tag:blogger.com,1999:blog-179203282009-07-18T18:24:56.183-04:00PUENTE AÉREO<IMG SRC="http://www.dissidences.org/sitebuilder/images/zeppelin-logo-nuevo-22-699x131.jpg" ALT="Logo">Gustavo Faverón Patriauhttp://www.blogger.com/profile/13509602281323253970noreply@blogger.comBlogger1410125tag:blogger.com,1999:blog-17920328.post-62128698329229664692009-07-18T18:21:00.003-04:002009-07-18T18:24:56.190-04:00Cuzco/Cusco<span style="font-family:arial;font-size:130%;color:#666600;"><strong>Otro viaje, otra ciudad</strong></span><br /><span style="font-family:arial;"></span><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Mi cuarto día en la antigua capital inca. Una ciudad extraña, vital, que ha crecido mucho y sin embargo no parece haber superado sustancialmente su pobreza. En estos días postearé algo desde aquí.</span><br /><br /><br /><br /><span style="font-family:arial;"></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17920328-6212869832922966469?l=puenteareo1.blogspot.com'/></div>Gustavo Faverón Patriauhttp://www.blogger.com/profile/13509602281323253970noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-17920328.post-28503944636178240262009-07-12T00:43:00.013-04:002009-07-13T03:12:29.558-04:00Evidente<span style="font-family:arial;font-size:130%;color:#666600;"><strong>Pero igual hay que seguir diciéndolo</strong></span><br /><br /><a href="http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SlrcQgWxRxI/AAAAAAAADLw/0gIjkLzgDIE/s1600-h/TheMoarYouAreObvious.jpg"><span style="font-family:arial;font-size:85%;"><img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; FLOAT: left; HEIGHT: 379px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5357836882832082706" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SlrcQgWxRxI/AAAAAAAADLw/0gIjkLzgDIE/s400/TheMoarYouAreObvious.jpg" /></span></a><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Al principio de mi visita al Perú sólo había una noticia: el asesinato de Alicia Delgado. Aunque más de tres decenas de personas habían muerto en Bagua apenas unos días antes, esa otra noticia ya no parecía relevante.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Tampoco la (potencialmente escandalosa y definitivamente descarada) salida de la cárcel de Rómulo León ha sido mucha noticia. De alguna forma misteriosa, la salida de la cárcel de la modelo Malú Costa atrajo mayor atención en su momento.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">El horrible asesinato de Marco Antonio y la tristísima agonía de Micky Rospigliosi: ambos casos parecen merecer, en los medios peruanos, no sólo el seguimiento, el interés y la empatía que son comprensibles, sino una cobertura que desaparece cualquier otra noticia que tenga (digámoslo, aunque suene mal y sea duro) una relevancia mayor para el país.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Hace mucho tiempo los peruanos vivimos con una frase común en nuestro léxico: <em>cortina de humo</em>. Lo malo es que, como en el caso de tantas otras oscuridades de nuestra sociedad, parecería que con señalarlas, basta. Ya no importa lo más obvio: desmontarlas y <em>quitarles nuestra atención</em>.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">No es raro. Cuando yo salí del país, había una larga lista de ovejas negras del periodismo: los tentáculos de la corrupción de Fujimori y Montesinos, por un lado, y, por otro, los célebres desconfiables, los amarillistas de escrúpulos microscópicos. </span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Todos ellos, fujimoristas de siempre / alanistas de hoy, son ahora los encargados de hacernos creer que los sucesos cruciales en el país son los casos criminales y las circunstancias más lamentables del mundo del espectáculo (mundo que, por otra parte, cada vez parece más difícil distinguir del hampa).</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">¿Nicolás Lúcar? ¿Mónica Delta? ¿Periodistas confiables? ¿Hay que escucharlos predicar moral y humanidad?</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Beto Ortiz y Aldo Miyashiro se quejaron durante diez días de que ya se venía la salida de Rómulo León de la cárcel mientras la prensa sólo hablaba de Alicia Delgado y Abencia Meza. Incluso sugirieron que la información policial sobre este último caso la alimentaba el gobierno.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Pero eso no impidió que el de Ortiz y Miyashiro fuese el programa que más amplia, obsesiva ¿y obedientemente? se entregó por completo a ese tema, olvidando cualquier otro. Hasta que ocurrió la muerte de Marco Antonio.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Sólo falta que el mejor camuflaje para quienes difunden las cortinas de humo sea denunciar cortinas de humo. ¿Otra vuelta de tuerca? ¿Laura Bozzo ha muerto y se ha reencarnado en casi toda la televisión nacional?</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Lo que pasa en la tv (y no sólo en ella) es sistemático. Prácticamente todo el periodismo televisivo se ha convertido en periodismo de espectáculos. Y pasmosamente se han confundido lumpen, farándula y <em>showbizz</em>: ahora, toda crónica es crónica de espectáculos y la crónica de espectáculos es crónica roja. Y lo demás deja de existir. </span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">También la esfera política se ha lumpenizado hasta lo indescriptible, eso es evidente y ocurrió desde hace mucho tiempo. Pero esa esfera tiene formas de controlar y manejar a los medios, que a su vez se prestan a ello, jubilosos y alineados.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Incluso el poco análisis político que sobrevive parece transformarse siguiendo el mismo patrón. Se parte de aceptar la mugre de la corrupción y la criminalidad como la norma de la política, y luego, cuando se practica una blandengue forma de denuncia, ella no tiene más fuerza que la que tiene el chisme en un programa tipo Magaly Medina, es decir, una fuerza trivial, inscrita dentro del mismo círculo vicioso que dice denunciar.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Y en medio de todo esto, Alan García desarma su gabinete y lo vuelve armar, igualito pero peor, con los mismos monigotes pero con máscaras más feas, y con más apristas corruptos por todas partes. ¿Total? El país está pensando en otras cosas. Es obvio, pero igual hay que decirlo. El problema es que también habría que impedir que siguiera corriendo ese carrusel.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Y el caballito principal del carrusel, el fatídico y semioculto, es el de las próximas elecciones: se escucha con frecuencia un lamento relativo al posible éxito de las candidaturas de Ollanta Humala y Keiko Fujimori: mocos y babas. Parfecería imposible esperar que una propuesta política decente, pragmáticamente aceptale e ideológicamente consistente, se abriera paso en este escenario.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Sobre todo porque, a estas alturas, poco hay en el Perú que diferencie a su esfera política de una variante de caudillismo al estilo decimonónico: la gente no piensa en tendencias políticas ni en ideas, ni en propuestas generales, ni en proyectos nacionales ni en giros históricos: piensa en nombres propios y personalidades; adscribe representatividad no a los colectivos sino a dos o tres individuos, con lo cual, irónicamente, se saca a sí misma del juego democrático (y lo asfixia y elimina).</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Y elige mayoritariamente para ese papel a sujetos sospechosos, o probadamente corruptos, o de una ejecutoria oscura cuando no insultante por su violencia y su suciedad pasada o latente. Parece que todos quisiéramos seguir el camino que ha ensuciado a los medios, que quisiéramos sumergir al país enteramente en esa corriente.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Estamos peligrosamente cerca de convertirnos en un país que abandone las ideas por entero y se entregue completamente a una forma pasional y apasionada de la amoralidad. Estamos transformándonos en un país que es una pura crónica policial.</span><br /><br /><p><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span> </p><p><span style="font-family:Arial;font-size:85%;"></span> </p><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17920328-2850394463617824026?l=puenteareo1.blogspot.com'/></div>Gustavo Faverón Patriauhttp://www.blogger.com/profile/13509602281323253970noreply@blogger.com19tag:blogger.com,1999:blog-17920328.post-51138611774915225232009-07-10T23:13:00.006-04:002009-07-10T23:38:46.200-04:00Ballet de Londrina<span style="font-family:arial;font-size:85%;"><strong><span style="font-size:130%;color:#666600;">"Para acordar os homens e adormecer as crianças"</span></strong><br /><br /></span><a href="http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SlgH3UKh1VI/AAAAAAAADLo/FeLgsdK-TRg/s1600-h/londri.jpg"><span style="font-family:arial;font-size:85%;"><img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; FLOAT: left; HEIGHT: 267px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5357040403644274002" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SlgH3UKh1VI/AAAAAAAADLo/FeLgsdK-TRg/s400/londri.jpg" /></span></a><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Para no perder la onda brasileña, les recomiendo que vayan al Icpna de Miraflores este sábado (7:30 pm), para la última función de una excelente pieza de danza contemporánea montada por el Ballet de Londrina, Brasil.<br /><br />La coreografía se llama <em>Para despertar a los hombres y dormir a los niños</em> (<em>Para acordar os homens e adormecer as crianças</em>), y es una pieza diseñada con la aparente simplicidad de unos pocos elementos fuertemente sugerentes.<br /><br />Los diez bailarines paranaenses muestran una sorprendente homogeneidad en su talento interpretativo y una naturalidad que potencia la principal de sus elecciones técnicas: es una variante de danza en la que el movimiento de cada uno se apoya en la fuerza, la inercia, el desplazamiento e incluso la oposición de los demás.</span><br /><span style="font-family:Arial;font-size:85%;"></span><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span><br /><span style="font-family:Arial;font-size:85%;">La obra confía claramente más en la posibilidad de transmitir una serie de emociones que en la de proponer un conjunto de ideas. Eso no la hace más abstracta, sino, por el contrario, directa y comunicativa. El asunto es una variedad de sensaciones evocativas de relaciones humanas afectivas, de pareja o familiares en general.</span><br /><span style="font-family:Arial;font-size:85%;"></span><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Hoy, la sala del Icpna (que es pequeña) estaba medio llena: en una ciudad con pocas actividades culturales de un nivel tan importante, eso es sin duda una lástima y no debería ocurrir.<br /><br /></span><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span><span style="font-family:arial;font-size:85%;"><br /></span><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17920328-5113861177491522523?l=puenteareo1.blogspot.com'/></div>Gustavo Faverón Patriauhttp://www.blogger.com/profile/13509602281323253970noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-17920328.post-91030862574268521552009-07-08T13:21:00.005-04:002009-07-08T15:24:18.931-04:00Constelaciones<div><span style="font-family:arial;"><span style="font-size:130%;"><span style="color:#666600;"><strong>El peligro del latinoamericanismo precoz</strong><br /></span></span></span></div><div><a href="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SlTx1gPyhPI/AAAAAAAADLg/eIda6_HJ_PY/s1600-h/clasicasnorte.gif"><span style="font-family:arial;font-size:85%;"><img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 396px; FLOAT: left; HEIGHT: 400px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5356171758341883122" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SlTx1gPyhPI/AAAAAAAADLg/eIda6_HJ_PY/s400/clasicasnorte.gif" /></span></a><span style="font-family:arial;font-size:85%;">El viaje por Brasil volvió a despertar en mí la misma pregunta que me rondó hace unos años, cuando escribía la tesis doctoral y leía los ensayos de Roberto Schwarz: ¿cuán apropiado es pensar a Brasil como parte de la literatura latinoamericana? </span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Mejor aún y más delicadamente: ¿de cuántas maneras y con qué amplitud tendríamos que transformar el relato histórico de nuestra tradición si hicieramos un esfuerzo real, y no formulaico, por introducir lo brasileño como un componente plenamente funcional de esa historia?</span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Los brasileños tienen sus propios relatos de conquista, su propia literatura colonial, la tradición diferente de su monarquía y de la llegada del liberalismo, sus propias e idiosincrásicas emanaciones de la ilustración y del positivismo.</span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Mientras la novela hispanoamericana del siglo diecinueve se debatía en romances de amor interracial calcados del romanticismo francés y del norteamericano, la brasileña proponía un naturalismo plenamente moderno y se preguntaba por cosas infinitamente más allá del margen de la construcción nacional.</span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Cuándo Gómez de Avellaneda y Jorge Isaacas seguían tropezando con las especulaciones sobre la hibridación del romance interracial en clave de amor prohibido, Machado de Assis --en <em>nouvelles</em> sorprendentes como <em>El alienista</em>-- se preguntaba sobre la arbitrariedad de la línea divisoria entre cordura y locura y acerca de la naturaleza arbitraria y socialmente determinada de la enfermedad mental.</span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Cuando, entre 1953 y 1955, el mexicano Juan Rulfo publicaba sus dos libros brillantes sobre la violencia de la soledad y el abandono del desierto, sobre el aislamiento fantasmal que implica la pertenencia a una cultura tradicional en pleno avance de la no menos opresiva modernidad, ya había fallecido el brasileño Graciliano Ramos, su primo hermano literario, que desde décadas antes había reflexionado con armas similares y obsesiones parecidas sobre los mismos temas en el sertón nordestino del Brasil, en novelas imprescindibles como <em>Vidas secas</em>.</span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Se me dirá: saltando las más gruesas diferencias, la historia de Brasil es fundamentalmente similar a la del resto de América Latina. Se me dirá: se trata, después de todo, de un país americano, de pasado indígena y migración forzada por la esclavitud, con una metrópoli ibera y un dominio de Estado e Iglesia, con una independencia criolla y una historia de problemas postcoloniales, dictaduras de izquierda y derecha, inestabilidad política, etc.</span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">O se me dirá: la historia del Brasil es fundamentalmente distinta de la historia del resto de la región. Se me dirá: introducir a Brasil en el campo y rediseñar el relato histórico latinoamericano para que los rasgos del gigante oriental reciban la atención debida implicaría un ejercicio artificioso. Se me dirá: mejor es reconocer las diferencias de Brasil (otra lengua, una monarquía propia, una república tardía, un gran Estado federal, unas rutas mucho más abiertas de mestizaje, migraciones diferentes, etc) y no forzar las explicaciones.</span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">De acuerdo. Pero sigue habiendo un problema. Si esas son razones para escribir la historia de la literatura latinoamericana al margen de Brasil, ¿no se pueden aducir razones similares para escribirla al margen de, digamos, Cuba, Argentina o Panamá? </span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">¿Se puede diseñar la historia de las letras latinoamericanas sin empezar por reconocer las hondas diferencias de cada historia nacional? ¿Al construir un relato general de lo latinoamericano, no se relegan momentos idiosincrásicos de cada nación porque no alcanzan a influir en las otras, o, viceversa, se los acentúa como si fueran relevantes para toda la región cuando su importancia es estrictamente local?</span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Pienso, una vez más, en el ensayo de Gustavo Guerrero sobre el cual escribí en el post anterior. Encuentro problemática la pregunta sobre las direcciones de la literatura latinoamericana porque me parece que la interrogante misma nos fuerza a pensar, quizá artificial, quizá artificiosamente, en rasgos generales y compartidos, y a olvidar los que tienen una explicación local, propia de cada tradición nacional, heredada de coyunturas particulares.</span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Digamos nombres, para anclar la discusión. Piglia, por ejemplo, es enormemente idiosincrásico y personal, diferente, si uno lo compara con otros autores clave de las letras latinoamericanas de hoy. Pero es mucho menos insular si uno lo piensa en relación con Néstor Sánchez, Juan José Saer, Abelardo Castillo, Pablo de Santis. Y, transparentemente, empieza a adquirir aire de familia si uno lo coloca en la rama del árbol de la que provienen Eduardo Ladislao Holmberg, Macedonio Fernández, Jorge Luis Borges.</span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Antonio José Ponte no parece menos aislado y distinto en la comparación si nos atenemos a mirar las puntas del <em>iceberg</em> estrictamente contemporáneo y a buscarle similitudes con peruanos y bolivianos. Sin embargo, sus libros parecen cobrar un sentido diferente y, sí, mucho más tradicional y genealógico, cuando pensamos en Lezama Lima e incluso en ciertos híbridos de ensayo y narración de autores como Carpentier.</span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Piglia y Ponte, dos escritores decididamente cruciales en la narrativa de hoy en la regón, han dedicado gran parte de su trabajo ensayístico a preguntarse sobre la tradición literaria de sus países: Macedonio, Borges, los años de Gombrowicz en Argentina, son los temas más queridos de Piglia. Los "origenistas" lo son para Ponte. ¿Qué derecho tendría la crítica a desligar a esos autores de su más reconocido y reconocible vínculo con la historia de las letras de su tierra?</span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Hay, entonces, un peligro notorio en preguntarse precozmente acerca de las líneas maestras de la narrativa latinoamericana sin preguntarse antes por las líneas maestras de cada literatura nacional. El peligro está en crear una explicación ahistórica, desarraigada, sin pies sobre la tiera, artificiosa y superficial.</span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Eso es lo que ocurre cuando suponemos (como muchísimos críticos hacen, en la práctica) que la literatura latinoamericana está conformada por las obras de aquellos autores que alcanzan una lectoría internacional, un cierto reconocimiento regional o metropolitano, con España como gran catalizador. Cuando se hace eso, se condena inmediatamente a los demás escritores, cuyo mérito artístico, estético, ideológico, intelectual, puede ser igual o mayor, a formar parte de esas cada vez más borrosas y menos importantes ligas de la serie B que son las literaturas nacionales.</span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">La consecuencia más absurda es la siguiente: tenemos autores que parecen cruciales en una literatura nacional (Ribeyro, Loayza, Reynoso, Gutiérrez, Colchado, Rivera Martínez, para poner ejemplos peruanos) pero que a la vez son siempre o casi siempre obviados por quienes piensan a nivel latinoamericano. </span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Tenemos autores de mucha menor importancia nacional y que son, sin embargo, mucho más mentados en la otra liga, no en función de su originalidad, su poder expresivo o su aporte estético, sino en funciòn de su <em>reconocibilidad</em>, que muchas veces tiene poco que ver con su impronta real en la marcha de la tradición o en el quehacer artístico o intelectual del medio del cual provienen.</span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Las ansias de crear un gran relato latinoamericano se estrellan constantemente con autores <em>sui generis</em>, especiales, diferentes, inubicables. Mi hipótesis es que son esas ansias de un gran relato las que inventan la inexplicabilidad de tales autores. </span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Porque, claro, supongamos que mañana los libros de Óscar Colchado se volvieran familiares para los lectores latinoamericanos. ¿Cómo podrían no parecer insólitos e inusitados esos libros ante los ojos de lectores que nunca han leído a Arguedas, a Scorza, a Rivera Martínez, a Rosas Paravicino, etc.? Es cuando se anula la dimensión nacional de la tradición que los autores "latinoamericanos" se vuelven insospechados, raros, inesperables. Así, casi cualquier <em>explicable</em> escritor nacional es en potencia un <em>inexplicable</em> autor latinoamericano.</span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Otra consecuencia de la artificialidad de los recuentos panregionales que olvidan la dimensión nacional es la anulación de los fenómenos locales. La novela peruana de la violencia política, por ejemplo, se pierde como fenómeno y se reduce, internacionalemente, a las obras disímiles de Alonso Cueto y Santiago Roncagliolo; la novela de la postdictadura chilena se localiza en Roberto Bolaño; la novela de la dictadura argentina se vuelve Piglia y un par de nombre más. </span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">En ese ejercicio de simplificación, no es sorprendente que las obras de estos escritores acaben por cobrar una apariencia de casos únicos, y, poco a poco, el panorama de la literatura latinoamericana se va convirtiendo en una colección de ornitorrincos, o en un haz de estrellas solitarias en lugar de una constelación de astros, continuidades, relaciones: nos gana la mentirosa impresión de que Bolaño, Fadanelli, Ponte, Zambra, el cubano Gutiérrez, Paz Soldán, Bellatín, Fuguet, el colombiano Vallejo, Thays, Cueto, Volpi o Pauls han nacido en el aire, en la nada.</span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Y, por otro lado, todas las literaturas de las tradiciones nacionales latinoamericanas que tengan que ver directamente con la interculturalidad y la transculturación desaparecen: el postindigenismo andino, el centroamericano, el mexicano, se evaporan ante la buscada homogeneización de lo latinoamericano, como si el tema se hubiera congelado en Arguedas, o, mal entre males, en Rigoberta Menchú; como si la literatura peruana o la boliviana o la ecuatoriana hubieran abandonado el impulso de pensar en sus propios procesos sociales con los procesos todavía en marcha.</span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><br /><div></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17920328-9103086257426852155?l=puenteareo1.blogspot.com'/></div>Gustavo Faverón Patriauhttp://www.blogger.com/profile/13509602281323253970noreply@blogger.com6tag:blogger.com,1999:blog-17920328.post-63815451670574472472009-07-04T01:48:00.015-04:002009-07-06T02:33:20.250-04:00Propios como ajenos<div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"><strong><span style="font-size:130%;color:#666600;">Sobre un artículo de Gustavo Guerrero</span></strong><br /><br /></span><a href="http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SlGaFogyYSI/AAAAAAAADLI/fzoUnSPJFa8/s1600-h/flickr-share-arrows-up-down-779627.jpg"><span style="font-family:arial;font-size:85%;"><img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; FLOAT: left; HEIGHT: 263px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5355230853485191458" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SlGaFogyYSI/AAAAAAAADLI/fzoUnSPJFa8/s400/flickr-share-arrows-up-down-779627.jpg" /></span></a><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Echándole una mirada al </span><a href="http://notasmoleskine.blogspot.com/2009/07/la-pluralidad-literaria-latinoamericana.html"><span style="font-family:arial;font-size:85%;color:#666600;">blog de Iván Thays</span></a><span style="font-family:arial;font-size:85%;">, llego a un artículo de Gustavo Guerrero, publicado en la revista <em>Letras Libres</em> bajo el título </span><a href="http://www.letraslibres.com/index.php?art=13872&amp;rev=2http://"><span style="font-family:arial;font-size:85%;color:#666600;">Crítica del panorama</span></a><span style="font-family:arial;font-size:85%;">.<br /><br />El ensayo de Guerrero --vasto de expectatvas y sólido en sus referencias-- tiene como centro la formulación de una pregunta: ¿existe un rasgo o un conjunto de rasgos que alcancen para definir la línea maestra y la dirección en la que marcha la literatura latinoamericana contemporánea?<br /><br />En respuesta a su propia interrogante, Guerrero sostiene que, a diferencia de lo ocurrido en los años del <em>boom</em> y las décadas inmediatamente posteriores, el paisaje de la literatura regional hoy no puede explicarse en términos "totalizadores", dado que se han diluido hasta desaparecer los dos "metarrelatos" cruciales que le daban forma:<br /><br /></div></span><blockquote><span style="font-family:arial;font-size:85%;color:#666666;">"Me refiero, por un lado, al metarrelato revolucionario que encarna en aquel<br />momento la Cuba de Castro, la narrativa marxista que hace de la literatura<br />latinoamericana la vanguardia estética del combate político por la emancipación<br />continental. Y me refiero, por otro lado, al metarrelato de lo real maravilloso<br />o el realismo mágico, la narrativa cultural que ve en esta variante del género<br />fantástico el punto final del largo viaje de la literatura latinoamericana en<br />busca de una identidad colectiva. Ambos relatos, que tuvieron antaño el poder de<br />reunir una multiplicidad de autores y de obras bajo un solo principio, hoy han<br />perdido buena parte de su prestigio, de su fuerza descriptiva y su capacidad<br />aglutinadora".</span></blockquote><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Quiero formular unos pocos reparos. El primero y más evidente es que el ensayo de Guerrero (como ocurre en mucha crítica con creciente asiduidad) se refiere de forma constante a "la literatura latinoamericana" pero jamás considera ni evalúa otra cosa que no sea la <em>narrativa hispanoamericana de ficción</em>. Si el tema que se discute es la posibilidad de una mirada panorámica, mal se hace en recortar el paisaje de manera tan arbitraria.<br /><br />Mi segundo reparo: el llamado "metarrelato revolucionario" del proceso cubano sirvió de aliento retórico y objetivo idealista sólo para un cierto sector de las letras latinoamericanas, y apenas por un periodo breve de tiempo.<br /><br />Sería ocioso recurrir a las cronologías para hacer notar cuán pronto el romance se deshizo, y con qué celeridad la figura de Castro pasó de ser un aglutinante a transformarse en una línea divisoria: no ocurrió ayer, sino cuatro décadas atrás.<br /><br />La fe en la revolución castrista no es precisamente un rasgo que haya animado la obra de Alejo Carpentier, Guillermo Cabrera Infante, Virgilio Piñera, Reynaldo Arenas o Heberto Padilla, para mencionar únicamente a autores cubanos activos en aquel periodo y, la mayoría de ellos, sólidamente axiales en cualquier panorama de las letras hispanoamericanas del siglo pasado.<br /><br />Tercera observación. El realismo mágico y lo real maravilloso --que son cosas distintas y, por tanto, no configuran un mismo "metarrelato"-- no han sido nunca rasgos generales, ni mucho menos <em>los</em> rasgos cruciales, de las letras latinoamericanas, ni siquiera en el momento de mayor auge de la imaginación fantástica regional, e incluso a pesar de ser los modos literarios más plenamente identificados con nuestra tradición en el resto del planeta. Es más: adscribir enteramente las obras de autores como García Márquez o Juan Rulfo a alguna de dichas poéticas sería ya un ejercicio de simplificación y una parcialidad.<br /><br />A cuento viene algo que he escrito ya muchas veces: el realismo mágico no fue recusado recién cuando se produjo la aparición de McOndo o el Crack, tal como la crítica circunstancial y la autobiografía de algunos escritores insiste en repetir. El mismo García Márquez había abandonado el proyecto del realismo mágico mucho antes de que los autores de McOndo y el Crack hicieran siquiera sus primeros intentos literarios.<br /><br />Esto para no mencionar un hecho todavía más transparente: que García Márquez fue el único escritor del <em>boom</em> cuya obra transitó parcialmente por el camino del realismo mágico, ruta notoriamente irrelevante en el trabajo de Vargas Llosa, Cortázar o Cabrera Infante, y apenas mínima y lateral en el de Donoso o Fuentes, de modo que inclusive si uno cometiera el pecado de reducir la literatura latinoamericana del siglo veinte al póker de ases de la novela del <em>boom</em>, la centralidad del realismo mágico estaría nublada de dudas.<br /><br />En resumen, la crítica que habla del "metarrelato" revolucionario y de las poéticas del realismo mágico y lo real maravilloso como rasgos ubicuos y "totalizadores" de las letras latinoamericanas en cierto momento histórico (la segunda mitad del siglo veinte), no está formulando una constatación veraz, sino una generalización arbitraria e inconducente. ¿Por qué, entonces, seguir dándole crédito al error?<br /><br />Esto que digo puede ser un truísmo para muchos, pero no es poco importante. Si Guerrero encuentra que la diferencia central entre las generaciones pasadas y la contemporánea es detectable, precisamente, en el hecho de que las actuales hayan abandonado cualquier fe en los mencionados "metarrelatos", constatar que esos "metarrelatos" tampoco fueron rasgos generales ("totalizadores") <em>en su tiempo</em> nos deja sin diferencia alguna detectada.<br /><br />Se insiste en afirmar (lo hace, por ejemplo, Iván, en su comentario al artículo de Gustavo Guerrero) que el rasgo distintivo de la nueva literatura frente a la anterior es su pluralidad. Eso me parece injusto y sesgado: pocos momentos de las letras hispanoamericanas han estado tan poblados de disidentes y alternativos como las décadas que antecedieron al <em>boom</em>, o que lo siguieron inmediatamente o coincidieron con él: el tiempo de Levrero y el segundo Borges, de Bioy Casares y Sabato, de Hinostroza y Pizarnik, de Caicedo y Lamborghini, de Mujica Láinez y Di Benedetto, de Armonía Somers y Jorge Ibargüengoitia, de Rodolfo Wilcock y Blanca Varela.<br /><br />Intuimos que alguna diferencia existe entre aquellos periodos y los más recientes, sí, pero no la logramos señalar. Por un lado, el realismo mágico no explica la poesía de Paz, lo real maravilloso no entiende la narrativa de Ribeyro, ni el socialismo populista ni el marxismo heterodoxo comprenden a Onetti, y la filiación procubana no existe en las páginas de Eielson.<br /><br />Por otro lado, Bellatín y Rey Rosa son muy distintos, como dice Guerrero, y es verdad que Zambra, Ronaldo Menéndez y Antonio José Ponte son disímiles hasta el colmo. Pero de ninguna manera son más distintos entre sí que Monterroso y Walsh, Arguedas y del Paso, Scorza y Pitol, Denevi y Edwards, Arreola y Lihn, Puig y Roa Bastos.<br /><br />Señalar la pluralidad actual como diferencia ante una cierta homogeneidad de antes equivale a reducir el pasado a un panorama infinitamente deformado y violentamente privado de su rasgo más vivo: la profunda multiplicidad de miradas estéticas e ideológicas que habitó y dio forma a ese pasado y que condujo a nuestro presente. Es más: hacerlo nos deja sin posibilidades de comprender de dónde proviene la multiplicidad de hoy.<br /><br />Es sintomático, por otra parte, que el artículo de Guerrero no mencione al autor en quien, quizás, el tránsito de una época a otra sea más notorio e intenso, más vívido y problemático, más rico y, dialécticamente, más sintético: Roberto Bolaño, el gran virtuoso de esa narrativa fragmentaria que es tan querida a los más jóvenes autores de la región, pero autor en cuyas novelas, irónicamente, la yuxtaposición de fragmentos no renuncia jamás a la tendencia magnética y aglutinante que animaba las más ambiciosas "novelas totales" del <em>boom</em>.<br /><br />Que, en esta época de libros flacos y ficciones mínimas, los buques insignia de la nueva novela latinoamericana sean <em>Los detectives salvajes</em> y <em>2666</em> es una señal de que el afán abarcador y la intuición de la totalidad no han sido abandonados, sino quizás apenas empujados unos metros más allá, en esa oscilación y ese zigzagueo que es nuestra historia literaria.<br /><br />También me llama la atención que el interesante artículo de Guerrero ofrezca recetas y rutas posibles para el futuro de la novela de la región: el impulso de la globalización y su ansiado <em>telos</em>, la final globalidad, una escritura que empiece por abrirse todas las fronteras y a todos los lectores. La sola sugerencia debería enseñarnos a notar que la globalidad no es un proceso de apertura equitativa desde todos los rincones del mundo, sino uno en que se espera de los márgenes y las periferias una adecuación al lenguaje de los centros y las metrópolis.<br /><br />¿Por qué los escritores latinoamericanos deberían preguntarse qué versión de la "identidad latinoamericana" esperan encarnar, cuando es transparente que los escritores parisinos, madrileños o londinenses que sean ajenos a cualquier grupo minoritario no sienten siquiera la inquietud de preguntarse qué modalidad de lo francés, lo español, lo inglés y, muchísimo menos, lo europeo, representan o han de representar?