tag:blogger.com,1999:blog-148130602008-02-18T21:14:02.720-03:00comelibrosAlvaro Bisamahttp://www.blogger.com/profile/09346404923709700956noreply@blogger.comBlogger126125tag:blogger.com,1999:blog-14813060.post-12084010122178124392007-05-13T22:34:00.000-04:002007-05-13T22:39:16.149-04:00mudanza<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.theberlinpaper.com/sixcms/media.php/220/1.39500.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://www.theberlinpaper.com/sixcms/media.php/220/1.39500.jpg" alt="" border="0" /></a><br />hey: noticias, este blog se muda para <a href="http://unazonafantasma.blogspot.com/">acá</a>. no hay ninguna razón de fondo. sólo las ganas.<div class="blogger-post-footer">pop & ficci?n, notas al azar, work in progress y cr?nicas inmediatas by alvaro bisama</div>Alvaro Bisamahttp://www.blogger.com/profile/09346404923709700956noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-14813060.post-64956645095096240102007-03-14T11:03:00.000-04:002007-03-14T11:08:02.613-04:00Jorge Díaz In memoriam<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.faculty.ucr.edu/%7Ewilliarl/LatinTheaPic60/38.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://www.faculty.ucr.edu/%7Ewilliarl/LatinTheaPic60/38.jpg" alt="" border="0" /></a><br /><p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style=";font-family:Arial;font-size:100%;" >“Ciertas criaturas terrestres”, Jorge Díaz. RIL editores, Santiago, 2003. 111 páginas. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style=";font-family:Arial;font-size:100%;" ><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"><span style=";font-family:Arial;font-size:100%;" >Todo vale*<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"><span style=";font-family:Arial;font-size:100%;" ><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoBodyText"><span style=";font-family:Arial;font-size:100%;" ><span style=""> </span>A veces un chiste de doble sentido puede ser una parábola iluminadora. “Ciertas criaturas terrestres”, de Jorge Díaz se despacha, para comenzar, la siguiente sentencia: “<st1:personname productid="la Olimpia" st="on">la Olimpia</st1:personname> tenía nombre de máquina de escribir, pero sus servicios no eran textuales sino que orales”. No es una frase de buen gusto pero sí una cita que anuncia el sentido del libro completo: una colección de narraciones brevísimas que caminan en el límite de la ferocidad y el mal gusto, entre la nostalgia y el odio, entre el sarcasmo y la iluminación. Eso porque Jorge Díaz, dramaturgo canónico, no hace concesiones en su obra narrativa ni se anda con chicas, a pesar de que, en un sentido literal, lo suyo sea una exploración en ese recién instalado –académicamente, por lo menos- género de la minificción. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style=";font-family:Arial;font-size:100%;" ><span style=""> </span>Como conjunto “Ciertas criaturas terrestres” parece a ratos un bestiario cuyo mérito es alejarse de cierta inteligencia literaria que ha dotado al formato de sus mejores logros (Monterroso, Cortázar, Borges, Wilcock) para sumergirse en una colección de postales desesperadas de zonas sociales y temas en extinción –los</span><span style=";font-family:Arial;font-size:100%;" lang="ES-CL" > alrededores</span><span style=";font-family:Arial;font-size:100%;" > de <st1:personname productid="La Vega" st="on">La Vega</st1:personname>, la melancolía de los almaceneros, la iluminación de las putas- con un sarcasmo que no deja nada en pie. Es un ejercicio a ratos demoledor, donde sus logros son también sus errores: lo acotado de los textos los obliga a componerse como artefactos cuya efectividad radica precisamente en el efectismo. Así se ofrecen como obras maestras o chistes sin sentido, dependiendo de la mirada o biblioteca del lector. Es una suerte de incomodidad que se agradece.<span style=""> </span><o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style=";font-family:Arial;font-size:100%;" >Díaz parece querer decir: o golpeas o te pierdes en el intento. Así de sencillo y recuerda al viejo y manido <i>mandamiento</i> de Cortázar donde en un hipótetico ring de box literario hace ganar al cuento por knock out y a la pelea por puntos. Pero Díaz está un paso más allá: sus textos no se deberían medir en un platónico ring sino que en esas jaulas de lucha de <i>todo vale</i>. La explicación: ahí los espectadores, el lector, contemplan cómo dos enemigos pelean con todas las armas posibles hasta anular al otro. Salen a matar. No se equivocan. Los expertos, los luchadores, –si se permite la digresión- sostienen que un triunfo en una pelea de <i>todo vale</i> radica casi siempre de la velocidad y la astucia sobre la sangre, de la llave correcta en vez de la fuerza bruta, de esa vieja maestría, algo ninja por cierto, de apretar, de hacer sentir dolor en el nervio hasta dejar inconsciente al atacante. Todo en un minuto, sin pausa, sin tregua. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style=";font-family:Arial;font-size:100%;" >“Ciertas criaturas terrestres” tiene algo de eso. Díaz no es un narrador demasiado sofisticado, ni elocuente, ni un esteta. Los mejores momentos de su obra dramática descansan justamente en el absurdo, en la presencia de un horror contemporáneo, en la imposibilidad esencial de que los seres humanos sean buenas personas. Aquí, en su universo narrativo, sucede lo mismo y se ejemplifica en una colección a personajes elocuentes: un tipo enamorado de una ameba, el recuerdo de una prostituta de barrio, travestis, un sujeto que se hace una peluca con el pubis de su amada muerta, una madre que castra a su hijo, un predicador porteño. Por medio de ellos, Díaz empatiza con los monstruos, se encariña con los asesinos, frivoliza el vacío de la vida moderna. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style=";font-family:Arial;font-size:100%;" ><span style=""> </span>Díaz ganó el premio del Consejo del Libro y <st1:personname productid="la Lectura" st="on">la Lectura</st1:personname> con este volumen y es un galardón merecido porque su trabajo como cuentista escapa a las convenciones del buen gusto, de cierta <i>normalidad</i> literaria. Si Jorge Díaz tuviera 20 años sería calificado de maldito; pero, como ya es un señor maduro, su inclinación al abismo resulta aún más pertubadora, más arriesgada. Adquiere peso como narrador porque en el <i>todo vale</i> del volumen su inteligencia literaria escapa al buen gusto del canon. Hay cierta gestualidad torcida ahí porque es justamente la mirada de quien entra y escribe por la puerta de al lado, la mirada de quien no debe pedirle permiso a nadie por contar las historias que cuenta. Repleta del zen de lo miserable, “Ciertas criaturas terrestres” debe también su ferocidad a justamente, esa <i>ninguna parte</i> desde donde el autor urde sus tramas. Díaz está en <i>ninguna parte</i>, escribe desde una tierra baldía que puede ser el planeta Tierra y una comarca algo infeliz llamada Chile. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style=";font-family:Arial;font-size:100%;" ><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia;font-family:Arial;font-size:10;" ><span style="font-size:100%;">*Escribí esta reseña hace años para la revista Pausa, del Consejo de <st1:personname productid="la Cultura" st="on">la Cultura</st1:personname>, en los momentos en que Noly Guerra y Verónica Neumann estaban a cargo. Por supuesto, este no es mi único recuerdo de Díaz: alguna vez vi una horrible obra de teatro con texto suyo en el Palacio Rioja, en Viña. La obra era horrible: los actores eran pésimos, iban de bufones, la precariedad te golpeaba el rostro si estabas en las primeras filas. Pero había algo ahí. Algo político. Una certeza del dolor, algo que venía en el texto y era viscoso y enternecedor. No recuerdo cómo se llamaba la obra pero me acuerdo de esa sensación ahora que se murió Jorge Díaz y esa clase de memoria –lo nimio como único escombro del arte- creo que funciona como una despedida.</span></span><i style=""><span style=";font-family:Arial;font-size:10;" > <o:p></o:p></span></i></p><div class="blogger-post-footer">pop & ficci?n, notas al azar, work in progress y cr?nicas inmediatas by alvaro bisama</div>Alvaro Bisamahttp://www.blogger.com/profile/09346404923709700956noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-14813060.post-43586452073381883872007-03-07T23:47:00.000-03:002007-03-07T23:58:02.310-03:00lowlife<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp2.blogger.com/_ZRpaFmJIS1g/Re97BTGcp9I/AAAAAAAAAAc/dMvjr3sHYtc/s1600-h/Captain+America+V5+25+pg++34.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://bp2.blogger.com/_ZRpaFmJIS1g/Re97BTGcp9I/AAAAAAAAAAc/dMvjr3sHYtc/s320/Captain+America+V5+25+pg++34.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5039381770288277458" border="0" /></a><br /><br />Mientras pienso en qué hacer con este blog este año 2007 y me disperso en proyectos de todo tipo, subo esta imagen, que merece un comentario: nunca he sido un gran fan de ed brubaker, siempre me pareció un tipo venido del under que durante los últimos años se vendió a DC y a Marvel con una comodidad inquietante. Eso no quita que Gotham Central o Sleeper fueran grandes cómics. Pero yo extrañaba el trazo sucio y el realismo descarnado de Complete Lowlife, su novela gráfica biográfica. Por supuesto, su paso por el Capitán América era tan perfecto que uno sospechaba. Hasta ahora: brubaker sigue vivo y aún le queda sangre en la tinta. Basta ver Capitán America 25, que salió hoy al mercado. La imagen habla por sí sola. Hagan un clic en ella, para agrandarla. Eso. Buenas a noches a todos. Más cosas, pronto.<div class="blogger-post-footer">pop & ficci?n, notas al azar, work in progress y cr?nicas inmediatas by alvaro bisama</div>Alvaro Bisamahttp://www.blogger.com/profile/09346404923709700956noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-14813060.post-1166012067378546722006-12-13T09:06:00.000-03:002006-12-13T09:15:46.156-03:00un gran libro de cuentos<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://content.answers.com/main/content/wp/en/thumb/1/10/160px-Newgods1.png"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://content.answers.com/main/content/wp/en/thumb/1/10/160px-Newgods1.png" alt="" border="0" /></a><br /><div style="text-align: justify;"><em></em> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><em><span style="font-family:Garamond;">Villa Grimaldi</span></em><span style="font-family:Garamond;">, la antología de cuentos que publicó Augusto Pinochet durante el gobierno de Allende es un hiato destacable en su producción. Las razones son varias: por un lado venía a romper el silencio en que se había sumido el autor desde principios de la década de los 50; segundo, señala su compromiso con el gobierno de <st1:personname productid="la Unidad Popular" st="on">la Unidad Popular</st1:personname>; y tercero, daba muestras de una versatilidad de estilos y un aprendizaje de las técnicas narrativas inaudito en un autor de su edad. Ya entrado en la cincuentena, Pinochet adscribe estilísticamente a la corriente de los <em><span style="font-family:Garamond;">novísimo narratore</span></em>, como señalaría Cedomil Goic en su periodización de la literatura latinoamericana. En <em><span style="font-family:Garamond;">Villa Grimaldi </span></em>hay ecos de la literatura beat yanqui, del gesto antipoético parriano y hasta retazos del compromiso social de la generación del ‘38. Publicado en 1971 resulta ser un texto que entra en perfecta sintonía con los de los autores más jóvenes como <em><span style="font-family:Garamond;">Tiro Libre</span></em> de Antonio Skármeta y <em><span style="font-family:Garamond;">Concentración de bicicletas</span></em> de Carlos Olivarez. Mirado en relación a su época, los cuentos de <span style=""> </span>Pinochet dan cuenta de la estética paulista que vino a imperar en las formas de representar el mundo para los narradores chilenos, después de la reforma universitaria.