tag:blogger.com,1999:blog-153032432009-03-02T11:28:54.297+01:00La Alucinación de GylfiSkalagrimhttp://www.blogger.com/profile/01445917220580327634noreply@blogger.comBlogger20125tag:blogger.com,1999:blog-15303243.post-1148640820090371182006-05-26T12:05:00.000+02:002007-07-11T03:16:01.640+02:00Apagando Luces<a href="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/1600/Alucinacabecera.jpg"></a><div align="justify">Pues eso, que nos vamos, cerramos las ventanas, apagamos las luces, nos trasladamos...</div><div align="justify">Nos mudamos.</div><div align="justify">No es que nos hayamos cambiado los calzoncillos, es que nos cambiamos de casa. </div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Todas las mudanzas conllevan una cierta tristeza. Dejas una parte de tu vida atrás cuando cambias algo físicamente de sitio, y de hecho recomiendo a todo el mundo que ante un cambio drástico en su vida recoja los bártulos y se mude aunque sea a dos pasos. A veces nuestra memoria es tozuda y nuestra percepción se vuelve engañosa, pero los actos materiales son demasiado sólidos para que podamos ignorarlos, y tienen la rara virtud de hacerse consistentes y que no puedas eludirlos. No te permiten engañarte. Te dicen "ya no estás ahí, eso ya pasó, por eso tienes esa lámpara horrorosa en las manos, no es que la hayas sacado a pasear".</div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Mudarse da cierta pena -al menos a mí me la da- pero es una pena sana. No es malo sentir apego por los lugares y las cosas, demuestra que has vivido y sentido mientras estabas allí. Algo parecido me ocurre con este blog.</div><div align="justify"></div><div align="justify">Me lo he pasado bien aquí. Fué un lugar acogedor y sirvió para empezar.</div><div align="justify">Sin embargo, siempre he tenido la sensación en él de estar como de prestado. Curiosamente, algo que no me importa demasiado en la vida real -creo en el usufructo tanto como en la propiedad -si tenía importancia en este universo virtual que lentamente nos vamos montando entre todos. La idea de que las imágenes y las palabras que tanto me había costado sacar al mundo estuvieran guardadas en casa de otro me ponía nervioso. Sé que no es literatura de altura y todo eso, pero disfruté escribiéndolas, igual que amé cada respuesta y comentario recibido. Sí, incluso las que me parecían cretineces. Hasta puede que a ellas más...</div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Así que mientras pagaba este alquiler (en verdad barato) y aprendía a establecerme con confort en <strong>Bloguilandia</strong>, iba pagando al mismo tiempo la hipoteca de una casita propia, coquetona y sin pretensiones, pero <strong>mía</strong>, donde tuviera alguna seguridad de que los contenidos y respuestas, las imágenes y las discusiones no pudieran perderse para siempre un día por un accidente en una base de datos ajena.</div><div align="justify">Uno es así. Fué inoculado con el virus de individualismo exacerbado, o lo heredó de algún antepasado impresentable, o vete tú a saber. El caso es que hace ya tiempo que dejé caer que algún día nos mudaríamos a</div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"><a href="http://www.skalagrim.com/"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/400/Alucinacabecera.jpg" border="0" /></a></div><div align="justify"></div><div align="justify">y ése momento ha llegado. </div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">La nueva casa no está del todo terminada. Las paredes aún huelen a pintura, pero en algún momento hay que dar el paso, y éste es tan bueno como cualquier otro. De modo que he cambiado ya la tarjeta del buzón (el nuevo dominio ya está dado de alta en <a href="http://blogs.cyberdark.net/">Onanismo Naranja</a>, por ejemplo, con mi gratitud para David por su amable y rápida respuesta); he reconstruido los enlaces, he creado ya una nueva entrada y poco a poco voy haciéndome con el dominio y las herramientas necesarias para ofrecer en el nuevo hogar, como mínimo, las mismas comodidades y atenciones a los visitantes que teníamos en éste. En breve importaré al nuevo dominio las entradas aquí almacenadas (entre tanto, habrá un enlace).</div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Puesto que esto no es una despedida, la nueva entrada del dominio no hace ninguna referencia al estreno, en la sana intención de que vayamos haciéndonos al sitio y cultivemos la sensación y la costumbre de haber estado en realidad siempre allí. Lo que significa que mi agradecimiento a <a href="http://www.materiaoscura.com/">Sergio Iglesias </a>sin cuya ayuda nada de esto hubiera sido posible (ni el blog presente, ni el dominio, ni el nuevo blog, ni vete a saber qué más) debo expresarlo aquí. Del mismo modo agradeceré aquí a <a href="http://zapardiel.blogspot.com/">Nimrodelisa</a> su trabajo en la cosa estético-técnica y sus consejos, así como la orientación de <a href="http://www.drimar.com/">Rudy</a>, sin cuya ayuda y recomendaciones ni siquiera hubiera sabido colocar los primeros enlaces. Me jode, pero supongo que tendré que pagar unos copetines, que diría Londo Molari...</div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Y no hay mucho más que decir, excepto que nos vemos a la vuelta de la esquina.</div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Vuestro, afectuosamente</div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Skalagrim</div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15303243-114864082009037118?l=skalagrim.blogspot.com'/></div>Skalagrimhttp://www.blogger.com/profile/01445917220580327634noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-15303243.post-1147823568984289992006-05-17T01:40:00.000+02:002006-05-17T14:05:04.283+02:00Compartiendo impresiones: Wing Commander<div align="justify"><br /></div><a href="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/1600/Tiger%20Claw.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" height="231" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/400/Tiger%20Claw.jpg" width="415" border="0" /></a> <div align="justify">Hay películas -y autores, y músicas, y novelas, pero ahora toca hablar de cine -que pasan desapercibidas, sin pena ni gloria. Que me condenen si sé porqué.<br />En muchos casos se trata de gente que sencillamente no gusta del subgénero en cuestión, en éste caso el cine de CF en su variedad <strong>space ópera</strong>. No hay en ello ningún misterio, pues. Sin embargo, algunas películas pasan sin pena ni gloria entre gente que, en cambio, va al cine y luego celebra, colecciona y mima el recuerdo de otras, algunas veces sin motivos (pero esto, claro, son apreciaciones personales) y otras con ellos. Me viene ahora a la memoria el caso de <strong>Pitch Black</strong>, película ciertamente lograda y celebrada entre otras cosas por un cierto minimalismo estético, y a partir de la cual los aficionados construyeron toda una pequeña subcultura con fenómenos tan particulares como las <strong>Pitch Black Rave Parties</strong><br />Bien, pues éste es uno de esos casos en que maldita sea si lo entiendo. Conozco a aficionados al género que sencillamente no han oído hablar en su vida de <strong>Wing Commander</strong>, o han pasado de largo en las estanterías de un video club sin plantearse siquiera de qué iría. Muchos han oído hablar del juego del mismo nombre, y dado lo visto últimamente en este campo han optado por pasar. Y de ir al cine ya ni hablamos.<br />Y quizá acabo de poner el dedo en la llaga...</div><div align="justify"></div><div align="justify">No es ningún secreto que Hollywood padece desde hace años de una escasez de ideas que roza la pertinaz sequía, que se decía antaño. Ha intentado explotar todos los filones posibles para obtener ideas que luego su propia maquinaria llenaba de tópicos hasta reconvertir la originalidad que buscaba en algo cómodamente familiar, arrebatándoles así cualquier atractivo que en un principio pudieran tener. Para hacer esto han echado mano de la literatura durante décadas, de la realidad cuando ha sido rentable, del cómic siempre que les ha venido bien y de los videojuegos en cuanto estos han adquirido suficiente relevancia como para hacer pensar a los ejecutivos que "esas tonterías" atraerían al público capaz de gastar en ello sus dólares.<br />Los aficionados a su vez han reaccionado en función de sus propias ideas al respecto. Para aquellos que opinan que todo lo bueno del cine procede de la literatura, el proceso de adaptación de ideas de orígenes "menores" ha supuesto una cierta bastardización que ha mermado puntos al género a sus ojos. Incluso cuando hablamos de ciencia ficción -es decir, de un género que en buena medida nació en forma de revistas baratas -nos encontramos con esta prevención. Si encima hablamos de argumentos y personajes sacados de los videojuegos, que al fin y al cabo son <em>escapismo</em> puro y duro, no es de extrañar que se levante más de una ceja. Si a eso le añadimos que las adaptaciones de personajes y argumentos de videojuego al cine no han sido precisamente brillantes -aún me rechinan los dientes por la espantosa <strong>Doo</strong>m -nos encontramos con que mucha de la gente que ama el género en la pantalla y además acepta el <strong>space opera</strong> como representante válido del mismo se mueve con más precaución que una abuela operada de cadera en un almacén de aceite cada vez que alguien intenta convencerles para que vayan al cine.</div><div align="justify"></div><div align="justify">No estoy seguro de que éste haya sido el caso, pero sí que es cierto que <strong>Wing Commander</strong> era, ante todo, un fenómeno nacido en otro medio.<br />Corría el año 1990 cuando un tipo joven (¿quien no lo era?) sacaba al boyante mercado de los videojuegos para PC un invento llamado <strong>Wing Commander</strong>. La creación de tarjetas gráficas cada vez más potentes estaba permitiendo por primera vez juegos donde los objetos no fueran manchas casi irreconocibles o líneas de colores, y los juegos de <strong>Star Wars</strong> basados en la saga de <strong>Lucas</strong> eran el enemigo a abatir en las estanterías de los nuevos juguetes tecnológicos.<br />La novedad de <strong>Wing Commander</strong> no estribaba sólo en un potente software y un aprovechamiento eficaz de las nuevas posibilidades gráficas. <strong>Chris Roberts</strong> había creado todo un universo en torno a la idea de un juego de naves combatiendo en el espacio, ya que él no tenía unas películas universalmente conocidas en las que apoyarse. Necesitaba un universo coherente y un argumento potente, y lo encontró en las corrientes clásicas de la ciencia ficción cinematográfica y literaria. En <strong>Wing Commander</strong> la humanidad, aunque extendida por el espacio, estaba siendo atacada por una raza extraterrestre, los <strong>Kilrath</strong>i, en cuya apariencia gatuna y comportamiento agresivo muchos lectores de genero quizá puedan reconocer -en espíritu y otros rasgos, pero los <strong>Kilrathi</strong> no tienen su hermoso pelaje naranja -a los <strong>Kzinti</strong> de <strong>Mundo Anillo</strong>.</div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 408px; CURSOR: hand; HEIGHT: 253px; TEXT-ALIGN: center" height="310" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/400/Kilrathi.0.jpg" width="494" border="0" /> <div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Las cosas no iban demasiado bien en la guerra, y eso daba al jugador la oportunidad de cambiarlas. El juego hizo furor. </div><div align="justify">En los años siguientes, la saga de <strong>Wing Commander</strong> llegó a conocer hasta cuatro versiones más, aumentando la calidad gráfica e incluyendo trozos de película con actores interpretando papeles entre misión y misión (uno de ellos, curiosamente, <strong>Mark Hamil</strong>) mientras seguía una competencia feroz con los juegos de combate espacial, a su vez cada vez más perfectos, de <strong>Lucas Arts</strong>. Y de pronto, en 1998 y casi por sorpresa, las revistas especializadas y algunos medios comenzaron a hablar de una película con el mismo título. Y dirigida además por el creador del juego, el mismo <strong>Chris Roberts</strong>, cuya experiencia en dirección cinematográfica podía ser calificada como mucho como nula. Para más inri, la película estaba rodada en <strong>Luxemburgo</strong>, el lugar más caro y más pequeño de Europa, un sitio donde la nave industrial de una mueblería se les saldría del mapa. Por otra parte, los tráilers parecían interesantes (ese fenómeno aún no era tan engañoso en 1999) y las imágenes que mostraban eran de bastante calidad. Al menos, desde un punto de vista formal...<br />De modo que me arriesgué. Como bien dice una amiga, somos frikis y estamos orgullosos. Y además, somos audaces...</div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Tengo que confesar que el arranque me ganó. El tema musical principal te sujeta al sientos de pronto -este es un buen momento para que te lo descargues, está en el enlace de las canciones obsequio-regalo que hay en la columna de la derecha -mientras se resume en forma de cortes de informativos de radio y transmisiones la salida de la humanidad al espacio. El inicio me ganó al instante para la causa de la película. Con apenas unos comentarios eficazmente enlazados se nos contaba el descubrimiento de nuevos quásares, la invención del Navcom y el primer encuentro con una nave <strong>Kilrathi</strong>, seguido del anuncio de la guerra. Y entonces empezaba la película, y nada menos que con el ataque a <strong>Pearl Harbour</strong>.<br />No, no me he vuelto loco. De hecho, los guiños son una de las cosas que hacen que la película logre <em>metérsete</em> dentro. Pero no adelantemos acontecimientos...<br />En ese <strong>Pearl Harbour </strong>espacia<strong>l</strong>, un grupo de combate <strong>Kilrathi</strong> ataca por sorpresa un asteroide base de la flota de la <strong>Confederación Terrestre</strong> que protege el acceso a la tierra a través del llamado <strong>Corredor Ulises</strong> (sí, los nombres son clásicos, irresistiblemente sonoros). En el asteroide - llamado <strong>Pegasus</strong> -hay un <strong>Navcom</strong>, y al apoderarse de él los <strong>Kilrathi</strong> adquieren las coordenadas de salto exactas para alcanzar la <strong>Tierra</strong>. A lo largo de la película vamos descubriendo retazos de la historia de la <strong>Confederación</strong>: cómo la humanidad salió al espacio guiada por un grupo de seres humanos -los <strong>Peregrinos</strong> -dotados con habilidades especiales para la navegación entre las estrellas; cómo éstos acabaron considerándose superiores al resto de la humanidad, la guerra civil que siguió, la invención de una IA capaz de hacer los mismos cálculos intuitivos de los <strong>Peregrinos</strong> y que es una de las máquina que los <strong>Kilrathi</strong> acaban de robar...<br />Durante la siguiente hora y media la situación, planteada prácticamente en tiempo real, no puede ser más dramática. La flota principal de la confederación se encuentra a 42 horas de la <strong>Tierra</strong>. Los <strong>Kilrathi</strong>, navegando con el <strong>Navcom</strong>, se encuentran a sólo 40 horas de su objetivo. La suerte del planeta depende de ese lapso de tiempo. Si los <strong>Kilrathi</strong> no son retrasados de algún modo, la flota de la <strong>Confederación</strong> llegaría a una roca devastada y en ruinas.</div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/400/Crucero.jpg" border="0" /> <p align="justify">La única posibilidad de la flota confederada reside en el <strong>Tiger Claw</strong>, un viejo crucero de combate con escolta de cazas que patrulla el sector <strong>Vega</strong>, y al que llegan, con el dramático mensaje, dos jóvenes pilotos de la academia y un andrajoso capitán de un mercante requisado.<br />Quede bien entendido que la película no es ninguna obra maestra. Ganaría enormemente sin la historia de amor para adolescentes que incluye a ratitos (pero eso ocurre con tantas películas que resaltarlo sería casi injusto). El rollo de las conversaciones trascendentes y contarse las respectivas historias para que se vea cuanto han sufrido en la vida cada uno de los protagonistas también podrían haberselo ahorrado, porque empezó a hacerse viejo cuando <strong>Jhon Ford</strong> rodaba <strong>La Patrulla Perdida</strong>. En fin, que la película tiene los tópicos de turno, y encima tiene a <strong>Freddie Prinze Jr</strong>., uno de los entes más insufribles que jamás hayan poblado pantalla alguna.<br />Ahora bien, tiene otras cosas. Multitud de cosas. Para empezar, tiene un ambiente oscuro, casi siniestro, que casa perfectamente con una ambientación sucia, funcional, que recuerda poderosamente a los enfrentamientos navales de la <strong>Primera Guerra Mundial</strong>, con naves de gruesas planchas de acero llenas de manchas de aceite, marineros con gorros de lana y puentes de combate de techos angustiosamente bajos, llenos de cables, tubos y luces parpadeantes. El diseño de producción, obra de <strong>Peter Lamont</strong> <strong>(Titanic)</strong> es sencillo, casi espartano, pero original y efectivo, dotando a la película de un estilo propio. Hay un cierto aire <em>british</em> inspirado en principios del siglo XX que se inicia ya con la introducción y que de algún modo imprime un carácter romántico a la película (empezando por su título, ya que un <strong>Wing Commander</strong> es un oficial que los británicos introdujeron en los inicios de la guerra aérea como innovación táctica).</p><p align="justify">Como dije al principio, la trama sabe explotar recursos dramáticos que al público le son familiares, si bien transformándolos y adaptándolos al nuevo entorno de lo que se narra. Así, el ataque inicial es claramente un <strong>Pear Harbour</strong> espacial, mientras que a lo largo de la película la <strong>Tiger Claw</strong> vivirá instantes de tensión dignos de una buena película de submarinos al esconderse en la oscuridad de los asteroides de una flota <strong>Kilrathi</strong> que irá lanzando "cargas de profundidad" para localizar a la nave. Es de destacar también que los alienígenas aparecen muy brevemente a lo largo de la película, siendo su amenaza un recurso más eficaz que su presencia evidente, a pesar de lo cual las pocas veces que se los ve enteros producen una curiosa sensación de otredad contradictoria. Y por supuesto, siempre estarán sus naves, protagonistas de emboscadas y ataques por sorpresa, abordajes y viejos trucos de navegante que la ciencia ficción clásica nos había mostrado más de una vez como concesión a la aventura en el espacio, y que la película no tiene inconveniente en incorporar casi con gozosa insolencia. </p><div align="justify"></div><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/400/Snaker.jpg" border="0" /> <p align="justify">Otro aspecto a destacar de la producción son sus efectos especiales. Basados en su gran mayoría en gráficos generados por ordenador, resultan más sorprendentes por su estilo y la forma novedosa de montaje y planificación con la que se los utiliza que por su innovación técnica. Los combates en el espacio, a menudo contemplados desde diversos puntos de observación subjetivos -las naves combatientes, pilotos derribados que ven la acción de lejos, puentes desde los que se dirige la batalla -son de un efectismo impresionante. La animación gráfica, favorecida por el ambiente oscuro de la película, se ve complementada con acciones en sets y escenarios a tamaño natural que apoyan las secuencias de combate con actuaciones realistas y que probablemente hayan sido más influyentes en la CF visual de los años siguientes de lo que muchos admitirían. El comportamiento natural y competitivo de las piloto femeninas -sobre todo de la <strong>Teniente Forbes</strong>, interpretada por <strong>Ginny Holder</strong> -probablemente está en el origen del carácter conflictivo y la arrogancia de combatiente de la nueva <strong>Starbuck</strong> rubia de <strong>Battlestar Galáctica</strong>. Por no hablar de algunas coincidencias estéticas con la nueva serie bastante evidentes, como la nueva <strong>Galáctica</strong> decrépita y oscura, con sus sucios talleres casi calcados en ambientación a los hangares de la <strong>Tiger Claw</strong>, e incluso el diseño de los cazas cylon, literalmente clonados de los cazas <strong>Kilrathi</strong> (habría que preguntarse si la implicación de <strong>Todd Moyer</strong>, productor de la película, en el proyecto original de la nueva <strong>Battlestar Galáctica</strong> tiene algo que ver con tanta casualidad...).</p><p align="justify">Pero lo que la película tiene es, sobre todo, ritmo, lo cual, teniendo en cuenta la falta de experiencia de <strong>Roberts</strong> en el cine, es sorprendente. Particularmente en las escenas de acción y combate, lo mejor de la película sin duda. En cuanto a las actuaciones, <strong>Tchéky Karyo</strong>, <strong>Jürgen Prochnow</strong>, <strong>David Suchet</strong> y <strong>David Warner</strong> -¿alguien se ha dado cuenta ya de que éste hombre sale en casi todo, al menos si hablamos de cine fantástico? -son lo mejor de la película, y lo único que estropea sus actuaciones es que tengan que compartirlas con los abominables "jovenes pilotos" que se supone que la protagonizan. </p><p align="justify"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/400/Puente.jpg" border="0" /></p><p align="justify">Es, en suma, una película para disfrutar como una enano y pasar una emocionante hora y media con una más que digna <strong>serie B</strong> que deja bastante atrás en interés a muchas superproducciones de alto presupuesto que, adoleciendo de los mismos lugares comunes que hoy parecen inevitables en el cine, resultan bastante más aburridas.<br />Ah, y no sale la bandera americana. Ni una sola vez.<br />Hay, en suma, una escena que define perfectamente lo que me gusta de ella, lo que en su día me entusiasmó y me ha hecho recordar la experiencia en DVD y compartirla en esta entrada.<br />Se trata de un momento de la película en el que la <strong>Tiger Claw</strong> combate a la desesperada con dos naves <strong>Kilrathi</strong> que la superan en potencia de fuego, y en lugar de alejarse se aproxima a una de ellas, y al grito del oficial al mando de <em>"¡Lánceles una andanada, señor Gerald!"</em> dispara sus tubos laterales de torpedos casi a bocajarro.<br />Hay aún un niño dentro de mí, que no está enterrado muy hondo, y que saltaba sobre los sofás de casa de sus abuelos, incapaz de contener la emoción que le provocaban los cañoneos y abordajes de <strong>Errol Flynn</strong> en <strong><em>Capitán Blood</em></strong> mientras en el mundo real transcurría alguna lluviosa y gris tarde de invierno. Ese niño casi me hizo aplaudir en el cine al ver la escena de la andanada del señor Gerald. Me preocuparía si algún día dejara de estar ahí. </p><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Vuestro, afectuosamente</div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Skalagrim</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15303243-114782356898428999?l=skalagrim.blogspot.com'/></div>Skalagrimhttp://www.blogger.com/profile/01445917220580327634noreply@blogger.com6tag:blogger.com,1999:blog-15303243.post-1147282742526799002006-05-10T18:53:00.000+02:002006-05-11T18:01:36.643+02:00Gracias y buenas noches, Mister Galbraigth<div align="justify">La noticia ha pasado prácticamente desapercibida. No hubo ninguna referencia en la televisión, y de no haber tenido yo ese día más tiempo del habitual para ojear el periódico mientras desayunaba, tampoco me hubiera enterado. Lo cual hubiera resultado particularmente bochornoso, porque probablemente pocas personas hayan influido tanto en mi forma de pensar y en mis planteamientos vitales como el hombre que acababa de morir.<br />Porque el día uno de mayo -curiosamente, el Día del Trabajo -supe que nos había abandonado <strong>John Kenneth Galbraight</strong>. </div><div align="justify"></div><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/400/1001331904.jpg" border="0" /> <div align="justify">Tengo que adelantar, en primer lugar, que los economistas no son santo de mi devoción. En mi lista particular de las profesiones humanas los economistas no ocupan precisamente un lugar de privilegio. Están sólo un poquito por encima de los arquitectos (algún día abriremos un hilo sobre la auténtica abyección humana y hablaremos de ello) y un par de puestos por debajo de los traficantes de esclavos del XVIII (que al menos no intentaban disimular lo que eran). Desde mi punto de vista, los economistas son una especie de médicos absolutamente incapaces de sanar ni de aliviar ningún dolor, pero capaces de explicar con todo lujo de detalles y gran pompa porqué coño te has muerto sufriendo como un perro. No digo que no sean necesarios en ciertas culturas, como las plañideras, pero al menos ellas no recubren su trabajo de una jerga técnica ininteligible.<br />Y sin embargo este hombre me hizo reflexionar. No voy a decir que me haya llevado a una cierta madurez de pensamiento porque no sería verdad. Pero hizo mucho más que otros más cercanos por conseguirlo.</div><div align="justify"></div><div align="justify">Curiosamente, mi despertar al pensamiento económico tuvo lugar prácticamente al mismo tiempo que se producía mi primera reflexión seria sobre la política. Podría pensarse que lo uno va inevitablemente unido a lo otro -de hecho cada vez hay más economía y menos política, y así nos va -pero ambos procesos no tuvieron gran cosa que ver. El despertar político se produjo a tiro limpio el 23 de febrero de 1981, cuando una estampida de tricornios arrolló las Cortes e irrumpió en mi vida de pendón leído aunque despreocupado, cambiándola para siempre. Me doy cuenta, al pensarlo ahora, que en realidad tenía los datos necesarios para adoptar una postura política -había leído ya a <strong>Arthur Koestler</strong> y a <strong>Norman Mailer</strong>, a <strong>Dalton Trumbo</strong> y a <strong>Solzhenitsyn</strong>,¿cómo no iba a tenerlos? -pero no me tomaba el trabajo de hacerlo. Creo que prefería no tener que pronunciarme. Allí estaban las pijas de derechas, rubias de colegio de monjas con sus pechos agresivos apuntándote por debajo de sus camisas y polos, con ésa altivez bravía que, una vez incitada al pecado, las hacía desmelenarse (imagino que pensaban que total, luego podían confesarse...). Los revolcones de derechas tienen como más morbo, y en tanto no me obligaran prefería postergar la adopción de posturas (políticas) irreconciliables con una variada vida social. Y entonces llegó el Golpe, que aunque fue de lunes estuvo a punto de arruinarme el fin de semana, y aquello consiguió cabrearme. No llevo muy bien lo de las prohibiciones y el principio de autoridad, y ya tenía bastantes problemas para llegar tarde a casa con mis padres como para tener que lidiar ahora con un toque de queda y el Ejercito Español. Aquello era una conjura...<br /></div><div align="justify">Creo que fue aquél mismo verano cuando me encontré con la Economía. No recuerdo bien el incidente, pero me quedé sin dinero, sin paga, sin poder sisar de la compra diaria y arrestado <em>sine die</em> en el extraño gulag lleno de comodidades que era la casa de mis padres. No sé que tipo de configuración cerebral hay que tener para encerrar a un adolescente en última fase de combustión hormonal entre cuatro paredes en pleno verano, pero ellos la tenían. Y yo sin nada decente para leer.<br />Supongo que por eso terminé fijándome en la estantería de libros de mi padre. Su principal contenido era una enciclopedia temática, y ya la tenía algo tocada. Acabé pegándole un repaso a la ingeniería moderna, donde proponía el uso de energía nuclear para voladuras controladas (la gente que escribía aquello estaba como los salvajes, pero yo miraba las paredes del piso y no me parecía tan mala idea). Y entonces acabé en la colección dedicada a la economía, una compra reciente. Eran unos libros de tapas duras y piel marrón, manejables, nuevecitos. Me llamó la atención uno titulado <strong>El gran Crack del 29</strong>.<br />No sé si es que me pilló en el momento oportuno o qué, pero yo disfruté como un enano. Adultos haciendo estupideces, adultos engañándose a sí mismos y a los demás, adultos mintiendo todos a una, caos, pánico, hipocresía, señores de traje saltando desde los rascacielos de la Quinta Avenida. La caña en verso. Aquello era casi tan bueno como <strong>Yo, Claudio</strong>. Leí algunos otros títulos, pero tengo que confesar que me decepcionaron en comparación.<br />El hombre que había escrito aquél libro se llamaba Jhon Kenneth Galbraigth, y había nacido en 1908 en Canadá. Licenciado en Economía Agrícola en Toronto y Berkeley había pasado luego a enseñar en Princenton, Cambridge, Bristol y California, y desde 1949 era profesor en Harvard. En Cambridge había conocido al gran economista británico <strong>Jhon Maynard Keynes</strong>, ideólogo de una economía más social, una idea nacida del humanismo y del rechazo a los errores que habían provocado la ruina del 29. Keynes era defensor de un control eficiente por parte del estado de los grandes barones del capitalismo y de sus intereses particulares, que habían llevado al mundo a una catástrofe económica y a dos guerras mundiales en unos pocos años. El economista inglés -que estaba detrás de muchas de las iniciativas que <strong>Roosevelt</strong> puso en marcha en su <strong><em>New Deal</em></strong> para sacar a los Estados Unidos de la crisis de entre guerras -era brillante como teórico, pero no resultaba nada claro para los no iniciados.<br />Galbraigth se propuso cambiar eso, y en la década de los cincuenta inició una carrera como escritor orientada a divulgar la economía de un modo compreensible para las gentes cuyas vidas iban a ser gobernadas por ella sin su consentimiento. El libro que yo había leído era de 1954. Quise leer más libros suyos, y ante la atónita aprobación de mi padre -en su opinión yo siempre perdía el tiempo "leyendo cosas raras" -descubrí además una serie de televisión de la BBC, <strong>La Era de la Incertidumbre</strong> que la <strong>2</strong> había empezado a emitir. La serie tampoco me defraudó. Siguieron títulos -ya en libro -como <strong>El Capitalismo Americano</strong>, <strong>La Sociedad Opulenta, El Nuevo Estado Industrial, Historia de la Economía </strong>y<strong> La Cultura de la Satisfacción.<br /></strong></div><div align="justify">Nunca agradeceré lo suficiente la influencia de Galbraigth en mi pensamiento. En términos de CF, podríamos decir que Galbraight era el anti-heinleniano total. Afirmaba que detrás de los modelos matemáticos aplicados por los economistas había seres humanos a los que esos modelos podían lanzar a la miseria en unos días sin que quienes los aplicaban fueran conscientes siquiera por un instante de las consecuencias de sus actos, dada la barrera aséptica levantada por la profesión para no verlas. Con ironía, implacablemente lógico, denunciaba la concentración de poder de las grandes corporaciones, el rechazo del consumismo feroz, la necesidad de la intervención del estado en la economía y la exigencia de que los poderes socioeconómico recordaran que estaban tratando con <em>seres humanos</em> y no con cífras.