tag:blogger.com,1999:blog-111318332009-02-21T02:09:57.710-08:00Nadie encendía estas lámparasPágina sobre las imposibilidades del diálogo.
Recuerde: quedarse callado no es lo mismo que guardar silencio.johann pagehttp://www.blogger.com/profile/13805599382861240811noreply@blogger.comBlogger19125tag:blogger.com,1999:blog-11131833.post-1142024186435821652006-03-10T12:52:00.000-08:002006-03-10T12:56:26.456-08:00Para no temerle a la muerte<a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3195/890/1600/poesiaenformadepajaro.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3195/890/400/poesiaenformadepajaro.jpg" border="0" /></a><br /><strong>un día tú un día<br />abrirás esa puerta y me verás dormido...</strong><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11131833-114202418643582165?l=nadieencendiaestaslamparas.blogspot.com'/></div>johann pagehttp://www.blogger.com/profile/13805599382861240811noreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-11131833.post-1138649803436603592006-01-30T11:28:00.000-08:002006-01-30T11:36:43.460-08:00FINAL DE LA AGONíA<a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3195/890/1600/doisneau_fallen_horse.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3195/890/400/doisneau_fallen_horse.jpg" border="0" /></a><br /><strong>TRANQUILOS. ESO ES TODO. TIRO DE GRACIA. ADIÓS. </strong><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11131833-113864980343660359?l=nadieencendiaestaslamparas.blogspot.com'/></div>johann pagehttp://www.blogger.com/profile/13805599382861240811noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-11131833.post-1134579457642803112005-12-14T08:55:00.000-08:002005-12-14T09:00:22.246-08:00Una singular propuesta<a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3262/767/320/portada%20ezio.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 230px; CURSOR: hand; HEIGHT: 315px; TEXT-ALIGN: center" height="397" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3262/767/320/portada%20ezio.jpg" border="0" /></a><br />Un saludo desde acá.<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11131833-113457945764280311?l=nadieencendiaestaslamparas.blogspot.com'/></div>johann pagehttp://www.blogger.com/profile/13805599382861240811noreply@blogger.com9tag:blogger.com,1999:blog-11131833.post-1132092767432877472005-11-15T14:07:00.000-08:002005-11-15T14:12:47.453-08:00HOTEL EUROPA<a href="http://pics-04.hi5.com/userpics/204/100/100079204.img.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 293px; CURSOR: hand; HEIGHT: 412px; TEXT-ALIGN: center" height="439" alt="" src="http://pics-04.hi5.com/userpics/204/100/100079204.img.jpg" border="0" /></a><br /><strong>Bienvenidos.</strong><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11131833-113209276743287747?l=nadieencendiaestaslamparas.blogspot.com'/></div>johann pagehttp://www.blogger.com/profile/13805599382861240811noreply@blogger.com4tag:blogger.com,1999:blog-11131833.post-1131927609340235692005-11-13T16:18:00.000-08:002005-11-13T16:20:09.356-08:00Manía del silencio<a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3195/890/1600/robert_walser_5.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3195/890/320/robert_walser_5.jpg" border="0" /></a><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11131833-113192760934023569?l=nadieencendiaestaslamparas.blogspot.com'/></div>johann pagehttp://www.blogger.com/profile/13805599382861240811noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-11131833.post-1124832108136458812005-08-23T14:18:00.000-07:002005-08-23T14:21:48.143-07:00Basta ya<a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3195/890/1600/men%20at%20work%20sign.gif"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3195/890/400/men%20at%20work%20sign.gif" border="0" /></a><br /><br /><strong>Adiós. Mejor a trabajar.</strong><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11131833-112483210813645881?l=nadieencendiaestaslamparas.blogspot.com'/></div>johann pagehttp://www.blogger.com/profile/13805599382861240811noreply@blogger.com12tag:blogger.com,1999:blog-11131833.post-1123092317293327282005-08-03T11:02:00.000-07:002005-08-12T15:05:50.190-07:00Cortázar remite<div align="justify"><a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3195/890/1600/Crot??zar1.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3195/890/400/Crot%3F%3Fzar1.jpg" border="0" /></a><br /><strong>Hace algunos días -varios, en realidad-, atravesaba por un momento algo jodido en cuanto a la decisión de la escritura</strong>. No podía encontrar el camino para arrancar la novela que estoy preparando; los apuntes me miraban aburridos desde el filo del escritorio, los libros se empujaban con el hombro para acercarse hacia mí en un intento de ayuda, de obtener la cita adecuada, la frase que habrá de iluminar todo y bajo cuya luz, a modo de un entusiasta espeleólogo, lograría adentrarme y guiarme en la enorme cueva que tenía en la cabeza y que quería convertir en historia. En fin, para no ponerme melodramático, diré que, simplemente, no encontraba el camino para poder empezar la condenada novela y me sentía no solo mal, sino inseguro y cansado de tantas dudas. Llegué incluso a pensar que quizás aún no era el momento para emprender la tarea, que quizás todo se trataba de no atacar la historia ni registrarle los bolsillos como un vulgar carterista para obtener de manera egoísta lo que yo tanto buscaba. Felizmente, ella no me lo permitió. Pensé que ya llegaría su momento.</div><div align="justify">Sumado al desánimo de esos días, me tocó corregir el libro de de Benjamin Quark, y escuchar de uno y otro lado el asunto ese de la polémica andinos-criollos. Lo primero fue grato, pero también complicado porque requería mano firme; lo segundo fue una mierda, porque la verdad es que estaba absolutamente cansado de escuchar las sandeces y patéticas intervenciones de cada bando. Lo peor: nisiquiera era un pelea, apenas un intento de coquetería y exhibicionismo. Después vino la Feria del Libro, y la correción de la novela de mi amigo Ludo, la cual aún no acabo. Todas las voces reunidas para gritarme al oído que había que escribir, y bien. La cosa se ponía complicada. Pero lo interesante es que de aquellas labores la duda misma sobre la escritura se hizo más intensa, y cada vez más exasperante. Llegué a un punto cercano a la inacción absoluta; me encerraba a leer sobre cualquier otra cosa que no pudiera hacerme acordar de la historia en mi cabeza. Etapa de negación total. La verdad, debo admitirlo, es que llegué a sentirme algo triste. Quizás la literatura -escribir "bien" puede hacerlo cualquiera- no es para todos, pensé.</div><div align="justify">Pero de pronto, como siempre sucede, un libro me habló. No dijo nada cierto, desde luego, pero las certezas y apropiaciones las convoca uno mismo. Eran las cartas de Julio Cortázar. En especial, un conjunto de ellas. Dirigida a su buen amigo, el cineasta Manuel Antín, a raíz del estreno de la película Intimidad de los parques, la cual se basaba evidentemente en algunos cuentos de Cortázar, este se ve en la necesidad de describirle la ingrata y decepcionante experiencia que para él ha sido el filme. Pero en un principio, se contiene, y le envía apenas unas cuantas líneas concesivas con la esperanza de reunirse en alguna ocasión para discutir las razones de su malestar. Pero Manuel Antín le exige respuestas, y se desencandena de ese modo lo que estaba contenido. Sin duda, la carta fechada el 5 de abril de 1965 no sospechaba lo que llevaba dentro de sí: incluia otra carta, desgarradoramente amable, fechada el 21 de marzo, y que Cortázar le había escrito a Antín la misma noche del estreno. Contenía severas críticas a la película, así como una desesperante e irrefutable argumentación de las razones de su decepción. </div><div align="justify">Hasta el momento, nunca había leído una carta que con tanta paciencia, cuidado, quietud y cariño demoliera a alguien que se admira y se quiere. Es más que obvio que no solo quien la leyó sufrió mucho al tenerla en sus manos, sino también quien, a pesar de la amistad y el vínculo de años, decide en nombre de esa misma amistad, decir las cosas sin tapujos ni condescendencia.</div><div align="justify">Esa devastadora carta del 21 de marzo, entre otras cosas, decía:</div><div align="justify"><em></em></div><div align="justify"><em>Querido manuel: preferiría no tener que escribirte esta carta, pero a la vez sé que no puedo dejar de hacerlo. Acabo de ver <a href="http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/memorias/entrale_autor/discografia/discocor.htm">Intimidad de los parques</a>, con Aurora y algunos amigos -peruanos, españoles, argentinos y salvadoreños-. Si alguno de ellos me hubiera demostrado de alguna manera que estoy equivocado podría vacilar antes de decirte todo lo que sigue, pero creo que nunca he encontrado tanta unanimidad en el desconcierto, en el rechazo, en la no comprensión. Me pasé la noche interrogando a mi mujer y a alguno de esos amigos, buscando y buscándote. No he encontrado nada, y te escribo para decirte que tu película, alta y esforzada como es, ambiciosa y sin concesiones, como todo lo tuyo, se estrella una vez más en una especie de soledad, de incomunicabilidad que termina por exasperar y fatigar (...); porque el universo de esta película es también mío, y ocurre que tampoco consigo entrar en él, tampoco entiendo ni siento nada.