<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss'><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341</id><updated>2009-12-08T11:12:00.288-03:00</updated><title type='text'>MIGUEL DE LOYOLA</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default?start-index=26'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='previous' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default?start-index=5&amp;max-results=21'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>46</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>26</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-3829631234290475626</id><published>2007-08-23T23:41:00.000-04:00</published><updated>2007-09-28T23:36:52.177-04:00</updated><title type='text'>Capítulo de novela Campus Oriente</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/Rv3IQ_aCL8I/AAAAAAAAAAU/maGc1tJDOqQ/s1600-h/PUC-Oriente-arcade.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5115464945986842562" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/Rv3IQ_aCL8I/AAAAAAAAAAU/maGc1tJDOqQ/s320/PUC-Oriente-arcade.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;29. De la poesía y los poetas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una tarde Samuel me interceptó de sopetón en uno de los pasillos para decirme que estaba decidido a dejar la carrera para dedicarse por entero a escribir poesía. Al principio me asusté sobremanera con la aparición, porque el tipo apareció repentinamente por detrás de una de las columnas que sostienen los pisos altos del edificio. Dichas columnas se encuentran a lo largo de los pasillos del primer piso conformando un cuadrilátero y son las que proporcionan al campus un aire entre medieval y gótico. Samuel, entre otros, era uno de los que tenía por costumbre aparecer y desaparecer en los momentos más increíbles desde las sombras oblicuas de las columnas. -Me voy, añadió decididamente después. Me voy compadre. Dejo por fin de este agujero y me voy a Chiloé a cultivar papas, a criar cerdos y por sobre todo a vagar por los mares australes como mis antepasados los onas, en una precaria embarcación fabricada con cueros de animal. Estoy cansado de esta ciudad mausoleo, revestida de cemento, mi poesía necesita respirar aires más puros, vivir bajo un clima de paz y sosiego. Tu deberías irte también, Bernardo. Si quieres nos vamos juntos. De lo contrario, te vas terminar pudriendo aquí. Fíjate que conozco un par de personas allá que están dispuestas a darme trabajo en una granja. A mí esta universidad me tiene reventado, no soporto su clima de colegio de monjas, aquí nadie parece darse cuenta de los catastróficos acontecimientos que nos asolan. Aquí en esta universidad no hay estudiantes sino ignorantes que han venido a ocupar un lugar nada más que porque pueden costear la maldita mensualidad que apenas podemos pagar nosotros. Te aseguro que ninguno de los de nuestra generación ejercerá en el futuro la carrera, porque los profesores en este país con la Dictadura han perdido el poco status que les quedaba y ya ni si quiera ganan para llevar una vida digna. Este país compadre pinta para otra cosa, para el comercio, para el lavado de dinero, para las grandes transacciones en dólares, pero no para el desarrollo de la cultura. He estado pensándolo mucho durante todo este tiempo y he decidido que la única alternativa para desprenderme de toda esta mierda es largarme lo más lejos posible.&lt;br /&gt;- La otra alternativa podría ser la lucha -le dije interceptando su monólogo que ya me estaba pareciendo extremadamente largo.&lt;br /&gt;- La lucha, compañero, en este sistema es equivalente al suicidio ¿Qué podría conseguir un poeta como yo que no fuera la muerte ante un pelotón de milicos? Nos hallamos bajo el poder de un régimen que ha sesgado todo intento de lucha. Estamos presos en su historia, no podemos hacer mucho por cambiarla. Sólo nos está permitido acatar sus órdenes, sus malditas órdenes. Te aseguro que no me voy a arrepentir de largarme de aquí. Allá voy a entrar en la vida de una vez con el pie derecho. Te voy a enviar mis poemas desde la isla y podrás apreciar los cambios. Porque la poesía necesita más de la experiencia que la novela para crecer, para florecer y aquí nos estamos deprimiendo más de la cuenta con tanta inmovilidad. Aquí no pasa nada. Y posiblemente no seguirá pasando nada de aquí a unos diez años más. Al fin y al cabo los poetas no necesitamos estudiar una profesión porque nacimos con ella metida en los huesos. Tu también deberías entender bien eso si de verdad quieres llegar a convertirte en escritor algún día. Tu sabes que la vocación es un llamado profundo del alma al que no se le puede cerrar la puerta. Aunque algunos idiotas opinan que no es más que cuestión de oficio. En todo caso, si deseas ir a verme alguna vez, no tienes más que tomar el tren a Puerto Montt y de ahí cruzar el canal del Chacao hasta topar con la isla soberana de Chiloé. Yo viví gran parte de mi infancia en la isla grande, y el recuerdo de su clima y de su ambiente me persigue siempre. A veces despierto por la noche creyendo que estoy allá. Entonces siento el viento, la brisa, la garúa intermitente de la isla, junto con su inconfundible perfume marítimo. La isla me llama, me reclama como una madre a uno de sus hijos, me llama desde el fondo de sus laberintos, es la tierra la que clama mi presencia y quiero volver a ella como a veces también quisiera el hombre volver al vientre de la madre para olvidar las tristezas y sufrimientos que depara el mundo. A veces también acuden a mi mente el sonido d los tambores de los indios y siento como el alma se me inflama por dentro del pecho como un globo que en cualquier momento puede llegar a estallar de gozo. Los tambores que son el eco de las voces de nuestros ancestros que reclaman por la muerte de sus hijos, la muerte de tantos hermanos a lo largo del tiempo y que el legendario tambor vuelve cada cierto tiempo a resucitar. Por eso necesito partir a Chiloé a reencontrarme con los míos, con mi madre tierra y con mi padre mar, para que así a través de mi pluma vuelva otra vez el verso a derramarse sobre el papel, sobre la hoja blanca que es el símbolo de la existencia. Aquí estamos saturados de poetas citadinos, de poetas acomodados que nada entienden ni conocen de las entrañas de su propio país. Aquí estamos saturados de poetastros que con un par de palabras ridículas, consiguen ridiculizar la realidad. Claro que lo hacen de manera muy racional, como un chiste del intelecto, como si en verdad el sufrimiento y la angustia permanente del hombre sobre la tierra lo fuera, y no una degradante injusticia a la que ha sido sometido por las clases poderosas. Aquí estamos hasta la coronilla con las vacas sagradas en poesía, con los poetas que hacen vista gorda a los hechos, a los atropellos, a los asesinatos, a la oscuridad, al Toque de Queda, a la infamia, a la represión, a la impunidad, el país necesita poetas humanos, cargados de pasión y no de la maldita razón con que construyen sus poemas. Nosotros necesitamos una poesía HUMANA, no una INHUMANA POESIA. Porque la poesía es la voz oculta del hombre, la voz que el hombre omite por temor, la voz que le oprime el pecho, la voz que no alcanza expresión sino a través de la pluma del poeta…&lt;br /&gt;Cuando Samuel terminó finalmente de hablar, le di la mano en señal de aprobación. Sus palabras me tocaban el alma, sin duda. Su pasión me contagiaba como pocas. Cuando recién lo conocí, el primer año de la carrera, parecía apenas un muchachito, un muchachito frágil, delgado, puro esqueleto. En cambio ahora, hasta la voz la tenía distinta. Ahora su voz era la de un poeta, de un poeta delirante, cargado de la vehemencia suficiente como para llevar adelante su proyecto de vida. Nos dimos un abrazo de despedida. Quedamos en que nos escribiríamos. También le dije que algún día iría a encontrarme con él en esos mares turbulentos del sur. Bajamos las escalinatas de la salida juntos. Y fue allí cuando me preguntó repentinamente por Paola. Tuve que decirle simplemente que era un sueño como otros que se habían ido, para no entrar en detalles. A esa hora de la tarde, casi noche, me hacía mal acordarme de ella. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-3829631234290475626?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/3829631234290475626/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=3829631234290475626&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/3829631234290475626'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/3829631234290475626'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/08/captulo-de-novela-campus-oriente.html' title='Capítulo de novela Campus Oriente'/><author><name>Miguel de Loyola</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08361637779779343212</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='04357900640223714491'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_yYEUmgTSRXw/Rv3IQ_aCL8I/AAAAAAAAAAU/maGc1tJDOqQ/s72-c/PUC-Oriente-arcade.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-5592924521746788940</id><published>2007-08-23T23:37:00.001-04:00</published><updated>2007-08-23T23:37:52.597-04:00</updated><title type='text'>Chequen mi Slide Show</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;embed src="http://widget-f1.slide.com/widgets/slideticker.swf" type="application/x-shockwave-flash" quality="high" scale="noscale" salign="l" wmode="transparent" flashvars="cy=bb&amp;amp;il=1&amp;amp;channel=648518346347621873&amp;amp;site=widget-f1.slide.com" style="width:350px;height:262px" name="flashticker" align="middle"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;div style="width:350px;text-align:left;"&gt;&lt;a href="http://www.slide.com/pivot?cy=bb&amp;amp;ad=0&amp;amp;id=648518346347621873&amp;amp;map=1" target="_blank"&gt;&lt;img src="http://widget-f1.slide.com/p1/648518346347621873/bb_t028_v000_a000_f00/images/xslide1.gif" border="0" ismap="ismap" /&gt;&lt;/a&gt; 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Tendríamos un gran ahorro de disparates y los lectores menos razones para sorprenderse con elementos ajenos a la literatura.&lt;br /&gt;Por ejemplo: en una novela chilena leo la descripción de un sucio y desordenado recinto con “pululación de sendos roedores”. ¿serán grandes roedores o un roedor para cada montón de mugre?&lt;br /&gt;Otro habla de “los dos sendos Fiat 125”. Aquí, al menos, hay una excusa pues en &lt;strong&gt;&lt;em&gt;El desenredo&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, novela breve de Miguel de Loyola, el narrador habla en primera persona, y como se trata de un estudiante de enseñanza media, el disparate puede correr por cuenta de él.&lt;br /&gt;Sendos aparte. Miguel de Loyola ha creado un perdosaje que interesa desde su aparición en las primera páginas: aunque sus compañeros lo llamen “el filósofo”, es un ser extraviado en sus propias dudas e indecisiones, temeroso, vacilante, desconfiado de sí mismo y de sus propias fortalezas, tímido y enamorado de una compañera de clases que –mujer al fin- es mucho más segura, más resuelta. Pasearle la cuadra, como se decía entones, y observar desde la acera la lucecilla de lo que puede ser su dormitorio es lo más que el Filósofo puede exigirse.&lt;br /&gt;¿Por qué podría interesarse en en él una muchacha tan dueña de sí misma, tan bonita, tan asediada por casi todos los demás compañeros de curso? El Filósofo no cree en sí mismo. Es, en esencia, un adolescente.&lt;br /&gt;Adolescencia no es desamparo: siempre habrá algo, una mano, un acontecimiento, un gesto, que ayude a despejar las tinieblas de las dudas y la inseguridad. Para el Filósofo, esto ocurrirá en esa fiesta “de toque a toque” (estamos en plena dictadura), con tragullos, sánguches, tortas, pasteles y mucho bailoteo movido o aperrado, que el Filósofo observa desde un sillón, ajeno por timidez a todas las audacias de sus compañeros. Mientras él mira y se lamenta de sus indecisiones, algo se teje en las sombras, y al terminar la noche habrá algo más que la luz matutina.&lt;br /&gt;Por medio de su personaje, Miguel de Loyola se maneja bien en el relato de estas aventuras y desventuras, y si por momentos la narración es confusa, no lo es menos el estado emocional de éste. Las comparsas –amigos y compañeros de colegio- son mucho más que eso y podemos reconocer en ellos algunos rostros vislumbrados en la propia adolescencia.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;El desenredo&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; es una breve novela que se deja leer, que atre y que conforta en medio del maremagnum de sandeces de que somos víctimas, a menudo, los lectores&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Fuente: Revista de Libros El Mercurio, viernes 10 de marzo de 2006.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-8730515931850032502?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/8730515931850032502/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=8730515931850032502&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/8730515931850032502'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/8730515931850032502'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/07/el-desenredo.html' title='El desenredo'/><author><name>Jota Loyola</name><email>jotaloyola@gmail.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RqVE3yljO4I/AAAAAAAAAB8/Bt7qbJclSgk/s72-c/EL+DESENRREDO.bmp' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-1385112950366092444</id><published>2007-07-12T12:32:00.000-04:00</published><updated>2007-07-12T12:35:29.040-04:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Travesuras de la niña mala.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Por Miguel de Loyola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es posible que en Travesuras de la niña mala, Mario Vargas Llosa recuerde y exponga muchos sueños de su propia juventud, envueltos, claro, con el ropaje universal de la literatura. Un narrador en primera persona, muy adaptado a las actuales tendencias narrativas, sin los retruécanos y dobleces propios del llamado boom de la narrativa latinoamericana de los años 60’, consigue cristalizar una muy buena historia de principio a fin.&lt;br /&gt;            Un joven de nacionalidad peruana, pero radicado por más de treinta años en París, nos pone al corriente de su vida a partir de su relación amorosa con una mujer, también de origen peruano, excepcional. El deseo de vivir en París, muy propio todavía de la juventud intelectual de la época de los 60’, lleva a Ricardo a establecerse en la Ciudad Luz por esos mismos años, presumo, en que lo hizo el propio Vargas Llosa. Alquilando un piso pequeño en el barrio latino y dedicándose al, por entonces, también codiciado oficio de traductor o intérprete en la UNESCO o en cualquier otro organismo internacional.&lt;br /&gt;La inserción de este personaje en una época claramente establecida, sirve al narrador para entregar una mirada pormenorizada de los hechos históricos más relevantes de la época, tanto en Perú, como también en Europa y el Caribe. Las amistades del peruano con personajes inmersos en la efervescencia política de la época, como la Revolución Cubana, el mítico Mayo del 68’ en París, los primeros movimientos hippies en  Inglaterra y posteriormente en el mundo, etc., pasean al lector por un período histórico de mucha importancia para la nueva configuración de la sociedad occidental y latinoamericana, sus conflictos políticos y sus cambios radicales.  Ricardo, amigo de uno de los fundadores del MIR peruano, contará también los pormenores de la configuración de esa facción izquierdista que sirvió en América para remover las bases más reaccionarias, como también la instauración de las dictaduras de la misma naturaleza que llegarían después. El detalle de esos hechos históricos, muy conocidos y trabajados por Vargas Llosa desde sus tiempos de juventud como intelectual preocupado de la situación, la novela los entrega con mayor verosimilitud que el discurso del historiador, gracias al entramado novelesco que asigna connotaciones que van más allá de la realidad propiamente tal..&lt;br /&gt;Sin embargo, como se entenderá, la novela no adquiere relieve ni interés por lo bien o mal que recree la historia real, sino por la configuración de un hecho ficticio a partir de lo real. Ricardo Somocurcio, o Ricardito, como se autodenomina a sí mismo el personaje narrador toda vez que se siente un hombre estúpido, disminuido frente al mundo, acusando con ello esa baja autoestima connatural   a la gran mayoría de los seres del Tercer Mundo. El es un peruano que aunque proveniente de uno de los barrios pudientes de Lima (Miraflores) , no consigue templar una personalidad lo suficientemente fuerte para imponer su voluntad en su vida amorosa, y se deja arrastrar por una muy antigua pasión de juventud, a sabiendas de su inconveniencia. Esa pasión perdurará toda su vida, a pesar de vivir uno y mil desengaños con la ”niña mala.”