tag:blogger.com,1999:blog-132100352007-05-02T00:44:21.507+02:00FiccientosEduardo Allendehttp://www.blogger.com/profile/18110343975947834687noreply@blogger.comBlogger61125tag:blogger.com,1999:blog-13210035.post-1132231311432482262005-11-17T11:30:00.000+01:002005-11-17T13:41:51.433+01:00Lapidario - Formas de ahorroLa única diferencia entre ahorrar esfuerzos y ahorrar dinero es que ahorrar esfuerzos permite llevar una existencia tranquila mientras que ahorrar dinero permite ahorrar esfuerzos.Eduardo Allendehttp://www.blogger.com/profile/18110343975947834687noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-13210035.post-1132231266022414602005-11-17T11:00:00.000+01:002005-11-17T13:41:06.026+01:00Rosario - Capítulo IXEn despertando tuve ocasión de confirmar que Rosario todavía estaba allí. Y si digo ‘en despertando’ es para dejarle claro que no fue ni antes ni después, sino en el preciso momento de abrir los ojos, en ese instante mágico que no es ni vigilia ni sueño y en el que las cosas más fantásticas pueden suceder. Antes, obviamente, habría sido difícil confirmar nada porque el sueño, ya lo han dicho voces más adelantadas que la mía, es capa que cubre todos los humanos pensamientos.<br /><br />No es que me preocupara en exceso la posibilidad de no encontrarla al despertar pero, al fin y al cabo, ambos habíamos quedado al cargo de cuanto de valor habíamos llevado hasta allí y digo yo que el natural sistema de turnos o guardias exige que si uno anda, como se dice vulgarmente, en brazos de morfeo el otro no debe abandonar la vigilancia bajo ningún concepto si no quiere poner en riesgo el recto cumplimiento de las tareas de custodia que se le han encomendado. Pero, como le digo, no me preocupaba, porque la Rosario siempre ha sido muy suya. Toda esa testarudez que mostraba con la higiene también le resultaba de aplicación en cualquier otro ámbito de la vida.<br /><br />Una vez, para que se haga una idea, don Germán, que tenía que ausentarse por asuntos propios, la dejó al frente de La Esquina con el encargo de atender a no sé qué nuevo distribuidor de refrescos azucarados y con ácido carbónico. La consigna era clara, el distribuidor debía dejar dos cajas a prueba y arreglar cuentas a los quince días. Quiso la fortuna que ese mismo día pararan por allí dos Testigos de Jehová persiguiendo, como es su costumbre, la fácil ganancia de prosélitos. Rosario, viéndolos tan encorbatados, los tomó por distribuidores de bebidas gaseosas y no cejó en su empeño de que le dejaran dos cajas a prueba. Tan vehemente fue su insistencia que uno de ellos tuvo que marchar al bar de enfrente en busca de dos cajas de treinta y seis botellas de aquel nuevo brebaje mientras el otro, ante la atenta mirada de Rosario, acababa nerviosamente y de uno en uno con los panchitos que le había servido para acompañar el sifón. No creo que su compañero se demorara más de quince o veinte minutos pero me da a mí que los sudores transpirados en tan breve lapso le echaron a perder el traje. Una pena, porque tengo entendido que estos Testigos sólo tienen uno que se pasan de padres a hijos aprovechando que hay cosas que nunca pasan de moda.<br /><br />Jamás olvidaré la cara de aquellos dos muchachos cuando, al despedirse, Rosario les dijo que volvieran en dos semanas para arreglar cuentas. Mudaron la expresión desde el asombro hasta el espanto. Luego, asiendo firmemente sus Biblias comentadas por el profeta Joseph Smith y con forzada sonrisa, aceleraron el paso hasta perderse tras la esquina que daba y da nombre a nuestro local. Desde entonces, no sé si a causa de este episodio o por alguna otra razón, ningún representante religioso ha turbado la paz de que disfrutamos allí. Pero de lo que sí estoy seguro es de que ninguno de los dos olvidará jamás a Rosario.<br /><br />Y es que como Rosario, a pesar de lo que ella misma crea, ni hay ni puede haber otra igual. Los más ilustres doctores de la filosofía y de la teología han querido coincidir en que todas las personas son únicas. Rosario, por el contrario, estaba orgullosa de no serlo. Solía decir que en su familia había habido Rosarios desde que existen los recuerdos y que incluso la rama de su familia que había marchado muchos años atrás a hacer las américas y se dedicaba exitosamente a la pesca del litoral tenía por costumbre bautizar sus embarcaciones con ese mismo nombre. Cuando aquel extraño pintor extranjero dejó su cuadro en pago de una comida recuerdo que ella le preguntó si alguno de los veleros que en ella se veían llevaba por nombre Rosario. El pobre hombre no salía de su asombro mientras abría los ojos y movía el bigote. Es posible que simplemente no hubiera entendido la pregunta. Al fin y al cabo se le formuló en un idioma que no era el suyo, cualquiera que este fuese .Además, tampoco puede decirse que Rosario se distinguiera por una dicción clara y prosódica. En todo caso, de haber entendido algo, estaba claro que era contrario a toda lógica que nadie pudiese comprender una pregunta tan carente de sentido.<br /><br />Revilla y el Tranviario hicieron muchas risas con el asunto y llegaron a bautizar el cuadro como ‘El barco de Rosario’ mientras Herminio y don Germán intentaban poner algo de paz, porque la Rosario se tomaba las chanzas por el lado malo y más de una vez casi llega a las manos. Sólo don Alirio permanecía al margen de estos pleitos. Por el contrario, don Antidio, aquel día que nos visitó, se permitió señalar con inusitada autoridad cuál de todos los barcos era el que se llamaba Rosario. Tan inusitada fue que nadie se sintió capaz de contradecirle, pero no era eso lo que yo he venido a contarle así que no me siga distrayendo que a este paso no acabaré nunca.Eduardo Allendehttp://www.blogger.com/profile/18110343975947834687noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-13210035.post-1132231124909727652005-11-17T10:00:00.000+01:002005-11-17T13:38:44.910+01:00Recetario - Literatura y compromiso (II)La responsabilidad social es de todos. Quizá en países analfabetos, en que al escritor se le exige algo que él no se había propuesto, toda vez que no es político, ni sociólogo, ni dirigente de masas, en esos países pienso que se está exagerando esto. El escritor es un artista, no un reformador. Los <em>Versos sencillos</em> de Martí son la obra de un <em>escritor</em>. Cuando Martí quiso actuar como <em>político</em> agarró un fusil, se montó en un caballo y murió bellamente en el primer combate. Siempre supo qué cosa estaba haciendo.<br />(Augusto Monterroso, 1977)Eduardo Allendehttp://www.blogger.com/profile/18110343975947834687noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-13210035.post-1132230890924391352005-11-17T09:00:00.000+01:002005-11-17T13:34:50.950+01:00Rincón Publicitario #13<iframe style="WIDTH: 120px; HEIGHT: 240px" marginwidth="0" marginheight="0" src="http://rcm.amazon.com/e/cm?t=salidasdeemer-20&o=1&amp;p=8&l=as1&amp;asins=0192836730&=1&amp;fc1=000000&IS2=1&amp;lt1=_blank&lc1=0000ff&amp;bc1=000000&bg1=ffffff&amp;f=ifr" frameborder="0" scrolling="no"></iframe>Eduardo Allendehttp://www.blogger.com/profile/18110343975947834687noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-13210035.post-1130421945470667992005-10-27T16:05:00.000+02:002005-10-27T16:05:45.470+02:00Lapidario - En este mundo traidor...No es cierto que en este mundo traidor nada sea verdad ni mentira. Es incuestionable que el mundo es traidor.Eduardo Allendehttp://www.blogger.com/profile/18110343975947834687noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-13210035.post-1130421400180035492005-10-27T15:20:00.000+02:002005-10-27T17:06:34.736+02:00Bestiario - Archibald Fenster-Parrish<img style="FLOAT: right" alt="Image hosted by Photobucket.com" src="http://img.photobucket.com/albums/v707/eduardoallende/afp4.jpg" /><strong>Archibald Fenster-Parrish<br /></strong>Pintor y falsificador de obras de arte británico. Surrey, 1911 – Tapihi, 1979<br /><br />Poco puede añadirse a lo que la crítica más excelsa ha declarado ya sobre la obra del pintor Archibald Fenster-Parrish, quizá el mejor ejemplo de lo que la posmodernidad ha transformado el mundo del arte mudándolo desde una estéril pasividad interpretativa hasta un laberinto de significaciones en las que la propia obra se diluye hacia aspectos que trascienden lo meramente apriorístico. Se ha dicho (P.N. Watson, 1973), creo que con razón, que en la obra de Archibald Fenster-Parrish lo sublime destruye el tipo para mostrar una subjetividad tan vehemente como problemática.