</em></div><div align="justify"></div><div align="justify">Pero decía también otras cosas. Resaltaba algunos aspectos útiles y acertados del film. Motivaba, como solo lo puede hacer un amigo que comparte el dolor del fracaso junto a otro, a buscar de nuevo la vía perdida de la cual Antín, aparentemente, parecía haberse extraviado. La carta reclama a gritos a aquel artista que en algún momento, inmerso en su labor, extraviado, perdido, inundado pero en su propio mundo, le había conmovido a Cortázar y generado a su vez la admiración mutua sobre la cual toda amistad se funda.</div><div align="justify"></div><div align="justify"><em>"... tengo que rendirme a la evidencia de que no has conseguido transmitir tus intenciones, que hay una obra muy hermosa, pero muy fragmentaria, de la que se sale con un sentimiento desagradable de frustación. No entiendo cómo tus amigos y colaboradores de Buenos Aires, si son sinceros y lúcidos, no te han prevendio contra eso cuando todavía era reparable. Yo desde aquí, no he podido más que asistir al hecho consumado, y me duele mucho. Pienso en lo que sentirás cuando leas estas líneas y quisiera no mandártelas. Pero haría mal, y no me agradecerías, creo, un silencio hipócrita o los eufemismos de la práctica en estos casos. Te espero en otra película, tal como te encontré en </em><a href="http://www.otrocampo.com/festivales/lacinemafe01/lacifraimpar.html"><em>La cifra Impar</em></a><em>."</em></div><div align="justify"></div><div align="justify">Hay cartas, ahora lo pienso mejor, solo llegan en un momento preciso. Antín lo debe haber descubierto. Pero seríamos necios al pensar que los destinos son únicamente aquellos delineados en las caras de los sobres. Eso lo descubrí, conmovido, al finalizar aquella carta.</div><br /><div align="justify"><em>"Tengo confianza en vos, en la medida en que venzas los demonios de la incomunicación en que pareces moverte ahora. Siempre estaré a tu lado, siempre seré tu amigo. Perdóname una carta tan amarga.</em></div><div align="justify"><em>Julio"</em></div><br /><div align="justify">Sí, demasiado necios. Luego doblé la carta. La guardé con las demás en el cajón. Imagino ahora a Antín molesto y frustrado ante la abrupta apropiación que hemos llevado a cabo otros lectores y yo de esta singular carta. Pero él ya anda muerto hace mucho y a Cortázar quizás le importe menos. De todos modos, yo la encontré entre mis libros. Y así, los apuntes de la novela abandonarían la modorra pocos días después. Otros más se le unirían. Las polémicas continuarían con su lejano graznido. Las correcciones de libros ajenos siempre serán útiles para uno mismo.</div><div align="justify">Tengo ganas de hundirme entre las páginas de mi propio libro, quizás ahogarme en él. Saber que una respuesta se gesta. Naturalmente, las cartas siempre se responden de la única manera en que sabemos, incluso si aquel a quien está dirigida ya no anda más entre estos lados. Es lo de menos. </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11131833-112309231729332728?l=nadieencendiaestaslamparas.blogspot.com'/></div>johann pagehttp://www.blogger.com/profile/13805599382861240811noreply@blogger.com29tag:blogger.com,1999:blog-11131833.post-1123091362999936802005-08-03T10:46:00.000-07:002005-08-04T00:25:47.123-07:001922. El año que rompí conmigo<div align="justify"><a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3195/890/1600/Tapa%2019221.jpg"><img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3195/890/320/Tapa%201922.jpg" border="0" /></a><br />Cuando conocí a <a href="http://edwinchavez.blogspot.com/">Edwin Chávez</a> fue por circunstancias poco amables: él sería el corrector de mi libro. Es decir, sería ese descuartizador inclemente que podaría las balbuceantes palabras que sobraban de mi primer libro de cuentos. Sin duda, mi actitud incial no pudo ser otra más que la del recelo y de la vanidad conjugados; ¿qué otra cosa se puede esperar del escritor que recién se inicia y que por primera vez se atreve a exhibirse frente a otros? ¿Hacia dónde voltear el rostro cuando llegue el momento de las críticas y los golpes, de los recortes y los párrafos que uno juzgaba precisos ahora tachados, listos a caer en un mejorado olvido? Todo eso era una amenaza: encabezada por mis amigos <a href="http://luishernancastaneda.blogspot.com/">Luis Hernán</a> y Edwin, dicha amenaza era inminente. No había ya marcha atrás. </div><div align="justify">Sin embargo, la experiencia de la corrección resultó mucho más grata de lo esperado, por razones que diré más adelante. Digo, todo esto sucedió cuando conocí realmente a Edwin Chávez; pero cuando hablo de conocer, me refiero a conocer como se conoce habitualmente a una persona brillante: en el sentido incómodo de penetrar en la vida de ese otro hasta encasillarse como un parásito en sus anhelos y sus esperanzas, hasta compartir las nuevas experiencias y, en el caso de Edwin, compartir además los deseos e ingratitudes de la labor de un escritor: es decir, cuando comenzamos a torturarnos uno al otro con nuestras presencias extremadamente cotidianas, osea, cuando finalmente nos hicimos amigos.<br />Pero antes de ese acercamiento, yo ya sabía de Edwin por algunos otros motivos: fuimos alumnos de un peculiar taller de narrativa dirigido por una poeta, y ambos habíamos publicado algunos breves textos en la Colección Underwood que dirige aún Sumalavia. Edwin asistía fervorosamente a las clases de aquel taller, y yo, tonto de mí, veía a mis compañeros con un aire de autosuficiencia del cual poco a poco me he podido desprender. Pero debo reconocer que en un principio, a Edwin también lo observé de aquella informa ingrata, quizás pensando, como todo escritor vanidoso, que sin duda, si me esforzara podría escribir mejor que cualquiera de ellos. Sin embargo, mi mirada hacia Edwin, sesgada desde luego, estaba acompañada de una enorme curiosidad: lo veía, y observaba a un niño –parecía un niño, bueno, ¡¡parece un niño aún!!- con unos referentes muy peculiares frente a los que estaban en ese taller: él hablaba de Lobo Antunes, de Sebald, de Pitol, Bellatín y Bolaño y algunos otros escritores, sumamente buenos, pero lo interesante era la pasión desmedida con que hablaba de ellos. Se emocionaba hasta las lágrimas cuando hablaba de su querido Lobo Antunes; sus ojos brillaban mientras leía Austerlitz de Sebald, y estoy seguro de que alguna vez –claro que esto no lo confesará nunca- debe haber llorado con alguna página de Cortázar o Bolaño. Y esa intensidad para la literatura no solo me sorprendía, sino que a la vez me entusiasmaba, porque de forma declarada él la mostraba ante todos, y yo también deseaba compartir dicho entusiasmo. Puedo decir entonces, que nuestra amistad posterior tiene en la base lo necesario para una amistad intensa –aunque no sé si duradera-: una sana admiración acompañada de una permanente rivalidad. La rivalidad porque también deseamos juntos atravesar este inútil camino de la escritura a pesar de conocer de antemano que no ha de darnos mayores alegrías que las de la escritura misma; y admiración, sí, por las razones mismas que hoy me hacen estar sentado a su lado: el nacimiento de su primer libro y toda su experiencia y conocimientos volcados. Un salto hacia la nada.<br />De su libro, 1922, pues diré que no solo me ha impresionado, sino que me ha hecho sentir algunos destellos de orgullo en varios pasajes. Sé que esos destellos se harán más intensos y más extensos también con la llegada de nuevos libros de Edwin, pero me parece necesario recalcar que son pocos los primeros libros de algún escritor los que me han deslumbrado y hecho esforzarme más en mi propio trabajo. El caso de este libro de cuentos lo ha hecho, y como el tiempo es breve, mencionaré apenas un par de razones para sostener esto que parece un elogio meramente gratuito, pero que de ninguna forma lo es. Por ejemplo, uno de las características más resaltantes del libro es este afán de dialogar con la tradición desde una perspectiva muy personal: y es que en este libro de cuentos, las figuras de Rilke, Kafka, Proust, y Joyce, por mencionar algunos escritores, se convocan para aparecer en pequeños instantes, marcos, para presentar pequeñas fotografías de sus emociones. Ustedes se preguntarán cómo es posible meter en un mismo saco a tamañas figuras literarias, pero es posible, siempre y cuando no se cometa el error de elevarlos como dioses inalcanzables, sino de domarlos, domesticarlos como las bestias que en realidad fueron: humanos también, a pesar de la opinión de algunos. Y ese es el primer mérito que debo reconocer en el libro de Edwin: no existen figuras idealizadas y retóricas de Joyce ni de Proust ni los antes mencionados, sino que Edwin ha logrado darles, a través de una anécdota diminuta, conferirles humanidad de nuevo:<br />Curiosamente, unos versos de Rilke me sirven de pronto para graficar este proceso:<br /><br />“He aquí el animal que no existe./Ellos no lo conocían, pero teniendo en cuenta todo/ -su caminar, su porte, su cuello/ y hasta la luz de su mirada silenciosa- lo amaron"<br /><br />Para los autores de ficción, como Edwin, estoy seguro de que estos versos describen de alguna forma lo que ellos hacen a diario: intentar que los personajes que crean existan de verdad, que se conviertan en carne, con penas y desgracias también, que sean. Y todo esto es importante, porque en literatura, hasta la infelicidad se inventa. </div><div align="justify">Lo escrito por Edwin no difiere de algunos otors puntos de vista sobre estos grandes escritores, pero al leer sus cuentos, tengo la impresión de que él ha sido conciente de un hecho que es para mí cada vez más claro: cada lector se encuentra a sí mismo. Creo que nadie lo dudará a estas alturas. El trabajo del escritor consiste entonces en convertirse en una suerte de instrumento óptico que permite al lector discernir sobre algo propio que, sin el libro, quizás nunca hubiese advertido. Allí está entonces la mano firme del escritor que empieza, se tropieza y se levanta. El deseo y la pasión nos hace amar eso que nos hará sufrir. Tropezar de nuevo.