tag:blogger.com,1999:blog-165178002009-07-05T09:44:51.637-05:00Apostillas literariasMagda Díaz Moraleshttp://www.blogger.com/profile/16662759194132255220apostillas@gmail.comBlogger622125tag:blogger.com,1999:blog-16517800.post-60135132000637909712009-06-29T06:42:00.002-05:002009-06-28T11:13:27.228-05:00Cartas íntimas de cinco amigos escritores<div align="justify"><a href="http://4.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/SkeHUlpoioI/AAAAAAAACLo/8UvOyw5ERb4/s1600-h/cartasLyQ.jpg"><img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 398px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/SkeHUlpoioI/AAAAAAAACLo/8UvOyw5ERb4/s400/cartasLyQ.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5352395469926992514" /></a>Horacio Tarcus, nos ofrece* el anticipo de un libro que revela las misivas que intercambiaron los miembros de una cofradía encabezada por Leopoldo Lugones y Horacio Quiroga:<br /><br />"Conforme a las memorias de diversos testigos, en la década del 20 un curioso quinteto literario solía animar en horas del atardecer las tertulias de la Biblioteca del Consejo Nacional de Educación, deambulando luego hacia el Aue´s Keller y otros bares de la bohemia porteña. Eran Horacio Quiroga, el autor ya reconocido de los <em>Cuentos de la selva</em> y de <em>Anaconda</em>; el joven Ezequiel Martínez Estrada, que recién se daba a conocer como poeta con <em>Oro y piedra</em> y <em>Nefelibal</em>; Luis Franco, que acababa de llegar de su Catamarca natal con los versos de <em>La flauta de caña</em>; y Samuel Glusberg, narrador novel que comenzaba a firmar sus cuentos con el seudónimo de Enrique Espinoza y editor de todos los demás en el sello Babel. Los cuatro "hermanos", como gustaban llamarse entre sí, habían constituido en torno a la figura tutelar de don Leopoldo Lugones, el director de la biblioteca, una singular cofradía de la que se ocupa este libro.<br /><br />Lugones ocupó ese modesto puesto burocrático durante más de veinte años, desde 1915 hasta su muerte en 1938. La Biblioteca del Consejo Nacional de Educación, luego rebautizada Biblioteca Nacional de Maestros, estaba localizada en el Palacio Pizzurno de la calle Rodríguez Peña. En la década de 1920 Lugones había llevado a trabajar consigo a los "hermanos menores", Glusberg y Franco, y también recibía allí las visitas de los "hermanos mayores", Quiroga y Martínez Estrada. Este último dejó un retrato conmovedor de la austeridad con que encontraba trabajando a su maestro:<br /><br /></div><blockquote><p align="justify"><em>En su despachito, sin habitaciones particulares ni mucamos, sin automóvil, sin colaboradores familiares, sin edictos, transcurrió parte de su luminosa vida. Iban por la tarde, a visitarlo y a recoger la dádiva fecunda de su palabra, algunos amigos. A veces se interrumpía la plática por el vibrar del timbre con que se lo llamaba desde los sitiales de las autoridades superiores. Lugones salía para recibir órdenes e instrucciones de sus jefes. Una vez, en los malos tiempos de siempre, lo encontré frotándose las manos ante la estufa, con la cabeza casi totalmente encanecida, su traje pulcramente aseado y raído de las tareas sedentarias. Frío, vejez y pobreza. Sentí en mí la pena y la vergüenza de doce millones de seres humanos juntos, y sentí ganas de tirarme al suelo y ponerme a gritar.</em></p></blockquote><div align="justify">Al cabo de la jornada laboral, la fraternidad frecuentaba los bares y cafés del centro porteño, sobre todo el mítico Aue´s Keller de Bartolomé Mitre. Se trataba de la misma cervecería alemana que dos décadas atrás había sido el escenario que Rubén Darío y los jóvenes modernistas (entre ellos, el propio Lugones) habían escogido para celebrar sus cenas una vez que cerraban las puertas del Ateneo. Fue demolida en 1924 por las excavadoras que abrieron camino a la Diagonal Norte, de modo que los amigos pasaron a reunirse en otros cafés de la bohemia. El primero, y el más próximo al Aue´s Keller, fue el Café Sibarita. También fueron testigos de las tertulias el café La Cosechera, al lado del desaparecido Club del Progreso y en la misma cuadra de la Librería Anaconda; en la cuadra siguiente, el Café Gambrinus de Avenida de Mayo 789; y dos cuadras más arriba, el Café Paulista de Avenida de Mayo y Carlos Pellegrini.<br /><br />Martínez Estrada también recuerda las reuniones de los sábados en La Helvética, clásico café nocturno de los periodistas. Según su testimonio, todos los sábados Lugones tomaba su aperitivo después de corregir pruebas de imprenta en <em>La nación</em>, "como el jornalero que toma su copa después del trabajo":<br /><br /></div><blockquote><p align="justify"><em>Siempre se apresuraba a pagar el consumo; no por protección al que todavía era más pobre que él -Quiroga, Espinoza y yo-, sino como si le correspondiera, por ser el mayor, el que tenía más obligaciones sociales y tribales. Una tarde invitó con caviar, que ninguno de los tres había probado, y que juzgábamos un manjar imperial abolido en todo el mundo desde la caída de los Romanoff. Quiroga hablaba no recuerdo de qué ese día, y al usar la palabra "vacia", del verbo, le preguntó si se pronunciaba como bisílaba o trisílaba. Inmediatamente Lugones respondió: "Vácia, por la misma razón que lícua, adécua y evácua". Casi siempre daba las reglas y citaba autoridades en cuestiones de gramática, que le complacía tratar. Se conocía bien su Nebrija, habría dicho Sarmiento.</em></p></blockquote><div align="justify"><a href="http://4.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/SkeLKz6v8fI/AAAAAAAACLw/8iDTaYcHmQU/s1600-h/quiroga_lugones_y_otros.jpg"><img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 256px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/SkeLKz6v8fI/AAAAAAAACLw/8iDTaYcHmQU/s400/quiroga_lugones_y_otros.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5352399700004696562" /></a>¿Cuáles fueron las afinidades electivas que acercaron a hombres tan dispares entre sí?<br /><br />La primera de ellas, la más evidente, es que comparten una estética y una sensibilidad modernistas. El "sistema modernista" fue organizado por el propio Darío cuando estableció a sus "precursores" -Silva, Casal, Gutiérrez Nájera-, escogió a su "maestro" -Martí- y ungió a sus "continuadores": Nervo, Herrera y Reissig, Lugones. Éste, por su parte, con el padrinazgo de Darío, creó su propio linaje nacional -Sarmiento, Hernández-, al mismo tiempo que ungió a sus propios continuadores, comenzando por Quiroga.<br /><br />Otra afinidad, si se quiere más profunda, que une a la hermandad: un anticapitalismo romántico, un espíritu libertario, una sensibilidad antiburguesa. Todos y cada uno podrían haber suscripto el sentimiento que describe Nalé Roxlo en su borrador de memorias: "Baudelaire nos había enseñado el desprecio literario al burgués, al filisteo?". Esta sensibilidad puede adoptar las más diversas expresiones políticas: desde el anarco-individualismo naturalista de Quiroga hasta el anarco-trotskismo de Luis Franco, pasando por el anarco-liberalismo de Martínez Estrada o el trotskismo libertario de Glusberg. Sensibilidad que tampoco es ajena a Lugones, pues un mismo aliento antiburgués inflama tanto el socialismo anarquizante de su juventud como el aristocratismo nacionalista de su madurez". <br /><br />Fragmentos de cartas:<br /><br /><em>De Horacio Quiroga a Ezequiel Martínez Estrada, 19 de junio de 1936</em><br /><br />"Querido Estrada: me he quedado solo. María y la nena se fueron anteayer. La crisis, pues, se produjo. Pero no sin desgarramiento de una y otra parte, pues 9 años de vida en común, de los cuales 7 de amor, pesan mucho. No he tenido valor para privarla a mi mujer de su hija, su único gran amor". <br /><br /><em>De Ezequiel Martínez Estrada a Samuel Glusberg, La Habana, 9 de marzo de 1961</em> <br /><br />"Un pueblo entero trabajando como entre hermanos para el bien de todos. Fidel Castro sostiene sobre sus hombros la revolución y es infatigable e inflexible. ¿Lee usted sus discursos? No son discursos; es otra vez la voz de los profetas y los jueces. Se habla y se vive con franqueza. En dos años la Revolución ha transfigurado un pueblo abatido y abandonado, en una colmena jubilosa. Todos nos queremos, nos ayudamos y tratamos de hacer lo mejor y lo más posible. El socialismo está en las cosas y en los espíritus; se lo sabe porque se lo vive simplemente".<br /><br /><em>De Ezequiel Martínez Estrada a Samuel Glusberg, 4 de febrero de 1964</em> <br /><br />"Vivo desesperado, maldiciendo y blasfemando, contra mi costumbre. Todo me da asco. Hasta los amigos que se mantienen duros, como Luis Franco. [...]. He quedado sin comunicación con Cuba. Cerradas las vías urinarias y respiratorias. Tengo la primera parte de Martí Revolucionario (800 páginas) dactilografiadas. Les importa un rábano Martí y sus sueños revolucionarios. ¿Quién habla de eso ni de lucha de clases, con la mesa puesta, la cabecera ocupada y los infelices mirando por la ventana? [...] ¿Qué me dice de los chinos? Por lo menos que alguien les diga que son unos traidores".<br /><br />Más, en: <a href="http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1143887">A la vuelta de correo</a><br />* Artículo de H. Tarcus: adn Cultura de <em>La nación</em>, 28, 6, 09.<br />* "<a href="http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1143888">Que un chacarero sea letrado desconcierta a mis vecinos</a>". En esta carta, enviada a Lugones, el autor de Cuentos de la selva hace un relato optimista de su vida agreste y se refiere a Ruben Darío con una amargura no exenta de compasión.<br />* <a href="http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1142390">Los fantasmas han vuelto a casa</a>.<br />* Segunda foto: <a href="http://encontrarte.aporrea.org/teoria/perfiles/104/">Reunión de literatos en Buenos Aires</a>, 1928: Horacio Quiroga (parado, primero de la izquierda), su amigo Leopoldo Lugones (cruzado de brazos) y Alberto Gerchunoff (sentado, al centro). </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16517800-6013513200063790971?l=apostillasnotas.blogspot.com'/></div>Magda Díaz Moraleshttp://www.blogger.com/profile/16662759194132255220apostillas@gmail.com7tag:blogger.com,1999:blog-16517800.post-61457542238887633752009-06-23T08:57:00.007-05:002009-06-25T15:40:06.051-05:00Hogar: István Örkény<a href="http://4.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/SkLeS-AISxI/AAAAAAAACLg/HwNRJJ7FCMo/s1600-h/orkeny-istvan.jpg"><img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 178px; height: 200px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/SkLeS-AISxI/AAAAAAAACLg/HwNRJJ7FCMo/s200/orkeny-istvan.jpg" border="0" alt="István Örkény"id="BLOGGER_PHOTO_ID_5351083724732123922" /></a> <blockquote><p align="justify">La niña tenía cuatro años, de manera que con seguridad sus recuerdos eran confusos. Su madre, para hacerla consciente del inminente cambio, la llevó hasta la cerca de alambre de púas y, de lejos, le mostró el tren.<br /><br />- ¿No te alegras? Ese tren nos llevará a casa.<br />- Y entonces ¿qué va a pasar?<br />- Entonces estaremos en nuestro hogar.<br />- ¿Qué es un hogar? – preguntó la niña.<br />- Donde vivíamos antes.<br />- Y allí ¿qué hay?<br />- ¿Te acuerdas todavía de tu osito? Quizás también estén allí tus muñecas.<br />- Mamá – preguntó la niña -, ¿en casa también hay guardias?<br />- No, allí no hay.<br />- Entonces – preguntó la niña -, de allí ¿podremos escapar?</p></blockquote><div align="justify"><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Istv%C3%A1n_%C3%96rk%C3%A9ny">István Örkény</a>, "Hogar", del libro <a href="http://www.spejismos.com/articulos.asp?n=29&s=4&num=2&tit=Cuentos%20de%20un%20minuto.%20Istv%C3%A1n%20%C3%96rk%C3%A9ny%20&ent=Haciendo%20de%20la%20diversidad%20de%20t%C3%A9cnicas%20narrativas%20virtuosismo%20compositivo,%20Istv%C3%A1n%20%C3%96rk%C3%A9ny%20tiene%20en%20la%20imagen%20pl%C3%A1stica%20su%20recurso%20m%C3%A1s%20eficiente,%20y%20cada%20narraci%C3%B3n%20es%20una%20instant%C3%A1nea%20o%20una%20superposici%C3%B3n%20de%20flashes%20que%20quedan%20fijados%20en%20nuestra%20retina."><em>Cuentos en un minuto</em></a> (Trad. Judit Gerendas, Editorial Thule, 2006).<br /><br />"Los <em>Cuentos de un minuto</em> de Örkény también tienen una relación peculiar con la realidad. Muchos de ellos usan el lenguaje periodístico de los anuncios, e históricamente están muy arraigados a la realidad centroeuropea de los años sesenta, al régimen que se atrevía a llamarse socialista. Justamente por esa razón su interpretación y recepción deben ser distintas para un lector del siglo XXI, con un pasado y unas experiencias diferentes. Sin embargo, su visión grotesca y su humor absurdo, capaces de representar los conflictos, las situaciones humanas de manera compacta, densa, son independientes de la época y de la ideología política actual.<br /><br />Este enfoque al revés que invierte el orden y lo vuelve todo literalmente de arriba abajo, más el tono descarado que aparenta no respetar nada ni a nadie, son los que tienen en común ambos autores (István Örkény y Frigyes Karinthy). Sus obras nos brindan la ocasión de tener una visión diferente de lo habitual y cotidiano, sobre los momentos más oscuros de la historia mundial del siglo XX y sobre la lucha contra una enfermedad mortal.<br /><br />Por el tono irónico de sus cuentos y dramas, y por su actitud siempre dispuesta a burlarse de todo y de todos, Örkény es uno de los autores más conocidos y más queridos de las letras húngaras".<br /><br />Via | <a href="http://www.lho.es/index.php?pagetype=blue_danube&id=1052">El absurdo humor húngaro</a> </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16517800-6145754223888763375?l=apostillasnotas.blogspot.com'/></div>Magda Díaz Moraleshttp://www.blogger.com/profile/16662759194132255220apostillas@gmail.com10tag:blogger.com,1999:blog-16517800.post-16340302126171328362009-06-20T07:34:00.003-05:002009-06-19T20:36:44.113-05:00Imre Kertész<div align="center"><a href="http://4.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/Sjwu98aaRCI/AAAAAAAACLA/YWnl7R4O45E/s1600-h/2947.jpg"><img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; DISPLAY: block; HEIGHT: 267px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349202099133105186" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/Sjwu98aaRCI/AAAAAAAACLA/YWnl7R4O45E/s400/2947.jpg" /></a> <span style="font-size:78%;">(El escritor húngaro Imre Kertész en una de las terrazas del barrio berlinés de Charlottenburg, en el que vive. Está sentado a la sombra de frondosos árboles, con niños que circulan en triciclo, abuelas que disfrutan de la leve brisa y parejas de jóvenes que se cogen de la mano. Ante un refresco y una moderna iglesia de ladrillo rojo, ríe de buena gana. Brilla el sol, y se percibe el aroma de las flores de un puesto callejero. Los ojos verdes de Kertész se lanzan a menudo en la piscina azul de los de su mujer, Magda; acaban de cumplir once años de casados y bromean continuamente. "Bueno, para coger fuerzas tomaré una pizza de salchicha, por favor. ¡Y una cerveza!")</span> </div><div align="center"></div><br /><div align="justify">En el 2007, <a href="http://www.magazinedigital.com/cultura/los_premios_nobel/reportaje/cnt_id/924/pageID/1"><em>Magazine</em></a> hace una entrevista a Imre Kértesz. En ella, el nobel 2002 dice cosas que me parecen muy interesantes:<br /></div><blockquote><p align="justify">En muchas de las novelas de Kertész, la policía pide a los personajes que se conviertan en confidentes y les redacten informes. Esas escenas cobran actualidad cuando, en países como Polonia o Alemania, surgen voces a favor de una "caza de brujas" contra los colaboradores del comunismo. Para Kertész, es hipócrita escandalizarse: "Tras la caída del muro, nadie quiso aceptar que colaboró con el estalinismo. Ahora que han pasado tantos años, descubrimos que muchas personas de quienes no sospechábamos nada estaban ejerciendo de confidentes, como el escritor checo Bohumil Hrabal. Pero no podemos ser simplistas y encasillar a esta gente como si fueran lo mismo que los dirigentes totalitarios".