<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss'><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099</id><updated>2009-12-21T12:18:50.251Z</updated><title type='text'>La fiesta sorpresa</title><subtitle type='html'>"La irregularidad, es decir, lo inesperado, la sorpresa o el estupor son elementos esenciales y característicos de la belleza". Charles Baudelaire</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default?start-index=26&amp;max-results=25'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>55</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-170962726102526446</id><published>2009-07-29T19:37:00.005+01:00</published><updated>2009-07-29T19:47:34.184+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='injusticia'/><title type='text'>Infierno blanqueado</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SnCYD1qhS_I/AAAAAAAABHs/_mm4mpnp11U/s1600-h/Hospital.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 230px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SnCYD1qhS_I/AAAAAAAABHs/_mm4mpnp11U/s400/Hospital.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5363954347910712306" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.flickr.com/photos/informalismo_abstracto/2088703184/"&gt;yosoyjulito&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Para Eva, por esos infiernos que hemos compartido y aplacado a base de terapias de grupo.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Igual después de este cuento necesitamos una las dos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Julia se desabrochó el cinturón de seguridad justo cuando llegamos al parking y la puerta empezaba a abrirse. Fue uno de esos instantes en los que no sólo te fijas en ese detalle, sino que te sorprendes a ti mismo cayendo en la cuenta de que lo estás observando de forma especial, como si no fueras a olvidarlo nunca. Quizás porque ella nunca lo hacía hasta que el coche estaba aparcado en la plaza, retrasando por unos segundos su salida del vehículo, de forma que yo a menudo tenía que esperar fuera a que ella cerrara la puerta antes de pulsar el cierre centralizado. Era una de esas pequeñas incomodidades de la vida en común que se te pasa por la cabeza cada vez que ocurre, pero que nunca verbalizas, por lo insignificante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Observé, por tanto, cómo ella recogía indiferente el cinturón antes de entrar al parking, algo que nunca hacía. O quizás debería decir algo que nunca la vi hacer, con la sorpresa que conlleva descubrir pequeños gestos insólitos en el comportamiento de la persona con la que convives. De pronto te parece que hay algo que no conoces de ella y que, por tanto, puede haber muchas más cosas que te son ajenas, una reflexión que, en ocasiones, yo dilataba durante mucho más tiempo del razonable, cuando, por ejemplo, me sorprendía en un restaurante pidiendo carne en vez de pescado o me hablaba de alguna compañera de colegio de quién yo no había oído hablar nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No fue así aquel día. En el momento en que me sorprendí mirando cómo se desabrochaba el cinturón recordé que ella me había dicho que la cena no le había sentado bien y pensé que la cinta la habría estado oprimiendo todo el camino, la media hora que tardamos en volver a casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Estás bien? –me había preguntado Julia al subirnos al coche, refiriéndose a si me encontraba en condiciones de conducir.&lt;br /&gt;- Estoy perfecto.&lt;br /&gt;- Si quieres puedo conducir yo, no he bebido nada – se ofreció ella.&lt;br /&gt;- No hace falta, estoy bien.&lt;br /&gt;- De acuerdo –respondió ella, sacando el móvil del bolso para ver si tenía alguna llamada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguien le habría enviado un sms, vi cómo contestaba. No le pregunté quién era. Supuse que si me interesaba por el tema, ella me explicaría alguna historia del trabajo o de una amiga y yo no tenía ganas de entablar conversación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuimos en silencio todo el camino y recuerdo que a la altura de La Atalaya me sentí un poco obligado a hacer algún comentario. No fue así exactamente. Lo que ocurrió en realidad es que sentí que el silencio como una pequeña amenaza. Julia no quería ir a la cena con mis compañeros de trabajo. “Me aburro, no sé de qué habláis y ellas se pasan la noche hablando de sus hijos”, me había dicho. Ellas eran las mujeres de Juan y Eugenio, mis amigos, y al coincidir con frecuencia en la salida del colegio había hecho que entablaran amistad. Julia se sentía, por tanto, ajena al grupo. Yo le insistí para que viniera: “Lo pasaremos bien, el sitio te gustará”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante la cena estuvo encantadora, participó en la conversación, comentó con ellas las gracias de sus sobrinos e incluso aconsejó a Juan, quién había tenido un problema con un cliente. Incluso pensé que se lo estaba pasando bien; pero después, al despedirnos, me dijo que tenía ganas de volver a casa. No me extrañó, no era la primera vez que se comportaba como si estuviera disfrutando del momento y me comentaba después, a solas, que se había aburrido o que hacía rato que tenía ganas de irse. Yo, en cambio, no sé disimular que algo me interesa cuando no es así; pero esa era una de esas cosas que yo conocía bien de ella, aunque en más de una ocasión habíamos discutido porque Julia consideraba que yo tendría que ser más suspicaz y darme cuenta de cómo se sentía ella, o al menos consultarle antes de alargar la velada suponiendo que estaba tan a gusto como yo. La última vez el enfado nos había durado varios días, hasta que llegamos a un acuerdo: yo no insistiría en quedarnos si ella decía que quería marcharse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Justo después de los postres ella dijo que estaba cansada; pero después continuó hablando con las chicas, así que yo accedí a tomarme el chupito que nos ofreció el camarero y la cena se alargó un rato más. Por eso, el silencio de vuelta a casa me pareció una amenaza, como si en cualquier momento ella fuera a recriminarme no haber respetado nuestro acuerdo . Así que me sentí un poco en deuda con ella y, aunque no me apetecía hablar, cuando ya estábamos llegando le pregunté qué le había parecido el restaurante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Está bien, pero algo me ha sentado mal -respondió Julia con tranquilidad, confirmándome que no había disfrutado de la cena y también que no tenía intención de discutir conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quedé tranquilo y seguí conduciendo en silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la puerta del parking terminó de abrirse, el cinturón de Julia ya estaba completamente recogido. Desde fuera no se ve el espacio interior, sino un túnel bifurcado. Por el camino de la izquierda se accede al segundo piso, el de la derecha va a parar al primero, donde tenemos nuestra plaza. Pisé el acelerador y el coche avanzó con lentitud. Julia empezó a bostezar justo cuando oí el estruendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me pregunto cómo no escuché nada antes de ese momento. Los coches habían recorrido unos cien metros a toda velocidad antes de encontrarse con nosotros. En cambio, no oímos nada hasta tenerlos encima, justo cuando Julia había empezado a bostezar.&lt;br /&gt;Dos pares de luces se abalanzaron sobre nuestro coche, uno por cada entrada al túnel. Yo pensé: “mierda, estoy cansado, quiero llegar  a casa”. ¿Cuánto tiempo tuve para pensar aquello? ¿Cuánto dura el inicio de un bostezo? En ese tiempo indefinido se puede concebir un hijo, se puede apagar la respiración de un viejo, alguien puede contagiarse de Malaria, una chispa puede prender fuego a una cortina. Se puede dejar un bostezo a la mitad y no volver a despertar en tres meses y cuatro días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero yo no pensé nada de todo eso. Sólo me imaginé, en ese insignificante espacio de tiempo, bajando del coche, gritándole a los chavales que aprovechaban las altas horas de la noche para hacer carreras en el parking a ver quién salía antes por el túnel de entrada, sacar los papeles del seguro y estarme un buen rato cabreado con ellos, antes de llegar a casa y, encima, llevarme la bronca de Julia por no haberle hecho caso y volver a una hora más decente. Eso fue lo que pensé en ese maldito instante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se me ocurrió pensar, en cambio, que Julia acababa de desabrocharse el cinturón y que se estamparía contra el cristal. No pensé que el malnacido que venía por la izquierda, al ver que mi coche se deslizaba fuera de control hacia la derecha, daría marcha atrás y cogería impulso para intentar colarse por el hueco que quedaba entre éste y la pared de la izquierda, con tan mal cálculo que volvería a chocar contra la parte lateral del Ford Fiesta de Julia que yo conducía, empotrándolo contra la pared de la derecha. Por supuesto que no pensé que el cuello de Julia se quebraría como lo hizo cuando nos sorprendió el segundo impacto en pleno recorrido de inercia del primero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensé en el papeleo y en la venganza: a esos gamberros se les iba a caer el pelo. No se me ocurrió que aquel instante se convertiría en más de tres meses de dolor, de papeleos, idas y venidas al juzgado, explicar cientos de veces lo que pasó, asegurar que yo no estaba bebido, recordar cada momento, cada palabra no dicha, revisar el sms que Julia respondió un rato antes, “No hace falta, está todo preparado, pero gracias” al mensaje que le había llegado antes, “¿Quieres que te ayude con lo del cumple de C.?”. Ha sido su último gesto insólito, siempre me había dicho que odiaba las fiestas sorpresas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni por asomo en aquel momento me acordaba de que, al cabo de tres semanas, sería mi cumpleaños. Y por supuesto no pasaron por mi mente los abogados, médicos, denuncias, las visitas de la madre de Julia, de mis amigos, de las mujeres de mis amigos, “pensar que estuvimos con vosotros sólo un rato antes y lo encantadora que estuvo Julia”, sentencias de coma, de parálisis total, de incertidumbre indefinida.&lt;br /&gt;Que Dios me perdone si no pensé en todo eso. Yo sólo quería llegar a casa, darle las gracias a Julia por haberme acompañado y dormir abrazado a ella sintiendo su respiración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso salí como un poseso del coche, ningún perito se explica cómo logré abrir la puerta, y grité a los chavales, ilesos pero asustados, qué coño estaban haciendo, sin pararme a mirar a mi derecha ni ver la cabeza de Julia ensangrentada y desplomada sobre su pecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En todo este tiempo en el hospital me he mantenido sereno. He atendido a los médicos, enfermeras, familiares, he estado cada noche que me han dejado junto a Julia, “por supuesto que me quedo, no es necesario que duermas aquí, Marisa, vete a casa a descansar” le he dicho a mi suegra un número incontable de veces, no he llorado, he estado en mi sitio porque es lo que sé hacer. Yo no sé desmoronarme y preguntar por qué yo, por qué a mí, por qué a Julia. Ni sé arrodillarme frente al médico y rogarle que por Dios la salve, que no sabría vivir sin ella, como he visto a hacer, sobrecogido, a algún vecino de pasillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No he esperado el milagro. Tampoco la muerte. He hecho lo que sé hacer: quedarme horas contemplando las paredes blancas de este hospital, mirar las luces blancas, las puertas blancas, las sábanas blancas, la piel blanca de Julia, asimilando que este infierno blanqueado es el que me ha tocado vivir a mí, como a otros les toca la miseria o la guerra o la tortura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora vivo aquí, esto es lo que he ganado. Quizás de forma inconsciente, sin valorar lo que tenía, sin darle importancia al hecho de tener una mujer a la que no le gusta ir a cenar con mis colegas de trabajo, porque sus mujeres hablan toda la noche de los niños, quizás ella quería tener hijos, y nosotros somos incapaces de integrarla en la conversación o hablar de otra cosa que no sea trabajo. Sin saber que en un instante puedes verte condenado al infierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, nadie me ha oído quejarme por eso, ni gritar qué habré hecho yo. Mi abogado no ha escuchado de mi boca palabras de venganza hacia los inconscientes que jugaban a hacer carreras en el parking, podría haber sido yo con su edad. Mis padres no me han visto desesperado ni Julia me ha oído, si es que puede oír, decirle que cuando salga de esta todo va a ir bien y que estaré a su lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es necesario, ya estoy a su lado, es donde vivo toda la eternidad que dura este infierno, sin esperar más de lo que tengo, ni desear algo que podría no llegar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Julia le explico lo que vivo cada día, como hacía antes de que ella se desabrochara el cinturón de seguridad y yo me descubría observando ese detalle: que me he aprendido los horarios de los médicos y enfermeras, que despierto a la hora en que el fisioterapeuta viene a moverla para que su cuerpo no se llague, que mis comidas coinciden con el cambio de turno de celadores, que hago mis necesidades justo después de la llamada de mi madre, que a la hora en que viene la limpiadora hablo con mi jefe, quién insiste en que me vendría bien ir a trabajar, pero que no me preocupe, que no hay prisa, que sólo lo dice por mí porque piensa que podría despejarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi corazón late al ritmo con que gotea el suero que alimenta a Julia. Esta es mi vida. La que gané en un instante como otros se ganan vivir sin piernas por haber pisado una mina. Es lo que me ha tocado, lo asumo, no me verán llorar por eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero que nadie me pida, nunca más, que renuncie a esta vida. Que nadie vuelva a venir a decirme, vestido con una bata blanca, que no hay nada que hacer y que otras personas podrían vivir con los órganos de Julia. Que nadie se atreva a entrar en mi vida, en mi sereno infierno blanqueado, y decirme que tengo la oportunidad de romper esta eternidad y, en un acto de supuesta generosidad, hacerlo de forma que todo esto haya merecido la pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie me oirá quejarme por esta vida, es la que me tocó en el instante en que se inicia un bostezo, estoy conforme, que no vengan suplicándome compasión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(204, 0, 0);font-size:85%;" &gt;Nota: Pedí a mis amigos dos palabras, un sustantivo y un adjetivo. Para cada uno escribiría un cuento con su sustantivo y el adjetivo de la persona de la lista inmediatamente anterior. Eva me dió "infierno" y le tocó "blanqueado" de Pablo. Este es el cuento que ha salido, otras veces saldrán más alegres.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-170962726102526446?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/170962726102526446/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=170962726102526446' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/170962726102526446'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/170962726102526446'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2009/07/infierno-blanqueado.html' title='Infierno blanqueado'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='09577046099504199173'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SnCYD1qhS_I/AAAAAAAABHs/_mm4mpnp11U/s72-c/Hospital.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-3004074102051877870</id><published>2009-06-21T11:22:00.036+01:00</published><updated>2009-07-02T09:02:56.128+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='juego'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='microrrelato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='poesía'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amor'/><title type='text'>Historia de amor con final triste en 6 planos</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;Frigopoesía libre para Noelia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Plano 1: Seducción&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4ZetRZ1GI/AAAAAAAABHI/WFvyiwb-rJU/s1600-h/Primera.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 256px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4ZetRZ1GI/AAAAAAAABHI/WFvyiwb-rJU/s400/Primera.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349741422702089314" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4ZYtzQSeI/AAAAAAAABHA/wNMDzIP9wKI/s1600-h/Segunda.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 287px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4ZYtzQSeI/AAAAAAAABHA/wNMDzIP9wKI/s400/Segunda.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349741319764855266" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Plano 2: Vínculo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4ZUdIfodI/AAAAAAAABG4/nUO5Mily1Wk/s1600-h/Tercera.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; 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display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4ZJ4s6gAI/AAAAAAAABGo/4gOGZUYFZX0/s400/Quinta.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349741064993013762" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4ZFLg_0II/AAAAAAAABGg/SeTahNo0qIw/s1600-h/Sexta.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 292px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4ZFLg_0II/AAAAAAAABGg/SeTahNo0qIw/s400/Sexta.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349740984143958146" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Plano 4: Tedio&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4Y9vwu_4I/AAAAAAAABGY/57qEPEWMrlE/s1600-h/Septima.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 294px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4Y9vwu_4I/AAAAAAAABGY/57qEPEWMrlE/s400/Septima.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349740856434687874" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4Y2e6ImkI/AAAAAAAABGQ/YJfS5axivdA/s1600-h/Octava.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 288px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4Y2e6ImkI/AAAAAAAABGQ/YJfS5axivdA/s400/Octava.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349740731651627586" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Plano 5: Confusión&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4YxNgfJ5I/AAAAAAAABGI/002kjVaZDfs/s1600-h/Novena.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 265px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4YxNgfJ5I/AAAAAAAABGI/002kjVaZDfs/s400/Novena.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349740641081304978" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4YsLPz-CI/AAAAAAAABGA/qPPgA853Td4/s1600-h/Decima.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 334px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4YsLPz-CI/AAAAAAAABGA/qPPgA853Td4/s400/Decima.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349740554575149090" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Plano 6: Pérdida&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4Ynd7x3RI/AAAAAAAABF4/KuswMQ_72D0/s1600-h/Decimoprimera.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 299px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4Ynd7x3RI/AAAAAAAABF4/KuswMQ_72D0/s400/Decimoprimera.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349740473692052754" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4Yizko4nI/AAAAAAAABFw/jmU2PutU-B8/s1600-h/Decimosegunda.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 329px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4Yizko4nI/AAAAAAAABFw/jmU2PutU-B8/s400/Decimosegunda.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349740393601229426" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(204, 0, 0); font-family: georgia;font-size:85%;" &gt;Nota: Mis amigos me regalaron un libro, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Todo sobre mi Gloria&lt;/span&gt;, donde cada uno de ellos escribió una historia para mí. Les prometí dedicarles un cuento a cada uno. Este es el primero de ellos. Para Noelia, porque ella entenderá lo de los imanes y sabrá perdonar estas fotos (o a lo mejor se anima ella a mejorarlas). Y por seguir apareciendo por sorpresa en mi bandeja de entrada y hacerme reír.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-3004074102051877870?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/3004074102051877870/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=3004074102051877870' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/3004074102051877870'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/3004074102051877870'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2009/06/historia-de-amor-con-final-triste-en-6.html' title='Historia de amor con final triste en 6 planos'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='09577046099504199173'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4ZetRZ1GI/AAAAAAAABHI/WFvyiwb-rJU/s72-c/Primera.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-8628389726576167798</id><published>2009-06-08T19:53:00.003+01:00</published><updated>2009-07-02T09:02:56.129+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='injusticia'/><title type='text'>Al otro lado del canal de la Mona</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SjalEKSB2PI/AAAAAAAABDY/hJP_uLIQR1Q/s1600-h/canalmona.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 213px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SjalEKSB2PI/AAAAAAAABDY/hJP_uLIQR1Q/s320/canalmona.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5347643098447075570" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family: georgia;font-size:78%;" &gt;© &lt;a href="http://www.flickr.com/photos/eiriknewth/1293933471/"&gt;Eirik Newth&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;A &lt;/span&gt;&lt;a style="font-style: italic;" href="http://www2.centrotampa.com/ap-espanol/2008/dec/05/dominicana-rescatan-nufragos-que-sobrevivieron-21/?paises-dominicana-noticias"&gt;todos ellos&lt;/a&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Tenía los pies fríos y húmedos. Habían vivido la tarde como una enfermedad terminal, lenta y despiadada, en la que la esperanza de ver algún punto en el horizonte se había ido disipando a medida que el sol descendía y amenazaba con dejarlos desolados ante otra noche más, la número doce desde que salieran de La Romana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres días atrás, Leonel había mirado sus pies descalzos, arrugados por la humedad y abrasados por el sol. Durante largo rato observó las uñas largas y reblandecidas. La del dedo medio todavía conservaba un resto de suciedad encallecida tocando la piel en la parte interna del centro de la uña. Se preguntó si encontraría en la yola algún objeto con que sacarse aquella mugre. Matías y Reynaldo yacían en silencio en proa, a menos de dos metros de él. Matías ocultaba los brazos dentro de la camiseta, las mangas cortas colgaban como pellejos secos del cuerpo apoyado en el borde del bote. Por debajo de la prenda le asomaba una mano con la que sujetaba en alto uno de los remos, procurándose una minúscula sombra para resguardar su cara cubierta de ampollas provocadas por el sol. Tenía las piernas estiradas una sobre la otra e iba alternando su posición a ratitos, protegiéndolas de la radiación solar bajo la línea de sombra que dibujaba el lateral de la pequeña embarcación de madera. Leonel revisó con cuidado el atuendo de Matías, en busca de alguna punta con la que pudiera sacar la roña de su dedo, que le oprimía ahora como un pequeño tumor en expansión. Llevaba puesta una camiseta y un pantalón corto sin botones ni cremalleras: no le servían. Reynaldo estaba tumbado boca abajo, con la cabeza ladeada y la cara oculta bajo la sombra que proyectaba el costado de Matías. Sus brazos descansaban a los lados de su cuerpo, sus manos en tensión estiraban los bordes de las mangas de su jersey para evitar ser tocadas por los rayos del sol. Leonel examinó el pantalón largo que cubría las piernas extendidas de Reynaldo hasta comprobar que también estaba desprovisto de remates con que limpiar su uña sucia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Revisó sin éxito la yola en busca de esquinas, pinchos o puntas. Trató de recordar qué había pasado con el pequeño motor que ya no estaba en su lugar, quizás lo hubieran tirado cuando se volvió inservible, no se acordaba. Debió inspeccionar la ropa de Pedro y Nelson antes de arrojarlos por la borda, quizás ellos llevaran alguna medalla o cremallera. Pero en aquel momento no lo pensó. No pensó en nada. Simplemente empujó los cuerpos con todas sus fuerzas hasta que cayeron como plomo en medio del mar, mientras él se moría de fiebre y de sed, sin reparar en la mugre que, ahora estaba seguro, ya llevaba incrustada en su uña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres días habían pasado desde que se descubrió esa suciedad y no había podido dejar de pensar en ella. A ratos se quedaba dormido sin fuerzas y, al despertar, volvía a sentirla apretada contra su uña blanda y ya no le era posible librarse del problema que lo torturaba. Cuando se quedaba traspuesto por el cansancio, el hambre y la sed, lo asaltaban pesadillas en las que la mugre se incrustaba en su piel y crecía hacia adentro, formando un cáncer que se le extendía por el dedo, cubriéndole el pie, avanzando por la pierna hasta llenar por completo su cuerpo de suciedad encallecida. Entonces despertaba sobresaltado, volvía a mirar la uña y, por un instante, descansaba al comprobar que la inmundicia seguía sin expandirse, justo donde se unía la piel con la uña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche anterior, antes de volverse loco, había preguntado a Matías y Reynaldo cómo podía limpiarse la porquería del dedo. No vio cómo lo miraban, pero al cabo de unos segundos sin respuesta advirtió la compasión con que se atiende a los viejos o a los locos, cuando Reynaldo le susurró como si le hablara a un niño: “Meta el pie en el agua, viejo, y se deshará”. Leonel no insistió, pero esperó con rencor la respuesta de Matías, rumiando en silencio un desprecio creciente hacia sus compañeros, ignorantes de que la única posibilidad para salir de allí era sacar la maldita inmundicia de su uña. Una vez liberado de aquella tortura, podría dedicarse a pensar en la forma de sobrevivir. Matías nunca contestó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leonel seguía mirando sus pies, tres días después de descubrirse la suciedad en la uña, cuando el sol se ocultó tras unas nubes densas dibujadas en el horizonte, dando paso a la duodécima noche desde que vieran tierra por última vez. Notó cómo lo rendía el sueño mientras escuchaba delirar a Matías, que parecía haber dejado de luchar por mantenerse en equilibrio y se golpeaba la cabeza contra el borde de la barca al ritmo con el que las olas la agitaban. Empezó a sentir como si su cuerpo fuera perdiendo peso, haciéndose cada vez más liviano, a punto de echar a volar de un momento a otro como una cometa, bamboleado por el viento y sujeto únicamente por un lastre adherido al dedo central de su pie que lo mantenía aferrado al suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo despertó el estruendo de una sirena. Lenonel no podía moverse ni abrir los párpados, como si estuvieran embadurnados de una cola viscosa a través de la cual se traslucía una luz insoportable que lo deslumbraba. Sintió unos brazos levantándolo por debajo de los suyos y el olor intenso a pescado y sudor añejos del cuerpo del que procedían. Otro par de brazos lo sujetó por los tobillos elevándolo con dificultad, tambaleándose por el vaivén de la frágil superficie de la yola. Leonel quería hablar pero no encontró la voz. Trataba de entender pero una bola de mugre en el dedo de su pie le impedía pensar con claridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Están muertos? – oyó que alguien preguntaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensó que quizás sí, que quizás había muerto y estaba padeciendo en el infierno una tortura que le oprimiría eternamente una uña de su pie. Una pesadilla infinita por haberse ido de Villa Riva sin despedirse de la vieja, después de haberle robado los ciento sesenta dólares que guardaba para la boda de Ilda, completando así los mil que le había cobrado el patrón por embarcarlo en la yola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puede que aquel fuese el sufrimiento continuo que se había ganado por quedarse inmóvil cuando el patrón se tiró al mar con el único chaleco salvavidas que llevaban en la embarcación, en una de las embestidas de las olas que avanzaron como tanques poco después de perder de vista la isla, cuando se desató la tormenta. El padecimiento perpetuo que merecía por agarrarse al borde de la balsa temblando de miedo mientras escuchaba a Nelson gritar “De aquí no salimos, viejo”. Por mirar con extrañeza el cuerpo sin vida de Pedro, con sus quince años y aquel extravagante pelo rubio con que salió teñido de su último bochinche, y después tirarlo al mar pensando que el chico ni siquiera había caído en la cuenta de que nunca contaría aquella aventura a sus amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, quizás estaba muerto y jamás se libraría del peso que aprisionaba el dedo de su pie, como jamás se salvaría del castigo por haber querido ser más de lo que era en un paraíso donde soñaba con hacerse rico al otro lado del canal de la Mona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de perder el conocimiento oyó la voz de ultratumba de Reynaldo, que en un esfuerzo sobrehumano susurró: “Se murió Matías, viejo, se murió Matías”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-8628389726576167798?