<br />Decir algo más de Joyce o de Proust sería vano; chiquillos enfermizos, al igual que Rilke, llorones y miedosos disfrazados de almas sensibles. Para nadie es novedad que Joyce, a diferencia de la valentía que sentía cuando le escribía obscenidades a Nora Barnacle, se escondía de los truenos y las tormentas como si fuera una rata asustada; o de Proust, lo que habrá sufrido al saber que Alfred Agostinelli, su único amante muere en uno de esos asesinatos a medias: se estrella cuando piloteaba una avioneta que el propio Proust le había regalado. En todo caso, quizás esas experiencias, lo más que hicieron fue activar su afán puntilloso y meticuloso con respecto a lo que en verdad querían de la vida. En los cuentos de Edwin, esos deseos están ocultos ya, camuflados bajo la lupa de la distancia y la sobriedad y es solo la punta del iceberg sentimental de estos desadaptados la que vemos y ustedes verán, y habrán de sentirse conmovidos por lo que retumba bajo esos personajes.</div><div align="justify"></div><div align="justify">Cada nuevo libro genera una sensación de delicada orfandad, de laboriosa convalecencia. Hay que recuperarse un tiempo y medir luego, a la distancia, el verdadero valor de las páginas ya impresas. Estoy seguro de que algo se ha quebrado en Edwin después de este parto asistido del cual somos testigos. Así se trate de 1922 o de algún otro año representativo para la literatura: el año es al final una excusa, un mero título; lo que vale es la idea final que engloba: 1922, el año que habrá de quebrarte, Edwin, que ha de romper contigo cuando aventures cualquier nuevo proyecto de ahora en adelante, será la obra que habrá de perseguirte de modo eterno como te perseguirá la autocrítica y el afán de superación. Pero allí estará siempre tu libro, como una sombra tras los arbustos, acosándote. Lo más seguro será que detestemos esas sombras, pero, al pensar en el libro de Edwin, otros versos de Rilke me son más precisos: "¿Victorias? ¿Quién habla de victorias? Sobreponerse/ salir airosamente es todo". Que el muro de cada nueva obra, Edwin, labrado a mano desnuda, sea un peldaño más entonces. No hay victorias en este juego. Creo que todo esto ya lo sabes.</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11131833-112309136299993680?l=nadieencendiaestaslamparas.blogspot.com'/></div>johann pagehttp://www.blogger.com/profile/13805599382861240811noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-11131833.post-1120711177185027252005-07-06T19:13:00.000-07:002005-07-06T22:00:53.646-07:00Batman inicia: la verdadera máscara bajo el rostro<a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3195/890/1600/800_e1.jpg"></a><br /><div align="justify"><a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3195/890/1600/1%20eye%20Batman.jpg"><img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3195/890/320/1%20eye%20Batman.jpg" border="0" /></a><strong>El estreno de la película </strong><a href="http://www2.warnerbros.com/batmanbegins/"><strong>Batman Inicia</strong></a><strong> ha causado un entusiasmo abrumante para los amantes del cine sobre superhéroes.</strong> Atrás quedaron las decepcionantes cintas protagonizadas por el insufrible George Clooney -y su única y <a href="http://homepages.compuserve.de/poll0815/images/batman3.jpg">desesperante sonrisa</a>- y las disforzadas y superhollywoodenses participaciones de Alicia Silverstone, Jim Carrey, Chris O´donell e incluso del Terminator Schwarzenneger, todos convertidos en modelos de pasarela gracias a sus <a href="http://www.americanphoto.co.jp/pages/eiga/HA/Previews/Plans-33699.jpg">eróticos y galácticos disfraces</a> que, ridículamente y como novedad, se caracterizaban por mostrar los pezones de cada uno. Un producto evacuable que jamás hizo mérito al apasionante conflicto que sostiene al famoso personaje. Sin embargo, la versión fílmica más aceptada por la crítica ha sido, desde luego, aquella de 1989 dirigida por el no menos famoso Tim Burton. Sin duda, la elaborada visión de este director sobrepasa los propios méritos de su película en la medida en que abre una brecha en la filmografía de superhéroes y le otorga una visión sumamente obscura y violenta al manoseado murciélago. Pero es precisamente por esas razones que la película Batman Inicia ha causado quizás tanto revuelo. La superación del paradigma impuesto por Burton -la de un director que respeta su visión y la persigue a través de la textura de la cinta, el aspecto monocromático y la exploración (a medias) de la sensibilidad de su personaje- se debe, creo, a la acentuación del conflicto dramático que sobrepasa, para mi gusto personal, a cualquier otro personaje de cómic existente. Lo espectacular de las primeras versiones sobre Batman ha sido reemplazado en esta nueva cinta por el drama de un niño que es obligado a abandonar su condición y a enfrentarse abruptamente a una realidad desmesurada e incontrolable de la que apenas tenía conciencia. El rito de pasaje es permanente para Bruce Wayne: al caer en el pozo y ser atacado por los murciélagos, el niño Wayne desciende hacia su propio miedo y es este el que genera el drama que lo atormenta a través de toda su vida; pero, peor aún, es su propia incapacidad de afrontar ese miedo la culpable de la pérdida de sus padres. Es decir, la culpa agolpada de Bruce brotará a borbotones de sus poros a través de toda su vida. Y, como consecuencia inevitable de este proceso, se piensa, es cuando nace ese lado obscuro de su personalidad y se convierte en Batman. Sin embargo, este punto en particular, a raíz de esta película, para mí ha cambiado radicalmente. Ahora sé que Batman, en realidad, no es Bruce Wayne.</div><div align="justify"><strong>¿Quién es Batman realmente? O, mejor aún, quizás la pregunta de rigor es ¿quién interpreta a quién en la dicotomía Bruce/Batman?</strong> Mito 1: Bruce Wayne cae en un pozo lleno de bichos y se trauma de por vida. Mito 2: Por culpa de ese miedo obliga a sus padres a salir del concierto de ópera y les encajan un balazo a cada uno de ellos; el trauma se afianza. Mito 3: la imposibilidad de Bruce de luchar contra ese sentimiento de culpa lo vuelve un desadaptado social y luego, después de probar la fría corteza del mundo real, se convierte en un idealista en busca de venganza y justicia -sí, en busca de los dos elementos, no incompatibles en el caso de Bruce-. Mito 4: Bruce se convierte en Batman utilizando la figura de la imagen que lo atormenta, como señala en la película cuando Alfred le pregunta por qué los murciélagos. "Porque me dan miedo", responde Bruce, impasible. "Quiero que mis enemigos compartan también ese miedo". </div><div align="justify">Sin embargo, de todos estos mitos o creencias ya instaladas, solo me queda decir que todas son ciertas en gran medida, pero todas imprecisas debido a un leve pero medular matiz en la cadena: la saga del personaje de Batman no se trata acerca del acaecimiento y afianzamiento de un trauma en la vida de un niño llamado Bruce Wayne; se trata, simplemente, de la creación y nacimiento del superhéroe. <strong>Es este quien interesa finalmente: Bruce wayne, entonces, no es Batman, no se convierte en él. Batman ya estaba allí esperando ser descubierto. Bruce wayne es apenas una excusa para la existencia de Batman. Él existe ya a través de la necesidad del personaje de afrontar cada nueva situación en busca de una inalcanzable venganza disfrazada de sed de justicia.</strong> El trauma no ha de resolverse ni sublimarse. En un momento determinado de la película, el personaje de Rachel señala la clave vital para comprender la naturaleza del conflicto de Batman: "No es lo que uno aparenta lo que nos define; es lo que uno hace". Y allí reside el error metodológico en la terapia del superhéroe de ciudad Gótica: cree que la acción es la respuesta, nunca la sublimación. <strong>Bruce Wayne no se transforma en Batman por las noches para atrapar maleantes: Batman es quien debe adoptar la figura de Bruce Wayne para sostener su implacable carrera hacia el abismo de sí mismo</strong>. No es Batman un súperhéroe entonces, de la manera convencional en que entendemos este concepto, sino que, y aquí reside el valor de este gran personaje, es un hombre que explota las capacidades humanas al extremo en busca de un rostro desfigurado de sí mismo, es decir, en el rostro de cada criminal -recordemos que él estuvo a punto de convertirse en uno-, hampón y enemigo con el que se enfrenta. ¿Cuándo ha de detenerse esa espinosa vía para el hombre murciélago? Unos versos del poeta Renato Sandoval de pronto me vienen a la mente y los creo certeros para la triste condición de este famoso superhéroe: un camino es un camino si es que uno lo detiene, pero una meta si es que nunca se termina. <strong>Batman, entonces, no es el héroe que los pequeños ojos admiran dispuesto a recibir toda clase de golpes y toruras por un mundo mejor. No, su rol es mucho más egoísta, y por ello más humano: es un prisionero desfigurado de su propia condición; jamás podría abandonar su altruista misión de combatir el crimen, y esto porque en realidad nunca combate contra él: combate contra sí mismo.