<br /><br />Tampoco Günter Grass, el Nobel que ha confesado su paso por las SS, es juzgado severamente por el húngaro: "Era un joven que vivía en un Estado en el que la radio, las películas y todos los mecanismos estatales iban en la misma dirección, y era natural que empezara a pensar así".</p></blockquote><blockquote><p align="justify">El Imre Kertész que hoy nos acompaña en una ruta por su Berlín predilecto tiene poco o nada que ver con aquel joven de 14 años a quien, un día de 1944, en Budapest, cuando se dirigía a la fábrica a trabajar, le obligaron a bajar del autobús para llevárselo al campo de concentración. Auschwitz, Buchenwald y Zeitz fueron las paradas de su vía crucis. Le llamaban por un número (el 64.921), le pusieron un uniforme a rayas, le raparon el pelo al cero y le afeitaron axilas y genitales. El joven Kertész aprendía a disfrutar fugazmente de los rayos de sol o del calor de una sopa, mientras su espíritu se envilecía, frente a las humeantes chimeneas donde los nazis iban quemando a sus compañeros. "Desprendían un olor pastoso que jamás podré olvidar".</p></blockquote><a href="http://2.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/Sjw2cvct-KI/AAAAAAAACLI/VOR-07RwSOw/s1600-h/2950.jpg"><img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; DISPLAY: block; HEIGHT: 267px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349210324810463394" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/Sjw2cvct-KI/AAAAAAAACLI/VOR-07RwSOw/s400/2950.jpg" /> <p align="justify"></a>Antes de detenerse a comprar fruta, en un pequeño colmado que exhibe su mercancía en la acera, nos confiesa que "el Nobel me ha hecho vivir muchas experiencias bonitas, pero también otras bastante malas. Vengo de un país muy pequeño, donde la envidia es muy fuerte, y se produjeron actos antisemitas que me hicieron sufrir mucho", como la quema de libros suyos en la calle. "Hungría ha sufrido unas humillaciones que no han cicatrizado: tras la Primera Guerra Mundial, perdimos dos tercios de nuestro territorio nacional. Hungría es un Estado cada vez más abierto, que forma parte de la Unión Europea; sin embargo, escribo más para Europa que para mi país".<br /><br />Lo que le gusta de la capital alemana es que "en ella vivo muy intensamente, experimento una sensación de profunda paz e intensidad. Me he dado cuenta, de repente, de que nunca había vivido en paz en ningún sitio: siempre había guerra, conflictos, dictadura".<br /><br />–¿En Hungría no siente paz?<br /><br />–No. Respiro rabia y destrucción. He vivido 40 años allí sin poder obtener un visado para salir al extranjero, y ahora disfruto por vez primera de una ciudad abierta y cosmopolita. Hablo la lengua alemana, mi editor vive aquí, y noto que la gente me quiere.<br />“No soy de derechas ni de izquierdas porque, sencillamente, lo político como campo de acción me resulta ajeno, no creo que esas etiquetas me sirvan para avanzar. Vemos cada día a tantos políticos flirtear con la libertad pero acostarse con la tiranía...”<br /><br />El gran tema de su obra, pues, son “los estados totalitarios. He vivido tanto en el sistema nazi como en el comunista, y he visto cómo el poder transforma profundamente los cimientos del carácter humano. No hay diferencias entre nazismo y comunismo, ambos son el mismo totalitarismo político creado por la humanidad en el siglo XX, y que obliga a la gente a ser víctima o verdugo. Tanto en el gulag como en el campo de concentración no hay inocentes: víctima y verdugo, ambos, se implican en la lógica perversa del sistema. Yo he visto, en un campo, hacer cosas perversas por conseguir un pedacito más grande de pan”.<br /><br /></p><a href="http://4.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/Sjw4slsHeeI/AAAAAAAACLQ/l-U6jHDKjrE/s1600-h/2951.jpg"><img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; DISPLAY: block; HEIGHT: 266px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349212796091857378" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/Sjw4slsHeeI/AAAAAAAACLQ/l-U6jHDKjrE/s400/2951.jpg" /> <p align="center"></a><span style="font-size:78%;">Con su esposa, Magda, con quien se casó hace 13 años<br /></p><p align="justify"></span>Su esposa Magda nos cuenta, en inglés, cómo se conocieron: "Soy húngara, pero vivía en Chicago desde 1956. Volví hace 13 años a mi país para abrir una oficina del estado de Illinois en Centroeuropa, conocí a Imre en Budapest y ya me quedé". Ante una tarta de manzana y nata, conseguimos que nos revele algunos detalles de alcoba: "Muchas noches, abro los ojos y veo que ya no está en la cama... porque se ha ido a la habitación de al lado a escribir. Escribe de madrugada, ¡durante horas!". Él, cabizbajo, lo confirma: "Duermo muy poco... y no consigo tampoco estar de vacaciones. Me llevo el ordenador y, mientras mi mujer disfruta de la playa, yo trabajo. Es como una obsesión, una manía, siempre me pica...". </p><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16517800-1634030212617132836?l=apostillasnotas.blogspot.com'/></div>Magda Díaz Moraleshttp://www.blogger.com/profile/16662759194132255220apostillas@gmail.com13tag:blogger.com,1999:blog-16517800.post-38171951277569175582009-06-18T07:04:00.003-05:002009-06-18T20:02:13.419-05:00Palabras inciertas<div align="justify"><a href="http://4.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/Sjme_lMu4OI/AAAAAAAACK4/SF05BcFYdLE/s1600-h/EricNikkessen.jpg"><img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 143px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/Sjme_lMu4OI/AAAAAAAACK4/SF05BcFYdLE/s200/EricNikkessen.jpg" border="0" alt="Eric Nikkessen"id="BLOGGER_PHOTO_ID_5348480847633637602" /></a>Un colega me envía esta nota publicada en <em>El pais</em> hace unos días. La escribe Antonio Muñoz Molina y la titula "Cerca del origen". Dice el primer segmento:<br /><br /></div><blockquote><p align="justify"><span style="font-size:78%;">Antes que los libros y que la escritura fueron las historias contadas en voz alta; mucho antes que las palabras fue el juego, la pantomima, el canto, facultades que los seres humanos compartimos con algunas especies animales; en el canto está el desafío y la llamada, el estremecimiento de un estado de ánimo colectivo; en el juego, el germen de la ficción: perros, monos, delfines, fingen, igual que nosotros, que se persiguen y se atacan, y al hacerlo establecen un ámbito que no es el de los actos verdaderos, el de los gestos útiles que tienen resultados tangibles: el hueso de plástico que el perro se afana con tanto entusiasmo en perseguir no va a alimentarlo; mucho antes de articular una palabra inteligible el niño sabe fingir que conduce un coche con gestos muy parecidos a los de su padre e imitando el ruido del motor, o que monta a caballo sobre un palo de escoba. Antes todavía, recién llegado al mundo, es capaz de adivinar, sin que nadie se lo haya enseñado, un cambio sutil en la atención de un adulto. Ve una mirada que se mueve y él mueve la suya; observa una expresión de alegría o de estupor o de pena y la imita tan certeramente como dentro de no mucho tiempo imitará una voz. Tan instintivamente como sabe adherirse al pecho suculento de su madre el bebé está practicando casi desde que abre los ojos el ejercicio mental sin el que no es posible ninguna forma de ficción: ponerse en el lugar de otro. En los primeros años de la vida abarcará el tránsito de muchos milenios de evolución, del grito y el mimetismo gestual y la melopea a la palabra inteligible, al relato organizado, a la lectura y la música, a la sofisticada expresión plástica, al juego de representar lo que no se es y lo que no existe. Irá haciéndose adulto y dará igual que lea o no novelas, que se aficione al cine o a los videojuegos o que decida consagrar el esfuerzo íntegro de su inteligencia en ganar mucho dinero o en difundir el mensaje de una religión o en atracar bancos o en triunfar en la alta costura: haga lo que haga, lo sepa o no, su vida estará poblada de ficciones, la mayor parte de las cuales, aunque él o ella imagine que están recién inventadas, han venido contándose desde hace al menos varios miles de años, y serán muy parecidas a las que escuche o cuente cualquier desconocido en otro extremo del mundo. Cada ser humano, cada ser vivo, es una combinación única e irrepetible de un riquísimo material genético; la misma canción varía cada vez que alguien la canta, aunque sea la misma persona en épocas diversas, en días sucesivos; cada historia es distinta a cualquier otra y cambia sutilmente cada vez que se cuenta, como muy bien sabe el padre o la madre que ha de repetir cada noche el mismo cuento a un hijo y sin embargo se las arregla para introducir sutiles variaciones. Pero entre todos los seres humanos y todas las historias hay un grado de familiaridad que se corresponde con la desconcertante unidad genética de la especie.</span></p></blockquote><div align="justify">Seguro que estaremos de acuerdo con la mayor parte de lo que señala. Pero veamos a continuación. Iré por partes:<br /><br /></div><blockquote><p align="justify">A una parte de los teóricos universitarios de la literatura (y a los demagogos de la política) estas similitudes les producen una agresiva irritación.</p></blockquote><div align="justify">No se a que se refiere con "A una parte". No se si no desea ser absoluto porque sabe que éste no existe (lo absoluto) y escribe "a una parte" como para salvar lo total y por lo tanto imposible. No se puede decir que todos los teóricos de la literatura (o <em>todos</em> lo que sea) piensan de determinada manera y por eso apunta "a una parte", para salvar lo radical. No creo que los teóricos universitarios de la literatura estas similitudes les causen "una agresiva irritación". Por supuesto que no. ¿Qué diría <a href="http://apostillasnotas.blogspot.com/2008/07/fragmentos-de-un-discurso-amoroso.html">Barthes</a> o Greimas (tal vez bastaría leer su libro <em><a href="http://apostillasnotas.blogspot.com/2005/06/de-la-imperfeccin.html">De la imperfección</a></em> para hallar una respuesta) o Ricoeur o Eco, al respecto?<br /><br />Termina diciendo:<br /><br /></div><blockquote><p align="justify">Las teorías literarias dominantes desde hace décadas (sobre todo en las universidades anglosajonas), se basan en una clasificación semejante de los seres humanos y de los productos de su imaginación: las obras de literatura carecen de verdadera sustancia, o de cualquier correspondencia con la vida de quienes las escriben o con el mundo en el que surgen; son emanaciones de discursos de opresión o discursos que manifiestan identidades colectivas, tan cerradas sobre sí mismas y tan ajenas entre sí como las culturas tribales que estudian los antropólogos; atribuir a una obra literaria un valor universal es tan ridículo como buscar rasgos humanos, conductas o incluso percepciones que sean naturales, o principios éticos que merezcan ser respetados por igual en cualquier lugar del mundo; en último extremo, la literatura es siempre un sucedáneo, un residuo de algo: del poder patriarcal, de la construcción de la identidad, etcétera.</p></blockquote><div align="justify">Sinceramente, quedo asombrada e incrédula ante estas palabras ¿serán verdaderas? o ¿son consecuencia de una broma? </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16517800-3817195127756917558?l=apostillasnotas.blogspot.com'/></div>Magda Díaz Moraleshttp://www.blogger.com/profile/16662759194132255220apostillas@gmail.com16tag:blogger.com,1999:blog-16517800.post-30169591324639719212009-06-14T07:27:00.004-05:002009-06-19T19:19:38.867-05:00Partitura para mujer muerta: Vicente Alfonso<div align="justify"><a href="http://1.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/SjQtkcMlRiI/AAAAAAAACKY/GAqhMpl8nUU/s1600-h/vicenteA.jpg"><img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 85px; FLOAT: left; HEIGHT: 143px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5346948761663129122" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/SjQtkcMlRiI/AAAAAAAACKY/GAqhMpl8nUU/s200/vicenteA.jpg" /></a> Vicente Alfonso, <em>Partitura para mujer muerta</em> (México: Random House Mondadori, 2008)<br /><br />La interdiscursividad, esa relación entre el texto literario y otras artes (otros discursos), recorre <em>Partitura para mujer muerta</em> de Vicente Alfonso (obtuvo con ella el Premio Nacional de Literatura Policíaca). La referencia al discurso musical, pero también al cinematográfico y al histórico, es la interacción dinámica que acompaña al entramado textual. Este procedimiento, por donde transcurre la historia alrededor de un asesinato, me parece una clave importante para nuestra interpretación de lectura. El tráfico de guiños entre música y escritura pone en contacto dos universos referenciales que entrelazan hilos cuya recursividad propicia toda esa representación de haces semánticos por donde transita la construcción del universo ficcional.<br /><br />Laura Suárez, una violinista, es asesinada en su departamento en la ciudad de Monterrey durante la primavera del 95. Su violín, un Vuillaume de 1864 que se decía había tocado Mendelssohn, está extraviado. Su desaparición ¿es el motivo del crimen? Los sucesos se desarrollan entre 1995 –a unos meses de los asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu– y 2004. El país sufre una gran crisis económica, "Salinas y Zedillo se culpaban entre sí por una crisis que parecía no tener fin; cada día se devaluaba más el peso, aumentaban los despidos, cerraban los negocios y el número de suicidios se multiplicaba". El crimen parecía estar a la orden del día y con él, la injusticia preponderando. ¿Qué papel, bajo esta contextualidad social, desempeña el arte?<br /><br />A Jesús Gómez, asistente de Juan José Blackaller, en ese entonces agente del Ministerio Público, le toca investigar sobre el asesinato de la violinista. "Poco a poco, dice, me impuse el desafío de descifrar las señales, de reunir las piezas de esa historia". Gómez encuentra, en el lugar de los hechos, unos papeles ensangrentados, eran unas partituras y un texto titulado "Ejercicio 9: Partitura para mujer muerta".<br /><br />Paralelamente encontramos a Álvaro Lobato, novio de la asesinada, con deseos de conocer los móviles del crimen sucedido nueve años atrás, después de estar con él por última vez. El asesinato está rodeado de gran misterio y mentiras. A cómo de lugar Álvaro trata de encontrar a Perla Cantú, una violonchelista alumna de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Prieto_(chelista)">Carlos Prieto</a>, amiga de Laura Suárez que tiene que prostituirse para comprar su violonchelo.<br /><br />A partir de esto se desarrolla la historia, hechos después del asesinato de la violinista. La novela me recordó <em><a href="http://apostillasnotas.blogspot.com/2009/01/el-miedo-los-animales-enrique-serna.html">El miedo a los animales</a></em> de Enrique Serna. <em>Partitura para mujer muerta</em> es una muy buena novela que reflexiona, a través de Gómez, sobre aquello de que "todos podemos ser asesinos siempre y cuando encontremos quién desee ser nuestra víctima. Nos pasamos la vida buscando a alguien dispuesto a agonizar en nuestras manos. Cuando lo hallamos, acabarlo es cumplir con la última fase del ritual. El riesgo -porque siempre hay un riesgo- es andar por ahí en busca de una víctima y topar con el verdugo, una persona en cuyas manos estemos dispuestos a morir"<br /><br /><blockquote><em>Algunos hombres aman con el cuerpo, otros con el dinero o con el intelecto. Yo amo con la música. En nuestra relación, la música ha constituido un vínculo más estrecho que cualquier vínculo erótico y carnal. Tú que entiendes de todo y me hablas de la otra orilla, seguramente sabes qué fuerza tan inmensa posee la música. Tiene más fuerza que el beso, que la palabra, que el tacto. Lo que uno ya es incapaz de contar con el cuerpo y el espíritu, termina contándolo con la música. Yo he sido la única persona que ha sabido hablarle a ese cuerpo precioso y enfermo... ¿Acaso no lo sabías? Le hablaba con la ayuda de la música</em> (<em>La hermana</em>, Sándor Márai).