tag:blogger.com,1999:blog-111825862009-07-15T10:51:40.820+02:00nabarraOpiniones y puntos de vista sobre Navarra como perspectiva política de Euskal Herria y de la Vasconia histórica en el mundo actual y sobre cualquier aspecto que afecte al presente y futuro de la "nave espacial" llamada TierraGaratehttp://www.blogger.com/profile/06061374322838649781noreply@blogger.comBlogger110125tag:blogger.com,1999:blog-11182586.post-65278350011015337472009-07-13T23:27:00.000+02:002009-07-13T23:28:40.219+02:00JOAN FRANCESC MIRA, DE NUEVOHace ya algún tiempo (octubre de 2008) escribí un pequeño reportaje sobre la obra de Joan Francesc Mira (Valencia 1939). De entonces acá he leído varios trabajos más de este autor. En primer lugar he completado su trilogía sobre la ciudad de Valencia: “Els treballs perduts” (1989), “Purgatori” (2003) y “El profesor d’història” (2008). Son tres novelas independientes entre sí pero cuyo eje es la ciudad de Valencia en tres etapas distintas y en tres espacios diversos. Se trata de tres novelas independientes, con una muy interesante construcción y, dados mis limitados conocimientos de la lengua catalana, creo que muy bien escritas. Como es obvio no aspiro a escribir un comentario ni, mucho menos, una crítica de la trilogía, sólo pretendo indicar que la he leído y que he disfrutado mucho.<br /><br />Lo último que ha caído en mis manos relacionado con Mira ha sido un precioso libro de conversaciones (¡seis días, nada menos!) con nuestro autor realizado por Pere Antoni Fons. Es una revisión muy completa de la biografía del escritor en aspectos tanto personales como intelectuales. No es mi intención exponer en este breve comentario un resumen de la larga trayectoria del pensador valenciano, sino sencillamente puntualizar las dos situaciones en las que en las citadas conversaciones aparece Navarra. La primera es sobre la propia historia de nuestro reino y la segunda constituye una aclaración a su modo de percibir la realidad nacional de Navarra en la etapa actual.<br /><br />En las páginas 84 y 85 de las conversaciones Joan F. Mira afirma, traduzco del catalán, “los vascos son un componente originario de Castilla como entidad política y, por tanto, de lo que posteriormente ha sido España: históricamente, y en este sentido, no hay nada más español que eso. Además, no ha existido nunca una nación vasca como entidad política definida: no ha existido nunca un Reino de Vasconia, por ejemplo, tal y como han existido un Reino de Valencia, un Principado de Cataluña y un Reino de Aragón, con fronteras claramente definidas, aduanas, parlamentos, moneda… Existió el Reino de Navarra, que era una cosa de límites variables, el cual Reino de Navarra, sin embargo, no incluía los territorios que actualmente son Euskadi, que era señoríos del Reino de Castilla”.<br /><br />Un poco más adelante, en la misma página 85, asevera: “Cuesta encontrar una gente más española que los navarros en todas las etapas de la historia de España de los siglos XIX y XX: desde los carlistas hasta los ‘Tercios de requetés’ de la guerra civil”.<br /><br />En ambos párrafos Mira acepta, sin el menor atisbo de crítica, la versión oficial (española) de la Historia de Navarra. Afirmar como lo hace nuestro escritor que “el Reino de Navarra era una cosa de límites variables”, me parece muy fuerte. También eran “variables” las mugas de los reinos de Castilla, Aragón o Francia. Y, por supuesto las del Principado y el Reino de Valencia. ¿Por qué eran “variables”? Porque había todo un conjunto de intereses en juego entre los distintos pueblos y monarquías de Europa en los que las guerras dirimían límites y mugas y, sobre todo, porque no había llegado Westfalia (1648) ni la “paz” de “Los Pirineos” (1659) que es cuando se hicieron absolutamente impermeables las fronteras entre los estados europeos.<br /><br />Cuando se restauró el Reino de Navarra en el segundo tercio del siglo XII su territorio abarcaba La Rioja y lo que después se constituirían como las Provincias Vascongadas. Y fueron los intereses expansionistas de Castilla los que conquistaron, en primer lugar La Rioja y Bizkaia por medio de la familia Lope de Haro y, ya en 1200, el Duranguesado, Araba y el territorio que más tarde seria Gipuzkoa. No hubo “voluntarias entregas”. Hubo conquistas en toda la regla.<br /><br />El Reino de Pamplona con Sancho III “el Mayor”, primero, y el de Navarra, tras la restauración de García Ramírez IV, fue el núcleo político que vertebró históricamente a Vasconia. ¡Claro que Navarra tuvo fronteras “variables”! Al final ni las tuvo, cuando la parte que quedaba como Navarra independiente fue conquistada y ocupada por Castilla en el sur (1512) y por Francia en el norte (1620). ¿Fronteras variables? ¡Sí!, por el justo derecho de conquista.<br /><br />El Derecho propio, conocido por muchos como Pirenaico, se vio codificado de forma muy temprana, como “Fuero General”, en el primer tercio del siglo XIII ante la llegada a Navarra de la dinastía de Champaña desconocedora total del mismo y mucho más próxima en su forma de concebir la vida social y política al absolutismo de los reyes franceses.<br /><br />Navarra ha constituido históricamente un territorio con población completamente hostil al ocupante castellano. La Ciudadela de Iruñea, edificada desde la etapa de Felipe II (1571) de España, constituye un elemento, similar a la de Barcelona en una etapa posterior, construido contra la propia población. Nos han pretendido vender la idea de que era “defensa contra el invasor francés”. Pero eso no es cierto. Los naturales fueron obligados a trabajar en su construcción pero no participaron nunca en actividades militares, siempre en manos de las fuerzas ocupantes.<br /><br />Otra cuestión a considerar seriamente es el hecho de que siendo Navarra un territorio que durante la guerra de 1936-39 no tuvo frente militar, sufrió prácticamente 3.500 fusilados, o simplemente asesinados, entre elementos no adictos al “glorioso” alzamiento militar-fascista. Tampoco se debe olvidar la marginalización y persecución a que se vio sometido el carlismo en la posguerra por parte del régimen del general Franco.<br /><br />Más adelante, en la página 96, hablando sobre la financiación de Cataluña, Mira dice textualmente que “Navarra tiene una cuasisoberanía fiscal, y eso no ha producido ni consolidado ningún nacionalismo navarro”. El simple hecho de consultar los resultados de cualquier encuesta sociológica en la que se recoja la adscripción identitaria de los encuestados refleja tozudamente la realidad de que sistemáticamente son mayoría quienes se identifican como “solo navarros” o “más navarros que españoles”, frente a los que lo hacen como “más españoles que navarros” o “solo españoles”. Son resultados semejantes a los que se obtienen en la Comunidad Autónoma del País Vasco (CAV), solo que sustituyendo los términos “navarro” y “vasco”.<br /><br />Una cuestión distinta es que esta realidad social no haya cuajado en un movimiento político nacional moderno, mientras que sí lo hizo en Bizkaia a través de los hermanos Arana Goiri. En cualquier caso el planteamiento nacional vasco de Sabino Arana adolece de un enorme desconocimiento de la realidad histórica de Navarra y sus planteamientos beben directamente de la historiografía hispana, de modo similar a como lo hace Joan F. Mira en nuestra época.<br /><br />Hoy es el día en que, sin complejos y ante las urgentes necesidades y retos que plantea la etapa actual, somos muchos los que percibimos la independencia, el Estado propio, como imprescindible para sobrevivir como sujeto social y político en el mundo. Somos muchos, además, quienes lo planteamos desde la perspectiva de Navarra. De modo similar a Cataluña y Valencia, los españoles nos arrebataron nuestro Estado por conquista, ocupación y subordinación posteriores. Pensamos que nuestra mejor oportunidad consiste en recuperar el Estado histórico de los vascos: Navarra.<br /><br /><br /><strong>Reseña bibliográfica</strong>:<br /><br />Pons, Pere Antoni<br />“La vida, el temps, el món: sis dies de conversa amb Joan F. Mira”<br />València 2009<br />Publicacions de la Universitat de València<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11182586-6527835001101533747?l=nabarra.blogspot.com'/></div>Garatehttp://www.blogger.com/profile/06061374322838649781noreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-11182586.post-14226265742529911232009-06-16T19:13:00.004+02:002009-06-16T22:08:59.110+02:00NAFARROA VUELVE A SU SERHace ya algunos días que acontecieron las famosas votaciones para el Parlamento Europeo. Al margen de cualquier otra consideración, creo que es importante destacar la escasísima participación en las mismas tanto de vascos como de catalanes.<br /><br />Claramente se mostró que una Europa basada exclusivamente en los estados actualmente existentes no va ni con Navarra ni con los Países Catalanes. Históricamente ambas naciones hemos estado en la avanzada de la reivindicación europea, pero como leí en algún medio de comunicación carlista, “Europa sí, pero no así”. Y es cierto. Esta Europa no puede más que producir oposición en sus naciones reales y el rechazo más claro se expresa mediante la abstención.<br /><br />No obstante, al día siguiente de estas votaciones casi me da un vuelco el corazón. En titular de un periódico de nuestro país(*) el periodista de guardia anunciaba nada menos que “Nafarroa vuelve a su ser”. Inmediatamente pensé que algo muy importante había sucedido sin enterarme: Navarra se encontraba libre de las tropas de ocupación hispano-francesas, sus policías y resto de funcionarios de los estados dominantes se habían marchado y los medios de comunicación estaban ya en manos populares. Por lo menos según mi forma de pensar, en eso consistía la vuelta de Nafarroa “a su ser”.<br /><br />Pero no. Tristemente la subordinación seguía, continuaban las tropas y funcionarios de los estados español y francés ejerciendo sus tareas rutinarias. Televisión española, la COPE, la SER y tantas otras así como los diarios de Navarra o Vasco continuaban con su adoctrinamiento machacón. ¿Qué había “vuelto a su ser”? Evidentemente no Navarra como nación y como Estado, sino simplemente lo que se había restablecido era el estatus “votacional” de una determinada fuerza política.<br /><br />Es triste confundir cuestiones de importancia tan extrema: la situación de un partido concreto con los intereses de la nación en su conjunto o los posibles adversarios políticos internos con los auténticos enemigos externos. Mal vamos por este camino. O logramos una convergencia estratégica, encabezada por la propia sociedad civil, ante la que los actuales grupos políticos resignen sus intereses partidistas en pro de la emancipación nacional y la recuperación del Estado propio o nos seguimos hundiendo en la dependencia y subordinación.<br /><br />(*)<a href="http://www.gara.net/paperezkoa/20090608/141189/es/Nafarroa-vuelve-su-ser-tras-distorsion-apartheid-NaBai">www.gara.net/paperezkoa/20090608/141189/es/Nafarroa-vuelve-su-ser-tras-distorsion-apartheid-NaBai</a><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11182586-1422626574252991123?l=nabarra.blogspot.com'/></div>Garatehttp://www.blogger.com/profile/06061374322838649781noreply@blogger.com3tag:blogger.com,1999:blog-11182586.post-35468142498006865742009-06-16T16:56:00.008+02:002009-06-16T17:20:22.201+02:00NAFARROA OSOA BURUJABE<embed src="http://blip.tv/play/AYGJ0EKEml8" type="application/x-shockwave-flash" width="500" height="422" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11182586-3546814249800686574?l=nabarra.blogspot.com'/></div>Garatehttp://www.blogger.com/profile/06061374322838649781noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-11182586.post-66130776962312049442009-06-12T08:08:00.002+02:002009-06-12T08:13:27.962+02:00BERRIRO IHES EGIN DIEZAGUKE TRENAArretaz kasu egin diot Kataluniaren politika bilakaerari. Askotariko ahotsak entzuten ari dira, baina guztiek ere aho batez diote Kataluniak Espainiatik eta Frantziatik independente izan beharra daukala. <br /><br />Trantsizioaz geroztik, gaizki demokratiko zeritzonetik, hala gure herrialdean nola Katalunian estatutuaren araberako bidea proposatu zuten, itxuraz biderik errealistena eta sendoena zelako, demokrazia garatu ahal izateko. Inolako eragozpenik gabe onartu zuten «Espainiako herria» funts gisa zeukan konstituzio oinarria. Zalantza aldeko duelarik, pentsa liteke hala jokatu zutela, haiek, nazioz espainiarrek, gogoeta eta asmo honek bultzaturik: osotasun hartan ordezkatzen zuten «gehiengoa» onuragarria eta eskuzabala izango zitzaiela katalan eta euskaldunen «gutxiengoei». Sinetsita zeuden aise asko bihurtuko zirela «estatu federal», eta, hurrengo, ezin errazago gertatuko zitzaiela «konfederazio» izatea. Haren ondorengo etapa, berriz, independentzia, ez zuten beharrezkotzat ere jo. <br /><br />Hogeita hamar urtetik gorako errealitate tristeak besterik egiaztatu du: arrazoi zutela jarrera kritikoa, edo gutxienez eszeptikoa, agertu zutenek. Hori, orain hasi dira antzematen Kataluniako gizarte zibileko hainbat sektoretan. Batez ere, kontuan izanik zer-nolako ondorio osagarriak eragiten ari diren, batetik, Espainiako Estatuak, bere batasunean tematurik baitihardu, eta orain arteko egindako autonomia ibilbidean atzera jotzeko asmoz; eta, bestetik, bere burua independentistatzat daukaten alderdiek, praktikan bere autonomia erkidegora hertsiki atxikita baitaude, eta zatiketarako asmorik ez baitute. Antza denez, eroso daude beren besaulkietan. <br /><br />Kataluniako gizarteko sektore askok gero eta argiago dakusate Espainian dagokien egoera ezinago ezegonkorra dela. Atzerriko hauteskunde batzuen emaitzen eta haien botere legegile ahalguztidunaren mende daude betiere. Halaber, Espainiako Gobernuak Kataluniaren kontra tresna judizial moduan darabiltzan baliabideak -Estatut berria, ekonomia finantzabidea...- eragozpen izugarriak zaizkio munduan egun dituen jomugak modu eraginkorrean erdiesteko. <br /><br />Kataluniako gizartea konturatzen hasia da ahalbide demokratiko bakarra duela, aldi berean egonkortasun apur bat bermatuko diona: independentziaren alde borrokatzea, estatu propioa erdiestearren. <br /><br />Katalana gero eta gutxiago erabiltzen delako eta hari gero eta balio txikiagoa ematen zaiolako kezkaturik dauden pertsonak ere konturatu dira, pixkana-pixkana, hizkuntza baten normalizazioa lortzeko, Estatuaren boteretik landutako ereduak abiarazi behar dituztela, Espainian zein Frantzian biztanleak espainiera eta frantsesa jakitera eta erabiltzera behartzen dituzten bezala. Hizkuntza bat normalizatzeko, eragile ezinbestekoa da gizarte presioa, baina ez da nahikoa. <br /><br />Eta zer gertatzen da gure herrialdean? Antzeko arazoak ditugu, baina ez berberak. Baditugu Hitzarmen ekonomiko bat eta Kontzertu ekonomiko bat Espainiako Estatuarekin, itxuraz behintzat ukiezinak. Kataluniak ez dauka halakorik. Gureak, berriz, Nafarroako erresumari esker izan genuen estatu subiranotasunaren hondarrak dira, oker edo gaizki gorde ahal izan genituenak. Baina ez daukagu berme benetakorik, edo botere eragilerik, horiei bere hartan eutsi ahal izateko. Erakundeei dagokienez, zeharo babesgabe gaude inolako oldarraldiri aurre egiteko, nondik edo handik datorkigula ere: ez barnetik, Espainiako Estatutik bertatik, ez eta Europako erakundeetatik ere, hangoek ez baitakite ezer gure errealitateaz, eta beren interesak bultzaturik baitihardute. <br /><br />Hizkuntzari dagokionez, Kataluniarena baino handiagoa da gure babesgabetasuna, berezko hizkuntzaren erabilera askoz ere handiagoa delako han, eta, batez ere, atzera egiteko arrisku larriagoan gaudelako hemen, gaur egungo Nafarroa Garaiko egoera orokortzea ekar baitezake. Beste horrenbeste esan liteke, eskuarki, hezkuntza sistemari eta euskal curriculuma ezartzeko ahalbide benetakoari buruz. Aurreko aldian oso nekez lor zitekeen halakorik, baina gaur egun ezin pentsatuzkoa ere bada. <br /><br />Menderakuntza eta mendekotasun egoera erabatekoan gaude, Espainian gehiengo eta gutxiengo politikoak osatzeari dagokionez. Gure gizartearen nortasuna eta ondarea, eta horien sustapena, aldian aldiko hauteskunde garaileen esku dago erabat, oinarri-oinarrian kontrakoa zaigun testuinguru baten barruan. Katalunian bezala, Espainia «liluratu» nahi zuen pedagogiak burrunba handiz jo du haien nazionalismo tematiaren harresia, eta gu geu gara oraindik ere gatibu benetakoak. <br /><br />Egungo munduan egonkortasun aseguru bakarra daukagu, alegia, normal egotea bermatuko digun sistema bat izatea, inolako traumarik eragingo ez diguna; erakunde bat, osoki garatzen utzi ahalko diguna, geure hizkuntzan, kulturan, gizarte nortasun orokorrean eta geure ekonomian oinarriturik. Halako sistema batek estatu independente bat eratzea eskatzen du. Orain arte bezala jarraituz gero, menderakuntzaren gurpil zoroan eta izu-ikara etengabean jirabiraka ibiliko gara, eta askatasunik gabeko espazio egunetik egunera estuagoetan mugituko gara. <br /><br />Geure bizitasunak eta politika kulturak bakarrik ekar diezagukete behar beste indar, gure gizartea independentzia lortzeko asmoz mugiarazi ahal izateko. Sekula ez digute ezer ekarriko atzerriko erakundeek, ez Espainiakoek ez Europakoek, ez eta Hispaniako gautxokeriaren erlikiak baino biltzen ez dituen hauteskunde talde batek ere, zeinak, gutxi izango ez balitz bezala, Comuner@s izeneko talde bat baitu kide nagusi, Trebiñu eta Errioxa ageri dituena dagokion lurralde eremuaren logotipoan. <br /><br />Historiako azken aldietan, ihes egin digu «trantsizioaren trenak» lehenik, eta estatu berrien eraketarenak hurrengo, sobietarren inperioaren hondamendiaren ostean, eta jugoslaviarren nahas-mahasarenak azkenik. Gaur egungo bidetik datorkigun trenak, berriz, Espainiako Estatuaren beraren barne legitimazioaren inguruko krisi oso latz batek gidatua dirudi. Nago katalanak hasiak direla jarrerak agertzen. Eta guk ezin diogu kanpoan geratzeko arriskuari amore eman. Guztion ahaleginak elkarturik, eta Estatuan bi polo desegonkortzaile eraturik, Baskonia eta Herrialde Katalanak bezain garrantzitsuak, eta ongi landutako estrategia bat baliaturik, nago laster batean lortu ahal izango dugula. Herrialde Katalanetako eta Nafarroako errepublikak izango dira, eta Eskozia eta Flandria besteak beste, Europako Batasuneko estatu berriak. Amen.<br /><br /><a href="http://www.berria.info/paperekoa/iritzia/2009-06-12/004/005/Berriro_ihes_egin_diezaguke_trenak.htm">www.berria.info/paperekoa/iritzia/2009-06-12/004/005/Berriro_ihes_egin_diezaguke_trenak.htm</a><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11182586-6613077696231204944?l=nabarra.blogspot.com'/></div>Garatehttp://www.blogger.com/profile/06061374322838649781noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-11182586.post-34928826480082285802009-06-05T17:51:00.005+02:002009-06-06T17:06:09.406+02:00PODEMOS PERDER EL TREN DE NUEVOSigo con interés la evolución política catalana y, sobre todo, la deriva independentista que va tomando. Se escuchan voces variopintas pero unánimes a la hora de proclamar la necesidad que tiene Cataluña de ser independiente de España y Francia, de disfrutar de un Estado propio.