<br /><br />No es mucho lo que se sabe sobre los primeros años de Fenster-Parrish. Las más de las veces se trata de información imprecisa que él mismo fue propagando en diversas entrevistas. En 1992 Patrick Nigel Watson, uno de sus principales biógrafos, localizó su partida de nacimiento, estableciéndose, como venían deseando los estudiosos desde hacía tiempo, un hecho indubitable sobre su origen. A tenor de lo que consta en dicha partida, Archibald Fenster-Parrish fue abandonado a los pocos días de nacer en un callejón de Surrey en 1911. Recogido por las autoridades, fue criado en el orfanato de Santa Cecilia. Como era allí costumbre, los muchachos eran bautizados con los nombres de los autores de los libros de la biblioteca de la institución. Parece ser que Fenster-Parrish era el autor de un tratado de jardinería del siglo XVII.<br /><br />Según declaraciones propias (TLS, 22 de enero de 1963) a temprana edad se vió obligado a buscarse la vida en las más diversas ocupaciones, no todas ellas estrictamente legales. Así, una infancia propia de un cuento de Dickens fue conformando una especial sensibilidad hacia lo profundamente humano entendido como la tragedia del mundo moderno. De aquellos oscuros años data una temprana vocación literaria tal y como se ocupó de mostrar y demostrar Patrick Nigel Watson en su canónica biografía crítica (op.cit.) al presentar un breve relato publicado en el <em>New Spectator</em>, un diario de escasa tirada que aceptaba colaboraciones de autores noveles. Fenster-Parrish tenía en el momento de la composición del relato doce años pero su prosa parece más bien la de un autor en el ocaso de su vida.<br /><br />Pero Fenster-Parrish pronto dejaría de escribir. La vida le tenía reservadas otras ocupaciones de las que poco se sabe hoy día. Ni siquiera se tiene conocimiento sobre si su vocación pictórica nació ya en las islas británicas o surgió con posterioridad a su partida hacia París a la edad de diecinueve años. Tampoco hay acuerdo sobre las razones que le empujaron a trasladarse a la capital francesa. Watson (op.cit) sugiere que preseguía los favores de una díscola muchacha que identifica con la que luego sería su mujer, Catherine Duval. Por el contrario, Roger Bradley (1981) afirma que fueron las deudas de juego las que le llevaron a poner tierra, más bien mar, de por medio. Lo cierto es que en 1921, Archibald Fenster-Parrish se encontraba ya instalado en París y comenzaba su carrera como pintor.<br /><br />Está más que documentada la firme tendencia de los pintores pelirrojos hacia los girasoles y Archibald no fue una excepción al tomarlos como tema casi obsesivo en sus primeros años como pintor en Paris. De esta primera época data una de sus más conocidas obras, actualmente perteneciente a la colección privada de Günter Lifshitz y que ha sido expuesta en numerosas antologías gracias a la magnanimidad de este afamado coleccionista.<br /><br /><p align="center"></p><p align="center"><img alt="Image hosted by Photobucket.com" src="http://img.photobucket.com/albums/v707/eduardoallende/girasoles.jpg" /></p><p align="center"><em>Girasoles</em>, 1923</p>Tras esta primera época se produjo un cambio radical tanto en su técnica como en la temática de sus obras. De acuerdo con Watson, que cita una conversación personal con el pintor acaecida en 1968 en el Tapihi Yatch Club (que en realidad, a pesar de su pomposo nombre, no era más que un cobertizo donde se servían comidas), un inesperado suceso estaría en la raiz de esta transformación, vinculada muy directamente con su descubrimiento de la mítica isla de Tapihi. Al parecer, fue una inocente conversación en un café parisino con un desconocido la que despertó su obsesión por tan legendario destino. Por aquel entonces la fama de Thomas Wassermeier, el descubridor de Tapihi, y que había alcanzado cierta notoriedad gracias a la publicación de sus ‘Crónicas de Tapihi’, ya empezaba a declinar y no hubiera sido extraño que Fenster-Parrish jamás hubiera tenido noticia del mismo de no ser por este fortuito encuentro.<br /><br />Archibald Fenster-Parrish comenzó entonces a pintar marinas exóticas de arriesgado colorido intentando representar aquellos lejanos parajes a la par que se dedicaba a recopilar la escasa información existente sobre los mismos. Se trata del producto de una perturbadora ensoñación nacida de su insatisfacción vital convirtiendo así a Tapihi en su Ítaca particular. Fenster-Parrish jamás abandonaría su fascinación por esta minúscula isla del Pacífico hasta el punto de que, muchos años después, se trasladaría allí definitivamente.<br /><br />De esta época es su archiconocida <em>Expression Soleil Levant</em>, que fue expuesta temporalmente en el Museo de Arte Moderno de Nueva York y hoy constituye una de las piezas perdidas más buscadas por marchantes y coleccionistas del mundo entero. En principio, el cuadro pertenecía a la colección privada del autor, pero jamás fue encontrado entre sus pertenencias tras su muerte. Se sabe que se trataba de una de sus obras más queridas y que solía llevarla consigo en sus numerosos viajes por el mundo. Si hemos de creer la estimación publicada en 1999 por la revista <em>Newsweek</em> su valor actual en el mercado superaría los treinta millones de dólares norteamericanos.<br /><br /><p align="center"><img alt="Image hosted by Photobucket.com" src="http://img.photobucket.com/albums/v707/eduardoallende/marina.jpg" /></p><p align="center"><em>Expression Soleil Levant</em>, 1934</p>Pero, irónicamente, lo que catapultó a la fama internacional a Archibald Fenster-Parrish fueron sus falsificaciones. En aquellos primeros años como pintor, Fenster-Parrish no conseguía vivir de su pintura. Se sospecha incluso que alguna vez reprodujo la obra de artistas consagrados para engañar a algún que otro coleccionista. Lo único que se sabe a ciencia cierta es que Fenster-Parrish fue el primer pintor en falsificarse a sí mismo. Cuando descubría que alguna de sus obras, por la razón que fuere, funcionaba bien en el mercado, no tenía empacho en reproducirla tres y hasta cuatro veces y venderla como pieza única en todos los casos.<br /><br />Quiso el destino que la trampa fuera descubierta y Archibald Femster-Parrish se vio obligado a enfrentarse a un tribunal. La noticia no ocupó gran espacio en los periódicos pero, por una afortunada casualidad, la breve nota que daba cuenta del acontecimiento fue leída por Jacques Rocheteau, el más reputado crítico de arte en la Francia de la época, que se enfrascó en una encendida defensa del pintor.<br /><br />Los panfletos y libelos publicados por Rocheteau dejaban a los magistrados encargados de juzgar el caso como poco más que analfabetos estéticos que no habían sabido comprender la honda significación artística de semejante práctica. Para Rocheteau, la “autofalsificación” debe entenderse como una crítica inmanente de la alienación inherente al modo de producción de caracteriza a las sociedades postindustriales, en las que se cosifica el universo simbólico a través de un control ideológico que sólo puede superarse a través de la experiencia estética.