</strong> Y ya sabemos cuál es la única forma de ganar en esa clase de batallas.</div><div align="justify"></div><div align="justify"><a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3195/890/1600/1%20eye%20Batman.jpg"></a><a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3195/890/1600/1%20eye%20Batman.jpg"></a></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11131833-112071117718502725?l=nadieencendiaestaslamparas.blogspot.com'/></div>johann pagehttp://www.blogger.com/profile/13805599382861240811noreply@blogger.com7tag:blogger.com,1999:blog-11131833.post-1117556188854596722005-05-31T08:39:00.000-07:002005-05-31T20:24:38.046-07:00Bloggers peregrinos y el "nuevo" periodismo<div align="justify"><strong></strong></div><div align="justify"><strong>En un artículo publicado por José Claudio Escribano en La Nación</strong>, una polémica espinosa se ha abierto paso: si la capacidad de análisis y propuestas informativas nuevas están al alcance de los llamados <a href="http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=708742&origen=premium">bloggers</a>. En el marco del Foro Mundial de Editores, llevado a cabo en Seúl, Corea, el periodista rescató algunas de las ideas que proponían, desde ambas orillas, la posibilidad de encontrarnos con un medio de difusión de información mucho más acucioso y valioso que los actuales emporios de comunicación, cada vez más presos de un servilismo mediático hacia sus gobiernos de turno; aunque las opiniones contrarias señalaban la necesidad de un establecimiento claro de las legislaciones con respecto al uso de información ajena en dichos bloggers. </div><div align="justify"><em><span style="font-size:85%;">Andrew Nachison, director de The Media Center, de Estados Unidos, dijo que el bloggism proponía algunas nuevas preguntas, como <strong>"¿De dónde viene el periodismo?" y "¿Quién va a pagar el periodismo?". </strong>Esto último fue una invitación a entrar en terreno minado, porque ya hay en Estados Unidos algunos juicios entablados por derechos de propiedad intelectual que podrían haberse violado por parte de sitios que se apoderan del contenido de diarios, de canales de televisión, de radios y de agencias informativas. La agencia France Press ha iniciado uno de esos juicios por apropiación indebida de material en cuya generación invierte fuertes sumas de dinero. Krishna Bharat, inspirador de Google News Creator, integrante del panel, dijo que su compañía no favorecía a ningún medio en relación con otros y que cumplía una función intermediaria, pero sin dar precisiones sobre si pagaba o no por derechos de reproducción de artículos.</span></em></div><div align="justify">Es decir, estos emporios, que gastan miles de dólares en sus "investigaciones" y dan información restringida de acuerdo a lo que más le convenga al gobernante cómplice, piden que no los pirateen. Interesante. </div><div align="justify">Habría que pensar, sin embargo, al margen de la polémica, en las virtudes evidentes de estos bloggers. Por ejemplo, la presión acerca de la "veracidad" de los hechos -noción también manipulable- obliga a los medios informativos y a la prensa en general a ser más acuciosa con la información y menos restringida: callar en estos casos pequeños detalles puede significar ser acusado de haber sido comprado o, en el mejor de los casos, de ser poco transparente. De otro lado, esta suerte de "máscara de la verdad" ha llevado a pensar que, si bien no son lobbies manipuladores los que tergiversan la información, sí es un lugar público predispuesto para el lance y el libelo. Al respecto, se señala en el artículo: </div><div align="justify"><em><span style="font-size:85%;">Hay que hacer un seguimiento serio de los bloggers , propuso Sussman en el panel. Los bloggers son en general periodistas aficionados; también se los llama "perros guardianes" o "periodistas de pie". <strong>Se llega a calificar de "generación de contenido" a lo que ellos hacen, pero esto con una intención un tanto perversa y para consumo de incautos. Sussman advierte que el seguimiento puede confirmar, o no, lo que muchos temen: que los bloggers sirvan de máscara presentable a lobbies renuentes a dar la cara</strong>. Sería un error, en cambio, pretender desacreditarlo todo, dice Sussman. "Nunca me pierdo -precisa- los comentarios de un blogger, profesor de economía de la Universidad del Sur de California, sobre el déficit fiscal de Estados Unidos, porque siempre aprendo algo nuevo.</span></em></div><div align="justify"><em><span style="font-size:85%;"><strong>En la medida en que el común de los ciudadanos participa de la utilización activa de un medio masivo de comunicación, crece la presión sobre la prensa convencional</strong>. La transmisión de partidos de fútbol, recordarán los cronistas deportivos, se hizo más exigente, sobre todo para los profesionales cortos de vista, cuando los hinchas comenzaron a concurrir a los estadios con radios portátiles y a cotejar lo que escuchaban con lo que ocurría en el campo de juego. La crisis que truncó poco tiempo atrás la carrera en la CBS de Don Rather no la provocó tanto el gobierno de Bush como la avalancha de bloggers que puntualizaron los errores de la información delicada que había echado al aire uno de los colaboradores del famoso periodista de la televisión norteamericana.</span></em></div><div align="justify"></div><div align="justify">Lo único cierto hasta este punto es que existe un valor plural en el uso de bloggers y en su difusión. Y es en esa pluralidad en donde sus usuarios buscan refugiar sea sus intereses personales artísticos, periodísticos, exhibicionistas, vouyeristas, etc.; o sea sus intereses vinculados al denuesto, la patada bajo la mesa y la difamación pública. Todo ello, bajo la impunidad del blog, nueva herramienta informativa avalada por muchos y temida por muchos más. </div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"><em>¿Puede ser periodista cualquiera?"-se lee en el artículo de La Nación- Ya se había ido bastante lejos con eso de que "la confianza es la nueva confianza" que se logre acreditar en la inteligencia colectiva que se vaya acumulando en la red global, como para dar por contestada una pregunta de tamaña entidad. <strong>En última instancia, sí, periodista puede ser cualquiera, pero a condición de que esto </strong></em>sea<em><strong> entendido como afirmación de que todos nacemos con el derecho a la libertad de expresión y de que haya lugar para preguntar si cualquiera puede ser odontólogo y sentirse facultado a extraer las muelas del prójimo</strong>.</em></span></div><div align="justify">El avance de esta "nueva forma de periodismo", realmente, no distará mucho de la verdadera situación ya existente y predominante en los recursos de información: ¿es que acaso no existen ya medios abiertos y aceptados para la vejación, el maltrato, el vouyerismo e, incluso, espacios abiertos para los culturosos e intelectuales? La aparición de estos bloggers, y la discusión que han generado, han llevado al terreno personal lo que ya a nivel macro era pan de cada día: manipulación de la información, tergiversación con fines personales, ampliación de noticias restringidas al común, ilusión de expresión y reflejo en el espejo esquivo de nuestra sociedad. Papel en blanco para todos. </div><div align="justify"></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11131833-111755618885459672?l=nadieencendiaestaslamparas.blogspot.com'/></div>johann pagehttp://www.blogger.com/profile/13805599382861240811noreply@blogger.com5tag:blogger.com,1999:blog-11131833.post-1117415104643594992005-05-29T18:03:00.000-07:002005-05-29T18:05:04.650-07:00Un cuento ajeno...<div align="justify">Antes de abandonar la casa, volteó la mirada hacia la habitación. En silencio, divisó entre la obscuridad unos rostros semiocultos bajo las sábanas. Aún quedaban unos cuantos minutos. Los usó para enderezar un cuadro grande del salón y para pensar, mientras salía, en si las llamas se verían desde el camino, y qué tan alto.