</blockquote> </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16517800-3016959132463971921?l=apostillasnotas.blogspot.com'/></div>Magda Díaz Moraleshttp://www.blogger.com/profile/16662759194132255220apostillas@gmail.com6tag:blogger.com,1999:blog-16517800.post-88799202696040245702009-06-01T07:13:00.000-05:002009-05-31T18:17:46.489-05:00Nietzsche. Eros,arte y divinidad<center><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/5lkToRllFWg&hl=es&fs=1"><param name="allowFullScreen" value="true"><param name="allowscriptaccess" value="always"><embed src="http://www.youtube.com/v/5lkToRllFWg&hl=es&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></center><p align="center">Sumamente interesante </p><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16517800-8879920269604024570?l=apostillasnotas.blogspot.com'/></div>Magda Díaz Moraleshttp://www.blogger.com/profile/16662759194132255220apostillas@gmail.com11tag:blogger.com,1999:blog-16517800.post-25133677722119308832009-05-16T07:16:00.001-05:002009-05-15T19:31:07.680-05:00El maestro, el niño y la vaca<div align="justify"><a href="http://1.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/Sg4IKCzMK4I/AAAAAAAACIE/IFDtKrH4rd4/s1600-h/paseando+vaca.jpg"><img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; DISPLAY: block; HEIGHT: 296px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5336211577123908482" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/Sg4IKCzMK4I/AAAAAAAACIE/IFDtKrH4rd4/s400/paseando+vaca.jpg" /></a> Un amigo me envió este escrito: Esta rosa es de un niño español de ocho años a quien su maestro pidió que describiera un mamífero o un ave. El texto es tan delicioso, que se guarda en el Museo Pedagógico de París.<br /><br />Vida Nueva, Madrid 10 de octubre de 1987<br /><br />El pájaro del que voy a hablar es el búho. El búho no ve de día y de noche es más ciego que el topo. No se gran cosa del búho, así que continuaré con otro animal que voy a elegir: la vaca. La vaca es un mamífero, tiene seis lados, el de la izquierda, el de la derecha, el de arriba y el de abajo. El de la parte de atrás tiene un rabo del que cuelga una brocha. Con esa brocha se espanta las moscas para que no caigan en la leche. La cabeza sirve para que le salgan los cuernos. Y además porque la boca tiene que estar en alguna parte. Los cuernos son para luchar con ellos. Por la parte de abajo tiene la leche. Está equipada para que se le pueda ordeñar. Cuando se le ordeña la leche viene y ya no se va nunca. ¿Cómo se las arreglará la vaca? Nunca he podido comprenderlo. Pero cada vez sale con mayor abundancia. El marido de la vaca es el buey, el buey no es mamífero. La vaca no come mucho, pero lo que come lo come dos veces, así que ya tiene bastante, cuando tiene hambre muge, y cuando no dice nada es que está llena de hierba por dentro. Sus patas le llegan al suelo. La vaca tiene el olfato muy desarrollado, por lo que se puede oler desde lejos, por eso es por lo que el aire del campo es tan puro.<br /><br />Publicado el 15 de mayo de 1990 en periódico <em>El Nacional</em>. </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16517800-2513367772211930883?l=apostillasnotas.blogspot.com'/></div>Magda Díaz Moraleshttp://www.blogger.com/profile/16662759194132255220apostillas@gmail.com21tag:blogger.com,1999:blog-16517800.post-29156447907282479252009-05-10T06:47:00.002-05:002009-05-09T17:58:54.821-05:00Edgar Allan Poe y el ajedrecista<div align="justify"><a href="http://2.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/SgYJojML3OI/AAAAAAAACH8/MR7g_NQok60/s1600-h/kempelen1.jpg"><img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; FLOAT: left; HEIGHT: 159px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5333961400912698594" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/SgYJojML3OI/AAAAAAAACH8/MR7g_NQok60/s200/kempelen1.jpg" /></a> "Las habilidades del maestro Edgar Allan Poe para plantear y en algunos casos develar misterios, no se remitían únicamente a su magistrales cuentos, pues las llevó también a la práctica cuando en 1836 intentó desenmascarar a, “El Turco”, un autómata (el termino robot no existía como lo conocemos hoy) cuya principal cualidad era la de jugar ajedrez, derrotando entre otros adversarios a Napoleón II. “El Turco” fue creado por el húngaro Wolfgang von Kempelen en 1769 , quien se encargó de recorrer Europa con su criatura ajedrecista dando mates por donde pasaba.<br /><br />En 1804 “El Turco” quedó huérfano, y tiempo después, el inventor alemán, Johann Nepomuk Mälzel, compró al inteligente títere para arrancar con él una gira por Estados Unidos, la cual tuvo gran éxito y pronto algunas copias burdas del autómata empezaron a surgir. El éxito que Mälzel y su máquina sumaban hizo sospechar a algunos periodistas y mentes incrédulas, como la Poe, quien se dio a la tarea de investigar sobre el caso y publicar sus hipótesis en su ensayo. “El jugador de ajedrez de Maelzel" (“Maelzel's Chess Player") en donde expone las complicaciones mecánicas, matemáticas y filosóficas que una máquina tendría que sortear para jugar una partida de ajedrez sin ayuda de una mente, por lo menos humana.<br /><br />Por supuesto en nuestra época cualquier explicación podría resultar sobrada e innecesaria, la tecnología ha llegado a tal punto que, nos podemos creer lo que sea y no desde un punto de vista mágico, sino tecnológico, pero en los tiempos de Poe, donde lo milagroso aun reinaba sobre lo científico, cualquier explicación se agradecía, y más, si era tan detallada como la descrita en el texto del maestro de Baltimore, quien logra una sencilla pero didáctica comparación entre la máquina de computo de Charles Babbage y el ya famoso “Turco”, argumentando que por más sorprendente e ingeniosa que sea la primera, ésta necesita de la introducción de datos precisos para dar un resultado único, a diferencia de la máquina humanoide y turca de Maelzel, la cual sin importar los datos recibidos, las posibilidades de respuesta podrían ser múltiples, y que por lo tanto, era casi imposible que una máquina sin nexos con una mente humana pudiera decidir acertadamente entre cientos de combinaciones posibles. Posteriormente, Mr. Poe se extiende en análisis minuciosos sobre los sospechosos movimientos del autómata, deduciendo sus características humanas.<br /><br />A pesar de su brillante y detectivesco ensayo, nuestro genial escritor no logra tirarle el teatrito a Meazel, pero si lo hacen un par de jóvenes quienes un buen día logran ver a un tipo salir del cuerpo del Turco, resultando ser William Schlumberger, famoso ajedrecista europeo".<br /><br />Via | <a href="http://www.exonline.com.mx/diario/blog/493416">Excélsior</a></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16517800-2915644790728247925?l=apostillasnotas.blogspot.com'/></div>Magda Díaz Moraleshttp://www.blogger.com/profile/16662759194132255220apostillas@gmail.com14tag:blogger.com,1999:blog-16517800.post-26492131185075284242009-05-05T11:16:00.002-05:002009-06-02T20:11:43.326-05:00Los ensayos de Montaigne<div align="justify"><a href="http://3.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/Sf7u4ZuZWTI/AAAAAAAACH0/A49s-AQR4xE/s1600-h/montaigne.gif"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5331961661598816562" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 85px; CURSOR: hand; HEIGHT: 143px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/Sf7u4ZuZWTI/AAAAAAAACH0/A49s-AQR4xE/s200/montaigne.gif" border="0" /></a> Michael Montaigne, <em>Ensayos Completos</em>, Notas prologales de E.M. Aguilera, Trad. de Juan G. Luaces (México: Porrúa, 2003)<br /><br />He estado nuevamente leyendo los ensayos de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Michel_Eyquem_de_Montaigne">Montaigne</a>. Se dice que "concibe sus ensayos como una marquetería mal unida, y reivindica su desorden como prenda de su libertad y de su "buena fe". Este desorden se debe también al propio modo de escribirlos: Montaigne pensaba en voz alta y un secretario (existieron tres sucesivos) <a href="http://www.pays-de-bergerac.com/esp/turismo/lugares-notables/castillos/montaigne/index.asp">tomaba nota del dictado</a>”.<br /><br />Casi al terminar el primer libro, escribe: "<em>La reina Margarita de Navarra cuenta de un joven príncipe, al cual no menciona, aunque por su grandeza es harto conocido, lo siguiente: yendo este príncipe a una cita amorosa para dormir con la mujer de un abogado de París, pasaba su camino por en medio de una iglesia, y siempre que, yendo o viniendo, atravesaba aquel santo lugar, nunca dejaba de hacer oración ahí. Dejo al juicio del lector el ver de qué manera empleaba el príncipe el favor divino. No obstante, la reina Margarita alega este ejemplo como cosa de singular devoción. No es ésta la única prueba de la inepcia de las mujeres para discutir asuntos de teología</em>".<br /><br />Qué interesante si Montaigne (1533-1592) hubiera conocido la <a href="http://www.ensayistas.org/antologia/XVII/sorjuana/sorjuana1.htm">Carta Athenagórica</a> de Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695), esa respuesta a <a href="http://www.ensayistas.org/antologia/XVII/sorjuana/sorjuana2.htm">Sor Filotea de la Cruz</a> (texto conocido también como Carta al obispo de Puebla). No imagino qué hubiera expresado al leer:<br /><br /></div><blockquote><p align="justify"><em>Pues ¿qué os pudiera contar, Señora, de los secretos naturales que he descubierto estando guisando? Veo que un huevo se une y fríe en la manteca o aceite y, por contrario, se despedaza en el almíbar; ver que para que el azúcar se conserve fluida basta echarle una muy mínima parte de agua en que haya estado membrillo u otra fruta agria; ver que la yema y clara de un mismo huevo son tan contrarias, que en los unos, que sirven para el azúcar, sirve cada una de por sí y juntos no. Por no cansaros con tales frialdades, que sólo refiero por daros entera noticia de mi natural y creo que os causará risa; pero, señora, ¿qué podemos saber las mujeres sino filosofías de cocina? Bien dijo Lupercio Leonardo, que bien se puede filosofar y aderezar la cena. Y yo suelo decir viendo estas cosillas: Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito.</em></p></blockquote><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16517800-2649213118507528424?l=apostillasnotas.blogspot.com'/></div>Magda Díaz Moraleshttp://www.blogger.com/profile/16662759194132255220apostillas@gmail.com5tag:blogger.com,1999:blog-16517800.post-73701183367290670312009-04-30T08:18:00.007-05:002009-05-26T09:23:27.102-05:00La MeatrixEn el blog de Vivian Abenshushan veo este video que les pido por favor miren y escuchen: <a href="http://www.themeatrix.com/intl/spain/dub/">¿Qué es La Meatrix?</a>. <br /><br />En el mismo blog leo este interesante texto: <a href="http://desokupados.blogspot.com/2009/04/la-meatrix-la-otra-historia-de-la-peste.html">La Meatrix: la otra historia de la peste porcina.</a><br /><br />Además: <a href="http://www.proceso.com.mx/opinion_articulo.php?articulo=68327">Gripe porcina: el monstruoso poder de la industria ganadera</a>.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16517800-7370118336729067031?l=apostillasnotas.blogspot.com'/></div>Magda Díaz Moraleshttp://www.blogger.com/profile/16662759194132255220apostillas@gmail.com12tag:blogger.com,1999:blog-16517800.post-10479379159113310242009-04-24T08:06:00.008-05:002009-05-15T09:50:04.157-05:00Juan Marsé y su chamarra roja<div align="justify"> Una de las cualidades más valiosas en el ser humano, en mi opinión, es la sencillez. La auténtica sencillez, no la construida para la ocasión. Esto viene a cuento por lo que narra Juan Cruz sobre Juan Marsé y el Cervantes en "<a href="http://www.elpais.com/articulo/cultura/Mes/arregladet/elpepucul/20090424elpepicul_2/Tes">Més arregladet</a>":<br /><br /></div><blockquote><p align="justify">Ayer congregó, en su discurso y en la realidad, a amigos suyos de la infancia, o de la juventud, a sus parientes, a los que le ayudaron, a sus editores, a Carmen Balcells, "aquí y en el más allá"... No era un discurso: Marsé siente así, él es la consecuencia humana de un modo de concebir la vida como un ejercicio de amistad. El paraninfo de Alcalá era el reflejo de esa mirada de amigo que le ha convertido en un tipo especial.<br /><br />Ayer se tuvo que vestir de <em>pingüino</em>. El discurso le costó, porque es un maniático de la exigencia; pero le costó más acostumbrarse a ponerse ese traje. En noviembre, cuando supo que era Cervantes, se puso a especular con su nieto Guille (nueve años, como Jan, el otro nieto; la nieta, Nadia, tiene once) cómo iban a vestirse para una ocasión como la de ayer. En un momento de la conversación le dijo a Guille: "¿Y si fueras de marinerito?". El nieto le replicó: "¿Y por qué no vas tú de marinerito?"<br /><br />La preocupación por el traje tiene antecedentes. Hace 31 años le dieron el Planeta, y llegó al fallo vestido con una zamarra roja. El presidente Tarradellas le miró de reojo, desaprobando; otro día le vio con corbata. Y entonces el legendario president le dijo al oído: "Ja veig que ara està vosté més arregladet". El Rey no le diría ayer nada de eso, pero los que le veían sabían que Marsé también llevaba al mediodía una zamarra roja, pero invisible, o bien iba vestido de marinerito.</p></blockquote><div align="justify">Me ha tocado asistir a varias entregas de Premios, y puedo asegurar que en estas reuniones destaca siempre, cuando se presenta, lo sensible por sobre lo convencional. Desafortunadamente la mayoría de las veces lo que presenciamos son vanidades, jactancias, afectaciones, petulacias y conveniencias. Pero cuando asistimos a compartir la alegría con alguien que lleva una chamarra invisible al recibir su galardón, estos premios adquieren realmente un importante e inolvidable sentido. <br /><br />Hace unos días comentó Juan Marsé, que sólo le quitaba el sueño “toda la parafernalia que rodea la entrega del galardón”. Sobre América Latina, expresó, ha viajado a México, Cuba y Argentina y se confiesa un gran amante de su literatura. "Amo a Juan Rulfo, a Juan Carlos Onetti, a Alejo Carpentier, a Horacio Quiroga. Y no me olvido de los grandes poetas".</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16517800-1047937915911331024?l=apostillasnotas.blogspot.com'/></div>Magda Díaz Moraleshttp://www.blogger.com/profile/16662759194132255220apostillas@gmail.com7tag:blogger.com,1999:blog-16517800.post-79553636564019544212009-04-18T08:44:00.002-05:002009-04-18T08:50:35.669-05:00La casa malva: J. M. G. Le Clézio<div align="justify"><a href="http://4.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/SenZaXVjDXI/AAAAAAAACHA/PdDsk2XVLAU/s1600-h/985245.