<br />De Galbraigth aprendí muchas cosas. Fijó en términos concretos el viejo principio filosófico de que nada humano debería sernos ajeno. Explicó cómo los hijos de las naciones saqueadoras de hoy que miran hacia otro sitio ante el sufrimiento ajeno podrían mañana ocupar el lugar de los que se mueren de hambre. Reflexionó acerca de cómo la defensa de los desfavorecidos es, en ultima instancia, un requisito indispensable de nuestra propia supervivencia como civilización. Postuló que la libre competencia a menudo no es tan libre, que hay minorías capaces de orientar las políticas de los estados más poderosos para llenarse los bolsillos, y que a menudo el dinero de nuestros impuestos pasa directamente a llenar las arcas de algunos oligopolios que han conseguido convencer a la población, a través de su <strong>dominio de los medios de comunicación</strong> y de sus <strong>intelectuales de pago</strong> de que no existe una forma diferente de hacer las cosas. Y me resultó especialmente lúcida - no olvidemos que yo viví la crisis de los ochenta en toda su crudeza, aunque con cierta suerte -su reflexión keynesiana acerca de que las épocas de crisis y alto paro son habitualmente bien recibidas por las clases con ingresos fijos -pensionistas, funcionarios -que de pronto encuentran revalorizado su poder adquisitivo por la existencia de un mercado laboral abaratado, ansioso por colocar su mano de obra como sea, lo que les permite arreglar aquella persiana o poner ese grifo que en tiempos de bonanza económica no se hubieran podido permitir. </div><div align="justify"></div><div align="justify">Pero su lectura no sólo fue reveladora. Fue, sobre todo, liberadora. En estos tiempos de pensamiento único, de voces que repiten que abaratar salarios y aumentar la movilidad laboral es la única vía, en estos tristes momentos de la civilización en los que hemos sido convencidos de que renunciar a nuestros derechos y aceptar la continua merma de nuestra calidad de vida es la única salida posible, Galbraigth se convierte en un bastión de lógica implacable contra las verdades de perogrullo que nos colocan por igual izquierda y derecha mientras sus amigos, los de siempre, lo que son de todos los partidos, se llenan los bolsillos. Y así, sin ir más lejos, en las <strong>Sociedades Públicas de Gestión de Suelo</strong> que han creado nuestras queridas autonomías, y que te expropian la finca familiar por una miseria para vendérsela a los constructores (que se llenarán los bolsillos vendiendo pisos a precios escandalosos) se encuentran ya realizadas las predicciones que hace décadas realizara Galbraigth en su libro <strong>La Sociedad Opulenta</strong>. </div><div align="justify"></div><div align="justify">Más aún, Galbraigth también me hizo reflexionar sobre el poder de las palabras fuera de la literatura. Como explica en <strong>El Fraude Inocente: El Engaño del Libre Mercado</strong>:</div><div align="justify"></div><div align="justify"><br /><em>Empecemos con la palabra <strong>capitalismo</strong> que parece pasada de moda. Hoy día lo correcto es referirse al <strong>sistema de mercado</strong>. Este cambio minimiza, e incluso borra, el papel que juega la <strong>opulencia individual</strong> en el sistema económico y social. Y elimina ciertas connotaciones adversas que se remontan a Marx. En lugar de tener a los propietarios del capital o a sus empleados en el poder, lo que tenemos es el <strong>rol admirablemente impersonal</strong> del mercado. <strong>Es difícil imaginar un cambio semántico</strong> que beneficie más a los que disfrutan del poder que concede el dinero. <strong>Han conseguido un cierto anonimato funcional</strong>.</em></div><div align="justify"><em></em></div><div align="justify"><em><br /></em>O esta otra verdad, tan simple como ignorada por los economistas (quizá por lo mucho que les beneficia):</div><div align="justify"></div><div align="justify"><br /><em>Hace un tiempo el consenso era que el dinero confería a su propietario, al capitalista, control sobre la empresa. Este es el caso todavía en la pequeña empresa. Pero en todas las grandes empresas el poder decisivo lo ostenta una burocracia que controla, pero no posee, el capital requerido. <strong>Las escuelas de administración enseñan a sus estudiantes a navegar por estas burocracias</strong>, y es a éstas a donde los graduados de dichas escuelas se dirigen. Pero la motivación y el poder de las burocracias no son temas dignos de estudio para los economistas. <strong>La gestión empresarial existe, pero su dinámica interna no se estudia, ni se explica porqué determinadas conductas son recompensadas con dinero y poder</strong>. Estas omisiones son otra manifestación del fraude. Puede que no sea del todo inocente. Permite evadir ciertos hechos, a menudo desagradables: la estructura burocrática, la competencia interna, la autopromoción, y muchos otros.<br />Este fraude, inocente o no, oculta un factor de crucial importancia en la distribución de la renta: <strong>en la cima de las burocracias empresariales, la renumeración la fijan aquellos que la reciben</strong>. Este hecho impepinable <strong>no encaja bien en las teorías económicas ortodoxas, y por tanto se le ignora</strong>. En los libros de texto no existen ni las aspiraciones burocráticas, ni la acreección burocrática mediante fusiones y adquisiciones de otras empresas, ni la remuneración establecida por el recipiente. <strong>Ignorar todo esto constituye un fraude no del todo inocente. </strong></em></div><div align="justify"><strong><em></em></strong> </div><div align="justify"> </div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Estos días, al comentar el hecho con algún estudiante de Económicas, me encontré con que en clase ni siquiera habían oído hablar de Galbraigth (sí de Keynes, pero como ejemplo de <em>todo lo que hay que evitar para que el capitalismo prospere</em>). El hombre que había sido consejero económico de <strong>Roosevelt</strong>, <strong>Truman</strong>, <strong>Kennedy</strong>, <strong>Jhonson</strong> y <strong>Clinton</strong>, que había sido director de la Oficina de Control de Precios de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, que había dirigido el Departamento Estatal de Política Económica, que había encabezado la Comisión de Valoración de los bombardeos sobre Europa durante la guerra y que había asesorado la reconstrucción económica de Alemania y Japón no era mencionado en las aulas de las carreras de economía. Supongo que no era la referencia adecuada para formar a todos esos tiburoncitos neoliberales de la clase media alta española que afilan sus dentaduras juveniles a la espera de caer sobre el mundo y pelearse por los despojos de las últimas privatizaciones -subvencionadas, por supuesto -que nos quedan por sufrir. Todo ello, claro está, tras haber sido debidamente preparados y aleccionados por sus profesores, esos maravillosos educadores de la universidad española que claman por <strong>más liberalización</strong>, y el <strong>despido libre</strong> desde sus <strong>cátedras blindadas de funcionario</strong> con derechos adquiridos inalienables. </div><div align="justify"></div><div align="justify">Lo que significa que seré yo quien tenga que prestarles algún libro de Galbraigth. No me caen especialmente bien los economistas (¿lo he dicho ya, verdad?) pero los amigos son los amigos, y no voy a dejar que vayan por ahí repitiendo las consignas de un bienintencionado borrachín escocés de <strong>Kirkcaldy</strong> acerca de que hay una <strong>mano invisible</strong> que busca el bien común y dios sabe que más inocentes insensateces.<br />Son adultos, se supone que ya no deberían creer en esas cosas...</div><div align="justify"></div><div align="justify">Vuestro, afectuosamente</div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Skalagrim</div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Postdata: me ha parecido apropiada una cierta solemnidad como homenaje. Si os gusta <strong>Wagner</strong> encontrareis en la canción a pinchar de la columna de la derecha el <strong><em>Coro de los Peregrinos</em> </strong>de<strong> <em>Tannhaüser</em></strong>. A mí me pone la piel de gallina. Suena a esperanza.</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15303243-114728274252679900?l=skalagrim.blogspot.com'/></div>Skalagrimhttp://www.blogger.com/profile/01445917220580327634noreply@blogger.com6tag:blogger.com,1999:blog-15303243.post-1146557635088915342006-05-02T10:12:00.000+02:002006-05-03T15:32:38.926+02:00Enlaces, Webs y otras cosas veredes...<div align="justify">Los madrugadores, los detallistas y los puntillosos habrán observado que la columna de la derecha ha sido actualizada con algunos enlaces que considero interesantes. No están todos los que son, pero lo son todos los que están. Esperaba hacer estos y algunos otros cambios de diseño en el dominio <a href="http://www.skalagrim.com/">http://www.skalagrim.com/</a> que llevo meses pagando y al que no he conseguido aún migrar las humildes paranoias que componen este blog. Paciencia.<br />Cuando empecé con este proyecto que ocupa tu pantalla, amable visitante, coloqué algunos enlaces casi de repente, al tiempo que construíamos la plantilla con lo justo para empezar a funcionar. No sólo era un inexperto entonces creando blogs, lo era también en el terreno de las piquillas, componendas y jerarquías que se crean con esto de ser <em>linkado</em>. Como en todos los aspectos humanos, es éste también terreno abonado para olvidos, incomprensiones, silencios y pequeñas miserias.<br />Tengo que admitir que durante un tiempo el asunto me preocupó. Llegué a pensar en la idoneidad de no enlazar (<em>linkar</em> parece una marca de coches húngaros, lo siento) a nadie en absoluto para así evitar olvidos y agravios. Finalmente decidí que eso era muy injusto para quien pudiera encontrar lecturas y enlaces interesantes a través de lo que yo consideraba opiniones de valor. Decidí también no fijarme en dónde o por quien era yo enlazado a su vez, pero resultó inutil. Los demás se encargan rápidamente de hacer estadísticas llenas de ironía que no dudan en comunicarte.<br />He prescindido totalmente de tales consideraciones de reciprocidad a la hora de señalar a quien considero merece la pena leer y conocer. Falta, sin duda, mucha gente interesante que iré agregando a medida que vaya encontrando la oportunidad de hacerlo. Y rogaría a aquellos que hasta ahora no me han enlazado a su vez que por favor no lo hicieran sólo porque yo los he incluido a ellos en esa columna.<br />No sólo sería infantil. Sería ofensivo.</div><div align="justify"></div><div align="justify">Vuestro, afectuosamente</div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Skalagrim</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15303243-114655763508891534?l=skalagrim.blogspot.com'/></div>Skalagrimhttp://www.blogger.com/profile/01445917220580327634noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-15303243.post-1146465701069956252006-05-01T07:53:00.000+02:002006-05-02T10:15:58.123+02:00<strong>Aullidos, nocturnidad y un tendido ferroviario (3)<br /></strong><br /><div align="justify"><br /><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/400/camino2.jpg" border="0" /></div><div align="justify">Han tardado lo suyo, pero llegan a toda prisa en un Nissan Patrol de los nuevos, con las luces destellando. Bajo hacia ellos a la carrera y llegamos prácticamente a la vez al cruce, donde enciendo la linterna y hago señales para que me vean. Las luces lejanas apenas iluminan nada a este lado de la carretera. Son dos, un veterano de bigote -por supuesto -y un guardia joven que es el que conduce. Al llegar a mi lado bajan la ventanilla.<br />- ¿Habrá llamado usted a la Guardia Civil? -me pregunta.<br />Esto a punto de decírle que no, que salgo todas las noches con una linterna a pasear por el monte a ver si me abducen, pero consigo contener a la bestia Bakunin agazapada más allá de mi garganta y señalo camino arriba.<br />-Los gritos son por allí -les indico, y echo a andar de nuevo cuesta arriba. El coche me sigue.</div><div align="justify">Unos segundos más tarde se detiene junto a la vía y salen empuñando sus linternas reglamentarias. Yo señalo la casa a nuestras espaldas y les explico que desde allí se oían los alaridos, y que donde ahora tienen el coche podían oírse con toda claridad hace unos minutos, aunque no ha vuelto a oírse nada desde hace un rato.<br />Ellos miran con desconfianza el largo túnel sombrío que forma la vía del tren bajo el dosel de arboles, y uno de ellos se adelanta hasta casi tocar los raíles, y grita a la oscuridad, preguntando que si hay alguien ahí. Nadie responde. Se vuelven hacia mí. El guardia veterano me pregunta que si soy vecino del lugar. Le respondo que sí.<br />-Hombre... -me dice - ...pues conocerá usted mejor el terreno...<br />El más joven sostiene la linterna en alto para no deslumbrarme y me mira, animándome a avanzar, dándome a entender que si algo sale de las sombras ya está él allí para freírlo a fotonazos con su bombilla halógena. Y yo alucino un poco, pero sólo un poco. En realidad, dadas mis tormentosas relaciones con el Cuerpo, ya estoy resignado. Enciendo de nuevo mi linterna de pescar y avanzo sobre la vía seguido de cerca por los guardias, que me cubren como si estuviéramos rodando la versión pueblerina de <strong>Blackhawk Derribado</strong>.<br />Entonces resuena. Un bramido espantoso vuelve a salir de las sombras.<br />Yo ya lo había oído antes, pero ellos no. Pegan un salto. Los dos a la vez. Luego apuntan sus rayos hacia la oscuridad sin acertarle a nada, como si fueran tropas de asalto de <strong>Star Wars</strong>. Los arcos de luz cortan el aire sin encontrar más que siluetas confusas, y me doy cuenta de que las mueven demasiado deprisa para poder enfocar nada. El bramido se repite ante el baile de luces, y suena aún más aterrador por la proximidad.<br />- ¡Hay alguien ahí -dice el guardia más joven. Es un portento, me digo. Llegará lejos.<br />Yo barro también las sombras con mi linterna. No es tan imponente como las linternas metálicas de los guardias, pero ha sido pensada para iluminar recovecos y agujeros bajo el agua, y en tierra es mucho más eficaz. Entonces me fijo en algo que se mueve en el suelo y que no habíamos visto porque tendemos a buscar cosas a la altura de nuestro pecho o nuestros ojos, y no al ras del suelo. Algo se mueve allí. Y entonces, al bajar el haz de luz hacia el suelo y señalar el movimiento, los otros dos haces se unen al mío, y alguien grita al sentir la luz tan cerca.<br />Es una voz de mujer. Los guardias se adelantan rápidamente e iluminan la escena.<br />La visión es asombrosa. Los raíles discurren sobre traviesas de hormigón que a su vez se apoyan en una masa de piedras sueltas que forma una ligera elevación sobre el terreno. Para impedir que la base de piedras se desparrame, los ferroviarios diabólicos han construido un muro de hormigón allí donde hay pendientes demasiado fuertes (el muro acaba justo antes de llegar a nuestro huerto, y por eso las piedras caen alegremente sobre él, invadiéndolo año tras año).<br />Entre ese muro y la base de piedras de la vía hay una mujer de mediana edad completamente encajada. Uno de los guardias me pide que sostenga las linternas, y bajo su luz preguntan que si tiene algo roto. Yo enfoco la luz al suelo, alrededor de ella, y no encuentro ni una mancha de sangre. La mujer dice que le duele todo, y parece confusa y desorientada. Sólo acierta a decir que está encajada. Finalmente ambos agentes tiran a la vez de ella y la ponen en pie.<br />A mí casi se me caen las linternas. La reconozco.<br />La bestia Bakunin se revuelca en mi interior, gira, se aprieta el vientre, se muere de risa, se carcajea en mi estómago mostrando sus dientes blancos y afilados. "<em>Lo sabías</em>", me susurra. La puta verdad es que no lo sabía, pero algo intuía. Es la mujer del individuo que pasó por mi lado hace unos minutos, tranquilo y sonriente, de camino a la fábrica.<br />Su historia personal es bastante rocambolesca (esto es, no lo olvidemos, un pueblo pequeño, y uno acaba enterándose de las cosas quiera o no). Casada durante muchos años con un trabajador de la fábrica con quien tiene tres hijos ya mayores, hace un par de años causó un enorme revuelo abandonando su casa de la noche a la mañana para irse a vivir con un compañero de trabajo de su marido y vecino de puerta. El mismo, en efecto, que hace poco pasara sonriente, y con quien mantiene una relación bastante tormentosa. Ambos tienen cierta afición al levantamiento de vidrio en barra fija, y se dice que también practican la lucha libre y el lanzamiento de objetos con cierta frecuencia.<br />- Oiga, agente... -intento decir, pero el guardia más joven me hace un gesto para que me calle. Yo lo que quiero decirles es que sería conveniente salir de allí cuanto antes, porque estamos en una vía con cierto tránsito y aún puede pasar algún tren y arrollarnos. Estamos al final de una curva, y antes de que el conductor pudiera vernos nos convertiríamos en pegatinas en el frontal de su cabina. Pero la Benemérita está concentrada en sus investigaciones, y todo lo que yo pueda decir en ese instante les parece secundario.<br />Vuelven a preguntar que si tiene algo roto y ella dice que no lo sabe, pero apoya ambos pies en el suelo y mueve los brazos. Observo que tiene puestas unas finas gafas de montura metálica. Están en perfecto estado. Ella mira a los guardias, mira la luz que la deslumbra y frunce el ceño sin entender nada. Los cristales de sus gafas reflejan la luz en todas direcciones, no tienen ni una brecha. Viste un pantalón de chandall, zapatillas de andar por casa y una chaqueta verde de lana, la típica vestimenta horrorosa, cómoda e informal que la gente suele vestir en el pueblo cuando no espera visitas. Un guardia le pregunta nuevamente que si tiene algo roto y ella le mira alucinada, como si no supiera de qué le está hablando.<br />- Señora, ¿recuerda como fue a parar ahí...? -pregunta el guardia más veterano.<br />Ella niega con la cabeza. Luego logra articular una pregunta.<br />- ¿Quienes son ustedes?<br />- Guardia Civil, señora. ¿Puede usted andar? ¿Le duele algo?<br />- Oigan... -lo intento de nuevo. Me hacen callar con un gesto. A mí se me hinchan las pelotas y la bestia Bakunin se asoma, encantada, a mi garganta.<br />- Si no le duele nada le va a doler en breve -me oigo decir a mí mismo, aterrado. - En cuanto la pille el tren, que debe estar al pasar...<br />Los guardias levantan la cabeza y me miran sorprendidos. El más joven hace gala nuevamente de su fina capacidad de asimilación.<br />- ¿El tren...? ¿Va a pasar ahora? ¿Por aquí...? </div><div align="justify"></div><p><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/400/via2.jpg" border="0" /></p><p align="justify"><em>No</em>, estoy a punto de responderle, <em>va a pasar por la carretera. Las vías las hemos puesto porque nos va el mobiliario urbano de diseño. Algo alternativo, en plan performance, no te jode...<br /></em>- En breve, creo -y no digo nada más, aunque tanta contención me va a costar una úlcera.<br />Entonces se mueven deprisa. La mujer camina con dificultad, pero eso es normal en esa grava gruesa que se mueve en todas direcciones. Yo he ido retrocediendo, iluminando el camino. En un par de minutos llegan al Patrol y la sientan en el asiento trasero. El guardia veterano le pregunta una vez más que cómo se encuentra. Ella parece controlar ya en cierta medida movimientos y pensamientos, y se fija en las luces que la enfocan. Sabe que hay alguien más ahí, detrás de las linternas, y le intriga quien pueda ser. Está claro que está intentando pensar. La cuestión es qué.<br />Y en ése instante la tierra tiembla, un traqueteo asombroso nos silencia, y una mancha de luz blanca y azul pasa a nuestro lado, por encima de los raíles que ocupábamos hace unos segundos. Lleva una velocidad demencial, y hace que el guardia más joven me mire, asintiendo casi con admiración.<br />- ¡Joder, con el tren...! -dice.<br /><em>Sí</em>, me digo yo, <em>así, por las vías, sin avisar, el muy cabrón.</em><br />El guardia veterano reflexiona sobre ello sólo unos instantes. La mujer sentada en el automóvil no dice nada, solo los mira impasibles e intenta escudriñar más allá de las luces. El guardia joven me pide las linternas, me da las gracias y le pregunta a ella si recuerda algo de lo ocurrido.<br />Entonces, al mismo tiempo que intenta ver mi rostro en las sombras -estoy a contraluz, y solo soy una silueta a sus ojos, y prefiero mantenerme así -empieza a narrar una historia alucinante. </p><p align="justify">Por lo que recuerda, la señora bajaba por la cuetas a las ocho de la tarde en dirección a la estación del tren, a buscar a su cuñada, cuando un misterioso coche gris se detuvo a su lado en el camino. Los guardias se miran entre sí, desconcertados.<br />- ¿Un misterioso coche gris...? -dice uno de ellos. Yo avanzo un par de pasos, y veo que la expresión de desconcierto del guardia joven se ha transformado en fastidio. Me doy cuenta de lo que le pasa. La mujer le mira tan de cerca que le sumerge en su aliento literalmente a cada suspiro, y sonrío para mis adentros pensando que si el guardia acercara a ahora un mechero al aliento de la señora descubriríamos el origen de las leyendas sobre los dragones.<br />Ella asiente. Muy misterioso, recalca. Tiene un leve acento gallego que se refuerza a medida que recobra la lucidez y la historia adquiere cuerpo, lo que hace la situación un poco más insostenible desde el punto de vista de mantener la compostura. No aclara si el vehículo era misterioso por ser coche o por ser gris. Además, dice dos hombres viajan en él. Lo dice con un tono que indica que eso es aún más misterioso. Le preguntan que a dónde va. Ella les responde que a buscar a su cuñada al tren (todo el mundo, cuando es detenido por desconocidos en la calle, da toda suerte de explicaciones, ¿verdad?). Ellos le responden "No, señora, no va usted a ningún sitio", y salen del coche <em>poniendose unas medias por la cabeza para no ser reconocidos</em> (si, yo también estuve a punto de partirme). Entonces se abalanzan sobre ella, la levantan por manos y piernas y la llevan hacia la vía -sin romperle nada, sin que las gafas se caigan en el forcejeo, sin que pierda las zapatillas de andar por casa, vamos, prácticamente una abducción de expertos -y sin hacer caso de sus protestas la encajan cuidadosamente entre el muro y el talud de piedra. Tras lo cual ni siquiera se dan a la fuga, tranquilamente se largan. Y ella se queda allí durante horas, y a ratos siente cómo algo enorme y ruidoso pasa justo sobre su cabeza -un tren, nada menos -, y se despierta (y aún lo dice) gritando de miedo, y yo ya sé de dónde salían los bramidos inhumanos que oíamos desde casa. Cada vez que salía de las pesadillas de su particular coma, pasara el tren o no, la señora literalmente aullaba, hasta quedar finalmente ronca y lanzar unos gemidos que parecían de todo menos humanos.</p><p align="justify">La cara de los guardias es un poema. El más veterano, que está un poco más lejos y no siente de cerca la evidencia etílica que flota en el aire, aún pregunta.<br />- ¿Le robaron algo?<br />Ella hace ademán de buscarse los bolsillos, pero aún no tiene tanta coordinación como para eso, y lo deja estar. No recuerda. No recuerda ni lo que llevaba encima, así que tampoco tiene idea de lo que le falta, si es que le falta algo. El guardia le pregunta entonces si pudo fijarse en sus asaltantes, si pudo ver cómo eran, si eran jóvenes o adultos, si los reconocería.<br />Y entonces ella fija su mirada en mí de un modo casi obsesivo. Y yo lo leo en sus ojos. Ha ido tomando forma mientras hablaba, mientras contaba la increíble historia sin quitarme ojo de encima.<br />No llevo uniforme. No me ha reconocido aún, pero mi rostro le resulta familiar, así que no soy un guardia. Sabe que cuando su marido se entere de esta fiesta va a haber lío. Dejando de lado las posibilidades de que todo esto sean asuntos entre ellos -no puedo quitarme de la cabeza la media sonrisa de él cuando nos cruzamos -la historia hay que mantenerla como sea. Si es algo que tiene que ver con ellos y sus peleas, ahora mismo está inventando esta historia para defenderlo a él y tapar lo ocurrido. Si él no tiene nada que ver (¿y la media sonrisa?) y sencillamente se trata de que bajaba en tal estado por la carretera que se cayó a la vía, su afán por dar verosimilitud a la historia es un intento desesperado de que él no le pase cuentas luego por haber montado este show, y la historia del ataque le viene de perlas.<br />Y tener a un culpable mucho más.<br />Hace rato que lo leo en sus ojos. Está estudiando, entre brumas etílicas, con las únicas armas de su intuición femenina y su astucia confusa, la posibilidad de estirar un dedo y decir "ése era uno de ellos", y meterme en un lío alucinante que me puede fastidiar la vida. Cualquier cosa con tal de no tener una pelea o de que él no la abandone, lo mismo da. Detrás de los cristales de las gafas sus ojillos se han convertido en dos líneas finas y apretadas mientras casi se pueden oír girar las ruedecillas y engranajes de su cerebro.<br />No las tiene todas consigo, no obstante. Mi cara le resulta familiar (me conoce de vista, por supuesto, pero está demasiado confusa para darse cuenta) y además estoy con los guardias. Sostenía sus linternas. Me ha oído hablar con ellos. No sabe cuál es mi relación con la patrulla, y esto la detiene. Finalmente, su cabeza cae hacia un lado y dice que tiene que hablar con su marido.<br />-Tendremos que llevarla a un centro médico, señora, por si tiene algo roto. Y para que le hagan un chequeo.<br />Ella levanta la cabeza rápidamente.<br />- Ah, no. Yo tengo que ir a mi casa. Y tengo que avisar a mi marido -insiste.<br />- ¿Sabe usted dónde se encuentra su marido, señora? -pregunta el guardia joven.<br />Ella le mira, confundida.<br />- En la fábrica -respondo yo. Los guardias se vuelven hacia mí y yo señalo las luces lejanas -Mientras les esperaba a ustedes en el cruce él bajó por el camino hacia la fábrica. Está a turnos, y supongo que habrá entrado a las 10.<br />Los guardias parecen darse cuenta entonces de que me habían olvidado. Miran hacia las farolas lejanas y se vuelven hacia la casa que tenemos detrás, hacia las luces encendidas en las ventanas. - ¿Usted la conoce...?<br />Les explico que es vecina de un conjunto de casitas cercano, subiendo por el camino en el que nos encontramos. El guardia joven mira a su compañero y le dice que la van a subir a casa, y que desde allí, si ella lo desea, la llevarán a un centro médico. Cierran la puerta trasera del vehículo, donde queda casi tumbada, y se vuelven para darme las gracias. Yo les indico las ventanas iluminadas y les explico que desde allí oímos los gritos, que vivo en esa casa y que para lo que necesiten pueden encontrarnos ahí. Luego se suben al coche y se van, camino arriba, hacia la casa de la supuesta víctima, y no cuesta abajo, hacia la carretera general y los hospitales.<br />Y yo me quedo unos instantes allí en la oscuridad, pensando.<br />En primer lugar en el extraño comportamiento de la Guardia Civil. En estos casos lo primero es llevar a la víctima a un centro médico, donde se haga un reconocimiento y un parte de lesiones. Que no hayan insistido en eso me parece un tanto extraño.</p><p align="justify"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/400/bordes.jpg" border="0" />En segundo lugar no han registrado la zona, no han buscado huellas u objetos, no han dado una vuelta por los matorrales y no han insistido en indagar la historia de la mujer. No parecen demasiado interesados, y a pesar de mis desacuerdos con la Benemérita sé que ése proceder no es habitual. A pesar de la lentitud de los procesos, de la falta de medios, de la escasez de personal y de cierta cortedad de miras institucional, una vez que la Guardia Civil clava los dientes en algo es difícil que lo suelte. Sobre todo si se trata de una agresión. Si esta mujer hubiera levantado la cabeza diez centímetros cuando los trenes pasaban sobre ella se la habrían arrancado.<br />Y sin embargo no han dado la más mínima importancia a la historia. Ni siquiera han puesto una señal en la zona para impedir el paso y poder investigar a la luz del día. Esta claro que su experiencia y las evidencias les han dejado claro que no hay historia que investigar. Lo cual puede ser aventurado e incluso imprudente, pero por algún lado hay que empezar a cribar el trabajo cuando hay demasiado, y supongo que investigar primero lo que le ocurre a la gente que no se ha bebido hasta el agua de los floreros es un sistema de filtrado tan bueno como cualquier otro.<br />Al cabo de unos minutos, mi primera reacción se ha transformado en cabreo. Es un cabreo indefinible, oscuro y denso, que tiene que ver con las miserias humanas, con nuestra triste condición, con la vulgaridad y la estupidez, con lo cutre y lo insidioso. Recuerdo su mirada estudiando la posibilidad de señalarme y me cabreo por el desastre que he rozado, por lo miserables que podemos llegar a ser cuando tocamos fondo, por lo sucio de las motivaciones humanas, por nuestra indiferencia hacia la suerte de los demás cuando algo nos va mal. Por nuestro egoísmo, nuestra cutrez y nuestras debilidades somos malditos. Tengo un rebote de órdago, y me niego a ir a casa con un cabreo que los demás no tienen porqué soportar.<br />Y entonces, de pronto, la memoria me trae un recuerdo de hace años. De un Skalagrim que aún no era Skalagrim cruzando los majestuosos puentes del Sena una noche de noviembre, con las luces brillantes de la ciudad a mi alrededor y su reflejo en el agua. Un mundo sin internet y sin móviles, no hace tanto tiempo, aunque podría hacer mil años. Había un hombre tendido bajo una farola, apoyado en la barandilla de piedra labrada, dormido sobre su propio vómito. Podría haber estado muerto. Uno de mis tíos parisinos que hacía de cicerone tiró de mi, diciendo <em>que no era nada</em>, y yo intenté buscar un guardia, pero no estaba en mi ciudad, ni en mi mundo, y acabaron metiéndome en el coche, y ni siquiera pararon al cruzarnos con alguna patrulla para avisar. Para decir que podía haber un hombre muerto, ahogado en sus propios vómitos, a unos pocos pasos de las calles brillantes y los monumentos iluminados.