</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11131833-111741510464359499?l=nadieencendiaestaslamparas.blogspot.com'/></div>johann pagehttp://www.blogger.com/profile/13805599382861240811noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-11131833.post-1116197078870708192005-05-15T15:44:00.000-07:002005-05-16T10:15:43.993-07:00Lara clonada<a href="http://photos1.blogger.com/img/134/3848/640/Perro%205.jpg"><img style="BORDER-RIGHT: #660066 1px solid; BORDER-TOP: #660066 1px solid; MARGIN: 2px; BORDER-LEFT: #660066 1px solid; BORDER-BOTTOM: #660066 1px solid" src="http://photos1.blogger.com/img/134/3848/400/Perro%205.jpg" border="0" /></a><br /><br /><div align="justify"><strong>No, no es un comercial de Benneton</strong>. Son los nuevos hijitos de Lara, los cuales nacieron, extrañamente, 2 meses después de la visita de Tyson y Ludo. A pesar de las sospechas, Lara lo niega todo y bueno, cada quien sabe lo que su corazón guarda en lo más profundo. Sin embargo, Lara ha estado trayéndome en su hocico folletos de paternidad responsable. Y la asociación "Dignidad Zarai" me ha estado jode que te jode. Yo sigo diciendo que es número equivocado. ¿Cuánto más negaré lo que es obvio?</div><div align="justify"></div><div align="justify"><a href="http://www.hello.com/" target="ext"><img style="BORDER-RIGHT: 0px; PADDING-RIGHT: 0px; BORDER-TOP: 0px; PADDING-LEFT: 0px; BACKGROUND: none transparent scroll repeat 0% 0%; PADDING-BOTTOM: 0px; BORDER-LEFT: 0px; PADDING-TOP: 0px; BORDER-BOTTOM: 0px" alt="Posted by Hello" src="http://photos1.blogger.com/pbh.gif" align="absMiddle" border="0" /></a></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11131833-111619707887070819?l=nadieencendiaestaslamparas.blogspot.com'/></div>johann pagehttp://www.blogger.com/profile/13805599382861240811noreply@blogger.com6tag:blogger.com,1999:blog-11131833.post-1115592725472886682005-05-08T15:52:00.000-07:002005-06-01T22:45:52.623-07:00Los nadadores<div align="justify"><a href="http://photos1.blogger.com/img/134/3848/640/nadadores.jpg"><img style="BORDER-RIGHT: #660066 1px solid; BORDER-TOP: #660066 1px solid; MARGIN: 2px; BORDER-LEFT: #660066 1px solid; WIDTH: 204px; BORDER-BOTTOM: #660066 1px solid; HEIGHT: 365px" height="386" src="http://photos1.blogger.com/img/134/3848/400/nadadores.jpg" width="191" border="0" /></a><br /><br /><strong>Gracias a ti, </strong><a href="www.edwinchavez.blogspot.com"><strong>Quark</strong></a><strong> <http:>, un recuerdo que no sé si llamar triste</strong>, me ha venido a la mente. Cuando tenía apenas 12 años -edad terrible y bella a la vez, en la cual duelen mucho más las humillaciones-, competí en las olimpiadas internas de mi colegio representando a mi promoción.<br />El deporte era natación, y yo, que sabía nadar bastante bien, me aventé a la aventura y, literalmente, a la piscina. Recuerdo de ese día las caras eufóricas de mis amigos, las banderolas en las tribunas de la piscina de mi colegio, a mis porfesores expectantes, algunos con rostros sombríos. La atmósfera era de suspenso justo antes de mi esperada competencia: 50 mts. libre. Recuerdo que subí al podio para lanzarme, y una sensación de escalofrío a causa de la exhibición al estar allí, frente a todos, elevado sobre mis competidores y amigos, fue lo más nítido de ese día.<br />Varios años después, la broma siempre era la misma, y las variaciones, siempre matizadas con alguna nueva perspectiva, nunca dejaban de sorprenderme. Algunos de mis amigos, ahora ya viejos y medio panzones, con miradas de que la vida se escapa entre los dedos, afirman aún que pude haber ganado; que nadé con gran fuerza, que mi performance fue arrebatadora y mi tiempo fue excelente. No lo fue tanto como para haber podido ganar las olimpiadas generales, pero sí quizás para reanimar el alicaído puntaje de mi promoción. Estos amigos, siempre fieles, luego de afirmar estas cosas, siempre terminan riendo junto a los otros porque la realidad siempre es un contraste infeliz de lo que hubiéramos deseado.<br />Juro haber escuchado la partida. Juro haber nadado con toda la fuerza de la cual disponía en ese momento de tensión adolescente. Sé que casi me ahogo luego de la vuelta olímpica y admito que sospechaba ya algo extraño antes de llegar a los 40 metros, poco antes de finalizar la carrera. Lo que nunca pude saber con certeza fue lo estruendoso que había sido el intento por detenerme en la carrera por parte de esos amigos, porque ni bien me arrojé en una evidente partida falsa -de la que jamás me percaté-, nadé y nadé y el agua de esa piscina que nunca más he vuelto a ver era el único fondo que yo desaba para esa posible victoria. Victoria que nunca llegó, claro está. Pero sí la humillación al ser sacado de la piscina, la verguenza oculta mientras mis compañeros de promoción me explicaban con sumo detalle que quizás, de haber nadado así en la carrera oficial -para la cual ya no pude competir, ni quería tampoco-, habría podido ganar. El hecho se olvidó algunos meses después. Sin embargo, en esos nefastos reencuentros, siempre sale a la luz, aunque sea brevemente, la funesta anécdota.<br />En esos momentos, cuando mis amigos se han marchado ya a sus casas a sus vidas civiles y la historia tragicómica ha dado vueltas de nuevo de boca en boca, trato de recordar en qué pensaba ese día cuando nadaba desaforadamente intentando alcanzar una meta inexistente, una meta negada desde un inicio (por mi estúpida partida falsa) pero cuya negación yo no sospechaba. Trato de recordar, y siempre me desconcierta la notoria semejanza con la sensación de ahogo que me produce la escritura. Porque ante la página en blanco, me es fácil recordar ese escalofrío, la humillación posible al salir del agua, y sentir que la carrera, a la cual me entregué con ímpetu y en la cual he lo había dejado todo, nunca sirvió para nada.<br />Sin embargo, también recuerdo que esa vez yo sonreía bajo el agua. Sonreía -lo he descubierto algunos años después- porque sabía, después de cada férrea brazada, que nunca iba a poder ganar. Bajo ese manto de agua que habría de consolidar una de mis peores humillaciones juveniles, sonreía. Y ahora sé que es, simplemente, porque nunca antes había nadado mejor que en esa inservible carrera. Y solo a mí me importaba.<br /><a href="http://www.hello.com/" target="ext"><img style="BORDER-RIGHT: 0px; PADDING-RIGHT: 0px; BORDER-TOP: 0px; PADDING-LEFT: 0px; BACKGROUND: none transparent scroll repeat 0% 0%; PADDING-BOTTOM: 0px; BORDER-LEFT: 0px; PADDING-TOP: 0px; BORDER-BOTTOM: 0px" alt="Posted by Hello" src="http://photos1.blogger.com/pbh.gif" align="absMiddle" border="0" /></a></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11131833-111559272547288668?l=nadieencendiaestaslamparas.blogspot.com'/></div>johann pagehttp://www.blogger.com/profile/13805599382861240811noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-11131833.post-1113704304456271772005-04-16T18:23:00.000-07:002005-04-17T14:03:14.563-07:00De generaciones: bajo la luna crítica, tomémonos de las manos<div align="justify"><strong></strong></div><div align="justify"><strong></strong></div><div align="justify"><strong></strong></div><div align="justify"><strong>Qué grato sentir el cobijo de la cadena</strong> que ahora nos une a mí y a mis presuntos compañeritos de "generación", tan joven, tan larval, tan a gatas. Y tan inexistente además, como vengo a enterarme en una nota del siempre interesante suplemento <a href="http://www.elperuano.com.pe/identidades/82/generos.asp">Identidades</a>, gracias a la pluma del crítico <a href="http://agreda.blogspot.com/">Ágreda</a>, siempre más listo y anhelante que un boy scout frente a una cuerdita y su nudo posible. Tendré que pensar en la forma más drástica de que esta mención, que para algunos puede ser motivo de oculta satisfacción, no cambie mi forma de ser y comience a pensar que, en realidad, la literatura vale en algo la pena.</div><div align="justify">Creo que no debemos perder el tiempo mordiéndonos la cola tratando de buscar parentescos -obviamente existentes para cualquier lector mínimamente competente- en nuestros primeros libros. Podría ser nuestro padre Cortázar, es cierto. Sin embargo, sería útil no acudir siempre al mismo referente y quizás habría que leer mejor a Kafka y a <a href="http://www.felisberto.org.uy/PrologodeCortazar.htm">Felisberto Hernández</a>; o simplemente ampliar el horizonte y dejar de pensar que convertir a un trío de escritores en una "generación" antes que nadie, va a hacer que el rol de crítico se eleve por sobre la opinión pedestre: a nadie le importan esas tonterías; y si es así, allá ellos, los clonados literarios. </div><div align="justify">Pero por qué no pensar mejor en lo que mi amigo y escritor <a href="http://edwinchavez.blogspot.com/">Quark</a> propone: pensemos religiosamente en que escribimos mejor que Cervantes; que Bufalino puede competir con él, y, por defecto, nosotros con él; que nuestra brújula es la mera sugestión y escribamos, escribamos, escribamos, hasta que, desde esta posición sobresaliente en que creemos encontrarnos, quizás nuestros libros también lleguen a pensar que superan en algo al silencio. Y se sientan bien escritos, coherentes, luminosos. Los pobres. </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11131833-111370430445627177?l=nadieencendiaestaslamparas.blogspot.com'/></div>johann pagehttp://www.blogger.com/profile/13805599382861240811noreply@blogger.com11tag:blogger.com,1999:blog-11131833.post-1112331332477387522005-03-31T20:55:00.000-08:002005-03-31T20:59:59.256-08:00Mecánica de suelos<a href="http://photos1.blogger.com/img/134/3848/640/suelo2.jpg"><img style="BORDER-RIGHT: #660066 1px solid; BORDER-TOP: #660066 1px solid; MARGIN: 2px; BORDER-LEFT: #660066 1px solid; BORDER-BOTTOM: #660066 1px solid" src="http://photos1.blogger.com/img/134/3848/400/suelo2.jpg" border="0" /></a><br /><br /><div align="justify"><br /><strong>Levantarse sospechando del mundo</strong> y, desde el precipicio de la cama, estirarse al viento unos minutos como una sábana blanca. Cortar con paciencia de gato la gruesa malla de aire que crece entre esa cama y las demás habitaciones que aún no despiertan. Practicar una vez más la odiosa limpieza general de cavidades y luego encenderse los párpados con cuidado en los espejos del baño; el agua tan fría en los andenes de la espalda para luego soportar el saco y la camisa, esa nueva piel como un hábil disfraz de hombre, la prisión de tela que envuelve eficaz esa otra inhabitable, la de carne.