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/8628389726576167798/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=8628389726576167798' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/8628389726576167798'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/8628389726576167798'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2009/06/al-otro-lado-del-canal-de-la-mona.html' title='Al otro lado del canal de la Mona'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='09577046099504199173'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SjalEKSB2PI/AAAAAAAABDY/hJP_uLIQR1Q/s72-c/canalmona.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-4769191144489171132</id><published>2009-06-06T19:17:00.004+01:00</published><updated>2009-07-02T09:04:50.533+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='microrrelato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amor'/><title type='text'>Cortometraje en 6 palabras</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Siq0GOv2bRI/AAAAAAAABDQ/dDmAYoD5Qv0/s1600-h/adolescente.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 216px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Siq0GOv2bRI/AAAAAAAABDQ/dDmAYoD5Qv0/s320/adolescente.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5344281926959525138" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;© &lt;a href="http://www.morguefile.com/archive/display/192076"&gt;taliesin&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Su primer &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;amor&lt;/span&gt; fue una profesora de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Literatura&lt;/span&gt;. Platónico, claro: A sus trece años sólo había conocido el &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;sexo&lt;/span&gt; a través del &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;cine&lt;/span&gt;. Y en aquel &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;viaje &lt;/span&gt;de fin de estudios, cuando la vio salir de su habitación abrazada al de Física, sufrió por primera vez en su &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;vida &lt;/span&gt;el desaliento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Nota: Este microrrelato responde al reto que me lanzó &lt;/span&gt;&lt;a style="font-style: italic;" href="http://chusdbs.blogspot.com/2009/05/cortometraje.html"&gt;Chus&lt;/a&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; en su blog. Gracias, Chus, por el impulso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-4769191144489171132?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/4769191144489171132/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=4769191144489171132' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/4769191144489171132'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/4769191144489171132'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2009/06/cortometraje-en-6-palabras.html' title='Cortometraje en 6 palabras'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='09577046099504199173'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Siq0GOv2bRI/AAAAAAAABDQ/dDmAYoD5Qv0/s72-c/adolescente.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-4099934590531617593</id><published>2009-02-01T07:54:00.001Z</published><updated>2009-07-02T09:02:56.129+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amor'/><title type='text'>Galbón</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SYVeLP3JfMI/AAAAAAAAAPo/ILYnJRxOHO8/s1600-h/galbon.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 234px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SYVeLP3JfMI/AAAAAAAAAPo/ILYnJRxOHO8/s320/galbon.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5297744084000668866" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.flickr.com/photos/tillwe/2195086007/"&gt;tillwe&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style=";font-family:georgia;font-size:100%;"  &gt;&lt;br /&gt;El autobús arrancó y expulsó una humareda negra de petróleo puro que se quedó flotando en el aire como un globo fláccido de helio debilitado después de una noche de fiesta. La nube negra se retorcía sobre sí misma y avanzaba con lentitud impulsada por la lánguida fuerza de la inercia que ejercía sobre ella el movimiento parsimonioso del vehículo, que empezó a desplazarse haciendo crujir sus ruedas agrietadas como de corcho reseco. Hipnotizada por su lenta rotación, fui engullida por la galaxia de hollín y CO2 y allí, envuelta en aquel aura contaminada, lejos todavía de sentir tu ausencia asfixiante, te dije adiós, ignorante de todo lo que de mí se iba contigo en aquel autobús.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegamos a Las Jaras avisados de que era el lugar más inerte de la Tierra. Nos lo advirtió Rafael Lepanto en aquella farmacia apolillada de Contradios, donde malvivía después de que el pueblo se hubiera quedado vacío, rodeado de cajas de medicamentos que olían a orín y a humedad y acumulaban tanto polvo como años. A la vuelta de Contradios, recuerdo que comentamos el sinsentido con el que Lepanto abría y cerraba la farmacia a la hora en punto cada día. Hacía años que nadie entraba en el establecimiento. Pero era imposible que entonces entendiéramos que esa era la forma que tenía el profesor de seguir huyendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- El Galbón no es más que una enfermedad, métanselo en la cabeza, olvídenlo ahora que pueden.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ya no podíamos. El Galbón nos llenó de convicción y de fuerza para defender nuestro proyecto ante el tribunal que nos concedió una beca de tres años y, después, para convencer al doctor Segovia de que nuestro tema de investigación era tan válido como cualquiera de los que en el Departamento de Química Inorgánica nos pudieran proponer. Recuerdo ahora aquellos días, desde que encontraste los documentos que Lepanto había enviado hacía años a la Universidad y a los que nadie había dado credibilidad y te plantaste en mi mesa con esos ojos que ponías cuando tenías una idea loca, esa mirada que siempre me arrastraba hacia el punto en el que tú estabas, que siempre conseguía de mí lo que tú querías, como cuando me dijiste en el bar de la Facultad que, aunque no me lo creyera, yo terminaría saliendo contigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, no me lo creí, pero al cabo de unos meses ya estábamos viviendo juntos y, poco después, estaba más convencida que tú de que seríamos capaces de clasificar el Galbón. Recuerdo ahora aquellos días y te maldigo por haberme contagiado esa fiebre y haberme dejado, dos años después, mirando cómo abandonabas nuestro sueño y huías de Las Jaras subido en un autobús inmundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de tres meses de la visita a Lepanto nos fuimos a Las Jaras espoleados por aquel entusiasmo inútil de niños en busca del tesoro, sin querernos creer que no era más que un síntoma de que estábamos contagiados, como los toxicómanos, en sus primeros escarceos con la droga, jamás piensan que acabarán con la dentadura ennegrecida y pinchándose en un vertedero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las Jaras no nos resultó tan deprimente al principio. Sus pocas calles desiertas de casas encaladas nos parecieron pintorescas y el horizonte llano, desértico, infinito, como debieron de pensarse en la Edad Media que sería el fin del mundo, nos daba la sensación de estar en un lugar inexplorado lleno de magia, donde soñábamos que nos estaba esperando el éxito enterrado en sus tierras estériles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es que Las Jaras estuviera deshabitado, había gente, aunque era difícil de ver, porque vivían atrincherados en sus casas como si se tratara de refugios nucleares para guarecerse de los tres enemigos del pueblo: la luz, el calor y la calma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Las Jaras se vive el amanecer como si fuera el principio de una enfermedad grave, con una mezcla de rechazo, resignación y terror que te atenaza dejándote sin fuerzas para afrontar el día. Un rumor de persianas que se cierran recorre las calles como un lamento resentido y los temerarios a los que la mañana ha pillado fuera de sus casas corren a ponerse a salvo del fulgor criminal que campa por el pueblo a sus anchas, sin obstáculo alguno, como un hacendado cruel se pasea orgulloso por entre las casuchas donde malviven los jornaleros de su propiedad, haciéndose ver y oír, demostrando quién es el que manda. Todos los días se libra una batalla en Las Jaras contra la luz, una lucha inútil en la que uno se sabe perdedor desde el principio, de la que sólo espera salir lo menos malogrado posible. La mayor parte del día es una claridad sin contrastes, que tiñe la llanura de una incandescencia tan densa como la oscuridad total, ausente de matices y de formas, que obliga tragarse su propia sombra a los pocos elementos que sobresalen del plano de la llanura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nosotros combatíamos esa luz igual que el resto de la gente del pueblo, pero traíamos el ánimo lleno de colores y nos parecía verlos relucir acompañándonos en nuestra búsqueda, con el documento de Lepanto sirviéndonos de escudo y de biblia, la guía que nos descubrió el Galbón, el elemento químico que el profesor creía haber encontrado en la planicie, pero que nunca llegó a aislar ni a clasificar, del que sólo había anticipado su número atómico: 121. Sí, al principio incluso celebrábamos una luz tan pura, sin darnos cuenta de que, al amanecer, cerrábamos las persianas tan horrorizados como los otros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si la luz determinaba la vida en Las Jaras, el calor la exterminaba. Porque, al contrario que la luz, que por la noche nos brindaba un descanso, el calor no daba tregua a los cuerpos resecos ni ofrecía esperanza alguna de poder combatirlo. Era un calor perenne que parecía proceder de dentro de uno. La única forma de no sentir que las manos estaban calientes era pensar en lo calientes que estaban los pies o cualquier otra parte del cuerpo. Respirábamos ese fuego abrasador día y noche, estaba en las paredes de las casas, en los sacos de legumbres almacenados en las despensas, en los chorreones de grasa de los embutidos colgados en las ardientes cámaras de las casas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Las Jaras teníamos agua corriente traida hacía años de más allá de Contradios. A base de duchas tratábamos de defendernos del ambiente abrasador, pero uno se secaba casi de forma instantánea al cerrar el grifo e iba notando cómo se encogía la piel, como si las células se abrazaran sobre sí mismas para protegerse del calor, formando pequeñas escamas desecadas que resistían a las cremas y aceites con los que tratábamos de atajar la sequía que azotaba nuestro cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entender cómo había llegado a Las Jaras potencia suficiente de electricidad como para alimentar el rudimentario aparato de aire acondicionado instalado en nuestro improvisado laboratorio, era un misterio para nosotros que, por otro lado, tampoco tratamos de desentrañar. Al principio no nos pareció un privilegio, sino una herramienta esencial para llevar a cabo nuestras investigaciones, por lo que nos pareció natural que el aparato fuera subvencionado como parte de la aportación que recibíamos de nuestra beca. Al cabo de los días nos dimos cuenta de que éramos poseedores de un bien insólito en el lugar. Nadie más en Las Jaras tenía aire acondicionado. Quizás por eso, la gente nos miraba como si fuéramos seres de otro planeta, o esa era nuestra sensación, por lo que nunca conseguimos relacionarnos con ellos más allá de lo necesario. Ahora puedo decir que ese diabólico aparato fue el catalizador perfecto para desencadenar el avance de nuestra locura. Gracias a él no nos derrumbamos a los pocos días de nuestra llegada, lo que hizo que, al poco tiempo, ya estuviéramos tan afectados por la fiebre del Galbón que era imposible una deserción pacífica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de los primeros días, nos dimos cuenta de que era una insensatez pasarnos la mañana recogiendo muestras de materiales en las zonas donde el documento de Lepanto situaba el Galbón. Por eso, empezamos a levantarnos de noche para estar de vuelta antes del amanecer con las mochilas cargadas de minerales, líquenes y polvo de rocas. Entonces nos encerrábamos en el laboratorio durante todo el día, preparando reacciones y tomando notas de unos resultados tan estériles como la tierra donde habíamos ido a parar. Sin embargo, aunque el estado de nuestra investigación nos deprimiese, después de cada frustración, de cada espectro inútil en el que sólo aparecían los elementos de siempre o, quizás, alguno raro pero conocido por cualquier químico del mundo, enseguida surgía la euforia. “Seguro que mañana lo encontramos”, o, como decía Edison cuando su experimento fallaba, “ya hemos aprendido dónde o cómo no se encuentra el Galbón y eso nos acerca más a él”. Así, día tras día, seguíamos inmersos en aquel sueño, encerrados en el laboratorio donde nos resguardábamos del calor y de la luz de Las Jaras, mientras pasaban los días, las semanas, los meses abrasadores, en los que, poco a poco, empezamos a trasladar casi toda nuestra vida entre aquellas cuatro paredes que contaban con el privilegio del aire acondicionado, hasta terminar instalando dos catres donde, ahora no recuerdo cuánto tiempo después, empezamos también a dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni todos los fracasos a los que nos llevó la búsqueda del Galbón, ni la luz perturbadora de Las Jaras ni el calor omnipresente, provocaron una sola de las palabras de angustia que nos convirtieron en seres lúgubres y resentidos. De lo que tú te quejabas, lo que nos aplastaba y deformaba nuestras personalidades, era la calma, ese abandono en el que Las Jaras estaba inmerso, en el que la única expectación era poder ver pasar una bandada de pájaros o si habría llegado alguna carta de la Universidad. Nunca llegó ninguna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que en un principio confundimos con tranquilidad, al cabo de los días se convirtió en un instrumento de tortura, que nos dejó sin conversaciones, sin ánimo, presas del aburrimiento y la dejadez, obligados a repetir cada día las mismas palabras, las mismas acciones, comer la misma comida, ver al mismo vecino a las ocho de la mañana que volvía de quién sabe dónde y se encerraba en su casa, decir “buenos días, ¿qué tal?” cuando íbamos a la tienda a comprar algo de comer, y escuchar “como siempre” por respuesta día tras día, dejando claro que ahí se había acabado la conversación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era solo que en Las Jaras no hubiera nada que hacer, es que literalmente no se movía una mosca. Jamás corría el aire, la quietud era aterradora, nunca vimos agitarse una cortina por la brisa. Cuando se formaba una nube en el horizonte, se quedaba allí durante días con la misma forma hasta difuminarse con tanta lentitud que el cambio era inapreciable. Si preguntábamos a la tendera de dónde venían los alimentos, tardaba mil años en respondernos siempre lo mismo: “los trae el camión”. Pero nunca vimos al camión. Incluso el autobús que venía vacío cada miércoles y se quedaba parado durante quince minutos en la plaza, se volvía a ir sin nadie por la única carretera desolada que llevaba a Contradios, siempre con el mismo conductor cetrino que aprovechaba ese rato para fumar un cigarro, cuyo humo subía en línea recta hacia el cielo, perdiéndose como si se hubiera abierto un agujero invisible en la atmósfera justo en el lugar por donde se colaba para desaparecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue la sucesión de minutos idénticos lo que pudo contigo, después de plantarles batalla a base de intentar cambiar la rutina, intentando sin éxito sacar conversación a los habitantes de Las Jaras, levantarnos a otra hora, ir a ver al autobús, fingir que éramos desconocidos que acabábamos de encontrarnos, inventar recetas nuevas con los pocos productos que podíamos comprar, escribir o leer. Al final, incluso los libros nos parecían idénticos y sólo conseguían recordarnos lo carentes de acontecimientos que estábamos. Sólo mantenía nuestra esperanza la posibilidad de encontrar el Galbón y esa circunstancia confirió al elemento un poder absoluto sobre nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel martes, cuando volví al laboratorio con la compra de cada día, te encontré sentado en tu catre, como si hubieras estado esperando mi llegada para decirme:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Se me ha roto un matraz y me he cortado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acerqué a ver la herida y traté de quitarle importancia. Era un pequeño corte en el dedo índice sin ninguna gravedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me ha salido sangre -dijiste, mirándome con un sucedáneo de aquella mirada que yo había olvidado, la que conseguía todo lo que se proponía, mucho más melancólica y desvalida que cuando te conocí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te dije que no te preocuparas, que no era nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me ha salido sangre y he recordado que estoy vivo- insististe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te entendí, pero no quería entenderte. Al día siguiente cogiste el autobús.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continué en Las Jaras durante unos meses más. Ya no quedaba rastro de nosotros, así que no traté de mantener el contacto contigo. Repetí con exactitud las mismas acciones que cuando tú estabas. Antes del amanecer me iba a recoger materiales, después me pasaba el día en el laboratorio poniendo reacciones y observando los resultados. Ya no trataba de hablar con la tendera, ni me planteaba si irme a dormir a casa o no. No sé por qué seguí allí, quizás porque el Galbón era todo lo que me quedaba de nosotros y de nuestro sueño; en realidad era todo lo que quedaba de mí además de tu ausencia, que yo sentía como la máquina que mantiene con vida a una persona en estado vegetativo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Varias semanas antes de que terminara el plazo de nuestra beca, conseguí aislar un material que nunca antes había observado en el espectroscopio, aparentemente su número atómico era 121. Como si hubiera presenciado la exhumación de los restos de un familiar perdido hacía años, lloré toda la emoción contenida sin preocuparme de si el elemento era estable o, por el contrario, podría evaporarse dejándome con las manos vacías y sin pruebas de lo que acababa de observar. Lloré al darme cuenta de que el único acontecimiento que valía la pena recordar de aquellos años era tu huida en el autobús de los miércoles. No traté de repetir el experimento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía tuve que esperar dos días para irme de Las Jaras. En ese tiempo, puse en orden los documentos donde reflejábamos todos los progresos que habíamos hecho en nuestra investigación, hasta llegar al espectro del elemento, y los metí en varias cajas que fueron mi único equipaje el día que me fui de aquel lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace dos años que trabajo en el equipo del doctor Segovia. Cuando volví, le pregunté si volvió a verte. Sólo sabía de ti que renunciaste a tu beca y nunca más apareciste por el Departamento. En este tiempo, hemos conseguido aislar el elemento dos veces, pero ambas se ha volatilizado, aunque hemos publicado varios artículos sobre el tema y varias Universidades del mundo están colaborando con nosotros en la búsqueda del Galbón, que resulta que ahora se llama Undictronio (por lo visto Galbón es otra sustancia). A pesar de que retomé la actividad, sigo padeciendo la calma que arruinó nuestras vidas. Incluso hay días en que me descubro huyendo del sol de la mañana y del calor inexistente. Y cuando me preguntan “¿qué tal?” yo sólo puedo responder “como siempre”, envuelta todavía en la nube negra y estática de petróleo puro desde la que te dije adiós. Todavía no he tenido la suerte de cortarme con el cristal de un matraz.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-4099934590531617593?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/4099934590531617593/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=4099934590531617593' title='15 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/4099934590531617593'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/4099934590531617593'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2009/02/galbon.html' title='Galbón'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='09577046099504199173'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SYVeLP3JfMI/AAAAAAAAAPo/ILYnJRxOHO8/s72-c/galbon.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-5241659424486035121</id><published>2008-12-10T08:31:00.009Z</published><updated>2009-07-02T09:02:56.130+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='familia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amor'/><title type='text'>Así de sencillo</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SUU7FEGhRXI/AAAAAAAAAOE/uWiPfe7jIPU/s1600-h/tulipanes3.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 200px; height: 306px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SUU7FEGhRXI/AAAAAAAAAOE/uWiPfe7jIPU/s320/tulipanes3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5279691096348247410" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.flickr.com/photos/dsevilla/117734288/"&gt;dsevilla&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ya no te quiero. Lo he sabido hoy.  Estaba comprando flores en el kiosco de Marcial. He dudado unos diez minutos,  mientras él preparaba un ramo para una chica, entre los tulipanes naranjas o los  liliums blancos. Ha sido uno de esos momentos en los que el tiempo pasa y me  pongo nerviosa, porque sé que pronto tendré que tomar una decisión: tulipanes o  liliums. Marcial me hubiera ayudado a elegir. Siempre lo hace. Pero no quería  entretenerlo, había cola. Y durante ese tiempo me he mantenido inquieta por mi  indecisión. ¿Tulipanes o liliums? Los tulipanes son más baratos y más alegres.  Los liliums más caros pero también más elegantes. Marcial estaba acabando el  ramo para la chica. Me ha mirado y he dicho: “Unos tulipanes”. En ese mismo  momento he tenido como una revelación, una especie de evidencia que ha venido,  no sé de dónde, y se ha instalado en algún sitio, quizás en mi corazón, aunque  sea cursi decir algo así. Pero ha llegado y se ha quedado conmigo. No ha sido  ninguna falsa alarma. Ni como cuando me repetía a mí misma, tratando de  convencerme: “No puedo quererlo, tengo que olvidarlo después de todo lo que ha  pasado”. Ha sido un sentimiento independiente del rencor, de la angustia o de la  desazón con los que he vivido estos dos últimos años. Estaba ahí, claro como el  día soleado de otoño que hacía hoy, sin explicación y sin dudas, así de  sencillo. Eso es lo que hay: ya no te quiero.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Marcial me ha preguntado si me  preparaba las flores, porque ya sabes que casi siempre prefiero hacerlo yo. No  me gustan los ramos preparados, son como de cartón piedra, como esos peinados  llenos de laca, recién salidos de la peluquería. Prefiero llevarme las flores y  ponerlas yo a mi aire en un florero. Dirás que menuda tontería, que al final es  lo mismo que si lo hubiera hecho el floristero, que al fin y al cabo es un  profesional. Pero no es lo mismo. Nunca has entendido este tipo de cosas. Hay un  abismo entre un ramo preparado y poner tú mismo las flores en un jarrón. La  diferencia es tan grande como la que hay entre un sábado por la mañana, en el  que sabes que toca hacer el amor, y un miércoles por la tarde, en el que te  sorprende un beso apasionado fuera de horario. Pero tú no lo  entenderías.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Sí – le he dicho a Marcial -.  Prepáramelo, por favor.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Y se lo he dicho sólo porque  necesitaba esos minutos para comprobar que la evidencia seguía ahí. Te he  recordado sentado en el sillón verde, leyendo el periódico mientras yo terminaba  de vestir a Dani y arreglarme para ir a comer a la playa. Uno de esos fines de  semana que tú odiabas (pero esto lo supe luego) y que a mí me encantaban porque  habíamos hecho un plan para estar juntos los cuatro. Tú y yo con Dani y Mar. Yo  sabía que te daba un poco de pereza, pero siempre había pensado que después  agradecías haber estado un rato con tus hijos. Y, fíjate qué tontería, me sentía  responsable de hacer que encontraras esos huecos para pasar tiempo con  ellos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Marcial estaba montando el ramo. Por  un momento he pensado que estaba inquieto él también. No es común que le deje  prepararme unas flores. Me conoce. Por eso, me iba preguntando si le ponía unas  ramas de gipsophilia o lo adornaba con unos helechos. Mientras tanto, yo  examinaba esa sensación, ese vacío que acababa de experimentar, recordándote  sentado en el sillón verde, mientras leías el periódico. Mirándote en la  distancia como si te hubieras convertido en otra persona, alguien muy lejano que  me traía imágenes en blanco y negro, de otro mundo, de otra  vida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;He llegado a casa, he tirado las  gipsophilia y los helechos y he puesto los tulipanes en ese jarrón de cristal  verde que nos regaló tu hermana y que te dejaste en casa cuando viniste a  recoger tus cosas, dos meses después de que me dijeras tú a mí: “ya no te  quiero”. Me he sentado en el sillón verde y me he puesto a llorar. Ni siquiera  estaba triste. Pero no siempre hay que estar triste para llorar. Creo que ha  sido por ese vacío repentino. ¿Qué voy a hacer ahora que no te quiero? Entonces  ha sonado el teléfono.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Hola, Clara, soy Pedro –he dicho con voz temblorosa. Estaba nervioso.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Hola –has respondido  tranquila.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- He pensado en ir a  recoger a los niños para llevarlos al cine hoy, si no tenéis pensado hacer otra  cosa -. No sé cómo me ha salido la voz, quizás porque esa ha sido la única frase  que me he preparado antes de llamar. Me he preguntado si habría sonado como un  autómata.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Ah, sí, me parece bien.  Creo que se pondrán contentos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;He tenido miedo al oirte. Estabas  tan tranquila, como si hablaras con un hermano. He pensado mil formas de alargar  la conversación mientras llamabas a Dani para que se pusiera al teléfono. Yo  sólo quería hablar contigo.&lt;/spam&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Hola,  papá.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Dani, hijo, ¿quieres  que vayamos al cine juntos hoy?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¡Sí! Vamos a ver  Madagascar, ¿vale? –la voz de nuestro hijo casi me hace llorar. Esa alegría  ajena a todo lo que estaba pasando.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Bueno, a ver si a Mar le parece bien esa película...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Jo, seguro que no –ha  contestado Dani–. ¡Mar! –ha gritado a continuación-, que dice papá que si  vamos al cine a ver Madagascar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Me ha hecho sonreir. Es listo  nuestro hijo. He quedado con ellos para recogerlos a la una, comer en el Burguer  King e ir al cine. Después de hablar con Mar le he pedido que te pasara el  teléfono.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Dime.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Nada, que iré a  recogerlos a la una, si te parece bien.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Sí,  vale.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¿No habrías pensado  hacer algo con ellos?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- No, tranquilo, estarán  contentos de pasar el día contigo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Si quieres puedes venir  con nosotros –te he soltado de sopetón, casi sin darme tiempo a mí mismo para  pensar lo que decía.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- No, tengo cosas que  hacer, gracias –has respondido serena, sin dudar, sin enfadarte, sin decirme  que mantuviera las distancias. Y de pronto me ha entrado un frío atroz, como si  me hubiera despertado solo esperando encontrarte al otro lado de la  cama.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Bueno, pues estaré allí  a la una.