<br /><br />A partir de la transición, mal llamada democrática, y de modo semejante al de nuestro país, en Cataluña se planteó la vía estatutaria como la más realista y sólida, en apariencia, para lograr su desarrollo democrático. Se aceptó sin reservas el fundamento constituyente basado en la unidad del “pueblo español”. Con el beneficio de la duda, se puede pensar que se hizo con el pensamiento e intención de que la “mayoría” que ellos, los nacionalmente españoles, representan en ese conjunto sería “buena” y “generosa” con sus “minorías” catalana y vasca. Con un poco de pedagogía bien llevada (y de eso los catalanes creen saber mucho) confiaban que el paso a un “Estado federal” era muy sencillo y que de ahí a la “confederación”, una minucia. La etapa siguiente, la independencia, ni se planteaba como necesaria.<br /><br />La triste realidad de estos más de treinta años ha confirmado que quienes entonces mantuvieron posiciones críticas o, cuando menos, escépticas, tenían razón. Esto se empieza a percibir hoy en amplios sectores de la sociedad civil de Cataluña. Sobre todo a la vista del efecto complementario que producen un Estado español empecinado en su unitarismo y con perspectivas de desandar el camino autonomista recorrido y unos partidos sedicentes independentistas, pero amarrados en la práctica al poder institucional delegado a su Comunidad Autónoma y sin ningún interés real de ruptura. Las poltronas deben resultar muy cómodas.<br /><br />Grandes sectores de la sociedad catalana perciben cada vez con más claridad que su situación dentro del Estado español es de una inestabilidad extrema. Siempre están pendientes de los resultados de unas elecciones extranjeras y de su omnímodo poder legislativo. Además, todos los recursos que el ejecutivo español judicializa en contra de Cataluña, como el nuevo Estatuto, la financiación económica y otros, constituyen un freno enorme para poder dar una respuesta efectiva a los actuales retos del mundo. El retraso en la promulgación de sus sentencias constituye una absoluta falta de respeto hacia Cataluña, se manifiesta como un sarcasmo, ya que el resultado final tiene todo el aspecto de ser contrario a los intereses catalanes.<br /><br />La sociedad catalana ha comenzado a percibir que la única posibilidad, no sólo democrática sino simplemente garante de estabilidad, que viene a ser lo mismo aunque planteado desde dos puntos de vista diferentes y que no esté pendiente de unas elecciones extranjeras o de las sentencias de tribunales españoles, es luchar efectivamente por su independencia, por el logro de su Estado propio.<br /><br />Al mismo tiempo, todas las personas preocupadas por el descenso del uso de la lengua propia de Cataluña y de su valoración social se dan cuenta progresivamente de que la única forma de conseguir la normalización de un idioma es la puesta en práctica de modelos elaborados desde el poder del Estado, como los que obligan a conocer y usar el español o el francés a los habitantes de sus respectivos estados. Para normalizar una lengua, la presión social es un factor imprescindible, pero no suficiente.<br /><br />Mientras tanto, ¿qué sucede en nuestro país? Los problemas son semejantes aunque no iguales. Nosotros tenemos un Convenio y un Concierto económicos con el Estado español, en apariencia por lo menos, intocables. Cataluña no los tiene. Los nuestros son restos de la soberanía estatal que disfrutamos a través del reino de Navarra y que se pudieron conservar, mal que bien, tras los conflictos del siglo XIX. Pero no existe ninguna garantía real, de poder efectivo por nuestra parte, de que tal situación se vaya a mantener. Estamos institucionalmente inermes ante cualquier embate, tanto interno, desde dentro del propio Estado español como desde instituciones europeas desconocedoras de nuestra realidad y, posiblemente, manipuladas desde sus mismos intereses.<br /><br />En el ámbito lingüístico nos encontramos en una indefensión aún peor de la que se encuentra Cataluña, en la que el uso del idioma propio está mucho más extendido, y, sobre todo, con un tremendo riesgo de involución, que en nuestro caso puede conducir a una situación global semejante a la actual de la Alta Navarra. Otro tanto se puede decir del sistema educativo en general y de la posibilidad de establecer, en serio, un currículo vasco. Si este último capítulo era ya de logro muy difícil en la etapa anterior, en la actual se presenta como impensable.<br /><br />Nos encontramos en una situación de subordinación y dependencia total con relación a la formación de mayorías y minorías políticas en España. La identidad y patrimonio de nuestra sociedad y su promoción quedan en manos de los vencedores electorales de turno en un conjunto que nos es básicamente hostil. Al igual que en Cataluña esa pedagogía que aspiraba a “cautivar” (Imaz dixit) a España, ha chocado estrepitosamente contra el muro de su nacionalismo cerril y los efectivamente cautivos seguimos siendo nosotros.<br /><br />El único seguro de estabilidad que se nos ofrece en el mundo actual consiste en un sistema capaz de garantizar sin traumas nuestro estar normal en el mundo; una organización capaz de proteger nuestro desarrollo pleno como sociedad centrada con su lengua, cultura, personalidad social en general y economía propios. Tal sistema consiste en la constitución de un Estado independiente. En caso de seguir como hasta ahora, permaneceremos en el circuito de la subordinación y del sobresalto cotidiano y moviéndonos en espacios de (no) libertad cada vez más estrechos, en contra precisamente de lo que dicen, en su diaria monserga, quienes nos quieren ver reducidos a los límites actuales.<br /><br />La fuerza capaz de movilizar nuestra sociedad para el logro de la independencia sólo puede proceder de nuestra propia vitalidad y cultura política. Nunca nos va a venir dada por instituciones foráneas, ni españolas ni europeas, y, tampoco, a través de una agrupación electoral que reúne a reliquias del gauchismo hispano y que, para colmo, presenta como uno de sus asociados principales a un grupo, Comuner@s, que incluye Trebiño y La Rioja en el logo que expresa su ámbito territorial(*).<br /><br />En las últimas etapas históricas ya perdimos los trenes de la “transición” primero, y de la constitución de nuevos estados tras los hundimientos del imperio soviético y de la amalgama yugoeslava, después. Actualmente el tren en vía se perfila como pilotado por una crisis de legitimación interna muy fuerte del propio Estado español. Creo que los catalanes están tomando ya posiciones. Nosotros no podemos correr el riesgo de quedarnos fuera. Coordinando nuestros esfuerzos, creando a nivel del Estado español dos polos desestabilizadores de la magnitud de Vasconia y Países Catalanes y con una estrategia bien elaborada, creo que lo podemos conseguir en plazo breve. Las repúblicas catalana y navarra, junto con Escocia y Flandes por ejemplo, serán los próximos nuevos estados de la Unión Europea. Amen.<br /><br />(*) <a href="http://es.wikipedia.org:80/wiki/Comuner@s">es.wikipedia.org:80/wiki/Comuner@s</a><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11182586-3492882648008228580?l=nabarra.blogspot.com'/></div>Garatehttp://www.blogger.com/profile/06061374322838649781noreply@blogger.com3tag:blogger.com,1999:blog-11182586.post-58427884801029803482009-05-27T18:15:00.002+02:002009-05-27T18:18:44.988+02:00NO HAY DEMOCRACIA SIN PUEBLO SOBERANOLa peor colonización que puede sufrir un pueblo, una sociedad con un cierto nivel de autorreconocimiento, es la mental. Si las personas que forman un pueblo que históricamente ha manifestado su forma de ser y de estar en el mundo, pierden la capacidad de reconocerse como una realidad diferenciada de las de su entorno, tal sociedad se encuentra al borde de un enorme abismo. <br /><br />Navarra, el Estado de los vascos, ha sufrido largos procesos de conquista, ocupación y dominio. Su pueblo ha resistido durante siglos a todo tipo de intentos de sustitución institucional y de imposición lingüística, cultural y política. Toda Navarra, toda Euskal Herria -el pueblo vasco-, resiste todavía a la imposición de los estados español y francés, aunque con un tremendo despiste sobre la realidad política en la que se basa tal dominio. <br /><br />Nafarroa Osoak euskaldun guztiaren Estatuak, bere burujabea errekuperatu behar du. <br /><br />Vasconia necesita la recuperación de su soberanía como primer elemento de su constitución democrática. Tanto desde el punto de vista de su propia organización interna como desde el de su participación solidaria en un mundo globalizado. Sin soberanía, sin un Estado de Navarra independiente en Europa y en el mundo, no puede haber democracia para Euskal Herria ni para el resto de naciones de su entorno, comenzando por España y Francia. <br /><br />La convocatoria Noain 2009 pretende colaborar a suprimir la venda que ha tapado los ojos de los navarros durante tantos años y devolverles la capacidad de imaginarse independientes de Francia y de España, como una nación europea más. Libre como Holanda, Dinamarca o Portugal. Libre como sin duda lo serán, en un futuro próximo, Cataluña, Escocia y tantas otras. <br /><br />La capacidad de imaginarnos en tal situación es un paso de gigante para el logro de nuestra libertad. El siguiente será la concreción política de tal ilusión. Si la consideramos posible, la desearemos con más fuerza. Nuestra sumisión a los retardatarios y antidemocráticos estados español y francés la convierte, además, en una necesidad.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11182586-5842788480102980348?l=nabarra.blogspot.com'/></div>Garatehttp://www.blogger.com/profile/06061374322838649781noreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-11182586.post-65098243351075816972009-05-21T17:01:00.004+02:002009-05-21T17:39:44.432+02:00DEMOCRACIA E IDENTIDADTomo como punto de partida para estas reflexiones un texto que José Luis Orella Unzué publicó recientemente en diversos medios de comunicación (Noticias de Gipuzkoa de 5 de mayo y Gara de 8 del mismo mes) que comienza con una afirmación desafortunada. El contenido de esta frase condensa de manera clara lo que considero como dos de los principales fallos sobre los que se constituye la actividad política en nuestro país en la actualidad, por lo menos desde las posiciones vistas como nacionales. Más adelante, en el mismo trabajo, aparece otra proposición en la que quedan perfectamente reflejadas las bases, discutibles, sobre las que se apoyan gran parte de las ideas que sustentan el modo de aproximarse en nuestro país al concepto de identidad.<br /><br /><br /><strong>Democracia, mayorías y minorías</strong><br /><br />La primera proposición dice textualmente: <blockquote>"El nuevo Gobierno socialista de Patxi López con apoyo del Partido Popular es democrático, pero el reconocimiento de su democracia cuantitativa no nos debe impedir afirmar que es un modo de lucha contra una identidad minoritaria, utilizando la violencia de una identidad mayoritaria."</blockquote><br />En mi opinión es difícil decirlo más claro con menos palabras. Analizando el texto por partes voy a comenzar por la segunda. Orella habla de “un modo de lucha contra una identidad minoritaria utilizando la violencia de una identidad mayoritaria”. Estaría de acuerdo si Orella hablara del conflicto entre la identidad soportada por una población de “menor peso demográfico” frente a la violencia de otra con “mayor peso”. Pero me resulta muy difícil de aceptar si entra, como lo hace Orella, en el juego de “minorías y mayorías”.<br /><br />Me explico. Si un grupo humano admite que es una “minoría” con relación a otro que, automáticamente, se constituye en “mayoría”, está aceptando de manera implícita su pertenencia y supeditación al segundo. Y eso creo que, si tiene clara conciencia de su propia identidad distinta, no debe ser aceptado nunca, ya que de ese modo, debe acatar sus reglas y entra, tal vez sin plena consciencia, en la vía sin salida democrática de la subordinación y del dominio.<br /><br />Una nación como la nuestra, que ha sido conquistada, ocupada y dominada, no puede aceptar las reglas de juego impuestas por un sistema político basado precisamente en su minoración y constitución en “parte de otra”. Navarra, a través de su reino, constituyó un Estado en plenitud soberana. Sus instituciones fueron aniquiladas en la zona que dominaron los franceses y, sustituidas o subordinadas profundamente en la ocupada por los españoles, eso sí, dentro de las limitaciones que siempre ha manifestado el poder español, menos fuerte que el francés.<br /><br />Por todo ello, si nuestra nación persiste en la voluntad de seguir siendo sujeto político en el mundo, y muchos pensamos que la tiene, nunca podrá definirse como una “minoría” dentro de la “mayoría” española o francesa. En nuestra sociedad, en nuestro pueblo, nosotros los nacionales somos por definición mayoría. Tal es el único planteamiento que, en mi opinión, nos puede permitir afrontar el futuro político con la autoestima alta y, de este modo, responder con eficacia política y posibilidades reales de éxito a los retos planteados en el mundo actual.<br /><br />Nosotros no somos españoles ni franceses. Por lo mismo, no somos, como les gustaría a ellos y lo reflejan en la práctica cotidiana y en sus constituciones políticas, minorías residuales dentro de su mayoría, “progresista, generosa y benefactora”, por supuesto. Somos elementos agregados por la fuerza y con aspiración a (re)constituir nuestra propia mayoría.<br /><br />De aquí se deduce que los procesos constituyentes de ambos estados, basados en la soberanía unitaria e indiscutible de sus respectivos pueblos que, por otra parte, dividen arbitraria y violentamente al nuestro, conforman unos marcos sociales y políticos en los que no existimos realmente y que, por el mero hecho de negarnos una existencia efectiva, no pueden ser democráticos.<br /><br />Es decir que el gobierno de Francisco López no puede ser democrático simplemente por el hecho de que haya sido resultado de unas votaciones en las que subyace una farsa infinita. La trampa tiene un principio, ya citado, que se basa en el poder constituyente de los pueblos español y francés, que a nosotros se nos niega, y para el que no existimos como sujeto político; pero no tiene un fin previsible, salvo que tengamos la capacidad social y política de romper el nexo, de cortarlo de raíz; como el famoso “nudo gordiano”.<br /><br />Podemos hablar de la división territorial y humana de nuestra nación, tan “democráticamente” pactada en 1200, 1512 o 1620, principalmente. Podemos, también, contar las “hazañas” realizadas sobre nuestro pueblo por la llamada Revolución francesa o escribir sobre las guerras carlistas en las que, también por “acuerdos, pactos y consensos”, se nos arrebataron los restos del régimen político propio, llamado Sistema Foral. En ningún caso debemos olvidar el franquismo ni el infame proceso de la mal llamada “transición democrática”, tras la muerte del general, en la que se consolidaron todos los logros políticos de la dictadura.<br /><br />El resto: las detenciones arbitrarias, las torturas, los cierres de medios de comunicación, las leyes de partidos, las prohibiciones de candidaturas, los portazos a Ibarretxe con su “plan” o su “consulta”, y tantos otros, son simples apéndices, consecuencias, de esa radical falta de democracia del régimen político que impera en el Estado español. Otro tanto se puede afirmar de la parte francesa.<br /><br />En la actual situación no se puede hablar, como hace creo que con buena intención Orella Unzué, de “democracia cuantitativa”. La democracia es una cualidad, no una cantidad y no se mide por el hecho de que se pueda votar o no. También se podía votar en tiempos de Franco, por tercios familiares, sindicales… ¡o de Flandes!. Por no hablar del podrido sistema partitocrático que rige actualmente los destinos del Estado español o de la corrupción generalizada de sus políticos.<br /><br />En resumen, la introducción de Orella ofrece un compendio claro y didáctico de dos de los principales errores asumidos por quienes dicen ser “clase política vasca”: en primer lugar, considerarnos como “minoría” frente a españoles o franceses, que serían en ese caso “mayoría” y, en segundo, aceptar como democráticos los actuales regimenes políticos de ambos estados. De no rectificar pronto tales errores y acomodar de manera acorde nuestra práctica política, podemos derivar a un callejón sin otra salida que la asimilación. De hecho, su aceptación, nos está llevando rápidamente, al borde de un precipicio del que será muy difícil salir con posibilidades de supervivencia.<br /><br />Sólo la conciencia de la necesidad de un Estado propio, en Europa y en el mundo, y la capacidad estratégica de luchar por él y de conseguirlo, ofrecen la posibilidad de no hundirnos en el abismo, de ser mayoría en el propio país, y ofrecer una solución realmente democrática a nuestra nación y a las de nuestro entorno, empezando entre ellas por España y Francia.<br /><br /><br /><strong>Sobre el concepto de identidad</strong><br /><br />Como he citado anteriormente, Orella Unzué plantea en el mismo trabajo otra frase que considero también de mucho calado y que me da pie a una reflexión sobre el concepto de identidad. Esta segunda frase refleja, en mi opinión con justeza, posiciones que sobre el mismo se expresan, con excesiva simplicidad, desde muchas posiciones consideradas como abertzales. En su enunciado Orella afirma que (el ser humano) <blockquote>"podrá renunciar a su geografía, a su religión, a su carnet político, pero no podrá hacerlo a su naturaleza, a su herencia, a su cuerpo, a sus cualidades fisiológicas y psíquicas."</blockquote><br />De entrada resulta curioso el análisis a que somete Orella a partes que son constituyentes básicos de cualquier identidad, con la evidente intención de poder ir eliminando elementos sucesivos, como si fueran capas de una cebolla, para quedarse con lo básico, con el cogollo. Creo que de la cebolla se pueden seguir quitando capas, una tras otra, hasta quedarse sin nada, sin cebolla. La cebolla, como la identidad, no tiene núcleo.<br /><br />No creo que el orden en que plantea Orella la sucesiva eliminación de capas cebollinas equivalga a la mayor o menor importancia de las mismas en la definición de la identidad de un pueblo. Cada sociedad humana tendrá un orden específico y diferente del de otras. Raro sería encontrar dos grupos humanos en los que coincidiera el orden de importancia de las capas identitarias.<br /><br />En mi opinión, la miga del asunto consiste en que tienen que estar todas, ya que, además, están tan adheridas entre sí, que si eliminamos una podemos arrancar jirones de otra, de modo que, al final, ambas quedarán inservibles. La identidad no se forma como suma de elementos disjuntos sino que constituye una totalidad de características dependientes unas de otras y que en su conjunto, en su suma y en sus interrelaciones, determinan la cultura social y política, la forma de ser y de estar en el mundo, de cada sociedad concreta, de cada pueblo.<br /><br />La primera y, en mi opinión excesiva, afirmación de Orella dice que (el ser humano) ”podrá renunciar a su geografía…” Veamos, el autor está afirmando que un pueblo puede renunciar a su “geografía” o lo que es lo mismo, a su territorio. Poder, está claro que puede, pero si lo hace deja de ser pueblo, se esfuma como sociedad y dimite como nación. La territorialidad es un elemento fundamental en la configuración de cualquier pueblo, sociedad o nación.