<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><entry xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss'><id>tag:blogger.com,1999:blog-22298805.post-7985947333224143981</id><published>2008-08-31T15:58:00.006+01:00</published><updated>2008-08-31T17:10:29.647+01:00</updated><title type='text'>En una tarde de domingo.</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;N&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;o recordaba su nombre, ni la razón por la que estaba sangrando y cojeando por el centro de una acera abarrotada de viandantes. Pero sí sabía una cosa, que cuando uno se pierde o se desorienta lo mejor es acudir a la comisaria más cercana. Al menos eso siempre le había dicho su madre.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Lástima que al llegar su rostro estuviese presidiendo el panel de los criminales más buscados.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;.........................................&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;melia supo de la muerte de su padre cuando el olor de su cuerpo putrefacto comenzó a invadir todo el portal. Fueron los vecinos los que avisaron a los bomberos lo cuales, a su vez, la llamaron por teléfono a Washington D.C. para darle la terrible noticia. Amelia ya se lo esperaba.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Tras la muerte de su madre él había optado por encerrarse en casa y no salir ni a comprar agua. Por eso jamás volvieron a verle, y si sabían que aun vivía era porque cada día, cuando llegaba el anochecer, se encendía la luz de la sala de estar. Solía admitir que el día que su madre partió quedó completamente huérfana.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Si volvió a aquel lugar fue sólo para recoger las pocas pertenencias de aquel que alguna vez le diera el nombre, y comprobó, además de que seguía siendo un señor limpio, que lo único que poseía era un escritorio marchito, una silla coja y cientos, miles, millones de hojas manuscritas que inundaban toda la habitación.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La miseria de lo que fuera su vida la hizo llorar por primera vez.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Confiesa, en su libro de memorias, que comenzó a leerlos por pura casualidad, simplemente porque vio su nombre escrito y quiso averiguar que decía de ella su padre. Fue entonces cuando se encontró con una realidad paralela. Ésa que su progenitor había estado viviendo durante los últimos veinte años. Una existencia de tinta en la que su madre aun continuaba viva y había aprendido a hacer tortitas de miel, en la que su hermano Zoltán terminaba la carrera de historia y publicaba varios libros, en la que ella se quedaba en Soria, se hacía maestra y todos los  domingos por la mañana les acercaba el periódico y el pan&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Año tras año, día tras día su padre se había dedicado a escribir compulsivamente, construyendo un mundo a su antojo para refugiarse de aquel que todo le había arrebatado.  Con la pluma había decidido luchar contra la muerte, y con la pluma la había vencido.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Amalia entonces sonrió tranquila, supo que su padre no estaba muerto, sino que simplemente continuaba dormido enfrente del televisor mientras su madre, vestida con un viejo delantal floreado, silbaba en la cocina una vieja melodía que eternamente zumbaría en el aire.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22298805-7985947333224143981?l=eccehomoblog.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eccehomoblog.blogspot.com/feeds/7985947333224143981/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=22298805&amp;postID=7985947333224143981&amp;isPopup=true' title='25 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22298805/posts/default/7985947333224143981'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22298805/posts/default/7985947333224143981'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eccehomoblog.blogspot.com/2008/08/en-una-tarde-de-domingo.html' title='En una tarde de domingo.'/><author><name>Bito</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='11194645455939458917'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>25</thr:total></entry>