<br /><br />La pregunta, pienso, la resolvió en parte Borges hace medio siglo, en "El escritor argentino y la tradición". Los autores latinoamericanos tienen una posición simultánea dentro y fuera de las historias y las culturas occidentales, una orilla propia, mar y tierra a la vez, desde la cual lo mejor de todos los mundos puede asumirse y hacerse propio.<br /><br />La historia de la literatura en la región es la historia de todas las apropiaciones, asimilaciones y reivindicaciones deseadas y llevadas a cabo, pero eso no es una renuncia al perfil propio sino una autorización para forjarlo a la medida del aire y del impulso de uno mismo y del propio origen. No a la medida y al impulso del mercado global, ni a la medida de editoriales y agentes literarios, ni a la medida de imperiosas necesidades comerciales, factores que muy poco tienen que ofrecer a la renovación y la vitalidad del arte. (Y Borges, de quien estas ideas se desprenden, es curiosamente el mejor de los latinoamericanos que todo el planeta lee).<br /><br />Ahora que está de moda detestar y renegar del realismo mágico, quiero poner, con afán polémico mal disimulado, una nota discordante: como lo fantástico borgeano o el vanguardismo de Vallejo, el realismo mágico en su versión latinoamericana fue capaz de ofrecer a la literatura universal un lenguaje y un imaginario idiosincrásicos: poderosamente modernos, agudamente renovadores, crucialmente diferentes, una de las pocas cosas que la historia y la crítica de la literatura occidental necesariamente tienen que atribuir a los autores de esta región, cuando estudian, por ejemplo, la obra de Rushdie o Morrison o Mahfuz o el último Mulisch.<br /><br />¿Qué cosa similar puede decirse sobre los recusadores locales del realismo mágico, no importa cuán brillante pueda ser, eventualmente, su ejercicio literario? Creo que muy poco, si es que algo. Y si es así, ¿no será momento de sonar menos agresivos, silenciar un poquito el llanto de hijos renegados, mirar un tanto más hacia adentro y buscar una originalidad real en lugar de una asimilación sin pena ni gloria? ¿Y no será que buena parte de esa originalidad se encontrará en el seguimiento polémico, crítico, inteligente y quizás también, por qué no, constestatario y saludablemente, selectivamente, sensiblemente parricida, de las líneas maestras de nuestras propias tradiciones literarias?<br /></span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"> </div></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17920328-6381545167057447247?l=puenteareo1.blogspot.com'/></div>Gustavo Faverón Patriauhttp://www.blogger.com/profile/13509602281323253970noreply@blogger.com7tag:blogger.com,1999:blog-17920328.post-55991333871107295362009-07-03T02:28:00.010-04:002009-07-03T13:08:46.985-04:00Borges y Graciliano Ramos<span style="font-size:85%;"><span style="color: rgb(102, 102, 0);font-size:130%;" ><span style="font-family: arial; font-weight: bold;">Un antecedente brasileño de "El Sur" y "La noche boca arriba"</span></span><br /><br /></span><div style="font-family: arial;"> </div><span style="font-size:85%;"><a style="font-family: arial;" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/Sk45x_Q7NDI/AAAAAAAADLA/OR0SJ6IKUkU/s1600-h/graciliano-ramos-na-livraria-jose-olimpio.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 293px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/Sk45x_Q7NDI/AAAAAAAADLA/OR0SJ6IKUkU/s400/graciliano-ramos-na-livraria-jose-olimpio.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5354280537948894258" border="0" /></a><span style="font-family: arial;">Del maestro nordestino Graciliano Ramos había leído apenas un manojo de cuentos y un tomo de sus célebres </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >Memórias do cárcere</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> (1953).</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Este viaje a Brasil me ha dado la ocasión de conocer otros dos libros suyos: la colección de cuentos </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >Ins</span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-family:Arial;font-size:85%;" >ô</span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >nia</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> (1947) y la clásica novela </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >Vidas secas</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> (1938), cuyo argumento me era conocido por la estupenda versión cinematográfica con la que Nelson Pereira dos Santos conmovió al jurado de Cannes en 1964.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Los relatos breves de Ramos son introspectivos y psicológicos --a veces, valdría la pena decir </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >psiquiátricos</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">--. Su método proviene de Sartre y Camus, cuyo </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >El extranjero</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> fue traducido por Ramos al portugués: personajes solitarios que el destino, la inercia o la escasa voluntad coloca en situaciones límite.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">En "</span><a style="color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;" href="http://manoelneves.com/tag/o-relogio-do-hospital/">O relógio do hospital</a><span style="font-family: arial;">" ("El reloj del hospital"), esa coyuntura es la de un paciente profundamente anestesiado que atraviesa una delicada operación de la cual acaso salga sin vida. El estrés y los somníferos se conjugan para dar lugar a un mundo alucinatorio o, al menos, dudosamente instalado entre el sueño, la realidad y la intrusión de lo fantástico.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Los lectores de narrativa breve latinoamericana saben qué otros dos cuentos de nuestro canon tienen una premisa similar: "El Sur", de Jorge Luis Borges, y "La noche boca arriba", de Julio Cortázar. Saben también que el relato de Cortázar es una vuelta de tuerca sobre el cuento de Borges.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">En "El Sur", la irrupción fantástica es la doble existencia y, acaso, el doble final de Juan Dalhmann, escindido entre la normalidad de su vida burguesa y la excepción de su destino romántico. En "La noche boca arriba", la sala de operaciones se abre como un túnel temporal que deja al protagonista con un pie en el presente moderno y otro en el pasado precolombino.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">En "O relógio do hospital", de Graciliano Ramos, el protagonista, que parece ser el mismo ladrón arrestado por la policía en un cuento previo, es sometido a una operación que ya en el plano literal implica una partición: la posible amputación de las piernas.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">La anestesia y el llanto herido de un niño que es operado simultáneamente en una sala vecina (¿o sólo en la memoria del paciente?) conducen al protagonista, también, a una travesía temporal, que lo recoloca en su propia infancia.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">En ese trance, la violencia específica de la operación, la inminencia de la amputación, la sensación de estar siendo, en definitiva, triturado físicamente por una sociedad que lo expele y lo rechaza, suman una cantidad tal de sentidos metafóricos y simbólicos, que el hecho de la intervención quirúrgica, paulatinamente, sin perder materialidad, gana polisemia, y acaba por situarse en un plano ambiguo de realidad, no muy distante del fantástico borgeano y cortazariano.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">La lectura me dejó la impresión clara de que el cuento de Ramos debía ser no sólo un antecedente de los de ambos narradores argentinos, sino un antecedente conocido por ellos, una fuente consciente (al menos para el primero, Borges).</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">La inicial constatación de las fechas pareció echar por tierra mi especulación: el libro de Ramos fue publicado por vez primera en Río de Janeiro, en 1947. Mientras que la sección </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >Artificios</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">, de </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >Ficciones</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">, de Borges, a la que pertenece "El Sur" apareció en 1944. Así pues, a primera vista, la única influencia pudo ser en el sentido contrario: Borges sobre Ramos.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Pero no es así: mi especulación sigue en pie. Las primeras versiones de </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >Artificios</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> no contenían "El Sur", cuento que apareció por primera vez en el diario </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >La Nación</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> de Buenos Aires en el año 1953 y sólo fue incorporado al libro a partir de 1956.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Mejor aún: resulta que "O relógio do hospital" fue editado en español mucho antes de aparecer en portugués. Y su lugar de publicación, bajo el título "El reloj del hospital", fue ni más ni menos que el diario </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >La Prensa</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> de Buenos Aires, el 24 de octubre de 1937.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Así que, para los cazadores de genealogías literarias, como yo, se abre allí una conección inesperada: una entre el viejo realista nordestino de estirpe existencialista y el tejedor de laberintos bonaerense, que pudo haber leído el cuento de Ramos en </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >La Prensa</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> tan temprano como a fines de 1937.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Y dejo para otro post un posible paso siguiente en la genealogía: el viaje de vuelta a Brasil, la conexión entre "El Sur" y la novela </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >A morte e a morte de Quincas Berro Dágua</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">, de Jorge Amado, que terminé de leer apenas ayer.</span><br /><br /></span><br /><div> </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17920328-5599133387110729536?l=puenteareo1.blogspot.com'/></div>Gustavo Faverón Patriauhttp://www.blogger.com/profile/13509602281323253970noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-17920328.post-73372730779673936852009-06-30T17:32:00.008-04:002009-07-02T00:35:26.287-04:00Temporada de circo<span style="font-family:arial;font-size:130%;color:#666600;"><strong>¿O carnaval en Lima? Saquemos la pistola de agua</strong></span><br /><span style="font-family:arial;font-size:130%;"><strong></strong></span><br /><br /><a href="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SkuMyxgFM5I/AAAAAAAADK4/PyWfpQaAfOQ/s1600-h/fascismo4.jpg"><span style="font-family:arial;font-size:85%;"><img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 261px; FLOAT: left; HEIGHT: 400px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5353527385969210258" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SkuMyxgFM5I/AAAAAAAADK4/PyWfpQaAfOQ/s400/fascismo4.jpg" /></span></a><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Como era de esperarse, Víctor Samuel Rivera (profesor de la Universidad Federico Villarreal) no ha respondido a mi <a href="http://puenteareo1.blogspot.com/2009/06/de-brasil-lima.html"><span style="color:#666600;">pedido</span></a>, no ha republicado su texto ni me lo ha hecho llegar. </span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Afortunadamente, no ha sido el caso de varios lectores de este blog, que me han enviado copias y hasta <em>screen captures</em> que muestran el desconcertante post que Rivera publicó sobre mí y que luego, aparentemente, ha decidido desconocer.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Así que a continuación les voy a mostrar algunos <em>highlitghts</em> de la rutina del involuntario patafísico, que voy a comentar con brevedad, para no quebrarle al lector la magia que acaso experimente en este <em>tour de force</em> por el <em>mondo bizarro</em> que es la mente del profesor Rivera, microcósmico túmulo de la sinapsis.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Como anuncia en su título --"Gustavo Faverón et Caetera Omnes"--, el post de Rivera es una acusación en contra mía y en contra de otras personas a las que (acaso porque sencillamente <em>no existen</em>) nunca se atreve a mencionar por un nombre propio.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">¿Qué cosa inquieta a Rivera? Su respuesta es esta: “Una serie de acusaciones y ataques por internet al Dr. Eduardo Hernando Nieto". Pero no se detiene allí: lo que Rivera desliza es que las supuestas acusaciones y los mentados ataques son parte de un esfuerzo "concertado" por perjudicar la carrera profesional de Hernando. Dice Rivera:</span><br /><br /><blockquote><span style="font-family:arial;font-size:85%;"><span style="color:#666666;">"¿Sabían los lectores que esto se realiza concertadamente en el periodo en que [Hernando] debe renovar su condición de docente de Derecho en la Pontificia<br />Universidad Católica del Perú?"</span><br /><br /></span></blockquote><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Ese tampoco es su paradero final. Rivera enumera más adelante una serie estarmbótica y no poco risible de acusaciones adicionales:</span><br /><br /><blockquote><span style="font-family:arial;font-size:85%;"><span style="color:#666666;">“Se ha primero vandalizado la página de Wikipedia referida al Dr. Hernando<br />para luego proceder a un borrado expeditivo, para hacer escarnio de ello luego<br />en los mismos blogs que lo difaman”.<br /><br />“¡Oh Favero, casualidades madre! La semana anterior colgué una queja<br />pública contra las difamaciones de Faverón. ¡Gran Madre! Un Hacker ha destruido<br />mi computadora al día siguiente y esta semana han arruinado varios videos del<br />archivo de mi blog”.<br /><br />“El tipo me acusa de nazi por estudiar la obra del mentor de la PUCP (¡qué<br />bruto hay que ser para eso!) y al día siguiente una mano invisible (ajá: ¡Una<br />mano liberal!) había denunciado la mención de mi nombre en Wikipedia como<br />autopromoción (¡qué casualidad!, ¿no Favero?)”.<br /><br />“El último mes he recibido amenazas con mensajes de texto en mi teléfono;<br />una andanada de agravios coprolálicos se ha sucedido ese mismo periodo y me han<br />forzado a cerrar los comentarios libres de Anamnesis. Desde que se dio la<br />discusión con Faverón, alguien entraba a mi blog a las 9 am y entre 5 y 6 pm<br />todos los días a saturar el espacio de comentarios antedicho de palabras<br />literarias estilo “mierda”, “vendido”, “cabro”, etc. Como diría el Conde Joseph<br />de Maistre en alusión a la idea de Locke sobre la libertad: “Todo huele aquí a<br />dinero”. Estamos, sin duda, en el mundo liberal”.</span><br /></span></blockquote><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Y, para que quede claro, Rivera, literalmente, textualmente, por escrito y en un medio público me acusa directamente de todas esas cosas:</span><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span><br /><blockquote><span style="font-family:arial;font-size:85%;"><span style="color:#666666;">“¿Quiénes han estado en esto?: Al menos un par de señores que no son conocidos<br />precisamente por sus sillas en el banquete del conocimiento: Gustavo Faverón et<br />caetera”.</span> </span></blockquote><span style="font-family:arial;font-size:85%;">¿Repito la lista? Rivera me acusa de: </span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">1) Complotar con otras personas para perjudicar la carrera de Hernando.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">2) Vandalizar Wikipedia.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">3) Hackear su blog y arruinar sus archivos.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">4) Destruir su computadora.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">5) Ordenar a bibliotecarios de Wikipedia que denuncien el artículo sobre él.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">6) Enviar amenazas con mensajes de texto a su teléfono.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">7) Hacer otro tanto por medio de comentarios en su blog.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Quien entre al blog de Rivera encontrará de inmediato, en la portada, a la mano derecha, un texto que dice "Gustavo Faverón, difamador". Esa acusación, por supuesto, es una octava difamación que se suma a las siete que acabo de enumerar, pero prefiero no tomarla en cuenta. </span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Rivera tendría ya la obligación de presentar pruebas de esas siete acusaciones o disculparse en público por esa pataleta cargada de invenciones, mentiras y exabruptos. No le voy a pedir lo primero, no por ahora, al menos, porque sería un espectáculo penoso.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Si yo hiciera uso de mi derecho a exigir su rectificación inmediata, el escándalo podría abrumar y problematizar el proceso de renovación de contrato del profesor Hernando (cosa que a Rivera, soprendente y paradójicamente, no parece haberle preocupado mucho al escribir su post). No tengo el menor interés en hacer tal cosa, así que dejaré mi reclamo para después, esperando que las disculpas lleguen en algún momento.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Ah, pero el resto del artículo de Rivera es notable por la donosura intelectual que demuestra. Recuerden los lectores que todo lo que he hecho yo hasta ahora es preguntar (no a Rivera, sino a Hernando) por qué la enorme mayoría de los intelectuales y artistas que él menciona como formadores de su línea ideológica son fascistas, nazis, filofascistas, filonazis, antisemitas y otras lindezas de ese corte.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Hernando ha tenido un mes y medio para responder pero no ha podido. Rivera trata de contestar. O algo así. Me llama "bruto" y "enfermo de rabia". Habla, en un momento más que <em>creepy</em>, por cierto, de mis "poderes siniestros". Alude a mi vida privada, a mi lugar de residencia, a mis notas de Estudios Generales, a mi capacidad reproductiva, etc. Todo muy relevante.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Y claro, también me dice "sionista", "sionista", "sionista", "sionista" y... "porcino". Justo cuando uno pensaba que el lenguaje del antisemitismo renacentista éstaba muerto y sufría de un severo <em>rigor mortis</em>, Rivera decide permitir que reencarne en él.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Ahora los dejo con los mejores párrafos de Rivera, a los que sólo añadiré un comenario sucinto al final. Dice Rivera:</span><br /><br /><blockquote><p><span style="font-family:arial;font-size:85%;"><span style="color:#666666;">"Un buen día de fines de mayo e inicios de 2009, de buenas a primeras, sin<br />aviso, [Faverón]demostró que era un experto en el pensamiento de Julius Evola.<br />Casi nadie sabe quién es Evola. ¿Quién es Evola?: un antimoderno italiano a<br />quien yo, coaligado y amigo de Hernando, sólo conocía de nombre. Pero resultó<br />que Faverón era también un experto en los textos de la revolución conservadora,<br />que sabía de los autores mayores, menores y aun nimios de la tradición de la<br />metapolítica, con detalle del contenido y la historia de sus obras, o sea, un<br />verdadero PhD.<br /><br />“En fin. Un día aciago de mayo de 2009 resultó que Faverón parecía haber<br />hecho una maestría, qué digo, un doctorado en unos libros que con dificultad<br />frecuentan o frecuentaron en Lima Fernando Fuenzalida, Onorio Ferrero y su<br />pequeña escuela, de la que Eduardo Hernando Nieto es heredero intelectual. ¿Cómo<br />hizo para leer tanto? ¿En qué tiempo –en su tiempo ocioso de literato- pudo<br />acceder y leer lo que a Hernando le tomó –digamos- tres lustros? ¿Qué vitaminas<br />toma Faverón?</span></span></p><p><span style="font-family:arial;font-size:85%;"><span style="color:#666666;">“Es admirable, Faverón, que sepas tanto y tan rápido de cosas tan raras e<br />inhallables y –sobre todo- tan alejadas de las habilidades que adquiriste en la<br />vida universitaria en la que yo te conocí.<br /><br />“No, Faverón. Algo en tu sabiduría repentina huele mal, malísimo compadre.<br />Huele mal por su fecha, que coincide con la renovación de contrato del profesor<br />Eduardo Hernando Nieto. Huele mal por lo que en otro contexto serían cualidades,<br />por su exhaustividad, por su rigor, que tan porcino aspecto toman cuando<br />ingresan al lenguaje de periodista desde el que pontificas a favor del sionismo.<br /><br />“¡Ay Faverón! O tú tienes ayuda o tú tienes ayuda. ¿De dónde sale tu ayuda<br />para la infamia? ¿De tu prístina vocación por las letras? ¿O será de otra<br />fuente, más acorde con tu mentalidad sionista?.<br /><br />“¿Crees que tu poder lo es todo, Faverón? ¿Crees que los poderes siniestros<br />que te cualifican en tus trece me asustan a mí, Faverón? Nunca el poder que te<br />anima será el poder de la verdad y Dios todopoderoso es más poderoso que todos<br />los poderes que te sostienen”.</span></span></p></blockquote><p><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Dos cosas: la primera es que el desequilibrio final del texto me asusta y me entristece. Rivera se siente en guerra santa contra una conspiración sionista que lo ha tomado como presa. Y escribe eso, precisamente, en un texto que había empezado como demostración de que Hernando y él nada tienen de antisemitas ni cosa que se le parezca.</span></p><p><span style="font-family:arial;font-size:85%;">La segunda es que los escritos de Evola y los metapolíticos son en su enorme mayoría estúpidos y delirantes. No hace falta mucho tiempo para leerlos, comprenderlos, revelar su torpeza y rebelarse ante su penosa y paranoica fragilidad.</span></p><p><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Si a Hernando le ha tomado quince años creérselos a pie juntillas, a mi me tomó diez días acostumbrarme a leerlos como quien hace un crucigrama de <em>Ajá</em>: sabiendo que la recompensa es poca, la dificultad es ninguna y la aparente complejidad es una arbitraria confusión.</span></p><p><span style="font-family:arial;font-size:85%;">A eso sólo debo añadirle un pedido: si Rivera, como confiesa, no ha leído ninguno de los textos en discusión, entonces será mejor que no participe en la conversación, pues, mientras la ignorancia sobre el tema sea su única credencial, sólo podrá participar en el el debate mediante el insulto personal y la risible petulancia de unos galimatías sin ningún espesor. Por supuesto, la otra opción es que se ponga a leer a Evola, a ver qué le parecen los dioses del parnaso de su colega.</span></p><p><span style="font-family:Arial;font-size:85%;"></span></p><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17920328-7337273077967393685?l=puenteareo1.blogspot.com'/></div>Gustavo Faverón Patriauhttp://www.blogger.com/profile/13509602281323253970noreply@blogger.com9tag:blogger.com,1999:blog-17920328.post-89396909050052099992009-06-30T15:48:00.004-04:002009-06-30T16:26:45.762-04:00Respira<div><span style="font-family:arial;font-size:130%;color:#666600;"><strong>La piscina como lugar común</strong></span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><br /><div><a href="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/Skp0ai1waDI/AAAAAAAADKw/NagDfbEkV7Y/s1600-h/112.jpg"><span style="font-family:arial;font-size:85%;"><img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; FLOAT: left; HEIGHT: 267px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5353219106460952626" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/Skp0ai1waDI/AAAAAAAADKw/NagDfbEkV7Y/s400/112.jpg" /></span></a><span style="font-family:arial;font-size:85%;">La primera noche que paso en Lima, veo, en el Teatro Británico, una obra de teatro escrita por Eduardo Adrianzén y dirigida con oficio aunque sin mucha pasión por Roberto Ángeles. La pieza, ganadora del Concurso de Dramaturgia Peruana 2008, se titula <em>Respira</em>.</span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">La metáfora que guía la trama y organiza la puesta en escena es una fusión de lugar común y baúl de sastre: para vivir una vida plena, o al menos no del todo plana, hay que lanzarse a la piscina, zambullirse, aprender a nadar y vencer el miedo a la amenaza del entorno.</span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Los demás elementos no son menos superficiales ni menos esperables: hay una caricatura ingrata de la izquierda legal de los ochentas, una absurda deconstrucción de la imagen de Cristo, una vulgarización pseudo-crítica de la Iglesia Católica, y, lamentablemente, una torpe </span><span style="font-family:arial;font-size:85%;">idealización de la juventud senderista, caracterizada, a través del retrato de un personaje chato y monodimensional, como una generación de utopistas genuinamente comprometidos con una causa equivocada. </span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">La ficción aguanta siempre, y muchas veces sobrevive con salud, las peores distorsiones de la historia. Pero en el caso de <em>Respira</em>, más allá de las simplificaciones y las perogrulladas, más allá de las desinformaciones y la pura demagogia, las distorsiones sirven para proponer empatías estólidas. </span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Construir a Jesús como un sedicioso judío que luchaba violentamente contra el Imperio Romano, para luego identificarlo simbólica e icónicamente con un joven peruano de clase media que opta por el terrorismo a principios de los ochentas, por ejemplo, no es problemático por la licencia contrafáctica que esa operación implica, sino por la evidente incomprensión que ese paralelo demuestra.</span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Culpar a la generación izquierdista de los sesentas y setentas por haber guiado a sus hijos en dirección a Sendero Luminoso, para mencionar otro caso propuesto en la obra, es una esquematización escandalosa, que, además, resulta insoportablemente agraviante cuando uno considera la dureza de la lucha que sostuvo un gran sector de la izquierda legal contra Sendero Luminoso en las décadas siguientes.</span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Al final de la pieza, el público, acaso sin distinguir claramente el alcance de su reacción, aplaude de pie la escena en que el protagonista (sobreactuado por Leonardo Torres) decide "lanzarse a la piscina" a impulso de la memoria de su hermano mayor, el terrorista buena gente: hay que creer en algo, lo que sea, sea bueno o sea malo, y zambullirse en ello.</span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Quienes no aplaudimos al final hubiéramos esperado que, emergiendo de alguna forma entre la marea de caricaturas, estereotipos y obviedades, una noción más simple y a la vez más compleja se hubiera abierto paso: la idea de que no en todas las piscinas es bueno sumergirse, unas pueden estar llenas de agua, otras pueden estar llenas de sangre, la propia y la ajena.</span></div><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;">(Me dicen que algunas voces de la Iglesia Católica se han quejado por la caricatura de Jesús que la obra ofrece: es absurdo hacerlo por razones ideológicas, y es oprobiosa la intención de censurar. Pero no es absurdo sentirse mal ante la monstruosa torpeza del retrato, sólo por una cuestión de estética y una preocupación por la inteligencia que cabría esperar de un dramaturgo con premios y experiencia, como Adrianzén).</span></div><br /><div><span style="font-family:arial;font-size:85%;"></span></div><div></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17920328-8939690905005209999?l=puenteareo1.blogspot.com'/></div>Gustavo Faverón Patriauhttp://www.blogger.com/profile/13509602281323253970noreply@blogger.com20tag:blogger.com,1999:blog-17920328.post-70761191514649653512009-06-29T18:40:00.004-04:002009-06-29T19:06:23.130-04:00De Brasil a Lima<span style="font-size:85%;"><span style="color: rgb(102, 102, 0);font-size:130%;" ><span style="font-family: arial; font-weight: bold;">Acusaciones tropicales y tropicalias cariocas</span></span><br /><br /><a style="font-family: arial;" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SklHgzQfiJI/AAAAAAAADKo/6kAQNCJ5yT8/s1600-h/machado_de_assis.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 245px; height: 287px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SklHgzQfiJI/AAAAAAAADKo/6kAQNCJ5yT8/s400/machado_de_assis.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5352888260947314834" border="0" /></a><span style="font-family: arial;">Me cuentan que durante mi viaje a Brasil el colorido y galimatesco blog de Víctor Samuel Rivera publicó un post sobre mí y particularmente sobre el contenido de mis últimos posts, los referidos al profesor Eduardo Hernando Nieto y su cariño por los intelectuales de extrema derecha que él agrupa alternativamente bajo las etiquetas de la "metapolítica" y la "revolución conservadora".</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Me dicen que el post de Rivera era poco menos (o poco más) que una acusación de complot y conjura concertada contra el profesor Hernando. No tengo la menor idea de cómo alguien puede sustentar una acusación tan atrabiliaria, pero me interesa mucho responderla.<br /><br /><span style="font-family: arial;">Por eso lamento que Rivera haya retirado su propio post, sin darme la oportunidad de contestar. Desde aquí le pido que lo vuelva a colocar en su blog, o que me lo envíe.</span> Creo que si hizo público un ataque contra mí y ese ataque tuvo lectores, yo tengo todo el derecho del mundo a saber su contenido literal y a responderlo.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">(Rivera tiene actualmente en su blog un texto en el que me llama "difamador". No quiero ser circular ni soltar ideas que se muerdan la cola, pero, teniendo en cuenta que en ese texto no se dice por qué sería yo un "difamador", bien puede ser ese ataque, en toda la regla, un caso notorio de difamación. No se me puede culpar, entonces, de sospechar que el otro texto, el ahora eliminado, lo fuera también).</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Por otro lado, estas casi tres semanas en Brasil han sido muy buenas, muy saludables y tan relajantes como educativas. En los próximos días, volviendo a la literatura, les estaré contando sobre mi nuevo entusiasmo por Hilda Hilst y Joao Gilberto Noll, así como acerca de mi renacida afición por Graciliano Ramos y Machado de Assis. La literatura brasileña es un universo mayúsculo y mayúsculamente desatendido en el mundo hispano.</span> <br /><br /></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17920328-7076119151464965351?l=puenteareo1.blogspot.com'/></div>Gustavo Faverón Patriauhttp://www.blogger.com/profile/13509602281323253970noreply@blogger.com7tag:blogger.com,1999:blog-17920328.post-8121143436572755382009-06-10T11:59:00.001-04:002009-06-10T11:59:00.824-04:00Diferencias<span style="font-size:85%;"><span style="color: rgb(102, 102, 0);font-size:130%;" ><span style="font-weight: bold;font-family:arial;" >La mirada del lector y las ideas del autor</span><br /></span><br /><a style="font-family: arial;" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/Si3GQFqDwkI/AAAAAAAADKg/aFTbswlkzWw/s1600-h/celine.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 303px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/Si3GQFqDwkI/AAAAAAAADKg/aFTbswlkzWw/s400/celine.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5345146312457437762" border="0" /></a><span style="font-family:arial;">¿Todos los que admiran a Pound, a Céline, a Mishima, a Jünger, admiran lo mismo? No lo creo.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Con frecuencia exagerada hacemos esa abstracción inconcebible de hablar sobre la figura del "escritor" como si los cientos de miles o millones de autores que pueblan la historia de la literatura fueran fáciles de reducir a una lista de cualidades y rasgos universales.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Con frecuencia mayor e incluso con más distracción hablamos sobre "el lector", como si los cientos de millones de lectores en el mundo leyeran para lo mismo, con la misma intención, con iguales anteojos, similares expectativas, idénticos juicios y prejuicios.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Incluso cuando nos ponemos más finos nos quedamos muy cerca de la total abstracción: hay un lector ideal, un lector modelo, un lector competente, un horizonte de expectativas, un </span><span style="font-style: italic;font-family:arial;" >lector in fabula</span><span style="font-family:arial;">, un lector oficioso, un lector oficial: caras sin rasgos propios.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Aún abstracto, pero menos, será decir lo siguiente: hay lectores que leen por el argumento --parafraseo a Peter Brooks--, lectores que leen por la forma, lectores que leen por las ideas, etc. Por supuesto, el lector ideal leerá por todo ello y mucho más: una comprensión estética, filosófica, histórica, política. Pero sabemos que nadie es ideal.