<br /><br />Así, la negatividad dialéctica se muestra como un elemento más del entramado estructural de la subjetividad contemporánea, afrimando a la vez que negando el carácter problemático de la individualidad existencial y donde sólo la comunicación se constituye en elemento de realidad frente a las fantasmagóricas apariencias establecidas por las categorías clásicas que quedan, de este modo, superadas en aras de una liberación tan posible como utópica. No era de extrañar, no sólo que Fenster-Parrish saliera absuelto, sino que, además, el mundo artístico resultara fuertemente convulsionado.<br /><br />A raiz de este suceso, la fama de Archibald Fenster-Parrish creció como la espuma. Se multiplicaron los estudios sobre su obra. Las universidades norteamericanas se lo disputaban para que pronunciase conferencias. Los medios de comunicación le dieron una cobertura nunca antes vista en un artista. Cabría decir que fue la primera gran figura mediática del mundo del arte. De esta época es su matrimonio con una agraciada joven francesa, Catherine Duval, que fue seguido en masa por la legión de seguidores del pintor. Catherine se convertiría en su compañera hasta el fin de sus días y en la madre de su única hija, Marianne Fenster-Parrish, que actualmentre vive en Londres.<br /><br />Si bien al principio Archibald Fenster-Parrish disfrutó de su bien merecida fama, no es menos cierto que pronto se le hizo insoportable. La presión de la popularidad le resultaba insufrible. Siempre perseguido por los fotógrafos (recuerden, por ejemplo, sus famosas fotografías huyendo despavorido en compañía de Jerome David Salinger), tendió a alejarse de los centros de actualidad en busca de tranquilidad. Comenzó entonces su periodo viajero que culminaría con la llegada a su deseada Tapihi. Hay noticias, aunque escasas, de su paso por España, Marruecos, Túnez, Egipto, Grecia e Italia.<br /><br />En 1955 el Museo de Arte Moderno de Nueva York le dedicó una exposición antológica que el tiempo haría que fuese la útlima oportunidad de contemplar su obra al completo. Fenster-Parrish, que seguía huyendo de la fama como de la peste, no se dignó a visitar la exposición aunque permitió que las obras pertenecientes a su colección particular viajaran hasta el nuevo continente. Del catálogo de aquella exposición proceden las únicas reproducciones conocidas de las numerosas obras perdidas de Fenster-Parrish, que aquel año seguía deambulando de incógnito por Europa.<br /><br />Poco después se perdió su pista para reaparecer dos años más tarde en Guatemala. Se sabe que también visitó el Brasil y que pasó una larga temporada en Argentina, donde pintó otro de sus más celebres cuadros, <em>Le Mort</em>, desafortunadamente también hoy perdido y que, de acuerdo con ciertas exégesis, representa un punto de inflexión en su evolución pictórica toda vez que parece negar su trayectoria hasta entonces.<br /><br /><p align="center"><img alt="Image hosted by Photobucket.com" src="http://img.photobucket.com/albums/v707/eduardoallende/lemort.jpg" /></p><p align="center"><em>Le Mort</em>, circa 1956</p>Tras una breve estancia en Chile, partió en 1958 de Valparaíso para realizar un recorrido por el Pacífico en una destartalada goleta llamada Rosario. Le acompañaba su mujer Catherine, su hija Marianne y un marino local llamado Pablo cuyo apellido no ha perdurado. Fue en este viaje cuando Fenster-Parrish arribó por primera vez a las costas de Tapihi, donde permanecería hasta 1969, año en el que partiría, una vez más de incógnito, hacia Europa en busca de inspiración. No hay noticia alguna de los pormenores de este viaje que se extendió hasta 1972, año de su regreso definitivo a Tapihi donde residió hasta el fin de sus días.<br /><br />Una mañana de 1979 Catherine lo encontró muerto en su estudio, había estado toda la noche trabajando en lo que sería su última obra, que tituló <em>Fenster</em> y que hoy se encuentra expuesta en el Tapihi Yatch Club para deleite de sus numerosos clientes.<br /><br /><p align="center"><img alt="Image hosted by Photobucket.com" src="http://img.photobucket.com/albums/v707/eduardoallende/fenster.jpg" /></p><p align="center"><em>Fenster</em>, 1979</p><br /><strong>Bibliografía recomendada</strong><br /><strong><br /></strong>Bradley, Roger (1981); <em>Studies on Ludopaty and Sensibility</em>; Proceedings of the Armenian Psychological Society; Ereván<br />Gutiérrez, Antidio (1971); <em>Una consideración sobre el azar en la obra de Archibald Fenster-Parrish</em>; Revista Española de Estudios Profundos, vol. IV, núm. 4, agosto, pp 34-46.<br />Rocheteau, Jacques, (1999); <em>Selected</em> <em>Writings, (edited and translated by Peter Fallon), Vol. XVIII</em>; Ridley and sons, Oxford.<br />Watson, Patrick Nigel (1973); <em>Archibald Fenster-Parrish. The Vanishing Portait</em>; Oxbridge University Press. Segunda edición corregida y ampliada de 1995.Eduardo Allendehttp://www.blogger.com/profile/18110343975947834687noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-13210035.post-1130420460766581142005-10-27T15:10:00.000+02:002005-10-27T15:41:00.766+02:00Recetario - Partes del libroCuando escriban piensen que todo el libro es una máquina compuesta de papel impreso y de un lector. Yo al menos escribo siempre para el lector.<br />(<em>Adolfo Bioy Casares, 1984</em>)Eduardo Allendehttp://www.blogger.com/profile/18110343975947834687noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-13210035.post-1130420405074007912005-10-27T15:00:00.000+02:002005-10-27T15:40:05.093+02:00Rincón Publicitario #12<iframe style="WIDTH: 120px; HEIGHT: 240px" marginwidth="0" marginheight="0" src="http://rcm.amazon.com/e/cm?t=salidasdeemer-20&o=1&amp;p=8&l=as1&amp;asins=0517189631&fc1=000000&amp;=1&lc1=0000ff&amp;bc1=000000&lt1=_blank&amp;IS2=1&bg1=ffffff&amp;f=ifr" frameborder="0" scrolling="no"></iframe>Eduardo Allendehttp://www.blogger.com/profile/18110343975947834687noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-13210035.post-1126194227123863532005-09-08T16:00:00.000+02:002005-09-08T17:43:47.123+02:00Lapidario - NoblezasUn aristócrata es un señor dispuesto a pagar al estado por la posesión de un título cuyo origen está en la gracia divina. Es decir, lo contrario de un arzobispo.Eduardo Allendehttp://www.blogger.com/profile/18110343975947834687noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-13210035.post-1126194197467793932005-09-08T15:00:00.000+02:002005-09-09T11:16:23.200+02:00Rosario - Capítulo VIIIComo creo haber dicho antes, Rosario todavía estaba allí cuando desperté. Reconozco que el bueno del Tranviario me ha desviado algo de este trasunto que aquí me traigo entre manos pero es que cuando uno ve alterado el ritmo natural de los pensamientos por algún que otro suceso inesperado las neuronas parecen irse de vacaciones, como aquel día en que se presentó en La Esquina, sin avisar y sin que nadie tuviera noticia previa de su existencia, don Antidio Gutiérrez, el hermano gemelo de don Alirio.