<br /><br />Para empezar, el territorio es el país. Todas las sociedades humanas no sólo mantienen una estrecha relación con su territorio, sino que experimentan un permanente flujo de recreación y simbiosis con el mismo. El trozo de tierra sobre el que se asienta permanentemente un grupo humano conforma muchos aspectos de su organización social, básicamente del trabajo y la propiedad, pero, a su vez, la propia organización social construye el paisaje y ordena el territorio. Ambas están en permanente modificación recíproca y no existe una sociedad estable sin territorio. El paisaje es esa síntesis de población y territorio que lo hace habitable y permite el desarrollo social.<br /><br />El territorio es por supuesto el marco en el que se desarrolla cada sociedad y las relaciones ecológicas globales entre los seres vivos que lo habitan y las estructuras del terreno; tanto morfológicamente como desde el punto de vista del clima. Los territorios con mar y montañas, los que son llanos o se ven surcados por ríos y lagos, presentan sociedades con características diferentes. Lo mismo sucede con los que gozan de un clima húmedo y suave o los que padecen climas extremos. No se puede caer en un determinismo geográfico o climático, pero tampoco debe minusvalorarse la influencia que ejercen ambos factores sobre la cultura y organización de los pueblos.<br /><br />El territorio permite la ordenación de la sociedad y su administración. Posibilita la existencia práctica de una organización política, más tarde Estado, que constituye la concreción del poder de pueblo para permitir su supervivencia y garantizar que lo haga concertadamente. Para defender su sociedad de agresiones externas. Para ordenar sus propios recursos, sus bienes, de manera que pueda optimizar el trabajo sobre los mismos, transformarlos, obtener resultados aceptables socialmente y redistribuirlos más o menos equitativamente.<br /><br />Otro de los elementos identitarios de enorme importancia es el idioma. Quienes en nuestro país toman la lengua como base prácticamente exclusiva de la identidad propia, pienso que incurren en otro tipo de simplificación y que conforma nuevo e importante error. Los que afirman que “mi lengua es mi patria”, no se percatan de que si ese idioma no tiene unos hablantes que lo usan en un conjunto grupal que habita sobre un territorio determinado y con unas funciones sociales concretas, es algo destinado a la minoración, al empobrecimiento, a la dialectización, a la sustitución por las lenguas de las sociedades dominantes, esas sí con dominio territorial, y, al final, abocado a la extinción.<br /><br />Tenemos el caso judío. Los judíos se han autoconsiderado durante largos siglos como un “pueblo” exiliado, una sociedad en la diáspora. En unos casos habrán sufrido por tal situación más que en otros, pero nunca lograron una normalidad política. Su aspiración máxima era, lógicamente, la consecución de su propio territorio, una tierra donde construir un Estado normal y corriente y al que acudir para habitarlo y formar una sociedad al uso. Una vez conseguida la tierra, lo primero que hicieron fue normalizar una lengua. No voy a entrar en los resultados alcanzados por el Estado de Israel, una vez constituido, sino simplemente constatar la necesidad del territorio para desarrollar cualquier sociedad normalizada, por lo menos en nuestro entorno geopolítico.<br /><br />Una lengua sin territorio, sin cultura social y política, sin la organización fundamental que ya se ha dicho, el Estado, constituye un elemento minorizado que podrá sobrevivir unos cuantos años, cada vez menos, pero que tiene un destino marcado indefectiblemente: la extinción. Además, una lengua, con todo lo importante que pueda ser como marca de identidad y de forma de ser, de ver y actuar en el mundo, fuera de un contexto social y político queda arrumbada y sin sentido, como cualquier otro atributo identitario que se desgaje del conjunto.<br /><br />Otros muchos elementos forman parte de la identidad, en cada situación unos prevalecerán sobre otros, pero siempre forman una totalidad, un conjunto indisoluble, en que si se quita una pieza, se desmorona el edificio. En la exposición de Orella percibo asimismo un exceso de planteamientos biologicistas, como cuando habla de “su cuerpo”, “sus cualidades fisiológicas y psíquicas”, como base identitaria. Es evidente que, de modo semejante a los atributos relativos a geografía y clima, no se pueden despreciar ni arrojar por la borda, pero que hay que relativizarlos e integrarlos en el conjunto.<br /><br /><br /><strong>Conclusión</strong><br /><br />Hoy en día todos los estados constituidos, y que ejercen como tales en nuestro entorno, tienen cada vez más clara la necesidad de reivindicar, incluso reinventar, su propia identidad como un factor básico de cohesión social. Los problemas derivados de la globalización y de las migraciones provocadas por las consecuencias sociales y económicas del dominio y control sobre los países llamados del tercer o cuarto mundos, han reforzado un proceso que se inició cuando el Estado nación comenzó a ejercer su fuerza para nacionalizar las sociedades bajo su dominio, es decir el siglo XIX.<br /><br />Las naciones subordinadas que aspiran a tener su puesto en el concierto internacional como sujeto político, con nombre y apellidos, con voz y voto, debemos tener claro que el acceso a un Estado propio es condición indispensable para lograrlo. Al mismo tiempo la capacidad social y política necesaria para forzar a los estados dominantes, español y francés en nuestro caso, exige una cohesión social muy fuerte y para ello es imprescindible tener clara la constitución de su identidad particular, de conocer e interpretar la propia historia y patrimonio en general.<br /><br />El esfuerzo es enorme pues exige una labor que normalmente viene dada “gratis” desde los estados constituidos, a través del sistema educativo, de los medios de comunicación etc., mientras que en nuestro caso y otros semejantes, como el de Cataluña por ejemplo, los estados ejercen con eficacia esa función, pero a favor de su propia identidad y en contra de la nuestra. En cualquier caso es necesario efectuarlo por nuestra parte.<br /><br />No obstante, lo anterior tampoco es suficiente. La labor de reconstrucción identitaria es un punto de partida que permitirá a la sociedad la toma de conciencia de su realidad, tergiversada cuando no totalmente negada. Esa toma de conciencia debería conducir al desacomplejamiento (¡sí, podemos!) y al alza de la autoestima. A partir de ahí entra en juego una acción política capaz de canalizar la fuerza social necesaria para conseguir el objetivo que pueda garantizarle una existencia sin sobresaltos, una existencia en la que sus elementos básicos no estén permanentemente puestos en cuestión y a expensas, por ejemplo, de unas elecciones controladas y manipuladas por la metrópoli de turno.<br /><br />A modo de conclusión podemos afirmar que la clarificación de la identidad propia, en su sentido pleno, es un elemento básico para cualquier pueblo en el mundo actual y, mucho más aún para una sociedad sometida. Además constituye el factor básico para plantear con posibilidades de éxito la lucha por su emancipación. Sin soberanía no hay democracia y una sociedad subordinada no puede ser democrática. Lo peor que puede suceder a una sociedad sometida es que llegue a considerarse “minoría” dentro de la “mayoría” de la dominante.<br /><br />El camino es, en teoría, sencillo: identidad, autoestima, emancipación y soberanía, resumida en el logro del Estado propio. Este podrá ser, a su vez, el garante eficaz del desarrollo de una identidad sin sobresaltos, en una sociedad democrática. En la práctica, se prevé costoso y erizado de dificultades, con unos adversarios muy fuertes y expertos en dominaciones y expolios, pero nos jugamos nuestro propio ser colectivo y, por lo mismo, el de cada persona en su plenitud. Merece la pena el esfuerzo.<br /><br /><a href="http://www.noticiasdegipuzkoa.com/ediciones/2009/05/01/opinion/d01opi5.1474150.php">www.noticiasdegipuzkoa.com/ediciones/2009/05/01/opinion/d01opi5.1474150.php</a><br /><a href="http://www.gara.net/paperezkoa/20090508/136047/es/Democracia-o-violencia-identitaria">www.gara.net/paperezkoa/20090508/136047/es/Democracia-o-violencia-identitaria</a><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11182586-6509824335107581697?l=nabarra.blogspot.com'/></div>Garatehttp://www.blogger.com/profile/06061374322838649781noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-11182586.post-11747074091722445012009-05-10T14:14:00.005+02:002009-05-13T20:32:09.152+02:00PUEBLO Y CIUDADANÍAPueblos “y” ciudadanos. También podemos decir pueblo “o” ciudadanía; todo depende del contexto político sobre el que hablemos. Pachi López ha prometido su cargo, de representante del Estado en el territorio sobre el que tiene jurisdicción, la llamada en la actual organización política del mismo Comunidad Autónoma del país vasco o Euskadi, sobre su estatuto, es decir sobre un texto que, además de justificar su subordinación, es, en la práctica, papel mojado. Y lo ha hecho ante los representantes de la “ciudadanía vasca”.<br /><br />La cruda realidad es que hoy y aquí no existe tal “ciudadanía vasca”. La ciudadanía es un concepto de la modernidad asociado al conjunto de derechos, libertades y garantías de las personas y, por supuesto también, de sus obligaciones, deberes y compromisos. Pero ¿ante quién? Y ahí surge el problema de fondo. Es un asunto que escuece. Y mucho. Es el Estado el que conforma el concepto de ciudadano. Es él quien garantiza sus derechos y libertades y es él quien tiene capacidad legal y, en teoría, legítima de exigirles sus deberes y obligaciones.<br /><br />Aquí y ahora no existe una “ciudadanía vasca”. ¿Por qué? Porque no existe un Estado vasco. Los únicos estados que tienen jurisdicción sobre los territorios actualmente habitados por los vascos son el español y el francés. Esto implica que los vascos nunca somos “ciudadanos vascos” sino siempre “ciudadanos españoles” o “franceses”. Es decir, que en la organización unitaria de ambos estados, los vascos no existimos como sujeto político, por mucho que su propaganda, sobre todo la española, pretenda convencernos de algo que no es sino una simple mentira: que sus entes autonómicos constituyen entidades con poder real. En todo caso son subordinadas a sus poderes reales, legislativo y ejecutivo, con los que topan siempre, y en última instancia con el judicial representado por sus inefables Audiencia Nacional o Tribunal Constitucional. Nos pretenden vender una mercancía averiada.<br /><br />Las actuales instituciones “vascas”, o “navarras”, no cumplen ninguno de los requisitos citados. Ofrecen servicios (aunque no todos), sí, pero no garantizan derechos ni libertades; es el Estado quien los establece, quien los define y otorga el marco en que se constituyen, en las jurisdicciones española y francesa. Todo esto se percibe aún con más claridad al hablar de obligaciones y compromisos. ¿Qué sociedad normal plantea que sus ciudadanos tengan el deber de conocer y hablar el idioma oficial de quien los conquistó y ocupa? ¿Qué país democrático juzga a sus propios ciudadanos por delitos de opinión, los tortura o les cierra medios de comunicación? Los dos portazos que recibió Ibarretxe por parte de las instituciones del Estado español: el Congreso de Diputados ante su famoso Plan y, directamente, el Ejecutivo ante su Consulta, muestran con nitidez la amarga realidad y dónde radica el soporte y ejercicio de la ciudadanía y la democracia. Al no existir tal “ciudadanía vasca”, no hay derechos ni obligaciones propias, sino los derivados de la pertenencia, forzosa por cierto, a los Estados a que estamos subordinados.<br /><br />En este sentido resulta esclarecedor el artículo publicado en Diario Vasco de 9 de mayo por Luis Haranburu Altuna bajo el título “Ciudadanos bajo el árbol” (*). Al margen de su apología de la laicidad (supuesta, como veremos más adelante) de la promesa de Pachi López, Haranburu expresa con claridad meridiana lo que acabo de exponer cuando afirma: “la soberanía reside en el pueblo español y parece claro que dicho colectivo no es sino la suma de todos los ciudadanos españoles”. Y un poco más adelante: “una cosa es la ciudadanía política y otra la pertenencia cultural”. Además, añade: “Las provincias hermanas del País Vasco francés e incluso Navarra (¡gracias, Luis, por acordarte de nosotros!) forman parte de la Euskal Herria cultural, que en su día se expresaba en euskera (¿ya no? ¿y por qué, Luis?), pero dicha entidad no existe ni ha existido, jamás, en su calidad de comunidad política”. <br /><br />La contraposición que hace Haranburu entre “pueblo” o “ciudadanía” responde a una realidad fuerte, reconoce que los vascos constituimos un “pueblo”, pero que tal entidad no tiene un valor constituyente. Por cierto, ¿por qué para los españoles o franceses sus pueblos respectivos lo son, y para nosotros no? ¿Hay pueblos de primera división y pueblos de segunda? ¿No le llamaban a eso racismo?<br /><br />Además Haranburu Altuna incurre en un grueso error histórico (¿intencionado?) al afirmar que Euskal Herria no ha existido “jamás” en su calidad de comunidad política. ¿Y los largos siglos, desde el IX, de existencia y ejercicio de poder del reino de Navarra, qué fueron? Tal vez un “error histórico” que españoles y franceses bien cuidaron de corregir con procedimientos de ´”diálogo” y “persuasión”, tanto en 1200 como en 1512 o en 1620.<br /><br />Creo que en nuestro caso, más se debe hablar de pueblo ”y” ciudadanía. De un pueblo, el vasco, que aspira a alcanzar para su población el estatus de ciudadanía que le otorgará, una vez recuperado, el Estado de Navarra. Como ya se ha dicho, para españoles y franceses son sus respectivos pueblos los elementos constituyentes de su soberanía y organización política en estados reconocidos. Reitero, ¿en virtud de qué principio unos sí y otros no? Máxime cuando sus modos de asimilación social y de delimitación de fronteras han sido de todo tipo menos democráticos. Ya dice Will Kymlicka (**) que en los actuales estados se puede discutir democráticamente cualquier asunto salvo, precisamente, la delimitación de su marco, de sus fronteras.<br /><br />La cuestión, citada muy recientemente de modo simple y directo por Xabier Arzalluz, cuando afirmó que Pachi López suprimió el término ‘pueblo’ y lo sustituyó por el de ‘ciudadanía’ de su fórmula para asumir el cargo en Gernika, con el objetivo de evitar ‘el problema de la autodeterminación’, consiste en que el pueblo, cualquier pueblo con capacidad de ejercer como tal, tiene poder constituyente. Una “ciudadanía” diluida en el conjunto de otro pueblo, el español o el francés en nuestro caso, no. Y no le falta razón.<br /><br />No es de recibo, tampoco, la genuflexión con besamanos en la que Pachi López ha inclinado, con servidumbre digna de épocas históricas premodernas, la cerviz ante la corona, ante la monarquía que rige los destinos del Estado español por designio de Franco. Todo muy progresista, anticonvencional y laico. Pero monárquico.<br /><br />Por cierto, antes he hablado de la “supuesta laicidad” de López y Haranburu y la contrapongo a la afirmación que el segundo hace en el texto del Diario Vasco ya citado, cuando afirma: “Se ha dicho, con razón, que el nacionalismo es una suerte de religión política”. Estoy de acuerdo con tal planteamiento: la religión de Pachi López y de Haranburu Altuna es su nacionalismo español. Por eso ni el juramento de López en Gernika ni las posiciones de quienes lo defienden fueron, ni son, laicas. Profesan esa religión profundamente enraizada en la cultura política de las naciones que han hecho de la conquista y el expolio su forma de vida: el nacionalismo puro y duro. España y Francia, por ejemplo.<br /><br />(*) <a href="http://www.diariovasco.com/20090509/opinion/articulos-opinion/ciudadanos-bajo-arbol-20090509.html">http://www.diariovasco.com/20090509/opinion/articulos-opinion/ciudadanos-bajo-arbol-20090509.html</a><br /><br />(**) Kymlicka, Will. “Fronteras territoriales”, Madrid, 2006. Editorial Trotta.<br /><br /><strong>Texto firmado por Luis Mª Martinez Garate y Angel Rekalde</strong> (<a href="http://www.euskaldunak.info/bidasoa/">www.euskaldunak.info/bidasoa/</a>)<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11182586-1174707409172244501?l=nabarra.blogspot.com'/></div>Garatehttp://www.blogger.com/profile/06061374322838649781noreply@blogger.com4tag:blogger.com,1999:blog-11182586.post-434918641704648192009-05-03T18:09:00.003+02:002009-05-03T18:48:12.875+02:00UNA REFLEXIÓN SOBRE LA PRENSA PROPIALos domingos suelo leer el suplemento "Zazpika" del diario Gara. Hoy me he encontrado en el mismo con dos "perlas" que me han producido tristeza. El nivel de colonización mental en que nos encontramos es francamente preocupante.<br /><br />La primera es la referencia que realiza en su sección de Agenda-ocio a las "Visitas teatralizadas a la villa amurallada de Labraza". Como dice en el texto "fue declarada el año pasado Mejor Ciudad Amurallada del Mundo". En la fotografía se perciben sus murallas con dos pendones, el de Navarra y el de Castilla , pero en el texto no aparece ninguna referencia a su historia real. Da la sensación de que, como se nos contó desde ETB cuando le otorgaron el premio, Labraza era "tierra de nadie". La realidad es que hasta su conquista por parte de Castilla, con motivo de la ocupación de La Sonsierra hacia 1461, era una villa navarra. Y ésto no se dice en un medio de comunicación "vasco".<br /><br />Angel Rekalde publicó en Berria un esclarecedor artículo al respecto (Berria 2008/11/04) en el que se denunciaba el mal camino que seguimos si no somos capaces de valorar y reivindicar nuestro propio patrimonio.<br /><br />La segunda perla es el titular de un precioso reportaje, sobre todo fotográfico, sobre La Dordoña. Me parece una terrible falta de respeto escribir como subtítulo "Un paseo por la Edad Media francesa". ¿Qué tiene de francesa La Dordoña, aparte de su ocupación y dominio? Cuando en Muret, Murèth en occitano, fue derrotado en 1213 el ejército occitano-catalano-aragonés por Simon de Monfort a las órdenes del rey de Francia, se perdió una oportunidad histórica de gran importancia y los territorios de la lengua de Oc pasaron a formar parte de los dominios franceses.<br /><br />Entre ellos se encuentra La Dordoña. ¿Francesa? Por el "justo derecho de conquista". Hay que cuidar mucho los términos empleados, máxime cuando tal territorio se encuentra próximo al hinterland navarro histórico. <br /><br /><a href="http://www.berria.info/paperekoa/iritzia/2008-11-04/007/009/Burunda_Labraza_historia_eta_lurraldea.htm">www.berria.info/paperekoa/iritzia/2008-11-04/007/009/Burunda_Labraza_historia_eta_lurraldea.htm/</a><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11182586-43491864170464819?l=nabarra.blogspot.com'/></div>Garatehttp://www.blogger.com/profile/06061374322838649781noreply@blogger.com3tag:blogger.com,1999:blog-11182586.post-70395587082229027182009-05-03T14:55:00.008+02:002009-05-04T20:40:00.616+02:00ESTAMOS EN EL SIGLO XXIRealmente me resulta difícil aceptar que se pueda plantear, aquí y ahora, una opción dinástica como salida democrática a la dura situación de Euskal Herria en el momento actual. La única posibilidad real de emancipación pienso que debe surgir de la fuerza social del mismo pueblo, sin buscar legitimidades monárquicas, o de cualquier otro tipo, sustitutorias de su propia capacidad.