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;br /&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Lo primero que he pensado cuando has  colgado el teléfono es que por suerte he podido secarme las lágrimas antes de  que vinieran los niños. Creo que no se han dado cuenta de que he llorado. Después, he examinado esa sensación de lejanía mientras hablaba contigo. No, ya  no eres el hombre al que quise. El que me llamaba desde la Facultad al Estudio  para decirme que me escapara una hora porque no podía estar ni un minuto más sin verme. Ni el que apareció por sorpresa en casa de mis tíos en la sierra aquella  Semana Santa, ni el que se levantaba de madrugada a preparar el biberón de Mar,  mientras yo dormía, y después dormía cuando me levantaba yo a preparárselo a  Dani. No eras el que cambiaba de canal y respondía “ya veremos” cuando yo  proponía hacer algo el fin de semana, como queriendo aplazar esa decisión, lo  que, aprendí después, significaba “no me apetece”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Te rogué que me quisieras. “Quiéreme, quiéreme”, te decía. Y tú me respondías: “Pero si ya te quiero”. Y yo lo que quería decirte es que no soportaba verte todo el día enfadada, nerviosa, gritando a los niños que por qué no habían hecho los deberes o por qué se habían dejado en el colegio el libro de Matemáticas. Yo pensaba que, si me querías, si nos querías, se acabaría el malestar, te vería sonriente por la mañana, como los años que pasamos antes de que naciera Mar, en los que preparábamos el desayuno entre besos y llegábamos tarde los dos al trabajo. Y las pocas veces en que hablamos de cómo habíamos cambiado te llenabas de razones irrebatibles: que teníamos que educar a nuestros hijos, que su futuro  era nuestra responsabilidad, que debíamos estar con ellos porque, si no lo  hacíamos, nos arrepentiríamos. Llevabas razón. Pero con esa razón en la mano  estabas en la otra punta del mundo, lejos de mí. Por eso no entendí tu sorpresa  cuando te dije que ya no te quería, porque estaba seguro de que tú sentías lo  mismo desde hacía mil años.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Me acuerdo muy bien de aquel  momento. Tú estabas abriendo una botella de vino. Nunca bebías, pero aquella  noche te dio por abrir una. Estabas desenroscando el tapón del sacacorchos y yo  oí mis palabras como si estuviera en una catedral, resonando en toda la casa: “ya no te quiero”. El corcho cayó a tus pies y vi cómo rodaba por el suelo de la  cocina hasta desaparecer debajo del fregadero, mientras me preguntaba qué más  podía decir. Dejaste el vino sobre la encimera, despacio, apoyándote en él como  si estuvieras colgando de un precipicio y no tuvieras otro lugar donde  agarrarte. Vi cómo salías en silencio de la cocina, con aquel albornoz blanco  que te encantaba, no sé si lo seguirás teniendo. Y yo me quedé allí, pelando  patatas, como si no hubiera pasado nada, pensando qué debía hacer a  continuación.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¿Desde cuándo? –te pregunto, mientras recuerdo aquel día en que me hiciste esa misma pregunta, cuando después de poner las patatas a cocer fui al dormitorio y te encontré sentada sobre la cama, con el albornoz blanco y la cara entre las manos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- No sé, Pedro, supongo que ha sido  poco a poco – respondes mirándome a los ojos. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;He traído a los niños del cine y te  he encontrado sentada en el sillón verde, leyendo. Mar y Dani han ido a ponerse el pijama. Me he sentado en el sofá y te he dicho que te hemos echado de menos. Me has mirado y has disparado: “Ya no te quiero”. Y por la forma de decirlo, por  esa tranquilidad y ese abismo instalado entre nosotros, sé que es verdad. Ya no me quieres. Estás a millones de kilómetros de mí. Yo sólo quería abrazarte. Nada más, sólo quería abrazarte y rogarte que me quisieras, que por favor volvieras a quererme; pero te he hecho esa estúpida pregunta. ¿Qué más da desde  cuándo?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Yo siempre te querré –te digo. Y  me siento estúpido. Por dios, ¿dónde está ahora todo ese discurso que traía  preparado para explicarte que eres lo que más me importa del mundo?, ¿cómo se me  ocurre resumirlo con esa odiosa frase, “yo siempre te querré”, manoseada hasta  el infinito? Yo sólo quiero abrazarte.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- No pensaba decírtelo, pero creo  que así estaremos más tranquilos y podremos tener una relación civilizada –contestas, como si no hubieras oído lo que te digo. Quizás no lo hayas  escuchado, quizás yo no lo haya pronunciado. Dios, es como si me hablaras desde  Nueva Zelanda vestida de aborígen. Ya no eres la misma.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ya no soy la misma. Lo he visto al  instante. Mi vida ha cambiado esta mañana en el kiosco de flores, mientras elegía entre tulipanes o liliums. Y lo he comprobado cuando he podido mirarte a los ojos mientras te decía que ya no te quería, quizás para confirmármelo a mí misma. Me ha extrañado tu serenidad, afirmando que siempre me querrías como si le estuvieras hablando a un cliente desde detrás de la mesa de tu despacho. Quédese tranquilo, déjelo en mis manos. Así es como me ha sonado. Por primera  vez le he hablado al hombre al que ya no quiero, a ese que no puedo explicarme de dónde salió, ni cuando; pero que ahí estaba, incómodo por la situación, intentando mantener el tipo mientras oía mis últimas palabras de amor, buscando la frase adecuada para hacer que la conversación suene civilizada y despojada de pasiones. Al fin ha sucedido, ya no hay rencor, ni culpa ni desazón. Ya no hay nada. Sólo vacío.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“¿Qué voy a hacer yo ahora con este  vacío?”, he pensado mientras nos despedíamos civilizadamente en la puerta, sin  rastro de emoción. He visto a los niños al fondo del pasillo, peleándose por  usar el ordenador, y he sentido unas ganas tremendas de abrazarte por última  vez.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-5241659424486035121?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/5241659424486035121/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=5241659424486035121' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/5241659424486035121'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/5241659424486035121'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/12/as-de-sencillo_10.html' title='Así de sencillo'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='09577046099504199173'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SUU7FEGhRXI/AAAAAAAAAOE/uWiPfe7jIPU/s72-c/tulipanes3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-2141217614413212414</id><published>2008-11-30T18:37:00.008Z</published><updated>2009-07-02T09:02:56.130+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='juego'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='1 año en 1 post'/><title type='text'>2008, yes we can</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/STLeWhkzZNI/AAAAAAAAAN8/LHikSvPByBM/s1600-h/1anyo1post.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 163px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/STLeWhkzZNI/AAAAAAAAAN8/LHikSvPByBM/s320/1anyo1post.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274522592155493586" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=";font-family:georgia;font-size:78%;"  &gt;© &lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:georgia;font-size:78%;"  &gt;Gloria&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Este 2008 recorrí los cinco continentes en una sola tarde. Estaban todos en un barrio de Badalona. Uno de esos en los que la abstención es superior a la media, en los que la mayoría de los vecinos no piensan quién les gobierna, sino quién puede echarlos del trabajo o del país. Un barrio que ha crecido a ritmo de asentamiento, como ese pueblo malagueño llamado Almargen por el que pasábamos cuando íbamos a Ronda para ver a mi abuela y que mi madre siempre decía que se llamaba así porque se había formado “al margen de la ley”. Todavía no sé si era una broma o lo decía de verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que, en mi viaje, conocí a tres niñas cuya edad no superaba los seis años, cada una de un continente. Todas se pusieron mis gafas, miraron mi cámara de fotos y, durante la merienda, contaron hasta veinte en inglés, saltándose el once y el dieciséis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También conocí a un voluntario maestro jubilado, cuya mayor aspiración era enseñar a leer a sus niños en las clases de refuerzo, porque en el cole ya los daban por perdidos. Y a cinco educadoras, que se dejan la piel en esa coeducación de la que se habla desde los micrófonos de los mítines, pero a la que tan poco caso hacen en los despachos desde donde se tienen que asignar las subvenciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y a una directora, que sonreía mirando al infinito mientras yo le aconsejaba que fueran a las instituciones públicas a pedir espacios para que los niños del barrio puedan jugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese viaje, gracias a esa directora, al maestro jubilado y, sobre todo, gracias a la niña que se llamaba a sí misma María Antonieta mientras el resto de niños la acusaban de embustera, me dí cuenta de que existen lugares en los que la ilusión y la esperanza de un futuro mejor valen más que el petróleo, que si hubiera una bolsa en la que cotizaran estos valores, la crisis sería literatura de ficción y que, a pesar de todo, compartir con ellos mi viaje, me hace comprobar la fuerza de la expresión de moda del año: &lt;span style="font-style: italic;"&gt;yes, we can&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(255, 102, 0);"&gt;Nota&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 102, 0);"&gt;: Este post está escrito para el concurso de &lt;/span&gt;&lt;a style="color: rgb(255, 102, 0); font-family: georgia;" href="http://www.atrapalo.com/promo/1year1post/info"&gt;1 año en 1 post&lt;/a&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 102, 0);"&gt; de Atrápalo. Aunque no puedo participar, me gustaría que lo votaras si te gusta. Gracias.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="position: relative;"&gt;&lt;br /&gt;      &lt;img src="http://www.atrapalo.com/images_new/mkt/microsite/promo/1any1post/boton_votar.gif" usemap="#Map" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;      &lt;img src="http://www.atrapalo.com/promo/1year1post/votaciones/330" style="position: absolute; left: 140px; bottom: 5px;" /&gt;&lt;br /&gt;      &lt;map name="Map" id="Map"&gt;&lt;br /&gt;         &lt;area shape="rect" coords="5,3,309,45" href="http://www.atrapalo.com/promo/1year1post/" alt="un año un post" title="un año un post"&gt;&lt;br /&gt;         &lt;area shape="rect" coords="4,49,100,83" href="http://www.atrapalo.com/promo/1year1post/votar/330" alt="Votar" title="Votar"&gt;&lt;br /&gt;         &lt;area shape="rect" coords="209,47,308,84" href="http://www.atrapalo.com/promo/1year1post/ranking" alt="Ver otros participantes" title="Ver otros participantes"&gt;&lt;br /&gt;      &lt;/map&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-2141217614413212414?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/2141217614413212414/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=2141217614413212414' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/2141217614413212414'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/2141217614413212414'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/11/2008-yes-we-can.html' title='2008, yes we can'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='09577046099504199173'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/STLeWhkzZNI/AAAAAAAAAN8/LHikSvPByBM/s72-c/1anyo1post.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-6442742878831823821</id><published>2008-11-24T20:27:00.004Z</published><updated>2009-07-02T09:02:56.131+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantástico'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>La comunicación</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SSsQEIQ_LeI/AAAAAAAAAN0/eYi3ZlajotU/s1600-h/gato2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 220px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SSsQEIQ_LeI/AAAAAAAAAN0/eYi3ZlajotU/s320/gato2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5272325451891551714" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;© &lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.flickr.com/photos/kevinsteele/"&gt;&lt;span style="text-decoration: underline;"&gt;Kevin Steele&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;Pensé que estaba soñando cuando oí hablar a mi gata:  “Hace un calor de mil demonios”, dijo mirándome como si le hubiera intentado  timar en la compra y estuviera a punto de pedirme el libro de  reclamaciones.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;Sentí decepción y miedo a la vez, no sabría decir en  qué proporción cada uno. ¿Era esa forma de recibirme después de todo el día en  la oficina? Me preguntaba qué le habría hecho yo a Mildred para que ella se  dirigiera a mí en ese tono. Siempre la había tratado bien, jamás la dejaba sola  más de dos días seguidos, tenía los mejores canguros de gatos de toda la ciudad  y, si ellos no estaban disponibles, mi madre, amante de los animales, la cuidaba  con mucho gusto. Que conste que no me gusta molestar a mi madre. Ni a ella ni a  nadie, esa es la verdad. Siempre que le pido un favor, la pobre señora se  desvive por ayudarme; pero me da apuro que modifique sus planes por mí o que  dedique su tiempo a algo que no le apetezca hacer. No quiero ser una carga para  ella. Por eso, cuando la llamo o voy a visitarla jamás le digo que necesito  ayuda. Prefiero que sea ella quién me pregunte si me hace falta algo. Y nunca  accedo a la primera cuando se ofrece para hacerme un favor, así le doy tiempo  para pensárselo, que después no dude de haber sido ella la que se ofreció. No me  gusta ponerla en un compromiso, aunque sea mi madre. Una vez estuvo casi media  hora insistiéndome para quedarse con Mildred. Y yo venga a decirle que no hacía  falta, ya con los billetes de avión a Santander comprados y sin canguro para el  animal. Al final accedí casi con disgusto a que se quedara con ella, cuando me  suplicó: “Pura, hija, soy tu madre. Déjame a la gata, que estoy encantada de  tener compañía... y vamos a dejar ya este tira y afloja, que me vas a volver  loca”. Hay que tener cuidado en esos momentos de que la otra persona no llegue  al límite y se rinda. Si sobrepasas ese punto, el otro pensará que es cierto que  no lo necesitas, o que no quieres más pastel aunque te estés muriendo por otro  pedazo o que puedes seguir esperando un rato más en la puerta de un lavabo  público, cuando en realidad estás a punto de hacértelo encima. Hay que saber en  qué momento aceptar. Es como si estuvieras comprando alfombras en Estambul,  llega un punto en que el vendedor para de insistir y, si eso ocurre, ya no hay  nada que hacer.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;El caso es que allí estaba yo, acababa de oír a mi  gata hablar y, aparte de estar muy disgustada por su comportamiento, estaba  asustada. Puede que resulte raro que alguien sienta miedo de su propia mascota;  pero era la primera vez que me hablaba y, la verdad, no fue una sorpresa  agradable. Me sentía decepcionada. Yo prefería a Mildred cuando era silenciosa,  como todas las gatas. Me preocupaba que, de pronto, se hubiera vuelto  parlanchina.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;Pero aún así, no quise incomodarla. Por eso me mostré  lo más tranquila que pude, como si lo que acabara de suceder fuera lo más  natural del mundo. Lo último que deseaba era que se sintiera un bicho raro,  aunque lo fuera; pero tampoco quería mostrarme indiferente. No sabía muy bien a  qué atenerme, la verdad. En mi descargo diré que hice un esfuerzo sobrehumano  para no herirla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- Llevas razón – le dije. Es verdad que hoy es un día  muy caluroso. Quizás en un par de horas tenga que poner el aire acondicionado –  añadí, condescendiente, tratando de centrar la atención en su problema, en vez  de transmitirle mi preocupación y disgusto por el hecho de que ella se hubiera  decidido a hablarme como lo había hecho.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;Cuál fue mi sorpresa cuando la vi subir de un salto a  mi sofá, donde se tumbó indolente, y, poniendo su cara sobre las patas  delanteras y entrecerrando los ojos a lo Bette Davis en &lt;i&gt;Eva al desnudo&lt;/i&gt;,  me soltó:&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- Por el amor de dios, hace horas que debía estar  funcionando ese maldito cacharro. Vamos a morir abrasadas.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;Si quiso herirme, lo consiguió. Me dejó sin habla,  durante unos segundos me quedé paralizada observando su gesto de desprecio, como  si hubiera perdido todo el interés por mí y quisiera estar en cualquier lugar  que no fuera mi salón. Pensé que no sería capaz de pronunciar palabra en toda mi  vida, pero lejos de hacérselo notar, intenté calmar mi respiración agitada,  contar hasta diez y pasar por alto su menosprecio.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;Quizás tuviera problemas que yo desconocía, aunque  por otro lado, ¿cómo los iba a conocer? Por muy pendiente de ella que hubiera  podido estar, nunca imaginé que pudiéramos tener una conversación. Mildred  debería de haber entendido que yo no estaba preparada, era la primera vez que me  hablaba. Es verdad que también se trataba de una situación nueva para ella; pero  después de todo no había sido yo quién había destapado la caja de los truenos. A  pesar de estos pensamientos que me pasaban por la cabeza a gran velocidad, pude  mantener cierta serenidad y darme cuenta de que era yo la responsable de ella, y  no al contrario, por lo que tendría que ser yo quien resolviera el conflicto.  Tenía que ganar tiempo para pensar qué hacer, así que decidí  responderle:&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- Mildred, estás nerviosa y cansada. Relájate y verás  como se te pasa un poco el calor. Si dentro de un rato sigues igual, pondré el  aire acondicionado. Mientras tanto, voy a cambiarme y después podremos hablar  tranquilamente.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;Antes de poder dar un paso hacia la habitación, me  replicó entre dientes con aquella voz grave a la que todavía no me había  acostumbrado:&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- Eso, tú vete como siempre pensando que puedes  resolverlo todo a tu manera. Pura, la autosuficiente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- ¿Qué quieres decir? – pregunté sin poder evitar  teñir mis palabras de cierto resentimiento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- ¿Qué sabrás tú de cómo me siento? Sólo tengo calor.  Soy una gata, por el amor de dios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;Ahí ya no pude callarme ni serenarme, perdí los  nervios. Quizás ese fue mi error; pero aquello era demasiado para mí. Soy  humana, tengo sentimientos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- ¿Quieres que ponga el aire acondicionado? ¿Es ese  tu problema? Pues lo pongo, Mildred, lo pongo. Pero no había necesidad de  hablarme de ese modo. Ya sé que eres una gata. ¿Y qué? ¿Eso te da derecho a  tratarme como si fuera basura?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- Estás paranoica, Pura. Te has montado la película  tú solita, yo sólo he dicho que tenía calor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- Ah, sí, en un tono de lo más dulce. Da gusto llegar  a casa y que tu propia gata te suelte una grosería tras otra. Y eso, claro,  después de todo el día trabajando, mientras ella ha estado tranquilamente  paseando por la casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- ¿Y qué quieres que haga? ¿Que mire las ofertas de  trabajo mientras tú no estás?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- Por dios, Mildred, no pongas en mi boca palabras  que yo no he dicho. No sé si te das cuenta de que es la primera vez que me dices  que tienes calor. De hecho, es la primera vez que me  hablas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- Joder, si no te hablo me derrito. Y ni con  esas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- ¿No podemos tener una conversación tranquila  después de haberme cambiado? ¿Tiene que ser de esta manera, deprisa y  corriendo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- ¿Pero qué coño tenemos que hablar? Yo sólo tengo  calor – gritó, poniéndose en pie sobre el sofá.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- No me hables en ese tono, te lo  advierto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- Bueno, ya veo que no llegamos a ninguna parte tú y  yo. Moriré de calor antes de que comprendas lo que te estoy diciendo – dijo,  caminando hacia la cocina, de espaldas a mí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- Lo entiendo perfectamente. Estás de mal humor y la  pagas conmigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- ¿Sabes qué? – giró la cabeza y me miró desde la  encimera -. Me voy de esta casa –amenazó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- ¿Y dónde vas a ir, Mildred, al tejado de la  vecina?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- ¡Pues sí! Es mucho más fresquito que este jodido  apartamento.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;Y dicho esto, antes de que pudiera darme cuenta de lo  que estaba pasando, la vi saltar hacia el marco de la ventana, desde donde se  volvió para mirarme orgullosa con esos ojos verde claros, casi amarillos y, tras  girar sobre sus patas, de un brinco desaparecer de mi  vida.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;Por supuesto en aquel momento pensé que en un rato  volvería por donde se había ido. ¿Qué iba a hacer Mildred sin mí? Era incapaz de  cuidarse por sí misma. Todavía recuerdo el enfado que cogió aquella vez que la  dejé sola un fin de semana entero en casa. Estuvo una semana ignorándome. Y eso  que le dejé comida y agua suficiente como para pasar un mes sola. Desde  entonces, no me he atrevido nunca a irme sin dejarla con un canguro o con mi  madre.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;Pero Mildred no volvió. Todavía no ha vuelto, y de  eso hace ya tres meses. Lo peor de todo es que ni siquiera puedo explicárselo a  nadie. ¿Quién me iba a entender? Incluso mi madre me miró como si me viera por  primera vez cuando le dije que la gata me había abandonado. “Se habrá perdido,  mujer, Pura, no seas dramática”. Desde entonces no ha parado de insistirme para  que me compre otra. Que me ve muy sola, me dice. No comprende que Mildred es  insustituible. Hasta me hubiera acostumbrado a esa voz grave que tenía. Si no le  hubiera podido la impaciencia, habríamos podido hablar y arreglar nuestras  diferencias. Pero, claro, ¿qué sabrá ella sobre la comunicación? Si era la  primera vez que hablaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-6442742878831823821?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/6442742878831823821/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=6442742878831823821' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/6442742878831823821'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/6442742878831823821'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/11/la-comunicacin.html' title='La comunicación'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='09577046099504199173'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SSsQEIQ_LeI/AAAAAAAAAN0/eYi3ZlajotU/s72-c/gato2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-7523685766288375290</id><published>2008-11-14T21:48:00.007Z</published><updated>2009-07-02T09:02:56.131+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='familia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Entrar en razón</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SR3yN6H7nfI/AAAAAAAAANk/LVpDsr5NiO4/s1600-h/mujer3.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 245px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SR3yN6H7nfI/AAAAAAAAANk/LVpDsr5NiO4/s320/mujer3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268633459848093170" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;©&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.flickr.com/photos/freeparking/2120750986/in/set-72157601781523502/"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;gustav klimt por freeparking&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Por favor, Dios mío, haz que me telefonee ahora. Oh, Dios, que me llame. No pediré nada más, te lo prometo. Me parece que no es pedir demasiado. Te costaría tan poco, Dios mío, concédeme esa pequeñez... Que me telefonee ahora mismo, nada más. Por favor, Dios mío, por favor, te lo ruego.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;¿Cómo iba a saber yo que se iba a poner así? Sólo por insinuarle que merece un trabajo mejor. Cómo se ha puesto. Que nunca llegará a ser lo que espero de él, eso me ha dicho. Después de tanto sacrificio, Señor, después de treintaiun años dedicada sólo a él, desde que murió Antonio, que lo tengas en tu Gloria, él se contenta con ese trabajillo de comercial en una empresa de pacotilla. No se da cuenta de que él vale para mucho más, que tiene que apuntar alto y no conformarse con ser uno más del montón. Para eso me he dejado yo la vida trabajando en el hospital, porque, si no fuera por él, anda que no me hubiera quedado yo en mi casa con mi pensión. Pero no, yo quería que se educara en los mejores colegios y que sus amigos no fueran chusma, sino gente de bien, a ver si algo se le pegaba. Pero claro, él se juntaba con lo peorcito del barrio. Y así ha salido.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Pero no me lo tengas en cuenta, Señor, esto que digo es porque estoy enfadada. Yo sé que él es un chico bueno y comprensivo y sé que si Tú me haces esa gracia, si Tú haces que me llame ahora mismo, me darás la sabiduría para hacerle recapacitar. Es la primera vez que se va así, dejándome con la palabra en la boca. Dios mío, haz que me llame, yo sabré cómo hacer que cambie de opinión.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Ya lo hice cuando, con diez años, venía con aquel niño, ¿cómo se llamaba el infeliz? Gerardo. El hijo del cosario, ni más ni menos. Tenía una cara de desdichado, delgadito, callado, muy poca cosa. Se ponían a jugar los dos en la sala y ni se les oía. El niño aquel estaba esperando nada más a que le diera la merienda, a saber qué le daban en su casa, porque cuando veía el jamón serrano dejaba los juguetes a un lado y se lanzaba a comerse el bocadillo como un desgraciado, con esas uñas negras que ganas me daban de restregarle las manos con el cepillo. No me gustaba nada que viniera a casa con él.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Pero entonces fue fácil. Alberto lo pasó mal el día de su cumpleaños cuando vio que su amigo Gerardo no vino a la fiesta, pero se le pasó enseguida. Los niños son así. Preguntó por él un par de veces y luego con los regalos, la tarta y todo lo demás se olvidó. Yo sólo quería que mi Alberto se relacionara con lo mejorcito del pueblo, para que desde pequeño supiera desenvolverse en ese mundo al que estaba destinado. Allí estaban los niños que le convenían, como Ricardito, el hijo de Don Ricardo, el dueño de Las Tablas, la finca más importante del pueblo. Nada menos que un reloj le trajo de regalo. Qué iba a saber yo de lo que pasaría después. Los llamé yo misma uno por uno, le dije a Alberto que esa era la forma elegante de invitarlos, no a gritos en el recreo del colegio. Puse la casa como un palacio, llena de globos y de guirnaldas. Y mi niño vestido con su rebeca azul hecha a mano que me costó un ojo de la cara, su camisita y sus bermudas corinto. Estaba precioso.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;No estarás castigándome por aquella mentira piadosa, ¿no, Dios mío? Ay, Señor, perdona que te hable así, no sé ni lo que me digo, es que estoy destrozada, el niño se ha ido y el teléfono sigue sin sonar. Es verdad, al día siguiente del cumpleaños, cuando Alberto me acusó de no haber invitado a Gerardo, le dije que aquel pobre niño no habría querido venir porque seguramente sus padres no tendrían dinero para comprar un regalo y que lo perdonara por haber mentido porque a los pobres no hay que tenerles en cuenta esas cosas. Dios mío, tú sabes que no estoy orgullosa de la forma en que lo hice, pero en aquel momento Alberto estaba embelesado con el niño mugriento ese, parecía que no hubiera otro en el mundo, y no se me ocurrió otra manera de apartarlo de ese peligro. Porque era un peligro. A saber dónde habrá acabado. Que no le deseo ningún mal, Señor; pero mi niño no era de esa clase y sólo le habría traido disgustos. Yo ya me confesé de ese pecadillo con Don Antonio. Dios mío, Tú sabes que todo lo que he hecho en esta vida ha sido por mi Alberto. Y míralo ahora, mira cómo me paga todos los sacrificios. Ni imaginarse puede todo lo que he tenido que luchar por él. Por favor, te ruego que lo hagas recapacitar y que me llame, que suene el teléfono ahora mismo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Perdóname Dios mío por esta rabia que tengo, pero entiéndeme, yo soy su madre. ¿Tú crees que tiene que pagarme con esta moneda después de todo lo que he hecho por él? El mejor colegio del pueblo, cumpleaños por todo lo alto, los meses en Inglaterra para que aprendiera inglés con el dichoso Ricardito, la profesora particular para que lo ayudara con las Matemáticas, porque todo lo demás ya me lo estudiaba yo con él hasta la hora que fuera. Todo sacado de mi trabajo y la pensión de Antonio, ahorrando peseta a peseta, privándome de vestidos o caprichos, que ni uno me he dado para que a él no le faltara de nada y pudiera estar al nivel de sus amigos, haciendo horas extra en el hospital, para poder irnos de vacaciones a la costa y que alternara con su pandilla. Allí donde iba estaba yo como una sombra, discreta pero atenta a todo lo que le ocurriera.