<br /><br />Lo recuerdo perfectamente por la estupefacción generalizada que el suceso produjo. Don Antidio era exactamente idéntico a don Alirio y, toda vez que éste aún no había llegado a La Esquina, bien podía habérsele confundido con él de no ser por su extraña indumentaria, francamente disímil de aquel traje al que don Alirio nos tenía acostumbrados. Vestía don Antidio una camiseta del Sporting de Gijón con el número que en su día lució un histórico del club, Quini; pantalones cortos de esos que ahora llaman ‘bermudas’ sin sospechar que Juan Bermúdez, al que deben su nombre, jamás habría vestido prenda semejante y probablemente se sienta ofendido por este frívolo uso; alpargatas de esparto, quizá el único rasgo elegante de su atuendo, y una visera publicitaria de British Petroleum que debía ser de los tiempos en que el petróleo sólo se usaba para iluminación. Tenía la mirada perdida, como si algo terrible le hubiera sucedido y todavía no lo hubiera digerido convenientemente.<br /><br />El Tranviario, acompañado por Revilla, se acercó a él como si quisiera tocarle para comprobar que no era una aparición. No lo era, pero se vió interrumpido por la llegada del verdadero don Alirio que, por una vez, abandonó su tradicional costumbre de aislarse en la mesa del fondo con su cuaderno de notas y se dirigió hacia el que luego sabríamos que era su hermano. Tomándole del brazo le condujo al comedor, donde ambos se quedaron un buen rato contemplando la chillona marina de aquel extraño pintor extranjero del que le hablé. No se dirigieron la palabra en ningún momento.<br /><br />Mientras tanto entre los habituales circulaba toda clase de rumores. Herminio, que a ratos veía fantasmas, se empeñó en demostrar no sé qué teorías parapsicológicas con menos fundamento que las croquetas de La Esquina. Revilla y el Tranviario apuraban nerviosamente sus farias mientras hojeaban frenéticamente el periódico como si allí estuviera la respuesta al enigma. Rosario le daba a la bayeta con más brío que de costumbre, que ya era mucho. Sólo Yoshimoto sonreía plácidamente en silencio, pero bueno, es que eso es lo que hacia a todas horas, de día y de noche, despierto o dormido.<br /><br />Al cabo de una hora más o menos, don Alirio salió del comedor y nos ofreció las necesarias y deseadas explicaciones sobre la identidad de su gemelo, que todavía se pasó un buen rato, esta vez en soledad, allá en el comedor. No sería hasta una media hora después cuando don Antidio se presentó ante nosotros y pidió un vaso de agua.<br /><br />– Marchando una de color no líquido –gritó don Germán y yo se la serví inmediatamente, como buen profesional que soy.<br /><br />En toda la mañana don Antidio sólo bebió agua, pero en cantidades suficientes para regar las tierras de mi tío Antonio durante dos años. Poco a poco fue recuperando el ser y el habla y una vez alcanzada la tranquilidad de la parroquia, que nunca ha querido creer en la existencia de eso que los académicos llaman doppleganger, hasta se unió a la charla general.<br /><br />Supimos así que su extraño aspecto se debía a un desafortunando suceso. Había sido atracado y le habían birlado todas sus pertenencias. Aquellos ropajes eran los restos que el inquilino anterior de la habitación de la pensión en que se alojaba había dejado allí olvidados. De las razones de su visita, sin embargo, jamás llegamos a saber nada. Cada vez que alguien preguntaba eso tan socorrido de ¿y qué le ha traido usted por aquí?, los dos hermanos cruzaban una mirada cómplice y cambiaban de tema.<br /><br />Tampoco es que la cosa despertara grandes preocupaciones. En La Esquina estamos acostumbrados a los misterios y uno más no le quita allí el sueño a nadie. Yo mismo, por ejemplo, no tuve impedimento ninguno en quedarme dormido en extrañísimas circunstancias para luego despertar y ver que Rosario todavía estaba allí.Eduardo Allendehttp://www.blogger.com/profile/18110343975947834687noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-13210035.post-1126194045315471922005-09-08T14:00:00.000+02:002005-09-08T17:40:45.316+02:00Recetario - La decadencia de la mentira (IV)La simple modernidad de la forma es siempre un tanto vulgarizadora. Y no puede ser menos de ser así. El público se figura que, porque ellos se interesan en lo que les rodea de un modo inmediato, el Arte debería interesarse también y debería tomarlo como tema. Pero el mero hecho de interesarse ellos en dichos objetos, ya los hace inadecuados para el Arte. Las únicas cosas bellas, como ya dijo alguien, son las cosas que en nada nos conciernen.<br /><br />(Oscar Wilde, La decadencia de la mentira, 1889)<br />(Traducción de Ricardo Baeza, 1928)Eduardo Allendehttp://www.blogger.com/profile/18110343975947834687noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-13210035.post-1126193981584153472005-09-08T13:00:00.000+02:002005-09-08T17:39:41.593+02:00Rincón Publicitario #11<iframe style="WIDTH: 120px; HEIGHT: 240px" marginwidth="0" marginheight="0" src="http://rcm.amazon.com/e/cm?t=salidasdeemer-20&o=1&amp;p=8&l=as1&amp;asins=0375757945&fc1=000000&amp;=1&lc1=0000ff&amp;bc1=000000&lt1=_blank&amp;IS2=1&bg1=ffffff&amp;f=ifr" frameborder="0" scrolling="no"></iframe>Eduardo Allendehttp://www.blogger.com/profile/18110343975947834687noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-13210035.post-1125844371857151522005-09-04T16:00:00.000+02:002005-09-04T16:32:51.856+02:00Lapidario - Estrecheces y otros peligrosLa vida se reduce a dos clases de hechos, los que producen pérdidas y los que producen perdiciones.Eduardo Allendehttp://www.blogger.com/profile/18110343975947834687noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-13210035.post-1125844330446483122005-09-04T15:00:00.000+02:002005-09-04T16:32:10.453+02:00Bestiario - Thomas Wassermeier<img style="FLOAT: right" alt="Image hosted by Photobucket.com" src="http://img.photobucket.com/albums/v707/eduardoallende/thw.jpg" /><strong>Thomas Wassermeier</strong><br />Explorador y aventurero renano, Dusseldorf, 1867 – Tapihi, 1940<br /><br />A pesar de no haber razón alguna que pueda justificarlo diríase que Thomas Wassermeier ha sido víctima de una conspiración urdida para sepultar su memoria. Poco rastro queda ya de sus viajes, hazañas y descubrimientos. Las modernas enciclopedias ya casi no conservan registro alguno de quien en su día gozó de gran popularidad y cuyas correrías por los cinco mares y siete continentes fueron seguidas con asombro e inquietud por una gran multitud de lectores. Son bien pocos los iniciados que aún guardan el recuerdo de la mítica isla de Tapihi, destino cargado de incontables significaciones y evocador de tiempos que quizá no hayan de regresar jamás. Dedicaré este artículo a paliar en lo posible este olvido.<br /><br />Poco se sabe de la infancia de Thomas Wassermeier. Curiosamente, sí se conoce que vio la luz en Dusseldorf un 6 de noviembre de 1867 a las 7:54 am de una habitación del ala nordeste, primer piso, del domicilio familiar, sobre una colcha verde, gracias a la extrema, casi obsesiva precisión del dietario de Agnes Wiederhausen, la comadrona que atendió el parto. No es éste el lugar para referir la gran cantidad de hombres notables que fueron traídos al mundo con la ayuda de esta fornida matrona austriaca. Los que quieran informarse pueden consultar las páginas del semanario Stern correspondientes al 12 de septiembre de 1985, donde fueron publicados amplios extractos del mismo gracias a un acuerdo con el anónimo financiero que adquirió el original en la subasta celebrada en 1963 en Sothebys.<br /><br />Tobías Wassermeier, su padre, era un relojero de gran reputación en la región. Había mantenido la tradición familiar de confeccionar relojes que había iniciado su bisabuelo. Cuéntase que Inmanuel Kant poseyó un auténtico Wassermeier, lo que explicaría la cotidiana precisión de sus paseos por Könnisberg. Actualmente, de hecho, se conserva una interesante colección de relojes Wassermeier en el Feinheit Museum de Zurich.