<br /><br />Es evidente que no se puede hablar, en abstracto, de formas de gobierno, pero ese es un debate de otras épocas históricas. Hoy las monarquías no sólo son formas obsoletas, sino que, principalmente, conllevan un estigma de origen. No existen legitimidades "de origen". Tal planteamiento suena al rancio tradicionalismo de Vázquez de Mella con su teoría de la doble legitimidad, "de origen" y "de ejercicio". Por mucho que una determinada familia descienda, genéticamente, de una dinastía que reinó en el Estado navarro, ese origen no tiene validez alguna en nuestra época. Más aún cuando su aparición acontece tras un silencio de siglos. <br /><br />La única legitimidad real procede de un pueblo con conciencia y voluntad de serlo. Todo lo demás nos encierra en una reivindicación legitimista decimonónica y que sólo nos conduce a una posición inviable desde un punto de vista democrático y que, además, nos llevaría a un desprestigio político fácil de utilizar por nuestros tradicionales enemigos.<br /><br />Nadie puede reemplazar a la propia sociedad, al propio pueblo, y a su fuerza. Máxime cuando en este caso sus representantes no constituyen precisamente un modelo de conocimiento de sus orígenes, historia y perspectivas universales; y sé de lo que estoy hablando. Considero que su intromisión es puro oportunismo y, como ya se ha dicho, utilizable con facilidad en contra de nuestra libertad. <br /><br />Cuando los vascos logremos recuperar nuestro Estado independiente, Navarra, podremos plantearnos, si hay quien lo propone, nuestra forma de gobierno. Si será una república (confederada, federal, unitaria o cualquier otra) o una monarquía. Pero eso constituye, en todo caso, un debate posterior.<br /><br />Mientras tanto tiene que ser el pueblo el que lleve la iniciativa.<br /><br /><a href="http://www.osoa.net/Articles/republica_vs_monarquia.pdf">www.osoa.net/Articles/republica_vs_monarquia.pdf</a><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11182586-7039558708222902718?l=nabarra.blogspot.com'/></div>Garatehttp://www.blogger.com/profile/06061374322838649781noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-11182586.post-9267521524183890682009-05-01T19:00:00.007+02:002009-05-04T15:49:14.262+02:00ESTADO PROPIO DESDE UNA PERSPECTIVA CATALANAEs evidente que, desde el punto de vista de la reflexión política por lo menos, Cataluña nos saca muchas traineras de ventaja. Mucho me gustaría encontrar en alguna publicación realizada en nuestro país con un nivel parecido al pequeño (por tamaño), pero grande (por el contenido) trabajo publicado recientemente por el profesor de Derecho Constitucional Hèctor López Bofill. Se trata de una reflexión, tan seria y profunda como clara y sencilla, sobre la oportunidad y necesidad de un Estado propio en el momento actual para Cataluña. Pienso que, por obvias similitudes históricas, sociales y políticas, para nosotros también.<br /><br />Sus planteamientos responden en gran parte a la necesidad de desmontar las falacias que nos intentan vender quienes disfrutan de su Estado propio sobre la no necesidad de tal institución y por su superación en el actual contexto de globalización. El libro es un alegato, muy bien construido, sobre las funciones de los estados en la actual situación de nuestro planeta y la necesidad de uno propio en el caso de los Países Catalanes y, añado de mi cosecha, en el nuestro.<br /><br />El cuestionamiento radical que López Bofill hace sobre la absoluta falta de democracia en la delimitación de las mugas, de las fronteras, de los estados actualmente constituidos en nuestro entorno, como herederas directas de los logros territoriales de los estados absolutistas precedentes, es otra de las aportaciones de gran interés de la obra comentada.<br /><br />López Bofill cita con frecuencia los trabajos de Will Kymlicka, tratadista canadiense de gran importancia en estos asuntos. Una de las consideraciones de Kymlicka, que retoma López Bofill, se refiere a la contradicción que supone que las llamadas democracias occidentales acepten la discusión de cualquier aspecto de su organización interna salvo el más importante: el marco humano y territorial en el que se desarrolla su organización. Este es asumido como eterno e inmutable, parece transparente a la mirada de quien lo contempla.<br /><br />Hay una cuestión en la que no puedo manifestar mi total acuerdo con López Bofill y se trata del modo en que plantea la posible solución del conflicto. En los casos de Montenegro y Kosovo parece bastante claro que el sujeto, tanto en el contexto territorial como en el de la población, no era discutido. Por el contrario, en el caso de Navarra tal marco ha sido previamente desvirtuado, precisamente por los procedimientos no democráticos originarios del Antiguo Régimen antes citados y aceptados sin ninguna crítica por sus actuales herederos, los sedicentes estados “democráticos”.<br /><br />López Bofill se manifiesta contrario al uso de la violencia como método para lograr la independencia, la soberanía, el Estado propio en suma. El problema, desde mi punto de vista, consiste en un uso devaluado del concepto de violencia. La violencia real, la de los estados dominantes, se produce en las fases de conquista y ocupación y se sigue manifestando durante las etapas de su consolidación y mantenimiento. Lo que se conoce como “violencia” de los grupos que utilizan el llamado “terrorismo”, individual y testimonial, no alcanza el nivel estratégico suficiente para ser considerada como válida actualmente en el camino de la emancipación. Los estados dominantes la asumen sin problemas graves, ya que el coste que produce en su estructura es muy débil. Además, la utilización que hacen de la misma, del dolor innecesario que provoca, sobre todo a través de su propaganda a nivel internacional, conlleva el efecto contrario y se manifiesta, con claridad, como opuesta a los intereses de la nación sometida, la nuestra en este caso.<br /><br />La fuerza, realmente efectiva, capaz de doblegar la voluntad de los estados dominantes, sólo puede venir de la capacidad de la propia sociedad ocupada, de su movilización, de su insumisión y rebeldía. Tal violencia, efectiva y real, es el único factor que puede conducir, al final, a su ingobernabilidad y, por ello, a posibilitar su emancipación. No existen procedimientos vicarios o delegados. Al margen de la capacidad de la propia sociedad, del pueblo en suma, no hay organizaciones “armadas” ni vías “políticas” que aceptan sin crítica el sistema político impuesto, aptos para su consecución.<br /><br />Sin rechazar la necesaria movilización de la sociedad cívica, López Bofill defiende procedimientos basados en la utilización del sistema “democrático” de los estados ocupantes. El problema es que tal sistema, fundamentado en nuestro caso en la unidad de la soberanía respectiva de las naciones española y francesa, organiza los marcos electorales de acuerdo con sus intereses y con el objetivo principal de que desde su interior nunca podamos, ni catalanes ni vascos, acceder a “mayorías” capaces de un cambio real. Esta es una de las múltiples trampas que nos acechan y que se manifiestan en nuestra realidad política cotidiana. Si la movilización social es capaz de crear una masa crítica suficiente con la idea clara de la necesidad estratégica del logro de un Estado propio como el objetivo político a conseguir, las tácticas concretas de confrontación con los estados dominantes podrán incluir múltiples variantes, incluso, sin sacralizarlas y desde el mayor escepticismo, el uso de sus propios sistemas electorales.<br /><br />El balance del libro de López Bofill es, en mi opinión, positivo y manifiesta, en primer lugar, la radical falta de democracia de los estados actualmente constituidos en nuestro entorno, tanto del español como del francés. En segundo, expresa la necesidad de un Estado propio como principio democrático y garantía de la consecución de unas sociedades centradas y equilibradas, ni sometidas ni expoliadas; unas sociedades democráticas y solidarias, unas sociedades libres, en suma.<br /><br />Como conclusión, pienso que López Bofill ha elaborado un trabajo para leer con reposo y para reflexionar. Y, sobre todo, para obrar en consecuencia. Aquí y ahora, en Cataluña y en Navarra, como ya he indicado, considero que la primera exigencia democrática es la (re)constitución del Estado propio respectivo. En ambos casos sus estados históricos fueron sometidos y subordinados por la estructura política castellano-española en diferentes, pero siempre largos y complejos, procesos históricos. En ambos, a pesar de todo, gran parte de su contenido nacional, como la lengua y cultura social y política propias, continuó activo e incluso, por lo menos en nuestro caso, mantuvo vivas residualmente parte de sus estructuras propias y la reivindicación de su plenitud.<br /><br />Unas sociedades como la vasca o la catalana, fuertes y con conciencia de ser sujeto político en los apasionantes avatares y retos del mundo actual, no tienen otra opción democrática que la consecución de su propio Estado. En esa pelea se encuentra López Bofill; y muchos de nosotros también, por supuesto. Sería muy interesante y práctico disponer, como de tantos otros libros producidos desde los Países Catalanes, de traducciones al euskera y al español.<br /><br /><br /><strong>Referencia bibliográfica</strong>:<br /><br />López Bofill, Hèctor<br />“Nous estats i principi democràtic”<br />Barcelona 2009<br />Angle Editorial<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11182586-926752152418389068?l=nabarra.blogspot.com'/></div>Garatehttp://www.blogger.com/profile/06061374322838649781noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-11182586.post-47391581515747121332009-04-21T12:57:00.007+02:002009-04-21T14:28:49.211+02:00IMPOSICIÓN DE LOS IDIOMASEn una entrevista publicada en el periódico “Noticias de Gipuzkoa” del 21 de abril Terry Davis, Secretario General del Consejo de Europa, afirma que: “Si uno tuviera que imponer el idioma a la gente debiera hacerlo de una manera lo suficientemente atractiva para que esa gente quiera aprender el idioma. Obligando a aprender estás reconociendo tu debilidad, es un reconocimiento de que no eres capaz de atraer a la gente.”<br /><br />¿Obligar como signo de debilidad? ¿Eran débiles los imperios chino, romano, español o británico cuando impusieron sus idiomas en los amplísimos territorios y poblaciones que estaban bajo su dominio? ¿Era débil el Estado francés cuando impuso a sangre y fuego la destrucción de lo que según ellos no eran más que “patois”? Es evidente que el Estado francés era más poderoso que el español y así mientras el primero fue capaz de aniquilar hasta su casi exterminio idiomas como el occitano en todas sus variantes, el bretón, el catalán o el euskera, principalmente, el segundo tuvo menos éxito en ”la promoción atractiva de su lengua”, aunque también lo intentara con ahínco.<br /><br />Cabe la posibilidad de que Davis se refiera únicamente a las lenguas “no importantes” y dé por supuesto que las “importantes” no tienen que justificar su imposición, ya que es algo natural y “compañero del imperio”, que diría el inefable Nebrija. Las primeras, algo así como “reliquias etnológicas”, tendrían que “seducir” (Josu Jon dixit) a sus hipotéticos futuros hablantes.<br /><br />Lo que sucede es que la imposición de las lenguas “importantes” es invisible, se produce como algo “natural”, se hace la labor “sin que se note el cuidado”. Un caso en este sentido, y del que procede la expresión, se encuentra en la "Instrucción secreta" que el fiscal del Consejo de Castilla, don José Rodrigo Villalpando, trasmitió a los corregidores del Principado de Cataluña el 29 de enero de 1716:<br /><br /><blockquote>"...pero como a cada nación parece que señaló la naturaleza su idioma particular, tiene en esto mucho que vencer el arte y se necesita de algún tiempo para lograrlo, y más cuando el genio de la nación como el de los catalanes es tenaz, altivo y amante de las cosas de su país, y por esto parece conveniente dar sobre esto instrucciones y providencias muy templadas y disimuladas, de manera que se consiga el efecto sin que se note el cuidado..."</blockquote><br />El autoodio inducido desde los púlpitos en los que predican los valedores de la lenguas “importantes” produce frases extremas como la famosa de Unamuno: "lo mejor que podría aportar el vascuence a la humanidad es desaparecer". La principal tarea de quienes persiguen nuestra lengua consiste en presentarla como “de poco valor”, o directamente inútil, para vivir en el mundo actual.<br /><br />El problema es que contra campañas de ese estilo poco se puede hacer exclusivamente con el voluntarismo personal, factor necesario pero no suficiente. Una vez más se muestra la necesidad de un Estado propio como elemento imprescindible para lograr su normalización efectiva. Con Navarra como Estado independiente al norte del Pirineo, en el reinado de Juana III de Albret y bajo su protección, se publicó la traducción al euskera del Nuevo Testamento por Joanes de Leizarraga, con lo que nuestra lengua pasó a ocupar un lugar entre las lenguas de cultura. Hoy, simplemente, se trata de lograr que de nuevo sea lengua “importante”, como idioma oficial de la República de Navarra.<br /><br /><a href="http://www.noticiasdegipuzkoa.com/ediciones/2009/04/21/politica/euskadi/d21eus17.1468668.php">www.noticiasdegipuzkoa.com/ediciones/2009/04/21/politica/euskadi/d21eus17.1468668.php</a><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11182586-4739158151574712133?l=nabarra.blogspot.com'/></div>Garatehttp://www.blogger.com/profile/06061374322838649781noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-11182586.post-4491308471506145532009-04-04T22:16:00.002+02:002009-04-04T22:24:29.596+02:00LO PRIVADO Y LO PÚBLICOEn estos momentos de “cambio” en el control de las instituciones de la Comunidad Autónoma del País Vasco, “Euskadi”, según el otro término “oficial”, afloran preocupaciones sobre el futuro de la educación “pública” y, con gran resonancia mediática, de los medios de comunicación, televisión sobre todo, también “públicos”, en el territorio de su administración.<br /><br />Desde una perspectiva sesgada desde el punto de vista ideológico, normalmente se enfrenta lo “publico”, con una valoración positiva, a lo “privado”, algo que conlleva un pago como contraprestación en el caso de la educación o el uso de publicidad en los medios de comunicación. De este modo se hace coincidir lo “privado” con algo elitista, sólo al alcance de una minoría, en el primer caso, o con algo interferido por sórdidos intereses empresariales, en el segundo.<br /><br />Por otra parte, existe la visión de lo “propio” frente a lo “ajeno”. En esta alternativa se encuentra una percepción mucho más cercana a la realidad, más próxima a la vida cotidiana. Es “propio” lo que un grupo humano percibe como tal y con lo que se siente identificado inmediatamente. Es “ajeno” aquello que es obligado desde unas instancias de poder extrañas, cuando no impuestas o asimiladoras.<br /><br />Lo que se considera como “público” exige estabilidad y unos planteamientos anclados en valores firmes y profundos. Precisamente, tanto el sistema educativo como los medios de comunicación son elementos fundamentales de estabilidad para cualquier organización social y para su constitución en sistema político y la exigen para realizar su misión. Lo son porque “generan” sociedad, son los cimientos de la identidad personal. Esta identidad implica siempre, por definición, un ámbito de pertenencia, unos referentes lingüísticos y culturales en general. Es la que permite la socialización de las personas y la constitución de un grupo humano cohesionado, en el que se procura minimizar los conflictos.<br /><br />Las naciones que históricamente se han constituido en Estado han obtenido con el mismo, en primer lugar, el principal factor de creación de identidad, de conciencia de pertenencia a una colectividad y, en segundo, de ciudadanía para el uso de sus derechos y el cumplimiento de sus deberes. En estas sociedades lo “público” se identifica, de forma genérica y sin apenas conflicto, con lo “propio”. Las actividades organizadas por el mismo Estado, o por cualquiera de sus instituciones de rango inferior, se consideran como “propias”.<br /><br />El problema surge cuando una sociedad como la nuestra, que fue capaz de organizar históricamente su Estado independiente, Navarra, y que le fue arrebatado por conquista y ocupación, se inserta en la organización política de un Estado (estados en nuestro caso) ajeno(s) y con apetencias de dominio. Si esa inserción se hubiese producido a través de una estructura confederal, a la que se hubiera llegado con un reconocimiento previo de las entidades incorporadas, el problema sería distinto. Pero nuestro caso no fue así. Tras conquistas, ocupaciones y derrotas de todo tipo llegamos, con ocasión de la muerte del General Franco, en 1975, a la posibilidad de forzar un cambio político real en la organización del Estado español, en la que se hubiera podido reconocer, de forma incondicional y previa a su constitución, nuestra existencia como sociedad diferenciada. Algunos hablaron entonces de la “autonomía inmediata” como premisa democrática. El régimen surgido de la “transición” se estructuró sobre la “unidad indisoluble” de España y de la correspondiente soberanía, indivisible, del “pueblo español”.<br /><br />En esta forma de organización política, aun estructurada como “Estado de la autonomías”, el depositario último de la soberanía, según lo dice claramente la Constitución española de 1978 en su artículo 2, es el “pueblo español”, sin fisuras. Cualquier institución política de rango inferior es subordinada, en todas las acepciones del término. Cuando se habla, con demasiada facilidad posiblemente, de que el gobierno de Vitoria, el de Iruñea o la actual Generalitat catalana son “instituciones del Estado”, se está constatando una realidad. Lo malo es que esa realidad implica, aunque intente disimularlo, que dichas instituciones están subordinadas en la práctica política a la ya citada soberanía del “pueblo español” en su conjunto, sin fisuras. Y en ese juego tanto vascos como catalanes, como tales, no existimos.<br /><br />Si, además, el Estado español, sin olvidar al francés por el norte, histórica y reiteradamente, ha manifestado y sigue manifestando su objetivo homogeneizador, con el consiguiente sometimiento, lingüístico y cultural sí, pero también social y económico, de Navarra y Cataluña, podemos comprobar fácilmente que andamos sobre arenas movedizas. Más todavía al observar de forma cotidiana sus arbitrarias ilegalizaciones de grupos políticos, cierres de medios de comunicación, detenciones caprichosas y otras muchas iniciativas que son, en su conjunto, expresiones de su realidad totalitaria.<br /><br />Si, dando otra vuelta de tuerca, se asocia lo “público” a cuestiones dispuestas directamente por el Estado o por sus instituciones subordinadas (como lo es el gobierno de Vitoria en los casos antes citados) encontramos que todo lo que se organice en su ámbito, en la CAV y en la CFN, como “público” está, en realidad, en sus manos, las del Estado español, en este caso. Es decir que, en su actual régimen, todo lo que se conoce como educación o medios de comunicación “públicos”, aun apareciendo nominalmente como “vascos” o “navarros”, son suyos y están siempre, por definición, en la cuerda floja. Están a expensas de la siguiente “trampa” que nos tiendan y en la que, por desgracia, solemos caer.