<br />Qué distinto, me digo, de las prisas, los golpes, los gritos en mi puerta. De las carreras de Cris, la cara descompuesta de mi hijo, las guías de teléfonos revueltas, las llamadas y los nervios. Que diferente de la preocupación, la angustia, la sensación de urgencia, el peso de saber, intuir o creer que hay alguien más allá del círculo de luz que necesita nuestra ayuda. Somos muy poca cosa, los seres humanos. No somos rápidos, ni fuertes, no tenemos visión nocturna ni colmillos afilados. Pero cuando uno de los nuestros grita, acudimos. No echamos a correr en dirección contraria, echamos a correr hacia él. Y la ayuda, aunque tarde, llega. La guardia civil acudió y entró en la oscuridad delante de mí por un sueldo de mierda por el que Bill Gates no levantaría un pie del suelo.<br />Aún no estamos en París, me digo. <em>Basta con ver el puto paisaje</em>, me responde, desde mi estómago, la bestia Bakunin. Pero ya no importa. De pronto me he dado cuenta de que vivo rodeado, básicamente, de gente increíblemente decente. De gente que creía que ocurría algo, que alguien, probablemente un desconocido, estaba en peligro. Y el recuerdo de como todo eso les afectaba y removía ha cambiado mi humor. <em>En sus actos, qué angeles</em> me susurra una vocecilla en mi interior.<br />Me ha ocurrido como a Hamlet, pero al revés. Lentamente emprendo el camino de regreso sintiendo que la tierra vuelve a ser una hermosa armazón, y el aire un dosel tan excelente, y mientras lo hago sonrío en las sombras, porque una vez más, hace mucho tiempo, alguien garabateó unas líneas capaces de describir lo que ahora siento mucho mejor de lo que hubiera podido expresarlo yo...</p><div align="justify"><em>What a piece of work is a man! How noble in reason! How infinite in faculty! In form and moving how express and admirable! In action how like an angel! In apprehension how like a god! The beauty of the world! The paragon of animals!</em></div><div align="justify"><br />Vuestro, afectuosamente</div><div align="justify"><br />Skalagrim</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15303243-114646570106995625?l=skalagrim.blogspot.com'/></div>Skalagrimhttp://www.blogger.com/profile/01445917220580327634noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-15303243.post-1145803815102011672006-04-23T16:25:00.000+02:002006-05-02T10:16:22.796+02:00<strong>Aullidos, nocturnidad y un tendido ferroviario (2)<br /></strong><br /><br /><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/400/Expediente01a.jpg" border="0" /> <div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Cris me espera delante de casa. Hay que llamar a la Guardia Civil, exclama. A mí me parece que ese bramido en la noche es más bien cosa de Mulder y Scully, pero ella insiste en haber oído una voz pidiendo socorro. Incluso un nombre, me dice ahora. Sería antes de que se completara la transformación, pienso yo, mientras busco números en el móvil. En el portal de techos inalcanzables nuestras voces resuenan inquietantemente. Los gatos de casa suben y bajan las escaleras como si aquello fuera un rodeo. Ella se gira y echa a correr escaleras arriba, insistiendo en la Guardia Civil como si yo tuviera algo en contra. Nada iguala la fuerza de los clásicos, me digo...<br />No encuentro nada en la memoria del teléfono y acabo llamando al 091, que es el primer número de emergencias que se me viene a la cabeza.<br />- Comisaria de policía -me dicen al otro lado.<br />- Buenas -le digo yo. En mi cabeza flota un "ante todo, buenas tardes" que no sé de donde viene, lo habré visto en alguna película -Verá, llamo porque se oyen unos gritos espantosos en la parte de atrás de mi casa. Estoy un poco nervioso y este es el primer numero en que he pensado.<br />- ¿Desde donde me llama...? -me pregunta.<br />- Le llamo de Samarcanda (por decir algo, no quiero manifestaciones de fans a la puerta de casa), cerca de la estación del tren.<br />-Ah, no -dice él, entre compungido y aliviado -esto es la comisaria de Xanadú. Lo suyo es cosa de la Guardia Civil. No sé de que comandancia, pero es cosa de ellos.<br />Esto lo veía yo venir, y quizá por eso ni me inmuto.<br />-¿Y usted no tendría forma de avisarles? -pregunto.<br />- Hombre, mejor que les llame usted. Así reciben la información de primera mano. Le doy el número del cuartel de aquí, que es el que tenemos, y ya ellos le dirán...<br />Bien, me digo, esto es lo que pasa cuando se tienen media docena de organizaciones de policía en un país y una sola Cosa Aullante en el patio de tu casa. Tomo nota mental del número, le doy las gracias, cuelgo y marco rápidamente.<br />- Buenas -vuelvo a decir.<br />- Guardia Civil, dígame.<br />- Verá, se oyen unos gritos espantosos en la parte de atrás de mi casa, y como estoy algo nervioso he marcado el 091 y ha salido la policía de Xanadú, que me ha dado su número. No sé si esto les corresponde a ustedes...<br />- ¿Desde donde me llama? -pregunta, diligente.<br />- De Samarcanda. A unos doscientos metros de la estación del tren -respondo. No me veo reflejado en ninguna parte, pero sé que mi ceja izquierda ocupa en ese momento la mitad de mi frente. Me conozco. El espíritu salvaje de Bakunin que habita en mis tripas empieza su ascensión hacia la luz, en busca de nuevos instantes de gloria...<br />- Pues no, no es nuestra zona.... eso va a ser cosa de Novgorod... -dice, dudando.<br />- Claro... -respondo yo, comprensivo, mientras me imagino a algo peludo y enorme, de miembros largos y garras afiladas subiendo sin esfuerzo por el tejadillo del huerto, abriendo la ventana del salón de la casa de arriba y descabezando a la familia mientras unos colmillos enormes brillan a la luz de las lámparas de la abuela -¿y no podría usted avisar al puesto, comandancia, cuartel o similar que corresponda? Es que verá, estamos un poco nerviosos. Hay algo o alguien aullando en la vía del tren, a unos pocos metros de la ventana, y le juro que no es una lechuza...<br />La voz al otro lado del teléfono duda. Astutamente he decidido emplear el lenguaje sofisticado y ligeramente decimonónico que tanto identifica al Cuerpo, y eso descoloca a mi interlocutor. En mi interior, la bestia Bakunin se agita, carcajeándose.<br />Quizá sea conveniente explicar aquí que mis relaciones con el Cuerpo no han sido siempre todo lo afortunadas que ambos desearíamos. No es que yo haya violado la ley muy a menudo, es que ellos se han empeñado en aparecer en mi vida en los momentos más insospechados y en las actitudes más extrañas, como cuando fuí semi-secuestrado por dos motoristas de Tráfico completamente beodos en medio de una nevada espantosa y a las cuatro de la mañana junto a la fábrica de cemento abandonada de Boñar; o cuando se me requirió la documentación por sorpresa y con alevosía mientras flotaba pacíficamente tres kilómetros mar adentro y boca abajo cerca de Galicia. Por no hablar de la intervención de varios centollos fugitivos en unas escaleras de un embarcadero privado, o la carga barranco abajo de una docena de GC armados hasta los dientes de la que fuimos objeto cuando aparcábamos la lancha debajo de casa de Kike, como si fuéramos terroristas palestinos. En fin, podría seguir, pero entonces esta extraña historia, ya de por sí carente de toda lógica, acabaría por desquiciarse completamente...(algún día debería escribir mis memorias, pero entonces no tendría tiempo material para vivirlas).<br />Así pues, no puede decirse que los picoletos hayan tenido una intervención estelar en mi vida, pero sí han tenido algunos papelillos con frase para lucirse, y algo me dice que vamos a tener un nuevo encuentro. Al otro lado del teléfono la autoridad aún duda.<br />- Pues no sé si tengo el teléfono por aquí... -dice finalmente, después de revolver audiblemente unos papeles. Algo le dice que no esta bien despacharme con un número apuntado en una servilleta como si fuera un guiri perdido en un chiringuito, pero lo de los aullidos le tiene desconcertado.<br />- ¿Y si usara una emisora, radioteléfono o similar... ? -propongo, intentando ayudar -De un coche patrulla a otro, o algo así... No quiero decirle como tienen que hacerse estas cosas, usted es el profesional, claro, pero es que estoy algo preocupado, entiéndame... -De hecho he estado dándole pataditas nerviosas a un muro de la casa de al lado, y por el boquete me cabe ya más de medio pie. En mi imaginación se ha iniciado un episodio nuevo, y la Cosa que Bramaba en la Oscuridad ha rodeado la casa y va hacia la parte delantera. Desde las sombras acecha a un imbécil que da pataditas a una pared y que gesticula teléfono en mano a la luz de las farolas. La Cosa babea un icor espeso desde los colmillos. Gotea sobre las macetas y tiene la consistencia del Supergen.<br />- No se preocupe, que ya me hago cargo yo -decide de pronto la voz al otro lado del teléfono. Casi siento el crujido del uniforme al hincharse -Déjelo en mis manos. A ver, ¿como les explico dónde es el sitio?<br />Yo empiezo a darle detalles -dependiendo de la zona eso aquí puede llevar horas, y el estudio de los métodos locales de orientación supondría casi un tratado de geografía -y le comunico que la Guardia Civil suele patrullar por aquí a menudo. </div><div align="justify">La gente de la ciudad no se da cuenta de hasta que punto resultan importantes los picoletos para las zonas rurales. En muchos lugares apartados la vida sería una jungla sin ellos, y aunque para muchos aún son un mal recuerdo de cuando eran una herramienta de opresión, lo cierto es que la disminución de efectivos y la escasez de presupuesto se notan enseguida entre quienes menos medios tienen para defenderse. Un montón de gente de edad avanzada, que vive aislada y que no puede pagarse seguridad privada ni vivir en una urbanización de adosados depende de los "Patrol" de puertas verdes que pasan por el camino pegando botes para vivir tranquila...</div><div align="justify">Aqui tenemos suerte. Durante el día las patrullas de Tráfico salen de la autopista a tomarse unos chupitos, unas cervezas y un bocata en los bares de alrededor antes de seguir poniéndonos el alcoholímetro a los demás. Por las noches suele pasar varias veces algún coche. A veces se detiene a ver qué demonios hace el tipo con perilla que siempre tiene las luces encendidas hasta las tantas y que parece estar construyendo algún extraño artefacto cambiante para el que no parece haber madera ni herramientas suficientes. A veces los veo en el aparcamiento del ferrocarril, las luces apagadas, preguntándose porqué los vecinos no protestan por el ruido de los taladros y los martillazos. Reconozco que he llegado a hacer cosas deliberadamente extrañas para intrigarlos y que se pasen más a menudo por el pueblo. Una noche llené de helio una de mis balizas de pesca submarina amarillas y probé un sistema que soltaba piedrecitas tirando de un hilo. No tenía absolutamente ninguna utilidad práctica, pero los trajo locos una buena temporada. Me gusta aportar algo a la seguridad de mi comunidad.<br />Le digo al guardia del teléfono que estaré esperando con una linterna cerca de la carretera, y que haré señales cuando vea las luces del coche llegar. Cris se asoma en ése instante a la ventana y me pregunta que si he avisado a alguien, que si he hablado ya con la Guardia Civil (lo pronuncia así, con mayúsculas). Le digo que mejor no le explico como hemos llegado a ello, pero que vienen. También que cierre las ventanas, y me responde que ya no se oye pedir auxilio.<br />La idea me desconcierta.<br />- ¿Esa cosa pedía auxilio?<br />Ella titubea.<br />- ¿Que cosa?<br />Yo alucino.<br />- La cosa que aullaba. Tú dijiste que aullaba.<br />Ella duda un segundo y luego se encoge de hombros, obstinada.<br />- Aullaba pidiendo socorro. Eran aullidos de auxilio. Además, en algunos momentos me pareció que aullaba llamando a mi prima.<br />Y lo dice como si tal cosa.<br />Estoy desconcertado. La idea de que verdaderamente haya alguien pidiendo ayuda en la oscuridad me preocupa. Lo que yo he oído no parecía humano, pero si Cris dice que ha oído nombres (gritados con dificultad a causa de los innumerables dientes y la boca que no ha sido pensada para hablar, dice una vocecilla dubitativa agazapada dentro de mí). Si hubiera una persona herida...<br />Vuelvo al coche, arranco el motor y en ese momento mi hijo sale del portal.<br />- ¿Adónde vas? -me pregunta.<br />- A ver qué pasa, puede haber alguien herido.<br />- ¿Pegando esos aullidos...?.<br />Cris vuelve a asomarse a la ventana en ése momento.<br />- He llamado a la Guardia Civil. Me han dicho que ya estaban avisados, y que vienen enseguida -informa, con visible satisfacción. Me apetece llevarla conmigo, lanzarla hacia las sombras y que esa Cosa aullante y llena de dientes conozca lo que es el miedo y aúlle por algo.<br />Mi hijo se encoge de hombros.<br />- Mami cree que los aullidos eran llamando a Suni -dice.<br />La Cosa Aullante se ha convertido en un hombre lobo enamorado dándole una serenata a la prima de Cris, y la cosa debe de estar muy mal cuando el pobre pide auxilio. A mí me van a volver loco entre todos, pero yo he estado allí, pegado a los árboles, y he oído el bramido. Si el hombre lobo está enamorado, que se joda, pero yo he oído lo que he oído y no pienso moverme hasta que no llegue la Guardia Civil.<br />Dejo el coche, empuño la linterna, el móvil y un peligroso llavero arrojadizo (sí, que nadie diga nada, por favor) y echo a andar, a pie, hasta el cruce entre la carretera y el camino, en la esquina de la finca.<br />Pasan diez minutos. </div><div align="justify"></div><div align="justify"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/400/Expediente02a.jpg" border="0" />No se oye nada. No se ven luces. No se oyen sirenas. La noche está en calma y desde esa esquina se ve el puente de la carretera a lo lejos. El rollo de los gritos de auxilio me ha fastidiado el esquema de la Cosa amenazadora, que tan cómodo resultaba. Ahora ya no me imagino una bestia sedienta de sangre y de largos brazos armados de garras acechando en la oscuridad, sino a alguien herido que se desangra y pide ayuda cada vez más débilmente. En el nuevo telefilme llega la policía, y las ambulancias, y los coches patrulla (aunque no imagino cómo demonios iban a caber todos en el camino vecinal, y como además llueva se les van a tener que sumar algunas grúas para sacarlos), y alguien con la cara del Doctor House extiende una sábana sobre un cuerpo humano y murmura que si alguien hubiera hecho algo (algo fácil, intuitivo, sencillo, que todo el mundo sabe que hay que hacer mientras llega la ayuda, aunque no se me ocurre qué) quizá no habría muerto. Al acabar la frase lanza una mirada dura. Me siento fatal.<br />A tomar vientos, me digo. Solo han pasado cinco minutos desde que todo empezó, auque parecen horas. Voy a subir.<br />Y entonces oigo algo moverse, y pego un salto que hubiera hecho palidecer de envidia a Jackie Chan. Al otro lado del puente caen unas piedrecitas que ruedan hasta mis pies. Algo está bajando por el camino...<br />Un señor delgaducho y de mirada acuosa aparece por la cuesta con su bolsita de lona y un cigarro en la comisura de los labios. Es una especie de Anacleto, Agente Secreto (by Vázquez) pero en versión esmirriada y sin smóking. Le conozco. Va a trabajar a la fábrica cercana y baja andando desde un grupo de casitas construidas en tiempos del paternalismo patronal. Dobla la esquina, se encuentra con el vecino loco de la perilla que hace cosas extrañas (por ejemplo, ahora agita una linterna halógena y escudriña las sombras) y ni se inmuta. Lleva una media sonrisa en el rostro cuando dice "Buenas..." y sigue como si nada, hacia la fábrica (la geografía de la zona, que abarca bosques, granjas, fábricas, yacimientos arqueológicos, iglesias abandonadas, naves industriales semigóticas y otras particularidades será estudiada en su momento, ahora sólo limítate a leer y no intentes comprender nada, estimado visitante).<br />Me quedo un tanto mosca. Ni siquiera me ha preguntado si pasa algo.<br />Estoy pensando en ello cuando oigo otro ruido a mi espalda. Presa del terror giro sobre mí mismo estirando una mano, pero no es la que sostiene la linterna, y mis esfuerzos sólo consiguen encender la pantalla del móvil que mantengo entre mi cuerpo y las sombras. Bañada en su débil luz azul, Cris me mira, escéptica, y me pregunta si pienso llamar a alguien con la linterna mientras ilumino el camino con el Nokia. Están tardando lo suyo, dice. Si ocurriera algo grave -verdaderamente grave, quiere decir, no una Cosa que aúlla llamando a su prima en nuestro patio trasero, entre las sombras -ya estaríamos todos muertos. Yo desde luego estoy a punto de que me de un infarto, pero también empieza a pesar lo suyo la culpabilidad. Desde que estoy en la esquina no he dejado de darle vueltas. ¿Y si hay alguien herido?¿Y si la oscuridad, las sombras y los gritos desde casa me hicieron interpretar como bramidos horrorosos lo que en realidad eran gritos de auxilio? Le digo que espere a la patrulla, que yo voy a subir. Ella dice que ni hablar (no tengo claro si a lo primero, a lo segundo o a ambas cosas). Entonces cojo la linterna, doblo la esquina del cruce y empiezo a caminar senda arriba.<br />En unos minutos estoy al lado del talud del ferrocarril, rodeado de sombras y silencio. Las luces de la fachada trasera de la casa se encienden. De nuevo hay siluetas en las ventanas. Dos pasos más y piso las piedras del borde del tendido ferroviario y me pongo al mismo nivel que lo que quiera que haya más allá.<br />No se oye nada. Ni un movimiento.</div><div align="justify"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/400/Expediente03a.jpg" border="0" /></div><div align="justify"></div><div align="justify">No enciendo la linterna todavía, veo bien en la oscuridad y espero a que mis pupilas se dilaten antes de caminar sobre la vía. Espero unos segundos sin volverme hacia las luces que hay detrás de mí, para impedir que las pupilas se contraigan de nuevo. Comienzo a caminar sobre las traviesas de hormigón. Hijos de Escocia, pero que miedo tengo... ¿Y yo por qué coño me meto en estos berenjenales...?<br />Y entonces recuerdo la media sonrisa del tío que bajaba por el camino. Y que no me ha preguntado nada. Son las diez de la noche en un pueblo solitario de casa dispersas, y ha visto a uno de sus vecinos en un cruce, con una linterna en la mano, y ni siquiera le pregunta si ha perdido algo...<br />Y entonces el telefilme cambia, y entre las ambulancias, los coches patrulla y las grúas aparece Grissom con sus guantes de látex y su mirada escéptica. Está explicándole a la maciza pelirroja que fue bailarina que a menudo los testigos destrozan las evidencias con sus huellas, y que mis pisadas y mis señales se confunden con otras por todas partes, cerca del cadáver. Y yo estoy en medio de las sombras, con la linterna apagada y en un lugar donde he oído unos bramidos espantosos surgiendo de la oscuridad, y todo lo que he sacado en claro hasta el momento es que veo demasiada televisión. Y menos mal, me digo, que también ves mucho cine, y sabes reconocer al instante uno de esos momentos en los que te revuelves en el sillón y te preguntas como es posible que ese tarado esté entrando en ese corredor de pavorosa oscuridad donde se han oído unos murmullos espantosos y donde han muerto ya todos sus colegas de universidad y las tres macizas que viajaban con ellos. ¡Pero vaya...!¡Si es justo lo que estás haciendo...!<br />Me quedo clavado. Es ridículo, pero me quedo clavado. Una vocecilla en mi interior se parte el culo y comenta que si Beowulf hubiera visto tanta televisión y tanto cine como para acojonarse imaginando cosas más terribles que el propio Grendel, el poema danés describiría una partida de cartas.<br />Y en ése momento, a medio camino entre CSI y la Matanza de Texas 2004, Cris se asoma a una de las ventanas traseras y grita algo. Al oírla me giro en medio de la vía férrea, olvidando las sombras que hay a mi espalda, y miro a lo lejos, hacia la carretera.<br />Una luz azul brillante se mueve rápida sobre el puente, a lo lejos. Aún a algunos minutos, pero en camino hacia el oscuro trance en el que me encuentro, llega, al fin, la Meretérica. </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15303243-114580381510201167?l=skalagrim.blogspot.com'/></div>Skalagrimhttp://www.blogger.com/profile/01445917220580327634noreply@blogger.com4tag:blogger.com,1999:blog-15303243.post-1144893806601427352006-04-13T03:18:00.000+02:002006-04-13T17:59:15.246+02:00<strong>Aullidos, nocturnidad y un tendido ferroviario (1)</strong> <p align="justify">Sábado, ocho y media de la tarde de un fin de semana cualquiera, hace unos días.<br />Estoy intentando encender la chimenea cuando oigo los golpes en la puerta. Son golpes frenéticos, ansiosos, y antes de que su eco se desvanezca ya sé que no es alguien que se ha perdido (a veces ocurre) o que piensa que es un bar y está cerrado (nunca he entendido a estos últimos, si creen que está cerrado, ¿para que coño llaman...?).<br />La chimenea con la que me peleo es en realidad una estufa Franklin de hierro, enorme y vieja, con dos puertas inmensas que cierran el hogar. Se la compré de segunda mano a un pobre hombre que trabajaba con nosotros y que pasó a mejor vida en tristes circunstancias. Después de instalarla y reparar fugas y grietas por todas partes he tenido que pagar una fortuna a un supuesto albañil para que colocara un tubo de dos metros en el tejado, donde yo no llego por culpa del vértigo. La portentosa hazaña, que le ha llevado apenas una tarde, me cuesta media nómina. Por si fuera poco, en mi primera compra de madera al por mayor me han pillado fuera de casa a la hora de la entrega y me han dejado una tonelada de roble magnífico, pero más húmedo que los pasamanos del Titanic. La madera mojada provoca unas humaredas alucinantes y encima no hay dios quien la encienda, y yo soy demasiado orgulloso para usar las putas pastillas de barbacoa para domingueros. En el viejo caserón de piedra en el que vivo lo de que ha llegado la primavera es un rumor sin confirmar, y en la planta baja que es mi refugio el suelo parece permafrost siberiano. El frio atraviesa las viejas baldosas graníticas, pasa como si nada por las suelas de mis botas y sube por mis huesos hasta el cerebro, donde me congela las ideas. Luego la gente me pregunta por qué casi siempre escribo acerca de glaciaciones y lugares frios. Aquí los quisiera ver yo...<br />Estoy, pues, en uno de esos fines de semana enclaustrados en los que lucho contra la vejez de los materiales, el desorden, la falta de tiempo, la humedad, el frío cavernario y mi natural dispersión mental. El objetivo, lejano aún, es lograr algún día reinstaurar un cierto orden en mi vida, y reconstruir de una maldita vez la biblioteca -antes de que mis libros se conviertan en un efecto óptico de un remake de la "La Máquina del Tiempo".<br />Pero estaban aporreando la puerta, no empecemos a divagar.<br />Abro y allí están Cris y mi hijo. Tienen el rostro desencajado y alarma en los ojos. Creo que Cris estaba gritando, pero como al mismo tiempo aporreaba no se la oía.<br />-¡¡El teléfono, coge el teléfono!!</p><p align="justify"></p><p align="justify"></p><p align="justify"></p><p align="justify"></p><p align="justify"></p><p align="justify"></p><p align="justify"></p><p align="justify"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/400/P1010155.jpg" border="0" /><br />Estoy confuso. Giro buscando el teléfono, que está donde siempre, entre el Tazz bateador y el revólver, sobre las estanterías para cedés llenas de cosas olvidadas. Es uno de los pocos lugares donde funciona. A veces falla la cobertura, en parte por culpa de las paredes, que están hechas como para resistir un asedio medieval, y en parte porque las compañías de telefonía móvil han girado sus antenas hacia zonas más residenciales sin añadir cobertura (y sin avisar, y te jodes), y ahora ésta viene y va a su bola. Pero de todos modos, que no me haya enterado de que me llaman no es para montar este cirio. Antes de que pueda decir nada más Cris añade a gritos que alguien esta <em>aullando</em> en la parte de atrás. <em>Aullidos terribles</em>, dice. Mi hijo asiente sin decir nada, pero muy nervioso. Es un tipo tranquilo, de una flema casi británica, de modo que al verle así yo empiezo a dar vueltas, desconcertado. Cris sigue hablando, pero ya no la oigo. Tiene el don de poner a la gente al borde del caos, es uno de sus superpoderes. Me empuja para que vaya más rápido. Si se pusiera una capa, unos leotardos y aprendiera a volar con un puño por delante, crecientes olas de histeria y pánico sacudirían el mundo como un tsunami en el sentido de su vuelo... Por suerte hay una parte de mí que desconecta cuando pasan estas cosas (la costumbre, suelen pasarme cosas raras y a estas alturas mi instinto me sirve bien, mi joven Padawan) y encuentro el móvil, las llaves y una linterna antes de darme cuenta de que estoy fuera, caminando hacia el coche. Le digo a mi hijo que suba a la casa de arriba y que cierre por dentro, y arranco el motor mientras hago una revisión mental del entorno para ponerme en situación.<br />En primer lugar, vivo en un sitio muy raro. Algún día le dedicaré una entrada entera. Dejo de lado otras excentricidades geográficas y paisajísticas y me concentro en la parte de atrás, que es de dónde al parecer salen los aullidos. Yo aún no he oído nada, pero cuando pienso en aullidos en la parte de atrás de la casa se me erizan hasta las pestañas.<br />Veamos, detrás de la casa hay un pequeño huerto. Está delimitado por la vía del tren, que alegra mis horas y aporta a mi vida algunos pasajes de cierto interés. Las leyes de este país y la herencia del capitalismo manchesteriano del XIX, unidas a la chulería estatal franquista, han dotado al ferrocarril de poderes casi feudales sobre cualquier propiedad anexa, entre los que se incluyen joderte las plantas, regar tu huerta con venenos y herbicidas, invadir tus propiedad, volcar materiales sobre ella, almacenar maquinaria, dejar cosas olvidadas, paso y uso a ambos lados de la vía, derecho a realizar las obras que gusten a la hora que quieran...<br />El ferrocarril, en suma, alegra inconmensurablemente mi vida. Sí, algún día hablaré de eso también.<br />Más allá del talud que invade mi huerto y de la vía del tren hay una carretera estrecha que toca la vía tangencialmente -permitiendo a los conductores de tractores borrachos que bajan por la pronunciada pendiente haciendo rally folk caer en mi huerto sin causar perjuicios al tráfico ferroviario -y más allá comienza la Europa de la Edad de Hierro que los naturalistas que viven cómodamente en las ciudades tanto añoran: bosques, praderas, monte bajo, enormes lauredales oscuros y ni una puñetera luz eléctrica.<br />En unos minutos rodeo la finca y subo pendiente arriba, hacia la vía. Más allá solo hay oscuridad, y pongo las luces largas. Bajo las ventanillas, detengo el coche, miro hacia mi casa y veo las ventanas encendidas y siluetas recortándose, pero yo no oigo nada. Apago el motor, y me estiro todo lo que puedo -la vía pasa a mi derecha, y por lo tanto tengo menos campo de visión, suponiendo que pudiera ver algo en esa negrura -pero cuando apago el motor puedo oír que desde casa me están gritando que no me baje y que arranque, que me vaya, que me vaya. Me pregunto entonces para qué coño me han llamado, luego pienso que pueden estar viendo venir algo que yo no veo y arranco. El coche termina de subir la cuesta, se separa de la vía y sube monte arriba. Sigo sin oír nada.<br />Doy la vuelta algunos metros más allá y emprendo el camino de bajada, con las luces encendidas pero muy despacio. Al llegar al punto de intersección del camino con la vía me detengo, apago el motor, dejo las luces largas y asomo la cabeza. La vía está a mi izquierda, y debería oír algo.<br />Y entonces, en efecto, lo oigo. </p><p align="justify">En fin, no soy muy impresionable, pero tampoco soy un témpano de hielo. El aullido, medio ulular, medio bramido, que surge de las sombras, más allá de la vía y de los árboles, es inhumano. Sube y baja, próximo pero sin que pueda situarlo, y los árboles son tan espesos que la linterna no me muestra nada más que formas retorcidas de color gris que se agitan (de día, sencillos arbustos y ramas, aunque ahora parece una fiesta de cumpleaños de la familia de Alien). </p><p align="justify"></p><p align="justify"></p><p align="justify"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/400/P1010162.jpg" border="0" /><br />El bramido se repite, siento que se mueven piedras al otro lado de la barrera de oscuridad, y recuerdo a Roy Scheider en "Tiburón" diciendo que necesitan un barco más grande. Le comprendo. Yo lo que necesito es un hacha vikinga de doble filo. O un AK47 kalashnikov. De un modo confuso, pero que en ése instante tiene una extraña coherencia, recuerdo haber comentado alguna vez que en ciertos lugares del mundo todo hijo de vecino parece tener una ametralladora en casa. Sabias y antiguas culturas, me digo. Y "eso" vuelve a bramar, algo profundo, poderoso, paralizador, casi un rugido, y siento que se mueven más piedras, muchas más piedras entre las sombras, sobre la vía. También oigo voces que me gritan desde las ventanas "¿lo oyes, lo oyes?" y "¡¡sal de ahí, sal de ahí!!".<br />Y coño que si salgo. Arranco en frio y el coche sale cuesta abajo y yo me niego a mirar por el retrovisor, <em>por si veo algo</em>. No voy a esperar a ver qué sale de esas sombras estando yo armado tan sólo con mi nokia y un llavero, lo siento. Salgo huyendo, aunque con cierta elegancia que remato derrapando suavemente en la curva. Finalmente me detengo ante la fachada delantera de mi casa, la que se abre a un paisaje algo más civilizado, aunque un tanto desolado. El parque sombrío de enfrente, el perro de una vecina aullando bajo una bombilla amarillenta y dos gatos sentados sobre la máquina de Cocacola del estanco me parecen de pronto la quintaesencia de la vida urbana. Y es curioso lo acogedoras que pueden resultar de pronto unas vulgares farolas...</p><p align="justify"><em>(Continuará...)</em></p><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15303243-114489380660142735?l=skalagrim.blogspot.com'/></div>Skalagrimhttp://www.blogger.com/profile/01445917220580327634noreply@blogger.com5tag:blogger.com,1999:blog-15303243.post-1144281491705452422006-04-06T01:32:00.000+02:002006-04-08T12:52:51.316+02:00<strong>Compartiendo impresiones: V de Vendetta<br /></strong><br /><br /><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/400/Vendetta2.jpg" border="0" /><br />Sí, ya sé, la película va a estrenarse dentro de unos días. Puede que hoy mismo.</div><div align="justify">Precisamente por eso he intentado adelantarme con esta entrada. Porque una vez hayamos visto la película, será ya imposible aislar lo que el cómic nos había dicho por sí mismo, y nuestras percepciones de la historia se verán probablemente -espero que con algún provecho -contaminadas para siempre por las imágenes de la pantalla. Somos animales visuales, y la sofisticación que en nosotros ha alcanzado ese sentido trae también sus servidumbres. No sé hasta que punto esto resultará injusto con el cómic. Sea como fuere, es de éste, y no de otra cosa -aún no -de lo que quería hablar aquí.