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Que hasta los padres de sus amigos me lo reconocen. Me los encuentro por la calle y me dicen: “Hay que ver, Angustias, lo que tú has hecho por tu hijo”. “Nada que no corresponda a una madre”, contesto yo con modestia, porque no quiero echarme ni una flor, que todas se las lleve el niño, ese que se ha ido dando un portazo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Esto que te pido no es nada para ti, Dios mío, y yo sé que Tú lo puedes todo, porque me lo has demostrado más de una vez. Como cuando el verano antes de empezar a estudiar Empresariales en la ciudad me dijo que no quería irse a la costa porque prefería pasar las vacaciones en el pueblo con María. Me acuerdo y se me ponen los pelos de punta. Aquella lo que quería era enredar a mi Alberto, no hizo más que llamarlo durante todo el curso. Yo le preguntaba sin darle importancia si le gustaba, para poner freno a aquello en cuanto pudiera. Y él que no, que sólo eran amigos. Fue la única vez que me despisté, porque ella estaba en la pandilla, iban todos juntos, y yo pensaba que él había madurado y era consciente de que aquella niña no le convenía.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Me lo soltó de sopetón, con esa cara de inocente que casi me hace llorar. Porque lo vi, estaba dominado por la muchacha aquella, la hija del profesor de Ciencias, que era una espabilada. En cuanto llegó al pueblo hacía dos años me di cuenta de cómo se las gastaba la niña. No tenía vergüenza. Un domingo me los encontré por la calle, estaban con otros amigos, y cuando le recordé a Alberto que teníamos que ir a misa de siete, va la fresca y me suelta: “Angustias, que Alberto ya es mayorcito”. Le sonreí y, con toda la educación y tranquilidad posible, le dije: “Por eso, como ya es mayorcito puede llevar a su madre a misa y darle un capricho una vez a la semana, ¿verdad, cariño?” Alberto asintió y María se puso roja. Mejor una vez colorada que cien amarillas. Pero ni así se dió cuenta mi hijo de cómo era la desvergonzada y allí estaba diciéndome con toda su inocencia que prefería no ir a la playa. Y no fuimos, Señor, ya sabes todo lo que sufrí con aquello, que hasta te hice la promesa de salir en procesión el Jueves Santo si lo hacías entrar en razón. Un año estuvo estudiando en la ciudad y viniendo cada fin de semana a verla a ella. Y yo tragando como podía, porque ya él me había dejado claro que estaba enamorado y que yo no sabía cómo era María. Claro que lo sabía, mejor que él. Pero también sabía cómo son esas cosas y que aquella vez no sería tan fácil como con Gerardo. Así que durante aquel año tragué quina y tenía a María hasta en la sopa. Intentaba hacerle ver a Alberto cómo era ella, pero sin que se volviera en mi contra, con discrección. “María, hija, qué falda más bonita llevas; pero ¿no te queda un poco corta?” Y Alberto, aunque no lo dijera, pensaba lo mismo que yo, porque en el fondo él sabía distinguir la elegancia de la chabacanería. O les comentaba: “Me encontré a Laura, la hermana de Ricardito, que el año que viene empieza Derecho. Mira que es lista esa niña. Y educada. Cuando me ve me echa unos piropos... Y siempre me pregunta por ti, Alberto.” Los domingos, cuando lo acompañaba a la estación para que cogiera el tren de vuelta a la ciudad, le repetía que era el momento de centrarse en sus estudios y de conocer a gente, que las relaciones que hiciera entonces le iban a servir toda la vida y que ya no quedaban en el pueblo más que los viejos como yo y los jóvenes que no aspiraban a nada en la vida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Dios mío, y así día tras día, semana tras semana, esperando hasta que llegó el momento en que Tú quisiste hacerme ese favor. El verano siguiente, en cuanto Alberto me dijo que se había enfadado con María, le tuve que decir que esa niña no era para él, que si no se daba cuenta de cómo me trataba, con esa distancia y ese descaro, ni una sola vez había venido a verme mientras él estaba estudiando. Él se merecía una chica como Laura, educada y cariñosa. Alberto me miró con esos ojos de cordero degollado, llenos de lágrimas. “No llores por ella, por Dios, hijo, ¿no ves que es una lagarta”. Y aún así él todavía me pidió que no dijera esas cosas de María, hasta que exploté y la que empezó a llorar fui yo, diciéndole: “¿No ves que no valora el sacrificio que haces por ella viniéndote todos los fines de semana? Con todo lo que podrías estar disfrutando en la ciudad y las chicas a la que podrías conocer” Mi hijo me abrazó, Dios mío, lo llené de besos, Tú te acordarás. Y ahí acabó todo el tema de María, toda mi preocupación.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Ay, Señor, pero así estamos otra vez. Cuánto sufrimiento para lo poco que te pido. Yo creía que me habías premiado mi sacrificio haciendo que Alberto y Laura se enamoraran. Y te lo agradezco, Dios mío, mil veces al día desde entonces, porque todo vino rodado y para mí era la recompensa a mis noches en vela, rezando para que todo le fuera bien al niño.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Sé que has hecho mucho por nosotros, desde que se casaron y Alberto empezó a trabajar con Don Ricardo en Las Tablas, llevándole la finca. Nunca me había sentido tan orgullosa de él, olvidé que esta vida es un valle de lágrimas. Ay, Señor, cuando entré en San Bartolomé del brazo de mi hijo, me parecía ir flotando de satisfacción. En ese momento no me dolían las manos de poner inyecciones, ni la espalda de asistir a las parturientas. Me sentía como una reina, del brazo de Alberto, vestido con su chaqué nuevo y yo con mi mantilla de Chantilly.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Mira que les he insistido para que tuvieran hijos, pero Tú no has querido dárselos. Yo te lo respeto, Señor, Tú sabes los planes que tienes para ellos. Pero no me dirás que eso no influyó para que, cuando murió Don Ricardo, que en tu Gloria lo tengas, el sinvergüenza de Ricardito le dijera a mi Alberto que tenía otros planes para Las Tablas y que se fuera buscando otro trabajo. Todo porque Don Ricardo, que era tan buena persona como infeliz, dejó en el testamento Las Tablas para su hijo y la casa palacio para Laura. ¿Me quieres decir qué hacemos nosotros con ese caserón si Alberto no tiene trabajo con el que mantenerlo?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Desde entonces, Dios mío, y de eso hace ya dos meses, te estoy pidiendo que el niño se decida a vender la casa palacio y comprar unas buenas tierras. Tú sabes que aquí si no tienes tierra no eres nadie. Y además, después de lo que ha pasado, tendría que montar su propia finca e ir con la cabeza bien alta por el pueblo, que nadie diga que Ricardito lo ha achantado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Pues nada, ahora me viene con la sorpresa, otra vez con esa mirada inocente lleno de entusiasmo, a decirme que por fin ha encontrado un buen trabajo. ¿Buen trabajo? ¿Qué necesidad tiene de ponerse de comercial en una empresa que nadie conoce y trasladarse a vivir a la ciudad? Con lo bien que estaríamos aquí los tres.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Y todo esto, Señor, Tú lo has visto, se lo he explicado tranquila, sin alterarme. Que la casa no es de él, sino de Laura, me dice. ¿Y no es eso lo mismo? ¿No es ella su mujer? Y que siempre había querido trabajar en una empresa. Yo también he querido toda mi vida estar tranquila en mi casa sin trabajar; pero esa es la diferencia: mirar por los demás o mirar sólo por uno. Y este, Dios mío, sólo mira por él, ya ves cómo me agradece tanto sacrificio.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Pero no queda ahí la cosa, me trago mis palabras y le digo: “Hijo mío, si quieres trabajar en una empresa, tú sabrás por qué, que yo no lo entiendo; pero, si quieres, espérate a que te contraten de directivo en alguna importante. ¿Te vas a rebajar yendo de puerta en puerta de comercial? Alberto, tú no estás hecho para eso”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;¿Es para tanto? ¿Acaso lo he insultado, Dios mío, para que se pusiera así? Te lo ruego, te lo pido de rodillas, Señor, haz que me llame. Sólo que me llame, Dios mío, que suene ahora mismo el teléfono, que yo sabré cómo hacerlo entrar en razón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(255, 102, 0);"&gt;Nota: &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 102, 0);"&gt;Ejercicio del curso de Relato Avanzado del Curso de Escritura. La propuesta consistía en construir un relato a partir del primer párrafo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-7523685766288375290?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/7523685766288375290/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=7523685766288375290' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/7523685766288375290'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/7523685766288375290'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/11/entrar-en-razn.html' title='Entrar en razón'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='09577046099504199173'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SR3yN6H7nfI/AAAAAAAAANk/LVpDsr5NiO4/s72-c/mujer3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-6536665917113248202</id><published>2008-09-16T20:12:00.010+01:00</published><updated>2009-07-02T09:02:56.132+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='infancia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amor'/><title type='text'>Tout s'arrangera</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SNAFUUEiI8I/AAAAAAAAALA/t_DBeoDDvzs/s1600-h/toutsarrengera.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SNAFUUEiI8I/AAAAAAAAALA/t_DBeoDDvzs/s320/toutsarrengera.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5246699412429874114" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.flickr.com/photos/batigolix/"&gt;batigolix&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Sábado, 21 de febrero de 1981&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemos llegado a Bayeux a las 10 de la mañana. Más de un día después de salir de Osuna en el autobús. El viaje ha estado bien, hemos venido charlando. Rafa dice que se ha apuntado al intercambio para ligarse a una francesa. Rosario se metía con él, diciéndole que con lo bruto que es, las francesas saldrán huyendo, con lo finas que son. “En Francia son mucho más liberales”, ha dicho Luis. “Sí, claro, por eso van a estar esperando que lleguéis con los brazos abiertos, ¿no?”, ha contestado Marta, y he pensado que lleva razón; pero no lo he dicho. Al revés, he intentado apoyar a Rafa y a Luis y he gritado: “Todavía no nos hemos ligado a ninguna y ya estáis celosas”. Los chicos han aplaudido y las chicas me han llamado creído y salido. Y eso que no creo que me ligue a ninguna francesa. Llevo tres meses intentándolo con Sonia y todavía no me he atrevido a decírselo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el instituto nos estaba esperando Marie, la profesora de Español de los franceses. Nos ha hecho entrar en una clase para explicarnos todo lo que haremos durante la semana de intercambio. Después nos ha presentado a los alumnos que nos habían correspondido. A mí me ha tocado Pierre. Es moreno, alto y fuerte. Tiene dieciséis años, es uno de los mayores, ha repetido dos veces. Lo primero que me ha preguntado es si jugaba al fútbol. No lo he entendido hasta la tercera vez. Le he contestado que no y ya no ha vuelto a hablarme hasta por la tarde, para decirme que había venido su padre a recogernos. El padre se llama Antoine, me cae bien. Habla mucho. Aunque no lo entiendo, parece simpático. Pierre ha ido todo el viaje en silencio, escuchando música por los auriculares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La casa está en medio del campo. Es muy grande, de piedra, con ventanas de madera. Jaqueline, la madre de Pierre, ha salido a recibirnos. Llevaba un delantal encima del chaquetón. Después he conseguido entender que se había estropeado la calefacción, por eso estaba cocinando con el abrigo puesto. Entonces me ha presentado a la hija, Sabine, que lleva los ojos tan pintados que parece que lleve un antifaz. Tiene el pelo negro con algunos mechones de rojo chillón. Y dos pendientes en cada oreja. Si la viera mi madre se llevaría un susto de muerte. También tienen un hermano pequeño, André. Se ha cambiado de habitación para que yo duerma en su cama, al lado de la de Pierre. Las paredes del dormitorio están llenas de pósters de futbolistas y cantantes sujetos con chinchetas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras ponía mi ropa en el armario ha venido la madre para darme una toalla y me ha dicho que cenaremos en un rato (¡son las seis y media!). Pierre se ha ido fuera a hacer footing. Yo le he dicho que estaba cansado y me he quedado solo en el cuarto. Como no sabía qué hacer me he puesto a escribir un diario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se me ha olvidado contar que esta mañana hemos visitado el instituto. Está muy bien. He visto que los franceses se pasan el día dándose besos. Cuatro cada vez que se ven. Creo que me llaman para cenar. Pepé, Pepé, con acento en la segunda e.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Domingo, 22 de febrero de 1981&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy hemos ido a Creully, que es en realidad el pueblo al que pertenece la familia de Pierre. Me han dicho que íbamos al mercado y que podía comprar regalos para mis padres. Los domingos ponen allí unas tiendas ambulantes, donde venden comida y licores. No tenía pensado comprarles nada, pero Jaqueline insistía tanto diciéndome que los quesos eran muy buenos que me he llevado dos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemos ido Pierre, André y yo con los padres. André no paraba de dar saltos en el coche. Jaqueline le ha regañado para que se estuviera quieto, pero él ni caso. Me ha pisado varias veces. No le he dicho nada porque no quería parecer un chivato, así que he puesto los pies lo más lejos posible de él. Pierre estaba enfadado y ha ido todo el camino mirando por la ventanilla. En el desayuno ha discutido con Antoine. He entendido que Pierre quería que nos llevaran a casa de un tal Frederic (no sé si se escribe así), en Bayeux; pero el padre no ha querido. Entonces Pierre me ha preguntado “Qu'est-ce que tu préfères?” y yo he dicho “Je ne sais pas” y él me ha mirado con cara de fastidio. Luego he pensado que tendría que haberle dicho que prefería ir a Bayeux, pero en ese momento no he caído. Podría haberme avisado antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabine ha venido a desayunar con los pelos tiesos y los ojos con toda la pintura corrida. Parecía la niña del exorcista. No sé si la de la película, que no la he visto, pero sí la del Castillo del Terror que vino la última vez a la Feria. Ella se ha quedado en la casa porque mañana tiene un examen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creully es enano, pero hay un castillo muy guay, como de película. Lo hemos visto por fuera y luego nos hemos ido al mercadillo donde he comprado los quesos con la ayuda de Jaqueline. Ha empezado a llover y Antoine ha comprado cinco paquetitos que caben en un bolsillo y en realidad son bolsas con forma de chubasquero. Es una buena idea. Todos se han reido cuando he dicho que nunca los había visto antes. Nos los hemos puesto y hemos seguido paseando como si nada, aunque yo estaba chorreando de rodillas para abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de comer he llamado a mi casa desde una cabina. Mi madre me dijo ayer que la llamara para explicarle si estaba bien en la casa que me había tocado. Le he dado el número de teléfono de Pierre y me ha dicho que, a partir de ahora, ella me llamará a la hora de cenar, un día sí y otro no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemos comido una cosa que se llama Raclette. Se pone queso en una minisartén, la minisartén se mete en un aparato que sirve para calentar el queso. Mientras se calienta, te pones en el plato patatas y embutidos y luego echas el queso derretido encima. Está bueno. André ponía la boca abierta en el borde del plato y empujaba la comida hacia adentro con el tenedor. Si lo viera mi madre se pondría histérica y se daría cuenta de que poner los codos en la mesa mientras como no es para tanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la tarde me he aburrido un poco. Pierre ha hecho un intento de hablar conmigo, me ha puesto música francesa y me ha preguntado si me gustaba. Le he dicho que sí por no molestarlo, pero en realidad no me gustaba. Le he preguntado si conocía alguna música española y me ha dicho Julio Iglesias. A Los Secretos no los conocía; pero sí a Dire Straits, aunque Pierre cree que son aburridos y prefiere a unos que se llaman The Police. Ha puesto una canción de ellos y está bien. Ya no hemos hablado más, se ha ido a ver la tele y yo me he quedado aquí escribiendo. ¡Son las 4 y ya es de noche! Menos mal que mañana hay instituto y veré a mis amigos allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Lunes, 23 de febrero de 1981&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son las 9 de la noche. Pierre está tumbado en la cama leyendo una revista y escuchando música. Yo estoy nervioso sin saber qué hacer, así que me he puesto a escribir. Hoy hemos visitado El tapiz de Bayeux, que es un tapiz de más de 60 metros de largo del siglo XI que cuenta la historia de una guerra entre Francia e Inglaterra. Es lo más famoso que tiene Bayeux, aparte de Anne Marie, la francesa que le ha tocado a Luis y está buenísima, a quien todos se quieren ligar. Yo ni lo intento, tendré suerte si me dirige la palabra en todo el intercambio. En todas partes hay carteles, postales y regalos con el tapiz de Bayeux. Tampoco es para tanto, cuando vayan los franceses a Osuna y vean los cuadros de Rivera de La Colegiata se darán cuenta de que los dibujos del tapiz no tienen comparación. Hemos estado por lo menos una hora viendo el tapiz, aunque los españoles mirábamos todo el rato a Anne Marie; las españolas a Bruno, el francés de Rafa, un tío con tupé que las iba sobando a todas; los franceses, que no son tontos, miraban a Carmen y, cómo no, las francesas a Quico, como hacen de costumbre las españolas cuando no hay francesas. Después hemos ido a dar una vuelta por el pueblo. Bueno, es casi una ciudad, porque es bastante grande. Los franceses han vuelto al Lycée porque tenían clases. Yo me he ido con Luis, Antonio, Rosario y Marta a tomar un café a un bar. Hemos pedido un café au lait y nos han puesto un tazón de medio litro con leche y dos gotas de café. Le hemos preguntado a un camarero si no había cafés más pequeños y nos ha hecho una clase tipo Barrio Sésamo, sacando tazas de detrás de la barra a la vez que decía “grand” o “petit”. Hemos vuelto al Lycée, teníamos que estar allí a la 1 para comer y después nos hemos ido a ver la catedral. Ha sido divertido explicarnos lo que habíamos hecho el domingo. A Antonio lo llevaron a cazar topos. Le ha tocado una francesa muy pava que se pasa el día estudiando, aunque para el caso Pierre es igual, aunque en vez de estudiar escuche música. Pero por lo menos a mí me llevaron al mercadillo de quesos. Que para qué habré dicho nada, porque Rosario ha empezado a decir que ya se notaba el tufillo y tonterías así. Han estado toda la tarde dando por saco con el tema. Pero, la verdad, ahora que estoy aquí escribiendo en el cuarto, me parece que huelo a queso... Hablando de olores, Rafa cuando llegó a su casa no encontraba el WC por ningún sitio, porque aquí la bañera y el WC están en cuartos separados, así que al final se lo hizo dentro de la bañera, pero por el lado por donde no estaba el grifo. Y como no había ducha, tuvo que poner el tapón y llenar un poco la bañera para que se fuera la meada. Entre unas cosas y otras estuvo un buen rato allí dentro y después Bruno le preguntó que qué hacía y se tuvo que inventar que había tenido que lavarse los piés. Entonces fue cuando el francés lo llevó al WC para explicarle que la próxima vez se los lavara en el bidé, que está en el mismo cuarto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de la catedral hemos vuelto al Lycée y cada uno a su casa. Luis y Marta tienen suerte, porque su casa está en el pueblo y pueden quedar; pero yo estoy en medio del campo y no hay nada que hacer. Cuando hemos llegado a la casa, Sabine me ha enseñado a jugar al solitario. Aunque sigue con las mismas pintas, ahora ya me parece más simpática, por lo menos me habla, no como Pierre. No he jugado mucho, porque ha venido André y ha empezado a preguntarme cosas, como si me gustaba más el fútbol o el baloncesto o si sabía jugar a nosequé. Hemos cenado oeufs en cocote, que son una especie de huevos al plato, ensalada y embutidos. Estaba recogiendo los platos con Pierre y Sabine, cuando ha sonado el teléfono. Jaqueline ha venido y me ha dicho que era mi madre. Me ha parecido raro, porque quedamos en que hablaríamos mañana. Me ha dicho que ha habido un golpe de estado en Madrid esta tarde. Yo la verdad es que no sabía muy bien lo que era un golpe de estado, me sonaba algo grave, cosas de guerra o algo así; pero ella me ha explicado más o menos que los políticos están en Las Cortes y los militares los han secuestrado. Entonces se ha puesto a llorar porque mi hermano Manolo está en la mili en Sevilla, y dice que en Valencia los que están en la mili han salido con tanques a la calle y que a ver si va a haber una guerra y no voy a poder volver. Mi padre le ha quitado el teléfono y me ha dicho que no me preocupe, que ellos están bien y que no pasará nada. Yo oía a mi madre por detrás decir en voz baja: ”¿Cómo puedes decir que no pasará nada?” y echarse a llorar. Mi padre me ha preguntado qué habíamos hecho y le he contestado que habíamos visto el tapiz y la catedral y él me ha dicho que qué bien y que si estoy aprendiendo francés, pero en realidad lo que quería era aparentar que no estaba preocupado, que es lo que hace cuando lo está y la cosa es grave. Al final se ha puesto mi madre más tranquila y me ha dicho que había hablado con Manolo y que, de momento, estaba en el cuartel y estaba bien. Me llamará mañana otra vez. He colgado y cuando he ido a la sala Jaqueline y Antoine ya sabían lo que pasaba en España, porque estaban viendo la tele. Jaqueline me ha preguntado cómo está mi familia. No le he explicado lo de Manolo, porque tampoco sé cómo explicárselo en francés, así que le he dicho que bien y ella me ha abrazado. Me ha dado un poco de corte y no sabía dónde poner las manos. Después he jugado un rato con Sabine al solitario y me he venido al cuarto. Me han entrado ganas de llamar a Sonia, que no ha venido porque ella es de inglés, y seguro que cuando volvamos a Osuna ya estará saliendo con alguno; pero aquí ¿desde dónde voy a llamar? También me he acordado de Manolo. Espero que no tenga que salir con los tanques ni nada de eso. Está de administrativo, así que no creo. Es un cachondo y parece muy valiente, pero en el fondo es un cagao, sólo se fue a la mili porque no sabía qué estudiar y decía que así se la quitaba de encima. ¡Qué mala suerte, joder! Me he puesto nervioso pensando en eso y he decidido escribir, porque tampoco sabía muy bien qué hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Martes 24 de febrero de 1981&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy nos han reunido a todos los españoles en el Salón de Actos del Lycée. Nuestros profesores de francés, Rafael y Lourdes, nos han explicado lo que está pasando en España. Estaban muy serios y con cara de no haber dormido mucho. Enseguida me he dado cuenta de que Luis y Marta se daban la mano. Después se han soltado, pero cuando Rafael ha dicho que ayer por la noche el Rey salió por la tele y dijo que él no estaba de acuerdo con los militares ni con el golpe de estado, Marta ha soltado “¡Bien!” y le ha vuelto a dar la mano a Luis. Me he preguntado qué habría pasado con estos dos y la verdad es que estaba más pendiente de ellos de lo que decían los profesores. Lo del Rey parece que es muy bueno, porque como es el jefe de las Fuerzas Armadas, los militares tienen que hacerle caso y dejar libres a los políticos. El peor es Tejero, porque no ha obedecido al Rey y sigue encerrado en Las Cortes sin dejar salir a nadie. Rafael y Lourdes nos han dicho que vamos a esperar a ver qué pasa y que de momento cancelábamos la visita al Cementerio Americano, a donde teníamos que ir hoy. En vez de eso, nos han dicho que acompañemos a los franceses a las clases. No me ha dado tiempo de hablar con Luis ni con Marta, porque después de la reunión han venido los profesores franceses, que también tenían cara de no haber dormido, y nos han dicho a qué aula teníamos que ir cada uno. Yo he sido de los primeros en salir y con toda la bulla no he podido preguntarle a Luis. Ahora estoy en 1ºE, sentado al fondo de la clase de Pierre. Están dando Física y no hay ningún otro español aquí. Como me aburría, me he puesto a escribir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Miércoles 25 de febrero de 1981&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo un montón de cosas que escribir y no sé si me dará tiempo, porque dentro de un rato Antoine nos llevará a Pierre y a mí a Bayeux a cenar a casa de Silvie junto con otros españoles y franceses del intercambio. Silvie es la fracesa a la que me he ligado. Yo todavía no me lo creo, aunque es verdad. Es delgada, un poco más baja que yo y pelirroja. Lo que menos me gusta es que lleva unas gafas rojas redondas y parece una azafata del Un, dos, tres, pero no está tan buena, claro. Lo que más me gusta son sus besos, tiene los labios suaves y esponjosos y no puedo parar de besarla. Ella tampoco puede parar. Por eso casi no he hablado con ella, aparte de todo lo que le conté del Golpe de Estado justo antes de enrollarnos ayer por la tarde. Ella también me decía Pepé, con acento en la segunda e; pero cuando empecé a decirle Sílvi, con acento en la primera i, aprendió a pronunciar mi nombre como es.