&lt;br /&gt;Ricardo se enamoró de “Lily” mientras vivía en Miraflores, cuando “la niña mala” se hacía pasar por chilenita, pero entonces nunca pudo materializar su amor. Años más tarde, ya radicado en París, vuelve a toparse con ella, ahora de paso a Cuba, como supuesta guerrillera del MIR peruano (con la chapa de camarada Arlette)que va en busca de instrucción paramilitar. De ahí en adelante, volverá a encontrarla en muy distintas ocasiones, ya como esposa de un colega suyo (madame Arnoux), como mujer de un inglés (Mrs. Richardson), mas tarde como querida de un contrabandista japonés (Kuriko). Durante todas esos encuentros, Ricardito seguirá enamorado, le ofrecerá matrimonio, y ella lo premiará de vez en cuando con un par de noches de amor y algo más. Sólo hacia el final, en medio de la tragedia a la que ha arrastrado su vida la peruanita, se resignará a vivir y a casarse con él, para más tarde volver a abandonarlo por un anciano millonario.&lt;br /&gt;Este encuentro de dos personalidades opuestas, la de Ricardo, hombre estable y timorato, con la de la peruanita, desinhibida y ambiciosa, tal vez sea el aspecto más interesante de cuestionar desde un punto de vista psicológico y social. Por un lado está el problema de la fractura de la personalidad,  en contraste con la unidad que asiste a los seres por cuestiones de educación, y por otro, la cosa social que marca diferencias sustanciales entre uno y otro individuo de acuerdo al medio y sus circunstancias.&lt;br /&gt;Sin embargo, hay que advertir que tampoco se concentra en esta problemática la riqueza de la novela, y si bien consigue perfilar y proyectar dichas problemáticas tan propias  al siglo de la desintegración del Yo para dar paso al nacimiento de un yo múltiple en la conciencia del individuo, su valor se desplaza todavía unos metros más arriba de lo social y psicológico, rozando la magnificencia y plenit&lt;br /&gt; ud del valor estético por sobre cualquier otro.&lt;br /&gt;Vargas Llosa consigue otra vez con esta obra crear y recrear un mundo novedoso, imbricado con todos los aceites propios de la vida real del hombre contemporáneo, sumados a los tintes universales del arte de la literatura que transportan la historia hacia el plano de la fantasía. La novela arrastra al lector hacia esos planos donde la incertidumbre cristaliza la “inminencia de una verdad a punto de revelarse”, como llamó Borges al hecho estético.&lt;br /&gt;Travesuras de la niña mala , vuelve a poner al peruano Vargas Llosa en el primer plano de la narrativa latinoamericana, alejándolo de los facilismos de los últimos tiempos, los que han hecho de la novela un triste objeto utilitario y de consumo rápido.&lt;br /&gt;Stgo., 23/7/06&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-1385112950366092444?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/1385112950366092444/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=1385112950366092444&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/1385112950366092444'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/1385112950366092444'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/07/travesuras-de-la-nia-mala.html' title=''/><author><name>Jota Loyola</name><email>jotaloyola@gmail.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-2045113038734391725</id><published>2007-07-10T12:20:00.000-04:00</published><updated>2007-07-11T18:59:24.932-04:00</updated><title type='text'>Arte poética e Integración - Narrativa, 2007.</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Estuve a principio de Junio en Santa Cruz de la sierra, en el Encuentro de escritores “Arte poética e integración – narrativa 2007”, invitado por el Centro Simón I. Patiño” El encuentro reunía a escritores de tres países, Argentina, Chile y Bolivia. Fue una semana de conferencias ininterrumpidas relativas a la producción literaria de cada exponente, como también, referida a la literatura universal, con ponencias que hablaron de Cortázar, James Joyce, Cervantes, Gabriela Mistral, etc.&lt;br /&gt;Los escritores bolivianos presentes resultaron ser tanto o más amistosos que los mismos argentinos, a quienes por razones o sin razones conocemos bastante más que a los bolivianos. Conversé con ellos como si nos hubiésemos conocido desde siempre. Adolfo Cáceres, Gary Daher, Oscar Díaz Asnaú, Centa Reck, Ramón Rocha Monroy, aunque tal vez no debiera nombrarlos porque de seguro se me escapa alguno. Su cordialidad y llanura permite ir tierra adentro en la amistad, en el intercambio de pareceres, en la Integración cultural de los pueblos que tanto necesitamos todavía en este rincón del mundo . En ese sólo sentido “Arte Poética e Integración” fue un éxito y debiera repetirse año tras año en todos los países del cono sur. La verdadera integración de los pueblos pasa primero por el intercambio cultural antes que por cualquier otro tipo de acercamiento. El comercio, desde luego, suele ser una primera aproximación, pero no establece los lazos de intimidad entre los pueblos que alcanza el intercambio cultural. El arte consigue el conocimiento del otro, la aprensión de otras entidades y sentires. Sólo de esta manera podemos llegar a comprender otras culturas y a integrarlas en la nuestra.&lt;br /&gt;Los bolivianos son un pueblo replegado en un sí mismo que se aferra a su historia, como los mexicanos, los peruanos, los ecuatorianos...y ese aferrarse convierte a sus escritores en artistas del pensar profundo, reflexivos y consecuentes, todavía libres de la cultura light que ha impuesto la economía de mercado ya en todo el mundo.&lt;br /&gt;Unos de los tópicos de mayor coincidencia en las ponencias de los escritores bolivianos y también argentinos, fue el de la resurrección de la ayer llamada novela histórica. La novela que toma como eje matriz de su narración un hecho o un personaje histórico de cierta relevancia, recreando y revisando a través suyo las raíces de la paria, familia o secta. Esta revalorización de la novela con tintes históricos, sabemos, es un tópico que ha tentado a los escritores de todos los tiempos. Recuérdese en los inicios a (Walter Scott 1771-1832), a quien se le atribuye la creación moderna del género, a Benito Pérez Galdóz, al propio Gabriel García Márquez (El general en su laberinto), al mismo Vargas Llosa (La fiesta del Chivo) con, Arturo Pérez Reverte (El húsar, Cabo Trafalgar…) Miguel Delibes (El Hereje) Isabel Allende (La Casa de los espíritus), por nombrar algunos de los tantos autores que han incursionado en el género. Porque la historia, contada por los historiadores propiamente tales es “una camisa de fuerza”, sostuvo en su ponencia la escritora argentina María Rosa Lojo. En cambio la literaria, la que se escribe con fines artísticos, evidentemente, se introduce en el alma de los pueblos, trasciende a planos superiores de entendimiento, creando conciencia de una realidad desconocida también como parte de la nuestra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La revalidación de la novela histórica resulta un rasgo importante a considerar a la hora de preguntarse hacia donde fluyen las tendencias de la narrativa hispanoamérica actual, pero más importante resulta preguntarse cómo y porqué resurge hoy ese interés en los escritores actuales por el pasado, el cual, a ojos vista, al mundo moderno para nada le importa. Baste con mirar como se destruyen en nuestros países razas, palacios y construcciones antiguas en aras del progreso y la modernidad, arrasando así con el pasado para erguirse en un nuevo mundo Parece obvio que el alma de una nación se resiste a perder sus raíces, y el arte, que es fruto del alma de los pueblos sale hoy nuevamente a reivindicar su historia, a recuperar su memoria llaman otros al mismo fenómeno.&lt;br /&gt;Juan Murillo y Luisa Talarico moderaron las ponencias resaltando la generosidad del Centro Patiño y de su directora Roxana Moyano para financiar un encuentro de escritores que ya ha comenzado a dar sus frutos, partiendo por el intercambio de libros y artículos entre los escritores asistentes. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-2045113038734391725?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/2045113038734391725/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=2045113038734391725&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/2045113038734391725'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/2045113038734391725'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/07/arte-potica-e-integracin-narrativa-2007.html' title='Arte poética e Integración - Narrativa, 2007.'/><author><name>Jota Loyola</name><email>jotaloyola@gmail.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-3590420583471454405</id><published>2007-06-14T21:52:00.000-04:00</published><updated>2007-07-10T12:34:22.358-04:00</updated><title type='text'>DESPEDIDA DE SOLTERO</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Por Fernando Jerez&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace algunos días apareció un comentario muy inoportuno firmado por Miguel de Loyola, sobre una antigua novela mía, &lt;strong&gt;El miedo es un negocio&lt;/strong&gt;. Digo inoportuno porque por aquellos días yo terminaba de leer con mucho entusiasmo &lt;strong&gt;Despedida de soltero&lt;/strong&gt; -mi primer acercamiento a la narrativa de este escritor chileno poco conocido-, y,por consiguiente, deseaba escribir algo al respecto. En un país de tantas suspicacias y de practicar el auto bombo hasta poner en peligro la extinción de los adjetivos más ampulosos, sobre todo en literatura, pensé que mi nota sonaría a una vuelta de mano poco sincera. Pero no es así.&lt;br /&gt;Su libro me gustó porque está bien escrito y por una conjunción de cualidades que me llevaron con agrado hasta la última página.&lt;br /&gt;Miguel de Loyola, nacido en 1957, profesor de castellano, formó parte del taller que dirigía nuestro recordado José Donoso. Su novela nos sumerge en la más recóndita conciencia del doctor Fernando Durrett un funcionario de hospital que recibe una invitación para asistir a la despedida de soltero de un joven colega suyo. Este hecho lleva al casi anciano médico a contrastar su situación de jubilado ad portas, de vida marchita, con el proyecto lleno de ilusiones del novio. Desde su alma, vamos a conocer pues, los senderos por donde ha transcurrido su vida como una suerte de rendición de cuentas ante la asamblea que conforma un solitario espectador: él mismo.&lt;br /&gt;Una de las magias del arte en general, y particularmente de la literatura consiste en la llamada visión de mundo de sus autores. En definitiva lo que leemos en despedida de soltero es el yo interior del doctor Fernando Durrett, ejercicio de voyerismo que no es posible practicar con tan ilimitadas posibilidades de expansión imaginativa como en las realidades que presenta la literatura. Porque a pesar de que las vidas humanas parecen ser idénticas entre sí, clones de otras vidas, a la hora del balance, cuando aparecen en la planilla contable los arrepentimientos, las frustraciones, las ilusiones y desengaños, los amores y los odios, clones todos, todas esas existencias están llenas de originalidades, como la hoja de un árbol nunca será igual a otra hoja del mismo árbol.&lt;br /&gt;Así pues, el doctor Durrett utilizará el bisturí ya no para explorar los cuerpos de sus pacientes sino que para hacer incisiones en su propia alma, en la que descubrirá tejidos de distinta naturaleza, algunos sanos, otros muertos, otros en crecimiento, como si se tratara de las células de un recién nacido no desarrolladas aún.&lt;br /&gt;Al final, en la despedida de soltero propiamente tal, la novela sufre un vuelco temático y estilístico como si la linealidad de la vida del médico estallara en mil pedazos y se dejara poseer por hallazgos inéditos.&lt;br /&gt;Hay veces que he llegado al final de un libro con la misma sensación de haber ingerido un alimento de efectos contraproducentes para mi salud. La influencia funesta que produce en el escritor la lectura de un libro construido con recursos precarios obliga al afectado a una purificación urgente, por ejemplo, con un J.M. Coetzee. O un Pedro Salinas.&lt;br /&gt;En cambio, despedida de soltero me ha producido una grata impresión. Llama la atención eso sí que Miguel de Loyola, un desmesurado devorador de libros, haya permanecido durante tanto tiempo sin entregarnos nuevas obras. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Año,2005.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-3590420583471454405?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/3590420583471454405/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=3590420583471454405&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/3590420583471454405'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/3590420583471454405'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/06/despedida-de-soltero.html' title='DESPEDIDA DE SOLTERO'/><author><name>Jota Loyola</name><email>jotaloyola@gmail.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-6799899556042245224</id><published>2007-05-14T22:46:00.000-04:00</published><updated>2007-05-15T12:15:05.760-04:00</updated><title type='text'>CUENTOS DEL MAULE, de Miguel de Loyola</title><content type='html'>&lt;p align="left"&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RkkfNG6pzmI/AAAAAAAAABs/iNYnQ6GtErQ/s1600-h/Cuentos+del+Maule+2.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;PRONTO EN lIBRERÍAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RkkfNG6pzmI/AAAAAAAAABs/iNYnQ6GtErQ/s1600-h/Cuentos+del+Maule+2.jpg"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5064613566010216034" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RkkfNG6pzmI/AAAAAAAAABs/iNYnQ6GtErQ/s200/Cuentos+del+Maule+2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;Cuentos del Maule&lt;/strong&gt; reúne un puñado de historias provincianas y rurales contadas desde la perspectiva interior de sus personajes, recreando sueños, amores y nostalgias. Denunciando también la falta de justicia social que asola todavía los campos de nuestro suelo patrio. Pero no por estar remitidas a lugares concretos pierden su valor literario universal. Muy por el contrario, por ese mismo motivo encarnan sentimientos y pareceres propios a toda la humanidad.&lt;br /&gt;Su lectura resultará apasionante para todo lector, y en especial, para aquellos en cuyo imaginario todavía repican las voces ancestrales, toda vez que alguien desde el presente inmediato remueve con un verso o una narración sus más viejos y amados recuerdos alojados en el lugar más seguro y secreto del alma.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-6799899556042245224?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/6799899556042245224/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=6799899556042245224&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/6799899556042245224'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/6799899556042245224'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/05/cuentos-del-maule-de-miguel-de-loyola.html' title='CUENTOS DEL MAULE, de Miguel de Loyola'/><author><name>Jota Loyola</name><email>jotaloyola@gmail.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RkkfNG6pzmI/AAAAAAAAABs/iNYnQ6GtErQ/s72-c/Cuentos+del+Maule+2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-8441854369935718811</id><published>2007-05-14T18:29:00.000-04:00</published><updated>2007-05-14T18:39:50.505-04:00</updated><title type='text'>PLATAFORMA, de Michel Houellebecq</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;Miguel de Loyola&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;La novela de Houellebecq nos introduce en el mundo del turismo, de los viajes de placer. Michel, funcionario del departamento de cultura del gobierno francés, después de la muerte de su padre y transformarse en su único heredero, sale de viaje con destino a Tailandia. Durante el viaje conoce a Valérie –quien forma parte del grupo de turistas en que va Michel. Con ella, después de regresar a París, vivirá una larga aventura amorosa, sumada a otros muchos viajes rotulados con las mismas características.&lt;br /&gt;Michel, en tanto narrador protagonista de la historia, responde a lo que ya podríamos denominar personaje clásico de las novelas europeas de los últimos decenios. Un ser en principio solitario, anodino, sin grandes pasiones, más bien del tipo depresivo, pero capaz de vaciar su mundo interior ante los ojos del lector, desde una perspectiva consciente y extremadamente racional. Este narrador decodifica punto por punto sus placeres, especialmente sexuales, acercándose por momentos a la novela pornográfica por el grado de impudicia de algunas de sus escenas. Sin embargo, no nos dice mucho acerca de sus dolores. La muerte de su padre se parece en mucho a la perspectiva apática del personaje de &lt;strong&gt;El Extranjero,&lt;/strong&gt; de Camus. Asistimos a él a través de su mirada distante, indolente, que no se deja afectar por nada de lo que acontece a su alrededor. Salvo, como dijimos, el sexo, en tanto forma probada de placer.&lt;br /&gt;La historia esta contada -y muy bien contada- en primera persona ,y, por momentos pareciera que es básicamente el morbo sexual el soporte mayor de la intriga que conduce al lector a leer hasta la última página. Sin embargo, vemos como poco a poco, una vez que Michel conoce a Valérie y establecen una relación de pareja estable, aunque muy al estilo europeo, la novela comienza a cobrar mayor peso psicológico, moral y también social, en tanto obra literaria capaz de convertirse en una apología del mundo moderno, sustentado por un capitalismo implacable. Valérie trabaja en turismo a alto nivel y a través de los proyectos de la empresa donde trabaja, la novela cuestiona todo este aparato gigantesco creado por las empresas del rubro con el fin de ganar dinero, gatillando en la conciencia colectiva de los turista el deseo del placer erótico.