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Y entonces repito: ¿todos los que leen y admiran a Pound, a Céline, a Mishima, a Jünger, admiran lo mismo? Tengo la impresión de que no, y tengo además la impresión de que mi respuesta conduce a un terreno difícil y pantanoso.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Yo, como muchos, admiro profundamente la poesía de Pound y las historias de Mishima; también tengo aprecio por las novelas de Jünger y Céline. Todas ellas son expresión palpable de su tiempo y frutos reconocibles de una identidad y una subjetividad torturada y tortuosa, literatura que nos enfrenta al fantasma reiterado del mal en el centro mismo de la modernidad.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">A su vez, no importa cuán dislocada y rencorosa fuera por momentos la relación de esos autores con el universo que les tocó vivir, sus obras son escenarios regidos por la apariencia de una lógica perfecta, legitimados hacia adentro de sí mismos por una voluntad casi inagotable de dar forma articulada a un mundo real que se percibe como caos y decadencia.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">A todos ellos, en algún momento, los atrajo alguna forma de autoritarismo modelada a partir de un rechazo a lo que veían como la caída del mundo tradicional en las garras de la modernidad. Sin embargo, la inclinación a veces totalitaria, a veces autoritaria, a veces abiertamente fascista de sus obras, su espíritu abarcador, es, paradójicamente, inconcebible fuera de la modernidad.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Sólo la modernidad, al engendrar discursos intelectuales, racionalistas, cientificistas, grandes teorías de la humanidad como el discurso liberal, el marxista, el psicoanálisis, el darwinismo, alejados todos de la explicación mágica, esotérica, mística, con un impulso, más bien, hacia la secularización, habilitó a la literatura para emprender la construcción de mundos ficcionales también racionalistas y tan abarcadores como la novela naturalista, la realista y sus infinitas secuelas.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">La novela modernista hizo posibles a escritores como Jünger o como Orwell, inconcebibles fuera de ese marco, inconcebibles sin la idea moderna elemental de que un solo escritor es capaz de crear una sola teoría que explique el mundo en más de una dimensión, no sólo teológica, claro, pero tampoco sólo histórica ni sólo política ni sólo psicológica, sino todas a la vez: lo que Vargas Llosa solía llamar la "novela total".</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Sólo en la modernidad, incluso, la literatura se ha permitido soñar con la reinstitución ficcional de momentos históricos previos: la utopía del pasado, la recuperación de la historia, o su invención o reinvención.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Ahora bien, yo no leo a Jünger o a Céline o al Mishima más descalabrado porque sus ideas sobre el mundo me parezcan notables, sino porque me parecen de una bizarría absoluta (en el sentido que tiene la palabra "bizarro" en todas las lenguas romances excepto el español: demencial, desmedido, extraño, inusual, raro, descabellado).</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Porque colocan a un lector como yo en el abismo que se abre al final de la razón: la zona riesgosa de la barbarie, la locura, la insania, la alienación.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">No soy, pues, el lector que esos autores buscaban; pero acaso sea un lector más saludable que aquellos que encuentran en sus ficciones la clave para comprender el mundo. Quienes leen a estos escritores para develar el secreto del universo, intuir una verdad trascendente dicha al pie de la letra, glorificar la alienada misantropía que los movió como si ella fuera una forma profunda de humanismo, quizás estén aceptando el deseo que arrastró a aquellos a escribir sus libros, pero también están buscando algo que no se encuentra en esas páginas: una verdad moral intangible, un saludable y heroico programa de vida.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">En el Perú por muchos años los antropólogos leyeron a Arguedas como si sus obras fueran no una ficción del mundo andino, sino el mundo andino mismo. Hoy, hay politólogos que leen a los grandes fascistas como si hubieran escrito los evangelios. ¿Quién les explicará que no es así? ¿Quién les dirá que, afortunadamente, en lo que a política respecta, Mishima y Pound y Jünger y Céline, vivieron en vano?</span><br /><br /></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17920328-812114343657275538?l=puenteareo1.blogspot.com'/></div>Gustavo Faverón Patriauhttp://www.blogger.com/profile/13509602281323253970noreply@blogger.com19tag:blogger.com,1999:blog-17920328.post-90284210900564476242009-06-09T06:00:00.000-04:002009-06-09T06:00:01.310-04:00Brasil<span style="font-family: arial;font-size:85%;" ><span style="font-weight: bold; color: rgb(102, 102, 0);font-size:130%;" >Más aviones de los que uno quisiera</span><br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/Si1c4NEfynI/AAAAAAAADKY/vJRW10vwGuo/s1600-h/jorge_luis_borges.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 267px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/Si1c4NEfynI/AAAAAAAADKY/vJRW10vwGuo/s400/jorge_luis_borges.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5345030453409598066" border="0" /></a>8 am del martes: taxi al aeropuerto, tren a Boston, avión a Miami, avión a Rio de Janeiro: 7 am del miércoles. Nos quedamos en Río hasta el 20 y en Florianópolis hasta el 27. ¿Me estarán aguardando las huestes de Getulio Vargas? ¿Los memoriosos del 6 a 0? ¿Sauron o el Besuqueiro?<br /><br />Vamos al congreso anual de la Latin American Studies Association. Mi ponencia se titula "Las trasformaciones de la metáfora del canibalismo en la narrativa latinoamericana del siglo veinte". A ver cómo va eso.<br /><br />El 28 de junio llegamos a Lima y allí estaremos hasta la primera semana de agosto. Espero que no sean viajes accidentados (detesto los aviones, los trenes, los buses, todas las cárceles semovientes). Me llevo en la maleta un libro de Wilcock y uno de Roger Griffin, los dos, cada cual a su modo, tratan sobre la relación indesligable entre modernidad y fascismo.<br /><br />Y de paso les dejo aquí un cuento que juega con esas mismas dos variables, el "<a style="color: rgb(102, 102, 0);" href="http://www.literatura.us/borges/deutsches.html">Deutsches Requiem</a>" de Borges, que en uno de sus párrafos más memorables, más viles, más sutiles, hace decir a su narrador, el nazi Otto Dietrich Zur Linde:<br /></span><blockquote style="font-family: arial;"><span style="font-size:85%;">"</span><span style="font-size:85%;"><span style="color:#000000;">Ignoro si Jesusalem comprendió que si yo lo destruí, fue para destruir mi piedad. Ante mis ojos, no era un hombre, ni siquiera un judío; se había transformado en el símbolo de una detestada zona de mi alma. Yo agonicé con él, yo morí con él, yo de algún modo me he perdido con él; por eso, fui implacable".</span></span></blockquote><span style="font-family: arial;font-size:85%;" >Seguiré posteando durante todo el viaje, cada vez que tenga la oportunidad.<br /><br /></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17920328-9028421090056447624?l=puenteareo1.blogspot.com'/></div>Gustavo Faverón Patriauhttp://www.blogger.com/profile/13509602281323253970noreply@blogger.com9tag:blogger.com,1999:blog-17920328.post-23570788567962785462009-06-07T23:51:00.005-04:002009-06-08T12:54:27.325-04:00La revolución conservadora<span style="font-size:85%;"><span style="color: rgb(102, 102, 0);font-size:130%;" ><span style="font-family: arial; font-weight: bold;">O, ¿Cuántas pieles de cordero puede llevar un mismo lobo?</span></span><br /><br /><a style="font-family: arial;" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/Si1B66YGFLI/AAAAAAAADKQ/SC8kpI2PPSk/s1600-h/Armin%2BMohler.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 284px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/Si1B66YGFLI/AAAAAAAADKQ/SC8kpI2PPSk/s400/Armin%2BMohler.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5345000813117183154" border="0" /></a><span style="font-family: arial;">"Metapolítica", "tradición", "nueva derecha", "nacional-bolchevismo", etc, etc: todas son camisetas que el profesor Hernando se pone una encima de la otra, cuando se le pide describir su posición política.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Una tras otra, hemos visto cómo cada una se vincula directamente con fascistas, nazis, neo-fascistas, neo-nazis, antisemitas, totalitarios, etc. La última camiseta del profesor es la de la "</span><a style="color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;" href="http://eduardohernandonieto.blogspot.com/2009/06/que-es-la-revolucion-conservadora.html">revolución conservadora</a><span style="font-family: arial;">".</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">En este avatar, Hernando menciona las siguientes figuras relevantes: Jünger, Sombart, Spengler, Niekisch, Moeller van der Bruck. Nada muy distintos de las alineaciones anteriores.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Los vínculos de varios de los mencionados con el fascismo ya los hemos visto: Jünger, antisemita, totalitario, militarista, glorificador de la guerra; Sombart, totalitario, nazi, antisemita; Niekisch, antisemita, totalitario, primero pronazi y luego proestalinista; Spengler, nacionalista y místico germánico, una de las fuentes del discurso hisstórico nazi; Moeller van der Bruck, antecedente del nazismo, nacionalista germánico, creador de la frase </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >Tercer Reich</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">.</span><br /><br /><a style="color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;" href="http://www.deutscher-nationalismus.de/germany/mohler.htm">Armin Mohler</a><span style="font-family: arial;">, aludido con centralidad por Hernando, fue quien creó la etiqueta "revolución conservadora" y la definió. </span><a style="color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;" href="http://books.google.com/books?id=544bouZiztIC&amp;printsec=frontcover">Roger Griffin</a><span style="font-family: arial;">, acaso el más prestigioso investigador del fascismo en las últimas décadas, considera a Mohler y a su idea de la "revolución conservadora" como perfectos ejemplos de fascismo.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">El historiador </span><a style="color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;" href="http://books.google.com/books?id=MOH4yTFvBokC&amp;printsec=frontcover">Elliot Neaman</a><span style="font-family: arial;"> explicó así la actitud de Mohler ante el fascismo tras la derrota en la guerra: Mohler, dice Neaman, pensaba que "la idea fascista" nunca se había concretado, y, por tanto "permanecía pura y era históricamente legítima".</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Describiendo él mismo la "revolución conservadora", Mohler escribió lo siguiente (citado por Griffin): la revolución conservadora es "una actitud que cuestiona todo aquello que haya sido logrado hasta hoy, y constantemente desea un renacimiento, que habrá de surgir de un aniquilamiento".</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Hernando mismo la caracteriza en términos similares:</span><br /></span><blockquote style="font-family: arial; color: rgb(102, 102, 102);"><span style="font-size:85%;">"En pocas palabras, el movimiento aparecía como una respuesta a la “Civilización” burguesa, proponiendo en su reemplazo la “Kultur”, una reivindicación de la vida natural contra la vida artificial. Un contacto directo con las fuentes primigenias del ser (la espiritualidad) frente al materialismo ateo".<br /></span></blockquote><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">Ambas maneras de formularlo caen dentro de lo que Griffin llama discursos "palingenéticos": básicamente, el rasgo elemental de todos los fascismos (el estudio de ese rasgo es lo que ha convertido a Griffin en una autoridad en el tema).</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Discursos "palingenéticos" son los que proponen la desaparición de un orden social, ético, moral y político contemporáneo para reemplazarlo con uno que describen como "primordial", "original", "genuino", "primigenio" o "natural".</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Uno de los problemas, claro está, es que ese orden primordial, ese modelo de "vida natural" al que se propone regresar, es un producto imaginario, que no corresponde a ningún momento histórico, una idealización absurda y ficticia, una mala lectura de la historia, un error producto de un idealismo pasatista infundado.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">En suma: una ilusión que, en el fondo, contradictoriamente, es tan estentóreamente artificiosa, que la única manera de llevar a la sociedad a coronarla sería forzándola mediante mecanismos opresivos y totalitarios.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Hernando se queja de que califiquemos a muchos de esos autores como "fascistas o nazis a secas" (ésas son sus palabras textuales). Creo que allí está la trampa y el truco: lo que él quiere hacer, pero no se atreve a hacerlo abiertamente, es calificar y matizar, modificar y legitimar a "fascistas y nazis", para que no lo sean "a secas".</span><br /><br /></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17920328-2357078856796278546?l=puenteareo1.blogspot.com'/></div>Gustavo Faverón Patriauhttp://www.blogger.com/profile/13509602281323253970noreply@blogger.com14tag:blogger.com,1999:blog-17920328.post-15421917835137582862009-06-07T17:30:00.004-04:002009-06-07T19:25:45.418-04:00Los libros del profe<span style="font-size:85%;"><span style="font-weight: bold; color: rgb(102, 102, 0);font-size:130%;" ><span style="font-family: arial;">Cómo vivir en la Luna y conquistar la Tierra</span></span><br /><br /><a style="font-family: arial;" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SixJls-QYdI/AAAAAAAADKI/OPljKO-hmJw/s1600-h/31244.gif"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 265px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SixJls-QYdI/AAAAAAAADKI/OPljKO-hmJw/s400/31244.gif" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5344727769858204114" border="0" /></a><span style="font-family: arial;">La costumbre más simpática y encomiable del profesor Eduardo Hernando Nieto es su pasión por recomendar libros. </span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Uno le presenta un argumento y el lo manda a leer tal libro. Uno pregunta sobre algún punto particular y él lo remite a un libro. Uno espera una respuesta inteligente y él lanza una bibliografía. Uno le propone un tema y el envía la copia de un sílabo.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Como es imposible hablarle directamente, decidí empezar a leer a los autores que el profesor recomienda. Ya poco a poco, y alternando el asunto con mis habituales posts sobre literatura, iré contándoles a los lectores qué cosa encuentro en las páginas de esos estudiosos. </span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Hoy voy a comenzar por uno muy intersante, Nicholas Goodrick-Clarke, profesor de la academia inglesa.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">El libro que tengo en las manos se llama </span><a style="color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;" href="http://books.google.com/books?id=xaiaM77s6N4C&amp;printsec=frontcover&amp;dq=black+sun&amp;client=firefox-a">Black Sun: Aryan Cults, Esoteric Nazism, and the Politics of Identity</a><span style="font-family: arial;">. Y el capítulo al que mis ojos han sido arrastrados irremisiblemente se titula "Julius Evola and the Kali Yuga". No sé si es el capítulo que Hernando quería que leyera. Pero sin duda es interesante.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">En él, Goodrick-Clarke empieza por presentar a Evola como "inspiración, mentor y gurú" (52) de grupos "terroristas neo-fascistas italianos" (52), incluso varias décadas después de la Segunda Guerra Mundial. Y luego explica cómo es que su figura llegó a esas coordenadas.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Evola, dice el autor, "es hoy un ícono prominente del idealismo fascista" (53), en función de su prédica del "anti-igualitarismo, la anti-democracia, el anti-liberalismo y el antisemitismo" (53) que lo convirtieron en un "oráculo de la violencia" (53).</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Durante los años veinte y principios de los treinta, Evola transitó por la vanguardia, como poeta y pintor, central en el dadaísmo italiano, pero pronto la abandonó para dedicarse a estudiar magia, ocultismo, alquimia, "experimentar con alucinógenos" (53) e investigar el tantra y otras doctrinas orientales, religiosas unas y esotéricas otras.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">El secretismo y el elitismo de los practicantes del tantra terminó de afirmar a Evola en su propia forma de aristocratismo. Goodrick-Clarke lo resume así:</span><br /></span><blockquote style="color: rgb(102, 102, 102); font-family: arial;"><span style="font-size:85%;">"Evola escribió que el conocimiento y el poder buscados por el mundo moderno son democráticos, es decir, al alcance en instituciones educativas para cualquiera con un mínimo de inteligencia. También la tecnología es democrática: un instrumento o un arma pueden ser usados por cualquiera con cierto entrenamiento. Por contraste, los poderes mágicos del tantra son siempre logros personales y excepcionales, accesibles sólo para unos pocos elegidos" (54).<br /></span></blockquote><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">Una crítica similar formulaba contra el cristianismo, religión que, según Evola, se basaba en el error democrático de colocar la salvación y la esperanza de vida eterna al alcance de todo el mundo, y no sólo de lo espíritus superiores (61).</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Los años siguientes lo llevaron por esa ruta: revistas de ocultismo, panfletos esotéricos, clanes tántricos, amantes de la alquimia. </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >Atanor</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">, </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >Ignis</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">, el grupo </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >Ur</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">. Rituales públicos conducidos para transmitir al régimen fascista el espíritu del antiguo Imperio Romano (56).</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">A cualquier persona inteligente tiene que sonarle lindante con la idiotez. Evola, sin embargo, "creía que el velado simbolismo de la cosmología hermético-alquímica describía el diseño de una cosmovisión heroica, pre-cristiana, de un mundo en el que una aristocracia guerrera lo había gobernado todo" (54).</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Reghini, uno de los ocultistas del círculo, introdujo a Evola en la obra de René Guénon, principalmente en la noción de la "Tradición primordial" (56), surgida en una Edad Dorada, previa incluso a las "auténticas religiones" (56) de la antigüedad, a la que habían seguido otras tres edades (plata, bronce y hierro, como en la imaginación clásica), cada una más decadente que la anterior. </span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Según Guénon, "el mundo estaba pasando por la cuarta edad, Kali Yuga, o la era de las tinieblas, desde hacía más de seis mil años" (57).</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">El elemento político de la Tradición, según Evola, se manifestaba en el sistema de castas de la sociedad indo-aria, donde unos estaban irremediablemente destinados a ser esclavos, otros comerciantes, otros nobles guerreros y otros la nobleza religiosa.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Enredado en su profunda confusión intelectual, Evola concebía ese pasado mítico como un verdadero pasado histórico, y de allí se generó su idea de la historia como "un proceso de regresión o involución" (58): la sociedad declinaba progresivamente. ¿La solución? Viajar hacia el pasado, regresar a la edad dorada. Fácil, ¿no?</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Obviamente, todo colocaba a Evola en conflicto con cualquier teoría modernista del mundo, empezando por el psicoanálisis y el darwinismo. Evola llegó a creer más en la realidad de los viejos mitos fundacionales que en la evidencia de la arqueología, la historia y la antropología, a las que despreciaba como a toda la ciencia moderna sin excepción. </span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Al borde del delirio, y entre la espada y la pared, Evola, según explica Goodrick-Clarke, escribió que si no se habían encontrado huesos de los antiguos "seres súper-humanos" (59), eso sólo demostraba la naturaleza "divina" y preter-material de nuestros antepasados (59).</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">El racismo de Evola se basaba en concepciones espirituales. Identificaba a los judíos --a quienes se refería como "la horda judaica", "la más sucia", "la tiranía israelita"-- como portadores del espíritu moderno del capital y la empresa, y a los alemanes, en tanto descendientes de los nor-arios, como depositarios de una "pureza prehistórica" (62).</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Sus frecuentes aproximaciones a los nazis, sin embargo, fueron problemáticas: los nazis lo despreciaban por aristocratizante (66); él los despreciaba a ellos porque el racismo nazi, basado en nociones biologistas, le parecía demasiado científico y, por tanto, sospechosamente moderno: eran "ciencia reduccionista y materialista" (65).</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Mussolini, en cambio, aunque también sosteniendo diferencias, "adoptó las ideas de Evola como la teoría oficial fascista de la raza en 1938, y ese mismo año las convirtió en ley" (65). Ese fue el aporte de Evola al Holocausto.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">No fue el único aporte: entre 1943 y 1945, cuando la parálisis lo postró en una silla de ruedas, Evola actuó como intermediario y vocero de la SS en sus esfuerzos por construir una nueva tropa de activistas paneuropeos en la lucha contra las invasiones de los ejércitos ruso y americano (66).</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Tras la guerra, Evola vivió siempre en Roma, siendo el "gurú de la derecha neo-fascista" (67) e inspirando su "activismo y violencia" (67). En 1950 ya volvía a hablar de "el espíritu legionario" y la "ética del guerrero" (67) y proponía que el Estado italiano fuera capturado por las armas y gobernado por la acción conjunta de la policía, el ejército y el Movimiento Social Italiano, partido neo-fascista (67).</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">En los años posteriores, se volvió cada vez más pesimista. Pensaba que "nada, en esta fase final del Kali Yuga merecía sobrevivir". "Evola construye el ideal del "nihilismo activista" que está preparado para actuar con violencia contra la decadencia moderna", escribe Goodrick-Clarke (67).</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Prácticamente todos los grupos terroristas italianos de extrema derecha que han bombardeado, asesinado, secuestrado y sembrado el caos en la Italia de las últimas décadas, según explica y enumera Goodrick-Clarke, han reivindicado a Evola como su mentor intelectual, el pensador cuyas ideas siguen, particularmente su infame "llamado por una guerra santa que debía lucharse para la renovación del espíritu" (69).</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">"Desde finales de los años setenta", escribe Goodrick-Clarke, "los intelectuales neo-fascistas han buscado introducir a miembros del </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >mainstream</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> en el discurso de la Nueva Derecha" (69). Parte de ese esfuerzo, señala el autor, es la frecuente y repetida publicación de los libros de Evola en diversas traducciones y los intentos de introducirlo en el debate intelectual.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Eso último nos permite ver cuál es la ola intelectual sobre la cual está navegando el profesor Hernando.</span><br /><br /><span style="font-family: arial; color: rgb(102, 102, 0);">(Las citas en su totalidad corresponden a Goodrick-Clarke, Nicholas. </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial; color: rgb(102, 102, 0);font-size:85%;" >Black Sun: Aryan Cults, Esoteric Nazism, and the Politics of Identity</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial; color: rgb(102, 102, 0);">. New York: New York Univerity Press, 2003).</span><br /><br /></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17920328-1542191783513758286?l=puenteareo1.blogspot.com'/></div>Gustavo Faverón Patriauhttp://www.blogger.com/profile/13509602281323253970noreply@blogger.com23tag:blogger.com,1999:blog-17920328.post-5907211944411488472009-06-06T12:42:00.004-04:002009-06-06T13:34:16.454-04:00Otro crimen en su prontuario<span style="font-size:85%;"><span style="color: rgb(102, 102, 0);font-size:130%;" ><span style="font-family: arial; font-weight: bold;">Que en paz descansen los nativos y los soldados</span></span><br /><br /><a style="font-family: arial;" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SiqmzdZcoBI/AAAAAAAADKA/mrx8vhPFbsg/s1600-h/0_41_070108_fat.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 400px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SiqmzdZcoBI/AAAAAAAADKA/mrx8vhPFbsg/s400/0_41_070108_fat.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5344267310823415826" border="0" /></a><span style="font-family: arial;">Enfrentados a la triste realidad de los muertos de Bagua y a su violencia incesante, empezarán, quienes se sienten analistas serenos de la política peruana, a repartir una culpa equitativa entre el gobierno y el partido oficialista, por un lado, y la dirigencia indígena, por el otro.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Sin duda, ante el hecho puntual del choque y la doble masacre, en las dos líneas hay responsables. Pero detenerse en ese juicio es quedarse atrapado en la sincronía del momento, como si la violencia social peruana fuera siempre un brote intempestivo, súbito, inesperado, y nunca el producto de una situación sostenida y presionante.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">El Estado peruano es larga y secularmente culpable de haber arrinconado a los nativos amazónicos y a tantas otra minorías --que suman mayoría--, cada cual en el encierro de una esquina más miserable, cada cual con menor poder, menor representatividad, menores posibilidades de desarrollo y libertad y de rutas fiables para la satisfacción de sus necesidades.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Todos los gobiernos peruanos sin excepción han tratado a la violencia social como un incendio pasajero que hay que extinguir pisoteando sus llamaradas, y cuando ha llegado el incendio próximo han saltado nuevamente, como si otra vez se tratara de una excepción.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">¿Cómo llamaremos al que ve salir el sol por el mismo lugar todos los días y no es capaz de pronosticar que el sol volverá a salir mañana por el mismo sitio?</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Quienes ahora se sorprenden y piden violencia en la respuesta, mano dura --como el pusilánime Aldo Mariátegui en </span><a style="color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;" href="http://www.correoperu.com.pe/correo/columnistas.php?txtEdi_id=4&amp;txtSecci_parent=&amp;txtSecci_id=84&amp;txtNota_id=69271">su editorial de hoy en Correo</a><span style="font-family: arial;">--, ¿qué han hecho o qué han propuesto hacer para exterminar la marginación económica, social, política, educativa, de infraestuctura y de movilidad social en que viven los nativos amazónicos?</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Hay otra responsabilidad histórica, que alcanza a muchos más. Colocar a la cabeza del Estado, en el gobierno, a delincuentes tan obvios e indudables como Alan García o Luis Giampietri, y luego esperar que no repitan el crimen, es de una candidez tan radical que a veces parece más justo llamarla hipocresía. Quien elige ser gobernado por una mafia, debe esperar que su vida la rija la ley del más despiadado.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">El gobierno de Alan García es un despreciable ornitorrinco, el monstruo más espurio, falso e ilegítimo del liberalismo económico latinoamericano: el que dice defender la libertad de empresa pero en verdad impone la libertad de empresa de la minoría sobre los derechos de los demás ciudadanos; el que proclama la modernidad democrática pero decide luego a qué grupos de la sociedad le corresponderá disfrutarla.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Ambas cosas son inconsistentes, mentiras frágiles en su interior pero útiles y mortíferas cuando el Estado quiere tomarlas como principio.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">¿Qué salidas les da el Estado a los indígenas amazónicos? ¿Qué opciones? ¿Cómo negocia con ellos? ¿Cuáles de sus pedidos son escuchados? Ninguno, nada. Se les quiere manipular, engañar; se les promete sin intención de cumplir.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Peor aun. Miserablemente, Alan García y su gobierno, con la ayuda de un parlamento que ahora tiene las manos llenas de sangre, han agudizado el aislamiento de los nativos, han creado la coyuntura de su revuelta, los han dejado sin salidas, los han empujado a alianzas que ellos no consideraron en un principio, han creado un ambiente de guerra civil en la zona, con una inundación de soldados donde deberían haber estado los voceros del gobierno, o el mismo presidente, escuchando las quejas, considerando soluciones.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">A todo criminal hay que juzgarlo, sí. ¿Pero qué pasa cuando quien juzga es el mismo que ha propiciado el delito, el que ha creado la escena del crimen y ha colocado el arma homicida sobre la mesa?</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Alan García ha dicho ayer que "en el Perú no hay ciudadanos de primera clase". La burla nefasta que esa frase implica cuando se sabe que ha sido dicha en referencia a peruanos que no tienen prácticamente nada en este mundo, debería ser suficiente para enfermar el corazón de cualquiera que tenga uno. </span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Ante la montaña de cadáveres que él mismo ha diseñado y apilado, una vez más, es evidente que para García sí hay ciudadanos de segunda, como los soldados, y de tercera, como los indígenas.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Alan García también fue electo para representar a los nativos amazonicos. ¿Qué ha hecho para honrar esa confianza, además de colocarlos en la posición de un paulatino exterminio?</span><br /><br /></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17920328-590721194441148847?l=puenteareo1.blogspot.com'/></div>Gustavo Faverón Patriauhttp://www.blogger.com/profile/13509602281323253970noreply@blogger.com24tag:blogger.com,1999:blog-17920328.post-25492931479521616162009-06-05T10:57:00.006-04:002009-06-05T12:57:04.638-04:00Auf Wiedersehen, Metatrash<span style="font-size:85%;"><span style="color: rgb(102, 102, 0);font-size:130%;" ><span style="font-family: arial; font-weight: bold;">¿Por qué no se puede dialogar con los metapolíticos?</span></span><br /><br /><a style="font-family: arial;" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SilJ6rdACzI/AAAAAAAADJw/_3q4lZIunSA/s1600-h/RKlogo-sv.gif"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 395px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SilJ6rdACzI/AAAAAAAADJw/_3q4lZIunSA/s400/RKlogo-sv.gif" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5343883705297406770" border="0" /></a><span style="font-family: arial;">Cinco posts y trescientos comentarios más tarde, quizá se acerque el momento de pasar a otro asunto. Un blog literario no debe vivir constantemente de mala literatura, de modo que va siendo tiempo de hacer un primer balance.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Detrás de quienes se llaman a sí mismos, alternativamente, "tradicionalistas" y "metapolíticos" se agazapa un canon intelectual dudoso en sus mejores momentos e indignante en los peores, que reúne lecturas seudo-históricas de la antigüedad clásica y de la edad media así como escritos sociológicos, económicos, políticos y esotéricos de intelectuales definidos por su proximidad al fascismo en diversos grados y variantes.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Generalizando, me referiré a quienes recogen y acogen este canon como "</span></span><span style="font-style: italic; color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;font-size:85%;" >meta</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">políticos y </span></span><span style="font-style: italic; color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;font-size:85%;" >tra</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">dicionalistas </span></span><span style="font-style: italic; color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;font-size:85%;" >s</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">eudo-</span></span><span style="font-style: italic; color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;font-size:85%;" >h</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">istóricos": para abreviar en siglas, los llamaré </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >metatrash</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Para ser metódico, cabría agrupar a los intelectuales que influyen sobre los metratrash en tres ejes.