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer, después de la clase de Física, antes de que llegara el profesor de Ciencias, Silvie vino a preguntarme qué era lo que escribía. Ella está en la clase de Pierre y no se ha apuntado al intercambio. Le expliqué que escribía cosas del intercambio y que como estábamos en un Golpe de Estado a lo mejor servía por si había una guerra y no podíamos volver a España en mucho tiempo y después yo tenía que encontrar a mi familia. No sé de dónde me saqué eso, nadie nos había dicho que podría pasar algo así. A lo mejor fue porque el verano pasado leí &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Por quién doblan las campanas&lt;/span&gt;, en el que Jordan, el protagonista, se liga a María en medio de la guerra. Me dí cuenta de que Silvie se emocionaba y empezamos a hablar del golpe de estado. Yo no sabía muy bien qué explicarle, porque por la mañana no había prestado atención a los profesores, estaba distraido viendo cómo Luis y Marta se daban la mano. Exageré un poco la situación, porque veía que ella intentaba consolarme y eso me gustaba. También le expliqué que mi hermano estaba haciendo la mili y que seguramente le habrían obligado a salir con los tanques por Sevilla. Ella puso los ojos como platos, me cogió la mano y la apretó durante unos segundos. Bueno, todo esto se lo expliqué como pude, porque en francés es un poco difícil de decirlo. Supongo que ella me entendía más o menos. Después llegó el de Ciencias y tuve que volver a sentarme al fondo de la clase. Durante toda la hora Silvie estuvo enviándome papelitos que decían cosas como “Ne t'inquìète pas, tout s'arrangera” o “Je resterai toujours ton amie”. Yo le contestaba con otros papelitos que decían “Je l'espère” o “Merçi, moi aussi je serai toujours là pour toi”. Casi al final de la clase, vino una de las secretarias del Lycée a decirle una cosa al profesor. Entonces él me señaló y me dijo que tenía que ir al Salón de Actos a reunirme con el resto de profesores y alumnos españoles. De pronto, Silvie se levantó y preguntó si podía acompañarme; pero él no la dejó venir conmigo. Cuando llegué al Salón de Actos la mayoría de mis compañeros estaban allí, incluidos Luis y Marta sentados juntos en la última fila y cogidos de la mano. Me senté al lado de Luis y le pregunté en voz baja: “Tío, ¿te has enrollado con Marta?” Él sonrió y, antes de que pudiera responder, Marta se giró hacia mí y dijo: “Estamos saliendo desde ayer”. Y le dio un beso a Luis. Entonces llegaron los profes, Rafael y Lourdes. Enseguida me dí cuenta de que tenían buenas noticias, porque estaban sonrientes, no como por la mañana. Nos explicaron que el golpe de estado se había acabado, que los militares golpistas se habían rendido y habían dejado salir a los políticos. Todos nosotros empezamos a aplaudir y a pegar saltos. “Esta tarde iremos al Cementerio Americano”, dijo Rafael. Y nosotros seguimos gritando de alegría. En aquel momento pensé que en realidad ninguno de nosotros había entendido muy bien lo que estaba pasando, aunque todos habíamos tenido miedo de que algo horrible pudiera ocurrir, sin saber exactamente qué podría ser. Salimos del Salón de Actos y Luis aprovechó un momento para explicarme cómo se había ligado a Marta, mientras ella iba al cuarto de baño. Ya decía yo que tenían suerte viviendo los dos en Bayeux. Salieron con sus franceses por la noche y se habían enrollado. Luis me lo estaba contando, cuando vi a Silvie, buscándome. Nada más verme me preguntó qué había pasado. Le respondí que se había acabado el golpe de estado y ella me echó los brazos al cuello y me abrazó fuerte. Yo estaba como mareado y en un segundo pensé: “Ahora o nunca”. Le dí un beso en la boca, allí en medio del pasillo. Ella se despegó un poco, tuve miedo de que no le hubiera sentado bien lo del beso; estaba esperando a que me diera un empujón o algo así. Pero no, se acercó y me dio otro beso, más largo que el de antes. Desde entonces no hemos parado de enrollarnos. Luis se quedó de piedra, porque lo vió todo. Lo que no sabía es que la noticia era tan nueva para mí como para él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, lo escribo rápido porque en un rato me voy, el caso es que comí con Silvie en el comedor y ella me presentó a tres amigas. Una de ellas era Béatrice, la francesa que le ha tocado a Carmen. Yo ya la conocía del día del tapiz. Entre todas decidieron que hoy iríamos juntos a cenar. Silvie pudo apuntarse a la excursión al Cementerio Americano, a la que fuimos todos, franceses y españoles. Es un campo enorme lleno de cesped y de cruces blancas. Los muertos judíos no tienen cruz, sino una estrella de David. Y está justo en la playa donde se produjo el desembarco de Normandía. Silvie y yo fuimos todo el rato de la mano. De vez en cuando, nos quedábamos atrás y aprovechábamos para besarnos. En el autobús de vuelta, Pierre me dijo que convencería a su padre para que hoy nos llevara a Bayeux a cenar a casa de Silvie. Y me guiñó un ojo. Creo que desde ese momento empecé a caerle mejor y él también a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta mañana hemos ido a Caen, que es una ciudad grande cerca de Bayeux. Hemos estado viendo el Ayuntamiento, que en realidad se llama Abbaye aux Hommes, la abadía de los hombres. Y después, sobre todo las chicas, han estado comprando regalos y postales. Los chicos se dedicaban a mangar cosas en las tiendas. Es increible lo fácil que es, nadie vigila nada. Yo he estado explicando a Luis lo de Silvie y no he robado nada porque me pongo nervioso y se me nota, aunque sí he distraído varias veces al dependiente para que Rafa pudiera llevarse algo. Lo he hecho porque el tío es un pesado y no paraba de insistir. Luis tampoco tenía mucho interés por mangar nada, pero sí por saber cómo había empezado a salir con Silvie y por explicarme cómo se había enrollado con Marta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemos llegado al Lycée después de comer. Silvie me ha dicho que me ha echado mucho de menos, pero enseguida ha llegado Antoine a recogernos a Pierre y a mí para ir a casa y dentro de un rato nos vuelve a llevar a Bayeux. Pierre ha convencido a su padre para que nos deje quedarnos a dormir en Bayeux, en casa de Frédéric, que es el francés de Quico. Mañana hacemos una excursión al Mont Saint-Michel. He hablado con mi madre y me ha dicho que Manolo está muy bien y que le dan permiso el fin de semana para ir a Osuna. Estaba contentísima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Jueves, 26 de febrero de 1981&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frédéric vive en una casa grande con una casita pequeña en el jardín, que es en realidad su habitación y cuarto de estudio. Como es independiente de la casa de sus padres, puede hacer lo que le dé la gana allí. Fuimos a la cena nueve personas. Los franceses: Pierre, Frédéric, Béatrice, Silvie y dos amigas suyas que no se han apuntado al intercambio. Los españoles: Carmen, Quico y yo. La madre de Silvie es muy simpática y muy joven. Yo estaba muy cortado, porque Silvie ya le había explicado que salimos juntos. Es increible, la madre estaba tan contenta y no paraba de preguntarme cosas. Y Silvie no se cortaba dándome la mano y cosas así. Aquí los franceses son muy liberales. Después de la cena, más o menos a las diez de la noche, Pierre le dijo a la madre de Silvie que si podíamos ir a casa de Frédéric a escuchar música. Al principio no quería dejarla salir, porque era muy tarde y al día siguiente había que ir a clase; pero al final entre todos la convencimos. En el cuarto de estudio de Frédéric estuvimos escuchando música. Entonces me dí cuenta de que no era el único que había ligado. Quico estaba con Béatrice, enseguida se fueron a la habitación. Y Frédéric estuvo intentando enrollarse con Carmen, diciéndole que podrían intercambiarse las casas cuando a ellos les tocara ir a Osuna: Béatrice en la de Quico y él en la de Carmen. Ahora sé que consiguió ligársela, pero la verdad es que yo no los vi, porque a las doce Silvie dijo que tenía que irse, que era demasiado tarde, y la acompañé a su casa. Antes de entrar, nos enrollamos junto a una tapia que hay delante de su jardín y esa ha sido la mejor vez porque estábamos solos y la acaricié por todo el cuerpo. No quería que se fuera, pero ella decía que su madre le regañaría por llegar tan tarde. Me prometió que intentaría venir hoy al Mont Saint-Michel y entró en su casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final Silvie no ha podido venir a la excursión. Como no está apuntada al intercambio, no la han dejado. Estaba casi llorando cuando me lo ha dicho. Al principio, en el autobús, yo estaba serio, no me apetecía nada pasar todo el día por ahí, estaba cabreado porque Silvie se había quedado en Bayeux. Rosario se ha sentado a mi lado y ha empezado a canturrear: “Pepe se ha enamorado, Pepe se ha enamorado”. Yo hacía como que no la oía, pero le hubiera tapado la boca con mucho gusto. Rafa, que es un bruto pero es buena gente, ha gritado: “Pepe es el más listo de este autobús, coño”. Nos hemos reído y se me ha pasado el cabreo. Además, luego se han empezado a meter con Quico, Carmen, Béatrice y Frédéric. “Esto no es un intercambio, ¡es un doble intercambio!”, gritaba Rafa. Carmen se ponía roja como un tomate y no dejaba a Frédéric ni darle la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Mont Saint-Michel es un monte en medio de una playa gigantesca. Cuando sube la marea se convierte en isla. La marea sube a la velocidad de unos caballos galopando. Eso no lo hemos visto. Por lo menos no me he dado cuenta. Encima del monte hay un monasterio como de película y todo el pueblo está lleno de museos, de iglesias, murallas, restaurantes y tiendas. Le he comprado a Silvie una colonia. Rosario me ha ayudado a elegirla. A Luis y Marta casi no los he visto. Se han pasado el día dándose besos por las esquinas. Casi todo el rato he estado con Pierre, Antonio, Rosario, Rafa y sus franceses. Rafa no paraba de robar cosas a escondidas de los franceses, a quienes les molesta que vayamos mangando por las tiendas. Rafa dice que lo que se lleva ya se lo cobran por otro lado. Puede que lleve razón, porque nos hemos comido un bocadillo en un bar que nos ha costado un ojo de la cara. Aquí en Francia todo es mucho más caro que en España, pero en el Moint Saint-Michel mucho más. Mientras comíamos, Antonio ha estado hablando de la que podría haberse armado con el golpe de estado. Decía que ahora podíamos estar en guerra y que gracias al Rey todo se había solucionado. Antonio piensa que la culpa de todo la tienen los franquistas, que no se han acostumbrado a que en España ahora hay una democracia. “Si viviera Franco, anda que íbamos a estar nosotros de intercambio en Francia”, ha dicho. “Pues mi padre dice que con Franco vivíamos mucho mejor, sin tantas huelgas ni terrorismo ni nada”, ha soltado Rosario. “Ni libertad”, ha añadido Antonio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después hemos cogido el autobús de vuelta y Antoine nos esperaba en el Lycée. No he podido ver a Silvie. Hace un rato que hemos cenado. Sabine no está, creo que se ha ido a estudiar a casa de una amiga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Viernes, 27 de febrero de 1981&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta mañana he vuelto a ver a Silvie. Le he dado la colonia. Le ha encantado. Nos hemos visto en todos los descansos entre clase y clase. Ella está triste porque mañana nos vamos, pero yo le digo que no lo piense. Ahora estamos en el Salón de Actos, vamos a ver una película del desembarco de Normandía. A las doce hay un partido de fútbol entre españoles y franceses. Yo no juego, no me gusta el fútbol, pero iré con Silvie a animar. Esta noche hay una fiesta de despedida en el Lycée. Rafa dice que es su última oportunidad. Yo tengo ganas de ir, pero por otro lado me da pena que se acabe la semana de intercambio. No sé cuándo volveré a ver a Silvie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Sábado, 28 de febrero de 1981&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy en el autobús. He dormido un rato, pero me ha despertado Rafa, dándose cabezazos contra mi hombro. Vamos todos en silencio porque estamos muertos entre la fiesta de ayer y el viaje de hoy, la mayoría va durmiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer fuimos al partido. Ganamos los españoles. Silvie me dijo que intentaría apuntarse al intercambio para venir a Osuna con el resto de franceses. Me hizo prometerle que le escribiría todos los días. La fiesta estuvo muy bien. Fue en el gimnasio del Lycée. Ponían una canción francesa y una española. A Silvie le gustaron Los Secretos. Bailamos un montón de lentos. Me daba un poco de corte enrollarme con ella delante de todo el mundo, así que salíamos de vez en cuando al patio para estar solos, aunque siempre había parejas fuera, pero eso ya no me importaba. Rafa al final se ligó a la francesa pava de Antonio. Nos hemos estado riendo de él un buen rato por eso. A él le da igual, también se reía. A la una vino Antoine a recogernos a Pierre y a mí para llevarnos a su casa. Más o menos todo el mundo se fue a esa hora, porque se acababa la fiesta en el Lycée. Bueno, menos los que viven en Bayeux, que estuvieron por lo menos hasta las tres en casa de Frédéric y Quico. Esta mañana hemos salido a las nueve. Me he tenido que levantar muy temprano, porque ni siquiera había hecho la maleta. Los quesos huelen un montón, seguro que apestan toda mi ropa. Silvie ha venido a despedirse. Lloraba todo el rato. Yo intentaba consolarla y le decía que nos veríamos cuando viniera a Osuna, aunque no es seguro que pueda venir. Ojalá la dejen. Me ha regalado un cassette de música francesa, la mayoría de canciones que pusieron en la fiesta. No es que me guste mucho, pero es un detalle. “Je t’aime” ponía en la carátula. Me lo ha dicho varias veces antes de que subiéramos al autobús. Yo también se lo he dicho a ella, claro. Por supuesto no he llorado, pero tenía un nudo en la garganta. Pierre me ha dado la mano al despedirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía nos queda mucho viaje, aunque tengo ganas de llegar. Sobre todo para ver a Manolo y explicarle que al final he ligado. Él siempre se mete conmigo por eso. También quiero que me cuente si tuvo que salir con los tanques a la calle durante el golpe de estado. Menos mal que al final se arregló todo. Si no, cualquiera sabe qué hubiera pasado, igual hubiéramos tenido que volvernos y los franceses no podrían venir a Osuna en mayo, durante la feria. Me alegra saber que cuando lleguemos a España todo estará igual que antes. Acabo de encontrarme en el bolsillo del pantalón la notita que Silvie me envió: “Ne t'inquìète pas, tout s'arrangera”&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-6536665917113248202?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/6536665917113248202/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=6536665917113248202' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/6536665917113248202'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/6536665917113248202'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/09/tout-sarrangera.html' title='Tout s&apos;arrangera'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='09577046099504199173'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SNAFUUEiI8I/AAAAAAAAALA/t_DBeoDDvzs/s72-c/toutsarrengera.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-3863177357697645299</id><published>2008-08-07T18:14:00.004+01:00</published><updated>2009-07-02T09:02:56.132+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diálogo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amor'/><title type='text'>La estantería</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SJszGgpxmNI/AAAAAAAAAJw/oVIcydMWDKk/s1600-h/piso.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SJszGgpxmNI/AAAAAAAAAJw/oVIcydMWDKk/s320/piso.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5231831579058346194" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;© &lt;/span&gt;&lt;a style="font-family: georgia;" href="http://www.martapueyo.com/"&gt;Marta Pueyo&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style=";font-family:georgia;font-size:100%;"  &gt;&lt;br /&gt;- Como sigas apretando así vas a terminar pasando de rosca el tornillo y luego será imposible sacarlo.&lt;br /&gt;- ¡Ah! ¿Y cómo se supone que tengo que hacerlo, le pido por favor que se enrosque hasta el final?&lt;br /&gt;- Oye, no me contestes así, te lo he dicho de buena manera. Haz lo que quieras.&lt;br /&gt;- Haz lo que quieras... No es hacer lo que yo quiera, sino hacer lo que hay que hacer. Como tú no me informas, y se supone que eres el experto, pues no sé hacerlo. Lo hago lo mejor que puedo, pero claro, el señorito sólo se digna dirigirme la palabra cuando ve que hago algo mal.&lt;br /&gt;- Te he informado de que si seguías apretando se pasaría de rosca. Pero tú te cabreas con cada cosa que te digo porque piensas que sabes hacerlo y te molesta que te diga cómo se hace. ¡Ah! Ahora te vas, ¿eh? Pues nada, que te vaya bien.&lt;br /&gt;- Te estoy escuchando.&lt;br /&gt;- Te has puesto el abrigo, eso quiere decir que te vas, ¿o es que tienes frío?&lt;br /&gt;- Me he puesto el abrigo porque está claro que no tengo nada que hacer aquí contigo. Me voy a la calle y cuando vuelva sabré perfectamente hacer mi trabajo: recoger todo lo que hayas dejado por el suelo.&lt;br /&gt;-  Sí, será mejor que te vayas.&lt;br /&gt;- Eso es: ``vete, vete´´. ¡Hablar contigo es imposible!. Pues ahora no me voy, esta es mi casa. No soy yo la que tiene que irse.&lt;br /&gt;- El que tiene que irse soy yo, ¿no? Pues nada, cargo otra vez todas las herramientas y me voy. Para qué habré tenido que venir a ayudarte a montar esto...&lt;br /&gt;- ¿Qué haces?&lt;br /&gt;- Estoy recogiendo. Me voy.&lt;br /&gt;- No te he dicho que te vayas. Sólo quiero que hablemos de lo que ha pasado.&lt;br /&gt;- ¿Qué ha pasado? Te he dicho que ibas a pasar de rosca un tornillo y me has echado de tu casa.&lt;br /&gt;- No. Lo que pasa es que tú no hablas, tú vas haciendo y piensas que has dicho las cosas y en realidad no las has dicho. Y luego quieres que todo se haga como tú has pensado que se hiciera, pero sin que lo hayas comentado. Y me vas a volver loca.&lt;br /&gt;- Joder, no llores. No entiendo qué te pasa... estábamos tan a gusto montándote la estantería y es que todavía no sé lo que ha pasado&lt;br /&gt;- Ante cualquier discusión tú sales corriendo, así cómo quieres que te conozca, así cómo quieres que no me enfade y que sepa lo que quieres. ¿Cómo quieres que sepa si de verdad quieres que vaya a vivir contigo?&lt;br /&gt;- Te he pedido que te vinieras a vivir conmigo... Si te lo he pedido es porque quiero, si no, no te lo hubiera dicho. Pero tú me has dicho que no estabas segura, pues yo lo respeto. Y, por favor, deja de llorar. Toma, un pañuelo.&lt;br /&gt;- Pero es que no estoy segura porque no sé si tú quieres de verdad o te vas a cansar de mí a la media hora de estar juntos.&lt;br /&gt;- No me voy a cansar. Pero si nos cansamos, pues qué le vamos a hacer. No hacer las cosas por miedo a que se estropeen... No llores, ¿cómo me voy a cansar? Si estoy loco por ti... Ven, dame un abrazo.&lt;br /&gt;- ¿De verdad, de verdad que quieres que viva contigo?&lt;br /&gt;- De verdad.&lt;br /&gt;- ¿Y qué hago ahora con la estantería?&lt;br /&gt;- ¡Qué tonta eres! Ven aquí...&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-3863177357697645299?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/3863177357697645299/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=3863177357697645299' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/3863177357697645299'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/3863177357697645299'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/08/la-estantera.html' title='La estantería'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='09577046099504199173'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SJszGgpxmNI/AAAAAAAAAJw/oVIcydMWDKk/s72-c/piso.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-7480691134452731987</id><published>2008-07-27T00:32:00.003+01:00</published><updated>2009-07-02T09:04:50.534+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mi fiesta'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='libro'/><title type='text'>El sueño del gato</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SIxKerbZENI/AAAAAAAAAJI/yiF-DKPFIg8/s1600-h/suenogato.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SIxKerbZENI/AAAAAAAAAJI/yiF-DKPFIg8/s320/suenogato.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5227635158384447698" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Estaba a punto de meterme en la ducha cuando sonó el interfono. Fui a ver quién era. Una voz desconocida preguntó por mí. Era el cartero, me traía un paquete. No sabía que los carteros trabajaban los sábados por la mañana. Mientras el hombre subía a casa en el ascensor y me ponía un vestido de verano, me he preguntado qué era lo que vendría a entregarme. De pronto me he acordado. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;El sueño del gato&lt;/span&gt;. El libro que ha editado la &lt;a href="http://www.escueladeescritores.com/article1780.html"&gt;Escuela de Escritores&lt;/a&gt; con cuentos de los alumnos. En ese libro hay un cuento mío, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;La huida&lt;/span&gt;. Lo pedí hace unos días y lo había olvidado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He sonreído al cartero que me ha hecho firmar un resguardo y, en cuanto se ha ido, he abierto el paquete con cuidado para no estropear el libro. Calculo que debe haber unos trescientos cuentos en él. He tenido la sensación de abrir una caja llena de cartas escritas por algún desconocido con la emoción de poder leerlas. Entonces he empezado a buscar entre los autores a mis compañeros de la Escuela. He encontrado cuentos de Emilia, Begoña, Javier... Aquí sigo desde entonces, leyendo historias diferentes con una cosa en común: la ilusión de formar parte de un libro hecho de sueños, un libro que lleva en su título esa declaración de intenciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Esta fiesta tiene hoy otro motivo para brindar, que el gato no deje de soñar nunca.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-7480691134452731987?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/7480691134452731987/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=7480691134452731987' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/7480691134452731987'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/7480691134452731987'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/07/el-sueo-del-gato.html' title='El sueño del gato'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='09577046099504199173'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SIxKerbZENI/AAAAAAAAAJI/yiF-DKPFIg8/s72-c/suenogato.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-6214965931020432429</id><published>2008-06-20T00:04:00.006+01:00</published><updated>2009-07-02T09:04:50.534+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mi fiesta'/><title type='text'>Dúplex de blogs</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SFrrzrbjlAI/AAAAAAAAAIM/KPTvZRX7ITg/s1600-h/marta.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SFrrzrbjlAI/AAAAAAAAAIM/KPTvZRX7ITg/s320/marta.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5213738791698928642" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.martapueyo.com/"&gt;Marta Pueyo&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Hay gente con la que te cruzas y que te hubiera gustado conocer mejor. Me ha pasado eso con Marta. Hemos compartido oficina durante varios años, hasta que un día ella se planteó dejar el trabajo para poder estudiar y dedicarse a lo que más le gusta: hacer fotos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parece sencillo apostar por lo que más feliz te hace pero, en cambio, tenemos tanto miedo a lo desconocido que a veces hacemos imposibles los cambios, aunque sean para mejor. Por eso, admiro a Marta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un par de días antes de irse, me envió una invitación para ir a una exposición de fotografías suyas. Y entonces fue cuando se nos ocurrió hacer un dúplex de blogs. Ya que están tan de moda las comunidades, nosotras empezamos hoy con esta primera piedra de nuestro dúplex. Yo me inspiraré en sus fotos para escribir mis cuentos y ella se inspirará en mis cuentos para hacer sus fotos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy estamos más de fiesta porque he colgado su primera foto en mi cuento anterior. Un reloj que no marca las horas. No me digáis que no es bonita. Gracias, Marta, y suerte en tus exámenes.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-6214965931020432429?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/6214965931020432429/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=6214965931020432429' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/6214965931020432429'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/6214965931020432429'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/06/dplex-de-blogs.html' title='Dúplex de blogs'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='09577046099504199173'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SFrrzrbjlAI/AAAAAAAAAIM/KPTvZRX7ITg/s72-c/marta.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-8658500322241366342</id><published>2008-06-03T19:47:00.013+01:00</published><updated>2009-07-02T09:02:56.133+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='familia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Reloj, no marques las horas</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SFrkjcRyINI/AAAAAAAAAH8/8bZbzkM49LE/s1600-h/rellotge.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SFrkjcRyINI/AAAAAAAAAH8/8bZbzkM49LE/s320/rellotge.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5213730816172105938" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=";font-family:georgia;font-size:78%;"  &gt;© &lt;a href="http://www.martapueyo.com/"&gt;Marta Pueyo&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;Cuando mi hermano Hugo fue de campamento la primera vez yo tenía seis años y los sábados por la mañana papá y mamá hablaban bajito en la cama y a veces decían: “Ay, madre, ay, madre”.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yo no sabía qué les pasaba aunque pensaba que debía ser algo divertido porque mamá se levantaba contenta y preparaba pan frito para desayunar, y a mí me encantaban los sábados que desayunábamos pan frito todos juntos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aquel día nos levantamos muy temprano para llevar a Hugo al campamento. Papá le había comprado una mochila enorme con diez bolsillos por lo menos y mi hermano estaba deseando llevarla a la espalda porque mamá le decía que era como la de un explorador.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Paramos en todas las fuentes de la carretera, mamá nos hizo fotos en cada una y Hugo usaba el cacillo de lata del campamento para beber. Después, teníamos que parar porque nos hacíamos pis y papá apuraba hasta el último momento. Mamá se ponía nerviosa y decía: “aquí mismo, para aquí”, mientras nosotros gritábamos: “para ya, papá, que me lo hago”.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Antes de llegar al campamento tuvimos que pasar por un camino de tierra. Mamá llevaba un mapa que le habían dado a Hugo los boyscouts; pero creo que no estaba muy bien dibujado porque mamá dijo: “nos hemos perdido, hay que preguntar”.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Papá estaba enfadado porque no le gustaba perderse y menos que mamá le dijera cada dos por tres: “pregunta, Antonio, hay que preguntar”.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Llevábamos ya un buen rato perdidos en medio del campo y mamá venga a decirle a papá que preguntase, hasta que él bajó la ventanilla y dijo: “eh, amigo, ¿por dónde se va al campamento de los boyscouts?”. Mamá, Hugo y yo nos asomamos por la ventanilla; pero no vimos a nadie. Yo pensé que debía de haber algún hombre escondido detrás de un árbol o algo así, hasta que mamá dijo: “¿a quién preguntas?” Y papá respondió: “a nadie, pero ya he preguntado, ¿no?”. Entonces, mamá y Hugo empezaron a reírse, y yo me reí también, aunque no sabía muy bien por qué; pero a papá no le hizo ninguna gracia.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por fin llegamos al campamento, nos despedimos de Hugo y nos quedamos mirándolo cuando se cargó la mochila y caminaba hacia su tienda. Sólo se le veían las piernas blancas y escuchimizadas por debajo. Parecía una mochila con patas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;A la vuelta, le pregunté a mamá cuándo me tocaba a mí ir de campamento y ella me respondió: “cuando tengas diez años”.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Después, papá puso la cinta de Antonio Machín, que era la que más nos gustaba, y todos cantamos &lt;i&gt;Reloj, no marques las horas&lt;/i&gt;. A mamá le encantaba esa canción, decía que era romántica; pero a mí me ponía un poco triste, como cuando los domingos volvíamos de comer en casa de los abuelos y yo todavía tenía que hacer divisiones antes de cenar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hugo volvió al cabo de una semana lleno de picaduras de mosquito, y aunque contaba que la comida era asquerosa y que no paraban de andar y correr y trabajar todo el día, a mí no se me quitaron las ganas de tener diez años e ir de campamento con una mochila llena de bolsillos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hoy mamá ha puesto el despertador a las ocho de la mañana. Papá vendrá a recogerme. Ya se ha puesto bueno y no está tan triste como cuando dejó de trabajar porque tenía la enfermedad de la depresión y, como ya puede conducir, me llevará al campamento. Hugo vendrá con nosotros, aunque le fastidia y está enfadado. Dice que prefiere quedarse para jugar al fútbol con sus amigos y ya quiere saber si volverán antes de las ocho, porque ha quedado con su amiga Clara (en realidad es su novia, pero a él le da rabia que la llamemos así) para ir al parque. Seguro que se pasa todo el viaje con los cascos puestos, escuchando música y sin hablar. Mamá dice que es porque está en la edad del pavo; pero él dice que nadie lo entiende. Y la verdad es que yo no lo entiendo, siempre está peleándose con mamá porque nunca le hace caso a la primera. Entonces, mamá se enfada y dice: “se acabó la tele”. Así que al final me quedo sin tele sin haber hecho nada malo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mamá no vendrá con nosotros al campamento, porque como ahora están separados ya no vamos juntos a ningún sitio. Pero ayer me prometió que haría pan frito para desayunar, aunque a mí me ha dado un poco de pena recordar los sábados por la mañana en los que hablaban bajito en la cama y decían: “ay, madre; ay, madre”, que ahora ya sé que es hacer el amor, porque ya tengo diez años.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 102, 0);font-size:85%;" &gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(*) Tengo que poner título a este cuento y tengo dos opciones: "Una mochila con diez bolsillos" o "Reloj, no marques las horas". Como no me decido, te pido ayuda: ¿Qué título te gusta más? Escribe tu respuesta en los comentarios. ¡Gracias!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 102, 0);font-size:85%;" &gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;ACTUALIZACIÓN 18/06: Título fijado definitivamente como "Reloj, no marques las horas" gracias a la aportación de los usuarios y a la de mi amiga &lt;a href="http://www.martapueyo.com/"&gt;Marta Pueyo&lt;/a&gt;, que me ha regalado una foto preciosa para ilustrar este post.