<br />Y convendría empezar por decir, en primer lugar, que no soy un experto en comics.<br />Esto no quiere decir que <em>no lea</em> comics. Por si a estas alturas no te habías dado cuenta, amable visitante, le tengo un cierto apego al fantástico y a la CF, y ello implica casi forzosamente tener referencias del mundo del cómic, aun cuando no sea éste el medio de expresión que más atrae mi atención. La tuvo durante un tiempo, antes de que los pedantes, los aburrecachalotes y los pseudointelectuales se cargaran el cómic europeo con sus comeduras de tarro depresivas y sus idas de olla pretenciosas.<br />Pero esa es otra historia, y tampoco será contada aquí y ahora. Ni hablar.<br />La historia que sí será contada empezó en algún momento de los noventa, en una mañana aburrida de verano, cuando por alguna razón bajé a un kiosko cercano a la oficina. Ojeaba algunas revistas de informática (bueno, vale, esas también) cuando vi algunos comics justo al lado. Uno me llamó la atención en particular, lo ojeé, empecé a leerlo, me lo llevé (ni yo ni gran parte del mundo sabíamos en aquel momento quién demonios era el tal Alan Moore). En el cómic había un tipo extraño, oculto tras lo que parecía una máscara con coloretes, vestido como un sombrío caballero inglés del XVI. Había también una Inglaterra contemporánea sometida a una dictadura feroz, y a pesar de que los dibujos no eran nada del otro mundo su forma de servir a la historia sin crear distracciones resultaba casi un alivio. Aquel día no hice gran cosa en la oficina. Las páginas volaban.<br />Era una serie. Tuve que buscar más cuadernos, esperar meses, reunir los pedazos de la historia en el difícil entorno de una ciudad de provincias con apenas una o dos tiendas especializadas. Me costó trabajo, pero al final conseguí leer <strong>V de Vendetta</strong>.</div><div align="justify"></div><div align="justify">Cinco de noviembre de 1996. Inglaterra está sometida a una feroz dictadura. Una guerra nuclear limitada casi ha destruido el mundo. Europa no existe, África ha sido devastada, y la vida cotidiana tal y como lo conocíamos en los ochenta ha cambiado. Aunque la isla se salvó en un principio de las bombas, los cambios climáticos y las hambrunas han hecho su parte del trabajo. Con el gobierno desaparecido y caos por todas partes, una alianza de grupos de extrema derecha y grandes empresas se ha hecho con el control. Las minorías, los negros, los pakistaníes, los izquierdistas y los homosexuales han desaparecido, internados en campos de concentración. Es una niña convertida en jovencita hambrienta quien nos cuenta todo esto: <em>"Papá estuvo en un grupo socialista cuando era joven. Vinieron a por él una mañana de septiembre de 1993... Era mi cumpleaños. Cumplía doce. Nunca volví a verle".</em> Los dibujos no son gran cosa, tal vez ni Corben ni Moebius se hubieran dignado siquiera mirarlos en sus tiempos de gloria. Son viñetas sencillas. Sólo es una historia. La lees y te preguntas que hay en ella, en su cadencia, en el ritmo, en las palabras, que hace que tengas los ojos tan húmedos.<br />Y luego está <strong><em>él</em></strong>. Con su traje del siglo XVI. Los lectores anglosajones le reconocen al instante, porque la fecha no es una fecha cualquiera. Es el cinco de noviembre, el día de la Conspiración de la Pólvora. <em>"Remember, remember, the fifth of November",</em> recitan los niños en Inglaterra. Ese mismo día, en 1605, un grupo de conspiradores intentó volar el Parlamento para reinstaurar el catolicismo en Inglaterra, o al menos eso cuentan los libros. Desde entonces, el hombre que debía encender la mecha, <strong>Guido Guy Fawkes</strong> ha sido un personaje del folklore anglosajón, algo así como el hombre del saco anglicano. El primer terrorista moderno, con su máscara de satisfacción y su traje oscuro de conspirador nocturno. </div><div align="justify">Solo que no estamos en 1605. Solo que las tornas han cambiado, y ahora la máscara del incendiario es una terrible, deliberada provocación.<br />Y esta vez lo consigue. En medio del hambre, la miseria, la cobardía y la desesperanza de una Inglaterra postrada, el hombre disfrazado de Guy Fawkes vuela por los aires el edificio del Parlamento, llenando de luz y fuegos artificiales el cielo del Londres más oscuro que jamás haya existido...</div><div align="justify"></div><div align="justify">Página a página, este ser solitario que nunca se quita la máscara va desmontando, ridiculizando, destruyendo el sistema neofascista por dentro. Desentrañar las historias a través de las cuales se van moviendo los personajes sería una crueldad para quien no haya leído el cómic. Paso a paso, historia tras historia, cada personaje que ha colaborado en crear y mantener este régimen sufre su calmada, irónica, a veces extrañamente cálida venganza, dejándonos ver los rasgos de crueldad o cobardía que les hicieron llegar a ser deudores de este extraño vengador. Y nosotros, a medida que leemos, dejamos también un jirón de nosotros mismos en cada historia al preguntarnos qué habríamos hecho, o al reconocernos en la rabia o la venganza. No es, pues, una historia fácil de leer. Y entonces, en el capítulo diez, llega la carta de Valerie, escrita en un rollo de papel higiénico durante su degradación en el campo de concentración, y te preguntas cómo contará esto la película, si es que llega a contarlo, y cómo es posible que la historia de una actriz inglesa lesbiana en esta distopía de cf pesimista te queme de esta manera por dentro, y te haga cerrar el cómic porque no puedes seguir leyendo de un tirón. Y comprendes, de pronto, que una de las formas de reconocer una obra maestra en cualquier arte es sentir <em>cómo</em> <em>ya no eres el mismo</em> individuo que había sostenido hasta hace un instante ése cuaderno de cómic que tienes abierto ante ti.<br />Y entonces vuelves a leer, con cierta dificultad para distinguir las letras, porque el mundo se ha vuelto un poco borroso: <em>"Es extraño que mi vida acabe en un lugar tan terrible, pero durante tres años recibí rosas y no me disculpé ante nadie. Moriré aquí. Perecerá hasta el ultimo resquicio de mi ser... excepto uno. Uno sólo. Es pequeño, y frágil, y es la única cosa que vale la pena tener en este mundo. Nunca debemos perderla, ni venderla, ni regalarla. Nunca debemos dejar que nos la quiten"</em>. Y te preguntas dónde demonios has pillado este maldito catarro, y toses y usas el pañuelo con cierto disimulo mientras intentas seguir leyendo. </div><div align="justify"></div><div align="justify">No sé a donde fueron a parar aquellos primeros comics de <strong>V</strong> que compré, porque el mundo y yo -lo que viene a ser lo mismo -hemos dado unas cuantas vueltas desde entonces. De hecho, todas esas vueltas no han hecho sino confirmar los temores que <strong>Alan Moore</strong> y <strong>David Lloyd</strong> expresaban en la introducción de la edición de <strong>DC</strong>. Aunque el mundo en el que ellos albergaron los temores de <strong>V</strong> ha desparecido, las <em>Patriot Acts</em>, los desfiles exaltados, los discursos que defienden la reducción de las libertades por <strong>situaciones de emergencia temporales que nunca cesan</strong> y la desconfianza hacia lo diferente no han hecho sino crecer y extenderse como un cáncer en las sociedades que creíamos libres. Del mismo modo, la cobardía, las mentiras a medias, las acusaciones sin pruebas, las insidias y las insinuaciones no hacen sino asaltarnos continuamente desde medios que al mismo tiempo se llenan la boca hablando de la libertad, como si la hubieran inventado ellos y los demás no tuviéramos memoria y no recordáramos de dónde vienen... </div><div align="justify"></div><div align="justify">Hay en nuestro mundo tanta rabia, tanta ignorancia y tantos deseos de acallar, eliminar, pisotear e imponer como los que se nos muestran en <strong>V</strong>, y nosotros no tenemos de nuestro lado a ningún misterioso <strong>Guy Fawkes</strong> capaz de ocultarse en las sombras y tramar la extinción de los tiranos. Sí tenemos, en cambio, a muchos <strong>Lewis Prothero</strong> voceando furiosos desde alguna ecuménica emisora de radio, y también a algún aspirante a ser <strong>La Voz</strong> de <strong>Torre Jordan</strong> dirigiendo algún periódico cateto pero de mundana intención. Sea como fuere, al volverse intemporal y ser tan necesario en estos tiempos revueltos y oscuros como lo fue al ser creado en los ochenta, el cómic cumple otra de las cualidades atribuibles a una obra maestra para ser reconocida: la universalidad.<br />En el 2002 una edición de <strong>Norma</strong> en tapas duras solucionó mis problemas de conservación, y me apresuré a comprar dos volúmenes. Uno de ellos está en mi estantería, y al ojearlo para escribir esta entrada no he podido evitar releerlo, y sentir de nuevo la comezón en las entrañas que dejan sus páginas.<br />El otro ejemplar está en la habitación de mi hijo, mucho más leal en su relación con el cómic que yo. Se lo entregué con la esperanza de que le gustara tanto como a mí, convencido de haber puesto en sus manos una pequeña obra de arte de la narrativa, y también de estar enseñándole algo valioso.<br />Una intención parecida ha originado esta entrada: compartir un instante de rara belleza con quienes ya lo hubieran leído, y animar a aquellos que sólo lo conocían de oídas a buscarlo y enredarse en su tristeza y recordar. Recordar que existe un ultimo resquicio de nuestro ser que es pequeño y frágil, y que es la única cosa que vale la pena tener en este mundo. Y que nunca, nunca debemos permitir que alguien decida que no tendremos más rosas. </div><div align="justify"><br /></div><div align="justify">Vuestro, afectuosamente<br /></div><div align="justify"></div><div align="justify">Skalagrim. </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15303243-114428149170545242?l=skalagrim.blogspot.com'/></div>Skalagrimhttp://www.blogger.com/profile/01445917220580327634noreply@blogger.com7tag:blogger.com,1999:blog-15303243.post-1142426994374591542006-03-15T13:46:00.000+01:002006-03-15T20:27:16.656+01:00<strong>Compartiendo impresiones: Bubba Ho-tep<br /></strong><br /><br /><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://skalagrim.com/canciones/largeonesheet[1].jpg" border="0" /></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Hay ocasiones en las que la vida, loados sean los dioses, aún te sorprende. Agradablemente, incluso.<br />Una de las últimas tuvo lugar este mismo verano, durante uno de esos originales actos culturales que hacen de la ciudad alrededor de la cual giran nuestras vidas un lugar extraño y atractivo. Se trata de <strong>Peor Imposible</strong>, un ciclo de cine que todos los veranos organiza y dirige el sin par Chus Parrado, y que consiste en una semana de proyecciones de películas de género fantástico que podríamos clasificar como particulares. No es que las malas sean específicamente malas, sino que son espléndida, magníficamente abominables cuando son malas, y como mínimo extrañas o inclasificables cuando no lo son.<br />A menudo se hacen pequeñas presentaciones o charlas para apoyar las proyecciones, y tras una de estas últimas -iniciada con un comentario de vacunación preventiva de humor ante <strong>El Charro de las Calaveras </strong>y<strong> El Santo y Blue Demon contra el Dr. Frankestein,</strong> cuyo recuerdo piadosamente se va desvaneciendo en mi memoria -tuvo lugar la proyección de una tercera película. </div><div align="justify">Parrado nos tenía reservada una sorpresa: una película que no había pasado por las salas de cine comerciales, subtitulada y desconocida. Su desconcertante título era <strong>Bubba Ho-tep</strong>, y a diferencia de la mayor parte de las películas proyectadas en el ciclo era bastante reciente (2003). La pequeña banda de Avalon que suele afrontar estos desafíos se había ido ya -las proyecciones del ciclo duran una semana, y los días laborables en verano siguen siendo laborables -y mi hijo y yo decidimos probar suerte y quedarnos (supongo que nada podía ya impactarnos después de la historia del jinete sin cabeza de Guanajuato). De modo que dejamos que en el mundo real siguiera fluyendo una de esas tardes soleadas de viento húmedo y mar azul que son típicas del verano de este lugar del mundo, y nos agazapamos en nuestros asientos de la Fundación Municipal de Cultura, moralmente apoyados por el aire acondicionado, a la espera de lo que cayera sobre nosotros.<br />Dos minutos más tardes estábamos pegados al respaldo sin apartar los ojos de la pantalla, alucinados.<br />Elvis Presley no ha muerto. Es un anciano gordo y acabado al que todos creen en realidad un imitador de Elvis igualmente gordo y acabado llamado Sebastian Haff. Bajo ese seudónimo ve pasar sus últimos días en un asilo ruinoso de un pueblecito de Texas, con un grano en el capullo que sospecha es canceroso y con la cadera hecha polvo. Apenas si puede caminar hasta el cuarto de baño, y cuando lo hace necesita un andador para apoyarse. Su compañero de cuarto acaba de morir, también solo y olvidado, y su mejor amigo es un anciano negro en silla de ruedas que afirma ser el presidente Kennedy, teñido según él después del atentado de Dallas para que no pudiera volver a la presidencia. Convencido de que una parte de su cerebro, recogido en una jarra, se encuentra en algún lugar de los sótanos de la Casa Blanca conectado a una máquina, espera ser desenchufado en cualquier momento. Después de oír esto, la idea de una momia egipcia recorriendo los pasillos del asilo con camperas y gorro vaquero, sorbiendo a sus cansados habitantes sus almas poco a poco por el culo casi nos parece natural.<br />Parpadead o se os van a secar los lacrimales.<br />Parece una ida de olla tremenda, ¿verdad? Pues lo es, en efecto. Pero es una ida de olla magnífica, y sobre todo, magistralmente contada. Y es una historia épica como pocas, a pesar de que casi en ningún momento -solo en los flashbacks -se sale del asilo. Algunas escenas, como la muerte de Kemosabe -un viejo con alzeheimer que cree ser el Llanero Solitario y que dispara contra la momia con sus revólveres de juguete -te dejan la piel tan de gallina como la muerte de Théoden en el ESDLA y con mucha menos parafernalia. "Murió con el alma intacta", dice Elvis antes de recoger su antifaz como quien recoge una reliquia. Las almas devoradas por la momia y digeridas por ella nunca podrán ir allá a donde quiera que debieran ir las almas de los muertos, y esto hace que los protagonistas dejen a un lado sus problemas intestinales y de locomoción y abandonen la idea de irse o esconderse, decididos a defender a sus olvidados compañeros de asilo.</div><div align="justify">Esta es, pues, la historia de unos hombres viejos, locos, probablemente alucinados, pero no acabados. Es una extraña epopeya sobre la amistad, el valor y la entereza en circunstancias tan adversas que resultan heróicas precisamente por ser patéticas. No se trata de la amenaza de un mal inmenso que pudiera hacerse con el mundo o exterminar a la humanidad, sino precisamente de un mal tan pequeño que a nadie parece importarle, quizá porque sus víctimas tampoco le importan a nadie.<br />Es, además, un ejercicio ejemplar de técnica narrativa de primera clase, resuelta con dos duros. Los diálogos -y sobre todo los monólogos de voz en off de Elvis -son brillantes, y la mezcla de humor y melancolía resulta magistral, dotando a la película de buena parte de su magia. No hay apenas una docena de actores con diálogo en toda la película, y los efectos especiales son de una sencillez tal -maquillaje y efectos de luz y sonido cuidadosamente dosificados -que hasta resultan extraños en estos tiempos por su humilde efectividad. La acción se apoya además en una potente banda sonora, obra de Brian Tyler, de la que he dejado un ejemplo como obsequio-regalo en el enlace de la derecha.<br />La dirección y el guión son de Don Coscarelli, basándose en un relato de Joe R. Lansdale. Bruce Campbell hace un magnífico Elvis -y también de Sebastian Haff, el imitador que según la historia que se nos cuenta murió en el lugar del auténtico Elvis -y Ossie Davis es el inverosímil J.F. Kennedy pintado de negro por las malas artes de Lyndon B. Johnson. </div><div align="justify"></div><div align="justify"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/320/cineditos020a%5B1%5D.jpg" border="0" />Como dije al principio, la película no llegó a estrenarse en salas de cine, y sin embargo las ventas en DVD, sin ninguna promoción y en base tan solo al boca a boca parecen haberse disparado, hecho que se repite con cierta frecuencia y que explica en parte porqué el cine en salas se está hundiendo como negocio mientras que las películas siguen funcionando en otros soportes. Tengo la certeza de que está disponible en internet, tanto en castellano como subtitulada. ¿Hace falta decir que recomiendo a todo el mundo que se haga con ella...?</div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Vuestro, afectuosamente</div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Skalagrim</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15303243-114242699437459154?l=skalagrim.blogspot.com'/></div>Skalagrimhttp://www.blogger.com/profile/01445917220580327634noreply@blogger.com4tag:blogger.com,1999:blog-15303243.post-1140661267632591722006-02-23T02:14:00.000+01:002006-02-23T19:05:34.420+01:00<div align="justify"><strong>Compartiendo impresiones: Cuando el dragón despierte.</strong></div><div align="justify"><strong></strong></div><div align="justify"><strong></strong></div><div align="justify"><strong></strong></div><div align="justify"><strong></strong></div><div align="justify"><strong></strong></div><div align="justify"><strong><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/400/dragon.0.jpg" border="0" /></strong></div><div align="justify"><strong></strong></div><div align="justify"><strong></strong></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Esta es la historia de un libro que yo tengo... y tú probablemente no, amable visitante. Es un hecho particularmente injusto, e incluso un poco más que eso. Es una auténtica pena.<br />Para empezar, lo admito, es una manía personal. Tengo una especial fascinación por esta novela, y algunos de mis amigos que la han leído y no han encontrando en ella las mismas cosas que yo incluso la califican de pequeña obsesión. Es muy posible que tengan razón. Uno de ellos dijo en cierta ocasión que a veces ponemos cosas en un libro que no estaban en él, pero que nosotros llevábamos dentro, y eso lo engrandece de una forma extraña (él no lo dijo así de bien, claro, pero hoy me siento generoso en extremo...).<br />Creo, sin embargo, que <strong>Cuando el dragón despierte</strong> tiene sus particularidades. Para empezar, el autor era en su momento un completo desconocido en el género, y su nombre no era ninguna referencia. Esta era, de hecho su tercera novela. En aquella época -años ochenta, sin internet y sin televisión por satélite, con pocas revistas disponibles y menos lugares aún donde comprarlas -encontrar información no era tan sencillo (y si uno vivía en una ciudad de provincias para qué hablar). Uno leía, sin embargo, las citas y la introducción y creía captar en ellas una cierta tristeza no exenta de ironía. Hay de hecho en la novela una melancolía que flota sobre toda la historia como una neblina.<br />También estaba el libro en sí mismo. Para empezar, la información de las solapas y la contraportada, siendo intrigante -hoy quizá lo sería un poco menos por saturación, pero en 1983 la Fantasía Histórica era un corriente novedosa -no daba demasiadas pistas, y en modo alguno preparaba además al lector para el desconcierto que le esperaba:</div><div align="justify"></div><div align="justify"><em></em></div><div align="justify"><em></em></div><div align="justify"><em></em></div><div align="justify"><em></em></div><div align="justify"><em></em></div><div align="justify"><em>1478. El Alba del Renacimiento. La Guerra de las Dos Rosas ha llevado a Eduardo IV al trono de Inglaterra. La resplandeciente corte florentina de Lorenzo el Magnífico prospera sobre la opulencia de la Casa Medici. Leonardo da Vinci trabaja en sus asombrosos estudios anatómicos. Pero no todo es como debería ser...</em></div><div align="justify"><em></em></div><div align="justify"><em>A todo lo largo de Europa, las fuerzas de la oscuridad, la magia y la rebelión se están reuniendo, conduciendo y confrontando a extraños personajes: el duque vampiro de Milán, el heredero del trono de Bizancio, Ricardo III, Luis XI de Francia... Entre tanto, en las colinas de Gales, Hywel Peredur vigila al Dragón Rojo que se alza de nuevo para liberar a su pueblo del Dragón Blanco de Inglaterra...</em></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">He de reconocer que caí en la trampa de la contraportada. En el primer párrafo se nos advertía de que "no todo es como debería ser...", pero al leer el segundo párrafo con sus vampiros, brujos y dragones uno se quedaba con la impresión de que las pequeñas particularidades y diferencias fantásticas con la realidad de la historia conocida transcurrirían en las sombras, con los engranajes de los hechos fantásticos entre bastidores, haciendo encajar los datos de la realidad conocida. Y solo en la solapa delantera se mencionaba que "En Anjou, Luis XI, el Rey Araña, planea la ruina de la Francia bizantina.<br />Han pasado más de dos décadas y aún recuerdo mi fruncimiento de ceño delante de la vieja y diminuta estantería dedicada al fantástico de la Librería Paradiso. Aquello de la Francia bizantina me dejó un poco desconcertado. Lo del heredero de Bizancio tenía su propio romanticismo, pues sabía que Constantinopla había caído en 1453 en manos de los turcos, y la idea de un príncipe exiliado de un imperio perdido llevaba su propia carga poética y de misterio. Y sin embargo, lo de la Francia bizantina no tenía ningún sentido...<br />Si me apuraran, casi diría que fue por eso precisamente por lo que me lo llevé. Creo que fue eso también lo que me hizo posponer otras lecturas pendientes y empezar a leer <strong>Cuando el dragón despierte </strong>con cierta expectación. Y entonces empecé a alucinar.<br /></div><div align="justify">Tengo que recordar en que momento se encontraba la literatura fantástica cuando este libro llegó a mis manos. El Señor de los Anillos aún no había estallado en forma de fenómeno masivo de pantalla y figuritas, y era una lectura casi de culto, personal y muy discreta, y sin embargo el modelo a imitar estaba ya lanzado, y las dragonlances y los mundos medievales en los que nadie trabaja la tierra ni fabrica banquetas empezaban a llenar las estanterías... Tim Powers aún no había llegado para asombrarnos (al menos a las dos librería de minúsculas secciones fantásticas que teníamos en la ciudad) y Holdstock y Keith Roberts eran aún una cita en el futuro. Y a mí nada me había preparado para aquello.<br />El libro empezaba en Gales, bajo ocupación inglesa. Oscuras montañas, caminos ocultos, la sombra de Roma en las ruinas sobre las colinas. Casi podía sentir al fantasma de <strong>Arthur Machen</strong> leyendo sobre mi hombro. Desde el principio aparecía también una de las presencias permanentes del libro, la magia: terrible, poderosa, vulgar y politizada. Con un coste. Acababa de terminar el primer capítulo y me di cuenta de que estaba atrapado.<br />Y entonces pasamos a la Francia bizantina, y pocas veces en mi vida me habré encontrado tan perdido..<br /></div><div align="justify"></div><div align="justify">A quien no me conozca le resultará difícil entender lo que quiero decir. La historia es mi pasión, un terreno en el que me muevo con cierta confianza. No soy un erudito ni un maestro, pero más o menos siempre logro situarme. Y de pronto, estaba completamente perdido. <em>Bizantinos</em> en la Francia meridional, gobernando a la sombra del macizo de Alesia, en palacios con calefacción central y santuarios de Mitra. Y entonces me di cuenta de que llevaba más de cincuenta páginas leídas de lo que yo pensaba que era una novela histórica y <em>aún no había aparecido un sacerdote, ni una cruz, ni una catedral</em>, ni la omnipresente iglesia ortodoxa en la misteriosa colonia bizantina.<br />Pero estaba Alesia. Un fresco con César venciendo a los galos. Niños jugando a ser Ricardo Corazón de León y Saladino. El recuerdo de un Vercingetórix rebelde. Escenarios familiares por todas partes. Y sobre todo, la historia en sí misma.<br /></div><div align="justify">Porque de pronto las incongruencias y los detalles extraños dejaron de tener importancia. El capítulo de la Francia bizantina era terrible, extraño y conmovedor. Honor, lealtad y pesar cruzándose por todas partes. Extrañas resoluciones y destinos trágicos. Y cuando terminó y salté a la Florencia de los Médici, con su joven doctora de pelo blanco y los ejércitos de un imperio que yo sabía que ya no existía, las misteriosas incongruencias y faltas me daban igual. Los personajes estaban allí; los condottieri renacentistas, las ciudades estado, los príncipes y los locos, los genios y los fanáticos; y sin embargo no era exactamente nuestro mundo, nuestro pasado conocido. El capítulo de la posada en los pasos montañosos de Italia me permitió reflexionar a medida que se investigaba un misterio que la propia <strong>Agatha Christie</strong> hubiera querido resolver. Comprendí que era también un alto en el discurrir de la novela, una pausa antes de lanzarse al nudo de la historia, una vez presentados los personajes. Y más allá de la pausa, para mi pasmo y gozo, me esperaba la Inglaterra de la Guerra de las Dos Rosas... ¿Cuantos de vosotros, como yo, conocieron a los Lancaster y a los York a través de <strong>Stevenson</strong>, que junto con <strong>Shakespeare</strong> se asomaba ahora como un fantasma a leer sobre mi hombro? Y yo aún buscaba la silueta de una catedral del gótico normando elevándose sobre Londres, y en cambio la novela daba su propia versión de como un sol (y al recordar "este sol de York" sonreí con complicidad) figuraba como emblema junto con los leones de Inglaterra en la ropa de Eduardo IV. Y todo ello precisamente antes de la entrada en escena de Ricardo III, iniciando así una historia que conozco y que sin embargo no reconocía, cuyos detalles casaban pero cuya mecánica había cambiado por completo. Ya no me importaba el desconcierto. En realidad, estaba disfrutando de él como un niño.<br /></div><div align="justify">Entonces comprendí al fin, y el recuerdo de esa comprensión es una de las razones que me animó a escribir este comentario (otra podría ser recomendar su compra, si alguno de los lectores de este blog tiene la suerte de encontrar un ejemplar en alguna parte, puesto que las posibilidades de que se reedite son, me temo, más bien escasas).<br />Porque <strong>Cuando el dragón despierte</strong> no era propiamente una novela de fantasía histórica tal y como la concebíamos entonces, ni mucho menos uno de los pestiños sobre Cámaras Santas Secretas, Códices Perdidísimos, Templarios Recalcitrantes e Iluminati, Cegati y Estrellati de todas las sectas con los que se nos bombardea desde hace una temporada. La obra de John M. Ford es una <em>ucronía</em>, una de las formas más complejas, apasionantes y difíciles de hacer literatura fantástica que uno pueda imaginar, y que se basa en la pregunta de <em>"¿Que hubiera ocurrido si...?"</em> aplicada a los acontecimientos históricos y sociales conocidos, con la intención de introducir un giro en un momento determinado y alterarlos para generar todo un mundo nuevo. Exige, aún sin ser excesivamente detallada, un conocimiento profundo de los hechos que se cambian y del mundo <em>tal y como fue</em> para producir un escenario creíble y coherente en el mundo <em>como hubiera podido ser</em> que se describe. Y además tiene que dotarlo de sentimientos y personalidades que, siendo distintos de los nuestros, podamos comprender, porque hubiéramos podido tenerlos. Al fin y al cabo, un <em>"que hubiera pasado si..."</em> es una pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez en nuestras vidas, y el concepto se encuentra ya dentro de nosotros como una parte de nuestras propias dudas.</div><div align="justify"> </div><div align="justify">Hay al final del libro unas "Notas Históricas" del autor en las que por fin encontré una explicación que confirmó todas mis sospechas. El mundo en el que nos hallábamos en <strong>Cuando el dragón despierte</strong> era el nuestro tal y como hubiera podido ser con algunos pequeños cambios, apenas accidentes en el discurrir de la historia, aderezados con algunos toques fantásticos deliberados (estoy seguro de que el dominio del autor era suficiente como para haber prescindido de ellos, y el hecho de que los haya elegido como opción no deja de ser un sorprendente compromiso con el género). Un mundo en el que Juliano el Apóstata logra imponer la libertad religiosa y rescatar el paganismo del rodillo brutal de la religión cristiana, y donde el fanatismo de los intolerantes monoteístas ha convertido al cristianismo en una secta terrorista y fanática completamente fuera de la sociedad. Un mundo en el que el emperador de Bizancio Justiniano I alcanza la longevidad necesaria -y el talento que no tuvo -para resucitar al Imperio y convertirlo en una maquina de expansión de una complejidad y una modernidad aterradoras. Un mundo medieval y renacentista sin iglesia católica y sin monjes ortodoxos, con templos de Mitra y sin catedrales elevándose al cielo. Y sin embargo, un mundo en el que los personajes de nuestra historia y de la literatura que conocemos siguen teniendo mucho que decir.<br /></div><div align="justify">Porque a pesar de los delicados mecanismo de la ucronía, que son un goce en sí mismos, y de los detalles, guiños al lector y sorprendentes revelaciones que nos muestran, al final todos los universos se parecen, y esta es una historia de personajes. No solo de reyes, duques, príncipes y asesinos históricos, sino también de apariciones reveladoras -atención a ese caudillo valaco cegado por el sol que regenta una posada en el sur de Francia, pues es alguien a quien conocemos -y sobre todo de reacciones humanas: el vampiro que intenta congraciarse consigo mismo y con el mundo, el soldado que busca un hogar al que ser leal, la doctora que lo ha perdido todo y el brujo que sabe lo que se avecina porque ha pagado por ello dolorosamente... Y el Imperio, convertido en un monstruo que lo devora todo, una máquina incapaz de detenerse a sí misma, construida con la eficacia de los siglos y resuelta a acabar con toda forma de independencia que sostenga una forma de pensamiento diferente.