memos que confunden la realidad y la verdad con sus propios prejuicios, con su propios clichés...<br /><br />... en estos tiempos sombríos y crueles sólo pasan a la posteridad, alcanzan un sentido en su existencia, los artistas y los asesinos... <br /><br />... el segundo anterior al BigBang es Muerte. Así que lo que estalla un segundo después es esa Muerte. Es un bonito sistema defensivo decir que esto es Vida cuando la Vida no es posible en un origen de Muerte. Si el segundo anterior al BigBang es sólo Muerte, entonces la Muerte es necesariamente el principio y el fin de todo y no cabe vida más allá de ninguna muerte porque el origen es la propia muerte. Así que, si el origen anterior al BigBang es todo una muerte que, después, se expande por un universo infinito de objetos muertos, se hace evidente que la muerte es el estado natural de la existencia y el sentido último de cualquier ser vivo es morir y servir de alimento a la tierra. Deberían dejar de enterrar a los cadáveres en cajas de madera o de latón, deberían dejarse en bosques, en campos abiertos, lanzarse al mar desnudos. Deberían amontonarse en la periferia de las ciudades y que aves carroñeras a punto de extinguirse pudieran alimentarse de esos cadáveres que ya no son más que recuerdo y agujeros negros...<br /><br />... es sorprendente que mucha gente sepa quién es DeJuanaChaos pero casi nadie sepa el nombre de una de sus víctimas... no, no es sorprendente. Sólo alcanzan la inmortalidad los asesinos y los artistas, la inmortalidad de Verdi o de Picasso, la inmortalidad de DeJuanaChaos... a ese fascismo de la vulgaridad nos llevan los espectro memos que se anclan en la mediocridad y en la mendacidad, en la mentecatez de creerse buenos o malos, de creerse con capacidad para juzgar críticamente... tan despreciables que sólo provocan mi indiferencia más consciente... ¡oh, pobre gato! dicen estos farsantes...<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22999001-1140211986177670537?l=ceciliab.blogspot.com'/></div>Cecilia B.noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-22999001.post-18983734875669463912007-06-03T00:18:00.000+02:002007-06-03T00:37:39.388+02:001040... y Meli que entra por la puerta del Arcoiris y llena todo el espacio de una luz que es innatural o anatural o artificiosamente natural, ¿qué más da?. Ese tipo de luz que devuelve uno de esos escaladores de rascacielos con ventosas en las manos y en los pies de gato y gafas de sol reflectantes y trajes fluorescentes y que después, arriba, antes de que los vigilantes de objetos lo saquen de ahí, se saca la polla a través de un orificio practicado con bisturí en ese mono chillón y gritón, un mono verde y naranja y fucsia encerrado detrás de gruesos barrotes de acero y gritando como si fuera un mono de laboratorio, y mea sobra una masa espontánea de mirones que desde abajo, desde la profundidad negra del asfalto, señala y gesticula y mueve los labios. Esa luz es la luz de Meli en el Arcoiris. Besos, abrazos, caricias, lleva un tanga, no lleva sujetador, siento sus pezones, siente los míos, ¿qué más?... ah, sí, voy disfrazada de librera, esta vez el vestido es de Gucci, negro y azul y zapatos de punta-tacón de piel y medias y Meli me pregunta si voy o vengo de una fiesta, no, es el traje de librera, más risas danzantes...<br /><br />... una cena opiácea en un comedor pequeño decorado con maderas naturales y pintado con ceras naturales y colores neutros, albaricoque de primavera, melocotón de invierno, cereza abortada, gris de vesícula de perro. Estamos cinco alrededor de una mesa circular, los camareros van de negro con largos delantales negros y camisas negras, el color de moda de los restaurantes que presumen de elegancia y de estilo y de calidad sin saber muy bien qué es nada de todo eso más allá de clichés y estereotipos. La cena transcurre con una normalidad funcionarial, burocrática. Palabras que atraviesan el aire para no decir nada o para decir palabras gastadas y mensajes aún más gastados, acríticos, asépticos, asexuados, atmosféricos... Después, con Emilio, recorremos un falso paseo marítimo en la parte más moderna de la ciudad. Ese artista que pinta paredes se llama Marta y tiene un móvil y un buzón que almacena voces...