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-8658500322241366342?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/8658500322241366342/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=8658500322241366342' title='17 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/8658500322241366342'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/8658500322241366342'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/06/reloj-no-marques-las-horas.html' title='Reloj, no marques las horas'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='09577046099504199173'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SFrkjcRyINI/AAAAAAAAAH8/8bZbzkM49LE/s72-c/rellotge.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-6075826147499388242</id><published>2008-04-19T19:24:00.006+01:00</published><updated>2009-07-02T09:04:50.534+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mi fiesta'/><title type='text'>Rosas contra el olvido</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SAo8ai3G2sI/AAAAAAAAAHU/jJccVg4yw-Y/s1600-h/rosas.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SAo8ai3G2sI/AAAAAAAAAHU/jJccVg4yw-Y/s320/rosas.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5191027947230124738" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.rosescontraloblit.com/index_es.html"&gt;&lt;span style="text-decoration: underline;"&gt;Roses contra l'oblit&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;El próximo miércoles se celebra una de las fiestas que más me gustan de Barcelona: el día de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Sant Jordi&lt;/span&gt;. Los enamorados se regalan libros y rosas. Según la tradición, ella compra un libro para él, y él una rosa para ella. Por fortuna, la mayoría hemos adaptado un poco la tradición a estos tiempos y regalamos rosa y libro, independientemente del sexo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las calles de Barcelona se llenan de tenderetes y de gente que pasea cargada de libros y de rosas. Es una fiesta en la que todos participan, un día en el que merece la pena salir a darse una vuelta y disfrutar del ambiente. Me encanta la combinación de libros, rosas y amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supe el otro día de una iniciativa, &lt;a href="http://www.rosescontraloblit.com/index_es.html"&gt;Rosas contra el olvido&lt;/a&gt;, que invita a la gente a regalar rosas a personas mayores que sufren las consecuencias de la soledad y la vejez. El objetivo, llegar a las 1001 rosas. No son muchas, ¿los ayudamos?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-6075826147499388242?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/6075826147499388242/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=6075826147499388242' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/6075826147499388242'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/6075826147499388242'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/04/rosas-contra-el-olvido.html' title='Rosas contra el olvido'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='09577046099504199173'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SAo8ai3G2sI/AAAAAAAAAHU/jJccVg4yw-Y/s72-c/rosas.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-1280785454748432946</id><published>2008-04-19T12:08:00.003+01:00</published><updated>2009-07-02T09:04:50.535+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mi fiesta'/><title type='text'>Cumpleaños desapercibido</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SAnWdS3G2rI/AAAAAAAAAHM/OvR1CY4suOQ/s1600-h/copas.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SAnWdS3G2rI/AAAAAAAAAHM/OvR1CY4suOQ/s320/copas.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5190915844288731826" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.flickr.com/photos/saulgm/332993997/"&gt;Saul GM&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;El lunes pasado esta fiesta cumplió un año. Me he dado cuenta hace unos minutos. He estado tan liada que olvidé descorchar una botella y brindar con vosotros, los que pasáis por aquí y los que dáis vida a este baile, lanzándoos a la pista con las primeras notas de cualquier canción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias, gracias, gracias mil por no dejar de sorprenderme, por hacer que ese adjetivo que titula este blog siga teniendo sentido, por manteneros atentos a pesar de los cambios de ritmo. Estoy aprendiendo, gracias por la paciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es un placer veros por aquí. Coged una copa y brindad conmigo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-1280785454748432946?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/1280785454748432946/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=1280785454748432946' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/1280785454748432946'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/1280785454748432946'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/04/cumpleaos-desapercibido.html' title='Cumpleaños desapercibido'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='09577046099504199173'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SAnWdS3G2rI/AAAAAAAAAHM/OvR1CY4suOQ/s72-c/copas.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-5441971654082504744</id><published>2008-04-19T11:08:00.002+01:00</published><updated>2009-07-02T09:02:56.135+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantástico'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>El baño</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SAnIFi3G2qI/AAAAAAAAAHE/zuJGHLuLZfY/s1600-h/piscina.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SAnIFi3G2qI/AAAAAAAAAHE/zuJGHLuLZfY/s320/piscina.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5190900043104049826" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;p style="text-align: center;font-family:georgia;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.flickr.com/photos/minuano12/2246727277/"&gt;minuano12&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Amaneció un día espléndido de primavera tardía. Cálido, soleado, claro. Yo había estado esperando durante todo el invierno que llegara un día así. Cada vez que me asomaba al balcón, observaba la piscina reluciente, con sus pequeños azulejos de gresite que teñían el agua de un azul intenso, casi irreal. Me sentía fascinada por su quietud, sólo interrumpida a veces por las ondas que dejaba a su paso algún gorrión que sobrevolaba el agua, apenas rozándola para beber. Los días de lluvia, se me pasaban las horas mirando embelesada las diminutas salpicaduras que agitaban la superficie, componiendo una coreografía hipnótica como las interferencias de una televisión no sintonizada, en la que las oscilaciones provocadas por cada gota de lluvia se entrecruzaban como las notas improvisadas de una jam session.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La piscina está situada en medio del patio trasero de nuestra casa, orientado al sur. La rodea una franja de césped que termina en los muros altos de piedra que delimitan el jardín. Muy pocas veces sopla el viento y siempre viene del norte, pasando por encima de la casa sin alterar la placidez del agua.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Cuando desperté aquel sábado de primavera, me asomé al balcón y comprobé que no había ni una sola hoja flotando sobre la superficie de la piscina, parecía como si toda el agua fuese un solo bloque inamovible de cristal azul. Durante unos segundos me sentí como parte de una fotografía, detenida en el tiempo. Un instante sólo alterado por el deseo de sumergirme en el agua después de un rato de sol.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Entré en la habitación. Mi marido todavía dormía en nuestra cama. Había llegado tarde la noche anterior y no quise despertarlo. Además, me apetecía disfrutar sola de ese momento que había estado esperando durante todo el invierno.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Unos días antes me había comprado un bikini nuevo. Decidí estrenarlo, pero mientras me desnudaba sólo podía pensar en el placer del baño que iba a darme, el primero de la temporada de calor, y entonces el bikini me pareció una prenda incómoda e innecesaria. Yo no solía bajar desnuda. Mi marido siempre insistía en que los muros del jardín eran lo suficientemente altos como para que nadie pudiera vernos desde otras casas; pero me incomodaba estar sin ropa al aire libre, siempre pensaba que alguien podría llegar a la casa de forma inesperada, aunque sabía que era un temor infundado, porque la única persona que tenía llaves era la asistenta, quién siempre llamaba antes de entrar. Sin embargo, aquel día bajé las escaleras desnuda y me tumbé sin pudor en una de las hamacas del jardín.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Estuve durante un buen rato acumulando rayos de sol y calor, alargando la espera del baño como un niño que deja la mejor golosina para el final, hasta que sentí unas gotas de sudor recorrer mi costado y me incorporé, dispuesta a sumergirme en el agua. Noté que estaba agitada, nerviosa, como cuando se acerca el momento de un primer beso. Quizás por eso mi recuerdo de aquel instante sea un poco difuso, como si en mi memoria no hubiera quedado sitio más que para la excitación y el deseo de estar dentro de la piscina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Bajé despacio por la escalerilla, sintiendo cómo se me erizaba la piel al contacto con el agua fría, cómo mi respiración se aceleraba y perdía el compás a medida que mi cuerpo se empapaba. Me sumergí por completo y me repuse de la impresión inicial con un par de brazadas suaves. Podía ver cómo al nadar iba dibujando en la superficie una pequeña ola que me precedía sólo unos centímetros y me sentí hipnotizada por la suavidad con que el agua mansa se iba transformando en onda hasta llegar al borde de la piscina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Nadé con suavidad durante un tiempo indeterminado, gozando de una especie de ingravidez que me iba transformando. De pronto reparé en que no estaba cansada, era como si los brazos y las piernas se movieran sin esfuerzo, flotando al son del agua sin que nada los impulsara, como si no tuviera huesos y mis músculos se hubieran vuelto fluidos. Mi baño sólo se interrumpía de forma desagradable cuando sacaba la cabeza para respirar. Justo entonces, sentía que me ahogaba. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Seguí nadando y buceando, abstraída por completo de pensamientos y cada vez alargaba más el momento de salir a respirar. No sé cuánto rato estuve así, de un lado a otro de la piscina, pero recuerdo que varias veces descarté la intención de terminar el baño e ir a preparar el desayuno. Tendría que secarme un poco al sol y subir a casa. Pero me sentía tan relajada que en el mismo instante que pensaba eso, decidía pasar un rato más en la piscina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En un momento dado me dí cuenta de que, de una zambullida, había dado dos vueltas buceando a la piscina. Me maravillé por mi recién descubierto aguante. Aunque no tenía necesidad, por inercia, saqué la cabeza del agua para respirar. En un segundo vi a mi marido asomado al balcón. Me pareció que estaba buscándome; pero antes de poder gritarle que estaba dándome un baño, sentí una angustiosa opresión en los pulmones y una asfixia insoportable. En un movimiento reflejo volví a sumergirme hasta que pude recuperarme y sentirme un poco mejor. Desde debajo del agua podía ver a mi marido entrar y salir de la habitación, buscándome con la mirada desde el balcón. Pensé que tendría que advertirle de que estaba en la piscina, pero cuando intenté llamarlo, otra vez con la cabeza fuera del agua, volvió la opresión y la asfixia y me zambullí de nuevo, sin apenas tiempo para emitir un gemido que él no pudo escuchar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Asumí que en algún momento él me encontraría y me abandoné a la ingravidez del agua, resistiéndome a realizar ningún esfuerzo por nadar, meciéndome en el propio movimiento ondulatorio que yo había creado. Poco a poco me invadió la sensación de que ocupaba toda las piscina, notaba el roce de los pequeños azulejos de gresite en mis caderas, en la espalda, en las plantas de los pies. Y esa percepción me fascinaba, nunca había sentido tanto bienestar, una armonía que no tenía comparación con ningún momento que yo hubiera vivido. No estaba sumergida en el agua. Era el agua misma. Me sobrevino esa certeza como cuando alguien sabe que tiene hambre, de una forma natural, sin razonamiento ni preocupación. Miré mi cuerpo desnudo y no me sorprendió no verlo, porque yo estaba dentro de mi cuerpo, que había ocupado el volumen de toda la piscina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Desde entonces, paso unos inviernos apacibles, a veces mecida por la cadencia de las gotas de lluvia que se funden en mi superficie, y unos veranos agitados por los baños de la familia que vino a vivir a la casa el otoño siguiente, cuando mi marido se trasladó, después de un verano extraño, lluvioso y frío.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style=";font-family:georgia;font-size:100%;"  &gt;He sido feliz todo este tiempo, pero ahora me asalta una preocupación. He oído decir que van a hacer obras en el patio. ¿Y si tuvieran que vaciar la piscina?&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-5441971654082504744?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/5441971654082504744/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=5441971654082504744' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/5441971654082504744'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/5441971654082504744'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/04/el-bao.html' title='El baño'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='09577046099504199173'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SAnIFi3G2qI/AAAAAAAAAHE/zuJGHLuLZfY/s72-c/piscina.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-8508916429456495021</id><published>2008-03-11T19:02:00.003Z</published><updated>2009-07-02T09:02:56.135+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amor'/><title type='text'>La cena</title><content type='html'>Julia se había quedado sentada en el sofá leyendo una revista, mientras Manuel, en la cocina, batallaba con unos rábanos que se resistían a ser pelados. Se le escurrían de las manos, como se le estaba escurriendo desde hacía meses el momento adecuado para hablar con Julia.&lt;br /&gt;- ¿Te ayudo? - le había preguntado ella.&lt;br /&gt;- No hace falta - había respondido él, ansioso por desaparecer de su vista y repasar a solas, una vez más, la conversación que tenía pendiente con ella.&lt;br /&gt;Se había ofrecido a hacer la cena. "Julia, tenemos que hablar", le diría después. Una ensalada y algo de fruta. "¿Qué pasa?", respondería ella. Una cena sencilla, sosa, sin riesgo de que a ella le gustase especialmente. "Ya no te quiero", continuaría él. De esos platos cotidianos que pasan desapercibidos. "¿Qué? ¿Qué quieres decir con que ya no me quieres?", preguntaría ella de forma retórica clavando sus ojos en él. Una comida rápida hecha sin amor, una más de una noche más. "Ya no siento lo mismo por ti", trataría de explicarse él. Lechuga, tomate, zanahoria, espárragos, maíz y rábanos. "¿Has conocido a alguien?", preguntaría ella tratando de justificar el desamor. Nada elaborado ni delicioso. "No, no es culpa de nadie", él le diría la verdad. Una cena anodina que, sin embargo, los dos recordarían siempre.&lt;br /&gt;- ¿Quieres que fría un poco de beicon y se lo echamos a la ensalada? - Julia apareció en la cocina por sorpresa.&lt;br /&gt;- Por mí no, pero si tú quieres - ya estaba, ya se había liado, ya no sería la cena aséptica que necesitaba. Ahora ella, como siempre hacía, se afanaría en compartir con él aquel momento. Querría resucitar su ensalada muerta, dar vida a una cena marchita, combatir el silencio con una de esas discusiones circulares en los que ambos se abandonaban a la decisión del otro, "como tú&lt;br /&gt;quieras, a mi me da igual".&lt;br /&gt;- Venga sí, y abrimos una botellita de vino - afirmó Julia, sorprendiendo a Manuel con su determinación.&lt;br /&gt;- No - cortó él. - Bueno, yo no quiero, que mañana me tengo que levantar temprano - añadió, tratando de suavizar la frialdad de su negación anterior.&lt;br /&gt;- ¿Qué te pasa? ¿Estás de mal humor? - preguntó ella y él se sintió culpable.&lt;br /&gt;- No me pasa nada - respondió Manuel, alargando la primera sílaba de la palabra "nada", como si fuera la tercera vez que pronunciaba aquella frase.&lt;br /&gt;- Bueno, pues yo sí beberé un poco de vino - dijo Julia fingiendo no haber oído el tono con que él le había contestado.&lt;br /&gt;Se hizo un silencio incómodo mientras ella descorchaba una botella. Manuel observó las piernas de Julia a las que había dedicado su mirada tantas horas hacía tantos años. Las seguía teniendo bonitas. Incluso cuando asomaban por debajo del camisón, luciendo aquellos calcetines para llevar sin zapatos con topitos plastificados en la suela y que le llegaban a la altura de la&lt;br /&gt;pantorrilla. Parecía una niña. Ese pensamiento le dió ganas de llorar. ¿Cómo explicar algo que uno mismo no entiende? Ya no la quería. No había nada más. Y a la vez sentía la necesidad de abrazarla. Quizás para dejar de sentirse culpable. O para dejar de sentirse tan solo.&lt;br /&gt;Ella abrió la botella sin esfuerzo, aunque con aquella mueca que siempre hacía cuando estaba concentrada, asomando la punta de la lengua por el lateral de la boca.&lt;br /&gt;- ¿Seguro que no te apetece? - preguntó ella levantando la botella.&lt;br /&gt;- Ya no te quiero - dijo Manuel, mirándola. Y se le ocurrió que, como en el cine, un zoom alejaba el fondo y acercaba la imagen de ella que resaltaba nítida sobre la cocina desenfocada.&lt;br /&gt;Julia puso despacio la botella sobre la encimera; pero no la soltó. Se agarró a ella como si fuera un punto de apoyo. "¿Desde cuándo?", preguntó como si se hubiera perdido en medio de una ciudad desconocida.&lt;br /&gt;- Ya no me acuerdo - respondió él.&lt;br /&gt;Ella retiró despacio la mano con que sujetaba la botella. El corcho rodó por la encimera y cayó al suelo. Los dos se concentraron en seguir su recorrido, hasta detenerse a los pies de Julia. Manuel vio salir de la cocina a los calcetines de topos plastificados antes de preguntarse cuántas ensaladas resucitadas habían compartido desde que la conoció.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-8508916429456495021?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/8508916429456495021/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=8508916429456495021' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/8508916429456495021'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/8508916429456495021'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/03/la-cena.html' title='La cena'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='09577046099504199173'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-156553651291815429</id><published>2008-02-23T17:15:00.007Z</published><updated>2009-07-02T09:02:56.136+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='familia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>El mejor momento del día</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R8BVZMjOH9I/AAAAAAAAAFc/ZhAzatQqSFI/s1600-h/elmejormomento.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R8BVZMjOH9I/AAAAAAAAAFc/ZhAzatQqSFI/s320/elmejormomento.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5170226263575371730" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.morguefile.com/forum/profile.php?username=click"&gt;click&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;Cuando llega la hora de comer, Pilar prefiere salir del hospital y sentarse en un banco del parque a tomar un bocadillo. Es un momento para respirar, un momento de sosiego, al que se abandona con placer, el mejor momento del día. A veces camina un rato y da vueltas a la manzana. Mira con un poco de envidia a los transeuntes. Ellos son libres. Tienen una vida normal, van a trabajar, llevan a los niños al colegio, leen una novela en el autobús, están preocupados por la subida de los precios, por el cambio climático o por el paso del AVE por el centro de la ciudad. Esperan el fin de semana para descansar, o quizás, con un poco de suerte, salir de la ciudad con algún plan que los sacará de la monotonía de cada día.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Pilar dedica su tiempo de la comida a fantasear que es una persona normal, que sale de su trabajo estresante y se relaja un rato antes de volver a la oficina. A veces, incluso proyecta un fin de semana en la playa o mira escaparates a ver si encuentra un bonito vestido para el verano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Los días de lluvia se va a la estación y pregunta los horarios de los trenes que van a Tarragona. Y se sienta frente a los paneles de información de salidas como si estuviera esperando que anunciaran el andén al que se tiene que dirigir para coger su tren. Observa con curiosidad a los viajeros, tratando de adivinar a dónde van y si compartirán vagón con ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Pilar saborea despacio el bocadillo y disfruta de ese momento, el mejor del día, un rato que ella ha decidido inconscientemente que será suyo, donde no quepa el dolor, ni la preocupación, ni la angustia, ni la culpa. Y en ese rato, sin darse cuenta ni proponérselo, acumula energía y fuerza, a base de pensar que es una persona como las demás, con una vida normal, medianamente feliz, medianamente tranquila.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Después, vuelve al hospital sin rencor, sin nostalgia porque el mejor momento del día se acabe. Vuelve al hospital gozando de esos últimos minutos de libertad, de aire, de normalidad. Y cuando entra en la habitación donde su hijo Andrés lleva ingresado seis meses, Pilar ya no se acuerda de su otra vida, de la vida normal que sueña cada día a la hora de comer. Se acaban las preocupaciones normales por la subida de los precios, por el cambio climático o por el paso del AVE por el centro de la ciudad, y se instala otra preocupación mucho más honda, más hiriente, más culpable, una preocupación que no tiene vacaciones ni fines de semana, una preocupación contraria a lo normal, extraña, enfermiza, dolorosa, la que la mantiene alerta ante cada respiración de su hijo, el niño que, según dicen, ya ha vivido más de la cuenta y que, sin embargo, quiere ser médico de mayor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-156553651291815429?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/156553651291815429/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=156553651291815429' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/156553651291815429'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/156553651291815429'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/02/el-mejor-momento-del-da.html' title='El mejor momento del día'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='09577046099504199173'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R8BVZMjOH9I/AAAAAAAAAFc/ZhAzatQqSFI/s72-c/elmejormomento.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-4475514821928650546</id><published>2008-02-22T08:03:00.003Z</published><updated>2009-07-02T09:02:56.136+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Taller de Cine y Vídeo</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R7_knsjOH8I/AAAAAAAAAFU/DZ_Q5SJw4CA/s1600-h/tallercineyvideo.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R7_knsjOH8I/AAAAAAAAAFU/DZ_Q5SJw4CA/s320/tallercineyvideo.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5170102267869536194" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:-1;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© Charles Chaplin&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“Taller de Cine y Vídeo”. Enseguida me llamó la atención el pequeño cartel colgado en el tablón de corcho de la Casa de &lt;st1:personname productid="la Cultura. En Las" st="on"&gt;la Cultura. En Las&lt;/st1:personname&gt; Tablas no había mucho que hacer, era un pueblo perdido en medio de una gran llanura casi desierta, a más de tres horas de la ciudad más cercana, en un punto estratégico sobre una colina que emergía como una isla en medio de un mar plano de tierra estéril y pedregosa. Yo llevaba dos años allí trabajando. Había sido una suerte encontrar una plaza en la biblioteca cartográfica más desconocida del país, donde me dedicaba a recuperar, catalogar y digitalizar mapas. Un sueño para cualquier documentalista. El único inconveniente era que Las Tablas no tenía mucho que ofrecer aparte del trabajo, así que yo acogía con entusiasmo cualquier actividad que me sacara de la rutina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Tenía algunos amigos allí, como Víctor Pineda, el alcalde, un chico de mi edad que se metió en política más por aburrimiento que por vocación, y que, de vez en cuando, conseguía subvenciones para organizar cursos o conciertos en la Casa de la Cultura del pueblo. Entre Víctor y yo convencimos a Elena, la de la mercería, para que se apuntara al taller. Además, se inscribieron otros tres compañeros que yo sólo conocía de vista. Julián, quién estudiaba a distancia Filosofía mientras ayudaba en el bar que regentaba su padre en el Casino; Ana, la peluquera y Serafín, un carpintero por vocación que construía maquetas de edificios famosos con palillos de dientes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El primer día del taller nos estábamos presentando cuando aparecieron nuestros profesores, Daniel y Gema, cargados con una cámara y un maletín lleno de vídeos y documentos. Eran una pareja joven que dedicaban sus fines de semana a ir de pueblo en pueblo impartiendo aquel curso, contratados por Ayuntamientos o Colegios, compaginando esa actividad con su trabajo en una tienda de telas que el padre de Daniel tenía en la ciudad. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Gema nos explicó el programa del taller y nos aseguró que la cuarta semana seríamos capaces de montar un cortometraje en sólo dos días.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;A medida que transcurría la mañana e íbamos enfrascándonos en la Historia del Cine, desde los hermanos Lumière hasta la llegada del sonido, Gema y Daniel se fueron transformando en divos en blanco y negro, transmitiéndonos su pasión por aquellas películas como si fuéramos los productores de los que dependía su rodaje. Gema adquiría la pose de &lt;st1:personname productid="la vampiresa Theda Bara" st="on"&gt;la vampiresa Theda Bara&lt;/st1:personname&gt; mientras veíamos escenas de &lt;i&gt;Cleopatra&lt;/i&gt;, Daniel parecía la reencarnación de Griffith hablándonos de los decorados y los planos de &lt;i&gt;Intolerancia&lt;/i&gt;. Ambos se quedaban mudos como si fueran parte del decorado de la escena final de &lt;i&gt;La quimera del oro&lt;/i&gt; y a nosotros seis nos atrapaba la melancolía que invadía a nuestros profesores al volver a ver la escena final de &lt;i&gt;Candilejas&lt;/i&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Creo que fue aquel día en el que Julián empezó a pensar en el argumento de nuestro corto, basándose en un poema del checo Vladimir Holan, &lt;i&gt;Toscana&lt;/i&gt;. Aunque estuvimos encontrándonos en el Casino cada tarde desde ese fin de semana, intercambiándonos las películas que Daniel y Gema nos había prestado, hablando de cine y de posibles argumentos para el cortometraje, Julián no comentó que estaba escribiendo un guión hasta varios días después.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El sábado siguiente reanudamos el taller dispuestos a pasarnos otras seis horas viendo películas, pero Daniel y Gema lo dedicaron a explicarnos la parte técnica del cine, los tipos de planos, la iluminación, la construcción de las escenas, el enfoque. Estuvimos haciendo pruebas con la cámara y descubriendo trucos que se empleaban para dar efectos de miedo, de persecución o de lejanía. A partir de ese día, y durante mucho tiempo, no pude ver una película sin contar el número de veces que cambiaba el plano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Antes de que acabara el fin de semana, Víctor ya nos anunció que había pedido una subvención para montar un cine fórum al cabo de unos meses, Elena comparaba a sus clientas de la mercería con actrices famosas, Ana quería hacer un curso de maquillaje para cine y teatro, Serafín soñaba con montar un taller de decorados en la ciudad y yo con organizar sesiones de cine con los vídeos que se pudrían en la biblioteca en la que trabajaba. Sólo Julián permanecía callado escuchándonos, aunque, de vez en cuando,  preguntaba a Daniel y Gema sobre los tipos de plano más convenientes para escenas que le venían a la cabeza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Entonces llegó la sesión de guión. Estuvimos esbozando algunas ideas que comentábamos con los profesores, la dificultad de rodarlas, los escenarios donde podrían transcurrir y otras dudas que iban surgiendo sobre &lt;st1:personname productid="la marcha. Julián" st="on"&gt;la  marcha. Julián&lt;/st1:personname&gt; miraba unos papeles ensimismado, mientras íbamos charlando, hasta que Gema le preguntó en qué estaba pensando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Bueno, yo he escrito un guión –dijo él mirándonos a todos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Ah, ¿sí? Venga, pues léenoslo –le animó Daniel.