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5326027081306541426" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 141px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/SenZaXVjDXI/AAAAAAAACHA/PdDsk2XVLAU/s400/985245.jpg" border="0" /></a> Ethel. Está delante de la entrada del parque. Es de tarde. La luz es dulce, color perla. Tal vez una tempestad retumba sobre el Sena. Aprieta muy fuerte la mano del señor Soliman. Tiene apenas diez años, todavía es chica, su cabeza apenas llega a la cadera de su tío abuelo. Frente a ellos hay como una ciudad construida en medio del bosque de Vincennes, se ven torres, alminares y cúpulas. En los bulevares de alrededor se apretuja la multitud. De pronto estalla el chaparrón que amenazaba y la lluvia cálida hace subir un vapor por encima de la ciudad. Instantáneamente se abren cientos de paraguas negros. El viejo señor ha olvidado el suyo. Duda, mientras empiezan a caer las gruesas gotas. Pero Ethel lo tira de la mano y juntos corren por el bulevar hacia la cornisa de la puerta de entrada, frente a los fiacres y los autos. Ella lo tira de la mano izquierda y con la derecha él mantiene en equilibrio el sombrero negro sobre el cráneo puntiagudo. Cuando corre, sus patillas grises se abren rítmicamente, lo que hace reír a Ethel, y al verla reír el también ríe, tanto que se paran debajo de un castaño para protegerse.<br /><br />Es un lugar maravilloso. Ethel nunca vio ni soñó con algo así. Pasada la entrada por la puerta Picpus, costearon el edificio del museo, frente al que se apretujaba la multitud. El señor Soliman no está interesado. "Siempre podrás ver museos", dijo. El señor Soliman está pensando en algo. Por eso quiso ir con Ethel. Ella trató de saber y desde hacía días le planteaba preguntas. Es muy astuta, es lo que le dice su tío abuelo. Sabe conseguir lo que quiere. "Si es una sorpresa y te la digo, ¿dónde está la sorpresa? Ethel vuelve a la carga. "Al menos puedes dejarme adivinar." Él está sentado en su sillón, después de cenar y fuma su cigarro. Ethel sopla el humo del cigarro. "¿Se come? ¿Se bebe? ¿Es un lindo vestido?" Pero el señor Soliman sigue firme. Fuma su cigarro y bebe su coñac como todas las noches. "Lo sabrás mañana".<br /><br />Después de esto, Ethel no puede dormir. Toda la noche da vueltas en su pequeña cama de metal que chirría mucho. Recién se duerme al alba y le resultaba difícil despertarse a las diez, cuando su madre viene a buscarla para almorzar en casa de las tías. El señor Soliman todavía no está. Sin embargo, el bulevar Montparnasse no queda lejos de la calle Contentin. Un cuarto de hora caminando, y el señor Soliman es un buen caminante. Camina bien derecho, con el sombrero negro encajado en el cráneo, con el bastón con punta de plata que no toca el suelo. A pesar del bullicio de la calle, Ethel dice que lo escucha llegar desde lejos, con el sonido rítmico del hierro de los tacos de sus botas en la vereda. Dice que hace el ruido de un caballo. Le gusta comparar al señor Soliman con un caballo y a él esto no le desagrada, y cada tanto, a pesar de sus ochenta años, la sube a sus hombros para ir a pasear al parque y, como es muy grande, ella puede tocar las ramas bajas de los árboles.<br /><br />Continúa: <a href="http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1118337"><em>La casa malva</em>, de J. M. G. Le Clézio</a>. </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16517800-7955363656401954421?l=apostillasnotas.blogspot.com'/></div>Magda Díaz Moraleshttp://www.blogger.com/profile/16662759194132255220apostillas@gmail.comtag:blogger.com,1999:blog-16517800.post-42389591324486878332009-03-27T07:21:00.004-06:002009-05-26T09:19:36.298-05:00Eduardo Galeano<div align="justify"> Fui a ver a Eduardo Galeano que se presentó en el Auditorio de la Facultad de Humanidades de la Universidad Veracruzana, de la que recibirá el doctorado <em>honoris causa</em> (también lo recibirá Ernesto Cardenal, <a href="http://www.jornada.unam.mx/2009/03/27/index.php?section=cultura&article=a04n1cul">aquí foto y reseña</a>). Me desilusionó totalmente, es una persona pedante.<br /><br />Habló de lo mismo que habla desde hace años. Atrás de ese contar sus chascarrillos, lances, anécdotas de siempre, de comentar todos los premios que ha recibido, se le percibe claramente un donaire de creerse en demasía.<br /><br />Jamás pensé que Galeano fuera de esta forma. Con todo, las personas que asistieron, que fueron muchas (lleno completo), le aplaudieron bastante.</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16517800-4238959132448687833?l=apostillasnotas.blogspot.com'/></div>Magda Díaz Moraleshttp://www.blogger.com/profile/16662759194132255220apostillas@gmail.com29tag:blogger.com,1999:blog-16517800.post-19068738971908618552009-03-25T08:21:00.006-06:002009-05-26T09:18:50.108-05:00Fallece el hijo de Sylvia Plath<div align="justify"> Si la depresión es hereditaria o no ¿cómo saberlo? Lo que si es posible es lamentar el suicidio de Nicholas Hughes, hijo de los poetas Ted Hughes y Sylvia Plath que, como recordamos, deprimida por el rompimiento con su esposo tomó la decisión de quitarse la vida dejando abiertas las hornillas de la estufa, en su casa de Londres.<br /><br />Nicholas Hughes era un notable investigador de la fauna marina de Alaska, <a href="http://www.jornada.unam.mx/2009/03/25/index.php?section=cultura&article=a04n2cul">según se lee en los diarios</a>. Dicen estas notas que "durante muchos años fue denostado –sobre todo por organizaciones feministas– por haber supuestamente provocado el suicidio de su mujer con sus infidelidades. A saber...<br /><br />Cuando Sylvia Plath se suicidó tomó la precaución de sellar con toallas mojadas la puerta de la cocina, para no afectar a sus hijos Nicholas y Frieda, de uno y dos años de edad, respectivamente, a quienes dejó abrigados y dormidos en el cuarto de al lado, y con galletas y un vaso de leche para cada uno. A pesar de toda la atención mediática que recibió el caso, Hughes mantuvo oculta la verdad a sus hijos hasta que éstos llegaron a la adolescencia.<br /><br />Seis años después, como si se tratara de una pesadilla recurrente, la compañera del escritor, Assia Wevill –quien en su momento fue esposa de su amigo el poeta David Wevill–, se quitó la vida de la misma forma que Plath: intoxicándose con gas, sólo que en esta ocasión también murió la hija de Ted y Assia, Shura.<br /><br />A causa del dramatismo de la historia familiar –que incluso fue llevada al cine en 1993–, muchos de los comentarios giran más en torno de los suicidios que del talento literario de Sylvia Plath o su ex esposo, quien murió de cáncer en 1998.<br /><br />Nicholas Hughes fue recordado por su hermana Freida como una persona amable y un amigo fiel".</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16517800-1906873897190861855?l=apostillasnotas.blogspot.com'/></div>Magda Díaz Moraleshttp://www.blogger.com/profile/16662759194132255220apostillas@gmail.com15tag:blogger.com,1999:blog-16517800.post-61247240196469751382009-03-15T12:08:00.007-06:002009-05-26T09:18:23.983-05:00Renunciar a escribir<div align="justify"> Varias son las circunstancias que llevan a no querer o no poder seguir escribiendo. Puede ser el estar cansado, el no tener que contar, demasiado trabajo, etc. Aquí, <a href="http://diario.elmercurio.com/2009/03/15/al_revista_de_libros/_portada/noticias/BD57BF7F-3BA9-48B6-89CA-F62358DCA866.htm?id={BD57BF7F-3BA9-48B6-89CA-F62358DCA866}">varios escritores que han renunciado a su voz</a>:<br /><br /></div><blockquote><p align="justify">"Cuando a Juan Rulfo le preguntaban por qué ya no escribía, él solía contestar: "Pues porque se me murió el tío Celerino, que era el que me contaba las historias". La excusa -una de las más originales hasta ahora inventadas- es recogida por Enrique Vila-Matas en su obra <em>Bartleby y compañía</em> (2000). En ésta, el narrador discute el mal de las letras contemporáneas, de la pulsión negativa o la atracción por la nada que hace que "ciertos creadores, aun teniendo una conciencia literaria muy exigente (o quizás precisamente por eso), no lleguen a escribir nunca; o bien escriban uno o dos libros y luego renuncien a la escritura; o bien, tras poner en marcha sin problemas una obra en progreso, queden, un día, literalmente paralizados para siempre". Vila-Matas habla en este libro, de principio a fin, sobre aquellos que han dejado de escribir, e indaga en los motivos que tiene cada uno para hacerlo. La misión del autor, en este sentido, es encontrar a los "bartlebys" que residen en este mundo. El término, tomado del personaje del estadounidense Herman Melville, hace referencia a todas aquellas personas que habitan en una profunda negación y que ante cualquier petición responden infaliblemente con un "preferiría no hacerlo".<br /><br />¿Por qué algunos escritores dejan repentinamente este oficio?, ¿qué razones podrían hacerlos perder su vocación?, ¿qué motivo los puede llevar a un silencio total? Para el crítico Camilo Marks, razones hay tantas como escritores: depresión, locura, alcoholismo, vivir en el borde de la criminalidad, bloqueo creativo, psicopatías, castigos y persecuciones. Y agrega: 'En la actualidad, también existen otros tipos de causas, como indiferencia del público, malas críticas reiteradas, hechas con mala fe, pues atacan al autor/a y no a sus textos, hastío, incomprensión y carencia total de estímulos, tener que hacer frente a insultos y vejámenes, políticas editoriales, entre otros' ".</p></blockquote><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16517800-6124724019646975138?l=apostillasnotas.blogspot.com'/></div>Magda Díaz Moraleshttp://www.blogger.com/profile/16662759194132255220apostillas@gmail.com25tag:blogger.com,1999:blog-16517800.post-31602310800111813422009-03-14T12:40:00.006-06:002009-05-26T09:22:34.650-05:00Recuento de la crítica literaria en México: Evodio Escalante<div align="justify"> Evodio Escalante, doctor en Letras, investigador del departamento de Filosofía de la UAM Iztapalapa y crítico literario, es un colega y amigo al que estimo y admiro. Hoy publica en el suplemento cultural <em>Laberinto</em> de <em>Milenio</em>, este interesante reportaje sobre la crítica literaria en México, un recuento:<br /><br />La crítica ha de ser levantisca. Lo afirmo en el doble sentido de que debe contribuir a elevar el nivel general de una literatura, y en el de que está llamada a levantarse o sublevarse contra los lugares comunes y los prestigios establecidos. Si lo primero se antoja un ideal metafísico o una hipótesis difícil de comprobar, lo segundo era la realidad voluntariosa entre los críticos más señalados de los años setenta y ochenta. Aguerridos, militantes, contestatarios, los críticos de esa generación con la que de algún modo me identifico no conocieron cotos sagrados ni figuras que resultaran intocables pese a su pedestal. De esa época son los memorables ataques de José Joaquín Blanco contra la logomanía mitologizante de Carlos Fuentes en <em>Terra Nostra</em>, y contra las presuntas metáforas tercermundistas que Octavio Paz habría desplegado en <em>El mono gramático</em>.<br /><br />El progresivo declive de Fuentes entre los lectores mexicanos tiene en este texto de Blanco un decisivo punto de partida. No es un detalle menor señalar que Fuentes ni siquiera se molestó en acusar recibo de la crítica. Todavía lejos del Nobel, aunque cada vez más cerca de él, Octavio Paz también fue pasto de los jóvenes zorros. No le tembló la mano a José Joaquín Blanco para indicar su distancia frente a uno de los libros de prosa más felices de Paz. La imagen en la que el poeta narra cómo durante algunos de sus paseos por las praderas de la India tuvo que servirse de una vara para ahuyentar a una manada de monos que trataba de acercársele, la interpretó Blanco como una metáfora que hablaba del poeta exquisito y su afán por mantener a raya a las hordas empobrecidas del tercer mundo, que, por supuesto, le disgustaban.<br /><br />Aunque estimo que el libro de Paz no se merecía esa interpretación pendenciera, lo interesante del asunto era justamente la franca irreverencia ante uno de nuestros monstruos, en plena carrera internacional que ya le redituaba toda suerte de premios y distinciones. Había resultado chocante, y creo que esto explica en parte la virulencia de Blanco, el hecho de que la versión francesa de este libro había aparecido… ¡dos años antes que la española de Seix Barral! ¿No significaba esto una suerte de menosprecio hacia los lectores de nuestra lengua, que nos convertíamos así en lectores de segunda clase? Blanco le cobraba caro al poeta este desdén a sus interlocutores más inmediatos.<br /><br />No se quedó atrás Jorge Aguilar Mora. Con instinto dinamitero publicó un libro que los reflejos autoritarios del México de entonces habían considerado como de aparición imposible: <em>La divina pareja. Historia y mito en Octavio Paz</em>. El autor, que se decía había sido alumno de Roland Barthes en Francia y que se acababa de doctorar en El Colegio de México, intentó mostrar en este libro que la obra literaria de Paz no era sino un gigante con los pies de barro. Aunque fue silenciado en su momento, y al parecer no hubo repercusiones del mismo en las secciones de reseñas, que “enmudecieron” de modo unánime y sospechoso, este libro marcó un precedente de gran importancia: más allá de sus fallas argumentativas, y hasta de sus excesos, que por supuesto los tenía (Aguilar Mora cometió el gafe de acusar a Paz de “cobardía”… ¡basándose para ello en una lectura sesgada de unos versos de Piedra de sol!), la sola existencia de este título demostró que era posible sentar incluso a los dómines más célebres en la silla de los acusados.<br /><br />No sólo monolitos como Fuentes y Paz, también escritores de nuevo cuño como José Agustín podían ocupar el sitial de una <em>bête noire</em>. Paloma Villegas y Adolfo Castañón, cada quien por su lado (pero no fueron los únicos, ni los primeros), arremetieron con distintos argumentos contra uno de los inventores de lo que se llamó “literatura de la onda”. La velocidad de la prosa de Agustín, lo mismo que su eficaz registro de los giros coloquiales de la chaviza, parecieron un mero artilugio taquigráfico que no merecía mayor atención, y que quedaba fuera de lo que en sano juicio se consideraba “obra literaria”.<br /><br />Castañón incluso se metió con Pacheco. Estimó que la mayoría de los relatos fantásticos contenidos en <em>El principio del placer…</em> “no resisten una valoración literaria rigurosa”. Con estas palabras, Castañón ponía en duda, ni más ni menos, a una de las inteligencias literarias más impresionantes que ha habido en nuestro país. (Y a uno de sus mejores volúmenes, habría que agregar, pues ahí se encuentran esos relatos magistrales llamados “La fiesta brava” y “Tenga para que se entretenga”).<br /><br />En esta misma vena iconoclasta, a mí me tocó mantener a fines de los años ochenta una discusión periodística con Antonio Alatorre acerca de los nuevos métodos de análisis literario, a los que el filólogo había ridiculizado en sendos ensayos aparecidos en la <em>Revista de la Universidad</em> y en la desaparecida <em>Vuelta</em>. Mi fallecido amigo José Amezcua me comentó por esos días, no sin un dejo admirativo, que se repetía la querella de los antiguos y los modernos.<br /><br />No cualquier bodrio merece la gloria de la imprenta. Toda idea merece ser discutida. Estas podrían ser dos de las consignas a las que respondía, sabiéndolo o no, esa generación crítica que ya pertenece a la nostalgia.<br /><br />Los aires contestatarios del post-68 han sido sustituidos por una ola posmoderna y plural, por una tribu letrada menos belicosa. De aquella tolvanera, empero, se desprende una secuencia de nombres entre los que pueden mencionarse desde Jaime Moreno Villarreal (perspicaz en <em>La línea y el círculo</em>, aunque, hasta donde me doy cuenta, dejó la crítica literaria para especializarse en la de artes plásticas) hasta Armando González Torres, quien también ha incidido por cierto en una revisión de los logros discursivos de Paz y sus consiguientes polémicas.<br /><br /><a href="http://impreso.milenio.com/node/8545026">Seguir leyendo...