<br /><br />La personalidad del pequeño Thomas se vió marcada por dos hechos fundamentales: el hecho de crecer en una casa repleta de mujeres (su madre, sus siete hermanas y su anciana tía Agatha, que llegó de visita un verano de 1873 y ya nunca abandonó el domicilio familiar hasta su muerte), y haber sufrido la severa disciplina de su padre, amante del rigor y la exactitud como todo buen relojero. Algunos malpensados han sugerido que Agnes Wiederhausen fue la amante de Tobías, enamorados ambos de la precisión, pero lo cierto es que no hay ninguna evidencia sólida que permita afirmarlo. En todo caso, muchos han querido explicar la inexactitud y falta de rigor de las localizaciones de los descubrimientos de Thomas Wassermeier como una airada reacción hacia la figura de su padre, que siempre le persiguió como un fantasma.<br /><br />Fueron las constantes rencillas con su padre, así como el desaire amoroso que sufrió de una joven de aspecto inocente pero perversas intenciones las que le empujaron a abandonar el hogar con tan sólo diecisiete años. En la carta de despedida que aún se conserva en su casa natal, hoy convertida en museo, puede leerse un conmovedor adiós. Excusen mi apresurada traducción que, seguro, no le hace justicia al elevado estilo del original.<br /><br /><em>Dejo atrás la autoridad aunque la sé guiada por un corazón recto. Dejo atrás las decepciones por no ser quien mi padre hubiera querido. Dejo atrás los horarios y las exactas descripciones. Dejo atrás las comidas a las 12:15 y los despertares a las 6:45. Dejo atrás las ocho horas y cuarenta minutos diarios en el taller. Dejo atrás el orden de las piezas y el de la vida. Y dejo atrás a la bella Katherine aunque sin darle la espalda porque cualquiera se atreve a hacerlo.</em><br /><br />Tras una serie de vicisitudes de las que no ha quedado registro alguno, Thomas Wassermeier vino a dar a Marsella. Allí pasó una serie de años buscándose la vida por los bajos fondos y trabajando esporádicamente como estibador. De aquellos días data el surgimiento de su gran amor así como el fortuito encuentro con el misterioso hombre barbado que jamás quiso identificar y que tan crucial resultaría en su vida.<br /><br />Thérese, la mujer que desde entonces siempre estuvo a su lado, era una joven meretriz que se ganaba la vida atendiendo las necesidades y deseos de los marineros que recalaban en ‘Le perroquet bleu’ un tugurio situado a escasos cincuenta metros del muelle comercial. Wassermeier describiría tiempo después la primera vez que la vió con una romántica frase que ya se ha hecho célebre.<br /><br /><em>Fue ver la luz que tanto faltaba tanto en el local como en mi vida. </em><br /><br />De aquellos días, como he dicho, data también el crucial encuentro con el hombre barbado, uno de los episodios más oscuros de la biografía de Thomas Wassermeier. Nadie ha conseguido averiguar jamás la identidad del individuo al que Wassermeier describió como ‘de rostro severo, aspecto nórdico y con cara de haber pasado mucho frío’. Se han publicado numerosísimas teorías, las más de las veces simples especulaciones sin fundamento. Algunas de ellas son tan disparatadas como la que formuló Hans Klaus von Richter, que llegó a afirmar que se trataba nada menos que del mismísimo Jesper Henning-Olsen, que habría huído de su célebre cámara a través de un túnel secreto expresamente construido para poder desaparecer sin dejar rastro. En todo caso, parece que su verdadera identidad está condenada a permanecer en el más estricto secreto. No veo mejor manera de relatar este encuentro que transcribir literalmente la narración del mismo contenida en las ‘Crónicas de Tapihi’ del propio Wassermeier en traducción de Anastasio Méndez.<br /><br /><em>Aquel hombre de rostro severo, aspecto nórdico y con cara de haber pasado mucho frío se sentó en la mesa sin esperar a que yo asintiera. Guardó silencio durante unos minutos que parecieron horas mientras escudriñaba todo a su alrededor con inquieta mirada. Tras un dar par de tragos a su cerveza se decidió a hablar.<br />– No creo que me conozca y por el momento será mejor que siga sin saber quién soy.<br />Thérese, mi amada Thérese, recorría el local en busca de clientes y me costaba prestar la debida atención a mi interlocutor. El hombre de la barba prosiguió.<br />– Antes de que le cuente lo que he venido a decirle es necesario que me responda a un par de preguntas. La primera es ¿sabe usted manejar un barco?<br />No sé por qué le dije que sí. En aquellos días yo andaba a la caza de alguna forma de escapar de allí con Thérese y me pareció que aquel hombre misterioso podía ser la solución a nuestros problemas.<br />– La segunda es ¿le ata algo o alguien a este lugar?.<br />Casi sin pensarlo dirigí la mirada hacia Thérese. No fue un acto consciente pero el anciano comprendió rápidamente la situación.<br />– Ah, la jovencita –alcanzó a decir–. No debe preocuparse por ella. Déjeme contarle una historia y decida usted si quiere acompañarme. Si ella decide por voluntad propia unirse a nuestro viaje no habrá incoveniente por mi parte. Siempre es agradable la compañía de una bella mujer.<br />Entonces me contó su historia no sin antes hacerme jurar que jamás revelaría a nadie los detalles de la misma. Supe entonces quién era, qué le había llevado hasta allí y qué se proponía. No puedo traicionar aquí la palabra que le dí, pero baste decir que me propuso partir inmediatamente en busca de un gran secreto que cambiaría nuestras vidas para siempre.<br /></em><br />A raíz de aquella conversación adquirieron un destartalado velero que llevaba por nombre <em>Ghel</em>. Sir Rupert Cholmondeley, uno de sus principales biógrafos, ha querido ver en ese nombre el acrónimo de ‘<em>Grandeur, honnêteté, énergie, lutte</em>’, pero no hay evidencia de que fuera realmente así. Tenía ocho metros escasos de eslora y no podía proporcionar grandes comodidades a su trío de tripulantes, pero fue suficiente para llevar a buen término uno de las viajes más apasionantes de la historia de la navegación.<br /><br />Thomas Wassermeier, Thérese y el misterioso hombre barbado partieron de Marsella un 6 de junio de 1893. De sus primeras singladuras no se conoce gran detalle. Se sabe que pasaron una temporada en Cabo Verde y que hacia finales de 1894 alcanzaron a divisar la Table Mountain arribando a Ciudad del Cabo el 20 de diciembre de ese mismo año. No se habían dado mucha prisa por lo que se ve.<br /><br />En Ciudad del Cabo el misterioso hombre barbado, que ya contaba ochenta años, comprendió que no le quedaban fuerzas para emprender la travesía del Índico y del Pacífico y rogó a la joven e intrépida pareja que continuara viaje sin él. En las ‘Crónicas de Tapihi’ está registrada su despedida: ‘<em>Ya sabeis qué habeis de buscar; os insto a hacer realidad el sueño de este viejo loco que llegó del frío en pos de una liberación que ahora os corresponde; buenos vientos y mejores mares</em>’ –les dijo. Se cree, aunque no ha habido forma de confirmarlo, que este oscuro personaje murió en Ciudad del Cabo poco después de la partida de Thomas y Thérese a principios de 1895.<br /><br />Las ‘Crónicas de Tapihi’ están llenas de jugosas anécdotas que narran las peripecias de este viaje. Sin duda harán las delicias de cualquier lector por lo que les invito a disfrutarlas. Les diré aquí, resumiéndolo mucho, que, tras doblar el Cabo de Buena Esperanza, Thomas y Thérese a travesaron los dos océanos y hacia finales de 1896 se produjo un hecho crucial, el descubrimiento de Tapihi, isla principal de un recóndito atolón presidida por la majestuosa figura del inactivo volcán Farupiti y rodeada por una barrera de coral que forma una bellísima Laguna en su interior. Wassermeier creyó haber llegado al paraíso y así lo dejo escrito en su diario de navegación.