&lt;br /&gt;Los viajes de Michel y Valérie a países exóticos, Tailandia, Cuba, y otros, son recreados y cuestionados ante los ojos del lector por este narrador que no se debilita en ningún momento en su afán de describir ya como una filmadora y como supraconciencia de lo que ve, piensa y siente a su alrededor, lo mismo con lo que sucede en su interior.&lt;br /&gt;Tal vez diríamos que la tensión de la narración decae en las últimas páginas. Nunca ha sido fácil un final para la ficción. Pero, con todo, la novela ya ha hecho lo suficiente como para agradecer la narración. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-8441854369935718811?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/8441854369935718811/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=8441854369935718811&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/8441854369935718811'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/8441854369935718811'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/05/plataforma-de-michel-houellebecq.html' title='PLATAFORMA, de Michel Houellebecq'/><author><name>Jota Loyola</name><email>jotaloyola@gmail.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-7351722873560104850</id><published>2007-05-12T23:27:00.000-04:00</published><updated>2007-05-14T18:43:40.303-04:00</updated><title type='text'>EL HOMBRE DUPLICADO, JOSE SARAMAGO</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;&lt;em&gt;                                                                                                                           Miguel de Loyola&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tertuliano Máximo Afonso mientras mira una película recomendada por un colega ("Quien no se amaña no se no se apaña"), descubre que uno de los personajes secundarios de la cinta es idéntico a él. Ni más ni menos su más fiel retrato. De ahí en adelante el protagonista de no volverá a dormir tranquilo, y hará en lo sucesivo todo lo posible para saber de quien se trata, indagando en otras cintas hasta dar con el nombre real del actor, para conocerlo y encararlo con el propósito de saber cuál de los dos es el impostor.&lt;br /&gt;Esta búsqueda obsesiva del doble, puede traducirse como una clara búsqueda de sí mismo, de la identidad. Una identidad que Tertuliano, el protagonista, por su forma de actuar y de pensar, duda en tenerla, a pesar de ser un respetable profesor de historia de 38 años, y aunque divorciado de su mujer, con una novia (María Paz) que a todas luces lo comprende y lo ama. Sin embargo, esta carencia de identidad no le permite tomar decisiones, y lo llevan a vivir bajo un clima de permanente incertidumbre. En cambio, su doble, de nombre Antonio Claro, como lo confirma después de una y mil indagaciones, casado con Helena y aunque protagonista de papeles secundarios en el cine, se proyecta ante los ojos de Tertuliano como un hombre seguro de sí mismo, al punto que al comienzo no manifiesta ningún interés por conocerlo a él, a pesar de la similitud calcada en la que insiste Tertuliano que hay entre los dos. Similitud que en la novela, naturalmente, raya en la fantasía, pero alcanza el grado de verosimilitud suficiente para hacer funcionar la historia en cuestión.&lt;br /&gt;En esta novela de Saramago, como en tantas otras de su misma factura, se trasluce la profundidad de la tesis psicológica que se va tejiendo paralela a las acciones delirantes e imaginativas que mueven a los personajes, haciendo de la obra una alegoría que no sólo denuncia y nos muestra el problema de la identidad, sino que también ofrece soluciones interesantes, cuando plantea en medio de los juegos de máscaras propias del arte de la novela, que la falta de consistencia de la psiquis o del alma humana, es posible enrostrarla, combatirla y vencerla con el ejercicio de la voluntad. Esa fuerza interior que lleva al hombre maduro a salir de las tinieblas, y a esgrimir su espada contra la oscuridad.&lt;br /&gt;Tertuliano Máximo Afonso, por falta de esta consistencia sólida que le permita tomar partido por las cosas, dejará entrar al "caballo de Troya" en su vida, sin sospechar que la consecuencia del no hacer nada por impedirlo, será la pérdida definitiva de su identidad. Tertuliano tendrá que ser en lo sucesivo Antonio Claro, y renunciar a sí mismo, desvaneciéndose definitivamente en otra personalidad, porque para todos el tal Tertuliano Máximo Afonso, profesor de historia, murió en un accidente automovilístico junto a su novia María Paz cuando regresaban a casa desde las afueras de la ciudad..&lt;br /&gt;La idea de usar el arquetipo del caballo de Troya para ilustrar la consecuencia de la falta de seguridad a la que se expone una persona carente de identidad, me parece brillante, y más todavía la de relacionar a Casandra con el Sentido Común, con esa vocecilla interior que sabe siempre mejor que nadie lo que corresponde hacer frente a tal o cual situación, pero a la que aún así dudamos en hacer caso. Tal y como le sucede al protagonista, a quien vemos naufragar por esta razón.&lt;br /&gt;Impresiona el fraseo de Saramago, y el tratamiento del narrador, quien habla al lector al estilo del narrador omnisciente, pero en un juego novedoso y ágil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-7351722873560104850?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/7351722873560104850/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=7351722873560104850&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/7351722873560104850'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/7351722873560104850'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/05/el-hombre-duplicado-jose-saramago.html' title='EL HOMBRE DUPLICADO, JOSE SARAMAGO'/><author><name>Jota Loyola</name><email>jotaloyola@gmail.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-2047278979001866326</id><published>2007-03-15T23:14:00.000-04:00</published><updated>2007-05-14T18:45:44.385-04:00</updated><title type='text'>DAVID CONTRA GOLIAT, Apología del Platónico</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RfoPSQyu2qI/AAAAAAAAABQ/yaZ7cZQ9jGA/s1600-h/fotos+platonico+4.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5042359539214506658" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RfoPSQyu2qI/AAAAAAAAABQ/yaZ7cZQ9jGA/s200/fotos+platonico+4.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;El &lt;strong&gt;Café Platónico&lt;/strong&gt;, ubicado en el interior de la estación del Metro Tobalaba, y conocido en el sector como &lt;strong&gt;Platónico&lt;/strong&gt; propiamente a secas, ha sido condenado a muerte. Metro S.A. le ha cortado el contrato de arrendamiento. Por eso hoy día está a la espera de la orden de desalojo proveniente del tribunal. Pero tampoco quiere salir huyendo, no tiene nada que esconder, nada que ocultar. Por el contrario, sabe la injusticia que hay detrás y por eso ha optado por esperar de pie el tiro de gracia, a fin de que el proceso culmine a la luz pública.&lt;br /&gt;Sucede que movido por hambre de Justicia, el Platónico ha dado pelea, tratando de defender su derecho a la vida aún a costa de perderla, aunque su enemigo cuente con poder para hacerlo mil pedazos. No quiere irse sin antes denunciar su caso a los más altos tribunales, como lo son sin duda los de la Conciencia, ya que los otros, más temprano que tarde, se manejan con influencias. Ocurre que durante el proceso nadie de la oficina de administración de los locales, supo darle una razón transparente para aceptar su condena y largarse. Sólo oyó evasivas a media voz, los clásicos clichés de “necesidades de la empresa” que no conforman ni convencen, resuenan todavía como martillazos arteros en su cabeza. Comprende, sólo fueron pretextos para encubrir intereses oscuros, urdidos por detrás, al interior de oficinas públicas atestadas de dudosos personajes nominados a dedo por la &lt;em&gt;amistocracia&lt;/em&gt; imperante.&lt;br /&gt;Desde la llegada de los funcionarios de la Concertación a la administración de los locales, comenzó la política de constante hostigamiento, primero con un cambio radical de las condiciones del contrato de arriendo, el cual de carácter indefinido pasó a vencimiento plazo fijo, además de un alza del canon capaz de aturdir a cualquiera. Luego, para desconcertarlo todavía más, vino la persecución y el cuestionamiento absurdo del rubro o giro comercial del Platónico, inmovilizándolo, impidiéndole de esa manera renovarse al no contar desde entonces con un contrato que le brindara suficiente garantía y confianza para arriesgarse a llegar más lejos, como lo exige toda empresa para competir en el mundo actual. Ahora comprende, lo venían arrinconando para matarlo.&lt;br /&gt;“No queremos el rubro Alimentos”, le dijeron, “nos preocupa mejorar la Imagen Corporativa de Metro S.A.”, insistieron, “vamos a erradicar todos los negocios de comida”, le advirtió un Alto Funcionario. Pero de pronto, de manera sorpresiva y contrariamente a lo predicado por dicho Alto Funcionario, surge en la misma estación Tobalaba un local de la cadena Castaño. Y de pronto, como una bofetada en pleno rostro se anuncia la posible construcción en esa misma estación de un Patio de Comida. Y de pronto, como un rayo, aparece la cadena Savory instalada en esas mismas galerías. Y claro, se comprenderá, el viejo Platónico allí mismo viendo todo esto se impresiona. El legendario Platónico allí en esa misma estación siendo testigo ocular de la falta de coherencia en el hacer y el pensar, de la falta de transparencia y respeto a la verdad, a la justicia en buenas cuentas, se altera. Y el solitario Platónico allí mismo acusado y condenado a muerte por vender lo mismo, después de haber sido pionero en la ruta, primero en arrendar un local con esos mismo fines 20 años antes, no sólo se desilusiona, enloquece, siente el cuchillo de la traición en el pecho, el frío del metal ante la falta de lealtad hiela su alma. En el fondo de su corazón abrigaba la esperanza de una invitación a participar también en los cambios de la estación Tobalaba, a formar parte del nuevo proyecto, como arrendatario más antiguo, desde luego, como último sobreviviente de aquellos aventureros que se instalaron por primera vez en una estación desolada (1986), por donde entonces no circulaban tantas almas como en la actualidad.&lt;br /&gt;¡Qué esperanzas de esa soñada Justicia Social capaz de prodigar felicidad a los desposeídos del Poder! Porque Platónico no se ha enriquecido en estos 20 años para comprar influencias, como lo consiguen las grandes cadenas comerciales, impersonales y gélidas, sin rostros visibles pero efectivas para pactar al más alto nivel sus intereses. O a lo mejor el Alto Funcionario puede haberse figurado al Platónico rico, apoltronado en un sofá con un puro enterrado en la boca, de seguro con una billetera más forrada que la suya y por eso no ha tenido escrúpulos para dar la orden de expulsión, despojando así de cuajo al Platónico de sus Activos y Pasivos. Porque para cualquier entendido en asuntos de negocio resulta obvio que no podrá llevarse la clientela a otro lugar, ni tampoco los muebles, porque éstos en cualquier otro espacio no pueden encajar. Todo será pérdida. Escombros, en buenas cuentas. ¿“Basura” un local que prodiga trabajo a cinco personas (familias), cuyos destinos, por cierto, también deben ir a parar al mismo tacho de los desperdicios? ¿Resulta lógico, admisible, en un país donde escasean siempre las fuentes de trabajo? Tenían el deber moral de ofrecerle otra alternativa a quien fuera durante tantos años un arrendatario que nunca dio problemas.&lt;br /&gt;Por eso el Platónico proyecta ahora un rostro desencantado, después de comprender que todo no es más que una fraude cuando se reparten los puestos de poder, tal vez no se puede lucir de otro modo. Pero como tiene el espíritu fuerte del hombre libre, y mientras permanezca vivo en el corazón de muchos de los cientos de trabajadores del sector que lo conocieron, haciéndolo parte de su rutina en el tráfago de la vida diaria, resistirá. Sí, porque Platónico es también un hombre, un hombre todavía capaz de salir a la calle a defender su libertad, como la defendió ayer, como la defendió tantas veces en dictadura, y tendrá que seguirlo haciendo ahora, porque los acontecimientos lo han convencido que aquí se siguen cometiendo abusos de poder que dan cuenta de la urgente necesidad de salir a pelear otra vez por la justicia y la libertad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Platónico = Miguel de Loyola&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-2047278979001866326?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/2047278979001866326/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=2047278979001866326&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/2047278979001866326'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/2047278979001866326'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/03/david-contra-goliat-apologa-del.html' title='DAVID CONTRA GOLIAT, Apología del Platónico'/><author><name>Jota Loyola</name><email>jotaloyola@gmail.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RfoPSQyu2qI/AAAAAAAAABQ/yaZ7cZQ9jGA/s72-c/fotos+platonico+4.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-5865567369854726826</id><published>2007-03-13T23:20:00.000-04:00</published><updated>2007-03-13T23:22:55.073-04:00</updated><title type='text'>RED MUNDIAL DE ESCRITORES EN ESPAÑOL</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RfdqVQyu2mI/AAAAAAAAAAw/SaJe5IuHlKQ/s1600-h/untitled.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5041615221382109794" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RfdqVQyu2mI/AAAAAAAAAAw/SaJe5IuHlKQ/s200/untitled.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-5865567369854726826?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/5865567369854726826/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=5865567369854726826&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/5865567369854726826'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/5865567369854726826'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/03/red-mundial-de-escritores-en-espaol.html' title='RED MUNDIAL DE ESCRITORES EN ESPAÑOL'/><author><name>Jota Loyola</name><email>jotaloyola@gmail.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RfdqVQyu2mI/AAAAAAAAAAw/SaJe5IuHlKQ/s72-c/untitled.bmp' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-4179661462744387620</id><published>2007-03-12T23:18:00.000-04:00</published><updated>2007-07-31T00:04:36.990-04:00</updated><title type='text'>CRÓNICA: RETRATO DE UN AMIGO, ANTONIO AVARIA</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5041616896419355266" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/Rfdr2wyu2oI/AAAAAAAAABA/3worSW9hTXg/s200/Antonio+Avaria+3.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Conocí a Antonio Avaria en la SECH con motivo de un homenaje a Jorge Edwards, por allá a principios de este nuevo siglo. Cuando el acto culminó, Jaime Hagel hizo el puente respectivo, ellos se conocían desde los tiempos de la “Difícil juventud.” Avaria me tendió su mano gruesa, al mismo tiempo que repetía su nombre en señal de saludo con esa voz de barítono tan gruesa como su mano. En la conversación, se interesó por conocer mi novela Despedida de Soltero, por ese entonces recientemente publicada. Quedé de hacérsela llegar a su casa, él insistió en la posibilidad de almorzar juntos con ese motivo. La idea me entusiasmó, su nombre no me resultaba para nada desconocido, por el contrario, había leído los cuentos de su libro Primera Muerte, y guardaba cierto cariño nostálgico por los escritores de su misma generación que habían padecido el exilio o las consecuencias ingratas y dolorosas de la Dictadura en la plenitud de sus vidas (Luis Domínguez “Citroneta blue”, Mauricio Wácquez “Excesos”, Carlos Olivares Concentración de bicicletas, etc. Había comprado esos libros siendo estudiante de literatura en “China” (calle San Diego), al decir de José Donoso en ese cuento maravilloso con ese título.&lt;br /&gt;Después de terminado el acto en la SECH, nos trasladamos a charlar a un bar ubicado a un costado del parque Forestal recomendado por Jorge Edwards, quien aseguró alcanzarnos tan pronto terminara su consuetudinario artículo de opinión para La Segunda del día siguiente. Llegamos un grupo bastante numeroso: entre ellos el propio Claudio Giaconi, vestido elegantemente de terno y abrigo largo. Era invierno, y algunos goterones soltaba el cielo sobre las calles crepusculares de Santiago, humedeciendo la tierra, el cemento y el ambiente. Al pasar por la calle Gral. Santiago Bueras en dirección al Parque Forestal, preguntó si sabía cual era el segundo apellido de aquel ilustre héroe. Para nuestra sorpresa, resulto ser: Avaria. Cuando llegamos al bar, ubicado en un lúgubre subterráneo, aparte de tablas de queso, no había nada más para comer. Pasaron las horas y Edwards no llegó. Antonio fue el único que lo esperó y terminó cenando con él esa noche en un boliche de la calle Lastarria.&lt;br /&gt;Una semana después, le dejé mi libro en el buzón de su casa, esperanzado, por cierto, en que además de leerlo, pudiera comentarlo en el diario, como el mismo generosamente lo había insinuado. Es la clásica esperanza típica que suele asistir a todo escritor desconocido.