<br /><br />... un hombre llorando en un saliente de arena, un escalón de tierra, en una cala cerca del CaboDeGata. Es una playa nudisto-naturista, así que se puede ir sin calzoncillos ni bragas ni sujetador y, por lo tanto, se puede ir con todo eso puesto. El hombre que llora es un HareKrishna: la cabeza rasurada, la cara depilada, un bañador naranja hasta las rodillas, unas chanclas naranjas y negras. La mujer por la que llora o a través de la que llora o que es la causante de ese llanto es un abejorro de cintura estrecha, piel canela quemada y un conjunto de sujetador y bragas de color amarillo. En mi bolso llevo toallitas de papel, le acerco una al hombre que llora que la coge y dice algo que parece ser Gracias en un idioma desconocido para mí, quizá el idioma que usan los HareKrishnas en la intimidad de sus salones iluminados con velas sintéticas y aromatizados con inciensos artificiales. Después se acerca al abejorro que se da un baño de sol así vestida. Después vuelve a su saliente de arena y se acaricia la cabeza afeitada. Las lágrimas no tienen ningún efecto visible en el abejorro. Más tarde, ella se pone algo más de ropa, él sólo una camiseta anaranjada con un número dieciocho serigrafiado en la espalda y se van dejando un rastro de huellas asimétricas. Un hombre gordo está tirado en la zona de arena que el mar sólo acaricia. Tiene la polla incrustada en el lodo...<br /><br />... en una pizzería argentina me reencuentro con Marianne y su delgadez y su piel bronceada y sus mapas a escala 1:1000 de la zona en la que estamos. Comemos juntas, ella llega cuando ya me han puesto la ensalada, no importa esperar, charlamos de nada, ella saluda a algunas parejas que aparentan ser de otros países más al norte, los saluda efusiva, sonriente, la mano agitando el aire como un ventilador. Ellos arquean levemente las cejas, ellas no miran, ninguno devuelve su saludo aplastante. Marienne me enseña la última ruta que ha hecho, una caminata por el desierto que es esta zona del Cabo. Es muy cariñosa Marianne. Quizá sea eso lo que la aleje de todos los hombres que van acompañados de mujeres, de todas esas mujeres que ven en ella a una especie de rival o enemiga o quién sabe qué. Marianne es tan inofensiva como yo. En la mesa que está detrás de Marianne hay una pareja. Ella es extremadamente guapa, él es anodino y vulgar, como un edificio búlgaro o un erial recubierto de rastrojos sin nombre. Me acerco a la mesa y le digo a la mujer que me encantaría que se uniera a nosotras, que es muy bella y que la belleza es algo tan raro, tan exótico. El tipo se pone nervioso, pregunta quién soy, cosas así. Le doy mi número de teléfono a ella, LlámameCcuandoTeAburrasDeEsteHombre, eso es todo lo que le digo, y el tipo se pone furioso, como si estuviera violando una propiedad privada, como si fuera una allanadora de moradas o de rosas. Es realmente divertido...<br /><br />... ¿será ella este número desconocido que aparece en la pantalla del móvil?<br /><br />... Marianne huele a tierra y sal. No sé como consigue tener el pelo sedoso en medio de esta salina en el centro de un yunque de arena golpeado por un sol feroz. Hablamos de nada más con un tiramisú bastante soso. La pareja, la bella y el anodino, han dejado de hablar. A nuestro lado otra pareja de treinta charla de asuntos de trabajo agarrados de la mano, o más exactamente, la mano de ella apoyada sobre la mano de él. Me pregunto cómo se pasa de esa conversación de nada a Deseo. Después dejamos la mochila azul de Marianne en el maletero del coche y paseamos por la avenida que bordea la playa. Hay vendedores de bisutería disfrazados de vendedores de bisutería de playa. Meo junto a una palmera. Después mea Marianne...<br /><br />... el distribuidor me pregunta por qué devuelvo todo lo que no es poesía, por qué la quito del Arcoiris. Se acabó la narrativa, el ensayo, la filosofía. Se acabó todo eso que no es poesía escrita después de mil novecientos. Y no toda. Esa bucólica y pastoril, fuera. Esa que es decorativa, fuera. Eso que parecen más canciones de un cantautor barato que un poema, fuera. Todo eso que no es poesía aunque rime y parezca que tiene ritmo, fuera...<br /><br />... después me encontraré con un hombre que asegura ser sumiso y tener la polla grande y gorda, espero que no demasiado grande ni demasiado gorda...<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22999001-1898373487566946391?l=ceciliab.blogspot.com'/></div>Cecilia B.noreply@blogger.com