<br /><br />Claramente se percibe que en nuestro caso lo “público” no encaja con lo “propio”, más bien coincide con lo “ajeno”, con lo impuesto; mientras que lo “propio” tiende a ajustarse mejor con lo “privado”, que denota realmente lo que la capacidad social es capaz de generar en función de sus intereses y objetivos, casi siempre contrarios a lo “ajeno” o impuesto, aunque se disfrace con el atractivo nombre de “público”. Será “público” posiblemente, pero de otro público, no del nuestro.<br /><br />Queda claro asimismo cómo estamos subordinados a su mayoría soberana, también cómo su función histórica ha sido la persecución e intento de aniquilamiento de nuestra identidad propia (lengua, memoria histórica, cultura etc.) para diluirnos y recuperarnos para la suya. Una de las últimas “trampas” fue la que llamaron “Ley de partidos”. Algo así como el manual de “Cómo obtener una mayoría de una minoría manifiesta con una urna mágica”. Aunque haya que reconocer que con la “trampa” antes citada, la de la soberanía del “pueblo español”, no sólo nos marcaron un gol sino que nos hicieron permanecer por una larga etapa en “regional”, donde nos habían hecho descender desde mucho tiempo atrás.<br /><br />En alguna ocasión se dijo, con razón, que en nuestro país eran más “públicas” las ikastolas o los medios de comunicación con vocación de servicio a nuestra sociedad cívica, a nuestro pueblo, que todas las dependientes, en el fondo, del sistema estatal. Ambos eran “propios”. Las ikastolas surgieron de lo más profundo de nuestro pueblo, lo mismo que las cooperativas. Otro caso clamoroso aconteció tras el arbitrario e injusto cierre de Egunkaria; Berria estaba en la calle a los pocos meses.<br /><br />No basta con rasgarnos las vestiduras por los cambios que se avecinan en “nuestro” sistema educativo y en “nuestros” medios de comunicación. Nunca han sido realmente nuestros; no han sido, ni son, “propios”. Constituían una cesión temporal mientras considerasen que su administración era la adecuada para sus intereses o no tuvieran el descaro que manifiestan ahora para gestionarlos directamente. No podemos resignarnos a soportar pasivos esta triste situación. A pesar de que el profundo enfado y sensación de injusticia, de cabreo en suma, que experimentamos nos pueda conducir a reacciones irreflexivas, hemos de plantear con seriedad nuestra ubicación y perspectivas en el mundo. Debemos aclarar nuestras necesidades y objetivos y definir los fines y medios para alcanzarlos.<br /><br />Al margen de otras características como la lengua propia, el euskera, constituimos una sociedad con una cultura política importante y cualificada, que se forjó a lo largo de siglos y cuya base está, precisamente, en la forma que le dio su Estado, el reino de Navarra. La voluntad social necesaria para lograr el cambio político que nos permita, de verdad, acceder a una situación estable (dentro de la estabilidad que se puede encontrar en el convulso mundo en que vivimos), en cualquier ámbito social o económico por supuesto, pero sobre todo en los que dan pie a estas reflexiones, los relacionados con la identidad y estabilidad sociales, pienso que debe apoyarse en esa cultura política. El sistema educativo y los medios de comunicación son ámbitos básicos para garantizar una sociedad cohesionada y sólida y un desarrollo viable, solidario con el resto de pueblos del mundo y respetuoso con el planeta.<br /><br />No encuentro otra forma de concretarlo, no veo otra solución democrática, que la consecución de un Estado propio, centrado en la recuperación del nuestro, el Estado navarro. De este modo seremos realmente un sujeto político en el mundo, con nombre y apellidos propios. En cualquier otro caso continuaremos navegando en el airado mar de la subordinación y de la interinidad. En la práctica seguiremos siendo inexistentes.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11182586-449130847150614553?l=nabarra.blogspot.com'/></div>Garatehttp://www.blogger.com/profile/06061374322838649781noreply@blogger.com6tag:blogger.com,1999:blog-11182586.post-31694185851098991672009-03-26T17:12:00.000+01:002009-03-26T17:14:15.789+01:00SET DONES I UN HOME SOLCuando un buen amigo publica un libro, siempre se lee con interés. Cuando has seguido su trayectoria como autor, tanto sobre asuntos políticos como en el género estrictamente literario y te gusta lo que ha hecho, el interés crece. Si, además, el autor recibe un premio de la categoría del Mercè Rodoreda, como es el caso de Víctor Alexandre en 2008, tienes verdadero afán por comenzar su lectura. Y si, una vez iniciada, te atrapa y te sientes incorporado al mundo que recrea, apenas tienes tiempo, una vez iniciada, de abandonarla hasta terminar.<br /><br />Esto es lo que me ha sucedido con la última creación de Víctor Alexandre, “Set dones i un home sol” que, dicho en español, sería “Siete mujeres y un hombre solo”. Antes de su lectura conocía, desde una perspectiva general, el planteamiento del libro; la circunstancia que provoca su desarrollo. Lo que motivaba todavía más mi interés. Resumiendo mucho, la situación que plantea se centra sobre un hombre que ha entrado en coma tras recibir un golpe en accidente de tráfico acaecido al salir del cine tras ver una película. En el hospital al que es conducido, se congregan siete mujeres que han participado, de un modo u otro, con mayor o menor intensidad, en la vida de Ricard, que es el nombre del protagonista.<br /><br />Se van desgranando, en secuencia, monólogos, soliloquios, reflexiones, ensoñaciones de estas siete mujeres. Desde la que ha provocado el accidente por atropellar a Ricard en un paso de cebra, hasta su última ex-pareja, pasando por su madre, su primera mujer, su hija, una enfermera de cierta edad… En todas y cada una encontramos su propia vida en todo su vértigo. ¿Siempre en relación con Ricard? ¡Qué va! Todas parten de su vínculo con él, pero las asociaciones y dispersiones de la mente les llevan por derroteros insospechados en un principio, hasta el borde de abismos tal vez nunca explícitos con tanta crudeza por ellas mismas. Este es, desde mi punto de vista uno de los principales aciertos del libro: el dar a cada una de las mujeres que aparecen una personalidad propia, bien definida y perfectamente verosímil.<br /><br />No soy mujer y me resulta difícil juzgar los aciertos o errores de Víctor Alexandre al ponerse dentro de la piel (y de la mente, que creo que es más difícil) de siete mujeres tan diferentes y, en varios casos, lejanas entre sí. No sé como llamarlo, ya que al ser hombre su autor no se puede hablar con propiedad de “ejercicio de introspección”. ¿O sí? Todos los humanos tenemos nuestros aspectos femenino y masculino en distintas proporciones. La preponderancia de uno u otro puede tener causas genéticas, hormonales, culturales o de educación, o mejor, de todas en conjunto, pero no existe una persona 100% “femenina” o 100% “masculina”. En tal sentido creo que esta obra, sin ser autobiográfica, puede constituir un importante ejercicio de observación, de empatía y, ¿por qué no?, de introspección en la variante femenina de nuestra especie. Desde mi punto de vista, el planteamiento del libro es original y muy bueno. Su desarrollo, de un suspense matizado, pero que mantiene un interés creciente. Su resolución, muy lograda.<br /><br />Mis reducidos conocimientos de la lengua catalana me impiden hacer, con fundamento, un comentario de estilo y, menos aún, una crítica literaria de la obra. Tengo que limitarme a decir lo que he sentido al leerlo: ha sido una lectura fluida y agradable, lo que es signo de amenidad e interés.<br /><br />Este comentario está hecho en español y, fundamentalmente, para lectores vascos, lejanos por lo mismo al hecho lingüístico catalán. No sé si el éxito que de todo corazón deseo al libro de Víctor y que pienso se lo merece, hará posibles traducciones al euskera o al español, o mejor a ambos. Si así fuera, recomiendo su lectura. Animo también a aquellas personas que tengan ciertos conocimientos de catalán a enfrentarse al mismo. Con un buen libro, como es éste, tranquilidad y un diccionario a mano, el disfrute está garantizado.<br /><br /><br />REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA<br /><br />Alexandre, Víctor<br />“Set dones i un home sol”<br />Barcelona 2009<br />Edicions Proa<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11182586-3169418585109899167?l=nabarra.blogspot.com'/></div>Garatehttp://www.blogger.com/profile/06061374322838649781noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-11182586.post-60785552115540668712009-03-24T15:27:00.005+01:002009-03-24T16:23:20.026+01:00HISTORIA Y PREJUICIO<strong>UNA ¿NUEVA? HISTORIA DE ESPAÑA</strong><br /><br />Remedando al autor del libro que reseño, he denominado este comentario inspirándome en el título de la novela de Jane Austen citada por Ruiz-Domènec en su trabajo: “Orgullo y prejuicio”. Precedida de algunas críticas laudatorias ha aparecido esta autotitulada como “nueva” Historia de España. Las alabanzas al libro se han realizado, sobre todo, desde dos puntos de vista: su amenidad y su novedad. Con el primero estoy de acuerdo, ya que se trata, efectivamente, de una historia escrita de forma bastante amena y resulta, a pesar de sus casi 1.200 páginas, de fácil lectura. Con el otro, ya no estoy tan conforme, en que sea una historia realmente “nueva”.<br /><br />El punto de partida del autor es, como resulta habitual, la realidad política que hoy constituye el Estado español. Para Ruiz-Domènec no existe atisbo de duda de que tal organización política se superpone como un guante a su mano a la de la “nación española”. Desde luego, no comienza con muy buen pie. A partir de esta premisa, el autor se plantea la eterna y metafísica pregunta de cuándo comenzó a existir España. ¿Con los romanos?, ¿tal vez con los visigodos?, ¿tras la invasión musulmana de la península, con la “reconquista”? Todas ellas cuestiones retóricas y pertenecientes a la más rancia y esencialista historiografía hispana de siempre. La obra es una continua y asfixiante reflexión sobre la “identidad española”. Américo Castro, Sánchez Albornoz, Menéndez Pidal, y tantos otros, atacando de nuevo.<br /><br /><br /><strong>ANTIGÜEDAD Y EDAD MEDIA</strong><br /><br />Posiblemente la única “novedad” que plantea la historia de Ruiz-Domènec sea la importancia atribuida al factor catalano-aragonés durante la edad Media. En la exposición de esta fase, su trabajo no es una historia centrada únicamente en el tradicional “castellanismo” exclusivista, tan común entre los historiadores hispanos. Claro que esta perspectiva se agota tras la “feliz unión dinástica” que, mediante el matrimonio de doña Isabel y don Fernando (el “Falsario”), apuntaló “definitivamente” la unidad de España. A partir de ese gozoso momento, hace aguas y Castilla se convierte y es, de hecho, el esqueleto y alma de España.<br /><br />Un aspecto que no es habitual en las historias de España al uso, y que tiene cierto interés, es la reflexión que realiza sobre la batalla de Muret (1213) en la que el ejército francés con Simón de Monfort a su cabeza venció al occitano-catalán comandado por el rey Pedro II de Aragón. Esta batalla supuso, en primer lugar, la destrucción de un modelo político. En efecto, el autor, en la página 259 afirma: <blockquote>“El mundo occitano… se abrió al otro modelo político de construcción europea, el modelo que auspiciaba Enrique Plantagenet”. “El Estado plurinacional de los Plantagenet adoptó todas las energías creadoras de Occitania: el gusto por la libertad, el placer de vivir, o el sueño de una sociedad más justa, más igualitaria”.</blockquote> Este modelo es el que fue aniquilado en Muret. En segundo lugar, la derrota llevó a que la corona de Aragón, durante el siglo XIII, como expone en la página 269, se encontró ante una nueva perspectiva geoestratégica: la de participar en una empresa nueva para ellos. <blockquote>“La necesidad política de tener que marchar hacia el sur, a los fértiles valles del Turia, Júcar o Guadalquivir se vio atenuada por la férrea convicción de que León, Castilla, Aragón o Cataluña eran la patria de referencia para todos los conquistadores…”.</blockquote><br /><br />En la misma página, y en referencia a otra importante batalla sólo que de significado contrario, las Navas de Tolosa, (1212) afirma: <blockquote>“Para no perder su identidad, los guerreros que ocuparon las tierras andalusíes necesitaron sentir que mantenían estrechos lazos con sus tierras de origen, fuera o no cierto...”. “El mensaje es simple: los reinos cristianos debían abandonar su particularismo para convertirse en una entidad política superior, a la que Alfonso X y Bernat Desclot quisieron llamar España”.</blockquote> En su página 256, el autor indica: <blockquote>“en el melodrama que se está creando en esa larga marcha (se refiere a la Reconquista), y que culmina en la jornada de las Navas de Tolosa, esa figura es realmente la encarnación histórica de la voluntad de España por reconocerse en un hecho de armas; de la grandiosa ilusión de que en un pasado tan remoto se pueden rastrear principios de entidad nacional que veremos florecer en otros momentos cruciales, la guerra contra Napoleón sin ir más lejos”.</blockquote><br /><br />En realidad, el triunfo en la batalla de las Navas de Tolosa constituyó una victoria del incipiente absolutismo castellano y la derrota de la cultura más avanzada en su momento, la musulmana de Al Andalus.. En el mismo sentido, en la página 292 y citando a Alfonso X el Sabio, expone: <blockquote>“¡Ay, España, no hay lengua ni ingenio que pueda contar tu bien!”</blockquote> La guinda la pone el autor del libro al decir, a continuación y en el mismo párrafo: <blockquote>“¿quién no piensa así cuando recuerda España mientras está lejos?” </blockquote>En los textos de Ruiz-Domènec, tanto en los citados como en los propios, se percibe un rancio e intenso aroma “presentista”.<br /><br /><strong>EDAD MODERNA</strong><br /><br />La mentalidad del autor queda explícita en la valoración que hace de las actuaciones de la monarquía hispánica durante la edad Moderna. Se puede comenzar por la reflexión que realiza en su página 308, al hablar sobre unos comerciantes y viajeros genoveses, los hermanos Vivaldi: <blockquote>“En medio del gran rodeo que se dio para entender la naturaleza exacta del mar océano (el Atlántico sur) aparecieron, como por encanto, las islas Canarias. Aun tardarían muchos años en descubrirse, muchos más en ser colonizadas…”</blockquote> y, a continuación, <blockquote>“… el paso estaba dado, y era irreversible. Un trozo de África iba a pertenecer por derecho propio a Europa”.</blockquote> ¡Más real sería decir “por derecho de conquista” y genocidio posterior!<br /><br />La mentalidad y objetivos de los conquistadores españoles quedan reflejados en la página 483: <blockquote>“La guerra de Granada no fue resultado de unas ambiciones locales por aumentar la propiedades agroganaderas o por seguir con la economía del pillaje de una nobleza acostumbrada a ello durante siglos, sino más bien el objetivo de un Estado dinástico que invirtió grandes sumas de dinero en la financiación de las campañas militares”. “Se avanzó por territorio granadino con intencionada lentitud y, a medida que se conquistaba una plaza, se repoblaba con colonos. Hasta cuarenta mil llegaron en estos años. La oscura lucha con un idioma que desconocían por completo y la falta total de sensibilidad por la cultura de los vencidos no favorecieron la tolerancia ni la concordia”.</blockquote><br /><br />Cuando en la página 401 exponiendo la ofensiva final contra Al Andalus afirma, aquí sí, sin juicios de valor: <blockquote>“Más que los aspectos técnicos de la campaña, escenario de una renovable ordalía de sangre contra el secular enemigo moro, son los efectos en la conciencia moral castellana el secreto todavía no descifrado de la batalla de la Higueruela, una prefiguración de los eventos que en la siguiente generación terminarían por devastar el reino de Granada”.</blockquote> Y continúa: <blockquote>“Los elegantes caballeros de las justas y de los torneos dejan sus oropeles… para calarse las armas de guerra, las celadas y con el apoyo de bombardas, culebrinas, peones adiestrados en el arte de matar, se disponen a invadir un espacio sujeto al derecho internacional, anticipando con sus actos la figura de los conquistadores de América”.</blockquote> Para seguir, en este caso ya con valoraciones, en la página 456: <blockquote>“Nada, desde fuera, permite adivinar que los hombres de Fernando llevarán sus deseos primero a Granada, luego a Italia, finalmente a México. Los honores que reservan a los héroes de aquel pasado en el que se miraban como si de un espejo se tratase (Alejandro, Escipión o César) tendrían que ser semejantes a los que se rinden a los buenos caballeros que dejan la codicia por amor a la patria. Esta alusión al modelo de la antigüedad respecto a los valores de la guerra es el sublime mensaje de una época que aspira a dominar el mundo”.</blockquote> Lo acontecido a canarios, vascos, mayas, aztecas, incas, flamencos, tagalos es la simple consecuencia de sus “sublimes” expresiones imperiales.<br /><br /><br /><strong>SOBRE NAVARRA</strong><br /><br />Lo que constituye un factor absolutamente marginado, prácticamente ignorado en esta obra es el elemento vascón, primero, y navarro después. Evidentemente, según lo que narra Ruiz-Domènec, en la época visigoda los vascones parece que no existían. Si surge un reino en el Pirineo es como por casualidad, por arte de magia. La batalla de Orreaga, siguiendo al autor, sí tuvo lugar pero ya dice expresamente en la página 144: <blockquote>(a Carlomagno) ”le importaba poco si habían sido árabes, bereberes, vascones o godos los que le habían impedido llevar la marca hasta el río Ebro”.</blockquote> Lo malo es que al autor tampoco le importa. Pocas líneas antes afirma: <blockquote>“Lo que sucedió a las puertas de Zaragoza y luego en el desfiladero de Roncesvalles nunca ha sido aclarado del todo; pero formaba parte de una larga resistencia de los pueblos de cultura goda a integrarse en la Europa carolingia”.</blockquote> No merece comentario.<br /><br />En este sentido es chocante cuando, en las páginas 234-235, Ruiz-Domènec afirma que Alfonso II de Aragón (1162-1196) <blockquote>“extraía gustoso de la cultura Navarra los materiales de un edificio ideológico construido contra la realeza leonesa y sus aspiraciones imperiales”.</blockquote> Y, a continuación, <blockquote>“Es sabido que los literatos que escribieron por encargo para él explotaron las genealogías de Roda y erigieron a la estirpe Jimena frente a la legitimidad visigoda de los reyes de Asturias…”.</blockquote> Es mucho decir de una organización política y de una cultura a la que anteriormente prácticamente no ha mencionado. La “cultura Navarra” o la “dinastía Jimena” no tienen casi cabida en su libro, como no sea para colocar a Sancho III el “Mayor” como prefigurador de la unidad hispana. Son frívolos, ¡y hasta qué punto!, sus comentarios, en la página 173, sobre dicho rey, los toros y los sanfermines desde la época del reino de Pamplona.