&lt;br /&gt;Hasta ahí puedo recordar cronológicamente el inicio de nuestra gran amistad. Porque en lo sucesivo comenzamos a juntarnos todas las semanas con Hagel y aun dos y tres veces también para asistir a las más variadas actividades culturales y a comer algo, por cierto, porque tanto tenía de Quijote como de Sancho mi buen amigo que ahora en paz descansa. Le gustaba mucho cenar en restaurantes una vez terminadas las actividades. Amante de la buena mesa y la bebida, no quedaba contento si no regresaba a su casa después de haber cenado algo con algún amigo escritor. Traía la cultura del hombre que ha vivido en los más diversos países, sin los típicos problemas del chileno acomplejado para pedir al mozo un plato para dos, sobre todo cuando el dinero es escaso.&lt;br /&gt;Antonio era un hombre informado, leía tres diarios por la mañana, sabía todo lo que estaba pasando en la ciudad en materia de actos culturales. Nadie podía sorprenderlo con alguna noticia referente a eso, ni tampoco con los títulos de las novelas de los escritores chilenos de todos los tiempos. A mí, francamente, me impresionaba su memoria de elefante para tales menesteres, y la mucha que la faltaba para manejar el programa Word Perfec, mediante el cual todavía escribía sus artículos, y asunto por el cual solía llamarme muy a menudo en esos primeros tiempos. Muchas veces, bromeando, le dije que guardara un poco de memoria para manejar mejor el computador, sin ocuparla toda con los asuntos inútiles de los diarios. Pero era un hombre de prensa, de esos que quieren tener junto al primer café de la mañana, las noticias al alcance de la mano. “Pierdo toda la mañana en esto” me dijo también muchas veces, reconociendo esa manía como una debilidad y una pérdida de tiempo. Pero no lo podía evitar, tenía una necesidad imperiosa de enterarse de lo que pasaba en Chile y el mundo.&lt;br /&gt;El primer autor del cual hablamos largo y tendido, y no sólo una vez, sino en muchas ocasiones, fue Thomas Mann, particularmente de algunas escenas de La Montaña Mágica, acerca de las entradas y salidas de madame Chauchat al comedor, del fru fru sensual de sus vestidos, y de aquella escena dudosa y memorable en la sala de música del Sanatorio donde para algunos queda implícita la consumación del deseo amoroso de Hans Castorp. Para Avaria eso aparecía claramente dicho en la novela, para Hagel también. Yo no estaba tan seguro que así fuera, pero terminé de convencerme ante la opinión de los dos más grandes lectores que he conocido de cerca. A Hagel, por cierto, siempre lo relaciono con Hans Castorp, por su ascendencia alemana y su apariencia juvenil, y a Avaria con Joachim, por su presumible contextura física a la edad de aquel. Hablamos mucho en esa primera época de La Montaña mágica, de aquel mítico Sanatorio internacional “Berghof”ubicado en los Alpes Suizos, cerca Davos-Platz, y también, como era de esperar, de Muerte en Venecia, cuyos canales recorrimos junto a la góndola de Von Aschenbach, en nuestro caso persiguiendo a las hermanas del polaco, cuya belleza sugerida en la novela resulta también alucinante. La escena de la peluquería la comentamos una infinidad de veces, por lo extraordinariamente lograda, como tantas otras de esa obra perfecta del Nóbel Alemán. La relación con Los papeles de Aspern, de H. James, por compartir el mismo escenario, para mi resultaba inevitable, no obstante, creo que nunca logré a entusiasmar a Avaria con esa misma idea. No le gustaba mucho H. James, le resultaba un escritor más bien tedioso. No conocía, extrañamente, el cuento Lo real, pero cuando lo leyó, algo cambió de opinión respecto al mayor discípulo de Flaubert. Después pasamos a Madame Bovary y sus amantes, otra novela maestra cargada de una sensualidad e intriga hábilmente dosificada a través de sus páginas. Lo curioso es que no hablábamos de las novelas en términos de su lograda escritura, acaso porque era un asunto por lo demás implícito en nuestro mutuo fervor por destacar sus escenas maestras. Gentileza que no tiene hoy la novela actual, y pasa por encima de los escenarios., remitiéndose al incesante divagar del narrador.&lt;br /&gt;Pasamos también por la La educación sentimental, obra que releí en una edición muy valiosa que el mismo me facilitó de su biblioteca personal. Ahora que lo pienso, el protagonista de dicha obra, es el prototipo o ideal de Avaria. El buen mozo, de Maupassant, fue otra novela comentada por esos primeros tiempos, a raíz de Mandame Bovary, y por lo poco conocida para el común de la gente. Muchos creen que Maupassant escribió solamente cuentos. Repasamos, por cierto, las anécdotas de El collar y Bola de Sebo, a su juicio los dos mejores de esa larga lista de cuentos del escritor francés. Seguimos adelante con El extranjero de Camus, novela que defendía con dientes y muelas ante mis comentarios negativos e intentos de desbaratar sus juicios respecto a su valor actual. Creo que Antonio se identificaba con el personaje, como la gran mayoría de los escritores de su época, y los que seguían teniendo los ojos puestos en París como capital de la cultura.&lt;br /&gt;Sobre Kafka nuestros diálogos circularon en torno a El Proceso, tan semejante al nuestro, al que vivimos a diario en nuestra sociedad. Discutimos sobre la personalidad de abogados y magistrados, tan bien retratados en la obra. Antonio estudió derecho en la Universidad de Chile durante tres años, con bastante éxito, pasaba por alumno sobresaliente, pero su espíritu inquieto, ansioso de aventuras, lo llevó a abandonar la carrera en la mitad del camino. Pero eso le confería autoridad para hablar de los hombres encargados de las leyes. Por supuesto, nos deteníamos a comentar también la arquitectura de esos edificios demenciales recreados en la novela donde funcionan los ministerios de justicia, tan semejantes a los nuestros, por lo demás. Lo mismo hicimos con Dostoievski y Tolstoi, Ana Karenina, por cierto, por su relación con Madame Bovary, y Crimen Castigo, por su discurso polifónico. Aunque ahora estoy seguro que no teníamos la misma sintonía con los rusos. A él le gustaban mucho más los autores franceses, ingleses, norteamericanos, alemanes, y, por cierto, los latinoamericanos.&lt;br /&gt;En tanto, comenzaron a correr los días y Avaria no hablaba de mi libro. Su indiferencia al respecto resultaba inquietante. Jaime Hagel había advertido que Antonio pasaba por un crítico muy “exquisito.” Retrato de grupo con señora, de Heinrich Boll fue una obra que leí por consejo suyo, pero no me entusiasmó. Lo encontré demasiado moroso y repetitivo. Tal vez en alemán resulte otra cosa, para los que tienen acceso a esa lengua, por cierto. Coincidíamos en cierto disgusto mutuo por Hermann Hesse, pero salvábamos entre sus innumerables obras a Damian, por su clima enrarecido y tenebroso.&lt;br /&gt;Recuerdo las interesantes sesiones culturales organizadas por Tobac and Friend, a las que asistimos, lo mismo que a una infinidad de lanzamientos de libros, recitales y conferencias. A los muchos escritores que me presentó con la mayor naturalidad del mundo. Zurita, José Miguel Varas, Roberto Rivera, Fernando Jerez, Lilian Elphik, Poli Délano, Jaime Quezada, Elizabeth Subercaseaux, Gonzalo Rojas, Manuel Silva Acevedo, Oscar Han, Antonio Skármeta, Gonzalo Contreras (el poeta), Floridor Pérez, Manuel Peña Muñoz, Enrique Lafourcade, Francisco Vejar, Fernando Sáez, Armando Uribe, Carlos Iturra, Oscar Bustamante, Diego Maqueira, Darío Oses, Roberto Ampuero, Hernán Loyola, Roberto Alifano, Virginia Vidal, Eugenia Echeverría, Esther Edwards, Diamela Eltit, Faride Zerán y tantos otros escritores y escritoras que se me escapan.&lt;br /&gt;En los escenarios públicos, Antonio Avaria se desenvolvía como dueño de casa, hacía de puente entre unos y otros, conocía a todo el mundo, y le gustaba saludar a las personas. Era de una sociabilidad impresionante. No quería perderse ninguna actividad social relacionada con libros. Eso, tal vez, en este país del pelambre, le jugo más de alguna mala pasada. A pesar que nunca lo oí quejarse de sentirse cuestionado, a veces lo percibí en el ambiente. Los chilenos, y particularmente los escritores, somos tan retraídos y ensimismados que a veces nos molesta o desconcierta una actitud contraria. Por supuesto, Antonio no sólo conocía a los escritores, sino también a los editores y hombres de otras artes. De los políticos, no se le escapaba ninguno. A todos los conocía desde sus tiempos de militante en la Izquierda Cristiana.&lt;br /&gt;Difícil resulta precisar cuál era su autor predilecto, incuestionable. De los autores latinoamericanos, García Márquez encabezaba la lista, pero sin dejar fuera a Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Alejo Carpentier, Cortázar, Sábato, Mallea, Rulfo, Borges... Antonio en ese sentido, no era un lector excluyente, reconocía méritos en todos aquellos que podían terminar y publicar sus obras. De los chilenos, Carlos Droguett, Mauricio Wacquez, José Donoso, Coloane, Miguel Serrano, Skármeta, Dorfman, Lafourcade, Edwards, Hernan Valdés, Jorge Guzmán.., creo que podrían encabezar la lista. Pero si uno le hablaba de Manuel Rojas, por ejemplo, o de los criollistas, asentía con una venia reflexiva acerca de su indudable valor. Solía recordar muy a menudo el cuento La picada, de Luis Durand, acaso porque le había tocado dormir una noche en la intemperie en los tiempos de su juventud, cuando después de viajar desde Santiago a Talca a fin de visitar a una novia que no lo invitó a quedarse a dormir, a sabiendas que venía ex profeso a verla desde tan lejos.&lt;br /&gt;De los poetas, Neruda, el primero, por supuesto, eso es seguro, y ese verso de Walking Araound “el día lunes arde como el petrólero/ cuando me ve llegar con mi cara de cárcel…” lo citábamos lunes tras lunes durante años. A Nicanor lo visitamos juntos en muchas ocasiones en su casa de Las Cruces y Avaria le recordaba el impacto que produjo en Chile el lanzamiento de sus Poemas y Antipoemas. También citaba a menudo el poema de Gonzalo Rojas “ que se ama cuando se ama”, a Jorge Teillier, con quien fundara la revista Árbol de Letras ( 1967-1968). A Enrique Linh y a Manuel Silva Acevedo, Gonzalo Millán, etc…De los poetas del Siglo de Oro español conservaba en la memoria intactos muchos de sus más ilustres versos.&lt;br /&gt;Sin duda, Antonio Avaria era, para usar una imagen patentada por Enrique Lafourcade, un “animal literario.” Vivía en función de la lectura, a pesar de la falta de trabajo, de las contadas oportunidades laborales que tuvo después de su regreso al país, y de las puertas que le cerraron sus amigos de ayer en el exilio, cuando alguna de sus opiniones críticas publicadas en la Revista de Libros de El Mercurio afectaba sus egos. Esa situación, invariablemente, me traía a la memoria un juicio severo de Ignacio Valente referido al temperamento arrogante de los escritores chilenos, el que por entonces me molestaba mucho y me sorprendía que apareciera conformando parte de un libro como “Introducción a la Literatura”, de su autoría. El caso es que le tocó padecer en carne propia las reacciones más sorprendentes de muchos de sus (ex)amigos. Le envidiaban, tal vez, que escribiera en El Mercurio, sin saber, desde luego, que el diario nunca le dio un trabajo estable, y que los libros y autores criticados por su pluma, siempre le fueron impuestos.&lt;br /&gt;Por los días de la víspera a su inesperado deceso, Antonio estaba leyendo La amante de Bolzano, del escritor húngaro Sándor Márai, de cuyos libros se había hecho adicto, y había terminado recién con la lectura de Las travesuras de la niña mala, de Mario Vargas Llosa. Esta última novela la había despachado el fin de semana reciente con una avidez asombrosa, y estaba impresionado por las escenas sadomasoquistas propiciadas por el amante japonés de “La niña mala.” La recreación de Paris de los fines del sesenta y la situación histórica retratada en la novela, sin duda despertó muchos recuerdos dormidos de su propia juventud, cuando estaba en vías de consolidar su carrera de escritor y las vueltas del destino le fueron mutilando esas ansias. Antonio se quejaba de lo mucho que le costaba sentarse a escribir, y del terror a la página en blanco. Por eso mismo, destacaba en la obra de Mario Vargas Llosa, a quien conocía de los tiempos de aquel mítico congreso de escritores de Concepción en 1962, su perseverancia y laboriosidad inagotable.&lt;br /&gt;El escritor húngaro Sándor Márai a partir de la lectura de El último encuentro, se había transformado para nosotros en una revelación, y no podíamos explicarnos el motivo por el cual no alcanzó a ser reconocido en vida y hubo que rescatar sus obras después de su muerte. Sus novelas son obras maestras para estos tiempos en que la novela se ha ido transformando en objeto desechable, de consumo rápido. Para Avaria, que había vivido y pasado por los más diversos países de Europa durante su exilio, cruzando desde China hacia Europa en el Transiberiano, la temática de Márai, gatillaba su curiosidad por conocer esos retratos íntimos de la decadencia social del enigmático y fastuoso imperio Austrohúngaro, tan bien retratado en la psicología de sus personajes, la gran mayoría pertenecientes a la clase aristocrática. Una aristocracia tan distinta a la nuestra, basada en códigos de honor y en valores nobles, al punto que sus obras nos parecían verdaderas clases magistrales de ética, y por ende también de estética. La comparación con la gran novela del conde Giuseppe Tomasi di Lampedusa, El Gatopardo (1958), resultaba inevitable.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-4179661462744387620?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/4179661462744387620/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=4179661462744387620&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/4179661462744387620'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/4179661462744387620'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/03/retrato-de-un-amigo.html' title='CRÓNICA: RETRATO DE UN AMIGO, ANTONIO AVARIA'/><author><name>Jota Loyola</name><email>jotaloyola@gmail.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/Rfdr2wyu2oI/AAAAAAAAABA/3worSW9hTXg/s72-c/Antonio+Avaria+3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-3650202621832097029</id><published>2007-03-12T23:15:00.000-04:00</published><updated>2007-05-14T18:49:14.224-04:00</updated><title type='text'>Crítica: A propósito de ciertos comentarios sobre J.L. Borges</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;A menudo se oye hablar de Borges en círculos literarios, a menudo he leído artículos referidos a él. A diario es citado Borges a propósito de cualquier cosa en revistas "literarias", pero la verdad que en contadas ocasiones he leído algo que vaya un centímetro más allá de la cosa general con que se suele hablar hoy por hoy de todo, sin tener el debido conocimiento, o por lo menos alguna astilla de esa sabiduría que se desprende de una lectura atenta e interesada en plantearse donde están las fortalezas de este genio de la literatura llamado Jorge Luis Borges.&lt;br /&gt;En estos comentarios generales sólo se repite una vaguedad tras otra, una seguidilla de lugares comunes que no acotan en lo más mínimo el universo borgiano. Son muy pocos los que se detienen a analizar un detalle concreto de alguna de sus obras, dejando así al lector tan ignorante como al principio. Aunque, desde luego, deslumbrado ante las alusiones altisonantes del articulista.&lt;br /&gt;El problema se explica por sobre todo, porque la obra literaria de Jorge Luis Borges no es de interpretación ni de lectura fácil, y se requiere de una dosis importante de esa llamada "competencia literaria" para entrar en su laberinto. Un cuento de Borges, no se lee como un cuento de un autor convencional, sujeto al canon tradicional del género. En los cuentos de Borges el lector tiene que trabajar, poner de su parte, porque suele perderse, y en muchos párrafos necesita volver atrás para reinformarse de lo que allí se cuenta. Trabajo que lectores ni críticos de nuestro tiempo se dan, y por esos sus comentarios no pasan más allá del nivel del "comentólogo" que raya en la pedantería.&lt;br /&gt;Los cuentos de Borges se adentran siempre por caminos llenos de curvas y cuestas abismantes, buscando la novedad, buscando de algún modo cuestionar, remecer los paradigmas que perviven en el imaginario del lector. Las historias de Borges no tienen principio ni fin, en el sentido que habitualmente le damos a una historia. Tampoco trasuntan metafísica, en el sentido literal del término. Avanzan siempre hacia lo fantástico, pero sin caer en ese género propiamente tal, desconcertando al lector con un desarrollo escabrosamente racional, frío, metálico, rigurosamente elaborado, adquiriendo así un carácter literario que ningún otro escritor de su tiempo ni de su lengua alcanza todavía. Por eso más de alguien ha dicho que Borges es el escritor más literario de todos los tiempos. Aunque explicar lo que "literario" significa, bien podría extraviarnos en un ensayo de mil páginas sin la seguridad de definir el término.