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">En primer lugar, están los intelectuales del totalitarismo, el autoritarismo, el decisionismo y ocasionalmente los del absolutismo. Casi siempre son antecedentes inmediatos del fascismo italiano, del nazismo y del nacional-bolchevismo alemán y ruso. En muchas ocasiones son fascistas confesos, más radicales que los partidos oficiales de su tiempo. Varios tuvieron roles cruciales en el nazismo durante los años de la segunda guerra mundial y el Holocausto. Otros fueron propiciadores del nazismo. De este primer grupo (Spann, Niekisch, Dughin, Sombart, Schmitt), los metatrash recogen las líneas centrales de un distópico pensamiento político.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">En segundo lugar, están los autores esotéricos, propositores de un misticismo casi siempre vinculado con mitologías orientales e indoeuropeas. El tronco central de ese árbol es René Guénon, y, sobre todo, su explicación de la historia en términos de edades cuasi-míticas, nociones a su vez mistificadas en una propuesta de racismo espiritual en los escritos del italiano Julius Evola, ex-pintor dadaísta convertido en un no menos dadaísta historiador, activista antisemita y maestro de yoga. De este grupo, los metatrash recogen los elementos de algo a lo que quieren llamar metafísica.</span><br /><br /><a style="font-family: arial;" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SilMTd56HYI/AAAAAAAADJ4/UtIGonzdEYg/s1600-h/800703_48_01.jpg"><img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 250px; height: 155px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SilMTd56HYI/AAAAAAAADJ4/UtIGonzdEYg/s400/800703_48_01.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5343886330180541826" border="0" /></a><span style="font-family: arial;">En tercer lugar, está un grupo variopinto de autores literarios, definidos por al menos uno de lo siguientes dos rasgos característicos: o son adoradores de la guerra y de una violencia que con frecuencia llaman heroica --Céline, Mishima, Jünger (quien aparece en la foto junto a Carl Schmitt)--, o son constructores de mitologías distópicas alternativamente presentadas como una historia fantástica y microcósmica de la humanidad (Tolkien) o como un conjunto de relatos seudo-míticos pesadamente marcados por alguna variante oscurantista (Lovecraft).</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Los tres grupos presentan coincidencias frecuentes: en todos ellos hay racistas (habitualmente, antisemitas); en todos ellos hay propulsores del totalitarismo (habitualmente, fascistas); en todos ellos existe la visión de la historia de Occidente como un descenso y una decadencia (habitualmente, esa decadencia la resolvería el "regreso" a una forma de orden arcádico representado, curiosamente, por una sociedad vertical de castas y/o estamentos dirigida por una élite gobernante autoinstituida: vaya Arcadia).</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Los metatrash se definen siempre por negación y oposición: están </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >contra</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> la modernidad, están </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >contra</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> la democracia, están </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >contra</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> la universalidad de los derechos humanos, están </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >contra</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> la igualdad social concebida en términos de libertades individuales.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Los intelectuales metatrash suelen (aunque no siempre) rehuír y rechazar el que los llamen fascistas, racistas o totalitarios; suelen aceptar, en cambio, la etiqueta de reaccionarios. Esto, que puede parecer ridículo --después de todo, reaccionario no es, tampoco, la etiqueta más bienvenida hoy en día--, no responde a una acuciosidad teórica, sino a una necesidad estratégica: bastante peor suena reclamarse fascista.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Confrontados con el hecho de que virtualmente todas y cada una de sus mayores fuentes intelectuales sean o bien fascistas, o bien nazis, o bien racistas, o bien totalitarias, o bien todas las opciones anteriores a la vez, los metatrash suelen responder con una de las siguientes dos alternativas: o dicen que todo ello es falso, sin considerar la evidencia y los hechos, o dicen que es verdad pero que no admiran a dichos intelectuales por ese motivo, sino por sus </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >demás</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> aportes intelectuales.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Los metatrash se consideran a sí mismos marginales de una manera sui generis: se sienten el centro mismo lo que consideran la viga maestra de la vieja tradición euroasiática, depositarios de una verdad incontrastable, sobrevivientes de la decadencia de Occidente, y, dado que todo alrededor de ellos es caída, pérdida de valores y hundimiento del antiguo humanismo, ven su propia situación y su ideología como ferozmente antisistémica.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">No cabe duda, claro, de que su postura es antisistema, y que eso los puede volver marginales en cierto sentido. Pero quiero hacer notar que la marginalidad de los metatrash no es similar en nada a la de ningún otro elemento marginal de la sociedad (y esta constatación, quién sabe, quizás los haga felices). Es decir, no son marginales por estar privados de acceso al poder: sin ir más lejos, más de un metatrash circuló por ministerios y hemiciclos durante el gobierno de Fujimori, más de uno conduce clases en aulas universitarias, en el Perú y en muchos lugares del mundo.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">En verdad, entonces, no son marginales en el espacio (político) sino en el tiempo: para ellos, los últimos quinientos años de historia son parte de un descenso de la humanidad a los infiernos, al Averno de la modernidad, incluso a pesar de la evidencia de que sus propios discursos serían inexplicables si no se les entendiera como producto de la historia moderna (el romanticismo nacionalista, la reacción anti-revolucionaria, el fascismo, el nacional-socialismo, el imperialismo, y también, no hay que olvidarlo, el genocidio).</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Esa marginalidad temporal es doblemente marcada, porque los metatrash se definen a sí mismos como buscadores de la reinstitución de un pasado que, a todas luces, jamás existió: una edad clásica perfecta en que el reino del bien ganaba su lucha contra el reino del mal (De Maistre), una edad dorada (Guénon), un medioevo caballeresco hecho de guerras santas inmaculadas y valores inmutables (Evola).</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">A eso se debe el rasgo conspicuamente omnipresente de su admiración por autores como Mishima, que quería reinstituir el código samurái en el Japón de la postguerra, o Tolkien, que inventó una edad media alternativa: incapaces de encontrar el "pasado" que idealizan en los libros de historia, lo buscan en las ficciones del delirio pasatista o en fábulas infantiles.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Ese mismo afán de legitimación de una ideas sin asidero los conduce a buscar el prestigio de los fascistas excepcionales a quienes el canon y la historia han recogido: aunque no lean nada más de poesía, leen a Pound; aunque no lean nada más de novela, leen a Celine y a Jünger: versos y ficciones donde el antisemitismo se ha salvado de la censura y el totalitarismo se ha consagrado como posibilidad.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">(Poco les interesa que autores como Pound y Jünger sean, en sus exploraciones estéticas, en sus propias teorías de la tradición, en sus postulados artísticos, en su relación con las vanguardias, en fin, en sus obras literarias, motores activos y cruciales de la modernidad, incomprensibles fuera de ella).</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">¿Por qué es imposible dialogar con los metatrash? Porque ellos, aunque estén en el mismo espacio en que estamos todos, no viven en el mismo tiempo en que vivimos los demás. Porque cada razón que uno les dé la verán como corrompida por el aliento de la modernidad. Porque ellos no creen en sus ideas con la cabeza, sino con las entrañas y, por ello, ante cada razonamiento que se les oponga, pensarán, o creerán pensar: "no importa lo que digas tú, yo sé cuál es la verdad".</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Y un caballero andante le cortará la cabeza a un gnomo y todo seguirá su marcha fantástica en la tierra de nunca jamás.</span><br /><br /></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17920328-2549293147952161616?l=puenteareo1.blogspot.com'/></div>Gustavo Faverón Patriauhttp://www.blogger.com/profile/13509602281323253970noreply@blogger.com13tag:blogger.com,1999:blog-17920328.post-18287382879002332072009-06-04T12:26:00.003-04:002009-06-05T10:41:07.201-04:00De Milosevic a La Coalición<span style=";font-family:arial;font-size:85%;" ><span style="color: rgb(102, 102, 0);font-size:130%;" ><span style="font-weight: bold;">Sigamos leyendo al profesor Hernando</span></span><br /><br /></span><span style="font-size:85%;"><a style="font-family: arial;" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/Sig2tg0fgcI/AAAAAAAADJo/Jput8c_5-e8/s1600-h/funeral-6_large.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 400px; height: 272px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/Sig2tg0fgcI/AAAAAAAADJo/Jput8c_5-e8/s400/funeral-6_large.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5343581113407209922" border="0" /></a></span><span style=";font-family:arial;font-size:85%;" >Entregado como ando a la lectura del canon del profesor Eduardo Hernando, me encontré con el website <a style="color: rgb(102, 102, 0);" href="http://www.juenger.org/">Ernst Jünger in Cyberspace</a>, un sitio dedicado íntegramente a la obra del novelista alemán. Como el mundo es pequeño, recorriendo las discusiones de su lista de debates hallé --sorpresa sorpresa-- <a style="color: rgb(102, 102, 0);" href="http://www.juenger.org/mailarchive/6_1999/threads.php">un debate público en el que participó el profesor Hernando</a>.<br /><br />Era 1999, y los miembros de la lista no pudieron evitar una discusión entonces de actualidad, sobre Slobodan Milosevic, su campaña genocida de limpieza étnica y la intervención militar de la OTAN. Hernando era, en buena cuenta, el único <span style="font-style: italic;">jüngerite</span> que defendía a Milosevic. Escribía, por ejemplo:<br /><blockquote style="color: rgb(51, 51, 51);">"¿Así que debemos agradecer a la señora Albright y al señor Clinton por matar y destruir a un estado soberano con un líder democrático como Milosevic?".<br /></blockquote>También negaba los crímenes masivos de Milosevic aludiendo a la desinformación de la CNN:<br /><blockquote style="color: rgb(51, 51, 51);">"¿Fosas comunes? Claro, por supuesto. Pero, ¿por qué tengo que creerle a un medio de comunicaciones "americano" (es decir, políticamente correcto)?".</blockquote>Y pedía pruebas en un tono que todos conocemos, el de los negacionistas de genocidios. Hernando preguntaba:<br /><blockquote style="color: rgb(51, 51, 51);">"¿Qué genocidio? ¿Dónde están los cadáveres?"<br /></blockquote>(Los cadáveres, profesor Hernando, estaban <a style="color: rgb(102, 102, 0);" href="http://members.lycos.co.uk/islamonrise/kosovo/index.htm">por todas partes</a>. La foto al inicio de este post corresponde al reentierro de los cadáveres de una de esas fosas comunes que según usted no existían).<br /><br />Siguiendo a Guenon y al fascista Evola, sus líderes espirituales, Hernando abogaba por una guerra riesgosa, heroica:<br /><blockquote style="color: rgb(51, 51, 51);">"El sentido común también nos dice que no hay nada de qué sentirse orgullosos en pelear una guerra sin correr ningún riesgo, y pienso que los soldados de la OTAN son sólo un montón de cobardes!!".</blockquote></span><span style=";font-family:arial;font-size:85%;" >En ese sentido, juzgaba a Milosevic como un ejemplo de heroísmo:<br /><blockquote><span style="color: rgb(51, 51, 51);">"Milosevic ha mostrado algo que los europeos, desafortunadamente, ya han olvidado".</span></blockquote></span><span style=";font-family:arial;font-size:85%;" >En otro momento aludía, además de Jünger, a otros dos de sus modelos intelectuales en el campo político, dos que hasta ahora han estado al margen en esta discusión: "Yo concuerdo con los escritos heroicos de Jünger y, por supuesto, con Niekisch y en estos días con Alexander Duguin", escribía Hernando, en 1999, identificándose luego a sí mismo como</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:arial;"> un "nacional-bolchevique".</span><br /></span><span style=";font-family:arial;font-size:85%;" ><br /></span><span style=";font-family:arial;font-size:85%;" >Alexander Duguin (o Aleksandr Dugin) no parece haber dejado de atraer la atención de Hernando en estos años, puesto que en su blog ha publicado al menos <a style="color: rgb(102, 102, 0);" href="http://eduardohernandonieto.blogspot.com/2007/08/alexander-duguin-y-el.html">un artículo suyo íntegro</a>, uno en el que Duguin explica la naturaleza del nacional-bolchevismo.</span><span style=";font-family:arial;font-size:85%;" > Este párrafo puede resultar interesante:<br /></span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:arial;"></span></span><blockquote style="color: rgb(51, 51, 51);"><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:arial;">"Entre los nacional-bolcheviques alemanes, el más coherente y radical fue sin duda Ernst Niekisch... pero en este movimiento también encontramos... figuras espontáneas del ala izquierda del NSDAP, como Otto Strasser y Joseph Goebbels".</span><br /></span></blockquote><span style=";font-family:arial;font-size:85%;" >Sí: se trata de ese mismo Goebbles en el que están pensando, el ministro de Propaganda de Hitler. Y no se enreden con las siglas: NSDAP quiere decir </span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:arial;">Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei, el nombre oficial del Partido Nazi.</span><br /></span><span style=";font-family:arial;font-size:85%;" ><br />¿Qué tienen en común Niekisch y Duguin, además del nacional-bolchevismo y las amistades y asociaciones con líderes nazis? El alemán Ernst Niekisch era un furibundo antisemita que proponía la construcción de un estado totalitario en Alemania.<br /><br />Aleksandr Duguin, o Dugin, ruso, ha exigido el arribo a su país "de un genuino, verdadero y radicalmente consistente <span style="font-style: italic;">fascismo fascista</span>". Fue colaborador de la revista <span style="font-style: italic;">Den</span>, el órgano más conocido del antisemitismo ruso, dirigido por Alexander Prokhanov, quien desde esas mismas páginas ha afirmado que todos los males sociales y económicos de Rusia son culpa de los judíos.<br /><br />Sólo para que quede claro: eso no fue en el pasado remoto, sino en los años noventa.<br /><br />Otro párrafo de Hernando es singularmente interesante, y nos deja claro cuándo y cómo es capaz de defender cualquier línea política, no importa que ella rompa todos los principios que Hernando defiende hoy en público. Cuando el debate llega al asunto de las armas nucleares en poder de Corea del Norte y China, Hernando escribe:<br /><blockquote style="color: rgb(51, 51, 51);">"Desafortunadamente estás obligado a defender tu libertad con cualquier medio disponible y esa es la razón por la cual no es un pecado desarrollar armas nucleares".</blockquote>De pronto, Hernando parece preocupado por la libertad de los pueblos. Pero, oh problema, oh confusión: ¿de qué libertad está hablando cuando se refiere a China y Corea del Norte? Dudo que se refiera a la libertad de los pueblos chino y norcoreanos, sumergidos cada cual en una dictadura peor. Se refiere a la libertad de los dictadores.<br /><br /></span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:arial;">Cuando otro participante envía un mensaje con una pregunta explícita como titular --"Nazi or not Nazi?"--, Hernando se indigna y hace un extraño comentario en el que parece acusar a sus interlocutores liberales de intolerancia y... Mejor léanlo ustedes:</span><br /><span style="font-family:arial;"></span><blockquote style="color: rgb(51, 51, 51);"><span style="font-family:arial;">"No quiero responder nada más porque tú y algunos de tus amigos no quieren argumentar, sólo quieren atacar y destruir a la gente, como la OTAN. Es gracioso ver que finalmente el mundo se ha puesto de cabeza: los fascistas son tolerantes y usan la razón mientras que los liberales son intolerantes y usan las emociones". (Nazi or not nazi?)</span><br /></blockquote><span style="font-family:arial;">¿Quién es el fascista tolerante al que alude? No quiero sobreinterpretar, claro. Pero sí diré que de inmediato Hernando se compara a sí mismo con los serbios de Milosevic:</span><br /><span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:arial;" ><blockquote>"De algún modo me siento como los serbios, quiero decir, siendo atacado por el poder enorme de esta lista cuyos miembros simpatizan (hablando en general, claro, aunque no todos) con los genocidas yankees y de la OTAN".</blockquote></span><span style="font-family:arial;">Saltó la liebre antiamericana. Pero, ¿cuál es el origen de el antiamericanismo de Hernando. En sus textos políticos, Hernando asiduamente identifica a Estados Unidos con la nefasta omnipresencia del capitalismo, la pérdida de valores tradicionales, etc. Pero en otro texto que se halla en internet, una entrevista hecha a él por José Luis Ontiveros, Hernando da </span></span><span style="font-style: italic;font-family:arial;font-size:85%;" >otra</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:arial;"> pista de su repulsión hacia la política internacional norteamericana. El asunto aparece cuando Ontiveros le pregunta por la relación entre Leo Strauss y los neoconservadores americanos que rodean al segundo Bush. Dice Hernando:</span><br /><span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:arial;" ><blockquote>"Strauss es un autor de relieve que no tiene nada que ver con Bush y el grupo neoconservador sionista".</blockquote></span><span style="font-family:arial;">Ahí todo comienza a oler a teoría de la conspiración, confabulación judía mundial, etc. Entonces, es bueno regresar a una frase clave en su participación en el debate en el website sobre Jünger. En ese foro, para explicar qué cosa es lo que mueve a la OTAN a atacar al pobrecito Milosevic, Hernando escribe lo siguiente:</span><br /><span style="font-family:arial;"></span><blockquote style="color: rgb(51, 51, 51);"><span style="font-family:arial;">"Je, je, je, je. Disculpa, sólo me puedo reír... je, je. ¿Tienes alguna idea de qué cosa son Davos, la Mesa Redonda, Bilderberg o la Comisión Trilateral?".</span><br /></blockquote><span style="font-family:arial;">Yo sí tengo una idea. El Grupo Bilderberg es una conferencia anual de políticos, financistas y hombres de negocios, donde se discuten temas de interés mundial. Los miembros no ofrecen declaraciones a la prensa sobre el contenido de sus diálogos, y ese secretismo ha llevado a los grupos fascistas y neonazis a acusar a Bilderberg de ser una versión nueva de la legendaria "conspiración judía mundial". Esa misma: la de los <span style="font-style: italic;">Protocolos de los sabios de Sión</span>. ¿Se acuerdan? El librito antijudío prologado por Evola. De hecho, otro participante del debate en el website sobre Jünger le hace notar a Hernando que sus argumentos suenan cada vez más antisemitas en la línea de los <span style="font-style: italic;">Protocolos</span>.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">La Comisión Trilateral, entidad privada que promueve las relaciones político-económicas entre Europa, Japón y los Estados Unidos, fue creada por una propuesta de David Rockefeller, miembro vitalicio del Grupo Bilderberg. Ya se pueden imaginar ustedes las acusaciones de los termocéfalos contra la Comisión.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">La Mesa Redonda de Industriales Europeos es una entidad similar pero que quiere potenciar la competitividad europea. Claro está, los que arman teorías de la conspiración suelen notar que un número amplio de miembros de la Mesa Redonda son también asistentes a la conferencia anual del Grupo Bilderberg.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Regresemos a la entrevista de Ontiveros a Hernando. O mejor, echemos un ojo al autor de la entrevista. Ontiveros, qué casualidad, es el autor de los siguientes dos párrafos:</span><br /><span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:arial;" ><blockquote>"La crítica al fascismo es uno de los hábitos más imbéciles y rutinarios de nuestros contemporáneos".</blockquote></span><span style="font-family:arial;">Y:</span><br /></span><span style="font-size:85%;"><span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:arial;" ></span></span><blockquote><span style="font-size:85%;"><span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:arial;" >"La precipitada descomposición de Occidente confirma que el instinto fascista del hombre surge de la forma, la fuerza, el espíritu y el corazón, en el combate del heroismo cotidiano por sobreponerse al desplome interno en la vía solar y ascendente, que requiere de pruebas continuas y que cumple con la tensión guerrera, misma que expresa una revuelta metafísica por la afirmación de un estilo de vida diferenciado, lo que ya manifestara Joseph de Maistre al referirse al instinto monárquico, en cuanto que el hombre para ser necesita de un sueño, de un amor apasionado por lo invisible, de una devoción viril y sacra que potencialice al héroe y al santo, por ello </span></span><span style="font-style: italic; color: rgb(51, 51, 51);font-family:arial;font-size:85%;" >el fascismo es la liturgia postrimera de una mística de la potencia, y al ser esto así, el fascismo en su esencia final es imbatible</span><span style="font-size:85%;"><span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:arial;" >".</span></span></blockquote><span style="font-size:85%;"><span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:arial;" ></span></span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:arial;">¿Dónde fueron publicados esos párrafos? Los dos aparecen en </span><a style="color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;" href="http://eduardohernandonieto.blogspot.com/2007/08/julius-evola-y-la-crtica-al-fascismo.html">Nomos contra Anomos</a><span style="font-family:arial;">, el blog que dirige... Eduardo Hernando Nieto. No son comentarios a un post, no son intervenciones que hayan sido luego respondidas por Hernando o alguien más: se trata de un artículo escrito por Ontiveros y publicado por Hernando en su integridad.</span><br /><br /></span><span style=";font-family:arial;font-size:85%;" >Más aun: Ontiveros es un autor en quien Hernando se suele apoyar para sus propios ensayos. Hernando lo llama en <a style="color: rgb(102, 102, 0);" href="http://eduardohernandonieto.blogspot.com/2008/08/ernst-jnger-y-el-seoro-del-trabajador.html">un post</a> "mi querido amigo el ensayista mexicano José Luis Ontiveros". <a style="color: rgb(102, 102, 0);" href="http://eduardohernandonieto.blogspot.com/2008/08/ernst-jnger-y-el-seoro-del-trabajador.html">En otro dice coincidir "totalmente"</a> con las lecturas que Ontivero<span style="font-family:arial;">s hace de Jünger.</span><br /></span><span style=";font-family:arial;font-size:85%;" ><br /></span><span style="color: rgb(102, 102, 0);font-size:130%;" ><span style="font-weight: bold;font-family:arial;" >Y "La Coalición</span></span><span style=";font-family:arial;font-size:85%;" >"<br /><br /></span><span style=";font-family:arial;font-size:85%;" ><span style="font-family:arial;">En los últimos días, </span>con visceral cariño, Hernando ha defendido, como desde hace muchos años, la inteligencia, agudeza y visión de Carl Schmitt, y ha querido mostrarlo como libre de cualquier compromiso políticamente, digamos, conflictivo.<br /><br />Víctor Samuel Rivera, amigo de Hernando, colaborador suyo y codirector con él de un blog curiosamente llamado <a style="color: rgb(102, 102, 0);" href="http://la-coalicion.blogspot.com/">La Coalición</a>, describe el afán de Hernando en su primer libro como el impulso de coronar "una radical nostalgia reaccionaria" y dice sobre Schmitt:<br /><blockquote style="color: rgb(51, 51, 51);">"Schmitt fue procesado, como lo fueron muchos profesores alemanes que apostaron por el nacional socialismo. Eso sólo demuestra la fuerza increíble del fanatismo".</blockquote>Correcto: Rivera acepta que Schmitt apostó por el nazismo. Y llama a sus rivales fanáticos. Ustedes dirán: ¿no eran los nazis los verdaderos fanáticos? Parece que no para todo el mundo.<br /><br />Rivera es un profesor universitario de filosofía. Uno al que no siempre se puede tomar en serio, por cierto. Pero eso no quiere decir que no sea, al mejor estilo de su amigo Hernando, capaz de <span style="font-style: italic;">pensar peligrosamente</span>. Escribe, por ejemplo:<br /><span style="color: rgb(51, 51, 51);"><blockquote>"Sólo te anticipo que no creo que haya criminales ideológicos. Ni siquiera creo ahora que Abimael Guzmán lo haya sido".</blockquote></span>Rivera reconoce a Riva Agüero (a quien prefiere llamar "Montealegre", en referencia a sus anacrónicos títulos de nobleza) como su "filósofo peruano favorito". También reconoce lo siguiente:<br /></span><blockquote style="color: rgb(51, 51, 51);"><span style=";font-family:arial;font-size:85%;" >"</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:arial;">Ahora me preguntan: ¿es usted de la idea de que Montealegre era pro-nazi? La respuesta es complicada, pero sí, el marqués era favorable al III Reich".</span><br /></span></blockquote><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:arial;">Si uno sigue los enlaces de La Coalición a los amigos, condiscípulos y allegados al grupo, encuentra cosas que, a estas alturas, difícilmente sorprenden, pero que deberían siempre indignar. Un miembro de La Coalición de Hernando y Rivera es el señor Ricardo Milla. Éste </span><a style="color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=6275305769417788905&amp;postID=9113827665328054741">escribió</a><span style="font-family:arial;"> hace poco, en referencia al caso peruano:</span><br /><span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:arial;" ><blockquote>"Las execuciones extra-judiciales muchas veces fueron necesarias dada la naturaleza de la guerra. Muchos terroristas eran liberados muy rápido a "falta de pruebas". Eran abogados terrucos los que los liberaban. Ante ello Inteligencia actuó. Y actuó como fue debido. Toda muerte a inocente es punible, pero toda muerte a un delincuente terrorista es necesaria, pues está en el deber de la comunidad terminar y eliminar a ese sujeto. Es así de sencillo. No hay DDHH qué valgan".</blockquote></span><span style="font-family:arial;">También escribió esto:</span><br /><span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:arial;" ><blockquote>"Asesinar está mal. Muy mal. Pero a alguien que ha perdido el derecho a la vida, debe morir, no hay más".</blockquote></span><span style="font-family:arial;"><a style="color: rgb(102, 102, 0);" href="http://ricardomilla.blogspot.com/2009/04/postrimerias-de-un-lider.html">Milla, socio de La Coalición de Hernando, publica en su blog videos de discursos de Hitler</a>, bajo titulares como "Postrimerías de un líder". Y comenta al respecto, mostrando las imágenes del peor asesino de la historia universal: "la virtud de líder es admirable".</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">La Coalición enlaza y explícitamente recomienda los blogs de Milla, Hernando, Rivera, Raúl Haro (quien, según veo, tiene gran vehemencia para insutlarme, pero no parece ser un facho como sus aliados), además de un blog de acceso restringido que apropiadamente se llama </span></span><span style="font-style: italic;font-family:arial;font-size:85%;" >La Fortaleza - Metapolítica Peruana</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:arial;"> y el </span><a style="color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;" href="http://sofiatudela.blogspot.com/">blog de Sofía Tudela</a><span style="font-family:arial;">, autora del siguiente párrafo:</span><br /><span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:arial;" ><blockquote>"Lo cierto es que la democracia, el gobierno del pueblo, del inmenso, ignorante y descalificado populacho, es el sometimiento jerárquico de una elite de mentes superiores a la inferioridad bestial de las onerosas mayorías, del indigente criterio común".</blockquote></span><span style="font-family:arial;">Ya no nos soprende un texto así, porque eso no es sino una versión grotesca de lo mismo que afirmaba Othmar Spann, a quien Hernando reconoce como uno de sus maestros de sociología:</span><br /><span style="font-family:arial;"></span></span><blockquote style="color: rgb(51, 51, 51);"><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:arial;"><span style="font-family:arial;">"Spann distingue entre estamentos espirituales y estamentos de acción. Todos tienen la misma importancia funcional para el total de la sociedad, pero no son equivalentes. Cada etamento bajo es guiado espiritualmente por el estamento de encima. La gente inferior sólo puede participar de lo superior a través de la adoración y la devoción... Sólo los mejores pueden ejercer el poder. Quiénes son los mejores es algo que sólo puede ser decidido desde arriba, no determinado por la democracia, porque el pueblo carece de espiritualidad y de entendimiento".</span></span></span></blockquote><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:arial;"><span style="font-family:arial;"></span><span style="font-family:arial;">¿Qué cosa es una persona de "inferioridad bestial", como dice Tudela? ¿Qué cosa es el pueblo si "carece de espiritualidad y de entendimiento", como decía Spann? ¿Tengo que decirlo? Estas personas consideran al pueblo una manada de animales.</span><br /><br /><br /></span></span><span style="font-size:100%;"></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17920328-1828738287900233207?l=puenteareo1.blogspot.com'/></div>Gustavo Faverón Patriauhttp://www.blogger.com/profile/13509602281323253970noreply@blogger.com53tag:blogger.com,1999:blog-17920328.post-31593647343531114232009-06-01T23:23:00.010-04:002009-06-03T01:24:21.824-04:00Trabalenguas 21<span style="font-size:85%;"><span style="font-size:130%;"><span style="color: rgb(102, 102, 0); font-weight: bold;font-family:arial;" >Frases célebres de los ídolos del profesor Hernando</span></span><br /><br /><a style="font-family: arial;" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SiX2D13wYHI/AAAAAAAADJg/hJ4QARcwsH8/s1600-h/mishima.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 398px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SiX2D13wYHI/AAAAAAAADJg/hJ4QARcwsH8/s400/mishima.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5342947078805938290" border="0" /></a><span style="font-family:arial;">Aquí les entrego algunas citas de textos escritos por los intelectuales y artistas citados por el profesor Eduardo Hernando Nieto como los máximos exponentes de las ideas "metapolíticas" que él suscribe. Juzguen ustedes. Y de paso les recomiendo </span><a style="color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;" href="http://gonzalogamio.blogspot.com/2009/06/algo-mas-que-preferencias-literarias-y.html">este post de Gonzalo Gamio</a><span style="font-family:arial;">.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">"Queremos un fascismo más radical, más intrépido, un fascismo realmente absoluto, hecho de fuerza pura, que no acceda a ningún compromiso". --- <span style="color: rgb(102, 102, 0); font-style: italic;">Julius Evola</span><span style="font-style: italic;">, criticando a la cúpula del fascismo italiano por ser demasiado abierta y conciliadora</span>.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">"El espíritu judío destruye todo a través del cálculo y el racionalismo, y conduce a un mundo hecho de máquinas, objetos y dinero en lugar de personas, tradiciones y patrias". --- <span style="color: rgb(102, 102, 0); font-style: italic;">Julius Evola</span><span style="font-style: italic;"> resumiendo por enésima vez el fundamento de su antisemitismo</span>.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">"El maestro Julius Evola... no fue nazi ni antisemita ni fascista. Eduardo Hernando Nieto sí es un admirador de la obra de Julius Evola". --- <span style="color: rgb(102, 102, 0); font-style: italic;">Eduardo Hernando Nieto</span><span style="font-style: italic;"> (que habla de sí mismo en tercera persona). De tal maestro, tal discípulo</span>.