<br />Presentir el llamado de la escalera, la voz quebrada de cada ángulo del escalón pronunciándose hacia la marea de anteojos y bigotes que anidan en las cabinas de teléfono o entre los bulevares. Andar con paso lento adivinando el adoquín infinito, la masa posible de arena hecha suelo y que ha dormido muy quieta en nuestra calle tan herida y nada cambia entonces, todo permanece, todo navega sobre ese suelo que cae hacia arriba, sobre nosotros y sobre los zapatos lustrados aplastándonos con toda su fuerza, el miserable.<br />Pero él no sabe que sabemos, ni tampoco nosotros sabemos que él sabe; la comunicación en el ómnibus es contemplarse profundo el ombligo mientras las calles transitan por los ojos. El suelo es una alfombra de nube que permanece quieta y transcurre paciente sin nuestra ayuda hasta que el mundo se agota; y entonces ojalá que su quietud sea cierta, ojalá que en su alocada carrera ese suelo que conocemos caiga entonces por el vacío de las calles aún no construidas, aquellas en las que los obreros se rascan la cabeza y hunden las palas sometiendo por instantes el pelaje de esa bestia; y luego, caminando a la oficina, a uno le crece un llamado en los oídos, una sensación aplastante de que todo va muriendo en silencio frente a nosotros, de que todo agoniza en nuestra mirada de plomo como las casas y el universo se convierte en saludar con deferencia al colega, fundirse al escritorio de mármol y reorganizar nuevamente, un día más, los rostros callados de nuestros calendarios.<br />Qué castigo entonces ni siquiera poder pensar en nuestras piernas indefensas contra la microscópica partícula bajo la suela, la que ha tenido años para planear el fatídico golpe junto a otras partículas más, más grandes y más nutridas también, seguro; esas que también ríen en silencio entre las hebras de la alfombra de nuestra oficina y no le temen a los diarios ni a las dictaduras de los persistentes enfermizos o de los más profilácticos; pensar que esa bacteria ha logrado esa ventaja estratégica, esa planificación envidiable, mientras uno se lava los dientes con escobillitas absurdas cuyo alcance se acorta más y más cada semana ante la sentencia del espejo del baño .<br />Y, allí en la oficina, entre castillos de informes, sellos clavando sus dientes en la piel de las hojas, levantamos la vista y la tortura continúa hasta el golpe de las manecillas sobre los ojos. La tarde que aúlla y después se limpia el escritorio, se prepara el trabajo de mañana y uno se despide de ese mismo escritorio, de los colegas y sus horas extra y vuelve callado a naufragar en el río de las avenidas limeñas. Luego se camina pisando ligero la tarde de piedra mientras la calle es un solo grito de flores cortadas, una corriente helada que sube por las medias hasta las rodillas, que nos obliga a caer vencidos en algún parque sin salvación con el termo de café que la señora de la pensión nos ha preparado. Beber a sorbos la vertiginosa marea de rostros que desfilan y que nada sospechan del latido bajo sus pies, una recua de cigarrillos fumándose unos sacos azules y faldas, la aventura de ser ignorado sentado allí en nuestra banca azul de este parque mientras los pájaros circulan civilizados en las olas hirvientes de café que estallan en la lengua, con el museo al lado y el feroz paradero que es un desagüe, una ruta de escape para el anteojo suicida, un obscuro drenaje de ojos que nos devolverá implacable a nuestro origen. Todo eso que son los parques de Lima por la tarde, anda a ver tú qué panorama.<br />Pero, en ese instante, todo es sentir de pronto el temor que se cristaliza y hay que estarse muy quieto; una luz proveniente del suelo que nadie percibe y la lucha librada en nuestras suelas. La batalla que empieza bajo la banca del parque, el grito de guerra y la conquista pausada de una primera partícula, de una primera voz de mando y luego las tropas de avanzada. Pero todo en silencio, en silencio y sin tregua, como atacan las bacterias siempre camufladas bajo la máscara de docilidad del suelo.<br />Entonces (ya muy tarde) solo queda sentir las milenarias fuerzas desplegadas moviéndose constantes y cíclicas entre nuestros pasadores, una llamarada intrusa colgada de nuestros vellos más pequeños e indefensos y que va ascendiendo por nuestras venas bajo la mirada ajena de corbatas que desfilan sobre esa masa posible y silenciosa; ver cómo el mundo se agranda hasta caernos encima y escuchar el grito ahogado en nuestros dientes, la triste escobilla que ya nada puede y su mirada extraviada, sin pena. Caerá el mundo sobre edificios como grandes cactus orgullosos y la batalla que perdura ahora y que ha avanzado hasta nuestros muslos; el termo caliente resbalando y muriendo y nadie que sienta el trabajo callado de miles, de millones de partículas consumiéndonos en apenas segundos; el suelo abriendo su gran boca de grieta y succionándonos con voraz eficacia, la tarde aún de piedra y nadie que presienta siquiera el gatillo ya pulsado, el mortífero avance de las tropas que nos atacan devorando nuestro pecho y hombros -luego será el cuello, la boca, los ojos y fin de la historia- que ya penetran en la melodía siniestra de este adoquín infinito, de la escamosa piel de lo que hemos llamado suelo y que va expulsando su verdadera naturaleza, que se va alimentando de nosotros sin piedad hasta extinguirnos mientras el tráfico endurece y se calla; y la lucha perdura hasta que el viento vuelve a ser cómplice, hasta que vuelve a barrer el cíclico rastro de la lucha milenaria y, mientras aún se aleje por el parque el tumulto de nombres y sombreros (porque nada se altera para el gran adoquín infinito), ningún individuo habrá notado nada, ninguno habrá percibido el susurro callado de lo ignorado; nadie volteará hacia esta banca ahora vacía que aún debe de arder por la angustia. Entonces, para otro sombrero, será luchar de nuevo contra la muralla de la sábana blanca, contra el río de la avenidas y el trabajo atrasado; luego un parque como este, una banca azul también como esta solo que es otro rostro sobre las flores, otro que puede ser cualquiera en cualquier lugar del adoquín infinito; otro saco vacío desapareciendo en un parque presa de fuerzas sutiles y ninguna pregunta; otra vez la lucha milenaria en la alfombra de nube, el rumor oculto del suelo y el hambre insaciable de su voraz mecánica, y ningún ojo atento que entienda nada, ninguno que alguna vez sospeche nada mientras él soporta, estratégico, cuando retorcemos con nuestra suela las colillas aún ardientes de los cigarrillos en sus extensos lomos.<br /> <a href="http://www.hello.com/" target="ext"><img style="BORDER-RIGHT: 0px; PADDING-RIGHT: 0px; BORDER-TOP: 0px; PADDING-LEFT: 0px; BACKGROUND: none transparent scroll repeat 0% 0%; PADDING-BOTTOM: 0px; BORDER-LEFT: 0px; PADDING-TOP: 0px; BORDER-BOTTOM: 0px" alt="Posted by Hello" src="http://photos1.blogger.com/pbh.gif" align="absMiddle" border="0" /></a></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11131833-111233133247738752?l=nadieencendiaestaslamparas.blogspot.com'/></div>johann pagehttp://www.blogger.com/profile/13805599382861240811noreply@blogger.com4tag:blogger.com,1999:blog-11131833.post-1110264086359200372005-03-08T01:47:00.000-08:002005-03-07T22:53:29.800-08:00Nueva sombra del árbol<a href="http://photos1.blogger.com/img/134/3848/640/band_adore.jpg"><img style="BORDER-RIGHT: #660066 1px solid; BORDER-TOP: #660066 1px solid; MARGIN: 2px; BORDER-LEFT: #660066 1px solid; WIDTH: 431px; BORDER-BOTTOM: #660066 1px solid; HEIGHT: 275px" height="224" src="http://photos1.blogger.com/img/134/3848/400/band_adore.jpg" width="404" border="0" /></a><br /><br /><strong></strong><div align="justify"><br /><strong>El día en que llovería, logró entrar en la habitación de Nadia</strong>, pero él ya no perseguía castores. Había perdido la esperanza varios días antes, cuando los encontró detrás del cobertizo, royendo los alambres recién colocados. Entonces supo que las barreras se habían extinguido, que ya los pasos se habían andado uno sobre otro, sin lástima; y cerró las ventanas cuya vista daba al prado, observó por un momento el cielo y las nubes convergentes, y decidió intentar, por fin, ingresar a la habitación en los días venideros, a pesar de las advertencias y los acostumbrados desencuentros. Presintió que llovería próximamente; era casi seguro. Nadia tendría que comprender. Desde entonces, él no perseguía castores.