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Julián empezó a leer su guión, después de decirnos con timidez que estaba basado en un poema. Había pensado en todo. Las escenas, los planos, el entorno, el vestuario. Los siete oyentes escuchamos hipnotizados la historia a medida que Julián nos explicaba cómo había imaginado cada escena, qué música acompañaría cada momento, qué sensación quería reflejar con cada plano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Un escritor vive en un pueblo de &lt;st1:personname productid="la Toscana. Suele" st="on"&gt;la Toscana. Suele&lt;/st1:personname&gt; escribir en alguna taberna, siempre acompañado de un vaso de vino. Dedica algunas palabras a los ancianos que se sientan en mesas cercanas a la suya, pero se le ve enfrascado en una historia que no acaba de redondear. El poema que escribe tiene que ver con una mujer. Lo sabemos porque mientras está sentado en la mesa, con la pluma en la mano, garabateando unos papeles, hay fundidos que trasladan al espectador a escenas irreales, como de sueño, en las que aparece la mujer con un vestido blanco de gasa que oscila con la brisa. Él corre hacia ella hasta darse cuenta de que ha desaparecido. Entonces se desespera mirando hacia todas partes sin verla. Volvemos a la relidad y vemos al escritor abatido, con la cabeza entre las manos, como si no supiera por dónde seguir. En otro de sus sueños se los ve de frente a la cámara en un plano medio, desnudos de cintura para arriba. Entonces el plano se rompe en mil pedazos y nos damos cuenta de que estaban ante un espejo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Un día, de pronto, recibe una carta de manos de una niña. La lee y la imagen se pierde entre las letras que se van difuminando hasta llenar &lt;st1:personname productid="la imagen. Sabemos" st="on"&gt;la  imagen. Sabemos&lt;/st1:personname&gt; que ha pasado algún tiempo porque el escritor lleva otra ropa. Camina al encuentro de &lt;st1:personname productid="la mujer. Es" st="on"&gt;la mujer. Es&lt;/st1:personname&gt; irreal porque ella es la protagonista de su historia; pero es real porque donde se encuentran son escenarios por los que ya lo hemos visto moverse cuando la película transcurría en el plano de &lt;st1:personname productid="la realidad. Se" st="on"&gt;la realidad. Se&lt;/st1:personname&gt; encuentran y pasean por el pueblo. Un travelling circular marca un momento álgido, en el que están cara a cara, mirándose al fin, en medio de una estancia enorme y vacía con grandes ventanales en forma de arco, donde la luz es tan intensa que el espectador apenas puede ver sus figuras. Ellos permanecen allí mirándose mientras el travelling nos transporta a otro escenario similar, lleno de luz, pero ahora está en ellos, porque están al aire libre, y lo que se vuelve oscuro es lo que enmarcan los arcos, las tumbas de un cementerio. El travelling acaba y la cámara se centra en los ojos del escritor, que está mirando fijamente a la mujer, como si se perdiera dentro de ella. En la escena final, los dos están sobre una cama dormidos, envueltos en sábanas blancas, en una postura que parece el símbolo del ying y el yang, cada uno con la cabeza frente a las piernas del otro. Encogidos, pero relajados. Entonces una lluvia de pétalos de rosas rojas cae sobre ellos y el plano se funde con otro en el que vemos unos escritos en el suelo salpicados de miles de gotas de sangre, que en un principio confundimos con las flores, y una mano muerta colgando sobre ellos. Un travelling recorre la imagen de la mano, sube por el brazo y vemos el rostro muerto del escritor sobre una cama.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Nos quedamos boquiabiertos, sin saber qué decir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Ella era la muerte – explicó Julián, sin necesidad, antes de que pudiéramos expresar nuestra admiración.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Al cabo de unos segundos de silencio, Gema dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Chicos, vamos a rodar ese corto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Y entonces nos pusimos a trabajar. Daniel empezó a pensar en el vestido de la protagonista, que coseríamos con telas de su tienda. Serafín iba dándole vueltas al mecanismo con el que haríamos el travelling circular. Julián, que había pensado en todo, nos llevó a ver los escenarios que había imaginado. Ana dijo que tenía un espejo que podíamos romper, claro que sólo podríamos hacer una toma de esa escena. Gema y yo estuvimos de acuerdo en que Víctor debía ser el escritor, porque era alto y delgado, con pinta de intelectual. Al fin, Julián se atrevió a sugerir que había pensado en Elena para representar el papel de la protagonista y a partir de ese momento todos empezamos a llamarla &lt;i&gt;la musa&lt;/i&gt;. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Nos pasamos toda la semana organizando el momento del rodaje, revolucionamos a medio pueblo y en aquellos días ninguno de nosotros echó de menos estar en otro lugar o pensar en otra cosa que no fuera nuestro corto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;De todas las escenas, sólo tuvimos que renunciar al espejo roto en mil pedazos, porque a la hora de la verdad no conseguimos que se partiera más que en tres; pero incluso estuvimos tan orgullosos del travelling circular, que manteamos a Serafín por haber sido capaz de construir aquellos raíles artesanos con los que lo hicimos. Cada uno de nosotros fue cámara en los planos que más nos gustaban e incluso se nos unieron algunos amigos que sujetaban cartulinas blancas alrededor de Víctor y Elena para dar más luz a la escena.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El día del montaje, habíamos hablado tanto con Julián, con Daniel y Gema, que en unas horas lo tuvimos acabado y terminamos el taller brindando por nuestro trabajo con unas cervezas a las que nos invitó el padre de Julián en el Casino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Los vecinos de Las Tablas fueron al estreno de &lt;i&gt;Toscana&lt;/i&gt; en la Casa de la Cultura y todos nos sentimos como si estuviéramos pisando la alfombra roja del Teatro Kodak de Los Ángeles.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El Taller de Cine y Vídeo había acabado, pero cada uno de nosotros tenía dentro una inquietud que mantendríamos ya para siempre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Seguimos encontrándonos con frecuencia, para ver películas o planear otro corto que había escrito Julián, &lt;i&gt;Veinte de febrero&lt;/i&gt;, y que nunca llegamos a grabar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Poco después, volvimos a coincidir con Daniel y Gema en la ciudad, porque habían presentado la cinta en una muestra de cine joven y había sido seleccionada para una proyección. Resultó un poco decepcionante después del estreno en Las Tablas, porque en la sala enorme sólo estábamos nosotros y otro grupo de gente que esperaban para ver su película que se proyectaba a continuación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Vivimos aquel invierno como si fuéramos los protagonistas de un cuento de Éric Rohmer, llenos de sueños y de proyectos que aparecían en todos los encuentros por la calle, en los cafés que compartimos e incluso en las siguientes elecciones que Víctor volvió a ganar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Un tiempo después me fui de Las Tablas. Era complicado mantener en buenas condiciones los mapas de la biblioteca, así que los trasladaron a una de la ciudad, más grande y con mejores instalaciones, por lo que mi trabajo allí se esfumó junto con los mapas. Desde entonces, hablé con algunos de mis compañeros del taller un par de veces por teléfono, en algún cumpleaños y también cuando supe que Ana y Serafín se casaban. Ellos me explicaron que hacía tiempo que Julián se había ido a vivir a Londres, cuando terminó la carrera de Filosofía, pero que no sabían nada más.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:georgia;font-size:100%;"  &gt;Hoy he tenido noticias de él, cuando he buscado en el periódico en la sección de cine una película para ir a ver mañana y he descubierto que en una sala pequeña, en la hora golfa del jueves, ponen &lt;i&gt;Veinte de febrero&lt;/i&gt;, dirigida por Julián García.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Garamond;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-4475514821928650546?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/4475514821928650546/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=4475514821928650546' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/4475514821928650546'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/4475514821928650546'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/02/taller-de-cine-y-vdeo.html' title='Taller de Cine y Vídeo'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='09577046099504199173'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R7_knsjOH8I/AAAAAAAAAFU/DZ_Q5SJw4CA/s72-c/tallercineyvideo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-66563847944589033</id><published>2008-02-11T22:45:00.004Z</published><updated>2009-07-02T09:02:56.136+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amor'/><title type='text'>Toscana</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R7IXicjOH7I/AAAAAAAAAFM/M7bfsOD6Axg/s1600-h/veleta2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R7IXicjOH7I/AAAAAAAAAFM/M7bfsOD6Axg/s320/veleta2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5166217603094290354" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://flickr.com/photos/erio/52551550/"&gt;ERIO&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;Hay días que transcurren vacíos, que no aportan nada. Días que podrían no haber pasado o en los que me siento como si estuviera en una sala de espera, en la que no hay nada más que hacer que aguardar el momento en el que a uno le toca el turno de actuar. Mientras tanto, voy sirviendo cafés, cruzando unas palabras con los clientes, escuchando las quejas continuas de Eduardo porque su equipo ha perdido el último partido o porque el Ayuntamiento ha convertido en zona azul las calles de su barrio.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Hace tres años que llevo el bar de mi padre, llegué a un acuerdo con él cuando decidió retirarse y volverse al pueblo, con la idea de estudiar en los ratos libres hasta sacarme las Oposiciones de Geografía e Historia y después traspasar el local. Desde entonces, mis apuntes descansan en un cajón que hay detrás de la barra, sólo el primero de estos tres años me tomé en serio el estudio y logré dedicarle tiempo. Después, apareció Clara.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;El bar estaba vacío, era una de esas horas muertas entre el desayuno y el aperitivo que yo solía dedicar a estudiar. Estaba sentado frente a la puerta, con la Civilización Grecolatina sobre la mesa, cuando la vi entrar y sentarse en un taburete. Yo me levanté para atenderla y, mientras recorría el pequeño espacio hasta llegar a la barra, la observé rebuscando algo en el bolso. Llevaba una falda larga negra, un jersey de cuello vuelto de muchos colores y el pelo rubio recogido con una pinza a la altura de la nuca que le daba un aire desaliñado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- ¿Qué te pongo? – le pregunté.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Un café con leche muy caliente, que hace mucho frío – pidió ella, mientras seguía buscando algo en su bolso. - Oye, perdona, ¿no tendrás un cigarro? Es que me los he dejado en casa – añadió.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Sí, toma – respondí yo, poniendo mi paquete de tabaco sobre la barra –, coge.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- ¿Estabas estudiando? – preguntó ella encendiendo uno.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Sí, intentándolo. Quiero sacarme las Oposiciones de Geografía e Historia – le expliqué, adelantando una respuesta a una pregunta probable.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Ah, muy bien, pues mucho ánimo. Yo a veces me planteo volver a estudiar, pero se me pasa enseguida – dijo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Y nos reimos los dos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- ¿Y a qué te dedicas? – dije, y me sorprendí a mí mismo, ya que no solía preguntar a los clientes desconocidos algo que quizás a ellos no les apetecía explicarme. Para romper el hielo ya estaba el tema del tiempo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Soy pintora – respondió ella sonriendo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Entonces entró Eduardo, más pronto que de costumbre, a tomarse la cerveza de todos los días, vestido con su mono blanco de pintor, cubierto de manchitas multicolores que se iban acumulando a pesar de los lavados. Yo me sentí decepcionado, casi rabioso, porque con su aparición acabó la conversación tranquila que estaba teniendo con aquella chica tan agradable y porque me había quedado con ganas de saber algo más de ella.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Hay que ver cómo está el tráfico hoy, caen cuatro gotas y todos a conducir como berracos. Me quedan dos días para volverme al pueblo, Fidel, te lo juro, dos días. En cuanto mi chico acabe el colegio, me lío la manta a la cabeza y me voy – empezó a relatar Eduardo sentándose en un taburete -. Ponme una caña, anda.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Hoy vienes más temprano – le dije todavía rencoroso por su irrupción repentina.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Sí, tenía que pintar un patio, pero con la lluvia de esta mañana he tenido que dejarlo para otro día. Me cago en la mar, a ver cuándo voy a encontrar tiempo para hacer ese trabajo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Te cojo otro cigarro, Fidel – dijo de pronto Clara.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Claro, coge los que quieras – respondí yo, observando cómo Eduardo miraba a la chica de arriba abajo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Hombre Fidel, pues ya que estás hoy generoso dame otro a mi – dijo Eduardo, acercándose a la chica para coger el paquete de tabaco. - Claro que yo soy más feo que esta señorita – añadió giñándome. Y a mí me molestó la forma en la que dijo aquellas palabras que me sonaron a intromisión. - ¿Ha visto cómo está el tráfico? – preguntó Eduardo a la chica mientras encendía uno de mis cigarrillos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- No, la verdad, porque vivo aquí al lado y he venido andando – respondió ella.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Ah, ¿sí? Pues no te he visto nunca por aquí, y eso que vengo todas las mañanas – dijo Eduardo, curioso.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Sí, me mudé hace dos días – respondió Clara, a quién parecía que no le molestaban las preguntas del pintor. Desde luego no tanto como a mí.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Fue así, gracias a Eduardo, como me enteré de que se llamaba Clara, que había estudiado Bellas Artes y que se acababa de instalar en casa de una amiga, también pintora, quien tenía un puesto callejero de cuadros en la Plaça del Pi, que ahora compartían.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Desde aquel día, Clara pasaba por el bar cada mañana cargada con un carrito de llevar maletas, donde trasladaba sus pinturas desde su casa hasta la Plaça del Pi. Uno de aquellos cuadros era su favorito, &lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: georgia;"&gt;Toscana&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;, lo llamaba, unos tejados rojos entre los que sobresalía una torre cuadrada con una veleta y al fondo un paisaje de montes bajos con árboles pequeños y caminitos que se perdían en un horizonte que esperaba la llegada de la noche, una tarde ya sin sol. Y decía que cuando lo vendiera su vida cambiaría. Lo había pintado después de pasar unos días en Florencia. Me contó que había recorrido Italia con unos amigos en una furgoneta, después de acabar la carrera. No tenían apenas dinero, pero en cada lugar donde paraban montaban un tenderete de pinturas, pulseras, collares y bolsos que ellos mismos confeccionaban. Y que así iban tirando y alargando el recorrido lo más que podían.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Cada vez que me hablaba de aquel viaje, era como si se trasladara toda ella a aquellos lugares, su vista se perdía en la máquina de café del bar y hablaba sin mirarme, como si tuviera delante una pantalla en la que contemplara la película que me estaba narrando, una película que no tenía final, porque Clara evitaba explicármelo o porque quizás no quería recordarlo, aunque yo percibía que el desenlace de aquella historia era precisamente lo que teñía su voz de melancolía y nublaba sus ojos azules, habitualmente vivos y brillantes.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Tanto me habló de su &lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: georgia;"&gt;Toscana&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt; y de los días que pasó en Italia, que me convenció de que cuando lo vendiera su vida cambiaría. Y yo tenía miedo de que llegara aquel día, porque sabía que, entonces, yo volvería a mi sala de espera particular, en la que sólo tenía unos apuntes de Geografía e Historia con los que entretener el tiempo vacío en el que ella ya no estaría. Así que cuando aparecía por el bar cargada con su carrito, a menudo sola, otras veces acompañada por su amiga y compañera de piso, buscaba entre todos los lienzos y láminas el &lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: georgia;"&gt;Toscana&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;, y suspiraba de alivio al verlo todavía allí, el más grande de todos, con los bordes gastados y dos vidas pendientes de su destino.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Clara me preguntaba a menudo por mis estudios y me animaba a no dejarlo, porque yo le había contado que nunca había tenido claro qué quería hacer con mi vida, aunque sí estaba seguro de que no quería pasármela detrás de la barra de aquel bar que había acabado con los pulmones de mi madre, quién murió de cáncer hacía años, y con la espalda y la ilusión de mi padre por volver al pueblo con su mujer, después de treinta años de trabajo juntos. Así que Clara se empeñó en hacerme estudiar, y yo a veces me sentaba en una mesa, después de cerrar, y me aprendía un par de temas, sólo para poder decirle a ella al día siguiente que estaba adelantando con el temario.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Fidel, imagínate que tú apruebas las Oposiciones y yo vendo el &lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: georgia;"&gt;Toscana&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt; el mismo día- me decía ella con frecuencia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Y así empezaba una conversación más, a menudo interrumpida por las peticiones de los clientes, a las que ya nos habíamos acostumbrado, y conseguía atenderlos sin abandonar la conversación con ella, dejando que otras charlas aplazaran de forma momentánea la nuestra, que quedaba pendiente para el próximo ratito de tranquilidad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Casi desde que llegó Clara, Eduardo cada día insistía en que yo estaba coladito por la chica. Yo lo negaba. Me molestaba esa expresión, “coladito”, porque trasladaba a un terreno superficial y simplón lo que yo sentía por ella. “Pero qué dices, si sólo es una cliente como tú, hombre”, le decía. Y él dale que dale, siempre con la misma cantinela, que yo no lo engañaba, que se me veía de lejos, que a ver cuándo me lanzaba. Pero para mí Clara era mucho más que alguien sobre quién “lanzarse”, era como una noche de Reyes, en la que la espera está llena de sentido, de emoción y de misterio. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Yo nunca había entendido en las películas o novelas el papel del chico que no se decide a explicarle a la protagonista que está enamorado de ella. Siempre había afirmado que, en esos casos, lo mejor es afrontar el momento lo antes posible y quitarse el peso de encima, pasara lo que pasara. Y, de hecho, esa había sido mi actitud con las mujeres que me habían atraído hasta entonces. Pero con Clara era distinto, porque yo presentía que ella sólo esperaba de mí lo que ya tenía. Yo era su tabla de salvación, aunque no supiera de qué la estaba protegiendo, a la que ella acudía siempre de buen humor, para sentirse acompañada, con ganas de verme, quizás, pero con aquella melancolía perenne que la llevaba hasta el final de su viaje por Italia, en el que pintó su cuadro favorito, haciendo imposible que pudiera verme como alguien a quién amar. Y además, aunque ella nunca me había hablado del tema, yo sabía que uno de sus compañeros de viaje, un tal Lucas, tenía mucho que ver con esa añoranza que parecía mantenerla y destruirla a la vez.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;A pesar de todas nuestras conversaciones, ella nunca me explicó casi nada sobre su familia o sus amigos. Yo sólo sabía que sus padres y un hermano vivían en Cuenca y sólo conocía la existencia de una amiga, Neus, su compañera de piso, una chica alta y desgarbada, que hablaba por los codos a un ritmo frenético, a menudo para regañar a Clara por cualquier ocurrencia. Muchas tardes nos reímos a gusto los tres, por la forma en que Neus explicaba anécdotas con su acento catalán muy marcado, indicando el esfuerzo que hacía por hablar en castellano y que a Clara y a mí nos hacía mucha gracia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Fidel, hoy viene una mujer, se pone a mirar una marina y le dice a Clara: “¿Esto es un Sitges?”. ¡Un Sitges! Como quién dice un &lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: georgia;"&gt;Gaugin&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;, Fidel Yo me meaba. Y la Clara: “No señora, es un mar inventado”- Neus se reía ya sola, contagiándonos a nosotros la risa. - Es que es más tonta... Clara, eres más inocente. Así no se puede ir por la vida. Si la mujer quiere “un Sitges” – dijo, con retintín -, coño, Clara, le dices que sí, que es un Sitges, y la tía se lo lleva tan contenta al precio que le digas –. Pues no, Fidel, la Clara le tiene que decir la verdad, que se lo ha inventado. Y la mujer, la burra aquella, pone cara de decepción y se va diciéndole al marido: “No, Pep, que no es un Sitges”. Fidel, díselo tú, que tiene que mirar por ella y no ir tanto de buena, de tonta, porque eso ya es de tonta – me rogaba Neus, señalando a Clara.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Llevas razón, Neus, pero es que me sorprendió la pregunta, no vi venir la intención – trataba de excusarse, entre risas, Clara.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Mírala, mírala, Fidel, ¡le da igual! Treinta o cuarenta euros menos y aquí está muerta de risa – gritaba Neus, divertida, aunque sin entender que su amiga se riera en vez de lamentarse. Y al ver como yo también reía, añadía: - Ay, pero es que tú eres igual, Fidel, le hubieras dicho lo mismo, un empanao, eres un empanao igual que ella – y cogía una bolsa de patatas de un lado de la barra y se ponía a comer fingiéndose desesperada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;A veces Neus y Clara se sentaban en una mesa por la tarde, cuando yo tenía el bar de bote en bote. Las veía charlar hasta que, de pronto, aparecía en Clara aquella mirada perdida, al tiempo que Neus gesticulaba e inclinaba su cuerpo sobre los codos apoyados en la mesa, para acercarse a su amiga, a quién a veces acariciaba en el hombro, como intentando animarla, y al final acababa llamándome para pedirme un gin tonic. Me llegaba parte de la conversación que mantenían y que yo me esforzaba por oír. “Tú vales mucho, Clara, lo que pasa es que no te lo crees”. “Ha pasado mucho tiempo, olvídalo ya”. “Lucas siempre fue un niñato que no sabía lo que quería”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Una noche en la que yo tenía ya la persiana del bar medio echada, entró Clara. Llevaba dos días sin verla, lo que no era extraño, ya que a veces se iba a vender sus cuadros a alguna feria artesana de algún pueblo o ciudad cercanos. Aparecía después y me explicaba dónde había estado, lo que había vendido y cómo era la gente que se había llevado sus láminas y pinturas. Esa noche venía sola. Se había puesto una falda de punto de rayas de colores y un jersey azul claro que le sentaba muy bien.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Fidel, ¿puedo pasar? Tengo que contarte una cosa – dijo, colándose por debajo de la persiana.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Claro, bonita. ¿Qué ha pasado? – pregunté, tratando de aparentar tranquilidad, pero con el corazón encogido, temiéndome la noticia que empezaba a intuir.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- ¡He vendido el &lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: georgia;"&gt;Toscana&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;! – gritó. Y se lanzó sobre mi para darme un abrazo, el primer abrazo que me daba y que yo, como un tonto, no supe devolverle. Me quedé allí parado, dejando que ella me rodeara con sus brazos, con los míos caídos a los lados, sosteniendo en las manos el spontex y el trapo con el que estaba limpiando las mesas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Ella, quizás porque notó la frialdad con que recibí la noticia, se separó de mí y añadió:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Ay, que estás a punto de cerrar, estarás muerto, Fidel, ya te lo cuento mañana.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;A mi se me hizo un nudo en la garganta y me costó un mundo decirle que no, que se quedara y me lo contara todo, que había que celebrarlo, que me había pillado por sorpresa. Y mientras decía estas palabras, trataba de convencerme a mí mismo de que la noticia no tenía por qué cambiar nada y que, de hecho, aquel cuadro sólo había sido un lastre para ella, que quizás ahora había llegado mi oportunidad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Puse dos gin tonics y nos sentamos en su mesa de siempre. Yo sonreía intentando contener una angustia que me apretaba el estómago, confundido por dos sentimientos simultáneos: el miedo a perderla y el nerviosismo de saber que había llegado el momento de explicarle lo que sentía por ella. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Mientras tanto, ella me contaba que había llegado una pareja joven al puesto y que la chica se había enamorado del &lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: georgia;"&gt;Toscana&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;, pero que él no lo tenía claro, porque era muy grande y pensaba que se “comería” la sala. Neus empezó a venderle el cuadro al chico, diciéndole que cuando lo viera colgado, con aquellos colores, le daría un ambiente acogedor a la sala, el hecho de que fuera grande no significaba nada, porque lo importante eran los tonos. Y el marco, claro, que debía ser mínimo para no robarle protagonismo a la pintura. El muchacho se iba convenciendo poco a poco, atento a las explicaciones de Neus y conmovido por la ilusión con que su novia le pedía que lo compraran, hasta que finalmente accedió. Clara asistió a la escena casi sin intervenir, escuchando cómo Neus afirmaba que su amiga era una verdadera artista y que mucha gente conocida tenía cuadros suyos en sus casas. Eso fue lo que acabó de convencer al chico, quién terminó pagando nada menos que cien euros por encima del precio aproximado que le había puesto la autora.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Nos reimos un buen rato los dos, Clara imitando el acento cerrado de Neus, la expresión de su cara, y el desparpajo con el que era capaz de inventar una historia sobre la marcha y yo imaginándome la escena.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Entonces se hizo un silencio espeso como el que precede al diagnóstico de un médico y yo traté de romperlo proponiendo un brindis.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Por el &lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: georgia;"&gt;Toscana&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;, para que siga teniendo para sus dueños tanto significado como el que tenía para ti – dije, sorprendiéndome a mí mismo por el tono abatido con que pronuncié aquellas palabras que sonaron tristes como una despedida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Clara brindó conmigo y enseguida ví que se llenaba de melancolía como tantas otras veces. Suspiró y dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- El &lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: georgia;"&gt;Toscana&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt; era yo. Bueno, la veleta, ¿te acuerdas? Esa era yo. No era consciente cuando lo pinté, pero después me dí cuenta, porque Lucas siempre me decía que yo era como una veleta.