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">"El control ejercido por los judíos es la sífilis de cualquier nación de gentiles". --- <span style="color: rgb(102, 102, 0); font-style: italic;">Ezra Pound</span><span style="font-style: italic;">, demostrando que hasta el mejor poeta puede generar la metáfora más imbécil, si lo ciegan la paranoia y la vileza. Es el único poeta listado por Hernando entre los intelectuales que han dado forma a su "metapolítica"</span>.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">"El judío no puede jugar un rol creativo, ya sea bueno o malo, en nada que tenga que ver con la vida germánica". --- <span style="color: rgb(102, 102, 0); font-style: italic;">Ernst Jünger</span><span style="font-style: italic;">, promoviendo la expulsión de todos los judíos de Alemania</span>.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">"Los judíos son pestilentes en masa, aunque puede ser que algunos de ellos sean inocuos, como los microbios que, según Pasteur descubrió, podían ser esterilizados. Pasteur no podía detenerse a diferenciar entre los buenos, los malos y los inocuos; por lo tanto, los eliminaba a todos. Y lo mismo se debe hacer con los judíos". --- <span style="color: rgb(102, 102, 0); font-style: italic;">Louis Ferdinand Céline</span><span style="font-style: italic;">, proponiendo el genocidio como solución a la "cuestión judía", ensaya otra metáfora nauseabunda</span>.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">"Los judíos se paran a un lado y miran mientras los pueblos del mundo se matan unos a otros. Para ellos, esta matanza y masacre mutua es lícita y </span></span><span style="font-style: italic;font-family:arial;font-size:85%;" >kosher</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:arial;">. Luego comen la carne de los masacrados y viven de ello". --- <span style="color: rgb(102, 102, 0); font-style: italic;">Carl Schmitt</span><span style="font-style: italic;">, mostrando su rostro menos caritativo. Carl Schmitt, bueno es recordarlo, es el intelectual crucial en las ideas y los estudios de Hernando, y el mismo en cuyas teorías Hernando se basa para construir su defensa de Fujimori</span>.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">"El judío debe de tener un rol biológico en el organismo de la humanidad. El rol de un microbio o de un leucocito". --- <span style="color: rgb(102, 102, 0); font-style: italic;">Pierre Drieu La Rochelle</span><span style="font-style: italic;">, autoproclamado nazi, es otro escritor preferido por Hernando. Está claro que los fachos no tienen gran variedad metafórica</span>.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">"En una civilización superior, como por ejemplo la de los indo-arios, aquel que no pertenece a una forma característica o a una casta se convierte en un paria. En ese sentido, América es una sociedad de parias. Hay un rol para los parias. Es el de ser sometidos por seres cuyas formas y leyes internas estén definidas con precisión". --- <span style="color: rgb(102, 102, 0); font-style: italic;">Julius Evola</span><span style="font-style: italic;">, dejando en evidencia que su odio a los judíos estaba lejos de ser el único rasgo de su estupidez</span>.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">"(Sabemos que) los comerciantes de París comparaban a los judíos con las avispas que se cuelan en las colmenas sólo para matar a las abejas, desgarrar sus cuerpos y extraer la miel almacenada en sus entrañas... Pero esto no es suficiente. No nos conformaremos con saber que los judíos ponen en peligro la supervivencia de los demás. Queremos descubrir la razón". --- <span style="color: rgb(102, 102, 0); font-style: italic;">Werner Sombart</span><span style="font-style: italic;">, el economista de cabecera de Hernando, escribió un libro entero para explicar los males de la economía europea responsabilizando a los judíos de todos ellos</span>.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">"Al dinero lo vence y neutraliza solamente la sangre... Lo que importa en la historia es la vida, siempre solo la vida, la raza, el triunfo del deseo de poder, y no la victoria de las verdades, las invenciones y el dinero". --- <span style="color: rgb(102, 102, 0); font-style: italic;">Oswald Spengler</span><span style="font-style: italic;">, echando mano a un estereotipo de fácil comprensión para los lectores europeos de su tiempo, en que el dinero son los judíos mientras que la sangre y la raza son la tradición germánica</span>.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">"Spann señaló que los judíos repetidamente tuvieron la oportunidad de integrarse a una cultura elevada (hacerse cristianos), pero se negaron a hacerlo y de ese modo rechazaron la posibilidad de abandonar la secta inferior para adherirse a una fe y una civilización superiores". --- <span style="color: rgb(102, 102, 0); font-style: italic;"><span style="color: rgb(0, 0, 0);">Gerald Mozetic, sobre </span>Othmar Spann</span><span style="font-style: italic;">, uno de los sociólogos favoritos de Hernando</span>.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">"Spann distingue entre estamentos espirituales y estamentos de acción. Todos tienen la misma importancia funcional para el total de la sociedad, pero no son equivalentes. Cada etamento bajo es guiado espiritualmente por el estamento de encima. La gente inferior sólo puede participar de lo superior a través de la adoración y la devoción... Sólo los mejores pueden ejercer el poder. Quiénes son los mejores es algo que sólo puede ser decidido desde arriba, no determinado por la democracia, porque el pueblo carece de espiritualidad y de entendimiento". --- <span style="font-style: italic;">Otra vez, </span><span style="color: rgb(102, 102, 0); font-style: italic;">Gerald <span style="font-family:arial;">Mozetic</span></span><span style="font-style: italic;font-family:arial;" >, explicando las propuestas políticas de </span><span style="color: rgb(102, 102, 0); font-style: italic;font-family:arial;" >Othmar Spann</span><span style="font-family:arial;">.</span></span><br /><br /><span style="font-family:arial;">"</span><span style="font-family:arial;">Faverón no tiene ninguna relevancia en el medio académico". --- <span style="color: rgb(102, 102, 0); font-style: italic;">Eduardo Hernando</span><span style="font-style: italic;"> sobre mí. Yo, por mi parte, no voy a negar la importancia crucial de Hernando en la academia. No la voy a negar porque sería torpe y ocioso poner en duda algo que absolutamente nadie está dispuesto a afirmar.</span></span><br /></span><span style=";font-family:arial;font-size:85%;" ><br />(Y de <span style="color: rgb(102, 102, 0);">Mishima</span> sólo les dejo la foto de arriba.)<br /><br /></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17920328-3159364734353111423?l=puenteareo1.blogspot.com'/></div>Gustavo Faverón Patriauhttp://www.blogger.com/profile/13509602281323253970noreply@blogger.com51tag:blogger.com,1999:blog-17920328.post-56109623078330495462009-06-01T02:04:00.005-04:002009-06-01T13:12:27.369-04:00Frodo versus Sauron<span style="font-size:85%;"><span style="font-size:130%;"><span style="font-family: arial; color: rgb(102, 102, 0); font-weight: bold;">¿Quién ha leído a los escritores más famosos del siglo?</span></span><br /><br /><a style="font-family: arial;" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SiQLmAyOCDI/AAAAAAAADJY/0VRtVqZget0/s1600-h/d4a67ed817.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 271px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SiQLmAyOCDI/AAAAAAAADJY/0VRtVqZget0/s400/d4a67ed817.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5342407805641820210" border="0" /></a><span style="font-family: arial;">Ah, las infinitas posibilidades de interpretación que el más breve texto es capaz de ofrecer. Regresemos sobre uno escrito por el profesor Eduardo Hernando Nieto, maestro de filosofía del derecho de la Universidad Católica.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Es ya un pasaje clásico en este blog y, en él, el profesor enumera las cumbres más visibles que han dado forma a su pensamiento, que él llama "metapolítico":</span><br /></span><blockquote style="font-family: arial;"><span style="font-size:85%;"><span style="color: rgb(102, 102, 102);">"La metapolítica puede exhibir nombres de escritores como Mishima, Celine, Tolkien o Drieu la Rochelle, ensayistas como los hermanos Jünger, metafísicos como Evola, Guénon, o Coomaraswamy, sociólogos como Spann o Freyer, antropólogos como Eliade, poetas como Pound, economistas como Sombart, historiadores como Spengler, directores de cine como Tarkovski etc, etc. ¿Quiénes los conocen?, ¿Quiénes los han leído?"</span><br /></span></blockquote><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">En un post anterior hice notar que --perplejidades que nos depara el azar-- de los quince nombres enumerados, un porcentaje sospechosamente elevado corresponde a antisemitas, nazis y fascistas o son íconos habituales de antisemitas, nazis y fascistas. Al menos diez de los quince, como expliqué.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Ahora quiero llamar la atención sobre las preguntas finales de ese párrafo. La lógica de Hernando es la siguiente: la "metapolítica" cuenta con brillantes intelectuales que la maquinaria liberal ha lanzado al basurero del olvido, motivo por el cual son desconocidos: "¿Quiénes los conocen?", se pregunta el profesor. "¿Quiénes los han leído?".</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">No quiero posar de experto en esoterismo y seudometafísica, porque afortunadamente no lo soy. Pero sé algo de literatura.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Lo suficiente como para decir, con el acuerdo esperable de todos ustedes, que Pound fue acaso el poeta más leído del siglo veinte, y seguramente el más influyente, gracias a D-os más en la forma que en la ideología .</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Que Mishima y Celine son autores sabidos y resabidos por cualquier digno estudiante de literatura. Que Drieu La Rochelle está lejos de ser un anónimo y que Ernest Jünger no sólo no es un olvidado, sino que es un autor de moda en el reavivamiento de la literatura distópica, que lleva ya décadas.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Y Tolkien. Bueno. Tolkien es el autor de </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >El señor de los anillos</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">, pues. No tengo un sobrino de más de nueve años que no lo haya leído. Es probable que ningún autor del planeta deba tanto de su fama a la maquinaria capitalista norteamericana como Tolkien, niña de los ojos de Hollywood, con estantes individuales para su obra en cada librería de los Estados Unidos.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Lo interesante, en todo caso, es preguntarse cuál puede ser la visión del mundo que construye alguien que coloca entre los cimientos de su mirada ideológica la obra de Tolkien. La "vida heroica". Hay que salir a matar ogros. El mundo está poblado de razas despreciables y malévolas, humanoides de pacotilla, monstruitos.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">¿Spengler? ¿Tarkovski? ¿Eliade? ¿Eliade, el de los libros de cabecera de literatos, antropólogos e historiadores, el memorialista </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >best seller</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">, un desconocido? Tarkovski es un cineasta crucial, sus cintas se muestran en todo el planeta, hasta Hollywood, una vez más, hace </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >remakes</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> de ellas. ¿Quién ha leído a Borges y no ha sentido la curiosidad de leer a Spengler?: "¿Quiénes los conocen?".</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Luego, Hernando cita a los "antiliberales en el sentido moderno". Y más adelante continúa con otro párrafo notable:</span><br /></span><blockquote style="font-family: arial;"><span style="font-size:85%;"><span style="color: rgb(102, 102, 102);">"Obviamente la izquierda contemporánea ha creído tener el patrimonio del conocimiento y por eso uno no podría ser un académico serio sino repite los evangelios de Rorty, Arendt, Nussbaum, Sen, Foucault, Benhabib, Levinas o Zizek"</span>.</span></blockquote><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">¿Rorty y Foucault en el mismo bando? ¿Zizek y Sen? ¿Arendt y Levinas? ¿Quién podría tomar a Zizek como palabra innegable --"evangelio", dice Hernando-- y hacer lo mismo con Rorty, sin que le explote la cabeza en treinta segundos? ¿Y tener a Rorty y a Zizek como evangelistas, no obligaría al pobre evangelizado a adorar simultáneamente a Lacan, Lenin y Davidson? ¿Dije treinta segundos? Pónganle quince.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">¿A qué se debe esa simplificación? Quizá al hecho de que desde los extremos sólo se ven otros extremos, no hay grises, sólo blanco y negro, Frodo versus Sauron. La "vida heroica" necesita enemigos, rivales a quienes ir eliminando, fundamentos indudables que defender a ciegas, anillos que recuperar, no sutilezas ni sofisticaciones intelectuales, sólo maniqueísmo, únicamente simpleza y simplonería; mientras más ramplona, mejor.</span><br /><br /></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17920328-5610962307833049546?l=puenteareo1.blogspot.com'/></div>Gustavo Faverón Patriauhttp://www.blogger.com/profile/13509602281323253970noreply@blogger.com70tag:blogger.com,1999:blog-17920328.post-54063809115892368192009-05-30T14:31:00.007-04:002009-05-30T15:59:42.735-04:00Sábado fascista<span style=";font-family:arial;font-size:85%;" ><span style="font-size:130%;"><span style="color: rgb(102, 102, 0); font-weight: bold;">El antisemita preferido del profesor Eduardo Hernando Nieto</span></span> <br /> <br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SiGOHt_OoVI/AAAAAAAADJQ/xXFvcMaq0ng/s1600-h/Holo2-11-18.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 291px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SiGOHt_OoVI/AAAAAAAADJQ/xXFvcMaq0ng/s400/Holo2-11-18.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5341706896293142866" border="0" /></a>Habrán notado los lectores desprevenidos de Puente Aéreo (o sea, todos ellos) que en estos últimos días he dejado la buena literatura por la mala y las letras que quieren explicar a la humanidad por las que quieren destruirla poco a poco. <br /> <br />Intrigado por la admiración que le profesa Eduardo Hernando Nieto, profesor de filosofía del derecho de la Universidad Católica, al tratadista italiano Julius Evola, me he dedicado a la lectura de los escritos de éste último. <br /> <br />Ninguno de ellos ha llamado mi atención tanto como el prólogo que Evola escribió para la edición italiana, de 1937, de </span><span style="font-style: italic;font-family:arial;font-size:85%;" >I "Protocolli" dei "Savi Anziani" di Sion</span><span style=";font-family:arial;font-size:85%;" > (en la foto la edición del 38), o </span><span style="font-style: italic;font-family:arial;font-size:85%;" >Los protocolos de los sabios de Sión</span><span style=";font-family:arial;font-size:85%;" >, el más infame y conocido texto de la tradición antisemita. <br /> <br />El prólogo es la más alucinante demostración de deshonestidad intelectual que quepa imaginar. Evola empieza por aclarar largamente que los </span><span style="font-style: italic;font-family:arial;font-size:85%;" >Protocolos</span><span style=";font-family:arial;font-size:85%;" > son un texto falso, fraguado, un ardid, que no recogen ningún hecho real. Pero a renglón seguido, y en veinticuatro largas páginas, se dedica a "demostrar" que son esencialmente acertados, agudos y, en un sentido profundo, verdaderos. <br /> <br />En resumen, Evola dice que la "organización judía mundial", ese fantasmático cónclave de complotadores hebreos que confabulan para adueñarse del planeta, no existe (en verdad dice, intrigantemente, "no quiero creer que exista"). <br /> <br />Pero de inmediato sostiene que la "esencia" de la "raza" judía hace innecesaria la organización, pues está en la naturaleza de los judíos destruir progresivamente todos los cimientos de la civilización, todos los pilares de la humanidad, todas las cumbres de la inteligencia y todos los frutos de la razón. <br /> <br />Su conclusión es que esa destrucción ya está en marcha, que entre sus cabezas más visibles se cuentan Freud, Einstein, Levy-Bruhl, Tzará y el "medio judío" Debussy. Y que, por tanto, las advertencias que quiso hacer el enmascarado falsificador de los </span><span style="font-style: italic;font-family:arial;font-size:85%;" >Protocolos</span><span style=";font-family:arial;font-size:85%;" > son enteramente atendibles, inteligentes y necesarias. <br /> <br />Consultando <a style="color: rgb(102, 102, 0);" href="http://www.noiantimoderni.com/index.php?option=com_content&amp;task=view&amp;id=134&amp;Itemid=165">el texto original en italiano</a>, y supliendo mis vacíos en esa lengua con <a style="color: rgb(102, 102, 0);" href="http://thompkins_cariou.tripod.com/id68.html">una versión inglesa</a>, me he tomado el trabajo de traducir un párrafo verdaderamente antológico. Lo copio a continuación, no sin antes dejarle al profesor Hernando una invitación a que nos explique, con su sagacidad de hermeneuta, su didactismo de maestro y su claridad de exégeta, por qué es que idioteces como las que escribe el racista antisemita Julius Evola le parecen tan admirables. <br /> <br />Aquí el parrafito: <br /></span><meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"><meta name="ProgId" content="Word.Document"><meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"><meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"><link style="font-family: arial;" rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CGUSTAV%7E1%5CLOCALS%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"><!--[if gte mso 9]><xml> <w:worddocument> <w:view>Normal</w:View> <w:zoom>0</w:Zoom> <w:punctuationkerning/> <w:validateagainstschemas/> <w:saveifxmlinvalid>false</w:SaveIfXMLInvalid> <w:ignoremixedcontent>false</w:IgnoreMixedContent> <w:alwaysshowplaceholdertext>false</w:AlwaysShowPlaceholderText> <w:compatibility> <w:breakwrappedtables/> <w:snaptogridincell/> <w:wraptextwithpunct/> <w:useasianbreakrules/> <w:dontgrowautofit/> </w:Compatibility> <w:browserlevel>MicrosoftInternetExplorer4</w:BrowserLevel> </w:WordDocument> </xml><![endif]--><!--[if gte mso 9]><xml> <w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"> </w:LatentStyles> </xml><![endif]--><style> <!-- /* Style Definitions */ p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal {mso-style-parent:""; margin:0in; margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:12.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} @page Section1 {size:8.5in 11.0in; margin:1.0in 1.25in 1.0in 1.25in; mso-header-margin:.5in; mso-footer-margin:.5in; mso-paper-source:0;} div.Section1 {page:Section1;} --> </style><!--[if gte mso 10]> <style> /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Table Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0in 5.4pt 0in 5.4pt; mso-para-margin:0in; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} </style> <![endif]--> <p class="MsoNormal" style="font-family:arial;"><span style=";font-size:85%;color:black;" lang="ES-PE"></span></p><blockquote style="color: rgb(102, 102, 102);"><p class="MsoNormal" style="font-family:arial;"><span lang="ES-PE" style="font-size:85%;">"También debe prestarse atención al trabajo destructivo que el judaísmo ha efectuado, muy de acuerdo con las estipulaciones de los Protocolos, en el campo propiamente cultural, protegido por los tabúes de la ciencia, el arte y el pensamiento. Es judío Freud, cuya teoría apunta a reducir la vida interna a los meros instintos y fuerzas inconscientes, o a convenciones y represiones; lo es también Einstein, con quien el “relativismo” se ha puesto de moda; lo es Lombroso, quien perversamente ha igualado genio, crimen y locura; lo es Stirner, padre del anarquismo integral, y lo son Debussy (mitad judío), Shönberg y Mahler, principales exponentes de la decadencia musical. Judío es Tzará, creador del dadaísmo, límite extremo de la desintegración del así llamado arte de vanguardia; y del mismo modo son judíos Reinach y muchos exponentes de la llamada escuela sociológica, que se caracteriza por una interpretación degradante de las religiones antiguas. Además es judío Nordau, que quiere reducir la esencia de la civilización a convenciones y mentiras. La “mentalidad primitiva” es en gran medida un descubrimiento del judío Levy-Brühl, y es al judío Bergson a quien debemos una de las más típicas formas del irracionalismo y de la exaltación de la “vida” y el “devenir” con perjuicio de cualquier principio intelectual superior. Es judío Ludwig, cuyas biografías son otras tantas tendenciosas distorsiones. Judíos son Wassermann y Döblin, y, con ellos, toda una corte de novelistas en cuyas obras siempre se repite una corrosiva y mordiente crítica de los principales valores sociales. Y así sigue. ¿Seremos tan ingenuos de considerar todo esto, una vez más, un asunto casual? Apenas se critica a cualquiera de estas personalidades, se escuchan contra uno los gritos de “bárbaro” y “fanático racista”, pero el caso es que de todos ellos emana una misma influencia que se propaga en sus respectivos dominios con efecto destructivo. Quitar sustento, hacer variables todos los puntos estables, problematizar todas las certezas, sensualizar, exaltar tendenciosamente todo lo que es inferior en el hombre, propagar una especie de terror pánico, calculado para favorecer el abandono a fuerzas oscuras, y allanar el camino para infuencias ocultas del tipo de las que se describen en los <span style="font-style: italic;">Protocolos</span>: ese es el verdadero sentido del judaímo cultural. No queremos pensar que en todo esto hay un verdadero plan, o siquiera una intención de parte de cada individuo: es la “raza”, un instinto que los conduce, de la misma manera que arder está en la naturaleza del fuego. De cualquier forma, toda esta desorganizada e inconsciente influencia está perfectamente de acuerdo con la fuerza integral, oculta, unitaria de las fuerzas secretas de la subversión mundial. Para reconocer la existencia del judaísmo internacional, no es necesario aseverar que todos los judíos estén guiados por una verdadera organización ni que todas sus acciones conscientemente sigan un plan. La conexión se establece en gran medida de manera automática, en función de su esencia. Una vez que esto se hace claro, un aspecto más de la veracidad de los <span style="font-style: italic;">Protocolos</span> se confirma inmediatamente".<o:p></o:p></span></p> <span style=";font-family:arial;font-size:85%;" > <br /></span></blockquote> <br /><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17920328-5406380911589236819?l=puenteareo1.blogspot.com'/></div>Gustavo Faverón Patriauhttp://www.blogger.com/profile/13509602281323253970noreply@blogger.com72tag:blogger.com,1999:blog-17920328.post-72148132574919067372009-05-27T17:53:00.016-04:002009-05-28T14:56:15.998-04:00La universidad peruana y el nuevo fascismo<span style="font-size:85%;"><span style="color: rgb(102, 102, 0);font-size:130%;" ><span style="font-weight: bold;font-family:arial;" >A propósito de la llegada de Marcos Ghio (y otras cosas)</span></span><br /><br /><a style="font-family: arial;" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/Sh65p09mr9I/AAAAAAAADJI/Lz1X2DYc2L8/s1600-h/evola.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 290px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/Sh65p09mr9I/AAAAAAAADJI/Lz1X2DYc2L8/s400/evola.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5340910336350793682" border="0" /></a><span style="font-family:arial;">Según informan </span><a style="color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;" href="http://www.seguridadidl.org.pe/destacados/2009/26-05/visita-a-neonazis.htm">IDL</a><span style="font-family:arial;"> y </span><a style="color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;" href="http://www.elcomercio.com.pe/noticia/291951/lider-neonazi-argentino-llegara-al-peru-proximo-30-mayo">El Comercio</a><span style="font-family:arial;">, el argentino Marcos Ghio viene al Perú y se presentará en coloquios aparentemente académicos en dos universidades locales, la Antenor Orrego de Trujillo y la César Vallejo de Lima.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Marcos Ghio, según señalan ambos medios, es un conocido neonazi, en su momento defensor de dictaduras de extrema derecha en su país, expulsado de alguna universidad por la radicalidad de su ideología, y director de una publicación extremista, un centro de estudios profascista y un sello editorial dedicado a la difusión del antisemitismo.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Si uno busca el nombre de Ghio en Google lo primero que encuentra es un </span><a style="color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;" href="http://es.metapedia.org/wiki/Marcos_Ghio">elogioso artículo biográfico</a><span style="color: rgb(0, 0, 0);font-family:arial;" > publicado en un sitio web llamado </span><span style="color: rgb(0, 0, 0);font-family:arial;" >Metapedia</span><span style="color: rgb(0, 0, 0);font-family:arial;" >. Además de defenderlo de una larga hilera de cargos y acusaciones, Metapedia informa que Ghio es un especialista en la obra del antisemita italiano Julius Evola (en la foto), cuya obra traduce, edita y promueve.</span></span><span style="font-size:85%;"><br /><br /><a style="color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;" href="http://es.metapedia.org/wiki/Portada">Metapedia</a><span style="font-family:arial;"> se presenta a sí misma como una suerte de Wikipedia "alternativa", tradicionalista --en la ascepción reivindicativa que los neonazis dan al término--, y guiada por un afán "metapolítico"... Y aquí viene lo interesante.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">En principio, la metapolítica es un ejercicio crítico y teórico; es el estudio de una ideología en tanto discurso: la evaluación de sus principios, de sus nociones, los elementos que la estructuran, su ontología, sus posibilidades de aplicabilidad.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Por supuesto, hay metapolítica hecha desde la izquierda (Alain Badiou le ha dado ese título a uno de sus libros) y tambien hay metapolítica hecha desde la derecha. Metapedia, dicho sea de paso, en otro artículo, informa que </span><a style="color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;" href="http://es.metapedia.org/wiki/Hitler">Hitler era "una persona única e inigualable"</a><span style="font-family:arial;">. No es difícil imaginar desde dónde hace su metapoliítica la gente de Metapedia.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Lo que ocurre es que </span></span> <span style="font-style: italic;font-family:arial;font-size:85%;" >metapolítica</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:arial;"> es también el nombre políticamente correcto que han adoptado, paradójicamente, los mayores enemigos de la corrección política, es decir, fascistas, neonazis y extremistas de derecha en todo el mundo, para enmascarar lo que en buena cuenta no es sino un revisionismo de ultraderecha formulado para reivindicar y lavar la cara a las viejas ideas del fascismo europeo, con frecuente preferencia por el nacional-socialismo alemán, el nazismo.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">(Para decirlo más claramente: si alguien con botas de cuero hasta la rodilla, brazalete rojinegro y una esvástica tatuada en la nuca les dice que es "metapolítico", ya saben de qué se trata en realidad. ¿Ok?).</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Diré que luego de ver todo esto pasé un buen rato pensando dónde había leído yo, recientemente, una defensa acalorada de la "metapolítica", plagada de referencias de derecha extrema. Y me acordé.</span><br /><br /></span><span style="font-style: italic;font-family:arial;font-size:85%;" >M</span><span style="font-style: italic;font-family:arial;font-size:85%;" >etapolítica</span><span style="font-style: italic;font-family:arial;font-size:85%;" > </span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:arial;">es la palabra fetiche de un blog peruano llamado </span><a style="color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;" href="http://eduardohernandonieto.blogspot.com/">Nomos Contra Anomos</a><span style="font-family:arial;">, que administra Eduardo Hernando Nieto, profesor ordinario auxiliar de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica del Perú.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">El 7 de enero del 2008, el profesor Hernando publicó en ese blog un texto suyo titulado "</span><a style="color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;" href="http://eduardohernandonieto.blogspot.com/2008/01/por-qu-la-izquierda-teme-tanto-al.html">¿Por qué la izquierda teme tanto al pensamiento antiliberal?</a><span style="font-family:arial;">". Aunque el post en ningún momento responde a su propia pregunta, contiene al menos una pista acerca de cuáles son los intelectuales y artistas que Hernando considera hitos de </span></span><span style="font-style: italic;font-family:arial;font-size:85%;" >su</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:arial;"> metapolítica. El profesor Hernando dice lo siguiente:</span><br /></span><blockquote style="font-family:arial;"><span style="color: rgb(102, 102, 102);font-size:85%;" >"La metapolítica puede exhibir nombres de escritores como Mishima, Celine, Tolkien o Drieu la Rochelle, ensayistas como los hermanos Jünger, metafísicos como Evola, Guénon, o Coomaraswamy, sociólogos como Spann o Freyer, antropólogos como Eliade, poetas como Pound, economistas como Sombart, historiadores como Spengler, directores de cine como Tarkovski etc, etc."</span><span style="font-size:85%;"><br /></span></blockquote><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:arial;">Lo primero que llama la atención en esa nómina es una peculiar y repetida coincidencia. A ver cuánto se demoran en notarla. En verdad, apuesto a que varios de ustedes la han notado ya, pero aquí va.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Yukio Mishima --narrador privilegiado-- era un hedonista, un ultranacionalista fascistoide y el fundador de un cuerpo paramilitar al que quiso regir según los códigos arcaicos de los samuráis.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Louis Ferdinand Céline --otro novelista de primera-- era tan fascista y tan antisemita que cuando quiso insultar a Hitler en un escrito lo llamó "judío". Fue, sin embargo, colaborador de los nazis, médico personal de Laval y autor de una serie de folletos que llamaban a la persecusión de los judíos.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Pierre Drieu la Rochelle, fascista francés, fue otro cobarde colaborador de los nazis durante la ocupación, que saltó al poder durante el infame periodo del gobierno de Vichy, al que se regaló con prisa y sin pausa.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Ernest Jünger, notable escritor. Veía en la guerra un ejercicio purificador y un camino a la trascendencia; propuso en los años treinta la militarización de Alemania y señaló que la unidad nacional estaba amenazada por la existencia de los judíos. Fue el novelista más leído de la Alemania nazi.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">El italiano Julius Evola, a quien ya mencioné, además de ser el autor de unos ilegibles y payasescos textos de inspiración ocultista, y un convencido fascista, fue también el autor del prólogo para la versión italiana del más infame libro en la historia del antisemitismo: </span></span><span style="font-style: italic;font-family:arial;font-size:85%;" >Los protocolos de los sabios de Sion</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:arial;">. Además escribió varios otros volúmenes de propaganda antijudía, incluyendo uno en el que --¡agárrense!-- acusaba a las matemáticas de ser una sospechosa creación del "espíritu semita".</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Curiosamente, uno de los pocos puntos oscuros en la carrera intelectual de otro de los mencionados por Hernando, el agudo y proficuo Mircea Eliade, fue su inexplicable admiración por Evola, que ha llevado a más de un crítico a descubrir conexiones entre ciertos escritos de Eliade y algunas vertientes del misticismo fascista.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Othmar Spann, inexplicablemente desterrado por Hitler de su cátedra universitaria, era, sin embargo, un nacionalista radical que desde antes de la llegada del nazismo al poder había sostenido la necesidad de implantar un régimen totalitario en Alemania, construyendo para sustentar su idea toda una teoría del estado corporativo.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Hans Freyer, otro alemán de la misma época (¿qué nostalgia, no?), suponía al Estado como una entidad superior al individuo, hasta el punto de negar la noción de libertad individual para quien no se conformara a la marcha unidireccional del estado. Otro dato: Hitler lo nombró, entre 1938 y 1944, director del Instituto de Estudios Alemanes en Hungría, país aliado de los nazis en la segunda guerra mundial.