<br /><br /><em>Ni del todo tierra ni del todo mar, una perla escondida en un estuche azul que promete la felicidad y devuelve la esperanza a quienes la daban por perdida.<br /></em><br />Cierto es que Tapihi no aparece en los mapas y que ningún cartógrafo ha sido capaz de localizarla con precisión. Esto ha llevado a unos cuantos a desconfiar de la veracidad del descubrimiento y en ciertos ambientes se da por hecho, sin prueba alguna, que se trata de un fraude. Sin embargo no es menos cierto que todo aquel con suficiente empeño en alcanzar tan mítico destino lo ha conseguido. Por citar sólo dos nombres de la extensa lista de ilustres personajes que han pisado Tapihi baste nombrar a Roscoe Eames, compañero de Jack London en su viaje en el Snark y que luego traduciría al inglés algunas de las más célebres paginas de Wassermeier, o el pintor Archibald Fenster-Parrish, que buscó allí alejarse del excesivo revuelo que su obra había provocado a ambos lados del Atlántico.<br /><br />Al regreso de su primer viaje a Tapihi fue cuando Wassermeier comenzó a publicar por entregas, primero en un periódico local, y después en toda la prensa alemana, las ‘Crónicas de Tapihi’ que gozaron de enorme popularidad. Tapihi se convirtió, de la noche a la mañana, en símbolo de libertad frente las alienantes acometidas del progreso y poco a poco se ganó un lugar en los corazones de todos aquellos que aun conservaban algo de la bondad primigenia que hoy parece perdida.<br /><br />Thomas Wassermeier regresó a Tapihi en cinco ocasiones, la última de ellas para quedarse definitivamente. En 1910 proclamó su independencia, más formal que real toda vez que ninguna nación la reconocía como propia al no poder situarla en el mapa, y se autoproclamó Rey de Tapihi, cargo que desempeñó hasta su muerte en 1940. Allí fue enterrado, en las faldas del volcán Farupiti, donde una lápida luce el epitafio que él mismo compuso y en el que muchos han querido ver el acto de reconciliación final con su padre.<br /><br /><em>Este es el verso que para mí grabarás<br />«Yace aquí, donde anhelaba estar<br />en casa el marino, de vuelta del mar<br />y, de vuelta de la colina, el relojero» </em>Eduardo Allendehttp://www.blogger.com/profile/18110343975947834687noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-13210035.post-1125843653638629642005-09-04T14:00:00.000+02:002005-09-04T16:20:53.640+02:00Recetario - La decadencia de la mentira (III)O bien acaban por caer en la deplorable preocupación de la exactitud, o bien se dan a frecuentar a las personas de edad y bien informadas. Ambas cosas son igualmente fatales a su imaginación, como en realidad lo serían a la imaginación de cualquiera, y en poco tiempo he aquí que desarrollan una facultad tan morbosa como insana de decir la verdad, y empiezan a comprobar todas las afirmaciones que se hacen en su presencia, y no vacilan en contradecir a las personas más jóvenes que ellos, y a veces acaban por escribir novelas tan semejantes a la vida que no hay modo de creer en su verosimilitud. Y no se crea que es un ejemplo aislado éste que presentamos, no; es simplemente un caso entre muchos, y lo cierto es que como no se haga algo para impedir, o modificar cuando menos, este culto monstruoso de los hechos que ha llegado a ser el nuestro, el Arte quedará estéril y la Belleza desaparecerá de este mundo.<br /><br />(Oscar Wilde, La decadencia de la mentira, 1889)<br />(Traducción de Ricardo Baeza, 1928)<br /><br />(<em>Continuará</em>)Eduardo Allendehttp://www.blogger.com/profile/18110343975947834687noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-13210035.post-1125843570558871442005-09-04T13:00:00.000+02:002005-09-04T16:19:30.566+02:00Rincón Publicitario #10<iframe style="WIDTH: 120px; HEIGHT: 240px" marginwidth="0" marginheight="0" src="http://rcm.amazon.com/e/cm?t=salidasdeemer-20&o=1&amp;p=8&l=as1&amp;asins=0192838016&fc1=000000&amp;=1&lc1=0000ff&amp;bc1=000000&lt1=_blank&amp;IS2=1&bg1=ffffff&amp;f=ifr" frameborder="0" scrolling="no"></iframe>Eduardo Allendehttp://www.blogger.com/profile/18110343975947834687noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-13210035.post-1122022708973514412005-07-22T04:00:00.000+02:002005-07-22T10:58:28.973+02:00Lapidario - Deportes de pelotaEl principal deporte de pelota es, indudablemente, el golf (siempre que uno se deje ganar por su jefe).Eduardo Allendehttp://www.blogger.com/profile/18110343975947834687noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-13210035.post-1122022649856646522005-07-22T03:00:00.000+02:002005-07-22T12:56:51.733+02:00Rosario - Capítulo VIIMuchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía habría de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Debe perdonarme que comience así este capítulo pero al comprobar todo lo que ya llevo redactado no he podido evitar sentirme un poco escritor y no he sabido resistir la tentación de darme hoy el gusto de empezar un texto con estas palabras, aprovechándome de su confianza, querido lector. No se lo tome muy en serio. El hielo no es cosa exótica para los que trabajamos en un bar. Y como sabe, nunca conocí a mi padre, así que difícilmente pudo llevarme a conocer nada. Por lo demás, jamás he visto un coronel de cerca y, aunque sí me ví una vez frente a un pelotón de fusilamiento, eso forma parte de otra historia que no creo le interese en demasía. La que nos ha traído aquí es aquella otra en la que desperté y, para mi sorpresa, descubrí que Rosario todavía estaba allí.<br /><br />Y es que la vida es una sucesión de sorpresas ante la que sólo cabe disponerse a asumir en todo momento lo que uno menos espera. La única regularidad que he detectado a lo largo de los años de mi vida es precisamente que basta con esperar algo para garantizar que no suceda. Pero ojo, porque si uno se pone a esperar algo con el único propósito de evitar que suceda, su secreta esperanza es en realidad la contraria y el tiro le saldrá por la culata. No sé si me explico, pero es que tengo tendencia a liarme con los razonamientos, cosa que más de una vez casi me hace ingresar en la lista negra del Tranviario.<br /><br />El Tranviario era un hombre de mundo, pero de un mundo muy pequeño y limitado. Él siempre creyó lo contrario porque una vez había visitado Londres invitado por los señores de la casa donde servía su mujer, personas demasiado importantes como para que cometa yo aquí la torpeza de decirle sus nombres (o sus apellidos, que entre esta clase de gente es cosa de mucha más relevancia). Fue allí, en Londres, concretamente visitando su jardín zoológico, donde el Tranviario se hizo con una placa que decía ‘Cuidado, Animal Peligroso’. La placa, en realidad, no decía exactamente eso porque estaba escrita en inglés pero yo se la he traducido para su mejor comprensión. No es que yo sepa idiomas. Fue el Herminio, que tuvo que estudiarlos para preparar la oposición, quien nos tradujo el mensaje de la placa a todos los de ‘La Esquina’, porque allí no abundan los políglotas ¿sabe?. Sólo don Alirio podría considerarse dotado de cierto don de lenguas, pero tiraba más hacia el alemán, el volapuk y el idioma de la recóndita isla de Tapihi.<br /><br />El caso es que el Tranviario colocó esa placa en una de las banquetas del bar y desde ese día tomó posesión de la misma. Y como quiera que don Germán no tomó cartas en el asunto y que los plazos de la usucapión no parecen tener gran relevancia en esta clase de negocios, la banqueta sigue siendo de su propiedad a día de hoy y a nadie permite sentarse en ella. Pero es que el Tranviario siempre ha sido muy suyo. Fíjese que es la única persona que yo he conocido que tiene una lista negra. Pero una lista negra de verdad. Siempre va con un pequeño cuaderno, y cuando se enfada con alguien, allí apunta su nombre para recordar a quién ha retirado el saludo. Y no se vaya a creer que es una retirada cualquiera. Cuando el Tranviario retira el saludo, lo hace de forma bien ostentosa. No es, en su caso, omisión sino acción.