<br />No le costó mucho trabajo desarmar la cerradura. Esta nueva cabaña no poseía impedimentos notorios para la comunicación. No la había diseñado con esos fines, recuerda, cuando empezó a construirla. No quería volver a cometer los mismos errores. Sin embargo, él apreciaba infinitamente más la cabaña anterior; más calma entre las manos, el tiempo justo clavado en cada madero superpuesto, y, sobre todo, menos castores detrás de los árboles, escondidos bajo su sombra cómplice. Por ello pudo laborar con paciencia al construir aquella cabaña. Incluso hubo varios días para el descanso y los adornos, para vestir los cuartos con ropas alegres, sonrisas tras las puertas, caricias que caían junto con las hojas del otoño. Pero luego fue el asedio, las persecuciones nocturnas, las maderas roídas de la puerta, las colas de los castores regadas alrededor de la cabaña como pequeñas piedras negras guiando hacia una posible ruta; el silencio afilado de Nadia sentada en la cocina, observando los inútiles esfuerzos de su hermano para impedir la caída, la forma callada del desastre deslizada en las paredes de la cabaña. Pero de ella, la anterior, solo quedaba el recuerdo, los libros viejos de las maletas, la pequeña hornilla que solo a veces se decidía a encender, apenas las cenizas de un par de retratos rescatados. Él recordaba que las cerraduras de aquella casa sí fueron difíciles de abrir el día necesario -seguro pensaban, ingenuamente, pasar más tiempo de lo acostumbrado-. Y, a pesar de esa diferencia, esta vez se había tardado algunos días más en decidirse a entrar en la habitación de Nadia. Pensó que aquella demora originaría alguna liberación del mecanismo, impulsaría quizás la difuminación de la esperanza. Sin embargo, cedió a la tentadora máscara de los actos fraternales. Y penetró a la habitación de su hermana, mientras el murmullo creciente de los castores que pugnaban por el lazo rodeaba los flancos mellados de la cabaña. Era de tarde cuando entró; nada en el cielo decía que la lluvia se desataría de los cordones plomizos de las nubes.<br />Dio unos pasos dentro, observó la detenida penumbra del polvo levemente iluminado por la luz de la ventana, y pensó que, sin duda, la decoración del cuarto anterior de Nadia había sido más hermosa, mucho más que la de este. No recordaba las habitaciones de las cabañas anteriores. Solo la última. Aquella vez, Nadia había dispuesto su lecho a un lado de la ventana, a pesar de la posibilidad de los castores. La pequeña mesita de noche al lado derecho, la lámpara y los retratos a un lado, los libros apilados en un rincón silencioso, sus vestidos negros sobre la silla vieja. Le gustó mucho encontrar ese orden cuando tuvo que entrar aquella vez; fue una grata sorpresa que lo animó un poco, a pesar de que los castores ya habían empezado a llegar poco a poco. Y esa vez fue como siempre: primero los ruidos en el bosque, el espacio que dejaba la maleza que los castores recogían, luego venían en parejas, se apareaban bajo las ventanas de la cabaña y rasguñaban tontamente los maderos; entonces, cuando eran pocos, él salía a perseguirlos dando gritos, y los roedores más pequeños huían despavoridos con dirección al lago y dejaban sus colas negras regadas entre las hojas; pero luego, al pasar los días, aquella mirada de Nadia invadía los ojos de su hermano, y él sabía de pronto que otra vez, como tantas, tendría que entrar de nuevo a la habitación de su hermana porque ya había aparecido la silueta de la invasión, buscar entre sus rincones la forma adivinada, la imagen de aquello que los castores demandaban con premura. Y en esos días finales, él ya sabía que restaba poco para empezar el traslado, la nueva vía dormida entre los bosques. Ya los castores llegaban en gran número y las trampas y empalizadas no parecían detenerlos; sus macizos dientes roían la madera de la cabaña desde las bases, y luego ya eran tantos que era imposible salir de ella porque se corría el riesgo de que alguno penetrara y llegara así al cuarto de Nadia; entonces ese desdichado castor habría de someterse al llamado y destruiría con fervor la fuente. Y él lo sabe porque así fueron las primeras veces, cuando todo empezó y aún eran inexpertos, tan solo unos niños. Entonces sí era terrible; apenas Nadia mostraba la mirada de la ocupación y de pronto eran los castores royendo las precarias construcciones que él cuando niño edificaba. Y luego caminar por el lago, la infinitud del bosque se extendía a sus pies, las ramas de los árboles eran nuevas guías. Después encontraban un nuevo lugar, un espacio simple bajo la sombra de un nuevo árbol grande y empezaba el círculo de nuevo, que era la vida y la nada. Y, a medida que ellos crecían, las cabañas fueron cada vez más grandes y mejor fortificadas. Algunas podían durar varias semanas, incluso, desde que aparecía el primer distraído castor. Otras apenas soportaron los embistes algunas horas. Luego debían huir con rapidez para no enfrentarse a la turbación de los castores que se descontrolaban en la confusión. Veían cómo la edificación era subyugada por los roedores y era el inicio de la cadena giratoria, la vuelta al peregrino silencio del bosque. Y la única forma de evitar todo ello hubiera sido que, de pronto, Nadia no hubiera tenido esa mirada testigo de la invasión secreta, que repentinamente no hubiese mirado a su hermano de ese modo quieto y vacío, que su habitación no hubiera sido más aquel lugar ingrato de las ocupaciones, y sus manos, silenciosas, no atraigan más con su cadencia la concreta voz de lo que los perseguía. Pero habían aprendido juntos que eso era inevitable, y ahora estos nuevos castores abundaban fuera de la cabaña, y el cobertizo ya había cedido. La caída constante de la noche ya se asomaba. No podía perder tiempo.<br />Cerró la puerta tras de sí. No había apuro. Nadia se encontraba en la cocina; hervía las últimas verduras que había encontrado en la cabaña. Ella escuchó el quiebre seco de la cerradura y, sentada en el mesón de la cocina, con las manos juntas, los ojos náufragos en la ventana, adivinó la figura de su hermano avanzando por su habitación, el sonido grave de la puerta de su pieza devorándolo; y permaneció sentada junto a la hornilla escuchando el golpeteo furibundo de los castores. Sabía que ya no podía hacer nada. Su hermano empezaría a remover las sábanas húmedas, a vaciar las maletas, rasguñar la madera de las paredes hasta encontrar la forma obscura, la visión inobjetable en la penumbra. Y ella no podría hacer más que reunir de nuevo los trastos, tratar de no olvidar los retratos en esta huida. Pensar en la lenta fuga hacia ese otro lado que aún desconocía. Sentada allí, observó por la ventana el árbol junto al que habían construido esta cabaña. Era alto y frondoso. Y ella hubiera querido estar más tiempo junto a él; incluso, alguna vez, evitando las miradas pequeñas de los castores, poder salir descalza por el prado, y trepar por sus ramas hasta alcanzar la vista del lago. Entonces se habría sentado en esas ramas hasta dormirse con el calor de la tarde, y el reflejo del sol que declina caería en su rostro. Pensó que, quizás, desde allí arriba, no habría necesidad de otra sombra más bajo el árbol, ni de más cabañas por construir, ni hallazgos penosos en la habitación que ella ocupaba, el final puro de las inevitables traslaciones. Extremo del camino trazado. Pero solo se cumple lo que no se ha soñado. Entonces escuchó la violencia del movimiento dentro del cuarto, y se dijo a sí misma, mientras se levantaba de la mesa, que de ninguna manera olvidaría los retratos.<br />Pero apenas un pestañeo y de pronto todo es principio. Él removió diestramente cada elemento del cuarto hasta despojarlo de su apariencia inicial. Una tras otra caían las raídas cortinas, y solo quedaba la mirada rectangular de la ventana hacia el árbol. Y los castores, congregados en aquella ventana, parecían alborotarse más ante la inminencia del hallazgo y saltaban para conseguir la sorpresa. Obscurecía, y él continuaba la búsqueda levantando la madera sólida desde la base, y las uñas se le quebraban ante cada viga indiferente. Palpó la textura del suelo, el musgo callado en los rincones bajo la cama, deshizo a jirones las sábanas recién tejidas y hurgó sin pena en los cajones íntimos de su hermana. Sin sorpresa, bajo unas medias obscuras, encontró el libro que ella solía llevar en cada traslado. Era muy viejo, no tenía tapa y estaba en mal estado. Un pétalo seco señalaba una página. En medio de la habitación, totalmente desordenada y vuelta de cabeza, leyó un párrafo en silencio. Era una historia antigua, al parecer. Hablaba de un hombre que quería colgarse de un árbol y, en el momento de hacerlo, encontró oro, y en el lugar del tesoro dejó la soga; pero aquel que lo había escondido, al no encontrar el oro, se ató al cuello la soga, que era lo único que había encontrado. De lo demás, se encargaría el árbol. Cerró el libro. Y sintió de nuevo, por un instante, el llamado secreto hacia ese puerto oculto que tanto le apenaba. Ya era claro, entonces: sabía dónde buscar. Se agachó y movió la pequeña mesita de noche en la que descansaban los retratos, y sus ojos callaron un instante. La madera detrás mostraba el desnivel acostumbrado, ya repetido hasta el cansancio en cada nueva cabaña. Y solo quedaba comprobar de nuevo la presencia de esa forma turbia que los perseguía; acarició la vellosidad creciente en la mancha viscosa que supuraba la madera y sus dedos sintieron la húmeda textura de una piel que latía, las ansiosas vellosidades que feroces se elevaban de ella, y la sospecha se transformó en siniestro reclamo. Se levantó con repulsión y vio cómo los castores se entregaban con furia a la superficie polvorienta de la ventana para intentar quebrarla. Entonces, ya sin esperanza, dio por perdida esta cabaña.