tag:blogger.com,1999:blog-19789663.post-1149087483054229812006-05-31T22:00:00.000+09:002006-06-02T09:31:34.043+09:00Fuanitosan y los comemierditos<p align="justify"><img style="BORDER-RIGHT: black 1px solid; BORDER-TOP: black 1px solid; FLOAT: left; MARGIN: 5px 10px 0px 0px; BORDER-LEFT: black 1px solid; CURSOR: hand; BORDER-BOTTOM: black 1px solid" height="182" src="http://static.flickr.com/47/157221997_36f4036059_o.jpg" width="131" border="0" />Todo comenzó hace más o menos media vida. Sobre por qué empecé a estudiar japonés podría decir muchas cosas. Que fue porque me dijeron que era lo mejor para el desarrollo de inteligencia artificial, en el que estaba interesado. O que fue porque en aquella época el japonés parecía que iba a tener mucho futuro en el tema económico (nada más lejos de la realidad). Pero la verdadera razón por la que empecé a estudiar japonés fue porque sí, porque me dio por ahí. Esta decisión cambió mi vida para siempre. <a href="http://photos1.blogger.com/blogger/1518/1966/1600/enca1.gif"><img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/1518/1966/400/enca1.gif" border="0" /></a><br /><br />Así entré a la Escuela de Idiomas de Málaga (España), cuyo departamento de japonés es un portento, porque aprende más el que está fuera que el que está dentro. En su descargo, se podría decir que en sus comienzos era un magnífico club social, y un auténtico cachondeo. A pesar de que no aprendíamos una mierda, nos lo pasábamos de puta madre. Había multitud de actividades sociales, se hacían fiestas, era un buen caldo de cultivo para hacer amigos. Algunos cuentan que ahora el ambiente se ha degradado notablemente, pero mejor será no tocar ese tema, de momento. Cierto es que, en un principio, no era yo muy aficionado a estas fiestas, tal vez por prejuzgarlas aburridas, y puede ser que me perdiera la mayoría. Recuerdo entonces que fue por navidad, cuando un amigo me llevó casi a empujones a una de ellas. Vinieron a la fiesta veinte japoneses, una china (la profesora), ocho españoles y un italiano, bilingüe por cierto. Fue posiblemente la fiesta más divertida a la que había asistido hasta entonces. Para mi sorpresa, los japoneses fueron extraordinariamente sociables, bromeaban y nos hacían todo tipo de preguntas, rompiendo el hielo en el acto. Se acercó entonces uno y me preguntó cómo me llamaba, Juan Enrique, le contesté yo.<br /><br /><img style="BORDER-RIGHT: black 1px solid; BORDER-TOP: black 1px solid; FLOAT: right; MARGIN: 5px 0px 0px 10px; BORDER-LEFT: black 1px solid; CURSOR: hand; BORDER-BOTTOM: black 1px solid" height="149" alt="2" src="http://static.flickr.com/55/157221998_828fb82cbf_o.jpg" width="200" border="0" /> </p><p align="justify">Para quien no lo sepa, en el japonés los sonidos del castellano “l” y “rr” (erre) no existen, los dos pronuncian como una “r” (ere) suave. Es decir, para un japonés, las palabras pelo, perro y pero, se pronuncian igual (“pero”). Especialmente tienen dificultades con la “erre”, a la que le tienen espanto. Tampoco existe el<a href="http://photos1.blogger.com/blogger/1518/1966/1600/enca2.gif"><img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 0px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/1518/1966/400/enca2.gif" border="0" /></a> sonido “ju”, que siempre se pronuncia como “fu”, por más que se empeñe uno en lo contrario. Y es que el japonés es un idioma bastante pobre fonéticamente.<br /><br />Intentó entonces el pobre chaval repetir mi nombre con muy poco éxito. A cada nuevo intento parecía que le estaban dando las arcadas de la muerte. Un poco más allá, una japonesilla le preguntó su nombre al compañero que me invitó a la fiesta. Éste, que estaba al tanto de todo el muy villano, respondió con sonrisa de oreja a oreja: "me llamo Ramón Rodríguez" (en realidad se llamaba Francisco), la japonesa puso una cara mezcla entre terror y pujos. He de confesar que empecé a sentirme gozosamente malvado, pero me remordió un poco la conciencia. Pensé entonces en mi soez ignorancia, que al haber en Japón nombres como Akihito o Naruhito, debería intentar una aproximación facilitadora. "Mira, mejor llámame Juanito" le dije al chaval. Al pronto, como bajo el efecto de una panacea supositoria, se le ilumino la cara y dijo: "ah, Fuanito-san". Desde entonces los japoneses empezaron a llamarme por mi diminutivo, como si de mi nombre de pila se tratase (no hace mucho me enteré que pensaban que era mi apellido, puesto que los japoneses no suelen llamarse por su nombre de pila).