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Ezra Pound, poeta crucial del siglo pasado, era, por supuesto, como todos saben, un fascista y un furibundo antisemita.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Werner Sombart era un propulsor del nacional-socialismo como etapa cumbre en la evolución de la historia occidental. El "espíritu alemán", según Sombart, debía destruir a lo que él llamaba el "espíritu semita" en todos los escenarios europeos. El resumen de su idea sobre la relación entre sujeto y estado: "el individuo no tiene derechos, solamente obligaciones".</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Y finalmente Oswald Spengler. Spengler fue adorado por los nazis como un precursor de sus ideas (Spengler era nacionalista, místico, un post-romántico germanista), por lo menos hasta que se radicalizó en sus críticas contra el torpe bilogismo racista del antisemitismo nazi. Allí rompieron palitos.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">No voy a insultar la inteligencia de nadie explicando cuál es la coincidencia real entre los miembros de esta lista de intelectuales admirados por Hernando.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Sólo quiero preguntarme qué diferencia hay entre ser un comprometido "metapolítico" y ser un amante del fascismo, cuando vemos que casi sin excepción los íconos de la "metapolítica" son fascistas, nazis y antisemitas.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">La presencia pasajera de Marcos Ghio en dos universidades peruanas no es el único problema si es que nos preocupa el ingreso de la extrema derecha totalitaria en los campus del país.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Hernando ha escrito justificaciones para la institución de prácticas estatales abusivas basado en intelectuales del autoritarismo como Carl Schmitt. Ha intentado justificaciones para la tortura. Ha publicado artículos de evidentes fascistas como José Luis Ontiveros, quien, en el blog del mismo Hernando, se refiere elogiosamente a la labor editorial de Marcos Ghio y a su difusión de la obra de Evola.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;font-family:arial;" >Eduardo Hernando Nieto da clases de filosofía del derecho en la Universidad Católica del Perú.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Actualización 1: </span><a style="color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;" href="http://www.elcomercio.com.pe/noticia/292587/universidades-trujillo-negaron-que-lider-neonazi-vaya-dictar-charlas-sus-aulas">Universidades niegan haber invitado a Ghio</a><span style="font-family: arial;">.</span><br /><span style="font-family: arial;">Actualización 2: </span><a style="color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;" href="http://www.unsperu.org/">Grupo neonazi peruano niega haber gestionado visita de Ghio</a><span style="font-family: arial;">.</span><br /><span style="font-family: arial;">Actualización 3: </span><a style="color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;" href="http://www.perupolitica.com/congreso-circo-barato-o-poder-til-del-estado/10-facismo-internacional-detras-del-caso-humala.html">Un largo artículo sobre Eduardo Hernando Nieto</a><span style="font-family: arial;">.</span><br /><br /><br /><br /></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17920328-7214813257491906737?l=puenteareo1.blogspot.com'/></div>Gustavo Faverón Patriauhttp://www.blogger.com/profile/13509602281323253970noreply@blogger.com68tag:blogger.com,1999:blog-17920328.post-42909894928064384352009-05-24T19:56:00.011-04:002009-05-24T20:54:11.429-04:00Sobre el realismo<span style="font-family:arial;font-size:85%;"><span style="color: rgb(102, 102, 0);font-size:130%;" ><span style="font-weight: bold;">Mi conversación con Peter Elmore en Hueso Húmero <br /></span> </span> <br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/ShnkQXpDbfI/AAAAAAAADIA/m_7V5sH5DXk/s1600-h/losing-eden_skull-mouse.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 266px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/ShnkQXpDbfI/AAAAAAAADIA/m_7V5sH5DXk/s320/losing-eden_skull-mouse.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5339549803099680242" border="0" /></a>En octubre del año pasado publiqué en Puente Aéreo un post titulado <a style="color: rgb(102, 102, 0);" href="http://puenteareo1.blogspot.com/2008/10/cosas-que-deben-morir.html">Cosas que deben morir</a>, en el que mencionaba diez verdades comúnmente aceptadas acerca de la literatura peruana contemporánea y señalaba que en torno a esos asuntos debía producirse una mayor discusión. <br /> <br /></span><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Días después, Peter Elmore me envió un email en el que me proponía, justamente, que ambos debatiéramos el punto 8 de ese post (sobre mi idea de que sería críticamente productivo dejar de tomar al realismo como la necesaria columna vertebral de la tradición narrativa peruana). <br /> <br />Intercambiamos correos a lo largo de algunas semanas, y todos ellos acaban de ser reunidos y recogidos en el número 53 de la revista <span style="font-style: italic;">Hueso Húmero</span>, que dirigen Mirko Lauer y Abelardo Oquendo. <br /></span> <br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Apenas aparezca la edición digital de la revista (la impresa está en circulación desde la semana p</span><span style="font-family:arial;font-size:85%;">asada), colocaré aquí el enlace respectivo. Por ahora, les dejo a continuación el texto de todos los correos, empezando por el primero que me envió Peter. <br /> <br /></span><meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"><meta name="ProgId" content="Word.Document"><meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"><meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"><link style="font-family: arial;" rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CGUSTAV%7E1%5CLOCALS%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"><!--[if gte mso 9]><xml> <w:worddocument> <w:view>Normal</w:View> <w:zoom>0</w:Zoom> <w:punctuationkerning/> <w:validateagainstschemas/> <w:saveifxmlinvalid>false</w:SaveIfXMLInvalid> <w:ignoremixedcontent>false</w:IgnoreMixedContent> <w:alwaysshowplaceholdertext>false</w:AlwaysShowPlaceholderText> <w:compatibility> <w:breakwrappedtables/> <w:snaptogridincell/> <w:wraptextwithpunct/> <w:useasianbreakrules/> <w:dontgrowautofit/> </w:Compatibility> <w:browserlevel>MicrosoftInternetExplorer4</w:BrowserLevel> </w:WordDocument> </xml><![endif]--><!--[if gte mso 9]><xml> <w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"> </w:LatentStyles> </xml><![endif]--><style> <!-- /* Style Definitions */ p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal {mso-style-parent:""; margin:0in; margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:12.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} p.MsoFooter, li.MsoFooter, div.MsoFooter {margin:0in; margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; tab-stops:center 3.0in right 6.0in; font-size:12.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} @page Section1 {size:8.5in 11.0in; margin:1.0in 1.25in 1.0in 1.25in; mso-header-margin:35.4pt; mso-footer-margin:35.4pt; mso-paper-source:0;} div.Section1 {page:Section1;} --> </style><!--[if gte mso 10]> <style> /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Table Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0in 5.4pt 0in 5.4pt; mso-para-margin:0in; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} </style> <![endif]--> <p style="font-weight: bold; color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;font-family:arial;" class="MsoNormal"><span style="font-size:130%;"><span lang="ES-TRAD">Sobre el realismo como matriz de la narrativa peruana<o:p></o:p></span></span></p> <p style="font-family: arial; font-weight: bold;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:100%;" lang="ES-TRAD">Peter Elmore – Gustavo Faverón Patriau<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial; font-weight: bold;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:100%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Querido Gustavo: <!--[if !supportLineBreakNewLine]--> <!--[endif]--><o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Hace poco, en uno de los <i style="">posts</i> de <i style="">Puente Aéreo</i>, escribiste sobre algunos hábitos, lugares comunes, creencias, prejuicios y prácticas que, según entiendes, aquejan y deforman la visión que se suele tener sobre la literatura peruana. En la lista de tus deseos estaba el siguiente: <o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial; color: rgb(102, 102, 102);" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">“Reconsiderar la idea de que el realismo es la matriz nuclear de nuestra tradición narrativa. Incluso si suponemos que dentro de esa modalidad se han producido muchos de los picos de la literatura peruana, y sin duda una cantidad significativa de obras de importancia relativa, el simple ejercicio metódico de dar un paso al costado y buscar, en vez de la consolidación de esta idea, las posibilidades de subvertirla, puede arrojar un resultado valioso y un rediseño de nuestras ideas centrales sobre la tradición local”. <o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial; color: rgb(102, 102, 102);" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Pasabas luego a dar una lista de escritores cuyas obras, piensas, prueban que no son marginales quienes han escrito “fuera del territorio realista”. Nombrabas, entre otros, a Ventura García Calderón, Abraham Valdelomar, Clemente Palma, Martín Adán, Diez Canseco, Eielson, José María Arguedas y Scorza. Añadías luego a varios escritores vivos y en actividad —Colchado, Rosas Paravicino, Alarcón y Castañeda, por eje</span><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">mplo, aunque curiosamente no incluyes a Edgardo Rivera Martínez</span><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">—, con el propósito de reforzar tu argumento, que aparece como invitación y sugerencia: <o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial; color: rgb(102, 102, 102);" class="MsoNormal"><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/ShnoK8KvOnI/AAAAAAAADII/7O7dqRXFPtk/s1600-h/a+palma.jpg"><img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 250px; height: 381px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/ShnoK8KvOnI/AAAAAAAADII/7O7dqRXFPtk/s400/a+palma.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5339554107871935090" border="0" /></a><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">“Entonces, ante el hecho mismo de su abundancia, ¿no cabría recartografiar el mapa de nuestra narrativa, considerando que las aparentes desviaciones y las salidas del código realista no son eso, no son excepciones, sino una serie de constantes vertebradas con tanta solidez como la tradición realista?”<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br />Paradójicamente, el ejercicio de “dar un paso al costado” puede llevarlo a uno muy lejos. A ti, por ejemplo, te lleva a sugerir que habría “una serie de constantes vertebradas con tanta solidez como la tradición realista”. Antes de discutir, valdría la pena repasar la nómina que ofreces, porque algunas inclusiones me parecen dudosas o, por lo menos, discutibles. Luego creo que habría que ponerse </span><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">de acuerdo sobre lo que se quiere decir cuando se afirma que el realismo es la viga maestra de la narrativa peruana moderna. <o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Comenzaré por los difuntos convocados a tu lista. Me llama la atención que pongas, uno tras otro, a García Calderón, Arguedas, Adán, Diez Canseco, Valdelomar y Scorza. Francamente, no me basta la mención de sus nombres como prueba de lo que propones. “La venganza del cóndor”, con sus pasajes macabros y su extraña aclimatación del gótico a los paisajes andinos, es un libro que explora —algunos dirían, creo que con exageración, “que explota”— el abismo entre el país criollo y la población andina. Si algo vincula a los cuentos más interesantes de ese libro es la conciencia —la mala conciencia— del blanco que sabe que sus privilegios generan un resentimiento que puede sentirse elemental y bárbaro, pero que es comprensible y hasta legítimo. A Arguedas no le gustaba, como sabemos, la obra de García Calderón; sin embargo, desde otro lado —es decir, con otra visión y otra experiencia del mundo— también Arguedas explora los desgarramientos de la sociedad y los efectos que esos desgarramientos tienen en la subjetividad y la ubicación de los personajes. No todo, claro, se explica en esa colisión y encuentro entre la costa y los Andes. El sitio de la provincia costeña en la imaginación peruana le debe mucho a Valdelomar, así como una cierta imagen de la vida urbana —popular o de clase alta— anima la ficción de José Diez Canseco. Yo creo que nadie ha propuesto con mas brillo una visión de lo moderno y del sitio del artista en el Perú como Martín Adán en <i style="">La casa de cartón</i>; por supuesto, seria u</span><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">na tontería leer <i style="">La casa de cartón</i> como si fuera <i style="">Duque</i>, pero el libro es también un comentario irónico e imaginativo sobre un balneario, Barranco, que a fines de la década del 20 era uno de los escenarios de la euforia especulativa y modernizadora del Oncenio leguiísta; Adán, distanciándose, lo representa como una fantasmagoría pintoresca y aldeana, recompuesta y rearmada caleidoscópicamente. <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Por su parte, Scorza frecuentó el realismo mágico y, quizás, lo mas curioso de su obra sea que injertó la exuberancia tropical de Macondo en —de todos los lugares posibles— Cerro de Pasco. Aun así, es evidente que el eje dramático de <i style="">Redoble por Rancas</i>, por ejemplo, es la lucha campesina contra los abusos de la Cerro de Pasco Copper Corporation: la novela se presenta como obra de invención, pero también como documento y denuncia. De hecho, tengo la impresión de que algo parecido se puede decir de las obras de Colchado y Rosas Paravicino; no sé si tiene mucho sentido hablar de “neoindigenismo”, pero más allá del rótulo me parece que no es Arguedas, sino más bien Scorza, quien dejó mas huella en los escritores andinos del periodo post-velasquista. En cualquier caso, lo sobrenatural y mágico no aparece en esas obras para hacer que zozobre la razón occidental y moderna, sino con la intención de ilustrar —vicariamente o no— la riqueza y el valor de las culturas subalternas.<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">¿Qué constantes unen a estos escritores? Lo que salta a la vista (y a la lectura) es la variedad que los distingue, a menos que uno le dé la vuelta a la idea de que forman una liga local de disidentes del realismo y, más bien, resalte que, por vías distintas, todos ponen a prueba los lugares comunes sobre la convivencia de clases, géneros, razas y culturas en el Perú republicano. En las ficciones de esos escritores (sin negar, por supuesto, las diferencias enormes de sensibilidad, concepción artística y estilo que los separan) el país no solo provee escenarios, sino que aparece —tácita o abiertamente— como problema y como posibilidad. No quiero decir, por si acaso, que esa dimensión sea la única ni, en todos los casos, la central. Me limito a decir que si uno la sustrae, termina por empobrecer y recortar la lectura.</span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"> <br /><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="text-align: center; font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">---------<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/Shnoja-7FNI/AAAAAAAADIQ/XAnnOB5Gv-0/s1600-h/a+scorza.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 400px; height: 270px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/Shnoja-7FNI/AAAAAAAADIQ/XAnnOB5Gv-0/s400/a+scorza.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5339554528460739794" border="0" /></a><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Querido Peter:<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Tengo la impresión de que, cuando hablamos de “realismo” podemos estar refiriéndonos a cosas distintas. Cotidianamente, asumimos el realismo como la intencionalidad de representar el mundo a través de la obra de arte o de la obra literaria, hurgando en la trama histórica, social, cultural, acaso política, que subyace a las relaciones cotidianas dentro de una cierta comunidad, el mundo representado. En un sentido más estricto, claro, una definición de ese tipo resulta imprecisa por laxa y por excesivamente inclusiva: no queremos asumir que es realista toda novela que intenta lidiar con una estructura social o cultural, sino que lo es la novela que quiere representar ese objeto de una manera determinada. Tampoco queremos suponer que solo desde la clave realista se puede hablar sobre esa trama social, porque la falsedad de esa premisa es cristalina a lo largo de la historia. Asumir como realista toda narración que, como las de García Calderón —y siguiendo tus palabras—, haya sido “una aclimatación del gótico a los paisajes andinos”, o tomar como tal la “fantasmagoría pintoresca” de Martín Adán en <i style="">La casa de cartón</i>, o colocar en esa misma clase al realismo mágico que —como observas— frecuentó Scorza, resulta, pienso, en un relajamiento de cualquier noción productiva de realismo, un relajamiento que, en efecto, permitiría asumir a la sensibilidad gótica, a la mirada fantasmagórica e incluso al realismo mágico como simples avatares del realismo, y no como estéticas y modos de representación fundamentalmente distintos.<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Dices, con razón, que, para continuar nuestra conversación de manera constructiva, primero “habría que ponerse de acuerdo sobre lo que se quiere decir cuando se afirma que el realismo es la viga maestra de la narrativa peruana moderna”. Pienso lo mismo. Creo que, a partir de tus palabras, no será injusto concluir que tú estás adjudicando la naturaleza de realista a toda narración que, como dices de la obra de Arguedas, “explora los desgarramientos de la sociedad y los efectos que esos desgarramientos tienen en la subjetividad y la ubicación de los personajes”. Tampoco sería aventurado (y si lo es ya me lo dirás) concluir que descubres en las obras que llamas realistas una intención de intervención en el debate histórico sobre la construcción de la nación y las iniquidades y perturbaciones a las que ese proceso da lugar. Cuando señalas el objetivo de “documento y denuncia” de la obra de Scorza, por ejemplo, pareces sugerir esto último. Concordaremos en que la intervención en el debate histórico y la necesidad de documentar y denunciar, o, al menos, observar y señalar, acaso diagnosticar, es uno de los valores cuasi omnipresentes de todo realismo. Me parece, sin embargo, que ese tipo de definición vuelve a caer en el riesgo de considerar más la intencionalidad de la obra que su forma, su estética y su modo de concebir la realidad. Yo prefiero constreñir mi idea de realismo a su entendimiento como un modo representacional. No quiero con esto dejar de lado el asunto de la necesidad de exploración histórica y social como uno de los factores para comprender qué cosa es realismo, ni pretendo producir una noción meramente formalista, ni mucho menos sólo estilística, del realismo. Lo que quiero hacer notar es que cuando un autor se aleja de las formas del realismo para introducirse, como García Calderón, en esa extraña fusión de gótico y naturalismo, o, como Scorza, en un realismo mágico de estirpe andina (veraz o no, esa es otra discusión), o, como Martín Adán, en esa forma expansiva de vanguardia que anima a <i style="">La casa de cartón</i>, no lo hace por una simple elección estilística, ni por el prurito de una búsqueda meramente formal, sino porque descubre que ese otro es el único modo de representación capaz de permitirle construir o reconstruir el mundo que animará (o se animará en) su obra.<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Que señales a Scorza como un autor con mayor influencia que Arguedas sobre la narrativa andina de las últimas tres décadas abre, sin duda, una línea muy interesante de conversación, a la que podremos regresar más adelante. Por ahora me parece buena idea hacer notar que una constatación como esa le podría dar una solidez nueva a lo que dije antes: el código realista puede, en efecto, no ser la columna vertebral de nuestra tradición: quizá ha habido más de un cambio de eje, acaso el realismo mágico de Scorza sea una de esas columnas, al menos para un vector de nuestras tradiciones. Dices sobre la obra de Scorza y los escritores andinos que, según propones, de cierto modo caminan sobre su huella:<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial; color: rgb(102, 102, 102);" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">“Lo sobrenatural y mágico no aparece en esas obras para hacer que zozobre la razón occidental y moderna, sino con la intención de ilustrar —vicariamente o no— la riqueza y el valor de las culturas subalternas”.<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial; color: rgb(102, 102, 102);" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Mi punto es que no es necesario, para verificar mi propuesta, que esas obras cuestionen “la razón occidental y moderna”. Es bastante con que hagan lo más visible: cuestionan el modo de representación realista, quizá desechándolo en beneficio de otro que —trampas en que cae el subalterno, o el subalternista— también provienen de esa misma razón, pero que abren una exploración hacia otros rumbos. En otras palabras, incluso si no hay un cuestionamiento de “la razón occidental y moderna”, en esos autores, sí hay una duda fundamental: una sospecha sobre la mentirosa transparencia del signo realista, un afán de distanciar la realidad de la forma en que la realidad es dicha. Allí donde el realista —para decirlo en términos gruesos— tiende a borrar el hiato entre el mundo y su representación, y conduce al lector a la creencia de que la representación y el mundo son idénticos —el realismo elide el estatus del signo como signo, decía Barthes—, autores como Scorza y, creo yo, básicamente, los que mencioné en mi post original, no sólo aceptan convivir con la duda de esa identidad, sino que prefieren señalarla, llamando la atención sobre la artificialidad de sus discursos.<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Pero quizá valga la pena dar otro paso al costado (seamos simétricos), y ver si, antes de seguir por este camino, podemos descubrir, como pedías, cuál es el espacio común en nuestras maneras de entender qué cosa es el realismo, al menos en el sentido en que se suele usar el término para describir nuestra tradición narrativa.</span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"> <br /><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="text-align: center; font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">---------<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/ShnpBB_1DqI/AAAAAAAADIY/HGG-m1txkCc/s1600-h/a+arguedas.jpg"><img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 315px; height: 385px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/ShnpBB_1DqI/AAAAAAAADIY/HGG-m1txkCc/s400/a+arguedas.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5339555037149728418" border="0" /></a><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Querido Gustavo:<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><span style=""> </span><o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Me parece que una de las peculiaridades de la narrativa peruana moderna (frente a, por ejemplo, la del Río de la Plata) es que ha primado en ella, por el lado de los autores y de los lectores, una expectativa que es casi una exigencia: la de que las ficciones se pronuncien sobre la sociedad peruana y sobre lo que significa vivir en ella. Tú haces notar que considero realistas a las obras que, como digo de los relatos de Arguedas, “exploran los desgarramientos de la sociedad y los efectos que esos desgarramientos tienen en la subjetividad y la ubicación de los personajes”. Luego añades:<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial; color: rgb(102, 102, 102);" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">“Tampoco sería aventurado ( y si lo es ya me lo dirás) concluir que descubres en las obras que llamas realistas una intención de intervención en el debate histórico sobre la construcción de la nación y las iniquidades y las perturbaciones a las que ese proceso da lugar”. <o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial; color: rgb(102, 102, 102);" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">No, no es aventurado inferir eso, pero vale la pena precisar algo: lo que entendemos por literatura peruana no es una suma de libros de poesía y ficción y, de hecho, tampoco es solamente la resta crítica en la cual quedan los textos canónicos. Es, sobre todo, el ámbito en el que las obras y sus autores discuten (y son, además, objetos de discusión). Así, <i style="">Agua</i> polemiza, implícitamente, con <i style="">La venganza del cóndor</i>, pero, por otro lado, Mariátegui en “El proceso a la literatura” no describe al indigenismo literario (que casi no existía a mediados de la década del 20 del siglo pasado), sino que prácticamente lo inventa, al punto que después serán otros —Arguedas y Alegría, entre ellos— quienes conviertan esa tendencia posible en un corpus verdadero. Entre los componentes de una literatura nacional está la historia de cómo y para qué se leen los textos literarios (de paso, conviene señalar que aquí no estamos discutiendo sino la producción letrada en castellano; las prácticas simbólicas populares o étnicas, en castellano y en otros idiomas, pertenecen a otros circuitos y tienen otros sentidos). Por varias razones, entre las cuales las menos importantes no son la precariedad de las instituciones y la fragmentación de la sociedad civil, una capa pequeña pero influyente, la de la <i style="">intelligentsia</i>, hizo de la literatura un laboratorio polémico y un museo crítico de la realidad nacional. Eso, creo, empieza a cambiar a fines del siglo XX, pero no al punto de que sean ahora otros los términos en los cuales se crean, se piensan, se sienten y se juzgan las obras literarias nacionales, en especial las de ficción.<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Por cierto, no quiero decir que los lectores hayan leído con anteojos politizados relatos que, en verdad, no trataban sobre las perplejidades y los laberintos de la vida peruana. Lo que me parece es que, entre los creadores y los lectores más influyentes, ha funcionado un consenso tácito: en el centro de las ficciones palpita el deseo de dar cuenta (sin duda, de formas muy distintas) de lo ardua y compleja que es la relación entre los peruanos y la sociedad en la que se insertan. Esa es la razón, creo, por la cual el subgénero que más transita la novela peruana es el <i style="">Bildungsroman</i> o, si se prefiere, el relato de aprendizaje: en su ruta están <i style="">La casa de cartón</i>, <i style="">Los ríos profundos</i>, <i style="">Crónica de San Gabriel</i>, <i style="">La ciudad y los perros</i>, <i style="">El viejo saurio se retira</i>, <i style="">Ximena de dos caminos</i> y <i style="">País de Jauja. </i><o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Para Lukács, el realismo clásico se sostiene en el impulso de comprender las relaciones personales al interior de una totalidad que no es metafísica, sino histórica y concreta. Auerbach, por otro lado, pensaba que lo que distingue a la gran tradición realista del siglo XIX son dos rasgos: el primero,<span style=""> </span>la capacidad de tomar en serio —es decir, de no tratar solamente de manera cómica— la existencia de las capas populares; el otro,<span style=""> </span>la convicción de que la trama de lo cotidiano y actual es la materia que informa la creación artística. No deja de ser irónico que en el siglo XIX, el gran siglo del realismo, nuestro narrador más importante haya sido Ricardo Palma, que en las <i style="">Tradiciones</i> sobreentiende que la vida contemporánea no le sirve para escribir y que, además, parece persuadido de que toda historia y todo personaje tienen que ser vistos a través del lente de un humor liviano y burlón. En <i style="">Respiración artificial</i>, de Piglia, Renzi dice —argumentando ingeniosamente— que para él Borges es el mejor escritor argentino del siglo XIX. Sin la argumentación ingeniosa, pero con malicia, hubo quienes dijeron que Ribeyro era el mejor escritor peruano del siglo XIX. En un sentido que no tiene que ver con los hábitos sintácticos, sino con las premisas de la representación, uno podría decir —exagerando, claro— que los otros grandes escritores del siglo XX peruano también serían candidatos de fuerza a ese título. Acaso sea sintomático que el epígrafe de <i style="">Conversación en La Catedral</i> (“la novela es la historia privada de las naciones”) no sólo sea de Balzac, sino que esté tan bien puesto.</span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"> <br /><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="text-align: center; font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">---------</span></p><p style="text-align: center; font-family: arial;" class="MsoNormal"> <br /><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Querido Peter:<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Es interesante que señales esto: “Entre los componentes de una literatura nacional está la historia de cómo y para qué se leen los textos literarios”. Hay que añadir que también está allí la historia de cómo y para qué se escriben esos textos, y la historia de las discrepancias entre la inclinación que los autores le dan a sus obras y la manera en que los lectores, entrenados o no, las perciben. Y eso incluye la violencia que la crítica puede ejercer sobre una obra. <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/ShnpwXos0bI/AAAAAAAADIg/DH9SXpVbGxE/s1600-h/a+reynoso.jpeg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 258px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/ShnpwXos0bI/AAAAAAAADIg/DH9SXpVbGxE/s400/a+reynoso.jpeg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5339555850412151218" border="0" /></a><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Mencionas el caso argentino y lo comparas con el peruano. Yo sí tengo la sensación de que la forma de lectura predominante en el Perú muchas veces violenta las ficciones para buscar en ellas poco menos que representaciones documentales de nuestra realidad social, incluso cuando ese espíritu no habita en ellas. Una sensación distinta me produce la recepción de mucha literatura argentina en Argentina, y creo que en cierta forma mencionarla viene al caso: aun a pesar de que la literatura argentina suele reclamar el cosmopolitismo y la vinculación europeizante como uno de sus patrones básicos, los lectores y la crítica argentina muy rara vez se quedan en la recepción de su narrativa o bien como el récord de las tribulaciones cuasi-solipsistas del individuo en una sociedad fantasmal o evanescente, o bien como literatura “de los grandes temas universales”. Por el contrario: la crítica argentina busca en su narrativa la raigambre local y su aproximación a lo coyuntural, a lo político, lo social, etc., e incorpora el debate sobre temas como la posición del sujeto en las sociedades contemporáneas o la naturaleza de la individualidad en la modernidad y la postmodernidad, haciendo a estos últimos asuntos parte de la discusión sobre los otros. Es curioso que, cuando hacemos el cruce o miramos por sobre la frontera, los peruanos solemos ver la literatura argentina mediante una variación interesante: Arlt, Wilcock, Lamborghini, Layseca, Piglia, Saer, Pauls, etc., son leídos en el Perú, cuando son leídos, como autores en los que lo realmente crucial y trascendente es la construcción de subjetividades y la atención al desvarío de las sicologías —lo delirante, lo raro, lo idiosincrásico, lo paria, lo segregado, a veces lo autista— obviándose con frecuencia el hecho de que sus ficciones suelen ser respuestas estéticas y también políticas a fenómenos como la migración, el peronismo, el populismo, el caudillismo, la dictadura, etc. Por otro lado, casi nunca queremos leer en Arguedas —o en Gutiérrez o en Reynoso o incluso en Bryce o Ribeyro— el desgarro individual, el descolocamiento del alienado, ese nivel en el que el personaje singular puede cobrar más relieve que su filiación social o su afiliación política. (De hecho, eso de ir más allá de la coyuntura de lo nacional parecemos habérselo delegado enteramente a un par de libros de Vallejo, quien, a juzgar por las frases hechas, es nuestro único “peruano universal”, quizá como reacción defensiva ante su hermetismo).