<br /><br />En la misma línea, en la página 239, a pesar de que las conquistas castellanas de Bizkaia, Araba y lo que más tarde sería Gipuzkoa en 1200 son ignoradas, expresa su valoración de Alfonso VIII de Castilla, protagonista de las mismas, en los siguientes términos: <blockquote>“Su prolongado reino demuestra un hecho generalmente ignorado de nuestra historia: el orgullo del español tiene sus orígenes en las actuaciones de este rey…”.</blockquote> De este mismo rey, en la página 250, cita una expresión en la que refiriéndose a la batalla de Alarcos (1195) afirma: <blockquote>“todos nosotros somos españoles”,</blockquote> para seguir con otra propia: <blockquote>“Los años que separan Alarcos de las Navas de Tolosa fueron decisivos en la creación de iconos nacionales”,</blockquote> entre los que cita, como fundamental, el Cantar del Mío Cid. Estas expresiones, unidas a los citados hechos conscientemente omitidos, indican con toda claridad el prejuicio ideológico del autor.<br /><br />El desasosiego que siente al enfrentarse, siempre de refilón, con Navarra se encuentra por ejemplo en la página 310, cuando dice que en el siglo XIV ya <blockquote>“está la idea de que la corona de Castilla o la corona de Aragón son los únicos reinos de la península Ibérica que pueden reclamar la herencia de la Hispania romana y visigoda, negándosela por igual al reino nazarí de Granada como al reino de Navarra, cada vez más escorado a Francia”.</blockquote><br /><br />En el mismo sentido, en la página 428, manifiesta su nulo respeto por la historia de Navarra. Así cuando dice: <blockquote>(en Cataluña) "Cualquiera valía menos ese Juan II al que detestaban no por ser Trastamara (también lo era el príncipe de Viana) sino por su séquito y por su apoyo a los campesinos de remença”.</blockquote> El Príncipe de Viana sería Trastamara por parte de padre, pero por parte de madre era Evreux y, por lo mismo, príncipe navarro, rey de derecho antes que cualquier otro título.<br /><br />Las fugaces referencias al sistema foral vasco se producen como simples constataciones críticas de su existencia, nunca de su origen o fundamento. Así por ejemplo en la página 740: <blockquote>“No podría ser de otro modo, ya que ¿cómo podría replantearse la refundación de una nación entera (obviamente, España) insistiendo en los privilegios forales y los derechos históricos frente a un ordenamiento sostenido por las Luces?”.</blockquote> O en la página 750 cuando habla sobre los “Decretos de Nueva Planta”, que a principios del siglo XVIII destrozaron el régimen político propio de los países catalanes, y constata: <blockquote>“Se apostaba así por un país solidario en las cargas fiscales, que pusiera fin a las fronteras interiores, aunque Navarra y el País Vasco mantuvieron su régimen foral”.</blockquote><br /><br />Si a lo largo de la Antigüedad, la edad Media o la Moderna el elemento vasco es prácticamente inapreciable en el trabajo de Ruiz-Domènec, algo parecido supone su planteamiento del siglo XIX. Así, en la página 877, afirma: <blockquote>“La primera guerra carlista (una guerra de siete años) atrae hacia sí a toda una población sin raíces que fluctúa en un país atrapado en la terrible espiral de la violencia que incluye saqueos, incendios, ejecuciones sumarísimas, pistoletazos y violaciones. Una gente que no tiene un objetivo claro, al menos hasta 1840 cuando se firma una especie de paz, y solo vive para la guerra y el placer de la sangre”.</blockquote> Del resto de guerras o acciones del carlismo, el silencio más clamoroso. ¡Profundo análisis de los conflictos del siglo XIX!<br /><br />En su exposición de la etapa de la segunda república española, guerra de 1936-39 y fase del franquismo el conflicto nacional, catalán y vasco, no aparece como factor, ni importante ni secundario. En su página 1043 dice: <blockquote>(Franco) "Para asegurar la buena marcha de los asuntos en el interior del país, deberá hacer uso de la represión policial contre los enemigos del régimen: masones, comunistas, liberales y ateos”.</blockquote> Se supone que son los “rojos”, pero los “separatistas” han desaparecido según la perspectiva de Ruiz-Domènec. En la oposición al franquismo, catalanes y vascos no existieron, por lo menos para nuestro historiador.<br /><br />La mayor parte de las historias de España al uso reflejan una cierta realidad vasco-navarra con evidente tendencia asimiladora en esa construcción histórica y permanente que es la “nación española”. Los conflictos seculares se convierten en procesos de “colaboración”, las guerras de conquista en “incorporaciones voluntarias”. Normalmente se desvía el contenido foral y protonacional de las guerras del siglo XIX hacia conflictos dinásticos, religiosos o de enfrentamiento campo-ciudad. La de Ruiz-Domènec es la primera que encuentro en la que se los ignora con absoluto desprecio. Para el autor, no hemos existido en el proceso histórico; ni para bien, ni para mal. Por eso sorprenden algunos de los comentarios que realiza y en los que aparecemos fugazmente, pero sin dar a conocer el proceso ni el contexto. Ni intentarlo.<br /><br /><br /><strong>UNA ERRATA</strong><br /><br />Una errata, o desliz, aparece en la página 951, con ocasión del atentado fallido, intentado por el anarquista Mateo Morral en Madrid (mayo de 1906), contra el rey Alfonso XIII de España, en la que nuestro autor dice: <blockquote>"Si Morral hubiera sobrevivido a su suicidio, habría tenido que sufrir la humillación de un juicio sobre sus ideas, no solo sobre sus actos, y aceptar una condena mucho más grave. Quiso evitarse eso. Es lo que sucedió con Francesc Ferrer i Guardia, juzgado por conspiración criminal contra la monarquía. Se le condenó aunque luego fuera indultado”.</blockquote> Un poco más adelante, en la página siguiente, el autor nos cuenta que, tras la Semana Trágica (1909), <blockquote>"Centenares de personas fueron detenidas y juzgadas de forma sumarísima; y los presuntos cabecillas fueron ejecutados, entre ellos Ferrer i Guardia, que según parece no tuvo nada que ver con la huelga”.</blockquote> Francesc Ferrer i Guardia “a las 9 de la mañana del 13 de octubre de 1909 fue fusilado en el foso de Santa Amalia de la prisión del Montjuïc”, según leo en Wikipedia. <br /><br /><br /><strong>CONCLUSIÓN</strong><br /><br />La perspectiva tradicional para la exposición de nuestra historia, desde el punto de vista del nacionalismo español, consistía en “la incorporación voluntaria al proyecto común”, a pesar de todos los datos que permanentemente la desmentían. Ante la “desaparición” que presenta Ruiz-Domènec no se pueden plantear objeciones. Lo único positivo que podemos concluir es que, efectivamente, no somos españoles.<br /><br />Esta “España, una nueva historia” es, en resumen, un trabajo ideológico, repleto hasta la saciedad de los tópicos nacionalistas más vulgares, un perfecto compendio de los prejuicios en los que se desenvuelve la sociedad española actual. Cuando inicié su lectura tenía cierta ilusión por encontrar algún planteamiento serio, crítico con la historiografía al uso. No ha sido así. Su lectura no vale la pena, a pesar de su evidente amenidad.<br /><br /><br /><strong>REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA</strong><br /><br />Ruiz-Domènec, José Enrique<br />“España, una nueva historia”<br />Madrid 2009. Editorial Gredos.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11182586-6078555211554066871?l=nabarra.blogspot.com'/></div>Garatehttp://www.blogger.com/profile/06061374322838649781noreply@blogger.com3tag:blogger.com,1999:blog-11182586.post-69318417716100609252009-03-06T22:33:00.003+01:002009-03-06T23:06:39.007+01:00RENFE: EUSKARA Y CULTURAViajaba ayer con Renfe desde Donostia a Catalunya. A la salida de Donostia una agradable voz femenina, en un correcto bilingüismo español-euskara, nos dio la bienvenida al tren. Todo paracía bastante normal, dentro de las graves anormalidades en las que sobresaltadamente sobrevivimos.<br /><br />Cuando estamos a punto de llegar a Iruñea se escuchó de nuevo la misma radiofónica voz que en esta ocasión nos indicaba en "bilingüe": "...la siguiente estación es Pamplona" y, a continuación, "...hurrengo geltokia da Pamplona". Así como suena, ¡<span style="font-weight:bold;">Pamplona</span>! No comment.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11182586-6931841771610060925?l=nabarra.blogspot.com'/></div>Garatehttp://www.blogger.com/profile/06061374322838649781noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-11182586.post-87415603097380582672009-02-12T08:09:00.007+01:002009-02-13T19:03:07.973+01:00UNA MIRADA SOBRE PORTUGALA raíz de una excursión por el río Duero en su transcurrir entre los estados español y portugués, por la zona conocida como “Arribes del Duero”, y siguiendo hasta su desembocadura en el Atlántico, en Oporto “el puerto”, comencé el verano pasado la lectura de los dos libros en portugués que reseño al final de esta reflexión. Los he terminado a lo largo del resto de 2008, junto con alguna novela de Eça de Queiroz que no había leído todavía. Durante el recorrido por la zona de arte rupestre paleolítico de Foz Côa, muy interesante, la guía que nos condujo a admirar los grabados en las rocas de la ribera del río Côa, comentó que la obra más interesante de Eça era, en su opinión, “La ciudad y las sierras”. La leí con el mismo interés que antes había leído “Los Maias” y, a continuación, “La ilustre casa de Ramírez”.<br /><br />Una de las primeras cuestiones que se plantean al hablar sobre Portugal desde el Estado español es el porqué de la tremenda ignorancia que tienen los españoles de la historia, lengua y cultura de su país vecino. Tal ignorancia se ve acompañada, normalmente, de un cierto menosprecio. Un ejemplo clamoroso se encuentra en los mapas meteorológicos que ofrecen las televisiones españolas, “olvidan” Portugal sistemáticamente; su mapa es sustituido por una mancha blanca en la que no puede ocurrir ningún tipo de fenómeno, ni atmosférico siquiera. También es cierto que, a la inversa, suceden fenómenos similares aunque no idénticos. En efecto, en cualquier lugar turístico de Portugal se puede encontrar la información necesaria en inglés, francés o italiano, pero es raro, muy raro, encontrarla en español.<br /><br />El origen del Estado portugués es más tardío que otros de Europa como el franco, pero también que el navarro o que el astur-leonés, por hablar de reinos ubicados, en parte al menos, en la Península Ibérica. Data de los siglos XI-XII. Por el contrario, su proceso de “nacionalización” por parte de su Estado es muy precoz. En este sentido, es significativo el hecho de que en tan temprana fecha como 1296 adopta la lengua vulgar en documentos oficiales. Hay historiadores portugueses que afirman que Portugal como nación fue creada por su Estado, ya que, en la práctica, no tenía un sustrato lingüístico o cultural previo; su identidad fue “construida” desde la organización política. Considero difícil que la realidad fuera tan radical, pero parece que tampoco falta razón a quienes afirman tal cosa.<br /><br />En el mismo sentido, la victoria de Aljubarrota contra Castilla (1385) se propone como fecha para indicar el fin de la Edad Media y el origen o base del Estado moderno. Este triunfo supuso un acto de afirmación nacional y para Portugal es su fecha fundacional, marcada siempre por su conflictiva relación con Castilla y, posteriormente, con España.<br /><br />Las ambiciones expansionistas de Castilla en su salida, muy posterior en el tiempo, de la Edad Media a finales del siglo XV, la llevaron no sólo a culminar la “reconquista” contra los musulmanes con la ocupación el reino de Granada, sino a iniciar su expansión transatlántica, comenzando por las Islas Canarias y continuando en América. Del mismo modo actuaron en Europa, con la conquista y ocupación de estados estratégicos como Navarra o partes importantes de la Península Itálica, con con la hipotética excusa de su “peligroso apoyo” a Francia. La expansión imperial portuguesa por oriente fue más comercial y menos territorial que la castellana en Europa, Canarias y América. No obstante, una vez en conflicto con Castilla en América, Portugal construyó el imperio brasileño, aunque con unas características bastante diferentes, en algunos sentidos por lo menos, del español.<br /><br />Tras la muerte del último descendiente de la Casa de Avis, el Cardenal Enrique, en 1580, el rey español Felipe II se consideró con los “mejores derechos” para reinar en Portugal. Un ejército español, bajo mando del duque de Alba, invadió las tierras lusas (1580-1581), tomó Lisboa y derrotó en la batalla de Alcántara (1580) al prior de Ocrato, sobrino de Enrique, quien se refugió en la corte de Francia. Felipe II se trasladó a Lisboa y, en las cortes de Tomar (1581), fue reconocido rey de Portugal. ¿No suena todo lo anterior a un proceso muy conocido entre nosotros, que tuvo lugar aproximadamente setenta años atrás?<br /><br />En historia hay que evitar las visiones finalistas, ya que constituyen un riesgo peligroso. Podemos pensar que Portugal es hoy un Estado porque ese era su destino histórico. Lo mismo se puede decir de quienes creen que el destino histórico de Navarra era su incorporación y pertenencia a España. Ninguna de ambas afirmaciones es cierta. Tan Estado era Navarra como Portugal; ambos perdieron su independencia a manos de Castilla-España. Los portugueses lograron recuperarla a mediados del siglo XVII, Navarra todavía no lo ha conseguido.<br /><br />Dentro del proceso de expansión política de Castilla durante los reinados de la Casa de Austria, sobre todo con Felipe IV y su valido el Conde-Duque de Olivares, se produjo un intento de uniformización de la monarquía española, que, tras la unión dinástica de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón (y Cataluña), había adoptado una apariencia “federal”. En la misma época, a mediados del siglo XVII, la situación europea era muy convulsa. El centro de Europa se vio sacudido por la “Guerra de los Treinta años“, guerra con un fuerte componente religioso, pero sobre todo político por el control sobre los estados alemanes.<br /><br />En el difícil equilibrio del siglo XVII, Portugal, que no había renunciado a su independencia, y Cataluña, que la veía peligrar gravemente, se enfrentaron a Castilla. Como resultado de todos estos conflictos se obtuvo, por un lado, la victoria de Portugal sobre España y su emancipación, y la derrota de Cataluña y su partición entre España y Francia (el Rosselló y la Cerdanya pasaron a manos francesas), por otro. Esta derrota constituyó el preludio de lo que fue el desastre acontecido tras la “Guerra de Sucesión” española, producto de la desaparición del último rey Austria a comienzos del XVIII y la entronización de los borbones en la monarquía española con sus “Decretos de Nueva Planta”. A través de los mismos se suprimieron las instituciones políticas catalanas y valencianas y se produjo una muy fuerte persecución contra su lengua y cultura. Por último, “<em>last but not least</em>”, en 1648 se firmó la Paz de Westfalia que dio lugar, en cuanto a sus contenidos, atribuciones y competencias, al sistema de estados europeos vigente en gran parte hasta nuestros días.<br /><br />La sociedad portuguesa del XVII mostró tener una gran vitalidad. Un ejemplo, prácticamente desconocido entre quienes hemos sido “educados” en el sistema español, lo constituye la personalidad fuera de serie de Antonio Vieira. Vivió casi 90 años, todos ellos dentro del siglo XVII, la mayor parte del tiempo en Brasil, donde fue defensor infatigable de los derechos de los indígenas y combatió contra su explotación y esclavización. Participó activamente en la política portuguesa y siempre defendió a los judíos. Fue un gran escritor barroco y miembro de la Compañía de Jesús. Una vez más encontramos el olvido, o menosprecio, español por lo portugués.<br /><br />La “Ilustración” portuguesa del XVIII entró de lleno en el estándar europeo, sobre todo con la personalidad del Marqués de Pombal, también prácticamente desconocido desde España. Otro aspecto relativamente poco conocido fue la emancipación de Brasil. No fue producto de guerras de liberación como el caso de las colonias españolas. Los procesos revolucionarios del Portugal de principios del siglo XIX provocaron la huida de la monarquía a Brasil. De algún modo, la colonia dejó automáticamente de serlo, en ella se instaló el aparato del Estado y se convirtió en metrópoli. Cuando se restauró la monarquía en Portugal, Brasil siguió su propio camino independiente sin mayores traumas.<br /><br />Los siglos XIX y XX supusieron una gran decadencia para Portugal y el abandono de las señas de identidad que habían caracterizado positivamente su cultura. Su colonialismo en Angola y Mozambique se fue transformando en un elemento retardatario social, cultural y políticamente. El retraso económico era manifiesto. El muy largo régimen autoritario de Oliveira Salazar en el siglo XX culminó este proceso. La necesidad de modernización y racionalización del salazarismo llevó a que los militares encabezaran la llamada “revolución de los claveles“, ocurrida en 1975, y una de cuyas primeras decisiones fue la descolonización de sus posesiones en África.<br /><br />Siempre se ha dicho que para saber de los entresijos de una sociedad es imprescindible conocer las obras literarias, novelas sobre todo, que se han escrito sobre la misma. Para conocer Portugal y su sociedad, tal y como se percibía a finales del siglo XIX y principios del XX, es necesario leer a Eça de Queiroz. Tanto sus primera obras (“El primo Basilio”, “El crimen del padre Amaro”, por ejemplo) como las más reflexivas sobre la identidad portuguesa citadas al comienzo.<br /><br />En Portugal encontramos la realidad de una nación hermana que ha sufrido conflictos, semejantes a los nuestros en unos casos y diferentes en otros, pero que siempre ha tenido el mismo enemigo principal: el sistema político castellano y su heredero, el español. España se ha desinteresado y ha menospreciado a Portugal, pero nosotros no debemos olvidarlo. No sólo no somos españoles, sino que España ha realizado todos los esfuerzos que ha tenido en su mano para lograr nuestra desaparición y asimilación. Portugal tuvo, históricamente, una sociedad fuerte, una cultura política influenciada por la británica y, por lo mismo, democrática, y una conciencia nacional muy profunda. Nos puede servir de ejemplo y elemento de reflexión para encarar las tareas que debemos afrontar para lograr ocupar de nuevo nuestro puesto, en Europa y en el mundo, como sujeto político, como Estado libre.<br /><br /><br /><br /><br /><strong>LECTURAS</strong><br /><br /><strong>Sobre historia de Portugal</strong>:<br /><br />Birmingham, David. “Historia de Portugal”. Cambridge 1995. Cambridge University Press.<br /><br />Oliveira Marques de, A. H. “Breve história de Portugal”. Lisboa 1995. Editorial Presença.<br /><br /><strong>Sobre Antonio Viera</strong>:<br /><br /><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ant%C3%B3nio_Vieira">es.wikipedia.org/wiki/Ant%C3%B3nio_Vieira</a><br /><br /><strong>Una reflexión sobre la identidad portuguesa</strong>:<br /><br />D’Oliveira Martins, Guilherme. “Portugal. Identidade e diferença”. Lisboa 2007. Editorial Gradiva.