</a> </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16517800-3160231080011181342?l=apostillasnotas.blogspot.com'/></div>Magda Díaz Moraleshttp://www.blogger.com/profile/16662759194132255220apostillas@gmail.comtag:blogger.com,1999:blog-16517800.post-1522843689465150842009-02-28T10:29:00.006-06:002009-05-26T09:17:33.775-05:00Jorge Volpi: Mazatlán mentir<div align="justify"> La decisión de conceder el "<a href="http://www.culturamazatlan.com/?Accion=Leer-Articulo&Articulo=441">Premio Mazatlán de Literatura 2009</a>" a <em>Mentiras Contagiosas</em>, de Jorge Volpi, violó el artículo 2 del reglamento que rige al galardón, ya que el libro se editó por primera vez en España y no en México como lo requiere el reglamento. El jurado lo integraron Mario Bellatín, Sergio Pitol y Juan Villoro.<br /><br />Hoy, en el suplemento cultural <em>Laberinto</em>, Jorge Volpi publica el siguiente texto:<br /><br /><blockquote>Son las once siete de la mañana —lo sé porque el secretario de acuerdos me trae un documento para firma, en un descuido vacío la taza encima y, al alzar la vista, reparo en las impertinentes manecillas del reloj en la pared de enfrente— cuando suena la chillante versión electrónica de la <em>Marcha eslava</em> de Chaikovski que hace un par de días descargué en mi celular. No reconozco el número: empieza con un misterioso 6 y eso, en mi profesión, resulta preocupante. Una gentil voz femenina me ordena: “Le llamamos de Mazatlán, esté usted listo a las doce treinta porque volveremos a llamarlo”, y cuelga sin más. Imagino lo peor. Mazatlán. Siento un escalofrío. Observo la foto de mi esposa —de acuerdo, ex esposa— y de mis tres hijas, y suspiro. ¿Qué hacer en un caso como éste? Desconozco si el manual de procedimientos señala algún protocolo, y me quedo paralizado. En esta profesión uno escucha tantas historias. Una llamada anónima. Y luego… No tiemblo —detesto el melodrama— pero el sudor empapa mi camisa. Me limito a esperar a que las manecillas del reloj —esa circunferencia de cifras y de angustia— desgasten los minutos. Podría decir que el curso de mi vida transcurre ante mí en un relámpago, como en las películas, pero no sería exacto: veo las orejas de <em>Happy</em>, el apático beagle que acompañó mi infancia; recuerdo la admonición constante de mi padre: “la verdad te hará libre”; recito los veinticinco primeros artículos del Código de Procedimientos Penales del Distrito Federal —¿por qué justo esos?—; lamento el día en que mis hijas me anunciaron a coro que se irían a vivir a Michigan con su madre; reniego de mi reciente ascenso y no logro borrar de mi vista el rostro malencarado del <em>Tuercas</em> mientras balbucea su declaración preliminar.<br /><br />A las doce treinta en punto reaparece la <em>Marcha eslava</em>. Se me pone la carne de gallina. Mazatlán. Con esa fría puntualidad norteña. Contesto. La gentil voz femenina me dice que a continuación me hablará el director del Instituto. ¿Instituto? No entiendo nada. “Jorge Volpi”, asevera, más que preguntarme. “Sí”, contesto tímidamente. “¡Felicidades! —estalla entonces—, se ha hecho usted acreedor al Premio Mazatlán de Literatura”. Sigo sin entender, pero guardo silencio. ¿Qué clase de amenaza es esta? “¿De literatura?”, musito. “¿Sabe usted por qué lo ha ganado?”, me pregunta el director con voz flemática. Quizás allí radica lo oscuro. “No”, confieso. “Por su libro <em>Mentiras contagiosas</em>”. “<em>Mentiras contagiosas</em>”, repito. “Felicidades, hombre. Ya nos comunicaremos con usted para fijar los detalles, pero por lo pronto enhorabuena”, y cuelga.<br /><br />Mazatlán. Libro. ¿Una broma? ¿Una sofisticada advertencia? ¿Alguien trata de decirme algo? Todo parece un sinsentido. Porque, si bien en la adolescencia llegué a acariciar la idea de convertirme en escritor, yo nunca he escrito un libro. Y menos uno que tenga el ominoso título de <em>Mentiras contagiosas</em>. La educación que me proporcionó mi padre, un orgulloso general del ejército, tenía una divisa fundamental entre las mil normas que debíamos poner en práctica cada día: “nunca mientas”. Mi hermana Rosalba y yo podíamos incumplir cualquier orden, menos esta: desafiarla equivalía a semanas de ostracismo familiar y a una culpa que era como una cama de clavos. Por años no me atreví a mentir, y menos a intentar esa apología de lo falso que es la escritura. A diferencia de otros niños, detestaba los cuentos infantiles y las películas de Disney porque no se apegaban a la sacrosanta realidad; para satisfacción paterna, prefería leer los periódicos, refugios contra el engaño y la manipulación (eso creía). De niño quería ser científico justo para poseer certezas indudables; luego, cuando mis profesores de física se empeñaron en arruinar esta expectativa, me decanté por la historia: soñaba con ser medievalista y dedicarme a desenterrar castillos y armaduras.</blockquote> <a href="http://impreso.milenio.com/node/8538425">Seguir leyendo</a>.<br /><br />¿Nadie sabía que se estaba violando el reglamento que rige al galardón? </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16517800-152284368946515084?l=apostillasnotas.blogspot.com'/></div>Magda Díaz Moraleshttp://www.blogger.com/profile/16662759194132255220apostillas@gmail.com17tag:blogger.com,1999:blog-16517800.post-48890746061197444402009-02-23T07:06:00.005-06:002009-06-02T20:12:55.991-05:00El tormento de los saquitos de cuero: Heimito von Doderer<div align="justify"><a href="http://4.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/SaHjTR0HwVI/AAAAAAAACFo/unqLIEcSoUc/s1600-h/doderer.gif"><img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 85px; height: 129px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/SaHjTR0HwVI/AAAAAAAACFo/unqLIEcSoUc/s200/doderer.gif" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5305771756358189394" /></a> Heimito von Doderer, <em>El tormento de los saquitos de cuero</em>, trad. Javier García Galiano (México: <a href="http://www.uv.mx/universo/205/exlibris/exlibris01.htm">Universidad Veracruzana</a>, 2005)<br /><br />La primera vez que escuché hablar de Heimito von Doderer fue a través de <a href="http://www.garciaponce.com/">Juan García Ponce</a>, gracias a él la literatura austriaca llegó a México. En su libro <em>Tres voces</em> (México: Aldus, 2000) se encuentran ensayos sobre Thomas Mann, Robert Musil y Heimito von Doderer. Juan García Ponce fue el introductor de Robert Musil en lengua española, a la cual, en aquel entonces (finales de los 50' e inicios de los 60'), ni siquiera estaba traducido. Los primeros en publicar algunos de sus relatos fueron el mismo García Ponce en la <em>Revista Mexicana de Literatura</em> y Huberto Batis en <em>Cuadernos del viento</em>. <em>Las tribulaciones del estudiante Törless</em> fue editado por Sur y hasta 1969 Seix Barral publicó <em>El hombre sin cualidades</em> "con el espurio nombre, <a href="http://www.garciaponce.com/">dice el escritor yucateco</a>, de <em>El hombre sin atributos</em>, en una aborrecible traducción". Sobre Heimito von Doderer, García Ponce publicó en 1966 un artículo en la <em>Revista de la Universidad</em> y otro cuando murió a los sesenta años en el suplemento cultural de <em>Siempre!</em><br /><br /><em>Los demonios</em> de Heimito von Doderer (título igual a la obra <em>Los demonios</em> de Fedor Dostoievski), es "una obra tan basta como <em>El hombre sin cualidades</em>". En esta novela "Viena aparece descrita con todo detalle en los más diferentes ambientes, desde los más bajos fondos hasta la más refinada aristocracia. La novela tiene más de cien personajes y todos son inolvidables". Este escritor austriaco (1896-1966) perteneció a una de las familias más ricas del Imperio Austrohúngaro; sin embargo, tras la Primera Guerra Mundial, la familia perderá una gran parte de su fortuna <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Heimito_von_Doderer">lograda a través del trabajo de su padre</a>.<br /><br />El cuento que abre este libro de seis relatos es "El tormento de los saquitos de cuero", como el título del libro. Todo inicia cuando han pasado algunos días después del entierro de Coyle, un solo y viejo avaro (que parecía "un tubérculo o un cono truncado ambulante, con una piel de pipa, el sapo del panal"), y llega a la casa del narrador (quien nos está contanto la historia que ya pasó) el anciano Mr. Crotter, su amigo más cercano en vida y más rico que él. Eran las nueve en punto y una humeante niebla invernal se extendía frente a la ventana. El narrador, en ese entonces, era el abogado de Mr. Crotter quien lo visita porque quiere relatarle un asunto referente al difunto Coyle. El narrador cree que es por lo del testamento pero Mr. Crotter le comenta que no sabe nada de ello, se acaba de encontrar por casualidad con el notario en la calle y le mencionó que estaría ahí con él, por si algo se ofrecía mientras tanto.<br /><br />Al ser Mr. Crotter el único amigo de Coyle, el narrador supone que, al menos, llevaron una buena relación. Sin embargo, le dice Mr. Crotter:<br /><br /></div><blockquote><p align="justify">Un arpía cualquiera iba de día y se encargaba de lo indispensable. En la cocina, él solía pararse detrás de ella para cerciorarse de que no le pusiera demasiada grasa al sartén. Yo mismo llegué a verlo. Cuando iba a verlo, mi criado tenía que empacarme comida, pero no sólo eso, si únicamente quería tomarme una taza de té, debía disponer que me llevaran todo: servicio, té, azúcar, incluso el alcohol para la tetera. Un día no llevé nada y él, con tranquilidad, se comió a cucharadas su sopa de pan viejo mientras yo lo miraba. Nunca me ofreció nada, ni siquiera tabaco para fumar pipa.</p></blockquote><div align="justify"><a href="http://2.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/SaHjvuGwuhI/AAAAAAAACFw/FWl52CH-v10/s1600-h/Heimito.gif"><img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 143px; height: 200px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/SaHjvuGwuhI/AAAAAAAACFw/FWl52CH-v10/s200/Heimito.gif" border="0" alt="Heimito von Doderer"id="BLOGGER_PHOTO_ID_5305772244988901906" /></a> No obstante, Mr. Crotter no detesta ni odia a Coyle, sabe que fue un hombre muy interesante que había recorrido todo el mundo. Era otra la cuestión que quería hacerle saber a su abogado, el narrador de "El tormento de los saquitos de cuero".<br /><br />Mr Crotter comienza con su historia: El punto era que Coyle había coleccionado distintas cosas a lo largo de su vida. Un día el avaro condujo a su amigo, Mr. Crotter, por toda su casa hasta que llegan a una habitación apartada en el ala izquierda. "Los lugares por los que pasábamos estaban deshabitados, oscurecidos por postigos cerrados en las ventanas y, desde luego, inenarrablemente fríos. Coyle se limitaba a un solo cuarto. Cuando llegamos hasta el final, prendió la luz y en el gabinete empolvado, pero muy espacioso, en el que nos encontrábamos, abrió un viejo ropero, que en un principio parecía no guardar más que algunos impermeables y gabanes. Coyle los hizo a un lado, se pudo ver una caja de hierro, una caja sólida, si bien, según me di cuenta a primera vista, de una construcción antiquísima; del año de la canica, por decirlo así".<br /><br />Coyle abre la caja fuerte y permite a su amigo asomarse al interior. Adentro de ella estaba todo muy ordenado. Lo que ve Mr. Crotter lo deja impactado: "en unos escalones rojizos, gruesos y acolchonados, dispuestos uno encima de otro, como en las vitrinas de los museos, en tres hileras, estaban sentados pequeños saquitos de gamuza. Fíjese bien cuando digo: <em>estaban sentados</em>". Al verlos Mr. Crotter les atribuye pequeñas piernitas que se balanceaban bajo los escalones. Y este fue el principio de toda una aventura para Mr. Crotter.<br /><br />Cada uno de los saquitos llevaba un gran número adelante, en el estómago, impreso en oscuro sobre gamuza gris. En total estaban sentados treintaiséis, los números uno al doce en el escalón más bajo, del trece al veinticuatro en el de en medio, del veinticinco al treintaiséis en el de hasta arriba, ordenados de izquierda a derecha. Coyle le enseña a Mr. Crotter una lista colocada dentro de la puerta de la caja fuerte, que indicaba el contenido exacto de cada criatura. Por ejemplo: "número veintiuno, treintainueve piezas, peso anotado por separado".<br /><br />Unos saquitos contenían grandes brillantes y cada piedra se encontraba además en una funda de piel de corzo, marcada con una letra del alfabeto, y el sumario de cada saquito mencionaba todos los datos de cada piedra. Otros saquitos guardaban perlas prodigiosas, otros los llamados <em>nuggets</em>, auténticas pepitas de oro, casi todas más grandes que una avellana. El avaro Coyle le da a conocer su cámara del tesoro a su amigo Mr. Crotter, por confianza. Sabe que Mr. Crotter jamás le robaría. Y así es, a Mr. Crotter no le interesa para nada robarle; con todo, sin que nadie sepa Mr. Crotter realiza una impresión de cera de la llave de la casa de Coyle y cuando la tiene entra y va a la habitación donde se encuentra el tesoro del avaro...<br /><br />¿Qué lleva a cabo Mr. Crotter en esa cámara del tesoro si no le interesa robarle a su amigo? ¿Lo descubre Coyle? ¿Por qué muere el avaro? ¿Qué deja Coyle en su testamento? ¿Qué sucede con los saquitos de cuero?</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16517800-4889074606119744440?l=apostillasnotas.blogspot.com'/></div>Magda Díaz Moraleshttp://www.blogger.com/profile/16662759194132255220apostillas@gmail.com10tag:blogger.com,1999:blog-16517800.post-8291998754030299432009-02-16T07:11:00.006-06:002009-06-02T20:12:55.992-05:00Relato soñado: Arthur Schnitzler<div align="justify"><a href="http://3.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/SZhqeSkTqnI/AAAAAAAACFY/U8AO8RZinN4/s1600-h/relato.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5303105629841500786" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 85px; CURSOR: hand; HEIGHT: 134px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/SZhqeSkTqnI/AAAAAAAACFY/U8AO8RZinN4/s200/relato.jpg" border="0" /></a> Arthur Schnitzler, <em>Relato soñado</em> (Barcelona: El acantilado, 1999)<br /><br />Una muy grata sensación se presenta al leer una obra que satisface plenamente. Es el placer de la lectura. Sobre Arthur Schnitzler, dramaturgo judío nacido en Viena (1862-1931), comenta <a href="http://lagenteprimero.blogspot.com/2008/05/arthur-schnitzler-el-otro-yo-de-freud.html">Marco Antonio Moreno</a>:<br /><br /></div><blockquote><p align="justify">En vida, Schnitzler alcanzó renombre por la franqueza sexual de su escritura, que llevó a sus amigos a describirlo en broma como “pornógrafo”. Para Adolf Hitler, la obra del dramaturgo era un ejemplo de “basura judía”. El escritor comenzó a visitar prostitutas a la edad de 16 años y era un notorio mujeriego que durante años llevó la cuenta de los orgasmos que lograba. Sin embargo, también cobró fama por sus abiertos ataques al antisemitismo; el archivo de Cambridge contiene correspondencia enviada por el fundador del sionismo, Theodor Herzl, quien instaba a Schnitzler a trasladarse a Palestina y volverse “el dramaturgo más grande del Estado judío”.<br /><br />Desde principios del siglo XX, las obras de Schnitzler se han adaptado a la pantalla. Su obra <em>Liebelei</em> (Coqueteo), de 1895, fue adaptada por Tom Stoppard con el título de <em>Dalliance</em> en 1986. Luego, Stanley Kubrick transformó la novela breve <em>Traumnovelle</em> (Relato soñado) en su última película, en la que Nicole Kidman y Tom Cruise, en ese tiempo pareja en la vida real, interpretan a un matrimonio de Nueva York que se separa a causa de los celos. Antes de eso, la adaptación más conocida de una obra de Schnitzler a la pantalla fue <em>La Ronda</em>, de Max Ophüls, basada en la obra teatral <em>Reigen</em>, de 1897, que se refiere a una cadena de encuentros sexuales contra el trasfondo de una epidemia de sífilis en la decadente sociedad vienesa. Cuando se estrenó en público, en 1921, la policía cerró el teatro y, luego de un proceso por obscenidad que duró seis días, el autor decidió que no volviera a montarse.