<br /><br />Por lo que conozco de sus costumbres entra dentro de lo posible, aunque no de lo probable, ser sacado de esa lista después de haber sido incluido en ella. Recuerdo que Yoshimoto llegó a ingresar en la lista por cierto malentendido idiomático y, una vez aclarado éste, el Tranviario no tuvo reparo en hacer desaparecer sus, por así decirlo, antecedentes penales. Pero muchos otros no pueden decir lo mismo. A alguno incluso le bastó pasar por ‘La Esquina’ una sóla vez para ganarse la condenación del Tranviario. Hubo, por ejemplo, un extranjero que se presentó hace años a comer. Dio buena cuenta de la fabada de Rosario, que tiene su bien ganada fama y reconocimiento por los alrededores, antes de confesar que no disponía de dinero. Como, por lo visto, era pintor, don Germán aceptó uno de sus cuadros como pago por el menú. Y ahí sigue colgado en el comedor. Una marina con unos barquitos al atardecer y con un uso de los colores para mi gusto demasiado estridente, poco apropiado para acompañar las excelencias de la cocina de Rosario, aquella que cuando desperté, por si no lo recuerda, todavía estaba allí. Le ruego esté atento porque los condenados a leer esta mi historia no tendrán una segunda oportunidad sobre la tierra.Eduardo Allendehttp://www.blogger.com/profile/18110343975947834687noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-13210035.post-1122022336289840502005-07-22T02:00:00.000+02:002005-07-22T10:52:16.290+02:00Recetario - Le decadencia de la mentira (II)La pérdida que resulta para la literatura en general de este falso ideal de nuestra época, apenas podría exagerarse. La gente habla sin ton ni son del «embustero nato», exactamente lo mismo que habla del «poeta nato». Pero en ambos casos se equivocan y yerran. La mentira y la poesía son artes –y artes, como viera Platón, no sin relación entre sí– y requieren el más atento estudio, la devoción más desinteresada. Realmente, ambas tienen su técnica, lo mismo, exactamente, que la tienen las artes más materiales de la pintura y la escultura, y sus secretos sutiles de forma y de color, y sus misterios de construcción, y sus métodos artísticos premeditados. Lo mismo que se conoce al poeta por su música bien acordada, se puede reconocer al embustero por su elocución cálida y rítmica, y en ninguno de los dos casos bastará la inspiración casual del momento. En esto, como en todo, la práctica tiene que preceder a la perfección. Pero, en los días que corren, mientras la costumbre de hacer versos se ha hecho demasiado común y debería, en lo posible, ser contrariada, disuadiendo a la gente de su cultivo, la costumbre de mentir, en cambio, ha caído casi en el descrédito. ¡Cuántos jóvenes comienzan la vida con un don natural de exageración que, de ser adecuadamente fomentado y cultivado, y mediante la imitación de los mejores modelos, podría florecer en algo realmente grande y maravilloso, y no obstante, por regla general, se frustran del modo más lastimoso! O bien acaban por caer en la deplorable preocupación de la exactitud...<br />(Oscar Wilde, La decadencia de la mentira, 1889)<br />(Traducción de Ricardo Baeza, 1928)<br />(<em>Continuará</em>)Eduardo Allendehttp://www.blogger.com/profile/18110343975947834687noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-13210035.post-1122022174978913852005-07-22T01:00:00.000+02:002005-07-22T10:49:34.983+02:00Rincón publicitario #9<iframe marginwidth="0" marginheight="0" src="http://rcm.amazon.com/e/cm?t=salidasdeemer-20&o=1&amp;p=8&l=as1&amp;asins=1591021952&fc1=000000&amp;amp;=1&lc1=0000ff&amp;bc1=000000&lt1=_blank&amp;IS2=1&f=ifr&amp;amp;bg1=ffffff&amp;f=ifr" frameborder="0" width="120" scrolling="no" height="240"><br /></iframe>Eduardo Allendehttp://www.blogger.com/profile/18110343975947834687noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-13210035.post-1121388530016458992005-07-15T04:00:00.000+02:002005-07-15T02:48:50.016+02:00Lapidario - Hablar bienSorprende que, de entre el numeroso grupo de personas que se manifiestan interesadas en que se hable bien, resulten más bien escasos los que especifican de quién o qué hay que hablar bien.Eduardo Allendehttp://www.blogger.com/profile/18110343975947834687noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-13210035.post-1121388405229272972005-07-15T03:00:00.000+02:002005-07-15T02:52:39.353+02:00Bestiario - Jesper Henning-Olsen<strong><img style="FLOAT: right" alt="Image hosted by Photobucket.com" src="http://img.photobucket.com/albums/v707/eduardoallende/jho.jpg" /> Jesper Henning-Olsen</strong><br />Lingüista Noruego; Steinkjer, 1814- ¿Oslo, 1887?<br /><br />Alejado de todas las corrientes importantes de la lingüística moderna, el caso de Jesper Henning-Olsen es con toda probabilidad uno de los más paradigmáticos ejemplos de intelectual autónomo, capaz de desarrollar una intensa y fructífera carrera investigadora con total independencia de los trabajos de sus contemporáneos. Pero Henning-Olsen no sólo es conocido por su trascendental contribución filológica sino también por haber sido el protagonista accidental de uno de los más enigmáticos episodios de la historia reciente.<br /><br />Jesper Henning-Olsen vino al mundo en Steinjerk, al norte de Noruega, un 14 de julio de 1814. Fue el tercero de cinco hermanos en una acomodada familia y puede decirse que tuvo una infancia feliz y sin contratiempos dignos de reseñar. Tras graduarse en filología, comenzó sus investigaciones centrado en la interpretación y análisis de los kennings, como era costumbre entre los miembros de su generación. Sin embargo, pronto se apartó de esta línea de trabajo al descubrir que en algunas recónditas aldeas del Japón persistían curiosas formas de la metáfora capaces de constituir lenguas completas por sí solas, de sustituir, por así decirlo, a las formas complejas y desarrolladas de comunicación con un mínimo número de elementos.<br /><br />Su tesis de grado fue una monografía sobre una de estas construcciones orientales, aquella que reúne las palabras ‘cazar lluvia guante’ y que ha devenido con los años en un clásico de la especialidad. En ella demuestra la espectacular polisemia de esta aproximación a la comunicación que denominó ‘polivalencia metafórica’ y que lo mismo vale para quejarse del reuma que para pedir un carajillo en una cafetería.<br /><br />Con una reputación sólidamente establecida gracias a estos trabajos, Henning-Olsen dio un giro de unos ciento noventa y cuatro grados a sus investigaciones para especializarse en el campo que le ha proporcionado un lugar de excepción en el Olimpo filológico: el estudio de las lenguas que jamás ha hablado nadie y que hoy conocemos como Pseudofilología. En otras palabras, no se trata del estudio de lenguas muertas, sino de lenguas que jamás han estado vivas. No es necesario insistir en que por aquel entonces esta nueva disciplina se encontraba prácticamente en pañales. Sólo existe noticia de un par de artículos, de escaso rigor científico, publicados en Finlandia y que probablemente Henning-Olsen jamás conoció. Cabe decir en consecuencia que fue el verdadero padre de la especialidad.