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Garamond;">Pinochet crea viñetas vívidas de la época y para eso se sirve de los recursos que tenga a mano: la corriente de conciencia en “Chasqui”, la historia de un universitario prostituto torturado por su amante; el juego con los márgenes en “Yupanqui”, donde una mujer de clase popular narra detalladamente los abusos a los que la somete su patrón; el recuento bibliográfico en “Sales de baño” trata de la imposibilidad de un adolescente de encontrar la foto de su padre, para luego enterarse de que es uno de los asesinados en la masacre del Seguro Obrero. Heterógea, la antología trabaja con la idea de la formulación de un paisaje urbano y no se priva de las citas al contexto. Desfilan desde alusiones a la música popular (<st1:personname productid="la Nueva Ola" st="on">la Nueva Ola</st1:personname>, el primer disco del Pollo Fuentes, los <em><span style="font-family:Garamond;">pretty faces</span></em> criollos) hasta juegos/homenajes literarios donde se hace referencia a la cultura beat (en “Máquinas parlantes” hay un largo diálogo de Lawrence Ferlinghetti con Allen Ginsberg en la librería City Ligths de San Francisco, donde éste refiere sus experiencias en un Santiago de Chile gris, donde aún rondaba el criollismo) pasando por guiños políticos de compromiso con la izquierda (epígrafes sacados de discursos de Allende, Mario Palestro y Edwin Juica).<br />“El color del canario” es el cuento más logrado de un libro tan sólido como necesario.<br />En dicho relato se mezcla la obsesión por la modernidad del autor con sus resabios militares. Las vicisitudes de Cayo C., un soldado expulsado del ejército por conducta indecorosa operan a nivel simbólico como señas que remiten al desmoromiento institucional chileno. Cayo C. no sólo es expulsado del ejército sino que participa activamente en un proceso de sedición de las tropas.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Garamond;">Las citas a Patria y Libertad y el asesinato de Schneider apenas están diluidas en la trama y la escritura templa con vigor la melancolía: “Cayo miró por los barrotes al pelotón que hacía sus prácticas de guerra en el patio, esa mañana. Recordó que le gustaba ser uno de ellos y que disfrutaba de participar en esas maniobras. Se sentía parte de algo en ese entonces, reflexionó. Acercó su cabeza al agujero infecto que llamaban ventana y escuchó los gritos de odio a Perú que entonaban los conscriptos como único mantra mientras pensaba en la compleja trama que lo había llevado a donde estaba, en cada uno de sus meandros de sangre y odio. Siguió mirando por la ventana un rato. Cuando se cansó de la visión se tiró en el colchón pulgoso que hacía de cama. Deseó tener un cigarrillo…”<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal"><span style="font-family:Garamond;"><o:p> </o:p></span></p><br />*No sé si posteé esto antes. Me da la lata revisar. Lo que importa: escribí esto hace la pila de años. Quedó como material no incluido en "Caja Negra", lo rescataron los amigos pirómanos de <a href="www.lanzallamas.com">Lanzallamas </a>y, ahora, por razones obvias, tiene su enésimo relanzamiento acá y en el portal amigo de <a href="http://ucroniachile.blogspot.com">ucronistas.</a><br /></div><div class="blogger-post-footer">pop & ficci?n, notas al azar, work in progress y cr?nicas inmediatas by alvaro bisama</div>Alvaro Bisamahttp://www.blogger.com/profile/09346404923709700956noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-14813060.post-1165799414864930512006-12-10T21:34:00.000-03:002006-12-10T22:10:14.976-03:0014: 15<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.buenaventurapress.com/images/miscOB-2-lg.gif"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px;" src="http://www.buenaventurapress.com/images/miscOB-2-lg.gif" alt="" border="0" /></a><br /> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Garamond;">Sí vi a Pinochet, una vez, en todo caso. En Villa Alemana, en la infame pero delirante década de los 80. Tenía como 11 o doce años, tal vez menos y estudiaba en una escuela pública. Villa Alemana es un pueblo que queda a <st1:metricconverter productid="25 kil￳metros" st="on">25 kilómetros</st1:metricconverter> de Valparaíso. Es cierto que ahora parece una pequeña ciudad, pero para mí siempre va a ser un pueblo. Pero ese no es el punto. El punto es que Pinochet visitó Villa Alemana y todo el pueblo paró, cambió su rutina por la visita. A los escolares nos obligaron a ir a ver al dictador. Recuerdo que mis padres me dijeron que no me metiera en huevadas, que tuviera cuidado. No sé por qué, creo, estaban en la casa ese día. El punto es que a las diez de la mañana se supendieron las clases y nos llevaron a un inmenso sitio baldío que quedaba detrás del gimnasio Luis Cruz Martínez (donde alguna vez tocaron los Prisioneros) y que colindaba, separado por un estero mínimo, con el hogar de menores de donde alguna vez había salido Miguel Angel Poblete, el vidente al que se le aparecía al Virgen. Recuerdo nítidamente el lugar: una cancha de fútbol llena de señoras de Avanzada Nacional que les regalaban carteles a los niños. Policías al por mayor. Pequeños funcionarios municipales controlándolo todo. Francotiradores apostados en los techos vecinos: las siluetas recortadas sobre el cielo de gente que no soltó nunca su rifle, preparados para cualquier cosa. Sonidos de walkie talkies. Sonidos de unos parlantes que transmitían música chilena. Sonidos de proclamas. Sonidos de un espectáculo pobre, porque la cancha nunca estuvo llena, nunca hubo más gente que profesoras obligadas a ir por contrato, que un pequeño ejército de alumnos que capeaban clases felices y que no entendían demasiado. Había polvo, esa clase de polvo pegajoso que se levanta con el sol de las doce, un polvo pesado, tierra suelta de pichanga de barrio, que se pega al cuerpo y te hace sentir sucio. No sé cuanto duró. Pinochet llegó en algún momento. Era más pequeño de lo que yo pensaba. Se bajó de un auto y se acercó caminando desde una tarima. Recuerdo que se detuvo para hablar con unos niños pequeños. La gente no estalló en el histerismo, de hecho todo lucía calmado, como una operación que va sobre ruedas. Recuerdo que estaba más o menos a cinco metros y que me pareció asombroso que todo fuera tan tranquilo, que estuviera, por decir de algún modo tan cerca de Pinochet. Era bajito o yo creo que era bajito. Encorvado. No sé si iba de civil o militar aunque tal vez eso no importara. Se veía distinto que en la televisión, más viejo, más triste, más fofo. Pero no provocaba pena, ni empatía. Uno no lo sentía cercano. Recuerdo que Bielsa, el canciller argentino, dijo en una entrevista que Bush Jr., en la cercanía irradiaba algo especial, una suerte de energía muy particular. Era la suerte de radiación del poder, creo. Pinochet no irradiaba nada, no me decía nada. Recuerdo que la visión de Pinochet duró medio minuto y que la sensación de que alguien podía dispararle y salir corriendo. Pensé eso pero duró un segundo: me acordé de los francotiradores, de los pacos, de los infinitos funcionarios. Por eso la calma de Pinochet, su seguridad, su movimiento lento por la cancha de tierra, como si no levantara polvo, como si fuera una serpiente escondida en el pasto. Eso duró unos segundos. Luego Pinochet siguió caminando, yo me junté con mis compañeros y nos dedicamos a destruir los carteles de Avanzada Nacional y a golpearnos con los palos de madera que los sostenían. Éramos unos brutos, por ese entonces. Recuerdo que esa tarde volví a la casa y almorzé. Después salí a andar en bicicleta. Pinochet se había ido del pueblo: las calles estaban sucias, los panfletos a sus favor, las challas, la sensación de que todo había terminado y que solo quedaba la basura, las soledad y el aburrimiento de la provincia.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal"><span style="font-family:Garamond;"><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal"><span style="font-family:Garamond;">*Fragmento de “Kung Fú”, un texto sobre Nicanor Parra, aparecido en el Especial Parra de The Clinic,<o:p></o:p></span></p><div class="blogger-post-footer">pop & ficci?n, notas al azar, work in progress y cr?nicas inmediatas by alvaro bisama</div>Alvaro Bisamahttp://www.blogger.com/profile/09346404923709700956noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-14813060.post-1164767276466697992006-11-28T23:26:00.000-03:002006-11-28T23:27:56.490-03:00victor raja!<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://rbally.net/images/sonic2.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://rbally.net/images/sonic2.jpg" alt="" border="0" /></a><br /><p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;" >Victor Raja!. “La población”. Kurdt Records, Maipú, 2004. 108 minutos. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;" ><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;" >El sonido de los huesos<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;" ><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;" >Que una olvidada banda de Maipú haya podido redefinir de un plumazo el electro-punk local puede sonar tan confuso como accidental. Pero es así: “Población”, la esperada vuelta de Víctor Raja! no sólo es una obra conceptual, que relata una historia novelesca en medio de sonidos sinuosos, que bien podrían describir un paisaje extraterrestre o el interior de las vísceras del cuerpo humano sino también y por qué no, pequeña obra maestra.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;" ><span style=""> </span>No es tan raro que así sea. Desde sus comienzos a partir de E.Ps <span style=""> </span>como “¡Quiero contarte!” (1992) o “Flor” (1994) <span style=""> </span>los hermanos Daniel y Marcos Jara, más la baterista Tamara Campusano siempre fueron las mejores encarnaciones del <i style="">shoegazing </i>criollo. Ahí estaba todo lo que bandas masivas como Los Tres o <st1:personname productid="La Ley" st="on">La Ley</st1:personname> nunca<span style=""> </span>pudieron acceder en su búsqueda desesperada de reconocimiento popular por los caminos del synth pop o de folklore rockanrroleado. Por el contrario, <span style=""> </span>los Víctor Raja! no sólo facturaron casi en secreto melodías alienadas, sino que también componían escenas íntimas inolvidables que le debían más escritores invisibles como Armando Méndez Carrasco que a músicos como Kevin Shields. No estaba mal: canciones como “Plegaria”, “Fusil” y “Labrador” se volvían demoledoras e inolvidables no sólo porque proponían las viñetas de un universo en crisis sino también gracias al hecho de que esos paisajes eran amplificados por una colección de elementos sonoros que, en medio del ruido, alcanzaban tintes operáticos. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;" >Viejos punks <i style="">straigth edge</i> convertidos en músicos profesionales, los hermanos Jara y su socia Campusano, edificaron una leyenda local que aumentó gracias a variadas razones: la vestimenta de obreros siderúrgicos de los hermanos, las poleras pro-aborto de la vocalista –“cómete tu feto!”, decía una- , las proyecciones de diapositivas psicodélicas de imágenes de <st1:personname productid="la Moneda" st="on">la Moneda</st1:personname> en llamas y la improvisación de <i style="">slam poetry</i> entre las canciones.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;" >En 1994, cuando Victor Raja! se retiró de la escena local, si bien no había alcanzado a grabar ningún larga duración, sí habían consagrado como un mito que se propagaba de boca en boca entre sus cientos de acólitos. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;" >Lo inquietante es que ninguno de todos los datos anteriores servía para presagia los efectos –o daños colaterales- que podría provocar algo como “Población”.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;" >“Población” tiene tan sólo dos tracks y bien podría ser considerado un producto de rock progresivo sino fuera por el hecho de que carece de cualquier virtuosismo masturbatorio para, por el contrario, enfatizar ciertos aspectos narrativos: la historia de los últimos días de un cantante de protesta en un campo de concentración del gobierno de Pinochet. Como si los Flaming Lips estuvieran leyendo a Floridor Pérez o algo así, pero con más noise de fondo si es que eso es posible. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;" >Mitad fábula, mitad documental, el disco indaga en las historias mínimas del centro de detención, en la moral de torturados y torturadores, centrando el relato en V, un cantante que es fusilado y luego desaparecido. Los mejores momentos de la placa son así, <span style=""> </span>aquellos cuando el paisaje sonoro representa al cuerpo violentado de V, a la narración detallada de sus fracturas (“soy el hueso/que habla como una boca/esperando la nueva llegada del lobo”) y a los momentos de agonía llenos de ecos, pasos en celdas con el piso mojado, golpes secos sobre un lecho de secuencias programadas. Los Victor Raja! componen un via crucis lleno de guitarras afiladas y teclados sangrantes, para reconstruir la historia de V, como si fuera un documental perturbador: “me duele/ me duele/ la herida de la memoria/me duele/la nada/me duele/ el dolor”.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;" >El resultado, es por cierto, imprescindible pero perturbador. 108 minutos que redefinen las relaciones entre folk y rock, entre política y rock en español, al punto que uno llega a pensar que V realmente existió gracias a la nitidez nasal de la voz de Marcos Jara intentando cantar con un sonsonete campesino. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;" >El resultado es un Lp perfecto, cuyo sentido central lanzarse de cara a la memoria, sin compasión de ninguna clase. El pasaje<span style=""> </span>final es conmovedor y es lejos, uno de los mejores momentos del rock local de los últimos años: los Victor Raja! relatan –con un coro <i style="">gospel </i>de voces quebradas- cómo V, destripado y vuelto un fantasma, mira desde el fondo del mar el futuro de Chile. Mientras, su voz se funde con una guitarra aguda e insoportable, que desaparece en el silencio mientras entona “no hay nada más allá/ no hay nada más / que el sol negro del futuro/ que espera el canto de golondrinas/ que nunca han regresado” para dejar latiendo sólo el sonido del bajo de Campusano, como un corazón perdido en la oscuridad. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;" ><o:p> </o:p></span></p> <span style="font-family:Garamond;"><span style="font-size:130%;">Rolling Stone, edición chilena, diciembre del 2004.<br /><br />*Texto publicado en el extraño e imprescindible proyecto <a href="http://ucroniachile.blogspot.com">Ucronia Chile</a>: la revisión apócrifa de nuestro futuro falso.<br /></span></span><div class="blogger-post-footer">pop & ficci?n, notas al azar, work in progress y cr?nicas inmediatas by alvaro bisama</div>Alvaro Bisamahttp://www.blogger.com/profile/09346404923709700956noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-14813060.post-1164627771615716502006-11-27T08:41:00.000-03:002006-11-27T08:43:49.376-03:00comelibros: la novela del arte<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.twomorrows.com/comicology/media/02batmanagogo.gif"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://www.twomorrows.com/comicology/media/02batmanagogo.gif" alt="" border="0" /></a><br /><p class="MsoNormal" style="text-align: justify;font-family:georgia;"><span style="font-size:130%;"><span style="font-size:10;">Me interesa saber qué pasa con “Vanitas”, la flamante novela del Premio Nacional de Arte Eugenio Dittborn. Mis razones son tan variadas como accidentales. Por un lado, nada más interesante que aquella clase de objetos que plantean a la escritura como el bonus track de otra disciplina, un saldo o efecto colateral posible o extraño. Por otro, como lector, no dejo de seguir la “novela por entregas” que Justo Pastor Mellado ha venido redactando desde hace tiempo sobre el arte local. Ahí, Dittborn es uno de los personajes principales al lado de gente como Kay, Gonzalo Díaz, Zurita, y -especie de villano ominoso tras toda trama- Nicanor Parra. <o:p></o:p></span></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;font-family:georgia;"><span style="font-size:130%;"><span style="font-size:10;">No es un mal relato: tiene la suficiente cantidad de intrigas palaciegas y traiciones y escándalos como para no aburrir jamás. Pero hay algo más ahí. Cuando pienso en la “novela” de Dittborn no puedo dejar de acordarme de Adolfo Couve y del hecho de que el destino final de sus empresas estéticas haya sido el abandono de la pintura en pos de la narrativa. <o:p></o:p></span></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;font-family:georgia;"><span style="font-size:130%;"><span style="font-size:10;">Ahí, la novela como género termina siendo un lugar al que llegar y del que no se puede salir. Un balneario en temporada baja del resto de las artes. Basta leer lo que relata el Couve final: escenarios demolidos, parodias de artistas, el litoral central como un lugar donde campean el abandono, la vulgaridad y el desperdicio. Se trata de una ficción que es un espacio de catarsis, un laboratorio donde se desahoga el fracaso y se ponen en escena los restos rotos de aquella catástrofe que Gonzalo Díaz narraba en el prólogo a las “Notas de arte” del pintor/escritor: “ardían telas de lino y bastidores hechos añico en un sitio eriazo (….) Mientras alimentaba la pira con otras telas menores de mejores épocas, repetía Couve, apoyado en una gestualidad operática, cuestiones amargas acerca de la inutilidad de la pintura y de la superioridad visual de la fotografía, el cine y la televisión”.<o:p></o:p></span></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;font-family:georgia;"><span style="font-size:130%;"><span style="font-size:10;">De ahí que me llame la atención ese abandono o ese desajuste que termina cargando de sentidos el mismo acto de relatar, porque, al final de cuentas: ¿qué diablos es una novela? ¿es algo tan dúctil como lo parece?¿Para qué sirve?. No lo sé pero me gusta esa incertidumbre. El mismo Mellado -¿un Charles Dickens paranoico a lo Phil Dick?- confiesa en alguna parte haber redactado varios textos de ese tipo, que quedaron inéditos antes de ponerse a interpretar el arte chileno como una novela lleno de <i style="">cliffhangers</i>. Para eso, Mellado cita a Juan Luis Martínez pero también –sin querer queriendo- a la idea de la ficción como el único soporte posible para descifrar el presente. <o:p></o:p></span></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;font-family:georgia;"><span style="font-size:130%;"><span style="font-size:10;">De este modo, esas tramas novelescas –la de Couve, la de Mellado, la de Martínez, la que podría haber escrito Dittborn- serían lugares blandos donde la escritura implosiona hacia una impostura inevitablemente apócrifa. Esa condición de segunda mano –se practica la novela porque no se puede hacer otra cosa- me parece inquietante pero también divertida: las señales de una perversión necesaria, de un fetichismo anacrónico, de una vanguardia que no alcanza a serlo. <o:p></o:p></span></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;font-family:georgia;"><span style="font-size:130%;"><span style="font-size:10;">En esos terrenos pantanosos se proponen ejercicios que tal vez deberían ser leídos con atención por quienes la practican empecinadamente una y otra vez. Porque ahí, en el fracaso de aquellos esfuerzos incompletos se exhiben distintas versiones de un tour de force inevitable, puertas falsas de un lugar que es necesario visitar: una comedia de equivocaciones sobre un tiempo muerto (Couve) o las anotaciones tipo Macedonio de un lector desesperado (Mellado) o, parafraseando al Dittborn de “Jack Ruby”, aquel poema sobre “Rúbrica” de Gonzalo Díaz- : “soporíferos rayos de luz extraterrestre”. <o:p></o:p></span></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: right;"><span style=";font-family:Arial;font-size:10;" ><o:p><span style="font-size:130%;"><span style="font-family:georgia;"> RDL, domingo 26 de noviembre de 2006</span></span><br /></o:p></span></p><div class="blogger-post-footer">pop & ficci?n, notas al azar, work in progress y cr?nicas inmediatas by alvaro bisama</div>Alvaro Bisamahttp://www.blogger.com/profile/09346404923709700956noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-14813060.post-1164165699221853762006-11-22T00:19:00.000-03:002006-11-22T00:21:39.253-03:00Madman<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/blogger/1819/1352/1600/madman.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/1819/1352/400/madman.jpg" alt="" border="0" /></a><br />*No lo puedo evitar: Mike Allred es uno de mis ilustradores favoritos y "The Vault of Mike Allred", un dossier genial sobre su obra. De muestra, la máscara de Madman.<div class="blogger-post-footer">pop & ficci?n, notas al azar, work in progress y cr?nicas inmediatas by alvaro bisama</div>Alvaro Bisamahttp://www.blogger.com/profile/09346404923709700956noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-14813060.post-1163985544631973842006-11-19T22:16:00.000-03:002006-11-19T22:19:04.686-03:00comelibros: guionistas<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://japon.canalblog.com/images/Canalblog_Livres_Mishima_1970.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://japon.canalblog.com/images/Canalblog_Livres_Mishima_1970.jpg" alt="" border="0" /></a><br /> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Garamond;"><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Garamond;">1) El 2 de noviembre pasado murió Leonard Schrader, guionista de “El beso de la mujer araña”, aquella cinta dirigida por Hector Babenco que adaptaba la novela homónima de Manuel Puig. 2) Schrader escribió además con su imprescindible hermano Paul, “Mishima”, una irregular biopic/adaptación literaria sobre el inmolado autor japonés. Paul también dirigió la película, que fue un infierno de producción en varios idiomas. 3) Yukio Mishima se filmó a sí mismo de todos los modos posibles con sus zapatos de plataforma que lo hacían ver más alto de lo que era. Nunca ganó el Nobel y, en un incomprendido acto de culto personal o al Japón, secuestró a un general de ejército para luego suicidarse y ser decapitado, en ese orden. 