<br /><br />Hijo de un prominente laringólogo, Schnitzler estudió medicina para complacer a su padre, pero pronto se volvió hacia su verdadera pasión, la escritura. Hacia 1900 estaba firmemente establecido como uno de los escritores del grupo de vanguardia conocido como <em>Jung Wien</em> (joven Viena). Si bien el dramaturgo nunca conoció en persona a Sigmund Freud, el sicólogo vienés describió a Schnitzler como su <em>doppelgänger</em> (su otro yo fantasma), y es famosa la carta que le envió, en la que expresa: “He tenido la impresión de que usted aprendió por intuición –aunque en realidad fue por introspección sensitiva– todo lo que yo he tenido que desenterrar mediante una labor agotadora en otras personas”.</p></blockquote><p align="justify">En la novela conocemos a un joven médico vienés, Fridolin, y a su esposa Albertine. Los dos conforman un matrimonio que tienen a una hija pequeña. La experiencia narrativa inicia cuando, después de leer un cuento, la niña se va a dormir llevada por la institutriz. Fridolín y Albertine le dan un beso y ya solos reanudan la conversación comenzada antes de la cena. El día anterior habían acudido a un baile de disfraces, "a punto de terminar los carnavales". Empiezan hablando de ello y pasan a otro tema más espinoso.<br /><br />La conversación que tiene lugar entre los dos son de esas charlas que preferiblemente no se deben tener con la pareja, se dicen cosas que lastiman, se habla con esa verdad que guarda situaciones que no se olvidan a pesar de ser solo posibilidad, eso que pudo o puede llegar a ser pero que por el momento habita en los sueños, tal vez como deseos escondidos. Albertine le cuenta sobre ese joven que conoció en la playa danesa, el pasado verano, y que cuando sus miradas se cruzaron la hizo conmoverse tanto que:<br /><br /></p><blockquote><p align="justify">Durante todo el día permanecí echada en la playa, perdida en mis sueños. Si me hubiera llamado, no hubiera podido resistirme. Me creía dispuesta a todo; creía estar prácticamente decidida a renunciar a ti, a la niña y a mi futuro, y al mismo tiempo (¿puedes comprenderlo?) me eras más querido que nunca.</p></blockquote><p align="justify">Fridolin, ya entrados en plática, le relata sobre aquella figura femenina, desnuda, de unos quince años, que observa muy de mañana mientras Albertine dormía y él paseaba por esa misma playa. Ante la última mirada de la chica Fridolin siente tal conmoción, que se sentía a punto de desmayarse. Siguen las confidencias delicadas hasta que llaman a la puerta buscando al médico vienés. El consejero áulico había tenido un ataque cardíaco y estaba muy grave, solicitaban fuera inmediatamente a verlo. La noche que pasa Fridolin desde que sale de su casa hasta que regresa a las cuatro de la mañana, que es cuando escucha ese impactante relato soñado por Albertine, está llena de sorpresas, sensaciones, extrañezas, desconciertos.<br /><br />En la novela destacan dos imágenes: la <em>imagen onírica</em> y la <em>imagen carnavalesca</em>. Imágenes relacionadas con la emoción y las acciones de la pareja, y de los demás personajes que los rodean: Nachtigall (el pianista, amigo de Fridolin), Marianne (la hija del consejero), el joven de la asociación de "los azules alemanes", Mizzi (la joven prostituta), Gibizier (el del alquiler de disfraces), Pierrette (un personaje enternecedor y, a la vez, grotesco. Es la pequeña hija de Gibizier) y, por supuesto, la "monja" ¿o baronesa? (entre otras cosas, es una hermosa mujer cuya desnudez embriaga a Fridolin).<br /><br />El enlace entre lo inconsciente y lo emocional en Fridolin y Albertine es todo un proceso en el que vive la voluntad, la percepción, la intuición y la intención. El sueño de Albertine, que relata a su esposo, y lo que éste decide también contarle, los lleva a la comprensión de sí mismos, del otro y de lo que sucede entre ellos. Una pareja que parece feliz tal vez llega, a través de los sueños y las figuraciones vividas, a penetrar en ese mundo interior que puebla a cada uno.<br /><br />Lo estructura carnavalesca está excelentemente representada en esta novela. Posee esa ambivalencia de la que habla Bajtin y que es la clave de dicha estructura (la persona es individuo y a la vez está relacionado con otros, está abierto al mundo). Es imposible no recordar al leer <em>Relato soñado </em>a Julia Kristeva cuando expresa que "la destrucción deja paso a la creatividad y la muerte equivale a renacer". La máscara y el disfraz de Fridolin (conectado con lo grotesco del ambiente) en esa noche tan singular (noche, que cuando lean la novela los dejará asombrados), pone al personaje al margen de su vida oficial y lo entrega a un profundo humanismo. Lo carnavalesco, dice Bajtin, “une, acerca, compromete y conjuga lo sagrado con lo profano, lo alto con lo bajo, lo grande con lo miserable, lo sabio con lo estúpido, etc.".<br /><br /></p><blockquote><p align="justify">Fridolin se apresuró hacia casa, a través de las oscuras calles desiertas y, pocos minutos más tarde, después de haberse desnudado en su consulta como veinticuatro horas antes, entró silenciosamente como pudo, en la alcoba conyugal.<br />-¿Qué vamos a hacer, Albertine?<br />-Ella...</p></blockquote><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16517800-829199875403029943?l=apostillasnotas.blogspot.com'/></div>Magda Díaz Moraleshttp://www.blogger.com/profile/16662759194132255220apostillas@gmail.com10tag:blogger.com,1999:blog-16517800.post-90429159975742538742009-02-14T07:05:00.002-06:002009-02-16T07:42:08.505-06:00Mitología griegaVaya que me he reído con estos videos que ha enviado <a href="http://literaturame.net/2009/02/11/manu-ensenando-mitologia-griega/">Jio</a>. Manu explica la mitología griega:<br /><br /><a href="http://www.youtube.com/watch?v=yqQ3IJPf92A">Parte 1</a><br /><a href="http://www.youtube.com/watch?v=TE6HvuEjSkE">Parte 2</a><br /><a href="http://www.youtube.com/watch?v=PwT9mey9xIk">Parte 3</a><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16517800-9042915997574253874?l=apostillasnotas.blogspot.com'/></div>Magda Díaz Moraleshttp://www.blogger.com/profile/16662759194132255220apostillas@gmail.com8tag:blogger.com,1999:blog-16517800.post-41311671483760492192009-02-13T19:22:00.010-06:002009-05-26T09:14:29.768-05:00Las supersticiones de los escritores<div align="justify"> Todos, o casi todos, tenemos supersticiones o creencias que nos acompañan siempre. Hace tiempo tuve un vestido blanco de dos piezas que me gustaba mucho, pero cada vez que me lo ponía algo desagradable sucedía, así que terminé por no ponérmelo ya nunca. Actualmente me gustan las velas, los aromas florales (magnolia, jazmin, lavanda y violeta) en el ambiente, las plantas, una atmósfera cálida en el trabajo y en casa. Creo que esto ofrece una armonía que viene de la naturaleza y consigue un estado agradable. Poseo hace años unas cuentas de cristal que traigo guardadas, sobre todo cuando viajo, siento que son de buena suerte.<br /><br />Ahora miren las supersticiones de algunos escritores:<br /><br /></div><blockquote><p align="justify"><em>Sergio Pitol</em> reconoce que “muchos de nosotros llevamos un amuleto en la ropa, o guardado en alguna parte de la casa; cuando nos preguntan por qué razón respondemos con la misma expresión que usa Hugo Hiriart: 'por si las moscas'. Si me preguntaran por mi fe en esos fenómenos, respondería que soy agnóstico; ni creo ni dejo de creer. Pero si me insistieran, diría que sí, que sí creo, que no logro saber por qué lo hago, pero que tengo un sistema complejo de amuletos, sortilegios, fórmulas personales para decidir qué lecturas deben hacerse para que un viaje resulte propicio, ponerme una corbata forzosamente amarilla para que cierto proyecto prospere, cosas así”.<br /><br /><em>Enrique Vila-Matas</em> confesaba no hace mucho una lista completa de rituales: “Por las mañanas, si despierto en mi casa de Barcelona, lo primero que hago es mirar por la ventana, confirmar que se ha hecho o se hará de día. A continuación, le pongo una vela a Gombrowicz, renuevo mi culto. Después, me santiguo, hago la señal de la cruz, tranquilizo al Dios cristiano. Acto seguido, toco una varita mágica que compré en Colonia en compañía de Cristina Fernández Cubas, calmo a los dioses paganos. Esa varita está en mi escritorio desde hace once años, y cualquiera se atreve a desplazarla a otro lugar de la casa. Por si usted no lo sabía, Cristina tiene magia, tiene extrañas relaciones con el mundo de las cosas que ya no existen, se dice que tiene poderes y una gran capacidad para captar lo extraordinario en lo normal. Cuando compramos en Colonia mi varita (ella se compró otra igual), me dijo que no la perdiera de vista, por eso toco esa varita cada mañana”.<br /><br /><em>Marcel Proust</em> volvía a casa muy tarde. Se acostaba, no sin ponerse un pijama y un grueso jersey de lana del Pirineo, que le mantenían caliente con una bolsa de agua. Luego, trabajaba hasta las siete de la mañana. Escribía deprisa, con plumillas de marca Sergent major. En la mesilla de noche tenía 15 plumas al alcance de la mano, dos tinteros escolares y un reloj de péndulo barato. Sin todo eso no era capaz de escribir.<br /><br /><em>Marguerite Duras</em> era incapaz de escribir una línea sin una botella de whisky, y necesitaba además la misma mesa y la misma silla, delante de la misma ventana. Y silencio absoluto. <br /><br /><em>Kafka</em> sólo escribía a oscuras o en penumbra, y sólo, además, con tinta azul o morada.<br /><br /><em>Thomas Mann</em> se enjuagaba las manos en agua de violetas continuamente, en su estudio, rodeado de enormes palanganas.</p></blockquote><div align="justify"><a href="http://www.elcultural.es/noticias/LETRAS/503887/Aggggg_Viernes_13">Aquí más</a>.</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16517800-4131167148376049219?l=apostillasnotas.blogspot.com'/></div>Magda Díaz Moraleshttp://www.blogger.com/profile/16662759194132255220apostillas@gmail.com8tag:blogger.com,1999:blog-16517800.post-27112125794200101322009-02-08T12:17:00.004-06:002009-02-28T11:02:26.989-06:00Los diarios del adiós, de Sándor Márai<div align="justify"> Se dice que si la muerte no existiera para determinadas personas y <a href="http://www.youtube.com/watch?v=dLIPn5LM41k">fueran inmortales</a>, estos humanos no podrían soportar vivir tanto y ver la inmensa cantidad de problemas en el mundo. En su vida personal asistir, por ejemplo, al fallecimiento de seres amados que uno a uno parten.<br /><br />En sus <em>Diarios. 1984-1989</em>, Sándor Márai mezcla "lecturas, pensamientos, recuerdos y noticias. Lo mismo uno encuentra una anotación sobre las campañas para las elecciones presidenciales en Estados Unidos (refiere el duelo televisivo entre Reagan y Mondale) o el terremoto en México, que la noticia de unos jovencitos que crearon un club de suicidas o un tipo que cruza el Atlántico en globo. Uno se encuentra también con la muerte de Richard Burton o el asesinato de Indira Gandhi (en este caso apunta: "La India es un país religioso. Las vacas son sagradas, pero está permitido disparar a primeros ministros")". Y habla de su esposa y su partida, la muerte de su hijo, su soledad:<br /><br /></div><blockquote><p align="justify">Dos ancianos -enfermos, casi ciegos, tambaleantes-, atildados con una elegancia algo anacrónica, se apoyan mutuamente mientras caminan por San Diego, en Estados Unidos, a mediados de los años ochenta. Son húngaros. Él se llama Sándor Márai y fue un escritor de fama en su patria hace cinco décadas, aunque ya casi nadie lo sabe, pues la abandonó hace cuatro; allí sus libros están prohibidos y en los lugares en que vivió su exilio desde entonces -Berna, Nápoles, Nueva York, Salerno, California-, siguió escribiendo en su idioma y publicando en pequeñas editoriales húngaras en el extranjero. La mujer que lo acompaña es su esposa, Ilona Matzner (la llama Lola). Se casaron en 1923 y nunca se han separado desde entonces.<br /><br />Ninguno de los dos sabe en ese momento que quince años después comenzaría una suerte de redescubrimiento y recuperación de la obra de Márai, que sería ampliamente leído y celebrado, que se harían adaptaciones teatrales y cinematográficas de sus libros. Ninguno de los dos sabe en ese momento que antes de eso, muy pronto, a todas las penurias que ya han debido pasar se sumarían otras.<br /><br />A mediados de los ochenta, cuando Márai camina con su mujer, dando un paseo quizá, quizá yendo al médico, su obra es ya vastísima. Comenzó a escribir en los años 30 y en ciertos períodos era capaz de publicar un promedio de dos libros al año: novelas, ensayos, poemas, obras teatrales, artículos periodísticos. En su exilio, iniciado en 1948 -como consecuencia de haber sido tan visceralmente antifascista como anticomunista- escribió además memorias y diarios. Según algunos de sus lectores en húngaro, en los varios tomos de sus diarios está tal vez lo mejor de su obra. A mediados de los ochenta, cuando Márai está caminando con su mujer, ya había publicado cuatro tomos de ellos y preparaba el quinto. De estas y otras cosas podemos enterarnos tras la publicación del sexto, último y póstumo de esos diarios y el primero en traducirse al castellano.<br /><br />Anotaciones varias<br /><br />Quienes hayan gustado de sus novelas de pasiones reprimidas y esperas infinitas en ambientes centroeuropeos, se encontarán en <em>Diarios. 1984-1989</em> con un registro distinto. Hay confesiones, pero a sí mismo, y el idioma tenderá a ser seco y no florido, su tema no será la descomposición de la burguesía húngara, sino la propia. El 18 de marzo de 1984, recuerda la ocupación de Budapest por los alemanes: "Hoy hace cuarenta años que se destruyó el yo que fui y cobró forma ese otro que soy en la actualidad. El mismo que ahora se desmorona".<br /><br />Pasados los ochenta Márai está viejo y fatigado. Señala, recién iniciado 1984 (20 de enero): "Cansancio, languidez, fragilidad. Como cuando las pilas se agotan y la linterna sólo parpadea". En esos parpadeos, apunta sus reflexiones literarias y observaciones, alterna recuerdos personales con comentarios diversos, desde sus lecturas a las noticias de actualidad. Lee autores húngaros, tanto recién publicados como clásicos nacionales. Lee a Edmund Wilson (y lo elogia), a Henry James (y lo critica). Comenta al pasar las dolencias de la vejez y su disconformidad con el mundo actual, con pesimismo y desencanto, no carente de humor. Intenta terminar una novela policial (lo logra), pero escribe "como quien hace gimnasia por la mañana". Lanza sus dicterios contra el siglo XX, contra la industria del libro.<br /><br />A mitad de 1984 apunta: "Estoy enfermo y, a mis ochenta y cinco años, merezco marcharme. Mis coetáneos deben de pensar lo mismo, puesto que proliferan los panegíricos" (8 de junio). Si en sus novelas abordó la traición y la pasión amorosa, aquí primará la fidelidad y el temor a perder a la mujer amada. Siente devoción por su esposa, con quien ha pasado los últimos 60 años, en que las penurias no han faltado (en 1939 tuvieron un hijo, Kristófka, que murió poco después). El 31 de diciembre, anota que su mujer debe operarse: "Si la muerte nos llegara a la vez , juntos, sería el mayor regalo para los dos". En abril del año siguiente comienza la debacle: Lola (la menciona como L.) se cae y se rompe el brazo, los cuidados le consumen todo el día. En noviembre, los médicos deciden trasladarla a una institución para enfermos terminales. Tiene cáncer. "Irnos juntos, sin dolor, es mi última esperanza" (11-11-1985). "Si se va, ya nada tendrá sentido" (21-11-1985). El 4 de enero de 1986, anota. "L. ha muerto".