<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Tengo la impresión de que la matriz de <i style="">lectura</i> predominante en la literatura peruana no ha sido ni siquiera el realismo, como decía al principio, y en lo que concuerdas tú, sino más bien una forma perentoria de realismo social (no digo socialista, claro), casi documental: leemos literatura como quien lee los hallazgos de sociólogos y antropólogos —no tengo que mencionar el polémico caso del descarte de la obra de Arguedas en la recordada mesa redonda— y la aceptamos y la rechazamos, entonces, no en función de una evaluación estética que incluya pero no se circunscriba a la trama social, sino en función de una parcial y, por qué no decirlo, algunas veces miope evaluación sobre su valor de verdad representacional. <o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Cuando digo que el ejercicio de revisar la posición crucial del realismo en la construcción de nuestro canon puede dar frutos interesantes, me refiero a eso: que el proceso del canon peruano —lo que muy elocuentemente llamas “resta crítica”— se ha hecho siempre, invariablemente, desde una hermenéutica realista, es decir, una que consuetudinariamente ha buscado canonizar los libros que parecen ofrecer algo de interés no a la tradición de la narrativa peruana, sino a la tradición de la lectura documental del realismo social peruano. Nada más engañoso que seleccionar a partir de esa premisa para luego concluir que en el Perú lo realista ha sido siempre lo crucial.<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Citas a Auerbach y a Lukács y entonces es oportuno recordar que el interés de Auerbach no era fundamentalmente caracterizar el realismo tal como éste se había formulado y reformulado a lo largo del siglo diecinueve (el realismo que más interesa a Lukács), sino descubrir los avatares del realismo en tres mil años de literatura: el realismo de Auerbach no es, estrictamente hablando, el que busca comprender la posición del sujeto social, individual o colectivo, en el mundo de los estados nacionales (ése sería el realismo que más a la mano tenemos nosotros, el primero en que pensamos cuando hablamos de realismo), sino la evolución de la mímesis desde la consideraciones de Platón sobre ella hasta las formas que toma en el primer tercio del siglo veinte. Sé que Auerbach está quizás más cerca de tu corazón que cualquier otro crítico, por eso imagino que tu uso del término “realismo” está profundamente influido por él: en efecto, si hablamos de la mímesis realista como la entendía Auerbach, fácilmente podremos inscribir en el realismo al realismo mágico, al indigenismo o al neoindigenismo abiertos al relato mítico o a la incursión en lo maravilloso, tal como Auerbach lo hallaba en cantos épicos medievales, narraciones y poemas renacentistas y todavía antes, astillado pero presente, y germinal, en Homero o en Petronio. No caes tú, entonces, lo entiendo, en la trampa de buscar una forma básica de realismo “social” en todo texto narrativo peruano, pero acaso caigas en otra: en los sesenta años pasados luego de <i style="">Mimesis</i>, es difícil imaginar literatura que no cumpla con los rasgos distintivos del realismo de Auerbach: quizá atribuírselo a una tradición como rasgo axial sea una generalización inconducente.<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Si tuviera que resumir mi posición en esta conversación hasta aquí, lo haría de la siguiente manera: para pedir una revisión de la idea de que el realismo es la espina dorsal de nuestra tradición narrativa, no es necesario desconocer la preocupación mayoritaria de los narradores peruanos por hacer de las tramas sociales, culturales y políticas del Perú, y de la forma en que los sujetos se insertan en esas tramas, un objeto central de sus obras. Esto último se debe aceptar sin desmedro de preguntarse por qué con tanta frecuencia autores como Arguedas, Scorza, Rivera Martínez, Colchado Lucio, Rosas Paravicino, Prochazka, Alarcón, Adolph, Reynoso, etc., se sienten inclinados a buscar las claves y los modos de representación fuera de los linderos del realismo. Mi propia impresión es que no se trata de una simple disidencia, o una serie de disidencias, ni tampoco de un fenómeno distinto en cada caso, sino de una tendencia que se va reforzando desde hace décadas y que tiene que ver con el agotamiento del proyecto creativo realista, históricamente asociado entre nosotros con el proceso de construcción de lo nacional. Lo que perdura ahora, lo que insiste en tomar el centro del escenario, es el viejo modelo de lectura realista, y de sus variantes documentales y antropológicas, incluso cuando el corpus de nuestra narrativa empieza a quedar cada vez más lejos de ser interpretable en esos términos.</span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"> <br /><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="text-align: center; font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">---------<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Querido Gustavo:<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Cuando leo la transcripción del conversatorio sobre <i style="">Todas las sangres</i> que el IEP organizó en junio de 1965, lo que más me llama la atención no es la poca perspicacia de algunos (no todos, ciertamente) de los participantes, sino la reacción emotiva y visceral del propio Arguedas. El título que los editores le han puesto a la transcripción <i style="">(¿He vivido en vano?</i>) resume bien esa reacción. Arguedas siente que se le niega una condición de testigo e intérprete de la realidad andina. Eso, literalmente, le duele en el alma. Mucha agua ha corrido bajo los puentes desde entonces, sin duda, pero ese conversatorio me parece que interesa aún como escena de un desencuentro entre la persona del escritor y la presencia de los lectores. No se trata, a decir verdad, de un auto de fe en el cual los verdugos queman en la hoguera al autor por no haber sabido reflejar al Perú en su obra. En ese debate, Alberto Escobar (que era un lector muy agudo y uno de los críticos que mejor ha pensado la tradición moderna en la narrativa y la poesía peruanas) sitúa bien las cosas; en contraste, Henri Favre, un sociólogo francés al que Arguedas casi le doblaba la edad y le multiplicaba la experiencia, le informa a Arguedas que éste representa de manera anacrónica y errada la realidad andina. Entre esos dos márgenes, hay un espectro de posiciones. No creo que hoy en día ningún escritor o escritora del Perú sienta, como en su momento sintió Arguedas, que la supuesta falta de fidelidad a la “realidad social” descalifica su obra y vacía de sentido su existencia.<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/ShnqLWWsVeI/AAAAAAAADIo/YGbhq7whwlM/s1600-h/a+loayza.jpg"><img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 400px; height: 316px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/ShnqLWWsVeI/AAAAAAAADIo/YGbhq7whwlM/s400/a+loayza.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5339556313924654562" border="0" /></a><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Tampoco creo que, salvo en casos más bien marginales, quienes escriben y piensan sobre la literatura peruana lo hagan buscando “canonizar los libros que parecen ofrecer algo de interés no a la tradición de la narrativa peruana, sino a la tradición de la lectura documental del realismo social peruano”, como dices tú. Para mí, el libro más lúcido (aparte de mejor escrito) sobre nuestra literatura es <i style="">El sol de Lima</i>, de Luis Loayza. En las notas y ensayos que forman ese libro, Loayza hace (un poco al sesgo y, al parecer, sin proponérselo del todo) un examen a partir de varias calas, algunas en obras peruanas y otras en textos extranjeros, de los modos en que la narrativa ha servido para darle forma a la imagen del país. Esa imagen del país y de la experiencia de quienes en el Perú han hecho su educación sentimental está, pienso, en el centro mismo de nuestra tradición literaria. Loayza no lee como Mariátegui (que, por cierto, tampoco iba en busca de simulacros verbales de la realidad peruana). Los dos, sin embargo, perciben que la puesta en escena de las relaciones entre el sujeto peruano y la sociedad de su filiación es, en definitiva, el centro de gravedad de mucho de lo más significativo que ha producido la literatura peruana.<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Paso a Auerbach (a quien admiro tanto como a Curtius, Bakhtin y Walter Benjamin: en todos ellos, la crítica es un modo de alta creación). Lo que glosé en mi mensaje anterior son las ideas de Auerbach sobre la estética del realismo “tal como éste se había formulado y reformulado a lo largo del siglo XIX”, para usar tus propias palabras. <i style="">Mímesis</i> no es un libro que pretende “descubrir los avatares del realismo en tres mil años de literatura” ni es cierto que<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial; color: rgb(102, 102, 102);" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">“el realismo de Auerbach no sea, estrictamente hablando, el que busca comprender la posición del sujeto social, individual o colectivo, en el mundo de los estados nacionales (ése sería el realismo que más a la mano tenemos nosotros, el primero en que pensamos cuando hablamos de realismo), sino la evolución de la mímesis desde las consideraciones de Platón sobre ella hasta las formas que toma en el primer tercio del siglo XX”. <o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial; color: rgb(102, 102, 102);" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Auerbach se propone exponer los modos particulares de “la representación de la realidad” que hallamos desde los poemas homéricos y los relatos bíblicos hasta el altomodernismo de Virginia Woolf. En esa historia, que es rica y larga, el realismo es un capítulo, históricamente delimitado. Los dos rasgos que glosé —el tratamiento serio o trágico de una materia que no es socialmente “elevada”; el énfasis en lo cotidiano y contemporáneo— son justamente los que, según Auerbach, distinguen al realismo moderno de otros modelos de mímesis.<span style=""> </span>Es en el capítulo sobre Stendhal —el decimoctavo de los veinte que componen <i style="">Mímesis</i>— donde Auerbach expone estas ideas. Es ahí también donde apunta que “el fundador del realismo moderno es Stendhal, en la medida que el realismo moderno representa al ser humano dentro de la trama de una totalidad que es política, social y económica --es decir, dentro de una realidad que es concreta y está en constante cambio—”. Aunque en <i style="">Rojo y negro</i> aparece fugazmente un peruano, como sabemos, no es por eso que invoco esta cita sobre Stendhal, sino porque pienso que la reflexión de Auerbach sobre el realismo moderno es iluminadora también para el caso peruano. El realismo, así, no es una estética que quiere hacerse pasar por una réplica transparente de la ‘realidad’; es más bien, el arte que concibe que la índole de lo real es, raigalmente, histórica (es decir, que es política y secular). <o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style="font-size:85%;"><i style=""><span style="" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></i></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style="font-size:85%;"><i style=""><span style="" lang="ES-TRAD"> <br /></span></i></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style="font-size:85%;"><i style=""><span style="" lang="ES-TRAD">Agua</span></i></span><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> y <i style="">Yawar Fiesta</i> son libros escritos desde (y en tensión con) la estética del realismo. Lo mismo puede decirse de <i style="">Conversación en La Catedral</i> y <i style="">La<span style=""> </span>casa verde, </i>así como de <i style="">La violencia del tiempo</i> y <i style="">País de Jauja</i>. Incluso novelas que, como <i style="">El cuerpo de Giulia-no</i>, no se someten al régimen de verosimilitud del realismo, sí participan de algo que está en el centro de la poética realista: la convicción de que la experiencia personal se entiende dentro de un haz de relaciones de clase, género, generación y etnicidad que se hallan históricamente determinadas y que, en el caso nuestro, se expresan como una relación agónica y paradójica con la sociedad peruana. Es por eso, pienso, que la novela de aprendizaje es el género más poblado y más significativo en la literatura peruana moderna. En otra línea, acaso sea también sintomático que dos de los lectores más alertas de la ficción narrativa y el imaginario peruanos —Jorge Basadre y Alberto Flores Galindo— fueran historiadores.</span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"> <br /><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="text-align: center; font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">---------<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Querido Peter:<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Tus citas de Auerbach me hicieron dudar por un rato si mi memoria podía haber traicionado su lectura tan radicalmente. Afortunadamente, no es así. En efecto, como decía, Auerbach sí señala que, antes de su versión decimonónica, <o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial; color: rgb(102, 102, 102);" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">“tanto durante la Edad Media como a lo largo del Renacimiento, un serio realismo había existido. Había sido posible en literatura así como en las artes visuales representar los fenómenos más cotidianos de la realidad en un contexto serio y significativo. La doctrina de los niveles de estilo no tenía validez absoluta. No importa cuán distintos el realismo medieval y el moderno puedan ser, eran uno en esta actitud básica”.<span style=""> </span><o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial; color: rgb(102, 102, 102);" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">De hecho, en el epílogo de <i style="">Mimesis</i>, Auerbach explica los motivos por los cuales su libro no intenta ser una historia “sistemática y completa del realismo”, sino una que elige ciertos hitos en la evolución del realismo y salta de época en época a la búsqueda de “obras realistas de carácter y estilo serio”. Por otro lado, no veo en qué se diferencia mi caracterización del libro, que, según digo,<span style=""> </span>estudia “la evolución de la mímesis desde las consideraciones de Platón sobre ella hasta las formas que toma en el primer tercio del siglo XX”, de la tuya: “Auerbach se propone exponer los modos particulares de ‘la representación de la realidad’ que hallamos desde los poemas homéricos y los relatos bíblicos hasta el altomodernismo de Virginia Woolf”.<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Una cosa quiero decir acerca de lo que llamas “el centro de la poética realista” —en tus palabras: “la convicción de que la experiencia personal se entiende dentro de un haz de relaciones de clase, género, generación y etnicidad que se hallan históricamente determinadas”—. Eso no es un rasgo exclusivo del realismo, sino uno de los saberes comunes de la modernidad, que no sólo ha servido de punto de inflexión para el surgimiento del realismo decimonónico y posterior: lo fantástico, lo real-maravilloso, el realismo mágico, el absurdo, no existirían en sus variantes contemporáneas si no partieran de la misma aceptación: todos ellos respiran en tensión con la razón moderna. Lo que los distingue del realismo no es que aquellos, a diferencia de este, desconozcan que la experiencia individual está históricamente determinada y crucialmente entretejida con redes sociales mayores y omnipresentes: es la creencia de que el régimen representacional del realismo no es suficiente para expresar la relación del sujeto con el mundo. Y el régimen representacional de un género o de un modo narrativo no puede ser reducido fácilmente y de un solo plumazo a su “régimen de verosimilitud”. Porque, mientras este último implica solo un movimiento de correspondencia estructural dentro de la obra (en efecto, en <i style="">Cien años de soledad</i>, dado su universo, es verosímil que un hombre muera dormido porque no alcanzó a abrir la última puerta en el corredor de sus sueños), el régimen representacional es la base ontológica del texto, es decir, él implica la decisión de qué cosa existe y qué cosa no existe en el mundo y —sólo consecuentemente— en la representación del mundo en la ficción: lo fantástico, lo real maravilloso, el realismo mágico, etc., en sus avatares contemporáneos, no niegan la imposibilidad de entender al sujeto sin considerar su posición en la red social (es decir, simplemente, son tan modernos como el realismo; les es inevitable), pero sí añaden otros elementos, proponen o sugieren la existencia de otras cosas, y es al hacerlo que entran en choque con la razón realista. Decir de un texto concebido dentro de estas poéticas que, sin importar todo aquello, en el fondo tiene una intención realista, implica verlo de manera parcial, borrar precisamente los datos que lo distinguen, reducir o descartar la diferencia como “cuestión de verosimilitud”, como si todo aquello que se añadiera al principio realista, y que entrara en tensión con él, fuera superfluo o secundario. Reducir la obra de Scorza, ciertos cuentos de Arguedas o de García Calderón, la novela de Martín Adán, la narrativa de Colchado, incluso las novelas breves de Reynoso, a la categoría de ficciones “de intención realista” implica una reducción de ese tipo, precisamente.<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Si seguimos tu caracterización, <i style="">El tambor de hojalata</i>, “El milagro secreto” o, para poner un ejemplo rico para los peruanos, y que te implica directamente, el teatro de Yuyachkani, serían ni más ni menos que realistas (en tanto en ellos no es posible entender al individuo fuera de sus relaciones —étnicas, nacionales, culturales, etc.— con la historia y la sociedad), salvo por un pequeño y poco importante viraje en el “régimen de verosimilitud”. Pero eso sería como afirmar que el rasgo fantástico de <i style="">El tambor de hojalata</i> no es más que un capricho formal, y no un dispositivo puesto ahí para recusar, precisamente, la noción realista y moderna de la historia, o que el milagro de “El milagro secreto” es una simple variación de la verosimilitud y no un intento de ensanchar nuestra comprensión de la realidad más allá de la realidad positiva, o que Yuyachkani no quiere, precisamente, explorar la historia y la sociedad y el lugar del sujeto en ellas rompiendo crucialmente con el régimen representacional —ontológico— del realismo, y no simplemente con una noción textual de verosimilitud realista.<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/ShnqcBTez_I/AAAAAAAADIw/7RO1hAXKazA/s1600-h/a+vargas+llosa.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 214px; height: 257px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/ShnqcBTez_I/AAAAAAAADIw/7RO1hAXKazA/s400/a+vargas+llosa.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5339556600331816946" border="0" /></a><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Yo también quisiera que lecturas de nuestra tradición como la de Luis Loayza tuvieran un emplazamiento preponderante en nuestra crítica. Quisiera decir que sus ensayos están “en el centro de nuestra tradición literaria” y que el tipo de recepción crítica al que he aludido no representa sino un conjunto breve de “casos más bien marginales”. Creo que es <i style="">wishful thinking</i>. Sospecho que la crítica académica peruana, o peruanista, no se asoma casi nunca a los ensayos de <i style="">El sol de Lima</i> para comprender la evolución de nuestra tradición. Creo que más común es que nuestra narrativa sea recibida como ocurrió, por ejemplo, con <i style="">Historia de Mayta</i> o <i style="">Lituma en los Andes</i>, es decir, con reclamos a su inexactitud o protestas ante su desviación con respecto de la ‘verdad histórica’ —cualquier cosa que ello signifique—, y me temo que esas reacciones tienen que ver precisamente con el hecho de que Vargas Llosa haya, si bien no abandonado, al menos matizado su realismo en ambas novelas: para cuestionar el poder representacional del realismo, con el recurso reflexivamente cuestionador de la <i style="">mise en abyme</i>, en <i style="">Historia de Mayta</i>, o para ensanchar las dimensiones interpretativas de su ficción, con la apropiación del ‘método mítico’ descrito por Eliot, en <i style="">Lituma en los Andes</i>. <o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">(De hecho, tengo la impresión no sólo de que las novelas peruanas tienen, como dije, sistemáticamente, menos probabilidades de canonización mientras más se alejen de la poética realista, sino que algunas veces les basta incluso con alejarse de los escenarios peruanos para ser consideradas secundarias en general o secundarias con respecto al resto de la obra de sus autores: <i style="">Babel, el paraíso</i> de Gutiérrez y <i style="">Los eunucos inmortales</i> de Reynoso son dos buenos ejemplos, pero también resulta sintomático que <i style="">La vida exagerada de Martín Romaña</i> esté tan detrás de <i style="">Un mundo para Julius</i> en la imaginación de quienes piensan nuestro canon, o que <i style="">La casa verde</i> y <i style="">Conversación en La Catedral</i> sean repetidas piedras de toque de esta discusión en la que no se ha hablado de <i style="">La guerra del fin del mundo</i> —en cuya memorable última línea, por otra parte, pareciera deslizarse la primera duda del realismo en toda la obra de Vargas Llosa. Creo que todo eso también tiene que ver con esa tácita exigencia crítica según la cual, si espera reclamar el centro del escenario, una novela peruana <i style="">debe</i> decir algo muy explícitamente acerca del Perú).<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Creo que hace falta un cambio radical en la percepción de la crítica, uno que, por ejemplo, permita que las obras narrativas de Carlos Calderón Fajardo, José B. Adolph, Mirko Lauer, Iván Thays, Enrique Prochazka o Augusto Higa (para no hablar de los más jóvenes, como Luis Hernán Castañeda o Daniel Alarcón: tiempo al tiempo), y un largo etcétera, puedan ser percibidas con cierta sistematicidad, y no como una inundación de idiosincrasias, una suma de excepciones que, curiosamente, sobre todo en las últimas dos décadas, empieza a parecer más numerosa que el conjunto de obras que la lectura realista logra barajar.</span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"> <br /><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="text-align: center; font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">---------<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Querido Gustavo:<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Esta conversación surgió de una convicción (¿o es una intuición?) tuya: la de que el realismo no es en rigor “la matriz nuclear de nuestra tradición narrativa”. En el último párrafo de tu mensaje anterior mencionas a varios escritores en actividad —uno podría añadir, con justicia, a Iwasaki y Rivera Martínez— y dices que sus obras no son “una suma de excepciones”, lo cual supone que las ves dentro de una corriente que fluye en el mismo sentido. ¿Cuál es ese sentido? Tú te abstienes de precisar en qué podría radicar la “sistematicidad” de la lectura de ese conjunto de libros. Uno podría deducir que tienen en común su alejamiento del realismo, pero me imagino que algún otro criterio usarás tú. ¿Cómo podría ser esa la clave, si piensas que el realismo no marca a nuestra tradición literaria?<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Noto un deslizamiento en tus intervenciones, que resulta revelador: me parece que lo que quieres discutir no es tanto la tradición narrativa peruana, sino las líneas de fuerza en la prosa de ficción contemporánea. Para eso, no hay ninguna necesidad de negar que el realismo —sobre todo como poética y, también, como modo de representación— es crucial en nuestra narrativa: ¿sería la misma nuestra visión de la novela peruana moderna si no existieran <i style="">El mundo es ancho y ajeno</i> o <i style="">La guerra del fin del mundo</i>? Ambas ficciones son muy distintas entre sí, por supuesto, pero no sólo las acerca una palabra compartida en sus títulos: las dos se sostienen en la premisa de que el lenguaje artístico puede dar cuenta de la experiencia social e histórica de un modo que es, al mismo tiempo, crítico y creativo. En el caso peruano, el realismo es parte del código genético tanto de obras de molde decimonónico como de textos altomodernistas y dispuestos a la experimentación formal. Eso no quiere decir, en absoluto, que el estilo no importe (de paso, doy la definición de René Daumal, que es la que más me gusta: “El estilo es la huella de aquello que se es sobre aquello que se hace”). Estoy convencido de que, en el arte, la forma es el contenido que cuenta. Y aclaro, ya que estamos en esto, un reparo tuyo acerca del “régimen de verosimilitud”. Un cuento fantástico como “El milagro secreto”, de Borges, difiere en un punto radical de un relato mágico realista como <i style="">Pedro Páramo</i>. En el cuento de Borges, la irrupción de lo imposible en el ámbito del mundo representado hace zozobrar la noción de realidad moderna y racionalista al poner en suspenso la idea de un tiempo lineal y sucesivo. En <i style="">Pedro Páramo</i>, lo “imposible” proviene del repertorio de valores y creencias de una comunidad popular subalterna, históricamente determinada, que interviene en la sustancia misma del mundo representado y sirve para constituirlo: de ahí que entre el neorrealismo de los cuentos de <i style="">El llano en llamas</i> y el realismo mágico de <i style="">Pedro Páramo</i> haya, junto a diferencias radicales en la representación, una continuidad crucial.<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/Shnq7lAkxbI/AAAAAAAADI4/iQlShuqUxts/s1600-h/a+Miguel+Guti%C3%A9rrez.jpg"><img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 275px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/Shnq7lAkxbI/AAAAAAAADI4/iQlShuqUxts/s400/a+Miguel+Guti%C3%A9rrez.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5339557142492136882" border="0" /></a><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Paso a otro punto. Si hablamos de la literatura peruana actual, ¿valdría la pena negar la vena realista en, por ejemplo, Miguel Gutiérrez, Oswaldo Reynoso, Alonso Cueto, Fernando Ampuero, Abelardo Sánchez León o Jorge Eduardo Benavides? Sería, creo, un error y un desperdicio. Dicho esto, paso a apuntar que para mí lo más interesante en el campo de la narrativa peruana de las dos últimas décadas es que ya la vertiente realista (y, con ella, la demanda ética de dar cuenta siempre de la realidad peruana) no domina hasta el punto de ejercer una especie de presión disuasiva sobre los escritores peruanos: ahora es <i style="">una</i> de las posiciones en un espectro de obras (y éste es el otro fenómeno que me parece importante) escritas por autores de varias generaciones. Entre otros, Mario Bellatin tuvo un papel importante en ese proceso (y, de hecho, es significativo que importe poco que sea mexicano y peruano, como tampoco pesa gran cosa que Alarcón escriba en inglés). Por cierto, no creo que prevalezca la “tácita<span style=""> </span>exigencia crítica según la cual, si espera reclamar el centro del escenario, una novela peruana <i style="">debe</i> decir algo muy explícitamente acerca del Perú”. Pienso en un libro reciente, <span style=""> </span><i style="">Alegoría y nación</i>, de Juan Carlos Galdo, en tu prólogo para la antología <i style="">Toda la sangre</i> y en aquellos ensayos sobre libros peruanos que Miguel Gutiérrez incluye en <i style="">El pacto con el diablo. </i>Son textos críticos que reflexionan sobre obras en las que el mundo representado y el sentido de la escritura “dicen algo muy explícitamente acerca del Perú”, pero ni Galdo ni tú ni Gutiérrez juzgan los logros o las carencias de los relatos como si la obligación del crítico fuera oficiar de comisario nacionalista. Antonio Cornejo Polar, que influyó tanto a quienes hacían (o hacen) una crítica de orientación social o sociológica, claramente estaba muy lejos de ser un censor y un mero propagandista; estoy seguro de que no te referías a él, como tampoco podrías tener en mente a Julio Ortega, José Miguel Oviedo o a Mirko Lauer. ¿Quiénes son, entonces, los autores de esos artículos y libros que sí tienen “un emplazamiento preponderante en nuestra crítica”? No me parece que me cegara el optimismo cuando escribí que <i style="">El sol de Lima</i><span style=""> </span>es un libro clave en nuestra tradición, y tampoco creo que sea triunfalista no compartir la sensación de que “la forma de lectura predominante en el Perú muchas veces violenta las ficciones para buscar en ellas poco menos que representaciones documentales de nuestra realidad social, incluso cuando ese espíritu no habita en ellas”. El panorama es más plural y más complejo. Es, también, más polémico.</span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"> <br /><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="text-align: center; font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">---------<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Querido Peter,<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Como diría el Borges de “El aleph”, de bruces en la escalera al sótano en casa de Carlos Argentino Daneri, “arribo, ahora, al inefable centro de mi relato”. No creo que todos los que se abstienen del realismo se sitúen en un mismo campo o lo hagan por una sola razón. Tampoco me parece subestimable, aunque sí insuficiente, la recusación del realismo como rasgo para localizar el fenómeno. Pero sí me parece que hay un tanto de malabarismo en la forma en que enuncias tu primera pregunta: <o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial; color: rgb(102, 102, 102);" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">“Uno podría deducir que </span><span style=";font-size:85%;" lang="ES-PE">[autores como </span><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Calderón Fajardo, Adolph, Lauer, Thays, Prochazka, Higa, Castañeda, Alarcón</span><span style=";font-size:85%;" lang="ES-PE">] </span><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">tienen en común su alejamiento del realismo, pero me imagino que algún otro criterio usarás tú. ¿Cómo podría ser esa la clave, si piensas que el realismo no marca a nuestra tradición literaria?"<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial; color: rgb(102, 102, 102);" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Por supuesto, yo no he dicho que el realismo no <i style="">marque</i> la tradición narrativa peruana, sino que sería críticamente productivo dejar de percibir al realismo como <i style="">la</i> espina dorsal de esa tradición. De hecho, he señalado que la ideología que subyace al realismo (el historicismo, ciertas formas de materialismo, la mirada antropológica, la concepción del individuo como ser eminentemente social) marca en mayor o menor grado toda tradición narrativa de la modernidad, en especial desde el siglo diecinueve. Ahora bien, afirmar que la abundancia de autores peruanos que elaboran su obra al margen del realismo demuestra que el realismo es en virtud de esa negación la espina dorsal de nuestra narrativa me parece un argumento difícil de defender. Incluso si tu idea es afirmar que quienes no son realistas son meros disidentes inevitablemente marcados por aquello que rechazan, esa seguiría siendo una manera tendenciosa de enfrentar el tema: acusar al contrarreformista de reformista, al romántico de barroco. En la práctica, en nuestro tema, implicaría suponer que Prochazka es un mero objetor de Vargas Llosa, Colchado un discípulo discrepante de Arguedas o Castañeda un contrincante de Ribeyro. No lo creo. Pienso, más bien, que escritores como Colchado, por una parte, y Prochazka o Castañeda por otra, para mencionar a autores de tres generaciones distintas, son resultados naturales de nuestra tradición, con sus propias líneas y genealogías, que han crecido al margen del realismo estricto. Y los dos últimos son también productos de un nuevo fenómeno de búsqueda cosmopolita (el más notorio desde los sesentas), que les permite no encontrar un padre para el parricidio en Vargas Llosa, pero que tampoco lo ven como modelo u objeto de emulación (cosa que le fue más ardua a la generación de Cueto, o a la tuya, que también es la de otros escritores importante que mencionas, como Jorge Eduardo Benavides o Fernando Iwasaki).<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Veo la narrativa peruana reciente como nucleada en torno a dos centros diferentes, dos centros principales. Primero, están quienes toman como objetivo central de su obra la comprensión de las realidades sociales y culturales andinas no atendiendo a la poética realista ni inscribiéndose en el realismo como discurso representacional, sino, más bien, inclinándose por la incorporación de discursos míticos, un tanto sobre la huella de Manuel Scorza —más que sobre la novelística de Arguedas, como bien señalaste tú al principio de esta discusión—. Esa tendencia, sin embargo, también estaba ya en la narrativa breve del propio Arguedas. La inclinación a la incorporación de lo mítico y lo mágico no es un descubrimiento del siglo pasado: tiene un antecedente suficientemente estudiado en las letras coloniales, reaparece como recurso romántico en ciertas tradiciones de Palma o Matto de Turner, subsiste como mirada exotizante en García Calderón, con valor de interpelación en López Albújar, atraviesa la obra de Scorza, se reelabora inteligentemente en la de Colchado Lucio, Rosas Paravicino, Félix Huamán, Julián Pérez, se filtra en los cuentos de Rivera Martínez, persiste, aunque me temo que con menos brillo, en las generaciones más recientes de los llamados autores “andinos”. Es una línea que ha asomado incluso, como dije, en la duda del realismo al final de <i style="">La guerra del fin del mundo</i>, duda que el mismo Vargas Llosa ha puesto en escena en esa compleja novela que es <i style="">El hablador</i>.