<br />Es también una novela a veces dura, donde los personajes de brillante apariencia esconden a menudo vergüenzas y miserias, y donde la muerte se adjudica con la distante frialdad de quienes han leído a Maquiavelo. Y sin embargo, hay algo más allá de eso, una extraña generosidad. En la búsqueda de su propia redención, los personajes dejan a un lado sus venganzas y agravios y abrazan una nueva causa que solo puedo describir dejando aquí un párrafo que en buena medida resume el espíritu de la novela, y que espero que el detentador de los derechos, si lo hay, me perdone:</div><div align="justify"> </div><div align="justify"><em>-A la gente se le puede hacer daño -dijo Hywel -. Al imperio, no lo sé. Es fuerte y posee una paciencia inhumana para perseguir sus fines. - La observó un instante. Había la leve sugerencia de un temblor en la comisura de sus ojos. Las raíces de su cabello, sobre su despejada frente, eran blancas. -Pero posiblemente... si actuamos en un solo lugar, con un solo fin... podemos detenerles.<br />- Conozco un lugar llamado Urbino -dijo Cynthia -. Pueden ser detenidos.<br />- Conozco un lugar llamado Inglaterra. ¿Sería suficiente detenerlos, mi señora?<br />Ella se miró la muñeca y pasó los dedos sobre ella buscando el pulso, y miró a Hywell con la pregunta claramente formulada en sus ojos. Pero no le preguntó lo que sabía.<br />- No, no es bastante. La venganza nunca es suficiente, ¿verdad doctor? -dijo ella -. Una vez empezada sigue y sigue... tenemos que actuar en nombre de aquellos que aún no han sufrido daño. -Y sonrió, como una flor que se abre. [...]</em></div><div align="justify"> </div><div align="justify"> </div><div align="justify"> </div><div align="justify">Por lo demás aquí estamos, capeando el temporal, y no estoy usando metáforas. Vuelve a haber nieve por todas partes a poco que uno se aleje de la costa, y el aire corta en cuanto deja de llover y cae la tarde. Como una más de las consecuencias de estar aquí, de vivir aquí, de ser de aquí, me gusta el invierno. Convierte la vida en algo apresurado y frío que te hace correr y estar vivo, y el calor de una habitación y un café caliente bastan para arrancarle a uno una sonrisa. A tenor de lo cual he de anunciar que he colocado una nueva canción para escuchar en el enlace de la derecha. Suena a lluvia, a viento húmedo, a pasos rápidos sobre las piedras de la calle Trinidad para llegar al Avalon, pedir un carajillo de nata y sumergirse en el calor de la costumbre, dejando el aire cortante y el pesar de la semana más allá de la puerta.<br />Es mi pequeño -pero no el único -homenaje al Pub Avalon, que ha cerrado por obras y remodelación (se han cargado el edificio, vamos). La tertulia del mismo nombre ha tenido que trasladarse, y la calle Trinidad es ahora tan silenciosa y se ha quedado tan vacía que no apetece pasar por ella. Espero que hayan guardado el mural con el viaje de Arturo a Avalon en algún lugar seguro...<br />Y sin embargo, sobrevivimos. Hemos superado a los romanos, a los suevos, a los hérulos, a los visigodos, a los árabes, a los franceses y a la Du Pont. Sobreviviremos a un maldito derribo. Y entretanto ya tenemos una mesa en el Café Triskel, donde también hay cañas de cerveza, viejas sillas de madera gastada, gruesos cristales que protegen del frío y buena música con la que disimular el ruido que hacen los amigos afilando sus puñales bajo la mesa. Es Mago de Oz versionando a Gwendal, y suena muy parecido a nuestros viernes...</div><div align="justify"> </div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Afectuosamente vuestro </div><div align="justify"><br /> </div><div align="justify">Skalagrim</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15303243-114066126763259172?l=skalagrim.blogspot.com'/></div>Skalagrimhttp://www.blogger.com/profile/01445917220580327634noreply@blogger.com6tag:blogger.com,1999:blog-15303243.post-1139512406280165902006-02-09T19:53:00.000+01:002006-02-10T12:38:44.923+01:00<strong>Estela de Plata</strong><br /><strong></strong><br /><div align="justify">Devorab<a name="OCRUncertain002">a</a> kil<a name="OCRUncertain003">óm</a>etro<a name="OCRUncertain004">s</a>.<br />Er<a name="OCRUncertain005">a</a> i<a name="OCRUncertain006">m</a>pre<a name="OCRUncertain007">si</a>onante verl<a name="OCRUncertain008">o</a> avanz<a name="OCRUncertain009">a</a>r en el <a name="OCRUncertain010">prematuro</a> a<a name="OCRUncertain011">ma</a>necer <a name="OCRUncertain012">d</a>e <a name="OCRUncertain013">aquel</a> c<a name="OCRUncertain014">i</a>elo <a name="OCRUncertain015">i</a>n<a name="OCRUncertain016">f</a>ectado, una aguja d<a name="OCRUncertain017">e</a> plata flexibl<a name="OCRUncertain018">e</a> <a name="OCRUncertain019">corriendo s</a>o<a name="OCRUncertain020">b</a>re u<a name="OCRUncertain021">n</a> trenzado de acer<a name="OCRUncertain022">o</a>. <a name="OCRUncertain023">Cuando </a>encend<a name="OCRUncertain024">í</a>a <a name="OCRUncertain025">s</a>u<a name="OCRUncertain026">s</a> luce<a name="OCRUncertain027">s</a> era <a name="OCRUncertain028">imposible</a> <a name="OCRUncertain029">mi</a>rarl<a name="OCRUncertain030">o</a> <a name="OCRUncertain031">fijamente,</a> corr<a name="OCRUncertain032">ie</a>ndo a <a name="OCRUncertain033">más</a> de <a name="OCRUncertain034">d</a>o<a name="OCRUncertain035">s</a>c<a name="OCRUncertain036">i</a>ento<a name="OCRUncertain037">s</a> <a name="OCRUncertain038">kilómetros</a> por hora<a name="OCRUncertain039">,</a> <a name="OCRUncertain040">dejando</a> ca<a name="OCRUncertain041">s</a>i atr<a name="OCRUncertain042">ás</a> <a name="OCRUncertain043">el</a> reflej<a name="OCRUncertain044">o</a> d<a name="OCRUncertain045">e</a> sus <a name="OCRUncertain046">p</a>rop<a name="OCRUncertain047">i</a>os <a name="OCRUncertain048">f</a>oco<a name="OCRUncertain049">s</a>. El <a name="OCRUncertain051"></a><a name="OCRUncertain050"></a>diseño del <a name="OCRUncertain052">mejor </a>tren; un derroche de <a name="OCRUncertain053">poder</a> <a name="OCRUncertain054">energía </a>e <a name="OCRUncertain055">ingenio, corriendo como </a><a name="OCRUncertain056"></a>una best<a name="OCRUncertain057">i</a>a en <a name="OCRUncertain058">libertad</a> con<a name="OCRUncertain059">di</a>c<a name="OCRUncertain060">i</a>onal<a name="OCRUncertain061">,</a> <a name="OCRUncertain062">pudiendo</a> ele<a name="OCRUncertain063">gi</a>r su vel<a name="OCRUncertain064">o</a>ci<a name="OCRUncertain065">d</a>ad per<a name="OCRUncertain066">o</a> no el <a name="OCRUncertain067">camino</a>.<br />Tenía un <a name="OCRUncertain072">Capitán,</a> p<a name="OCRUncertain073">o</a>r <a name="OCRUncertain074">supuesto.</a> En otr<a name="OCRUncertain075">o</a> <a name="OCRUncertain076">tiempo</a> <a name="OCRUncertain077">-</a>cas<a name="OCRUncertain078">i</a> pod<a name="OCRUncertain079">í</a>a pe<a name="OCRUncertain080">n</a>sarse <a name="OCRUncertain081">que</a> <a name="OCRUncertain082">en </a>otro <a name="OCRUncertain083">lugar-</a> <a name="OCRUncertain084">o</a>tros ferrocarrile<a name="OCRUncertain085">s</a> hab<a name="OCRUncertain086">í</a>an trasladado <a name="OCRUncertain087">cargas</a> y <a name="OCRUncertain088">multitudes</a> a <a name="OCRUncertain089"></a>través de <a name="OCRUncertain090">campos</a> <a name="OCRUncertain091">tranquilos</a> y <a name="OCRUncertain092">ciudades</a> adormecidas. Tenían <a name="OCRUncertain096"></a><a name="OCRUncertain097"></a>rev<a name="OCRUncertain098">i</a>sores que ped<a name="OCRUncertain099">í</a>an billetes c<a name="OCRUncertain100">o</a>n vo<a name="OCRUncertain101">z</a> <a name="OCRUncertain102">monótona</a> y <a name="OCRUncertain103">maquinistas</a> aburrid<a name="OCRUncertain104">o</a>s <a name="OCRUncertain105">que</a> la electr<a name="OCRUncertain106">ó</a>nica hab<a name="OCRUncertain107">ía </a>convertido en v<a name="OCRUncertain108">ig</a>ilantes <a name="OCRUncertain109">de</a> una consola. En otro mundo.<br />Ahora todo era <a name="OCRUncertain113">di</a>st<a name="OCRUncertain114">i</a>nto.<br />Las c<a name="OCRUncertain115">i</a>udades <a name="OCRUncertain116">que</a> atravesaba estaban <a name="OCRUncertain117">muertas.</a> Los campo<a name="OCRUncertain118"></a>s era<a name="OCRUncertain119">n</a> des<a name="OCRUncertain120">i</a>ertos se<a name="OCRUncertain121">m</a>brados de h<a name="OCRUncertain122">i</a>erros retorcidos y ruinas enn<a name="OCRUncertain123">e</a>greci<a name="OCRUncertain124">d</a>as<a name="OCRUncertain125">. L</a>as estacio<a name="OCRUncertain126">n</a>es revoltijos de papeles c<a name="OCRUncertain127">h</a>a<a name="OCRUncertain128">m</a>uscados, los pueblos se <a name="OCRUncertain129">habían</a> convertido <a name="OCRUncertain130">en</a> <a name="OCRUncertain132">fantasmas silenciosos de edificios muertos a través de cuyas ventanas, como bocas desdentadas, aullaba el viento.</a> Una <a name="OCRUncertain134"></a><a name="OCRUncertain133"></a>multitud de luces <a name="OCRUncertain135">b</a>rillantes <a name="OCRUncertain136">había</a> desce<a name="OCRUncertain137">n</a>dido del cielo u<a name="OCRUncertain138">n amanecer,</a> anunc<a name="OCRUncertain139">i</a>ada p<a name="OCRUncertain140">o</a>r <a name="OCRUncertain141">trompetas</a> apocalípticas <a name="OCRUncertain144"></a>que imitaban a sirenas de <a name="OCRUncertain146">alarma. Después</a> había llegado el <a name="OCRUncertain147">fuego,</a> un fue<a name="OCRUncertain148">g</a>o a<a name="OCRUncertain149">b</a>ras<a name="OCRUncertain150">a</a>dor <a name="OCRUncertain151">q</a>ue cons<a name="OCRUncertain152">umí</a>a la roca y el <a name="OCRUncertain153">metal</a> <a name="OCRUncertain154">como</a> si fuera papel. <a name="OCRUncertain155"></a><a name="OCRUncertain156"></a>Y detrás vinieron las lluvias, y sus gotas estaban cargadas de part<a name="OCRUncertain159">í</a>culas alteradas, <a name="OCRUncertain160">pequeños</a> asesinos que irradiaban una <a name="OCRUncertain162">muerte</a> invisible <a name="OCRUncertain163">o</a> u<a name="OCRUncertain164">n cambio</a> aterrador en t<a name="OCRUncertain165">o</a>d<a name="OCRUncertain166">o</a> lo que nacía. <a name="OCRUncertain168">U</a>na guerra <a name="OCRUncertain169">había</a> <a name="OCRUncertain170">comenzado y terminado en un instante, devorada por sí misma.</a><br />El Capitán se preguntaba a menudo, solo y pensativo en su puente bajo cielos plomizos, como era posible que el hombre, algunos hombres, hubieran sobrevivido. Y sin embargo allí estaban, intentando esquivar a la muerte con una organización férrea y una voluntad de titanes. Las explosiones termonucleares habían levantado millones de toneladas de partículas a las altas capas de la atmósfera. La luz del sol, su calor, apenas si podían llegar a la tierra. Al castigo divino de la radiación se unía pues el frío atroz de un invierno perpetuo.</div><div align="justify">Hielo y escarcha dominándolo todo, perpetua oscuridad sobre sus cabezas. Los amaneceres de aquel mundo de pesadilla gris ceniza eran como la penumbra de un profundo pozo. Sus noches, la nada total.<br />Había pues, que vivir en las sombras, pero había que vivir. En el Norte, en las islas volcánicas del Atlántico, gigantescos invernaderos subterráneos sustituían la luz del sol por luz artificial alimentada con energía geotérmica. Sus alimentos llegaban después al Sur, a las pequeñas colonias supervivientes que buscaban el escaso calor de los trópicos. Los barcos no podían navegar en un mar congelado de témpanos errantes, y en muchos lugares el fondo de los antiguos océanos desaparecidos era ahora un desierto inabarcable. Había pocos aviones. Sólo quedaba el ferrocarril.<br />El tren atravesaba un mundo en sombras como un atleta enloquecido con los ojos vendados. Llevaba un cargamento de semillas, medicinas para la colonia de cultivo, equipos médicos, maquinaria... y municiones.</div><div align="justify">Las ciudades en ruinas que por fuerza atravesaban las vías se habían convertido en una jungla de hierros retorcidos por la que vagaban los desgraciados descendientes de quienes no habían tenido un refugio. Muchos ya no tenían mente, y la mayoría apenas si conservaba un resto de humanidad más allá de la locura en la mirada. Las radiaciones habían transformado los c<a name="OCRUncertain172">ó</a>d<a name="OCRUncertain173">i</a>gos gen<a name="OCRUncertain174">é</a>t<a name="OCRUncertain175">i</a>cos de una larg<a name="OCRUncertain176">a</a> ev<a name="OCRUncertain177">o</a>luc<a name="OCRUncertain178">i</a>ón natural en un caos <a name="OCRUncertain179">cromosómico,</a> pero los <a name="OCRUncertain180">i</a>nst<a name="OCRUncertain181">i</a>ntos segu<a name="OCRUncertain182">í</a>an <a name="OCRUncertain183">ahí, i</a>nalterables. <a name="OCRUncertain184">C</a>uerp<a name="OCRUncertain185">o</a>s ulcerad<a name="OCRUncertain186">o</a>s y cancerosos, alimentos contaminados, <a name="OCRUncertain187">baños </a><a name="OCRUncertain188"></a><a name="OCRUncertain189"></a>c<a name="OCRUncertain190">o</a>nt<a name="OCRUncertain191">i</a>nuos de rad<a name="OCRUncertain192">i</a>ac<a name="OCRUncertain193">ió</a>n. Úlceras que nunca se curaban, heridas que producían un dolor constante. Dolor convertido en furia. Y odio. Sobre todo, odio contra los que se han salvado, c<a name="OCRUncertain201">o</a>ntra aquellos que siguen siendo lo que se intuye dolorosamente que un día se fue, se hubiera podido llegar a ser. <a name="OCRUncertain203">O</a>d<a name="OCRUncertain204">i</a>o contra qu<a name="OCRUncertain205">i</a>en no s<a name="OCRUncertain206">i</a>ente d<a name="OCRUncertain207">o</a>lor<a name="OCRUncertain208">.</a> Y <a name="OCRUncertain209">hambre,</a> un <a name="OCRUncertain210">hambre</a> <a name="OCRUncertain211">monstruosa.</a><br />El convoy había cruzado el <a name="OCRUncertain212">Rhin</a> tres d<a name="OCRUncertain213">í</a>as antes, de<a name="OCRUncertain214">j</a>and<a name="OCRUncertain215">o</a> atr<a name="OCRUncertain216">á</a>s los <a name="OCRUncertain217">últimos </a>fort<a name="OCRUncertain218">i</a>nes de un mundo relat<a name="OCRUncertain219">i</a>va<a name="OCRUncertain220">m</a>ente segur<a name="OCRUncertain221">o</a>. Ahora se <a name="OCRUncertain222">m</a>ov<a name="OCRUncertain223">í</a>a s<a name="OCRUncertain224">o</a>bre la l<a name="OCRUncertain225">i</a>nea <a name="OCRUncertain226">férrea </a>en d<a name="OCRUncertain227">i</a>recc<a name="OCRUncertain228">ió</a>n <a name="OCRUncertain229">N</a>oroeste, rastreando <a name="OCRUncertain230">continuamente</a> lo que ten<a name="OCRUncertain231">í</a>a ante s<a name="OCRUncertain232">í</a>. Catorce v<a name="OCRUncertain233">a</a>gones de un blanco br<a name="OCRUncertain234">i</a>llo metálico<a name="OCRUncertain235"></a> y dos pare<a name="OCRUncertain236">s</a> de potentes turborreactores escup<a name="OCRUncertain237">i</a>endo fuego a popa, en el va<a name="OCRUncertain238">gó</a>n de propuls<a name="OCRUncertain239">i</a>ón. En la cab<a name="OCRUncertain240">i</a>na de proa, esbelta y <a name="OCRUncertain241">o</a>valada co<a name="OCRUncertain242">m</a>o un<a name="OCRUncertain243">a</a> bala de ca<a name="OCRUncertain244">ñó</a>n, el <a name="OCRUncertain245">Capitán</a> y otros tres <a name="OCRUncertain246">hombres </a>tr<a name="OCRUncertain247">i</a>pulando la <a name="OCRUncertain248">máquina</a> desde su cerebro v<a name="OCRUncertain249">i</a>vo: Un ordenador de <a name="OCRUncertain250">viaje,</a> dos pantallas de rastreo, los <a name="OCRUncertain251">i</a>nd<a name="OCRUncertain252">i</a>cadores de la larga línea de sensores, paralela a la v<a name="OCRUncertain254">í</a>a. Aquella l<a name="OCRUncertain255">í</a>nea de alerta había s<a name="OCRUncertain256">i</a>do levantada con sangre y sacrificio. <a name="OCRUncertain261">Informaba</a> <a name="OCRUncertain262">automáticamente</a> de cualqu<a name="OCRUncertain263">i</a>er corte <a name="OCRUncertain264">i</a>ntenc<a name="OCRUncertain265">i</a>onado o acc<a name="OCRUncertain266">i</a>dental en la vía, calculaba <a name="OCRUncertain268">exactamente</a> el punto, <a name="OCRUncertain269">tiempo</a> y d<a name="OCRUncertain270">i</a>stanc<a name="OCRUncertain271">i</a>a antes de llegar a él. Los cortes sol<a name="OCRUncertain272">í</a>an ser <a name="OCRUncertain274">i</a>ntenc<a name="OCRUncertain275">i</a>onados<a name="OCRUncertain276">, rara vez accidentes.</a> Tres env<a name="OCRUncertain278">í</a>os no habían llegad<a name="OCRUncertain279">o</a> aquel año a dest<a name="OCRUncertain280">i</a>no, n<a name="OCRUncertain281">i</a> regre<a name="OCRUncertain282">s</a>ado <a name="OCRUncertain283">tampoco.</a> Los equ<a name="OCRUncertain284">i</a>po<a name="OCRUncertain285">s</a> de rescate que habían reparado la l<a name="OCRUncertain286">í</a>nea <a name="OCRUncertain287">s</a>ólo encontraron restos abrasados q<a name="OCRUncertain288">u</a>e dinamitaron para abrir el camino de nuevo. Nunca había cadáveres, los atacantes se los comían.<br />-Velocidad 225 -indicaba el piloto. El sol salió hace doce minutos.<br />El Capitán intentó captar alguna diferencia en el horizonte plomizo. Todos los cristales eran panorámicos, todos estaban blindados, ninguno recogía un solo rayo de sol. Se encogió de hombros como casi todas las mañanas. A sus hombres parecía gustarles saber que el viejo sol hacia el viaje con ellos. A él le daba igual. En su mente solo había una idea constante, y todas sus percepciones giraban en torno a ella. El nunca habla perdido un convoy.<br />Su orden al navegante fue casi un murmullo.<br />-Informe a Destino: llegada calculada en un día y medio<br />-Abriendo ventana de transmisión para el Capitán –anunció alguien a su espalda. Capitán. Hacia quince años que le llamaban así. Probablemente ni siquiera recordaban su nombre. A él le costaba trabajo. Era, simplemente, El Capitán. No hacía falta mucho más para aquella clase de trabajo.<br />UN estruendo llenó el aire a su alrededor, dándole casi una consistencia sólida. Se tambaleó. Un terremoto zarandeaba la tierra bajo ellos, y casi al instante una sirena de alarma lanzó un agudo lamento. Una docena de luces rojas se encendieron en la consola. Alguien gritó casi en su oído que la vía acababa de volar por los aires, justo delante de ellos. Supo que la razón de que se encontrara de pronto en el suelo con la espalda dolorida era que los frenos de emergencia habían respondido. Una voz fría, casi indiferente, llenó los altavoces.<br />-Linea interrumpida a veinte kilómetros.<br />-Retrocedan. Máquina a media potencia. Alerta de armamento –ordenó, tranquilo como quien pide un ejercicio de rutina.<br />La turbina auxiliar instalada sobre la cabina de mando giró sobre su eje al tiempo que los reactores de impulso se apagaban. Arrancó con un brillante resplandor, y comenzó a luchar contra la inercia gigantesca del convoy. Los raíles llenaron el aire envenenado de brillantes chispas y poco a poco la imponente mole comenzó a retroceder. El impulso alejó rápidamente al convoy de la nube de polvo grisáceo que se extendía por el paisaje desde el lugar de la explosión, y que se movía como si tuviera vida propia en el aire helado. Habían dinamitado la vía. Algunos aún podían hacer cosas así, y a menudo se encontraban depósitos de equipo militar bajo las ruinas.</div><div align="justify">-Alerta de combate -susurró el Capitán cuado la nube de polvo envolvió al tren. El silencio era tan imponente que un grito hubiera parecido una blasfemia. Una cascada de ruidos metálicos recorrió el tren de proa a popa cuando en los techos metalizados se elevaron los ejes hidráulicos de las cúpulas de tiro. El metal se deslizó sobre ocultos pivotes y los artilleros esperaron. Ya habían pasado por aquello otras veces. Sabían que no sería una espera larga. Los cañones de las ametralladoras calibre 50 salieron de sus fundas aceitadas, ansiosos por tararear su canción.<br />Hombres nerviosos pulsaron los mandos adecuados y comprobaron que las torres giraban y las armas subían y bajaban en sus soportes. Esperaron órdenes. Alguien habló en la cabina como si temiera despertarles.<br />-Ahí vienen.<br />Una horda de figuras oscuras se despegó de la tierra quemada y se movió en el interior de la lenta nube que los envolvía. El aire estaba saturado de polvo y escarcha, pero los detectores de infrarrojos no mentían, no podían ser engañados por la nube. Se oyeron débiles impactos en el blindaje.<br />De algún lugar entre la niebla surgió un estampido seco y profundo, y el Capitán sintió que el pelo se le erizaba en la nuca al reconocer el retumbar de un viejo cañón antitanque. Algo pesado y poderoso esta vez golpeó al tren muy cerca de la cabina, y no necesitó nada más para pulsar el micrófono de mando.<br />-¡Fuego…! –gritó, y esta vez no le preocupó que el miedo asomara en su voz -¡Fuego a discreción!.<br />Los cañones de tiro rápido llenaron la atmósfera de pequeños truenos. Barrieron las ruinas en torno a ellos, agujerearon cuerpos en movimiento y convirtieron en humo y polvo lo que antaño habían sido calles y portales.<br />Pero el sonido profundo y seco volvió a retumbar. Tenían un cañón, algo que no había ocurrido nunca antes. Y eso era malo.<br />Una torreta defensiva se convirtió en una pequeña bola de fuego. Pedazos de metal al rojo y esquirlas de huesos volaron con ella. Ahora ya sabían ya porqué los dos trenes anteriores no habían regresado. Una sirena lastimera comenzó a aullar muy cerca de la cabina, en el interior de un vagón, indicando que el aire contaminado había entrado en el tren.<br />-¡Busquen la posición de ese cañón y destrúyanlo! –gritó. Alguien repitió su orden en otro canal.<br />Las antenas no habían dejado de moverse desde el inicio del ataque, y a pesar de la radiación y las ruinas llenas de hierros retorcidos sabían qué buscar. Un artefacto metálico de media tonelada y muy caliente no podía esconderse entre la niebla. Los atacantes seguían en silencio, dejando que los pequeños aguijonazos de metal en el costado del tren hablaran por ellos. Las antenas oscilaron como cabezas de serpientes,<br />Los infrarrojos dieron con él muy cerca, entre dos paredes de piedra semiderruidas que flanqueaban la vía a unos cientos de metros.<br />Se oyeron nuevos chirridos metálicos. Una luz verde comenzó a parpadear en el panel, sobre el esquema del quinto vagón. Un eje articulado brotó cerca de la torreta, giró como la cabeza de una cobra lista para atacar. Un pequeño misil se deslizó sobre unos raíles. La estela de humo que dejaba era un hilo blanco sobre el gris del horizonte. En el lugar donde cayó surgió una extraña flor de pétalos ardientes que lo abrasó todo en un radio de unos cuantos metros. Cuando el rojo intenso se desvaneció ya no habla nada allí, excepto el brillo casi incandescente del metal recalentado y retorcido.<br />Tan repentinamente como había comenzado el asalto cedió. Sobre la tierra parduzca quedaron algunos cuerpos harapientos, visibles ahora que la nube de polvo se disipaba. Las cámaras de proximidad mostraron rostros que parecían máscaras y manos que casi eran garras. El color gris ceniza del polvo ocultó piadosamente las úlceras y las heridas. Con la muerte cesaba el castigo.<br />“Dios hace pagar a justos por pecadores”, pensó el Capitán. Los equipos de reparación saltaron a un mundo que ya no era el suyo cubiertos con pesados trajes de protección. Llevaban raíles nuevos para sustituir los hierros retorcidos de la vía, herramientas pesadas y mucha prisa. Tardaron menos de cuatro horas en reparar las vías dañadas. Sabían que alguien, ahí fuera, seguía contemplando el tren con avidez y rabia.<br />-En marcha -ordenó un hombre cansado.<br />El convoy tomó velocidad de nuevo, cada vez más rápido, cada vez más cerca del punto de destino. Llevaba quince tripulantes menos a bordo y habla ganado peso en dolor y cansancio.<br />No hubo más incidentes. Atravesaron ciudades fantasmales cuyos edificios ahuecados ofrecían albergue a extraños cuervos con alas sin plumas. Al atardecer, por un instante, la densa nube gris que cubría el cielo se rasgó, y un cielo sucio y herido dejó pasar por un instante la luz del sol. El paisaje se mostró entonces con crudo detalle, el barro brillante y ardiente y los hongos legamosos cubriendo el suelo donde no había asfalto; las extrañas plantas negras retorcidas y las nubes de moscas zumbando a la búsqueda de cuerpos donde inyectar sus larvas; las criaturas que se arrastraban, indiferentes, y los trozos podridos de seres imposibles que por un instante se habían arrastrado vivos sobre la tierra. Y entonces recordaron porqué solían pensar en la semioscuridad como en un piadoso regalo, y se alegraron cuando el cielo corrió otra cortina de nubes sobre las vías.<br />Al día siguiente llegaron a destino. El primer convoy en más de un mes. Vieron el puerto lleno de trineos de hielo gigantescos, y una costa sucia y gris más allá de la cual el hielo cubierto de cenizas se extendía aparentemente hasta el infinito. En la colonia excavada en la roca pudieron descansar algunos días mientras llegaban los barcos de alimentos que se abrían camino con bombas de ignición. Después las enormes máquinas descargaron los paquetes, y los hombres del tren comenzaron a removerse inquietos alrededor de la transferencia de carga. El cielo opresivo del Norte y la vista de la inmensidad helada los trastornaba, y las gentes de la colonia rocosa no tenían razones para ser habladores ni alegres.<br />Apenas había subido a bordo el último paquete los motores rugieron y el convoy tomó velocidad sobre la vía. Sabían que los ataques serían ahora más desesperados, pues los habitantes de las ruinas sabían que los trenes que corrían hacia el sur lo hacían cargados de comida sana, alimentos cultivados al resguardo del aire letal, lleno de enemigos invisibles.<br />El tren aceleró hacia el sur, dejando atrás las últimas luces del territorio amigo. Al pasar junto a los focos, su nombre brilló por ultima vez antes de sumergirse en la oscuridad. El Estela de Plata llevaba nueva torreta y un nuevo misil.<br />También tenía un Capitán. Nadie, tal vez ni siquiera él mismo, recordaba su verdadero nombre. Para todos era El Capitán. No hacia falta mucho más para aquel trabajo.<br />Era impresionante ver avanzar al convoy en el prematuro amanecer de aquel cielo infectado, una aguja de plata flexible corriendo sobre un trenzado de acero. Cuando encendía sus luces era imposible mirarlo fijamente, corriendo a más de doscientos kilómetros por hora, dejando casi atrás el reflejo de sus propios focos. El diseño del mejor tren, un derroche de energía, poder e ingenio, corriendo como una bestia en libertad condicional, pudiendo elegir su velocidad pero no el camino.<br />Devoraba kilómetros...</div><div align="justify"></div><div align="justify"><em></em></div><div align="justify"><em></em></div><br />------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------<br /><br /><div align="justify"><em>No me entusiasma colgar cuentos en internet. Creo que el lugar adecuado para un relato, si merece la pena, es el papel, y si no se lo ha ganado, el cajón o el disco duro de cada uno. Colgar cosas en internet es demasiado fácil, y educado en la vieja tradición judeocristiana del esfuerzo y la culpa, las cosas demasiado fáciles no me hacen sentir bien. </em></div><div align="justify"><em>Sin embargo sí me gustan los microrelatos, y en cierta medida creo que internet es más su hábitat natural, pues son un fenómeno creciente que la red ha favorecido. Por esta razón -y porque no me había dado tiempo a hacer una entrada como es debido -colgué en su día <strong>Samarkanda</strong> en este blog. </em></div><div align="justify"><em>Después de la movida organizada con ese pequeño cuento creo que un relato a modo de compensación es lo menos que se debe. Estaba buscando uno lo bastante antiguo y lo bastante desconocido como para que resultara novedoso y que a ser posible no estuviera publicado y de pronto la actualidad vino en mi ayuda. </em></div><div align="justify"><em>La movida de Irán y su escalada nuclear me recordó que la nuestra es la última de las generaciones de la Guerra Fría, y que muchas de las sensaciones y modos de enfrentar la vida que el mundo nos comunicaba cuando eramos niños serían hoy inimaginables para alguien nacido después de la Perestroika (hoy los temores son otros, distintos y quizá menos apocalípticos y por ello también menos literarios).</em></div><div align="justify"><em>Este es un cuento de esa era distante, y también de un modo de pensar concreto, terrible y al mismo tiempo de una ingenuidad llena de ternura. Vivíamos con la amenaza de los misiles sobre nuestras cabezas (había tres apuntando a donde vivo, como supimos luego), y bajo la idea, hoy alucinante, de que el amanecer del día siguiente fuera mucho más brillante de lo que debía y a la vez el último. Bastaba que alguien, en algún lugar distante del mundo, apretara un botón para la traca final.</em></div><div align="justify"><em>Y eso generó multitud de obras, novelas, películas y cuentos. Algunos de una extraña belleza, en medio del horror que relataban. Otros de una tristeza casi insoportable, como la película <strong>On the Beach. </strong>Y otros de una ingenuidad pasmosa, como éste mío. Sí, algunos pensábamos que alguien sobreviviría a pesar de todo. Supongo que teníamos que pensar eso para poder vivir asi...</em></div><div align="justify"><em></em></div><div align="justify"><em></em></div><div align="justify"><em></em></div><div align="justify"><em></em></div><div align="justify"></div><div align="justify">Vuestro, afectuosamente</div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Skalagrim.</div><div align="justify"></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15303243-113951240628016590?l=skalagrim.blogspot.com'/></div>Skalagrimhttp://www.blogger.com/profile/01445917220580327634noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-15303243.post-1138989787808166152006-02-03T16:52:00.000+01:002006-02-08T11:59:53.530+01:00<strong>Recordando a Kipling</strong><br /><br /><div align="justify"></div><div align="justify"><br />Pensaba yo que una vez terminados los agobios del maldito cierre de año, la facturación y la madre del cordero podría recuperar el ritmo del blog, hacer de su periodicidad algo atractivo y sobre todo ir sacando cuestiones que la vida me iba obligando a dejar en el tintero, pero está claro que la realidad es, además de tozuda, socarrona. Tenía, por ejemplo, un viejo cuento recuperado y corregido para colgar a modo de desagravio después del follón de Samarkanda, pero mucho me temo que tendrá que esperar.<br />La razón es bien sencilla: hay cosas que uno tiene que comentar o revienta. Hay dias, semanas enteras, en que la ignorancia, la estupidez, los lugares comunes, los tópicos y el hablar por no callar alcanza niveles de cretinez tan preocupantes que si uno no saca lo que lleva dentro y empieza a desmontar superficialidades acaba por darle una ulcera. Y yo con la guerra que me da mi querido hígado ya tengo bastante... </div><div align="justify">¿Y a que viene todo esto? Bueno, quien haya abierto un periódico o haya escuchado un telediario estos dias habrá oído hablar de la movida que se ha montado a cuenta de unas caricaturas de Mahoma y personajes o situaciones relacionadas con el islam publicadas por un periódico danés. Las tales caricaturas -doce en total -han encendido al mundo islámico, que ultimamente arranca a la media vuelta, y han promovido una oleada de reacciones exageradas, dramáticas y en crescendo que van de la típica reunión en la calle a tirar tiros -¿es que todo el mundo tiene un kalashnikov en casa al este de Ibiza? - hasta la invasión y saqueo de embajadas de países nórdicos, el boicot económico, la retirada de los medios diplomáticos y otras lindezas (entre ellas, la colocación en las calles y zocos de muchas ciudades de Oriente Medio e incluso de Extremo Oriente de banderas danesas para q<a href="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/1600/El%20Profeta.jpg"></a>ue las mamás conduzcan diligentes a sus niños hacia ellas para pisarlas).