<br /><br />Silencio. Sólo escribe más de un mes después: "La furia. Nada de enternecerse, de meditar. Sólo la furia. A veces bramar de pura rabia. Porque ha muerto. Enfurecido con el médico porque no pudo ayudarla. Enfurecido con Dios (si existe) porque tampoco la asistió, y enfurecido con Dios (si no existe) porque no existe cuando se necesita su intervención. Enfurecido con la gente, porque no la ayudó. Enfurecido conmigo, porque no fui capaz de hacer algo más. Enfurecido con ella, porque murió" (20-02-1986).<br /><br />Recuerdos y soledad<br /><br />Márai entonces comienza a doblarse bajo el peso de los recuerdos y de la soledad. Está completamente solo. Únicamente János, su hijo adoptivo -durante la guerra, él y su mujer se hacen cargo de un niño que llegarían a adoptar-, lo visita. Había decidido permanecer atado a la vida mientras viviera su mujer, pero no quiere llegar a la situación de ella, no quiere terminar en manos de los médicos (a quienes dedica varios insultos, entre ellos "perreros con título"). El 18 de febrero de 1986 se compra un revólver. Dice que no tiene planes de suicidio, pero es bueno saber que podrá acabar con el deterioro en cualquier momento. Más tarde asiste a unas clases para su uso. En julio de 1986 es operado de la próstata. Las entradas en el diario se distancian.<br /><br />El primer día de enero de 1987 señala que durante el año que recién terminó, "me lo han robado todo": murió Lola y también sus tres hermanos. Pero no sabe que aún lo esperan otras pérdidas. El 23 de abril de 1987 comienza: "János ha muerto". Una trombosis, a los 46 años. Lo siente como "un puñetazo en el pecho", como un insulto. "Ya no quiero escribir ni vivir, sólo irme en paz. Sería un gran regalo no despertarme más". En junio: "Ahora vuelvo a escribir, como un condenado a muerte que, mientras espera la ejecución, graba con las uñas unos pocos signos en la pared". Ni siquiera entonces, como no lo hizo antes, se entrega a la autocompasión ni al consuelo religioso, tampoco a las seducciones de éxito. En 1988, la Asociación de Escritores en Hungría lo invita a volver a casa: "Quieren convertirme en un monumento nacional. Se proponen reeditar toda mi obra, publicarla encuadernada en piel, incluyéndome a mí. El destino común de los monumentos es que sus pies queden cubiertos de meadas de perro". Se niega.<br /><br />Los diarios finales de Sándor Márai son tan agudos (y a veces divertidos) como conmovedores. Un compatriota suyo, Imre Kertész (Premio Nobel 2002), en el ensayo que le dedica -recogido en su libro <em>La lengua exiliada</em>- señala sobre ellos: </p><blockquote><p align="justify">"Son para mí, quizá, el documento humano y literario más grandioso de la época, si es que pueden considerarse literatura las sencillísimas palabras con que un anciano habla de la soledad definitiva, de la muerte de su esposa y de su hijo, de algunas lecturas, de la compra de una pistola y finalmente de los preparativos para el suicidio".</p></blockquote><p align="justify">La última frase de la última anotación de Márai, de 15 de enero de 1989, es: "Ha llegado la hora". Luego tendrá lugar un encuentro largamente esperado, su último encuentro. El 21 de febrero se pegó un tiro.</p></blockquote>Cuanto dolor tuvo que soportar Márai al final de su vida. Fuera de su patria, la muerte de su esposa, la muerte de su hijo, la muerte de sus tres hermanos, la enfermedad propia... Ya no quiere escribir ni vivir más. Totalmente comprensible...<br /><br /><a href="http://diario.elmercurio.com/2009/02/08/al_revista_de_libros/_portada/noticias/C1875A6B-6C8E-4A0C-8E0D-6CFD00EE022B.htm?id={C1875A6B-6C8E-4A0C-8E0D-6CFD00EE022B}">Sándor Márai: los diarios del adiós</a>.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16517800-2711212579420010132?l=apostillasnotas.blogspot.com'/></div>Magda Díaz Moraleshttp://www.blogger.com/profile/16662759194132255220apostillas@gmail.com11tag:blogger.com,1999:blog-16517800.post-88947781485343493402009-02-05T11:57:00.005-06:002009-02-27T11:26:58.541-06:00Reglas para escribir una reseña: John Updike<div align="justify"> Leo en en el blog de Antón Castro, que a la vez toma del blog de Daniel Gascón, su hijo, que John Updike escribió sus reglas para escribir una reseña en <em>Picked-Up Pieces</em>:<br /><br /></div><blockquote><p align="justify">“Mis reglas, grabadas por traumas de juventud en el extremo receptor de la opinión crítica, eran y son:<br /><br />1. Intenta entender lo que el autor quería hacer, y no lo culpes por no lograr lo que no intentaba.<br /><br />2. Da las bastantes citas directas –al menos un pasaje extenso- de la prosa del libro para que el lector de la reseña pueda formar su propia impresión, tener su propio gusto.<br /><br />3. Confirma tu descripción del libro con citas del libro, aunque sólo sean de una frase, en lugar de un resumen confuso.<br /><br />4. Sé moderado en el resumen de la trama, y no cuentes el final…<br /><br />5. Si juzgas un libro deficiente, cita un ejemplo exitoso en la misma línea, de la obra del autor u otra parte. Intenta entender el fracaso. ¿Seguro que es suyo y no tuyo?</p></blockquote><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16517800-8894778148534349340?l=apostillasnotas.blogspot.com'/></div>Magda Díaz Moraleshttp://www.blogger.com/profile/16662759194132255220apostillas@gmail.com17tag:blogger.com,1999:blog-16517800.post-19434249925235944202009-02-01T07:23:00.015-06:002009-06-02T20:22:18.591-05:00El miedo a los animales: Enrique Serna<div align="justify"><a href="http://4.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/SYUINDeA_GI/AAAAAAAACDw/lpGvgvngYWc/s1600-h/miedoES.jpg"><img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 85px; height: 132px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_cJs5IouDeOM/SYUINDeA_GI/AAAAAAAACDw/lpGvgvngYWc/s200/miedoES.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5297649557033778274" /></a>Enrique Serna, <em>El miedo a los animales</em> (México: Punto de lectura, 2008)<br /><br />El desaliento se alimenta al terminar de leer esta novela de uno de los mejores escritores mexicanos en la actualidad, <a href="http://www.ucol.mx/boletines/noticia.php?id=2865">Enrique Serna</a>. Fue publicada por primera vez en 1995 por Mortiz y ahora la publica Punto de lectura. El desencanto proviene de lo sabido, conocido, vivido en el medio literario y cultural, una biósfera que el narrador caricaturiza al recorrer su historia. La obra retrata esa corrupción a nivel político que visita también al medio cultural y, particularmente, al literario. El humor (característico en la obra de Enrique Serna) y la ironía en la novela, son un halo brillante que ilumina la atmósfera de la narración en tercera persona.<br /><br /></div><blockquote><p align="justify">Víctima de una ambición impura, como el protagonista de <em>Ilusiones perdidas</em>, tituló su novela <em>Sueños decapitados</em> y le puso como epígrafe una cita de Balzac: <em>No hay gran diferencia entre el mundo político y el mundo literario. En ambos mundos sólo encontrarás dos clases de hombres: los corruptos y los corrompidos</em>.</p></blockquote><div align="justify">El protagonista es Evaristo Reyes, una persona que de niño "se orinaba en la cama porque le tenía miedo a Dios", periodista honesto que traiciona sus ideales y se convierte en un policía judicial con "la idea de narrar sus experiencias en un reportaje". Cae a las órdenes de un comandante de la policía sumamente corrupto, Jesús Maytorena. Maytorena es capaz de todo con tal de conseguir lo que desea y mantener su puesto. Prepotente, grosero, vulgar, torturador, narco-policía que, también, regala cocaína a sus subordinados y "tiene parrandas de quince días en la zona roja de Acapulco hasta que su esposa va por él en una ambulancia". Todos sus actos son semejantes, y peores:<br /><br /></div><blockquote><p align="justify">A principios de los setenta, (Maytorena), acompañado por tres de sus hombres, todos cubiertos por pasamontañas, había robado un banco en avenida Constituyentes. Media hora después, con el botín escondido en la cajuela de su coche, había regresado al lugar de los hechos, para iniciar la investigación del asalto, que atribuyó a la Liga 23 de septiembre. Como protector de narcotraficantes había tenido encuentros armados con la Federal de seguridad, y hasta con el mismísimo ejército, pero siempre salía ileso porque, según el Chamula, tenía un amuleto en forma de iguana que lo inmunizaba contra las balas.</p></blockquote><div align="justify">Pues semejante servidor del pueblo le ordena a Evaristo Reyes investigar a Roberto Lima, un periodista cultural del diario <em>El matutino</em> que en uno de sus artículos insulta a Jiménez del Solar, el presidente de la República que, se sabe después, "había dejado el país en la ruina". Evaristo Reyes tuvo sueños literarios, le gusta mucho leer y tiene deseos de escribir un libro donde destape toda esta corrupción de la que es testigo y participa (es secretario de Maytorena). Por estas características le apodan "el intelectual". Cuando recibe la orden de investigar a Roberto Lima lo piensa detenidamente, sabe que van a matarlo porque es un escritor y periodista que se atreve a decir la verdad, por ello para Reyes no merece morir. Admira todo ese ámbito literario en el que no pudo triunfar y que por las presiones económicas de su esposa, Gladys, tuvo que abandonar y dedicarse a obtener dinero. En el ambiente literario era muy difícil obtener un sueldo que diera para vivir con lujos, al menos que se tuviera amigos, contactos con poder que le hicieran ganar premios, becas, publicaciones, aunque escribiera mal o con mediocridad, eso era lo de menos, lo importante era tener "palancas". Así que, por conciencia, decide poner sobre aviso a Roberto Lima.<br /><br />Investiga en <em>El matutino</em> su dirección, y lo va a visitar. En este encuentro en el departamento de Lima, Evaristo Reyes le advierte lo que está sucediendo, le dice que se cuide porque Maytorena lo puede matar. Platican de algunas cosas y al despedirse le deja su mágnum por si necesita defenderse. Al salir, choca en la escalera con un sujeto que lleva gabardina y fuma puro.<br /><br />Pero sucede que asesinan a Lima a los pocos minutos que Evaristo sale de su departamento en la calle Galeana de la colonia Peñón de los baños. Obviamente que "el intelectual" intuye que fue el hombre de gabardina que fumaba puro, con el que se topó en la escalera del edificio sin ponerle mucha atención. La identidad del asesino jamás se presiente, es inimaginable creer que sea quien se nos descubre al final y el móvil que lo llevó a realizar su crimen. De inicio, Maytorena cree que fue Evaristo, pero éste lo niega rotundamente y promete investigar quien lo mató. De aquí se desprende una serie de acontecimientos que conforman la médula de la novela. Evaristo empieza sus investigaciones y descubre muchas cosas. Por ejemplo, que la amante de un director puede "ganar" una plaza y aplastar sin escrúpulos a quien la merece por tener el perfil y veinte años de trabajar en una institución o, también, que corrieron a Roberto Lima por corregir a su jefa, Perla Tinoco, "una cerda que se emperraba en escribir exuberancia con hache intermedia. Una vez la corregí con el diccionario en la mano y se puso furiosa. Que me vas a enseñar tú, me gritó, si eres un pinche naco y yo estoy doctorada en el Colegio de México". "Admiro a Perla Tinoco", comenta uno de los personajes a Evaristo, originándose el siguiente memorable diálogo:<br /><br /></div><blockquote><p align="justify">Porque siendo la poetisa más cursi, ramplona y analfabeta de México, ha reptado con una habilidad increíble para llegar al lugar donde está.<br />-Pero hace un rato, en la presentación de su libro, dijiste que era una maravilla -observó Evaristo.<br />-Y qué querías que dijera, si Miss Piggy es la virreina del Conafoc. Todo pasa por su oficina: ella reparte becas, premios, ediciones, viajes al extranjero, y tiene muy mala leche cuando se siente ofendida. Cuidado con estar en su lista negra, porque ya te chingaste para todo el sexenio. Por eso, si ella cree que es la reencarnación de Sor Juana con unos cuantos kilos de más, ¿qué me cuesta darle por su lado?<br />-Pues yo me la tragué toda -mintió Evaristo-. Creí de verdad era una chingona.<br />-Porque no sabes cómo se hace la crítica en México -intervino Nieto aleccionador-<br />-Lo que se dice en público no cuenta. Son puras fórmulas de cortesía. En charlas de café o en reuniones de amigos es donde nos tiramos la neta, siempre y cuando el criticado esté ausente.<br />Esto es lo que el Robert nunca entendió. Quería decir la verdad en los periódicos o gritársela a la cara a los escritores y la gente del medio lo alucinaba.<br />-Pobre cabrón -continuó- Se amargó la vida por necio. Cuantas veces no le dije: Robert, agarra la onda, qué ganas de partir madres a diestra y siniestra. Aprovéchate de los pendejos en vez de pelearte con ellos.<br />Pero él se tomaba a lo trágico nuestro mundito literario, que es para morirse de risa. Era un personaje de Tolstoi, obsesionado con la verdad y la rectitud, metido en una novela picaresca llena de estafadores, charlatanes, lambiscones y putas.</p></blockquote><div align="justify">Actores y actantes espectaculares deambulan por <em>El miedo a los animales</em>: Fabiola, que se acostaba con Perla Tinoco para que le publicara su pésimo libro de poemas o el tal Osiris Cantú de la Garza, el narcopoeta, un escritor del montón con mucho dinero gracias a que, "aparte de traficar con drogas, trabaja de aviador en el Instituto". Cuando Evaristo se presenta en su casa y lo lleva preso, le dice Osiris: "-¿Qué es lo que quiere? Yo no me meto con nadie. Soy gente de paz. ¿Te refieres a Octavio? Pues conmigo no valen esas palancas. Jálale para adentro". Otro digno de mencionar es Claudio Vilchis, el segundo de a bordo en el Fondo de Estímulo a la Lectura, "las ratas como él no matan de frente: matan desde lejos con la firma de un memorándum". Este funcionario cultural despide de su trabajo al ahora asesinado Roberto Lima porque "le había pegado con tubo en una reseña. Con sus ínfulas de consagrado no pudo soportar que alguien le pusiera en su sitio". Cuando Evaristo, dentro de sus averiguaciones, le pregunta a Rubén Estrella, del Instituto de Artes y Letras, "¿y de verdad es un consagrado?", la respuesta es:<br /><br /><blockquote>En su mafiecita, sí. Fuera de ella nadie lo pela. Es el típico literato exquisito, de ceja muy alzada, que se considera clásico en vida, cuida su prosa hasta el engolamiento y solo escribe sobre autores desconocidos en México, para deslumbrar al vulgo. En sus ensayos jamás podrás encontrar una idea propia, aunque la busques con lupa.<br />-Pero si es tan chafa, ¿cómo ha llegado hasta donde está?<br />-Por sus amistades. Los políticos no saben quién es quién en el mundo de la cultura y se dejan guiar por las apariencias. Siempre se le cuelga del brazo a las figuras internacionales cuando vienen de visita a México. Sin el resplandor ajeno sencillamente no existe. Tenemos varias (fotografías) donde aparece con Harold Pinter, con Gabo, conVaclav Havel, estirando el cuello para salir en la foto. Esto te dará una idea de quien es.</blockquote> Uno de los personajes que más destaca, es Palmira Jackson. Una mujer de izquierda que en sus discursos siempre apoya a los pobres y desprotegidos hasta las lágrimas, que ayuda generosamente sin esperar nada a cambio. Pero eso sí, con una casa muy lujosa en las Lomas, ropa de lo más fino, secretaria para que lleve su agenda siempre llena, que hace lo siguiente, en privado, por supuesto. Están en la casa de Palmira Jackson, en la conversación se está organizando un acto de apoyo social donde estarán autoridades del gobierno, la televisión, los periodistas, etc, será todo un suceso:<br /><br /><blockquote>La idea es reunir a un grupo de escritores, intelectuales y artistas de reconocido prestigio, comprometidos con las causas populares, que formen un mosaico representativo de la sociedad civil. En total son ocho y tendrán intervenciones de 15 minutos, para no cansar a la gente.