<br /><br /><strong>Obras de Eça de Queiroz</strong>:<br /><br />Existen muchas versiones de las obras de Eça en español, algunas fáciles de conseguir, otras no tanto. En cualquier caso, las bibliotecas públicas suelen tener bastantes títulos.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11182586-8741560309738058267?l=nabarra.blogspot.com'/></div>Garatehttp://www.blogger.com/profile/06061374322838649781noreply@blogger.com11tag:blogger.com,1999:blog-11182586.post-46328236481007236392009-02-08T17:14:00.005+01:002009-06-19T19:31:23.620+02:00LA SANTA CULPAEs un ejercicio muy interesante leer una novela negra construida sobre una realidad de la que el lector ha sido partícipe directo; sobre todo si las situaciones que se ofrecen resultan familiares. Si a ello se añade una trama verosímil y un nivel se suspense más que aceptable, el resultado es un trabajo consistente y de lectura fácil y agradable. Si, además, está muy bien escrita ya se cierra el circuito. En resumen, en “La santa culpa” se encuentran todos los elementos que definen un producto de calidad.<br /><br />El asunto se centra en la muerte por envenenamiento (¿asesinato?, ¿suicidio?) de un miembro supernumerario del Opus Dei, en el despacho del Vicario en el momento en que, tras meditada reflexión, había decidido abandonar la Obra.<br /><br />Los personajes además de responder de modo consistente a los esquemas previsibles dentro de la trama, tienen una coherencia bien conseguida. La figura del matrimonio de supernumerarios “obligados”, si quieren hacer uso del sexo de modo habitual, a la generación de vástagos de manera sistemática, al margen de los problemas que pueda sufrir la mujer. Las personalidades de los directores espirituales respectivos y del, primero, Consiliario y, más tarde, Vicario del Opus Dei, el vallisoletano don Nuño Sancho Núñez de Cogullada y Sánchez de Fuenterrebollo, están bien construidas. Las de los hijos del matrimonio, también. Sobre todo Gabriela, la hija sorda, que, por lo mismo, nunca podrá acceder al estatus de miembro de la Obra.<br /><br />El modo de funcionamiento interno del Opus Dei pienso que está reflejado por un autor que ha vivido muy próximo (¿dentro?) de la organización. El eje central de la novela es, precisamente, la prioridad de la organización y su supervivencia y éxito, por encima de las situaciones y problemas personales, sean internos o externos a ella. La metáfora que ofrece Mengual del pulpo que puede prescindir de uno de sus tentáculos para sobrevivir, con conciencia además de su posterior regeneración. Ningún escándalo debe alcanzar a la organización, caiga quien caiga en el camino.<br /><br />Los problemas cotidianos de todos los personajes están muy bien expuestos. La personalidad de Maristany, el inspector de policía encargado del caso, antiguo miembro del Opus Dei, del que salió “por piernas” y sin dar explicaciones, y completamente escéptico está bien reflejada.<br /><br />En mi opinión, la figura más entrañable resulta la del médico, socio numerario del Opus Dei, que certifica el fallecimiento por envenenamiento con cianuro, a pesar de las presiones de su superior jerárquico, fiel a la prioridad de la verdad y del juramento hipocrático.<br /><br />La novela está escrita en el idioma del autor, en catalán, y un guiño interesante de la misma consiste, en mi opinión, en el hecho de que por encima de cualquier planteamiento personal e ideológico, don Nuño Sancho Núñez de Cogullada y Sánchez de Fuenterrebollo, español de primera división, aprenda y utilice el catalán con “normalidad” en la labor pastoral con su rebaño en Cataluña.<br /><br />Una novela interesante para las personas que han conocido de cerca la "obra de Dios", pues verán aparecer usos y costumbres ajenos al "siglo" pero practicados por sus miembros con fervor. Para los que no lo conocen es una narración con trama atractiva y que les puede poner sobre aviso, por si alguna vez llegan a estar próximos.<br /><br />Mengual i Casellas, Vicenç<br />“La santa culpa”<br />Barcelona 2009. Ediciones La Busca<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11182586-4632823648100723639?l=nabarra.blogspot.com'/></div>Garatehttp://www.blogger.com/profile/06061374322838649781noreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-11182586.post-91432237975230352292009-01-26T17:15:00.008+01:002009-01-27T15:48:59.206+01:00UNA FÁBULA DE MÚSICAA modo de hipótesis podemos suponer que nos encontramos durante el frío invierno de 1988 en Riga, capital de Letonia, nación que en aquel momento formaba parte obligada de la también fría URSS. Supongamos también que una orquesta vasca en gira por la URSS acompañada de una de sus solistas vocales de más calidad y prestigio y dirigida por una joven, y también excelente, batuta ofrece un concierto en el auditorio más importante de Riga.<br /><br />Imaginemos un concierto de música clásica centroeuropea interpretado magníficamente. Sinfonías de Mozart y Haydn y arias de óperas se suceden y entrelazan ante una gran recepción por parte del público. Este aplaude a rabiar y los bravos surgen con fuerza de muchas gargantas presentes; se repiten las salidas y saludos de solista y director.<br /><br />El público, expectante, hace silencio ante la intervención del director que va a presentar la primera "propina". Rompe a hablar en un ruso perfecto y dice, poco más o menos:<br /><br /><blockquote>"Aprovechando que estamos de gira por Rusia y en honor al público vamos a ofrecer un bis de música rusa".</blockquote><br />La orquesta ataca las "Danzas de los Pólovtsy" o "Danzas Polovotsianas" de la ópera "El Príncipe Igor" de Borodin. Nacionalismo musical ruso en estado puro, eso sí, épico y de una gran fuerza.<br /><br />A continuación la solista, expresándose en un ruso más que aceptable, dice que va a cantar un aria de la ópera "Ruslán y Liudmila" de Glinka, música también espléndida y bellísima, asímismo expresión poderosa del gran nacionalismo ruso.<br /><br />¿Se lo pueden imaginar, queridos lectores? A mi me resulta difícil de creer que la falta de respeto de los intérpretes por el público presente en Riga alcanzase tal nivel de menosprecio. También me hubiera resultado extraño, por parte de este último, una reacción de delirio enfervorizado por las obras interpretadas. Más me hubiera cuadrado un silencio, entre despectivo y respetuoso, por alta que hubiera sido la calidad de la interpretación.<br /><br />Colocando los términos en nuestra próxima realidad, poniendo que el lugar de la actuación no era Riga sino el Kursaal de Donostia el pasado día 25 de enero, que la orquesta era la de Cámara de Basilea, el director, Karel Mark Chichon, la solista, la mezzosoprano letona Elïna Garança. La gira, según el director Chichon, era "por España" y "en honor al auditorio español" presente en la sala, interpretaban los correspondientes bises de J<br />Giménez, el primero, con orquesta sóla y de Chapí, el segundo, con la participación de la mezzo Garança, tras presentar ella misma la pieza.<br /><br />Pensando en la hipotética situación en Riga que he planteado al principio, pasé dolor y vergüenza, ajena y propia. Pocos años después de 1988, Letonia se independizaba de la URSS y recuperaba su propio Estado. A partir de ese momento estoy convencido que escuchan con mucho más alegría y despreocupación la música rusa, por nacionalista que fuere.<br /><br />Estoy deseando de poder hacer lo mismo con la música española, que la hay magnífica, y que, además, me gusta. Pero para eso pienso que necesitamos el respeto de los demás, para lo que es necesario, en primer lugar, el propio. Elementos necesarios son la autoestima y el destierro de los complejos a que nos inducen cotidianamente.<br /><br />Por otra parte, el concierto fue realmente de fábula. Una maravilla tanto la orquesta como el director Chichon y la mezzo Garança, musicalmente hablando, claro está. Sobre todo dentro del programa previsto. Espero, cuando seamos independientes y disfrutemos de nuestro propio Estado, poder gozar con estos mismos bises o de otros cualesquiera y de cualquier sitio, siempre que sean buenos, estén bien interpretados y no pretendan ningunearnos ni adoctrinarnos.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11182586-9143223797523035229?l=nabarra.blogspot.com'/></div>Garatehttp://www.blogger.com/profile/06061374322838649781noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-11182586.post-39575226195752721212009-01-20T22:10:00.002+01:002009-01-20T22:19:36.795+01:00HISTORIA DEL AGUAPocas veces tenemos oportunidad de acceder a un trabajo tan interesante, de una parte por el asunto del que trata y de otra por su contenido en sí, y de tan bella factura, como el presentado recientemente por la Fundación Kutxa. Se trata de “Uraren historia” / “Historia del agua” escrito al alimón por Ana Azpiri Albístegui, doctora en Historia del Arte y profesora de Composición Arquitectónica en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura del País Vasco y Alberto González Sarmiento, ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y profesor del Departamento de Ingeniería de Mecánica de Fluidos de la Escuela Politécnica de la Universidad del País Vasco.<br /><br />El protagonismo de la obra recae indiscutiblemente en la histórica y permanente relación amor-necesidad y odio-respeto entre el agua y la humanidad, por un lado y los anhelos de dominio que secularmente ha ejercido sobre la misma el ser humano.<br /><br />El agua es un elemento esencial para cualquier forma de la vida. Incluso las bacterias, seres vivos capaces de desarrollarse en entornos casi impensables de temperatura, ausencia de oxígeno y presencia de elementos “venenosos” (para cualquier animal, obviamente), necesitan en su medio la presencia del agua. No en vano un altísimo porcentaje de la composición de cualquier ser vivo, por supuesto también de las bacterias, es agua. En los vegetales puede ser hasta un 95% y en los animales está en la horquilla del 60-80%. En nuestra especie, Homo sapiens sapiens, se encuentra entre el 65 y el 75%.<br /><br />La llamada “revolución neolítica”, iniciada hace aproximadamente 10.000 años, supuso el cambio cualitativo más importante ocurrido en la historia de la humanidad. El agua, elemento necesario para cualquier ser vivo, lo era también y en proporción semejante para los humanos, hasta que surgió y se desarrollo, con el Neolítico, la agricultura. La explotación intensiva de vegetales para consumo de las personas y forraje de los animales domésticos exige un importante control de los flujos de agua para el riego de las tierras cultivadas. El aprovechamiento de los cauces fluviales, de los acuíferos subterráneos o, sencillamente, del agua obtenida directamente de la lluvia o nieve, exigió que el ingenio de Homo sapiens sapiens se aguzara a niveles hasta entonces insospechados. Sistemas de regulación y conducción del agua, presas, y canales y otros, muchos y variados, sistemas surgieron muy tempranamente.<br /><br />Dicha revolución supuso también un cambio en el modo de organizar el hábitat humano. De una existencia sin residencia estable, según las necesidades y recursos efectivos de caza, pesca o recolección, se pasó a una vida sedentaria, con asentamientos fijos. En la mayor parte de los casos eran sobre tierra firme, pero en muchos otros, en lugares cercanos al mar, ríos o lagos, propició su ubicación en alojamientos sobre la propia agua. La explotación pesquera se podía realizar de modo más sencillo, sobre todo si las condiciones de vida sobre tierra firme eran insalubres o peligrosas.<br /><br />Los asentamientos neolíticos propiciaron, asimismo, la creación de ciudades y territorios controlados por determinadas elites. El control sobre el espacio, las poblaciones y el excedente generado por las explotaciones agrícolas, llevó a disputas entre territorios, a conflictos y a guerras. En estos casos, los ríos podían suponer obstáculos insalvables tanto para el ataque como para la huída. Los puentes fueron muy pronto un elemento básico en las sociedades neolíticas.<br /><br />Cuando los humanos se aventuraron a recorrer ese infinito espacio que es el mar, por lo menos tal como se percibe desde “tierra”, y se percataron de los peligros que acarreaba, descubrieron una forma práctica de orientar, desde la costa, a los viajeros marítimos mediante la invención del faro.<br /><br />De todo esto, de muchas más cuestiones y de su evolución en las diversas etapas del desarrollo de la humanidad desde el neolítico, nos habla este libro. Es interesantísimo, por lo menos para mí que los desconocía, el primer capítulo dedicado a los “qanats”. Tales sistemas de conducción subterránea desde acuíferos lejanos hasta lugares cultivados en zonas en que, por las condiciones del clima, una conducción superficial llevaría a su evaporación rápida y, por lo mismo, al desastre total, son un prodigio tecnológico adaptado a su entorno.<br /><br />Resulta ilustrativa la consideración que hacen los autores sobre dos de los innovadores glosados en la obra. Se trata de los casos de Turriano y Foix, ambos arruinados tras la consecución de sus proyectos por falta de apoyo público. El primero, con su ingenio para abastecer de agua a Toledo desde el cauce del río Tajo, con un desnivel a salvar de más de cien metros. El segundo, por la construcción del faro de Cordouan en la peligrosa desembocadura del Garona en Burdeos. En ambos casos se percibe el escaso reconocimiento público de personas con afán innovador en beneficio de su propia sociedad.<br /><br />Todos los asuntos que trata son de gran interés y están muy bien tratados, pero no alcanzo a entender su orden. No percibo una clasificación por temas. Por ejemplo: el tratamiento de los palafitos se encuentra en dos capítulos; además, las más modernas casas construidas sobre el agua se presentan en un capítulo diferente. De la misma manera, los faros son expuestos en dos capítulos distintos. Un caso análogo sucede con el tratamiento de puentes y viaductos, sobre los que se habla en varios títulos separados y distantes entre sí. Tampoco aprecio, a primera vista, un tratamiento según un orden cronológico o geográfico. En resumen, echo en falta en la obra una explicación del modo cómo está organizada la exposición de los asuntos tratados.<br /><br />El material gráfico, mapas, esquemas y fotografías son buenos, lo que ayuda mucho a la comprensión y asimilación de los textos. Se agradecen también tanto el glosario como los índices finales. La presentación del libro es hermosa. La portada en la que aparecen, en forma de holograma, el título y autores en euskera y español, es sobria y bien diseñada. La maquetación; el papel y la impresión son de gran calidad.<br /><br />He encontrado, en la página. 167, lo que en mi opinión es una pequeña errata, Cuando tratan sobre Yerabatan y Fedala, templos de agua, se habla de “una forma curva cuyos perfiles son hipérboles”. En la misma página, en el comentario de la imagen, se presentan como “hiperboloides” de una sola hoja. Pienso que realmente su forma será de “hipérbolas” o “hiperboloides”, pero no “hipérboles”.<br /><br />La perspectiva del libro en su conjunto oscila entre el optimismo tecnológico, en el que se percibe la mano del ingeniero, y una visión más ligada al paisaje, en la que se manifiesta indudablemente la historiadora del arte. En mi opinión se trata de una obra de referencia necesaria para cualquiera que quiera exponer la relación entre el agua y las sociedades humanas.<br /><br /><br />Azpiri Albístegui, Ana<br />González Sarmiento, Alberto<br />“Uraren historia. Ur-ingeniaritzen eta ur-arkitektuaren proiekto handiak”<br />“Historia del agua. Grandes proyectos de ingeniería y arquitectura del agua”<br />Donostia-San Sebastián 2008<br />Fundación Kutxa<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11182586-3957522619575272121?l=nabarra.blogspot.com'/></div>Garatehttp://www.blogger.com/profile/06061374322838649781noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-11182586.post-57996710288125648942008-12-26T17:18:00.000+01:002008-12-26T17:19:17.095+01:00EL NOMBRE DE NUESTRA SELECCIÓNDesde que hace ya algún tiempo se desató la polémica sobre el nombre que debería servir para identificar a la selección vasca de fútbol han aparecido en los medios de comunicación gran cantidad de comentarios y artículos en los que la polémica se centraba entre la denominación “Euskadi”, patrocinada desde las instituciones dependientes de Vitoria, y “Euskal Herria” defendida por un importante grupo de profesionales de dicho deporte, al que se adhirieron posteriormente profesionales y aficionados de otros.<br /><br /><strong>Vasconia</strong><br />Un nombre que parece que no se ha planteado en esta ocasión, pero que ya fue utilizado en otros tiempos, es el de “Vasconia”. Vasconia es una denominación antigua de nuestro país y que comprende, efectivamente, al conjunto de su territorio y habitantes. Su uso, hoy en día, se realiza más desde una perspectiva geográfica, territorial.<br /><br /><strong>Euskadi</strong><br />Es evidente que la denominación “Euskadi” es, cuando menos, ambigua. A pesar de las voluntariosas declaraciones de muchos de los partidarios de tal nombre en el sentido de que dicho término abarca (diríamos mejor, les gustaría que abarcase) al conjunto de territorios y personas de Vasconia, la realidad es que quienes lo propugnan saben perfectamente que en la organización política actual de los estados español y francés, Euskadi representa exclusivamente las “Provincias Vascongadas” históricas. También es obvio que en lo que hoy se sigue denominando como “Navarra”, dicho término Euskadi no ha sido de aceptación popular desde la época de su invención por Arana Goiri.<br /><br /><strong>Euskal Herria</strong><br />“Euskal Herria” es otra cuestión. Salvo por los sectores más intransigentes del nacionalismo español, y esto desde épocas muy recientes, esta denominación de contenido claramente lingüístico y cultural ha sido aceptada normalmente para abarcar al conjunto de nuestro pueblo. El hecho que han planteado los mismos sectores abiertamente nacionalistas de que es el término que utiliza el entorno de la denominada “izquierda abertzale” queda desautorizado radicalmente por ser el utilizado de modo general, durante todo el siglo XIX y gran parte del XX, por todos los sectores sociales y políticos, comenzando por el carlismo.<br /><br /><strong>Navarra</strong><br />Si se trata de utilizar una denominación que trascienda el ámbito lingüístico y cultural, que es lo que parecen pretender los partidarios de “Euskadi”, parece que sería preferible usar el término que ha designado históricamente el máximo logro político de los vascos, el de su Estado propio durante muchos siglos: Navarra. Euskal Herria es la denominación lingüística y cultural de nuestro país y Navarra su expresión política. Los vascos somos Euskal Herria, pero políticamente somos navarros.<br /><br />Además, somos muchos los vascos que consideramos la necesidad que tenemos, para mantener y desarrollar nuestras señas de identidad y modos de vida en los vertiginosos procesos de globalización en que estamos inmersos, de acceder al estatus de Estado independiente. Un Estado propio, en Europa y en el mundo, en pie de igualdad con los actualmente existentes, como Portugal o Dinamarca, o con los que puedan ser también en los próximos años, como Escocia, Cataluña o Flandes. Y somos muchos también los que queremos que ese Estado recupere la misma denominación histórica de Navarra.