</div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Hasta aqui todo era más o menos esperable. Lo de salir a la calle a tirar tiros y meter berridos contra Occidente (vestidos incongruentemente con camisetas del Barça y chandalls de Adidas) es algo a lo que ya estamos acostumbrados. Que además los gobiernos islámicos tengan idas de olla también entra dentro de lo cotidiano. Si fueran gente normal y con sentido del decoro dejarían de robar a manos llenas a su propia gente y ésta no tendría que tirarse al mar con un flotador de patito para buscarse el pan y una vida decente en ese Occidente tan odiado. Lo de retirar y devolver embajadores me suena a truco de la diplomacia para visitar a los amigos y ver a la familia, pero igual hasta puede preocuparme si sonmuchos. Lo de quemar y asaltar embajadas, aunque se había practicado antes, ya es más grave (al menos esta vez la gente que estaba dentro ha podido salir). </div><div align="justify">Lo de las amenazas de muerte a los editores y periodistas y el anuncio de atentados tampoco es sorprendente, porque las amenazas a todo el que no piense de forma idéntica a esa gran construcción monolítica y pétrea que parece el Islam son algo habitual -ahí está la "fatwa" de Rushdie o el asesinato del cineasta Theo Van Gogh en el 2004 por su película sobre la situación de la mujer en el mundo islámico... Y bueno, lo de pedir la destrucción del estado de Israel por unas caricaturas en Dinamarca, porque llueve, porque no llueve, porque Abu Dabi ha quedado fuera del mundial de fútbol o porque no haya galletas de coco light también es bastante frecuente. Todo el mundo, civilizaciones enteras, de hecho, tiene sus fijaciones.<br />No, esta vez lo que me ha alucinado verdaderamente es la respuesta de parte de la prensa, de algunos políticos y, en general, del mundo occidental.<br />Porque a tenor de la crisis galopante han comenzado a salir, como es costumbre últimamente, las voces del absurdo. Y esta misma mañana se ha podido oír en la radio por parte de un “experto en el mundo musulmán” que bueno, que sí, que hay que comprenderlos, que puede que tengan su parte de razón, y que hay que tener cuidado con la sensibilidad de la gente, y que la libertad de expresión sí, bueno, claro, pero que según y como, y que después de lo ocurrido con Rushdie precisamente, Occidente debería de haber aprendido que hay cosas que no se pueden decir...<br />Si llego a estar conduciendo, me mato fijo. </div><p align="justify"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/320/El%20Profeta.0.jpg" border="0" /><br />Y luego, por supuesto, llegaron los listos. La gente que entiende de lo divino y de lo humano. Que sabe de todo, opina de todo, sienta cátedra de todo y esparce su analfabetismo funcional mamado en las facultades de periodismo como quien salpica en la playa a los que no se bañan. Y así, he oído a toda una caterva de deficientes culturales profundos explicar a los oyentes y televidentes que, como está prohibido para el Islam representar al Profeta Mahoma de cualquier modo visible, el problema es de carácter religioso.<br />Como habré podido yo vivir hasta este día sin su iluminación...<br />Y entretanto el gobierno danés y el periódico de marras, que en un principio no veían donde estaba el problema, han acabado por bajarse los pantalones y han pedido disculpas a los musulmanes por la ofensa, y la UE, lejos de actuar en apoyo de Dinamarca y la libertad de prensa se ha salido por los Cerros de Úbeda diciendo que como se enteren de que hay boicot contra los productos daneses van a denunciar el asunto ante la Organización Mundial de Comercio, que es más o menos lo mismo que decirle a la seño que Ramírez te ha escupido cuando ya estás en bachillerato. Y ahí sí que ya he tenido que reírme, por no llorar, porque a continuación una señora especialista en el Mundo Árabe y experta socióloga -que en el mundo islámico jamás hablaría en la radio, ni daría clases de nada en ninguna universidad, ni saldría de casa sin permiso de su marido -decía que había que "dignificar las religiones", y que la libertad de expresión estaba muy bien como derecho, pero con matices.<br />Y yo, imbécil de mí, toda la vida pensando que con lo que había que tener mucho cuidado era, precisamente, con la preservación de esos derechos fundamentales sin matiz alguno. Porque esos derechos, cuando se vuelven divisibles y matizables, desaparecen a una velocidad de vértigo.<br />Y todo esto me ha hecho pensar, lo cual es un ejercicio duro, inútil y peligrosísimo, pero necesario, y he acabado por hilar una serie de reflexiones al caso que espero sean de alguna utilidad, aunque solo sea como contraste, y que son las siguientes:<br /><br />a) <em>Tonterías de Tertulia</em><br />Lo de la representación del Profeta en efigie tan repetido en las tertulias es lo aquí en el terruño llamamos "Sabiduría de Chigre", que consiste a grandes rasgos en decir generalidades oídas en alguna parte que a base de ser repetidas a grandes voces acaba por pensarse que son asunto de verdad y gran enjundia. La excusa es que la gente, cuando lo hace en bar, suele estar un poco cargadita. Desconozco el estado etílico habitual de los tertulianos de la radio, pero lo que ninguno ha explicado, probablemente porque no tenía ni puta idea de qué coño estaba diciendo, es que el precepto del Islam prohíbe de hecho la representación de cualquier figura de hombre o animal –no sólo la del profeta -y tiene por objeto impedir la idolatría. Fue copiada, como casi todos los preceptos islámicos, del judaísmo, y durante un tiempo fue también una idea dominante en la cristiandad, originando la controversia de los Iconoclastas. En realidad fue superada en el propio mundo islámico en su época de esplendor por poco práctica -a ver cómo iban a estudiar medicina los grandes médicos árabes de la Edad Media sin dibujar cuerpos humanos -y tampoco fue muy respetada desde el punto de vista artístico, como queda patente en la reproducción de alfombras, tapices, mosaicos y todo tipo de grabados, siendo las detalladas pinturas persas algunas de las obras de arte más exquisitas jamás creadas, y en las que pueden verse amantes en acción (sus reproducciónes escandalizaron al occidente victoriano), cacerías, héroes y batallas, a veces con cientos de figuras excepcionalmente detalladas y de una exquisitez impresionante. Y sí, he dicho persas. Persas del actual Irán del fundamentalismo, el mismo, por cierto, en el que Omar Khayyam escribiera en el siglo XI en su <strong>Rubayait</strong><br /><br /><em>Cuando muera habrán muerto las rosas,<br />los cipreses, los sabios bermejos y el vino perfumado.<br />No habrá más albas ni crepúsculos, ni penas ni alegrías.<br />El mundo habrá dejado de existir.<br /></em><br />Y eso que el vino también está prohibidísimo para el musulmán fundamentalista, pero claro, ¿para qué demonios leer a Khayyam pudiendo pegar una perorata fácil en la radio, o quemar una embajada…?<br />Y ya que hablamos de prohibiciones, ¿es que no saben los terroristas suicidas que el suicidio está tajantemente prohibido para el musulmán? ¿Lo sabrán los clérigos que convencen a jóvenes y niños en sus mezquitas para que se lancen con una bomba pegada al cuerpo sobre otros seres humanos? Me pregunto. </p><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/320/No%20quedan%20Virgenes.1.jpg" border="0" /><br /></div><div align="justify">b) <em>Hiriendo sensibilidades</em><br />Otro de los argumentos dados para justificar el cabreo y las amenazas de muerte es que los musulmanes se han ofendido ante la identificación Islam = terrorismo que se hacía en alguna de las viñetas. Curiosamente no ha habido manifestaciones de repulsa ni quema de banderas cuando han sido degollados rehenes civiles en Irak. Ni siquiera leves condenas ante el espectáculo de los dos ingenieros alemanes secuestrados, o la probable ejecución de cuatro pacifistas occidentales que estaban en Irak para protestar contra la ocupación (encima); ni una palabra de indignación ante el espectáculo de esa chica norteamericana a la que obligaron a ponerse un burka para salir llorando en un vídeo porque se la van a cargar casi fijo. En cambio sí se sabe que hubo jolgorio y quemas de banderas a lo largo y ancho de Oriente Medio cuando se produjo el 11S, con la consabida fiesta de tiros al aire para celebrar la hazaña inmobiliaria de recalificar la Gran Manzana a costa de unos cuantos miles de oficinistas y camareros que nunca habían roto un plato. También hubo alguna celebración en la calle por lo de nuestro 11M, a pesar de nuestros lazos de amistad tradicionales con el mundo árabe y bla bla bla. En fin, que los que lo lamentaron al parecer lo hicieron en silencio, y los que lo celebran son más ruidosos, y nosotros no deberíamos criminalizar al mundo islámico y todo eso, pero a la gente, cuando le ponen bombas en las estaciones donde toma el tren todos los días, se le pone la sensibilidad como escarpias. Y quizá el hecho de que el terrorismo islámico proceda de musulmanes haya originado que, al tocar el tema, los daneses no hayan optado por hacer caricaturas de los chinos de las tiendas de Todo a Cien...<br />Por otra parte es probable que esas mismas tendencias al dramatismo y a las reacciones exageradas hayan influido en la elección de algunos rasgos del actual Islam como blanco de ironías. Al fin y al cabo, se caricaturiza el exceso, y el exceso precisamente es lo que más ha abundado estos días. Tú publicas unos dibujos, yo te quemo unas embajadas. Un justo equilibrio. Como decía un conocido mío “Yo he perdido el reloj, a ti se te ha muerto tu padre, vaya día que llevamos…”.<br /><br />c) <em>¿La mejilla de quien, dices...?</em><br />Lo de que el Islam es una religión de paz es otra de mis patrañas generalizadas preferidas, y además es enormemente clarificadora porque implica que quien la dice no tiene ni puta idea de qué coño está diciendo ni de qué habla.<br />Para los musulmanes su Era se inicia en el año 622 d.C., con la Hégira o Huida de la Meca a Medina de los primeros musulmanes. La Huida se debió a que los habitantes de la Meca estaban hartos de ellos por diversas razones, y acabaron echándolos de la ciudad. Pronto esa opción iba a dejar de ser una opción. En el año 624 (batalla de Badr), dirigidos por el propio Profeta, ya le estaban dando caña a las caravanas de su antigua ciudad. En el año 630 habían conquistado la Meca.<br />En el 633, sólo un año después de la muerte del Profeta, ya están los musulmanes atacando al imperio de los Sasánidas, a los que derrotan en Hira. En solo 4 años se habrán apoderado de Siria, Irán e Iraq y estarán atacando a los bizantinos. En términos comparativos, es como si Jesucristo, en lugar de expulsar a los mercaderes del templo, hubiera tomado al asalto Jerusalén, y como si al año de crucificado Jesus, Pablo de Tarso hubiera pasado a cuchillo él solo a todos los romanos de Galilea. Más o menos así sería la progresión militar de esa "religión de paz"...<br />De modo que puede resultar poco oportuno decirlo, puede quedar muy lejos de lo gilipoliticamente correcto aseverarlo y seguramente será duro para muchos escucharlo, pero el caso es que el Islam <strong>nace</strong> con la espada en la mano, y desde un primer momento <strong>sabe</strong> como utilizarla.<br />Obviamente, el cristianismo -y si nos ponemos, también el judaismo -ha sido muy capaz a la hora de llenarse las manos de sangre. Sin embargo no sólo el proceso fue más lento y lleno de contradicciones -el cristianismo tarda cuatro siglos en alcanzar el poder desde su fundación, lo que implica todo un proceso de adaptación y aprendizaje -sino que además su propio dinamismo de enfrentamientos internos desembocó con el tiempo en un sistema social, tecnológico y político que ha aportado a la humanidad las herramientas necesarias para alcanzar la prosperidad, y que otras civilizaciones han podido utilizar en provecho propio. El Islam, en cambio, a partir de unos prometedores comienzos, ha sufrido un proceso de continua involución que le ha llevado al siglo XXI con una auténtica Inquisición en marcha, los clérigos gobernando naciones, la religión inseparablemente unida a la vida social y cultural hasta asfixiarlas y la mujer sometida a unas condiciones de vida, educación y derechos penosas que lastran a todo el sistema social de una forma insidiosa.<br />Resumiendo, que aunque los paralelismos forzados entre religiones y una buena carga de analfabetismo histórico pueden tergiversar mucho las cosas, no hay en el Islam, por ejemplo, un "poner la otra mejilla" doctrinal. La base del Islam no es el amor, sino la obediencia. Es la sumisión a Dios, literalmente el "enardecimiento" por Dios. Y cuando se deja que eso rija en todos sus aspectos una sociedad, las posibilidades de entenderse con ella se ven virtualmente reducidas a cero (a no ser que seas tú quien cede en todos los aspectos). Y así, la sociedad que hoy exige respeto y se encoleriza ante unos dibujos prácticamente infantiles contempló en su día con indiferencia como eran dinamitados y derribados a cañonazos los Budas Gigantes de Bamiyán por los talibanes, del mismo modo que les parece natural el apedreamiento de una mujer hasta matarla, la ablación del clítoris de las niñas, la pena de muerte en Arabia Saudí o Emiratos para quien construya o practique su culto en una iglesia o sinagoga y otras lindezas por el estilo. </div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/320/Ojos%20vendados.jpg" border="0" /><br />d) <em>Recordando a Kipling.<br /></em>Se ha llegado así a una situación que sería divertida, casi ridícula, si no fuera dramática.<br />Los gobiernos islámicos han exigido a los gobiernos europeos, particularmente al danés, pero también al noruego y al francés, que retiren las caricaturas de los periódicos, ya que la prensa, única línea de resistencia al chantaje en el mundo occidental, ha repetido masivamente las caricaturas en sus portadas en apoyo a los daneses.<br />Los gobiernos europeos han manifestado que eso era imposible, y aquí es donde volvemos una vez más al auxilio de los clásicos. Porque seguro que nadie ha leído últimamente a Kipling.<br />Y es que el escritor y periodista británico, cronista por excelencia del colonialismo, explicó hace ya más de un siglo que Oriente y Occidente estaban condenados a no encontrarse, dada la imposibilidad de comunicarse por la falta de un lenguaje y unas bases comunes sobre las que edificar esa relación. Y así, los gobiernos cuyos principios legales son indivisibles de las normas religiosas y cuyas órdenes directas cierran y abren periódicos y emisoras son incapaces de comprender porqué los gobiernos europeos no pueden hacer lo mismo. La realidad de una sociedad laica donde el fenómeno religioso es un acto íntimo y personal y el acto político es un hecho público que no tiene nada que ver con normas religiosas les resulta tan inconcebible como antinatural la expresión "separación de poderes". Sencillamente no lo comprenden, o en su defecto, cuando lo hacen, su mayor afán es destruirlo.<br />Puestas así las cosas, una Europa Occidental amedrentada y sola ha agachado la cabeza y ha empezado lo que será sin duda una larga serie de errores encadenados, el primero de los cuales ha sido pedir disculpas. Los daneses han pedido perdón por cómo y qué publicaban en sus periódicos en Dinamarca, aceptando la culpa como si hubieran lanzado las caricaturas en forma de octavillas por todo Oriente Próximo. Y a continuación, <strong>ante el vergonzoso silencio cobarde de la izquierda europea</strong>, un conjunto de naciones corruptas, satrapías orientales, reinos feudales de opereta y republicas datileras han puesto firmes a los gobiernos de la Unión, que ha empezado a plantearse que a lo mejor tampoco son tan absolutas las libertades de expresión y prensa, y que los derechos fundamentales pueden parcelarse como si fueran huertos para jubilados. Y uno, que se había tenido por progresista toda su vida, y que había pensado que la defensa de esos principios era algo que a estas alturas ya no se discutía, ha sentido un deseo incontenible, colérico y salvaje de tener también un kalashnikov y un pasamontañas para defender su modo de ver la vida, y que las naciones al otro lado del mundo cambien sus periódicos y vistan a sus presentadoras de televisión como a mi me dé la gana.<br />Porque el proceso abierto con todo este vergonzoso fenómeno tiene muchas más lecturas de las que las organizaciones políticas y los gobiernos europeos pueden prever en su ceguera. Y es que toda sociedad, cuando es llevada al límite, reacciona a la defensiva, y aunque en este momento toda la atención se centra en los sentimientos y deseos de las poblaciones musulmanas que protestan (y me juego la paga de marzo a que ni el 10% de esos bárbaros ha visto las caricaturas, es decir, están indignados de oídas), los países que han visto amenazada su libertad de prensa y despedidos a los directores de sus periódicos también sienten y piensan, y probablemente estén muy cabreados…<br />Y probablemente no les guste ver sus banderas pisadas por gentes que en cuanto puedan se subirán a una patera y acudirán a miles a llamar a las puertas de esas sociedades abiertas a las que tanto odian.<br />Y seguramente no les gustará comprobar como se ponen en peligro logros y garantías que han convertido a Europa Occidental en el lugar más seguro, próspero, libre y digno de la historia de la Humanidad.<br />Y es muy posible que no les haga ninguna gracia saber que los mismos que hoy amenazan a sus nacionales y queman sus embajadas estarán mañana en Dinamarca o Francia a la búsqueda de derechos y logros sociales que en sus propias patrias ni se habrían atrevido a soñar, y que a esas exigencias además añadirán la pretensión de que sus costumbres, modos de vida y vicios políticos, las mismas taras que hundieron a sus sociedades de origen en la miseria, les sean garantizados a costa de los modos de vida y las propias costumbres y leyes de las sociedades que les acogen.<br />Y puede que todo esto, a pesar del humanismo, de la paciencia, de la riqueza, de los principios y de las buenas intenciones que llenan hoy a las sociedades europeas, acabe por llenar el vaso. Y si dentro de unos meses ese partido danés que pide un norte escandinavo y sin inmigrantes y que ya tiene un 25 % del apoyo de la población arrasa en las elecciones, puede que alguien comprenda que los daneses, aunque no salgan a la calle con la cabeza envuelta en pañuelos y tirando tiros, también se cabrean. Y si en las próximas elecciones francesas el Front National se hace con más escaños en la Asamblea Nacional y más diputados locales y provinciales de lo que nunca hubiera soñado tener, nadie debería asombrarse y preguntar qué ha pasado, porque sencillamente estos polvos habrán originado esos lodos, y entonces de verdad los islamistas radicales habrán conseguido minar las bases de algo que no podemos permitirnos el lujo de perder.<br />Y en fin, que mal vamos. Pero que muy mal.<br /><br />Vuestro, afectuosamente<br /><br />Skalagrim<br /><br />Postdata 1: Me ha costado, pero he encontrado las caricaturas en Internet, y por supuesto, aquí están algunas. Por ser no son ni ingeniosas, y desde luego mi abuela era mucho más cruel con las vecinas que le caían bien. El caso es que aquí están las menos aburridas. Considéreseme pues ajusticiado en efigie, y si alguien siente el prurito insoportable de quemar mi bandera o algo parecido, el dibujo son trece roeles de gules en campo de plata. Trece bolas rojas, vamos...<br /><br />Postdata 2: Los Estados Unidos se han unido al mundo islámico en su indignación, lo que demuestra que la vida real es mucho más divertida y desconcertante que el cine. Para que no sufran ni se sientan apesadumbrados por la visión de las caricaturas del Profeta, los presos de Guantánamo seguirán con los ojos vendados todo el día. Impresionante.<br /><br />Postdata 3: A aquellos, que al parecer son legión, que ignoran la importancia de la caricatura en la libertad de expresión les recomiendo la visión de “<strong>El Escándalo de Larry Flint</strong>”. Al final del film, Edward Norton, en el papel de abogado del creador de <strong>Hustler</strong>, desarrolla ante el Tribunal Supremo de los Estados Unidos la necesidad de que la crítica mordaz, e incluso la burla o el escarnio sean posibles en una sociedad libre. Y de pronto me ha dado por pensar que con los mismos argumentos que han utilizado los expertos pro islamistas de estos días, los nazis hubieran impedido, por ejemplo, el rodaje de “<strong>El Gran Dictador</strong>”. No entiendo como se le pudo pasar por alto a Goebbels…</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15303243-113898978780816615?l=skalagrim.blogspot.com'/></div>Skalagrimhttp://www.blogger.com/profile/01445917220580327634noreply@blogger.com13tag:blogger.com,1999:blog-15303243.post-1137499480956327342006-01-17T13:03:00.000+01:002006-01-27T12:18:45.603+01:00<div align="justify"><strong>Samarkanda</strong> </div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Aquí había un cuento breve con ese título.</div><div align="justify">Ante la duda suscitada sobre la originalidad -en el estricto sentido de la palabra -del cuento, lo he retirado. La confusión se debe sin duda a alguna mala costumbre mía que con el curso de los años no consigo moderar.</div><div align="justify">Mis disculpas pues.</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15303243-113749948095632734?l=skalagrim.blogspot.com'/></div>Skalagrimhttp://www.blogger.com/profile/01445917220580327634noreply@blogger.com13tag:blogger.com,1999:blog-15303243.post-1135251037072397172005-12-22T12:10:00.000+01:002005-12-23T18:35:50.603+01:00<div align="justify"><strong>...Y estamos de vuelta.</strong></div><strong></strong><strong><div align="justify"><br /></strong>Y eso que había hablado de escribir menos y más a menudo. Porque lo dije (justo antes de soltar la parrafada más larga de éste blog, creo) haciendo evidente una vez más que no tengo remedio. Soy tan contradictorio que a veces discuto conmigo mismo mis propias decisiones. No sé si es un signo de locura o una muestra de incomparable tolerancia, pero a menudo me llevo la contraria. En voz alta. Es un poco desconcertante, pero no veas lo que entretiene en los semáforos.<br />En fin, el caso es que hemos vuelto, y a modo de compensación puedo contar en qué he estado tan ocupado. Se que resulta un tanto engreído por mi parte suponer que a alguien pudiera interesarle, pero uno es como es, y tiene una ilimitada confianza en el género humano y sus debilidades, entre las cuales el cotilleo es como el Reverso Tenebroso de la Fuerza: si en el Reverso Tenebroso caes, ya para siempre revistas semanales comprarás, que diría Yoda...<br />El caso es que he estado migrando de nuevo, es decir, una vez más, de mudanza.<br />De hecho, si lanzo la vista atrás, y a veces es duro hacerlo, llevo de mudanza toda mi vida. Siempre he estado en lugares donde era amado de una forma desaforada e irracional para ser de modo repentino sustituido en los afectos con una frialdad glacial. Stephen King escribió en alguna parte que tu hogar es aquel lugar donde están obligados a recibirte. Si es así, creo que nunca he tenido un hogar, porque nunca nadie se ha visto obligado a dejarme regresar. No sometería a nadie a tal prueba, sobre todo porque no parece que me hayan echado mucho de menos cuando no he vuelto. Preferiría morir solo en una roca batida por el viento antes que volver a mendigar aquello que nadie puede darte si no lo tiene para ti.<br />Así que nunca volví a la casa de mi infancia, excepto para enterrarlos y decirles que no importaba, que aunque sentía que en su corazón no cupiéramos todos, ellos siempre habían estado en el mío.<br />Nunca volví a la casa de mi adolescencia tampoco. Hay lugares de donde sólo se sale una vez, hay cosas que no deberían fallarle a uno jamás. No hay poder en el universo que haga a alguien sentir lo que no siente, por mucho que tú te esfuerces.<br />Hace cinco años, por razones que no vienen al caso -prometí ir acortando la extensión de este blogdesastre -mudé mi biblioteca, mis ordenadores y muchas de mis cosas a un estudio en la ciudad cercana alrededor de la que giran nuestras vidas. Moví algunas de las cosas que más me importan -he dicho cosas - a un piso viejo y encantador en el centro, a cincuenta pasos de la playa. No tenía cocina ni baño y parecía haber sido teletransportado desde el barrio más bombardeado de Sarajevo, pero estaba en el lugar adecuado y en el momento justo, y el alquiler era muy barato. Lo cual no es nada extraño, por otra parte. Deberían haberme pagado a mí por ocuparlo, qué demonios.<br />Me tuvo muy entretenido. Me construí una nueva forma de vivir, conocí a un montón de gente, frecuenté lugares nuevos, reuní lentamente algunos pedazos de mí mismo que se habían dispersado. Y sobre todo, me mantuve ocupado. </div><div align="justify"></div><p><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/320/Imagen%2850%29.jpg" border="0" /> </p><p align="justify">Soy un bricolero audaz y un tanto inconsciente -de eso también hablaremos en el futuro -y me empeñé en reconstruirlo. Lo bueno que tienen los edificios bombardeados es que de pronto casi todo vuelve a quedar por hacer, y puede uno darle forma a las cosas que tiene alrededor. <em>Su</em> forma, la que uno quiera. Pocas veces puedes hacer eso en estos tenebrosos tiempos de Ikea y prefabricados multimueble...<br />Pero sobre todo el piso sirvió a su propósito, y aunque todo el mundo me decía que era absurdo arreglar algo que no era mío y que algún día me quitarían, yo pensaba para mis adentros que la terapia que me ahorraba pensar en otras cosas martillo en mano me hubiera salido mucho más cara. Fue un refugio, un escondite, un lugar en el que estar. Hasta que me avisaron de que tiraban el edificio.<br />Mis cosas son así. He perdido dos teléfonos móviles, uno en un naufragio (de una zodiac, nada romántico tipo <em>Titanic</em>) y el otro cuando me caí al agua desde un velero tras haber resbalado en un bocadillo de jamón york y queso abandonado en cubierta. No podía perderlos en Carrefour, o que me los hubieran robado, no. Siempre tienen que ser cosas raras. Es mi sino, pero no acabo de acostumbrarme.<br />Del mismo modo, no podían echarme del piso porque se les casara un hijo, o porque se me acabara el contrato, o por no pagar. No. Tenían que tirar el puto edificio.<br />No obstante, hay algo casi romántico en el hecho en sí mismo, y una cierta justicia poética en la seguridad de que nadie disfrutaría lo que había reconstruido para mí. Y de pronto me dí cuenta de que había que moverse otra vez, y ya no recuerdo cuantas van.<br />De modo que volví al lugar donde nunca había dejado de vivir, la vieja casa de piedra a unos kilómetros de la ciudad, que se va derrumbando por un extremo mientras yo apenas acierto a reconstruirla por el otro. Es un lugar apartado, en un valle un tanto oscuro, lleno de contrastes y belleza perdida. Hay un montón de espacio disponible, pero también mucho frío, y está lejos de las luces cálidas de las calles y los cafés y los ruidos del tráfico, y sin embargo a sólo quince minutos de todo ello.<br />Me llevó meses moverlo todo de nuevo. No me sobraba el dinero para contratar una empresa de mudanzas, y tampoco me urgía tanto el desalojo (al final tardaron más de un año en derribarlo). No me gusta molestar a los amigos más de lo imprescindible, y aunque al final tuve que echar mano de alguno -siempre acuden al rescate cuando es necesario -fui cambiando las cosas de sitio, al tiempo que empezaba a preparar el nuevo lugar donde colocarlas, lo que significaba obras, cañerías, pintura, la búsqueda desesperada de un forma de calentar un espacio enorme de techos altísimos y todo ello mientras los libros, las bolsas, los armarios, las herramientas, los muebles y todo lo demás iba siendo amontonado. </p><p align="justify"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/320/NuevolLugar.jpg" border="0" /><br />Invadí habitación tras habitación, comedor tras comedor, incluso la cocina. Hasta tocar techo. Literalmente el de las habitaciones llenas a rebosar de muebles, libros, ordenadores y cajas; moralmente el de vivir disperso, sin encontrar mis cosas, en medio del caos más absoluto y con el desorden impidiéndome literalmente tener un poco de paz.<br />Hace mes y medio decidí que no aguantaba más y que tenía que dedicar cada momento libre a volver e tener un poco de orden, a encontrar mis cosas, a dejar de sentirme en medio de ninguna parte, en perpetuo estado de precariedad, con un pie aquí y otro no se sabe dónde. Tenía que terminar algo de una vez, y empezar a sentirme de nuevo en casa en alguna parte, reconstruir una cierta comodidad, darle la vuelta a las sillas y respirar.<br />Y eso he hecho. Me he pasado este ultimo mes y medio pintando, midiendo, barnizando, soldando, lijando... con algunas pausas de vez en cuando para respirar. Y a la vuelta del curro, cada día, dejaba a un lado este aparato y recuperaba ese viejo vicio que me ha acompañado toda mi vida de ver qué demonios podía hacer con mis manos que antes no estuviera ahí. Algo que añadiera al mundo una pizca de utilidad y alguna belleza. Por poca que fuera.<br />Y ya falta poco.<br />Por lo demás, oh, sí, la Navidad se acerca, y probablemente haya una felicitación aquí en la noche de marras, y además prometo -esta vez en serio -escribir más a menudo, y ser más breve, aunque me cuesta acostumbrarme. Y he suprimido los títulos shakespereanos, ya que nadie parecía apreciarlos, pero las referencias volverán, porque no puedo evitarlo. Y hemos añadido una nueva canción para descargar, una canción que me encanta y que no entiendo qué coño dice, porque no hablo lenguas bárbaras, pero sé que habla de los amigos, y como da la casualidad de que es una de las pocas cosas en las que he tenido suerte en esta vida, pues ahí está.<br />La helada ha convertido la hierba en un fantasma crujiente, los bordes de los bosques están blancos, como una ilustración de cuento, y el mar es de un azul tan intenso que hiere los ojos. Es un hermoso día soleado de invierno, aunque el aire corta.<br />Disfrutadlo.