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Lucas era tu novio, ¿no?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Sí, me dejó cuando volvimos de Italia. Fuimos a Colliure, ¿has estado? Es un pueblo precioso – continuó sin esperar mi respuesta-, donde murió Machado, su tumba está allí. Yo estaba triste porque acabábamos el viaje y entonces Lucas me dijo que se volvía a Madrid, a trabajar en la empresa de su padre. Nunca supe cómo ni cuándo había tomado esa decisión, porque él siempre me había dicho que quería tener una vida diferente a la de su familia, que no quería tener empleados, ni juntas directivas, ni objetivos anuales diferentes a ilusiones como la de viajar a Honduras o recorrer Holanda en bicicleta. Nosotros siempre decíamos que viviríamos de otra manera. Yo lo pensaba de verdad. Ahora ya no sé si se puede vivir como soñábamos entonces.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Yo tampoco lo sabía, ni se me ocurría nada que decir, algo que sacara a Clara de su ensimismamiento o que calmara mi ansiedad, que iba creciendo con sus palabras de derrota, como si hubiera abandonado algo en lo que creyó durante mucho tiempo. Mi nudo en el estómago crecía con el paso de los segundos que tenía de plazo para explicarle lo importante que había sido y que era para mí tenerla cerca, que al fin había dejado de tener días vacíos como antes, horas muertas de sala de espera, de esas que transcurren sin aportar nada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;La melancolía se disipó de pronto y los ojos de Clara volvieron a ser vivos y brillantes, porque ella recordó algo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Al final me ha dado hasta pena vender el &lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: georgia;"&gt;Toscana&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt; –dijo-, aunque yo estaba convencida de que cuando lo vendiera cambiaría todo; pero ha sido al revés. Cuando mi vida ha cambiado, lo he vendido.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Me miró sonriendo, como guardándose una sorpresa final. Y yo interpreté sus palabras como si las hubiera pronunciado yo mismo, como si yo fuera el protagonista del cambio del que hablaba ella. Así que le sonreí y estaba dispuesto a decirle que ella también había transformado mi vida, cuando oí, hipnotizado por la intensidad de mi respiración, las palabras que me trasladaron, de nuevo, a la sala de espera.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- El sábado me traslado a Málaga. Una amiga me ha conseguido un trabajo precioso, Fidel, para pintar murales en bares y locales y sitios así modernos. Dice que por lo menos tengo para dos años. Y además puedo seguir vendiendo mis cuadros, porque allí hay mucho mercado tanto en verano como en invierno – explicó ella fijando sus ojos brillantes en mí, dejándose llevar por una ilusión que emanaba de su cuerpo, recorría el espacio que nos separaba y se transformaba en añoranza al entrar en contacto con mi atmósfera.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Hace ya siete meses que Clara se fue. Neus pasa por el bar de vez en cuando y me explica que le va muy bien, que está contenta, y que siempre le dice que me cuide y que me anime a estudiar mucho. Yo empecé a calmar la angustia de mis horas vacías estudiando y, desde entonces, no he dejado de hacerlo hasta hace unos días, cuando supe que había aprobado las Oposiciones. Ayer hice un trato con Eduardo. Se queda con el bar, porque dice que al menos así se ahorra el tráfico de cada día. Además, quiere empezar cuanto antes. Así que he decidido tomarme unas vacaciones, dejar de esperar y empezar a actuar. Me voy a Málaga, siguiendo la estela de una veleta.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-66563847944589033?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/66563847944589033/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=66563847944589033' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/66563847944589033'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/66563847944589033'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/02/toscana.html' title='Toscana'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='09577046099504199173'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R7IXicjOH7I/AAAAAAAAAFM/M7bfsOD6Axg/s72-c/veleta2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-5462941381623663123</id><published>2008-01-26T19:27:00.000Z</published><updated>2009-07-02T09:04:50.535+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='familia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='juego'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mi fiesta'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Curso'/><title type='text'>Me cuesta hablar de lo que no me gusta, prefiero pensar en todo lo que me gusta</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R5u49oUMcqI/AAAAAAAAAFE/aroGI6rhXuc/s1600-h/huellas.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R5u49oUMcqI/AAAAAAAAAFE/aroGI6rhXuc/s320/huellas.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5159921167016686242" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family: georgia;font-size:78%;" &gt;© &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;a style="font-family: georgia;" href="http://www.morguefile.com/forum/profile.php?username=Beachgranny"&gt;Beachgranny&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;No me  gustan las motos que tienen el tubo de escape a la altura de la cara del de  atrás, que suelo ser yo, las uñas largas, las digestiones pesadas, especialmente  si luego tengo que trabajar, las patatas que han sido congeladas, aprovechar  hasta el límite las bolsas de basura, darme cuenta de que voy contando los pasos  que doy sobre una misma baldosa de la calle, tararear horas seguidas la música  de &lt;i&gt;Los chicos del coro&lt;/i&gt;, que no se me va de la cabeza, los niños que  parecen adultos, las muñecas Barbie, las peras rasposas, el pan chicloso, el  tacto de los periódicos, las bolsas que no pueden arrugarse, poner en los  ceniceros la capucha de plástico que recubre los paquetes de tabaco, salir de un  bar oliendo a fritura, el vino blanco cuando no está frío, los días que parece  que va a llover y al final no llueve, pensar que estoy malgastando el agua  cuando me doy una ducha larga, la ropa de fibra que me hace sudar, ponerme crema  protectora cuando voy a la playa, que me empiecen a hablar antes de darme dos  besos, tener que utilizar otra palabra porque no recuerdo la exacta, llegar  tarde, recordar que mañana es lunes el atardecer de los domingos, ir a comprarme  ropa para las bodas y celebraciones similares, los pollos colgados de las  carnicerías, las pilas usadas que voy acumulando en el cenicero antes de ir a  tirarlas, los charcos malolientes de la calle de al lado, las palomas, el  zumbido de un mosquito cuando estoy a punto de dormirme y pensar en las cosas  que no me gustan.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Prefiero  hablar de todo lo que me gusta, como el atardecer de los viernes previos a un  fin de semana en el que todavía no tengo planes, llegar a casa pensando en el  último libro que me está cautivando, el deseo de sentarme a leer calentita en  invierno, las siestas de los sábados de otoño, la cerveza de los mediodías  soleados de invierno, sentada en la terraza del bar que hay detrás del antiguo  edificio de la Bolsa, las duchas largas con agua muy caliente cuando hace frío,  las camisas de hilo blanco, la canción &lt;i&gt;Yellow&lt;/i&gt; de Coldplay, descubrir un  disco bonito de un grupo desconocido como el último de Madee. Me gusta, cuando  pongo orden en mis papeles, releer antiguas cartas de mi amiga Bea y cuentos que  escribí cuando era más joven, darme cuenta de que hoy me siento bien, que estoy  cómoda y no me duele nada, hablar con mis sobrinos por teléfono y verlos correr  hacia mí, calle abajo, cuando voy a verlos, abrazar a mi hermana Viky, las manos  suaves y grandes de mi hermano Ramón, la mirada tranquila y castaña de mi  hermano Lolo, besar a mi padre recién afeitado y sentir el aroma de su colonia  de niño, reirme a carcajadas con mi madre recordando el viaje que hicimos cuando  llevamos a Ramón de campamento, que mi abuela Antonia me cuente cosas de su  juventud, los besos cortos y seguidos de mi abuela Pilar, las películas que me  hacen llorar una y otra vez como &lt;i&gt;Cinema Paradiso&lt;/i&gt; y las que me provocan la  risa con sólo pensarlo como &lt;i&gt;Misterioso Asesinato en Manhattan&lt;/i&gt;, meterme en  la cama con pijama limpio cuando he cambiado las sábanas, dormir profundamente  cinco minutos más después de parar el despertador, pillar en verde el semáforo  de Dr. Ferrán con Diagonal cuando voy al trabajo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Cuando  era pequeña y veía a mi hermano Lolo comiendo albóndigas, deseaba que me  gustasen tanto como a él. Recuerdo su cara de satisfacción mientras las mojaba  en la salsa, las empujaba con un trozo de pan para cargarlas en el tenedor y se  metía en la boca una buena cantidad. Después, viéndolo masticar al tiempo que  preparaba otro bocado, yo pensaba que aquel manjar que él saboreaba con tanto  placer tenía que resultarme exquisito, dados los aspavientos con los que él lo  engullía. Pero no. A mi lo que en realidad me gustaba era verlo comer. Después,  cuando yo cataba una de aquellas bolas de carne, su sabor me resultaba tan  decepcionante que no podía explicarme cómo una comida que despertaba en mi  hermano tal entusiasmo a mi me provocaba tanto desagrado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Me pasó  algo parecido con las alcachofas, pero esa fue una historia que terminó bien. Yo  tendría unos siete años cuando mi madre retomó sus estudios de Farmacia, así que  durante un tiempo la recuerdo liada con apuntes, libros y exámenes. Había  semanas en las que se pasaba el día encerrada, porque quería acabar la carrera  cuanto antes. Recuerdo que me gustaba presumir en el colegio de tener una madre  estudiante. Celebraba sus aprobados y explicaba a mis amigas de entonces lo que  ella me contaba de los profesores que la suspendían y de las asignaturas que  eran “un hueso”. Por aquella época, mi madre estuvo unos días en la cama con  gripe. Yo lo viví como unas vacaciones, porque cuando llegaba de clase, podía  pasarme la tarde con ella en su cuarto, en vez de irme a jugar para que ella  estudiara en silencio. Una noche que ya se encontraba mejor, mi padre le llevó a  la cama una bandeja con la cena. Un plato de alcachofas calentitas, que ella  empezó a comer con verdadero deleite. Yo pensaba que a mi no me gustaba esa  verdura, pero ella me ofreció un poco y me dijo que, después, si bebía agua, el  trago me sabría a regaliz. Lo probé y descubrí un sabor delicado que, desde  entonces, me sigue encantando y siempre me recuerda a aquel momento. Por eso, el  año pasado, cuando una de mis compañeras de un curso de escritura describió el  color celeste como el sabor del agua después de comer alcachofas, celebré  aquella descripción tan bella y acertada como si hubiera resuelto un  acertijo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Me gusta  encontrar en los libros que leo detalles sorprendentes de cosas que jamás  hubiera pensado que podrían expresarse con tal exactitud, como la descripción  que me sorprendió un día, leyendo no recuerdo qué novela, de la rugosidad de la  piel de las piernas justo debajo del trasero. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;De mi  cuerpo me gustan mis manos y mi cuello y me encantan los besos tanto en unas  como en otro. Un día besé en la nuca a mi sobrino Luis de 4 años y me encantó  cómo él, de forma espontánea, dijo:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt 18pt; text-indent: -18pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; font-size-adjust: none; font-stretch: normal;font-size:7;" &gt;&lt;/span&gt;- Cuando me das  un beso aquí –señalando la nuca –, se me pone el corazón aquí –llevándose la mano a la garganta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-5462941381623663123?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/5462941381623663123/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=5462941381623663123' title='14 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/5462941381623663123'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/5462941381623663123'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/01/me-cuesta-hablar-de-lo-que-no-me-gusta.html' title='Me cuesta hablar de lo que no me gusta, prefiero pensar en todo lo que me gusta'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='09577046099504199173'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R5u49oUMcqI/AAAAAAAAAFE/aroGI6rhXuc/s72-c/huellas.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-7040043491478765005</id><published>2007-12-16T15:21:00.000Z</published><updated>2009-07-02T09:02:56.137+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='juego'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='1 año en 1 post'/><title type='text'>1 post en 1 año</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R2VGocbAzBI/AAAAAAAAAE8/3TP-kIWcNtk/s1600-h/barcelona.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R2VGocbAzBI/AAAAAAAAAE8/3TP-kIWcNtk/s320/barcelona.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5144595809978862610" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.morguefile.com/forum/profile.php?username=imelenchon"&gt;i melenchon&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Mar ha vuelto hoy después de un año en Anantapur. Está mucho más delgada que cuando se fue, aunque sus ojos se han agrandado y se han llenado de historias y de colores.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Había un millón de personas en la puerta de salida del aeropuerto; todas borrosas. Yo sólo la veía a ella, caminando despacio, como a cámara lenta, de rojo y amarillo y verde, con el pelo desordenado recogido en un moño bajo, arrastrando una maleta no muy grande a su derecha y un bolso enorme colgándole del hombro izquierdo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Estaba guapa. Y enseguida me he dado cuenta de que también estaba cambiada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Me ha sonreído, ha soltado el equipaje en el suelo y ha reclamado un abrazo mientras la primera lágrima me empezaba a resbalar por las mejillas. Mar es mi amiga del alma. La he echado mucho de menos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Durante todo este tiempo no he dejado de escribirle, como le prometí. Ella sólo me envió un email hace quince días para pedirme que fuera a recogerla al aeropuerto. Un par de líneas en las que decía que tenía ganas de verme y que ya no tenía miedo de volver a Barcelona.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Mar huyó de su vida en diciembre de 2006, cuando ya no sabía ni quién era, después de dos años casada con el hombre que la hizo creer que no valía nada, hasta el punto de oscurecer su mirada luminosa y teñir de gris toda su ropa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Hemos ido a desayunar junto a la playa. Allí, ha abierto su bolso, lleno de libretas, y juntas hemos empezado a leer un diario que ella ha ido escribiendo a lo largo del año. Notas de las cartas que le mandaba desde Santiago su hermano Javier, su única familia, mezcladas con historias sobre Aditya, su ángel de la guarda y compañera del hospital de Bathalapalli, o con noticias y mensajes que le hemos ido enviando amigos y algunos compañeros del Clínico que la esperaban a su vuelta tras la excedencia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El 3 de diciembre el diario acababa con una única frase: “Me ha escrito Sonia. Domingo ha muerto en un accidente de tráfico. He llorado por los días felices que pasamos juntos”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:85%;" &gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Esta era otra idea para &lt;a href="http://www.atrapalo.com/micrositess/concurso_posts"&gt;1 año en 1 post&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-7040043491478765005?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/7040043491478765005/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=7040043491478765005' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/7040043491478765005'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/7040043491478765005'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/12/1-post-en-1-ao.html' title='1 post en 1 año'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='09577046099504199173'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R2VGocbAzBI/AAAAAAAAAE8/3TP-kIWcNtk/s72-c/barcelona.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-5203184051310695245</id><published>2007-12-16T10:33:00.001Z</published><updated>2009-07-02T09:02:56.138+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='juego'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mi fiesta'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='1 año en 1 post'/><title type='text'>Anónimos del año</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R2UCYMbAzAI/AAAAAAAAAE0/FVpcNSntpBI/s1600-h/anonimos.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R2UCYMbAzAI/AAAAAAAAAE0/FVpcNSntpBI/s320/anonimos.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5144520764015299586" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.morguefile.com/forum/profile.php?username=nasirkhan"&gt;nasirkhan&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;A mediados de diciembre de 2006, mientras la revista Time me declaraba “&lt;a href="http://genews.k-gigas.com/blogs/files/2007/12/examword-1eva.pdf"&gt;personaje del año&lt;/a&gt;” en su portada, yo estaba celebrando con mi familia que al fin había conseguido mi primer empleo como periodista: redactora de teletipos en el Alcobendas Express. No estaba mal para alguien a quién Time había considerado más influyente que Benedicto XVI, George Bush o Donald Rumsfeld.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Mi primer día de trabajo, el 2 de enero de 2007, llegué a la oficina con el mismo entusiasmo que había empleado en ponerme el traje gris nuevo, después de estrenar el brillo de labios que compré para la ocasión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Desde entonces hasta ahora no sé cuánta información ha pasado por mis manos. Al principio me sentía como el cerebro del mundo, acumulando noticias que intentaba asimilar como si mis neuronas fuesen una cadena de montaje, capaces de digerir todos los datos al ritmo de los latidos del mundo. Mi estado de ánimo pasaba de la tristeza al enterarme de que había habido “&lt;a href="http://www.periodismo.com/modules/news/article.php?storyid=1496"&gt;al menos veinte muertos en el último atentado de Irak&lt;/a&gt;”, a la hilaridad porque “&lt;a href="http://noticias.ya.com/insolito/29/04/2007/hachis-ceuta-juzgado.html"&gt;el hachís atasca los baños del juzgado de Ceuta&lt;/a&gt;”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;A medida que pasaban las semanas, mis camisetas sustituían a los trajes y el brillo de labios quedaba relegado para la noche del sábado. No sé cuándo ocurrió que mis sentidos se rebelaron contra mi empeño en convertirme en una máquina de teletipos, acosándome día y noche con la idea de que la vida no son los sucesos que leemos, que está mucho más cerca del asombro que provoca el atardecer o del estremecimiento que acompaña a los besos y que hay gente que no sale en los medios de comunicación, que parece no existir, pero sin cuya energía no seríamos quienes somos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Desde entonces, cada día, procuro colar alguna noticia de ese mundo olvidado entre las páginas de mi diario. Sé que no es mucho, pero es mi forma de reivindicar la existencia de quienes nunca serán declarados “personaje del año” por ninguna revista, ni siquiera compartiendo tal distinción con millones de personas de todo el mundo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Esta es mi participación en el concurso "&lt;/span&gt;&lt;a style="font-style: italic;" href="http://www.atrapalo.com/micrositess/concurso_posts"&gt;1 año en 1 post&lt;/a&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;" organizado por &lt;/span&gt;&lt;a style="font-style: italic;" href="http://www.atrapalo.com/"&gt;Atrápalo&lt;/a&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;, la empresa donde trabajo. Vota el cuento si te gusta. Como trabajadora de Atrápalo no puedo optar al premio, que es un Viaje a Nueva York y un curso de la &lt;/span&gt;&lt;a style="font-style: italic;" href="http://www.escueladeescritores.com/article1559.html"&gt;Escuela de Escritores&lt;/a&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;, pero para mi ya ha sido un regalo participar tanto organizando este concurso con mis compañeros como escribiendo un cuento.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://www.atrapalo.com/micrositess/concurso_posts"&gt;&lt;img src="http://www.atrapalo.com/images_new/promo/promo_navidad.png" alt="Promocion Navidad" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.atrapalo.com/promo/findea%C3%B1o/"&gt;&lt;img src="http://www.atrapalo.com/promo/imagen_concurso" alt="Fin de año" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://atrapalopuntoblog.com/category/1-ano-1-post/"&gt; &lt;img src="http://www.atrapalo.com/images_new/promo/ver_otros.png" alt="Ver otros participantes" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-5203184051310695245?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/5203184051310695245/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=5203184051310695245' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/5203184051310695245'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/5203184051310695245'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/12/annimos-del-ao_16.html' title='Anónimos del año'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='09577046099504199173'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R2UCYMbAzAI/AAAAAAAAAE0/FVpcNSntpBI/s72-c/anonimos.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-8060867151026910546</id><published>2007-11-27T20:40:00.000Z</published><updated>2009-07-02T09:04:50.535+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mi fiesta'/><title type='text'>Por qué escribo</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R0yGSG8M9bI/AAAAAAAAAEs/VSoYC-JyOjQ/s1600-h/maquinadeescribir.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R0yGSG8M9bI/AAAAAAAAAEs/VSoYC-JyOjQ/s320/maquinadeescribir.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5137628920581780914" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:-1;"&gt;&lt;span style="font-family: georgia;font-size:78%;" &gt;© &lt;a href="http://www.diegomanuel.com.ar/index.html"&gt;Diego Manuel&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: left; font-family: georgia;"&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;"&gt;Me recuerdo de niña leyendo. En casa de mi madre todavía se apilan en un mueble los cuentos de mi infancia, que hoy contemplan y desordenan mis sobrinos, quienes no están aún en la edad de leer; pero sí de observar los dibujos y hacernos a todos explicarles las historias una y otra vez. A veces me quedo observándolos y me veo a mí misma, hace ya muchos años, transportada por los mismos relatos que ellos sostienen ahora entre sus manos, viajando a través del tiempo y del espacio hacia escenarios maravillosos donde personajes fantásticos emprendían aventuras que yo quería vivir de mayor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;"&gt;En mi Colegio había una biblioteca. Cada viernes se abría a partir de las cinco y podíamos escoger un libro para leer durante la semana. Yo miraba las estanterías, indecisa, encandilada por la multitud de historias que me esperaban. A veces me sentía atraída por el título, otras por el dibujo de la portada, me inclinaba por una novela recomendada por alguna compañera o, por temporadas, leía todos los libros de una misma colección, historias de niños detectives que descubrían secretos, atravesaban cuevas y merendaban pasteles de arándanos, una fruta que yo jamás había visto en el mercado de mi pueblo, pero que me moría de ganas de probar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;"&gt;Tuve una profesora que solía incluir redacciones en los deberes. A veces le ponía título (la primavera, la Navidad, el día de la madre) y en ocasiones pedía a dos niñas que dijeran cada una una palabra y nos encargaba escribir algo relacionado con aquellos dos términos que en la mayoría de los casos no tenían nada que ver (gafas y patio, bocadillo y crucifijo). A mi, más que trabajo para casa, me parecían un juego emocionante. Mi imaginación se activaba justo en el momento de conocer el tema de la redacción y me iba a casa barajando escenarios y personajes que empezaban a dar forma a la idea para un cuento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;"&gt;Toda mi adolescencia está relacionada con los libros. Historias que, como canciones, vienen a mi memoria a la par que los recuerdos. Leí algunas novelas que ahora pienso que era incapaz de entender por aquel entonces, obras maestras de la Literatura Universal que descansaban en mi mesita de noche en la misma medida que los Superhumor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;"&gt;Por eso creo que yo amé la escritura desde siempre gracias a la lectura. Me gustaba cómo hablaban los personajes, cómo se relacionaban y emprendían viajes o aventuras, cómo se enamoraban y sentían, cómo se enfrentaban a la muerte o a los malos. Y cómo los malos podían ser un poco buenos; los buenos, traviesos, o los desgraciados encontraban motivos para la esperanza. Asistía deslumbrada a esos espectáculos, lloraba, me reía y casi siempre entendía mucho mejor las historias que pasaban en los libros que lo que transcurría en la realidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;"&gt;Yo soñaba que hablaba como aquellos personajes, utilizando la palabra exacta en el momento adecuado, anhelaba expresarme de la misma forma, tener su ingenio o su valentía, pasear por los mismos escenarios y ser capaz de cambiar lo que no me gustaba con su misma habilidad. Y al mismo tiempo, me daba cuenta de lo complicado que podía resultar a veces manejarse en situaciones reales que no comprendía o que no tenía la capacidad de cambiar. Quizás por eso un día que ahora no recuerdo escribí un primer cuento que tampoco recuerdo, el primero que no fue un encargo de la profesora. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;"&gt;Desde entonces, universos y personajes me asaltan en medio de situaciones o lugares insospechados, seres que se comunican como a mi me gustaría hablar, que son capaces de expresar su miedo, su soledad, su alegría, que muestran sin pudor sus emociones, espacios en los que se confunden la realidad y la imaginación hasta el punto de parecer casi lo mismo. A veces, también por sorpresa, me descubro observando una cosa, un gesto, una conversación, como si fueran objeto de estudio, preguntándome qué pasaría si dejara a esos elementos expresarse en medio de un folio en blanco, si los manipulara hasta convertirlos en protagonistas de un mundo creado para ellos o por ellos. Cuando me pasa esto, no corro a dibujar, ni me asaltan las ganas de disertar sobre el tema, ni siquiera, la mayor parte de las veces, sería capaz de comentarlo con un amigo. A mi lo que me provocan es el deseo de escribir una historia, no sé por qué, quizás porque así dejo constancia de mi paso por el mundo, de mi forma de verlo, de imaginarlo o de evitarlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;"&gt;Aunque la mayoría de esas imágenes quedaron olvidadas justo en el momento en que nacieron y nunca fueron trasladadas al papel; cuando escribo, incluso cuando mis palabras terminan arrugadas en el fondo de la papelera, me siento bien. Digo bien en un sentido global que nada tiene que ver con los momentos de bloqueo, en los que pienso que esto no está hecho para mí, que necesitaría mil vidas para llegar a la suela de los zapatos a cualquiera de los escritores que admiro, e incluso de los que no admiro, que mis ideas son tontas y que me aburren hasta a mí misma. Me siento bien en el sentido de que estoy haciendo lo que incesantemente deseo hacer. Y también me ilusiona pensar que algún día, cuando alguien lea lo que escribo, quizás sienta la emoción que a mi me asalta cuando leo una historia que me conmueve.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-8060867151026910546?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/8060867151026910546/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=8060867151026910546' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/8060867151026910546'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/8060867151026910546'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/11/por-qu-escribo.html' title='Por qué escribo'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='09577046099504199173'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R0yGSG8M9bI/AAAAAAAAAEs/VSoYC-JyOjQ/s72-c/maquinadeescribir.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>12</thr:total></entry></feed>