<br />Nadia lloraba detrás de la puerta de la habitación. Quizás el fuego no lograría esta vez declinar la voz silenciosa que los murmuraba. Ya en la puerta hacia el prado, ambos se miraron escrutándose uno al otro para ver que ninguno olvidara lo que debía llevar. Cerraron la puerta del cuarto y esperaron a oír los cristales de las ventanas quebrándose y los castores agolpándose. Encendieron algunos maderos de la cocina y los arrojaron al suelo. Luego sería el tiempo y las flamas relamiéndose. Él se dijo que los libros de las maletas arderían bien esta vez. Y, en medio de la noche, cuando ya llevaban varios pasos alejados de la cabaña, vieron la altura de las llamas y también el espectáculo ingrato de los castores enormes arrojándose a las entrañas del fuego, sin saciarse. Ya luego habrían de venir otros en su reemplazo, y algo similar a la nostalgia seguía a los hermanos bajo la sombra de la luna. Entonces empezó a llover y, mientras dejaban atrás el árbol frondoso iluminado ahora por el fuego, Nadia pensó que esta vez la lluvia no sería suficiente para borrar todos los rastros de la cabaña; sintió en esta nueva huida que el camino se hacía más angosto, y más callado el rumor de la lluvia contra las hojas. Protegida por los brazos de su hermano, avanzando entre las piedras y las ramas nocturnas, se entretuvo imaginando la forma obscura que habrían de dejar los maderos calcinados de la cabaña, y quizás sería similar a esa otra silueta obscura reflejo del árbol, otra sombra más que, a imagen y semejanza, dormiría escondida y secreta como una cuerda entre sus ramas. Entonces recordó los retratos.</div><div align="justify"> </div><div align="justify"> </div><div align="justify">En: <em><strong>Los puertos extremos</strong></em> (Estruendomudo, 2004).<br /><br /><a href="http://www.hello.com/" target="ext"><img style="BORDER-RIGHT: 0px; PADDING-RIGHT: 0px; BORDER-TOP: 0px; PADDING-LEFT: 0px; BACKGROUND: none transparent scroll repeat 0% 0%; PADDING-BOTTOM: 0px; BORDER-LEFT: 0px; PADDING-TOP: 0px; BORDER-BOTTOM: 0px" alt="Posted by Hello" src="http://photos1.blogger.com/pbh.gif" align="absMiddle" border="0" /></a></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11131833-111026408635920037?l=nadieencendiaestaslamparas.blogspot.com'/></div>johann pagehttp://www.blogger.com/profile/13805599382861240811noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-11131833.post-1109871492128945372005-03-03T09:38:00.000-08:002005-03-03T10:09:22.790-08:00¿Los puertos extremos?<div align="justify"><a href="http://photos1.blogger.com/img/134/3848/640/Conversation.jpg"><img style="BORDER-RIGHT: #660066 1px solid; BORDER-TOP: #660066 1px solid; MARGIN: 2px; BORDER-LEFT: #660066 1px solid; BORDER-BOTTOM: #660066 1px solid" src="http://photos1.blogger.com/img/134/3848/400/Conversation.jpg" border="0" /></a><br /></div><div align="justify"><span style="color:#006600;"><strong>La ventana los conduciría hacia otra ventana más.</strong> Aquella en donde el puente colgante de sus miradas caminarían de la mano y la estrechez de los dedos escondería su fuerza tras los marcos azules. Sin embargo, esta ventana les ofrece únicamente su fruto, una nueva vista de un árbol, la imagen de los tonos azules cubiertos por las gotas de las manos ajenas del pintor, que no sospecha. Son gotas rojizas, y desde esta ventana, asemejan flores. Él debería acercarse hacia la silla y promover un vacío en la imagen; el vestido negro se alzaría de esa silla y se confundiría con la ventana y los verdes que predominan. Y todo ello aún no les daría la oportunidad de caminar sobre ese puente de sus miradas.</span></div><div align="justify"><span style="color:#006600;">Pero hay un lazo que se dibuja bajo la sombra de ese árbol; y es hacia allí donde navegan el vestido negro, su silla y la inquietud de él, que no busca retirar más sus manos de los bolsillos; cree que no dejándolas escapar hacia el rostro de ella nada habrá de generarse, y las estructuras seguirán su cauce. Y él no sospecha ahora que el puerto de sus ojos hacia el que pretende acceder, ese puerto que descansa y se traslada desde la silla, en realidad está observando otra cosa. No sabe que ella y su cabello han notado un camino distinto entre los marcos, y han descubierto otro extremo más allá de lo que los colores proponen, una nueva ruta fuera del límite penoso del marco, una vía innaccesible, que nunca habrá de redimirla.</span></div><div align="justify"><span style="color:#006600;"></span></div><div align="justify"><span style="color:#006600;"></span></div><div align="justify"><span style="color:#006600;">Pero ella tampoco lo sabe.</span><br /></div><a href="http://www.hello.com/" target="ext"><img style="BORDER-RIGHT: 0px; PADDING-RIGHT: 0px; BORDER-TOP: 0px; PADDING-LEFT: 0px; BACKGROUND: none transparent scroll repeat 0% 0%; PADDING-BOTTOM: 0px; BORDER-LEFT: 0px; PADDING-TOP: 0px; BORDER-BOTTOM: 0px" alt="Posted by Hello" src="http://photos1.blogger.com/pbh.gif" align="absMiddle" border="0" /></a><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11131833-110987149212894537?l=nadieencendiaestaslamparas.blogspot.com'/></div>johann pagehttp://www.blogger.com/profile/13805599382861240811noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-11131833.post-1109656849910244442005-02-28T22:00:00.000-08:002005-03-01T10:01:44.580-08:00De cacería<div align="justify"><a href="http://photos1.blogger.com/img/134/3848/640/pic05705.jpg"><img style="BORDER-RIGHT: #000066 1px solid; BORDER-TOP: #000066 1px solid; MARGIN: 2px; BORDER-LEFT: #000066 1px solid; BORDER-BOTTOM: #000066 1px solid" src="http://photos1.blogger.com/img/134/3848/320/pic05705.jpg" border="0" /></a><br /><span style="color:#000099;"></span></div><div align="justify"><span style="color:#000099;"><strong>El tratamiento psiquiátrico</strong> de este cazador ya de por sí aniquilaría a la triste fiera, de cuya tibia gruta ha escapado. Nótese que el rifle no apunta hacia la bestezuela: hay una cavidad lista y dispuesta para el lúbrico calibre de nuestro cazador. Y esa cavidad está cada vez más lejana para él, más lejana aún porque cada vaivén de las manos de su terapista se lo revela -mire usted con cuidado la torre-vigía que impera sobre esta delicada composición visual: descubrirá el rosáceo fulgor de los ojos de todos nuestros terapistas juntos, cómplices todos, astutos todos, pobre cazador todo-.</span></div><div align="justify"><span style="color:#000099;"></span></div><div align="justify"><span style="color:#000099;">La bestezuela quisiera volver hacia ese nido húmedo en que yacía su furia y su reino primero.</span></div><div align="justify"><span style="color:#000099;"></span></div><div align="justify"><span style="color:#000099;">El cazador también quisiera un rifle más efectivo que revele por él tamaña furia.</span> <a href="http://www.hello.com/" target="ext"><img style="BORDER-RIGHT: 0px; PADDING-RIGHT: 0px; BORDER-TOP: 0px; PADDING-LEFT: 0px; BACKGROUND: none transparent scroll repeat 0% 0%; PADDING-BOTTOM: 0px; BORDER-LEFT: 0px; PADDING-TOP: 0px; BORDER-BOTTOM: 0px" alt="Posted by Hello" src="http://photos1.blogger.com/pbh.gif" align="absMiddle" border="0" /></a></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11131833-110965684991024444?l=nadieencendiaestaslamparas.blogspot.com'/></div>johann pagehttp://www.blogger.com/profile/13805599382861240811noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-11131833.post-1109570731873143512005-02-28T01:05:00.000-08:002005-02-27T22:35:48.476-08:00Febrero, siempre hacia marss o nueva imagen del árbol<div align="justify">Sabía que se escaparía <span style="color:#ffcc99;"><strong>la imagen</strong>.</span> Nadie puede culparme de las consecuencias de esta huida. Me pregunto qué tan profundo <strong><span style="color:#ff99ff;">pretenderá</span></strong> instalarse entre mis manos. ¿Llegará a <strong><span style="color:#ff0000;">ser</span></strong> parte de mí y de lo que escribo? ¿Será ella el espejo humeante después del baño? ¿Será esa imagen quien apague la luz cuando quede dormido y sin aviso con las letras de un <span style="color:#993300;"><strong>libro</strong> </span>derramadas sobre mi cama? ¿Será ella quien encienda mis lámparas <span style="color:#009900;">para revelarme,</span> aún pestañeando, que debo guardar la calma, que en realidad nada debe asustarme como antes, que debo olvidar ya las mareas vespertinas de mi madre, siempre dormida, cambiando mis sábanas húmedas? <strong><span style="color:#9999ff;">Quizás</span></strong> la atrape nuevamente después de tantos años; quizás sea hoy: mi libro camina perdido y sin rumbo por los cuartos.</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11131833-110957073187314351?l=nadieencendiaestaslamparas.blogspot.com'/></div>johann pagehttp://www.blogger.com/profile/13805599382861240811noreply@blogger.com0