<br /><br />La existencia de una selección deportiva propia es un signo importante de independencia y reconocimiento internacional. Los estados español y francés son ejemplos claros de unitarismo lingüístico, cultural y político. Por eso consideramos que dentro de sus fronteras nuestro futuro está no sólo hipotecado sino seriamente amenazado. Por eso precisamente queremos que cualquier selección deportiva vasca, la de fútbol ahora, sea la “Selección de Navarra”. Como expresión de nuestra próxima independencia.<br /><br />Firman este texto: Tasio Agerre, Luis Mª Mtz Garate, Angel Rekalde<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11182586-5799671028812564894?l=nabarra.blogspot.com'/></div>Garatehttp://www.blogger.com/profile/06061374322838649781noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-11182586.post-92078732660925036462008-12-22T08:17:00.009+01:002008-12-24T18:04:16.405+01:00LEONARDO Y EL REY DE NAVARRATras la muerte de Leonardo da Vinci, Benvenuto Cellini, famosísimo orfebre florentino, dijo:<br /><br /><blockquote>No puedo resistirme a repetir las palabras que he oido al rey acerca de él, en presencia del cardenal de Ferrara, el cardenal de Lorena y el rey de Navarra; dijo que no creía que hubiera nacido nunca nadie que supiera tanto como Leonardo, y no sólo en los campos de la pintura, la escultura y la arquitectura, sino que también pensaba que era un gran filósofo.</blockquote><br />Este texto, en el que el "rey" es Francisco I de Francia, para el que Cellini trabajo durante veinte años en su corte, y en el que el "rey de Navarra" no es otro que su cuñado, esposo de su hermana Margarita, Enrique II de Navarra "el Sangüesino", aparece citado en la página 174 de una magnífica obra sobre Leonardo da Vinci recientemente publicada en español y escrita por Fritjof Capra.<br /><br />El libro de Capra es una vindicación del Leonardo en el que los aspectos científico y técnico son parte sustancial del conjunto de su obra. Desde la perspectiva de Capra, Leonardo plantea la ciencia de modo holístico, más cercano en su perspectiva a los actuales planteamientos superadores del mecanicismo y del dualismo imperantes en ese mundo desde la ruptura cartesiana de la realidad entre la "res extensa" y la "res cogitans", entre el cuerpo y el alma en el ámbito humano.<br /><br />Es evidente que Leonardo no disponía de todo el aparato matemático, el conocimiento científico ni la tecnología necesarios para llegar a lo que hoy en día se consideran como planteamientos comunmente aceptados en la comunidad científica o técnica, pero sus intuiciones y el modo de enfocarlos son de una gran modernidad y, en gran medida, enlazan con muchas de las perspectivas a las que se ha ido llegando progresivamente tras la demostración de las insuficiencias del dualismo y mecanicismos originados, sobre todo, por las aportaciones de Descartes.<br /><br />Fritjof Capra es autor de una magnífica obra titulada "La trama de la vida" (2006) en la que plantea en toda su complejidad lo que se denomina "ecología profunda" y en la que se supera la visión antropocéntrica de la ecología convencional. En esta última se sigue manteniendo, todavía, la centralidad humana en la biosfera y en el cosmos; mientras que en lo que se denomina como "ecología profunda" la especie humana es un actor más de la "trama de la vida", con su inmensa capacidad destructiva a la vez que con su enorme potencial regenerativo y creador a partir, precisamente, de sus conocimientos científicos y sus prácticas técnicas.<br /><br />Según Capra, Leonardo tiene siempre presente en sus planteamientos una visión holística de la vida y el cosmos; visión que prefigura, en cierto modo, los planteamientos de la "ecología profunda". Es evidente, para Capra, que Leonardo siempre considera los procesos y la realidad en general de modo interrelacionado e interactuante, en el que la situación global es bastante más que el conjunto de elementos que la componen y a los que se puede acceder por su simple análisis y estudio individual de las partes resultantes del mismo.<br /><br />La obra tiene dos partes. En la primera se expone su vida y actividades desde un punto de vista histórico, por un lado como artista y como científico y técnico, por otro. En la segunda, Capra analiza los modos de enfocar los problemas científicos y técnicos por parte de Leonardo y los logros que alcanzó en sus investigaciones.<br /> <br />Leonardo, tras una vida itinerante por los diversos centros políticos y culturales de la Italia de su época, desde su Florencia natal hasta Milan y Venecia pasando por Roma, fue "rescatado" de los conflictos bélicos y políticos que asolaban Italia por Francisco I de Valois, rey de Francia. El hermano de nuestra reina Margarita le ofreció en el castillo de Amboise, junto al Loira, un hermoso y apacible lugar donde poder desarrollar sus estudios con tranquilidad. No le obligó a ningún compromiso ni le pidió que realizara "trabajos" específicos para él, únicamente que, de vez en cuando, pudieran conversar juntos como describe Cellini en la escena que da comienzo a este texto. Allí falleció Leonardo en 1519.<br /><br />Pienso que desde la Navarra del siglo XXI somos poco conscientes de la importancia, sobre todo cultural, de la Navarra que al norte del Pirineo siguió manteniendo su soberanía política tras la conquista y ocupación castellana de la Alta Navarra en 1512-24. Muchas veces se ha citado la obra de Shakespeare, con desarrollo en la corte de Pau, "Love's Labour's Lost" ("Trabajos de amor perdidos") y su famosa frase "Navarre shall be the wonder of the world" ("Navarra será la maravilla del mundo"), pero no se ha reflexionado suficiente sobre su trascendencia. Tal vez la única persona que lo ha hecho con profundidad haya sido Jon Oria en sus diversos libros y artículos sobre este asunto.<br /><br />Capra, Fritjof <br />"La ciencia de Leonardo. La naturaleza profunda de la mente del gran genio del renacimiento"<br />Barcelona 2008<br />Editorial Anagrama<br />Colección Argumentos<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11182586-9207873266092503646?l=nabarra.blogspot.com'/></div>Garatehttp://www.blogger.com/profile/06061374322838649781noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-11182586.post-64738732803388126552008-12-11T16:12:00.005+01:002008-12-28T19:17:42.808+01:00NAVARRA COMO PARADIGMA (2)<embed src="http://blip.tv/play/Ad_7MwA" type="application/x-shockwave-flash" width="384" height="318" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11182586-6473873280338812655?l=nabarra.blogspot.com'/></div>Garatehttp://www.blogger.com/profile/06061374322838649781noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-11182586.post-34412042380358916942008-11-29T09:27:00.004+01:002009-01-26T18:48:49.101+01:00FUEROS Y CARLISTADA<a href="http://www.nabarralde.info/denda/components/com_virtuemart/shop_image/product/4607490295ff16fc40b5e641b1a95200.jpg"><img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 236px; height: 340px;" src="http://www.nabarralde.info/denda/components/com_virtuemart/shop_image/product/4607490295ff16fc40b5e641b1a95200.jpg" border="0" alt="" /></a><br />Con este mismo título acaba de presentar Mikel Sorauren, en Iruñea y editado por Nabarralde, su último trabajo. Se trata de un libro breve (100 páginas) pero de mucha enjundia, a la vez que de lectura muy amena. El objetivo de la obra consiste en ratificar las tesis ya expuestas por su autor, principalmente en su trabajo fundamental “Historia de Navarra, el Estado vasco” (1998 y ampliado en su tercera edición de 2008), sobre el contenido inequívocamente foral del levantamiento carlista de 1833 en el conjunto de los territorios vascos ocupados por la monarquía española.<br /><br />En aquella obra se demostraba exhaustivamente, frente a tirios y troyanos, que el origen del conflicto carlista radicaba fundamentalmente en la defensa del sistema foral propio, tanto el del reino de Navarra como el de Vascongadas. Tal organización política, en ambos casos, era retoño de un común tronco del Derecho, el “Derecho Pirenaico” según diversos autores, y su plasmación más completa se produjo en la máxima institucionalización lograda históricamente por el pueblo vasco: el Estado navarro.<br /><br />Muchas interpretaciones se han dado de las causas que motivaron la primera Guerra Carlista. En los últimos tiempos, algunas han insistido de nuevo en la motivación religiosa, como es el caso de Mª Cruz Mina; otras en cambio, han hecho hincapié en motivaciones relacionadas con determinados intereses campesinos unidos a una cierta pequeña nobleza agraria y al bajo clero, “feudales” siempre, como es la propuesta de Ramón del Río Aldaz. Los hay que oscilan entre una y otra, pero siempre considerando el carlismo como un movimiento “contrarrevolucionario”; tal es la perspectiva de Jordi Canal.<br /><br />La posición de Sorauren es inequívoca y en este libro se ratifica de forma concluyente a través del análisis a que somete a cuatros obras escritas por otros tantos protagonistas de la contienda, procedentes de diferentes campos. Del propio bando carlista es el general Maroto. El liberal está representado, en sus dos principales corrientes, por el Marqués de Miraflores por la conservadora, y el general Espartero por la progresista. La cuarta perspectiva corresponde a la de un individuo muy peculiar, muy narcisista según Sorauren, que se puede decir que perteneció a todos y a ninguno de los grupos en conflicto: el conspirador Avinareta.<br /><br />Las cuatro obras tienen como característica común: la de haber sido escritas inmediatamente tras el fin de la guerra, durante la década 1840-1850. Tres de ellas (las de Maroto, Miraflores y Avinareta) son autobiográficas y la cuarta es una biografía dirigida por Segundo Flórez, persona estrechamente vinculada al general y Duque de la Victoria, Baldomero Espartero, por lo que se puede considerar como “autorizada”. Son obras de personas totalmente implicadas en el conflicto, directamente bélico en algunos casos, político o diplomático en otros. Del análisis de las cuatro, Sorauren obtiene una conclusión inequívoca y que ratifica las tesis expuestas previamente en obras como la ya citada anteriormente. Es decir, el origen foral, de defensa de los Fueros vasco-navarros, de dicha guerra.<br /><br />Siempre he estado de acuerdo con la tesis fundamental del autor y me ha alegrado mucho encontrar en este trabajo, basado en fuentes de época y protagonistas en el conflicto, un reforzamiento de la misma. De todas formas en ella se plantea un aspecto sobre el que creo que nadie había reflexionado anteriormente. Es una consideración de gran importancia, sobre todo desde la perspectiva actual de nuestro contencioso con España y Francia. Se trata del carácter de “Imperio” que presentaba la monarquía española en los orígenes de este conflicto.<br /><br />Efectivamente, cuando surgen las circunstancias que van a provocar la guerra de 1833-1839, es decir las tensiones entre Euskal Herria y los gobiernos del rey de España, Carlos III, y Godoy a finales del siglo XVIII, así como en la época de la redacción de la famosa Constitución española de 1812, España era un Imperio extenso todavía. Conservaba gran parte de Centro y Sudamérica, Filipinas y Canarias en ultramar y, por supuesto, Galicia y los territorios sudpirenaicos de los Países Catalanes y de Vasconia en la península Ibérica.<br /><br />En nuestro caso, en ese momento, nos encontramos en una fase a la que se llega, sin solución de continuidad, desde las conquistas sobre Navarra sufridas entre los siglos XII y XVI, en las que el conflicto presentaba claramente su condición de internacional, como ocupación violenta de un Estado legítima y legalmente constituido, o de partes del mismo, por otro. La nación vasca y su Estado, Navarra, fueron presa de las ambiciones expansionistas de una potencia, Castilla-España, por su parte sur y de otra, Francia, por la norte. La culminación de este proceso, en la Edad Moderna, es coetánea con la formación del resto del Imperio español. En el mismo año en que la Navarra ocupada por Castilla en 1512 trataba de liberarse y fue derrotada en Noain, 1521, Hernán Cortés conquistaba Méjico.<br /><br />El libro está muy bien construido y una parte especialmente interesante del mismo se dedica a la revisión de otras fuentes contemporáneas, sobradamente conocidas, y que niegan origen foral al conflicto. Tal es el caso de las perspectivas de Zaratiegui o Henningsen. Como contraposición, el autor cita otros autores que plantean la existencia incluso de posiciones secesionistas en algunos sectores del carlismo vasco con relación a España. Es el caso, según Sorauren, de “Mc. Kenzie, Wikinson, Sommerville, Laurens y el mismo Xaho”.<br /><br />Se trata de una obra muy interesante sobre todo para los que, desde la perspectiva del siglo XXI, consideramos el logro de un Estado propio para Navarra como nuestro objetivo democrático más importante. A través de su lectura nos percatamos de que el siglo XIX, la entrada en la Modernidad, fue para Euskal Herria un punto de reencuentro de todas sus gentes y territorios, tras varios siglos de relativo aislamiento, con un objetivo único: la defensa de su propio sistema político: los fueros. Los territorios de ultrapuertos contribuyeron también activamente, como retaguardia logística y como vía terrestre de acceso al resto de Europa de los territorios en combate franco, que se encontraban al sur del Pirineo.<br /><br />Nuestro conflicto actual tiene raíces muy profundas, que datan de mucho tiempo atrás y que es producto, como ya se ha explicado tantas veces, de conquistas y ocupaciones violentas, pero su acceso a la Modernidad se produjo en el siglo XIX y su detonante fueron, precisamente, las guerras carlistas, en las que una vez más, a través de la reivindicación foral, se mostró su inequívoco carácter internacional.<br /><br /><br />Sorauren, Mikel<br />“Fueros y carlistada. Maroto, Espartero, Avinareta…”<br />Pamplona-Iruñea 2008<br />Nabarralde<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11182586-3441204238035891694?l=nabarra.blogspot.com'/></div>Garatehttp://www.blogger.com/profile/06061374322838649781noreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-11182586.post-62306105231215932322008-11-18T16:24:00.001+01:002008-11-18T16:28:02.354+01:00SOBRE EL NOMBRE POLÍTICO DE VASCONIAA raíz de la polémica desatada por la denominación de una hipotética “selección nacional vasca de fútbol” creo que se han dicho algunas cosas, pocas por desgracia, con sensatez y muchas otras más con poco sentido o muy desviadas de nuestra realidad histórica y política en el presente.<br /><br />En primer lugar, digo “hipotética” hablando de una “selección vasca de fútbol”, ya que nunca sería real, en el sentido práctico de la consecución de resultados competitivos computables internacionalmente, mientras los vascos no tuviéramos un Estado propio, como es el caso de las selecciones portuguesa, danesa o lituana.<br /><br />Veamos: si, como dicen Egibar y otros, se debe adoptar el término de “Euskadi”, ya que es la “denominación política” del país, hay que decirles que la triste realidad es que, desde el punto de vista “político”, Euskadi es una Comunidad Autónoma del Reino de España, llamada “nacionalidad” en su Constitución, pero “región” en la práctica ante Europa y formada solamente por las tres provincias conocidas históricamente como “Vascongadas”. Una “selección” patrocinada por su “administración particular” pero sin reconocimiento internacional. No sería una “selección nacional vasca” real y completa.<br /><br />Otra cuestión es que a determinados sectores que se reclaman del bizkaitarrismo histórico les gustaría que Euskadi fuese una realidad que englobara, no se sabe en muchos casos con qué categoría política, al conjunto territorial y humano conocido bajo el lema “zazpiak bat”. Pero eso, hoy, no constituye una realidad política a nivel internacional. Por lo cual la denominación “Euskadi” es una denominación, cuando menos, ambigua.<br /><br />Por otro lado, una selección en la que estuvieran presentes jugadores de todo el país vasco -por cierto ¿incluyendo la diáspora?- más que otra cosa debería ser “selección de Euskal Herria”; selección de un pueblo sin estado, sin expresión política efectiva a nivel internacional. Sería una selección vasca “descafeinada” desde el punto de vista político.<br /><br />A nivel internacional la única estructura política consistente, y del mismo nivel que las de otros estados europeos, ha sido la del reino de Navarra. Arana Goiri consideró, con razón, la insuficiencia del término Euskal Herria para designar políticamente Vasconia, por lo que “inventó” Euzkadi. Arana tampoco se percató de que himnos, banderas y otros símbolos capaces de representar la nación política de los vascos ya existían desde mucho tiempo atrás. Eran los del Estado de Navarra.<br /><br />La aportación principal de Arana fue el plantear que los vascos no éramos ni españoles ni franceses, que éramos sencillamente vascos y que nuestro país era una nación. Eso, en el contexto europeo en que se planteó, equivalía a reivindicar la independencia nacional de Vasconia. Este planteamiento está en su “haber”.<br /><br />Pero también hay que reflexionar sobre su “debe”. Arana Goiri entendió perfectamente que había que dar un nombre a la Vasconia política, o una denominación política Vasconia, que tanto da, ya que era necesario hacerlo tras su principal aportación. Inventó, en dura polémica con Campion, el neologismo Euzkadi, cuando esa realidad con nombre, como ya se ha dicho, era Navarra.<br /><br />Navarra es la denominación política de Vasconia y es el Estado independiente que muchos deseamos. Sentado lo anterior, tenemos que preguntarnos: ¿a qué aspiramos? Si solamente pretendemos seguir siendo una “etnia” o un “pueblo” (en vías de extinción, como “reserva india”, añado) podemos llamarnos Euskal Herria, pero si aspiramos a un reconocimiento internacional como Estado, en Europa y en el mundo, nuestro nombre debe ser Navarra.<br /><br />El problema fundamental seguirá sin resolver. Se trata de responder honestamente a la pregunta ¿podemos tener una selección nacional de fútbol de verdad, sin ser una nación “normal”, sin tener un Estado propio? Me temo que en nuestra situación actual, y dominados por estados como España y Francia, la respuesta sea la negativa.<br /><br />En el fondo es la misma cuestión que se plantea cuando se habla del porvenir del euskara y de nuestro patrimonio en general o de la defensa efectiva de nuestros intereses en el mundo. El “problema” vasco es un asunto internacional cuyos orígenes se encuentran en los planes expansionistas y dominadores de Castilla-España y Francia, es un problema originado por ambos estados. Mientras no solucionemos democráticamente ese contencioso, mediante la consecución del propio, el resto de problemas permanecerán enquistados y sin otra salida que la absorción incondicional en los de nuestros actuales ocupantes. Eso sí, tras muchos sacrificios y sufrimientos; inútiles al final.<br /><br />Creo que ya es el momento de que todos nos pongamos manos a la obra. Más vale tarde que nunca.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11182586-6230610523121593232?l=nabarra.blogspot.com'/></div>Garatehttp://www.blogger.com/profile/06061374322838649781noreply@blogger.com0