<br /><br /><img style="BORDER-RIGHT: black 1px solid; BORDER-TOP: black 1px solid; FLOAT: left; MARGIN: 5px 10px 0px 0px; BORDER-LEFT: black 1px solid; CURSOR: hand; BORDER-BOTTOM: black 1px solid" height="148" src="http://static.flickr.com/74/157221995_e4435aa132_o.jpg" width="200" border="1" />A partir de ese momento me fueron invitando a todas la fiestas niponas que se hacían, que si Fuanito-san por aquí, que si Fuanito-san por allí, casi sin darme cuenta, me encontré metido de lleno, y hasta el cuello, en el mundillo japonés. Pasó el tiempo, se sucedieron los acontecimientos y cuando quise acordar,<a href="http://photos1.blogger.com/blogger/1518/1966/1600/enca3.gif"><img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 0px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/1518/1966/400/enca3.gif" border="0" /></a> estaba en un avión rumbo a Japón con un billete sólo de ida y un visado de matrimonio. Me pescaron como a un vulgar atún del mediterráneo.<br /><br />Me han preguntado muchas veces, cómo puede alguien que ha pasado toda su vida en los montes de Málaga, y que apenas ha viajado, adaptarse a la vida en Tokyo, posiblemente una de las ciudades más estresantes del mundo. No dejándose llevar por el miedo, echándole narices y actuando primero, suelo responder yo, puesto que las cosas casi nunca son los que parecen, y si algo nos parece excesivo o desequilibrado, es porque todavía no hemos sido capaces de ver el elemento que lo compensa y lo equilibra. Al decir esto, se me viene a la mente la famosa y profunda obra épica “Rafahell y los comemierditos”, que merece la pena recordar.<br /><br />Eran los comemierditos sospechosas criaturas, probablemente fascistas, de blandura poco grata, que se desplazaban con un tocinesco tembleque, o como dirían los japoneses, haciendo “puru-puru”. Puru-puru, viene a ser como la “representación sonora” del movimiento de un flan cuando se lo menea, o de las domingas de una maciza señora al trote. Rico idioma el japonés en onomatopeyas.<br /><br /><img style="BORDER-RIGHT: black 1px solid; BORDER-TOP: black 1px solid; FLOAT: right; MARGIN: 5px 0px 0px 10px; BORDER-LEFT: black 1px solid; CURSOR: hand; BORDER-BOTTOM: black 1px solid" height="223" alt="2" src="http://static.flickr.com/73/157223950_6e957870b9_o.gif" width="167" border="1" />Rafahell, posiblemente era una persona que pasaba por allí, y que de pronto se vio siendo objetivo del vomitivo ataque de los comemierditos. Llegado el clímax de la obra y sin más preámbulos, como en un “aquí te pillo, aquí te mato” de película porno barata, los comemierditos, con cara socarrona pero pusilánime, avanzaron en pos de Rafahell con intenciones que sería mejor no recordar comiendo un bocadillo de mortadela. Rafahell, que en un principio se mostró un tanto acojonadete ante el despliegue, se percató enseguida de la treta <a href="http://photos1.blogger.com/blogger/1518/1966/1600/enca4.0.gif"><img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/1518/1966/1600/enca4.0.gif" border="0" /></a>e inflamado de justa ira, se abalanzó sobre los comemierditos, a los que despacho a base de muy satánicas patadas.<br /><br />Quiero pensar que esto los reconvirtió, en algo menos indecente, y tal vez más útil. Se conoce que al final, los comemierditos no eran entidades intrínsecamente malignas, sino que simplemente hacían lo único que sabían hacer: dar por saco y comer mierda hasta reventar. Se me antoja que muchos de los problemas que nos fastidian en la vida, son en un principio como los comemierditos, inquietantes y molestos si no se les hace frente, pero irrisorios una vez que se los despacha (con satánicas patadas).<br /><br /><span style="font-size:78%;"><span style="color:#cc0000;">NOTA</span>: El Doraemon destripao, es una ilustración original de un buen amigo y dibujante, que prefiere aparecer con su sobrenombre artístico ドン・ぐり</span></p>Fuanito-sannoreply@blogger.com