4) Paul Schrader ha adaptado más novelas. De hecho, lo mejor de Scorsese viene de su pluma. Destaca “La última tentación de Cristo”, ese extraño filme bíblico actuado por William Dafoe, Harvey Keitel y David Bowie que se exhibía como un choque de trenes entre la torturada moral calvinista de Schrader (sus padres no lo dejaron ir al cine de niño) y el catolicismo neoyorkino del director, experto en cintas de mafiosos. 5) Paul Schrader escribió “Taxi driver”, que parece una novela y es la mejor cinta punk de la historia: el origen de todas aquellas anotaciones de flaneurs sociópatas que hacen de choferes en metrópolis arrasadas por la modernidad, algo así como si Walter Benjamin hiciera karaoke de Velvet Underground. 6) Mientras Leonard escribía el guión de “El beso…”, Puig escribía su propia versión. Alan Pauls lo cuenta todo en una crónica enrevesada y esencial. Puig<span style=""> </span>“nunca fue al rodaje, pero trabajó en el guión a lo largo de todo el proceso (…) devolviéndole algo del humor, la elasticidad y la carne que Schrader, austero y racionalista, había reprimido”. <span style=""> </span>Una de las imágenes finales de esa historia tiene un aura de final feliz o profecía autocumplida: Puig es recibido con honores en Hollywood y, mientras cena con Madonna, la diva no quiere permitir que la velada termine –y que Sean Penn venga a buscarla- y le pide al argentino que no se detenga, que no pare de contar historias, que no deje de hablarle. 7) Scorsese tiene irregular suerte cuando filma guiones inspirados en novelas. Su impecable relectura de “La edad de la inocencia” de Edith Wharton (donde brilla una delicadeza silenciosa y gélida) <span style=""> </span>contrasta con la fallida “Pandillas de Nueva York” de Herbert Asbury (del 2002,<span style=""> </span>que dura casi tres horas pero que Borges recreó genialmente en menos de 10 páginas, allá por 1935). 8) Paul Schrader adaptó y dirigió “Aflicción”<span style=""> </span>una novela Russell Banks. Ahí, Nick Nolte interpreta al comisario de un pueblo pequeño perturbado por una serie de crímenes imaginarios. James Coburn es su padre y William Dafoe (actor fetiche de Schrader) su hermano escritor. Al final Nolte mata a Coburn y Dafoe relata todo en una distancia trágica –la de la palabra con el crimen, la del relato del horror con el horror mismo- que no alcanza nunca a ser catártica. 9) He pensado en los Schrader estos días: ¿por qué a los Schroder les apasiona Mishima? ¿acaso por esa violencia suicida que no es capaz de encontrar un punto de fuga?¿son los guiones una forma de la literatura del futuro?¿tenía Paul Schrader a Mishima en mente mientras escribía las escenas finales de<span style=""> </span>“Taxi driver”, cuando el héroe se entrega a un vértigo apocalíptico intentando salvar al mundo? ¿Es Dafoe en “Aflicción” una metáfora del guionista que tiene en sus manos –o cabeza- una historia que otro narrará después a su antojo, deformándola, volviéndola mito y cambiándola para siempre?<br /></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Revista de Libros, El Mercurio, 19 de noviembre de 2002<br /><span style="font-family:Garamond;"><o:p></o:p></span></p><div class="blogger-post-footer">pop & ficci?n, notas al azar, work in progress y cr?nicas inmediatas by alvaro bisama</div>Alvaro Bisamahttp://www.blogger.com/profile/09346404923709700956noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-14813060.post-1163646257506912562006-11-16T00:02:00.000-03:002006-11-16T00:04:17.543-03:00POWDER<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.zero.co.nz/music/images/The%20Libertines%20-%20The%20Libertines.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://www.zero.co.nz/music/images/The%20Libertines%20-%20The%20Libertines.jpg" alt="" border="0" /></a><br /> <p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"><span lang="EN-GB" style="font-family:Arial;">“Powder. Una historia de rock and roll”, Kevin Sampson. </span><span lang="ES-CL" style="font-family:Arial;">Lumen, Barcelona, 2001. 526 páginas.<o:p></o:p></span></p> <div style="text-align: justify;"><span lang="ES-CL" style="font-family:Arial;"><o:p></o:p></span><span style="font-family:Arial;">En los 70, John Lennon le dijo en una entrevista a Jan Wenner, de Rolling Stone, que la vida <i style="">on the road</i> de los Beatles se parecía al “Satiricón” de Fellini. Era una afirmación sexual que rozaba lo simbólico. Ocupando la ficción como referente, Lennon hablaba con el tipo que había transformado la escritura del rock en un ejercicio narrativo. Desde ahí, gracias a la revista de Wenner –y a la contracultura de los 60- la música pop sería abordada desde la perspectiva perpleja de escritores y críticos que encontraban en el exceso de las bandas y el desmadre de la fama una excusa para hacer buena literatura sin recurrir la ficción. “Powder”, del inglés Kevin Sampson (un periodista devenido en manager y luego en novelista) hace el camino inverso: escribe un relato hiperrealista sobre el ecosistema de una banda en los 90 como si intuyera que la poética del periodismo rocker es innecesaria desde la literatura. Pensada como una obra coral, Sampson cuenta en 500 páginas la historia de los Grams, un grupo de Liverpool que recorre el circuito infernal que significa alcanzar el éxito en los charts ingleses, dejarlo todo en la implacable gira por USA y perder con eso la humanidad de sus protagonistas, convertidos en el camino en estrellas. “Powder” -“polvo” en su traducción literal- habla de fugacidad del éxito ejecutando un montón de tópicos: el vocalista es un sujeto traumado pero sensible; el guitarra, un adicto empedernido; el manager busca en la banda la familia que perdió y el dueño del sello es un noble que detesta su clase. Todo aderezado, por supuesto, con sexo explícito, groupies, drogas de todo tipo, suicidios, traiciones, hits masivos y egos demoledores.<span style=""> </span></span><span lang="ES-CL" style="font-family:Arial;">Así, es imposible no ver a “Powder” como reverso oscuro de “Alta fidelidad” de Nick Hornby, otra obra inglesa que hablaba sobre el sentido del pop. Eso porque mientras aquella era una fábula masculina sobre lo que significaban las canciones pop, el relato de Sampson desnuda a la música como industria. “Alta fidelidad” era lírica, lúcida y perfecta. “Powder” es lisérgica, explícita e irregular al registrar vía ficción el exceso que significa el rock en tanto concepto y deconstruirlo como una colección de clichés enquistados en el imaginario moderno. Ahí, el merito de Sampson como narrador es disectar la biología de las rocktars en tanto símbolos culturales.<span style=""> </span>Es un gesto que no está mal aunque no tiene nada que ver con la literatura: “Powder” es simplemente la biografía no autorizada de un grupo inexistente. Una novela -¿la novela brit pop que nunca se escribió sobre Oasis?- para melómanos sin trucos ni efectos especiales salvo la verosimilitud y el gusto excesivo por el detalle. Pero, ojo, esa linealidad esconde cierta franqueza, una virtud casi punk que revienta al rock en tanto mito y lo piensa como un objeto de consumo. Repito: sí, puede que “Powder” no sea alta literatura pero es una composición honesta de pop contemporáneo. Puede que sea sólo rock’n roll. Pero me gusta.<br /><br />*Nota 1: una vieja crítica de La Tercera sobre un libro olvidado que no sé dónde dejé pero que me gustó bastante en su momento.<br /><o:p></o:p></span></div><div class="blogger-post-footer">pop & ficci?n, notas al azar, work in progress y cr?nicas inmediatas by alvaro bisama</div>Alvaro Bisamahttp://www.blogger.com/profile/09346404923709700956noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-14813060.post-1163117291996632772006-11-09T21:05:00.000-03:002006-11-09T21:08:12.026-03:00Ucronia<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://newsimg.bbc.co.uk/media/images/41251000/jpg/_41251304_alle.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://newsimg.bbc.co.uk/media/images/41251000/jpg/_41251304_alle.jpg" alt="" border="0" /></a><br /><div style="text-align: center;">ESTAMOS EMPEÑADOS EN REESCRIBIR LA HISTORIA DE CHILE<br /><a href="http://ucroniachile.blogspot.com/">VISITA UCRONÍA</a><br /></div><div class="blogger-post-footer">pop & ficci?n, notas al azar, work in progress y cr?nicas inmediatas by alvaro bisama</div>Alvaro Bisamahttp://www.blogger.com/profile/09346404923709700956noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-14813060.post-1162812592929507692006-11-06T08:29:00.000-03:002006-11-06T08:29:52.990-03:00LA HISTORIA DE LA TELEVISIÓN<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://motocicletasdeayer.com/tiendavirtual/images/televisor-1-350.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://motocicletasdeayer.com/tiendavirtual/images/televisor-1-350.jpg" alt="" border="0" /></a><br /> <p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"><i><span style="font-family:Arial;">La historia de la televisión<o:p></o:p></span></i></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"><span style="font-family:Arial;">-1-<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;">Un modelo Antú. Blanco y negro. Recuerdos de los setenta, destellos, flashes de comerciales, el singular movimiento del tiempo en imágenes de las que solo se conserva la estática, el sonido mono, el eco de las voces en los techos altos de las habitaciones húmedas de las casa de Valparaíso, las caras de los parientes que hablan en idiomas inentendibles, lenguas muertas incomprensibles, peinados raros, la velocidad singular de programas inentendibles, rostros bifuminados por el ruido blanco, por las cartas de ajustes hipnotizadoras que duran la madrugada completa y llenan en el aire de mensajes incoherentes, sin destinatario alguno, los gritos de algún pedazo del infierno navegando en la zona fantasma de la longitud de onda. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"><span style="font-family:Arial;">-2-<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;">Un IRT a color, de 1983. Nada demasiado importante. Explosiones en alguna parte del mundo. <st1:personname productid="La Quinta Vergara." st="on">La Quinta Vergara.</st1:personname> Protestas. Algún líder árabe. Reagan. Jaime Guzmán. Pilas de cadáveres de alguna secta. Avistamientos ovnis. La abducción del Temucano. El paisaje de Villa Alemana, árido y verde a la vez. Calor. Bicicletas. La propaganda de un helado (¿Bresler?, ¿Savory?) basado en “E.T”. Mino Valdés. Pepe Guixe. Pinochet repetido hasta el cansancio. Hasbún.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"><span style="font-family:Arial;">-3-<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;">Otro IRT, esta vez más grande. Robotech. Alguien me rompe una ceja en una pelea con una piedra. Verano de calor en la provincia. Piscinas públicas. Nada que hacer. Los degollados: rictus de pavor en la casa de mis padres. (Fast foward: en un almuerzo, un amigo de mi padre me cuenta que fue amigo de Manuel Guerrero. Se ubicaban de los setenta. Comunistas. Recuerda un encuentro entre ellos, antes de que Guerrero sea secuestrado y degollado. Abrazos fuertes, conversaciones en un patio, al lado de un auto muerto o agonizante. Una charla llena de silencios, sobreentendidos, miradas. Algo parecido a una despedida que no es una despedida pero que actúa como un diálogo interrumpido a la fuerza, como un nos veremos jamás resuelto, fantasmas que se apresuran a saludar a los vivos incluso antes de serlo. El amigo de mi padre me cuenta todo eso comiendo pescado frito, mirando el mar, casi veinte años después. Son las dos o tres de la tarde en el momento en el que el futuro irrumpe en el pasado). Nada que hacer. Un pinchazo en la rueda de la bicicleta, un avión a la distancia, robots asesinos que se transforman en máquinas de utilidades complejas, una pareja de leones copulando, la selva africana, venados manchados en sangre, persecuciones eternas que no llegan a ninguna parte, que sólo terminan en muerte o en un corte a comerciales, que sólo devienen en el vacío, en las tomas desoladas de un páramo lleno de escombros, los parlantes en mute, el rojo del foco del radiopatrulla iluminando los recodos de la tele que se derrite a tres metros del espectador como plastilina de color. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"><span style="font-family:Arial;">-4-<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;">Un tercer IRT. Dura poco, lo suficiente para ver “El Superagente Cobra” y un mundial no me interesa y del que solo me preocupo por la final, aunque tampoco demasiado. No recuerdo quiénes jugaron ni quien ganó, ni en que país fue. Sólo que fue a color.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"><span style="font-family:Arial;">-5-<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;">El televisor mínimo, minúsculo de un bar de Valparaíso donde transmiten una teleserie mexicana. No se escucha nada: sólo llantos, muecas sin sentido, personajes que corren de un lugar a otro mientras la espuma de la cerveza se diluye y la tarde termina, muere.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"><span style="font-family:Arial;">-6-<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;">Uno Panasonic, de <st1:metricconverter productid="25 pulgadas" st="on">25 pulgadas</st1:metricconverter> que está en el living de la casa de Villa Alemana. Un video clip de <st1:personname productid="La Floripondio" st="on">La Floripondio</st1:personname> transmitido por Mtv a las tantas de la madrugada. Es una epifanía feliz y borracha: la banda de la esquina de la casa transmitida desde Miami por interconexión global. Dura unos tres minutos. Lo filma –creo- Marco Enríquez. Sale Elías Figueroa en algún momento, mientras unos tipos en calzoncillos se pasean en la calle. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"><span style="font-family:Arial;">-7-<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;">Otro, más anterior. Un programa olvidado y olvidable del que somos devotos con mi hermano: “They come from outer space”. Dean Cameron –un actor mediocre que se hizo famoso o dejó de ser famoso por “Rockula, un vampiro sediento de rock”- y otro tipo intepretan a dos extraterrestres libidinosos que vanpor <st1:personname productid="la Tierra" st="on">la Tierra</st1:personname> buscando aventura. Algo así como “On the road” en versión Russ Meyer. Aparecen mujeres ligeras de ropa. Todo a ratos cobra la textura de una softcore. Dura un año y medio. Lo dan por TVN, en horario infantil, los domingos. No es demasiado entretenido, salvo por el onanismo obvio de las chicas en bikini, los chistes fáciles y la estética algo acid house. Con mi hermano juramos que somos los únicos seres humanos que lo vimos. (Foward: seguí a Cameron a través de los años. No lo vi demasiado: la mentada “Rockula” y una mediocre comedia romántica donde aparecía en silla de ruedas y que se hizo célebre porque Tarantino, en un cameo, explicaba la homosexualidad latente de “Top gun”).<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"><span style="font-family:Arial;">-8-<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;">Un Goldstar mediano. Lo obvio, lo espectacular y lo traumático. Todo ese asunto de las Torres Gemelas. Lo de Pinochet en Londres. Un par de teleseries mediocres.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"><span style="font-family:Arial;">-9-<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;">Un LG. Dan “Buffy la caza vampiros” y los “X Files”. Los dos programas acaban. También “Seinfeld”. No recuerdo cuál programa termina primero. Ningún final me satiface. Hago zapping en las madrugadas. Busco “One”, el histérico cover de Filter que es la punta de la lanza del soundtrack del film de los “X-files”. Luego veo “Magnolia” y Aymeé Mann canta el tema de nuevo, esta vez sin histeria, de manera dulce o desolada. No sucede demasiado, apenas el encuentro de melodías perdidas en el limbo catódico y ciertas epifanías innarrables a la hora del amanecer.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"><span style="font-family:Arial;">-10-<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;">Otro que es de 1985 o 1986 y que me dio mi hermana menor cuando me cambié de casa. Solo soporta el cable coaxial del VHS. Las antenas están rotas y pegadas a la fuerza. Es imposible saber su marca. Posiblemente sea IRT, cuando éramos chicos mis padres compraban equipos IRT<span style=""> </span>porque, según ellos eran fáciles de reparar y los repuestos se encontraban a mano. Obviamente, no recuerdo haber comprado un repuesto o nada parecido, en la infinita promiscuidad de televisores que habían en la casa de mis padres, teles que morían y eran reemplazadas de inmediato, como si fueran las mascotas que nunca tuvimos. Otros tenían gatos o hamsters (animalitos que se almacenan y circulan en gran cantidad sin el comportamiento histérico y absorvente de los perros) mientras que nosotros teníamos televisores: una sucesión larguísima de aparatos que durante veinte años no cesó, porque, en parte eran el regalo preferido para unos padres que no sabían qué carajos relagarles a tres hijos sumamente difíciles de regalar.<span style=""> </span>Es un televisor horrible. La pantalla está cubierta de una película de grasa y polvo y adentro, entre medio de los circuitos proablemente hay vida inteligente que además ha desarrollado gobiernos políticos democráticamente elegidos. Pero se ven todos los canales. Mal pero se ven. Mi hermana me la dio cuando me fui de casa. Llévate la tele, dijo. Y me la llevé. Casi nunca la veo aunque descubrí que tenía perillas para ajustar la imagen, los colores, el brillo y sintonizar mejor los canales. A veces funciona con golpes porque el viejo mito es cierto, ese de que si golpeas una tele probablemente se arregle. Este está viejo, cansado y casi muerto. Me sirve para ver noticias. Ha sobrevivido a dos o tres revoluciones tecnológicas. Y funciona con perillas. Es un dinosaurio pero aperra con el video. Y veo “Alí” ahí. Alí sale a entrenar de noche, corre por territorios arrasados, todo está en silencio o suena algo de soul, algo Motown. Alí sube al tejado de un edificio. Boxea con su sombra. Se mueve como un demonio o un ángel. Detrás de él la ciudad estalla en llamas y explota, pequeñas luces infrarrojas que se ven camino al horizonte, nubes de humo como pilares que afirman el cielo que por un rato, está a punto de caer.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal"><span style="font-family:Arial;"><o:p> </o:p></span></p><div class="blogger-post-footer">pop & ficci?n, notas al azar, work in progress y cr?nicas inmediatas by alvaro bisama</div>Alvaro Bisamahttp://www.blogger.com/profile/09346404923709700956noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-14813060.post-1162204229269234022006-10-30T07:17:00.000-03:002006-10-30T07:31:56.003-03:00murakami + Feria<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.shortsupport.org/gif/whowho/de_la_Rosa_Nelson.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://www.shortsupport.org/gif/whowho/de_la_Rosa_Nelson.jpg" alt="" border="0" /></a><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.impacdublinaward.ie/books%20pre-2000/WINDUP.JPG"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://www.impacdublinaward.ie/books%20pre-2000/WINDUP.JPG" alt="" border="0" /></a><br /><p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: trebuchet ms;"><span style=";font-size:100%;" >*Sigo en la paranoia Murakami. Supongo que no se me va a pasar un buen rato. Estuve el viernes y el sábado en <st1:personname productid="la Feria" st="on">la Feria</st1:personname><a href="http://lecturasylibros.blogspot.com/">Rodrigo Pinto</a>. La lectura que Pinto hizo me gustó mucho. Un rato más tarde, me regalaron un ejemplar de “Montaña rusa” e hice que dos de sus autores (<a href="http://putasasesinas.blogspot.com/">Diego Zúñiga</a> y <a href="http://republica-independiente.blogspot.com/">Sebastián Lehuedé</a>) lo firmaran. Fue extraño y me encantó que lo hicieran. Más pics: Un lector al que le firmé “Caja Negra” me dijo que tenía la más grande colección de sci/fi chilena y Wendy Guerra, una escritora cubana (Premio Bruguera) narró el sábado en la presentación de la colección sobre una performance de una artista que metió su cuerpo en la tierra, como si fuera un árbol. Más Murakami, sin querer. Y más aún: murió Nelson de <st1:personname productid="la Rosa" st="on">la Rosa</st1:personname>, el hombre más pequeño del mundo. LUN ha festinado con <a href="http://www.lun.cl/">eso</a>. El Página 12, por su parte, lo ha leído detenidamente como un síntoma de la <a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-4292-2006-10-29.html">cultura cinematográfica contemporánea</a>. Loops y más loops: metáforas de algo que se me escapa y, por cierto, gracias a todos los que fueron a <st1:personname productid="la Feria." st="on">la Feria.</st1:personname><o:p></o:p> del Libro. Lanzamos Caja Negra con Zombie y </span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: trebuchet ms;"><span style=";font-size:100%;" ><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: trebuchet ms;"><span style=";font-size:100%;" >*Dejo aquí la columna sobre Murakami que salió ayer domingo en RDL.<o:p></o:p></span></p> <p style="font-family: trebuchet ms;" class="MsoNormal"><span style=";font-size:100%;" ><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: trebuchet ms;"><span style=";font-size:100%;" >A veces pasa. A veces, un libro te golpea en la cabeza con una fuerza que eres incapaz de soportar y que no esperabas de ninguna manera: “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo”, de Haruki Murakami me sacudió de un modo violento, como no me sucedía desde “Los detectives salvajes”, “Experiencia” de Amis o, remontándome a la prehistoria, con viejos singles de Sonic Youth o el “Swamp Thing” de Alan Moore y John Tottleben. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: trebuchet ms;"><span style=";font-size:100%;" >Es alucinante quedar pegado con un libro, a estas alturas. Por supuesto espero leerme todo Murakami –desde la flamante edición española de “Tokio blues” hasta “Underground”, su libro de no-ficción sobre un ataque con gas sarín en el metro de Tokio- pero por el momento con “Crónica…” me ha bastado: he quedado mudo, quieto, expectante. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: trebuchet ms;"><span style=";font-size:100%;" >Es imposible describir el libro completo acá. Murakami escribe una clase de novela surreal que avanza a tientas en la oscuridad, hasta desembocar en lugares inesperados. Él mismo lo dice en alguna parte: “Cuando comencé a escribir tenía un anécdota mínima, a lo más una imagen, algo que ni siquiera era una idea: un hombre de 30 años, que está haciendo fideos en la cocina cuando su teléfono suena. Era algo sencillo, pero tuve la sensación de que algo iba a pasar ahí”. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: trebuchet ms;"><span style=";font-size:100%;" >Esa declaración parece citar el trazo de un cuento de Carver –Murakami es un experto en cultura americana- pero en realidad es el punto de partida de una obra mayor, de casi 700 páginas donde se superponen infinitas historias por medio de lazos invisibles. Al relato de Tooru Okada –héroe involuntario, sanador accidental, excusa perfecta para sumergirse en este mundo extraño- se le adosan paulatinamente el de un par de hermanas videntes, un político de ultraderecha en ascenso, una diseñadora de modas con un hijo pianista y mudo entre otras. Murakami, mezcla imágenes de una ciudad moderna al lado de relatos de guerra, mujeres perdidas en la bruma, paisajes de terror de una dimensión paralela, voces de muertos, citas kafkianas, fotografías de hoteles fantasmas y un pozo de agua seco desde donde Okada entra y sale para cambiar una y otra vez.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: trebuchet ms;"><span style=";font-size:100%;" >Lo interesante es que la novela, como género, a Murakami le sirve para casi todo. “Crónica…” es una lección sobre la forma, una novela-río impecable donde se despliegan una y otra vez ceremonias privadas y secretas. Ahí, los contenidos movimientos de Okada terminan siendo formas de ingresar en un lugar impenetrable.<span style=""> </span>“Ahí sus silenciosas palabras respiraban y vivían transformadas en historias. Pensaban, buscaban, crecían y emitían calor (…) la raíz de su existencia se fundía en el bosque del laberinto” dice Okada sobre Cinnamon, el pianista mudo que al parecer redacta una novela asombrosamente parecida a su vida.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: trebuchet ms;"><span style=";font-size:100%;" >Desdoblada en infinitos reflejos fractales en “Crónica…” la ficción<span style=""> </span>opera como la manera mundo de reglas invertidas donde la realidad se vuelve pantanosa, indescifrable. Es obvia la dificultad del libro pero también la sensación de que uno lee una obra mayor, liberada de las ataduras de la novela local. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style=";font-family:Arial;font-size:10;" ><span style="font-family: trebuchet ms;font-size:100%;" >Por supuesto, no sé qué hacer después de todo lo anterior; cómo bajar , de qué forma solucionar ciertas ideas que me vuelven recurrentes después de terminarlo. Porque, ¿qué hace uno después de pasar por la experiencia de una obra mayor? ¿qué se puede leer después de “Crónica…”?. No lo sé. Uno se vuelve paranoico: chequeo una biografía de Kurt Cobain (“Heavier than heaven” de Charles Cross) donde la escena inicial me parece –como los reflejos que encandilan a un conductor en la carretera- puro Murakami: metido en el pozo profundo de una sobredosis accidental, Cobain vuelve de entre los muertos en una habitación de hotel, renacido tal y como Tooru Okada; idéntico a sí mismo pero transformado para siempre.</span><span style=""> </span><o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal"><span style=";font-family:Arial;font-size:10;" ><o:p> </o:p></span></p><div class="blogger-post-footer">pop & ficci?n, notas al azar, work in progress y cr?nicas inmediatas by alvaro bisama</div>Alvaro Bisamahttp://www.blogger.com/profile/09346404923709700956noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-14813060.post-1160447251573418412006-10-09T22:25:00.000-04:002006-10-09T22:27:31.610-04:00comelibros: política<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://i56.photobucket.com/albums/g197/lhoso76/I0_Moneda20En20Llamas.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://i56.photobucket.com/albums/g197/lhoso76/I0_Moneda20En20Llamas.jpg" alt="" border="0" /></a><br /> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Garamond;">Son pocas las veces en que la política se ha tomado la novela chilena reciente. Así, más allá de objetos como <span style=""> </span>la saga completa del detective Heredia de Díaz Eterovic, “Puño y letra” de Diamela Eltit, el cameo de Pinochet en “Nocturno de Chile” y la vaticana diplomacia concertacionista que susurra “El arte de callar” de Roberto Brodsky; resultan escasos o de poco espesor los momentos en que nuestra ficción describe al detalle los asuntos relacionados con las maquinarias del poder político y económico. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Garamond;">No es raro. Puede que tengamos miedo o timidez para desnudar los pasadizos secretos de <st1:personname productid="La Moneda" st="on">La Moneda</st1:personname>, el Congreso y el poder judicial. Hay que ser valiente para trabajar en el<span style=""> </span>revés de la trama de nuestro presente en relatos que desnuden o inventen secretos y dejen a viva voz y en carne viva aquellos murmullos que son el origen de toda ley, tabúes inabordables para nuestra literatura. Pero también puede que no lo hagamos porque el tema no nos interesa al punto de obsesionarnos, no es tan central en nuestras letras, no al nivel de los mexicanos –para Volpi o Fuentes el poder es <i style="">el</i> tema- o los argentinos –de Sarmiento a Fogwill, pasando por Piglia o Forn- por una cuestión de idiosincrasia local.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Garamond;">Pero la política está ahí. Basta leer dos novelas recientes: “Examen de grado” de Ernesto Ayala y “<a href="http://numerokaifman.blogspot.com/">El número Kaifman”</a> de <a href="http://fortegaverso.blogspot.com/">Francisco Ortega</a>, donde se luce como un efecto colateral, involuntario y azaroso, pero que tambiés es la electricidad que ilumina los rincones oscuros de dichos textos.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Garamond;">Así, a pesar de su tono hot –por cierto, una <i style=""><span style="">bildungroman</span></i><span style=""> debería ser siempre porno- “Examen de grado” alcanza sus mejores momentos cuando la incorrección toma las riendas del asunto. Mientras que el objeto del deseo del narrador es una mujer madura declaradamente <i style="">pinochetista</i>, el clímax de la historia es un famoso tiroteo/atentado en un banco, en la década de los 90. Para Ayala, la ley del deseo pareciera ceder a un imperativo mayor y trágico, como si la memoria de la década pasada, aquella resaca de violencia política local pusiera paños fríos a la pasión, confirmando la idea de que en la sociedad chilena, la única fuerza de gravedad es el peso de la noche. <o:p></o:p></span></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Garamond;">En el caso de Ortega el asunto es similar: Paul Kaifman, el personaje central, es columnista de una revista de derecha y apoyó a la dictadura en contra de los deseos de su familia. El dato no es menor, pero a Ortega le sirve para colocar a la deriva a Kaifman, dejándolo a merced de las conspiraciones que lo tendrán como centro, mientras –como en una pesadilla de los libros finales de Phil Dick- explota una bomba en el Parque Arauco, se declara estado de sitio y el país se coloca a<span style=""> </span>centímetros del totalitarismo.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Garamond;">Es raro. Las distancias entre el proyecto de Ayala –la nostalgia de una edad de la inocencia a la que no se puede volver- y el de Ortega –la conspiración como único método para entender la cultura- son enormes pero también sus cercanías: para ambos la política-ficción –y la incorrección- se ofrece como un mecanismo no desdeñable pero algo invisible, el esqueleto bajo la piel del texto que provoca movimientos inesperados, volviendo los relatos aún más interesantes por anómalos o incisivos. Esa inmersión en la política para ambos es un tanto lateral pero sus efectos son imprescindibles. Con ella se adivina la posición que ocupa el poder en nuestra ficción, aquella condición de dolorosa obsesión no buscada: un invitado indeseado que viene de tanto en tanto a cambiar las cosas sin permiso, trágica y paradojalmente, como un punto de no retorno. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Garamond;"><o:p>RDL, el Mercurio, domingo 8 de octubre de 2006<br /></o:p></span></p><div class="blogger-post-footer">pop & ficci?n, notas al azar, work in progress y cr?nicas inmediatas by alvaro bisama</div>Alvaro Bisamahttp://www.blogger.com/profile/09346404923709700956noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-14813060.post-1160366790847608122006-10-09T00:05:00.000-04:002006-10-09T00:06:30.863-04:00¿Qué leer?<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.jnscomics.com/images/all-star-superman-1A.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px;" src="http://www.jnscomics.com/images/all-star-superman-1A.jpg" alt="" border="0" /></a><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.dsng.net/arts/images/windupbird.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px;" src="http://www.dsng.net/arts/images/windupbird.jpg" alt="" border="0" /></a><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.alfaguara.santillana.es/upload/portadas/2006/8420470511.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px;" src="http://www.alfaguara.santillana.es/upload/portadas/2006/8420470511.jpg" alt="" border="0" /></a><div class="blogger-post-footer">pop & ficci?n, notas al azar, work in progress y cr?nicas inmediatas by alvaro bisama</div>Alvaro Bisamahttp://www.blogger.com/profile/09346404923709700956noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-14813060.post-1159490250676845782006-09-28T20:36:00.000-04:002006-09-28T21:54:18.740-04:00comelibros: Chuck<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://64.235.244.110/Doom_Patrol_No099_Nov_1965_DC.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://64.235.244.110/Doom_Patrol_No099_Nov_1965_DC.jpg" alt="" border="0" /></a><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/en/thumb/2/2d/Chuck_palahniuk_haunted.jpg/200px-Chuck_palahniuk_haunted.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/en/thumb/2/2d/Chuck_palahniuk_haunted.jpg/200px-Chuck_palahniuk_haunted.jpg" alt="" border="0" /></a><br /><p class="MsoNormal" style="text-align: justify;font-family:trebuchet ms;"><span style="font-size:100%;">Fue el año pasado. Subimos a <st1:personname productid="La Sebastiana" st="on">La Sebastiana</st1:personname> a ver un <i style="">karaoke</i> de poesía joven. No estuvo mal para ser un viernes. Prometía: uno o dos años antes ahí Poli Délano dijo que Donoso había muerto de SIDA. Pero ese no es el punto. El punto es que entre las rimas en <i style="">cut-up</i> de un poeta autocanonizado y una larga lista de vómitos existenciales de verseros de toda laya, un chico citó a Chuck Palahniuk en un texto. Eso sonó a moda pero también a algo más, como un referente que tenía a mano. Nada raro: hablaba de Palahniuk del mismo modo en que nosotros seguíamos a Bukowski o a Burroughs en los 90. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;font-family:trebuchet ms;"><span style="font-size:100%;">A lo que voy: me acordé –que era más que una marca generacional: era un síntoma de isocronismo pop, tal vez-de esa mención ahora, al momento de terminar “Fantasmas”, el último libro de Palahniuk. La razón: “Fantasmas” devuelve a un autor en plena forma luego de un par de libros irregulares –o domesticados- como “Nana” o “Diario”, ofreciendo,<span style=""> </span>de paso, una metáfora feroz sobre el arte literario: unos cuantos aspirantes a escritores se inscriben en un taller y terminan matándose entre ellos de formas diversas, con la automutilación y el canibalismo incluidos. Lo inquietante es que, encerrados en un teatro vacío y a merced del hambre y la violencia, se cuentan historias unos a otros. Las mejores: la de unos soldados travestidos que reciben golpes para juntar dinero e ir de nuevo al Medio Oriente; la de una caja de pesadillas que vuelve loco a quien la mira; la de los últimos hombres lobo; la de una mujer que puede desatar una peste bíblica con sólo estornudar; la de una agente de policía que protege a unos maniquíes de abusos sexuales.