<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Luego, está la numerosa y cada vez más predominante secuela de la narrativa urbana que no ingresa en el círculo del realismo como poética, ni como paradigma representacional, ni como herramienta de conocimiento, y que se encamina, más bien, a la construcción de universos paralelos, enrarecidos, edificados a través de discursos a veces paranoides, a veces esquizoides, que no intentan comprender la ciudad como el producto necesario de un devenir histórico, sino reconstruirla sincrónicamente como un laberinto delirante y en gran medida incógnito, o incluso incognoscible: tus propias novelas se encaminan a ello crecientemente, pero también la obra de Enrique Prochazka, Luis Hernán Castañeda, Daniel Alarcón. Tú mencionas a Julio Ortega. Recordarás su polémico artículo sobre las novelas cruciales de Hispanoamérica en el siglo XX, en el que no incluía libro alguno de Vargas Llosa pero sí <i style="">La vida exagerada de Martín Romaña</i>, de Alfredo Bryce. La omisión de Vargas Llosa me resulta, por supuesto, una decisión extrema e injusta; pero no así la inclusión de Bryce: en su novela se reúnen, en efecto, varios elementos considerables de cierta tradición narrativa peruana del siglo veinte: la noción del yo como piedra angular y casi excluyente de una narración en la que las trazas de la diacronía y de la historia parecen borrarse y desaparecer en la pura subjetividad. No es un asomo insólito: está insinuado en el inmediatismo de la percepción en <i style="">Duque</i> de Diez Canseco, en <i style="">El cuerpo de Giulia-no</i> de Eielson, en <i style="">La casa de cartón</i> de Martín Adán, y, de manera diferente, en <i style="">Salón de belleza</i>, de Mario Bellatin, novelas todas ellas a las que en el futuro sólo les puede esperar el rescate y la revaloración: los libros que hoy se escriben a su sombra, como quería Borges en “Kafka y sus precursores”, se encargarán de rehacerlas y redescubrirlas con un nuevo valor.<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style="font-size:85%;"><i style=""><span style="" lang="ES-TRAD"> <br /></span></i></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/ShnrU3e4FRI/AAAAAAAADJA/Bve1qeA0zYc/s1600-h/a+martin+adan.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 300px; height: 373px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/ShnrU3e4FRI/AAAAAAAADJA/Bve1qeA0zYc/s400/a+martin+adan.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5339557576947799314" border="0" /></a><span style="font-size:85%;"><i style=""><span style="" lang="ES-TRAD">La vida exagerada de Martín Romaña</span></i></span><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> también se inscribe en otra genealogía: la de las novelas construidas sobre la idea de tránsito, de viaje y de alienación con respecto al país y la nación: la trayectoria va desde Bryce hasta <i style="">El viaje interior</i> de Thays muy directamente, y ha ingresado en la obra de Vargas Llosa con <i style="">Travesuras de la niña mala</i>, que incluso parece tomar de Bryce una mirada más romántica que materialista de la historia, no la de los grandes movimientos sociales, sino la de sus casi imperceptibles repercusiones en la emotividad de uno o dos sujetos. No la “historia privada de las naciones” sino la memoria íntima del sujeto al que la historia apenas le sirve de marco o de gatillo para la alienación.<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Diez Canseco, Eielson, Martín Adán, Calderón Fajardo, Bellatin, Lauer, el Reynoso de las últimas novelas breves (que, en efecto, están escritas al margen de la intención realista), Prochazka, Thays, Alarcón, Castañeda: sobre pocos de ellos se podrá decir que han olvidado la preocupación de entender las redes que unen al sujeto con su coyuntura social y el devenir, pero lo que los vincula unos a otros no es ni la escritura realista (que no comparten) ni el designio racionalista moderno (que la mayor parte de ellos deja de lado): los enlazan, más bien, la intuición del mundo (a veces el urbano, a veces el íntimo, el interior) como patología, delirio, máscara impenetrable o desvarío; los unen la tendencia a la irrealidad y la licencia de construir universos narrativos a través de discursos no representacionales. No veo la necesidad de entender sus obras como destilaciones laterales o subproductos del realismo; de hecho, pienso que un vicio no suficientemente discutido del oficio crítico en nuestro tiempo es el de suponer, aunque no siempre explícitamente, sí implícitamente, que el realismo es <i style="">by default</i> una suerte de grado cero de la narrativa, a partir del cual toda otra poética contemporánea se debe explicar como una recusación o una construcción levantada en tensión con esa otra, que sería siempre la viga mayor. <o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"> <br /></span></p><p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD">Pero, como dices, esto es una intuición y, como tal, es debatible y acaso desmontable.<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:85%;" lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p> <br /> <br /> <br /><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17920328-4290989492806438435?l=puenteareo1.blogspot.com'/></div>Gustavo Faverón Patriauhttp://www.blogger.com/profile/13509602281323253970noreply@blogger.com16tag:blogger.com,1999:blog-17920328.post-82292371140303138562009-05-22T12:29:00.004-04:002009-05-22T20:02:38.517-04:00La función de la literatura<span style="font-size:85%;"><span style="color: rgb(102, 102, 0);font-size:130%;" ><span style="font-weight: bold;font-family:arial;" >Encuesta: unas cuantas preguntas abiertas</span></span><br /><br /><a style="font-family: arial;" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/Shc5wbO2--I/AAAAAAAADH4/EPsADzeCkmE/s1600-h/Woman+writer2.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 328px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/Shc5wbO2--I/AAAAAAAADH4/EPsADzeCkmE/s400/Woman+writer2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5338799387377597410" border="0" /></a><span style="font-family:arial;">Hasta hace unas décadas, la pregunta "¿para qué sirve la literatura?" no parecía ni ociosa ni trivial ni mucho menos inútil. Era una pariente cercana de las preguntas "¿cuál es la función del escritor?" y "cuál es el compromiso del escritor?, por demás frecuentes en aquel tiempo".</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">De alguna manera, en años más recientes, sobre todo fuera del ámbito académico, y entre los más jóvenes, parece que la respuesta tuviera que darse siempre en términos pesimistas, o nihilistas, o solipsistas o abiertamente cínicos: me sirve a mí o sirve para divertir o sirve para entretener o no sirve para nada en absoluto.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Pero hay opciones, y no está de más ver si los lectores de Puente Aéreo se arriman a alguno de esos otros árboles. Aquí una muestra de respuestas alternativas:</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Instruir.- Parte de la respuesta medieval: la literatura, en cierta forma, como forma estética, sí, pero también como vehículo y herramienta, conducto ancilar, hecho para llevar una verdad al lector y proponerle el camino hacia cierto tipo de saber.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Representar.- La aspiración básica del realismo clásico: encontrar en la literatura la posibilidad de un discurso que entienda la realidad y deje entrever sus estructuras, sobre todo partiendo de una concepción de la realidad como trama social y del individuo como tejido en esa misma trama.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Expresar.- La otra corriente mayor, la que da forma, por ejemplo, a las variantes del romanticismo más introspectivo: la literatura como campo de batalla para la construcción del yo y su (relativa) comunicabilidad. Escribo para decirme.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Reconstruir.- La literatura como una suerte de arqueología social y como reedificación del mundo a partir de la verificación de su naturaleza y sus errores. Digamos que las hipótesis novelísticas del primer Vargas Llosa van por esa ruta.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Reflexionar y problematizar.- Ese parece ser un motor detrás de ciertos autores clave de obras radicalmente disímiles: Sartre, Camus, Orwell, Borges, Sebald, Mulisch: la literatura como ficción y filosofía, como invento de un mundo imaginario que pretende exponer los conflictos que subyacen al mundo real: literatura que pregunta constantemente y se pone a sí misma entre la espada y la pared.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Transformar.- Por ejemplo, la de los revolucionarios sesenteros, los que veían su obra como un artefacto puesto a disposición de las grandes transformaciones sociales y quienes las estuvieran propiciando o promoviendo. Su encanto mayor suele ser el idealismo y su defecto más notorio la facilidad de convertirse en mero populismo o mera propaganda.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Instituir.- Rorty decía de Orwell que sus novelas tardías (Animal Farm y 1984) no habían sido tanto buenas descripciones del totalitarismo de mediados del siglo veinte como propuestas de un vocabulario radicalmente nuevo que superara la crítica social hecha en términos de derechas es izquierdas. Hay libros que presentan a sus lectores problemas que antes de ellos eran en cierta forma inexistentes, en tanto no había un léxico que diera cuenta de ellos; esos libros, dice Rorty reelaborando a Davidson, instituyen (no crean) el problema al tiempo de nombrarlo.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Entretener.- O divertir, proporcionar esparcimiento y la poibilidad de alejar la mente de problemas más reales. La literatura sería, así, poco más o menos que una forma glorificada de pasatiempo. Suena chato, pero es una opinión que se escucha constantemente, y, después de todo, tiene ilustres antepasados desde la edad media.</span><br /><br /><span style="font-family:arial;">Moralizar.- Quizá la idea más desprestigiada: incluso los moralistas tratan de evitar ese membrete, que llevaban como una medalla en el pecho escritores notables desde la antigüedad hasta entrado el siglo pasado. La literatura como confrontación ética y como lección de moral y moralidad. El postmodernismo, en cierta forma, le clavó demasiadas estocadas, rescatando, a la vez, curiosamente, a los moralistas de signo controversial: Sade, Bataille, el gran Jean Genet.<br /><br />Por supuesto que habría más opciones: empatizar, ampliar horizontes, posibilitar una catarsis, propiciar un diálogo terapéutico, dar voz a una generación, etc, etc. La encuesta está colocada a la derecha de esta página. Pueden marcar más de una opción. Pero sobre todo sería interesante leer sus comentarios aquí.<br /></span><br /><br /></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17920328-8229237114030313856?l=puenteareo1.blogspot.com'/></div>Gustavo Faverón Patriauhttp://www.blogger.com/profile/13509602281323253970noreply@blogger.com20tag:blogger.com,1999:blog-17920328.post-66902554861717749412009-05-20T14:35:00.001-04:002009-05-20T16:11:21.553-04:00El ruido de las máquinas<span style="font-size:85%;"><span style="font-weight: bold; color: rgb(102, 102, 0);font-size:130%;" ><span style="font-family: arial;">Felisberto Hernández: la locura como bajo continuo</span><br /></span><br /><a style="font-family: arial;" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/ShRi31K128I/AAAAAAAADHw/3HPUlor8ljM/s1600-h/felisberto-hernandez-1-sized.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 205px; height: 263px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/ShRi31K128I/AAAAAAAADHw/3HPUlor8ljM/s400/felisberto-hernandez-1-sized.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5338000169645759426" border="0" /></a><span style="font-family: arial;">En uno de sus frecuentes raptos de emoción libresca, Mónica Belevan me recomendó hace unas semanas leer </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >Las hortensias</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">, la </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >nouvelle</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> del uruguayo </span><a style="color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Felisberto_Hern%C3%A1ndez">Felisberto Hernández</a><span style="font-family: arial;"> que apareció por entregas en 1949, en la revista </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >Escritura.</span><span style="font-size:85%;"><br /><br /><span style="font-family: arial;">A Hernández lo he leído poco a poco, a lo largo de muchos años, siempre porque alguien me ha aconsejado hacerlo y me ha puesto en camino a uno de sus libros en particular. Uno diría: si quieren recomendar a alguien y no fallar, recomienden a Hernández. Pero no es tan fácil: se trata de un escritor raro. Uno de los </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >raros</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">En mi caso, todo comenzó con Luis Jaime Cisneros. La tarde en que lo conocí, Luis Jaime me puso dos libros en la mano: </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >Extraterritorial</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> de George Steiner, y una antología de cuentos de Felisberto Hernández, con la recomendación de empezar por </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >Nadie encendía las lámparas</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">. Años más tarde, en Ithaca, un comentario de otra amiga me lanzó en dirección a dos novelas cortas del uruguayo: </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >Por los tiempos de Clemente Colling</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> y </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >La casa inundada</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Esta vez, le conté a Mónica que estaba preparando el sílabo para un curso del próximo semestre, sobre la locura, su representación, y las formas en que ciertas poéticas narrativas pueden leerse por analogía con el lenguaje de una neurosis o de una psicosis (textos esquizoides, textos paranoides; seguramente ustedes pueden pensar en algún ejemplo). Mónica me mandó a leer </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >Las hortensias</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">La </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >nouvelle</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> de Hernández es una joya. El argumento, aunque lleno de vericuetos, tiene la aparente simpleza del melodrama: amoríos conflictuados, amantes celosos, engaños. Los insólitos triángulos amorosos de la trama, sin embargo, rompen el cristal de la locura: involucran desde montajes teatrales y marionetas funerarias hasta romances entre humanos y muñecas temperadas con agua caliente.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Felisberto Hernández era pianista y ese es un asunto que inunda sus narraciones, donde no faltan lo músicos fantasmagóricos y los conciertos </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >gone wrong</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">En </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >Las hortensias</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">, la entrada del protagonista en la total alienación está representada con un rasgo que parece provenir del imaginario musical: Horacio escucha, cada vez que entra en casa, el ruido de unas "máquinas" o "maquinarias". Nunca se pregunta realmente de dónde viene el sonido, qué lo causa; nadie nunca le explica al lector qué cosas son las máquinas, qué función tienen, qué hacen allí, si en verdad están en algún lugar más allá de la cabeza del personaje.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Salvo por pasajes muy breves, el ruido de las máquinas es constante, sostenido, ubicuo, un rumor que corre por detrás de todo lo demás, un ronquido singular: un bajo continuo.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Echando mano a ese, que es un recurso musical y no tradicionalmente literario, o, más precisamente, encontrando la manera de introducir en la narración la metáfora de ese recurso musical --el bajo continuo--, Hernández descubre la manera de aludir a esa extraña forma de coherencia y caos que es la mente del alienado: la locura como una presencia eludida y acechante, agazapada pero, a la vez, sensible, notoria, sobrecogedora.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Más aun: el ruido de las máquinas, que es el signo de la locura misma (las voces que escucha el esquizofrénico, en la cabeza, o hablándole al oído), se convierte, paradójicamente, en el elemento que da coherencia al texto, que une sus partes disímiles, que da anchura y espesor a la historia y la unifica, y la convierte en un discurso sobre la enfermedad mental.</span><br /><br /><a style="color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;" href="http://www.literatura.us/hernandez/index.html">Calvino se refirió a Hernández</a><span style="font-family: arial;"> como "un escritor que no se parece a nadie, a ninguno de los europeos y a ninguno de los latinoamericanos". En esa isla que sólo él habita, hecha de música y delirio, Felisberto Hernández sigue esperando a sus lectores.</span><br /><br /></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17920328-6690255486171774941?l=puenteareo1.blogspot.com'/></div>Gustavo Faverón Patriauhttp://www.blogger.com/profile/13509602281323253970noreply@blogger.com4tag:blogger.com,1999:blog-17920328.post-70125386556231439842009-05-17T17:40:00.000-04:002009-05-18T00:09:50.616-04:00Mal libro, buena historia<span style="font-size:85%;"><span style="font-size:130%;"><span style="font-family: arial; color: rgb(102, 102, 0); font-weight: bold;">¿La mala literatura como una de las bellas artes?</span></span><br /><br /><a style="font-family: arial;" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/ShDfXCBYE7I/AAAAAAAADHo/VHN-DGJy3nA/s1600-h/escher.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/ShDfXCBYE7I/AAAAAAAADHo/VHN-DGJy3nA/s400/escher.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5337011145206666162" border="0" /></a><span style="font-family: arial;">Stellan Skarsgard es el actor sueco que hace el papel del jefe de la Guardia Suiza del Vaticano en la reciente adaptación que el director Ron Howard ha hecho de la novela de Dan Brown titulada </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >Angels &amp; Demons</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Skarsgard es un lector frecuente y acucioso de literatura contemporánea y tuvo que vencer más de un resquemor para aceptar el rol. La razón es sencilla y ustedes ya la imaginan: Dan Brown le parece un escritor memorablemente malo.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Sin embargo, Skarsgard dice también que no pudo evitar leer la novela de Brown de cabo a rabo: los </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >cliffhangers</span><span style="font-size:85%;"> (esos finales de episodio que dejan al lector con la vívida expectativa de una situación conflictiva que sólo se resolverá más adelante) eran demasiados, estaban muy bien puestos y lo impulsaban a continuar incluso a disgusto.<br /><br /><span style="font-family: arial;">Los </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >cliffhangers</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">, claro, son generadores de </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >suspense</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">, y por lo tanto, en la medida en que se convierten en dispositivos para organizar la acción y dosificarla, tienen un curioso valor estético: son recursos estructuradores y a la vez conativos, señales sembradas para capturar y mantener viva la atención del lector.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">No suelen ser, sin embargo, elementos particularmente imaginativos u originales. Todos los </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >cliffhangers</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> se parecen y pueden reducirse a una fórmula coloquial que cualquiera de nosotros ha usado alguna vez: "Y no te imaginas lo que pasó en ese momento. Por poco no me he muerto. Pero te lo cuento mañana en el almuerzo".</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">(El origen más probable del </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >cliffhanger </span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">está en las novelas publicadas por entregas, que necesitaban asegurar que el lector comprara el siguiente número de la revista, del diario o del fascículo donde se publicaba el texto a cuentagotas. Sir Arhtur Conan Doyle, por supuesto, fue el maestro del gancho para la ansiedad lectora).</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Un escritor puede ser notoriamente malo en casi cualquier aspecto del arte literario, pero si alcanza la maestría en el oficio de crear suspenso y expectativa, su éxito puede ser masivo y, diría, casi inevitable. Satisface una necesidad que es más informativa que artística o de goce estético: promete una historia cautivante y posterga su conclusión paulatinamente, permitiendo en el camino la gratificación de las pequeñas y parciales revelaciones, en camino a la última.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">De cierta manera, la fórmula del </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >best seller</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> de intriga en perfecta en sí misma. Su pobreza de ideas, su escasez de recursos, la manera ciega y casi fanática en que se niega a pensar y reflexionar, su aniquilamiento de cualquier rasgo peligrosamente intelectual, su forma de esquivar las problematizaciones y negarse a la búsqueda artística, todos ellos no son rasgos </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >a pesar de los cuales</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> un </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >best seller</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> consigue el éxito: son las razones del éxito.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Es decir, la falta de recursos, buscada o no, voluntaria o no, fingida o no, la elisión de todos los caminos laterales y todos los ejercicios conflictivos, son los rasgos que permiten que toda la atención del lector se concentre específica y monomaniacamente en el desarrollo del argumento y la expectativa que la trama le proponga.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">¿Cuál es, entonces, el problema con los </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >best sellers</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">?</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Si se proponen una finalidad narrativa particular y específica (el planteo de una intriga, la capturqa del lector y la resolución sorprendente) y adoptan una forma estética que es aparentemente la más funcional para conseguir ese objetivo, ¿no son, entonces, formas narrativas perfectas en sí mismas?</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Quizás sí. El problema es lo que esas novelas hacen con su lector, con la mente de su lector y su manera de enfrentarse a un texto: lo transforman en una suerte de caballo de carreras, con las anteojeras apuntadas en una sola dirección, sin mayor libertad de acción, sin espacio para maniobrar, con una meta que no está al final de una red compleja de reflexiones, gustos y disgustos, placeres y shocks, hallazgos y confrontaciones, sino en la línea final de una carrera sin obstáculos ni retos.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Eso suele conllevar un problema adicional: el contenido ideológico está condenado, en virtud de su necesaria simplicidad, a mantenerse, también él, alejado de cualquier poder sublevante o problemático.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">El </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >best seller</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> es por naturaleza conservador. En uno de sus extremos, es poco audaz, confía en la repetición trivial, la seguridad del </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >commonplace</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> y las formas más aceptadas del sentido común.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">En su otro extremo es desbocadamente paranoide y sigue la lógica de la teoría conspirativa (</span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >El código Da Vinci</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">) en su variante de menor interés: la de proponer una explicación del mundo que es a todas luces falsa, a todas luces desdeñable, mediante el expediente de identificar un chivo expiatorio para cada mal del universo, o para todos.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">En ambos casos es simplificador y superficial, abandona el arte para devenir pasatiempo.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">El problema mayor, claro está, radica en el hecho de que las formas del </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >best seller</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> se han impuesto en gran medida en el mercado lector y en la producción literaria. Autores de buen nivel como, digamos, Chabon o Bolaño, Levrero o Taibo II, han recurrido a ellas para tomarlas poco menos que como a un caballo de Troya, camuflando tras la apariencia de simplicidad una complejidad preñada de contenidos.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Pero otros de menor inteligencia y mayor precariedad artística han asumido el </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >best seller</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> como un modelo inobjetable, la superficialidad como una virtud bienvenida y la llanura estética como la cima más alta de la eficacia narrativa.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Lo que esos autores olvidan --además de la idea aún no del todo abatida, afortunadamente, de que el arte es un desafío reflexivo y una exploración valerosa-- es que la eficacia narrativa no es rasgo suficiente para que un texto literario tenga valor estético, artístico e intelectual.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Para decirlo estirando una vieja metáfora del lenguaje crítico: una novela solo puede ser sólida si tiene no una dimensión, sino muchas: no una línea ni un plano, sino un haz de líneas y planos.<br /><br /><br /></span></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17920328-7012538655623143984?l=puenteareo1.blogspot.com'/></div>Gustavo Faverón Patriauhttp://www.blogger.com/profile/13509602281323253970noreply@blogger.com20tag:blogger.com,1999:blog-17920328.post-70323237350786665402009-05-11T13:59:00.003-04:002009-05-11T15:40:22.322-04:00La justicia caníbal<span style="font-size:85%;"><span style="color: rgb(102, 102, 0);font-size:130%;" ><span style="font-family: arial; font-weight: bold;">Y los métodos de la guerra sucia</span></span><br /><br /><a style="font-family: arial;" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/Sgh-tfQMoYI/AAAAAAAADHg/hV5_MYCXHhI/s1600-h/barbecue.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 321px; height: 268px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/Sgh-tfQMoYI/AAAAAAAADHg/hV5_MYCXHhI/s400/barbecue.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5334653078569001346" border="0" /></a><span style="font-family: arial;">Uno de los mejores cuentos del libro </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >El criador de gorilas</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;">, de Roberto Arlt, es una historia de caníbales ambientada en Costa del Marfil.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Su titulo es un resumen de su argumento: "</span><a style="color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;" href="http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/arlt/hombres.htm">Los hombres fieras</a><span style="font-family: arial;">" es el relato de una serie de actos de antropofagia llevados a cabo por nativos que, presas de algún tipo de trance, se transforman en animales salvajes, panteras predadoras que se alimentan de otros nativos.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Arlt lo escribió poco después de un viaje al norte de África. La fuente de su historia podría haberla recogido en esa jornada, que duró casi un año, o podría haberla conocido desde antes: las historias del canibalismo africano, populares desde siglos antes, habían reaparecido notoriamente en el trabajo de antropologos a principios del novecientos.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">En 1901, T.J. Alldridge había publicado testimonios sobre esa particular variante de los relatos: hombres que se convertían en bestias y se tragaban al primer incauto.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">El antropólogo situaba los alegatos en Sierra Leona, país que está muy cerca de la zona del noroeste africano que recibió a Arlt, y a un paso de Costa del Marfil: de hecho, hasta la fundación de Liberia, Sierra Leona y Costa del Marfil eran colindantes y su conformación étnica ha sido siempre muy similar.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">En 1962, otro antropólogo, Christopher Fyfe, refirió una serie de relatos orales que testificaban sobre la veracidad del canibalismo como una realidad en la región. Apenas en 1979, su célebre y polémico colega W. Arens, en </span><a style="color: rgb(102, 102, 0); font-family: arial;" href="http://books.google.com/books?id=XsHB69txxdEC&amp;printsec=frontcover&amp;source=gbs_summary_r&amp;cad=0">The Man-Eating Myth</a><span style="font-family: arial;">, puso en entredicho la verosimilitud de esas versiones. (En verdad, Arens puso en entredicho </span></span><span style="font-style: italic; font-family: arial;font-size:85%;" >todos</span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family: arial;"> los supuestos testimonios occidentales sobre la antropofagia en África).</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Leyendo al mismo Alldridge, Arens mostró que, tradicionalmente, la investigación de los casos de canibalismo en Sierra Leona era puesta en manos de un grupo peculiar de autoridades, los Mande Tongo Mo, una sociedad secreta que los antropólogos del mundo anglosajón llaman Tongo Players, cuya especialidad era detectar todas las formas del mal encarnado.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Los Tongo Mo tenían un puñado de métodos diversos para decubrir la culpabilidad de quienes eran acusados de mutar en animales y devorar vecinos. El más directo era pedirle al sospechoso que usara sus manos para sacar un fierro al rojo vivo del fondo de un recipiente colmado de aceite hirviente. Si el posible caníbal se quemaba, era condenado a la hoguera.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">El más trabajoso de los métodos era la confesión extraída bajo tortura. Ni Arens ni Alldridge detallan los tormentos, pero ambos aseguran que los torturados invariablemente terminaban admitiendo no sólo los crímenes y el canibalismo, sino incluso el poder de metaforfosearse. (No haría mal Dick Cheney en leer a Arens e informarse acerca de la fiabilidad de una confesión extraída mediante torturas).</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Otro procedimiento común de los Tongo Mo, especialmente interesante, parece un insólito y sistemático precedente de los métodos de la guerra sucia. Pero con un twist que da mucho que pensar:</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Si las autoridades de un pueblo sospechaban el canibalismo de ciertas personas pero eran incapaces de decidirlo con certeza, podían mandar a llamar a los Tongo Mo. Estos, a su vez, elegirían a ochenta sospechosos, y los matarían a todos, pero también matarían a una de las autoridades que los convocaron.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Es decir, los Tongo Mo reconocían que, para matar al culpable, estaban matando un número insoportable de inocentes, y que, por ello, quienes habían promovido la matanza --las autoridades que la habían solicitado-- merecían también poner su cabeza en la picota. Más sorprendente aun: las autoridades mismas reconocían, prospectivamente, que la solución que ellas mismas estaban adoptando era excesiva y merecía ser castigada.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">Los relatos sobre los caníbales del noreste africano y los Tongo Mo de Sierra Leona tienen algo de cacería de brujas y algo de guerra sucia. Me intriga sobre todo la figura de esos líderes comunales dispuestos a ser ejecutados junto a las decenas de inocentes cuya muerte ellos mismos estaban propiciando.</span><br /><br /><span style="font-family: arial;">En el infierno del fanatismo y la ceguera supersticiosa, algo de extraña y dudosa grandeza queda en esa imagen de indeseable consecuencia. Me pregunto cuántos promotores, auspiciadores o publicistas de la guerra sucia estarían dispuestos hoy a imitar el modelo.</span><br /><br /></span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/17920328-7032323735078666540?l=puenteareo1.blogspot.com'/></div>Gustavo Faverón Patriauhttp://www.blogger.com/profile/13509602281323253970noreply@blogger.com16