<br />Vuestro, afectuosamente<br /><br />Skalagrim</p><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15303243-113525103707239717?l=skalagrim.blogspot.com'/></div>Skalagrimhttp://www.blogger.com/profile/01445917220580327634noreply@blogger.com4tag:blogger.com,1999:blog-15303243.post-1130526641988049462005-10-28T21:01:00.000+02:002005-10-31T11:15:26.673+01:00<a href="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/1600/Oliver01.jpg"></a><div align="justify"><strong>"Muestrame la humildad de tu corazón y no la de tu rodilla, cuyo homenaje es falso y engañoso..."</strong></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"><br />...le digo a Oliver mientras lleno su cuenco, y entonces toda su alegría e interés por mi persona se convierten en desconfianza, y me mira indeciso, con una ligera desaprobación en sus ojos ambarinos. Puedo leer en ellos que opina que estoy como una cabra, pero al menos opina algo, y supongo que he de estarle agradecido. En los gatos esa es una rara e inestimable atención.<br />Nunca pensé que llegaría a tener gatos. Siempre me había visto a mí mismo como propietario de un perro grande, un bicho enorme y fiel que seguiría mis pasos por las playas invernales y las calles mojadas que conforman mi mundo. Cuando era un crio -quiero decir más crio que ahora -soñaba con un San Bernardo o un Pastor Alemán. La repuesta de los adultos siempre era que ni de coña, o en su defecto un grito de mi madre diciendo que ya tenía bastantes animales en casa. Una vez tuve un pollito, pero casi no lo recuerdo. No debió ser nada demasiado emocionante (hablo por mí, claro, ignoro cuales fueron las conclusiones del pollo). Luego hubo un pez naranja un tanto estresado, nadando en una pecera redonda junto al televisor (obsérvese que digo "junto" y no "frente", al bicho no se le permitía ni el más mínimo entretenimiento, como si tuvieran miedo de que se detuviera a ver el telediario y dejara de nadar...).<br />De hecho la opción de tener un gato, mucho más lógica, puesto que vivíamos en un piso, ni siquiera se planteaba. Mi madre tiene una mirada verde, capaz de una helada desaprobación, y supongo que no quería ninguna competencia.<br />La primera mascota medianamente participativa que tuve fue un hámster (lo siento, sí, voy a contar lo del hámster). El marido de una de mis tías trabajaba en unos grandes laboratorios farmacéuticos de Paris. Un día, cuando yo era ya un adolescente fogueado en las cosas de la vida, vino a casa con un bicho de pelo largo leonado y mirada majestuosa dentro de una caja. Era un hámster muy parisino, muy chic. No parecía una rata sin cola, como la mayoría de los hámsters que se veían por ahí. Nunca le pusimos nombre, pero le dimos una vida que pocos hámsters se pueden jactar de haber tenido. Siempre que cuento esto acabo teniendo problemas con los amigos, problemas derivados de nuestra percepción distinta de una misma realidad. Según ellos, soy un cabrón y torturé al pobre hámster (bueno, la primera parte de la afirmación no la relacionan con el hámster directamente, creo que es algo más general).</div><div align="justify">Desde mi punto de vista, en cambio, el hámster fue un Hércules, un Ulises, un Indiana Jones de los hámsters. Nunca tuvo una de esas ruedecillas donde volverse loco y correr como un gilipollas sin ir a ningún parte. Yo lo metía en el Caza Tie Imperial que nos habíamos apropiado en Reyes y el ratón gabacho sobrealimentado volaba raudo por la casa, rozando las paredes del cañón de la Estrella de la Muerte (el pasillo), con las torretas láser activadas (mi hermana disparando lápices con los cañones de los Madelman) e intentando alcanzar al caza rebelde al que perseguíamos (mi hermano con un Caza X sin piloto, nunca logró meter en él al pez, el agua se escurría de la cabina). A veces las compuertas del caza imperial se abrían al volar boca abajo (se despegaba la cinta aislante) y el bicho experimentaba una caída libre de varias "g", como cualquier astronauta. Otras veces era Chewbacca en la fortaleza rebelde que habíamos construido con una vieja cafetera eléctrica. Algunas veces era un licántropo que atacaba el campamento del madelman cazador (si, el pequeño colonialista cabrón con salacot que tenía un criado negro). Y a menudo también le tocaba ser el Rancor de las figuras Star Wars pequeñas de los Micromachines, y aprendía por las malas que uno no puede ganar siempre, aunque sea un Rancor venido de Paris...<br />Asi pues, desde mi punto de vista y por lo que sé de los hámsters, el bicho tuvo una vida incomparable. Navegó intrépido por la bañera en la lancha a pilas de los Geyper, recorrió una piscina subido en mi barco del Missisipi guiado con carrete, experimentó los inicios de la aerostática subido en globos llenos de helio (los mordía y claro, nunca llegó muy lejos...). Su vida era como una mezcla de James Bond y La Taberna del Irlandés (le dábamos dedalitos de DYC y spaguettis y al tercer dedal hasta se movía como Lee Marvin). No pudimos hacernos con una hámster hembra para completar sus expectativas, y la insidiosa renuencia del pez a llegar a un acuerdo (nadaba en la pecera redonda que lo flipabas cuando tirábamos dentro al hámster) le privó de otras experiencias, pero no me cabe ninguna duda de que si los hámsters contaran historias sobre sus héroes alrededor del fuego el nuestro sería uno de los más grandes...<br />Como todos los héroes, tuvo una muerte trágica. Mi madre tenía la puñetera costumbre de cambiar de sitio las cosas y dejar las ventanas abiertas, y es imposible trazar rutas aéreas seguras en esas condiciones. Le habíamos construido un deslizador de diseño propio con los restos de una maqueta de un Panzer, un caza F-101 y una torpedera del Pacífico, y volaba intrépido agarrado a su torreta cuando se encontró con una ventana que no debería estar ahí. Quedó agarrado por los piños al marco de la ventana, se soltó y cayó en un florero que se interpuso entre él y el mullido sofá de las colinas de Tatooine. La hostia también fue de leyenda, y aunque sobrevivió a la caída nuncs volvió a ser el mismo. Un par de meses más tarde se comió su propia caseta y murió ahogado al llegar a los barrotes. Siempre lamentamos no haberle puesto un nombre, y me gustaría que hubierais visto la cara de los compradores del piso, años más tarde, cuando les expliqué que aquella piedra blanca y cuadrada en la macetera de la terraza era la tumba de un hámster incorrupto que les convenía no profanar (lo de incorrupto no es ningún misterio, sumergid cualquier cosa en DYC...).</div><div align="justify"></div><div align="justify">Luego tuvimos una cotorra. Nunca dijo nada inteligible, comía toneladas de pipas, pegaba unos chirridos horribles y dejaba la jaula hecha un asco. Aunque se escapó un par de veces de la jaula nunca intentaba huir, sólo atacarnos. Finalmente mis padres tuvieron la feliz idea de irse de vacaciones dejando a un adolescente solo en verano en una ciudad turística y con dinero (el adolescente era yo) y al cargo del animal. Presa de la lujuria y el desenfreno propios de la juventud (pero he mejorado mucho), no recordé hasta una semana más tarde que teníamos una cotorra. Fue un entierro breve, pero emotivo.</div><div align="justify"></div><div align="justify">Poco después abandoné el hogar familiar, con gran regocijo por ambas partes, y entonces descubrí que Cris tenía un gato. Por llamarle algo. Era un bicho atigrado y enorme. Malvado. No soportaba a nadie en casa, y cuando los sobrinos de Cris venían de visita había que encerrarlo en una habitación y dejarlo aullar mientras se lanzaba sobre la puerta. Atacaba a las visitas, a la familia, a los lectores de contadores del agua y a los pobres de pedir. Un animal, en fin, de difícil carácter, pero con ciertas virtudes. Llegamos a un acuerdo de convivencia después de algunos rifi rafes que incluyeron una raqueta, gafas de seguridad y unos guantes para trabajos con alambre de espino. Finalmente creo que llegó a tomarme cariño. Un día hasta se me subió en el cuello y ronroneó. Un poco. Cris, que era la única que podía tocarlo con seguridad, dice que ya estaba senil. Puede que fuera verdad, porque poco después Mussy -el nombre, evidentemente, se lo puso su dueña -atacó a un camión de cinco ejes. Y aún sobrevivió dos dias.<br />Entonces decidí que tenía que tomar cartas en el asunto. Iba a haber otro gato, eso lo veía hasta un ciego. Vivíamos en un caserón viejo de dos plantas, con un huerto detrás y grietas y madera vieja por todas partes, y si eso no es un reclamo para ratones entonces tampoco lo es una fábrica de quesos...</div><div align="justify">He de decir que a estas alturas mi percepción de la verdad sobre perros y gatos había cambiado mucho. Para empezar había llegado a distinguir con claridad entre los ideales y las realidades. Ya tenía responsabilidades, y apenas iniciado el proceso de adquirirlas ya había descubierto que son un coñazo. Todos somos estupendos de visita, y en el cine los perros son una maravilla, pero las películas duran hora y media y nunca se ve al protagonista recogiendo la mierda con una bolsa de plástico. Empecé a vislumbrar la posibilidad de que toda esa lealtad fuera cansadísima. Y empecé a mirar a los gatos con otros ojos.<br />Para empezar son más independientes. No del todo, claro, pero durante una buena parte del día no te enteras de que los tienes. Duermen mucho. No te siguen.Tu les dejas en paz, ellos te dejan en paz, si te dan el coñazo abres la ventana, se largan y no hay que estar pendiente de ellos. Saben desenvolverse en el mundo, cazan si tienen hambre (y si no también, y hasta eso es bueno, porque es importante tener hobbies). Establecen una zona de influencia que no debe ser violada, un espacio personal, y como yo llevaba haciendo lo mismo toda la vida encontraba en el fenómeno una cierta simpatía. Además son limpios por instinto, y yo soy en ése sentido bastante maniático. Y como encima son unos despectivos e indiferentes hijos de puta, el día que se acercan y te hacen una gracia es casi como si fuera fiesta. Y te arañan y te llevan la contraria cuando te pasas de la raya, y a todo el mundo le viene bien un vapuleo de vez en cuando...<br />Se sucedieron unos cuantos. Lucas fue un regalo, y era cariñoso e intrépido, y el tren que pasa por detrás de casa acabó con él. Londo I era una auténtico Tabby Inglés, de un naranja vivo, aunque un tanto autista. Seguía a mi hijo a todas partes, y los demás para el era como si no existiéramos...<br />Cierta noche al llegar a casa oímos unos maullidos débiles en el portal, y encontramos escondida a una gatita minúscula, agazapada en una esquina. No puedo hacerme cargo de todo el dolor y toda la tristeza de este mundo, pero por Dios que puedo intentar pararle los pies a la puerta de mi casa, <em>ahí al menos sí</em>, y Maggie se quedó con nosotros.<br />Londo I despareció en alguna expedición nocturna, pero no antes de llenar el pueblo de gatos enormes y naranjas de mirada confusa (los Tabbys naranjas tienen algún problema con la situación espacio temporal, quizá porque han dejado de ser ingleses y ahora no saben dónde están). Alguien se descuidó con la inyección de Maggie, y un segundo Londo (otro Tabby) apareció en escena. Los Londos recibían su nombre de Londo Molari, el embajador Centauri de Babylon 5; a los gatos les da exactamente igual y a mi hijo y a mí nos gusta que se note que somos un poco frikis. </div><div align="justify">Maggie pasó del amor maternal al odio absoluto de un día para otro, pero Londo II salio adelante hasta ser también enorme, despistado... y desaparecer. Sea donde sea a donde vayan los Tabbys cuando se pierden, aquello tiene que estar a tope.<br />Y alguien volvió a meter la pata con la inyección, e intentamos encerrar a la gata. Supongo que habéis leído o escuchado alguna vez eso de que la vida se abre paso y te has preguntado qué significa.<br />Pues significa eso, precisamente, que se abre paso.<br />Así que hubo movida maternal otra vez y ahora eran tres (esta vez no había ninguno naranja, solo el blanco y negro gatuno de toda la vida y una gatita gris). Cuatro con su madre. Demasiados gatos para una casa, por muy grande que sea.<br />Había que hacer algo. Siempre he pensado que quien abandona a un animal es un miserable, y que lo que tienes que hacer es matarlos tu mismo -haz tu trabajo sucio o encuentra quien lo haga -o buscarles alojamiento.<br />La pequeña gatita gris encontró alojamiento enseguida en casa de unos vecinos. Empezamos a sentir un cierto alivio. Quedaban por colocar: Homer (cuando les pones nombre es que ya es demasiado tarde; se quedan) y su hermana Lisa, blanco y negro y negro noche respectivamente. Y de pronto había un gatito más.<br />Aún no sé como ocurrió. Yo bajé a abrir la puerta de atrás, Homer salió disparado por la de delante, yo le grité a mi hijo que pillara a los otros y salí corriendo tras él. Atrapé a Homer poco después (es un pánfilo, es increíble el poder que tienen los nombres) y lo llevaba de vuelta a casa sujeto por la piel del cuello y levantado ante mi. Entré en la casa, abrí la puerta... y allí estaba un gatito negro y blanco, sentado en el pasillo.<br />-¿Quien coño es <em>ese</em>? -pregunté.<br />- Homer -dijo mi hijo.<br />Yo levanté el gato que llevaba en la mano, que miraba al otro con curiosidad.<br />- <em>Este</em> es Homer -dije yo.<br />- Entonces... ¿ése quien es? - <em>Ese</em> nos miraba con la cabeza ladeada, intentando desesperadamente caernos bien.<br />- Yo pregunté primero... </div><div align="justify">Un par de vistazos bastaron para discernir que el que yo llevaba el la mano era el auténtico Homer. Los gatos nacidos en casa estaban tranquilos, seguros, casi indiferentes, y sobre todo lucían lustrosos y limpios. El recién llegado era algo más pequeño, tenía los pelos como escarpias y nos seguía, intentando agradar y subirse en nuestro regazo, escalando la pernera de nuestros pantalones y ronroneando sobre nuestras zapatillas. Y cuando se acercó decidido al plato de la comida lo vació en un segundo. Las tres raciones. Luego empezó a maullar tristemente.<br />- Es como si estuviera pidiendo otro plato -dijo mi hijo, abriendo otra bolsa de galletas. El gato casi saltaba de alegría ante la mirada señorial y solo levemente interesada de los gatos de casa.<br />- A este no le vamos a poner un nombre de los Simpson -advertí, mirando a mi hijo de reojo. Porque de algún modo, de pronto, había quedado claro en mi mente que éste se quedaba. No se de dónde demonios había salido aquel bicho insignificante que se había colado por la puerta del huerto, pero había sobrevivido allá fuera y luego había apostado por nosotros, entrando decidido en el territorio de unos seres enormes y desconocidos y arriesgándose a la hostilidad de los tres gatos que ya había dentro. De inmediato tuvo mi simpatía. Me gusta que apuesten por mí.<br />- Este se queda -dije , por si no había quedado claro ya - Y se va a llamar Oliver. Por lo de pedir otro plato. Charles Dickens, muérete de envidia...</div><div align="justify"> </div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4912/1412/320/Oliver02.1.jpg" border="0" /></div><div align="justify"></div><div align="justify">Maggie pareció entender lo que yo decía y bufó molesta para después limpiar a sus cachorros con dedicación. Eso reforzó mi decisión aún más.<br />- Y se queda en el piso de arriba, con nosotros. Por huérfano -añadí (arriba hay calefacción, y sí, soy un sentimental, ¿que cojones pasa?).<br />Lo de la orfandad dejó de ser una diferencia enseguida, porque Maggie cesaba en su oficio de madre de repente, de un día para otro, como los funcionarios durante la alternancia del XIX, y poco después bufaba a todos con el mismo odio igualitario, como sigue haciendo hasta hoy. Homer y Oliver siempre se llevaron bien, y aún hoy juegan como si fueran hermanos. Homer parece el protagonista de aquella canción de Celtas Cortos que decía "corre mamón que te comen la merienda", y Oliver es una especie de mancha borrosa en movimiento que come seis veces al día y caza moscas cuando no tiene otra opción.<br />Poco después la pobre Lisa tuvo un sucedido con el tren, que es algo así como la reencarnación de Darwin hecha máquina para garantizar la Selección Natural, y ahora solo hay tres gatos en casa. Y no hemos visto un ratón ni una zarigüella en años, excepto algún cadáver ocasional depositado con cuidado a la entrada del huerto, prueba tan irrefutable como de mal gusto de que el viejo trato entre los gatos y el hombre sobre la protección del cereal sigue funcionando. Y como dice el viejo proverbio árabe, de vez en cuando puedo permitirme el lujo de acariciar a un tigre.</div><div align="justify"></div><div align="justify">De modo que tengo tres gatos. Y sin embargo nunca dije que el asunto del perro quedara completamente descartado...</div><div align="justify"></div><div align="justify">Por lo demás decir que avanzamos lentamente (lo que no sé es hacia dónde). He cambiado la canción obsequio-regalo y además he contratado un dominio para poder colocarlas sin abusar de la hospitalidad de los amigos, aunque no tengo claro que lo esté haciendo como es debido. Poco a poco. De momento hay un skalagrim.com que aún no tiene página web, pero que algún día podría servir para algo, y además hay una canción en él que espero que os guste. A mi me recuerda un viejo cine de suelos de madera al que me llevaban hace mucho, mucho tiempo, <em>"cuando el mundo era joven y la Muerte solo era un Sueño..."</em> como dice Merlin en <strong>Excalibur</strong>. Era un viejo cine club de empresa que probablemente tengo idealizado, y en el que recuerdo haber visto "El Ladrón de Bagdad", "Simbad el Marino", "El Alamo" y, sobre todo, la película en la que escuché por primera vez esta canción. No hubo tantos instantes de esos como debiera haber tenido mi infancia, pero recuerdo la promesa de misterio de aquellas tardes de viernes, el suelo de madera, la Fanta en el intermedio y aquellos brillantes colores. Ojalá hubiera tenido más tardes como aquellas, y ojalá hubiera comprendido entonces lo fácil que es salirse del camino de baldosas amarillas, perderse y no volver a encontrarlo.<br />Pero puedo recordarlo.</div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Vuestro, afectuosamente.<br /><br /><br />Skalagrim</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15303243-113052664198804946?l=skalagrim.blogspot.com'/></div>Skalagrimhttp://www.blogger.com/profile/01445917220580327634noreply@blogger.com5tag:blogger.com,1999:blog-15303243.post-1129393859594701562005-10-15T18:09:00.000+02:002005-10-17T13:33:01.796+02:00<div align="justify"><strong>Nada conviene más al hombre en tiempo de paz que la modestia...</strong></div><div align="justify"><strong></strong></div><div align="justify"><br />...y sin embargo a veces es bueno hacer una pequeña declaración de principios, no solo para que a los demás no les pillen desprevenidos futuras declaraciones y controversias, sino también para que las propias palabras sean un escalón en el que apoyarse cuando sea necesario. Esto tiene, por supuesto, el inconveniente de tener que envainársela más de una vez, por ejemplo cuando la experiencia nos enseña que hemos metido la pata hasta la rabadilla, o cuando hemos juzgado y protestado sobre cosas alegremente y la vida nos ha dado con ellas en la cara para mostrarnos hasta que punto podemos ser cretinos. No es tan mala cosa. Como decía el viejo Winston, "A menudo he tenido que comerme mis propias palabras, y he descubierto que son una dieta saludable...".</div><div align="justify">Así que esto de hoy va a ser un pronunciamiento, me temo. Y sobre política, nada menos. Los que quieran están a tiempo de huir. Los que no lo hagan y sigan leyendo probablemente hayan oído las mismas coletillas que a mí hace tiempo ya me sacan de quicio: "Todo es política (entendido como algo negativo)"; "Esto del <em>politiqueo</em> es una mierda..."; "Todos los políticos son iguales..."; "A mí no me interesa la política...".</div><div align="justify">Reconozco que últimamente me he visto a mí mismo a punto de saltar ante una de esas afirmaciones para responder a mi interlocutor que entonces qué demonios le interesaba. Hace apenas dos días he visto como miles de jovencitas enfervorizadas saltaban y aullaban intentando besarle el culo a un cajero de supermercado triunfador en un concurso de cantantes noveles al que un mes antes ni siquiera habrían dedicado una mirada mientras pagaban la compra. He visto a millares de personas saltando como vándalos porque un grupo de jóvenes millonarios en pantalón corto eran incapaces una vez más de ganar un partido de futbol a un equipo mucho más humilde, cuyo país tenía un producto interior bruto inferior a la suma de las primas de los jóvenes e idolatrados vagos. Y una vez más, a lo largo de mi cada vez más larga y asombrada vida, he alucinado.</div><div align="justify">Eso sí es importante, al parecer. Lo que haga el Atleti es importante. Lo que haga el Madrid es importante. Aunque no seas socio, aunque casi todos los jugadores sean extranjeros, aunque no tengas acciones de lo que en realidad es una empresa, aunque resulte tan ridículo ser ultra del Albacete o del Sporting como lo sería vociferar en la calle cantos a Cajastur o al Banco Zaragozano... Esos sí son, al parecer, temas importantes, trascendentes (conste que la elección del futbol es absolutamente casual, tomada por ser lo que más suena; el otro dia estuve a punto de liar una trifulca en plena calle por preguntar a la puerta de un bar si los gritos y aplausos eran porque se había acabado el hambre en el mundo, y resulta que había ganado Fernando Alonso...).</div><div align="justify">La política en cambio es una mierda, porque al parecer es interesada (y los programas de los OT, los Grandes Hermanos y las Casas de la Vida no, que va, son puro desinterés... ); y la política está enfangada y la gente va a lucrarse, a figurar y hacer grandes negocios (y en el futbol de eso no hay, hombre, el fútbol, ese semillero de filántropos...) y además todos los políticos son iguales (no como las golfas, las historias de cuernos y el puterío monetario de los programas del corazón, que son originalísimos...).</div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Hace ahora 2.404 años, en un lugar llamado Cunaxa, cerca de la vieja Babilonia, a orillas del Eufrates, un grupo de griegos que se habían alistado a las ordenes de un príncipe usurpador persa fueron llevados a una emboscada. Los generales griegos fueron convocados a una negociación por los oficiales de Artajerjes II, el emperador persa, y una vez allí los asesinaron (no, no he cambiado de tema sin avisar, no se me han mezclado dos textos y no me he vuelto loco, paciencia).</div><div align="justify">Desde el punto de vista persa el asunto estaba resuelto. En la sociedad persa, los ejércitos estaban reclutados entre el campesinado, gente que entendía de sus cosas, araba los campos, vivía con interés su vida, buscaba la prosperidad y tenía los mismos anhelos y deseos básicos que cualquiera de nosotros. Entendían como natural que fueran sus clases dirigentes quienes decidieran lo que había que hacer, y ellos sencillamente esperaban a que se les comunicara. Solo la nobleza de sangre decidía. Aquellos campesinos, artesanos y pastores de Asia eran tan valientes y leales como el que más, y es posible incluso que agradecieran que se les liberara de tomar decisiones complicadas. La vida ya era bastante difícil de por sí.</div><div align="justify">Esa noche, en Cunaxa, los oficiales persas esperaban desarmar a los griegos al día siguiente, dividirlos en pequeños grupos, dispersar a las tropas de élite en fronteras lejanas y vender como esclavos a todos los demás, liquidando aquel enojoso asunto. Puesto que habían elininado a sus jefes, esperaban lidiar a lo sumo con una masa borreguil y desorganizada. Sin embargo, los malditos griegos, que no compartían su razonable punto de vista, celebraron una serie de asambleas, realizaron votaciones, eligieron nuevos jefes y se presentaron a la mañana siguiente en orden de combate frente al ejército persa.</div><div align="justify">A los persas todo aquello les pareció una pesadilla. Aquellos hijos de marineros, de zapateros, de talladores, de canteros, expatriados de ciudades griegas que luchaban a muerte entre sí en su propia patria, gentes de todas las fortunas y escalas sociales, se portaban como una hidra monstruosa a la que le crecían nuevas cabezas. Para los griegos, en cambio, educados en las luchas internas y las pugnas de poder de sus <em>polis</em>, celebrar asambleas, debatir y elegir era la cosa más natural del mundo, y a pesar de estar enfrentados -había allí aventureros espartanos ultra conservadores junto a atenienses exiliados de la oligarquía -podían llegar a una acuerdo y cumplirlo para sobrevivir. Los griegos rechazaron rendirse, y luego, para espanto de los persas, sencillamente se pusieron en marcha de vuelta a casa. Si alguien tiene un atlas puede seguir el rastro de la retirada griega, sin mapas ni GPS, luchando en montañas, fortalezas, patrullas, ataques persas y vados fortificados, primero hacia el norte, hasta las cosas del Mar Negro, pasando junto al lago Van, en la actual Turquía, y luego bordeando dicho mar hasta el Bósforo y de allí al Mediterráneo, llegando a Pérgamo. Al principio de su marcha eran diez mil, y uno de ellos, un tal Jenofonte -un ateniense de derechas con aires de gentleman inglés -nos legó para la posteridad su experiencia en aquella Retirada de los Diez Mil, también conocida como la Anábasis.</div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">¿Y a que viene todo este rollo, me diréis? Pues este rollo viene a que la política SI es importante.</div><div align="justify">La política determina si tu ayuntamiento se gastara más dinero en un palacio de la ópera o en escuelas, si comprarán un coche nuevo para el alcalde y que se jodan los pobres, si habrá dinero para más autobuses escolares o tu hijo tendrá que pasarse media hora más en la carretera. Por muy llena de mierda que esté o lejana que parezca, la política es de hecho el único asunto público verdaderamente importante -¿en que coño te va a afectar a ti el nuevo ídolo de OT o una victoria de nuestro equipo, me lo quieres decir? -porque es una de las pocas cosas en las que tienes oportunidad de decidir, y esa posibilidad, la de elegir, decidir, cambiar y pedir cuentas que a ti te parece una tontería es lo que hace que millones de personas que <em><strong>no</strong></em> son ciudadanos de sus propios países intenten desesperadamente <em><strong>ser</strong> </em>tú y vivir en un lugar donde ningún guardia de frontera marroquí les pegue un tiro en la espalda sabiendo que no pasa nada...</div><div align="justify">Somos, pues, después de 24 siglos, aún, ciudadanos de la<em> Polis -</em>la ciudad <em>-</em>, cuya esencia está en el origen de la palabra política. Hemos heredado, a través de una larga tradición cultural única -y a pesar de los muchos baches e intermedios hasta nuestro tiempo -algo que el resto de las culturas contemplan aún con cierto estupor, como los oficiales persas. Y yo al menos no pienso dejar que la cutretelevisión, un progresismo mal entendido o la estulticia generalizada me conviertan en un pastor de Asia Menor resignado a su destino, esperando que alguien le diga hacia donde tiene que correr y delante o detrás de quien, mientras grita alborozado y con un dedo metido en la nariz que Vanessa Jennifer es sin duda la que mejor canta...</div><div align="justify">Por lo cual advierto a partir de ahora que cada vez que Jenofonte y yo tengamos algo que decir sobre política, lo cual ocurrirá sin duda y bastante a menudo, lo haremos.</div><div align="justify">Por lo demás, y cambiando de tema radicalmente, tengo que pedir disculpas por haberme ausentado tanto tiempo. He estado liado con un montón de cosas ineludibles, algunas de las cuales iré contando en su momento, y el cansancio y la falta de sueño no me han dejado ocuparme de este blog debidamente. Pido disculpas por ello, aunque en realidad os importe un pito (lo que busco al disculparme, a mi vez, es más mi satisfacción que la vuestra, así que estamos empatados). Prometo a partir de ahora actualizarlo más a menudo. Alguien ha dicho también que si podía ser más breve. Como acabo de demostrar, va a ser que no...</div><div align="justify">Los sugus... la puñetera verdad es que se los han comido las hormigas (tengo un problema con las hormigas tan desconcertante como el que tenía Artajerjes II con los griegos). No sé si es que nadie lo ha pillado o si es que en realidad no os gustan los caramelos, pero la verdad es que hasta ahora todos los post han sido titulados y adornados con varias citas de Shakespeare (si esto no es ponerlo fácil...). Como ya lo solté el otro día en una cena en la que todo el mundo dijo haberse dado cuenta (supongo que no dijeron nada a causa de su natural humildad y discrección), el juego ya no es limpio, y habrá que cambiar de tercio. Habrá nuevos sugus, siempre y cuando consiga arreglar el asuntillo de las hormigas.</div><div align="justify">Y en cuanto al regalo... ahí hemos progresado. Lo cierto es que uno tiene amigos que no tienen precio, bien por lo mucho que valen, bien porque nadie daría un duro por ellos, y a veces hasta le echan a uno una mano. Tengo que agradecer a Rudy que me haya cedido un espacio en su dominio web para colocar la cancioncilla obsequio, que suelo escuchar mientras escribo (varias veces, claro, porque no soy tan rápido) y que puede bajarse por fin en el enlace que hay ahí al lado, justo encima del ostentoso contador (las líneas de html necesarias para que el enlace funcione también son suyas, el chaval hoy estaba sobrado).</div><div align="justify">Es ya una vieja canción, por increíble que te parezca. De otro tiempo, de otra realidad. A veces me apetece volver, ¿sabes? y sentir ese suave resquemor, tan dulce como venenoso. Siéntelo por un instante, justo ante de empezar a correr otra vez para que la nostalgia no nos alcance...</div><div align="justify">Espero que te guste. Y luego corre. Corre.</div><div align="justify"></div><div align="justify">Vuestro, afectuosamente</div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Skalagrim</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15303243-112939385959470156?l=skalagrim.blogspot.com'/></div>Skalagrimhttp://www.blogger.com/profile/01445917220580327634noreply@blogger.com4tag:blogger.com,1999:blog-15303243.post-1127187540975677472005-09-20T05:27:00.000+02:002005-09-21T03:07:48.386+02:00<div align="justify"><strong>Siempre ocurre así cuando se avecinan días de revolución...</strong><br /><br />...Y hay pocos días tan representativos del cambio que toda revolución supone como un aniversario. Un recordatorio de ése cambio, precisamente.</div><div align="justify"></div><div align="justify">Un cumpleaños. El mio. Y no uno cualquiera, al parecer.<br /></div><div align="justify">Hoy cumplo cuarenta años.