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;font-family:trebuchet ms;"><span style="font-size:100%;">Son demenciales paradojas de terror doméstico donde la imbecilidad da paso a la violencia y el dolor compone una comedia asquerosa e insobornable. Pero en medio de esta alegoría de la estupidez contemporánea, se cuela una pregunta abierta sobre qué significa escribir en estos tiempos confusos. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;font-family:trebuchet ms;"><span style="font-size:100%;">No es que signifique demasiado pero sí se exhibe como algo indispensable: para Palahniuk, la ficción es el corazón de la cultura. Así, “Fantasmas” trata de cómo la literatura constituye la última frontera de la mitología; de cómo los escritores son chamanes mediáticos dispuestos a incinerarse a sí mismos para fundirse con su propio relato, para convertirse en él. En ese gesto, uno recuerda a James Frey, al Roth más onanista, a Germán Marín, a María Luisa Bombal, al Amis de “Experiencia”, al Piglia adicto a sus diarios de vida. Uno recuerda, leyendo “Fantasmas” esa verdad tan obvia que las escuelas de literatura intentan enterrar a cómo dé lugar: que el narrador es el autor y que toda novela esconde en el fondo una biografía.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;font-family:trebuchet ms;"><span style="font-size:100%;">Porque tenemos las historias que necesitamos, las que merecemos. Sus redactores son los mediúms de una comunidad agotada de sí misma; creadores de dioses escombrados y a la deriva, de héroes rotos, o asesinos, pervertidos, náufragos. Tal vez por eso, el poeta de <st1:personname productid="La Sebastiana" st="on">La Sebastiana</st1:personname>, para lucir <i style="">avant la lettre</i>, lo mencionara, lo volviera un guiño. Puede ser: enmascarado en sus talleristas sociópatas, Palahniuk redacta la extraña utopía de una ciudad letrada electrificada, llena de los desperdicios del canon mientras recupera el valor del viejo arte de narrar: “Pondremos un fantasma en el viejo teatro para embellecer la historia (…) encantaremos este sitio nosotros mismos, lo atiborraremos de almas perdidas. Convertiremos nuestras vidas en una aventura terrible. Una historia de horror real con final feliz. Una prueba de que sobrevivimos para contar”.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;font-family:trebuchet ms;"><span style="font-size:100%;"><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;font-family:trebuchet ms;"><span style="font-size:100%;">Domingo 24 de septiembre, RDL; el Mercurio.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;font-family:trebuchet ms;"><span style="font-size:100%;"><o:p> </o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><i style=""><span style=";font-family:Arial;font-size:10;" ><span style=";font-family:trebuchet ms;font-size:100%;" >*como la foto de portada es horrenda, coloqué una imagen de la vieja Doom Patrol que me parece notable.</span></span></i></p><p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">*chequeen el texto de <a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-3278-2006-09-28.html">Hitchens sobre Ratzinger</a> en Radar del Pagina 12. Notable.<br /><i style=""><span style=";font-family:Arial;font-size:10;" ><o:p></o:p></span></i></p><div class="blogger-post-footer">pop & ficci?n, notas al azar, work in progress y cr?nicas inmediatas by alvaro bisama</div>Alvaro Bisamahttp://www.blogger.com/profile/09346404923709700956noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-14813060.post-1159065631531658432006-09-23T22:37:00.000-04:002006-09-23T22:40:31.536-04:00Agit Pop<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/blogger/1819/1352/1600/DSCN0439.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/1819/1352/400/DSCN0439.jpg" alt="" border="0" /></a><br /> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family:Arial;">Nada muere, todo se transforma. Incluso Valparaíso, que alguna vez fue un mito literario y que ahora luce como el decorado de una cinta que Fellini nunca filmó, un escenario de cartón piedra que se vende como laberinto pero que en realidad es una línea recta, del cielo al suelo, donde no hay donde perderse para escapar de la miseria. Así, mientras la ciudad agoniza, su superficie muda o se desnuda: en vez de crear una nueva piel que la cubra exhibe una musculatura cansada donde ya no corre tanta sangre. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family:Arial;">Sobre ella sus habitantes asisten a carnavales, discuten sobre el patrimonio, se entregan a modos inútiles y desesperados de salvarla. Por supuesto, no les resulta: el municipio hace poco y nada, los políticos siguen abrazando bebés, los escritores lucen reconcentrados en sus propias carreras egoístas escribiendo poemas que nadie escucha, los artistas visuales fotografían las ruinas y escriben una prosa llena de paréntesis que en realidad es una forma de parálisis, los nostálgicos lloran y la ciudad sigue ahí llena de laceraciones, un infierno abierto al mundo. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family:Arial;">Por supuesto, hay excepciones que son, a veces, frutos del azar o de la improvisación: al lado de los artesanos de <st1:personname productid="la Plaza Victoria" st="on"><st1:personname productid="la Plaza" st="on">la Plaza</st1:personname> Victoria</st1:personname>, un puñado de skaters de pelos de colores salta en sus tablas sobre el piso anciano del espacio público. Los skaters no tienen mucha edad ni piensan demasiado. Para ellos el puerto es una inmensa pista donde los espacios públicos vacíos –Tribunales, la escultura que precede a <st1:personname productid="la Escuela" st="on">la Escuela</st1:personname> de Derecho en Errázuriz, el hall del edificio Centenario- son por fin habitados de otra manera, enfocados desde <i style="">otra</i> óptica, atravesados con <i style="">otra</i> velocidad. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family:Arial;">Los skaters son o no son un tribu, tienen o no un número fijo, pero están ahí, invisibles en el universo porteño. Los que están en <st1:personname productid="la Plaza Victoria" st="on"><st1:personname productid="la Plaza" st="on">la Plaza</st1:personname> Victoria</st1:personname> matan ahí las tardes puliendo un espíritu callejero que ya se quisieran todos los poetas que le hacen odas a la ciudad en servilletas. En una ciudad muerta, los patinadores y sus amigos stencileros, son una de las pocas cosas vivas que pueden verse por el barrio. Porque mientras los primeros han inventado una nueva velocidad para descender del cerro al plan, los segundos han aprendido a narrarla con las escrituras secretas de la ciudad y de sus esquinas. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family:Arial;">Stencils, stickers y grafittis se ofrecen como una caligrafía imposible y nueva. Mientras Valparaíso se empeña en preservar su maquillaje patrimonial, estas hordas –que en realidad son pandillas o mejor dicho, formas disléxicas de familias- de artistas improvisados capturan las imágenes inmediatas del presente: desde estúpidos y viejos ídolos punks muertos hasta peluches salpicados en sangre pasando por mensajes crípticos para un destinatario desconocido. No se trata de nada nuevo pero sí de algo urgente. Son un golpe en el mentón en el universo del muralismo local. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family:Arial;">Así, mientras el hip-hop alcanza la sofisticación de una estética consagrada y el muralismo político bosteza por su propio aburrimiento, los stencileros y los sticker boys pintan y pegan figuras seriadas con un mensaje que ellos solo entienden. Si Valparaíso siempre ha sido hogar de tribus diversas, ellos son la última encarnación de una modernidad post-industrial desfalleciente. Hay algo irónico ahí. Y también algo heroico: los desechos de la cultura transformados en arte, la mirada epiléptica, la calle como una galería o una guerrilla. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family:Arial;">Recuerdo a uno, Koloranzio, -ver notassucidas.tk, su impresionante página de intervención urbana- que pegaba stickers en una señal de tránsito en el paseo Yugoslavo y haberlo escuchado contarme ese día como había arrancado de todo tipo de policías, cómo se conseguía stickers vía postal, cómo se relacionaba con sus amigos skaters. Koloranzio tenía 16 años pero aparentaba 14, lucía como si David Bowie fuera miembro de los Ramones y su mejor obra, la personal, entre tanta imagen ajena era un stencil de Sid Vicious, que hasta ahora he visto repetido en un montón de partes. Koloranzio pegaba stickers hasta llenar la señalética, hasta impedir que dijera o señalara nada. No me explicó demasiado pero capté su ansiedad, la urgencia de trazar imágenes y retratar el presente, la desesperación, el riesgo y la sensación de que para él y sus amigos la ciudad era algo nuevo. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family:Arial;">Apropiados de una imaginería ajena, estos chicos buscaban la propia y la encontraban. Su caligrafía de colores estaba llena de rabia pero carecía de maldad. Entre tanto escrito patrimonial, entre tanto déle que suene a las precarias condiciones de producción de la cultura local -que en realidad está más muerta que la discografía completa del Gitano Rodríguez- estos chicos están haciendo interviniendo el presente para inventar de paso algo parecido al futuro. Porque son situacionistas improvisados para los que Guy Debord es sólo una marca de ropa que citan los punks ancianos. Porque para ellos no hay contracultura: sus imágenes hipertrofiadas son sólo fieles a sí mismas y son corrosivas porque son efímeras. Su estética es la de la desaparición inminente porque está ungida por la violencia de lo perecedero, del olvido. No hay museo que las coleccione salvo blogs, fotos digitales, fanzines que nunca aparecen. Son la verdadera ciencia-ficción criolla, nuestro verdadero realismo-socialista, el imposible agit-prop de una revolución falsa cuyos única destellos son esos grafittis mínimos sobre los muros agrios del patrimonio, aquellos parpadeos de una visión que se incendia como las alucinaciones de una nueva piel lista para representar las viejas ceremonias. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal"><o:p>Ciudad Invisible, Valparaíso, agosto de 2006 </o:p></p><div class="blogger-post-footer">pop & ficci?n, notas al azar, work in progress y cr?nicas inmediatas by alvaro bisama</div>Alvaro Bisamahttp://www.blogger.com/profile/09346404923709700956noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-14813060.post-1159065057391019192006-09-23T22:20:00.000-04:002006-09-23T22:30:57.406-04:00demasiado ego: Caja Negra<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.georgetown.edu/faculty/irvinem/visualarts/Image-Library/Warhol/warhol-elvis.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://www.georgetown.edu/faculty/irvinem/visualarts/Image-Library/Warhol/warhol-elvis.jpg" alt="" border="0" /></a><br />En el blog de <a href="http://cajanegralanovela.blogspot.com">caja negra: </a>una entrevista a dúo con <a href="http://fortegaverso.blogspot.com/">Pancho Ortega</a> -a todo esto: "El Número Kaifman" está de miedo: lejos el mejor thriller político del año- que nos hizo Ramírez en CAPITAL y la primera crítica-crítica a "Caja Negra", por <a href="http://shilenidades-cl.blogspot.com">Rodrigo Pinto</a> para El Sábado.