<br /><br />El profesor Henning-Olsen tuvo la fortuna de contar con el apoyo incondicional de las autoridades académicas de la Universidad de Oslo, en la que impartía clases. Gracias a ello en poco más de tres años había reunido tal cantidad de material en relación con este novedoso planteamiento que le fue posible publicar, en un corto espacio de tiempo, numerosísimos artículos de gran interés pseudofilológico en la práctica totalidad de las revistas especializadas, tanto europeas como norteamericanas. La gran mayoría de estos estudios serían posteriormente recogidos en el volumen que la propia Universidad de Oslo editó con motivo de sus veinticinco años de magisterio ininterrumpido.<br /><br />Fue entonces cuando una serie desgraciados sucesos le apartaron de la docencia universitaria. La estudiantina, siempre frívola y despreocupada, planeó, quizá sin malicia, una suerte de broma que jugaría un importante papel en el desarrollo posterior de los acontecimientos. Un grupo de alumnos conocedores de sus investigaciones penetró subrepticiamente en su despacho haciéndose con algunos de sus importantes papeles. Días después algunos estudiantes se presentaron en una reunión del claustro y, pidiendo la palabra, que amablemente les fue concedida por el rector, pronunciaron un discurso en una de aquellas lenguas que, antes del discurso, constituía el objeto de estudio de Henning-Olsen y, después del mismo, una vez pronunciada en público, había dejado de ser del interés de su naciente disciplina. Buena parte del trabajo de años quedó, de la noche a la mañana, en nada.<br /><br />Habida cuenta de que sucesos similares se repitieron al menos en dos ocasiones y consciente de las trascendencia de sus investigaciones así como de la indefensión en que se encontraban ante esta clase de vandalismos, Henning-Olsen solicitó y obtuvo del rectorado el que se destinara una cuantiosa partida presupuestaria a la construcción de una cámara acorazada en la que conservar las partes más sensibles de su trabajo, aquellas palabras que no debían ser pronunciadas por nadie so pena de dar al traste con tantos años de trabajo y esfuerzo.<br /><br />La construcción de la cámara fue todo un acontecimiento en la Universidad de Oslo. Se convocó un concurso de ideas entre ingenieros de todo el país resultando finalmente elegida la propuesta de Harald Stenersen que incluía dos notables mejoras sobre el resto de proyectos. La primera de ellas era que la cámara sería frigorífica, lo que aseguraría la óptima conservación de los manuscritos a la vez que permitiría al profesor dejar allí su almuerzo en perfectas condiciones y a salvo de cualquier clase de descomposición. La segunda mejora consistió en que su exterior estaría recubierto por esculturas de hierro labrado debidas a la mano del entonces popular escultor August Eidsvold.<br /><br />Por lo demás, la cámara consistía en una habitación hermética rodeada por todas partes de planchas de acero ruso de quince centímetros de espesor perfectamente soldadas entre sí. El mecanismo de apertura de la puerta era dual y requería del concurso de una llave de la que sólo el profesor conservaba una copia y de una combinación numérica que él mismo guardaba con celoso secreto.<br /><br />En 1883, poco después de su inauguración, los responsables de cultura del país declararon la Cámara de Henning-Olsen ‘Monumento Histórico-Artístico’ lo que implicaba una serie de medidas de especial protección que se convertirán en indeseada causa de lo que ocurriría poco después. En efecto, un cuatro de diciembre de 1887 Jesper Henning-Olsen penetró en la cámara que lleva su nombre quedando atrapado en su interior. Su ayudante, Trygve Myhre, declararía poco después que el cierre de la puerta de la cámara se produjo de forma accidental. Nunca pudo demostrarse lo contrario aunque muchos son los que sospechan que se debió más bien a un acto de voluntad, sin que exista acuerdo sobre si se trató de la voluntad de Myhre o de la del propio profesor.<br /><br />Allí quedó Henning-Olsen encerrado para siempre. Las estrictas leyes de conservación del patrimonio histórico-artístico impidieron e impiden cualquier operación de rescate que necesariamente implicaría el deterioro de la obra. Por el campus de la Universidad de Oslo circula la leyenda de que Henning-Olsen, gracias a las propiedades refrigerantes de la cámara, continúa vivo en su interior analizando con denuedo las miríadas de papeles y legajos escritos en oscuras lenguas que, esta vez sí, cuentan con la garantía de que jamás serán habladas por nadie. A pesar de que la más estricta racionalidad científica impide conceder crédito alguno a este rumor, nadie hasta ahora se ha atrevido a desconectar la cámara del sistema que mantiene su interior a una temperatura constante de diez grados bajo cero.<br /><br /><strong>Bibliografía Esencial</strong><br /><ul><br /><li>James Otsein Kelvinator, (1987); <em>Historia de la Criogenización (III)</em>; publicado en el Boletín trimestral de la Asociación Española de Refrigeración y Congelación (AERYC), trad. de Aurelio Balay-Corberó.</li><br /><li>Trygve Myhre (1923); <em>Der Henning-Olsen Kühlraum</em>.</li><br /><li>Even Hovdhaugen, Fred Karlsson, Carol Henriksen & Bengt Sigurd (2000); <em>The History of Linguistics in the Nordic Countries</em>.</li><br /></ul>Eduardo Allendehttp://www.blogger.com/profile/18110343975947834687noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-13210035.post-1121388481239817082005-07-15T02:00:00.000+02:002005-07-15T02:48:01.240+02:00Recetario - La decadencia de la mentiraUna de las principales causas que pueden asignarse al carácter singularmente vulgar y manido de casi toda la literatura actual es indudablemente la decadencia de la Mentira como arte, ciencia y pasatiempo social. Los antiguos historiadores nos dieron deliciosas ficciones en forma de hechos; los novelistas modernos nos ofrecen los hechos más insípidos a guisa de ficción. El Libro Azul va siendo caa vez más su ideal de método y de modalidad. El novelista moderno tiene su tedioso document humain, su mísero coin de la création en el que escudriñar con su microscopio. Se le encontrará, indefectiblemente en la Libraire Nationale, o en el British Museum, documentándose vergonzosamente sobre el asunto que ha tomado entre manos. Ni siquiera tiene el valor de las ideas ajenas, sino que, antes bien, se empeña en acudir directamente a la vida para todo, hasta que, por último, entre las enciclopedias y la experiencia personal, se viene a tierra, habiendo dibujado sus personajes con arreglo al círculo familiar o a la lavandera, y adquirido un caudal de informaciones útiles del que nunca, ni aun en sus momentos más meditativos, podrá ya librarse del todo.<br />(Oscar Wilde, La decadencia de la mentira, 1889)<br />(Traducción de Ricardo Baeza, 1928)<br />(<em>Continuará</em>)Eduardo Allendehttp://www.blogger.com/profile/18110343975947834687noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-13210035.post-1121388059861415102005-07-15T01:00:00.000+02:002005-07-15T02:40:59.866+02:00Rincón publicitario #8<iframe marginwidth="0" marginheight="0" src="http://rcm.amazon.com/e/cm?t=salidasdeemer-20&o=1&amp;p=8&l=as1&amp;asins=0007144350&fc1=000000&amp;=1&lc1=0000ff&amp;bc1=000000&lt1=_blank&amp;IS2=1&f=ifr&amp;bg1=ffffff&amp;f=ifr" frameborder="0" width="120" scrolling="no" height="240"><br /></iframe>Eduardo Allendehttp://www.blogger.com/profile/18110343975947834687noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-13210035.post-1121185478061763572005-07-12T16:00:00.000+02:002005-07-12T18:24:38.060+02:00Lapidario - La concordancia del adjetivoHabría que explicar por qué al jugador de lotería primitiva no se le denomina jugador de lotería primitivo.Eduardo Allendehttp://www.blogger.com/profile/18110343975947834687noreply@blogger.com