&lt;br /&gt;Aquí, tendríamos que conformarnos con decir que "literario" es todo texto que se construye bajo el convencimiento que es una mentira deliberada, recreada por una mente capaz de ordenarla para provocar al lector. Todo ha sido previamente seleccionado con un propósito, con un fin. Tal vez por eso que al lector corriente le cuesta leerlo, y de hecho no lo lee, y tienen que pasar algunos años para empezar a comprender, y más que eso, a disfrutar la literatura de Borges.&lt;br /&gt;El uso del idioma en sus obras es medido, comprimido, sin aspavientos lingüísticos tendientes a deslumbrar al lector con adjetivos artificiosos. Es un castellano que contiene la influencia inequívoca del uso de otras lenguas más precisas y más breves que la nuestra. Es una prosa que sintetiza, donde cada palabra alcanza un sentido matemático, por eso si el lector no está atento, se pierde, porque una palabra de Borges contiene la información que antecede a la que vendrá, y sobre la cual el texto no volverá otra vez en el futuro. Leer a Borges es, lo que llaman hoy en computación, defragmentar, descomprimir para luego recomponer un hecho puntual.&lt;br /&gt;El cuento Emma Zunz podría servirnos de plataforma para concretizar lo que hasta aquí estoy tratando de decir. Se trata de una historia que se va descomprimiendo palabra tras palabra para llegar a un final que reordena el orden del cuento tal y como si nos lo hubiesen contado de manera lineal. El narrador va entregando en pequeñas gotas lo que sabe, abriendo así núcleos narrativos que resumen la vida entera de Emma con una economía de lenguaje impresionante, creando a su vez una atmósfera cargada de misterio e incertidumbre. Una historia que parece desinformada (al principio no entendemos mucho), pero que informa todavía mejor que si la información la entregara completa. Y si bien después de una vez conocido el plan de Emma este puede resultar macabro, dada su complejidad y su orden meticulosamente premeditado, al final termina por liberar ese deseo de venganza que ha generado en el lector, convirtiéndose la consumación del crimen en un triunfo de la moral, por sobre el pecado.&lt;br /&gt;Es indudable que la configuración del cuento es magnífica, y que tal vez sea este uno de los grandes cuentos del Aleph (1949), donde se advierte que cada palabra, cada idea, ha sido escogida y ordenada por el autor. Es decir, existe un orden racional previo a escribir la historia que Borges descompone en un puzzle para que lo vuelva a armar el lector con su propia imaginación. Desde luego, este trabajo de ordenar y reordenar es el que no puede hacer un lector sin competencia literaria, y es posible que abandone su lectura bajo el convencimiento de no haber entendido el cuento, sin comprender que por allí está la pillería, la jugarreta, el gran ludo maestro de Jorge Luis Borges.&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-3650202621832097029?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/3650202621832097029/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=3650202621832097029&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/3650202621832097029'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/3650202621832097029'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/03/propsito-de-ciertos-comentarios-sobre.html' title='Crítica: A propósito de ciertos comentarios sobre J.L. Borges'/><author><name>Jota Loyola</name><email>jotaloyola@gmail.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-695030388347187490</id><published>2007-01-19T03:22:00.000-03:00</published><updated>2007-05-14T18:54:00.466-04:00</updated><title type='text'>CUENTO: Muerte en la playa</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RbBkh59R0yI/AAAAAAAAAAk/DKtK1qbCHiU/s1600-h/playa.jpg"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5021624118174405410" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RbBkh59R0yI/AAAAAAAAAAk/DKtK1qbCHiU/s200/playa.jpg" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RbBkJZ9R0xI/AAAAAAAAAAY/T8vC2xYNxt4/s1600-h/playa.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#333300;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;No hace mucho tiempo atrás, estando de vacaciones en un balneario solitario, maté a un hombre. Llevaba una semana instalado en una cabaña frente al mar, dedicado por entero al reposo, cuando el macabro suceso tuvo lugar. El año recién pasado había sido más duro que de costumbre. Si no estaba quebrado, lo estaría de un momento a otro. A menos que cambiaran las circunstancias. Por dichos motivos, y otros tales como el divorcio que me afectaba, según opinión de un especialista que fui a ver poco antes de salir de vacaciones, me encontraba al borde de perder el juicio. Comentario que me pareció bastante exagerado. Además, lo último que me estaba faltando escuchar por esos días de catástrofe personal.&lt;br /&gt;En fin. El caso es que necesitaba, ya por prescripción médica o por decisión propia, apartarme de los problemas. Por eso me encontraba allí, dejando correr el tiempo, apartado de la civilización, escondido en esas playas solitarias, entre dunas desérticas, doradas por el sol, bebiendo el aire fresco del mar, tal y como solía hacerlo en mi juventud. Aunque también a ratos sentía correr la flecha del tiempo a una velocidad semejante al reloj implacable de la ciudad. Los días comenzaban a deslizarse pegados unos de otros, transformándose en una sola masa informe, donde resultaba imposible distinguir uno de otro. ¿Había llegado un viernes? ¿Un lunes? ¿En qué día me encontraba? No tenía mucha importancia después de todo. Aunque a veces necesitaba precisarlo, y no podía hacerlo.&lt;br /&gt;A pesar de esa sensación de cansancio y hastío metida hasta en las médulas de los huesos con que había llegado, al poco tiempo comencé a sentirme bastante a gusto. Cada día esa carga iba perdiendo su consistencia al interior del serpentín cerebral, donde circulaban mis más ruinosos pensamientos.&lt;br /&gt;Por la mañana me levantaba tarde. Después de las 10 a.m. Tomaba desayuno a la antigua, como los que acostumbraba a servirme en casa de mi madre en tiempos de soltero. Café con leche, huevos revueltos, y abundante pan con mantequilla. Terminado el desayuno, me largaba a caminar por la orilla del mar hasta donde me dieran las piernas. Las más de las veces llegaba hasta un lugar llamado Tumén, donde entraba a una Cocinería y terminaba almorzando allí un plato abundante de mariscos, sumado a otro de pescado frito. Después regresaba a la cabaña con la idea ciega de dormir una siesta interminable, tumbado como un muerto sobre la cama. Cierto es que algunos días después de la caminata de regreso, y gracias a la humedad siempre refrescante del mar, se me quitaba el sueño. Pero cierto es también que no me costaba nada reactivarlo con unos buenos tragos de tinto una vez que me hallaba en la cabaña. Ese verano contaba con una provisión de vino espectacular, y, desde luego, mi mayor deseo pasaba por darle lo más pronto posible el bajo.&lt;br /&gt;Finalizada la siesta, me largaba otra vez a caminar en traje de baño, dispuesto a mojarme el pellejo en cualquier momento. El hielo de las aguas del Pacífico en un principio parecía congelarme el alma, pero después resultaba muy agradable sentir la secuencia ininterrumpida de olas refrescando cada uno de mis pensamientos, lavando los más oscuros y angustiosos, esos que anidaban en los rincones. No sabía nadar, así que no avanzaba mar adentro, me mantenía pegado a la orilla, donde el agua no llegaba mucho más arriba del pecho. Y cuando venía una ola, no me agachaba para esquivarla, al contrario, me dejaba azotar por esa agua salada el cuerpo completo. A veces el latigazo mezcla de arena y sal me hacía arder el pellejo lo mismo que en mi infancia. Pero insistía en mantenerme largo rato allí, embistiendo como un torero esa furia inexplicable del océano. Después, me revolcaba en la arena igual que un perro hasta quedar embadurnado de arena.&lt;br /&gt;En eso consistía mi rutina diaria. Estaba tranquilo, tan tranquilo como un adolescente de vacaciones. Con la salvedad que me hallaba a sólo unos pasos de cruzar la barrera roja del termómetro de los cincuenta. Asunto que también influía en mis estados anímicos. No obstante, había días que, mientras caminaba por la orilla sorteando las olas espumosas, conseguía sentirme el mismo muchacho rebosante de salud del pasado. Entonces me ponía a trotar pletórico de vida, para luego tenderme en la arena y dejándome acariciar como una lagartija por los cálidos rayos del sol. Creo que la soledad y el enorme espacio disponible para mí en aquel lugar, contribuía en mi rejuvenecimiento. Sentía que necesitaba de la soledad, lo mismo que del aire, para recobrar la entereza y el vigor anímico que me faltaba. Aunque veces recostado en la arena, venían a mi mente agolpadas y confusas imágenes de mi vida, y sentía el cuchillo de la angustia clavándome el estómago. Veía a mis acreedores apuntándome, y a mi ex-mujer echándome a patadas de la casa, acusándome de infidelidad y otras miserias de la vida diaria.&lt;br /&gt;Fue una de esas tardes cuando advertí por primera vez la presencia del extraño. Sentí el peso de la mirada implacable de un hombre acechándome desde una de las ventanas de la cabaña. Cierto es que en un primer momento me sobresalté de la impresión. Bien podía ser visión o realidad. Quise levantarme para volver a mirar hacia el lugar donde creía haberlo visto, pero después me relajé y asocié el asunto a la mezcolanza de lecturas que en ese momento estaba haciendo otra vez en mi cabeza como en mis tiempos de adolescente. Recuerdo que entonces solía encarnar con tal vehemencia algunos de los personajes que aparecían en mis lecturas, que después, cuando debía volver a la realidad, el porrazo resultaba demasiado brutal y, por cierto, me sentía absolutamente decepcionado de mi pedazo de existencia. Por eso no me gustaba el cine. El contraste terminaba siendo todavía más deprimente.&lt;br /&gt;Cuando horas más tarde estuve de regreso en la cabaña me reí íntimamente de esa estúpida suposición. Por cierto, no había nadie. Ningún acreedor con pistola en mano esperándome, ni mi ex-mujer con los pelos crispados echándome la culpa de la quiebra del negocio. Todo estaba exactamente en su sitio respectivo. El acostumbrado desorden diario. La cama sin hacer, los platos sucios en el lavaplatos, la mesa saturada de loza, el cenicero al tope de colillas reventadas como gusanos, los calcetines tirados en el sofá, el pijama colgando de otro... En suma, llegué a la conclusión que sería mejor olvidar el asunto, creyendo que se había tratado de una alucinación patológica momentánea.&lt;br /&gt;Sin embargo, al día siguiente, mientras revolvía los huevos y el jamón en la sartén, volví a sentir la presencia inequívoca del extraño. Salí disparado en busca del revólver y recorrí el perímetro completo de la cabaña por fuera, sin conseguir ver ni descubrir a nadie. O al menos algo que pudiera darme una pista de lo que pasaba. Nada. Las cabañas contiguas a la mía, estaban desocupadas desde la reciente temporada de vacaciones. Nadie las arrienda en esta fecha, me había confirmado el cuidador el mismo día que llegué. Así, no tuve más que tomarme el desayuno en un clima de creciente incertidumbre. Aunque igual me devoré los huevos y el pan amasado.&lt;br /&gt;Debo estar viendo visiones, pensé cuando terminé con la paila de huevos. O el clásico: me estoy volviendo loco, argüí entre dientes. Igual la situación comenzó a inquietarme. A nadie le gusta sentirse loco, y menos aún de vacaciones. La cuestión es que traté de ignorar el asunto pensando en otras cosas, y en parte lo conseguí. Esa tarde no me moví de la cabaña y estuve casi todo el día durmiendo a pata suelta desnudo sobre la cama. Salvo dos o tres veces que me levanté a jugar un par de solitarios y a tomarme un trago para aplacar la sed que me asaltaba. La cabaña recibía de frente el pesado sol de la tarde. Entraba colado a mi habitación con el fuego amarillo de sus rayos.&lt;br /&gt;Al día siguiente me fui caminando por la orilla del mar con la intención de almorzar en Tumén, y mientras caminaba hacia esa dirección, al mirar en algún momento hacia atrás, advertí, ya sin duda alguna, que a unos cien pasos venía un tipo siguiendo los míos. Volví entonces a mirar otra vez para asegurarme si se trataba de un ser real, y esta vez mis ojos capturaron algo que me pareció entre divertido y trágico: el tipo que venía tras mis huellas si no era completamente idéntico a mí, era yo mismo en persona. Pero no me amilané. Seguí caminando. Mejor dicho, caminando-corriendo, por cuanto al darme vuelta, aquel hombre continuaba avanzando sigiloso tras mis pisadas de animal asustado. Sentí en algún momento el deseo y la necesidad de correr a toda velocidad para zafarme de mi celador, pero opté racionalmente por continuar al mismo tranco sobre la arena húmeda y salpicada de sal. Procurando dejar bien marcadas mis huellas para compararlas al regreso con las suyas. Aunque me invadía un presentimiento que me decía que aunque volara, o desapareciera, aquel extraño sujeto haría también lo mismo hasta encontrarme.&lt;br /&gt;En cuanto estuve en Tumén, entre a la cocinería de Juanita y me instalé en la mesa pegada a la ventana con indisimulable extrañeza en el rostro y en los ademanes. Al extremo que la propia Juanita lo advirtió apenas me vio.&lt;br /&gt;-¿Le sucede algo, Ricardo? - recuerdo que me preguntó. Y como no cabía comentarle a ella el motivo de mi preocupación por parecerme estúpido, le respondí que me dolía un poco la cabeza. Entonces la vi hurgar amablemente en sus bolsillos, y extraer una aspirina. Instante que aproveché para acariciarle igual que otras tardes la mano. La tenía suave, aterciopelada y tibia, a pesar de su trabajo con los platos. Una mano que irradiaba algo entre sobrenatural y voluptuoso.&lt;br /&gt;-Es el calor -creo que fue lo que comentó. A lo que agregué un tímido seguramente, sin soltarle todavía la mano cuyo latido sentía al unísono con el mío. Después le pedí que me trajera un caldillo de congrio y un buen jarro de vino blanco. Cuando ella venía con el plato humeando sobre la bandeja, y mis pupilas vibraban con el movimiento de sus pechos, entró el mismo sujeto que había visto seguirme a lo largo de la playa.&lt;br /&gt;Tragué saliva de la pura impresión, pero esta vez lo miré detalladamente, a pesar de que hizo siempre lo posible por mantener la cabeza gacha para que nadie pudiera observarlo. Después de unos minutos, no tenía la menor duda. El extraño, a pesar de la barba, era ni más ni menos, mi más fiel retrato. Incluso en la frente estaba el lunar de nacimiento que me caracterizaba. Sin embargo, había algunos detalles que lo hacían diferente. Su mirada resultaba demasiado turbia y su voz denotaba una timidez que en principio me sorprendió sobremanera. Apenas se hacía perceptible el sonido de sus palabras. De hecho allí en la cocinería uno perfectamente podía oír de una mesa a otra el pedido que se le hacía a la mesera. No obstante, cuando habló, ni siquiera Juanita pudo oírle, porque tuvo que volver a preguntar qué que quería almorzar el señor.&lt;br /&gt;En más de algún momento, viendo allí tan apabullado y acoquinado a mi perseguidor, tuve toda la intención de acercarme a él para preguntarle, con mi pedazo de voz siempre firme y agresiva, qué demonios se proponía. Pero después desistí de tal idea por considerarla improcedente. Llegué también al convencimiento que a aquel mequetrefe me lo podía sacar del camino de un sólo puñetazo. Aquel verano había estado haciendo algunos ejercicios y me sentía, por cierto, como el mismo Don Quijote, todavía orgulloso de mi fuerte brazo. Y bueno, también contaba con el revólver calibre 45 para meterle un par de tiros en el cuerpo.&lt;br /&gt;Después de almorzar volví caminando a la cabaña, y no me di vuelta en todo el trayecto a mirar hacia atrás. Aunque intuía que aquel extraño sujeto me seguiría de todos modos. Pero al parecer no fue así. Mientras caminaba intenté identificar sus huellas entre las que iban en dirección a Tumén, pero no lo conseguí. Se las había llevado, como a las mías, la lengua hambrienta del mar, o las alas abiertas del viento. No quedaban rastros del extraño.&lt;br /&gt;Cuando por fin estuve de regreso, pude cerciorarme que nadie venía tras mis pasos. De hecho, me paré en la terraza para tomar una amplia panorámica a mi alrededor con los prismáticos. Al fondo estaba el mar, abierto de para en par, inmutable a los acontecimientos, bufando igual que un animal enjaulado. Alegando, de seguro, alegando y reclamando libertad. Más acá, la playa, semejante a un desierto por lo árida y solitaria. No vi una sola alma viviente en todo el contorno esa tarde. El tipo aquel, si en verdad existía, se había quedado en Tumén. De todos modos, aseguré bien la puerta y las ventanas, y recién después me acomodé tranquilo en el sillón para dormir mi siesta, no sin antes, por cierto, beber un par de copas de ese vino de Macal que estaba casi para mascarlo.&lt;br /&gt;Cuando desperté, el tipo de barba estaba sentado frente a mí. El sol había descendido bastante más que unos cuantos grados de su órbita y se hallaba casi a punto de caer rendido en el regazo cristalino y movedizo del mar. Mi primera reacción fue irme con mis puños sobre él. Sin embargo, una fuerza sobrenatural me retuvo con firmeza en el sillón. El hombre aquel se veía cansado, triste, ojeroso. Infundía más lástima que temor.