<div class="blogger-post-footer">pop & ficci?n, notas al azar, work in progress y cr?nicas inmediatas by alvaro bisama</div>Alvaro Bisamahttp://www.blogger.com/profile/09346404923709700956noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-14813060.post-1158793125412851362006-09-20T18:44:00.000-04:002006-09-20T18:58:45.600-04:00caja negra: pics<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.viewingspace.com/genetics_culture/images_genetics_culture/gc_wk_03/hoyt/DeadHare.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://www.viewingspace.com/genetics_culture/images_genetics_culture/gc_wk_03/hoyt/DeadHare.jpg" alt="" border="0" /></a><br />subí un pedazo de <a href="http://cajanegralanovela.blogspot.com/2006/09/un-fragmento-de-caja-negra-que-est.html">"Caja Negra"</a> a su blog. Para que vean de qué va la cosa. Una pequeña reseña biográfica de un monstruo inolvidable.<div class="blogger-post-footer">pop & ficci?n, notas al azar, work in progress y cr?nicas inmediatas by alvaro bisama</div>Alvaro Bisamahttp://www.blogger.com/profile/09346404923709700956noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-14813060.post-1158755540321207962006-09-20T08:26:00.000-04:002006-09-20T08:32:20.366-04:00comelibros: Tevé<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://fdc.canal13.cl/fdc/i/photos-b/1987/sarita1.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://fdc.canal13.cl/fdc/i/photos-b/1987/sarita1.jpg" alt="" border="0" /></a><br /><span style="font-style: italic;">un texto sobre televisión y literatura ilustrado por una imagen perturbadora: Paulina Urrutia, ex actriz devenida en ministra que hizo su mejor esfuerzo como una insportable villana aspiracional en "Fuera de Control", allá por 1999. </span><br /><br /><p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;">Siempre he pensado que una de las mejores novelas sobre <st1:personname productid="la Transici￳n" st="on">la Transición</st1:personname> local la escribió Pablo Illanes y venía envasada en forma de una teleserie llamada “Fuera de control”. Ahí, en una obra llena de citas a Moya Grau y Sergio Vodanovic, la ficción adquiría un espesor traumático inusitado: la protagonista era abusada y desfigurada, el héroe iba a dar a la cárcel y <span style=""> </span>los villanos no eran megalómanos sino pequeños personajes de clase media que no calificarían ni para un cuento de la ajada Nueva Narrativa Chilena. Pero había algo más, tal vez la sensación turbia de un encierro donosiano que se volvía aún más angustioso en la medida que la serie avanzaba, deslizándose –en sus últimos capítulos-<span style=""> </span>hasta el decorado de un camping invernal, una extraña tierra baldía, una playa donde sólo quedaban olas muertas.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;">Recuerdo “Fuera de control” y pienso en este año y en cómo ciertas ficciones televisivas –la de “Huaiquimán y Tolosa”, por ejemplo- han terminado por suplantar los docudramas que acostumbrábamos ver sugiriendo, de paso, ideas para una novela chilena imposible. Lo interesante es que no se trata de ficciones complejas si no más bien de paisajes, imágenes, cristalizaciones o reflejos, enigmas envueltos en acertijos que el espectador intenta resolver semana a semana. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;">Y no son dilemas menores, porque en la tele toca día a día los tabúes de la literatura chilena reciente. Aparecen ahí el olor a podredumbre de la calle, las culpas del pasado, los maquillajes de la crueldad, la violencia y los acomodos de todo tipo se exhiben una y otra vez en historias al parecer inofensivas.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;">Así, en “Huaiquimán y Tolosa” está todo lo que faltaba y fallaba en “La muralla enterrada” de Carlos Franz, que es aquello que ha quedado fuera de nuestras novelas de clase, empeñadas como están en lucir políticamente correctas, a la moda de una mitteleuropa que nunca existió. Pero no es sólo eso: el <i style="">coa</i> chapurreado y falso de Benjamín Vicuña es mejor que dos tercios de la poesía urbana novísima, escrita por malos lectores de Derrida que pretenden hablar como hiphoperos poblacionales. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;">No hay demasiada profundidad ahí pero sí algo de intuición, de aquel acto de plegar el lenguaje de la ficción al habla real y ver qué sale. “Huaiquimán y Tolosa” es televisión desechable pero tiene más carne que muchas novelas realistas. Porque nuestro realismo casi siempre, no se interna en la parodia. No viaja más allá de la mera foto y del fantasma de los glosarios que cerrraban las novelas de Mariano Latorre. Extraño: la literatura chilena ha aprendido poco y nada de Raul Ruiz, del mismo Moya Grau, de Vodanovic. <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;">Y eso es paradójico, porque buena parte de los guionistas de televisión chilenos (entre ellos Nona Fernández, Marcelo Leonart o Alejandro Cabrera, por ejemplo) posan de escritores, publican cuentos o novelas, pero no cruzan sus propios límites, ensuciando su ficción con la misma basura catódica que producen. Puede que sea porque para ellos, los culebrones sólo les pagan el arriendo o la colegiatura de los niños y simplemente tienen miedo a cruzar la líne, temblando ante la idea de que su mejor obra está en pantalla y no en los libros.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-family:Arial;">No sé. Cuando veo “Huaiquimán y Tolosa” me doy cuenta de que algo ha cambiado: el realismo parece haber cedido a algo más complejo, más íntimo, tensando la cuerda que une ficción e identidad. Enésima reescritura de un molde ajeno –una serie argentina, todas las <i style="">buddy movies</i> del mundo- en dicha serie, como en “Fuera de control”, se siente el hálito de lo verdadero en la franqueza reveladora de lo apócrifo, aquella nitidez estúpida de las mejores novelas chilenas. <o:p></o:p></span></p><div class="blogger-post-footer">pop & ficci?n, notas al azar, work in progress y cr?nicas inmediatas by alvaro bisama</div>Alvaro Bisamahttp://www.blogger.com/profile/09346404923709700956noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-14813060.post-1158082730463001432006-09-12T13:31:00.000-04:002006-09-12T13:38:50.480-04:00Colors! by Carla Mckay<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/blogger/1819/1352/1600/02%20catalogo%20carla%20mc%20kay.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/1819/1352/320/02%20catalogo%20carla%20mc%20kay.jpg" alt="" border="0" /></a><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/blogger/1819/1352/1600/01%20catalogo%20carla%20mc%20kay.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/1819/1352/320/01%20catalogo%20carla%20mc%20kay.jpg" alt="" border="0" /></a><br />Carla, mi pareja, expone en el Centro Cultural La Reina en dos semanas más: del 27 de septiembre al 11 de octubre. La muestra se llama <span style="font-weight: bold; color: rgb(255, 0, 0);">Colors! </span>y le lleva puro pop art + delicatessen: muñequitas perdidas en vestidos de fiesta, stencils de flores y extrañas imágenes de familia a la deriva en el tiempo. Están todos invitados.<div class="blogger-post-footer">pop & ficci?n, notas al azar, work in progress y cr?nicas inmediatas by alvaro bisama</div>Alvaro Bisamahttp://www.blogger.com/profile/09346404923709700956noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-14813060.post-1158082193627246852006-09-12T13:26:00.000-04:002006-09-20T18:43:02.590-04:00blog abierto<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/blogger/1819/1352/1600/9563040171.0.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/1819/1352/320/9563040171.0.jpg" alt="" border="0" /></a><br /><div style="text-align: justify;">Acabo de abrir el blog de <a href="http://cajanegralanovela.blogspot.com">"Caja negra"</a>, ahí está la entrevista que me hizo el imprescindible Alvaro Matus el domingo pasado en Revista de Libros. Enjoy It. </div><div class="blogger-post-footer">pop & ficci?n, notas al azar, work in progress y cr?nicas inmediatas by alvaro bisama</div>Alvaro Bisamahttp://www.blogger.com/profile/09346404923709700956noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-14813060.post-1157340616038850972006-09-03T23:24:00.000-04:002006-09-03T23:30:16.060-04:00de vuelta a la tierra<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.zachd.com/kubricks/devilman%20box%20a.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://www.zachd.com/kubricks/devilman%20box%20a.jpg" alt="" border="0" /></a><br /> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style=";font-family:Arial;font-size:10;" ><span style="font-style: italic;">Lo básico: estuve fuera de circulación un buen tiempo. Cerrando una novela, que se llama “Caja negra” y que aparece por Bruguera la próxima semana. Es una novela extraña: no hay estudiantes de literatura melancólicos, ni adolescentes cocaínomanos, ni largos raccontos biográficos. No hay realismo a la chilena sino más bien lo contrario: películas clase B, comics japoneses y un par de apocalipsis cotidianos. Confesión: la novela que escribí es la que siempre quise leer y eso me gusta demasiado. Pero me desvío: me fui de acá y ahora vuelvo. Entremedio pasaron cosas: Fidel Castro renunció, le dieron el Premio Nacional a Varas y Revista de Libros pasó a ser publicada el domingo. Eso último es una buena excusa para volver. Por supuesto, cumplo con el deber riguroso de postear mi dos columnas más recientes: una sobre Hans Pozo y otra sobre Varas, Parra y el Premio Nacional. Eso. “Caja negra” tiene un blog que, me imagino irá creciendo estos días.</span> <o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style=";font-family:Arial;font-size:10;" >Correcto<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style=";font-family:Arial;font-size:10;" >Es extraño que tras tanta escaramuza previa, la adjudicación del Premio Nacional de Literatura a José Miguel Varas haya sido celebrada con inaudita moderación, casi como un mero trámite. Raro: todo el mundo parece feliz –desde Valente a Uribe, pasando por Promis y Jaime Concha- pero nadie grita de alegría. Nadie se vuelve loco, nadie imputa nada. Hay paz y consenso. Todos dicen que el galardón está <i style="">bien</i> y que Varas, merecía además y por qué no, el Nacional de Periodismo.<o:p></o:p></span></p> <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style=";font-family:Arial;font-size:10;" >Por supuesto, esta actitud no tiene que ver con Varas sino más bien con un ambiente local donde brilla lo políticamente correcto como consigna. Ahí, es mejor no levantar polvaredas y votar por lo seguro. En ese contexto, a la hora de la elección, candidatos como Diamela Eltit o Germán Marín lucían bastante más problemáticos que Varas: ambos poseen lectores fanáticos o desquiciados, provocan odios paridos, poseen un corpus contradictorio, irregular y a ratos, esencial. Ambos, en esta misma revista, habían acuñado hecho declaraciones algo radicales: con propiedad, Eltit habló de una histórica justicia de género y Marín sostuvo –en una insuperable salida- que se trataba de un premio inmundo, de ratas. De ahí que ambos, a pesar de estar en las antípodas el uno del otro, podían leerse como incómodo