<br /></div><div align="justify">"Verdaderamente todos los corazones se muestran medrosos. Apenas se pude conversar con alguno que no veáis abatido y lleno de pavor", dijo el Poeta, y la frase parece expresamente escrita para describir a aquellos infelices que en estos tiempos extraños cometen la indignidad de cumplir cuarenta años. Pringaos.<br /></div><div align="justify">Llevo todo el día escuchando bromas e indirectas, recibiendo amables felicitaciones y mensajes de cariño de mis amigos en los que asoma una y otra vez el latiguillo de la cuarentena. Se supone que tengo que estar deprimido. Se supone que tengo que tener resignación pero estar al mismo tiempo malhumorado o al menos un poco deprimido. La musiquilla irónica, casi sardónica, de toda esa gente que me quiere ha sonado durante todoe el día en mis oídos. Y por supuesto, cada vez que al oírles respondía que me encontraba estupendamente no hacía mas que confirmar una supuesta melancolía mal disimulada.</div><div align="justify">Por supuesto, sé a que se debe toda esta tontería. En nuestra sociedad, si no eres joven no eres nada. Dinero, Juventud y Belleza son los tres pilares que hacen que una vida moderna merezca la pena, y la pirámide social del triunfo te coloca arriba o abajo en función de cuánto tengas de las tres. Obviamente el dinero no es fácil de obtener, pero al menos puedes trabajártelo, o tener la esperanza de un golpe de suerte. La belleza escapa aún más a nuestro control, pero si tienes dinero puedes ayudarte de la cirugía, la ropa, el gimnasio y los cosméticos. Pero la juventud... La sensación angustiosa, insistentemente repetida desde todos los medios de que la juventud es lo máximo, lo mejor, lo más, lo único admirable, hermoso y deseable hace que uno tenga la sensación de haber nacido con una cartilla de ahorros que funcionara al revés, y en la que el patrimonio original fuera disminuyendo de un modo imparable. Puedes bracear desesperadamente contra ese fluir de la arena en el reloj imitando el lenguaje de los jóvenes, oyendo su música, vistiendo a la ultima, esforzándote desesperadamente por estar "en la onda" y "al loro" hasta extremos patéticos, o reaccionar con el disimulado desprecio y la hostilidad envidiosa de quien sabe que ha perdido algo que pasa por delante de sus ojos indolentemente y que él ya nunca volverá a tener.</div><div align="justify">Es decir, en cuanto dejas de ser joven pasas a convertirte automáticamente en un hortera o en un carca. Y de ahí al cementerio dos pasos, porque es como si hubieras dejado de existir, como si socialmente se te considerara ya cadaver. Todo lo que hagas será impropio, y si tienes la insensatez de dirigirte a alguien que no sea de tu edad o superior con alguna intención de socializar automáticamente serás un plasta o un viejo verde (a no ser que tengas una cantidad enorme de dinero, en cuyo caso seguirás siendo visible).</div><div align="justify">Sea como fuere, el caso es que la mayor parte de la gente que me conoce -es decir, conocidos, no amigos -intenta clasificarme en alguna de las categorias anteriores, y algunos, cuando no lo consiguen, parecen incluso a punto de cabrearse. Lo siento por ellos, porque su desconcierto los hace parecer confusos y vulnerables en medio de su cabreo. Hasta tal punto lo siento que voy a intentar explicarme.</div><div align="justify">En primer lugar, nadie quiere volver a tener vente años otra vez. Es una mentira como una catedral. Es un contrasentido total. La persona que enuncia el deseo tiene x años, y es una persona completamente distinta de la que era cuando tenía veinte años. Como <em>ser</em> uno mismo es la primera regla elemental de supervivencia de todo individuo, ser él mismo con veinte años sería pasar a ser <em>otro</em>, es decir, la muerte del ser que lo desea. Como nadie en su sano juicio desea dejar de existir, cualquiera que afirme tal cosa en realidad miente como un vil bellaco.</div><div align="justify">Lo que el individuo quiere decir en realidad es que le gustaría tener el cuerpo de cuando tenía veinte años. En la mayor parte de los casos la gente se "deja llevar" o "se abandona" al llegar a cierta edad, y la buena vida, el sexo estable y la comodidad les hace engordar y perder la forma delgada y nerviosa de cuando eran unos cachorros histéricos bullendo de hormonas y desesperados por mojar. Pero he aqui que la publicidad y la moda nos dicen que eso, parecer un cachorro de humano histèrico y famélico, es lo correcto, lo hermoso, lo deseable, y que todo lo que se aleje de ello es incidir en la fealdad. Y así, modelos de catorce años con medidas imposibles hacen que muchachas de esplendida hermosura que estrenan la veintena empiecen a agobiarse y a quitarse años a medida que sienten que se alejan de las tallas y las fotos de las portadas del Cosmopolitan. No saben -y lo que es peor, la presión es tal que de saberlo no les importaría -que engordamos con tanta facilidad y cambiamos todos a la vez al llegar a ciertas edades y circunstancias porque durante cientos de miles de años fuimos máquinas de ahorro eficiente que tenían que alimentarse a toda prisa y mantenerse vigilantes mientras corrían con sus hijos a cuestas, de peñasco en peñasco, escapando de los leopardos que les mordían el culo. Estamos diseñados para almacenar energía y gastar poco, y cada uno de nosotros -hablo del mundo occidental o desarrollado -engordando plácidamente y viendo discurrir ante sí una vida próspera cumple los sueños y expectativas de miles de generaciones anteriores que comieron bayas y raíces en la Sabana Africana, siempre durmiendo con un ojo abierto. Si todas esas generaciones delgaduchas y menudas hubieran podido escuchar las llamadas de mis amistades hoy se hubieran maravillado, pero desde luego no en el mismo sentido. Cuarenta años. Menudo fenómeno. Como mucho, ellos vivían treinta y cinco.</div><div align="justify">Pero volvamos al tema original. Veinte juveniles, felices, dorados años.</div><div align="justify">Me vais a perdonar, pero menuda mierda.</div><div align="justify">No voy a inventarme un dramatismo que no había. Para empezar nací en un país próspero, en una familia de clase media y con cosas aseguradas de por vida que para la mayor parte de la población mundial serán durante mucho tiempo una leyenda. Atención médica, comida, buena ropa. Si me tiraran de la lenguadiría que era un poco pijo. Las cosas que más preocupan normalmente a los post-adolescentes no se me daban del todo mal, y combinaba el deporte y los libros, salir y estudiar, los colegas y las tías con bastante buena mano.</div><div align="justify">Y sin embargo, <em>para mí</em> aquello era una mierda. Lo recuerdo con muy poco entusiasmo, si he de ser sincero. Hasta los 21 años tenía hora para entrar en casa (a las 11:05 ya había movida si no entrabas por la puerta). No tenía ningún control sobre mi vida. No podía pasar una noche fuera de casa sin pasar por trances vergonzosos de padres de amigos intercediendo. Si me quedaba solo en casa había control de horarios por teléfono. Para poder hacer en alguna medida lo que me daba la gana -con 19 o 20 años -tenía que mentir e imaginar, o como diría Mulder, ocultar confundir y ofuscar, y eso me causaba un enorme enojo, porque mi carácter lo llevaba muy, pero que muy mal. Me asfixiaba. Para hacer pesca submarina con los amigos tenía que cambiarme en el sótano del edificio, a escondidas, siempre todo a escondidas, porque todo lo inhabitual era peligroso, inconveniente o estaba prohibido "por si acaso". Perdí cinco maravillosos veranos de mi juventud (el verano es increíble en la ciudad costera en la que vivo) para enterrarme en un pueblucho miserable de Castilla en el que me sentía morir y del que solo salía para volver a clase. Tenía una paga semanal humillante, ínfima, exigua y encima me impedían tener un trabajo (suponiendo que hubiera habido alguno) porque no estaba bien visto y había que estudiar. Cada presentación de notas a firmar era una ceremonia humillante para mí, y si encima eran malas ya ni te cuento. Y por si fuera poco me tocó vivir mi juventud en plena crisis económica de los ochenta, cuando encontrar un trabajo siquiera temporal era imposible, y lo único que funcionaba eran los enchufes. Y cuando llegó la hora de elegir una carrera por supuesto fue elegida la más "conveniente", aunque era muy moderno decir a las amistades que podía estudiar lo que yo quisiera (siempre y cuando, claro está, "lo que yo quisiera" coincidiera con sus gustos).</div><div align="justify">¿Que porqué aguanté? Porque tenía dos hermanos menores. Porque la única opción alternativa era el hambre. Porque no tenía experiencia, porque estaba solo y asustado y porque tenía miedo. No sabía de la vida más que lo que me contaban, y lo que me contaban estaba cuidadosamente preparado para que el miedo no disminuyera. Y también porque aprendí a desarrollar recursos para no morir de rabia. Cuando la única alternativa posible dejó de ser el hambre y fue sencillamente el abandono y la estrechez abracé la oportunidad como quien se abraza a un madero después de un naufragio porque con los tiburones al menos tendrá alguna oportunidad...</div><div align="justify">No voy a hablar de mis padres. Supongo que pensaban que hacían lo mejor. Imagino que tenían sus propias limitaciones y sus propios miedos. Hicieron lo que pudieron, cubrieron mis necesidades de un modo ejemplar, me dieron una cuidadosa educación y se tomaron su trabajo en serio. Supongo que amaron cuanto sabían o como podían, y además esa no es la cuestión.</div><div align="justify">Comparado con el de hoy, aquél era también otro país. Y de todos modos, por encima de todas las cosas está el carácter de cada uno, su idiosincrasia, lo que le arde por dentro. Conozco a gente de veintipico años que vive feliz en su jaula de oro y cuyos pensamientos y opiniones son un trasunto de los de papá y mamá. Hay gente que se siente a gusto siguiendo los dictados de otros, gente que espera que le digan qué es lo correcto y cómo proceder. No pienso que sean mejores ni peores que yo. Sencillamente, yo me volvía loco.</div><div align="justify">La rabia me consumía. De no ser por ciertas válvulas de escape no sé en que me hubiera convertido.</div><div align="justify">Pero el tiempo pasó. Y lo más importante que trajo consigo el correr del tiempo fue que las limitaciones disminuían, y que iba tomando cada vez más control sobre mi vida. Cada año que pasaba aumentaba el porcentaje de decisiones que tomaba libremente, cada vez eran más las elecciones que quedaban en mi mano. Hay gente que mide la felicidad en la cantidad de sexo, dinero o poder que alcanza, en el prestigio que consigue, en la acumulación de conocimientos o en la cantidad de gente que le quiere. Para mí, la felicidad depende, en buena medida, de algo tan sencillo como mi soberano derecho a hacer lo que me de la gana (siempre y cuando al hacerlo no perjudique a nadie, y aprendiendo a poner la cabeza cuando por una elección propia tal cosa suceda). Y así, a medida que pasaban los años descubría que las responsabilidades, cuando son libremente adoptadas, no pesan tanto, y que las decisiones que uno mismo toma no duelen tanto cuando llevan al fracaso. Me joden, pero son mías, y por lo tanto me joden mucho mejor, y además me besan en la boca... </div><div align="justify">Y por supuesto, la vida <em>pasa</em>. Porque ya sabéis, es eso que te va ocurriendo mientras tú haces planesy es imposible tener el control total, hacer uno siempre lo que quiere. Están los demás, las limitaciones naturales, la conciencia, la capacidad. Pero precisamente porque hay tantos impedimentos y es tan difícil vivir la vida como uno quiere, la libertad de elegir es una de las cosas por las que merece la pena luchar. Y para poder elegir se necesita un poco de experiencia. Elegir sin saber cuales son las opciones no es elegir.</div><div align="justify"></div><div align="justify">Ni loco quisiera volver yo a mis veinte años. Ni, dicho sea de paso, a los de nadie.<br /></div><div align="justify">Me ha costado trabajo llegar aquí con cierta independencia, y en general me gusta donde estoy. Y puede que precisamente por eso, por el control adquirido y por no pensar en lo que los demás consideran o no conveniente, me visto como me da la gana, y tarareo la música que me da la gana, y hablo como me apetece y de lo que me apetece, y no pierdo siquiera un instante en pensar cómo se supone que debería vivir o que pensarán de mí los demás cada vez que hago una cosa diferente.<br /></div><div align="justify">Y en cuanto a tener el cuerpo de los veinte años, pues no sé...<br /></div><div align="justify">En primer lugar no recuerdo muy bien cómo era. Hay fotos, sí, pero las fotos no me dicen <em>cómo</em> me sentía en él. He estado tan ocupado viviendo y usándolo que no me he preocupado de medir qué podía o no hacer, y en todo caso he seguido haciendo cosas físicamente -muchas que no me dejaban hacer con aquél cuerpo de veinte -y encima he aprendido algunos trucos. Supongo que cuando lleguen los achaques y los dolores lo echaré de menos, pero la verdad es que no lo sé. El hombre que viva en él dentro de unos años y cuente sus impresiones será en realidad un desconocido con cierto parecido y menos pelo, y no sé hasta que punto estaré de acuerdo con él.<br /></div><div align="justify">Aunque algunas cosas las veremos igual, me parece. Así que cuidado con los bastonazos... </div><div align="justify"></div><div align="justify">Vuestro, afectuosamente</div><div align="justify"><br />Skalagrim.</div><div align="justify"><br />Postdata: El regalo de hoy no podía ser más adecuado, porque el viejo cachondo sesentón y roquero, Rod Stewart, me ha acompañado durante toda esta perorata, y aunque el disco <em>Very Best</em> hace la elección muy difícil, <em>Rhythm of my Heart</em> me pone la carne de gallina cada vez que la oigo. </div><div align="justify"></div><div align="justify">Será por las gaitas...</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15303243-112718754097567747?l=skalagrim.blogspot.com'/></div>Skalagrimhttp://www.blogger.com/profile/01445917220580327634noreply@blogger.com7tag:blogger.com,1999:blog-15303243.post-1126943124995546932005-09-17T08:35:00.000+02:002005-09-19T15:04:31.210+02:00<strong>A buen Fin no hay mal Principio...</strong><br /><strong></strong><br /><div align="justify">... O al menos con ese pensamiento me he consolado hace un instante cuando, a punto de emprenderla con otra cuestión puntual, urgente, encendida y frenética con la que rellener el espacio de este blog me he dado cuenta de que ni siquiera hemos sido presentados. Lamentable. Quienes me conocen han entrado en este blog precisamente porque me conocen (ya tienen bastante con ello) pero de algún modo tengo la sensación de estar siendo descortés y maleducado con quien casualmente pudiera caer en esta página el dia de mañana, o luego, o dentro de un rato, o nunca, o hace tres dias aunque no haya dicho nada. Lo que me recuerda, por cierto, que tengo que poner un contador de visitas. Y añadir más enlaces. Y adecentar un poco esto con botoncillos y fotos raras.</div><div align="justify">Pero la cuestión no es esa. La cuestión, volviendo al tema principal, es que las cosas no se hacen asi. He entrado por la puerta del Café sin decir buenos días, y he empezado a hablar de mis cosas sin más, y evidentemente el hecho de que Su Obsolescencia me haya presentado antes con unas palabras, además de una mención en su propia web, no sólo no disminuye mi falta, sino que la aumenta.</div><div align="justify">Damas y caballeros, mis más humildes disculpas. Lamento haber entrado sin haberme presentado: mi nombre es Skalagrim.</div><div align="justify">En realidad se escribe Skallagrim, pero cuando me dí de alta en las diversas webs en las que el Mundo Ha Sido, las susodichas no admitían tantas letras, y aunque normalmente me odiaría a mí mismo sin remedio por decir lo que voy a decir, quitandole unas cuantas consonantes al final sonaba igual. El nombre procede de "La Saga de Egil Skallagrimsson", del poeta islandés Snorri Sturlusson, pero de mis extraños gustos y de mi fascinación por la literatura medieval y más concretamente por la escandinava hablaremos otro día, cuando toque hablar de vicios. Solo diré que podría llenar varios blogs acerca del tema y del nombre, y que probablemente no serían los peores de los que algún día se puedan leer aqui.</div><div align="justify">Por lo demás no tengo planes definidos para este blog. O al menos no soy consciente de tenerlos en el aspecto positivo de <em>qué</em> hacer con él, aunque si tengo claros algunos conceptos acerca de lo que <em>no quiero</em> hacer con él: No pienso hablar de mí, ni contar lo que llevo en mis bolsillos, ni hacer un resumen de mi vida, ni detallar el día a día que escribiría en un diario que siempre he sido incapaz de llevar (la sola idea me da escalofrios). Me parece estupendo que otras personas lo hagan, y a veces me gusta leerlo, pero esa no será la naturaleza de este blog. La idea de hablar de mí de un modo directo me incomoda, y siento un extraño pudor ante el concepto de tal exceso de intimidad. Me he dado a mí mismo una educación cuidadosamente victoriana, y sus efectos se notan.</div><div align="justify">No estoy aqui para hablar de mí, pues. Yo estoy aqui para contar historias.</div><div align="justify">Este no es un blog acerca de Skalagrim. De hecho, ni siquiera es un blog acerca de la "personalidad secreta" de Skalagrim, ni sobre los detalles de su vida "real". Cada vez que en él se deslicen datos reales de mi vida probablemente lo harán de un modo inconsciente, en la medida de su necesidad para la propia historia, y eso hará que seguramente sean verdaderos porque estaré demasiado pendiente de otras cosas como para acordarme de disimular. Y tampoco se trata de mantener ningún estúpido misterio. Este es, sencillamente, el blog de las cosas que Skalagrim siente y piensa, y sus causas y consecuencias, y su efecto sobre su vida. Son las cosas que le pasan a Skalagrim, y lo que se cuenta es, probablemente, muchísimo más interesante que lo que le ocurre. Porque ahí está la gracia, si es que hay alguna.</div><div align="justify">Se trata en realidad de lo que soy, de mi esencia, de aquello que me da forma y me define de un modo inconfundible como yo. Hay gente que llega a vivir varias vidas sin lograr enterarse de qué demonios han sido en realidad, y hay unos pocos, afortundos seres, que logran, por encima de las cosas que nunca serán y de aquellas en que se ven obligados a convertirse, saber qué demonios son...</div><div align="justify">Yo soy un contador de historias, no diré si bueno o malo. Lo era cuando inventaba cuentos en el patio del colegio, siendo apenas un mocoso en mandilón, y será probablemente lo que esté haciendo cuando me muera. Entre un punto y otro habré sido un rio en continuo movimiento: hijo, hermano, estudiante, novio, esposo, amigo, amante, bricolero puntilloso, llorica, padre, gigante... Algunas cosas las seré por turnos, otras en tandas y la mayoria de ellas poco a poco, en paralelo y a la vez. Y sin embargo siempre habrá una constante, sospecho, y esa constante es el motivo de este blog.</div><div align="justify">Y esta declaración, junto con mi nombre, tendrán que bastaros como presentación, me temo.</div><div align="justify">Vuestro, afectuosamente.</div><div align="justify"></div><div align="justify">Skalagrim</div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify">Postdata: Iremos incoporando lentamente algunas cosas de interés a la estructura del blog, y al respecto constato con aflicción que nadie ha optado al sugus que estaba en juego en el post anterior. Y aún estáis a tiempo, aunque en breve se convocará un nuevo sugus...</div><div align="justify">Entretanto y no, iremos iniciando costumbres. A partir de ahora haré en cada post un pequeño regalo consistente en una imagen, una escena o una canción que me hayan hecho sentir un nudo en la garganta y que me hayan acompañado durante estas líneas. Las canciones no puedo colgarlas aquí mismo porque no sé si puede hacerse, no sé como hacerlo y además seguramente sería muy, pero que muy ilegal hacerlo, pero sí puedo daros su nombre y esperar que seáis hábiles y voluntariosos.</div><div align="justify">El regalo de hoy es <em>Canción de la Luna</em>, de Rusalka, de Dvorak, una de las cosas más tristes y hermosas que jamás haya oído, y que he escuchado un par de veces mientras escribia.</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15303243-112694312499554693?l=skalagrim.blogspot.com'/></div>Skalagrimhttp://www.blogger.com/profile/01445917220580327634noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-15303243.post-1126412095975032472005-09-11T04:25:00.000+02:002005-09-11T06:36:39.363+02:00<strong>Una vez más en la brecha, amigos mios...</strong><br /><br /><div align="justify">... O algo parecido llevo gritandoles a mis neuronas desde ayer, intentando animarlas al asalto de este Harfleur amurallado tras la pantalla vacia (buscad, buscad en el Google la referencia, y quien la encuentre se ganará un primer sugus) después de que Su Ilustre Obsolescencia tuviera a bien no sólo inaugurar este blog con sus palabras, sino darle forma html después de tres cuartos de hora de intentos fallidos por mi parte para entrar. No es que no recordara la clave de acceso, es que no me acordaba de como demonios lo había llamado. Tengo que volver a comprarme una agenda de papel para registrar todos los nombres y claves y coordenadas y numeros de registro que la vida digital me obliga a llevar. Toda esta arrogancia digital me perturba y confunde.</div><div align="justify">Y ahora encima tengo un blog. Penitenciagite.</div><div align="justify">Reconozco que tardé casi un año en decidirme, y eso después de darle muchas vueltas.</div><div align="justify">Normalmente siempre comienzo mis delirios y conferencias con una justificación de las mismas, y este blog no podía ser de ninguna manera una excepción, después de tantas dudas y deliberaciones conmigo mismo. Francamente, me parecía un acto de arrogancia por mi parte, no habiendo hecho en la vida nada especialmente señalado hasta el momento, pensar que mis opiniones, desvarios y manias tuvieran algún tipo de interés para los demás. Curiosamente, no aplicaba el mismo rasero a los blogs del resto de los humanos, asumiendo que mucha gente conocida y famosa no tiene absolutamente nada que decir de interés para nadie y sin embargo no se calla ni ahogada, mientras que los blogs de perfectos desconocidos (para mí) que de vez en cuando me encontraba en internet resultaban sumamente interesantes. Tardé un tiempo en comprender que no solo estaba siendo injusto conmigo mismo al aplicarme un rasero diferente -si las personas que yo encontraba interesantes en sus blogs hubieran hecho lo mismo que yo nunca habría llegado a conocer sus ideas - sino que una vez más (en mi vida es un fenómeno recurrente) estaba decidiendo por los demás lo que era correcto y mejor para ellos, absolutamente convencido de estar naturalmente capacitado para hacerlo.</div><div align="justify">Es curioso que cosas le parecen a uno de sí mismo una arrogancia y cuales no...</div><div align="justify">Estaba casi convencido del asunto, dandole vueltas a la conveniencia de crear el blog y meditando acerca del nombre y otras zarandajas cuando la vida vino en mi auxilio de una forma casi bíblica, como una revelación. Y tengo que contarlo no solo como parte y raíz de la existencia misma de este blog, sino también como anécdota rectora que guíe a aquellos que se han metido en esta dirección por casualidad, iluminándoles así acerca de la conveniencia o no de quedarse y seguir soportando mis grilladuras, que como referiré a continuación, son notables. Es, enfin, además de una anécdota reveladora, una especie de advertencia...</div><div align="justify">El caso es que estaba yo perdido en Leroy Merlin buscando macetas pequeñas para trasplantar mis esquejes preferidos una vez arraigados cuando al otro lado de una estantería escuché una conversación. Por su propia naturaleza, la zona de jardinería y huertos de una gran superficie como la mencionada es dominio de señoras bien con jardin y nueras cabreadas porque a sus suegras se les dan bien las plantas y a ellas no, y servidor caminaba por ese valle de las sombras con los filtros adecuados y la actitud indiferente de Aquel A Quien Las Petunias Se La Refanfiflan. Y sin embargo, no estaba preparado para oír lo que oí al otro lado de la estantería, e inevitablemente pasó lo que pasó...</div><div align="justify">Un cenutrio estaba pidiendo un pluviómetro automático para conectar a una máquina de riego gota a gota. Para los no entendidos diré que un pluviómetro es un ingenio que mide la cantidad de lluvia caída. Reconozco que comencé a maniobrar como supongo que lo haría un Tyrannosaurus Rex en la jungla jurásica al oír los berridos de un cochinillosaurio. El cenutrio quería conectar el pluviómetro a una imaginaria máquina de riego automático gota a gota, de modo que cuando lloviera la máquina no soltara agua, y cuando llevara un tiempo sin llover la puñetera maquinita abriera sus valvulillas burguesas y le regara los asfodelos.</div><div align="justify">No puedo explicar qué es lo que pasa en esos momentos por mi cabeza. No es algo racional. Probablemente asi se arrancaban por bulerías nordicas los berserkers hace mil años, cuando la sangre estaba menos diluida y la gente tenía idas de olla más naturales. No sé que es lo que lo activa concretamente. A veces es una mirada, otras un gesto, otras una frase colocada en cierto orden en el artículo de un periódico. El caso es que se me va la ollay todo se vuelve rojo como al principio del Drácula de Coppola; el aire se calienta hasta vibrar en mis oídos y antes de que me dé cuenta mis neuronas han enviado las ordenes pertinentes, y yo estoy soltando por esta boquita que se ha vuelto bocaza acido verbal suficiente como para volver ingeniosos durante una semana a todos los colaboradores de "Libertad Digital".</div><div align="justify">De forma que el T. Rex gira en la estantería, la rodea apoyándose en una pila de sacos de fertilizante para disminuir su aceleración, y casi derrapando enfoca al cenutrio y al paciente muchacho de la camisa verde con sus ojos de depredador, y cuando ellos se vuelven desconcertados exclama: </div><div align="justify">"Atiende, chatín, si quies tener algo que se mueva como si estuviera vivo y no mirar pa ello, ¿porque no compras un reloj de cuco, que también se programa...?"</div><div align="justify">Lo he escrito fonéticamente, pero el acento es intransferible vía web. Y lo siento, porque la verdad es que se pierde parte del mensaje, sin el acento...</div><div align="justify">Supongo que, como casi siempre, tengo suerte. El vendedor abre unos ojos como platos, y el cenutrio de jersey azul Lacoste de cuello redondo impecablemente planchado alza los hombros y se desliza hábilmente por detrás suyo, emprendiendo la huída en busca de Pocholina, que estará eligiendo lámparas con su madre. Alguien va a tener que seguir regando las malditas flores, pero todavía no sabe como explicárselo. Al parecer están vivas, o algo asi. Y de volver a Leroy Merlin nada, que hay gente muy rara. Que venga ella sola, que para eso hay dos coches...</div><div align="justify">Impávido, el vendedor me pregunta si deseo algo y le pregunto por las macetas pequeñas. No tienen, pero me compro un semillero, a modo de compromiso no enunciado. Al fin y al cabo, me digo, le he jodido una venta.</div><div align="justify">Pero la cuestión no es esa. La cuestión es que un dia se me va a acabar la suerte y me van a partir la cara. La cuestión es que no soporto muchas cosas, y cada día las soporto menos (será la edad, aunque yo esperaba otra cosa, un cierto enfriamiento de la sangre, más bien). No soporto a los niños maleducados, a los padres imbéciles, la defenestración social a la que estamos asistiendo con nuestra indiferencia, la imbecilidad colectiva en la que nos hemos zambullido como cerditos satisfechos en charca grumosa, la incultura creciente y galopante, las vaciladas de la Iglesia Católica, la memez de toda nuestra clase política... La lista, en fin, se hace interminable, y en lugar de ir a menos más bien crece. Y no sé si me estoy convirtiendo en un intolerante o si es el primer paso antes de lanzarme a la noche en chandall con un esquijama y los calzoncillos por fuera, a ejercer de Batman gordo y pobre, pero el caso es que <em>algo</em> tengo que hacer. Y la escenita de Leroy Merlin me abrió los ojos, como a San Pablo, pero sin caidas dolorosas ni ánimo de montar sectas de larga duración.</div><div align="justify">He pensado pues que lo del blog podía ser una válvula de escape. Un lugar donde contar y desahogar, donde enumerar, delirar y desvariar a gusto para al dia siguiente poder afrontar a los imbéciles que se creen que las plantas son cosas programables que no merecen al menos una mirada y una cierta atención responsable después de plantarlas... y hacerlo con una tolerante y esforzada sonrisa.</div><div align="justify">Y bueno, qué demonios, si George W. Bush puede ser presidente de los Estados Unidos, seguro que yo puedo tener mi propio blog. Al igual que George, no se muy bien que hacer con lo que ya tengo entre manos, pero yo al menos no he hecho trampa para estar aqui, y desde luego no pienso invadir otros blogs para hacerme con sus fotos y sus fuentes true type. Y eso que me vendrían de cine...</div><br /><br />Skalagrim<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15303243-112641209597503247?l=skalagrim.blogspot.com'/></div>Skalagrimhttp://www.blogger.com/profile/01445917220580327634noreply@blogger.com7tag:blogger.com,1999:blog-15303243.post-1126308893423170792005-09-10T01:34:00.000+02:002005-09-10T02:03:31.693+02:00<div style="text-align: justify;"><span style="font-weight: bold;">No hay recompensa que compense esto</span><br /><br />Pues eso, donde éramos pocos parió mi güela y por si uno no estaba puteado, llega el cretino éste y le obliga a a escribir el post de presentación en su blog. O sea, ni siquiera actualizo el mío y tengo que actualizar el suyo.<br /><br />En fin. En los últimos años "He visto cosas que vosotros no creeríais" al lado de Su Cretinez el Gran Skalagrim. Y, dentro de poco, vosotros también podréis verlas.<br /><br />Y, sobre todo, <span style="font-style: italic;">don't loose your head</span>, como le dijo James Bond a Tarzán en cierta ocasión.<br /><br />Un saludo a todos y me retiro. A partir de ahora será el infame quien postee aquí. Yo, como mucho, dejaré algún comentario mordaz, hiriente, infamante, insultante y malévolo a sus posts... eso sí, siempre de buen rollo, sin acritud y con talante.<br /><br />Nos vemos.<br /><br />Ah, se me olvidaba. Queda inaugurado este pantano.<br /><br /><span style="font-weight: bold;">Rudy.</span><br /></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15303243-112630889342317079?l=skalagrim.blogspot.com'/></div>Skalagrimhttp://www.blogger.com/profile/01445917220580327634noreply@blogger.com8