&lt;br /&gt;-¿Quién demonios eres tú? -fue lo primero que se me vino a la mente preguntarle después de unos segundos.&lt;br /&gt;-¿Acaso ya no me reconoces? -contestó el intruso con toda la maldita tranquilidad del mundo, acomodándose mejor en una silla con aire distraído, y acariciándose los pelos de la barba con la mano derecha.&lt;br /&gt;-¿Y por qué habría de reconocerte? -Creo haberle contestado de muy mal humor.&lt;br /&gt;-Pero me conoces, y muy bien -insistió el intruso, al mismo tiempo que comenzaba a producirse una singular metamorfosis en sus gestos y ademanes. Poco a poco el tipo parecía ir recobrando las fuerzas, la energía, el vigor. Sus ojos ya no estaban apagados, sino luminosos como los de un maldito búho atrapado en la oscuridad.&lt;br /&gt;-Soy bastante buen fisonomista, jamás olvido un rostro, menos aún si es feo -le aseguré, buscando la confrontación.&lt;br /&gt;-Sin embargo, no eres capaz de reconocer el tuyo propio -dijo el hombre ahora con ironía y sarcasmo pintado en su rostro de comediante.&lt;br /&gt;-¿Qué pretendes decir con eso? -pregunté todavía más tenso y asombrado. Mirándolo con las pupilas afiladas por el cuchillo de la incertidumbre.&lt;br /&gt;-Es simple, muy simple. El hombre que estas viendo eres tú. Tan simple como eso.&lt;br /&gt;Me reí, no sé si de rabia o miedo. Después entiendo que me paré y fui hasta la mesa a servirme otro largo trago. También creo que me toqué, miré otra vez hacia el mar, para cerciorarme de que aquello no fuera más que producto de mi imaginación desatada por el alcohol. Nada. Todo estaba igual. Al fondo el mar, luego la playa, más acá la cabaña y aquel extraño mirándome con sus ojos de búho. Poco le faltaba al desgraciado para estar pierna arriba en el sillón apuntándome con el dedo. Cuando lo volví a mirar, me dijo otra vez tranquilamente:&lt;br /&gt;-Yo soy tú. ¿Qué te parece? Este desgraciado que está sentado aquí eres tú, si así lo prefieres.&lt;br /&gt;-Demuéstralo -le grité con una rabia pronta a desbordarse en un puño engrifado.&lt;br /&gt;-No hace falta. En el fondo de tu conciencia sabes perfectamente que es cierto. Demasiado cierto. Sabes que no eres más que un payaso, un mentiroso, en definitiva. ¿Acaso te imaginabas que en esta playa solitaria te podrías esconder de ti mismo, pedazo de burro? ¿Acaso todavía no comprendes que a donde quieras que vayas tienes que arrastrar contigo, con tu miseria, con tu ignominia, con tu falsa manera de ser, con este rostro que es sólo en apariencia el de un hombre humilde. Pero detrás de él está tu perdición, tu pecado, tu amargura, tu maldita frustración? ¿Acaso no has comprendido aún que detrás de la timidez no hay más que rebeldía, orgullo, soberbia, envidia, rencor, resentimiento contenido hacia el mundo y todo lo que te rodea? La timidez no es más que la máscara de la maldita cobardía. Estoy aquí ahora nada más que para eso, para que te veas de una vez tal y como eres: un hipócrita. Porque un hombre que no muestra las garras y los dientes al mundo, no es más que un maldito cobarde. Porque quien no pelea a muerte con la vida no es más que un miserable bicho rastrero. Y mira lo que has hecho durante estos años, no has hecho otra cosa que huir, escapar como una zorra de los jinetes y los lebreles. Huir, escapar, igual que una gallina asustadiza hacia cualquier parte con tal de salvar tu sucio pellejo. ¿De qué te ha servido leer las estupideces que has leído, si todavía no puedes transformarte en un hombre, un verdadero hombre que no vacila frente a su destino, sea este feliz o desgraciado?&lt;br /&gt;Permanecí en silencio largo rato, pero larguísimo rato. Desconcertado, aturdido, sin hallar qué pensar, ni tampoco qué decir, ni hacer. Cierto es que las lecturas me habían llevado siempre muy lejos, pero esta vez la cosa rayaba francamente en la paranoia. Seguramente era el efecto del alcohol, diría más de algún perito más tarde.&lt;br /&gt;Cerré los ojos. Los volví a abrir. Y todavía seguía frente a mí aquel sujeto desagradable, escrutándome con la mirada como si fuera un juez y yo el acusado de un delito que todavía no alcanzaba a comprender. Después supuse que estaba riéndose burlonamente de mi rostro, de mi vida, de mi ser, de mis sueños, de mi imaginación incluso. De todo parecía reírse malévolamente el desgraciado, como si se tratara del mismo demonio encarnado en ese cuerpo que aseguraba ser el mío.&lt;br /&gt;Fue entonces cuando tuve deseos de matarlo, de acabar de una sola vez con él, y sentí la seguridad de poder hacerlo, movido por el desconcierto y el odio, un odio feroz que manaba de lo más profundo de mis entrañas. Lo agarré por el pescuezo sin más trámite, igual como se agarra a una gallina, y lo estrangulé allí mismo en el sillón, mirándolo bien al fondo de los ojos para que no olvidara el odio sobrenatural que enloquecía los míos. Después, creo que cavé lentamente un agujero en la arena y lo enterré como a un animal podrido.&lt;br /&gt;Al día siguiente, desperté sobresaltado. Lo primero que hice fue salir en pijama y con pantuflas a mirar la tumba. Por suerte se hallaba bien disimulada bajo la arena blanda y gris de la playa. Eso me tranquilizó. Entré a prepararme el desayuno y después, recuerdo que continué con mi rutina diaria, mucho más relajado todavía que los días anteriores. Al extremo que cuando se agotó la reserva de vino, salí a comprar al pueblo en auto.&lt;br /&gt;Después, sucedió lo que todo el mundo ya sabe por la prensa. Pero no fue la policía quien descubrió el cadáver, como han dicho, sino Juanita, cuando la noche siguiente llegó a la cabaña a visitarme como de costumbre, y no me encontró por parte alguna.&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-695030388347187490?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/695030388347187490/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=695030388347187490&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/695030388347187490'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/695030388347187490'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/01/muerte-en-la-playa.html' title='CUENTO: Muerte en la playa'/><author><name>Jota Loyola</name><email>jotaloyola@gmail.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RbBkh59R0yI/AAAAAAAAAAk/DKtK1qbCHiU/s72-c/playa.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-116899987613457894</id><published>2007-01-16T23:08:00.000-03:00</published><updated>2007-05-14T18:50:20.972-04:00</updated><title type='text'>CUENTO: La Señorita Elisa</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RgXjfRw06OI/AAAAAAAAABY/50MIIwTQojI/s1600-h/mistral.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5045689084022155490" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RgXjfRw06OI/AAAAAAAAABY/50MIIwTQojI/s200/mistral.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/Ra5lM59R0wI/AAAAAAAAAAM/L7vKEjYEV7U/s1600-h/mistral.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#660000;"&gt;A la señorita Elisa le gustaba conversar con Gabriela Mistral en la plaza, por ese motivo algunas personas al sorprenderla en esa situación la tildaban de lunática. Los niños no podían evitar reírse cuando la oían hablando con la inmutable efigie de piedra. Los ancianos en cambio, sentados en los escaños en los días soleados ojeando el diario, guardaban respetuoso silencio frente a tales circunstancias. Después, cuando terminaba su soliloquio, la saludaban con cordialidad, y ella correspondía el saludo con una venia, una venia característica, moviendo varias veces consecutivas su cabeza blanca, mientras en su rostro de tez clara, casi transparente, se encendía una singular sonrisa de benevolencia. Luego solía hacer algún comentario relativo al tiempo y al estado del aseo de la plaza. Se preocupaba de su limpieza, y reprendía con severidad a cualquiera que sorprendiera botando alguna basurilla fuera del basurero existente. Su espíritu cívico parecía propio al de los descendientes de emigrantes de la Europa oriental. Ella lo era, por cierto. Aunque nadie podía precisar con exactitud de donde procedía exactamente su prosapia.&lt;br /&gt;Nadie en San Clemente osaba preguntarle acerca de sus diálogos con la poetisa. En sus alusiones en público, con motivo de alguna celebración patriótica, no se cansaba de enfatizar su gran admiración por la ilustre Premio Nóbel de literatura, y el respeto que le debía el pueblo de Chile a su obra y a su imagen. Además, y resultaba un tanto majadera en eso, insistía en el cuidado y la mantención del monolito, porque los desvelos para conseguirlo no habían sido pocos. Contaba entonces que durante años anduvo golpeando las puertas del Intendente de Talca para que lo regalara a la localidad de San Clemente. Y que solo por una casualidad el sueño llegó a materializarse. Según ella misma explicaba, la máxima autoridad zonal mandó un día a esculpir una escultura de la poetisa para la ciudad de Talca a un renombrado artista de Las Vertientes especialista en mármol, y el mismo día en que fueron a retirarla los funcionarios del municipio, al momento de subirla al camión, se les resbaló al suelo, partiéndose en consecuencia la figura de la Mistral en dos partes. El artista no quiso responder por el descuido de los funcionarios municipales, y el Intendente, como una forma de salvar algo de lo perdido, lo instó entonces a transformar los restos en dos bustos de la poetisa. Así, uno quedó en Talca, y el otro fue cedido a San Clemente gracias a la directa intervención de la señorita Elisa.&lt;br /&gt;En su calidad de Presidenta de la Cruz Roja, disponía de bastante autoridad, y la ejercía de vez en cuando para llamarle la atención a los niños cuando los sorprendía tratando de subirse, o bien estando ya encaramados en la base de la estatua, desde donde les gustaba saltar, como desde un trampolín, hacia el césped más verde de la plaza, o en dirección a las matas de acantos junto a los escaños. Aunque a los niños les bastaba verla asomar por una de las bocacalles para mejorar su conducta. Imponía respeto por presencia, ya por su figura y manera singular de mirar, su cabello cano y reluciente la distinguía de las demás mujeres de su edad, cuyas cabelleras -si bien canas también- no tenían el brillo y la luminosidad del blondo cabello de la señorita Elisa, lavado con agua de quillay, porque jamás usaba champú de la botica. Cuidaba de su cabello y de su salud, lo mismo que de la estatua de doña Gabriela. Algunos comentaban que ambas mujeres se parecían, pero en honor a la verdad, el rostro de la señorita Elisa resultaba bastante más dulce. Sus ojillos azules, en cambio, siempre despiertos, denotaban sentimientos altruistas, lo mismo que los de la gran poetisa chilena.&lt;br /&gt;Llevaba una vida frugal y sana. Se levantaba al canto de los primeros gallos para darse un baño de tina, y luego volver a la cama envuelta en una sábana blanca, no sin antes haber pasado por la cocina en busca de su desayuno, consistente en una taza de leche tibia y galletas de soda untadas en miel pura de abeja. Volvía a levantarse a las nueve, nunca antes, tampoco después. A esa hora salía a la calle en dirección a la Cruz Roja, vistiendo regularmente un traje dos piezas de color claro en verano y oscuro en invierno, acompañado de una cartera de cuero que colgaba de su hombro izquierdo. A muchas damas les llamaba la atención el detalle de la cartera, que aunque de cuero fino, nunca hacía juego con sus trajes de tela. Se trataba de una cartera negra, con una cerradura de bronce que crujía al momento de abrirla y de cerrarla. Su tamaño excedía el tipo regular de las carteras para damas, o bien la señorita Elisa resultaba una persona demasiado menuda para el tamaño de ésta. Así recorría las tres cuadras distantes entre su casa y la Cruz Roja, haciendo crujir los tacos de suela de sus zapatos sobre el duro pavimento, a un ritmo acompasado, lento, pero regular, propio de las mujeres de cierta edad. Algunos afirmaban que pasaba fácil la barrera de los setenta y cinco años. Pero nadie podía certificarlo. Las veces que alguien intentó preguntarle la edad, siempre supo dar a entender, de manera cordial, por cierto, que a las damas no correspondía hacerles esa clase de preguntas.&lt;br /&gt;A la hora de almuerzo comía hortalizas frescas o cocidas y abundante fruta de la temporada. Eso constituía la base de su frugal alimentación. Jamás probaba la carne, tampoco el pollo ni el pescado. Las verduras las preparaba en la Cruz roja, puesto que no regresaba a casa a esa hora del día. Después de almorzar, se tendía un rato largo en una de las camillas del consultorio, y dormía allí una siesta plácida. Aunque al menor ruido solía despertarse. Y las tardes en que no llegaba nadie al consultorio y el silencio reinaba, su siesta se prolongaba hasta la hora del ocaso.&lt;br /&gt;En San Clemente no existía hospital, el consultorio de la Cruz Roja atendía las necesidades de salud de sus habitantes. También estaba a su cargo el reparto de la leche entregada por el gobierno para los niños. Ocasión en que la señorita Elisa, provista de sus lentes de armazón metálico encasquetados sobre su menuda nariz, iba tiqueando una por una a las personas al momento de retirarla, no sin dejar de mirar con benevolencia y su característica sonrisa a esas madres que aunque jóvenes de edad, a veces le parecían mujeres ancianas, desgastadas por las agotadoras labores del campo y por su prematura maternidad. De vez en cuando solía hablarles a ellas de Gabriela Mistral, de sus luchas por la liberación de la mujer en América. También en algunas ocasiones repartía poemas de la poetisa, copiados con una letra de caligrafía impecable.&lt;br /&gt;La especialista en inyecciones era la señorita Elisa, y aplicaba tanto las intramusculares como las endovenosas. Cuando algún paciente por el grado de su enfermedad sobrepasada los conocimientos de las enfermeras, la señorita Elisa lo remitía al hospital de Talca mediante un certificado firmado por su puño y letra. Nadie dudada de sus conocimientos de enfermería, y algunas mujeres le pedían consejo también para sus asuntos más íntimos, ya que sus hijos llegaban al mundo con la sola ayuda de la partera, sin pasar por el hospital. Aunque la señorita Elisa les recomendaba mucho hacerlo, por la salud del niño, pero también por la de la madre.&lt;br /&gt;La tarde en que sufrió el accidente vascular, había recorrido casi la totalidad de su rutina diaria. Se había dado su baño de tina, lavado el pelo con agua de quillay, tomado el desayuno correspondiente, caminado las tres cuadras hasta el consultorio por la calle Alejandro Cruz, con su habitual parada en la plaza a saludar a Gabriela, su "amada amiga" como expresaba toda vez que se refería a ella en público.&lt;br /&gt;Se encontraba tomándole la presión a una mujer embarazada del fundo Mariposas cuando le sobrevino el ataque, manifestado en un dolor de cabeza tan intenso que, luego de tomarse dos comprimidos de Cafiaspirina, la llevó a tenderse en una de las camillas. Después se sacó los lentes y los depositó sobre la mesilla metálica de color blanco, esa tipo velador que servía allí para poner los utensilios médicos junto a la camilla. Los lentes los había comprado en Santiago, y resultaban unos anteojos muy vistosos para ese entonces.&lt;br /&gt;Dicen que después cerró los ojos, y ya no los volvió a abrir otra vez. Cuando Mariana y Adelaida golpearon el vidrio de la puerta, al esperar por unos segundos respuesta y no recibirla, entraron sigilosamente a la habitación. La señorita Elisa parecía dormida sobre la camilla, dijeron ambas, pero estaba muerta. Su pelo blanco, sin embargo, relucía igual al pelo fresco y voluminoso de una muchacha. El rictus de su boca dibujaba una sonrisa, la misma sonrisa translúcida que destacaba como una característica singular de su persona.&lt;br /&gt;La noticia la esparció por el pueblo y sus alrededores el viento, el viento que solía levantarse por la tarde en San Clemente. Un viento tibio, precordillerano. Un viento cargado de voces conformando un rumor extraño, cargado a veces de señales incomprensibles, de murmullos provenientes de los fundos y haciendas colindantes.&lt;br /&gt;Nadie se atrevía en el pueblo a tomar la iniciativa de los funerales. Ni siquiera el teniente de policía estaba decidido a llevar a cabo las diligencias correspondientes. No se le conocían familiares a la difunta. Se confirmó que había llegado treinta años atrás a vivir a San Clemente, pero no se sabía tampoco su exacta procedencia. De manera que no existía un alma posible para decidir qué hacer con su cuerpo y menos con sus pertenencias materiales. Anita Collados, quien hacía aseo y lavados en su casa tres o cuatro veces por semana, parecía en ese momento la persona más cercana a su persona. Y a ella misma citó Fernando Rodríguez a su despacho, con el fin de averiguar si sabía de la existencia de algún documento que acreditara su origen. Al no poder avanzar en su investigación, le dio finalmente el encargo de vestirla para el viaje. Después, el teniente tuvo que tomar algunas precauciones para entrar a la casa de la señorita Elisa en busca de sus documentos personales, puesto que en su cartera de mano sólo encontró una botella de colonia Inglesa, un espejito y polvos para la cara, además de un frasco de Cafiaspirina, pero ningún documento que acreditara su identidad. Después, mandó al sargento Primero a hacer un catastro de sus bienes y a clausurar las puertas con candados, antes que alguien pudiera aprovecharse de la situación saltando las tapias comunicantes con los patios interiores de las casas de la calle Alejandro Cruz. Aunque sus bienes desaparecieron de igual modo, uno por uno, según cuentan. Su amiga Adelaida, después de haber pasado el primer impacto por la muerta repentina de su amiga, aclaró ya muy tarde que la difunta quería que al momento de su fallecimiento sus bienes pasaran íntegros a las manos del Hogar de Menores.