<br />-¿Pero quienes son? insistió Palmira.<br />- Palmira lanzó un grito de cólera: -¿Rita Bolaños? ¡Pero de donde saca usted que esa mamaracha es una intelectual de prestigio!<br />-No se enoje doña Palmira, yo no hice la lista -se disculpó Valtierra-. <br />-¿Entonces le ponemos tache?<br />-Con doble cruz -le ordeno Palmira- ¿Quiénes más están en la lista?<br /><br />¿De modo que Palmira, piensa Evaristo, también era un mounstruo de vanidad, una mamona obsesionada con las jerarquías? ¿Cómo creer en su calidad humana si tenía esos desplantes de vedette infatuada? ¿De verdad quería a los pobres, a los damnificados y a las víctimas de la represión política, o los había utilizado como trampolín hacia el estrellato?</blockquote> De pronto, un reportero se aproxima a entrevistar al hijo de Palmira antes de que salga al club de tenis: "Supe que vas a distribuir en estados Unidos el video del Ejército zapatista. -Sí, mi jefa me conectó con los productores. Mañana salgo a Los ángeles para ver al distribuidor que lo va a promover en televisión. -Ojalá tenga éxito. Hace falta difundir la lucha zapatista en el extranjero. ¿Tu crees que se venda mucho? -Eso espero, porque llevo un porcentaje de utilidades y con lo que gane me pienso comprar un Ferrari. Palmira se apresuró a intervenir: -No le haga caso. Ese dinero es para un albergue en la selva Lacandona. Guillermo tiene la manía de hacerse el chistoso delante de mis amigos. -Dices la verdad mami. Guillermo sonrió con picardía-. No tiene nada de malo que estemos haciendo un bisnes. -Cállate, imbécil. Ya saludste, ¿no? ¿Qué esperas para largarte al club?".<br /><br />Las averiguaciones de Evaristo continúan, muchas cosas semejantes a las mencionadas va descubriendo. Los que no eran pero parecían intelectuales regían los medios culturales más importantes escalando hasta esos lugares gracias a artimañas, apariencias, intrigas, simulacros, muchas envidias, amistades con poder, etc. Todo un círculo vicioso irrompible gracias a lo mismo. <br /><br />La investigación del asesinato se complica, el procurador exigía a Maytorena encontrar al asesino de Roberto Lima ya que los intelectuales presionaban mucho en los medios para que se le capturara. Al presidente de la República, además, no le convenía los escándalos y había que hallar a un culpable a como diera lugar. Así que Evaristo es acusado por la muerte de Lima y entra a la cárcel, aquí escribe su novela que titula <em>Sueños decapitados</em>. Pero un día de visita en el penal llega a verlo el verdadero asesino. De lo que se entera, sucede y hace, da para otra novela... </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16517800-1943424992523594420?l=apostillasnotas.blogspot.com'/></div>Magda Díaz Moraleshttp://www.blogger.com/profile/16662759194132255220apostillas@gmail.com13tag:blogger.com,1999:blog-16517800.post-46533987571773415702009-01-31T17:39:00.006-06:002009-01-31T18:04:28.458-06:00Marco Antonio Millán y Pablo Neruda<div align="justify">De las memorias del editor de la revista <em>América</em>, que en breve aparecerán bajo el sello de Conaculta, Laberinto, el Suplemento cultural de <em>Milenio</em>, presenta el capítulo que dedica a su amistad con el autor de <em>Odas elementales</em>.<br /><br />Neruda<br />Marco Antonio Millán *<br />31.1.2009<br /><br />A principios de los cuarenta, Pablo Neruda fue nombrado cónsul en México. Una vez, él estaba en una cervecería de Cuernavaca; un grupo de alemanes reconocieron al poeta, lo agredieron y lo descalabraron con un tarro de cerveza. Nosotros publicamos un manifiesto protestando por ese hecho, y Pablo tomó nota de las firmas que amparaban el suelto en el periódico para invitarnos a una cena de agradecimiento. La reunión fue tan cálida que Pablo dijo: “La continuamos mañana”. Al menos para mí duró un par de años; en ese lapso estreché fuertes lazos de amistad con el chileno.<br /><br />Yo ganaba dinero porque mis amigos ya estaban en el poder y no me exigían: mi cumplimiento era irme con Pablo e ilustrarme hasta donde podía. Oírlo sobre todo. Una jornada representativa de todas las que pasé con Pablo Neruda es la siguiente:<br /><br />Llegaba a su casa a las once de la mañana. “Oye”, me decía, “he oído hablar de una tequilería donde dan unas botanas extraordinarias.” “Pues ya va siendo hora.” Y visitábamos los sitios más terribles en la colonia Guerrero o por el rumbo de Camarones, buscando unas botanas que le habían recomendado. Luego nos daba hambre, y regresábamos a la casa a beber whisky como aperitivo. Pablo preguntaba: “¿Qué hay de comer?”, y al oír el menú sugería algún añadido. Comíamos con vino, lo clásico: tinto para carnes rojas, blanco para pescados y mariscos. La comida era desbordante, salpicada de conversación, de risa y alegría. Entonces, Pablo: “¿Qué tal si nos echamos un sueñito?” “Nos lo echamos.” Había una recámara para visitantes, donde yo me quedaba; él se iba con su esposa, Delia del Carril, hermana del tanguista y de Adelina, que fue mujer de Ricardo Güiraldes.<br /><br />Como a las cinco o seis de la tarde me despertaban. En el comedor había una gran fuente de cristal cortado con el contenido de seis o siete botellas de vino tinto chileno, en cuya superficie flotaban muy finas rebanadas de manzana. Con eso se curaba uno la cruda y nos aligeraba la digestión hasta llegada la hora del whisky; luego la cena, y después el café y los licores, para dar paso a la sobremesa bañada en coñac. Así muchísimas veces que fui a su casa.<br /><br />Con él aprendí mucho, y me relacioné con las personas que iban a visitarlo y compartir la charla: José Gorostiza, González Martínez, Emilio Prados, Pedro Garfias, Wenceslao Roces (un sabio del marxismo, traductor de El capital), María Izquierdo (extraordinaria pintora, alguna vez elogiada por Artaud), todos ellos sintiéndose a gusto, como en familia, atraídos por la personalidad de un gran hombre.<br /><br />Recuerdo la ocasión en que me dijo: “Ya estoy aburrido de mi casa. Voy a hacer un viajecito, tardaré unos tres días. Me haces favor de venirte con tu mujer y cuando yo regrese y toque, como dueños de la casa preguntan: ‘¿Quién es?’, y yo les digo: ‘El señor Neruda’. Entonces abren la puerta y me invitan a pasar: ‘¿Qué se le ofrece?’ Yo digo que nada, que simplemente venía a platicar con ustedes. Me ofrecen asiento y una copita. ‘¿De qué me darían la copita?’...” Pablo tenía esas cosas infantiles, el deseo de sentirse por una vez huésped de sí mismo, o de anfitriones por él nombrados.<br /><br />Otra extravagancia que hacía más seguido era enrollarse las perneras del pantalón hasta las rodillas, pintarse unos bigotes, simular con algo una peluca; así ataviado, bajaba de pronto a la sala de su casa donde platicábamos sus amigos. Lo que hacía era pasear frente a nosotros en completo silencio, y volverse por donde vino para regresar al poco tiempo ya arreglado. Como si las desconociera, nunca aludía a esas apariciones. Una vez agotó terriblemente a mi mujer: ambos se aplicaron en la calle, por cinco o seis cuadras consecutivas, a tocar los timbres de cada puerta a las dos de la mañana; nosotros los esperábamos en un automóvil, y salíamos pitando hacia otro sitio y otra puerta y otro timbre.<br /><br />Pablo me dio varios originales para <em>América</em>, y nunca aceptó un pago. Pero un día me dijo: “Esta vez sí te voy a cobrar la colaboración, porque necesito centavos”. “¿Cuánto quieres, Pablo?” “Doscientos pesos.” Se los di. De inmediato fuimos a una florería, compró un ramito de doscientos pesos, añadió una tarjetita y vaya uno a saber a quién se las mandaría. Y es que para eso no podía hacer uso de su sueldo o pedir prestado a Delia. La generosidad era de Pablo; en nadie he visto este gesto, característico suyo: llevarse la mano a la bolsa y hacer sonar las monedas que ahí guardaba. “Mira”, me decía, “¿no oyes un ruidito? Me acaban de mandar de Chile dos meses de sueldos atrasados y acabo de cambiarlos en el banco. ¿No necesitas algo?”<br /><br />Hasta que una mañana me dijo, como debe haberle dicho a todos sus amigos: “Aquí va a terminar temporalmente nuestra amistad, porque me está llamando mi patria; quieren hacerme senador y luego presidente de la República”. Le dedicamos unos banquetes de despedida que sobrepasaron los mil asistentes. Él se fue de México glorificado por completo, envuelto por el cariño y la admiración.<br /><br />El tango del viudo<br /><br />Por el tiempo de nuestra amistad, Pablo me narró muchos episodios de su vida. Tenía un amigo poderoso, que le prometió hacerlo segundo o tercer secretario de alguna embajada chilena en un país lejano. Esa promesa se alargó durante un año, hasta que en una reunión encontraron casualmente al ministro de Relaciones Exteriores, quien de inmediato le preguntó: “¿Usted es Pablo Neruda?” “Sí, señor.” “Pues yo he leído cosas suyas. ¿No le gustaría trabajar en el medio diplomático?” Y ahí hundió la cara el amigo, que jamás le había dicho una palabra al ministro del empleo prometido a Pablo. Fue nombrado cónsul en Rangoon, Birmania, el año de 1927. El poeta se enamoró del Oriente; y una mujer oriental, Josie Bliss, se enamoró del poeta. En sus memorias, Neruda recupera la imborrable figura de esta “terrorista amorosa”. Poseo algunos matices que Pablo no incorporó en Confieso que he vivido. Por ejemplo me contaba que Josie nunca aceptó dormir con él en una cama; tras consumar el abrazo sexual, ella se deslizaba al suelo.<br /><br />A la hora de la comida Pablo le preguntaba: “¿Qué tenemos de comer hoy?” Josie respondía: “Pan, vino...” “Esas cosas no se nombran, porque están siempre en la mesa.” “Tengo sopa.” “También eso debe estar en la mesa.” “Hay carne.” “Sí, pero ¿cómo está preparada la carne?” Josie nunca aprendió el rito occidental de la comida.<br /><br />Era una mujer tremendamente celosa; varias veces, al despertar, Pablo la sorprendió rondando la cama con un enorme cuchillo en la mano, y el murmullo: “Cuando te mueras acabarán mis temores”. Dejando atrás ropa y libros, él huyó con rumbo a Ceylán donde tenía la oportunidad de un nuevo puesto diplomático. Un año después, hasta ese lugar fue Josie a seguirlo. Se estableció frente a la casa de Pablo para dedicarse a espantarle las visitas femeninas. Él titubeaba en aceptarla de nuevo a su lado. La situación llegó a hacerse tan intolerable, que decidió enviarla de regreso a Rangoon.<br /><br />En el recuerdo de Pablo, la escena de la despedida en el muelle se concentraba en la siguiente imagen: Josie desprendiéndose de sus guardianes para llegar a donde Pablo y besarle el rostro, el traje, las manos, los zapatos. En el trópico hay la costumbre de cubrir el calzado blanco con una especie de yeso de nombre albayalde; las lágrimas de esta mujer diluyeron el albayalde y formaron una pasta gelatinosa que le manchó la cara. Aun amando a esa mujer de rostro emblanquecido, Pablo desconoció su amor y la dejó partir.<br /><br />A ella escribió ese famoso “Tango del viudo”. Cito de memoria:<br /><br /></div><blockquote><p align="justify">Ah infame, ya habrás encontrado esa carta,<br />ya habrás insultado el recuerdo de mi madre<br />llamándome perro, hijo de perra.<br />Debajo del cocotero está enterrado el cuchillo<br />[que ahí guardé<br />por temor a que me asesinaras.<br />Otra vez estará mi habitación desordenada,<br />otra vez en el tendedero mis pantalones estarán<br />[secándose vacíos,<br />como goteando lágrimas.</p></blockquote><div align="justify">Es un poema muy largo y muy bello. Y luego de acumular imágenes oscuras, le dice:<br /><br /></div><blockquote><p align="justify">Sin embargo,<br />qué daría porque volvieras a estar nuevamente a<br />[mi lado,<br />por volverte a oír mear en la oscuridad,<br />como si estuvieras vertiendo una miel trémula,<br />[argentina, obstinada.</p></blockquote><div align="justify">Era fabuloso Pablo: ningún artificio, ningún adorno, la pura verdad de Dios. Según recuerdo, él mismo ofrece el mejor retrato de su poesía: “Dios me libre de mentir cuando estoy cantando”.<br /><br />Protalamio<br /><br />Mi amistad con Pablo nació en esa fiesta en que nos agradecía el manifiesto que publicamos en su defensa. Ya muy borracho, le dije: “Es una lástima que usted ande tan mal poéticamente”. Él preguntó, ofendido: “¡Cómo, insolente, quién es usted y con qué derecho me dice tal cosa!” Respondí: “Con el derecho de haberlo leído durante años y con la tristeza de encontrarlo ahora cantándole a Stalin”. “Es usted un canalla”, dijo, “yo nunca hice loas a Stalin.” Le recordé los versos a que me refería. “Ah sí, esas cosas; pero además usted qué derecho tiene a decirme nada.” “Ninguno, sólo el de un admirador frustrado que se entristece porque usted tome otras líneas.” “Pues estaría bien, pero además tendría usted que demostrarme si tiene algún sentido de lo que es la poesía. ¿Trae un poema suyo?” “No, pero me sé de memoria algunos pedacitos.”<br /><br />Al acabar, me dijo: “Tú eres mi hermano, dame un abrazo”. Le caí en gracia.<br /><br />Él escribió sobre mi trabajo, diciendo que mi poesía era como un árbol caído en medio del camino, y que la elogiaba no de forma circunstancial sino definitiva. El poema que le dije aquella noche en fragmento no tenía título; Pablo mismo lo bautizó: “Protalamio”. Me dijo: “Es tan claro el neologismo que tú verás: pro, por; talamio, tálamo, ¿para qué se usa? Tú lo que estás queriendo es acostarte con esa mujer”.<br /><br />Y así era. El poema alude a una etapa de mi vida en que estaba de guardián en la frontera. Ahí, recuerdo, al mismo tiempo construían un puente; a cada golpe de martillo contra los pilotes, mi casita se levantaba. Eran verdaderos temblores. Todo el día pasaban los vehículos: era un vértigo constante. Los turistas me hablaban en inglés; y yo, que no conozco ese idioma, no hacía sino dos o tres preguntas, siempre las mismas (What is your name?, Where are you going?), para llenar el formulario sin otra posibilidad de establecer pláticas. No tenía amigos, estaba aislado por completo en la frontera.<br /><br />Y en medio de ese exilio extrañísimo y vociferante vinieron a caer nostalgias y reclamos que me sacudían quizá más que los saltos del puente a todas horas:<br /><br /><a href="http://impreso.milenio.com/node/8526671">Sobre el polvo y la larga odisea inevitable…</a><br /><br />* <span style="font-size:85%;"><em>La invención de sí mismo, memorias del editor de la revista América</em>, es un libro editado por Alejandro Toledo y Daniel González Dueñas que en breve publicará Conaculta en la colección Memorias Mexicanas. En 1987, este libro obtuvo el Premio Nacional de Biografía otorgado por el Instituto Nacional de Bellas Artes en colaboración con la Universidad Autónoma de Colima. En él, Marco Antonio Millán (Morelia, 1913-Cancún, 1999) habla de su vida y experiencias profesionales, de sus amigos y colaboradores. Porfirio Barba Jacob, José Revueltas, Efrén Hernández, Benita Galeana son algunos de los personajes que aparecen en el recuerdo de Millán, poeta y editor durante más de treinta años de una revista donde publicaron sus primeros textos escritores como Rosario Castellanos, Luisa Josefina Hernández, Jaime Sabines y Juan Rulfo.</span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16517800-4653398757177341570?l=apostillasnotas.blogspot.com'/></div>Magda Díaz Moraleshttp://www.blogger.com/profile/16662759194132255220apostillas@gmail.com