&lt;br /&gt;La urna la compró el padre Aldo con dineros de la iglesia, después que el teniente le confirmara que le sería devuelto con posterioridad. La velaron en la Sacristía. Y todo el pueblo acudió a su sepelio. Mas tarde, el carro de pompas fúnebres salió cargando la urna tapizado de flores de distintos colores. El ruido del traqueteo de las pisadas de los caballos sobre el duro pavimento de la calle, se transformó en la música fúnebre que acompañó esa tarde al cortejo. Una vez en el cementerio, la urna fue llevada al crematorio, siguiendo el deseo expreso de la difunta. Sus cenizas fueron esparcidas en la plaza, a los pies de la estatua de Gabriela Mistral.&lt;br /&gt;Tiempo después, se presentaron en San Clemente dos hombres acreditando mediante Libreta de Matrimonio en mano, ser hijos legítimos del matrimonio Pérez - Muller, contraído en el Registro Civil de La Serena en el año 1904. Venían, según se supo a las pocas horas, a reclamar la herencia de su madre.&lt;br /&gt;No quedaba, por cierto, de sus bienes más que una casa vacía, los libros de Gabriela Mistral y posiblemente el tiesto donde acostumbraba a remojar el quillay para el cuidado de su cabello. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;Miguel de Loyola&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-116899987613457894?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/116899987613457894/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=116899987613457894&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/116899987613457894'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/116899987613457894'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2007/01/la-seorita-elisa.html' title='CUENTO: La Señorita Elisa'/><author><name>Jota Loyola</name><email>jotaloyola@gmail.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RgXjfRw06OI/AAAAAAAAABY/50MIIwTQojI/s72-c/mistral.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-112526187066162690</id><published>2005-08-28T13:41:00.000-04:00</published><updated>2007-03-12T23:56:34.419-04:00</updated><title type='text'>Novela: Despedida de Soltero</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/598/1466/1600/956736996-8.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/598/1466/320/956736996-8.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;"La Invitación, la víspera y la despedida son las tres partes de esta novela humana y despiadada que cautiva con la comedia y el horror cotidiano.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Los demonios y obsesiones de Miguel de Loyola -el deterioro, lo grotesco, la angustia famélica, el tiempo- son los fantasmas de toda la humanidad.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Tua res agitur. Esta novela trata de ti y de los que te rodean. ¿Prepárate!".&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Jaime Hagel Echeñique&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-112526187066162690?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/112526187066162690/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=112526187066162690&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/112526187066162690'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/112526187066162690'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2005/08/despedida-de-soltero.html' title='Novela: Despedida de Soltero'/><author><name>Jota Loyola</name><email>jotaloyola@gmail.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-112524794953378354</id><published>2005-08-28T12:47:00.000-04:00</published><updated>2007-05-14T18:55:26.072-04:00</updated><title type='text'>El guardían entre el centeno, de J.D. Salinger</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RgXkBBw06PI/AAAAAAAAABg/3J3DKdxtbH0/s1600-h/guardian.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5045689663842740466" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RgXkBBw06PI/AAAAAAAAABg/3J3DKdxtbH0/s200/guardian.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt; Miguel de Loyola&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un estilo desenfadado, que apela en forma directa a un tú correspondiente al lector, Salinger nos introduce en la problemática del adolescente de todos los tiempos, el que busca explicación y el sentido de su vida, una vez traspasado ese umbral seguro de la infancia.&lt;br /&gt;El personaje, narrador protagonista, después de aclararle al lector algunas cosas que le parecen importante, recorre un largo periplo desde Pency hasta su casa en Nueva York en busca de respuestas a su problemática. Respuestas que no encuentra en el camino. Por el contrario, el anecdotario revela que cada acontecimiento vivido, lo va hundiendo más en el estado depresivo que viene devastando su vida estudiantil. Salvo, el recuerdo y el encuentro con su hermana menor Phoebe, a quien Holden ama y admira más que a ninguna otra persona en el mundo. A Holden lo han expulsado de distintos colegios por motivos de rendimiento, y ese viaje de retorno a su casa otra vez con malas noticias, lo dilatará todo lo posible.&lt;br /&gt;Este hecho singular, induce a pensar en la posible tesis planteada por Salinger en la novela respecto del quiebre emocional que significa pasar de un estado de conciencia a otro. Junto al descubrimiento de la realidad del yo, hecho que se produce en plena adolescencia, sobreviene el quiebre existencial que a muchos jóvenes y a otros no tan jóvenes, los conduce al rechazo de la realidad, llevándolos por el mundo angustiados y sin rumbo. Holden siente cercanía con Phoebe porque ella no ha perdido la inocencia del niño, no ha entrado todavía al mundo infinito del yo, por donde vaga sin sentido el protagonista. Y busca aferrarse a ella, porque a su edad los paradigmas están todavía firmes.&lt;br /&gt;La novela, desde luego, ofrece diversas lecturas. Pero en lo fundamental acota el mundo adolescente, y de ahí su cercanía con el lector joven que se descubre a sí mismo en un Holden desorientado y sorprendido como él mismo.&lt;br /&gt;El guardan entre el centeno guarda sino mucha, alguna relación con la novela En el camino, de Jack Kerowac. Existe cierta similitud en el estilo narrativo, ambas en primera persona y con protagonistas jóvenes y desenfadados que le hablan al lector como si se tratara de algún amigo a quien le están contando sus peripecias. En ambas novelas los protagonistas viajan. Aunque en el caso de Kerouac, el viaje del adolescente es todavía más errático y no lo conduce a ninguna parte. En el guardián... Holden termina en una clínica siquiátrica.&lt;br /&gt;En una de las conversaciones de Holden con el profesor Antolini, a quien considera el mejor profesor que ha tenido, pero del cual terminará desilusionándose también después de pasar la noche en su casa. Este, a propósito de la conversación que sostienen ambos, cita al psicoanalista Wilhelm Stekel a modo de iluminar el futuro de la vida de Holden, y le dice "lo que distingue al hombre insensato del sensato, es que el primero ansía morir orgullosamente por una causa, mientras que el segundó aspira a vivir humildemente por ella". Sabemos que Holden es la oveja negra de la familia. Su hermano mayor es una lumbrera que ya ha llegado a Hollywood escribiendo historias y guiones de cine. Phoebe a su edad también lo parece. Allie, hermano muerto, también vive en la conciencia de la familia como un héroe. En cambio él se siente un bueno para nada, a pesar de ser un alumno destacado a la hora de escribir composiciones. Pero no son precisamente los hechos concretos los que atormentan Holden, sino la propia angustia existencial de saberse vivo y enfrentado al futu&lt;/span&gt;ro.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-112524794953378354?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/112524794953378354/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=112524794953378354&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/112524794953378354'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/112524794953378354'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2005/08/el-guardan-entre-el-centeno-de-jd.html' title='&lt;strong&gt;&lt;em&gt;El guardían entre el centeno&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, de J.D. Salinger'/><author><name>Jota Loyola</name><email>jotaloyola@gmail.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_vXKNL7jXNx4/RgXkBBw06PI/AAAAAAAAABg/3J3DKdxtbH0/s72-c/guardian.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-112524764648453157</id><published>2005-08-28T12:42:00.000-04:00</published><updated>2007-03-12T23:55:27.719-04:00</updated><title type='text'>La despedida, cuento de Miguel de Loyola</title><content type='html'>Mañungo esperaba impaciente en la garita que llegara de una buena vez el camión, Estaba arrimado a una mesa, con la chupalla inclinada sobre la frente, Dos cañas de vino pipeño se había metido en el cuerpo esperando el momento de partir.&lt;br /&gt;Hacía frío esa madrugada del domingo, Sin embargo, su nuevo acompañante aguardaba a fuera, a la intemperie, fumando, sentado sobre una de las gradas de piedra laja que subían hasta la casa.&lt;br /&gt;Nadie estaba enterado que esa noche se irían, Don Raimundo, a esa hora dormía en su camastro a pierna suelta, sin sospechar que su hijo se largaba, dejándolo con el peso de la vejez encima, El hombre estaba viejo, cansado, Tenía los huesos astillados de tanto trajinar por los cerros, arrastrando pinos con la yunta de bueyes, Y vuelta otra vez en busca de otro y otro y otro árbol muerto, Rebanado por la dentadura mortal de la motosierra que los convertía en troncos estériles, Tumbados en el suelo, esperando la cuadrilla de jóvenes que los despojaba de sus ramas, antes que a él, le tocara el turno de remolcarlos hasta el aserradero.&lt;br /&gt;Mañungo esperaba oír el zumbido del motor del camión para ponerse de pie, Sabía que desde allí lo oiría apenas doblara la primera curva de la cuesta que miraba hacia el valle, donde a esa hora dormían las casas del pueblo, alineadas al borde del camino, blanqueadas con cal y abrigadas con sombreros de greda.&lt;br /&gt;Hacía mucho tiempo que los hermanos planeaban largarse de allí, Aunque a Toño le había costado al principio convencerlo, Después, siempre fue el más decidido de los dos, Su hermano le había cargado la cabeza con la pólvora de los sueños, La que algunas veces estallaba en fuegos de artificio, imaginando un mundo más justo al suyo, donde podría ganarse lo suficiente para vivir, sin esa angustia que lamía allí sus vísceras, porque alcanzaría para comer cuando se tiene hambre, para vestirse, También para ahorrar unos pesos, y así comprar un terrenito propio, donde parar una casa algún día, aunque fuera de puros lampazos.&lt;br /&gt;Toño, en innumerables ocasiones le había explicado que allá las cosas serían muy distintas, que se podría ganar buena plata hasta de cargador en el Mercado, de empaquetador en alguna tienda, de chofer, de albañil, de operario, Incluso que juntos podrían hacerle una buena pensión al viejo, Porque allá -insistía- no ganarían lo mismo que en el aserradero de Eleodoro Díaz. No, claro que no, Allá ganarían un dinero justo, Podrían optar al Seguro Social, y jubilarse cuando viejos, Sin tener que morir machacándose los huesos como su padre, quien todavía no tenía donde caerse muerto, si no salía a trabajar con los bueyes.&lt;br /&gt;Cuando el zumbido del camión llegó a sus oídos, Manuel se puso de pie, agarró su morral, y bajó al camino, Juan apagó el cigarrillo reventándolo con la suela del zapato, igual que a un bicho, El camión venía enganchado, quejándose como un animal mortalmente herido, Sus luces rebotaban en el bosque que corría al costado del sendero, produciendo un fulgor amarillo que alumbraba hacia el valle, las viejas casas de adobe, los ranchos destartalados, y algunos perales retorcidos por la fuerza del viento y de los años.&lt;br /&gt;Los dos muchachos se miraron sin decir palabra cuando el camión se detuvo frente a la garita, Se encaramaron con la agilidad de dos gatos de monte sobre la carga, hasta dar con el pequeño espacio rectangular, que Gilberto les dejara abierto entre los cuartones, Allí viajarían de polizontes, sin que nadie del aserradero pudiera descubrirlos.&lt;br /&gt;Luego, el camión comenzó a rodar otra vez sobre el camino de arcilla, levantando el polvillo suelto, mientras la luna salía a alumbrar los campos con su linterna blanquecina. Juan y Mañungo, con los ojos cerrados, sin articular palabra, y con la respiración contenida, por las vueltas que daba el vehículo sabían perfectamente los lugares que iban cruzando, reconocían cada montículo, cada acequia, cada puente que pisaban los neumáticos del camión removiendo las tablas sueltas.&lt;br /&gt;Así, atrás fueron quedando Las Tato, La Cordillera, El Agua del Chipe, Una lágrima rodó por la mejilla de Mañungo cuando pasaron Las Piedrecitas, Todo ese mundo que conocía lo mismo que la palma de su mano, quedaría atrás, hundido en la noche, perdido en el tiempo, porque estaba seguro que su viaje sería sin retorno.&lt;br /&gt;Al pasar junto al viejo cementerio, poblado de tumbas fantasmales bajo el resplandor del astro nocturno, ambos jóvenes se persignaron al unísono, Ya no volverían tampoco a estar entre esas desoladas sepulturas, Allí donde sus seres queridos dormían el sueño eterno.&lt;br /&gt;Mañungo, al principio se resistía a creer las maravillas que contaba su hermano de la ciudad, pero con el tiempo, la idea fue ganando terreno en su mente, hasta decidirse, Además, ahora tampoco podría quedarse en el bosque despuntando a golpe de hacha esos enormes pinos, Cada grito de ¡árbol a tierra! anunciado por el maestro Gabriel, le devolvería a la memoria el accidente, Y la espada de la angustia, Y el pavor, Y el horror, se clavaría en su estómago hasta la misma empuñadura, Entonces volvería a ver al asesino ladearse en dirección equivocada, y a verse a sí mismo desesperado, gritándole a su hermano que el gigante iba directo hacia la quebrada, hacia donde Toño había bajado en busca de agua para la cuadrilla, y a oír otra vez ese estruendo sobrenatural que produce el árbol, cuando su cuerpo moribundo se desploma y cae a tierra.&lt;br /&gt;Los martillazos de la culpa, restañaban en sus oídos, acusándolo de no haber gritado más fuerte, de no haber alcanzado a correr, de no haber estado en su lugar, de no haberse largado juntos, antes, como era su mayor sueño, el único sueño que a Toño lo desvelaba, que lo mantenía vivo en medio del infierno del aserradero, de la sierra criminal que silbaba mientras rebanaba los maderos...&lt;br /&gt;-¡Parece que el finado era harto sordo. Mire que no oír el aviso!&lt;br /&gt;Esas palabras del capataz durante el funeral, también le retumbaban, Tampoco quería volver a oírlas, ni ver ese rostro inmutable, cuando tuvo que implorarle dinero para la urna y el entierro.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-112524764648453157?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/112524764648453157/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=112524764648453157&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/112524764648453157'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/112524764648453157'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2005/08/la-despedida-cuento-de-miguel-de.html' title='&lt;strong&gt;&lt;em&gt;La despedida&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, cuento de Miguel de Loyola'/><author><name>Jota Loyola</name><email>jotaloyola@gmail.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-112524684168517742</id><published>2005-08-28T12:25:00.000-04:00</published><updated>2007-03-12T23:54:42.583-04:00</updated><title type='text'>Crítica: ROBINSON CRUSOE, DE DANIEL DEFOE</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;strong&gt;Robinson Crusoe&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Daniel Defoe&lt;br /&gt;---------------&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Por Miguel de Loyola&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Robinson Crusoe es una novela de aventura por excelencia, el periplo que recorre el protagonista junto al sin número de peripecias por las que tiene que pasar antes de su retorno a Inglaterra, constituyen las características propias del género con ese rótulo. Como sabemos, Robinson Crusoe, el protagonista narrador, movido por su espíritu aventurero -rasgo inherente a la juventud de todos los tiempos-, sale a los dieciocho años de su casa en York, para regresar treinta años más tarde, después de haber sobrevivido en una isla deshabitada durante veintiocho años, cuando sus padres ya han muerto y nadie puede reconocer su identidad.&lt;br /&gt;Este esquema de salida-viaje-retorno, que se repite en el género de aventuras desde los cuentos de Las mil y una noche, y, posiblemente aún de mucho más atrás en la línea del tiempo, Leonardo Defoe lo maneja magistralmente en su novela, creando la expectación suficiente para que lectores jóvenes y adultos alcancen la última página movidos por intriga de saber que pasará al final con el personaje (héroe), que ha cautivado su imaginación.&lt;br /&gt;Interesante resulta preguntarse que ha cambiado, o si ha cambiado en algo este esquema en la novela de aventura actual. Desde luego, hoy no se habla del género en los términos que se clasificaba ayer. Alguna escuela teórica (la estructuralista puede ser) sentenció que no existe la novela de aventura, ni la romántica, ni la fantástica, etc. Sino la novela en general. Aunque para el caso del lector, que es lo que realmente importa para mí aclarar, las diferencias, o los tipos de novelas, no pueden ser más evidentes. No es lo mismo una novela de aventuras que una romántica. El lector capta las diferencias, si ponemos por caso La dama de las camelias versus Robinson Crusoe, queda bastante clara. La una pone el énfasis, el interés en las relaciones amorosas, y la otra en la aventura propiamente tal. No obstante, ambas pertenecen al género novelesco. Lo que es obvio. Aunque los teóricos se devanen los sesos antes de llegar a esa conclusión.&lt;br /&gt;Juzgar, poner en la balanza cuál de estas categorías pesa más, quizá sea la cuestión principal para los teóricos. Asunto que al lector le importa poco, o quizá nada. El lector, los pocos que van quedando, quieren leer algo hasta el final. Y la novela de aventuras se presta fabulosamente para ello. El mismo Quijote es una novela de aventuras, al menos fue concebida por Cervantes de esa manera. Todo los demás apellidos y adjetivos se los ha otorgado las ciencias de la literatura. Pero en principio, y mirada dentro del esquema expuesto, presenta características semejantes. Un hombre que sale, recorre un largo periplo y regresa. En La Odisea, con Ulises, el protagonista, sucede otro tanto.&lt;br /&gt;Hoy día, en la novela actual, muchos autores están usando el mismo esquema. Paul Austern en El palacio de la luna, por poner un ejemplo, el personaje cuenta sus aventuras, por sobre sus conflictos de personalidad. Asuntos que cautivaron a la novela de décadas pasadas. El cubano Pedro Juan Gutierrez, en el llamado hiperrealismo sucio, hace otro tanto con sus personajes. El inglés, Hanif Kureishi, el francés Houellebecq, el español Javier Marías, en su novela, Isabel Allende no hace otra cosa que repetir la fórmula. Las novelas policiales, llamadas también trihller, manejan el esquema.&lt;br /&gt;Pero volvamos a Robinson Crusoe, asunto por el cual parte esta discusión. Las peripecias del personaje, van más allá de la cuestión anecdótica propia de la aventura, cuando el autor consigue traspasar el umbral de la ficción otorgando a su relato, lo que Henry James denomina muy bien, "impresión de vida", de historia, de realidad, a fin de cuentas. Es ahí cuando la novela de aventuras, cobra una dimensión que la llevará a sobrevivir en el tiempo. Robinson Crusoe, sabemos fue escrita en el 1700, El Quijote en el 1600, La Odisea varios siglos antes de Cristo, Las Mil y una noche, otros tantos antes, etc. Lo que significa que, lo que comenzó como una aventura, terminó transformándose a la postre en una novela de mayor espesor que cualquier otra que lo hizo con una intención "intelectual" mayor. El caso de Los miserables, de Víctor Hugo, también es una novela eminentemente de aventuras, cuyo personaje principal recorre un periplo semejante perseguido por el implacable policía. La Montaña Mágica, de Thomas Mann. Personajes que salen y retornan renovados. Confiriéndole así a la vida esa dimensión trascendente que genera el imaginario de cualquier lector, en el sentido de ser ésta una búsqueda y una constante superación.&lt;br /&gt;En suma, quiero llegar con en este ensayo a una tesis en defensa de la novela de aventuras, género que los teóricos, esos teóricos de lenguaje apenas inteligible, descalifican y rotulas como menor, desconcertando con ello al lector, al ubicar la novela de aventuras en una sitial inferior dentro de las categorías que ellos manejan. Aunque habría que precisar cuáles. Clasificación que al menos yo, no estoy en competencia literaria para hacer. La novela de aventuras, en los términos expuestos, sigue siendo una expresión del lenguaje y de la imaginación tan válida como otras.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-112524684168517742?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/112524684168517742/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=112524684168517742&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/112524684168517742'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/112524684168517742'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2005/08/robinson-crusoe-de-daniel-defoe.html' title='Crítica: ROBINSON CRUSOE, DE DANIEL DEFOE'/><author><name>Jota Loyola</name><email>jotaloyola@gmail.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-112502888487049568</id><published>2005-08-25T23:58:00.000-04:00</published><updated>2007-05-14T18:59:12.556-04:00</updated><title type='text'>Crítica: "Mañana en la batalla piensa en mí", de Javier Marías.</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Con una frase tomada otra vez de una obra de Shakespeare, de Ricardo III, Javier Marías da título a su novela ganadora del prestigioso Premio Rómulo Gallegos 1995.&lt;br /&gt;Los lectores de novelas conocemos el accionar narrativo de los escritores españoles del momento, sabemos de su voracidad por juntar centenares de páginas, no se sabe si con el fin de satisfacer obligaciones editoriales, o por necesidades intrínsecas del autor, cuando podrían decir lo mismo, y de manera más perfecta, con bastante menos kilometraje.&lt;br /&gt;En Mañana en la batalla piensa en mí, nos encontramos con un narrador en primera persona reflexionando acerca de todo, como una verdadera máquina de pensamientos disparados unos tras otro, en un destripar de la conciencia que podría ser infinito, sin terminar de acotar lo que en verdad realmente interesa. Es verdad que este artificio es bastante común en la literatura, pero a Javier Marías por momentos se le pasa la mano. Entre un núcleo narrativo y otro hay tanto relleno de por medio que el lector bien puede obviarlo al leer y no pasa nada. Por el contrario, la novela adquiere mayor interés y velocidad, transformándose así en un relato casi perfecto.&lt;br /&gt;Víctor, narrador y protagonista, acude a cenar a la casa de una mujer que apenas conoce, y mientras el affair va en vías de terminar en la correspondiente relación carnal, Marta se siente mal y -repentinamente- se muere semi desnuda en su propia cama. Víctor Francés, desconcertado, huirá del lugar sin saber qué hacer, dejando solos a la muerta y a su hijo de dos años que duerme inocentemente en su pieza. Marta es casada. Su marido ( Dean ) está en Londres en viaje de negocios. El cargo de conciencia que comienza a gestarse en el personaje a partir de ese momento, por haber dejado solo al niño y a Marta, lo conducirá más adelante a buscar la manera de llegar a los parientes de la muerta en busca de la liberación de su consciencia culposa. La que llegara de manera inesperada a través del propio Dean, marido de Marta, a quien le ha tocado vivir un periplo tanto o más impresionante que el suyo durante su breve estadía en Londres.&lt;br /&gt;La anécdota es perfecta. Un entramado racional que no admite réplica. La narrativa de Javier Marías en ese sentido resulta absolutamente convincente. Sabe afinar las cuerdas de la intriga para crear la tensión suficiente para sostener el relato. La vinculación de Víctor con el padre de Marta (Juan Téllez) es otro acierto de composición, aunque rebuscada, verosímil. Víctor es un escritor fantasma, capaz de escribir para otros sin que su nombre aparezca en ninguna parte. Por ese conducto llegará a relacionarse con el padre de la muerta y aún con Luisa, su hermana y con el propio Dean.&lt;br /&gt;Cuando hablo de relleno en la obra, me estoy refiriendo a las divagaciones en que caen los personajes, especialmente el propio narrador, mientras va camino a contarnos el paso siguiente de la anécdota. Es allí donde Marías discurre y discurre hasta agotar la resistencia lectora sobre cuestiones claramente artificiales, carentes de todo interés, aunque muy bien engarzadas, contadas con armonía de lenguaje, sin repetir ideas ni palabras, lo cual también es otro mérito. El manejo del idioma parece impecable, dotado del vocabulario suficiente y competente para comunicar la complejidad del cosmos que acota, pero un tanto inoficioso para la consistencia misma de lo importante, transformándose casi en un freno que exaspera.&lt;br /&gt;Ahora bien, resulta interesante tratar de acotar la personalidad del narrador protagonista, Víctor, por su semejanza con los narradores personajes que campean en la novela europea y norteamericana del momento. Se trata de un individuo con características físicas indefinidas, al cual malamente el lector puede imaginar a la manera de los personajes de la novela clásica. Sin embargo, su complejidad psicológica, puesta al descubierto al instalar al narrador en el centro de su conciencia, lo acerca a la propia intimidad del lector, quien reconoce una voz semejante en sí mismo, y por allí se consigue la impresión de verosimilitud, que de otra manera, tal vez no alcanzaría como personaje.&lt;br /&gt;Por otra parte, se podrían acotar algunas características de esta personalidad del narrador que también resultan común a la novela actual. Se trata de un sujeto con tendencia a la paranoia, boyerista, cínico, y por cierto, irónico. Capaz de decoficar o bien de desmontar una por una las capas de la realidad, urgando en ellas como un obseso. Cuando a Víctor le cuentan que han visto a su ex mujer Celia de ramera, la busca para cerciorarse si es cierto. Pero una vez que la encuentra, y la sube a su auto e incluso hace el amor con ella, no sabe si realmente es Celia o simplemente Victoria, como lo asegura ella. Lo cual resulta absolutamente inverosímil, por cierto, pero igual pasa como posible después, dada la descomposición que hace de sus pensamientos al respecto.&lt;br /&gt;En suma. Mañana en la batalla piensa en mí, es una obra que se ajusta a los cánones de la novela del momento, esbozando una realidad a partir de un yo en primera persona que se abre buscando su propio centro, concitando una intimidad con el lector que lo hace cómplice.&lt;br /&gt;En las novelas El desprecio y El Tedio, de Alberto Moravia, de cincuenta años atrás, vemos desplegado -aunque no a tales extremos- a este narrador conciencia personaje que hoy atraviesa por la novela actual llevándose aplausos y &lt;/span&gt;elogios.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-112502888487049568?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/112502888487049568/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=112502888487049568&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/112502888487049568'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/112502888487049568'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2005/08/maana-en-la-batalla-piensa-en-m-de.html' title='Crítica: &quot;Mañana en la batalla piensa en mí&quot;, de Javier Marías.'/><author><name>Jota Loyola</name><email>jotaloyola@gmail.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15733341.post-112485774970167049</id><published>2005-08-24T00:25:00.000-04:00</published><updated>2007-08-28T14:59:36.797-04:00</updated><title type='text'>Crítica: La guerra de Galio, Héctor Aguilar Camín</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;A diferencia de Morir en el golfo, donde Héctor Aguilar Camín amarra muy bien la historia sentimental como acicate para la cuestión de fondo que nos quiere contar, en La Guerra del Galio, la estrategia que resulta parecida, no funciona con el mismo acierto y los asuntos amorosos del protagonista Carlos García Vigil, variados y confusos, con distintas amantes, quedan siempre en un tercer plano, sin encender la mecha de la intriga en el lector relativa a esa historia. Sus relaciones amorosas con Mercedes Biedma, Oralia Ventura, Romelia y otras compañías de ocasión, pasan como simple anecdotario. Sin embargo, no por eso la novela deja de interesar. Se adentra de lleno en la materia que, al parecer, nos quiere informar el autor: la importancia de la Prensa para la Libertad. Obsesionado con este tema como cuestión de fondo, me atrevería a señalar que la tesis de esta novela, al igual que la en otra mencionada, ambas obras del mismo autor, Aguilar Camín expone, mediante la alegoría literaria su tesis personal respecto al rol fundamental que juega la prensa y el periodismo en la salud de la democracia. Se trata, sin duda, de una novela de tesis, que utiliza los elementos del arte de la literatura para exponerla a cabalidad, consiguiendo de esta manera la credibilidad por parte del lector, cuestión que resulta difícil conseguir de otra forma.&lt;br /&gt;La guerra de Galio avanza de manera cronológica desde el año 68 al 86, cubriendo un período importante de la política mexicana, mirada desde la perspectiva imparcial del director del periódico La República, “punto de encuentro , fusión y multiplicación de la vida intelectual del país.” Octavio Sala a cargo del diario más controvertido de México, luchará constantemente por el pluralismo de la Prensa y más que nada, por la entrega de la verdad “seca” de los hechos a sus lectores. En este cometido, está dispuesto a perder a sus amigos y colaboradores personales, con tal de entregar una noticia fidedigna, lo cual conlleva a cuestionarse en privado, al lector, hasta qué punto se consigue de esta manera llegar a la verdad, o bien, hasta dónde es importante conocerla para el bien común.&lt;br /&gt;Pero bien, la novela surge a partir de un profesor de historia que se ve llamado a escribir la vida de su admirado alumno Carlos García Vigil, quien muere a los cuarenta años asesinado sin que nadie logre explicarse los motivos de su muerte. Este profesor nos introduce en la personalidad de Vigil, donde se focalizará posteriormente el narrador con mayor precisión en la novela. Vigil, que es un historiador que trabaja en un lugar del Castillo de Chapultepec en Ciudad de México, escribiendo la historia de la Revolución Mexicana en el Norte, entrará en contacto y amistad con el director del diario La República, luego que éste lea su ensayo “Historia de Cosío Villegas”, publicado en el suplemento Lunes, del mismo diario. De esta manera, poco a poco se transformará en su brazo derecho durante siete años. Juntos darán la lucha por La República que no hace concesiones al gobierno, a pesar de la ayuda monetaria que recibe de su parte por los avisajes, hasta perder la dirección del matutino por causas tanto internas como externas, y verse en la necesidad de fundar otro diario: La Vanguardia. El que tomará la línea del anterior, en forma todavía más severa e independiente.&lt;br /&gt;Así la novela nos da cuenta en sus seiscientas páginas, de los pormenores de esta lucha entre el obsesivo director Octavio Sala y el medio, intervenido siempre por secretarios del gobierno, representados por Abel Acuña y Galio Bermúdez, que buscan atenuar las noticias y las notas editoriales de La República mediante el uso de todos los recursos posibles. Pero Sala, en su lucha por la verdad, esta empecinado por esos años en denunciar la guerrilla clandestina que se vive al interior del país, a partir de la matanza de Tlatelolco, sin que el gobierno admita reconocerla como tal. Samperio y Paloma, amigos íntimos de Vigil, quienes se sumergen en la clandestinidad luego de la muerte de Santiago, representan ese mundo que se teje por debajo del establishment mexicano, amparado por los consecutivos gobiernos del PRI y que, obviamente, como todo régimen eternizado en el poder, comete excesos de autoritarismo. El enriquecimiento de la clase política, sus influencias y sus contradicciones, forman la columna vertebral de la denuncia periodística.&lt;br /&gt;Al eximio escritor mexicano, en algunos sectores se le acusa de reaccionario, pero me arriesgo a confirmar que la novela, en tanto obra artística, convence plenamente, al entregar una mirada imparcial de lo que denuncia. Es más, las razones que da, convencen al extremo de cerrar filas respecto a la importancia de la prensa libre para el buen desarrollo y manejo de la democracia. Si consideramos lo que se nos cuenta como historia real, o muy cercana a la realidad mexicana de ese momento, tenemos que consignar que efectivamente, si bien se cometían excesos, al menos podían circular diarios como La República.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15733341-112485774970167049?l=migueldeloyola.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/feeds/112485774970167049/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=15733341&amp;postID=112485774970167049&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/112485774970167049'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15733341/posts/default/112485774970167049'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://migueldeloyola.blogspot.com/2005/08/la-guerra-de-galio-hctor-aguilar-camn.html' title='Crítica: La guerra de Galio, Héctor Aguilar Camín'/><author><name>Jota Loyola</name><email>jotaloyola@gmail.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry></feed>